Blog

  • Lo que más duele es la traición junto a la insolencia

    Lo que más duele es la traición junto a la insolencia

    -Hace tiempo que no salimos a tomar algo y bailar. Podríamos hacerlo mañana viernes. Si querés les pregunto a Lía y Luis si quieren sumarse.

    Esas reuniones ya las habíamos hecho en otras oportunidades y lo pasamos bien. Era una manera de salir de nuestra rutinaria vida. Me llamo Javier, 42 años, tengo un trabajo muy bien remunerado y estoy en pareja con Bea con 30 llevados espectacularmente. Cuando quedó sin ocupación hablé a un amigo, con quien conservo una relación entrañable, y él le dio trabajo en su empresa. Allí conoció a los dos con quienes de tanto en tanto nos juntábamos.

    Él es un tipo común, tanto en su físico cuanto en su preparación, por lo que nuestras charlas eran superficiales y poco atrayentes. Con Lía la cosa era distinta. Con el mismo o menor nivel de estudio que Luis, su madurez y sentido común le aportaban sabor a la conversación. Ambos en la treintena.

    Ese viernes fuimos al lugar que ya conocíamos.

    Si bien no me desagrada el baile no puedo decir que sea un devoto de él, en cambio Luis, Lía y Bea verdaderamente lo disfrutan. Pasado un rato, Bea le pidió a Luis que la llevara a bailar cosa que ya había sucedido otras veces cuando yo no demostraba ganas de hacerlo.

    Así el bailarín alternó mi compañera con la suya supliendo mi escasa participación. Cuando Lía me pidió salir a la pista lo hice más que nada por no desairarla. Justo empezaron las piezas lentas, y como el volumen era aceptable pudimos también charlar preguntándole, por simple curiosidad, cuanto tiempo llevaba en pareja con Luis.

    – “Seis meses, pero a vos te voy a decir la verdad, solo te ruego reserva. No somos pareja. Tenemos una simple relación de conveniencia. Él me da techo y comida y yo le retribuyo con las tareas de la casa y sexo. La razón es simple, no tengo dónde caerme muerta. Casi todo lo que gano se lo mando a mi madre, que está sola, tiene una pensión miserable y cría a mi hijo de cuatro años. Te consta que mi vestuario habitual son pantalones vaqueros, con alguna remera o camisa. Más aun, ni siquiera compartimos la cama, él duerme en la suya y yo en el sofá cama del comedor. Es libre de traer una mujer a la casa pues no hay compromiso. Te pido disculpas por estas confidencias, no hay razón para perturbar este momento de distracción, pero no tengo quien me escuche y vos me prestás atención, lo cual te agradezco”

    Bajó la vista en el momento en que dos lágrimas bajaban por las mejillas y pegó su cara a mi pecho. Yo apreté un poco el abrazo y le di un suave beso en la frente. Bailamos un poco más y luego nos sentamos. En eso miro por un claro qué se hace en la pista y los veo a Luis y Bea bien pegados, ella con los brazos al cuello de él y él con las manos en las nalgas de ella. Fue un momento corto pues en seguida otros los taparon.

    – “Me parece que nuestras parejas están muy entusiasmadas”

    – “Si también los vi. Quizá te arruine la noche, pero no merecés esto. Luis y Bea están muy calientes entre ellos y por eso me dijeron que tratara de seducirte, que te excitara como para que te sorprendieran intimando conmigo y de esa manera, al sentirte culpable, consintieras lo de ellos. Por favor no me vayas a descubrir”

    – “Por qué lo aceptás”

    – “Me puede echar a la calle”

    – “Y cuánto hace que vienen calmando la calentura”

    – “Mas o menos unos tres meses. Casi todos los lunes y jueves, a la salida del trabajo, Bea viene con nosotros a casa y se encierran en el dormitorio”

    – “Justo los días que yo tengo reunión de socios y llego más tarde. ¿Quisieras venir a vivir a casa?, te ofrezco habitación con baño y comida, sin pago de ninguna especie”

    – “Disculpame la respuesta, pero vos sabés que cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía, ¿cuál es la trampa?”

    – “No hay”

    – “Y por qué lo hacés”.

    – “Hay cuatro buenas razones igualmente importantes, primero me saco a Bea de encima, en segundo lugar te ayudo porque vos merecés que te ayuden, en tercer lugar me puedo vengar de Bea y si es posible de Luis, y en cuarto lugar, si bien no me puedo quitar los cuernos, por lo menos detengo su crecimiento. Te animás a vivir conmigo?”

    – “Encantada, acepto”

    – “Bien, luego combinamos los detalles”.

    – “Seguime el juego, no voy a abusar de vos ni te voy a perjudicar, vamos a bailar de nuevo”

    Salimos a la pista y aprovechando las piezas lentas nos pegamos un poco mientras los buscábamos. Queríamos que nos vieran como disfrutando del contacto sin el consentimiento y a espaldas de ellos. Primero los vi yo. Estaban quietos, sin llevar el ritmo de la música, besándose ardorosamente en un movimiento de labios que cesaba transitoriamente cuando, mirándose a los ojos, se apretaban dando la sensación de estar en plena cópula, pues ella abría las piernas para recibir el empuje de él, ambos con la cara desencajada por el deseo. Dentro de la bronca que da el ver cómo te crecen los cuernos, no me asombró la expresión de Bea, pues cuando está bien dispuesta es capaz de correrse con el roce de su conchita sobre la pija del que la aprieta. Ya le había pasado conmigo. Giré dándoles la espalda y le pedí a Lía que me guiara para no perderlos de vista y fuera contándome qué hacían. Buscaba que ellos no se dieran cuenta que los había visto pues si era Lía quien los veía no habría consecuencias. El relato solo contribuyó a aumentar el dolor. Escuchar que Bea mostraba las convulsiones del orgasmo, que tenía los ojos en blanco y la boca abierta como si le faltara el aire, que casi se cae de no ser sostenida por Luís, que al fin permanece inerme con los ojos cerrados y apoyada la cabeza en el hombro del macho que la había hecho gozar, se transformó en un fuego que me abrazaba por dentro, me desencajaba las facciones y el odio me nublaba la vista.

    Cuando Lía, que me hablaba mirando hacia los amantes, vio mi cara se asustó (según me dijo después) y poniéndose en punta de pies, me apretó contra ella dándome un beso en la mejilla diciéndome en un tono de voz cariñoso y consolador:

    – “No les hagás caso, no valen la pena, enfriá el corazón para que tu mente trabaje tranquila y la venganza sea lo más efectiva posible. Voy a estar a tu lado ayudándote en todo lo que esté a mi alcance”

    Todavía no puedo creer el alivio casi instantáneo que sentí y que me hizo abrazarla con agradecimiento y afecto. Así pegados seguimos bailando hasta que una mano me tocó el hombro, era Bea, que con expresión de suma inocencia se dirigía a Lía.

    – “Francamente te debo felicitar por lograr que Javier baile, es todo un acontecimiento. Eso sí, ojo con propasarse que los vamos a vigilar de cerca”.

    Las manos de Lía, clavándose en mis hombros a modo de garras, impidieron que, cediendo al odio, la tomara del cuello y con un solo movimiento se lo quebrara. Sacando fuerzas de no sé dónde la miré con una sonrisa forzada y no le contesté.

    – “Si querés que esto funcione tenemos que fingir, arriba el ánimo, no soy tan linda como Bea pero el esfuerzo va dar buen resultado”, me dijo Lía.

    – “Bea no es más linda que vos, simplemente es más voluptuosa, más sensual. Es verdad que nos conocemos poco, hemos compartido solo cinco o seis salidas, pero si tuviera que caracterizarlas en dos palabras diría que vos sos una hermosa mujer mientras que Bea es una linda hembra. Creo que esta tarea de fingir me va a ser altamente gratificante”.

    En plan de fingir, fingimos bien, su boca era una delicia, el movimiento de sus labios y de su lengua semejaba una caricia, sus ojos cerrados denotaban una entrega no simulada. De pronto se separa y mirándome a los ojos me preguntó

    – “Esto duro que siento cuando me aprieto es lo que pienso?”

    – “Sin duda, mi cuerpo reacciona como el de cualquier hombre en contacto con una mujer deseable”

    Reanudamos el beso y en eso estábamos cuando escuchamos

    – “Epa, epa, que pasa acá que mi hombre está besándose con mi amiga”, era Bea mostrando asombro.

    Simplemente la miramos.

    – “Sigan, que nosotros seguiremos bailando, pero no vengan con reclamos”.

    – “Querida compañera de complot démosles tiempo suficiente para avanzar en el contacto”.

    Buscamos entre los que bailaban y al no verlos en la pista seguimos la búsqueda por los alrededores y los encontramos al costado de un pasillo en un sector poco transitado. Ella estaba de espaldas a la pared con los brazos en el cuello de él, besándose, mientras las manos de Luís se ocupaban de sus nalgas. Si bien podía esperarlo por lo visto anteriormente, ese espectáculo me impactó. Cuando terminó el beso se separaron un poco como para dar espacio a las manos, ella palpando el bulto que mostraba el pantalón mientras él metía su mano derecha bajo la pollera buscando una conchita seguramente empapada, y la mano izquierda oprimiendo una teta. Que la mano de Luís estaba en su objetivo y los dedos habían entrado profundamente en la vagina se hizo evidente cuando Bea abrió súbitamente la boca y tiró la cabeza hacia atrás.

    A partir de ese momento el movimiento de entrada y salida se volvió frenético, ella con la mirada fija en los ojos de él, le agarró con las dos manos la muñeca acompañando el vaivén, como si Luís no tuviera la fuerza suficiente para introducir bien adentro los dedos. De pronto ella paró el movimiento manteniendo la mano apretada firmemente contra su entrepierna, puso los ojos en blanco y comenzó la convulsión típica del orgasmo donde los músculos alcanzan su máxima tensión y pasan luego a distenderse. Eso hizo que Bea se fuera deslizando, pegada a la pared, para quedar sentada, con los ojos cerrados, la cabeza ladeada hacia un hombro y la pollera en la cintura.

    Luís la dejó descansar un momento y luego la ayudó a incorporarse. Ya repuesta llevó sus brazos al cuello juntándose nuevamente los labios de ambos, sin la urgencia anterior, ella saboreando la lengua de él y como agradeciéndole el placer recibido. El beso terminó cuando las manos de Luís la dieron vuelta haciendo que se apoyara en la pared y parara la cola mientras le bajaba la bombacha hasta mitad de los muslos. Luego sacó la pija arrimándose y buscando la entrada. Al encontrarla se la enterró de un solo golpe, comenzando el vaivén de entrada y salida, que ella acompañaba con quejidos de placer. Cuando sentí que él empezaba emitir ronquidos y abría la boca preanunciando la corrida tomé a Lía de la mano.

    – “Vamos, esto me supera. Cuando vuelvas a tu casa ordená bien todo y solo lo que sea de tu propiedad, de manera que el traslado sea sin demoras. De vos necesito un favor, el próximo lunes cuando ella llegue mándame un mensaje. Yo te avisaré cuando esté frente a tu puerta para que silenciosamente me abras”.

    Volvimos a la mesa y con la ayuda de Lía disimule aceptablemente mi malestar hasta que fue hora de regresar a casa. Los dos días siguientes, cada vez que Bea se insinuó para tener intimidad, la mantuve a distancia con cualquier excusa. El lunes, ya en el estudio, la llamé para avisarle que llegaría más tarde de lo habitual por un caso nuevo que debíamos analizar.

    A las cinco y cuarto de la tarde recibí el mensaje de Lía avisándome que ya estaban en su casa. Cancelé todas obligaciones pendientes y salí para allá, demorando unos treinta minutos. Cuando estaba frente a la puerta de entrada le avisé, ella me abrió y entré sin hacer ruido. En ese momento se escuchó la voz de Luís.

    – “¿Quién es?”

    – “Nadie, me pareció que habían tocado la puerta”, contestó Lía y me hizo señas, indicando que estaban en el dormitorio.

    Evidentemente estaban tranquilos pues ni se habían molestado en cerrar la puerta, por lo cual sus voces se escuchaban perfectamente desde el comedor ubicado pared de por medio.

    – “Cómo aprieta tu culito tesoro”

    – “Seguí, seguí”

    – “Quién te coge mejor, el cornudo de Javier o yo”

    – “Vos papito, vos, métela bien adentro”,

    – “Ya, ya, te estoy llenando el culito de leche”.

    – “Sí mi amor siento palpitar tu pija con cada chorro que suelta”

    – “Espero que el cornudo no se dé cuenta del orificio de dos pulgadas que te voy a dejar”.

    – “No te preocupés que hace días que está desganado”

    – “Con razón venías ardiendo”

    No suelo fumar, pero algunos momentos son especiales para calmarse echando humo, así que encendí un cigarrillo. A la tercera pitada se escuchó la voz de Luís aproximándose.

    – “Lía te dije que no fumaras adentro”

    Lo esperé al lado de la puerta, y apenas asomó desnudo le di un puñetazo en el estómago, el segundo, mientras caía fue en la cara. Bea al escuchar el ruido y los lamentos se asomó, también desnuda, y me vio. Digno de verse el gesto de sorpresa y la palidez de su cara antes de dar media vuelta y entrar nuevamente al dormitorio. Con Luís tirado en el piso, Lía ocupando un sillón, y Bea en la habitación, me senté y encendí otro cigarrillo. Cuando el apaleado intentó pararse lo frené.

    – “No te muevas, porque de lo contrario estos dos golpes te van a parecer caricias comparado con lo que vas a recibir”.

    En eso apareció Bea ya vestida. Por sus mejillas bajaban lágrimas mientras con la cabeza gacha ocupó el asiento libre.

    – “Bea, si antes de las nueve de la noche no has sacado todas tus cosas de casa yo las pongo en la vereda y mañana lo veo al dueño de la empresa donde trabajan para que los despida a ambos”.

    – “Perdoname, perdoname, estoy arrepentida, fue solamente sexo, te quiero sólo a vos”

    – “No te preocupés que no hay cambios, hasta ahora vos me querías y cogías con Luís, a partir de hoy me seguís queriendo y seguís cogiendo con Luís. Y a vos basura, esto que te pasó no es porque le hayas metido a Bea doscientos kilómetros de pija por la concha y el culo, tampoco es porque le hayas hecho tragar cien litros de esperma, esto es por insultarme, por referirte a mí despreciativamente como el cornudo mientras yo te tenía por amigo. Lía, si estás lista te ayudo a sacar tus cosas para irnos a tu nuevo hogar.

  • Con mi cuñada la mayor

    Con mi cuñada la mayor

    Siguiendo el relato anterior, resulta que mi cuñada mayor Georgina, nos estuvo espiando cuando teníamos relaciones con Zandra su hermana en casa de sus papás, sin darse cuenta que yo me percaté de ello, marcándome por la tarde para pedirme una cita, bajo el pretexto que tenía problemas con su esposo.

    Mi esposa me llamó ese mismo día y me dijo que se iban a quedar a dormir con mis suegros en el Distrito Federal dos noches, porque estaban viendo mercancía para el negocio de mis suegros, que si podía llevar a Zandra a casa de mis suegros y estar al pendiente por si algo se le ofrecía, lo que estuve de acuerdo, así que ese mismo día y toda la noche pasé haciendo el amor con mi cuñada, aprovechando inclusive en hacerlo por la mañana dos veces antes de salir rumbo a abrir su negocio y yo a mi oficina.

    Ya antes de dejar a Zandra le dije que iba a estar un poco ocupado por la mañana, que tenía varios pendientes por hacer, así que le dejé mi carro y le comenté que en la tarde ya de vuelta nos veríamos, diciéndome que no había problema, así que tomé un taxi para trasladarme al café donde quede de verme con Georgina mi cuñada a esto de las 10:30 de la mañana.

    Al arribar al lugar vi su camioneta estacionada a la vuelta del citado café, y me metí al lugar que conocía a la perfección al buscar con la mirada donde se encontraba, la visualicé en una mesa que estaba hasta el fondo en un rinconcito apartado de la vista de la gente, así que de inmediato me acerqué y la salude de beso y abrazo como siempre lo hacía, notándola algo nerviosa, y le dije “Hola Gina que bien te ves”, respondiéndome con voz entrecortada “De verdad crees que me veo bien”, “Claro que si cuñada, ese vestido te va de lujo” le dije, respondiéndome “Pues gracias, veo que solo tú te fijas en mi vestuario”, a lo cual de inmediato me senté frente a ella y pedí un café algo cargado, puesto que ella ya estaba bebiendo uno.

    Ya en la plática me comenta que andaba mal con su esposo, porque él no la pelaba, y ya en la confianza me dice que tenía alrededor de 6 meses que no tenían intimidad, y que por la confianza que existía entre ambos, quería platicármelo, a lo cual yo le dije que no veía el motivo si ella era una mujer muy guapa y con un lindo cuerpo –ella en ese entonces tenía 40 años, 5 cinco años mayor que yo, con dos hijas la primera de 22 y la segunda 20 años-, si bien su cuerpo no era una escultura, si medía 1.75 metros y unas medidas de aproximadamente 95-64-96, con unas nalgas muy bonitas y grandes y unos pechos grandes y carnosos, la cual se cuidaba mucho-, así que le dije “Mírate que bien te ves con ese vestido que traes, las piernas se te ven exquisitas y no se diga el trasero y tus bubis”, lo cual hizo que se pusiera roja y me dijera “Pues aquel parece estar ciego”, me dio risa y seguimos conversando.

    Ya en el calor de la plática me pregunta que podía hacer para darle calor a su relación, a lo cual yo le dije que se parara y se diera una vuelta como modelando, la cual me dijo que si me quería echar un taco de ojo, a lo cual yo ni tardo ni perezoso le dije no solo de ojo, sino de lengua, y se empezó a reír. Al darse la vuelta le dije, “debes de ponerte otro tipo de ropa”, a lo cual ella de inmediato me contestó molesta “Que no te gusta mi vestido, está bien chiquito y me queda pegadito”, a lo cual yo le dije que el vestido le quedaba súper bien y se veía muy bien, pero no era el vestido, sino su ropa interior, de hecho tenía que ser cachonda con su esposo. Así que le dije que le iba a dar una lección, y le pedí que se sentara y yo hice lo mismo. Le dije:

    -imagínate que tú eres él y yo soy tú, así que cuando estés frente a él sentada, quítate los zapatos y con tus pies trata de tocarle el miembro, verás que eso es súper excitante, también chécate tu ropa interior, tus calzones parecen de abuelita, ocupas unos bikinis, cacheteros, ropa íntima que tenga encajes y que te lleguen a media nalga, que cuando te pongas vestido o pantalón sus pliegues resalten esas nalgotas y el brassiere te haga escote y dejen ver esos pechos que tienes, y sobre todo en la cama debes de dejarte de escrúpulos.

    Noté que mis palabras hicieron que su cara se pusiera roja, diciéndome que como le iba a hacer si no tenía nada de experiencia en la intimidad, si acaso con Juan su marido lo hacían de misionero y nada más, a lo cual yo le dije, “si quieres recuperarlo tienes que empezar a aprender a sorprenderlo”, así que tomando la iniciativa, le dije “Ves la tienda que está enfrente de aquí, quiero que vayas y te compres el conjunto de lencería blanco que se encuentra en el mostrador, te metes al vestidor y te lo pones, tu ropa interior que traes puesta, la pones en la bolsa, lo pagas y te voy a estar esperando cerca de tu camioneta, te voy a enseñar algunas lecciones”, ella tratando de disimular inocencia, me dice “De verdad Paco, te voy a estar eternamente agradecida”.

    Pasarían alrededor de unos 15 minutos y Gina salió de la tienda, yo la esperaba en un lugar cerca de la camioneta donde pudiera verle como se notaban los pliegues de su calzón, y la verdad efectivamente era un calzón que solamente le cubría la mitad de sus nalgotas, y ya al acercarse pude notar el escote de su brassiere que hacía que sus ricos pechos le lucieran al máximo, así que ella llegando me dio las llaves para que la manejara, ya dentro de la camioneta, le digo “Ves la diferencia que hace una lencería bonita, que ricas nalgas se te ven y las bubis ni se digan”, ella un poco más relajada, me responde “Gracias por el halago, compré otros conjuntos más, pero ahora donde seguiremos las lecciones”, “Mira a dos kilómetros de aquí hay un motel, tienes tiempo”, le contesté, a lo que ella de inmediato me responde “Si tengo, hasta las 3 de la tarde, vamos pues, deja ponerme este sombrero para cuando lleguemos”.

    Entramos al motel y metí la camioneta en el cajón y nos bajamos de la camioneta, ella tomó la bolsa de ropa interior que había comprado y sin dirigir palabra alguna, empezamos a subir las escaleras, yo deje que ella se adelantara algunos escalones porque quería seguir disfrutando de ese culote que tenía y como los pliegues de su calzón le resaltaban, así que al entrar a la habitación, cerré la puerta y sin dejarla hacer movimiento alguno y por sorpresa, tomé su cintura y la atraje hacia mí, y la empecé a besar en su boca, ella sin sobresaltos de inmediato abrió su boca y yo metí mi lengua, la cual ella succionaba, así que yo con mis manos empecé a sobarle sus ricas nalgas, repegando mi verga la cual se empezaba a parar a su puchita, diciéndome, “Que rico Paco, ahora si enséñame”.

    De inmediato le baje el cierre de su vestido, el cual quité y la dejé en ropa interior, así que le dije “Quiero verte con esa ropita, mira que sabrosa te vez”, ella me respondió “Cuñado de verdad estoy sabrosa, me vas a comer”, si claro “Ahora te voy a dar verga por tus tres orificios, vas a disfrutar como lo hembra que eres, mira que ricas tetas te cargas y que rico culito voy a estrenar”, lo cual hizo que su respiración se hiciera más profunda y me dijera, “No Paco, por el culo nunca me ha dado Juan, ni se la he chupado”, “pues hoy vas a probar mi verga por los tres lados, verás que te gustará”, le respondí.

    Así que empecé a besarla por su cuello y baje hacia sus tetas, quitándole el brassiere, las cuales eran grandes y redondas, empezando a mamárselas riquísimamente, lo que hizo que sus pezones se empezaran a poner duritos, con una aureolas grandes, ella solo gemía con una respiración entrecortada “Uff, mmm, agg, que rico me haces”.

    Yo para ese entonces me había quitado mi camisa y mi pantalón, la senté al borde de la cama y la acosté boca arriba, siguiendo mi tarea de besarle su vientre y llegar hasta donde empezaba ese calzoncito recién estrenado, calzón que en ese momento restregaba con su sexo, porque quería que esos líquidos que estaban a punto de salir mojaran el calzón y poderlo oler posteriormente como trofeo de esta encamada a Gina. Así estaría alrededor de unos 3 minutos cuando sentí que su prenda íntima ya empezaba a mojarse, lo que aproveché para quitársela y con mis manos restregársela por todo lo largo de su rica rajita, para que se mojara más, y ya mi boca alcanzaba a besar sus labios exteriores y con mi lengua trataba de darle una lambida a su clítoris el cual le daba mordiscos con mis dientes, para ese momento su cuerpo se empezaba a contorsionar del orgasmo que traía, y mi verga estaba durísima.

    Así que la acosté completamente sobre la cama y me quité mi calzón, y me puse frente a ella hincado acomodando mi verga frente a su almeja, y sin mayor problema la empecé a penetrar, ella solo decía “Paco, que rico coges, la tienes bien dura y gruesa, uff, agg, mmm, sigue así”.

    Posteriormente tome su pierna izquierda y la puse arriba de mi hombro derecho, quería penetrarla profundamente, sentir como mis huevos chocaban con su chocha, puesto que mi verga entraba completamente, sentía como sus pliegues cedían ante cada envestida mía, después de unos 10 minutos, ella solo jadeaba, pidiendo más verga.

    Así que me acosté boca arriba y le dije “Ahora Gina me vas a cabalgar, mientras te penetro y disfruto esas ricas chichotas que tienes”, así que la acomodé y de inmediato mi verga se perdió en esa rica vulva, así mientras ella subía y bajaba, ensartándose con mi verga, yo disfrutaba a mi antojo sus ricas chichotas, las cuales lambia, chupaba y estrujaba a mi antojo, a momentos agarraba sus ricas nalgotas para ayudarla a subir para que en la bajada se ensartara más dentro de mi verga, estaríamos así unos 20 minutos, pero yo no acababa, y era por las dos veces que esa mañana había cogido con Zandra, su hermana.

    Ella estaba a mi disposición, y le dije, “Gina, aquí va la primera lección, quiero que me chupes la verga”, ella me dijo “Es que va a saber feo, me acabas de penetrar”, “quieres aprender o no”, yo le contesté y me dijo que sí, así se la acomodé a un lado de mi verga y empezó a chupármela, le pedía yo que con su lengua recorriera todo lo largo de mi falo, que una vez hecho eso por buen rato, hice que se tragara mi verga lo que ella hacía sin protestar.

    Yo aprovechaba tomando su cabeza con mis manos, para sentir como mi verga le llegaba hasta su garganta, viendo como a momentos su respiración se entrecortaba y salía abundante saliva por sus boca, al tener a Gina en tal posición, hizo que me empezara a excitar, porque aprovechaba además para manosear sus ricas tetas, viendo que de inmediato reaccionaba a tal agasaje, así que sin pensarlo dos veces y sentir que ya me iba a venir, le dije “Ahora si cuñadita, recibe mi semen, agg, ahhh, mmm, no dejes nada afuera, comételo todo”, corriéndome en su boca, y ella como buena alumna se lo empezaba a tragar todo, dejándome al cabo de unos minutos bien exprimido, pero sin soltar una sola gota de semen.

    Nos acostamos a reposar y ella me preguntó qué cuanto tenía que no hacia el amor, contestándole con otra pregunta, “¿Tu Gina cuando tienes que no te masturbas, tocándote sus pechos y tu puchita?”, así que aprovechó para decirme que el día anterior al ir a casa de mis suegros a revisar unas cosas que le habían encargado, oyó gemidos de sexo, y al asomarse nos vio a Zandra y a mi haciendo el amor, y era tal la escena que en lugar de exigirnos una explicación, se empezó a masturbar y cuando vio que estábamos a punto de acabar, se retiró y que por ello inventó el pretexto de verme, porque al ver mi verga tan grande y la forma como me cogí a Zandra, ella también quería sentirme dentro de ella.

    Después de un rato de platicar, y adrede puse la televisión una película pornográfica, donde un negro con su bestial falo atravesaba a una rubia hacienda gemir de dolor y placer, quizás esto la calentó que sin decir palabra, me empezó a besar, lo que yo correspondí, así que aproveché para empezarle a meter mano a todo su cuerpo, lo que hizo que ella se empezara a calentar, con mis manos sobaba sus nalgas y las estrujaba, le dada nalgadas suaves, lo que hacía que su piel se erizara, mi boca empezó a besar sus ricos pechos, mis labios y lengua recorrían sus pezones ya erectos y sus aureolas, con uno de mis dedos empecé a recoger su puchita y a restregársela siguiendo con el botón de su culito, la cual de inmediato respondió diciéndome “Paco si me vas a coger por el culo, me vas a destrozar”, “Claro Gina, te la voy a meter toda por tu culito, pero veras como va a caber y la vas a gozar de lo lindo” le respondí, así que hice que se sentara al borde de la cama.

    Le dije “Primero cuñadita, me vas a hacer una rusa con esas chichotas que tienes” así que puse mi verga ya paradísima y dura en medio de su pechos y le dije los tomara con sus manos y me empezara a masturbar con los mismos, sentía como sus senos bajaban y subían restregándome mi verga completamente, así estaríamos alrededor de unos 4 minutos, cuando le dije que sin quitar sus senos, quería que metiera su boca en mi falo y me lo chupara.

    Así que no solamente me estaba masturbando con sus ricos pechos sino también me estaba dando una mamada de aquellas, lo que aproveche para tomar su cabeza y la apoyaba con mi verga, sintiendo como le entraba hasta la garganta, quizás así seguimos otros 5 cinco minutos, me gustaba ver como salía de su boca saliva al por mayor y como de repente quitaba su boca porque sentía que le faltaba la respiración, así que después de un rato, quité mi falo de sus chichis y boca y la puse de pie, dejándola frente a mí para besarla muy apasionadamente, metiendo mi lengua la cual exploraba el interior de su boca y siendo correspondido por ella.

    Ya en la calentura que traíamos, quería disfrutarla al máximo, y por ello discretamente busqué en mi pantalón un ensanchador y retardador que traía para la ocasión y le dije que ocupaba ir al baño, que en un momento regresaba, así que ya estando solo me puse bastante pomada en todo mi falo, la cual por la experiencia que tenía con tales productos sabía que en unos 15 minutos empezarían a hacer efecto, ya de vuelta ella estaba cubriendo su cuerpo con la sabana de la cama.

    De inmediato me senté a su lado y la empecé a besar, diciéndole cosas lindas, “Cuñada, que guapa estas, con tu cabello suelto te ves muy sensual, mira que lindos senos tienes y no se diga tu trasero, derrites a cualquiera”. Ella me miraba fijamente a los ojos y se limitó a decir “Paco, me conformo con que al menos una vez cada 15 días nos veamos, si el destino nos hace que estemos más días, es un regalo y así lo voy a tomar, este momento solo te pertenezco a ti, hazme tuya a tu antojo, cógeme por el culo, sé que lo deseas”.

    Yo de inmediato, baje mi boca hacia sus pechos y los empezaba a besar como loco, lamía sus aureolas, sus senos, los chupaba ya no me importaba si le dejaba algún moretón, ambos estábamos demasiado calientes para pensar en ello, mis dedos se empezaban a abrir paso por su esfínter el cual empezaba a ceder ante las envestidas de mis dedos, en el mete y saca, ya dos de ellos entraban con algo de esfuerzo, sentía como sus pliegues anales iban abriéndose a mis arremetidas, hasta que por fin logré que 3 dedos entraran a su ano, y empezara a salir liquido del mismo, lubricándose lo que hacía mayor la penetración de estos, ella solo gemía y decía “Papito, está muy cerrado, uff, con calma, me rompes, ayy”, de hecho gritaba, lo que hacía que me excitara cada vez más.

    El estar dedeando de tal forma su culote, y verla como gemía me puso a mil y sentí como mi verga estaba durísima, quizás en ese momento el gel ya hacia efecto y la veía como de 6 centímetros de ancha y al menos de unos 20 centímetros de larga, así que le dije “Gina, quiero darte por tu panocha antes de penetrarte por el culo, acomódala” quería que ella sintiera el tamaño de verga que se iba a comer, a lo cual ella la vio y la tomo con sus manos y me dijo, “Cuñado, esta grandísima y bien gruesa, me vas abrir muchísimo”, yo la tranquilice diciéndole que su almeja se iría acostumbrando y su culo también.

    Al momento de poner mi falo frente a su raja, inmediatamente ambos sentimos que aquel se encontraba más grueso y durísimo, así que Gina me pidió que la fuera penetrando lentamente, no como en la primera ocasión, lo que hice poco a poco sintiendo como costaba más trabajo la penetración a pesar de que la pucha de mi cuñada estaba súper lubricada, sin embargo ante el embate que hacía, cada vez iba sintiendo que sus pliegues vaginales iban cediendo ante mi arremetida, después de estar metiendo y sacando llego el momento que sentí como mi falo entró de repente completamente, puesto que mis testículos empezaban a pegar en su culo, ella para ese momento suspiraba, gemía y hacía gestos de placer, diciéndome, “Paco esto es el paraíso, sigue no pares, me estoy mojando mucho, agg, uff, mmm, ayy”, mientras el choque de mi verga con su pucha solo se oía “cloc, cloc, cloc”, así la tuve alrededor de unos 15 minutos.

    Yo me empezaba a sentir cansado de estar dándole fuerte y constante, nuestros cuerpos sudaban a chorros a pesar del aire acondicionado, sin embargo no sentía mucha sensibilidad en mi verga, así que le dije “Gina ponte a cuatro, te voy a penetrar por atrás”, la ayudé a hincarse sobre la cama, y tomé de su bolso crema para el cuerpo y se la unté en la entrada de su rico culo, y la volví a penetrar con mis dedos para que su esfínter se distendiera y no sintiera tanto dolor cuando la empezara a meter mi verga.

    Así que empecé por poner mi glande en la entrada de su culito y presioné poco a poco, hasta que entró por completo, seguí presionando hasta que logré que entrara alrededor de unos 6 centímetros más, en ese momento, mi cuñada gemía de dolor y placer, me decía “Paco eres un gran mendigo, me estás abriendo demasiado, no me va a entrar más”, respondiéndole “Mira cabroncita, si mi verga toda gruesa y durísima entró completamente en tu raja, claro que tu culito va a recibir estos 20 centímetros de largo por 6 de ancho, hasta si la tuviera más grande, toda te la comerías”.

    Así que yo seguí con mi cometido, era delicioso tenerla de a perrito, viendo y sintiendo como mi verga entraba poco a poco en ese culito todo apretado, el verla como se contorsionaba al recibir ante cada envestida mía, más y más verga, hasta que sentí como ese rico hoyito, se comía completamente mi verga, dejando solos como dos huérfanos a mis testículos, el verla gemir, decir palabras que no se entendían, me hacía sentir en las nubes, esa mujer mayor que yo, que de verle las nalgotas y los pechos que tenía, hacia volar mi imaginación, ahora era mía y estaba a mi disposición para cogerla a mi total antojo, nomás de ver como se comía ese rico culito completamente mi verga, hacía que la penetrara más rápido y de manera constante, veía como el sudor de mi cuerpo caía en su nalgas y en su espalda, y ella ante cada arremetida que le daba, pujaba, gemía y después de algunos 20 minutos, ya me pedía que le diera más y más, diciéndome “Paco rómpeme el culo, que rico me coges, dame más, uff, mmm, aug, ayy”.

    Ya después de un buen rato, se me empezó ir quitando la desensibilización del pene y mi verga ya sentía más placer, así que después de tenerla en esa posición, entrando y saliendo mi verga de ese rico ano, sentí como iba a estallar en un rico orgasmo, para ese momento de su culito estaba bien lubricado y salía líquidos los cuales se mezclaban con la sangre del desgarro de su paredes anales, ella me exigía que le siguiera dando verga, me gritaba “Sigue así, cabrón me encanta como lo haces, dame más, no vez como me tienes”, ya en ese momento le dije “Cuñadita, me voy a ir en tu culito, tengo mucho semen por darte”, y me empecé a correr en su culito y tuve un orgasmo súper chingón, así que después de terminar saque mi verga, la cual salió con líquidos de su ano mezclados con semen y sangre, nos acostamos y nos abrazamos, ya para ese entonces nuestro sudor estaba completamente mezclado entre nuestros cuerpos.

    Antes de salir del motel, Gina me dijo, que quería que nos viéramos más seguido, que mientras estuviera su hermana Zandra, ella iba a respetar lo mío con ella, pero que al menos cada dos semanas nos diéramos nuestras escapadas y que quería seguir aprendiendo el arte de tener sexo, diciéndome que ocupábamos ser muy discretos, ante lo cual yo le dije que así debía ser, de hecho después de algún tiempo cogía muy seguido con Gina, sin embargo esta primera vez con ella es una de las ocasiones que más recuerdo a su lado, quizás por ser una persona mayor que yo, pero muy discreta y nada berrinchuda como Zandra mi cuñada.

  • Masaje en pareja y final feliz

    Masaje en pareja y final feliz

    Somos una pareja enamorada del morbo y con ganas de probar nuevas experiencias, en busca de ellas decidimos ir a un spa erótico y sentir el placer del masaje de ser acariciados por otras personas.

    Esa mañana ella escribe y programa el masaje en pareja, elije a las chicas que nos darán el masaje y me envía un mensaje diciendo “cariño, esta noche masaje a las 7:00 pm”.

    Emocionado ansío salir de trabajar, llegó a casa a ducharme, ella ya estaba lista esperando y llevamos los niños a donde mi cuñada, partimos emocionados y nerviosos.

    Al llegar nos recibe una chica en una bata negra, nos explica que nada de sexo con las masajistas, es solo masaje y final feliz, justo lo que queríamos para iniciar.

    Al subir a la sala debemos desnudarnos y sentados en la cama llegan las chicas, se presentan e inician con un suave masaje de pies, piernas, cabeza.

    Pasados esa etapa debemos acostarnos en la cama, las chicas se desnudan, son de piel blanca las dos con enormes senos, una de ellas tiene perforaciones en los pezones y es la que hace masaje a mi esposa. Se aplican aceite sobre sus cuerpos y empiezan a trotar sus senos en nuestras espaldas, se siente tan rico, veo a mi esposa feliz por lo que siente y viéndome encantada nos tomamos de la mano.

    Después de eso nos volteamos, quedando boca arriba, el aceite cae a nuestros cuerpos, sobre los espectaculares senos de mi esposa con sus pezones duros esperando que su masajista pose sus manos y se los toque, veo su cara de excitación al saber que estamos disfrutando ver como otras personas tocan los cuerpos, les dan placer.

    Ella cierra sus ojos para disfrutar como soban sus senos, como baja la mano hasta su húmeda vagina, se estremece al sentirlo, es delicioso verla con alguien más, veo como la mano de su masajista empieza movimientos rápidos en su clítoris, mi esposa se muerde los labios, gime, se retire en la cama, suelto su mano y agarro uno de sus senos, aprieto su pezón mientras se retuerce al sentir los dedos de la chica entrar en su húmeda vagina, gime, coloca sus manos sobre los hombros de la chica a quien por los movimientos los senos se le mueven en un baile excitante junto con sus erectos pezones, siento mi erección a reventar por la escena mientras mi masajista inicia a masturbarme.

    Siento llegar mi orgasmo, veo mi semen salir a presión cayendo en todos los lados posibles, descanso de mi orgasmo. Veo como mi amada esposa llega a su orgasmo estremeciéndose por completo y con un gemido exquisito.

    Hemos cruzado la línea del placer de vernos con otras personas.

  • Una hora con Ana

    Una hora con Ana

    Algunas veces hay chicas que me han sorprendido, algunas veces hay mujeres que realmente me han propuesto cosas que yo sé que no puedo conllevar. Cosas como follarme a una mujer mientras el marido observa o hacer un trío para hacer una doble penetración, definitivamente no me identifico con el sadomasoquismo o relaciones homosexuales, aunque esa potencial pareja tenga la sensualidad de una mujer. También he sorprendido a algunas cuantas, y eso es lo que experimentó Ana, la que llamaré así pues no recuerdo su verdadero nombre.

    Había venido desde Guatemala a asistir a la quinceañera de su sobrina a la cual mi familia había sido invitada y aunque regularmente yo no asistía a este tipo de eventos con mi familia, ese día no recuerdo el porqué lo hice… la verdad no lo recuerdo.

    Yo tenía unos 19 años y lo mío a esa edad era ir de fiesta en fiesta con mis amigos de mi edad, especialmente cuando disponía de una motocicleta nueva. Ana habrá tenido unos 28 años, de cabello ondulado y oscuro, sus ojos eran achinados de cejas recortadas en una línea angosta y simétrica, labios delgados, sonrisa muy alegre y una nariz pequeña y puntiaguda. Con su vestido rojo en un cuerpo esbelto con falda apenas por sobre su rodillas y tacones que la elevaban a unos 165 centímetros, se miraba verdaderamente sensual. Obviamente yo no sabía nada de ella, apenas ese día en ese convivio nos la habían presentado.

    Cuando pasó todo ese protocolo de la quinceañera y comenzó el baile, fue ella la que me pidió que bailáramos pues Ana se sentaba en la mesa continua. La tomé de la mano y salimos a la pista de baile donde el primer segmento fue una ronda de algunas tres canciones al ritmo de merengue y cumbia. Minutos después y ya con más confianza me volvió a pedir a que bailáramos y quizá con aquel ajetreo y algún que otro coctel, se comenzó a quejar del calor y me pidió si la acompañaba afuera del salón a recobrar el aire. Salimos, pues verdaderamente hacía mucho calor y creo que ni mi madre ni mi hermana se dieron cuenta pues había mucha gente en la pista de baile.

    Fue ahí que hicimos una breve plática y me dijo que llevaba un poco más de un año de casada y que su marido no había podido acompañarla por problemas de visado. Noté que estaba bajo la influencia de algunos tragos, aunque no estaba borracha, su plática era coherente, aunque vacilaba pronunciando algunas palabras. No sé por qué se me ocurrió decirle de una manera sugestiva y muy maliciosa de que era una lástima que estuviera casada, pues se me había cruzado por la mente invitarla a salir. No intuí que le molestaran mis palabras y fue también ella con su aptitud receptiva la que me animó a hacerle mi descabellada propuesta:

    -¿Y qué tenías en mente, a donde pensabas invitarme a salir?

    -Pues a algún lugar donde solo estemos tú y yo y ver qué es lo puede pasar.

    -¿Y qué crees que pueda pasar?

    -¡No sé! Lo que tú quieras que pase.

    -Me regreso a mi país pasado mañana. Y Tony, ¿les hablas así a todas las mujeres?

    -No… solo a las que me interesan y que quizá ya no volveré a ver nunca en mi vida.

    -Sabes… eres una tentación. Has hecho que me sonroje y me ponga muy nerviosa. -y se sonreía.

    -Bueno… si no tienes mucho tiempo, podemos ir a dar la vuelta por ahí en estos momentos. Hay tanta gente en la fiesta que ni mi familia ni la tuya se darán cuenta que nos desaparecimos por una hora.

    -¡Esta bien! Vamos.

    Estaba sorprendido que haya aceptado, pero estaba más sorprendido de cómo había encontrado el valor y hacerle esa propuesta. Como siempre que salíamos como familia era yo quien conducía, era yo quien tenía las llaves del coche y nos fuimos en busca de este. Salí del estacionamiento y me dirigía hacia mi casa la cual estaba a solo unos 7 minutos. Le había puesto mi mano derecha por sobre su rodilla con cierto nerviosismo y ella al no decirme nada o rechazarme me dio el valor para hacerle la pregunta más directa de la noche:

    -¿Debo de pasar a comprar protección?

    -¿A qué te refieres?

    -¡Condones!

    -¿Y a donde me llevas?

    -A un lugar muy privado donde solo estaremos tú y yo.

    -Estoy en control de natalidad. -me contestó y luego prosiguió a decir:-¡Como gustes!

    Me fui directo a mi casa y estacioné el coche en el garaje el cual tenía una puerta directa hacia mi habitación. Tan pronto nos bajamos y nos comenzamos a besar y Ana comenzó a gemir cuando le comencé a besar el cuello mientras me hacía camino buscando debajo de la falda de su vestido rojo. Quizá ella habrá pensado que nos estaríamos ahí en el guardacoches, pero luego la hice pasar a mi habitación. Se quedó mirando cada esquina y vio la puerta que conduce al baño abierta y me dice:

    -¿Aquí es donde vives? Está muy bonita tu habitación y tienes baño privado. ¿No hay nadie?

    -No… solo vivimos mi madre, mi hermana y yo y ellas están en la fiesta.

    -Tony, ¿me puedo dar una ducha rápido?

    -¡Como tú quieras! ¿Me puedo bañar contigo? -le pregunté.

    -No… te parecerá quizá extraño, pero me gusta como hueles. Quédate así, solo me tomará un par de minutos.

    Se metió al baño y no tuve la oportunidad de desvestirla porque no me lo permitió. Incluso le echó llave a la puerta y en minutos salía con una toalla cubriéndose desde el pecho hasta sobre sus rodillas que parecía una microfalda. Nos volvimos a comer a besos y podía sentir que su cuerpo temblaba. Le quité la toalla y me quedó esta linda mujer totalmente desnuda y pude ver esos pequeños pechos puntiagudos, su conchita pequeña y bien afeitada y unas nalgas donde se podía divisar esa marca que le dejan las bragas que usa.

    Me quité la camisa y el pantalón y solo me quedé con mi calzoncillo estilo bikini y me fui por sobre ella en posición del misionero y comencé a besarle sus pechos y mordisquear sus pezones erectos. Sabía que no teníamos mucho tiempo y pronto proseguí a bajar a su monte venus y ligeramente busqué su concha la cual estaba brillosa y lubricada de sus jugos vaginales.

    Hizo como que me quería detener, pero ya me había posesionado para disfrutar en oler y saborear su panocha. Solo gimió de placer cuando sintió el calor de mi lengua penetrando su rajadura. Pasé chupándola por unos 7 o 10 minutos cuando Ana me anunció su orgasmo y su pelvis se estrellaba contra mi cara en ese afán de sentir y prolongar el placer de su corrida. No me dijo nada, solo escuchaba como gemía y como su piel se erizaba cuando disfrutaba el orgasmo. Paré de chuparle la concha hasta que ella me lo pidió cuando recuperaba la normalidad de su respiración.

    Antes que ella me devolviera el favor, fui al baño a lavarme la cara y a hacer gárgaras con un antiséptico mentolado. Salí y ella me esperaba sentada a la orilla de la cama y pudo ver como mi paquete se miraba restringido en mi calzoncillo blanco transparente estilo bikini. Ella me bajó el calzoncillo y le quedaron mis 22 centímetros de mi verga apuntando a su cara. Comenzó a besarlo delicadamente metiéndose solamente el glande pues no podía con todo lo demás. Hizo una pausa y me dijo: ¡Tienes una hermosa verga! Ya estaba a punto de perdérmela. –sonrió y siguió con una rica delicada felación. Me la mamó por unos cinco minutos más y le pedí que se acostara en la cama y en posición del misionero le di la primera cogida.

    Se sentía bien apretada que tuve que ir con mucho cuidado porque Ana me dio signos de dolor. Se la metí toda, pero sin hacer ningún movimiento pues ella así me lo había pedido. Sentía las contracciones de su vagina y yo le devolvía el mensaje contrayendo mi falo.

    Así jugamos unos cuantos minutos y ella había exclamado: ¡Que rico! Comenzamos con un vaivén lento y algunas veces nos dimos besos en el proceso y sentía como ella me apretaba la verga con una habilidad de contraer los músculos de la vagina. Me encorvé por sobre ella y de esa manera chuparle los pezones mientras seguíamos aquel baile erótico por sobre la cama. En unos minutos ella fue la que me pidió venirse por sobre mí y cabalgarme.

    Se fue por encima de mí y era ella la que ahora hacía ese vaivén mientras miraba sus dos pequeñas tetas mecerse ante mí y algunas veces se las mamaba o apretaba sus dos pezones a la vez. Me quedé apretando uno mientras con mi mano derecha comencé a masajear su glúteo y me hice paso hasta encontrar su ojete. Ana se moja tanto que usé la combinación de nuestras segregaciones para lubricarle el culo y comencé a masajearlo con el dedo de en medio de mi mano.

    Pensé que me lo impediría, pero me sorprendí cuando sentí que el falange de mi dedo estaba hundido en el ano de esta linda mujer. Le pedí que se pusiera de perrito, pues quería disfrutar de esa vista pues Ana tenía un trasero redondo y que llegaba a esas medidas perfectas. Ya lo había imaginado desde que me la presentaron y la había desnudado sin ella saberlo. Se puso de perrito y ya para este entonces mis embestidas eran más violentas y con un taladrar constante y esta vez era mi pulgar que se hundía en el rico culo de esta preciosa mujer.

    Le pompeé la conchita en esta posición por unos cinco minutos y le anuncié que estaba a punto de llegar al cielo. Ella me dijo que me aguantara un poco y que la pompeara, así como lo estaba haciendo y que estaba a punto de correrse de nuevo. Intenté desviar mi vista del culo de Ana y divagué viendo las esquinas de mi habitación.

    Recordé la vez que mi madre me pilló culeando a Gaby y a Silvana y eso me dio la pauta de continuar rompiéndole la conchita a Ana sin sentir la necesidad de eyacular. Ana comenzó a corresponder con más violencia mis embates y mi pulgar entraba y salía de su ojete haciendo un chasquido que estimulaba el oído. Me dijo que se venía y comenzó a gemir y se dejó ir de bruces por sobre la cama. Me fui por sobre ella para seguirle pompeando su conchita y el cual pareció ser un orgasmo más potente y ocurrió lo inesperado. En mi excitación por correrme, mi verga se metió en el orificio equivocado y ella gimió de dolor y no pudo decir palabra y yo le seguí taladrando el culo hasta correrme. Ya me había corrido en su culo cuando me dijo:

    -¡Carajo, me la metiste por detrás!

    -¡Disculpa, en ese momento me estaba corriendo! ¡Lo siento!

    Se fue al baño a limpiarse y podía escuchar cuando expulsaba mi esperma cayendo en el agua de la taza del inodoro. Me metí al baño a darme una aligerada ducha y ver qué es lo que pasaba. Aquel accidente nos dio la pauta de hablar del sexo anal y fue Ana la que inició la plática.

    -Mira que a mi esposo le costó convencerme para tener sexo anal y tú a quien no conozco y sin preguntármelo me has follado el trasero.

    -Disculpa, pero me estaba corriendo y ya no pude parar.

    -Entiendo, son cosas que suceden. Me lo has dejado muy adolorido y lleno de tu corrida. ¿Ya te habías follado una chica por ahí?

    -No-le contesté y mi respuesta era una mentira.

    -¿Te gustó al menos?

    -¡Me encantó haberme corrido en tu trasero!

    -¿Te gustaría hacerlo de nuevo?

    -Pues si tú quieres… a mí me gustaría hacértelo. ¿A ti te gustó?

    -¡Me dolió al principio, pero me gustó cuando te corriste!

    -Tenemos una media hora… que lleguemos a las 10. Creo que pasaremos desapercibidos.

    -¡Esta bien! -me dijo.

    De solo hablar aquello ya mi verga estaba a mil de nuevo y eso gracias a la juventud. Ana me esperaba nuevamente a la orilla de la cama y tomó entre sus delgadas y agraciadas manos mi falo y me extendió un cumplido:

    -Con esa cara bonita y esta hermosa verga, harás loca a cualquier mujer. -me dijo.

    Me dio una breve mamada y fue ella la que se volvía a poner de perrito. Se sorprendió, pues quizá nunca se esperaba a que le chupara su ojete. Esta vez exclamó con gran ímpetu:

    -¡Carajo, tú si sabes lo que haces… que rico!

    Le pasé chupando su ojete hasta que vi su panocha que escurría jugos vaginales en abundancia. Le asomé el glande, pero el nivel de mi cama se hacía un poco incómodo pompearle desde ese ángulo. Me subí a la cama y en la misma posición y casi haciendo flexiones comencé a taladrarle el culo a Ana. No miraba que se masturbaba, pero definitivamente Ana lo hacía pues el chasquido de mi verga entrando y saliendo de su culo llevaba ritmo diferente al cacheteo que se escuchaba del golpeteo de su mano contra su clítoris. De vez en cuando me tomaba de los testículos y me los masajeaba para luego volver a masturbarse.

    En esa posición es un tanto cansado pero cada milímetro de mi verga se podía hundir en el culo de esta preciosa chica y aunque ya me estaba cansando y comenzaba a sudar a pesar del aire acondicionado, continué porque Ana me anunciaba con sus gemidos y cortas frases que estaba a punto de correrse: ¡Que rico! Dale así, dale así, Dios mío, me vas hacer acabar. – y de repente fue como el aullar de una ambulancia cuando le llegó un orgasmo potente. Yo seguí taladrando su culo pues con sus gemidos y escuchando como disfrutaba su orgasmo, sentí que mis huevos se fruncían y vi la luz. Le volvía a llenar el culo de mi semen y los dos terminamos con ese profuso respirar y nos tomó algunos minutos en recuperar la normalidad. Le di tan fuerte que su culo esta vez sangró.

    Como si alguien nos estuviese apurando, yo me duché después de ella, pues Ana no quería mojarse el cabello. Salí de mi ducha y ella se maquillaba frente a mi tocador estando totalmente desnuda. Una vez restablecido su maquillaje, le he ayudado a ponerse su bikini blanco, el cual tenía algunas evidencias de su jugos vaginales, le ayudé a ponerse las pantimedias, le asistí a ponerse el vestido el cual no requería sostén e incluso le puse los zapatos.

    Debo decir que creo que a Ana ha sido la única que no he contribuido en desnudarla más que quitarle las tollas después de la ducha, pero que he vestido en su totalidad. Se miraba linda como todo una chica buena, la cual no quiebra ningún plato. Llegamos al salón de nuevo, ella entró por la puerta trasera y yo minutos después entré por la puerta principal y me quedé platicando con un desconocido hasta que mi madre me encontró entre la muchedumbre.

    Vi a Ana que bailaba con alguien más en uno de esos bailes de grupo y del cual también participaba mi hermana y solo me imaginaba como minutos antes la tenía bien trabada cogiéndomela y disfrutando de ese rico culo que se le mira muy pronunciado con ese vestido rojo y bien ceñido a su cuerpo y el cual asistí en ponérselo. Cogimos por una hora exacta y nos había tomado una hora y media aquella aventura. Llegué a sentarme en el mismo lugar y minutos después Ana se me acercó y me preguntó:

    -¿Crees que se dieron cuenta que nos desaparecimos?

    -Lo dudo, este salón está bastante grande y hay mucha gente.

    -Tony, ¿qué edad tienes?

    -27. -le contesté.

    -¡Mentiroso! Mi sobrina la cumpleañera está enamorada de vos… ella me dijo que tenías 19. Para tener solo 19, sabes hacer el amor como todo un hombre de experiencia. Mira, ¿me puedes haces un favor?

    -Dime.

    -Puedes sacar a mi sobrina a bailar… creo que tú eres su fantasía.

    -Si puedo, pero con una condición.

    -Dime.

    -Que me dejes algo tuyo para recordarte.

    -¿Qué es lo que quieres?

    -Las pantis que llevas puesta.

    -Está bien, yo te las doy, pero hazme ese favor.

    Creo que fue al baño a removérselos y unos minutos antes que mi madre decidiera en partir del lugar, Ana se me acercó y me entregó su calzón y me lo llevé al bolsillo. Le di un beso en la mejilla como despedida a esta linda chica y pasé toda la noche oliendo su prenda íntima la cual se sentía todavía húmeda.

    Nunca más volví a saber de esta linda chica de quien realmente no recuerdo su nombre y que hoy le he llamado Ana.

  • Ofreciendo mi agujero a mi hermano

    Ofreciendo mi agujero a mi hermano

    Estaba allí, recostada boca abajo en una cómoda cama. Mi desnudez a medias le permitía a mi piel sentir la suavidad de las sábanas en el pecho, cintura y mi pequeño miembro. Únicamente las medias blancas y las sandalias negras de alto tacón me vestían. El peso del cuerpo de mi hermano sobre mí debería sofocarme, pero no era así, quizá porque la lengua húmeda con que acompañaba sus besos en mi espalda, cuello y los lóbulos de mis orejas me volvían loca y me hacían centrar toda mi atención en el placer que estaba sintiendo.

    Notaba los vellos de su miembro hacerme cosquillas sobre mi redondo trasero, mientras con ambas manos me acariciaba desde la cintura hasta los hombros. Sus muslos se posaban sobre la parte de atrás de los míos. Su aliento a menta combinaba eróticamente con mi perfume de mujer. Sobaba su pene erecto sobre mi raya entre las dos nalgas, mientras hacía movimientos pélvicos y yo daba me daba cuenta de cómo se hinchaba cada vez más y movía en ese restregar de pieles.

    Supe que había llegado el momento cuando estiró los brazos y separó su pecho de mi espalda, apoyándose fuerte y únicamente por mi cintura contra la suya. Aún sin estar en contacto, el vapor del calor de su monumental verga hacia sudar mi agujero.

    Comencé a levantar mi trasero apoyándome cada vez menos de los muslos. Mi vientre se levantó de la cama de modo que solo mis hombros y mis rodillas estaban en contacto con la cama.

    Él se distanció totalmente de mí y estaba de rodillas en el colchón cerca de mis pies. Abrí un poco las piernas, puse mis manos sobre mis nalgas y las separé, ofreciéndoselas voluntariamente. Sentí el viento en la humedad de mi ano virgen que ansiaba conocer hombre al fin.

    -Se lo ruego, amo -me animé a decirle.- Se lo imploro, hágame mujer.

    En ese momento supe que no había retorno. Todo aquello que había guardado por muchos años. Vistiéndome de mujer a escondidas. Masturbándome a solas. Por fin ya no era una simple travesti de closet. Ya hoy mi hermano por fin se había dado cuenta de mis deseos escondidos por años. Sería suya, cada vez que quisiera, cada vez que me lo ordenara.

    Con la cabeza en la almohada vi cómo se masturbó su miembro, haciéndolo más duro para penetrarme. Se acercó. Mi corazón latió fuerte. Respiré agitado. Posó su verga mi raya y la jugó de arriba de la espalda, hasta mis testículos, subió nuevamente y encontró mi ano.

    Comenzó a penetrarme. El dolor era muy fuerte. No era como sentir mis dedos que tantas veces había metido. Tampoco como una zanahoria, que también había introducido alguna vez en mi desesperación. Era caliente, dura, pero suave, gruesa, firme. Mi agujero cedía con dificultad, como una cuchara que trata de meterse en una gelatina dura. La puerta de mi culo por fin se venció. La mitad de la cabeza de su verga estaba ya dentro.

    -Al fin soy mujer -le dije, mientras suspiré y me relajé, dando pie a que entrara al fin todo aquel miembro de hombre en mi virginidad femenina del culo.

    Sentí su miembro vencer los músculos de mi tímido ano, rompiéndolos, haciéndome suya. Llegó hasta adentro.

    -Qué rica y apretada estás.

    Me recompensó. Comenzó a salir de mí. Mi recto intentó cerrarse cuando me volvió a poseer, metiéndomela hasta adentro, una vez más y otra y otra. A cada embestida yo me sentía más femenina. Mi pequeño pene se balanceaba a medias sin molestarse en pararse, tenía la batalla perdida.

    Sus movimientos fueron cada vez más fuertes. Respiraba cada vez más agitado. Mi ano y recto se acostumbraban a aquel delicioso va y viene. Así súbitamente, en un movimiento cada vez más rápido, sentí un chorro caliente dentro de mí.

    Mi hermano gritó, me embistió otra vez con otro grito. Su semen dentro de mi culo lubricó su verga y la metió y sacó 10 veces más hasta que el apretar y convulsionar de mi agujero terminaron de ordeñar su miembro. Se tumbó sobre mí. Me acosté del todo en la cama. Su miembro aún estaba caliente y comenzó a aguadarse. Me abrazó fuerte.

    -Mi esclava -me dijo.

    -Su esclava, amo -le dije a mi hermano y supe que mi virginidad siempre sería suya.

  • Tarde-noche caliente

    Tarde-noche caliente

    Mi nombre es Elizabeth y este es mi primer relato, espero que les guste. Soy una chica muy caliente, soy atractiva, tengo pechos grandes unos pezones cafés bien puntiagudos, unas nalgas grandes y redondas y una vagina muy apetecible completamente depilada y bastante carnosa, se echa mucho de ver.

    Yo tengo una relación ya de bastantes años ha sido muy respetuosa y llena de amor y de buen sexo, sexo en todo lugar y a cualquier hora, considero que es muy fogosa, nos gusta follar en todos lados.

    Bueno resulta que esta historia comenzó una tarde donde no había mucho que hacer, incluso hacia un bochorno espantoso, entonces a mi novio se le ocurrió hablarles a un amigo y a la novia para tomarnos unas cervezas en un mirador. El amigo le dijo que si, entonces quedamos de vernos en un mirador cercano a la casa, compramos cervezas y licor.

    Cómo había tanto calor yo decidí ponerme un short bastante corto, se me veían las puntas de las nalgas y se me partía al frente y me puse un top color negro donde se me notaban los pezones. Mi novio no se molestó ni nada porque sabe muy bien que la novia del amigo también es bastante caliente y usaría una ropa parecida. Ella se llama Catalina, es blanquita, estatura media, con tetas bastante grandes y unas nalgas bastante apetecibles. Cuando llegamos al mirador ella iba vestida con un top color rosa pálido, se le veían las tetas enormes con sus pezones erectos y casi que transparente y llevaba un short de tela casi cachetero.

    Cuando llegamos nos saludamos y comenzamos a beber y a vacilar, pero a eso de las 4:00 pm empezó a llover y mi novio propuso ir a su casa y la verdad a todos nos pareció bien la idea.

    Cuando fuimos, seguimos tomando en el balcón y ellos comenzaron a fumar marihuana y todo se comenzó a calentar. El amigo de mi novio comenzó a besar a Catalina de una forma muy excitante y a tocar de una manera muy morbosa, entonces yo no me quede atrás y comencé a perrearle a mi novio y rápidamente se excitó y el pene empezó a pararse y nos besábamos tan rico que yo ya me sentía mojada.

    Nos fuimos a una habitación y cogimos como nunca. Lo mismo hizo la otra pareja, escuchamos los gemidos de Catalina, pero no duró mucho, a los 10 minutos comenzaron una discusión, pues el novio de ella se regó muy rápido y ella quedó con ganas, entonces ella lo trató mal y como ya el estaba tomado y fumado se quedó dormido.

    Entonces nosotros seguimos cogiendo. Mi novio tiene una deliciosa verga de 25 cm. Para nuestra sorpresa Catalina tocó la puerta de nuestra habitación, ella entro y dijo que si podía hacerlo con nosotros porque quedó con ganas, yo le dije que sí que siempre había querido complacer a mi novio con un trío MHM y ella quedó asombrada.

    Cogió el pene de mi novio, lo mamó como si se le fuera a acabar y mi novio la folló tan rico que ella gemía y tenía orgasmos seguidos hasta que ella dijo que no podía más y le dijo a mi novio que le sacara el pene y Catalina cayó rendida en la cama de tal cogida que le pegó y yo terminé sacando la leche de mi novio, la tragué y me dormí a la par de Catalina.

    Continuará…

  • Cogiendo con el de Marinela

    Cogiendo con el de Marinela

    Hola a todos espero estén bien. Hoy les platicaré una historia o una fantasía que yo creo la mayoría se Uds. han tenido: cogerse al repartidor o cogerse a su clienta. Espero les agrade, regálenme sus comentarios.

    Hace algunos años atrás yo tenía una tienda de abarrotes, pero como era un local pequeño algunas veces me dejaban los pedidos en casa. Un día llegó un repartidor de Marinela, el chico era nuevo porque no lo había visto en ruta.

    Fue raro porque como que no me caía, me gustó desde que lo vi, pero se me hacía muy serio y mamón jajaja.

    Y por lo de los pedidos le di mi número, pero así pasó mucho tiempo sin comunicación hasta que un día comentó una canción que subí a mi estado y de ahí comenzamos a platicar.

    Un día me dijo que le gustaba y de ahí las pláticas fueron distintas ya sabes.

    Y después de varios intentos un día me dejó pedido y yo estaba sola en casa, me besó y sin pensarlo me desabrochó el pantalón, me recargué en la pared e hicimos un rapidín, en la sala de mi casa.

    Había mucha adrenalina en el ambiente porque no sabía si podía entrar mi marido o quizá alguno de mis hijos. De repente él me volteó en el sillón y yo mirando hacia la ventana con las cortinas puestas, siempre pendiente que no entrara nadie.

    Así en 4 se acercó al oído y me dijo:

    -Cuántas ganas tenía de coger este culo divino putita.

    Al escuchar eso mis ganas se pusieron más al 1000 y le dije:

    -Si lo quieres gánatelo hoy no te lo daré, pero otro día con más tiempo me coges por detrás.

    Parece que le di algo estimulante que me comenzó a meter la verga con más ganas y yo ahogando mis ganas de gritar para que los vecinos no se dieran cuenta.

    Al final cuando me dijo que iba a terminar me apretó mis nalgas con fuerza y solo sentí como se contraía. Saco su verga de mí, se quitó el condón y me dijo sonriendo:

    -Guárdalo el contenido es tuyo.

    Me vestí y él también, me entregó mi nota de los productos y se fue no sin antes darme una nalgada que me prendió nuevamente.

  • Aprovechamos las vacaciones para cumplir una sucia fantasía

    Aprovechamos las vacaciones para cumplir una sucia fantasía

    Por aquel entonces andábamos de vacaciones por una conocida localidad mediterránea. Ese día, después de comer decidimos caminar un poco. El calor sofocante que hacía nos llevó a buscar algún lugar sombreado, una terraza donde tomar algo refrescante y contemplar el tórrido ambiente de la calle, desierta de gente a esa temprana hora de la tarde.

    Nos sentamos y pedimos dos gin-tonic, para ayudar a bajar la copiosa comida, a base de pescado y marisco, que hacía poco habíamos comido.

    La terraza estaba desierta, a excepción de una mesa que había como a dos lugares de nosotros, donde un caballero permanecía de cara oculta tras la lectura del periódico que tenía delante.

    En un momento que mi esposa soltó una risa por un comentario mío, este hombre interrumpió la lectura para ver de dónde procedió la carcajada. Entonces descubrimos a nuestro cercano vecino de terraza. Era un señor de unos cincuenta y pico años, si bien no tenía un cuerpo atlético si tenía un aspecto distinguido. Aunque vestía un pantalón corto y un polo se veía que era ropa elegante. Parecía una persona con presencia. Tras mirarnos, siguió con la lectura del periódico

    Al momento llegó la camarera con las bebidas, las tomamos y brindamos. Al retirar ella la copa, se le derramó un poco y fue a caer justo en el canalillo. El frío líquido la hizo dar un gritito e introducir su mano entre sus pechos para secar el líquido.

    El caballero cercano, al escuchar el grito no pudo evitar interrumpir la lectura para ver qué pasaba, con lo que vio perfectamente la escena y luego disimulo para volver al periódico.

    R: Cariño, ten cuidado que vas a distraer la lectura del señor.

    G: Uy, que culpa tengo yo que me caiga bebida entre las tetas.

    R: Si claro, de eso no tienes culpa, pero si del grito, ja ja ja.

    No es por nada, pero mi esposa calza una 120 de pecho la cual, junto con un sujetador adecuado, deja sus pechos muy levantados y con un tremendo canalillo.

    G: No seas exagerado Raúl.

    R: Si claro, ¿exagerado? Pero Gaby, hasta el señor del periódico se te quedó mirando.

    G: ¿De verdad? umm, ¿Y qué miró?

    R: Tus tetas con tu mano entre ellas, claramente.

    Claro, junto con la comida previa algo afrodisíaca, la situación se tornaba por momentos picante. Ella, que le encanta provocar, repitió la escena, esta vez tirando bebida premeditadamente. El caballero bajó un poco el periódico para mirar. Ella, esta vez, se entretuvo un poco más con la mano ente sus tetas, llegando incluso a mostrar parte de la aureola, que por cierto las tiene bastante grandes.

    Esto no pasó desapercibido para el caballero quien al terminar la escena, volvió a disimular pasando la página del periódico para así justificar que lo bajara y no que pareciera que lo hizo para mirar, aunque seguro que bajo sus gafas de sol oscuras no perdía detalle. Ella llevaba puesto un vestido corto a la rodilla cuya parte superior, sin mangas, permitía lucir aún más su escote, con esas tetazas coronándolo todo.

    Con la excusa del calor tiro su cabeza atrás y comenzó a batir el vestido, dejando ver, en cada batida, sus piernas, y como no su tanga. Se giró y me metió la lengua en la boca fundiéndonos en un sonoro y largo beso. Yo bajo mis gafas de sol miré de reojo a ver que hacia nuestro vecino.

    G: ¿Qué?, ¿Miró nuestro vecino?

    R: Si, y no perdió detalle.

    G: Ummm, ¿Será que le gusta lo que ve?

    R: Seguro que sí, lleva un buen rato en la misma página del periódico.

    Ella, para continuar con la provocación, se inclinó exageradamente con la excusa de atarse la sandalia, dejando así bien a la vista sus pechos. El vecino, aunque yo no podía ver sus ojos, claramente miro sin perder detalle, pues el leve giro de su cuello le delató.

    Este permaneció inmóvil durante el periodo que ella estuvo acomodando supuestamente su sandalia. Luego, él, siguió supuestamente leyendo el periódico.

    R: Mira que eres provocadora, ja ja ja.

    G: Uy! y a ti que te gusta.

    R: Al que le gusta sin duda es a él, que no para de mirarte cada vez que puede.

    G: Bueno, que mire, que es gratis y los ojos se hicieron para mirar, ja ja ja

    La terraza y la calle seguían desiertas, cosa que ella aprovechó para inclinarse hacia mí y con la excusa de decirme algo en el oído apoyó su mano sobre mi pierna, de modo que la punta de sus dedos tocó mi dormido pene. Entonces comenzó a hablarme guarradas al oído, con lo que mi polla comenzó a despertar bajo el pantalón. Ella con la punta de los dedos masajeaba mi despertante polla. El señor para ese entonces ya tenía el periódico un poco más bajo, y podía ver sobre este, oculto bajo sus gafas de sol, lo que pasaba.

    Ella mientras me hablaba guarradas al oído y acariciaba la punta de mi polla bajo el pantalón, miraba de reojo al señor, el cual se notaba ya claramente, que miraba sin perder detalle de lo que la mano de Gaby hacia sobre mi pantalón. El señor claramente se estaba excitando, ya que aprovechando un cruce de piernas pellizco algo sobre su pantalón.

    G: Ummmm, nuestro vecino se está poniendo cachondo.

    R: ¿Si?

    G: Si, porque se tuvo que mover la polla en el pantalón.

    R: No me extraña, si yo ya la tengo a tono

    Una de mis manos fue a la pierna de Gaby y subió un poco la falda para acariciarle. Claro, en ese movimiento ella abrió un poco las piernas y dejo paso libre a la visión que había entre ellas. Nuestro vecino, nuevamente, hizo un cambio de piernas y volvió a tocarse el bulto en su pantalón, esta vez más descaradamente.

    A Gaby le encantaba este tipo de juegos y a mí, aunque no lo demostrase, también. Ella siguiendo con la provocación comenzó a jugar con el trocito de limón del gin-tonic, pasándolo lentamente por sus labios, tocándolo con la puntita de la lengua. El señor claramente excitado, no pudo más que tocarse la polla sobre el pantalón para acomodarla. Lo hizo descaradamente ante nuestra atenta mirada. Para ese entonces se notaba que a él también le gustaba el juego del morbo y la provocación.

    El juego comenzó a subir de nivel debido a que la soledad de las calles y de la terraza, y a no tener más público que nuestro vecino con su periódico. Gaby dejo caer, como por accidente, el monedero al suelo. Entonces, se levantó, se puso de cara a mí, con lo que su culo quedaba hacia nuestro vecino, y entonces se agachó lentamente doblándose por la cintura, a recoger el monedero. Lo hizo muy lentamente, de modo que nuestro vecino pudo disfrutar de su estupendo culazo.

    Una vez incorporada se sacudió la falda como para acomodarla, provocando una inesperada elevación de la misma por la parte de detrás, lo que dejó su culo totalmente expuesto por unos segundos a nuestro vecino. El pobre debía tener una buena empalmada, ya que tubo que moverse el bulto con la mano.

    Esta vez, cuando Gaby se sentó, lo hizo dejando un pie sobre la silla, esto junto con la subida de falda dejo toda su tanga al aire. Entonces mientras se giró para hablarme, con una de las manos comenzó a acariciarse sobre ella.

    G: Seguro que ahora no me quita el ojo.

    R: Pues estás en lo cierto. Ahora no para de mirarte.

    G: ¿Le gustará mi tanguita blanca?,

    R: Seguro, con lo transparente que es se te ve todo el coño.

    G: Seguro, y más con lo mojado que lo tengo.

    Acto seguido Gaby apartó el tanga con una de las manos y luego se metió un dedo en el coño. Lo sacó empapado y me lo metió en la boca para que lo saboreara. Nuestro vecino, esta vez se tocó su erecta polla con todo el descaro del mundo mientras nos miraba.

    Para remate Gaby metió su mano por la parte superior de su vestido y son la excusa de acomodarse los pechos en el sujetador le mostró claramente uno de ellos a nuestro vecino. Acarició el pezón erecto, miro enfrente al vecino, se chupó un dedo y volvió a acariciar el pezón. Un ruido de gente que se acercaba de lejos rompió la erótica y morbo del momento, por lo que tuvimos que comportarnos.

    Pasado un rato, nuestro vecino se levantó, tapando su erección con el periódico. Se dirigió hacia el interior del local pasando cerca de nosotros. Al pasar aparto disimuladamente el periódico para dejar visible su erección quedando durante unos segundos expuesta, claramente, a nuestra mirada. Entró al local y al minuto salió. Se acercó a nosotros desde detrás, y apoyando las manos, una en mi hombro y la otra en el de Gaby, pero en el de ella bastante más abajo, tanto que podía tocar la parte superior de su pecho en el escote con la yema de sus dedos, dijo «están invitados a las copas». Nosotros le agradecimos la invitación, y antes de que pudiéramos presentarnos el señor se fue y siguió caminando por la calle.

    Al rato también nos levantamos nosotros y decidimos ir a tomar un poco el sol a una playa cercana. Por lo que habíamos leído es una playa nudista que se caracteriza por la cantidad de dunas que tiene. Esto la hace más íntima. Total, que allí llegamos. Buscamos un espacio solitario que había entre unas dunas. Saqué las toallas de la bolsa, las estiré, nos desnudamos y nos pusimos a tomar el sol tranquilamente.

    Como es normal en este tipo de playas suele haber un ir y venir de mirones, vestidos, que van paseando y mirando a ver si ven algún desnudo femenino. Claro, nosotros ya estamos tan acostumbrados a estas cosas que no le prestamos la mayor atención. Ya habían pasado como tres o cuatro personas, cuando cerca de nosotros se paró alguien a mirar. Yo levanté un poco la cabeza y vi un señor como a unos 10 metros, que miraba directamente a Gaby mientras se tocaba la polla sobre el pantalón. Al ver que yo me incorporé un poco, se giró y marchó.

    Al poco se acercó al lugar un muchacho bastante alto, tenía pinta de extranjero. Era rubio, joven y bastante fuertote. Extendió su toalla como a 3 metros de nosotros. Gaby se quedó mirando por debajo de las gafas de sol y me hizo un comentario en voz baja celebrando la vista del muchacho. Gaby se puso de lado para poder ver al muchacho el cual se puso de cara a nosotros mostrando claramente su pene. Se veía que le gustaba exponerse.

    Yo para calentar la situación me acerqué detrás de Gaby y le pasé la mano por encima para coger una de las tetas y comenzar a acariciarle el pezón, el cual se puso duro al instante. Desde detrás podía mirar semi oculto por encima de su cuello. Así era más morboso que mirar directamente, era el espectador en la sombra. Ella, que a través de sus gafas miraba fijamente al muchacho, me correspondió pasando una mano hacia detrás y buscando con su mano alcanzó mi polla y comenzó a sobarla. El muchacho miraba fijamente el pecho de Gaby y acto seguido la polla de él comenzó a cobrar vida. Su polla comenzó a realizar los típicos movimientos de balanceo que hacemos los hombres al tensar ciertos músculos por allí debajo.

    G: Mira como le baila Raúl.

    R: Si, parece que el muchacho se anima con lo que ve.

    G: Pues a ver qué le parece esto que voy a hacer…

    Gaby, en la posición tumbada latera que estaba, levanto un poco la pierna superior doblándola para formar un triángulo. De esta manera quedaba su coño bastante expuesto. Soltó mi polla y comenzó a acariciarse el coño. Lo abrió, lo masajeó, separó sus labios mayores y se introdujo uno de los dedos. Lo movió un poco y luego se lo llevó a la boca para chuparlo.

    El muchacho, ya sin reparos, comenzó a pajearse mientras miraba a Gaby. Esto la encendió más aun y comenzó a chuparse los labios y a frotarse el clítoris. Yo para ayudar comencé a empujar mi erecta polla desde detrás, buscando la entrada de su coño. En dos movimientos mi polla entró sin problema, desde detrás, en ese mojado coño. Gaby y yo comenzamos a menearnos en una intensa follada. El muchacho hizo un movimiento, como para intentar acercarse. Gaby alzó la mano haciendo una señal de paro.

    G: No. Sólo puedes mirar y masturbarte.

    M: Vale, perdón. Yo pensé que podría ayudar.

    G: No cielo, solo mirar.

    M: Si molesto me voy, no quiero ser un problema.

    R: No hombre, quédate, mastúrbate mirando, que a ella le excita mucho y se pone más cachonda.

    G: Si cielo, tócatela, mastúrbate mientras me folla mi marido.

    G: Acércate más, pero no toques, solo mira.

    El muchacho, ya con las cosas claras se acercó y colocó justo delante de nosotros. Gaby se sacó mi polla del coño. Me empujó dejándome boca arriba y se colocó de pie con las piernas abiertas sobre mí. Le dijo al muchacho que se pusiera delante. Comenzó a bajar despacito, quedando su culo hacia mí. Fue bajando hasta que la punta de mi polla comenzó a abrirse camino en su mojado coño.

    G: ¿Has visto como entra la polla de mi marido abriendo mi coño?

    M: Ufff, si claro, que fácil te entra.

    G: Mira como entra y sale. Mira cómo se abre mi coño.

    M: Ufff, que guay.

    G: Pero muchacho, sigue tocándotela, anda mastúrbate mirando cómo me folla el coño mi marido.

    M: Claro, claro. ¿Te gusta mi polla? ¿Te gusta cómo me la meneo?

    G: Claro que me gusta. Me encanta follar con público, y si además disfrutan y se masturban por mi mejor.

    M: No veas como me estas poniendo. Tengo la polla a reventar.

    R: No sólo tú. Yo también, je je je.

    G: Si mi amor, tú te llevas lo mejor.

    En esa postura el muchacho tenía perfecta visión de la follada, y yo del culo de Gaby. Así andábamos, mete y saca, mete y saca. Yo desde detrás veía como al muchacho se le iban los ojos hacia el coño de Gaby. No paraba de mirarlo embobado mientras se chupaba los labios. Mientras su mano sacudía fuertemente su polla en una paja descomunal. Solo paraba de vez en cuando para sobarse los huevos y luego proseguir con la paja. Así pues decidí calentar más la cosa.

    R: Pobrecillo, solo le dejas mirar. Menudo calentón está teniendo. Déjale, por lo menos tocarte algo.

    G: Tienes razón pobre.

    G: Anda cielo acércate más y pon un dedo en mi pezón.

    M: ¿De verdad?, ¿Me dejas tocarte un pezón?

    G: Si, te dejo y si me gusta quizás algo más.

    El chico estiró la mano y comenzó a tocar suavemente el pezón. Primero haciendo presión sobre él y luego rozándolo en círculos.

    G: Muy bien. Ahora puedes tocarme una teta.

    El chico estiró los dedos y comenzó a acariciar el pecho por encima, luego por los lados, una y otra vez. Suavemente con la punta de los dedos recorría su perímetro de lado a lado. Finalmente con toda la mano lo tomo delicadamente para darle ligeros apretones mientras un dedo alcanzaba el pezón.

    G: Parece que lo haces bien.

    M: ¿Te gusta?

    G: Si cielo. Entre la polla que me folla y tu cálida mano, me estáis poniendo mala.

    M: Que bien. Si quieres que te toque algo más me lo dices.

    G: Pues sí, sigue masturbándote para mí.

    M: Me la has puesto a reventar!

    G: Ummm, que rico. Anda tócame ahora el clítoris.

    El chico acercó tímidamente la mano hacia su clítoris. Con cuidado para no tocar mi polla, que entraba y salía lentamente en el coño de Gaby.

    G: Ummm, que gusto. Polla y dedo. ¿Qué más se puede pedir?

    M: Lo que quieras, estoy tan cachondo que haría lo que me pidieras.

    G: Gracias cielo.

    R: Pobre muchacho, le va a reventar la polla como no se alivie pronto. Si quieres lo puedes vaciar tú cariño.

    G: Yo creo que será lo mejor. Anda cielo acércate que te saque yo la leche.

    El chico se colocó más cerca, y mientras seguía acariciando con un dedo el clítoris de Gaby, no perdía detalle de la follada. Gaby estiró una de las manos y tomo su dura polla para comenzar a pajearlo lentamente. El chico gemía y chupaba sus labios de placer.

    Las venas de su polla se marcaban de sobremanera. La mano de Gaby recorría toda la polla del muchacho de arriba abajo, cada vez más fuerte y más rápido.

    G: Uy. Que polla más dura.

    M: Siiii, que mano más suave. Que placer!!

    R: Cariño, ya tienes dos pollas. Una dentro y otra en la mano.

    G: Pues ahora quiero dos leches, una dentro y otra en la mano.

    Comencé a follarla más rápido a la vez que ella pajeó al chico más fuerte hasta que al poco reventé llenando el coño de Gaby de leche. Salió tanta que resbaló enseguida fuera de su coño sobre mi polla. Por lo que respecta al muchacho también anunció su inminente corrida cerrando los ojos y gimiendo fuertemente. Gaby apunto a otro lado y el muchacho soltó dos potentes chorros que fueron a para bien lejos.

    G: Guauuu!!! Que manguerazo!! ja ja ja.

    M: Uff, sí, me has dejado seco.

    R: A los dos.

    M: Cierto.

    G: Uyyy!!! Cariño, me has dejado el coño empapado.

    M: Guauuu, menudo corridón le has echado a tu mujer en el coño, como le sale la leche.

    R: Si, je, je, je.

    Tras unas risas y agradecimientos por parte del muchacho, nos dirigimos a unas duchas cercanas donde pudimos asearnos.

    Después de despedirnos, decidimos ir al hotel a descansar algo.

    Por el camino comentábamos la cara de asombro que puso el muchacho cuando Gaby le agarró la polla con la mano. Que seguro que después de lo de hoy el chico iría todos los días a la playa a ver si nos encontraba para repetir. Nos reímos bastante pensando en ello.

    Al poco rato llegamos al hotel. Entramos y caminamos por el pasillo que lleva a los ascensores. Nos sorprendió ver a Luís, el señor de la heladería donde estuvimos antes, sentado allí en uno de los sofás de la recepción. Nosotros, tras saludarle con un «hola», seguimos directos al ascensor. Él se levantó y caminó detrás de nosotros a escasos dos metros. Al llegar, él se paró justo detrás.

    Entramos hasta el final del gran ascensor. Luís nos siguió y también pasó dentro y se puso cerca de ella. Cuando parecía que la puerta iba a cerrarse, un grupo bastante numeroso de japoneses la paró y entró dentro. Quedamos todos un poco apretados con esos japoneses delante. Pero la cosa no quedó tan mal, ya que en el apretón quedó Gaby de cara a mi y de culo a Luís. Allí estaba ella, en medio de aquel sándwich, pero contenta con la situación. Gaby sonrió y me miró con ojos pícaros, dando a entender lo que pasaba por su mente en ese momento. Entonces tosió un poco y en la pequeña sacudida provocada por el tosido movió un poco las caderas para sentir el bulto que en el pantalón de Luís comenzaba a crecer por la presión contra su culo. Mientras con las manos me toco la polla a mí. El trayecto fue breve pero de lo más agradable.

    Al llegar al 4 piso, la masa de japoneses se bajó y nosotros, tras separarnos para no llamar la atención, seguimos arriba. El séptimo era el nuestro. Al seguir el ascensor, con nosotros tres solos, Luís ya no pudo evitar poner una mano sobre su pecho, sin retirar la mirada de mi para buscar mi aprobación con los ojos. Yo, afirmando con la cabeza le di permiso para disfrutar.

    Al llegar al quinto, se detuvo el ascensor. Entonces Luís dijo, «esta es mi planta, si quieren les invito a mi suite a tomar una copa». Nosotros nos miramos y luego afirmamos con la cabeza a la vez, diciendo «Vale, gracias. Aceptamos la invitación».

    Al entrar a la suite nos sorprendió el tamaño de la misma, era como 5 veces la nuestra. Incluso contaba con una sala la cual tenía un gran sofá, dos sillones y una barra de bar. Luís se dirigió al bar y nosotros a los sillones a sentarnos.

    Yo me senté en uno de los sillones y Gaby se sentó de lado en el otro, poniendo una de las piernas sobre el brazo del mismo, de esta manera el vestido se subió un poco hacia arriba, mostrando claramente su tanga y quedando totalmente abierta hacia la zona del bar donde Luís estaba poniendo las bebidas.

    Luís miraba con morbo hacia las piernas de Gaby mientras preparaba las bebidas. Luís nos puso un par de gin-tonic y nos los acercó. Me dio uno a mi y luego al ir a darle el otro a Gaby, premeditadamente, derramo un poquito sobre el escote, y dijo.

    L: Uy, lo siento, te cayó un poco en el escote

    G: Ummm, muy mal, ¿y quién me limpia esto ahora?

  • Mi fantasía de ser un cornudo (Parte 1)

    Mi fantasía de ser un cornudo (Parte 1)

    Hola a todos, este es mi primer relato y espero que lo disfruten. 

    Mi nombre es Alberto y tengo 21 años de edad, mi esposa Abi tiene 20, somos una pareja joven, pero aun así yo tenía una gran curiosidad por descubrir el mundo swinger.

    Un día por casualidad me encontré con una publicación que decía algo sobre un club swinger, así que decidí ponerme a leer y descubrí las maravillosas cosas que hacen, la nota decía algo sobre intercambios y tríos HmH y MHM, lo que me pareció muy excitante.

    Me interesó más un trio HMH ya que me gustaría ver cómo se follan a mi esposa, está idea me interesó mucho así que decidí contársela mi esposa, somos una pareja liberal siempre hablamos sobre temas de sexo así que ella aceptó, pero el problema sería quién? Así que decidimos buscar App de citas e hicimos un perfil para los dos.

    Allí muchos hombres mandaban mensaje y esto hacía que más me excitara, algunos mandaban sus vergas, pero hubo un hombre que nos pareció perfecto ya que tenía una verga gruesa y un poco larga, él se llama Sergio y nos contó que a él le gustó también la idea de los tríos y nos contó que era primerizo en eso así que la idea nos excitó ya que el aún no había experimentado como nosotros.

    Así que después de días platicando decidimos juntarnos en nuestra casa un fin de semana y el aceptó, cuando llegó estábamos un poco nerviosos ya que sería nuestra primera vez experimentando un trio.

    Antes de que el llegara, decidí que mi esposa se pusiera ropa provocativa para así excitarnos los dos, ella es chaparrita pero tiene las nalgas muy buenas y unos senos que se te para con solo verlos, así que se puso una tanguita, y una vestido pegado un poco corto se miraba muy bien.

    Hasta que él llegó… tocó la puerta y decidimos abrirle los dos, cuando llegó los tres sonábamos un poco nerviosos, pero conforme fuimos hablando y pasaba la noche nos íbamos soltando más, hasta que por fin decidimos comenzar con lo que nos interesaba, mi esposa y yo fuimos a la cocina y allí le dije que fuera a servirle un poco de vino, le dije que fuera lo más provocativa posible.

    Ella aceptó y yo desde la cocina veía como mi esposa miraba a Sergio y éste le respondía igual, hasta que ella se sentó a un lado y comenzó a tocarle el pene, yo desde la cocina empecé a sentir temblor en mi cuerpo era increíble ver lo que hacían me parecía muy excitante y de inmediato se me puso dura.

    Ellos se empezaron a besar y ella se puso de rodillas frente a él y empezó a bajarle la bragueta de su pantalón para este momento los dos estábamos tan excitados que ya no notábamos la presencia del otro…

  • Mi vecino libidinoso

    Mi vecino libidinoso

    Se acuerdan que les platicaría de lo que hice con mi vecino en la Bodega Aurrera (es un pequeño supermercado en México).

    También les diré más de mí, ya les había dicho que soy un poco llenita, piernuda y unas nalgas muy grandes y redondas, mido 162 cm, tengo el cabello chino largo y negro.

    Fue un domingo por la noche, venía de estar con unas amigas, ya eran como las 9 o 930 de la noche y recordé que no tenía nada para cenar ni para llevarme nada para comer a mi trabajo al día siguiente así que pasé al Aurrera y aún estaba abierto.

    Cuando entré el vigilante me dijo que estaban por cerrar, así que me di prisa, tomé una canastilla con ruedas y fui directo por lo que necesitaba, el lugar estaba casi desierto por lo hora y el día, no había casi gente, pero al llegar a los refrigeradores me encontré con mis vecinos, era mi vecino que no puedo decir su nombre e iba con su esposa, ella se llama Lupita, los saludé, a ella la saludé de beso y tuve que hacer lo mismo con él!

    Solo que él aprovechó y me abrazó por la cintura con sus manotas, recordé lo cachonda que me puse cuando me vio cogiendo en el patio de mi casa con el repartidor y me dio un poco de pena, pero a la vez sentí un cosquilleo en mi cuerpo, fue algo chistoso.

    El señor no es nada atractivo, es más bien feo, no está gordo porque juega fútbol, pero sí feo y muy morboso, cabe mencionar que me atraen esos hombres, no por su físico sino porque sé que yo les gusto y me agrada ser deseada por ellos.

    Así que me deje abrazar por él y se me pegó mucho, pero como estaba su esposa disimuló muy bien y yo también, solo se me vino a la cabeza provocarlo un poco, para ver que hacía con su esposa presente, así que me fui, pero me los encontré dos pasillos adelante, Lupita estaba muy ocupada tomando lo de su despensa, y yo solo hice que él me volteara a ver así que me agache para mostrarle lo que sé le volvía loco de mi, le enseñaba mi gran culo.

    Ese día yo traía un pantalón café muy ajustado así que se marcaba muy bien mis nalgotas en el pantalón. A el se le salían los ojos, me miraba con una lujuria y morbo, después de todo ya me había visto mis nalgotas y mis tetas desnudas! Camine a comprar lo que necesitaba y tres o cuatro veces más nos volvimos a topar en los pasillos y en todos las veces yo hacía todo para que me viera, me agachaba a propósito para que se deleitará con mis nalgotas, su esposa ni en cuenta!

    De repente camine y los perdí de vista, pasó un rato y ya no los vi! Pensé que se habían ido, yo seguí comprando, ya solo me faltaba una mayonesa para terminar y ya casi no había nadie en el súper, fui al pasillo de las mayonesas, estaba solo el pasillo, las mayonesas estaban en lo alto, trate de estirarme para tomar un frasco, no lo alcanzaba me estire un poco más y de repente sentí como me abrazaron por la espalda, era mi vecino!

    -Ahora sí mamacita así te quería encontrar sola!

    -Pero vecino qué le pasa aquí hay gente que nos puede ver y usted viene con Lupita, se va a molestar conmigo!

    -A ver! Para qué te me estás insinuando? Para qué te agachas, enseñándome esas nalgotas tan grandes y ricas que tienes? Si sabes que te traigo un chingo de ganas desde ese día que te vi con el guey ese, cogiendo en el patio de tu casa!

    ¡Yo me hice la loca!

    -Pero por qué dice que yo me le insinúo? Y lo que pasó la otra noche, nosotros estábamos dentro de mi casa, yo no sabía que nos podían ver!

    -Pero si estaba la puerta abierta de par en par!

    -Bueno! es que nos ganó la calentura!

    Él me seguía abrazando y yo solo podía sentir su bulto en medio de mis nalgas.

    -Ándale mamacita no seas así! Dame un taquito, como el que le diste al repartidor va?

    -No vecino como cree, viene con su esposa y a demás como cree que aquí!

    -Ándale si está bien vacío el Aurrera nadie nos va a ver!

    -No, no, cómo se le ocurre! -En ese momento me di la media vuelta y quedamos de frente, el seguía abrazándome y no me soltaba!- Ya vecino -nos van a ver y qué van a decir de mi!

    Pues yo pensé que te gustaba que te vieran cogiendo, como esa noche te veías tan cómoda con que te estuviera viendo yo!

    Acto seguido me empezó a besar, yo trataba de resistirme, pero la parte putita de mi quería que me cogiera ahí mismo aunque alguien nos viera!

    Mi consciente me decía que no, pero mi instinto me decía que si!

    Me siguió besando y no tardó mucho en poder meter sus manotas dentro de mi pantalón y empezó a sobar mis nalgas, fue ahí donde no pude más! En ese momento paso un elemento de seguridad del supermercado y nos dijo que ya casi cerraban que nos diéramos prisa en comprar lo que nos faltara.

    -ya ve vecino es muy arriesgado nos van a ver y nos vamos a meter en problemas, mejor otro día nos vemos y le doy un taquito va?

    Nos dirijamos hacia las cajas, yo iba muy agitada y él también los dos estábamos muy calientes y se notaba enseguida.

    Pasamos por el pasillo de los vinos y cervezas, ese pasillo está clausurado, del lado del pasillo principal está bloqueado de cajas de cartón hasta arriba y del otro lado, por donde íbamos caminando solo hay una cadena de plástico para impedir el paso, justo cuando pasamos por ahí, él me tomó de la mano y me dijo:

    -Ven! Aquí nadie nos verá.

    -No, como cree, es muy arriesgado se van a dar cuenta, además por aquí sigue el poli!

    Me jaló hacia adentro del pasillo de los vinos y empezó a besarme y a meter mano por todo mi cuerpo! A mitad del pasillo donde estábamos había unas cajas de cerveza y él dijo “aquí nadie nos vera!”.

    Y si! Nos pusimos detrás de esas cajas y no se darían cuenta que estábamos ahí.

    Me empezó a tocar toda y me desabrocho la blusa y el sostén sacó mis tetas y empezó a chupármelas, mordérmelas, con la otra mano sobaba mi papayita, yo estaba ya muy caliente así que le bajé el cierre del pantalón y metí la mano para sacar su verga, que ya la tenía algo dura, no era muy larga, pero si estaba muy gorda!

    Yo ya estaba muy perdida dentro de mi lujuria, así que decidí hincarme y darle una buena mamada y así lo hice!

    -Que putita eres! Sabía que me darías un taquito, pero nunca pensé que tan rápido y aquí en el súper!

    También le saqué los huevos y me los metía a la boca casi no me cabían, pero lo intentaba!

    Sabía que de un momento a otro nos podrían encontrar así que me puse de pie me di la media vuelta desabroche mi pantalón, y me lo baje hasta las rodilla con mis manos separe mis nalgotas y le mostré mi anito!

    -Esto era lo que querías?

    -Claro vecina! Sabes que te traía un chingo de ganas!

    -Pues qué esperas? Méteme tu vergota en mi culito!

    Se escupió los dedos, mojó mi culito y empezó a empujar, no fue tan fácil, porque la tenía muy gorda, pero ya estaba muy cachonda así que cuando entró, empezó a moverse rápido mete saca, me tomó por la cadera y arremetió muy fuerte una y otra vez.

    ¡Imagínense la escena! Dentro de un supermercado domingo 10 de la noche, yo con el pantalón en las rodillas y siendo cogida por el culo por mi vecino de 50 y tantos años sin temor a que nos vieran.

    Yo creo que mi vecino hace mucho que no tenía sexo porque no tardó mucho en venirse. Se vacío dentro de mí, sentía muy caliente y muy húmedo mi culito. Él solo jadeaba como perrito.

    Se salió de mi anito, lo sentía muy pero muy dilatado.

    Me agaché para darle la última mamada y de paso restregué mi papayita con mis manos para venirme yo también, de repente oímos a los guardias que nos vieron! Imagínense que pena, yo con la verga de mi vecino en la boca y con las nalgotas de fuera!

    -A ver ahorita los vamos a consignar a las autoridades!

    Pero cuando me levanté, toda chorreada de mocos en la boca y vieron mis nalgotas se quedaron impactados.

    -No poli, le prometemos que no lo volveremos a hacer!

    -Ok solo con una condición. Que nos dejes tomarte unas fotos!

    Pues no tuve más remedio, así nos dejaron salir sin broncas del Aurrera!

    Jamás pensé que tendría sexo esa noche tan rico y en un lugar público.

    Después de ese día cada vez que voy al Aurrera palomas ya no es lo mismo.

    Besos.