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  • El sereno de la fábrica (Parte 3): El reemplazo

    El sereno de la fábrica (Parte 3): El reemplazo

    Una semana exacta después de que el hermanito del sereno, me pegue esa terrible cogida, volví a ir a la fábrica, no estaba seguro de a cuál de los dos iba a encontrar, toqué el timbre a las 10 de la noche y salió Carlos, el hermano menor, me alegró verlo, la verdad es que me había quedado con muchas ganas de volver a acostarme con él.

    Tenía una sensación extraña con ese chico, por un lado me había hecho gozar como una perra, tenía una polla hermosa, gruesa como nunca había visto, era dulce y tosco a la vez, y por otro, no me sentía seguro entregándome a él, pensaba que el día menos pensado me iba a jugar una mala pasada, no confiaba en él, intuía que podía defraudarme y hacer algo que no me guste, no obstante eso, el tipo me calentaba y deseaba volver a ser su puta.

    Al entrar lo primero que me dijo fue si me había puesto lo que me pidió, si, le dije, «vamos que quiero ver cómo te queda» me dijo, me llevó de la mano, atravesamos ese galpón oscuro y sucio con olor a grasa de las máquinas, el lugar me daba miedo, siempre pensé que podía haber alguien escondido espiando como él lo había hecho cuando me cogia el hermano, el temor que sentía, me excitaba más.

    Fuimos hasta el fondo y allí en su habitación, que era donde Mario me había cogido tantas veces, me hizo pasar y me ordenó que me desnude, lo hice lentamente moviéndome sensualmente como una puta, él se sentó a observarme, uno de mis mayores placeres, era desnudarme delante de un hombre y sentirme deseada y cuando me saqué todo y solo me quedaba puesta la bombachita, se levantó, se paró frente a mí, me apretó los pezones, me besó en la boca y me manoseó las nalgas, enseguida me ordenó que me arrodille a sus pies, se sacó rápidamente el short de baño que usaba siempre y su verga quedo tiesa frente a mis ojos.

    -¿Te gusta puta? -Me preguntó.

    -si papi -le respondí.

    -Mirala bien perra, hoy la vas a chupar toda hasta el final.

    -Si amor -fue mi respuesta demostrando mi sumisión.

    Me incliné un poco y lengüeteé esas bolas enormes que me tenían fascinada, las saboreé bien disfrutando cada pasada de mi lengua sobre la bolsa que guardaban esos grandes huevos llenos de esperma, la cantidad de leche que él tenia allí me tenía loca y no podía dejar de pensar en tragarme hasta la última gota de su delicioso jugo.

    Mientras no dejaba de lamer esas pelotas disfrutando el sabor de su piel y su olor a hombre, mostraba mi devoción por complacerlo.

    -Que puta barata sos, como te gusta la pija nena -me dijo tratando de humillarme, y siguió- Vas a ser mi mujer puto. -Esa ambigüedad, de género al hablarme, no hacía más que confirmarme que era un marica.

    Yo no dejaba de emitir sonidos que mostraban mi placer mientras lo lamía desenfrenada. Y agregó:

    -Sabes que te voy a romper bien el culo cada vez que vengas -y yo seguía besando, lamiendo y chupando sus pelotas. No podía contestarle, estaba extasiada con su sexo.

    Entonces apuntó la verga a mi boca y me la hizo chupar, besé primero su cabezota y me la fui tragando poco a poco hasta tenerla casi toda adentro, disfruté lo más que pude esa belleza, luego de un buen rato follando mi boca, abrió el cajón de la mesita de luz y sacó un enorme dildo con vibrador.

    -Mira lo que compré para vos perra -era verdaderamente grande, me asusté un poco y le dije que con su verga yo era feliz- no seas tonta -me dijo- vas a tener de las dos.

    Me hizo subir a la cama y me puso en cuatro patas con la cola para arriba separó mis piernas y abrió mis nalgas, debo decir que siempre los hombres que conocí dijeron que tengo un culo hermoso, paradito, redondo, muy femenino y apetecible y además naturalmente lampiño.

    Entonces escupió en su mano y empezó a pasar muy suavemente la yema de un dedo mojado con su saliva, empapó mi hoyito, me hizo desearlo como loca, el roce de su dedo me desesperaba, deseaba con locura ser penetrada con ese dedo de una vez, pregunté loca de deseo:

    -¿qué vas a hacerme por Dios?

    -Sos mi puta y te hago lo que quiero -dijo.

    -Por favor dame pija amor, no puedo esperar más, me estás volviendo loca, tómame por Dios hazlo de una vez por favor.

    Después de suplicarle inútilmente, parecía que me iba a hacer desear toda la noche, siguió jugando con la yema de su dedo en la entrada de mi ano, luego de un buen rato, jugó con dos, comenzó a introducirlos, finalmente metió otro más y con tres me cogió como si fuera una verga, meta y saca haciéndome gritar como una yegua. En un momento los quitó de mi ano, me los hizo chupar y llenarlos de saliva, para volver a metérmelos bien adentro.

    Unos 10 minutos más tarde, los quitó, sumergió su boca en mi cola y lamió mi ano como si fuera una vagina, gocé sus lamidas y luego su lengua penetró mi agujero y me llevo a sentir un éxtasis monumental. Lamenté mucho que dejó de hacerlo, podría estar con la lengua de un hombre en mi culo, indefinidamente, pero lo bueno no dura para siempre y entonces tomó esa verga de plástico y se dispuso finalmente a sodomizarme con él.

    Me empezó a follar con ese pedazo de plástico duro, primero lo metió lentamente y segundos después, cuando lo tuve ensartado del todo, lo dejo puesto ya que tenía una forma que no permitía que se salga. Entonces acercó su polla divina a mi boca, me la hizo chupar otra vez, la sensación de tener su pija en la boca y otra polla, aunque no fuese natural, en mi ano, era como si dos hombres me estuvieran enfiestando, mientras saboreaba esa verga estupenda y disfrutaba su sabor, la tersura de su piel y su olor a macho, sentía que me tenía empalada y me tenía totalmente sometida.

    Sabía que podía tenerme así toda la noche, total él no se cansaba teniéndome penetrada con eso, me siguió violando la boca por más de media hora, hasta que no pudo más y empezó a soltar todo el esperma que juntó toda la semana desde que había terminado en mi culo el lunes anterior, pensé que moría ahogada por la cantidad de esperma que depositó en mi boca. Saboreé su semen, con mi lengua y mis labios, lo junté en mi boca y lo mantuve degustando su sabor, mmm, que rico es, adoro su leche, pensaba, cuando comenzó a escaparse por la comisura de mis labios, frene esas gotas con mis dedos y las volví a meter en mi boca, hasta que me gritó que me la trague toda y no desperdicie nada. Y así lo hice, me la tragué toda, disfruté su leche, su esperma era un premio para mi, el premio que merecía por ser una buena puta. Y él volvió a decirme que era «una puta, una perra, una zorra y una marica».

    Estaba muy dolorida porque para penetrar un culo con un pedazo de plástico hay que saber hacerlo, no es lo mismo penetrar con tu verga que hacerlo con algo en la mano, me lo termino de ensartar bien profundo, yo sentía que me había empalado, y él disfrutaba mirando mis reacciones al dolor y a las vibraciones que me daba con ese aparato demoníaco, jugó con esa cosa en mi culo más de una hora, me volvió loca, lo sacaba casi completo y lo volvía a meter constantemente, y cuando lo tenía todo metido bien adentro accionaba el vibrador y me hacía ver las estrellas, mientras lo hacía, rozaba un poco mi pequeño e inútil clítoris varonil, y en un momento me hizo correr sin tocarme.

    Al hacerlo, yo necesitaba al menos 5 minutos para recuperar mi excitación, al enfriarme mi sensación era de rechazo, pero no le importó, me tiró del cabello y me mantuvo agarrada para que no salga de esa posición en la que me tenía y me siguió penetrando, eso se convirtió en una tortura hasta que logré reponerme y excitarme de nuevo y ese pedazo en mi culo me hizo acabar nuevamente.

    Quede tirada en la cama un rato, hasta que me dijo que debía irme temprano esa noche porque tenía cosas que hacer, me vestí a las apuradas, me acompaño a la salida y me dijo que me esperaba el lunes siguiente para seguir cogiéndome.

    Los encuentros con este joven se sucedieron varias semanas, y contaré aquellos en los que ocurrieron cosas distintas y dignas de contar, como el que viví la semana siguiente.

    Eso se los contaré en el próximo relato.

    Espero que les haya gustado y me dejen sus comentarios o si quieren preguntar algo pueden escribirme a mi correo [email protected] que con mucho gusto les contestaré.

    Continuará…

  • Una mujer sola disfruta de un día en una playa nudista

    Una mujer sola disfruta de un día en una playa nudista

    Se incorporó sentándose en la toalla. Llevaba media hora boca arriba dejando que el sol abrasase su cuerpo desnudo. Rebuscó en su bolso una botella de agua y bebió. Una gota se escapó por la comisura de sus labios y descendió por su cuello antes de encajarse entre sus pechos provocándole un escalofrío.

    Volvió a ponerse crema protectora masajeando todo su cuerpo con delicadeza. Se entretuvo entre sus maravillosos pechos. Siempre habían levantado pasiones sus tetas y ahora, observándolas con detenimiento, aún eran la parte de su anatomía que más le gustaba. De un buen tamaño sin ser exageradas tenían una forma perfecta pese al paso del tiempo. Sus areolas, de color marrón claro, eran perfectamente redondas y rodeaban a un pezón grueso que pellizcaba al terminar de ponerse la crema provocándole cierta excitación.

    Se recolocó las gafas de sol y se recostó sobre sus codos mirando hacia el vaivén hipnótico de las olas. Alrededor pero alejada había alguna que otra pareja que también tomaban el sol totalmente desnuda. En su mayoría turistas extranjeros más cercanos a los sesentas que a los cuarenta.

    De repente, y cuando se disponía a girarse para echarse una siesta bocabajo, alguien llamó su atención. Vio cómo, a unos treinta metros de donde se encontraba, un hombre caminaba hacia el agua. Desde su posición, y retirándose las gafas de sol para agudizar la vista, pudo comprobar que el tipo no tenía mal cuerpo. En la distancia parecía alto y ancho de espaldas. Con un culo redondo y unas piernas fuertes. Su bronceado era regular lo que le decía que era un habitual al nudismo.

    La mujer se sentó con las piernas cruzadas mirando en dirección donde aquel hombre se había sumergido. Tras unos largos que apenas le llevaron cinco minutos, salió del agua en dirección a su toalla. La visión frontal no desmerecía en nada a la trasera. Su torso aparecía lampiño y apenas había vello púbico. Sus brazos se veían torneados sin llegar a ser los de un culturista. Su miembro tampoco se mostraba de dimensiones descomunales; “eso solo pasa en las películas porno” pensó la mujer para sí. Le siguió con la mirada hasta localizar donde reposaba.

    Entre la mujer y el hombre se ubicaban apenas dos parejas más. Ella se sintió tentada y decidió darse un baño rápido que le permitiese saber más de aquel desconocido. Se levantó y paseó hasta el agua. Su cadencia hacía que su cadera se moviera de manera sexy. A sus 47 años tenía un buen físico. En sus 165 centímetros de altura se repartían perfectamente bien sus 60 kilos.

    La mujer echó un vistazo hacia el lugar donde se encontraba el hombre y vio que permanecía tumbado y recostado sobre su brazo izquierdo en dirección hacia donde ella tenía su toalla. El hombre parecía que leía y por tanto no habría estado pendiente del baño de la mujer. Un poco decepcionada caminó hacia su toalla. Mientras se secaba saludó a una de las parejas que tenía más cerca. Unos guiris sobre cincuenta años en los que no se había fijado demasiado. Tras secarse se volvió a tumbar al sol.

    Una brisa proveniente del mar la despertó haciendo que toda su piel se erizase. Descolocada por el sueño se incorporó hasta sentarse y pudo comprobar que había pasado casi una hora. Ahora entre ella y el hombre no había nadie. Como no había nadie en 100 metros a la redonda. El hombre se levantó y se volvió a meter en el agua. La mujer volvió a seguirle con la mirada y se le ocurrió darse un chapuzón también.

    Manteniendo las distancias de sus toallas ambos, hombre y mujer, permanecieron en el agua por 15 minutos. Entre largo y largo, siempre acababan mirándose. Apenas cruzaron un par de sonrisas. Él era bastante más joven que ella. Pero aun así el hombre se sentía en la curiosidad de observar el bien proporcionado cuerpo de su vecina.

    Se miraron en la distancia y se dispusieron a salir del agua. En la orilla ella permaneció parada mientras trataba de evacuar el agua de su melena apretando con las manos. Sin perder de vista el tonificado cuerpo masculino que se alejaba en dirección a su toalla. Todavía en la orilla, la mujer pudo ver como el hombre cogía su toalla y su mochila y se encaminaba hacia la orilla en su dirección. No pudo sino sentirse decepcionada al entender que el hombre abandona la playa.

    A medida que se acercaba, el hombre miraba con deseo el cuerpo de la mujer. Ésta permanecía parada en la orilla deleitándose con el buen cuerpo de surfista que se le acercaba. Sus pezones reaccionaron a la excitación que su mente le provocaba imaginando lo que le gustaría hacer con ese tío. La polla del hombre comenzaba a adquirir un tamaño considerable denotando que la admiración era mutua.

    Metros antes de coincidir en la orilla, la mujer le miró con media sonrisa y comenzó a andar hasta su toalla. El hombre, que también le sonrió, la siguió sin decir palabra. A estas alturas su erección era tremenda. El culo de la mujer se movía al ritmo de sus caderas a cada paso.

    Manteniéndose dos pasos por detrás, él pudo observar que ella se colocaba de rodillas en su toalla apoyando el culo sobre sus talones. Sus ojos color miel le miraban fijamente. Sus pezones estaban endurecidos y su media sonrisa hacía presagiar un pensamiento. El hombre avanzó dos pasos hasta colocar su polla empalmada a la altura de la cara de la mujer. Ésta no dudó un instante y acercó su boca hasta el miembro que la reclamaba. Con sus labios abrazó el glande amoratado de él para ir engullendo cada centímetro de polla que aquel desconocido le ofrecía.

    El hombre suspiraba mientras la mujer movía su cabeza a lo largo de su polla. Lo hacía con una lenta cadencia. Adelante y atrás, dejando que la polla se incrustase en lo más profundo de su boca para luego permitir que resurgiese de nuevo ensalivada. El hombre sentía como si se le derritiese dentro de aquella ardiente mujer. Ella lo miraba con lascivia mientras él, de pie frente a ella, la observaba con superioridad.

    La mujer se llevó una mano al coño y con la otra agarró aquel trozo de carne. Acompañó la fantástica mamada con un movimiento masturbatorio de la polla de aquel tío del que no sabía ni como se llamaba al tiempo que movía sus dedos sobre su excitado clítoris.

    El hombre comenzó a jadear de placer y apoyó sus manos en la cabeza de aquella pureta desconocida para marcarle el ritmo. Ella se dejó hacer y aumentó el ritmo de su cabeza y de su mano. Cuando notó que la corrida de aquel tipo era inminente se introdujo su polla entera y la mantuvo hasta tragarse todo el semen que eyaculó con gritos de placer.

    Al notar que el viscoso líquido resbalaba por su garganta aceleró el ritmo de su mano para llegar al orgasmo arrodillada ante un desconocido que le acababa de llenar el estómago de leche. Ambos se miraron. Se sonrieron. Y sin despedirse se alejaron.

    Camino de casa, y aun con el sabor de la polla de aquel desconocido, la mujer recibió una llamada en su móvil. Era su marido que le anunciaba que estaba a punto de aterrizar en Sevilla. Ella le comentó que ya estaba en carretera camino del aeropuerto para recogerle. Tenía ganas de verle.

    Acepto comentarios por correo electrónico en la direccion [email protected].

  • Sexting con sorpresa

    Sexting con sorpresa

    Pasaba de la una de la madrugada y estaba leyendo El Código Da Vinci en la cama de mi habitación. Sonó la musiquilla del Whatsapp, lo cogí y oí su voz. No sé por qué será pero el timbre de su voz me excita una cosa mala. Me preguntó:

    -¿Estabas durmiendo?

    Imaginé que quería jugar, le respondí:

    -No, estaba leyendo.

    -¿Está tu mujer contigo?

    -No, está durmiendo en el piso de abajo. ¿Y tú marido?

    -También está abajo. Pon la cámara.

    La puse y vi su cara, sin pintura de ninguna clase, con su cabello corto por un lado y largo por el otro, con aquella nariz perfecta, con sus luceros que iluminaban con su brillo, con sus labios gruesos, sensuales… Se debía estar tocando porque se mordió el labio inferior. Eché la mano a la polla y le dije:

    -Estás más bella que nunca.

    -Adulador. ¿Quieres verme desnuda?

    -Es lo que más deseo en este mundo.

    Me dejó ver su cuerpo moreno. Estaba en su cama echada sobre una sábana color vino tinto. No tenía un cuerpo cualquiera. Sus tetas eran grandes, sus areolas oscuras y sus pezones gordos. Su vientre estaba lejos de ser plano, sus caderas eran anchas, sus piernas eran fuertes y bien hechas, su coño lo tenía rasurado, y su culo, que en ese momento no se veía, era una gozada de culo. Después de ver su cuerpazo entero, me mostró solo su cara y sus tetas. Le pregunté:

    -¿Quieres que te quiera?

    -Si, quiero que me quieras.

    -¿Cómo?

    Vi cómo sus manos se posaban sobre las tetas, cómo las magreaba, cómo llevaba la teta derecha a la boca y cómo lamía el pezón. Con su sensual voz, me preguntó:

    -¿Te gustaría ser tú el que me comiese las tetas?

    -¡Me encantaría!

    Me puse perro, pues no es lo mismo fantasear con un pibonazo después de ver su cuerpo desnudo en una foto que verla desnuda mientras se toca y te habla. Mi polla soltaba aguadilla cómo si fuese una pequeña fuente.

    -Dime cómo me las comerías.

    La cámara enfocó las tetas y después solo su cara. Le hablé pausadamente.

    -Te las cogería, las juntaría y lamería los pezones y chuparía tus areolas, luego te mordería las tetas suavemente, por los lados, luego te pasaría la polla mojada por los pezones y las areolas, te volvería a juntar las tetas y te las follaría. Después te las volvería a comer bien comidas antes de bajar a tu coño.

    Vi cómo pasaba la lengua por los labios y cómo mordía el labio inferior… Era como si le estuviera haciendo lo que le iba diciendo. La cámara me mostró su rostro y sus tetas con los pezones tiesos cómo pitones. Mi polla ya soltaba aguadilla que mojaba la palma y los dedos de mi mano. El líquido hacía de lubricante. Al bajar y subir mi mano por ella imaginaba que era su coño mojado. Me dijo:

    -¿Quieres ver mi coño?

    -Quiero.

    Me enseñó el coño. Lo estaba abriendo con dos dedos. El glande de su clítoris, gordo cómo un guisante, lo tenía fuera del capuchón, se metió el dedo corazón dentro de la vagina y después acarició el glande y comenzó a gemir, luego metió el mismo dedo en la vagina, lo sacó pringado de jugos, lo llevó a la boca y lo lamió con su pequeña lengua.

    -¿Te gustaría comerme el coño?

    -Lo que más.

    -¿Cómo me lo comerías?

    -Me metería entre tus piernas. Te abriría el coño con dos dedos y lamería de abajo a arriba, lentamente, te lo lamería treinta o cuarenta veces. Mi lengua se pringaría con tus jugos agridulces, espesitos. Ummm, después te levantaría las piernas y jugaría con mi polla en tu ojete. Te metería la cabeza y te follaría el culo solo con el glande hasta que me pidieses pan por señas. Después te follaría el coño y cuando viera que te ibas a correr volvería a meter mi cabeza entre tus piernas, te follaría la vagina con la puntita de la lengua, una, dos, cinco, diez, veinte veces, después te chuparía el clítoris y más tarde te lo lamería para pasar a lamer desde el ojete a clítoris, más y más aprisa hasta que te corrieras en mi boca.

    Durante un tiempo solo oí sus gemidos, vi su cara de placer y vi cómo magreaba las tetas. Otra vez parecía que le estaba haciendo lo que le decía. Al volver a hablar fue para decir:

    -¡Ay que me corro!

    Supuse que se estaba dando dedo a mazo. Enfocó de nuevo su linda cara, y dijo:

    -¡Ay que rico, ay que rico, ay qué ricooo! ¡¡Me corrooo!!

    Vi su cara de gozo al correrse y de mi polla comenzó a salir leche cómo de un cazo cuando llega a la ebullición y no se quita del fuego.

    Al acabar, le dije:

    -Hacía tiempo que no me corría con tanta fuerza.

    No se lo podía creer. Sabía que me llevaba mucho más tiempo correrme.

    -¡¿Te corriste?!

    -Como un lobo.

    -¿Tan rápido?

    -Es que me pones una barbaridad. Mira mi mano.

    Le enseñé mi mano pringada de leche. Se mordió de nuevo el labio inferior y volvió a pasar la lengua por los labios. Después me dijo:

    -Escucha.

    Sentí el ruido que hacían sus dedos dentro de su coño. «Clash, clash. clash…» Después los quitó, me los enseñó pringados de jugos y acto seguido los metió en la boca y los chupó.

    -¿Qué me harías ahora?

    -Sabes que adoro tu boca, que adoro tus tetas, que adoro tu coño…

    Ella quería otra cosa.

    -¿Y mi culo? ¿Me comerías el culo?

    -Si me lo dieras te lo devoraría.

    -Todo tuyo.

    Lo siguiente que vi en la pantalla fue su agraciado culo. Se había arrodillado y lo movía hacia los lados. Le dije:

    -¡Me voy a hartar!

    Abrió las nalgas con una mano, me enseñó el ojete y me dijo:

    -Come.

    Otra vez cambió el plano y enfocó solo su cara. Mi mano subió y bajó por la polla morcillona y resbalosa. Cerré los ojos, la apreté y empujé simulando que se la metía en el culo.

    -Ya lo estoy comiendo. Sabe a vicio. ¡Me encanta que seas una viciosa!

    Su cara reflejaba placer. Mi polla ya volviera a coger cuerpo debido a la paliza que le estaba dando. Volvió a la carga.

    -Folla mi culo con tu lengua, golfo.

    -Ya la estoy follando.

    -Ahora méteme la polla en el culo.

    -Te la meto. ¡Me encanta tu culo!

    -¡Y a mi me encanta que te encante!

    Dándole caña a mi polla, le dije:

    -¿Gozas, preciosa?

    -Sííí.

    Al enfocar de nuevo se había dado la vuelta y enfocaba su cara y sus tetas. Me dijo:

    -Fóllame el coño.

    -Enséñamelo.

    Bajó la cámara. La humedad brillaba en la piel morena de sus muslos junto al coño, coño que estaba empapado. Mi polla se endureció más de lo que ya estaba.

    -¡Diosss! Qué cosa más rica.

    Cerré los ojos y la meneé imaginando que la levantaba por la cintura y se la metía hasta las trancas. Me dijo:

    -¡Dame duró, campeón!

    -Ya te estoy dando, linda.

    Movía tanto su cuerpo simulando que la follaba que parecía que la estaba penetrando. Poco después, me decía:

    -¡Me voy a correr, José!

    La polla me empezó a picar y a latir. Me iba a venir otra vez, le dije:

    -¡Dámela, muñequita, dámela!

    Con voz melosa me preguntó:

    -¿Quieres qué te la de en la boca?

    -Sí, y mírame cuando te corras.

    Me estuvo mirando un par de minutos, par de minutos que yo dejé de menearla, ya que quería correrme con ella. Al ver que se iba a correr, le dije:

    -¡Qué bella eres!

    Sus ojos se cerraron de golpe y sus gemidos dejaron paso a los gritos de placer. Se corrió cómo una leona… Al abrir los ojos los tenía vidriosos. Cuando sus gritos acabaron fue bajando la cámara. Vi sus preciosas tetas con las areolas encogidas y los pezones erectos. Vi su ombligo y cuando creí que iba a ver su coño vi la cabeza de su marido entre sus piernas. Me volví a correr como un cabrón al tiempo que ella apagaba la cámara del Whatsapp.

    Quique.

  • De traficante a puta

    De traficante a puta

    1:30 pm hora acordada del encuentro. Una ajustada minifalda que llegaba a la mitad de sus voluminosos muslos, una blusa ligera de tirantes tallaba su cuerpo descubriendo sus enormes pechos en su escote. Su cabellera rizada y alborotada, de un color rubio artificial, un maquillaje barato con un labial carmesí que definía sus sensuales y carnosos labios latinos. Su piel clara y tersa embellecía su sensual figura. Mientras espera recibe una llamada.

    -Eleonor, ¿dónde estás? No te veo.

    -Estoy en la esquina de la calle Asunción, entre la 9ª y 10ª.

    -Estoy a la vuelta, no te muevas, voy para allá.

    En menos de 1 minuto un Mazda del 95 color rojo se estaciona en la dirección indicada. Eleonor lo aborda y toman la autopista Interamericana en dirección oeste. El destino, centro penitenciario Harley.

    -¿Compraste lo que te indiqué? –pregunta Luka, mientras conduce con la mirada fría e inexpresiva en la carretera.

    -Sí, aquí lo tengo

    -Bien. Erick recibirá el paquete, asegúrate de contar el efectivo antes de salir y mantén la calma. Esto será sencillo y rápido.

    Un kilómetro antes de llegar al penitenciario, Luka se estaciona atrás de en un deshuesadero solitario. Los automóviles corren por la carretera, sin embargo aquel lugar está casi desolado.

    -Prepárate, ya casi llegamos. –dice Luka mientras apaga el auto y saca de la guantera el producto.

    Eleonor saca de su bolso una bolsa plástica, dentro de ella un paquete de preservativos, un gel lubricante y unas toallas húmedas. Luka toma un preservativo, lo abre y comienza a acomodar de manera cilíndrica los paquetes dentro del condón hasta llenarlo y lo anuda en su extremo. El resultado, un dildo de unos 18 cm. Hecho de droga forrada en un preservativo. Eleonor un poco nerviosa toma el lubricante, acomoda las toallitas y el dildo en la guantera. Reclina el asiento y se prepara.

    -¿Podrías por lo menos ver hacia otra parte? –pregunta Eleonor indignada ante la mirada fría de Luka.

    -Déjate de tonterías y date prisa que se nos hace tarde.

    Avergonzada e incómoda Eleonor mete sus manos bajo su falda y comienza a deslizar unas bragas de encaje muy angostas y provocativas, sus manos temblorosas acarician sus depiladas y suaves piernas en todo el recorrido. Toma el dildo, lo lubrica por completo mientras Luka la observa detenidamente. Se recuesta abriendo sus piernas, dejando al descubierto una vulva preciosa y afeitada; casi virginal, aunque ya no lo era, sus labios rosados y bien formados esperando la entrada de aquel dildo.

    Lo introduce unos 10 cm y se detiene. Comienza a soltar gemidos de placer y de dolor mientras continua su esfuerzo por introducirlo por completo.

    -Anda, date prisa, no tenemos todo el día

    -Si te parece tan fácil ¿porque no te lo metes por el culo y haces la entrega tú mismo?

    Luka se abalanza hacia Eleonor iracundo. La toma con fuerza del cuello y la aprieta con violencia casi asfixiándola. Se acerca a su oído abriendo la boca con un olor desagradable.

    -Más te vale que cuides esa boca de zorra o terminarás siendo la puta del barrio y me encargaré de que tu esposo vea cómo te cogen entre todos – le dice casi susurrando con una voz grave e intimidante.

    Eleonor forcejeando comienza a necesitar el aire mientras su rostro se enrojece. Luka sin soltarle el cuello, toma el dildo con su otra mano y de manera violenta y despiadada lo introduce con fuerza por completo dentro de Eleonor. Un alarido escapó de su garganta. Los dedos de Luka entraron en su vagina asegurando el paquete dentro de Eleonor.

    -Ves que no era tan difícil –dijo mientras sacaba sus dedos y se limpiaba con una toallita.

    Eleonor se colocó las bragas y se acomodó en el sillón mientras partían al penitenciario.

    3:00 pm hora de la visita conyugal. Eleonor camina por el pasillo principal donde se registra y le dan acceso a las celdas privadas. Sus enormes glúteos casi al descubierto levantan las miradas y lascivos piropos de todo hombre a lo largo de su recorrido.

    Hasta los guardias están hipnotizados con la excitante figura y la sugestiva vestimenta de Eleonor lo que ella aprovecha para pasar desapercibida su falsa identificación e ingresar con éxito a la celda 236. La última al fondo de un pasillo frío y oscuro donde se escuchan los gemidos y jadeos de los otros reos follando con sus parejas.

    Un guardia escolta a Eleonor hasta la puerta, su mano posa sobre la delgada cintura de Eleonor mientras camina. En su recorrido, no puede evitar bajar hasta su glúteo y apretar ese enorme culo. Eleonor baja la mirada aceptando que el guardia hurgue entre su culo, se siente como una perra, eso le molesta un poco pero a la vez la excita.

    Eleonor entra a la celda angosta, oscura y fría, iluminada suavemente por una diminuta ventana con rejilla en la parte superior de la habitación. El guardia cierra la puerta. En la esquina de la celda, sobre la parte baja de la litera, una figura masculina y fornida la observa en silencio. Es un hombre de unos 1.85 m, de color, musculoso, grande y serio. Su mirada penetrante la intimida y la desnuda sin tocarla.

    -Tú debes ser Erick –dice temblorosa y de manera cortés le extiende la mano para saludarlo

    -¿Traes la mercancía? –pregunta Erick de manera fría ignorando el saludo de Eleonor.

    -Si, lo traigo. ¿Tienes el dinero?

    Erick saca dos rollos de billetes envueltos con una liga. Eleonor lo toma y de manera rápida lo cuenta verificando la cantidad.

    -Bien, creo que está en orden –mete el dinero en su bolso y observa a Erick como pidiendo con la mirada lo que sus labios no se atreven a pedir.

    Luego de un rato se percata de que no será como ella espera y lo da por hecho. Pone su bolsa en el colchón y levantando decorosamente su minifalda comienza a bajar sus bragas.

    -¡Así no! –dijo Erick, imponente.

    Se acercó a ella y la tomó por la cintura arrimando su pene en los glúteos de Eleonor.

    -Por favor, no. Yo solo vine a hacer la entrega.

    -Mira, el asunto es este. Luka me debe un favor desde hace tiempo y el idiota no ha podido pagarme. Así que me dijo que podría cobrarme con su mula. Y vaya que ese mierda de Luka tiene buenos gustos –decía mientras sus grandes manos acariciaban los prominentes glúteos de Eleonor dejándolos al aire.

    -¡Por favor! ¡Ya basta! Yo no tengo nada que ver con los negocios de Luka. Déjame ir. –decía mientras sus lágrimas comenzaban a brotar a sabiendas de lo que se vendría.

    Las manos de Erick se deslizaban bajo su blusa apretando sus pechos bajo la ropa. Los exprimía como dos naranjas apretando sus pezones y besando su cuello. Eleonor alzó sus brazos sujetando la parte alta de la litera, mientras Erick se deleitaba con sus pechos desde atrás. Le abrió las piernas aun de pie y con una de sus manos comenzó a acariciar el clítoris de Eleonor.

    Los jugos comenzaron a lubricarla aunque ella no quería. Sus gemidos escapaban involuntaria e inevitablemente tras cada caricia. Su vagina comenzó a dilatarse de la excitación y su flujo hizo deslizar aquel dildo fuera de su cuerpo. Erick lo tomó y de manera violenta lo sacó por completo.

    -¡AAH! ¡Auch! –gritó ella mientras una buena cantidad de flujos escurrió en el suelo y sobre sus muslos.

    -Ouh mi niña, mi niña, ¿cómo fue que terminaste aquí? –decía Erick mientras la desnudaba lentamente disfrutando de cada porción de su piel.

    -Por favor, no lo hagas, puedo conseguirte más mercancía si quieres, hablaré con Luka para conseguirte más sin costo alguno pero por favor ya déjame ir.

    -Los guardias no abrirán hasta después de dos horas, relájate. ¡Siéntate! –dijo empujándola en el colchón del catre.

    Eleonor estaba completamente desnuda, sabía que no había manera de salir de allí sin que aquel reo cobrara su deuda con ella. No podía poner en riesgo el negocio y mucho menos poner en riesgo la vida de su esposo y de su familia.

    Erick se desabrochó el pantalón bajándolo hasta los tobillos. Luego su ropa interior. Un viril miembro emergió erguido por completo. Era grueso, lleno de venas, ligeramente curvado hacia arriba. Eleonor estaba en shock, jamás había visto semejante verga. Erick llevó las manos de Eleonor hasta su pene haciendo que lo masturbara.

    Su pene alcanzó tamaños descomunales, aquel hombre superaba por mucho el mito sobre los hombres de color y el tamaño de sus miembros. Además el sujeto era bien parecido. Quizá en otras circunstancias le hubiese parecido hasta placentero llegar a esos menesteres.

    Eleonor metió cuanto pudo de ese miembro en la boca. Su prominente glande abría sus mandíbulas a su máxima capacidad. Comenzó a envestirla con fuerza. Cada penetración forzaba el glande haciéndolo llegar hasta su esófago. La saliva tras las arcadas lubricaba cada centímetro de aquel imponente pene.

    Los pechos de Eleonor se inflamaban levemente, sus pezones erectos de excitación comenzaban a endurecerse sin reparo. Su cuerpo reaccionaba fiel a sus instintos. No tardó mucho en empapar las sabanas con su flujo, el cuerpo musculado y atlético de aquel delincuente comenzaba a parecerle más que placentero.

    Luego de unos minutos, se recostó sobre su espalda, alzando sus piernas, Erick la tomó de los tobillos acomodando su descomunal miembro en la entrada de su presa. Jugueteaba acariciando el clítoris, lubricando con sus gotas pre seminales aquella preciosa vagina.

    Deslizó suavemente su glande expandiendo la vagina a su máxima capacidad.

    -¡Ah! ¡Dios! Ve despacio, con cuidado –decía Eleonor entre gemidos.

    Su hombre comienza a introducir todo su miembro lentamente mientras Eleonor siente como esa verga la penetra abriéndola y llenándola por completa. Un gemido intenso escapa de su boca. Su vagina comienza a tener espasmos apretando el miembro dentro de ella, sus jugos escapan como nacimiento de agua en el desierto.

    De repente el dolor va menguando y un intenso placer ciega su mente. Todo a su alrededor se desvanece y no puede pensar en nada más que en el insuperable placer que tiene entre sus piernas. Erick se da un festín con sus enormes pechos lamiendo sus pezones con suavidad y delicadeza.

    -¡Ay! Si! ¡Qué delicia! ¡Así! –gemía cegada de placer

    -¿Te gusta cómo te hago mía?

    -¡Oh! ¡Sí! ¡Sigue! ¡Así! ¡Soy tuya! ¡Hazme toda tuya! ¡Ah! ¡Ah!

    Cada envestida de esa verga llevaba consigo una enorme carga de semen. Luego de penetrarla por media hora, una explosión de viscoso y caliente semen llena a Eleonor. Una cascada de orgasmos la hace estremecer mientras traga la lengua de su cazador en un apasionante beso. El salvaje choque de sus cuerpos resuena por todo el pabellón.

    Un pene semiflácido ingresa a su boca. Ella comienza a amamantarse de él cual cría hambrienta. Le ordeñó hasta la última gota viscosa de manjar y luego de unos minutos ese pene se erguía como mástil.

    Erick se recostó boca arriba, Eleonor se montó sobre él a horcajadas, pero dejando su trasero en dirección a su cabeza para que Erick disfrutara de aquel paisaje. Sujetó esa verga del tronco mientras se ponía en cuclillas dejándose penetrar por el enorme sexo de su amante.

    -¡Ah! Es enorme, no cabrá toda dentro de mi

    -Anda, no lo sabrás hasta que lo intentes.

    Comenzó a bajar y subir penetrándose. Sus glúteos temblorosos impactaban la pelvis de su hombre. Erick disfrutaba ver esos glúteos rebotando sobre él. En algún momento se atrevió a introducir su dedo en el culo de la chica, que exquisitez, Ella gemía de placer al sentir una doble penetración en su cuerpo. Lo cabalgó como a un potro salvaje, alternaba entre brincos y movimientos de cadera circulares. Su culo danzaba sobre esa verga con suaves movimientos, era la coreografía más erótica que jamás había bailado.

    Follaron hasta que las piernas temblorosas de Eleonor cedieron al cansancio. Quedó rendida en aquella celda mientras el delincuente saciaba su apetito sexual comiéndose el coño de Eleonor del que emanaban flujos incesantes de placer.

    6:00 pm. Hora que termina la visita. El guardia va hasta la celda y tras golpear la puerta con su macana, abre.

    Mira el sensual cuerpo de Eleonor mientras aún se viste. Observa sus pechos rebotar con cada brinco que ella da para lograr meter su ajustada falda en sus prominentes caderas. La observa hasta que termina de vestirse. Una erección comienza a brotar entre sus pantalones.

    -Rápido, ya es hora –dice el guardia, imponente.

    Eleonor toma sus cosas y sale de la celda para ser escoltada a la salida. El guardia la toma nuevamente por la cintura para terminar manoseando su trasero una vez más.

    Eleonor firma su salida en el puesto de control. Mientras ella firma, el guardia le indica algo con la mirada a otro de los guardias. Justo cuando está por salir, es detenida.

    -Señorita, necesito que nos acompañe un momento.

    -¿Para qué? No… No lo entiendo

    -Por favor, guarde silencio y síganos –dice el guardia mientras la sujeta del brazo llevándola hasta el cuarto de interrogatorios.

    Entran, es una habitación limpia, solo con una mesa en el centro, dos sillas y una lámpara colgante por encima de la mesa. Un enorme espejo cubre la mitad superior de una de las paredes. El guardia cierra la puerta con seguro.

    -Por favor tome asiento.

    -¿A qué se debe esto oficial?

    -Yo soy el que hace las preguntas aquí señora… Anneth –dice el guardia leyendo la falsa identificación de Eleonor.

    Ella comienza a sentirse nerviosa.

    -¿Es usted la esposa del señor Erick Johnson?

    -Sí señor.

    -¿Cuánto llevan casados?

    -Me gustaría hablar con mi abogado. No tengo por qué responder sus preguntas, hasta ahora no me ha dicho por qué me detiene.

    -Mire señora, según los antecedentes Erick ha estado involucrado en tráfico de drogas dentro de prisión y tenemos que ser más estrictos con las visitas que recibe. Usted no está bajo arresto, pero necesitamos inspeccionarla. Por favor, póngase de pie, ponga sus manos contra la pared y abra las piernas, será una inspección breve.

    Eleonor obedece. El guardia comienza apretando sus pechos por encima de su ropa, no lleva sostén y sus delicados pezones erectos resaltan sobre su blusa. Desciende por su cintura y baja por sus piernas acariciándolas lascivamente. No puede dejar de notar unas gotas de fluido que escurren por la parte interior de su muslo. Masajea sus firmes glúteos por encima de la ropa mientras presiona su bulto erecto entre los glúteos de ella.

    -Señora por favor, vacíe el contenido de su bolso sobre la mesa.

    “Mierda” piensa. El dinero está en el bolso. Eleonor saca el contenido, unos preservativos, las toallitas húmedas, su cartera y un recambio de ropa interior.

    -Listo –dice Eleonor mientras aun sostiene el bolso

    -Por favor permítame su bolso. –el guardia se lo arrebata y tras inspeccionarlo encuentra los rollos de billetes.

    -¿Podría explicar esto?

    Continuará…

  • Diario de una puritana (Cap 8): Quedando inmundo

    Diario de una puritana (Cap 8): Quedando inmundo

    Algo más de 500 años han pasado desde el fin de la Edad Media, precioso periodo para el afianzamiento de los ideales de la Iglesia, época de represión y castigo ante cualquier pensamiento libidinoso, pero a la vez de excesiva perversión ante tanta prohibición.

    Se dice que en la Edad Media se creía que una de las causas para la ulceración del pene era acostarse con una mujer que tenía el “útero sucio”, corroído por el veneno, veneno que hoy conocemos como la regla o el periodo.

    Debo reconocer que en esta etapa de mi vida y de nuestra relación, tuve un enorme interés por aprender un poco más de las costumbres, las tradiciones y la vida en general durante la Edad Media. Básicamente por haber sido el periodo de afianzamiento de los patrones de comportamiento aceptados por la Iglesia, que perduran en cierta medida hasta nuestros días, y que rigen el actuar y el día a día de personas como mi amada Mafe.

    Quería entender el porqué de sus creencias, para luego fantasear con llevarlas al extremo opuesto. Quería sentirme como cualquier de los blasfemos o impúdicos de ese periodo oscurantista.

    Aunque no me aportaba nada verdaderamente valioso, dediqué muchas horas a la lectura y a la investigación de la Edad Media, especialmente a conocer sobre la tradición católica y las prácticas sexuales de aquella época.

    Fue así que empecé a adquirir gusto por prácticas, cosas o rituales, que antes difícilmente habría imaginado. Desde cosas tan simples como follar en cuatro, considerado como una gran ofensa antinatura por la Iglesia de esos tiempos, hasta los juegos de dominación y perversión más osados.

    Claro que Mafe no era una obsesa de las creencias católicas de ese entonces, de hecho no creo que las conociera, no creo que supiera que el sexo oral estaba mal visto por ser un acto lejano a los fines reproductivos y puramente ligado al placer, tampoco creo que estuviera muy de acuerdo con aquello de satanizar la masturbación, con eso de considerarla uno de los más grave pecados, siendo que para el momento en que nos conocimos, ella la practicaba bastante por su cuenta, y ahora mucho más con mi ayuda.

    Y mucho menos creo que Mafe supiera que en esa época, y quizá en la actual, no lo sé, la Iglesia condenaba las relaciones sexuales que se practicaban en posiciones diferente al misionero. A mí, por ese entonces me encantaba hacerlo de pie, preferiblemente de frente, viéndola a la cara, apreciando sus gestos de placer, frente a frente para poder morder sus labios y atraparlos entre mis dientes, o sencillamente para alternar besos entre su cuello y sus pechos.

    Se dice que en la Edad Media la gente iba a las iglesias para fornicar, no por ser un lugar que evocara el erotismo o el deseo, sino más bien porque permanecían vacías la mayor parte del tiempo, lo que las hacía un lugar ideal para el coito por la discreción que brindaban. En nuestros tiempos es un poco más complejo pues están vigiladas y el tránsito de gente es mayor, aunque eso depende también del templo y la urbe en que esté ubicado.

    En todo caso supe imposible eso de mantener relaciones en una iglesia, pero no fue impedimento para disfrutar de nuestra sexualidad. Decidí acompañar a Mafe a misa todos los domingos, pero no porque estuviese interesado en la eucaristía ni el sermón del cura, sino porque era una hora que le dedicaba al manoseo público de mi bella novia.

    No importaba la prenda que recubriera sus piernas, mis manos iban a parar en su entrepierna cada domingo. La primera vez que lo hice, ella se molestó y reprochó mi actuar al momento de salir del templo, pero yo hice caso omiso a sus regaños y advertencias, pues estaba obsesionado con dar rienda suelta a mis perversiones, y una de ellas era excitar a Mafe en medio de una misa.

    Lo logré en más de una ocasión, y sin sonrojo o arrepentimiento alguno digo hoy que valió la pena.

    En mi cabeza predominó la idea de que era como ganar una guerra, en la que mis dedos equivalían a las tropas, que iban avanzando camino a invadir la trinchera del enemigo, que era la vagina de Mafe. Ella oponía resistencia apretando sus piernas, juntando la una con la otra para evitar la avanzada de mi mano, pero era una batalla que no estaba lista para ganar, pues no había ejército capaz de detener la avanzada de mi mano por sus piernas.

    Me generaba mucho morbo el hecho de saber que Mafe consideraba excesivamente pecaminosa esta situación, me generaba mucha excitación el poder ser observado por cualquiera de las viejas pellejas que suelen ocupar los banquillos de las iglesias los domingos; verlas escandalizadas solo hacía que mi obsesión creciera.

    Claro que yo recompensaba a Mafe por esto. La recompensaba entregándole la posición de poder y dominio durante la mayoría de nuestros coitos. Aunque esto era beneficioso para ambos, pues mientras Mafe daba rienda suelta a sus perversiones, yo me desbordaba de placer de verla libidinosa, al verla impúdica y viciosa.

    Pero había una perversión que me dominaba por encima de cualquier otra: fornicar cuando Mafe tenía el periodo. Al comienzo ella se mostraba reacia a que eso ocurriera, era como si sintiera vergüenza por poder mancharme durante la cópula, o por el olor que pudiese emanar de su zona íntima, por el sencillo malestar que le causaba estar con la regla, o quizá porque conocía la palabra de dios frente al tema y prefería contenerse.

    “También todo aquello sobre lo que ella se acueste durante su impureza menstrual quedará inmundo, y todo aquello sobre lo que ella se siente quedará inmundo”, estipula Levítico 15:19-23.

    Pero a mí todo eso me enloquecía, el hecho de ver mi pene recubierto de ese néctar que define su feminidad, ese mismo que en la Edad Media consideraron como un veneno corrosivo para el miembro viril del hombre.

    Y con el tiempo ella fue disfrutando también de los polvos durante esos días, decía que eso le causaba cierto alivio a los fuertes cólicos menstruales que la acompañaban durante su periodo.

    Así que se nos volvieron habituales esos encuentros sexuales durante su menstruación. Era como una costumbre, como una tradición que, creo, los dos esperábamos con ansiedad. Especialmente yo, pues desarrolle una fuerte perversión con penetrarla mientras menstruaba.

    Eran coitos verdaderamente memorables. Lamentablemente no contaban con la tradicional sesión de sexo oral que solía darle a Mafe. Me limitaba a tocarla y a masturbarla, pero sin la ayuda de mi lengua. Eran también ocasiones en que se invertía la situación, la que brindaba sexo oral era ella. Yo no deliraba por sus mamadas, pero sentir ocasionalmente sus labios deslizarse sobre mi falo no tenía pierde alguno.

    Claro que lo mejor era el momento de la penetración, pues su sangre actuaba como un lubricante de primer nivel. Esta no tardaba mucho en aparecer, en mezclarse con sus otros fluidos y en recubrir mi pene mientras se deslizaba por su hirviente coño. No sé cuál era mi fascinación con esto, pero era evidente que existía; enloquecía totalmente en ese momento en que veía mi pene salir bañado en su sangre, sabiendo que volviera a enterrarse en su humanidad para repetir el ritual una y otra vez, hasta el orgasmo.

    Durante sus días Mafe era poseída por el espíritu de la lujuria, su apetito sexual se acrecentaba, y las ganas de cumplir fantasías eran moneda corriente. Esos polvos, además de estar pasados por sangre, se caracterizaron también por el desate de mi bella Mafe para dar rienda sueltas a sus fantasías. Pare ese entonces ya había ampliado su repertorio de deseos. Golpear y ser violada ya no era lo único que ansiaba, ahora Mafe se le medía a cumplir fantasías como follar en el balcón, aunque en horas de la noche para no llamar tanto la atención; salpicar mi torso con su sangre, o simplemente dominarme con un alto grado de agresividad durante el coito, palabras soeces incluidas.

    Es difícil describirla, pero en Mafe podía convivir esa chica de personalidad tímida y sumisa, a la vez que podía convertirse en una depravada de tiempo completo. A mí me encantaba que fuese así, que pudieran confluir rasgos de personalidad tan opuestos sin que se perdiese la esencia de su ser.

    Capítulo 9: Los juegos del libido

    Hasta aquí había logrado un avance notable con Mafe. Poco y nada sobrevivía de esa chica reservada, llena de complejos, baja de autoestima y amor propio. Ahora era mucho más segura de sí misma, y una sonrisa permanente en su rostro era señal de su renovada felicidad.

  • Me cogí a mi ex

    Me cogí a mi ex

    Mi ex y yo tenemos contacto seguido debido a que tenemos un hijo en común. Ese día llegue del trabajo y no podía dormir, así que le escribo para saber de mí hijo… todo iba normal hasta que en un momento empezamos a recordar las veces que teníamos relaciones y la conversación fue cambiando de tono. La voy a describir mide 1, 60, es flaquita aunque tiene una cola de ensueños, tetas chicas, pero ideal para comérselas, su nombre es Adriana y es loca por el sexo, ahora les voy a comentar cómo fue el inicio.

    A: te acordás esa vuelta que íbamos viajando y se te ocurrió que te chupara la pija?

    Y: si si lo recuerdo, yo iba manejando y vos tocándole, hiciste que se me pusiera dura, la saqué para que sigas tocando y aproveché que te desabrochaste el cinturón, te agarre de la cabeza y te la hice tragar toda como te gustaba.

    A: mmm si que rico, haces que se me antoje chuparte esa pija rica que tenés…

    Y: no me digas así que me haces calentarme… o cuando te quería hacer la cola? mmm que rico meterte la pija de a poco y llenarte de leche

    A: mmm si aunque me dolía un poco, pero me encantaba sentir tu leche adentro

    Y: te encantaba o te encanta?

    A: me encanta, sabes que me gusta tu pija

    Y: bueno cuando quieras hacemos todo eso

    A: sabes que me gustaría pero no tengo tiempo, ahora a la tarde tengo gym así que no te hagas ilusiones

    Y: bueno en algún momento se nos va a dar

    Más tarde ese mismo día

    A: hey que haces? a mí me canceló el profe así que no voy a tener gym y ahora tengo que ir a comprar

    Y: nada ordenando un poco y bueno venite así hacemos lo que hablamos hoy

    A: te da el cuero?

    Y: si si vení no mas

    Cuando ella llega a casa apenas cierro la puerta y me agarra directamente la pija que ya la tenía media dura pensando en todo lo que iba a hacer, la doy vuelta y la apoyo contra la pared y le meto mano en su conchita aún la usaba depiladita como me gusta a mí, con mis dedos le rozo el clítoris y meto suavemente un dedo, el cual se deslizaba fácilmente dado que estaba bastante mojadita.

    Le bajó el pantalón y la tanguita y le apoyo la cabeza de mí pija en su conchita y me acerco a su oído y le pregunto qué quería a lo que ella me responde que se la meta, yo solo meto la cabeza y se la saco haciéndola desear.

    -querés que te coja putita?

    -si cogeme fuerte como me gusta -me dice.

    Y le meto de un golpe mi pija de unos 17 cm aproximadamente, la agarró de la cintura y le empiezo a dar duro, ella se tapaba la boca para no gritar…

    Después de cogerla un rato así se la saco, la doy vuelta y hago que se arrodille.

    -chupámela como me gusta.

    Ella agarra mi pija y empieza a pasarle la lengua por la cabeza sintiendo el sabor de sus fluidos y mí líquido preseminal, la agarró del cabello y hago que se la meta toda, empieza a hacer arcadas y cuando se la sacaba para respirar salía con hilo de babas y me miraba haciéndome calentar mucho más.

    Estuvimos así durante unos 5 minutos, no recordaba lo mucho que le gustaba chuparme la pija… después la levanto y la llevo a la cama, la empujó quedando en 4, le separó las nalgas y voy directo a su ano pasándole mí lengua y metiendo un dedo mientras jugaba con mí lengua, uuuuf se había puesto como loca, después seguí con dos dedos empezando a meter y sacar hasta que se acostumbré, me le acercó al oído y le digo:

    -te voy a romper la colita.

    -mmmm si papi metemela y lléname con tu lechita.

    Le apoyo la cabeza en su colita y empiezo a empujar, cuando ya entró la cabeza la agarró de la cintura y la meto toda, ella grito del dolor y el placer y la empiezo a bombear, mientras que con mis dedos le tocaba la conchita, cuando ya no daba más se la saco y le pregunto dónde quería la lechita, ella bajaba su remera escotada y me decía:

    -tiramela en las tetas por favor.

    Mientras me chupaba la pija, yo le digo:

    -no está vez va a hacer en tu boquita.

    Nunca me había dejado hacer eso, pero esta vez la excitación era demasiado, mientras me lo negaba me la chupaba y cuando estaba a punto de acabar, le digo:

    -saca la lengua putita que te voy a dar toda la lechita.

    Salieron varios chorros que cayeron en su lengua y escapaban por la comisura de sus labios, sin dudarlo se lo trago todo… después de eso se arregló y se fue.

    Más tarde me llega un mensaje de ella:

    A: la verdad que estaba muy rica tu lechita, porque no me la tomé antes, espero que tengas mucha más para mí.

    Espero que les guste, este es mi primer relato… si quieren más solo digan… gracias por leer.

  • Mi amigo, yo y su madrastra

    Mi amigo, yo y su madrastra

    Yo llevaba un tiempo sin tener sexo ya andaba un poco desesperado, juego online casi todos los días con un amigo menor que yo. Yo 28 el 22, nos divertimos mucho jugando y somos bien amigos, a veces yo voy a su casa y a veces va el. Él vive con su madrastra que es como su mamá de 42 y su papá trabaja en las minas así que casi nunca estaba en la casa.

    Tantas veces que estaba en su casa su madrastra me tenía harta confianza me trataba muy bien y un día mi amigo me comento que él pensaba que su madrastra como que quería conmigo, se notaba por la forma en que me hablaba, yo igual me daba cuenta, pero me hacia el loco, pero como él sacó el tema le dije que igual lo notaba, ella tenía un cuerpo voluptuoso, igual me calentaba ya me había masturbado unas veces pensando en ella jejeje.

    En principio lo veíamos como talla, pero un día en mi casa nos tomamos unas cervezas con mi amigo y él me dijo que me ayudaba para que yo me meta con su madrastra, pero con la condición que el también quería follarla. Me dio risa y le dije que eso era casi imposible. Él me dijo que había una forma y me conto como.

    Me dijo que me dejaría solo con ella y yo tendría que actuar nosotros dábamos por hecho que resultaría ya que se notaba mucho dijo que en principio tendría que estar con ella y después comentarle que quería hacérselo con los ojos vendados y un día en pleno acto entraría él y se lo metería sin que ella sepa. Era algo muy loco pero mientras más pensaba más quería hacerlo.

    Nos dimos cuenta que yo tenía el pene más gordo que él y que por eso se daría cuenta se nos ocurrió comprar una funda de pene de esas que venden en los sex-shop en principio y después veríamos.

    Llegado el momento estando en su casa mi amigo le dijo a su madrastra que tenía que salir por x motivo y yo me quedaría en su pieza en el pc ya que estaba terminando algo importante que él se demoraría 5 horas.

    Se fue y voy al baño ella estaba en el sillón y le dije que si podía venir a ver algo al pc para que me diera su opinión yo ya tenía harta confianza y en la pieza le dije que le quería confesar algo que ella me atraía y que veía que yo también a ella me acerque y le di un beso. Ella me lo respondió y esa mujer era muy caliente y yo que andaba acumulado me fui 2 veces cortado se tragó toda mi leche fue espectacular.

    Quedamos en que no lo sabría nadie y que mi amigo saldría todos los martes llevábamos como 3 semanas ya de la primera vez y le propuse hacerlo ella con los ojos vendados también compre una funda todo lo que yo le decía ella lo hacía.

    Yo llegaba todos los martes con los testículos hinchados y todo morboso era genial ella en la cama a veces le chupaba su vagina hasta media hora me encanta verla teniendo orgasmos con ella supe lo que se siente meter el pene en su boca hasta que toque su garganta era muy morbosa.

    Compré una funda para pene mi pene es de tamaño normal 16 cm y con la funda quedaba de unos 23 cm aproximadamente y muy grueso la primera vez que se la metí ella siempre estaba muy excitada y entro suave igual le gusto a ella a mi igual en fin llego el día de mi compa ella estaba en la cama con los ojos vendados en 4 yo le estaba chupando su culo habíamos quedado que no se podía sacar la venda hasta que acabara.

    Entró mi compa ya venía todo erecto jajaja y lo deje actuar yo me llegue a pajear de tan cliente que estaba acabo dentro de la funda y lo hice salir de pues continúe yo ella me dijo que pensó que había acabado yo le dije que no y se lo metí por atrás y como siempre me trago toda la leche.

    Igual estaba complicado el tema de hacerlo así en algún momento se podría dar cuenta así que se me ocurrió conversarle y le dije que su hijastro mi amigo sabía lo que hacíamos y que se quedaría callado si el también podía tener sexo con ella al principio se espantó pero esa mujer era tan lujuriosa que después lo acepto.

    Le dábamos entre los dos era genial.

    Así terminamos con mi amigo follando a su madrastra todos los martes.

    Hicimos el mismo sistema con una prima de ella. Que también tenía 40 y tantos, esa es para otra historia.

  • Noche de carnaval

    Noche de carnaval

    Silvia nunca había perdido el contacto con sus amigas de toda la vida. Así que después de algunos meses sin salir juntas, por fin el martes de carnaval quedaron para correrse una juerga de solteras.

    Mientras se terminaba de maquillar, le invadió una sensación de añoranza. Era como en su juventud. Se arreglaba para salir de marcha con sus amigas Pili y Marga. La primera había sido la líder de las chicas dentro de su pandilla. Un año mayor que ella estaba casada con Ricardo un amigo con el que llevaba saliendo y cortando desde los dieciséis años. Era una tía con mucho morbo entre los tíos y que lo había aprovechado muchísimo.

    Por su parte Marga era una espectacular rubia algo tímida y reservada. Estaba soltera y no quería compromisos. Había estado muy marcada por un aborto a los dieciocho años. A partir de ahí su carácter se hizo más hermético. Junto con Genia que siempre había sido su íntima amiga, habían salido mucho, bebido, reído y triunfado con muchísimos tíos. Incluso hubo una época de desenfreno total en la que Silvia era la envidia de sus amigas ya que “mojaba” cada vez que salían.

    Eran casi las diez de la noche, se ajustó el escote de enfermera provocativa y salió al salón a despedirse de Luismi. Éste silbó a modo de piropo al verla:

    -Anda guapa que esta noche te lo vas a comer todo -le dijo riéndose.

    -Ya no tengo edad, tonto. No sé a que hora llegaré.

    -Me encontrarás dormido. -Y se dieron un beso de despedida.

    Luismi tenía que madrugar al día siguiente para viajar a Barcelona donde su empresa le enviaba junto con un compañero para una conferencia de tres días.

    Cuando llegó al bar donde iban a cenar ya sus amigas estaban allí. Las tres vestidas de enfermeras escotadas y con minifaldas. Habían sido objeto de múltiples piropos y alguna que otra barbaridad.

    Silvia llegó hasta la mesa que ocupaban sus amigas:

    -¿Oye ese no es Juanchi? -preguntó Silvia señalando a un hombre de unos cincuenta años con la coronilla calva y algo de barriguita cervecera.

    -Coño es verdad -apuntó Marga.

    Juanchi había sido el propietario del Flying Golden Cat el bar donde ellas solían ir de jóvenes a bailar. El tipo diez años mayor que ellas había sido un mito sexual en su época:

    -Pero ya no es el que era –dijo Silvia un tanto defraudada.

    -Claro, joder tiene cincuenta años -justificó Pili- antes estaba buenísimo, era un mito. Pero da morbillo todavía y además calza una polla enorme.

    -Es verdad que eso era una leyenda que corría por ahí -comentó Marga.

    -Pues de leyenda nada. Tiene una polla bestial. Grande y gorda. Y folla como dios. -Pili haciendo alarde de su conocimiento del individuo.

    -Vamos que esta noche te lo tirabas… -dejó en suspense Silvia.

    -Hombre, con lo que yo he sido -comentó orgullosa Pili– pero estoy casada… aunque las noches de alcohol son muy peligrosas…

    Entre estas conversaciones iba avanzando la cena. Con muchas risas y tres botellas de rioja la cosa se fue calentando. Cada una de ellas contando sus triunfos.

    Marga, contó aquel verano que las cuatro amigas se fueron de fin de semana a Benidorm con dieciocho años y conocieron a los chicos italianos y americanos. Ella acabó acostándose con Sam. Un chico negro estadounidense.

    Aquél si que tenía una polla brutal. Era una serpiente negra de casi treinta centímetros. Reconocía que llegó a asustarse cuando lo vio empalmado, casi no podía ni chupársela. Después recordaba que estuvo una semana dolorida. Eso era lo más grande que había visto en su vida. Luego, bueno, vino lo del embarazo y el aborto. Pero ahora con el paso del tiempo, “que me quiten lo bailao”.

    Por su parte Silvia recordó a uno de los amantes perfectos. Juan era el mito de su facultad. Típico repetidor buenorro y guapo que tenía a todas las tías como locas. Profesoras y alumnas. Él por supuesto se aprovechaba de esto y tenía un amplio curriculum de amantes.

    En una fiesta de la universidad, al principio de su tercer curso decidió entrarle con la ayuda de Genia que también se lo había tirado. Acabaron en el piso del chico follando como animales. Y descubrió que Juan además de estar buenísimo tenía una polla impresionante y que follaba como un actor porno. Silvia ocultó uno de sus grandes triunfos de juventud, Ricardo, el actual marido de Pili. Al que se tiró una noche cuando salía con su amiga:

    -¿En tu tercer año? Aún estabas con Félix, ¿no? -preguntó Marga.

    -Si pero ya estábamos mal. Era la época en que me dejaba sola…

    -… y luego nos vinimos a enterar que se iba solo de juerga con su amigo Juanchi. ¿Qué le viste a Félix? -preguntó extrañada Pili.

    -Pues otra polla gordísima…

    Sin darse cuenta llevaban un buen rato bebiendo, recordando historias y riéndose. Decidieron ir a un bar de copas llamado CLICS como los muñequitos infantiles que se ponía muy bien de gente y se podía bailar música de los ochenta y noventa. Al ponerse de pie y empezar a andar se dieron cuenta de que estaban más afectadas de lo que creían. La noche prometía…

    Llegaron al CLICS y como habían previsto no se cabía de gente. Todo el mundo disfrazado. No faltaban los grupos de toreros, de piratas, de payasos y algún que otro más original. Se echó en falta algún traje de superhéroe pero la temperatura era alta y proliferaban los disfraces que enseñaban carnes.

    Como pudieron llegaron a la barra y pidieron sus copas antes de pasar a la zona más amplia para poder bailar.

    Una vez en la pista, echaron un vistazo al personal. Había de todo, se fijaron en un par de tíos que estaban muy buenos, otros que daban mucho morbo vestidos con uniformes. Pero ellas no habían salido a ligar así que siguieron bailando y riendo.

    Al poco rato se les acercó un grupo de tíos. Las amigas se miraron entre sí y decidieron que eran un blanco perfecto para pasar la noche.

    El grupo lo componían cinco frikis de manual que habían venido de fuera para pasar el carnaval. Estaba el gordito tímido que no sabía qué hacía allí, el místico que iba de sobrado, el chulito cateto, el empollón formalito y el líder, el único que no se mantenía virgen a los cuarenta. Las chicas vieron enseguida que no pagarían ninguna copa más. Solo tendrían que hacer de calientapollas y hacerles creer que tenían posibilidades con ellas y los chicos pagarían las copas que hicieran falta.

    Después de dos rondas ellas estaban borrachas y pasándoselo en grande y ellos habían picado y estaban convencidos de haber triunfado con tres pibones.

    Silvia pasó a la barra para pedir otra copa:

    -Gerardo ponme otra, guapo. Pagan los colegas.

    -Joder, Silvia, que sangría les estáis haciendo -y comenzó a reírse a carcajadas.

    -¿… y lo bien que se lo están pasando ellos? ¿Cuándo se han visto en otra igual? -justificaba ella riéndose.

    Estaba totalmente desinhibida, con ese punto alcohólico en el que se pierde la vergüenza pero aún se tiene capacidad para razonar. Se encontraba muy a gusto. De repente antes de moverse hacia su grupo una voz que le sonaba lejanamente familiar, hizo que se detuviera:

    -Hola Silvia.

    Ella le miró fijamente durante unos segundos. La identificación fue instantánea. Las entradas habían sido agrandadas por un afeitado y tenía más peso. Estaba disfrazado de romano. Era Félix, su ex. El tío con el que lo había dejado hacía más de diez años y con quién no había vuelto a cruzar palabra desde entonces.

    Silvia con menosprecio giró la cabeza hacia ambos lados para mirar hacia atrás:

    -¿Es conmigo? -le preguntó sorprendida.

    -Vamos Silvia, no seas así -dijo él riéndose.

    -¿No sea cómo? ¿Desagradable? ¿Estúpida? ¿Cabrona?

    -Ha pasado demasiado tiempo, ¿no? -preguntó Félix queriendo apaciguar su cabreo.

    -Fuiste un cabrón -sentenció Silvia.

    -Tú tampoco te portaste bien…

    -¿Eh? ¿Cómo dices? Fuiste tú quién empezó nuestra guerra.

    El hombre la miró a los ojos y le sonrió sabiendo que eso siempre le había podido a ella. Silvia empezó a relajar su cara. Ya no era de cabreo:

    -Silvia no te pido que me perdones, solo que normalicemos la relación. Que podamos saludarnos cuando nos veamos. Al fin y al cabo todo no fue malo. Tuvimos nuestros momentos buenos.

    Ella terminó de relajarse y se planteó la posibilidad de normalizar la situación como proponía él. Era verdad que habían tenido buenos momentos.

    Al cabo de un rato y sin saber muy bien como los dos estaban riéndose al recordar anécdotas comunes. Llevaban más de una hora cuando Silvia empezó a notar una sensación muy agradable que a la vez le daba un vértigo casi temeroso.

    Ella empezó a sentirse excitada al recordar algunas historias entre ellos. La situación le producía mucho morbo. Había salido de soltera con sus amigas, estaba hablando con un ex que además tenía una buena polla, mucho alcohol…

    En esto vio que se acercaba Pili, Silvia le hizo señas para que la dejara sola. Pili lo entendió y se fue:

    -¿Has bajado en coche? -preguntó el hombre a modo de ofrecimiento.

    -No, sabes que no me gusta conducir cuando bebo.

    -Entonces… ¿me dejas que te lleve?

    -¿… a dónde? -preguntó ella desafiándole.

    -Al huerto… -le susurró su ex al oído y le besó el cuello.

    -Ufff… vamos -dijo la ex novia muy excitada.

    Pasaron entre la gente y como pudieron llegaron a la puerta. Una vez fuera ella le siguió hasta su coche, un Punto EVO azul marino que estaba aparcado un par de calles más arriba. Alejado del bar en un lugar oscuro y solitario que se prestaba para cualquier historia… entraron en el coche y…

    Aquello no podía terminar de otra manera. Se miraron y comenzaron a morrearse apasionadamente. Él le metía mano a ella, le cogía las tetas y las piernas. Silvia, no se quedaba atrás y metió su mano bajo el disfraz de romano de Félix y le cogió el paquete. La mujer se separó, le miró a los ojos y le dijo:

    -Quiero comerte la polla.

    El hombre se acomodó en el asiento, se subió el disfraz y se bajó su bóxer negro. Su polla saltó con una tremenda erección. Silvia suspiró hondo y agarró aquellos veinticinco centímetros de carne con la mano derecha. Se agachó y se fue introduciendo cada centímetro poco a poco como hacía diez años atrás cuando eran pareja.

    Envolvió la polla con sus labios notando así todas las venas de aquella durísima verga. Estaba caliente, siempre le había gustado comerle la polla a un tío. Le producía un morbo especial. Comenzó a mover la cabeza de arriba a abajo de una manera frenética, oyendo a Félix jadear y suspirar de placer. Éste le agarró de la cabeza y la obligó a que mantuviera aquél ritmo:

    -Que bien la comes joder… -decía él extasiado.

    Con la mano izquierda Silvia comenzó a masajearle los cojones, mientras él no paraba de insultarla como a ella le gustaba:

    -Traga, puta, traga…

    La mujer sabía que esto significaba que él estaba a punto de correrse, así que se preparó para tragar lo que pudiera ya que recordaba que él eyaculaba abundantemente:

    -Aaaggg… -gritaba él.

    El primer chorro fue directo a la garganta y ya no pudo tragar más, así que se sacó la polla y apuntó hacia su cara donde su ex terminó de descargar tres chorros más:

    -Que polla tienes cabrón -dijo ella y luego cogió un Kleenex para limpiarse.

    -Y tú que boca para mamar… ¿y ahora qué? -preguntó él pasándole la decisión a ella.

    -¿Como que ahora qué? -dijo ella haciéndose la ofendida -yo quiero mi parte.

    -Bueno pero vamos a otro sitio mejor…

    Félix arrancó el coche y condujo hasta el almacén donde trabajaba, en un polígono. Allí era donde iban ellos. Por un momento ella recordó eso con cierta nostalgia.

    Aparcaron el coche junto a una puerta metálica verde. El hombre abrió una pequeña puerta en el centro de la grande y entraron. Encendió la luz cuyo interruptor estaba junto a la entrada. Cuando se iluminó toda la estancia ella pudo ver que todo permanecía igual que como lo recordaba.

    Abajo un pequeño camión MAN para el transporte de fruta, justo detrás la cámara frigorífica, a la derecha una escalera metálica que subía hasta una oficina de estructura de aluminio con cristaleras. En la oficina había una estantería con archivadores AZ, dos mesas de ordenador y teléfonos. Un sofá de tres plazas de escay negro a la izquierda la puerta de un pequeño aseo.

    Subieron de la mano. Félix iba delante. Al entrar a Silvia todo le sonaba familiar. El sofá donde tantas veces habían follado y el olor de la oficina, una mezcla entre papel y el dulzor de la fruta.

    El hombre se sentó en el sofá y se tiró hacia atrás. La miraba fijamente, ella fue andando lenta hacia él con cara de vicio. Se subió al sofá apoyando una rodilla a cada lado de él y se sentó en su regazo notando como su paquete crecía. Silvia le agarró la cabeza y comenzó a morrearlo mientras él metía las manos en su minifalda y le masajeaba el culo. La mujer empezaba a estar muy caliente notando como la polla de su ex luchaba por saltar y penetrarla:

    -Fóllame, cabrón fóllame. Métemela.

    Se incorporó un poco para permitir que él pudiera sacársela. Se quitó el bóxer y su impresionante miembro quedó libre.

    Ella se lamió los dedos y se los pasó por el capullo:

    -Para que me entre mejor.

    No hacía falta puesto que hacía tiempo que tenía el coño empapado. Se retiró el tanga a un lado y comenzó a bajar lentamente, clavándose la polla poco a poco. Sintiendo como aquél capullo rojo se abría paso hasta lo más profundo de su vagina:

    -Aah -suspiró fuerte Silvia de satisfacción.

    -¿Te entra bien?

    -Siii… joder… aaggg… -solo le salía un hilo de voz.

    Con un último empujón de él se la clavó más profunda, llegándole a provocarle dolor:

    -Aay -y le volvió a besar muy fuerte.

    La mujer empezó a moverse de arriba y abajo disfrutando de la tremenda verga de su ex novio.

    Realmente lo mejor de su relación con Félix siempre había sido el sexo. Él había sido su primer novio, aunque no fue su primer polvo y sí había sido la primera polla enorme que se había tirado.

    Después de un rato de estar botando sobre Félix como una bestia. Él la cogió y la tumbó en el sofá. Ella abrió las piernas dejando ver su coño rasurado y abierto. Se puso sobre ella quién le cogió la polla y la puso en la entrada de su vagina:

    -La tienes muy grande, cabrón. -Decía ella excitadísima.

    Félix le dio otro empujón muy fuerte y se la volvió a clavar violentamente hasta las entrañas:

    -Aaayy, joder, que me partes.

    Así empezó un bombeo incesante y que fue aumentando el ritmo entre gemidos de Félix y gritos de Silvia. Ella le rodeo con sus piernas mientras él le comía el cuello, hasta que explotó en una tremenda corrida dentro de la novia de Luismi:

    -Ahhh, dios que polvazo…

    Tras unos minutos de relajación, Silvia se levantó y pasó al pequeño aseo.

    Al salir, Félix estaba tumbado con la cabeza apoyada en el brazo del sofá y las piernas, una sobre el respaldo y otra sobre el asiento de manera que quedaba la tercera plaza del sofá libre para que se sentara Silvia. Los estaban desnudos en aquella pequeña oficina, como cuando eran pareja.

    Él sostenía un cenicero redondo de cristal sobre el pecho y estaba fumando. Le dio una calada al Chester y se lo ofreció a ella. Silvia dudó por un momento si cogerlo ya que había dejado de fumar pero al final lo hizo en parte porque lo deseaba y en parte porque no deseaba darle explicaciones de que ya no fumaba.

    Inspiró fuerte, sintiendo como el humo le penetraba hasta los pulmones. Pensó que aquella noche todo lo de él le penetraba hasta lo más hondo. Cerró los ojos y expulsó el humo poco a poco:

    -Ha estado bien la reconciliación, ¿no? -preguntó él

    -El sexo contigo siempre estuvo bien, ese no fue nuestro problema.

    -Bueno ya… pero habrás probado otras cosas también, ¿no? -volvió a preguntar él.

    -Uf, si tú supieras lo que hay por ahí -contestó ella con desdén.

    -¿Más grande? -preguntó Félix haciéndose el incrédulo.

    Silvia rio socarronamente y girándose hacia él y mirándole la polla que empezaba a reaccionar de nuevo:

    -Hay de todo.

    Y comenzó a cogérsela y masajearla. Notando como iba creciendo en su mano. Descubriendo el capullo en forma de bola de color casi morado.

    Félix apagó el cigarro que ella le había pasado y apartó el cenicero. Silvia se acomodó y mordiéndose el labio inferior se agachó hasta que su boca rozó el glande. Sacó la lengua y comenzó a dar lengüetazos antes de introducírsela poco a poco en la boca. Estuvo unos pocos segundos y luego paró. Levantó la cabeza y siguió pajeándolo:

    -Cómeme el coño -le pidió.

    -Umm… que puta eres…

    -Lo sé…

    Félix se levantó y se puso de rodillas delante de ella, quién se tiró hacia atrás y abrió las piernas. El hombre tiró de ella hasta que estuvo con la espalda en el asiento. Levantó las piernas y él metió la cabeza entre ellas pasando los brazos por debajo de éstas. Le encantaba el olor a coño excitado y mucho más el de su ex Silvia. Aquél coño rasurado era un auténtico manjar así que mordió el interior de los muslos, luego los labios para después pasar la lengua desde la entrada de la vagina hacia arriba notando el calor y el sabor tan característico del flujo vaginal. Introdujo la lengua todo lo que pudo en el interior del sexo y la fue sacando a medida que subía en busca del clítoris. Una vez allí dio un par de pasadas rozándolo nada más. Ella sintió un escalofrío y no pudo evitar soltar un par de gemidos. No hay nada como una buena comida de coño, pensó para sus adentros.

    Félix comenzó a comer más afondo el clítoris. Lo cogía con los labios, lo succionaba, pasaba rápido la lengua. Silvia estaba en éxtasis, le tiraba del pelo luego le apretaba contra su pubis, se pellizcaba los pezones:

    -Aaahhh, joder, muérdeme la pipa. Así, así no pares cabrón. Dios que comida…

    El hombre se había centrado por completo en hacer que llegara al orgasmo. Le tenía trillado el clítoris con los labios mientras movía la lengua todo lo rápido que podía sobre él.

    Silvia notó que le venía, un calambre recorrió su columna desde su nuca hasta su pipa. Ya todo era placer concentrado en ese punto a punto de estallar. De repente notó que desde lo más profundo venía hacia arriba un estallido de placer:

    -Aaaahhh, aaahhh.

    Ella se quería incorporar, tenía la respiración entrecortada, la cara toda roja y espasmos en todo el cuerpo. Su coño era un volcán en erupción caliente y empapado:

    -Que comida, joder -gritó por fin -ya no me acordaba lo bien que lo hacías.

    Félix se incorporó y acercó su polla hasta su coño. Se la fue metiendo lentamente:

    -Mmmm… que bien me entra ahora -dijo ella cerrando los ojos.

    Mientras él empezaba a entrar y salir despacio. De repente el hombre le metió un puntazo muy fuerte y se la dejó dentro unos segundos. Barrenando aquella zona más sensible tras el orgasmo:

    -Ayyy, cabrón que me la sacas por la boca.

    De inmediato le volvió a meter cuatro empujones más:

    -Si, si, dame fuerte, joder -pedía ella

    -Que te gusta una polla…

    -Sobre todo si es grande como la tuya.

    Félix se puso de pie y pasó al baño mientras Silvia seguía en el sofá con las piernas en el suelo.

    El hombre salió con un pequeño bote de gel de manos Sanex. Silvia le miró y se le escapó media sonrisa:

    -¿Y eso? -preguntó irónicamente.

    -¿Tú que crees?

    -¿Me vas a dar por culo? -preguntó ella desafiante.

    -Esto hay que terminarlo a lo grande -dijo él con satisfacción.

    No era la primera vez que tenían sexo anal entre ellos. En sus años de pareja Félix la inició en ésta práctica:

    -Siempre has hecho conmigo lo que has querido.

    -No, siempre he hecho lo que a ti te ha gustado.

    El hombre se arrodilló y se puso jabón en los dedos. La mujer levantó las piernas y pasando las manos por debajo se separó los glúteos dejando totalmente expuesto su agujero trasero. Su ex novio empezó a untarle jabón y aprovechar para meterle un par de dedos e ir dilatándoselo. Por la facilidad con la que le entraban se notaba que había mantenido su afición a la sodomía. Luego se untó la cabeza de la polla y se la acercó justo hasta la entrada:

    -Con cuidado que hace mucho que no me meto algo tan grande.

    Félix empezó a empujar el capullo contra el ano de su ex novia. Ésta le miraba entre las piernas:

    -Ay, ay, ay, despacio cabrón que me lo abres.

    Él logró penetrarla mientras ella seguía quejándose por el daño que le producía. Una vez se la metió entera paró unos segundos. Silvia respiraba de manera forzada y se excitaba al pensar que tenía veinticinco centímetros de polla metidos por el culo. Empezó entonces un mete-saca muy lento para que el ano recordara el tamaño. Notaba como su polla casi no cabía en aquel estrecho hueco y su sensación de placer iba en aumento. Silvia sentía la polla de su ex novio muy dentro. A cada empujón de él tenía la sensación de que le llegaba más arriba y cada vez que salía sentía un vacío por dentro:

    -Ponme a cuatro patas.

    Félix salió por completo del culo dejándole el ano totalmente dilatado y rojo.

    La mujer se puso a cuatro patas con la cabeza apoyada en el asiento y ofreciéndole su culito respingón. El hombre se puso en cuclillas para atacar desde más arriba. Ahora la penetró casi sin esfuerzo:

    -Aaaggg, joderrr… -gritaba Silvia sintiéndose toda ocupada.

    -Te gusta, ¿eh? -preguntaba excitado él.

    -Siiii, diosss mi culo -ella respondía con un hilo de voz.

    El hombre ya no tuvo miramientos y empezó a darle fuerte:

    -Toma, toma joder.

    -Aaayyy, aaayyy, mi culo cabrón que me duele -casi llorando.

    Félix apoyó la mano derecha sobre la nuca de la novia de Luismi y se la metió tan rápido y fuerte como pudo:

    -Eres una puta y te voy a reventar el culo.

    -Dame fuerte, cabrón, dame más fuerte -le provocaba ella.

    -Me corro, puta, me corro… aaggg

    -Así así, lléname el culo de leche.

    Félix no pudo más y se dejó caer con todas sus fuerzas sobre el culo descargando una gran corrida en los intestinos de Silvia:

    -Joder, me has roto el culo, cabrón.

    Los dos cayeron rendidos sobre el sofá. Él salió poco a poco de dentro de ella.

    Al cabo de un rato de relax:

    -Me tienes que llevar a casa, Félix

    Eran las cuatro y media de la madrugada y Silvia comenzó a buscar su disfraz para vestirse.

    Cuando llegó a su casa Lusimi dormía ya que al día siguiente tenían que viajar.

  • Mi nuevo juguete

    Mi nuevo juguete

    ¿Alguna vez han soñado en tener a su propia sumisa?

    Y no hablo de esos juegos sencillos que haces con tu novia de jalarle el pelo y decirle zorrita, si no de tener tu puta personal, esa que no puede vivir sin tu verga, que puedas cogértela por el ano, hacer que te la limpie con la lengua y luego que te agradezca por llenarle la vagina de semen.

    Pues eso lo pueden tener con cualquier mujer, porque todas en el fondo les gusta ser sometidas, por más recatadas que aparenten ser, todas mueren por una verga que las dejé chorreando y les contaré cómo yo he tenido varias y algunas solo por el placer de tenerlas.

    Siempre me han gustado las chicas que dan ternura, que no rompen un plato y que son tímidas por eso este relato se tratara de una de mis cacerías a una pequeña conejita tierna e inocente.

    Cuando fui a una consulta al médico me atendió Andrea una chica linda terminando su carrera de fisioterapeuta haciendo sus prácticas en una clínica general con cara tierna y sonrisa amplia de esas que no ven maldad en el mundo, media como 1.60 y como estaba sentada no pude ver muy bien su físico, pero al entrar en consulta ella entro a dejarle unas cosas al doctor y de reojo vi su lindo trasero marcado en esos pantalones blancos no estaban entallados pero por experiencia ya se diferenciar un buen trasero a pesar de que la ropa intenté esconderlo, en ese momento me decidí que tenía que montar a esa hembra fuese como fuese.

    Así que al salir del consultorio me acerque a ella con el pretexto de que horarios tendría libres el doctor y poco a poco le fui preguntando cosas de ella así fue como conseguí la información de que estudiaba fisioterapeuta en los últimos semestres y todo eso.

    Que conveniente le dije porque tengo unos dolores por la espalda de una caída que tuve (inventando cosas para sacarle conversación) y diciéndole que si podría revisarme algún día.

    Ella me dijo que si, que hacía visitas a domicilio los fines de semana ya que con sus prácticas y con la escuela no podía entre semana y le dije que era excelente que si el sábado podría ir a verme y quedó agendada la cita para que me «aliviara».

    Salí de la consulta intentando ocultar mi erección por qué no podía evitar pensar que ya tendría con que entretenerme todo el sábado.

    Llegó el día y a las 12 del día ella tocó a mi puerta amablemente la invite a pasar pero no sin antes verla venía arreglada con un uniforme blanco, el pelo recogido en un nudo y una mochila pequeña, algunos podrán pensar que no suena excitante pero créanme que a pesar de que el uniforme trataba de esconder sus curvas esas estaban ahí y yo quería contemplarlas en carne viva.

    Andrea empezó muy profesional saludando con cortesía y una sonrisa y le dije que si no querías tomar algo y ella me lo rechazo lo cual yo tuve que insistir ya que era parte de mi plan, después de la insistencia de mi parte me aceptó una taza de café y yo le puse una píldora que lo único que hace es aumentar los niveles de excitación de quién la toma al ser estimulada, en condiciones normales no hace nada y sería como si se tomará una aspirina.

    Sentados en el sillón seguimos hablando de cosas triviales y no faltaba uno que otro piropo de mi parte, como el que tenía un rostro lindo y que los chicos deberían estar locos tras ella, a lo cual ella contestaba apenada con sus mejillas sonrojadas que no lo notaba pero dijo que tenía novio y por morbo le empecé a preguntar sobre él, así sutilmente puedes sacar información me dijo que era un chico lindo y que a pesar de que llevaban casi un año todavía no lo conocían sus padres y tonterías similares, mi conclusión es que era un chico aburrido que no conseguía más de unos besos ocasionales pero no te preocupes Andreita yo te haría el favor de hacerte sentir los placeres de una mujer.

    Pasamos al cuarto para explicarle donde tenía las «molestias» pero intencionalmente había dejado unos dildos sobre el buró, los que uso cuando juego con mis chicas me encanta hacer que me pidan que las haga venir o meterles dos al mismo tiempo mientras se tragan mi leche, pero cuando ella los vio trato de fingir que no los había visto pero sus mejillas coloradas no le ayudaron en nada.

    Le dije que me dolía la cintura y me empezó a masajear intentando encontrar el área del dolor y poco a poco la fui guiando a mi verga la cual ya se empezaba a poner dura y ella lo noto y al parecer se molestó un poco porque quitó sus manos y me dijo que estaba haciendo?

    Sabía que no podía aguantar más y me lancé sobre ella tome sus brazos, la acosté en la cama, le puse unas esposas de felpa que tenía en la cabecera y empecé a darle besos los cuales no fueron correspondidos pero poco a poco empezó a ceder, baje por su cuello y mis manos empezaron a acariciarla y la pastilla que le di empezó a hacer efecto porque empezó a comportarse más dócil intento hacer que me detuviera diciendo que la dejara ir que no le diría a nadie y que sería como si nunca hubiera pasado, yo sabía que era la hora de negociar esto es importante ya que podría solo tomarla a la fuerza hasta cansarme dejarla llena de semen y amenazarla para que no fuera con la policía pero esto era algo poco seguro y que me quitaría la oportunidad de poder volver a divertirme con ella.

    Al principio aparente estar arrepentido que fue un impulso pero que tuviera compasión de mi un viejo que no ha tenido como desahogarse en años y que con una joven tan hermosa no lo había podido evitar.

    Ella siendo tan linda (ingenua) se puso un poco más compasiva y le dije que por favor dejara que hoy estuviera con ella, que solo sería una vez y que haría muy feliz a este pobre viejo que si estaba estudiando para ayudar a las personas y tenía una gran oportunidad de ayudar enfrente de ella.

    Con una mueca en su cara dijo que no podía porque había quedado de ver a su novio más tarde y que además todavía era virgen, eso último lo dijo con pena y desviando la mirada.

    Le dije que le propondría un trato que nos beneficiaria a ambos, le dije que le llamara a su novio y que le cancelara hoy por algún pretexto que quisiera inventar y que me ayudara solo por hoy con unas caricias y besos (en mi mente sabía que eso era mentira) que haría muy feliz a un viejo y que no terminaría afectada ya que seguía atada y le hice notar que podría haber abusado de ella fácilmente.

    Un poco forzada pero sabiendo que era la mejor opción acepto y me dijo que antes la soltara lo cual yo hice para que llamara a su novio, en la llamada solo escuché como ella se disculpó inventando un pretexto equis de porque no lo podría ver y un tono triste en su voz lo cual su novio noto pero para evitar más preguntas ella colgó.

    Me acerqué a ella y le dije que les siguiente parte del trato era que se quitará su uniforme pero eso sí que se podía quedar en ropa interior, empezó quitándose el pantalón dejando ver sus bellas piernas y como la parte superior de su uniforme le quedaba grande parecía que tenía un camisón cubriendo su ropa interior y haciéndola ver aún más linda, insistí en que siguiera con la playera, lenta y tímida empezó a levantarla y confirme que tenía unas curvas exquisitas, 2 pechos no muy grandes pero si una copa deliciosa para cualquier hombre con esa imagen me puse durísimo lo cual ella noto y tuve que romper el hielo tomando su mano y atrayendo la a mi verga por encima del pantalón, ella trato de quitarla pero le dije que eso no era parte del trato, que tenía que masajearme y le di una pequeña salida, si me hacía venir pronto antes terminaríamos y podría irse, lo cual un poco más decidida empezó a tocarme y vi su cara de exaltación al sentir mi verga, debo decir que siempre eh estado orgulloso de ella ya que eh sombreado a más de una mujer con sus 20 CM de largo y 7 CM de ancho tal vez por esto mi excitación sea mayor y deseé coger con tantas mujeres.

    La incité a qué me la sacara casi ordenándoselo y cuando lo hizo sus ojos se abrieron como platos.

    Te gusta?

    Ella se quedó callada y siguió tocándola torpemente en un intento de hacerme venir pronto pero no sabía que le faltaba mucho le dije que empezará a chupármela y negó con la cabeza, si lo haces terminarás antes puedes empezar con unos besos en la punta y por la excitación de haberla visto antes ya la tenía con algunos fluidos. Con un poco de asco acerco sus labios y empezó a tocar la punta con sus labios, con una mano le recogí el pelo y empuje mis caderas haciendo que engullera media verga de un golpe, trató de empujarme pero la retuve así, me excitaba muchísimo verla de rodillas con mi verga en su boca y dominándola con una mano sobre su cabeza y más sabiendo que era la primera verga que chupaba tenía que ser un momento inolvidable, cuando la solté empezó a toser sin control y enojada volteo a verme con enojó gritando QUE TE PASA?

    Le di una cachetada no tan dura para hacerle daño pero si lo suficiente para callarla, bueno ahora sí vamos a disfrutar puse sus brazos en su espalda y le volví a colocar las esposas y empezó a quejarse dijo que esto no era parte del trató, la mire a la cara y le dije que había aceptado ser mi juguete todo el día y como un niño empezaría a divertirme como quiera y si fuera necesario que la educaría como una mascota fiel a su amo y le di otra cachetada haciéndole entender a qué me refería, la puse de rodillas con ambas manos le hice una cola de caballo y le dije que abriera la boca, con algunas lágrimas trato de negarse pero cuando vio que levanté mi mano abrió la boca, yo sonreí porque se estaba volviendo obediente y solo bastaron 2 cachetadas para que entendiera, comencé a divertirme con su boca provocándole arcadas y que salieran más lágrimas pero esas pronto desaparecerían, le empuje mi verga lo más adentro que pude pero solo entro un poco más de la mitad la mantuve así, que tal está la verga de tu amo y así me dirás si entiendes lame mi verga y eso hizo, la solté y comenzó a toser otra vez pero ahora lo controlo y cuando terminó la puse en la cama le ordena que levantará el culo y no quiso hacerlo, tome mi cinturón y le di una nalgada y le volví a decir que levantará el culo

    Ya más obediente lo hizo pero un poco torpe tomando en cuenta que sus brazos estaban atados cuando por fin se colocó quedó en escuadra con la cara pegada a la cama y levantando su culito virgen a mi, me tomé un momento para contemplarla y decirle que buena perrita era, que entendía a la primera y que sí seguía siendo buena le daría su premió me gusta decirle eso y empezar a tocarla con el primer toque ella saltó pero se fue acostumbrando a mis manos y me gusta cuando se empieza a mojar.

    Que te avergüenza que toqué tu vagina o que te estés mojando tanto?

    No contesto y metió su cara en el colchón yo aproveché y baje su ropa interior a sus rodillas y unos cuantos hilos de sus fluidos se estiraron tenía unos cuantos pelos, le di una nalgada y le dije que a partir de ahora nunca debía tener pelos, no dijo nada y la volví a nalguear entendido?

    Ay, si

    Si qué?

    Si aaamo

    Aunque le costó decirlo ya estaba siendo cada vez más sumisa.

    Comencé a lamer toda su vagina hasta que empezó a gemir, la pastilla que le había dado seguía haciendo efecto y la aproveche para hacerla venir, sus fluidos fueron abundantes sabía que era su primer orgasmo y quería humillarla más haciéndose lo notar tomé un poco con mis dedos y los lleve a su cara.

    Te gustó y quiero que seas honesta? Porque me puedo enojar

    Sin despegar su cara avergonzada de la cama hizo un pequeño gesto asentando con la cabeza

    Le di una nalgada fuerte, te pregunté que si te gusto ser el juguete de este viejo?

    Avergonzada con un tono bajo dijo si

    Apreté su clítoris con mis dedos y la otra mano que tenía embarados sus jugos le dije

    Entonces se una buena perrita y limpia mi mano.

    Con dolor y excitación comenzó a lamer mis dedos y yo comencé a acariciar su clítoris, entre cada lamida soltaba en gemido cada vez mayor, eso me indicaba que pronto haría que mí humillación la excitara y que estaba más cerca de convertirla en mi juguete, mi perrita, mi depósito de semen, en lo que yo quisiera.

    Así hice que tuviera otro orgasmo, le pregunté que si le gustó y le ordene que me lo dijeras fuerte

    Con su tierna voz dijo decidida, si me gustó.

    Le recordé que tenía que decirme amo pero le perdone la nalgada por el entusiasmo con el que lo dijo.

    Muy bien que buena putita eres así que te daré tu premio.

    Ya tenía suficientes fluidos para evitar que usará lubricante y ella sabía lo que venía sin moverse solo dijo «con cuidado es mi primera vez»

    Escuchar esas palabras me excitaron mucho, inconscientemente se entregó a mí y por eso sería bueno con ella.

    Le dije que no fuera a bajar el culo sin importar que le doliera, eso solo sería al principio y que sería peor si me molestaba y afirmó sus piernas levantando el culo para no caerse demostró que había entendido.

    Pase mi verga por toda su vagina llenándome de fluidos haciéndola gemir con algunos pases por su clítoris puse la cabeza de mi verga en su entrada y la empujé hasta que entró solo la cabeza, dio un fuerte suspiro e intentaba mantener la calma, siempre me ha gustado ese momento cuando usas algo por primera vez, ya sea manejar por primera vez un auto, abrir un paquete que anhelabas recibir o romper el himen de tu nuevo juguete es algo que siempre eh disfrutado y está vez no sería la excepción puse mis manos en su cadera y de una estocada clave mi verga, a pesar de que no entro toda fue un momento glorioso, ella empezó a berrear, patalear y suplicar que la sacará, que la estaba partiendo y yo solo pensaba en lo rico que se sentía el calor de su interior, lo apretado de su vagina y la sensación de quitarle la virginidad a una dulce y linda jovencita.

    Cuando se calmó, empecé a sacar un poco mi verga lo cual ella reaccionó nuevamente con suspiros, intentando relajarse y estaba haciendo lo correcto en una situación así, pero yo no estaba feliz con eso así que empecé a moverme dentro de ella quería que gritara, haría que esa vagina tuviera mi forma y que es mía.

    Comenzó a gritar, soltar lágrimas y suplicar, yo la nalgueaba le decía que era mi puta y que pronto solo mi verga la haría feliz.

    Después de estar cogiéndola salvajemente un rato empezó a excitarse, gimiendo con cada embestida soy muy bueno adiestrando mujeres con la excitación y cuando estaba a punto de llegar al orgasmo me detuve, noté como ella movió su cuerpo hacia mi intentando meterse más mi verga.

    Que pasa? Quieres que te siga cogiendo?

    Se quedó callada y le di una nalgada

    La volteé elevando sus piernas doblando la para que quedarán sus pies encima de sus hombros y que su vagina quedará a la altura de su cara, le volví a meter la verga y continúe cogiéndola hasta que se viniera, saque mi verga con todo y sus fluidos dejando que los hilos combinados de su sangre, sus orgasmos y mi líquido preseminal cayeran en su cara demostrándole todo lo que le sacaba y que si su boca me mentía, su cuerpo no podía hacerlo.

    Ya se estaba acostumbrando a mi verga y podía metérsela toda, la puse de perrito y jalándole el cabello termine de cogerla y dejarla llena de semen su cuerpo cayó por el agotamiento pero volví a levantar su cara y la obligué a mamármela para que me la dejara limpia.

    Continuará…

  • Sometida por el bully de mi hijo (3)

    Sometida por el bully de mi hijo (3)

    Durante la mayor parte del tiempo llevo una vida normal. Trabajo cinco veces a la semana. Voy al gimnasio. Me junto con las chicas casi todas las semanas. Conozco hombres, tanto en bares como en internet. Les hago la vida difícil. La tienen que remar demasiado para poder entrar en mí. La mayoría se rinde por cansancio. También comparto tiempo con mi gran amor, mi hijo Leandro. Miramos películas, le pregunto cómo le va en el colegio, y trato de saber de él. Por suerte está mejor. Tiene cada vez más amigos (Amigos de verdad), y hace poco me confesó que se está viendo con una chica.

    Sólo cuando me llega un mensaje de él, de Robi, mi vida común y apacible parece temblar como si se desatara un terremoto.

    Hago tal esfuerzo por olvidarme de él mientras estoy haciendo mi vida cotidiana, que cuando reaparece, todo se agolpa en mi corazón: la certeza de que me tiene en sus manos; la incertidumbre de desconocer hasta qué punto sabrá guardar silencio sobre lo que sucedió entre nosotros; la desesperación por no saber cómo librarme de su sometimiento; la culpa por disfrutar, por momentos, de su manipulación…

    Decidí usar un ringtone en particular para cuando llegara un mensaje suyo. Así la ansiedad no me carcomería cada vez que llegara un mensaje de otra persona.

    Cuando empieza con sus mensajes, puedo mantenerlo a raya durante un tiempo, inventando excusas para no encontrarme con él. Contentándolo con alguna foto en donde salgo semidesnuda. Prometiéndole que pronto nos veríamos. Pero cuando pierde la paciencia, recurre a la amenaza de siempre. Mi video erótico recorriendo todos los pasillos de la escuela donde asiste mi hijo; la propagación de la historia que cuenta que yo solía ser una escort; y ahora la otra historia que narraba cómo un pendejo malcriado de apenas dieciocho años había logrado acostarse conmigo. Me tenía acorralada.

    Cuando repetía estas amenazas, ya era tiempo de complacerlo. La idea me trastornaba mucho. Cuando debía ir a su encuentro lo hacía con indignación e impotencia. La dominación que ejercía sobre mi persona me perturbaba más que el acto mismo que me obligaba a hacer. Nunca fui una mujer sumisa, pero con él lo estaba siendo. En el último mes estuve dos veces con él.

    En la primera ocasión lo convencí de que si quería verme, deberíamos ir a Capital, lejos de las miradas indiscretas. Fuimos a un hotel alojamiento. Habrían pensado que se trataba de un muchacho con una prostituta, y a decir verdad, no estaban muy errados.

    Yo me había vestido como la puta que en ese momento era. Con un maquillaje más llamativo de lo normal, un vestido corto y ceñido, zapatos de taco alto, y el pelo recogido. Robi no me dio un segundo de respiro. Me agarró de la cintura y me atrajo a él. Ya podía sentir su bulto hinchándose. Me besó en la boca, mientras sus manos se ensañaban con mi escote. Me sacó, con paciencia, prenda por prenda, hasta dejarme totalmente desnuda. Se sentó en el borde de la cama y me observó en silencio, como quien observa una obra de arte, tratando de descifrar de dónde proviene el magnetismo que lo obliga a no apartar sus ojos de ahí.

    -Caminá un poco, como una modelo. -dijo.

    Le di el gusto. Caminé desde la puerta de entrada hasta la ventana. El viento frío del aire acondicionado daba a mi cuerpo desnudo. Sentí, con cierta sorpresa, que me daba morbo estar en esa situación, totalmente expuesta a los caprichos de Robi. Fui y vine dos o tres veces. Luego me paré frente a él. Di una vuelta, para que no perdiera ningún detalle de mi cuerpo. Quería que entienda lo especial que era como mujer. Que comprenda la suerte que tenía, y que, en consecuencia, sea agradecido.

    Robi me agarro de la muñeca, y me atrajo hacia él. Hiso un movimiento con la cabeza y yo entendí lo que quería que haga: me arrodillé a sus pies, como una plebeya ante su rey.

    Entonces metió dos dedos en mi boca, y jugó con mi lengua. Empecé a salivar más y más. Él se bajó el pantalón, la verga saltó como resorte, ya estaba a media asta.

    -Escupila. – dijo.

    Obedecí sin chistar. Esculpí varias veces hasta que el tronco brilló por la saliva.

    -¿Querés que te la chupe? – pregunté, agarrando su bello instrumento (lo único bello que tenía). Acerqué mis labios al glande y lo miré a los ojos.

    -Abrí la boca y sacá la lengua. -dijo-. No la cierres hasta que yo te diga.

    Me dejó en esa pose un buen rato, hasta que de mi boca empezó a chorrear saliva. Se puso de pie, me agarró del cabello con violencia y me metió la pija hasta la garganta, de un solo movimiento.

    Lo empujé y me liberé enseguida de esa víbora sólida. Tosí.

    -No entra todo eso en mi boca. -le dije.

    -Dejá de quejarte putita.

    Sin embargo, se vio persuadido de volver a intentar meterme semejante miembro entero. Aun así, lo metió en mi boca, y empezó a frotarlo en la parte interna de las mejillas. Mis cachetes se estiraban y mi piel tomaba la forma fálica de su pija. La imagen parecía divertirlo mucho.

    Después de un corto tiempo, que me decepcionó, eyaculó adentro de mí.

    -Tragate todo – dijo.

    En los siguientes minutos, jugó con sus dedos, como si fuesen lombrices que se enterraban en un campo húmedo. Entró por todos los orificios de mi cuerpo.

    Luego me dijo que abriera las piernas. Enterró su rostro entre ellas. Se encontró con mi sexo mojado. Lo olió y me miró con una sonrisa perversa.

    Mi orgullo se había desvanecido mientras estuve encerrada en esa cuatros paredes con Robi. Mi sexo necesitaba ser estimulado. Mi cuerpo necesitaba expulsar todo el calor que había acumulado hasta entonces. Robi sacó su lengua filosa y lamió el clítoris. Una ráfaga fría del aire acondicionado impactó justo en mi entrepierna y entonces la deliciosa sensación de la lamida se intensificó. Robi repitió una y otra vez. No pasaron ni cinco minutos, cuando por fin mi cuerpo me demostró que librarme de ese salvaje iba a ser más difícil de lo que imaginaba, porque ahora era yo misma la que lo deseaba. Largué mi grito orgásmico sin importarme nada. Lo agarré de los pelos, con violencia, mientras frotaba frenéticamente mi sexo en su cara, ahogándolo con mis fluidos.

    -Sos un avión. – dijo- Ninguna pendeja coge como vos.

    Estábamos todavía agitados, abrazados. Mi rostro descansaba en su pecho, que se inflaba y desinflaba por su respiración.

    -Vas a poder cogerme mientras sepas estar callado.

    En el techo, un enorme espejo nos devolvía nuestra imagen. No nos veíamos nada mal. Ambos bellos, ambos con cuerpos esculturales, y a pesar de la diferencia de edad, ambos éramos muy jóvenes. Pasaron unos minutos hasta que ambos quisimos guerra otra vez.

    La Verga fláccida de Robi parecía dormida. Una bestia que en cualquier momento se despertaría para devorar a su presa. La agarré, envolviéndola con mis dedos. A pesar de ser blanda, se sentía muy carnosa. Lo masajeé. Besé su pecho. Empecé a sentir cómo, lentamente, se endurecía y se agrandaba ante mis estímulos. La juventud es increíble, en cuestión de segundos, la víbora que tenía en mis manos se convirtió en un mástil de hierro.

    -¿Tu tío no te pregunta por mí? – dije, sin dejar de masajearlo.

    -¿Te gustó que te coja? – Me preguntó él.

    -No, pero vos me gustas – le mentí, intentando que se ponga en contra de su tío en caso de que el viejo pretendiera aprovecharse nuevamente de mí. Él no me gustaba, de hecho, lo detestaba. Lo que me gustaba era su verga, y quizás sus ojos, y tal vez su cuerpo trabado, y su manera de usar la lengua. Pero lo detestaba.

    -El tío Raúl se coge a una escort diferente todas las semanas. Va a quebrar de tan putañero que es el boludo. Así que no te preocupes, no es de encapricharse con una sola mujer.

    -Pero vos sí. – dije. Me incliné y lamí la cabeza de su pene. Él me acarició la cabeza.

    – No conozco a nadie como vos, así que no te voy a dejar hasta dentro de mucho tiempo.

    Dejé de acariciarlo y lo miré a los ojos.

    -¿Nunca te sentís mal por lo que haces? Andás por la vida lastimando a los demás, y pensás que no vas a recibir nada a cambio, pero no es así. Además, nunca vas a ser feliz con una mujer si las tratás como a un objeto.

    Me agarró del mentón. Me apretó con fuerza. Acercó sus labios y me besó.

    -No me vengas con clases de ética. Vos sos una puta. decilo. ¡Decilo!

    -Soy tu puta, tu juguete, tu muñeca. ¿Eso querías escuchar?

    -Así me gusta – dijo, visiblemente orgulloso por las palabras que me hizo decir.

    -Si me jurás que esto es sólo entre nosotros, podés hacerme lo que quieras, cada vez que quieras. ¿Qué querés ahora?

    Acerqué mi rostro a su sexo. Largaba un fuerte olor que me atraía a él. Lamí el prepucio y me deleité viendo la expresión enloquecida de su rostro, al recibir el estímulo.

    Pero él me interrumpió

    -Quiero tu culo – me dijo.

    Faltaba poco para que nuestro turno termine, así que era entendible que quisiera aprovechar el tiempo para hacer algo diferente.

    Me puse en cuatro. Robi se arrodilló y enterró, de a poco, su largo instrumento. Al principio me dolió. Pero después no pude evitar gemir.

    No alcancé a acabar por segunda vez, pero disfruté mucho cómo profanaba esa cueva, de la que habían disfrutado muy pocos.

    Faltaba muy poco para que terminasen las clases. Eso, quizá, me daría un respiro de Robi. A lo mejor la obsesión que siente por mí disminuiría si yo dejara de ser la mamá de uno de sus compañeros de clase. Además estaba pensando en mudarme lejos y romper todo vínculo con la ciudad. Necesitaba cambiar de vidas, no podía ser que siempre terminase sometida por algún hombre. Mi jefe ya me había recomendado con un amigo de San Luis. No sabía cómo se lo tomaría Leandro, pero haría lo necesario para llevarlo conmigo. Una vez que conociera un poco el lugar, no querría volver. Ya se encontraría otra noviecita por allá.

    Sin embargo para eso todavía faltaba. Y Robi, quizás adivinando mi posible huida, tenía una nueva sorpresa para mí. Era increíble cómo ese pendejo aumentaba cada vez más su nivel de sadismo.

    Esta vez nuestra cita no era en un hotel, sino en una chalet, en un barrio que queda a apenas cinco Kilómetros de casa. Me preocupé al saber esto, porque estando a solas en una vivienda, iba a ser difícil poner punto final al encuentro. Pero me dije, que, con suerte, sería nuestro último encuentro.

    Toqué el timbre sin imaginar lo que me esperaba en las próximas horas.

    Continuará.