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  • Visita familiar (II): Mi tía

    Visita familiar (II): Mi tía

    Ya habían pasado varios meses desde el acontecimiento con mi prima en la casa de mis tíos, lastimosamente no se presentó otra oportunidad para repetir ese excitante encuentro con ella, puesto que un par de veces que vinieron de visita, nunca nos podíamos quedar a solas. Hasta que un día se dio un evento totalmente diferente.

    Mi tía Yessica, una mujer de 40 años, de figura esbelta, de bustos y pechos grandes, de cabello largo, una piel clara, labios carnosos, una voz suave, una carita de ángel, se comunicó conmigo, diciéndome que vendría para hacer unas compras, pero que no quería molestar a mis padres que si se podía quedar en mi departamento, como yo solía estar fuera por trabajo y llegaba de noche, casi ni nos incomodaríamos.

    Yo acepté por amabilidad, aunque vino a mi mente los acontecimientos con mi prima, y me pregunte si ella también perdía la memoria cuando estaba tomada, ella me dijo que solo se quedaría 3 días, así que tenía que hacer las cosas lo más rápido posible.

    Apenas llegó la instalé en mi dormitorio, yo le dije que dormiría en el mueble, ese día estuvo perdido, puesto que por el cansancio del viaje no podía intentar nada, todo sucedió al día siguiente, salí a trabajar como de costumbre y al regresar a mi departamento, ya por la tarde, mi tía aun no regresaba, así que saque una botella de vino y una sola copa, y me puse hacer cosas al azar en mi laptop. A penas llego mi tía, la vi algo molesta, parece que no le fue bien en sus compras, se fue al cuarto se cambió de ropa a algo más ligero, esto era una blusa manga corta y un short ancho, conversamos sobre nuestros días, y yo le dije:

    -Por qué no te sirvo una copa, el vino suele calmar un poco el ánimo.

    -Gracias sobrino, pero la verdad es que no soy buena con las bebidas, suelen chocarme mucho.

    Este comentario solo estimuló mis ánimos de hacerla tomar, seguimos conversando y después de unos minutos acepto mi propuesta, ella se percató que si se calmó un poco así que esto hizo que le sirviera copa tras copa, le tocaba temas al azar, para que ella no me saliera con el cuento de que ya tomo mucho que está muy mareada.

    Después de tres botellas de vino, ella ya estaba totalmente tomada, me acerque a ella, pero no rechazaba mis toqueteos, la recosté en el mueble y me puse encima de ella, empecé a besarle el cuello mientras que una de mis manos frotaba su pierna y la otra la ponía debajo de su blusa, pude tocar sus senos, eran suaves y su pezón durito, me acerque a su boca y empecé a besarla introduciendo mi lengua y rosándola contra la suya.

    Después de varios minutos me desnude, y mientras ella seguía en el mueble le pase mi pene por su rostro, acercándolo lentamente a sus labios e introduciéndolo lentamente en su boca, la sensación era maravillosa, aunque un poco incomoda porque rozaba con sus dientes. Minutos después decidí llevarla a la cama y una vez allí comencé a desnudarla.

    Empecé hacerle sexo oral, saboreando cada parte de su cavidad vaginal, era excitante, empezó a mojar rápido, mientras saboreaba su vagina empecé a masajear sus senos, fue cuando empezó a gemir con una voz muy dulce mientras movía sus caderas, eso solo me excitaba más porque sentía que me pedía que continuara, después de varios minutos empecé a subir y me dispuse a meter mi pene que sentía que iba a explotar por la excitación.

    Una vez la penetre los gemidos se hicieron más seguidos, empezamos a besarnos con mucha pasión, ella puso sus piernas alrededor de mi cintura lo cual me excitaba muchísimo y solo me incitaba a embestirla con más fuerza. De un momento a otro empezó a decir el nombre de mi tío, seguramente soñaba que era él quien la penetraba, así que decidí cambiar eso, empecé a susurrarle en el oído mientras ella decía el nombre de mi tío:

    -Jorge, así así.

    -¿Te gusta mi vida?

    -Si…

    -¿Nunca te lo he hecho así?

    -No…

    -Es que no soy Jorge, soy Francisco

    -¿Francisco?

    -¿Dime tía te gusta cómo te lo hago?

    -…

    -No te preocupes, solo estamos tú y yo aquí.

    -Pero

    -Tranquila, esto solo quedará entre nosotros, ¿te gusta?

    -Sí, me gusta

    -Entonces te haré mi mujer hoy, y te demostraré como deben de satisfacerte.

    Dicho esto, empezamos a hacerlo con más pasión, me abrazaba, me besaba, le jalaba el pelo mientras le lamia el cuello, comenzó a decir mi nombre, lo cual me excitaba mucho más. La puse boca abajo y la penetraba con más fuerza, su vagina no hacia más que apretar mi pene, demostrándome que quería más y más a lo cual yo la penetraba con más fuerza, susurrándole al oído:

    -Yessica eres tan sexy, me encanta hacerte mi mujer.

    -Si Francisco, soy tu mujer

    -Quien es mejor Yessica, ¿mi tío o yo?

    -Tu mi amor, tu.

    -Yessica, siento que me voy a venir

    -Dentro, hazlo dentro.

    Esto solo me excitó mucho más, y decidí venirme dentro, sujeté su cabello y puse su cara contra la almohada, y aun así escuchaba su gemido tan intenso, una vez termino de gemir la solté, sentía como mi pene iba bajando la excitación y comencé a sacarlo poco a poco. Me quedé mirándola un rato y ella estaba profundamente dormida, me sentía tan satisfecho y cansado, pero sabía que aún faltaban cosas que hacer, así que empecé a cambiar todas las sabanas de la cama, la comencé a secar con una toalla, le puse su ropa y luego de dejar todo en orden solo quedaba esperar, esperar al amanecer a ver si se acordaba de algo.

    Por la mañana ella, empezó a portarse rara, no me miraba como antes, me esquivaba, pero no me decía ni me pregunto nada, yo me comportaba como siempre, como si nada hubiera pasado, supongo que esto la desconcertaba, pues no sabía si lo que paso anoche fue real o solo un sueño, y mientras las horas pasaban, sucedió algo que no esperaba, algo que les contaré en una segunda parte.

  • Tú y yo, nos tocamos en el coche

    Tú y yo, nos tocamos en el coche

    Tú y yo, nos tocamos en el coche

     

    Aparcados en algún lugar alejado, en un estacionamiento vacío, en un mirador viendo las luces de la ciudad o donde sea que hayas parado el coche para darte un momento, prepárate, estoy aquí para acompañarte.


    Hoy te traigo un juego para que juguemos juntos, si decides aceptar mi invitación y me das tu colaboración, haré mi mejor esfuerzo para que te sientas inmersa en esta experiencia, así juntos podemos darnos un poco de placer en esta noche solitaria. Antes de continuar leyendo, este relato funciona mejor si lo lees en tu coche y si quieres unirte al juego ten precaución para que no te pillen. Haz lo posible por eliminar todas las distracciones y pon toda tu atención para dejarte llevar en lo que a continuación escribo exclusivamente para ti. Recuerda que tienes todo el control, tú dictas el ritmo, haz las pausas que necesites y avanza como gustes para que esta propuesta te resulte de lo mejor.

    Comenzamos por apagar el radio, no queremos que nada interrumpa nuestra concentración, aquí no hay nadie más que tú y yo junto al silencio, sumergidos en el habitáculo del coche, el móvil a la vista donde no moleste pero cerca para continuar leyendo, para que tú puedas dar vida a mi voz en tu interior, como si nuestras almas fueran una y nuestros cuerpos fueran uno. Cada cual de nosotros poseído por la presencia del otro, aunque separados por el espacio y el tiempo, creamos un ahora que es sólo para ti y para mí.

    Empezamos por frotar la parte interna de nuestro muslo, aquí, expuestos a quienes pasan por fuera, a pasos alejados en el silencio o desconocidos que caminan por el exterior ignorantes de nuestra pequeña aventura, pero que podrían descubrirnos en cualquier momento. Es arriesgado, lo sé, eso es lo que lo hace excitante, lo que nos indica que el tiempo es breve, sin embargo lo único que quiero es prolongarlo, seguir imaginándote mientras te tocas al mismo tiempo que me toco.

    Vamos a apresurarnos, metamos ya mismo nuestra mano en nuestros interiores, comienza a estimularte, deja a tus dedos ir directo a tu clítoris mientras aprieto mi miembro, que se endurece en mi mano, creciendo, pidiéndome salir. Arriba, abajo, arriba otra vez, tú marcas el paso, la intensidad, la velocidad.

    Sigue… Un poco más… Justo así…

    Inclinamos un poco el asiento hacia atrás para ponernos más cómodos y darle más movimiento a nuestra muñeca para ir más rápido. Estiramos las piernas entre los pedales hasta donde el espacio nos lo permita, separamos las rodillas así hay lugar para ir más profundo.

    Eso es… Baja un poco más… Frótate en ese espacio de ahí…

    Veo lo que haces en la oscuridad fuera de la vista de cualquiera que pudiera aparecer, veo como llevas las yemas de tus dedos medio y anular a hacer círculos en ese punto sobre tu vagina, justo debajo de tu clítoris, primero a un lado… Luego al otro… Ahora más rápido…

    Mmmm… Me encanta…

    Mira como me excita lo que estás haciendo, como me gusta ver que te das placer junto a mi. Debo desabrochar mi cinturón, bajar mi cremallera y sacar mi falo para jalarlo con más fuerza, esperando que nadie se asome y descubra que lo tengo expuesto, húmedo entre mis falanges que lo aprietan mientras recorren el tronco de extremo a extremo, como tú, más rápido cada vez.

    Así… Así… Muy bien…

    No nos demoremos más, quiero sentir como te penetras, como metes ese dedo de a poco como si fuera mi mano en tu entrepierna, como si te rodeara con mi brazo desde el asiento trasero, mi vaho detrás de tu oreja suspirando, sintiéndote húmeda mientras me guías por tus rincones más sensibles y me muestras como te gusta más ¿Con un dedo o dos? ¿Suave o rudo? ¿Entrando y saliendo o acariciando por dentro?

    Más rápido… Más fuerte…

    Aumentamos la velocidad dejándonos llevar por la lujuria, deseando estar juntos para empañar los cristales, hacer trabajar los amortiguadores mientras me recibes dentro de ti y follamos con fuerza. Pero de momento estamos aquí, estimulándonos en simultáneo pensando en el otro, en esta situación de riesgo que nos excita tanto.

    Vamos, ahora… vamos a corrernos…

    Pon la marcha máxima, necesitamos dar todo ahora, ya puedo sentir en mi polla que me vengo. Hazlo más fuerte, percibe la corriente en tu coño que avanza por todo tu cuerpo, siénteme aquí. ¡Si! Mira como mi semen se dispara, siente como cae tibio sobre tus piernas, sobre tu mano y tus dedos que experimentas tus contracciones.

    ¡Acaba!

    ¡YA!

    Recupera el aliento, saca tus dedos pegajosos y regresa a tu rutina donde nadie sabe lo que acabamos de hacer, tus bragas mojadas son las únicas testigos de nuestro encuentro, por lo menos hasta la próxima ocasión que nos volvamos a encontrar, solos, tu y yo.

    Espero que este relato te haya funcionado tan bien a ti como a mí y que podamos volvernos a ver en otra noche de soledad. Me encantaría que me cuentes en un comentario que te ha parecido y que aceptes mi invitación para volvernos a encontrar. Dime que es lo que te gustaría para la próxima vez. Quizás un juguete. Quizás otro lugar, como un lugar público. O una situación particular, como alguien en la habitación de al lado que podría descubrirnos. Hazme saber tus fantasías y haré lo posible por crear una nueva aventura en que los protagonistas seamos tú y yo.

    Será mejor que nos movamos de aquí antes que alguien nos descubra.

  • Con mi jefa de carrera

    Con mi jefa de carrera

    Soy Alex, tengo 26 años y cuando ocurrió lo que les narraré, estaba pasando un momento muy difícil. Todo me salía mal. Corrían rumores de que me desvincularían de mi trabajo, mi novia de 5 años me acababa de confesar que el hijo que esperaba, no era mío sino que de otro tipo y el mundo se me derrumbó. Deseaba ser padre y entonces, quise mandar todo a la mierda. Estaba en mi último año de universidad y me lo estaba perdiendo porque prefería andar de fiesta y rumba en vez de estudiar.

    Recuerdo que un lunes, una profesora de algebra me pide que vaya a regular mi caso (asistencia y baja de notas pues me perdí casi todo el primer semestre) con la jefa de carrera, que ella podía ayudarme. Daniela, la jefa de carrera, era una mujer de 33 años. Muy atractiva, simpática, inteligente además de exquisita. Era muy recatada e inspiraba mucho respeto. Media 1,70 m, con unas caderas de infarto, unos labios carnosos y una mirada muy sensual. Pero poco la veíamos. Solo para casos puntuales. Era una mujer definitivamente inalcanzable.

    Llegué a su oficina y golpeé la puerta. Ella me mira a través del vidrio y con una sonrisa amable, me invita a pasar.

    -¡Alex, que gusto verte! ¿Qué te trae por aquí?

    -Profe, verá… Estoy aquí por mi asistencia y las notas. Usted sabe que es mi último año, pero estoy a punto de echarme el ramo más importante.

    -¡Ayyy! Estos niñitos… Y dime, ¿cuál es la razón de estas notas y la inasistencia? Convénceme porque tengo mucho trabajo y debería estar enojada.

    Esa mujer se veía increíblemente sexy cuando simulaba estar enojada. Le conté todos mis problemas personas y me ofreció clases particulares. Estaba muy interesada en ayudarme y bueno, en realidad era una excelente jefa de carrera. Pensé que sería después de clases en la misma universidad, pero no. Eso no lo tenía permitido así que en una especie de pacto secreto, acordamos que todos los jueves pasaría a su casa a las 17:00 horas para que ella me enseñara y así fue. Alcancé a ir dos jueves a su casa a estudiar y ella realmente enseñaba bien. Era muy atenta y profesional, tanto así que no podía verla de otra forma… Hasta el tercer jueves.

    Ese jueves no realizaron clases en la Universidad por tema de alianzas, una estupidez pues yo estaba poniendo todo mi empeño. Lo que yo no sabía es que jefes de carreras no trabajaban ese día. Hice la hora y me fui a su casa. Al tocar el timbre me abre ella envuelta en una toalla y toda mojada.

    -¡Alex! ¿Qué haces aquí? Pensé que no vendrías pues la universidad está de fiesta.

    -Profe, sí… Es que… Disculpe. No quería interrumpir. Lo siento. Pensé que nos veríamos igual. Cuídese.

    ¡Yo no podía quitar los ojos de su escote y sus hombros al descubierto, por donde corrían gotas de agua. Se veía deliciosa.

    -Oh… Claro, no te avisé. Que tonta. Pasa. Ay, disculpa el desorden, pero esta semana están pintando el departamento y mira, no hay donde sentarse. Pasa al dormitorio. Necesito ducharme. Prende la tv y mira algo. ¡¡Me demoro 5 minutos!!

    -No es necesario profe, puedo volver otro día.

    -¡No! Dale, pasa. Puedes servirte algo de la cocina. El control está en el velador. No me demoro nada.

    Y se fue al baño mientras yo, con la puerta abierta tras mío, me preguntaba como esa delicia de mujer está soltera.

    El dormitorio era muy amplio y tenía un walking closet que daba al baño. Máximo 3 metros me separan de ella. Me senté, prendí la tv y pude oír la ducha abriéndose. No saben cuánto me calentó imaginarla ahí. Estaba tocándome sobre el pantalón cuando de pronto, un gato salta a la cama y me asusta. Éste mismo, empujó con su pata la puerta del baño y entró dejando la puerta un poco abierta. Yo quedé sin palabras cuando, vi la silueta de Daniela tras el shower.

    Me acerqué un poco y vi cómo se enjuagaba el pelo. Quedé loco. Podía ver cómo le caía el agua por sus pechos. Era una ducha normal hasta que se pasó la esponja con jabón por sus pechos. Ahí, se detuvo y comenzó a masajearlos con más fuerza. Continúo con la esponja pasándola pos su trasero, sus piernas y sus pies. Esto era el paraíso.

    Al sacarse el jabón, tomó la ducha y la puso directamente sobre su vagina, presionándola y moviéndola de atrás hacia delante rápidamente. ¿Estaba viendo como mi jefa de carrera se masturbaba? No pude evitarlo y saque mi pene para hacer lo mismo.

    Esas imágenes nunca se irían de mi mente. Ella se agarraba fuertemente un pecho mientras seguía con la ducha en su vagina. Yo apretaba mi pene fuerte mientras no perdía ninguna escena. Sentía que casi quería introducir la ducha en su vagina. Se le escapó un pequeño gemido. Puso la ducha donde corresponde, se puso de manera que el agua corriera por su espalda y comenzó a masturbarse con los dedos.

    Estaba a punto de venirme cuando el gato sale y me vuelve a asustar. Ella estaba tan inmersa en su cuerpo que ni cuenta se dio cuando el gato salió. Cuando la vuelvo a mirar, estaba con la mano izquierda dentro de su vagina y sus dedos de la mano derecha dentro de su culo. Fue instantáneo, me corrí ahí mismo, así que volé a la cocina para limpiar el piso. Estaba impactado y no sabía cómo iba a volver a mirarla a los ojos.

    Volví a sentarme en la cama cuando escuché que cerró el grifo. Tomé mi teléfono y me puse a revisarlo para evitar sospechas. Abre la puerta y veo a esa diosa empapada con dos toallas, una en el pelo y la otra en el cuerpo. La toalla era grande, llegaba hasta las rodillas así que imagino que ella no se preocupó. Me pidió disculpas:

    -Disculpa Alex. Estaba tan rica el agua que no me podía salir.

    -Tranqui profe. Todos necesitamos una buena ducha de vez en cuando.

    Mierda!! Me la quería comer ahí mismo. Instantáneamente tuve otra erección. No sabía cómo iba a levantarme de la cama sin que ella lo notara. Ella se ríe mientras intenta sacar una caja del apartado más alto del walking close, pero aun estando en puntilla, no la alcanza así que me apresuro para ayudarla, olvidando por completo mi erección.

    Me pongo tras de ella y levanto el brazo para alcanzar la caja cuando ella se tira hacía atrás y choca conmigo. Sale un pequeño gemido de su boca y nos quedamos así unos segundos que se sintieron una eternidad, yo a pasos de explotar y ella inmóvil. Pienso en quitarme pero ella se pega un poco más y pienso que estoy confundiendo las cosas.

    Sutilmente comienza a moverse, a restregarse contra mi pene por lo que suelto un quejido de placer. Toma una de mis manos y la pone por delante de ella, en el interior de su muslo mientras tira su cabeza hacía atrás, apoyándose en mi hombro. Con mi mano aun entre la suya y su pierna, me aprieta y la comienza a subir hasta casi llegar a su vagina.

    Me pregunta en un susurro si no me molesta con voz entre cortada. Solo suelto un no y se da vuelta, abre y baja mi pantalón. Todo fue tan rápido que solo puedo ver como mi pene desaparece en su boca. Mi Jefa de carrera me está dando una mamada magistral. De vez en cuando, me mira con sus ojos llenos de fuego pero nunca se saca mi pene de su boca. Veo como lo disfruta, siento que necesitaba chuparlo, comerlo, lamerlo.

    Estoy en éxtasis cuando siento que se para y me empuja hasta caer sentado en su cama, me saco el pantalón y ella se arrodilla. Le quito la toalla de la cabeza y cae su largo pelo sobre sus hombros y su cara. Lo tomo con mi mano para no perder rastro de como juega y come de mi pene. Chupa mis testículos, lame mi glande, muerde mis piernas. Es una diosa.

    Toma mi otra mano y la pone sobre su cabeza mientras me mira con travesura y, comprendiendo el mensaje, comienzo a mover su cabeza a mi gusto. Me pongo de pie y me encargo de que entre todo hasta su garganta. Comienzo a penetrar su boca. Me doy cuenta de que ella se está masturbando porque siento como su vagina está encharcada. Me tiene loco y le pido que no pare de tocarse.

    -Profe no pare, por fa.

    Saca mi pene de su boca.

    -Llámame Daniela. No soy tu profesora.

    Y vuelve a meterlo como si de eso dependiera su vida. Pienso que si no me hubiese corrido mientras la espiaba en la ducha, no habría aguantado esa lengua, esos labios y esa boca tan increíble. Me vuelve a tirar a la cama, caigo sentado y quito la toalla que cubría su cuerpo y fue una locura. Tenía un cuerpo exquisito, tal cual me lo imaginé siempre y estaba todo sudado.

    Se sienta sobre mí y toma mi cabeza para ponerla directo en sus pechos. Casi no me dejaba respirar. Me ordena que chupe ese par de tetas. Tomó mi pene y lo introdujo en su vagina dando un grito que me excito aún más. Moría, lamía, escupía y chupaba sus ricas tetas mientras con mis manos, masajeaba su culo. Ella gemía y se movía como una salvaje. De pronto, sonó su teléfono y me hizo parar. Respiro profundo, sin salirse de mi pene y contestó.

    -Aló? Si, dime. No, no te preocupes, de todas formas te avisaría que no podía ir…

    (Se movía lentamente de arriba a abajo mientras hablaba. Cerraba sus ojos y echaba su cabeza hacía atrás. Tocaba sus pechos. Yo estaba haciendo un gran esfuerzo por no tirar su teléfono y penetrarla con todas mis fuerzas.

    -Si, si. Tranqui. Lo vemos mañana ¿te parece? Dale, cuídate preciosa. Te adoro.

    ¡La mina ni se arrugó! Yo tenía que contener mis quejidos mientras ella hablaba con una soltura increíble arriba de mi pene. Era una maestra. Le pregunté qué porque había cancelado (escuché que era una salida a un teatro) y me dice que tiene cosas mejores que hacer mientras se acuesta en la cama y comienza a tocarse frente a mis ojos.

    No saben lo que era ver esa escena. Me acerqué a su vagina y comencé a chupar cada rincón. Ella tomaba mi cabeza con fuerza haciendo presión en su clítoris. Gemía y se movía como loca, se tocaba los pechos y contorneaba su espalda. Metí dos dedos en su vagina mientras chupaba su clítoris y sentí como temblaba. Estaba teniendo un orgasmo así que aproveché la ocasión para meter otro dedo y presionar sobre la parte baja del estómago y poder lograr un squirt que resultó delicioso. Toda mi cara estaba mojada por sus fluidos. Casi me corro sin siquiera tocar mi pene.

    La tomé de las muñecas con fuerza, no podía más de mi excitación y la penetré fuerte. Ella gritó y la callé con un beso mientras seguía metiendo mi pene hasta el fondo de su vagina. Quería soltarse pero era más fuerte que ella. Besé su cuello, su oreja, sus pechos.

    Ella gritaba, gemía de placer. Yo no paraba de penetrarla hasta que no sé cómo, se soltó de su mano derecha y me rasguño la espalda tan fuerte y rico que me hizo acelerar mis penetraciones. Me agarraba el pelo y tiraba con fuerza. Daniela era una fiera salvaje. Me pidió que me acostara y se subió sobre mí.

    Comenzó a moverse y a tocar su clítoris y así, alcanzó su segundo orgasmo. Se volteó dándome una vista maravillosa de tu culo al cual le di algunos palmetazos. En un momento ella se recostó en mis piernas y me pidió que tocada su ano. Chupe mi dedo y comencé a meterlo de forma suave. Mis dedos son gruesos, intente meter otro. Eso fue el cielo.

    Ella apretaba sus paredes vaginales al mismo ritmo que yo penetraba su culo con mi dedo. Sentía como apretaba mi pene. Se sentó bruscamente y comenzó a moverse en círculos como una loca hasta que, (yo sin querer) terminamos en un explosivo orgasmo al mismo tiempo. Era una sinfonía de gritos. Cayó en mi pecho. Ambos gemíamos. Una locura. Busqué su boca y la besé metiendo mi lengua en todos los rincones y tocando su vulva por todos lados.

    Ella estaba callada, acostada al lado mío. Yo estaba feliz jaja con cara de estúpido que acaba de recibir el mejor sexo de su vida en vez de una clase. Sin mirarme me dijo:

    -Alex, disculpame. Esto no debió…

    -Profe, Daniela. Tranquila. Pasó y ya está.

    -Esto está mal. No sé qué me pasó. Esto es grabe.

    Se da vuelta y trata de taparse con el cubrecapa pero poco lo logra. La siento incómoda así que paso su toalla y le digo que esto no se repetirá, que queda entre nosotros y que no es necesario vernos nuevamente. Puedo comprender su vergüenza y miedo (aunque cuando estaba sobre mi, no conocía esas palabras jaja), pues es mi jefa de carrera. Le doy un beso en la frente y le digo que me iré. Repito que esté tranquila, que soy de confianza y que esto no volverá a ocurrir.

    Me siento sobre la cama y veo la hora. Son las 20:20 horas. Recojo mi polera del piso y siento que se levanta. Me dice que preparará café, que no me iré de ahí sin estudiar, pues no puedo reprobar ese ramo. La miro asombrado mientras camina poniéndose su toalla alrededor del cuerpo. Antes de perderse de mi vista, se voltea y me cierra un ojo. Quedé loco.

    No hay mujer más deliciosa que ella. Pienso: Aunque contara esto a viva a voz, nadie me creería. Ella es amable, simpática pero de temer. No puedo entender qué pasó; es como si dos personas completamente diferentes vivieran en ese cuerpo de diosa. Me visto rápidamente mientras grito:

    -Profe tranqui. Yo le ayudo.

    Estudiamos por dos horas de forma estricta y profesional pero no me fui de su casa hasta el viernes en la mañana. Si quieren saber lo que pasó en la noche, esperen el próximo relato.

  • Macho

    Macho

    A su casa me dijo que subiera, 
    y yo no pude, no quise negarme, 
    sabiendo que ese hombre quería follarme
    desde que en aquel bar lo conociera. 

    Anhelaba un romance que tuviera
    un fin feliz, poder enamorarme;
    que pudiese en un futuro casarme:
    dejé así que el macho me poseyera. 

    Ay, que las tetas me chupa, voy loca.  
    Ay, que mi chocho lo está saboreando. 
    Ay, que su polla me mete en la boca. 

    Ay, que me penetra, ya estoy gritando. 
    Ay, que pronto mi orgasmo, humm, me toca. 
    Ay, que siento en mí su semen, va entrando.

  • Mi cuñada sobornándome con el culo

    Mi cuñada sobornándome con el culo

    Hola a todos mis lectores ¡gracias por pasarse!

    Aquí de nuevo los saluda su amigo Alex… empecemos con esta historia.

    Conozco desde hace más de 4 años a mis cuñados, no puedo dar información de cuantos son, pero si digamos que son 4 mujeres y 3 hombres.

    Cuando conocí a mi novia (mi esposa actual) jamás me dijo que tenía varios hermanos, a lo que cuando lo descubrí me sentí demasiado avergonzado, pues era una familia grande y jamás había convivido con tanta gente. (Más que en fiestas familiares, pero no es lo mismo).

    Denisse: Una dulce niña, de apenas 14 años de edad, algo gordita y demasiado desmadroza.

    Kathya: La hermosa bebé de apenas 2 meses por la que decidí ponerle así a mi hija.

    Y Lupita: La sensual lupita… con un cuerpo muy bien formadito, unas caderas impresionantes y unos pechos… que parecía que podían dejarte ciego de tanto verlos.

    Cuando la conocí jamás llegué a pensar que me pasaría algo con ella pues yo estaba enamorado de Andrea (mi actual esposa).

    Poco a poco al irla viendo crecer la fui también disfrutando, veía sus cambios de humor, de gustos y de actitudes.

    Lo interesante de esta historia, pasa cuando un día mi esposa empieza a hacer la comida en mi casa; en eso llega Guadalupe (Lupita) ya con 18 años cumplidos.

    «Buuuenas tardeees!» -Dice Lupita, entrando a la casa.

    «Hooola, que milagro!?» -Contesta mi mujer.

    A lo que al oír esa voz, salgo como perro hambriento buscando su hueso.

    «Me pareció oír una voz de alguien que conozco» -Comenté, ya sabiendo que se trataba de Lupita.

    «Creo que siempre que vengo a verlos eres el segundo en aparecer cuñado!» -Me respondió Lupita.

    Y pues sí, ella tenía razón. Yo también sabía cuando venía cerca o entrando, pues en mi casa hay cámaras dentro y fuera de la casa (en algunas partes) eso, más aparte que ella siempre va de tacones a cualquier lado (literal).

    Ese día ella llevaba una blusa roja bien escotada, resaltaban mucho sus pechos y se notaban demasiado por el tipo de brassiere que usa, también recuerdo que llevaba leggings negros y su bolso café.

    «¿Porque tan elegante cuñada? Vas a ver al novio o qué?» -Pregunté un poco celoso y con curiosidad.

    «Para naaada Ale, es acaso que no me puedo vestir bien para venir a ver a mi sobrina y a mi hermana? -Exclamó ella, un poco tímida por su tono de voz.

    No respondí nada, solo me quede callado y me fui a contestar el teléfono que sonaba.

    En la sala, luego de terminar la llamada me doy media vuelta y estaba ella ahí, como esperando que terminara mi llamada.

    «Esa llamada se me hizo eterna» -Me dijo Lupita, aún nerviosa.

    «Si, es que era del trabajo, un cliente tiene problemas con su modem» -Le dije normalmente.

    Lupita: «Alex, sabes que por más que quiero no puedo ocultarte las cosas, pero Andy no puede enterarse que tengo novio, le diría a mis papás y…»

    «Y que…? sabes que a mí también no me gusta ocultar nada a Andy, y mucho menos a tus papás.» -Le respondí un poco enojado por mis celos.

    «¿Qué edad tiene ese cabrón?» -Le pregunté aún más enojado.

    «28» -Respondió tartamudeando.

    «Jmm lo que me faltaba, sabes, ese tipo de chavos mayores que tú y yo son de los que andan con chavitas menores, las embarazan y las mandan a la chingada» -Le respondí, mintiendo un poco con tal de atemorizarla.

    «Lo sé, pero me cuido de que no me haga nada y me respete» -Insistió ella.

    «Mira mija, no te voy a decir que hacer, es tu vida. Tu decidirás que es bueno y que no… allá tú!» -Le dije un poco más calmado.

    Ya en la cocina, entrando ella atrás de mi le digo casi en voz alta a mi mujer:

    «Tenemos que hablar en cuanto se vaya Lupita».

    Al oír esto Lupita, me mira con cara de «no por favor», y es ahí cuando empieza la acción.

    Minutos después me subo a mi habitación a ver una película tranquilamente, ya sin pensar en lo anterior cuando de repente…

    «Amor, se acabó el aceite y no hay tortillas. Voy a la tienda!! Regreso!!» -Me grita mi mujer por las escaleras.

    «Okey!! ¿Va Lupe contigo?» -Pregunto yo.

    «Nooo, se queda a terminar la sopaa!!» -Me responde mi mujer.

    No pasaron ni dos minutos de que se fue y ahí estaba otra vez Lupita, molestando que no dijera nada e insistiendo con lo de su novio…

    «Mira Lupe, si yo decidí platicar con Andy, es porque creo que es lo mejor… ya si ella decide contarlo a tus papás, ya no es mi problema…» -Le dije otra vez enojado.

    «Mira, si quieres lo termino hoy mismo, pero por favor no digas nada!! Mi madre me pegaría hasta medio matarme y me castigaría meses!! Debe haber algo que quieras, algo que pueda yo darte o conseguirte!!» -Alegó ella un poco nerviosa.

    Dudando un poco de esa «oferta» le dije…

    «¿Sabes qué?, si hay algo que quiero, pero… debes hacerme caso a todo lo que te diga sin preguntar nada… ok?»

    Nerviosa y tartamudeando aceptó.

    «Primero que nada, date una vuelta…» -Le dije también un poco nervioso y dudando si atreverme a sacar provecho de la situación.

    Accedió y dio la vuelta de mala gana y un poco nerviosa por lo que seguiría…

    «A ver, a ver, a ver… si vas a estar así, mejor bájate y ahí te las arreglas tú con tus papás!!» -Le dije un tanto molesto.

    «No, no, no, no, noo!! Perdón, perdón!! Ya… mira!!» -Me dijo ella rápido y nerviosa.

    No podía creer lo que estaba viendo… Esas curvas moverse tan despacio uff… daban ganas de muchas cosas.

    Con el atrevimiento de sobra y los nervios de punta le dije…

    «Recuéstate como en 4 encima de la cama… pon tus brazos recargados y deja tu cintura parada (tipo posición «el abandono»).

    «Oye, pero que vas a hacer Ale!!» -Exclama un poco nerviosa Lupita.

    «Nada que no te guste Lupita, tu tranquila…» -Le dije un tanto confiado y nervioso.

    «Jmm ok, está bien» –Lupita.

    Y es entonces que al ponerse en la cama como le dije, fue que empezó lo bueno!!

    Se le remarcaba el culo y su vagina como no tienen ni idea!! Se notaba bastante que esos leggings le quedaban quizá algo apretados, o muy apretados diría yo!

    En eso ya bien prendido empecé a tocarla valiéndome lo que me dijera (pero no me dijo nada, parecía gustarle).

    «Hay Lupita! Que buena estas mi amor!!» -Le dije bien prendido.

    Ella no decía nada, pero por ser güerita se le notaba que estaba «chapuda» e igual se sentía algo caliente.

    Abusando de la confianza del momento, bajé sus leggings por completo.

    Tremenda sorpresa me lleve al ver que llevaba puestos calzoncitos de encaje negros…

    «Ibas bien preparada para el puto ese verdad cabroncita!» -Le dije bromeando y algo enojado.

    «Pues… pues… si, pero ya son para ti mi amor» -Me respondió con un tono de voz sexi.

    «Hija de la verga, dijiste las palabras mágicas mi amor!!» -Le dije bastante prendido.

    Ya con los leggings totalmente fuera y su calzón precioso empecé a darle de besos en sus nalguitas…

    Créanme que si hay visto a «sasha grey» esta se queda corta a lado de mi Lupita…

    Gimiendo un poco y bastante caliente di el segundo paso… bajarle sus braguitas y seguirle dando de besos eróticos, solo que a esto agregué besos ya directamente en su vaginita… tiene una vagina bien sabrosa y depiladita. Fácil yo le calculo había tenido relaciones solo unas 2 veces, no se notaba que ya no fuera virgen…

    «¿Déjame mamártela Ale, que no quieres? ¿Por qué no me dices nada?» -pregunta Lupita.

    «No necesito decirte mi amor, solo te hubieras dado vuelta y ahí tenías» -le respondí excitado.

    «Si pero si me volteo me dejarás de dar besitos en mi vaginita papi» -dijo Lupita bien prendida.

    «Oh ya se!» -dije con cara de idea.

    Me acosté con ella en la cama, poniéndola en 69…

    «glug, glug, glug» solo se oía eso seguido de gemidos de Lupita.

    No lo podía creer, tenía a mi cuñada como siempre había querido!!

    Solo me preocupaba que llegara mi mujer…

    «Espera, espera!! Deja le llamo a Andy» -le dije un poco nervioso.

    «pe… per… pero… ¿para qué?» -dijo Lupita.

    «tu shh y no digas nada, voy a hacer que tarde más»  le dije algo picarón.

    Luego de 5 minutos de estar discutiendo por teléfono y finalmente convencer a mi mujer logré hacer que fuese por un mandado al otro lado de la ciudad.

    Yo sabía que era algo difícil encontrar el lugar a donde la mandé, entonces ya no me preocupaba tanto… teníamos tiempo de sobra (máximo 1 hora 30 minutos).

    Para no aburrirlos tanto debo cortar la historia aquí, esperen la parte 2 mañana!!

    Continuará…

  • Diario de una puritana (Capítulo 3): El redebut de Mafe

    Diario de una puritana (Capítulo 3): El redebut de Mafe

    El silencio permaneció en el ambiente por unos cuantos segundos, luego ella accedió, aunque en medio de titubeos y de una actitud bastante temerosa. Le pedí que se acostara boca abajo sobre el sofá en el que estábamos.

    Sin tener experiencia alguna dando masajes, me aventuré a recorrer su cuerpo con mis manos. Empecé por sus hombros, ejerciendo algo de presión con mis dedos sobre ellos, a la vez que trataba de hacer que mis movimientos fueran circulares. Lentamente fui bajando por su espalda, ayudándome de las palmas de mis manos, a veces haciendo movimientos de presión, ocasionalmente rozando ligeramente y la mayor parte del tiempo amasando su piel y sus músculos entre mis manos.

    Me animé a desabrochar su top, llevándome la grata sorpresa de que no llevaba nada bajo este. Rasqué suavemente sobre la marquilla que dejaba en su piel el broche del top, a lo que recibí un agradecimiento de su parte por mi consideración. Sinceramente no pensé que eso fuera a ser tan sustancial, pero así fue.

    Su espalda desnuda y su suave piel emanaban sensualidad. Yo sabía que no había motivo para emocionarme por ver una espalda desnuda, pero la de Mafe tenía cierto atractivo, cierta magia; era tan blanca como el resto de su cuerpo, supremamente suave, decorada por lunares y otro tipo de marcas de nacimiento. Dediqué un buen rato a masajear y acariciar su espalda, pues creo que hasta yo lo estaba disfrutando. Ella exhalaba y suspiraba ocasionalmente, entregando señas del disfrute o por lo menos de relajación gracias a mi masaje.

    Pero yo no me iba a quedar toda la noche masajeando su espalda. Estaba ante la oportunidad de cumplir una de mis más grandes fantasías. Sabía que tenía que ser cauteloso, y sobre todo paciente. Aunque creo que a esa altura de la noche lo estaba logrando.

    Poco a poco me fui dando la libertad de ir bajando cada vez más por su espalda, hasta concentrarme en masajear la zona de sus lumbares, y aventurarme por primera vez a pasar el límite entre su espalda y sus nalgas. Ella seguía sin oponer resistencia o sin hacer reproche alguno.

    Inicialmente, cuando me animé a posar mis manos sobre su culo, lo hice por sobre su ropa, como bien dije antes, no quería precipitarme. Amasé sus nalgas entre mis manos por un buen rato, aunque sin llegar a apretarlas ni estrujarlas, ya que un gesto así podría echar por la borda lo conseguido hasta el momento.

    Para disimular un poco, traté de no dedicar tanto tiempo a su culo, por lo menos no tanto como le dediqué a sus hombros y su espalda. Así que prácticamente pasé de largo hacia sus piernas, hacia la cara posterior de sus muslos.

    Ella se encontraba supremamente relajada. De no ser por sus suspiros ocasionales, habría pensado que se había dormido.

    Sentir sus piernas entre mis manos fue todo un placer. Llevaba meses fantaseando con estas piernas, y ahora, por vueltas del destino, las tenía entre mis manos. Eran macizas, tal y como se podían percibir a simple vista. Estaban algo flácidas, evidenciando la falta de tonificación por la que había buscado mi ayuda, aunque a mí me encantaban así, tal y como las estaba sintiendo en mis manos.

    Le pregunté si le dolían, a lo que ella respondió que no. Le advertí que al siguiente día le iban a doler, siendo esta una de las principales causas de abandono en el común de la gente cuando ingresa a un gimnasio. Le ofrecí un gel muscular, que no le iba a evitar el dolor, pero se lo iba a hacer más llevadero.

    -Antes de que te lo aplique, quería consultarte ¿Cómo te has sentido?

    -Bien, muy relajada y tranquila

    -Súper. Yo, por el contrario, estoy sorprendido

    -¿Por qué?

    -Porque no comprendo cómo puedes tener complejos con tu cuerpo, eres hermosa, diría perfecta

    Ella guardó silencio ante mis cumplidos, apenas giró levemente su rostro y me dejó ver su sonrisa. Yo entendía que iba por buen camino, que a pesar de la lenta ejecución de mi plan estaba dando pasos agigantados hacia el gran objetivo.

    Le saqué la licra con cierto grado de dificultad, pues realmente se le ajustaba a su cuerpo. Estaba en medio del delirio, por fin contemplaba sus piernas tal y como eran, de arriba abajo; carnosas, delicadas, completamente depiladas, suaves, blancas. Pero lo que más me emocionó fue que no llevaba nada bajo la licra.

    Ese inmejorable panorama pudo haberme hecho perder el control. Era toda una tentación meter mano, pero debía tener cabeza fría para no espantarla. ¡Qué desespero!

    El gel muscular era frío, así que cuando empecé a frotarlo sobre sus piernas ella reaccionó con un ligero espasmo. Comencé por sus gemelos, amasándolos entre mis manos, y deslizando mis dedos sobre ellos con la ayuda del gel. Inicié por ahí justamente por lo que ya he explicado una y otra vez, no quería mostrarme ansioso, ni invasivo, quería que ella confiará totalmente en mí.

    Fui subiendo poco a poco, encargándome de aplicar gel en todo el contorno de sus piernas, tanto su cara posterior como la parte anterior y los costados. Cuando iba por sus muslos, mi excitación era total, sentía la extrema necesidad de poseerla, pero ya habría tiempo para ello. Poco a poco fui masajeando y acariciando la cara interna de sus muslos, principalmente con mis pulgares, mientras mis palmas y mis otros dedos se posaban por encima de los mismos.

    La victoria estaba asegurada, pues sin haber llegado a tocar su vagina, ya podía percibir, a escasos centímetros, el calor que emanaba de ella. Tenía el triunfo en el bolsillo, Mafe estaba tan caliente como yo, quizá más.

    Asumiendo que contaba con su entera complacencia, y entendiendo que el calor y la humedad de una vagina no mienten, me aventuré a seguir subiendo hasta realmente palparla entre mis dedos. Era igualmente carnosa, estaba recubierta por una piel igualmente delicada, pero en su contra tenía que estaba sin depilar, o por lo menos así lo percibí, pues soy de los que las prefieren al ras. Aunque no me iba a poner de caprichoso y quejumbroso, estaba consiguiendo el mayor de los premios.

    Inicialmente acaricié su vulva con movimientos similares a los que venía ejerciendo durante el masaje, pero poco a poco fueron mutando en caricias superficiales con la palma de mi mano. Luego fueron mis dedos índice y anular los encargados del tocamiento, todavía superficial, pues no quería precipitarme a introducirlos, además, sabía que la clave estaba en encontrar en primera instancia su clítoris, y dado que todavía no pensaba asomarme por allí, tenía que hacerlo mediante el tacto.

    Su conchita ardía, aunque ella no expresaba excitación más allá de unos suspiros. Pero cuando por fin sentí su clítoris, esto cambió; sus suspiros pasaron a ser jadeos e incluso gemidos, aunque ella los reprimía, seguramente por timidez o vergüenza, o por lo menos así lo percibí yo.

    Su clítoris era de aquellos que tienen una buena porción de piel recubriéndole, por lo que me sentí con mayor libertad de jugar con él entre mis dedos y posteriormente con mi lengua.

    Cuando introduje la punta de mis dedos, posé mi otra mano sobre su cuello, para ejercer un masaje complementario. Ella siguió sin hacer reproche alguno, es más, lo único que escuchaba de ella era su fuerte respiración.

    No dediqué mucho tiempo a explorar su vagina con mis dedos, no era mi prioridad; entendía que debía pasar rápidamente al sexo oral. No porque fuera mi gran obsesión, sino porque sabía que con mi lengua podría lograr una estimulación diferente y complementaria sobre su clítoris.

    Mis dedos salieron recubiertos por sus fluidos, lo que me sirvió como señal para entender que el plato estaba servido y sazonado. Era hora de saborearlo con mi lengua.

    Separé sus piernas con mucha delicadeza, y aproveché para arrastrar mis uñas con suavidad por la cara interna de sus muslos, como rascándola pero con mucha sutileza.

    Me subí al sofá, me apoyé en mis rodillas y me incliné para incrustar mi cara entre sus piernas. Ante el primer contacto de mi lengua con su vagina, Mafe volvió a realizar una de esas contracciones involuntarias del cuerpo, evidenciando así que todavía sentía algo de temor o de sorpresa por lo que estaba viviendo.

    No dediqué mucho tiempo al sexo oral en esa posición, pues solo un par de minutos después le pedí darse la vuelta. Primero porque me estaba perdiendo lo mejor de Mafe, la posibilidad de ver su rostro mientras le brindaba placer. También porque me era más fácil hallar su clítoris teniéndola de frente.

    Puse de nuevo mi cara frente a frente con su vagina y procedí a consentirla con mi lengua, ayudado por los dedos de una mano, mientras que mi otra mano sujetaba una de las de Mafe. Ella, por ratos, la apretaba, por ratos aflojaba y por ratos llegaba incluso a clavarme sus uñas.

    Sus gemidos se hicieron cada vez más presentes y más dicientes, pues su tonalidad fue en incremento. Su vagina también ponía en evidencia lo bien que la estaba pasando, pues cada vez emanaba más fluidos. Yo estaba concentrando en brindarle un buen sexo oral, aunque a veces miraba de reojo a su rostro, tratando de apreciar sus gestos, y especialmente buscando coincidir con su mirada, lo cual no ocurrió porque ella tenía sus ojos cerrados y su rostro de cara al techo.

    El objetivo estaba cumplido, ya no se me podía escapar la gran oportunidad de cumplir la fantasía. Los fluidos que habían recubierto mi barbilla eran señal de eso.

    Ella suspendió sus gemidos para reemplazarlos con un constante pedido para que la follara. Era tan puritana que concretamente no me pedía follarla o culearla, sino que me decía “hazme el amor, házmelo…”.

    Yo estaba ansioso por cumplir su pedido, pero entendía que había cumplido tan bien mi labor con el sexo oral, que decidí extenderlo por un rato más, al fin y al cabo ya había esperado lo más, no había razón para no esperar lo menos.

    Mafe se retorcía del gusto y no dejaba de insistir en el pedido aquel para que la follara.

    Me puse de pie y mientras me quitaba la ropa volví a repetirle lo hermosa que era. En cierta medida porque me nacía hacerlo, pero también porque entendía su insaciable apetito de ser elogiada.

    Ella no contestaba nada, apenas sonreía y me miraba con picardía, directamente a los ojos.

    Una vez desnudo y con un condón recubriendo mi pene, volví a subir al sofá, tomé mi pene entre una de mis manos y lo orienté para penetrar a Mafe. Fue un desahogo total, pues llevaba mucho tiempo anhelando poseer ese cuerpo. Ella acompañó ese instante dejando escapar un corto suspiro.

    Ese primer instante de penetración fue muy lento, acorde a como venía desarrollándose toda la situación. La humedad de su vagina facilitó las cosas. A pesar del condón, era muy notorio el ardor de su coño, que segundo a segundo veía enterrado un poco más de mi humanidad en él.

    La miré directamente al rostro mientras esto ocurría, quería ver sus reacciones, entender cómo debía comportarme con una chica con tanto recelo hacia las relaciones carnales.

    Inicialmente ella no gesticuló mucho, ni dio mayores señas de incomodidad o satisfacción. Lo único evidente en ella era su agitada respiración.

    No sé si hasta acá ha quedado claro, pero estábamos follando en la clásica posición del misionero, tan criticada por las mayorías, pero tan eficiente para lograr una profunda penetración y tan propicia para apreciar los gestos de tu pareja.

    Busqué no incrementar el ritmo de mis movimientos durante los primeros minutos, aunque internamente tenía ganas de llevarlos al extremo, de penetrar con vehemencia a Mafe. Sabía que era indispensable hacerla tener una buena concepción del sexo si quería que se repitiera, y entendía que la agresividad podía jugar en contra de ese propósito, por lo menos en esta primera ocasión.

    No quise preguntarle nada, a pesar de que esto habría facilitado un poco las cosas; tenía el deseo de fijarme en su rostro y leerla, entender que sentía, qué le gustaba y qué le desagradaba, pero solo a partir de sus gestos y expresiones.

    Ella me puso las cosas muy complicadas al comienzo, pues no expresaba mayor cosa a través de su rostro, pero con el paso de los minutos, el calor de nuestros cuerpos y la adrenalina del momento, esas expresiones empezaron a aparecer. La vi apretando sus dientes en un momento, ocasionalmente abriendo levemente su boca, mirarme fijamente a los ojos, y mayoritariamente sonreír.

    Sus manos también fueron despojándose de cualquier rasgo de timidez y desconfianza, pues poco a poco empezó a utilizarlas, ya fuera para acariciar mi espalda, o para enterrarme sus uñas, o simplemente para ayudar a que la penetración fuese más profunda empujando de mi culo.

    Yo no quitaba mis ojos de su rostro, era un espectáculo verdaderamente; fijarme en sus labios lujuriosos, ocasionalmente aprisionados por sus dientes; o en sus ojos entrecerrados al momento de dejar escapar un gemido, o sencillamente mirarla a los ojos.

    Increíblemente hasta ese momento no la había besado, no había tenido el honor de sentir sus labios juntándose con los míos, o de jugar con mi lengua entre su boca, así que decidí hacerlo de una vez por todas; besarla lentamente, dejarla expresar su emoción por medio de un apasionado beso.

    Para mi sorpresa fue ella la que habló durante la relación, fue ella quien se animó a preguntar “¿Te gusta?”. Obviamente le dije que sí, que estaba encantado, pero debo sincerarme y decir que hasta el momento estaba muy lejos de lo esperado, más que todo porque Mafe me había entregado toda la iniciativa, era yo quien hacía todo, mientras que ella se dejaba.

    No era el mejor polvo de mi vida, pero debía disfrutarlo, debía sacarme las ganas que le tenía a esta chica.

    -¿Quieres probar otra posición?, le pregunté ya con los brazos un poco temblorosos de tanto tiempo apoyado en ellos.

    -Dale. Házmelo en cuatro, se me hace muy morboso

    No quise preguntar en ese momento por qué se le hacía morboso follar en cuatro, solo quería encarnizarme follándola en esa posición. Ella se apoyó en sus rodillas y en sus manos, y posó para ser penetrada nuevamente.

    De nuevo inicié penetrándola lentamente. De hecho me quedé quieto en un comienzo, buscando que ella tomará la iniciativa, pero esto no ocurrió, así que tuve que empezar a moverme. La desventaja de follarla en cuatro es que no podía ver sus gestos con plenitud, pero la gran ventaja es que me sentiría menos culpable si me excedía en la vehemencia de mis movimientos, así ocurrió. La agarré fuerte de las caderas y poco a poco fui incrementando el ritmo de mis movimientos, a tal punto que llegó un momento en que se escuchaba el clásico sonido de los cuerpos al chocar.

    Ella clavaba fuertemente sus dedos en uno de los cojines del sofá mientras que dejaba escapar uno que otro gemido. Yo tenía ganas de azotarle esas blancas y generosas nalgas, pero me contuve, pues eso seguramente reviviría sus temores y su percepción negativa del sexo.

    La tomé por los hombros mientras que el ritmo de mis movimientos fue en aumento, aunque llegó un momento en que ella me pidió parar. No porque no le gustará, sino porque le habían dado ganas de orinar.

    Fui comprensivo y le dije que fuera al baño, que no había problema. Ella fue, pero al volver me dijo que no había podido orinar, que solo había tenido la sensación de tener ganas. La penetré de nuevo en cuatro y una vez más sintió ganas de ir a orinar, por lo que comprendí que era la penetración en esa posición la que le causaba dicha sensación. Se lo comenté y decidimos volver al infravalorado misionero.

    Esta vez no hubo tanta delicadeza como la primera vez. Si bien la penetración comenzó siendo lenta, paulatinamente fui aumentando el ritmo. Sus gemidos se hicieron cada vez más presentes, cada vez más constantes.

    Mafe ya no me miraba tanto a la cara, sino que cerraba sus ojitos y me agarraba fuertemente de la espalda. Mafe no tenía mucha experiencia follando, pero a su favor he de decir que besaba muy bien.

    En esa ocasión fui yo quien tomó la iniciativa de besarla cada vez que quise, y entendí que iba a llegar al orgasmo mezclando sensaciones de placer al sentir su vagina aprisionando mi pene, a la vez que sentía su boca juntarse con la mía.

    Claro que antes de terminar tuve la intención de mostrarle que el sexo podía y, para ser espectacular, tenía que ser sucio, así que la tomé de la cara con ambas manos, evitando que fuera a mirar hacia los costados, obligándola a apuntar con su mirada hacia mi rostro. Quería hacerle notar en mis gestos esa dosis de lujuria que debía tener un coito. Lastimosamente para mí, ella permaneció con sus ojos cerrados, no porque quisiera esquivarme, sino porque fue esa su auténtica expresión.

    Dejé caer mi cuerpo una vez más sobre el suyo y junté una vez más mi rostro con el suyo para besarla y por fin estallar, por fin terminar con esta sesión de sexo que había resultado mucho más agotadora de lo que yo me había imaginado.

    Me levanté con cierto cuidado, tratando de evitar que el condón se fuera a quedar atrapado en su vagina, y luego me lo quité y me limpié un poco. Ella seguía allí recostada en el sofá, aún con la respiración agitada, su cuerpo muy sudado y su rostro colorado.

    -¿Quieres agua? -le pregunté antes de ir a tirar el condón usado

    -No, tranqui

    -¿Quieres algo de tomar?

    -No. Quiero que me beses otra vez

    Correspondí a su pedido, la besé aunque fue algo muy corto. Luego fui al baño y busqué unos pañitos húmedos para brindarle y que se pudiese limpiar.

    -¿Me puedo bañar? -preguntó Mafe habiendo recuperado el ritmo normal de su respiración.

    -Claro que sí

    -¿Y me puedo quedar a dormir?

    -Bueno, eso sí es una novedad, pero no veo por qué no

    -Has sido muy dulce conmigo, ahora quiero ser yo quien te muestre mi faceta más tierna

    Guardé silencio. No supe que decir. Entendía que esta chica se estaba enamorando, mientras que para mí solo había sido sexo. Pero me parecía que era tan inocente que no podía destruir su ilusión de tal manera. Además entendí que de ser correcta mi apreciación, habría nuevas oportunidades para follar con ella, y sería yo el encargado de enseñarle a echar un polvo como se debe.

    Esa noche no ocurriría nada más. Al acostarnos Mafe me abrazó y esa fue su forma de retribuirme lo bien que me había portado con ella. Yo no esperaba algo diferente, pues consideraba difícil que ella fuera a tomar la iniciativa para algo más comprometedor.

    Capítulo 4: El que es caballero repite

    Al otro día ella madrugó para ir a su casa y cambiar su ropa, pues no quería que en el trabajo la vieran con la misma del día anterior. Allí, en la oficina nos encontraríamos horas más tarde. Tras un par de coqueteos entendí que nuestros encuentros sexuales se repetirían más pronto de lo que yo podía imaginar….

  • Mi vecino de al lado

    Mi vecino de al lado

    Mi nombre es Samara, pero todos me dicen Sam, soy una chica normal trabajo para una revista de modas como columnista por lo que llevo una vida muy agitada y cabe resaltar que eso no me impide ser una loca fiestera. Aunque no lo crean salir a menudo de fiesta me hace tener historias interesantes para publicar tanto en la revista como en mí blog personal. Vivo sola, tengo veintinueve años, un perro hermoso más bien un intento de perro es un Pomerania miniatura bellísimo mí compañero de vida y lo amo.

    Vivo en un pent-house fabuloso y perfecto para una diva soltera como yo, al lado hay otro pent-house donde vive mi vecino Jaycob, un hombre alto, indio, extremadamente sexy y varonil. Tiene algunos treinta y cuatro años, viste de manera muy formal lo que lo hace ver aún más interesante.

    Casi siempre nos vemos en la mañana cuando vamos de salida al trabajo. Es un tipo extraño nunca lo había visto con una chica hasta hace unas semanas, pero no lo vi directamente! Eran como las cuatro de la mañana yo llegaba de la disco y saliendo del ascensor me encontré con una mujer bellísima que imagino salía del apartamento de Jaycob porque vamos no hay que ser tan inteligente para deducirlo y en medio de mi borrachera solo le dije a la chica:

    -Buen polvo amiga.

    Ella solo sonrió mientras escondía la cara. Ya en la puerta de mi apartamento sentí curiosidad de echar un vistazo a la casa de mí vecino y vaya vergüenza la que pasé me caí justo frente a su puerta y como no era suficiente salió Jaycob sin camisa me quedé idiotizada mirando sus sixpack él como todo un caballero salió y me ayudó a levantarme diciendo:

    -La pequeña Sam se confundió de puerta.

    Yo muerta de vergüenza sin nada que decir solo me salió:

    -Disculpa el atrevimiento venía entrando y justo escuché un ruido extraño salir de tu casa.

    El mirándome a los ojos con su mirada profunda, penetrante e intimidante. Sinceramente en mí cabeza solo pensaba tierra trágame y vomítame en su cama, pero la postura ante todo o no?

    Él se percató de que no estaba muy en mis cabales y se ofreció a hacerme un café, yo le dije que no era necesario ya que debía dormir pues tenía que llegar temprano a mí trabajo y como era obvio yo no había dormido nada aun. Él me dijo que no tenía sueño y que estaba hambriento yo le dije que en casa tenía algo en mi refrigerador que se lo daría sin problema, pero estás fueron sus palabras:

    -Tienes sueño ve a descansar, yo tomaré café y me leeré un libro así que dulce sueños pequeña Sam.

    Yo me quedé tipo QUÉ??? O sea este macho alfa primero me coquetea, se me insinúa y luego me manda a dormir como si yo fuera una niña? O sea que le pasa está ciego o no ve como se marcan mis curvas con este vestido que se me ve hasta el alma.

    Pero repito la postura ante todo, abrí mí puerta con la esperanza de que el hijo de puta se me acercara y me cogiera justo allí, pero no fue así, él si se me acercó, pero para preguntarme al oído que había en mi nevera y aunque no lo hice notar me enojé mucho porque estaba completamente ebria y quería sexo, mucho sexo por lo que para desquitarme le dije que solo tenía helado, nutella y jarabe de chocolate, a lo que él me dijo:

    -Felicidades Sam estás bien preparada para una noche erótica. -Como no estaba segura de lo que había escuchado entré y me hice la loca más él repitió- Buenas noches Sam.

    Al fin un nuevo día amanecí con resaca y un desorden en mi cabeza, todo era muy confuso, pero algo si tenía claro y era el oso enorme frente a Jaycob. Siete y cuarenta suena mí puerta. Yo automáticamente:

    -Quién? Ya voy, voy voy voy.

    Cuando abrí la puerta no lo podía creer era Jaycob vestido, con una taza de café y desayuno para mí. Me dijo:

    -Buenos días bella durmiente es hora de desayunar.

    Mi cara era un poema apenas me podía mantener de pie y mi vecino favorito estaba en la puerta limpio, oloroso, tan caballeroso y con desayuno que más se le puede pedir a la vida un lunes? Lo invité a pasar y desayunamos charlamos un poco sobre nuestros trabajos en eso el reloj marcó las ocho treinta y salimos juntos al parqueo.

    El resto del día trascurrió normal, no fue un día tan pesado como lo imaginé incluso adelanté trabajo y para las cuatro ya estaba en casa, me pegué una ducha de agua fría, me tumbé en la cama completamente desnuda y empecé a tocarme, me fascinan mis senos y más cuando tengo los pezones erectos. Amo tanto mi cuerpo y es que el cuerpo humano es la creación más perfecta, mientras me tocaba me imaginaba a Jaycob pasando sus manos en cada tramo de mí ser, imaginaba su boca en mi sexo y me estremecía de pensar que algo así pudiera pasar.

    Al terminar quedé exhausta tanto así que caí rendida hasta las seis y treinta, no fue mucho, pero me sentó de bien esa siesta. Al despertar me puse creativa en la cocina, hice unas papas salteadas con mero al vapor y jugo de naranja. Pensé llevarle cena a Jaycob no con segunda ni tercera intención, solo quería devolverle el favor por el desayuno y el café de la mañana, lo pensé varias veces, pero algo pasó cuando me decidí salir.

    Una morena preciosa estaba entrando a su apartamento. Yo me quedé tranquila cerré mí puerta y puse lo que le había servido en la nevera. Rápidamente encendí mi laptop y me puse a ver Netflix, pero no conectaba con nada en ese momento así que aproveché que era temporada de pelota, me puse un vestido negro corto, unos tenis y una chaqueta jeans azul.

    Me fui para un bar a ver el juego y a tomarme unas cervezas, ahí me encontré con mi ex de casualidad, allí nos quedamos hablando como media hora hasta que alguien puso su brazo sobre mí hombro y cuando miré hacia arriba era Jaycob, saludó y se sentó con nosotros fue raro aunque no me desagradó para nada. Me dijo:

    -La pequeña Sam es una chica sexy y muy traviesa.

    Yo sonreí y le brindé una cerveza sin embargo me dijo que no. Que prefería vino y yo…

    -Ok señor finolis yo me la tomo por usted míster aburrido.

    A lo que él me preguntó de manera muy seria:

    -De verdad piensas que soy aburrido?

    Yo me pegué un trago y le dije:

    -No estoy segura, pero eres reservado, no tomas cerveza y no eres para nada espontáneo.

    El sonrío y me dijo:

    -No soy fanático de los antros, pero te puedo demostrar que no soy para nada aburrido, puedo ser muy espontáneo y tan atrevido que te enamorarías de mí.

    Yo solté una carcajada y sarcásticamente le dije:

    -Sí claro señor Grey.

    -Pensé que la pequeña Sam sería más audaz.

    Le extendí la mano y dije:

    -Que comiencen los juegos del hambre…

    Claramente no tenía idea de en qué me estaba metiendo y me di cuenta de eso cuando me dijo:

    -Ve al baño y quítate las bragas. -Yo lo miré sorprendida y me dijo- No me hagas caras y mueve tu lindo trasero. Él no contaba con mi locura miré a los lados, me tomé la cerveza que quedaba en la botella y sin pensarlo mucho allí sentada me los quité y se los di en la mano. Me dijo- Vamos a casa pequeña Sam que el juego acaba de empezar -eso lo acompañó de una risa malvada.

    -Puedes dejar de decirme pequeña Sam?

    Para mi desgracia me dijo que no, pero puedo vivir con eso. Caminando hacia mi carro veo que su jeep está estacionado junto a mi auto y le pregunté si había tenido sexo en público, pero su respuesta fue ponerme en el espacio de nuestros vehículos, subió mí falda, acarició mí trasero y me besó el cuello mientras su mano estaba en mí entrepiernas… “Espero que eso conteste tu pregunta” y se chupó el dedo que había enjuagado en mis fluidos.

    Fuimos a casa, nos besamos en el ascensor, él estaba tan caliente y su pene estaba tan duro que podía sentirlo, entonces decidí llevar este juego a otro nivel. Entramos a su pent-house y empezó a desvestirse eso me excitó tanto, pero mis ganas de enseñarle a jugar fueron más grandes y le dije:

    -Buenas noches pequeño Jaycob.

    El sonrío y me dijo:

    -Si sabes que me las vas a pagar?

    Asentí con la cabeza y le dije “dulces sueños pequeño Jay”.

    Entré a mi apartamento y solté un suspiro intenso, me hice una paja como nunca y apuesto que él estaba en las mismas.

    Al día siguiente no lo vi, ni al otro tampoco, se sentía raro, pero era algo normal, no era que nos veíamos todos los días, pero me encantaba ese hombre y no podía evitar sentirme extraña.

    Así llegó el jueves y era noche de chicas con mis amigas entre cosmopolitan y tragos de colores nos pusimos hasta la madre de alcohol, hasta me besé con mi amiga Cristal jajaja, pero esas cosas pasan.

    Yo estaba muy ebria y no podía conducir por lo que pedí un Uber. Al llegar al edificio vi la luz prendida de su balcón y sé que él estaba allí sentado esperándome yo podía sentirlo, pero no daría mi brazo a torcer así que con mucho cuidado y según yo sin hacer ruido abrí la puerta y entré.

    El viernes no tenía trabajo pues se casaba una compañera de trabajo y la revista completa estaría allí. Me puse un hermoso vestido rojo elegante y muy sexy, maquillaje sencillo pues no soy de esas que se pintan como payaso, ya en la boda todos andaban en pareja menos yo. Vamos que soy una soltera codiciada y no tengo planes de casarme o tener bebés por ahora, soy más de tragos que de relaciones serias.

    El novio me dijo que quería presentarme al padrino de la boda que para mí sorpresa era mi ex, sí ese ex al que me topé en el bar donde fui a ver el juego de pelota. Bailamos algunas canciones hasta que pusieron música romántica, todos bailando como idiotas enamorados, no está mal que se amen, pero o sea yo era la única mujer sortera allí eso daba pena, pero al menos tenía alcohol y ese querido amigo nunca te deja solo, pero sinceramente ya no me sentía cómoda y me fui a casa.

    Cuando llegué encontré un ramo de rosas enorme, aquello era majestuoso. Cuando encuentro la tarjeta decía “Para mí pequeña y escurridiza Sam”.

    No estaba borracha ni nada por el estilo, pero me puse a llorar como una magdalena, tal vez estaba emotiva por la boda, quizás me sentía sola o me había enamorado de mí vecino que aparentemente era un mujeriego y aquello me estaba afectando.

    Sinceramente no puedo explicar que era aquello que me sucedía solo sé que era viernes, nueve de la noche y yo en casa con un hermoso vestido y echa un mar de lágrimas…

    Continuará.

  • Tarde de placer

    Tarde de placer

    En una tarde cálida, salía de mi trabajo y en ese instante suena mi celular y era la persona con la cual tenía encuentros sexuales inesperados.

    Ese día estaba desbordado por hacerme el amor. Fue a recogerme a mi trabajo, pero al tiempo él decide que paremos en el parque más cercano y claro está es el más transitado, no importaba, el deseo, las ganas de estar juntos era lo que más importaba.

    En ese instante en el carro inicia besándome apasionadamente, después besa mi cuello y desabotona mi blusa, retira mi brasier y pasa su lengua por mis senos una y otra vez, y disfruto de cómo lo hace.

    Después nos vamos a la parte trasera del carro…

    Me quita nos retiramos la ropa, tenemos sexo oral, ya después me penetra.

    No importaba nada en ese momento, disfruté de una tarde de placer.

  • Mi primera fantasía erótica. El encanto de un atleta

    Mi primera fantasía erótica. El encanto de un atleta

    Él hace su rutina de entrenamiento frente a un espejo que ocupa un área de 50 metros cuadrados. Como otros padres soy la espectadora del entrenamiento de mis hijos en artes marciales. El espacio es lo suficientemente grande para que tres grupos compartan el lugar.

    Sentada al fondo del salón, observó el reflejo del espejo sin poder evitar que mi mirada se encuentre con esos ojos vivaces, enmarcados en unas enormes pestañas. Su figura definida por el arduo entrenamiento de años es muy llamativa, atlético en la medida perfecta, con una estructura abdominal envidiable.

    Reconozco que nunca he visto un cuerpo similar tan cerca, es inevitable que me sienta atraída. Soy casada, y es condenable por la sociedad que una mujer se excite frente a otro hombre que no sea su pareja, o así fui educada. Nunca me he considerado una puta, pero los hombres disfrutan colocando esa etiqueta, muchas veces de forma despectiva e hiriente.

    No puedo evitar dejar de mirarlo, y mientras tanto tengo una pelea en mi interior con todo lo que soy, frente a lo que quiero poseer en este momento. Solo con mirarlo siento una excitación que va creciendo en mi vagina. Empieza a moverse, ya los ejercicios de Kegel se activan solos, nadie de la sala sabe que estoy haciéndolos, y es que deseo correrme mirándole.

    Ya mi pecho quiere rozar su espalda suavemente, mi figura con agraciadas curvas, y con el suficiente tamaño para llamar la atención están allí esperando que este hombre que me mira con picardía quiera hacer lo mismo.

    El Sensei me llama, rompe el trance en que me encuentro, lo lamento tanto, y a la vez me hace sentir avergonzada. Me pide que tome nota de la próxima competencia y que actualice los datos en la oficina de administración.

    Un poco nerviosa por mi caminar incomodo, salgo del salón y me dirijo al lugar. Allí no hay quien atienda, sin embargo, el espacio es agradable; el clima es templado; y la colección de trofeos y fotos están ordenados para exaltar la labor del equipo. Fascinante encontrar en las vitrinas los reportes de prensa deportiva donde hablan de este hombre que me cautiva, la respiración vuelve a acelerarse, y conecto con el deseo que había interrumpido.

    El sonido de la puerta al abrirse me advierte que hay alguien entrando, la brisa cálida y el olor de sudor me hace voltear, allí se encuentra él. Parado muy cerca, con el karategi resplandeciente, aunque su chaqueta entreabierta deja ver la estupenda contextura. Mis ojos son un claro reflejo de mis pensamientos libidinosos.

    -¿Te han atendido? –pregunta con una sonrisa pícara.

    Mi cara sumida en un rubor ridículamente caliente, deja ver todas mis intenciones, ya mi cuerpo al confrontar la cercanía se agita y tiene la intención de sujetar y tomar ese cuerpo. Un poco torpe atino a responder –no, aún espero. Aunque no es un inconveniente, la vista en esta oficina es estimulante. – ¿Qué haces? Grita mi interior, bajo la mirada, y sacudo la cabeza mostrándole claramente que estoy en mi lucha interna.

    Sonríe y se dirige al dispensador de agua, toma un vaso de papel, lo rellena y me lo entrega. No dice ninguna palabra, es evidente que me ha descubierto. Se devuelve hacía la puerta, y al tomar la cerradura no gira para abrir sino que pulsa el botón para cerrar.

    Frente al calor interno, mi cuerpo recibe una descarga de frío intenso que me paraliza, y de manera simultánea apaga la luz.

    En menos de dos segundos ya está sobre mí, no es necesario hablar más. Parece que esto lo hemos vivido intensamente en otra época, o en otra dimensión. Sabe a dónde dirigirse, una suave respiración en mi oreja, calienta mi cuello, y besa poco a poco hasta llegar a mi hombro, vuelve a subir y me besa la boca. Uno, dos, tres besos que van incrementando y avivando el deseo, ya nuestras lenguas no se diferencian, se han reconocido.

    En este par de segundos, pienso en detenerme, pero él hace lo suyo, y yo siento que le he extrañado. Sus manos están tocando mis tetas que se mueven al compás de la respiración agitada. Estamos moviéndonos hacía la pared, allí en ese espacio vacío, lo suficiente para que nadie nos vea desde fuera.

    Con mis manos he logrado traspasar la chaqueta y comienzo a sentir su sudor, excitación y calor. Es lo que había imaginado, un abdomen firme que me excita, pero ya su pene está rígido, y se siente sobre su pantalón. ¨Yo quiero caer de rodillas, y bajar el pantalón, pero él me descubre primero y simplemente desabrocha mi pantalón, y fervientemente introduce su mano en mi vagina, acariciándola y jadeando en mi oído.

    Me eriza la piel, estoy a merced de este hombre que no ha dudado un segundo, y me ha leído totalmente, ha bajado mi pantalón y allí está, observo su cara y se encuentra admirando mi cuerpo, toca las heridas de mis operaciones y las besa suavemente.

    Sube la mirada y en sus ojos veo un destello de placer. Baja la mirada, el pantalón y la panty ya están abajo, solo pienso que sabe muy bien lo que hace. Decide tomar mis nalgas con firmeza, aprieta mi cuerpo contra su boca, busca mi clítoris, y allí comienza mi viaje de placer. Su lengua húmeda que se confunde con mi flujo facilita la lubricación.

    Lame, chupa, y mueve intensamente sus labios. No puedo evitar arquearme, estoy excitada en un nivel desconocido, me impide moverme libremente, no puedo descifrar como evita que cierre mis piernas, al contrario siento que tiene control total sobre mi cuerpo.

    Mis manos quieren tocar aquellas partes que él no alcanza a acariciar, me desvisto en la parte de arriba, retirando mi blusa y sostén, mis pezones están parados, mis tetas se han inflado, y quieren más de él. Mi cuerpo se impulsa arriba y baja, hemos compaginado.

    No puedo gritar, no puedo gemir, se oye el tránsito de las personas fuera de la oficina, y los gritos de los atletas en los distintos salones. Es surreal lo que estoy viviendo, el baja su pantalón y allí mismo me sienta sobre su pene erecto. Estamos en el piso, no importa la incomodidad, nuestros cuerpos están más allá de eso. Él me besa, muerde mis pezones juguetonamente, toma mi cadera y dirige nuestro encuentro al placer. Los dos nos movemos una, otra, otra…y otra vez.

    El Sensei me llama nuevamente, me advierte que se ha terminado la clase… yo me encuentro sorprendida, veo mi reflejo en el espejo. Estoy saliendo de un trance, de una montaña rusa de placer que he imaginado.

  • Abogada adicta al sexo anal (Parte 2)

    Abogada adicta al sexo anal (Parte 2)

    Ya habiendo tenido nuestro primer encuentro y habiendo pactado un fin de semana para nosotros solos, adecue mi departamento con, sabanas nuevas, velas, más vino y lubricante por si mi ardiente abogada me pedía hacerle más cosas.

    Llego el sábado al mediodía, con la comida que había preparado en su casa por la mañana para almorzar juntos, y así lo hicimos… nos pusimos cómodos, me pidió unos de mi bóxer además algún polo que no usase, y yo vestido con mi short con un polo cómodo. Entre broma y broma contándonos anécdotas de nuestro día a día.

    Luego destapamos una botella de vino y pasamos a mi habitación para ver tv mientras estábamos relajados… hasta que nos besamos y poco a poco fuimos poniéndonos más calientes… nos quitamos la ropa y estuvimos desnudos sobre mi cama, tocándonos masturbándonos, y besándola por todo el cuerpo, su pantorrillas, sus muslos, su colita mientras le daba suaves mordiscos llegando hasta su tetas con sus pezones rosados y estuve amamantando como un niño, me envicie con tan ricas tetas , se las mordía succionaba apretaba sus pezones… mientras ella con una de sus manos me masturbaba y jugaba con mis huevos masajeándolos y estirándolos, estábamos volviéndonos salvajes nuevamente.

    -Ya quiero follarte otra vez, no hay problema si quiero darte por tu culo

    -No, no hay problema… me gusta el sexo anal… no lo tomes a mal, pero me encanta es otra sensación.

    -No que va, si a ti te encanta a mí también y que bueno haberte encontrando.

    Me levante de la cama y saque de mi cajón de mi mesa de noche el lubricante, y la puse hacia el filo de la cama.

    -¡Ya estabas preparado, vaya! –como sorprendida pero excitada por lo que íbamos a pasar

    -No nada que ver lo compre pensando en ti, para no hacerte daño –mientras habría el frasco y echaba lubricante a mi verga ya casi erecta a tope y colocándole también en su ano.

    -Veremos que tanto daño me haces –mientras se reía como retándome

    Fui sobando su culo y acariciando su ano introduje suavemente un dedo palpando el esfínter de su ano, se poniéndose muy ardiente… seguí así metiendo y sacando un dedo, luego introduje dos dedos y fui tratando de dilatar su hermoso culito… mientras ella sostenía una de sus piernas con su antebrazo, estaba dispuesta a que le hiciera de todo.

    Así me decidí por introducir mi verga en tan rica cola, mientras de la punta de mi pene ya chorreaba liquido pre seminal de lo arrecho que estaba, eché un poco más de lubricante y empecé a introducir mi glande, sentí de ella un pequeño salto y suspiro por la penetrada. Mientras ya con la cabeza del glande dentro de su culo poco a poco fui tomando ritmo a la vez que la abría de piernas sosteniéndola de la parte posterior de las rodillas y fui empujando cada vez más y más.

    -Uhhh, que rica cola tienes mi amor… me vuelves loco

    -Te gusta… dime que te gusta –con voz excitada

    -Me gusta, me encanta follarte así amor –mientras empecé a ponerme más salvaje

    -Sigue bebe, sigue así… dame rico, dame que me gusta mucho –ya arrecha al máximo

    La sostenía con tan firmeza que iba bombeando hermosa cola, mientras ella se sobaba sus ricas tetas, se apretaba los pezones, empezamos a transpirar del calor que empezamos a sentir su cuerpo se volvía sudoroso de la transpiración y yo más todavía… seguía y seguía mi pene empezó a entrar y salir con tal ritmo frenético que solo hacia ponernos más salvajes, hasta que de tanto culearla empezó a soltar gases.

    -Ay, sorry bebe, es que me estas llenando de aire, uhhmm ahhhh –apenada y excitada

    -No te preocupes mi amor, seguiré si tú quieres o quieres que pare

    -No, sigue sigue –mientras se agarraba de mis manos

    Seguí con follandomela, ella seguía soltando gases, seguía poniéndose arrecha, esta vez con sus manos empezó a apretar mis tetillas, estaba queriendo sodomizarme de lo excitada que estaba segura… seguía mete y saca, mete y saca en su delicioso culo ya dilatado de placer

    -Ay ayyy, me vengo bebé, me vengo…

    Empezándose a venir nuevamente, como la anterior vez, sentí salpicar su eyaculación hasta mi ombligo, lo cual hizo que me arrechará más… seguí hasta que le dije

    -Yo me quiero venir en tu culo bebe, quiero llenarte de mí leche.

    Asintió con su cabeza con un sí, mientras se le notaba la cara de excitación final que había tenido por eyacular.

    -Ya me vengo yo también bebé.

    Sostenía mi verga con dirección a su ano para seguir follandola, mientras apretaba ya su clítoris para acabar de excitarla, ella solo con los ojos desorbitados solo aguantaba y aguantaba, a la vez que también se toqueteaba el clítoris

    -Ahí viene, ya ,ya… ahhh.

    Sentí venirme a chorros, clave mi verga hasta el tope de su ano, solo descargaba y descargaba chorros de leche que me hacían adormecer mi cuerpo, ella toda excitada y exhausta tocaba mis manos como diciendo: “bien campeón, bien”

    -Ufff siento que tu semen me ha llegado hasta las tripas… auuu ufff, creo que voy al baño bebe

    -Anda -con el cuerpo exhausto sacando mi verga y viendo como su ano quedo ligeramente abierto por lo dilatado que estaba

    Al levantarse, solo algo de gases, ya que seguro de tanta bombeada seguro y seguía llena de aire, y efectivamente cuando se fue al baño sentí que levanto la tapa del inodoro supongo que al sentarse solos más gases… fue algo gracioso, pero heroico de su parte haber aguantado tanta culeada solo por placer

    -Todo bien -pregunte.

    -Si bebe todo bien, me voy a bañar, ya voy en un ratito

    -Ya te acompaño –le dije desde el cuarto

    Ya mientras ella se bañaba, vi que se enjabonada bien la cola, y mirándome me dijo

    -Bote mucho semen –poniendo carita de que me dolió.

    -Así, pero aún tengo más –mientras entraba con ella a la ducha para bañarnos juntos

    Así ya limpiecitos volvimos a la habitación y mientras traje más vino para seguir tomando le pedí, que me chupará la verga que quería sentir su boquita traviesa.

    -Amor, me la mamas un ratito que aún estoy con ganas -con voz de compláceme si

    -Ya mi rey lo que tú me pidas.

    Empezó a darme una riquísima mamada mientras sus cabellos mojados me excitaban al tacto de mi piel y sus pezones rozaban mis piernas volví a arrecharme, volvió a llevarme a la gloría mordía, chupaba, succionada tan deliciosamente que mi verga ya se ponía rojiza de tanto maltrato, juntaba con sus dos manos mis huevos con mi verga… Empezó a lamer mis huevos bien depilados –porque eso si una noche antes me los depilé bien para que me devorará por completo– hasta que sentí que nuevamente me venía.

    -Tomate toda mi leche si, si tu culo recibió mucha leche, tómatela toda, sí. –con voz arrecho le pedía que lo haga

    -Ujummm uhmm, si mi rey, uhmm –siguió mamando

    Ella al venirme apretó mi verga y sin soltarla dentro de su boca empezó a recibir mi segunda eyaculada, pasándosela y dejándome maravillado por tal acto de placer.

    -Wow, sí que me complaciste bebe –mientras me sobada la cabeza de placer un digno happy end.

    -Uaaaww, ahora si bebe ya estas contento –mientras acababa de limpiar toda mi verga con su lengua dejándomela lustrosa e impecable, además de caliente de tanta acción.

    -Voy a secarme el cabello –mientras salía y se ponía la toalla entre sus enormes tetas

    Tuvimos una gran tarde, y después en la noche seguimos follando con más lujuria y poses acabamos tan rendidos que nos quedamos dormidos desnudos, al día siguiente pedidos chicharrones de desayuno de una local cerca que hacia delivery, mientras le iba tomando fotos desnudas semi artísticas, pero ninguna en pleno acto, no le gustaba, pero artísticas si, y así tuvimos un acto más de despedida antes que se fuera a su casa.

    Y como lo dije en mi anterior relato, de las mejores mujeres que pude conocer bella, inteligente y muy ardiente.