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  • La paja

    La paja

    Agosto, una y media de la madrugada, mucho calor y Silvia no puede dormir. Durante un rato estuvo observando el cuerpo desnudo de Luismi, que sí dormía a su lado boca abajo. Las persianas semi cerradas para que entrase algo de aire en aquella calurosa noche también dejaba entrar luz suficiente para verle perfectamente.

    Le observaba el culo. Un buen culo pensó. A ella le gustaba mucho. Le gustaba agarrárselo fuerte cuando lo hacían. Alargó la mano y se lo acarició. Él reaccionó suspirando y dándose la vuelta aunque aún dormido. Ahora ella le podía ver la polla. No la tenía grande pero si era gorda y a ella le daba mucho placer. Sintió el deseo de acercarse y besarla, de lamerla, de darle una buena mamada. Pero no le iba a despertar.

    Se tumbó mirando al techo y comenzó a acariciarse con las yemas de los dedos. Se rozaba los labios rasurados. Hacía pasar sus dedos por su rajita, sintiendo el calor que desprendía. Un calor que comenzaba a subirle desde el coño hasta su cabeza. Una humedad ardiente empezaba a manar de su sexo mojándole los dedos que recorrían toda la zona. Desde la entrada junto al ano hasta el final donde su clítoris comenzaba a reaccionar al roce.

    Suspiró profundamente antes de girarse y ponerse boca abajo. Estaba excitada.

    Colocó la cabeza al lado contrario de donde estaba Luismi, encogió un poco la pierna derecha. Metió su mano bajo su cuerpo y comprobó que se podía manejar con facilidad. Se palpó todo el coño con la palma de la mano. Introdujo dos dedos en el interior de su vagina y luego los pasó por su clítoris. Ahora solo faltaba algún recuerdo que le facilitara llegar al clímax.

    Hacía un momento le había deseado mamar la polla a su novio, así que a su mente vino el recuerdo de la primera polla que mamó. El mismo día que perdió su virginidad.

    Comenzó a rozar su clítoris levemente en círculos y comenzó a revivir su pasado.

    Su hermano Miguel Ángel, cuatro años mayor que ella tenía un amigo llamado Franky. Ambos jugaban al baloncesto. Todo el mundo estaba con la fiebre del baloncesto a finales de los ochenta. Iban al mismo instituto y salían de copas juntos.

    Cuando ellos estaban en COU, Franky venía a casa y se metían en la habitación a estudiar. A ella y a su íntima amiga Genia les encantaba Franky. Era un tipo bastante alto y fuerte, pelo largo y rubio. Ojos azules y una sonrisa perfecta. Tenía pinta de surfero sacado de alguna serie americana.

    Cuando los chicos salían de la habitación y se iban a la calle. Ellas dos entraban en busca de alguna foto de los dos amigos para quedársela. Un día en uno de esos registros descubrieron un gran secreto. En un rincón, dentro de una caja de zapatillas de baloncesto Reebok, encontraron unas revistas porno que no dudaron en ojear juntas. Aquello cambió por completo la situación. A partir de ese día descubrieron la sexualidad. No tenían muy claro lo que veían en aquellas revistas, pero empezaron a notar lo que era la excitación sexual y la masturbación. Durante los siguientes tres años se apañaron para robar las revistas y masturbarse viéndolas. Por entonces Franky era todo un mito sexual en el barrio.

    A los quince años las dos amigas ya salían de marcha con todo lo que ello conlleva, primeras borracheras, primeros rollos, primeros besos… En el caso de Genia, su precocidad le llevó a perder la virginidad a los quince con un primo suyo.

    Los años de instituto pasaban rápido. Miguel Ángel y Franky se habían ido a la universidad seguían jugando al baloncesto y para sacarse unas pelas Franky trabajaba en un bar de copas, el No Ve No Ve.

    Así llegó el gran día. Faltaban poco más de un mes para su dieciocho cumpleaños. El año en el instituto había ido fenomenal y al año siguiente iría a la facultad. Durante todo el verano había intentado entrarle a Franky así que, aunque siempre terminaba con todos sus amigos de la pandilla en el Flying Golden Cat, no había noche que no se pasase por el bar de Franky a tantearle.

    Pero ésta noche sería el momento. Genia sería su cómplice para ejecutar su plan. Era domingo y sabían que sobre las cuatro de la madrugada cerraría el bar él solo. Su novia Teresa, una rubia impresionante no se quedaría ya que al día siguiente trabajaba. A sus colegas les daría esquinazo a la mínima oportunidad.

    Según lo previsto por las dos amigas, estuvieron con el resto de la pandilla hasta hora y media antes del cierre en el bar de Franky. La pandilla estuvo allí con chupitos de tequila y risas hasta que Genia propuso ir ya al Flying. Se fueron todos al bar de siempre donde la pandilla se lo pasaba en grande. Esa noche fue en la que Genia y ella al son de Una rosa es una rosa de Mecano se marcaron un bailecito que puso caliente a todo el personal.

    Cuarenta minutos después de haberse ido, las dos amigas volvían a entrar en el No Ve No Ve. Franky con gesto confuso preguntó:

    -¿Qué hacéis aquí?

    -Estábamos un poco cansadas -dijo Genia.

    -Hemos venido a ayudarte -comentó Silvia

    -¿Os pongo un chupito? -el chico se olía la movida.

    -Vale -aceptó rápido Silvia.

    -Uf yo casi mejor me voy que mañana he quedado – se quitó de en medio Genia volviendo al Flying ya que en la segunda parte del plan tendría que justificar la ausencia de su amiga.

    Franky puso media sonrisa y le puso el chupito a Silvia. Luego siguió a Genia hasta la puerta, tras despedirse de ella con un beso, bajó el cierre y cerró la puerta del local para que no entrase nadie más.

    Silvia le miraba desde la esquina de la barra cerrándole el paso hacia el interior. Mientras él venía hacia ella se miraban fijamente y se sonreían. El chico la cogió por la cintura y la apartó con cuidado para poder pasar.

    Ella suspiró hondo. Él cogió dos cajas de coca-cola vacías y le dijo que le siguiera. Abrió una puerta junto a los servicios y encendió la luz. Era el almacén. Una vez dentro se miraron fijamente. La chica se abalanzó sobre su cuello y le besó. Franky le rodeó con los brazos y le devolvió el morreo metiéndole la lengua.

    Comenzaron a tocarse y él metió la mano por debajo de su camiseta, buscando sus pequeñas tetas.

    Al sentir que la mano del chico salvaba el sujetador y tocaba sus pechos ella tuvo una sensación de placer inmenso. Sus pezones se endurecieron de inmediato. Franky, al notarlo comenzó a pellizcarlos suavemente lo que aumentó la excitación de Silvia.

    Franky paró un momento para quitarse la camiseta. Silvia besó su bien formado torso y comenzó a descender hasta colocarse de rodillas ante él. El amigo de su hermano le miró y comenzó a bajarse los vaqueros y el slip. Su polla saltó con una tremenda erección.

    A Silvia, en ese momento, le pareció muy grande, luego supo que era normal. Torpemente y con la cara iluminada trataba de metérsela en la boca. Franky la detuvo:

    -Tranquila, como si fuera un chupa-chups, lentamente, con los labios y la lengua.

    Silvia la notaba ardiendo. Tremendamente suave y ardiendo. El líquido pre seminal le daba un sabor muy intenso y nada agradable. La chica se sintió que se humedecía.

    El chico le aguantó la cabeza y le marcó el ritmo. Ahora más pausada movía rítmicamente la cabeza adelante y atrás:

    -Así, así, tranquila…

    Le tomó la cabeza con las dos manos y comenzó a follarle la boca. Silvia se dejaba hacer. Para evitar que le llegara muy adentro la chica ponía la mano como freno. La saliva se le salía por la comisura de los labios:

    -Sigue Silvia, sigue…

    Franky aceleró y estaba a punto de correrse:

    -Aaaahhhggg, siii, joder que bien Silvia.

    Ella notó como el semen le llegó a la garganta y empezó a toser. Tuvo que sacársela y Franky terminó haciéndose una paja. Él se apoyó en la puerta y ella se levantó para limpiarse los restos de semen que salían de su boca:

    -Es la primera polla que te comes, ¿no?

    Silvia le miró de reojo muy excitada. Acaba de hacer su primera mamada y al mejor amigo de su hermano:

    -Tienes una boca riquísima… -la agarró por la cintura -ahora te toca a ti…

    Le quitó la camiseta y el sujetador. Le besó sus preciosas tetas y la tumbó boca arriba sobre una mesa. Luego le subió la minifalda. Silvia le miraba y se mordía el labio inferior:

    -Te lo voy a comer…

    Lentamente le quitó las bragas dejando a la vista un coño cubierto de una capa de rizos negros. Franky le sonrió y se inclinó sobre su entrepierna con los dedos buscó la raja separando los vellos. Abrió los labios y allí estaba su clítoris erecto y su vagina virgen todavía.

    Pasó la lengua por toda la raja y a ella se le escapó un suspiro. Silvia notaba la ardiente lengua de Franky entrar y salir de su raja y unos escalofríos cada vez que se entretenía con su clítoris. Así su excitación fue “in crescendo” hasta que no pudo controlar la situación y supo que iba a tener un orgasmo descomunal que trató de disimular tapándose la boca con las dos manos.

    Ella estaba relajada cuando vio que el chico se incorporó con otra erección. La bajó de la mesa, la besó fuerte y la abrazó:

    -Ten cuidado, Franky.

    -Tranquila, no te preocupes.

    Hizo que se apoyara sobre la mesa y se puso detrás de ella. Pasó la punta de su polla en el coño para lubricarse con los flujos. Poco a poco fue penetrándola hasta topar con el himen. Silvia se notaba totalmente ocupada. Franky empezó a forzar la penetración:

    -Para, para, que me duele.

    -Tranquila, que te lo hago despacio.

    -No, que me duele mucho, Ayyy no me cabe.

    Él siguió haciendo fuerza hasta que fue notando como se la iba metiendo. La chica respiraba muy fuerte:

    -Ahora, Silvia ahora te entra -y se la metió entera. -ella gritó. Acababa de desvirgar a la hermana de su mejor amigo.

    Ella sentía un dolor enorme mientras que él comenzó un mete-saca. Estuvo bombeando sobre Silvia durante un rato hasta que comenzó a correrse dentro de su coño recién desvirgado.

    Ella comenzó a correrse sobre la mano con la que se estaba masturbando en la cama recordando como el mejor amigo de su novio se corrió dentro de su coño sin condón. Mordió la almohada para no gritar y despertar a Luismi.

    Finalmente se quedó dormida con la relajación de la paja.

  • Tus besos y tus caricias en aquel fin de año

    Tus besos y tus caricias en aquel fin de año

    Quien me iba a decir que aquellos siete días que planeé con tanto detenimiento con mis amigas, casi milimetrando las horas se irían al traste cuando él se volvió a cruzar en mi camino.

    Las chicas y yo habíamos planeado unas mini vacaciones de casi una semana en plenas Navidades en Madrid, donde disfrutaríamos de ver la ciudad engalanada con miles de bombillas en sus calles, con sus árboles de diseño dispuestos estratégicamente en sus plazas, del júbilo y bullicio de la ciudad en esos días y veníamos dispuestas a perdernos en sus museos, en El Prado, El Reina Sofía, El Thyssen y La casa Sorolla por lo que nos tocaba como valencianas y sobre todo de sus musicales, dos teníamos en nuestra agenda El Rey León y Billy Eliot para los que teníamos entradas desde hacía ya tiempo.

    Llegamos el día 27 al medio día después de haber pasado con nuestras familias el día de Navidad, teníamos previsto pasar el fin de año en la plaza de la Puerta del Sol comiendo riendo y atragantándonos con las 12 uvas. Ese primer día fue un poco de relax, instalarnos en el hotel, comer y perdernos por sus calles y plazas aledañas a la Puerta del Sol, aunque muchas de nosotras ya conocíamos de sobra la ciudad.

    Nos levantamos temprano, el museo del Prado nos esperaba prácticamente el día completo y al día siguiente fue cuando se empezaron a torcerse nuestros planes, planes que en partes mis amigas me empujaron a que olvidara y que no preocupara por ellas, eso sí, querían como siempre todos los detalles.

    Sofía y yo nos deleitábamos mirando el cuadro de Sorolla, “Paseo a orillas del mar”, un cuadro precioso que nos encantaba a las dos cuando una voz que recordábamos a duras penas nos saludó por detrás, era Luis uno de los seis amigos que conocimos en verano, aquel día en que las cuatro nos sumimos en una noche de lujuria y sexo junto a ellos, el saludo cordial por nuestra parte e ilusionante por la suya, como pensando “que bien ya tenemos plan esta noche”.

    Estaba nuevamente intentando ligar y quedar con nosotras junto con otros amigos para repetir lo de verano, sin éxito evidentemente, no estábamos por la labor, puesto que aquello fue una locura temporal y la verdad que simplemente el hecho de intentarlo nos hizo sentir bastante mal, al cabo de un rato cansado de insistir y no hacerles ni caso se despidió y se marchó junto con sus amigos con el rabo entre las piernas y nosotras pudimos volver a disfrutar de uno de nuestros pintores favoritos.

    Sofía me picaba desde entonces diciéndome.

    -La verdad que si hubiera sido Pablo, quizás con Pablo todo habría sido diferente, verdad Larita. -A lo que yo le sonreía con una mueca burlona.

    -Hui si Pablo, su amor de este verano, su Pablo que le escribe verso por el WhatsApp. –Comentaba Raquel.

    -¿De quién habláis?, ¿De Pablo?, no me suena, Pablo, Pablo, ¡anda claro Pablo!, ese Pablo con quien Lara no para de hablar. -Agregó Marta a la vez que las tres se empezaron a reír de mí.

    -Anda dejarme en paz las tres, que queréis que os diga, que hubiera alegrado verle pues si no os lo niego, pero de verle y de nada más, de hecho no sabe que esto aquí ¿no? –Les contesté malhumorada y sabiendo que en el fondo podrían algo de razón.

    Estábamos a punto de marcharnos y ya en la calle todas aquellas pequeñas burlas con Pablo se iban a dilucidar en unos segundos, cuando sentí como alguien gritaba mi nombre en alto, no podía ser, era Pablo que subía calle arriba corriendo gritando mi nombre, en ese momento mi corazón se aceleró, mis manos empezaron a sudar, una sensación de alegría empezó a recorrer mi cuerpo y mi cara reflejaba todo lo que estaba experimentando cuando empecé a sonreír y a levantar la mano para saludarle.

    Las cuatro estábamos igual de sorprendidas, miraba a mis tres amigas sorprendida y a la vez con una sonrisa de oreja a oreja.

    -¡Que!, solo lo estoy saludando. –Respondía a las risas burlonas de mis amigas.

    -No te hemos dicho nada nena, no te enfades. –Me respondía Sofía riendo.

    -Nada ha cambiado, le saludo, hablamos y nos vamos. –Las volví a interpelar malhumorada por sus risas y muy nerviosa mientras me arreglaba el pelo y él se acercaba.

    -Por favor nena, déjame a mí. -Sofía empezaba a peinarme, a pellizcarme las mejillas, a retocar mi maquillaje con sus dedos.

    Pablo estaba frente a mí con sonriendo, jadeando por haber corrido cuesta arriba, estaba tan guapo como siempre, esos ojos azules me miraban y me traspasaban, sus labios carnosos y esa sonrisa… a pesar del frío llevaba puesta solo una camisa con una bufanda atada al cuello, unos pantalones vaqueros y unas zapatillas blancas.

    Esperaba impacientemente un beso, un abrazo, un algo pero en vez de todo eso, simplemente dijo.

    -Hola, chicas, -Dijo jadeando todavía por la carrera y yo sentí como puñales en mi espalda al oír solo un hola y nada más, lo tenía allí mirándome fijamente como sin saber qué hacer.

    -Cuando me llamo Luis no lo podía creer, pero aquí estáis, bueno aquí estas tú. -Añadió mirándome fijamente.

    -¡Que! no la vas a besar o que. -La voz de Marta se alzó y por fin, sentí sus labios sobre los míos, me beso y yo le respondí besándole apasionadamente a la vez que nos empezábamos abrazar, un beso apasionado que termino con los dos riendo con nuestra frente apoyada la una sobre la otra ante las miradas de mis tres amigas que nos observaban abrazadas con cara de ternura y alguna que otra sonrisa burlona pero siempre de alegría por mí.

    -Bueno chicas nos vamos que ya solo quedamos tres para quemar Madrid. –Empezó a decir Sofía.

    -Y tu nena, tú llámame esta noche para saber que estás bien y tu Pablo cuídamela mucho porque es más preciado tesoro y si no te la verás conmigo. –Sofía seguía hablando, despidiéndose de mí a la vez que me abrazaba y me daba dos besos en la mejilla.

    No supe que decir, las tres se despedían de mí y me echaban de su lado lanzándome a los brazos de Pablo, nada de eso lo tenía previsto, de hecho ni le había dicho que iba a Madrid, en esos momentos estaba desubicada pero feliz de estar entre sus brazos, al final le tendría que dar las gracias a Luis por haberlo llamado sabiendo además que vivía a tres calles de donde estábamos nosotras.

    Vi partir con pena a mis tres amigas pero desde ese momento mi viaje había cambiado, las veíamos desaparecer entre la gente los dos todavía abrazados, tanto el como yo parecía que tuviéramos miedo de que si nos soltáramos todo aquello se desvanecería.

    Así que empezamos andar calle abajo despacio, abrazados hablando de nuestras cosas, nos dirigimos a su casa para que se pusiera ropa de abrigo, la verdad que me pareció muy romántico que un hombre echara a correr solo por encontrarme, ya solo por eso me tenía ganada.

    Ese día nos dedicamos a pasear por Madrid, abrazados y besándonos en cada esquina, me dejo en el hotel después de una cena realmente romántica y quedamos temprano para el día siguiente, era 30 de diciembre y no sabía dónde me iba a llevar, solo sabía que nos íbamos fuera de Madrid y que me había pedido que llevara una pequeña bolsa de viaje.

    Sofía al verme llegar esa noche tan temprano me regaño pero al saber que al día siguiente me iba con él, su semblante cambio y empezó a prepararme ella misma la bolsa, metiendo mi lencería más bonita, la ropa más sugerente y una caja de preservativos que había contado previamente, dejándome dicho que no los quería de vuelta, no sé qué la pasaba parecía más ilusionada que yo.

    Las nueve y media de la mañana puntual como un reloj suizo Pablo me recogía con su coche un jaguar 4×4, metía mi pequeña maleta en el maletero mientras que Marta y Raquel se despedían de mí, Sofía hablaba y abrazaba a Pablo para luego riéndose hacerle señas amenazadoras por si algo malo me sucedía.

    Serian cerca de las once cuando llegamos a nuestro destino en un chalet propiedad de sus padres, en un pueblo de la sierra de Madrid, una casa de piedra preciosa con un gran jardín con vistas a lo que era un lago o una presa, la postal era preciosa con todo lo que nos rodeaba blanco por la nieve que había caído la noche anterior.

    Encendimos la calefacción y la chimenea para entrar en calor, habíamos decidido pasear por el pueblo salir a tomar algo y luego me iba a llevar a comer a un sitio especial como él decía, pero todo eso cambio en un segundo, ya que según me contaba el plan me iba besando y yo como una tonta allí de pie embobada con sus besos y sus caricias en mi pelo, no me quería ir a ningún sitio, quería quedarme allí en aquella casa y que me hiciera el amor, le miraba con deseo y él a mí.

    -Aunque por otra parte Lara, si te parece bien nos podríamos quedar en casa, nos saltamos la comida y salimos esta tarde. -Decía mientras que no paraba de besarme.

    -Me parece una muy buena idea. –Le contesté, a la vez que me sentaba en el sofá frente a la chimenea arrastrándole con mis besos hasta que estuvo encima de mí.

    Los besos se sucedían así como las caricias, nuestras manos no paraban de recorrer nuestros cuerpos por encima de la ropa hasta que lo empezaron hacer sobre nuestra piel desnuda, le tenía nuevamente sobre mi cuerpo desnudo, algo que había soñado más de una vez desde aquel verano, sentía su reparación su corazón acelerado como el mío, sus manos dibujaban mi cuerpo, llegando a mi vulva, recorriendo mis labios menores con su pene entre su mano y dejándolo a la puerta de mi sexo humedecido por la excitación.

    Se apartó un momento de mí, dejo de besarme, sus manos apoyadas en el sofá detrás de mi nuca con mi pelo entre sus dedos, mis manos sobre sus pectorales, acariciándolos y recorriendo sus abdominales, llegando hasta donde nuestros cuerpos se juntaban nuevamente, su pene metido a penas 2 centímetros en mi vagina, inmóvil, deseando entrar en aquel agujero mojado, nuestros ojos no paraban de mirarse deseosos de algo más, algo más que vino cuando su pene como si fuera una espada se iba metiendo poco a poco en su vaina y mi cara reflejaba el placer de aquella acción, cuando mi boca se abría cogiendo aire muy despacio y mis ojos se entornaban a la vez que yo veía la suya.

    Pablo me empezaba hacer el amor, sentía mis músculos primero relajarse y luego ponerse en tensión apretando su espada contra mi vaina, los gemidos no tardaron en aparecer, pero al poco se apartó y eyaculo en mi vientre, estaba tan excitado que no pudo resistir, no me importo y así se lo dije, me había gustado verle disfrutar y tan solo era el principio porque minutos después y con un preservativo puesto de inicio me volvió loca con su pene entrando y saliendo de mi vagina, follamos toda la mañana y parte de la tarde, un orgasmo tras otro me iba provocando, estaba feliz de estar con él.

    Después de ducharnos y arreglarnos salimos a cenar a un restaurante precioso a la luz de las velas, la noche la pasamos amándonos, al día siguiente día 31 por la tarde estábamos preparándonos para salir a cenar y celebrar el fin de año.

    No paraba de nevar, me arreglé con un vestido de noche precioso azul oscuro y él con esmoquin, estaba realmente arrebatador, guapísimo recién afeitado y perfumado y en la puerta de casa nos besábamos apasionadamente, mis labios se le quedaban marcados en su piel, pero o parábamos o no nos iríamos nunca.

    Cogimos su coche, la nieve caía copiosamente y el restaurante estaba a pocos kilómetros, pero nunca llegamos, la carretera estaba impracticable y a pesar de las cadenas en las ruedas nos quedamos a la mitad del camino sin poder dar la vuelta, intentamos ir andando pero no estábamos preparados para aquella ventisca, sé que Pablo estaba enfadado, disgustado y asustado, pero también sé que estaba sereno y tranquilo por mí, no negaré que me sentía triste y asustada pero él me hacía sentir segura, llamamos y esperamos pacientemente a que alguien pasara a rescatarnos, pero nadie paso.

    Bombones y dos botellas de Moët Chandon fueron nuestra cena de fin de año, suficiente para mí porque le tenía a él ¿Qué más podría desear?, nos pasamos al asiento de atrás más espacioso, la calefacción en marcha con el depósito lleno, no había problema alguno, bueno si… después de la cena copiosa y de los manjares que habíamos tenido a nuestra disposición, cerca de la medianoche y tras una botella de champagne consumida, nos reíamos con nuestras historias y con situaciones parecidas, sus caricias en mi pelo me fueron acercando a él, hasta tenerlo encima con sus manos buscando mi tanga por debajo del vestido, estábamos dispuestos a que la ventisca no estropeara la noche pero quizás si un preservativo…

    No dije nada, no quería que nada se interpusiera entre los dos, había dejado de tomar la píldora hacía ya unos meses por prescripción de mi ginecóloga y no quería que aquello nos arruinase la noche, así que le deje hacer a la vez que le quitaba yo sus pantalones, sus manos encontraron su premio y despacio se fueron introduciendo por debajo de mis medias y mi tanga, una prenda casi inapreciable, pequeña que solo tapaba parte de mi sexo, sus dedos acariciaban mi clítoris, su pene en mis manos subía y bajaba, mi boca lo empezaba a succionar, sus gemidos inundaban el habitáculo del coche bailando con los míos.

    A cinco minutos para el año nuevo estaba sentada a horcajadas sobre él con su pene dentro mi cuerpo, Pablo me agarraba de la cintura moviéndose al son que le marcaba, mis medias rotas y mi tanga tirados en el suelo, su pene se introducía una y otra vez en mi vagina, resbalando, dejando escapar cada vez que salía de mi parte de mi flujo empapándole los testículos, me estaba corriendo en plena ventisca en el asiento trasero de un todo terreno, mis manos en el techo haciendo tope moviéndome de arriba abajo siendo penetrada con su polla, sus manos apretando mis pechos lamiendo mis pezones, me estaba partiendo en dos y mis gritos tapaban sus gemidos y le alentaba y gritaba para que no parara y no me dejara de follar.

    Me tumbó boca arriba con mis piernas abiertas y en alto, él sobre mí entre ellas con una de sus piernas de rodillas en el asiento y la otra medio tumbada y empezó a meter nuevamente su polla en mi coño con más brío.

    Sentía el coche tambalearse de un lado a otro de la fuerza con la que Pablo aplicaba al empujar su pene dentro de mí, estaba tan mojada que su polla más que deslizarse navegaba en mi interior, cada vez más fuete y más rápido, Pablo paro sus embestidas y dejándola muy dentro de mí se empezó a correr con los ojos cerrados apretando sus dientes, su pene expulsaba chorros de su semen caliente dentro de mí coño, nos empezamos a besar apasionadamente, me llegó incluso a decir que me amaba.

    No nos dimos cuenta, pero el año nuevo ya estaba allí, habíamos pasado y entrado el año follando, tampoco nos dimos cuenta de que unas luces detrás de nosotros y mano tocaba con sus nudillos el cristal, era la policía municipal que venían en nuestra ayuda, aquellos agentes tuvieron la delicadeza de no decirnos nada, esperaron a que me vistiera y nos sacaron de allí en su coche, según se despedían nos decían que disfrutáramos de la noche con no poca ironía, pero así lo hicimos, les hicimos caso y esta vez bajo el edredón, calientes y cómodos volvimos hacer el amor y a felicitarnos el año.

    Al día siguiente al recoger el coche en el taller que lo había sacado de allí, nos entregaron en una bolsa mis medias y mi tanga, la verdad que me quería morir de vergüenza y volvimos a Madrid, Pablo nos invitó a todas a cenar esa noche y me dejo en los cálidos brazos de mis amigas, no sin prometernos vernos otra vez, no sé si en Valencia, en Madrid o a medio camino, no le bastaba con oír mi voz por teléfono, no le bastaba con verme por el ordenador de su oficina cuando le llamaba, él al igual que yo nos habíamos acostumbrado a nuestras caricias.

    Esa noche en el hotel y la mañana siguiente en el coche fue un verdadero interrogatorio por parte de mis amigas, chillaban como locas cada vez que les contaba alguna escena subida de tono, que las voy a hacer son así, buenos somos así de locas.

    Ahora espero que pasen los días y las horas hasta poder encontrarme otra vez con él y volver a sentirle muy dentro de mí, quien sabe mañana, quizás pasado.

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    Este relato está dedicado a Pablo, mi gran amigo y aunque no pudo ser me hiciste pasar el mejor fin de año que recuerdo.

  • No me voy sin follarte el culo, tía

    No me voy sin follarte el culo, tía

    Mi tía Elvira estaba dormida sobre la cama con su bata negra abierta. El brazo izquierdo lo tenía formando una uve y el derecho al lado de su cuerpo desnudo. Tenía la cabeza girada hacia la izquierda. La pierna derecha sobre la otra dejaba ver parte del bosque negro de su pubis. Los rosados pezones de sus tetas eran grandes, lo mismo que sus pezones. A sus pies estaba la colcha gris y la sábana blanca, y bajo sus largos y rizados cabellos negros la almohada blanca.

    En la puerta de su alcoba estaba yo, que había venido a esconderme en la habitación de mi primo Pablo, ya que había hecho una de las mías, o sea quitarle unas pelillas a mi madre, y si volvía a casa iba a llevar con el cinto. No me podía creer lo que estaba viendo. Mi tía, la buenorra, la que pensando en ella hiciera más pajas que un mono estaba aún más cachonda de lo que me había imaginado. Comencé a sudar cómo un cerdo y mi polla me quería reventar la cremallera del pantalón vaquero. Me dio un arrebato de locura y me acerqué a la cama. De cerca la veía cómo el príncipe hubiera querido ver a la Bella Durmiente. Le acaricié la rodilla derecha y se abrió de piernas. Vi todo el bosque negro de su coño y no me pudo resistir. Se lo olí. Olía a gloria bendita. Le pasé la lengua por el corte del coño. Mi tía se despertó y se incorporó de inmediato. Con cara de enajenada, me dijo:

    -¡Qué haces, condenado!

    Me iba a largar de allí a toda hostia cuando sentí que se cerraba la puerta de la casa. Sabía que mi primo se fuera a casa de los abuelos, solo podía ser una persona, su marido. Mi tía me dijo en bajito:

    -Métete debajo de la cama.

    Me metí debajo de la cama. Mi tío al entrar en la habitación y verla, exclamó:

    -¡Coñooo! ¿Me estabas esperando?

    -¿Tu qué crees, grandullón?

    Vi cómo las ropas de mi tío caían al piso sobre los zapatos y luego cómo el metálico de la cama bajaba varios centímetros debido a que mi tío pasaba de los cien kilos. Luego fue un sube y baja del metálico, y un chirrido molesto a más no poder, tan molesto que aun oyendo los gemidos de mi tía no pude masturbarme. La hostia era que mi tío Javier tenía un infierno de aguante, ya que mi tía se corrió tres veces antes de que se corriera él y se echase a dormir.

    Poco después se oían los gritos de mi padre y de mi madre diciendo que volviera a casa que no me iban a hacer nada, lo que significaba que me iban a caer las del pulpo, daba igual que hubiera cumplido los dieciocho años. Hasta los veintiuno se creían con derecho a zumbarme.

    Más tarde, a mis padres se unieron mis abuelos y algunos vecinos, y lo que era una llamada a gritos se volvo una búsqueda con linternas y llamadas a gritos. Mi tío con los gritos no podía dormir, así que se le dijo a mi tía:

    -El cabronazo seguro que cayó en algún pozo. Voy a ayudar en la búsqueda.

    Se fue y salí de debajo de la cama. Me caía la cara de vergüenza. Me iba con la cabeza agachada cuando me dijo:

    -¿No querías comerme el coño?

    Levante la cabeza y vi que seguía completamente desnuda. Me metí entre sus piernas y le lamí el coño. Lo tenía lleno de leche y de jugos, pero eso aún me puso más lobo. Tal y cómo me enseñara una amiga mía que era un marimacho. Con la punta de la lengua le barrí los jugos y los deposité encima del clítoris, lamí con suavidad alrededor hacia los lados y de abajo a arriba, luego lamí de abajo a arriba ambos labios con mi lengua plana y tragué aquella mezcla espesa con un sabor cómo a coco ácido y después le follé la vagina con la lengua. Mi tía estaba sorprendida.

    -¡Quién te enseñaría a ti a hacer esas maravillas con la lengua, traste!

    No le respondí, volví a lamer de abajo a arriba… Su coño estaba abierto cómo una flor, cuando me dijo:

    -Me voy a correr.

    Le chupé el clítoris y explotó.

    -¡Me corro!

    Supe por qué temblaba la cama cada una de las tres veces que mi tío la hiciera correr y era porque el gusto la hacía temblar una cosa mala.

    Al acabar de disfrutar saqué la polla, me eché encima de ella y se la metí. Mi tía metió su lengua en mi boca y ya me corrí cómo un angelito. Mi sorpresa fue enorme al sentir cómo también se corría ella mientras le llenaba el coño de leche. Después subió encima, me puso el coño en la boca y frotándolo en mi lengua, me dijo:

    -Folla mi ojete con tu lengua.

    Le follé el ojete con la lengua y ella se masturbó metiendo dos dedos dentro del coño. Poco después se sentó sobre mi polla, me dio las tetas a mamar por primera vez, mamándolas le volví a llenar el coño de leche, ella aceleró los movimientos de culo hasta que se vino, diciendo:

    -¡Me corro!

    Al acabar, con mi polla dentro de su coño me dio un beso, me acarició la melena, y me dijo:

    -Tienes que irte.

    Le di la vuelta y la follé a mil por hora.

    -¡Qué pude volver tu tío!

    -No me voy sin follarte el culo, tía.

    -¡¿Qué?!

    -Lo que oíste.

    -¡¿Eres de los dos bandos?!

    Le respondí con otra pregunta.

    -¿Nunca te corriste follándote el culo?

    -Tu tío es muy macho.

    -¿Te gustaría correrte así?

    Me respondió poniéndose a cuatro patas. Mis manos hicieron de sujetador y de masajeador de aquellas tetazas blandas y de aquellos duros pezones, y mi lengua volvió a explorar su ojete y a lamer su coño mojado. Luego le clavé el glande y le desvirgué el culo a mi tía Elvira. No sintió dolor, lo que sintió fue un gustazo, ya que me dijo:

    -Hasta el fondo, traste, hasta el fondo.

    Se la clavé hasta que mis cojones se mojaron con los jugos de su coño. Después le di caña mientras cogía su coño con una mano y le jalaba el cabello con la otra. Mi tía frotando el clítoris contra la palma de mi mano jadeaba en bajito. Sus jadeos fueron subiendo de tono hasta que su ojete apretó mi polla. Le pregunté:

    -¿Te corres, tía?

    -Sí, me corro, traste.

    -Yo también.

    Mi tía con su coño empapando la palma de mi mano con los jugos de su corrida, y mientras sentía mi leche llenar su culo, dijo:

    -¡¡¡Ayyy!!!

    Al acabar de correrse, y ya boca arriba, me dijo:

    -Esto nunca ocurrió.

    Le pregunté:

    -¿Lo que no ocurrió pude volver a no ocurrir?

    -Si hay ganas de que ocurra y se dan las circunstancias, sí. Ahora vete.

    Quique.

  • Maduro dotado: Me enfiesto con un amigo

    Maduro dotado: Me enfiesto con un amigo

    Como les conté en el final del relato anterior, el destino quiso que me encuentre nuevamente con Juan, casi en el mismo lugar en el que nos vimos por primera vez y me invitó s su casa.

    Para el que no lo leyó, Juan era un hombre maduro, extremadamente dotado, que me había cogido en su casa varias veces, hasta que me propuso que me fuera a vivir con él, era una locura, y yo no tenía manera de confesar mi homosexualidad a mis viejos. Siempre me arrepentí de eso, pero no es eso lo que quiero contar ahora.

    De la misma manera que la primera vez, nos vimos de auto a auto, cosa no tan casual, ya que ambos frecuentamos bastante seguido la misma zona buscando sexo con otros hombres, al vernos nos reconocimos de inmediato, la diferencia en este encuentro, fue que esta vez Juan estaba del lado del acompañante, el auto en el que estaba, era conducido por otro hombre que apenas pude ver, al reconocerme, me hizo una seña para detenernos y hablar.

    Doblamos uno detrás del otro en la siguiente esquina, y enseguida encontramos un lugar donde parar, como aquella primera vez, Juan se bajó del auto y vino al mío, se sentó a mi lado y después de darme un beso, hablamos de la alegría por el encuentro y de pronto me dice:

    -¿Tenés ganas de hacer una fiestita?

    -¿qué tipo de fiestita? -le pregunté sonriendo

    Entonces directamente me propuso ir a la casa del amigo, en el pequeño lapso entre que nos vimos y paramos los autos, alcanzó a decirle quién era yo, y el amigo le dijo que me pregunte si quería que los dos me enfiesten.

    El amigo le dijo concretamente «convéncelo de ir a mi casa y lo cogemos los dos»

    No le costó mucho a Juan convencerme, bastó que me diga.

    -dale vamos a la casa de mi amigo y te hacemos entre los dos esa colita divina que tenés.

    Le dije que sí, le aviso al amigo que vaya para la casa, habló un par de minutos con él seguro planeando algo y volvió para mi auto para ir conmigo y me hizo seguirlo. En el camino me fue preparando, y me dijo varias cosas.

    -quédate tranquilo, es un tipo macanudo, muy ubicado, primero nos vamos a meter en la cama vos y yo solos, y él va a esperar que yo le avise o que vos lo llames, para que no te sientas mal, y si vos no querés, él lo va a respetar, pero estoy seguro que vas a querer.

    Yo solo escuché y me pareció bien, y de cierta forma me tranquilizo, así que entre a la casa sin preocuparme porque fuera a pasar algo desagradable.

    Luego siguió diciendo que querían hacerlo así, ya que nosotros nos conocíamos bien, tenía miedo que me asuste si el tipo se me venía encima y yo no estaba en clima, la cuestión era calentarme un poco antes de que el tipo se meta conmigo.

    Y así fue, subimos por una escalera a un primer piso, y arriba era el departamento, modesto y bien ordenado, Juan y yo pasamos al dormitorio y Emilio, que así me lo había presentado en la puerta antes de entrar, se fue a la cocina creo, yo pedí pasar al baño, y Juan se sacó toda la ropa y me esperó en pelotas en la cama, en el baño yo me saqué las zapatillas y el pantalón, no usaba ropa interior, y para no salir directamente desnudo, me dejé la camisa, pero ya con todos los botones desprendidos, porque me parecía que quedaba más sexi.

    Fui hasta la cama, no vi donde estaba el amigo, y antes de acostarme me quité la camisa, ya desnudo me tiré al lado de Juan, nos empezamos a chuponear en la boca y por un instante me olvidé de Emilio, me lamió el cuello y me chupo los pezones, enseguida me calenté, bueno, nunca estando desnudo en una cama con un macho, tardo en excitarme, Juan tampoco necesitó mucho tiempo para que esa verga enorme se le ponga dura como una piedra, entonces me pidió que me baje y le chupe la verga, recorrí desde su cuello pasando por todo el torso, lamiendo su hermoso cuerpo, y me detuve en esa pija increíble, me la puse en la boca casi devorándola todo lo que pude, estaba saboreando esa belleza, recorriéndola toda con mi lengua, rodeando su glande con mis labios cuando escucho la voz de Juan decir.

    -mira Emi, que culito precioso tiene, ¿no te lo querés coger mientras está distraído chupándomela?

    Lo de distraído era una broma, él sabía que yo sabía, que más tarde o más temprano, el amigo iba a entrar en acción y me la iba a poner.

    Yo estaba echado a un lado de Juan comiéndome esa pijota hermosa, mi cuerpo de costado y mi culo apuntando hacia afuera de la cama y bien al borde de ella, y Emilio ya estaba de pie, detrás mío, mirando fijo mi cola, aguardando el momento que Juan le diera pista, de pronto sentí como el dueño de casa, empezó a manosearme las nalgas y sentí como las separaba y me las abría preparando el terreno, entonces saqué la verga de Juan de mi boca, lo miré con mi cara de puto y le dije:

    -papi, tu amigo me está manoseando.

    -sí, veo que está atrás tuyo, y ahora te vas a dejar coger ¿no?

    Yo estaba re agitado, jadeando por la calentura, enseguida me di cuenta, que esa fue la forma de darle el visto bueno para que me penetre, si de algo no tengo quejas, es que fueron muy respetuosos y me trataron muy bien, me rompieron el culo, pero con educación.

    Entonces Emilio me empezó a acariciar con una mano, muy suavemente los pies (eso me voló la cabeza) y con la otra me pasó una cremita por mi hoyito, cuando lo hizo, yo cerré los ojos y seguí chupando la verga de Juan que no dejaba de apretar suavemente uno de mis pezones, Emilio pasó sus dedos encremados y metió uno para asegurarse que estuviera lubricado mi canal anal, de pronto, una poronga dura y respetablemente grande, no como la de Juan, pero el amiguito, también tenía lo suyo, empezó a entrar lenta pero firme en mi culito, la primera impresión fue algo fuerte, me dolió un poco, entonces dejé de chupar, levante la cabeza, miré a Juan a los ojos y entre jadeo y jadeo dije:

    -ahh, ah, mmm, ay amor, Dios mío, tu amigo

    -qué pasa con mi amigo, bebé -me dijo

    -me está cogiendo papi, ay amor, mi vida, como me coge, au, ay por Dios, que pija tiene

    -¿te gusta putito como te coge? gozala chiquito -dijo él

    -Ay papi -yo no podía armar una frase y él me repetía ¿qué nene? ¿qué te pasa putito?

    Yo no podía contestar por los pijazos que ese tipo me estaba dando.

    Emilio en ese momento decidió darme todavía más fuerte y empezó a bombear en mi culo con más vehemencia, grité, jadee y eso entusiasmó más al amigo de Juan que siguió cogiéndome bien fuerte, al levantar mi cabeza para mirarlo había alcanzado a tirar de mis dos pezones, me los soltó y me hizo bajar la cabeza y así volver a tragar esa verga hasta que la sentí en la campanilla y comenzó a ahogarme.

    El amigo empezó a decir.

    -que culo tiene este puto, te lo voy a romper todo, marica.

    Y me la metía y me la sacaba sin piedad.

    Estuvo meta y saca constante un buen rato, la verdad me dio para que tenga, no se guardó nada, en el medio de semejante cogida, alcancé a emitir tres palabras seguidas y le pregunté a Juan, si él me iba a coger y me pregunto dónde quería su leche, le contesté que en mi boca, porque después de la montada del amigo creí que no iba a poder con la verga de Juan en mi culo, y entonces le dije:

    -dale, dame la leche papá, dámela toda ahora, lléname la boca, dame toda tu lechita.

    Juan empezó a acabar y pegaba unos sacudones en mi boca, su esperma salía a borbotones, largó chorros de semen espeso que pegaban en mi paladar gritaba que se estaba yendo, pero yo ya lo sabía, estaba recibiendo su rica lechita y tragándola.

    -me voy a ir putito, toma nene, tragatela toda mariquita, tomate tu leche.

    Y al escucharlo, Emilio también gritó que acababa, sentí unos terribles espasmos dentro mío y me llenó el culo de semen, los dos llenaron mis respectivos orificios, el único que se quedó con toda la leche fui yo, con la de ellos y con la mía por propia decisión, como siempre preferí seguir caliente e irme con el recuerdo intacto de tanto placer, yo sabía que si acababa, se rompía el hechizo, el castillo se me derrumbaba y no podía ir a dormir feliz y sin culpa.

    Espero que les haya gustado y me dejen algún comentario o me escriban a [email protected].

    Besos a todos.

  • La puta y amante del profesor

    La puta y amante del profesor

    Oscar y yo fuimos novios durante más de un año hasta que un día me dijo que había embarazado a una ex novia, mi relación con Alonso la había mantenido muy secreta, ya que solo eran ocasiones en las noches y entre semana cuando teníamos nuestros encuentros. 

    A la edad de 20 años ya era más que una experta en esto del sexo, Alonso había hecho un muy buen trabajo conmigo, en instruirme, en no enamorarme demasiado con los hombres, me había vuelto dura de corazón aunque Alonso no podía saber que yo tenía sexo con otros hombres y yo elegía con quién acostarme.

    Después de un sinsabor y mi primera decepción amorosa conocí al doctor, maestro y profesor Sebastián, un hombre de 35 años muy joven en realidad, era un hombre que me gustaba mucho, de hecho me gustaba desde que Óscar era mi novio, pero estaba bien con él, que nunca decidí coquetear, el impartía la asignatura de administración de negocios internacionales, la verdad me gustaba asistir mucho a sus clases, eran muy entretenidas, me encantaba su forma de expresarse, él era alto, no muy atlético, no muy guapo, pero tenía lo suyo, era atractivo, tenía buenas piernas y un gran trasero, siempre vestía con jeans y camisa, siempre vestía casual, y eso lo hacía ver muy joven, venía de alguna provincia del estado, por lo cual estaba solo en la ciudad.

    Una noche decidí mandarle un correo electrónico, ya que no intercambiaba números telefónicos ni redes sociales con nadie de la clase, el correo decía:

    “Hola profesor, disculpe la molestia. Soy su alumna Marlene, me gustaría verlo ya sea dentro o fuera de la escuela para algunas dudas que tengo, quedó a su respuesta y gracias.”

    Esas fueron mis cortas líneas, y por supuesto el profesor me escribió y me dijo que me vería dentro de la biblioteca. Al siguiente día fui a la biblioteca y ahí lo encontré como habíamos acordado, le hice preguntas sobre la asignatura.

    A diario lo encontraba en la biblioteca y algunas ocasiones iba a platicar con él, hasta que un día en la biblioteca le dije que no entendía muy bien el tema, que si podía verlo en algún otro lugar para entender mejor, y no fue mentira, en verdad no entendía el tema, así que me citó en su departamento, estaba un poco lejos de mi casa, pero ya tenía auto y decidí ir a verlo, me vestí algo formal, iba con pantalones de vestir, una blusa y zapatillas, me veía muy bien, era día miércoles, salí de mi casa a eso de las 6 pm puesto que ese día salía temprano de clases.

    Al llegar a la dirección pactada noté que no era una zona a la cual yo estaba acostumbrada, era de clase media y aunque el edificio se veía bien, la zona era un poco fea.

    Al tocar la puerta inmediatamente salió a abrirme, era mi profesor preferido, estuvimos realmente enfocados en las lecciones de la clase, al terminar pidió de cenar y estuvimos platicando un buen rato puesto que ya eran casi las 9 pm,

    Le pregunté sobre su vida personal, era casado, había dejado a su esposa en la provincia donde venía, al ser honesta, pensé en irme, pero se me hacía morboso y rico quedarme, dieron las 10 de la noche y me disponía a irme cuando de pronto le dijo que no me iba a ir sin darle un beso, y me lance hacia él, dándonos un buen beso, se quedó pasmado y pedí disculpas.

    Me dijo que ya no podría retroceder, así que me jaló, me volvió a meter a su departamento, y nos besamos sobre el sofá, me dijo que me veía muy rica, que quería cogerme, le pregunté, “que esperas?”. Se levantó se quitó la camisa y se bajó el pantalón, con mi mano comencé a frotar sobre su bóxer ese pedazo de carne que moría por meterlo a mi boca.

    Así que de inmediato empecé a mamar su rica verga que comenzaba lamiendo desde sus testículos hasta su glande y finalmente metiéndolo en mi boca, de adentro hacia afuera, él me tomaba de la nuca y metiendo toda su verga en mi boca hasta la garganta, después yo decidí tomar el control, también quería disfrutar así que recostándolo sobre el sofá y yo sobre él, aplicamos el famoso 69 para que los dos termináramos disfrutando así nos quedamos todo el tiempo hasta que hice que terminara, en mi boca y vaciara todos sus líquidos dentro de mí.

    Esa tarde noche solo hicimos eso, estuvimos recostados sobre su sofá, yo completamente desnuda, me dijo que fuera su puta y solo sonreí y le dije que cuando quisiera cogerme solo me avisara y yo llegaría a él…

  • Conquistando a mi suegra

    Conquistando a mi suegra

    Mi nombre es Gabriel, tengo 25 años y soy chileno. En este relato hablaré de Karen, mi suegra, y como pequeñas indirectas se terminaron transformando en unas ganas insaciables por conquistarla y hacerla mía. Antes que todo, debo mencionar que este relato, en primer lugar: Es muuuy largo y descriptivo, porque siento que es la manera correcta de ver el transcurso completo de nuestra relación. En segundo lugar: La idea de este relato es sentir cada pequeña cosa, ya sea un gesto, un beso, un abrazo, de recordarnos aquella vez que intimamos con esa persona que tanto deseábamos, acordándonos de los acontecimientos previos y de todos esos pequeños detalles y cosas que hacen interesante ese coqueteo.

    Para adentrarnos en situación debo comentar que llevo 3 años con mi pareja actual. Mi relación con ella es fenomenal, la pasamos muy bien haciendo las típicas cosas que los jóvenes realizan a esta edad (ir al cine, comer rico, salir a bailar, tener buen sexo, etc.). Por esas cosas del destino, se dio que la relación que tengo con mis suegros es buenísima. No fue muy difícil entablar buenas conversaciones con ellos, mal que mal tengo gustos parecidos con mi suegro, y a la vez una buena relación con mi suegra, ya que nos gustan las mismas series y también el fútbol.

    Ante esto debo mencionar que mi suegro es un hombre honroso, muy trabajador y a la vez misterioso. Han sido muchas ocasiones en donde él se ha visto involucrado en situaciones sospechosas de infidelidad, razón por la cual su relación con Karen ha ido menguando y se ha ido perdiendo la confianza y la pasión. En tanto Karen, no creo que sea una santa, a pesar de que es católica y siempre ha repetido que sólo ha tenido un hombre en su vida. Ella es una mujer trabajadora también, de más de 40 años, bajita, morena, pelo negro, unos ojos misteriosos, no tan cariñosa, sí una mujer con carácter, que siempre deja entre ver que tiene una sexualidad reprimida, algo oculto que necesita ser domado.

    Muchas veces hemos estado almorzando sin su esposo, cuando aparece el tema del sexo y también de la separación de su matrimonio. Ella dice que mejor busca a algún amante o amigo con ventaja, mientras me mira a los ojos y se ríe de una forma picarona. Menciona también que hace tiempo que no tiene sexo, y que a pesar de eso está tranquila, aunque desearía que la saquen a bailar y encontrar un poco de motivación a su monótona vida. Debo decir, porque la he visto en acción, que es una excelente bailarina de rock y salsa. Las indirectas y comentarios que he intentado descifrar durante estos años han sido variados. A veces me ha dicho que cuando tenga un auto debo llevarla a bailar, o al menos llevarla en el auto, ser su chofer. En eso de otra conversación que tuvimos en una cena nos da a entender que detrás de esa rectitud religiosa es una mujer sin tapujo, y abiertamente menciona que depilarse es algo cansador, pero que dada la ocasión especial ella estaría bien preparada.

    Durante estos años las visitas a su casa fueron aumentando, quedándome varios días, pudiendo deleitarme con su actitud, un tanto pesada a veces con su familia, pero muy amorosa y atenta conmigo, creciendo en mí más las dudas, ya que ella no tiende a ser tan selectiva y siempre mantiene una línea. Una de esas noches la escuché follar con mi suegro. Se sentía el movimiento de la cama, y unos ricos y suaves gemidos de ella. Tan empaquetada no puede ser si folla con gente en casa, sin importarle que la escuchen, a pesar de que sus gemidos eran muy sutiles. Yo estaba muy caliente, y al parecer mi pareja no había escuchado nada de lo que pasaba en la pieza de sus padres.

    Aproveché el momento para acariciarla y empezar a besarnos. La cosa se fue volviendo muy apasionada, tanto así que terminamos follando también. Estábamos los dos desnudos, ella boca abajo de la cama entregada a nuestra calentura. La tenía bien jalada del pelo y con la cara bien pegada a la cama. Sólo podía pensar en Karen, en esos gemidos tan sensuales y sutiles, en su vagina húmeda, desesperada porque un pene se metiera en ella. Acabé rápidamente y me fui directo al baño para mojarme un poco, estaba exhausto y transpirado. Al pasar fuera de su cuarto escuché un par de movimientos, pero lamentablemente no percibí más sonidos que incitaran a mi mente.

    Al día siguiente fue todo normal, ella actuaba desinhibida, se le veía muy juguetona y feliz. Al acercarme a ella sentía a esa hembra sedienta, exudaba erotismo, en su mirar, en sus sonrisas, estaba muy coqueta en sus movimientos. En mi caso no podía contenerme, sentía cada vez más una tensión sexual, y a pesar de que ella se había mostrado distinta conmigo, no podía dar fe de que eso fuera un deseo oculto por mí, y que esas eran indirectas para que ocurriera algo más entre nosotros.

    En la tarde de ese mismo día, Karen se alistó con unas ajustadas calzadas deportivas negras y un top deportivo. Iba a la junta vecinal a practicar un poco de zumba. Si bien Karen no es la mujer más agraciada físicamente (en cuanto a estereotipos), tiene unas piernas muy bien trabajadas, fruto también de que ella se ejercita a diario en casa. Mi sed por ella iba en aumento, era mirarla y automáticamente mi pene se erectaba ante esta estupenda mujer, que me tenía ya loco viéndola con esas calzas tan apretadas. No me resistí y tomé como excusa ir a comprar las cosas para la cena. Al devolverme pasé a la junta vecinal, y ahí estaba ella, moviendo su culo y caderas, ya un tanto agotada.

    Aun así era un espectáculo para mí, imaginarme con ella bailando también, con nuestros cuerpos juntos excitándonos mutuamente. Al terminar ella se dio cuenta que estaba ahí, me excusé diciéndole que pasé a buscarla para que fuéramos a tomar la cena. Al llegar a la casa ella fue directamente a darse una ducha. Sin pudor alguno salió con una toalla blanca, que dejaban ver sus morenas piernas. Bajo esa toalla estaba obviamente desnuda, y mis únicos deseos en ese momento era verla por un momento sin esa toalla, que se le cayera si fuera posible. Entré al baño inmediatamente también para ducharme. El baño emanaba su perfume, un rico aroma que en su cuello debiese oler aún mejor. Entré a la ducha y para mi gratísima sorpresa me encontré con sus calzones colgados, remojados y esperando a secarse. O eso al menos pareciese, generando aún más dudas en mí. Ella es muy cuidadosa con esas cosas, y en su casa tienen una lavadora con secadora incluida, y si no, al patio le llega bastante sol para secarse.

    Sea cual sea la verdad, sus calzones estaban ahí, colgando ante mis ojos. Prendí el agua y agarré sus calzones, que al estar aún mojados era la coartada perfecta para usarlos. Me los llevé directamente a mi nariz, quería sentir ese olor a mujer, su aroma de vagina impregnada. Aún quedaba un resto, y era muy excitante pensar que ahí reposaba su vagina que tanto quería conquistar. No podía no imaginármela desnuda, sudando, entregándose a mí, gimiendo fuerte, desesperada y de una forma salvaje. Puse sus calzones en mí pene, quería sentir esa textura particular, quería imaginarme que la sentía a ella directamente. Luego de un rato masturbándome eyaculé en ellos, sentía así que la había marcado por primera vez, y que esta no sería la última ocasión.

    Mis visitas siguientes no fueron tan fructíferas, pero sí se fueron repitiendo miradas, patrones, su conducta hacia mí, siempre bromeando, riéndonos, con una complicidad muy especial. A pesar de que las cosas parecían estancadas y mis dudas se iban diluyendo con el pasar de los meses, se me ocurrió una idea para probar ciertas cosas. Y bueno, fue una idea bastante arriesgada, pero dado la casualidad de las cosas, aproveché ese factor para intentar algo nuevo. Llegando su cumpleaños se me ocurrió invitarla a ver un partido de Chile al Estadio. Excusas tenía de sobra de porqué no invitar a mi pareja, amigos, o a toda su familia. Su marido trabaja hasta tarde, mi pareja no disfruta mucho del fútbol, no como mi suegra. Además, sería un regalo sin más, si alguien sospechaba mal de mí pues emitía un juicio erróneo, ya que sólo es invitarla así como puedo salir con mi suegro a beber alcohol a un bar, no?

    Compré las dos entradas en el sector popular. El día de su cumpleaños había una fiesta en su casa, con amigos y familiares invitados. Sería un momento perfecto, ya que con el tumulto y buen humor de la celebración, sumado a que ella estaba bebiendo un tanto. Tenía que esperar el momento perfecto, y este llegó cuando ella fue a buscar un par de cosas a la cocina. Yo me ofrecí a ayudarla. Me dijo que era muy caballeroso y atento, además de que se dio cuenta que tenía la barba retocada, lo cual me piropeó diciéndole que le gustaba como me veía. Todo iba muy bien, hasta que ella me mira y me dice:

    -Ahora recuerdo bien que no me has dado ningún regalo. Sabes que no soy tan exigente, pero un regalito a tu suegra no estaría mal. Al menos esta vez si me saludaste por adelantado Whatsapp.

    Me reí internamente y dejé entrever esa sonrisa.

    -¿Qué es lo que te causa risa? ¿Acaso tan chistosa soy?

    -No es eso -le dije- ya que lo mencionas, te daré el regalo, espero que te guste. Antes eso sí, quiero que lo guardes y lo abras cuando estés sola.

    -Ssshh, tanto misterio, ¿acaso es plata? – se rio.

    -No es dinero, pero es algo que creo que te podría gustar. Además de que lo abras luego, quiero que me respondas por Whatsapp con un emoji feliz y un «si quiero». Sé que parece mucha exigencia, pero así tiene más onda.

    -Ya jajaja… dudo que vaya a decirte que no a ti.

    Le pasé el sobre con las entradas, ella se lo guardó en su chaqueta. Luego de eso llevamos las cosas restantes al patio para seguir la celebración. Fue una buena fiesta, con buena música, alcohol y bailes. Esa noche noche noté a Karen más voluptuosa, sensual, demostrando sus dotes de bailarina con sus primos y primas. Me incitaba a seguir bebiendo alcohol, hasta me llenó un par de veces el vaso. Yo disfruté verla, analizar sus gestos y movimientos, esperando que en algún momento me llegara el tan ansiado mensaje a mi celular aceptando mi invitación.

    La fiesta parecía no acabar nunca, las personas seguían bailando y a esa altura gritando ya de tanto alcohol. Parecía que esa noche no iba ser tan fructífera, hasta que de pronto Karen se para de su silla. Su prima Joanna le pregunta a donde va de manera tan súbita. Ella dice que tiene algo importante que hacer, que no se demora mucho y que la esperen motivados para seguir con la fiesta. No pasaron ni 5 minutos cuando de repente vibró mi celular. Era ella. Desbloqueé disimuladamente el celular y me alejé un poco de los invitados. Abrí su chat y fue ahí cuando mi sonrisa cambió para bien y mis esperanzas crecieron de golpe. El mensaje era directo: Obvio que quiero ir (y al lado el emoji de una carita feliz y la del emoji mandando un beso). Inmediatamente Karen volvió con una sonrisa picarona, siguió bailando y mirándome cada vez con más ganas.

    Al siguiente día me fui temprano a mi casa, por lo que me perdí ver como se comportaba Karen conmigo luego de aceptar mi invitación al partido. De todos modos, mi pareja me dijo que Karen le comentó «Se pudo haber despedido al menos el Gabriel, mándale saludos de mi parte». Ese mensaje era fácil de descifrar conociendo bien a mi suegra. Ella estaba decidida, y esa era otra indirecta para mí. ¿Para qué mandarme saludos si nos veremos en dos días? Ella lo estaba llevando ocultamente, para que nadie sospechara nada. Llegó el día tan esperado, el domingo, día de partido y de nuestra «cita». Karen me escribió después de almuerzo:

    -¿A qué hora y dónde nos juntamos?

    -Donde el pilucho, en la entrada del Estadio.

    -Ok, sé puntual (Seguido nuevamente del emoji mandando un beso).

    Me duché, perfumeé y vestí de una manera elegante, con camisa y botines, además de mi chaqueta de cuero. Quería estar totalmente irresistible para ella en lo visual.

    Llegué un poco antes que ella, ya que vivo más cerca del Estadio. La esperé por unos 10 minutos en el pilucho, hasta que de la multitud apareció ella, con su pelo alisado, sus labios bien pintados de rojo, con unos pantalones negros bien ajustados. Sumado a esto, unos botines bastante bonitos y sensuales, coronando todo con su chaqueta de cuero rockera. Mi emoción aumentaba con cada paso que daba, mis dudas también se acrecentaban, ¿tan elegante y sensual se ha puesto para mí, para nuestra cita? Y creo que la respuesta era sí. Su aroma me chocó de golpe, tenía ese aroma que tanto me gustaba. Nos saludamos con un beso en la mejilla, que por eso del destino llegué a sentir un poco de sus labios, pues justo ella corrió un poco su cara. Luego de eso me miró y sonrío de forma pícara.

    -Tengo la noche libre para mí, así que supongo que después me invitarás a comer alguna cosita por ahí… tu sabes que no soy exigente -Me dijo de manera coqueta.

    -Jajaja, por supuesto, el partido es sólo lo primero, tengo en mente un lugar perfecto para ir después.

    Ya con esto mis dudas se empezaban a esclarecer, sólo quería que el partido pasase rápido y para al siguiente destino. Todo iba de forma favorable, Chile por suerte marcó 3 goles, en los cuales en dos ocasiones nos abrazamos celebrando. Noté muchas veces que ella me miraba de reojo y sonreía de manera coqueta. Fuimos soltando tensiones, y aproveché el hecho de que el estadio es muy helado para abrazarla en algunos momentos. Ella se dejaba y me decía que estaba muy calentito.

    Terminado el partido y ya saliendo del estadio, ella me tomó del brazo como el padre llevando a la novia al altar. Nos fuimos caminando hasta que me preguntó a donde iríamos ahora. Le respondí que a un bar que a ella le encantaba en la plaza de la comuna.

    Llegamos ahí y comimos algo tradicional, un bajón después del partido: papas fritas y unos sándwiches. Eso obviamente sumado a unas cervezas, que luego se le sumarían un par de piscos. La charla iba cada vez mejor, estábamos muy compenetrados, riéndonos y contándonos anécdotas, omitiendo que nuestra relación real era la de yerno-suegra.

    -¿Te tinca ir a bailar? -me dijo Karen súbitamente.

    Realmente esto me tomó por sorpresa, pero analizándolo rápidamente, ella lo había solicitado, por lo tanto tenía ganas y estaba dispuesta.

    -Me tomas por sorpresa, ojalá que no se nos pase la hora nomas.

    -No te preocupes, les avisé que no iba a llegar esta noche.

    -Chuta, en serio? Y qué les dijiste para eso?

    -Nada po, que voy a celebrar mi cumple en casa de una amiga y que me iba a quedar allá nomas -Me dijo sonriendo coquetamente.

    No podía creerlo, ya esta sorpresa caló hondo en mí. Sentía que con esto ya tenía todo resuelto. Ella había aceptado mi invitación y aunque sin saberlo, ella ya se había tomado la atribución de pasar la noche fuera de su casa, sin que nada importase. Me paré y la tomé de la mano, nos fuimos directamente a la pista de baile.

    Era música rockera de los 80′, rock británico y latino. En principio mantuvimos la distancia, mientras observaba como sus piernas y caderas se movían, como su pelo se agitaba de forma lenta, sus ojos y los míos se entrecruzaban en ciertas ocasiones. Por suerte mía, pusieron rock and roll del antiguo. Ella me agarró de las manos y comenzamos a bailar. Había mucha química, la daba vueltas, nos mirábamos, reíamos, era todo perfecto. Sus movimientos eran brutales, gozaba ver como se movía de forma tan natural, sentía que estaba siendo feliz, que por fin se quitaba el estrés de su vida cotidiana, sentía que por fin podríamos llegar a algo más. De pronto la música cambió de golpe.

    Al parecer el dj se puso romántico y decidió colocar lentos clásicos. Esta oportunidad era única. Ella de inmediato atinó a agarrarme de las manos y acercar su cuerpo para bailar. Estuvimos así un rato, hasta que ella se apegó más y más a mí. Tenía ya su cabeza en mi pecho, mientras que la abrazaba por su espalda. Me sentía muy cálido al tenerla así, podía sentir el aroma de su colonia, teníamos más confianza que nunca, una confianza que iría en aumento con el pasar de la noche. A la siguiente canción, Karen levantó su cabeza.

    Nuestras miradas se cruzaron directamente. Ambos esbozamos una sonrisa. Ella sonrío y soltó una risa nerviosa. No dejábamos de mirarnos, nos movíamos de un lado a otro, lentamente al ritmo de la música. Con mis manos sujetaba su cintura, mientras que ella hacía lo propio con la mía. Era cuestión de segundos para que nuestros labios se conectaran, para que finalmente besara su boca, poder sentir su saliva, su lengua, y todo lo que ella quisiera entregarme en un beso.

    De a poco se fue acercando a mí, nuestras narices estaban a punto de chocar. Ella giró levente su cabeza mientras sus ojos brillaban al verme. Yo hice lo propio y me acerqué a sus labios. Finalmente pude saborear esos hermosos labios rojos, sentí su labial, seguido de su boca abriéndose lentamente y apasionada. Sentía su saliva, su respiración se agitaba lentamente, yo la sostenía fuertemente de la cintura. Sentía como iba moviendo su boca con la mía, iba lento y devorando mis labios, sin parar. Sentí un leve gemido que fue acallado con su lengua entrando en mi boca.

    Conectamos nuestras lenguas mientras ella agarraba con sus manos mi cabeza por detrás, manteniéndome firme y apegándome más hacia ella. El beso duró unos segundos más mientras seguíamos moviendo nuestros cuerpos. Ella se despegó de mí y me miró a los ojos, se acercó y me dio un piquito fuerte. «Voy al baño y vuelvo» me dijo. Por un instante dudé, pensé rápidamente que se había arrepentido y que sacaría un discurso desalentador para mis siguientes propósitos. Me fui a sentar a nuestra mesa esperando que llegara. La vi llegar con una sonrisa coqueta, de esas que tanto me derriten. Fue suficiente eso para que apaciguara mis dudas.

    -Ya estoy lista -me dijo.

    -¿Lista para qué?

    -Lista po… para que sigamos carreteando esta noche, vamos al siguiente lugar, o acá se termina mi fiesta? -me lo dijo con una cara, podía ver la excitación en su rostro, vi cómo se mordía su labio y como sus ojos irradiaban deseo. Finalmente esta diosa sería mía.

    Pagamos rápido y pedimos un taxi. En la espera de este ella se apegó a mi hombro y me dio su cálida mano. Hacía mucho frío, pero los dos estábamos lo suficiente caliente como para capear eso. Antes de que llegara el taxi se volteó hacia mi y me besó nuevamente. Mi pene estaba duro, ella me enardecía con solo besarme, con sólo comerse mi boca. Dentro del taxi comencé a acariciar sus piernas, me encantan porque ya se sentía un poco el efecto de los ejercicios. Sentía como ella se reía tímidamente mientras el chofer le hablaba.

    Yo aproveché el momento para acercar mi mano a su vagina, presioné firme mis dedos para que ella sintiera. Ella continuaba hablando con el chofer, cuando de pronto soltó un evidente gemido que trató de disipar metiéndole más conversación al taxista. Ella en vez de quejarse por mi acción, acercó su mano a mi pene y empezó a sobarlo. Puede ver como sus hermosos ojos sobresaltaban, su cara de deseo era muy obvia, no podía mantener la boca cerrada, creo que de ser por ella me habría hecho correr ahí mismo.

    Finalmente llegamos al motel. La señora de recepción nos miró con extrañeza, pero no le importó. Nos dio las llaves de la habitación y nos dirigimos de la mano con Karen. Esta era la última pieza, bastante grande. Tenía un jacuzzi incluido, lástima que no tuviera la silla del amor para practicar ciertas poses. Dejamos nuestras chaquetas en la cama y nos dispusimos a besarnos de pie. Paré un poco para poner unos lentos, recordando lo que fue hace unos minutos atrás nuestro primer beso.

    Me entusiasmaba que ella estuviera tan feliz, tan candente, que sus besos fueran apasionados, que sus manos estuvieran inquietas agarrándome la cara, que se dejara agarrar ese rico culo que tanto quería tener. Su lengua tampoco paraba, era choque tras choque de lenguas en nuestros besos, era una salvaje besando. Jamás pensé que fuera tan apasionada, que sus besos fueran tan adictivos. Tanta excitación estaba causando la música, los besos, la pasión que se emanaba de nuestros cuerpos, que me levantó el cuello con sus manos para poder chuparlo. Y bien que lo hacía, succionaba mi cuello y luego lo lamía, me agarraba la cara ahora para seguir besuqueándome. La agarré como un koala y me la llevé a la cama.

    Ahí la dejé suavemente para ponerme encima de ella y continuar besándola. Acariciaba con una mano, mientras que con la otra me dirigía lentamente desabotonando su camisa, sintiendo su piel y sus pechos. Metí mi mano debajo de su brasier sintiendo sus ricas tetas, grandes y suaves. Seguía besándola mientras jugaba con su pezón con mis dedos. No pasaron ni 10 segundos cuando este ya estaba duro. No aguanté y bajé a lamer sus pezones, a poder chupar sus ricos pechos. Abrí completamente su camisa, bajé su sostén y me dispuse a lamer sus pezones.

    Ella ya estaba entregada, comenzó a gemir paulatinamente hasta que empezó a quejarse repetidas veces, cada vez con más excitación y más fuerte. Tiraba sus pezones con mis dientes, mientras que mi mano libre ya comenzaba a bajar rápidamente a su vagina. Sigue chupando!! Me gritaba, mientras tenía su cabeza bien pegada a la cama, moviendo sus caderas de la excitación. Desabotoné su pantalón, bajé su cierre y toqué sus calzones. Bajé y me cercioré de inmediato que estaba húmeda, se sentía empapada. No sólo eso, estaba depilada!! Era una vagina suave, recién depilada, que sólo dejaba un poco de vello en la parte de arriba.

    Seguí chupando como loco sus tetas hasta que finalmente mis dedos hicieron contacto con su clítoris. Sus labios estaban completamente mojados, mis dedos se resbalaban en esa vagina que estaba ya a mi disposición. Comencé a frotar su clítoris, a moverlo de manera circular. Karen no se guardaba nada, gemía como una puta diosa. Quería retribuir todo eso que me estaba entregando, así que bajé mis dedos para percatarme que estaba lista. Dos dedos entraron de forma inmediata, podía sentir lo mojada que estaba por dentro, lo dilatada que estaba por mí. Acto seguido se montó encima de mí, abruptamente desabrochó su brasier y me puso a chupar sus tetas, pegando mi cabeza a ellas para disfrutar de esos ricos senos.

    Los agarraba con mis dos manos, los lamía, los dejaba bien salivados, inclusive un chupón que a ella no pareció importarle. Súbitamente se bajó de mí para bajar al piso. Se sacó su pantalón y botines, quedando sola en calzones. Me besó a la orilla de la cama y bajó para quitarme mi pantalón. Ahora estaba desnudo, con mi pene durísimo y palpitando por ella. Cuando bajó mis bóxer noté su cara de excitada. Sus gestos delataban sus ansías por comerse mi pene, de poder dejarlo mojado para que luego pudiera conquistar su vagina. Lo agarró con una de sus manos y empezó a masturbarme.

    Estaba entusiasmada, sólo piropeaba mi pene hasta que comenzó a lamer mi punta. Fue de arriba hacia abajo pasando su lengua, dejándolo mojando en un instante. Lo agarró firmemente desde abajo y se lo metió a su boca. Realmente chupaba como una diosa con ganas, su saliva caía por los costados mientras que seguía lamiéndolo por todos lados. En una inclusive lo agarró firmemente desde arriba para lamer mis bolas, y no sólo eso, si no que comenzó a succionar una de ellas llevándome de inmediato al éxtasis.

    Era ver a una puta en su estado más salvaje con mi pene, tanto así que le dio un par de mordidas debajo de la cabeza. Subió a mi boca para besarme y se dio vuelta dándome su culo. Se pegó a mi pene y empezó a frotar su culo con él. Movía sus jugosas caderas de un lado para otro, se agachaba dejándome toda su espalda a mi disposición. Seguía moviéndose en mi centro mirándome de reojo y sonriendo de forma coqueta. A estas alturas ya quería meter mi pene dentro de ella y ella también lo dejaba entrever. Le dije que iba a buscar los condones que tenía guardados en la chaqueta (siempre hay que estar preparado).

    -No te preocupes… tomo pastillas. Además que quiero sentirlo así, sin nada.

    Fue decir eso y automáticamente la agarré y acerqué hacia mí, moví su cabello para besar su cuello, corrí su calzón y sin pensarlo dos veces metí mi pene en su húmeda vagina.

    -Aaaah!! -soltó un fuerte gemido Karen.

    La agarré firmemente de su cintura y empecé a penetrarla fuertemente. Su jugoso culo chocaba con mis piernas. Veía esa hermosa espalda desnuda ante mí, ese cabello liso moviéndose descontroladamente.

    Nos subimos a la cama bien pegados, en ningún momento mi pene salió de ella. La tenía arriba mío, bien pegada, besándonos apasionadamente, mientras yo agarra sus senos y masajeaba con mi otra mano su clítoris.

    -Aaaah!! aaah, amor… qué rico -gemía Karen.

    -¿Te gusta mi amor?

    -Ufff… me encanta que me digas mi amor, obvio que me gusta, aaah!! qué duro está tu pene!!

    -Eres un sueño de mujer… soñaba con poder hacerte mía…

    -Aaah!! yo igual quería entregarme a ti, que me hicieras tuya!!!

    -Eres preciosa, hoy te haré el amor, te daré hasta que nos corramos

    -Ufff, me matas… lo quiero dentro de mí, dame ese regalo

    Sudábamos y gemíamos sin parar. Karen se paró para quitarse sus calzones, me besó y se dispuso a poner su hermosa vagina en mi cara. Mi boca agarró sus labios y los besó sin parar. Los abrí para encontrar su clítoris para moverlo rápidamente con mi lengua. Sentía esos precisos movimientos pélvicos encima mío, sentía lo excitada que estaba mirando al techo, descontrolada pedía que no parara.

    Agarré sus tetas que no paraban de moverse, las apreté firmemente mientras ella sensualmente se movía en mi cara. Bajó hacia mi pene dándome la espalda, se paró un poco mientras lo agarraba con sus manos para luego ir metiéndolo dentro de su vagina. Apenas entró dentro de su vagina comenzó a gemir como la perra que estaba hecha. Sus gemidos eran poesía pura. Empezó a moverse violentamente, con su culo bien pegado a mí, moviendo rápidamente mi pene dentro de ella. Se paró un poco para deleitarme con la vista.

    Era hermoso ver como mi pene entraba y salía de su vagina, mientras su culo se movía fuertemente. Ahora era ella la que se adueñaba de mí con sus ricos movimientos sin freno, paraba y seguía moviéndose, a veces apoyándose y saltando sobre mi pene, haciéndolo completamente suyo. Finalmente, agotada, paró su marcha. En eso aproveché para acercarme y besar su espalda, haciendo que su piel se enchinara y comenzara a gemir de forma desesperada.

    Nos fuimos parando hasta que ella quedo en 4. Comencé a besar desde su cuello, pasando por su espalda, hasta llegar a su rico culo. Tenía un culo apetecible, dulce, jugoso. Abrí sus dos cachetes para lamerlo y besarlo. Karen estaba vuelta loca, cada vez que mi lengua entraba en su agujero ella gemía como loca. Estaba ido en su culo, lo lamía todo, a la vez que bajaba para testear su rica vagina con mi lengua. «Ahora serás mi perra», me monté encima de ella, pegándome bien a su trasero.

    Le jalé fuertemente el cabello mientras seguía embistiéndola fuertemente. Sus gemidos no cesaban. Le daba cachetadas a su culo, dejándolo bien rojo. Ya sentía que me iba a correr en cualquier momento, y ella también parecía estar cerca de culminar. Dejé de penetrarla en 4 para dar paso a nuestra pose final, una más íntima, romántica, en donde terminaríamos por llegar a nuestro clímax. Karen se puso debajo, abrió bien sus piernas, invitándome a penetrarla y hacerla mía. Acerqué mi pene a su clítoris para jugar con él un rato, se volvió loca y casi se corre ahí mismo.

    Introduje lentamente mi pene en su cálida vagina, nos besamos apasionadamente mientras ella abría sus piernas, agarrando con sus manos mi espalda y posteriormente mi trasero. Ocupé todas mis fuerzas en hacerle el amor como le había prometido. Con cada embestida sentía como en cualquier momento mi semen salía disparado. Era una locura, tenía su pierna en mi hombro, mientras la lamía, la besaba. Me apegué hacia ella y continuamos besándonos apasionadamente, estábamos con nuestras bocas bien pegadas, botando saliva y metiéndonos nuestras lenguas de forma violenta.

    -Ya me voy a correr amor!! -gritó Karen

    -Uff amor, ya voy yo también!!

    Me erigí un tanto para darle más fuerte aún, hasta que los dos comenzamos a llegar a nuestro orgasmo. Me acerqué a ella, Karen subió sus piernas en mi espalda y las cerró apretándome.

    -Me encantas!!! Dámelo todo porfa!! -gritó Karen

    -Ufff amor, estoy listo para llenar tu vagina!!

    Fueron gritos al unísono, besos que no paraban, sus gemidos en mi oído que hacían que perdiera el control, sintiendo escalofríos en mi espalda, embistiéndola fuertemente, depositando todo mi semen en su vagina que finalmente pude conquistar.

  • Esclavo de ti mismo (Cap. 1): Sonambulismo

    Esclavo de ti mismo (Cap. 1): Sonambulismo

    El silencio de la noche quedó interrumpido con el timbrar del móvil. La luz roja parpadeante del teléfono encendió la mesita de noche, sin embargo, tuvo que repiquetear tres veces antes de que Alfonso se removiera en la cama para atenderlo.

    Estiró su mano y con movimientos lánguidos cogió el aparato. Alfonso se llevó el auricular al oído y aún con los ojos cerrados respondió. -Ssi… Te escucho…

    Pronunció con voz pausada, casi gutural.

    Oyó por un par de minutos las palabras de su interlocutor, aunque sin expresar emociones. -Entiendo… Ssi, haré lo que digas…

    Dijo con voz soñolienta, en medio de una imperceptible separación de sus labios.

    El interlocutor colgó la llamada. Alfonso se levantó de la cama entre movimientos torpes, aún con el teléfono en la mano derecha y lentamente se aproximó al interruptor de la bombilla eléctrica. La lámpara se encendió con un chasquido, no obstante, permaneció con los ojos cerrados, su rostro inexpresivo y el cuerpo denotadamente rígido. La cabeza le colgaba suelta hacia atrás y su respiración era pausada y profunda.

    Alfonso atravesó despacio la habitación, hasta pararse delante de un espejo de pared y levantó el móvil para tomar una foto de su cuerpo desnudo. Era un hombre de lo más atractivo. Medía un metro ochenta y cinco de alto, atlético, de musculatura bien definida, firme abdomen, piernas torneadas y cuello prolongado. Además de una piel blanca y tersa, cabellera clara y castaña, rasgos elegantes, labios delgados y simétricos.

    Aún sin abrir los ojos tomó varias fotos de su desnudez, reflejada en el espejo y las envió vía Whatsapp al contacto que le había llamado anteriormente. Después colocó el móvil encima de la mesa de noche y se dirigió a su armario.

    Recogió varias prendas, las introdujo en una maleta que extrajo del fondo y seguidamente comenzó a vestirse. Se puso un bóxer blanco, short índigo, camisa color vino y traje azul. Se anudó la corbata roja y volvió a hacerse varias fotos, para mandarlas una vez más al misterioso contacto.

    El móvil empezó a sonar nuevamente y Alfonso todavía con los párpados cerrados, respondió. -Ssi… Te escucho…

    Atendió con ahínco las indicaciones del interlocutor y luego de un par de minutos, colgó el móvil, lo guardó en la maleta y salió de la habitación.

    Arrastró la maleta dificultosamente a través del apartamento y cogió las llaves de su camioneta. Con la cabeza caída hacia atrás y sus ojos todavía cerrados, giró decididamente el pomo de la puerta.

    Como si se tratara de una situación bastante normal, corrió los pestillos y se guardó las llaves del apartamento en el bolsillo del saco. Anduvo torpemente hasta el ascensor, le llamó, pulsó el botón del estacionamiento y una vez en dicho nivel, avanzó hacia su camioneta.

    Con algo de trabajo subió la maleta en el asiento trasero, puesto que dos veces se le cayó, pero después de algunos movimientos torpes por fin logró dejarla en una posición correcta. Luego se apostó en el asiento del conductor y sin abrir los ojos, introdujo las llaves en el contacto, pisó el embrague y arrancó.

    El portero deslizó la reja para él, sin embargo, gracias a la oscuridad de la noche no se percató que Alfonso manejaba con los ojos cerrados y la cabeza clavada fatigosamente encima del pecho.

    Pese a estar profundamente dormido, condujo lenta, pero de forma inequívoca a través de calles y avenidas, como si se encontrase despierto. Manejó hasta las afueras de la ciudad, traspasó el viejo puente del lago y se enrutó a través de una desviación a las orillas del bosque Celefais.

    Luego de avanzar casi diez minutos en medio del bosque, arribó a una finca rodeada por altas murallas de cantera roja y rejas de maya ciclónica, franqueada por una compuerta de acero, la cual le otorgó el paso en cuanto la camioneta se acercó.

    Alfonso manejó a través de un espléndido jardín, adornado por setos excelentemente cuidados, exuberantes tiestos de flores, altos cedros y viejos sicomoros, hasta toparse con una casona de estilo victoriano. Detuvo la camioneta y la estacionó en un aparcamiento delante de la mansión.

    Apagó el motor, tomó las llaves, bajó y recorrió con movimientos torpes el camino de lujosas baldosas hacia la entrada. La puerta era de roble, tenía grabados diversos detalles y un escudo de armas, pero Alfonso no le prestó ni la más mínima atención.

    Empujó la puerta que se hallaba entornada y se adentró en el gigantesco vestíbulo, para de inmediato volverse y cerrar tras de sí. Sumergido en un recóndito sueño, Alfonso se desabrochó la corbata con elegancia, la desanudó lentamente y la tiró al suelo en medio del lugar.

    Después cruzó el recibidor, alcanzó una puerta corrediza de cristal abierta de par en par e ingresó en la ostentosa estancia de aquella casona. El conjunto de sofás era de lo más exquisito, no obstante, de nuevo no mostró ningún interés.

    Caminó por la estancia con los brazos extendidos por delante, la cabeza caída hacia atrás y los ojos cerrados. En un rápido movimiento se quitó el saco, lo arrojó sobre uno de los sofás y continuó con su andar. Recorrió varias veces la estancia, para luego proseguir al comedor.

    Una vez frente a la mesa de finísimo cristal, Alfonso se retiró los zapatos y calcetines, los puso encima del comedor y las sillas de caoba, y ya descalzo, reanudó su extraña marcha.

    Entró en una especie de salón de juegos y fiestas. Allí se desabrochó lentamente la camisa y la arrojó sobre un servibar. Repitió sus movimientos de sonámbulo varias veces, aunque esta vez con los puños apretados, acto que remarcó visiblemente sus músculos.

    Transitó por un espacioso corredor con esculturas y pilares de mármol. Llegó a unas escaleras tapizadas por una gruesa alfombra roja, sitio en el que se sacó los pantalones junto con el cinturón y los colgó del barandal.

    El sonámbulo luego de bajar y subir varias veces las escaleras con los brazos extendidos, los puños duros, la cabeza caída hacia atrás y los párpados apretados, ascendió a la segunda planta de aquella casona.

    Caminó pesadamente a lo largo de un pasillo hasta la última alcoba, engalanada por una fina puerta de nogal.

    Alfonso la empujó y despacio penetró en su interior. Una débil lámpara iluminaba la habitación con un resplandor blanco, por medio del cual su imagen quedó reflejada en la superficie del espejo, colocado en oposición a la puerta.

    El sonámbulo caminó una y otra vez a lo largo y ancho de la gigantesca alcoba, gracias a lo que los múltiples ángulos de su cuerpo semidesnudo, se apreciaron en toda su plenitud.

    Enseguida, en una acción lenta y sensual que dejó vislumbrar la perfección de sus piernas y glúteos, se despojó del short índigo. Repitió una vez más sus pasos de sonámbulo y procedió a sacarse con movimientos igualmente incitantes el bóxer, con toda la intensión de revelar lo impresionante de sus muslos y lo bien dotado de su miembro.

    Alfonso se giró en ese momento completamente desnudo. Avanzó con los brazos extendidos y rígidos como dos rocas, sus ojos cerrados, la cabeza caída hacia atrás y su miembro erguido cual si fuera un hierro hacia la cama, donde un hombre lo observaba hambriento y absolutamente complacido por el éxito abrumador en aquella primera cacería.

  • Juan y Emilio me volvieron a enfiestar

    Juan y Emilio me volvieron a enfiestar

    Unos días después del trío con Juan y su amigo Emilio, me sorprendieron con una llamada, estaban los dos juntos un viernes y se les ocurrió repetir, me dijeron que se habían quedado con ganas de cogerme más y me preguntaron si a mi no me pasaba lo mismo, y la verdad es que me había quedado gusto a poco, quería más porque sabía que podíamos hacer entre los tres muchas cosas que nos den placer, y en un par de horas como estuvimos, no se podían concretar.

    Me di una ducha y fui para la casa de Emilio, donde me iban a estar esperando, al llegar, me recibieron los dos en ropa interior, me hicieron desnudar mientras ellos se terminaron de sacar lo poco que tenían puesto, nos metimos en la cama, yo en el medio y obvio, ellos a mi lado, enseguida se dedicaron a mi, empezaron chupándome los pezones, cada uno se ocupó del de su lado, y acariciándome todo el cuerpo, me sentí muy deseado, esos dos hombres maduros succionando mis tetillas y manoseándome a cuatro manos, me encantaba ser el motivo de atracción de esos dos machos, les agarré las pijas a los dos y los pajeaba mientras me besaban las tetas, el cuello, la boca, me sentía volar de la calentura, mientras sentía la yema de un dedo, vaya a saber de quién de los dos, acariciar mi hoyito, apoyarla suavemente en mi agujerito y de a poco ir introduciendo el dedo, yo con los ojos cerrados, deliraba de gusto.

    En eso Emilio me hizo poner de costado frente a él, me pidió que lo mire bien a los ojos, comenzó a tironear mis pezones que como siempre, estaban re duritos y a todos los machos les encantaba pellizcarlos y retorcerlos, eso me enloquecía, Juan quedó atrás mío y se acomodó de costado, bien pegado a mi, mientras me besaba el cuello y lamía, una oreja, empezó a apoyar en mi cola esa enorme y hermosa verga que ya estaba bien dura y parada, y no dejaba de acariciar mis piernas, mis caderas, mis nalgas, Emilio miraba extasiado mis reacciones y mi forma de gozar, sobre todo cuando Juan me calzó la cabeza de su pija en el borde de mi ano y empezó lentamente a introducirla en mi culito, en eso sentí como mi macho, me metía esa anaconda y me hacía ver las estrellas, Emi disfrutaba escuchar mis gemidos, y cada tanto ahogaba mis grititos besando apasionadamente mi boca.

    Me hacían sentir tan puto y tan feliz de serlo, mi mente se ponía en blanco y perdía totalmente la noción de lo que pasaba, solo podía gozar, era como perder la voluntad, solo me dejaba llevar por esos maravillosos hombres y me dejaba hacer todo lo que ellos querían hacerme.

    Escuchar las cosas calientes que decían y como me llamaban, puto, putito, marica, no hacía más que ponerme más caliente y dispuesto a que me cojan y me hagan comer las dos vergas. Me repetían constantemente.

    -Como te gusta la pija, maricón. Que putazo sos, hoy te vas a comer las dos pijas otra vez, puto. Te vamos a llenar de leche mariquita. Te vas a ir bien cogido a tu casa.

    Oír todo eso me hacía calentar muchísimo y casi no podía evitar acabar como una yegua.

    Tenía que hacer un gran esfuerzo para no irme en seco y casi arruinar el momento.

    Después de casi una hora, metiéndome hasta los huevos y sacando casi completo, ese pedazo de carne inmenso, una vez tras otra, yo no podía articular palabras, solo se me escuchaban sonidos onomatopéyicos como

    -ahh, ohm, mmm.

    Y de vez en cuando lograba decir tres palabras seguidas.

    -como me coges papi, ay querido, que pija tenés, que bien me coges, soy todo tuyo papi, que puto me haces sentir.

    Mientras Emilio no dejaba de ver maravillado la forma en que el amigo me garchaba, y mis reacciones ante cada embate en mi culo, hasta que Juan empezó a gritar que estaba por correrse.

    -Te la doy nene, te doy la leche putito, ahí va, ahí va marica, te estoy llenando el orto nene, toma putazo.

    Sentí en ese instante como su cuerpo, se movía provocando espasmos y sus estertores, me llegaban hasta las entrañas, inundándome con su esperma. Al mismo tiempo, Emilio apretó bien fuerte mis pezones, para distraer mi atención que se centraba en mi culo y así evitar que sienta todo el dolor que esa verga descomunal me podía causar al bombear mi cola sin miramientos. Juan me la sacó todavía goteando y le dijo al amigo que vea como me salía lechita de mi agujerito.

    Emilio estaba tan excitado que me agarró del cabello y me tironeo hasta poner su pija frente a mi boca, prácticamente me ordenó que se la chupe, yo todavía caliente como fuego, no dude un instante, me puse debajo de su entrepierna y me comí a besos y lamidas la bolsa de sus huevos, luego de unos minutos sentí que él no daba más, empezó a decir que me iba a llenar de leche, entonces me la puse entre los labios y la succioné tratando de sacarle la lechita lo más rápido posible, deseaba hacerlo gozar y también sentir esa leche calentita en mi garganta, lo ayude un poco metiéndole un dedito en el culo, ningún machote resiste mucho un dedo en el orto sin acabar, no tardó mucho, todo el juego previo conmigo y ver como me dejé coger por el amigo, hicieron su parte y mi ayuda lo terminó de acelerar, me empujó la cabeza y me la retuvo pegada a su pelvis, la verga llegó hasta mi campanilla y entonces sentí como un torrente de semen golpeaba en mi paladar y llegaba a mi garganta. Juan estaba parado a los pies de la cama y empezó a decir.

    -Dásela toda, que se la trague, vamos puto trágala toda que a vos te gusta maricón, así tenés la leche de los dos, mostranos como te la comes toda, putito, no dejes ni una gota, te vamos a mantener a dieta láctea.

    Emilio, la verdad que acabó un montón, cuando sentí su semen entrando a mi boca, se la seguí chupando muy suavemente, hice que apenas sienta mis labios para que se desespere y lo disfrute más, mientras acariciaba delicadamente sus huevos y parte de su tronco, cada tanto me la sacaba de la boca y le pasaba la lengua por el frenillo y a lo último le salían gotas mas lentamente, y a medida que seguía saliendo, yo iba pasándole la lengua y juntándola, la saboree bien y me la tragué toda.

    En eso escucho a Juan decir:

    -¿viste flaco, que putito es? Es una maravilla como se traga la leche.

    Después de eso los tres caímos rendidos y nos quedamos dormidos, a la mañana siguiente escuché que Emilio se levantó y fue a darse un baño, yo estaba caliente otra vez y me tentaba la idea de que me cojan bajo el agua de la ducha, pero volvió en un par de minutos, envuelto en un toallón, yo hacía que dormía y seguía acostado desnudo con la cola a la vista, en eso me doy cuenta que Juan hace lo mismo y se va al baño, de pronto siento las manos de Emilio separando mis nalgas.

    Y jugando con sus dedos en mi agujero, me quedé quieto, dejé mis ojos cerrados, sin darme vuelta, quitó los dedos y de pronto la lengua de ese tipo, lamía dulcemente el centro de mis nalgas bien separadas por sus manos, no hay cosa que me fascine tanto como que me chupen la cola, es algo que me enloquece, el hombre que me chupa la cola como lo estaba haciendo Emilio, consigue lo que quiera de mi, sentir una lengua lamer, besar, llenar de saliva mi agujerito, hace que me entregue completamente y pierda la razón, mi ano se transforma en una vagina y se abre como una flor.

    Obviamente empecé a gemir y jadear gozando como una perra, también mi cuerpo comenzó a contornearse rítmicamente moviendo mi culo sin proponérmelo, fue una respuesta natural al placer que me estaba dando con la lengua, me tenía con sus manos, las nalgas bien separadas y completamente entregada, sentía como su lengua recorría mi raya, entonces, me agarró de los tobillos y me arrastró hacia atrás, hasta el borde de la cama, me ordenó que me ponga en cuatro, mis pies quedaron colgando, mi culo bien expuesto y abierto, él se paró detrás mío y sin mediar palabra, me penetró, tenía tanta saliva en mi agujerito que la verga prácticamente se deslizó adentro mío, y empezó a cogerme bombeando bien rápido sin parar, me hice pis por la cogida que me estaba pegando, en eso Juan salió de la ducha, se paró al lado nuestro y dijo:

    -qué lindo es ver cómo te coge mi amigo, ¿estás gozando puti? Te gusta cómo te rompe el culito otra vez, ¿no? Me encanta ver cómo te cogen otros tipos, te voy a llevar a un lugar para que te garchen varios.

    Mientras Emilio seguía cogiéndome como un animal enloquecido, se ve que el descanso lo había revitalizado y estaba como un toro dándome pijazos a lo loco. Yo escuché a medias lo que Juan acababa de decir, porque justo Emilio empezó a decir que se venía y que me llenaba el culito.

    Cuando Emilio terminó, se fue para el baño y después se puso a preparar un café, le pregunté a Juan, que era eso de llevarme a un lugar para que me cojan varios y me explicó que conocía un sauna para hombres gay donde me quería llevar, para cogerme delante de otros tipos y seguramente algún tipo me iba a querer coger y a él le gustaría ver eso, seguimos hablando y le dije que me calentaba mucho que me coja él frente a otros tipos, pero dejar que me entregue a cualquiera, no estaba tan seguro, me dijo que a ese lugar iban mayoría de tipos maduros y que los putitos jóvenes como yo, eran muy buscados, y que seguro iban a hacer fila para voltearme, dijo que podíamos probar, y si no me sentía cómodo nos íbamos, o podíamos estar a solas en un gabinete privado, me aseguró que nadie me iba a molestar ni a forzar a nada, si yo no quería, y que además él iba a estar ahí para cuidarme, así quedamos en ir en unos días, pero eso será motivo de un nuevo y próximo relato.

    Nos tomamos el café y quedamos en hablar para arreglar para ir al sauna.

    Espero que les haya gustado y me dejen algún comentario o me escriban a [email protected].

    Besos a todos.

  • Terapia contra la tristeza

    Terapia contra la tristeza

    Aún era miércoles pero a Rubén este mes, se le estaban encadenando días duros y pesados, de una manera tan consecutiva que era incapaz de levantar cabeza. Como un montañero perdido en una dura tempestad pasaba los días, luchando contra cimas invisibles.

    Trabajaba de psicólogo en un centro de menores, y los problemas diarios se le iban acumulando.

    Colgó el teléfono, se puso la chaqueta y cogió su único pasatiempo estos días grises, aprovechaba cualquier minuto libre para sumergirse en las páginas de aquel libro que le hacía olvidar la pesadez de su día a día, navegaba por las calles de la Valladolid que tan magistralmente describía el maestro Delibes en El Hereje.

    Según traspasó el umbral de la puerta el impasible viento frío le recordó que ya había comenzado el invierno, se levantó el cuello de cuero de su chaqueta apretándolo para que el calor corporal no se escapara, bajó la cabeza y de manera automática sus pasos se dirigieron a la taberna de Garabito, sacó las manos de sus bolsillos y agarró las frías asas de la gran puerta de madera y rápidamente entró, se colocó en su sitio habitual y antes de sentarse ya recibió un alegre y atento buenos días.

    Sonia era la dueña del bar, siempre alegre y con una sonrisa en la boca, sin que Rubén diría nada, Sonia ya estaba preparando el café y partiendo la tortilla, tras cuatro años desayunando de manera consecutiva se había establecido una relación de amistad entre los dos. En esos escasos 20 minutos se cruzaban conversaciones y bromas y hacia que fuera unos de los momentos más agradables del día.

    Esta mañana Rubén estaba más cabizbajo de lo normal, Sonia se percató de ello y al dejarle el humeante café le pregunto “¿Todo bien?”. Él se esforzó en dibujar una sonrisa que escondiese el castillo en ruinas en el que se estaba convirtiendo su semana, ella lo notó y optó por dejarle espacio.

    Los días se fueron sucediendo, pero la apatía no minoraba, Rubén se volvió a sentar en su taburete de madera en el fondo de la barra, esta vez no hubo buenos días no hubo café, Sonia salió de la barra y sentó junto a él, sin mediar palabra le agarró de las manos y le dijo “tú de aquí no sales hasta que me cuentes que te pasa”.

    Rubén estaba sorprendido, pero como una presa que no aguanta la presión del agua, abrió las compuertas de sus sentimientos y le contó de manera resumida todo, el fallecimiento de su madre, la dureza y crueldad de la vida de los niños con que está y trata de ayudar, la presión de su jefe que no aprueba la manera de involucrarse con ellos, todo fue saliendo de manera fluida, pero el tiempo era reducido, sin darle opción a réplica, Sonia le comentó que cuando saliera de la oficina regresase al bar.

    Rubén aturdido le dijo que si, salió y volvió corriendo a la oficina.

    A las cinco de la tarde se encaminó al bar, ella le sonrió y le dijo que la esperase, habló con unas camareras y salió de la barra, por sorpresa ella había llamado a un par de camareras que tenía contratadas y se había cogido la tarde libre.

    Le cogió y salieron del local.

    -¿Dónde me invitas a una copa para seguir hablando Rubén?

    Él perplejo no sabía muy bien que contestar y sin mucho rumbo comenzaron a andar, había un irlandés unas calles más arriba y es donde acabaron.

    Se sentaron en una mesa al fondo del local y como si un confesionario se tratase el lastre que el llevaba iba saliendo al ritmo que los vasos de cerveza se acumulaban en la mesa.

    Ella había conseguido su objetivo y era que el soltara un poco el ancla que tan al fondo de la tristeza le estaba hundiendo.

    Las horas pasaban Rubén estaba más animado, se levantó a pedir otra ronda y aprovechar a ir al baño, para su sorpresa notó al levantarse que no solo su ánimo es el que se había levantado, con disimulo se metió la mano en el bolsillo para que ella no notara nada.

    Ya en el baño a oscuras se dio cuenta que la situación, las cervezas… le estaban alterando, ella era mayor que él, unos cincuenta, cara agradable, sus nervios y genio habituales y así como su afición al deporte hacían que fuera delgada, nunca se había fijado en ella de esa manera, pero ahora su cabeza no paraba de preguntarse a que venía esta reacción, se intentó relajar, se mojó la cara y espero un poco a que su erección disminuyera, al final consiguió salir relajado.

    Al volverse a sentar junto a ella de nuevo volvió a ponerse duro, fue inevitable.

    Ella sonrió, esto le hizo tener miedo, ya que no sabía distinguir si era una sonrisa habitual o que se había dado cuenta de su incipiente marca en el pantalón.

    La conversación continuó fluida, ella de vez en cuando se acercaba más y le rozaba sutilmente con su cuerpo, todo esto no ayudaba en nada a las tácticas que él estaba desplegando para que no se le notara nada.

    Entre trago y trago ella le comentó, “bueno veo que al final he conseguido alegrarte y hacerte olvidar un poco tus problemas” y sin mediar palabra metió la mano debajo de la chaqueta que él había colocado estratégicamente sobre sus piernas y le agarró de una manera que le hizo sobresaltarse y con una sonrisa pícara dijo “y ella también se está alegrando”.

    Rubén no sabía muy bien que hacer, ella le acariciaba por encima del pantalón, notaba como cada vez el bulto era mayor, las palpitaciones de su pene erecto al contacto de aquella mano hacia que ella sonriese.

    Metía los dedos entre los huecos de los botones y así él podía notar como unos dedos recorría sus calzoncillos de tela, uno de sus botones se desabrochó, momento que ella magistralmente aprovechó para soltar otro botón más y así poder meter toda su mano dentro.

    Rubén seguía petrificado, el bar estaba lleno, pero entre que la mesa estaba un poco escondida y que su cazadora tapaba todo, nadie en el bar veía más que una pareja normal bebiendo y hablando.

    Ella seguía llevando la iniciativa los dedos jugaban y palpaban la abundante humedad que hacía que el calzoncillo estuviese mojado, poco a poco deslizó la mano dentro su ropa interior, él estaba sumamente sensible, cualquier pequeño roce le hacía estremecerse.

    Sonia agarraba su pene y jugaba con el mientras con la otra mano daba un trago a su cerveza.

    Los dedos bajaban desde su húmeda y palpitante punta y despacio bajaban jugando hasta llegar a la zona de los testículos, a los cuales empezó a masajear con maestría, él no paraba de humedecerse casi parecía que se había corrido pero no, solo era el espejo de lo que le estaban gustando las caricias de Sonia.

    Después de un rato en el cual se entretuvo jugando por la zona baja ella volvió a subir a su mojado glande, con sus dedos jugaba con sus fluidos y hacia mover sus húmedos dedos como si una lengua se tratara, apretaba el glande, extendía cada gota que salía de él, jugaba con la cabeza de su mojado pene, literalmente su mano se habla convertido en una experta boca que succiona y besaba cada milímetro de su piel.

    Ahora jugaba con la parte de atrás, con el frenillo, pasando la punta de sus dedos. De vez en cuando se acerca y le daba un dulce beso en la mejilla que hacía que pasara desapercibido la escena de fuego que le está haciendo sentir debajo de esa cazadora.

    De repente la camarera que estaba limpiando las mesas, se acercó y comenzó a recoger los vasos y les preguntó si querían algo. Sonia aprovechó ese momento y comenzó a acariciarle un poco más rápido, poniéndole a él nervioso por el miedo a que la camarera les descubriera, a la vez que le masturbaba con maestría, con total naturalidad dijo que ella quería otra caña y se le quedó mirando con cara burlesca y le preguntó por lo que quería, él solo acertó a decir tímidamente “lo mismo que tú”.

    La camarera se marchó, ella seguía mirándole fijamente con una cara de deseo difícil de describir, la respiración de Rubén era agitada, los movimientos de la mano cada vez eran más rápidos, todo lo que la situación la dejaba

    Su mano subía y bajaba con sensualidad, aprovechaba cada vez que estaba arriba para humedecerse y apretar el glande y de ahí bajaba hasta los testículos jugando con ellos, presionándolos con su mano, la camarera estaba saliendo de la barra. Sonia notando como palpitaba y se ensanchaba el pene de Rubén subió la mano al empapado glande lo empezó a acariciar rápidamente, sus dedos empapados jugaban con su punta, la camarera estaba a punto de llegar, pero él no aguantaba más, notaba como se le contraían músculos de su ingle como sus testículos luchaban por aguantar y no soltar su semen caliente, pero no aguantaba, era inevitable y en el preciso instante en que la camarera posaba los vasos en la mesa, el líquido caliente de su interior comenzó a desbordarse sobre la mano de Sonia que no dejaba de acariciarle mientras le daba las gracias a la camarera.

    Él luchaba por disimular los espasmos de su cuerpo y su respiración agitada. Cuando volvieron a estar solos ella le miró y sacando su mano mojada del pantalón, chupó sus dedos ante la perpleja mirada de Rubén.

    Después le besó y se le escapó un leve suspiro final que ponía punto y aparte a una de las situaciones más excitantes de su vida.

  • Mi novia me masturba delante de una amiga en el trabajo

    Mi novia me masturba delante de una amiga en el trabajo

    A Pamela (mi ex novia) la conocí cuando empezó a trabajar en un kiosco en frente de mi casa. Ella es muy hermosa, grandes tetas, cintura chica y un culazo.

    Un día veo que estaba afuera del kiosco con una amiga, entonces saco mi moto a la vereda para lavarla. Yo tenía puesto solo un pantalón cortito por el tremendo calor que hacía, ella estaba con un vestidito increíble. Mientras lavaba la moto me di cuenta que ella no dejaba de mirarme, riéndose con la amiga y haciendo todo tipo de poses, yo ya me estaba empalmando un poco, pero me hacía el distraído.

    Termino con la moto y la guardo, y me cruzo al kiosco con la excusa de comprar alguna pavada. Como me había mojado un poco el pantalón, y encima era bastante finito de tela, se me notaba mucho el contorno de la verga media dura, cosa que ambas notaron cuando pasé por al lado de ellas y entré al kiosco. Algo murmuraban y se reían sobre esa situación, mientras entraban atrás mío.

    La amiga se sienta en una mesa y Pamela pasa atrás del mostrador a atenderme. Mientras yo me hacía el desentendido y miraba algo para comprar, de reojo la miraba y veía que no paraba de mirarme el bulto duro y le hacía señas a la amiga sobre eso. Entonces disimuladamente me agarrando la pija y hago que me acomodo moviéndola un poco, a lo que Pamela dice: “ah bueeeno llegó mi regalo amiga!”

    Yo me seguía haciendo el desentendido como que no la escuchaba, voy hacia donde estaba ella y le doy las cosas para comprar, a lo que ella me pregunta: “todo eso es tuyo papi?” Yo con cara de póker le contesto de que estaba hablando, me mira el pantalón y dice: “justo que quería comer algo rico…”

    En ese momento hago fuerza con la pija y la muevo dos o tres veces, y las dos abrieron los ojos y la boca de asombro, una mirándome a la izquierda como a dos metros, y Pame enfrente de mí detrás del mostrador. Empezaron a hacer todo tipo de comentarios y a reírse diciendo que se había cumplido lo que pidieron, que no podían dejar ir eso, y demás pavadas.

    Entonces pasa lo que nunca me imaginé: sale Pamela de detrás del mostrador y se para delante mío, me mira a los ojos y con la mano me agarra toda la pija sobre fuera del pantalón, y me dice: “me puedo comer todo esto, vecino?”

    Yo no lo podía creer que había llegado todo el juego a ese punto, me había quedado sin palabras y con cara de idiotizado. Entonces Pamela me suelta, va hacia la puerta y la cierra con traba, vuelve a mi y me agarra la mano, y me lleva hasta la mesa donde estaba su amiga. Me agarra el pantalón de los costados y de un tirón me los baja hasta los tobillos, saltándome la verga dura y moviéndose para todos lados. Cada vez se ponía mejor. Pamela se para al lado mío, me agarra la pija que estaba ya bien grande, y le dice a la amiga: “mira lo que me trajo Santa Claus!”

    Yo estaba parado ahí con la pija súper dura, a pocos centímetros de la cara de la amiga que estaba sentada a mi izquierda, y del otro lado Pamela que no me la soltaba, mientras seguían hablando de cuánto les gustaba mi pedazo de carne. En eso Pamela se me pone muy cerca de mi cara y me dice: “que le pasa a este chico que se quedó mudo? Como hago para que entre en confianza?”. Mientras empieza a pajearme muy de a poco.

    La situación era súper caliente, yo miraba la mano pajeándome, luego la cara de Pamela casi pegada a la mía, y luego miraba a la amiga sentada muy cerca de mi pija. No pasó ni un minuto que empecé a sentir que iba a acabar, y apenas me salió la voz para decir casi sin fuerzas: “pará porque me vengo…”, pero al contrario Pamela me siguió masturbando mucho más rápido y fuerte, y empecé a largar enormes chorros de leche arriba de la mesa, mientras me venían olas de placer por todo el cuerpo en cada empujada. Ensucié todo lo que estaba ahí arriba: celulares, mate, galletas, cigarrillos, todo. Fue tremendo todo lo que eyaculé, ellas no paraban de comentar lo sucedido y reírse. Fue el momento más excitante que había vivido hasta ese momento.

    Cuando Pamela al fin me soltó la pija, sin decir ni una palabra me levanté el pantalón y me guardé la verga como pude porque estaba durísima todavía y me fui del kiosco.

    Ese fue mi segundo relato, les dejo el primero que también viví con Pamela:

    “A mi novia le gusta masturbarme mientras paseamos en moto”