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  • ¿Te gusta? ¿Quieres que pare?

    ¿Te gusta? ¿Quieres que pare?

    ¡Vaya hermoso cuerpo que tienes! He estado viendo algunas de tus fotos, y la vista desde cualquier ángulo es realmente excitante. De hecho, me gusta también tu sexo de terciopelo, con vello, sexo de mujer…

    Bueno, debo reconocer que me has provocado una inesperada erección y que no he tenido más remedio que masturbarme con ganas, y he eyaculado sobre ti. Espero que no me lo tengas en cuenta.

    Me imagino una situación donde estás de rodillas, la cabeza abajo y las nalgas levantadas. Expectante, con las piernas ligeramente abiertas y las muñecas atadas al cabecero de la cama… Tus ojos vendados no te permiten verme, pero notas mi presencia y te sientes observada, expuesta. El morbo de la situación te excita más de lo que crees que deberías. En realidad, no te disgusta.

    La vista que ofreces me excita también mucho, y me acerco con la mirada fija en tu vulva, estando ya totalmente empalmado. Te acaricio desde las caderas con la yema de los dedos, arrastrando el movimiento hasta tus nalgas, para apretarlas, pellizcarlas suavemente. Contienes la respiración mientras paso los dedos entre tus muslos, subiendo muy poco a poco hasta quedar muy muy cerca de tu vagina, hasta ser capaz de percibir su calor. Suspiras en cuanto inicio un ligero roce, para a continuación dejar deslizar dos dedos entre tus labios húmedos. Llego hasta tu clítoris y das un respingo cuando lo acaricio suavemente. Tus primeros gemidos… empiezas a estar muy muy caliente, y quieres más.

    Introduzco lentamente dos dedos, muy poco, sólo un par de centímetros. Los giro en tu interior, durante unos segundos. Cambiando el ritmo, más lento, más rápido, entrando y saliendo, pero jugando sólo en la entrada. Gimes ya con más intensidad y te hago desear mucho más. Te retuerces e intentas que llegue más adentro, pero todavía no…

    Con los dedos totalmente empapados empiezo a subir deslizándolos entre tus nalgas, muy despacio. Sabes a dónde me dirijo y arqueas la espalda para levantar más tus caderas, abriendo y facilitándome el camino. Llego a tu ano y empiezo a dibujar círculos alrededor, mientras con la palma de la otra mano cubro todo tu sexo, presionando y acariciando tu clítoris hinchado, palpitante.

    Cada ligero toque te hace estremecer, y espero a que termine la sensación antes de volver a rozarte, apretando un poquito más, durando un poquito más. Estoy así durante algunos minutos, relamiéndome, observando cómo reaccionas ante el placer que sientes. Estás muy excitada y cada vez te mueves más, siguiendo a mis dedos. Ahora ya pides directamente que te penetre, que te folle, por donde sea, pero que sea ya.

    Coloco la cabeza de mi polla hinchada, dura, entre tus labios húmedos. Pero no entro aún, empiezo a hacer las mismas operaciones que antes, deslizándola una y otra vez, empapándola con el flujo producto de tu excitación, rozando, apretando tu clítoris y retirándome de nuevo. Yo también estoy muy encendido, pero quiero hacerte esperar un poco más. Meto un poco la punta, simplemente para que puedas notar la presión y cómo tu vagina intenta atraparla.

    Atada como estás, te mueves, ondulando, empujando contra mi para que llegue más adentro. Y yo aprovecho esos movimientos para presionar a mi vez en tu ano, moviéndolo en pequeños círculos, y el dedo morboso va resbalando hacia dentro. Es sólo un centímetro, pero te quedas un momento quieta, expectante.

    Y justo ahí empujo un poco con mi polla y te penetro lo suficiente para que dejes salir un profundo gemido. Yo no me muevo, tú lo haces, al aumentar tus sensaciones. Mientras giras tus caderas de manera sensual, me dejo ir hacia dentro, hasta el fondo. Vas sintiendo cómo se expande tu vagina y te sientes cada vez más llena por mi miembro palpitante.

    Y mientras te mueves y te penetro, gimiendo ya con ganas, empujo más el dedo y lo introduzco completamente en tu ano, acompañado de un azote rápido. Continúo hundiéndome en ti hasta el fondo, y a la vez giro el dedo en tu ano. «¿Te gusta?», pregunto, mientras te doy otro azote, más fuerte aún. Y te sale un sí ahogado, que se convierte de nuevo en gemidos. «¿Te gusta?» repito. «No te oí… ¿quieres que pare?» Y ahora ya contestas con decisión, «No, no pares… más. ¡Me gusta, me encanta! Sigue…». Húmeda no, mojada, empapada, una fuente brota de ti.

    Está claro que esto es lo que querías, así que sigo empujando, entrando y saliendo, golpeando y haciendo sonar tus nalgas con un ritmo cada vez más rápido. La excitación hace que también empujes hacia mí, moviendo tus caderas y facilitando que llegue más adentro. Y aprovecho para introducir un nuevo dedo en tu ano, que recibes con ganas. Ahora ya gimes de manera desatada, pidiendo, casi exigiendo que te folle con violencia.

    Te sientes llena y has perdido la inhibición, y notas, ambos notamos, cómo tu primer orgasmo se acerca. Empiezas a arquear más la espalda y tu respiración se acorta, y se te escapan algunos gritos con las primeras contracciones, que noto muy fuertes tanto en mi polla hinchada y a punto de estallar, como en los dedos que aún continúan en tu interior. Tengo que agarrarte fuerte por las caderas, ya que te retuerces con todo tu ser, las piernas temblando, y finalmente te derrumbas sobre la cama. Suspiras con fuerza, conmigo encima, todavía clavado en ti.

    No me he corrido, y creo que aún falta algo. Así que te levanto de nuevo y abro tus nalgas para observar tu esfínter dilatado y aun palpitando. Coloco la punta de mi polla en él, cubierta por tus flujos, y empiezo a presionar ligeramente. Se desliza con dificultad y entra poco a poco, a medida que voy moviéndome y apretando más. Contienes la respiración y me detengo un momento, con la cabeza ya dentro. Y cuando noto que te vas relajando, empujo con fuerza hasta entrar totalmente de un sólo movimiento, hasta el fondo, coincidiendo con un pequeño grito de sorpresa.

    Sorpresa, porque aunque con un pequeño dolor, la sensación que sientes es muy agradable y notas como tu excitación crece de nuevo al empezar a moverme. Despacio al principio, un poco más rápido en cuanto surgen otra vez tus gemidos. Estás de nuevo dominada por el placer, mayor incluso que antes.

    Más rápido, más rápido… Me muevo, dentro y fuera, sin llegar a salir. Me echo encima de ti, y con una mano aprieto una de tus tetas, tu pezón endurecido y sensible. Y alzas más la voz, comenzando a gritar de nuevo con el ritmo de mis embestidas, cuando con la otra mano vuelvo a frotar en tu clítoris. Intensamente, con toda la mano, con varios dedos, un poco brusco. Y ahora ya no puedes parar… muchas sensaciones te dominan, sintiéndote erótica, deseada, hermosa, sexual, poseída, zorra…

    Por mi parte, lo que siento también es placer máximo, totalmente unido a ti, dentro de ti, sintiendo tu calor y todo tu cuerpo vibrar. La fuerza de tus músculos apretándome cuando te mueves, sincronizada con mis penetraciones, me vuelve loco, y noto que voy a llegar en breve. Tú empiezas a percibir también cómo se acerca de nuevo esa ola de placer que ya conoces, de nuevo, creciendo desde dentro para explotar en fuertes sacudidas mientras me mantienes muy apretado en tu interior.

    Y entonces sucede, impresionante, enorme, brutal… tus contracciones me succionan la polla, que se hincha más, de repente, con tus gritos desatados. Me aprieto contra ti, agarrándome a tus tetas, mordiéndote los hombros, y unas tremendas pulsaciones hacen que te inunde, con una cantidad sorprendente de leche muy caliente. Todo esto hace que te sientas todavía más llena, mientras arqueas tu espalda y te dejas llevar por un intenso, largo, y simultáneo orgasmo. Sigues gimiendo ligeramente al terminar, recuperando la respiración, y te sientes súper relajada, todavía conmigo dentro, abrazado a ti, besándote en el cuello.

    Ufff, ha sido muy muy bueno, verdad? Miriam, esto habrá que repetirlo, porque es de lo mejor que he experimentado nunca.

  • Visita familiar (III): Mi tía (2)

    Visita familiar (III): Mi tía (2)

    Ya era viernes por la mañana y después de una noche tan excitante e intensa con mi tía Yesica, ya había llegado el día en que ella regresaría a su casa, desde que despertó su forma de comportarse había cambiado, estaba más reservada, me evitaba la mirada y cuando nos cruzábamos me evitaba, supongo que mi conducta tan despreocupada le hacía dudar si lo que paso anoche fue un sueño o fue real. Todo esto no hacía más que preguntarme si a ella le gustaba la idea o le parecía malo haber “soñado” con su sobrino teniendo sexo, pero todo eso se acabó ese mismo día.

    Le dije a mi tía que me iría a bañar, que luego le ayudaría a empacar sus cosas y la acompañaría al terminal. Al entrar a la ducha me di cuenta que Yesica se había metido al cuarto y había cerrado la puerta, lo cual no sería nada extraño puesto que supuse que iría alistando sus cosas, pero cuando me iba a bañar escuche que ella estaba hablando con alguien así que decidí escuchar algo más cerca de la puerta, había sido mi tío, Yesica le decía que se quedaría unos días más puesto que yo me había enfermado y que ella se quedaría conmigo para cuidarme, que por favor no le diga nada a mi madre porque se podría preocupar mucho.

    Esto no hacía más que preguntarme ¿por qué haría esto? ¿Será que en verdad le gusto lo que paso? Así que decidí hacer algo para comprobarlo, la puerta del baño da directamente a la ducha, y esta no tenía cortina, así que deje la puerta semi abierta pero lo suficiente para que Yesica pudiera mirar dentro, me dispuse a bañarme y mientras lo hacía me percate que Yesica había salido del cuarto y me estaba mirando, esto me excitó bastante así que me puse de lado para que ella pudiera ver mi pene, pero en ningún momento hice un contacto visual ni dije nada, empecé a masturbarme pensando que esto capas haría que se fuera pero no, ella seguía allí parada mirándome, cuando ya cerré la llave de la ducha recién me percate que ya se había ido.

    Al terminar de cambiarme y preguntarle para que hora esta su salida, me dijo que había cambiado de planes, que hoy no se sentía muy bien y que aparte mi tío la llamo y le encargo hacer unas cosas más, que esto aún lo haría el lunes pues los sábados no atienden, que me molestaría unos días más, a lo cual le dije que no siempre se tiene una compañía tan agradable todos los días, esto la ruborizo ero hizo que ese distanciamiento desapareciera. El viernes fue un día perdido, ella aún se sentía algo mal del cuerpo, así que el día termino yéndonos a dormir temprano.

    El sábado empecé a coquetearle suavemente, haciéndola ruborizar, rosando nuestras manos, incluso vimos una película romántica abrazados, para cuando me dispuse arreglar el mueble para dormir, ella me dijo que durmiera en la cama con ella, pues le daba pena verme allí incomodo, para no demostrar lo mucho que me gustaba la idea, le dije que puede que me mueva en la noche y eso la incomodaría, lo cual a ella me respondió que no me preocupara.

    Yo suelo ser un chico caliente por naturaleza, incluso en invierno suelo dormir en ropa interior, y ella se percató de eso, como la cama era de plaza y media, estábamos juntos y ella me decía:

    —Se nota que eres muy caliente Francisco.

    —Si tía, es que normalmente suelo dormir en ropa interior.

    —¿En serio?

    —Si, y solo con sabana.

    —Jajaja, disculpa entonces, yo si soy friolenta, pero se nota que abrigas bien.

    —Te paso algo de calor entonces.

    Al decir esto la jalé un poco y se acostó sobre mi pecho, mi mano izquierda estaba atrás de mi cabeza, y la derecha la puse sobre su cadera y comencé a subir y bajar mi mano, ella no me decía nada así que estuve haciéndolo un buen rato. Después de varios minutos, ella me dijo que si me sentía más cómodo me podía quitar la ropa pues no quería incomodarme, y así lo hice, ella se había dado media vuelta y yo me quite mi ropa solo quedándome en bóxer, y después de eso la volví abrazar, pero esta vez por atrás con mis brazos alrededor de su cintura:

    —Francisco

    —Disculpa tía, pensé que te gustaba sentirte caliente

    —Bueno, si me gusta, pero…

    —¿Sucede algo?

    —No nada

    No vale recalcar que para este momento ya estaba más que excitado, mi pene estaba bien duro, pero para que no se notara tanto, lo puse para arriba, incluso la tome de las manos con la excusa de calentarla porque estaban frías, también cruzamos nuestras piernas y en un momento sentí su derrier pegado a mi pene, pero ella no me dijo nada se quedó allí junto a mí, pero en un momento ella me dijo:

    —Francisco, me estás calentando bastante.

    —¿Si?

    —Sí, incluso siento algo de bochorno.

    —Por qué no te quitas la ropa entonces, para que estés más ligera

    —No como me dices eso, me da vergüenza

    —Jejeje no tiene nada de malo, además estaríamos iguales

    —Jajaja, mmm, está bien, pero no mires

    —No te preocupes

    Ya esto solo tenía una sola dirección, pero si decía o hacia algo mal todo se iría por el retrete, apenas se acostó otra vez, la abrace igual que antes, también pegue mi pene a su derrier, ella igual que antes no me dijo nada, pero poco a poco empecé a escuchar un leve jadeo, así que decidí ir por todas, me acerque a su oído y:

    —Estas bien tía

    —Si, solo que nunca me había sentido así de cómoda

    —¿En serio? No sueles dormir así con mi tío

    —No, el suele ser algo más distante, pero estar así contigo se siente diferente

    —¿Te gusta que estemos así?

    —No sé cómo contestar esa pregunta

    —Solo di cómo te sientes

    —La verdad que si me gusta

    Apenas dije eso pegué más mi pene a sus nalgas, eso hizo que ella diera un pequeño gemido.

    —La verdad tía que a mí también me gusta estar así contigo

    —¿De verdad?

    —Claro, para ser sincero, estar así junto a ti me pone más caliente que de costumbre

    Hablarle al oído y pegar mi pene a sus glúteos no hacía más que ella gimiera más y más seguido, así que decidí hacer mi última jugada, decidí sujetar su mano y llevarla a mi pene, ella se sorprendió, pero no retiro su mano en ningún momento:

    —Francisco, ¿que estamos haciendo?

    —Que sucede Yesica, acaso no te gusta

    —Pero esto está mal

    —Entonces por qué no has dejado de tocar mi pene si yo ya saqué mi mano

    —Este, la verdad, ya no sé ni que decir, yo yo…

    —No te preocupes, no tienes que hacer nada, déjamelo a mi

    Deje de hablarle al oído y empecé a besar su cuello, ella solo comenzó a gemir de placer, mientras su mano seguía entretenida con mi pene, le desabroche el sostén y se lo quite lentamente, después le baje el calzón y al tocarlo me di cuenta que estaba bastante húmedo, así que decidí que no necesitaba una previa, volví a ponerme detrás de ella la quebré un poquito y con mi mano en mi pene se lo metí lentamente, cada centímetro que iba entrando ella iba gimiendo más y más, hasta que entro todo, una vez dentro empecé a moverme, la sensación era mejor que cuando estaba tomada puesto que ahora ella era consciente y lo estaba permitiendo, mientras la penetraba con suavidad masajeaba sus pechos, apretando sus pezones suavemente.

    Decidí ponerla boca abajo, pero sin sacar mi pene en ningún momento, puse mis manos sobre la cama como apoyo y seguí dándole, ella sujeto la almohada y la puso debajo de su rostro, seguro para no escucharla gemir, así que sujete su cabello e hice que me mirara, tenía una mirada tan llena de placer que inmediatamente la bese, y nos quedamos así, besándonos un rato mientras la seguía penetrando:

    —Yesica, que rico se siente

    —Si Francisco, eres maravilloso

    —¿Te gusta cómo te lo hago?

    —Sí, me encanta, acaso no lo notas

    —Claro que, si me doy cuenta, pero quería escucharlo de tus labios

    —¿Por qué se siente tan bien?

    —Por qué me encanta satisfacer a mi mujer

    —Las cosas no podrán volver a ser como eran antes

    —Eso no importa, con tal de tener tu cuerpo y hacerte mía, ahora eres mi mujer, ¿está bien?

    —Sí, soy tuya, mi amor compláceme, dámelo todo

    —¿Lo quieres todo?

    —Si, si, si lo deseo

    —Entonces pídelo bien

    —Por favor Francisco, dámelo todo por favor, lo necesito

    Con esta frase empecé a darle más y más duro, la volteé y se lo hice frente a frente, ella puso sus piernas alrededor de mi cintura, me abrazo y mirándome a los ojos me beso, yo también correspondí el beso con mucha pasión, su vagina estaba súper mojada, ya habíamos perdido la vergüenza de ser tía y sobrino, solo había un hombre y una mujer en la cama, y nos estábamos dando todo.

    Después de darle de frente ella me susurro que le gustaría estar encima de mí, lo cual acepte, apenas se colocó encima pude ver su perfecta figura, no tenía ninguna marca de grasa y sus pechos se movían al vaivén de sus movimientos, yo le sujete los senos, los masajeaba, los apretaba, me levante un poco y me puse a lamerlos, a lo que ella me abrazo alrededor de mi cabeza, y nos quedamos así, yo chupándole los senos, ella abrazándome y moviendo sus caderas de arriba abajo.

    Ya habíamos perdido la noción del tiempo, pero ya sentía que me quería venir, así q me dispuse a ponerla abajo y se lo hice de frente, ella ya sabía que quería eyacular, así q mirándome a los ojos me dijo que quería sentir mi semen dentro de ella, eso me dio un último impulso de excitación y se lo metía más rápido, hasta que al fin me vine dentro de ella. Ella se retorció de placer, sujetaba y jalaba las sabanas mientras yo sujetaba su cintura y la alzaba para jalarla hacia mí, y así derramar mi semen hasta el fondo de su cavidad vaginal.

    Después de terminar, me acosté a su lado y ella se puso sobre mi pecho, sabíamos que lo que hicimos estaba mal, pero no nos importaba, solo nos mirábamos y nos besábamos, y así termino la noche, dormidos uno encima del otro solo cansados y sudados de un encuentro sexual súper excitante.

    Al día siguiente, pues sucedieron muchas más cosas que luego contaré.

  • El primer trío que jamás olvidaré

    El primer trío que jamás olvidaré

    En esta historia trataré de ser lo más detallada posible ya que estas experiencias son de las que nunca se olvidan. La universidad parecía ir de lo más, aburrida y sin motivación, los días los sentía igual y con el mundo de tareas que nos dejaban no había descanso para salir. Todo era aburrido hasta que un día al finalizar las clases nos llegó la invitación de asistir a una fiesta de un alumno de los semestres que iban de salida.

    Algunas compañeras y amigas fueron invitadas ya que la invitación fue enviada mediante mensaje de Instagram ya que no cualquiera podría entrar al lugar donde sería. Invitaron a un grupo selecto de amigos y otro poco de otros salones al parecer quería armar una fiesta como una especie de despedida sumando el cumpleaños de uno de ellos. A mi y a mis amigas nos agradó la idea de asistir ya que en el salón eran pocos a los que habían invitado y a pesar que faltaba mucho para la fiesta ya estábamos haciendo planes de ir.

    Los días pasaban sin ninguna novedad, pero veía a mis amigas no tan motivadas de ir ya que para esos días terminaba el semestre y algunas no iban tan bien de calificaciones así que tenían que ponerse al corriente en el ordinario. Mi best me dijo que ese día tendría un compromiso y no podría ir, mis demás amigas no estaban tan seguras por eso decayeron los ánimos en el grupito al saber que se lo perderían.

    Yo iba bien en la uni pero no quería ir sola así que le insistí a una compañera que igual había sido invitada. Me comentó que también quería ir pero iba un poco mal y tenía que reponer una materia y tendría que pasar todo el fin estudiando ya que el lunes tocaba pasar el examen. Le insistí a que solo fuéramos un rato ya que la fiesta prometía mucho y tocaba un viernes a las 2 pm y saliendo de la uni yo podría llevarla y traerla.

    Me dijo que estaría bien porque iría Dereck un vato de semestres más avanzado que al parecer también iba de salida y su salón había organizado la fiesta. Ella siempre estuvo enamorada de él, pero con una mala fama nadie se tomaba en serio lo que él decía. “Va, jalo, nos ponemos de acuerdo el jueves” me dijo.

    Al iniciar la última semana todo iba normal y las tareas y asistencias eran lo más importante así que me esforcé para no tener que lidiar con la semana de ordinarios. Al pasar los días veía a mis amigas un poco apresuradas con sus tareas, pero ni así pudieron librar su examen final, yo me salvé así que el jueves que hablé con mi compañera le pregunté si iríamos a la fiesta, pero me dijo que no porque el profesor no le había dado oportunidad y tenía que estudiar para el lunes ya que de ir a la fiesta implicaría desvelarse y no rendir el fin de semana para estudiar. Bueno no te preocupes le comenté, de ahí no sabía porque asistir, más bien porque la insistencia si era una fiesta más, sabía que muchos vatos guapos iban a ir ya que aquí en la uni vemos a muchos y más de uno fueron mi crush pero hasta ahí.

    El jueves pasó rápido. Llegué a casa a descansar y no sabía si ir sola ya que no me gustaba llegar así pero algo me decía que se iba a poner bueno ya que la gran mayoría eran estudiantes que se iban de la uni, meditaba y me motivé para ir sola, le pedí el coche a mi mamá y al día siguiente asistí a la uni.

    La uni era una fiesta para los que ya iban de salida ya que todos se despedían y abrazaban, algunos alumnos no tenían clases solo llegaron a entregar tareas (como en mi caso) y a rectificar las calificaciones que les habían asignado. Estuve un rato con mis amigas y de plano no irían, mi compañera lo mismo, así que deambulé por la uni viendo toda la fiesta que hacían hasta que me llega un mensaje de un tipo en Instagram.

    Vi la notificación y por el nombre parecía ubicarlo. “Hola, por qué tan sola??? Saliendo de la uni vendrás a la fiesta” me escribió Alonso un tipo que ya iba de salida y al parecer me había visto caminar sola por los pasillos de la uni. Le respondí con la intención de que mínimo no estuviera sola: “hola, solo vine a entregar algo y a lo mejor vaya y tu?” Le respondí, inmediatamente me escribió con un “espero verte allá y una carita feliz” si mi intuición no fallaba sabía que no estaría sola y podría estar a él pero por ahora tocaba esperar las obligaciones y luego disfrutar el fin de semestre y asistir a la fiesta.

    Salí temprano ese día y me dirigí al estacionamiento. Cheque mi teléfono y la ubicación y me dispuse a manejar hasta el lugar. El sitio no era ni cerca ni lejos así que tome mi tiempo por el tráfico. Casi al llegar pase por un fraccionamiento y sabía que el lugar de la fiesta era en una de las últimas casas ¿Cómo lo supe? Por la música tan alta que escuchaba. Me acerqué para estacionarme y un poco nerviosa tomé mi teléfono y le envié un mensaje a Alonso “estás en la fiesta?” E inmediatamente vi cómo salió de la casa para acercarse a mi coche y al instante baje el vidrio. “Hola, si llegaste, tuviste problemas con la ubicación?? Baja para que hablemos mejor”.

    ¡Ay dios! Moría de pena, me alistaba para salir, pero le pedí que mejor habláramos afuera, él me confortó mucho y me tomó de la mano y pasamos juntos. Adentro ya había mucha gente y algunas caras conocidas, creí que me verían como bicho raro, pero no. Alonso me pidió algo de tomar y le pedí una cerveza, me la abrió en vista mía y comenzamos a hablar, le platiqué que por un momento no iría, pero terminé asistiendo porque quería olvidarme un poco de la universidad, él me dijo que me esperaba porque me había visto sola y creía que algo me pasaba ya que siempre estaba con mis amigas.

    Le expliqué los motivos del porque ellas no asistieron y me dijo que estaba bien ya que por una parte él estaría conmigo, me agradó ese cumplido.

    La tarde prometía mucho. Y poco a poco ya veía a algunos hasta el full de ebrios, era algo divertido. Alonso me pidió que estuviéramos afuera y en un trayecto se topó con sus amigos y en buen plan me los presentó, me estaba tratando muy lindo ya que él era uno de los más cotizados de la uni, aparte de su buen físico y carisma tenía mucho dinero algo que a mi me gustaba.

    Al estar afuera se nos acercó Dereck (el crush de mi compañera) a pesar de ser igual que Alonso y de compartir el gusto por el gym y esas cosas tenía unos ojos muy bonitos, si me dijeran por cuál de los dos escoger la verdad no sabría ya que ambos están fuertes y guapos. Hablábamos de tonterías de la fiesta, Alonso nos traía más cervezas y pronto nos quedamos nosotros tres. Ya sea Dereck o Alonso se turnaban para las bebidas o los alimentos.

     Alrededor de las 7 pm la gente comenzó a irse por un reporte de uno de los vecinos por la música tan alta así que tuvieron que quitarla por un largo rato. Quedamos alrededor de unos cuantos así que tuvimos que entrar a la casa para aprovechar el espacio. Nos sentamos en el sillón y para ese entonces Alonso me tenía de las mano, por nada del mundo lo soltaba así que cuando nadie nos veía me daba pequeños cariños y algunos besos en la mejilla. No estaba tan ebria, pero sabía que no lo volvería a ver así que trataba de aprovecharlo.

    Me habló al oído para preguntarme si subíamos ya que allá había menos gente y podríamos hablar mejor y accedí. Al subir las escaleras vi que había muchas habitaciones, entramos en una e inmediatamente me dio un lindo beso que caí arrodillada a él, continuamos un rato más hasta que me dijo que bajaría por algunas bebidas. “Ok no tardes le dije” mientras me ponía cómoda en el amplio cuarto que contaba con una pequeña mesa para bebidas.

    Al regresar vi que llegó con Dereck, entraron con más bebidas y seguimos platicando de lo más normal, yo continué bebiendo con ellos hasta que la última botella diera su fin. La última me la bebí de fondo, ellos se asombraron así que Alonso me volvió a tomar de la mano y me levantó de la cama y me susurró al oído “quiero volver a besarte” a lo cual le contesté “hazlo” comenzó a besarme de lo más lindo y tierno, parecía que estaba enamorada de él ya que en el pleno beso nos levantamos de forma que yo lo tenía abrazado y él a mí.

    Era lo más rico que sentía en ese instante hasta que sentí a Dereck detrás mío besando mis hombros, más que poner resistencia sentí cosquillas. ¿Alguien pondría resistirse teniendo a esos hombres tan guapos? Alonso me besaba y me tomaba de la cintura hasta que comenzó a desabrochar mi pantalón. Comenzó a bajarlo lentamente hasta quitarme los tenis y el pantalón. Dejó ver mi transparente calzón rosa que tenía y continuó besándome.

    Dereck al verme en ropa interior comenzó a bajar hasta mis piernas tocándolas y besándolas con mucha delicadeza. Para este punto yo ya estaba a merced de ellos dos aunque para mi a Alonso lo quería para mi sola no importaba que estuviera el crush de una compañera yo solo seguía mi caliente instinto besándolo a él. Para este rato Alonso apartó mis brazos y me quito muy despacio la blusa hasta que me dejó en bra, continuamos besándonos y Dereck tocando y besando ahora mis delicadas y suaves nalguitas encima de mi calzón.

    Seguimos así un buen hasta qué Dereck me dio la vuelta y me besó, besaba normal, no tenía esa conexión como Alonso y yo pero no lo hacía nada mal. Comencé abrazando a Dereck hasta que me presionó en su duro cuerpo mientras escuchaba como la ropa de Alonso caía al suelo.

    Mientras besaba a Dereck sentí como el miembro de Alonso raspaba mi nalguita, al sentirlo deje de besar a Dereck y me di la vuelta y vi el hermoso miembro de Alonso bien grande y firme, lo miré a los ojos y lo volví a besar ya que no quería irme a la primera a succionar ese hermoso miembro ya que no quería que pensara que fuera una zorra, lo continué besando y rápido escuché cómo la ropa de Dereck caía al suelo pero poco me importó.

    Dejé de besar a Alonso ya que Dereck me tomó de la cintura para besarme y aunque ya estaba desnudo no logre ver su miembro en ese instante. Cómo no quería despegarme de Alonso le ofrecí mi mano para masajear su hermoso miembro mientras besaba a Dereck y así logre sentir como estaba duro y largo, lo tocaba suavemente mientras estaba con Dereck.

    Me despegué de él y me fui con Alonso, vi su miembro y me hinqué, comencé a suavizarlo con mis manos mientras lo veía a él a los ojos, le hacía pequeños cariños a tan hermoso miembro hasta que lo fui metiendo poco a poco a mi boca. ¡Era la gloria! Tenía una sensación que jamás había sentido, era tan lindo que dejó que yo hiciera que moviera mi cabeza para meter y sacarlo de la boca.

    Rápidamente lo llené de saliva para que se deslizara fácilmente a mi garganta y aunque hacía sonidos en mi boca me gustaba demasiado tenerlo ahí. Dereck al ver esto pidió que ya era su turno y yo con una pequeña risa con mi linda carita me despegué de Alonso y ahora me tocaba disfrutar el miembro de Dereck el crush de mi compañera. Era un poco largo no tanto como el de Alonso pero de igual forma me lo metí a la boca saboreando ese miembro. En un rato él ya tenía sus manos en mi cabeza y por fricción al momento de succionarlo mi cabeza se movía rápido.

    Cómo seguía hincada Alonso me fue levantando hasta dejarme en una posición donde mis nalguitas estuvieran empinadas mientras seguía haciéndole sexo oral a Dereck. Comenzó a bajarme el calzón y quitarme el bra y pronto comenzó a besarme mis nalguitas, me gustaba como lo hacía, entre ratos metía algunos dedos ahí debajo para hacerme sentir que ya estaba lista para tener ese pedazo de miembro en mi cuerpo.

    Dereck me levantó y nos dirigimos a la cama de forma que yo estaba en una esquina, el acostado y Alonso detrás de mí. Continué haciéndole sexo oral a él hasta que sentí el miembro de Alonso entrar en mi. Fue lo más delicioso del mundo, si no le di las gracias fue porque tenía el miembro del crush de mi compañera en la boca. “Mmm” solo saboreaba ese momento.

    Alonso bien lindo comenzó a penetrarme lento, me tomaba de la cintura para que me hiciera sentir cómoda. Así estuvimos un buen rato, a veces me lo quitaba de la boca y hacía pequeños gritos de placer mientras Dereck me tomaba del cabello y hacía que de nuevo me lo metiera a la boca mientras a Alonso le hacía pequeños movimientos en forma de circulo con mis nalguitas mientras continuaba penetrándome. “Me toca” dijo Dereck.

    Alonso se despegó de mi y solo giré de forma que ahora Dereck me iba a penetrar y yo volvería a saborear el hermoso miembro de Alonso. Inmediatamente comencé a succionarlo pero ahora con más rapidez mientras sentía cómo Dereck me estimulaba con sus dedos, para ese momento ya estaba muy húmeda. De nuevo estuvimos así un largo rato y aunque Dereck sabía moverse muy bien yo solo me quejaba por disfrutar el miembro de Alonso.

    Hubo un rato de mucho silencio donde solo se escuchaba cuando succionaba el miembro y el sonido de la cama rechinando que al parecer nos llegó a encender a los tres. “Te gusta” me preguntó Alonso, “si mi amor” le respondí al parecer ya muy caliente. “Te dije que ella si se ve muy puta” dijo Dereck, “¿eres puta Denisse?” Me preguntó Alonso, yo no le respondí y cómo estaba en posición de cuatro solo lo vi a los ojos y le di de lengüetazos a su miembro mientras hacía sonidos como “AH” “AH” “MMMM”

    Alonso comenzó a tocarme la cara y el cabello mientras seguíamos los tres. Me volvió a preguntar “¿eres puta Denisse?” A lo cual le dije “Ajá” mientras continuaba haciéndole sexo oral. “¿Que tan puta eres?” Preguntó Dereck, me despegué del miembro de la boca y le dije “le gustas a una amiga y estoy cogiendo contigo”, continué en lo mío y dijo Dereck “¿eres tan puta que te estás dejando coger sabiendo que soy el crush de una amiga tuya?” Me dijo a lo cual fríamente le respondí con un “ajá” y continué en lo mío. “Ves como si es puta jaja” finalizó.

    Continuamos así hasta que se despegaron y me pusieron boca arriba de manera que mi cabeza estaba hacia abajo y Alonso me puso su miembro encima para volver a metérmelo a la boca mientras Dereck ahora me hacía sexo oral. “Mmm” solo gemía cientos de veces ya que no podía moverme de tan incómoda que estaba ahí.

    Regresamos a la posición del principio y continuaron dándome un buen rato más así. Alonso ahora me penetraba mientras tenía el miembro de Dereck en mi boca. Dereck se despegó y quede con Alonso, me cogía suavemente mientras yo me quejaba. Alonso se acostó y me subí encima de él y comenzó a penetrarme poco a poco, para esto ya estaba acostada en su pecho cuando siento como la puntita del miembro de Dereck estaba en mi otro orificio. Solo lo vi a él tratando de metérmelo mientras le ponía un poco de saliva a la punta.

    Me recosté en el pecho de Alonso mientras él seguía en lo suyo cuando siento que poco a poco va entrando el miembro de Dereck por mi otro agujero. “SIII” solo grité, me dolía un poco pero estaba tan caliente que no lo sentí tanto. “Ay” “ay” “ay” “sigue así Alonso” solo hablaba mientras Dereck ya adentro continuaba con sus movimientos. Me quejaba demasiado tanto que abracé del cuello a Alonso del doble de placer que sentía en ese instante.

    Dereck continuó hasta que le pedí a Alonso que fuera el que me diera de ese lado. Quería que el solo disfrutara ese privilegio así que Dereck se acomodó, me subí encima de él y Alonso comenzó a meterlo poco a poco. ¡Siiii! ¡Dios mío! “Ahhh” fueron las palabras que recuerdo que le dije. No abrace a Dereck aunque igual me estaba penetrando aunque yo solo disfrutaba el miembro de Alonso dentro de mi. “Vamos a darle lo más rápido Alonso” le dijo Dereck a Alonso y tal cual ambos comenzaron a darme muy rápido, tanto que caí en el pecho de Dereck y me tomaba fuerte de las sabanas.

    El sonido era tan intenso que comencé a gemir y mojarme como nunca, sentí que mis ojos se ponían blancos mientras Alonso me tomaba del cabello y ambos me daban muy duro. Por la posición incómoda en que estábamos Alonso se alejó y Dereck me puso en cuatro para continuar en lo suyo hasta que se sacó el condón y comenzó a mojarme toda la espalda de semen. Yo ya rendida me recosté en la cama pero faltaba por terminar Alonso así que se volvió a acercar y comencé a hacerle sexo oral. Me puso en cuatro y continuó dándome así un buen rato hasta que me preguntó en donde quería que terminara.

    Yo solo quería que lo hiciera donde fuera y rápido se despegó, me acostó y comenzó a vaciar su rico semen en mis nalguitas. Termine toda rociada de esa parte. Se fue al baño que tenía el cuarto a buscar un poco de papel para limpiarme y ahora éramos nosotros dos acostados en la cama, lo abrazaba y besaba hasta que Dereck se nos unió.

    Después de un rato se despidió Dereck y volvimos a quedar nosotros dos. Me cambie y decidimos bajar a la sala donde al parecer ya no había nadie de la fiesta. Toco un cuarto y salió uno de sus amigos para despedirnos de él ya que ellos también estaban en lo suyo con otra chica. Me dejo en mi coche y se despidió de mi no sin antes hacerme saber que nos volveríamos a ver de manera formal. Mientras manejaba hacía mi casa muy cansada sabía que por algo tenía que llegar a esa fiesta ya que termine enamorada de Alonso sabiendo que ya no lo volvería a ver pero sin embargo disfruté todo ese momento que compartí con él y su amigo…

  • Entrenada por los muchachos (II)

    Entrenada por los muchachos (II)

    Si había contado los olores al bajarse del autobús allí era imposible distinguirlos unos de otros, era una mezcla de tabaco, alcohol, sudor, grasa y sexo. El bar era un lugar en decadencia claramente, con una barra roída y llena de comején, seis mesas esparcidas junto a las paredes descoloridas y grises, casi negras, dos mesas de billar en el centro, también desgastadas y con muchos signos de uso, un suelo de madera que rechinaba a cada paso. Al fondo a la derecha estaban las escaleras a la segunda planta y la puerta hacia los únicos dos baños en la planta baja, de arriba provenían los inconfundibles sonidos del sexo y de la planta baja una música de reggaetón de moda con liricas bastantes explícitas.

    Tres putas con vestidos escarchados iban y venían con bandejas y cervezas y botanas, cualquiera les metía mano en el culo o les magreaba las tetas y ellas seguían como si nada, eran mayores que las colegialas, entre los veintidós y veintiséis años, ellas sí tenían precio. El lugar estaba lleno a reventar a pesar del aspecto y el mal olor, pero al entrar las cinco zorras se quedó todo en silencio y se suspendió el tiempo, hasta que alguien en el fondo gritó:

    —¡Llegaron las zorritas del Centeno!

    Las recibieron como unas celebridades, todos se apresuraron a ofrecerles cigarros, cervezas, una partida en el billar o sillas, pero con la misma prepotencia con que habían tratado a los demás afuera así trataban a todos allí dentro. Daniela las siguió mientras iban saludando y haciéndose camino hacia las mesas de la derecha junto a las ventadas que con cristales tan sucios como los lodosos pisos no permitían ver nada del exterior, allí había seis sillas ocupadas por una banda especial de varones. Se fijaron en ella.

    —Traes una nueva —dijo el más anciano, quizá casi setenta años.

    Sabrina se giró a ver a Daniela y se encogió de hombros, inclinándose a darle un beso al anciano, éste lo recibió y cuando ella se inclinó todas las cabezas se concentraron en su tanga y en su coño, las otras cuatro hicieron fila detrás y le dieron un beso de la misma forma, como a un abuelo que se va a visitar los fines de semana. Sin saber qué hacer, Daniela las imitó.

    —Soy Daniela —dijo, el anciano le sonrió.

    Saturnino tenía la piel curtida y morena por el trabajo, las manos largas y gruesas aunque arrugadas y manchadas por el sol y la edad, el cabello cano y blanco así como la barba le caía en los hombros, usaba un overol azul y su pecho flaco quedaba al descubierto. Al sonreír Daniela pudo ver que le faltaban casi todos los dientes de enfrente.

    —Saturnino, mucho gusto, señorita, para servirle a Dios y a usted.

    Al escucharlo hablar con tanta elegancia Daniela se sintió un poco mejor, quizá más relajada al pensar que no eran tan malas personas, aunque en realidad no estaba viendo a su espalda, donde media docena intentaban ver bajo sus bragas mientras saludaba al anciano, el más respetado del lugar. Cuando giró hacia sus compañeras se sorprendió de ver a cada una sentada en las piernas de alguno de los del grupo, y se sorprendió aún más cuando sintió una mano deslizarse por la parte trasera de su pierna, haciéndola dar un brinco de sorpresa y chillar como un ratoncito asustado, levantando las risas del grupo de hombres que la observaba a cada paso.

    —Que ricas piernas, putita, me gustas. Siéntate —dijo, pero no le ofreció otra silla sino que la hizo abrir sus piernas y sentarse sobre su regazo, mirándolo de frente, le sacó la mochila y la dejó a un lado de la silla.

    —Éstos son los “Muchachos” —le dijo Sabrina a su lado, sentada también sobre las piernas de otro pero de costado, mientras el hombre le introducía una mano en el coño como lo había hecho la pelinegra con ella en la cafetería horas atrás.

    Los “muchachos” eran media docena de maduros todos, el más joven tendría treinta y cinco y el mayor era Saturnino, el “jefe” y dueño del local. Las chicas eran sus zorras particulares, llegaban allí y cogían con quien quisieran, a quien le tocara la suerte ese día, pero casi siempre era con alguien de su círculo.

    José tenía a Ángel sentada en una de sus piernas, era mecánico en un taller a pocas cuadras de allí, era el segundo más joven con treinta y nueve años y le apodaban el “tres patas”. Moreno y musculoso con unos labios carnosos y lengua larga, tenía ojos claros como la miel y tatuajes en los brazos. Usaba una camisa sin mangas de color blanco, limpia pero no así sus jeans que tenían manchas de grasa por todos lados. Angel lucía como una muñeca de porcelana en contraste y se dejaba meter la lengua hasta la garganta mientras el moreno le magreaba una teta sobre la camisa polo.

    —¿Te gusta lo que ves? —preguntó el que la tenía a ella con las piernas abiertas. Daniela se sonrojó sintiendo el aliento agrio del señor que rondaba quizá sus cuarenta y ocho, de barba algo prominente y bigotes y cabello negro y espeso, grasoso por la falta de aseo.

    Se llamaba Marino, era el dueño del taller donde José trabajaba, estaba usando una camisa cuadriculada roja y unos jeans rotos esa tarde, bajo su ropa Daniela podía sentir su verga poniéndose dura y el sudor en su pecho velludo. Era feo, tenía la nariz grande y torcida y los ojos negros.

    —¡Cerveza para las putas! —gritó Marino, poniendo una de sus manos grandes y callosas en la cintura de Daniela, deslizándola hasta su espalda y atrayéndola hacia él haciendo que sus tetas se aprisionaran contra su pecho, mientras la otra mano la llevaba hacia sus piernas, acariciándoselas y apretándole sus carnes tiernas y duras—. ¿Tomas, zorrita?

    —N-no —dijo Daniela, apoyándola las manos en su pecho para intentar mantenerse erguida pero al alejarse sólo consiguió que Marino se fijara en sus tetas.

    —Mmm… Que ricas tetas, las voy a probar, y tú vas a probar la cerveza, ¿te parece?

    —S-Sí —respondió ella, tartamudeando mientras Marino le metía una mano bajo la polo y le magreaba una teta, retorciéndole el pezón y con la otra ya debajo de su falda le agarraba el culo y la atraía más a su bragueta para que ejerciera fricción con su erección. Daniela comenzó a sentir su clítoris más sensible al roce de las ropas y a humedecerse a pesar del desagradable aspecto de su anfitrión y del olor que desprendía.

    Las cervezas llegaron frías y humeantes con una capa blanca alrededor del cristal cuando tomó la cerveza que una de las putas le ofreció pudo ver a Angel ya de rodillas entre las piernas del negro, bajo la mesa, tragándose una monstruosa verga negra mientras José simplemente se tomaba su cerveza pero la chica se esmeraba escupiéndole en la verga y pajeándole al mismo tiempo. Al otro lado, alguien más aprovechaba y le metía dos dedos en el coño a la rubia, era Pato, el albañil.

    Pato era el más joven de todos, también era el más serio y de gesto amargado, siempre de malas y sólo se le vio sonreír cuando se llevó los dos dedos que le metía a Angel en el coño hasta la boca, probando el sabor de la chica. Era delgado y largo como una espiga, más aseado que los demás pero con una barba de chivo larga y de tres o cuatro pelos, clara como sus ojos amarillos.

    Al lado de Pato estaba Saturnino, viendo fijamente a Daniela ser manoseada por Marino. Ella se sonrojó al sentir la mirada del anciano pero Marino llevándole la cerveza a la boca la distrajo.

    —Bebe que para eso pagué la puta cerveza. —Marino gruñó y ella bebió un trago pequeño. El sabor no le pareció tan desagradable, el padre Felipe ya le daba a probar el vino antes de sus confesiones, en cambio le aclaró la garganta y refrescó del inmenso calor que comenzaba a sentir—. Bebe más.

    Marino la hizo empinar la botella y ella se dejó hasta que solita se tragó casi la mitad, sujetándola con ambas manos contra sus tetas vio como él sonreía y le agarraba a manos llenas el culo, luego le levantó la falda para que todos los demás la vieran.

    —¡Miren qué culo tan rico me voy a comer! —grito con orgullo, recibiendo aprobación y un par de manos más magreando el culo de Daniela, Marino la hizo empinarse sobre su hombro para abrirle los cachetes y ella, al sentir tan rico tacto en sus nalgas se dejó abrazándose a los hombros del jefe de mecánicos a pesar de que olía a tabaco, alcohol y sudor. Marino la volvió a sentar y la apretó contra su ya dura verga—. ¿Sientes mi verga, zorrita? ¿Te gusta? Sí, seguro que te gusta, todas ustedes son unas putas calientes.

    —Calientes y putas, y zorras para ser usadas, ¿verdad, mi rusita? —intervinieron a su derecha, donde un hombre fuerte y de brazos anchos tenía a Katan besándole el cuello y haciéndole una paja con la verga fuera del pantalón—. Vámonos a los cuartos, puta, te quiero coger el culo hasta llenártelo de leche.

    Katan se dejó llevar hasta escaleras arriba, mientras Guzman llevaba la verga de fuera. Era un hombre de cincuenta y dos años, maestro de obras y jefe del Pato, no tenía cabello en la calva pero sí una barba castaña bien espesa y recortada, bastante apuesto a decir verdad, fuerte y ancho de torso por su trabajo, algo completamente contrario a su subordinado.

    Sabrina ya tenía los dedos de su hombre en el coño, ya le habían quitado las bragas también y alguien más en el bar las tenía y se hacía una paja con ellas, de hecho al menos la mitad de los clientes se hacían una paja viendo el espectáculo que ofrecían las chicas. La pelinegra estaba disfrutando de lo más de piernas abiertas, con uno de sus zapatos de tacón sobre la mesa, dándole una vista de su coño a todos y retorciéndose como una poseída mientras su hombre le metía los dedos con intensidad hasta que Sabrina gritó y arqueó la espalda y chorros de líquido salieron despedidos al suelo y sobre sus faldas, mojándola a ella y a su acompañante.

    El afortunado que hizo que la chica hiciera squirt era Valencio, un viejo de casi sesenta años pero que lucía rejuvenecido en comparación con Saturnino, tenía los pómulos filosos y la mandíbula cuadrada, la piel lisa y morena también, el cabello bastante claro y los ojos verdes, pese a todo se le notaba fibroso debajo de la camiseta negra y los jeans sucios que llevaba. Era un tramitador que pasaba sus horas de ocio en el bar, esperando poder disfrutar de alguna de las adolescentes calientes que frecuentaban cuando les daba la gana, no había cosa que le gustara más a Valencio que sus colegialas. Se llevó a Sabrina escaleras arriba también.

    Daniela se quedó buscando a la última con la mirada, pero María estaba lejos en la otra esquina del local inclinada sobre una mesa de billar a punto de golpear la bola ocho mientras otro par de bolas se le arrimaban sobre la espalda. Con la excusa de enseñarle a jugar unos hombres mucho más jóvenes que sus acompañantes le arrimaban la verga en el culo, le rozaban la cintura y las tetas, y María los dejaba tocarla como quisieran, hasta que se cansó del juego y se inclinó sobre la mesa, abriendo las piernas y sacándose las bragas. El primer chico se arrodilló y comenzó a comerle el coño allí frente a todos y rápidamente se formó una fila detrás para participar. La mitad que no hacía una paja con ellas, estaba con María.

    —¿Celos de tu amiguita, Danielita?

    —Rabanito, dile Rabanito —intervino Angel desde debajo de la mesa, esforzándose en mamar la polla del negro y hacerlo venir, pero al parecer tendría que pagar ella el precio.

    —Bueno, Rabanito, te queda el nombre con ese cabello tan bonito. A ver, putita, para que sientas mi verga, eh —le dijo levantándola un segundo, mismo que Daniela aprovechó para terminarse la fría cerveza, hacía mucho calor y comenzaba a sudar. Comenzó a sentir cómo sus sentidos se alteraban, un poquito mareada quizá, pero nada que no sintiera antes, era solo una cerveza. Cuando se volvió a sentar lo hizo sobre algo caliente y duro, Marino le llevó las manos de nuevo al culo y la frotó contra su verga—. Mira que rico, cómo me pones, puta. ¿Te gusta mi verga? —preguntó, haciendo que meneara sus caderas contra él y se rozara, pero la braga era molesta así que él la apartó, esta vez sintiendo sus jugos y su coño caliente restregándose con su verga.

    La respiración de Daniela y sus latidos se alteraron al recordar al Felipe, cerró sus ojos y se dejó llevar, no se dio cuenta cuando le quitaron la botella de las manos pero sí cuando Marino le arrancó las bragas de un tirón, rompiéndolas y comenzó a frotarla con más ahínco.

    —Te voy a coger así, mira, perra —gruño en su oído, cogiéndola del culo con fuerza haciéndola sentarse en su verga y frotarse con más violencia, su clítoris palpitaba con cada golpe y sus pezones se erizaron como piedras—. Mira esas tetas, que ricas, quiero comértelas y mordértelas, puta.

    Mariño le llevó ambas manos debajo de la camisa y le apretó ambas tetas así. Cuando Daniela abrió sus ojos alrededor había una multitud viendo y una decena de vergas de todos los colores y tipos frente a ella, pero la que más sobresalió fue la de Saturnino. El viejo se pajeaba con parsimonia y calma, mirándola con sus acuosos ojos grises, una verga gorda y larga de veinticinco centímetros entre sus manos, firme como un asta y brillante por el líquido preseminal que despedía de la punta roja e hinchada. Al ver su verga Daniela se mordisqueó el labio inferior.

    —Te quiero coger, puta, vamos arriba —dijo Marino, bajándola de su regazo y trayéndola consigo escaleras arriba.

    ***

    Aquí va la segunda parte de ésta serie de tres partes. Como siempre, espero leer sus comentarios o pueden escribirme a mi correo, disponible en mi perfil.

    Un beso donde quieran,

    Emma.

  • Mi hermanastro (Capítulo 1)

    Mi hermanastro (Capítulo 1)

    ¡Lo prohibido es una delicia!

    Después de que mi madre se divorció de mi padre biológico, volvió a rehacer su vida con otro hombre de la misma edad de mi padre.

    Mi padrastro por su parte tenía un hijo de 23 años, con una fuerza impresionante y un cuerpo perfecto. Recuerdo cuando me lo presentó mi padrastro diciéndome “Daysi este es tu hermano”, mis pupilas se dilataron y comencé a tartamudear al decirle “Hola, hermano”.

    Se quedó impactado por mi belleza, y me dijo “hola hermana”. Creo que desde ahí, comenzó todo. Es inevitable no admirar su guapura y su cuerpo tan perfecto.

    Dios mío, me gusta mi hermanastro y creo que yo también le gusto. Adoraba sentarme en la mesa junto a él cuando comíamos en familia, le encantaba mucho darme besos en las mejillas y a mí me excitaba mucho.

    Adoro dormir con él cuando llueve con muchos relámpagos, y abrazarlo fuertemente.

    Me gusta mucho que abrace mis miedos y que los haga suyos.

    Me gusta mucho recargarme en su hombro, cuando quiero sentirme amada y querida.

    La verdad, me encanta mucho mi hermanastro.

    Me gusta mucho su fuerza.

    Me gusta mucho su cuerpo.

    Me gusta mucho verlo hacer ejercicio en la casa sin su playera.

    Me gusta mucho sus brazos.

    Me gusta mucho su abdomen.

    Todo me gusta de mi hermanastro.

    Un sábado en la mañana mientras me estaba peinando, lo vi atrás de mi por el espejo. Estaba oliendo mi cuello y en la oreja, me dijo que le gusto mucho y que me desea. Me paralicé, y le contesté que a mí también me gusta mucho.

    Metió su mano suavemente debajo de mi falda, y se me salió un gemido. Me puse roja pero disfruté mucho ese detalle suyo.

    Nos sentamos a desayunar en familia, mientras estábamos desayunando puso su mano en mi pierna y la piel se me erizó.

    Después de desayunar, nos levantamos de la mesa y me fui a lavar los dientes al baño de mi cuarto.

    En la tarde, vi como se estaba desnudando mi hermanastro para ducharse. Es inevitable no verlo, verlo en completa desnudez sin que me vea es un placer. No tenía ropa interior y se veía aún más guapo y atractivo.

    Me daban unas hartas ganas de perder mi virginidad con mi hermanastro, de que me haga arte en mi clítoris y en mi puchita con sus dedos.

    Pero recordé que mis padres no tardaban en llegar a casa y me fui a mi habitación. En la tarde le confesé a mi hermanastro que lo vi desnudo y que lo deseo mucho igual que él a mí. Se le dilataron sus pupilas y me dijo, “en serio? pues ahora me toca a mí verte hermanita”.

    Le respondí que mañana, nuestros padres se van a cenar y la noche será nuestra. Aceptó y me besó apasionadamente, ah como me gusta y deseo muchísimo a mi hermanastro.

    Esa noche no pude dormir, soñé que copulaba salvajemente con mi hermanastro y mientras soñaba me estaba masturbando con las sábanas de mi cama.

    Llegó la mañana y mientras me estaba peinando, entró a mi habitación y me dijo detrás de mi oreja, “no se te olvide que esta noche me harás un desnudo”. Ruborizada le respondí que obvio no se me olvidaba.

    Nuevamente mientras estábamos desayunando me puso su mano en mi pierna, está vez se me salió un gemido y nadie lo notó, lo bueno si no que pena.

    Llegó la noche, mis padres se fueron a cenar juntos, me fui a mi habitación y me arreglé un poco para mí hermanastro.

    Me puse la mejor lencería para dejarlo sin aliento, entró a mi habitación mi hermanastro. Estaba solamente con su bóxer, se veía tan sexy y guapísimo. Tenía su miembro parado, queriendo salir de su bóxer como resorte y me hacía jadear muchísimo.

    Me besó apasionadamente, me quito el sostén, empezó a mamar mis senos y mordió mis pezones. Jadeaba aún más y más fuerte, me empezó a quitar las bragas y me empezó a hacer arte con sus dedos en mi clítoris, suavemente hasta subir de intensidad y metió suavemente sus dedos en mi puchita. Estaba sudando, extasiada de que me penetrara con ese exquisito miembro.

    Me azotó en mi cama, se quitó el bóxer. Me puso en cuatro y me penetró fuertemente con su miembro. Estábamos jadeando bien rico, gritando nuestros nombres.

    Al principio me dolió, pero después me relajé y lo metió completo. Tenía la dilatación perfecta mi puchita, para que entrara a la perfección su miembro.

    Nos olvidamos de todo, nada nos importó más que dar rienda suelta a nuestros deseos perversos.

    -Daysi, estás bien rica, eres adorable -jadeando me lo decía.

    -Alan, eres maravilloso.

    Terminamos de copular, sudando y cansados de tanta actividad sexual.

    Esa noche con mi hermanastro fue algo maravilloso que estoy segura que se va a volver a repetir.

    Continuará…

    – Andy Pau

  • Mario. El hijo de mi amigo

    Mario. El hijo de mi amigo

    Estoy preparando mi viaje a Houston. Allá visitaré una industria productora de sustancias químicas para producir poliuretano para aislamiento de refrigeración. Me estoy estudiando bien la ficha técnica de cada producto y la pronunciación correcta en inglés. Es muy importante que el posible proveedor se percate de inmediato que su interlocutor es un experto, aunque realmente no lo sea.

    Estoy en eso, dando tiempo a que mi esposa Paula termine el almuerzo y siento una notificación de mensaje de mi Whatsapp. Es mi amigo y compañero de estudios José Mario. Nos saludamos y comentamos algunas boberías. Le digo que estoy un poco complicado, que salgo para Houston al día siguiente, me interrumpe para decirme: te llamo ahora. Entra la llamada y me dice:

    –Cojones asere, qué bueno que vas a ir allá. Tú sabes que mi hijo vive allí.

    –No Pepe, no lo sabía. Yo lo hacía por Alemania.

    –No chico, él se fue para el Yuma hace tres años. No puedes dejar de llamarlo y a ver si puedes verlo. ¿Qué tiempo hace que tú no lo ves?

    –Creo que tenía como 20 años.

    –Ya él tiene 26. Está trabajando de camionero en una rastra. Maneja por todo Estados Unidos. Está que casi no para pues quiere terminar de pagar el Truck. Me cuenta que no quiere saber de jevitas ni nada. Que lo único que quiere es pinchar y pinchar. Su objetivo es salir adelante para vivir bien.

    –Bueno, el chamaco está bien encaminado. No pudiera ser distinto con un padre como tú. La verdad sea dicha.

    –Coño, me vas a ruborizar –nos reímos–, la verdad es que nuestro piquete salió muy bueno.

    Al día siguiente tomé mi vuelo a Houston. Al salir para buscar un taxi siento que a mis espaldas me dicen:

    –Señor, ¿necesita un taxi? –de inmediato reconocí aquella voz. Me viro y allí estaba de pie con sus más de 6 pies el hijo de Pepe.

    –Coñooo, qué sorpresa Mayito. ¡Qué alegría me has dado cabrón! Tienes la misma voz de tu padre. –Nos abrazamos muy fuerte y nos besamos.

    –¡Alex, estás igualito!

    –No seas mentiroso, lo haces para alagarme, que te conozco.

    –Tu sí estás hecho un campeón, qué clase de cuerpazo has echado muchacho.

    –Se hace lo que se puede. –Sonríe mostrando una deslumbrante dentadura.

    –Te veo hasta más lindo.

    –Qué me pones colorado, Alex.

    Caminamos hasta el estacionamiento, Mayito cree haber parqueado su coche en el piso amarillo que es el tercero. Buscamos pero no lo encuentra. Pulsa el botón de pánico, pero nada.

    –¿Tú estás seguro que lo dejaste en este piso?

    –Bueno, me parecía que era éste el piso.

    –¿Y no anotaste la fila y el número tampoco? ¿Y seguro que era amarillo? ¿Tú no eres daltónico, no?

    –No, ¿cómo crees?

    –Igualito a alguien que conozco. Qué cierto es ese refrán de que lo que se hereda no se hurta. Eres cagaíto a tu padre. Tan despistado como él. Mira, vamos a subir o bajar, no sé, al piso naranja que se me antoja parecido al amarillo.

    –¿Parecido dices tú? –Y se echa a reír.

    Nos dirigimos a los ascensores y comprobamos que el naranja es el piso seis. Subimos y lo marcamos. Cuando abre la puerta, en el lobby hay un cajero para el pago, un dispensador de refrescos y agua mineral, Mayito observa bien y me dice:

    –Coño, este piso se parece más. –Sale y presiona el botón del control remoto y enseguida se escucha un Tok Tok y unas luces que flashean.

    –Tu ves, remaricón! –Y le doy una buena nalgada.

    –Eso me dolió tío coño. ¿Tú eres adivino o me leíste el pensamiento? La verdad que me merezco unas cuantas nalgadas, pero con más cariño. –No digo nada pero me hace ilusión poder darle unas nalgaditas a este pedazo de macho lindo.

    Subimos al coche y salimos a la avenida. No hay que pagar pues el parking es libre para la primera hora.

    –¿Y cómo sabe el operador que abre la barrera que no te has pasado más de una hora?

    -–Muy fácil. Todo es automático. En la caseta que controla la barrera hay un lector de matrícula que chequea la hora de tu entrada y si no ha pasado más de una hora, se abre la barrera y puedes salir.

    –¿Y si estás pasado?

    -–Tienen que desviar los vehículos que están detrás y tienes que ir al telecajero en el lobby de tu piso, introducir el ticket y pagar el monto adeudado más una penalidad por interrumpir una salida. Cuando pagas ya tú barrera se abrirá automáticamente. Pero todo eso se puede evitar si antes de montar en tu carro introduces el ticket y si no te has pasado de hora, sales y si no, pagas y tienes 10 minutos para salir.

    Entretenidos conversando hemos llegado a mi hotel, en el Down Town, en una esquina del estadio Minute Maid de los Astros.

    –Te dejo en el lobby y te espero para llevarte y almorzar juntos. ¡Yo invito!

    –Mejor te propongo dejar el carro en el estacionamiento del hotel y vamos a almorzar caminando. Y lo de quién invita, ya veremos después.

    –¡Ni pinga! No inventes. Ya te dije que yo te invito, y si no me vas a tener que mamar la pingona.

    –¡Estás ruino Chama! Nada más estás pensando en que te mamen la pinga. Ni que fuera gran cosa chuparte el pirulí.

    –Cuidado puro, que la vida te puede dar sorpresas –se agarra el paquetón con malicia y me lo muestra –aquí sí hay calidad. –Yo me río. –Si bobito, ríete, que el que ríe último ríe mejor. –Me dice.

    Me bajo, saco mi maletín del asiento trasero y voy directo a la recepción.

    –Buenas tardes. Una reservación a nombre del Sr. Rodríguez.

    –Excuse me. Do You have a reservation. –¡Aterricé!

    –Sorry. –Muestro mi pasaporte y enseguida localizan la reserva.

    Se acerca Mayito, me quita el maletín y caminamos a los ascensores. Subimos hasta el sexto piso.

    –¿Ahora sí anotaste el piso, el color y la valla?

    –No, no hizo falta. Tiene un solo piso y es beige.

    –Menos mal, está hecho para mingos, –llegamos y abro la puerta. Tremenda habitación.

    –Esto sí está rico.

    –¿Te gusta? –Le pregunto, aunque la respuesta es obvia.

    –Aquí sí se pasa bien. Vaya, pa’comer y pa’llevar.

    –¿Te refieres a la chupadera de tu pirulí? –Le digo de jodedera pero con intención.

    –Pa’eso y para todo lo demás que se te ocurra. Acuérdate que tu hoy me vas a pedir el agua por señas.

    –Como te gusta alardear. Desde chiquito haces lo mismo.

    –Dale, vamos a bañarnos juntos –se saca la camisa y se afloja el cinturón y resbalan los jeans a la alfombra, se quita también los calzoncillos y cuando se yergue el espectáculo es maravilloso. Me desvisto rápido y lo acompaño a la ducha. Me toma por la cintura y siento que resbala la mano a una nalga.

    –Desde que llegaste me estás provocando y yo no soy hombre que necesite tanta estimulación. Estás como una perra, loca porque te parta el culo. Siempre me miraste lujurioso y te voy a dar una singá como no te la han dado nunca –se lleva la mano a la boca y se la escupe para después meterme el dedo grande por el culo.

    –Ahh Mayito, Pipo, qué rico –entramos a la ducha y ya debajo de la regadera nos mojamos, el agua está fría, muy sabrosa. Él toma el jabón y comienza enjabonándome la espalda, sigue bajando y llega a las nalgas y las manosea y las enjabona también.

    –¿Tengo que tirar el jabón al piso para que lo recojas o tu solito te vas a agachar para poder clavártela? –me agaché y me dispuse a recibir dentro de mí aquella hermosa trancona. Por la ensartada que me dio deduzco que hacía tiempo que vivía a paja limpia. También porque de unas pocas culeadas se vino dándome unas estocadas majestuosas. Parecía que me quería taladrar. Me besaba lujurioso el cuello y las orejas mientras iban disminuyendo las contracciones de su orgasmo. Sacó de mi culo aquella verga que todavía seguía sin disminuir la erección. Tomó mi rabo y lo acarició, se lo metió en la boca y en unos segundos estaba yo regando leche como una vaca lechera.

    –Vamos a descansar un ratico en la cama y después nos vamos a almorzar y cuando volvamos, volveremos con más. Que esto no se acaba hasta que se acaba.

    Ya eso se los contaré en otro relato de mi encuentro con Mayito.

  • Dos primos acaban cogiendo gracias a los padres de ella

    Dos primos acaban cogiendo gracias a los padres de ella

    Enrique se inició en el sexo con una tía suya estando borracha. Fuera el día de san Miguel, día de la fiesta de la aldea. Ese día se mataba el cordero y se abría el barril del vino nuevo. Había excesos de toda clase y ella se excedió (pongamos que Enrique era yo) conmigo y ya de mañana, pues ya de mañana estaba borracha. Pillara la borrachera con aguardiente. Yo fuera a buscar a mi prima Rebeca para ir a acompañar al santo, pues lo traían desde la iglesia de la ciudad a la aldea y allí se guardaba en una casa particular distinta cada año los tres días que duraba la fiesta. Al entrar en su casa a buscar a mi prima, me dijo mi tía Elvira:

    -Llegas tarde, Rebeca ya se fue. Toma una copa conmigo.

    -No bebo alcohol, tía.

    -Estás muy guapo con esas ropas nuevas. ¿El pantalón es de tergal?

    -Sí.

    -A ver si es verdad.

    Mi tía tenía el pelo alborotado, llevaba puesto un mandil sobre un vestido de diario y ya se disponía a poner el cordero en el horno de piedra. Vino a mi lado y para comprobar la «tela», me echó la mano a la entrepierna y me cogió el paquete.

    -¿Ya te hicieron una mamada, Quique?

    La polla se me puso más tiesa que un palo.

    -No.

    Con la puerta de la casa abierta de par en par, se agachó, me bajó la cremallera del pantalón, sacó la polla y al verla dijo:

    -¡Este sí que es un carallo y no el de mi Manuel!

    Fue meter la polla en la boca y ya me corrí. Era mi primera vez, coño. ¿Qué esperabais? Mi tía se tragó mi leche y después, bajó las bragas, subió la falda y mostrando su coño peludo, me dijo:

    -Ahora te toca a ti comer mi coño.

    -No sé comerlo.

    -Pon tu lengua en mi coño que el resto lo hago yo.

    Acerqué mi boca a su coño. Le olía a algo así cómo bacalao, lamí, me cogió la cabeza con una mano y lo froto contra mi lengua. En aquel momento no me di de cuenta, pero con el paso del tiempo supe que muy borracha no debía estar, ya que en menos de cinco minutos se corrió. La oí gemir en bajito y sentí en mi boca algo calentito y con sabor cómo a ostra.

    Al acabar de correrse, me dijo:

    -Si quieres arder ven esta noche cuando veas a tu tío borracho en la tienda y a tu prima bailando.

    Después se echó otra copa de aguardiente y la mandó de un trago. Guardé la polla y me fui de allí contento cómo un cuco.

    Eran las doce de la noche y mi prima estaba bailando con una amiga, pero no veía a mi tío por ninguna parte. Acudí a la cita. Si estaba mi tío en casa volvía a la fiesta y punto. La puerta de la casa estaba abierta y mi tío estaba en casa, estaba en la cocina echado sobre las rodillas de mi tía, que con una zapatilla roja con piso amarillo de goma, le daba:

    -¡Borracho!

    -¡Y tú más!

    -Plas, plas, plas…

    -Pero yo funciono y a ti de borracho no te funciona ni poniéndole un alambre.

    -¡Pas, plas, plas…!

    Una mano se posó en mi espalda. Me llevé un susto criminal. Me giré y vi que era mi prima, que me dijo:

    -Ahora se va a poner de pie con la picha tiesa.

    Pasado el susto inicial, pero aun temblando, eché una ojeada, y efectivamente, mi tío estaba empalmado.

    -¿Espías a tus padres?

    -De borrachos son muy escandalosos.

    Se me había jodido el polvo con la madre, pero tenía a mi lado a la hija. Había que tentar a la suerte.

    -¿Tienes ganas, Rebeca?

    Se hizo la tonta.

    -¿De qué?

    -Ya sabes.

    -No, no sé.

    Le cogí una mano y se la llevé a mi polla empalmada.

    -¿De esta?

    Salió de la casa y yo salí con ella.

    -Debía calentarte el culo por lo que acabas de hacer, primo.

    -Calienta.

    Parecía que le encantaba la idea.

    -¡¿Me dejarías?!

    -Claro que sí.

    -Promételo.

    -Te lo prometo.

    -Volvamos a la fiesta, cuando lleguen mis padres volvemos nosotros a la casa.

    -¿Y si no vienen?

    -Vendrán.

    Volvimos a la fiesta y estuve casi una hora bailando con mi prima. Cuando bailábamos un apretado saltaban chispas. Yo tenía la polla que me subía por debajo del cinturón y ella con lo colorada que acababa después de bailar debía tener el chochito empapado. Cuando llegaron mis tíos a la fiesta, nos fuimos, primero ella y después yo.

    Al entrar en casa mi prima se colgó de mi cuello y me dio un beso con lengua que parecía que me quería comer la boca. Al devolverle el beso soltó un gemido que creí que se estaba corriendo.

    Mi prima estaba llenita, era baja de estatura, andaría en un metro cincuenta centímetros, era morena, de ojos marrones y su cabello largo lo llevaba recogido en dos coletas, sus tetas eran medianas, su culo gordito, su cintura normal y sus caderas generosas. Llevaba puesto un vestido de flores que le daba por las rodillas, calzaba unos zapatos negros de charol con hebillas doradas y llevaba bajo ellos unos calcetines blancos.

    Le bajé la cremallera del vestido, que la tenía a la espalda y la ropa cayó al suelo. Vi su sujetador blanco, lo vi y no lo vi, ya que lo quitó en un suspiro. Sus tetas medianas eran redondas y tenían pequeñas areolas marrones y pezones gorditos. Se las cogí y se las magreé. Luego las chupé, más no sabía hacer. Mi prima no paraba de gemir. Me agaché. Sus bragas estaban empapadas desde el chochito al culo, las quité. La mesa de la cocina estaba detrás de ella. La cogí por las axilas, la senté sobre la mesa y después la eché hacia atrás.

    Puso los pies sobre la mesa y se abrió de piernas. Vi su chochito entreabierto con los labios rosados y mojados. Mi lengua al pasar por ellos se fue untando de un líquido con la textura del aceite y con sabor agridulce. Luego lo abrí para ver cómo era un chocho por dentro y vi su pequeño agujerito con algo así como carne dentro de él. Con él abierto lamí y quise follárselo, pero no entraba ni la puntita de la lengua… Lo que le entró a mi prima fue un sofoco que quiso hablar y no pudo. Sus piernas comenzaron a temblar, su cuerpo a sacudirse y volví a sentir en mi boca aquel líquido calentito y con sabor cómo a ostra.

    Al acabar de disfrutar, me dijo:

    -¡Me he corrido!

    -Sí, lo sé. Estás muy rica.

    Se bajó de la mesa, y quitando mi polla de su escondite, me dijo:

    -A ver si sé hacer lo que le hace mi padre a mi madre.

    Su mano izquierda cogió mis huevos, y la derecha me masturbó la polla mientras iba entrando y saliendo de su boca donde era acariciada por la lengua… Le duré poco más que a su madre, y cómo ella, se tragó toda la leche.

    Al acabar, recogió su ropa, y me dijo:

    -Vamos para mi habitación.

    Ya en la habitación, quiso lo suyo.

    -Lo prometido es deuda. Desnúdate.

    Me quedé en pelotas. Sentada en el borde de la cama y con una zapatilla azul con rayas negras y piso de goma amarillo en la mano, me dijo:

    -Ven que vas a saber quién soy yo.

    Fui a su lado y me eché sobre sus rodillas. Me dio con ganas.

    -¡Plas, plas!

    -¡A ti te quito yo el vicio de beber, borracho!

    -¡Joder cómo duele! Yo no bebo, y lo sabes.

    -¡No lo niegues!

    -¡Plas, plas, plas!

    La cabrona se estaba pasando ocho pueblos.

    -¡Si lo sé no prometo nada!

    -¡Plas, plas, plas!

    -Sí sé que te gusta, tonto!

    -¡Plas, plas!

    -¿A qué sí?

    No quise cortarle el rollo.

    -Sí, me gusta mucho.

    -¿Quieres romperle el coño a tu cosita bonita?

    Valiera la pena dejarle disfrutar dando.

    -Quiero.

    Tiró la zapatilla, se metió en cama, cerró los ojos, y dijo:

    -Desvírgame, papá!

    ¿Papá? Mi prima iba a fantasear con su padre. Empalmado cómo un burro, me arrodillé entre sus piernas, la levanté por la cintura, le acerqué la polla a su peludo, pequeño y virginal chochito, empujé y entró el glande.

    -¡¡Diosss!! ¡Me lo rompiste!

    La saqué cagando hostias, y no porque le doliera, la saqué por qué empecé a correrme.

    Al acabar de correrme, me dijo:

    -Ahora acaba lo que empezaste.

    Me eché encima de ella y entre beso y beso se la fui metiendo milímetro a milímetro. Cuando iba por la mitad tuve que volver a sacarla para volver a correrme fuera. Al volver a meterla se puso ella encima y dándome las tetas a mamar y follándome a su aire y sin abrir los ojos para nada se fue acercando al orgasmo. Al estar a punto sonrió y dijo:

    -Me voy a correr otra vez, papa.

    Vi cómo se sacudía, cómo sus gemidos se hacían deliciosamente sensuales, sentí cómo temblaban sus labios en mis labios, su cuerpo en mi cuerpo, cómo su chochito apretaba mi polla y cómo la bañaba con su corrida.

    Justo acababa de correrse cuando sentí que me venía. Quité la polla. Mi prima la cogió con la mano derecha y chupó mi glande hasta que dejó de echar leche. Al ratito sentimos hablar a sus padres. Se debían aburrir en la verbena y regresaron a casa. Nos vestimos y salimos por la ventana de su habitación, sitió por el que iba a entrar muchas veces.

    Quique.

  • Mi hermanastro (Final)

    Mi hermanastro (Final)

    La noche que follé con mi hermanastro, fue algo maravilloso y excitante. Antes de que llegaran nuestros padres a casa, nos vestimos rápidamente y tendimos la cama para que no hubiera sospechas de que tuvimos relaciones sexuales, ya que la dejamos completamente desordenada.

    Me sentía agotada y adolorida de tanta actividad sexual con mi hermano. Pero valió la pena, se recompensa mi cansancio y lo adolorida con el exquisito sexo que tuvimos.

    Lo planeamos tan bien, que no hubo nada que lo impidiera. Era obvio, que se tenía que hacer cuando estuviéramos solos y sin que nos interrumpiera.

    Me fui a acostar, me sentía tan cansada que me quedé profundamente dormida. No supe a qué hora llegaron mis padres a casa.

    A la mañana siguiente, fue todo como un día normal. Nos sentamos en familia a desayunar, y mi hermanastro como en los demás días me puso su mano en mi pierna y sentí la misma sensación electrizante y deliciosa invadiendo mis piernas.

    Me fui a mi habitación para arreglarme, ya que mi madre y yo íbamos de compras al centro comercial. Compramos de todo, en especial yo fui a una tienda de lencería para comprar algunas cosas para volver a follar con mi hermanastro.

    Compré baby dol, brassieres, tangas, coordinados sexys y unos ligueros. Nuevamente tendré una noche con mi hermanastro. Esta vez, será más candente que la pasada que tuvimos en mi habitación.

    Llegamos a casa, mi madre se fue a si habitación a probarse lo que se compró y yo igual hice lo mismo. Me medí un cordinado que me compre, mi hermanastro entró a mi habitación y se quedó parado viéndome. Al principio no mencionó ninguna palabra, después me dijo que me veía bien guapa y sexy. Mi clítoris estaba palpitando, las ganas de copular con mi hermanastro invadían mi cuerpo. Me besó apasionadamente como la noche pasada.

    Me puso en cuatro, me quitó las bragas y se quitó el pantalón y su bóxer. Me penetró con su miembro, me hizo jadear intensamente.

    -¡Ah que delicia! -le decía y lo mismo me dijo. Nos vestimos rápidamente para que nadie nos viera. Se fue y seguía jadeando, yo igual.

    En tan solo unos minutos, mi hermanastro me sacó miles orgasmos. Es tan maravilloso y guapísimo, no sé qué haría sin mi hermanastro.

    Llegó la noche, mi hermanastro entró y me dijo que si mañana salíamos con su novia. Vaya, mi hermanito tiene novia y no le importó engañarla conmigo.

    Y le dije que sí, para conocerla mejor. Me dijo que íbamos al cine. Salió de mi cuarto, me fui a dormir para levantarme temprano a desayunar en familia como siempre.

    La misma rutina de siempre, desayunar en familia y hacer cada quien nuestras actividades diarias. Mientras me estaba peinando, mi hermano entró y me dijo que no se me olvidara la salida con él y con su novia, le dije que no y salió de mi cuarto.

    Llegó la tarde, nos fuimos y para mi sorpresa me mintió. Me llevó a un hotel, ahí estaba su novia en ropa interior en la cama de la habitación.

    Su novia al verme me dijo “sí que estás bien buena y sexy”. Dios mío, su cuerpo era una obra de arte.

    Me dijo que quería probarme y me besó en la boca, ese beso era tan exquisito que no pude contenerme en besarla.

    Mi hermanastro estaba quitándome la ropa mientras me besaba con su novia, me desnudó. Y su novia y yo lo desnudamos.

    Jamás en mi vida había hecho un trío sexual, la novia de mi hermanastro, yo y mi hermanastro.

    Entre los tres estábamos follando, su novia me estaba haciendo arte con sus dedos en mi clítoris y mi hermanastro besándome apasionadamente.

    Acabamos en la cama, mi hermanastro en medio y nosotras a sus lados. Yo estimulando su miembro y ella besándolo apasionadamente, que delicia es hacer un trío.

    Y lo mejor dos personas haciéndote arte en todo el cuerpo. No parábamos de jadear intensamente, el cuerpo de su novia era un verdadero deleite y un placer.

    No me aguanté las ganas de hacerle arte en su clítoris, estaba jadeando y gritando mi nombre.

    Y mi hermanastro, estaba probando con su boca mis piernas.

    Dios mío, acabamos cansados y nos quedamos profundamente dormidos. Cuando nos despertamos ya era muy tarde, nos vestimos y nos fuimos del hotel.

    Comer en familia es de ley, nuestros padres no nos perdonarían a mi hermanastro y a mi no llegar a casa a comer y menos a tiempo.

    Dejamos a su novia a su casa y nosotros nos fuimos a casa, estuvo exquisito el trío que armamos.

    Llegamos a casa, nos sentamos a comer en familia y le platicamos a nuestros padres, lo bien que nos la pasamos en el cine. Era obvio que es una mentira, ni modo de decir que hicimos un trío sexual.

    Nos crucificarían nuestros padres, por el pecado mortal que cometimos.

    Pero en fin, fue una experiencia única y maravillosa el trío sexual que armamos.

    Jamás lo voy a olvidar, me hicieron jadear los dos intensamente y deliciosamente.

    – Andy Pau

  • Mi mejor noche de hotel (Final)

    Mi mejor noche de hotel (Final)

    Vamos con la tercera y última parte de esta trilogía.

    Seguían pasando las horas con aquella mujer con las que tantas veces había fantaseado lo que estaba ocurriendo en aquel hotel.

    Tras muchos abrazos, besos y caricias, le toco a ella llevar las riendas de la situación, así que después de darme una ducha y de que ella se quedara mirándome desde la puerta ya sin ningún disimulo me propuso que me masturbara para ella, que ella solo miraría y actuaria cuando le apeteciera.

    Accedí sin poner ningún pretexto y me tumbé en la cama mientras ella se quedaba de pie mirando como empezaba a tocarme, mi miembro estaba sujeto por mi mano y con suaves movimientos empezaba a crecer lentamente, yo la miraba como estaba desnuda y como aquel cuerpo me excitaba solo con verla. Se iba acariciando según me masturbaba para ella, pasaba sus manos por sus pechos, se tocaba el pelo, se mordía los labios, jugaba con sus dedos entre sus muslos y mi miembro iba creciendo más y más hasta llegar el momento de llegar a masturbarme con las dos manos.

    Se sentó a los pies de la cama mientras no dejaba de mirarme, yo abrí las piernas por si quería entrar entre ella, a lo que ella rápidamente busco su sitio y empezó a acariciar mis piernas con sus manos, la excitación cada vez iba a más, ya que la suavidad de sus manos estaba causando que mis manos se movieran más rápidos y apretando mi miembro.

    – “Túmbate boca abajo” -me pidió.

    Así lo hice, dejé de masturbarme para tumbarme en la cama y dejar que fuera ella la que hiciera lo que quisiera conmigo. Empezó a masajear mis piernas, mis nalgas y mi espalda, ligero, suave masaje, era tan placentero que no puede más y suspire de placer. Ella me preguntó que si me gustaba y asentí con la cabeza.

    – “Pues ahora vas a disfrutar, ahora va a ser mío” -dijo.

    Todo tuyo, conteste, y empezó a darme unos azotes a la par que los mezclaba con pasar sus manos por mis muslos llegando a tocar mis testículos, me encantaba, era una sensación extraordinaria.

    Cuando empecé a notar como sus manos abrían mis nalgas y sus dedos pasaban entre ellas, hasta notar un líquido algo calentito que resulto ser su saliva cayendo y frotármelo. Note como uno de sus dedos se paraba y deslizaba por mi ano, despacio, pero con decisión, estaba dilatándomelo porque sabía que me gustaba ser sodomizado con un dedo. Y así fue, empecé a notar como su dedo empezaba a entrar en mí, yo solo podía gemir y estremecerme de gusto, sabía que me gustaba, pero parece que ella también lo estaba disfrutando.

    Unos minutos después mientras me daba azotes y su dedo entraba y salida de mí, empecé a moverme para poder tocar mi miembro y masturbarme de nuevo. Dejó de jugar con su dedo y me levante poniéndome de pie encima de la cama. Mi verga estaba dura, venosa, la punta estaba ya soltando líquido preseminal, y empecé a masturbarme de pie mientras ella estaba abierta de piernas delante de mí.

    Puse mis manos en le cabecero de la cama y deje que ella se recreara la vista con mi miembro erecto por ella, quede en una postura como si estuviera crucificado, a mi polla le daban espasmos y se movía sola y ella cada vez estaba más excitada por que se acariciaba su sexo cada vez más rápido, y yo no podía más, tenía que correrme. Le puse mi mano cerca de su boca y escupió en ella para que fuera más suave mi masturbación y empecé ya a un ritmo alto con las dos manos hasta llegar al clímax mientras nos mirábamos a los ojos.

    Ella se corrió y yo mirándola y escuchado sus gemidos no pude mas y me arrodille a su lado para córreme en sus pechos los que llene de leche, una vez más, pero esta vez la salpique un poco en la cara y con una ligera sonrisa se limpió las gotas de semen con un dedo y lo metió en su boca, chupándolo y saboreándolo.

    Después de ese momento nos quedamos abrazados en la cama, con la yema de los dedos jugando por nuestra piel, hablando de lo bien que lo estábamos pasando entre risas, su voz es una voz que me atrae mucho, cálida y suave como su piel.

    Llegó la hora de cenar, pedimos que nos trajeran algo y nos relajamos un poco durante la cena viendo la televisión del hotel donde ponían una serie de dibujos animados de una familia de color amarillo que todos conocemos. Pero estábamos deseando acabar de cenar para volver a sudar con infinidad de posturas y gozar de nuestros cuerpos, lo que hicimos durante otras dos veces más.

    A día de hoy mantenemos el contacto y algunas veces recordamos aquel hotel y la experiencia vivida en su habitación 109.

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    Muchas gracias por leer y llegar hasta aquí en esta trilogía de relatos sexuales vividos en primera persona con una persona que es un cachito de cielo en la tierra.

    Espero que les haya gustado y lo valoren o comenten, me haría feliz. Muchas gracias

  • Como me inicié en la masturbación anal

    Como me inicié en la masturbación anal

    Ya hace tiempo que me gusta leer los relatos y es la primera vez que comparto como experimenté la penetración anal.

    Soy hombre de 34 años, un poco robusto de 1.70. Todo empezó cuando tenía 18 años que empecé a ver pornografía y me preguntaba que sentirán las mujeres al ser penetradas pues les veía una cara de placer inmenso, entonces un día que estaba solo en mi casa puse una película de sexo anal que había comprado en un mercado y al estar viendo las posiciones y como se acariciaban y ver como las penetraban me surgió más la duda. Entonces imité lo que hacía una mujer, comencé por quedar completamente desnudo, al principio estaba masturbando mi verga es de un tamaño normal 16 cm media gruesa.

    Pero al estar viendo el video me empeñe más por tocarme por debajo de mis testículos hasta llegar a mi ano, sentí un cosquilleo muy rico, entonces seguí, mientras me acariciaba las nalgas y a la vez tratando de abrirlas y al mismo tiempo mientras permanecía parado frente al espejo me daba unas buenas nalgadas que en ese momento no sentía el dolor pues mi excitación cada vez se elevaba.

    Después acomodé el espejo frente a mi cama para poder ver todo lo que hacía, me puse con los pies abiertos, comencé por meterme un dedo al principio me costó ya que nunca lo había hecho y me costó un poco introducirlo, pero en un instante mi ano poco a poco accedió, pero solo entraba muy poco y como al principio estaba jugando con mi verga empezó a salir mi pre el cual estaba viscoso que fue lo que me ayudó para poder introducir más mi dedo pues lo llené y comencé a hacer el intento con el pre en mi dedo e inicié el mete y saca así entro más fácil, luego metí mi otro dedo era una sensación extraordinaria.

    Después recordé que tenía una baqueta de las de la banda de guerra entonces le coloqué un condón y me puse en cuatro que me la metí como unos 10 cm, pero como es dura y delgada no era lo que yo esperaba, sentí rico, pero yo quería sentir algo más parecido a un pene.

    Entonces me acordé de unas barras de plastilina que había comprado para un trabajo de la prepa que no dudé en usarla y comencé a moldear algo parecido a tamaño y grosor de mi pene que como ustedes sabrán es muy manejable que me quedó igual a mi pene, pero también me quedó plastilina para moldear otro más grande y un poco más ancho que el mío sabía que si podía introducir el que se parecía a mi verga podría entrar el otro que era de un grosor un poco más amplio que el mío.

    Y así fue, me senté sobre ese pedazo de plastilina cubierto con un condón que sentí un cosquilleo por todo mi cuerpo, sentía como se partía mi culo a la vez se sentía poquito dolor, pero era más mi excitación que yo seguía cabalgando sube y baja hasta que empecé a sudar y sentir que los pies se me desmayan y ahí ya no pude seguir, mi verga se volvió a poner dura, pero pausé unos segundos para ponerme en 4 e intentar meterme el otro pedazo de plastilina que había preparado.

    Entonces como mi verga ya comenzaba a chorrear pre llené el pedazo de plastilina cubierto con el condón y compensé nuevamente, pero ahora en cuatro me nalgueaba como podía y poco a poco me iba metiendo más ese pedazo de plastilina también en forma de pene, pero más grueso y largo ya que como es muy moldeable se podía hacer al tamaño que yo quería, entonces así en cuatro usaba los 2 penes hechos de plastilina simulando que tenía dos vergas de diferente tamaño como si al mismo tiempo me cogieran. Era un placer difícil de contar pues cuando entraba una sentía rico, pero la sacaba y metía otra más gruesa gemía de placer.

    Volvió otra vez esa sensación de bochornos y calor en mi cuerpo que ya no pude más, en ese momento no sabía que eso que sentí eran los orgasmos pues ya ahora que ha pasado el tiempo y he seguido con esto de vez en cuando sé que es un orgasmo y pues como yo estaba más empeñado en cumplir mi deseo de descubrir que se sentía ser penetrado a mi verga casi no la toqué, pero salían chorros de semen como si me la estuviera jalando y como salía demasiado los recolecté en un vasito que inmediatamente así en cuatro y bien empinado podía ver en el espejo como estaba mi culo abierto. Igual que las que salían en las películas así que para finalizar así abierto de culo y empinado vacíe el semen en mi culo simulando que se venían en mí.

    Aclaro que no me gustan los hombres soy heterosexual, ni tampoco me imagino que un día me penetren con un pene de verdad, pero me gusta fantasear y ser penetrado por juguetes que después les contaré.

    Y pues eso es de cuando probé por primera vez la masturbación anal hasta ahora tengo novia, pero lo práctico cuando estoy solo en casa sin que nadie se dé cuenta.