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  • Dándole por el culo a la señora Vélez

    Dándole por el culo a la señora Vélez

    Siempre pensé que la Sra. Vélez era una mujer guapa y ya cuando llegué a la mayoría de edad se me hacía una mujer divinamente sensual. Algunas veces la encontré en las funciones de la escuela donde asistían sus dos hijas, pero la vez que me provocó una tremenda erección fue en un evento de una iglesia local, donde modelaba un vestido muy tallado a su cuerpo y donde imaginé tenerla dándole por ese increíble y monumental trasero.

    No sé si la Sra. Vélez supo o imaginaba que me había follado a su hija mayor, pues en ciertas ocasiones me acerqué por su casa y unas noches me metí a escondidas a coger con Lorena, donde muy sigilosos experimentábamos las corridas que nos provocamos el uno al otro. Lorena al igual a su madre era una chica guapa, pero no le llegaba al trasero y cintura que se manejaba su progenitora y creo que por ese tiempo vestía de esa manera mostrando en algo su mercancía pues estaba disponible dado que se había divorciado. Creo que es por eso por lo que me atreví a meterme a escondidas a la habitación de Lorena, pues su padre ya no vivía ahí.

    La verdad que junto a mi amigo por aquellos días hicimos algunos comentarios y fantaseábamos con la idea de coger con la Sra. Vélez. En mi recuerdo le calculaba unos 45 años por esa época, de un metro y setenta (se miraba más alta que su hija Lorena), de un trasero que sobrepasaba los 120 centímetros, de pechos de copa D y también sobrepasaban esas medidas perfectas, pero tenía una silueta de cintura sensual, que creo estaba en el número perfecto de los 60. Algunas veces la vi en traje de baño y realmente la Sra. Vélez tenía lo suyo y que a cualquier hombre de cualquier edad podría excitar.

    Recuerdo aquel día iba caminando por el andén frente a su casa cuando me llamó. Su casa terminaba en una esquina y tenían algunos arbustos que le daban cierta privacidad, pero en sí la piscina se miraba desde el andén. Me sorprendió cuando escuché su voz.

    -Tony… Tony, ¿me puedes hacer un favor?

    -¿En qué le puedo ayudar?

    -Necesito que me regales unas naranjas. Estoy tomándome unos tragos de vodka y se me ha terminado el jugo de naranja.

    Fui a mi casa a cortar algunas y le llevaba dos bolsas llenas de naranjas. Entré al lado de la piscina y ella yacía recostada en una silla a la orilla. Tomó la vertical y pude ver ese tremendo trasero que apenas cubría el pequeño bikini que llevaba puesto. Debo decir que para su edad y con dos hijas se miraba bien cuidada y en los últimos días por medio de su hija sabía que volvía a asistir a los gimnasios y que cuidaba de su dieta y la verdad que, a pesar de tremendo trasero, no se le miraba celulitis o carnes sueltas. Inclusive a pesar de su tamaño, sus dos melones se miraban bastante firmes. La verdad de solo mirarla me ponía un cierto incomodo, pues era imposible dejar de mirar tan obvia tentación.

    Pensé solamente en asistirla en poner las bolsas con las naranjas en un quiosco que tenía cerca de la piscina y retirarme. Quizá ella intuyó mi intención y se apresuró a decir:

    -¿Tienes prisa? ¡Hazme compañía un rato!

    -¿Y Lorena?

    -Se fueron por un par de semanas a la casa de su padre antes de que comiencen la universidad. ¡Quédate un rato, que yo no como!

    Creo que intuyó que me incomodaba, más que todo queriendo disimular y ocultar la erección entre mis pantalones vaqueros. Obviamente la Sra. Vélez era una mujer de mucha experiencia y yo solo un chiquillo que ella intuía podía manipular. Me pidió que me acomodara y me ofreció algo de tomar y aunque un angelito sobre mi hombro me quería sacar de ahí, en el otro hombro estaba un diablillo haciéndome imaginar cosas que me provocaban una tremenda erección mirando a la Sra. Vélez en un reducido bikini. Nunca había estado a solas con ella y no sé si por su edad o por los tragos que decía había tomado comenzó con cierta libertad a ser un poco morbosa conmigo.

    -¡Te has vuelto un lindo muñequito! Imagino que a muchas chicas de la escuela has de volver locas. ¿Tienes novia? -me preguntó.

    -No. -le he contestado.

    -¡Mira que suerte y yo aquí soltera y disponible! -y se había reído.

    -No, no tengo novia. –le repetí pues no sabía qué más decir.

    -Sabes… eres un hombre muy guapo, que a cualquier mujer haces fantasear. Yo me incluyo… realmente te has vuelto un hombre muy apetecible y por lo que puedo ver, eres un hombre muy dotado.

    Realmente me ponía un tanto nervioso aquel acercamiento y la manera que la Sra. Vélez me hablaba. Yo había fantaseado con ella y ahí estaba frente de ella y esta mujer me hacía sentir como un pequeño corderito acorralado. Ya había tenido un par de experiencias sexuales con mujeres mayores, pero fueron en diferentes circunstancias, pero el coqueteo de la Sra. Vélez fue algo sorpresivo y quizá me limitaba en la manera que me desenvolvía por la relación que había tenido con su hija Lorena. Estaba a punto de hacer aquella fantasía una realidad, pero la idea de coger con la hija y luego con la madre era algo que no concebía y era por eso el dilema y el debate de aquel ángel y diablillo sobre mis hombros. La Sra. Vélez se levantó de su silla y se me acercó a donde yo estaba sentado y me preguntó de una manera que sentía que con esa vista me estaba comiendo.

    -¿Te excita verme en bikini? ¡Veo que por ahí algo se ha levantado!

    -¡Usted es una mujer muy bonita y creo que usted sabe lo que provoca! -le dije un tanto nervioso.

    -Mira… ¡Que halago más lindo me has dado! ¿De veras te excito? ¡Ven para acá! Quiero ver que tanto te excito.

    Tuvo que repetir una vez más aquella invitación, pues me sentía paralizado intuyendo lo que estaba a punto de pasar. Me acerqué y ella se incorporó a sentarse pues su silla estaba reclinada y tomando un sorbo de su coctel prosiguió a desabrocharme mi pantalón vaquero. Realmente no me lo creía, aquí tenía a la madre de Lorena, con la que había fantaseado a punto de bajarme el pantalón. Me bajó el cierre y vio como ya mi calzoncillo estilo bikini estaba ya mojado de la excitación. Me dio una sonrisa pícara y me dio un halago y con él, algo que sonaba como a pedir permiso: ¡Tienes una hermosa pija! ¿Puedo?

    Me bajó el calzoncillo hasta mis rodillas y sentí el frío de sus labios y boca, pues tenía un pedazo de hielo de su coctel y comencé a vivir una rica mamada que nunca la había fantaseado con esta hermosa mujer. Siempre me la imaginé dándole por su hermoso trasero y la Sra. Vélez comenzó con una felación delicada donde en esa posición donde estábamos, bien alguien nos podía divisar desde el andén frente a la casa.

    Gozaba viendo cómo esta mujer de unos 45 años tenía un arte delicado en mamar, pues sentía que a la vez me coqueteaba cuando miraba una y otra vez ver mi verga desaparecer en su boca. Me lamía y me la comía a besos desde el glande hasta el tronco de la verga y con alguna de sus manos masajeaba mis testículos. Llevó en unos minutos sus manos a mis nalgas y me sorprendió lo que me dijo: ¡Tienes una hermosa verga cariño, pero creo que también tienes las mejores nalgas que he visto!

    Viniendo de la Sra. Vélez fue muy sorprendente, pues ahí tenía a la que creo ha sido la mujer más voluptuosa con la que haya estado jamás y su trasero es el más voluminoso que haya visto en mi vida y que simétrica y estéticamente inciten al deseo. Parecía que gozaba mamándome la verga pues se le podía ver aquella ansiedad de seguirme mamando y quizá era esa dieta sexual que había tenido por su divorcio o simplemente así de caliente era la Sra. Vélez. Sentía que me estaba llevando a esa sensación del no retorno y donde el cielo se abre y uno puede tocar el paraíso, pero no me iba porque no le quería llenar o salpicar el rostro a la preciosa Sra. Vélez. Fue ella quien me lo pidió cuando hizo una pausa y donde se llevaba otro trago de su coctel y continuaba mamando, dándome esa sensación exquisita de lo frío y caliente de su boca: ¡Córrete en mi boca… quiero saborear tu leche cariño!

    No pasaron dos minutos de haberme dicho esto y con una mamada más acelerada le dejé ir mi descarga y vi cómo se le llenó de mi corrida su cara y boca. Dejó de mamarme la verga hasta que se había tragado cada gota de mi corrida e incluso lo que le cayó en su rostro, con su dedo índice lo colectó y se lo llevó con una acción sugestiva de chupar su dedo hasta que todo ese líquido blanco y espeso desapareció. Tomó una toalla y me limpiaba los testículos llenos de su saliva diciendo: ¡Tienes una corrida muy dulce! ¡Me gustó!

    Se reclinó en su silla y le comencé a mamar esas tremendas tetas que tenía. No eran solidas como las de una chica de mi edad, pero creo que para su edad estaba bien cuidadas. Tenían una areola rosada y los pezones erectos eran de buen tamaño. La Sra. Vélez me pidió que se los mordiera, le gustaba esa sensación de dolor y muchas veces pensaba que le hacía daño, pero ella insistía que se los mordiera y que se los mamara sin misericordia. Comencé a quitarle el bikini y este estaba totalmente empapado de sus jugos vaginales y sentí ese olor penetrante de su sexo que hizo que mi verga tomara dimensión para una nueva batalla.

    Su panocha estaba totalmente depilada y era de labios exteriores gruesos. Su clítoris era visiblemente grande y la Sra. Vélez abrió sus piernas para hacerme el acceso a donde yo quería llegar e intuyendo a donde iba, me dio una almohada para que no me irritara las rodillas con el cemento del patio. La Sra. Vélez reclinó lo suficiente la silla, pues creo que quería gozar de verme cómo le comía esa concha saladita que también creo debe de ser la más grande que me he comido. Nada que ver con la de su hija, pues Lorena tiene una panochita de labios delgados y cerrados y su clítoris apenas se le puede ver. Esta mujer tenía una rajadura que debía de bajar y subir mi cabeza para llenarla de placer. Al igual que a sus pezones, le gustaba que le tomara su clítoris con mis labios y que se los apretara. Debió haber estado tan caliente, que en menos de cinco minutos me hacía ese vaivén y me anunciaba su primer orgasmo. No sé qué altos eran los decibeles del timbre de su voz, pero a mí me parecían que fácilmente los vecinos nos pudieron haber escuchado. Me tomó de la cabeza y me la empujó en contra de su concha diciendo: ¡cariño me vengo… me estás haciendo acabar! ¡Por Dios no pares… comete mi conchita cariño…así está rico mi amor! – Explotó con un potente orgasmo que hasta calambres en los dedos del pie le dieron.

    Vio que tenía mi verga ya erecta y me tomó de la mano y me guio a su habitación, pues me dijo que ahí estaríamos más cómodos. Ella se fue sobre mí y me volvía a dar otra felación y me miraba la verga diciéndome: -Tony, tienes una hermosa verga, me gusta su tamaño y su grosor… me gusta ver esas venas inflamadas. Sabes… con esa rica verga y con tu carita bonita me vas a hacer acabar pronto. – Se montó sobre mí y se apuntó la verga y dejó que se le deslizara y una vez se le había hundido toda me dijo: ¡Que rica verga tienes cariño… definitivamente volverás loca a todas las mujeres que pasen por tu cama! – Comenzó a cabalgarme tomándose de sus pechos para evitar el golpeteo de esos dos tremendos melones. En ocasiones le asistía yo sosteniéndolo y luego me dijo mientras seguía con un sostenido vaivén que hacían rechinar la madera de la cama: -Mámame lo pezones… me gusta sentir que me los muerdas mientras veo cómo te cojo.

    No tardó mucho para acelerar el ritmo y esta vez sintiéndose con más privacidad en lo encerrado de su habitación me comenzó a decir: ¡Así papito, muérdeme los pezones… que rico mi amor! -En aquella posición fue la primera vez que le tomé de los glúteos y sentí su firmeza. En esa posición me pidió que la nalgueara y que siguiera mordiéndole los pezones. Sentí la vibración de su vagina y como la contraía y siguió con la monotonía diciendo: ¡Oh, Dios, que rico me has hecho acabar, oh, Dios ¡verguéame… dame duro papito! – No pude resistir más de dos minutos oyendo aquello y le dejo ir mi segunda corrida que había sido tan abundante como la primera. Esta fue la primera mujer que vi hacer esto. Cuando le salía mi leche de su vagina, la tomó con los dedos y se la llevó a la boca y me dijo: ¡Qué rico Tony… la verdad que sí sabes coger!

    Fue al baño a limpiarse y tan pronto salió de ahí, volvió a darme otro breve oral con mi verga pasiva pero que sorpresivamente esta se había puesto erecta al contacto de su boca y me dijo: ¡Juventud… que tesoro! Sí siempre los hombres fueran así. – lo último no lo entendía en su momento, pero la verdad que por esos días me aventaba hasta 10 palos al día en días consecutivos. De hecho, un día con la hija de esta mujer, nos encerramos en un motel y Lorena se fue tan adolorida de sus caderas de tanto coger. Solamente me recuerdo que me quedaban los testículos ardiendo pues ya no tenían esperma que empujar.

    Quizá en este momento era la Sra. Vélez la fatigada, pues verdaderamente para mover ese trasero que ella tiene con la velocidad y constancia como ella lo hacía, pues se requiere de una buena dosis de energía. Mientras me masajeaba la verga entre sus manos, me hacía la siguiente plática:

    -¿A cuántas chicas te has cogido?

    -Tres… cuatro. -le contesté.

    -¿Entre ellas está Lorena? – me dio una mirada picara.

    -No… con su hija solo somos amigos.

    -Eso me gusta… no debes mencionar nombres.

    Creo que me lo decía porque intuía que sí ya me la había cogido, pero también, ella era ahora una más de las que me cogía y en su situación, era ella la que perdería ese nombre de respeto que había cultivado en la comunidad. Siguió con la plática sin dejar de amasar mi verga.

    -¿Verdaderamente te gusto?

    -Si… la verdad que usted es una mujer muy elegante y guapa.

    -Dime Tony… ¿qué es lo que más te gusta de mí?

    -Toda usted es muy bonita. – le dije de nuevo.

    -Dime, cuando ves a una mujer, ¿qué es lo que más te atrae? ¿Su rostro, sus pechos, su trasero o qué?

    -Todo. -le volví a responder.

    -No… por ejemplo… Tú eres muy guapo y tienes un bonito rostro, pero me atraen tus pectorales… hoy he descubierto que tienes unas bonitas piernas, pero me ha atraído tu trasero. Dime, ¿qué es lo que más te atrae de mí?

    -Usted tiene un bonito rostro, pero si… me gusta también su trasero.

    -¡Mis nalgas son las que más te atraen! Sabes… siempre he tenido un complejo con mi trasero… siento que es muy grande y siento que me hace ver muy gorda.

    -La verdad que yo no la veo gorda. A mi me parece que luce bien.

    -Como supe que una de tus novias era la flaca de Gaby, pensé que te gustaban solo las delgadas. ¡Así que te gusta mi trasero!

    -¡La verdad que sí! Le mentiría si le dijera lo contrario. -le dije.

    -¿Alguna vez fantaseaste con mi trasero?

    -¡Honestamente si!

    -¿Y qué te imaginaste?

    -Bueno… usted sabe lo que uno puede desear.

    -Dime… te da pena decírmelo. Mira que ya cogimos, ya nos conocemos cómo somos desnudos. No deberías tenerme pena.

    -No sé… quizá no sienta confianza de decirlo.

    -¿Te imaginabas que me lo cogías? ¿Es eso?

    -Si… la verdad que sí.

    -¿Quieres cogértelo?

    -¡La verdad que si me gustaría!

    -¿Ya te has cogido a una chica por el trasero?

    -No. -le contesté.

    Obviamente que le mentía, pues la gente que lee mis relatos conoce que la primera eyaculación de mi vida fue rompiéndole el culo a una chica de nombre Ana. Ya para ese entonces se me había hecho un hábito insistir en cogerme a todas las chicas por el culo. Si alguna se me escapó, fue más que todo porque no tuve el suficiente tiempo para pedirlo e insistir. Creo que la Sra. Vélez usaba aquella plática morbosa como preámbulo al coito, creo que la ponía muy cachonda pues las cinco veces que cogí con ella, siempre me hacía este tipo de pláticas.

    -¿Y cómo te imaginaste que me cogías el culo? ¿En qué posición?

    -En esa… yo sobre usted.

    -¿De perrito? ¿Esa?

    -Si, así me la imaginé.

    -Mira, lo vamos hacer como tú lo quieras, pero vamos a ir con cuidado. No sé si te lo han dicho o no sé si tú lo sabes, pero tu paquete no es el normal que la mayoría de las mujeres encuentran en la vida. Lo tuyo es más grande de lo normal y sobre todo en su grosor. Y te digo esto no solo para que seas cuidadoso conmigo, pero con cualquier chica que se te cruce y desees experimentarlo de nuevo.

    Recuerdo que me invitó a ducharme con ella, lo hicimos algo apresurados pues su baño es algo reducido y creo que ella estaba ansiosa de hacer lo que tenía en mente hacer conmigo. Salimos de la ducha y me pidió que me sentara a la orilla. Me hizo que me recostara sobre mi espalda y mis piernas quedaron colgadas sobre la cama. Comenzó con un oral delicado y en esta ocasión se concentró en mis testículos y mi perineo. Desde allí jugaba con mis ansiedades en una sensación rica y deliciosa que le besen esa zona a uno. Me elevó las piernas y eso le dio acceso a encontrar mi ojete. Lo lamió como si fuese el único postre en el mundo y podía sentir como con su lengua quería penetrarme el ojete. Ya había vivido esta experiencia antes y todas ellas las había vivido con mujeres de edad y con experiencia. Era por eso por lo que con las chicas que cogía las volvía locas cuando les hacía todo esto: Gaby, Lorena, Valeria, Sonia y muchas otras se había vuelto adictas a que les comiera el culo y por consiguiente terminaban dándomelo para que también me lo follase. Esta mujer me hizo un “rimming” delicioso y al igual yo, me hundí en esas voluptuosas nalgas llenándola de placer. Le comí el culo y se lo chupé a placer en posición de perrito y podía ver como brotaba abundante jugo vaginal el cual ocupé para dilatarle el ojete.

    Ella me había dirigido en aquella faena como si yo fuera un ignorante de tales pasos. Me pidió que le insertara uno y luego dos dedos hasta intentar con los tres, lo cual fue imposible pues mis dedos son largos. Se tuvo que parar y poner su abdomen a la orilla de la cama y dejar expuesto su tremendo culo, pues el nivel de la cama no concordaba con mi altura. Recuerdo que solo me dijo algo así: ¡Con cuidado cariño! Recuerda que tienes una verga que como puede dar placer, también puede hacer daño.

    Le asomé el glande al ojete y sentí como este me apretó la cabeza de la verga y la Sra. Vélez solo dio un gemido de dolor, pero contuvo su posición y pude sentir la divinidad de cómo mis 22 centímetros se hundían en la cavidad exquisita de tremendo culo. Para poder ver que mi verga se había introducido toda, tuve que abrirle las nalgas y la Sra. Vélez solo contraía su ojete, haciendo llegar una electricidad de placer. Estuvo así sin mucho movimiento y solo me masajeaba los testículos y recuerdo me dijo algo así: -En esta posición, tus huevos parecen que son parte de mi cuerpo… ¡Por poco no me metiste tus huevos!

    Ella comenzó con un vaivén de sus caderas semi lento y podía ver como esas dos nalgas se ponían erizas y cómo rebotaban cuando las embestía. La Sra. Vélez, como narraba anteriormente, es de esas mujeres que les gusta las pláticas cachondas, eróticas que, creo le hacen vivir con mas plenitud su experiencia. En aquella ocasión me decía:

    -¿Así te imaginabas follarme el culo Tony? ¿Es más rica la realidad que la fantasía?

    -Sí… esto es más rico de lo que me había imaginado. -le respondí.

    Ella siguió con un sexo oral, en el sentido auditivo, pues no podía darme una felación mientras le cogía el culo. Lo de ella era dimensionar ese momento con todas las palabras que le hacían sentir la plenitud de la cogida.

    -Tony, que rica está tu verga… nunca me imaginé que ese niño bonito tuviera semejante palo…. Sabes, me gusta sentir tus huevos pegando en mi conchita: Solo imagina… Tu verga en mi culo y tus testículos trabados en mi concha.

    -¡Que rico! -le decía yo.

    -¿Te gusta mi culo Tony?

    -¡Me encanta!

    -Dime que te lo vas a comer de nuevo… dime lo que harás con mi culo.

    -Te voy a chupar tu ojete… te meteré mi lengua en tu culo de nuevo. Quiero lamer todas tus nalgas de nuevo.

    -Saca tu rica verga y méteme tu lengua cariño.

    Así se lo hice… le sacaba la verga por unos segundos y se podía ver el tremendo agujero que le quedaba y proseguía a meterle la lengua hasta que se cerraba. Luego me pidió que se lo vergueara, quería sentir el taladreo con más potencia y proseguí con unas embestidas que la hicieron gemir. Ella comenzó a decir: -Dale así mi amor… así me gusta… eres bárbaro… cómo se siente tu verga. – Quizá pasé unos 20 minutos pompeándole el culo y en los últimos 5 había sido un ajetreo que me estaba debilitando las piernas, pero esta mujer me llevó al borde del sacrificio, pues uno no puede dejar a una mujer en el vacío cuando siente que llega a la gloria. Me dijo: No pares cariño, me vengo, oh, Dios mío, me vas a hacer correr por el culo…. Eres un animal cogiendo… que rico Tony, me vengo.

    Tuvo un orgasmo anal descomunal y yo solo pude durar dos minutos más dándole con ganas a ese maravilloso y despampanante culo. Me corrí por tercera vez y pude ver como mi corrida escurría del culo de la Sra. Vélez, a quien nunca imaginé verla en esa posición. Nos fuimos de nuevo al baño y repetimos un anal más en diferentes posiciones y creo que es la favorita de la Sra. Vélez… a ella le gusta montar y consiguió otro orgasmo anal en esa posición. Quizá estuvimos cogiendo alrededor de dos horas y media y verdaderamente fue una enorme y rica experiencia coger con esta mujer y con la que fantaseaba, pero nunca lo intuí que también ella fantaseaba cogerme a mí.

    Llegué a dejarle más naranjas por aquellas dos semanas y siempre que llegaba le dejaba ir dos o tres palos. Siempre me daba ese enorme culo y siempre se lo quise contar a mi mejor amigo quien también sé que fantaseaba cogiéndose a la Sra. Vélez, pero por pena a que Lorena se diera cuenta, nunca le dije a nadie que me había cogido a la madre de la que un día fue mi novia.

    No recuerdo cuanto tiempo después me la volví a encontrar caminando por la calle de la colonia. Se me volvió a insinuar, pero ese día debía de hacer algo que le urgía a mi familia y solo platicamos y nos recordamos de esas cogidas como a la Sra. Vélez le gusta hacerlo. También aquel día me lo volvió a preguntar:

    -¿Te culeaste literalmente a mi hija verdad?

    -¡No sé quién le haya dicho eso, pero cualquiera que se lo haya dicho verdaderamente tiene muy malas intenciones!

    -Me gusta que eres todo un caballero… realmente un hombre nunca debería de hablar de una mujer.

    -La verdad Sra. Vélez… nunca ha sucedido nada entre Lorena y yo.

    -No te preocupes Tony y llámame, Sofía, pues entre tú y yo no debería haber esos formalismos. Sabes… sé de ese día de fin de semana en el motel San Carlos. Lorena me lo ha contado todo.

    -¿Qué le ha dicho Lorena?

    -¡Que la hiciste acabar hasta por el culo! ¡Mi hija está enculada de ti para que haya tenido el valor de contármelo!

    -Sra. Vélez, verdaderamente no sé de lo que me habla.

    -Eres todo un caballero muchacho y déjame decirte que no culpo en nada a mi hija. Si me hiciste soñar a mí, realmente qué puedo reprocharle a Lorena. Espero haya gozado unos ricos orgasmos con esa preciosa pija que tienes. -me dio una sonrisa pícara y se fue con un adiós.

  • Fuego nocturno (Parte II)

    Fuego nocturno (Parte II)

    Las siguientes semanas repetimos, ella me dijo que se sentía muy liberada de ataduras de años, pasamos los sábados saliendo de la ciudad en busca del mejor lugar para coger, me decía que estaba aprendiendo cosas que nunca había vivido con su marido, que seguramente él vivía con las amantes; una vez me sorprendió cuando dijo que quería buscar a una chica, que había buscado en páginas de servicios de Escort y que tenía a una ya seleccionada, me dijo que compartiéramos el pago, ¿qué iba a decir yo? ¿Cómo tomar aquello?

    Aun en la más completa sequia antes que pagar por sexo, me había masturbado a mas no poder… tal vez si tenía mi lado mojigato porque, aunque me daba curiosidad, nunca me atreví a hacerlo, y lo que me estaba ofreciendo ahora era un pago alto. Me dijo que ella pagaría más, que prefería contratar a una chica de un alto nivel, que ella pagaría por la discreción de una acompañante profesional.

    No estaba convencido, pero ella estaba muy entusiasmada al respecto. Llego a mostrarme una foto de la chica que había conseguido… la verdad me atrajo bastante, la foto era una muy normal, no parecía una prepago, en la foto aparecía en jeans ajustados, que marcaban las curvas de su cuerpo, usaba un blusa manga corta, que marcaba su silueta, el cabello sobre un lado de la cara y una mirada sonriente, en una pose reclinada sobre una pared, creo que era una imagen astuta, de parecer sin parecer, o sea que me excitaría al verla y no sería una foto muy explícita, pero si despertó mi interés. Volví a preguntar si estaba segura de eso, parecía casi que cambiábamos papeles y era yo el indeciso.

    Ese fin de semana, me dijo que me esperaría en el lobby de un conocido Hotel de lujo, que suele ser punto de encuentro para estos deslices del deseo. Me vestí como ella me indico, pantalón de mezclilla, saco semiformal y camisa… la espere en la sala del lobby, la verdad me daba ansiedad lo que pasaría, me sentí casi tan ansioso como la primera vez que estuve con una chica. Alba apareció desde el vestíbulo de ascensores, se veía esplendida, un cabello brillante, un vestido de un azul oscuro, entallado a la cintura, la falda llegaba abajo de la rodilla y tenía un corte lateral a media pierna, hombros descubiertos, escote en v no tan exuberante pero si muy sensual, hacia resaltar sus curvas y sensualidad, sus largas piernas parecían brillar con los reflejos de la luz, unos tacones altos que resaltaban sus sensuales pantorrillas, llevaban un peinado recogido rigurosamente, unos labios rojos y uno ojos con determinación. Nos sentamos a esperar, hablamos muy susurrantes, aproveche a poner una mano en su pierna discretamente, ella respondió sonriendo y alejándose un poco, pero susurrando que, no comiera ansias, que ya tendríamos tiempo para disfrutar la noche.

    Hablando estábamos cuando ella llegó, se acercó desde atrás de donde yo estaba sentado y fue directo a Alba, le dio un saludo de beso y entablo una plática con ella, ligeramente reclinada y dándome la espalda. Giro su rostro hacia mi dándome una sonrisa de cortesía, se sentó al lado de Alba y cruzo las piernas, usaba una falda amplía hasta poco arriba de la rodilla, sus piernas eran carnosas, usaba unos tacones de punta fina con ligeras tiras alrededor de los tobillos, que resaltaban su piel clara, su blusa de hombros descubiertos, dejaba ver un busto generoso.

    Su cara era algo ovalada, ojos pequeños y boca pequeña, muy fina, aunque sus demás rasgos eran voluptuosos, tenía un largo cabello negro. Luego de risas y comentarios sigilosos de que pasaría entre nosotros, en el que los toqueteos y juegos de ella hacia Alba me excitaban, quedamos en ir al bar. Su nombre era Wendy… media 1.60, largo cabello negro, ojos verdes profundos, boca fina, una ligeramente respingada, sus curvas eran muy provocativas y sus gestos eran bien medidos, como si supiera exactamente que mover para que no dejaras de verla.

    Nos fuimos caminando como grandes amigos a conocernos más hacia el bar, pedimos unos cocteles para quitar cualquier nerviosismo, Wendy se mostraba muy confiada y conforme el alcohol hacia algo de efecto, también Alba y yo… fueron unos ligeros toques de hombro de Wendy para ir sintiendo el placer del contacto. Me pidieron que esperara unos minutos, que ellas subirían primero y luego subiera, así hice, me dirigí a la habitación pasado el tiempo.

    Entre despacio a la habitación, estaba a oscuras, había una música suave que venía de adentro, había una pequeña sala a oscuras, cerré la puerta y me encontré en el medio, fui hacia la habitación y esta tenía una tenue luz de una lámpara, fue cuando las vi en la cama. Alba estaba recostada y Wendy casi encima, sus manos recorrían el cuerpo de Alba, la besaba entre el escote abierto, las manos de Alba tanteaban la falda de Wendy, se la estaba alzando por sobre los muslos. Alba mantenía el cuello tenso y la cabeza echada hacia atrás, los ojos cerrados y la boca abierta, no podía ver la cara de Wendy, su largo cabello negro alborotado cubría el rostro.

    Me sentí excitado inmediatamente, pero no supe que hacer, me senté en una silla frente a ellas, seguí la acción que tenían, en la mesita a mi lado estaba una botella de vino ya a medio camino, obviamente era el impulso para hacer que las cosas pasaran más fácilmente.

    Pasados unos minutos me levante y fui hacia ellas, quede a un lado y Wendy dejo de apretar uno de los pechos de Alba, para manosearme la entrepierna, Alba hizo lo mismo, dos manos tanteando mi miembro, a la vez la otra mano de Alba exploraba las nalgas de Wendy.

    En ese juego se me fue poniendo bien dura, tanto que dolía cada vez que sus manos se sincronizaban y jalaban con fuerza la piel hacia atrás, haciendo que la punta se tensara casi hacia arriba. Puse una mano en los pechos de Alba y la otra en las nalgas de Wendy, comencé a pellizcar ambas, un pezón caliente y parado y las nalgas redondas y una entrepierna húmeda…

    De repente ya no era una mano la que me frotaba, ahora era una boca que se había posicionado sobre la punta, sentí unos labios húmedos envolviéndola, la boca de Wendy tragaba de mi verga mientras la otra mano de Alba, se dirigió a la blusa de Wendy y exploro hasta dejar libres sus pechos, yo me paraba en puntas de los pies sintiendo como chupaban mi verga y metí más mano en el coño caliente de Wendy, me incline sobre su espalda para poder ver más detalle de sus caderas. Wendy me tenía a mil con su boca, mientras la mano de Alba me recorría la entrepierna y el vientre, me aparte cuando Wendy busco aire, mire hacia Alba y me acerque a su cara, ella tenía la mirada atenta a lo que se le acercaba, dudo al principio, lo agarro con la mano y lo recorrió hasta agarrarse de mis bolas, en eso abrió la boca…

    Con la boca ocupada en mi verga, su cuerpo girado hacia mí, Wendy aprovecho a desnudarla, ella también se quitó la ropa, dejo a Alba sin nada y se dedicó a besar y chupar su cuerpo, le masajeó y beso los pezones, bajo al vientre y luego comenzó a meterle mano entre las piernas, con eso le dio más fuerza a las chupadas que me daba en la verga… trate de aguantarme lo más que podía, pero ahora la boca de Alba succionaba y relamía mi verga con frenesí…

    Cuando comencé a correrme, retrocedí y mi verga salió de su boca, deje un rastro de leche en sus labios, en su barbilla; en una segunda arcada, la dirigí a su pecho… parte le cubrió un pezón, y otro poco se fue escurriendo entre sus pechos, alcanzando el otro… me la jale con fuerza y otro chorro fue a dar a su vientre y… en eso Wendy alzo la cara y se la acerque a la cara, ella cerro los ojos y abrió la boca extendiendo su lengua, le embadurne la cara y ella chupo lo que quedaba en la punta…

    Comenzó a lamer el cuerpo de Alba, a la vez froto el suyo con ella, su cara cubierta de semen, se restregó con los pechos de Alba, por su barbilla, por su boca, las dos compartieron leche y saliva en apasionados lengüetazos, me senté enfrente disfrutando ver el cuerpo moreno de Alba, fusionarse con el cuerpo ligeramente bronceado de Wendy, parecían dos ríos de diferente color tratando de fusionarse, las largas piernas de Alba envolviendo las caderas frondosas de Wendy, sus pechos encontrándose pezón con pezón, sus manos indistintamente perdiéndose entre sus piernas, sus nalgas, sus bocas chupando la piel sudorosa y brillante de sexo.

    Miraba las nalgas de Wendy ser exploradas por las manos morenas de Alba, ella se las abría y dejaba ver los labios, yo tome una botella de vino que estaba a mi alcance, tome un largo sorbo y me levante, sentía nuevamente el deseo viendo ese espectáculo hipnótico de cuerpos contorsionándose frente a mí, acerque la botella hacia sus bocas… se lo puse en los labios a Alba, que tomo un sorbo pequeño, luego a Wendy, quien se acomodó sobre el vientre de Alba y empino la botella en su boca, luego dejo correr un poco por su barbilla, escurriendo entre sus pechos y cayendo hacia su pubis, le roció a Alba en el pecho también, aquella arqueo la espalda al sentir como el líquido caía del cuerpo de Wendy al de ella, me acerque a probar los pechos de Wendy, eran más redondos que los de Alba, y sus pezones también se hinchaban bastante, se los mordí y chupe, ella agarro mi cabeza con fuerza y la apretó contra sus pechos, tenía un par de sugestivos lunares entre ambos; nos dimos un beso fuerte, de lengua, mientras sentía la mano de Alba tocando mis nalgas y luego masajeándome el miembro y los testículos… Wendy se apartó después de un fuerte chupón de boca que me dio, se volvió a concentrar en el cuerpo de Alba, pero me hizo seña de que me acercara a su trasero…

    Me lo ofrecía completamente, sus redondas nalgas resplandecían ante mis ojos y yo perdía la vista viendo como palpitaba su sexo, eran unos labios rosados, rebosantes de calor, empapados en sus jugos… mi verga dolía nuevamente ansiosa de entrar, me pegue a sus nalgas y comencé a frotarle el miembro por toda la línea entre sus nalgas, ella me recibió arqueando la espalda y ofreciéndome completamente sus agujeros, algo que no rechace, fui metiéndoselo de a poco entre sus labios vaginales… que sensación tan deliciosa, ella lo tenía tan bien ejercitado que sentí como me iba deslizando en su interior, hice una presión suave y firme y sentí como llegue hasta pegar mi cuerpo completamente entre sus nalgas, ella se había inclinado sobre la entrepierna de Alba volcando su atención a explorar con su lengua, Alba gimió y abriendo las piernas en un gran ángulo, la inclinación de Wendy hacia que su sexo estuviera muy inclinado, me permitía metérselo con ganas y alcanzar a sobar las piernas de Alba, también miraba sus pechos balancearse y su cara jadeante y transformada, aun con rastros de semen y sudor y lamidas; me estire hasta alcanzar y tocar la boca de Wendy, metí mis dedos entre sus labios y en el sexo de Alba, la mezcla de saliva y sexo estaba caliente, cuando sentí la lengua de Wendy y toque en el interior de Alba, ella soltó un pequeño grito y tenso las piernas.

    Cuando estaba por correrme, lo quise sacar, pero Wendy no me dejo sacarlo, dijo que dentro lo quería, así que me fui por completo en ella, solo se estremeció al sentir el líquido caliente en su interior, coincidió con el clímax de Alba, lo hizo muy bien, llegamos los tres al mismo tiempo, la andanada de semen que salió de mí, llenaba el sexo de Wendy, ella se arqueo levantando su cara, empapada en los jugos de Alba…

    Rápidamente se levantó, separándose de mí, jalo de la mano a Alba haciendo que se levantara, hizo que me tirara en la cama, y que Alba se sentara con su sexo sobre mi cara, sentí los jugos calientes escurriéndome encima, Wendy empujo a Alba a que se inclinara sobre mi verga, aun chorreante y que se la metiera en la boca, rápidamente sentí la succión de sus labios, recorriéndome el miembro, mientras Wendy se sentó también encima de mí, de frente a Alba, comenzó a frotarse con mi verga y a que Alba también le lamiera el coño húmedo y también a que le masajeara los pechos, me ahogaba a ratos con el culo de Alba sobre mí, pero era más fuerte el frenesí que teníamos que no podía parar, le metí dos dedos en el ano a Alba, le lamia su sexo, mordí sus nalgas, a la vez sentía una boca, luego dos, luego un sexo frotándose con mi miembro que ardía, pero no dejaba de ponérseme duro. No sé cuánto más duré, una última sacudida de semen salió de mí y no se quien lo recibió, una boca lo absorbió, pero luego sentí un sexo frotándose, nuevamente una boca chupándolo… fue lo último antes de dormirme.

  • Una historia de sexo: Mi amante Virginia

    Una historia de sexo: Mi amante Virginia

    Acababa de llegar a Madrid, soy arquitecta y una de las mejores empresas de este país se había fijado en mi trabajo, estaba ilusionada y muy contenta, a mis 28 años tenía un buen trabajo, un buen sueldo, y un piso precioso que me habían cedido durante dos años, era un ático de dos habitaciones en una de las mejores zonas de Madrid enfrente del retiro, de hecho desde mi habitación se podía ver el parque en todo su esplendor y del salón salías a una terraza espectacular desde donde podías ver todo Madrid.

    Me llamo Lara y esta fue mi historia, una historia de sexo sin fin, sin control, de orgías delirantes, en una espiral de destrucción personal.

    Estábamos a mediados de julio y estábamos pasando una de esas olas de calor sofocante, el domingo cuando salí del Ave en la estación de Atocha, serían las tres de la tarde y era como entrar en un horno, metí mis maletas en un taxi que me llevo a mi nueva casa que la verdad estaba muy cerca de la estación.

    Tenía tanto calor que nada más entrar en mi nueva casa deje las maletas en el pasillo, quería darme un baño relajante, me iba quitando la ropa hasta quedarme completamente desnuda de camino a la bañera, llenándola de agua más o menos fría, empecé a meterme cuando me di cuenta de que no tenía ni gel, ni champú, tan siquiera una pastilla de jabón.

    Al bajarme del taxi me había fijado que justo al lado había un pequeño supermercado de esos que abren las 24 horas los siete días a la semana, lo tenía abajo y tenía prisa por descasar así que simplemente me puse el vestido sin el tanga, ni el sujetador, era tan solo entrar y salir ¿qué podía pasar en ese periodo tan corto de tiempo?

    Estaba pagando, no había tardado prácticamente nada, al salir junto con dos chicos más la puerta empezaron a sonar, los chicos salieron corriendo y los empleados detrás, uno de ellos me empezó a señalar como que yo iba con ellos y después de discutir un poco me retuvieron acusándome de robar, yo no me lo podía creer ¿pero no me habían visto comprar los muy inútiles?

    Cuando llego la policía me pidieron la documentación mientras me decían que esperara, fue cuando me fije en ella por primera vez, una mujer policía guapísima, tenía puesto una gorra y su coleta salía por detrás, un pelo castaño claro, ojos verdes, una nariz pequeña con pequitas, labios carnosos y bien definidos, blanca de piel, delgada y con dos senos muy sugerentes, ella también se fijó en mí y en más de una ocasión nuestras miradas se cruzaron, quedándonos mirando unos segundos.

    Estaba cansada del viaje, sudorosa y estaba en una situación un poco rara, me reía yo misma de la situación, y en mi mente se repetía una frase continuamente “sin bragas y a lo loco” joder no me había puesto ni el tanga ¿y si les daba por registrarme?, para colmo me sentía observada continuamente por aquella policía que no me quitaba ojo, pues sí, estaba muy enfadada y a la vez bastante asustada, aquella mujer se acercaba y se dirigió a mí con una voz autoritaria “señorita sígame”, entre con ella en un cuarto pequeño, me dijo que ya estaban terminando todo que había sido un error pero no obstante me tenía que registrar, debí poner una cara muy rara porque me comento si había algún problema ¿problema? problema ninguno solo que no llevo ropa interior, me decía a mi misma, estaba tremendamente incómoda con la situación.

    Me dijo que levantara las manos y que separara un poco mis piernas, tenía los ojos cerrados de la vergüenza que sentía, la policía se había quitado los guantes, estaba detrás de mí, media más o menos como yo cuando empezó a pasar sus manos alrededor de los míos la policía empezó a tocar mis brazos, aquello me extraño, ¿pero si mi vestido era de manga corta? me preguntaba, subió hasta mis hombros de pronto sentí sus manos en mis senos, más que registrar parecía que me los acariciaba una y otra vez, estuve por revolverme pero no me atrevía, aquello era surrealista.

    Llevaba puesto un vestido muy corto sin posibilidad de esconder nada, aun así sus manos siguieron bajando por mis caderas, toco mis nalgas con ambas manos, siguió hacia los muslos, estaba muy enfadada pero aquella situación la verdad que me estaba poniendo caliente, la note como se arrimó a mí por detrás, entre nuestros cuerpos ningún centímetro de separación, notaba sus pechos sobre mi espalda, paso sus manos al interior de mis muslos y empezó a subir, sus manos levantaron mi vestido, rozo mi sexo con sus dedos, se dio cuenta de que no llevaba bragas y volvió a bajar pero ahora note como sus dedos índices se metieron entre mis labios hasta llegar a mi clítoris, uno de ellos volvía a bajar metiéndose en mi vagina un poquito para luego volver a subir recorriendo toda mi vulva rozando mi clítoris nuevamente, podría haberme revuelto, decirla algo, no lo hice, aquella situación me empezó a excitar y empecé a disfrutar.

    Noto como abrí un poco las piernas al a la vez que mi cabeza giro dejando el cuello libre sin mi melena, una mano empezó acariciar mi seno y la otra bajo otra vez a mi coño, moviendo sus dedos sobre mi clítoris y metiendo sus dedos en mi vagina que estaba empezando a humedecerse, unos segundos más y empezó a lamer mi cuello, busco mi boca y me beso metiendo su lengua, estaba tan caliente que ya me dejaba hacer, al poco se separó de mí sin decirme nada se marchó dejándome allí con aquella calentura. Me comentaron que estaba todo en orden, me pidieron perdón y me subí a casa por fin, de camino de la tienda a mi casa la buscaba entre los policías pero no la encontré, aquella preciosa policía que en vez de registrarme, literalmente me había metido mano ya no estaba, se había esfumado.

    Ya en casa me bañe por fin, quise olvidarme de aquella experiencia totalmente surrealista y me metí en la cama, había llegado con una semana por delante para instalarme, era ya miércoles y no paraba de darle vueltas a lo que ocurrió el domingo cuando sonó la puerta, al abrir me encontré con una cara conocida, era ella, la policía del domingo, no sé por qué, quizás por un instinto de protección enseguida cerré la puerta pero esta volvió a llamar, en esta ocasión y llamándome por mi nombre me dijo que no me asustara.

    – El otro día me fije en ti nada más llegar y vi que tú también me mirabas, me gustaste desde un principio, sé que me aproveche, lo siento. Así de esa manera empezó a disculparse y continuó hablando por detrás de la puerta.

    – Si quieres te puedo invitar a una cerveza o me puedes dejarme entrar y empezar de nuevo. Estaba llena de dudas, quería abrir pero por otro lado no, quería conocer aquella mujer que desde un principio me fascinaba pero por otro lado no.

    No sé por qué, pero al final decidí abrirle la puerta y la invite a pasar, empezamos hablar, abrí una botella de vino que fue cayendo poco a poco, empezamos a reírnos con historias raras como la del otro día, se llamaba Virginia, tenía mi edad y sin el uniforme era una chica cañón y lesbiana, bueno por lo que me comento era bisexual, después de haber consumido una botella de vino y estar abriendo otra, le dije en plan de coña que a mí me gustaban las pistolas y que ella no tenía, nos reímos a carcajada limpia y me soltó que porque no la había probado y saboreado pistolin, las carcajadas fueron en aumento, Virginia se empezó arrimar a mí, yo empecé a sudar, estaba nerviosa cuando me beso en los labios, me quede quieta sin saber que hacer, dejo su copa de vino en la mesa, me quito la mía y me cogió de las manos, “puedo seguir”, me dijo mirándome fijamente a los ojos, yo simplemente asentí.

    Sus labios empezaron a recorrer mi cuello con suavidad, su lengua lamió el contorno de mis labios como queriendo entrar en mí y al final lo consiguió, nuestras lenguas se encontraron, los besos ahora eran profundos y apasionados, su mano habían alcanzado otro objetivo, mis senos estaban siendo acariciados una vez más por aquellas manos suaves, llevaba puesta una camiseta de tirantas que enseguida me deshice de ella cuando sus labios buscaron mis pezones, estaba tan excitada, era mi primera experiencia con una mujer, nunca lo había ni tan siquiera imaginado, Virginia seguía lamiendo mi cuerpo y con su mano me empujó hacia atrás tumbándome en el sofá, empezaba a quitarme el pantaloncito que llevaba y me seguía diciendo ¿puedo?, yo simplemente asentía.

    Me dejo totalmente desnuda en el sofá, empezó a tocar mi vulva, acariciar con sus dedos mis labios mientras miraba como yo me mordía con los dientes el labio inferior, sus dedos empezaron a oprimir mi clítoris mmm, dos de sus dedos lo acariciaban circularmente y agachado la cabeza me volvía a preguntar, ¿puedo? y yo volvía asentir pero ahora con un “si por favor”.

    Me abrió de piernas y metió su cabeza entre ellas a la vez que me miraba a los ojos, empezó a saborear mis labios inferiores a succionar mi clítoris, una y otra vez recorría mis labios bebiendo de ellos, estaba tan caliente y tan húmeda que no podía aguantarme más, me levante la cogí de la mano y me la lleve a mi cama.

    Me tumbe y la invite a venir, nos mirábamos deseosas la una de la otra, Virginia muy despacio se quitó una tiranta de su vestido, luego la otra y el vestido cayó al suelo quedándose desnuda delante de mí, no llevaba ropa interior, me hizo una mueca de complicidad y se tumbó encima de mí, nuestros cuerpos se unieron, nuestros pechos se aplastaban los unos a los otros, nos besábamos con frenesí, empezó a moverse como si me quisiera follar con una polla imaginaria, nos tocábamos y acariciábamos.

    Nuestros sexos unidos, mojados, el olor en la habitación era de lujuria, juntando nuestras vulvas, frotándolas, arriba y abajo, nuestros clítoris se unieron en un baile de placer, las dos gemíamos y ¡¡¡aaahhh!!! empezamos a dar pequeños gritos de placer, nuestros cuerpos se paralizaban por momentos, algo me recorrió desde la punta de los pies a la cabeza, nunca antes había experimentado un orgasmo con una mujer, mi vagina se inundaba, las dos terminamos empapadas de nuestros flujos que salían como pequeños chorros de placer.

    Nos quedamos tumbadas en la cama, estaba mirando por la ventana mientras que acariciaba suavemente el cuerpo de Virginia, estaba muy tranquila, muy relajada, sentía las sabanas mojadas pero no estaba dispuesta a levantarme todavía aunque necesitábamos una ducha urgente las dos.

    Virginia se incorporó me beso en los labios y mirándome a los ojos me dijo que lo sentía pero se tenía que ir, “lo he pasado de maravilla contigo y me gustas mucho Lara, siento tener que irme pero mañana si quieres te llamo”.

    Le dije sin pensármelo dos veces que sí, había disfrutado tanto con ella, primero de su compañía y luego del sexo que quería repetir, quería conocerla mejor, Virginia se duchó, se puso la poca ropa que había traído y se marchó. Me quede un buen rato todavía allí pensativa, había tenido mi primera relación con una mujer y me había gustado, Virginia aparte de una mujer muy guapa, era simpática, independiente, misteriosa, un poco alocada y sobre todo una incógnita para mí, era una mujer que había fascinado, que me había embrujado y no pude ver lo que se avecinaba, una espiral de sexo sin control, en la que no me iba ni a reconocer en un futuro.

    Este relato pertenece al primer capítulo de los siete que componen la historia, una historia que como vosotros iréis descubriendo tiene un poco de todo y espero que la disfrutéis tanto como yo la he disfrutado escribiéndola para vosotros.

    Un besito.

  • Ese extraño me sacó hasta la última gota

    Ese extraño me sacó hasta la última gota

    Por estos días recordé una situación que me ocurrió hace varios años, pero creo ha sido la experiencia sexual más excitante que he tenido en mi vida con un desconocido y deseo compartirla hoy con todos ustedes, espero les guste tanto como me gustó a mi cuando me sucedió.

    Para esa época yo tendría como 25 años (actualmente tengo 37) y resulta que al regresar a mi casa de trabajar cuando me bajé de la buseta se me acercó un tipo como de unos 35 años preguntándome por una dirección. Yo le indiqué más o menos y él dijo que si lo podía acompañar.

    Como el tipo se veía bien y había mucha gente a esa hora le dije que lo acompañaba hasta cierto punto ya que yo debía seguir por otro lado. Así fue que el tipo empezó a hablarme, que buscaba la casa de un amigo, a que se dedicaba en fin. De un momento a otro me dijo que tenía un amigo joven como yo y que cierto día estando en el baño de un centro comercial ese amigo le propuso a él que le permitiera verlo orinar.

    Fue algo que me puso nervioso y excitado a la vez viniendo de un desconocido. Entonces el tipo me pregunta que si a mí me hubieran propuesto lo que le propuso su amigo yo que hubiera dicho o hecho. Después de pensarlo un poco y con las hormonas alborotadas le dije que yo no le veía ningún problema y que yo lo dejaría ver, igual entre hombres no debería haber problema.

    Entonces el sujeto fue más allá y me propuso entonces que lo dejara ver mi pene. Viendo que la propuesta era en serio le dije que donde o como lo hacíamos y él me respondió que buscáramos un sitio e hiciéramos como si estuviéramos orinando… Me parecía algo arriesgado ya que podría alguien conocido darse cuenta entonces le dije que fuéramos a un sitio que estaba en construcción que estaba cerca y el aceptó. Ya a estas alturas tenía una erección enorme de tal forma que cuando llegamos al sitio me bajé el pantalón y salió de una mi verga…

    El tipo solamente la vio y sin decir más se agachó y se prendió a mamar como ternero huérfano, y el tipo era un experto debo reconocerlo, sin embargo era tanta la excitación que no demoré mucho en venirme dentro de su boca hasta que me la dejó limpiecita y brillante. Ya después solamente me subí el pantalón y me entró el complejo de culpa pero con una cara de satisfacción.

    El hombre me dijo entonces que tenía una verga deliciosa y que conocía a otras personas que les gustaba hacer lo mismo y me podrían incluso pagar, pero la verdad es que la propuesta no me interesó, me despedí y salí de allí rápido y por otro camino para que el tipo no me siguiera, pero en realidad había disfrutado mucho de una mamada realizada por otro hombre…

  • El amor después del amor (Parte 5)

    El amor después del amor (Parte 5)

    Con su hermosa pija en mi boca y mis manos acariciando su abdomen, muslos, los huevos grandes, que me encantan, me propuse darle todo el placer que pudiera. Recorría cada mm de sus genitales con mi lengua y veía su cara de placer y sus gemidos, lo cual indicaba que estaba haciendo un buen trabajo.

    En un momento, me levanta para besarme y se acuesta boca abajo, mostrándome el culo redondo y firme, muy blanco y suave. Me encantó y, literalmente, me tiré de cabeza entre esas nalgas soñadas. Otra vez, mi lengua no paraba de saborear su cola. David se retorcía de gozo hasta que no pudo más.

    David: Que feliz me hacés!!! Cada minuto te quiero más…

    Yo: Me gusta mucho todo esto, la paso muy bien con vos…

    Ahora era yo quien estaba boca abajo, disfrutando de la lengua de él. Sentí cosas que nunca había sentido, ni imaginaba que se podría gozar tanto con otro hombre. Así como estaba, se acostó sobre mí. Me besaba dulcemente y me decía muchos halagos de mi culo, que es el mejor y más perfecto culo que había visto. Me penetró lentamente, gozando ambos, como locos.

    Ésa noche dormimos abrazados y felices.

    A la mañana siguiente, era domingo, mientras desayunamos, nos pusimos a hablar de cómo seguiría todo esto. Fue una charla muy sincera y directa, nos dijimos las cosas que nos preocupaban y llegamos a la conclusión que debíamos dar rienda suelta a nuestra relación.

    Almorzamos y luego de limpiar la cocina, nos fuimos a dormir la siesta. Abrazados, basándonos, comenzó una nueva sesión de sexo, pero con una variante. David me dejó que lo penetre. Con mucho lubricante y paciencia lo logré, ambos quedamos exhaustos y felices…

    Continuará…

  • Mi colega

    Mi colega

    Era el año 2016 y me había encontrado con mi ex colega por la calle. Él es alto, cuerpon de piel canela y dueño de un tremendo paquete. Hasta ese día nunca se lo había visto pero siempre soñaba con su paquete. En sus pantalones de vestir se le notaba un tremendo bulto que le salía y eso que estaba dormido.

    Regresando al día que me lo había encontrado en la calle, me da su número para cualquier problema que yo tenga con mi laptop. Él se cachueleaba formateando computadoras.

    A las semanas siguientes le escribí por Whatsapp.

    Yo: hola qué tal qué haciendo? Estás solo?

    Él: hola qué tal si acá bien y si estoy solo por qué?

    Yo: preguntaba a ver si podías formatear mi laptop.

    Él: pues claro amigo. Cuando me traes mi máquina y la pongo como nueva.

    Yo: pero no podrías venir a mi casa mejor. Me da miedo sacar mi laptop.

    Esa fue mi excusa para poder hacer que vaya a mi casa. Aceptó ir un sábado por la tarde, plan de la 1 pm. Yo ya había alistado todo para poder recibirlo. Deseo resaltar que él siempre fue mi crush desde la primera vez que lo vi en la chamba.

    Puse mi laptop en mi escritorio. Puse a helar gaseosa y agua para invitarle si deseaba. Me llamó y me dijo que estaba abajo del edificio esperando. No les puedo mentir mi corazón latía a mil por hora. Estaba entre nervioso y ansioso. Bajo las escaleras con emoción, me había puesto unos shorts blancos un poco transparente y debajo me puse mi trusa tipo hilo.

    Él: hola qué tal cómo estás amigo? Qué bonito departamento tienes.

    Yo: gracias tío, siéntate. Cómo has estado?

    Él: cansado por la nueva chamba donde estoy pero bien.

    Él se encontraba trabajando en otro lugar y llegó a mi departamento a la salida de su chamba.

    Yo: deseas algo para tomar? Tengo gaseo y agua.

    Él: pensé que tendrías unas chelitas jaja pero no te preocupes amigo gaseosa está bien.

    Yo pensando en que pude haber comprado cerveza pero no se me ocurrió.

    Yo: bueno te dejo trabajar voy a estar en el cuarto. Me avisas cualquier cosa que necesites.

    Él: ok amigo y gracias por la chamba.

    Me fui a mi cuarto que estaba al lado de la sala y mi puerta se ve directo donde estaba trabajando mi amor platónico. Me eché en la cama boca abajo resaltando mi potito. Me saqué mis shorts blancos y solo me tapé un poco con la sábana. Según yo estaba escuchando música y no escucharía lo que él me estuviera diciendo. Pensé en esto para esperar que él se pare y se acerque al cuarto. Yo escucho que me llama por mi nombre y yo me hago el loco. Escucho que camina hacia la puerta de mi cuarto y veo una sombra que se refleja en la pared y lo único que hago es sacarme la sábana para que pueda ver mi potito blanco separado por mi hilo. Pensé que se incomodaría y se retiraría esto pero no y percibo que sigue ahí parado por un buen rato y hago como que me muevo y escucho que camina hacia donde estaba el escritorio.

    Me puse los shorts blancos, me levanto de la cama y le pregunto si me estaba llamando.

    Yo: me estabas llamando? Sorry estaba escuchando música con los audífonos.

    Él: no nada aún sigo formateando tu máquina.

    Yo: bueno regreso a mi cuarto, me avisas cualquier cosa, ok?

    Él: ok.

    Y volví a hacer lo mismo. Me eche enseñando mi potito. Al poco tiempo escucho que se acercan de nuevo. Pensé que me diría algo pero nada, el seguía ahí parado pero escucho que se abre la bragueta de su pantalón. Yo empecé a mover lentamente mis pompis para excitarlo aún más. Escucho que se estaba pajeando viendo mi trasero, oigo sus suaves gemidos ufff eso me puso a mil. Escucho que se acerca más a la cama y escucho sus gemidos más fuertes. Creo que no le importaba más nada. Escucho que termina y eyacula y lo hace sobre mi cama. Me cayó algo de su semen sobre mi pierna. Se dio cuenta de eso y escucho que se arregla y regresa al escritorio.

    Me levanto y veo toda esa leche de mi macho en mis sabanas. Me pongo a los shorts blancos y me dirijo donde estaba mi macho.

    Yo: todo bien? Ya acabaste?

    Él: ya acabé algo importante, pero falta poco para terminar de instalar unos programas.

    Lo sentí plateado pero sé que le gustó mi potito. Terminó su trabajo, le pagué por ello y se fue diciendo “gracias por todo”

  • Mi vecina, mi mujer y yo

    Mi vecina, mi mujer y yo

    Este relato pasó el pasado viernes, pero todo comenzó desde el lunes pasado ya que mi vecina la que anteriormente me había cogido fue a visitar a mi mujer y comenzaron a platicar diario tomando café y pan.

    Yo salía a trabajar temprano, mi mujer se quedaba en casa ya que ella no trabaja, y el miércoles que llegue de trabajar me metía a bañar y mientras estaba en la regadera empezamos a platicar.

    E: amor fíjate que doña Elva a estado viniendo a tomar café por las mañanas y hemos estado platicando.

    Y: pues qué bueno que platicas con alguien, pero qué interesante te puede decir la señora.

    E: pues no me lo vas a creer lo que me dijo.

    Y: a ver cuéntame.

    E: pues doña Elva salió más caliente que nada, como la vez que me dijo que tenía ganas de tener intimidad que todavía se le alborota la hormona y me dijo “mi niña no me lo tomes a mal, pero me gustaría hacer un trío con tu esposo y contigo”, me quede en shock y le dije que es lo que dice doña.

    Y: a poco eso te dijo (sin saber mi esposa que yo anteriormente me la había cogido). Que doña tan mas caliente, pero se me hace que le da un infarto si tiene relaciones.

    E: ella insistió, pero le dije que lo iba consultar contigo.

    Yo estaba muy caliente de imaginármelas a las dos, por lo que le dije a mi esposa que se metiera a bañar conmigo y ya estando ahí hacer el delicioso.

    Mientras me cogia a mi mujer en el baño le preguntaba si quería hacer el trío y ella me dijo que pues le daba pena pero que quisiera darle una oportunidad a doña Elva.

    Pasó el jueves y ella no me dijo nada solo platicamos de cómo me fue en el trabajo cenamos y nos acostamos a ver una película.

    Llegó el viernes salí a trabajar como todos los días, y cuando llego a la casa cuál es mi sorpresa estaba mi esposa y doña Elva en la sala.

    Y: buenas tardes qué milagro que nos acompaña.

    Elva: pues ya ve vecino aquí visitándolos para cenar juntos (soltó una risa picarona).

    E: mi amor pues de lo que te platiqué el otro día le dije a doña Elva que si haríamos el trío, es por eso que ella está aquí.

    Me puse caliente en ese momento, pero no quería que notaran ellas.

    Elva: ven acompáñanos aquí en el sillón

    Fui y me senté en medio de ellas, doña Elva empezó a acariciarme la cara y a besarme la oreja, por otra parte mi mujer comenzó a besarme la boca, después doña Elva me quitó los zapatos y el pantalón ahí ya se notaba mi bulto que estaba ansioso y quería acción, me quitaron la camisa y mi esposa dijo vamos a la recámara y nos dirigimos al cuarto, llegando a la cama me acostaron doña Elva me quito el bóxer y comenzó a pegarme una mamada muy deliciosa, por otra parte mi mujer subió encima de mí y puso su vagina en mi boca y comencé hacerle sexo oral.

    Mi mujer se notaba excitada por lo que jadeaba, gemía y después de unos pocos minutos tuvo un orgasmo que pude sentir su sabor en mi boca, Elva seguía mamándomela, pero llegó el momento en que me dijo ya no aguanto más y se montó en mi verga y empezó a cabalgar pude sentir su vagina húmeda y llenada de pelos, sus tetas aguadas rebotaban como pelotas, mi esposa le agarró una teta y se la empezó a mamar, Elva echo la cabeza para atrás y empezó a gritar y a gemir como loca, nos decía que no paráramos que le siguiéramos que estaba a punto de llegar al clímax, se escuchó un grito de alivio ella era gritando ahhh, ahhhh, no lo creerán pero de su vagina salió tanto líquido que pensamos que se había orinado, ella agitada nos dijo “no se preocupen siempre he tenido estos orgasmos”…

    Yo no había terminado así que le dije que le iba dar por el culo, ella dijo que si, la coloque en la posición de perrito, agarre mi pene y le dije a mi esposa que me diera una mamada y qué me lo dejara lleno de saliva, ella hizo lo que le pedí y dirigí mi pené a la orilla de aquel agujero negro, se lo introduje sin problemas, mi esposa se acostó delante de ella con las piernas abiertas para que Elva le hiciera sexo oral.

    Yo seguía dándole embestidas por el ano y sus tetas aguadas se movían para todos lados, la agarre de la cintura con una mano y con la otra le daba tremendas nalgadas que le deje marcada mi mano, después de unos minutos le dije que ya iba acabar ella me dijo termina dentro de mi, la inunde de leche, mientras eyaculaba y seguía con el mete y saca, la leche salía de su ano después de unos segundos me quede quieto con mi pene dentro de su culo, ella se hizo para delante y mi pene salió de su culo, me dijo te lo limpiaré para que ahora le des a tu mujer, se llevó mi pene a su boca dio unas cuantas mamadas y me dijo ahora si está como nuevo.

    Así que acosté a mi mujer en la cama le levante las piernas y me las puse en mis hombros y comencé a penetrarla con una fuerza que se escuchaba como pegaban mis bolas en su culo, Elva se montó encima de mi mujer para que le hiciera sexo oral, hasta que los tres tuvimos un orgasmo casi al mismo tiempo, después de que terminamos nos quedamos acostados en la cama y Elva dijo: ay mis niños qué bueno que hicimos esto tenía mucho que no me la pasaba tan delicioso.

    E: pues nunca imaginamos que lo fuéramos hacer.

    Y: creo que fue una tarde maravillosa.

    Elva: si quisiera repetirlo pronto, por lo pronto ya me voy que quiero descansar que estoy agotada.

    Se puso su bata y salió de la casa, mi esposa y yo nos quedamos platicando y en la noche volvimos hacer el delicioso.

  • Detrás de un teclado

    Detrás de un teclado

    Esta es la historia de dos chavales jóvenes que gracias a internet pasaron días y noches juntos.

    Cae la noche y como otra más, en mi casa la familia estaba durmiendo y yo estaba ya harto de ver la televisión.

    Internet me salvó la vida. Es extraño, cuando desde fuera yo mismo consideraba un vicio permanecer tantas horas postrado frente a una pantalla de un ordenador. Pero en ese periodo de mi vida, las redes sociales se convirtieron en mi mejor refugio, en mi mejor oasis. Miraba todas las redes sociales que había y que conocía. Desde las que me ofrecían imágenes de jóvenes princesas, hasta las secuencias expertas de estrellas de películas para adultos. Y todo ello sin olvidar los relatos escritos por personas que, por ser como yo, me sumían en la intimidad de sus vidas como si fuese la mía propia.

    Es extraño, y sólo las personas que hayan vivido una situación como yo lograran entenderme: Yo nací dos veces; La primera del vientre de mi madre y la segunda, de las entrañas de internet.

    En mi nueva vida era uno más de esa comunidad. Diariamente conversaba con mujeres tan diversas y con tan diferentes opiniones como arboles hay en un bosque. Al principio, únicamente buscaba sustituir el cariño con las frases de otra mujer. Finalmente, mi instinto inconformista me llevó a mostrarme mediante la cámara del ordenador.

    Evité desvelar mi rostro. Pero eso no evitó que compartiera mi cuerpo con otras mujeres. Entré en un juego de deseo y seducción, cuyo máximo exponente del placer consistía en masturbarme admirando los pechos y lo que me dejaran ver desconocidas. Recuerdo la primera vez que, a petición mía, una mujer se despojó de su tanga y me mostró su clítoris mientras se introducía un dedo en la vagina. La imagen me hipnotizó. Me masturbé con furia mostrando el mejor plano posible de mi miembro. Y junto a mí, a cientos de kilómetros de distancia una mujer se corría admirando mi eyaculación.

    Muchas mujeres pasaron por mi pantalla. Me derretían mostrando sus cuerpos de distintas posturas. A todas ellas las poseía durante unos minutos, pero sólo una consiguió enamorarme.

    Entró de improviso en mi vida, su Nick: “Legolas”, y aunque fuera nombre como un famosos elfo del señor de los anillos, parecía ser un anticipo de lo que pasaría entre nosotros. Me sorprendió que me atrajera tanto a pesar de que se negaba a mostrarme su cuerpo desnudo. Alegaba que se encontraba en sus padres y que no podía desnudarse. Al igual que yo ocultaba su cara, insistí en varias ocasiones para que me la mostrara, pero ella ponía la condición de que yo también tendría que mostrársela. Y ahí fue cuando descubrí que me estaba enamorando. Deseaba con locura ver su rostro, pero me invadía un miedo atroz a que el mío no fuera de su agrado y en consecuencia la pudiese perder.

    Pasamos meses conectando cada día. Era una mujer inteligente y de carácter muy sensual. Pronto nuestras conversaciones se tornaron monotemáticas, anhelaba masturbarme con la imagen de sus pechos en mi pantalla ya que hasta entonces solo veía su cuello y parte de su pecho y armado de valentía una mañana se lo propuse. De nuevo vivir en familia se interpuso en mi fantasía, aunque me propuso que yo me masturbase para ella. Así lo hice. Mi mano bailaba sobre mi miembro al ritmo de las frases que ella escribía. Sabía cómo excitarme, como sacar todo el partido a mi imaginación. Cuando intuyó que yo estaba a punto de correrme, disimuladamente, se tocó los pechos por encima de la ropa, gesto más que suficiente para provocar que mi falo explotara ante su pantalla. Nunca olvidare esta frase que dijo: “tienes una polla muy bonita”.

    Al concluir aquella semana, nos despedimos con frases de auténticos enamorados. Era viernes, ella me pidió que no la fallara, y que me conectase el lunes a primera hora. Para mí ya era difícil pasar el fin de semana sin ella. Mis palabras debieron conmoverla, y en un ataque de valentía deslizó la cámara, bajo mostrando como metía una mano por debajo de su camiseta acariciando sus enormes pechos.

    La imagen de sus pechos no había sido muy nítida, incluso carente de luz, pero bastó para pasar todo el fin de semana obsesionado con ella. Incluso por las noches, yo me masturbaba en la cama soñando con acariciar esos pechos. Con sentir su sabor, con inundarla de mi semen.

    Fue el fin de semana más largo de mi vida, pero al fin llegó el lunes. Nos saludamos como dos quinceañeros y disfrutamos comentando el pánico que había pasado durante su arrebato de pasión del viernes en el cual me mostró sus pechos tapados con la camiseta. Era divertido pensar en la cara de si algún familiar que vivía con ella la descubrían con la cámara encendida y acariciándose.

    Ese lunes no podía más e incluso me conecte minutos antes de la hora prevista, “Legolas” se conectó también y directamente cuando pincho en mi nick enseñe la cara, me arrige pasara lo que pasara, pero ya tenía que ir con un paso por delante. Ella no dijo nada, y su cámara se movió lo justo para ver su cara, aquellos ojos, esa mirada, unos labios gorditos… era fascinante y empezamos a hablar, me comentó que había insistido en conectarnos el lunes por la mañana por que estaba sola en casa y así podría disfrutar más de nuestras conversaciones.

    Prácticamente fuimos al lio sin miramientos, a preguntas concretas, diciendo nuestras posturas favoritas, sitios donde lo habíamos hecho, en fin, calentando motores en la distancia. La verdad es que el morbo nos iba atrapando más y más hasta el punto que yo ya escribía con una mano, cosa de la que se percató y me dio que si ya estaba jugando con mis manos. Esa cara preguntándome eso, mordiéndose los labios y acariciando su pelo me puso aún más caliente y le confesé que sí.

    Ella, desabrochado su sujetador, me dijo que si no estaban mejor mis manos en sus pechos. -Claro que sí, respondí, pero no los veo bien. Así que ella con un ligero movimiento de cámara la bajo para enfocarlos bien y levantando un poco su camiseta aparecieron aquellos pechos, con unos pezones que se notaban duros, y empezó a jugar con sus dedos pellizcándolos, llevándose el dedo a la boca y llenándolos de saliva.

    Ya no aguanté más y tuve que quitarme los pantalones poniéndome de pie para dejar mi miembro en libertad y masturbarme delante de ella. Note como bajaba una de sus manos para ella también masturbarse, no me quedo otra que preguntar que donde iba esa mano a lo que contesto que si no lo imaginaba no había entendido nada. Yo seguía con acariciando mi miembro mientras ella hacia lo mismo con sus hermosos y voluptuosos pechos. Yo no paraba de decirle que bajara un poco más la cámara para ver donde estaba la otra mano, pero no era una opción, así que seguí deleitándome con sus pechos y su cara que cada vez era más roja de excitación.

    No aguante mucho y me corrí manchando todo el teclado y salpicando la pantalla a lo que ella arrimo la cámara a su boca como si quisiera que la salpicara a ella en la cara. Lo que hizo que mi masturbación fuera ya a un ritmo más lento para que observara bien toda mi leche resbalando aun por la mano.

    Me volví a sentar y más relajado ya la conversación volvió a ser más fluida porque escribíamos con las dos manos, lo que me llevo a preguntarla que si ella también había llego al clímax a lo que mientras se metía los dedos en la boca, saboreándose, me contesto que sí.

    Ese fue nuestro primero y no último contacto a través de la red.

  • Jugando con mis amigas (Parte 8): Incorporando a Aurora

    Jugando con mis amigas (Parte 8): Incorporando a Aurora

    Después del último juego, en el que por primera vez incluimos a un chico en el grupo y que terminó con el chico en cuestión y mi amiga Lucila teniendo sexo frente a todas (nota: para más detalles leer la parte anterior) quedamos con una participante menos, justamente Lucila que planeaba casarse lo cual implicaba su alejamiento de los juegos al menos como participante regular.

    Por lo tanto Analizamos la posibilidad de volver a incorporar gente al grupo, se habló de traer un chico una vez cada una para que se asemeje al juego anterior, Alicia habló de la posibilidad de traer a su padrastro con el que habitualmente tiene sexo y Evelyn dijo no tener problemas de que se incorporen hombres al juego siempre y cuando en caso de perder no la obligáramos a hacer nada más fuerte que chupar.

    Asimismo poco después me encuentro con Aurora, hablamos un poco de sexo como suele pasar (Nota: detalles en el relato la historia de Aurora) y teniendo ganas todas de incorporar más gente y dado que Aurora parecía interesada y dispuesta a participar lo hablé con el resto de las chicas y todas aceptaron que sea ella quien se una a los juegos al menos para la próxima vez y si todas nos sentíamos cómodas de manera regular

    Una vez todas de acuerdo con Aurora como nueva integrante, nos juntamos en mi casa, como siempre para hacer el juego, habíamos decidido que fuera rápido y por lo tanto empezar todas en malla (esto fue en un día cálido de este verano 2020) y en el patio pedí que de ser posible traigan de dos piezas y así fue. Se decidió que cuando la primera quedara desnuda íbamos a entrar a la casa y que la que perdiera como prenda iba a tener que salir de nuevo y pasearse por el patio desnuda…

    Dado que había una integrante nueva no quería que la prenda fuera demasiado fuerte, sobre todo en caso de que perdiera ella…

    La que quedó primera en bolas, sin embargo, fue Evelyn y también la que perdió el juego, yo resulte ganadora y la única en conservar al menos la parte de abajo del bikini, luego de cumplir Evelyn su prenda, volvimos a entrar y todas nos quedamos como estábamos por un buen rato como es usual…

    Lo más interesante es que Aurora accedió a volver a participar y que no pareció tener mayores problemas para desnudarse aunque de a ratos atinaba a taparse un poco, ella es algo obesa pero no tanto como parecería, tiene tetas y culo grande porque es grande de cuerpo, de ahí abajo bastante peluda…

    Hubo un segundo juego al otro día, gané otra vez aunque esta vez quedamos todas en bolas… Perdió Aurora esta es la segunda vez que juega y la primera que pierde así que trato de que su prenda sea tranquila y en este caso solo le pido que me deje la bombacha (algo que suelo hacer) le agregaba algo de morbo que ella había ido con pollera aunque la misma no era demasiado corta, además le pido que cuente al resto de las chicas un poco de su experiencia sexual, cosa que hizo sin agregar nada nuevo a lo que ya me había adelantado en forma privada

    Un par de días después la llamo a solas para charlar del juego…

    Bueno después de una charla breve le digo de estar en bolas “para acostumbrarse” y accede. Se desnuda y yo hago lo mismo le pido que se siente con las piernas abiertas y le digo que en los juegos siempre tiene que estar así y que no puede taparse de ninguna manera…

    Luego de un rato de charla normal pero al desnudo le pregunto si se masturba y que tan seguido y me dice que lo hace, pero poco…

    Yo le digo que en los juegos las prendas suelen ser más fuertes y le pregunto si ella se animaría a hacerlo si le tocaba (refiriéndome a masturbarse frente al resto)

    Ella me dice que nunca lo había hecho delante de alguien más, entonces yo le digo que si se anima a hacerlo sola conmigo para acostumbrarse y que yo también la iba a acompañar haciendo lo propio delante de ella

    Le pregunto si es de acabar fácil y de mojarse mucho y me contesta que así es y yo le digo que yo también…

    Empezamos a hacerlo y al ratito pega un grito como que había acabado, yo también lo había hecho, le muestro mis dedos y me abro la vagina para que pueda ver mi interior y lo húmeda que estaba, le pido que ella haga lo mismo y al hacerlo puedo ver que ella efectivamente también estaba muy húmeda…

    Le pregunto si lo disfrutó y me contesta que sí, aunque le había dado algo de vergüenza hacerlo delante de mí, insistiendo le pregunto si estaría dispuesta a hacerlo delante de todas en caso de perder la próxima vez y ella acepta y quedamos entonces que esa sería su prenda para cuando pierda…

    Próximamente más…

  • Manolo me invita a salir de juergas

    Manolo me invita a salir de juergas

    Estaba yo ese viernes en la tarde, recostado en mi cama. Estaba becado y como vivía en una provincia, algunas salidas de fin de semana me quedaba en el Instituto Militar. 

    Ese fin de semana pensaba quedarme a dormir en el pabellón donde compartía habitación con Leonardo, un joven deportista aficionado a la guitarra, que tenía muchas admiradoras por su atractivo físico: rubio de ojos azules, con un cuerpo de escultura, y lo digo en serio, se me asemejaba, de espaldas, al David de Miguel Ángel. Yo no tenía planificada ninguna salida en especial y pensé que a lo mejor iría al cine a ver algún estreno el sábado. Él se había marchado y yo estaba tirado en la cama, en shorts, mirando un musical en la tele, cuando tocaron a mi puerta y respondo: ¡pase! y entra Manolo, vestido de uniforme, para invitarme a que lo acompañara a la ciudad a pasarla bien juntos, me dice, porque en la casa de su tía no va a estar nadie, pues se han ido de vacaciones toda la semana.

    Yo trato de ponerle algún pretexto pero él insiste y me dice que me vista. Que no se piensa ir sin mí. Pues qué remedio, le digo yo. Con Manolo había estrechado una bonita amistad, era muy ocurrente y me reía muchísimo de sus cuentos. Así que me tiré de la cama y me quité el short y los calzoncillos y abrí el armario dándole la espalda a él, confieso que lo hice con toda intención. Le ofrecí una vista perfecta de mi culo.

    Al verme desnudo me dice coqueto:

    –La verdad que con esas nalgas tan hermosas haces feliz al más mortal de los humanos –y se ríe, a lo que le respondo:

    –No comiences con tus puterías de siempre, cacho de maricón, –y él suelta una carcajada y me riposta:

    –No te preocupes, que poco a poco te voy a ir convenciendo y cuando menos te lo imagines te voy a gozar el culito lindo ese, que tú tienes –y sigue riéndose.

    –Vete a la mierda, ¡cacho de bugarrón! –Y nos reímos los dos. En realidad, aunque tanto él como yo teníamos novias en nuestros pueblos, yo sentía inclinaciones por él, me gustaba verlo hacer ejercicios y a la hora de ducharnos.

    En el gimnasio no podía evitar mirarlo desnudo, enjabonándose todo y admirar aquella tremenda herramienta, que sin estar erecta se veía muy hermosa.

    Fuimos a casa de la tía y allí nos cambiamos, nos vestimos de civil y salimos de juerga, bebimos en varios bares y ya tarde llegamos al apartamento. Los dos estábamos bastante pasados de tragos.

    Yo me quité la ropa y me quedé en calzoncillos, tirándome en la cama de la única habitación, él se desnudó y también se quedó con unos bóxer blancos y me dijo que él siempre dormía en la sala en el sofá cama. Le dije que por qué no dormíamos los dos en la cama, que era más cómoda.

    Entonces sonriendo me dice:

    –Bueno, si a ti no te importa, por mí está bien, lo que no te garantizo que amanezcas mañana siendo virgen, –los dos reímos, él apagó la luz y nos acostamos. Yo en broma, pero con toda intención de provocarlo le digo:

    –Tengo plena confianza, que con lo borracho que estás no tengo nada que temer.

    –Pues tienes que ser más precavido, que en la confianza está el peligro.

    No recuerdo muy bien, pero creo que muy rápidamente me quedé dormido. Tenía unos sueños eróticos recurrentes que me tenían excitado. Me despierto y siento que Manolo está prácticamente encima de mí, y no solo eso tenía su chorizo tieso dentro de mis nalgas, por una pata de mis calzoncillos, me hice el dormido y dejé que siguiera disfrutando, total, yo estaba disfrutando también. Sentí un escalofrío placentero que me recorrió la espalda, no dije nada. El comenzó a moverse pausadamente y frotarme con su pene, posó una mano sobre una de mis nalgas y comenzó a acariciármela.

    Yo no sabía qué hacer, la respiración agitada me delataba, estaba sintiendo un placer inmenso. Introdujo la mano por debajo del calzoncillo y con sus dedos comenzó a tocarme mi ano, no pude resistir y se me escapó un gemido de placer.

    El sacó la mano y me la puso en la boca, me introdujo sus dedos y me pidió que los chupara y los llenara de saliva. Después regresó a mi culo y me quitó suavemente el calzoncillo y me toqueteó el ano e introdujo un dedo y después otro, volví a gemir.

    Ya no tenía voluntad para impedir lo que iba a pasar. Todo lo contrario, estaba deseoso que aquel macho tan bello y tan hermoso me sodomizara. Efectivamente, se quedó completamente desnudo encima de mí y sentí como me iba penetrando aquella verga dura y caliente hasta lo más profundo de mis entrañas.

    Fue muy tierno y muy cariñoso. Me sentí en las nubes cuando me la metía más rápido y en una especie de estertor eyaculó dentro de mí toda su leche.

    Nunca había sentido un placer tan inmenso. Aquella noche me lo volvió a hacer dos veces más, me puso a mamársela y antes de dormirnos me la fue chupando y masturbándome hasta que llegué a un orgasmo sublime y me quedé dormido en sus fuertes y musculosos brazos que me abrazaban protectores.

    Al día siguiente, al amanecer me despierto. Manolo sigue dormido. Está parcialmente tapado por la sábana, pero su silueta sexy se nota, levanto sigilosamente la sábana y me quedo de pie, admirando su bella anatomía, mostrando aquella ancha espalda, sus piernas tan bien esculpidas y aquel trasero apetitoso, que da un gusto especial. Me deleito unos instantes y lo vuelvo a cubrir con la manta. Entro al baño y me aseo, luego me dirigí a la cocina y me pongo a preparar el desayuno, tengo la carpa del circo levantada. Me sacudo un poco los pensamientos lujuriosos que me acechan y termino de preparar una omelet de jamón. Lo llevo todo a la mesa junto a las tostadas, mantequilla, confitura de cereza y la leche, me falta el café, que he puesto en una cafetera de expreso, ya tiene el agua su temperatura y comienza a colar. Siento la voz de Manolo desde el cuarto:

    –¡Qué olor más rico! –llevo el café a la mesa.

    –Ya está servido Manolo, ven a desayunar. –Unos segundos después entra él en calzoncillos, sin asearse ni peinarse.

    –¿Y tú no te piensas asear, cochino? –le digo, mientras él se acerca y me abraza y me da un beso en la mejilla.

    –Buenos días peleón, tengo mucha hambre, después me iré a la ducha. –Nos sentamos y comenzamos a devorar todo lo que yo había preparado.

    –¿Te gusta Manolo?

    –Eres un campeón en la cocina.

    –En otras cosas también me destaco, ya tú verás. –Me mira curioso y se sonríe.

    –¿Adónde iremos hoy? –Me pregunta.

    –¿A la playa? –Le pregunto.

    –Podemos ir también al Museo de Ciencias Naturales, digo, si tú quieres.

    –Si, por ahí podemos comenzar y después podemos enmendar el fondeadero, si queremos. –Le contesto.

    –Pues para luego es tarde. Abril que viene mayo.

    Nos vestimos y salimos a la calle. Tomamos un autobús que nos lleva al centro.

    –Manolo, vamos a entrar en esta tienda que quiero comprar una cosa.

    –Pues vamos. ¿Y qué quieres comprar?

    –Estoy buscando un regalito para mi novia. No sé qué exactamente, pues tú sabes cómo son las mujeres.

    –Ni me digas nada. La mía es igualita. Paso un trabajo tremendo para encontrarle un regalo bonito y al final me tira un cubo de agua fría arriba cuando me dice con un rictus «está bonito», ya tú te imaginarás lo que quiere decir, ¿verdad?

    –¡Que tienes tremendo mal gusto! –Y nos echamos a reír a carcajadas.

    –Mira Alejandro, ¿no quieres comprarle un perfume?

    –¡Ni muerto! Ese es mi regalo predilecto y ya me ha advertido que ni uno más.

    –Cómprale una mandolina, para hacer potatoes chips.

    –¿Para qué? ¿Para qué me diga que yo lo que quiero es ponerla a cocinar?

    –Ni modo. Creo que no tienes solución. Mira, puedes comprarle un jueguito sexy, eso no le va a parecer mal. –Nos acercamos a unos anaqueles y me muestra un juego de sostén y blúmer rojos muy coquetos.– ¿No está bonito este jueguito?

    –No sé, está muy provocativo.

    –¡Ese es el objetivo! ¿No se te para la pinga nada más de verlo?

    –Pues la verdad que sí. Pero prefiero este juego que está más discretico.

    –Pues yo sí se lo voy a comprar a mi novia. –Y acto seguido se lo da a la empleada que lo invita a pasar por la caja.

    –Mire, por favor, señorita. Este me lo voy a llevar. –Le digo yo, mostrándole el jueguito negro.

    –¿Los señores le están comprando regalos a sus novias? ¿Les interesa alguna otra cosita?

    –No, eso solamente. –Respondimos casi al unísono, tanto Manolo, como yo.

    Salimos de la tienda y nos dirigimos a un cine cercano que estaba proyectando un estreno de acción. Compramos las entradas e ingresamos a la sala. Ya estaban rodando las primeras imágenes. Encontramos nuestras butacas y nos acomodamos.

    –Estamos aquí casi solos. –Me susurra Manolo al oído.

    –¿Viste? ¡Qué suerte! Tenemos que tener cuidado. –Siento que Manolo coloca su mano en mi entrepierna.

    –Y tú no pierdes tiempo, por lo que veo. –Me comienza a abrir la cremallera. En ese momento entra una pareja a nuestra fila. Manolo se ve obligado a retirar su mano.

    –¿Y ahora qué hago con mi calentura?

    –Lo mismo que yo con la mía. Esperar que lleguemos al apartamento de tu tía.

    –Vámonos ya entonces. –Está como frustrado por el inconveniente que se presentó.

    –Vamos a terminar de ver la película. Está buena. –Le digo tratando de convencerlo.

    –Bueno, está bien. Pero de aquí nos vamos directo para el piso.

    –¿Entonces no vamos a ir de copas?

    –No, quiero regresar.

    –Está bien. Si eso es lo que tú quieres, eso haremos.

    Terminamos de ver el filme y nos marchamos. Llegamos al piso de la tía de Manolo y me desvestí y me metí en la ducha.

    Cuando salgo del baño envuelto en la toalla, me encuentro que Manolo está acostado en la cama y tapado con la sábana. Me siento a su lado y le pasa la mano por su popa, siento que está en calzoncillos y sigo acariciándolo.

    –¿No te vas a duchar Manolo?

    –No, yo me duché esta mañana. –Me responde medio adormilado.

    –Mira que eres cochino. ¿Y no has sudado en la calle hoy?

    –No exageres que no ha hecho calor. Y tengo mucho sueño.

    –Está bien, te dejo descansar entonces. –Le digo, mientras dejo de acariciarle su trasero bello.

    –Pero puedes seguir masajeándome mis pompis.

    –Ahh. Ya sabía yo que este huevo quería sal. –Le doy una nalgada suave y le apretujo una de sus nalgas.

    –Qué rico, como me gusta sentir tus manos sobre mi piel. –Mueve las nalgas sensualmente. Le quito la sábana y para mi sorpresa tenía puesta la tanguita roja que había comprado para su novia. Meneaba el culo provocativamente.

    –Pero que bien te queda esta tanguita mami, dan unas ganas de comerte toda.

    –¿Te gusta?

    –¡Me vuelve loco maricona! –Me lanzo de cabeza y le mordisqueo sus nalgonas blancas y lampiñas. Separo la tanguita de su raja y le abro las piernas para besarle su culito, está apestosito a sudor, pero gustoso. Se retuerce de placer, y le escupo el culo mientras con la yema de los dedos le fricciono la entrada rosada de su cuevita. Aquello lo excita muchísimo, por lo que decido despojarlo de su excitante tanguita y me acuesto a su lado con el mástil encendido como buscando dónde esconderse.

    –Ven, siéntate aquí. –No he acabado de invitarlo y ya viene él en cuclillas a acomodarse en mi asta de la bandera, con una mano me la toma y la apunta directo a su orto que está haciendo pucheros, se desliza lentamente, para, respira, vuelve a seguir metiéndosela hasta que sus nalgas se acomodan sobre mi vientre. Puedo ver su cara de placer y satisfacción de tener toda adentro. Se inclina ligeramente y me pellizca los pezones de mis tetillas con suavidad, mientras saca un poco mi pinga y vuelve a sentarse en ella y así en ese mete y saca me está llevando a la enajenación. No resisto más, y le aviso:

    –Ay coño, más despacio que me vengo, para un poco.

    –No voy a parar ni cojones, quiero tu leche ahora, así, así.

    –¡Singao! Ay coño. Ah, Ah, Ah. Ahhh. –Y me vengo dentro de su sabroso culo. He durado poco, el muy hijoeputa. Él se queda quieto, jadeando y yo también. Mi esperma corre por mis ingles. Se agarra la pinga y comienza a masturbarse mientras continúa ensartado en mi tolete. De pronto suelta varios metrallazos que impactan en mi rostro, uno en mi boca, me paso la lengua y degusto y trago; otro en un ojo, que me obliga a cerrar los ojos. El resto sobre el pecho y Manolo pasa sus dedos recogiendo lo que pueda, en franca competencia conmigo que hago lo mismo. Él baja de la cabalgadura y se echa encima de mí abrazándome y besándome. Yo correspondo a su abrazo y a sus tiernos besos. Terminamos chupándonos nuestras lenguas. Así abrazados nos quedamos dormidos, exhaustos. Al día siguiente después de caricias mutuas nos masturbamos y ya nos preparamos para regresar al Instituto.

    Al llegar, Manolo me acompaña a mi habitación y allí ya estaba Leonardo colgando su ropa. Nos saluda y sin apenas mirarnos nos espeta sin ningún disimulo:

    –Por sus caras radiantes de felicidad deduzco que están de albricias. ¿Y cuál ha sido el fausto acontecimiento?

    –Solo que la hemos pasado muy bien. Nos divertimos mucho. ¿Verdad Manolo?

    –La pasamos de rechupete.

    –Pues a ver si la próxima vez me invitan, que a mí también me gusta disfrutar de la vida. Que Uds. que son del interior, parece que se la pasan bomba, mejor que los que somos de aquí.

    –Pero Leo, a ti no te invitamos porque como tú tienes novia aquí, no pensamos que te gustaría la idea de ir de parranda con nosotros. –Le trato yo de explicar con intenciones disuasorias.

    –Pues ya está decidido. En la próxima salida estás invitado Leo, sin falta. –Le dice Manolo de sopetón.

    –No se preocupen que yo me encargo de inventarle algún cuento a mi novia. –Y así quedamos para la próxima salida. Y él más contento. Pero yo me quedo con algunas dudas: ¿Habrá sido una manifestación de celos de Leo conmigo? ¿O con Manolo? ¿O con los dos? ¿Habrá sospechado algo? No queda otro remedio que esperar a la próxima salida.