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  • La libertad de amar

    La libertad de amar

    Me encontraba frente a un ventanal mirando la inmensidad del planeta todavía desnuda, saboreando las horas que acababa de pasar con mi hermano, estaba feliz y deseosa de que volviéramos hacerlo, aquello que durante tantos años nos dijeron que estaba prohibido, que era tabú, aquello que según nuestra sociedad estaba obsoleto, en nuestro siglo nos habían grabado que las relaciones sexuales no estaban bien vistas.

    La nuestra era una sociedad que había evolucionado enormemente gracias a la robótica, a las máquinas, prácticamente dependíamos de ellas para todo, incluso para el sexo, se nos implantaban unos chips al nacer en la cabeza que desinhibían todo apetito sexual, la nuestra era una sociedad en que la gran mayoría de los individuos eran vírgenes, donde la reproducción era exclusivamente in vitro y los pocos que se atrevieron a tener niños de forma natural teniendo una relación sexual, digamos que… estaban fuera del sistema y se convertían en unos parias.

    Mi hermano y yo pertenecemos a una clase alta dentro de nuestra sociedad, somos científicos y estudiamos la viabilidad de nuevos planetas, llevábamos orbitando solos este nuevo planeta desde hace más de cuatro meses estudiándolo y valorando sus recursos, pertenecemos a una expedición más amplia los cuales se nos unirían dentro de 2 meses, seis meses después de que una lluvia de meteoritos alcanzase nuestra nave, ocasionando algunos desperfectos como la gravedad artificial o las comunicaciones, lo que hizo que nuestros chips inhibidores se desconectasen sin nosotros saberlo.

    No habían pasado más que unas semanas en la órbita de aquel planeta, cuando nos alcanzaron unos fragmentos de meteorito, tras ser alcanzados mi hermano y yo empezamos a flotar por la nave y a pesar de ser una de nuestras prioridades nunca llegamos a reparar bien la gravedad dentro de la nave, en ocasiones de pronto nos encontrábamos nuevamente flotando.

    Poco a poco se repararon todos los desperfectos menos las comunicaciones que realmente no había nada que hacer, ya que las antenas sub espaciales de largo alcance estaban destrozadas o habían desaparecido, al pasar los días me empecé a sentir diferente, tenía sueños muy raros, sueños que nunca había tenido, sueños excitantes y sentía sensaciones nuevas incluso, despierta, me sorprendía mirando a mi hermano de forma inusual, sentía placer cuando mis pezones en esa situación rozaban con mi camiseta y veía a mi hermano mirarme de igual manera, nunca me había mirado así.

    Cuando nos cruzamos por el pasillo nos mirábamos el uno al otro y al pasar al lado si nuestras manos se rozaban, los segundos parecían minutos, el tacto de su piel sobre la mía era una sensación tan placentera y sé que a él le pasaba lo mismo gracias al reflejo del cristal de la puerta fondo frente a mí, podía observar cómo se daba la vuelta y paraba de mirarme hasta que no doblaba el pasillo, en esos momentos estallaba de excitación y notaba como mis bragas se humedecían, como escalofríos recorrían mi cuerpo, no entendía nada, pero eran unas sensaciones que me gustaban y las iba buscando y provocando

    Iban transcurriendo los días, más roces, más sensaciones, más sueños en los que me levantaba con mis bragas realmente empapadas, recordaba pequeños fragmentos del sueño, partes inconexas que no entendía, eran sueños excitantes, de juegos sexuales con mi hermano y ahora le miraba con deseo en todo momento, me sentía observada en todo momento, cuando andaba, cuando trabajaba, cuando leía un libro en la sala de recreo incluso cuando me vestía y dormía.

    Los dos estábamos raros y lo empezamos hablar, él tenía los mismos sueños las mismas sensaciones hasta que un día mi hermano me empezó a contar una teoría de lo que podría estar pasándonos, era la explicación más razonable y era que a causa de no tener comunicaciones, los receptores de los chips que teníamos implantados no transmitían ni recibían y eso había hecho que no inhibirán nuestros apetitos más primitivos.

    El sol se ponía detrás del planeta y yo estaba viendo aquel maravilloso espectáculo cuando entro mi hermano entro en la sala, empezamos hablar de lo bonito que sería ver aquello sobre el planeta y nuestras manos se rozaron por un momento, sentí nuevamente aquella sensación de placer y mi mano busco la suya nuevamente, nos empezamos acariciar despacio, nuestros dedos empezaron a jugar entre ellos mientras que mirábamos por el ventanal la puesta del sol, frente a nosotros nuestro reflejo, los dos de pie frente aquella ventana, cogidos de la mano mirando al infinito.

    Me cubría una camiseta muy larga de color azul que me llegaba por encima de las rodillas y mi hermano tan solo unos pantalones cortos de deporte, ya que venía de hacer algo de ejercicio en el gimnasio, la mano de mi hermano empezó a subir por mi brazo muy suavemente, casi sin rozarme, nos giramos a la vez dejando el ventanal a un lado y nuestras manos empezaron a recorrer nuestros brazos a la vez que nos mirábamos con deseo.

    Recorría sus fuertes brazos una y otra vez y fue mi hermano el primero en desviar sus caricias hacia mis senos, pasaba su mano por encima de ellos, haciendo que mis pezones se dispararan intentando atravesar la camiseta, bajaba hasta acariciar mis muslos y subir por encima de la camiseta por mis caderas, mi costado hasta llegar a mi axila para volver de forma inversa el recorrido, yo me atreví a posar mis manos sobre su pecho, acariciando levemente sus músculos, sus pectorales, sus abdominales, dibujándolos con las yemas de mis dedos, sentía como mi respiración se aceleraba, como mi corazón golpeaba contra mi pecho con fuerza, como mis senos reaccionaban cuando sus manos se posaban nuevamente en ellos.

    Sentía como mi sexo se humedecía como mis bragas se iban mojando y como a mi hermano le crecía un bulto por debajo del pantalón, aquellas sensaciones eran nuevas para los dos, nunca habíamos experimentado nada igual, nunca habíamos acariciado nuestro cuerpo y mucho menos el de otra persona, sentía escalofríos cada vez que sus manos me recorrían, sentía como mis pezones habían aumentado de tamaño y estaban duros, la sensación de tener sus manos sobre mis pechos apretándomelos con delicadeza y la sensación de tener por primera vez unos labios sobre los míos besándome despertó algo en mí que ya no pude controlar.

    Nadie nos dijo nunca lo placentero de aquellas sensaciones, nadie nos había enseñado, pero poco a poco lo íbamos descubriendo convirtiéndonos en maestros, nuestros labios unidos e instintivamente le abrí mi boca y nuestras leguas empezaron a bailar dentro mi, mis manos acariciaban su espalda, las suyas subían desde mis muslos nuevamente levantando mi camiseta a su paso y descubriendo mis bragas, los besos más profundos y los abrazos más fuertes, fue la primera vez que sentí su pene rozando mi sexo, era algo extraño sentir algo tan duro, algo que no hacía ni unos minutos era pequeño y blando.

    Mi hermano continuo la ascensión de sus manos llevándose por delante mi camiseta y con mi ayuda levantando los brazos la dejamos caer al suelo, unos senos redondos y firmes con unos pezones que apuntaban al techo estaban desnudos delante de él, mis aureolas sintieron por primera vez los besos y la lengua de mi hermano que pasaban sobre ellas, chupando después los pezones causándome los primeros gemidos, cerré los ojos para disfrutar del momento, como sus besos recorrían todo el contorno de mis pechos, como sus dedos me acariciaban el vientre casi sin estar, al abrir los ojos miraba la escena en el ventanal, fuera solo había oscuridad y dentro… deseo carnal.

    Mi hermano recorría mi cuerpo con sus labios y yo le empezaba a quitar el pantalón para acariciar su pene, sus manos empezaron a bajarme las bragas, tan solo hasta la mitad de mis muslos para poder meter sus dedos en mi vulva, sin saber me rozaba con ellos mi clítoris, aquella sensación sí que fue tremendamente placentera, mi cuerpo despertaba de un largo letargo, todos mis sentidos estaban puestos allí, en aquel pequeño botón rosado, los gemidos fueron cada vez más fuertes y habían parado toda actividad salvo mi respiración, mis manos ya no podían acariciar su pene dejándolo simplemente entre ellas.

    Me empezó a besar y le empecé a abrazar clavándole las uñas en su espalda cuando sentí sus dedos entrar en mi vagina, poco a poco me iba penetrando más con sus dedos, me quite las bragas por completo y me tumbe en el sofá con las piernas abiertas y la cabeza de mi hermano entre ellas lamiendo mi clítoris, metiendo sus dedos en mi vagina, no podía parar de gemir y al cabo de unos minutos una sensación extraña, mi vientre ardía y mis piernas temblaban de repente, mi cuerpo no reaccionaba y empecé a gritar de placer, mi vagina se inundó saliendo de ella pequeños chorros de un líquido transparente, mojando sus dedos y su cara empapando todo a su paso, acababa de tener mi primer orgasmo.

    Los dos tumbados en el sofá, después de no sé cómo describirlo, algo tan… nunca mi cuerpo me había desobedecido, espasmos musculares, un placer indescriptible recorrió mi cuerpo, hizo que tuviera más curiosidad por todas aquellas nuevas sensaciones, sobre todo por aquel pene al que empecé nuevamente a acariciar, era suave, grande y duro, lo sentía palpitar cuando me lo metí en la boca, no sé por qué quizás porque lo vi en alguna película clandestina que habíamos visto hace años, mi hermano gemía de placer y sus manos acompañaban mi cabeza en aquellos movimientos cuando metía y sacaba su pene de mi boca, cuando lamía su contorno, presionaba mi boca contra su pene llegándome a dar arcadas.

    Estaba disfrutando como nunca le había visto, repetía lo que creía que más le gustaba, sentía sus palpitaciones en mi boca cuando empezó a gemir más fuerte y empezó a eyacular dentro de mi boca, su semen caliente salían de mi boca resbalando entre mis labios cuando la saque y pequeños corros impactaron en mi cara, nos mirábamos sonriendo, sus músculos todavía en tensión mirando ahora con los ojos cerrados al techo, nunca antes había sentido aquella sensación y nunca antes se había corrido y me alegré de que yo fuera la primera, la primera en recibir su semen.

    Me levanté y le besé, todavía seguía tendiendo restos de sus semen en mi cara, lo cogí de la mano y me lo lleve a mi habitación con paso lento pero firme, una vez allí me tumbe en la cama y le abrí nuevamente mis piernas para que hiciera eso que habíamos visto en las películas antiguas, quería sentir su pene dentro de mí, quería experimentar como en las películas el goce de aquellas chicas, gritar de placer como ellas lo hacían, a pesar de no haber tenido nunca relaciones sexuales mi himen se había roto debido a que montaba desde muy joven a caballo por lo que no tenía miedo al dolor que quizás me pudiera provocar al entrar dentro de mí por primera vez.

    Estaba tremendamente excitada, mi vagina mojada y preparada para él, su pene otra vez disfrutaba de esa talla que yo había probado, mi hermano me miraba a la vez que se acercaba a mí, se metió entre mis piernas mientras me decía que si estaba segura de hacerlo, que lo teníamos prohibido pero él se acercaba más y más, sentía su pene rozando mis labios y yo solo quería tenerla dentro, quería sentir aunque fuera una sola vez como me penetraba, quería gritar y volverme loca de placer.

    Nuestros labios se empezaron a unir le rodee con mis piernas abrazándole con ellas al igual que mis brazos por la espalda cuando empecé a sentir su glande sobre mi vagina entrando despacio, deslizándose en mi interior con suavidad, no sabía si ese pene tan grande entraría dentro de mí, pero mi vagina se iba expandiendo a su paso, rozando mis paredes haciéndome feliz y haciéndome gemir desde un principio, mi hermano, me estaba follando por fin.

    Cada vez que uníamos nuestros sexos, cada vez que su pene entraba y salía de mi vagina, mis gemidos eran más altos, una vez más se estropeó la gravedad artificial y nuestros cuerpos unidos empezaron a flotar por la habitación, sus movimientos sus empujones nos propulsaban hacia delante, la sentía entra tan dentro de mí que sus roces con mis paredes vaginales una y otra vez sacaban pequeños gritos de mi interior, me sentía flotar y no literalmente que también.

    Mi hermano me follaba flotando por toda la habitación, entrando y saliendo de mí ahora a gran velocidad, tanto que tuve que apoyar las manos en la pared, girábamos sobre nosotros pero eso no le impedía que siguiera penetrándome con fuerza y profundamente, haciéndome gritar una y otra vez, mis uñas arañaban su espalda cuando mi cuerpo se arqueaba en el aire, cuando empecé a notar como mi hermano con su pene bien profundo y sin moverse apenas expulsaba su semen en el interior de mi vagina, notaba como sus chorros me golpeaban justo antes de que empezara a temblar y un tremendo orgasmo invadiera mi vagina, mi vientre, mis piernas, mi cuerpo entero temblaba y mis gritos resonaban por toda la nave.

    Estuvimos un buen rato flotando con su pene todavía dentro de mí, nos besábamos con cariño, acabábamos de pasar una línea prohibida, acabábamos de hacer el amor, sentía sus manos sobre mis pechos, acariciándolos, yo me aferraba a él con piernas y brazos, no quería que se separase cuando empecé a notar como su pene iba creciendo dentro de mí, denuedo nuestras caderas empezaron a bailar, nuevamente su pene empezó a salir de mi interior para volverse a meter, esta vez nuestras miradas no se apartaron ni un solo segundo, viéndonos disfrutar el uno del otro, viendo como nos cambiaba la cara cuando nuevamente pero esta vez en silencio nos volvíamos a correr.

    Al final nos tuvimos que separar, había que arreglar la dichosa gravedad, pero eso no significo que dejáramos de hacer el amor, todas las tardes cuando el sol se ponía empezábamos a amarnos, al final nos convertimos en unos parias para nuestra sociedad yo no pude ocultar lo que crecía dentro de mí, nos destinaron a un planeta lejano sin lujos, un pequeño asentamiento de unas 200 personas como nosotros, repudiados por sentir, por amar y allí mi hermano y yo desconocidos para todos, vimos crecer felices a nuestra hija, curiosamente el castigo que nos habían impuesto no fue tal sino todo lo contrario, mi hermano que era un genio consiguió bloquear todos los inhibidores y ahora todos los días al atardecer…

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    Espero que os haya hecho sentir como a mí al escribirlo, porque no hay nada más hermoso que nuestra libertad, nada tan bonito como el amor.

  • Engañando a David

    Engañando a David

    David tuvo que viajar por razones de trabajo y lo extrañaba mucho. Luego de algunos días de estar solo, me di cuenta que necesitaba tener sexo. Me masturbaba mirando porno gay, pero mi culo pedía pija desesperadamente. Me animé a entrar en una página de citas gay, la primera noche conocí a muchos hombres calientes con buenas pijas pero ninguno me convencía, hasta que comencé a chatear con un negro muy lindo y me interesó conocerlo con tanta suerte que vivía muy cerca de casa.

    En media hora estaba en casa. Lo hice pasar y sin mucho preámbulo, le dije lo que me gustaba y mi curiosidad de coger con un negro. Sonrió y me dijo que le gustaba mi cuerpo. Me agarró de la cintura y trató de besarme, yo esquive el beso y me di vuelta para que su bulto generoso se apoye entre mis nalgas. Moviendo la cadera para sentirlo mejor, nos calentamos muchísimo.

    Ya desnudos en mi habitación, mis ojos se clavaron en su pija, la cual no era lo que imaginaba, era linda, cabezona pero no muy grande. Igual me gustó mucho. Me la metí en mi boca suavemente, mirándolo a los ojos, tratando de darle la mejor mamada que pudiera. Según David, nadie la chupa como yo. Me encantaba tener ésa verga en mi boca. A los diez minutos me empezó a lamer el culo. Era delicioso sentir la lengua del negro moviéndose y tratando de meterla profundamente.

    No aguante mucho tiempo y le pedí que me la ponga. Me acomode boca abajo con mi culo dispuesto a recibir su miembro, él se acostó sobre mí y con un movimiento muy hábil, me la fue metiendo hasta el fondo. Empezó a cogerme como loco y yo disfrutaba de su pija dura. Me puso de costado y siguió dándome. Luego, patitas al hombro y me calentaba verlo de frente mientras me cogia. Se inclinó sobre mi cuerpo para besarme el cuello y sentí un olor muy fuerte y desagradable a transpiración. Lo saqué de encima y terminé haciéndole una paja para que acabe.

    Fue una experiencia muy decepcionante y además me sentí muy mal por engañar a mi hombre, mi gran amor.

  • En el cibercafé

    En el cibercafé

    Soy un hombre maduro, de unos cuarenta y tantos años, de porte varonil. Mi pelo muestra algo de canas, particularmente en las cienes, pero mi piel, afortunadamente se conserva en buenas condiciones. Mi complexión física es regular y gracias a Dios, conservo agilidad y destreza. Soy profesor y asesor empresarial pyme, por lo que afortunadamente tengo aceptable carga de trabajo. En la parte baja de mi oficina, tengo instalado un cibercafé operado por un joven encargado, que casi siempre se trata de un estudiante con buenos conocimientos de redes y operación de computadoras y cerca están dos secundarias y un bachillerado, por lo que casi siempre los clientes son estudiantes de entre doce a 20 años.

    Me acercaba en mi auto llegando a mi oficina, por la temprana mañana de un tibio sábado veraniego, en una unidad habitacional de interés social. En la banqueta caminaba Alberto, en sentido contrario. Se trata de un apuesto joven de aproximadamente 18 años, 1.75 cm de altura, moreno claro con un cuerpo bien desarrollado, excelentes piernas, buenos brazos y un tórax para concurso, producto del futbol y otros deportes que practicaba. Su rostro mostraba un suave vello que pronto se convertiría en un agradable bigote, que enmarcaría su agraciada cara con unos hermosos ojos color cafés y unas crecidas pestañas. Vestía una holgada bermuda blanca, playera estampada con el logo del equipo Guadalajara y tenis blancos. Él vivía en la misma calle, a unas dos entradas más adelante, por lo que nos conocíamos por los frecuentes encuentros que ocurrían a temprana hora, cuando él salía rumbo a su escuela y yo llegaba a mi oficina. Como ya era habitual, nuestro saludo fue cordial y con alto grado de confianza.

    -Hola profe… ¿tan temprano a la chamba?

    -Que tal, Beto. No me queda de otra, pues voy a salir de comisión a ver a unos clientes en la capital del estado.

    -Usted siempre viajando de un lado a otro. A ver cuando me invita para que le acompañe y conozca otros lugares.

    -Cuando gustes, Beto. Podría serte útil por lo que me dices que vas a estudiar.

    Mientras cambiamos impresiones, bajo del auto y empiezo a abrir la puerta de acceso. En otras ocasiones me comentó que va a estudiar contaduría o administración de empresas, por lo que, ocasionalmente me visita para que le oriente sobre algunas dudas de sus estudios, siempre con camaradería y confianza. Debo decir que, en lo personal, desde adolescente he sentido atracción por los hombres jóvenes y varoniles y si están estudiando para ser profesionistas, con mayor razón. Me siento muy a gusto con esos hermosos ejemplares de la naturaleza. Alberto es uno de ellos, pero siempre he mantenido cierta distancia. Por fin, abrí la puerta y por cortesía le invité a pasar.

    -¿Gustas pasar, Beto?

    -¿No le quitaré tiempo? Si va a salir de comisión, se le hará tarde.

    -No te preocupes. Solo voy a encender el servidor para dejar una nueva configuración de seguridad en la red y serán unos minutos.

    Entré al local seguido por Alberto. Como no era aún tiempo de recibir clientes, por lo temprano de la hora, le pedí que cerrara la puerta. Hacia la calle tenemos un ventanal que está cubierto por una persiana de acrílico. Una escalera conduce al nivel superior, donde está mi oficina, pero me coloqué en la mesa de control, que está al pie de la escalera. Alberto se sentó en los primeros escalones, volteado hacia mí.

    -Le sabe usted mucho a lo de las computadoras, verdad?

    -Pues la necesidad me ha obligado. Tanto por mi trabajo como para atender bien a los clientes del ciber.

    Al tener esta conversación, tuve que voltear hacia él y por lo holgado de la bermuda, tuve una hermosa e inquietante visión de sus piernas y de sus genitales, pues ¡no traía ropa interior! Sentí que mi pulso se aceleraba, que mi corazón latía muy fuerte y, aunque disimulé lo mejor que pude, la atracción hacia ese espectáculo me hacía volver la vista con frecuencia, sin que aparentemente Alberto se percatara de la situación.

    Ya encendido el equipo servidor, active el reproductor de música, seleccionando el género instrumental, que permite trabajar creando un agradable ambiente. Empecé a realizar los cambios en el sistema, pero no podía concentrarme. Mis ojos buscaban con mayor interés ese pene que nunca había estado a mi alcance. Estaba solo con un chavo que de mucho tiempo me atraía y además tenía a la vista algo que empecé a notar que despertaba lenta pero constantemente. Veía como empezaba a engrosar su diámetro y a alargar su longitud. Llegó un momento en el que ya no pude despegar la vista al notarlo totalmente erecto y por mi parte, mi cuerpo hacía su deber y mi pene estaba sufriendo una erección pero a ritmo acelerado. Discretamente me lo moví para evitar ostentaciones.

    -¿Qué pasa profe?, comentó cuando se percató de mi movimiento que aunque traté de ser discreto, lo alcanzó a notar.

    -Nada Beto, solamente me acomodé mi ropa para estar más cómodo.

    -Creo que también yo debo acomodarme.

    Y agarró su ya monumental erección y trató de hacerla a un lado, pero como no traía calzoncillos, ese atractivo pene regresó a su posición original.

    -Beto, me siento muy inquieto y apenado contigo por esta situación. Siempre te he tratado como un buen amigo, a pesar de nuestra diferencia de edades. Te tengo confianza, pero sin querer me di cuenta desde donde estoy que tienes un buen paquete y debo reconocer que su vista me ha excitado en sobremanera.

    -No se preocupe. Me di cuenta de sus miradas y en realidad sentí gusto al ver que a usted le estaba atrayendo mi cuerpo y que también se le estaba parando el pene por ver el mío.

    Sus palabras me emocionaros y alentaron para dar un paso más. Me puse de pie y me acerqué a la escalera. Le extendí la mano para levantarle y acercarle a mi cuerpo. Suavemente nos unimos en un delicioso abrazo. Sentíamos nuestros enhiestos mástiles frotarse uno a otro, mientras nos fundíamos en un delicioso abrazo.

    -Beto…. Me encantas. Siempre te he observado cuando nos encontramos y veía como cambiaba tu cuerpo, adquiriendo fortaleza y formas mejor desarrolladas. Nunca pensé en llegar a tenerte en mis brazos.

    -Usted me gusta, Profe. Siempre lo he buscado por que me agrada estar con usted y escuchar sus comentarios y pláticas, como el mejor de mis amigos.

    -Alberto… Beto… Ya eres todo un hombre.

    Mientras se lo decía, lo apretaba a mi cuerpo y sentía más presión en nuestros penes. Llegó un momento en el que nuestros rostros estaban muy cerca y podía sentir su joven aliento y su excitación. Me incliné ligeramente hacia él y besé su mejilla muy cerca de sus labios. Él volteo ligeramente y nos unimos en un apasionado beso, en el que nuestras lenguas exploraban todo. Sentía como chocaban y luchaban entre sí. Y nuestras manos empezaron a ser más audaces y recorríamos nuestra espalda y acariciábamos con ardor nuestras nalgas. ¡Qué momentos tan excitantes! Tener un hombre joven, fuerte, bien desarrollado, acariciándole cada centímetro de su cuerpo y él recorriendo el mío.

    Metí mis manos bajo sus bermudas y pude sentir una piel recubierta de fino vello. Lo aflojé lentamente y empecé a bajarlo. Saqué aquel falo que mostraba una erección formidable. Lo tomé en mis manos y lo sentí palpitante. Pasé mis dedos por su cabecita y palpé abundante lubricante natural. ¡No podía creerlo! Y estaba en mis brazos, sin restricción alguna y sin molestias… Él también tomó la iniciativa y desabrochó mi cinturón y abrió el pantalón. Su mano entró bajo mi trusa y apretó mi pene, que al igual que el suyo, estaba en su máximo esplendor.

    -Profe… mi profe… no sabe que a gusto estoy y que rico siento lo que estamos haciendo. Estamos a mil los dos… Que padre. Ni con mi novia me he sentido así… Y le aclaro que nunca lo he hecho con un hombre, pero usted siempre me ha atraído.

    -¿En verdad estas a gusto, Beto? No te sientas forzado a hacer nada que no te agrade. Nos podemos detener cuando tú lo decidas.

    -No, mi profe. Esto ya lo deseaba pero no sabía cómo lograrlo. Por eso vengo tan seguido a su cibercafé, pero nunca hablamos de cosas personales. Y ahora se está dando todo muy natural.

    Lo tomé de la mano y lo subí a mi oficina. Tenía en un rincón un saco de dormir que uso cuando salgo de comisión y debo dormir en algún ejido. Lo tomé y lo extendí. Lo abracé nuevamente y lo despojé de sus ropas. Ya cada uno nos habíamos quitado el calzado. Me arrodillé a su lado y lo atraje hacia mí. Tenía frente a mi rostro un hermoso pene, de unos 17 cm y tan grueso como una moneda de diez pesos. De su ojito salía una hebra del famoso precum, esa dulce sustancia que le da sabor a la vida. Introduje su glande en mi boca y la sentí cálida y palpitante. Apreté con mis labios y jugaba con la lengua. Disfrutaba su dulce néctar que extendía por mi paladar. Empecé haciendo un movimiento de vaivén que luego fue hecho por él mismo. Sentía como entraba y salía de mi boca, hasta llegar a mi garganta. ¡Que delicioso sentimiento y que rico sabor!

    Suavemente se fue recostando y se acomodó para hacer un rico 69, esa agradable posición en la que el placer es mutuo. Sentía sus labios rodeando mi pene y chupando con avidez. Trató de que entrara más profundamente y sentí que ello le producía arcadas. Lo comprendí pues acababa de confesarme que era la primera vez que estaba con un hombre.

    -No te la metas mucho, para que no te cause ese efecto. Hazlo poco a poco y tu mismo te darás cuenta hasta donde la puedes introducir, Beto…

    -No se preocupe, le voy a agarrar la onda porque estoy con usted y no hay nada que se nos compare. ¡Los dos somos hombres!

    Su juvenil lógica me hizo sonreír para mis adentros. Manteníamos un buen ritmo en nuestra mutua mamada, dándonos y recibiendo todo el placer posible. Cada vez era mayor el néctar que ambos expelíamos mientras nos acariciábamos mutuamente nuestros cuerpos. Empecé a jugar un poco con su ano, ensalivando mi dedo y penetrándolo suavemente, mientras sentía su anillito muy cerrado. Pero lo hacía con paciencia y poco a poco empezó a ceder su resistencia y sin abusar, mantuve solamente un dedo en ese hermoso y virginal culito, sintiendo ligeras contracciones, que anunciaban su ya inminente eyaculación.

    -Hum! Profe. Se siente rico. ¡Me voy a venir!

    Uniendo la palabra a la acción, empezó a lanzar unos potentes chorros de semen, dulce, delicioso, que no quise despreciar, pero que me motivaron para también alcanzar el clímax.

    -Beto, yo también voy a acabar! Déjame sacártela!

    -NO! Démelos también a mí. Quiero recibirlos en mi boca, como usted!

    Y llegamos al máximo placer al mismo tiempo, mientras nuestros cuerpos se convulsionaban en una mutua entrega. Permanecimos acostados, acariciándonos y besándonos, Sus ojos cafés me miraban con cariño, mientras sus bazos me rodeaban y atraían hacia él.

    -Que padre, Profe! nunca pensé que fuera tan rico y placentero. No me arrepiento por lo que hemos hecho.

    -Y hay más cosas que podríamos hacer juntos, si tú lo deseas. Nunca debes hacer algo que no quieras o no te agrade. Con nadie, Beto.

    -Lo se Profe. Esto lo he hecho por mi gusto y si llegamos a hacer algo más, será también con mucho gusto. Yo aprenderé con usted, pero no por eso dejaré de ser hombre, pues solamente estaré con usted y con nadie más.

    Lo abracé nuevamente y le di un suave beso en los labios, agradeciéndole el grato e inolvidable placer que me dio esta tibia mañana. Nos aseamos en el baño de la oficina. Los vestimos y quedamos en volver a vernos, como ahora, en temprana hora, para entregarnos al placer.

    -Gracias, mi Profe. Espero que esto se repita cuando tengamos oportunidad,

    -Así será, Beto. Te quiero. Cuídate mucho.

    -Cuídese más usted, que anda siempre de viaje. Yo estaré esperando su regreso…

    -Gracias Beto. Que tengas buenos días.

    [email protected].

  • Él sí sabe cogerla

    Él sí sabe cogerla

    Definitivamente sí. Es evidente cuando ella empieza sentir las ganas de ser complacida por un verdadero macho, alguien que la haga estallar de excitación y placer. Y se nota en ella cuando el recuerdo de aquel hombre le hace humedecer de inmediato su vagina. En ese estado, anhela de nuevo ser llenada y poseída por esa gran polla, y experimentar los orgasmos más deliciosos del universo cuando este hombre la aborda para su propio disfrute y, por supuesto, para deleite de ella, también.

    Esa semana andaba especialmente inquieta e intranquila, pero para nada expresaba el motivo que la tenía así. A ratos parecía insinuarse sexualmente ante la presencia de hombres en sus proximidades, pero también parecía que era una manera de sentirse querida y deseada por ellos, sin que necesariamente fuera a terminar con alguno de ellos en la cama. Pero, sin embargo, había alguien que le detonaba las pasiones más intensas y ante quien no podía resistirse y negarse.

    Desafortunadamente, el objeto de sus pasiones no estaba disponible para satisfacer sus deseos a todas horas, así que aquellos arranques de calentura por lo general debía calmarse y esperar a que se diera la oportunidad. Aquello era bueno para él, porque cada vez que se encontraban la hallaba muy dispuesta y entusiasta para follar con él, una y otra vez. Con la sola idea de estar poseída por este hombre, la postura de su cuerpo cambia y sus gestos la delatan. Tiene ganas…

    Era un miércoles, tal vez, cuando se mostró especialmente activa, vistiéndose y maquillándose de manera provocativa. Nada usual, pues lo normal es que esas aventuras se den los fines de semana. Pero seguramente el deseo era tan grande que la satisfacción de la necesidad no podía esperar. Cuando su lencería está a la vista, yo ya sé lo que significa. La hembra está en celo y necesita un macho para mitigar su calor.

    Caía la tarde cuando me dijo que tenía ganas de que saliéramos un rato. ¿A dónde le fije? A dar una vuelta y tomarnos algo por ahí, me contestó. Así que le seguí la idea, pero lo comenté que los miércoles el ambiente no estaba tan activo como los fines de semana. Me dijo, no importa. La verdad es que estoy un tanto aburrida con el encierro y una salida a cualquier parte sirve para despejarme y cambiar de rutina. Está bien, dije yo, ¡vamos!

    Cuando subimos al carro, la pose de sus piernas y su actitud lo decía todo, ya se estaba imaginando enfrente de aquel hombre, abriendo sus piernas para recibir su miembro en su cálida y dispuesta vagina. Era evidente. Pero yo seguí como si anda, ignorando las señales que enviaba y que cualquier otro hombre pudiera descifrar de inmediato.

    Acudimos a uno de tantos bares que hay en proximidades de las discotecas y moteles, pero el ambiente estaba extrañamente tranquilo y pagado, pese al intenso calor y deseo que ella experimentaba a esas alturas, anhelando tener sexo con el hombre que la satisfacía plenamente. Nos tomamos unos tragos, y hablábamos de todo y de nada, bailábamos un rato, hasta que, en medio de aquel silencio expresivo, me atreví a preguntar, estás esperando a alguien acaso. No, ¿por qué? Respondió ella. Pues porque te noto extraña, como si esperaras que apareciera alguien o esperaras a alguien. No, para nada, me dijo ella, no sé qué te estas imaginando. Yo más bien diría, ¿qué te estas imaginando tú? Y me contestó con una sonrisita nerviosa.

    Y es que, acaso, ¿qué te estás imaginando tú? Preguntó ella. Yo no me imagino nada, solo trato de interpretar lo que estoy viendo. Y ¿qué estás viendo? Pues que estás como inquieta e insinuante. Con la posibilidad de equivocarme, diría que tienes ganas de estar con alguien, que la idea te está rondando en la cabeza desde hace días y que el pretexto de salir era para ver si esa idea tuya de alguna manera se hacía realidad. Si… puede ser, me contestó.

    Y si puede ser, porque mejor no lo expresabas desde el principio y no le das tantas vueltas al asunto. Al fin y al cabo, no será la primera ni la última vez que deseas follar con un tipo y terminas saliéndote con la tuya. Bueno, es que no estaba tan segura. ¿Y lo estás ahora? Si. Bien, y ¿Qué tienes en mente? Pues estar con alguien. ¿Y ya tienes algo acordado? No, me dijo. Entonces, ¿cuál es la propuesta? Pues, no sé, busquemos a alguien.

    Ya eran como las diez de la noche, y en aquel lugar, aparte de nosotros, solo había dos parejas más, al parecer en el mismo plan que el nuestro, así que le dije, pero ¿no te parece un poco tarde para empezar a buscar? Bueno, no sé, me dijo ella, podríamos llamar a Wilson. ¡Bingo! Tardó tiempo en expresar que tenía ganas inmensas de estar y disfrutar de aquel hombre, tanto como ya lo había hecho en el pasado. Pero ¿si será que está disponible a esta hora?, pregunté yo haciéndome el incrédulo. Pues, intentemos. Y si no, pues no pasa nada.

    ¿No pasa nada? ¡Mentira! Es puro cuento. Si ya hemos llegado hasta aquí, lo más seguro es que insista para que él venga, así esté en otro asunto, más aun pensando en la hora que era. Bueno, pues llámalo, dije yo. Ella, de inmediato tomó su celular y empezó a marcar. Hola, Wilson, te habla Laura. ¿Cómo has estado? Te he llamado para saber si tienes tiempo para que estemos un rato ¿Te parece? Bueno, te espero, entonces. Estamos por el sector de siempre. Yo te aviso donde vamos a estar. Nos vemos en un rato. Chao. Y colgó. ¿En qué quedaron?, pregunté. Ya viene para acá, que estaba cerca y llega en unos veinte minutos.

    Bueno… y ¿dónde quedaste de esperarlo? Pues yo creo que nos vamos acomodando en alguna parte y lo esperamos allá, porque ya es tarde y de pronto te toca madrugar. Tan considerada, pensé yo y me reí. Y ¿por qué no estabas preocupada con mi probable madrugada antes? Pero es que, la verdad, ya es tarde, replicó ella. Si, dije, pero para lo que tienes en mente si no es tarde ¿verdad? No te preocupes, dijo riendo, yo le dije que la idea era no demorarnos mucho porque tú tenías que madrugar. Y ¿por qué me metes a mí en el cuento? No es cuento, es la verdad, dijo ella. Bueno, ¡vamos!, dije yo.

    Caminamos unas tres cuadras al motel de siempre. Afortunadamente había habitaciones disponibles y no fue problema alquilar un cuarto e instalarnos. Es un lugar que se caracteriza por decorar sus instalaciones con diferentes temáticas, de modo que la ubicación se da por el tema asignado. Una vez allí, ella volvió a llamarlo… ¿por dónde vas? Preguntó. Estamos en el cuarto chino, en el primer piso. Está fácil llegar. Bueno, te estoy esperando.

    Ya está llegando me dijo. Y era cierto, pues no acababa de decirme aquello cuando sonó el teléfono de la habitación. Yo contesté. Llegó un Señor Wilson y dice que va para allá. Si, dije, por favor déjelo pasar. Lo estamos esperando. Bueno señor. Y casi de inmediato, después de colgar, tocaron a la puerta. Era él. Yo abrí, Llegó rápido fue mi saludo. Si, dijo él, estaba por acá cerca y no fue difícil el desplazamiento. Bueno, joven, toda suya, dije yo.

    Ella estaba sentada en el borde de la cama, vestida, con sus piernas abiertas. Él se acercó, la saludó de beso en la boca, pero permaneció de pie, en frente de ella, en medio de sus piernas abiertas. Y ella, sin preámbulo alguno, acarició sus muslos por encima de la ropa y fue subiendo sus manos hasta llegar a su cintura, procediendo a desabrocha el cinturón de su pantalón.

    Al parecer, aquello de que no se iban a demorar mucho era cierto, porque él le ayudó a soltar su cinturón y se apresuró a quitarse la ropa, quedando totalmente desnudo frente a ella, para deleite de mi mujer, que ya miraba con gusto y deseo aquel pene que caía en medio de sus piernas. Y no dudó para nada, lo acarició con ambas manos, sintiendo como crecía y se endurecía con cada una de sus caricias, no tardando en llevárselo a la boca y empezar a mamarlo con especial dedicación.

    Su boca estaba concentrada en lamer aquel miembro mientras sus manos se repartían entre acariciar sus muslos y sus testículos. Por otra parte, aquel muchacho guiaba con sus manos los movimientos de la cabeza de mi esposa para controlar el ritmo de sus mamadas, a su gusto. Ella siguió en la tarea por varios minutos hasta que aquel le insinuó que se acostará.

    Ella, así lo hizo, pero estaba totalmente vestida, de modo que aquel se tomó el trabajo de abrir la cremallera de su falda y retirarla de su cuerpo, quedando ella tendida en la cama, con toda su lencería y sus zapatos puestos, solo que sin la falda. Y así, tal como estaba, aquel hombre la embistió. Movió su tanga para un lado, acomodó su miembro a la entrada de su vagina y suave y delicadamente la penetró. Y ella lo estaba esperando, porque no más hacerlo, gimió de placer y apretó sus nalgas con las manos, invitándole a que fuera más profundo dentro de ella.

    Aquel ya sabe los gustos sexuales de mi mujer, así que empezó a empujar lentamente, sacando y metiendo su miembro con extremo cuidado, como si se fuera a lastimar en cada embestida. Esas primeras aproximaciones van a acompañadas de una sutil conversación, en voz baja, donde él pregunta si le gusta lo que está sintiendo, si deseaba que él viniera, si le encanta tener su verga en su coño, si le gustó mamársela y si quiere que la coja rico, como a ella le gusta, a todo lo que ella contesta afirmativamente, si, con una vocecita aguda, a manera de gemido. Pero poco a poco, en medio de ese cortejo, empieza a mover su cadera más y más rápido.

    Cuando él empieza sentirse muy excitado, le gusta besar a mi esposa y mover la lengua en su boca rítmicamente, al compás de las embestidas de su pene. A ella le gusta esto, porque estira sus brazos por encima dela cabeza y se entrega a las sensaciones que las maniobras de aquel muchacho de ébano le proporciona. La excitación en ella se hace evidente cuando abre sus piernas al máximo y empieza a responder con empujes de su cadera a los embates del hombre, viéndose desde la distancia un tira y afloje de ambos cuerpos.

    Hay una posición especialmente excitante para ella y ello sabe, así que, sin sacar su miembro de la vagina de mi adorable y excitada esposa, pasa un de sus piernas por el frente de su pecho y la coloca a ella de costado, continuando ahora la penetración como si estuviera colocado detrás de ella. Esto le da libertada para maniobrar y mover su pene en diferentes direcciones dentro de su vagina, lo cual eleva al máximo los niveles de excitación de ella y empieza a gemir con cada embestida, como si en cada golpe le produjera un dolor, pero al parecer una sensación agradable, porque ella tira con sus manos de las piernas de aquel para que siga concentrado en ese movimiento.

    Las embestidas van y vienen, y ahora él decide que ella se apoye en las rodillas sobre la cama, de modo que la sigue penetrando, pero ahora en la posición de perrito, donde él puede acariciar el cuerpo de ella a su antojo y retirarle la chaqueta, que hasta ese momento aún no se la había quitado. Ella sigue vestida, ahora solo con su lencería, pero eso no impide que aquel siga y siga bombeando dentro de la húmeda y ansiosa vagina de mi deseosa y puta esposa.

    Lo que sigue ahora es otro cambio de posición y, sin sacársela, el vuelve a llevar a mi esposa a recostarse de espaldas en la cama, asumiendo el la posición dominante del misionero, momento para el cual ella está más que excitada, de modo que aquel, dándose cuenta, empieza a bombear más rápido y con más vigor, hasta que llega al máximo y se retira, chorreando su semen en la cara de mi esposa, mientras ella aun gime de placer, y que, sin dudarlo, toma aquel miembro en su boca y lame con placer los restos que quedan en ese inmenso y palpitante glande. Él se levanta, ahora, y se va al baño, dejándola a ella con sus piernas abiertas y todavía temblorosas, su coño húmedo y palpitante, y con la vagina totalmente roja por los embates interminables de aquel.

    Al rato vuelve, se recuesta a su lado, la besa, y empieza el mismo ritual de preguntas que al principio. ¿Te gustó? Si, dice ella. Te sentí más caliente esta vez, seña de que me estabas deseando, ¿cierto? Si, dice ella. ¿Qué es lo que más te gusta cuando te penetro? Que la sensación es muy intensa, dice ella. Es que lo haces con mucho vigor. No sé, me gusta. ¿Y quieres más? Pregunta él. ¿No tienes que trabajar mañana? Replica ella. No importa. Esto no pasa todos los días. Si quieres amanecemos. ¿Por qué no? Dice ella. Porque yo tengo que madrugar, replico. Y ambos sueltan una carcajada.

    ¿Qué es lo que más te gusta de mi verga? Está bien, dice ella. No sé, me excita cuando esta dura. Me llena. Se siente rico cuando está dentro de mí. Bueno, ¿y cuando la penetro por detrás? Súper, dice ella. Todo está bien, no te preocupes. ¿Por qué preguntas? Solo curiosidad, responde él. Quiero complacerla y me gustaría saber qué es lo que más le gusta. Todo me gusta, no te preocupes.

    Estando recostados, uno al lado del otro, en medio de esa conversación, el empieza a acariciar las piernas de mi mujer, y ella de inmediato echa mano de su miembro y lo empieza a frotar. Y siguen hablando… ¿ya le están dando ganas otra vez? Pregunta él. Si, dice ella. ¿No estás cansado? No, dice él, pero me tiene que ayudar a recuperarme. ¿Qué tengo que hacer? Pregunta ella. Solo excitarme para entrar de nuevo en acción. Ah, bueno, dice ella, y continúa frotando su pene, que al parecer tarda en despertar.

    Entonces decide ponerse en posición inversa a la de él, y empieza a mamar su miembro. Él se deleita un rato acariciando las nalgas y las piernas de mi mujer mientras ella continúa intentando despertar ese miembro adormecido. El, al rato, decide devolverle los favores que ella le procura, pasa una de las piernas a uno de sus costados y se instala en medio de sus piernas para tener acceso a su sexo, el cual empieza a lamer con especial intensidad. Han terminado en un delicioso 69 que se ve muy atractivo y excitante.

    Ella, en medio de su trabajo con aquel pene, empieza a gemir. Wilson no sólo sabe manejar su virtuosa verga sino que también se las arregla para que su lengua estimule y excite el clítoris de mi mujer. En esa maniobra su pene vuelve a cobrar vida, se endurece y empieza a palpitar nuevamente. Mi mujer se incorpora, se retira y se recuesta a un lado de él. El mensaje está claro, no quiere perder más tiempo y ser penetrada nuevamente. Aquel no lo duda, se acomoda en medio de ella y la vuelve a embestir.

    Más temprano que tarde mi esposa empieza a contorsionar su cuerpo debajo de él, a gesticular y a gemir. Al parecer la lengua de Wilson maravillas y la puso a punto, de modo que no se tuvo que esforzar mucho para que ella llegará al punto máximo en poco tiempo. Vuelve y la coloca de costado, pero permaneciendo ahora frente a frente, y continúa empujando. La besa ahora, con pasión, volviendo al juego de mover su lengua y su pene al mismo ritmo, lo cual la vuelve loca.

    Vuelve a la posición del misionero y ambos empujan ahora, uno contra el otro, procurando que la sensación sea a cada instante más intensa, hasta que llega el clímax y ambos parecen recibir una descarga de electricidad. Aquel se contorsiona sobre el cuerpo de mi mujer, aferrando y atrayendo con sus manos las nalgas de ella, mientras ella se abraza a su cuello reteniéndole para que no se retire aún. Esta vez no lo hace. Se vino dentro de ella, lo cual no estaba programado, y permanecen así, unidos el uno al otro, hasta que la flacidez del miembro de aquel da para que este se retire y se coloque a un costado de ella, permaneciendo así por un rato largo hasta que ella se incorpora. Y asunto terminado.

    Como ella estaba prácticamente vestida, lo único que hace es colocarse su falda y chaqueta, arreglarse un poco la cabellera y decirme, bueno, amor, ya estoy lista, vámonos, mañana hay que madrugar. Me sorprende un poco con esto. Wilson si tiene que vestirse; esperamos a que lo haga y salimos los tres de la habitación. Nos despedimos a la salida del motel y quedamos de encontrarnos en otro momento. Hasta luego, Wilson, dice ella. La pasé muy bien le dice él a mi esposa, mientras se despide de ella con un beso en la mejilla. Estamos en contacto, llámeme cuando quiera.

    Subimos al carro y se siente en el ambiente el olor a sexo, el olor a macho, el aroma de él. Te dieron una buena cogida hoy, le dije. Si, estuvo bien dice ella. Me pareció que fuiste y volviste a las estrellas, entonces por qué dices tan solo que estuvo bien. No estuvo mal, lo disfruté, pero otras veces ha sido más intenso y ha estado mejor. Pero, y entonces, porqué le decías que súper, que todo bien, que esto y que aquello. Pues, porque si le digo algo que no le guste se desmotiva y ahí sí, ni para adelante ni para atrás.

    ¡Quien lo creyera! Que salga ella con ese cuento después de esa excitante faena. Pero, al fin y al cabo, fue otra noche en que ella se salió con la suya y tuvo sexo como quiso. Y no es secreto que ese Wilson, diga ella lo que diga, si la sabe coger.

  • El sereno me cogió atada

    El sereno me cogió atada

    Pensé toda la semana en las cosas que ese chico me hizo el último lunes, no podía quitármelo de la cabeza, deseaba desesperadamente volver a sentirlo, volver a ser su puto, volver a embriagarme con el aroma de su miembro, con el olor de sus huevos, con el sabor de su esperma, volver a ser su mujer, a perder la razón al sentir su lengua lamer mi ano, al llegar el lunes no podía pensar en otra cosa que en ir a pasar la noche en su cama y llegado el momento no pude evitarlo, casi como un autómata, con la mente en blanco fui a ese sucio galpón a entregarme nuevamente.

    Llame a su puerta y aguarde que me abra, cuando me vio, dijo socarronamente

    -Sabía que vendrías, pasa putito.

    Él sabía que me tenía dominada y que cada vez le permitiría ejercer más poder sobre mí, para empezar a hacerlo esa noche, me dio la primera orden.

    -Andá al cuarto, y espérame desnuda en la cama, que ya voy.

    Le obedecí y caminé sola hasta la habitación, me quité toda la ropa y lo esperé recostada en la cama, como me dijo.

    La espera, mi ansiedad por sentirlo, y mi completa desnudez, me pusieron más cachonda de lo habitual.

    Tardó unos minutos y entró al cuarto, se desnudó en silencio, se paró al lado de la cama y puso la pija bien cerca, encima de mi cara, se la quise agarrar para acariciarla, pero me frenó diciendo que él no me había dicho que podía tocarlo todavía, y dijo

    – Por ahora, solo mirá lo que vas a comerte, ¿esto es lo que venís a buscar no?

    -Si papi –respondí.

    -¿Vos venís a buscar pija, no es cierto?

    -Si papi -volví a responder.

    -Eso es porque sos una puta.

    -Si mi amor -le contesté- soy una puta y me encanta la pija.

    -Bien, ahora besame y lameme bien los huevos.

    Todo esto fue para que me quede claro que él iba a hacer lo que quisiera conmigo, la verdad es que era humillante la forma en que me trataba, pero supuse que mi actitud sumisa desde el principio y viendo que me dominaba fácilmente, lo llevó a ser más demandante.

    -Vos estás acá para darme placer, sos mi propiedad, y vas a hacer todo lo que te ordene sin quejas.

    -Si señor -le respondí.

    -Así me gusta puta, que me llames señor.

    Por mi única experiencia anterior con el hombre que me desvirgo, que me había tratado con tanto desprecio, y ahora éste, con esta forma humillante e hiriente, comencé a pensar que todos los hombres activos eran así con sus putitos pasivos, bueno, que eran así con los mariquitas como yo, y que en definitiva, los machos activos eran hombres superiores a los afeminados y lo hacían bien evidente cuando se acostaban con uno, con el tiempo aprendí que esto no era una norma ni una práctica general, depende de ambas partes establecer qué tipo de trato y relación quiera cada uno llevar.

    Siguiendo con esa noche, él estaba de pie pegado a la cama, había acercado su miembro lo suficiente a mi cara, como para que yo pudiera chupar sus huevos sin cambiar la posición en la que me encontraba.

    Mientras lamia la bolsa de sus bolas desde abajo, él apretó y estiró mis pezones, lo suficientemente fuerte como para incomodarme, pero no tanto como para provocar un dolor insoportable, eso me excitaba sobremanera, ya les he comentado sobre la extrema sensibilidad que tengo en mis tetillas y el efecto que tiene en mí, cuando un hombre juega con ellas, siento como se abre mi ano.

    Mientras yo dedicaba mi lengua a lamerlo, él tomó una tela, y sin advertírmelo, la usó para vendarme los ojos y dejarme totalmente privada de mi visión, al sentir la tela en mis ojos, me sobresalté e intenté una protesta

    -No, ¿qué estás haciendo?

    -Callate perra, seguí con lo tuyo, hoy vas a sentir mi pija sin verme.

    Obviamente me resigne de inmediato y seguí disfrutando de esa maravilla que tenía colgando entre sus piernas y del olor que emanaba de allí.

    Unos minutos después, se alejó un instante de mi, estiro mis piernas, junto mis tobillos bien pegados y antes de que me diera cuenta lo que hacía, me los ato con una soga, uno junto al otro, volví a protestar, ahora con más vehemencia, pero fue inútil, se rio y dijo que esta era una de las sorpresas que tenía preparada para mi.

    Seguidamente me hizo girar en la cama y me puso boca abajo, tomó mis manos y las ató juntas detrás de mi espalda, como había hecho con mis pies, ya con la cola para arriba, abrió mis cachetes, y escupió sobre mi hoyito totalmente indefenso. Mis piernas juntas, no permitían una buena apertura de mi ano, por lo que pensé que cualquier cosa que me metiera, iba a dolerme.

    Comencé a lloriquear y suplicar que me suelte, le rogué que no me haga daño, pero no me escuchaba, siguió con su plan.

    -Deja de quejarte, hoy voy a usarte como un juguete, ni te imaginas lo que te espera, vas a recibir lo que viniste a buscar, sos mía, sos mi puta, y te voy a dar lo que merece un maricón.

    Y allí estaba, atada, completamente a ciegas, totalmente indefensa, desnuda, expuesta y mi ano todo empapado de saliva, esperando ser sodomizado sin piedad.

    Supongo que yo me lo había buscado y lo merecía.

    Entonces todo comenzó, primero chupo mi ano y siguió dejando allí su saliva, eso me dio obviamente mucho placer, luego empecé a sentir un dedo entrando en mi conducto anal, empezó a molestarme un poco, la molestia se acentuó cuando fueron dos los dedos que me introdujo.

    -Ah ah ah por favor, amor, qué me haces.

    No sentía dolor, estaba acostumbrada a ser penetrada, pero el miedo a no saber que vendría después, me tenía espantada y quería que me libere, no confiaba en él, de todos modos, estar así inmovilizada y a ciegas, me excitaba muchísimo, de ahí en más, toda mi vida viví el temor como algo excitante.

    De pronto sacó los dedos y empecé a notar algo duro y frío apoyado en la puerta de mi orificio anal, me sobresalté y pregunte alarmada que era eso.

    Me contestó:

    -un lindo pepino de 25 centímetros de largo que te vas a comer, pero por la cola.

    -No por Dios, es muy grande, no voy a soportarlo.

    -Si, vas a hacerlo, me voy a encargar de que te entre entero.

    -No, te lo ruego por lo que más quieras, me vas a matar con eso.

    -Te advertí que te iba a romper el culo, perra.

    Inmediatamente empezó a introducirlo, pero no me entraba a pesar de estar muy lubricada, el grosor que parecía tener eso, le impedía metérmelo y apenas entraron unos 5 centímetros que en el principio eran más angostos, al intentar seguir, yo grité como una loca porque mi agujerito se resistía y no cedía al paso de ese monstruo.

    Entonces lo quitó y me dijo que si no podía penetrarme con el pepino, iba a tener que castigarme, inmediatamente recibí una palmada muy fuerte en una de mis nalgas

    -ay por Dios, no me pegues, por favor no lo hagas.

    -sino puedo penetrarte, tengo que castigarte hasta que pueda hacértelo.

    -yo me dejo, pero eso es muy grande y no me entra.

    Volvió a introducir un par de dedos y los movió a los lados, para dilatarme a la fuerza. Grite y volvió a pegarme sobre las nalgas. Me dijo que cuente en voz alta, cada uno de los azotes que me daba en mis apetitosas nalgas y agradezca todos, uno por uno, porque él me pegaba por mi bien y para que aprenda a ser una buena perra. Y conté hasta 10 cada cachetazo que me dio en mi culo, y por supuesto se lo agradecí. Me dejó lloriqueando ya que cada golpe que me dio fue subiendo la intensidad y al final sentí mi culo muy dolorido y acalorado.

    Todo en esa noche, era nuevo para mí, nunca me habían tenido atada y mucho menos pegado de esa manera, Me sentía humillada aunque no dejaba de excitarme sentirme así.

    Entonces agarro el pepino y volvió a intentar penetrarme, pero no había forma de que esa cosa entre en mi culo sin desmayarme, por suerte comprendió que no era posible y en su lugar, decidió pegarme 10 golpes más en la otra nalga, creo que para no quedar como un flojo y luego como pegarme lo había calentado mucho, se colocó sobre mis piernas adheridas por la atadura en los tobillos y me violó el culo con bastante fuerza, al tener las piernas juntas, él decía que mi hoyo le apretaba mucho la pija y lo hacía gozar más y la verdad es que al tener mi culito apretado, yo sentí su verga entrar y salir tan justa que gocé como nunca.

    Al poseerme estando atada, tuve la fuerte sensación de ser violada, la verdad es que lo disfrute como loca, a pesar de que al principio rogué y suplique que no lo haga, en realidad, lo que estaba pidiendo es que me use, que me haga lo que quiera, que me rompa el culo sin importar lo que yo diga.

    Mi mayor fantasía siempre ha sido esa, creo haberlo dicho antes que sentirme violada es la forma en que siempre he limpiado mi conciencia. Ser puto no es mi culpa, son los hombres que se aprovechan de mi.

    A pesar de que el juego de la violación o de sentirme ultrajada sigue fascinándome, con lo años acepté que nadie me obliga a ser homosexual pasivo y que es mi elección, cada uno es el artífice de su propia vida, yo disfruto sentirme mujer en una cama con un hombre, eso lo tengo en mis genes, y no puedo ni quiero evitarlo.

    Demás está decir que a lo largo de mi vida, dejé que algunos hombres, pero no muchos, me hayan penetrado estando atada, es una sensación maravillosa para mi, pero hay que saber con quién hacerlo, solo se puede hacer con alguien que inspire absoluta confianza, ya que la entrega es total, y está en juego hasta la propia vida.

    Esa noche terminó obviamente con Carlos depositando todo su esperma dentro de mi culo, haciéndome sentir hasta su último espasmo, luego saco su miembro goteando semen, lo acercó a mi boca y me ordenó que no limpie con mis labios y se lo deje seco.

    Recibí una pequeña porción de mi premio en la boca y no lo desaproveché, saboreé esas pocas gotas, luego me desató y me fui a mi casa con la firme convicción que volvería el siguiente lunes a recibir lo que mi macho quiera darme.

    Espero que les haya gustado y dejen algún comentario aquí o si alguien quiere hacerme alguna pregunta, puede escribirme a mi correo [email protected].

    Besos

  • Forzada

    Forzada

    Este relato está dedicado a una lectora muy especial, Está escrito en primera persona ya que a grandes rasgos la historia se ajusta a su experiencia personal.

    Al llegar a casa, después de 24 horas de guardia, Juanjo, mi marido, se había encargado de todo. Los niños ya estaban en la cama después ducharse y cenar. Daniela hacía un sobre esfuerzo para no dormirse y comentarme algo del colegio. Isra, más pequeño, no había podido aguantar y dormía plácidamente. Juanjo, me esperaba en el salón viendo la tele a la espera de que saliera de la ducha para cenar juntos.

    Durante todo el día me había sentido excitada. Y es que aquel nuevo médico residente estaba buenísimo. Era de ascendencia árabe y parecía modelo. Recogía su melena negra en una cola. Su barba perfectamente arreglada le daba un aspecto mayor al de su edad. Sus ojos profundos parecían atravesarte cuando te miraban y su voz grave y pausada hacía que decidieras entregarte sin condiciones a sus maravillosos encantos.

    Ahora, bajo la ducha, trataba de aliviarme acariciando mi clítoris pero no lo lograba. Mi mente volaba en busca de una fantasía con aquel doctor. Alguna en la que Kaleb me arrinconase en uno de los almacenes de material y tapándome la boca para que no se oyesen mis gritos me follase contra la pared. Pero no lograba encontrar el punto y después de 10 minutos desistí.

    Por fin aparecí por el salón, donde me esperaban Juanjo. Con mi media melena suelta y húmeda, vestida con una amplia camiseta de mi marido que tapaba escasamente el culo y dejaba ver esas braguitas negras semitransparentes que, en un código no escrito entre nosotros, eran una proposición nunca decente. Sin sujetador, mis pezones se marcaban erectos a través de la camiseta Nike azul marino. Juanjo me miró y me besó.

    Cenamos charlando sobre distintas cosas, con la serie de turno como fondo. Él, mi marido, me miraba fijamente enfundado en su camiseta de Los Lakers dejando ver sus musculazos hombros, tatuado el derecho con un tribal. Su corte de pelo al cero y aquellos ojos negros hacían estragos en mi entrepierna. Sin saber cómo ni en qué momento, mi mente voló y tuve una fantasía sexual en la que, Juanjo, mi marido y, Kaleb, el guapo médico residente, abusaban de mi con una doble penetración…

    Media hora después nos fuimos a la cama. Con la luz apagada y de espaldas a mi marido note como se acercaba para acariciarme. Sus manos recorrían mi cuerpo por debajo de la camiseta buscando mis tetas. Con el simple contacto noté como mi coño ardía inundado de flujos. Traté de resistirme buscando provocarle. Y es que el calentón de todo el día me había puesto muy perra y quería algo duro.

    Juanjo buscó mi cuello con la boca mientras con su mano derecha ya hurgaba entre mis labios vaginales. Al comprobar lo mojada que estaba sonrió maliciosamente. Totalmente desnudo, se arrimó un poco más y buscó mi ano con sus dedos:

    -No…, por el culo no… -acerté a decir de la manera más inocente y poco convincente que pude.

    Él no hizo caso y con poco cuidado me introdujo uno de sus dedos en mi estrecho agujero trasero. De inmediato sentí un calor poco agradable y es que la poca lubricación hacía que la penetración no fuera delicada. Me quejé y volví a decirle que no. Juanjo comenzó a bajarme las bragas de manera brusca:

    -No, por favor, por el culo no… -Me oía la voz y yo misma no me creía. En el fondo quería sacar al tipo duro que mi marido ocultaba y que me sodomizase a su antojo:

    -Llevo todo el día esperándote y ahora no me vas a decir que no.

    De manera casi violenta me volteó contra la cama. Su tamaño y su fuerza hacían que me manejara a su antojo. Noté su peso sobre mi espalda. Su respiración excitada en mi oreja. Agarró mis manos y las puso en mi espalda, a la altura de sus abdominales. Me hacía daño pero me sentía demasiado excitada para parar. Volví a suplicar con voz de putita:

    -No por favor, no me hagas daño…

    Mi mente volaba fuera de mi cuerpo para ver la secuencia. Mi marido, mucho más grande que yo, me forzaba a mantener sexo anal contra mi voluntad. Agarraba mis manos y las inmovilizabas en mi espalda con una sola mano suya. Después, Juanjo, tomó las bragas y me las introdujo en la boca para evitar que gritase. Yo trataba de gritar de manera ahogada mientras mi lengua entraba en contacto con mis propios jugos vaginales con los que había manchado mis braguitas. Me movía intentando zafarme de su poder, una misión imposible ante la diferencia de fuerza.

    Luego buscó sobre la mesita de noche un bote de vaselina, y vertiendo un poco sobre sus dedos, me la untó en el ano. Con menos cuidado que antes, me introdujo dos dedos y comenzó a dilatarme. Yo, inmovilizada y amordazada comencé a respirar fuerte sabiendo que me iba a romper el culo. Juanjo se acercó a mi oído y me susurró:

    -No llores que lo estabas deseando…

    Y tenía razón. Deseaba tener sexo anal de la manera más brusca posible. Y ahora notaba el enorme glande de mi marido forzando mi arrugado ano. Comenzó a dolerme, y es que pese al lubricante el tamaño era muy superior al de mi ojete. Traté de relajarme mientras Juanjo lograba introducir su capullo en mi culo. Sentí como mi esfínter hacía un esfuerzo por dilatarse para darle cabida a aquel ariete extraño que amenazaba con desgarrarlo.

    Cuando tuvo la cabeza de la polla dentro dejó que se adaptara. Yo me oía la respiración forzada, las braguitas taponaban cualquier sonido que saliera de mi boca y mi saliva empezaba a empaparlas produciendo un extraño sabor a mi propio coño. El dolor se entremezclaba con el escozor y la sensación en ese momento no era agradable aunque si me excitaba. Juanjo, me agarró la teta derecha y pellizcó mi pezón doloroso. Incomprensiblemente mi coño seguía manando flujo caliente.

    Sin previo aviso, mi marido comenzó a empujar su polla contra mi culo. Notaba como iba abriendo mi recto sin poder resistirme. Por más que apretaba más dolor me producía. Decidí relajarme y que terminase de encajármela entera. Un golpe de cadera de Juanjo fue definitivo para que su polla llegara a lo más profundo de mi culo. Intenté moverme y gritar. Me había dolido aquel puntazo y temí que me hubiese desgarrado el ano.

    Notaba a Juanjo resoplar por el esfuerzo. Se acercó a mi oído:

    -Te lo voy a partir, así que no te resistas.

    No pude evitar sentir un escalofrío por mi columna desde el cerebro hasta mi clítoris palpitante. Mi sexo se mojó aún más y me dispuse a disfrutar de una violación anal…

    Juanjo, mi marido, me colocó un cojín debajo de mi abdomen para poder levantar un poco mi culo, con una mano me seguía agarrando las mías y la otra me la colocó en la nuca impidiendo que me moviese. Como pude escupí mis braguitas y di un grito de placer cuando empezó a sodomizarme. Primero despacio, notando como su polla iba ganando terreno dentro de mi recto, pero a medida que se dilataba mi culo, su golpe de cadera se hacía más fuerte y seguido. Después de un minuto, Juanjo me estaba taladrando con ganas, mientras su polla me rompía el ojete. Yo hacía rozar mi clítoris contra el cojín logrando masturbarme al tiempo que me enculaba.

    Noté que me llegaba el orgasmo al tiempo que Juanjo aceleraba su follada contra mi culo:

    -Dale fuerte, cabrón, dale.

    -¿Te gusta, zorra? ¿Te gusta?

    -Sí, joder párteme el culo…

    -¿Te gusta tu compañero…?

    Cuando oí a mi marido preguntarme por el médico buenorro (del que yo le había hablado en alguna ocasión) no pude resistir más y con un grito que tuve que ahogar en la almohada para no despertar a los niños, me corrí como una perra. Mi marido, por su parte también gritó la correrse y tuvo que morder mi hombro dejándome la marca de sus dientes.

    Durante varios segundos estuvimos quietos. Yo contraía los músculos de mi ano apretando la polla dura mi marido, intentando terminar de ordeñarla. Su leche que había salido a borbotones inundando mis intestinos ahora comenzaba a perder grosor hasta salir de mi agujero dejándome una sensación de vacío. Mi esfínter latía intentando volver a su tamaño original mientras era incapaz de contener en su interior la corrida de mi marido que descendía por mis muslos hasta la sábana.

    Juanjo, por fin se retiró de mi espalda permitiéndome una libertad liberadora. Se tumbó boca arriba a mi lado mientras yo me incorporaba para alcanzar una toallita (que siempre guardo en la mesita de noche) y limpié mi ojo del culo. Al notar la humedad refrescante lo agradecí:

    -Cabrón, que te gusta violarme el culo.

    -Y a ti que te lo viole, ¿no?

    Le miré y le dediqué media sonrisa antes de disponerme a dormir después de 24 horas de trabajo en el hospital.

  • El sereno me exhibe y me entrega

    El sereno me exhibe y me entrega

    Una semana más tarde, como ya era habitual, el lunes volví a ir con el nuevo sereno, esta vez me aguardaba una nueva sorpresa.

    Abrió la puerta a mi llamado y me hizo entrar, me llevó hacia el fondo del galpón, pero en lugar de ir a su cuarto, me llevó a la oficina donde estuvimos la primera vez, allí en el sillón donde me cogió la primera vez, había un hombre sentado, era un tipo de cerca de 40 años, alto, buen físico, cara de morboso como mi macho Carlos, allí me lo presentó, me dijo, él es Roberto, y dirigiéndose a él, le dijo:

    -Este es el putito del que te hablé y que me cojo todos los lunes.

    Creí que me moría, me pareció una canallada exponerme así delante de un desconocido, no olviden que a pesar de mi comportamiento en la cama, yo solo tenía 18 años.

    El tipo me dijo solo «Hola» y Carlos me agarró de la cintura, me acercó bien a su cuerpo y me dio un chupón que me partió la boca, como para marcar su territorio y demostrar que yo era suyo.

    Traté de apartarlo y le dije por lo bajo

    -¿qué haces? por favor delante de él, no.

    -Vamos, le hablé muy bien de vos y quiere ver cómo te hago la colita -me contestó.

    -Pero Carlos -dije intentando una leve queja.

    -Vamos, él solo va a mirar.

    Enseguida pensé que no me disgustaba la idea de hacerlo delante de un desconocido y me excitó el hecho de sentirme una actriz porno.

    Carlos me tomó de una mano y me llevó a su cuarto, Roberto se puso de pie y nos siguió.

    Entramos los tres a la pequeña habitación y Carlos me pidió que me desnude así Roberto podía ver la putita que él se cogia.

    Me quité la ropa, al principio algo avergonzada pero ni bien quede desnuda y al ver como los dos me miraban de arriba a abajo, se me pasó y sobre todo por Roberto, se le notaba que le encantaba verme así, empecé a notar que se le estaba parando la verga, su bulto a través del pantalón se había agrandado y comenzó a tocárselo.

    Carlos se paró frente a mí, me acarició suavemente los pezones, dibujando imaginarios redondeles sobre mis dos botones duritos, sabiendo lo que eso me provoca, y me volvió a besar dulcemente en la boca como para romper definitivamente el hielo, enseguida me hizo poner en cuatro a lo largo de la cama, mirando la cabecera, se paró detrás mío, tomó un pote de crema y se embadurno un dedo, con él me encremó el hoyito, me lo metió en el conducto anal, todo ante la atenta mirada de Roberto que no se había movido de donde estaba y solo se tocaba su verga por encima de la ropa.

    Escuche varias veces que hablaban entre ellos, diciendo lo putito que yo era, el buen culo que mi macho se estaba comiendo y cosas así que me sonrojaban y a la vez, poniendo cada vez más puta.

    Cerré los ojos y me dispuse a esperar, sabiendo que un instante después, Carlos me penetraría con esa pija hermosa que tanto me hacía gozar, y ahora con el morbo extra de ser observada por otro tipo.

    Entonces Carlos, puso su verga dura y gruesa, en el borde de mi agujerito ya abierto y lubricado, escuché como le decía al amigo «Mira que putita es» luego le dijo que me agarre los pezones porque eso me encantaba, en el mismo instante sentí como su pedazo comenzaba a entrar y su glande se abría paso a la leve resistencia que ofrecía mi orificio anal, por eso no pude negarme a que el amigo tire de mis tetillas, la calentura que tenía ya no me permitía razonar y me deje llevar, al ver que no me negué a ser manoseada por el amigo, le dijo que se siente delante mío en la cabecera de la cama y me haga chuparle la pija, mientras él empezó a bombear con su pedazo en mi culo, sacándolo lento y metiéndolo violentamente hasta que sus enormes huevos pegaban contra mi.

    El tipo se sentó sobre la almohada con las piernas abiertas, mostrándome la pija divina que tenía, era bastante más larga que la de Carlos, aunque algo más fina y media curvada hacia arriba, me hizo ver bien de cerca su glande circuncidado, que me pareció maravilloso, y su pelvis y toda la zona genital depilada, todas esas cosas me seducen muchísimo, así que no tardé en zambullirme y meterme esa belleza en mi boca comiéndomela entera hasta que no podía respirar.

    Así, antes de darme cuenta casi sin pensarlo, esos dos degenerados me estaban enfiestando y yo concretaba una de los sueños de mi corta vida, hasta allí vivida. Sin haber imaginado lo que iba a suceder esa noche, estaba viviendo la experiencia más linda que había tenido con hombres.

    Mientras mi macho entregador me daba y me daba verga bien rica por el culo, ese desconocido había apoyado sus manos en la parte de atrás de mi cabeza y empujaba hacia abajo, haciéndome tragar esa poronga y provocándome arcadas, las lágrimas caían por mis mejillas por el ahogo, pero en el fondo yo no quería que eso termine. Al ver que yo estaba totalmente entregada comiéndome la verga del amigo, los dos quisieron más y escuche como Roberto decía:

    -yo también se la quiero dar por el culo -dijo

    -ay no, por favor Carlos -dije yo

    -si a vos te gustan todas las pijas, puta -me contestó

    Entonces me hizo levantar de la cama, le pidió a Roberto que se acueste boca arriba, quedo con la pija bien erecta y dura, yo moría por volver a tenerla en la boca, sin embargo me hizo montar sobre la verga del amigo y haciendo que me siente sobre ella, éste me la calzó en el orto, me tomaron de la cintura, me jalaron hacia abajo y esa polla entró de una vez en mi ano ya dilatado por la cogida anterior de Carlos, para mi sorpresa y primer impresión, mi macho se acomodó detrás mío, me tomó con sus manos de mis caderas, me elevó un poco, lo suficiente como para que la verga de Roberto salga de mi culo y al bajarme, él inmediatamente me clavó la suya, esa operación la repitieron durante un buen rato, de verdad perdí la noción del tiempo, era tanto lo que gozaba tener esas dos pijas entrando y saliendo de mi culo alternativamente que no lo podía creer, creo que intentaron en un momento, meter las dos juntas pero no entraron, así que me estuvieron rompiendo el culo de esa manera más de media hora creo, hasta que Roberto gritó que se venía, me corro me corro dijo y me inundó el culo de semen, su verga se desplomó y Carlos aprovechó mi culo enlechado y deslizó esa pija gruesa dentro mío y también descargó todo su esperma dentro mío.

    Esa noche me fui con una sonrisa de lado a lado, feliz porque por primera vez en mi vida me había llevado dentro de mí la lechita de dos machazos.

    Espero que les haya gustado y calentado al leerla, como a mi recordar y escribir esta maravillosa experiencia.

    Pueden dejar algún comentario aquí o escribirme a mi correo [email protected]

    Besos a todos.

  • Amiga a veces con ventaja

    Amiga a veces con ventaja

    Tenía una amiga que a veces teníamos sexo. Una vez al año, a veces pasaban más sin nada. Yo no soy ni muy avezado ni experto en sexo y ese año ya lo habíamos hecho dos veces bien desatados.

    Un día le pedí que me acompañara a una ciudad vecina a hacer unos trámites y que volvíamos. Allá compramos un ron que tomábamos mientras caminábamos y al final por idea de ella (yo no me atrevía a decirle) nos quedamos a dormir.

    Yo, como soy inseguro, no sabía bien sus intenciones, pero en el hotel empezó a guardar su ropa en un closet bien grande en el que entré y le dije “mira, cabemos los dos” y la empecé a besar.

    Nos fuimos a duchar y quedamos en una posición muy cómoda: ella adelante de espaldas a mí y yo se lo metía por detrás.

    Después a la cama mojados. Hice cosas que sólo eran fantasías, por ejemplo, ella en 4 y yo posar mis bolas en su ano y masturbarme. Lo hicimos casi sin parar, la vi masturbarse, le pasé mi pene por toda la cara mientras le decía que me gustaría acabar sobre ella. A ella le encantaba que acabara en sus pechos, así que lo hice.

    En 4 nunca me gustó, era como incómodo para mi le había contado una vez y ella me dijo que así era muy rico… y esa vez en 4 fue muy muy rico.

    Nunca había hecho anal o estado tan cerca antes. Estábamos de lado, yo detrás, le levanté la pierna y le pasaba mi pene por su vagina, se lo metía suavemente, lo sacaba y se delicadamente se le pasaba la punta por encima de su ano y luego volvía a su vagina y así varias veces, pero en un momento me quedé más rato en su ano, y delicada y lentamente empecé a meterlo; despacio y de a poco, como disimulando.

    Cuando tenía la mitad de la cabeza dentro ella me dijo “no es mi vagina eso”, si sé, le respondí, pero sólo la puntita; “así se empieza” me dijo y seguí. Era muy rico y de a poco iba entrando más. Estaba muy excitado y se sentía muy rico, casi como para acabar y traté de decirle y se podía ir ahí, pero era tanto el placer que no podía hablar bien. Cada vez estaba más adentro y en un momento ella empezó a moverse más y se lo metió entero.

    Luego de haber acabado dos veces seguidas, estaba cansado y no se me paraba, pero ella estaba muy excitada y me pedía que se lo metiera, pero no se pudo; no se paraba. Descansamos y volvimos de nuevo. Yo sudaba mucho y ella se mojaba más. Teníamos toda la cama mojada.

    En una fantasía que yo tenía y que traté de recrear, pero que ella no entendió, era que yo era su jardinero y la descubría masturbándose y yo secretamente la espiaba, pero ella al darse cuenta me llamaba. No resultó así, pero la vi masturbarse, me senté a ver como se tocaba los labios y clítoris, le puse por encima mi pene, le besé la vagina y finalmente, se lo volví a meter.

    Ella lo chupa muy rico y se lo pasé por toda la cara mientras le decía que quería acabar sobre ella. Lo volvimos a hacer y yo solo quería acabar dentro de ella, pero no podíamos, aunque ella me decía que lo hiciera, así que nuevamente acabé en sus pechos.

    Nunca había tenido tanto sexo, tan rico y hecho cosas que nunca había hecho.

    Tacnazo le llamamos, pero no lo pudimos volver a repetir y después nunca más la vi, porque se enojó conmigo y yo me fui de la ciudad.

  • Un hombre potente en la sauna con mujeres

    Un hombre potente en la sauna con mujeres

    Se dice que la sauna y la erótica no tienen nada que ver entre sí. Bueno, hay mucho más que no es verdad.

    Cuando yo pasaba la velada en una villa antigua de playa con un grupo de trabajo, la noche de agosto ya estaba oscura. Eran aproximadamente las once. La mayoría de los presentes eran mujeres. Yo no conocía a todos, a algunos solo los conocía por apariencia, como Anne, que trabajaba en otro departamento. En un momento, dijo Anne:

    -Se dice que la sauna todavía está caliente. Sería muy bueno ir a la sauna, pero no quiero ir sola. ¿Me acompañarías?

    Por la noche en la sauna con una mujer, ¡y con una mujer así! Intenté no parecer demasiado ansioso. Respondí:

    – Bueno, vámonos.

    Anne dijo:

    – Me voy a buscar una toalla y ponerme el bikini.

    Yo mismo fui a la cocina. Por allí, había un armario antiguo como un botiquín en la pared que pone en el estilo antiguo: “Gomas preservativas”. Saqué del armario un paquete de cinco que yo había dejado allí y lo puse en el bolsillo. Si yo tuviera algún suerte, las serían necesarias en este viaje a la sauna.

    Luego me puse un traje de baño escaso y sexual. Anne vino, caminamos por el sendero a la sauna, Anne adelante y yo la seguí. Sentí las miradas de los demás seguirnos desde las ventanas del edificio principal. Ellos estaban muy conscientes de nuestra ida a la sauna. El trasero redondo y sólido de la mujer se balanceó frente a mí, envuelto en un bikini sexual y mínimo, despertando un cálido deseo sensual en mi ingle. Llegamos a la sauna y fuimos a la sala de vapor. Todavía quedaba una buena cantidad de calor en la estufa. No había una lámpara en la sala de vapor, pero algo de luz provenía de la terraza a través de una ventana pequeña, por lo que estaba sombrío en la sauna, pero no completamente oscuro.

    Nos sentamos en los bancos y lanzamos agua con moderación a la estufa. Fue agradable y cálido y nosotros ambos llegaron a sudar. Anne probó la botella de vino blanco que había traído y me la ofreció a mí también, pero yo bebí poco. Habló de sí mismo y de su vida. Ella era divorciada, como casi todas las mujeres aquí, tenía 45 años y tenía dos hijos adolescentes.

    -¿Cuarenta y cinco? Esto no puede ser cierto. ¡A mí, te pareces mucho más joven!

    -Es la verdad. ¿Quieres escuchar una explicación?

    -Bueno, sí quiero.

    -Mucho ejercicio físico, especialmente gimnasia para mantener el cuerpo en forma. Hábitos de comer saludable. Buenos factores hereditarios. Y, sobre todo, un marido rico, es decir, un ex marido. Él quería que su esposa se mantuviera presentable y también él estaba complaciente a pagar los gastos. Se han dado todos los pasos necesarios para mí: cara, tetas, barriga después del parto y algunas cosas más pequeñas.

    No sabía qué decir, sin embargo, esto era bastante extraordinario en Finlandia, no estábamos en Hollywood.

    -Todo lo que puedo decir es que se ha involucrado a un cirujano realmente calificado. El resultado es deslumbrante, es difícil imaginar una mujer más guapa.

    -Gracias.

    -Una cosa simplemente me sorprende. ¿Por qué te divorciaste de un hombre tan excelente? No puedo imaginar que él hubiera podido encontrar una mujer más maravillosa que tú.

    -Él no encontró a otra mujer. Yo inicié el divorcio. Cuando salimos y fuimos a cualquier parte, él siempre imaginaba que algún hombre intentaba ligarme. Y de vez en cuando alguien lo intentó, pero él nunca lo logré. Estos celos injustificados de él se volvieron intolerables con el tiempo. Y luego, además de sus problemas con el alcohol.

    Habiendo dicho eso, Anne volvería a tomar un sorbo de su botella de vino blanco. Luego se levantó, se acercó a la ventana iluminada y exclamó:

    -¡Y maldita sea, ahora estamos en la sauna! ¿Por qué demonios estamos tan tímidos? ¡Vamos a quitarnos los bañadores inmediatamente!

    Luego ella deshizo los nudos y se quitó el bikini con una carrera rápida. Seguí el ejemplo de quitarme el bañador, de lo contrario probablemente ella me lo hubiera quitado a la fuerza.

    Paré al mirar a esa mujer que estaba frente a mí en la sauna como una silueta completamente desnuda a la luz apagada de la ventana. Ella estaba de pie con las piernas separadas, con las manos en las caderas. ¡Qué mujer tan maravillosa, qué cuerpo tan maravilloso! Era alta, casi 1,80 metros, delgada y todo su cuerpo era enormemente sólido. Las caderas y las nalgas eran redondas y femeninas, con la cintura esbelta, tenía un verdadero cuerpo de reloj de arena. Las tetas eran grandes y sólidas, sin colgar ni una gota. Todo su ser rezumaba vigor, deportividad y belleza. Y el sexo, una enorme atracción sexual.

    Ver esto tuvo consecuencias. Entre mis piernas comenzó a suceder, la hinchazón y la rigidez del falo se elevaron como un tronco de madera en toda su extensión, balanceándose hacia el techo. Debido a que estaba oscuro, es posible que ella no lo haya notado. Ella vino a sentarse a mi lado en los bancos de nuevo, ahora más cerca que antes, un muslo desnudo contra mi muslo. La atmósfera estuvo más íntima. Le pregunté de sus tetas:

    -Esos también son… quiero decir que…

    -Así es, son unas tetas de silicona. Originalmente tenía pequeñas, pero yo también quería unas más grandes y, por supuesto, mi esposo quería.

    -Son realmente geniales.

    -Gracias. ¿Quieres tocarlos?

    -¡Por supuesto que sí!

    Ella se echó hacia atrás, apoyándose en sus manos y empujando su pecho hacia adelante, disfrutando del calor del vapor y, creo, de la intimidad erótica conmigo. Yo toqué sus pechos húmedos primero suavemente, luego cada vez con más valentía, acariciándolos. Ambos estábamos empapados de sudor, nuestra piel estaba resbaladiza y excitante. Continuó su relato de su matrimonio mientras yo continuaba acariciando sus hermosas tetas resbaladizas. Claramente lo hizo bien, a veces ella cerraba los ojos con una mirada agradable en su rostro. Los pezones empezaron a sobresalir.

    -Normalmente, como todavía, me quedaba en casa con solo sujetador y bragas. Olvidé mencionar que mi ex marido es un loco por el sexo. Él siempre aprovechaba la oportunidad y jodíame en la cocina, en el baño, en todas partes. Y por supuesto en el dormitorio. Muchas veces al día. Ya en sus sesenta, pero usaba Viagra. Se volvió realmente estresante con el tiempo, ya que continuó durante años. Pensé que sería maravilloso poder estar en paz durante un mes.

    -¿Y hoy qué?

    -Bueno, después del divorcio, claro, las cosas cambiaron. Llegué a estar en paz y también yo no salía nunca por la noche, no quería hacerlo.

    -¿Entonces no te gusta el sexo?

    -Una pregunta extraña, claro que me gusta. Pero todo depende de la persona, de la persona adecuada. Ya he estado sola tanto tiempo, quizás demasiado…

    Cuando ella dijo eso, puso su mano entre mis muslos y tocó por accidente mi polla que sobresalía en el crepúsculo. Suspiró «Oh», pero se recuperó rápidamente de su sorpresa (si fue una sorpresa) y comenzó a acariciar mi falo, diciendo con la voz ronca de una mujer cachonda:

    -Me siento tan bien…

    Luego me besó larga y lujuriosamente. Puse mi mano entre sus muslos y allí encontré un coño peludo, ya enormemente resbaladizo, que comencé a acariciar. Después de un rato Anne susurró:

    -Podríamos ir allí en el sofá de la terraza, te deseo mucho…

    Nosotros fuimos allí. Ahora que la mujer se había calentado, había que ocuparse de una cosa más. Como mencioné, había reservado un paquete de gomas preservativas para este viaje a la sauna y ahora los se necesitaba. Tengo el “problema” de que mi falo es entre un 30 y un 40 por ciento más grueso que el promedio y también algo más largo de lo habitual. Por ejemplo, una marca muy popular no me queda bien, aprieta y es difícil poner en el falo, además de que es demasiado corto. Por lo tanto, los condones deben solicitarse del Internet. Para mí, la mejor talla es XL o XXL.

    Dejé mi falo de goma deslizarse al coño caliente de Anne. Era tremendamente resbaladizo y viscoso, se sentía realmente bien. Esa mujer lo faltaba antes, esta vez realmente lo tenía y era audible también. El sofá se crují ruidosamente, temí que se derrumbara. Había leído en alguna parte que una mujer de 40 hasta 50 años está en su edad más sexual. Ella ya tiene experiencia, sabe lo que quiere del sexo, al menos esta mujer parecía saber lo que quiera: ¡Joder!

    Primero comencé lentamente, luego aceleré gradualmente el ritmo del bombeo. El movimiento de la pelvis de la mujer se adaptó a mi ritmo, nos movíamos a un ritmo común durante el polvo. La cadencia constante le dio a la mujer confianza en los disfrutes continuos. Y continuaron. A mi edad (50 años), la eyaculación precoz ya no es un problema, todo lo contrario. La fornicación puede llevar mucho tiempo, dependiendo, por supuesto, de cuánto tiempo ha pasado desde hace del polvo anterior. Y cada segundo es lleno de placer, tanto para la mujer como para mí. Oh, eso todavía estuvo bien…

    El feroz aliento de la mujer jodenda se convirtió en un jadeo y un aullido mientras disparó en un organismo explosivo. Forniqué locamente a ella. Su coño contrajo alrededor mi falo, yo tenía miedo de que me atrancaría. La presión de jodiendo también fue enorme para mí, una eyaculación poderosa fue inevitable, llenó el condón con un cantidad enorme de esperma. Entonces ambos finalmente nos relajamos, agotados y satisfechos.

    Nos acostábamos en el sofá durante mucho tiempo juntos. Se sintió tremendamente bien. Desde la sauna fuimos a nadar. Jugamos en la playa, después de un baño desnudo volvimos al vapor para disfrutar del calor. No fue el único placer. Besos, caricias… ¿quién no desearía una vez más cuando se espera el coito más dulce?

    El sofá de la terraza volvió a crujir. Esta vez yo jodía a Anne por detrás. Luego vino la voz:

    -¡Aquí follan! Se tuvo que adivinar.

    Taina y Merja habían llegado a la sauna. Se habían preguntado cómo Anne y yo pasaríamos tanto tiempo allí. Y ellas mismas querían ir a la sauna. Ambas estaban en bikini. Anne dijo mientras jodíamos:

    -Solo id a la sauna, no os preocupéis por nosotros.

    Ella luego me agregó:

    -No te preocupes por ellas, sigue adelante. Se siente tan dulce…

    Otras mujeres fueron a la sauna, Anne y yo seguimos teniendo sexo. El culo bien entrenado de esa mujer atlética subía y bajaba al ritmo de mis empujones. ¡La mujer realmente hizo gimnasia mientras follaba! ¡Un culo increíblemente bueno y firme! Muy excitado, yo no podía pensar con claridad, simplemente disfrutaba cada empujón que mi enorme falo hacía en esa muesca caliente. Los muslos y el trasero mojados y resbaladizos de esa mujer giraban, el coito se sentía inmensamente carnal.

    Aproximadamente un cuarto de hora después, Taina y Merja salieron de la sala de vapor. Se habían quitado los bikinis y estaban desnudas también, exclamaron con asombro:

    -¡No puede ser verdad, todavía joden! ¿Cuántas veces habéis follado?

    «Esta es la segunda vez», Anne respondió fornicando.

    -¿Podemos mirar?

    «Mirad, no nos molesta», respondió Anne en nombre de nosotros sin preguntarme si eso me molestaría. No estaba acostumbrado a que ajenos miraran mientras yo follo. Por otro lado, la situación también se sintió excitante, quería lucir lo mejor posible, la situación comenzó a parecer una verdadera actuación deportiva frente a una audiencia, una audiencia estado formado por mujeres desnudas. Taina y Merja se sentaron en el banco para mirar. Las bebidas alcohólicas que disfrutaron durante la noche influyeron en la dirección en la que comenzaron a comentar sobre mí y mis actuaciones en un tono bastante franco y audaz:

    -Con ese tipo Tero, ese trabajo pélvico parece realmente relajado. ¡Mira qué cuerpo tiene! Un hombre de media edad, ¡no creo que es posible! ¡como Tarzán!

    – Muy buen cuerpo, sin grasa por ningún lado, ¡y qué músculos abdominales! Un sixpack verdadero.

    -¡Sí, y qué músculos de nalga! Un culo increíble sube y baja…

    Luego Merja se inclinó para ver con más detalle lo más esencial, mi polla, bombeando rítmicamente.

    -Tiene una goma de seguridad, así que todo un caballero. La polla parece muy grueso y largo.

    -¡Llevan follando tanto tiempo, el tipo tiene una gran potencia sexual!

    -Ahora Anne consigue el éxtasis.

    Notaron que la respiración de Anne se aceleraba y se convertía en un jadeo y un gemido. Al menos la mirando de los demás no afectó sus sonidos, más bien parecía querer mostrarles a todos cuánto puede disfrutar del sexo. El éxtasis duró y duró, algunos piensan que el segundo pico sexual de la noche se siente aún más agradable para una mujer que el primero. Finalmente, se desplomó en el sofá. Yo saqué el falo de la muesca caliente sin tener la eyaculación esa vez, pensé que dejara que Anne se descansara.

    Taina y Merja aplaudieron en señal de aprobación, elogiando a nosotros por nuestro buen desempeño. Después de recuperarse por un tiempo, Anne fue a la sauna con ellas y yo me acosté en el sofá de la terraza. Todavía tenía erección, la goma preservativa todavía estaba en mi falo. Mientras se iban, Taina y Merja miraron mi polla muy de cerca y se susurraron algo que no pude entender.

    Después de un rato, Anne salió de la sauna y me dijo en un tono un poco tímido:

    -Merja y Taina son mis buenas amigas. Nos hemos conocido desde hace mucho tiempo. Después de sus divorcios, ninguna de las dos ha tenido mucha suerte en los relaciones con hombres. Me gustaría que ellas también lo hicieran mejor, para que ellas también puedan disfrutar…

    -Entonces…?

    -Quiero decir, cómo decirlo ahora, ambas bastante lo faltan. Conseguirlo haría bien, animarlas. Francamente: ¿Ellas podrían follar contigo?

    La pregunta me confundió con su franqueza. Por otro lado, se sintió bastante excitante. Las mujeres tenían cuarenta y tantos años, eran guapas y de buen cuerpo, aunque no eran de la clase de Anne, pero pocas mujeres serían. Anne vio que yo todavía estaba teniendo erección, ella pareció concluir que la propuesta era de mi interés. Yo pregunté:

    -¿Qué dicen las propias mujeres?

    -Eso es lo que acaban de sugerir, en la sauna. Ellas querían preguntarme primero.

    Para mí, fue muy halagador ser popular entre las mujeres de esa manera. Sin embargo, tuve que preguntarle a Anne:

    -Entonces, ¿de verdad quieres esto?

    -Como dije, deseo que mis amigas disfruten de cosas buenas en la vida. Y no tengo ningún derecho exclusivo sobre ti. ¡Folla con ellas!

    La primera de las dos fue Merja en el sofá. Taina y Anne se quedaron a mirar. Merja ya estaba excitada después de vernos a Anne y a mí fornicando y ahora ella también quería. Ella tenía un coño afeitado, mientras que Anne tenía un espeso triángulo de cabello negro. Un coño peludo a mí parece muy porno y, por lo tanto, estimulante, pero un coño afeitado era muy delicioso, también.

    Yo continuaba teniendo erección porque no había eyaculado en el polvo anterior con Anne. Comenzó la increíble maniobra, Merja realmente disfrutó del sexo, se retorció y gimió. Otras mujeres se regocijaron por la felicidad sexual de su amiga, Anne ya recibida completamente, Taina esperando su turno.

    Después de media hora de polvo con Merja, estallé en eyaculación. Luego, por mi parte, tuve que descansar un poco. Todos fuimos a los bancos de la sauna y tomamos un baño decente. En la sauna con tres mujeres desnudas, me excitó a pesar de que ya había tenido sexo varias veces esa noche. En los bancos, Taina exclamó: «Conmigo también» y comenzó a besarme y a prensar mis huevos, ella sabía que sería su turno. Por supuesto, no opuse, sino que fui con los placeres, con el permiso de los demás según lo acordado. Un tempo increíble de actividad sexual comenzó de nuevo con Taina. Movimos para fornicar con ella al sofá de la terraza, cuya durabilidad me preguntaba. Uno pensaría que horas de golpes y folladas romperían muebles aún más fuertes.

    Eran entre las tres y las cuatro de la mañana cuando salimos todos hacia el edificio principal. Merja y Taina se adelantaron. Los escuché susurrar:

    -… ¡satisfacer completamente a tres mujeres en un turno de sauna! ¡Qué jodedor tan increíble!

    Escuchar eso llenó mi mente con orgullo inmenso.

    Pero la mejor de todo era Anne, y el hecho de que yo la había conocido. Después de que las demás entraron, me quedé con ella en el patio un momento, charlando y besando. Ella dijo:

    -Hay espacio para dos en mi cama. Por favor, ven conmigo para disfrutar… esta noche y, con suerte, muchas más después de esta…

  • La cuñada necesitada

    La cuñada necesitada

    Roberto, al que llamaban Bertucho, era alto, con cuerpo musculado y tan guapo que parecía una chica, una chica con media melena rubia de ojos color avellana y largas piernas.

    Un mal día su padre pillara a su hermana tonteando con Bertucho y cómo la hermana era su «Chichi», y él era el rarito, lo echara de casa. Ahora vivía con su hermano Abel, que se fuera a trabajar en unas plataformas mexicanas y con su cuñada Pili, una veinteañera, de metro setenta y siete de estatura, morena, de ojos negros, pelo rizado y largo, con un cuerpo diez y menos follada de lo que ella quisiera. Abel sabía que su esposa pasaba ganas de polla, pero también creía que con su hermano no corría peligro.

    Situémonos. El salón del piso era amplio. Tenía dos tresillos uno enfrente del otro y en medio había una mesa camilla. A un lado estaba el mueble bar y un mueble con cajones sobre el que había un jarrón de flores con rosas y encima de él un espejo redondo con marco dorado. En el otro lado una estantería con libros y pequeños cuadros y la tele de plasma, al fondo un ventanal con dos cortinas azules que hacían juego con los tresillos. En el techo una lámpara con una docena fe focos y el piso estaba cubierto de formica.

    Pasaban de las ocho de la tarde de una calurosa tarde de verano. Bertucho estaba sentado en el tresillo de la izquierda en pantalón de deporte. Había sacado la polla por arriba y la estaba meneando. Entró su cuñada en la sala con dos bolsas de Zara en las manos, y al verlo le dio la risa.

    -¡¿Molesto, Bertucho?!

    Bertucho, que la estaba esperando, guardó la polla y se hizo el sorprendido.

    -¡Qué situación!

    -No te preocupes, no se lo voy a decir a nadie. Pena que no te gusten las mujeres.

    -Tú me gustas, Pili, me gustas mucho, mucho, mucho.

    -¿De verdad?

    -De verdad de la buena.

    -¿Y cuándo empecé a gustarte?

    -El primer día que te vi. Tenía 17 años.

    -¡De eso hace dos años!

    Pili fue a su lado, puso las bolsas sobre el tresillo, se sentó y le dijo:

    -Debes haber sufrido mucho teniéndome a tu lado y deseándome sin poder tocarme.

    -La verdad es que te he tenido entre mis brazos tantas veces que no sufrí, sufrir sufriría sino te hubiese podido ver cada día.

    Pili le acarició el cabello.

    -Pobrecito. Siento tus gemidos por las noches, pero creía que pensabas en algún chico.

    -Eres tú la que estás en mis fantasías.

    Pili jamás se había sentido tan halagada. Le siguió dando cuerda.

    -¿Qué me haces en tus fantasías, travieso?

    -Cosas.

    -Cuenta.

    -Te como las tetas, te como el culo, y acabo eyaculando unas veces en tus tetas, otras dentro de tu culo y otras en tu boca.

    Pili, se acicaló el cabello, sonrió y le preguntó:

    -¿Qué más me haces?

    -Me da corte decirte lo que más me excita.

    -¿Son cosas muy guarras?

    -Muy, muy guarras.

    -Cuenta, me excita oír esa clase de cosas

    -Cuando me corro dentro de tu boca guardas mi leche y nos la tragamos juntos mientras nos damos un largo beso con lengua.

    -¿Qué más?

    -Lamo tu culo después de correrme dentro.

    Pili le puso la mano derecha encima de la polla empalmada.

    -Eso sí que es realmente guarro.

    -Eso sí que es realmente guarro, guarro y excitante. ¿Dime más cosas de esas?

    Bertucho le dio un largo beso con lengua, después le cogió la nuca y le acercó la boca a su polla. Pili le dijo:

    -Sin prisas. ¿Qué más hacemos en tus fantasías?

    Bertucho sacó la polla con su mano derecha, se inclinó y la frotó en los labios. Los labios de Pili se mojaron con la aguadilla que salía de su meato.

    -Chupa un poquito.

    -Aún no.

    Al decir «aún no» abrió la boca y el glande chocó con su lengua. Pili no se pudo resistir. Chupó su cabeza como si fuera un chupachups y lo masturbó mientras hablaba con él.

    -Me estoy sintiendo muy sucia.

    Bertucho le magreó las tetas.

    -¿Me vas a besar con mi leche en tu boca?

    -Sí, se me mojó el coño solo de pensarlo.

    -Tócate. Quiero ver cómo te tocas.

    Pili metió una mano dentro de las bragas y dos dedos dentro del coño mojado, y le preguntó:

    ¿Qué me haces al pajearte, Bertucho?

    -Ya te lo dije.

    -Repítelo, me gusta oírlo.

    -Te como las tetas, te como el culo y te hago sexo anal.

    -¿Y dónde te corres?

    -En tu boca, en tus tetas y dentro de tu culo.

    Le escupió en la cabeza de la polla y se la apretó.

    -¿Y dentro de mi coño no te corres? Miénteme, dime que sí

    -Sí, y después te como el coño chorreando leche y te corres.

    Los dedos de Pili entraron y salieron de su coño a toda pastilla, después acarició el clítoris con ellos. Sacudió con ímpetu la polla hasta que Bertucho se corrió. El primer chorro casi llega al techo, los otros ya se perdieron en la boca de Pili. Al acabar de correrse, lo besó con lengua y se tragaron la leche, y al hacerlo del coño de Pili salía una corrida monumental.

    Al acabar de correrse, le dijo:

    -Me voy a dar una ducha.

    Un tiempo después Pili llegó a la sala ataviada con una toalla rosa en la cabeza haciendo de turbante y otra azul cubriendo parte de su cuerpo, un cuerpo con unas piernas largas cómo un día de mayo y bien torneadas. Antes de sentarse en un tresillo, le dijo su cuñado:

    -Sin maquillaje aún estás más bella.

    -Pena que seas mariquita.

    Pili abrió las piernas y Bertucho vio su coño peludo. Se tiró de cabeza a la piscina. No era tonto y sabía que había agua.

    -¿Alguna vez practicaste el sexo anal, Pili?

    -¿Me estás proponiendo que tengamos relaciones sexuales?

    -¿No las tuvimos ya?

    -Si se enterase tu hermano de lo que te la mamé me mata, y si luego se enterase de que te dejé darme por el culo me resucita a hostias para volverme a matar

    -¿Desde cuando hablan las paredes?

    Bertucho fue junto a su cuñada, se sentó a su lado y le quitó las toallas. Al ver sus tetas, unas tetas medianas, redondas con areolas rosadas y pezones cómo granos de arroz, le dijo:

    -¡Qué bonitas son!

    -¿De verdad que te gustan?

    -¿Cómo no me van a gustar? Son mucho más bonitas de lo que yo las imaginaba. Levántate.

    Pili se levantó. Tenía cintura estrechita, caderas anchas y un culo respingón y redondo.

    -¿Te gusta mi culo?

    -Me gusta todo de ti, eres la mujer perfecta.

    Bertucho le abrió las nalgas y le lamió el ojete. Pili exclamó:

    -¡Qué gustito!

    Lamió el ojete, metió y sacó la punta de él, y después le dijo:

    -Está delicioso. ¿Te gusta que te haga cochinada?

    -Sí.

    Bertucho se enderezó. Pili le dio un pico, y le dijo:

    -Juega con mis tetas.

    Bertucho lamió, magreó, chupó y mamó las tetas.

    -Come un poquito mi chochito.

    -Eso no me gusta hacerlo.

    Pili le puso morritos y le habló con voz de mimosa.

    -Solo un poquito.

    -Me da un no sé qué mojar mi boca con tus jugos.

    -Lame solo el clítoris.

    -¿Solo un poquito?

    -Si, solo un poquito.

    Bertucho se volvió a agachar, cogió a su cuñada por su cinturita de avispa y lamió el clítoris, Pili le cogió la cabeza y le metió todo el coño en la boca.

    Bertucho se levantó con la misma rapidez que si le hubiera meado una mofeta en la boca.

    -¡Falsa!

    Se rio, y después le dijo:

    -Tiquismiquis.

    -A mí lo que me gustan son los culos.

    Pili se dio la vuelta, se inclinó, y le dijo:

    -Todo para ti, goloso.

    SI Pili tuviera ojos en la nuca vería cómo su cuñado pasaba la lengua por los labios, saboreaba los jugos de su coño y después se mordía el labio inferior.

    Bertucho la agarró por la cintura y le clavó la polla en el culo muy lentamente. A Pili se le pusieron los ojos en blanco cuando la polla llegó al fondo. Metió dos dedos en el coño y se masturbó mientras su cuñado le daba caña y le magreaba las tetas… Al rato comenzó a pedir pan por señas.

    -¡¡Ay Dios! ¡¡Vas a hacer que me corra!!

    Bertucho se extrañó de la rapidez con que se iba a correr.

    -¡¿Ya?!

    -¡¡Yaaaa!!

    Pili con un tremendo temblor de piernas se corrió cómo una perra, los jugos de su corrida bajaron por el interior de sus muslos y le llegaron hasta los tobillos.

    Al acabar de correrse, Bertucho, la cogió en brazos, la llevó al tresillo y la sentó en él. Pili echó la cabeza hacia atrás. Bertucho le abrió las piernas, se puso en cuclillas y le cogió el pie izquierdo. Pili le preguntó:

    -¡¿Qué haces?!

    No le respondió, le levantó la pierna y fue lamiendo los jugos desde el tobillo al coño. Pili estaba asombrada. Le repitió:

    -¡¿Qué haces?!

    -Disfrutar de ti.

    Lamió desde el otro tobillo hasta arriba, luego pasó su lengua por el coño, y después le dijo:

    -¡Qué rica estás, Pili!

    La pregunta era obligada.

    -¡Comediante! Me engañaste. ¿Eres bisexual?

    -Soy lo que tú quieras que sea con tal de hacerte mía.

    -Nunca seré tuya. Soy la mujer de tu hermano.

    -Ahora mismo eres mía, solo mía.

    Le retiró el capuchón del clítoris hacia atrás y lamió suavemente el glande, un glande que asomaba la cabeza cómo una lagarta cuando sale de su escondite para tomar el sol.

    -Al acabar seguiré siendo la mujer de tu hermano.

    El coño se había abierto. Le pasó la lengua plana por los labios varias veces, luego le volvió a follar la vagina con la lengua, y después volvió a lamer su clítoris erecto.

    -Dime que eres mía.

    Pili entre gemidos le contestó:

    -No, no lo soy.

    Le hizo el remolino sobre el glande del clítoris y Pili se corrió cómo una bendita. Bertucho, que al comenzar a correrse su cuñada, le había metido la lengua dentro de la vagina sin dejar de presionar su clítoris con ella, disfrutó tragando una corrida agridulce, larga, espesa y calentita.

    Al acabar de correrse lo apartó de ella y le dijo:

    -Que se te meta en esa cabeza loca que no soy nada tuyo.

    -Lo sé, claro que lo sé, pero por unos instantes fuiste mía.

    Pili ya había saciado sus ganas, y al quedar sin ganas le volvieron los aires que de caliente están dormidos, por eso le dijo:

    -Si lo quieres ver así… Mira, Bertucho, si te la mamé fue porque me diste pena, y si te dejé comer mi coño fue porque estaba muy necesitada.

    -Pues solo me queda darte las gracias.

    Pili cogió las toallas y las bolsas, se fue para su habitación y no salió de ella hasta la hora de cenar.

    Pili apareció con un vestido que le daba por encima de las rodillas y calzando unas zapatillas de trote, Bertucho, que se había puesto otro pantalón de deporte. Le preguntó:

    -¿Pedimos pizza o comida china?

    Pili no venía de buen humor, parecía que le pesara lo que había hecho.

    -¿No prefiere el señorito ir a un restaurante?

    Bertucho no pilló la indirecta, y le dijo:

    -Si quieres hago yo de cenar. Sabes que la tortilla de patatas se me da bien

    -¡A ti lo que se te da bien es seducir a mujeres necesitadas!

    -Vaya. ¿Te arrepentiste de lo que hicimos?

    -Si no vivieras aquí no hubiera pasado nada.

    -¿Quieres que me vaya de tu casa?

    -Yo no dije eso.

    -Tampoco voy a esperar a que lo hagas. Debí seguir fingiendo. Tranquila, no me volverás a ver. Mañana hago la maleta y me voy.

    Pili se sentó enfrente de su cuñado, su carita de ángel se había puesto triste.

    -No quiero que te vayas. Si estoy enfadada es porque al irse la calentura me vino el miedo

    -¿Miedo de qué?

    -De quedar preñada. Me late que tú de marica tienes lo que tengo yo de tonta. Y si me quieres hacer tuya vas a intentar dejarme preñada.

    -No soy tan cabrón, una cosa es que te desee y otra es arruinarte la vida.

    -¿Por qué será que no te creo?

    -¿Para qué seguir hablando de algo que no ocurrirá? Tú nunca dejarías que te penetrara.

    -Sería una puta si lo hiciera, bueno, en realidad ya soy una puta, pero mi coño jamás te lo daré.

    -No eres ninguna puta, eres un cielo de mujer.

    -Mentira podrida, soy una puta

    -¡Más quisiera yo que fueras mi puta!

    -¿Qué quieres cenar, mentiroso? ¿Chino o pizza?

    -Lo que tú quieras.

    Al llegar la pizza, cenaron, hablaron y acordaron que lo de esa tarde no se iba a volver a repetir por el bien de los dos.

    Una hora llevaban en cama y ni él ni ella dormían. Bertucho desnudo sobre la cama echó la mano a la polla, cerró los ojos e imaginando que besaba a su cuñada comenzó a masturbarse. Al ratito le llegó el inconfundible perfume de su cuñada, luego se encendió la luz y acto seguido una mano cogía la suya y le ayudaba a masturbarse. Pili le dijo:

    -No hables y no abras los ojos. Quiero ver cómo va cambiando tu rostro con la excitación.

    Los labios de Pili se posaron sobre los de su cuñado y su lengua húmeda entró en su boca. La otra mano acarició sus pelotas. Lo siguiente que sintió Bertucho fue el coño de su cuñada posarse en su boca, y a Pili decir:

    -Acabo de correrme y está jugosita.

    ¡Y tanto que estaba! Bertucho lamió aquel coño encharcado de jugos, menos tiempo del que él quisiera, ya que Pili al rato se lo quitó de la boca, se lo puso sobre la polla, se sentó sobre ella y la clavó hasta las pelotas. Luego subiendo y bajando el culo, le dijo:

    -Necesitaba sentir una polla dentro de mi coño.

    Lo folló lentamente, besándolo, dándole las tetas a mamar y apretando su clítoris contra su cuerpo… Tiempo después la respiración y la polla de Bertucho latiendo dentro de su coño le decían que se iba a correr. También ella estaba llegando. Aceleró el mete y saca, y le dijo:

    -Quiero ser tuya. Lléname, Bertucho.

    Sintiendo el primer chorro de leche dentro de su coño comenzó a correrse.

    -Soy tuya, soy solo tuya.

    Con las últimas gotas de su corrida de su cuñado llenando su coño, le dijo:

    -Cómeme el coño.

    Bertucho se metió entre sus piernas y comió aquel coño encharcado hasta que Pili le dijo:

    -Me voy a correr. Métemela otra vez.

    Subió encima, le cerró las piernas y con la polla clavada hasta el fondo, hizo palanca con su culo y rozando su pelvis con el clítoris y comiéndole la boca la folló cada vez más aprisa hasta que se Pili se corrió en su polla, luego la sacó y se corrió él en sus labios… Pili pasaba la lengua por ellos, lamía la leche y le decía:

    -¡Qué rica, que rica, que rica…!

    Al acabar, Bertucho, le dio un pico y le dijo:

    -Ahora sí que eres mía.

    Pili le devolvió el pico.

    -¿Crees que quedé preñada?

    -Puede que si

    -O puede que no.

    Pili se dio la vuelta y sin quitarla de dentro comenzó a follarlo de nuevo.

    Quique