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  • La monja que dejó salir la puta que llevaba dentro

    La monja que dejó salir la puta que llevaba dentro

    Un nieto de mi amigo Pedro hizo la primera comunión en un conocido restaurante gallego. Su hija había invitado a una prima suya que era monja. Cuando los niños fueron a jugar a las colchonetas, a la piscina de bolas… Cuando se fueron a divertir. Marta, la monja, que era una joven chilena ni alta ni baja, ni guapa ni fea, ni gorda ni flaca, se sentó al lado de Pedro y le dijo:

    -Ya era hora de que naciera en España un partido político cómo Podemos, tío.

    A Pedro, que era un cuarentón, moreno, de estatura mediana y de complexión fuerte, hablarle de Podemos es envenenarlo. A su edad sabe de sobras quien viene a joder la marrana y quien viene a la política a trabajar por su país. Mirando para el crucifijo que le colgaba de su cuello, le dijo:

    -Esos comunistas bolivarianos son vendedores de humo.

    -Yo no lo veo así.

    -Mira, Kitty, a ese hijo de puta con coleta tarde o temprano se le verá el plumero.

    No le gustó su lenguaje y lo corrigió.

    -Hermana Marta, Kitty era la rebelde, y no diga palabrotas, por favor se lo pido.

    Hizo cómo si no la hubiera oído.

    -¿Algo más sobre esos inútiles que quieren tomar el cielo por asalto?

    -Lo de tomar el cielo por asalto es una metáfora. ¿Les llama vagos e inútiles? Los de Podemos vienen a presionar a la casta.

    Pedro terminó su café, y después le dijo:

    -Hasta que se forren, después ya no habrá casta. Si tú no te hubieras metido monja y tuvieras un buen puesto de trabajo en España no dirías esa tontería.

    -Puede, pero hora estoy para ayudar al necesitado.

    Pedro se tomó un sorbo de café, y después le dijo:

    -Desengáñate, Kitty, ese y su pandilla de maleantes vienen a ayudarse a si mismos engañando a ingenuos.

    -Se dice ingenuos e ingenuas.

    Si hay una cosa que a Pedro le dé más por el culo que el calzoncillo es que destrocen el castellano. Así que mandó a mierda la cortesía.

    -¡Vete a tomar por culo, Kitty!

    Lo dijo en alto, pero la música de los cantajuegos tenía tanto volumen que solo la monja lo oyó… A ver, Marta, con su hábito de monja merecía un respeto, respeto que su tío no le guardó, pero coño, ya le estaba tocando los cojones, y la hostia es que se los iba a seguir tocando, ya que lo peor de esta gente religiosa, es que digas lo que les digas sique erre que erre.

    -Hay que olvidar las enseñanzas fascistas y adaptarse a los nuevos tiempos, tío.

    La monja le estaba llamando fascista en la cara. Ahí ya le tocó la fibra sensible.

    -Hay, Kitty, hay que olvidarlas, quien las tenga. Yo ya estoy adaptado a los nuevos tiempos, la que no se adaptó fuiste tú, con el tremendo polvo que tienes meterte a monja fue un crimen.

    La monja se puso nerviosa.

    -Creo que le hizo daño el vino. Y le repito que ya no soy Kitty, soy la hermana Marta.

    Pedro hizo cómo si no escuchara sus palabras.

    -Los niños y los borrachos dicen siempre la verdad. Ni te puedes imaginar lo que te haría si tú quisieras.

    -Imagino, imagino. Todos los hombres quieren lo mismo. Después de lo que me ha dicho debía ir a confesarse.

    -Yo no le cuento a nadie mis cosas. Dios ya sabe de qué pie cojeo.

    -Eso es cierto. Dios lo sabe todo.

    -Sí, y si te pudiera hablar te diría que me gustaría verte desnuda -la monja se persignó-, para poder comer tus tetas, comer tu coño y follarte hasta quitarte las ganas de llevar esos hábitos.

    La monja a pesar de lo que le acababa de decir, no se iba de su lado. Le dijo:

    -Se acaba de condenar al infierno.

    Al no irse, le dio alas.

    -Dime, Kitty. ¿Te corriste en la boca de tu novio antes de lo que fuera que pasó?

    -Sigue haciendo méritos para condenarse eternamente.

    Pedro echó un trago de coñac y siguió metiéndose con la monja.

    -¿Se la mamaste y bebiste su leche?

    Se volvió a persignar.

    -Deje de beber, tío.

    -¿Te haces deditos en tu celda del convento? Recuerda que las monjas no mienten.

    -No voy a responder a su pregunta.

    -Los haces. ¿Te acuerdas de cuando viniste de vacaciones y de aquella noche que saliste de la habitación de invitados para ir al aseo en bragas, con los pezones de las tetas marcándose en tu camiseta y te metí mano en el pasillo y te planté un beso en la boca?

    -Esas son cosas que no se olvidan.

    -Aquella noche pude hacer de ti lo que quisiera.

    -Y no lo hizo porque lo llamó la tía. Era muy joven y me hervía la sangre, en aquellos días sí que era Kitty, la gatita curiosa.

    -Esa Kitty sigue dentro de ti

    -Soy una monja, tío, una monja, Kitty ya no existe.

    Marta estaba colorada. En ese momento Pedro no supo si fuera por el vino tinto que bebiera o porque se pusiera cachonda. Le dijo:

    -Yo la sigo viendo.

    -Es usted el mismísimo demonio.

    -Y follo cómo un ángel. ¿Por qué te hiciste monja?

    -No son cosas suyas.

    -Cuenta, mujer.

    -Ya le dije que no son cosas suyas y no me llame mujer, soy la hermana Marta.

    -Pues vaya tontería. Eres monja y mujer, y toda mujer lleva una puta dentro.

    Lo miró con cara de asombro.

    -¡¿Qué dice?!

    -Que toda mujer lleva una puta dentro, cuando la deja salir ya es otra cosa.

    -¿Eso piensa de las mujeres?

    -Sí.

    -¡Machista! Solo le falta decir que todas las monjas llevamos una puta dentro

    -Ya te lo dije. Las monjas sois mujeres. ¿O no? Mañana estamos solos en casa. Se van todos a Disney Land París…

    No dejó que acabara de hablar.

    -¡Qué cara tiene!

    -Yo lo dejo caer por sí…

    La monja no era tonta. Así que le dijo:

    -Parece mentira que para no hablar de Podemos haya tenido que decir tanta barbaridad junta.

    -¿Y si lo sabías por qué no lo dijiste antes?

    -Quería saber hasta dónde podía llegar, y llegó hasta el final.

    Pedro tenía más cara que espalda.

    -Mujer, ya puesto, si sonaba la flauta…

    -Me voy, me voy que está mucho más borracho de lo que yo pensaba.

    A la mañana siguiente, Pedro, en bata de casa y zapatillas fue a la cocina. Detrás de él entró la monja, que le dijo:

    -Buenos días, tío.

    -Buenos días. ¿Dormiste bien?

    -Sí, pero desperté a las siete de la mañana cuando se marcharon la tía, la prima y el pequeño Juan.

    -¿Te apetecen unos huevos fritos con bacon?

    Se le iluminó la cara.

    -Hace años que no desayuno así. Cocino yo.

    En un plis plas ya tenía cuatro trozos de bacon y dos huevos fritos en un plato. Estaba de espaldas a Pedro. El hombre estaba viendo el culo que viera tiempo atrás en el pasillo, un culo paradito y rellenito. Se acercó a ella y le echó las manos a las tetas. No llevaba sujetador. Se las magreó despacito. La voz de la monja sonó autoritaria al decir:

    -¡Suélteme, tío!

    Echó el culo para atrás para separarlo de ella, o para sentir su polla en el culo, fuera para lo fuera, se encontró con la polla empalmada entre las nalgas. Pedro le besó el cuello por encima de la cofia, y le dijo:

    -Anda, sé buena y déjate.

    La monja apagó el fuego de la cocina, y le dijo:

    -¡No se puede ser más ruin!

    La soltó y le dijo:

    -Perdona, Marta, por un momento creí que necesitabas cariño.

    -¡¿Quién se cree que es?! A lo mejor se cree que es mister universo

    -Ya te pedí perdón, no hagas más sangre. Me voy a vestir. Desayuna.

    La monja viendo que Pedro se rajaba, le echó la mano a la polla, y le dijo:

    -Aunque de esto no andas mal, daddy.

    Más claro, agua. Ya podía entrar a matar. Le lamió la cara. La monja giró la cabeza, le chupó la lengua con ganas atrasadas, y después, dejando salir la puta que llevaba dentro, le dijo:

    -¡Tengo unas ganas locas de mamártela, daddy!

    Pedro tenía un empalme bestial, se abrió la bata, quitó la polla, y le dijo:

    -Toda tuya, Kitty.

    La monja se agachó y se la mamó metiéndola toda en la boca, después le quitó los calzoncillos y lamió los cojones y se la sacudió… Lamió la polla de abajo a arriba y lamió y mamó el glande para luego mamarla cómo al principio… Estuvo así largo rato. Al dejar de mamar y ponerse en pie le levantó el hábito. Le quito las bragas negras y vio su coño, lo rodeaba una espléndida mata de vello negro. La sentó en la encimera de mármol. Le lamió de abajo a arriba el coño, el clítoris, el coño, el clítoris, el coño, el clítoris… La monja se deshacía en gemidos. Le metió un dedo en el coño y le siguió lamiendo el clítoris de abajo a arriba, hasta que se vino cómo una bendita, diciendo:

    -¡Mi madre qué corrida, daddy, qué corrida!

    Al acabar de correrse la bajó de la encimera y le quitó la cofia y el hábito. Su cabello era negro y corto. Se quedó solo con una camiseta negra, los zapatos negros con muy poco tacón y unos calcetines blancos. La arrimó a la mesa, le dio la vuelta, se la metió por detrás y la folló con prisa y sin pausa. La monja giraba la cabeza, lo miraba, gemía y se mordía el labio inferior. Al rato la sacó del coño y frotó el glande en su ojete. La monja movió el culo alrededor invitándolo a que se la metiera en el culo. No se la metió. Lamió su coño, su periné y su ojete hasta que vio como dos de sus dedos acariciaban el clítoris. Entonces su lengua comenzó a entrar y salir de su culo… No paró hasta que le dijo:

    -Quiero correrme en tu boca, daddy.

    Le dio la vuelta, se agachó y le comió el coño encharcado de jugos, en nada, exclamó:

    -¡Me corro, daddy, me corro!

    De su coño salió un chorrito de meo y después una pequeña cascada de jugos pastosos con sabor agridulce.

    Después de correrse en la boca de Pedro, con su coño latiendo y tirando de la respiración, le volvió a dar la vuelta, la agarró por la cintura y le metió la cabeza de la polla en el culo. Le dolió.

    -¡Coñooo!

    La polla fue entrando mientras la monja decía:

    -¡Hostiaaas!

    -No jures, que las monjas no juran!

    -Encima sarcasmo. ¡Eres un cabrón, daddy!

    Aquella ya era Kitty, de la monja solo quedaba el hábito que estaba tirado en el piso de la cocina.

    Le folló el culo unos minutos. Cuando sintió que se iba a correr le quitó la camiseta negra y le dio la vuelta. Vio sus generosas tetas, con areolas oscuras y pezones tiesos. Cogió pan, partió un trozo lo mojó en uno de los huevos fritos, se lo frotó en un pezón y después se lo dio a comer. Lo comió mientras Pedro lamía el huevo de su pezón. Después fue el otro pezón… Al final restregó las claras en sus tetas y después se las dio a comer con pan… Para acabar le pasó los cuatro trozos de bacon por el culo y por el coño y después de adobarlos bien se los dio a comer. Al terminar de comer, le dijo:

    -Tengo sed, daddy.

    Le echó mano a un cartón de leche de la nevera y se lo dejó caer en la boca cuan cascada, y cuan cascada la leche que no daba bebido bajaba por sus tetas, llegaba a su coño y acababa en el piso de la cocina, después le limpió la boca a besos y volvió a magrear las tetas. Se las mamó bien mamada antes de ponerla sobre la mesa y clavarle la polla hasta las trancas. Sobraban las palabras en aquel polvo solo se necesitaban gemidos y más gemidos y por ambas partes. Kitty cuanto más fuerte Pedro le daba más lo desafiaba con la mirada, cómo diciendo que se iba a correr él antes que ella… Pero los ojos se le fueron cerrando hasta que desaparecieron bajo los párpados. Jadeando se volvió a correr. Pedro le dijo:

    -Abra los ojos, hermana.

    Los abrió y vio que los tenía en blanco. Quitó la polla y se corrió en su cara.

    Al acabar de correrse lamió su leche de la cara, y después con la lengua pringada de semen se dieron un besó largo, muy largo. Al acabar la cogió en brazos, la llevó a su habitación y la puso en la cama. Le dio un beso. La monja le miró, sonrió, y Le dijo:

    -Quiero correrme otra vez en tu boca, daddy.

    -Cierra los ojos.

    -Llámame hermana Kitty, daddy.

    -Cierre los ojos, hermana Kitty.

    La monja cerró sus ojos. Pedro le cogió la mano izquierda, le chupó los dedos y le lamió la palma, luego subió lamiendo el interior de su brazo hasta lamer sus axilas peludas. Besó su hombro, su cuello, le dio un pico en la boca, besó y lamió el otro lado del cuello, el hombro, la axila del brazo izquierdo, el interior y los dedos y la palma, después su lengua jugó con sus dos pezones erectos, lamió y chupó sus areolas y sus manos le amasaron las tetas. Bajó besando su vientre y jugó con la lengua en su ombligo. Siguió bajando. Le abrió las piernas, le dio un beso en el clítoris y después fue besando y lamiendo el interior de su muslo derecho, al llegar a los pies le quitó el zapato y el calcetín del pie derecho, y luego masajeó la planta, la besó, la lamió, chupó sus dedos, lamió sus tobillos, sus talones, el empeine…

    De ese pie pasé al otro y le hizo lo mismo, después fue besando y lamiendo su muslo izquierdo hasta llegar al coño. Se lo abrió con dos dedos y vio que estaba perdido de jugos. Lo lamió de abajo a arriba muy lentamente. La monja, que hasta ese momento se contuviera, comenzó a gemir. Con el coño abierto le lamió los labios por separado más de veinte veces y después juntos otras tantas, sin llegar a tocar el clítoris en ninguna de ellas, después metió y sacó la lengua de su vagina varias veces, y al final pasó la punta de la lengua por el glande del clítoris que ya había salido del capuchón. La monja le dijo:

    -Me voy a correr, daddy.

    Le metió dos dedos en el coño y le acarició el punto G, que ya estaba abultado. La monja estaba en el cielo y sus gemidos eran celestiales.

    -¡Me corro, daddy, me corro!

    Pedro sintió cómo una corriente de jugos encharcaba sus dedos. Frotó con más celeridad y de nuevo un chorrito de meo, o de lo que fuera, salió a presión de su coño y bañó su cara, al meo siguió la corrida de jugos espesos que lamió y se tragó mientras la monja se retorcía de placer.

    Al acabar de correrse, se la metió en el coño, le cerró las piernas y le dio caña de la buena… No pasaran ni dos minutos cuando se volvió a venir. Se estaba corriendo cuando le vino él. La sacó y se la metió en la boca. La monja se tragó la leche de la corrida de su daddy mientras se corría.

    Fue un domingo inolvidable.

    Quique.

  • Llegó al fin el día

    Llegó al fin el día

    Metí los dedos de los pies en esas pantimedias negras. Dudé. Estaba nervioso y temblaba con respiración agitada.  Tragué saliva. Levanté la vista al espejo que tenía enfrente y me vi sentado sobre la cama, desnudo, a punto de travestirme como una nena por vez primera para un hombre. Ya muchas veces me había vestido de mujer. Pero esta era la primera que lo hacía sabiendo que alguien me vería.

    Por un momento pensé en rendirme y olvidar todo. Pero sentí la sensación suave y apretada de las pantimedias en la punta de mis pies, vi en el suelo las sandalias de suela delgada, tacón alto y apenas unas correas, que me invitaban a calzarlas; en la pared, junto al espejo, un vestido corto de campana a cuadros, y, sobre la cama, la peluca rubia larga y el brasier con botón de cierre al frente me gritaban que no diera vuelta atrás.

    Respiré hondo y deslicé la pantimedia por mis pies, pantorrillas y hasta llegar arriba de la rodilla. Luego, el otro pie. Me paré, ajusté la pantimedia hasta la cintura y noté como levantó mi trasero, apretándolo y dándole forma redonda y deseable. Me coloqué el brasier. Instintivamente sabía cómo hacerlo. Levanté los brazos y me enfundé el vestido. Lo cerré por el lado derecho. Esquivé mi mirada del espejo. ¿Qué sucedería si simplemente miraba a un hombre sin gracia vestido con ropa de mujer? No quería defraudarme. Me senté y me puse la primera sandalia. Qué delicia sentirla. Apenas tenía una cinta que cruzaba de lado a lado sobre los dedos, otra tras el talón y otra que sujetaba el tobillo hacia el talón. Sentí el aire correr entre la media y mis pies. Me puse la otra sandalia y la sensación fue aún más placentera.

    Me paré, puse un pie adelante recto y otro detrás a un lado, formando una “T”. Tomé la peluca y me la coloqué en la cabeza. La peiné. Levanté la mirada y allí estaba yo, hermosa, con unas piernas torneadas, un excelente gusto y una sensación de libertad.

    Caminé hacia mi closet. Saqué un perfume de fragancia indudablemente femenil y lo apliqué en muñecas, cuello, atrás de las orejas y busto.

    La transformación era fantástica. Tocaron a la puerta de mi cuarto y mi corazón desbordó emoción. Tenía tanto miedo.

    -Puedo entrar –dijo mi hermano

    -Estoy… -estaba muy nervioso, pero proseguí:- … Lista.

    Abrió la puerta. Mi hermano estaba totalmente desnudo. Entró. Me vio de pies a cabeza. Su miembro flácido comenzó a hincharse y a pararse.

    Se acercó a mí. Me abrazó. Me pegó a su cuerpo. Aun con tacones él era más alto. Me acarició. Su verga ahora estaba como una roca.

    Cualquier travesti de closet como yo siempre sueña este momento.

    -Mámala -Ordenó mientras me daba un beso con su lengua caliente.

    Me puse de rodillas. Sentí como las tiras de mis sandalias se estiraban en mis pies. Restregué su pene por toda mi cara. Era mi sueño. Lamí aquel trozo de carne. Lo descapoté con la mano y comencé a mamarlo. Era un poco salado, pero se quitó rápidamente el sabor para convertirse en más delicioso.

    Buen tiempo pasé dándole placer con la lengua. Luego se agachó un poco y me levantó por los brazos.

    -Quieres que te meta mi verga? –me preguntó.

    -Soy tuya, quiero que me hagas mujer, te lo ruego -le dije respirando muy nervioso y viéndolo a los ojos, descubriendo mis más profundos deseos de una buena vez.

    Mientras me besaba caminó empujándome hasta que llegamos a la cama. Me desató las sandalias y me quitó las pantimedias.

    Me puso sus piernas en sus hombros mientras mi espalda descansaba sobre la cama. Tomó de su saliva y la untó en su miembro. Cerré los ojos.

    -Hey! -Me dijo– abre los ojos, quiero que me mires a los ojos cuando te haga mía. Nunca olvidarás mi verga.

    Lo vi fijamente a los ojos. Yo estaba muy caliente. Con miedo, pero al fin libre. Por fin alguien me miraba como una mujer.

    Sentí como la punta de su verga caliente buscó mi ano. Lo encontró y lo enfocó. Se acercó para besarme, poniendo sus manos a mis lados. Me miró fijamente y sentí de golpe y profundamente ese dolor delicioso abriéndome el culo.

    Mi micropene se escondió humillado mientras su gran miembro dentro de mí entró hasta el fondo. Se detuvo, lo sentí hincharse. Lo sacó y sentí un gran vacío.

    El dolor era intolerable, pero mis deseos carnales eran mayores.

    -Por favor métemela, te lo suplico, no la saques –imploré.

    La metió una vez más y otra y otra. Lo abracé. Aún estaba con mi vestido a cuadros, el perfume y el brasier. Tomó ritmo. Sus embestidas eran cada vez más intensas.

    -Qué rico cogerte por el culo -me dijo.

    -Tengo tantos años de desearlo -le respondí mientras veía como se arqueaba para darme verga una y otra vez.

    Sentí enloquecer. Gemí incontrolablemente mientras mi agujero se expandía cada vez más para recibir ese miembro a punto de estallar.

    ¡No pude más!

    -Me corro, me corro -le dije mientras me acerqué a entregarle mi lengua fuera de sí, en su boca jadeante. Salió un chorro de leche y otro y uno más y finalmente unas gotas viscosas completaron mi orgasmo sobre mi ombligo y pecho.

    Él, visiblemente complacido por haberme dado el mayor de los placeres, comenzó a embestirme más rápido y más y más, hasta que su mandíbula se contrajo en un gran grito, a la vez que sentí un chorro quemante de semen dentro de mi culo, mientras con su verga me dio cinco fuertes y profundas embestidas más, acompañadas cada una por otro disparo de leche.

    Se recostó en mí. Lo abracé con mis brazos y piernas. Intentó infructuosamente sacar su miembro.

    -¡No! -le supliqué– Por favor déjalo adentro -y lo besé como toda una novia enamorada.

    -¡Que deliciosa y rica tu verga! -Le dije y lo besé. Añadí- Soy tu esclava, soy Genoveva. Haz de mi lo que quieras y cuando quieras.

    -Sí, eres mi esclava. Eres mi Genoveva -Me dijo, cerrando los ojos y comenzándome a coger, deliciosamente, de nuevo.

  • Experiencia (II): Principio mediocre, final impresionante

    Experiencia (II): Principio mediocre, final impresionante

    Nunca os habéis sentido atraídos por alguien muy cercano a vuestra pareja, bueno, pues eso me pasó a mí sin pretenderlo y no es que tropezara en la piedra una vez, sino dos y tres veces, la verdad que ahora que lo pienso realmente se lo tenía bien merecido mi novio.

    Contaba yo casi 21 primaveras, y salía con un chico monísimo, un poco juerguista y bastante cabroncete y aunque me había puesto ya los cuernos en un par de ocasiones con amigas mías, era mi chico y yo como una tonta le había perdonado, le conocí en la facultad, un día me invitó al cine y acabamos follando esa misma noche en la parte de atrás de su coche, desde que se fue Juan, yo me había desmelenado y de qué manera, en mi defensa diré que me gustaba demasiado el sexo.

    Cesar que así se llamaba, tenía un amigo de esos inseparables, a veces parecía que estaba saliendo con los dos y de vez en cuando le tiraba indirectas a Tomás para que se fuera. Tomás era un chico bien parecido aunque un poco engreído, no es que me cayera especialmente bien y estoy segura de que el sentimiento era recíproco, siempre terminábamos tirándonos los trastos a la cabeza y Cesar mediando entre los dos para que la sangre no llegara al río, pero no sé ni porque ni como todo cambio un día, uno de esos que acudimos a una de tantas fiestas universitarias.

    Estábamos a primeros de abril y hacia bastante buen tiempo, habíamos quedado en el parque con algunos amigos, estuvimos bebiendo y riéndonos de todo y de todos, Cesar y yo estábamos muy acaramelados esa noche, Tomás siempre estaba revoloteando pero no le pase ni una, yo había bebido demasiado y tenía que ir al baño, le dije a Cesar que enseguida volvía y me fui sola buscando un sitio donde poder hacerlo sin que nadie me viera, ya que mis amigas estaban en un estado bastante lamentable.

    Encuentre el sitio perfecto, detrás de unos arbustos y no muy lejos, de hecho podía ver y oír a la gente, me levante la falda poniéndome de cuclillas y me retire un poco las bragas y empecé a mear, con un clínex me sequé un poco y según me estaba subiendo las bragas vi a Tomás como me miraba a menos de dos metros.

    -Pero que cerdo que eres tío. Le solté enfadada

    -Yo… pero que dices tía, si estaba aquí antes que tú.

    -A si, pues… para lo que hay que ver. -Le volvía a contestar burlándome de él.

    -Ya te gustaría a ti verme la polla zorrita.

    -Zorra yo, a que no hay huevos de sacártela.

    -Ja, ja, ja… a que no tienes ovarios de sacármela tú.

    Estaba tan molesta, le odiaba, pero me había retado y si pensaba que me iba a achantar iba listo, fui directa hacia él y le palpe con la mano el paquete que tenía entre la pierna, Tomás no se lo esperaba y dio un paso atrás.

    -Ja, ja, ja y con eso pretendes asustarme, no sentiría tu polla ni aunque engordara.

    -No te apostarías nada,

    -Si ya ves, con eso lo que quieras mi niño ja, ja, ja.

    Tomas se quedó sin palabras, me di la vuelta y me fui, pero no di ni dos pasos cuando sin esperármelo Tomás me había sujetado por la espalda, con una mano me sobaba las tetas y con la otra presionaba mi coño por encima de la falda, un escalofrío me atravesó, aquellas presiones con sus dedos en mi coño me habían sorprendido, me di la vuelta rápidamente, clave mis ojos en él, quería pegarle, pero el deseo era mayor, él me miraba también desafiante, no sé cómo pero nos empezamos a besar profundamente, me apoyo en un árbol y sus manos se metían como un pulpo por todo mi cuerpo mientras me besaba el cuello, me levanto la falda bajo mis bragas y empezó acaricias mis labios,

    Estaba híper excitada, sentía mi coño mojado, le desabroche el pantalón, le saqué la polla y empecé a meneársela, la tenía enorme, dura como una piedra, él seguía con sus juegos digitales con mi sexo, metía sus dedos en mi vagina una y otra vez, ha, ha, ha gemía de placer, oía y veía gente a nuestro alrededor, estábamos detrás de unos árboles y raro seria que nos vieran pero si podrían oírnos y yo solo pensaba en que me follara.

    -Lara, quieres que siga, quieres que te la meta, quieres sentirla dentro de ti.

    -¡¡aahh!! siií, por favor, continua, continua.

    Tomas me bajo las bragas de tirón, mis pezones duros querían salir de mi sostén, me abrió de piernas y se metió entre ellas, me coloco la cabeza de su polla en mi rajita y empujo hacia arriba, metiéndose parte en mi coño, empezó a menearse arriba y abajo, su polla se deslizaba dentro de mí, la saco y me puso de espaldas, me agarré al árbol puse el culo en pompa esperando recibir nuevamente, pero esta vez entro directa hasta el fondo ¡¡aahh!!!, un pequeño grito de placer se me escapo.

    Mientras que Tomás me penetraba más y más sus manos habían tomado posesión de mis pechos, la camisa que llevaba estaba casi desabrochada y mis pezones fuera del sujetador, su polla me llenaba toda, podía ver al fondo a Cesar hablando con sus amigos riendo y mirando a todos lados como buscándome mientras su amigo me estaba follando cada vez más duro mientras me decía «la notas Lara, que la notas ahora zorrita», joder si la notaba, me estaba volviendo loca, su pene se deslizaba una y otra vez llenando mi vagina, Tomás con un gemido enorme saco su polla y se corrió.

    Había terminado y me había dejado a medias, según nos acercábamos al grupo me iba arreglado la falda y la camisa y se lo iba recriminando,

    -Mucha polla pero luego me dejas a medias capullo.

    -No te preocupes princesa que tengo para darte más y antes de que termine la noche me pedirás por favor que te vuelva a follar una y otra vez.

    Me gusto como había sonado aquello, al llegar Cesar nos dijo que donde habíamos estado, que si nos habíamos perdido, le dije que estuve sentada porque me encontraba mal y rápidamente Tomás siguió con la historia.

    -Nada tío, me encontré a Lara, detrás de unos arbustos y la vi que estaba mareada, así que me quede con ella.

    -Además me ha pedido que la lleve a casa porque no te quiere molestar y la verdad que yo paso de estar aquí, así que me la llevo y así terminamos lo que hemos empezado.

    -Que habéis empezado. -Preguntó Cesar.

    -A nada, una discusión de las nuestras, pero esta vez la voy a callar la boca ja, ja, ja

    -Ah si, muy seguro estas tú de eso, te recuerdo que el primer asalto nada de nada. Le contesté yo burlonamente

    -Si Larita, pues yo no estaría tan segura, bien que abrazabas al árbol.

    -¿Yo?

    -No hay quien os entienda, así que hasta mañana. Nos dijo Cesar antes de marcharse.

    Cogí el bolso y nos fuimos de allí, nos montamos en mi coche y cuatro calles más adelante aparque detrás de unos árboles, no dijimos una sola palabra, le eche el sillón hacia atrás todo lo que pude, Tomás ya se había quitado los pantalones y tenía aquella hermosa polla tan grande como antes y era otra vez solo para mí, se la empecé a menear, a jugar con ella con mi lengua, la repasaba de arriba abajo desde la cabeza a los huevos y la empecé a chupar, Tomás me apartaba la melena para ver como lo hacía, como la metía hasta el fondo, casi atragantándome con ella, sentía sus gemidos, presionaba mi cabeza sobre ella, me la saque de la boca y le puse un preservativo, él reclinó el sillón y se tumbó.

    Ya me había quitado las bragas, no había parado de mojarlas desde el parque, pensaba que me iba a quedar con las ganas pero me equivoque, me subí la falda por encima de la cintura y colocando su polla en mi vagina la metí dentro, mmmm.

    Entro toda, haciéndose camino por mi vagina hasta el fondo muy despacio, ¡¡aahh!! Gemía mientras subía y bajaba, su polla me penetraba más y más, según cabalgaba me desabrochaba la camisa y me quitaba el sujetador, dejando libres mis pechos para que pudría disfrutar de ellos, los pezones estaban hinchados y bien duros, eche el cuerpo un poco hacia delante mis manos se apoyaron en él, me tumbe encima para besarle, nuestros cuerpos sudorosos se unían, los movimientos habían cesado, pero su polla seguía en mi interior, notaba sus palpitaciones.

    No sé cómo lo hicimos en un sitio tan estrecho pero se me dio la vuelta muy rápido, me tumbo boca arriba, puse los pies en el salpicadero del coche bien abierta de piernas, Tomás estaba entre mis piernas, su polla surcaba mis labios, se iba deslizando suavemente haciendo de este momento algo hermoso, su capullo acariciaba mis labios mojados se metía en mi vagina un poco y volvía a salir, me estaba poniendo cardiaca, no podía más, con la respiración entrecortada busque las palabras que Tomás me había dicho que le diría, no me importo claudicar, yo solo quería sentirla dentro de mí,

    -Tomás… por favor fóllame ya, me estás volviéndome loca, fóllame, métela ya.

    Fue el último recorrido, después de haber jugueteado con mi clítoris su polla empezó a bajar por los labios uniéndose cada vez más en ellos hasta entrar en mi vagina, la iba metiendo poco a poco mientras me besaba, la sacaba despacio para luego darme un empujón que me hacía gritar de placer, esta vez aguanto más, aunque la sensación de hacerlo con el preservativo no era lo mismo para mí, estaba rompiéndome todos mis esquemas con esas penetraciones tan profundas y con esa polla tan grande que me partía en dos.

    Me penetraba ahora a buen ritmo, cuando mi cuerpo empezó a temblar, una de mis piernas resbalo del salpicadero, la sentía entrar y salir con rapidez de mi interior, me besaba mordiéndome el labio, metiéndola cada vez más rápido y empezó a gemir, su polla lanzo chorros de semen contra las paredes del preservativo, en ese mismo momento empecé a gritar como una loca cuando me corrí, poco a poco saco su polla y mis muslos se empapaban de mis flujos mojando el sillón, sentía como el preservativo se iba quedando parte dentro hasta salir por completo.

    Esta vez sí, esta vez sí me dejó satisfecha, nos miramos y empezamos a reírnos mientras nos besábamos.

    -Que Lara, satisfecha o no, porque si quieres podemos repetirlo.

    -Mmmm, no sé, ¿podrías mejorarlo?

    -Estoy seguro de mejorarlo, tan seguro estoy que cuando termine de follarte esta noche, no querrás otra polla en tu coñito.

    -Pues si tan seguro que estas, tendremos que probar otra vez, además no dicen que no hay dos sin tres.

    El coche olía a mí, los dos queríamos más, nos pasamos al asiento de atrás, estábamos totalmente desnudos, pero había un problema no teníamos más preservativos, dude unos instantes pero estaba demasiado caliente, demasiado excitada y la verdad que me encanta la sensación del pene dentro de mí de nuestra piel frotándose, así que le dije a Tomás que no pasaba nada, que me follara pero sin preservativo, a él le encantó la idea.

    Desde un principio me puso a cuatro patas y empezó a follarme, movimientos precisos acompañados de unas suaves caricias en mi clítoris con sus dedos, aquello fue nuevo para mí, la sensación de su pene rozando por toda mi vagina sin condón y sus masajes en mi clítoris hicieron que no tardara en tener otro orgasmo.

    Tomás todavía no había terminado, seguía metiéndomela con fuerza, cada estocada era un gemido, un grito que salía de mi boca, nos sentíamos observados y nos dimos cuenta de que nos miraban por las ventanillas unos chicos a pesar de estar un poco empañadas, les veía tocarse sus pollas, incluso alguno la tenía fuera y se la meneaba, al principio me asuste pero luego me dio más morbo y me excito de sobre manera, no había terminado en saborear el orgasmo anterior cuando sentí como Tomás queriéndola meter toda dentro de mí, apretaba fuerte su pene contra mi vagina sin moverse,

    -No te separes!! Aahh!! sigue por favor ¡¡aahh!!, no pares ahora, córrete dentro de mí, quiero sentir tu leche en mi interior!!!

    Y me empezó a lanzar su semen dentro, lo notaba caliente, fue meter y sacar tres o cuatro veces más su pene y sentir como mi tripa empezaba arder, un calor que se extendió por todo mi cuerpo haciéndome temblar, nunca antes había sentido un orgasmo como ese, tan intenso, tan duradero, mi vagina se había inundado de mis flujos, mezclándose con su semen, Tomás seguía entrando en mi interior, su polla envuelta y empapada se deslizaba suavemente, a él también le sorprendió, su polla seguía dura como una piedra.

    Me giro rápidamente sacándola, me sentó encima de él y empecé a cabalgar, no me lo podía creer, aquel aguante, aquella polla tan dura, las sensaciones de placer no cesaban, apretaba con mis músculos su pene, me acariciaba los pechos, estaba tremendamente mojada por el sudor, le pasé mis manos por su nuca abrazándole, besándole profundamente, el coche se meneaba de un lado a otro, nuestros gritos no pasaban desapercibidos en el exterior del coche, nos besamos profundamente a la vez que nos gritábamos.

    Tomas me cogió de los muslos me tumbo en el asiento, parecía como si le hubieran poseído, porque me la metía y sacaba con gran rapidez, no paraba de gritar mis ojos estaban en blanco, me volví a correr, pero esta vez menos intenso.

    Tomás soltó un gran grito, había explotado en un montón de chorros a presión dentro de mi coño, poco a poco fue parando, hasta quedar rendido sobre mí con su polla todavía en mi interior.

    Yo le besaba con cariño, le abrazaba, no me lo podía creer, estaba destrozada, cansada, nuestros cuerpos sudorosos resbalaban entre ellos, miraba por encima de él y veía a los mirones como se la meneaban con rapidez, alguno que otro incluso se corrió del espectáculo que acababan de presencias.

    Aunque no todos disfrutaban, había uno que no, me fije bien y vi que era Cesar, tenía la mirada perdida en el coche, en nosotros, el ver como follábamos además de aquella manera, no creo que le gustara demasiado y más delante de sus amigos, se dio media vuelta y se fue.

    Ya os podéis imaginar lo que sucedió al día siguiente, sentí mucho como acabo todo, sentí mucho el daño que le hice pero cuando paso el tiempo a Tomás le consideraron un machote incluso se arregló con Cesar y a mí me tildaron de puta y eso que Cesar me había puesto los cuernos antes.

    El caso es que yo disfrute mucho aquella noche, descubrí que si me excitan bien soy multiorgásmica y que el sexo me gusta cada día más, no volví a saber de Cesar pero con Tomás, con Tomás podríamos decir que nos vimos algún que otro día, nada serio la verdad, ya que nos seguimos cayendo bastante mal, pero en la cama…en la cama eso es harina de otro costal.

    Y si vosotros queréis lo podréis descubrir.

    Besitos.

  • Bajo la sombra de mi tía

    Bajo la sombra de mi tía

    Mi nombre en Ángel, tengo 20 años. Este relato me pasó a los 18 prácticamente en casa de una de mis tías. Yo soy alto alrededor de 1.79, soy de piel clara, me gusta el deporte y el ejercicio por lo tanto tengo un cuerpo atlético, por otro lado mi tía, quien le llamaré Alis, tiene 30 años es bajita, de piel morena, pelo crespo, con un cuerpazo igual al de una guitarra y lo que más me gusta de ella además de su carisma y su personalidad es ese culote que tiene la verdad tiene unas nalgas grande, no tiene tanta tetas pero al fin al cabo ella así es perfecta.

    Recuerdo que una vez estaba en casa de mi abuela pues normalmente todos los fines de semana la familia se reúne y esa vez ella, mi tía Alis llevaba un vestido blanco con unos tacones estaba guapa como siempre, yo salí un momento hacia el patio porque estaba jugando con mis primos con un balón y me tocó buscarlo y en ese mismo instante mi tía tenía abajo el vestido porque estaba orinando en el patio, pero no se dio cuenta que yo estaba allí así que en un instante pude mirar esas nalgas que después de un tiempo me darían placer y desde ese momento me entró un morbo fuerte por querer tener sexo con ella cabe decir que ella es una de mis favoritas en todo.

    Un día yo fui a su casa porque le cuidaría su hogar ya que saldría de viaje con su esposo por unos días, esa vez me quedé en su casa me metí en un cuarto donde está la ropa sucia de ambos y vi que ella había dejado encima de una canasta un hilo blanco, le agarré, lo olí y uff me puse cachondo enseguida, la verdad una paja no estaba mal, pero dado el caso no quería dejar evidencia de que estuve en ese lugar pero mi mente tenía guardada ese hilo blanco con el cual me masturbe muchas veces después.

    Ella no es esa mujer que le gusta mostrar más de lo normal sin embargo muchas veces usaba shores cortos en su casa con lo que se le dejaba ver ese culote mortal que me tiene embobado, muchas veces ponía música estando yo allí y baila conmigo eso me ponía erecto siempre pero trataba de que no se me notara tanto ya que yo uso siempre pantalonetas y eso de ver el bulto casi siempre, y bueno para no hacer tan largo el relato entraré de lleno en lo que paso aquel día en su casa.

    Ese día estábamos solos en su casa yo había ido porque la fui a visitar y eso, recuerdo que ella estaba en el baño porque estaba algo mojada, así que salió de ahí un momento me abrió, me saludó y me pidió que me quedase en la sala que se estaría bañando, yo le dije que esperaría allí que no había problema, pero después de un rato se me dio por ir al primer cuarto de su casa a buscar la memoria de música de ella y ese cuarto tiene una cortina que separa al otro cuarto, pero la cortina estaba algo separada. Yo miré hacia el cuarto y la vi de espalda estaba desnuda frente al espejo de su baño se estaba cepillando y uff vi ese culazo me quedé atónito y de una vez tuve una erección.

    Ella se dio cuenta que estaba allí así que rápidamente voltee la mirada hacia donde estaba la memoria le pregunte que estaba buscando la memoria y me dijo que estaba junto a una de las mesas del cuarto la agarre y salí de una vez.

    Después de unos minutos ella sale del cuarto y me dice que la acompañe que necesita contarme algo me abraza y me dice que se sentía sola ya que su esposo hace tiempo no la hacía sentir mujer y yo sin decir nada solo la abrace y en ese mismo momento me da un beso en la boca fue incomodo pero aja seguí como si nada…

    Estaba algo arrecho así que decidí decirle que me iría de ahí para la sala y ella me dijo que no que me quedara a su lado yo acepte y me senté a su lado y de repente me da otro beso en la boca yo la verdad quede en blanco, pero ella solo me decía que desde hace rato estaba viendo que yo la quedaba mirando raro y que eso la ponía a mil así que me daría algo y fue ahí donde se me acercó a mi bulto toco mi pene y me empezó a masturbar con las manos yo solo gemía y así hasta que se metió mi pene a su boca y me hizo venir uff que día ese.

    Tengo otras cosas más que contar, pero será en otra oportunidad.

  • Fuego nocturno

    Fuego nocturno

    La Licenciada Alba se quedó mirándome sin decir nada, yo me acerqué más y solo podía ver a través de sus lentes que sus ojos se abrían con curiosidad, su boca entreabierta, en expresión de estupefacción, casi que en shock podría decir… me acerque más y ella no hizo amago alguno de detenerme, ni cuando me acerqué y toqué su mano, ella la retiró instintivamente, la llevó a su espalda, pero nada más, me seguí acercando y extendí el brazo, lo rocé con su cadera y deslicé mi mano en busca de la suya, hice una curva alrededor de su cadera hasta encontrar su mano posada sobre su espalda baja, la tomé con fuerza y la atraje hacia mí, ella opuso poca resistencia.

    Hacia un tiempo que estaba trabajando como jefe de equipo técnico en un proyecto de una gran empresa de Mercadeo y publicidad, la empresa para quien yo trabajaba era de instalación de nuevas redes y sistemas informáticos, tocaba dirigir el trabajo y capacitar al personal, incluidos a los gerentes, y la que más me despertaba deseo era Alba, una morena de 1.73, cabello castaño, ojos claros, sonrisa fácil… decían que contaba ya con 40 años, pero lucia esplendida, siempre de tacón, de mucha clase, no plataformas de desnudista, siempre de falda entallada, chaleco y blusa de botones, aunque alguna que otra vez la vi en jeans y chaquetas, sencillamente era espectacular las líneas de sus piernas; unas secretarias con las que coqueteaba me contaban que estaba distanciada del esposo desde hacía un tiempo, pero ninguno daba paso al divorcio, no sabían que había pasado, pero especulaban que era por una amante.

    Yo en algunas ocasiones alcance a charlar con ella. El trabajo que hacia me obligaba a esta a veces en horas de la noche en la oficina casi vacía, unas veces ella salía casi tan tarde como yo del edificio. Aproveché a conversar cosas triviales con ella, incluso algunas bromas, la vi receptiva y pues los temas se hicieron algo más íntimos.

    Pasaron semanas en las que coincidimos dos o tres veces en la hora de salida, algunas insinuaciones sutiles sobre sexo, dije que lamentablemente me tocaría llegar a terminar una semana más, solo revisando informes y viendo Netflix… ella pregunto por mi novia y le dije que hacía tiempo no tenía y que no había estado saliendo con nadie, dije en tono jocoso que ya perdía practica con las chicas, ella se rio y en la conversación se le llegó a escapar que hacía mucho que no disfrutaba de buen sexo, el comentario me excito, le dije que formas había para recuperar el ritmo y ella no dijo nada y solo me vio, le sostuve la mirada y no dijo nada, eso fue el jueves, para el viernes ella se fue temprano, paso el fin de semana sin novedad, el lunes tampoco nos encontramos, el miércoles, ella se quedó hasta tarde, platicamos un rato, pero hizo evasivas al tema, aunque notaba algo de excitación en su voz, creo que me obsesiono, porque creía notar que sus faldas eran algo más cortas o incluso que su escote era más atrevido.

    El día viernes, llegó la tarde y ella seguía en la oficina, despaché a mis técnicos más temprano y me quede yo, había aun a las 8 pm dos personas más trabajando aparte de Alba, uno era un contable y otra era una secretaria con la que coqueteaba a veces, llego a decirme si quería salir esa noche, me tentó, pero le dije que tal vez otro día, que debía terminar lo que estaba haciendo… una hora más tarde solo quedaba mi cubículo y la oficina de Alba… yo apagué mi equipo y me quede en silencio un rato, mire hacia la oficina con la luz aun encendida, pero con las persianas cerradas, me pareció que se asomó a ver, me agaché para que no me vieran, cuando ya no estaba viendo, me acerque muy despacio hacia la oficina, fui asomándome a ver qué pasaba, escuche unos gemidos suaves, entre… estaba ella recostada viendo hacia la pantalla de un tv, en la pared opuesta a la puerta, tenía la falda ligeramente arriba de los muslos y la blusa entreabierta, se estaba tocando y viendo una película porno con el audio bajo…

    Terminé de entrar a la oficina, ella se sobresaltó, dejo caer un control remoto y algunos papeles, se giró hacia mí y se puso de pie, no dijo nada, estaba turbada, jadeaba aun, la blusa revuelta, se acomodó la falda, nos quedamos viendo un rato, yo me acerque, ella estaba inmóvil, solo cuando agarre su cintura ella reaccionó… primero quiso apartarse, pero pegue mi pelvis a su cuerpo, sus nalgas chocaron con la silla, perdió el equilibrio un momento y se agarró a mis brazos, con lo que rodee su cintura y me pegue más a su cuerpo.

    Traje su mano hacia mi cintura, la deje sobre la hebilla de mi pantalón, luego volví a rodear su cintura y deslizar las manos por sus caderas, comenzó a respirar agitadamente y a ver hacia abajo a juguetear con los dedos sobe la hebilla, que, tras algo de jugar la soltó, para después empezar a tantear el cierre de mi pantalón, su otra mano seguía apoyada contra el escritorio, yo seguí jugando con sus caderas, apretándoselas un poco, en cada movimiento subía un poco su falda y cuando agarre sus muslos se sobresaltó, sentí lo suave de su piel, podía escuchar también como su respiración se agitaba más, sus labios se miraban más rojos, más carnosos y sus ojos mezclaban la expresión de curiosidad y miedo.

    Cuando me bajó el cierre del pantalón tiró de él y cayó, así que quede en bóxer frente a ella y ya tenía una buena erección para mostrar, en ese momento subí su falda por su cintura y deje expuesto su cuerpo de caderas hacia abajo, su lencería de color azul, tenía un lunar apenas arriba del pubis, me pegue a su cuerpo frotando mi erección en su bajo vientre, agarre sus caderas y apreté hasta deslizar mis manos bajo sus nalgas, sintiendo el calor que había entre ellas, la subí al escritorio y se apoyó con los hombros hacia atrás, miraba su pecho subir y bajar, la blusa desordenada, los lentes desajustados y una mirada de deseo que no se podía ocultar.

    Se reclino aún más, apoyándose en los codos, alce sus piernas sobre mi cintura y fui presionando mi cuerpo con el de ella, me pegue a su entrepierna y empecé a rozarle mi erección contra su pantaleta, ella se mordía el labio y soltaba un leve gemido de placer, echaba la cabeza hacia atrás, arqueando la espalda, cada vez que me rozaba con ella, su cuerpo lo gozaba, comencé a ver como se humedecía la prenda, me separe un poco, para agarrar sus piernas y alzarlas sobre la mesa, me las puse por sobre los hombros y fui lamiendo sus rodillas, sus muslos y pegué la cara a su pantaleta húmeda, sentía el calor de su sexo, el olor salvaje de la excitación, su piel morena tenía un bronceado delicioso, hurgué con mi nariz y luego con la boca, di unas mordidas por sobre la prenda y ella dio un respingo y un gemido largo se aferró con las manos al borde de la mesa, mientras trataba de alzar el rostro hacia mí, tenía el ceño fruncido y los ojos cerrados, se mordía el labio cada vez que arremetía contra la prenda con mi boca.

    Trato de cerrar las piernas sobre mi cabeza, pero yo estaba bien colocado entre ellas, trataba de quitarle la prenda, pero ella se resistía con las manos, en un descuido de ella, cuando sonó el teléfono, tome la prenda y la saque de entre sus piernas, tuve la visión de su sexo húmedo y palpitante, antes de que ella cerrara las piernas apartándome y reacomodándose la falda… contestó el teléfono y le respondió a quien supongo era el guardia, que ya en unos minutos iba yo de salida.

    Ella quiso recuperar la prenda, pero no era suya ahora, se acomodó la blusa, mientras recuperaba el aliento.

    -¡Dámela! –extendió la mano aun acomodándose la blusa y la falda; le dije: ¡me la quedo, ahora es mía! La guardé en mi pantalón, mientras me subía el cierre y abrochaba el cinturón.

    -¡Aquí no podemos hacer nada, dámela y después nos vemos! -arreglaba el escritorio y sus cosas, quede viendo su cuerpo, yo la deseaba y estaba seguro que ella no quería quedarse con las ganas, pero si le daba la prenda, sería difícil encontrar otro momento en que ella estuviera dispuesta.

    Me dirigí a la puerta de la oficina, cuando ella no me vio, abrí la puerta y ella se volteó a ver, le dije que estaría esperándola en el estacionamiento del segundo nivel, que bajara en unos 15 minutos; me fui sin darle chance a replica, baje al lobby y entregue el pase de acceso, ante la mirada vigilante del recepcionista.

    Me quedé en mi auto esperando, cuando paso el tiempo, y unos minutos más, estaba ya por irme y darme por vencido, sentía dura la verga ansioso de terminar lo empezado, peo no aparecía por la puerta, cuando me movía del parqueo la vi salir, venía con su maletín y abrigo, se había retocado antes de salir seguramente, estaba viendo para ambos lados cuando aparecí y ella se dirigió hacia el lado del pasajero, abrió la puerta y subió, me dijo que saliéramos ya del edificio, se había encontrado con otros colegas y le hablaban de ir a tomar algo, se escapó diciendo que venían por ella.

    Al subir ella se puso lentes y se tapaba con el abrigo al salir del parqueo y pasar por el acceso frontal de las oficinas, tome el bulevar en dirección al Aeropuerto, por ahí quedaba un buen lugar idóneo para un encuentro, ella ya al salir estaba más relajada, el susto de que la descubrieran la excitó, pero obvio cuando sonó el teléfono, volvió a sus miedos naturales de que la fueran a descubrir.

    Desde el celular hice todos los arreglos para entrar, maravilla de la tecnología, reserva de habitación, selección de alcohol, vino, bocadillos, películas, bañera de hidromasaje, condones y demás parafernalia… todo al alcance del Whatsapp. Recuerden no conducir si usan el celular.

    Tomé la calle que conducía al motel, apenas en la entrada mostré mi reserva y pasamos del acceso, me dieron la tarjeta de acceso, ella agachaba la cara para cubrirse, pasamos, me estacione, le abrí la puerta y ella salió algo asustada, la tome de la mano y rápidamente me puse detrás de ella, empujándola con mi erección, ella se alzó un poco sobre sus tacones y avanzó.

    Entramos a la habitación y la cama era amplia, al lado una mesa con una botella de vino, dos copas, unas chucherías y en la parte de abajo… unos condones… ella se acercó a la cama y curioseo con la habitación, dijo que nunca había conocido uno (no sé si creerle), me acerque al vino, era uno que conocía, era uno corriente, pero lo importante es que fuera alcohol, llene las copas y se la ofrecí, ella primero reticente, pero nos sentamos en la cama, ella lo tomó, le acerqué unas galletas, no quería, pero le dije que le sentirían bien, eran dulces, le gustaron y comió más, la hice que tomara otra copa.

    Mientras hablábamos, al principio ella asustada de lo que estaba haciendo, decía que en sus años de matrimonio nunca había venido a un lugar así, le dije que eran ideales para compartir en privado, se reía más, no se opuso cuando pose una mano sobre su pierna, me gustaba el contraste de la falda negra, con su piel morena y sus zapatos de tacón, piernas bien formadas, eran largas y generosas, sentí que no abarcaba con la mano su muslo, ella se rio, dijo que le gustaba hacer pilates ejercitar las piernas, a esto ya se tomó la tercera copa de vino y la tercera galleta.

    Ahí fue cuando me incliné sobre ella y no se opuso, comencé a besarla y ella se entregó gustosa, agarré sus caderas y a subir nuevamente su falda, agarré sus muslos con fuerza y bese su cuello, llegué con mis manos bajo la falda a su cadera, obviamente no portaba ropa interior, fui deslizándome a su entrepierna y sentí la piel caliente y cada vez más húmeda, conforme las fui acercando hacia abajo, me llegó la sensación de un calor húmedo desde las manos, su sexo parecía palpitar esperando el encuentro.

    Dejé una mano entre sus piernas, con la otra subí hacia su vientre, me acomodé a su lado, llevándole la falda sobre su cintura, comencé a desabrochar su blusa y metiendo la mano, recorrí la piel y sobre su sostén, su pecho bajaba y subía agitada, metí dos dedos entre sus piernas y sentí que me quemaba con su calor, fui también apretando sus pechos y ella se contorneaba acostada, con los brazos descansando sobre su cabeza, los ojos cerrados y la boca abierta girada hacia mi dirección, me acerque a su cuello y comencé a besarlo, a lamerlo, ella me lo ofreció totalmente.

    Abrí su blusa y fui besando entre sus pechos, siguiendo el borde de su sostén, me fui acercando a la curva de un seno, con la lengua fui tanteando el borde, levante la prenda, ella deslizo los brazos y salió por sobre sus hombros, sus pezones estaban bien parados, eran como dos cerezas oscuras sobresaliendo de su piel morena, la areola cubría de forma redonda coronando los pechos, fui por ellos, los mordí y ella se retorció, los chupe, al tiempo que mis dedos en su sexo se revolvían retorciéndose dentro, luego sentí su mano en mi entrepierna, explorando, la metió por la cremallera abierta buscando mi verga, sentí sus dedos queriendo agarrar, apretando.

    Me recosté a su lado, ella se recostó en la cama se apoyaba en sus codos, me miraba sonriendo, su cuerpo fresco y exuberante, sus caderas de mujer, sus pechos se apreciaban pequeños al ver en toda su gracia sus piernas y caderas curvilíneas, aun así los pezones bien duros y erectos me deleitaban, sus piernas se abrían incitándome, me acomode entre ellas, comencé a metérsela, ella rodeó mi espalda con sus brazos, comencé a presionar su sexo, estaba muy húmeda y me recibía con su calor y deseo, se volvió a colocar los lentes, no sé porque pero ese fetiche me excitaba siempre, ella ya lo aprendió, me sonreía ahora con descaro, agarre una pierna de ella y la apreté contra mi costado, deslizaba la mano con fuerza por su cadera, sus pechos subían y bajaban en cada arremetida, mi verga encontró el camino a su interior, el palmoteo húmedo de piel con piel…

    En la pantalla frente a la cama, estaba directo el canal de porno, una pareja en la oficina tirando los papeles al piso y cogiendo. Alcancé el control y subí el volumen, se escuchaban los jadeos claramente, comencé un movimiento de caderas similar a lo que vi, la Ingeniera Alba bufó al sentir las embestidas, su cuerpo parecía brillar conforme una capa fina de sudor se formaba sobre su piel, también sentía como se escurría por mis bolas las secreciones que emanaban de su entrepierna, un chasquido constante del choque de cuerpos empapados, una corriente cálida me recorría el cuerpo, sentía la punta de mi verga al rojo vivo, me tense tratando de contenerme, pero ya no podía más…

    -ya me corro

    -¡Sácala! ¡Sácala!

    En el último momento se la saqué, ese roce de salida terminó por hacer que me corriera con ganas, el primer chorro fue una descarga que salió disparada sobre su pecho, me agarré la verga y me la froté con fuerza, lo que hizo que un segundo chorro saliera igual de disparado hacia ella, este le cayó en el vientre, lo que aún me quedaba estaba entre mi verga y mano, escurriéndose sobre su pubis, ella seguía recuperando el aliento, dejando que el semen caliente se fuera esparciendo en su piel, comencé a frotárselo por el cuerpo, en los pezones, en el vientre, ella se deleitaba, pase mi mano por su cara y mis dedos por su boca, ella los recibió ávida de probarlos, su lengua húmeda recorrió mis dedos y luego fue deslizándola por la palma y bajo por mi antebrazo, se giró hacia mí, su mirada seguía mostrándome deseo de más, me acerque nuevamente a su cuerpo, el sudor, el semen en su piel, brillaba maravillosamente y su curvas igualmente excitantes, me recosté y ella se puso sobre mí, su cabello revuelto caía por su cara, sus pechos ya algo relajados colgaban aun como fruta madura, apetitos y redondos.

    Comenzó a morderme el cuello, a besarme el pecho, bajo a mi cintura y con su lengua hizo camino hasta llegar a mi verga, que ya estaba esperando por sus atenciones. Su boca fue posándose sobre la punta y fue engulléndola poco a poco, sentir sus labios recorriendo el tallo fue haciendo que nuevamente me sintiera excitado y se me parara, ella se acomodó sobre mi pecho, sus caderas se alzaron sobre sus piernas y dejo una clara vista para mí, de sus nalgas y como se inclinaba su cuerpo hacia mi entrepierna para que siguiera en su labor.

    Extendí las manos recorriendo el interior de sus piernas y comencé a meterle los dedos en sus aberturas, le di unas nalgadas y agarre las nalgas apartándolas y frotándolas, esto hizo que se mojara nuevamente y se aflojaron los jugos que ya se estaban secándose, su boca se movió a mayor velocidad sobre mi miembro, jale sus caderas hacia mi boca, me estire hasta alcanzar ese espacio entre sus nalgas y mi lengua se dedicó a lamerle y morderle los bordes de sus agujeros, esas nalgas me incitaban a morderlas, lamerlas, palmearlas y frotarlas…

    El frenesí nos inundó y al momento que le descargue semen en su boca, ella soltó un flujo de jugos sobre mi cara, ella chupo hasta dejarme seco, me recosté aun con los dedos entre sus piernas, ella se giró y sentó sobre mí, estaba exhausta y su cara empapada y embadurnada, se inclinó sobre mi pecho y me lamio los pezones y el vientre, restregando su cara por mi piel, seguí agarrando sus caderas y cuando levanto la cara apreté sus pezones otra vez, se inclinó sobre mí y pude disfrute de chupar sus pezones y apretar sus caderas, se los mordí con placer y a ella le encanto… después de un rato no supe que más paso, nos dormimos.

    Unas horas después nos despertamos, apresuradamente nos aseamos antes de salir del cuarto, salimos del motel poco antes del amanecer, me cobraron extra por excederme las horas, pero fue delicioso, ella no dijo nada en el camino.

    Cuando llegamos a su casa se bajó rápidamente, solo alcanzó a decirme que fuera discreto, que nadie tenía que saberlo… sin más cerró la puerta y se alejó.

    Me quedé viendo su cadera hasta que se perdió de vista y oí una puerta cerrándose, pero en el asiento dejo su pantaleta, me quedaría de dulce recuerdo.

  • Mi peor enemiga se cogió a mi papá frente a mi y mi madre

    Mi peor enemiga se cogió a mi papá frente a mi y mi madre

    Mi nombre es Alejandra,  tengo 30 años de edad y soy casada, en este relato me gustaría contarles cómo fue que mi peor enemiga se cogió a mi esposo y a mi papá frente a mis ojos, y no una sola vez, si no varias veces, tal vez lo más extraño de esto es que yo se lo permitía, obviamente al principio sí que me molestaba bastante, pero no podía impedir que lo hiciera por razones que les voy a contar más adelante. No sé ni cómo pasó, pero en algún momento me empezó a gustar que lo hiciera, y me volví prácticamente sumisa y dejaba que ella se los cogiera cuando quisiera. Más que nada quiero contarles esto para desahogarme, porque obviamente como ya se imaginaran, esto no puedo contárselo a nadie relativamente cercano a mí, así que por lo tanto, decidí contar esto por aquí. Sin más que decir, les cuento:

    Primero que nada, la chica de la cual les voy hablar durante todo el relato, que es la que se cogió a mi marido y a mi papa, se llama «Valeria». Mi historia con Valeria es bastante larga, la conozco desde que íbamos en la secundaria, ella era de las chicas que me molestaban, de hecho, ella era la que más lo hacía, (a pesar de que ella era tres años menor que yo), de hecho a todos mis compañeros les ganaba con tres años de diferencia porque me metí a la escuela tres años más tarde de lo normal.

    Normalmente me molestaban porque soy indígena, (para los que no sean de México, los indígenas son una etnia que habita aquí en México). Bueno como les decía, ella me molestaba bastante por eso, ya que yo era la única niña indígena de mi salón de clases, ya que estudiaba en una escuela normal y no en una para niños indígenas, así que por lo tanto yo era la única, ninguno de mis otros compañeros era indígena, así que Valeria seguidamente me molestaba, la verdad yo no le tomaba tanta importancia, y simplemente la ignoraba.

    Después de que salimos de la secundaria, jamás la volví a ver, hasta que me metí a trabajar hace como dos años a una oficina como recepcionista, y adivinen quien era mi jefa, así es, era Valeria. La verdad si me sorprendí mucho al verla, porque se había desarrollado bastante, (Valeria es de piel blanca y pelo negro, desde que éramos niñas siempre ha sido bonita de la cara, pero ahora de grande también se hizo bonita del cuerpo, tiene unas nalgas enormes y tetas grandes lo cual me impactó mucho cuando la vi, en general todo su cuerpo lo tiene bonito) jamás pensé que se pondría así, ni mucho menos que algún día ella sería mi jefa, pero así fue, y aparte se hizo de mucho dinero, seguramente por andarse acostando con sus jefes y hombres de dinero. En cuanto la vi, sentí una combinación muy rara entre enojo, sorpresa y miedo, ella también me reconoció, y en cuanto me vio me dijo:

    -Hola Alejandra como haz estado!!

    Yo notaba la hipocresía de sus palabras a kilómetros, realmente ella no estaba alegrada de verme, o tal vez sí, porque sabía que ahora yo sería su empleada y tendría que hacer lo que ella me dijera, pero bueno, ella me saludo así seguramente porque había más empleados al lado mío y no quería dar una mala impresión. Yo le salude tímidamente, porque por alguna razón le tenía todavía algo de miedo a Valeria y no sabía porque. Desde que vi que Valeria iba a ser mi jefa, inmediatamente me dieron ganas de dejar ese trabajo y buscar en otro lugar, pero no me podía dar ese lujo, ya que llevaba casi cuatro meses buscando trabajo y en ningún lugar me ofrecían, así que tuve que aguantarme.

    La única razón por la que quería el trabajo era porque pagaban bien, y yo quería comprarle una casa a mis padres (que también son indígenas, ambos tienen 65 años y ya no trabajan), así que mi plan era: trabajar ahí solamente hasta que consiguiera el dinero para comprarles la casa. Valeria como yo ya lo suponía, era una jefa terrible, y se pasaba todos los días regañándome sin razón.

    En una ocasión me escucho decirle a otra compañera de trabajo sobre la casa que tenía planeada comprar, y entonces Valeria me dijo que ella podía rentarme una casa suya muy bonita, en lo que yo juntaba el dinero para comprar la mía. Al principio le dije que no estaba interesada, porque no me quería involucrar en nada con ella, pero luego me llevo a ver la casa y pues si estaba muy bonita, así que acepte su propuesta. Entonces después de eso, me lleve a mis papas a vivir ahí. Yo seguía viviendo con mi esposo en nuestra casa, mientras le pagaba la renta a Valeria para que mis papas se pudieran quedar a vivir ahí.

    Así que pasaron dos años, y yo seguía pagándole la renta a Valeria, mientras ella me trataba pésimo en el trabajo a mí y a los demás empleados. Pero hace tres meses decidí agarrar valor y renunciar, porque ya no la aguantaba más como jefa. Así que fui a su oficina, y empezamos a discutir, y le empecé a gritar todo lo que no me gustaba de ella, incluso la empecé a insultar, estaba tan enojada que le avente el café que llevaba en la mano y salí de la oficina. Ese día llegue a mi casa en la noche y le platique a mi esposo todo lo que sucedió, la verdad me sentía muy bien por haber hecho eso, así que después de platicarle, me fui a dormir.

    Al día siguiente me llego una llamada de mi mamá diciéndome que la dueña (o sea Valeria) los quería correr de la casa, de pronto se me puso la sangre fría, me había olvidado por completo de tanto enojo que tuve el día anterior, del acuerdo que tenía con Valeria, así que inmediatamente fui a la casa de mis padres. Cuando llegue ahí, mi papa no estaba, pero mi mama estaba platicando con Valeria diciéndole que no los corriera de la casa, así que llegue yo también y le dije preocupada:

    (Yo): Valeria perdón por lo que te hice ayer, pero por favor no los corras, No tienen otro lugar donde quedarse, y yo no tengo trabajo ahorita. De verdad te pido disculpas.

    (Valeria): Es en serio Alejandra?? Después de lanzarme café en la cara vienes a pedirme favores?? Jajaja. Pues lo siento, pero no te voy a ayudar, hubieras pensado en eso antes de lanzarme el café.

    (Yo): Por favor no los corras, si quieres pedirme algo, lo que sea, tu dime, si es dinero te prometo que en cuanto consiga trabajo te lo pagare.

    (Valeria): Mmm está bien, los dejare vivir aquí más tiempo, pero con una condición.

    (Yo): Cual??

    (Valeria dijo en tono retador): Que me tendrás que dejar cogerme a tu papá.

    Cuando Valeria dijo eso, yo y mi mama volteamos a vernos sorprendidas, porque no podíamos creer la locura que estaba diciendo Valeria. Obviamente yo le contesté molesta:

    (Yo): ¿¿Quee?? pero que estás diciendo, que acaso estás loca o algo??!! Que te pasa?? Bromeas??

    (Valeria): NO, no estoy bromeando, se los estoy diciendo enserio, si no quieres que corra a tus papas a la calle, eso es lo que tienes que hacer.

    (Yo) Pero que cosas dices!! Estas pendeja si piensas que de verdad te voy a dejar hacer eso!!

    (Valeria): Bueno, pues tú sabrás, a fin y al cabo la que va a sufrir las consecuencias no soy yo.

    (Yo): Pero es que como es posible que me estés pidiendo esas barbaridades??!! Pídeme otra cosa, ni loca voy hacer eso que dices!!

    (Valeria): No, no hay otra opción, es eso, o se van a la calle.

    De verdad no me podía creer lo que Valeria me estaba diciendo, empecé a pensar en alguna otra manera de solucionar esto, porque ni siquiera veía eso como una opción. No podía traer a mis papas a mi casa porque era muy pequeña y no había espacio para ellos, además de que en ese momento no tenía trabajo y no podría mantenerlos a todos. En lo que yo pensaba en una solución, mi mama dijo:

    (Mama): Está bien

    Voltee a verla aún más sorprendida y le dije:

    (Yo): Queee?? Pero que estás diciendo mama?

    (Mama): Esta bien hija, deja que lo haga, no pasa nada, me parece justo.

    (Valeria): Ya ves, a tu mama le parece bien, no sé porque haces tanto alboroto.

    (Yo): Pero que cosas dices mama!!? Que en serio vas a dejar que esta puta se coja a tu esposo?? Es tu esposo y es mi papa!! Como dices eso!!?

    (Mama): Ya se Alejandra, ya sé, pero es que no tenemos más opciones, prefiero mil veces que Valeria se coja a tu papa, a tener que estar mendigando en la calle.

    Yo estaba enojada, pero mi mama tenía razón, no teníamos más opciones. Le dije a Valeria enojada:

    (Yo): Está bien maldita, te dejaré hacerlo, pero te juro que esto no se va quedar así.

    (Valeria): Si, si pues, no me importa lo que digas.

    (Yo): Maldita puta!!

    (Valeria): A por cierto les voy a pedir otra cosa.

    (Yo): Y ahora con que me vas a salir?

    (Valeria): Quiero que tú y tu mamá estén presentes cuando me coja a tu papá, y estén todo el rato viendo.

    (Yo): A no eso sí que no!! No voy hacer eso.

    (Valeria): Pues entonces se van ir a la calle tus papas.

    (Mama): Alejandra por favor, ya no pelees con ella, está bien hay que hacerlo y ya.

    No tienen idea de lo impotente y molesta que me sentía al saber que esta puta se iba a coger a mi papa frente a mi y yo no podía hacer nada para evitarlo.

    (Yo): Ya pues, está bien, lo haremos. (dije molesta)

    (Valeria): Ok, mañana vendré a las once de la mañana puntual para cogérmelo (Nos dijo a mi y a mi mama en un tono burlón) y quiero que las dos estén ahí, entendido.

    (Mama): Si está bien.

    Yo no le conteste y solo me le quede mirando. Tal vez les parezca raro pero en ese momento a pesar de estar algo molesta, me excitaba bastante pensar en que Valeria con su hermoso cuerpo se iba coger a mi papá, como seguramente mi Mamá jamás pudo. Yo sé que suena raro, pero eso es lo que sentí, hasta yo me extrañe de sentir eso, podría jurar que incluso estaba hasta algo emocionada. Mi mama estaba muy tranquila, ni siquiera estaba molesta, parecía no importarle que una mujer mucho más joven que ella, y de cuerpo tentador se cogiera a su esposo. Mi mama decidió no decirle nada a mi papá de lo sucedido, y prefirió que fuera más bien una sorpresa o algo así. Yo a mi esposo obviamente tampoco le comente nada porque me daba vergüenza decirle lo que iba hacer, así que sólo le dije que el día de mañana iba estar en casa de mis padres, sin entrar en más detalles.

    Al día siguiente en la mañana yo y mi mama estábamos esperando a Valeria en la sala, mi papa también estaba ahí viendo televisión en el sofá sin saber lo que le esperaba. Estábamos esperando, cuando se oyó que timbraron, entonces mi Mama fue a abrir la puerta, y ambas quedamos impactadas al ver a Valeria. Venia vestida con una lencería negra con rojo que le resaltaba muy bien sus grandes tetas y sus enormes nalgas blancas, el pelo lo tenía muy bien arreglado y un poco más negro de lo normal, también tenía puestos unos tacones altos transparentes que hacían que sus pies y sus piernas se vieran todavía mejor, se veía como toda una puta. Al verla así me excitó aún más la idea de que se cogiera a mi papa. Me sentía rara, porque a pesar de que si me molestaba algo que se cogiera a mi papa también me excitaba. Mi mama al ver a Valeria, se quedó con la boca abierta, y le dijo casi tartamudeando:

    (Mama): Ad… Ad… Adelante Valeria pasa.

    (Valeria): Donde está tu esposo, que me lo voy a coger muy rico por ti (le dijo Valeria a mi mama)

    Me enojaba, pero a la vez me excitaba que Valeria le hablará así a mi madre.

    (Mama): Esta en el sofá viendo la televisión.

    Valeria saco una cámara de su bolsa y le dijo a mi mama:

    (Valeria): Ok, quiero que me grabes mientras me cojo a tu esposo, ok?

    (Mama): Si está bien.

    Yo solo estaba ahí callada sin decir nada. Entonces Valeria, yo y mi mama fuimos hacia la sala donde estaba mi papa. Cuando Valeria vio a mi papa le dijo en tono coqueto «Hola mi amor”. Cuando mi papa vio a Valeria se quedó babeando, y a la vez sorprendido porque no sabía lo que estaba pasando. Pero no dijo nada y simplemente se quedó ahí contemplando el cuerpo de Valeria, ignorando por completo a mi mamá y a mí. Valeria nos acomodó dos sillas y nos ordenó «Siéntense», yo y mama hicimos casó y nos sentamos.

    (Valeria): Prende ya la cámara puta, que vas a grabar como le sacó la lechita a tu esposo como tú jamás pudiste. (Le dijo Valeria a mi mama)

    (Mama): Si ya voy.

    (Valeria): Y tu Alejandra no quiero que hagas ningún comentario, ni que te muevas de ahí, te vas a quedar ahí todo el tiempo hasta que termine de cogerme a tu papa, entendido?

    (Yo): Si está bien.

    Mi papa literalmente estaba babeando por el cuerpo de Valeria, sin quitarle ni un segundo la vista de sus nalgas, era tanta la excitación que tenía, que le empezó a decir piropos a Valeria aunque yo y mi mama estuviéramos ahí.

    (Papa): Que rica te ves Valeria, que nalgas tan ricas tienes etc…

    (Valeria en tono coqueto): Gracias mi amor, estoy mejor que tu puta esposa verdad?

    (Papa): Si, sí, mucho mejor

    Entonces Valeria le acerco las nalgas a mi papa, y mi papa comenzó a besarlas y a lamerle todas las nalgas a Valeria.

    (Valeria): Espero que estés grabando esto puta, tu esposo lamiéndome rico mis nalgas (le dijo a mi mama)

    (Mama): Si, sí, estoy grabando.

    (Valeria): Mas te vale

    Yo estaba en shock y no me podía creer lo que estaba viendo, mi papa lamiéndole las nalgas a la chica que me molestaba cuando era niña, y que de grande me humillaba en el trabajo, frente a mí y frente a mi madre. Después Valeria paro a mi papa del sofá, y mientras ella se agachaba y a la vez le quitaba el pantalón a mi papá le preguntó:

    (Valeria): Alguna vez la zorra de tu esposa te dio una mamada amor?

    (Papa): No jamás, le daba asco hacer ese tipo de cosas.

    (Valeria): Pues estas de suerte porque yo te la voy a mamar como ella jamás pudo.

    Valeria saco la verga de mi papa, y se la empezó a mamar como si no hubiera un mañana, se la metía a la boca y la saboreaba. El escenario era completamente pornográfico, y yo estaba bastante excitada de ver a Valeria mamársela a mi papá, mi madre jamás probo la verga de mi papa, y esta puta se la estaba comiendo por ella.

    (Valeria): Que rica verga tienes amor, dame más por favor.

    (Papa): Si putita cómetela toda entera.

    (Valeria le dijo a mi mama burlándose): Que rica verga tiene tu esposo, lástima que nunca la probaste, y ahora estas ahí sentada grabando como yo me la como por ti, ups jajaja.

    Valeria se metía toda la verga hasta la garganta mientras miraba a mi madre a los ojos y le soltaba pequeñas risas burlonas. Valeria se metía y se sacaba la verga de mi papa ensalivada frente a mí y a mi madre. Y mi madre simplemente la grababa. En un momento mi mama me susurro al oído que le gustaba ver a Valeria cogiéndose a mi papa, la verdad fue muy extraño que me dijera eso, no conocía ese lado de mi mama, me dijo que ella ya estaba muy vieja para complacer a mi papa, y que él siempre fue muy bueno con ella, y que ella sentía que mi papa necesitaba a una mujer como Valeria para complacerlo, porque eso es lo que se merecía. Yo simplemente me quede asombrada por lo que me dijo, pero no dije nada.

    Después de como 10 minutos de estarle mamando la verga a mi papa, Valeria se paró y le dijo a mi mama:

    (Valeria): Ahora zorrita, vas a grabar como me cabalgo a tu esposo y le muevo mis nalgas que tanto le gustan entre su verga.

    Valeria sin pensarlo volvió a sentar a mi papá en el sillón y se sentó sobre su verga, quedando de espaldas hacia nosotros con sus enormes nalgas blancas, su lencería negra y sus tacones transparentes de puta. Valeria comenzó a saltar sobre la verga de mi papa.

    (Valeria): Ahh Ahhh si, si, ahh si que rico, dame mas verga, ahh. Mira puta como me coge rico tu esposo, y tú ahí de pendeja y cornuda solamente grabándome. Mira como me disfruta. Verdad que si mi amor?

    (Papa): Si puta, que rico te mueves que rica te ves con esos tacones, mueve las nalgas.

    (Valeria): Espero que hayas aprendido la lección Alejandra.

    Valeria y mi papa siguieron cogiendo durante casi 40 minutos, en diferentes posiciones, hasta que por fin acabaron.

    (Papa)-Ya me voy a venir perrita.

    (Valeria): Échamelos en la boca por favor, quiero que la inútil de tu esposa grabe como le saque toda la leche a su esposo. Oíste pendeja, acércate y graba de cerca como tu esposo me da su lechita en mi boca. Mi mama se acercó y grabó como Valeria se comía toda la corrida de mi papa y le llenaba toda la cara de leche. Mi papa en cuanto se corrió se tiro al sillón y se durmió. Yo estaba bastante excitada y pues según lo que me comento mi mama a ella también le había gustado. Valeria se levantó como toda una puta con la corrida de mi papa en la boca y dijo:

    (Valeria): Me gustó mucho la verga de tu esposo, A partir de ahora seré la puta de tu marido, y me lo cogeré cuando quiera te guste o no ¿entendido zorra?

    (Mama): Si claro no hay ningún problema, de hecho me gusto que te lo cogieras Valeria, yo a mi edad ya no puedo complacerlo.

    (Valeria): Que bueno porque ahora así va hacer, tú vas a ser mi sirvienta, y si quieres vivir aquí tendrás que hacer los quehaceres de la casa. Yo vendré de vez en cuando a coger con tu esposo. Y tu Alejandra, note que te gustaba lo que estabas viendo, que te parece si ahora me cojo a tu esposo. También puedes trabajar para mí como sirvienta, no te preocupes te pagare.

    Quería decirle que no, pero estaba tan excitada en ese momento que le dije que sí. Tenía ganas de experimentar más de lo que había visto.

    Actualmente yo y mi mama trabajamos para Valeria como empleadas domésticas, y ella se coge a nuestros esposos, como les dije al principio, ahora lejos de molestarme me excita que lo haga. Si alguien de los que está leyendo este relato quiere ver fotos de Valeria, mándenme mensaje a mi correo

    [email protected]

  • Un tesoro oculto: Tania mi mejor amiga (Parte 1)

    Un tesoro oculto: Tania mi mejor amiga (Parte 1)

    Mi nombre es Enrique, después de pensarlo mucho he decidido compartir este relato, está fue una experiencia que me sucedió con una amiga y compañera de la universidad, su nombre es Tania, la conocía muy bien desde la infancia, pues mis padres conocían a su mamá desde hace muchos años, debo decir que Tania jamás conoció a su padre, pues este abandonó a su madre apenas se enteró que estaba embarazada, así que desde niños nos frecuentamos bastante llegando a ser muy amigos, incluso acudimos a los mismos colegios, hasta la universidad, ella estudiaba informática administrativa y yo diseño gráfico.

    Debo mencionar que mi relación con Tania siempre fue estrictamente de amistad, nunca antes la había visto con otros ojos que no fueran los de un amigo, incluso sentía por ella un cariño casi fraternal, quizás debido a que yo era hijo único al igual que ella, la veía y sentía casi como a una hermana, siempre nos ayudábamos el uno al otro y a veces yo actuaba como su protector.

    En aquel entonces ambos teníamos 20 años, apenas soy más grande que ella por un par de meses, Tania era una chica que para ser sincero no llamaba mucho la atención, ella anteponía la comodidad a la vanidad, no le gustaba hacerse notar demasiado, a decir verdad a veces pensaba que era algo descuidada con su imagen, pues la gran mayoría del tiempo se le veía despeinada, sin maquillaje y con ropa que distaba mucho de considerarse sexy, generalmente vestía jeans baste holgados con blusas simples también muy holgadas, siempre llevaba su cabello castaño recogido con una cola mal hecha, además usaba gafas, las cuales para ser sincero no le sentaban mal, solía decirle que parecían gafas de “secretaria cachonda”, le iban muy bien a su piel clara, respecto a su cuerpo, a pesar de conocerla desde hace años, no sabía muy bien qué clase de cuerpo tenia, pues sus peculiares y “comodoros” atuendos, no deban pistas claras sobre su figura.

    Por la confianza que nos teníamos en más de una ocasión yo le señalaba esos “pequeños” detalles, le decía que procurara ser más femenina o que pusiera más empeño en su apariencia personal, ya que si no lo hacía ningún chico se fijaría en ella, normalmente eso no le importaba y solo me decía que no le hacía falta, que ella confiaba en su personalidad y carisma, lo cual era cierto, pues su personalidad era en una palabra; encantadora, siempre estaba rodeada de gente y tenía muchas amistades, tanto mujeres como hombres, incluso yo le conocí varios novios, los cuales hablando sinceramente eran muy apuestos, muchos no comprendían (yo incluido), como lo lograba, pues los chicos con los que salía, muchas veces eran los galanes de la escuela, con los que la mayoría de las chicas soñaban con tener una oportunidad, en más de una ocasión algunos compañeros solían decir: “ha de ser porque hace muy buenos jales”, ese tipo de comentarios me molestaban muchísimo, y más de una vez llegue hasta los golpes con algún desafortunado por hablar así de ella, lo que yo no sabía es que no estaban tan equivocados y que muy pronto descubriría de primera mano que tanto de eso era verdad.

    El fin del cursos se acercaba rápidamente, si bien aún nos faltaban algunos semestres para acabar la universidad, siempre era gratificante saborear el final del semestre, pues podíamos olvidarnos de tareas, trabajos especiales y fastidiosos exámenes, al menos por un tiempo, como era costumbre, el comité de alumnos, solía organizar una gran fiesta para celebrar el final de los exámenes y del curso.

    Recuerdo que en esa ocasión acababa de terminar una relación con una chica a la que quise muchísimo, la ruptura no me había caído nada bien, por lo que mientras todos hablaban del evento y lo esperaban con ansias, a mí me daba igual, de hecho, había decidido no acudir, por el mismo estado en que me encontraba ni siquiera le pregunte a Tania si ella iría o no.

    Algunos amigos me convencieron de asistir después insistirme bastante y con la promesa de que uno de ellos me presentaría a una chica que según él “quería conocerme”, aunque en realidad no me interesaba en lo absoluto, el día de la fiesta llego, mis amigos pasaron por mí, para evitar que al final les quedara mal, reconozco que cuando llegue al evento mi ánimo mejoro bastante, pues el lugar era muy grande y amplio, se trataba de una antigua casona tipo hacienda de la era colonial, con un amplio jardín en el cual había varias mesas dispuestas sobre las orillas, de esta manera el centro quedaba disponible como una gran pista de baile, al fondo se había instalado el equipo de sonido, un DJ y un pequeño escenario donde más tarde tocaría una banda versátil, en un rincón había una barra improvisada donde te podían servir tragos preparados, todo el lugar se encontraba adornado con luces, globos, algunos adornos de formas variadas y arbustos en forma de animales, además de que se veía que la fiesta estaba siendo todo un éxito, la música sonaba alegremente mientras algunos bailaban, otros bebían o comían y a todo esto habría que sumarle todas las bellas chicas que había en el lugar, no podías voltear a ningún lado si ver a alguna belleza.

    –Te dijimos que sería buena idea venir –dijo uno de mis amigos.

    –Acepto que se ve un excelente ambiente, algo me dice que será una gran noche –respondí, sin saber que no estaba tan equivocado, aunque nada sería como creía–, vamos a la mesa que reservaron, se me antoja una cerveza.

    –Claro, sirve que veo si esta por ahí Brenda, está ansiosa por conocerte –dijo otro de mis compañeros.

    Llegamos a la mesa y ocupamos nuestros lugares, desde donde estaba sentado tenía una buena perspectiva del lugar además que estaba cerca de la pista de baile, de esa manera si me apetecía bailar con alguien no habría tanto problema, pedimos a un mesero que nos trajera algunas cervezas, quien al principio se mostró reacio a hacerlo pues le pedimos el equivalente a varias rondas para no molestarlo tanto, sin embargo lo convencimos al darle una generosa propina, diciéndole que si nos trataba bien, al final de la noche le daríamos un poco más.

    Me encontraba platicando alegremente con mis compañeros y dándole un trago a mi segunda cerveza de la noche, cuando de pronto alguien me tapo lo ojos repentinamente por detrás, a la vez que sentía el contacto en mi nuca de unos pechos suaves y a decir verdad algo grandes.

    –Adivina ¿quién soy? –Susurro una voz a mi oído, que a pesar del ruido y el intento obvio de fingir un tono más grave, reconocí de inmediato, aun así me tome mi tiempo para “pensar” quien era, mientras disfrutaba del contacto de esos pechos en mi nuca.

    –Tania, ¡que sorpresa! –Dije mientras quitaba sus manos de mis ojos, me puse de pie y voltee hacia ella, para no darle la espalda –no pensé que vend…

    Al volverme me quede boquiabierto, efectivamente era Tania, pero no era la Tania que yo conocía se veía espectacular, como nunca la había visto, llevaba un vestido negro entallado, de tirantes, el cual llegaba a media pierna marcando perfectamente su figura, se podían apreciar unos senos firmes de un tamaño bastante decente que se presentaban por un generoso pero no exagerado escote, podría intentar tomar uno de sus senos con una mano y apenas abarcarlo por completo, llevaba puestos unos zapatos de tacón de unos 10 cm también negros, lo que le daba un porte muy sexy a su cuerpo, en ese momento no pude fijarme en sus nalgas pues la tenia de frente y sin embargo deseaba poder verlas, debo aceptar que por último, me fije en su cara, su maquillaje era discreto a excepción de sus labios que mostraban un color rojo intenso, se había ondulado su cabello castaño el cual caía grácilmente sobre sus hombros, además lucía una pequeña tiara entre sus risos, unos aretes de gota en cada oreja y una gargantilla de plata colgaba de su cuello, la cual yo le había regalado en su último cumpleaños, hasta ese día no la había usado, o al menos no se la había visto, su atuendo se complementaba con una cartera de mano que le daba un toque bastante elegante, también pude notar que no traía puestas sus características gafas de “secretaria cachonda”, esto dejaba ver unos bellísimos ojos color miel .

    Me encontraba atónito, se veía fabulosa, no podía creer que era la misma chica que yo conocía, pues estaba acostumbrado a verla en sus atuendos más “cómodos”, es como si se tratara de alguien más, no podía salir de mi asombro, ahí estaba parado con la boca abierta frente a una hermosa chica y sin poder reaccionar.

    –Cierra ya la boca y deja de mirarme como un tonto, pareces perro en carnicería –me dijo algo molesta, a la vez que me daba un leve golpe en el brazo para hacerme reaccionar.

    Rápidamente caí en cuenta que en verdad parecía un tonto, al estar ahí viéndola de pies a cabeza con la boca abierta, di gracias que no se había dado cuenta que el verla así me causo una erección, así que trate de guardar la compostura.

    –Discúlpame Tania, es que no eh podido evitarlo, ¿de verdad eres tú? –Dije con asombro y estirando ambos brazos para señalarla de arriba a abajo–. Me cuesta trabajo creerlo, de verdad te vez increíble, ¿qué paso con tus gafas?, nunca había visto lo bellos que son tus ojos.

    –Compre lentes de contacto y quise usarlos hoy, pero no digas esas cosas Kike –Ella era la única que me llamaba así, mientras hablaba note que sonreía y se sonrojaba –. ¿No vez que me da pena? solo me arregle un poco, es todo, tome tu consejo y hoy, quise ser más femenina.

    –Pues déjame decirte amiga que; ¡te vez estupenda!, de haber sabido que tenía una amiga tan bella y que te cargabas ese cuerpecito, hace mucho que te hubiera pedido una cita –le dije nerviosamente tratando de que sonara en broma, aunque en el fondo era verdad.

    –No inventes Kike, estas exagerando el asunto, deja ya eso de lado y mejor dime; ¿qué haces aquí? –Obviamente era un claro esfuerzo por desviar la conversación, al parecer mi último comentario causo más efecto del que yo esperaba, pues nuevamente estaba roja–, no creí que vinieras, últimamente has estado algo distante, la verdad me alegra que estés aquí y verte mejor.

    –Si he de ser sincero contigo, al principio no quería venir no me sentía con ánimos, ¡pero estos cabezas huecas…! –Exclame tratando de sonar normal, en tanto volteaba para señalar con el brazo a mis amigos, a quienes note igual de sorprendidos y también con la boca abierta–. Me insistieron mucho hasta que lograron convencerme, ¿qué tal si te unes a nosotros y te quedas aquí?

    –Gracias Kike, me gustaría quedarme aquí contigo, pero no puedo, vengo con Jorge, te vi a lo lejos y quise venir a saludarte, espero no te molestes por rechazar tu oferta –menciono bajando la mirada–, pero me están esperando en mi mesa.

    Sus palabras me molestaron un poco, pues Jorge era su novio y no me caía nada bien, me parecía un tipo pedante además de que tenía fama de patán, ella sabía perfectamente que él no me agradaba, por lo que generalmente evitaba hablar de él conmigo, pero como su amigo procuraba no interferir en su relación y la apoyaba.

    –No te preocupes Tania, entiendo perfectamente espero que te diviertas, pero eso sí, me debes por lo menos dejarme bailar contigo alguna pieza.

    –¡Claro que sí!, después vendré para bailar, ¡nos vemos Kike! –Se despidió dándome un beso en la mejilla, dejándome marcado un poco de su labial, mientras yo me perdía en el suave perfume que desprendía–. ¡Adiós a todos!

    Se dio la vuelta para regresar con su novio, mientras se retiraba, no pude quitarle la mirada de encima, especialmente de sus nalgas que se movían al compás de sus pasos, no eran muy grandes, pero si bien formadas, cuando la perdí de vista, regresé a mi lugar mientras veía que mis compañeros de mesa, continuaban con la boca abierta.

    La velada trascurría tranquila, comimos, bebimos, pude bailar con un par de compañeras de conocía, además de que uno de mis amigos me presento a Brenda, la chica que estaba interesada en conocerme, era un muchacha linda, de buen cuerpo, pero no congenie con ella, era bastante aburrida, solo por compromiso la invite a bailar un par de piezas, como no me sentía cómodo con ella, agarre una cerveza y me excuse diciendo que había visto a un amigo al que quería saludar, así que me pare y me retire de la mesa.

    Me fui cerca de la barra donde dos barman servían tragos sin parar, pensé que sería buen lugar, pues al terminar mi cerveza podría pedir otra o algún trago sin tener que moverme demasiado, me recargue en un árbol que estaba cerca y me entretuve viendo a las parejas bailar, apenas tenía un par de minutos en ese lugar cuando vi a Tania que bailaba con su novio, desde mi posición ella no me veía pero yo la observaba detenidamente, la música era movida, sus movimientos bastante sugerentes, su cuerpo se movía grácilmente incitando y provocando a todo aquel que la veía, podía ver como su novio la tomaba por la cadera tanteando de apoco sus nalgas, acercándola a él para restregar su cuerpo con el de ella sin que ofreciera resistencia alguna, me quede ahí inmóvil dando un trago más a mi cerveza, después de algunas canciones, en las cuales seguí viendo el mismo espectáculo, el ritmo de la música cambio repentinamente a una lenta balada, note como se veían directamente a los ojos, la tomo por la cintura y la acerco repentinamente hacia él.

    De pronto comencé a sentir rabia por lo que veía, no podía creer que Tania fuera tan desinhibida, la veía disfrutar como durante el baile su novio la tocaba indiscretamente en la pista frente a todo mundo, pero ¿por qué eso me importaba a mi?, acaso ¿estaba sintiendo celos?, sacudí mi cabeza como queriendo alejar esos pensamientos de mi mente y vacié mi cerveza de un solo trago, después de eso me fui a pedir otra bebida para luego volver a la mesa con mis amigos, de pronto mi estado de ánimo había cambiado, ya no me sentía tan animado.

    No me sentía bien como para continuar en la fiesta, solo quería irme, pero no estaba seguro de la razón, quise olvidarme de todo tratando de disfrutar lo que quedaba de la velada, pero continuamente me sorprendí a mí mismo buscando con la mirada a Tania, sin embargo no la veía por ningún lado por lo que en cierta manera me tranquilice, saque a Brenda a bailar para calmar mi mente, durante casi dos horas me olvide por completo de todo pues me estaba divirtiendo bastante.

    Cuando más tranquilo me encontraba, se escuchó un tremendo bullicio cerca de donde se encontraba el equipo de sonido, muchos de los presentes se arremolinaban en torno a una de las bocinas más grandes, gritando, aplaudiendo, haciendo toda clase de ruidos como animando a alguien, la música bajo un poco el volumen y se escuchó al DJ por el sonido, que alentaba a los presentes a seguir animando a una chica que al parecer se encontraba bailando sobre una gran mesa de madera que había en ese lugar.

    Mis amigos y yo nos acercamos a ver qué es lo que ocurría guiados por el morbo, pues sabíamos bien que esa clase de agitación solo se lograba cuando alguna chica, normalmente pasada de copas, ofrecía algún espectáculo que podría incluir mostrar un poco de piel, de manera bastante complicada logre abrirme paso, entre manos que aplaudían, ensordecedores gritos y una oleada de gente, llegue casi hasta adelante, una vez estuve en un buen lugar note que efectivamente una chica bailaba de manera muy atrevida mostrando sus encantos ante su público mientras vaciaba una cerveza de un solo trago y pedía más, no faltaban los acomedidos que le acercaban botellas y alguno que otro que aprovechaba el momento para tocarle las nalgas o los pechos, incluso vi como alguien le daba una nalgada, la cual pareció disfrutar pues se colocó en posición para recibir otra, sin embargo el gusto del espectáculo me duro poco al darme cuenta que la chica en cuestión era Tania.

    Tarde un poco en asimilar lo que veía, pero reaccione en un par de segundos, no sabía bien lo que estaba pasando pero no podía dejar que eso continuara, así que a empujones llegue hasta la orilla de la mesa de donde me esforcé porque me escuchara en medio del bullicio, al ver que no se percataba de mi presencia, yo también me subí rápidamente a la mesa donde a fuerza de empujones la baje de ahí, esto causo de inmediato una lluvia de cerveza, abucheos y desaprobación por parte de los presentes, quienes estaban encantados con el show.

    –¿Qué es lo que te pasa? –Pregunte visiblemente molesto, mientras trataba de alejarla de ahí y llevarla a un lugar apartado, casi al mismo tiempo percibía que desprendía un fuerte olor a alcohol–. ¿Por qué te has puesto así? ¿Qué va a pensar Jorge de esto?

    –¿Jorge? ¡Que se vaya al diablo! –Expreso con rabia y a duras penas, pues se encontraba completamente borracha –. Esto es una fiesta, así que déjame divertirme, no seas aburrido.

    Lucho un poco por que la dejara ir, pero yo la tome fuertemente de su brazo izquierdo y la atraje hacia mí, entonces la abrace, estaba confundido, al inicio de la velada se veía feliz, incluso cuando la vi bailando con su novio, pero ahora estaba desaliñada, con el maquillaje corrido como si hubiera llorado, y bastante ebria.

    –¿Qué ha ocurrido? –insistí, una vez que se calmó.

    De pronto pareció tomar conciencia que era yo con quien estaba, pues hasta el momento parecía que no estaba segura de con quien hablaba.

    –¡Kike…! ¡Qué bueno que estas aquí! –Dijo sollozando y con palabras entrecortadas, ese maldito de Jorge, termine con él, lo vi besándose con otra chica.

    En ese momento comprendí todo, no me sorprendió en lo absoluto pues Jorge tenía fama de mujeriego y siempre estaba en busca de nuevas “presas”, la verdad en el fondo me alegre de que Tania lo terminara, pero me sentía fatal al verla así.

    –Tranquilízate por favor Tania, olvídate de él, ahora estás conmigo, ven te llevare a tu casa –la abrace para que se apoyara en mi, pues su andar era bastante penoso.

    –No, a mi casa no por favor, quiero seguir bailando.

    –Estas muy mal, no puedes ni caminar, te llevare a tu casa así que no discutas más.

    Nuevamente pareció tener un momento de lucidez y me pidió que la dejara quedarse en mi casa, pues si su mamá la veían en ese estado, se metería en muchos problemas, a lo que yo acepte, lo que menos quería es que sufriera más esa noche, en otras ocasiones ella se había quedado pasando la noche en casa, mis padres la conocían muy bien y nunca ponían peros, afortunadamente en esa ocasión ellos habían salido de viaje lo cual agradecí, pues sin duda al verla así podrían informar a su madre de su estado etílico y por ende meterla en problemas, salimos del lugar de la fiesta y pare el primer taxi que paso por ahí, yo planeaba divertirme toda la noche por lo que no había llevado mi coche.

    El transcurso hasta mi casa fue relativamente tranquilo, Tania se quedó dormida, no podía dejar de sentir pena por ella por verla en ese estado, hace solo unas horas se veía radiante, espectacular, pero ahora, parecía una niña indefensa, totalmente desaliñada, al bajar la mirada para verla, por la posición en que se encontraba su escote se abría más de lo normal y desde mi perspectiva podía ver gran parte de sus pechos, los cuales aprecie durante casi todo el camino, hasta que note que el conductor echaba algunas miradas muy indiscretas hacia atrás por el espejo retrovisor entonces me percate que su vestido se había subido más de la cuenta dejando ver casi por completo sus piernas además de que las tenía ligeramente separadas, al bajar la mirada me parecieron muy lindas y sexis, entonces pensé que el conductor debía tener una visión fantástica de sus muslos e incluso más allá, por lo que coloque una de mis manos entre sus piernas, acabando así con la función para el chofer, sus piernas eran muy suaves, estaban algo frías pues la temperatura del ambiente era baja, mantuve la mano quieta por un momento para después comenzar a acariciarlas suavemente, casi con la yema de los dedos incluso subía mi mano tanto como podía para seguir tocándola en la parte interior de los muslos, al darme cuenta lo que estaba haciendo opte por quitar la mano, aunque fue más difícil de lo que pensé.

    Afortunadamente estábamos por llegar, así que me dedique a tratar de despertarla para que pudiera bajar, apenas lo logre, cuando el taxi se detuvo page y bajamos, Tania se vea un poco desconcertada y confundida, pero pronto entendió lo que pasaba.

    –No te preocupes Tania, ya hemos llegado, pronto podrás descansar.

    No contesto, se limitó a caminar a mi lado para entrar a la casa, seguía muy alcoholizada, pensé en llevarla a mi habitación para que durmiera ahí, yo tenía pensado dormir en la recamara de mis padres y así evitar dormir en el sofá.

    A duras penas logre llevarla hasta mi habitación, casi no podía sostenerse en pie finalmente al llegar a la recamara se dejó caer sobre la cama boca abajo dejando las piernas estiradas y fuera de la extensión del colchón, al ver esto intente acomodarla, era peligroso que se quedara así, podría ahogarse al estar en esa posición, primero que nada la voltee boca arriba, no fue nada fácil pues debido a su estado se había quedado dormida de inmediato, la jale hacia arriba de la cama tomándola por las axilas, al hacer este último movimiento podía sentir como mis manos rozaban los laterales de sus pechos los cuales se sentían bastante firmes, cuando por fin la acomode me costó trabajo retirar mis manos de donde las tenía, más por voluntad que por estar en una posición incómoda, note que uno de los tirantes de su vestido se había deslizado de su lugar hacia abajo, pensé en acomodarlo, pero no pude, solo me quede observándola sintiendo como empezaba a sentir excitación por ver a Tania.

    Estaba por poner una cobija encima de ella para que no pasara frio durante la noche, cuando advertí que aun tenia puestos sus zapatos así que se los quite, mientras lo hacía admiraba sus piernas de abajo hacia arriba, hasta llegar al comienzo de su vestido ahí me percate que las tenía un poco separadas, por lo que pude dar una mirada más adentro de lo habitual, sentía como el corazón se me aceleraba al estar contemplándola ahí acostada en mi cama dormida, nunca antes la había visto como mujer, pero esa noche desde que la vi en la fiesta, no hacía más que fijarme en su cuerpo y comenzaba a sentir un profundo deseo por ella, aun tenía en una de mis manos los zapatos que acababa de quitarle cuando de pronto sentí un impulso que no pude contener.

    Deje caer los zapatos al piso, de a poco mis manos como si tuvieran voluntad propia se dirigieron a sus piernas, las cuales comencé a acariciar, estando en el taxi pude contenerme pero ahora no podía hacerlo, dentro de mi sabía que lo que hacía estaba mal por muchas razones, Tania era mi amiga y confiaba en mí, pero también era una mujer, una mujer por la que sentía un gran deseo, a pesar de saber que no debía continúe recorriendo sus piernas con mis manos, al principio lo hice tímidamente intentando no despertarla, pero al ver que no había reacción de su parte tome confianza y los roces discretos de mis dedos se convirtieron en intensas caricias, al llegar al límite de su vestido descendía nuevamente hasta los pies, para luego volver a subir, cada vez que repetía la operación, mis manos se animaban a subir un poco más hasta que me descubrí a mí mismo con las manos muy arriba en sus muslos y con su vestido un poco más subido de lo normal.

    Subí su vestido con un poco de dificultad por lo entallado que era hasta la altura de sus caderas, dejando así al descubierto, una pequeña tanga negra bastante sensual que apenas tapaba algo, tal parece que pensaba pasarla bien con su novio esa noche, me detuve un segundo a observarla, la veía a la cara y note cierta belleza singular aun entre su maquillaje corrido y su cabello despeinado, entonces vi sus hombros descubiertos, donde solo quedaba un tirante del vestido en su lugar, tome con delicadeza ese pequeño tirante y lo deslice por su brazo.

    Tome uno de sus brazos y lo doble hacia arriba para retirar el primer tirante por completo, lo mismo hice con el otro brazo, entonces tome su vestido por el escote y lo baje casi hasta el vientre, al hacerlo descubrí que Tania no llevaba puesto sostén, quizás por el tipo de vestido que llevaba, así que me encontré de pronto observando en toda su magnificencia unos pechos redondos bastante generosos, en los cuales observe unos pezones de un tono almendrado, se veían hermosos y apetecibles, aun mas por la aureola rosada que se notaba en su base.

    Ahí estaba yo, tenía a Tania en mi cama, inconsciente por su borrachera y semidesnuda, ardía en deseos por ella, me desconocía a mí mismo, dentro de mí se libraba una gran batalla entre mi conciencia y mi libido, el segundo estaba ganando por mucho, quise detenerme, sabía que aun no era tarde y si me detenía Tania jamás lo sabría, todo quedaría como un recuerdo para mi, por otro lado… ¿Se me presentaría alguna vez otra oportunidad así?, después de dudarlo un poco continúe, sabía que no habría marcha atrás y que las consecuencias podrían ser desastrosas, pero viendo que estaba profundamente dormida o mejor dicho inconsciente, volví a acercarme a ella y comencé a tocar sus dos pechos con mis manos, eran magníficos, firmes, suaves y muy atractivos, me entretuve jugando con ellos un buen rato, separándolos, juntándolos, apretándolos, dándole pequeños pellizcos hasta que por fin me acerque a uno de ellos comenzando a besarlo y a chuparlo.

    Para este punto la lujuria me había invadido totalmente, me deleitaba con el sabor de sus pechos, y pensaba para mí mismo: “Que estúpido ha sido Jorge, de haber sido más inteligente estaría disfrutando de todo esto”, de pronto me separe de ella, mi mirada se clavó directamente en su sexo, el cual aún estaba cubierto por su tanga negra, coloque una mano sobe la tela fina de la tanga para acariciar suavemente su sexo a la vez que de reojo cuidaba que no se despertara, sentí la piel muy suave a través de la tela, acerque mi cara para ver más de cerca a la vez que con mis dedos hacia un lado la tanga, la visión que me encontré fue increíble, vi una vulva rosada, con unos labios perfectamente marcados, alrededor de ella no había ni un solo bello, estaba perfectamente depilada, eso me enloqueció por completo y sin pensarlo dos veces me acerque a disfrutar de su olor y su sabor.

    Comencé a darle algunas lamidas por la parte exterior, mientras me llenaba de su olor que me volvía loco, el hecho de que aun tuviera la tanga puesta y que estuviera acostada casi inconsciente, no ayudaba mucho para poder maniobrar de manera efectiva, pero no me importo, separe sus labios vaginales tanto como pude con los dedos para después lamer y relamer una y otra vez el interior de su sexo, para este punto comencé a notar que Tania se movía un poco, aun no despertaba, pero era evidente que si continuaba terminaría haciéndolo, aun así eso no me importo, era presa del deseo, no era mi cerebro el que pensaba en ese momento, era solo la calentura la que me impulsaba a seguir y así lo hice, mientras seguía deleitándome con su sexo, con mi otra mano libre separe un poco una de sus piernas para quedar así en una posición más cómoda, lo cual funciono bastante bien, ahora sentía que mi lengua entraba más profundo en ella y tenía más libertad para probar su vagina de arriba hacia abajo.

    Me separe un par de centímetros de ella y ahí observe su clítoris, que se pronunciaba hacia afuera de su sexo, no quise quedarme con las ganas y también lo probé, primero lo lamí delicadamente varias veces, a la vez que introducía un dedo en su vagina, mi excitación iba en aumento, cuando de pronto comencé escuchar unos leves gemidos, los cuales no hicieron más que avivar el fuego en mi interior por lo que tome su clítoris entre mis dientes y di una leve mordida.

    –Mmmm… siii, ¡masss! –Escuché de pronto, mientras caía en cuenta que Tania estaba despierta…

    Lejos de asustarme por ver que Tania había despertado, me sentí complacido, pues era evidente que le estaba gustado, no sé cuánto tiempo llevaba consciente, ¿tal vez desde el principio? o ¿quizás se despertó cuando yo ya estaba “sirviéndome”?, no le di mucha importancia al asunto y continúe, pude sentir como se incorporaba en la cama y ponía sus manos en mi cabeza, pegándome cuanto podía a su pubis.

    Era un deleite escucharla gemir, nunca me había pasado por la mente el pensar en cómo serían sus gemidos, pero en verdad eran música para mis oídos, en su mayoría eran lentos y cortos pero continuos, entre ellos alternaba otros largos y prolongados, era una verdadera sinfonía la cual ni Mozart hubiera podido replicar.

    De pronto me detuve súbitamente para adopta una mejor posición, levante la mirada para ver la reacción de Tania, se mordía el labio inferior y una de sus manos aun apretaba con firmeza uno de sus pechos, abrió los ojos, nos miramos fijamente, me incorpore lentamente para quedar sentado en la cama como lo estaba ella, mientras lo hacía no despegamos la mirada un solo segundo, su cara seguía roja por el alcohol y aun así la note ruborizada, y en sus ojos brillaba la llama del deseo, es muy posible que fuera más por su borrachera que por desearme a mí, pero no me importaba, no dijimos nada, hasta que la tuve de frente.

    –Kike… esto… tú y yo no… –decía tímidamente.

    La interrumpí de golpe, me abalance sobre ella besándola con desenfrenada pasión, ella dudo un segundo antes de responderme el beso con mucha entrega, estaba hecho, ya no había marcha atrás, ella estaba consciente de lo que estaba ocurriendo y parecía aceptarlo o por lo menos disfrutarlo, comencé a recorrer su cuerpo a voluntad con las manos lo cual no era difícil, pues ahora solo tenía su vestido hecho bola en la cintura y su tanga, rápidamente busco quitar mi camisa la cual desabotono sin dificultad, me la quite sin dejar de besarla, pues ahora nuestras lenguas se conocían por primera vez, avente lejos mi camisa, me pegue a ella y ambos sentimos la piel del otro, yo sentía como restregaba sus pechos cálidos contra mí, era una sensación exquisita, ella a su vez me abrazaba y arañaba la espalda en un dulce suplicio que bien estaba dispuesto a soportar.

    Mi boca fue buscando su cuello, donde no deje lugar sin reconocer, incluso hasta algunas marcas plasme en señal del paso de mi hambrienta boca, descendí hasta sus pechos, los cuales una vez más saboreaba y apretaba, ella gustosa me los ofrecía arqueando el cuerpo hacia arriba, casi rogando que no parara.

    Súbitamente me dio un empujón, el cual me hizo caer de espaldas a la cama, por un segundo no entendí que pasaba, hasta que sentí como sus manos buscaban desesperadamente quitar mi cinturón y desabrocharme el pantalón, no ofrecí resistencia alguna, en solo unos segundos nos encontrábamos en igualdad de condiciones, pues ella también se quitó en un hábil movimiento el vestido que tenía enrollado a la cintura, quise levantarme de nuevo pero me lo impidió con otro empujón, la vi a los ojos, su mirada irradiaba deseo, lujuria y pasión.

    –Ahora es mi turno Kike, te devolveré el favor –me dijo mientras me miraba de manera bastante lasciva.

    Comenzó a tocar mi miembro por encima del bóxer durante unos segundos, como esperando a que estuviera listo, debo decir que incluso antes de eso, ya estaba preparado para la batalla, inesperadamente lo saco de su cautiverio, quitando por completo la única prenda que me quedaba, para después comenzar a manipularlo con rápidos movimientos de sus manos, para después parar súbitamente a la vez que comenzaba a recorrer toda su extensión con su lengua, recorría gustosa todo el tallo, para llegar a la cabeza y envolverla con su lengua, hizo esto en repetidas ocasiones, hasta que sin decir nada, lo metió casi completo a su boca.

    En el primer instante la escuche dar un par de arcadas, pero se acostumbró rápido, realizaba movimientos rápidos al igual que lentos con la boca, procurando abarcar lo más posible y dar el máximo de placer, posteriormente sentí que una de sus manos comenzar a jugar con mis testículos, el placer que me hizo sentir era inexplicable, instintivamente coloque mis manos en su cabeza para tratar de guiarla, irónicamente, el novato era yo, pues quien marcaba el ritmo era ella, sin embargo el colocar las manos en su cabeza me daba una sensación indescriptible de control, entonces me vinieron a la mente los comentarios que a veces los compañeros de la universidad hacían sobre ella: “ha de ser porque hace muy buenos jales”, ellos lo decían al aire como una suposición, ahora yo estaba comprobando que era verdad, así que me deje llevar, mientras ella hacia lo suyo…

    Tania continuo poniendo todo su empeño en su tarea, yo por mi parte ponía todo mi empeño en evitar correrme, lo hacía tan bien, nunca había recibido un sexo oral tan grandioso como ese, a pesar de la sublime sensación que me recorría, me negaba rotundamente a acabar todo ahí, apenas estaba degustando la entrada, me faltaba el plato principal, por lo que pasados unos minutos de que ella manipulaba hábilmente mi pene con su boca y su seductora lengua, la retire bruscamente.

    Estaba al punto máximo de la lujuria, jamás me había sentido tan caliente como en ese momento, sentía que en cualquier momento podría explotar, así que sin perder tiempo la acosté en la cama, mientras mis manos buscaban sus caderas y ansiosamente le quite su tanga la cual avente a una esquina de mi cuarto, por primera vez pude apreciar su vagina sin ningún obstáculo, al natural, era hermosa, pase dos dedos de abajo hacia arriba, como explorando el terreno, descubrí que se encontraba sumamente mojada.

    Una vez más pase mis dedos en su sexo, solo para ver su reacción, observe como cerraba los ojos y soltaba un gemido de placer, verla así me dio una idea, y sin decirle nada introduje de golpe dos dedos en su vulva, los cuales entraron muy fácilmente.

    –¡Aaah!, ¡aaaah!, ¡aaaaah!, –repetía sus gritos y gemidos, mientras introducía y sacaba mis dedos dentro de ella.

    –¡Dame más! ¡No pares! ¡Quiero más! ¡Hazlo! ¡aaammm!…

    Decidí que era el momento de dejar de jugar, así que me lance por todo, separe sus piernas de golpe, ella entendió el mensaje de inmediato, la vi voltear su mirada a otro lado a la vez que abría más las piernas, me acerque a ella para ponerme en posición de asedio, coloque mi pene en la entrada de su majestuoso templo y cual general conquistador entre triunfante en lo más profundo de su intimidad, su respuesta fue bastante clara, pues sus gemidos aumentaron sobremanera.

    Continúe asaltado de manera frenética, la sensación de penetrarla era toda una experiencia, algo que no sabía de Tania, es si era virgen o no, pues con eso era muy reservada incluso conmigo, claramente sentía como su canal estrecho recibía de buena manera a mi miembro, a la vez que ella continuaba gritando, gimiendo, abrazándome, arañándome, pidiendo frenéticamente más y más, yo aumentaba el ritmo a cada segundo, sosteniendo sus piernas con mis manos y disfrutando una vez más de su cara que reflejaba placer.

    –Kike… estoy a punto… sigue… no pares… no termines dentro, ¡dámelos en la cara! –su voz llena de pasión y suplica me éxito de más así que no pude aguantar mucho, de un golpe saque mi pene de su interior para apuntarlo directo a su cara, así como ella lo había pedido, con movimientos rápidos de mi mano comencé a sentir que estaba a punto de soltar mi semilla, entonces vi que Tania se levantaba para sentarse en la cama quedando de esa manera posicionada frente a mí para recibir mi descarga en su rostro, literalmente “me dio una mano” y ella termino el trabajo, manipulando mi pene a su voluntad hasta que… me vacié por completo.

    Varios chorros de semen caliente salieron disparados hacia ella y todos dieron en el blanco, su cara termino totalmente cubierta, incluso se daba el gusto de sacar la lengua y probar lo que escurría cerca de sus labios, definitivamente ese día me di cuenta que no conocía a Tania como creía hacerlo, al final no se limpió la cara, lentamente fue recogiendo cada gota de semen que tenía en su cara con sus dedos, para llevarlo directo a su boca, hasta que no quedo nada…

    Esa actitud suya me sorprendió bastante pero a la vez me encanto, cuando acabo me abrazo con todas sus fuerzas entonces me miro un poco confundida, pero aun con rastros de un profundo deseo en su rostro.

    –Kike, fue increíble, pero no ha estado bien y lo sabes… –decía visiblemente apenada mientras evitaba mi mirada.

    –Por el momento no te preocupes por eso Tania, ha sido espectacular, pero vamos a descansar ya hablaremos después –le comenté tratando de consolarla mientras acariciaba su cabello y le daba un pequeño beso en la boca, el cual acepto con bastante vergüenza.

    No pasaron más de 10 minutos antes de que cayéramos dormidos, a la mañana siguiente cuando desperté, descubrí muy a mi pesar que Tania se había ido, lo único que pude encontrar de ella fue su tanga que estaba en una esquina de la habitación hecha bola, de la cual aún se desprendía el embriagante olor de su intimidad, habíamos tenido una noche de sexo increíble, pero estaba consciente que en primera instancia me había aprovechado de ella.

    Después de ese día, mi relación con Tania no fue la misma, todo cambio, dejamos de vernos y de hablar, aun en la universidad ella me sacaba la vuelta, yo no hice mucho por recuperar su confianza, así que no volvimos a hablar, al menos por algún tiempo, aun cuando volvimos a dirigirnos la palabra, nada fue igual, en mi interior siempre mantuve viva la esperanza de que todo volviera a ser como antes y, sobre todo, de volver a tener un encuentro intimo con ella, el cual llegaría con el tiempo, pero que les contare en otra ocasión.

  • Mi sensual clienta

    Mi sensual clienta

    No solo soy corneador, también tengo un trabajo, normal, actualmente soy vendedor de paquetes vacacionales y esta anécdota es del año pasado.

    Le vendí un viaje a una señora muy linda en su forma de ser, pero también demasiado desconfiada, la cual me dijo que me recomendaría con su hijo porque él y su esposa tenían planes de viajar por su aniversario de bodas.

    Al siguiente día recibí una llamada, era la nuera de la señora, o sea, esposa de su hijo, para que le diera una cotización e información.

    La plática fue muy amena, tardamos un buen rato por teléfono, hablando de viajes y muchas cosas más, nos integramos al Whatsapp.

    Después ya no era solo hablar de viajes, me preguntaba en los siguientes días en la mañana que hacía, como estaba, y seguíamos platicando, yo también sentía bonito platicar con ella, me gustaba esa situación.

    Ya confirmado el viaje, costos y demás, le ofrecí ir por el dinero, darle un recibo y después llevarle los boletos.

    Pero su hijo resultó más desconfiado que su mamá, porque una mañana que fui a su oficina, que por cierto la tenía en su casa, me recibió ella y me dijo que, si esperaba a su marido, que fue a traer el cheque para pagarme, y cuando regresó él, me dijo que su esposa iría conmigo a cambiar el cheque al banco y de allí por los boletos, porque ya lo habían defraudado una vez.

    Le dije que no había problema y un poco antes de subirnos al carro, me dijo de una manera hasta cierto punto amenazante, que cuidara mucho a su esposa, «yo encantado entre mí y con una sonrisa maliciosa» le dije que claro que sí.

    Y es que Lupita, así se llama, era una mujer muy guapa, sus lentes la hacían ver intelectual, su pelo rizado le daba un toque de pasión extra y su cuerpo ni se diga, piernona, buena nalga y de tetas pequeñas pero sabrosas, el tipo de mujer que me enloquece.

    Le abrí la puerta del carro al subir, y al llegar al estacionamiento del banco, le abrí la puerta para que se bajara, le tome la mano, nos miramos un instante y ambos sonreímos.

    Al cobrar el cheque y regresar al carro, de igual manera le abrí la puerta para que se subiera y allí le mire sus nalgas muy hermosas, las cuales no había visto antes porque traía una capa que la cubría un poco más abajo de sus nalgas y al subir al carro se levantó un poco la capa.

    Fuimos por los boletos, la lleve a su oficina casa, se quitó la capa y me dijo que la esperara tantito, se metió a la sala de su casa que da a la oficina, la vi por atrás y me dije, estas nalgas tienen que ser mías, pero en ese instante reflexione y me dije, «ya debo de portarme bien, no es correcto lo que hago» así que deseche esa idea, al menos por unas horas, porque cuando regrese a mi oficina y entre al Whatsapp, recibí inmediatamente un saludo de ella.

    Platicamos y me pregunto que como me había parecido ella; le dije que está muy hermosa, a sus 23 años, unos ojos hermosos, sonrisa agradable, simpática, pero sinceramente le dije: «lo que más gusto de ti, son tus nalgas, están muy hermosas», y que me manda una carita sonrojada.

    Seguimos platicando por mucho tiempo, subimos cada vez más el tono y nos pusimos de acuerdo para vernos, pero… en su casa.

    Me dijo que fuera en la mañana pues su esposo salía a hacer unas vueltas y de allí recogería a sus hijas, así tendría la mañana disponible, que, si veía un carro de x modelo, que esperara a que se fuera, y así fue, cuando llegue, allí estaba el carro en la cochera, así que me estacione a una cuadra de allí, salió su carro, le hable a ella y me dijo que ya podía llegar.

    Toque, abrió la puerta, la cerro y en seguida me abrazo y nos empezamos a besar, traía una bata, tan suave, que al besarnos y repegar mi cuerpo al de ella, se percibía su desnudez, le tome sus nalgas por encima de la bata, que rica sensación, mientras seguimos besándonos, subí su bata, tome sus nalgas, tan suaves, tan ricas que se sentían, tan calientitas, le besaba su cuello al mismo tiempo, ella repegaba sus pechos sin sostén, su vagina queriendo sentir mi pene bien parado.

    CA: ¡Estas buenísima!

    L: ¡Desde que te vi me gustaste!

    Le quite su bata, mis ojos fueron directamente a sus pechos, suaves, hermosos de verdad, le seguí besando su boca , sus oídos, en los cuales le susurraba que estaba muy hermosa y le echaba un poquito de aire caliente, le mordía sus orejas suavemente, pasaba mi lengua por su cuello , sus hombros, ella solo estremecía, daba quejidos de emoción cuando alguna caricia le gustaba mucho, tome rumbo a sus pechos, sin despegar mi lengua de su piel, me encantaron sus pezones bien paraditos, los metía a mi boca, jugaba mi lengua con ellos, pasando de un pecho a otro, riquísimo momento que estaba disfrutando.

    L: ¡Ah!!! ¡Que rico besas!

    CA: Tienes un cuerpo espectacular, ¡uhm!

    Baje por su estómago y bese sus calzones que cubrían su vagina, era un aroma delicioso, besaba sus ingles, ella se estremecía, pase mi lengua por sus muslos, sus rodillas, sus piernas, la hice voltear, metí su calzón dentro de sus nalgas y las bese, eran tan bellas, que suavidad, ¡que ricura de mujer!

    Le bajé suavemente sus calzones y vi su vagina bien depilada, la cual empecé a chupar, ella seguía parada y yo hincado entre sus piernas metiendo mi lengua en su vagina.

    L: ¡Oh!! ¡Que rico!!

    CA: ¡Tienes una concha muy sabrosa!

    Después de darle unas buenas chupadas, la casada me detuvo y me llevo al sillón.

    Se sentó, abrí sus piernas y seguí chupando su vagina, sus labios vaginales, mi lengua recorría desde abajo hacia arriba, hacia adentro, saboreaba sus jugos que llegaban a mi boca, seguía chupándole, moje con sus jugos mis dedos y empecé a acariciar su clítoris, luego metí un dedo, dos a su vagina, ¡los movía como si fueran tijeras mientras con mi lengua chupaba su clítoris en círculos!

    L: ¡Ah!!! ¡Qué maravilla, uhm!!

    En ese momento tomo mi cabeza con sus manos y la apretó al mismo tiempo con sus muslos, de tal manera que solo mi lengua era la que se movía en su clítoris y sentí como se contrajo toda y sus jugos fueron más intensos, percibiendo así un riquísimo orgasmo.

    Me pidió que le metiera mi pene, pero aún me faltaba chuparle sus nalgas de las cuales me había enamorado a primera vista, así que le hice voltear, pero no le chupe sus nalgas inmediatamente, subí hacia sus espalda, respirando en ella sin tocarla y tocando apenas con la punta de mi lengua ciertos lugares que la hacían estremecer, así estuve jugando con mi lengua subiendo y bajando por su columna vertebral, hasta llegar al inicio de sus nalgas, las bese, las chupe, y al final llegue a su ano, metí mi lengua en él, lo chupaba, que rico estar metido entre sus nalgas, chupaba a la ves su vagina, metí mis dedos , mientras mi lengua entraba en su ano, ella gritaba, gozaba!

    L: ¡Ah!!! ¡Que rico, no pares, uhm!!

    CA: ¡Que rico culito!

    L: ¡Ah, me vengo, me vengo!!

    Lupita estaba tan excitada que se vino nuevamente, un segundo orgasmo había tenido, era momento de penetrar a esa mujer casada.

    La recosté en la posición misionera, le abrí sus piernas, metí mi pene en su vagina, nos besábamos, mientras me la cogía, le chupaba sus pechos, pasaba de uno a otro, ella gritaba, era demasiado intensa, que caliente se sentía su vagina, sus jugos escurrían, era delicioso, y de tanto movimiento, un juguete de sus hijas cayo y son de esos que dicen frases, solo reímos pues nos sacó de onda.

    L: ¡Ah, que rica verga, uhm!!

    CA: ¡Aprietas maravilloso, uhm!

    La cambie de posición, se sentó en mi pene, ella frente a mí, que rico es abrazarla mientras me la cogía, pues sus pechos quedaban en mi cara, gritaba, gemía, ¡yo gozaba cada instante!

    CA: ¡Que rico, uhm, ah!!

    L: Papacito, uhm, ¡hace tiempo no me cogían tan rico!

    CA: ¡Que suerte encontrarnos!

    L: ¡Ah!! ¡Si mi marido llegara!!

    No importaba si llegara su esposo, ese momento era único, especial, incomparable, y de pronto, una llamada a su radio de su cuñada, y yo entre mí «que poca manera de interrumpir» ella hablando con su cuñada, sentada con mi verga dentro de su vagina, yo chupando sus pechos.

    La puse en cuatro, sus nalgas se veían magnificas y los fluidos que escurrían de su concha me prendían más.

    L: Métemela, ¡apúrate!

    CA: ¿La quieres toda?

    L: Si, por favor, ¡cógeme!

    CA: ¡Me encantas!

    La tomé de su cintura y empecé a penétrala con rapidez, me movía como toro, me daba de nalgadas y le jalaba su hermoso cabello rizado.

    L: ¡Oh!! ¡Que rico, uhm!

    CA: ¡Uhm!! Tómala, uhm!!

    Ella se movía en círculos, i verga estaba toda dentro, ella se estremecía, babeaba, yo le apretaba su clítoris para darle doble placer, Lupita solo gritaba, fue entonces que ya no aguantamos más y empecé a venirme dentro de su coño y ella tuvo su tercer orgasmo.

    L: ¡Que rico!! ¡Dame tu leche, uhm!!

    CA: ¡Oh!! ¡Eres la mejor!

    No me dio tiempo ni de respirar, me vestí rápido, nos dimos un sensual beso y ella en bata me acompaño a la puerta, justo ahí estaba su suegra quien nos miró sospechando, pero le dije que había traído algunos documentos.

    Hasta la fecha me escribo con ella y a veces tengo la dicha de cogérmela rico, tuvo un hijo, no sé si es mío o no, pero eso no nos ha impedido seguir siendo amantes.

    CORNEADOR ANÓNIMO.

  • El sirviente

    El sirviente

    Lo primero que quería hacer, era presentarme para que conozcáis un poco de mi historia. Me llamo Lucas, tengo treinta años, con un cuerpo bien definido, y mido uno con ochenta. Quizás para muchos no sea muy alto, pero a mi ama le sacaba quince centímetros, lo que hacía que me sintiera más sometido a ella, de lo que ya estaba.

    Era un abogado en un pequeño bufete antes de conocerla, y la verdad que considero que la conocí en el momento oportuno, ya que llegó cuando el bufete quebró, y su oferta me pareció un bote salvavidas. Me ofreció ser su sumiso, vivir con ella, servirla 24/7, y yo que era sumiso, sin dudarlo lo acepté. Quizás penséis que soy un aprovechado, al principio también lo creía yo, pero ahora, vivo para ella y por ella, no podría concebir una vida sin ella, había nacido para servirla en cuerpo y alma.

    Y es ese momento el que hoy nos trae aquí, mi Ama Marta está a punto de volver del trabajo, sé que siempre vuelve bastante cansada y yo solo he de relajarla, pero hoy me había dejado un mensaje en el móvil, diciéndome que tenía que prepararla un baño relajante, su ropa de domina sobre la cama, y yo estar en posición en la mazmorra. No podía hacer ningún error, o si no sabía que tendría un castigo muy severo por su parte.

    Ya llevábamos mucho tiempo juntos, sabíamos lo que el otro necesitaba, y como había que hacer las cosas. Yo era el sirviente personal de mi Ama, limpiaba, hacia las comidas, etc., y además luego era su perra para lo que ella quisiera. Le gustaba humillarme de todas las maneras posibles, y me tenía atado muy en corto, no vaya a ser que me escape, aunque no querría eso ni muerto.

    Preparé la bañera con agua caliente y unas sales relajantes, la dejé el albornoz apoyado en uno de los laterales, y en la cama dejé su corsé favorito, uno granate de cuerdas con un bonito escote corazón, unas medias largas y trasparentes con un tono negro, que adornarían su bellos pies y sus bonitas piernas, unos zapatos altos de tacón a juego con el corsé, y una pequeña falda negra. Hoy me sentía algo pícaro, por lo que no la dejé el tanga que mejor le iría con ese atuendo.

    Bajé a la mazmorra, abrí la puerta y me puse en posición, recolocando bien mi collar, y ofreciendo la correa que iba enganchada a él. La espera se me estaba haciendo algo larga, pero de repente oí como la puerta de la casa se abría y se cerraba, provocado que sintiera espasmos en mi polla, que me dolía al chocar contra la jaula que la contenía. Necesitaba que mi Ama me diese alivio, llevaba un mes sin dejar correrme, aunque bien merecido lo tenía, fue un castigo totalmente justo.

    Oía como paseaba por la casa, supongo que viendo y evaluando todo lo que había hecho durante el día, porque si no había hecho suficiente o no estaba todo perfecto, me llevaría mi castigo, ya que mi ama no quiere un holgazán en casa. Ahora sabía que venía hacia mí, había llegado mi hora y la polla me estaba matando, no podía aguantarme.

    M: Hola perra, se nota que hoy estás juguetón, me gusta, pero sabes que tus juegos tienen consecuencias, y hoy me apetece torturarte y humillarte. Levanta y ponte en la silla, ahora puta.

    Sin tardar me levanté, y me senté en la silla, a la espera del siguiente movimiento de mi Ama. Se acercó a mí, y ató con muñequeras mis muñecas y mis tobillos a los reposabrazos y patas de las sillas. Estaba impaciente, la adoraba a ella y a todo lo que me hacía, soy suyo. Se acercó a la jaula de mi polla, la cual golpeó varias veces con la mano, dándome oleadas de dolor por la compresión de la polla, que provocaron un gemido teñido de dolor.

    Sacó una llave de su corsé y abrió la jaula, ¡por fin mi polla era libre! Estaba dolorida, pero ahora ya no me dolería por esa opresión que le proporcionaba la jaula. Mi Ama se separó, fue a la estantería y cogió un gel que me extendió por toda la polla, yo estaba muy necesitado, así que enseguida se me puso duro como una piedra, siendo entonces cuando mi Ama se apartó. Dejó el bote de donde lo había cogido, y cogió una mordaza con forma de bocado, que me puso en la boca, supuse que sería para acallar mis gritos, pero no sabía que tendría otra función.

    Cogió un palito metálico bastante largo y con cuidado lo metió por mi orificio de la orina, era extraño y algo doloroso, pero por ella aguantaría cualquier cosa. Puso un par de pinzas que tenían un cable sujeto a cada una, y cogió una especie de máquina, a la cual estaba sujetos los cables, ¿qué pretendía hacer?

    M: Has sido malo, por ello aquí tienes tu castigo cerda. –Ahí descubrí para que servía todo aquello que me había puesto-.

    Sentí la primera corriente eléctrica, era bastante suave y soportable, hasta me gustó, pero las siguientes corrientes no se andaban con miramientos. Apretaba con fuerza la mordaza, y los espasmos de dolor, hacían que mi cuerpo saltase en la silla, mi mente solo podía pensar en mi Ama, así que abrí los ojos que había cerrado por el dolor, y la vi disfrutando, vi cómo se relamía esos preciosos labios que tenía.

    En ese momento mi chip cambió, ella estaba disfrutando y si ella lo hacía yo también, aunque las corrientes era un castigo por mi falta a la hora de no ponerle el tanga. De pronto las corrientes pararon, y abrí los ojos de nuevo al sentir como ese palo salía de mi polla. Estaba sudando por el esfuerzo, pero mi Ama tenía una sonrisa de oreja a oreja, así que ese dolor había merecido la pena. Además para mi sorpresa, mi polla seguía estando como una estaca de dura, ¿en el fondo me había gustado?

    Me desató de la silla, y me sujetó de las muñecas a unas cadenas que colgaban del techo, apenas podía apoyar las puntas de los pies. Mi Ama cogió la mordaza y la cambió por una que dejaba totalmente mi boca abierta, y con una vara empezó a azotar todo mi cuerpo.

    M: Eres una puta, una cerda que sólo sirve para servirme. Las zorras como tú, necesitan una mujer que les meta en vereda. Eres una perra en celo, cachondo todo el día como los animales, como las guarras.

    L: Sí Ama.

    M: ¿Quién te ha permitido hablar puta? –Sentí como los varazos se incrementaban y eran más fuertes, ¡escocían!

    Cuando creyó que tenía la piel lo suficientemente roja, desató mis manos y me tumbó en el suelo, que al estar frío calmaba los varazos, pero el roce contra el suelo hacía que ese alivio durase poco. Quitó la mordaza y me puso una que estaba conectada a un tubo, y que me obligaba a tragar todo lo que por él metiesen.

    Puso unas pinzas en los pezones, y a mi polla la metió en un tubo que no paraba de succionarla, y me estaba dando un placer increíble, ya apenas pensaba en el dolor que la vara me había producido.

    M: Perra más te vale no correrte, o seguirás con otro castigo, y será algo que no soportas, así que cuidadín puta.

    Estaba poniendo todo mi esfuerzo en no correrme, pero la verdad es que me estaba costando lograrlo, llevaba un mes sin correrme, necesitaba eso tanto como el aire, pero no quería decepcionar a mi Ama. Se puso donde el tubo que daba a mi boca, se lo acercó a su coño, y meó ahí dentro, haciéndome tragar toda su orina, me encantaba hacer de váter para ella, la servía al cien por cien, y en ese aspecto no iba a ser menos.

    El momento más temido llegó, sin poder controlarlo me corí como la puta que soy, soy una cerda que no puede controlarse. Necesito que mi Ama me castigue por mi falta, soy una maldita perra. Mi Ama vio como me corría, me quitó la máquina de la polla y comprobó que todavía estaba dura.

    M: Serás cerda, ahora vas a ver tu castigo, por puta. José entra. –No podía ser, ¿había traído a otro hombre?-. Quiero que mees en la boca de esta puta perra, que no sabe controlarse.

    El hombre sin hacerse esperar, se sacó la polla y orinó en el tubo, lo cual hizo revolverme, pero mi Ama me tenía atado, por lo que no me quedó más remedio que tragarlo. Cuando mi Ama comprobó que ya no quedaba orina en el tubo me lo quitó y me colocó a cuatro patas sobre el suelo, pero enganchándome a unos tubos para que no pudiera moverme. Hizo una seña a aquél hombre para que se pusiera en mi cara, bueno, más bien su polla.

    M: A pesar de correrte, eres tan puta que sigues cachondo, te gusta esto ¿verdad? Eres una cerda, mi cerda. Vas a chuparle la polla a mi amigo, y te tragaras todo su semen. –Me propinó un buen guantazo-. ¿Ha quedado claro?

    L: Sí Ama.

    M: Pues no sé a qué estás esperando puta.

    Sin esperar más, me metí la polla de aquel hombre en la boca, y se la chupaba como hacía con el estrapón y los dildos que tenía mi Ama. Tenía un sabor asqueroso, no me gustaba nada, pero mi Ama así lo quería, y lo iba a cumplir. Mientras chupaba aquella polla, sentí como la mano de mi Ama se abría paso por mi esfínter para entrar en mi culo, ya lo había hecho antes, pero esa vez, se podía notar la brusquedad de sus movimientos, y a pesar de eso, lo estaba disfrutando, mi polla estaba a punto de explotar.

    Sin esperar mucho más, metió su mano hasta el fondo, tenía hasta casi el codo metido en el culo, y no paraba de moverse, y mis gemidos eran ahogados por la polla que tenía hasta mi garganta. Abría y cerraba la mano, me estaba dando un placer infinito, pero cuando iba a correrme, sacó su mano de mí. Se podían oír mis gimoteos, pero un azote en mi culo dolorido, los acalló de golpe. Noté como un strapón gigante entraba dentro de mí y me perforaba con fuerza, lo que hizo que apretara más mis labios, y aquel hombre se corriera en mi boca.

    Me tragué todo su semen, aunque no me disgustó demasiado, lo viví como un calvario, el tener que tragar semen de otro hombre, yo sólo quería a mi Ama, solo servía para ella. Las embestidas en mi culo continuaban a buen ritmo, pero cuando volvía a llegar al clímax, mi Ama paraba. Entonces me quitó las ataduras y me tumbó de nuevo en el suelo, no sin antes haber besado y lamido bien sus pies.

    Estando boca arriba, y con la polla bien dura, se sentó encima de mi cara, por lo que sin tardar, le comí el coño y el culo cuando ella movía sus caderas. Se corrió en mi cara, tragando todos sus flujos. Se levantó, y se sentó sobre mi polla, ensartándosela hasta el fondo, produciendo que yo me corriera como la puta que soy, pero ella consiguió sacármela a tiempo para que todo el semen cayera en el suelo, que tirando de mi collar, hizo que me pusiera frente a él.

    M: Puta, ya sabes que no puedes dejar nada sucio, así que limpia como las perras saben hacerlo. –Lamí todo mi semen, ya estaba muy acostumbrado, hasta me gustaba esa humillación-. Ahora dormirás aquí, y mañana veremos si te saco cerda. Para evitar que te comportes como la guarra que eres, te pondré la jaula de nuevo.

    Cuando acabé de limpiar todo mi semen, me colocó la jaula en mi polla, me llevó a una pared, y allí encadenó mi cuello a ella. Sin girarse se marchó por la puerta, dejándome a oscuras completamente, así que me quedé dormido.

  • Mi prima se viste de novia (Capítulo 21)

    Mi prima se viste de novia (Capítulo 21)

    -¡Felicitaciones, pendeja! –Dijo mi prima, cuando los ceros terminaron de aparecer en su mente.- ¡Ganaste! –Continuó.- ¡Ya sos una experta identificando lenguas con la cajeta! –Tiró después, mientras la rubiecita celebraba, todavía entre gemidos.- ¡La cola recién hecha, la concha toda chupada y la guasca digiriéndose en la pancita tenés ya!-agregó al final. Mirando al papá y sentándose al lado de la cara vendada de Lihuén.

    La pibita volvió a celebrar con un “Bieeenn” que me rozó el alma de la ternura. Su padre, en cambio, no podía soltar, ni por un segundo, el pito parado.

    Julia volvió a arrodillarse en el piso, esta vez para dejar su boca pegada a la oreja de la nena.

    -Llegó la hora de hacer otro juego.-le susurró al oído, siempre mirando al tipo.-Vamos a usar la imaginación ahora. Consentrate bien, porque para que Rodri te rompa la conchita, vas a tener que ganar éste. –le explicó luego.

    Aunque quería hacerla asustar un poco, la rubia sólo se excitó más. Tantos lengüetazos que había recibido en el clítoris, sin duda alguna, la habían dejado, otra vez, a punto caramelo. Respondió solamente con un “sí”, con el mismo tono de voz que había usado cuando tenía la pija en la cola.

    -Contame tu deseo más oscuro. -le exigió al rato. Le regaló también un beso en la mejilla, tan sensual que Lihuén volvió a gemir.– ¿Te calienta algún profe de la universidad? ¿El director? ¿Te gustaría chuparle la pija al profesor de matemáticas, para aprobar el examen tan difícil? -le preguntó ahora.

    La rubia sólo respiraba con esfuerzo, tan excitada que contagiaba.

    -¡Contestame! –Gritó Julia, al ver que la piba sólo suspiraba.– Yo le trago la leche a mi primo. Su puta personal del culo soy. El orto rojo tengo de tanta pija indebida. Podes contarme, sin vergüenza alguna. –le explicó luego, con más calma en la voz.– Que acá nadie te va a juzgar.

    -Sí. Me gustaría. –respondió al final, suspirando cada vez más fuerte.– Me gustaría chuparle la pija al profesor de matemáticas.

    -¿Y en la facu? ¿Vas a mamarle el pito al profe nuevo? Aunque sea viejito, te pone buena nota, dice. –preguntó ahora, simulando preguntarle a alguien que no estaba, como ya sabía yo que tanto le gustaba.– Dice el profe que si le sacas la chele con la boca, te pone un cuatro. Pero lo tenés que mirar como una putita mientras él te toca las tetas. Sino no.

    -Sí. –Volvió a decir.– Por un cuatro entrego hasta el culo, profe. –Contestó, ahora hasta imaginándolo.– Pongo el culo y le chupo el pito, pero no me desapruebe, por favor.

    El padre estaba que se moría. Se soltaba la pija solamente para no acabar. No podía creer lo que escuchaba de la boca de su propia hija. La nena era flor de trola. Flor de puta le había salido la pendeja. Petera, culoroto y tragaleche. Y todavía, encima, era virgen. Y en vez de ofenderse, él estaba caliente a más no poder.

    -¿Me quiere tocar la cola o solo las tetas, profe? –preguntó luego la piba.– O le muestro un poco la bombacha si prefiere. Pero no me desapruebe, que estudie mucho. Por favor.

    Y yo también explotaba de la calentura, no puedo negarlo. Pero más por Julia que por la rubiecita. Era verdad que ya había visto a mi prima trabajando. La había visto laburar de puta cara. Pero nunca en su verdadera profesión, y allí, Julia, parecía tenerla atada. Manejaba la psicología a su antojo, parecía que sus técnicas de psicoanálisis le harían parar el pito hasta al propio Freud.

    Verla ejercer, era como ver correr a Bolt, o un tiro libre de Riquelme, o ver pintar a Da Vinci. Era un verdadero espectáculo. Tanto, que los dos hombres reales de la habitación, sentíamos un poco de envidia del profesor imaginario.

    -¿Y la concha? ¿Quién querés que te toque la concha? –Preguntó Julia después, al notar que la pendeja se moría por masturbarse y acabar.-¿Quién se merece más que nadie manosearte un poquito la concha?

    -Por un siete, profe. –dijo al rato. Fascinada por el juego.– Por un siete le dejo que me meta un dedito –aclaró.

    Lihuén había logrado frotarse, aunque sea a penas, el clítoris con sus propios muslos. Cerraba las piernas para apretarse la conchita que ya había enchastrado el colchón. El padre sólo escuchaba y se pajeaba con cuidado.

    -La concha es importante, pendeja. Quiero otro deseo peor. –la retó.– Quiero un deseo más oscuro. De alguien que valga la pena el morbo para toquetearte la concha. –insistió ahora para manipularla sin escrúpulos.– ¿Tenés un primo, como yo, que te quiera tocar la conchita? ¿Un hermano pajero? ¿O el tío borracho?

    Las dos o tres respiraciones profundas que Lihuén había dado para dejarse llevar un poco más, sólo desparramaban kerosene a nuestras mentes. El infierno volvía a abrirnos las puertas, mientras el olor a jugo de almeja ahora era dueño del cuarto entero.

    -Mi papá. –dijo al fin, un poco en transe y casi llorando, sin pensar demasiado.- Mi papá es un pajero. Siempre me mira la concha. –Volvió a repetir.- La cola es del profe, pero la conchita es de papá.

    Julia la tomó de las mejillas y le ofreció un beso en la boca, como recompensa. Verlas apretándose, buscarse y chuparse las lenguas entre las carnes aplastadas de sus labios rosados, parecían fuegos artificiales en mis testículos. Pero, para serles honestos, el simple hecho de oír su juego empañaba la importancia de la visión.

    -¿Papá te mira la concha? –preguntó luego mi prima, para volver al tema.- ¿Y vos? ¿Le miras el pito a tu papá?

    -Sí. –respondió, tras dos o tres segundos de agitación.– Le miro el pito cuando pienso que se hizo una paja pensando en mí. O en mis bombachas. –Agregó luego.- Siempre busco semen en las bombachas, para sacarme la duda.

    -¡Pero que pajero es tu papá! –exclamó al instante. Siempre, pero siempre, mirando al tipo.– Le deberías chupar la pija algún día, así se deja de joder.

    -Sí. –Volvió a responder.- Total ya aprendí. –dijo luego, sin siquiera esforzarse por disimular un poco de orgullo.- Y tragar la leche también sé. -agregó al final, con todavía más orgullo que antes.

    El hombre ahora fue tornando, de a poco, el color rojizo de su rostro por uno más pálido. Pero incluso con esa sensación de haber sido descubierto haciendo cosas inmorales, no se le iba la calentura que le provocaba las palabras de su hija. Porque incluso sabiendo que su hija tenía una leve idea de cuáles eran sus secretos y perversiones, parecía haber encontrado algo de aceptación.

    Mi prima jugaba tan bien a este nuevo juego, que el viejo hasta se olvidaba que era solo eso: un juego. En todo el torbellino de sensaciones que podía yo imaginarme que le recorrían el pito y el cerebro, hasta tuve miedo de que le dé un infarto.

    -Mira cómo tenés la almeja, bonita. -le dijo después.

    Ahora no pudo contenerse de ofrecerse una recompensa a ella misma. Acomodó su cabeza en la entrepierna de la rubia y le lengüeteó la empanada un par de veces. La piba tenía todas las piernas mojadas y el simple roce de su clítoris con la lengua de Julia, la hizo retorcer del placer.

    -Toda jugosa tenés la concha. Tomá, probá. –le dijo ahora, dándole otro beso para que la pendeja le sienta el sabor salado que le había dejado en los labios.– Si tu papá te ve así, te la va a querer romper él. Dice que te compra un auto si te bancas el pito en la conchita un rato.

    El estado mental de Lihuén sólo parecía empeorar y empeorar. Julia la había llevado a un nivel de morbosidad que la volvía loca. Gemía como si le estaría haciendo el culo de nuevo y apretaba los muslos cada vez más exageradamente.

    -Sí. Sí. –pudo decir a penas.-Que me la rompa papá. Papi, haceme la concha.– gritó luego.

    El viejo casi pega un salto. Con la torpeza que sólo había visto en los programas de “El Chavo del 8”, sacó un forro del bolsillo del pantalón que tenía en los tobillos, casi cayéndose y haciendo malabares con el celular que tenía en las manos, para que no se le vaya al piso. Y nos hizo sonreír a ambos casi al mismo tiempo. Como si lo habríamos ensayado por horas con Julia, nuestros labios se estiraron en nuestras caras casi coreográficamente.

    Dos millones de dólares nos eran más que suficientes para largar todo. Dejar nuestras vidas para vivir plenamente en el incesto que tan locos nos había vuelto. Dejar el trabajo pasaba de ser un problema a ser una obligación, con dos palos verdes en nuestras cuentas bancarias. Para elegir el lugar, sólo deberíamos girar un globo terráqueo y comprarnos la mejor casa en donde caiga nuestro dedo. Y el resto de nuestra familia y amigos, que decirles. Nos irían a visitar, si tenían ganas. Y sino, a quién le importaba.

    -Papi, quiero pija.-repetía Lihuén. –Pone la pija rápido, que no doy más.

    Pero teníamos dos grandes problemas aún. Por un lado Julia estaba enamorada de otro. Y aunque Fabián se había mandado flor de cagada, el corazón de mi prima no sabía aplicar muy bien la ciencia de su cabeza. Y al verlo bien vestido, bailando con otras mujeres, casi superándola por completo, Julia comenzaba a perdonarlo. Porque ella también se había divertido mientras tanto, hasta el culo le había costado, al pelotudo, su travesura. Pero perderlo definitivamente le mostraba en la cara el amor, que ya ni se atrevía a negar que sentía.

    No le molestaba tanto el pensar su vida sin él. Pero le apuñalaba la autoestima cuando imaginaba la vida de él sin ella.

    Y por otro lado estaba el problema de la conciencia. Los dos sabíamos que lo que habíamos hecho con Lihuén, era un abuso. Si bien había aceptado a sacarse fotos, nunca consintió que se las enviásemos a su padre. Y mucho menos a que la vea en esa situación. Sabíamos también que ya habíamos cruzado la línea de lo moral, pero esto iba mucho más allá.

    La rubia gemía, ahora, como si estuviese por llegar al orgasmo, sólo por lo que Julia había hecho con su mente. El padre en cambio, se puso el forro y amagó con acercarse a la cama para desvirgar a su hija. Pero mi prima lo frenó de la única forma posible que podía existir.

    Tomó los pañuelos que la piba tenía en los ojos y amenazó con quitárselos. El pito del viejo pareció recibir un hachazo, porque se le achicó de golpe. A mí sólo se me ocurrió pensar a dónde carajos había ido toda esa sangre acumulada, porque su cara también estaba blanca.

    Julia movió la cabeza de un lado a otro, tan lento que no completaba más el recorrido. Y por primera vez quitó la mirada del viejo para mirarme a mí.

    -Llegó la hora de probar la pija por la concha. –le dijo a la piba.– Esta pija te va a hacer olvidar para siempre la de tu papá. -agregó luego, como dándole el alta a un paciente. Y para dejarle bien en claro, al tipo, la diferencia entre una fantasía y la realidad.

    Cuando tomé su lugar, el viejo comenzó a llorar. Y a pedir por favor que no, moviendo los labios. Si había algo que me faltaba para estallar de calentura, era saber que me iba a desvirgar a una chica enfrente de su papá.

    Me agaché a darle un beso por última vez a la vagina completa y me empapé la cara con el jugo que salía sin parar.

    -Te va a doler un poquito. –le dije cuando apoyé la punta entre sus labios vaginales. La tomé de las rodillas y le abrí las piernas para disfrutar mejor de la vista- La tenés muy cerradita. –agregué luego, para hacer sufrir un poco más al papá que seguía pidiendo desesperado por favor que no. Que no rompa su tesoro.

    Cuando el glande comenzó a presionar sobre el himen de la nena, sentí el primer hilo de sangre. Lihuén dio un grito de dolor al sentir que la verga ahora quería romperle la telita del todo.

    El padre amagó con retirarse, porque no podía ver ni un segundo más. De tanto sufrimiento que le provocaba su propio morbo, el pene parecía haber desaparecido de su cuerpo, incluso el forro que tenía puesto terminó en el suelo, sin necesidad de tocarlo. Pero mi prima volvió a amenazar con quitarle la venda a la hija. Él también necesitaba ver cómo le hacían la concha. Y si le dolía, se la tenía que bancar, porque eso había deseado.

    -Ay. Ayy. Ayyy. –Gritaba.– Me duele. Despacio. Por favor. Despacio, que me duele. Ay. Ayy. –suplicaba.– Pero no pares. -exigía después.

    Las paredes de su vagina finalmente abrazaron la pija entera y el calor virginal comenzó, de a poco, a diluirse. Entre los espasmos y la sangre de la conchita hermosa que estaba estrenando, los gemidos y quejidos de la rubiecita, mezclado con algún que otro grito de dolor, y encima el llanto que forzosamente intentaba tapar su padre a mis espaldas, me volvieron loco por completo. Pero no acabé.

    Simplemente, seguí cogiéndome a la pendeja con más y más fuerza. El recorrido de mi verga en su interior era un resbaladizo ir y venir, sobre un camino cada vez más limpio, acompañado por un tambaleo de las tetas de la piba que me hacía delirar. Le metía y le sacaba la pija cada vez más fácil, al mismo tiempo que la rubia dejaba sus temores atrás. Y disfrutaba cada vez más de la putita que tenía por delante.

    Mi cuerpo entero estaba experimentando una sensación extremadamente placentera. Eso que estaba viviendo y respirando, también era incesto. Era la fantasía incestuosa de alguien más. Pero también era incesto. Esa norma social que se había vuelto mi peor enemiga y que ya había vencido mil veces, cuando superó la barrera del consentimiento.

    Como dándome la razón, mi prima se masturbaba al lado. Todavía con una mano en los pañuelos que vendaban los ojos de Lihuén y la otra en la concha. Siempre mirando al padre, a quién no dejaba ni apartar la mirada un solo centímetro de la vagina chorreante de su hija, que cada vez recibía pija con más y más experiencia.

    Esperé a que Lihuén tenga su orgasmo, a que lo deje salir de su alma con toda libertad, como a un fantasma representando a su inocencia que se iba para siempre. Y cuando lo hizo, se la clavé más al fondo. Más y más al fondo, para no dejarle ni un milímetro de su sexo sin pija. Y luego se la dejé quieta, para que el nuevo agujero que tenía su cuerpo se acomode y se amolde, todavía más, a mis contornos y ella me sienta bien adentro suyo. Así inmóvil y sin respirar del todo bien, le acabe en la concha. Era tanta la excitación, que en cada eyaculación parecía tener un orgasmo más intenso.

    A esta altura, mi prima sólo tenía que hacer un mínimo gesto para que le entienda un manual entero de instrucciones. Nuestras mentes parecían hacer, literalmente, un acto de magia. Creo que esta vez sólo levantó a penas el dedo meñique, para que sepa que quería intercambiar lugares. Y con sólo pestañar supe que quería que le dé la leche del forro a la pendeja, para que el papá viera como saboreaba la guasca. Para que sepa que en alta tragaleche le habíamos convertido a la nena.

    Antes de moverse, le sacó una foto al tipo mirando a la pibita, con el pantalón y los calzoncillos en el suelo y el pene fláccido. La sacó para tenerla como una garantía, sólo por las dudas. Y también para humillarlo un poco más.

    -Abrí la boquita, que te suelto la leche para que la comas. –le dije ya con el forro preparado y los pañuelos en la otra mano. Para que al padre ni se le ocurra cerrar los ojos o apartar la vista de la cara de su hija.

    Lihuén lo hizo al instante. Abrió la boca bien grande y sacó la lengua. Y volvió a gemir desesperada cuando la sintió caer, hasta percibir su paladar lleno de semen. Luego la cerró y saboreó del néctar tibio de mis testículos, como Julia le había enseñado. Finalmente la trago y pudo hablar.

    -Me gusta la leche. –dijo simplemente. Y lo volvió a repetir, porque hasta a ella le sorprendía que apenas un tiempito atrás, le daba asco.

    Cuando mi prima la escuchó, volvió a excitarse. Esta vez tenía el oasis para saciar su sed, ahí nomás. Y no dudó en mandarse a chuparle la almejita, otra vez. A llenarse la boca, nuevamente, del flujo de la piba, esta vez mezclado con los restos de la sangre virginal que no se había secado y permanecía ensuciándole hasta los pelos de la concha. Mamó y mamó, hasta que la pendeja volvió a acabar. Y cuando lo hizo, le metió dos dedos y al ratito los saco sucios y empapados. Al ponerse de pie, se los ofreció al papá.

    Como una ofrenda de paz, o una tortura extra. Hasta el día de hoy me resulta complicado decidir cuál de las dos sensaciones recorrieron la psiquis del tipo. Pero sea como fuere, el viejo abrió la boca y sin dudar le chupó los dedos a mi prima para, aunque sea, sentir, a penas, el sabor tan prohibido de su hija. Se mantuvo lamiendo y llorando por un ratito. Hasta que mi prima vio que el pene le empezaba a crecer y le hizo señas de que se vista y se vaya.

    Bastante había aguantado ya la piba con los ojos vendados, y ya era hora de dejarla ver de nuevo. El hombre lo hizo velozmente. Y se fue agradeciéndonos con las manos, como si además de ser brasilero y hablar español, también tuviese cultura japonesa. Tampoco pude saber con seguridad qué nos agradeció en concreto, pero poco importaba ya.

    “El trabajo queda concluido. Sepa, sin embargo, que seguiremos en contacto con Lihuén. Si vuelve a ponerle las manos encima sin su consentimiento, volverá a saber de nosotros.” le escribió bajo la foto que mando esta vez, luego de cerrar la puerta que lo dejaba definitivamente afuera.

    Cuando Julia le quitó los pañuelos de los ojos, Lihuén volvió a suspirar. Todavía sin creer del todo la experiencia que había tenido. Al igual que nosotros. Pero, claro está, no sólo la de aquella noche.

    Nos acomodamos los tres en la cama y nos metimos mano un rato más. Manosearnos y besarnos, era para lo único que nos había dejado fuerzas semejante garchada. Hasta que finalmente nos dormimos. Cada uno con sus excusas, motivo y justificaciones, sabía que al otro día ya no seríamos del todo los mismos. Y nos llenaba de placer.

    Cuando volví a despertarme, ya era de día. La pibita ya estaba despierta y hablaba con Julia, quién trataba de tranquilizarla porque se le había pasado el tiempo como un chasquido de dedos y no sabía qué le iba a decir a su padre, si le preguntaba. Esta vez, el más práctico de todos fui yo.

    -Decile que estuviste en el casino. -le aconsejé.- Y que ganaste todo esto, que te va a servir para arrancar la facultad. –agregué luego, dándole las diez fichas de diez mil dólares que se había olvidado su padre.

    La rubiecita se negó a aceptarlas, diciendo que era mucho dinero. Yo le insistí, en cambio, que lo tomase. Le dije que ella lo iba a necesitar más que nosotros. Que no importaba si su padre tenía dinero o no, que le iban a venir bien para empezar a hacer su propia vida. Y que lo tome como un regalo de los amigos nuevos que se había hecho en el barco. Y con un fuerte abrazo la despedimos. Deseando, los tres, realmente volver a vernos algún día. Aunque sea para tomar un café. Con o sin leche.

    Julia se fue a bañar, y como aquella noche en mi departamento, donde no tenía bombacha limpia para ponerse, salió de golpe apenas escuché el sonido de la ducha. Se apoyó en mi pecho e hizo puchero, cuando le besé la frente.

    -¿Qué vamos a hacer, Rodri? –Me preguntó con una melancolía en la voz que me erizaba la piel.– Mañana llegamos a Argentina. ¿Qué mierda vamos a hacer, Ro? –me preguntó después, haciendo fuerza para no llorar.

    ¡Y qué mierda iba yo a saber! Si ni siquiera lo había aceptado del todo.

    Sus palabras me habían golpeado el pecho hasta dejarme sin aliento. Tuve en ese momento un escalofrío que se adueñó enteramente de mí.

    Eso que sentí, queridos amigos y queridas amigas, era tristeza.

    La tristeza más cruda que pude sentir en mi ser. Sentía, incluso, que ni llorar serviría de algo. Porque bien en el fondo sabía que apenas llegásemos a Buenos Aires, Julia volvería a ser solamente mi prima. Y aunque me desesperaba encontrar una solución, de tanta ansiedad, no lo lograba.

    Sabía a ciencia cierta que una vez que le plantease claramente las opciones que había, ella terminaría por elegir a Fabián. No importaba cuánto lo pensemos, ni de cuantas formas quisiésemos plantear el dilema. Siempre llegaríamos a tener que tomar una sencilla decisión: era Fabián o yo. Y la encargada de elegir sería ella. Y no iba a ser capaz de ignorar al amor de su vida.

    En ese momento fue tanto mi miedo, que me arrepentí profundamente de todo lo que había pensado antes. En creerme noble, o un héroe de cuarta, por priorizar al amor. Me sentí un estúpido, por no haberme dejado la decisión a mí. Haberle cedido, prácticamente, ese poder a ella, me había destrozado. Y era mi culpa. Era tristeza absoluta.

    Una a una enumeré en mi mente las oportunidades que había dejado pasar para vivir, por siempre, envuelto en ese incesto tan seductor. Que tanto me había llenado la vida. Y también la de ella.

    ¿Por qué mierda di por sentado que nunca podría olvidarse de su novio, su casi futuro esposo, que la había engañado tan torpemente? Del pelotudo que sólo debería haberme invitado a su fiesta de despedida de soltero para evitar un libro entero sobre cómo se culearon a su prometida.

    ¿Por qué mierda puse entre nosotros a nuestros trabajos, nuestros amigos y familiares? Si no me importaban en lo más mínimo. Si sólo ella era lo importante.

    Y la peor de todas: ¿Por qué carajos nunca me creí capaz de hacerla feliz? Si la excusa era su felicidad, que realmente tanto deseaba: ¿por qué nunca me creí capaz de hacerla feliz yo mismo?

    -Es tu decisión, July. –Dije al fin.– Podemos darle mil vueltas más, pero es Fabián o yo. –aclaré al rato.

    Julia se echó a llorar más fuerte. Siempre oír las cosas que lastiman van a sorprendernos, por más que tan bien creamos que las sabíamos.

    -Ya lo sé. –respondió todavía con su cara en mi pecho.

    Y esta vez, el silencio sólo se interrumpía por el ruido lejano del mar chocando contra las paredes de metal de un barco que nos devolvía. Parecía que podía hasta escuchar las lágrimas de Julia chocar contra el piso, cada vez que una gota se perdía en la alfombra del cuarto. Incluso las risas, las bromas y los festejos del resto de los pasajeros me molestaban un poco, imaginándolos de fondo.

    -Ya lo sé. –repitió al ratito, con una respiración profunda entre cada palabra. Llorando como tanto me disgustaba.- Ya lo sé. Pero no puedo. -dijo un minuto después.– Decidí vos, Rodri. Que yo no puedo. ¡Por favor, decidí vos, que yo no puedo! –me gritó al final, como si yo sí pudiese. Como si yo sí quisiese.

    Continuará…

    Ya sólo queda el capítulo final y el epílogo de esta larga historia, que se publicará en estos días. Muchas gracias a todos los que leyeron y valoraron esta novela. Y pido disculpas si a alguno le molestó que haya publicado un relato tan largo.

    Para los que quieran saber más de esta serie, pueden seguirme en mi cuenta de Instagram @psyexa.