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  • Domiciliario en Carulla

    Domiciliario en Carulla

    Me llamo Daniel y en estos días de pandemia me puse a trabajar como domiciliario, el martes pasado, me llegó un pedido pequeño para hacer en Carulla, me pidieron una docena de huevos, un pepino, un zuchini, gel de alcohol y servilletas. En nota adjunta lo pedían con urgencia, que si era posible llevarlos antes de las 7:30 y ya eran las 7 am.

    Afortunadamente ya estaba levantado y bañado hace rato, me puse mis tenis y salí corriendo hacia Carulla, llegué parque mi Twingo, y entré al Súper, recorrí los pasillos poniendo los productos solicitados en la canastilla. Llegue a la caja y cancele. Ya son las 7:15. Salgo, me subo al auto, lo arranco y salgo para la casa en el norte de la ciudad, no pondré la dirección por respeto y seguridad, solo les diré que queda donde todos los años para navidad las casas se engalana con las luces de temporada, cada casa en competencia con la siguiente.

    Ya son las 7:32 am. Voy llegando y veo un auto de marca saliendo, en reversa y rápido, freno y el auto sale hacia el norte a toda velocidad. Aprovecho y me parqueo en el lugar del garaje de dónde salió el auto. Me bajo, recojo los paquetes y camino hacia la puerta de esta casona. Timbro y espero, ya son las 7: 38 am.

    Se abre la puerta y en la dulce luz de la mañana esta una señora hermosa, en pijama, de una cabellera azabache y unos ojos llorosos, La miro y le muestro los paquetes, tristemente me dice que algo tarde y que su marido se emberraco, la insultó y se fue. Se pone a llorar y se va como deslizándose hacia el piso, dejo rápidamente los paquetes en el piso y la abrazo. Veo un sofá a un lado del pasillo de la entrada la siento, trato de calmarla. Recojo los paquetes los coloco en una mesita cierro la puerta y me siento a su lado.

    Me le acerco y ella se apoya en mi hombro, la abrazo y le doy palmaditas en la espalda, levanta su cabeza me mira y me da un beso, me abraza y empieza a temblar. Se levanta me toma de la mano y me jala, literalmente me jala hacia el fondo dónde me mete a una alcoba gigantesca con una cama de dos por dos. Un espejo cubre un pared y a un lado una puerta da a un baño que se ve es grande.

    Esta bella mujer como de unos 32 Años, esta como enloquecida, ella misma me empieza a quitar la ropa, me ayudo y en cuestión de segundos quedo como dios me trajo al mundo, y con ya una erección de raca mandaca. Ella deja caer su bata, se quita el pijama y queda igual que yo, desnuda.

    Me mira ahora algo indecisa, me imagino que piensa que está loca, que está haciendo, la tomo de la mano y la siento en la cama que todavía está deshecha después de una noche de descanso. Me agacho y la beso suavemente, le beso los ojos, las mejillas, le acarició los brazos y dándole besos por el cuello voy bajando. Sosteniendo su cabeza se la inclino hacia atrás, besándole desde su boca y bajando hacia su pecho dónde dos hermosos senos de mediano tamaño y unos pezones rosaditos me invitan a lamerlos, primero uno después el otro.

    Ella tiembla pero no se quita leves gemidos salen de su boca y sus ojos cerrados solo me dicen que siga. La recuesto y sigo besándolo y lamiendo pasando por su ombligo hasta al legar a su monte de venus, el cual no está rasurado pero sus vellos son cortos y ordenados.

    Mientras acarició con una mano uno de sus senos, toco con mi lengua sus labios vaginales, humedeciéndolos un poco y entreabriéndolos para comerme deliciosamente ese sexo.

    Me demoro unos minutos besándola en su medio, lamiendo y mordiendo su clítoris, que salta cual frijol saltarín. No demora mucho en tener un orgasmo delicioso, sé que fue deliciosos para ella por cómo se movía y el volumen creciente de sus gemidos. Sus manos ya apretaban mi cabeza contra su vagina y las piernas me tenían atenazado. Se relajó, y luego se levantó me jalo a hacia la cama, quedando yo boca arriba con el miembro apuntando hacia arriba y más teso que un tubo de hierro. Se abalanza y lo mete de una en su boca, rodeándolo con eso bellos labios, carnosos y perfectamente formados. Me empieza a mamar deliciosamente, sube y baja su cabeza, succiona cuando sube y me cubre de saliva toda mi verga.

    Después de un rato se sube y de una se impala mi falo en su concha y empieza moverse suavemente, y va acelerando, se inclina y me besa, me pide le acaricie los senos, me dice le dé duro, que el Hp de su marido la trata mal, que la insulta, que ni siquiera es bueno en la cama, que se va a desquitar conmigo.

    “Dame, dame duro “me dice, “métemela profundo”.

    La volteo quedando yo arriba y le doy lo más fuerte que puedo, sus medianos senos se bambolean de un lado al otro, los beso, los muerdo, le doy besos franceses, su lengua deliciosa sale a encontrase con la mía. Empieza a temblar y a decir que se viene, le doy más rápido y el digo que me voy a venir y me dice me venga en sus senos, le doy y le doy, saco y meto, meto y saco, siento como se hincha el glande y la saco rápidamente viniéndome copiosamente encima de sus senos. Caigo encima de ella y descansamos unos minutos.

    Ya ambos boca arriba jadeando, ella se levanta y se va hacia el baño, todavía no se su nombre siquiera. Escucho la ducha, me levanto y voy al baño dónde esta escultural belleza se está bañando, entro a la ducha y por detrás el abrazo, la acaricio. Le pido se quede quieta que yo la voy a bañar, tomo el jabón de almendras y la voy enjabonando de pies a cabeza, le eso el cuello mientras le acarició los senos con jabón, bajo mis manos y le lavo sus concha, gime un poco, pero se deja hacer.

    Luego acaricio y enjuago sus nalgas, mientras que al mismo tiempo le acarició el ano, gime y se retira, sigo insistiendo hasta que me imagino el placer vence su pudor y me deja enjabonarle su cola, mis dedos presionan un poco el orificio del ano, n la penetro pero me bajo y le doy lengua a su abertura trasera, parece que fuese virginal este ano. Mi lengua entra un poco y me la aprieta expulsándola. Me arriesgo y voy metiéndole un dedo el cual al principio es rechazado pero finalmente entra, gime y tiembla. Con el dedo adentro le doy vuelta y me lo como su clítoris sus labios su sexo. El agua corre tibia sobre nosotros.

    Ya tengo dos dedos en su ano, este ya está relajado, me coloco detrás de ella y con mi verga erecta le acaricio su culito, la inclino y empiezo a presionar, al momento del glande atravesar los esfínteres, se tensa y enseguida relaja, un pequeño gritito me dice que todo va bien, me quedo quieto un segundo, y sigo penetrándola, ya con toda adentro paro y le acarició los senos, le beso el cuello.

    Espero un momento y ella empieza a moverse sacándola y metiéndola suavemente, así despacito desperdiciamos 15 minutos de agua. (Pero que importa el marido paga).

    Siendo algo egoísta, acelero y me vengo deliciosamente dentro de su culo, espero a que se suavice mi miembro y sale con un pop de su ano. El lechoso semen sale y la baño de vuelta. Todo ha sido muy suave y placentero.

    Salimos de la ducha, la seco, me seco y nos vamos a la alcoba de vuelta, nos acostamos y abrazados dormimos un rato. Todavía no se su nombre.

    Despierto y miro la hora apenas son las 9 am.

    Ella duerme con una sonrisa en sus labios, admiro su cuerpo y la blancura de su piel, sin manchas, sin tatuajes, un ángel maltratado por su arcángel. Me levanto y salgo a ver la casa, no hay empleados parece, no hay cuarto de niños, parece todavía no tienen.

    En la cocina preparo un par de cafés y regreso al cuarto, sigue dormida. Coloco el café en una mesita y me acerco, le acarició el cabello, la beso suavemente y la voy despertando.

    Todavía desnudos, toma su café y yo el mío. No nos hemos dicho mucho todavía. Mientras sorbe su café, con una mano me acaricia el pene, el cual crece rápidamente. Sorbe lo último del café y sin pasarlo se agacha y se mete mi falo en su boca, afortunadamente el café no está hirviendo, la sensación es magnífica, me succiona y lame, que delicia.

    Le pregunto si le gusto lo que hicimos en la ducha y me dice que fue su primera vez. Que le pareció genial. Nos subimos a la cama, la puse n cuatro y le empecé a lamer el culo, lo ensalive y le dije que se lo iba meter de vuelta para que no se olvide de mí. Ya estando húmeda, relajada le pregunte si quería suave o fuerte, dijo que fuerte, coloque la cabeza en la entrada y de un solo envión la metí hasta el fondo, grito durísimo, pensé le hice daño, la fui a sacar y me retuvo con sus brazo, “dale, dale bien duro, quiero ser tuya, mi marido no se merece mi culo”.

    No sé cuánto tiempo le di por ese bello trasero, ambos lo disfrutamos, ambos nos vinimos al mismo tiempo, mi verga en su culo llenándola de semen, mientras mis dedos le excitaban el clítoris.

    Caímos exhaustos sobre el colchón, ya eran las 11 am. Todavía no se su nombre.

    Volvimos a hacer el amor suavemente, besándonos y acariciándonos como amantes de toda una vida de amor.

    Luego nos bañamos, nos vestimos, me pago el mercado, me despedí en la puerta y todavía no se su nombre.

    Me monte en el carro y salí, ya en la esquina y por el retrovisor vi el carro de esta mañana llegar.

    Aunque contento, yo estaba triste por ella.

    Pasaron un par de meses, y no volvieron a pedir nada de esa dirección.

    Una mañana de abril, en Carulla, en un pasillo la vi, tan hermosa como la recordaba, pase a su lado y solo nos miramos, con una leve sonrisa en nuestros labios. Todavía no se su nombre.

    Ya cada uno en una fila de las cajas, pagamos y salimos, al salir paso muy cerca y me dio un papelito. Lo guarde, me la quede mirando mientras se montaba en su BMW y partía.

    Saque el papelito, lo abrí, leí mientras mis labios se tornaban en una sonrisa.

    “Pasa mañana, 7:30 am”

    Ana Nicole.

    Ya se su nombre.

  • Un viejo gordo y yo

    Un viejo gordo y yo

    Hace muchos años tomé el gusto de andar desnuda por casa, lo hacía siempre que no estaba mi familia, yo notaba que algunos de mis vecinos me veían, pero luego cuando me los encontraba por la calle no pasaba nada más que un saludo.

    Cuando comencé a vivir sola, las cosas fueron incrementando hasta el punto de salir por las noches a caminar, sin nada más que un abrigo largo, negro, de estos abrigos que tienen cinturón y amolda la cintura, y unos tacones a juego. Primero fue a la tienda, luego a la parada del transporte, así hasta llegar a un parque.

    Esta es la historia de una noche en la que un viejo ebrio descubrió mi juego.

    Era una noche cálida, perfecta para salir a caminar. Aún era temprano, así que tendría que esperar una o dos horas, las cuales pase leyendo relatos, estaba ansiosa de salir. Cuando llegó la hora, me note más caliente de lo normal.

    Salí primero sin rumbo fijo, di algunas vueltas por mi manzana, cuidando que no hubiera algún vecino. Me fui en dirección hacia el parque, para lo cual hay que atravesar una avenida, cuando estuve a unos 3 minutos del parque comienzo a escuchar pasos, volteo y veo la silueta de un hombre gordo, se tambaleaba más que caminar.

    Pronto comencé a escuchar los balbuceos del hombre en los que solo podía distinguir un «mamita», «buenota», «bombón», que solo hacían que me calentara más.

    Llegué a mi banco preferido, cerca de una fuente de agua y me senté. El hombre detrás de mí hizo lo mismo.

    -Hola mami-

    Su manera de hablar y el olor decían claramente que este hombre estaba borracho, era gordo pero no tanto, tenía la famosa panza chelera. Calculo su edad entre unos 50 a 55 años.

    -Buenas noches

    -¿Qué haces por aquí solita?

    -Vine a fumar

    -No estarás esperando a tu novio o ¿si?

    -No tengo novio

    -¿y eso?

    -Aún no llega el indicado supongo

    -Pues con lo buena que te ves y lo bonita que eres, me sorprende que no tengas pretendientes

    -¿Y quién dijo que no los tengo?

    -Bueno si, aquí tienes a uno

    Yo solo solté un ¡ja! despectivo mientras el hombre se acercaba a mi. Aunque si iba caliente en ese momento me dio un poco de miedo, una cosa era ir casi desnuda, y otra ponerme a coger con un desconocido, al menos en esos años.

    -Bueno, creo que ya me voy, se hace tarde, buenas noches señor

    Mientras me levantaba, el señor tomo mi antebrazo y lo jalo con la suficiente fuerza como para que yo me girara bruscamente. En ese movimiento, el abrigo imito un escotazo, cosa que el señor hizo notar.

    -Pero mira nada más, no será que no traes nada debajo, o ¿si?

    -N… no

    -¿Por qué no me dejas ver un poco? anda, imagino que te gusta que te miren ¿cierto?

    -Su… suélteme… por favor

    -Si me dejas mirar un poco lo haré

    Viendo que me tenía bien agarrada, e influenciada un poco por la calentura pensé «es solo un borrachito que quiere ver, no va a pasar nada más». Gire hacia los lados buscando a alguien, pero no había nadie. Con la mano que tenía libre, abrí un poco mi abrigo para dejar ver mis pechos.

    -Que bonitas tetas tienes, todo mundo se te debe quedar mirando, imaginan como se ven, desean tratarlas, pellizcarlas un poco, y a ti te debe gustar enseñar escote, quizá alguna vez has hecho toples para un amigo o un novio

    Esas palabras movieron mi imaginación y mis recuerdos. me puso aún más caliente.

    -Gracias, ahora por favor, suélteme

    -Está bien, te soltare, pero no te vayas, quédate un rato más

    Yo no sabía muy bien que hacer, no quería armar un escándalo poniéndome a gritar, y sabía que no podía correr, aunque él estuviera medio borracho es seguro que me alcanzaría.

    -Es… está bien

    -Bien, ven siéntate de nuevo. No me has respondido, ¿te gusta que te miren? se sincera

    -a veces

    -Y por eso has venido así. Desabróchate más el abrigo, a eso has venido ¿no?

    Quizá fue la calentura, o el morbo de ver hasta donde llegaría ese señor, pero lo obedecí. Abrí mi abrigo dejando ver hasta mi ombligo, lo cual al señor le gusto y no paraba de hacerme halagos. Y a mi cada vez me iba gustando más. Poco a poco mis defensas se fueron bajando.

    Ahí estábamos una chica haciendo topless y un viejo borracho, platicando lo más natural. El hombre ya se tomaba la libertad de acariciar mis pechos, masajeaba mis pezones, los estiraba. Yo sabía que si no lo detenía íbamos a terminar cogiendo y en ese tiempo, a mi me daba miedo coger con desconocidos.

    Le dije al señor que buscará un lugar más oscuro, mientras yo iba a dar una vuelta para ver que no hubiera nadie. Sorprendentemente el hombre me hizo caso, yo me arregle el abrigo, note mi entrepierna mojada, algo de líquido en el banquito. Y me fui a mi casa, sin que el señor me hubiera seguido… Cuando llegue no puede hacer otra cosa que masturbarme, imágenes se me vinieron a mi cabeza, ese hombre cogiendo como a una puta, quizá algún vecino cerca mirando.

    Llegué a un orgasmo tan placentero que no calmo mi ganas de salir desnuda, es más las incremento, y me prometí tener el valor para coger con un desconocido algún día. Pero bueno, esa es historia de otra ocasión.

    Por favor, déjenme en sus comentarios que les pareció mi experiencia, y si les gustaría que siguiera contando más.

  • Las travesuras de Milumi

    Las travesuras de Milumi

    Empezaré por decirles que Milumi es la sobrina de mi mujer, tiene sus 18 años recién cumplidos y una figura que ya cualquier chico querría tener en su cama.

    Tiene un trasero muy parecido al de mi mujer, lo mismos sus pechos, y les contaré como es que se, que sus pechos y su culo son muy parecidos al de mi mujer.

    Hace unos meses al llegar del trabajo mi esposa me contó que vendría uno de sus sobrinos a quedarse unos días en casa, que venía a visitar a Milumi, ella vivía con nosotros porque hasta cierto punto se podría decir que mi esposa la crío desde sus cuatro añitos de edad.

    Y así fue. Unos días después llegó a casa el sobrino de mi esposa, al que trataban como hermano de Milumi, pues su madre era madrina de tal joven en tres años mayor que la sobrina.

    Para esto le contaré que en aquel entonces la puerta de mi cuarto daba con la ventana del cuarto de Milumi y una tarde al salir de mi cuarto note que ella y el primo estaban viendo una película en la laptop de él. En poco segundo note que ella llevaba una shorts de dormir y un polo con un escote que le llegaba hasta donde comienza a asomar el color de sus persones y entonces vi que el cómo jugando supuestamente le acomodaba para taparle pero realmente le acariciaba sus tetas y para mí asombro pude ver que ella tenía una de sus manos sobre la verga de su primo y aunque por encima del pantalón esto me calentó.

    Regrese a mi cuarto y me subí sobre un banco de madera y por encima de la puerta podía ver claramente lo que sucedía en el cuarto de Milumi.

    Ella había dejado de tocarle la verga a su primo y estaba con una mano acariciándole el cabello y con la otra sobando su coñito y de pronto se miraron unos instante a los ojos y acto seguido se dieron un beso que aunque a mi propia apreciación era un triste beso, el que las manos de su primo estuvieran sobre sus nalgas mientras se besaban y las de ella sobre su verga, lo que pasará con los besos no tenía importancia.

    Y fue allí en ese preciso momento en que descubrí que el culo de mi sobrina es muy parecido al de mi mujer, él le quito el shorts qué llevaba sin nada debajo, y la puso de costado para luego meterle la verga recostado él por detrás de ella.

    El entra y sale en esa posición duro un buen rato, hasta que vi en el rostro del chico que se había venido y que había descargado dentro del coñito de la sobrina de mi mujer toda su leche y ella continuo moviendo su culo para sacar de la verga de su primo hasta la última gota de su jugo sexual.

    Esa noche pude ver el culo, el coño y las tetas de Milumi y después de todo esto pasé días cachando a mi mujer disfrutando como si de su sobrina se tratara.

    Una segunda travesura:

    Un día a lo que Milumi se fue a la escuela, note que no había llevado su celular y entre a su galería de fotos y encontré fotos de ella totalmente desnuda y esto me hizo preguntarme

    ¿Para quién se está tomando fotos así?

    Así que ingrese a su Whatsapp y le encontré conversaciones con intercambio de fotos (ella enviaba sus tetas y a ella le habían toda una sesión fotográfica de sus verga. Digo de sus, porque no era con una sola persona que ella había compartido fotografías desnuda.

    Una de las conversaciones era con un vecino ya casado y padre de dos chicas pequeñas amigas de Milumi y según los mensajes esta carita de yo no fui, habríale chupado la verga al señor en varias ocasiones a cambio de un par de zapatillas. Seguí leyendo y encontré que el señor le decía: gracias por dejar que te metiera mi verga por el culo.

    Para esto yo me encontraba leyendo con mi verga ya dura tras descubrir lo putita que era la sobrina de mi mujer, por la noche mi mujer y yo jugamos a que cachábamos con alguno de nuestros ex amores (ella decía una y otra vez… Sigue así Jorge, méteme la toda) y aunque yo tratara de disimular diciendo un nombre cualquiera mientras le metía mi vega por el culo a mi mujer. Ella sabía perfectamente que en mi mente a quien estaba yo imaginando que se la metía era a su sobrina Milumi. A la cual he cachado varias veces solo en mis sueños húmedos, despertado cada mañana con ganas de que algún día se me dé la oportunidad de coger a Milumi como toda la puta qué es.

  • Mujer casada siendo infiel conmigo, días de sexo y lujuria

    Mujer casada siendo infiel conmigo, días de sexo y lujuria

    A raíz que acompañaba a mi ahijado de un torneo internacional de futbol de menores, En el 2009 conocí a varios padres y madres de familia, en una oportunidad conocí a una morena de tez canela, cabellos negros de porte atlético, la cual vino acompañar a unos familiares que participaban del torneo de menores, y aunque tuvo que partir a su país, me aviso que regresaba a Lima como dándose un respiro de lo que vivía en su ciudad.

    Ya en Lima, me confeso que quería alejarse de su esposo, y aunque no tenían hijos, tenían muchos problemas por sus celos y pues prácticamente quiso desaparecer de su marido, y decidió venir a lima ya que tenía también otras amistades entre amigas y amigos que podrían recibirla. Un día pedí permiso de faltar al trabajo el viernes y fui a su hotel a visitarla, me recibió estuve en su habitación y la invité a almorzar por el malecón de Miraflores a pasar un día de distracción, claro que accedió a salir, ya que veníamos coqueteando ligeramente desde la primera vez que estuvo por lima.

    Esta vez estando solos, pasamos una gran tarde, además de tomarnos fotos por el malecón, entre foto y foto íbamos abrazándonos. Ya de regreso dentro nuevamente de su habitación de hotel al caer la tarde noche, recostados en su cama fuimos teniendo una conversación más candente.

    -Entonces pasaste un buen día, que bueno – preguntándole

    – Si, la verdad gracias por distraerme… he tenido días muy malos, lleno de iras por mi esposo bueno espero no aburrirte, si es así dímelo.

    -No, nada que ver, si necesitas desahogar tu irás, así como dicen Uds., dale dime tus iras – mientras bromeaba

    – Ah, o sea te burlas de como hablo, bueno Uds. tampoco los peruanos no hablan muy bien

    – Bueno depende del dialecto de cada región, pero nosotros somos buenos para otras cosas

    – ¿Así, que cosas?, mira que los ecuatorianos tampoco nos quedamos atrás – retándome

    – Ehhh, somos buenos en el Surf, Tenis y muchas cosas más.

    – Así, pero que cosas más pues – insistiendo.

    – No puedo decírtelo, eres una mujer casada – tratando de frenar el tema, pero a la vez provocándola.

    – En Ecuador casada, aquí no puedes demostrarme para que más eres tu bueno.

    Me quede frio, pero me envalentone y empecé a seducirla apostando a ganador

    – Pues yo soy bueno haciendo caricias, soy bueno haciendo masajes, soy bueno besando, son bueno en todo, todo.

    – ¿Todo, todo? – como diciendo que más atrévete, girando hacia mí y diciéndome – me lo vas a decir o no.

    -No, te lo voy a demostrar- jalándola hacia mí y dándole un largo beso, a los cual ella siguió

    Fuimos besándonos y tocando nuestros cuerpos, no paso ni 5 minutos ya estábamos sin ropa, desnudos echados en la cama friccionando mi verga con su vagina, ella se deja besar, tocar, estaba deseosa de follar.

    Empezó a pajearme, y siguió dándome una buena mamada, pero llevando su cola sobre mi cara para hacernos un delicioso 69 por varios minutos.

    – Te gusta cómo te lo chupa una ecuatoriana? – retándome

    – y a ti te gusta como un peruano te come tu concha- mientras no dejaba de morder y lamer tan rica vulva.

    Seguimos así, hasta que se levantó y dándome la cara se fue sentado metiéndose mi verga en su vulva ya mojada, empezó a cabalgarme con tanta intensidad, que sentí que la cama se iba desarmar, ufff estaba follando tan rica morena. Mientras me montaba nos besábamos y nos decíamos frases cachondas.

    – Así, que rico te mueves mami, que rica vagina tienes.

    – Te gusta, si, ves que las ecuatorianas no nos quedamos atrás, demuéstrame que un peruano también sabe hacer amor – mientras presionaba su concha en mi pelvis y la sentía más empapada.

    La puse de costado y le dije

    – A los peruanos les gusta el sexo anal, y sus mujeres tienen que darle el culo, ahora tú me vas a dar tu culo para follarlo.

    – Bueno, entonces dame igual, dame duro.

    Introduje mi glande poco a poco sobre su ano aún no dilatado, Ella estaba predispuesta pero su ano iba demorar en dilatar, lo que hice fue voltearla y empezar a darle un gustoso beso negro, ella solo estaba poniéndose excitadísima, yo lamía y lamía con mi lengua su ano, metiendo mi lengua en su ano, para que dilatase, estábamos dispuesto a todo a dar lo mejor de sí.

    -Ayyy, uyyy sí, que rico ahhh aoohhh- mientras sentía que vibraba de placer.

    Intentando nuevamente introducir mi verga que ya latía de lo caliente, aun dando lucha empecé a escupir en mis dedos para ponerlo en mi glande y sobre la entrada de su ano, ella también ayudo en el momento, agarrando mi verga, dándome indicaciones de seguir introduciendo poco a poco, así hasta que entro mi glande, fui bombeando suavemente su culo aún estrecho pero que poco a poco fue dilatando con cada embestida gozando del momento

    -Ahhh, ahhhh sigue nene, sigue

    – Ves que si se hacer muchas cosas- volteándola boca abajo, penetrándola una y otra vez, sentía que me cansaba, hasta que sentí que me venía

    – Me vengo, me vengo sigo, te doy por el culo- ya excitadísimo

    – Si, si ya está bien, dame, dame – ella rendida a la penetración incesante que le daba hasta que m empecé a venir a chorros dentro de su cola

    – Ahhh, ahhhh – presionando mi pelvis en su cola – mientras ella giraba para darme besos los cuales yo correspondía.

    – Que rico haces el amor nene, me sorprendiste – mientras quedábamos abrazados yo sobre ella.

    Fuimos al baño a ducharnos, mientras seguíamos jugando con el morbo tocándonos y besándonos, mi instinto fue seguir follándola, la apoyé sobre la ducha y esta vez empecé a penetrarla vaginalmente, hasta que regresamos nuevamente a la cama y siguió montándome, mientras sujetaba sus caderas, palmoteando sus nalgas piñizcando sus pezones, aunque era de pechos chicos, ya que era morena de porte atlético – tipo voleibolista. Empezó a tener un orgasmo tan fulminante, que sentí un gemido agudo presionando mis pectorales y cayendo rendida sobre mí, dándole suaves besos en sus mejillas.

    Así estuvimos hasta que se dio las 9 pm, y me pregunto si me podía quedar, claro que, si le dije, salimos a comer por un lugar cerca, ya de regreso mientras estábamos en la cama desnudos nuevamente, yo sin ropa ya que no tenía pijama y ella por el morbo de sentir nuestras pieles, por ratos jugaba con mi verga, otro rato ponía su cola mientras friccionaba mi verga en sus nalgas, le pedí que me diera otra mamada, lo cual accedió.

    – Ufff, que rico me lo mamas, me lo mama una mujer casada – bromeándola

    – Ya no más, slup slup, me voy a separar ya lo sabes, slup slup – mientras seguía devorándome la verga

    – ¡Ya, ya… ahhhh, ohhhhh! –soltando un gemido y expulsando más semen, el cual ella los paso sin ninguna queja – Te gusta la leche cierto – No respondiéndome y saboreando todo rastro de leche que expulsaba y tragaba.

    – Ya ahora, si a dormir nene

    – Si, ya a dormir – apague la tv y nos quedamos dormidos

    En la madrugada, sentí que se iba al baño, que revisaba su móvil, pero no le di importancia y después vino a la cama y seguimos durmiendo.

    Al día siguiente a eso de las 8 am tocan la puerta, despertamos y dije, te iban a buscar, no replico, se puso un buso, su brasier y un polo rápidamente

    – Si, quien es – pregunto tras la puerta yo seguía acostado ya que a la puerta de la habitación no daba vista a la cama al abrir la puerta.

    – Hola, soy Julián, te vine a buscar para invitarte a desayunar – con voz amena sin sospechar que ya había tenido una noche de sexo y pasión y este tipo venía con intenciones de galán.

    – Pero, hola, sí que haces aquí, ósea te iba avisar para vernos en estos días, no crees que es muy temprano, aún estoy descansando – mientras salía y juntaba la puerta

    Me quede sorprendido, si ahora salgo se va a dar cuenta que por las puras vino a galantearla así que entre al baño y llame a una amiga en común para que llamase a recepción del hotel y poder librarla, momento cual le pasaron la voz y oía a los lejos que decía si ok pasas por mí en un par de horas como quedamos, ok te espero Luciana.

    – Bueno Julián será para la próxima no puedes venir así sin avisar igual agradezco tu intención

    – Bueno, descuida, chau chau, cuídate – oía lo charla a la distancia. Mientras esperaba echado en la cama

    Ingresando al cuarto, y con cara de nervios y avergonzada me dijo

    – No es lo que tú crees – queriéndome dar explicaciones

    – No, descuida no me digas nada, total quizás tenías otros planes que interrumpo ahora

    – No, no, no tenía ningún plan con él, ósea es también un amigo que conocí, y le dije que iba estar esta semana por lima – mientras me daba explicaciones que no le pedía

    – Bueno ya está, mejor me voy – hice la acción de coger mi ropa para cambiarme

    – No, te vayas por favor, no pienses mal- el que me importa eres tú no el, además créeme, cuando vine a Lima me imaginaba encontrarte a ti, tenía esa ilusión que se cumplió, no te vayas – abrazándome como niña tierna mientras estaba parado sin responderle a su abrazo.

    – Ya ok, entiendo, tampoco te pongas así, fue solo un accidente el cual no ocasionamos ambos, quien le manda a dárselas de galán cuando no tiene vela en este entierro – nos miramos y nos besamos tiernamente.

    – Déjame demostrarme que tú eres el que me importa – empujándome sobre la cama y quitándose la ropa.

    Nuevamente empezó a darme una mamada y empezamos a tener un delicioso mañanero, volvimos a follar con la misma pasión, que se nos pasó la mañana y salimos a almorzar y de regreso le pedí que, si iba a estar una semana x aquí, que no gastase en hotel, la lleve a mi departamento, y así fue, se quedó conmigo y follamos todo el fin de semana, y mientras trabaja ella se quedaba en mi departamento con toda confianza, me recibía con cariño cuando regresaba de trabajar y volvíamos a follar ni bien entraba al departamento, éramos todos unos amantes apasionados, por las noches solía hablar con sus papas y decía si ya el viernes viajo por allá, pedí media mañana en el trabajo el viernes, sin goce de haber , intercambiamos algunas prendas dejándonos de recuerdo me dejo una carta la cual leí ya al día siguiente como ella me lo pidió. Sentí que se había enamorado de mí, pero ya que era imposible estaba casada y pues tenía que resolver sus problemas, me dijo que vaya a ecuador varias veces al par de meses que paso, poco a poco nos fuimos alejando, ya que no había whatsapp en esa época aún.

    Así que la despedida fue hasta una hora antes de que la acompañe al terrapuerto una mamada de despedida, en la cual trago nuevamente mi semen, al parecer se lo quiso llevar de recuerdo, la llegue a fastidiar, nos despedimos en el terrapuerto con un tierno y largo abrazo, fue como un pacto que guardamos ya con los años y que ahora lo relato con mucho cariño y pasión.

    Con el tiempo nos alejamos, tuve yo más aventuras y relaciones de las ya relatadas en mis historias relatadas en la página; supe que se separó pero que comenzó una nueva relación y ahora ya tiene nueva pareja incluso hasta un hijo. La vi por el Facebook y se le nota feliz, y me alegro por ello, quizás no fue el momento, pero las circunstancias nos llevaron a amarnos como amantes y fuimos felices mientras duro.

    Pd: el galán que quiso invitarla a salir, llego a enterarse con los años que andaba conmigo en ese instante porque se lo conto esta amiga en común que la llamo para librarla de ese momento, y dicen que estaba enfadado y avergonzado por haber sido tan idiota, así que delicadamente le dio a entender, ¡qué porque se apareció donde no lo invitaron!, ¡si esos ya andaban en amoríos carnales!… tuvieron que disimular para que no quede como un tonto.

  • Una historia de sexo (VII – Fin): Y por fin el amor

    Una historia de sexo (VII – Fin): Y por fin el amor

    Era domingo, serían las 8 de la mañana cuando el móvil me despertó, yo seguía en el baño vestida y acurrucada dentro de la bañera con la puerta cerrada por dentro, era el único sitio de aquella espantosa casa donde me sentía segura cuando todo se calmó, cuando la orgía finalizo recogí rápidamente en silencio parte de mi ropa y la metí en mi bolsa de viaje cogí mi bolso mi móvil y me encerré en el baño.

    El móvil volvía a sonar una vez más, en la pantalla aparecía el nombre de Antonio y me apresuré a cogerlo, sin que pudiera decirme nada le pedía, le rogaba que me viniera a buscar, él me decía que ya estaba allí solo tenía que salir y montarme en el coche, al principio no le creía, tenía el miedo metido en el cuerpo y estaba paralizada, Antonio me hablaba con una voz pausada y suave, calmándome poco a poco y me explico que había oído hace una hora un mensaje mío, un mensaje que le asusto y se apresuró en venir a buscarme a donde le estaba indicando, empecé a estar aliviada abrí la puerta con cuidado y salí corriendo a la calle.

    Salí como alma que lleva el diablo de aquella casa, solamente con lo puesto y las pocas cosa que metí en mi bolsa dejándome prácticamente toda la ropa, Antonio me esperaba en la calle y me abrace a él rodeándolo con mis brazos, hacía tiempo que no me sentía tan segura, de camino a casa acariciaba mi mano continuamente intento averiguar lo que me había sucedido pero yo estaba como ida y demasiado cansada así que se calló y me dejo descansar.

    Cuando llegamos a Madrid le pedí por favor que me llevara mejor a un hotel, no quería ni subir a mi casa, pensaría que estaba loca pero arranco el coche sin preguntar y cerré nuevamente los ojos, Antonio me despertó cuando llegamos a una casa de campo, me estaba ofreciendo quedarme en su casa todo el tiempo que necesitase.

    Estábamos en un pueblo a pocos kilómetros de Madrid, era una casa de piedra muy bonita con un jardín precioso, Antonio tenía una perra de dos meses color canela que era una verdadera delicia y que saltaba a mi alrededor a cada paso, fue la primera en sacarme una sonrisa.

    Nada más llegar quise ducharme y él antes de nada me ofreció una toalla, un bóxer y una camiseta suya para cambiarme, al salir de la ducha simplemente me tumbé en el sofá cerré los ojos y me dormí, lo último que recuerdo antes de caer en un largo sueño fue verle a mi lado, mirándome con cariño, apartando el pelo de la cara y besarme en la frente, recuerdo haberle oído decir que ya estaba a salvo y que no iba a permitir que nadie me hiciera daño jamás.

    Antonio me despertó a eso de las siete de la tarde, me había dejado dormir toda el día, me había preparado algo para comer lo que devore en un momento, realmente me sentía segura con él, al día siguiente llame a mi trabajo para coger las dos semanas de vacaciones que todavía me debían del año pasado y que habían quedado en dármelas ahora, quería descansar, reflexionar, quedarme con él y recuperándome del trauma que me había supuesto aquel fin de semana.

    Durante el día me dedicaba a deambular por la casa y por el jardín siempre con Luna detrás de mí, aquella pequeña perra me hizo los días más llevaderos, las horas más agradables cuando Antonio se iba a trabajar. Cuando anochecía me solía recostar sobre el pecho de Antonio mientras él leía un libro, callada y mirando al infinito mientras acariciaba a su perra Luna, no insistió nunca que le contara lo que había ocurrido en aquella casa con Virginia, simplemente se dedicó hacerme compañía y a abrazarme cuando me sentía triste o cuando lo necesitaba.

    El verano ya estaba encima de nosotros, Antonio se había acercado a mi casa a por ropa, necesitaba algo de ropa femenina, no podía estar todos los días poniéndome la suya aunque a mí no me importaba, las dos semanas pasaron muy rápido, necesitaba más tiempo pero de momento me tenía que conformar y sabía que el lunes tenía que volver a mi trabajo así que todavía me quedaba el fin de semana por delante, durante estas dos semanas Antonio se portó como un verdadero amigo, dos semanas que no había sabido nada de Virginia, dos semanas en las que me dedique a pasear con luna por el campo, jugar con ella en casa y esperar a que Antonio llegara de trabajar para poderme acurrucar a su lado.

    Nunca intento nada, él esperaba y yo lo deseaba, realmente me había enamorado de aquel hombre aunque supongo que ya venía de lejos, la relación se había enfriado pero ahora se había vuelto avivar, intuía que a él le pasaba lo mismo pero solo lo intuía. El viernes por la noche estábamos sentados en el jardín, ese día había llovido y aunque la temperatura era agradable sentía frío, Antonio me rodeo con sus brazos para darme calor sentí como mi cuerpo se estremecía, no quería que me soltara así que le cogí sus brazos apretándolos sobre mi pecho, el olor a tierra mojada, el olor de su perfume y de su cuerpo, estábamos los dos en silencio apoyando mi cabeza sobre su hombro, me separo el pelo de mi cara y me beso en la frente, yo levante mi cabeza y le mire a los ojos.

    Silencio, no dijimos nada, parecía como si el mundo se hubiera detenido, solos los dos en aquel jardín, el viento que azotaba los árboles parecía enmudecer, mis ojos clavándose en los suyos y los suyo en los míos, solo nos mirábamos y poco a poco nuestros labios se iban acercando, muy despacio como si les costara llegar y a pocos milímetros.

    – Lara, estás segura, puedo esperar. – Me pregunto Antonio.

    – Bésame tonto, te llevo esperando toda la vida. – Le contesté.

    Nuestros labios se fundieron por fin, me sentía feliz, mis ojos se humedecieron soltando unas lágrimas de felicidad que cayeron por mi rostro, nuestros labios no se separaban y su lengua buscaba la mía entrelazándose una y otra vez, hasta su perra Luna parecía feliz brincando alrededor nuestros.

    Abrazaba su cuerpo por debajo de su camisa, le iba desabrochando poco a poco los botones, estaba preparada para él pero solo para él, sus caricias me traspasaban como diez mil voltios por todo mi cuerpo, sentía sus caricias incluso en aquellas partes del cuerpo donde todavía no había estado, empezó a desabrocharme la blusa y me subió el sujetador para acariciar mis pechos, estaba tremendamente excitada me sentía húmeda en mi sexo, días atrás pensaba que ya no me sería posible, pero él lo había conseguido.

    Notaba como me iba humedeciendo cada vez más, como él roció de la mañana mojaba la hierba así estaba yo, preparándome para él, preparándome para recibirle, me incorpore y poniéndome de rodillas le quite los pantalones, ninguno de los dos había dicho nada todavía solo se oían nuestros besos y solo se sentían nuestras caricias.

    Tenía ante mí su pene, estaba totalmente empalmado y muy duro como recordaba, empecé a besarle y a recorrer su glande con mi lengua que poco a poco iba penetrando en mi boca, suave, muy suave, Antonio gemía y a mí me gustaba verlo, notaba cada vez más su excitación, me cogió de la cabeza para que no me apartara, para que no la sacara, mis manos acompañaban a mi boca resbalando por su tronco interminable, ¡¡¡aaahh!!!, exploto con un grito de placer eyaculando en mi boca.

    Antonio me miraba fijamente con ternura, acariciaba mis mejillas, me incorporé poniéndome de pie y me empecé a quitar la blusa y el sujetador dejándolos caer en el suelo, me miraba fijamente como si fuera la primera vez que veía mis pechos, nos mirábamos excitados, nos deseábamos, el ambiente cargado de nuestra pasión y despacio empecé a quitarme el pantalón, Antonio se quitó por completo su camisa y yo dejaba caer mi ropa junto con mis braguitas ayudándome de mis pies para sacármelos y dejándolos en el suelo, estaba desnuda delante de él, quería que me viese así, quería ofrecerle mi cuerpo.

    Lo deseaba, deseaba que entrara dentro de mí que fundiéramos nuestros sexos, me miraba de arriba abajo sin perder un solo centímetro de mi cuerpo, acariciándome con la yema de sus dedos al paso de sus manos, me fui acercando despacio hacia él y abriéndome de piernas me senté encima con las rodillas sobre el sofá, empezamos a besarnos, sus manos sobre mis nalgas acariciándomelas, le abrazaba por el cuello besándolo por toda la cara, mis caderas se movían hacia delante y atrás, rozaba mi sexo con el suyo, su pene sobre mis labios subiendo hacia mi tripa rozando continuamente mi clítoris, tenía su pene húmedo de mí, con su mano lo cogió y busco mi abertura, empezaba a jugar con su glande sobre mi vagina, sin entrar pero entrando, aguantaba mi respiración cada vez que la sentía entrar, la quería para mí, dentro de mí, acariciando mi interior, navegando hasta lo más profundo, quería sentir su leche golpeándome uniendo nuestros fluidos, quería romper el silencio con nuestro placer.

    Antonio, notaba y veía mi excitación en mi cara, mi deseo, un deseo que al final me concedió sin hacerme sufrir más, simplemente aparto su mano me cogió por mis caderas suavemente y su pene penetro en mí cuerpo, deslizándose por mi vagina, entrando profundamente, mi cabeza se echaba hacia atrás, mi melena caía por mi espalda hasta sus rodillas, la recibía por fin agradeciéndoselo con un beso, ningún movimiento de caderas simplemente nos quedamos un rato allí los dos besándonos con su pene dentro de mi vagina, fundiendo su carne con la mía.

    Poco a poco nuestras caderas empezaron a bailar al unísono, su pene empezaba a entrar y salir de mi vagina rozando suavemente mi interior, unos gemidos suaves al igual que nuestros movimientos empezaron aparecer, el tiempo detenido empezó nuevamente su curso cuando empezamos a disfrutar el uno del otro haciéndonos el amor, Antonio me agarro de las nalgas y me empezó a moverme hacia él, presionando mi cuerpo hacia abajo sacándola y volviéndola a meter haciendo que su pene llegara más al fondo, sus penetraciones más fuertes y profundas rompieron el silencio con mis gemidos, mi respiración rápida y entrecortada los gemidos pasaron de suaves a fuertes en cosa de poco tiempo.

    Dejamos de besarnos, no dijimos nada no hacía falta, solamente nos mirábamos, le veía disfrutar y él a mí, nuestras caderas bailaban sin parar gimiendo cada vez que su pene penetraba en mi vagina, la sensación de estar sentada y de dominación me gustaba, quería que disfrutara de mi cuerpo e iba a hacer todo lo que estuviera en mi mano para dárselo, notaba como su pene palpitaba, contraje los músculos de la vagina para que me sintiera más, tan mojada y tan estrecha que no pudo aguantar por mucho más y empezó a eyacular dentro de mí, su semen me volvió a inundar pero ahora en mi sexo.

    Me empezó a besar, seguía teniendo su pene en mi interior, lo notaba flácido, una sombra de lo que había sido, el semen encontró la salida y empezó a caer por mi vagina, Antonio me sujetaba con una mano por la espalda y me echaba hacia atrás, me besaba y mordisqueaba mis pechos, la seguía sintiendo dentro de mí, me gustaba esa sensación aunque fuera más pequeña.

    Me movía con cuidado para no sacarla y empecé a sentir como iba creciendo, como engordaba poco a poco, sentía como me empezaba a llenar toda la vagina, hasta que estuvo otra vez en forma, otra vez dispuesta a darme placer.

    Antonio me beso con ternura, se levantó cogiéndome de las nalgas y me llevo dentro de casa, tumbándome en la cama besándome tiernamente en la frente, empezó a recorrer mi cuerpo con sus labios, no dejando ni un rincón sin besar, la habitación iluminada por la luz de la luna, una pequeña brisa entraba por la ventana entreabierta, en la habitación se respiraba paz, se respiraba un aroma de ternura, de amor, dos enamorados compartiendo sus cuerpos, haciendo el amor despacio, con cariño, sin prisas.

    Antonio llegó hasta mi vulva acariciándola con la lengua, me hacía sentir escalofríos por todo el cuerpo, lamía mi clítoris succionándolo, acariciaba mis labios con sus dedos y seguía bajado por mis muslos, no dejo parte de mí sin besar sin recorrer, me sentía flotar, sentía mi cuerpo tan liviano que podía volar y salir por la ventana llegando muy alto donde Antonio me seguiría haciendo el amor, allí acostados en las nubes de algodón.

    Nuevamente el silencio roto por los besos de Antonio recorriendo mi cuerpo, estaba en éxtasis flotando cuando volví a la tierra a aquella casa, a aquella cama entre los brazos de Antonio que me había penetrado nuevamente mientras me susurraba al oído que me amaba, no sé que hizo que sintiera más placer, si su pene o sus palabras, rodee con mis brazos su espalda apretando con fuerza, sus movimientos lentos de abajo arriba me llenaban entera mi vagina y unas lágrimas caían sobre mis mejillas cuando le veía hacerme el amor.

    Me sentía tan feliz, sacaba su pene y jugaba con mis labios perdiéndose entre ellos, pulsaba mi clítoris y nuevamente se deslizaba hasta llegar a mi vagina y volvía a bailar dentro de mí, Antonio aumentaba el ritmo, me estaba volviendo loca una vez más, apretaba mis labios mordiéndomelos para no chillar, mis manos recogían las sabanas y cerrando los dedos fuertemente tiraba de ellas hacia mí, mi cuerpo empezó a estremecerse, arañándole la espalda, clavándole las uñas, ni una palabra, solo gemidos y gritos de placer se oyeron en la habitación cuando me sobrellevo el orgasmo, nuevamente su semen salió disparado al interior de mi vagina, justo cuando yo terminaba él empezaba.

    Terminamos como empezamos, abrazados, mis piernas entrelazadas le cubrían todo el cuerpo, mis brazos sobre su espalda, él estaba todavía dentro mi y seguía moviéndose, esta vez no se había desinflado, esta vez seguía moviendo sus caderas, yo seguía recibiendo su pene una y otra vez, ninguno de los dos quería acabar, no queríamos que aquello terminara, Antonio giro mi cuerpo, poniéndose detrás de mí, los dos tumbados de costado sobre la cama, mi pierna por encima de las suyas, su pene seguía penetrando en mi interior, sus labios sobre mi oído me volvían a susurrar.

    – Te quiero Lara. -Esas fueron las tres palabras que inundaron nuevamente mis ojos de lágrimas.

    – Yo también te quiero, ven mi amor acércate a mí y bésame, no pares de besarme y no pares de hacerme el amor. –Le contesté con una voz suave y entrecortada.

    Mi cabeza giró todo lo que pudo, nuestros labios se fundían una vez más, sus dedos acariciaban mis pechos, mi estómago recibía las caricias de sus dedos, me seguía haciendo el amor y sentía como entraba con suavidad, luego suaves y pequeños empujones, mientras nos besábamos y entre jadeos le seguía diciendo que yo también le quería, no pare de decírselo durante todo el tiempo que me hizo suya, un te quiero tras otro hasta que nuevamente nos corrimos y caímos exhaustos y rendidos.

    Desperté abrazada a él, nuestros cuerpos desnudos cubiertos por una sabana, la luz de la mañana iluminaba la habitación, iluminaba el rostro ahora si de una mujer tremendamente feliz, con su amante al lado todavía dormido, me incorpore y le bese susurrándole nuevamente un te quiero.

    Antonio abrió los ojos y mirándome me dijo.

    – Yo también te quiero Lara.

    Se puso encima de mí y volvió hacerme el amor, ese fin de semana paso como todo pasa, pero lo que nació no se marchó quedando grabado en nuestros corazones.

    No volví a saber de Virginia, a la semana dejé mi piso y me vine a vivir con él, con el tiempo le conté todo, él me contó también como Virginia le engaño repetidamente, envenenando nuestra relación, que fue un tonto y que por eso pasó lo que paso, yo no quería oírle decir eso, puesto que la culpa era solo mía pero todo había acabado, no quería recordar, solo quería estar con él y nada más, yo había vencido, la había vencido y había escapado de aquel año que casi me destruye.

    Ahora realmente sí que empieza mi historia, nuestra historia, la historia de una mujer enamorada y feliz.

    Habían pasado los años y seguíamos tan enamorados como aquel fin de semana, era invierno y le volvía a esperar dentro de nuestra casa con la chimenea encendida y nuestra perra luna a mis pies cuidándome, recostada sobre el sofá leyendo un libro sobre mi tripa, una tripa enorme que en su interior esperaba a nuestra primera hija.

    _____________

    Espero de verdad que os haya gustado, no solo este relato sino toda la historia.

    He querido terminarlo con una historia de amor verdadero, romántica que es una.

  • Diario de una puritana 7: Rueguen por nosotros los pecadores

    Diario de una puritana 7: Rueguen por nosotros los pecadores

    Mafe había cambiado radicalmente. De esa chica tímida, inocente e insegura quedaba muy poco. Ahora tenía una actitud un tanto más osada, su mentalidad era otra, ahora estaba abierta a darse la oportunidad de probar y conocer cosas nuevas.

    Claro que su devoción y espiritualidad no desapareció ni mermó. Yo no buscaba que fuera así, aunque no me dejaba de parecer extraño que una chica tan devota y tan creyente, saliera con alguien como yo, que era exactamente lo opuesto a eso: ateo y ciertamente irreverente a muchas de las enseñanzas de la iglesia, generalmente percibía al fiel creyente como un gran hipócrita, un impostor.

    En ese tiempo, por respeto a Mafe dejé de ser blasfemo, aunque realmente me costaba porque no solo me divertía, sino que me apasionaba serlo. Me hacía mucha gracia reír con las creencias de la gente. Pero en ese entonces supe comportarme, adaptarme y quizás hasta someterme muchas veces para conservar la paz con Mafe.

    Pasados unos seis meses, decidimos vivir juntos. Y como siempre la convivencia termina generando choques, por una u otra cosa, casi siempre intrascendentes. Aunque siempre logramos sobrellevarlos.

    Posiblemente sus fervientes creencias fueron la principal causa de discusiones entre nosotros. Más que todo porque muchas veces no supe comprenderla, porque quizá era demasiado rígido en mi escepticismo, negándome a tolerarla en situaciones que quizá pedían algo más de comprensión, pero era demasiado inflexible para entenderlo. Y aunque esa devota personalidad podía irritarme, podía calentarme a la vez. No sé por qué, pero sentía un morbo excesivo de follar con una chica así. Ya no se trataba únicamente de su belleza, de sus piernas tersas y carnosas, de ese culo macizo, deforme pero a la vez grandioso, o de sus tiernitos senos, que eran como la frutilla del postre. Ya no era solo su físico lo que me atraía.

    Era también su forma de ser, En muchos sentidos. Me generaba ternura esa chica piadosa, amaba que siempre pudiera dibujar una sonrisa para mí. Mafe era verdaderamente amable, cordial, y en cierta medida caritativa, la admiraba por ello, y a la vez me provocaba muchos pensamientos retorcidos; maliciosos, vulgares. Fantaseaba con que era como salir con una monja hermosa y complaciente, si es que eso existe. Además adoraba que Mafe había desarrollado y afianzado una especie de “sentido” de la mojigatería. Deliraba con eso. Con saber que esa misma chica de repetidos atuendos reservados, llena de convencionalismos, muchas veces prejuiciosa; podía ser a la vez tan caliente; saber que esa mujer de gestos elegantes e “incuestionables” valores, podía ser a la vez tan fulana.

    La vi dedicar horas para pedir perdón por cosas como follar sin contar con la bendición de dios, al igual que la vi caer una y otra vez ante sus tentaciones. Ya no sabía qué creerme, no sabía si había auténtico arrepentimiento, si funcionaba como una quema de karma, si fingía para venderme la imagen de santa.

    En un comienzo fue raro para mí ver a alguien tan ferviente, no podía creer que una persona tan joven dedicara tanto tiempo al rezo y la súplica; se me hacía hasta enfermizo el hecho de asistir a misa a diario, o esa constante necesidad de confesarse para sentirse aliviada; era toda una novedad para mí.

    Pero fue en ese entonces que empecé a apreciar esa forma de ser. Fantaseaba con sorprenderla mientras rezaba, con pellizcarle el culo mientras permanecía arrodillada con la cabeza gacha, también con encontrarla arrodillada y agarrarla de sus cabellos dorados para conducir su rostro hacia mi falo, o pretendiendo ser el clérigo para darle como penitencia la entrega de su ojal; fantaseaba de mil maneras, Y no pasó mucho para que pasara de la fantasía a la práctica.

    Al inicio ella fue permisiva, o tal vez no pudo reprimir sus instintos más primarios. No lo sé. Lo cierto es que pude satisfacer mi sed de perversión. Aunque luego Mafe fue siendo más prohibitiva, más recelosa con el respeto hacia su fe. Pudo ser también el rápido desencantamiento por su parte hacia esa situación, como si hubiese quemado la fantasía. La verdad no sé qué la llevó a terminar con estas calientes situaciones, fueron apenas un puñado, pero fueron oro puro.

    Alguna vez llegué a casa y ella estaba orando, Estaba arrodillada, en silencio total, muy concentrada, repitiendo una y otra vez sus plegarias y contando pepitas de los tradicionales rosarios. La saludé sin obtener respuesta, pues su prioridad era continuar rezando. La rodee con mis brazos por la cintura, recosté mi cabeza sobre uno de sus hombros, para segundos más tarde empezar a besarla por detrás de una de sus orejas, por el cuello y por sus mejillas.

    Ella me lo permitió, inclinando ligeramente su cabeza para darme el espacio suficiente de maniobra de mis labios sobre su cuello. Aunque más allá de eso no hizo nada, no se molestó por mi intromisión en su momento de oración, no pronunció palabra; ni siquiera me miró, solo continuó orando.

    Ese día sentí muchas ganas de ser cariñoso con ella, así que continué por un largo rato con mis besos y caricias por los alrededores de su cuello, era mi apuesta a la fija para calentarla, aunque esa vez el apuro me venció en cierta medida. Más temprano que tarde terminé con mi cabeza bajo sus piernas. Mientras que ella seguía apoyada sobre sus rodillas en su clásica pose de sumisión, yo tumbé mi cuerpo en el suelo y arrastré mi cabeza hasta posarla debajo de sus piernas, quedando cara a cara una vez más con su coño, que para ese momento se ocultaba bajo una sexy braguita.

    En esa tarde Mafe llevaba puesto uno de sus clásicos atuendos de entrenamiento: falda corta y fucsia, y top del mismo color. Y como ya mencioné, una encantadora braguita que poco y nada dejaba a la imaginación.

    A Mafe le gustaba estar cómoda para ejercitarse. Ahora que había renunciado al trabajo, tenía más tiempo disponible para entrenar, y habiendo aprendido varias rutinas, no dependía de mí para hacerlo. Su cabello lucía impecable y su rostro estaba maquillado, era evidente que aún no había entrenado, posiblemente planeaba hacerlo después de su oración.

    Ella continuó en su rezo, mientras yo, tumbado en el suelo me ponía una nueva cita con su entrepierna. Ella no opuso resistencia pero creo que no porque quisiera mezclar su momento de oración con una buena sesión de sexo oral, diría más bien que no se dio cuenta del momento en que mi cabeza terminó bajo su humanidad.

    Lo notó apenas con el primer contacto de mi mano por sobre su tanga. La palpé suavemente, mientras que con mi otra mano acaricié suavemente su entrepierna. Ella sacudió bruscamente sus piernas, confirmando mi sensación de que no había notado el momento en que yo me había situado en esa posición de privilegio.

    Fue ese el primer momento en que decidió interrumpir su oración para dirigirme la palabra.

    – ¿Qué haces?, reclamo ella

    – Nada, tú sigue en lo tuyo y déjate llevar.

    Ella no quiso armar un drama de ello, así que continuó con su oración pero sin haberme dicho estar de acuerdo con mi plan. Lo más probable es que secretamente deseara continuar, y el reclamo habría sido su último intento de represión. Me sentí en libertad de continuar.

    De nuevo empecé a frotar suavemente su entrepierna, a sentir la carne blanda de la cara interna de las piernas en cercanía al pubis. Me enloquecía acariciarle esta zona, especialmente porque era cuestión de segundos para empezar a sentirse el calor que emanaba su vagina.

    Luego empecé a palparla, de nuevo por sobre su tanga. Suave y lentamente. Quería complacerla con una buena dosis de sexo oral, y sabía que para ello era necesario ser paciente y jamás precipitarme.

    Después de seis meses juntos y de una infinidad de coitos, sabía que Mafe apreciaba una estimulación bien brindada, con la calma que requiere el caso, con la suficiente dedicación para pretender algún día terminar de conocer las 8.000 terminaciones nerviosas de su vagina, así que luego del tocamiento superficial por sobre su ropa interior, empecé a acariciar suavemente su vulva, especialmente con mis pulgares, como si quisiera darle un masaje.

    Sabía que Mafe estaba disfrutando de la situación porque ocasionalmente la escuchaba interrumpir su oración para pasar saliva o simplemente para suspirar. El calor de su coño empezó a transformarse en humedad, la cual pude sentir por sobre su delgadita tanga.

    Llegó el momento en que decidí correr ese pedacito de tela para un costado, para meterme de lleno en una buena estimulación de su clítoris. Me sentía inspirado para complacerla, sentía que era una tarde especial para mi lengua, que manejaba la situación a pesar de la ansiedad de volver a juntarse con la tierna vagina de Mafe.

    Al comienzo utilicé solamente mi lengua, pero luego me vi en la necesidad de hacer uso de mis dedos para lograr que Mafe se retorciera del deleite. ¡Eso sí que era encontrar el regocijo!

    Mafe dejó de apoyar su cuerpo sobre sus rodillas y dejó caer todo su peso sobre mi cara, como queriendo asfixiarme con el coño, pero yo estaba extasiado, aun hambriento de su sabor, de su ardor y de su evidente goce. Estaba pletórico atragantándome con su vagina.

    No pasó mucho tiempo para que Mafe empezara a restregarse sobre mi cara, embadurnando todo mi rostro con sus fluidos. Para mí era todo un placer estar recubierto de ella, no tenía reparo alguno con eso, es más, eso me confirmaba que había logrado mi objetivo, pues era cuestión de tiempo para que Mafe se entregara a sus instintos más básicos.

    Tanto así que ni siquiera fue capaz de terminar el rosario, pues llegó un momento en el que estaba desatada, completamente excitada, fuera de sí, dispuesta a rematar la jornada con un polvo frenético.

    Mafe no dio tiempo a nada, se puso de pie, me miró con su rostro poseído por un gesto plenamente lujurioso, y de nuevo se agachó, pero esta vez para sentarse sobre mi pene.

    La penetración fue relativamente rápida, pues su bien lubricada vagina permitió el fácil acceso de mi miembro. De ahí en adelante fue un festival de sentones, incluso con cierta sevicia y agresividad, como si quisiera desquitarse conmigo por haber interrumpido su ritual.

    No hubo tiempo para quitarnos la ropa, yo andaba con mis pantalones a la mitad de las piernas, mientras que Mafe con su tanga apenas a un costado, aunque yo no dejaba de levantarle la falda para poder apreciar y acariciar sus siempre gloriosas piernas.

    También llegó un momento en el que bajé su top para dejar sus senos al descubierto, lo hice con cierta agresividad, pues si ella se daba el lujo de agarrarme a sentones, no veía por qué no podía arrancar su top para deleitarme con sus pequeñitos pero muy provocativos senos.

    Ocasionalmente Mafe se agachaba para ponerlos a la altura de mi boca. Yo mientras tanto la agarraba fuertemente de las nalgas para guiar sus movimientos y hacerlos todavía más contundentes, potentes y profundos.

    Pero a pesar de que yo ayudaba con mis manos a guiar los movimientos de Mafe, el cansancio la derrotó, así que me pidió que cambiáramos de posición. En ese instante sentí un fuerte deseo de penetrarla contra la pared.

    Nos pusimos de pie, le di vuelta y la penetré sin contemplación alguna. Me encantaba ver las carnes de sus nalgas temblar con cada uno de mis empellones.

    No sé por qué esa tarde sentí deseo de agarrarla fuertemente del cuello, solo sé que pasó y que ella no opuso resistencia. Con mi otra mano apoyaba su rostro contra la pared, sometiéndola por completo, La estaba castigando por sus pecados. Esa era su penitencia por ser tan guarra.

    Para ese entonces ya teníamos consensuado que una buena sesión de sexo debía terminar con mi semen recorriendo el interior de su coño. Tras varios meses de noviazgo eso ya no era problema, pues habíamos acordado nuestra planificación.

    Mafe tenía una gran fijación, diría incluso que una obsesión con que se le corrieran dentro, pues según ella era todo un placer sentir el momento de la eyaculación, decía sentirse encantada desde que “el pene ‘convulsiona’ en mi interior, hasta el momento en que siento líquido caliente escurriendo en mí”.

    De hecho era una obstinación ciertamente rara, pues en aquella época en que utilizábamos condón, Mafe lo revisaba al terminar, no precisamente para ver si estaba roto, sino para ver la cantidad de esperma que había en este; dibujando una gran sonrisa en su rostro cuando veía una gran cantidad allí depositada, era todo un festejo, como si de un tesoro preciado se tratara.

    Esa tarde, con ella recostada sobre la pared y con una nueva descarga entre su vagina iba a terminar otro de tantos coitos memorables con mi mojigata adorada.

    Capítulo 8: Quedando inmundo

    Algo más de 500 años han pasado desde el fin de la Edad Media, precioso periodo para el afianzamiento de los ideales de la Iglesia, época de represión y castigo ante cualquier pensamiento libidinoso, pero a la vez de excesiva perversión ante tanta prohibición.

  • Morbo de centro comercial

    Morbo de centro comercial

    Hoy os traigo una fantasía que tengo con una buena amiga que seguro que le gustara (cruzaré los dedos).

    Un buen día decidimos quedar una mañana para ir a comprar a un centro comercial, los dos necesitábamos ropa y que mejor el ojo de una amistad para decirnos si nos queda bien o no. Esa era mi excusa, Ella no sabía lo que tenía guardado en mi mente pervertida Cuando dejamos a los niños en el colegio pasó a recogerme en su coche, eran las 10, de un martes, cuando llegamos todo estaba muy tranquilo. Lo justo para que nos dejaran en paz, pero también para que nos prestasen el mínimo de atención que nos mantendrían siempre en alerta.

    Tu ibas vestida como yo la dije: blusa ligera, pantalón vaquero ajustado y unas zapatillas cómodas. Se intuía tu sujetador y también el tanga negro que tanto me gusta. Cuando llegamos apenas hablamos: sólo te indiqué que fueses delante, tú ya sabías lo que tenía que hacer.

    En la primera tienda te elegí unas blusas y te acompañé al probador. Cerré la cortina quedándome fuera, aunque dejé una pequeña abertura, mínima, pues tal vez alguien; aparte de yo, te podría ver, claro. Me miraste a los ojos, insegura, temblorosa… yo sólo asentí, y comenzaste a desabotonar tu blusa… botón a botón, lentamente. Tu piel fue apareciendo poco a poco, y luego tus pechos, enfundados en aquel sujetador negro.

    Parecías tímida, pero te quitaste completamente la blusa y me enseñabas una parte de tu cuerpo. Yo estaba cerca de ti, a muy pocos centímetros, podía olerte, oír como tu respiración se agitaba, que hacía subir tus pechos, y podía mirarte… Te hice un gesto, y te diste la vuelta, enseñándome tu espalda. Me mirabas a través del espejo… Yo me acerqué a tu espalda y desabroché el sujetador… nada más. Tú de nuevo entendiste lo que querías, y te quitaste el sujetador despacio, lentamente… enseñándome tus pechos a través del espejo. Se notaba tu excitación, tus pezones no mentían. Cogí el sujetador que mantenías en una mano, lo doblé y me lo metí en el bolsillo. Te hice dar la vuelta, y pude apreciar tus pechos en toda su plenitud, frente a mí a través de la pequeña apertura de la cortina.

    Querías que te tocase, pero no lo hice… no te lo merecías todavía. Abrí un poco más la cortina, dejándola a la mitad y una pareja pasó en ese momento y pudo ver tus pechos brevemente. Hiciste un gesto reflejo de taparte, pero no te dejé. Quería tenerte así, ofrecida, tu torso desnudo, para que cualquiera pudiese verte…

    Te dejé así unos minutos, sin darte tu blusa que había elegido para ti, de pie en el probador y semidesnuda. Podía notar como iba creciendo tu nerviosismo y tu excitación. Pero no podías hacer nada, hasta que yo te dijese…

    Te ordené que te vistieses, y te pusiste la blusa, esta vez sin sujetador. Tus pezones se marcaban perfectamente, y te sentías avergonzada. Al salir, la chica de la tienda te miraba y luego me miraba a mí. Tú lo notabas y no sabías muy bien cómo comportarte, pero yo notaba que estabas excitada, podía verlo, podía sentirlo, casi olerlo. Al final salimos de aquella tienda sin nada de compra, tu ibas a pocos pasos de mi asomando un poco la goma de ese tanga, así que me adelante a ti, te mire a los ojos, recorrí tu cuerpo con mi mirada, centrándome en esos pechos que me apuntaban te dije de ir a casa.

    Nos fuimos a por el coche y nos dirigimos a mi casa que estaba a unos cinco minutos. Tú conduces mientras yo desabrochaba mi pantalón, antes de llegar tenías que hacer una cosa, así que te dije que te metieras con una callejuela que yo sabía poco concurrida. Dame esos pechos te dije y tu abriste los botones para que los saboreara y poner esos pezones aún más duros antes de llegar a casa. Tu respiración ya hacía escapar suspiros por la boca, mientras una de mis manos acariciaba la parte interna de tus muslos.

    Te mande que te taparas y arrancaras para ir a casa.

    Cuando llegamos te deje pasar primero y nada más cerrar la puerta te agarre de la muñeca y te volví contra mí, para fundirnos en un beso lleno de pasión, agarrando tus caderas, contra la pared. Fui desabrochado tus botones de la blusa dejando tus pechos al aire para seguir besando tu cuello mientras te acariciaba tu pecho para acabar metiéndome los pezones en la boca.

    Pasamos al salón donde te ordene que te quitaras toda la ropa, que solo te quedaras con el tanga, despacio, alegrándome la vista a cada momento, mientras yo en una silla me iba acariciando mi miembro que luchaba por salir del pantalón.

    Se te notaba muy cortada, pero accediste sin rechistar, tus hombros, tus pechos, desabrochabas tu pantalón dejándolo caer por tus caderas hasta los tobillos y sacándolos lentamente. Cuando ya te tenía como quería te dije que te dieras la vuelta, quería ver ese culo que tanto deseo, así lo hiciste y volviendo a agarrar tus caderas hice que dirás un paso hacia atrás quedando tu culo a la altura de mi boca. Empecé a lamerlo, besarlo y a darte algún azote que otro, y metiendo una de mis manos entre tus muslos.

    Acabé por arrancar de un tirón tu tanga, me miraste con cara de enfado, pero me daba igual, solo había en mi pasión y lujuria en mí.

    Te hice sentar en la mesa y tu sexo, con un poquito de inclinación por mi parte, quedaba a la altura de mi boca, tus pies en mis muslos y mi cabeza recorriendo tus piernas con la lengua hasta llegar a ese punto que tanto te gusta que juegue. Puse tus muslos en mis hombros, dejaste caer tu cuerpo sobre la mesa y te hice mía.

    Mi lengua abría tu sexo mientras tú apretabas tus muslos contra mi cabeza sin dejar que me escapara. Yo aproveche para ir quitando mis pantalones ya que mi excitación era máxima. Dos de mis dedos entraban en ti mientras mi lengua no paraba de mover en círculos tu clítoris, no aguantaba más, no podías con la excitación, tus gemidos solo se paraban para decirme que te corrías y eso hizo que mi mano izquierda se fuera a tu pezón para pellizcar y acariciar tu pecho. Te corriste en abundancia contra mi cara, contra mi boca… Mira como me has puesto, me lo vas a tener que limpiar y te dije según te ayudaba a incorporarte, empezaste a pasar tu lengua por mi cara, a besarla, en definitiva, a saborearte.

    Te baje de la mesa dejándote caer sobre mí, sentándote encima de mi y notando como mi miembro rozaba tu rajita húmeda, notando como latía para ti en tu sexo. Nos comíamos a besos mientras tu empezabas a moverte encima de mi mástil que quería entrar en ti, lo agarraste con las manos y lo pusiste en tu centro dejándote caer y penetrándote entera, el gemido fue intenso. Tus movimientos hacían que tus pechos botaran justo delante de mi cara, los pellizcaba, los lamiera, los mordisqueaba de tal manera que más placer te daban. Mis manos apretaban tu culo, incluso abriendo tus nalgas, no podíamos parar, estábamos entrando en éxtasis cuando te volviste a correr con mi verga dentro de ti, lo que hizo que tus fluidos cayeran por mis testículos.

    Te levanté y te tire contra el sofá que teníamos al lado, sin darte tiempo a incorporarte te puse a 4 patas para follarte como necesita una buena niña sumisa. Mi miembro entro en tu sexo sin resistencia alguna, agarrando tus caderas te envestía una y otra vez sin parar, tus pechos rozaban el sofá, sujetaba tu pelo con mi mano y hacia fuerza para que tu espalda quedara completamente recta. No aguantaba más así que tirando de tu pelo te baje del sofá para quedarte delante de mi tridente a la altura de tu boca, de tus pechos los cuales acogieron toda mi leche entre ellos llegándote a salpicar la cara y mojar tus labios lo que hizo que tu lengua saliera para probarme.

    Te pusiste de pie, fuiste al baño a limpiarte a lo que me opuse y empecé a pasar mis manos por tu pecho para que mi leche se secara en ti, por todo tu cuerpo.

    Una vez secado, nos vestimos, me pediste el sujetador y te lo negué, ese se quedaba para mí, para recordar cuando fuiste mi dócil amante. Te acompañe al coche y cogiste el camino de tu casa.

    Espero que a mis lectores y lectoras les guste y lo disfruten, sin más, su humilde escritor LEGASEX.

  • Fría mañana de estudio

    Fría mañana de estudio

    Ocho de la mañana, el viento frio se colaba por el cuello de la cazadora, con el sueño que tenía se había vestido de manera automática, se deslizó dentro del vestido, puesto las primeras botas que encontró y en el ascensor se hizo la raya del ojo.

    Por fin el bedel de la biblioteca apareció por el pasillo, con su andar alegre abrió la puerta y dibujando una sonrisa, saludo a Marta. Caminaron juntos hasta la puerta de la sala de estudio, y allí Marta se sentó en la mesa más escondida, necesitaba concentrarse, no pensar en nada y si podía ser no ver a nadie. Todo iba perfecto hasta que de una manera inexplicable con toda la biblioteca vacía una chica desgarbada se sentó en la misma mesa.

    Esto la desconcentró, durante un rato estuvo mirando a su sorpréndete compañera y por su cabeza se le pasó levantarse e irse a otra mesa, pero al final se quedó.

    Se puso los cascos y empezó a subrayar los apuntes de manera automática.

    Se sentía observada, no levantaba sus ojos de la mesa pero sabía que la estaba mirando, de una manera tímida subió la cabeza y las miradas se encontraron, unos ojos azules profundos la examinaban de manera descarada, la sonrió y bajo la mirada.

    Ahora era Marta la que sin saber porque, no podía dejar de mirarla, tenía el pelo ondulado, ligeramente le caía por la cara, unas mejillas sonrosadas y redondas acababan en unos labios carnosos, vestía de manera informal una camiseta fina con un escote lo suficientemente generoso para que Marta sin mucho esfuerzo pudiera ver como un sujetador azul envolvía unos generosos pechos. Súbitamente su compañera de mesa levantó la vista, Marta se ruborizó y bajo bruscamente la mirada.

    ¡Por dios que estaba haciendo! Sentía una leve sensación de calor, no podía evita la sensación de excitación que le había producido esa visón, no podía ser, ella nunca había sentido algo así por una mujer y aquí estaba, sola en una biblioteca asustada y la vez excitada con su extraña compañía.

    Paso el tiempo y sin darse cuenta de nuevo Marta estaba examinándola, era más joven que ella, sobre unos 30, con ese rostro mezcla dulzura con una profunda picardía, no parecía muy alta y con un cuerpo sensual, de nuevo sus ojos se clavaron en su pecho, y de otra vez la pillo mirándola, esta vez un leve saludo salió de la boca de Marta, obtuvo una bonita sonrisa que escondía algo más.

    Sin mediar palabra ella se levantó y cogió su botella y se marchó camino al baño, caminaba de manera sugerente, movía la cadera de una manera bonita, a cada paso unos pantalones negros ajustados dibujaban una bonita visión a la que Marta no perdía de vista.

    Volvió a centrarse en sus apuntes, pero estaba totalmente desconcentrada, ¿A que venía esa sensación? ¿Por qué se encontraba tan nerviosa?

    A lo lejos apareció de nuevo ella, volvía directa con decisión a la mesa mirando fijamente a Marta, los escasos segundos que las separaban se le hicieron eternos, bajo la mirada a la mesa ya estaba casi al lado, pero algo no iba bien no sé sentaba en su silla, se quedó inmóvil al lado de la mesa. Marta movía de una manera agitada el bolígrafo, ¿Por qué no se sienta? ¿Qué está haciendo?

    Al final sin preguntar movió la silla de al lado y se sentó junto a ella.

    No podía levantar la mirada, pero la notaba al lado, cerca, su respiración se iba agitando, su corazón latía con fuerza, al final noto como una mano se posaba sobre sus piernas un leve escalofrío agitó su cuerpo, pero se sentía indefensa no sabía cómo reaccionar. Los dedos empezaron a recorren su pierna, al final saco valor para levantar la mirada, ella también la miraba de una manera dulce, antes de que pudiera decir nada le puso un dedo en la boca para que no hablara y se acercó y la dio un suave beso.

    Seguía sin reaccionar, solo notaba como su cuerpo se excitaba a cada movimiento de esos dedos sobre sus medias, de nuevo unos labios se posaron sobre los suyos, esta vez acompañados de una lengua que jugaba con su boca, sin oponer ninguna resistencia dejo que esa lengua se adentra en su boca, ya no era ella solo se dejaba llevar.

    Notaba como las manos le iban subiendo por las piernas de manera sutil se encaminaron por dentro de su vestido y antes de darse cuenta las tenía sobre su húmeda ropa interior.

    Marta seguía sin moverse solo dejándose hacer por su experta acompañante.

    Abrió los ojos y se sorprendió con la visión, la excitaba de sobre manera, veía como la estaban besando, alzó la vista para comprobar que no había nadie más en la sala y volvió a cerrar los ojos.

    La mano se había adentrado ya dentro de las medias, Marta levanto lo justo las caderas de la silla para ayudarla a bajar un poco sus medias y su ropa interior, unos ágiles dedos recorrían sus húmedos labios de una manera como nunca la habían tocado, se deslizaban por ellos adentrándose sutilmente dentro de ella y subiendo despacio a su clítoris. Sin darse casi cuenta noto como ella se iba deslizando por la silla arrodillándose delante de ella y situándose rebaja de la mesa.

    Separo sus piernas se acomodó dentro de ellas, y poco a poco empezó a notar su cálida respiración sobre sus braguitas, las bajo lo justo para que pudiera deslizar su boca, y de repente una húmeda y ansiosa lengua comenzó a devorarla.

    De una manera dulce y a la vez intensa su lengua iba dibujando círculos sobre su clítoris, de vez en cuando bajaba y se metía en su cuerpo para de nuevo volver a la carga. Junto con una lengua ansiosa que no le daba tregua, unos dedos humedecidos por su propio cuerpo se bajaban jugando camino de su culito, empezaron a jugar sobre él y poco a poco sin dificultad uno de ellos se fue deslizando dentro.

    Y ahí estaba ella en una biblioteca pública con una mujer que no conocía en sus piernas, follando con maestría todo su cuerpo mientras su boca se encargaba de llevarla al clímax sus dedos se adentraban por zonas no exploradas.

    Tenía que morder sus labios para que no se escapara un suspiro que la delatara, cada vez su respiración se descontrolada más, sus manos jugaban con el pelo de su cabeza presionándola contra su entrepierna, los besos húmedos se sucedían uno tras otro sin darle tiempo a reponerse, los empujones de esos dedos dentro de ella hacía que su cuerpo se sacudiera sobre la silla.

    Al final aunque lo intento no puedo aguantar más y salvajemente se estremeció, sus labios palpitaban descontrolados, por sus piernas se deslizaban gotas de su propia humedad.

    Su nueva amante se levantó y la besó apasionadamente.

    Se separaron y lo único que consiguieron hacer es reírse a carcajadas rompiendo el silencio de aquella vieja biblioteca.

  • Odio y amor (Partes 1 y 2)

    Odio y amor (Partes 1 y 2)

    Alejandro: Prometiste esperarme y solo unos días después corriste a los brazos de otro.

    Sofía: Perdóname por favor, sé que no merezco tu perdón. Pero al menos no me trates así y déjame ir a casa ya es muy tarde.

    En esta ocasión me a plácido contarles un nuevo relato, voy a procurar enfocarme en los detalles fuertes para no alargar mucho esta historia.

    Alejandro y Sofía se conocieron en una fiesta de fin de año, lo primero que Sofía noto al ver a Alejandro fue su estatura la cual ella siempre había anhelado como uno de los requisitos para el hombre de sus sueños.

    Alejandro en cambio, de no haber sido por el enorme trasero de Sofía, quizás ni se habría dado cuenta de que Sofía estaba en esa fiesta esa noche. Pero el cuerpo de Sofía era algo que ni en un cuarto con luces bajas podría pasarse por desapercibido. Aun así quién tomo la iniciativa fue Sofía (quien con una hermosa sonrisa saludo a Alejandro) y este no tubo manera de impedir quedar flechado por ella.

    Unas semanas después Sofía y Alejandro ya habrían iniciado una relación y entre besos y abrazos, Alejandro no dejaba acariciar suavemente las caderas de Sofía sin pasar más aya de simples caricias.

    Pero una noche Alejandro mientras acariciaba las caderas de Sofía, decidió ir más allá y sus manos empezaron a abrirse pasó por debajo del buzo rosa que Sofía llevaba puesto esa noche y ella al parecer sentía lo mismo que Alejandro, pues no puso ningún impedimento mientras que las manos de su hombre se apoderaban cada vez más de sus nalgas y sus dedos muy sutilmente jugueteaban con su rico culito.

    Para esto sus besos ya no tenían que ver nada con sus labios, se habían vuelto una lucha entre sus lenguas ardientes y las tetas de Sofía, aunque aún llevaban encima su chamarra negra, se sentían tan duritos y listos para que Alejandro se diera un gran banquete chupando esos ricos pezones color chocolate.

    Alejando cargo a Sofía y la dirigió hacia una mesa en el centro de su sala, poco apoco Sofía fue desprendiéndose de sus ropas quedando únicamente en su tanga color amarillo que lo dejó con la boca abierta.

    Unos minutos más tarde Sofía estaba de rodillas y Alejandro chupándole su rico culo, el que sin lugar a dudas estaba disfrutando y mientras disfrutaban asta no más poder, de pronto alguien tocó la puerta y Sofía rápidamente jalo hacia un rincón a Alejandro porque ella sabía que en la puerta había una rajadura por la cual podrían verlos y allí en ese rincón Sofía se puso de rodilla y empezó a chupar la verga metiéndosela lentamente lo más profundo que podía entra en su boca.

    Quién estaba afuera tocando la puerta continuó haciéndolo un rato más y esa situación aportaba a ese momento una gran cantidad de fuego apasionado…

    Y allí estaban alejando de pie en un rincón y Sofía comiéndose su verga como toda una puta profesional, hasta que Alejandro le vacío en la boca toda su leche caliente. Sin dejarle más opción qué tragársela toda para no ensuciar el piso de su sala.

    Unos meses después le salió a Alejandro un viaje forzado que debía tomar si o si. Y se fue confiado ya que Sofía le habría dicho, que ella lo esperaría el tiempo que fuere necesario. Pero no fue así, tres días después del viaje Sofía salió a celebrar su cumpleaños con un chico que abría conocido apenas unos días antes de que Alejandro viajará…

    Y este chico, en esta salida con Sofía aprovecharía hasta el más mínimo detalle y en un descuido le dio un beso el cual ella no le puso fin, sino que lo disfruto y no solo de ese beso sino que de regreso a casa el chico le pidió pasar antes por su cuarto a recoger supuestamente algo que le tenía que dar y se le había olvidado.

    Ella accedió y fueron para el cuarto del chico y allí volvió a besarla y la recostó sobre lo único que había en ese lugar (una cama) Sofía al parecer se había olvidado que en algún lugar del mundo había un hombre pensándola y anhelando volver para estar con ella.

    Pero los besos y las caricias que estaba recibiendo esa noche, le habría bloqueado ese lado de sus recuerdos y solo estaba disfrutando del momento, de unas manos tocándole las tetas y su culo y disfrutando de una verga que aunque no era tan grande ni gruesa como la de Alejandro, la tenía en sus manos y estaba gozando de ella.

    Y de pronto Sofía estaba gritando de rodillas con una verga entrando y saliendo en su rico culo hasta quedar tirada sobre la cama con un hombre rendido sobre ella totalmente complacido de haber tenido en su cama a la perra ardiente. Sofía.

    El corazón de Alejandro latía cada vez con mayor fuerza, mientras el bus que lo traía cruzaba el muro que decía (bienvenidos a xxx)

    Sus enormes ganas de poner sus manos sobre el culo de Sofía lo traían en angustias y sobre todo la sorpresa de petición de matrimonio que le traía, sin imaginarse la gran sorpresa que le preparaba la vida para esa noche.

    Ha eso de las seis de la tarde empezó a prepararse para ir a casa de Sofía, tomo un baño y se puso un traje nuevo que se había comprado en el lugar donde había estado, se perfumo asta más no poder y se repetía una y otra vez mirándose al espejo las palabras que le diría al pedirle que se case con él.

    Todo sería sorpresa….

    Para Sofía, Alejandro seguía de viaje y ella llevaba sus días del mismo modo que lo llevó el día que se acostó por primera vez con el chico que la invitó a pasear como motivo de su cumpleaños.

    Y está noche para ella, lo único distinto que tendría es que sería follada en su propia casa y no el cuarto de su ferviente amante, ya que su familia entera habría viajado por las vacaciones que su padre había tomado en su trabajo. Pero Sofía estaba totalmente encantada con la forma que gozaba cuando era cachada por Pablo, a quien ella llamaba en son de broma (su verga de repuesto) así que no le había sido difícil tomar la decisión de no ir de vacaciones con su familia.

    Cuando Alejandro llegó, noto que como nunca las ventanas de la casa estaban cerradas, pero no le dio importancia, de pronto una de las vecinas al verlo llegar le dijo: todos se han ido de viaje por las vacaciones de tu suegro y solo Sofía se a quedado en casa. Esto aceleró más aún el corazón de Alejandro y como él conocía el truco para abrir la puerta sin necesidad de llaves, decidió entrar en silencio con la certeza de que Sofía estaría sola tal como le había confirmado la vecina.

    Oh. Sorpresa grande se llevaría cuando al entrar y oír el agua de la ducha golpeando el piso decidió entra dando un grito.

    ¡Sorpresa!…

    Pero el sorprendido fue él, cuando tras correr la cortina se encontró con la verga de Pablo hasta el fondo de la boca de Sofía.

    Sofía dio un brinco para incorporarse y Alejandro se lanzó sobre Pablo golpeándolo varias veces el rostro, pero mayor fue la sorpresa cuando vio que Sofía se había tatuado en la espalda baja una flecha apuntando hacia su culo y una frase que decía (Es todo tuyo Pablo)

    Esto lo hizo volver en sí y decidió irse sin decir nada más, obviamente el dolor que sentía era enorme, llegó a su casa y tiro contra la pared el anillo de compromiso que había comprado para Sofía y grande fue su pena durante los siguientes días.

    Pero…

    Ahora volvamos a casa de Sofía, Alejandro salió y ella solo fue detrás para cerrar la puerta y asegurarse de que el truco que se usaba para abrirla no se pudiera usar más por Alejandro, y una vez cerrada volvió al baño para auxiliar a Pablo quien se encontraba sangrando de la nariz por los golpes que había recibido.

    Esta situación, más allá de hacerles terminar con lo que Alejandro los había encontrado haciendo, despertó en ellos un extraño fuego de pasión que llevó a Sofía a devorarse la verga de Pablo como nunca antes lo había hecho.

    Se la metía hasta el fondo y en ocasiones parecía entrarle con bolas y todo, esa noche se descubriría que Sofía tendría talento para convertirse en la perra más deseada en todo su pueblo. Y mientras ella parecía querer comerse a Pablo por completo, él se dedicaba a introducirle por el culo un frasco de shampoo que tenía la forma muy parecida a una verga.

    Sofía gemía como toda una loba en celo y para darle fin a esta segunda parte, no sin antes decirles que mañana mismo les contaré lo que sigue. Pablo cargo a Sofía y la llevo hasta su cuarto donde se la cogió de todas las formas que le fue posible esa noche y esto acompañados por la música que el celular de Sofía hacía por cada llamada que Alejandro le estuvo haciendo por largo rato sin que Sofía le contestara.

  • Sexo en el safari con mi hermano

    Sexo en el safari con mi hermano

    Me encontraba frente al gran ventanal de la tienda con un camisón blanco de seda muy fino que cubría mi cuerpo, la mirada perdida en el horizonte de la sabana africana cuando el sol pintaba el cielo naranja y se disponía a perder su batalla contra la luna, las sombras alargadas dibujaban la tierra y mi hermano, detrás de mí abrazando mi vientre con sus fuertes brazos mientras me besaba en los hombros, nuestros cuerpos se reflejaban en el cristal, mi cara tenía un semblante lleno de alegría, de felicidad, de amor, de pasión y a su vez de tristeza, los ojos llorosos cuando recordaba lo vivido y esperaba un futuro incierto, unas lágrimas empezaban su corto recorrido por mis mejillas para morir más adelante, así me sentía yo, mi corazón se estaba partido en dos, me estaba sintiendo morir.

    Mi hermano y yo habíamos pasado las vacaciones más maravillosas que jamás hubiera podido imaginar, cinco semanas de amor, de cariño entre dos hermanos que se aman pero era hora de partir, era hora de volver y aquella aventura de amor entre los dos tenía que terminar, estaba mal aunque no sabía ni entendía por qué, la sociedad dicta unas normas y aunque el amor que sentíamos era tan puro y tan profundo, la realidad que es tozuda siempre te golpea y te hace caer del sueño en el que vas montada y hora había que levantarse y volver a caminar junto a él pero sin él y no sabía si iba, si íbamos a tener fuerzas para aquello.

    Pensar que todo empezó como un juego, un juego que se nos fue de las manos, yo acostumbrada a viajar debido a mi trabajo quise recompensarle por haberme ayudado tanto durante aquel año que le invite a unas vacaciones por África, un continente que a Izan siempre le había atraído, despegando del aeropuerto un martes cualquiera del mes de mayo y casi cinco semana después, volvíamos más unidos que nunca.

    – Gracias Lara por este viaje, joder no tendrías que haberte molestado, ja, ja, ja lo que están flipando mis amigos.

    Fueron sus primeras palabras cuando el avión empezaba a despegar, mi hermano un chico rubio de ojos azules, alto y cuerpo de deportista, fuerte y a la vez frágil, a pesar de sus 22 años seguía teniendo esa cara de niño pecoso que me encantaba con unos labios carnosos, manos suaves y un corazón de oro, yo 4 años mayor que él, le sonreía y le besaba en el pelo, estaba tan nervio, tan excitado por llegar a su querida África que no paraba de hablar.

    Cuando aterrizamos en Tanzania y llegamos al parque del Serengueti nos sentíamos cámara en mano empequeñecer de la hermosura de lo que estábamos viendo, de lo que nos rodeaba, mi hermano no paraba de hablar, de hacer fotos, estaba feliz y yo con él, cuando llegamos al hotel la que no paraba de hablar era yo, una cabaña preciosa en medio del parque donde su jardín era simplemente todo lo que los ojos alcanzaban a ver, pero con una pequeña pega, había pedido dos habitaciones y solo nos ofrecieron una.

    Los días los pasábamos visitando aquel vasto territorio y sus noches después de cenar y de los bailes que nos ofrecían, nos gustaba quedarnos en unas hamacas junto al fuego a la puerta de nuestra tienda, escuchando los sonidos de la sabana, otros días simplemente cenábamos fuera de la tienda los dos solos y veíamos los atardeceres.

    La tienda era una habitación enorme con una cama grande que llegaba hasta el techo rodeada de una tela a modo de mosquitera en el centro de la estancia y salvo por un pequeño rincón estaba totalmente abierta con ventanales que permitían ver desde cualquier parte de la habitación el parque, al acostarnos siempre mi hermano me daba las gracias con un beso, que al principio fueron en la frente y luego fue bajando poco a poco hasta rozar mis labios.

    Una noche al sentir sus labios casi rozando los míos me eche a reír y le pregunte por qué se paraba ahí, mi hermano se puso rojo de vergüenza sin decirme nada dio la vuelta y se durmió, al día siguiente le tuve que pedir mi beso y al dármelo lo poso en la frente.

    – Vaya, me gusto más el de ayer. – Le llegué a decir sonriéndole.

    La noche siguiente esperando mi beso y mi beso llego sorprendiéndome pues no fue en la frente, no fue en las mejillas ni tan solo junto a mis labios, sino en mis labios, dándose la vuelta corriendo y dejándome sin habla sonriéndome y con mis dedos acariciando mis labios.

    Llevábamos una semana allí cuando aquella noche mi hermano después de darme otro beso en los labios en vez de darse la vuelta me dijo que podía dormir abrazado a mí, al principio mi cara hizo que se diera la vuelta pero al cabo de los minutos le dije que se acercara y riéndome le dije que podía por aquella noche pero con las manos bien quietecitas, no sé por qué lo hice, quizás porque también me apetecía a mí abrazar a mi hermano aquella noche.

    A pesar de ser más alto que yo, recostó su cabeza por encima de mi pecho y pasando su mano por mi vientre abrazándome, me dio las gracias y me volvió a besar en la mejilla, cansados los dos acabados dormidos mientras nos abrazábamos, a la noche siguiente no fue uno sino dos los besos que nos dimos y nos volvimos a abrazar, en el silencio de la noche yo le acariciaba el pelo con mis dedos y le di un beso en él, eso hizo que mi hermano me miraba un momento y al poco sentí como acariciaba mi vientre, tuve que pararlo sin decirle nada con mi mano cuando empezaba a descender.

    Sentía a mi hermano muy excitado y empecé arrepentirme de haberle dejado dormir abrazado a mí, la noche seguía su camino y me desperté con la pierna de mi hermano sobre mis piernas, estaba rozando con su rodilla mi sexo, despacio muy despacio y suavemente, mi camisón se había levantado y sus manos volvían acariciar mi vientre, pero esta vez subían en vez de bajar, hasta mis senos.

    Me había despertado sus roces y me sentía excitada y esta vez le permití seguir, permití que sus manos acariciaran mis senos por encima de mi camisón, su rodilla rozando mis bragas, sus dedos empezaron rodear mis pezones cuando estos se irguieron al techo, duros y firmes, estaba demasiado excitada, era mi hermano pequeño, pero quería follar, estábamos lejos de casa, nadie nos conocía y pensé porque no, si él no dice nada por qué lo tendría que decir yo y así lo que fuera a pasar pasaría aquella noche.

    Sus manos empezaron a dibujar mi cuerpo desde mis senos hasta llegar a mis bragas, las empezó a recorrer de un lado a otro, mis piernas se empezaban a moverse y sus dedos empezaban a meterse por debajo de la tela que las separaba de mi vulva, sus caricias se posaron en mi clítoris estimulándolo hasta que empezó a crecer, metiéndose entre mis labios mojados buscando mi vagina, empezaba a gemir y a mover mi cadera, sentía su pene golpeando mis muslos, un pene duro y grande, era una sensación entraña, estaba tan excitada quería que me hiciera suya, querías entregarle mi cuerpo por completo a él, pero era mi querido hermano pequeño el que me estaba acariciando mi sexo intentando bajar mis defensas y permitirle pasar.

    Izan empezó a bajarme las bragas, sabía que estaba despierta, le ayude a quitarse el bóxer y me incorpore para quitarme el camisón, mi hermano no tardo en meterse entre mis piernas, su cuerpo sobre el mío, ninguna palabra entre los dos, solo el sonido de los animales en la noche, la luna iluminaba la escena de pasión en la que nos habíamos sumido, sus brazos apoyados en la almohada mirando fijamente, estábamos temblorosos, ninguno de los dos se atrevía ahora a dar el primer paso.

    Sentía su pene por encima de mi sexo a las puertas de mi templo, su pecho presionando mis senos, nuestra respiración acelerada, sentía su corazón latir con fuerza junto al mío y nuestros sin querer, sin pretenderlo se iban acercando muy despacio mientras que no paraba de mirar aquellos ojos tan azules, hasta tenerlo tan cerca que cerré mis ojos cuando se posaron en mí, despacio nos empezamos a besar y mis labios se abrieron para dejarle entrar.

    Nuestras manos se juntaron, se abrazaron con los dedos entrelazados, las caderas empezaron a bailar y su pene se deslizó desde mi vientre hasta mis labios, golpeándolos buscando mi vagina, queriendo entrar en mí, lo estaba deseando, estaba deseando sentir sus caricias en mi interior, mi vagina estaba tan preparada para el que no dude en bajar una mano y cogiendo su pene lo guíe a mi entrada, ahora era cosa de Izan que poco a poco fue metiéndola despacio.

    Nuestros besos cesaron de repente y mis dedos apretaban los suyos, empezaba a verme reflejada en él, en su cara como le iba cambiando el gesto al sentir como me penetraba con su miembro, los gemidos aparecieron cada vez que la sentía más dentro de mí, rozando con mis paredes, dándome lo que tanto deseaba.

    Nos besábamos apasionadamente y una y otra vez su pene entraba dentro de mí, aunque se notaba la inexperiencia en mi hermano lo que le faltaba lo suplía con aquella enorme polla que tenía, penetraciones incontroladas, rápidas, cortas, ahora profundas, se le salía una y otra vez, hasta que le empecé a guiar, a decirle cómo hacerlo, le besaba, gemía y le iba dando las órdenes precisas, resulto ser un buen alumno, ahora hacían que mi cuerpo temblara y que pequeños gritos salieran de mi interior, rivalizando con los de la sabana.

    Los gemidos y golpes de nuestra carne cuando nuestros sexos se juntaban, empezaron a pintar la noche, su pene envuelto en mis flujos y mi vagina se contrajo estrechando el canal, no la quería dejar escapar, la quería allí dentro de mí toda la noche, sentía como mi cuerpo volaba, como mi tripa empezaba arder y un grito en la noche acallo el resto de los sonidos.

    Mi vagina se inundaba teniéndola allí dentro inmóvil pero palpitando su enorme polla, mis besos más fuertes con más pasión agarrándole de la cabeza sin soltarla, pasando mis dedos por su pelo rubio a la vez que no paraba de gemir de gritar, quería que me siguiera amando, quería verle navegar por mi vagina no me importaba que explotara dentro de mí, no me importaba que fuera mi hermano, quería sentirle dentro muy dentro.

    Mi hermano me levantó y me puso a cuatro patas, ahora mandaba él, guío su pene hacia mi vagina y de un empujón su polla se metió hasta el fondo, yo mordía la almohada para no gritar, mis pechos están colgando de aquí para allá hasta que me los cogió apretándolos en sus manos, empecé a mover mi culo adelante y atrás, haciendo que su polla me penetrara una y otra vez, él casi no se movía era yo la que le buscaba, hasta que dejo mis pechos libres y puso sus manos en mis caderas y empezó a moverse con rapidez.

    Cada vez más fuerte y un segundo orgasmo llamo a mi cuerpo a la vez que él eyaculaba dentro de mí, dentro de su hermana, caímos rendidos y sudorosos en una cama empapada de flujo y semen, abrazados y besándonos, besos de cariño, besos cortos con nuestros labios pero sin decir ni una palabra, los ruidos de la noche volvieron aparecer, parecía que se hubieran callado solo para oír nuestro amor,

    A la mañana siguiente salía de la ducha y le despertaba con una sonrisa y un beso en los labios, no dijimos nada de lo sucedido en la noche, simplemente dejamos que nuestros gestos hablaran, en todo el día no dejamos de abrazarnos y de besarnos esperando la noche, ese día vimos la puesta de sol más bonita que recuerdo, Izan me hacía el amor sentado en las hamacas mientras veíamos a las jirafas y cebras pasar, mis manos en mi boca intentando acallar los gemidos.

    Pasaron las semanas donde nuestro amor creció, habíamos viajado por todo el país declarando a los cuatro vientos nuestra pasión, en cada rincón de aquel país africano dejábamos la impronta de nuestro amor, el último día, la última noche, sabíamos que aquello se tenía que terminar pero aún nos quedaba aquella noche, en la que me había arreglado para él, me había puesto mi más bonita ropa interior y mi mejor camisón, me abrazaba por detrás besándome el cuello, el sol de África parecía que lo sabía y había desplegado su mejor atardecer pintando el cielo de un naranja con pequeños matices rojizos, los animales de la reserva venían a despedirse.

    Mis lágrimas mojaban mis mejillas y mi hermano empezaba a quitarme las tirantas de mi camisón con sus labios, acariciando mi vientre donde todo empezó, apartando la melena le ofrecía mi cuello para que lo besara, las tirantas habían caído por mis brazos y tras ellas el camisón cayó al suelo, sentía nuevamente el cuerpo de mi hermano desnudo detrás de mí, no paraba de ver aquella puesta de sol, y mi hermano empezaba a pintar con sus labios mi espalda hasta caer en mis nalgas tapados por unas braguitas blancas de satén casi transparentes, mi hermano se levantó y se puso frente a mí besándome, acariciando mis pechos a la vez su lengua lamía hasta el último rincón, cuando llego a mi monte de venus la noche se hizo y una luna llena como un regalo del cielo iluminaba toda la estancia, fue como si me despertara de un sueño, me agache a su altura y mis manos acariciaban su cuerpo con mucha suavidad, besándonos con ternura, las yemas de nuestros dedos representaban un nuevo baile, caricias donde no las había.

    Nos tumbamos en el suelo mullido por una alfombra, besando mi sexo, sintiendo su lengua en mi vagina, nerviosa, feliz, triste le dije casi como un susurro.

    – Izan vuelve hacerme el amor, házmelo toda la noche, házmelo hasta el amanecer.