Blog

  • Disputándonos a papá: El inicio

    Disputándonos a papá: El inicio

    Como comenzó todo.

    Mi nombre es Jazmín, tengo 25 años. Físicamente no me considero guapa, aunque me parece que tengo muy buen trasero, mi hermana Lucia es más delgada que yo y más guapa, tiene más busto que yo, aunque me jacto de mis piernas regordetas, en la adolescencia practicaba voleibol y me encantaba como me veía en short y a los chicos también.

    Quiero contar la primera ver que vi a papá como un hombre y no como papá, tenía 19 años.

    Papá quedó viudo cuando yo era muy joven y jamás estuvo con alguna otra mujer. Se enfocó en cuidarnos a nosotros y le hemos agradecido con creces. Pero me daba cuenta de que tenía necesidades, a veces lo veía masturbarse viendo porno en su cuarto, veía como limaba la superficie de su pene con crema o saliva y lo veía eyacular. Soltaba chorros de leche de su vellosa verga. Me asomaba a su recámara y lo espiaba. Me sobaba la conchita viéndolo y a pesar de que yo tenía relaciones con mi novio en ese entonces, me excitaba verlo.

    Nunca cerraba su recámara y a medianoche siempre me despertaba para verlo. Un día se quedó dormido con la verga en la mano. Entré a hurtadillas, tal como hicimos mi hermana y yo un día, (ver relato ‘Disputándonos a papá (Parte 3)’). Le agarré el pene y lo observé en la oscuridad, me gustó bastante, era grande y suave y lleno de vello. ¡mmm! Quería chupársela tal como veía en las películas porno, pero no, era mi papá, no podía hacer eso así que lo dejé. Así pasaron unos meses más hasta que lo estuve pensando y decidí que sería si diera el siguiente paso.

    Le pedí a papá que me acompañara a comprar un vestido a una plaza comercial. Me puse un vestido muy corto. Íbamos en el auto y dejaba que mi vestido se subiera hasta arriba de mis piernas, mi plan era excitar a papá.

    Abría mis piernas como si no tuviera inconveniente en mostrar mi ropa interior en lo que bromeaba con papá, recorríamos tiendas y me probaba vestidos de todo tipo, dejaba que me los viera y hasta me agachaba dejando ver mi ropa interior, mi plan resulto.

    Podía ver como mi papá sudaba y se ponía nervioso mientras reía, diciéndome:

    -vaya hija, se te ve muy bien, ¡me encanta!, ¡te lo compro!

    -¡Gracias papi!

    Caminaba con el de la mano y lo besaba en la mejilla, entramos al supermercado y me agachaba por los artículos del estante de abajo, mostrando mis pantis y mis piernas en toda su extensión, nos sentamos en una banca y cruzaba las piernas, los hombres alrededor babeaban al mirarme, era mi atractivo, pero solo pensaba en que papa no se escapaba vivo.

    -Estoy cansado hija. Vamos a casa.

    Caminamos al estacionamiento y seguía bromeando, mi papá comenzó a ponerse incómodo y al sentarse en el auto se quitó la camisa dejando su cuerpo con una playera de tirantes, la cual dejaron descubiertos sus fornidos brazos venosos.

    -voy a tomar un baño de agua caliente hija -.Pensé en meterme en el baño y obligarlo a cogerme sin piedad, pero no.

    Mi hermana Lucia se metió a su recamara después de cenar y rara vez salía, sabía que era mi oportunidad. Mi padre tenía una bata de toalla larga y sabía que no tenía ropa interior.

    Corrí hacia mi recamara y saltando le dije:

    -Quiero modelarte la ropa que me compre papi y que me des tu opinión.

    -jajaja ok, hija.

    Me puse una falda negra muy ajustada y corta, modelaba y caminaba. Mi padre se ponía cada vez más nervioso conforme me cambiaba de prenda, luego siguió un pantalón muy ajustado, una blusa muy escotada y holgada sin pantalón, caminaba hacia adelante y hacia atrás, me puse un short deportivo muy corto, se ajustaba a mis gordas piernas haciendo que papá babeara, hasta que note una gran erección bajo su bata que no pudo ocultar.

    Mi as bajo la manga era un vestido negro cortísimo, unas medias negras de red y unas zapatillas negros con un tacón muy alto. Mi padre quedo embobado con mi vestimenta de puta. Caminaba y me reía, contoneaba mis caderas de lado a lado, iba y venía y subí una pierna a la mesa de centro.

    -¿Cómo me veo papi?

    -Magnifica hija, tu novio quedará encantado.

    -No es para él, papá, es para ti.

    -¿Cómo que para mí Jazmín?

    -Si te gusta que me lo ponga, me lo pongo cuando tú quieras, me gusta que me observes.

    En su bata se notaba cada vez más su erección.

    -Papaá y es eso, jajaja.

    -Nada hija, es algo natural, solo es una erección al verte tan guapa. Necesito liberar la “tensión” que esto me provoca.

    -Si quieres papá, te puedo ayudar.

    -Cómo crees hija, para eso tienes a tu novio, además, yo soy tu padre.

    -No creo que tenga nada de malo, te amo y haría cualquier cosa por hacerte feliz -.Se lo dije haciendo una mueca de saborear.

    -Creo que mejor me voy a dormir, hasta mañana mi amor -dijo presuroso.

    -Hasta mañana papi -le dije dándole un beso en un costado de los labios.

    Me fui a mi recamara, pero no me quite la vestimenta, espere un poco como él había hecho varias noches, aunque se escuchaban mis zapatos no me importo, mi papá estaba masturbándose sin ver porno. -¡mmm Jazmín, haaa!- decía mientras se chaqueteaba cerrando los ojos.

    Di un golpe ruidoso en el suelo para que papá escuchara. Quería ver su reacción. No hizo nada al respecto, solo fingió dormirse. Se tapó con la sabana, entonces entre a su recamara, rodeando la cama hacia donde estaba acostado boca arriba. Sabía que me estaba escuchando, pero seguía sin abrir los ojos. Levante la sabana para verle la verga, seguía erecta, con ese brillo característico, llena de lustrosas venas, suculenta. La tome con una mano desde los testículos, mi papá seguía sin moverse, era mi momento.

    Continuará…

  • Eli, la madre

    Eli, la madre

    Mi nombre es Juan. Una tarde luego de realizar unas compras en el centro comercial me reencontré con Elizabeth de un modo casi accidental. Elizabeth o Eli cómo solíamos decirle era una vieja compañera de trabajo con la cual habíamos compartido oficina hace más de una década. Habíamos cachondeado pero sin llegar a nada corporal. Siempre nos tuvimos muchísimas ganas. Nuestros cuerpos deseaban poseerse sin ropa mutuamente. Durante años quise probar su caliente e intensa piel pero nunca llegué a conseguirlo.

    De contextura mediana, flaca, morocha de pelo largo negro y con un jean muy apretado que marcaba contundentemente su voluminoso trasero. Un culo de líneas redondas que parecía copiar la forma de una manzana sobre las costuras de un jean. Turgente zanja creaba el ceñido pantalón mientras con su cadencia al caminar lo sacudía de un lado al otro con cada paso. Empujaba un carrito de bebé en el cual iba su hija recién nacida al mismo tiempo que movía como una pandereta su carnoso culo. Una bebé hermosa la cual me presentó inmediatamente llamada Delfina. Se observaba que aquella excompañera de trabajo le había sentado muy bien el embarazo realzando sus curvas a un modo muy sensual tanto de atrás como de adelante.

    No pudimos platicar lo suficiente, ya que estaba con su marido. La situación no era la adecuada ni cómoda para ninguno de los dos. Ya que yo me babeaba y fantaseaba con el cuerpo de la reciente madre ante la atenta mirada de su marido. El cual se percató instantáneamente de mis miradas sexuales y altamente lascivas contra el cuerpo de su mujer. Sabiendo esto era todo aún más incómodo para mí que la comía con la mirada. Pero aún con esta imposibilidad pudimos intercambiar teléfonos con el fin de hablar y ponernos al día.

    Con el pasar de las semanas los mensajes fueron llegando. Y así fuimos poniéndonos a tono con la realidad de cada uno. Elizabeth me contaba lo difícil que era ser madre, sus penurias económicas y su mala situación sentimental con su marido Pablo. Yo le contaba de mi trabajo, de mis rupturas amorosas y mis viajes. Realmente solo pensaba en hacerle el amor en diferentes posiciones mientras lamía sus enormes pechos llenos de caliente leche materna de modo obsceno. Mensajes más mensajes menos nuestra charla siguió su curso en modo amigos donde yo no me dejaba de calentar a tope por la mujer de pablo.

    Luego de unas semanas ya era algo cotidiano el escribirnos y el hecho de tener esta pseudo relación virtual con la madre de Delfina. Ella me consideraba un amigo mientras yo solo podía Imaginarla succionándome el pene al mismo tiempo que la tomaba del cabello lo cual ponía mi miembro duro como un roble.

    Una noche luego de una charla le confesé.

    -¡Qué lindo culito te hacía ese jean en el centro comercial Eli!

    -¡Ay, sos un atrevido! Jejeje ¡soy mamá, respétame! Jejeje decía mientras reía.

    -¡También estás súper tetona! ¡Me las tenés que pasar por la boca!

    -¡Juan estoy con Pablo! ¡Está acostado al lado mío! ¡Y los pechos son de Delfina! Jejeje

    Hicimos un intercambio de fotos en ropa interior y algunas desnudas donde calentamos al rojo vivo la charla aún más.

    Dónde no me quedo más alternativa que masturbarme por esas fotos tan sugestivas.

    -¡Sé que estás con tu marido pero te quiero coger igual!

    -¿Sabes hace cuánto no me cogen?

    -Pablo no te debe ni tocar y yo tengo la verga dura para que te prostituyas conmigo.

    -¡ay, Juan! ¿Me vas a coger como una puta? ¿Cómo una cabaretera en un burdel?

    -Si, como una ramera en 4 puesta como un perrito mientras te mando mi verga bien dura hasta hacer tope.

    -¡ay, sí cógeme! ¡Así! ¡Voy a ser tu puta y quiero que me cojas!

    Ese mismo día sabíamos que nuestro encuentro sexual estaba pendiente. Los días pasaron hasta que pudimos combinar para vernos en forma privada en un motel.

    Rentamos por unas cuantas horas una habitación para dar a nuestros cuerpos los más profundos placeres. Eli había dejado a su marido cuidando a su hija para que su amante le haga el amor como a una prostituta por horas.

    Entramos al motel y mis manos ya estaban manoseando el culo redondo de Elizabeth haciéndome socio de Pablo. Marido con el cual iba a compartir la monta de su mujer.

    -¡Voy al baño! -me dice.

    Me recosté sobre la cama de la habitación para luego despojarme de toda mi ropa.

    Elizabeth se demoró unos instantes, para luego salir tímidamente en un conjunto de ropa interior blanco que puso duro inmediatamente mi miembro. Acercándome a ella comenzamos a besarnos y abrazarnos fuertemente mientras recorría su cuerpo con mis manos. Apoyando mi duro paquete justo sobre el pequeño triángulo que formaba su sexy braga blanca.

    Su respiración se agitaba mientras estos roces eran más fuertes dejando que mis manos bajen desde su cadera hasta sus nalgas surcándolas por completo. Mi lengua se introducía en su boca sin control. Para luego guiarla de modo suave a realizarme sexo oral de rodillas. Accediendo sin problemas está morocha madre me hacía una terrible felación lo cual puso como una piedra mi largo pene. Su cabeza avanzaba con dirección a mi pubis comiendo y tragando todo lo humanamente posible. Lamía de gran manera mis testículos de arriba abajo con su ancha lengua. Luego de succionarme el glande con gran entusiasmo dejándome listo para que la penetre.

    Era un hecho que su esposo Pablo tenía unos cuernos de alce sobre su frente los cuales nunca podría quitarse. Sería un cornudo al cual le cogí a la mujer mientras esta le había ordenado cuidar a su hija en su casa al tiempo que ella abría las piernas frente a mí.

    Luego de esto se puso en pie mientras mi mano jugaba y acariciaba entre sus piernas. Completamente depilada para la ocasión mojaba mis dedos bajo su braga de encaje blanco.

    Mis dedos enaceitados olían a su concha. Olor a vagina de madre casada el cual me volvía loco.

    Con mi otra mano saqué sus lechosos senos de dentro de su corpiño. Los cuales estaban provistos de 2 jeringas largas que oficiaban de inyectores de leche materna de color marrón oscuro. Mientras los manoseaba y acercaba mi boca con el fin de probar y degustar los jugos dulces de la maternidad.

    -¡Para juan!, no lo tomes a mal pero los pechos son para mi bebé (Delfina), ¡Por favor, no me los chupes! ¡No te metas con la comida de mi hija! -Me suplicó.

    A lo cual yo acepté sin problemas. Recostándome nuevamente en la cama y luego de ponerme un condón le pedí que se sentara arriba mío.

    Corriéndose la braga a un costado, con sus senos de areolas oscuros y largos pezones fuera de su sostén brincaba sobre mi miembro como una meretriz. Haciéndole marcar el ritmo y la profundidad con mis manos desde su cadera.

    Podía sentir como mi verga se apoderaba de ella mientras esta promiscua madre copulaba con otro hombre que no era el padre de su hija.

    Largos instantes cabalgó sobre mi miembro mientras la tomaba de sus senos oprimiéndolos con ambas manos haciendo que estos se escurran. Extrayendo de esta gemidos hondos de placer. Era claro que a la primeriza mamá le calentaba muchísimo que le extraigan su leche materna con la boca mientras fornicaba con otros hombres. Sus gemidos de placer no cesaban mientras sus caderas se agitaban conteniendo el largo total de mi erecto pene.

    No aguantaba tan terrible y placentero suplicio. Ferozmente apreté sus senos con mis dos manos. Abrí mi boca al máximo e introduje su larga ubre lactante en mi boca haciendo una succión sin fin. Logrando que está se corriera sobre mí, en un orgasmo que provenía del más profundo interior de su ser. Dejándome tragar a chorros bestiales el dulce y tibio producto materno de sus senos hasta acabar dentro de ella protegido por un condón.

    Para luego caer rendidos ambos sobre la cama.

    Instantes después fui a tomar una ducha y alistarme para un segundo acto.

    Este acto comenzó minutos después de un breve descanso. Dónde Elizabeth aceptó ponerse en 4 sobre la cama para que yo desde atrás la haga nuevamente mi mujer y pueda cogerla como una puta como le había prometido.

    Penetrándola con mi dura verga sin piedad

    -¿Te gusta así? ¿Cómo una cabaretera?

    -¡Ay sí! ¡Así! ¡Cógeme así, como una cualquiera! ¡Sí! ¡Como una prostituta en 4!

    Mientras fondeaba todo el largo de mi pene dentro de ella. Reiteradas veces abusé con mis manos de su cintura para darle un duro galope que hacía temblar sus nalgas mientras esta gozaba. Tomándola de su cabello largo negro y como si fuera una cualquiera darle pija sin piedad. Hasta sentir un dulce orgasmo suyo.

    -¿Así no te coge tu marido golfa?

    -¡No! ¡No, no me coge así como una prostituta en 4!

    Mis manos aprovecharon esa posición para tomarla de los senos y como si fueran 2 manijas de allí empezar a jalarla. En una ráfaga de movimientos pélvicos que rebotaban sobre la profundidad de su útero dándome muchísimo placer. Mientras Podía sentir como por mis manos escurría gotas de su leche materna de sus pezones abiertos a la vez que ella decía:

    -¡Soy tu puta cógeme más! ¡Cógeme más por favor! ¡Soy muy puta!

    En ese instante decidí rápidamente quitarme el condón para inmediatamente volver a penetrarla y sentir su vulva mojada sobre todo mi tronco peneano.

    -¡Ah! ¡Ay! ¿Y el condón? ¡Hay no puedo ser tan puta en 4 y sin condón!

    ¡Delfina tiene una mamá muy putita!

    -¡Ramera te siento todo y estoy al límite!

    -¿qué va a decir el cornudo de mi marido de esto?

    -Que te cogí hasta que se te descoció la sutura del embarazo…

    Unas cuantas sacudidas más desencadenaron que su mojada vagina sea bañada por mis jugos en una terrible corrida que derramé completamente dentro de ella. Regalo espeso que llego a los ovarios de la mujer de Pablo marcando a fuego quien era el hombre que la hacía gozar…

    Todavía nos escribimos con Elizabeth y esperamos tener otro encuentro.

  • Se cumplió mi fantasía sexual con una madura

    Se cumplió mi fantasía sexual con una madura

    Quiero contar esto que me sucedió, fue algo asombroso, difícil de creer siempre quise experimentar con alguien mayor que yo.

    Me presento: soy Dani, tengo 22 años, esto tiene poco que sucedió empezaré a contarles como la conocí.

    Fue el año pasado por redes sociales me apareció en sugerencias de amigos en Facebook y pues le mandé solicitud, creí que no me aceptaría les diré cómo es, güera, ojos verdes, mide como 1.50, muy linda, risueña amable, era muy retacada.

    Me aceptó una semana después, vi la notificación, le mandé mensaje, tardó en contestar, hablamos mucho ese día ya saben el “Hola cómo estás de dónde eres a qué te dedicas”, cosas así.

    Todo fue pasando poco a poco, la conocía más, hasta que un día yo andaba yo tenía ganas y pues le comenté nunca habíamos hablado sobre eso ya llevábamos 3 meses de hablar, pero lo tomo como en burla así que yo tomé la iniciativa y empecé a llevar la conversación a otro nivel y ella también me siguió, le pedí una foto me la mandó normal es muy muy hermosa le dije eso, pero se me salió decirle que si me mandaba una mejor creí que se enojaría.

    Pero ella me dijo que no que sentía que me pervertiría así que no quiso eso a mi me dio mucho más confianza y le rogué y si me mandó una foto sexy.

    Tiene un cuerpo lindo a su edad, ella tiene 40 años, tiene unas bellas piernas, un trasero paradito bien formado, bubys en su lugar, me encantó que desde ahí siempre buscaba sacarle más fotos y ver más así que ella fue dándome esa confianza y ese morbo que empezamos hacer video llamadas al principio normales no quería ser apresurado.

    Pero un día quise atreverme a decirle ella del otro lado de la pantalla solo traía un baby doll sexy y le fui diciendo que me mostrará poco a poco y lo hizo.

    Eso me prendía mucho que hacía que se me pusiera dura le decía le mostré así fue como empezamos me saltaré lo demás para pasar a lo mejor.

    Un día quedamos en vernos siempre yo le decía que la quería ver, pero no coincidíamos y un día ella me dijo “bueno si quieres verme te veo en bellas artes a tales horas”. Me quedé con la boca abierta no tenía mucho dinero así que me alisté lo más pronto posible y me apuré a llegar a ese lugar.

    Cuando la vi era más hermosa que en las llamadas que en las fotos.

    Nos dimos un abrazo, yo soy alto mido 1.70, soy moreno, flaco, no me considero atractivo. Caminamos reímos platicamos de todo sentía esa conexión sentía como si estuviera con una chavita hacíamos bromas.

    Hasta que llegó la tarde y le dije que si me daba posada ya era muy tarde para regresar a casa yo me hacía 2 horas, me dijo que si caminamos todo normal y nos sentamos un rato seguimos platicando, pero sus labios se veían tan suaves y ricos que me atrevo a robarle un beso y como traía un vestido me atrevo a poner mi mano en su rodilla, creí que me daría una cachetada o se molestaría solo acepto mi beso y me pregunto “por qué me besas”, contesté “porque me encantas me gustas”.

    Me dijo “vámonos se hace de noche”. Llegamos a su departamento todo normal pusimos un poco de música me senté ella se relajó platicamos poquito y me dijo prepararé algo para comer le dije está bien.

    En eso se paró y yo por instinto también la agarré la jalé hacia a mi y empezamos a besarnos primero tiernamente después ya más apasionados empecé a quitarle su suéter que llevaba seguíamos besándonos baje mi mano hasta llegar a esas ricas nalgas las apretaba le gustaba me decía que si era lo que yo esperaba le decía que era mucho mejor.

    Seguimos besándonos nos fuimos quitando poco a poco la ropa.

    Nos fuimos a su recamara yo no podía creer lo que estaba sucediendo.

    Yo con una mujer mayor preciosa con un cuerpecito rico seguí besándola le quite el vestido que traía le bese su cuello traía un cachetero que le resaltaba muy bien sus ricas nalgas me dijo si me gustaba lo que veía le dije que me encantaba seguíamos disfrutando nos acariciándonos nos quitamos la ropa ella sacó un condón me lo puso.

    Y se acomodó en 4 sobre la cama se veía tan genial ese rico culo que enseguida la penetre su gemido fue tan rico que me prendía mucho más la embestía con mucha fuerza ella gemía muy duro me decía que si me gustaba me encantaba demasiado ella lo movía tan rico sabía cada moviendo ella sabía lo que hacía después cambiamos posición seguía embistiendo la muy duro ella ya no aguantaba y tuvo un primer orgasmo me dijo que ni su ex esposo había logrado eso tener un orgasmo tan rico gimió muy duro yo seguía le decía que si quería que parará ella me decía “no dame más bebe me encanta como me lo metes siento muy rico”.

    Me decía “que sientes dime te gusta lo que vez lo que sientes”.

    Eso me prendía demasiado y empecé a ser rudo y por instinto le di una cachetada y jale de su cabello ella solo me decía “si trátame como tú perra soy tuya hazme tuya mi amor”.

    Seguíamos así sudábamos mucho.

    Cambiamos de posición y ella me decía “ninguna chavita te hará sentir este placer como yo”.

    Se subió ella y lo movía tan rico que no dure mucho y me vine muy rico ella se recostó sobre mi quedamos así un rato me dijo “lo haces delicioso”.

    Y seguía jalándomela y tocándome rico.

    Me dijo “la tienes muy rica es la verga más grande que he probado en mi vida”.

    La verdad me mide 17 cm. Y es grueso.

    Pues otra vez se me puso dura y ya no teníamos condón ella no quería hacerlo sin condón pero empecé a tocarla y a calentarla que en un movimiento rápido me subí y metí la cabeza de mi pene ella al sentirlo gimió y me dijo “si papi métemela toda si por favor quiero sentirlo”.

    Eso me encendió más que de un golpe la metí a fondo gemía duro de nuevo empezamos.

    Otra vez la puse en 4 me encantaba como se veía así y yo seguía dándole duro y ablando le sucio le decía.

    “Te gusta perra”

    Me decía “si me encanta amor”.

    “Dame, dame, mucho me encanta como me lo metes”.

    Yo seguí dándole hasta que sentí como se dejó caer sobre la cama como sin fuerza y ella solo giraba su cabeza diciendo que no y me dijo:

    “Ohh no me acabas me acabas”

    Y se retorció y tuvo otro orgasmo me dijo:

    “Estoy sintiendo muy rico papi”

    “Quiero que te vengas quiero sentir tu lechita dentro de mi”

    No tarde mucho y así fue como lo hice nos acostamos de nuevo nos metimos a balas de nuevo lo hicimos en la regadera no sé de dónde sacaba fuerza pero ella me prendía mucho.

    Cenamos y el resto de la noche no paramos de hacerlo la verdad que esa madurita me prende mucho aún tenemos comunicación pero no hemos coincidido en tiempo para volver hacerlo pero lo que si me dijo es que quiere de nuevo mi verga y estamos en planes de escaparnos para hacer más cositas les cuento lo que suceda.

    Espero les haya gustado es mi primer relato lo quería contar es algo que me pasó y era mi fantasía sexual y estuvo muy rico.

  • Masajes con final feliz

    Masajes con final feliz

    Creo que a todos nos gustan los masajes.

    Realizarlos y recibirlos.

    Cuando estas contracturado, estresado, cansado… recibir un masaje es placentero, relajante.

    He visitado varias veces centros de estética para que un profesional me los realice y ha sido súper gratificante.

    Pero los mejores masajes me los realiza mi pareja.

    Todo comienza en la habitación con una luz tenue y música tántrica.

    Acomoda almohadones contra la pared que le sirven de respaldo y se sienta, desnudo, sobre la cama, se coloca crema humectante en las manos y comienza.

    Yo me ubico, de espaldas a él, sentada, también desnuda.

    Comienza acariciando mis hombros, recorre mi cuello, mis brazos, humectando mi piel que comienza a erizarse, en respuesta al estímulo recibido.

    Acaricia mis pechos, lento, al compás de la música. Baja hasta mi cintura y vuelve a subir a mis hombros, mis brazos, se entretiene jugando con mis pechos que reciben sus caricias endureciendo los pezones, lubricando mi entrepierna.

    Juega un rato con ellos, los aprieta, los pellizca, los masajea, se desliza hasta mi ombligo, haciendo movimientos suaves, disfrutando de mi cuerpo.

    Enseguida noto sobre mi cintura como asoma su pene, que comienza a endurecerse y a aumentar su tamaño.

    A él le gusta mucho masajearme, a mí me calienta que me masajee.

    Dura unos minutos, no sé cuántos, los suficientes como para lograr el relax y la calentura y subir la apuesta.

    Me recuesto sobre la cama, boca arriba, con las piernas abiertas, rodeando su cintura, lo que hace que su pene y mi vagina se rocen, casi tocándose.

    Él sigue por mis pechos, ahora solo los estruja, mientras la crema hace su efecto y humecta mi piel, sus dedos resbalan, juegan con mis pezones.

    Yo comienzo a moverme, retorciéndome, buscando que su pene, ya duro, juegue un poco más sobre mi vagina.

    Baja hasta mi ombligo y mi cintura, luego hasta mis caderas.

    Unos dedos traviesos tocan, como por casualidad, la humedad de mi entrepierna. Introduce un dedo en mí, comprobando mi excitación, mientras mis manos acarician su pene y lo apoyan en mi vagina mojada.

    Sigue por las piernas, masajeando suavemente, desde los muslos hasta los pies, decidido a hacerme tocar el cielo con las manos.

    Yo estoy entregada, con las piernas abiertas de par en par, relajándome y excitándome cuando noto que introduce un dedo en mí, buscando mi punto G y con los demás dedos estimula mi clítoris hasta hacerme llegar al orgasmo

    Es tan sabroso, tan lujurioso…

    Mientras gimo y grito de placer me penetra, fuerte. Mucho y fuerte acabando dentro de mí, obteniendo su recompensa.

    Nuestros cuerpos se humedecen mutuamente, los latidos agitados de su corazón, se mezclan con los míos. Simulando el galope de un caballo.

    Nos besamos sensual y eróticamente, nuestras lenguas se cruzan, nuestros labios se juntan en un beso.

    Al finalizar la sesión de masajes, preparamos la ducha para el segundo round.

  • Con mis primos en vacaciones

    Con mis primos en vacaciones

    Surgió como un paseo entre algunos de la familia, unos cuantos primos y un par de tíos, pero conforme pasó el tiempo se fueron uniendo más, habíamos contratado una finca en tierra caliente que contaba con piscina y unos 9 cuartos, cada uno con un par de camarotes y un baño, en un comienzo dudé en ir puesto que irían algunos de mis primos con los que tuve algún cuento y tenerlos juntos sería un poco incómodo, pero a la vez excitante, estoy seguro que ninguno sabe de lo que haya pasado con el otro, todo fue muy reservado y ninguno le ha dicho a la familia su orientación sexual, me terminaron convenciendo para ir y menos mal que fui o me hubiera perdido una de las mejores experiencias de mi vida.

    Os contaré primero un poco de lo que paso con mis primos antes de este viaje.

    El primero con el que estuve y que me quito la virginidad en el cuarto de sus padres fue Camilo, tenía en ese entonces 20 años y yo un par menos, aún conserva ese cuerpo esculpido al cual no me le pude resistir en aquella ocasión, él actualmente tiene novia y la trajo al paseo, pero en estos años me escrito un par de veces para que le vuelva a comer la jugosa verga que me manda, pero yo lo he dejado en visto.

    El segundo fue un primo que comparte mi edad y va conmigo constantemente al gimnasio, el cuerpo que ha trabajado siempre me hace perder la vista, especialmente su culo que hacerlo rebotar me hizo ver las estrellas, se llama Anto y él ha sido con el que más tiempo pase en mi infancia y nuestra relación de primos termino siendo más que reforzada cuando nos quedamos solos ya sea en su casa o en la mía.

    El tercero fue una sorpresa para mi, Sebastián, nunca sospeché que le gustará así la verga, las posiciones que conoce me requirieron de todos mis conocimientos para que no me dieran calambres, pero ha sido el culo que más me gusta mamar, ese hueco rosadito y cerradito es la razón por la que todas las noches durante un mes manche mis sábanas.

    Para llegar a la finca cada quien se fue en un carro aparté acompañado de su familia así que no nos vimos hasta que llegamos a la finca, llegando a la finca ya el calor era tan sofocante que solo quería lanzarme rápido a la piscina y bajar toda esa calor, iba en el carro con mis hermanos y mis padres, ellos también estaban con ganas de bajarse lo más pronto posible de ese infierno, fuimos los primeros en llegar y en cuanto mi hermano estacionó baje corriendo hacia la piscina quitándole en el camino toda la ropa posible hasta quedar en boxers porque nunca me he puesto sobre boxers, una vez terminé de quitarme el pantalón me tiré de clavado bajando toda la calor que tenía y relajándome en aquella piscina hasta que unos minutos más tarde comenzaron a llegar los demás autos y el primero en llegar a la piscina fue Anto, el cual me gritó que me tapara ahí abajo, aunque sabía que por el agua se pudo haber marcado no me di cuenta que en realidad con el clavado mis boxers se habían caído, perdí en equilibrio y me fui a lo profundo quedándome un rato buscando donde habían quedado los boxers, asumo que me demore un poco más de lo normal ya que Anto se lanzó a rescatarme , cuando llego a mi lado me sujeto de la cintura tocando disimuladamente mi verga y me levanto frente suyo, quedando nuestras vergas casi rozándose, una vez salí de nuevo a la superficie él tenía sus manos aún en mi cintura las cuales quito bruscamente y se lanzó a nadar de espaldas, quedé un poco confundido hasta que vi que Sebastián iba cruzando la alberca para sentarse en un parasol, con el llegaron mis tíos, tías y demás primos y primas, rápidamente alguien puso música y el ambiente se prendió rápidamente, lo que antes estaba desocupado ahora estaba lleno de gente, cerveza, aguardiente y ron además de niños corriendo de un lado para el otro.

    Viendo tanta gente y yo sintiendo una leve erección busque rápidamente los boxers y me los puse, salí de la alberca y entré en la finca para buscar una habitación y descansar, Anto y Sebastián se quedaron con el resto de familia en la piscina, en el primer piso habían unas cinco habitaciones y ya todas estaban ocupadas, subí al segundo piso y por suerte todas estaban desocupadas, tomé la habitación que daba a la piscina para tener vista a todo lo que allí pasará, bendito sea que todos mis primos tienen cuerpos trabajados y con los abdomen que me derriten, en cuanto me asomé al balcón del cuarto vi a Camilo apenas con una bermuda un poco corta que dejaba expuestas sus fornidas piernas y se le marcaba el paquete, no podía girar la vista hasta que creo se percató de mi mirada soltando una pequeña sonrisa, me apene al ver que me miró y voltee la mirada pero vi a Anto que estaba viéndome fijamente y se había dado cuenta de lo que pasó en ese momento, en un par de segundos había perdido de vista a Camilo y ahora no lo podía encontrar, poco tiempo paso cuando escuché que alguien cerraba la puerta de mi cuarto, para cuando giré mi cabeza me percaté que estaba poniéndole seguro a la puerta, mi respiración se aceleró y salí del balcón para que nadie se fijará si se me llegaba a parar.

    -no lo ocultes jajaja, se te vio la erección desde abajo, afortunadamente para ti creo que solo yo la vi

    -Ahhh si? Y emmm que haces aquí? Por qué subiste?

    -Por qué no me volviste a responder las llamadas?

    -No me respondas con más preguntas…

    Se iba acercando poco a poco a mi y no pude apartar mi mirada de su paquete que ya estaba completamente formado, y yo estaba en solo unos boxers, se acercaba más y más y yo caminaba lentamente para atrás hasta quedar contra la pared y el a centímetros de mi rostro respirando lentamente y mirándome a los ojos, no decía ninguna palabra.

    – Oye emmm, tienes novia, no debe…

    Me interrumpió dándome un beso y mi reacción fue apartarlo sorprendido, no debió ser una sorpresa pero esta tan caliente que de pronto comete un error pero ya qué… al demonio.

    Le respondí el beso, el metió su lengua sin pensarlo para luchar con la mía, yo accedí y sin darme cuenta ya nuestras manos estaban recorriendo nuestros cuerpos hasta dejarlas en mi trasero y yo en su cuello, ya no hay vuelta atrás, esta calentura solo se bajaría de una forma.

    Siguiendo el beso el lentamente fue metiendo sus manos debajo de mis boxer, agarrando fuertemente mis nalgas y recorriendo con un dedo mi ano, la sensación de sentir su dedo a punto de entrar en mi aunque no lo hacía me provocaba morderle el labio pero él se me adelantó, e inmediatamente traslado su boca a mi oreja intercambiando con mi cuello, mis piernas me flaqueaban y no podía seguir mucho más tiempo en aquella posición, en un momento que las piernas me fallaron el me hizo saltar y quede alrededor de sus cintura y con la espalda contra la pared, aprovechando la posición él siguió dándome besos y mordiendo un poco mis tetillas.

    Se quitó de aquella pared y me inclinó en la cama de abajo de un camarote que era la que estaba más cercana, recostado en la cama me quitó el bóxer dejando para que él contemplara toda mi verga, pero cuando note que se quedó un poco quieto le jale uno de sus brazos tirándolo encima mío, le di la vuelta y ahora yo estaba sobre él, me senté en su paquete haciéndole movimientos de adelante hacia atrás como masturbándose el pene con mis nalgas pero lo hacía más para sentir el roce en mi culo que me excitaba aún más, finalmente le quité con fuerza su corta bermuda y noté que no llevaba bóxer, más rico aún para mi, de su derrota salía un abundante líquido preseminal que rápidamente lo retiré con mi lengua dejando humedecido todo el tronco para luego pasar aquel rico sabor a su boca que acepto sin decir más, baje nuevamente a su verga metiéndomela completamente una y otra vez hasta mu garganta provocando arcada tras arcada, al sentirme sin respiración me retire un momento ese tronco de mi boca dejando un grueso hilo de saliva mezclado con precum que provocó en Camilo un impulso de empujarme la cabeza de nuevo hacia el mientras empujaba toda su vergota dentro mío comenzando él a hacer el trabajo de pillarme la garganta sintiendo como me llegaba a la tráquea.

    Pasado un rato saco su verga de mi boca, me tomo de la cadera y me puso al contrario de él haciendo un 69 con mi culo en su boca y mi boca en su verga, no la siguió moviendo pues estaba ahora concentrado en chuparle lo más profundo posible el culo, mordiendo lo y succionando, cosa que me hizo soltar un gemido un poco fuerte que nos hizo percatarnos de donde estábamos y que debíamos tener más cuidado de no hacer mucho ruido pero afuera la música ya era muy alta y nadie entraría, el siguió un rato más chupándome el culo intercambiando su lengua con un par de dedos, viendo que entraban fácilmente él se quitó de la cama, me hizo a un lado y me puso en cuatro con el culo apuntando arriba, y sin avisar la metió completa, abrazándome hasta poner un brazo alrededor de mi cuello comenzando un vaivén lento que se fue intensificando junto con mis gemidos y el ruido que hacía la cama, cada vez era más duro, más y más, ya me estaba taladrando por dentro, no podía ni gemir de lo rápido que iba, hasta que se fue deteniendo poco a poco, me saco de la cama, me volteó y volvimos a la pared, salté a él y en cuanto caí en el volví a estar clavado en su vergota, mientras veía su cara y el miraba la mía me besó mientras su verga me perforaba más profundamente que antes, intensificó en movimiento que sentía llegar hasta mi estómago y mordiendo mi labio fuertemente dio un gemido que se ahogó con el que me provocaba aquel mordisco, dio unos 3 golpes más y me dejó bajar lentamente pues sus piernas habían perdido toda la fuerza, se cayó en la cama y al hacerlo yo caí sobre él.

    Sabía que estaba lleno de su leche, y que comenzaba a caer pero saber que caía sobre su abdomen me excitaba a un más mientras veía su rostro agotado.

    Cuando escuche abrir la puerta y Anto entró rápidamente cerrando la puerta detrás de él, observó aquel acto de mi culo escurriendo la leche de camilo sobre él mismo, vi su picardía en sus ojos y se fue quitando la playera y su bermuda…

    (Continuará)

  • Mi profe me coge por el culo por primera vez

    Mi profe me coge por el culo por primera vez

    Una de mis estudiantes me pidió que le rompiera el culo por primera vez. Es una mujer muy abierta sexualmente y muy hermosa también. Es, de hecho, la protagonista de mi primer relato en este foro: Una de mis primeras aventuras con una ex alumna de la prepa. Ella sabía que me gustaba escribir mis aventuras sexuales por lo que también se animó a escribir un encuentro que tuvimos. Pronto escribiré la misma historia pero ahora desde mi punto de vista. Espero les guste.

    “Ahí estaba yo, en la casa de mi profesor de Inglés, después de una cogida deliciosa, estaba a punto de dejar que me rompiera el culo por primera vez.

    -No, yo quiero venirme dentro de ti… dentro de ese culito -Me agarró una teta y continuó diciendo– Vas mostrándome las piernas, las tetas, estas nalgas… las merezco, M. Una enculada es lo que te hace falta, eres una puta, una muy caliente.

    -Anda dale, pero…

    No me dejó terminar cuando me abrazó por detrás y comenzó a besarme. Fue un beso salvaje, sentía su lengua rasposa dentro de mi boca mientras sus manos apretaban todo mi cuerpo, me atraía al suyo con mucha fuerza. Estaba un poco asustada pero muy caliente, cuando una de sus manos llegó a mi vagina estaba muy mojada.

    Ansiosa por que me metiera aunque fuera un dedo, yo misma me incliné. Él entendió y me puso nuevamente de perrito y me besó las nalgas, las mordía y se iba acercando a mi culito, en unos minutos los nervios se fueron, disfrutaba su forma de comenzar. Lamió mi ano por todas partes y metió su lengua lo más profundamente posible en mi culo. Cuando me tuvo bien ensalivada metió suavemente un dedo.

    -Me gusta tu dedo en mi culo -alcancé a decirle mientras mi respiración se agitaba.

    Comenzó a mamarme la panocha de tal manera que volví a venirme y aunque le pedía que parara, no lo hizo. Entonces tomó un tubo con lubricante y comenzó a meterme dos o tres dedos en el culo, mientras que su lengua hacía maravillas en mi clítoris.

    No pares, sigue así, -le dije- me encanta sentir tus dedos y tu lengua…

    -Tengo algo mejor para ti -me dijo. Entonces se incorporó, me penetró por la vagina y apenas bombeó algunos minutos, entonces sentí la punta de su verga en mi culo… mi culito virgen.

    -Hazlo lento… por favor -le pedí con una voz que estaba entre lo dulce y excitada.

    Fijó sus manos en mi cadera y comenzó a meterla muy lento. Estaba tan lubricada y preparada con sus dedos que sólo sentí una leve punzada, un instante, y después una sensación extraña, algo en mi culo, sin embargo no era desagradable, comencé a excitarme más y podía notar como mi cuerpo entero se tensaba y sin pensarlo salieron quejidos de mi boca.

    -Ramón, no pares. Se siente riquísimo -le supliqué e intenté moverme hacia él.

    -Tranquila M, estás tan apretada que debemos ir despacio. Me tomó con fuerza de las caderas y por fin sentí sus huevos chocar con mis nalgas. Tenía toda su verga dentro.

    Me sentí completamente llena, así se quedó por un momento. Durante ese tiempo, me masturbó y no paró de besarme, me excité nuevamente pero esta vez diferente. Comencé a gemir y a moverme lentamente, de adelante hacia atrás, sacando y metiendo su verga en el culo, hasta que Ramón también comenzó a moverse lentamente.

    -Te prometo que te vas a volver adicta al sexo anal conmigo, es tan fácil mojarte que esto lo vas a disfrutar. Va a ser una puta completa, bien llena con mi verga-

    -Mmmmm… Gemidos fue lo único que salió de mi boca, su forma de hablarme me excito más. Entonces me dio una fuerte nalgada: -anda puta, afloja bien ese culito que me lo quiero culear fuerte y no te lo quiero destrozar. Entonces me dio una nalgada tras otra. Bastante fuertes. Y aunque no podía verme estoy segura de que mis nalgas estaban marcadas, de lo fuerte que me pegaba. Su verga en el culo no dolía, lo que me dolía eran sus nalgadas. Entonces me excité más todavía: el extraño sentir de dolor con placer me hacía querer sentir más.

    -Toma mi pequeña puta -Y simplemente comenzó a romperme el culo de verdad, sentía su verga entrar y salir de mi ano, sentía como se abría, me llenaba cada vez más.

    -Ahhhmmm, me gusta. A mi culo le gusta tu verga -Le dije. En cuanto lo dije me dio una nalgada, me excitó mucho más, continué diciéndole lo rico que estaba su pene, me convertí en una puta de verdad.

    Hasta que se apoyó de mis hombros, en ese momento de verdad me clavó su verga lo más profundo que pudo. Mis brazos se doblaban, así que me acostó sobre la cama, se montó más en mí y poniendo sus manos en mi cintura su cuerpo hacía presión, su verga presionaba mi ano y lo llenaba por completo.

    -Estás riquísima, apretada, caliente, gimes rico M. Se ve que esto te encanta, puta viciosa- Sus palabras estaban llenas de lujuria. Entonces se estiró y comenzó a tocar mi clítoris con su dedo ¡eso fue alcanzar el cielo! No aguante más que unos segundos y me vine por todas partes, mojando sus cobijas ¡uno de los mejores orgasmos de mi vida! Mi primer orgasmo anal! mientras que el por su parte no paraba de decirme lo puta que era y lo rico que estaba mi culito, su voz se hizo más ronca hasta que sentí que el peso de su cuerpo aumentaba. Se recargaba más en mí hasta que se vació en mi culito virgen, sentí chorros de su leche llenarme. Me baje lentamente con él tras de mí, sin salirse de mi culito. Los dos reímos y platicamos. Su verga fue perdiendo la erección hasta que salió sola de mi culito. La verdad es que me ardía un poco el culo, pero fuera de ello no tenía mayor molestia.

    Me encantó como me rompió R el culito, y si, me volví adicta a su verga en mi culo. Siempre que lo hacemos vaginalmente debo hacerlo analmente también porque si no siento que algo falta. A partir de ese día él se encargó de cuidar y entrenar el culito que desvirgó.

  • Mi prima se viste de novia (Capítulo 19)

    Mi prima se viste de novia (Capítulo 19)

    Últimos 4 capítulos.

    El hombre habló un rato más, mientras yo sólo pensaba en que no había nada mejor en la vida que hacerle la colita a una chica virgen. Esa era mi mayor fantasía sexual. Era cierto que tenía muchas. Pero esta era de las difíciles. Me encantaba que una piba pierda la virginidad del ano antes que la virginidad de la conchita. Me volvía loco.

    Perdón que insista, pero esa sensación que quedaba al saber que la pendeja había entregado el culo antes que la vagina, era de las que percibía como de un nivel superior.

    No había otra cosa en el mundo que me excite más que una chica con el orto desvirgado antes que la concha, era cierto, pero era todavía mucho mejor si ella ni siquiera lo pensaba. Sino que se daba cuenta después de haberse puesto en cuatro con una sonrisa. Que sería desde ese día y para siempre, la piba que a la que culearon antes de cogerla. Y que no lo haya tenido en cuenta del todo. Una imagen tan de putita, que me hacía poner la piel de gallina.

    Aunque hasta ese momento sólo lo había logrado tres veces en toda mi vida, esta brasilera no se iba a salvar de eso, si es que caía en mis redes. Y la seguridad y la confianza en mí mismo que había ganado en esos días, me llenaban el pecho de esperanza y la pija de sangre. De aquellas tres pibas anteriores, todavía conservaba las bombachas que habían usado. Eran mi única colección. Ahora la necesidad de conseguir la chabomba de la rubiecita esta, me incentivaba aún más a escuchar al hombre.

    -Sé que esto puede parecerle una atrocidad. Que un padre le pida fotos de la vagina de su hija. – decía el tipo cuando le empecé a prestar atención. – Pero entiendo que ustedes realizan este tipo de trabajos.

    Aunque mi cabeza había quedado latiendo en la palabra “atrocidad” y perdidamente excitada en “vagina”, lo que dijo me resultó extraño. Pero lo siguiente fue peor.

    -Entiendo también que cobran en Bitcoins, cómo no dispongo en este momento, puedo pagarles con fichas de casino, si el problema es el efectivo. Y de ser necesario, a los quince mil habituales, le puedo agregar una propina extra de cinco mil. – dijo sacando cuentas en el aire. – Por los inconvenientes y el apuro. – agregó luego. -Serían en total veinte mil. No diez, como le dije antes. Sin contar los cinco que le acabo de dar, por supuesto. 20 mil por la foto. Un pack de fotos, de ser posible. – finalizó.

    Ahora mi mente no podía dejar de pensar en lo desesperado que debía estar el tipo. Me daba muchísima curiosidad saber cómo había llegado a esa situación. Y cuánto tiempo había tenido que hablar con Fabián para saber tantos datos y detalles de una persona que yo no era, que ambos lo sabíamos pero, con tal de verle la concha a su hija, él mantendría el personaje que lo había llevado hasta aquí, hasta las últimas consecuencias.

    La curiosidad me estaba recorriendo el cerebro, no puedo negarlo pero, al fin y al cabo, el tipo entraba de lleno en el perfil que le había dado: tenía, sin dudas, más guita que medio crucero junto, y manejaba el poder de la información de una forma admirable.

    Y en cuanto a la pendeja, como ya les dije, se partía sola. Lo que más me costaba creer en ese momento, era que en realidad era virgen. Pero si lo era, la bombachita que llevase puesta iría a sumarse a mi colección, sería ahora una colección de cuatro piezas exclusivas. Me sonaba a una fortuna. De sólo pensarlo se me hacía agua la boca y hasta sentía que me crecían los colmillos.

    -Espero que sepa entender, que esta es mi última oportunidad. Y me ayude. –continuó ante mi silencio- El próximo año comienza la universidad, y se la van a coger de inmediato, casi con seguridad.

    El hombre realmente estaba angustiado. Y aunque a veces sentía que la situación era un tanto psicodélica, o bizarra, se podía ver hasta en su mirada la desesperación por tener aunque sea una foto de la almeja de su hija, antes que la rompan. Por supuesto que también me estaba devorando el morbo, la perversión de un incesto un tanto más extremo, el de un padre preocupado porque le iban a coger a la nena. Y quería verle la conchita antes. O mejor dicho, guardarla como un suvenir, para sus pajas en soledad.

    Yo estaba completamente sorprendido. Y aunque trataba de disimularlo, porque la idea realmente me interesaba, sentía que no llegaba a entender del todo cuál era su plan. Pero el tipo por más plata que tenía, por más exitoso que fuese en su trabajo, sea cual fuese, en ese instante sabía que la manija de la situación la tenía yo. Por lo que noté inmediatamente que mi silencio lo incomodaba, y lo aproveché. Entendí con extrema claridad, que si quería saber mejor qué era en concreto lo que necesitaba de mí, sólo debía mantenerme callado y él hablaría. Cada vez más y hasta por momentos sin pensar. Jamás había sentido aumentar tanto mi morbosidad, simplemente por permanecer sin decir una sola palabra.

    La calentura ahora se me hacía difícil de soportar. La verga bajo el pantalón, más la imagen de la pibita revoleando la pollerita, amagando con mostrar la bombacha mientras bailaba la noche anterior con su papá, quién a su vez se angustiaba porque le quería ver la almeja, que ponía la guita necesaria para las futuras pajas pensando en ella, asustado porque se la iban a coger, pero me la entregaba para que yo le rompa la telita, me resultaba tan difícil de soportar que hasta pensé en disculparme, ir al baño y masturbarme, o ir al cuarto y lechearle la cola a mi prima, y volver al rato, como si nada, para seguir escuchándolo. Pero me contuve. Después de todo, sólo debía mantener la boca cerrada.

    -A la nena me la van a coger en la universidad, eso seguro. – repitió, ahora casi reflexionando. Como si todavía no hubiese entendido que “la nena” no era suya. – La escucho todo el día hablando con sus compañeras, preocupada porque todavía es virgen, pidiéndoles consejos para levantarse a un hombre. Para que se la ponga. Se la pasa leyendo historias sexuales en Poronga, o Piringa. O Poringa, algo así. La escucho gemir mientras se masturba y cree que yo no me doy cuenta. O disimula, pero yo no soy un tonto. Y me hace muy mal saber que jamás voy a poder verle la vagina completa, sin estrenar digamos, si eso ocurre. – continuó.-Por eso estoy seguro que si usted va a hablarle y se la encara, la convence fácil. – me explicó – Y si me envía una foto, o las que pueda, yo le estaré por siempre agradecido. – dijo al final.

    Era sin dudas una de las conversaciones más extrañas que había tenido en mi vida. Pero yo también podía mantenerle el personaje, si servía para mirar a mi prima chuparse una concha.

    Cómo ya imaginaba su respuesta, le pregunté si había intentado poner una cámara escondida en el baño, para filmarla mientras se bañaba o hacía pis. Que esa era mi principal recomendación. Y me dijo que sí, que ya lo había hecho, pero no tuvo éxito y decidió no arriesgarse más. Que al menos le había podido filmar la cola en una oportunidad y la bombacha en otra. Pero la concha abierta y profunda, no.

    Me contó también que la invitó al crucero con la excusa de hacerle un regalo por los dieciocho años y celebrar que había terminado el colegio con buenas notas, pero en realidad pensaba que, ya que viajaban solos y compartirían el cuarto, podría animarse a fotografiarla. Pero que no lo hizo. Y que sólo una noche tuvo el coraje para sacarle una foto a una teta, estirándole un poquito el corpiño, mientras dormía. Que pensó que con eso se podría conformar, pero ahora le había aparecido esta oportunidad y que él era un hombre que siempre aprovechaba las posibilidades que se le presentaban. Y que si el problema era el dinero, que podía darme más.

    Creo que fueron los primeros minutos que estuve arriba del barco, sin pensar en la colita de Julia. Ahora no podía quitarme de mi mente la imagen de su lengua y la de la pibita compartiendo un lechazo directo del pico de mi poronga.

    -Al final no sé si fue buena idea traerla aquí – me explicó luego, casi lagrimeando. – No sabe lo que es verla cambiarse, tener tan a mano las bombachas y las polleras que usa. Es un dolor inmenso tener que aguantarme las ganas de ni siquiera tocarla dormida, o de oler la ropa interior que deja en la ducha, por miedo a ser descubierto. Y encima ese tipo de charlas que le escucho tener, preguntando cómo encararse a un chico, o si conviene recibir una eyaculación en la boca la primera vez que tienen sexo. O si el sexo anal duele mucho, o si cuenta como una desvirgada. Realmente me parten el corazón. – dijo después, aunque ambos sabíamos que lo que en verdad le partía era el pito. – Por favor se lo pido, usuario. Usted tiene que ayudarme.-me suplicó. -Cuando vaya a la universidad le van a romper la integridad, estoy seguro. -repitió al final.

    Por unos segundos pensé en despacharlo y decirle que no. Para qué me iba a meter en semejante lio, si los datos que el tipo me había dado ya eran suficientes para ir a encarármela y enfiestarla, sin que él éste involucrado en absolutamente nada. Parecía ser que el único beneficio que podría agregarme, serían los dólares. Y realmente no me interesaban. Esa idea que tienen varios, de que una persona haría lo que sea por dinero, yo no la compartía. Podría guardarse su plata y listo. A mí no me importaba tanto, el dinero jamás dominaba mis acciones. Y me sentía muy bien al considerarme a mí mismo, que era, orgullosamente, un pibe sin precio. O eso creía.

    Pero haciendo un esfuerzo para salir del trance, le dije en cambio que sí. Que lo iba a ayudar. El viejo estiró sus manos y tomó las mías sobre la mesa, y ahora casi llorando me agradeció. Le expliqué entonces que el único requisito que había que cumplir, y que era innegociable, era que mi prima también iba a participar de la desvirgación. Y tuve que contener la risa, porque ni sabía si la palabra “desvirgación” existía. Pero sonaba profesional. No le podía decir que mi prima también se iba a enfiestar con su chiquita. O que la nena aprendería a recibir la chota por la concha y la almeja por la lengua en la misma lección.

    Había aceptado la oferta porque si el tipo había entrado en confianza con Fabián, lo que menos necesitaba era ofenderlo. Ni me daba la cabeza para seguir la velocidad con la que se movían en mi mente la cantidad impresionante de complicaciones que podría generar si el tipo le contaba de la fiesta. O de cualquier otra cosa que podía saber. Si lograba un par de fotos y se las enviaba, quedábamos casi a mano de posibles extorciones que podríamos recibir el uno del otro. Qué podría decir un hombre con deseos perversos por su hija, sobre otro que se culeaba a su prima.

    Pero para serles del todo sincero, también había aceptado porque me estaba volviendo adicto a todo tipo de morbosidad relacionada al incesto.

    -Le agradezco de corazón. De corazón. –repitió sin soltarme las manos. – Es similar a una tortura verla en pijama, en esos shortcitos que usa, que le marcan todas las curvas de las nalgas, o la rayita de la vagina. Caminando por el camarote como si nada, mientras yo estoy ahí nomás. Disimulando la vista en un libro o una revista, con temor a que me pesque mirándola de esa manera indebida. Y ni hablar de las polleritas que a veces me muestran sin querer la bombacha. – dijo, esta vez con un tono de voz parecido a una descarga emocional. Como si yo fuese su psicólogo. O un amigo. – Todo el día con esas polleras que parecen del colegio. Todo el día. Se ve que están de moda, porque las usa todo el día. Y a mí me hace tanto, pero tanto mal. – reconoció luego.

    Mientras el viejo parecía estar a punto de largarse a llorar, yo pensaba en que iría a eyacular en cualquier momento bajo la mesa. Solo rozándome la pija un poco, cerrando y apretando las piernas, lo más disimuladamente que podía.

    -Dejeme analizarlo con mi prima, y le escribo. –dije, ya desesperado por volver al cuarto. De volver en realidad a la garganta de Julia. – Desarrollamos bien el plan y lo llevamos a cabo.

    El brasilero me respondió que estaba bien. Que en unas horas estarían en el bar, que había una fiesta y la nena quería ir. Que siempre quería ir a las fiestas. Que pensaba que esa sería la oportunidad perfecta para que yo la “seduzca”. Cuándo se ofreció él mismo de encargarse que su hija consuma alcohol para que esté más “dispuesta”, le dije que no. Pero que era probable que intentara encarármela ahí.

    Apenas llegué al pasillo que me llevaba al cuarto, lo vi al chinito sacudiendo dos tarjetitas. Eran seguramente las invitaciones a la fiesta que ya sabía que habría en un rato. Eso no era ninguna novedad. Pero, al acercarme más, la verga pegó un salto al ver que hablaba con mi prima, que le había abierto la puerta usando sólo una musculosa que no le llegaba ni al ombligo y una bombachita roja que el pibe no sabía cómo hacer para no mirarle fijamente.

    La hija de puta se daba vuelta con cualquier excusa barata para mostrarle, de vez en cuando, el orto entangado. Y le sonreía y le tocaba el brazo, casi sin querer, mientras el chino le explicaba vaya a saber qué cosa de la fiesta. Parecía que le leía el folleto entero con tal de hacer tiempo para mirarle la conchita un poco más.

    Al acercarme, simplemente me saludo y se fue.

    -¿Podes ser tan, pero tan, pero tan putita? – le pregunté cuando cerré la puerta.

    -El forro fuiste vos, que te salvó el primer día y ni lo invitaste a la fiesta del sueño. – me contestó, dándome la espalda, caminando hacia la cama. – Nos invita a todas las fiestas el loco, y vos ni a una lo invitas. – agregó luego, mezclando palabras entre su sonrisa.

    Esperé a que se acueste y se acomode bien, solo para molestarla. Le pregunté que qué hacía acostada, que se arrodille a chuparme la pija, ya mismo. Inmediatamente a mamarme la chota y sin chistar. Que tenía algo que contarle. Y la pija me empezó a latir, literalmente, cuando le mostré el abanico nuevo de billetes que había traído del casino y Julia casi instintivamente se acarició la concha bajo la bombacha.

    Cuando terminé de armarle un sanguche de jamón y queso, para que comiese otra cosa que no sea guasca, ya se estaba acercando a mí pija, gateando y con la carita de gata petera que ya sabía que me enfermaba.

    A penas se la puso en la boca la saboreó más que al primer mordiscón que le había dado al sanguche que comió de mi mano.

    Era tanta mi calentura que a las pocas palabras que dije para contarle lo ocurrido, ya estaba por acabar. Sin sacársela de la boquita, mi prima jugó a penas con su lengua sobre el glande y ya entendiendo que iba a eyacular de un momento a otro, me miró a los ojos, para pedirme la leche con la mirada. Presionó el grosor de la pija con los labios y muy lentamente empezó a cabecear, sin dejar de mirarme. Arqueé mi columna, puse una mano en su cabeza y le llené la boca de semen una vez más. Julia me quitó el sanguche de un tirón, lo abrió y escupió todo el lechazo entre el pan y el queso.

    -Le faltaba aderezo. – dijo, cuando pudo hablar. – Ahora está riquísimo – exclamó después. – Le faltaba mayonesa de leche. Mayonesa de pija, le faltaba – dijo al final. Mientras le daba un mordisco tras otro y le pasaba la lengua si la leche se escurría por los costados.

    Me quedé un minuto disfrutando de ver a mi prima arrodillada, tragando pedacitos de sanguche y acompañando la deglución con sonidos de satisfacción, siempre con cara de puta, pero aunque la imagen que tenía enfrente no le daba ni la mínima chance a que se me achique la chota, me dispuse a contarle mi charla con el viejo.

    Le conté todo, hasta el último detalle, salvo la parte del Usuario PsyExA, para no preocuparla al pedo. Julia no podía ni respirar del todo bien, culpa de la calentura que le había provocado. Al darme cuenta, le ofrecí cogerla un poco, darle un polvo rapidito antes de bañarme para ir a buscarle la conchita que quería de postre, pero me dijo que no. Que vayamos ya. Que me apure. Que total ya se había pajeado dos veces en mi ausencia y que quería acumular ganas para probar la cajeta de la rubia. Pero que me apure.

    Al terminar de darme la ducha, olfateé mi remera de la suerte. Tenía un olor a chivo impresionante. De esos olores profundos que se suelen acumular en las camisetas de fútbol. Pero no me importó. Ni el olor, ni que no era la mejor para ir a una fiesta. Se pasó por la cabeza que ciertos lugares, para evitar peleas, no te dejan entrar con ese tipo de remeras. Pero ésta era de un club no tan conocido, que ni recordaba yo quién me la había regalado, ni por qué. Las chances de que me hagan lio eran pocas, por lo que decidí arriesgarme. La llené de desodorante y me la volví a poner.

    Al salir, volví a abrir la boca. Julia ya estaba vestida, a diferencia mía, como para ir a una celebración cheta. Como si iría a una reunión de princesas. No pude evitar detenerme para admirarla, esta vez vestida. Mi prima estaba hermosa. Tenía un vestidito rojo, atado en la espalda, con un escote que daba bastante lugar a la imaginación, sin corpiño y una tanguita que, aunque no llegaba a transparentársele el color, se le notaba bien metida en el ojete. Y el peinado casi igualito al de la fiesta del culo.

    Preso de su belleza la besé en los labios y me terminé de vestir para ir al bar.

    Llegamos casi corriendo. Con mi prima ganándose la mirada de absolutamente todos los hombres que nos cruzamos en el camino. Hipnotizados porque en cada paso apurado que daba Julia, el vestido casi casi les mostraba el culo.

    A penas entramos, los reconocí de inmediato. Estaban sentados los dos en una mesa contra la pared, riéndose y charlando como normalmente lo harían una chica con su papá. Aunque de normalidad, en realidad, no había nada.

    -Buenas noches, ¿me permite bailar con su hija? – le pregunté al tipo, mirando y sonriéndole a la rubiecita. Usando en la voz un tono anticuado y a la vez fuerte, para mostrarle valentía. Sabía que una pendeja en su situación se podría volver loca por un pibe con el coraje suficiente como para encararla delante de su padre.

    El papá se sorprendió y por un instante se quedó quieto. Al ver a mi prima a mi lado, se puso de pie, para mostrarle respeto. O vaya a saber qué cosa. Julia casi automáticamente le miró la pija. Tenía tanta conexión con mi primita, que hasta sabía lo que estaba pensando. Que le conocía hasta el gusto de la chele que largaba el pito que tenía el viejo, bajo la panza. Que le conocía el pene hasta con el culo.

    En el mismo momento en donde la invitaba con su mano a sentarse, July lo saludó con la mirada, con un poco de vergüenza y la conchita un poco mojada, y se fue a sentar en la barra. Aunque con la mirada buscaba a Fabián, no lo encontró. Al menos no en la barra. Unos minutos después lo vio bailando con una pendeja, que era evidente que había viajado con sus amigas. Bien de fiesta estaba es piba.

    La rubia, en cambio, me dio la mano y sin esperar la autorización de su papá, me dijo que sí. Me sonrió y aunque faltaban dos pasos, o tres, para llegar a la pista de baile, empezó a mover el orto al ritmo del reggaetón que sonaba a todo volumen. La pollerita tableada que llevaba ese día, no era la misma que la noche anterior, pero igual se movía de un lado al otro, cada vez que la pibita quebraba su cintura.

    A las dos canciones de seguirle el ritmo como podía, me empezó a apoyar la cola en el bulto. Y a la tercera aproveché que la tuve de frente para tomarla de las manos y decirle que me estaba muriendo de ganas de comerle la boca. Le mentí a medias al decirle que era, ella, la chica más linda del barco y que no podía aguantar más sin besarla. A medias, porque sólo mi prima le ganaba. Luego le acaricié la mejilla y al verla un poco nerviosa, me asusté. Si me rechazaba, se arruinaba alta fiesta.

    Le dije que estaba todo bien. Que se tranquilizara, y que si no quería saber nada, por supuesto que la dejaría en paz. Pero que me entienda, que al menos debía intentarlo.

    Volví a preguntarle, entonces, si me dejaba darle un beso mientras mis dedos jugaban con su pelo y mi boca se acercaba de a poco a la de ella. Sabiendo que si aceptaba el beso, el resto era sólo de manual.

    -Está bien. – dijo un segundo después. – Sólo porque mi mamá es de Junín y yo también soy hincha de Sarmiento. – agregó mordiéndose el labio inferior, señalándome con la mirada la remera transpirada. Ignorando que en realidad lo único que nos unía, era la suerte. Que sólo había visto una vez un partido de Sarmiento, y era para no pensar en tocarle más el culo a Julia.

    No pude evitar reflexionar sobre todo lo que habían cambiado las cosas desde aquel entonces.

    Por caballerosidad, le pregunté su nombre. Me dijo que se llamaba Lihuén, luego le dije el mío.

    En medio de su nerviosismo tan natural, me dijo también que no le gustaba que sus amigas le digan “Li”, que prefería su nombre entero a cualquier diminutivo. Que le costaba hacérselos entender, pero que de a poco lo iba logrando. Que “Li” sonaba a chino y prefería ser siempre brasilera. Todos esos datos que no me importaban, realmente no los escuche solo por diplomacia. La pibita tenía esa actitud con la que es imposible no encariñarse un poco. Si quería contarme más cosas, podría hacerlo sin ningún apuro.

    E imaginando todos los posibles futuros recorridos de la lengua de mi prima, la besé tiernamente sobre los labios.

    Se corrió una hermosa química entre los dos. No puedo negarlo. Podría haber estado horas abrazándola y acariciándole el pelo, solamente. Pero luego, al meterle la lengua en la garganta y sentir en su boca ese sabor mitad carioca, mitad argento, no pude dejar de pensar en la bombachita que agregaría a mi colección.

    Cuando las manos se me iban solas hacia la pollerita, le dije si quería ir a un lugar más tranquilo. La clásica que nunca falla, cuando se maneja sutilmente el tiempo.

    Me dijo que viajaba sólo con su padre, por lo que a su cuarto no podíamos ir. Confirmé entonces que realmente estaba desesperada por perder la virginidad, yo planeaba simplemente ir a sentarnos a alguna mesa un poco más oscura. Pero aproveché.

    Le dije que vayamos a la terraza, que a esa hora las luces apagadas nos regalarían una bellísima vista hacía el cielo estrellado, y aceptó de inmediato.

    Nos acostamos los dos en una reposera, Lihuén puso su cabeza en mi pecho y nuestras miradas se dedicaron un momento a admirar el firmamento que teníamos encima. Era sin dudas, otra postal para el recuerdo.

    Al ratito volvieron los besos, los abrazos y las caricias. Me frenó sólo cuando mi mano derecha intentaba esquivar su pollera para tocarle la cola. Lo hizo con tanta inocencia que me recordó mis propios días de secundaria.

    -Tengo que decirte algo. – susurró. – Nunca tuve sexo con nadie. Y no sé muy bien cómo se hace. – confesó un segundo después.

    Yo ya lo sabía. Venía preparado para todo eso. Lo que no estaba en los planes era el cariño que la pendeja me había despertado.

    -Quedate tranquila – le dije fuera del libreto. – No hay necesidad de que hagamos nada de lo que no estés segura. – agregue luego. Sabiendo que no era del todo inteligente recular en vez de avanzar, en casos como este.

    Pero la nena de papá, cambió la cara. Esta vez habló casi llorando.

    -No debería haber dicho nada. Siempre hago la misma estupidez. No debería haber dicho nada.

    La tome de las mejillas y la volví a besar, le dije nuevamente que se tranquilice, que todo estaba bien, que sólo me diga qué era lo que quería y lo haríamos. Si quería esperar, esperábamos. Si quería quedarse mirando el cielo, lo hacíamos. Que no había ningún tipo de presión para nada, y que yo sólo seguiría sus deseos.

    -Quiero perder la virginidad. Eso quiero. No quiero llegar a la universidad y ser la única que no sabe nada sobre el sexo. – dijo sin dejar que pueda terminar mi discurso. -No sé ni siquiera cómo hacer una mamada. Sólo quiero aprender aunque sea lo básico.

    -No tiene nada de malo llegar a la universidad sin saber nada. La gran mayoría llega en esas condiciones. – respondí para que no se sienta presionada al pedo.

    Realmente no entendía su angustia. Ese temor y ese apuro por querer saber cosas que, aunque todos digan que las saben, bien sabía yo que no eran verdad. Terminar el colegio sin haber tenido sexo, era muchísimo más común que lo que uno puede creer. Era una presión social que confundía y lastimaba tanto a varones como mujeres, y completamente en vano. Y aunque ponía en riesgo de arruinar todos mis planes, vencer esos tipos de presiones sociales, en todos los frentes, era una especie de objetivo principal.

    -Ya sé. Pero quiero aprender igual. –contestó para mi fortuna.

    Yo le sonreí y volví a mis cabales. Al personaje que su padre me había inventado. Esta vez sin cuota de cariño extra, aproveché la pelota en la línea del arco que me había dejado picando.

    -Pero, linda, dejá de llorar entonces. – dije. – Si querés aprender, puedo ofrecerte un curso intensivo. Yo tampoco viajo sólo. Podemos ir a mi camarote y pedirle ayuda a mi prima, ella la tiene re clara. Cuando salgas, no sólo vas a salir hecha una experta en mamadas. Vas a salir con más experiencia que toda tu universidad junta.

    La rubiecita abrió los ojos, entusiasmada. Se notaba que nunca había pensado experimentar con otra chica, pero la angustia que sentía por no saber siquiera qué hacer en frente de un cuerpo desnudo, le era muy grande. Y la solución que le ofrecí, en cambio, le venía al pelo.

    El bichito del incesto al escucharme decir que mi propia prima participaría de la fiesta, empezó también a germinar en su mente. Hasta por el olor podría darme cuenta cuando el morbo se le enciende a una persona.

    Me dijo sin dudas que sí. Que hagamos eso. Que le pidamos ayuda a Julia. Que si mi prima estaba dispuesta a ayudarla, ella haría lo que sea.

    -No hay nada que tengas que hacer, sólo disfrutar. – le contesté. – Sólo podes ayudarme a cumplir mi fantasía. La de hacerle sexo anal a una chica virgen. Pero sólo si querés.

    Me dijo que sí, que le daba igual. Pero que le prometa que no iba a dejarla salir del cuarto sin la concha rota.

    Y que vayamos. Que vayamos al camarote, rápido. Que tenía mucho que aprender y quería empezar ya.

    Le hice caso, porque yo también.

    Continuará…

  • Paseo para tres (Parte 2): Calentura al anochecer

    Paseo para tres (Parte 2): Calentura al anochecer

    Diana mencionó que es una lástima que el novio de Elena no esté presente puesto que pudo a ver sido una velada muy romántica, a lo que Elena le respondió que aproveche que estoy yo y que pueden darle placer, a estas alturas ya nadie se avergonzaba de decir tales cosas a lo que yo dije que vamos a pasar rico. Elena dijo finalmente riéndose: con tal que me dejen dormir.

    Llegada la hora de dormir, Diana y yo nos quedamos conversando hasta muy tarde y nuevamente la lujuria hizo su aparición y nos empezamos a masturbar mutuamente, hasta que Diana me pregunta:

    -Crees que ya se durmió?

    -No lo sé, no la oigo

    -Dame un poco de esa atención, dijo Diana cogiéndome más duro el pene

    -Es todo tuyo

    Se sacó la camisa y la tanga que llevaba puesta y yo me saqué el bóxer.

    Diana se puso encima de mí y empezó a realizar roces de sus labios vaginales con mi pene y en poco tiempo todo mi pene ya estaba dentro de ella. Eso dale, sigue, fueron las palabras que mencionaba Diana con su voz un poco baja, mientras yo también gemía y me turnaba entre tomarle de la cintura y acariciar sus senos.

    Luego tomándole de la espalda y con mi pene dentro de ella, la fui acostando de tal manera que ahora yo estaba sobre ella y podía apreciar su sexo, ahora mi vista era quien se turnaba entre la penetración vaginal y el movimiento de sus pechos que iban de arriba abajo. Ahora cambiamos de posición y ella poniéndose en cuatro nuevamente con su culo y vulva pegándome a mi cara, aprovechaba el momento para lamerle su coño. En esa posición le empecé a penetrar tan rico que ambos gritábamos de placer, con una mano le acariciaba un poco fuerte sus senos mientras que con la otra le frotaba su clítoris.

    Por un momento olvidamos todo y solo nos enfrascamos en darle el mayor placer el uno al otro, en medio del acto, empiezo a oír gemidos que sin duda alguna era de su amiga que al parecer a lado también la estaba gozando, al parecer no fui el único que la escuchó pues posterior a ello tanto yo como Diana nos movíamos más frenéticamente al pensar que nuestra lujuria produzca placer también a terceros. De una forma veloz le saque el pene de su vagina y le volteé a lo que Diana continuaba acariciando sus senos exhausta mientras me masturbaba rápidamente.

    Diana no tardó en tener en su boca, entre sus pechos y un poco más en el abdomen mi semen recién fabricado. Los dos muy cansados nos dimos un sensual y placentero beso, el cual fue mi último de aquella noche. Mientras que Diana se levantó a pegarse una ducha para volver a la cama.

    A la mañana siguiente me desperté viéndole ese culito a Diana. Le di una pequeña nalgueada y me fui a duchar. A lo que salgo de la ducha oigo a Elena y Diana que están conversando. Me estaba lavando la boca, cuando Diana dice: amor Elena dice que no la dejamos dormir.

    – No te quejes Elena, bien que disfrutaste, comenté.

    Ella se puso un poco roja, pero no dijo nada. Cuando volví a la cama, Elena se levantó para usar el cepillo de Diana para peinarse y seguían conversando entre ellas. Mientras yo, por debajo de las cobijas vuelvo a acariciar a Diana. Empezando por su abdomen y bajando hasta su tanguita. Diana a su vez también aprovechaba cuando Elena se daba la vuelta para acariciarme el pene. En este juego estábamos hasta que Elena dijo:

    -ya van a empezar de nuevo.

    – Mejor aún, acompáñanos y terminemos lo de ayer en el yacusi, mencionó Diana.

    Me quedé sorprendido, cuando Elena se dio la vuelta y se acercó hacia nosotros. Con una voz seductora, pidió que siguiéramos con nuestras caricias mutuas. No sabía si era real lo que en ese momento estaba viendo, hasta que siento que la mano de Diana nuevamente está en mi pene. Inmediatamente mi mano también empezó a calentarse al estar en contacto con la vagina de Diana. Elena estaba ahora sentada a nuestro lado y bajó las cobijas. Para luego acariciarse por debajo de su camisa sus senos. Mi vista iba dirigida hacia las caderas y piernas de Diana que se encontraba abiertas y los senos de su amiga.

    Diana dejó de acariciarme el pene y empezó a besarme, pero ahora Elena se encargó de masturbarme con sus manos, para más tarde chupármelo. Diana se sacó su tanga y camisa y se puso encima de mi cara para lamerle su vagina, estuvimos durante un tiempo así hasta que Diana quita su vagina de mi cara y empieza a bajar a besos desde mi pecho hasta el pene donde se encuentra con los labios de su amiga. Se dan un pequeño beso con lengua y siguen acariciando a mi pene cada una por un lado, en eso Diana me saca el bóxer por completo y Elena de igual manera se queda sin nada, de esta forma mientras Diana me lamía el pene, Elena me masturbaba y así se turnaban.

    Elena estaba de tal forma que mientras hacían su juego, yo podía apreciar su vulva y no tarde en acariciarla, primero en círculos y poco a poco metiéndole el dedo por su vagina, la cual estaba muy húmeda. El dedo entraba y salía con tal facilidad que no tardó Elena en gemir. Ahora Diana volvió a poner su vagina en mi cara para que Elena ponga la suya en mi pene. La sensación de lamer esa concha ardiente y húmeda, junto con mi pene dentro de la vagina de Elena hizo que gritáramos de placer.

    Luego cambiamos de posturas y mientras le daba por el culo a Diana, Elena se apretaba los senos y sentía la lengua de Diana en su clítoris. De igual forma yo aprovechada de vez en cuando para chuparles a ambos sus senos y apretárselos a lo que gritaban de placer. Al final se encontraban las dos una junto a la otra besándose y tocándose sus senos, mientras me turnaba por penetrar a la una y a la otra. Me concentré en darle el mismo tiempo a ambas, mientras le estaba penetrando a una, le masturbaba a la otra y así sucesivamente, hasta que todos nos masturbamos viendo la escena.

    Elena con su concha semi-depilada, Diana con la suya y yo con mi pene esparciendo el semen por esos cuatro senos. Nos dimos otro beso apasionado con Diana, le acaricie una última vez los labios vaginales a Elena y nuevamente me fui a bañar.

  • Un fin de semana con mi prima

    Un fin de semana con mi prima

    Una ocasión mi prima Lucero fue a quedarse a mi casa un fin de semana ya que mis tíos saldrían y no querían que se quedara sola en su casa. El viernes por la tarde llegaron mis tíos a dejar a Lucero.

    Estuvieron por un momento y después se despidieron.

    Mi prima se quedó platicando un rato con mi mamá y yo subí a mi cuarto para acomodar un poco ya que me había dicho mi mama que le prestaría mi cama a Lucero y yo tendría que tender cobijas en el piso para dormir, (pensé está bien acabo que no es de siempre).

    Aparte que es temporada de calor y habría que aprovechar el aire acondicionado.

    De repente toca Lucero a la puerta.

    -te ayudo en algo primo.

    -no está bien ya terminé, pero trae tu maleta ya para que la dejes aquí.

    Cuando mi prima regresó me preguntó si podíamos meternos un rato en la alberca.

    -si claro hace mucho calor vamos.

    En eso yo bajé mientras mi prima se quedó a cambiarse yo me metí con la ropa que traía.

    Ya cuando bajó Lucero se había puesto un shorts y blusa, inmediatamente noté las piernotas que le resaltaban con su shorts. Mi prima es gordita como de 1.60 m.

    No dije nada y seguí en el agua, enseguida entró Lucero al agua, yo me quedé sorprendido por su ropa mojada, se le pegó al cuerpo dejando ver las nalgotas de Lucero a la vez que en su blusa se le notaban unas chichotas con el pezón bien marcado.

    Yo tenía la verga bien dura bajo el agua que ya no quise salir afuera por miedo a que me vieran así.

    Estuvimos un rato bañándonos yo en cada oportunidad trataba de mirarla disimuladamente.

    Hasta que decidimos salir, le pedí que ella saliera primero (para que no me viera.)

    Fue y se dio un baño ya cuando salió subí yo a bañarme.

    Cuando entré a la regadera note que Lucero había dejado su ropa tirada en el piso, la tomé y saqué su ropa interior la colgué en las llaves mientras me bañaba imaginando a mi prima con ella se me paraba la verga, empezaba a tocarme para masturbarme cuando escuché que alguien subió y mejor dejé la ropa donde estaba y me salí.

    A la hora de dormir pues mi prima se acostaría en mi cama y yo tendería en el piso, ya acostados pasamos un rato viendo televisión y platicando, de pronto le hablé a Lucero y no contestó me levanté y ya estaba bien dormida con la luz de la televisión y su shorts tipo franela se le notaban unas nalgotas bien ricas, estuve por un momento viéndole el culo. Hasta que apagué todo y me acosté a dormir con la imagen de esas nalgotas.

    A la mañana siguiente me desperté y Lucero me estaba viendo desde el borde de la cama inmediatamente disimuló y se movió a su lugar, fue entonces que noté que tenía una gran erección bajo mi ropa, me sentí algo apenado tomé la cobija y me tapé.

    Ese día mi papás, Lucero y yo fuimos de visita con los abuelos pasamos casi todo el día allá, ya de regreso yo no dejaba de pensar en Lucero viéndome por la mañana con la verga parada y en lo que ella pensaría.

    Ansiosamente esperaba la noche para poder verla en mi cuarto durmiendo. Esa noche fui y me acosté antes, Lucero fue a darse un baño antes de ir al cuarto, de pronto entró al cuarto tenía un aroma bien rico se paró frente al espejo peinándose mientras yo la miraba de espaldas se veía hermosa, lo que me provocó que me tapara para esconder mi erección.

    No podía dormir así que me quedé viendo televisión con el volumen bajo esperando que Lucero se durmiera.

    CONTINUARÁ…

    Dejen sus comentarios si les gustaría la segunda parte.

  • Venganza diabólica

    Venganza diabólica

    El olor a azufre era inconfundible. Ambos malditos colgaban de sus manos y casi de punta en pie se afirmaban.  El terror se había apoderado de ellos. Sabían que iban a morir. Yo no quiero, no fui, ahora no, por favor piedad, nunca más lo hago, porque seguí a este loco, nunca pensamos matarla, mi mamá, quiero vivir, quiero la cárcel, era muy rica, me gusto metérselo, se lo merecía la maraca, a la chucha todos… y sintió el puñal abrir su piel desde el pubis hasta el ombligo. Los ojos de su amigo y cómplice casi se salían de sus orbitas al contemplar la escena y ver como en la otra mano el verdugo levantaba una foto, donde estaban ambos violando a la chica. Sus vísceras estaban colgando y él seguía vivo. Detrás de su verdugo, una figura gigantesca, fantasmagórica y conocida se elevaba como claro presagio de lo que venía después. Pronto sería el turno de su amigo.

    A Juan, le avisaron al medio día. Fue su madre. Lo llamo al celular desde la morgue del Hospital Carlos Van Buren.

    -Hijo, le dijo. Tu hermana Pao está muerta.

    -¡No mamá! ¡No puede ser cierto!… ¡Dime que no es así! -Surgió el grito desgarrador.

    -Si hijo, es así, sollozaba ella angustiada. –Ocurrió hoy en la mañana entre las 10 y 12. Fue hallada como a la una de la tarde en el Parque Alejo Barrios. Yo estoy ahora en la morgue y acabo de reconocerla, sentenció.

    -Ya madre. Yo me hago cargo. -Y apagó el celular.

    Paola, la hermana de Juan tenía solamente 18 años cuando fue violada y asesinada de una manera brutal por esos dos sujetos. Hallarlos se convertiría en su obsesión a partir del momento que supo que su hermanita menor había muerto de esa manera. Él tenía 25 años y recordaba en ese momento con mucha pena, la alegría que sintió cuando ella llego a casa y todo el tiempo que paso viéndola crecer sana e inteligente, pero sobre todo muy hermosa y angelical. Era un ser de luz y amor para él y para todos aquellas personas que tuvieron la bendición de conocerla.

    Juan estaba muerto de miedo. Nunca pensó en su inconsciente que sucedería, que sería cierto, pero ahí estaba. Lucifer hecho carne frente a él. Alto, no más de 50 años, contextura atlética, rostro afilado y con una barba y bigotes característicos del comic y los filmes donde se le señalaba.

    En el suelo, junto a Juan yacía el libro ”Practicas de Conjuros” de Fray Luis de la Concepción. Ese que había ido a buscar a la biblioteca de la Universidad Católica de Valparaíso. El fin último era realizar un conjuro y poder comparecer ante el al Padre de las tinieblas. Y había resultado.

    -Lo que deseas será concedido con una sola condición. Que entregues tu alma inmortal a mi causa -dijo Lucifer.

    -Sea -le contesto Juan sin titubear.

    Inmediatamente se sintió transportado a través de una dimensión desconocida a otro plano y la oscuridad absoluta se hizo presente. Cerró los ojos y se dejó llevar. Sin temor. Y con una paz que lo tranquilizaba.

    Cuando volvió a abrir los ojos y la luz se hizo, lo que vio lo paralizo. A 10 metros suyo estaba siendo violada su hermana. Detrás de él, Lucifer sacando una foto a la escena. Y el impávido, impotente e inmóvil sin poder actuar para rescatar a su hermana. Era parte del trato. Nada del pasado podía ser alterado. Sería el caos. Solo el presente era válido para actuar.

    Después de eso, se sintió transportado nuevamente. Ahora en el reloj con calendario que usaba, observaba una fecha que señalaba que eran dos semanas las pasadas desde el asesinato de su hermana.

    El intentó una pregunta, pero Lucifer lo hizo callar. De inmediato vio salir de una residencia estudiantil a los dos violadores. Iban con mochilas saliendo de ahí. Seguro rumbo a su lugar de estudio. Tenían el aspecto de estudiantes universitario.

    Lo miro y Lucifer le dijo:

    -A la noche será el momento.

    -Tus mandas -le contestó.

    -Después de eso cobraré mi parte del trato.

    -Y yo pagaré sin dudarlo.

    Los vecinos no podían creer tanta desgracia para esa esforzada vecina del Puerto, a la que tanto querían.

    Primero su hija Paola violada y asesinada y dos días después aparece el cuerpo de su hijo Juan colgado de una viga en su casa. Se había suicidado. No había resistido tanto horror y violencia contra su hermanita querida.

    Los vecinos también lamentaban mucho el tipo de muerte de Juan, pues su familia era muy creyente y su religión establecía que los suicidios condenaban al alma del sujeto a vagar por el limbo para ir después al infierno. La vida era un regalo de Dios. Solo Él tenía el derecho a quitarla.

    Dos semanas después otro evento sacudió a esa comunidad del cerro Playa Ancha en Valparaíso. Se descubrió a 5 cuadras de distancia en un galpón abandonado, el cuerpo de dos estudiantes Universitarios, amigos de siempre y oriundos de Calama, que habían sido brutalmente asesinados. Fueron hallados colgados de las manos, afirmados a penas en la punta de los pies y las vísceras colgando a causa de un violento corte que iba desde el pubis hasta el ombligo.

    Era de noche en Valparaíso. Un sujeto alto, de traje negro y sombrero de copa, camina a través de la niebla difusa riendo con una carcajada que provoca temor. El Puerto de Chile siempre le daba buenos dividendos cuando lo visitaba.