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  • Entrenada por los muchachos (Final)

    Entrenada por los muchachos (Final)

    Al abrirse la puerta número 3, Marino la empujó dentro y cerró detrás de sí. El cuarto desprendía un aroma a sexo, queso rancio y humedad que podía cortarse con un cuchillo, las paredes estaban negras casi en su totalidad y de mobiliario podían contar solo con un colchón en el piso con las sábanas sucias, una mesita de noche con un cenicero, una caja de condones y una botella de vino ya abierta, en el suelo habían varios condones usados y más botellas vacías, hasta el final Daniela pudo ver una silla de madera en un rincón, misma que Marino trajo hacia el centro y la hizo sentarse en ella mientras él se volvía a desabrochar el cinturón del pantalón.

    —Me la vas a chupar, perra, y los vas a hacer bien, ¿escuchaste?

    —Sí, lo haré.

    —¿Sabes hacerlo verdad? —Daniela asintió—. Claro que sabes, esa carita de mosca muerta solo es una fachada, eres una puta por dentro, una zorra para ser usada y amaestrada. Ya verás cómo sales de aquí bien educadita para mamar y coger cuando se te dice, Rabanito.

    —Sí, señor —respondió Daniela, tomando su verga gorda y larga entre sus manos. Tenía un olor a orina bastante desagradable, pero estaba decidida a sentirse tan bien como con Bartolomeo y Felipe, y sabía que la verga de Marino podría ayudarla, así que la tomó entre sus labios y la chupó hasta casi la mitad de una vez, y luego otra, y otra, otra vez… Escupía en esa verga y la llenaba con su saliva con devoción hasta que estaba limpia y bien lubricada. ¡Plop!, se escuchaba cuando la sacaba de su boca para escupirla y sacudírsela con sus bonitas manos manicuradas.

    —Eso es, puta, chúpamela. Lo haces bien, lo haces bien, así —decía clavándosela en la garganta y sujetándola del cuello—. Así, así, así… —La cabeza de Daniela se sacudía y la respiración se le cortaba al sentir esa verga en su garganta, las manos del maduro hacían imposible que se pudiera zafar de su agarre, todo lo que podía ver era la barriga peluda y prominente de Marino, su mata de vellos rizados y eso hasta que los ojos se le llenaban de lágrimas y la respiración se le cortaba; pero le encantaba y su coño ya estaba babeando tanto como su boca—. ¿Te gusta que te cojan la boca, zorra? ¡Ugh! Me encantaría ver cómo te tragas mi leche pero quiero cogerte, ven aquí.

    Le sacó la verga de la boca y la sensación la dejó como una niña sin su juguete favorito, pero esto pasó cuando Marino la tomó del cabello y la lanzó al colchón, le sacó la camisa sobre la cabeza dejándole las tetas al aire, le subió la faldita hasta la cintura y le dio una palmada en le coño.

    —Mira cómo estás, puta, mojada como una salamandra. ¿Quieres verga? ¿Esto es lo que quieres, eh? —Preguntó sacudiéndose la verga frente a ella y luego dándole golpecitos por toda la cara con ella—. ¿Dime? ¿Quieres ésta verga?

    —Sí, quiero su verga, señor —respondió Daniela, dócil como un cordero mientras le golpeaban los labios con la punta de esa verga, sacando la lengua para pasarla por el agujerito que supuraba líquido preseminal de un gusto agrio y salado. Marino se posicionó entre las piernas de Daniela donde su coño depilado y brillante en líquidos estaba listo para recibir su polla, de la friccionó contra el clítoris, haciéndola gemir de gusto como una gata en celo pidiendo verga—. Deme su verga, por favor, señor. Métamela, por favor —rogaba con su voz suave y tierna.

    —Me gusta que ruegues, perra —gruñó Marino, dejándole ir la mitad de la verga de una vez.

    Daniela se retorció al sentirse llena y su coño demandaba más, haciendo succión de esa verga jugosa que la penetraba, él la complació enterrándosela toda hasta que los huevos peludos le golpearon el culo. Marino al verla ensartada hasta el fondo le tomó los tobillos y los levantó dejándola expuesta por completo la comenzó a bombear y tanto su panza voluminosa como las tetas de la chica se agitaban al son de sus embestidas. ¡Plas, plas, plas!, sonaba el coño húmedo de Daniela y al verga de Marino colisionando y los gruñidos bestiales de él opacaban los leves quejidos de ella.

    —¡Qué coñito tienes, puta! ¡Qué coño! ¡Cómo me la aprietas, joder! —gritaba él, enterrándosela cada vez hasta los huevos y ella se retorcía de piernas abiertas. Marino le soltó los tobillos y se inclinó para hacer lo prometido: comerle las tetas, mordérselas y cogerla duro mientras lo hacía, llenándose la boca con sus suaves y jugosas carnes, y cada chupón en sus pezones hacía que Daniela se retorciera debajo de él, apretándole más la verga con el coño, pidiéndole una descarga de leche que le dejara el coño cremoso.

    Se separó a tiempo de que esas succiones le hicieran acabar y la puso en sus cuatro extremidades, abriéndola de piernas y obligándola a pegar el pecho en el colchón asqueroso. El coño de la chica se abría para él como una flor roja y brillante, se la volvió a meter disfrutando de la vista de su ano cerrándose y abriéndose y de su culo con forma de corazón, Marino sintió que le pedía algo ese ano oscuro y arrugado, así que se chupó un dedo mientras la cogía y jugó con su anillo, escupió en él y al ver que la nena no se oponía le metió un dedo, la puntita nada más, pero Daniela gimió.

    —¿Te gusta el dedo en el culo, perra? ¿Has cogido por allí, sucia perra?

    Daniela no era capaz de responder, sólo de sentir esa rica verga dentro de ella como un largo dedo masajeando su punto sensible y ese otro dedo intruso en su ano causándole escalofríos y sensaciones que nunca había sentido. Él la penetraba cada vez más rápido y le enterraba ese dedo al mismo tiempo, se inclinó sobre ella concentrándose en hacer que su penetración fuese dura y certera, hasta el fondo y sin compasión por la putita en que se había convertido la nena más inocente que había entrado en ese bar.

    Marino no pudo aguantar mucho más y se corrió dentro de ella con un gruñido de bestia, y las manos llenas de sus tetas, sacó su verga lentamente viendo como el río de leche salía del coño enrojecido y depilado de Daniela mientras que ella observaba con las mejillas como tomate. Se llevó un dedo al coño y lo sacó lleno de leche, llevándolo a la boca lo hizo desaparecer, así como Marino había casi desaparecido.

    Tras correrse el hombre la apartó como a un trapo viejo, se visitó viéndola jugar con la leche en su coño y salió de la habitación aun arreglándose el pantalón. Daniela estaba igual de caliente puesto que no se había corrido a pesar de la buena verga que había tenido, pero el hombre se había detenido justo cuando ella comenzaba a acercarse al orgasmo, así que decidida a satisfacerse salió como estaba de la habitación y bajó las escaleras.

    Con las tetas al aire y el coño lleno de leche llamó la atención de todos, recibiendo manos en las tetas y en el culo, vio a Marino en la barra pidiendo cervezas, pero ella se dirigió hacia Saturnino y se arrodilló frente al viejo. Al ver que la joven aún buscaba verga las burlas para el mecánico no se hicieron esperar mientras que el viejo sonreía a la chica y se sacaba la verga para pajearse frente a ella, en muy poco tiempo ese monstruo ya había despertado de nuevo y aunque sabía que no podría meterlo todo en la boca hizo el esfuerzo de darle la mejor mamada posible al anciano.

    —¡Eso es, Rabanito! ¡Dale con todo! —gritó una voz femenina a su espalda, no supo quién de las chicas y no le importaba, todo lo que importaba era la rica sensación de tener esa verga en la boca y lubricarla para ella. Alguien le metió dos dedos en el coño y comenzó a pajearla, tampoco supo quién, pero sintió tan rico que no le importó, sólo empinó el culo y se dejó dedear como una puta ofreciéndose a todos.

    —¡Metele el dedo en el culo, le gusta! —Se escuchó la voz de Marino en el fondo, pero el que la dedeaba no se atrevió a hacerlo. Daniela abrió sus ojos azules hacia Saturnino.

    —¿Ya te la meto, preciosa? —Ella sintió con la boca llena de verga—. Está bien, ven aquí, cabálgame, potrita.

    Daniela, feliz y excitada como una gata en celo escaló las piernas del anciano y se abrió para él, enterrándose esa monstruosa verga que como una espada la partía a la mitad y la llenaba hasta el útero, lentamente se la metió hasta que sintió que no podía más, entonces se detuvo y el viejo la ayudó a subir de nuevo.

    —Así, despacito —decía el anciano con su fétido aliento. Se inclinó sobre ella y también le comió las tetas, tenía los pezones enrojecidos y ya sensibles cuando el viejo comenzó a morderlos y succionarlos con fuerza—. Que cosita tan rica que eres, criatura, que coño tan rico, mi reina —decía, muy tierno y suave en su oído, no como los gruñidos y groserías de Marino, pero igual de placentero.

    Saturnino se atrevió, y le metió un dedo en el culo apretado mientras la cogía, la abrazó con fuerza y ahora él comenzó a cogerla, haciendo que colocara las plantas de los pies en la silla. Abierta como estaba el viejo la penetraba como un taladro pese a su edad, dando una masterclass a los otros que sólo podían observar a la chica ser cogida por un hombre que le triplicaba la edad, cogiéndola sin piedad hasta que Daniela se puso roja como un rábano y se corrió bañando al anciano con una cascada de líquido que fluía con cada penetración y la hizo cerrar sus ojos y ver pequeñas luces de colores sobre un fondo azul cielo.

    Como un trapo Daniela quedó laxa en los brazos del anciano que seguía cogiéndola en su silla junto a la ventana de cristales sucios, con el dedo metido en su culo, una crema blanca se formaba en el coño y los huevos de Saturnino y cuando se corrió dentro de ella era un río de crema que brotaba, mismo que Ángel se arrodilló para limpiar tanto del coño de la chica como de la verga del anciano. Era una visión privilegiada ver a una chica lamer el coñito y el culo de la otra, aunque Daniela seguía con los ojos cerrados disfrutando del placer que continuaba alargando esa lengua desconocida.

    —Quiero más —murmuró en el oído de Saturnino.

    El anciano le hizo señas a otro de los desocupados para que se la quitaran de encima, él ya estaba vacío y cansado, pero quizá otro podía cumplir. Ordenó que se la llevaran al cuarto y la dejan un rato descansar. Un fortachón que no era del grupo la cargó como a una novia y Daniela se abrazó a quien sea que la llevaba. No supo quién era cuando la dejó en el colchón de la habitación ni importó, ella extendió las piernas y con dos dedos se extendió el coño lleno de saliva y pequeños restos de crema blanca, dispuesto para la siguiente verga.

    El fortachón, de brazos marcados y abdomen definido se bajó la bragueta y los pantalones hasta debajo del culo y le metió una verga bastante la mitad de lo de Saturnino pero igual de gorda, la cogió de la cintura y le elevó la cadera y las piernas, dejando sus hombros y su cabeza apoyados en el colchón nada más. La cogió como un perro, abrazado a su cintura, extasiado por la visión del coño que aunque usado por la verga monstruosa de Saturnino le apretaba y succionaba demandando leche, el fortachón no podía creer que por fin era su día de suerte y se estaba cogiendo a una de esas putitas que tantas veces había visto ofrecerse en el bar y dejarse coger por cualquiera. Estaba tan emocionado que se corrió dentro de ella con un jadeo casi femenino, penetrándola duro un par de veces hasta que se vació dentro; se la sacó y luego se inclinó sobre su rostro y la puso a limpiarle la verga.

    Daniela, con las piernas abiertas y el cabello revuelto le lamió la polla hasta dejársela reluciente, se la guardó en el pantalón y él se acomodaba las ropas mientras ella sentía la cremita salir de su coñito otra vez. Cuando el fortachón salió aun arreglándose el pantalón otro más entró por él. Afuera, todos los clientes del bar esperaban su turno y ella estaba encantada de poder servir coño y tetas para todos a cambio de dejarle el coño lleno de leche.

    ***

    Hola, Emma aquí.

    Hasta aquí llegamos con Rabanito, por ahora… Ya estoy casi terminando los próximos relatos sobre la siguiente chica de ésta serie: Angel. ¿Listos para conocerla? Eso será la próxima semana.

    Les recuerdo que mi correo está disponible y mi Kik también para que charlemos y me den su opinión sobre mis relatos, porfis, incluyan de qué página me escriben para poder organizarme.

    Un beso húmedo,

    Emma.

  • Reaparecer: Una amiga contacta conmigo de nuevo

    Reaparecer: Una amiga contacta conmigo de nuevo

    Hace unos años reapareció en mi vida una amiga vía Whatsapp empezamos a contactar de nuevo. Empezamos a hablar de su nueva pareja, que vivía en mi pueblo otra vez, poniéndonos al día como se suele decir, finalmente un día volvimos a quedar, en su casa. No lo voy a negar, yo iba con intenciones de recordar viejos tiempos con ella.

    Dándonos los dos besos de rigor cuando llegué nos pusimos a charlar, cerveza en mano, en el sofá de su casa. De cómo nos iba, que tal con nuestras parejas… Lo típico. Y recordando aquellos tiempos salió el tema del sexo. Yo fui sincero y le confesé que las mejores experiencias de mi vida habían sido con ella, y que no iba bien a nivel sexual con mi pareja. Ella me dio el típico consejo de hablar con ella (ya lo he hecho, y nada), de poner yo la puntilla en la relación (no me deja…)… en fin. Y mientras íbamos hablando yo me iba calentando, así que me fui recostando “como buen amigo” en ella, pasándole el brazo por los hombros, acariciando su nuca con la mano del mismo, y con la otra mano su brazo. Ella no se quejaba ni hizo por apartarse. Así que aprovechando un momento de silencio le sonreí y le abracé.

    -Gracias por escucharme.

    -De nada.

    Pero no me separé del abrazo, y seguí masajeando su nuca.

    -No, en serio, gracias de nuevo –insistí.

    Y le di un beso en la mejilla. Ella sonrió y le di otro más, ahora más cerca de sus labios.

    -¡Para, tonto! –se quejó.

    Pero en vez de parar acerqué mis labios a los suyos y se unieron en un corto beso. Ella, aunque sin movimientos bruscos, se apartó de mí.

    -¿Qué haces?

    -Pues… no lo sé, darte las gracias…

    -Tío, que tenemos pareja.

    -Sí, pero no están aquí –contesté.

    -No podemos.

    -¿No podemos o no debemos? -pregunté.

    -Carlos, no quiero hacer nada de lo que luego tú o yo podamos arrepentirnos.

    -Yo no me arrepentiré –le contesté.

    -Ya. Pero no puede ser.

    Se separó de mis brazos y se levantó para ir a la cocina, simplemente, para escapar de mí. Cuando volvió se sentó en una silla, sin compartir ya conmigo el sofá, y entendí que no podría hacer nada. Estuvimos hablando un rato más, y me despedí con la promesa de que no pasara tanto tiempo sin volver a vernos.

    Al despedirnos sí me dejó darle un pequeño beso en los labios, durante el cual aproveché para acariciar su culo por encima del pantalón vaquero. Ella sonrió, y yo me fui a casa, aunque con un calentón importante encima….

    Pasaron los días y continuaba el contacto por Whatsapp, a lo que sumamos, de nuevo después de tanto tiempo, las videollamadas.

    Por videollamadas las cosas fueron cambiando. La relación se iba haciendo cada vez más fluida otra vez, y aprovechando la conversación que habíamos tenido sobre las parejas, a la mínima que podía sacaba el tema sexo. Cómo nos iba, qué hacía…

    Y llegó el día en que la conversación subió demasiado el tono. No llegamos al punto del cibersexo, pero sí una conversación muy picante con las posturas que a ella le gustan (como si no las supiera…), que le gusta estar a 4 patas… En fin, que la cosa acabó con ella, no lo sé, pero yo tuve que masturbarme cuando acabamos. Y lo más importante: concretamos quedar a la semana siguiente.

    Y llegó el día de quedar. De nuevo en su casa. Imaginaos cómo iba yo. En mi memoria estaba la conversación de la última videollamada. Y tenía claro que a la mínima debía atacar.

    Me recibió vestida con unos pantalones vaqueros y camiseta. Es una combinación simple, sí, pero me encanta, y esos tejanos le marcaban el culo de una manera espectacular, así como la camiseta sus pechos.

    Nos sentamos los dos en el sofá a hablar, de nuevo uno al lado del otro, mucho más distendidos que la última vez. Y en algún punto de la conversación mi mano acabó acariciando su pierna. No hubo quejas, no se apartó… pintaba bien. Con la otra mano cogí la suya, como quien no quiere la cosa, y al poco ya estaba moviendo mis dedos, jugando con los suyos. Cuando de pronto…

    -Me haces cosquillas –me dijo.

    -¡No! Eso no son cosquillas… hacerte cosquillas es esto. –contesté.

    Y me tiré encima de ella buscando sus costados para hacerle cosquillas, tumbándola sobre el sofá. Todo eran carcajadas y continuos “¡para, para!”…

    Paré estando encima de ella con mi cabeza a la altura de la suya, y me la quedé mirando, sonriendo los dos como tontos.

    Con mi mano empecé a acariciar su pelo, y bajé mi cabeza, para besar su mejilla. Volví a besarla, acercándome más a sus labios. Y a la tercera, besé sus labios. Me separé para ver su reacción, pero seguía sonriendo, así que volví a besarla, esta vez con más pasión. Con mi lengua, rocé sus labios, que ella abrió. Empezamos a besarnos. No fue un beso de locura. Fue un beso muy pausado, lento, cálido, repasando todos los rincones de esa boca que hacía tanto que no cataba.

    La mano que tenía en su pelo fue bajando por su cuello, acariciándolo con un dedo, notando como se le ponía la piel de gallina, y siguió bajando hasta posarse en uno de sus pechos. Ella acomodó sus piernas, encajándome entre ellas, y yo presioné un poco más en sus pechos, sin dejar de besarla.

    Hasta que paró.

    -Carlos… no.

    -No… ¿Qué pasa?

    -Que esto no está bien.

    -¿Por qué no? –contesté.- Tú estás disfrutando y yo también, ¿dónde está el problema?

    -Pues que tenemos pareja. Piensa en tu pareja, ¿es que no te importa?

    -Si. Me importa, pero esto no quita que la quiera, esto es sólo sexo –contesté.- Lo siento, pero siempre he sido muy directo en estos temas.

    -Ya, pero, ¿A ti te gustaría que ella te engañara con otro? –contestó.

    -Lo que sé es que ella no está aquí, y ojos que no ven, corazón que no siente.

    -Ya, pero luego tendré remordimientos por ti y por ella.

    -¿Y por tu novio?

    -Joder, también.

    -¿Tú se lo vas a contar?, porque yo seguro que no. Aquí solo estamos tú y yo, y creo que los dos lo deseamos. ¿Dónde está el problema?

    Y empecé a besar su cuello.

    -Que esto no está bien –contestó. Pero mientras contestaba movía su cabeza para que su cuello fuera más asequible para mi boca, y cerraba los ojos.

    -Tú déjate llevar.

    -No…

    Pero ese “no” fue sin convicción en absoluto, así que bajé mi mano y la coloqué entre sus piernas, sobre su tejano, presionando su sexo. Ella gimió.

    Volví a besarla, y esta vez ella rodeó ya rodeo mi cuerpo con sus brazos besándome apasionadamente, buscando mi lengua con la suya, respirando agitadamente, mientras mi mano acariciaba su sexo sobre el pantalón. Subí la mano unos centímetros y desabroché el botón de éste, luego la cremallera, e introduje mi mano en él, acariciando sobre su ropa interior. Dios santo, estaba ardiendo y mojada.

    No dejaba de besarla salvo para repetirle continuamente lo mucho que la deseaba y lo mucho que echaba su cuerpo de menos. Le dije que nunca nadie me había follado como ella me había follado a mí. Mientras, no dejaba de acariciar su entrepierna, siempre sobre su braguita, mientras ella movía sus caderas buscando mi mano, besándome y suspirando.

    Inesperadamente se separó de mí y me tumbó sobre el sofá, colocándose a horcajadas sobre mí. Siempre había sido muy caliente en el sexo… Sin dudarlo se quitó la camiseta y casi, en el mismo movimiento, sus pechos quedaron libres. Unos grandes pechos con unos pezones increíbles, de aureola grande, como pocas veces he visto.

    -Te voy a follar, como ya ni recuerdas -me dijo.

    Fue todo lo que dijo antes de volver a lanzarse sobre mi boca, comiéndome la boca, a ratos creando saliva y pasándola directamente a mi boca. Era todo lujuria. Mientras, mis manos acariciaban su culo mientras nos movíamos como follando, rozándonos, separados por nuestra ropa. Me incliné un poco y atrapé uno de sus pechos con mi boca su pezón, mientras con la otra mano acariciaba su otro pecho. Ella gemía, y mi boca la devoraba, mientras la otra mano no se apartaba de su culo.

    Pero no me dejó disfrutar mucho de sus pechos como a mí me hubiera gustado. Me empujó contra el sofá tumbándome de nuevo y con sus manos buscó mi camisa para cogerla y empezar a quitármela. Le ayudé, y se lanzó a besar y lamer mi cuello, que gustazo… empezó a bajar por mi pecho, apartando su pelvis de la mía, sin dejar de mirarme a los ojos, hasta que llegó a mi ombligo. Con su mano empezó a acariciar la tienda de campaña que tenía en mis pantalones, y al fin, empezó a desabrocharlos.

    Cuando fue a tirar de ellos para quitármelos, le ayudé, levantando mis caderas, y a la vez volaron también mi bóxer, quedando desnudo y totalmente empalmado delante de ella.

    Se puso de pie un segundo y se quitó ella también sus pantalones y la braguita, dándome por un momento una fugaz visión de su sexo totalmente depilado, antes de volver a recostarse en el sofá, entre mis piernas, con la cabeza directamente sobre mi miembro.

    Con su mano derecha lo cogió y empezó a acariciarlo lenta y suavemente, para finalmente cogerla y empezar a masturbarme. Yo estaba en la gloria… y más aún cuando vi que de sus labios salía una gotilla de saliva que dejó caer sobre mi capullo, lubricándolo, bajando su cabeza y sin ningún preámbulo se la introdujo en la boca. Mi miembro entraba y salía de su boca. Es espectacular. A ratos la sacaba del todo y la recorría en toda su extensión con su lengua, desde la punta hasta mis testículos, que se metía en la boca, para volver a subir y volver a tragársela, mientras cada dos por tres alzaba la mirada para mirar a mis ojos.

    -Para, que me corro… –su respuesta fue una sonrisa lasciva.

    Ella se separó de mí y se colocó a 4 patas, dándome la espalda, dándome una maravillosa visión de ese culo que tanto adoro y que tanto echaba de menos. No lo dudé y empecé a masajearlo y acariciarlo, acercando mi cabeza para notar el olor a sexo que despedía que tanto me gusta.

    Mis dedos empezaron a bajar por su raya hasta llegar a su húmedo sexo, que empecé a acariciar en todo su largo, deteniéndome en su clítoris, atrapándolo entre mis dedos, introduciendo un poco mis dedos. Ella gemía y movía acompasadamente su cadera, acompañando mis movimientos. Y cada vez éstos se movían más rápido al llegar a su clítoris, masajeándolo, buscando su orgasmo, hasta que ya no aguanté más y acerqué mi boca.

    Primero fue sólo con la punta de mi lengua, como me gusta, como saboreándolo, y esperando a que ella deseara más, recorriendo toda su “trinchera” sin un solo pelo, y cuando sus movimientos y gemidos me lo indicaron pegué mi boca, por detrás, buscando todo su sexo con mi lengua, besándolo, succionando, abriéndolo con mis dedos y succionando su clítoris una y otra vez, combinando con pequeños mordisquitos. Ella siempre había sido capaz de soltar muchos líquidos y por lo que veía eso no había cambiado. No dejaba de chupar y tragar, mientras que, al poco, introduje un dedo en ella… Y luego un segundo, hasta el fondo. Y empecé a follarla con ellos mientras le lamia el clítoris sin parar, moviendo mi lengua de un lado a otro.

    Ella gemía y se arqueaba, pidiendo más, y por los dioses que iba a dárselo. Hacía tiempo que no tenía una mujer así para mí. Llegó el momento en que ella se tensó entera, soltando un pequeño grito, noté como un torrente de fluidos salían de ella, por lo que me desprendí de su clítoris para centrarme a su entrada y poder llenarme la cara todo lo que saliera, dedicando ahora mis dedos a su clítoris para que éste no quedara desatendido…

    Según volvía a relajarse empecé de nuevo a jugar con mi lengua más pausadamente y con caricias en su “botoncito” más lentas… Así que corrió una segunda vez, mientras mi mano seguía masturbando su sexo…

    Ella estaba con la cabeza apoyada en el sofá, yo diría que, en la gloria, y decidí que ya era el momento. Al fin y al cabo… Yo no aguantaba más. Así que retiré mis manos de su sexo y sus nalgas y me coloqué en posición.

    Agarre mi miembro con una mano y a recorrer su raja y su culo con él, siguiendo todo el largo y lubricándola con sus propios fluidos, apoyándola un poco en la entrada, dejando que entrara un par de centímetros de vez en cuando, para luego volver a acariciar… hasta que por fin lo dijo.

    -Fóllame… venga, métemela ya…

    Lo cierto es que siempre he sido muy obediente. No me lo tuvo que decir dos veces. La coloqué y poco a poco la fui metiendo. Se deslizaba con facilidad y yo estaba disfrutando del momento.

    -Fóllame ya….

    Yo sonreía. A sí que me dejé ya de juegos y empecé a bombear, cogiéndola de las caderas, al principio lentamente y cada vez más rápido, llegando con cada embestida hasta el fondo de sus entrañas.

    Ella gemía y movía sus caderas, cada vez más rápido para que la follara más rápido. Era un ritmo constante, y sólo se oían sus gemidos y el choque de su piel contar la mía. Deslicé uno de mis dedos por su culo y lo coloqué en la entrada de éste, y lo fui metiendo poco a poco, dándole una mínima doble penetración. Mi miembro entraba y salía al ritmo de la yema de mi dedo, abierto y también lubricado por mi saliva de antes.

    -Me encanta poseerte.

    Su única respuesta fue un gemido, que me obligaba a llevar un ritmo más rápido… Hasta que volví a notar las señales… volvió a arquearse y a tensarse…

    -¡Me corro… me corro!

    Note de nuevo todo ese torrente de fluidos, ahora con mi miembro duro dentro de ella, y paré, dejándola en lo más profundo de su ser, para que disfrutara del momento. Tenía algún temblor, chillaba y gemía. Estaba en la gloria, y yo también. Cuando se relajó volví a empezar a moverme, más lentamente, notando como ahora resbalaba aún mejor que antes, sin dejar de mover también la yema de mi dedo en su culo

    -Córrete… –me pidió.

    -No, aún no…

    Me incliné besando su espalda, y saliendo lentamente de ella…pero aprovechando para darla algún azote.

    -Soy tuya, córrete… –me dijo en algún momento.

    Yo estaba ya haciendo esfuerzos para no correrme, ya que lo estaba deseando. Se dio la vuelta y se sentó en el sofá, tomando mi miembro con su mano y llevándola a su boca. Empezó a chuparla, mezclada con sus fluidos vaginales, mientras con la mano me pajeaba…

    No puedo más, iba a reventar. Le dije que me corría y ella se echó para atrás diciéndome que me corriera en sus pechos, así que me puse encima de ella y empecé a vaciarme entre esos dos suculentos pechos, llegando a salpicar un poco su cara.

    Cuando nos separamos no había remordimientos, estábamos felices. En mi opinión había sido un placer inmenso, lo habíamos disfrutado, y ambos sabíamos que podía haber más. Me fui al lavabo a limpiarme un poco, tras vestirme y charlar con un cigarro un poco más con ella, nos despedimos con un largo beso… hasta la próxima vez.

    Sabiendo que solo tiene que volver a decir “ven”.

    Gracias por vuestros minutos para leerlo y espero que os complaciera tanto como a mí al escribirlo.

  • Descubrí a la puta de mi mujer con su tío

    Descubrí a la puta de mi mujer con su tío

    Me llamo Rubén tengo 34 años,  soy de Argentina, la puta de mi mujer se llama Sonia, tiene 31 años, es gordibuena, gordiputa, lindas tetas, lindo culo, pero lo que más me encanta es su estrecha conchita. Esto pasó un lunes en que salí muy temprano de mi trabajo, usualmente suelo salir las 02:00 o 03:00 dependiendo del movimiento, pero en esa ocasión salí a las 23:00.

    Manejo hasta mi casa y casi llegando veo un automóvil estacionado fuera de mi casa, para mi sorpresa era el de su tío Francisco, un hombre de unos 49 años, canoso, algo fornido. Paso de largo y escribo un mensaje a mi mujer como que aún estoy en mi trabajo.

    Yo: Amor que haces?

    S: Nada amor acá miro tv aburrida y vos?

    De entrada me mintió y eso me hizo dudar así que bajé de mi vehículo a una cuadra y llegué a pie mientras le contestaba que estaba controlando los pedidos para mañana a lo que ella me dijo que bueno y nada más. Entro por el portón sin hacer ruido y voy por la ventana lateral para ver donde están y los veo sentados en el sofá, charlando con su tío y tomando unas cervezas, en efecto no mintió pues estaban mirando tv, pero porque me ocultó que estaba con su tío, no lo entendía. Apagan la tv y puedo oírlos claro. Ella le dice que iría a ponerse algo mas cómodo.

    Cuando vuelve tenía una bata de color rojo y pantuflas sentándose nuevamente al lado de su tío que la miró y le dijo:

    F: Woww sobrina que bonita…

    S: Que cosas dice tío ja

    Y siguen bebiendo hasta que mi mujer se levanta a poner música y su tío se puso aún más alegre, mientras se levantaba del sofá se acerca a mi mujer que estaba de espaldas y le agarra una nalga, pensé que mi mujer reaccionaria, pero no, solo se apoyó por la mesa del radio y lo dejó seguir. No podía creer lo que estaba viendo, mi mujer siendo manoseada por su tío… y él le decía:

    F: Uhm que linda colita sobrinita, hace mucho que deseaba tocártela

    S: Uhm tío esto está mal

    F: Me tenés caliente hace mucho tiempo

    S: Será tío? No te creo

    F: Es la verdad, sabes las pajas que me eché por vos, las veces que viéndote mi pija se ponía re dura, como ahora…

    S: Ayy tío como va a decir eso, no creo que la tenga así…

    Veo como su tío agarra la mano de mi mujer y la pone por sobre su pantalón y sobre su pija, lejos de retirar su mano, mi mujer apretó la verga de su tío y lo refregaba. Él desató la bata de mi mujer y para sorpresa mía y de su tío solo estaba con una tanga diminuta, la muy puta estaba preparada y eso sí que me enfureció, pero decidí quedarme a observar.

    Me aparto de la ventana y le escribo un mensaje «mi amor que haces?»… me acerco de nuevo a la ventana y veo que ella agarra su celular mientras su tío le manosea las tetas y besa su cuello y su hombro. Me contesta y bajo el brillo de mi celular para que no se den cuenta que estaba viéndolos, «Nada amor ya por dormir, espero llegues bien a la casa… besos amor te amo»… no le contesto porque se pasa de trola.

    Se aparta de su tío y tira el celular al sofá y empiezan a besarse apasionadamente, mientras él agarra sus nalgas con ambas manos y ella le va sacando el cinturón lentamente, luego desabotona el pantalón, baja el cierre y él deja de besarla y se desnuda por completo dejando al aire una pija de unos 18 cm más o menos todo depilado, se acerca nuevamente a mi mujer y le empieza a chupar sus tetas mientras que ella le acaricia con una mano su cabeza y con la otra toca la pija de su tío masturbándolo.

    S: Uhm si tioo chupa mis tetas, que dura esta tu pija

    Deja de chupar sus tetas y agarra cada lazo de la tanga y se la baja lentamente, la lleva hasta el sofá y la recuesta, abre sus piernas y empieza a chuparle la concha, mi mujer se retorcía, agarraba la cabeza de su tío y la hundía entre sus piernas…

    S: Uhm si tío, que rico, chupá la concha de tu sobrina, uy si tío que bien lo haces no pares. Es más rico que la concha de la guampuda de mi tía?

    F: uff si sobrinita es deliciosa tu conchita, tu tía es una concha rota ni me deja que se la chupe, pero a vos te la voy a devorar.

    S: uy si tío comete la conchita de tu sobrina que ricooo dale chupa, así que rico tío

    Estuvo así por un rato largo hasta que ella le dice…

    S: Parate tío, te quiero chupar la pija…

    Él obedece y mi mujer pone un almohadón y se arrodilla frente a su tío agarra su pija dura y lame sus bolas, sube por el tronco y llega a la cabecita. Mete un poco y lo saca de nuevo mirándolo con cara de gata puta…

    F: uff cuanto soñé con este momento sobrinita, que puta que sos, chupas re bien la pija de tu tío, te gusta putita?

    Ella contesta sacando la pija de su boca y pajeándolo…

    S: Si tío me encanta tu pija, es riquísima, soy tu puta, tu sobrinita puta… y se la vuelve a meter chupando como una verdadera puta en celo…

    F: Uh sí que rico putita, dale chupala toda, la pija de tu tío es toda tuya dale trola chupá…

    Agarraba del cabello y hacia que se la trague toda, por ratos hacia como que le cogia por la boca produciendo arcadas a mi mujer. Estaba atónito, hervía de celos pero tenía mi pija re dura al ver todo eso así que la saco y empiezo a masturbarme viéndolos… veo como el la levanta del suelo del cabello y le dice…

    F: Ahora putita, te voy a coger vas a ser mi putita, te voy a romper la concha puta de mierda…

    S: uhm si tío dale vení dame esa pija por mi conchita, por la conchita de tu sobrina puta dale rompeme la concha…

    La pone en cuatro en el sofá y de una se la mete con toda furia y mi mujer pega un grito…

    S: Ayyy siii tiioo

    F: Ugh sobrinita que rica conchita por dios, me encanta putita

    S: ay si tio dale cogeme duro dale duro

    F: uhm si putita te la voy a romper a pijazos, que rica estas trolita de mierda

    Y le seguía dando duro y parejo, le agarraba del pelo y veía como revotaban las nalgas y como se movían sus tetas con las embestidas bestiales. Luego él le dice que se suba arriba de él y ella lo complace, se sienta primero dándole la espalda mientras él le daba de nalgadas veía como subía y bajaba por la pija de su tío, su cara de puta enardecida era notoria, luego se da vuelta y vuelve a montar a su tío y este chupa sus tetas mientras ella se mueve como trola. Él le dice…

    F: Estas por sacarme la leche putita…

    S: dámela en la cara y boca papi…

    Él se levanta le hace arrodillar y le agarra del cabello…

    F: Pajeame puta y sacale la leche a tu tio..

    S: uhm dale papi dame esa lechita calentita… dale la lechita a tu sobrina puta…

    F: Abrí tu boca putita que acabooo

    Mi mujer así lo hace y veo como largos chorros de su semen van a parar a la boca cara y tetas de mi mujer, al parecer traga lo que paro en su boca y siguió chupándole la pija hasta dejarla sin una gota y bien ensalivada… su tío se sienta en el sofá y ella empavona sus manos con el semen de su cara y sus tetas y se las lame como gata…

    F: Te gusto la leche del tío putita?

    S: Es sabrosa tío, me encanta…

    Y se sentó al lado de él y siguieron bebiendo, hasta que mi mujer solita vuelve a la pija dormida de su tío y se la vuelve a mamar, se la vuelve a coger pero esta vez le llena la concha de su leche… cuando veo la hora eran las 02:00 y ella le dijo que ya era hora que se vaya que yo supuestamente ya iba a salir de trabajar (ALTA PUTA)… salgo sigilosamente hasta mi auto y veo como salen y él se despide con besos mientras le toca las tetas y el culo… eso es todo por ahora… luego les cuento como filmé y lo que hice después con el video…

  • Video gay en Chapinero

    Video gay en Chapinero

    Hoy quiero contar algo que me sucedió hace mucho años y en cierta ocasión cuando asistí a un video en chapinero donde proyectan películas de tipo gay. Espero me disculpen sí parece extenso pero creo que los detalles a veces permiten imaginar mejor los hechos, y aumentar así la excitación que pueda producir su lectura. Y ustedes me darán sus comentarios o sugerencias al respecto.

    Para empezar ya conocía el lugar pero nunca me había atrevido a nada con alguien de los que asisten, sin embargo era común ver el manoseo entre algunos de sus asistentes, no faltaba quien de pronto se me acercaba y colocaba su mano sobre mi pierna y aunque al inicio me ponía nervioso con algunas visitas más entré en confianza y ya dejaba que alguno que me agradara no solo me tocara sino que me dejaba sacar mi verga para que me la mamara frente a la mirada de los que podían estar allí en ese momento.

    Ya sabiendo cómo era el funcionamiento un día decidí asistir usando una tanga y unas medias de liguero esperando que tal vez sucediera algo. Al llegar ese día como a las 6 de la noche se encontraban varias personas, busqué un puesto vació, me senté y dedique a ver el espectáculo esa noche, y vaya que así sería. Al pasar algunos minutos entró un chico de algunos 22 o 23 años menudito y con pinta de nerd y luciendo un vestido de paño. Se sentó cerca a la puerta y no demoró mucho en insinuársele a un tipo que estaba a su lado. El joven abrió el pantalón del tipo, se arrodilló en el piso y le dio una rica mamada.

    Mientras el hacía esto otro tipo se acercó por detrás del muchacho y le metió mano por detrás de su camisa, se la levantó y le empezó a besar en la espalda. Después de unos minutos el tipo a quien se lo mamaba le susurró algo al chico quien se levantó, se arregló un poco y salieron ambos. Así pasó y el lugar se fue quedando solo. Yo esperaba que estuviera más desocupado, y a pesar de algunas insinuaciones ninguno me parecía agradable. Así estuve hasta que solo quedamos dos personas en la sala. No me parecía muy agradable pero no le puse cuidado. Ya viendo el lugar, saque mi verga y me empecé a masturbar muy suavemente.

    Mientras lo hacía, el tipo me miraba hasta que se acercó y continúo haciéndome lo que antes yo hacía con mis propias manos. Mientras gozaba decidir ir más lejos, baje mi pantalón y el hombre pudo ver la ropita que traía puesta y sus ojos se llenaron de lujuria y su expresión me hizo poner más caliente. El hombre entonces me hizo poner de pie para contemplar mejor mi excitación y mi ropita y cuando tuvo en frente mi verga se la trago con tal sutileza que casi me derrito.

    Después del tipo estar chupando decidí que también él se merecía algo mejor y fue así como desabroché su pantalón y le saqué su verga que ya estaba parada y empecé con un suave masaje que terminó en una rica mamada. Pasaba mi lengua por su glande, recorriéndolo todo desde la raíz y pasando por sus bolas y mientras estaba yo en esa posición me terminé de quitar el pantalón el saco y la camisa quedando solo con mis medias y tanga.

    Así estaba de excitado que no me importó cuando escuche la puerta del lugar que se abría y vi como entraba nuevamente el chico que había iniciado el show esa noche. Yo seguí chupando esa verga y en cuestión de un minuto tenía al muchachito sin ropa y chupando mi verga. Lo dejé que lo hiciera pero era tanta mi excitación ya que sentía que en cualquier momento iba a estallar que tuve que retirar al joven y lo puse a mamar al tipo con quien yo estaba y mientras descansaba se lo chupé a él y para ser honesto para lo menudito que se veía tenía una verga gruesita y con un olor bastante agradable.

    Después volvimos a cambiar de pareja. Yo volví al tipo y el muchachito a mi verga y estuvimos mamando de lo rico hasta que ya sentí que no podía aguantar y cuando sentí que me iba a correr en la boca del chico le retire mi verga, se la dejé de chupar a mi pareja y expulse mi chorro sobre el piso. Y después de esto solamente me limpié, me vestí y salí nuevamente no sin antes dar las gracias a mis amigos de faena. Después de esa noche deje de frecuentar el lugar por un tiempo y después no volvía encontrarme con ninguno de los dos…

    Bueno espero no haberme extendido y espero que lo hayan disfrutado…

  • Iniciando a Tania en el mundo del BDSM

    Iniciando a Tania en el mundo del BDSM

    Tania era una joven de 18 años que llegó a la capital en busca de nuevas oportunidades, y recomendada por una amiga de mi ex esposa, vino a trabajar a mi casa en las labores domésticas. Aquella tarde cuando llegó, la vi ahí parada en la puerta presentándose y desde ese mismo momento me encantó! Era de estatura media, piel trigueña, ojos cafés, cabello largo liso, sus senos eran de tamaño medio, y aunque llevaba pantalón se veía que tenía unas piernas muy hermosas.

    Cuando lo invité a seguir mi mirada se dirigió inmediatamente a su trasero, y por dios!… tenía un culo espectacular. Mientras la ponía al tanto de las labores que debía realizar, imaginaba teniéndola en el cuarto de atrás de la casa, que tenía para mis juegos de BDSM con mujeres a las que contrataba.

    Pasaron varios días y ella ya adaptada a su trabajo, manteníamos una buena relación, y aunque ella era demasiado tímida, me daba a entender que ya me había ganado su confianza y en ocasiones en las noches hablábamos largo rato antes de ir a dormir, mientras mi mente maquinaba la forma en cómo la iba a convencer para llevarla a mi cuarto de juegos.

    Una noche había contratado una chica para mis habituales sesiones de desfogue, y al llegar la chica le dije a Tania que la hiciera seguir, y que no quería que nadie me interrumpiera. Tania con expresión de incertidumbre nos vio como nos íbamos al fondo de la casa rumbo al cuarto de atrás.

    Al cabo de un rato, me percaté que Tania estaba observándolo todo por un pequeño espacio que había quedado sin cubrir por la única ventana que tenía el cuarto. No hice nada para impedir que siguiera mirando, al contrario, me llené de una excitación inconfundible y al instante imaginaba que era ella la que estaba ahí atada a mi merced. Tania escuchó cada gemido, cada grito mezclado entre placer y dolor, y vio cada castigo que aplicaba a aquella chica.

    Al día siguiente mientras servía mi desayuno le pregunté:

    -¿Te gustó lo que viste anoche?

    -Ah, por favor discúlpeme no fue mi intención, yo solo…

    Su cara angelical se ruborizó, y con su voz entrecortada trataba de explicarme, a lo que le dije que no le diera importancia, que no me había molestado. Luego de un instante de silencio, me pregunto que desde cuando hacía eso, y empecé a contarle como había comenzado todo esto, y luego de terminar de contarle todo, me lance a decirle:

    -¿Te gustaría experimentarlo?

    De inmediato bajo su mirada y se puso muy nerviosa, se paró de la mesa y sin decir una sola palabra se retiró a seguir con sus labores. Me reproché por ser tan estúpido y haber sido tan directo, sin duda no ese no fue el mejor momento para proponérselo.

    Pasaron varios días y todo transcurría con normalidad, aunque ella tomo algo de distancia conmigo después de aquella salida en falso, yo cada vez la deseaba más, pero no había vuelto a tocar el tema porque no quería que se sintiera acosada, aunque en realidad ya me estaba resignando a que aquello ya no se iba a dar.

    Una noche al terminar de cenar me retire al estudio a revisar unos papeles, mientras Tania recogía los platos de la mesa. Al cabo de un rato Tania abrió la puerta del estudio y parada en la entrada y tomándose las manos algo nerviosa me dijo:

    -¡Quiero hacerlo!

    De inmediato mi adrenalina se disparó, me había tomado por sorpresa y al instante le respondí que fuera al cuarto y me esperara ahí. La ansiedad se apoderó de mi, y a toda prisa terminé de organizar lo que estaba haciendo y me dirigí a la habitación con mucha expectativa. Al entrar cerré la puerta y ahí se encontraba, sentada en la cama y al sentir mi llegada bajó su mirada mirándose las manos. Bajé la intensidad de la luz para quedar en un ambiente mas íntimo, y encendí una vela colocándola sobre el nochero que estaba a un lado de la cama. Me senté en una silla en frente de ella y le dije:

    -Desnúdate.

    Muy despacio se levantó y evitando mirarme empezó a desabrochar su blusa de arriba abajo, con cada botón que se iba desabrochando mi ansiedad aumentaba sin control. Terminó de desabrocharla, se la quitó dejándola caer por sus hombros y un sostén color azul realzaban sus senos, y mi pulso se alteraba con desenfreno. Al momento siguió quitándose los zapatos junto con las medias, luego desabrocho su pantalón y lo fue bajando tediosamente hasta quitárselo.

    Levantó su mirada hacia mí y se le notaba lo nerviosa que estaba, y yo sin parpadear la miraba de pies a cabeza mientras dentro de mi pantalón la erección se hacía presente. Rompí el silencio diciéndole que continuara con el resto. Mirando hacia otro lado, llevó sus manos a su espalda y desabrochó su sostén, y dejándolo caer por sus hombros se lo quitó tapando sus senos con los antebrazos. Se quedó así un momento titubeando muy nerviosa, y le dije:

    -Continua, vamos…

    Bajó sus brazos y sus senos quedaron desnudos, no eran grandes pero si redondos y firmes, de pezones grandes y cafecitos, eran hermosos! Continuó bajando su tanga color azul que hacía juego con su sostén hasta los tobillos, y dando un paso a un lado salió de ella y ahí estaba, totalmente desnuda a mi merced como lo venía deseando desde el primer día que llegó a la casa.

    Me levanté de la silla y me acerqué a ella sin quitarle la mirada de encima y le dije que se sentara en la cama. Saqué del nochero una venda y la puse tapando sus ojos, luego le dije que se tendiera en la cama. Mientras lo hacía tomaba unas cuerdas del nochero, y al encontrarse ya acostada le pregunté:

    -¿Estás cómoda?

    Apenas con un hilo de voz muy nerviosa me dijo:

    -Aja

    Ate sus manos y pies a cada extremo de la cama, con su respiración podía percibir que su adrenalina estaba por lo más alto, se veía tan espectacular así, atada y sometida. Sin duda era una chica muy hermosa. Suavemente una de mis manos empezó a recorrer una de sus piernas desde el tobillo hacia arriba. Sus piernas eran muy lindas y torneadas, y al sentir el tacto de mi mano, su piel se estremeció. Me incliné y bese sus labios tiernamente, seguidamente mis labios se posaron en su cuello besando suavemente y deslizando mi lengua en todas direcciones y su respiración se sentía en aumento cada vez más. Mi lengua ahora siguió su recorrido por todo su pecho de extremo a extremo, luego con las yemas de mis dedos proseguí a rosar sus pezones haciendo círculos lentamente, y de inmediato se pusieron firmes y duros como una piedra.

    Muy lentamente continué rosando sus pezones, su respiración cada vez se sentía más agitada. Con mucho sigilo mis dedos seguían moviéndose y de repente con mis dedos índices y pulgares los pellizque cruelmente… ahhhh, gritó, y de inmediato mi lengua empezó a recorrer muy despacio uno de sus pezones, mi deleite era total, lo lamia una y otra vez sin parar, y unos tímidos gemidos se empezaron a escuchar. De a poco fui aumentando la intensidad y empecé a succionar cada vez un poco más fuerte, lo succionaba con fuerza y lo soltaba una y otra vez, y sus gemidos ahora eran más sonoros y luego de un momento mis dientes se cerraron mordiéndolo… ahhhh gimió fuerte, y me pase al otro pezón y mientras lo devoraba mi mano bajó a su sexo que se encontraba muy bien depilado y empecé a frotar lentamente.

    Continúe frotando su sexo y sentía como mi mano se iba humedeciendo, su excitación iba en aumento y de repente mis dientes se cerraron en su pezón y halaba hacia arriba con crueldad ahhh… Lo solté y me dispuse a quitarme la camisa junto con los zapatos y medias, luego tomé el flogger que tenía a un lado de la cama (Flogger es un azotador compuesto por varias colas de cuero de más o menos un metro de largo), y me dispuse a pasarlo por una de sus piernas desde el pie hacia arriba pasando por su entre pierna, luego por su vientre hasta llegar a sus senos.

    Con mucho tacto deslizaba el flogger por sus pezones, podía ver como su respiración se agitaba expectante a lo que iba a hacer, y al instante lancé el primer azote sobre uno de sus senos… ahhhh, luego un segundo al otro seno, ahhhh, luego dos más en cada seno y se retorcía tirando de sus ataduras. Me detuve y me acerque a chupar nuevamente sus pezones, y gemía sin parar. Me incorporé y nuevamente le di otra serie de azotes que la hicieron estremecer.

    Luego seguí deslizando el flog por su vientre hasta una de esas hermosas piernas, y lancé un azote a la parte interna de sus muslo… ahhh, luego a la otra, ahhhh, y me incline acercando mi boca a su sexo y deslicé mi lengua sobre el muy lentamente de abajo a arriba, repetí la acción una y otra vez y gemía con su sexo mojándose más y más, luego con mis dedos separe sus labios vaginales y con mi lengua la penetraba una y otra vez, ah ah ah ah, sus gemidos no paraban, luego con mi dedo medio penetré su estrecho sexo y con mi lengua empecé a lamer su clítoris moviendo mi dedo adentro y afuera… ahhh ahhh ahhh, sus gemidos eran incesantes, quería llevarla al límite, mi dedo seguía moviéndose y mi boca ahora succionaba su clítoris y gemía casi entrando en delirio, cuando sentí que estaba a punto de correrse me detuve en seco dejándola frustrada, y se retorcía tirando de las ataduras impulsando sus caderas hacia arriba en señal de que continuara y no la dejara así. Su clítoris estaba hinchado y casi se le veía palpitante. Me acerqué a su oído y le dije:

    -No nena, aún no voy dejar que te corras.

    Me incorporé y le di otra serie de azotes sobre las piernas que la hicieron vibrar, luego recibió otro sobre su vientre y dejando deslizar el flog hasta su sexo empapado y palpitante, le di un azote seco… ahhhh, gritó intentando cerrar sus piernas, pera estaba muy bien atada.

    Dejé a un lado el flog y tomé la vela que había encendido, y la sostuve a una distancia prudencial de su pecho y de inmediato cayó la primera gota de cera en la mitad de su pecho, ahhh, se estremeció y seguidamente deje caer varias gotas mas por todo su pecho. Cada gota que caía la hacía estremecer y gemir, continué dejando caer cera alrededor de uno de sus pezones, me detuve por unos segundos, e inesperadamente dejé caer una gota sobre su pezón, ahhhh se retorció y me pase al otro seno dejando caer cera alrededor del pezón, y sin piedad dejé caer nuevamente una gota sobre su pezón, ahhhh, su gemido retumbó por toda la habitación y seguí dejando caer cera por el resto de su cuerpo, pasando por sus costados, vientre, piernas, y el empeine de sus pies. El recorrido de la cera por su cuerpo la había llevado al límite de explorar el dolor mezclado con placer, sus gemidos durante el recorrido ya no eran de dolor y su excitación estaba por lo alto.

    Apague la vela, y proseguí a quitar la cera de sus piernas y empecé deslizando mi lengua por uno de sus muslos desde la rodilla hasta la entre pierna, luego me pase a la otra pierna y repetí la acción hasta llegar a su sexo, y nuevamente volví a lamer de arriba abajo muy, muy despacio, su respiración volvió a agitarse, y sin dejar de lamer su sexo lleve mis dedos a su boca para que los chupara, y con mucho deseo me los chupaba y sus gemidos se ahogaban en mis dedos.

    Retiré mis dedos de su boca, y los lleve hasta su sexo, y con el índice y el dedo medio los introduje suavemente en su totalidad y empecé a meter y sacar suavemente amentando el ritmo paulatinamente, después de unos segundos con el pulgar de mi otra mano empecé a frotar su clítoris, y sus gemidos nuevamente ya estaban resonando. Aumenté la intensidad de los movimientos, su respiración se agitaba con desespero, y cuando ya estaba por correrse me detuve de nuevo frustrando nuevamente su orgasmo. Tiraba de las ataduras con fuerza, y su cuello y espalda se arqueaban, desesperada, y con una voz quebrada casi que en llanto me decía:

    -Señor, por favoorrr!… ya no puedo más!…

    Enseguida me quite el pantalón junto con los bóxers, me puse en medio de sus piernas, tome mi miembro con una mano y empecé a pasarlo por su sexo y su piel se estremecía como pidiendo que la penetrara ya! Puse mi grueso y largo miembro a la entrada de su sexo, y suavemente comencé a empujar. Estaba tan estrecho y apretadito, como hacía mucho tiempo no sentía una vagina así. Cuando la cabeza entró, de una sola embestida metí el resto hasta el fondo… ahhh, su se inclinó hacia atrás y empecé a moverme con cadencia. Llevé mis manos a sus senos y con cada embestida los apretaba y gemía sin parar. Salía despacio, y entraba con fuerza!… ahhh, salía despacio y entraba mas fuerte!!… ahhhh. Cada embestida era más fuerte que la anterior, sus gemidos cada vez eran más sonoros, al instante la tome por la cintura elevándola un poco y le di una serie de embestidas salvajes. Su rostro se ruborizo, su respiración se entrecortó y de inmediato estallo en delirio… ahh ahh ahh, sus caderas se impulsaban con fuerza hacia mi miembro, sus piernas temblaban, su espalda se arqueaba, el orgasmo era intenso. Continué embistiéndola sin piedad y al momento llego el segundo orgasmo. Luego de unos segundos sentía como su sexo apretaba mi miembro y no resistí más y me salí de ella y me corrí sobre su vientre jadeando como loco. La corrida fue monumental, hacía mucho tiempo no eyaculaba de tal manera. Sin duda esta chica me había vuelto loco.

    Luego de unos segundos proseguí a quitarle la venda y desatarla de inmediato. Muy extenuada se quedó mirándome y lleve su cabeza a mi pecho y besando su frente le dije:

    -Bienvenida al mundo del BDSM, este es solo el comienzo.

  • Del diario de Claudia: Mis primeras cogidas en serie (2)

    Del diario de Claudia: Mis primeras cogidas en serie (2)

    Aún me quedaban cuatro días antes de que Fred, el dueño de la casa, regrese de su viaje; mi aviso en un sitio de avisos clasificados ofreciéndome para sexo fugaz había sido un éxito. Empezaba a gozar los placeres de ser una putita, complaciendo a varios hombres, incluso el mismo día. En mis primeros tres días completamente sola había ya satisfecho los deseos de ocho machos, y eso me hacía sentir como una verdadera puta.

    Hasta el momento había probado varias cosas nueva, desde nuevas posiciones, sexo anal en la alfombra de la sala, en la cocina, varias gargantas profundas, tragadas de esperma y claro, baños faciales de semen. Me había visto en el espejo luego de esas cogidas: el pelo desordenado, el semen chorreando por mis mejillas, o mejor aún, por mis piernas. Mis “clientes” habían sido de todo un poco: la mayoría casados, bicuriosos, esos tipos desesperados por probar cosas más radicales pero que tienen una esposa cucufata y aburrida a quien no le gusta mamar verga. Otros eran bisexuales de closet, más interesados en chupármela y descubrir el sabor del esperma de otro; incluso uno me pidió que también le meta mi verga y deposite mi semen en su interior. Aunque no es lo mío, igual lo complací.

    Para cuando “mis vacaciones” como Claudia hubiesen terminado me habían cogido un total de 17 hombres ¡No lo podía creer! – Toda una semana, sin salir de casa, pasando el 100% del tiempo como Claudia, recibiendo verga tras verga, agarrándolas, masturbándolas, mamándolas, dejándolas entrar en mi boca y en mi culito, mañana, tarde y noche. Había recibido a todo tipo de personajes – desde hombres casados, solteros, tímidos, agresivos, pasivos, blancos, latinos, de color, entre 35 y aproximadamente 55 años, musculosos, delgados, y alguno subido de peso. Descubrí que algunas vergas son más deliciosas que otras: las que tienen una cabeza en forma de hongo, llenas de venas al hincharse, bien afeitaditas, y claro, gruesas y grandes.

    Pero de todos los encuentros, ninguno se comparó con el de un tipo llamado Austin. ¡oh qué verga! Él era un moreno de unos 40 años, de casi un metro ochenta (ya se imaginaran la verga que se manejaba); quedamos en que vendría a la casa al final del día, lo cual era perfecto ya que no tendría apuro en terminar rápido. Cuando se apareció en la puerta me quedé en una pieza: era un verdadero adonis negro. Esa noche me había vestido como puta: tacones altos, liguero y medias de malla, y un short súper apretado y chiquito. Lo hice pasar, compartimos un trago para relajarnos y directo al dormitorio. Entonces comenzó a desnudarse, primero la camisa y luego con sus pantalones. Pero antes de que él pudiera sacarse la ropa interior, me puse de rodillas delante de él y lentamente se la quité yo misma. Lo que encontré debajo de ella era una preciosa verga. ¡Sabía que iba a ser MUY feliz esa noche! Cuando lo toqué suavemente, pude ver cómo se transformó justo delante de mis ojos (y boca) en una enorme pieza de carne con una cabeza enorme y brillante; medía por lo menos 25 centímetros. Era una puta afortunada. Me puse de rodillas y como si fuera la última verga en la tierra. Lo agarré con ambas manos y lo tragué entero hasta tocar mi garganta en un solo golpe! Los 25 cm desaparecieron dentro de mi boca. ¡Incluso yo misma estaba en estado de shock! «OMFG! – ¡Eso es tan putamente caliente!» Y luego, como tratando de protegerla, mantuve su verga entera en mi garganta durante 1, 2, 3… 10 largos segundos, hasta que la dejé totalmente cubierta con una capa de densa saliva. Y luego otra vez, y otra vez, y otra vez; él cogió mi boca una y otra vez, empujando mi cabeza contra su mazo. De vez en cuando, me golpeaba por la cara con su verga, frotándose todo. Luego de una mamada intensa él no tuvo otra que venirse con todo sobre mi cara y lengua: su esperma salpicaba todo por chorros, qué delicia, casi para lavarse la cara con semen.

    Después de limpiar todo ese esperma con mi lengua me preparé para el plato fuerte de la noche: tenía que probar esa pija de burro en mi culito estrecho. Así que luego de una segunda ronda de tragos, me quité los pantaloncitos y la tanga, subí a la cama, me puse en cuatro, con las piernas abiertas y el culo en el aire y solo atiné a decir:

    “Ahora mételo todo en el culo amor”

    Austin tenía su verga completamente al palo de nuevo…sí que se veía tan rica y jugosa. Me puso un poco de lubricante en mi pussy, y se alistó para cogerme. De pronto pude sentir la punta de su pene tocando la entrada de mi culito… ”ay sí, aquí vamos”. Con mi propia mano izquierda agarré su mazo y empecé a apretarlo contra mi cuerpo. “Mételo ya amor, no me hagas esperar” supliqué. Él tomó mis caderas y empezó a hacer fuerza, cada vez un poco más… hasta que esa cabeza gigante entró… ”ohhh h, sí amor” Se sintió como la entrada de un puño. Podía sentirme completamente abierta ahora. Una vez dentro solo me quedó empujar hacia atrás, para meterlo más y más… y así fue: poco a poco esa verga gigante desaparecía dentro de mi cuerpo… ”Oh dios, me está cogiendo un caballo” pensé… era una cosa espectacular. Podía sentir todas las venas hinchadas rozando las paredes de mi recto. Quería sentir toda esa piel suave dentro de mí y además quería que me inunde con su leche caliente.

    Ya casi había entrado toda su verga y ahora solo me quedaba gozarlos. Apoyé mi rostro sobre la sábana, con ambas manos agarrándome de ella, el culo bien arriba, piernas abiertas. Él me tomó por las caderas y de un solo golpe lo metió por completo, hasta el fondo, tanto así que sentía sus bolas rozando mi trasero. “Ahora sí dale duro”… y como un martillo eléctrico empezó a meterlo y sacarlo una y otra vez, sin parar, cada vez más rápido, más fuerte, más brutal… sentía que estaban violando mi culo de puta. Sincronizamos los movimientos –cuando él empujaba hacia adelante, yo empujaba hacia atrás; sus muslos cacheteaban mi trasero con cada metida. Sentía la cabeza gorda realmente en el fondo de mi recto, rozando las paredes interiores. Era para volverse loca de verdad. No quería parar, solo deseaba más y más de esa pinga.

    Podía verme en el espejo que había en la pared – me veía en cuatro, como una perra, y mi cachero detrás, metiéndomela una y otra vez. Me sentía tan pero tan puta en ese momento.

    Después de un buen rato de cogerme me di cuenta que él estaba listo para expulsar su esperma. Lo quería todo. Aceleré el ritmo y apreté mi esfínter. “Dame tu leche amor. Dámela toda”…S us manos apretaban más mis caderas, yo empujaba mi culo contra su cuerpo… Era el momento. De pronto, tras un gemido empecé a sentir un chorro tibio en mi interior. Era su semen. Su esperma. Me llenaba, me inundaba, lubricando mi interior. “¡Más amor, más!”. Él no dejaba de perforarme, mete y saca, sin parar; la leche empezó a salir de mi coño, desparramándose por mis muslos. No sé cuánta esperma tenía este tipo pero debió ser un montón por la cantidad de leche que corría ahora por mis piernas. ¡Era todo un semental!

    Ambos quedamos exhaustos sobre la cama, pero sobre todo yo. Luego de asearse y vestirse, simplemente se despidió con un beso en mi mejilla aún cubierta de esperma. Me había hecho una puta muy feliz.

    Al final, mi compañero (o mejor dicho, el dueño) de casa regresó de su viaje y con ello mi corto periodo de cogidas en serie. Pero la experiencia no hizo más que desear volver a hacerlo: ofrecerme en línea, y ser cogida, como una puta, una y otra vez. Meses después me mudaría a mi propio departamento y la fantasía se volvió realidad. Pero esa es otra historia.

  • Mi habitación llena de chicos

    Mi habitación llena de chicos

    Una de mis fantasías más recurrentes es imaginarme en la cama, sentada contra el cabecero, con vestido veraniego corto y abotonado al centro de arriba a abajo, sandalias de tacón alto y bien maquillada. El pelo algo desvencijado, como de recién levantada. Las piernas algo abiertas y unas bragas transparentes color carne. Un montón de tíos en bóxer, sentados en el suelo alrededor de mi cama, todos los que puedan caber dentro de mi modesta habitación de mileurista. Todos mirándome con lujuria, empezado a tocarse por encima de su prenda íntima y esperando impacientes que empiece el show.

    Empezaría por desabrocharme los botones uno a uno de arriba hacia abajo. Despacio, que fueran adivinando la textura y el color de mi sujetador, mi piel blanca sin sol, el pelito del pubis que esconden mis bragas aún por bajar, mis muslos tersos que acarician la tela del vestido abierto, mis tímidas rodillas que irremediablemente te llevaran hacia los dedos de mis pies, tan sugerentes tras el calzado abierto. Algunos penes han empezado ya a aumentar de tamaño, puedo notar como piden paso detrás de la tela de sus calzoncillos, como se adivina de repente el relieve duro y cilíndrico que hacía unos segundos no estaba.

    Abriría el vestido a un lado a otro y me recostaría un poco, curvando un poco mi pierna izquierda tan desnuda y tan depilada, para que disfrutaran de la belleza de mi cuerpo en ropa interior y tacones, de mi cuerpo que ligeramente se va abriendo para tensar la piel y las venas de sus miembros, de sus pupilas tan atentas y ávidas al espectáculo carnal que recién comienza. Mis manos entonces empezarían a jugar un papel más lujurioso, acariciando el contorno de la copa de mi sujetador, recorriendo sutilmente sus tiras elásticas, el encaje delicado que por dentro sienten mis pezones duros. Sí, yo también estoy caliente. Puede que antes que ellos incluso, sólo de imaginarme tanta polla tiesa queriendo follarme duro. Y ellos lo saben. Notan esos dos bultitos debajo del sujetador y fantasean el color y la forma de la aureola, si será marrón oscuro o claro, grande o pequeña. Y sobre todo su sabor. ¿A qué sabrán mis pezones una vez dentro de su boca, cómo será el tacto en sus labios, el mordisquito en sus dientes…?

    Me incorporo un poco para desabrocharme el sujetador, mirándolos con ese aire de lascivia, de poder, de superioridad, sabiendo que les tengo literalmente cogidos por los güevos y que harán todo lo que les pida. No las tengo pequeñas ni grandes, pero si bonitas, muy bien contorneadas. Así que cuando destapo mis pechos tres de ellos no aguantan más y se sacan la polla de debajo del calzoncillo. Uno de ellos está además visiblemente excitado, le falta autocontrol de la situación y se le nota un poco fuera de sí. Así que aprovecho el momento para pedirle que venga, sin palabras, con un gesto insinuador. Quiere tocarme pero está prohibido. Todos lo saben, es la norma. Mirar sí, pero no tocar. Me acerco a su cara como si fuera a besarlo y le pido al oído que me eche toda su leche en las tetas. No tarda ni diez segundos en descargarme una buena corrida que aprovecho en seguida para lubricarme desde los pezones hacia fuera, bien zorra, bien perra. No pueden tocarme, pero si mancharme.

    El resto de machos no da crédito. No esperaban un espectáculo tan caliente desde el principio. No esperaban que me fuera a dejar manchar tan pronto. Soy así, me gusta sorprender y romper el ritmo supuesto. Un golpe de efecto de lo más cinéfilo. Como si de un conjuro mágico se tratara todos tienen ya sus rabos fuera, con los bóxer aún puestos: es otra de mis normas. Me gustar verles con el bóxer a medio bajar, el pene duro agarrado por una de sus manos y la mirada ligeramente hipnótica. Todas las miradas en mí, todas disfrutando del semen mojando y brillando sobre mi cuerpo resbaladizo. El recién orgasmado vuelve a su posición con el pene flácido. No pierde el tiempo, es joven y sabe que podrá conseguir una nueva erección y otra eyaculación quien sabe sobre qué otra parte de mi cuerpo, quien sabe si aún más intensa y placentera.

    Empiezo a bajar hacia abajo, saltándome el pubis, hacia mis muslos, acero pá los barcos que decía uno de mis follamigos. Quiero que se imaginen lo que disfrutarían agarrándolos fuerte, lamiéndolos, acariciándolos. Me volteo despacio y me pongo a cuatro patas para que puedan disfrutar de mi culo. Al poco otro se levanta para darme su corrida, sobre mis bragas, pero rápidamente me las bajo un poco para que se corra en mis nalgas tras un gemido descontrolado. Me las vuelvo a subir, me mancho mis braguitas con su lefa.

    Ellos se excitan y yo también y sin poder remediarlo vuelvo a ponerme boca arriba para, esta vez sí, tocarme el clítoris por debajo de las bragas. Enseguida se levanta otro, y otro más y les digo que apunten dentro, que aún no me las pienso quitar y que me empapen el pelito de ahí abajo. Buen disparo. Buena puntería. Entre unos y otros tengo las bragas empapadas en semen y decido quitármelas para restregarme bien su líquido por toda mi entrepierna. El pelo sedoso de mi coño empapado, metiendo ya los dedos dentro de mi vagina mojada también por mis propios fluidos.

    Pierdo la compostura, me dejo caer sobre la cama para disfrutar mejor de mi excitación, de mis tocamientos, de mi cuerpo pegajoso. No consigo que nadie se levante y vuelva a mancharme, qué raro. Tendré que probar a dejar caer la cabeza hacia fuera de la cama, con la boca abierta mirando hacia ellos como implorando leche. Y ahí sí, primero uno y enseguida otro, y otro más. Tres bueno disparos, rápidos e intensos que me manchan las mejillas, el pelo, la frente y hasta la garganta.

    Quedan unos cuantos aún por acabar, pero no creo que pueda contenerles muchos más por el grosor de sus pollas y la fuerza de sus miradas. Así que separo mis piernas y les muestro la entrada de mi coño, separando bien los labios para que me empapen todo mi conducto de semen. Dos a la vez, luego el tercero y un cuarto que tarda en orgasmar. Y los cuatro gimiendo de placer como peleles a mi merced. Tanto tío que se queda en nada en unos minutos. Tanta fuerza doblegada por la fuerza de mi sexo, de mi piel, de mis ojos clavados en los suyos. El jovencito que primero se corrió viene ahora y me suelta su segunda entrega sobre mis pies y mis sandalias. Siempre hay alguno de esos. Algún fetichista que no puede aguantar no manchar de lefa mi calzado.

    En mis fantasías, vuelven a ceñirse el bóxer y antes de irse ordenadamente, como autómatas, se me quedan mirando, esperando ver como soy yo ahora la que me meto dos dedos de mi mano izquierda y con la derecha me acaricio el clítoris con su semen de lubricante. Me miran y yo les miro. Me toco intensamente y me siguen mirando. No voy a dejar que salgan por esa puerta hasta que me vean correrme, convulsionar, estallar. Un poco más, no falta mucho. Estoy ya gimiendo ligeramente y poniéndome aún más cachonda al ver que dos de ellos intentan recuperar el vigor de sus pollas. Pero antes de que consigan una erección decente me voy. Me corro. Me vierto. Doy pequeños giros de placer sobre la cama mientras los dedos de mis pies se retuercen y mis pezones se endurecen. Mis ojos desorbitados. Mi culo temblando. Disfruto cada segundo, cada poro de piel, cada vello erizado y empapado.

    Entonces se van. Ahí se diluyen todos y todo. Como un bendito sueño. Fundido en negro. Fin.

  • Una historia de sexo (II): Un trío inesperado

    Una historia de sexo (II): Un trío inesperado

    Dos días después de aquella tardes deliciosa con Virginia me llamó para volvernos a ver y al día siguiente y al otro y así empezamos a quedar de forma habitual para tomar unas cervezas después del trabajo. Me presentó a sus amigos con los que íbamos a cenar, al cine o al teatro y después siempre acabábamos en la cama, eso era cuando Virginia no tenía turnos de noche, porque entonces se pasaba a las 7 de la mañana con unos churros, un ramo de rosas y se metía dentro de mi cama para follarme, habían pasado dos meses y ya prácticamente vivía en mi casa, de hecho le tuve que dejar parte de mi armario para su ropa, parecíamos… éramos de hecho una pareja o por lo menos yo lo veía así.

    Virginia era una mujer verdaderamente enigmática, tenía mucha personalidad, era muy liberal en todo gracias a su familia como siempre me recordaba, era divertida, alegre, cariñosa y guapa, tremendamente guapa, aparte tenía ese punto de locura que realmente me volvía loca, nunca llegué a pensar que me masturbaría con otra mujer en unos probadores de unos grandes almacenes, o que en el cine de repente me subiera la falda, me quitara las bragas y lamiera mi sexo hasta incluso llegar a correrme teniendo que taparme la boca para impedir que mis gemidos salieran al exterior, dejando el asiento del cine mojado de mis flujos, o que en un portal cualquiera de la calle de camino a casa desplegáramos toda la lujuria acumulada de la noche para terminar cogiendo un taxi, calentado al pobre taxista cuando me empezaba a meterme mano, subiendo por el ascensor mientras nos quitábamos la ropa y llegar de milagro vestida a casa.

    Para cuando cerraba la puerta estábamos ya desnudas y tiradas en el suelo besándonos, recorriendo nuestros cuerpos con caricias, frotándonos y terminando en sendos orgasmos en la cama, al día siguiente alguna que otra prenda interior habíamos perdido por el camino olvidado en el ascensor y por las mañanas al bajar la encontrábamos tirada en el suelo.

    – Es tuya o es mía. Me decía Virginia muy seria mirándome a los ojos antes de empezar a reírnos a carcajada limpia.

    Estaba loca y yo más por seguirla en todas sus locuras, un día me convenció y empezamos a ir a correr por el retiro cuando el sol ya se acostaba, me sorprendió ver tanta gente corriendo, estábamos a finales de septiembre y había mucha gente haciendo deporte a esas horas, empezamos a correr con un grupo de chicos, dos de ellos se fijaron en nosotras, se notaba que hacían deporte de forma habitual, con unos cuerpos de infarto, me había fijado en uno de ellos, era guapo, simpático, atento, quizás un poco tímido, el otro sin embargo muy lanzado llegando a ser antipático con sus insinuaciones.

    Antonio era el tímido y Jesús el lanzado como les empezó a llamar Virginia, el tímido y el lanzado solía decir, Jesús nos hacía continuos comentarios como “venga chicas, dos vueltas más” “vamos a mover esos culitos” luego otros más subidos de tono haciendo mención a nuestros pechos y a más partes de nuestros cuerpos, sin embargo Antonio siempre muy respetuoso y queriendo ayudar pero también ligar todo sea dicho. Virginia se empezó a cansar de Jesús de que la llamara culona, era algo que no soportaba y del «vamos a ver como botan esas tetitas» ni te cuento como la enfurecía pero sobre todo de un comentario que nos hacía todos los días nada más vernos mientras clavaba sus ojos en nuestros coños, era un comentario realmente soez y de mal gusto, «que otra vez vais a dar de comer a vuestro chochito, porque se está comiendo vuestras braguitas», así de esa manera fueron pasaron los días y al ver que no le hacíamos ni caso, empezó a meterse con nosotras de otras formas siempre intentando rebajarnos y por ahí Virginia ya no paso, empezó a meterse con él dándole de su propia medicina, aunque Antonio el pobre hombre también salió escaldado sin comerlo ni beberlo, se metía con ellos con su forma de correr de marchitos cuando pasan junto a unas chicas, cuando no era más que un pato mareado y otras lindezas bastantes más fuertes, quizá ese fue el detonante final a lo que sucedió más tarde.

    Virginia les había dado pie a los dos para que subieran más el tono de sus comentarios, algunos graciosos como los que empezó hacer Antonio y otros realmente ofensivos como los de Jesús, a mí me empezó a dar vergüenza y me pare un rato haciendo unos estiramientos y Antonio queriendo escapar de aquella guerra me acompaño, Virginia siguió corriendo y ahora sus comentarios empezaron a ser incluso con tono casi agresivo con Jesús, en la siguiente vuelta cuando volvió a pasar este ya no estaba, le pregunte a Virginia que donde lo había enterrado y no me contesto, estaba realmente furiosa, al final Jesús simplemente dejo de venir a correr, me acuerdo que pregunte a Antonio por él y no me supo que decir, tampoco se conocía mucho y así desde ese día solo corrimos con Antonio.

    Un día serían las nueve y media de la noche cuando paramos en una zona muy apartada de parque en el interior, me senté para descansar y beber un poco de agua, Antonio y Virginia estaban compitiendo a ver quien se estiraba más y mejor el cuerpo, veía como Antonio le cogía de la cintura para ayudarla y Virginia se arrimaba frotado su culo contra él, Antonio se apartaba y esta se reía, yo empezaba a ser testigo de una nueva locura de Virginia, ahora ella le ayudaba a estirar y llegaba casi a tocarle los huevos, Antonio se apartaba nuevamente pero se le empezó a notar su erección, Virginia se arrimó nuevamente a él frotando su culo sobre el pene ya empalmado por completo, Antonio ya no se separaba, le veía disfrutar de aquello, sorprendido pero disfrutando, se le veía tremendamente excitado y al final se abalanzó contra Virginia estrujándole los pechos con fuerza mientras le daba empujaba su pene contra el culo de Virginia con fuerza, esta empezó a gemir como una perra rozando su culo con el bulto impresionante que tenía Antonio entre las piernas.

    Yo les miraba un poco cohibida, sabía cómo era ella y aunque me importaba sabía que solo eran los juegos a los que ya me estaba acostumbrando, juegos que luego quedaba en nada, le gustaba hacerlo para mosquearme un poco pero sobre todo, para calentarme y más tarde follarme apasionadamente en casa. Pero aquel día se nos fue de las manos, más bien se le fue de las manos a Virginia, aunque yo fui parte importante fue ella la que empezó a calentar al pobre hombre que ahora quería más y más cuando Virginia se acercó al banco donde yo estaba mirándoles, empezó a besarme a tocarme los pechos mientras le miraba lascivamente, Antonio nos miraba, estaba tan caliente que se sacó la polla y empezó a meneársela delante de nosotras y eso fue con lo que Virginia no contaba.

    La zona del parque donde estamos estaba un poco alejada de las rutas habituales, aunque oíamos perfectamente como la gente seguía pasando cerca de nosotras, ese morbo que alguien nos viera, nuestros besos, nuestras caricias y ver a Antonio tocando aquella enorme polla, masturbarse delante de nosotras nos excitó más de cuenta, nos acariciábamos y besamos sin parar, mirándole de reojo las dos, esperando a que se decidiera al final y saltara sobre nosotras, empecé a meter los dedos por debajo de la maya de Virginia, estaba ya muy húmeda, la notaba muy excitada, más de lo normal, empezó a gemir y apartándome me bajo la maya por debajo del culo, se agachó y me empezó a lamer mi sexo, Antonio por fin se acercó a mí por detrás y frotando su polla en mi culo me levanto el top dejando mis pechos al aire, los acariciaba, pellizcando mis pezones que se empezaban a hincharse.

    Notaba como su polla atravesaba mi cuerpo sin metérmela, desde el culo hasta mi coño, Virginia le chupaba el capullo, el roce de su polla me estaba volviendo loca, estaba tremendamente mojada, eche el cuerpo para atrás, mis pechos estaban cubiertos por sus manos, girando mi cabeza buscaba sus labios para besarle mientras daba pequeños gemidos, Virginia me quito por completo la maya dejándome desnuda, los dos me acariciaban sin parar, sus manos recorrían suavemente mi cuerpo, abrí mis piernas y Antonio dirigió su pene hasta mi vagina introduciendo solo el glande, apretando mis pechos desde atrás y con un buen empujón su polla se metió muy dentro de mí, no pude impedir que un grito de placer envolviera el lugar, me empezó a follar allí mismo, y mis gemidos ya no cesaron, Virginia me chupaba el clítoris por delante, Antonio se movía una y otra vez, sus penetraciones cada vez más profundas y al cabo de un rato empecé a gritar como una loca, mis gemidos y mis gritos se oían en el parque entero sin que yo le pusiera ningún remedio, el orgasmo fue tan intenso que mis flujos envolvieron su pene, mientras Virginia bebía de ellos.

    Ni los gemidos, ni los gritos que hacía poco había estado emitiendo y a pesar de estar en el parque rodeado de gente que iba y venía pudo con nuestra lujuria, parecía no importarnos nada, Antonio se acercó a Virginia y de un tirón le bajo y quito por completo las mayas, Virginia me abrazo besándome, me dijo «has disfrutado como zorrita, esto es un regalo que te hago hoy» me sentó en el banco abriéndome bien de piernas para meter su cabeza y lamer toda mi corrida, Antonio la puso con el culo en pompa y la penetro hasta el fondo, gemía con su cabeza metida entre mis piernas, lamiéndome mis labios, mi clítoris, Antonio no paraba de empujarla metiendo su polla aún más al fondo, cada vez que la penetración era muy profunda Virginia paraba de lamer y me miraba con cara de placer, diferentes espasmos atravesaban su cuerpo, se estaba corriendo a la vez que Juan que había aumentado el ritmo, sacándola justo cuando se corrió, su leche salió disparada por encima de la espalda de Virginia, impactando en mi cara.

    Antonio estaba feliz, no era para menos nos había follado a las dos, los tres nos miramos y empezamos a reír, habíamos montado una pequeña orgía dentro del parque y lo raro que nadie nos dijo nada por qué vernos seguro que alguien nos vio pero sobre todo nos oyó.

    Minutos después nos vestimos y quedamos en tomar una copa de vino ya en mi casa, me fui a dar una ducha para estar más cómoda, para cuando llegue Virginia estaba tonteando otra vez con Antonio hasta que la envié a ducharse llamándome aguafiestas, me quede con Antonio que ya estaba otra vez cachondo y se acercaba a mí con la intención de besarme, me resistía pero la verdad que me apetecía follar otra vez con él, pero ahora más tranquila y más cómoda, así que claudique ante él me levante del sofá y cogiéndole de la mano suavemente le invite a mi cama, empezamos a besarnos lentamente, recorriendo mis labios con cariño, nos abrazábamos, me besaba el cuello por detrás de mis orejas causándome escalofríos, me había entregado por completo a él, mi mano recorrió todo su cuerpo hasta llegar a su pantalón, mientras yo descubriría nuevamente su pene, él me quitaba la camiseta que me acababa de poner y empezaba a besar mis pechos.

    Cuando Virginia salió del baño, llevaba la toalla cubriéndose el cuerpo y dirigiéndose a mí con una sonrisa me dijo “pero que puta que eres, para eso querías que me fuera” “pero no te ha servido de nada” soltó su toalla dejándola caer al suelo y se quedó desnuda ante nosotros, “que, no me invitáis o tengo que saltar sobre vosotros” le hice una mueca de desaprobación, la verdad que lo quería para mi sola pero no tenía opción y al final le hice un sitio junto a mí, empezamos a besarnos los tres.

    Virginia en el parque me lo había vendido como un regalo para mí, pero ahora era para las dos o más bien era un regalo para él, seguro que cuando se levantó ese día, nunca habría imaginado como lo terminaría, teniendo sexo con dos mujeres preciosas, mientras a lo que se refiere a nosotras, pues bien, estando con Virginia sabes que todos los días pueden pasar algo sorprendente que nadie se espera, por eso me gustaba tanto.

    Antonio nos tumbó a las dos en la cama y empezó a lamer nuestros clítoris, nuestros labios, metiendo su lengua en nuestras vaginas, sus dedos empezaron a explorar nuestros cuerpos una vez más, estábamos otra vez tremendamente lubricadas, jadeábamos y nos besábamos, yo estaba tremendamente caliente, nos miramos a la vez, nos sonreímos y nos levantamos tumbándole, era nuestro y le íbamos a enseñar quien mandaba allí, recorrimos todo su cuerpo con nuestras lenguas, llegamos hasta su polla, lo empezamos a lamer Virginia por abajo y yo por arriba succionándole el glande y metiéndomela hasta la garganta, Antonio gemía de placer, hasta que nos dijo que no podía más y como las guarras en que nos habíamos convertido esperamos lamiéndole el glande a que corriera, Antonio exploto con un grito lanzando su leche hacia nosotras, impactando en nuestra cara, las dos reíamos y nos empezamos a besar, lamiéndonos el semen de nuestra cara mientras le seguíamos meneando la polla.

    Virginia se metió la polla en la boca y empezó subir y bajar su cabeza, no quería que se bajase y al final lo consiguió, a poco que hizo ya estaba nuevamente empalmada y nosotras súper calientes que necesitábamos que nos follara una vez más, nos cogió por la cintura y nos puso a las dos juntas a cuatro patas, nos dio una orden tajante, «no hagáis nada y disfrutar» nos la iba a meter por turnos primero a una y luego a la otra.

    Virginia no podía estar callada, le gustaba mucho el juego así que le invito a correrse dentro de una de las dos, la corrida tendría premio y la agraciada que se quedara con su leche dentro de su coño le invitaría a cenar un día, los dos solos un día y noche que estaría dispuesta a realizar todos sus sueños, como si lo estuviera viviendo ya.

    El juego consistía en ir metiendo su polla hasta tres veces seguidas por tuno y yo fui la elegida para comenzar, me penetro con suavidad al principio llegando muy profundo debido a lo mojada que estaba, una, dos y tres estocadas hasta el fondo, en cada penetración mis gemidos pasaron a pequeños gritos mientras le apretaba la mano a Virginia, el turno de Virginia, uno, dos, tres, me apretaba la mano fuertemente cuando la penetraba y me empezó a besar.

    Allí las dos con el culo en pompa empezamos a besarnos, estuvo un buen rato metiendo y sacando la polla de nuestros coños, el orgasmo estaba cerca, lo notaba, al igual que él, que gemía como un oso, su ritmo se aumentaba perdiendo la cuenta, ahora eran cinco y hasta seis penetraciones en cada una de nosotras, Virginia empezó a gritar, estaba teniendo un orgasmo, yo estaba tan excitada, tan mojada que cuando su polla empezó a meterse, la sentía deslizarse hasta el fondo de mi vagina, retirándose y rozando con tanto placer que al volverse a meter, ¡¡¡aaahhh!!! el orgasmo me sobrevino en ese momento.

    Otro orgasmo impresionante, mis paredes vaginales se contrajeron apretando su polla, como si no lo quisieran soltar, Antonio se olvidó de Virginia y empezó a metérmela una y otra vez sin parar, supongo que la sensación de mi vagina inundada y su polla aprisionada hicieron el resto, Antonio empezó a soltar toda su leche dentro mi, inundando de semen toda mi vagina, mezclándose con mis flujos, ¡¡¡aaahhh!!! los dos gritábamos de placer, él seguía metiendo su pene con fuerza, tanto que me llego a tumbar, entrando y saliendo de mí, nuestros gritos inundaron la habitación, los dos sudorosos nos olvidamos de Virginia que seguía allí mirándonos, Antonio me dio la vuelta, pensaba que todo había terminado pero me abrió de piernas y me la volvió a meter, me follaba a gran velocidad, yo no paraba de gritar apretaba las muñecas de Virginia que estaba como mera espectadora, Antonio seguía metiendo y sacando aquella polla que en ningún momento dejo su estado de dureza, Antonio se tumbó por completo sobre mi cuerpo sudoroso, mis pechos presionados sobre su cuerpo, nuestros labios se unieron, nos besamos apasionadamente, su cadera subía y bajaba con rapidez, minutos más tarde los dos nos volvimos a corrernos hasta que los dos caímos exhaustos.

    Virginia que nos miraba fijamente, la sentía enojada, metió su dedo en mi vagina y sacándolo se lo llevo a la boca, mientras que nos decía enfadada que habíamos hecho trampa.

    Al día siguiente… ya os contaré lo que paso al día siguiente.

  • El mesero de la calle 59

    El mesero de la calle 59

    Esa noche me había citado en su departamento, era su noche libre del trabajo, sus mensajes me llegaban al celular con la misma impaciencia que me esperaba en su piso, uno de esos mensajes era una foto recién tomada donde mostraba su miembro saliendo del pantalón, un miembro de buen tamaño que mostraba cual exquisito estaba.

    Llevábamos dos días mensajeándonos a cada rato, parecía que nos conocíamos de hace mucho, era tanta la complicidad que habíamos tenido al mensajearnos, que mis nalgas extrañaban sus manos tocándome como lo había hecho hace dos días en la parte trasera de ese bar donde trabaja.

    Desde que llegué con mis amigas al bar, me fije en él y en cada momento él me regalaba una sonrisa al pasar, la noche cayó y el efecto del alcohol me hizo desinhibirme que en un momento cuando le pedí un nuevo trago, le dije al oído que me moría por follar con él.

    Yo me encontraba despechada, decepcionada y con la autoestima baja por haberme enterado que el imbécil de mi novio me había puesto el cuerpo con su ex. Ese sábado por la noche, en el bar lo había seguido hasta el fondo de un pasillo del bar, estando ahí me arrincono en una esquina y con mucha facilidad me subió el mini vestido que llevaba, haciéndome sentar en un banco sucio al mismo tiempo que me alzaba las piernas para meterse en medio de mí y empujarme su verga en esa posición.

    Todo fue tan rápido que pareciera que habían sido segundos, fue tan rico disfrutar de ese chico y la adrenalina que se generó con tal travesura que acabó dentro de mi y de igual manera tuve un orgasmo, fueron como 10 minutos llenos de adrenalina que sujetándome del cuello me dio enormes embestidas. Al terminar dentro de mí y mientras se acomodaba el pantalón me dio su celular para guardar mi número.

    Eso dio pie a que esos dos días nos sexteáramos hasta largas horas de la noche, habíamos compartido muchas cosas incluso hablamos de muchas cosas banales entre sí. Me había insistido que nos viéramos una vez más, que se moría de ganas de volver a estar dentro de mí, me había gustado la manera como me abordo en la esquina del bar y de solo acordarme de esa verga con el glande rojo me hacía mojar la pantaleta. Era inevitable no querer verlo de nueva cuenta, mi cuerpo más que mi mente lo necesitaba, moría por sentir sus manos recorriendo mi cuerpo, sus besos y sentir esa verga dentro de mí.

    Sin más, acordamos vernos la noche de ese lunes, al salir de la Uni fui al centro comercial para comprar mi atuendo para la noche que le dedicaría a mi nuevo amante, el chico del bar que me traía vuelta loca; era de tez blanca, con pecas en la cara delgado y con unas manos enormes, se notaba que hacía alguna clase de ejercicio pues sus pectorales al igual que sus brazos estaban firmes.

    Se acercó la noche, quedamos en que la cena correría por su cuenta, es decir él se encargaría de todo pues me citó en su departamento. Me mando la ubicación y en punto de las 9 pm salí con rumbo a su piso. El taxista al verme con mi atuendo no pudo resistirse mirarme con descaro como si me quisiera romper la ropa y hacerme suya ahí mismo, quizás en otra ocasión le hubiera permitido al tipo del taxi follarme en cualquier callejón donde el me llevará, pero ese no sería el momento adecuado, pues mi cita me esperaba en su departamento y yo moría por estar con él. El taxi me dejo en la puerta del edificio, al llegar le avise y con un mensaje me pidió subir al tercer nivel, al departamento 35.

    Me había gustado tanto ese chico que me esmere en mi atuendo: falda negra corta con un mini fruncido que me sentaba bien al caminar, un top blanco que me llegaba al ombligo que sujetaban mis senos con solo dos botones, debajo había elegido un conjunto de tanga negra de encaje al igual que mi bra de media copa, mis zapatillas de tacón alto. Me sentía una completa puta yendo a ser penetrada por su hombre.

    Tal fue mi sorpresa que al abrir la puerta, este chico estaba completamente desnudo, en su mano izquierda llevaba un antifaz y con la derecha tomaba su verga semi-erecta, yo quede boquiabierta de lo sorprendida que estaba viendo, no me esperaba tal recibimiento y menos de esa manera.

    Enseguida me invitó a pasar, en cuanto di un paso hacía dentro, me tomo de la mano, cerró la puerta y me empujo hacía la puerta, apoye las manos y mi espalda sobre la puerta mientras este chico presionaba su cuerpo hacía el mío, en seguida mi cuerpo reacciono lubricando mi entrepierna, mordí los labios de los excitada que me estaba poniendo tal situación. Sentía su verga apoyada en mi entrepierna, aun por encima de la tela de mi falda, pude sentir el contorno de su verga ejerciendo presión a la altura de mi vulva.

    —Te estaba esperando bonita, me tienes con la cabeza vuelto loco, muero por tener tu cuerpo toda la noche —me dijo plantándome un beso, pasó su lengua sobre la comisura de mis labios, yo suplicaba porque me besara y me tomara ya mismo.

    —Yo también tenía muchas ganas de verte, que propones —le dije dibujando una sonrisa coqueta en mi cara.

     —Que hagas lo que yo te diga, que dices —me dijo mostrándome el antifaz que llevaba en la mano.

    —Sí, acepto. —le dije ansiosa por saber que iba a pasar.

    Hizo un movimiento de cadera restregándome su entrepierna, me beso con pasión acariciando mi barbilla y enseguida me puso el antifaz cubriéndome por completo la vista.

    —Estás segura de continuar, te aseguro que vas a disfrutar, pero este es el momento para desistir —me dijo, no tenía duda que quería entregarme nuevamente a ese hombre, ese juego me estaba gustando, sentía mojar mi tanga con solo sentir la respiración de ese chico.

    —Sigue, no te detengas, quiero ser tuya esta noche y las que quieras papacito —le imploré ansiosa de que seguiría.

    Metió su mano por debajo de mi falda y con su palma toco mi vulva por encima de la tanga.

    —jajaja, estás bien mojada y ni siquiera empiezo, así me gusta que seas una puta.

    Quitó los botones de mi blusa y me la quito con desesperación al igual que mi sujetador, tomo mis senos entre sus manos y en cada pezón hizo pasar su lengua provocando que mi cuerpo se estremeciera, no podía ver, solo sentía sus manos acariciando mi cuerpo. Bajó mi falda con la misma desesperación que me había quitado la blusa, estando e la altura de mis rodillas envolvió mis piernas entre sus manos subiendo hasta llegar a mi tanga que ya suplicaba desprenderse de mi cuerpo, bajo mi tanga hasta el suelo y estando agachado llevo sus labios a mi vulva, con una mano en mi nalga izquierda ejerciendo presión y la otra sobre mi pelvis sumergió su cabeza entre mis piernas y con su lengua me dedico un oral que me hacía retorcer de placer, cubría mi vagina con toda su boca y con labios mordía los labios externos de mi vagina provocándome placer.

    No me importó estar cerca del pasillo del edificio pues de mi boca empezaron a salir gemidos que no pude ahogar, de pronto subió hasta mis pechos los tomo con sus manos, mordió uno, luego el otro y enseguida regreso hasta mi entrepierna para seguir chupando mi vagina, seguía gimiendo de placer y llevando su dedo hasta mi boca me ordenó que me callara.

    Esa orden hizo que mordiera los labios para ahogar mis gemidos, una mano yacía en mi senos acariciándolos por igual mientras seguía chupando mi vagina, sus dedos se hicieron notar dentro de mi, primero uno, luego dos, ese hombre me estaba volviendo loca de placer, con una mano me acaricia los senos, mis nalgas, con la otra me estimulaba mi clítoris, el interior de mi vagina y su boca recorría desde mi vientre hasta mi clítoris y mis labios vaginales, con ese ritmo y sin parar me estaba dando el mejor placer que había recibido en mi vida.

    Yo no aguantaba más que no podía ahogar mis gemidos, sentía que estaba a punto de correrme cuando este chico se incorporó dejándome así extasiada, le suplicaba.

    —Que haces, mi amor, sigue, por favor, esta delicioso todo que me estás haciendo.

    En seguida y con tono fuerte me dijo:

    —No, yo elijo en que momento te vendrás —con todo sarcástico y riendo siguió— Todavía no quiero que te vengas, ¿me entendiste putita? —yo asentí con la cabeza.

    Sentí su cuerpo nuevamente sobre mí, su respiración en mi cuello el cual aprovecho para besar, acto seguido me volteo de cara a la pared, sentía su respiración en mi espalda, mordió mi hombro dejando marca, una marca como diciendo «soy tu dueño y me perteneces”, me arrincono más hacía la puerta sentía su verga restregándola sobre mis nalgas y con movimientos empezó a buscar la entrada de mi coño, hasta que entró, me tomo de las caderas y empiezo a penetrarme moviéndose de arriba hacia abajo pudiendo recorrer todo la cavidad de mi vagina.

    Siguió penetrándome con fuerza que estoy segura que los demás inquilinos nos estaban escuchando, tenía una verga gruesa que llenaba todo mi interior y me estaba sacando gemidos casi gritos de las embestidas que me daba, saco su verga de mi coño y enseguida me volteo nuevamente frente a él, alzó mi pierna y me metió su verga nuevamente, me abrace a el sobre su cuello y me dedique a disfrutar, lo tomaba de las nalgas presionándolo hacia mi para que me metiera toda esa verga gruesa que me está dando.

    Mi cuerpo reaccionaba a sus embestidas, empecé a mover la pelvis para disfrutar más de esa verga que no aguantaba, sentía que me iba a venir.

    —Mi amor, me voy a venir, no aguanto, por favor déjame venirme, te lo suplico.

    —así me gusta putita, que supliques. Si, puedes venirte, anda, córrete —me dijo.

    Con esa autorización mi cuerpo empezó a expresar satisfacción pues tuve una descarga eléctrica que duró varios segundos mientras tenía un orgasmo intenso, mi hombre enseguida se vino dentro de mí, echando toda su leche por todo el interior de mi vagina.

    Caminamos como pudimos después de tan rica cogida y aún con la respiración entrecortada caímos en un sillón.

    Espero que lo hayan disfrutado, la noche no acabó ahí, pero lo que siguió después de eso, lo contaré en un próximo relato, espero que lo hayan disfrutado tanto como yo.

  • El presumir perjudicó al conquistador y a la conquistada

    El presumir perjudicó al conquistador y a la conquistada

    Somos cuatro treintañeros que nos juntamos a jugar al paddle dos veces por semana. Rafael, amigo desde la niñez, Luis, casado con mi cuñada, Alberto, soltero por vocación, y yo Joaquín, casado con Sara.

    Dado que ninguno tiene dependencia laboral nuestras reuniones son los martes y viernes a las once de la mañana. Después de una hora de juego nos sentamos a reponer líquidos mientras charlamos. Generalmente el grueso de la conversación es monopolio de Alberto, que relata, con buenos visos de veracidad, las múltiples conquistas que hace y que, lógicamente, terminan en la cama.

    Hará un mes, en la consabida charla, el conquistador contó sobre el nuevo trofeo obtenido.

    -¡Anoche me cogí una hembra!

    Súbitamente mi concuñado se atragantó con lo que estaba tomando, ante lo cual el relator frenó su narración para darle golpes en la espalda. Como esos cuentos me resultan graciosos lo insté a seguir.

    -No nos dejés con la intriga, cómo te la levantaste?

    -Después de cenar, estaba aburrido en casa, cuando me llamó Luis diciendo que tenía una mina para mí, y me esperaba en la discoteca a la que solemos ir. Allí nos encontramos y conocí a esta mujer muy linda, vestida sobriamente con ropa de calidad y un físico que se adivinaba deseable. Me costó dorarle la píldora pero en una hora ya la tenía con la pollera blanca floreada en la cintura y al borde del orgasmo acariciándole la conchita mientras me mamaba la pija. A las cuatro de la mañana, después de dos acabadas mías y cuatro corridas de ella la dejé en una parada de taxis. No quiso que la acercara a su casa. Quedamos en hablarnos con la debida precaución porque es casada.

    En medio de la felicitación por la nueva conquista, me llamó la atención la cara de Luis que mostraba contrariedad y le dijo que terminara con esos delirios.

    Ya en casa, lo que otras veces había sido una anécdota más, me hizo ruido. No hace falta ser un gran matemático para obtener cuatro sumando dos más dos.

    La noche pasada, como yo tenía cierta incomodidad estomacal, mi mujer fue a cenar sola a la casa de su hermana. Finalizada la comida me habló diciendo que saldrían a tomar algo y que llegaría más tarde de lo habitual. Por el malestar, que no disminuía, estuve recorriendo canales en el televisor hasta tarde, y así pude ver regresar a Sara, a las cuatro y cuarto de la madrugada con su pollera blanca floreada, bastante arrugada por cierto. Confirmando estas conclusiones elementales estaba la actitud de mi concuñado, que era de franca incomodidad durante y después del relato.

    Finalizada esta lamentable reflexión mi ánimo fue transitando, de la sorpresa y asombro, al dolor y tristeza, de la ira ciega al rencor profundo, terminando, gracias a algún milagro del cielo, en una serena aceptación del suceso junto a la firme decisión de vengarme. Tres cosas debía lograr. Primero, que la convivencia no se alterara demasiado evitando que mi esposa tomara más precauciones. En segundo lugar tenía que planear algo sencillo y de mucha efectividad, por más que me insumiera más tiempo de lo deseable. Lo tercero y último era tratar de desquiciarla provocándole situaciones de permanente sobresalto ante la posibilidad de ser descubierta. Por supuesto que la intimidad matrimonial desapareció.

    Para alterar su tranquilidad lo primero que hice fue contarle lo narrado por Alberto, pero dando a entender que lo consideraba una fantasía de presuntuoso. Seguí luego con aparecer en los momentos menos pensados, en los lugares menos frecuentes y con llamadas periódicas para preguntar algo sin mayor importancia.

    Una tarde la escuché hablar por teléfono diciendo que podrían encontrarse a las once de la mañana en la vereda del edificio donde trabaja. Por supuesto que ahí estuve esperando.

    Cuando la vi salir fui a su encuentro. Su cara mostró a las claras sorpresa y desagrado.

    -Justo venía a buscarte para tomar un café juntos. Ya estás saliendo?

    -Pedí permiso porque quería hacer una compra y como falta una hora para terminar me la dieron. Pero aprovechemos la oportunidad, que no es frecuente. Ahí tenemos un lugar apropiado.

    Pocos pasos habíamos dado y vi que venía en nuestra dirección mi corneador y compañero de juego. A él me dirigí levantando el brazo para llamarle la atención.

    -Alberto, qué coincidencia, vení, sentate con nosotros a tomar algo. Te presento a mi esposa. Silvia, este caballero es uno de los participantes en la reunión de paddle de los miércoles.

    Por supuesto que ambos se saludaron como si recién se conocieran. Él, más aplomado que mi mujer, quien mostraba una cierta palidez, temblor en las manos cuando se llevaba el pocillo de café a la boca, casi sin participar en la conversación y evitando mirar a los ojos, tanto a mí como a su amante. Después de tocar los habituales temas insustanciales inicié la aproximación hacia lo que me interesaba.

    -Tu trabajo queda por acá cerca?

    -No, simplemente tenía que hacer un trámite en este edificio

    -Justo ahí tiene su empleo ella, quizá te pueda orientar.

    -No hace falta porque quien me atiende es amigo.

    -Se me ocurrió pensar que ibas a decir amiga, sabiendo de tus dotes de conquistador. A todo esto, cómo anda esa relación sentimental clandestina. Podés hablar tranquilo que mi señora es reservada y además no se va a escandalizar.

    -Casualmente hoy teníamos pensado ir a un hotel pero a última hora apareció el marido, así que tuvimos que postergarla. Quizá esta tarde, cuando el tipo se vaya a trabajar, ella pueda escaparse. De todos modos no me preocupa mucho porque este fin de semana nos vamos a sacar las ganas a lo grande, pues el inconsciente la va a dejar sola.

    El temor a ser descubierto, que él no tenía, parece que sí repercutía en Silvia, que más pálida aun, se levantó.

    -Disculpen, algo me debe haber hecho mal, estoy descompuesta, voy al baño.

    Nosotros seguimos charlando de cosas sin importancia hasta que ella regresó. No denotaba mejoría, por lo cual, disculpándonos, nos fuimos a casa.

    Al rato de haber llegado, sentados frente al televisor, sonó su teléfono. Cuando vio quien llamaba, e hizo ademán de retirarse para atender, yo me levanté diciendo que iba al baño. Por supuesto que fui, hice el ruido de cerrar la puerta y regresé para escuchar.

    -Hola

    -?

    -Sos un hijo de puta. Cómo vas a hablar así delante de él.

    -?

    -En este momento estoy con el estómago vacío, vomité todo en la confitería. No sé cómo voy a estar esta tarde. Llamame después de las cuatro y ahí vemos.

    Silvia no quiso almorzar. Yo comí lo que el estómago pudo aguantar pues la bronca y el asco prácticamente me lo habían cerrado. Me quedé frente al aparato sin prestar atención a lo que mostraba tratando de cerrar los detalles de la venganza. Sobre todo haciendo un esfuerzo importante para que el odio no cegara mi razonamiento. En este momento lo primordial era dificultar todo encuentro, para que el ansia por llegar al fin de semana tan deseado les hiciera disminuir las precauciones y quedaran inermes.

    A la hora habitual de salida hacia el trabajo seguí mi rutina, dejando intencionalmente las llaves del negocio en la mesa de la entrada, y tomando el auto lo estacioné media cuadra más allá, disimulado entre otros. La espera fue corta, nada más que media hora. Vi a Alberto llegar a pie. Se ve que lo estaban esperando pues apenas enfrentó la puerta, esta se abrió. Les di algo de tiempo para que la acción los aislara del entorno y regresé. Al abrir la puerta pude escuchar al fondo.

    -¡Ay, cómo me la metiste.

    No sé qué hice, pero superé la tentación de avanzar sin hacer ruido y matarlos a los dos con mis propias manos, algo perfectamente factible dadas la diferencias físicas. En lugar de eso llamé.

    -¡Querida!

    El silencio por más que fue corto resultó elocuente. La sorpresa fue total. Iba cumpliendo bien el proceso de venganza. Cuando el enemigo tiene el ánimo por el suelo vencerlo físcamente es sencillo.

    -Ya voy, estoy en el lavadero.”

    Al llegar a mi lado con el pelo revuelto, la blusa una parte dentro de la falda y otra fuera, le dije.

    -¡Qué te pasa!, estás desarreglada y con cara de haber visto un muerto.

    -Estaba acomodando las cosas que están bajo la pileta y además sigo algo descompuesta. Qué pasó para que regresaras.

    -Me olvidé las llaves del negocio. Parece que tu desarreglo es contagioso, voy al baño.

    Al estar atento pude oír los pasos y la apertura y cierre de la puerta de calle. Volviendo al comedor para tomar un té, puse una excusa y no fui a trabajar.

    El día siguiente, viernes, a las once era la reunión deportiva de los cuatro habituales. Ya sentados tomando algo para hidratarnos saqué el tema de la reunión frustrada de ayer.

    -Y, qué pasó a la tarde, pudiste darte el gusto?

    -No, y encima casi nos sorprenden.

    -Tené cuidado, no sea que se te arruine todo y encima ella pierda al marido.

    -Mirá, te voy a ser sincero, creo que al marido le conviene perderla. Es una puta si remedio. Increíble lo que le gusta la pija.

    -De todos modos cuídate, son situaciones peligrosas.

    -Te voy a hacer caso, este fin de semana le doy con todo, en su casa y en su cama, a partir de esta noche viviendo con ella. Después trataré de espaciar un poco el asunto, aunque no sé si podré porque es insaciable.

    Como lo había planeado, al atardecer simulé un viaje a la casa de mi hermana a unos cuarenta kilómetros. En realidad el que viajó fue mi hermano Jesús llevando mi automóvil y los dos celulares, el particular y el de la empresa. Yo me quedé en su casa y con sus teléfonos. Cualquier llamada que recibieran, uno de ellos debía atender y dar una excusa de por qué no lo hacía yo. Las antenas que registran el movimiento de esos aparatos nada iban a notar. A eso de las nueve de la noche mandé desde el celular de Jesús un mensaje de texto al mío diciendo que cenaran sin esperar, porque un inconveniente me obligaba a llegar más tarde.

    Rafael, amigo de toda la vida me iba a llevar hasta casa y una vez terminada la venganza iríamos hasta el lugar que, teóricamente, nunca había abandonado.

    Entré a casa por la cochera y en silencio ubiqué dónde estaban. Me puse al costado de la puerta e hice ruido para llamar la atención y esperé. Ella fue quien vino tratando de saber qué sucedía cuando la tomé de atrás oprimiendo el tórax hasta que se desvaneció. Con vendas le até muñecas y tobillos, poniéndole una cinta cerrando la boca.

    Alberto al no obtener respuesta a sus llamados vino hacia donde seguía oculto y esperando. El procedimiento con él fue idéntico aunque con menor esfuerzo al ser tan delgado.

    Aunque me hubiera encantado echarles en cara el placer de verlos desnudos, e inermes para lo que se me ocurriera, preferí seguir con el pasamontaña que solo mostraba mis ojos detrás gafas oscuras.

    Todavía estaban medio inconscientes cuando, primero a él y luego a ella, les hice el tratamiento previsto. Prepare un gotero cargado con ácido de batería y se lo esparcí por el glande previo correr el prepucio, volviéndolo a cubrir. Después le tocó recibir el mismo líquido al recto. Similar visita recibieron la vagina y el recto de Silvia. Si la piel de las manos no es sensible al picante y el intestino sí, estimo que el ácido, que es capaz de quemar las manos, produciría mayor daño en esas mucosas delicadas. Por lo menos durante un tiempo el acoplamiento o caricia de los sexos sería sólo mental. Estaba por dejarlos cuando me pareció que la estaban sacando liviana. Así que tomé la tonfa que suele estar colgada en la percha y les di un buen golpe en espalda a la altura de los riñones.

    Para terminar desaté el primer nudo de las muñecas de ella y salí. Cuarenta minutos después estaba con mis hermanos y mi amigo, acompañado del sincero afecto que me profesaban.

    El lunes estaba previsto presentar mi pedido de divorcio.