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  • Mi vida de joven

    Mi vida de joven

    Cuando somos jóvenes solemos tener varias relaciones a la vez, como en mi caso que me encontraba de novia con un joven que me gustaba, pero tenía mis andanzas con hombres mucho más grandes de edad. Le pido disculpa a mi novio de ese entonces por haberle sido infiel y por haber probado un par de porongas antes que la de él.

    Imagínense a una chica muy bonita e inocente como yo, sola en un auto con un hombre mucho más grande de edad, ahora imagínense como me manoseaban estos hombres en la parte trasera de sus autos. Eran experiencias que con mi novio no pasaban y que yo quería sentir ya que me encontraba en plena etapa de exploración sexual.

    No sólo era manoseada por los hombres con los que salía sino que también ellos me pedían que les hiciera el favor y yo me ponía en cuatro patas sobre el asiento y bajaba la cabeza para comerles las porongas. Cuando empecé a hacer estas cosas, mi novio recién me había empezado a tocar un poquito así que la cosa iba medio lenta con él.

    La primera mamada siempre es especial porque el hombre te da algunas indicaciones de cómo hacerlo y luego cuando terminas recibís un feedback por parte de él. Luego ya la segunda vez no necesitas ninguna indicación porque resulta ser algo sencillo, es como comer un helado, a veces lo lames un poco por los costados y en otra te lo tragas un poco, la diferencia con comer un helado sería que una pija no se derrite y algunas vienen rellenas con una buena cantidad de leche calentita.

    Un par de hombres no me avisaban cuando se venían así que me pasó que un par de veces me llenaban la boca con su semen cuando se las estaba chupando y yo por supuesto me lo tragaba. También había otros hombres digamos más respetuosos que me avisaban, pero me hacían poner la cara para recibirlo y terminaba también tragando porque me limpiaba con un dedo y luego ese dedo terminaba en mi boca.

    Entonces cuando empecé a chuparle la pija a mi novio de aquel entonces yo ya me sentía una profesional del sexo oral así que le hacía de todo, lo malo era que él no duraba demasiado y a veces no me avisaba que se venía y terminaba expulsando leche hacia arriba que luego caía sobre mi pelo y eso sí que me resultaba asqueroso porque no se quitaba tan fácilmente.

    Como les decía anteriormente la relación con mi novio iba lenta así que cuando empecé a chuparle la pija ya con mis otras parejas habíamos pasado a otro nivel y ya me estaba rompiendo el culo a pijazos.

    La mayoría de los hombres con los que salía eran hombres de familia así que no me podían llevar a sus casas y tampoco querían pagar un albergue transitorio porque no querían dejar pista alguna así que mayormente me garchaban en la parte trasera de sus autos salvo en un par de ocasiones.

    La primera siempre duele, pero que lo vamos hacer, es el costo inicial que hay que pagar para iniciarse en el placer sexual. A pesar de eso me encantaba ponerme en cuatro patas sobre el asiento y que me rompan el culo a pijazos y recibir algún que otro insulto por parte de ellos. También me encantaba agarrarme del apoya cabeza del asiento de adelante para deslizarme hacia arriba y hacia abajo haciendo que sus pijas entrasen y saliesen y era un placer divino. Lo mejor era que siempre se cuidaban, no querían dejarme embarazada y tener problemas con sus familias.

    Tener sexo con ellos no fue la etapa final de mi exploración sexual sino que fue una etapa previa para lo que vino después.

    Un día uno de estos hombres me llevo al cumpleaños de un amigo y resultó ser que era la única mujer entre varios hombres que querían divertirse conmigo y eso terminó en una orgia en donde tuve que comerle las pijas a cada uno de ellos y dejarme follar por todos ellos. No hubo orificio alguno de mi cuerpo que no haya sido penetrado y llenado con contenido seminal. Terminé con el culo reventado y durmiendo desnuda con el cumpleañero.

  • El amor en tiempos de manifestaciones

    El amor en tiempos de manifestaciones

    Volvía del trabajo por la misma calle de siempre, más o menos a la misma hora por esas cosas de la rutina. Eran esos días en que vamos pensando en cualquier cosa… hasta que la vi. Ni me di cuenta en que momento comenzó a caminar frente a mí, pero me atrajo de inmediato. Claudia no era hermosa como una modelo, pero era sumamente atractiva, un poco más baja que yo, un lindo cuerpo bien proporcionado y, sobre todo, un bello par de ojos negros.

    En una esquina quedamos esperando el semáforo y nos miramos, ambos con una tímida sonrisa. Era un buen momento para intentarlo…

    No recuerdo que le dije aunque sí que le causó gracia, con esa sonrisita nerviosa que nada dice y todo promete. Seguimos un par de cuadras mas ahora charlando más animadamente de cualquier cosa. En la charla le pregunté como podríamos volver a vernos y, afortunadamente, intercambiamos nuestros teléfonos. Solo me pidió que la llame hacia el mediodía.

    Después de algunos intentos de comunicarme en la semana, sin mucho insistir, pudimos reencontrarnos por teléfono. En diferentes charlas, me dijo que trabajaba en un negocio un tanto lejos de mi empleo, pero no demasiado y lo más importante: me pidió discreción ya que era casada. Para esos años yo también así que… bingo! Sentí que compartiríamos códigos aunque los encuentros no tendrían la frecuencia que podría esperarse. ¿Sería poco, pero bueno?

    Finalmente, pudimos volver a vernos con más tiempo en un bar una tarde varias semanas después. Charlamos de todo un poco, me contó su vida y yo la mía con nuestros problemas y situaciones. En un momento, nos tomamos de la mano y nos miramos con ternura: ambos queríamos amarnos, se podía percibir la pasión desbordante, pero debíamos tomar algunos cuidados. Por caso, ese día… ya debíamos regresar a casa.

    En los días siguientes tratamos de coordinar una tarde libre. No recuerdo cual fue su excusa o la mía, pero quedamos en vernos en un lugar intermedio ese jueves a las 14 hs.

    El día esperado llegó, pero con una novedad… muy cerca del lugar donde debíamos encontrarnos se concentró una multitudinaria protesta contra no sé qué causa o tema del gobierno un par de horas antes. La protesta se hizo violenta e intervino la policía. Hacia las 14 hs. la zona era un caos absoluto: corridas, palazos y algún herido en toda la zona cercana. Ante ese panorama, por la imposibilidad de encontrarnos y el riesgo que nos pase algo, hablamos y postergamos el encuentro. Más allá de la bronca enorme que tenía, esto solo hizo que nuestra calentura aumente aún más.

    Fue difícil arreglar el siguiente encuentro pues habíamos «gastado» nuestras excusas para el día fallido. Sin embargo, a la semana volvimos a citarnos: mismo lugar, misma hora, mayores ganas.

    Ahora sí… el momento llegó. Nos encontramos y fuimos a un hotel cercano. Literalmente… ardíamos.

    Fue solo cerrar la puerta de la habitación para que nuestras pocas ropas (era verano) desaparezcan. Fuimos a bañarnos, hermosa excusa para acariciarnos, pero la calentura nos desbordo y lo que pensé que sería una gratificante sesión de caricias enjabonando nuestros cuerpos se convirtió en dos amantes cogiendo desenfrenados, sin parar en el piso del baño.

    Obnubilado, casi totalmente imposibilitado para pensar, me di cuenta al acabar que no estaba usando un preservativo… Llegué a sacarlo a tiempo ¿a tiempo? Bueno, lo sabría después… lo hecho, hecho está.

    Nos recompusimos un poco y fuimos a la cama… solo para un hermoso 69. Ella era imparable, movía su cuerpo y con cada movimiento lograba que me caliente cada vez más. Me acosté boca arriba y ella me montó… su pelvis se movía hipnóticamente, mis manos buscaban sus tetas para jugar con los pezones.

    No recuerdo cuanto tiempo estuvimos así… hasta acabar nuevamente… Era hermosa desnuda vestida solo con el sudor del sexo. Las horas pasaban y no decíamos que no a nada. Le metía un par de dedos en la cola y ella… hacia lo mismo conmigo. Estábamos totalmente entregados el uno al otro. Cuando su cola estuvo dilatada, la penetré. No era muy visitado el lugar por su marido, según me contó luego. Comentario inútil ya que sus gemidos de dolor antes de los de placer me habían contado esa parte de la historia con detalles.

    Seguimos mientras los cuerpos así lo pedían, en los breves descansos nuestras lenguas tomaban la posta, sea en las bocas, en su clítoris o en mi pene. Hasta juntar fuerzas otra vez. Así estuvimos hasta que nos fuimos.

    En la soledad del barrio cuando comenzaba a atardecer, salimos del hotel abrazados como novios y pensando en la próxima…

  • Campamento romántico

    Campamento romántico

    Estoy de campamento con María, mi mejor amiga desde siempre. Con ella tengo miles de anécdotas, recuerdos de los mejores momentos de nuestras vidas y desde hace poco más de un año nos amamos en secreto.

    Todo empezó una noche que fuimos a un club y nos emborrachamos, terminamos teniendo sexo en mi auto.

    Más allá de mi borrachera, lo recuerdo todo tan nítido, recuerdo el primer contacto de nuestras bocas, el roce de su lengua tímida con la mía, no entendíamos el porqué, pero lo que entendíamos era que no queríamos que terminara nunca ese momento. Su mano buscó una teta sobre mi camisa… una mano mía fue directamente a su pierna y comenzó a subir lentamente hasta dar con su entrepierna… húmeda y caliente al igual que la mía.

    Terminamos en el asiento de atrás comiéndonos y disfrutando cada momento, mis manos teniendo sus tetas unidas mientras hundía mi boca con desesperación en ellas, su lengua jugando con mi clítoris buscando el lametazo que me lleve al éxtasis.

    Lo que también recuerdo fue la angustia que pasamos durante esos quince días sin hablar, mientras procesábamos lo compartido y cómo íbamos a seguir.

    Estar solas de campamento era algo que había nacido como excusa para pasar momentos juntas, nadie sospechaba las verdaderas razones ya que a las dos nos encantaba el senderismo y a mi especialmente la fotografía de cada excursión que hacemos volvemos con cientos de fotos en mi cámara y otras tantas sacadas con mi teléfono.

    -Delf, que vamos a hacer con esto? Yo te amo, pero se también lo que vos sentís por Julio, él es bueno con vos y no se merece nada de esto…

    -lo sé nena, lo sé… quisiera tenerlos a ambos en mi vida y sin engañar a nadie

    -vos sabés que yo no tengo que rendirle cuentas a nadie y que si para estar con vos te tengo que compartir con él en una misma cama lo hago, tampoco es que supondría un sacrificio dejarme coger por Julio jajaja

    -jajaja cuando lleguemos a casa hablaré con Julio, le propondré algo no sé, y te iré avisando, todo empezará como desde cero… te parece?

    -si si, no te preocupes yo jamás probé tu conchita ni te mordisqueé las tetas!

    -me dieron ganas de desnudarte y que poses para mí

    -dale, vamos a la tienda que quiero hacer el amor antes de irnos…

    María está abajo mío, desde mi posición sus tetas están inmejorables, sus tetas pálidas y sus pezones un poco más oscuros son espectaculares, se deja fotografiar, le encanta ser mi modelo, tomo varias fotos incluso una dónde se ve mi boca estirando un pezón.

    Tiró el celular al costado y me dedico a saciarme de ella…

    Bajó por sus piernas y se las separó, pasó mi nariz y boca por toda su vagina y se estremece.

    -Chupame Delfi!

    Mi lengua se perdió en su interior, que bien que huele…

    Me encanta su entrega total… dos dedos, el índice y el mayor de la mano izquierda se pierden dentro de ella y se van a su mayor fuente de placer mientras mis labios le chupan el culo y con la otra mano le aprieto las tetas!

    -Mmm María estoy totalmente mojada nena.

    Le digo antes de seguir penetrando su culo virgen con mi lengua…

    -Si todo llega a salir como deseo amor, la próxima vez te hago la cola!

    -Sabes que vos me podés hacer cualquier cosa…

    -Y en ese momento solo deseo que Julio mi otro gran amor acepte mi proposición…

    Noto como nos acercamos al placer, mi cuerpo se tensa nos sentamos una frente al otra hasta quedar unidas por nuestras bocas y nuestras conchas y nos besamos hasta corrernos, tiramos nuestras cabezas hacia atrás y venimos de placer… nos tocamos las tetas y nos volvemos a besar… un beso más sereno esta vez, un beso que nos lleva a descansar… un beso amoroso dado justo antes de que ella quedé dormida en mis brazos.

    Si les gustó y quieren saber que me dijo Julio comenten en la página o escriban a [email protected].

    Nos vemos pronto.

  • Sin arrepentimientos

    Sin arrepentimientos

    Esto que les cuento ocurrió después de casi 3 meses sin sexo, sin poder pegarme una escapada para nada, trabajando desde casa por la pandemia, he aguantado todo ese tiempo masturbándome casi todos los días, de tanto en tanto tenía video llamadas con Juan para masturbarnos en la distancia.

    Después de un mes aproximadamente, ya no me satisfacían mis juguetes, necesitaba sentir que me aprieten, me chupen el clítoris, que me agarren fuerte de la cintura mientras me penetran, necesitaba chupar un pene real y oler el semen corriendo por mi rostro, estaba ardiente por dejarme coger por cualquiera, entonces me acordé del vecino del cuarto piso, es un señor de unos 60 a 65 años, lo recordé porque siempre me anduvo detrás desde que enviudo, me hacía regalos, siempre me decía lo hermosa que estoy y algunas otras cosas sucias cuando estaba pasadito de copas, obviamente me las decía cuando estábamos solos o en el ascensor, yo nunca las tomé a mal, en ocasiones hasta me gustaba pensar en lo que supuestamente me haría.

    Como prácticamente quedan 6 departamentos ocupados en el edificio, la mayoría fue saliendo por no poder pagar más el alquiler, solemos salir a charlar entre los vecinos por el pasillo, no hay otra cosa que hacer, estábamos confinados, en una de esas coincidí con Don Roque, como lo conocemos, hablando y hablando me preguntó si que haría a la noche, «Ay Don Roque, voy a poner una película, me tomaré unas copas de vino y me dormiré» contesté, «y tu novio?» me preguntó, «hace años que no tengo novio» le respondí de vuelta, «pero suelo ver algunos que vienen junto a vos» me dice, «son todos amigos y con esta cuarentena ya ni podemos juntarnos» le dije, me invitó a cenar a su departamento esa noche, «dale» le dije, quedó algo sorprendido ya que nunca había aceptado anteriormente, les comento brevemente, no me desagrada el señor, es más, medio me gustaba luego, pero no me iba a meter con mi vecino para evitar problemas, pero en esta ocasión y aprovechando que las chismosas del edificio ya no están, acepté.

    Llegó la noche, me fui al natural, con un poco de brillo en los labios, un perfume suave, el cabello suelto, un short decente con una blusa decente y mi carterita de mano con lo esencial, preservativos siempre y las pastillas anticonceptivas.

    Sigilosamente llegué hasta su departamento, toque timbre y me abrió, no paraba de decirme lo linda que estaba, me senté en el sofá, me sirvió vino, él lucía impecablemente vestido, «te gusta la pasta» me preguntó, «me encanta» respondí, luego del vino me pidió pasar a la mesa, sirvió la cena, tuvimos una muy buena conversación durante ese tiempo, me preguntó cosas mías, me contó sobre su vida, me dijo que desde que falleció su esposa ya no estuvo con nadie más, que no pudieron tener hijos, me tocó el alma realmente todo lo que le tocó vivir, así transcurrió la cena, luego nos levantamos y fuimos a la sala de estar, bebimos unas botellas de vino y cuando sentí que se estaba poniendo triste por lo de su esposa con los tragos, me senté a su lado y lo abracé, para hacerlo pasar le conté sobre mi vida, que tengo pretendientes, pero nada serio con nadie, «cómo se entiende nada serio?» preguntó, ya con las copas de más le contesté «puro sexo, nada más», «me habría gustado ser uno de esos amigos» me dijo riendo, se levantó a servir más vino y me trajo una caja con un moño, «esto es un regalo para vos» me dijo, sorprendida obviamente, lo abrí y era una cadena con una hermosa placa que rezaba «Para la mujer más bella», «muchas gracias, está hermoso» le dije, me contó que se la pensaba regalar a su esposa, pero justo falleció sin poder entregársela, no pude contener las lágrimas, me disculpé y fui al sanitario.

    Me repuse y le dije «también tengo un regalo para vos, ahora mismo salgo a llevarte, cierra los ojos», me saqué la ropa, me puse por el cabello el moño y salí junto a él, me paré frente a él «ahora podés abrir los ojos, espero te guste» le susurré, apenas abrió los ojos quedó sorprendido, casi duro, tomó un buen sorbo de vino y me estiró más a él, empezó a sobar mis pechos, me apretaba la cintura y recorría con sus labios mis pezones mientras me apretaba las nalgas me daba ricos mordiscos, se detuvo y mirándome preguntó «estás segura de esto?», «Sí, no solo toques el regalo, tenés que abrirlo» contesté mientras me recostaba en el sofá abriéndo mis piernas, «un regalo como este es como para abrir todos los días» contestó mientras acomodaba su rostro entre mis piernas, me abría los labios de la vagina y me daba besos y lamidas en rico sexo oral, lo dejé chuparme un buen rato apretando su cabeza contra mi sexo gimiendo de lo bien que me lo hacía, me salí y lo senté de vuelta en el sofá, le apretaba el pene sobre el pantalón, desabroché el cinto, bajé la bragueta y se la chupé mirándolo a los ojos ayudándole a sacar la camisa, le hice garganta profunda y entre suspiros me tomó de la mano y me llevó a su habitación, estaba mojadísima.

    Ya en la habitación, lo recosté en la cama y entre suspiros fui metiendo su rico pene en mi hambrienta vagina, él me chupaba los pechos mientras me movía en el vaivén típico de empuje cuando me penetraba, no tardé en llegar, estaba tan caliente que me vine en pocos minutos en tanto mis labios rozaban los suyos en medio de mi gozo, gemidos y pequeños gritos sobre grueso y canoso pedazo de carne, pero no salí de él, me dejé caer a un costado suyo y lo estiré sobre mí abriéndole mis piernas mientras seguía con sus bombeos deliciosos besando mi cuello y mordiendo mis orejas.

    El sonido de sus testículos golpeando mi entrada vaginal se hicieron más rápidos, constantes y pude sentir que me llenaba de semen bien en el fondo, volví a gemir como loca moviendo mis caderas en círculo para sacar hasta la última gota de esperma, eran apenas las 23 horas de ese día sábado, se salió y me recosté por su pecho empapada de placer y súper contenta, nos quedamos casi dos horas acostados, volvimos a trenzarnos en besos y bajé hasta su miembro para volver a engullirlo, ya estaba duro de vuelta, me puse de cuatro y tomándome de la cintura bien fuerte como me gusta, me penetraba la vagina una vez más, los gemidos se hicieron sentir de vuelta en cada estocada de mi nuevo amante, mi vagina en contacto con sus testículos parecía aplaudir la escena, mis manos frotaban el clítoris hasta que ya no aguante más y tuve otro hermoso orgasmo.

    Me quise salir, pero me tomó fuerte de la cintura mientras sus movimientos se hacían intensos, «avísame cuando vas a terminar papá» le pedí gimiendo, unos pocos minutos después «ahhh, estoy por largar» dijo, me salí y se la empecé a chupar de vuelta y le hice eyacular sobre mis pechos, el olor a semen tan potente se olía en toda la habitación, una vez más se recostó en la cama y yo sobre su pecho tocando ese grueso y canoso pene.

    Como a las 2 am me vestí, así sin bañarme, quería llevar su olor conmigo, el semen se secó por mis pechos y cuello, tomé mi cartera, lo despedí con un «chau rico» en tanto él no paraba de repetir «riquísima es poco, hermosa», abrí la puerta, miré a todos lados y subí a mi departamento, al llegar me duché, aún bajaba semen entre mis piernas, complacida me acosté desnuda y sin arrepentimientos pensando en volver a hacerlo seguido con él ese misma noche de vuelta, sin dudas, ya no necesitaría salir a buscar sexo porque en el edificio ya encontré quien me haga suya siempre.

  • Encuentro casual al entregar un paquete de trabajo

    Encuentro casual al entregar un paquete de trabajo

    Llegué a entregar un paquete, como formalidad, llevar vestido y zapatilla era menester. Abrió la puerta, recibió el paquete y me invitó un café, eran cerca de las 9 de la mañana, no estaba de más un pequeño alto antes de continuar el trabajo.

    Todo el tiempo nos hablábamos de usted, la formalidad no debía perderse en ningún momento.

    Su sonrisa era cautivadora y la mirada inquietante, la manera que bebía el café era insinuante y muy sensual, mi imaginación voló y dibujaba en mi mente su virilidad extrema.

    Se acercó y rozó mi cuello con sus labios, discretamente miré hacia abajo y percibí una erección incipiente a través de su pantalón… Qué ganas de rozarlo apenas, pero me contuve, en cambio no resistí la intención de provocarlo y le dije que había algo que me estorbaba, metí la mano debajo del vestido y retiré las bragas de manera incitante.

    Simplemente su mirada se prendió, me tomó de la mano y me condujo a la sala… Desabrochó el cinturón mientras me preguntaba que cómo estaba…

    ¡Grandiosa pregunta!

    ¡Me estaba excitando ante tal provocación!

    Bajó el cierre y dejó entrever la punta de su pene mojada con una gota lubricante y en extremo atractiva, lo miraba incrédula, mis pezones erectos se veían marcadamente a través del vestido, empezaba a sentir húmedo entre mis piernas, me acerqué para tocarlo con la lengua pero se retiró, me fascina que me provoquen así y ese perfecto desconocido lo hacía muy bien.

    Se sentó dejándome ver en plenitud una erección máxima, estaba lubricado, se veía magnífico.

    Me acerqué, me hinqué por fin para lamerlo y extender esa gota deliciosa por toda la punta, lo recorrí todo pero sin hundirlo aún en mi boca, ahora me tocaba extasiarlo hasta que rogara por estar dentro de ella…

    La humedad que provocaba en mí estaba al máximo…

    Sus labios se abrían y su lengua me llamaba…

    Nos besamos intensamente, sentía su lengua moverse dentro de mí boca e imaginaba su presencia viril dentro de mí, sabría que eso me fascinaba?

    ¿Que tenía ese hombre que sin siquiera saber más nada de él ya me había cautivado?

    Magistralmente movía sus manos en mi cuerpo, me tocaba las nalgas, movía mis senos con tal vehemencia y suavidad que me reventaba de placer, la lubricación al máximo!

    Lentamente me recostó en el sofá, me levantó el vestido, recorrió con sus dedos los labios vaginales hinchados de placer y plenamente mojados, pasó su lengua entre ellos haciéndome gemir tremendamente, veía su gran erección, firme, hermosa, me incorporé, lo lamí, lo recorrí lentamente y lo hundí hasta el fondo de mi garganta una y otra vez, simplemente delicioso!

    Gozaba en plenitud esa verga firme en mi boca, lo excité al máximo, gemía riquísimo, un regalo a mis ojos y oídos y un estímulo perfecto para tenerme súper prendida, estábamos deseosos de todo!

    Yo ansiaba me penetrara pero él detenía ese maravilloso momento.

    Nuestros cuerpos se movían cadenciosamente y nuestras manos acariciaban, estimulaban, hurgaban en los rincones más placenteros provocando placer sinigual.

    Su respiración entrecortada denotaba una excitación plena, su mirada enigmática y llena de lujuria me ponían a navegar en un mar incontrolable de deseo, no podía más y suplicaba me penetrara y el seguía jugando a no hacerlo.

    Me recostó nuevamente y acarició mi clítoris con la punta de su verga, la subía y bajaba delicioso, entonces sin imaginarlo pero deseándole, hizo un movimiento maravilloso y la dejó que entrará plenamente, un gemido de placer salió de mi garganta y pedía más y más.

    Me embestía de tal manera que gritaba ansiosa por tenerla así…

    Era un hombre fascinante, lleno de erotismo en sus movimientos, me provocaba tenerlo en mi boca para seguir a otras posiciones donde yo tuviera el control, tenía esa verga hermosa y súper dura entre mis manos, la mame una y otra vez.

    Se sentó y abrió sus piernas, estaba tan extasiada que me atreví a tocarle su ano, con ayuda de aceite de coco deslicé mi dedo suavemente y levantó las piernas, un deseo indescriptible me llevó a lamerlo, a meter mi lengua muy suave, sin dejar de masturbarlo al mismo tiempo, lo llevé a la cima del gozo de un beso negro.

    Se notaba su éxtasis ante tal estímulo que yo experimentaba también, nunca lo había hecho con nadie y fue una sensación sublime descubrir ese pequeño lugar que lo hacía volar.

    Sin poder contener ese río de placer que me invadía me incorpore y lo monté metiéndomela hasta el fondo, era el turno de moverme a mi ritmo, ese juego de cadera que estimulaba todos los puntos sensibles dentro de mí y propició que viniera irremediablemente un orgasmo pleno, explosivo, movimientos rápidos, Gritos de placer, contracciones exquisitas, nuestras manos se enlazaban para darme firmeza y sentirlo al máximo, él lo disfruto tanto como yo…

    La intensidad no bajaba y su boca, su lengua me provocaban para besarlo apasionadamente, era una sincronía de deseos increíble.

    Incansable me llevó a la cama y ahí me embistió hincada, me hizo resbalar y parar el culo para que él se moviera con fuerza, las sensaciones eran una locura de gozo total, cambiar de posición y mamarla entre cada una, nos prendía a ambos.

    Increíblemente nos acoplábamos.

    Lo que pedía con la mirada y sus movimientos lo correspondía para dejarnos llevar al clímax.

    Estábamos tan prendidos que me dijo que viera como se masturbaba para mí y que lo filmara con mi celular, lo hacía de una manera magnífica, la firmeza era total, su tamaño simplemente perfecto, me dijo que deseaba que una amiga mía lo viera, y eso me prendió al máximo.

    Imaginarlo en la boca de otra era una fantasía inevitable de imaginar, decíamos lo que imaginábamos y eso nos encendía mucho más, la tomé entre mis manos mientras él seguía grabando, las ganas de mamársela al tiempo que el video seguía corriendo era un gusto pervertido y emocionante.

    Gemía riquísimo y me monté de manera inversa para que viera como entraba y salía, esos movimientos rítmicos que yo controlaba me llevaron a un segundo orgasmo… ¡Espectacular!

    Su verga seguía dura, exquisita, se la mamaba una y otra vez con verdadera lujuria y satisfacción.

    Seguimos cogiendo con fuerza.

    Mi espalda sudaba y él lo gozaba, dejaba que sus manos resbalaran por ella, me tomaba del cabello con una fuerza excitante pero sin hacer daño, me provocaba tanto esa acción que me enloquecida de placer!

    Después lo sacó y se masturbo intensamente, yo lo veía extasiada esperando ese momento explosivo, él me estimulaba con el dedo del pie dentro de mi vagina, una sensación nueva también que me hizo pensar que no importa el tamaño sino la entrega al placer sin límites…

    Él seguía provocándose intensamente hasta bajo la embriaguez de placer que nos dominaba, ese torbellino implacable de sensaciones lo llevó al clímax que mi boca esperaba,

    Una vorágine de sensaciones incontenibles lo hizo estallar, gemía delicioso.

    Me dejó su rico elixir en la boca y lo saboree delicadamente,

    Despacio lo fui limpiando y después se lo compartí a través de un beso suave y sensual mientras metía su verga dentro de mi vagina para albergarlo en su relajación.

    Al final, estando entre sus brazos y totalmente exhaustos, disfrutamos ese juego muy bien diseñado fruto de la imaginación y creatividad de ambos… «los perfectos desconocidos».

  • Mi primer hombre (Parte 3): La entrega

    Mi primer hombre (Parte 3): La entrega

    Una semana después de aquel sábado en el que Alberto me desvirgo la cola en mi casa y me convirtió en su puta, me llamo para decirme que consiguió que un amigo le preste un departamento para volverme a coger, sin permitirme preguntar mucho, me indicó que vaya para la esquina de su casa al día siguiente a las 6 de la tarde.

    Me preocupaba saber dónde iba a estar el amigo, la verdad me daba miedo que hubiera otro hombre mientras él me sometía, pero no me dio tiempo a preguntarle.

    Realmente después de las cosas que me hizo en nuestros dos encuentros anteriores, su forma autoritaria y dominante, me atraía y me hacía sentir que le debía obediencia, de ahí me quedo para toda la vida la atracción que me producen los hombres dominantes, pero no podía dejar de temerle, cosa que también me calienta, en el fondo el miedo es excitante.

    Así con todas las dudas y temores que tenía, fui al encuentro acordado en la esquina de su casa, él iba a salir y me iba a llevar hasta la casa del amigo, yo seguía sin saber si íbamos a estar solos, la calentura que tenía por él, me empujaba hacia él, era tal la atracción que ejercía sobre mi, por mi corta edad, falta de experiencia contrarrestando a su madurez y manera de dominarme, me hicieron creer que en mi papel de hembra sometida, me estaba enamorando de este hombre que me doblaba en edad y un poco más.

    Ni bien llegué al encuentro, abrió la puerta de su casa y se asomó a ver si yo estaba, al verme me hizo una seña que espere y salió un minuto después.

    Me indico que caminemos un par de cuadras hasta la casa del amigo, en el trayecto pude preguntar dónde iba a estar el dueño de casa, y me respondió que nos iba a abrir la puerta y nos iba a dejar solos en una de la habitaciones, mientras él se iba a quedar en otra parte del departamento. No me gustaba mucho la idea de que un desconocido me vea y sepa seguramente que Alberto me iba coger, sabiendo que eran muy amigos y que se conocían bien, no era muy difícil deducir que yo era el puto que iba a ser garchado, pero no tuve más remedio que confiar en la palabra de mi hombre y aceptar que el dueño de casa nos iba a dejar solos.

    Al llegar, el amigo bajó a abrirnos, y subimos los tres en un ascensor muy pequeño, yo me quedé mudo por la vergüenza que me daba la situación, mientras noté que el amigo me miraba insistentemente, cosa que me puso más nervioso todavía mientras Alberto disimuladamente me manoseaba la cola.

    Entramos al apartamento y el tipo, un gordo feo, desaliñado y mayor que Alberto, realmente me resultaba desagradable, pero tal como había dicho mi macho, dijo que pasemos al dormitorio del fondo y que nos pongamos cómodos allí, antes de que entremos al cuarto, nos deseó que la pasemos bien, cosa que me puso más incómodo, pero ya estaba ahí y aparentemente iba a estar a solas con mi hombre.

    Al quedar solos Alberto me ordenó que me desnude y él hizo lo mismo, se acostó boca arriba con su hermosa verga a medio endurecer, comenzó a tocársela para que se le pare y me hizo poner a su lado en cuclillas sobre la cama, tomándome con una mano sobre mi nuca, empujó mi cabeza hacia abajo prácticamente obligándome a comerme toda su pija, traté de chupársela de a poco pero me forzó a tragarla completa hasta empezar a darme arcadas

    Tratando de resistirme para no ahogarme, comencé a emitir quejidos, debo aclarar que por la posición en la que me puso en la cama, dándole la espalda a la puerta, mi culo quedó expuesto mirando hacia la entrada del dormitorio que estaba cerrado pero sin llave.

    «Ay por favor papi, me estas ahogando, mmmm, por favor amor, ahhh, déjame por favor, no puedo respirar, te lo suplico». Alberto no contestaba y seguía empujando mi cabeza hacia abajo, por toda respuesta agarró un vibrador con forma de perita ovalada que tenía como una colita que yo había visto sobre la cama, me metió esa perita en el culo, que yo calculo tendría que tener unos 6 o 7 centímetros de diámetro, inmediatamente empezó a hacerlo vibrar con un interruptor que tenía en esa colita que quedaba afuera de la cola, al introducirlo me dolió un poco porque era bastante grueso para mí recientemente desvirgado culito, además la vibración adentro de mi cola empezó a hacerme desesperar, al mismo tiempo apretaba con la otra mano uno de mis pezones me ordenaba casi a los gritos que no deje de tragarme esa verga hermosa, chuparle la pija me tenía totalmente fascinada y la forma en la que movía esa perita vibradora, hacia adentro y afuera me volvía loca, además puso al máximo la vibración y me hizo perder la razón, comencé a gritar como una perra,

    «ahh, por Dios, por favor amor, me volves loca, por favor querido, mi vida déjame por favor, te lo suplico, me volves loca ¿qué me estás haciendo por Dios? No puedo más papi»

    En el fragor de la calentura y las cosas que estaba sintiendo en mi cola y mi dolorido pezón, no escuché que el amigo había entrado silenciosamente a la habitación, Alberto que estaba de acuerdo con esto, me sacó el vibrador y el gordo horrible que ya estaba desnudo se subió a la cama detrás mío y me penetró, por la excitación y mis propios gritos, casi no me doy cuenta que el amigo acababa de penetrarme, grité como una loca al darme cuenta «no por favor, que me hace papi, no dejes que me coja por favor mi amor, no me hagan esto», “vamos putita, si a vos te gusta, no te hagas la histérica” me dijo, «hijos de puta por favor», en eso Alberto me empujó sobre su pija y me la hizo tragar nuevamente para que no grite al tiempo que me decía, “callate puta, tragate la leche y portate bien”.

    Unos minutos más tarde Alberto me llenó la boca con esa dulce leche blanca y espesa y me gritó que me la tragué toda y no desperdicié ni una gota, el amigo gordo hijo de puta, hizo lo propio en mi culo y me lo llenó de leche también.

    Se levantaron los dos y me dejaron tirada en la cama, toda dolorida y humillada, le reproche a mi macho que había permitido que el amigo me viole y se río diciéndome que habían hecho lo que me merecía por puta, y afirmó “vos ya sabias que esto te iba a pasar, no habrás pensado que mi amigo nos iba a dejar coger en su cama y no te iba a tocar”.

    Alberto me pidió que me vista y me vaya solo, y esa fue la última vez que lo vi. Al poco tiempo conocí un tipo por la calle con el que tuve una historia bastante intensa durante unos meses, pero claro, eso se los voy a contar en un próximo relato, esta serie de mi primer hombre, termina aquí, espero que les haya gustado, si alguien desea preguntarme algo puede escribir a mi correo [email protected].

  • Lucas, Juan y yo

    Lucas, Juan y yo

    Mensaje de texto:

    -Nene, en 15 minutos llegó al hotel… Querés venir!??

    -Ey, si… Avísame cuando estés!

    -Perfecto!!! Tengo una sorpresa para los dos!

    -Espero sea lo que estoy pensando….!

    En el hotel:

    Tocas la puerta en la habitación, te digo que pases.

    Abres los ojos al verme! Te gusta mi conjunto de lencería y mis zapatos de taco alto. Enseguida notas a alguien sentado a un costado, en un sillón, el sillón más alejado de la cama. Nos miras a ambos, y veo que te querés ir, te agarro del abrazo y te freno.

    -Ey nene, no es un trío la sorpresa, él solo quiere ver!

    -Y de qué va a esto?

    -Le excita mirar… No intervendrá, solo mirará!

    -No lo sé… No es lo que creí

    Me doy vuelta decidida y le digo…

    -Juan, no va a poder ser. Te pido disculpas, otra vez se…

    -Espera, espera… Déjalo! Cuánto más le decís que se vaya…

    -Gracias amor, no te vas a arrepentir! -Te digo

    -Te invito con una copa de vino blanco, la aceptás?

    Juan no se mueve de su lugar… Ya tiene su vino y solo se dedica a observar…

    Te agarro del cuello de la camisa y te beso, un pequeño besito en los labios, no te suelto, profundizo el beso y te siento ceder.

    Pones tus manos en mi cintura y me pegas a vos, nos devoramos. Te paso mi lengua desde tu mentón hasta la punta de la nariz, mi mirada destila lujuria, calentura…

    -Vamos a la cama -te digo…

    Juan, se relaja en el sillón. Tiene un brillo en los ojos!

    Te pongo en la cama boca arriba, te monto, tus manos van derecho a mis tetas… Me manoseas!

    -Deja de pensar en él, y disfrutame a mi!

    -Haceme olvidar de su presencia -me decís…

    Me arrodillo entre tus piernas, te desabrochó el jeans y rescató tu pija de abajo del bóxer, no está parada, estás un poco cohibido.

    -Mirame a mi, sentime a mi, Somos nosotros dos…

    Me la meto en la boca.

    -mmmm…. Que rica que la tenes!

    Bajo hasta tenerla toda dentro de mi boca y subo pasándole la lengua, repito, bajo apretando los labios, subo pasando la lengua!

    -Relajate nene…

    Con mi mano izquierda te hago una paja y mi boca va a tus huevos, la siento crecer…

    Subo, bajo y succiono… Siento tus manos en mi cabeza…

    -Cómeme la polla y tocame los huevos con tu mano, Me la chupas genial!

    Me la meto en la boca y la siento dura, así como me gusta… Te siento disfrutar, pequeños sonidos de placer se escapan de tu boca, pequeños gemidos…

    Miras al tercero, y noto que sonríes… Estás disfrutando!

    Te pido que te sientes así te saco la camisa y luego el pantalón y el bóxer, me monto sobre vos otra vez, tu pija queda entre mis labios sobre tu estómago… me froto porque estoy mojada, caliente… Te sentas y manoteas mis tetas, me sacas el corpiño y te las llevas a la boca. Las lames, las chupas y me das mordisquitos…

    -ahhh, amor… Me encanta! Seguí…

    -te gusta?

    -si, me encanta… Quiero que me dejes marcas!

    Me levanto un poco y meto tu verga adentro de mi… Me muevo lentamente hacia adelante y atrás….

    -Dale, cómeme las tetas…

    Literalmente metes la cara entre ellas y llevas tus manos a mis caderas, marcas un ritmo lento… suave… adictivo!

    Lo mantengo…

    Adelante y atrás… adelante y atrás…

    Mis tetas vuelven a estar atendidas… Me clavas los dientes y me haces gritar, repetís lo mismo varias veces más…en ambos pechos!!!

    -que ganas de follarte el culito -me decis…

    -te animas con el mirándonos!??

    -si tú quieres… Yo encantado!

    Voy a buscar el gel…

    Cuando vuelvo…

    Te paras y te arrodillas ante mi…

    -quiero que te dejes esto y esto… Señalándome las medias y los tacos… Y déjame ayudarte a sacarte está…

    Queda la bombacha en el suelo…

    -Ponete en cuatro patas… -Mirándolo a él me decís…

    -seguro!?

    -si, quiero que no se pierda un gesto del placer que te voy a dar!

    Al verlo, vemos su mano por debajo del pantalón…

    Arrodillada, vos te arrodilas atrás mío y me comes el coño desde atrás… Se me escapa un gemido…

    -aahhj…

    Pones tu verga primero en la entrada de mi concha y me penetras…

    -ahh nene, ahhh…

    Siento el gel frío escurrir por mi culo… Me masajeas y me metes un dedo… Lo sacas y lo metes, varias veces…

    -estás muy receptiva Delf… Estás súper cachonda!

    -si… Ahhh… Me pone a mil que alguien nos vea… Ahhh, ahhh

    -te voy a meter el segundo…. Oh, qué fácil que entró!!

    Noto los movimientos circulares, me estás follando por el coño y pajeándome el culo…

    -ya estás lista…

    Siento el vacío un par de segundo en mi concha y al instante siento la punta de tu polla, en la puerta de mi ano, empujando… Y el gel frío lubricando y haciéndolo más fácil…

    -ahhhh, ahjjj, ahhhh… Siii! Que gorda que la tenes!

    -nena… Quiero correrme aquí… Llenarte el culo de mi leche!

    Te moves lento, muy lento…

    Te enredas mi pelo en tu puño y me coges así, vas aumentando el ritmo…

    -ah, ah, ahhh, siii… Cógeme cógeme, dale! Siii…

    -SOS muy perra me decís… SOS mi puta argentina

    -si, soy tu puta, me encanta como me estás cogiendo…

    -gemi, dale… Disfrutá…

    -ahh, ahh, siiii! Sii!

    Mi mano está en mi clítoris… Lo masajeo…

    -estoy a punto, nene! Lléname el culo de leche…

    -si!?? La querés toda adentro…

    -ajam… Sii! Quiero todo adentro…

    A la cuenta de tres… 3… 2…1…

    -déjate irrr… Ahhh

    -ahh, ahh, ahhhj siii!! Ah… Que buen polvo amor! Quédate ahí un ratito! Sii!!!

    Juan, nos siguió en el orgasmo…

    Me tiró sobre el colchón y vos caes arriba mío…

    Me besas la espalda… Hasta que tu pija sale de mi culo… Me das un chirlo y me decís que la largue… Lo hago! Te reís al ver cómo sale… Acabe mucho me decís!

    -mostrame…

    Entonces con el celular haces un mini video…

    Realmente tu semen es muy abundante y espeso…

    Vamos a bañarnos..! Me decís…

    Y entrando al baño… Te giras y decís! Vos no venís???

    Te miro sorprendida… Y me decís!

    -nena, quiero verte empalada por dos vergas! Obviamente que este es solo mío Juan, ok!? Mientras que me agarrabas del culo…

  • Persuasión a la perversión (III)

    Persuasión a la perversión (III)

    El viernes no tardó en llegar, y se hizo bastante ameno. La empresa ya estaba sondeando dónde ir a hacer la cena de empresa de navidad, y lo más afines a la festividad organizaron el típico amigo invisible, donde cada uno se regala cosas que no sirven para nada a gente que a veces ni conoces, o no tratas y se acaba convirtiendo en el juego de las sillas pero con los papelitos y acaba teniendo de invisible lo mismo que Sarah de monja.

    —Yo no participo— le dije a Ángel cuando se acercó con una gorra llena de papelitos.

    —No seas muermo— dijo meneando la gorra en mi cara—. Todos juegan, compra alguna chorrada por 5 euros y pásalo bien.

    Me redimí y cogí un papel suspirando con hartazgo.

    —¿Quién te ha tocado?

    —¿No se supone que es secreto?— contesté. Ni había desdoblado el papel todavía.

    —Claro, claro, «secreto»— dijo Ángel acentuando las comillas con los dedos, y se fue a engatusar al siguiente.

    Me tocó Eva, la MILF petite a la que ya le había echado un ojo. ¿Qué demonios podría regalarle? Guardé el papel y aplacé el problema para más tarde.

    Llegada la hora fui a casa. Tenía ganas de noche libre y no tener que madrugar el sábado. Fue un viernes como antaño. Pedimos pizza y vimos un par de películas, con la diferencia de echar un echar un polvo durante la publicidad. Como el compañero de piso no estaba, aprovechábamos el sofá, que aún no habíamos mancillado. Tenerla encima estando en el sofá era un gozo, tenía sus maravillosas tetas en mi cara y podía jugar con ellas como quería. Además colaboraba con ello alzándose y arqueando la espalda para que le mordiera bien los pezones. Después de un par de pases de publicidad, le escocía el coño y se acabó la fiesta.

    —Tendrás que conformarte con mi boca— me dijo traviesa.

    —¡Vaya! ¡Qué pena!— dije con sarcasmo mientras me acomodaba en el sofá tirando una almohada al suelo.

    Se deslizó del sofá al suelo y se puso frente mío haciéndose una coleta, y me agarró el pene con la mano, masturbándome lentamente mientras me miraba fijamente. Añadió la lengua, recorriendo todo el tronco, de arriba a abajo y deteniéndose en el glande donde hacía círculos.

    En cierto modo, era la primera mamada que me hacía. Hasta ahora siempre había sido yo el que le follaba la boca, a mi ritmo y voluntad, y ahora era ella que controlaba el ritmo y mi placer.

    Seguía jugando con la lengua y su mano antes de metérsela completamente en la boca, haciéndome sufrir cuando se la sacaba. Podía ver como daba espasmos, y seguía jugando alternando largas lamidas con su húmeda boca.

    Cuando ya no podía más, abrió la boca y apoyó la punta sobre su lengua, que seguía moviendo mientras me hacía una paja rotando con la mano.

    Vi como cada chorro de mi semen aterrizaba en su boca. Ni se inmutó y siguió estrujándome hasta sacar la última gota, rematando con la lengua. Me quedé mirándola unos segundos mientras repasaba con la lengua en busca de los últimos restos, dejándome ver toda la carga en su boca, y haciendo un gesto exagerado, se lo tragó todo relamiéndose.

    —¿Te gustó?— preguntó lamiéndose la mano en busca de una servilleta.

    Asentí mientras tomaba largas bocanadas de aire.

    Se volvió a sentar en el sofá y seguimos viendo la película, que se había reanudado hace rato. Cada vez ponen menos anuncios.

    Al día siguiente estaba expectante de noticias de las chicas para quedar a la noche. Después de comer me sonó el teléfono.

    Mensaje de Carol:

    Hola guapo! Quedamos a las 21 h?

    Claro, cuando quieras, tengo la tarde libre

    Puedes llevarte el coche?

    Que luego volver de noche es un coñazo…

    En verdad no quería llevarme el coche, por lo de beber y tal, pero quería caer bien, así que dije que sí.

    Bueno, si no hay más remedio…

    Va, que valdrá la pena!

    Nos lo pasaremos bien

    Claro que sí!

    Os recojo dónde el otro día a las 21h

    ok!

    ******

    Tenía un buen presentimiento, y a los pocos minutos me sonó el móvil de nuevo.

    Mensaje de Erica:

    Hola! Como quedamos hoy?

    Quedé con Carol a las nueve donde el otro día

    No te dijo nada?

    Si, pero tienes que quedar conmigo también

    Haces algo antes?

    Nada en especial

    Quedemos antes y hacemos la previa

    No puedo hacer la previa

    tengo que conducir

    Ay, es verdad!

    Pues nada, ya hago yo la previa y quién sabe

    Una chica borracha y un chico dispuesto…

    jejeje

    Tentador

    A ver si te tendré que llevar a casa y nos vamos de fiesta Carol y yo solos

    Si hombre!

    Aquí todos o nadie!

    O follamos todos o la puta al río

    Exacto!

    Acabamos quedando a las 19:30, una hora y media antes que con Carol. Tenía una curiosa sensación, pero no le di importancia hasta quedar con Erica. Se presentó con una camiseta apretada escotada que sugería un bonito pecho blanco y unos tejanos negros que le hacían un culo estupendo. Se mostraba tímida, pero a medida que avanzaban las cervezas, se soltaba. Su tema de conversación básicamente era, que ella era mejor que Carol, y movidas que habían tenido y que mejor que no me acercara a ella.

    —¿Y a ti si me puedo acercar? — le sugerí. Estaba ya contentilla, si no no creo que le hubiera hecho esa pregunta.

    —Bueno, antes que con ella— dijo sonrojada.

    Yo me seguía sintiendo un cabrón.

    —Tengo un gusto un tanto peculiar para el sexo.

    —¿Ah sí?

    —Si. Solo me corro follando por el culo. Si no no hay manera— dije en clave de humor—. Así que si Carol me deja follarle el culo y tú no, pues le tocará a ella.

    Erica soltó un bufido y volvió a su discurso que ella era mejor que Carol.

    —Carol no se deja follar el culo. Le da miedo.

    —¿Y tú sí?— pregunté incrédulo.

    —Yo sí, me encanta— dijo dándole un trago a la cerveza. No me terminaba de convencer ese «me encanta», muy seco. No era consciente que me acababa de ofrecer su culo indirectamente, me divertía pero no me lo creía mucho. Ya trataré de sacar el tema cuando esté serena.

    Se iba acercando la hora de quedada y fuimos a buscar a Carol. Cuando nos vio llegar juntos, miró a Erica con desdén.

    —¿De dónde venís?

    —Como no teníamos nada que hacer fuimos a hacer la previa mientras salías de trabajar.

    —Yo no— desmentí enseguida al estar conduciendo.

    Se hizo un silencio incómodo y Carol parecía molesta. Iba vestida prácticamente igual que Erica, pero su camiseta estaba recortada y desgarrada.

    —¿De qué trabajas?— le pregunté intentando romper el hielo.

    —En una cafetería, nada del otro mundo.

    —No, pero da para pagarte tus cositas ¿no?

    —Si, eso si.

    Erica se estaba quedando frita.

    —¿Siempre es así bebiendo? Quiero decir, ¿tanto?

    —Le va a ratos, tranquilo, que cuando lleguemos ya estará dando saltos otra vez.

    Me acordé del polvo con Sarah mientras se hacía la dormida. Fantaseé brevemente en sobarla mientras seguía durmiendo, pero me disuadí de esa idea, eso es un camino quería volver a recorrer.

    Cuando aparqué, tal como predijo, Erica se espabiló y fuimos al bar. Se pasó todo el camino agarrándome del brazo. Cuando llegamos y nos sentamos, lo primero que hizo fue ir al baño. Mientras tanto, el camarero vino a tomarnos nota a Carol y a mi.

    —¿Es usted mayor de edad?— le preguntó el camarero.

    —Claro, tengo 19— le dijo enseñando el carné.

    —¿Y la pelirroja?

    —También, 20. Si quiere esperar a que vuelva y te enseñe…

    —No hace falta, te creo— interrumpió el camarero. Yo estaba sorprendido que Carol fuese menor que Erica, pues me pensaba que era al revés.

    —Un vodka negro con lima— pidió Carol.

    —Para mi un Ron cola y a la pelirroja una cerveza sin alcohol, pero se la pones en una copa y no traigas la botella.

    —Entiendo— dijo el camarero con una sonrisa cómplice.

    —Y si puedes, que siga así cuando la pida ella.

    Le di cinco euros de propina por el favor.

    —Claro, ahora aviso en la barra.

    Carol se estaba aguantando la risa y me miraba divertida.

    —¡Qué cabrón eres!

    —Si sigue bebiendo así en una hora tenemos un aguafiestas. Se lo pasará bien igual.

    —Seguro.

    Cuando llegó Erica del baño se percató de nuestra risa y mirada cómplice.

    —Eeeh, ¿qué ha pasado?

    —Te pedimos una cerveza— le dije—. Para que no mezcles.

    Se mostró conforme y Carol se partía la caja y me contagiaba la risa. Erica se empezaba a molestar, pero se le pasó cuando trajeron las copas.

    Pasamos el rato charlando hasta que llegó más gente y se hicieron las presentaciones. Lo divertido en realidad era Erica haciéndose la borracha, porque todo el mundo sabía que llevaba toda la noche tomando sin alcohol, excepto ella. Hasta le fui a preguntar al camarero y me confirmó que no le había puesto nada de alcohol.

    —Tu amiga es un poco…

    —¿Competitiva? Me interrumpió Carol.

    —No iba a decirlo así, pero me vale.

    —¿Y cómo lo describirías?

    —No encuentro la palabra, pero competitiva está bien. Todo el rato parece que quiera demostrar que es mejor que tú.

    —Si, se hace pesada al final, pero la amistad pesa.

    —Eres una buena amiga— le dije levantando la copa y brindamos—. ¡Por la amistad!

    —Por la amistad— repitió un poco más desganada, pero con un brillo cómplice en sus ojos.

    —Voy al baño— dije.

    Cuando volví, estaban discutiendo. Uno de sus amigos me dijo que era habitual, que rara es la noche que no la liaban. Me acerqué a ellas a ver qué decían.

    —Le dije que le querías follar el culo pero que me lo follarás a mí— dijo Erika haciéndose la borracha.

    —¿Perdón?— me sorprendió divertidamente. Carol estaba molesta diciéndole que dejara de hacerse la borracha, que lleva toda la noche bebiendo sin alcohol, pero ella seguía en su papel.

    Le dije que fuera a tomar el aire. Por suerte, la música había camuflado el comentario y había quedado entre nosotros tres.

    —Lo siento, fue una broma que hice antes que parece que no ha…

    —¿Una broma? — contestó Carol notablemente molesta, no sé si por la discusión o por mi supuesto comentario.

    —Si, una tontería— dije con indiferencia para quitarle hierro al asunto—. Me preguntó con cuál de las dos me acostaría y le dije que la que me dejara darle por el culo.

    Carol ahogó una risa.

    —¿En serio? Seguro que dijo que entonces lo harías con ella, pues le encanta y vete a saber qué sandeces más.

    —Exactamente, y que tú no te atreves, blablabla. La respuesta que esperaba era «ah, pos entonces con ninguna».

    —¿Y cómo que no estás yendo detrás de ella para cobrarte la oferta?

    Sonreí y hubo un cruce de miradas.

    —No sé, era una broma. No me lo tomé en serio, además, es un poco difícil de tratar.

    Carol se quedó en silencio, mirando al vació mientras bebía por la pajita. Cuando se decidió qué decir, dejo la copa en la mesa con un notorio golpe.

    —Pues mira, es totalmente al revés — suspiró Carol, esperando no arrepentirse de lo que iba a decir. Ya hablaba con un par de copas también—. Lo que esa niñata en vez de buscarse su camino intenta ser como yo.

    —¿O sea que es ella la que tiene miedo? No me sorprendería.

    —Si. Le conté mi experiencia y la animé a probar, pero no quiere. Me haría gracia ver qué haría si llega el momento.

    —No me la tomé en serio— insistí— llevaba ya un par de cervezas encima. Si mañana se lo propusiera otra vez se echaría atrás.

    —No lo admitiría pero te pondría excusas. No pierdas el tiempo.

    —No lo hago — le dije acercándome a su oído. Giró la cabeza sonriendo y empezamos a comernos la boca. Mientras se entrelazaban nuestras lenguas, caí en la cuenta que nunca me he besado con Sarah.

    Carol me sonrió traviesa.

    —Así que me eliges a mi porque me dejo follar el culo, ¿no?

    —No, porque no eres una niñata escandalosa que pretende ser otra persona.

    Carol se rio y echó mano a mi paquete notando la erección.

    —¿Quieres ir al baño?— le propuse.

    —No, conozco un sitio mejor y más tranquilo.

    Me encogí de hombros. Me da igual dónde.

    —Hay que salir sin que nos vea Erica, si no se nos va a pegar como una lapa — advirtió Carol.

    Al lado del bar hay un parque y nos metimos entre los arbustos que al final daba a un muro, del mismo edificio del bar.

    —Algo me dice que no soy el primero ni el último en venir aquí— bromeé mientras nos abrazamos y besamos.

    —Tonto.

    Ya estando escondidos empezamos a meternos mano. Le bajé la camiseta desgarrada hasta la cintura y le aflojé el sujetador dejando su pecho libre, pequeño pero con encanto. No por ello me gustaba menos que las tetas de Sarah, me gustaba diferente. Este era más firme y más duro.

    Me desabrochó el pantalón liberando mi erección. Escupitajo en mano me empezó a masturbar mientras nos miramos frente con frente. Le desabroché el pantalón y me hizo hueco por dentro de sus pantys hasta agarrarla bien de las nalgas, acabando por bajarle todo dejandole el culo al aire.

    Unté un dedo en saliva y fui a tantearle el ano.

    —Hay un problema— dije en un momento de serenidad.

    —¿Qué pasa? ¿Hice algo mal?

    —No, qué va. Pero no tenemos lubricante…

    —Habla por ti— dijo mientras se sacaba del bolsillo un potecito de vaselina.

    —Se supone que es para labios, pero para un caso de emergencia, sirve.

    Me entregó el pote y seguimos donde lo habíamos dejado, ella masturbándome y yo metiéndole un dedo por el ojete.

    En ninguno de los escenarios que contemplé para esta noche estaba el de follar a Carol por el culo en el parque. Ni siquiera follar, o cualquier otro tipo de contacto, una felación o cualquier cosa. Este polvo lo patrocina el alcohol y la adolescencia.

    —Así estará bien— dijo mientras se daba la vuelta y se apoyaba contra la pared con el culo en pompa. Me apetecía que me la chupara un rato, pero ya bastante suerte tengo ahora como para pedir más.

    Me unté bien el nabo en vaselina y me preparé para la acción. Ella se encontraba la cabeza apoyada en el brazo contra la pared, y la otra mano apoyada en sus lumbares y controlando mi penetración.

    Se la empecé a meter suave, la vaselina facilitaba mucho el trabajo. Seguía entrando mientras ella siseaba de dolor, pero como no me decía de parar, seguía sin miedo.

    El placer era enorme, apenas se la estaba metiendo e igual que con Sara, ya quería correrme.

    Cuando la tuve toda metida, la avisé y lo comprobó con sus manos. Satisfecha, se incorporó un poco hasta conseguir comerme el morro mientras empezaba a mover la cadera.

    Movimientos suaves, sacaba un poquito y cada vez más. Me encanta esta postura para sobarle los pechos. Cuando ya empezamos a coger ritmo y ella empezó a gozar, se volvió a apoyar en la pared y me dejó casi todo el trabajo a mi. Se mordía el brazo intentando ahogar los gemidos que le producía mi polla en su recto, y yo intentaba aguantar un poquito más con cada embestida.

    —¡Pero bueno!— exclamó Erica—. Supuse que os encontraría aquí.

    Mi polla seguía en el culo de Carol, palpitante y mis manos agarrando sus caderas, inmóviles.

    —¡Lárgate Eri!— le grito Carol casi ladrando.

    —¡Yo también quiero follar!— le contestó

    —Ignórala— me dijo Carol queriendo seguir. Me estaba desconcentrando y perdiendo la erección, cosa que debía notar y me animó a centrarme y a seguir de nuestro disfrute.

    Retomé el ritmo y conseguí recuperar la dureza necesaria.

    Carol escondió se cara entre su brazo izquierdo mientras se masturbaba con la derecha, no estaba viendo el juego de miradas que tenía con Erica, que estaba a poco más de un metro de mi. Se movía traviesa y jugueteaba con la pajita de su cubata, como si fuera una mamada. Le hice un gesto con la mano para que se levantara la camiseta, lo que amplió su sonrisa de satisfacción. Se dio la vuelta para dejar el cubata en el suelo, dejándome ver su culito en pompa. Era extraño pero divertido follarme a una chica mientras hacía un juego de miradas con su amiga.

    Había conseguido estabilizar el ritmo para no correrme. Volví a pensar en Sarah. Si no hubiera estado toda la semana follando con ella, no habría llegado tan lejos. Por un lado sentía curiosidad por donde iba a salir todo esto, y por otro lado tenía unas ganas de llenarle el culo de leche que no podía más. Cualquier sobreexcitación marcaría el final.

    Erica se volvió frente a mí y empezó a juguetear con su camiseta, se la acabó levantando «flasheando» sus tetas, un poco más grandes que las de Carol, blancas como la nieve y pezón de botón. Se la clavé más honda a Carol, que soltó un gemido cual bramido anunciando su orgasmo. Me mantuve allí quieto con la polla palpitante a la puerta de la eyaculación, tratando de mantener la compostura contemplando las tetas de Eri.

    Carol trató de recuperar la respiración, y al levantar la mirada miró con asco a Eri, que ya se había puesto bien la camiseta.

    —¿Aún estás aquí?— resopló con desprecio, con mi polla todavía dentro. Se me iluminó la bombilla.

    Me incliné sobre ella alcando su oído para hacerle una proposición. Tenía que elegir las palabras adecuadas o podría mandarlo a la mierda todo. Aunque mi yo cabrón me decía que si se molestaba y se iba, podría terminar con Eri y sus tetas de pezón de botón. Pero no me interesaba quedar mal ni empezar siendo un capullo en mis primeras relaciones sociales.

    Entre un suave balanceo de caderas disfrutando, le hice la proposición, que por mi sorpresa, aceptó encantada, aunque al principio su cara la delató. Eso sí, puso una condición que por mi era estupenda.

    Le saqué la polla del trasero y miré a Eri.

    —Ven— le dije.

    Se acercó traviesa con mirada victoriosa. Quería que la eligiera a ella sobre su amiga.

    —Arrodíllate— le ordené.

    —¿Eh?— resopló haciendo una mueca, contemplando mi pene lleno de vaselina que debía saber literalmente a culo. Me miraba negando con la cabeza.

    —Ella me la chupó antes de follar.

    Mentira, pero ella no lo sabía.

    —Ya per…

    —Sabía que no tendrías huevos — la interrumpió Carol, poniéndose de nuevo contra la pared ofreciéndome su culo para acabar. Esa era la condición, acabar con su culo y no en la boca de Eri, si hubiera aceptado chupármela.

    —Espera— dijo Eri cuando estuve a punto de penetrar de nuevo el culo de Carol—. Lo haré.

    No esperábamos que aceptara. ¿Hasta qué punto está dispuesta a defender su estúpido ego y que es mejor en todo? No creíamos que estaría dispuesta a comer mierda, pero en el caso de que aceptara yo me llevo una mamada y Carol el deleite de humillar a Eri haciéndole comer su culo indirectamente.

    Se arrodilló y me acerqué a ella rabo en mano hasta que el glande tocó la comisura de sus labios. Con cierta cara de asco, sacó la lengua tímidamente y cerró los ojos mientras me lamía la puntita. Empujé un poco tratando que abriera la boca para metérsela bien, pero no había manera.

    —Si no lo vas a hacer bien, aquí queda la cosa— dije apartándome un poco.

    —No, espera— dijo, y tomó un largo trago del cubata, suspiró y me la empezó a comer como dios manda, aunque poco duró.

    Cuando empecé a acompañarla, le entraron arcadas, se incorporó con los mofletes hinchados y se metió entre los arbustos a vomitar. Carol y yo nos empezamos a reír.

    Me acerqué a Carol, le di un beso.

    —¿Quieres chupármela tú?

    —No— me dijo sonriendo, en otro momento, quizá— dijo estrechándose de hombros. Me acarició la cara y se dio la vuelta —. Acaba ya, antes de que vuelva.

    No necesitaba mucho tiempo. Llevaba una excitación encima que un breve soplido podría provocar la eyaculación.

    Se la clavé de nuevo en el culo y empecé a darle sin límite, ella me acompasaba moviendo sus piernas. Le cogí de los senos, poniendo su espalda contra mi pecho y buscaba su boca. Entre un beso largo y húmedo y mis manos sobando su pecho, culminé en su ano con una eyaculación violenta hasta un poco dolorosa, y seguí apretando hasta perder la dureza.

    Nos quedamos unos segundos inmóviles. Mis manos repasaban todo su cuerpo, como confirmando que seguía allí, esto es con lo que acabo de correrme. Finalmente nos despegamos, y nos miramos con vergüenza.

    —¿Quieres una toallita?— me preguntó.

    Asentí, y me limpié el pené de toda la vaselina y restos que habían quedado allí. Me hicieron falta un par más. Ella hizo lo mismo.

    Cuando ya estábamos listos como si no hubiera pasado nada, fuimos en busca de Erica. Había vuelto con el grupo al bar. Cuando nos vio, hizo como que no había pasado nada.

    —¡Hombre! ¡Os estaba buscando! ¿Dónde os habíais metido?

    La miramos con condescendencia e intentó disimular soltando una sonrisa.

    —Blanco y en botella, leche— le dijo un amigo—. Estaban a sus cosas, déjalos tranquilos. ¿Una copa?

    Miré la hora que era y cuando tendría que conducir.

    —¡Venga!

    La noche pasó sin más incidencias. Alguno de los chicos trataba de arrancarme información, que qué tal el polvo con Carol, que qué cabrón en la primera noche. Yo me limitaba a desmentir que no había pasado nada y que solo fuimos a fumar un porro al parque. Prefería ser discreto que no convertirme en el centro por haber tenido relaciones esa noche.

    Llegada la hora, emprendimos el camino de vuelta. Carol y Erica no se dijeron ni mu. Erica estaba serena pues no había bebido nada más después del mal gusto que se llevó. Carol si que estaba tocadilla, mirándome con una sonrisa inquebrantable.

    —Gracias por no alardear— me dijo. Aunque para mi es bastante lógico y una cuestión de respeto, sabía que bastantes hombres presumen enseguida de sus victorias sexuales.

    —No es nada, me gusta ser discreto. Es más divertido tenerlos entretenidos con la duda.

    —Eres un tío… guay— dijo haciendo énfasis en la última palabra.

    —Gracias. Ya estamos llegando.

    Paré en el portal de su casa y me aseguré que podía llegar hasta arriba por sus propios pies y nos despedimos con dos besos.

    Subí al coche de nuevo y Eri seguía detrás.

    —¿No prefieres ponerte delante?

    Se estrechó de hombros e hizo el cambio, brusco. Parecía estar harta de la noche. Arranqué el coche y la marcha.

    —Oye — le dije. Mi yo cabrón se estaba poniendo al mando—. ¿Sigues queriendo follar?

    Se giró bruscamente hacia mi, y aunque amaneció una leve sonrisa, trató de disimularla con indiferencia.

    —Bueno.

    —No le digas nada a Carol.

    Me miró como si fuera estúpido.

    —Claro que no.

    —Ven aquí — le dije aprovechando un semáforo y nos empezamos a comer la boca.

    En mi cabeza resonaron las palabras de Carol hace un momento.

    «Eres un tío guay.»

    —————————–

    Si te ha gustado, por favor deja un comentario y una valoración. Si veis cualquier cosa rara, errores o incoherencias agradecería que me los reportéis. El trabajo de escribir y editar es tedioso y a veces sin querer se pasan cosas por alto.

    Gracias por leerme,

    AleX

  • Mi amiga Sofía y un mirón

    Mi amiga Sofía y un mirón

    Sofía, mi mejor amiga, siempre estábamos juntas y siempre metiéndonos en líos, pero siempre salimos airosas de los mismos juntas y aquella tarde no iba a ser diferente, salimos de la mejor manera posible, simple y llanamente disfrutando de lo que más nos gustaba “el sexo”.

    Era un sábado cualquiera de invierno y habíamos quedado para estudiar en casa de Sofía «metodología de la investigación social en la comunicación», habíamos quedado las 4 amigas Marta, Raquel, Sofía y yo, pero por circunstancias tanto Marta como Raquel no pudieron venir. A medio camino entre mi casa y la suya me sorprendió la lluvia llegando empapada y muerta de frío, nada más llegar Sofía aparte de reírse de mí me dio una toalla para que me secara y una camisa enorme de su hermano para que me la pusiera, ya que lo único que no tenía calado era el sujetador y mis bragas, el resto lo pusimos a secar.

    Estábamos solas a excepción de su primo Raúl, un chico apocado y parco en palabras que acababa de cumplir los 18 años, este se encontraba en el salón jugando a la videoconsola y aparte de él nadie más, sus padres habían salido con unos amigos al cine y luego iban a cenar y su hermano estaba de viaje.

    Serían las 4 de la tarde cuando nos encerramos en su habitación para estudiar aquella materia que cogimos como optativa y que a las dos se nos estaba atragantando, dos horas más tarde cansadas ya del estudio decidimos hacer un descanso, salí de la habitación para coger unas coca colas de la cocina, Raúl seguía en la misma postura en el sofá del salón jugando a matar no sé qué bichos, según volvía me fijé que me miraba, yo iba descalza por la casa con tan solo la camisa que me había prestado Sofía de su hermano, una camisa blanca que se transparentaba tanto mi sujetador como mis bragas de color rojo.

    En un principio no me di cuenta, pero el juego dejó de emitir sonidos en el momento que pasaba por su lado, le veía mirarme, me escaneaba de arriba abajo, clavando sus ojos en mi ropa interior, primero por delante y sobre todo por detrás mirándome el culo, me hizo sentirme desnuda ese chico que como ya dije es muy callado, raro quizás, pero guapo a más no poder.

    Cuando llegué a la habitación se lo conté a Sofía, le conté incluso que me había puesto caliente, ella me miraba y se reía a carcajada limpia diciéndome que si quería nos dejaba a solas, empecé a reírme yo también, a pegarla con un cojín y así empezó todo, con una batalla de cojines riéndonos a carcajada limpia encima de su cama y en el fragor de la pelea nos caímos la una encima de la otra, la tenía debajo de mí como si fuera hacerle el amor, aparte mi melena de su cara para verla y nos miramos fijamente.

    -Lara, nunca has pensado como sería hacerlo con una chica. -Me preguntó muy seria mirándome fijamente.

    -La verdad que no, nunca… Nunca me lo he planteado. -La contesté mientras le acariciaba la cara apartando su pelo.

    -Y… -Continuó dubitativamente

    -Te apetecería probar… por ejemplo… digamos que conmigo. -Me volvió a decir.

    Yo me quedé mirándola fijamente extrañada, pero muy excitada, sentía como Sofía movía su cadera frotando su sexo sobre el mío a la vez que se mordía el labio inferior, me miraba excitada y sus manos empezaron acariciar mi costado cerca de mis pechos, me estaba excitando aquella situación más de lo que hubiera deseado porque me sorprendí a mi misma contestándole sin palabras, cuando mi sexo empujaba el suyo frotándose con suavidad y mi cabeza bajando hasta que mis labios se unieron a los suyos fundiéndonos en un beso.

    No sé qué era aquello, en un momento nos encontrábamos de rodillas en la cama, abrazadas, besándonos y acariciando nuestros cuerpos, Sofía empezaba a quitarme la camisa desabrochando cada botón con un beso y cuando hubo terminado yo le quite su camiseta, las dos nos empezamos a quitar nuestros sujetadores dejándolos caer a la vez al suelo y empezamos a jugar con nuestros pechos, uniendo nuestros pezones, acariciando nuestras vulvas, le pasaba mi mano sobre su vulva apretándola sintiendo la humedad de sus bragas al igual que ella con las mías, era un trozo de trapo que nos molestaba así que fuera y al suelo con ellas que también cayendo la una sobre la otra.

    La eché en la cama y metí mi cabeza sobre sus piernas, empecé a lamer su clítoris, succionándolo notando como aumentaba su tamaño mientras que Sofía gemía y se acariciaba los pechos tirando de sus pezones, mi legua bajaba por sus labios, era la primera vez que lamía una vulva, la primera vez que mis labios besaban una vagina, la primera vez que mi lengua penetraba en esa zona en la que a mí tanto me gustaba que un hombre se entretuvieran, lamiendo mi clítoris, mordiendo mis labios y metiendo su lengua en mi vagina junto a un par de dedos antes de hacerme gemir con sus penes penetrándome con ellos.

    Sofía no paraba de gemir cuando mi lengua y mi dedo la penetraba, nunca había pensado tener una vagina tan cerca, estaba tan excitada que yo misma me tocaba con la otra mano mi clítoris, Sofía me requería, quería besarme, me pedía que subiera y sentándonos en la cama unimos nuestras vulvas frotándolas, acariciando nuestros clítoris, los gemidos ya traspasaban la habitación y fue cuando vi a Raúl en la puerta mirándonos mientras se meneaba su pene, su prima también le vio, pero no hicimos nada, el placer era indescriptible, la excitación máxima, cada vez nos frotábamos más fuerte y empezamos a pegar pequeños gritos de placer cuando nos empezamos a correr las dos delante de su primo y no nos importó que nos viera, todo lo contrario creo que nos excitó más si cabe aquel mirón.

    Las dos sabíamos que nos habíamos metido en un jardín al permitir que su primo no viera, las dos sabíamos que aquello podría tener consecuencias y quizás lo mejor para salir de eso era dejarle participar con nosotras, así que las dos le hicimos una señal para que se acercara a nosotras pero de momento se quedó allí jugando en solitario.

    Me había tumbado, era el turno de Sofía, su primo seguía en el dintel de la puerta mirándonos, en un principio no me había fijado pero entre sus manos tenía un pene tremendamente grande, ahora era yo quien iba a recibir las caricias y besos en mi vagina de mi querida amiga, acaricia mis pezones con los ojos cerrados sintiendo su lengua meterse una y otra vez en mi vagina, estaba volviéndome loca cuando la oí gritar, al abrir los ojos comprendí el porqué de aquel grito tan placentero, su primo, ese chico tímido había por fin aceptado nuestra invitación y se estaba follando a su prima que dejó de lamer mi clítoris para gemir mirándome con la boca abierta y los ojos entornados, poco a poco prosiguió sus caricias conmigo, sentía como su lengua se metía más profundamente cuando su primo empujaba su pene muy dentro de ella se quedaba quieta mientras que le gritaba a mi vagina.

    Una tarde de estudio, una asignatura atragantada, un día frío de invierno y sin embargo que buena decisión acercarme a casa de Sofía, Raúl estaba de rodillas en la cama, le tenía entre mis piernas follándome, metiendo aquella tremenda polla en mi interior, haciéndome soltar pequeños gritos cuando la sentía tan dentro de mí, Sofía estaba también sentada de rodillas sobre la cama con las piernas abiertas y mi boca sobre su vagina, penetrándola con mi lengua y acariciando su clítoris con mis dedos.

    Su primo me estaba destrozando con sus movimientos, metiendo dentro de mí ese pene tan enorme que entraba y salía de mi vagina haciendo que hilillos de mis fluidos salieran con él, me estaba llevando al éxtasis, apenas podía lamer los labios de Sofía paralizando mis dedos aunque tampoco hizo falta ya porque Sofía se empezaba a correr en mi boca mientras mi cuerpo se arqueaba y recibiendo las últimas penetraciones los últimos empujones tan profundos de aquel pene que empecé a gemir por el orgasmo que estaba sintiendo y mis fluidos empezaron ahogar su pene.

    Su primo sacó rápidamente su pene de mi vagina y nos puso a las dos de rodillas chupándosela, esperando a que explotara y por fin aquel portento empezó a eyacular una cantidad enorme de semen, disparado e impactando en nuestra cara y nuestros pechos, nosotras le mirábamos sonriendo mientras se la lamíamos las dos y él, con gesto serio simplemente gemía, Sofía me empezó a lamer el semen de mi boca y yo el suyo, teníamos semen hasta en el pelo, el descanso del estudio se nos fue de las manos un poquito, pero ya era hora, estábamos más relajadas para poder retomar la tan tediosa tarea, su primo se marchó y nosotras…

    Nosotras decidimos que no nos había dejado satisfechas así que, fuimos en busca de aquel mirón al salón para que allí mismo nos volviera a follar.

  • Mi mejor amiga se convirtió en mi amante (Parte I)

    Mi mejor amiga se convirtió en mi amante (Parte I)

    María y yo nos conocimos desde el primer año en la universidad. Ella es de 1.65 m aproximadamente, cabello negro y lacio, unos labios bonitos y delicados, tez clara y un trasero bien proporcionado. Sus senos medianamente generosos, su complexión delgada define sensualmente su cintura, brazos y piernas. Una chica muy risueña, amigable, de buenos sentimientos, apasionada y sensible. Muy sentimental en cuestiones del amor.

    Llevamos poco más de dos años de conocernos. Charlamos constantemente, nos hicimos confidentes. Nuestra comunicación es de lo más abierta, madura y sin tapujos. En más de una ocasión hablábamos de temas sexuales, retroalimentándonos de nuestras experiencias para aprender el uno del otro. Bromas, risas y diversión nunca faltan en cada encuentro que tenemos.

    En una ocasión María me invitó a almorzar a su casa. Comí con su familia y pasamos un buen rato de charlas y risas. Decidimos terminar esa amena reunión con una “tarde de películas”. Mari escogía un par de películas de su preferencia y yo las mías para luego verlas una tras otra en un maratón que nos llevaba horas y horas.

    Su familia había salido esa tarde dejándonos confiadamente a solas en su casa. Casi al final de la primera película romántica Mari rompió en llanto. Suspiros y sollozos desbordaban cascadas de lágrimas sobre sus mejillas. Le pregunté qué le pasaba, ella me contó que había tenido constantes peleas con su actual novio y que era casi definitivo que su relación estaba terminando. No era la primera vez que María sufría de un mal amor y como siempre, la escuché pacientemente tratando de tranquilizarla y consolarla.

    Logró calmarse un poco luego de su desahogo. Yo la abrazaba con mi brazo izquierdo y ella se acurrucaba en mi pecho acomodando sus pies sobre el sillón. Sollozaba como una niña mientras sus lágrimas se deslizaban mojando mi camisa.

    -Tranquila Mari, yo sé que es doloroso pero ya verás que pronto conocerás al tipo indicado.

    -¡Ash! Olvídalo, lo menos que quiero ahora es una relación. No entiendo como los hombres pueden ser ¡tan tontos!

    -¡Gracias por el cumplido! –dije en son de broma.

    -Jaja ¡es la verdad! –Decía Mari entre carcajadas– obviamente tu no.

    -Tranquila, se lo que quisiste decir.

    -Bueno ¡ya!, mejor miremos una de tus películas. –dijo mientras secaba sus mejillas y tomaba el control remoto.

    -Bien, seguro que esta si te va a gustar, es muy interesante.

    María tomó el cojín del sofá, lo arrulló como una niña a su peluche. Encogió sus piernas recostándose de lado dejando descansar su cabeza en mis piernas, muy cerca de mi cintura. Sentí como mi bulto amortiguaba su cabeza como una suave almohada. Me apenaba que ella se percatara de eso pero parecía no importarle, así que me confié.

    La película había comenzado y me costaba trabajo concentrarme en las escenas. María era muy inquieta y constantemente se movía acomodándose en el sofá. Eso provocaba que mi pene se estimulara y no podía evitarlo por más que me concentrara.

    -Mari, ¿podrías quedarte quieta un instante muchachita? ¡Pareces una niña! –le decía mientras la picoteaba con mis dedos en la cintura haciéndole cosquillas.

    -Jaja, no puedo, tú ya sabes como soy –su rostro era una ternura al verla sonreír con sus ojos vidriosos y rojizos por el llanto. Sus últimas lágrimas se desprendían de sus ojos y rodaban por sus mejillas ahora sonrientes mientras se carcajeaba por las cosquillas.

    Luego la dejé tranquila, ella se estiró en el sofá como quien se despierta por la mañana y se acurrucó de nuevo sobre mis piernas. Comencé a juguetear con su oreja, la acariciaba para luego bajar mi dedo deslizándolo suavemente hasta su cuello. Acariciaba su cabello acomodándolo, masajeaba su cuello y sus hombros como pretendiendo que se relajara.

    María llevaba puesta una de esas blusas cuyas mangas se sujetan en sus brazos pero no cubren sus hombros, dejando un fácil acceso a su espalda y sus pechos tanto para mi vista como para mis manos. Ya les comenté la confianza que teníamos entre nosotros, así que de manera pícara y traviesa comencé a acariciar su espalda metiendo mi mano bajo su blusa. Ella no se oponía, ocasionalmente cerraba los ojos suavemente como quien disfruta placenteramente de una sensación y luego los abría para disimular viendo la película.

    Ya no me importaba la trama, estaba concentrado en la suavidad y calidez de su piel. La acariciaba con lujuria pero a la vez con ternura. Mis dedos descendieron por su espalda hasta el broche de su sostén y comencé mi intento por desabrocharlo lentamente, cómo tratando de que no se diese cuenta, sarcásticamente, ya que obviamente ella lo sabía.

    Luego de un par minutos sin tener éxito en mi maniobra María soltó una carcajada.

    -¿Ves lo que te digo?, los hombres son unos tontos, no podrían desabrochar un sostén ni aunque tuvieran un manual enfrente

    -¿Crees que no puedo? Ya te voy a enseñar para que dejes de compararme con los demás –metí mi mano descaradamente en su blusa y con un movimiento rápido desabroché su sostén.

    -¡AH! ¡NO! –gritó María sorprendida entre carcajadas mientras mantenía las copas en su sitio con sus manos.– pensé que no podrías –decía mientras reía medio apenada.

    De manera torpe trataba de abrochárselo nuevamente con una mano mientras sostenía sus pechos con la otra. Yo me carcajeaba burlándome de ella.

    -Creí que eras más lista que un hombre, no podrías abrochar un sostén ni aunque tuvieras un manual en frente.

    -Jaja, cállate, eres un tonto, ayúdame a abrocharlo –dijo dándome la espalda y acomodando su largo cabello por un costado hacia adelante.

    No pude resistirme al ver sus voluminosos glúteos frente a mí. Acaricié sus hombros desnudos y bajé por su espalda. Tomé su blusa y se la bajé hasta la cintura suave y lentamente. Ella no se opuso. Abroché su sostén, acaricié su espalda cerca de sus costillas deslizándolas por su tallada cintura hasta llegar a su blusa, la tomé y la subí colocándosela nuevamente.

    Noté un repentino y agitado suspiro cuando le acomodé la blusa en sus pechos. Le di una suave palmada en esos glúteos que temblaron sutilmente.

    -¡Listo! –le dije sonriendo y luego me senté de nuevo en el sofá.

    -¡Gracias! –dijo. Ella me miró con una mirada pícara, sonrió y se acomodó igual que antes.

    Continué hurgando entre su blusa como lo estaba haciendo, acariciándola y provocándola cuanto pudiese. Su respiración se aceleraba, silenciosos y sutiles gemidos se escapaban de su boca. Mi verga se había endurecido como una roca. Sentía la cabeza de Mari sobre mi erección palpitante. Ella lo disfrutaba, era obvio que lo sentía y yo la dejaba disfrutar.

    De repente la excitación superó su razón. Levantó su cabeza de mi pelvis y volteándose boca abajo dijo

    -¡Ay, qué incomodo! Que traes allí… –mientras llevaba su mano hasta el cierre de mi pantalón para desabrocharlo descubriendo mí miembro.

    Mi verga se incorporó creciendo libremente a su máxima longitud (unos 19 cm) y grosor (unos 18 cm de diámetro). Mari abrió sus ojos y su boca, poniendo una expresión de asombro.

    -¡Madre mía! ¡Donni… estás… tan…! ¡Wow! Tiene tantas venas –decía curiosa inspeccionando mi pene como si estuviese descubriendo algo.

    -¡Oye! ¿Qué haces?, si no compra no toque –dije bromeando mientras trataba de guardar mi pene.

    -No, ¡espera! Quiero ver –dijo mientras sonreía.

    Su mano comenzó a acariciar mi verga de arriba hacia abajo masturbándola. Un glande inflamado y rojizo emergió del prepucio. Mari llevó su boca hasta él y comenzó a lamerlo cual si fuese un helado. Lo saboreaba meticulosamente para luego engullirlo de una bocanada. Su saliva escurría por mis testículos. Abría al máximo su boca tragando mi pene y luego succionaba con fuerza al sacarlo.

    Estiré mi mano y comencé a acariciar esos glúteos redondos y prominentes. La nalgueaba fuertemente sacudiéndolos y ella gemía con cada azote. Luego de un rato de mamarla como una experta Mari se puso de pie, me levantó y se puso frente a mí.

    Nos miramos a los ojos fijamente, los suyos eran preciosos, jamás los había visto de esa manera. Redondos, color marrón aún vidriosos con sus largas pestañas humectadas por su llanto. Mordía su labio inferior de manera nerviosa, inocente y sensual.

    Abracé su piel desnuda, bajo su blusa, por la cintura, apresándola contra mi cuerpo. Sus ojos no dejaban de mirar los míos fijamente hasta que los cerró cuando la besé apasionadamente. Su respiración se agitó instantáneamente, mis manos se deslizaron hasta sus prominentes glúteos apretujándolos de manera apasionada. Un gemido escapó de su boca cuando lo hice. Apretaba esos glúteos con fuerza masajeándolos presionando su pelvis contra mi verga.

    Estallamos en un desenfrenado instinto sexual. Le arranqué la blusa, ella mi camisa, nos quitamos la ropa mutuamente de manera apasionada mientras continuábamos comiendo nuestras lenguas en lujuriosos besos. Me arrojó sentándome en el sillón y se montó sobre mí abriendo sus piernas. Su vagina estilaba de excitación. Su vulva bien afeitada ardía sobre mi glande abrazándolo placenteramente.

    Mari no dejaba de devorarme los labios y la lengua. Yo acariciaba sus pechos, deslizaba mis manos por todo su cuerpo, bajaba por su cintura hasta sus piernas. Sus voluminosas y sensuales piernas, luego subía hasta sus glúteos y la nalgueaba fuertemente, apretujaba esos glúteos amasándolos apasionadamente. En un movimiento de cadera mi pene se deslizó dentro de Mari, muy profundamente llenándola por completa.

    Un suave grito se desvanecía hasta acabar en un gemido luego de la primera embestida. Mari comenzó a mover sus caderas como una diosa restregando su clítoris en mi pubis. Su vagina estaba muy caliente, ardía como el fuego y mojaba como la marea. Su estrechez estrangulaba suavemente todo mi pene en rítmicos espasmos con cada sentón que Mari se daba en mi verga. Me comí esas tetas como un león devorando su presa.

    Mis dedos comenzaron a hurgar entre sus glúteos hasta llegar a su ano, comencé a juguetear en él lubricándolo con el caldo de placer que salía de su vagina. Metí uno de mis dedos suavemente en su culo para ver su reacción. Creí que le disgustaría la idea, pero para mi sorpresa, un gemido placentero acompañó una contracción de sus esfínteres.

    Mari ensanchaba sus glúteos abriéndolos cada vez que descendía metiéndose mi verga. Yo aprovechaba para introducir mi dedo casi hasta el nudillo en su ano.

    -¡Ah! ¡Ah! ¡Qué rico!, siento tu dedo en mi culo –decía ebria de placer.

    -Te quiero desvirgar el culo Mari, ¿me dejas?

    -¡Uf! ¡Ah! ¡Ah!, bueno dale.

    Rápidamente me puse de pie frente al sillón, Mari recostó sus codos y su cabeza en el respaldo, abrió sus piernas apoyando sus rodillas en los cojines haciendo descender un poco su culo. Y arqueando su cintura, abría sus enormes glúteos exponiendo aquel perfecto esfínter jugoso y apretado.

    Metí mi boca entre sus glúteos y comencé a comerme su ano. Mi lengua exploraba sus cavidades lubricándola por completa. Los gemidos de Mari resonaban en eco por toda la sala. Luego de hurgar con mi lengua por un rato me incorporé. Escupí una buena cantidad de viscosa saliva en su culo y metí mi verga sin esperar más.

    Su apretado culo se estiró dándole paso a mi hinchado glande que con esfuerzo se abotonó dentro de su esfínter.

    -¡AY! ¡Duele!, pero qué rico.

    -Tranquila, ya te pasará el dolor, me avisas cuando estés lista.

    -¡Ya! ¡Ya! Dale de una vez.

    Metí mis 19 cm dentro de sus intestinos con fuerza. Sentí como mi glande estiraba su esfínter y empujaba su contenido de vuelta a su interior. Mari gritaba de dolor y placer, luego de un rato sus gritos se convirtieron en solamente gemidos de placer. Sus fluidos chorreaban por sus muslos y goteaban en los cojines del sillón mientras yo la perforaba metiendo y sacando mi verga sin parar.

    -¡Ah! Ah! Ah! Así, que rico, ¡ay! ¡Ay qué rico! –gemía incesantemente.

    De repente un orgasmo intenso convulsionó el cuerpo de Mari, sus esfínteres se contrajeron fuertemente causándome un intenso placer.

    -Ven Mari, te lo quiero hacer en la cocina. –le dije mientras sacaba mi verga de su culo y la llevaba hasta la mesa.

    Mari, sumisa obedeció a mi petición y se recostó sobre la mesa. Tiramos todo al piso para hacer lugar. Acerqué las caderas de Mari a la orilla de la mesa y me dispuse a penetrarla de pie. Sus pechos brincaban al ritmo de mis penetraciones. Justo cuando Mari anunció su orgasmo con esos movimientos y gemidos característicos bajé hasta su vagina y la devoré con mi lengua mientras mis dedos hurgaban en su clítoris y mi otra mano la penetraba en la vagina.

    Un segundo orgasmo intenso estremeció a Mari, esta vez con un chorro de un fluido transparente que expulsó con fuerza desde su vulva. Sus piernas temblaban y Mari respiraba tan agitada como una atleta.

    Ella se sentó sobre la mesa y luego de besarme apasionadamente. Se bajó para arrodillarse y devorar mi verga nuevamente.

    -Si sigues así harás que acabe –le advertí para que se preparara.

    -Yo quiero que lo hagas –dijo mientras engullía salvajemente mi verga. Sacudía su cabeza de adelante hacia atrás tragando mi verga hasta donde le era posible.

    No tardó más de 2 minutos con esa habilidosa mamada y estallé en un intenso orgasmo que desembocó en su garganta y su lengua. Mi verga se hinchaba descomunalmente en rítmicos espasmos que expulsaban gran cantidad de semen en su boca. Por un momento creí que esto le disgustaría, para mi sorpresa, Mari me miraba a los ojos, mientras sonreía morbosamente y sacaba su lengua cargada de borbollones de semen para mostrarme como se saboreaba mis fluidos para luego, de un solo trago, alimentarse con todo mi semen.

    Mari y yo nos dirigimos a su habitación, nos recostamos en su cama, sudorosos y exhaustos. Nos acariciábamos mientras nuestros cuerpos reunían fuerzas para poder seguir follando.

    -Te quiero –dijo Mari sonrojada por el esfuerzo, mirándome tiernamente a los ojos

    -Te quiero –respondí besándole la frente y acariciando sus pechos.

    Ambos nos reímos y nos abrazamos fuertemente.

    De repente escuchamos la puerta de su casa abrirse, unos pasos recorrieron el pasillo hasta su sala y luego escuchamos la voz de su madre sorprendida al ver el desorden de la sala y la cocina

    -¡Santo cielo! ¿Pero qué pasó aquí?…

    Pero eso ya es para otro capítulo que les contaré luego.

    Espero que os haya gustado.

    Con cariño, Donni.