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  • Mi realidad deseada

    Mi realidad deseada

    Lo logré, viajé a mi realidad deseada. Básicamente, una realidad deseada es un universo en donde todo lo que quieras está y se cumple ahí, tienes que realmente desearlo y entrar al subconsciente, ser persistente, claro está (sí, hasta a mí se me hace raro). Yo viajé a mi realidad deseada, y ahora el mundo está a mis órdenes.

    Desperté en un día común, me dolía la cabeza y sentí mucho mareo, mi madre me despertaba y me decía que ya era hora de levantarse. No había forma de hacerle cambiar de opinión, así que me levanté a pesar de mi dolor, y me preparé para ir a clases. Cuando ya llegué a la universidad todo el día fue rutinario, hasta que recordé la tarea de matemáticas, mierda, no la había hecho, se la pedí a un compañero, y para mi sorpresa, me la pasó sin queja y prácticamente sin palabra, un buen amigo supuse yo. El resto del día fue común, llegué a casa y solo estaba mi madre, mi padre no llegaría hasta en un par de horas del trabajo.

    -Hola, mamá – Le dije algo cansado, mientras ella veía el televisor. Estaba sentada en el sofá, poniendo atención a su serie de Netflix.

    -Hola, hermoso – Me dijo ella con cariño. – ¿Qué tal te fue hoy?

    -Meh, estoy cansado, ¿tú no te cansas de ver tantas series? Jamás me dejas cambiar el televisor – Le dije de broma, mientras dejaba en el suelo mi mochila.

    -No, soy tu madre, tengo derecho a ver lo que quiera – Respondió juguetona, le gusta bromear con eso.

    -Vamos, déjame ver lo que yo quiera esta vez – Estaba un poco molesto, fuera de broma, siempre pone su excusa de madre como privilegio.

    -Ok, puedes ver lo que quieras – Afirmó ella, yo quedé un poco descojonado, no puso objeción alguna.

    Ella paró su serie, se levantó y me pasó el control del televisor. No sabía qué pasaba, fue demasiado extraño, siguió tal cual mi pedido…

    -Oh, casi se me olvida, recoge tu mochila del suelo y llévala a tu pieza – Me dijo regañándome, de manera común.

    -Hazlo tú mamá, yo estoy cansado de la uni – Fue desafiante e irrespetuoso, esperaba el griterío de mi madre ante tal falta de respeto, pero no pasó.

    -Claro, llevaré tu mochila – Me dijo cariñosamente, se devolvió por mi mochila y la dejó en mi habitación.

    Ahora sí estaba desconcertado, fue todo literalmente increíble, mi madre realizó sin objeción mis “órdenes”, podría ser que… Empecé a darles órdenes tontas a mi madre, “mamá, ven aquí”, “mamá, apaga el televisor”, “mamá, enciende el televisor” y ella hizo cada una de ellas, sin oponerse y muy amorosa. Debía probar algo más grande, quería ver hasta dónde llegaba esto, “mamá, quítate las zapatillas” y ella se sentó en el sofá y se las quitó, “mamá, quítate los calcetines” y ella se los quitó, dejando sus pies al desnudo. Ella lo hacía sonriendo, me miraba de manera afectuosa. Era fascinante, estaba de por sí ya bastante excitado, tenía una gran erección marcada en mis pantalones, mis órdenes serían cumplidas sin objeción por cualquiera, había viajado a mi realidad deseada.

    -Mamá, ¿se nota mi erección? – Le pregunté ansiando su respuesta, veía cómo se fijaba en mi entrepierna.

    -Sí, amor, la veo bien – Me dijo, con una voz suave, sin apartar su mirada.

    -Ayúdame con esto, mamá, desvístete para mí – No podía aguantar, quería verla y sentirla.

    Mi madre obedeció, se quitó su blusa primero, dejó su sostén y abdomen a la vista mía, luego se quitó sus pantalones, sus bellas piernas estaban paradas frente a mí, mi madre en ropa interior solo sería una vista momentánea. Ella se quitó su sostén, sus tetas maduras eran hermosas, no era la primera vez que las veía, pero esta vez era diferente, después se quitó su calzón, su vagina y su culo eran asombrosos, ahora sí, mi madre se encontraba desnuda frente a mí, bajo mis órdenes y caprichos.

    Ya no esperaba más, me quité el pantalón y mi bóxer, saqué mi pene endurecido y se lo mostré a mi madre.

    -¿Qué opinas, mamá? – Le pregunté ansioso, notaba cómo ella lo miraba.

    -Me encanta, mi amor – Con esa respuesta no había duda, me divertiría por primera vez en mi vida.

    -Mastúrbame, mamá – Ella pronto se arrodilló y con sus manos apretó mi polla, me miraba a los ojos sonriendo mientras empezaba a acariciar y frotar mi pene. Lo hacía lento, pero constante, sus cálidas manos eran lo mejor.

    – Bésalo, mamá – Y ella, todavía con sus manos frotando mi polla, empezó a darle besitos a la cabecita, miraba mi pene y luego me miraba a los ojos, eso me calentaba demasiado, mi líquido preseminal ya había salido y colgaba de los labios de mi madre por cada beso que me regalaba. Le dije que parara, no quería venirme tan pronto, ella tenía más por ofrecer.

    -Mamá, chúpame el pene – Entonces ella colocó en su húmeda y caliente boca mi verga, la saliva y su lengua las podía sentir acariciar mi polla, tomaba su cabeza y la adentraba más y más, llegó al punto que mi madre ya tenía toda mi verga dentro suyo, quería venirme en toda su boca y su cara, no podía aguantar más, mi madre me estaba dando un oral increíble.

    -Mamá, abre la boca y mira mi pene – Saqué mi verga y me dispuse a terminar, eyaculé en toda su cara y sus labios, el semen estaba esparcido desde su frente hasta adentro de su boca, ella parecía disfrutarlo. Le dije que lamiera mi pene por el semen restante, y ella con una mano en él pasó su lengua por mi polla, limpiándola de los residuos.

    Me sentí increíble, había follado a mi madre y eyaculado en toda su cara, ella seguía bajo mis órdenes, mi obediente madre me miraba complacida y orgullosa de su querido hijo. Esto no quedaría así, ella tiene mucho más por demostrarme, pero por hoy sería todo.

    -Date una ducha, mamá, cuando termines de secarte olvidarás todo esto y seguirás con normalidad hasta la próxima – Le ordenaba mientras ella me observaba, mi padre llegaría en una hora y necesitaba que ella no tuviera un olor raro… podría ordenarle a mi padre que lo ignorara y todo lo relacionado, pero la verdad no quiero dar tantas órdenes, podría salirse de mis manos.

    -Sí, cariño, me daré un baño ahora – Me respondió muy obediente, se levantó frente mío, y vi cómo su coño estaba húmedo y lubricado, ella muy seguramente deseaba usar eso. Fue al baño y se empezó a duchar.

    Por mí parte, recogí su aún calidad ropa y la dejé en la ropa sucia de su pieza, ansioso por la próxima ocasión que deba hacer eso, mi madre era una mujer con mucho jugo. Se supone que puedo ordenar a cualquiera ¿A quién más debería ordenar?

  • Sin esperar

    Sin esperar

    El sol paseaba por el umbral del día buscando refugio donde descansar y así dar el relevo a su hermana la luna.

    Blanca volvía fatigada, hacía tiempo que no corría tanto, necesitaba soltar todo, la impotencia, la rabia… gota a gota se desbordaba por su cuerpo en forma de sudor, se sentía mejor, tremendamente fatigada, pero mejor.

    Según iba recuperando la respiración se iba acercando a su casa, no pensaba en otra cosa que llegar y ducharse para terminar el día con una copa de vino, silencio y un libro.

    Abrió la puerta del portal subió las tres escaleras del rellano, según tocó el ascensor notó como alguien entraba por el portal, antes de que se diera la vuelta para saludar, notó un aroma familiar, esa mezcla de perfume, a cuero, esa sensualidad, ese olor a violeta que hace estremecerla solo con olerlo.

    Antes de poder verle, noto como la empujaba con fuerza contra la puerta del ascensor, como una boca ansiosa buscaba sus labios, como una lengua con pasión conseguía abrir las puertas de su boca, ella amaba ese fuego, pero hoy le había pillado desprevenida, pero ella sabía que no podía resistirse a él.

    La fuerte coraza que con los años había construido, era un castillo de papel frente a un océano furioso, no tenía escapatoria, ni la quería.

    Los tersos dedos de sus manos se colaban dentro de su camiseta pegada al cuerpo por el sudor, buscaban sin miramientos poder agarrar sus pechos, lo deseaban y eso se notaba en la poca sutileza de unas manos que lo único que quieren es el contacto de la piel tersa, de notar como se endurece ante las bruscas caricias.

    Se abrieron las puertas del ascensor y sin dejarla darse la vuelta la metió dentro, sus lenguas jugaban a enredarse, mientras ella notaba en su espalda la excitación de esa furia descontrolada. En el breve trascurso de subida al octavo, las manos de su furtivo amante se colaron en su short, de una manera como solo él sabía paso sus dedos por encima de sus braguitas, era capaz de hacerla humedecer solo con rozarla así que ante este vendaval de fuego en tan solo unos segundos su ropa interior estaba totalmente mojada.

    La presa consiguió desprenderse un poco de su cazador, lo justo para poder abrir la puerta de casa, sin darle tiempo a cerrar la puerta volvió a ser una paloma ante un halcón. La empujó contra la pared y de un tirón rasgó su short deportivo, la misma piedad le ofreció a sus braguitas y sin mostrar la más mínima compasión y antes de dejarla mencionar una sola palabra, la dio la vuelta apoyándola contra el frio mármol del mueble de la entrada que hizo que sus pezones se pusieran aún más duros, de un solo golpe como un torero enfila al toro en el fin del lance, él se deslizó con maestría dentro de ella, entre la humedad de ambos, consiguió penetrarla sin ninguna dificultad. Ella notó de golpe la fuerza, sus ojos se cerraron mientras él la agarraba de las manos y se las estiraba para atrás, haciendo que se encorvara, obligándola a mirarle, quería ver cómo sus ojos le decían que era suya.

    Ella se desvanecía ante la avalancha de golpes de cintura que él de manera fuerte y repetitiva hacía, si a eso le sumas que una de las manos de él se estaba encargando de estimular su clítoris, hizo que antes de lo que ella esperaba, sucumbiera, su cuerpo empezó a convulsionar y los suspiros y gemidos se escapaban por su boca, mientras un descontrolado e intenso orgasmo la hacía temblar.

    Sin que sus cuerpos se separen la obligó a levantarse del mueble para poder besarla mientras seguía follándola, le agarró del cuello y comenzó a besarla con lujuria mientras su cintura golpeaba su culo, ambos sudados ambos ansiosos, él incrementó el ritmo de sus movimientos hasta que no pudo aguantar más y ante un fuerte grito se corrió dentro de ella. Sin separase de ella, con menos fuerza siguió entrando y saliendo de su húmeda entrepierna dejando cada gota de su éxtasis en su cuerpo hasta que el final se separaron y cayeron ambos jadeando al suelo como dos estrellas fugaces ante un infinito océano de oscuridad.

  • La amiga de mi madre (Parte II)

    La amiga de mi madre (Parte II)

    De repente, escuchamos unos pasos entrar, era Jazmín, una amiga de Maritza.

    -¡Hola! ¡hola! ¡Mari! ¿Dónde estás?

    -¡Aah! Si, aquí estoy Jazmín, que te trae por acá –respondió Maritza, espantada, sin saber qué hacer.

    Sujetó mi cabeza para que me detuviera. Me hizo señas para que hiciera silencio y no me moviera. Ambos nos quedamos allí, en el suelo tras el mostrador, sin movernos. Jazmín se acercó al mostrador esperando ver a Maritza.

    -Nada más pasé a saludar, el idiota de Alberto me dejó plantada. ¿Puedes creerlo?

    -¿En serio? Que idiota y ¿qué harás ahora? –respondía Maritza desde el suelo indignada por la incómoda situación

    -No lo sé, creo que pasaré a casa de Ivana, me dijo que hizo un pastel y ya sabes, le quedan riquísimos, ¿los has probado alguna vez?

    De manera picara y atrevida acerqué mi boca a la vulva de Maritza y comencé a lamerla suavemente mientras ella trataba de continuar la conversación con Jazmín.

    -¡Oh dios! ¡Sí! ¡Qué delicia! –exclamó Maritza, debido al placer que le daba mi lengua.

    -Sí, son deliciosos –dijo Jazmín, creyendo que Maritza le estaba respondiendo.- Oye pero ya sal, ¿qué tanto haces allí? –replicó

    -Perdona que no me levante, es que estoy… Emmm… acomodando unas cosas acá abajo, si lo dejo será un desastre.

    -Bien, como quieras, oye ¿ya entraron las faldas nuevas que me contaste? –preguntó Jazmín mientras caminaba en la sala viendo las prendas.

    Yo continuaba con mi festín, Maritza hacía un esfuerzo sobrehumano para no gemir, sus gestos silenciosos me rogaban para que me detuviese. Pero podía sentir como esa situación la ponía más excitada ya que sus flujos y contracciones vaginales habían aumentado. Metí dos, luego tres y hasta cuatro dedos en su vagina, los sacaba y metía con fuerza estimulando su punto G.

    -¡No! ¡No! ¡No! –exclamó Maritza al sentir mis maniobras dentro de ella.

    -¡Carajo! Quería estrenar una en la fiesta del miércoles –continuaba Jazmín, quien sin darse cuenta, estaba hablando sola.

    -¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Oh por dios! ¡Ouh! –gimió inevitablemente Maritza. Al tener un intenso orgasmo que apretó mis dedos dentro de ella.

    -Mari, ¿estás bien? –preguntó Jazmín acercándose al mostrador preocupada.

    -¡Sí! ¡Sí! Estoy bien, no te preocupes, solo es un calambre, no es nada. –respondió Maritza, temblorosa pero hábil y creativamente.

    Maritza sacó mis dedos de su vagina lentamente y me pidió nuevamente que me detuviese un momento.

    -Entonces… ¿te parece si te llamo más tarde? Estoy un poco ocupada por ahora, lamento no poder atenderte apropiadamente –dijo Maritza.

    -Bueno, más te vale que me llames, suficiente enfado tuve con Alberto, no quiero rematar contigo. Jaja. –dijo Jazmín mientras caminaba hacia afuera.

    -Prometo que te llamaré. Oye Jazmín, hazme un favor y cierra la puerta cuando te vayas, dejaré de atender temprano hoy –dijo Maritza mientras me guiñaba el ojo de manera picara.

    -¡Está bien! Hablamos luego. –salió del local y cerró la puerta.

    Maritza se sentó en su húmedo y desnudo trasero, sobre un pequeño charco de sus propios fluidos. Me miró cruzándose de brazos con una expresión de reclamo.

    -¿Qué crees que hacías muchachito travieso? Estuvimos cerca de que nos descubrieran por tu culpa.

    -Pero te ha gustado, ¿cierto?

    Nos miramos a los ojos unos segundos y soltamos una carcajada. Mari se levantó, tomó mí ropa, me tomó de la mano y me llevó a su habitación. Ver ese culo tambalearse a cada paso que daba era maravilloso y excitante. Entramos, arrojó mi ropa, me tumbó sobre la cama, mis piernas colgaban en la orilla y ella se arrodilló entre mis piernas.

    -Ahora vas a pagar por tus travesuras –dijo de la forma más sensual que jamás había escuchado.

    Recostó sus codos en mis piernas y sin usar las manos, de forma hábil comenzó a succionar mi pene flácido con su boca. Estaba ardiente, salivaba como una perra. De inmediato sus quijadas se abrieron al máximo debido a la enorme erección dentro de su boca, expulsó de una bocanada mi verga dejando solo la punta dentro y comenzó a estimular mi uretra con su lengua. Que delicia, esa mujer era una diosa del placer.

    Mi teléfono celular comenzó a vibrar sin cesar. Como pude alcancé mis pantalones y saqué mi celular del bolsillo. Era mi madre, tenía 6 llamadas perdidas y me estaba llamando nuevamente. Miré a Maritza mientras ella devoraba mi verga, ella me miró sin detenerse.

    -Contesta –dijo atragantándose con mi pene en su garganta.

    -Emmm… ¿Hola?

    -Santo Dios muchacho, ¿Por qué no respondes? Ya me tenías preocupada. ¿Dónde estás? –preguntó mi madre al otro lado de la llamada.

    -Este… Emmm… pasé a saludar a Maritza y me ofreció un café, no quise despreciarle así que acepté. ¡Ah! Uf! –el placer que me hacía sentir la boca de Mari interrumpían mis mentiras.

    -¿Qué fue ese ruido? ¿Qué haces? –preguntó mi madre desconfiada por mis picardías pasadas.

    -Ah! Nada mamá, es solo que el café está muy cliente.

    Mari se reía de mi estado al ver cómo me estaba haciendo pagar con la misma moneda.

    -Ya no te creo nada muchacho, pásame a Maritza, quiero hablar con ella –replicó mi madre.

    Le dije a Mari y le pasé la llamada. Mari sacó mi verga de su boca, se montó sobre mí, colocó mi pene erecto y lubricado en la entrada de su vagina y bajó sentándose sobre mí dejándose penetrar la mitad de mi verga.

    Recibió el teléfono y por fin respondió.

    -¿Hola, Helen eres tú?

    -Hola querida, ¿cómo estás?, que gusto saludarte, perdona que te interrumpa, pero Donni no respondía el celular y estaba un poco preocupada.

    -Ah no te preocupes Helen, tu hijo es un buen muchacho. Fue mi culpa, yo estaba sola y quiso hacerme compañía un rato nada más. Le invité a un café y se nos fue el tiempo charlando. –decía Mari, habilidosa para mentir.

    Mientras mantenía la conversación con mi madre, Mari me cabalgaba, se movía de arriba abajo dejándose penetrar por mi verga. Aunque era una mujer experimentada, su vagina era estrecha y excitante. Yo me movía tratando de penetrarle mi verga por completo, pero ella esquivaba mis movimientos levantándose. Me miraba mientras hablaba y se sonreía picaresca y perversa.

    -Te voy a coger como nunca antes te han cogido –le susurré al oído mientras ella acercaba sus labios a mi cuello.

    -Bueno, está bien, no lo dejes comer mucho o te vaciará el refrigerador –le decía mi madre.

    -¡Ah! ¡Ah!… Gracias por la advertencia, oye Helen, iba a decirte, quizá puedas permitirle a Donni quedarse un par de horas más…. ¡ah! ¡ah!… necesito acomodar unos estantes y la ayuda de un fuerte muchacho como él me sería de gran utilidad –decía mientras trataba de contener sus gemidos y acariciaba mis pectorales, mis brazos y mis abdominales.

    -De acuerdo Mari, no te preocupes, solo quería asegurarme que estuviera bien. Tómense su tiempo.

    -Te lo agradezco muchísimo Helen, fue un gusto saludarte, te hablo después. –colgó la llamada– ¡Oh por dios Donni! Tu verga es enorme, nunca había tenido algo tan grande dentro de mí.

    -Pues ahora la sentirás –dije con ímpetu, y de una embestida metí mi pene hasta el tronco en Mari.

    -¡AAH! ¡AAH! Espera, suave, Donni, me estas reventando mi concha! ¡Ah! ¡Auh!

    Pude sentir su útero en el fondo de su vagina chocar con mi glande. Una mezcla de fluidos vaginales, seminales y sudor escurrían en la cama. Nuestros cuerpos chapoteaban entre fluidos y sudor.

    La vagina de Mari apretaba mi verga exprimiéndola dentro de ella. Se dilataba y se contraía de manera rítmica apresando con fuerza mi virilidad.

    -Así que… un par horas más ¿he?

    -Jeje, claro muchacho, no iba a dejarte ir tan pronto. –Mari se detuvo, se acomodó a mi lado poniéndose en cuatro para que la penetrara.– ven acá y muévete un poco muchacho.

    -Sí señora –respondí mientras me colocaba tras de ella con mi pene dispuesto a penetrarla.

    Vi su culo. Quise meterlo en su ano, pero no me atreví, comencé a penetrar su vagina velozmente y con fuerza. Sus nalgas chocaban de forma violenta en mi pubis mientras Mari gemía como una diosa.

    -¡OH! Santo cielo, que Dios me perdone por hacerle esto a tu madre. ¡Ah! ¡ah! Así, así, ¡QUE DELICIA! Me estas abriendo como nunca. ¡Ah! ¡Ah!

    En medio de las violentas embestidas que le daba a Mari metiendo y sacando mi verga, logré sacarla por completo. Y haciéndome el despistado apunté a su culo y la embestí con fuerza penetrándole el ano súbitamente.

    -¡AAH! ¡CARAJO DONNI! ¡QUE HACES! –vociferó adolorida

    Los gemidos de Mari se convirtieron en fuertes alaridos. Pude sentir como mi glande expandió su ano a dimensiones inusuales. Mi glande penetró su recto y toda la longitud de mi pene se deslizó entrando hasta lo más profundo Mari.

    Su ano tan estrecho se contraía resistiéndose al cuerpo que lo penetraba, pero mi verga ya estaba completamente adentro. Su estrechez ahorcaba con fuerza el tronco de mi verga reteniendo la sangre en mí verga, haciendo que se hinchara aún más dentro de Mari, haciendo más difícil que lo sacara.

    -Ahora si eres mía, por fin pude hacer mío ese culo –la nalgueaba con fuerza y apretaba sus glúteos abriéndolos y masajeándolos.

    -¡Santo Cielo Donni! ¡Me duele! Me estas partiendo el culo ¡ah! Ah!

    -Pues tu culo parece gozarlo ¿no, perra?

    -¡Oh! Sí! Que delicia, siento como estas llenando mis intestinos Donni, fóllame, lléname de tu leche calientita, lléname por completa

    Comencé a deslizar mi pene hacia fuera, mi glande estaba tan inflamado que se atoraba suavemente en su culo, lo deje dentro y continúe introduciéndole mi verga por completa repetidas veces. Maritza gemía como una zorra, sus gemidos demostraban dolor y placer, mucho placer. Estaba enviciada y fuera de sí.

    Maritza comenzó a moverse sola, de adelante hacia atrás rápidamente, introduciéndose voluntariamente mi tremendo cañón por su culo que terminó dilatándose lo suficiente. Sentí un cosquilleo en los testículos que recorrió toda mi uretra, estaba a punto de acabar. Una tremenda eyaculación se desbordó a borbollones de mi uretra rebosando por su ano con cada embestida.

    -¡Oh dios! Donni! Tu leche, puedo sentir tu semen llenando mi culo! ¡Qué delicia! –Maritza fruncía el culo exprimiendo toda mi leche dentro de ella. Exprimió hasta la última gota de mi néctar y se derrumbó exhausta sobre su abdomen.

    Me recosté a su lado para abrazarla y devorar su boca en un dulce y apasionado beso. Maritza estaba tan ruborizada de tanta excitación y esfuerzo. Su mano bajó a mi pene y lo acariciaba cariñosamente mientras su boca seguía devorando mi lengua en un interminable beso.

    -No puedo creer lo que hicimos –dijo susurrando mientras recuperaba el aliento.

    -Tranquila, tú te encargabas de mi cuando era niño, ahora yo encargaré de ti.

    -Supongo que guardaremos este secreto para nosotros, ¿verdad?

    -Por supuesto, siempre y cuando me dejes visitarte más seguido.

    -Más te vale que vengas más seguido –replicó Mari, mientras me miraba a los ojos y me sonreía dulcemente.

    Después de aquel día las visitas a Mari se hicieron más frecuentes. Encontré una forma de ayudar a Mari en el negocio y ella encontró un amante incondicional. Pero les contaré más en otro capítulo.

    Espero que os haya gustado, si es así déjamelo saber en un comentario.

    Con cariño, Donni

  • Entregadas a sus instintos

    Entregadas a sus instintos

    Diana, la rubia compañera de trabajo, la reconocía como a la única propicia para escuchar mis dilemas.

    Sabía que era bastante madura a pesar de sus veintinueve años y por haberla encubierto o defendido en más de una ocasión, se hacía merecedora de mi absoluta confianza.

    Algunas veces también se había hecho incontenible alguna discusión; como en aquella oportunidad en la cual nos encontrábamos ambas, copas de por medio, en mi pequeño apartamento.

    A Diana le esperaba un excelente futuro si con los años aprendía a manejar aquel aspecto dominante y magnífico de exuberante mujer, con sus ostensibles y abundantes formas.

    Yo en cambio, algo más menuda con mis veinticinco años, poseía esa inseguridad que un ser humano puede arrastrar toda la vida: tengo el cabello negro y algo más corto que el de Diana, y una presencia menos carismática lo que, inevitablemente, me lleva a refugiarme permanentemente en los consejos de mi amiga.

    – ¡Qué importa si ese tipo ni te mira! – me decía Diana al respecto de lo que acababa de manifestarle -. Acaso, ¿no existen millones de hombres en el mundo? – concluyó exhalando un cierto vapor etílico sobre mi rostro, mientras compartíamos el mismo sofá de tres plazas.

    S: El caso es que me atrae este, me parece un buen individuo.

    D: Permítame… ¡Te felicito!

    Expectoró sonriendo socarronamente y sacudiendo un vaso de Martini que salpicó licor sobre la mesita ratona.

    S: ¿No estás de acuerdo?

    D: Lo que creo es que, de continuar así, terminarás esclava de algún «buen individuo». Tienes veinticinco años; ¡y te está llegando la hora de buscar desesperadamente un semental para tus hijos!

    S: ¿Acaso crees que no está bien una compañía estable?

    D: ¡Lo que me parece mal, es someterse, así como así a un hombre!

    Percibí en Diana el avanzado estado de embriaguez, pese a molestarme la altanería con la que me hablaba, quise seguirle el punto sirviéndome también un vaso lleno de licor y bebiéndomelo de un trago.

    S: Quizá tenga la curiosidad de conocer ahora, ¡la experiencia de un afecto sólido!

    D: ¿Y quieres empezar con alguien que ni siquiera te mira?

    El alcohol hacía efecto en las dos cabezas, atentando contra las respuestas rápidas y a medida que girábamos sobre el mismo tema, era difícil soportar para mí una cierta impresión de admiración hacia Diana.

    La atmósfera nocturna se acentuaba con la leve luz de una lámpara de pie, y era agradable dejarse llevar por el gustito que saboreaban los paladares, desde donde amenazaban con levantar vuelo unos pájaros descarriados e imprevisibles.

    Disfrutábamos, a pesar de la confrontación, de la presencia mutua, observé un par de veces a mi compañera de arriba a abajo, abstraída; y concluí para mis adentros que, una mujer con aquel porte, debía por lo menos ser escuchada con atención.

    S: ¿Y qué debo hacer con mis ganas?

    D: ¿Así que se trata sólo de ganas?

    Un repentino silencio zumbó mis oídos, decididamente, y ante mi sorpresa, Diana llevó una mano hasta uno de mis senos y comenzó a masajearlo suavemente.

    El ambiente comenzaba a enrarecerse como producto del alcohol y la hora, creando ese sopor que, como cómplice noctámbulo, suele aparecerse en esas circunstancias.

    S: ¿Por qué me acaricias?

    D: ¡Simplemente que quiero corresponder a tus ganas!

    Me dijo la rubia haciendo lucir una mirada que se entendía con la blanca dentadura que exhibía.

    Yo no deducía hasta donde iba a llegar la broma, pero aún perpleja, dejaba que aquella mano recorriera hacia todos lados mis pechos sólo cubiertos por una fina blusa.

    Nunca había pasado por una experiencia tan inusual como aquella y, quizá abandonada a la expectativa de saber con qué ocurrencia Diana cortaría la situación, no atinaba a sacarle la mano.

    S: ¡Es que preferiría la mano de un hombre!

    D: ¡Las mujeres nos conocemos más entre nosotras!

    No podía creer lo que estaba haciendo mi amiga, Diana intentó acercarme su boca sin dejar de sonreírme con aquella mirada vidriosa, pero cuando estaba próxima, le di un pequeño empujón sacándomela de encima, me serví otro vaso, y comencé a bebérmelo.

    S: ¡No sabía que fueras lesbiana!

    Fui bebiendo trago tras trago con la mente en blanco, mientras, Isabel también había llenado nuevamente su vaso.

    D: ¿Quién puede estar seguro de nada?

    Me encontraba un poco aturdida, superada; otra vez como tantas delante de un desolado fin de semana, o más bien de un oscuro laberinto lleno de inseguridades.

    Por la ventana abierta se veía el cielo negro y rojizo, adquiriendo aquella tensión pegajosa, inexpresable, que tiene el invierno ciudadano.

    Vi a la mujer-amiga vestida sensualmente de azul que tenía a mi lado, con largas y espléndidas piernas expuestas a mi mirada, sorprendiéndome una vez más, ofreciéndome algo insospechadamente nuevo que nunca se me había pasado por la mente.

    Era una poderosa presencia cincelada de desafío; pero confiable, como una opción ideal para quien no sabe qué hacer con sus noches.

    «¿Me hará bien esto?», me cuestioné por un instante.

    S: ¡Entonces vamos al dormitorio!

    Me decidí al fin queriendo corresponder la sorpresa de mi camarada, e impresionándome de mi propia determinación “Vamos a ver hasta dónde te animas a llegar”.

    El tono de mi voz sonó impasiblemente neutro a pesar de los nervios que me recorrieron las entrañas, Diana no hizo ninguna objeción, se levantó con dificultad, hasta afirmar en el tercer o cuarto paso su andar inseguro por el alcohol.

    Entramos al cuarto, en penumbras y sin encender ninguna luz, sin cambiar palabras; apenas quiso sonar una risita de Diana. Esta se sentó en el borde de mi cama y, con una actitud maquinal, tiró su vestido al piso, descubriendo sus perfectos senos con orgullo.

    Yo acostumbraba mis ojos a la oscuridad y la contemplaba con absorto interés, intentando encontrar en mi mente alguna respuesta para lo que estaba empezando a sentir. «No, no, esto no puede ser cierto. ¿Qué está sucediendo?» Hice un esfuerzo y me arrodillé a sus pies de modo que nos encontramos cara a cara.

    La veía de muy cerca y observaba, como a través de una pantalla, aquel rostro en el cual comenzaban a dibujarse unos rasgos intensamente sensuales que me atrajeron: su boca carnosa despedía una atractiva sensación de deseo por lo prohibido, sin tabúes; en torno a aquellos ojos, que respondían como un espejo, descubría un mundo que nunca había advertido, los bordes fascinantes de un espacio nuevo.

    Comencé entonces a besarla, mientras ella me acariciaba tiernamente la cabeza; era una boca más suave que las que había besado antes.

    Me animé a palparle los pechos, de una piel fresca y tensa, coronados por dos endurecidos pezones, luego me emprendí en bajarle la única diminuta prenda íntima que le quedaba puesta y cubría su velloso pubis.

    Esta se enrolló a lo largo de las esculturales piernas, increíblemente, había cometido la nunca pensada osadía de dejar desnuda a otra mujer y, ¡estaba excitada! Me detuve inhibida por aquel pensamiento y esperando alguna respuesta de mi amiga; si esta se reía y acababa el asunto, me aliviaría dejarlo por terminado allí; pero si, en cambio, daba muestras de querer continuar, también estaba dispuesta a hacerlo.

    “Vamos a llegar muy lejos” me susurró Diana al oído.

    Entonces me sentí caer de espaldas sobre la cama, unos dedos ágiles hurgaron el botón y el cierre de mi vaquero, e hicieron que este corriera luego hacia el piso; lo mismo pasó con mi blusa y mi ropa interior.

    Cerré los ojos y percibí el tacto que me rozaba los pezones con una suavidad morbosa en la cual se translucía el carácter de Diana, mis dos senos fueron recorridos lentamente, luego el vientre al tiempo que nuestras bocas se juntaban, ahora en un provocativo y lanzado beso de lengua.

    La mano que ahora me acariciaba la cintura, buscó mi sexo ya húmedo y, sin pudor, se hundió en la mata separando mis labios vaginales y encontrando un palpitante clítoris que ya a estas alturas deseaba ser acariciado. «¡Dios mío…!», pensé yo que nunca había estado segura de la existencia de Dios.

    D: Dices que querías un hombre, ¡si yo te tengo así!

    S: ¡Uhm! ¡No digas más!

    En el sopor eran las únicas palabras que encontraba mi mente confusa, y me despedí en un instante de otra posibilidad que no fuera la de sentir el momento increíblemente intenso que estaba viviendo.

    No quería pensar, sólo sentir; intuía que, cuando un cuerpo sintoniza con otro, cualquier discurso del intelecto desaparece como una pompa de jabón.

    Los dedos inquietos y diestros de Diana hurgaban en mi intimidad al tiempo que sentía ir perdiendo contacto con la realidad; hasta que mi propia humedad se confundió con otra; miré hacia abajo en un momento de vuelta en mí, y no pudo dar crédito a lo que veía: ¡mi amiga hundía su cabeza entre mis piernas! ¡Lo que ahora sentía era la lengua que jugaba con mi clítoris de una manera que nunca un hombre lo hubiera llegado a hacer!

    S; ¡Ah uhm, uf!

    D: ¿Te gusta verdad?

    Ya no sentía más que el deleite del placer, me retorcía al percibir la boca de Diana recorriéndome los labios vaginales, introduciéndome la lengua; y ansiaba corresponderle, compartir lo que estaba sintiendo.

    Ya empezaba a experimentar un inconfundible hormigueo en todo el cuerpo mientras mi amiga me introducía, desenfrenadamente, dos dedos hasta el fondo de mis entrañas; comenzando a sumergirlos y sacarlos de una manera que me enloquecía.

    Imaginaba aquella mano empapada con mis fluidos, sin obstáculo ninguno para, de quererlo, penetrar entera.

    Por suerte frenó un segundo antes de que estallara mi culminación; vi que la cama había quedado completamente revuelta como consecuencia de mis involuntarias contorsiones.

    D: ¡Ahora te toca a ti!

    Dijo Isabel y adoptó una posición de rodillas, con la cabeza y los brazos apoyados en la almohada, y las redondas nalgas bien en alto, espléndidas, desde donde se veía surcando hacia abajo la tentadora raja de su sexo.

    Hacia allí llevé mi mano, inspeccionando y mojando mis dedos; luego comencé a besarle los muslos, mientras le acariciaba lentamente la abertura, encontrando un clítoris inflamado y empapado.

    S: ¡Tienes un cuerpazo!

    Sin pensarlo, llegué con mi boca hasta allí, rozándolo con la lengua y los labios, Diana se retorcía de placer, ayudada por la posición, le introduje un dedo en la vagina lentamente, hasta dejarlo por completo adentro; ya mi mente dejaba de lado cualquier prejuicio.

    Repté por entre aquellas piernas y comencé a pasarle las manos por los pechos, Diana gemía sin disimulo ninguno, abandonó la posición en la que había permanecido, dejándose caer sobre mí mientras nos uníamos en un abrazo, sintiendo ambas el contacto en todo el cuerpo.

    ¡Nos humedecíamos mutuamente los muslos al refregarnos en un continuo movimiento mientras nuestras bocas se unían en un ir y venir de lenguas!

    S: ¡Que rico es esto!

    D: ¡No necesitas esclavizarte a alguien para tener un momento así!

    Se me ocurrió interrumpir aquel momento al ocurrírseme una idea, no recordaba nunca haberme excitado de aquella manera.

    – Ahora vuelvo- dije, levantándome. Sentía una mezcla increíble de sensaciones en la cabeza; tomé un par de botellas que habían quedado vacías en el comedor y volví nuevamente al dormitorio.

    Allí reencontré la silueta de Diana desnuda en mi cama revuelta; me provocaba volver a expresar libremente mi libido sobre aquel cuerpo de mujer; me sentía despojada de cualquier pudor, o más bien me encantaba también estar allí parada y desnuda, con nuevos y deliciosos momentos de placer por delante.

    S: ¡Necesitamos algo que nos penetré!

    Manifesté mostrando las dos botellas que llevaba, una en cada mano -. Y esto es lo mejor que se me pudo ocurrir.

    Mi voz no expresaba el menor recato; era evidente lo entregada que estaba a la situación, Diana sonrió nerviosa; se sorprendía de la transformación de su amiga a quien nunca le había supuesto tan osada; estiró sus brazos invitándome a subir a la cama con los improvisados artilugios.

    Nos arrodillamos una frente a la otra sobre las sábanas e, intentando que las botellas se sostuvieran a pesar de la poca estabilidad del colchón, conseguimos sentarnos cada una sobre uno de los picos, poco a poco, mirándonos con complicidad, comenzamos a acariciarnos nuevamente, recorriéndonos mutuamente cada región que ya se reconocíamos como vivamente excitantes.

    Segregábamos de nuevo los néctares, cosecha de la lujuria; los dedos recorrían los pezones endurecidos, bajaban por la cintura y se introducían en la raja en donde los pináculos de los envases, lentamente, iniciaban una penetración, suspirábamos ruidosamente, mezclando saliva y quejidos.

    D: ¡Estamos llegando realmente!!!

    S: ¡Talvez esto queríamos! ¡Ahora debemos sentarnos!!

    Un par de horas antes, no hubiera soñado con hablar con tal desparpajo, pero estaba realmente enardecida y, para mi propia sorpresa, descubrí que fantasear así, junto a la confidente de tantas horas, me sobreexcitaba de una forma que era incapaz de definir.

    Sentí que el pico frío se introducía sin dificultad, lubricado por mis jugos; separé un poco las piernas para facilitar aquello. Empezamos a movernos con cierto ritmo.

    Yo puse más pasión, le besé los dos pezones casi al mismo tiempo, mordisqueándolos, lamiéndolos, sintiéndolos dentro de mi boca mientras la botella entraba y salía de acuerdo a que se sentara u oprimiera su vagina haciéndola desplazarse hacia fuera.

    Aquello no iba a prolongarse demasiado, pues las dos estábamos sintiendo la inquietud de un inminente orgasmo, corriéndonos por la piel, por la sangre, por los puntos más álgidos y expresándose en una respiración más intensa.

    D: ¡Samanta que rico, ah!

    S: ¡hemos llegado tan lejos, uhm!

    D: ¿Ah, que rico, que es esto?

    S: ¡No sé, pero que bien se siente, uhm!

    Se convulsionó con la botella embutida a lo máximo, apretándome con fuerza; le correspondí con mi lengua por el cuello y los senos.

    El éxtasis se expresaba casi a gritos y sacudidas, supe que también había llegado mi momento; situándome hacia atrás, sentí que Diana tomaba con una mano la botella y empezaba a hundírmela una y otra vez sin pausa, cubriéndome el resto del cuerpo con caricias y besos.

    Un imponente y largo orgasmo me derritió en abundantes fluidos que empaparon la botella, espasmo tras espasmo, sintiendo que nunca en mi vida había experimentado un momento tan intenso como aquel.

    S: ¡Ah, uhm, no!! ¡Que rico!

    D: ¡Ah, esto es delicioso, uhm!!!

    Poco a poco y, acompasadamente, fui saliendo del trance, acurrucando mi cuerpo junto al de mi amiga que, también exhausta, suspiraba con la mirada perdida en el techo.

    Las botellas habían quedado a un lado de la cama, inmóviles como mudos testigos de la lujuria vivida.

    ¡Jamás hubiera sospechado que eras una lesbiana! y ¡tan libidinosa! comentó jocosamente Diana luego de unos minutos.

    ¡Yo tampoco lo sabía! conteste y reí, ¡con una risa tan libre como hace mucho tiempo no escuchaba de mí misma!

    Nos dimos un beso, un beso más cuerdo, el alcohol ya había salido de nuestro cuerpo, ahora disfrutábamos de nuestra compañía y continuamos hasta la madrugada, sabiendo que nuestra amistad jamás volvería a ser igual.

  • El Elegido, iniciación y bautismo

    El Elegido, iniciación y bautismo

    El Elegido en su iniciación tomó a la virgen del grupo, abrirla en el camino del placer y llenarla de esperma, luego el bautismo de lluvia dorada, las otras putis asisten y dan fe.

    “Cuidado con lo que sueñas, porque puede convertirse en realidad”

    Esta frase resume una poderosa ley universal, la Ley de la atracción, un arma infalible para quienes sepan usarla y disfrutar de sus maravillosos efectos…

    El Lobo Feroz no solo escribe historias eróticas, sino que ha construido un grupo de afinidad con la filosofía del Hedonismo, donde propician y priorizan el placer dentro del contexto del disfrute erótico. No se trata de un grupo swinger, de ningún modo estamos en el intercambio de parejas, sino en la práctica movilizadora del placer: El libre juego de la dominación-sumisión. Todo basado en el principio de la libertad individual, que los participantes adhieren y comprometen a ser parte de una comunidad de carácter privado obligándose a respetar los postulados fundamentales que establecí como guía de acción.

    El Lobo Feroz asume como rector de la comunidad del Triskel, nombrado asimismo como Maestro de la comunidad, todos deben respetar las normas y órdenes emanadas de él, no podrán revelar datos ni referencias de dónde y cómo se realizan los actos en la comunidad, tampoco vulnerar la voluntad de alguno de los integrantes en los actos realizados. Fuera de esas limitaciones rige el “todo vale”, y al decir todo, es todo, desde los juegos de “castigos consentidos”, a la bisexualidad y permisividad total, solo limitadas en la condición de no vulnerar la voluntad del otro, como tampoco excederse en el disciplina o castigo en “los permitidos”.

    El presente relato tiene un doble propósito, mostrar de qué modo podemos disfrutar del erotismo en plenitud, sin condicionamientos, con respeto y tolerancia, creando un espacio que nos es propio para el ejercicio de la libertad de cuerpos y expresión de deseos, exhibiendo un momento de este espacio lúdico-sexual. La locación y los nombres solo son ilustrativos para conservar la discreción y el relato es para despertar la vocación de ser parte de un espacio de libertad y disfrute sexual.

    El relato corresponde a un lugar de reunión está en algún lugar de una gran ciudad, el Maestro no está a tiempo completo en esta locación, sino que fue en esta ocasión para presentar a su Elegido, y que sea él quien represente en carne viva la entidad del rector de la comunidad del Triskel.

    La creación de esta comunidad fue un sueño del Maestro, de hace mucho tiempo, ahora el devenir de la vida y con la apertura mental de los partícipes podemos ver realizados esos sueños que alimentaron tantos momentos de calentura, y ahora que nos conocemos en la intimidad de nuestros pensamientos podemos realizar esa fantasía haciéndola una realidad tangible y disfrutada en carne viva. Este relato refiere cuando la pareja constituida por Ma (la esposa) y Me (el marido) son presentados en “La Colmena” una de las hermandades del Triskel, el Maestro los presenta a sus entrañables amigos, el Maestro se abstuvo de tomar parte activa, oficia de espectador de las acciones que ahora refiero para los que se sientan atraídos por esta forma erótica del placer y al final del relato tendrán la referencia para conseguir más información e ilustración de nuestra comunidad, desde ya agradezco la amable deferencia de continuar en la lectura del primer acto de presentación del Elegido del Maestro, si les interesa les cuento lo que siguió de este primer acto y bautismo del Elegido.

    Presenta a la pareja de Ma y Me al resto de las integrantes, en este caso son cuatro mujeres: B, Mo (embarazada), L y Debb, Ma una diosa hecha mujer, que ha sido el faro de conocimiento de la sensualidad que iluminó la vida y el deseo de las otras muchachas de la comunidad, Me es el Elegido del M para ingresar como representación terrenal del Maestro para armonizar la sexualidad de las mujeres de La colmena y la libre disponibilidad de los cuerpos sin reservas.

    El Elegido asume el rol de dominador en representación de la voluntad y directiva del Maestro, aunque también llegará el momento de que sea la mujer de mayor rango en la comunidad que asuma el rol de “dominatrix”. Los nombres son la inicial del nombre y genéricamente las mujeres serán denominadas “puti” no en el sentido peyorativo de la palabra puta, sino que deviene del gentilicio de la ciudad de “puttaparty” donde el Sai Baba tenía a sus mujeres.

    Detallada las condiciones de la comunidad vamos al fondo de la cuestión, que sirva para amenizar, motivar y disfrutar del placer del sexo y el erotismo como lo entendemos y asumimos como una forma distinta del goce, en un ámbito donde el M sea tenido como rector y partícipe necesario.

    …Llegó el día tan anhelado, superadas las condiciones de distanciamiento social impuesta por la interminable pandemia y se permiten los viajes. Ma y Me (matrimonio, Ma esposa, Me marido) pueden trasladarse desde… algún lugar del país, el deseo por tenerlos en la comunidad había inflamado los deseos de las cuatro putis, Mo, B, L y Debb, todas y cada una tenía sus motivos para desearlos instalados en su colmena. Colmena es la denominación de la familia constituida por la convivencia de esas cuatro mujeres, un gineceo perfecto por la organización, de las cuatro solo B es madre, Mo lo será en poco tiempo, L y Debb solteras, siendo la segunda la más joven y nueva en el grupo, pues aún en proceso de adaptación total.

    Todos se conocen, algunas con mayor o menor intimidad, solo Debb tiene referencia por los comentarios de sus compañeras de familia, por lo tanto la más deseosa de apreciar la calidad de diosa del sexo que le ha transmitido sus hermas de intimidad.

    Los recién llegados fueron recibidos con efusivas muestras de afecto, tan pronto como se hubieron instalado comenzó la recepción, los tequilas ganaron el centro de la escena, “los fumantes” el ingrediente para encender los ánimos y excitar las intenciones, la ardiente intimidad sube por la escalera, el deseo por el ascensor, los chupitos de tequila y las pitadas de humo mágico aceleran el latente propósito de avanzar sobre la indecisión. Mo fue la que inició el destape de las carnes, con la excusa de mostrar de qué modo la próxima maternidad había cambiado el volumen de sus “chichis” que el volumen discreto de sus pechos hubieran crecido a respetable tamaño.

    Por cierto que era algo digno de apreciar, las manos de las putis fueron a comprobarlo. Me se abstuvo de sentir la turgencia de los pechos de Mo, por cuanto ésta dijo:

    -Vamos, toca, tócalas! No es necesario que pidas permiso a tu esposa, ella sabe que “todas somos de todos”, Tócalas…

    Acercó la mano, algo tímido por hacerlo delante de todos, pero cuando la mano de Mo se posó sobre la de él, recién ahí pudo usar toda la palma de la mano, llenarse de teta y sentir latir la carne caliente de Mo, recorrió toda la esfera de carne, haciendo un reconocimiento completo, sentir la turgencia rugosa del enhiesto pezón, sentirlo, frotado entre su pulgar y el mayor, controlando la excitación que producía.

    Momento de excitación apreciado y agradecido por el hombre, fue la señal del “destape de tetas” imitado por las espectadoras ansiosas, incluida su esposa, todas deseaban exhibirse ante el señor la desnudez de sus cuerpos desde la cintura. Moviéndose y balanceando el “tetamen” se acercaron al señor para recibir las caricias del macho cuya bragueta refleja el efecto visual de tanta teta. B lo invita a probar si la futura madre tiene vestigios de leche en sus senos

    -Anda, prueba si los pezones de Mo tienen lechita.

    Me no responde, solo mira de reojo a su esposa que le sonríe, entonces se suelta más, toma la teta izquierda entre sus manos comienza a lamer, excitado salta a una exprimida de teta y a la mamada urgente del pezón. Intenta una y otra vez y no consigue sacar ni una gota de fluido maternal. Nuevamente B se hace escuchar.

    –Toma, prueba de las mías, ya deben tener leche, estoy estimulando para ayudar a Mo en amamantar a su futuro hijo.

    Sentado en el sofá, se quita la camisa para comodidad, B se le pone delante, ofreciendo en sus manos los pechos opulentos y bien cargados, decidido y excitado fue directo, exprimir esos opulentos y voluptuosos pechos… -Humm… humm tiene leche, dulzona, que rica…

    Se quedó mamando y deleitándose, salta de una a la otra. Viendo la calentura que producía su furiosa y excitante mamada, extasiado y turbado por su tremenda erección imposible disimular.

    Los efectos de la mamada la reproduce en cada una de las mujeres, al mismo tiempo que B, decide que ahora vayan a la desnudez total, de todos, también el hombre, que se deshaga de los pantalones.

    -Ah, no, también quitarte el calzoncillo. Fuera el calzón! -obliga su esposa.

    -Ahora todos desnuditos y… calientes –Dice B- bueno… alguien está muy… -señalando la verga de Me- re-bien parados. Wow!! qué buena pija.

    -Y qué dura –dice L- anda Debb, pon tu mano, siente como la tiene bien dura..

    -Hmmm que buena está –dice Debb- Está buena… vengan a probarlo.

    -Chicas es mi marido, pero también es un hombre y como pueden apreciar la tiene gorda y bien dura. –mirando a Me dice: – Eres el hombre, el Elegido del M, no necesitas permiso para tomar lo que te es tuyo.

    – Sí!!! -a coro- somos las putis del M, bueno, somos tuyas señor, somos mujeres de servicio, a tu servicio –explica B.

    La desnudez reina y domina las emociones, Debb dice que necesita saber porque B considera que Ma, la esposa de Me es su Diosa. Ahí mismo y sin más explicaciones Ma se dispone a comer la conchita de B ante las miradas del resto. Ambas mujeres se trenzan en apabullante espectáculo lésbico, desde lamidas y mamadas de vagina hasta la furiosa “tijera” con una verga de silicona de dos cabezas que las conecta en el fragor de la movida sexual.

    Las mujeres ofrecen el espectáculo gozoso de una “relación de almejas” a pleno fragor. Ambas mujeres conocen muy bien el efecto de controlar y retener el orgasmo, demorarlo es parte de las normas impuestas por el Maestro, que permite potenciar la energía femenina para extender el jugueteo sexual por largo tiempo. Retener la energía y no venirse al primer atisbo de que asoma el orgasmo favorece y potencia seguir el juego del erotismo a full sin decaer en la vehemencia del placer sexual y dejarse naufragar en el orgasmo en el momento supremo, donde todos han sido satisfechos a pleno este es abc, condición sine qua non del inicio de la “domesticación” de la puti.

    Mientras B y Ma siguen trenzadas en el fragor de una relación sexual que debían desde antes de esta maldita pandemia, ahora están saciando esa abstinencia demorada desde hace tanto tiempo. L y Debb no paran de apretarse los pechos, frotarse las vaginas para poder sofrenar la calentura que les ha contagiado la furibunda relación de las dos hembras en acción.

    L y Me son conocidos desde antes, por eso entiende la indicación de Ma cuando le indica que vaya sobre su hombre. L y Debb se le sientan una a cada lado de Me, mientras acarician la prodigiosa erección que late deseo, las manos de las mujeres frotan y masturban el miembro del hombre que no para de gemir. La embarazadísima Mo aguarda su momento, las putis le sacuden la verga, se acerca reptando por el piso hasta colocarse entre las piernas, deja que le acomoden la pija en la boca, ésta se pierde dentro de la ansiedad bucal de Mo, que se dedica a prodigarle una soberana mamada de poronga, sólo hasta el límite de poder controlar la explosión de semen.

    Las putis son experimentadas en darle servicio al hombre, saben llevarlo y sofrenar las emociones del macho para no excederse, conocen la técnica de controlar y demorar, ralentizando y apretando la base de la pija pueden yugular el momento supremo de excitación evitando una eyaculación inoportuna, necesitan llevarlo al máximo del placer, que esa primera sesión se sexo fuera especial hasta dejarlo “con sabor a poco”.

    Mo le dejó la pija chorreando hilos de saliva, bien excitado y deseando actividad, L que lo conoce cuando está como una caldera, cede el turno a Debb, la novata de la familia. Mo le pone la boca para engullir la verga, dejándolo listo para el avance, una breve pero intensa mamada y se pone de pie y avanza la pelvis, ofrece el aromático jugo de su vagina para que el hombre tenga el primer acercamiento con su sexo. El hombre se abraza a sus nalgas y le come la conchita, frotando sus labios y nariz en la pecera inundada de mar y deseo.

    Debb se la quita de las fauces del caníbal, se retira del abrazo para comerle la boca y limpiarla de los jugos que robó de su sexo.

    Es tiempo de darse el gusto de probar al Elegido del Maestro, se colocó ahorcajada sobre las piernas del hombre, separa los vellos púbicos, acomoda la poronga en la entrada de su vagina y se deja deslizar rodeando con la jugosa conchita la estaca de carne, se abraza al cuello y le ofrece la mamada de tetas mientras comienza a danzar y balancearse con la erección a pleno dentro de su jugosa carne. El hombre acompaña la evolución de la joven hembra, mientras ella se eleva sal máximo el hombre espera el descenso para elevar su pelvis y producir el encuentro profundo y salvaje de empalar a la joven hembra.

    Los gemidos de la pareja se confunden con los gemidos agónicos de su esposa y B llegando a un delicioso orgasmo. Las otras dos mujeres se prodigan en una incipiente relación lésbica.

    Como en el Antón Pirulero, cada quién atiende a su juego, se han formado tres parejas, tres emociones y acciones van buscando satisfacerse. Las primeras en entregarse a un momento de relax por haber llegado al orgasmo son Ma y B, que descansan de la emoción de un encuentro tan deseado, Mo y L siguen en el fragor de la penetración anal. Mo colocada en cuatro sobre la alfombra recibe el embate de L que se ha colocado el strapless y le está dando con vehemencia por el ano.

    Ajenos a la realidad de los vecinos Debb sigue empalándose en la verga de Me, enterrándose hasta más allá de lo posible, saltando sobre la verga del hombre, produciendo un mundo de sensaciones, haciendo que su actividad disminuya la actuación del hombre pueda demorarse más. Me la hace desmontar, colocar de rodillas sobre el sofá, aferrada al respaldo del mismo aguante los furibundos embates del embravecido macho. Me limpia con su camisa el exceso se flujo vaginal, quiere sentir más intensa la fricción de los genitales. El bombeo se produce imperioso e incesante, tomándola con fuerza de los hombros empuja y empuja la poronga bien a fondo.

    Debb conoce y disfruta, como todas, el juego de la dominación, se mueve y agita simulando quitárselo de encima, invitación a dominarla, a someterla. El hombre entiende y acepta que las nalgadas son indispensables como estímulo de goce, la penetración intensa y las nalgadas enrojecidas por el castigo suman excitación, tomada de los cabellos, volcado sobre su espalda los chupones en el cuello y las mordidas en la nuca sazonan el tremendo polvazo de bienvenida a la comunidad.

    El polvo comienza a tomar contundencia en las formas y modos de abrazar y contener a la joven ardiente, las acciones tan vehementes se roban la atención de las vecinas, todas la miradas están puestas en esta pareja, Me disfruta penetrar de modo salvaje a su joven partenaire y ella ser objeto, dominada por un señor maduro que le abre la conchita con su verga bien gordota.

    Los tiempos de la calentura hicieron mella en los cuerpos de la pareja, ella no puede soportar los latidos crecientes de un orgasmo imposible de dominar, se está dejando llevar por las ondas de la calentura para naufragar en las aguas del orgasmo tan temido, pero nunca sin el permiso de su señor. El hombre autoriza, Debb puede subirse al tobogán y dejarse deslizar a las delicias del orgasmo. Casi en simultáneo Me tampoco puede dominar los acuciantes latidos de los testículos que exigen la vía de escapa de la oleada de semen que puga por alcanzar la libertad. La incipiente eyaculación comienza a recorrer el camino hacia el final feliz.

    –Donde me vengo? -fue el gemido urgente del hombre enterrado en el fondo de Debb.

    El Maestro nunca hubiera preguntado, el Elegido, como es su primera acción no reparó en el detalle de que el amo “nunca pide permiso”. Se produjo un instante de silencio que le pareció eterno, luego con un hilo de voz Debb pudo manifestar:

    -Hmm, dentro, dentro, dentro, el Maestro nunca nos pregunta qué hacer.

    Casi no existió el espacio entre la concesión del permiso y la explosión de esperma del macho. Gemido gutural del hombre cuando libera sus energías íntimas, la eyaculación, directa y profusa dentro del chocho de la joven hembra. Siguieron los latidos de la verga mientras lanza los últimos chorros de semen.

    –No te salgas, no te salgas, sigue dentro, queda déjame sentir tus latidos hasta el final…

    El hombre quedó enterrado, tensionado, apretándose fuertemente con sus rodillas a los muslos de Debb. Su esperma se derramó en la jugosa vagina.

    Se retiró, despacio del jugoso estuche, L estaba atenta para recoger en su manos el sendero de esperma que comienza a fluir de la vagina, lo mismo hace Debb poniendo su mano para recoger los vestigios de esperma. Ambas mujeres prueban el sabor de la “energía sagrada” del hombre, y se la comparten a todas las putis.

    -Es el esperma sagrado del Elegido del Maestro no debe ser desperdiciado, por eso nos compartimos la esencia viva del señor, mientras se comparten y lamen de la mano de L, Debb se ocupa de limpiar los vestigios de semen y flujos que brillan en la verga de Me.

    -Ahora es tiempo de que Me produzca el bautismo de las putis que probaron su sagrado semen –dijo B, asumiendo su condición de reina de la colmena (familia)

    B tomó la mano del señor Me y lo llevó al baño, de rodillas esperan Debb y L para recibir el bautismo de lluvia dorada que brotará de la poronga del Elegido. El delicioso chorro de la tibia orina llegó hasta el rostro de las dos putis, escurriéndose por los pechos, recorriendo el vientre hasta enredarse en los vellos que cubren la vagina. Las restantes asisten al acto bautismal, observando como relamen y saborean los restos de la “lluvia dorada” del Elegido.

    El Maestro santifica la ceremonia, asiste a la segunda parte del acto de iniciación del Elegido, para la cual se me tiende sobre el piso de la bañera y recibe la lluvia dorada emanada de la vagina de la mujer que un momento antes retuvo el esperma de él, la joven dejó fluir su lluvia dorada sobre el vientre del hombre.

    Concluida la recepción y santificados el acto de iniciación, el Maestro se retiró de la Colmena, para asistir a otra Colmena, dejando que los integrantes disfrutaran de los juegos de dominación y sumisión en libertad de acción y comisión de sus deseos, con las mujeres al “servicio” del Elegido.

    La ducha y el relax permitieron recomponer las emociones, varios chupitos de tequila, todo está por comenzar, todas las mujeres son para servir al señor…

    En esta ocasión el Maestro ha relatado la presentación del Elegido, presentado en la familia o Colmena para comenzar su actuación como maestro en representación, con todos los atributos de la entidad de supremo rector de la Hermandad del Triskel.

    El Maestro está dispuesto a comentar y relatar nuevas experiencias y encuentros producidos en la Comunidad, respondiendo a todas sus inquietudes y necesidades de saber y conocer más, sobre todo en esta situación tan especial de la calamitosa pandemia, tenemos formas y métodos de extender los beneficios eróticos de la Comunidad del Triskel en su espacio cósmico.

    Por lo dicho, espero los mensajes en [email protected].

    Lobo Feroz

  • Carla y su aventura en una nueva ciudad

    Carla y su aventura en una nueva ciudad

    Carla se había mudado a una nueva ciudad, a sus 26 años, una nueva oportunidad laboral le hizo tomar la decisión de marcharse y comenzar una relación a distancia con su pareja. La falta de sexo y la emoción ante una vida nueva en un lugar desconocido, pronto hicieron aflorar sus fantasías más perversas.

    Físicamente, Carla era una joven con una belleza un tanto exótica; pelirroja, piel blanquita y pecosa en el rostro, labios rosas y carnosos, ojos verdes y ligeramente rasgados… De estatura media, su cuerpo hacia babear a todo el que la veía: piernas delgadas y firmes; un culito redondo y respingón que hipnotizaba y unas tetas naturales muy bien puestas, redonditas, con un escote espectacular y unos pezoncitos rosados que le encantaba marcar bajo sus tops para que todas las miradas se perdieran en ellos…

    A Carla le encantaba sentirse deseada a todas horas, tenía una sensibilidad sexual muy especial, por no decir que era una cachonda. Le encantaba andar por la calle sin ropa interior para que cada uno de sus pasos hiciera rozar sus labios vaginales, a la par que sus pezones se erizaban…

    Despertaba miradas lascivas toda ella: su cara continúa de excitación, el movimiento de sus tetas con sus pezones marcados y ese contoneo de caderas que hacía que las cabezas se giraran y las miradas se quedaran atrapadas en su culo. Le ponía cachonda y le encantaba sentir como su coñito ardía y se empapaba, sabiendo que había tanta polla erecta deseando follarla, incluso sabiendo que provocaba que el coño de otras mujeres se mojara tanto como el de ella.

    Cada día llegaba excitada como una perra a casa y devoraba la polla de su novio hasta dejarla seca, de lo cual él estaba encantado. Sabía que su novia era una guarra a la que le encantaba zorrear con todo el mundo, pero le compensaban las tremendas folladas que le pegaba a diario. Habían llegado a un acuerdo: ella podía empalmar todas las pollas y clítoris que le vinieran en gana, pero la única que se follaría sería la suya.

    Ahora, con su novio lejos, todo era más difícil. Seguía saliendo a la calle dispuesta a levantar pasiones, pero al llegar a casa toda mojada no tenía quien le saciara.

    El segundo día en su nueva casa, Carla volvía de dar un paseo por las tiendas del centro. Llevaba un pantalón corto y ceñido por arriba del ombligo que le marcaba todo su culito, que asomaba por debajo, y hasta su coño. Arriba llevaba un top blanco de tirantes que abarcaba lo justito para tapar sus tetas y dejar bien marcados sus pezones.

    Subiendo en el ascensor coincidió con un hombre muy atractivo, de alrededor de 40 años, vestía una camisa, americana y vaqueros; era alto y se notaba que hacia deporte; su imagen imponía y era lo que le faltaba a Carla para llegar a casa desesperada por un orgasmo. Ella no le dirigió la palabra, pero su cara no podía ocultar lo cachonda que le ponía y cayó en su habitual zorreo de miradas.

    Él tomó la iniciativa y le preguntó si se había mudado al piso de enfrente, ya que la había visto por la ventana el día anterior y sabía que estaba en alquiler. Ella asintió tímidamente y él le pregunto si se llamaba Carla, a lo cual ella respondió sorprendida que sí. Le dijo que no era adivino, pero que el cartero había dejado un paquete para ella en su casa y que si quería pasar a recogerlo.

    Carla estaba cachondísima, durante el minuto que pasó en el ascensor con ese hombre no paró de imaginar todas las posturas en las que podría follárselo en ese metro cuadrado y en todos las partes de su cuerpo donde su polla podría correrse. Sin embargo, no quería ponerle los cuernos a su novio. Al menos no tan pronto. Él la invitó a pasar, pero ella le dijo que tenía prisa y que le esperaba en la puerta.

    Al llegar a casa y abrir el paquete, Carla encontró una nota de su novio que decía:

    “Mi amor, imagino lo difícil que estará siendo para ti llegar a casa y no tener una polla cerca que llevarte a la boca. Con lo zorra que eres, seguro que ya has salido a la calle a pasearte como una perra en celo y ahora mismo tienes hasta los muslos mojados. Espero que este regalito te ayude a apagar un poco tu fuego, porque ya sé que del todo es imposible. Te amo, putita. No olvides grabarte y enseñarme como te corres”.

    En la caja venía un consolador de cristal, enorme, durísimo y precioso. Carla no veía el momento de metérselo entero, pero le gustaba tanto esa sensación de excitación, que decidió prepararse un baño de sales y espuma, ponerse música erótica y abrirse un buen vino, para así dar rienda suelta a sus pensamientos y alargar al máximo el ardor que sentía dentro.

    Una vez en la bañera, comenzó a acariciarse las tetas lentamente, pellizcándose los pezones hasta sentir ese ligero dolor que tanto le pervertía, bajando por su cintura, acariciando su ombligo y hundiendo sus manos entre su coño. Quería pensar en su novio, pero no se quitaba de la cabeza la voz grave de su vecino, el calor que desprendía su cuerpo en el ascensor, imaginar cómo tendría la polla…

    Bebió un sorbo de vino y apoyó la copa sobre su clítoris, jugando a rozarla con él mientras con la otra mano manoseaba sus tetas imaginando que eran las manos de su vecino quien lo hacían. Joder, aun no sabía su nombre y ya había fantaseado hasta con el sabor de sus corridas.

    Tras un buen rato, en el que se autocastigó varias veces para no llegar al orgasmo, salió de la bañera y decidió obedecer las órdenes de su novio. Le gustaba provocar, pero aún más le encantaba ser una perrita obediente. Su novio le había ordenado grabarse y enseñarle como disfrutaba de su regalo, pero decidió que no sólo él sería quien disfrutara del momento.

    Recordó que su vecino le había dicho que le había visto por la ventaba, así que decidió mover el sofá delante de la misma, para que él también pudiera disfrutar del espectáculo. La abrió, puso el móvil a grabar y se reclinó sobre el sofá, vistiendo solo una pequeña toalla, dejando la caja del regalo junto a ella. Comenzó a untarse aceite por las piernas de manera muy sensual. Poco a poco fue subiendo hasta abrir un poco la toalla y dejar su coño depiladito a la vista. Empezó a ponerse aceite por los brazos, subiendo hasta su pecho.

    Con un ligero movimiento, hizo que su toalla se abriera y empezó a restregarse las tetas y llenarlas de aceite, haciendo que relucieran y resbalaran tanto que pudo evitar soltar un gemido mientras pellizcaba, estaba vez más fuerte, sus pezones. Volvió a gemir, esta vez más fuerte. Deseaba que su vecino la escuchará y se masturbará mirándola desde el otro lado de la ventana. Abrió la caja y sacó el consolador. Debía medir por lo menos 20 cm. La boca se le hizo agua y lo llevo a sus labios, abriéndolos ligeramente y sacando su lengua para llenarlo de saliva.

    Poco a poco se lo fue metiendo entero en la boca, quería que su vecino imaginara que era su polla la que estaba mamando. Cada vez se emocionaba más, aumentaba la velocidad en la que ese falo entraba y salía de su boca, se le caía la baba por la comisura de los labios y mojaba sus tetas. Casi no podía aguantar más y aún no se lo había metido en el coño. Había llegado el momento. Lo llevó todo empapado a su rajita y comenzó a acariciarla con la punta. No podía parar de gemir, cada vez más fuerte. Menudo espectáculo estaba dando ella sola.

    Su novio iba a flipar viendo el video y ojalá que su vecino ya lo estuviera haciendo. Jugó un rato con su clítoris y lo acerco a su agujerito. Quería alargar el juego, pero no podía más, iba a reventar. Así que de golpe, se lo metió todo de una en el coño. Joder, que grande era. Soltó un gemido súper fuerte, su espalda se arqueó provocando un movimiento muy sensual en su cuerpo. Con la mano que le quedaba libre no paraba de estrujar sus tetas, se iba a arrancar los pezones a ella misma. El orgasmo no tardó en llegar, no pudo reprimirse más, pero tampoco quería acabar nunca.

    Apoyó el consolador en el sofá y, dando la espalda a la ventana, ofreciendo unas vistas espectaculares de su culo, se sentó sobre él y empezó a follárselo como si le fuera la vida el ello. Se corrió varias veces, su flujo caía a chorros por la base del consolador y formó un charco en el sofá. Continuó hasta no poder más, respiró unos minutos exhausta y exhibiendo su despampanante cuerpo tumbado.

    Apagó el video y se fue a la cama, con una sonrisa de satisfacción y el coño aun chorreando.

    Este ha sido mi primer relato. Si os ha gustado y queréis seguir conociendo las aventuras que le esperan a Carla, no tenéis más que decirlo.

  • Matando la rutina (Parte 1)

    Matando la rutina (Parte 1)

    El sexo se había convertido en una sola muestra de aun estoy aquí… pero la atracción que había entre nosotros en un principio había desaparecido.

    Ante todo,  mi nombre es Alveiro y hoy quiero contarles cómo es que tras tan solo tres años de casados la rutina se había apoderado de nuestra relación.

    Salía de casa tan solo mirándola, los besos de despedida acompañados con un “hasta pronto mi amor” habían desaparecido de mi boca y aún más, de mis pensamientos. Y al volver, un simple hola y encerrarme en mi habitación era la escena de todas las noches.

    Hasta que a eso de las once de la noche sentía su cuerpo frío acomodándose junto al mío, sus manos acariciaban mi pecho por encima de la ropa buscando de esta forma conducirnos a una noche más de sexo y claro yo acostado boca arriba y ella montada sobre mi verga cabalgando a un ritmo ni muy lento, pero tampoco demasiado rápido. Lo suficiente para luego de unos minutos sentir placer sexual como todas las noches. Un placer muy pasajero.

    Les contaré algo para que traten de imaginarse hasta donde de horrible o desesperante era nuestra rutina. Cuando la conocí el tan solo oler su aroma tenía el suficiente poder de ponerme a full y aún más el más ligero roce de sus manos sobre mis hombros lograban poner mi verga tan dura que estoy seguro que la danza de espermatozoides no era en mis bolas sino en mi cerebro.

    Podía cerrar mis ojos con el solo deseo de adivinar el color y tipo de su interior, y si en su suave voz podía oírle decir tanga color rojo o hilo amarillo, podía trasladarme en milésimas de segundos a una noche de sexo apasionado. Pero todo esto había desaparecido tras los tres años de casados que llevábamos.

    Y un día como si fuera cosa del destino, como si estuviera escrito desde mucho antes. Una conversación hizo de esa noche una muy diferente a todas las anteriores. Y fue que se nos ocurriera recordar las veces más ardientes que hubiéramos tenido con nuestros ex… En ambos casos ya sea en los recuerdo de ella como en los míos, todos eran solo meros tocamientos debido a que ella y yo llegamos vírgenes. Ella de haber sido penetraba y yo de haber penetrado, pero aun así nuestros recuerdos tuvieron el poder de sacarnos de la rutina y de trasladarnos a una vida sexual muy placentera. Nunca antes había disfrutado de sus juegos sexuales y a partir de esa noche son para mí como una dieta que no puedo dejar.

    Nuestros cuerpos se encendieron y de pronto mi verga estaba dentro de su boca y su lengua parecía querer deshacer mis bolas como si de una paleta de caramelo se tratara… Y mis manos que anteriormente solo se habían limitado a posarse sobre sus caderas cada vez que ella se montaba, ahora estaban jugando en cada parte de su cuerpo… Sus pechos, sus nalgas y aun en sus labios mis manos encontraban forma de satisfacer el deseo ardiente que se había apoderado de nuestros cuerpos esa noche.

  • Una historia de sexo (VI): Una orgía en familia

    Una historia de sexo (VI): Una orgía en familia

    Por la noche ya en la cama Virginia me abrazó,  yo seguía molesta con ella por haberme mentido y por manipularme una vez más, tenía claro que esta pequeña escapada había sido otro de sus juegos y a pesar de lo mucho que había disfrutado follando otra vez con su hermano Juan, no estaba dispuesta a perdonarla, ella me abrazaba y yo la apartaba, me volvía a abrazar y la volvía apartar.

    Al final di la guerra por perdida y la dejé por imposible, al cabo de un rato de estar abrazadas me empezó acariciar los pechos, sus manos bajaban hasta mi tanga queriendo jugar con mi vulva, acariciando mi clítoris sus dedos se envolvían en mis fluidos y mi tanga empezaba a humedecerse, querría darme la vuelta y besarla, no podía con ella, me tenía atrapada, la quería demasiado, quería acariciarla y al final me venció una vez más.

    Me di la vuelta y la empecé a besar, nuestras manos acariciaban nuestros cuerpos con suavidad y nos empezamos a quitar la ropa, quedando solo nuestros tangas, me puse por encima de ella frotando nuestras vulvas, juntábamos nuestros pechos, nuestros labios no paraban de besarse jugando con nuestras lenguas, me levante un momento dejándola de besar, mi cadera mientras seguía moviéndose frotando nuestras vulvas, me quede mirándola un momento apartándola el pelo de la cara, ella hacia lo mismo conmigo, estaba realmente guapa.

    La besé despacio y me tumbé a su lado para quitarme el tanga, ella hizo lo mismo y metí una pierna entre las suyas y nuestros labios húmedos volvían a unirse, buscábamos nuestros clítoris para que juntos bailasen, los gemidos empezaban a oírse en la oscuridad de la habitación, los besos, las caricias se sucedían, despacio, recreándonos en ellas con cariño creando un ambiente como nunca antes había tenido con ella, quizás fueran las dos horas más bonitas que pasamos juntas.

    Serían las tres de la mañana cuando me levanté a lavarme, nada más abrir la puerta de la habitación empecé a oír unos ruidos que salían de una de las habitaciones contigua a la mía, la curiosidad me pudo y me asome quedándome de piedra cuando observe a Juan que se estaba tirando a su cuñada Yolanda, lo primero que pensé que este chico era insaciable.

    Había una pequeña luz encendida al fondo de la habitación por lo que pude ver perfectamente toda la escena, como se besaban apasionadamente, como acariciaban sus cuerpos y como ella empezaba a lamer el pene de Juan que se encontraba de pie con sus brazos en jarras, tuve que haberme ido de allí pero no sé por qué me quede, aquel chico me atraía como un imán al igual que su hermana, simplemente era verle y mi vagina empezaba a gotear.

    Espiaba desde la seguridad que me daba la oscuridad del pasillo y observe como la tumbaba, abriéndola de piernas buscaba con su pene la abertura de su vagina, como había hecho conmigo no hacia ni seis horas, sentí el placer que acababa de recibir Yolanda en el momento que su pene penetro en su vagina, recordaba esa sensación en mi interior como me llenaba y como rozaba mis paredes dándome tanto placer, estaba tan excitada que estaba dispuesta a volver junto Virginia para hacer la mía otra vez, cuando empecé a oír los gemidos de Yolanda.

    Los pequeños gemidos que Yolanda emitía me habían atado al pasillo, habían hecho que mis manos empezaran a meterse por debajo de mi tanga, me estaba empezando a masturbar viendo como Juan hacia que su pene entrara y saliera de su vagina, esos gritos me traspasaban y al igual que esta tarde, parecía que no les importara nada que les oyeran y me preguntaba, ¿dónde estaría Adolfo? ¿Y Sandra?

    Seguía oyéndoles gemir pero empecé a oír algo más, unos gritos empezaban asomar al fondo de la habitación, entorne mis ojos para fijarme, estaba más oscuro de lo normal pero al final empecé a distinguir como dos figuras se movían en un sillón, allí estaba Sandra siendo penetrada sin piedad por Adolfo, una y otra vez este metía su pene en el joven chochito de Sandra que no tendría más años que Juan, era una orgía en familia, los dos hermanos se estaban follando a sus cuñadas.

    Mi clítoris había aumentado su tamaño una barbaridad al igual que mis pezones, acariciaba mis labios de arriba abajo frotando mi perla rosada, tapándome la boca con la otra mano para acallar mis gemidos cuando Sandra estallo en un grito tremendo, Adolfo resoplaba dándole fuertes empujones, metiéndosela muy profundamente y haciendo que se corriera.

    Adolfo se acercaba a la cama donde su hermano seguía follándose a su mujer, empujo a Yolanda hacia delante y se subió a la cama poniéndose de cuclillas buscando el culo de su mujer, Yolanda gemía y gritaba, tenía a su marido y a su cuñado dándola placer, aquello me puso muchísimo más caliente si cabe y de pronto Adolfo se giró, me miro y sonrió.

    Me quede paralizada, sentía vergüenza, pudor, intente darme la vuelta pero no podía… o no quería, sentía curiosidad, sentía… sentía como mis dedos se metían profundamente en mi vagina, me lleve un gran susto cuando Virginia me abrazo por detrás metiendo su mano debajo de mi tanga, uniendo sus dedos a los míos parándolos y susurrándome al oído me dijo “yo te lo hago, tu solo mira y disfruta”.

    Una vez más estaba embarcada en una orgía junto a Virginia pero esta vez tenía claro que solo quería estar con ella, por eso cuando me intento meter en la habitación me mantuve firme, de hecho estuvimos a punto de irnos de allí pero enseguida me quito el tanga, se puso de rodillas, metió sus manos por debajo de mi camiseta para acariciar y apretar mis pechos mientras iba succionando mi clítoris, mordiéndomelo con sus labios muy suavemente.

    Su lengua lamía mis labios apartándolos para meterse muy profundamente en mi vagina, estaba disfrutando como una loca, mis gemidos se unían a los de Yolanda que salían de la habitación, los gemidos resonaban por toda la casa, sentí otro latigazo de placer cuando Virginia metió sus dedos dentro de mí, solo se nos oía gemir a Yolanda y a mí como si fuéramos un coro interpretando una orgía de placer, Virginia se quitó las bragas, se sentó en el suelo del pasillo abriendo sus piernas y me invito a ir hacia ella.

    Me puse de rodillas con la espalda tumbada hacia abajo para que mi boca estuviera al nivel de su sexo casi en el suelo, mi culo se elevaba por encima de nosotras, lamía toda su vulva metiéndole los dedos en su vagina, le mordisqueaba su clítoris, lo succionaba y la miraba de reojo a ella y al trío familiar, Virginia gemía una y otra vez, gritaba como si la estuvieran quitando la vida y los dos hermanos se empezaron a correr dentro de ella, la excitación fue máxima y Virginia estaba a tiritar de placer con los ojos cerrados.

    Fue cuando alguien me agarro por mis caderas, subiéndome un poco el culo rozando con su pene mi vagina y de una estocada penetro con un pene, tan duro y tan grande que me lleno hasta el fondo, solté un gripo de placer a la vez que Virginia se corría en mi boca, miraba a Virginia con la cara desencajada, una cara llena de placer pero a la vez llena de extrañeza, mis dientes mordían mis labios inferiores, quería irme de allí y una de mis manos se alzó hasta mi cadera para coger la muñeca del que me estuviera follando con tanta maestría, su polla era tan enorme que me llenaba entera.

    Quería que parara y sin embargo yo empujaba con mi culo hacia atrás para que me penetrara más, nunca antes nadie me había follado tan bien, metía su polla muy lentamente pero muy, muy al fondo, gorda y dura, en cada estocada me hacía cerrar los ojos y el orgasmo no estaba muy lejos, sabía que Juan no era, intentaba mirar pero estaba oscuro, fue Virginia la que sujetándome y sonriendo me dijo “te gusta cómo te folla mi papi”.

    Mi cara de sorpresa debía de ser todo un poema, su hermano Juan ocupo el lugar de Virginia, quería que se la chupara mientras que su padre me follaba, empezó a aumentar el ritmo, con tanta rapidez y fuerza que mis rodillas resbalaban en el suelo del parquet, mi coño se inundaba de fluidos gemía cada vez más alto mientras que los demás miraban a mi alrededor, mis gemidos empezaron a ser mudos cuando Juan por fin consiguió meter su polla en mi boca, mi cuerpo se estremecía de un orgasmo que no hubiera deseado pero que hizo que entrara en éxtasis, notaba como Lorenzo se empezó a correr dentro mi sacándola rápido para echar el resto de su leche sobre mi espalda y con una mano empezó a restregármela por mi cuerpo, me dio una palmada fuerte en una nalga y con voz ronca me dijo “buena follada Lara” “eres una putita con un coño delicioso” y volviéndome a pegar dijo “el siguiente para esta putita”.

    ¿El siguiente?, sin que me pudiera zafarme de Juan fue Adolfo el que me folló a petición de Juan que decía que luego disfrutaría él de mí, Adolfo me penetró nuevamente en la misma posición y a continuación Juan, los tres se corrieron dentro de mí, Virginia me había dejado en manos de sus hermanos mientras que Lorenzo se follaba a su hija Virginia, metiéndosela con fuerza y Virginia no paraba de gritarle “más papi, más”.

    Las lágrimas empezaron a caer por mi rostro, me habían convertido en una puta barata, en su puta, ya no sentía, simplemente esperaba a que aquella pesadilla terminara, me utilizaron varias veces hasta que se cansaron de mí dejándome en un rincón apartado y los tres hermanos se pusieron a follar juntos, Lorenzo estaba con sus nueras en esos momentos, me sentí tan mal, tan utilizada, tan sucia.

    Me fui directamente a la ducha, me frotaba con fuerza la espalda, mis piernas, mi vulva, metía mis dedos en mi vagina limpiándome bien, pase el resto de la noche allí llorando, nunca antes me había sentido tan sucia, Virginia estaba detrás de la puerta pidiéndome que la abriera, me pedía una vez más perdón y si me lo pedía era porque sabía que se había pasado que había cruzado un límite, pero la empezaba a conocer, tarde, muy tarde pero ya no me iba a engañar más, no después de aquello, no podía perdonarla jamás.

  • El adiós de mi mujer

    El adiós de mi mujer

    Me levanta como muñeca de trapo y me pone en cuatro sobre la cama. Con toda su fuerza y grandes manos me apresa de la cintura, con movimientos de frenesí lleva mis caderas hacia su pelvis y después me aleja de él.

    Ya tenemos más de treinta minutos haciendo el amor y yo cada vez me siento mejor. Quiero más y se lo hago saber con mis movimientos y pujidos. Han pasado ya unos quince minutos en que he dejado de reprimir mi voz, el proceso fue como ir en montaña rusa. Empecé sin decir nada, aguantando el dolor, aferrándome a las sabanas de la cama y mordiendo la almohada. Después de algún rato y relajándome más me ha salido un “que rico” después la ricura de su miembro dentro de mí y sus besos de pasión han hecho que suba de tono mi voz diciendo “métemelo más” en éxtasis empiezo a gritar profesándole todo mi amor carnal en dos palabras que se puede escuchar hasta el último piso del multifamiliar “TE AMO”.

    Después ya más relajada, bajo mi tono a uno normal gimiendo y diciendo “si amor” a cada una de su envestidas y de vez en cuanto un “ya no pares, ya no pares”. Una de sus manos me suelta y se va directo a mis cabellos, los toma y de un jalón levanta mi cabeza. Es así que puedo ver la escena en el espejo del tocador. Un formidable espectáculo, un macho alfa de casi dos metros follando y poseyendo sin piedad a un muy afeminado beta en éxtasis. Mi ano totalmente dilatado alberga sin problema y con mucho gusto a ese pene de más de 19 cm de largo y muchos otros de grosor.

    El gran tamaño de sus testículos hace que golpeen mi perineo dándome un masaje irreal y llevándome a un éxtasis extremo. A los muchos más minutos, siento que un calor enorme recorrer todo mi cuerpo acompañado de una descarga eléctrica descomunal. Ya llegue al orgasmo y estoy eyaculando, pero esta vez no es solamente esto. No, ahora la eyaculación viene con un deseo extremo de no parar, de que me sigan follando hasta la muerte.

    Mis piernas ya no aguantan estar en cuatro, pero el deseo de seguir sintiendo ese place impide que me desvanezca quiero que me siga follando porque esta sensación dentro de mí me da un placer inigualable. Gotas de semen salen de mi pene, y de repente en ese mismo instante la puerta de la recamara se abre de par en par, es mi esposa gritando “así te quería agarrar, ya lo sabía, no aguantó que seas tan maricón” “no puedo creer que te estén follando en nuestra cama”.

    Madre mía que lio, al verla, escucharla y con el temblor aun en mis piernas me caigo totalmente boca abajo en la cama. El sabroso pene de aquel repartidor, del cual nunca supe su nombre, salió de mi ano haciendo un sonido similar al del corcho de la botella “plug”. Para continuar con la tragicomedia él también está terminando pero no con gotas como yo. Él con chorros disparados a todos lados. Uno de ellos va a parar hasta el vestido azulado de mi mujer la cual estaba a dos metros de nosotros. Otros muchos chorros caen quemándome la espalada y bañando todas mis nalgas.

    Mi esposa solo dijo “ya no puedo más esto es el fin Juan, me largo”. Me hubiera gustado tratar de explicarle lo inexplicable y salir detrás de ella para tratar de contentarla. A final de cuentas si la quería y nos llevábamos bien. Pero aquel intenso orgasmo que había tenido y todo el rato que había estado follando me había dormido las piernas y no pude moverme de la cama, pero debo confesar que si lo quise hacer.

    El infeliz repartidor que me hizo muy feliz, sin decirme nada y a pesar de la escena que habíamos tenido, metió nuevamente todos los 19 cm de carne magra que colgaban entre sus piernas. Esta vez aunque me hubiera opuesto a que entraran, no habría tenido éxito tanta era mi dilatación y tanta vaselina me había untado que si un caballo me hubiera querido follar lo logra sin problema.

    Derrotada por la pasión y la perdida, me dejé llevar nuevamente por el mete y saca. Sin pensar una vez más dije “así papi que rico” y por mi rostro una lágrima agridulce recorrió mi mejilla. Sabía que se había terminado todo con mi esposa pero que esa tarde ese repartidor me había hecho muy mujer.

    El chico repartidor me dejó a la hora, él pudo terminar otra vez y ahora dentro de mí reclamándome como su hembra. Ni siquiera se bañó, no hubo un beso de despedida y se fue sin propina. Me dejó una comida fría e insípida junto con un placer enorme y una relajación y aceptación de quedar bien follada tal que me hizo dormir 5 horas seguidas al mediodía.

    Volviendo a lo de mi esposa. Que tanto había sido culpa mía y que tanto de ella? Por favor déjenme contarles para que ustedes hagan su propia conclusión.

    Mi esposa y yo teníamos 6 meses de casados. Nos habíamos conocido hacía un año. Nos conocimos en una convención de comics en la cual ella había ido vestida de stormtrooper y yo de princesa Peach. Si! O sea soy cosplay de años. Caminando por los pasillos tropezamos uno con otro yo distraído y babeando por ver a 4 chicos vestidos de Conan y ella… creo que ella por lo mismo. Nos disculpamos y nos lanzamos piropos de nuestros atuendos, salimos a tomar un café y me confesó que le encantaba que los chicos hicieran tan buenos cosplays de chicas. Desde entonces quedé flechada de ella y creo ella de mi.

    La relación que empezamos evolucionó con el tiempo, hasta estar en la intimidad. A las pocas semanas teníamos sexo, no era bueno pero no era malo. Teníamos en ese entonces solo 18 años. Yo siempre había sido muy delgado, pero de caderas amplias y con culito respingo. Mis facciones son muy finas. Me gusta traer el cabello largo con rayitos, depilarme las cejas, usar pestañas postizas y pupilentes color miel. Digamos que no era la viva imagen de un macho, se me daba el ser delicado y verme como mujer.

    Como les comentaba, el sexo no era tan malo para mí, solo la primera vez asumí un rol activo. Todas las demás asumían el rol de pasivo, ella era una leona en la cama, le gustaba hacerlo a todas horas, siempre quería más. Me decía que le metiera dos dedos, tres, todo el puño, mientras le metía el pene por el ano.

    En fin, un día me sorprendió con un juguete (un graaan dildo) y me dijo este es Pancho. Pancho quiere ser tu amigo y tener sexo contigo, jaja me reí nervioso, pero salivando de ganas. Primero ella se lo metió en la vagina tres minutos lo disfruto hasta que me dijo, ahora métemelo tu por el ano. Ok, sin problemas para ella ni para mí, yo soy un poco corto, mi pene solo mide 10 cm erecto y es también algo delgado. Aunque ella parecía que iba a estallar, no lo logro, no pudo terminar.

    Me dijo “a ver, mira así me tienes que follar” de la cajonera saco un arnés se colocó el dildo me tomo de los hombros y me aventó sobre la cama boca abajo. Me dio un gran beso, riquísimo en el ano, me lleno de lubricante y sin decir agua va, me lo metió todo de una sola vez. Obvio, no era mi primera vez, yo en casa tenía un dildo aún más grande, ya alguna vez lo había intentado con mi primo pero casi nos cacharon y solo fue un mete y saca rapidísimo. Bueno me lo metió completo y ella se puso súper cachonda tanto así que termino y yo después de ella con el simple hecho de que me penetrara. Desde ese día y hasta hace 3 semanas nuestro sexo fue así. Ella me follaba a placer y yo disfrutaba como loca.

    Pero siempre me faltaba más, a mí me gustan los hombres quería uno que me tratara como mujer, que me llevara a pasear vestida de nena. Que nos besáramos, en público, que se pusiera celoso por que otros me miren las piernas cuando ande con una minifalda o que me vean el culo con unos jeans bien ajustados. Que me de flores, que me abrace de la cintura, etc. Fue así que planee todo para hacerlo con alguien.

    Tuve mucha suerte porque debido a la pandemia hacia home office. Pero mi esposa no, ella salía a trabajar todos los días. Me dejaba el terreno libre 7 horas o más, algunas veces ella regresaba porque salía con sus amigos, decía que a bailar. Pero le llegué a encontrar tres mensajes de tres tipos diferentes los cuales le mencionaban que cuando follaban otra vez. A mí me daba igual yo también tengo ganas que me follen.

    Fue así y con un video porno que planeé hacerlo con algún repartidor. Ya había intentado con 5, pero ni uno se animó. Hasta que llegó Juan, mi pene de una noche.

  • Buscando un trío, hice una orgía

    Buscando un trío, hice una orgía

    Esto sucedió a mediados del 2018 por cuestiones me encontraba en un pueblo cerca de la ciudad de Bogotá en Colombia; estaba buscando diversión en una página de anuncios, cuando leí un anuncio que decía «busco hacer un trío para celebrar mí cumpleaños», de inmediato respondí y me puse con contacto con la mujer que puso el anuncio. Quedamos de vernos en Bogotá en un reservado y listo.

    Llegué como de costumbre bien temprano y a esperar, veo que se acerca una mujer delgada, como de unos 36 años, acompañada por un hombre algo gordo de unos 30. Me acerqué a ellos y eran los que estaba esperando. Ingresamos al lugar y procedí a pagar la habitación, en la habitación nos pusimos manos a la obra. Ahí comenzó mi sorpresa.

    Solo ella y yo nos desnudamos, el hombre que la acompañaba procedió a tomar mi pene y darme una mamada deliciosa, debo decir que a pesar que soy bisexual nunca un hombre me lo había chupado, fue algo delicioso.

    Me besaba con esta mujer y comencé a darle lengua en la vagina aprovechando que me encanta dar sexo oral, el hombre que la acompañaba ya no me la chupaba por la posición en que estaba, cuando en un momento tocaron a la puerta y era un joven de unos 28 años.

    La mujer con total naturalidad le dijo que se desnudara, se lavara las manos y viniera a la cama. A todo esto ya la tenía penetrada, el hombre que llegó se puso un preservativo y manos a la obra, está mujer lo acomodaba de una manera, le daba relaciones mientras yo la penetraba y cambiábamos de posiciones.

    Una vez terminé siguió él penetrándola y cuando me percaté el hombre que me la chupó estaba filmando. En ese momento nuevamente tocaron a la puerta y entró otro hombre, sucedió lo mismo que el anterior, ella le dijo que se lavara las manos y se quitara la ropa, condón y hágale.

    Yo era admirado viendo cómo esta mujer nos hacía rotar y acomodar a gusto, nos tomaba los penes con las manos y de vez en cuando los chupaba.

    De pronto otra vez la puerta, nuevamente el mismo proceso y esto se repitió hasta que éramos 6 hombres desnudos, haciendo cola para acompañarla en la cama. Ella solo pedía que se lavaran las manos y entraran en la orgía, los que querían podían repetir y tocarla por todas partes, lo único que no hacía sería anal, pero esa mujer disfrutó de 6 hombres varias veces.

    Estuvimos en ese proceso alrededor de dos horas y uno a uno salimos de ahí, dejo decir que para mí, amante de las emociones fuertes, fue genial.

    Una vez en el autobús de regreso al lugar donde me estaba quedando, me llegaron mensajes la what6 agradeciendo mi participación y adjuntando los vídeos, en ninguno se apreciaba la cara de los participantes a excepción de la cumpleañera, quedé de volver a contactarla, pero eso no se dio.

    Debo decir que fue muy divertido y me hubiera gustado que el chico que filmaba me lo chupara de nuevo, pero sentía vergüenza de los demás participantes; cosas de la vida que definitivamente repetiría.