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  • Noche de juegos

    Noche de juegos

    Cuando llega la noche y la luna asoma, es el momento de liberar las bestias… llegó la hora de los demonios.

    Devota a mi, me esperas para tu limpieza, sabes que para sesionar me gusta asearte. Te quito una a la vez cada una de tus prendas, lento, suave, con cariño y en cada roce de mi mano en tu piel, se ve como esta se te eriza.

    Retiro tu remera, suelto tu corpiño y tus pechos desnudos, tu hermoso busto y tus pezones firmes, me generan una tentación de querer morderlos, chuparlos, pellizcarlos… pero me contengo, quiero jugar, y que sea una noche larga de juegos.

    Mi cara es un poema, me veo en el espejo del baño y me delata, te das cuenta de mi deseo, y vos misma te tomas los pechos… te los masajeas y poniendo tus pezones entre los dedos índices y anulares, te los pellizcas al mismo tiempo que liberas un gemido… PLAF… tu merecida nalgada por tu rebeldía hace eco en el baño… pero no te importa… sos rebelde y la provocación te encanta.

    Abro la canilla y dejo correr el agua de la ducha para que se caliente, luego te desprendo los botones de tu pantalón y hago que me des la espalda, te lo bajo lento, tu culo asoma como un obsequio para mi vista, otra vez mi debilidad, lo quiero morder, abusar de el, hacerlo mío. Es ahí, cuando tu rebelde astucia te domina y apoyas tu culo en mi rostro.

    –Ups… perdón Mi Lord, me resbale! -con tono de picardía y con risa cómplice me seguís provocando… PLAF!!!… mi palma abierta vuelve a darte una nalgada, y tu respuesta es la misma que con la primera, tu gemido seguido a que mordés tu labio inferior… me parece que mis castigos no cumplen su cometido… vamos a tener que intensificar mi autoridad…

    Firme, pero sin mucha presión, te tomo del cuello y te llevo bajo la ducha con tu tanga puesta, me acerco a tu rostro y te susurro palabras que, aun bajo el agua, se te vuelve a erizar la piel.

    -Puta, no me provoques, no despiertes la bestia en mi… porque la noche es larga, y esta noche sos mía… vas a saciar todos mis caprichos y tu cuerpo va a sentir el rigor de mi excitación…

    Coloco mi mano dentro de tu tanga y te toco tu entrepierna. Tu humedad es absoluta y mi dedo literalmente te penetra sin resistencia… tu cuerpo está listo, pero estas castigada y estas recibiendo una cucharada de miel cuando no la mereces.

    Me quito la ropa y me meto en la ducha con vos:

    -Por tu culpa moje la manga de mi camisa, espero entiendas las consecuencias –te advierto

    -Si, entien… -No te dejo terminar tu respuesta que te interrumpo

    -Si que?? -Exclamo

    -Si Mi Lord. Lo siento Mi Lord, soy indisciplinada –me respondes con voz de “nena buena” mientras tu cara mira al piso, pero la elevas lo suficiente para mostrarme tu mirada picara y con sonrisa desafiante…

    Vamos a tener una larga noche…

    Tu desnudez me excita, el agua baja por tu cuerpo, las gotas dibujan el contorno de tus curvas. La espuma que hace el shampoo al enjabonar tu pelo, corre por tu cuerpo y hace un cuadro rotundamente erótico. Tu piel, el agua, la espuma, nuestras miradas se cruzan y por un momento perdemos el juego, nos besamos con pasión, te abrazo, mis manos en tu espala, la tuya en mi nuca, nuestras lenguas se funden y bajo la lluvia de la ducha nuestro cuerpos se unen. Tus pechos presionan contra mi pecho, mi erección se conecta en tu sexo y hace que reacciones poniéndote, casi como reflejo, en puntas de pie. Queres ser penetrada, tu mano busca mi erección y sostengo tu muñeca.

    -Estas abusando de mi generosidad –te freno

    -Perdón Mi Lord, usted me tienta –tu dulce respuesta me puede.

    Salimos de la ducha, te seco el cuerpo con suavidad y cuidado. Amo como me entregas tu cuerpo para que lo seque. Extendés tus brazos, luego paso por tu espalda y tu bello culo. Aun a tu espalda te paso la toalla por tus pechos, tu vientre, bajo por toda la extensión de tus piernas. Me encanta sentir tu aroma, sutilmente mi nariz respira el aroma de tu piel recién bañada…

    Nos dirigimos al cuarto, y sobre la cama esta tu ropa. Amo tu portaligas con los detalles de cadenas, con tu conjunto de vinilo que tanto me despierta mi deseo de tenerte.

    Es tan hermoso ver como la tanga encaja en la hendidura que se dibuja entre tus glúteos. Te coloco el corpiño y las ligas las engancho en tu portaligas. Tu pelo, aun húmedo, lo peino con suavidad y te hago una cola de caballo alta, dejando tu cara completamente limpia para que nada tape tus expresiones.

    Tu cuerpo esta sensualmente preparado, peinada, con tus ojos delineados, tu boca con el rojo vivo que nace del infierno, todo está listo para que seas mía…. una vez más…

    Solo me visto con un pantalón negro y hago que me coloques mis muñequeras de cuero. Tus dedos junto al cuero de mis muñequeras se ve hermoso, al terminar tu labor te sostengo de la nuca y replico palabras que te toman por sorpresa

    -Hoy tu cuerpo es mi placer, voy hacer que te mojes tanto que tu humedad se va a volver mi placer, tus gemidos serán la sinfonía que deseo escuchar… hoy sos mi puta… Mi Lady… -Con autoridad te menciono esas palabras frente tuyo.- El morbo me invade, y voy a compartirte mis pensamientos más oscuros… solo imaginar la noche que tengo pensado, me pone la pija dura…

    Tu rostro cambia, pareces sorprendida de mi lenguaje vulgar, pero también curiosa, casi parece que te preguntas cuales serán mis límites. Tanto es tu duda que sorprendida preguntas, sabes que todo tiene un límite y existe el consenso.

    -Que pensás hacerme? -Preguntas mirándome fija

    -No te preocupes, no vas a necesitar la palabra “rojo”, al contrario, esta noche, Mi Puta Lady, me va a pedir todo -Con una divertida perversión en mi rostro, parece que mis palabras te convencen, confías en mi, sabes que no te haría nada que no te guste.

    Tomo la cuerda de yute y te ordeno que me entregues los brazos, comienza la danza del bondage en tu piel, ella te acaricia, te abraza, la cuerda pasa por tus contornos, rodeando tu piel, apretando lo suficiente para que tu postura sea la que deseo, para que tu cuerpo este a mi merced. Desde tus muñecas comienzo tu inmovilización.

    Cierro la puerta y con tus brazos extendidos sobre tu cabeza, ato el sobrante de soga al mosquetón que cuelga sobre el marco. La imagen es deliciosa, tu desnuda espalda, y muy natural en vos, quebrás tu cintura para resaltar las curvas de tus caderas y claro, no puedo contener mi deseo… PLAF… y tu gemido junto a mi nalgada –Esa fue gratis –te digo con malicia… De los juguetes exhibidos tomo primero la venda… no quiero que andes espiando para preparar tu cuerpo a cada capricho que se me antoje, así que te dejo a ciegas.

    Tomo mi primer juguete, pequeño, elegante, y de seguro va a sorprenderte… te lo rozo por los labios, lo sentís frio, muy liso…

    -Saca tu lengua!… chupalo!… Mojalo!… -y es cuando lo tenés en la boca que notas su forma triangular, te das cuenta que voy a usar un plug en tu bellísimo trasero, al mismo tiempo que dejo el plug en tu boca como un delicioso caramelo, escupo tu culo y con mi dedo mayor te penetro para dilatar tu ano… mmmm… uuufff ese gemido, rompe el silencio de la habitación, me encanta, me fascina excitarte así. Retiro tu plug de tu boca, mojado y lleno de saliva, lentamente comienzo a penetrarte, dejando una bella joya para el deleite de mi vista.

    Escuchas que me desprendo el cinturón, el momento del castigo por tu rebeldía en el baño llego, lo paso por tu cuello, presionando suavemente, tu respiración acelera y aunque suene exagerado, hasta podría escuchar tu corazón. Juego un rato con el, lo coloco por debajo de tu culo, presiono para que te pongas de puntas de pie, y con la decoración de la gema puesta el cuadro es excitante… SAS!!!… mi cinto arremete el primer latigazo. Desde mi perfil, puedo ver como te mordés los labios, señal que te encanta… SAS!!!… el chillido del cuero al picar en tu piel, al mismo tiempo que abrís placentera la boca y levantas tu cabeza.

    Me acerco a vos, apoyando mi firme excitación, que aun con el pantalón puesto lo notas perfectamente. Un tímido jadeo sale de tu boca, el hilo de la tanga ya corrida por el plug, me ayuda para correrlo más aun. Deseo tocarte… Deseo sentirte… Sos mía!… Mi mano izquierda encuentra tu humedad, te froto, te penetro, te saco mis dedos, te vuelvo a penetrar. Mis dedos danzan en tu intimidad y lo que antes era un tímido gemido, ahora de tu boca salen profundos jadeos.

    Quizá por la misma excitación, tal vez por reflejo, intentas cerrar tus piernas. Solo juntando tus muslos hasta la rodilla dejando tus pies separados. Perdés altura y tus manos toman con fuerza la cuerda para no caerte. Dejo caer mi cinturón al piso y… PLAF!!!… recibís una nalgada que hace reincorporar tu postura.

    -Mi Puta Lady está muy caliente? -Susurro a tu oído, mientras que con la mano que te di la nalgada sostengo firme tu glúteo al mismo tiempo que lo sacudo. -Mi Puta Lady, ya quiere acabar tan rápido?? -Te sigo susurrando con morbo, y mordiendo tu oreja.

    -Mi Lord, quiero que me penetre… cogeme… por favor cogeme!!

    Ni orden, ni deseo, suplicas por el placer de mis embestidas. Tus brazos se tensan, tu mano agarra con fuerza la cuerda, apenas si mis dedos rozan sutilmente tus labios vaginales y tu cuerpo es un coctel.

    Me desprendo el pantalón, lentamente bajo mi cierre y mi erección se libera. Mi miembro cae sobre tu glúteo y tu reacción es de un pequeño salto de sorpresa. Retiro mi mano de tu vulva y uno a uno saboreo mis dedos… mmmm… Tu sabor… Tu aroma… La dulzura de tu excitación es exquisito, un manjar. Con esa misma mano, te tomo de tu pera, y con los dedos que te penetre y me chupe, te los meto en tu boca. Los chupas con devoción, aún queda en ellos tu sabor, mezclados con mi saliva, chupas, succionas, se siente tu lengua jugar con ellos.

    Retiro mi mano de tu boca y la bajo a tu vientre. Presionando quiero que saques más tu cadera, quiero que tu sexo quede a mi merced, y como buena y complaciente putita de tu Lord que sos, te dejas llevar… Aaahh… un gemido asoma nuevamente de tu boca, sentís algo tibio apoyarse en tu entrepierna, pero no te penetro, me empiezo a masturbar. Sentís perfectamente el recorrido de mi puño en mi glande.

    Mi acto egoísta te enloquece, te saca, querés placer, querés sentirme…Tu desesperación te hace suplicar.

    -No… No!!… cogeme!! -seguís suplicando… PLAF!!… otra nalgada que enrojece cada vez más tu bello culo.

    -Mi Puta Lady no me estará ordenando? acaso te olvidaste de tu inapropiado comportamiento en el baño? -Me masturbo sobre tu húmedo sexo sin penetrarte, mi cabeza te apoya y te separa sutilmente tus labios. Te tiras para atrás, querés obligarme a que te penetrarte.

    -Por favor Mi Lord!!… Cójame!!… -La disciplina da sus frutos y ya no sos insolente, me llamas como corresponde y sin tutear. Como me gusta complacerte y me encanta sentir en la forma que me deseas, con fuerza te penetro, mi embestida es directa, tan profunda que te tomo de tu vientre para tirar de el y empujo mas fuerte con mis caderas.

    Tus gemidos llenan la habitación, tu cuerpo quiere moverse porque desea mas, tu deseo me excita y comienzo a penetrarte con fuerza, puedo sentir el plug, meto mi mano por debajo de tu corpiño y puedo sentir la dureza de tus pezones, tus gemidos se sincronizan con mis movimientos y en eso, cuando tus jadeos son mas fuertes, uso mi otra mano para estimular tu clítoris… Otra vez cerras tus piernas juntando tus rodillas, tu orgasmo es inminente, tu espalda se arquea, tus gemidos se hacen mas fuertes… Tensión… Excitación… Lujuria… Y… Antes que puedas acabar, me retiro, me alejo, te suelto…

    Noooo!!!… Nooo!!! no me dejes así…!!! -Tu voz, es poesía pura, tu excitación al borde del clímax que no pudo ser y disfruto ver tu cuerpo retorcido por no haber llegado… Claramente, encontré el castigo que merecías.

    Suelto tus ataduras del mosquete, pero aun tenés tus brazos inmovilizados desde la muñeca. Te doy vuelta y puedo ver tu rostro frustrado, los roles se invierten y ahora el que disfruta soy yo.

    Paso mi mano por tu nuca y tirando de tu pelo me acerco a tu oído

    -Y ahora? Mi Puta Lady, mi sumisa rebelde, que paso?, no soportas el castigo?…

    Estas palabras generan un gesto en tu boca que mezcla pacer y frustración, me doy cuenta que, si bien el juego no es del todo tu agrado, por alguna razón, los castigos te encienden. Sin soltar tu pelo, con mi otra mano te doy una nalgada mas, mi mano ya deja tu culo rojo, se puede distinguir como la piel tiene relieves y eso a vos, no parece molestarte. Ya es un clásico en mis oídos escuchar tus gemidos al tiempo que tu bello culo recibe mis “caricias”, es tan erótico ver como te mordés los labios, me calienta mucho tu gesto de perversión… Amo despertar tus demonios… Porque te amo a vos y también debo amar tu infierno.

    Te siento en el pie de la cama, tu cara queda a la altura de mi erección aun desnuda, te quito el vendaje de tus ojos y al poder ver la imagen frente a tu rostro tu ojos se iluminan, rápidamente me miras y tu sonrisa de oreja a oreja y luego lo volvés a ver directamente, lo estudias, lo deseas…

    -Lo miras mucho… Lo deseas? -Te pregunto esperando la respuesta obvia.

    -Si Mi Lord, la deseo en mi boca. -Tu voz, no me engaña, querés hacerte la buena pero, si fuese por vos, me hubieses tirado a la cama para encargarte de mi, como el animal salvaje que te gusta ser cuando estoy en tus dominios. Pero esta noche, es mi turno, y estoy disfrutando cada segundo de vos.

    Otra vez te tomo del pelo de tu nuca, y sin esperar la orden tu boca se abre para recibir un premio, que no mereces, pero mi deseo de vos, de tu erotismo, de tu sensualidad, me hace débil. El tibio aliento que sale de ella se siente suave y exquisito, tu lengua húmeda asoma lista para su devoción.

    Con delicadeza llevas tu boca a mi sexo… sin dejar de mirarme, comenzás a devorar lo que tanto deseabas, suave, lento, casi saboreando, te movés rítmicamente… Aun con las manos inmovilizadas, querés tomarme, querés tocarme. Pero eso es mucho premio, y rápidamente tomo la fusta que se encuentra sobre el mueble cerca de la cama y recibís un sutil golpe que obligan a que los bajes… Fruncís el ceño, sos caprichosa, aun cuando te frustre el orgasmo, no dejas de ser desafiante… Tu rebeldía me despierta una lujuria inexplicable…

    El sonido de la humedad de tu boca en mi falo es hermoso, lo disfrutas, es tanta la saliva que usas que desborda de tus labios… La retiras de tu boca, pasas tu lengua, la volvés a devorar, la besas… Un sin fin de danzas tus labios y tu lengua practican en mi, mis manos te toman de tu cabeza y te presiono buscando mas profundidad, mi excitación es absoluta y tu goce es total.

    Desobediente como siempre, te aprovechas de mi debilidad, estoy en trance, mi excitación es tal que el dominio es tuyo. Tomás con tus manos mi glande, comenzás a masturbarme, apoyas la cabeza sobre tu ancha lengua. Tus movimientos son agresivos… bestiales… de tu lengua chorrea saliva, tus ojos son de una visionaria del sexo… tu mirada es pornografía… todo perdió control… se hincha… se tensa… con ambas manos te tomo del pelo… Aaaahhh… estoy muy cerca, quiero embarrarte con mi semen… pero… Perversa y vengativa… Me sueltas… te ríes… sin dejar de mirarme. Tu rebeldía no tiene límites, tu insolencia menos.

    Mi rostro de pocos amigos, te advierte lo que viene, y claro, viene lo que quieres. Te subes a la cama, de espaldas, te deslizas hasta el centro de la misma y te das vuelta. Te pones en cuatro, apoyas tu rostro en el colchón y con tus manos te abres parte del culo dejando al descubierto la joya del plug. También se ve toda tu humedad, tanta que tu tanga esta toda mojada

    -Acaso Mi Lord no va a coger su Puta Lady… No me va a enseñar a ser una nena buena?-

    Tu voz de “inocente” me excita hasta el límite, me termino de desnudar y me subo a la cama. Me esperas sin perder tu posición y tomando de la joya al plug, comienzo a girarlo y poco a poco tiro de él. Vos comenzás a estimular tu clítoris al mismo tiempo que retiro el plug… gemidos… respiraciones aceleradas… el sonido te tus fluidos… Todo es sexo, perverso, somos animales salvajes que perdimos los estribos, ya no es una sesión de BDSM, ahora somos carne y deseo en un mar de lujuria queriendo naufragar en el clímax del otro.

    Ya sin el plug tu dilatación es total, mi boca se tienta y no puede evitar besar, chupar y jugar en tu culo. No dejas de masturbarte y mientras tocas tu clítoris y te beso, te penetro tu vagina con mis dedos. Aun sensible de mi castigo, noto como aceleras tus movimientos. Tus caderas se sacuden y mis manos te arremeten con más intensidad – No pares!!! -me pedís, y no, no voy a parar, quiero sentir toda esa humedad en mis dedos, quiero escucharte gritar del placer, quiero que me regales ese orgasmo.

    Tu cuerpo se tensa y tu chillido es estremecedor, tu excitación es tan intensa que te dejas caer a un costado, tus piernas se contraen y se cierran. Me impide poder seguir con mis juegos en tu vulva. Tu agitación delata la intensidad del orgasmo y sin darte tiempo para reponerte, vuelvo a colocarte en cuatro. Hago que separes un poco las piernas y acercando mi erección a tu sexo te embisto sin piedad, tus gritos son excitantes, mis jadeos te acompañan y la intensidad rítmica es imponente, el sonido de nuestros cuerpos al chochar se podrían escuchar desde kilómetros. Busco alcanzar tus brazos y tomando de tus muñecas, suavemente tiro de ellos hacia atrás, dejando el tronco de tu cuerpo suspendido y pudiendo ayudarme con tus brazos para que mis embestidas sean mas pronunciadas, potentes y profundas… Pero mi mirada esta fija en otra cosa, es esa manzana roja por mis azotes y nalgadas lo que deseo. Suelto tus muñecas y caes rendida a la cama, mis embestidas desaceleran. Agarro firme tus glúteos, los masajeo, los agarro con ganas, los siento míos. Chupo mi dedo pulgar y comienzo a acariciar tu orificio que tanta perversión me despierta.

    -Acaso Mi Lord quiere su premio mayor? -Me preguntas como si yo fuese el castigado que por haber tenido buena conducta se ganó su premio. Por irrespetuosa te ganas que hunda mi pulgar en tu culo y con el dentro otra vez mis embestidas te atacan. Como si fuese un gancho mi dedo se traba dentro de ti y siento como mi sexo te frota por dentro. Estas completamente dilatada y es el momento de mi merecido premio, no porque me haya portado bien, sino porque soporte tu conducta caprichosa y rebelde, tal cual sos.

    Retiro mi dedo, como también mi sexo. Este, mojado por tu excitación, es mi lubricación perfecta para conseguir mi cometido. Despacio, sin apuro, disfrutando, empiezo a penetrarte y a sentir como se abre camino mi rígida erección en tu hermoso y dilatado culo. Tan excitada, tan entregada, que empujas para tenerla más adentro. Me inclino hasta que mi pecho está casi apoyando tu espalda, y con mi mano acaricio tu clítoris. Aun sensible de tu último orgasmo, mis caricias hacen que te relajes aún más y mi miembro entre en toda su extensión… Ya sos mía…

    Mis penetraciones te desarman, te dejas caer en la cama quedando boca abajo y mi mano atorada entre tu clítoris y el colchón

    *Siii… haceme el orto… acabame adentro!!! -Tus palabras me llenan mis pensamientos, mi mano aumenta la intensidad de sus movimientos al compás de mis penetraciones. Tu respiración es agitada y acelerada, agarras con fuerza las sabanas, necesitas descargar tu energía, imagino que si pudieras, dejarías en mi espala las marcas de tus uñas. Una y otra vez te penetro, me excito, me acelero, nos tensionamos, gritamos y nos fundimos otra vez. Tu orgasmo, que es mío, mi orgasmo que es tuyo. Me desplomo, caigo sin fuerzas sobre tu espalda, aun puedo sentir que sigo acabando involuntariamente y los “latidos” de tu culo me siguen dando un dulce placer.

    Mi boca sobre tu mejilla, maniobro para besarte, te volteas y mi boca está en la tuya, desde la ducha que no nos besábamos con esa pasión, pasión de amor, pasión de que entre nosotros, todo vale. Porque podemos tener sexo, pero sexo con amor y le sumamos pasión, hace que la piel arda y la sangre hierva…

    -Mi Lady, Te amo… -Sutilmente pronuncio esas palabras en tu oído… palabras que me regalan la sonrisa más bella del mundo…

    FIN

  • Annya Alyssa, mi nueva identidad

    Annya Alyssa, mi nueva identidad

    La sensación de llevar el cinto de castidad y el plug anal es maravillosa. Lo llevo desde la semana anterior y solo me los retira mi Amo para ducharme y hacer mis necesidades de nena sumisa. Amo esta situación, ser el objeto de un hombre de verdad, adoro que me use como un juguete para su placer y voy adquiriendo destrezas que desconocía tenerlas. Por obvias razones hago pis sentada, las duchas internas previas al acto son excitantes y servir a mi Señor es una de mis realizaciones como Sissy.

    Mi nombre es Annya Alyssa, tengo 23 años, soy alta, delgadita, muy delicada y sumisa y me he entregado al dulce tormento del adiestramiento como perra servil a un hombre muy atractivo, súper dotado y con un vicio extremo. Soy desde el viernes anterior su sirvienta y su puta. A cambio recibo educación, comida y un sitio al pie de su cama donde duermo encadenada y estoy expectante a cualquier requerimiento de mi Dueño, sea la hora que sea y de la manera en que él me lo ordene. En estos días he obtenido muchas recompensas y dos castigos severos por saltarme sus reglas. Ayer por fin, mi Amo me ha marcado y estoy feliz…

    Las dudas que tenía antes de someterme las disipé el día anterior. El jueves mi Señor me llamó para planificar mi llegada hasta su casa de adiestramiento. Debía cumplir ciertos requisitos y no objeté absolutamente nada a todo lo que me obligaba hacer, entre otras cosas, salir aquella noche travestido y ofrecerle mis servicios sexuales a un hombre que previamente había contactado con mi Amo. Yo, por supuesto, ya no era virgen y sabía bien cómo comportarme con un macho. Me rompieron el culo a los 19 y lógicamente, mi Amo lo sabía, sabía todo de mí. Una vez hubiera acabado de complacer al cliente y con el dinero que me pagaría por hacerme el amor, compraría todo lo necesario para mi feminización, incluidos el plug anal, el cinturón de castidad y «un presente» para mi Señor. Fue bastante dinero el que me dio y sí, tuve para comprar lencería, pinturas y maquillaje, peluca, zapatos, el plug, el cinto, un enema y el regalo de mi Amo. Me dio pistas y opté por una deliciosa alianza con la inicial «A». No supe bien el por qué, hasta ayer, cuando muy generosamente, mi Dueño me marcó con él a fuego en mi muslo y en el lateral de mi «clítoris», como muestra de su autoridad.

    Pues bien, el señor a quien tuve que ofrecerle mi boca y mi culo me dio como a hembra hasta que se quedó seco. Todo su esperma lo absorbí con esas ansias de querer nutrir mi organismo de pura proteína viril. Si bien esa era otra de las condiciones de mi Amo, la de ser follada sin condón, yo jamás lo usé con nadie y siempre permití hacerlos venir dentro mío. Debo anotar que para ir al servicio con el señor, tuve que coger prestada toda la ropa de mi prima Alexia que es menor a mí con dos años. De vuelta se la devolví, pues ya traía la mía propia.

    Reconozco que el señor aquel sabía bien lo que hacía y me dejó exhausta, con las piernas temblando y un remanente de semen que caía por mi entrepierna según caminaba hacia las tiendas. Pero estuvo muy rico y era mi última oportunidad para descargar mi leche, pues de regreso a casa, debería colocarme el cinto y guardar la llave en una cajita que me entregó el señor al acabar el sexo, con un candado pero sin llave. La llave la tenía mi Dueño.

    No apagué mi ardor durante el coito, no me corrí y sí lo hice en casa, sola y excitada con la ropa que me la probé, el plug con el que me masturbé el culo aún con brotes de semen y fueron seis pajotes casi seguidos antes de la hora fijada por mi Señor para ponerme el cinto, cerrar el candado, meter la llave en la cajita, cerrar el otro candado y olvidarme para siempre de mi minúscula virilidad y pasar a ser de propiedad de un hombre tan bello como exigente. La cita era el viernes 4 de septiembre de 2020 a las 14:00. A partir de ese momento y al cruzar el umbral de su puerta, ya no podría dar marcha atrás.

    Mi inexperiencia con el cinturón me jugó una mala pasada. A partir de las nueve de la noche en punto debía estar con el cinto y el plug colocados para enviarle una fotografía a mi Amo. Me masturbé por sexta vez y daban ya las ocho y cuarenta y cinco. Estaba tan excitada por todo aquello que me las ingenié para eyacular en mi boca, me encanta el semen. Lo hice, corrí al baño, me duché y ya limpita, me coloqué el estuche en mi verga dormida, cerré con decidida intención el candado y guardé la llave, cerré el candado y mi alivio fue tal, que recordé no haber hecho pis antes. Era tarde. Fui al baño y quise hacerlo de pie. Lo eché todo a perder. Mear sentada es delicioso. Es como saberse femenina y lo haces tan conscientemente que hasta rompes un trozo de papel para limpiarte como una chica. Dormí plácidamente y mi Amo me envió un gif de felicitación por ser tan buena chica y obedecer sus órdenes.

    Desperté a las ocho y vi un mensaje de mi Amo. Me ordenaba adelantar dos horas la entrada a su casa. A las doce en punto estuve llamando a su puerta, nerviosa, temerosa pero muy excitada y vestida como una princesa de alquiler. De hecho el taxista que me llevó quiso follarme pero tuve que negarme en redondo pues no podía llegar sucia y menos usada. Pagué y al bajar el plug me taladró con tanto esmero que tuve una mínima erección pero muy dolorosa al estar con el cinto. El taxista se me quedó mirando y se apresuró a darme su número en un papel. Sería el primer macho que llamaría al acabar el adiestramiento, con seguridad.

    Al verlo, desfallecí. Me tembló todo el cuerpo y trastabillé con los tacones. Era el Hombre de mis sueños. Me envió una sola fotografía y no se le apreciaba bien. Es bello, precioso diría. 54 años, maduro hecho a fuego lento, cano, gafas, alto y corpulento, manos enormes. Lo primero que me hizo fue romperme el culo. Nada más llegar.

    Sus 24 centímetros de verga me batieron las entrañas hasta lastimar mi recto y sacarme lágrimas de dolor. Lloré, sí, de dolor y de felicidad. Sentir eso tan duro en mis entrañas me motivó para, apoyada en el borde del sofá y con el culo en pompa, empujar hasta su cuerpo y disfrutar de sus azotes en mis muslos, de sus dedos abriéndome por la comisura de mi boca, metiéndomelos hasta hacerme dar arcadas, de su sudor cayendo en mi espalda, de su cuerpo apoderándose del mío. Lloré toda desconsolada y con mi mente fija en su bello rostro, en esos gestos obscenos que seguramente estaba haciendo mientras me usaba. Y gemí como perra en celo mientras me bañaba el interior con una riada espesa de semen que adoré recibir ahí, en lo más femenino de mi ser.

    -Te llamaré Annya Alyssa. Eres mi esclava y acabo de preñarte -dijo antes de salir de mi interior y dejarme inutilizada, de rodillas y con la cara hecha un poema de lágrimas negras que me hicieron ver aún más bella de lo que estaba…

    CONTINUARÁ…

  • Compartiendo a Sofía (Final)

    Compartiendo a Sofía (Final)

    Ni bien mi hija se había vuelto a zambullir a la piscina y mis socios a comenzar a distribuir la carne asada y los complementos cuando el mayordomo anunció la llegada de Roberto. El don entró con el paso fiero y la espalda erguida, a manos llenas por las botellas de whisky y ron que traía en cada una de ellas, sonreía cuando nos saludó y sonrió aún más cuando vio a Sofía agitar sus manos y sus deliciosas tetitas desde la piscina, se bajó las gafas de sol y la mandíbula le cayó a los pies.

    «¡Madre mía! ¿Esa es Sofía?» inquirió sin podérselo creer. Mis socios y yo nos reímos intercambiando miradas, luego de unos segundos él comprendió porqué estábamos en pelotas. «¡Ah, bandidos! ¿Qué habrán hecho con mi niña, trío de pervertidos? ¡Sofía, amor, ven a saludarme!»

    Mi hija obedeció de inmediato, acercándose a la mesa instalada para comer más a gusto a la sombra de un paraguas. Roberto la recibió en un abrazo efusivo hasta hacer que sus pies dejasen de tocar el suelo, ella se dejó con gusto y también se sentó en su regazo cuando ocupó su sitio en la mesa, dejé su plato de comida junto con el de él.

    «¡Mira nada más! ¡Qué estupenda te ves con ése traje de baño, mi niña hermosa! ¡Uff!, me la pones dura».

    «No me digas esas cosas, Roberto» rio ella, sonrojándose, aunque quizá solo era el calor de la tarde. «¿Y Martha?»

    «En casa con sus amigas, planeando no-sé-qué para un evento de caridad. Pero no hablemos de ella, mejor hablemos de ti». Con una de sus manos pellizcó el costado de Sofía, haciéndola dar un brinquito sobre su regazo. Roberto se acercó a su oído pero todos podíamos escuchar. «Uff, ¿sientes mi polla entre tus nalguitas, mi niña?» Ella asintió con más rubor, tomando unas cuantas patatas de su ensalada para llevarlas a su boca y comenzar a comer. «¿Qué te han hecho estos bribones, eh?»

    «Nada malo, eh» interrumpió Duncan.

    «Me dieron lechita caliente» respondió ella con coquetería, tomando una salchicha asada y alzándola en el aire entre su dedo índice y pulgar, luego la llevó a sus labios y la besó con ternura antes de introducir la mitad en su boca y devorarla con glotonería, una gota de grasa le recorrió la comisura y los labios cobraron el mismo brillo y con las mejillas infladas en sus intentos de masticar consiguió la atención de los cuatro. Roberto estaba boquiabierto y visiblemente excitado, comenzaba ya a deslizar su mano dominante sobre las piernas de mi hija y con la contraria hacía un esfuerzo por disfrutar de su propio plato.

    «Creo que me dará un ataque al corazón en éste momento. Eres una cosita deliciosa, mi niña, me matas si dices cosas así. Y ustedes,» dirigiéndose a nosotros cuando nos comenzábamos a burlar de su estupor, «¿por qué no me invitan?»

    «Y eso que no conoces la mejor parte, ¿verdad, Sofía?» inquiere Daniel. Mi hija asiente, las coletas en su cabeza se agitan con ello.

    «Duncan me trajo un regalo» responde tras pasar su bocado de comida, tomando otro de inmediato y pasándolo tras unos segundos de masticar. «Lo probamos juntos».

    «¿Regalo? ¿Qué regalo?»

    Como respuesta, Sofía se levanta de su regazo y se inclina en la mesa, lleva sus manos hacia atrás y aparta la tanga de su culo, al tenerla de piernas abiertas frente a él e inclinada hacia el frente, Roberto puede ver a la perfección el coñito rasurado y húmedo de mi nena y el plug anal sobresaliendo de ella. Las manos callosas y de gordos dedos de Roberto no tardan en hacerse cada una de sus nalgas y masajearlas, jadeando al poder tocar el pequeño botoncito del plug y hacer círculos con él, obteniendo gemidos de Sofía.

    «Sí, me dará un ataque al corazón. ¿Dejaste que ellos te lo pusieran, mi niña?»

    «Sí, se sintió muy rico» responde ella, volviendo a sentarse sobre la verga de Roberto, pero este, como nosotros pocos minutos antes, comienza a sudar frío.

    «Mi niña hermosa, ¿te parece si me dejas quitarme ésta ropita y así estoy más cómodo?»

    «¡Sucio!» «¡Viejo pervertido!» «¡Sinvergüenza!» Le recriminamos al verlo desnudarse allí mismo, aunque las risas son de lo que todo se trata, al igual que todos, Roberto tiene la polla a media asta y Sofía se sienta sobre él en la misma posición, continuando con la comida mientras Roberto no deja de deslizarle los dedos en las piernas o en las tetitas erguidas y rellenitas, continuando con nosotros entre cervezas y conversaciones.

    Serán veinte minutos o poco más que pasan cuando Roberto magreaba a manos llenas las tetas de Sofía y mi nena se llevó las manos dentro de su bikini, acariciando su chochito ella solita bajo la mesa mientras nosotros hablábamos del último juego de soccer de la Champions. Escuchamos el chapoteo de la humedad aumentar y cuando volteamos a ver a Sofía estaba completamente reclinada sobre el pecho de Roberto que miraba por sobre su hombro cómo Sofía se penetraba con dos dedos y entreabría la boca con gemidos.

    «¿Estás caliente, nena?» pregunté apartándole las manos para que se tranquilizara, estaba como ida, las pupilas muy dilatadas y la respiración le agita los pechos desnudos, tenía el top abajo, ejerciéndole presión hacia arriba. Ella asintió entreabriendo los ojos. «¿Quieres que te hagamos sentir bien?»

    «Si, papi, por favor, necesito correrme» gimió ella, relamiéndose los dedos con los que se estaba penetrando.

    «Señores, ya escucharon» anunció Duncan, poniéndose en pie. «Vente, gatita, vamos adentro para que estés más cómoda».

    Duncan inició la marcha tomándola de la mano y ella se levantó del regazo de Roberto con total dignidad, dirigiéndose hacia el diván de cuero negro más grande. Lo primero que hizo Duncan fue ponerla en cuatro patitas sobre el mismo y apoyada de codos en el respaldas, él se arrodillo en el suelo y su cara desaparecieron de inmediato entre las nalgas de mi preciosa hija, Roberto se colocó detrás del respaldar y le puso la verga al alcance en cuanto ella comenzó a gemir, apagando los sonidos con su verga de cabeza morada y morcillosa, no tardó demasiado en ponerse duro por completo.

    «¡Joder! Pero qué coñito más rico tienes, gatita. ¿Entras, Eze?» preguntó él, apartándose para tomar lugar a la derecha de Sofía y usar su manita para pajearse. Enterré mi nariz en su coño tras apartarle la tanguita, olía a hembra caliente y joven, luego saqué la lengua y chupé tan fuerte como pude ese coñito rasurado, intentando succionar todo de ella. Sofía se retorció con ello y no pude resistir la tentación de meterle dos deditos en el coño y comenzar a pajearla con fuerza. Los Darin estaban a cada uno de sus lados, pajeándose y magreándole las tetas, Roberto ahogaba con su verga a mi nena y yo estaba más decidido que nunca.

    «Te voy a coger por el culo, mi nena, te la voy a meter». El plug anal estaba sacudiéndose con cada contracción que mi hija realizaba como respuesta a la follada de dedos que le daba, al sacarlos estaban empapados como una babosa y los llevé al plug para comenzar a sacarlo, ella entendió y pujó despacido haciendo que el juguete saliera y su agujero se abriera como una florcita por unos segundos. Dejé el juguete caer en otro sofá y llevé mi dedo pulgar a su ano, enterrándolo suavemente, ella se alejó de la polla de Roberto para gemir y recibir mi dedo que entraba con más facilidad de lo que había sido con el plug. «Mira qué culito, listo para recibir la verga de papa». Sus nalguitas estaban brillantes por el sudor y el bloqueador solar, el coñito húmedo y caliente también, pero necesitaba más así que escupí en su anito y me volví a arrodillar para lamérselo y dejarse empapado, metiendo mi lengua lo más profundo posible al ritmo en que Roberto le metía la polla en la boca. «Ven, mójame la polla, nena», dije apartando a Duncan y a Roberto, olvidándome por completo que esa puta era mi hija le tomé de las coletas con fuerza y le metí la polla en la boca, ella escupió en ella y la humedeció. «Mírame» ordené cuando se la metía toda hasta los huesos, ella lo hizo, sus ojos estaban inyectados con sangre por el esfuerzo pero esa boca de mamadora se veía espectacular alrededor de mi polla. La separé y volví a ocupar mi lugar a su espalda, puse mi polla en su entrada.

    «Respira, gatita» decía Duncan, metiendo una mano entre sus piernas para acariciar su clítoris, Sofía sostuvo la respiración cuando empujé la puntita en su anillo. «Relájate, relájate» continuaba él, Roberto se la sacudía frente a ella, tomándola de una mejilla mientras esperaba a que estuviera listo para cogerla a ritmo y Daniel le magreaba las tetas y susurraba más cosas al oído, cosas que no importaban, sólo la tensión que se cerraba alrededor de mi polla con cada milímetro que entraba en ella, hasta que pasó la cabeza y el anillo recibía ya mi tronco.

    Comencé a bombear dentro de ella sujetándola de las caderas, la visión de mi nena empalada en mi verga no era algo que uno espera ver jamás, pero vaya que lo disfrutaba. La verga de Roberto sirvió para ahogar sus gemidos cuando la dejé ir de un solo y mis huevos chocaron contra su coño, la tomé con ganas y comencé a penetrarla con más fuerza y velocidad, me volví loco con el culo adolescente que me estaba cogiendo, tremenda puta le había convertido mi hija.

    «Dale, Roberto» dije, cogiendo sus caderas con más fuerza, Roberto se afianzó al mismo tiempo de sus coletas y al mismo tiempo comenzamos a penetrarla. La sujeté tanto contra mis caderas que separé sus rodillas del colchón y quedó sujeta sólo de mis manos y de los brazos del vicepresidente, se escuchaba cada golpe con eco en la sala de estar. «Joder, qué rico culito, mi nena. ¡Venga, vamos a darle por los tres agujeros!» anuncié, ayudándola a incorporarse a apenas sin dejar que mi polla saliera de su ano. La putita parecía un trapo sucio dejándose hacer y magrearse.

    Duncan se sentó de piernas abiertas en el sofá donde antes estaba Sofía y la dejé caer lentamente mientras él la recibía debajo, sintiendo cómo su verga entraba en el canal vecino y nos disputábamos el estrecho espacio en el interior. Sofía comenzó a gritar al sentirse partida a la mitad, pero la polla de Roberto volvió a acallarla y ahogarla con los chorros de leche que le descargó en el interior, ésta vez ella tenía el cuello y la barbilla blancos por la cantidad bárbara que el vicepresidente le tenía reservada. Sofía se sujetaba al respaldar del Sofá cuando Daniel se colocó frente a ella y subía una pierna al sofá para penetrarle la boca con más ahínco y velocidad. Me incliné hacia el frente e introduje un par de dedos en los labios de Sofía, abriéndole la boca y usando el mismo agarre como apoyo para mis embestidas. Era un muñeca de trapo en ese momento y solo pensaba en llenarla de leche.

    Sofía comenzó a gritar y agitar sus brazos sobre el abdomen de Daniel que no le daba tregua y seguía cogiéndola por la boca como si fuese una muñeca de silicona el muy cabrón, las venas del cuello y de la frente le resaltaban y tenía una mirada perdida y determinada en cogerle la garganta a mi nena. Los canales de Sofía se estrecharon y un chorro cayó sobre nuestras pollas al correrse y emitir gritos amortiguados por más polla, y mientras más rápido la penetrábamos más deliciosos jugos salían del coño de la putita.

    «Te voy a dar mi lechita en tu culito, putita» gemí tomándola de los hombros para afianzarme en ella y enterrársela hasta el fondo, sintiendo los chorros calientes de semen inundar los intestinos de mi hija y llenarla con mi semilla, cuando abrí los ojos se veía la cremita blanca salir de sus dos agujeritos, Duncan también se había corrido dentro de ella y Daniel lo había vuelto a hacer en su boca. Ésta vez Sofía estaba inmóvil abrazada al respaldar del sofá, las piernas empinadas y entreabiertas con chorros de leche brotando de sus agujeros abiertos, exhausta pero satisfecha.

    Cuando recobré un poco el sentido me di cuenta de que había que hacer algo para inmortalizar el momento, busqué mi celular en la sala y saqué un par de fotos de Sofía desparramada en el sofá cubierta de semen y con sus agujeros abiertos. Cuando vio la cámara frente a su rostro sonrió y sus hoyuelos aparecieron de nueva cuenta en sus mejillas. Compartir a Sofía es la mejor experiencia de todas.

    ***

    ¿Qué les ha parecido, eh? Yo he quedado mojadísima sólo de escribirlo. jaja

    Nos seguimos leyendo.

    Un beso rico donde quieran.

  • Una historia basada en una fantasía de muchos

    Una historia basada en una fantasía de muchos

    La última noche, te sorprendiste, tenerte en mi dominio, vos indefensa y entregada boca abajo, inmóvil por mis embestidas, comencé a susurrarte al oído preguntas que no esperabas… te traje el recuerdo de la noche que me fuiste infiel. Te incomodó, quisiste voltearte, pero no te deje, te penetre más duro y tu gemido fue delicioso:

    -Contame, como te lo hizo? -Mi curiosidad te asusta.

    -Como beso tu cuerpo hasta beber de vos la humedad que le entregabas en su cama.

    Incrédula, no sabías como responder.

    -Aaaahhh!!! -otro gemido por otra violenta embestida, de reojo notas mi gesto de perversión, mi firme excitación delata que no miento, el morbo me invade, vos sos mi morbo y quiero saber.

    -me hizo acabar 3 veces -tu voz de nena triste a la que no le dieron el juguete que quería me vuelve loco, un pseudo «puchero» se dibuja en tus labios y con frenesí levanto tus caderas para dejarte en cuatro, la excitación me invade y las embestidas son más violentas, profundas y en repetición continua… tus gritos, mis jadeos y en sincronía acabamos juntos…

    -Amor, que te paso? -me preguntas sorprendida mientras nos acomodamos en la cama.

    -Me encantaría verte gozar de placer para alguien más, y ser testigo de eso, quiero verte, escucharte y masturbarme para vos…

    Mi idea te inquieta, aún no estás convencida…

    Ser testigo de tu placer, es algo que me enloquece… que en tu euforia sexual, tu mirada sea solo para mí, que sin importar quién te dé el placer, tu placer, es dedicado a mi… Amaría verte… amaría ser testigo de tu placer… Amaría sostenerte el rostro, y darte un beso suave… donde mi lengua acaricie tus labios, y después los muerda tiernamente…

    Vos no te asustes, estoy para cuidarte… me vas a ver siempre, y mis ojos van a estar en vos… No importa quien esté dentro tuyo, sino, quien está en tus pensamientos…

    Tu cuerpo se va a relajar, te vas a poder entregar, mis dedos van a tocar tu piel con suavidad… mi perfume va a estar siempre en vos… Prometo quedarme con todos tus gemidos… beberlos con cada beso que te de…

    Sé que me vas a excitar tanto, que hasta podría hacer que él se vaya… y seria yo quien te haga acabar… él solo va a ser nuestro juguete, y se va a terminar excitando, cuando vea nuestra pasión y lujuria juntos…

    Tus ojos brillan, tu expresión es morbo puro, ese gesto al morder tus labios me revela que vas hacerlo…

    Nuestra noche especial llegó, estamos a punto de entrar a un club swinger, los nervios nos apoderan, pero la adrenalina también está presente.

    Presionas con fuerza mi mano, y al verte, sonreís divertida -Sea lo que sea que pase, lo vamos a pasar juntos -Te beso con ternura y nos aventuramos a nuestra fantasía.

    Recorremos el lugar, y nos dejamos maravillar por el clima sexual que se vive, somos dos curiosos maravillados con las cosas que vemos, la mayoría, hombres y mujeres, voltean para verte, tu vestido corto y entallado marcan tus curvas, tu pelo negro recogido, tu boca carnosa y roja, tus ojos delineados… estas tan sexy, tan provocativa… uuuffff te deseo ahora mismo… pero no, hoy no soy yo quien va a poseerte. Esta noche, yo, seré un espectador de lujo de tus orgasmos…

    Llegamos a un reservado, nos sentamos en un sillón diván rojo que hace juego con la sexualidad del lugar, mi mano en tu muslo, mi boca en tu cuello, es hermoso ver cómo te mordes tus los labios cuando comenzas a excitarte… mi mano, inquieta y curiosa, se atreve a ir más dentro de tu vestido y descubre que no llevas ropa interior…. el morbo no puede estar más presente…

    Solos… Solas… Parejas, nos miran como lentamente nos comemos, nos saboreamos, nos dejamos llevar… Pero es la mirada de alguien en particular quien me llama la atención… Ya se quien deseo que te de placer…

    La iluminación es incandescente, los movimientos se mezcla con los juegos de luces, y ella nos mira atenta apoyada en una columna.

    Puedo ver como sostiene su copa cerca de la boca, y como apoya su dedo índice en sus labios, casi como si los besara.

    Vestida solo con lujuria, llena de pasión en esa boca, que al retirar tu dedo de ella, su lengua asoma sedienta.

    La tensión sexual es intensa, tus besos me llenan, la mirada de nuestra testigo nos invade y mi excitación es adrenalina pura.

    Te pongo de pie, y me siento más atrás en el diván, abriendo mis piernas, y vos te sentas delante mío, entre mis piernas, mi pecho apoya tu espalda y sentís como te hablo excitado al oído.

    -La ves? sobre la columna, vestido negro, no dejo de mirarnos, sus ojos solo tienen deseo, y es deseo de vos, es una loba hambrienta que desea acecharte como si fueses su presa… quiere saciar su sed con vos -Atónita, no sabes que decir, mi fantasía era un hombre, no una mujer…

    -No me gustan las mujeres… -me decís asombrada de mi elección. -lo sé, pero vos no necesitas hacerle nada a ella… el placer es para vos, y tu placer va a ser mi regalo, no te asustes, acá estoy con vos, siempre con vos -Un suspiro repentino sale de tu boca, mi mano, te ataca en tu sexo, húmedo, hambriento, morbo… frenesí… sexo… seducción… tu entrega hace que tu nuca se apoye en mi hombro, en tu relajo te separo las piernas. Tu intimidad, queda al descubierto, nuestra testigo, nuestra loba, nos acorrala, lentamente se acerca…

    Su sombra por las luces nos cubre, toma tu pera con su mano, se agacha y sutilmente besa tu rostro…

    Llego la hora de las bestias…

    Tus manos aprietan las mías, tu respiración se siente acelerada, nuestra cazadora baja lentamente por tu cuerpo a la par que yo te voy besando tu cuello.

    De mi bolsillo, retiro una venda de seda negra, y te cubro los ojos, quiero que solo sientas su boca y mi voz. Sientes como su lengua pasa por el escote, entre tus pechos, corre la tela un poco para desnudar tu pezón, ella me mira a los ojos, y suavemente lo muerde, justo lo necesario para tirar a penas de él hasta soltarse…

    Te arqueas, volves a tomar mis manos con fuerza, apenas empezó y tu entrega es absoluta. Ella sigue bajando, al mismo tiempo que te sube el vestido, pero cerras tus piernas, casi por reflejo y nuestra cazadora me mira con asombro

    -No me obligues a que yo te las abra, no me obligues a que yo sea un animal hambriento, quiero que por tu voluntad le des, lo que ella vino a buscar -te digo con firmeza al oído.

    Aún vendada, inclinas la cabeza como si mirarás al techo, te mordes los labios, noto como tragas saliva y… tímidamente… casi temblorosas… tus piernas empiezan a abrirse… ella mira entre ellas, su lengua moja sus labios, realmente es una loba saboreando su presa antes de morderla…

    Sus ojos brillan, se acerca y su lengua tímidamente roza tus labios vaginales, veo como hace movimientos circulares, tu espalda se arquea y otra vez te quedas, aunque vendada, mirando al techo. Y es con tu gesto donde ella ataca con furia, directamente en el clítoris, su nariz casi en el monte de venus, se puede ver su boca, besar, chupar, lamer… de reojo nos mira desde abajo… te mira… te observa… entiende tu lenguaje corporal, casi en sintonía sabe lo que te gusta, porque tu cuerpo se lo dice.

    Sus manos comienzan a subir por tu cuerpo… su boca se aleja de tu vulva, y mordiendo con ganas su labio inferior, con un gesto de morbo y deseo, te mete dos dedos en la boca. Tu lengua los chupa, los moja, los llena de saliva, claramente sabes que va hacer con ellos…

    Mojados, ensalivados por tu boca, te frota por sobre tus labios, te los dilata de a poco, y con cuidado te va penetrando, al mismo tiempo que su boca vuelve a jugar con tu clítoris.

    Toda la escena es morbo puro, tus piernas abiertas con una extraña chupándote, masturbándote, yo atrás tuyo, mi erección es tan intensa que me desprendo el pantalón, te tomo de la mano y hago que me masturbes a mi…

    Ella te frota con intensidad, y por la forma de masturbarme te vas excitando más… sus dedos van profundo, su boca besa tu clítoris, imagino su lengua jugando… tu mano me estimula, mi erección es firme, vos no sabes que hacer.

    Tomo de la nuca a nuestra invitada, acompañando su ritmo, la sostengo y la guio, vos me soltas, tu excitación es absoluta y no podes concentrarte… Lo cual, con una mano sostengo su nuca y con la otra comienzo a masturbarme, todo es excitante, todo es un sueño placentero, tus gemidos, la música, las luces, tus gestos, las demás personas viendo tal escena…

    Tus caderas en un movimiento de vaivén indican que te está viniendo, ella te chupa con más intensidad y puedo ver como sus dedos entran y salen con brutalidad. Me excita mucho, yo también acelero… tensión… agitación… frenesí… gemidos… y… te encorvas para delante, la tomas de su cabeza y la presionas contra tu orgasmo… le das todo tu placer en su boca, le das toda tu excitación…

    Tu cuerpo se va recuperando, tu respiración agitada comienza de a poco a recuperar su normalidad, -te amo hermosa -me nace decirte al oído, y en tu boca se dibuja una sonrisa entre cada suspiro de placer.

    Nuestra amiga nos abandona, y te sentas sobre mis muslos, nos besamos con pasión y excitados por el momento, aún con mi pene descubierto querés terminar lo que dejaste hace un rato, pero te detengo.

    -Vamos a casa, quiero cogerte duro -te digo excitado y deseoso. Sin dudar te levantas, te acomodas ropa y con ansiedad esperas que haga lo mismo para irnos.

    Al llegar, bajas del auto y vas directo a dentro, las luces del auto iluminan tu figura y es una imagen verdaderamente sexy, pero no tanto como la que veo al entrar al cuarto, tu cuerpo desnudo, y la tinta que decora tu piel lo hace más sexy.

    Excitada, me esperabas mientras te masturbabas -Cogeme!! -No es un deseo, no me pedís un favor, es una orden.

    La imagen es perfecta, te tocas tus pechos y te hundís los dedos, tan mojada que en cada fricción o movimiento que haces en tu vulva, se genera ese hermoso sonido de tus fluidos…

    -Quiero que me cojas!!! -otra vez tu orden, mientras abrís las piernas. Lentamente, me libero de mi ropa, y con una perversión acumulada, preparo uno a uno los juguetes que tenemos en nuestra «cajita de juegos»…

    Cuerdas… dildos… fusta… arneses… Sonreís porque voy con todo el arsenal…

    Pero eso quedará para otra historia…

    Fin…

  • El fotógrafo pervertido

    El fotógrafo pervertido

    Mi nombre es Natalia, soy una mujer de unos 35 años, de contextura delgada y de cabello largo de color castaño. Vengo acá para contarles acerca de la infidelidad que cometí hace aproximadamente un año.

    Tengo un hijo que cumplía 5 años así que le arme un cumpleaños con la temática de los Avengers ya que es fanático de los personajes y de las películas. Para estar acordé al festejo me compré el traje de viuda negra que el para el que no sabe es uno todo negro y apretadito de cuero con un cierre en el medio que a Scarlett Johansson le queda perfecto. Además contrate a un fotógrafo que vivía cerca para que tomará algunas fotos.

    Contado esto les cuento que unos días después fui a la casa del fotógrafo que vivía a unas cuadras de mi casa a retirar las fotos que había tomado y me vine no sólo con las fotos sino que con una propuesta de él. Me dijo que yo me veía muy sexy con el traje y que se moría de ganas de fotografiarme con el puesto, le dije que lo iba a pensar pero que me había agradado su idea porque me gustaba también como me quedaba. Así que al día siguiente luego de pensarlo lo llamé y le dije si podía ir a la tarde para que me sacara las fotos, a lo cual él me dijo que sí.

    Entonces a eso de las 3 de las tardes fui a su casa no con el traje puesto sino todo en una bolsa, me hizo pasar y me mostro el set fotográfico que había preparado para las fotos que me iba a tomar. Además muy vivo de su parte me aconsejó que me sacara el sostén ya que según sus palabras me vería mucho más pechugona de lo que era y por lo tanto saldría mejor en las fotos y yo le creí todo lo que me dijo así que cuando entre a cambiarme al baño me saque el sostén antes de ponerme el traje.

    Ya preparada para que me saque las fotos me dijo que me bajara un poco el cierre ya que yo lo había subido hasta arriba y no dejaba que se vea nada, pero él quería que se me vean un poco parte de mis pechos así que tuve que bajármelo a la altura de ellos. Entonces el empezó a sacarme las fotos y luego de un rato me las mostro y se veían geniales así que deje que me sacara un par más pero cuando pensaba que ya habíamos terminado me dijo si quería sacarme una más «hot» para mi marido y yo como soy media picarona le dije «bueno, está bien» y termine posando en cuatro patas como si fuese una chica de una revista para adulto. Luego vino la foto que provocó todo lo que sucedió después.

    Me pidió que me bajase el cierre por completo del traje y que haga como si estuviese sacándomelo de forma sexy, a lo cual yo accedí y deje que me haga esas fotos. Entonces sucedió que teniendo el traje abierto el me hizo un comentario que me descoloco un poco pero no me enojé porque me lo dijo de tal forma que me lo tomé como si fuese una clase de piropo.

    -No me mostrarías un poco tus tetas para mi? -me pregunto él.

    Cualquier otra mujer quizás se hubiera subido el cierre del traje y se hubiera ido luego de escuchar ese comentario pero yo ya estaba algo caliente por haber posado de forma sexy así que deje que me las vea.

    -Una sola vez y nada más -dije yo.

    -Bueno está bien -dijo él.

    Me abrí el traje por completo por 4 o 5 segundos y lo dejé con la boca abierta queriendo ver un poco más así que me lo volvió a pedir.

    -No seas mala, mostrame un poco más -dijo él.

    Entonces me volví a abrir el traje y hasta dejé que me sacara un par fotos de mis pechos.

    -Estas buenísima mami -dijo él.

    Al escuchar este comentario por parte de él me puse bastante tímida y le respondí tímidamente con un gracias.

    -Tu marido todavía te las chupa -dijo él.

    Acá yo me sonroje y le volví a responder tímidamente con un «tal vez» haciendo que se dé cuenta de que estaba ya entregada así que se acercó hacía mi con su cámara sujetada a su cuello y me agarró de la cintura con sus dos manos.

    Entonces él me empezó a chupar las tetas, sobre todo a succionar y a morderme los pezones, yo estaba digamos helada por lo que él estaba haciendo pero además estaba bastante excitada así que me deje llevar por mi deseo sexual y a los dos o tres minutos ya estaba agachada saboreando su morcilla con la boca.

    Escena que quedó grabada en la memoria de su cámara ya que me saco un par de fotos chupándosela sin estar mirando a la cámara y otras que si estoy viendo a la cámara pero con la lengua afuera probando la punta de su «nepe».

    Después de eso digamos que volví a ponerme en cuatro patas pero ya sin el traje puesto y para que me la meta por detrás y no para que me fotografíe de nuevo.

    Se puede decir que me estuvo rompiendo el culo por un buen rato hasta que se cansó y me eyaculo en la cara como si fuese una trola y me gustó bastante que lo haya hecho.

    Ese fue nuestro primer encuentro sexual, luego vinieron un par más y hubo uno en cuestión que estuvo bastante mejor que los demás.

  • Metro, hora punta

    Metro, hora punta

    Hoy hace bastante calor, y todas las chicas llevan ropa de verano, enseñando los hombros.  Me gusta, y esa puede ser una buena noticia para empezar el día, pero tengo que ir en metro a trabajar, y no soporto estar apretado. Esa es la parte mala.

    Cuando subo, no parece que haya tanta gente. Y como tengo que ir casi hasta el final, me alejo de la puerta y me voy a una esquina del vagón. Me fijo en la chica que está cerca de mí. Bastante alta, con tacones no muy exagerados. Lleva una falda estampada y una blusa blanca, ambas muy ligeras. Está de espaldas y no le puedo ver la cara, pero ya decido que me gusta. A primera vista parece que tiene un buen cuerpo.

    En la siguiente parada ya se empieza a subir mucha gente, y al llegar a la segunda, ya vamos todos totalmente pegados. Me fijo en que ella se ha tenido que desplazar hacia mí, y ahora la tengo muy cerca, la estoy tocando. Sigue de espaldas, y en un acto reflejo acerco mi cara y huelo su pelo suelto, ondulado. Me llega su perfume, maravilloso (creo que de Lancôme).

    Siguen entrando más personas y ahora ya estamos absolutamente encajonados. Ella se ha echado hacia atrás, y ahora la tengo totalmente pegada a mi cuerpo. No se ha dado la vuelta en ningún momento. Desde donde estoy puedo ver un escote muy generoso, con un lunar en un lugar privilegiado. Y siento sus nalgas, firmes, apretándome en el bajo vientre. Me empiezo a excitar. No quiero, es un lugar público, pero tampoco puedo evitarlo. Donde estoy no puedo moverme, y cuanto más intento evitarlo, peor me pongo. Estoy seguro de que lo va a notar, y me juego un grito o un guantazo. De momento no ocurre nada.

    La falda es tan fina que creo notar incluso la tela de sus braguitas. Ellas se tiene que estar dando cuenta. Y de repente, noto que se acomoda, de manera que mi erección queda incrustada en medio de sus nalgas. No me lo puedo creer, se echa hacia atrás, y apoya su espalda en mi pecho. En una acción de locura, le rodeo la cintura con una mano, y veo que no la rechaza. Gano en atrevimiento, pongo mi otra mano sobre su cadera, y le levanto la falda. Le agarro una de las nalgas, y tampoco hay reacción. Y entonces ya me dejo ir. Siempre por debajo de la falda, llevo mi mano a su entrepierna. Aparto la poca tela de sus braguitas y acaricio el musgo de su sexo. No está depilada, pero sí lo tiene cuidado, muy corto. Avanzo un poco más y toco los labios, cerca de su vagina. Y aquí sí me parece sentir que aguanta un poco la respiración.

    Está completamente empapada, y mis dedos se deslizan sin ningún esfuerzo, arriba y abajo, presionando suavemente. En ningún momento vuelve la cara, pero puedo notar cómo respira de manera entrecortada. Y cada vez que me acerco y rozo su clítoris, emite un pequeño suspiro, casi imperceptible. Noto como abre ligeramente las piernas, y me acerco a su entrada. Meto dos dedos, no muy rápido pero con decisión. Me recibe fácilmente, y ahora sí, veo como suben sus pechos al respirar más profundamente. Me parece notar un gemido, pero nadie mira, deben ser imaginaciones mías.

    Mientras le agarro la cadera con la otra mano, de manera firme, empiezo a mover mis dedos dentro y fuera, primero despacio y con un ritmo constante, para ir acelerando muy poco a poco después. Mientras tanto, le acaricio el clítoris con el pulgar, dibujando círculos que le hacen estremecer. Sigue sin volver la cabeza, pero echa una mano hacia atrás y la mete en mis pantalones. Me agarra, apretando un poco, y empieza a masturbarme. Debemos habernos vuelto locos los dos. Los dos de pie, en medio de tanta gente, ahora ya sin ningún tipo de pudor. Pero nadie mira.

    Ahora muevo mi otra mano y presiono un poco sobre su bajo vientre, acercándola más a mí. Meto un dedo más, ya son tres, y mi mano se transforma en garra, intentando estimular su punto G. Ahora noto cómo su respiración sigue mi ritmo, la controlo. Y dobla un poco las rodillas, dejándose caer sobre mi mano. Mientras tanto, continúa masturbándome, moviendo su mano a través de toda mi erección, desde el glande a los testículos. Estoy tan excitado que sé que no podré aguantar mucho más. Pero ella tampoco… empiezo a notar el inicio de sus contracciones, y entonces le doy varios toques rápidos en el clítoris con los dedos de la otra mano, mientras continúo presionando con la palma sobre su vientre. Suspira, se encoge un poco, y de verdad que noto en todo mi cuerpo cada uno de sus espasmos. Entonces aprieta un poco más su mano sobre mi miembro y yo también me voy, de manera simultánea.

    Llegamos ya a una de las estaciones principales y va a salir bastante gente. Ambos sacamos las manos, y veo que se recompone la falda y echa a andar hacia la puerta, llevada en cierto modo por la multitud. Y se va sin mirar atrás. Al final no le he visto la cara y supongo que no la volveré a encontrar… pero lo que ha sucedido es increíble.

    Estoy completamente manchado por dentro de la ropa, pero hasta ahora no había podido ni pensar en esta consecuencia. De repente me veo oliendo y chupando mis dedos, de manera inconsciente. Sabe a gloria y se me escapa una sonrisa. Y entonces veo a dos señoras a mi lado mirándome con mala cara. ¿Nos habrán visto? Mejor me voy a bajar en la siguiente parada…

  • Disfrutando de la polla de mi hermano

    Disfrutando de la polla de mi hermano

    El timbre de la puerta sonó,  eran Beatriz y David dos de los mejores amigos de mi hermano, mis padres no estaban en casa se habían ido una semana de vacaciones con unos amigos, teníamos la casa para nosotros solos y eso quería decir, juerga para mi hermano y dolor de cabeza para mí, además el tiempo no acompañaba, desde hacía dos días llovía sin parar y parecía que iba a seguir así toda la semana.

    -Alberto han venido tus amigos. Grite a mi hermano desde las escaleras para que bajara.

    -Voy. Empezó a bajar las escaleras de dos en dos.

    -A ver voy a ser una hermana enrollada, voy a pasar de vosotros, me da igual lo que hagáis mientras que no metáis ruido, tengo mucho que estudiar y necesito tranquilidad. Les dije muy seria

    Beatriz era un encanto de niña, pelirroja y con unos ojos muy bonitos, yo estaba casi segura que estaban enrollados y la verdad que me gustaba mucho para mi hermano, se la veía una chica inteligente y segura de sí misma y en cuanto a David, hay David, era un chico bastante pero bastante salido, continuamente le pillaba mirándome las tetas y el culo, aunque tenía mucha gracia el jodido, siempre riéndose y haciendo reír a los demás, los tres se conocieron en el primer año de facultad, creo que el mayor era mi hermano que acababa de cumplir ya los veintidós años.

    No había pasado ni una hora cuando mi hermano llamo a mi puerta y me pregunto que si echábamos una partida al mus, él sabía lo que me gustaba y la verdad que me apetecía salir de los libros un rato, total era viernes y tenía todavía dos meses por delante para estudiar la dichosa oposición, nos sentamos en el suelo del salón para estar más cómodos y empezamos a jugar, hicimos parejas chicas contra chicos, al principio pensé que les iba a dar un poco de ventaja pero… mm no me gusta perder, soy muy competitiva y Beatriz y yo les emperezamos a desplumar.

    David planteó cambiar las reglas del juego, jugaríamos al Stripe mus, una variante del póquer como él decía, el que perdiera se debería quitar una prendan, ja, ja, ja, a mí me gustó la idea, iba a ser divertido dejarles en pelotas, me iba a divertir a su costa o esos pensaba yo, ya que cuando empezamos a juzgar las tornas cambiaron, se notaba que me habían engañado y sabían jugar mejor de lo que yo pensaba.

    En las primeras manos mi hermano y David se tuvieron que quitar varias prendas, en las siguientes nosotras, al cabo de varios juegos les teníamos contra las cuerdas, ya solo tenían los calzoncillos y nosotras estábamos con el sujetador y las bragas y no estaba dispuesta a que David, me viera los pechos y mucho menos desnuda, ya me sentía demasiado radiografiada por él, no paraba de mirarme, sus ojos se clavaban en mi coño y note como le iba creciendo un bulto por debajo del calzoncillo.

    En el siguiente juego mi hermano me gano por la mano y nos obligó a quitarnos el sujetador, Beatriz tenía los pechos perfectos, redonditos y firmes, mi hermano no paraba de mirarlos, los pezones los tenía muy grandes e hinchados y a mí me pasaba igual, me costaba reconocerlo pero aquel tonto juego me había excitado más de lo que yo hubiera deseado, notaba como tenía las bragas húmedas y un ligero olor a flujo se olía en el ambiente, Beatriz me miraba ruborizada, sabía que la pasaba lo mismo, la veía mirar el cuerpo de mi hermano y fijarse en su paquete, estaba tan o más excitada que yo y sus bragas igual de mojadas o más, quizás ellos no se dieran cuenta pero nosotras sí.

    Ahora la que miraba era yo el bulto que tenía David, se había hecho enorme y en alguna ocasión me pillo mirándoselo mientras me mordía el labio inferior lascivamente, él no paraba de mirarme y mi hermano a Beatriz, nos estaban devorando literalmente con la mirada, note como David se tocaba aquel bulto mientras sus ojos se clavaban en mis tetas y en mis bragas, intentando traspasarlas con la mirada, aquello me estaba poniendo tremendamente caliente llegando incluso abrirme de piernas, en la siguiente mano Beatriz y yo conseguimos dejarles desnudos y ante nosotras se alzaron dos enormes y preciosas pollas, estaban totalmente empalmados, Beatriz y yo nos miramos a la vez, estábamos boquiabiertas con aquellas dos maravillas, nunca habría pensado lo que escondía mi hermanito.

    Una mano más y nosotras podríamos perder las bragas, la notaba en la misma situación que yo, tremendamente excitada y mojada, estaba hecha un lío, quería seguir pero si seguíamos jugando allí podría pasar cualquier cosa de la que seguro me arrepentiría después y aunque mi cuerpo decía si, mi mente decía no, aprovechando que era ya muy tarde les mande a todos a sus respectivas casas bajo amenaza de todo lo que se me ocurrió.

    Mi hermano estaba tremendamente enfadado, David decepcionado y Beatriz aliviada o eso creía yo creer, me daba igual, sabía que había tomado una decisión acertada.

    Serían las cuatro de la mañana y estaba dormida en la cama, cuando note que mi hermano entraba en la habitación sigilosamente, me hice la dormida, no quería tener más broncas con él, se acercó y se subió en la cama despacio, no sabía lo que pretendía ó quizás si no lo se estaba confundida, siempre nos habíamos llevado muy bien casi nunca discutíamos, éramos uña y carne y había una especie de atracción física entre los dos, tan solo le sacaba tres años y desde que cumplió los veinte se había puesto macizo, había moldeado su cuerpo a base de gimnasio y era un chico muy guapo, mentiría si en alguna ocasión me lo había imaginado de otra manera de la que no fuera como hermano y ahora era peor, ya que hasta aquel día no sabía lo que escondía debajo del pantalón.

    Se tumbó, en la cama y se acercó a mí por la espalda, note como me iba desabrochando el pijama y como empezó acariciar mi pecho, su mano subían y bajaba por mi cuerpo, apretando suavemente mis pechos, entreteniéndose con mis pezones, tenía que parar aquello, estaba tan caliente que tenía que parar, era mi hermano y no podíamos seguir, estaba decidida.

    Pero sus dedos hicieron que no pudiera articular palabra, habían buscado mis bragas y se habían metido furtivamente por debajo de ella, me acariciaban los labios, mi clítoris había aumentado de una forma espectacular, me lo masajeaba y sus dedos se empezaron a meter primero uno, luego dos en mi vagina.

    Me seguía haciendo la dormida, tenía que morder la almohada para no gemir, quería levantarme pero no podía el placer que me estaba dando me lo impedía, notaba su enorme polla sobre mi culo hincándose entre los glúteos, algo paso que mi hermano se asustó, tuve que hacer algún movimiento, algún tipo de ruido que pensaría que me había despertado y se fue, dejándome con ganas de más, tan caliente, tan mojada en mi interior, pensé que mejor así, he intente mojar mis ganas en los brazos de Morfeo.

    Daba vuelta y vuelta en la cama pensando en aquellas caricias, en aquella polla, no paraba de darle vueltas a la cabeza, todavía sentía sus caricias y sus dedos metiéndose dentro de mí, tenía una lucha interna y al final gano la lujuria, empecé a masturbarme pensando en mi hermano, pasaba mis dedos por mis labios, pellizcaba mis pezones y me preguntaba que estaría haciendo él, me sujetaba a la cama para no caer en la tentación y levantarme pero mis piernas se pusieron en marcha, estaba decidida en ver que hacía y sin saber cómo estaba ya detrás de su puerta.

    Estaba entreabierta, había un poco de claridad procedente de una pequeña pecera que estaba iluminando la habitación, mire al interior y vi como mi hermano se estaba masturbando, tenía aquella enorme polla la agarraba con ambas manos haciéndola subir y bajar, era tan grande que me daban ganas de ir a por ella.

    Me di cuenta de que me seguía masturbando detrás de la puerta, el deseo era tremendo, la quería, quería chuparla y la quería dentro de mí, me olvide de que era mi hermano, era como si mi mente se quedara en el pasillo y mi cuerpo traspasara el marco de la puerta en dirección a la cama, a mitad del camino mi pijama caía al suelo y mis bragas al pie de su cama.

    Mi hermano oyó que me acercaba y se hizo el dormido, se pasó la sabana por encima y se quedó inmóvil, aquello parecía una tienda de campaña, le quite la sabana, me subí encima de él y se la empecé a chuparle el glande, mi hermano no dijo nada, mejor…

    Al cabo de un rato los dos gemíamos de placer, no salió palabra alguna de nuestros labios, lo que si me había tumbado en la cama, girándose le tenía encima de mí y mientras yo le comía aquella enorme polla que casi ni me entraba en la boca, él me lamía mi clítoris, pasaba su lengua por mis labios mojados y me la introducía una y otra vez en mi vagina, sentía prácticamente como me metía toda la lengua, moviéndola dentro y cuando no era la legua, eran sus dedos los que hacían que no parara de gemir, de vez en cuando sentía como me metía su nariz y aquella sensación no sé por qué me ponía aún más caliente, por mi parte introducía su polla hasta la garganta y aun así no me la metía toda, la succionaba una y otra vez, mi hermano estaba literalmente follando mi boca.

    Mi vagina se empezó a mojar más de la cuenta, tenía su boca lamiéndome todo el coño cuando mis piernas temblaron y mi pelvis se alzaba temblorosa, empecé a sentir un maravilloso orgasmo, empecé a chorrear flujo por mi vagina, mi hermano seguía lamiendo, le estaba empapando la cama y su boca tragaba parte de mi flujo que salía disparado de mi interior, no podía evitar dejar de gritar, aunque al tener su polla metida en mi boca casi ni se me oyó.

    Mi hermano dejó de lamerme y con un enorme gemido, un “jodeeer” salió del cuando sentí que su polla estallaba, lanzando chorros de su leche al interior de mi boca, era justo que a pesar de seguir con los últimos coletazos de mi orgasmo, empezara a chupársela más rápido tragándome su leche.

    Los dos nos quedamos exhaustos, después de unos minutos me levante sin decir nada, recogí mi ropa y me marche, estaba en mi cama todavía desnuda, sonriendo y saboreando la leche de mi hermano, la puerta se abrió nuevamente, la luz del pasillo estaba encendida y podía ver la silueta de mi hermano con la polla totalmente empalmada, me incorporé, nos miramos y ni una palabra entre los dos, solamente miradas de complicidad, de lujuria, me volvía a tumbar apoyando la cabeza en la almohada, la gire mirando la ventana y abrí mis piernas invitándole a pasar.

    Mi hermano se subió a la cama y empezó a besarme por todo el cuerpo, empezando por mis pies, mis muslos e iba subiendo despacio, no había prisa alguna, no hacía falta que me excitara más, estaba tremendamente caliente y mojada en el interior de mi coño, su cabeza y su cuerpo no se separaban del mío.

    El roce de nuestros cuerpos era excitante, sus labios sobre mi cintura, mi tripa y mis pechos, lamiéndolos una y otra vez, mis pezones se elevaban al techo, mi cabeza seguía mirando a la ventana mi cuello esperaba sus labios, sus besos, sus labios buscaron los míos pero parecía como si no los quisiera tocar, como si no quisiera besarme, sentí su polla sobre mi vagina, estaba tan mojada que no le costó entrar, cerraba los ojos y mis manos agarraban fuertemente las sabanas cuando me empezó a besar y a penetrar muy dentro, muy profundo.

    Con movimientos lentos y suaves, fuertes y profundos mi hermano estaba dándome el placer que nunca ningún chico me había dado hasta ahora, su polla llenaba todo mi coño, mi vagina se estiraba más y más para dejar que entrara toda, la tenía tan suave y tan gruesa, que sentía cada movimiento, cada roce, como entraba y salía de mi interior, sus palpitaciones, estaba destrozándome de placer.

    Se puso de rodillas y cogiéndome por la cintura elevo mi pelvis, ahora con movimientos rápidos hacían que no pudiera ni gritar, mis ojos se quedaban en blanco, su polla se metía entera hasta la raíz, la sentía tan dentro de mí que me parecía imposible que llegara hasta ahí, estaba totalmente extasiada.

    Nuevamente sentí como me corría, un orgasmo como nunca antes había tenido, empecé a chillar como una loca, estaba perdiendo el control, con una respiración entrecortada y sin casi articular palabra le rogaba que no parara, que me la metiera más y más, me temblaba todo el cuerpo y en un momento de lucidez le pedí que no se corría dentro de mí, tan siquiera me había dado cuenta de que mi hermano ya se había corrido en mi interior, la seguía metiendo una y otra vez hasta que la saco, pensaba que se iba a correr, pero solamente me dio un beso y se marchó tal como había venido.

    Nuevamente estaba sonriendo encima de mi cama, con las sabanas totalmente empapadas, oliendo a los dos, pase mis dedos por mi vagina y note mis flujos pero también su semen, se había corrido el muy cabrón dentro de mí, no me enfade, pensé que no me habría oído, por otro lado supongo que se correría cuando yo estaba en el clímax de mi orgasmo porque ni me entere.

    Al día siguiente y muy de mañana salí a comprar preservativos, le desperté con besos y caricias, le puse uno y le dije que empezara a follarme, no había tiempo que perder teníamos una semana por delante, tenía una semana para disfrutar de la polla de mi hermano.

  • Las experiencias de Carlos (Parte I): Marian

    Las experiencias de Carlos (Parte I): Marian

    Cuarentena, la puta cuarentena que ya se cumplía en otras partes, se anunciaba que aquí empezaba esta noche a partir de las 24 h.

    Carlos. Un hombre soltero sin familia, de unos 40 años que físicamente aparentaba mucho menos, había salido a la calle, solo para recorrer pocas cuadras y llevar algo de alimentos a un amigo, luego volvería a su domicilio donde vivía solo en una casita de tres dormitorios, la cual habiendo previsto la situación estaba totalmente surtida con lo necesario para aguantar sin salir por al menos un par de semanas.

    Esta hombre tenía un secreto que en todo el mundo solo él conocía, Tenía una habilidad, un superpoder dirían muchos, pero él la consideraba una habilidad, leve pero habilidad.

    El asunto es que Carlos, estando cerca de una o varias personas podía afectar sus sentidos o lo que sentían. Es decir podía aumentar la alegría, tristeza, lástima, excitación o cualquier otro sentimiento de otra u otras personas cercanas a niveles muy altos o muy bajos. Lo llama proyectar.

    No podía dar órdenes que otros debían cumplir no, pero con el tiempo aprendió que eso no era necesario. Había otras formas de mandar por ejemplo si deseaba comprar algo más barato solo tenía que “proyectar” en el otro un sentimiento fuerte de lástima y en muchos casos lograba lo que quería- También se dio cuenta que no era posible lograr cosas con acciones que estaban muy por fuera de la moral, es decir nunca podría conseguir que un cajero de banco le regale dinero o que una mujer desconocida se le regale si están totalmente propensos a ello.

    Era una habilidad extraordinaria que si no fuese una persona mesurada lo podría colocar el posiciones muy altas de la sociedad, pero él era una persona muy medida y solo en algunas ocasiones lo usaba siempre pensando en no dañar a otros.

    Ya estaba en camino de vuelta a su casa, solo faltaban un par de cuadras cuando siente unos gritos desde un callejón. Se acerca sigilosamente y se asoma.

    Puede observar como tres personas de sexo masculino golpeaban a otra en el piso para robarle, y aparentemente como no le habían encontrado nada de valor, hablaban de golpearlo hasta matarlo.

    Carlos se dio cuenta que si no intervenía podría haber una muerte, entonces agarrando un caño de alrededor de un metro que encontró en el piso, se acercó sin hacer ruido.

    Mientras se acerca infunde en los tres delincuentes un sentimiento de miedo exagerado hacia él.

    Al llegar al lugar uno de los delincuentes lo ve y del miedo no reacciona, entonces Carlos actúa dándole un golpe en el brazo con tanta fuerza que se siente este se rompe y sin detenerse gira y lanza otro golpe que da en la espalda del otro hombre quien cae al piso totalmente aturdido.

    En ese momento grita al asaltado pidiéndole que se levante. El grito es escuchado y el asaltado levanta un bolsito que evidentemente le pertenecía e inicia la carrera detrás de él.

    Corren juntos un par cuadras y luego caminan los metros que faltaban ya que Carlos advierte que no son seguidos.

    En pocos minutos entran en su casa, recién allí Carlos observa a su acompañante y se encuentra con un chico de cabello claro largo atado en colita por detrás de la cabeza, flaco, totalmente lampiño, aparentaba unos 18 años, con pinta de afeminado y vestido con ropa unisex.

    -Estas bien, soy Carlos -dijo

    -Sí, un poco golpeado pero bien, soy Marian -respondió el chico

    -¿qué pasó? ¿Por qué estás en la calle? -preguntó Carlos

    -Estaba en casa de unos chicos que creía amigos, pero como no me gustó la compañía que recibieron y me negué a estar con ellos, me echaron a la calle -respondió Marian

    -¿Estar con ellos? -preguntó Carlos

    – bue, acostarme –respondió el chico bajando la vista– soy homosexual.

    -Haz hecho bien -dijo Carlos y agregó– tienes a quien llamar, aprovecha que todavía puedes moverte en la ciudad porque a partir de las 12 de la noche hay toque de queda y no es posible salir.

    -Si quiero llamar a mi abuela, para ver qué debo hacer, ya que no puede venir a buscarme porque está en otra provincia.

    -ahí está el teléfono, mientras te preparo un café y algo de comer -dijo Carlos.

    Marian llamó a su abuela que en ese momento estaba en otra ciudad atendiendo negocios antes de la cuarentena.

    Hablaron unos minutos y finalmente le dijo a Carlos –quiere hablar contigo y agradecerte.

    Él tomó el teléfono y dijo –hola soy Carlos mucho gusto -del otro lado le contestaron– hola sí, soy Mabel la abuela de Mariano.

    Hablaron por espacio de varios minutos y finalmente Carlos cortó.

    -Quedamos con tu abuela que te quedas aquí unos días. En este momento es casi imposible venir a buscarte sin tener un permiso, que tratará de tramitar. No te preocupes aquí hay de todo para que la pasemos tranquilos al menos un par de semanas -le explico Carlos mientras le sirve el café y unas galletas.

    -A que te dedicas -le pregunta Carlos tratando de iniciar una conversación.

    -Bueno estudio baile y nada más ya que mi abuela me mantiene dándome todos los gustos.

    -y cómo has terminado en lo de esos “amigos” con todo ese problema de pandemia ya conocido -dijo Carlos.

    -en realidad inicialmente éramos un grupo de amigos cross y nos quedaríamos estas dos semanas de cuarentena en esa casa. Justamente estábamos haciendo un concurso de pasarela para divertirnos, pero resulta que uno de ellos -calentón de mierda- dejó entrar a unos malvivientes que se apoderaron de la situación. El resto ya lo sabes -respondió Marian.

    Charlaron un rato donde cada uno explicó algo de su vida, y luego como estaba anocheciendo Carlos preparó una cama en otra habitación y allí le indicó a Marian que dormiría los siguientes días.

    Antes de acostarse Carlos pasó por la habitación de Marian, le dio una toalla, un cepillo de dientes y le indicó que si quería podía bañarse. Antes de retirarse le preguntó –quieres ropa para dormir.

    A lo que Marian respondió que no –traigo toda mi ropa en el bolso –agregó.

    Marian se bañó y se acostó mirando algo de televisión, por su parte Carlos ya acostado también miraba televisión en su cuarto.

    Alrededor de media hora después se cortó la corriente eléctrica. Carlos se levantó y viendo a Marian despierto dijo -no creo que vuelva esta noche la luz, espera que te traigo unas velas -y volvió con una especie de tubo fluorescente a pilas para él y unas velas que le dejó a Marian.

    Carlos se recostó nuevamente y se puso a leer un par de revistas. A lo lejos se empezaron a escuchar tiros, gritos y explosiones aisladas.

    Un par de minutos después Marian se asoma y dice –sin televisión esto está aburrido, ¿qué te parece si te muestro lo que hacía con mis ex amigos y me das tu opinión?

    -¿mi opinión? ¿En qué? -pregunta Carlos.

    -recuerdas que te dije que hacíamos un concurso de pasarela, cada participante tenía tres pasadas con ropa diferente y después entonces los jueces definen un ganador por el vestuario y como le queda -responde Marian

    -Si claro, conozco esos concursos -dice Carlos– pero acá no hay participantes, salvo uno.

    -Claro compito conmigo mismo -agrega Marian– hago mis tres pasadas y vos decidís que vestuario gana -y agrega- al menos para entretenernos un poco.

    -Está bien -dice Carlos- llévate la linterna y déjame un par de velas. Avísame cuando vayas a pasar.

    Marian se va a cambiar a su cuarto.

    Mientras esto ocurre vuelve la corriente eléctrica, o sea tenían nuevamente luz, pero la señal del cable seguía muerta.

    Un par de minutos después Carlos escucha una voz -voy para la primera vuelta, sí.

    -Perfecto estoy esperando -contesta Carlos.

    Entonces aparece Marian. Totalmente transformado.

    Vestía una pollerita tableada tipo escolar, cortita, una camisa apretada que hacían resaltar dos minitetitas, se había puesto medias y zapatos de taco. Estaba totalmente maquillado y se había soltado el cabello que le caía hasta el hombro muy lacio.

    Era realmente una colegiala con la cola bien paradita. Dio un par de vueltas tomando poses muy sexys.

    Carlos estaba ya con la pija parada, pero como estaba debajo de la ropa de la cama no se notaba.

    Marian se sentó al borde de la cama y dijo –¿Qué puntaje le pones a este?

    Carlos contesto –no tengo referencia para puntuar, quiero ver las tres pasadas y después te digo.

    Marian desapareció y Carlos trató de bajar esa pija que ya parecía un mástil.

    Unos minutos después entra nuevamente Marian, esta vez vestido de enfermera, con un delantal blanco muy ajustado que nuevamente realzaba un hermoso culo todo levantado y hacía notar dos insipientes tetitas. Bien maquillado, medias blancas y los mismos zapatos de taco alto.

    Dio también un par de vueltas y poniéndose en posiciones más que sexys saludo desde la puerta para volver a desaparecer.

    Carlos solo trataba de ocultar esa erección y hasta ahora lo había logrado.

    Finalmente unos minutos después aparece por tercera vez Marian.

    Vestía unos mini-shorts muy chicos que dejaban toda la cola afuera, el abdomen al aire y la parte superior de una biquini tapándole las tetitas, que hacia juego con su cabellera larga y rubia.

    En los tres casos cualquiera hubiese pensado que era una mujer joven y de muy buen cuerpo.

    -y cuál es el mejor vestuario para vos, cual gana -pregunta Marian sentándose en la cama.

    -realmente los tres son ganadores -responde Carlos– pero me quedo con este último, te queda casi infartarte –agregó.

    -Bueno gracias –dijo Marian- voy a guardar la ropa.

    Mientras Marian se cambiaba en su habitación, Carlos decide darse una ducha fría para tratar de bajar esa erección y se metió en el baño, en ese momento se vuelve a cortar el suministro eléctrico y vuelven a quedarse sin luz.

    Al salir de la ducha Caros va a su cama y ve a Marian acostado y tapado en ella.

    ¿Qué pasó? –pregunta.

    -perdona pero sin luz y con todos esos gritos y ruidos tengo miedo. ¿Puedo dormir en esta puntita sin molestarte? –responde el chico.

    A Carlos le dio lastima, pero como para echarlo le dijo –mira que yo duermo desnudo.

    -no hay problema, igual la cama es grande, debe tener como 2 metros -agrega Marian.

    Carlos entonces se acuesta y se pone de costado mirando la ventana, de igual manera estaba Marian, pero en la otra punta de la cama. Los separaban casi 1 m.

    Carlos trato de dormir, pero se le venían en mente las imágenes de la pasarela y sentía que la pija se le volvía a hinchar.

    Trato de olvidar eso y cerró los ojos. Unos minutos después siente movimiento y al abrirlos se da cuenta que si bien Marian no ha cambiado de posición, la distancia que los separa ahora es de menos de 20 cm.

    -Estas despierto -escucha el susurro de Marian.

    -Si aún no duermo -dice Carlos en voz más alta.

    -Me puedo así como estoy arrimarme un poco más que estoy algo asustado. -Pregunta Marian.

    -Bueno -le dice Carlos– pero recuerda que estoy desnudo.

    Marian se acerca y se pega casi en cucharita con el diciendo –yo también duermo casi desnudo.

    En ese momento Carlos se da cuenta que su pija totalmente parada está apoyada entre los cantos del culo de Marian y hay un contacto directo entre los dos cuerpos con solo el calzón separándolos.

    -no dijiste que dormías desnudo, ahí quedo algo de ropa enganchada -dijo Marian mientras con la mano agarraba la pija de Carlos y la soltaba enseguida.

    -Uhh, perdón, pensé que era ropa –aclaro Marian.

    -Está bien, no te hagas problemas –dijo Carlos minimizando la cosa.

    -el problema tienes que hacértelo vos, no creo que puedas dormir con semejante pedazo levantado toda la noche -agregó Marian– se ve que te gustaron los vestidos.

    -Bueno ya pasará -Dijo Carlos- en un rato se baja sola.

    -Me parece bien –dijo Marian- el tiempo soluciona todo, hasta mañana.

    Pero a Carlos la pija no le bajaba y menos estado ubicada dentro del canal de los dos cachetes del orto del pendejo. Y lo peor era que este se daba cuenta ya que la sentía pegada al culo y a cada rato la apretaba al comprimir y aflojar los músculos del culo, empeorando la situación.

    Finalmente Marian dijo –parece que no se baja y así no vamos a poder dormir. ¿Me dejas que te ayude con este problema?

    -y como piensas solucionarlo -pregunto Carlos

    Ante esa pregunta Marian se da vuelas, se mete bajo la ropa de cama y agarrando la pija de Carlos con su mano le da un beso en el glande, luego lo lame muy despacio.

    Carlos al sentir esto retira la ropa y observa como Marian le besa la cabeza de la pija dejándola toda mojada de saliva, y sigue hacia abajo besando y chupándole los huevos que a su vez acaricia con una mano. Le lame la pija desde abajo hasta su glande y vuelve a comenzar, la lengua no dejaba de pasar por todos lados dejándolo bien mojado.

    -Hm como me gusta esto -dice Marian, y agrega sonriendo– que putito que soy, me encanta. Te agrada lo que te estoy haciendo -le pregunta a Carlos que lo mira con cara de estar gozando.

    Comienza a pajearlo y le dice –que preferís, que te haga una paja así como estoy haciendo, o que te la chupe así -y vuelve a besarla y lamerla.

    -Chúpala que me gusta -dice Carlos– seguí así putito, mostrá lo que sabes hacer.

    Carlos le toma la cabeza desde su cabello y lo acaricia alentándolo a seguí así.

    Marian mientras arrodillado junto a él y viendo que lo está mirando, comienza a meterse la pija en la boca muy lentamente sabiendo que le está haciendo algo que evidentemente le gusta.

    Finalmente la pija entra totalmente y sus labios tocan los pocos vellos de la base de la pija. Carlos siente como su pija entra en la garganta del chico, en ese momento le aprieta la cabeza contra sí y no lo deja retroceder y dejar salir la pija.

    Marian comienza a ahogarse y se retuerce. Cuando finalmente se da cuenta que la presión sobre su nuca cede, levanta la cabeza y la pija va saliendo. Marian comienza a toser y a largar saliva que Carlos toma con su mano.

    -esto lo voy a usar como lubricante para meterte algún dedito por la cola -explica Carlos.

    Ya repuesto Marian le dice –Hm pero de a poquito que no quiero que me duela porfa.

    Mientras la cabeza de Marian sube y baja, Carlos comienza a acariciarle el culo mojando el agujerito con la saliva recogida en su mano.

    Comienza a mover el dedo anular en forma circular sobre el ano y de a poco logra introducir la primera falange.

    -¿Te gusta así putito, hasta cuantos dedos aguantas? -le dice.

    -Con buena lubricación y tiempo podrías casi meter la mano entera -responde– pero hoy solo hasta 3 deditos porfa.

    -Como te voy a coger pendejo, que lindo culo tienes -agrega Carlos.

    -Te gusta mi colita -dice Marian mientras se baja todo el calzoncillo– juga todo lo quieras con ella, pero hoy no la usamos, me duele por los golpes -y agrega– igual te aseguro que te lo compensare en su momento.

    -no hay problema pendejo -dice Carlos– hazme una buena mamada y estoy más que conforme.

    Carlos logra de a poco meter su dedo completo dentro de la cola y empuja hasta el fondo.

    -Ahh -dice Marian- pone dos o tres y pajeame la colita despacio.

    Carlos pone otro dedo y comienza lentamente meter y sacar ambos dedos.

    -¿Vistes que limpita tengo la colita? -dice Marian– de eso me encargue hace un rato, pensé que a lo mejor querías darle unos besitos -y sonríe mientras sigue chupándole la pija que entra y sale de su boca.

    Al escuchar eso Carlos toma al pendejo, lo da vuelta colocándolo boca abajo en la cama y comienza a jugar con su lengua en el agujerito del culo.

    Marian comienza a gemir a medida que la lengua de Carlos gana terreno en esa colita. Le muerde también los cachetes, los besa, los lame.

    Carlos no sabe si logrará aguantar sin romperle eses colita ya mismo, está casi desesperado, pero la pericia de Marian es tal que sale de esa posición, se mete nuevamente la pija en la boca y lo tranquiliza diciendo –dale papito, dale tu lechita en la boca a la nenita.

    En pocos minutos Carlos siente que va a explotar y le llena la boca de leche al putito.

    Marian recibe todo el contenido sin dejar escapar una gota y lo traga con gusto, mientras con la lengua le limpia la pija.

    -Cuanta leche papi y que rica -dice Marian.

    Al finalizar se da vuelta, se levanta el calzoncillo y dice –ahora si podemos dormir seguro, hasta mañana.

    Carlos cierra los ojos y piensa que lo va a tener en su casa al menos un par de días, y mientras se imagina todo lo que le va a hacer a ese pendejo se va durmiendo plácidamente.

    Marian también se duerme pensando en todo lo que le van a hacer en los próximos días y se da cuenta que se duerme excitado.

  • Doble cogida por el culo

    Doble cogida por el culo

    Últimamente me ha ido muy bien con mis avisos en línea buscando clientes; claro, no puedo atender a todos, recibo montones de mensajes a diario, pero selecciono las mejores vergas cuando hay foto. Aunque ahora cacho más en hoteles, de vez en cuando me doy mis vueltitas por el centro de la ciudad, por los barrios rojos; creo que uno se siente “más puta” si puteas en la calle hasta que alguien te recoja en su auto. Así que, con una chaqueta de cuero encima (pero con una rica minifalda) decidí darme una caminata por la calle. Era un jueves en la noche así que no esperaba mucha acción; a la mayoría de los hombres les gusta cachar putas los fines de semana. Con todo, decidí probar suerte. Eran como las 11 de la noche y estaba por la una esquina conocida por la acción nocturna.

    No llevaba ni media hora en el lugar hasta que de pronto se estaciona un auto delante mío; como ya sé mi negocio, simplemente me acerqué a la ventana derecha, miré por la ventana y, para mi sorpresa había dos tipos adentro. Hummm… ¿qué tendrán en mente?

    “Hola amor? ¿Estás libre? Me preguntó el chofer

    “Sí claro, ¿qué tienes en mente?”

    “Bueno, ¿puedes dar servicio doble?” Te pagamos doble obviamente.

    Me tomé unos segundos para procesar la propuesta. ¿Cachar con dos al mismo tiempo? La verdad que hasta entonces no lo había hecho, pero claro, como toda tranni, era una de mis fantasías. Era mi oportunidad.

    “Claro, no hay problema. 100 cada uno. Con todo ¿ok?

    Pero primero les dije:

    “pero se dan cuenta que hay una verga aquí abajo, ¿verdad?” Les dije mirando mi short.

    “Claro amor no hay problema. Ya al toque, súbete al auto”

    Subí rápidamente; tomamos una calle lateral y nos metimos al garaje de uno de los tantos hoteles que hay por la zona. Esa noche llevaba botas negras que me llegaba hasta los muslos, un short negro bien cortitito y apretadito, de spandex, un top rojo fuego y medias tipo malla con portaligas. En la recepción del hotel nadie parecía sorprendido de verme (y además ya me habían cachado antes allí; ¡quizá ya era conocida!). Mientras pagaban por el cuarto me ponía a pensar en todo lo que quería hacer: doble oral, doble penetración, lo que sea. Estaba un poquito nerviosa por ser la primera vez con dos hombres, pero también estaba súper arrecha por ello. Yo ya había probado una doble penetración metiéndome dos dildos de 30 cm en el culo así que sabía que mi huequito podía abrirse bastante.

    Mis cacheros eran dos tipos en sus treintas, no tenían facha de modelos, pero tampoco estaban tan mal; al menos se veían en forma. Por la forma como hablaban parecía que tenían unos tragos encima. Quizá por eso les dio ganas de cogerse a una puta travesti. En una bolsa traían más trago para la noche. La otra cosa es que uno de ellos era venezolano, uno de los tantos que hay ahora en la ciudad.

    Todo arreglado, subimos al tercer piso, a un cuarto al final del pasillo. Mientras caminaba mis tacones hacían sonar el piso; yo iba delante de ellos y de seguro ellos miraban mi trasero mientras caminaba. Sabía que me deseaban; yo solo deseaba sus vergas y claro, su plata. Una vez en el cuarto decidimos compartir un par de tragos primero para relajarnos y romper el hielo. Algo me decía que era su primera vez con un travesti ya que ellos parecían más nerviosos.

    “No se asusten chicos, no muerdo, solo mamo y lamo. Vamos a tomarnos un par de tragos primero para empezar a jugar”

    Luego de un par de rondas de ron con Coca-Cola me quité las botas y el short, quedándome con solo un thong para cubrirme la verga. Ellos empezaron a quitarse la ropa por completo; de pronto pude ver sus piezas y me di cuenta de que me había sacado la lotería: se veían grandes y jugosas, deliciosas, carnosas. Se sentaron en el borde de la cama, yo de rodillas frente a ellos y empecé a masturbarlos para que se pongan al palo; mientras lo hacía veía sus pingas crecer más y más, endureciéndose, ohhh se veían tan ricas ahora, así que no pude esperar más: me puse delante de Carlos, el venezolano, y de un solo golpe me metí su verga dura en mi boca para empezar a mamarla como loca; al mismo tiempo seguía masturbando de José. Chupaba y chupaba sin parar y cada vez me sentía mas y más arrecha. Era delicioso.

    Cuando ya no podía más me subí a la cama, poniéndome en cuatro con las piernas abiertas ofreciendo mi hueco a mis cacheros. José se puso delante mío ofreciéndome su verga para que la chupe así que como buena chica la tomé en mi boca al mismo tiempo que le daba una mirada pendeja a Carlos, como diciéndome “¡cógeme papi!” Y así lo hizo. Sin esperar mucho se puso algo de lubricante en la verga y se me acercó por atrás; tomó mis caderas y pegó la cabeza dura de su pinga contra mi huequito. “ay sí, allí viene… métemelo papi” Y lo hizo. Sentí la punta de la cabeza haciendo presión contra mi culo y entonces pasó: la cabeza estaba dentro de mi… ay que rico se siente… Empezó a meterlo poco a poco mientras tomaba mis caderas con ambas manos, “si amor cáchame rico” -y mientras lo hacía yo chupaba la otra verga hasta hacerla rozar mi garganta. Ahora sí me sentía una verdadera puta, una actriz porno, esas que son cogidas por ambos lados, culo y boca. Los tres nos movíamos al mismo ritmo, ambas vergas entraban y salían de mis dos huecos; lo gozaba tanto que lo hubiese hecho sin que me paguen.

    Luego de un rato los chicos cambiaron puestos. José se sentó en el sofá y yo me senté en su verga parada y dura; todo mi paso cayó sobre su pinga que terminó en el fondo de mi cuerpo. Mientras tanto agarré el mazo de Carlos y de nuevo me la metí hasta tocar mi garganta. Oh qué rico se sentía. ¡¡Como hubiese querido que me filmaran en ese momento, sería la sensación en la web!!

    Ambos seguían cogiéndome sin piedad; no quería que paren, solo deseaba más y más. Mi verga estaba dura, lista para explotar; Carlos la agarraba de vez en cuando, y me di cuenta que quería mamarla. Así que se la ofrecí: él no tardó en aceptarla así que nos pusimos en pose de un 69, yo arriba, así que mientras nos mamábamos uno a otro, José seguía metiéndome la verga en el culo. ¡Era delicioso y para alocarse!! Estuvimos así por un buen rato, yo no podía resistirlo más así que sin avisarle exploté toda mi bolsa de esperma en la garganta de Carlos. Toda mis esperma empezó a salir disparada; pensé que él la rechazaría, pero al contrario, mantuvo mi pinga en su boca y siguió tragándose mi leche… ¡le gustaba!

    Sabía que pronto ellos también se vaciarían, pero quería toda esa leche dentro de mí, al mismo tiempo. No me quedaba otra alternativa: doble penetración anal. Sabía que tendría que pasar, quería que pase. ¡Era mi fantasía! Se los propuse y claro, aceptaron al toque, como no. José se hecho al borde de la cama, pinga arriba. Yo, loca por su pinga se senté sobre ella, metiéndomela por completo dentro de mi cuerpo; recosté mi cuerpo sobre su pecho mientras me penetraba y entonces vino Carlos, con su mazo bien lubricado empezó a metérmelo poco a poco… vamos, vamos, mételo amor, métemelo todito de una vez… ay si dame duro. Mi huequito estaba bastante dilatado así que había sitio suficiente para dos vergas duras listas para explotar.

    Ya tenía las dos vergas dentro de mi culo y ahora solo me quedaba empujar duro para que las dos entren hasta el fondo… mierda si que se sentía tan rico… las dos carnotas duras, apretadas entre ellas, formando un mazo del ancho de una botella de cerveza, estirando mi esfínter, abriéndolo totalmente… me sentía TAN pero tan abierta. Carlos me agarró fuerte de las caderas y empezó a metérmelo brutalmente… ”¡si amor cáchame! ¡Cáchame más! “empecé a gritar. Estaba completamente desnuda, con mi espalda arqueada, mi pelo por toda mi cara. Ambos empezaron a moverse más rápido… sabía que pronto tendría toda su esperma dentro… lo deseaba como loca. “¡Dame la leche, dame la leche!” reclamaba como perra en celo.

    Y entonces pasó…

    No sé cuál de los dos se vino primero, pero sentí ese juguito calientito que me inundaba… oh, qué riquísimo… sigue amor sigue; las verga ahora más lubricadas me movían más rápido dentro de mi cuerpo… las cabezas parecían pelearse por meterse más y más adentro. Y entonces vino la segunda dosis de semen… sentí esa chisgueteada tibia en mi cuerpo… oh mierda dénmela toda, toda, toda… Ahora si me sentía la más puta de las putas… me cachaban dos machos, con dos pingas en el culo, llenándome de semen caliente y saladito…

    Mientras terminaban de vaciarse iban disminuyendo el ritmo… hasta que finalmente terminaron de cacharme; las vergas salieron de mi culito y el semen empezaba a chorrear de mi pussy… ¡me había rellenado con esperma! Quedé tirada en la cama, agotada pero complacida. Ambos se vistieron, sacaron tres billetes de 100, por mis servicios como puta.

    Fue una de las mejores cogidas de la semana…

  • Sexo en el pórtico de la iglesia

    Sexo en el pórtico de la iglesia

    En aquel verano yo tenía 23 años. Fue el verano en que la pequeña Luz la hermana pequeña de mi amigo David mostró interés por mí. Ella tenía 18 años recién cumplidos, pelo castaño rizado, ojos azules, piel pálida, delgada, buen culo y tetas no demasiado grandes pero firmes y redondas.

    Todo comenzó en unas fiestas de un pueblo cercano al nuestro. Ella y sus amigas salieron con nosotros de fiesta. Desde el principio de la noche noté que no me quitaba ojo y que se reía continuamente con todo lo que yo decía. Nos conocíamos desde siempre pero yo nunca me había fijado en ella como mujer hasta ese día. Sin duda que Luz había crecido muy bien. Vaya que sí.

    Yo mido 1,80, fuerte, ancho de espaldas, pelo oscuro, ojos negros, suelo llevar barba de tres días y tengo una bonita sonrisa franca que atrae a las mujeres. Soy atractivo y me cuido.

    Luz bailaba como una mariposa a mi alrededor y me di cuenta que buscaba rozarme constantemente. Yo por mi parte hacia como que no me daba cuenta, pero era difícil no notar sus pechos rozando mi espalda. Sus pezones duros clavándose en mi piel. Sus manos suaves acariciando mis brazos constantemente. Bebimos mucho esa noche y nos lo pasamos muy bien.

    Llegó el momento de los bailes lentos y ella se pegó a mí como una lapa, Notaba su cálido aliento en mi cuello. Sus ojos azules brillantes como zafiros clavados en los míos. Sus pechos aplastados contra mi pecho. Mis manos en su cintura acariciando su piel bajo su top ajustado.

    Comencé a excitarme más de la cuenta con la situación y ella lo notó y me miró con lujuria y deseo casi físico. Lo cual aumentó mi excitación y aumentó considerablemente mi incipiente erección. Pronto los bailes se volvieron más sensuales y su estupendo trasero se restregó en mi entrepierna. Ella notó la dureza de mi miembro y me robó un beso fugaz como el aleteo de una mariposa.

    Yo la sujete con firmeza y la besé con fuerza. Un beso profundo. Húmedo. Caliente Dejando nuestras lenguas jugar entrelazadas. Ella me tomó de la mano y me sacó de la verbena y de la plaza del pueblo.

    -Llevo desde que era una niña esperando este momento -me dijo volviendo a besarme en la oscuridad- La de veces que he soñado con esto.

    Yo la abracé y la besé y mis manos apretaron sus nalgas atrayéndola contra mí. Nos acariciamos sin dejar de besarnos. Nuestras manos recorrían nuestros cuerpos con cálida excitación.

    Apreté sus pechos sintiendo sus pezones duros como piedras marcados en la tela blanca de su top jugué con mis dedos sobre ellos. Ella se arqueó con un temblor al sentir el roce de mis dedos.

    -Joder, como te deseo -dije mordiendo sus labios turgentes.

    Ella sonrió con picardía y me llevó de la mano bajo el pórtico de la iglesia del pueblo.

    Nos sentamos en un banco de piedra y ella se sentó cobre mí y comenzó a comerme la boca con pasión.

    -Soy toda tuya -susurró en mi oído lamiendo mi cuello. Haciendo que un escalofrío de excitación corriera por mi espalda.

    Besé su cuello. Lamí su garganta. Levanté su top. No llevaba sujetador y comencé a comerle los ricos pezones sonrosados que me miraban erectos y desafiantes. Ella gemía y jadeaba mientras me acariciaba el pelo.

    -Me pones a mil -dijo mordiéndose los labios arrebolada de placer.

    Mientras yo mordisqueaba sus pezones ella desabrochó mi cinturón y desabotonó los botones de mi pantalón acariciando mi polla por encima de la ropa interior.

    -Esta durísimo -dijo encantada -Es súper gruesa.

    Yo gemí al notar como apretaba mi polla con su mano.

    Pronto la dejó libre y comenzó a masturbarme mirándome a los ojos con un deseo ardiente.

    La dejé hacer durante un rato disfrutando de su paja.

    Al cabo de un rato se acurrucó entre mis piernas y comenzó a lamer, primero despacio, pero pronto la metió entera en su boca y me hizo un mamada de escándalo.

    Tuve que pararla porque estaba a punto de hacer que me corriera.

    La levanté la falda y le acaricié el coño sobre la tela del pequeño tanga que estaba empapada.

    -Dios -jadeó completamente excitada.

    Aparté la tela y jugué con mis dedos sobre su coño húmedo y caliente. Hinchado y ansioso. Sintiendo mis dedos entre su vello y sus pliegues. Comencé a masturbarla. Se corrió casi al momento henchida de excitación, mordiendo mi hombro para ahogar los gritos que pugnaban por salir de su garganta.

    -Fóllame, Carlos -balbuceó con ansia- Fóllame.

    La bajé el tanga y la acomodé sobre mí. Mi polla se deslizó despacio en su interior y ella se clavó en mi. Apreté sus pálidas nalgas empujándola contra a mí y comencé a balancearme entrando y saliendo de ella. Mientras le comía los pechos turgentes que me goleaban la cara.

    Con un dedo jugueteaba rozando su agujerito trasero mientras la penetraba cada vez más rápido, más fuerte y más profundo. Se volvió a correr empapando mi polla de sus jugosos fluidos muy abundantes y calientes. Después se salió y me devoró hasta que no pude evitar regalarle toda mi leche dentro de su boca.

    Fue la primera follada de muchas de un verano inolvidable.

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    Estaré encantado de contestaros.