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  • Disfrutando de la polla de mi hermano (III)

    Disfrutando de la polla de mi hermano (III)

    Ya en la biblioteca, no podía dejar de pensar más que en aquel viaje en metro, aunque me había acercado al baño para limpiarme un poco seguía sintiendo el semen en mi tanga, su olor en todo mi sexo, me imaginaba como mi hermano me daba placer allí mismo y volvía a despertar para meterme de lleno en el estudio hasta que nuevamente, me descubría chupándome los dedos que previamente habían metido en mi vagina, no podía estudiar estaba totalmente descentrada, solo pensaba que pasaran las horas para volver a casa junto a mi hermano, mi amor prohibido.

    Serían las tres de la tarde, prácticamente estaba yo sola en la biblioteca, todo el mundo se había ido a comer cuando apareció mi hermano.

    -Hola, que tal vas Eva, me dejas que me siente.

    -Ssshuu no se puede hablar tan alto. -Le respondí yo.

    Le miraba con los ojos entornados y el ceño fruncido, me alegraba que estuviera allí pero no sabía qué hacía en la biblioteca, le veía mirar nervioso de un lado y a otro de la biblioteca, sabía que algo le pasaba que alguna cosa le rondaba por la cabeza y no sabía cómo decírmelo, le conocía tan bien.

    -Que pasa Alberto, que me quieres decir. -Le pregunté dejando el bolígrafo encima de la mesa mientras le miraba.

    -Pues… -No arrancaba y me empezaba a poner nerviosa.

    -¡Pero dime joder que me estás asustando! -Le volví a preguntar.

    -Joder Eva… pues… que después de esta mañana… no he podido pensar en otra cosa más que volverte a… -Le corté poniéndole mi mano en sus labios para que se callara.

    -Alberto, dame 5 minutos y te subes a la tercera planta, busca el pasillo 4L, al final encontrarás unas escaleras con una puerta al fondo, súbelas y entra, habrá dos pasillos, coge el de la derecha, al fondo habrá otra puerta que pone mantenimiento, estará abierta, tú entra. -Me levanté de la mesa sin decir nada más, estaba loca, hacia las cosas sin pensar y me encantaba.

    A los cinco minutos mi hermano entro en aquel pasillo estrecho iluminado solamente por una pequeña ventana al fondo, era la última planta de la biblioteca donde poca o nadie subía y menos en ese pasillo, encontró la puerta y entro, era un cuarto de mantenimiento muy estrecho con unas estanterías a un lado, una mesa destartalada al otro, una gran ventana presidía aquel ridículo habitáculo iluminándolo, el sol pegaba de frente y mi hermano al entrar cegado por el sol solo vio la silueta de una mujer casi desnuda junto a la mesa, era yo que me había quitado el vestido y estaba en esos momentos quitándome el sujetador, la cara de mi hermano reflejaba una gran sorpresa.

    -Ven mi vida, pasa y cierra la puerta con llave, remata lo que empezaste esta mañana.

    No hizo falta decir más, nos separaban no más de tres metros y cuando llego a mí ya estaba prácticamente desnudo, empezó abrazarme y a besarme por todo el cuerpo, sus manos apretaban con fuerza mi culo hacia él, notaba su polla como nunca, estaba muy excitado y me encantaba verle así, me manoseaba bruscamente, me estaba poniendo como una perra en celo y solo me podría calmar una cosa, su pene, mi ‘kryptonita’.

    Me dio media vuelta, apoyando mi cuerpo sobre la ventana de un tirón rompió mi tanga quitándomela y dejándola caer al suelo, sus manos apretaban mis pechos una y otra vez, me cogió de la cara echándomela hacia atrás empezó a besarme por el cuello, era una muñeca en sus manos un juguete, acerque mis labios a los suyos y nos empezamos a besar con pasión, mi hermano sé bajo el bóxer, abrió mis piernas y de una sola estocada me la volvió a meter.

    Mis manos en alto sobre la ventana como queriendo sujetarla, mis pechos se aplastaban contra ella, mi mejilla sobre la ventana, la respiración rápida debido a la excitación creando distintas figuras de vahos en el cristal, mis piernas abierta y entre ella mi hermano llenándome mi vagina con su enorme pene, deslizándose, penetrándome muy profundamente, los primeros gemidos hacían acto de presencia en aquella salita, sus movimientos rápidos y bruscos me estaban volviendo loca, la excitación de la mañana, mi tanga impregnada de su semen y ahora esto, me estaba follando en una ventana donde yo podía ver a la gente pasar y ellos podrían perfectamente vernos si levantaran los la vista.

    Mi excitación subió como la espuma, mi cuerpo empezaba a temblar, sentía un calor intenso dentro de mí, le pedía entre gemidos, jadeando y con voz entrecortada que no parara.

    -Por favor… sigue así… si… gue no pares.

    -Sigue metién… dola así, sigue folláaan… dome asiii, ¡aahhh!! Estaba ya a punto.

    -Me corro, sigue, sigueee ¡¡aaahhh!! siii

    Un orgasmo tremendo hizo su presencia, paralizando mi cuerpo, mi hermano siguió hasta que se me paso, fue entonces cuando la saco y me giro, cogió su pene con la mano y guiándolo hacia mi vagina la volvió a introducir, se movía de arriba abajo, yo no paraba de gemir, me cogió a pulso sus manos en mis glúteos y me sentó en la mesa subiéndome una pierna hacia arriba y recostándome sobre la pared, yo me dejaba hacer, confiaba en él, solo pensaba en tenerlo dentro de mí y sabía que en esa postura iba a gozar, que su pene iba a penetrar en mi vagina muy profundamente y esperaba correrme otra vez y esperaba que fuera con él, sentir su semen corriendo en mi interior.

    Empezó a jugar con su pene entre mis labios, metiendo solo el glande dentro de mi vagina, sacándola, golpeando con suavidad mi clítoris, bajando nuevamente y escondiendo su pene entre mis labios, ahora empujaba poco a poco, miraba como su pene desaparecía despacio, muy despacio en mi vagina, sentía como se deslizaba dentro muy dentro, mi vagina la recibía nuevamente pero ahora la sentía más profunda, sus movimientos ahora más y más rápidos, gemíamos los dos del placer que nos causaba el roce de nuestros sexos, mi vagina se expandía para recibirla.

    Mi hermano estaba aguantando más de lo normal, su cara de placer presagiaba que iba a terminar, nos besábamos con pasión, me acariciaba el clítoris, el placer y la excitación era máximo, nos besábamos y nuestros labios se paralizaron, nuestros gemidos, nuestros gritos se unieron y otro orgasmo esta vez más intenso, mi hermano empezó a expulsar su semen dentro de mí, no parábamos de movernos, mi hermano me golpeaba una y otra vez con fuerza, yo movía mis caderas hacia delante y hacia atrás, la mesa se movía, chirriaba hasta que cedió y caímos al suelo.

    El golpe contra el suelo fue grande pero nos empezamos a reír, con su mano acariciaba mi pelo y mis mejillas, nos empezamos a besar allí tumbados, sin importarme el dolor me levanté y le empecé a lamer su pene limpiándoselo de todos nuestros fluidos, no se le deshinchaba, estaba en plena forma y había que aprovecharlo, así que me senté sobre él, se la cogí y apuntando a mi interior me senté sobre ella, empezando a cabalgar, me tumbe para besarle, mis movimientos circulares estaban haciéndole gemir más de la cuenta, me echo para atrás puso sus manos sobre mis pechos, no paraban de apretármelos.

    Apoye mis manos sobre sus rodillas, ahora era yo quien le follaba, mi hermano simplemente tenía que mantenerse inmóvil y su pene duro sin correrse, mis movimientos rápidos hacia delante y hacia atrás nos estaban haciendo gozar, empezaba a gritar de placer, su pene atravesaba toda mi vagina, estuvimos disfrutando el uno del otro un buen rato, hasta que un nuevo orgasmo paralizo mi cuerpo cayendo sobre mi hermano sudoroso, el continuo moviéndose, levantando su pelvis apretando con fuerza lanzando su pene a mi interior muy rápido y con fuerza hasta que termino dentro de mí una vez más.

    Pasamos tres horas maravillosas follando en la biblioteca, mi hermano se resarció de lo de esta mañana haciendo que me viniera con cuatro orgasmos enormes, dejando el suelo de aquel cuarto empapado de mis fluidos, mi hermano hizo de un día tedioso un día delicioso, uno más.

    Metí mi tanga en el bolso, me puse el vestido y salimos los dos con cuidado del cuarto, estaba casi segura que nadie nos había oído, recogí mis libros y me fui a casa a ducharme, mi hermano llego más tarde, aquella noche la pasamos juntos, abrazados el uno al otro en la cama, no hubo sexo, pero si mucho cariño.

  • Domina mis pensamientos

    Domina mis pensamientos

    ¿Recuerdan lo que decía sobre Lean? ¿Esa parte de que era mi maestro y todo lo demás? Pues me quedé corta, no es mi maestro, es mi dueño, el puto amo. Si dice que vaya voy, si dice te quiero aquí, ahí me tiene.

    Resulta que decidí ponerme cómoda y empezar a organizar algunas cosas, limpiar y esos quehaceres propios de nosotras. Suena mi celular, mensaje de texto de Lean:

    -¿Qué haces?

    -Estoy limpiando y organizando algunas cosas ¿Por qué?

    -Quiero verte jugar para mí

    No puedo negar que cuando me hace esas peticiones, me da de todo, adrenalina, morbo, ufff, como quisiera estar frente a él.

    Yo: ¿Que deseas que haga?

    El: Tócate, hazme un video, quiero verte haciendo el amor y pensando en mí.

    Yo: Como usted ordene mi capitán.

    Me encerré en la habitación, ubique donde colocar el móvil para una vista 3D, me coloque en mi mejor ángulo, la vista que necesitaba mostrarle tenía que ser la mejor. Incline mis piernas quedando como si fuese a hacer abdominales, con ciertas imágenes en mi cabeza coloque mis manos sobre ambos pechos, toque mis pezones, los humedecí, los apreté, como si fuese el quien los tuviese en la boca, introduje mi dedo índice derecho en mi boca, lo humedecí completo y lo lleve justo ahí, donde mi deseo pudiese sentirlo, frote suavemente de manera superficial, se sentía húmedo, suave, con deseos de sentir más, suavemente entre mi dedo en mi interior, aquello era divino, con mi mano derecha dentro de mí y mi mano izquierda en los pechos jugué, gemí, lo invoque, deseaba con toda pasión que fuese el quien hiciera todo eso, me pare y busque un dildo, un juguete nuestro, sé que le gusta verme gemir de placer y que mejor que ayudarme con mi amiguito.

    Tomé el dildo y lo humedecí con mi boca, lo introduje en mí poco a poco y con toda suavidad, mi mano derecha lo sostenía y la izquierda masajeaba suavemente el mi clítoris, la sensación de ambas cosas al mismo tiempo era como una fiesta de placeres, un estallido de fuegos artificiales, gritaba su nombre, jadeaba por su presencia.

    Aumente la intensidad, cada embestida era más rápida, más intensa, más profunda, seguía una y otra vez, no pare de mover mis manos, mientras más rápido la movía, más me gustaba, me empezaron a temblar las piernas, se me encogían los músculos, pero aun así no pare, no podía hacerlo, el placer era mayor al dolor, sentí mi abdomen contraerse, mis pantorrillas encogerse, el cuerpo me cosquillaba por completo, el placer que me producía autocomplacerme era algo único, ya había encontrado mi punto máximo pero no, no deje de mover las manos, no deje entrar y sacar ese dildo tan rápido como mi cuerpo me lo pedía, Lean Lean era lo único que pensaba, sentía que algo estaba a punto de salir de mí, así que subí la intensidad más, más y más, seguía sintiendo algo salir, hasta que pude sentir algo deslizarse por mi entrepierna, junto a una descarga en mi cuerpo, había llegado, lo alcance, una vez más pensando en el termine, lo logre.

    Retire el dildo, lo mire. Ahí estaba la prueba del delito, mojado, húmedo, lleno de mí, me pare, detuve el video y se lo envié, mientras guardaba todo, organizaba y me tomaba una ducha, él lo veía, tal parece que fue muy buena la toma, porque acompañado de un:

    -ufff, mira como estoy, llego un archivo de video.

    La revancha, él nunca se queda con el golpe, lo devuelve, precisamente eso me gusta, siempre devuelve el golpe, jajaja. Volviendo a la historia, su video fue lo más, ahí estaba tocándose, enseñándome como lo puse, estaba baboso, erecto, fuerte tal cual lo vi antes, me llamaba, me pedía que lo probara una vez más, el subía y bajaba su mano con malicia, con premeditación y alevosía, miraba la pantalla del celular sin siquiera poder parpadear, mordía mis labios, estaba babeando, decía mi nombre, exigía mi presencia, por un momento sentí que era yo quien lo tocaba, subía y bajaba sus manos tan rápido, tan excitado que no pudo contenerse más, llego, lo vi, vi cómo se derramaba, veía salir el néctar de su ser, sentí que tomaba ese jugo, que se deslizaba en mi paladar, lo imagine así y me saboree los labios.

    No sé si fue mi ego, morbo o qué, pero me encanto presenciar eso en el teléfono, sabía que lo había provocado yo y se sentía tan bien tener el control, aunque fuese por 5 minutos, fue tan excitante observarlo mientras se tocaba.

    Tiempo atrás no había forma ni poder humano que me hiciera tocarme frente a una cámara y enviárselo a alguien, pero con el no hay miedo, no hay vergüenza, no hay tabú, Lean domina mi ser, domina mis pensamientos.

  • Diario de una puritana (Capítulo 1): Espiando a Mafe

    Diario de una puritana (Capítulo 1): Espiando a Mafe

    Ese día que pude ver en alta definición el agua bajando por su espalda hacia su ancho culo, que pude apreciar sus casi inexistentes senos cubiertos por la espuma que hace el jabón, que pude observar sus blancas piernas en su verdadera dimensión; ese día fui realmente feliz.

    No sé cómo me atreví a espiar y a grabar a Mafe, pero fue tal la obsesión que me generó, que me fue inevitable. Aún conservo ese video como un tesoro invaluable, como una pieza maestra de mi admiración por la belleza de Mafe.

    Y esa fue solo la primera vez que podía apreciar su humanidad en casi todo su esplendor, luego logré hacerlo en primera fila, y cada vez fue sencillamente maravilloso, pero antes de dar esos detalles, me siento en la obligación de contar quién es Mafe y por qué es tan especial.

    Mafe y yo nos conocimos en nuestro lugar de trabajo, que en ese entonces era una multinacional dedicada al procesamiento de alimentos; producción, distribución y venta de galletas, embutidos, café, chocolate, etcétera.

    Ambos nos desempeñábamos como asesores comerciales, es decir como vendedores. Para ese momento, para el de conocernos, yo tenía unos 25 años y Mafe 24. En un comienzo no nos íbamos a llevar bien, la verdad no sé por qué, pues yo puse mi empeño para tener una buena relación, ya que por motivos de trabajo era más que necesaria una buena relación, pero no fue así. Sencillamente no fui del agrado de Mafe, y un par de choques tuvimos en esos primeros días de convivencia laboral.

    Pero ese clima de tensión entre nosotros cambió radicalmente con una salida en grupo con los demás compañeros de trabajo, en la que obviamente el licor iba a jugar un papel determinante para cambiar la apreciación que tenía el uno sobre el otro.

    El cambio fue total, pues Mafe y yo nos convertimos en grandes amigos, ella empezó a confiarme sus pensamientos, sus dramas, sus vivencias, y su diario acontecer.

    Ganarme su confianza y su amistad me permitió además conocer sus debilidades y sus complejos. Uno de ellos era su peso, o más propiamente dicho su figura, pues ella se percibía a sí misma como una mujer obesa. Y si bien tenía uno que otro kilo de más, la realidad es que estaba muy lejos de ser eso, una gorda sobredimensionada. Pero muchas veces los problemas de autoestima y percepción propia nos juegan malas pasadas.

    Es verdad que era una chica gruesa, pero en mi parecer, no cruzaba ese delgado límite entre una chicha maciza, generosa de carnes, y una obesa matoneada por las mayorías.

    Mafe tenía unas piernas carnosas, muy bien contorneadas, quizá su mayor defecto era su extrema palidez, para los que consideran que eso puede ser un defecto; para mi eran sencillamente perfectas. Consideraba un lujo de primer nivel verlas cuando Mafe decidía usar faldas. Me resultaba hasta dañino, pues más de una vez tuve que buscar la forma de disimular la erección que me provocaba ver esas monumentales piernas. Quizá eran su mejor atributo, aunque su culo no era para nada despreciable, pues igualmente era ancho, macizo, pero no alcanzaba la perfección por su forma, pues no tenía esa curvatura que caracteriza a un culo perfecto. Sus caderas, en concordancia con su cuerpo, eran anchas, carnosas; era toda una fantasía soñar tenerlas entre las manos, y todo un lujo verlas moverse cuando Mafe caminaba.

    Su abdomen estaba lejos de estar tonificado, era realmente flácido, pero a la vez estaba lejos de ser una horrorosa panza, que más o menos así era como lo percibía ella. Es innegable que algún exceso de carne tendría, pero nada fuera de lo normal, de hecho podría decirse que tenía una sensual pancita. Sus senos eran prácticamente inexistentes, resaltaban lo suficiente como para diferenciarlos del pecho de un hombre, pero evidentemente no eran su mayor atributo.

    Y si bien sus piernas eran un espectáculo a la vista, lo mejor de Mafe era su rostro. Igual de pálido que sus piernas y el resto de su cuerpo, pero tallado por los mismos dioses; con unas facciones supremamente finas; un labio inferior carnoso y un superior de tamaño medio, que además lucían habitualmente muy sensuales por la forma como Mafe se maquillaba, teniendo casi siempre un encendido color rosa. Su nariz igualmente era finita, sin irregularidades o curvaturas indeseadas. Sus ojos, de un café claro, eran de un tamaño medio, aunque ciertamente alargados. Lo que seguramente los hacía parecer más bellos era el largo de sus pestañas, que le daban un cierto toque de misticismo y sensualidad a su mirada. El rostro de Mafe en su conjunto era simplemente elegante, y si a eso se le suma su blanca y casi perfecta sonrisa, estamos hablando de un arma de seducción en todo el sentido de la palabra.

    Su cabello era largo, liso y rubio oscuro, si es que esa tonalidad existe, diría más bien que era de un hermoso color dorado, que cortaba a la perfección con su blanco y delicado rostro. En ocasiones adornado por una diadema, pero generalmente suelto, limpio y bien cuidado.

    A toda esta halagüeña descripción he de sumar su forma de vestir, que era recatada y elegante, sin dejar de lado la sensualidad, pero priorizando lucir como una mujer sofisticada, lo que en mi generaba un mayor morbo a la hora de fantasear con ella.

    Ganarme su confianza fue mi primer gran triunfo, pues como dije antes esto me permitió conocer sus anhelos, sus temores, sus deseos, sus debilidades, en general su forma de ser.

    Entendí que por ese entonces ella tenía un gran complejo con su peso, y a mi favor jugaba que yo estaba en una estupenda forma física. Llevaba años entrenando y los resultados saltaban a la vista. Había llenado mi casa de equipos e indumentaria de gimnasio: barras, discos, banca (para press de banca, entre otros), mancuernas, máquinas (caminadora, elíptica). Y llevaba años cumpliendo con un disciplinado entrenamiento, que quizá fui reduciendo con el paso de los años, pero sin llegar a abandonarlo.

    Ella sabía de mi constancia y necesidad por mantenerme en forma, no solo por lo que podía apreciar con sus ojos, sino porque ocasionalmente charlábamos sobre ello, a tal punto que le ofrecí mi ayuda, asesoramiento y entrenamiento para superar sus complejos. Ella rechazó mi ofrecimiento en un par de ocasiones, pero llegó a un punto su obsesión que no le quedó más opción que aceptar, pues el entrenamiento clásico en un gimnasio siempre la había superado, siempre había terminado abandonando.

    Yo le di la clásica charla sobre la importancia de la alimentación, advirtiéndole que el 80% del éxito estaba en este aspecto mientras que el 20% restante en el entrenamiento físico. También le insistí una y otra vez que lo complejo era resistir por los menos tres entrenamientos de un grupo muscular, luego el cuerpo se iría adaptando. Pero en lo que más hice énfasis fue en motivarla, pues realmente la consideraba mi amiga, verdaderamente quería entrenarla.

    Y la recompensa fue mucho mayor cuando empezaron los entrenamientos y la vi por primera vez en su ropa de hacer ejercicio. Ver esas piernas forradas en esa licra (mallas, calzas, leggings) fue un verdadero premio. Verla en ese atuendo me dio la oportunidad de dimensionar sus piernas, sus nalgas, sus caderas, su vulva, en fin, todo su cuerpo, de una forma en que no había podido hacerlo nunca antes. La otra parte de su atuendo era un top, relativamente grande, pues para ser un top cubría una gran parte de su pecho, pero dejando al descubierto en gran medida su abdomen, su cintura, su espalda y parte de sus hombros.

    Ella vivía relativamente cerca a mi casa, así que el plan era salir del trabajo e ir de inmediato a mi casa para entrenar.

    Esa primera tarde-noche de entrenamiento me generó mucha dificultad para realizar la rutina, pues verla así vestida me alteró; la erección fue inevitable e incontenible, por lo que antes de empezar el entrenamiento tuve que encerrarme en el baño y echarme un poco de agua fría para calmarme.

    Era una necesidad aquello de calmarme, pues estaba seguro que de quedar en evidencia con Mafe, iban a terminar antes de empezar los entrenamientos y seguramente me ganaría una fama de depravado al interior de la empresa. Además debo advertir que Mafe era una chica muy devota y muy beata, por lo que muy probablemente vería con malos ojos una situación así. Aunque el paso de los días me iba a hacer saber lo equivocado que estaba.

    Siempre he repartido mis entrenamientos en cuatro días principales, dedicando cada uno de ellos a trabajar determinados grupos musculares. En esa época consideraba indispensable dedicar los lunes al entrenamiento de piernas, en primera medida porque es el entrenamiento más complejo, y terminarlo de primeras te llena de confianza para hacer las demás rutinas con cierta holgura. También porque consideraba pertinente que el entrenamiento de las piernas estuviera lejano al fin de semana, ya que en el fin de semana puedes ir a bailar, ir a jugar fútbol con amigos o echar un polvo ocasional, y para ninguna de esas actividades era conveniente estar con dolor en las piernas. Pero empezar a entrenar a Majo con una rutina de piernas seguramente la iba a espantar, por lo que decidí cambiar el orden que daba a mis entrenamientos.

    Opté entonces por organizar un esquema de entrenamientos en el que los lunes trabajaba bíceps y tríceps, los martes hombros y espalda, los miércoles pecho, y los jueves piernas. El abdomen lo entrenaba todos los días, y el ejercicio cardiovascular, a pesar de que siempre me ha dado mucha pereza, también tiene asignada media hora al día.

    Así que en esa ocasión empezamos con un entrenamiento de bíceps, tríceps y abdomen. Sabía que no iba a costarle mucho trabajo, y de paso la llenaría de confianza.

    Para el que fue muy difícil fue para mí, que encontré gran dificultad para concentrarme en evitar excitarme al ver las carnes de Mafe sacudiéndose con el entrenamiento. No sé por qué el hecho de verla sudar también me calentaba, pero así era, así que pasé más de una angustia ese día para disimular lo mucho que me ponía esa situación. Sin embargo siento que sorteé muy bien las dificultades, pues Mafe jamás notó lo que estaba provocando en mí.

    Cuando terminamos la rutina, Mafe estaba empapada en sudor, por lo que le ofrecí gentilmente darse una ducha antes de irse a su casa. Ella accedió porque se sentía incómoda por el sudor que había cubierto su cuerpo. Así que busqué una toalla, se la entregué y la vi entrar y cerrar el baño.

    Rápidamente corrí a buscar un pequeño espejo, tenía como plan meter la mitad de este por debajo de la puerta, de modo que pudiera observar al interior del baño. El espejo lo encontré increíblemente rápido, pues pensé que no tenía ninguno en mi casa. Lastimosamente para mí, el vapor cubrió el cristal de la puerta de la ducha, por lo que no pude ver con mucha claridad. Apenas observé la delicada y blanca silueta de Mafe, pero poco y nada de los detalles que aspiraba a ver.

    Me decepcioné un poco al ver fallido mi plan, pero sabía que tendría revancha, pues Mafe iba a seguir viniendo por lo menos esa semana. Sabía que debía motivarla para que ese periodo se extendiera, para tenerla entrenando en mí casa por más tiempo. También sabía que el plan del espejo había fallado, por lo que debía encontrar una mejor herramienta.

    Majo salió del baño, vistiendo ya su atuendo habitual, con su cabello completamente mojado y sobre uno de sus hombros, su cara sin gota de maquillaje, y su sonrisa reluciente por sentirse renovada luego de un refrescante baño. Se despidió entusiasmada por haber soportado el primer entrenamiento y partió a su casa.

    Una vez que se despidió y cerró la puerta, corrí a la PC para buscar una cámara espía en cuanta plataforma de ventas en línea existe. Me sorprendí al ver la gran variedad de diseños y alternativas que hay: bombillos, relojes, esferos, botellas, llaveros, botones, gafas, tornillos; en fin, existe un largo listado de objetos a la venta cuya finalidad es el espionaje. Me incliné por el bombillo, ya que me parecía disimulado e incuestionable, al fin y al cabo, ¿Quién se detiene a detallar un bombillo? ¿Quién puede sospechar que un bombillo graba videos?

    Ahora mi gran lucha era contra la ansiedad, pues debía esperar un día o dos para que llegara mi nuevo juguete. Me mentalicé, supe que era muy probable que el martes no lo tuviera conmigo, probablemente el miércoles sí, y casi de seguro lo tendría el jueves; pero solo me quedaba esperar, darle tiempo al tiempo.

    El martes transcurrió sin mayor novedad. El trabajo fue tan rutinario como siempre, y la recompensa al final del día fue generosa al ver a Mafe con otro atuendo de entrenamiento, no muy diferente al del día anterior, pues apenas variaba en sus colores. La cámara no llegó ese día, por lo que mi resignación fue total.

    Sin embargo, el miércoles iba a llegar con doble premio. El primero de ellos fue la llegada de la cámara, hecho que ocurrió al mediodía y que me tuvo tomando más de un baño a esa hora con el ánimo de probar mi nueva adquisición: ángulo, luz, calidad del video, puntos ciegos, en fin, todo lo que debía tener en cuenta para ejecutar mi magistral plan.

    El otro premio iba a llegar a la hora del entrenamiento, se trataba de un nuevo atuendo de Mafe. Esta vez llevaba puesta una faldita negra, lo suficientemente corta para asegurarle comodidad a la hora de ejercitarse y para proporcionarme una vista casi que inmejorable. La parte de arriba del atuendo era un top, igualmente negro y no muy diferente al de los días anteriores.

    Esa tarde-noche sí que sufrí conteniendo mis instintos, pues era casi que inevitable observar, así fuera de reojo, sus hermosas piernas. De todas formas debía lograrlo, no podía echar mis esfuerzos por la borda, tenía que seguir ganándome su confianza.

    El entrenamiento fue lo suficientemente fuerte como para obligarla por tercer día consecutivo a tomar una ducha en mi casa. Ella decía sentirse apenada, incluso llegando a ofrecerme dinero para cubrir el gasto adicional en mi recibo del agua, pero yo siempre busqué tranquilizarla pidiéndole obviar cosas como esa.

    Fue ese día cuando al fin pude ver en alta definición el agua bajando por su espalda hacia su ancho culo, que pude apreciar sus casi inexistentes senos cubiertos por la espuma que hace el jabón, que pude observar sus blancas piernas en su verdadera dimensión; ese día fui realmente feliz.

    No sé cómo me atreví a espiar y a grabar a Mafe, pero fue tal la obsesión que me generó, que me fue inevitable. Aún conservo ese video como un tesoro invaluable, como una pieza maestra de mi admiración por su belleza. He de reconocer que en más de una ocasión ha sido motivo de inspiración para una paja, pero no esa noche, pues desde que hago ejercicio, he tenido como regla evitar la masturbación en los días de entrenamiento con peso, sencillamente porque el orgasmo consume una gran dosis de energía, y al día siguiente va a ser más difícil completar la rutina de ejercicios.

    Lo que si hice esa noche fue revisar el material, soportando la gran tentación que me generó. No voy a negar que me fue muy difícil pasar las horas y conciliar el sueño teniendo ese video en mi poder, pero como dije antes, no me permitía orgasmos en días de entrenamiento.

    Capítulo 2: Confesiones de una puritana

    Para mí fortuna, esa actitud iba a verse recompensada, pues fue ese el inicio del gran propósito de follar con Mafe. La motivación estaba creada, ya solo hacía falta encontrar el momento y quizá el escenario ideal para atacar…

  • Cobrando encontré el placer (3)

    Cobrando encontré el placer (3)

    Me había quedado dormido junto a Adrián,  en su cama luego de una tarde noche donde nos hicimos el amor varias veces, eran ya casi las 4 AM y sentí que él se levantó para ir al baño a orinar, cuando volvió muy despacio me abrazo de nuevo y pude sentir su pene caliente en mis nalgas, me acomode mejor así comencé a menearme un poco, Adrián solo suspiraba a mi oído mientras su pene se ponía duro y más caliente.

    Entonces tomo mi pecho con sus manos y me comenzó a dar caricias muy excitantes.

    «Ooh bebé si me encanta tus manos y tus caricias» le dije, Adrián entonces me dijo » no quiero dejar de tomarte me gustas y me excitas demasiado» dicho esto me dio un beso con lengua y con su mano acomodó su pene en mi entrada y empujó.

    «Aaah si papacito siii dámelo» gemí con fuerza y el obedeció, comenzó un ir y venir dentro mío lo sentía tan decidido tan mío, tu o solo sentís suspiraba y gemía plenamente pasivo ante mi hombre. Tras una ida y vuelta pude sentir su orgasmo dentro de mí. Yo no llegue pero no importo este era solo para él.

    Por la mañana despertamos cerca de las 9 en domingo, por separado nos bañamos y Adrián fue a comprar el desayuno, el cual hicimos juntos y solo conversamos de muchas cosas irrelevantes, parecía que ya era hora de irse, pero algo más estaba por pasar.

    Adrián me dice » vamos al segundo piso ahí hay más fresco y quiero que veas algo»

    «Ok vamos pues» y subimos, para esto ambos estábamos solo en shorts él y yo con una toalla amarrado a la cintura. En su segundo piso había varias cajas y un par de maletas entre otras cosas y un colchón casi nuevo, bastante grande para la cama de Adrián, me comentó que había unas cosas de una ex que tuvo y que el colchón fue una compra que hicieron pensando en convivir

    Dicho eso busco en una de las maletas y me enseñó varias prendas de lencería femenina de todos los colores, muy sexys por cierto. «Epa que me insinúas» le dije «que te imaginas de mi ah??». Me miro y me dijo «no te gustaría».

    Me miro me dio un beso y se fue al primer piso de nuevo. Me quedé pensando y viendo esa ropa, me excitaba pensar en mí con ella puesta, y en cómo me sentiría…»y porque no?» Pensé… total esto ya se desató. Así que tome una truzita de encaje fucsia y me puse un négligé blanco que me ajusto todo muy bien encontré en la maleta algo de perfume y me puse un poco, había unos tacones solo para meter y me los probé me tomé una fofo con el celular y era increíble me veía de tal forma que sentí que tenía que seguir adelante, me maquillar algo de labial y un poco de esto y aquello…

    Adrián!!! Llame «ven sube», para esto yo había puesto el colchón en el suelo y lo había cubierto con una frazada que encontré, Adrián entro y me vio de pie y vestido tal cual. Su mirada de loco sexual fue total…» Amooor estás hermoso… Woow que bello realmente… quiero poseerte mi vida»

    «Ven amor» le dije «ven», se acercó me tomo por la cintura y me besó con pasión y fuerza yo me colgué de su cuello y le comía la boca, mientras sus manos me recorrían y apretaban y amasaban mi trasero, podía sentir su pene duro chocar con el mío igual de erecto. Fui besándolo de a pocos por el cuello… y pecho hasta llegar de rodillas a su pieza la cual saque tome en mis manos y comencé a chupar dando pequeños gemidos, muy sensuales, total vestido así debía ser una perrita total, Adrián me acariciaba el cabello, mientras yo me comía su pene con mi boca y lengua podía sentir sus venas y piel dura muy dura…

    Me puse en cuatro en el colchón y Adrián se puso detrás mío dándome unas nalgadas… «Siiii amorcito estás riquísimo… toma” paf… paf me daba nalgadas… «Aaah ay si dame tómame» ya me salían tan natural estás palabras, entonces el hizo a un lado mi trusa y metió su lengua en mi hoyo comenzando a chupar y lamer mi culo mientras yo me retorcía y gemía de placer y con mi mano empujaba más su cabeza en mi ano, que placer que sensación tan increíble sentir que otro hombre me hacía suyo, me tomaba y sometía, solo quería complacer y sentir placer nada más.

    Adrián lubrico bien mi culo entonces se acercó a mí y me beso, yo lo puse boca arriba sobre el colchón y solo quitándome la trusa muy húmeda ya, me senté lentamente alrededor de él, tome su pene y lo puse en la entrada de mi ano, Adrián solo observaba y acariciaba mis pechos… una vez que lo acomode bien me senté y pude sentir su entrada y tamaño.

    Aaaish aaah aaah grité y comencé a menearme como una puta, desatado por ese nuevo placer y posición mirando a los ojos a Adrián me volví una máquina que deseaba explotar, el gemía fuerte lo gozaba a más no poder.

    -Si Sergio amor mío si bebito si así muévete más más… no pares aisshhh

    Yo seguía quería que entrara más y más hasta que en una sola me senté fuerte y apreté mi esfínter y me sacudí entonces el dio un fuerte grito abrió mucho los ojos y explotó en semen dentro mío, pude sentir como rebalso fuera de mi culo, y nos mojaba. A la par sentí como chorros de mi leche llegaron al pecho de Adrián, me acosté en él lo bese y me abrazo…

    -Sergio… que hacemos?? Que nos pasa??

    -No lo sé amor mío… solo sé que el día aun no acabo.

  • Mi ahijada es una gamer girl

    Mi ahijada es una gamer girl

    Y yo me preguntaba de dónde sacaba tanta ropa y cosa nueva esta chica, sin saber que la condenada ganaba más que yo. Y es que algunos se pondrán de malas al saber que una chica en su computador gana en una hora lo que ellos con sus diplomas y doctorados en seis meses, pero, ¡vamos!, el mundo está cambiando y siempre habrá espacio para médicos e ingenieros.

    Aylin era mi ahijada, José Luis, mi compadre y amigo desde los seis años la tuvo cuando teníamos 17, la madre se fue para los estados en «busca de un mejor futuro» pero ese mejor futuro tenía ojos azules y apellido gringo. Desde los 27 era él y su niña, y como su padrino formé parte en su educación y crecimiento hasta ese momento, cuando ella contaba con 18 primaveras. Una de las cosas que José Luis siempre mantuvo fue una relación abierta y sin secretos entre los tres, eso incluía la libertad de andar desnudos por la casa cuando compartíamos fines de semanas o cuando simplemente iba a pasar un tiempo con ellos.

    José Luis logró posicionarse en los bienes raíces y yo tenía mi taller de autos, pero eso lo hacían mis empleados, yo restauraba autos clásicos casi la mayor parte del día y al llegar a casa, ya sea la mía o la de ellos, tenía una cama ordenada esperándome, ropa limpia y algo de comer, eso «algo de comer» solía ser Aylin. Pero durante los últimos seis meses comencé a notar que dejó de pedirme dinero, tampoco lo hacía con su padre, pero salía de compras con sus amigas, volvía tarde, recibía paquete tras paquete de muchos remitentes distintos y se le notaba concentrada en algo, como decidida a alcanzar una meta, nunca me imaginé que lo que hacía era streaming y que contaba con cientos de miles de seguidores.

    —A ver, padrino, la gente paga por ver como juego, es así de simple —me explicaba—. Las plataformas son las que fijan el margen de ganancia pero los suscriptores son los que pagan. A ellos les gusta como juego, así de simple.

    —Coño, es que… ¡¿Tanto dinero por eso?! En mis tiempos el que más ganaba era el de la tienda de la esquina donde estaban las maquinitas de Mortal Kombat —Estaba estupefacto, pero con el tiempo lo fui asimilando y por pura curiosidad entré desde mi móvil a su canal para verla en vivo, ella estaba en la otra habitación encerrada, jugando. Entonces comprendí.

    Aylin era una muchacha preciosa, muy deliciosa a simple vista, no decir cuando andaba por casa. Era una flaquita de cinturita pequeña y caderas de 90, pero tenía unas tetas jugosas y ricas con un pezón gordo y castaño como su cabello, los ojos los heredó de mi compadre, color miel con pestañas curvas como de elefante y unos labios paraditos como su culito, rellenitos también. Pero en el streaming llevaba un maquillaje que hacía resaltar sus ojos como los de una muñeca de porcelana y sus labios se veían tan ricos y apetitosos, eso no era lo más interesante, Aylin rayaba entre lo vulgar y lo permitido, con un top tan ajustado que las tetas se desparramaban por arriba y por abajo, como a punto de reventarse, y un short de licra del mismo color beige marcaba su chochita carnosa y sus labios vaginales se veían claros como si no tuviera nada. Como estaba, arrodillaba con las piernas entreabiertas, se veía como para comérsela y estoy seguro que nadie prestaba atención a la partida, al menos yo no lo hacía.

    Estoy seguro que a esos «suscriptores» no les molestará que juegue con mi ahijada un rato, pensé con la polla ya morcillosa por la imagen erótica de mi sobrina, exhibiéndose para miles de extraños, dando saltitos de emoción y haciendo pequeñas charlas que hacían todo más interesante y sensual, aunque no decía nada erótico, sino que mencionaba sus siguientes movimientos, algún otro chiste sobre la partida o una maldición por haber sido herida o estar a punto de perder. Un pequeño chat al lado corría mostrando la interacción de sus viewers, ella de vez en cuando les prestaba atención respondiendo a las provocaciones con una risa, un comentario o haciendo lo que le pedían, que saltara, que agitara sus tetas o que se pasara unos dedos sobre la panochita, varios comentarios sugerían lo rico que sería verla empalada por una verga dura mientras jugaba. Sí, yo puedo complacerlos.

    Me dirigí a su cueva adolescente y sin tocar antes abrí la puerta con suavidad, ella tenía sus cascos puestos y estaba muy concentrada en su juego, detrás de su computador sobre un diván circular de terciopelo rojo, en el juego sólo se veía el diván, la pared con las filas de libros, otros videojuegos, un escritorio y una parte de la cama, yo la veía a ella de costado, su cuerpo formaba una deliciosa «s» que me terminó de poner la verga dura bajo el slip. Me deslicé detrás de ella colocando mis manos en sus hombros, ella no se asustó ni se distrajo del juego, podía ver mi propia imagen en una pantalla alterna que mostraba el streaming: sólo se veía mi torso bronceado desnudo, mis piernas gruesas y definidas y mi cuello. Cuatrocientos mil idiotas veían eso, y cuando aparecí yo, los números aumentaron.

    —Éste es mi padrino, chicos, saluden —dijo ella tras dar un vistazo al chat. Lo que decían esa recua de enfermos era la mismo que yo estaba pensando, pedían que la tocara, que le magreara las tetas y la pusiera a mamar mi polla mientras jugaba en vivo—. Sucios —se rio con picardía, pero yo no reí, deslicé mis manos desde sus hombros hasta sus tetas y las comencé a magrear llenándome la mano con ellas, pero aun así no podía abarcarlos por completo y se desparramaban por mis manos como una suave crema blanca.

    Le apoyé la verga en la espalda comencé a frotarme en ella viendo como los números aumentaban a cada segundo. Aylin era una cosita apretada y deliciosa, no me resistí mucho hasta que deslicé mi mano por sobre su short para deslizar mis dedos sobre ese coñito estrecho, sintiendo sus labios bien marcados contra la palma de mi mano y un inicio de humedad pero un calor latente emergiendo de él, podía apreciar que le iban saliendo los pelitos apenas porque picaba un poco mi piel, pero estaba rasurada como la última vez que la toqué.

    —Creo que tengo un sniper cerca —dijo ella, continuando con su juego mientras yo jugaba con su coño—. Necesito la mira, a ver si lo encuentro. —Volvía a llevar las manos a sus tetas y esta vez le bajé el top, haciendo que saltaran libres para el público, tomé la punta de sus pezones castaños y tiré de ellos con fuerza, haciendo que mi ahijada jadeara. No me aguanté más, necesitaba sentir su piel sobre la mía así que me saqué el slip y mi verga dura y larga rebotó y besó su espalda, la tomé y le di golpecitos en la curva de su espalda, por sus hombros definidos y la clavícula que se le marcaba como a una estilizada bailarina, también en su cuello y, intentando no obstruirle la vista, en su mejilla y la comisura de sus labios carnosos.

    Cuando volví a ver el contador teníamos más de medio millón de personas viéndonos y el chat estaba ardiendo, así como yo. Tenía que dar otro paso más, así que la hice ponerse en pie lentamente sin desconcentrarla de su juego y le deslicé el short por sus largas piernas dejándola desnuda frente a la cámara. Bueno, el top todavía estaba enrollado en su cintura, pero todo el mundo podía ver la «v» de su vientre plano, sus tetas ricas y gordas colgando y su vagina depilada goteando de excitación. La volví a acomodar en su diván circular, abierta de piernas ésta vez comencé mojándome los dedos y llevándolos a su coñito, haciendo círculos en su clítoris hinchado y duro. En el chat demandaban que le metiera un dedo, que mis manos se veían grandes y ricas para masturbarla, lo que no sabían era que Aylin ya conocía muy bien mis dedos y no tuvo problemas en recibir el primero mientras le magreaba una teta y me pajeaba entre sus nalguitas paradas.

    Era un locura y a cada segundo más visitas había y más dinero ganaba mi ahijada. Aylin gemía y hacía un esfuerzo por seguir con el juego, pero ya estaba soportando dos dedos míos y mis mordidas sobre su cuello. Quería cogérmela, quería reventarle el coño allí, así que la puse en pie le sujeté de las caderas, entreabrí sus piernas y la incliné al frente mientras ella avanzaba a otra parte del juego. Tomé la punta de mi verga y la acomodé en su entrada, empujé suavemente hasta que su coñito apretó mi verga y la succionó hasta el fondo, recibiéndola completa allí de pie, exhibiéndose como era cogida para seiscientos mil personas. Increíble.

    Comencé a cogérmela suavecito para que ella no perdiera su perdida, ella estaba acostumbrada a que la cogiera y que la pusiera sentada en mi verga mientras hacía tareas o comía su cena, así sólo se distrajo un ratito, gimió y se dejó hacer. Le crucé una mano en el torso, otra en las caderas y comencé a cogerla con más fuerza, con el sonido de nuestros sexos chocando como música de fondo en el juego y mis gruñidos mientras disfrutaba del calor interior de mi ahijada.

    En el chat comenzaron a pedir lechita para Aylin, su gamer favorita, y yo los complací, sacándola y volviendo a ponerla sobre el diván rojo, me coloqué a su lado y comencé a pajearme mirándola con la boca entreabierta y sus ojos de muñeca abiertos, me corrí llenándole la carita de mi semen mientras ella transmitía en vivo, los chorros cayeron en sus mejillas, su nariz, sus tetas y su cuello, lo que cayó junto a sus labios ella lo recogió con su lengua y lo chupó con gusto, sonriendo.

    La última vez que vi el contador había casi un millón de personas observando.

    ***

    ¿Qué les parece éste relato? Un poco corto, pero siempre escrito con mucho morbo.

    ¿Les gustaría leer más de esta historia o prefieren algo distinto? Déjenme saber en los comentarios.

    Un beso rico,

    Emma.

  • Doña Olga (abuela perversa)

    Doña Olga (abuela perversa)

    Me llamo Nico, tengo 25 años y esto que les voy a contar paso cuando yo tenía 21.

    Mi vieja y yo vivíamos solos en un departamento en San Miguel desde que mis viejos se divorciaron cuando yo tenía 7 años. En ese momento teníamos de vecinos a Doña Olga, la protagonista de esta historia, y su marido, Don Esteban. Tengo recuerdos de ellos dos, de verlos siempre que volvía de la escuela o cuando salía con mi vieja a comprar. Doña Olga y su marido se fueron a España, donde vivía su único hijo, como cuando yo tenía 11 o 12 años. Pero Doña Olga volvió cuando Don Esteban murió, volviendo a vivir en el departamento al lado del nuestro.

    Doña Olga estaba muy cambiada, tenía un problema en su pierna por lo que rengueaba, y anímicamente estaba mal. Mi vieja y ella se llevaban bien, pero como mi vieja es maestra y trabaja doble turno, se va muy temprano y vuelve muy tarde. Yo ese año había dejado la facultad porque no me convencía la carrera que había elegido, así que estaba al pedo todo el día en casa. Como mi vieja no estaba casi nunca, ella le ofreció a Doña Olga que yo la ayudaría con lo que necesite, solo necesitaba golpearme la puerta y pedirme lo que ella quiera.

    Un día me despierto con el ruido de la puerta, alguien golpeaba… me levanto como puedo, me pongo rápido un pantalón y abro la puerta. Era Doña Olga, que al verme pude observar cómo abría sus ojos con cara de sorpresa, no pudiendo disimular el ver un pibe en pantalones y sin remera frente a ella.

    Aclaro que yo me defino como un pibe normal, callado, pero no tímido. Físicamente soy de altura media, 1,76 cm, morocho, ojos marrones, pelo negro, bastante promedio y no me considero wow pero mi punto fuerte es mi lomo, voy al gym desde que tengo 17 años y si bien ahora estoy menos marcado en aquel momento estaba en mi mejor forma. Abdominales y brazos bien marcados.

    Doña Olga empieza a tartamudear…

    -Perdón Nico, te desperté?

    -No, estaba en la cama nomas Doña. Necesita algo?

    -Solamente quería pedirte si no me podes ayudar a ir a la verdulería, yo sola no puedo.

    -Claro Doña, me baño y la ayudo.

    -Si nene, cámbiate y ponete algo que si bien hace calor no podes salir así en cueros jaja

    En ese momento pude ver cómo su risa pícara y la forma en que me miraba fijamente de la cabeza para abajo me llamo la atención y me despertó morbo. Fui a bañarme, me puse una remera, un short y fuimos a comprar. A la vuelta, mientras yo voy sacando y acomodándole todas las cosas de la bolsa ella me dice que se iba a cambiar porque tenía mucho calor, típico al ser mitad de Noviembre en Buenos Aires. Al volver vuelve con una remera rosa, ajustada, con un escote bien pronunciado que una señora de su edad no usaría en la calle y lo primero que hice y no pude evitar es mirarle las tremendas tetas de la vieja.

    Doña Olga tenía en ese entonces 68 años, es paraguaya pero a los 19 años se mudó a Buenos Aires. Es petisa, 1,60 m aproximadamente, ojos y pelo negro (obviamente teñido). Gordita, con piernas grandes pero un culazo y lo más excitante de todo, unas tetas enormes que eran del tamaño de mi cabeza.

    No podía dejar de mirarle las tetas y ella se dio cuenta, mientras me sacaba charla y me agradecía. Ese día fue así. No pasó nada más pero era obvio que Doña Olga se sentía atraída por mi y yo sentía muchísimo morbo ante la vieja y la situación.

    Durante las semanas siguientes empezó un juego de histeriqueo entre los dos. Yo sabía que ella tipo 11 de la mañana cada martes o jueves necesitaba ayuda para ir al mercado así que un día ideé un plan. Iba a empezar a ducharme a esa hora para cuando ella golpeara la puerta yo abrirle con la toalla y nada más puesto. Finalmente ese jueves llegó el momento, estaba en la ducha cuando escucho que ella golpea…

    -Ya voy Doña! -Le grité

    -Sisi, acá espero.

    Solamente me seque un poco el pelo, me ato la toalla a la cintura y bastante mojado le abro la puerta…

    -Disculpe por hacerla esperar Doña! Justo estaba en la ducha

    Ella mirándome absolutamente en shock, tartamudeando me dice…

    -Ay Nico, te estabas bañando y yo molestándote! Aunque si me abrís así voy a molestarte todos los días jaja

    -Jaja así como Doña?

    -Así querido… pensar que yo te conocí tan chiquito y ahora estás hecho todo un hombre! Y que pedazo de hombre!!!

    -Jaja y si Doña, ya no soy un nene.

    -Me doy cuenta, mira que músculos que tenés! Nunca había visto!! Solamente en la tele

    -Jaja le gustan Doña?

    -Mira las cosas que me preguntas!! (Se puso nerviosa, pero no dijo que no)

    Ese día la ayudé como siempre y cuando estaba volviendo a mi casa ella me dice que le gustaría invitarme a almorzar algún día de la semana siguiente, como agradecimiento a mi ayuda, pero me pide que no le diga nada a mi vieja porque no quería sonar como que abusaba de nosotros. Cosa que me sonó raro, por que querría que mi vieja no sepa que ella y yo comíamos juntos? Claramente Doña Olga necesita una buena cogida, y yo estaba dispuesto a dársela.

    Los días siguieron con el mismo histeriqueo. Yo siempre aprovechando para andar en cuero, y ella provocándome con esas remeritas escotadas con esas tetas enormes que me ponían la pija durísima.

    Finalmente el día del almuerzo llego y yo me puse un short y una musculosa porque hacía calor, golpeo la puerta de su casa y ella me abre. Estaba usando un short negro con flores, dejando bien marcado el orto enorme que tiene y con una remera blanca con un escote tan grande que podía verle el corpiño. En ese momento no me quedaban dudas que la vieja me estaba buscando y que sabía que yo quería entrar en su jueguito.

    Mientras se hacía la comida, nos pusimos a hablar. Ella hablaba de su vida ahora que es viuda y empieza a recordar cuando vivían con su marido hace muchos años y me cuenta cómo era yo de chiquito. Hasta que yo la corto y le digo que eso ya pasó…

    -Uh eso hace mil años ya doña. Ya de chiquito no tengo nada, menos de inocente jaja.

    -Jaaa, ya lo sé! Estás hecho un hombre. Mira que peludas que tenés las piernas!

    -Jaja las tengo muy peludas? -Riéndome le acerco mis piernas

    -Siii, re peludas las tenés

    -Yyyy no es lo único que tengo peludo Doña

    -Jaaa, me imagino que no.

    -Sabe qué otra cosa tengo bien peluda?

    -Jaaa (se ríe nerviosa) Que cosa Nico?

    -Y eso lo va a tener que descubrir usted si es que no le da miedo.

    -No sé de qué me hablas

    En ese momento me paro y me saco la musculosa, y le digo…

    -Que calor que hace acá Doña.

    -Querés que prenda en ventilador?

    -Naaa… a usted le molesta que yo me quede en cuero?

    -Para nada… a nadie le podría molestar.

    -Ah no? Le gusta?

    -Mira las cosas que me preguntas!

    -Que es algo malo? Le pregunto si le gusta nomas

    -Bueno si… me gusta y mucho, pero no le digas a tu mamá porque va a pensar mal.

    -Tranquila Doña… todo lo que hablamos y hacemos es entre nosotros.

    -Gracias Nico…

    -Le gustaría tocar?

    En ese momento pude ver cómo ella se aguantaba las ganas y mi verga se iba poniendo más y más dura. Todas esas semanas de histeriqueo y calentura estaban a punto de concretarse.

    -Puedo? (Empieza tocándome el pecho) Uuuuy que fuerte que tenés el cuerpo

    -Toque más Doña Olga… cierre los ojos

    Ella cierra sus ojos y empieza a acariciarme todo el cuerpo con sus manos. Todo el pecho, mis tetillas, mis abdominales… Hasta que abre los ojos y para.

    -Todo bien Doña?

    -Esto está bien?

    -Claro Doña, pero si usted me toca mis tetas yo puedo tocarle las suyas?

    En ese momento ella hecha un suspiro como dejándose llevar y asiente son la cabeza. Empiezo a masajearle esas tetas enormes hasta que las saco afuera por el escote de su remera y empiezo a chuparlas, devorarlas, ella gemía de placer. Hermosas y riquísimas tetas, las chupe y las saboree con muchas ganas mientras ella me acariciaba la cabeza.

    -Ahora es momento que descubra que otra cosa tengo bien peluda.

    Le dije mientras me alejaba de sus tetas y me baje el short y el bóxer dejando a la vista mi verga de 19 cm durísima.

    -Que grande es!! Es enorme.

    Me dijo mientras se asombraba. En ese momento le di la mano y fuimos a su habitación. La hago sentar en la cama y le acerco mi verga a la boca.

    -Sé que querías esto! Acá la tenés.

    Le agarro la cabeza y ella se rehúsa un poco al principio, pero a los segundo empieza a chupármela desesperadamente. Me chupa los huevos y sigue chupándome la pija ahogada.

    -Quiero sacarte todo!

    La hago parar, la desnudo y la tiro en la cama. Su concha estaba peluda, empiezo a masturbarla mientras le beso todo el cuello. Ella gemía de placer.

    -Ahora vas a saber lo que es coger con un macho!

    Le digo mientras me pongo encima de ella, le abro las piernas, agarro mi verga durísima y se la voy refregando en los labios de la concha hasta que de a poco se la voy metiendo. Empieza a gemir y quejarse, la saco y me echo mi saliva para que esté más lubricada. Poco a poco fue entrando hasta que toda mi verga estaba adentro de la vieja. Ella gemía como una puta, en ese momento empiezo a cogerla despacio, un poco más fuerte y más fuerte mientras le besaba todo el cuello.

    Ella ya no gemía de dolor si no de placer. Toda mi verga de 21 años estaba adentro de su concha que hacía años no sentía nada. No nos decíamos nada, eran todos gemidos y gemidos. Yo empecé a bombardearla fuerte y ella puso sus manos en mi culo mientras yo sin parar seguía cogiéndola. Esa concha caliente y estrecha era un sueño.

    La seguí cogiendo hasta que acabe y la llene de leche! Después de acabar le dejé mi pija adentro como 2 minutos más. Estábamos cubiertos en transpiración. Ella en la cama toda abierta y yo encima de ella con mi pija adentro de su concha. No decíamos nada.

    Al terminar me dio las gracias, y me dijo que por favor jamás le contara a nadie! Jamás lo hice. Después de ese día cogíamos muy frecuentemente, mínimo una vez por semana. Incluso jadiamos porque yo siempre le acababa adentro y ella decía que yo la iba a dejar embarazada!

    Hoy en día yo me mude a Capital Federal y ella ahora vive en Luján, por lo que ya no nos vemos, pero siempre la recuerdo como mi vecina, la vieja puta que amaba mi verga!

  • Trío con los de la finca

    Trío con los de la finca

    Soy de Pereira, Risaralda, Colombia, de 45 años, trabajo en política, por eso estoy relacionado con mucha gente. Conocí una mujer de 38 años que me llamó mucho la atención por su cara bonita y grandes caderas, demasiado formal hablamos mucho rato de muchos temas hasta que nos intercambiamos los números del Whatsapp.

    Ese mismo día hablamos mucho hasta tarde. Le pregunté que si era que el esposo no era celoso y me dijo que no, eso me puso a mil. Ya le cambié el tema y hablamos de sexo y me dijo que el esposo la dejaba follar con otros hombres que esa era la debilidad de él.

    Quedamos al otro día para ir a la finca, estaba muy hermosa y el marido muy formal me recibió, tomamos café y después ella me besó, ya lo tenía muy parado, lo sacó delante de él y lo comenzó a mamar con muchas ganas, yo mientras acariciaba los senos y el esposo se masturbaba viéndonos. Él sacó un condón y me dijo “penétrala en cuatro”, lo que efectivamente hice mientras ella se lo mamaba a él. Después ella se volteó y se sentó en mí pene por el culo mientras él la penetraba por la vagina.

    Terminó primero él y después yo me quité el condón y ella me dijo que se lo echara en la boca.

    Esta es una de las mejores experiencias que he tenido en el sexo, todavía somos amigos y lo hacemos de vez en cuando.

  • El amor después del amor (Parte 4)

    El amor después del amor (Parte 4)

    David me llenó de su néctar, el cual recibí con placer dentro de mí. La noche pasó entre mimos y caricias. A la mañana siguiente, cuando me desperté, él ya no estaba, había dejado una nota diciéndome que la pasó genial y que a la noche volvería para ver cómo estaba.

    Me sentía confundido, avergonzado y sucio. Me di un baño sin poder pensar en otra cosa que lo vivido la noche anterior. Repasé en mi mente cada momento, cada sensación. Comencé a asimilar que me gustaba estar con él, que me sentía cuidado, que me gustaba complacerlo, me sentí amado nuevamente, y por el otro lado, esto tendría que ser un secreto y tampoco sabía si se repetiría.

    A pesar de todo e inexplicablemente, estaba feliz. Inconscientemente estuve todo el día preparando la casa para cuando venga David, encuentre todo impecable. Mi cabeza no paraba un minuto. Debíamos hablar… Llegó y yo tenía lista la cena. Su saludo ya me aflojo todo. Me abrazó por la cintura, atrayendo mi cuerpo. Me dio un beso exquisito, largo y apasionado a la vez que sus manos, acariciaban mis nalgas.

    David: No veía la hora de verte!!! Estuve todo el día pensando en vos…

    Yo: Yo también, pero debemos hablar. Me gustó mucho lo de anoche, pero estoy confundido.

    Nos sentamos y comimos tranquilamente mirando la tele. Junté la mesa y me puse a lavar los platos. Vino por detrás, apoyando su cuerpo contra mí y me besaba el cuello, mejillas, sentía su pija dura, tocando mi cola. Me dijo:

    David: SI vos querés que esto que nos pasa, siga, yo estoy dispuesto. Nos queremos desde hace mucho tiempo. Ahora siento que te quiero más…

    Yo: Sí, quiero…

    Me di vuelta y nos besamos. Fuimos a la cama y en segundos, estábamos desnudos, frotando nuestros cuerpos. De nuevo, David me sorprendió cuando bajó y se puso a chuparme la pija. Lo hacía muy bien y disfruté mucho, al punto que no aguante y acabé como caballo.

    Vi su verga que estaba rígida, apuntando al techo y metí en mi boca, esa maravilla, la cual amé y amo para siempre.

    Continuará…

  • Sexo para mis nervios

    Sexo para mis nervios

    ¿Y por qué no compartir con ustedes parte de una “rica” experiencia?

    Cuando digo rica hago referencia en todo el sentido de la palabra, debido a que todo lo que me ofrece esté hombre es perfecto, único y placentero. Es un hombre unos años mayor de mí, pero no ha sido ningún impedimento para que podamos compartir de buenos planes, viajes, cenas y además realizar algunas fantasías sexuales.

    Este hombre tiene una verga que deleita, su tamaño es perfecto… además que practica un sexo oral fabuloso… Me ha ofrecido los mejores episodios de sexo, la manera en que toca y acaricia cada parte de mi cuerpo hace que me erice y me excite… Sin más preámbulo les voy a contar uno de esos momentos íntimos, espero lo disfruten:

    Hace unos meses tenía un viaje sola al exterior; por el cual estaba muy nerviosa, sin embargo, él me acompañó y me brindó su seguridad hasta el último instante en el aeropuerto. Pero por supuesto que no me podía ir a ese viaje sin una buena follada de su parte. Desde que llegué a su apartamento tenía muchas ganas de sentirlo dentro de mí…

    Sin embargo, con lo especial que es, tenía para mí una rica cena y un vino para brindar por mi viaje, pusimos buena música para amenizar el momento, empezó a sonar una salsa la cual animo mi cuerpo, empecé a seducirlo en medio de mi baile y se animó a bailar conmigo, al principio fueron risas por nuestros movimientos, en medio de esos roces logré percibir su excitación, su verga ya estaba dura y lista para mí, así que empecé a besarlo apasionadamente, nos encontrábamos en el comedor y no nos importó empezar a desnudarnos ahí (comparte el apartamento con un hermano), nos acariciábamos y nos besábamos, nuestros cuerpos se pusieron muy calientes…

    La parte que más goza de mí son mis enormes tetas, y lo dejo disfrutar de ellas, quita mi brasier de forma apresurada, salen y él las toma con propiedad entre sus manos y su boca, lamiéndolas y pegándole unos pequeños mordiscos, logrando que mi excitación aumente… después de un rato de estarnos tocando, decidí empezar a practicarle un rico oral y ver como disfruta de cada lamida que le pego a su verga y a sus bolas (sí que disfruta que lo haga) después de un buen rato decide ponerme de pie, me gira y pone de espalda, apoyada con mis manos en la mesa, empieza con sus movimientos un poco lentos, en forma circular pero bien profundos…

    Disfruta tanto verme en esa pose, me da un par de nalgadas, goza de ver como mis nalgas se enrojecen y se mueven con el ritmo en que me penetra…

    Luego de un buen rato así decide subirme en la mesa, tenerme de frente, me penetra nuevamente, sigue con esos movimientos deliciosos que demuestran las ganas que me tiene, entre los nervios y emoción que genera hacerlo allí, porque su hermano llegue y nos encuentre en pleno acto, mi excitación era tan inmensa que no aguanté mucho tiempo para llegar al clímax (no pasó lo que pensaba, pero la sensación placentera).

    Después de esto me lleva a la habitación, me pone en cuatro, así que me dispuse para recibir nuevamente su verga, empezó de nuevo con esas embestidas, me fascina sentir como acelera su respiración, disfruto observar sus gestos los cuales demuestran lo mucho que goza de mí y del momento.

    Se detiene, me mira con ese morbo que suele hacerlo, aprieta mis nalgas, las abre, se inclina y empieza a practicarme un rico oral, pasa su lengua por toda mi vagina con su lengua separa mis labios y la introduce lentamente, me estremezco, la saca, la introduce, repite ese movimiento varias veces, lentamente, me calienta, siento como se humedece mi sexo, lleva su lengua a mi clítoris, hace movimientos lentos y luego rápidos, mi excitación está en aumento, introduce un dedo en mi vagina, luego otro, hace movimientos circulares, lentos, rápidos, aprieta y suelda, con ritmo un, dos, tres, repite una y otra vez mientras mi respiración se acelera y me caliento más y más.

    Se detiene, toma su verga y vuelve a penetrarme, primero lento, suave, una y otra vez, va aumentando la fuerza de sus envestidas, cada vez más rápido, fuerte y rápido, que delicia, escucho como deja salir un gemido y me dice “me fascinas”, continúa con sus ricos movimientos, disfruto como entra y sale su deliciosa verga, se mueve más rápido, me penetra con más fuerza, emito gemido, siento como me caliento, humedezco y aumenta mi excitación, mientras aprieta mi cadera y penetra con más fuerza, llego nuevamente a uno de esos deliciosos orgasmo que me provoca, saca su verga la toma con sus manos se masturba rápidamente y eyacula sobre mis nalgas, lo miro, me mira, sonríe y me dice “feliz viaje”.

    Después de un momento, abrazados, nos levantamos, bañamos y nos dirigimos al aeropuerto. A mi regreso tuvimos otros encuentros los cuales espero poder compartir más adelante.

  • Me viene otra vez, papá, me viene otra vez

    Me viene otra vez, papá, me viene otra vez

    Musoke medía un metro setenta y cinco, era negra, delgada, tenía el pelo negro corto y rizado. En los lóbulos de sus orejas llevaba unos grandes aros de oro y de su largo cuello colgaba una cadena con un crucifijo. Sus tetas eran medianas, tirando a grandes, su cintura era estrecha, sus caderas anchas y su culo redondo y era guapísima. Si quisiera podría trabajar de modelo. Era una chica cariñosa, tímida y vergonzosa y aprendiz de beata. Acabara secundaria y era una buena estudiante.

    Aurora era una chica de la misma edad y estatura que Musoke, tenía los ojos azules, el cabello largo y rubio, un cuerpazo y cómo su amiga era una aprendiz de beata, aunque ambas lo eran obligadas, ya que las beatas eran sus madres.

    Eran las seis y algo de la tarde, habían vuelto de la piscina del chalet y estaban en bikini sobre la cama ojeando una revista Marie Claire. Aurora en bikini amarillo le dijo a Musoke que llevaba un bikini blanco:

    -¿Tú te masturbas, Musoke?

    -Sí. ¿Y tú?

    -También. ¿Se lo confiesas al padre Daniel?

    -No. ¿Y tú?

    -Tampoco. ¿Enséñame cómo lo haces?

    -Me da vergüenza.

    Aurora soltó los lazos de las tiras de la braguita del bikini, se acarició el clítoris y echó la mano derecha a la teta izquierda.

    -Yo lo hago así. ¿Cómo lo haces tú?

    Musoke viendo cómo su amiga se masturbaba, se bajó la braguita del bikini, chupó un dedo y se lo metió en su coño, un coño rodeado por una pequeña mata de pelo rizado, y le dijo:

    -Yo me masturbo así.

    -¿Y en quién piensas?

    -En algún chico guapo que me miró…

    -¿Chicas no?

    -Alguna vez.

    -¿Y maduros?

    -También. ¿Y tú?

    -Yo la última vez que lo hice pensé en ti.

    Musoke dejó de masturbarse y subió la braguita. Aurora no esperaba esa reacción y le preguntó:

    -¡¿Tanto te molestó lo que te dije?!

    -Una cosa es hacernos confesiones y otra…

    -¿Te masturbaste alguna vez pensando en mí?

    -¡No!

    -No mientas.

    -Bueno, sí, pero una cosa es la fantasía y otra…

    No la dejó terminar. Andaba con prisas.

    -¿Qué me haces en tus sueños? ¿Me haces lo mismo que te hago yo? ¿Me besas y me comes las tetas y el coño?

    -¡¿Eso me haces tú a mí?!

    -También te como el culo.

    Aurora dejó de tocarse, le echó la mano a la braguita y le tiró por la tela y por los pelos con suavidad.

    -Me gusta tu vello púbico.

    Musoke miró para el coño de Aurora, que tenía una matita de pelos rubios, y le dijo:

    -Es más bonita el tuyo. ¿Qué me haces en el culo?

    -Te lamo el ojetito y te meto y te saco la lengua. ¿Me enseñas las tetas?

    Musoke ya estaba cachonda, pero se le dio por decir:

    -¿Seguimos mirando la revista?

    Aurora dejó de jugar con los pelos y se quitó el sujetador del bikini. Aparecieron unas tetas medianas, aperadas y con areolas rosadas y pezones medianos y de punta.

    -¿Te gustan mis tetas?

    -Son bonitas.

    -Seguro que las tuyas aún son más bonitas que las mías. Enseña.

    -Me da mucha vergüenza.

    Aurora le quitó el sujetador. Musoke tapó las tetas con las manos. Aurora se las quitó y vio sus tetas, eran más grandes que las suyas y tenían areolas negras y pezones gorditos y tiesos. Le echó las dos manos y le las amasó.

    -Tienes unas tetas preciosas. Coge las mías.

    -No.

    Aurora le cogió las manos y se las llevó a sus tetas.

    -Acarícialas.

    Musoke acarició las tetas, luego Aurora se las chupó a ella, jugó con la lengua en los pezones, las magreó y después la besó, para acto seguido coger la cabeza de su amiga y llevarla a sus tetas. Musoke le hizo en las tetas tal cual le hiciera a ella Aurora. Al ratito, le dijo:

    -¿Quieres hacer conmigo lo que hicimos en mi imaginación, Musoke?

    -¿Qué hicimos?

    -Te comí y me comiste el coño.

    -Quiero.

    Musoke se quitó la braguita. Aurora se dio la vuelta y de lado metió la cabeza entre las piernas de Musoke y le puso el coño en la boca. Ninguna de las dos había comido un coño más que en sus fantasías, pero sabían lo que les gustaría que le hicieran y eso fue lo que se hicieron una a la otra. Lamer el coño, el clítoris y follar la vagina con la lengua, y Aurora, que era la de las fantasías más guarras, lamer, follar, y acariciar el ojete de Musoke con la yema de uno de sus dedos. Sus gemidos se ahogaban en los coños que se fueron encharcando de saliva y jugos… Pasado un tiempo la soñadora queriendo hacer correr a su sueño, se empezó a correr ella.

    -¡Me corro en tu boca, Musoke!

    Musoke al oír las palabras de su amiga explotó. De su coño salieron unos potentes chorros de orina que pusieron perdida la cara de su amiga. Después de la orina salió del coño una cascada de babas que Aurora se tragó… Musoke se tragó los de su amiga.

    Al acabar, Musoke, limpiándole a Aurora la orina de la cara con una sábana, le dijo:

    -Fue divertido.

    Aurora le dio un pico, y después le respondió:

    -Y muy placentero.

    Esteban, el padre de Musoke, era un empresario de casi cincuenta años, moreno, alto, fuerte y atractivo. Se casara 20 años atrás con Chayna, la madre de Musoke. Formaban una familia feliz.

    Era una noche calurosa de verano, Esteban estaba en pantalón de deporte sentado en una mecedora en el jardín de su casa y con una botella de whisky y una cubitera al lado, Musoke, en bikini, estaba echada sobre una hamaca que colgaba entre dos árboles de los muchos que había en el jardín y que rodeaban la piscina, Chayna se había ido a África a visitar a sus padres y el servicio no venía hasta el lunes. Esteban, con un medio pedal, le preguntó a su hija:

    -¿En qué piensas, hija?

    -En África, debe ser bonita.

    -Depende de que parte de África. En sitios se muere la gente de hambre y en otros aún existe el canibalismo. África es inmensa.

    -Yo lo decía por la flora y la fauna.

    -Para flor tú, eres la flor más bonita de África.

    Musoke se debió poner colorada, pero al ser negra no se le notaban los colores.

    -¿No te estará haciendo daño el whisky, papá?

    -Daño me está haciendo verte ahí echada.

    -No te entiendo.

    -Ahora mismo te lo explico.

    Se levantó, y al estar a su lado le pasó la yema de un dedo por el brazo.

    -¿Qué haces, papá?

    -Tienes una piel muy suave.

    Le pasó el dedo alrededor del pezón de la teta izquierda y después hizo círculos sobre él. Musoke, sin moverse, le preguntó:

    -¿Estás borracho, papa?

    Pasándole el dedo por el otro pezón, le respondió:

    -Tienes unas tetas divinas.

    -Para, papá, para.

    Le magreó la teta. La encontró dura. Se echó la mano al paquete, y le dijo:

    -¡Qué buena estás, coño!

    Le pasó el dedo por el clítoris. Musoke seguía sin moverse.

    -Tienes que estar muy borracho para hacer lo que estás haciendo.

    -No estoy muy borracho, aún controlo. ¿Quieres echar un trago de whisky?

    -¡Déjame!

    Musoke bajó de la hamaca y su padre la vio correr hacia la piscina, descalza y meneando las nalgas. Su cuerpo diez brillaba con las farolas que iluminaban el jardín y la piscina y por la cabeza de Esteban pasaron mil y una idea y ninguna buena. Musoke se tiró a la piscina. Esteban se quitó el pantalón de deporte. Musoke quedó anonadada mirando para la tiesa polla de su padre. Señalándola con un dedo, le dijo:

    -¿Por qué me enseñas esa cosa?

    Esteban se tiró a la piscina en busca de su hija, pero Musoke nadaba mejor que él y salió de ella por el otro extremo. Apoyado con sus brazos en el borde, le dijo:

    -¡Con las ganas que tenía de hacerte cositas debajo del agua! Si hubieras tomado el Whisky…

    -¿Qué cositas me querías hacer debajo del agua? -se quedó pensativa- ¡Ahora caigo! Me querías emborrar para abusar de mí!

    -Abusar, no, ponerte contenta a ver si así te animabas.

    -¿¡Animarme yo con un whisky?

    Musoke salivaba pensando en la polla de su padre. Cogió el whisky triple que Esteban había dejado al lado de la hamaca y se lo mandó de un trago con la idea de hacerse la borracha y dejar que su padre la follara, pero las cosas no le iban a salir cómo ella quería. La garganta le comenzó a arder, los ojos a llorar y el cuerpo se le estremeció. Cuando pudo hablar, con voz ronca. Dijo:

    -¡Esto es veneno!

    Al momento tenía la cabeza caliente. Se sentó en la mecedora. Le entraron arcadas y comenzó a vomitar. Esteban salió de la piscina, le puso una mano en la frente y otra en la nuca, y le dijo:

    -Echa todo fuera.

    Musoke vomitó por la polla, las piernas y los pies de su padre… Acabó echando hasta su primera papilla. Al acabar de vomitar, le dijo a su padre:

    -¡Qué mal me encuentro!

    -No debiste tomar el whisky.

    -No, no debí tomarlo.

    Musoke se fue para casa, se metió en su cama y no hubo más mujer hasta la mañana siguiente.

    Se encontraron en la cocina. Esteban que vestía con ropas de ir a jugar al golf y que tenía la bolsa con los palos en una esquina, estaba avergonzado de lo que le quisiera hacer a su hija. Tomando un café y sin mirarle a la cara, le dijo:

    -Siento mucho lo de ayer noche. ¿Me perdonas?

    Musoke, que traía puesto un vestido largo y que calzaba unas zapatillas deportivas, le respondió:

    -Perdonado, pero dime. ¿Por qué me acariciaste los senos y el sexo, papá?

    -Por que ayer noche el alcohol me hizo verte cómo una mujer y no cómo a una hija.

    -¿Esta mañana ya me ves cómo una hija?

    -Eres mi hija.

    Sonó el timbre de la puerta.

    -Debe ser Aurora. Me voy a misa.

    -¿No desayunas?

    -Ya tomé algo antes de que te levantaras. Que lo pases bien jugando al golf. Nos vemos, papá.

    -Nos vemos, cariño.

    A las dos de la tarde acabando de comer una ligera comida china. Esteban le decía a su hija:

    -¿A dónde vas a ir hoy con tus amigas?

    -Al cine, después daremos un paseo por la playa, tomaremos algo y cada una a su casa.

    -¿Qué vais a ver?

    -Estamos entre Pinocho y Padre no hay más que uno 2. ¿Y tú que vas a hacer?

    -Quedamos para hacer una timba de Póker en casa de Juan.

    -No pierdas mucho.

    -No suelo perder.

    Unas horas más tarde Musoke y su amiga Aurora estaban en bikini en el jardín. Musoke estaba echada en la hamaca y Aurora pasándole la yema de un dedo alrededor del pezón, le decía:

    -¿Te hizo así?

    -Sí.

    Le pasó el dedo alrededor del otro pezón y después se lo acarició.

    -¿Y así?

    -Sí.

    Le acarició el clítoris con el dedo.

    -¿Y así?

    -Sí.

    -¡¿Y tú escapaste y te metiste en la piscina?

    -Sí.

    -Eres tonta, te perdiste lo mejor.

    -¿Qué crees que me iba a hacer?

    Le dio un beso con lengua y sin dejar de acariciar su clítoris, le respondió:

    -Hacer que te corrieras.

    -Hazme correr tú.

    Le metió la mano dentro de la braguita del bikini, le metió un dedo en el coño, le subió el sujetador y besándola y comiendo sus duras tetas la masturbó hasta que Musoke, dijo:

    -¡Me voy a correr!

    Sintieron el ruido del motor de coche de Esteban entrando en el garaje y se le cortó. Aurora se calzó y se vistió, le dio un beso, y antes de irse, le dijo:

    -Otro día acabamos.

    Cuando Esteban llegó al jardín en mangas de camisa su hija seguía echada en la hamaca cachonda cómo una perra en celo. Fue a su lado y le preguntó:

    -¿Cómo te fue la tarde, cariño?

    -Mejor de lo que podía esperar.

    -¿Conociste a algún chico?

    -No, Aurora y yo nos conocimos un poquito mejor.

    -Cuenta.

    -Son cosas íntimas, sexuales y húmedas, muy húmedas.

    Esteban miró a su hija con cara de asombro, y le preguntó:

    -¡¿Eres lesbiana?!

    -No.

    Sabía de sobra que sí, pero le peguntó:

    -¿Estás intentando calentarme, Musoke?

    -No me hace falta calentarte, sé que me deseas.

    -¿Te excita que te desee?

    La respuesta de Musoke fue cogerle la mano derecha y ponerle los dedos en su nariz. Tenían un aroma a coño que alimentaban. Esteban le preguntó:

    -¿El olor es de tu coño o del suyo?

    -Pronto lo sabrás.

    Musoke le llevo la mano al coño. Esteban notó la humedad y su polla se puso dura.

    -Fui mala, papá.

    -¿Te corriste con tu amiga?

    -No, papa. Vuelve a tocarme cómo me tocaste ayer. Hazme correr tú.

    Esteban le pasó un dedo alrededor del pezón de la teta derecha y después por encima, luego jugó con su teta izquierda, después le pasó el dedo por el clítoris, Musoke le cogió la mano y la metió dentro de la braguita del bikini. Sintió el acolchado de su vello púbico y luego sus dedos se pringaron de jugos, ya que tenía el coño cómo una charca. Le metió dos dedos dentro. Le entraron apretados. Su polla soltó tanta aguadilla que en su pantalón apareció un lamparón de humedad. Tenía unas ganas locas de comer aquel coño empapado, pero en la hamaca no podía. La besó mientras la masturbaba, Musoke se le colgó del cuello. Aprovechó para cogerla en brazos y echarla sobre la hierba. Le quitó el sujetador del bikini y vio sus tetas redondas y duras con areolas negras y pezones gorditos y tiesos. Lamió sus pezones, magreó y mamó sus tetas…

    Después le quitó la braguita del bikini y vio su vello rizado y su coño empapado. Musoke flexionó las rodillas, Esteban le abrió las piernas y con ellas se abrió el coño, un coño con labios rosados y mojados cuya vagina se estaba abriendo y cerrando. Le pasó la lengua plana por el coño, luego aplastó su clítoris con ella y después le metió dos dedos en el coño y lamió de abajo a arriba sin parar y cada vez más rápido hasta que sintió chorros de orina salir presión por los lados de sus dedos, chorros que impactaron en su lengua. Dejó de lamer. La orina le dejara la camisa perdida. Después se corrió cómo una pantera, solo le faltó rugir, ya que casi le rompe la camisa con las uñas.

    Al acabar se levantó, se quitó el bikini, y le dijo:

    -Voy a bañarme desnuda. ¿Vienes?

    Esteban se desnudó y se metió en la piscina con su hija.

    Nada más llegar a su lado, que era un sitio donde el agua les daba por la cintura, la levantó y su polla tiesa buscó el coño. Musoke se abrió de piernas y la polla de su padre se hizo sitio en aquel estrecho túnel engrasado con los jugos de su corrida. Con las piernas de su hija rodeando su cuerpo y sus brazos rodeando su cuello le metió un morreo de película porno. Musoke le dijo:

    -¡Dame fuerte, papá!

    Esteban le dio fuerte.

    -¡Más rápido!

    Le dio caña de la buena.

    -¡Mááás!

    Le dio a romper. Al ratito Musoke le clavó las uñas en la espalda. Entre temblores echó la cabeza hacia atrás y se corrió cómo una fiera.

    Al acabar Musoke salió de la piscina, cogió una toalla, la puso sobre el cemento y se echó boca arriba sobre ella.

    Esteban hizo dos largos y después, con la polla flácida y colgando se arrodilló entre las piernas de su hija, y le dijo:

    -Me debes una corrida.

    No sé dónde coño iban la timidez y la vergüenza de Musoke, ya que le respondió:

    -Cóbrala.

    Esteban cogió su flácida polla y se la frotó en el coño de abajo a arriba varias veces, después puso su meato encima del glande del clítoris y lo frotó muy despacito cantidad de veces… Cuando volvió a frotarla entre los labios ya la polla estaba dura cómo una piedra y el clítoris se había escapado del capuchón. Musoke estaba en la gloria.

    -¡Ay, papá, ay qué gustito!

    Volvió a poner su meato sobre el clítoris. Al frotarlo Musoke sentía cómo le pringaba el clítoris de aguadilla.

    -¡Me voy a correr, papá, me voy a correr!

    -Córrete, vida.

    Esta vez su coño no soltó sus usuales chorros de orina, soltó babas mientras su cuerpo hacía un arco y su pelvis se levantaba gloriosa. Esteban no dejó de frotar hasta que acabó de correrse y el cuerpo de su hija quedó en posición natural. Ahí la cogió por la cintura, la levantó, le clavó la polla hasta el fondo y le dio caña brava hasta que le dijo:

    -¡Me viene otra vez, papá, me viene otra vez!

    No dejó que se corriera, se la quitó y se corrió él en la entrada del coño, luego la volvió a coger por la cintura, y le comió el coño hasta que se corrió en su boca, diciendo:

    -¡Qué bello es pecar!

    Al acabar de correrse, le metió la polla a media asta, le cerró las piernas, y besándola la folló despacito hasta que la polla se puso tiesa dentro.

    Musoke disfrutaba de cada mete y saca, de cada beso, de cada mirada… Hasta disfrutaba del silencio que solo rompían dos verderones trinando en uno de los árboles y el ruido de la polla dentro del coño al chocar con los jugos que tenía en el fondo: «Chof, chof, chof…»

    A Musoke le gustaba anunciar sus orgasmos, y le anunció el último.

    -¡Me viene, papá, me viene!

    Esteban aceleró el mete y saca y Musoke hizo algo que no debía hacer, meterle un dedo en el culo a su padre. Esteban, sin poder evitarlo, descargó dentro de su hija. La muy cabrita al sentir su leche dentro le aumentó el placer. Quitó el dedo del ojete y le clavó las uñas en las nalgas al tiempo que lo apretaba contra ella.

    Fueron dos corridas grandiosas en las que gimieron, temblaron, se sacudieron y casi se mueren de gusto el padre y la hija.

    Al acabar y aún con la polla dentro le dijo Esteban:

    -Mañana te compro la píldora del día después.

    A Musoke en aquel momento le importaba una mierda lo que pudiera acarrear el polvo que estaba echando.

    -¿Seguimos?

    -Sí, pero mañana…

    -Sí, sí, la píldora. ¿Me dejas subir encima de ti?

    -Sube, cielo, sube.

    Quique.