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  • El pediatra de mi hija: Primera vez

    El pediatra de mi hija: Primera vez

    Con mi marido llevamos al control del año y medio a nuestra hija, por tercera vez nos entendíamos con Eugenio, un joven pediatra de unos 35 años, alto, delgado, rubio, bien guapo. Desde la primera vez que lo vi, me pareció muy encantador y trate de coquetearle, pero siempre fue muy profesional, amable, pero profesional.

    Ya terminada la consulta, y Eugenio nos pregunta si aún le doy pecho y si está todo bien.

    Isa: Si, aún toma pecho, le encanta mamar. A veces los siento un poco duros y me duelen un poco, como ahora por ejemplo, doctor. ¿Qué puede ser?

    Eugenio, sin entender aún que iba en plan coqueteo. Se para de su asiento y me invita a ponerme de pie al lado de la camilla. Mi marido ya entendía para donde quería llevar esto y se mantuvo sentado entreteniendo a la niña en sus brazos.

    E: desabrocha tu blusa Isabel, tendré que tocar un poco, para ver si está todo bien con tu glándula mamaria. -Me dice el doctor mientras se pone sus guantes- yo estaba muy nerviosa.

    Obediente, me desabroché la blusa, y quedó con mi sostén negro de amamantamiento, esos que uno les puede abrir la copa para dejar pecho y pezón al descubierto.

    E: descubre tus pechos por favor Isabel. Me dice mientras se acerca a mí.

    Desabrochó ambas copas y dejó al descubierto mis pechos, con una inmensa erección, mis pezones estaban duros, y listos para ser mamados, lamidos y mordisqueados por mi doctor.

    Eugenio claramente se dio cuenta, de que algo era diferente, pero se hizo el desentendido, solo dijo “creo que estás en hora de dar pecho”. A lo cual respondí, no lo creo doctor, acaba de amamantar hace menos de 30 minutos», luego de soltar esa frase me dio mucha vergüenza, hice muy explícita mi excitación.

    David, de pronto pregunta ¿y cómo ve sus pechos doctor? ¿Todo bien?

    Eugenio un poco nervioso, dejó de tocar mis pezones y respondió. «Si todo está muy bien, no encuentro nada extraño y pues ahora mismo, el hecho de que estén así de duros debe ser el frío, los nervios, o algo así». Va respondiendo, mientras se quita los guantes.

    Mi marido se pone de pie y se acerca, «Qué extraño doctor, me preocupa que estos pechos estén tan duros y erectos, no es normal. Yo creo que debería volver a tocar estos pechitos», coge la mano del doctor y los llevó a uno de mis pechos, le ayuda a acariciarme. El doctor sin saber qué hacer, torpemente me rozaba los pechos, mientras yo me derretía de deseo.

    Yo sabía que a Eugenio le había gustado tocarme, pero estaba incómodo, así que tomé su otra mano, y lo invité a acariciar mi cintura. Sus manos, se sentían geniales sin los guantes, manos grandes y cálidas. Él aún no se animaba a recorrer mi cuerpo, tuve que ir guiando sus caricias hasta que llegamos a mi boca, me metí uno de sus dedos y comencé a lamerlo, luego él metió un segundo dedo, se los chupe completos, pensando que era su pene. Eugenio miró a mi marido, quien asintió con la cabeza, «te espero afuera amor».

    Mi marido cierra la puerta. Y el pediatra se transforma. Me coge fuerte de la cintura y me arrima a la camilla, cómo pude me senté, para quedar justo a la altura de su verga.

    E: Hace tiempo me estás seduciendo, putita. Bueno ahora me encontraste. Me dice, Eugenio, con un tono de voz fuerte y un poco desesperado. Abre mis piernas, desabrocha mis jeans y mete su mano, para rozar sobre las pantaletas. Sabía muy bien donde tocar, justo sobre el clítoris, mientras nos comíamos la boca apasionadamente. Yo también, quise darle más placer y busqué su pene por sobre el pantalón, estaba completamente duro.

    Eugenio, se ubica entre mis piernas y me roza con su pene, mientras nos besamos y acariciamos. Yo ya no aguantaba más, le bajé sus pantalones y cogí sus glúteos, su espalda, mientras lamía su cuello, qué hombre más exquisito, Eugenio se dejó seducir y disfrutar el momento. Tome sus testículos y acaricie la base de su verga gorda y dura, que rico estaba, no pude aguantar más y comencé a masturbarlo, Eugenio se puso muy caliente, me tomo fuerte del pelo y me beso muy rico mientras yo lo pajeaba.

    E: Quítate la ropa Isabel, de inmediato.

    Bajo de la camilla, me quito rápidamente mis zapatos, pantalón y me quedo solo con pantaleta. Sin tacos, con mi metro sesenta quedaba muy por debajo de él, debe medir al menos 1.85.

    E: OH, qué ricas estas. Chúpamelo…

    Obediente me fui directo a besar sus testículos, la base de su vergota, hasta llegar a la cabeza, humedecida con líquido preseminal, pase mi lengua sobre sus fluidos y moje mis labios, me metí su pene en la boca, lo más profundo que pude mientras con mis manos en sus glúteos redondos los empujaba para que fuera más adentro. Estuvimos hace unos minutos, de pronto acelera, en otros momentos más lentos.

    E: Sube a la camilla. Te la quiero meter.

    I: Si amor, por favor métemela. Hazme llegar, quiero tener un orgasmo rico contigo.

    Me senté en la camilla y Eugenio la elevo para dejarme justo frente a él. Tomo su pene, se acercó a mí entre piernas. Con agilidad me corrió la pantaleta y me metió la cabeza de su vergota de un solo empujón, cuanta experiencia pensé mientras lo sentía palpitar dentro de mí. Me la dejo ahí metida unos segundos, para después comenzar a empujar lentamente.

    Yo solo jadeaba, mientras sentía su pene, acariciaba sus ricos muslos, sus glúteos y disfrutaba su boca, húmeda y caliente.

    E: ¿Te gusta?

    I: Me encanta. Fue lo único que pude decir en palabras. Y lo empujé con fuerza contra mí, para sentirlo por completo dentro de mí. Sentí su pene llegar muy profundo y comencé a moverme en círculos, tratando de sentir cada milímetro de esa verga.

    E: Que apretada y caliente la tienes Isabel. Que buena estás.

    Yo estaba en silencio sintiendo como me la metía y sacaba cada vez más rápido, mientras me abrazaba de los glúteos. Yo buscaba su boca desesperada, queriendo tener más de este hermoso hombre, abrazaba y besaba su cuello, mientras acompañaba moviendo mis caderas.

    E: Ponte en cuatro patas perrita. -Me ordena Eugenio mientras me saca la verga llena de nuestros líquidos- Quiero ver tu culo mientras te la meto.

    Obedecí de inmediato, me gire y arrodille en la camilla. Me baje las pantaletas hasta la rodilla y levante mi cola.

    I: ¿Así me quieres amor? ¿Está bien para ti, así?

    E: Está muy bien. Que rico culo tienes.

    Eugenio se acercó y me pasó rozando por fuera de la vagina, por mi ano, que rico se sentía. «Métemela por favor», le dije. Él abrió mis glúteos, luego cuidadosamente abrió mis labios vaginales y me metió solo la cabeza de su pene, me dejo solo la cabeza adentro y a moverla en círculos. Yo la quería más adentro, pero me lo negaba, me empujaba los glúteos para que no me la pudiera clavar completa. Yo estaba tan caliente, que hasta rabia tenía, necesitaba esa verga completa adentro mío. «Soy tu perra, métemela, por favor». Eugenio me la sacó, y la puso justo sobre mi clítoris, sentía en toda mi vagina su pene, que sensación más extraordinaria, estaba conteniendo los gemidos, para que no me escucharan afuera. Eugenio extendió sus manos y me apretó los pezones.

    Y así con mis pezones presos entre sus dedos y su verga gruesa sobre mi vagina, me trajo hacia él. Ahí estaba apoyada en mis rodillas y con mi cuerpo erguido apoyada sobre su pecho. Sus manos me acariciaban los pechos, los glúteos, las caderas, lo sentía en todas partes, pero aún necesitaba su penetración, no solo ese roce que me estaba dando, si bien era exquisito, necesitaba la fuerza y el placer de un pene bombeando su deseo.

    E: Qué rica estás perra. Nunca pensé que serías tan buena… nunca me imaginé que serías tan puta.

    I: Te necesitó, Métemela por favor. Fue lo único que pude decir entre murmullos. Mientras llevaba una de mis manos a sus glúteos para empujarlo hacia mi, y con la otra encaminaba su pene para que finalmente entrara en mi vagina. Estaba tan húmeda, que su pene apenas se puso en posición entró como cuchillo en mantequilla, llegando muy adentro, no lo resistí más y solté mi primer quejido. Hoooo! Acompañado de un quejido de mi amante. Quien me la estaba clavando como un loco.

    E: Voy a llegar puta. Estoy sin condón.

    I: Lléname de tu leche. Quiero todo tu semen en mi vagina. Dije mientras le empujaba mi cola y gemía desesperada, ya no me importaba nada más, no me importaba que me escucharan gemir, ni que me llenara de su semen, ni que me dejara preñada, solo me importaba que fuera más fuerte, más adentro, más rápido, más grueso. Y como si adivinara mis pensamientos acelero y agregó sus dedos masturbando mi clítoris. Esto para mí ya era mucho, no logre resistir más. ¡Las piernas se me desvanecieron, mi cuerpo completo tiritar de placer, sentí como su leche caliente se derramó dentro de mí, sus espasmos, mis espasmos, mis quejidos, solo junte mis piernas, apreté mi vagina, sentí su pene y sus líquidos chorrear dentro de mí. Haaaa!

    Pasaron dos o tres minutos, su pene ya no estaba dentro de mí, pero mi cuerpo aún convulsionaba. Eugenio limpio su pene, se puso su ropa y me trajo confort. Me dio un gran beso en la boca, me metió su lengua bien adentro y me limpio mis labios vaginales. Me trajo mi pantaleta, me la puso.

    E: Exquisita mujer. Qué más puedo decir. Me encanta hacerte el amor corazón.

    I: El mejor orgasmo que he tenido en mucho tiempo. Realmente eres un macho alfa.

    Ya nos veremos nuevamente, y espero que esa vez lo des todo, dijo Eugenio con una sonrisa picarona. En mi cabeza, pensaba que rico hombre me había comido, que rico pene y que rico espectáculo el que dimos, jajaja me entro la vergüenza, pero me vestí rápido, tome mis cosas, nos dimos el último beso en la boca y salí de su consulta.

    Marido se me acercó de inmediato. Nos damos un rico beso, en frente de todas las enfermeras que de seguro sintieron mis gemidos, tomamos a nuestra hija y nos fuimos.

  • ¡Tienes una hermosa verga!

    ¡Tienes una hermosa verga!

    Había visto este local de masajes en una pequeña plaza comercial cerca donde mi hermana tiene un restaurante. Después de pasar por ahí por mucho tiempo, a principios de este año en un día muy frío decido darles una visita y relajarme con un buen masaje. Con cierta desconfianza entro y me recibe una mujer muy madura, quizá igual a mi edad, unos 50 años y me pregunta con un acento quebrantado en inglés, si quiero un masaje de media o una hora. Le pago la cuota de una hora y me hace esperar en una pequeña sala donde escucho música instrumental de fondo. A los minutos llega la misma mujer y realmente no entendí lo que decía y le contesté pensando que me preguntaba si yo era latino. Pero creo que me preguntaba si deseaba una chica latina o asiática para el masaje. Resulta que a los minutos apareció una chica latina y me dio el nombre de Jessi.

    Le calculé de unos 28 a 30 años, de rostro alargado, cabello castaño y de una altura de no más de un metro y sesenta y cinco. Usaba una bata azul como las que usan los médicos o enfermeras y podía ver una blusa blanca detrás de la bata y usaba unos tenis también de color blanco. Verdaderamente tenía unas facciones atractivas pero lo que más me llamaba la atención, era un lunar por sobre el labio superior que le hacía ver muy sensual. Su sonrisa era melosa y con un acento hispano que no pude identificar su origen me pidió a que pasara a una especie de baño y me pidió que me desvistiera y me acostara en una especie de cama. Me desnudé totalmente y acostado esta chica me ha bañado y restregado delicadamente mis partes íntimas. Me asiste a secarme y me pide a que pase a un pequeño cuarto donde hay una cama de las que se usan para dar masajes.

    Me asiste a acomodarme en la camilla y me pide que me acueste sobre mi estómago, me pone una toalla para cubrirme las nalgas y me pone unas lámparas de calor y me deja a solas por unos cuantos minutos. Luego Jessi vuelve a aparecer, veo como se remueve su bata y queda con solo una blusa blanca y unos pantalones cortos donde me deja apreciar unas bonitas piernas y ahora si puedo ver que tiene un bonito trasero y que tiene también un busto agradable para la vista de cualquier hombre. Me llama por mi nombre y me pregunta:

    -Tony, ¿prefiere un masaje penetrante o delicado? O, en otras palabras, ¿lo prefiere fuerte a los músculos o solo toques sobre su piel?

    -Lo normal… ni muy fuerte ni que pase desapercibido el masaje. -le he contestado.

    -También tenemos el masaje de cuerpo a cuerpo, pero eso tiene un costo adicional.

    -Y eso… ¿Cómo es?

    -Bueno, además del masaje normal, yo solamente me quedo en mis pantis y en ciertos pasajes del masaje usted sentirá el calor de mi cuerpo sobre el suyo. Es un masaje más íntimo. -me dijo.

    Jessi se refirió al masaje en su término asiático y el costo extra eran otros ochenta dólares, a lo cual acordé a pagarlos. Ella se quitó la blusa y su sostén y luego se bajó el pantalón corto y se quedó solo con su tanga de color turquesa y comenzó con el masaje sobre mi espalda. Quizá pasó unos veinte minutos en un masaje que comenzó en mi cuello y se extendió hasta los dedos de mis pies y de repente sentí como Jessi se subía a la camilla, removió la toalla de mis nalgas y se acostó sobre su estómago sobre mi espalda. Podía sentir el calor de su cuerpo y oler esas feromonas de mujer y sentí esos choques eléctricos cuando sus pezones chocaron sobre mi espalda. Estuvo sobre mi por unos cinco minutos y en ese tiempo me masajeó con sus uñas toda el área de mi cabeza y lo que me hizo que mi piel se erizara. Se bajó y me pidió que me volteara y ahora me ponía la toalla en la zona de mi pene, aunque este había reaccionado y si no estaba totalmente erecto, se podía mirar ya el bulto.

    Continuó con el masaje y le dedicó varios minutos a mis pectorales y poco a poco bajó a mi abdomen y me dio un rico masaje en las piernas y mi pene reaccionaba a ese toque que me daba en las entrepiernas. Intenté calmar mi excitación haciéndole plática a la vez, pero era casi imposible pues tenía unos pechos con una simetría perfecta para su cuerpo y sus pezones se miraban erectos. De vez en cuando se alejaba de la camilla para tomar más crema aromática y podía ver ese trasero redondo y apetitoso que se tragaba en medio de sus nalgas el hilo dental que era su tanga. Verdaderamente Jessi es una mujer atractiva y creo que también yo a mis más de cinco décadas de vida, le atraía mi físico. Me dio algunos cumplidos por mis piernas y yo le había dicho que eran producto de jugar al fútbol y tenis.

    Al igual que lo había hecho cuando estaba acostado sobre mi estómago, Jessi hizo lo mismo ahora que estaba sobre mis espaldas. Removió la toalla que cubría mi miembro, subió a la cama y reposo su pequeño cuerpo sobre el mío y me ponía su rostro cerca del mío. Podía sentir sus pezones erectos y realmente no sabía qué hacer y fue ella la que sobre mí comenzó con una plática donde podía observar esa sonrisa coqueta y melosa de Jessi.

    -¡Eres un hombre muy guapo! ¿Estás casado? -hasta entonces identifiqué en algo su acento.

    -No… no soy casado. ¡Y tú realmente eres una chica muy hermosa! ¿Tú estás casada?

    -Si… si estoy casada.

    -¡Qué suerte la de tu esposo! ¡Que belleza de la que disfruta todos los días! -y ella sonríe.

    -¿Le parezco bonita?

    -Eres una mujer muy hermosa y no sé si podré contenerme en no tocar más allá de lo que no puedo tocar. -y Jessi me sonríe.

    Tener a esta mujer casi desnuda sobre mi y con las ganas de tomarla totalmente fue un reto bastante difícil de conllevar. Ella me miraba con esos ojos almendrados y sabía que me tenía excitado, pues sentía el calor de su cuerpo y sus pezones erectos sobre mis pectorales. Quería tomarle de las nalgas, pero no me atrevía… no sabía en realidad a lo que estaba abierta esta chica en conllevar. Ella me lo preguntó:

    -¿Y qué es lo que quiere tocar?

    -¡Todo! Aunque verdaderamente me pican las manos por tomarte del trasero. -le dije mirándole a sus ojos oscuros.

    -¡Hágalo…! Le doy permiso para que lo haga.

    Le tomé el trasero y lo comencé a masajear. Se podía sentir unos glúteos firmes y al acariciar su piel, podía sentir como esta también se erizaba. Sabía que al igual que yo estaba excitada, pues creo que sintió mi erección entre sus piernas. Mi pene estaba totalmente erecto y ya había comenzado a expulsar esas secreciones pre seminales. Sabía que ella lo sentía y creo que ella procuraba en excitarme, pues de repente me mordiscaba el lóbulo. Fue cuando tomé el valor para preguntarle:

    -¿Hay otro servicio que ofrezcas?

    -¿Qué es lo que usted quiere?

    -Realmente tú sabes lo que yo quiero.

    -¡No me lo diga! Mire… yo no suelo hacer esto, pero le voy a ser sincera. Su pija, es la más hermosa que he visto en mi vida… no me diga nada y si hay algo que no le gusta, solo dígame que pare y nos olvidamos de esto.

    Jessi se incorporó y tomó posición como para hacer el 69 aun con su tanga puesta, pero ella por su porte y la camilla incómoda, me dejó su conchita muy elevada y alejada de mi rostro y ella comenzó a aplicarme un oral que recordaré toda mi vida. Esta chica que después supe era uruguaya, si sabe mamar una verga. Comenzó con un oral delicado que se transformó en uno de garganta profunda y de connotaciones pornográficas. Yo solo podía masajear su conchita con mis dedos, pues la mantuvo elevada y muy lejos de mi rostro. Aun así, podía ver como se iba humedeciendo y salían esos hilos gruesos de sus jugos vaginales. Su concha estaba totalmente depilada con un pequeño arbusto en su zona sur del monte venus. Su ojete parecía más rosado que el típico ojete, pues creo que las lámparas de calor magnificaban su color. Sabía que estábamos más allá de la hora y pensé que de repente todo aquello acabaría, pero me equivocaba, Jessi siguió mamando mi verga y podía sentir su saliva resbalando por mis testículos en dirección de mis nalgas. Fueron 15 minutos intensos de sexo oral y luego yo tomé el control.

    La puse a ella sobre la camilla sobre su espalda y comencé a lamer su concha mojada hasta saciarme del deseo. Un sabor saladito y caliente de unos jugos que no cesaban de emanar. Sabía que se venía pues comenzó a jadear intensamente y me lo anunció. En ese momento le apunté mi pija, como ella lo llamó, y se la dejé ir con embestidas profundas, pues la camilla me quedaba a un perfecto nivel y ella estaba en la orilla con sus piernas elevadas cuando le hacía sexo oral. No pasaron más que una embestida con un vaiven intenso y se corrió con un orgasmo espectacular que parecía se orinaba. Así de mojado quedó ese piso. Me pidió que no la embistiera tanto o muy fuerte, pues la penetración en esa posición le causaba cierto dolor y mi verga solo se la metía a la mitad. Recuperó su respiración y ya con esa confianza le preguntó si quería darme el culito. Su respuesta fue afirmativa y comenzamos la faena.

    Me tomó dilatarle el ojete unos cuantos minutos y cuando ya había logrado penetrarle ese rico culo, la vieja asiática llegó a tocar la puerta. Jessi había asimilado muy bien la penetración y parecía que disfrutaba del sexo anal, que hasta ella misma masturbaba su clítoris y fue ella la que con un grito le dijo a la vieja en un inglés quebrantado: (He’ll stay 30 more minutes) El estará 30 minutos más. – Seguí con mi embestida y Jessi solo me dijo: ¡Acabe, que esta vieja no dejará de tocar la puerta! – Me concentré en su bonita cara, de cómo se miraba su rico culo en posición de perrito, hice memoria de cómo la vi y escuché correrse y pude ver el cielo y le dejé ir mi corrida. Su culo rosado ahora se miraba blanco y Jessi cuando me limpiaba y se limpiaba me lo volvió a decir: ¡Tienes una hermosa verga!

    Con lo acordado a pagar que eran ochenta dólares le dejé en total $250.00 que era el total que llevaba en efectivo. Dos días después regresé, pues me dijo que el siguiente día no estaría en el lugar, y la he venido repitiendo pues debido a esta pandemia las chicas que regularmente estaban disponibles, se les hace un tanto difícil de desprenderse de sus maridos. Ahora con Jessi no llegó para un simple masaje, ella sabe que llegamos y desde el primer minuto, nos dedicamos a follar: ¡Que rico culo tiene esta linda mujer!

  • La ex despechada de mi amigo

    La ex despechada de mi amigo

    Hace unos años, me hice muy amigo de un pata que conocí en pichanga, lo llamaremos Juan, nos gustaban casi las mismas cosas y congeniamos bacan, en una de nuestras salidas me presentó a su flaca, Teresa, ella era trigueña, cara normal, contextura normal, nada del otro mundo excepto por su culo, aunque lo había notado no pensaba cochinadas pues era mujer de mi pata. Me hice amigo de Teresa, y le dije que me consiga una amiga para salir los 4, así que me presentó a su amiga Pamela, era más alta que ella, blanca, no un cuerpazo, pero todo un su sitio, para unos caches está bacan pensé cuando la vi.

    Después de presentármela, Juan me habló y me dijo que él se levantaba a Pamela hace un tiempo, así que yo no podía pulsearla, acepté como caballero, pero le dije que tener de amante a una amiga de su flaca era peligroso, me dijo que no como la hueva. Teresa siempre me jodía a ver si yo estaba pulseando a su amiga, pero yo me hacía el loco no más. Un día pasó lo inevitable y Teresa se enteró por una amiga que Juan se estaba tirando a Pamela, por el roche dejé de salir mucho con ellos y me alejé un poco, aunque igual siempre hablábamos no tocábamos el tema.

    Algunas semanas después, Teresa me habló, me dijo que si sabía lo que había pasado con Juan y Pamela, fingí que no pero no me creyó, me dijo que ya no estaba tan dolida, pero que necesitaba hablar con alguien que entienda la situación y yo había estado indirectamente involucrado en el roche, le dije que estaba ocupado y no acepté, ella insistió en que cualquier día que yo tenga libre nos veamos para conversar, le dije que sí cualquier día como para zafar. En los próximos días me seguía hablando y yo no sabía cómo evitarla, estaba dolida y no quería cagarla más.

    Un fin de semana salí a tonear a una disco con 2 patas de la universidad, todo normal hasta que un pata me avisa que una flaca me estaba saludando, era Teresa con 2 amigas más, me sorprendió verla tan producida, se había teñido el cabello de un tono más claro, estaba con un vestido blanco apretado y chiquito que hacía resaltar más su culo, por un momento pensamientos sucios pasaron por mi cabeza, no pude evitarlo. Me acerqué a saludarla, miré a mis patas que me hacían señas para que llevara a las flacas al grupo, así que no tuve más remedio que proponer juntarnos a lo que aceptaron al toque.

    Estuvimos tranqui en tragos un rato, ya como a las 2.30 am empezaron a poner reggaetón antiguo, y Teresa me sacó a bailar, yo estaba recontra palteado, trataba de ser lo más respetuoso posible, pero ella se volteaba y me frotaba el culo, me decía que baile como siempre lo hacía, ella me había visto bailar. Le hizo una seña a una amiga, la flaca me trajo mi vaso con trago y Teresa me dijo «seco y volteado», le hice caso, quería echarle la culpa al alcohol si hacía alguna huevada esa noche, ella tomó mi cabeza y la sacudió, me dijo «baila bien pues», ya que chucha me dije, le di vuelta y empezamos a perrear. Le metí una buena refregada de huevo, no pude evitar que el muchacho crezca un poco, «te emocionaste» me dijo, yo sólo me reí, estaba recontra palteado por lo que estaba haciendo, sabía que terminaría mal, o mejor dicho bien. Después de unas canciones volvimos al grupo, seguimos tomando y Teresa se pegaba cada vez más a mí, sus amigas ya se habían emparejado con mis patas y cada quién andaba en lo suyo.

    Uno de mis patas vivía en un departamento con su hermano, pero éste se había ido de viaje, de hecho habíamos planeado seguirla en su departamento con bandidas que consigamos, pero no pensé que sería con Teresa, bueno mi pata lanzó la propuesta y la flacas aceptaron en one, terribles bandidas. Cómo sólo iban 4 por taxi, yo decidí ir con el pata del departamento, Teresa y una de las flacas, mientras la otra parejita iría en otro taxi, los pendejos nunca llegaron, mi pata llamó diciendo que la iba a dejar a su casa porque ya no quería tomar, así que sólo los 4 entramos al departamento. Mi pata sacó un pisco que tenía, y lo tomamos sólo con limón, aunque casi no tomamos nada, la amiga de Teresa pidió ir al baño, mi pata la acompañó, sabíamos que no iban a volver en un buen rato, sobretodo porque alcancé a ver que en vez del baño entraron a su cuarto.

    La noche me había llevado hasta ese momento, ya no había marcha atrás, un silencio incómodo nos invadió en la sala, yo estaba con mi vaso tomando el pisco, no quería mirar a Teresa, ella se acercó a mí y me dijo «seguro crees que estoy despechada por lo de Juan, pero no es así, tú siempre me gustaste» mientras decía esto una mano me sobaba la pierna y la otra me quitaba el trago, volteé a verla, tenía una cara de arrecha, se estaba mordiendo los labios y su mano ya estaba tocando mi paquete «yo no puedo hacerle esto a Juan, él es mi pata» dije medio fingiendo, ya sabía lo que estaba a punto de pasar «no le estás haciendo nada, yo ya no estoy con él».

    No aguanté más y la besé, nos dimos un apasionado chape, ella comenzó a sobarme la pinga por encima del pantalón y yo le estaba acariciando los muslos desnudos que dejaba su corto vestido. De repente se paró, empujó mi cuerpo hacia atrás del mueble, y se subió encima mío, al sentarse su vestido se levantó liberando su rico culo, se acercó a besarme y yo me puse a masajear su culo «que rico se siente tu pene» me dijo sobándose con mi pantalón, la tomé con fuerza del culo pegándola a mí, soltó un gemido y comenzó a besarme el cuello, yo la ayudaba a moverse para que siga sintiendo mi verga que ya me estaba apretando el pantalón, estaba como roca.

    Hice que se levantara un poco mientras yo me abría el pantalón para sacarme el huevo, ella lo cogió y me masturbó unos minutos, me seguía viendo con esa cara de arrecha mordiéndose los labios y jugando con su lengua, se bajó de mí y se arrodilló frente a mi pinga, sin dejar de mirarme le pasó la lengua desde los huevos hasta la punta y la introdujo en su boca, me calentaba su mirada, no dejaba de verme mientras me la chupaba. Me relajé y disfrute de la mamada que me estaba dando, de repente se escucharon ruidos desde el cuarto de mi pata, ruidos de cache por supuesto, ambos reímos y ella continuó en lo suyo por un buen rato.

    Ya era hora, quería llenarla de pinga como nunca, le indiqué que se levantara, como siempre sin dejar de verme se puso de pie, se levantó el vestido hasta la cintura, tenía un calzoncito negro, le ordené que se diera vuelta para disfrutar de la vista de su culo, le presioné la espalda para que se agachara, empecé a chuparle las nalgas como loco hasta que le bajé el calzón, dejando su rajita expuesta, le metí un par de dedos y ella gemía bien rico, sentía como humedecía mis dedos de sus jugos. Le di vuelta para que se siente encima de mi verga que estaba parada y dura esperando por su cuca, ella me sonrió con su cara de arrecha y se acomodó encima mío, jugué con mi pene sobando su concha hasta que empecé a meterla mientras ella bajaba suave, soltando pequeños gemidos de placer, una vez ensartada comenzó a cabalgar, yo cogí su culo y le di nalgadas fuertes, sonaba duro pero me llegaba al pincho, no quería cortarme en nada.

    Después de unos buenos brincos, le abracé la cintura y me paré cargándola, ya que no pesaba mucho le pude dar unas embestidas en esa pose, sus gemidos se escuchaban cada vez más haciendo competencia con la flaca que estaba en el cuarto. Sin sacárselo, la recosté en el mueble y la puse piernas al hombro, la taladré otro buen rato en esa pose, que rico me miraba con su cara de perra, pero me dio ganas de verle el culo, así que le dije que se dé vuelta y la puse en cuatro, que buen culo tenía esa bandida, le di unas buenas nalgadas, estando en 4 giraba la cabeza para mirarme. Le di unos vergasos en sus nalgas, luego las usé para pajearme un poco, «métemela» me dijo mirándome, puse la cabecita en la entrada de su hueco y empujé con fuerza, ella soltó un grito, inicié con la bombeada, le di nalgadas tan fuertes que le marqué las nalgas, seguí un buen rato con las embestidas.

    Ella pedía más y disfrutaba como loca, hasta que me dijo «quiero tu leche», me quedé huevón pensando que quería que me venga adentro, cuando me dijo «quiero tomármela, dámela» entendí lo que la perra me pedía. Le dije que le avisaría, pero la idea me arrechó al momento, quería vaciarme en su boca, me zafé y la arrodillé poniendo su cara frente a mi falo, ella se relamía los labios y sacó su lengua esperando el yogur, me la corrí rápido hasta que sentí que me venía, le metí la cabeza a la boca y disparé varios chorros de leche dentro de su garganta, ella empezó a succionar sacando hasta la última gota. Cuando saqué mi verga de su boca ella mostró la lengua con orgullo, indicando que se había tragado a mis hijos, tomé mi pinga y la golpeé varias veces contra su lengua, ella disfrutaba como una puta, luego empezó a chuparla dejándola totalmente limpia.

    Nos sentamos a tomar el pisco y nos quedamos jato hasta que mi pata nos despertó, me sentí una cagada por lo que había hecho, mientras tanto Teresa estaba radiante y sonriente, ella me pidió encontrarnos de nuevo pero le dije que no, que estuvo mal hacer eso, pero había disfrutado ese polvo, así que fue cuestión de tiempo para volver a cachar con ella.

  • Puesta a imaginar la quiero grande, gorda y dura

    Puesta a imaginar la quiero grande, gorda y dura

    Puestos a que nuestra imaginación vuele, volemos.

    Y puesta a volar hoy quiero que seas tú quien vuele conmigo y me hagas el amor.

    Y el vuelo me lleva a esa gran ciudad donde siempre hay algo que hacer, donde por casualidad tú y yo nos encontramos esperando un taxi a la salida de un hotel, yo dispuesta a pasar una velada maravillosa con mi marido, un marido que suele estar de reunión en reunión dejándome continuamente sola, imaginemos que estoy de pie esperando en la parada del taxi y suena el móvil, no es una llamada, es un mensaje,

    Puestos a imaginar, imaginemos que lo guardo malhumorada, decepcionada y enfadada en mi bolso y pienso, «otra vez sola en esta ciudad», otra vez que vuelvo sola a la habitación del hotel mientras me pregunto, ¿Por qué me molesto y me pongo tan guapa para él?

    La velada que iba a maravillosa, disfrutando junto al hombre que amaba y con el que me case ya hace unos años antes de que él se casara con su trabajo, la velada que se presentaba realmente deliciosa a primera hora de la mañana, a la que me iba a llevar a la ópera y a cenar en un lujoso restaurante y luego, más tarde, ya en la habitación del hotel…

    Llevaba toda la tarde arreglándome para él, para que me viera guapa y que presumiera de mujer, horas de peluquería y de manicura, de maquillaje delante del espejo, esa noche que él me había prometido tan especial y para la que me compre un vestido de color rojo que favorecía tanto mi figura, un vestido casi palabra de honor con una abertura en la falda que subía desde mi tobillo hasta casi más haya de mis muslos dejando ver una de mis piernas y lo mejor de todo, la lencería que había escogido con cuidado para esa noche, a todo eso lo acompañaba un pequeño bolso a juego y unas sandalias de tacón, pero ahora, ahora todo iba a volver al armario hasta que tú, te fijaste en mí.

    Puestos a imaginar, imaginemos que salías por la puerta del hotel dispuesto a coger un taxi no se sabe dónde, cuando viste allí a una mujer vestida de rojo con los labios carnosos del mismo color que el vestido y radiante de felicidad, un segundo nada más apartaste la mirada y de pronto en un momento todo aquello desapareció ante ti, el vestido se volvió oscuro al igual que el ánimo de aquella mujer, una mujer nuevamente decepcionada por una llamada, por un mensaje.

    Puestos a imaginar, imaginemos que muy caballerosamente te interesaste por mí cuando mis lágrimas asomaban al atardecer de aquel día y tú, tu muy amable me ofreciste para acompañarme por aquella ciudad, no a la ópera, no al restaurante lujoso pero si a pasear, si a cenar y a reír por las callejuelas escondidas de la ciudad, me estabas ofreciendo una velada menos lujosa pero más bohemia.

    Puestos a imaginar, imaginemos que al salir de una de aquellas cantinas en las que comimos, reímos y nos miramos, de una de aquellas no importa cuál me cogiste de la cintura y yo te lo permití, la gente nos miraba al vernos pasar, miraba a dos extraños que iban agarrados por su cintura hablando y riendo olvidando todo lo anterior y encima de ellos como un haz de luz, como la de un foco que les ilumina en su caminar, ven como dos extraños parados en la calle uno frente al otro, mirándose en la mitad de la noche empiezan a besarse.

    Puestos a imaginar, imaginemos que los focos caen y ahora la iluminación escasa por las tenues farolas de las calles estrechas por las que discurríamos nos oculta de miradas indiscretas y en una esquina no más allá de aquel primer beso, en lo más oscuro de la calle apoyada en la pared yo siento tus besos sobre mi cuello y deseo y espero que tus manos acaricien mi cuerpo por encima de mi vestido, siento tu cuerpo abrazarse al mío, siento tu mano deslizarse furtivamente aprovechando la abertura de mi vestido buscando mi sexo, apretando mi vulva por encima de mi tanga y sintiendo la humedad en tus dedos.

    Puestos a imaginar, imaginemos un taxi de vuelta al hotel, mi marido espera en la suite presidencial del último piso en el ático, ante mí una decisión difícil, quedarme en el cuarto piso o subir al ático, en el ascensor los últimos besos y las últimas caricias cuando la llave abre la puerta, entro con lágrimas en los ojos, voy directa a la ventana para ver la ciudad en su noche más oscura casi sin luna y sobre la mesa una tarjeta.

    Habitación 420, cuarto piso.

    Puestos a imaginar, imaginemos que decido quedarme contigo esa noche, decido dejar que me poseas haciéndome tuya mientras mi marido espera y duerme unos pisos más arriba, la ciudad ante mí, sintiendo tu aliento en mi nuca, mi respiración se dispara y mi corazón parece salirse de mi pecho cuando empiezas abrazarme por detrás, tus manos rodeando mi cintura y tus labios besando mis hombros desnudos.

    Nos vemos reflejados en el cristal y empiezas a desabrocharme la cremallera de mi vestido, mi vestido rojo cae al suelo ayudado por tus manos, no llevo más, solo mi tanga y mis sandalias de tacón sobre mi cuerpo, uno y dos pasos y ya no hay nada que me una al vestido, ahora mis pechos son tuyos y los acaricias suavemente, podría haber sido mi marido el que estuviera conmigo en esa situación pero no, yo decidí que fueras tú, un desconocido hasta hace poco.

    Tus dedos van acariciando mis brazos desde mis hombros hasta mis manos uniendo al final nuestros dedos, haciendo que mi cuerpo se estremezca y siento como acaricias mi vientre y recorres la goma de mi tanga, metiendo poco a poco tu mano por debajo de ella hasta llegar a mis labios humedecidos, tus dedos recorren mi vulva y sacándolos me das a probar el néctar de mis labios.

    La excitación de ambos va en aumento, me giras y nos empezamos a besar nuevamente, nuestras leguas profundizan dentro de nosotros y empiezo a desabrochar tu camisa pasando mis dedos por tu pecho acariciando tus músculos bien definidos y me imagino tan excitada como lo estoy ahora escribiendo este relato para ti.

    Tus pantalones han desaparecido y tengo entre mis manos tu pene a la altura de mi cara que poco a poco voy metiendo en mi boca, empapándolo con mi saliva a la vez que mis manos siguen acariciándote tus abdominales, mis labios dejan entrar y salir tu pene produciéndote gran placer, mi lengua la empieza a recorrer entera, desde tus testículos acariciados por mis manos hasta tu glande, lamiéndola por un lado y por otro como si fuera un helado y al final bien repasada se vuelve a meter hasta mi garganta y ahora te imagino tan excitado leyendo estas líneas que te imagino como me levantas y bruscamente me apoyas en el frío cristal del ventanal.

    Puestos a imaginar, imagino que puedo sentir el cristal frío en mi espalda cuando mi interior arde, siento como recorres con tus manos mi cuerpo, como las yemas de tus dedos dibujan y delinean mis curvas, mi vagina se llena de flujo para que puedas entrar suavemente, para que tu pene así como estás pensando ahora penetre dentro de mi cuerpo, que lo sientas abrazado por mi vagina que le da la bienvenida y así me imagino como apartándome el tanga hacia un lado y levantándome una pierna, allí de pie apoyada en el frío cristal con mis sandalias de tacón me empiezas a follar.

    Ya no me imagino porque ahora te siento dentro de mí, como tu pene entra y sale de mi vagina y como los jadeos se extinguen y gemidos aparecen por vez, te siento, te abrazo y no quiero soltarte porque quiero ser tuya esta noche, mis nalgas presionan el cristal cada vez que entras dentro de mí y a la vez que mis besos te devoran.

    Me coges en brazos y sin sacar la espada de la vaina me tumbas en la cama, mis piernas abiertas para ti, tu avance dentro de mi vagina es cada vez más profundo, pero hay un detalle que hemos olvidado, algo que hemos postergado demasiado tiempo, la excitación y la pasión no han permitido que te pongas un preservativo… pero eso ahora ya… eso ya no nos impide continuar.

    Empezamos a gemir a gritar y molestar a nuestros vecinos, el colchón se hunde cada vez que me penetras y yo estoy a punto de recibir tu preciado líquido y tú que navegas en mi interior esperas una tempestad, no quiero imaginar, quiero sentir el orgasmo junto a ti, quiero que tu semen salga al encuentro de mis flujos y que se unan igual que nuestros sexos.

    No quiero imaginar, quiero sentir tu lado tu cuerpo abrazándome porque quiero arañar tu espalda en el momento que arqueo la mía y que mis piernas tiemblen y que mi respiración se acelere por que acabas de provocarme un orgasmo maravilloso y quiero sentir tus besos mientras nuestros cuerpos sudorosos descansan.

    Un momento de descanso para quitarme el tanga y mis sandalias de tacón, un momento que me imagino apoyada en tu pecho jugueteando con tu bello, un momento para que mi mano acaricie tu pene y se reincorpore a la acción, nos imaginó allí tumbados en la cama yo sentada a horcajadas sobre ti con tu pene muy dentro de mi vagina, nos imaginó tumbados boca abajo los dos, tu cuerpo sobre el mío mientras me haces el amor, nos imaginó duchándonos juntos y volviéndome hacer el amor.

    Puesta a imaginar, todo esto lo imagino contigo porque quiero imaginármelo contigo, mientras tengo ahora a mí chico durmiendo junto a mí en mi cama.

    Puesta a imaginar y como no puedo contigo, voy a despertarle para que me haga el amor como tú me lo acabas de hacer y apague el fuego de mi interior.

    Puesta a imaginar la quiero grande, dura y gorda como la he imaginado contigo.

    Espero que hoy vuelvas a soñar e imaginar como yo contigo, te espero en este mundo y solo en este mundo donde estoy a tu lado, en tu cama y si me hacéis sentir… si lo haces… no dudes que lo sabré y te lo diré.

    De todo corazón un enorme beso para ti.

  • El campamento de la iglesia

    El campamento de la iglesia

    Hace ya algún tiempo, me tocó ir a un campamento organizado por una iglesia para capacitarme en el manejo de grupos pequeños, jóvenes etc. Nunca me había gustado mucho ese campamento, pues me parecía que era una excusa para reunirse a hacer tonterías que para nada servían, pero como en este caso no iba tipo campamento, me pareció bien ir, porque era una capacitación. Tenía que ir acompañado, mi novia no quería ir, así que me toco asistir con una muchacha de la iglesia que trabajaba atendiendo unas clases.

    Ella era muy chévere, bonita, agradable, llegamos al lugar y nos acomodamos cada quien en su habitación, siempre andábamos juntos pues representábamos a nuestra ciudad.

    Muchas personas creían que éramos pareja, y nos decían: “ay, que bonitos se ven ustedes dos” y teníamos que estar aclarando que no estábamos emparejados.

    Así un día uno de los lideres nos llamó aparte para conversar con él, y nos dijo que nos veíamos bien juntos, ella tenía su novio y yo mi novia, debimos contarle eso y todo porque el hombre seguía insistente. Al finalizar nos dijo que debíamos tener cuidado porque si seguíamos así íbamos a terminar lastimando a nuestras parejas. ¿Cómo es posible? Que tipo tan entrometido, si ni siquiera ella me gustaba ni yo a ella, que mal.

    Lo cierto es que a raíz de eso una pequeña espinita extraña quedo en mí, y cuando nos devolvimos a nuestra ciudad, en el bus de regreso, ella se recostó a mi hombro, y por primera vez la desee abrazar y sentía como que ella estaba sintiendo las mismas cosas.

    Una noche luego de llegar de ese campamento, conversamos de muchas cosas por mensaje, hasta que hablamos de los besos, de la intimidad y se desató una pasión muy loca y desbordada donde le decía que la deseaba y que me encantaba su espectacular trasero. Sí, es mi debilidad, ella tenía un tremendo trasero hermoso, grande y aun nos sabía si era firme.

    Todas las noches siguientes teníamos sexo virtual, era impresionante la multitud de cosas que llegamos a decirnos. Así un día mi PC se dañó, el novio de ella vino a mi casa y ella lo acompaño, el arreglaba computadoras, estábamos allí y cada vez que nos mirábamos había una tensión fuerte. Le dije que si quería agua y me dijo que si, bajamos a buscarla y él se quedó arriba, abajo fue nuestro primer beso, apasionado, desesperado, nerviosos, con él en la parte de arriba de la casa.

    Esa misma tarde ella me acompañó a llevarlo a su casa, lo dejamos y fui a llevarla a ella, en el camino no pudimos contenernos, nos detuvimos, nos besamos, acaricie sus muslos, ella andaba en pantalón, lo desabotone y acaricie su rica vagina, estaba empapada, metí un dedo luego dos y le mostré como se ponía mi pene por ella, lo tomo con una de sus manos y se inclinó a mamarlo, casi saca mi leche en dos mamadas, era algo fuera de este mundo. Tuvimos que movernos de allí y fuimos a su casa. En la noche conversamos de nuevo y hablamos del semen en la boca y me dijo que eso no se hacía porque a Dios no le gustaba.

    Dos días después, a media mañana salí de mi trabajo y fui a visitarla, no podíamos estar en su casa porque tenía familia pero estábamos con el deseo a mil, así que en la parte de abajo del edificio, detrás de la escalera, nos besamos, recosté su pecho a la pared y hacia como si la penetraba pero con la ropa puesta, ella me pedía que la penetrara, pero era muy arriesgado, estuvimos un rato más así hasta que tuve que irme a pesar de no querer hacerlo.

    El fin de semana fuimos a la iglesia para ensayar unas canciones y recibir unas clases, ella andaba con su novio y yo le daría clases de guitarra, el novio se quedó en la parte grande de la iglesia y yo entre con ella a un salón para enseñare lo de la guitarra, cerramos la puerta y después de dos o tres acordes nos empezamos a besar, apasionados, locos, había gente afuera y nos colocamos detrás de la puerta, bese su cuello y mis manos se aferraron a su culote, ella desabotono su blusa y me dejo ver sus senos, la blusa era de botones y sus senos quedaron expuestos, los bese deliciosos, esos pezones paraditos.

    Luego ella se agacho y me mamo el guebo intensamente, fuimos a la silla la coloque en cuatro, bajé su pantalón hasta las rodillas, lamí su culo, metí un dedo en su culo, y luego mi pene en su cuca, bombeándola con fuerzas, ella miro hacia atrás y mordía sus labios, era algo extremadamente sexy, no podía gemir porque había gente afuera, seguí dándole y luego lo saqué, me senté y ella sacó el pantalón de una de sus piernas y se sentó sobre mí y se movía rico casi me saca la leche le dije que acabaría, se arrodilló y me la saco con la boca, toda no dejo caer ni una gota.

    Que locura, y ellos afuera, nos arreglamos y ya había terminado la media hora de clase.

  • Disputándonos a papá: La amiga de Jazmín

    Disputándonos a papá: La amiga de Jazmín

    Me llamo Jazmín y tengo 26 años, ya han escuchado hablar de nosotras en anteriores relatos.

    Ya que mi hermana Lucia os ha platicado del primer trio con papá, muy excitante, por cierto, contaré como comencé a compartir a papá con una amiga mía, Sandy. Lucia nunca supo de esta situación.  Pero recapitulando las anteriores anécdotas, yo tenía en ese entonces casi 23 años. Mi padre nunca fue tan abierto en el sexo como nosotras esperaríamos, de hecho, los encuentros se volvieron muy fortuitos a partir de ese trio.

    A veces yo creía que nosotras lo poníamos en aprietos seduciéndolo y comportándonos irresistibles para él. Pero el no protestaba, creo que fue una forma de decirnos cuanto nos amaba y de tenernos felices y satisfechas. Siempre fue cariñoso y nosotras lo recompensábamos por ello. Un día le conté a mi mejor amiga Sandy que follaba con mi padre. Al principio comenzó a juzgarme y no la culpo. Por lo demás lo entendió y me dio la razón, éramos dos hermanas con un papa soltero, había necesidades por ambas partes. Un día platicando con mi amiga al salir de paseo me dijo:

    -Jazmín, pero es tu padre, no es como tu pareja, un novio o un amigo, es tu propio padre y eso está mal visto.

    -Sandy esa relación la tenemos muy en secreto mi hermana y yo, y no es malo que nuestro padre nos guste como hombre, yo sé que no es natural que dentro de una familia con un padre soltero surja la atracción sexual, pero ambas amamos mucho a papa y lo satisfacemos y él nos satisface.

    -Si tú eres feliz está bien, tu secreto está seguro conmigo.

    -Gracias Sandy.

    -No niego que a veces los hombres maduros me llaman la atención y hasta se me hacen atractivos, ese pelo en pecho y esos brazos rígidos y fuertes llenos de venas, producto del trabajo de muchos años hacen derretir a cualquiera, bueno a mi más. Ese pelo cano y la manera tan experimentada de tratar a una mujer es súper seductor. Me prendió tanto que describiera a papá tan bien, no dejaba de darme vueltas en la cabeza que Sandy pudiera disfrutar de papá mientras yo los veía.

    Nos despedimos y quedamos de acuerdo de vernos la siguiente semana. El día elegido mi hermana Lucia no estaría en casa. Cite a Sandy a cierta hora y le pedí que cuando llegara entrara sin tocar la puerta. A la hora acordada me vestí con un short de mezclilla muy corto y una blusa con botones ajustados para poder lucir mi escote frente a papá. Desayuné con él y comenzamos a platicar y yo a seducirlo.

    Cuando llego la hora yo ya estaba en lo mío, chupaba y succionaba el miembro de papá en la sala, el sentado y yo junto a él comiendo su polla, la metía a mi boca y la lamía, hacia ese movimiento con la lengua que a papá le encanta, el gemía y se dejaba querer. Yo chupaba y chupaba despacio cuidando de no hacerlo venir. Me puse en una posición en la cual, cuando entrara Sandy nos pudiera ver.

    La puerta se abrió y entro mi amiga, sus ojos se abrieron como platos cuando me vio.

    -Lo siento, Jazmín, volveré otro día.

    -No Sandy, ven, acércate.

    Mi padre se puso muy nervioso y sorprendido, trato de subir su bragueta. -Papi ella es una amiga que quiere jugar con nosotros, tiene el deseo de estar con alguien mayor, anda – le decía sin dejar de lamer su polla mientras le hablaba, lo miraba desde abajo y metía su glande en mi boca, ¡aghg!, ¡aghg!, ¡aghg! – Anda papi, solo un poco, es de confianza y no va a decir nada, démosle la oportunidad, ¿anda sí? – lamia y seguía chupando su polla lo que ayudo a no negarse.

    -Ven Sandy, siéntate a su lado, ven jajaja- le dije tomando su mano y sentándola al otro lado del sofá, junto a la polla de mi padre. Vi la expresión de papa de incredulidad, con mis lamidas podía ver que trataba de no terminar, yo estaba muy excitada así que traté de que durara lo mas posible. – ¿has chupado una polla Sandy? -Solo un par de veces con mi novio Víctor, hasta que me dejo, desde ahí no he probado una. Me dijo. -Pues mira, obsérvame como lo hago. Introduje la verga de papa hasta lo más profundo de mi garganta. ¡aghg!, ¡aj!; ¡puaj!

    -Wow, Jazmín eres experta jajaja, yo nunca pude metérmela mas de tres o cuatro centímetros.

    Me sentía toda una zorra, sonsacando a mi amiga a mamar una polla. Apreciaba mucho a Sandy lo que me hizo pensar que tenía que enseñarle cómo hacerlo. Chupé dejando seca la punta del glande de papa.

    -Lo que tienes que hacer Sandy es sobar un poco el glande o la cabeza con un dedo o con tu lengua para suavizarlo, después recorre con tu lengua su tronco, puedes recorrer o chupar un poco los testículos, el objetivo es dejarlo húmedo para que la mamada sea fácil y rica. Succiona los testículos así – lo hacía mientras lamia sus huevos de papá y los jalaba con mis labios y lengua, uno a uno – Ya que esta húmeda métela a tu boca y juega con tu lengua, sobando la punta del pene pero dentro de tu boca, puedes jugar con el dentro de tu mejilla así, observa- Metí la verga de papa hasta el fondo y al sacarlo hacia que se marcara su verga por dentro de mi mejilla, yo me daba de cachetadas sosteniendo la verga de papa dentro de mi boca, haciendo que Sandy soltara una risita nerviosa.

    Le pedí a Sandy que escupiera en la punta del pene de papa, ella soltó un hilo de baba que cayó sobre el glande de papa, enseguida lo recogí con mi lengua mientras introducía su verga en mi garganta, yo seguía mamando, por un instante olvide de que tenía a mi mejor amiga observándome como le chupaba la verga a mi propio padre. Papi me toco la espalda y pude sentir como palpitaba su polla queriendo soltar la leche que tenía acumulada. – Quieres intentarlo Sandy? – Le dije apuntando el falo hacia mi amiga. Ella saco su lengua y lo introdujo a su boca. Mi papa estaba extasiado y a punto de eyacular. – ¿Has probado el semen? – le pregunte.

    -No, nunca. Me dijo. Comencé a masturbarlo y a mamar más rápido, pude sentir como me llenaba la boca de rico liquido salado y caliente, chupaba hambrienta de leche, mi padre gemía muy fuerte. Succione fuertemente su verga hasta sacar la última gota, tome una gota que quedo sobre mi papa y se lo di a probar a Sandy, chupo mi dedo y sonrió. La tome de la cabeza y la bese, revolviendo mi bocado se semen en su boca, jugando con nuestras lenguas.

    Para la próxima les contare como fue que papá nos folló a Sandra y a mí, fue inolvidable. Hasta la próxima.

    [email protected].

  • Mi odiosa hermanastra (Parte 1)

    Mi odiosa hermanastra (Parte 1)

    Eran más o menos las nueve de la mañana, demasiado temprano para mí. Estuve un rato haciendo fiaca y aun así no tenía ganas de levantarme, mucho menos tratándose de un domingo. Pero mamá me había hecho prometer que no me levantaría recién para la hora del almuerzo, como hacía siempre. Ese día vendrían de visita los tíos de Pedro, mi padrastro.

    Me dispuse a realizar uno de mis más sagrados rituales. Lo hacía antes de levantarme, y luego, de nuevo, antes de ir a dormir: una buena paja para despejar el estrés. Estaba en plena faena, fantaseando con una conocida presentadora, cuando la puerta se abrió estrepitosamente.

    — ¡Los tíos llegan en media hora!

    Desde la entrada de mi cuarto me miraba, con una sonrisa irónica, Florencia, mi hermanastra.

    Yo estaba cubierto por un acolchado, pero a la altura de la pelvis se había formado una pequeña montaña, debido al movimiento de mi mano.

    — Perdón, no sabía que estabas ocupado. — Dijo Florencia, largando una carcajada—. Me pidió tu mamá que te avise que te vayas preparando. Pero ahora le digo que enseguida «acabás» con lo tuyo y bajás.

    — No seas boluda, no estaba haciendo eso —mentí inútilmente, poniéndome colorado—. Y de todas formas deberías golpear antes de entrar.

    —Sí claro, quedate tranquilo que la próxima lo hago.

    Me dejó con la palabra en la boca, totalmente humillado. Realmente me caía mal esa pendeja. Siempre buscaba la manera de hacerme quedar mal. Era todo lo contrario a mí. Florencia destacaba por su inteligencia. Terminó la escuela con promedio de nueve ochenta. Desde hace ya dos años tenía un emprendimiento de bijouterí, con el que ganaba suficiente dinero para comprarse sus cosas (la mayoría, ropa), y ahora había ingresado a la universidad, y en el primer año ya había metido ocho materias.

    Era imposible no compararnos. Yo ni siquiera había pasado el curso de ingreso universitario, y eso que lo intenté tres veces. Y en mi último trabajo había durado sólo cuatro meses. Florencia me llamaba despectivamente Nini (Persona que ni estudia ni trabaja). Era realmente despreciable conmigo, no perdía la oportunidad de dejarme en ridículo cuando yo emitía una opinión sobre política, sobre cine, o incluso, sobre fútbol (Hasta en esa temática me superaba)

    Su papá, Pedro, y mi mamá, Rosa, se habían juntado hacía un par de años, siendo ambos bastante veteranos. Era una apuesta por la que nadie daba dos pesos, pero para sorpresa de todos, la cosa iba muy bien, y no había la menor señal de que se tratara de una relación efímera. Más bien al contrario, parecían dos adolescentes que descubrían el amor por primera vez.

    Con la muerte de papá, hacía ya diez años, los problemas económicos enseguida nos alcanzaron. El banco no se apiadó de una viuda y su pequeño hijo, y nos embargó la casa, cuya hipoteca no podíamos pagar.

    Vivimos un tiempo alquilando lugares baratos. Por lo que, cuando nos unimos a Pedro y Florencia, ellos, al tener propiedad, nos recibieron.

    Estar de visitante era jodido. Pedro siempre fue bueno, no sólo con mamá, a quien trata como una reina, sino que también conmigo. Pero Florencia no perdía la oportunidad de resaltar mi condición de «invitado». Y ahora que yo ya tenía veinte años, no paraba de repetirme que ya era hora de que me vaya buscando un lugar a donde vivir, después de todo, ya estaba grande. Una cosa era aceptar que mi mamá, su madrastra, viva con ellos, pero otra muy distinta era albergar a un casi adulto que no aportaba nada.

    Estas cosas me las decía con sus palabras enrevesadas de universitaria petulante, y siempre me lo decía cuando estábamos a solas, asegurándose de que ante los ojos de Pedro y de mamá, era un chica buena y educada.

    Básicamente estaba harto de la actitud soberbia de Florencia, y ahora que me había visto en pleno acto de autosatisfacción, sabía que iba a utilizarlo para humillarme.

    Durante el almuerzo estuve tenso, esperando algún comentario ponzoñoso de mi hermanastra.

    —Me parece que la carne está demasiado «dura» —comentó, mirándome de reojo.

    —No, para nada —dijo, Ester, la tía de Pedro—. Está muy buena.

    Mamá aseguró que la mujer estaba en lo cierto. Por lo visto ninguno había entendido el doble sentido de la frase.

    —Y cómo van los estudios —. Preguntó en un momento Álvaro, el esposo de Ester.

    —Genial, si sigo así, me recibo en cuatro años más — Se apuró a decir Florencia, con arrogancia camuflada. Luego, mirándome a mí, fingiendo curiosidad agregó —¿Y vos Mariano? ¿Te estás preparando para el curso de ingreso?

    Sentí que la comida empezaba a caerme mal.

    — Ah, no sabía que eras tan chico… —comentó Álvaro, visiblemente confundido. -Pensé que ya estarías en segundo o tercer año.

    —No es chico, ya tiene veinte —se metió Florencia —Es que ya intentó entrar a la universidad varias veces, pero no pudo. Pero bueno… -Largó un suspiro-. Seguro que la próxima lo logra.

    —Sí, seguro que sí — dijo Pedro, con sincera esperanza.

    —¿Y están de novios? —Preguntó Ester.

    —¿Nosotros dos? ¡Ni loca! —Dijo Florencia, y todos rieron a carcajadas. —No, estoy sola, no tengo tiempo para esas cosas —Dijo después.

    Luego, la tía Ester me miró a mí.

    — Yo también, estoy soltero. —dije.

    Florencia me miró con los ojos entrecerrados y burlones. Era la mirada que ponía cuando estaba a punto de hacerme pasar un mal momento. Pero no dijo nada. De todas formas me puso muy a la defensiva. ¡Pendeja odiosa!

    Cuando se fueron los tíos me encerré en mi cuarto a jugar a la Play. En un momento me llegó un mensaje de Florencia al celular. Vi lo que me había puesto. Era un video de un monito que se masturbaba frenéticamente. Tenía los dientes apretados, los ojos desorbitados, y una gotita de sudor se resbalaba por su cara. No me dio ningún poco de gracia. «Idiota», le respondí.

    Lo que más me molestaba de ella no era su actitud pedante y burlona hacía mí. Lo que me hacía detestarla era el hecho de que la única manera que se relacionaba conmigo era a través de sus comentarios hirientes. Si alternara eso con actitudes amistosas, hasta podría reírme de alguna de las boludeces que me solía decir. Pero cuando no me está agrediendo, actúa de forma totalmente indiferente. Como si mi existencia sólo tuviese sentido para ella, cuando necesitaba mofarse de mí.

    A la noche, cuando ya era la hora de cenar bajé al comedor.

    -¿Por qué no le avisás a Florcita que baje a cenar? – pidió mi mamá.

    Le iba a decir que «Florcita» Ya sabía a la hora en que comíamos. Pero cambié de opinión. Le daría una dosis de su propia medicina.

    Fui hasta su cuarto. Entré sin golpearle la puerta, para que se dé cuenta de lo invasivo que resulta cuando te hacen eso. Pero no la encontré. En la computadora había un video musical reproduciéndose a todo volumen, por lo que seguramente no me había oído entrar. Vi que la puerta del baño estaba media abierta. Seguramente se estaba sacando una foto frente al espejo, últimamente estaba subiendo a su Instagram muchas selfies de ese tipo, vaya a saber la atención de quién quería llamar.

    Fiel a mi plan entré sin aviso. Florencia estaba con las nalgas sobre la bacha del baño. Efectivamente, sostenía su teléfono en la mano. Pero lo que me llamó la atención fue la ropa que llevaba puesta, o mejor dicho, la ausencia de ropa.

    Debajo, sólo la cubría una diminuta tanga negra de hilo dental. La tela se metía sin pudor entre sus glúteos. La piel estaba pálida en las partes donde normalmente era cubierta por una lencería más grande.

    Y arriba… arriba estaba totalmente desnuda.

    — ¡Qué querés pendejo! —me dijo, indignada.

    Pensé que me iba a cerrar la puerta en la cara, pero se me fue al humo, como queriendo insultarme, aunque no le salieron las palabras. Por primera vez vi que se sentía avergonzada.

    — Ya está la cena —Dije, fingiendo normalidad, aunque no pude evitar mirar sus pechos. No eran grandes, pero tampoco pequeños, y los pezones eran rosados.

    —¿Qué te pasa? ¿Nunca viste una teta? —dijo Florencia, dándose cuenta de mi obvia mirada. Se cruzó de brazos, cubriéndose.

    La miré a los ojos.

    — Obvio que vi muchas. Y las tuyas no son nada de otro mundo —dije.—Apurate que se va a enfriar la comida. —Agregué después. Me di vuelta y la dejé con la palabra en la boca.

    En la cena la pendeja estuvo demasiado calladita por tratarse de ella. Sentía cómo de repente me clavaba los ojos. Yo comía, como si no hubiese pasado nada. Si la bardeaba por haberla visto en tetas, el que iba a terminar mal parado iba a ser yo. Así que me llamé a silencio y dejé que ella solita se hiciera la cabeza.

    Florencia me había enganchado haciéndome una paja, era cierto. Pero ahora estábamos a mano. Ahora los dos nos habíamos visto en un momento de vulnerabilidad. Ella, ya sea por pura vanidad, o para agasajar a algún chongo, se había sacado una foto con una tanga diminuta y en tetas. El culo estaba apoyado sobre la pileta del baño. La había atrapado infraganti, con las manos en la maza, como dice mamá.

    Terminamos de comer y me metí en mi habitación. Gonza me había dicho de ir a una joda, pero no tenía un mango encima, y no quería pedirle plata a Pedro, mi padrastro.

    De todas formas prefería no ir. Las fiestas nunca me gustaron mucho. La música a todo volumen me incomoda, la gente borracha me desagrada, y con las chicas siempre me fue mal. Así que prefería pasar el día en casa, o en la casa de alguno de los pibes, jugando a la Play y tomando alguna birra.

    El problema era que eso ya se estaba terminando. Mis amigos, de a poco, se iban convirtiendo en adultos. Ahora todos trabajaban. Y Juancito hasta esperaba una criatura. Ya casi no tenían tiempo para mí.

    Esa noche me pintó el bajón, justamente pensando en eso. Puse un par de videos de «Te lo resumo Así nomás» para cagarme de risa, y después entré a una página pornográfica a la que últimamente estaba entrando seguido.

    Uno de los Users a los que sigo había subido un post con imágenes de las minas más sexys de la televisión. Miré cada una de las fotos, y luego me detuve en mis favoritas.

    Al toque me metí la mano adentro del calzoncillo. Al toque me puse al palo. Humedecí mi mano con saliva y luego me froté la cabeza de mi amigo. Estaba como loco pensando en ellas y en Florencia…

    ¿Florencia?

    Sí, Florencia también tenía tremendo culo, no me podía hacer el boludo con eso. Mi hermanastra era un camión. Hasta el momento venía sobrellevando bien el hecho de vivir con una mina como ella. Pero verla semidesnuda fue heavy. El culo escultural apoyado sobre la bacha del baño, sólo cubierto por una tanguita diminuta, que más que cubrirla, simplemente resaltaba su desnudez. Su torso desnudo, su cara de intelectual seductora. Sí, Florencia estaba buena. Pero la odiaba. Me trataba como un pelele. No se merecía estar en mi cabeza, no merecía que tenga una erección por ella, no merecía mi leche.

    Recé a mis diosas para que fueran a salvarme. Enseguida las imágenes de ellas fueron a mi rescate. Ya no daba más. Iba a largar la eyaculación. Tenía que aguantar, tenía que serle fiel a ellas. Pero el recuerdo de Florencia, de su trasero perfecto, de la blancura, ahí, donde normalmente estaba cubierta, de sus tetas paradas, del olor de su cuerpo cuando estaba cerquita de mí, se colaron. Traté de aguantar, pero ya no pude. El semen salió con mucha potencia. Tuve que ahogar un grito. Mi odiosa hermanastra me había hecho acabar por primera vez desde que le conocí.

    Me levanté al otro día a la hora del almuerzo. Sólo comimos mamá y yo. Pedro estaba en su oficina, y Florencia había salido. Se respiraba tranquilidad cuando ella no estaba en casa. No me tenía que preocupar por las frases ofensivas que tiraba en momentos inesperados. No me tenía que esforzar por buscar una respuesta igual de filosa, aunque casi nunca la encontraba.

    —Acordate de poner tu ropa sucia en el canasto. —Me dijo mamá cuando terminamos de comer.

    Fui hasta mi cuarto. Hacía como dos días que acumulaba ropa sobre una silla. Un colgado. Seguro mamá me va a cagar a pedos, pensé. Agarré el montón y lo llevé al lavadero. Cuando iba a poner la ropa en el canasto vi que adentro ya había ropa. Un pantalón de jean y una remerita blanca. Y encima de la remera, una pequeña tela negra.

    Miré por encima de mis hombros, a ver si mamá no estaba detrás de mí. La vieja tenía la costumbre de hacer esas cosas. Me observaba mientras yo no me daba cuenta, como si estuviese a la expectativa de que me mande una macana. Ni que tuviera doce años.

    Pero estaba solo. Solté mi ropa, tirándola al piso, y agarré la tela negra. Estaba enrollada, hecha un bollo. Las desenrollé. Como pensaba, era la tanga con la que Florencia se había sacado una foto el día anterior. ¿Para quién carajos era esa foto?

    Me quedé observando la prenda íntima de mi hermanastra, parando la oreja, y mirando hacia la puerta a cada rato, atento a si aparecía mamá.

    La tela que iba en la parte trasera no era más que una tirita. En la parte delantera era un triángulo muy angosto. Me imaginaba que Florencia debía estar completamente depilada para usar esa prenda. Hice un esfuerzo para recordar su pubis del día anterior, pero sólo había prestado atención a su trasero y sus tetas.

    Me llevé la tanga a la nariz, y la olí, quizás esperando encontrar un olor desagradable en ella. La próxima vez que me molestara le diría «callate olor a culo».

    Pero no percibí nada más que un suave perfume. Ni siquiera olor a transpiración. Nada. Supuse que sólo la había usado un rato, se la habría puesto exclusivamente para hacerse esa foto. Con el calor que hacía esos días, si la había usado durante varias horas, debía tener olor.

    Pensé en qué ropa interior estaría usando en ese momento. Ahora sí, con treinta y tres grados bajo el sol, su trasero y su entrepierna estarían bañadas en sudor, y la bombacha estaría empapada.

    Hice un bollo con la tanguita negra. Era tan chica que cabía adentro del puño sin que se notara que tenía algo en él.

    Entonces escuché unos pasos que se acercaban. Menos mal que había estado atento, porque al toque mamá abrió la puerta de la cocina que era la que daba al lavadero. Cerré el puño con más fuerza. Tuve miedo de que una tirita de la tanga sobresaliera sin que me diera cuenta, así que, con carpa, puse la mano en el bolsillo.

    —¿Qué hace tu ropa en el piso? — Preguntó mamá.

    Qué boludo, pensé para mí. Me había colgado morboseando con la tanga, y me olvidé de poner la ropa en el canasto.

    —Emmm —balbuceé, sin encontrar una mentira convincente.

    —Andá nomás Marianito, con vos no hay caso, las tareas domésticas no se te dan.

    Mamá se puso a recoger la ropa. Yo esperaba la oportunidad de meter la tanga de Florencia en el canasto, pero mamá ya se disponía a lavar toda la ropa. Así que me fui a mi cuarto, con la tanga de mi hermanastra en el bolsillo.

    Los días que siguieron fueron de mucho calor. Tanto que, con todo lo haragán que soy, me puse a limpiar la pileta y a llenarla. Recién para el atardecer terminé, y me di un buen baño durante un par de horas.

    Fui a mi cuarto, fresquito. Me puse a ver una peli en Netflix. Ya era la medianoche cuando escuché que alguien golpeaba tímidamente mi puerta.

    Sin esperar a que yo responda, la puerta se abrió. Era Florencia. Estaba vestida solo con una bombacha blanca y una camisa que usaba de pijama.

    — Ya no aguanto más — dijo. Tenía un gesto de angustia. Su pelo castaño estaba mojado y las gotitas de agua se resbalaban por su cara. Supuse que se acababa de dar una ducha de agua fría.

    — ¿Qué te pasa? — le pregunté, confundido.

    — Me muero de calor. Mi aire acondicionado no funciona. Esta noche voy a dormir acá.

    — Deberías pedírmelo primero. ¿No?

    — No te pongas en forro ahora, pendejo. Te digo que me muero de calor. Ya aguanté dos días sin dormir casi. Papá me aseguró que el técnico viene mañana sin falta, pero hoy necesito dormir bien.

    Salió al pasillo y volvió a entrar, arrastrando su colchón y unas sábanas.

    Puso el colchón al lado de mi cama.

    — Por hoy evitá hacerte la paja. Y en lo posible no te tires pedos. — Me dijo.

    — Y vos tratá de no andar en bolas por mi cuarto. — retruqué.

    — Callate Nini. — Respondió ella. Siempre que no sabía qué responder me echaba en cara el hecho de que yo ni estudiaba ni trabajaba.

    Se tapó con la sábana. Enseguida se durmió. Se notaba que realmente necesitaba descansar.

    Así, dormida, no parecía tan temible.

    De repente recordé que tenía su tanga escondida en un baúl donde guardaba mis cómic y mis mangas japoneses. Era improbable que la descubriera, pero uno nunca sabía.

    Me costó dormir. Me quedé un buen rato viendo cómo Florencia dormía. Los labios estaban semiabiertos, las piernas se escapaban de las sábanas y aparecían desnudas. En un momento, luego de que se removiera varias veces, pude ver su nalga, también desprotegida de las sábanas, cubierta por la linda bombacha blanca.

    No lo podía negar, estaba hermosa.

    Continuará.

  • Buscando empleo ¿Terminó como sugar baby?

    Buscando empleo ¿Terminó como sugar baby?

    Hola mis queridos lectores, después de tanto tiempo sin contarles mis experiencias, me animé a contarles algo que me sucedió hace tiempo. 

    Quiero empezar agradeciendo a todos los que se han tomado el tiempo de escribirme vía correo electrónico, debo decir que algunos mensajes que recibo me provocan y me llevan a imaginar cositas muy ricas jeje. Sin dudarlo seguiré respondiendo cada correo que llegue ya que ustedes me motivan a seguir escribiendo y poder darles un momento de placer.

    Entrando al tema debo decir que esto ocurrió hace unos meses, había aprendido a sobrellevar mis clases en la universidad, por lo que tenía un par de horas libres al finalizar el día y nada mejor para aprovechar el tiempo que buscar un empleo en el que pudiera obtener un ingreso extra para mis gustitos personales jeje.

    Comencé mi búsqueda de empleo y di con una vacante en un despacho que buscaba una asistente, el sueldo era atractivo, pero había algo que me intrigó, en la descripción del puesto decía: “gusto por el trato personal y de buena apariencia.”

    Envíe mi currículum y a las pocas horas me respondieron con un correo electrónico agendando una cita para el día siguiente y un par de indicaciones sobre cómo debía ir vestida. Por si se lo preguntan, me pidieron ir con falda, supuse que era algo normal ya que se trataba de un trabajo formal.

    Los que han seguido mis relatos saben que me gusta ser sumamente coqueta, por lo que decidí ir de lo más sensual, pero sin llegar a verme tan vulgar, usé un vestido entallado y unas zapatillas un poco altas que servían para que mi figura se viera más atractiva, debajo del vestido llevaba una tanga roja de encaje y un brasier del mismo color que hacía que mis tetas se vieran más sensuales.

    Por la zona donde tenía que pasar para poder llegar a la entrevista, había una base de taxis y otra de microbuses, por lo que al pasar cerca de ahí los hombres me chiflaban y me decían cosas morbosas, y no los culpo de perfil y vista desde atrás mi culito se veía sumamente rico ya que la tela del vestido hacía que se marcaran muy sexi mis nalguitas.

    Me hubiera encantado calentar aún más a esos tipos, ya que hubo un par de conductores que mientras pasaba enfrente de ellos se tocaban la verga por encima del pantalón, esa acción me prendió demasiado, por un momento me imaginé arriba del microbús hincada mientras le mamaba la verga a ese hombre, lamentablemente solo quedo en mi imaginación jeje, ya que debía llegar a la entrevista.

    Al llegar a la entrevista me di cuenta que era una casa adaptada como oficina. Salió la que en ese entonces era la asistente, me llamó la atención que era una mujer joven, muy guapa y con un cuerpo muy muy sensual, pero estaba embarazada.

    Conversamos un poco en lo que caminábamos a la oficina del jefe, cuando llegamos me recibió en su oficina y me dio las características principales del puesto, debo decir que él era un hombre joven no muy guapo, pero era atractivo.

    En realidad, los requisitos eran ser su acompañante, es decir estar con él cuando tuviera reuniones con otras personas, por lo que habría días en los que no se me requeriría en la oficina solo cuando él me llamara tendría que ir. Eso me pareció muy bueno porque no me apartaría mucho de la universidad.

    Por lo que de inmediato acepté la oferta, yo sabía que ese tipo de acompañamientos suele acompañarse de sexo, cosa que no tenía problema, siempre y cuando nos entendiéramos bien.

    Nos dimos la mano en señal de haber cerrado el trato y me dijo que la única condición era que cuando se me requiera tendría que ir lo más sensual posible, que él se encargaría de darme dinero para comprar ropa nueva, zapatos y todo lo que necesitará para poder verme lo mejor posible para él.

    Después de que ambos acordamos en todo, llamó a su asistente para que me mostrara las instalaciones.

    Me dio un tour por la casa y descubrí que dentro había un jacuzzi, cuando lo vimos me dijo que una de mis funciones sería prepararlo cuando el jefe se sintiera estresado, mientras decía esto la vi que se agacha a recoger algo del piso, para mi sorpresa me di cuenta que lo que recogió fue una tanga.

    Así que le pregunté si era de ella, a lo que me respondió que sí, que regularmente y en cuanto el jefe me tuviera más confianza me pedía favores sexuales a cambio de consentirme en lo que yo quisiera. Empecé a sospechar que su embarazo se debía a esos favores sexuales que me había platicado, pero no me animé a preguntar eso.

    Sinceramente siempre había existido una cosquilla en mi entrepierna por comer con algún jefe, así que estaba dispuesta a todo con él, y el hecho de que fuera simpático ayudaba aún más.

    Esa tarde solo pasó eso, al día siguiente me presenté de nuevo ya que el jefe me pidió acompañarlo a una comida que tenía con algunos clientes, obvio como buena niña le dije que sí.

    Al llegar a la oficina lo primero que me dijo fue que debíamos ir de compras ya que quería que me viera más sensual en esa reunión, por lo que fuimos a una plaza que estaba algo cerca de las oficinas. El primer lugar al que entramos fue a una tienda de ropa interior, donde él se encargó de escoger un conjunto muy lindo, pero también muy diminuto.

    Después fuimos a una tienda donde me compró una falda más corta de la que llevaba en ese momento y una blusa con un escote algo generoso

    No es por presumir, pero según varios hombres mis pechos son algo grandes.

    Mientras estábamos en esas tiendas, los roces entre nuestros cuerpos no faltaron, cuando veíamos la ropa él se ponía detrás de mí poniendo su paquete justo entre mis nalgas y tomándome de la cintura, en algunos momentos tocaba mi oreja con su boca haciendo que mi vagina empezara a lubricar, sentí como su verga iba creciendo, así que cuando se me acercaba yo hacía lo posible por empinarme para que sintiera más presión y excitarlo aún más.

    Para este punto yo ya estaba empezando a mojarme, sentirme expuesta ante las miradas de las personas que estaban a nuestro alrededor lo hacía aún más cachondo.

    Salimos de la plaza y me pidió que me vistiera en los asientos traseros del auto, para ese momento ya sabíamos que en algún momento terminaríamos cogiendo en algún lugar y ante esas atenciones que me daba sabía que debía portarme muy bien con él.

    Como una buena putita obedecí y me subí al coche, mientras me desvestía él no perdía ningún detalle de lo que sucedía en el asiento trasero, acomodo su espejo para verme mientras me iba poniendo la ropa que él me había comprado.

    Yo, sacando mi lado de putita solo sonreía sensualmente para que él viera que yo también lo disfrutaba, después de quitarme la tanga que llevaba, la metí en su saco al mismo tiempo que le daba un beso muy cerca de sus labios, después de ese beso puse mi mano sobre su paquete y comencé a mover mi mano de arriba hacia abajo, de la misma forma que deseé tocar la verga de los conductores que había encontrado antes.

    Él sacó la tanga de donde la había puesto y se la llevó a la nariz para aspirar mi fragancia, mientras yo regresaba a los asientos traseros decidí abrirme de piernas, chupar un poco mis dedos y masturbarme un poco para que él disfrutara viendo desde su espejo, estuve unos minutos tocando sintiendo como mis dedos jugaban con mi clítoris arrancándome algunos gemidos.

    No quería que eso terminara así, por lo que me di la vuelta para ponerme la tanga nueva, mientras recargaba todo mi culo entre los asientos delanteros del coche, él no perdió esa oportunidad y alcanzó a meterme sus dedos en mi vagina. Fue algo que no me esperaba, por lo que no pude evitar gemir y mover mi culito para que sus dedos resbalaran más rico dentro de mí.

    Aun con mi líquido escurriendo entre mis piernas por lo excitada que estaba, terminé de vestirme y después me pasé al asiento del copiloto…

    Hasta aquí dejaré esta primera parte, espero no haberlos aburrido, pronto subiré la continuación.

    Gracias por leerme.

  • Compañero de trabajo

    Compañero de trabajo

    Habían decidido que lo mejor para romper el hielo era el alcohol. Sobre el papel todo parecía mucho más fácil.

    Ellos lo tenían clarísimo, es más, ya tenían experiencia con Genia, y lo disfrutaron mucho. Así, cuando Silvia propuso a Luismi que quería que hiciesen un trío con otro hombre a él no le pareció mal. Diría que hasta le excitaba el hecho de compartir a su pareja.

    Lo primero era decidir con quién y eso era algo que decidiría ella. Tenía que ser alguien que le excitara mucho. Durante un tiempo estuvieron buscando candidatos. Entre estos, Luismi propuso a alguno de los amigos de la antigua pandilla de Silvia, pero esto quedó descartado porque a ella ninguno le resultaba demasiado excitante. Quizás el único sería Sergio pero se encontraba viviendo en Nueva York. Así que Silvia barajó varios nombres entre los amigos de su novio y al final acabó decidiéndose por Juanma, el compañero buenorro de Luismi.

    Era un tipo alto, musculado de gimnasio, moreno, con rasgos angulosos. Tremendamente atractivo. Y ser uno de los mejores amigos de su novio le daba un morbo especial, al punto de haberse masturbado alguna vez pensando en él.

    Cuando Luismi se lo comentó a su compañero de trabajo, éste reaccionó con perplejidad. Pensó que le estaba gastando una broma. Pero Luismi le convenció contándole la singular relación que mantenían Silvia y él:

    -Hombre, Silvia está buenísima… pero joder, es tu chica. -Comentó Juanma un tanto sorprendido por la petición.

    -Ya joder. Pero no te preocupes. Lo hemos hablado mucho.

    Quedaron para cenar el viernes por la noche en casa de la pareja. Y efectivamente el alcohol fue necesario. Primero bebieron rioja durante la cena. Un par de botellas. Ya luego pasaron a las copas. Mientras Luismi servía whisky para todos, Silvia se dispuso a poner música. Al agacharse para manipular el CD, su pantalón de talle bajo dejó ver parte de su culito tan solo cubierto con un tanga de hilo dental rojo:

    -Se te ve la hucha -dijo sonriendo Juanma.

    -De eso se trata, ¿no? -contestó Silvia con voz sensual.

    Con las primeras notas de “Good night moon” de Shivaree, Silvia se puso de pie y tras dar un sorbo a su copa sacó a bailar a Juanma en medio del pequeño salón tan solo iluminado, para la ocasión, con una luz tenue. Esto daba a la estancia un ambiente muy íntimo.

    El compañero de Luismi se dejó llevar por ella que, ya desinhibida por los efectos del alcohol, se arrimaba todo lo que podía rozando su delicioso culito por la entrepierna de Juanma que empezaba a crecer:

    -Espera, que esto lo vamos a grabar -comentó Luismi al tiempo que sacaba una cámara digital.

    Juanma comenzó a besar el cuello de Silvia que se entregaba a la música y guiñaba un ojo a su novio que no perdía detalle con su cámara.

    Dejando colgado a su pareja de baile Silvia pasó a los brazos de Luismi con quién se marcó otra parte de la canción.

    El invitado tenía ya una tremenda erección que se notaba en lo abultado de su pantalón. Silvia dio otro sorbo a su cubata y comenzó a quitarse la camiseta de tirantes quedándose solo con el sujetador ante los dos hombres:

    -Vamos chicos quiero ver esos cuerpos.

    Luismi se quitó también la camiseta de mangas cortas que llevaba puesta:

    -El tuyo ya lo conozco amor y me encanta. Quiero ver el de él -dijo señalando al amigo de su novio con cara de deseo.

    Juanma se había sentado en el sofá y veía venir a Silvia al son de la música. Se sentó sobre las piernas del chico y comenzó a desabotonar su camisa blanca mientras se morreaban. Luismi seguía grabando y el calentón le estaba provocando sudores. La pareja se desnudaba apasionadamente. En un instante estaban los tres en ropa interior. Juanma le comía las preciosas tetas. Ella rozaba su sexo aún con el tanga rojo por encima del paquetón que se marcaba en el bóxer del hombre:

    -Dios como me gusta una de éstas -dijo la chica cuando tuvo la polla de Juanma en la mano.

    Silvia se colocó de espaldas a Juanma que permanecía sentado en el sofá y fue incrustándose la verga mientras miraba a su novio. Éste seguía grabando, centrado ahora en como los rasurados labios vaginales de su novia se abrían para abarcar el tremendo grosor del pene de su compañero de trabajo.

    Cuando la tuvo entera dentro, Silvia, suspiró fuerte y echó su cuerpo hacia atrás buscando la boca de su amante. Comenzó a botar sobre la polla, notando como le llegaba hasta el fondo de su experta vagina. Con su mano derecha comenzó a acariciarse el clítoris entrando en un estado de éxtasis. Juanma le amasaba las tetas. Su novio se acercó a ella, se arrodilló y comenzó a lamerle el clítoris al tiempo que su amigo la penetraba. Ella estaba enloqueciendo al sentir la lengua de Luismi lamer su clítoris tan cerca de la polla de su montura:

    -Ponte de pie, vamos -le ordenó ella a Luismi.

    Su novio se incorporó y comenzó a masturbarse frente a ella:

    -Dámela. Dame la polla que te la voy a comer. -Animaba a su novio mientras seguía cabalgando a Juanma.

    No era tan grande como la de su amigo pero si era gorda y a ella le encantaba chupársela. Estuvieron un rato en esta postura; Juanma sentado, amasándole las tetas, Silvia subía y bajaba por la verga mientras se masturbaba con la mano derecha y Luismi le tenía cogida la cabeza con la polla en la boca.

    Toda esta situación llevó a la mujer a un orgasmo brutal. Cayó rendida sobre el torso de Juanma dejando a los dos hombres con ganas de correrse.

    Tras unos segundos de recuperación, Silvia se puso a cuatro patas delante del amigo de su novio y empezó a chupársela. Trataba de tragársela entera pero le era imposible. La tenía demasiado grande para su boca.

    Su novio se puso detrás y comenzó a follársela con fuerza agarrado a sus caderas. Entre jadeos y suspiros de los tres, Juanma se corrió en la boca de Silvia que tragó buena parte de la leche. Ya con la boca libre se centró en disfrutar del polvo que le estaba proporcionando su novio:

    -¿Quieres que Juanma te la meta por el culo? -preguntaba Luismi excitado.

    -Si, si. Quiero que me dé por culo -contestaba ella un poco forzada por el esfuerzo.

    -Pero la tiene muy grande, ¿no? -volvía a preguntar él.

    -Si, pero quiero que me lo parta -ella ahora se hacía otra paja -métemela tú primero, Luismi.

    Juanma seguía sentado en el sofá viendo el polvo que estaba echando la pareja mientras les oía la propuesta de sexo anal.

    Su novio sacó un bote de vaselina que tenía guardado en uno de los cajones y se la untó por el ano. Ella apoyó la cabeza en el suelo dejando totalmente expuesto su culo. Su novio fue penetrándola poco a poco:

    -Dilátamelo, vamos métemela entera.

    Luismi, sin apenas esfuerzo atravesó el esfínter anal y empezó a bombear con fuerza el culo de Silvia que gemía y gritaba. Mientras Juanma se había recuperado de la mamada y se pajeaba con el espectáculo de los novios. Luismi no pudo más y se corrió dentro del culo. Lo había dejado dilatado para el gran tamaño del miembro de su amigo.

    Silvia se incorporó para apoyar su cuerpo en el sofá. De su agujero trasero salía el semen de Luismi. Su amigo se untó bastante vaselina para facilitar la penetración:

    -Te vas a acordar toda tu vida… -le dijo Juanma en tono casi amenazante lo que provocó en la mujer que su libido se disparase.

    Muy despacio fue introduciéndola. Tras pasar el capullo sintió como el ano abrazaba con fuerza su polla. El calibre de ésta era demasiado, incluso para un culo experto como el de Silvia:

    -Me duele, joder -tenía la cara apretada y roja. Los dientes trinchados.

    Luismi volvía a tener la cámara y grababa el momento de difícil sodomía que estaba sufriendo su novia. Juanma volvió a empujar, lo más difícil había pasado y ahora la penetración fue más rápida:

    -Aaaggg, joder, como duele.

    -Dios que culo tiene tu novia, cabrón. -Dijo Juanma mirando a cámara.

    Luismi estaba otra vez masturbándose. Mientras su compañero le abría el culo a Silvia. Ahora los movimientos eran más constantes y la penetración más profunda:

    -Dame fuerte joder, dame -desafiaba ella.

    Luismi seguía pajeándose fuerte a la altura de la cara de Silvia con la visión de su compañero dándole por culo a su novia.

    Con un grito animal Juanma descargó gran cantidad de esperma en el ano desgarrado de la novia de su amigo y segundos después fue Luismi el que se corría en la cara de su novia.

    Ella estaba rendida y se tumbó como pudo en el sofá. Con el coño y el culo, totalmente abiertos y la corrida de su novio en la cara era incapaz de moverse. A un lado reposaba Luismi y en el suelo estaba Juanma.

    Pasada media hora se despidieron de su invitado. Ellos decidieron ducharse juntos y Luismi obsequió a Silvia con una comida de coño. Ella de pie apoyada en la pared con una pierna sobre el hombro de su novio quién de rodillas lamió el clítoris de ella hasta el orgasmo mientras un chorro de agua caliente caía sobre ellos…

  • Memorias de una hotwife

    Memorias de una hotwife

    Mi nombre es Claudia, tengo 38 años y soy una hotwife.

    Soy una mujer casada, con dos niños y con una rutina como cualquier otra mujer. Aclarar que quiero mucho a mi marido, es muy buen padre y demás, pero es un muy mal amante. Él es alto, corpulento y guapete, pero tiene un ridículo pene de 12 cm finito y que apenas se pone duro.

    El reconoce su incapacidad para satisfacerme y eso hizo que me abriera las puertas a probar otros hombres, y si, lo pongo en mayúsculas porque lo que he probado son hombres, hubiera más o menos feeling todos me han llevado al orgasmo, cosa que mi marido no consigue. He de decir que no es que me haya acostado con muchos, pero todos estaban más dotados que el cornudo de mi marido.

    A medida que probaba otros machos mi marido cada vez me atraía menos, se quiera o no una termina comparando, y mi marido sale muy mal parado, no lo veo hombre, no me pone absolutamente nada.

    He de decir que mi marido está al corriente de mis quedadas, incluso le cuento detalles.

    Después de probar con varios hombres he conocido a mi media naranja sexual. Es un morenazo, alto y fuerte, con una polla increíble (20 cm y gruesa).

    Ha sacado de mi la puta que llevaba dentro, mi marido me tenía apagada. Mi macho actual hace que me corra como una loca, lo deseo con locura, es súper morboso ver a mi marido acostado en nuestra cama después de haber follado con mi macho y dejar las sabanas empapadas de mis flujos y su semen.

    Llevo con mi macho dos años y medio y cada vez estamos mejor. Follamos todas las semanas mínimo una vez, en mi casa o en la suya.

    Las relaciones con mi marido se limitan a una masturbación de vez en cuando, le explique que me era muy difícil mantener sexo con él porque no me atrae nada, ver su diminuto pene me tira para atrás.

    Él ha aceptado su rol, como buen cornudo empieza a disfrutar con lo que le cuento y quizás algún día le dejemos mirar. Decir que yo también he aceptado mi rol, reconozco que al principio me costaba, porque no es lo normal, pero a la mierda esa normalidad. Ahora me siento mujer, me encanta que me follen como dios manda y sentirme lo que soy, una buena puta.