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  • Las manos de mi madre

    Las manos de mi madre

    La cruda realidad me estalló en la cara cuando el día después de mi cirugía en ambas manos fui plenamente consciente que durante al menos varias semanas estaría sin manos.  Si, literalmente sin manos. No podía hacer absolutamente nada sin mis dos preciadas manos. Ni comer, ni rascarme la nariz, ni orinar si quiera para al menos sacar mi pene o bajarme el pantalón. Era horrible. Escasamente las puntas de mis falanges se asomaban y podía moverlas un tanto.

    Maldije la vida en ese minuto. Maldije mi bicicleta de la que caí estrepitosamente al andar por aquella maldita vía asfaltada en pendiente. Mis manos soportaron el peso de mi cuerpo al impactar contra el suelo duro y negro y mis muñecas se hicieron añico. Ahora estaba sin manos. No sabía lo terrible que es no tener manos. Es peor que no tener piernas. Verlas así completamente enyesadas sin poderlas mover era una verdadera tragedia.

    No pude continuar yendo a mi primer año universitario que acababa de iniciar. Tuve que congelar mis estudios y eso me frustraba enormemente. Estaba deseoso de experimentar eso de ser un primíparo universitario y solo falta una semana para ello. Tranquilo, todo va a pasar, ten paciencia, el semestre próximo inicias y ya está, me repetía mi madre cada día cuando miraba mi rostro frustrado.

    Me sentía raro, avergonzado y fastidiado cada vez que tenía que usar el baño para hacer pipi o peor aún para hacer caca. Me incomodaba que mi mama me viera desnudo y aun peor que tuviera que agarrar mi pene para sacudirlo o secármelo con pedazos de papel higiénico. Era todavía más terrible e indignante que tuviera ella que limpiar mi culo después de cada deposición. Aunque ese primer día lo hacía procurando voltear su rostro para mirar hacia otro lado y no avergonzarme tanto.

    -Ándale hijo, déjate de tonterías, bien que te limpiaba todo cuando eras un bebé. Soy tu mamá. Relájate.

    Pero me era imposible al principio no sentirme incómodo y evitar la vergüenza. Ya no era un pequeño. Ahora ya acababa de cumplir mi mayoría de edad después de todo. Podía entender que mi madre aún me leyera como su niño, pero ya yo no me sentía tal cosa.

    Al día siguiente fue mi primera ducha en casa. La pensé mil veces para hacerlo. La idea de estar completamente desnudo ante mi madre y peor aún, que fuera ella quien me enjabonara como un bebé me ponía de puntas de lo incómodo. Dejé pasar el día entero sin decir nada hasta que fue ella misma casi al morir la tarde quien me sentenció a que debía ir ducharme.

    Lo hice de mala gana. Me levanté y me metí al baño a esperarla ansioso para que ese momento pasara lo más rápidamente posible.

    Ella entró resuelta y cariñosa como siempre con su ropa vieja de estar en casa. Alce mis brazos, con cuidado ella me quitó la franela suave y holgada que yo vestía y me bajó mi calzoncillo y pantaloneta de un solo tirón sin ser brusca. Me sentí al descubierto. Sentí el aire fresco y húmedo del baño recorrer mi desnudez. Era la primera vez que estaba completamente desnudo ante ella desde mi niñez.

    Ella ni expresó nada pero su mirada fisgoneó un poco en mi sexo con evidente y natural curiosidad y su mirada recorrió de reojo mi cuerpo desnudo completo. Con mucha naturalidad y ante mi actitud tensa me pidió que alzara los brazos y entrara en la ducha. Lo hice y ella con la llave flexible podía mojar por todas partes de mi cuerpo sin pringar el yeso de mis manos. Me recorría con ternura pero naturalidad. Yo no paraba de sentirme tenso e incómodo, pero extrañamente era agradable sentir sus manos enjabonar mi cuerpo. Cerré los ojos y en silencio dejé que sus manos suaves me recorrieran por toda mi intimidad. Un cosquilleo agradable me invadió.

    Me dio una palmaditas en mis nalgas que me sacó de mi estado de paz y me decía cosas como si fuera yo todavía un bebé. Lo hacía con cariño para bajarme la tensión. Yo sonreía un poco avergonzado. Pero cuando me giré y me expuse frente a ella completamente, sentí tensión nuevamente.

    -¡Tremenda cosa colgante tienes!, hijo de tu padre tenía que ser ja ja. Eres todo un hombre.

    Ese comentario con pretensión juguetona elevó mi vergüenza aun más. No supe cómo reaccionar ante esas palabras. Solo lo decía por romper el hielo y relajar la atmósfera. En todo caso, para mí, mi pene estaba muy dentro de lo normal aunque si un poco grueso según comentarios de una que otra novia que ya había tenido en los dos últimos años. Cerré los ojos en silencio y dejé que me enjabonara mi cuerpo, mi zona pélvica y mi pene. La sensación de su mano en mi zona íntima fue suave y agradable la verdad sea dicha. Pero fue breve, creo que lo más breve que pudo para no fastidiarme. Finalmente todo culminó. Me secó, me echó desodorante y polvo de cuerpo, me ayudó a colocarme un bóxer azul corto y una camisilla.

    -Ahora entiendo porque se te pinta siempre un bulto jajaja.

    -Ay mami me haces sonrojar.

    -No seas tonto. Soy tu madre.

    A pesar de lo natural y juguetona de mi madre, no podía evitar sentirme tenso y un tanto avergonzado a pesar de lo placentero del baño. Debo admitir por lo tanto que esa primera ducha fue menos dramática de lo que me esperaba.

    Mi mamá había pedido tres semanas de permiso de su trabajo para poder cuidar de mí, al menos hasta que me quitaran los yesos y pudiera yo comenzar a hacerme por mi mismo algunas cosas básicas. Era entonces raro estar todos los días en casa solo con ella. Rodolfo, mi hermano menor iba a la escuela y solo regresaba por las tardes y mi padre se había separado de ella ocho años atrás.

    Los días eran tranquilos, pero a ratos era desesperante no poder hacer otra cosa que mirar tv aunque podía con mucho esfuerzo teclear algo en el pc moviendo enteramente mi brazo y pulsando con la punta de mis salientes dedos y poder navegar en el internet un poco, pero me cansaba rápidamente. Mi mamá se ocupaba de mí y el resto del tiempo hacía los quehaceres de casa, sino se relajaba en su alcoba mirando tv. Me hablaba bastante a ratos y creo que eso ayudó a intimarnos y hasta a conocernos un tanto más que antes.

    Durante la madrugada ocurrió un primer incidente realmente vergonzoso que marcaría un punto de inflexión en esta historia. Tuve muchas ganas de orinar como solía ser habitual de mi cuerpo, pero al tiempo tenía una tremenda erección de naturaleza fisiológica, de esas que se forman en la noche sin motivo erótico. Así que intenté ir sigilosamente al baño solito y hacer pipí. Salí de mi alcoba, recorrí el pasillo, pasé por la puerta abierta de la alcoba de mi madre contigua al baño que había decidido mantener abierta para atender mis urgencias. Empujé la puerta del baño que estaba medio abierta y con mi brazo pude encender la luz. Craso error. Mi madre de sueño ligero sintió no solo mis pasos, sino también la luz del baño que iluminó el pasillo y de paso un poco la oscuridad de su habitación. Su instinto protector la hizo saltar de su cama y rápidamente salió en su bata corta y su rostro fruncido por la luz molesta y me hizo un reclamo sin enfado del porqué no la había llamado para ayudarme.

    -¿Vas a hacer pis?

    Yo apenas asentí tímidamente. Ella se acercó sin vacilar y me deslizó mi calzoncillo hacia abajo sin poder aun estabilizar su mirada aturdida por la luz. Mi erección inevitable salió disparada al aire libre. Mi madre miró mi pene crecido por primera vez seguramente. No se lo esperaba y mi vergüenza subió colores a mi rostro.

    -Las ganas de orinar me lo pone duro en las noches.

    Ella, solo lo miró un segundo y sonrió un poco entre curiosidad, vergüenza y sorpresa.

    -Hombres, hombres, ay hombres. ¿Puedes mear así o mejor te sientas en la taza?

    Me senté en la taza a esperar a que la erección cediera, pero sabía que iba a tomar unos largos segundos. Cuando volví a mirar hacia arriba noté que mi madre me lo miraba con curiosidad. Pude detectarlo en sus ojos color café ahora dilatados. Notó que yo me daba cuenta que miraba mi sexo y percibí en ella un cierto atisbo de vergüenza. Se sintió pillada contemplando mi intimidad.

    -Bueno me avisas, para secarte y subir tu calzón.

    Salió del baño un poco y se puso de espaldas en el pasillo sin cerrar la puerta. Fue una rara sensación. De alguna manera convivían en mí, una incomodidad y vergüenza por la situación pero al tiempo un cierto placer de saber que a mi propia madre de alguna manera le había llamado la atención ver mi pene así, erecto. Intenté entonces concentrarme para que mi erección cediera. Poco a poco mi miembro fue ablandándose y un chorrito de orín fue saliendo cada vez con más fuerza. Ella escuchó mi orín caer en la taza.

    -Pudiste al fin. Ya se te puso chiquita je je. Bueno chiquita es un decir, porque aun dormida la tienes tremenda.

    En realidad no estaba aún tan chiquita, pero su comentario hizo que mi mirada se volcara hacía ella que aún seguía de pie y de espaldas en el pasillo. Fue entonces cuando noté que su bata vieja azulosa y corta era bastante transparente y se le dibujaban claramente sus nalgas abundantes y una tanga oscura de encajes en las costuras inferiores. Era extraño y poco menos que imposible quitar mi vista de su culo grande. Sentí vergüenza, cierta culpa y morbo. Si, morbo hacia el culo de mi madre. Fue la primera vez en mi vida que había tenido un mal pensamiento para con ella. Muchas veces mi madre la he visto así en bata en la cocina incluso en ropa interior, pero era la primera vez que la miraba con ojos de morbo. Hice un esfuerzo mayúsculo para sacudir todo eso en ese instante. Miré hacia otro lado y pude terminar de orinar. Mi pene por suerte estaba fláccido y ella acudió a ayudarme. Me secó el glande con papel de forma diligente y me subió mi calzoncillo siempre evitando al máximo mirarme. Pero esta vez fui yo quien aprovechó para mirarle. Al agacharse para subir mi calzón volqué mi mirada hacia su escote desnudo. No tenía sostenes y no solo le miré de reojo su busto medio desnudo sino que pude por un instante estudiar su pezón ovalado amplio y oscuro visible a través de la tela delgada de su bata.

    -Listo hijo, sigue durmiendo.

    Se empinó, me dio un beso en la mejilla, se giró y caminó hasta entrar a su alcoba. Miré otra vez su cuerpo curvo y llenito de señora cuarentona. Su prenda íntima de encajes se hizo más visible al caminar. Yo apagué la luz y volví a mi cama. Un silencio absoluto roto solamente por los perros o un auto lejano invadió mi espacio. La imagen de mi madre en bata, su mirada atenta curioseando en mi sexo, su cara bonita, su cuerpo gordito de curvas amplias, su culo grande y su tanga oscura de encajes me abrumaban. Esta vez la erección ya no era por causas fisiológicas. Morbo y culpa, culpa y morbo. La vida es compleja y muchas cosas no nos las podemos explicar. No supe en qué momento caí dormido nuevamente pensando en lo atractiva que es mi propia madre.

    Al día siguiente todo transcurrió con normalidad. Pero me sentía diferente. Algo ya no era como antes. Decidí salir por un momento al patio para asolearme un poco antes de almorzar. Sobre la alambrada estaban colgadas varias prendas de vestir de ella, de mi hermano y mías que ondeaban con el viento. Uno ve lo que quiere ver definitivamente. Nunca antes me había fijado en ello a pesar de las cientos de veces que he visto en las alambradas prendas íntimas de mi madre al sol. Pero esta vez era diferente. Mi cerebro las fijó de inmediato en mi pensamiento una vez estuvieron en mi distraído campo visual. Me acerqué y comencé a observar y curiosear con atención esos calzones femeninos. Había cuatro prendas en la alambrada ese día. Una panty negra de algodón sencilla sin nada especial, una tanga blanca de tirantas delgadas y encajes en la zona de la vulva que me resultó tremendamente sugestiva y la última, la que yo pude ver a través de su bata, tenía puesta la noche anterior sin duda alguna. Era una tanga de un uniforme azul turquesa como pude constatar. Tenía un elástico amplio y encajes en los bordes inferiores. Era la más nueva de todas por su excelente estado. Se me vino la imagen de la noche anterior. Mi madre de espaldas hacia mí con sus nalgas abultadas y apretujando esa prenda ahora colgada ante mis ojos. Olía a limpio y aun estaba algo mojada. No hacía mucho había sido lavada a manos para no dañar los encajes seguramente.

    Me preguntaba con interés inusitado qué prenda tendría puesta ella ahora que ya tomó ducha. Me resultaba increíble que por mi cabeza solo pasaran ahora pensamientos obscenos para con mi propia madre, pero eran inevitables y cada vez más intensos y diversos. Cada paso me abría nuevas curiosidades y me hacía explorar nuevos horizontes de morbo y fantasía.

    Después de almorzar, estuve divagando en pensamientos obscenos. Se me había despertado un cierto apetito sexual inesperado en esta convalecencia. Pensaba en el olor de la vagina de María, una exnovia a quien le obsesionaba el sexo oral. Por ratos fantaseaba con Sonia, la novia de mi amigo Ernesto, quien era una chica sensual aunque no bonita ciertamente. Fantaseaba con la profe Marta de matemáticas de rostro bonito y grandes senos y con la tía Patricia de mi amigo Miguel, una señora también bonita gordita blanca de grandes ubres y culo redondo que gustaba mucho vestir con faldas cortas. Imaginé varias situaciones sexuales y eso expandía mi imaginación a límites eróticamente insospechados. Estuve largamente recreando en mi cabeza embriagada de deseos que la profe Marta y la tía Patricia estaban conmigo en una cama haciendo un trío y que además entre ellas había un voraz sexo lésbico incluido. Todos esos pensamientos cobraban fuerza a medida que avanzaba la tarde y mi pene se endurecía a ratos según lo intenso y vívido de cada escena imaginada.

    Entonces hubo una de esas conexiones de raciocinio raras que se meten de intrusas en la cabeza cuando uno menos lo espera. En medio de esa escena de sexo imaginada, me di cuenta que esas dos mujeres, Marta y Patricia, recreadas en mi mente desnudas y devorándome, eran dos señoras casi de la misma edad de mi madre y además de eso, ambas muy parecidas físicamente a ella. Un poco gorditas, de esas que lo han sido toda la vida por naturaleza y no necesariamente por mal comer, de tez clara, de rostros agraciados, curvas pronunciadas, caderas anchas, senos abundantes y traseros generosos. Parecía algo banal, pero fue un para mí en ese instante hallazgo fascinante y revelador que generó pálpitos en mi corazón. Tal vez en realidad y en el fondo, yo simplemente y de manera inconscientemente deseaba a mi propia madre y me era menos culposo reproducirla en otras mujeres parecidas a ella, tales como Marta y Patricia quienes a su vez tenían su encanto propio. Esta convalecencia y el estar cotidianamente desnudo frente a mi madre habían hecho sacar ese deseo prohibido del fondo de mi psiquis. Entre esas cavilaciones me quedé dormido sentado en una mecedora pegada a una ventana que daba hacia la calle.

    Mi mamá me despertó. Tal vez había pasado una media hora desde que me había quedado dormido. Al abrir mis ojos me hallé con su rostro bonito de ojos marrones y una sonrisa de ternura infinita. Se había maquillado y tenía puesta una blusa rosada que caía hasta sus muslos y una falda blanca. Lucía bonita. Ahora mis ojos tenían otro filtro cuando la miraba. Eso me fascinaba lo mismo que me incomodaba. Mi piel se erizaba de saber que miraba con ojos de deseo a mi propia madre. No lo podía evitar.

    -Voy a salir un momento al banco hijo, intentaré demorarme menos de una hora. ¿Necesitas algo? ¿Ir al baño?

    -Si mamá, debo orinar- le dije despreocupadamente.

    Entonces me levanté, todavía somnoliento y caminé hacia el baño. Me dispuse de pie frente a la taza intentando alejar esos pensamientos tan pesados, pero su belleza y el olor de su perfume, sumados a la intensa tarde de fantasías eróticas me arrastraban demasiado. Ella de un tirón e intentando no hacerme sentir incómodo como siempre, me bajo de un tirón mi pantaloneta y mi calzoncillo. Otra vez mi inocencia y despiste me fallaron. Lo primero que bajó de mi pene adormilado y en abundancia fue una espesa línea de líquido preseminal que cayó como un chorro de miel. Fue imposible esconderlo y a pesar de que mi madre hacía el esfuerzo de apartar la mirada, fue inevitable que no lo viera caer como una gota seguida de una línea en cámara lenta. Hubo un silencio de sepulcro. Ella no pudo evitar expresarse.

    -Wao, hombres, hombres. Siempre calientes. Me avisas cuando acabes hijo.

    Sentí algo de vergüenza. No sabía si su comentario era negativo, de molestia, de indignación o de sarcasmo. Pero esta vez no acudí al silencio. Le pedí disculpas de forma natural y honesta mientras meaba.

    -Está bien hijo, no pasa nada. Es normal. Solo que no me esperaba ver esa babita salir así de tu cosita, bueno más bien de tu cosota je je. En que andabas pensando?

    -Ay mamá en nada. Me haces sonrojar.

    Al terminar, ella tomó el pedazo habitual de papel higiénico, me peló el glande y me lo secó con cuidado y ternura. Aún había líquido espeso. Se sonrió y me exprimió un poco mi pene deslizando sus dedos en forma de pinza hacia adelante. Otro hilo de líquido espeso brotó y eso la divirtió. Me secó tomando aún más papel.

    -Wao, estas bien cargado hijo. No te sientas mal por eso. Es normal. Y lo peor es que no puedes jalártela. Pobrecito, ja ja. Perdona. No es mi intención burlarme. Luego tocará limpiarte bien más tarde cuando tomes la ducha ja ja. Debo apurarme porque me cierran el banco.

    Todo transcurrió natural. Me subió mis calzones y se marchó. Un silencio y un alivio me acogieron a pesar de la vergüenza que acababa de vivir. Era raro todo, pero otra vez me tranquilizaba el hecho de que mi madre entrara poco a poco en mi intimidad y mi sexualidad. Ahora tuve más claro que ella como tal, me excitaba y empezaba a fantasear con que ella a mí, también. Aun con el olor de su perfume y la sensación de su mano limpiando mi sexo, tuve una fulminante erección que disfruté. Esta vez era por y para ella. Tuve tantas ganas de masturbarme, pero me era imposible.

    Una hora y quince transcurrieron cuando sentí a mi madre abrir la puerta. Me preguntó si yo estaba bien y sintió mucho haberse demorado. Le dije que no pasaba nada, que yo no había necesitado de nada durante ese momento.

    -Ahora sí, ven vamos a que te duches, en una hora llega tu hermano y debo apurarme a prepararles cena.

    No supe bien porque. Pero deseaba ahora tanto ese momento a pesar de que yo sabía que no me atrevería a nada. Pero deseaba eso. Estar desnudo frente a ella y sentir sus manos.

    Ella se quitó la ropa de salir y se colocó una blusa blanca de tirantas y un short de algodón cómodo que dejaba sus muslos desnudos. También se apretaba mucho a su cintura e inevitablemente le dejaba bien dibujada du vulva. Era curioso que yo mirara ahora esos detalles que antes ni prestaba atención a pesar de que siempre estuvieron allí. Todo lo hacía con discreción. Mucha naturalidad de mi parte.

    Me desnudó ya en la cabina de la ducha. Alcé los brazos y comenzó la fiesta. El agua mojó mi cuerpo y en un par de minutos otra vez sus manos, sus suaves manos recorrieron mi espalda, mis nalgas y mis piernas con esponja y jabón. Ella hablaba de su vuelta al banco y yo apenas si podía prestarle atención, más bien concentrado en la rica sensación de sus manos en mi cuerpo. Desde atrás, sin girarme hacia ella, sentí su mano pasar por mi pelvis, mis testículos y mi pene. Lo enjabonó con suavidad y agilidad para no demorarse mucho y lo peló despacio para lavarlo. Sentí su mano tocar mi sensibilidad y cerré los ojos. Terminó esa zona y se concentró en mi cabello. Fue imposible no tener una erección aunque leve, pero sensiblemente visible. Me asusté e hice un esfuerzo para que eso se apagara mientras ella aún aplicaba mi champú en mi cabello.

    -Voltéate por favor.

    Me hice el que no escuché y seguí de espaldas solo para ganar tiempo, pero ella insistió y me hizo girar tomándome con cuidado del brazo. Mi erección había cedido un poco afortunadamente y al parecer no la notó. Pero su cara bonita, sus labios pintados de rojo, su perfume, el busto casi desnudo por las tirantas mal acomodadas, todo me resultaba tremendamente erótico. Y torpemente mi erección recobró algo de vida. La punta de mi pene topó con su abdomen y a pesar de que ella estaba concentrada en lavar bien mi cabello, al sentir mi glande rozar su panza su mirada se lanzó de inmediato hacia abajo para buscar el elemento que tocaba su cuerpo.

    Miro hacia abajo, alzó su mirada y clavó sus ojos marrones dilatados en los míos. Eran ojos interrogantes, sorprendidos, despiertos, emocionados, condenadores, extrañados, profundos, pero serenos. Yo no tuve aliento para musitar palabra. Una avalancha de vergüenza me inundó. Esquivé su mirada mirando como mi pene me traicionaba cobrando para mi sorpresa más erección aún. Volvió a mirarlo.

    -Hijo, creo que estas muy necesitado. Pero dime una cosa honestamente. ¿Se te puso así, porque yo te lo toqué?

    -No lo sé mamá. Creo que sí. Perdóname. No es voluntario. Perdóname mamá – fue lo único que me pudo salir de mi boca.

    Lo miró otra vez. Sonrió levemente. Después rio al tiempo que acariciaba mi rostro. Miraba otra vez mi pene duro y mojado.

    -Hijo, no pasa nada. Es normal. Creo que te hace falta una tocadita o como se dice comúnmente. Una buena paja.

    -Ay mamá para. Haces que me avergüence. Lo sé. Tal vez sea eso.

    -Está bien hijo. Es normal. Todo esto es natural. Pero perdona que me de gracia eso. Verte así. Nunca pensé que te vería desnudo y caliente. ¡Qué pinga que te gastas! Wuao y pensar que apenas ayer eras mi bebé.

    -Yo creo que la tengo normal. No exageres mamá.

    -Míratelo, es grueso. Se te ve interesante. Tremendo huevo que tienes.

    Al decirlo me guiñó el ojo y sonrió. Se inclinó, me dio un besito en la mejilla. Sus senos se aplastaron contra mi pecho y mi pene ya un tanto menos duro se estrelló más estrechamente contra la parte alta de la su zona púbica. Acercó su boca a mi oído y musitó – tranquilo hijo, no te sientas mal. Eres un hombre y como tal has de tener necesidades normales.

    El timbre sonó. Mi hermano menor había llegado de la escuela. Mi corazón palpitaba y una sensación extraña entre excitación, culpa, morbo, goce y vergüenza me invadieron mientras ella me secaba aceleradamente. Fue a abrirle a mi hermano quien de inmediato se sentó en la sala para mirar un capítulo de una serie de tv. Mi mamá volvió ingresó al baño con cierto actitud de complicidad. Su mirada ahora brillaba diferente. Me puso el calzoncillo con sigilo y acomodó mi pene que aún estaba un tanto grueso.

    – Que bulto tienes hijo – me dijo con voz pasita, casi secreteando.

    -Ay mamá para por favor.

    La tarde y noche transcurrieron dentro de la normalidad, pero mi cabeza solo pensaba y ansiaba situaciones como la que había sucedido en el baño con ella. Recreaba la sensación de sus manos tocando mi sexo. Quería que sucediera otra vez, aunque sabía que yo no me atrevería a tomar una iniciativa sexual para con ella. No creo que lo consintiera a pesar de su postura comprensiva con todo este tema. Carajo, se trata de mi propia madre.

    Esa noche a parte de ir a orinar antes de dormir, no hubo otra eventualidad. Dormí profundamente sin despertar hasta que la luz matutina invadió mi alcoba. Me desperté y oriné sin llamar a mi madre. Pude bajarme mi calzoncillo y sentarme en la taza como una dama. Para subirme mi ropa si tuve que pedirle el favor. Lo hizo algo apresurada para poder atender el desayuno puesto que mi hermano debía partir a la escuela.

    En esa mañana, la señora Nohemí, una vieja amiga de mi madre, fue a casa a visitarla aprovechando que mi madre andaba de libre laboralmente. Se sentaron bajo la sombra en el patio para chacharear y secretear temas de mujeres y yo quedé solo dentro de la casa mirando tv y matando el aburrimiento. Por un momento contemplé a Nohemí. Era una mujer casi de la edad de mi madre, de rostro bonito, de estatura chica, delgada y senos gordos. Era atractiva y también me despertó de pronto un mal pensamiento que antes nunca me había inspirado. Hasta imaginé por un instante que ella y mi madre estaban haciendo algo lésbico desnuditas en mi cama. Que pensamiento más caliente ese que tuve. Erección inevitable. Me fui a la alcoba de mi madre sin ninguna razón. Solo por moverme y me tumbé en su cama a imaginar y fantasear cosas sexuales. Miraba el cielo raso simplemente con ese deseo tan impío pero intensamente placentero. De repente y sin saber porqué, se me prendió el bombillo y me fui al cesto de la ropa sucia que está siempre en la alcoba de mi madre. Estaba a medio llenar y en la parte superior yacía la ropa de mi hermano y la mía. Pero había una diminuta prenda femenina que coronaba la pila de trapos. Era una tanga delgada de algodón gris con líneas rosadas delgadas. Era la que tenía puesta anoche seguramente. Me aseguré de que mi madre estaba bien distraída con su amiga y como pude la tomé con la punta de mis falanges. La zona interna donde se junta con la vulva estaba un tanto amarillosa y un pelillo se había pegado.

    Mi nariz se embriagó, debo admitirlo. El olor era más intenso y más vívido de lo que esperaba. Era como si estuviera oliendo directamente su sexo. Ese aroma penetrante a intimidad femenina me produjo una corriente en mi cuerpo muy placentera que avocaron unas urgidas ganas de masturbarme. Gocé oliendo esa prenda como si fuera un drogadicto perdido y sin remedios. Perdí incluso mi realidad y me olvidé del mundo. Tan solo porque Nohemí emitió una carcajada pude reponerme y salir de mi estado nirvánico. Dejé la alcoba sin levantar sospechas. Pero mi erección era definitiva. Así que me escondí en mi alcoba y respiré profundo para que se me pasara la alteración, pero el aroma vaginal materno impregnaba mi olfato. Todo olía a cuca de mamá.

    Me distraje después nuevamente en la tv hasta que Nohemí se marchó. Entonces tuve ganas de orinar. Mi madre al verme dirigir al baño, me persiguió para ayudarme. Otra vez, me bajó mis calzones y una gota espesa de líquido transparente cayó como hilo de miel. Mi madre solo sonrió un poco burlonamente.

    – Miguel. ¿En qué te la pasas pensando?

    – En nada mamá.

    Cerré mis ojos. Dejé que mi orín fluyera y ella me limpió. Había más líquido todavía saliendo.

    – Hijo, dime una cosa. Puedes ser sincero conmigo. ¿Tú te masturbabas a menudo antes de accidentarte? Digo, ¿Estabas acostumbrado a jalártela diariamente o algo así?

    Me puse rojo. Y solo sonreí avergonzado. Ella me acarició el cabello con ternura sin dejar de pasarme su mano con papel higiénico para secar mi glande que aun chorreaba un poco de líquido.

    – Anda, hijo, puedes decirlo. No tiene nada de malo eso. Quiero que te sientas cómodo con ese tema porque faltan semanas hasta que ya puedas ser autónomo con tus manos.

    – Ay mamá, a veces si lo hacía. Como todo chico de mi edad. Tú sabes.

    – Si, si, si lo sé. No te sientas mal. Es que me pregunto si acaso no te hace falta eso. Creo que estás necesitado, y mucho más de lo que yo podría imaginar.

    Me iba a quedar en silencio, pero algo desconocido me impulsó a expresarme con honestidad.

    – La verdad mamá. Si me hace falta hacérmela.

    No me dijo nada. Solo me quedó mirando un tanto con ternura, comprensión, indagación y sonrisa con esos ojos marrones. Hubo un silencio y de repente sentí sus dedos tantear mi pene dulcemente por la parte inferior. Pensé que eran ideas, pero era real. Mi mamá estaba acariciando mi pene. Así, tímidamente pasado la punta de su dedo medio entre la parte inferior de mi pene aún fláccido y mi testículo. Muy despacio. Luego, sin musitar palabra su dedo buscó el frenillo de mi glande, lo posó y lo paseaba muy delicadamente generándome un rico cosquilleo erector. No nos decíamos nada. Yo, incrédulo, me quedé estático e hice un esfuerzo por parecer sereno. Mi rostro inevitablemente expresó placer.

    Ella fijaba su mirada en mi rostro. Yo no dejaba de mirar el brillo raro de sus ojos bonitos palpitantes, pero seguros. Mi cuerpo reaccionó claro está. Mi pene empezó a cobrar volumen lentamente hasta ponerse en posición horizontal. El glande ahora estaba completamente descubierto. Ella sin cambiar de expresión, sencillamente comenzó a pasar el dorso de su mano por la parte superior de mi miembro. Acariciaba enredando sus dedos en mi vello púbico y después deslizándolos hasta la puntita palpitante. Después se devolvía muy, muy despacio para repetir el ciclo sin dejar de mirar las reacciones de mi rostro plácido.

    Ella mordisqueó su labio inferior con sus dientes blancos y medio sonrió. Su expresión muy sexy denotaba que algo prohibido estaba pasando. No nos quitábamos la mirada. Finalmente el silencio se rompió.

    – Hijo, yo sé que no es correcto esto, pero se te puso dura. Supongo que eso quiere decir que te gusta el toqueteo que te he hecho con mi dedo.

    – Si mamá. Si. Me gusta. No pares por favor.

    Sonrió. Volvió a mordisquear sus labios y miró hacia abajo.

    – Que verga tienes hijo, perdona que insista. No me creas perversa, pero caray, no pensaba que la tuvieras así. No puedo dejar de sorprenderme. Eres ya todo un hombre.

    Entonces fue cuando finalmente la garró. Sentí su mano suave tomarla con propiedad. Me comenzó a masturbar muy lentamente. Jugando a pelar y cubrir mi glande con sus dedos índice y pulgar. Nuestras respiraciones se entrecortaban y se hacían más intensas en el silencio de la casa.

    – Mamá te va ayudar. Yo sé que lo necesitas, pero esto es algo muy secreto Miguel. Esto no se le cuenta a ni a tu sombra. Es algo incorrecto. Tampoco te prometo que volverá a suceder otras veces.

    – Está bien mamá.

    – Voltéate. Es más cómodo para mí yo estando detrás de ti.

    Ambos estábamos de pie justo al frente del inodoro. Me giré y le di la espalda sin entender bien lo que deseaba. Me abrazó entonces desde atrás y con su mano izquierda, como mujer zurda que es, tomó mi pene. Su mano derecha la dispuso mi pecho velludo y luego la deslizó hacia mi muslo para acariciarlo. Comenzó entonces a masturbarme a un ritmo más intenso. Yo no lo podía creer. Me sentía extraño. Había un disfrute infinito, había un morbo multiplicado por cien viendo esa mano mayor, femenina, tierna y tremendamente prohibida trabajar en mi sexo. Yo jadeaba un tanto. Ella también daba muestras de excitación respirando en mi espalda. Su otra mano abandonó mi muslo y se ocupó en acariciar mis bolas sin que la otra dejara de menearme el miembro. Ella respiraba y jadeaba con su boca casi pegada en la parte baja posterior de mi hombro.

    Luego sentí que sus labios se pegaban a mi espalda y me daba besos tímidos y tibios. Su mano se agitaba más rápidamente. Advertí que ella gemía a ratos.

    – ¿Voy bien?, ¿así te gusta?

    – Si, si, si mamá, hmm. Si.

    – Pero me canso un poco así. Miguel, mejor me sentaré en la taza.

    Ella se sentó y mi verga apuntaba hacia su rostro curioso cuya mirada se alternaba entre mi sexo, recorriendo mi cuerpo hasta terminar en mis ojos. Miraba mi pecho, mi abdomen, mi pubis. Su mirada era otra. Era simplemente de mujer. De mujer excitada. Eso me daba más ánimo y morbo, pero yo no me atrevía decir o expresar nada al respecto. Continuó entonces agitando su mano. Ahora yo la podía ver. Contemplé su rostro que estaba rojizo. Su boca carnosa se mordisqueaba mientras su mano se deslizaba por mi miembro. Sus pupilas se dilataban. De repente su mano desocupada dejó de estar en mi cuerpo y comenzó a pasearse por sus senos encima de su blusa blanca. Entonces detuvo todo como si se hubiera cansado. Exhaló aire desde muy profundo tomó aire. Hizo un gesto de desapruebo para con ella misma, luego recobró su prestancia por unos segundos temblando un poco.

    – Ay perdona hijo, pero esto también me altera. No me siento cómoda del todo, pero la verdad hacer esto me estimula más de lo que yo creía. Me dieron ganas de tocarme. Qué vergüenza contigo.

    – Mamá está bien. Ahora soy yo quien te pide que no te sientas mal por eso. No sabes lo mucho que me gusta lo que está me haces. Estoy gozando mucho. ¿Por qué no podrías tú también gozar? No tiene nada de malo.

    – Ay hijo. Esto no es algo correcto, aunque nos guste. Terminemos esto y no te prometo que vuelva a pasar. ¿Bueno?

    – Ok mamá. Pero puedes tocarte si deseas. No te sientas mal. Solo eso quiero que sepas.

    Ella exhaló, sonrió y tomó mi pene. Lo comenzó a masturbar otra vez. Despacio, luego más rápido y miraba mi rostro de goce. Esa pausa de confesiones prohibidas me dio más seguridad y ganas. Quería que se desnudara. Quería verle las tetas. Pero no me atrevía a pedírselo. Podría tomarlo mal y todo acabaría.

    Su mano cobró la velocidad óptima en la que un cosquilleo sabroso recorrió mi cuerpo como corriente eléctrica. Su respiración otra vez denotaba excitación. Su boca ahora estaba relajada y su lengua se paseaba por sus labios y se mantenía entreabierta denotando deseo. Su mano derecha otra vez tocaba sus senos pero esta vez la metió por debajo de su blusa a la que tuvo que desatarle un par de botones. Se tocaba mientras me jalaba el pene. Que caliente era ver eso, aunque no estaba su seno desnudo a mi vista. Apenas si pude verle su sostén desacomodado y algo de su abultada teta cubierta por su necia mano. De repente escupió encima de mi glande y sus dos manos sujetaron mi sexo ahora suavizado. Comenzó a masturbarme asiduamente, con mucha intensidad y morbo. Gozaba mirando mi cara contraída en expresión pre-orgásmica. Yo me deleité mirando su cara y un poco su entre seno que había dejado un poco al descubierto.

    – Hmmm rico mamá ahhhh me voy a venir ya mamá. Voy a botarme.

    Ella no hizo nada. Solo continuó mirando mi cara de clímax y agitando sus manos en mi miembro con una agilidad de mujer experimentada. Ella gozaba al verme así. Se le notaba el morbo. Cuando los chorros comenzaron a ensuciar su ropa, su cuello y hasta la parte baja de su mentón, curiosamente rio con una felicidad perversa como si hubiera sido un gran logro personal.

    – ohh wow hijo, wow, jaja jajajaja jeje uyyy yuppi waooo así, así, vente, bota esa leche vieja hmmm yupiii waoo, así macho, bota todo hmmm que tibia y que montón jajaja.

    – Ahh ahh si, ahhh, si, hmm rico mamá.

    No se detuvo. Miraba mi pene pringar semen ensuciando su ropa y sus manos. Me sorprendió lo mucho que la divertía esa eventualidad. Gozaba mucho. Su cara lo expresaba de diversas maneras. Sus ojos palpitaban. Su mano mantenida en mi pene no paraba de masturbarme, casi exprimiendo chorros de semen ahora más débiles pero espesos que caían como miel pesada al piso frío y duro. Le divertía sentir las palpitaciones de mi verga en su mano enroscada.

    – Se te puso rojo hijo. Se ve bonito así.

    – Ay mamá. Dices unas cosas.

    Finalmente lo soltó. Mi pene aún estaba duro y palpitante aunque un poco menos.

    – ¿Te gustó la paja que te hizo mamá?

    – Si. Si mamá. Mucho, mucho.

    Entonces no sé porqué se me ocurrió hacerle una petición impetuosa.

    – Mamá, ¿te puedo pedir algo?

    – Dime, hijo – me dijo con voz interrogante mientras limpiaba el semen de su ropa con papel higiénico.

    – Mamá. ¿Me dejas conocer tus senos?

    – Ay Miguel, ¿qué cosas dices, hijo? No, no, no. Eso sí que no Miguel.

    – No te enfades mamá. Perdóname. Es que te tocabas y eso me gustó y no sé, me dieron ganas de vértelos.

    – No estoy enfadada hijo. No pasa nada tranquilo. Entiendo tu punto. Pero todo esto lo he hecho porque sé que es una necesidad de hombre que tienes y ni novia tienes para que pueda ayudarte con eso. No confundamos cosas. No me sentiría cómoda hijo. Aunque te entiendo tu deseo. Los hombres suelen ser muy visuales. Ver tetas y partes íntimas de la mujer les da morbo. Pero hijo, no por favor. Lo siento. Y a todas estas, ¿porqué los senos y no mi culo o mi cuca?

    – No sé mamá, me dio mucha calentura cuando te los tocabas. Discúlpame.

    Me limpió mi pene, me subió mis calzones. Se puso de pié. Me dio un beso en la frente y con su mano me acarició mi pene ya fláccido. Me pidió que saliera porque iba a tomar una ducha para lavarse bien.

    Salí extasiado. Mi cuerpo temblaba y un calor de goce me recorría. No podía creer que mi mamá me hubiera hecho una paja. La paja más deliciosa de toda mi existencia. Pero algo se había roto sin duda. Habíamos pasado un límite que no se debía cruzar.

    Mi madre pasó el resto del día en la cocina y haciendo algo de su trabajo en su alcoba bastante ocupada en el teléfono. Yo no paraba de pensar en lo sucedido. Cuando llegó la hora de la ducha era muy tarde y mi madre apenas si pudo ponerme el agua para que yo solito me mojara. Después me enjabonó y me enjuagó rápidamente con la puerta abierta porque mi hermano ya había llegado de la escuela. No hubo privacidad ni atmósfera erótica para que sucedieran más cosas ese día. Ella actuó con total normalidad como si nada hubiera pasado.

    Al día siguiente, viernes durante la mañana estuve dormido. Me sentí cansado de no haber podido conciliar el sueño en la madrugada. Creo que estuve muy estimulado por lo sucedido. Mi cabeza solo reproducía esa paja maravillosa y fantasías eróticas con mi mamá. Cuando desperté a orinar eran casi las nueve. La luz brillante estalló en mi cara. Lo hice sin la ayuda de mi mamá que ni supe dónde estaba.

    Luego me di cuenta que había salido tal vez al supermercado del barrio. Tenía hambre y debía esperarla para que me diera el desayuno. Al rato volvió. Tenía un vestido ajustado enterizo de color blanco y flores azules. No pude evitar recorrerla con la mirada y decirle lo bonita que se veía.

    Ella sonrió y se dispuso a darme el desayuno. No hablamos de lo sucedido. Su actitud, su comportamiento era totalmente natural. Yo hice un esfuerzo por entonar con eso. Intente ser natural, como antes, como si nada hubiera cambiado aunque en mi fuero interno sentía que no era así. Fuimos al baño y ella me cepillo los dientes.

    – Bueno, a la ducha.

    – ¿Ahora mamá?

    – Si hijo. Porque anoche casi que ni pudiste hacerlo bien, pero es más que todo porque esta tarde van a venir tu tío Antonio y tus primos a visitarte. Debo preparar comida y no podré ocuparme de tu ducha. Mejor ahora.

    Entré a la ducha y mi madre me desnudó completamente. Fue inevitable esta vez. Tuve una tremenda erección casi al instante. Ya en mi mente había una asociación erótica entre estar en el baño desnudo y la presencia de mi madre. A pesar de todo, yo no quería que eso no pasara. No quería que se ofendiera, pero no lo podía controlar.

    – Miguel, ¿otra vez? – expresó con sorpresa interrogándome con su mirada.

    – Mamá lo siento. Si quieres me ducho solo. No prestes atención a eso. Perdóname, pero no puedo evitarlo. Mamá perdóname.

    Mi rostro denotó una genuina vergüenza y desesperación por no estar en esa situación tan incómoda. Me sentí verdaderamente mal con ella. Pensé que se enfadaría. Bajé mi mirada e intente salir de la ducha para evitar la situación, pero ella me tomó de mi brazo.

    – Hijo, no pasa nada. Tranquilo. Tampoco es para tanto. No te pongas así como niño regañado. Lo siento. No quise incomodarte con ese comentario. Entiende también que para mí es imposible no reaccionar si te encuentro así con la pinga dura.

    – Mamá yo sé. Qué vergüenza contigo. No pude evitarlo. Lo siento. Yo no te quiero faltar el respeto mamá.

    – Lo sé Miguel. Dime una cosa con honestidad. ¿Se te puso así por mí?

    – Si, mamá. Por ti. Estas bonita y desde ayer no he podido dejar de pensar en lo que pasó. Lo disfruté y creo que eso hace que se me ponga así dura cuando entré al baño y te vi. Es como si mi cerebro pensara inconscientemente que otra vez va a pasar algo y eso pone así. Es involuntario mamá. Perdóname.

    Mi mamá miró mi pene duro. Mordisqueó sus labios. Se sentó en la taza otra.

    – Ven acá Miguel.

    Yo no dije nada. Solo obedecí intrigado preguntándome si acaso iba a hacerlo otra vez. Mi corazón latía fuerte. Estaba entre excitado, asustado y avergonzado. Mi erección había cedido un poco, pero aún mi pene tenía buen volumen y estaba levantado cuando salí de la ducha y me dispuse de pié frente a ella que apoyó sus dos manos en mis caderas sin dejar de contemplar mi sexo desnudo.

    – Hijo, no te sientas mal. A mí también me pasan cosas. No soy de hierro. Soy mujer de carne y hueso y además no tengo novio ni marido. También tengo mis necesidades igual que tú. Por eso te entiendo y por eso decidí ayudarte un poco. No me siento cómoda con esto. Se supone que son cosas que no pueden pasar entre una mamá y un hijo. Solo que esta circunstancia tan particular tuya de estar sin manos hace que como madre me sienta presta a ayudarte, a que no sufras esas ganas como yo a veces las sufro. La diferencia es que yo tengo manos y puedo tocarme, pero tú no puedes. Por eso te presto mis manos. Y para que no te sientas culpable, te confieso que a mí también me gustó mucho lo que pasó ayer. Mamá también siente morbo como cualquier persona. Mamá también le dan ganas de hacer cosas ahora mismo contigo. Además de ser mi hijo, eres un hombre atractivo, desnudo y erecto. Imagínate. Eso es tentador. Además las cosas prohibidas nos gustan. Los humanos somos así. Nos fascinamos a veces con cosas tabúes.

    Mientras decía eso, yo la escuchaba y me hacía sentir mejor, pero mi erección lejos de apagarse cobró vida.

    – Ay mamá, gracias por tus palabras.

    Sonrió y miró mi verga dura y palpitante.

    – Me la puedes hacer una última vez mamá. Te prometo que no te lo vuelvo a pedir.

    No me dijo nada. Solo miró mi rostro de tonto y sonrió nuevamente. Me agarró el pene y comenzó a acariciarlo despacio. Esta vez más entregada y relajada que el día anterior.

    – Hijo. Esto es un secreto grande entre tú y yo. No quiero que me veas como una mala madre perversa.

    – Mamá. No te veo así. Te quiero y te respeto mucho.

    – Te quiero hijo. Gracias por entenderme. Te voy a premiar.

    Soltó mi miembro. Deslizó con habilidad femenina su corredera trasera y dejó que su vestido se aflojara. Se lo dejó caer desnudando su pecho y su espalda y por primera vez en muchos años vi a mi madre en ropa interior. Su sostén era blanco bonito de encajes. Sus tetas eran algo desbordadas como queriéndose vomitar de la prenda. Era tremendamente sexy. Se inclinó hacia atrás, sacó pecho y los meneó.

    – ¿Los quieres ver?

    Entonces hubo el instante mágico. Se quitó el sostén y un par de tetas abundantes, blancas, hermosas, de piel tersa, pezón oscuro y aureolas ovaladas sin frontera definida saltaron ante mis ojos. No pensé que mi madre pudiera tener unas tetas tan provocativas. Tremendamente sensuales. Solo me inspiraban erotismo y ganas de mamarlas. Sexo, sexo, sexo.

    – ¿Te gustan? Dime, la verdad.

    – Mamá. Son las tetas más bonitas que he visto. Que grande son mamá.

    – Ay hijo. No exageres.

    – No exagero mamá.

    Se las tocaba. Pasaba sus dedos por los pezones y me miraba el pene. De repente me hizo la mejor propuesta del mundo.

    – ¿Me dejas que te la chupe hijo?, es que quiero tocarme los senos también. ¿Puedo?

    – Si mamá.

    Cerró los ojos. Exhaló y abrió su boca. Yo me acerqué más para facilitarle la tarea. Me dio un primer besito en la punta de mi cabeza.

    – No te has duchado. Huele fuerte tu cosa. Huele a macho sucio. Pero así me gusta más.

    Otro beso en la punta, después una lamida suave hasta que finalmente mi glande fue tragado. Luego mi tallo y en forma mi mamá había empezado a darme una mamada fenomenal. Yo ni me lo creía. Mi mamá la mamaba rico, despacio, con cadencia, ternura, ganas, entrega y emoción. Sus manos pellizcaban sus pezones y acariciaban sus senos. Mi boca se hacía agua gozando ante semejante espectáculo inesperado. La atmósfera íntima de esa casa para nosotros dos era maravillosa.

    Su mano izquierda se metió por debajo de su falda. Mi madre se estaba tocando abajo. Se estaba dedeando tal vez. ¡Se estaba masturbando! Gemía y mamaba. Mamaba y gemía. Su cabeza se sacudía a ratos violentamente tragando mi verga. Su boca tibia y suave deslizaba mi verga palpitante. Una sensación de placer nos invadía. Se agotó. Dejó que mi pene saliera mojado de su boca. Traspiraba excitada. Se puso de pié. Me tomó de mi brazo.

    – Ven hijo. Ven.

    Me condujo a su alcoba.

    – Me canso así en el baño. Mejor acuéstate así boca arriba en la cama.

    Lo hice. Ella se quitó el vestido. La panty blanca de encajes delgados, casi transparente le lucía hermosa. Gateó despacio como una pantera en celos. Pasó su rostro por mi pubis y me dio una mamada corta. Luego continuó subiendo. Su boca se posó en mi pecho y me dio unas lamidas cosquillosas en mis tetillas. Subió y su boca se unió brevemente a la mía. Hubo humedad en ese beso corto. Luego subió aún más hasta que sus ubres se posaron en mi rostro atónito. Las lamí, las chupé, las besé, las enjuagué con mi lengua. Finalmente, me concentré en chupar y chupar esos pezones erguidos y carnosos hasta la saciedad. Mi madre gemía y se excitaba y no desaprovechó en pasarse mi pene duro por su vulva sin quitar su panty.

    – Miguel. ¿Me harías oral? ¿Te atreverías?

    -¿Oral?

    Tal vez por estar tan anonadado en los placeres no entendí

    – Si hijo. Chupar mi cuca así como yo ya te la comí a ti.

    – Si mama, sí, claro que sí.

    – ¿Seguro Miguel? No quiero que hagas algo que no desees.

    – Seguro. Yo quiero.

    – ¿Ya lo has hecho?

    – Si mamá. Varias veces con mi ex novia Magola. Eso la enloquecía.

    – No tienes que decir nombres hijo.

    – Perdona mamá.

    Se quitó la prenda. Su vulva tenía poquitos vellos en la parte inferior. La mantenía más bien depilada.

    – Tengo días que no me depilo, espero no te moleste.

    Su cuca era rosada, carnosa y ese olor que había impregnado mi nariz el día anterior ahora brotó más intensamente. Me entregué a sus carnes. Lamí sin poder tocar con mis manos. Yo me senté en el suelo y ella al borde de su cama con las piernas abiertas. Sentí la suavidad de su vagina. El sabor de su sexo era exquisito. La textura de sus carnes en mi lengua hábil y hambrienta de nuevas experiencias me daba un morbo desconocido. Mi mamá gemía cada vez más fuerte. Sus gemidos pasaron a ser gritos graves. Al menos estábamos solos en la casa.

    – Miguel, no aguanto. Te deseo hijo. Por favor. Cógeme. Quiero que me penetres.

    – Mamá si, mamá

    – Hijo, perdóname por todo esto. Pero no puedo aguantarme.

    Para facilitarme la tarea por no tener mis manos. Ella se volteó en cuatro. Puso su culo a la altura de mi pene yo estando de pié junto a su cama. Solo tuve que apuntar y deslizar la punta de mi verga por la raya de su culo, pasar por su ano y seguir un poco más abajo hasta que hallé la entrada de su vagina. Mi madre es tremenda mujer atractiva. Su culo redondo y abultado me generaba ganas y morbo. Ella, abrió un poco más sus piernas y con una sola hincada que hice mi verga se hundió en su intimidad. Acceso carnal. Acceso carnal prohibido. Acceso carnal tabú. Ya todo se había consumado. No había marcha atrás.

    Meneé mis caderas suavemente sintiendo su carnosidad mojada y caliente quemar mi verga. La embestí despacio. No podía perder mi equilibrio. Era peligroso por no tener mis manos si debía apoyarme en algo. Mi mamá se meneaba penetrándose ella misma a ratos.

    – Miguel, que rica tu verga

    – Mamá tu concha me encanta. Tu culo me gusta.

    – Ay hijo, es el culo de tu mamá.

    Nos reímos y continuamos un tanto así. Hasta que ella me pidió que me acostara boca arriba en su cama nuevamente. Lo hice y por primera vez la tuve toda completamente desnuda encima de mí con sus piernas dobladas y abiertas a lado y lado de mis caderas. Su vulva explayada y carnosa se tragó mi verga hasta pegar sus labios mayores con mi zona púbica. Sus senos desparramados y abundantes se meneaban bamboleando en la atmósfera cargada de sexualidad. Sus manos se apoyaban en mi pecho o bien se acariciaban sus senos. El espectáculo no podía ser mejor. Entrega total. Mi madre, mi bella madre estaba en otra galaxia con sus ojos entreabiertos en goce íntimo. Su boca gemía y mordisqueaba. Subía, bajaba, subía y se dejaba caer y cada vez con más intensidad hasta que el sonido delatador de acto sexual desenfrenado, pla pla pla pla pla de sus muslos y sus nalgas al galopear en mi cuerpo se sumaban a los gemidos de ella y los míos. Sudamos, nos dio fiebre, la cama traqueaba tornillos oxidados, el colchón estaba exigido al máximo. Mi mamá exhaló un gemido profundo y su cuerpo tembló por unos segundos. Se quedó quieta en un estado de trance. Supe más tarde que había tenido un intenso orgasmo. El orgasmo más prohibido de su vida. Se tomó su tiempo para vivirlo y disfrutarlo egoístamente.

    – hmmm ahhhh

    Luego se repuso un tanto y continuó meneando su cadera, ahora ya no subía y bajaba, sino que se deslizaba hacía delante y hacía atrás. Mi pene experimentó allá dentro una invasión de fluidos que hacías más resbalosa la penetración. No pude aguantarlo más. Por respeto le dije que ya me iba a venir. Ella no hizo nada diferente a seguir meneándose.

    Me dejé llevar por un orgasmo de intensidad máxima como nunca antes había experimentado en mis cinco años y medio de pajas y sexo esporádico. Las palpitaciones de mi verga dentro de su vagina parecían arrancarme cada gota de mi vida. El calor era quemante y el semen seguramente expulsado con tal intensidad debía viajar hondo a su aparato reproductor que por suerte había sido desactivado varios años atrás.

    Nos desplomamos en un beso intenso. Mi madre dejo caer su cuerpo amplio encima de mí. Su boca acudió con urgencia hacía la mía. Necesitaba sentirse besada como mujer. Lo hice. Sellamos ese acto consumado con un beso prohibido. Un beso húmedo, largo, de lenguas malolientes a sexo. Un beso de labios vencidos, un beso que traspasaba los límites de lo moralmente aceptado como correcto.

    Sus manos acariciaron mi pecho. Sus manos limpiaron mi sexo. Sus manos vistieron mi cuerpo. Sus manos me ayudaron a levantar de esas sábanas usadas. Sus manos. Esas manos. Las manos de mi madre.

  • Mi odiosa hermanastra (Parte 2)

    Mi odiosa hermanastra (Parte 2)

    Fue muy difícil dormir teniendo a la pendeja de Florencia en mi cuarto. Me había acostumbrado tanto a mi ritual nocturno y mañanero de hacerme la paja, que el hecho de no poder hacerlo porque mi hermanastra estaba dormida tan cerquita, me dio bronca.

    Encima la forra ni siquiera se había calentado en pedirme de onda quedarse en mi cuarto. Como dice mamá, no se le puede pedir ropa a Tarzán. De una pendeja arrogante y maleducada como ella, no se podía esperar que pida por favor. Al menos no a mí, a quien consideraba un ser inferior. Pero por lo menos hubiese venido con más humildad.

    Ya eran como las dos de la mañana y no podía pegar ojo. Mi pija se había puesto más dura que un tronco. Para colmo, antes de apagar la luz para dormirme, había visto cómo la sábana con que se cubría Florencia, se descorrió por tantos movimientos que hacía mientras dormía. No pude evitar mirarla. La mina era una porquería de persona, pero estaba muy buena. Las piernas eran quizás muy musculosas para mi gusto. Mi hermanita iba al gimnasio de seguido, y las gambas eran más fornidas que las mías. Las nalgas, por otra parte, eran perfectas. Ya de por si la genética la favorecía. Había nacido con unas pompas carnosas y paradas. Y sus largas horas de gimnasio terminaban de perfeccionar lo que la naturaleza había creado.

    Desde la última vez que la imagen de ella, sacándose una foto semidesnuda, se había filtrado entre las mujeres que más me calentaban, ya no podía escapar de fantasear con ella.

    Mi amigo seguía firme como mástil y duro como acero. Escuché cómo Florencia respiraba profundamente entre sueños. Hacía como media hora que tenía la erección, y no había manera de que mi amigo se ablande. Había leído en alguna parte que tener erecciones por mucho tiempo podía ser peligroso. Así que empecé a acogotar el ganso. Florencia seguía con sus largas exhalaciones. La recordé, de nuevo, en tetas, sentada sobre la pileta del baño. La Imaginé, calladita, como estaba en ese mismo momento, pero no dormida, sino amordazada, y con las manos atadas, totalmente indefensa y a mi disposición.

    Qué no daría por tenerla frente a mí, y humillarla, pero de una manera diferente a como ella me humillaba. Hacerla suplicar. Obligarla a que me pida perdón por todos los insultos y agresiones. Luego le arrancaría la ropa a tirones. La dejaría en pelotas y la penetraría por todas sus hendiduras.

    Acabé. Saqué de abajo de la almohada algunos papeles de cocina, y me limpié. Después, haciendo el menor ruido posible, para que la pendeja no se despierte, fui hasta el baño para deshacerme de la evidencia incriminatoria.

    Después de un rato, al fin, pude dormir.

    Pero me desperté más temprano de lo normal ¡A las nueve de la madrugada! Porque Florencia había encendido la luz y empezaba a prepararse.

    -¿Hace falta que hagas tanto quilombo? -Le pregunté, bostezando.

    Florencia ni se molestó en mirarme. Estaba vestida solo en ropa interior. Estiró su espalada, haciendo fiaca. Era flaquita y tenía tremendas curvas la hija de puta.

    -Algunos tenemos cosas que hacer -contestó.

    – Si no estás cursando… y esas bijuteries que hacés, las podés hacer a cualquier hora.

    -No jodas pendejo, mirá se te voy a estar dando explicaciones a vos. Ah y otra cosa… ¿No viste mi tanga?

    Me quedé petrificado ante la pregunta.

    -¿Tu tanga? ¿Estás loca? -dije, haciéndome el ofendido-. Qué se yo dónde está tu tanga.

    -Bueno… ¡Tan susceptible vas a ser! Pensé que a lo mejor se me había caído en algún lugar cuando fui a llevar la ropa al canasto, y vos la encontraste

    -Si encuentro una tanga tuya tirada en el piso, no la toco ni con un palo

    -Quedate tranquilo, nunca vas a tocar una tanga como esa. No creo que las chicas con las que salgas se animen a poner algo así. -Me contestó la perra.

    Tiré las sábanas a un costado, y salté de la cama. La agarré de la muñeca, y se la apreté con fuerza.

    -Pendeja de mierda, vos no sabés nada de mí – le dije

    Estaba totalmente sacado. Florencia, por primera vez me miró con miedo. Tal vez la próxima vez que pretenda romperme las bolas, lo pensará dos veces, me dije recaliente.

    -¡Soltame tarado! -dijo, casi llorando.

    Pero yo apreté más fuerte.

    -Me estás lastimando pendejo!

    La solté. La muñeca quedó con la marca roja de mis dedos. Florencia hiso un puchero al verla.

    -Pendejo boludo – Insultó.

    Agarró su colchón y lo llevó a rastras hasta su cuarto.

    Me sentí bastante mejor después de haberle puesto los puntos a la pendeja. Pero a la tarde me dio un poco de miedo. Escuché cómo mi hermanastra se quejaba en voz alta con Pedro, su papá. Pero me dije que no tenía nada de qué preocuparme. Si la pendeja me estaba mandando al frente por haberla lastimado, les diría que ella se lo buscó. Si no les gustaba la cosa, que se vayan todos a la mierda. Ya estaba harto de que todos la vean como la chica perfecta, cuando en realidad era una víbora.

    Pero cuando entré a la sala de estar, oí a Florencia decir:

    -Pero cuándo va a venir ese técnico de mierda! ¿Y por qué no llamás a otro?

    -El hombre tuvo una emergencia familiar Florcita – contestó Pedro.-Tenés que entender, no le puedo sacar la changuita al pobre, y menos ahora.

    Ambos me miraron. Florencia con desprecio, como siempre. Pedro me saludó con la cabeza y siguió hablando con su hija.

    -Podés dormir acá en el living – Propuso

    No había pensado en eso ¿Por qué había ido a mi cuarto si podía tirar el colchón en el living, donde también había aire acondicionado?

    Lo dejé hablando solos. Ya había escuchado suficiente.

    A la tarde salí con Gonza y Manu. Juancito no pudo ir.

    -Su jermu no lo habrá dejado -dijo Manu al respecto.

    Fuimos a lo de Gonza a escabiar. Como era de esperar, salió el tema de Florencia. Todos mis amigos, desde que vivo en casa de Pedro, no paraban de romperme las bolas con ella. Y cuando iban a casa, le tiraban los galgos. Florencia los ignoraba, hacía la suya. Sabía que Gonza la seguía en Instagram, y estaba seguro de que se habrá tirado un lance mandándole un privado, aunque nunca me lo dijo, claro. De todas formas, nunca le daría bola. No estaba a su altura. Ninguno de los pibes lo estaban. El amante de Florencia sería un tipo con físico escultural, o un hombre unos cuantos años mayor que ella, hecho y derecho y con unos buenos mangos en el bolsillo. Un profesional universitario, un empresario. Florencia aspiraba alto.

    -Y cómo anda Florcita -Preguntó Manu, mientras soltaba el joystick un rato para agarrar el vaso de cerveza.

    -Hinchapelotas, como siempre. -contesté.

    Entonces les conté la pelea que tuvimos en nuestro cuarto.

    -¡Qué forra! -Cómo te va a decir eso. -se indignó Gonza.

    Se solidarizaron conmigo, pero enseguida empezaron a romperme las bolas preguntando con qué ropas dormía Florencia. Quizás porque ya estaba medio en pedo, o porque de vez en cuando me gustaba ser el centro de atención, les conté cómo había aparecido en mi cuarto con una bombachita blanca y una camisa como única vestimenta. Les conté también, cómo, al ratito de dormirse, las sábanas dejaron al descubierto su cola perfecta.

    -Si yo la viera así, me la cogería ahí nomás -dijo Manu-. ¿Vos no te tentaste Mariano?

    No pensaba decirles que me había masturbado mientras ella dormía. Algunas cosas no son necesarias ser contadas, ni siquiera a los mejores amigos.

    -Es tan ortiva que te dan ganas de decirle que se meta su cuerpito perfecto en el culo -dije.

    -¿En serio nunca le tuviste ganas? -preguntó Gonza.

    Siempre me mostré desinteresado por Florencia, y los chicos lo sabían. No sólo por lo mal que me caía, sino porque sabía que si me encaprichaba con una mina como esa, sería una pérdida de tiempo. Además, siendo su hermanastro, era aún menos probable se fijara en mí. Así que nunca había pensado en ella de esa manera, al menos no seriamente. Cada vez que la veía con esas calzas súper ajustadas que usaba para ir al gimnasio, no podía evitar mirarla, pero no me quedaba con esa imagen en la cabeza. Cuando salía con sus amigas, y se vestía de una manera recontra perra para ir a bailar, simplemente la ignoraba.

    Nunca empieces una batalla que no puedas ganar, siempre decía mamá. Y Florencia era eso. Una batalla que había perdido antes de comenzar a pelear.

    Mi sistema era simple pero efectivo. Mientras no me hiciera la cabeza con ella iba a estar todo bien. Yo ya tenía a mis propias fantasías inalcanzables. No era necesario sumarme una tan complicada como Florencia.

    Hasta el momento iba todo bien y la actitud de mierda que siempre tenía mi hermanita, me ayudaba a no mirarla como una mujer, sino como un enemigo.

    Pero desde que la vi en el baño, sacándose esa foto, todo mi autocontrol se había ido a la mierda. Y para colmo encontré esa tanguita negra suya, tirada en el lavadero, y me la quedé, escondiéndola en el baúl donde guardo mis revistas, como si fuese una especie de botín de guerra.

    -No, está buena, pero hay muchas minas que están buenas y no son tan forras -contesté, haciéndome el boludo.

    En esa respuesta había mucha mentira. Era cierto que había muchas minas lindas, pero como Florencia, muy pocas. Y la mayoría de las que estaban tan buenas como ella eran famosas. Además sí que le tenía ganas. ¡Y cómo no iba a tenerlas! de hecho, era increíble que hasta hacía poco, había logrado mantenerla alejada de mis fantasías sexuales.

    No solo les mentí. Tampoco pensaba contarles que la había visto en tetas. Eso me lo guardaba para mí. Me preguntaba si ella se lo habría contado a alguna amiga, o también se lo quedaría para ella. En ese caso, teníamos un secreto que de alguna manera nos unía.

    Me fui cuando ya estaba oscureciendo. Cuando llegué a casa vi a mamá y a Florencia viendo algo en la tele.

    -En una hora está la comida. -dijo mamá.

    Fui a mi cuarto. Abrí el baúl de madera donde guardaba mis magas y comics. Entre el Primer y el segundo tomo de «Vagabond»; estaba la tanguita de Florencia. La agarré. Fui al baño, el cual compartía con mi hermanastra. Para mi sorpresa, colgada en la canilla de la ducha, encontré otra prenda íntima suya. Un culote negro. Pero este no me lo podía llevar, sino, me descubriría.

    Pero aun así lo agarré. Lo olí. Estaba húmedo por el agua de la ducha, pero también creí oler transpiración y algo más. Algo leve, pero al ser un olor desconocido, me llamó la atención. ¿Era fluido vaginal? al ser virgen no conocía ese olor, pero imaginé que se trataba de eso.

    Mi pija se puso dura, mientras sostenía las dos prendas íntimas de mi hermanastra. Dejé el culote donde estaba. Me senté en el inodoro, envolví mi verga con la tanguita robada, y me empecé a pajear. La leche salió abundante y empezó a resbalarse por el tronco, ensuciando la prenda que lo envolvía.

    Me di una ducha y lavé la tanguita. Luego me la llevé de nuevo a mi cuarto.

    ………………………………

    A la noche llamaron a mi puerta. Como era su costumbre, Florencia no esperó a que yo la invite a pasar.

    – Escuchame, no quiero dormir abajo en el living, me da paja bajar por la escalera con todas mis cosas, y además papá se levanta muy temprano. Va a ser muy incómodo dormir ahí. -dijo la intrusa.

    -¿Esa es tu manera de pedirme que te deje dormir acá de nuevo? -pregunté.

    Me clavó sus grandes ojos marrones.

    -¿Me dejás dormir acá por esta noche?

    No dijo por favor; pero tampoco esperaba tanto de ella.

    -Bueno, pero no se te ocurra desubicarte como ayer -dije.

    -Con eso ya estamos a mano – señaló con su mirada la muñeca que le había lastimado, aunque ya no tenía marcas.

    Trajo su colchón y sus sábanas, y como el día anterior, se acomodó al lado de mi cama. No había tanto espacio en mi cuarto, sino, supongo que hubiese dormido lo más lejos posible de mí.

    Cuando terminó de estirar las sábanas se quitó el pantalón y la remera que llevaba. ¡Con qué facilidad se quitaba la ropa mi hermanita!

    Quedó con un conjuntito de ropa interior blanca. La tanga no era tan diminuta como la que yo guardaba en esa misma habitación, pero la tela blanca se metía entre sus nalgas con demasiada facilidad. Mirá ese culo come-trapo; solía decir Juancito cuando veía una hembra voluptuosa con prendas ajustadas. Y el culo de Florencia era el más come trapo que había. Se podía esconder un ropero adentro.

    -¿Te incomoda verme así? -preguntó-. No me gusta dormir con pijama. Y de hecho, suelo dormir desnuda.

    Me quedé boquiabierto, ante la idea de tenerla totalmente desnuda tan cerca.

    -Para nada, ¿cómo me iba a incomodar? -contesté.

    -Ah, como te quedaste mirándome…

    -Sólo te miraba pensando con qué cosa me vas a salir hoy -contesté, esquivándola.

    -No te voy a salir con nada, no estés a la defensiva.

    Se metió debajo de la sábana, pero sólo se cubrió hasta el ombligo. Hacía demasiado calor y la pieza no se había enfriado mucho que digamos. Era agradable sentir el aire frío en la piel. Así que no me extrañó su actitud.

    -Te aviso que voy a ver una peli en mi notebook, así que espero que igual puedas dormir. -dije. La verdad era que podía ponerme los auriculares, pero no pensaba hacerlo.

    -¿Qué vas a ver?

    -Joker.

    -Ya la vi. -dijo – Y no me molesta, igual me duermo fácil.

    -Apagá la luz cuando quieras -le dije con sequedad.

    -Sabés que estuve pensando… -dijo Florencia-. Creo que me desubiqué ayer. No soy quien para estar diciendo con qué tipo de mujeres podés estar o no.

    Me sorprendieron sus palabras. Casi parecían una disculpa.

    -Yo también me saqué. -admití-. Como dijiste… estamos a mano con eso.

    -¿Te puedo hacer una pregunta? -dijo ella.

    Me fastidió que me interrumpa justo cuando iba a poner la película. Ya de por sí era difícil tenerla ahí, media desnuda. No sabía cómo iba a poder evitar hacerme una paja otra vez mientras ella dormía a centímetros de mí. Y de hecho mi amigo el cabezón ya se estaba hinchando. La sangre corría cada vez más rápido por él.

    -Qué -contesté.

    -¿Por qué te caigo tan mal? -Soltó mi hermanastra.

    ¿Se había vuelto locas?

    -¿En serio me estás preguntando? -pregunté.

    -Claro…

    -¡Pero si vos sos la que me tratás mal! -me exalté-. Te burlás de mi todo el tiempo, me insultás, varias veces me dijiste que querías que me fuera de esta casa, me refregás todo el tiempo que sos mejor que yo. Me mirás con desprecio. Me echás en cara que no tengo trabajo ni estudio, cuando sabés muy bien lo difícil que es para la mayoría de los pibes de nuestra edad salir adelante. Estás tan acostumbrada a que todo te salga bien, que no te das cuenta que no todos podemos…

    Había levantado la voz, casi gritando. Sentí el calor en mi rostro y supe que me había puesto colorado.

    Florencia me miraba atentamente, como esperando a que yo continúe, pero en ese momento no tenía nada más que decir.

    -Las cosas no son tan así -dijo.

    Se sentó sobre la cama. Yo no pude evitar ver el sensual movimiento de sus pechos cuando lo hizo.

    -Vos también sos jodido. -siguió hablando-. Desde que llegaste a vivir acá, me ignoraste. No colaborás en nada en la casa. Siempre soy yo la que tengo que andar ayudando a tu vieja y eso que estudio y trabajo, y vos no hacés nada… Es verdad, quizás no sea tu culpa que no puedas aprobar el examen de ingreso en la facultad, y que no consigas trabajo, pero no tenés ningún motivo para no ayudar con la limpieza de la casa, o con la cocina. Pero yo sí lo tengo que hacer ¿Y por qué? ¿Porque soy mujer? Además siempre que me cruzás en la casa, me esquivás, como si tuviese lepra. Cuando estamos con tu mamá viendo la tele, te metés en el cuarto, como si fuese una tortura compartir un rato conmigo. Siempre andás malhumorado. Y la verdad que podría seguir, pero bueno, yo también soy complicada, ya lo sé, pero vos no sos ninguna víctima Mariano, yo te sufro tanto como vos me sufrís a mí.

    Dijo todo eso de corrido, casi como si se lo supiera de memoria, como si fuera algo que tenía atragantado desde hace tiempo. Me quedé callado. No sabía qué decir. ¿Yo era tan forro como ella? ¿Ella se sentía tan angustiada como yo al convivir con alguien que la detestaba?

    -Vos no entendés -dije. De repente algo estaba saliendo de adentro mío, sin que pudiese evitarlo-. Para vos la vida es muy fácil Sos linda, e inteligente. Te llevás el mundo por delante. No sabés lo que es sentirte rechazado. Que solo te quiera tu mamá y algunos amigos tan loosers como vos.

    Nunca había sido tan sincero con alguien, ni siquiera conmigo mismo. Florencia me miró, y parecía sorprendida, aunque no sé si por mis palabras, o por el solo hecho de haberme abierto de esa manera.

    -No seas tonto. No me vengas con ese cuento de que por ser linda no sufro ¿te pensás que no sufro por amor? Hasta hace unos meses salía con uno de mis profesores. Una boluda. Creía estar enamorada, pero supongo que lo que me atraía era el hecho de que fuese algo prohibido -. Me miró, como esperando que le diga que entendía de qué hablaba-. Estaba casado -siguió diciendo ante mi silencio-. Y claro, no dejó a su esposa. Sólo me quería por mi cuerpo. Aunque él aseguraba que lo que más le gustaba era mi perspicacia, cuando estábamos en la cama me quedaba claro que sólo quería usarme. Después no contestaba los mensajes. Sólo cuando quería un polvo furtivo se acordaba de mí. Al final lo dejé yo, pensando que iba a volver de rodillas.

    -¿Y qué pasó? -Pregunté, intrigado.

    -No volvió a llamarme. Supongo que tiene una lista larga de pendejas que se entregarían con la misma facilidad que yo. Unas estúpidas. .-¿Y vos porqué estás solo? -me preguntó después.

    -No soy de los tipos en los que se fijan las minas -. Dije, sin poder terminar de creer la facilidad con que me estaba abriendo ante mi enemiga.

    -Qué tonto. Tu problema no es estético. -dijo Florencia-. Digo… no es que seas muy fachero que digamos, pero al menos sos alto. Lo que te falta es actitud. Si no te convences a vos mismo de que podés estar con la mujer que quieras, nunca lo vas a lograr.

    -¿Tenés muchas amigas que les guste los tipos altos? – pregunté intrigado.

    -Más de las que imaginás ¿Sabés por qué llaman la atención los hombres altos? -dijo Florencia, y una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro.

    -¿Por qué?

    -Porque se supone que son grandes en todas las partes de sus cuerpos.

    -¡Estás mintiendo! -dije, pensando que me tomaba el pelo, aunque no estaba para nada molesto. Sentía que estaba hablando con una persona totalmente diferente a la que conocía. -todas las mujeres dicen que prefieren un pene normal que sea bien utilizado a uno grande que se use mal. -dije, seguro de haberlo escuchado montón de veces en la televisión.

    -¿Y no te das cuenta de la mentira velada que hay detrás de esa afirmación?

    -¿Qué? -pregunté sin entender.

    -Es una falsa dicotomía -dijo Florencia.

    -Hablame en castellano por favor.

    -Una falsa dicotomía es una situación en donde se presentan dos puntos de vista como si fueran las únicas opciones, cuando en realidad existen muchas otras.

    -Acordate que no soy universitario -dije.

    Florencia rio a carcajadas. Tuve que esperar un buen rato hasta que pudiera hablar.

    -Fijate en lo que dijiste al principio. Las mujeres, según vos, prefieren una pija de tamaño normal, pero bien usada, a una grande pero mal usada… -Dijo. Me sorprendió escuchar la palabra pija; saliendo de su boca. -Pero para empezar hay más opciones… -siguió diciendo-. Por ejemplo, un pene normal pero mal usado, o… una pija grande y bien usada.

    Traté de decir algo pero no se me ocurría nada. Todavía no caía en la conversación que estaba teniendo con mi hermanastra.

    -¿Dónde está la verdadera Florencia? – solté, y ella se rio de nuevo.

    Me estaba gustando mucho hacerla reír. ¡¿Qué carajos estaba pasando?!

    -En fin -dijo ella- Sólo quería que no te hagas tanto problema por las apariencias. Te va a ir bien con las chicas. Sólo falta que adquieras experiencia. Esa cara de virgen te vende.

    La forra tenía que decir alguna maldad. Pero no me molestó.

    -Bueno, ahora sí, voy a dormir -dijo.

    Se levantó para apagar la luz. La vi de pies a cabeza y entendí que, al menos en lo físico, era asombrosa.

    -Cuando duermo me muevo mucho -comentó- Es posible que amanezca con las sábanas tiradas a un costado. Pero sé que no te aprovecharías al verme media desnuda, así que voy a estar tranquila.

    Entonces hiso silencio. A los pocos minutos escuché cómo su respiración se hacía más larga y profunda. Se había dormido.

    Continuará.

  • El placer del sexo es un juego (Parte 2)

    El placer del sexo es un juego (Parte 2)

    No hay nada más rico para mí, que ver a mi mujer en short con sus nalgas al aire libre. Y desde que descubrí que fantaseaba con el ex marido de una de sus clientas, la he provisto solo de esos tipos de short.

    Verla así por toda la casa y aun en su oficina donde llegar a recoger los productos sus clientas, quienes en algunas ocasiones llegan acompañadas por sus parejas. Lo cual pone en nuestro habiente una especie de placer sexual, ya que ellos no logran disimular las miraditas que le echan al culo de mi mujer.

    En ocasiones hemos pedido comida por delivery, tan solo para ver las caras de los repartidores al llegar y ver las nalgas de mi mujer que parecen estar escapándose del short tan pequeño que le estoy haciendo usar como un supuesto castigo por haber fantaseado y no tan solo fantaseado. Si no, porque hizo realidad su fantasía de coger con alguien en lo secreto de nuestro hogar.

    Desde ese entonces el deseo y las fantasía se han tornado en la forma de vivir nuestra relación, y mientras ella fantasea con que los maridos de sus clientas se la cojan, yo veo la forma de que ella lo disfrute al máximo.

    Y así fue una tarde en la que llegó, Fernando. El esposo de otra de sus clientas y mi mujer vestía esa tarde un short cachetero azul y un polo con escote bien pronunciado, de tal modo que sus tetas estaban a punto de quedar con sus persones a la vista de quien gustase de ellas.

    Al llegar Fernando, no logro saludar a mi mujer mirándole tan solo a los ojos, se puso nervioso porque le fue muy difícil dejar pasar desapercibido las tetas y el short pequeño que aunque mi mujer aún estaba delante de él de frente y su culo no estaba a la vista de Fernando, si lo estaban sus piernas blancas que el short que llevaba le cubría solo desde la entre pierna, por delante su short parecía solamente un tanga que dibujaba como cual pintor profesional, su rico coñito.

    Para esto les cuento que había descargado en un celular viejo, una webcam que me permite monitorear desde mi celular nuevo. Y coloque ese celular escondido en la oficina, y así pude ver todo cuanto paso esa mañana en la que llego Fernando. Ella lo hizo pasar y tomar asiento mientras esperaba que mi mujer terminase de hacer su pedido y claro, como era lógico…

    Vi así, cada mirada ardiente con la que Fernando miraba su culo y sus tetas, dentro de no muchos minutos el estaría diciéndole palabras alagando el cuerpo de mi mujer. Lo rico que le parecía y como es que el tenía… Oh… Sorpresa, sin ningún reparo le dijo que tenía su verga dura por como ella estaba vestida.

    Y como disimulando, paso una de sus manos por sobre sus nalgas.

    Fernando… Disculpe, es que lo tienes tan rico que no pude resistir.

    Mujer… ¿En serio le parece irresistible mi culo?

    Fernando… Por supuesto, nunca había visto un color tan perfecto.

    Mi mujer algo sonrojada, pero ya entrada en calor le dijo: ¿y el de su mujer no será así de rico?

    Fernando… Creo que cada culo tiene su encanto, pero el suyo me ha puesto la verga a full…

    Mujer… ¿De verdad? No le creo…

    El ni tonto ni perezoso le dijo: de verdad, si gusta le muestro.

    A lo que mi mujer fijo su mirada en su paquete dándole a entender que podía mostrarle. Y en efecto, su verga estaba totalmente dura como un fierro.

    Para esto mi mujer había cerrado poco a poco la puerta y la ventana de la oficina, para colgarse luego de su verga la que con ambas manos apretaba sin quitarle la mirada de encima.

    En un momento ya la tenía dentro de su boca, intento metérsela toda pero le fue imposible. La verga de Fernando sin exageración debía medir por lo menos unos veinte centímetros de largo y unos cinco o seis de grosor.

    Si bien es cierto que ver el tamaño de esa verga tenía a mi mujer muy excitada, a eso se le sumaba el hecho de que ella sabía muy bien que yo estaba en el cuarto mirando por la cámara. Y cuando menos lo imagine se puso de rodillas dejándole todo su culo a su entera disposición, y de un solo empujón Fernando le metió su dura y gruesa verga hasta el fondo del coñito húmedo de mi mujer. Pude oír su grito al entrarle y no lo oí por la webcam, sino que fue tan fuerte que llegó sin lugar a dudas hasta la casa de los vecinos.

    Así entre el mete y saca la tubo por una minutos hasta que la vi desvaneciéndose sobre el piso de la oficina, mi mujer había sentido tal vez, el orgasmo más rico de toda su vida.

    Justo cuando acababan de limpiarse y acomodarse sus popas, tocaron la puerta de la oficina aló que mi mujer abrió con cierta vergüenza, pues verían que estaba encerrada con un hombre y que no era yo.

    Pero para esto y para sorpresa de Fernando, salí en ese momento y me pare en la puerta trasera de la oficina que da a la cocina de la casa…

    Fernando se puso nervioso y mi mujer me miró con su mirada de satisfacción y estoy seguro que con esa misma mirada me dijo sin pronunciar palabra…

    Gracias por dejar que disfrutase de esta verga tan rica…

  • Pao para dos

    Pao para dos

    Esta historia es real, tan real que nos podría condenar al infierno. Pero ya dicen que con el demonio correcto el infierno es el paraíso.

    Mi esposo y yo atravesamos una crisis se pareja, y decidimos hacer una cena para tratar de poner un fin al menos a los problemas. Como nos costaba ponernos de acuerdo en las diferencias que teníamos, decidimos sumar a un tío de mi esposo que es sacerdote para que mediara en la situación.

    La cena fue normal, hablamos y entré charla y charla nos tomamos casi dos botellas de vino. Y nos reímos más de lo que discutimos. Para todo esto ya era tarde, y el tío sacerdote se tenía que ir a su parroquia. Pero insisto en que se quede un rato más, y él accede, pero con la condición de que si se hacía muy tarde se tenía que quedar a dormir en nuestra casa. A lo cual no nos negamos. En un momento mi pareja se levanta para ir al baño y yo sigo hablando con el tío, todo normal hasta que noto que no sacaba la mirada de mis tetas, se veían poco por el escote, pero parecía gustarle. Me sentí incómoda pero llena de morbo, jamás se me había pasado por la cabeza que un sacerdote me podía generar tanto morbo y me sentí mojada de solo imaginar que podría pasar si me dejaba llevar…

    Mi marido volvió del baño y noté que le hace una señal absurda a su tío y se empiezan a reír cómo dos tarados. Mi marido le insinúa que no hay camas disponibles y que va a tener que dormir en nuestra cama o sea los tres juntos. A lo que me opongo, pero estos dos ya lo habían decidido.

    Así que me levanté y me quise ir a la habitación, pero me sentí mareada, por lo que me apoyé sobre el hombro del tío, y él sujetó mi mano y me quiso abrazar sin evitar tocarme las tetas y pasó la otra mano por mi cintura rozando mi cola, todo eso me puso más incómoda, porque la verdad me estaba mojando la tanga.

    Entre los dos me llevaron a la habitación y me ayudaron a sacarme los zapatos, pero ya era todo muy caliente, yo me dejé caer en la cama, el tío me besó en los labios con tanta lujuria que solo dejé que me desnuden y me hicieran lo que quisieran, lo estaba disfrutando. Mientras que uno me besaba las tetas, el otro me sacaba la tanga junto con el pantalón y ahí estaba yo desnuda y con dos hombres solo para mi solita.

    El solo hecho de abrir las piernas y sentir la verga de mi marido hasta el fondo me hacía sentir el orgasmo intenso mientras tenía enterrado hasta la garganta el vergón del tío. Fueron cambiando de posiciones, de lugares y yo sentía que esa noche era la puta más santa.

    Me cogieron el culito como los dioses, esa mezcla de dos sabores de semen diferentes en mi boca me volvía loca, así que les pedí que esa noche me volvieran a coger dos veces más… y nos quedamos redimidos en el silencio después de tanto sexo.

    Será el secreto mejor guardado y el que nos inició en el mundo de los tríos y otras cosas más…

  • El mejor ejercicio del mundo

    El mejor ejercicio del mundo

    Durante estos dos años pasaron muchas cosas y hubo miles de experiencias, poco a poco se las iré contando.

    Llevaba un buen tiempo siendo novia de un chico que era demasiado genial, e incluso muchas personas pensaban que podríamos ser la pareja ideal, ya que teníamos muchas cosas en común, la música, el ejercicio, la comida, la pasión por la vida y también la pasión que había entre nosotros.

    Un sábado por la mañana estaba completamente sola en mi casa, haciendo ejercicio en el patio trasero, Jesús quedó en ir a mi casa para desayunar juntos; al llegar paso hasta el patio, lo saludé y continúe terminando mis ejercicios, al terminar le dije que me bañaría a lo que respondió que era mejor así.

    Siempre que inicia vamos con los besos y las caricias desenfrenadas ya no podíamos parar y justo así sucedió, pensamos en ir a la sala, pero nos pareció más excitante hacerlo en el patio, los vecinos no pueden ver hacia el patio, pero era algo diferente para ambos.

    Nos tiramos en el tapete de yoga, nos quitamos toda la ropa desenfrenadamente ya que siempre era de esa manera, el tomo de su chamarra un condón se lo colocó y entonces comenzó la sinfonía de sonidos de placer sin fin y las caricias y besos que estando con el parecían jamás terminar, y eso nos encantaba.

    Cada que su miembro entraba y salía de mi tenía un escalofrío en el vientre que hacía que gritara como una loca, y más aún cuando escuchaba y sentía su respiración agitada y excitada en mi cuello o en mi oído, lo mejor eran los pequeños gemidos que salían de nuestras bocas y se ahogaban en un profundo beso.

    Cada encuentro entre nosotros duraba el tiempo más que perfecto para alcanzar varios orgasmos los dos juntos.

    El viento comenzaba a soplar y tocaba nuestros cuerpos desnudos haciendo que nos llevarán a un pico se placer aún más alto.

  • Aquella tarde con mi tía Isabel

    Aquella tarde con mi tía Isabel

    Aquella tarde llegue a casa de mi tía Isabel, había quedado con mi primo para para ir al parque a echar unas canastas, al entrar en casa de mi tía me dice que él había salido con su chica y que le parece que tenían para rato ya que estaban discutiendo y en eso de la reconciliación seguro se demoraba. Vaya contratiempo pensé yo, ya que no tenía planes para esa tarde.

    -Bueno tía -le dije- pues nada me iré a ver qué hago con mi vida ya que yo también he discutido con mi chica y no quería verla hoy.

    -Pues quédate un rato -me dice mi tía y conversamos un poco, así me haces compañía hasta que venga tu primo, claro si deseas.

    -Bueno -le dije y le pedí permiso para ir al baño.

    Al entrar vi que había ropa sobre la tapa del váter parece que mi tía recién había salido de la ducha, me acerque a ver solo por curiosidad. Debo decir que mi tía es una mujer de unos 40 años, divorciada, ella se divorció de mi tío carnal hace ya muchos años, muy simpática, de piel blanca, cabellos dorados, ojos muy claros, un cuerpo ni flaca ni gorga, ya que solo tuvieron un hijo y ya es mayor de edad y lo mejor de todo es que tiene un culo muy duro y grande, la he visto en shorts muy pequeños y tiene bonitas piernas, de pechos no está bien equipada, pero son bien bonitos, medianos diría yo, pero bien, a ver con que me encontraba.

    Lo primero que vi fue un brasier color blanco, bueno dije nada fuera de lo normal. Debajo de eso me encontré con una braguita color roja, a los costados tenía dos tiras y la parte que va adelante o sea en la cuca, tenía una maya y bordada llevaba una rosita, la parte de atrás solo llevaba una tela muy delgada, mas gruesita que un hilo, uff eso me puso a mil y por instinto me lleve la braguita a la nariz, lo olía, y aun olía a su piel, a su cuerpo, aún tenía su olor, que erección que me causo eso.

    Dejé las cosas como estaban, tire de la cadena, me lave las manos y la cara, no quería que sintiera que habría olido sus prendas y salí, la verdad me había puesto muy excitado aquella prenda, sali del baño y la vi tirada sobre el sofá, tratando de masajear su cuello con sus propias manos a lo que le pregunté qué hacía.

    Yo: ¿tía que haces? te quieres ahorcar

    Ella: oh no, ja ja ja me quería frotar el cuello, pero así es un poco difícil

    Yo: si gustas te ayudo, no creo que sea algo complicado

    Ella: no te preocupes, ya le diré a tu primo cuando venga que me frote una crema.

    Yo: insisto tía, no es ningún problema (verla tirada sobre el sofá y el culo que le marcaba la falda, habia que intentarlo)

    Ella: bueno ya que te ofreces, venga

    Yo: así espero al primo y te ayudo.

    Y se volvió a tirar sobre el sofá, dejando a mi vista tremendo culo. Le pedí que sería mejor si se sacaba la blusa que llevaba puesta así podría masajearle la espalda, al principio lo dudo un poco, pero acepto, se sacó la blusa y solo se quedó en brasier, bueno no creo que te asustes me dijo ella si me vez la espalda casi desnuda y echo a reír yo estaba emocionado, nervioso, sudando, por lo que estaba sucediendo y vamos ni hablar de mi erección que ya era mucha para ese momento.

    Acaricie su espalda y suavemente le desabroche el brasier a lo que en un principio me quiso poner un alto ahí, le dije que confiara en mí, que yo sabía lo que hacía, bueno veremos qué sabes hacer me dijo, con un tono muy atrevido, un tanto pícaro diría yo, eso me dio más confianza y seguí avanzando con las caricias.

    Bajaba sobre su espalda y me fui hasta sus piernas por encima de su culo y por encima de la falda que llevaba puesta. En ese momento ella intento coger mis manos y me pregunto qué estaba pasando.

    -Cálmate tía, todo está bajo control -le dije yo y en seguida le acaricie la espalda.

    -uhm que bueno, o que bien se siente esto, no sabía que tenías buenas manos para los masajes, uhm que rico -me decía ella mientras yo seguía acariciando su espalda.

    -Ya ves tía sé lo que hago.

    Le metí la mano al culo pero esta vez ya por debajo de la falda, y le acaricie las nalgas con todo el morbo que tenía encima, las apreté fuerte y hasta un beso le di en cada cachete, ella un poco sorprendida, se volteó y me dijo:

    -¡que pasa! Que acabas de hacer muchacho.

    Yo le dije que era parte de la terapia.

    -ah bueno -me dijo ella- ¡pensé me estabas metiendo mano a lo bestia! ja ja ja.

    -No tía como crees -le dije- Espera que me quito esto –comente.

    Me pare y me quede en pelotas como ella estaba boca abajo no me veía pero me preguntaba qué estaba haciendo.

    -Nada tía ya estoy contigo en breve.

    Me tiré sobre ella desnudo a lo que ahí si no pudo más y se volteó completamente y se sorprendió al verme desnudo sobre ella.

    -Pero qué te pasa muchacho ahora si te pasaste -me dijo.

    A lo que yo rápidamente le llene de besos la boca, nos besamos y nuestras lenguas se entrelazaron. Que besos me daba mi tía era muy buena en eso, me dejaba sin aliento, yo le bese el cuello y baje a sus pechos, los besaba sin dejar de jugar con mi lengüita sobre sus pezones que ya empezaban a hincharse como dos pelotas, me tenía muy excitado, le metí mano por debajo de su falda y le tocaba su vagina por encima de su braga, ella hábilmente me agarraba la verga completamente dura y no dejaba de menearla con su mano, la frotaba como haciéndome una paja y no dejaba de dar gemidos de placer.

    Me le tire a su vagina y le moví la braga a un costado para poder saborear aquella vagina que seguro hace mucho rato no recibe una buena polla, que delicia de vagina, estaba fresquita y yo me la estaba comiendo, ella gemía y se retorcía de placer en seguida note como se humedecía de tanto gusto. “Ohhh que rico me comes el coño querido, sigue así no pares”.

    Me levante y le puse mi verga en su boca a ver que sabía hacer con esa lenquita. “Vamos tía chúpamela” le dije y de una se la trago, que golosa que era, la quería meter toda en su boca, la quería literalmente arrancar de mi cuerpo. Se la puse entre tus tetas y me hizo una pequeña rusa.

    -Joer que rico, vamos métemela -me dijo- por favor.

    Y no la hice esperar, le moví la braga hacia un lado y le metí un dedo para sentir si ya estaba mojada, sentí esa viscosidad entre mis dedos y si, sabía que estaba muy caliente ya, ella solo gemía y me pedía que se la metiera de una vez. Me la sacudí un poco y se la inserte de una, “ayayay, me matas de placer vamos no te detengas, dame placer vamos sigue así”, yo seguía penetrando ese coñito tan húmedo y delicioso, ella se masajeaba el clítoris y gritaba como una loca, “que excitación más maravillosa, no pares, no pares, dame duro por favor, no pares” me decía, yo disfrutaba escuchar lo que me decía.

    Le metía un dedo en su boca y eso la ponía más arrecha, se movía de una manera exquisita, se retorcía de placer sobre el sofá, lo disfrutaba y me agarraba con sus manos las nalgas y me acercaba más hacia ella y me pedía que la siga follando ella no dejaba de gritar y moverse más rápido, le dije que quería terminar sobre sus tetas que me habían puesto muy cachondo, si termina donde quieras me dijo, pero sigue follandome, seguimos así sin cambiar de posición por que a ella le gustaba estar así, gritaba, gemía, me arañaba la espalda y no dejaba de moverse. Cuando ya sentí que estaba cerca de correrme saque mi verga mismo actor porno y se la lleve a la boca, me metió una succionada de verga esa mujer, y termine en su boca o que sensación mas deliciosa, sentía como ella se atragantaba con la leche que me salía de la verga, era gracioso ver cómo le salía por sus labios mi leche y ella me la seguía chupando con los ojos cerrados, era toda una estrella en esa parte,

    -Que rico que estuvo esto -decía, mientras se limpiaba la cara con su blusa, nos quedamos tirados uno al costado del otro por un momento hasta que ella reacciono y me dijo- bueno chico, bájate y cámbiate que seguro tu primo llega en cualquier momento y ojo no quiero, que ni siquiera se entere de esto y espero que no digas a nadie.

    -no se preocupe tía -le dije- será un secreto entre nosotros.

    -Ningún secreto -me dijo ella- esto simplemente no ha pasado ni volverá a pasar -sentenció en un tono muy decidido.

    Bueno -le dije yo- espero poder volver a visitarte en algún otro momento.

  • Con el vibrador y un cojín

    Con el vibrador y un cojín

    Primer día aislada por contacto estrecho de covid, asintomática… Feliz… Tati acababa de terminar de ver una comedia romántica y quería seguir devorando series en televisión… Hace muchísimo tiempo que no tenía un tiempo a solas… Trabaja en salud, le ha tocado difícil, vive con sus dos hijos y su madre, poco tiempo le queda para ella.

    De pronto recordó que guardado en una de las carteras que cuelgan del «flaco» como le llama al perchero de pedestal, tiene su vibrador de 5 velocidades, 20 centímetros insertables. Entonces, sin mucho ánimo aún se decide a ir a buscarlo. Va al baño y lo enjuaga por sí acaso. Se desnuda completamente y se mete en la cama.

    Entonces comienza a acariciar sus pechos con la mano izquierda y con la mano derecha se toca sus labios mayores, con mucha delicadeza los abre suavemente y roza con su dedo índice su clítoris. En ese mismo momento su mano izquierda jugaba suavemente con el pezón derecho…

    Ella siente que se estremece y comienza a humedecer. Inmediatamente viene a su mente la imagen de aquel hombre que tan bien recorre su cuerpo y que tanto la conoce. Mueve su cuerpo mientras se toca suave… Entonces se pellizca un pezón imaginando que son los dedos de él. Toma el vibrador y apagado pasa la punta de este por sus labios, lo introduce entre ellos, sube y baja, tomando su flujo y aumentando la humedad. «Si mi amor, siento tu pene acá» murmura mientras sigue tocándose.

    Al imaginarse a ese hombre, solo quiere meterse el vibrador, pero se contiene para necesitarlo un poco más… Quiere estar desesperada porque entre. Deja entonces el vibrador de lado y con su mano derecha acaricia sus muslos, la parte interna de ellos, suavemente, pensando que son otras las manos que la recorren.

    Pasa suavemente la punta de sus dedos por fuera de sus labios, ya todos mojados y se esparce el flujo cerca y alrededor del clítoris… Lo roza suave, se concentra en él. Con la llena de su dedo índice lo estimula. Encorva su espalda y siente como su vagina se contrae, con el primer suave orgasmo… Su mano izquierda nunca dejó sus pezones. Junto al orgasmo humedece más por el squirt pequeño que siempre lo acompaña.

    Después de esto se siente ya desesperada por meter el vibrador, un orgasmo no la relaja, sino que la calienta más. Se mete el vibrador lentamente, mientras murmura: siii!!!… Y encorva su espalda a la vez. Flecta su cuello para observar lo que ocurre y eleva su pelvis. Ahí observa su cuerpo se devora el vibrador, hasta el último centímetro insertable… Lo deja adentro y lo mueve para estimularse entera. Lo gira sobre su propio eje, para recibir otro tipo de caricia…

    Entonces lo mueve de adentro hacia afuera simulando la embestida del acto con un hombre de verdad. Lo hace con fuerza, con desesperación. Cierra sus ojos imaginando unas nalgadas… Entonces decide colocarse boca abajo y bajó de ella, de su pelvis, pone un cojín grande. Queda con la cola elevada y con el vibrador entero a dentro de ella… Ella murmura: siii golpéame amor, soy tuya, me gusta…

    Imagina esas nalgadas excitantes que recibe cada vez que se pone en cuatro.

    Siente que se acerca el gran orgasmo y presiona contra el cojín su cuerpo, estimulando así su clítoris junto con meterse más profundo ese vibrador… Justo al finalizar ella solo grita: siii! Y cae rendida…

    Fue el polvo con ella misma que había tenido, y todo gracias al COVID 19.

  • Primera vez como pasivo con una trans

    Primera vez como pasivo con una trans

    Bueno como les venía contando mis primeras experiencias con la trans morocha Verónica y la taxista dotada con el dispenser de leche, las cuales fueron amantes por muchos años y al principio solo como activo, al tiempo conozco a otra trans en mí ciudad.

    Cómo era costumbre en mis salidas de fin de semana que iba a comprar cigarrillos a un negocio de mí ciudad me quedaba charlando con el empleado ya conocido por tantas veces ir a comprar. Una noche charlando viene a comprar una trans rubia pelo ondeado muy simpática y se queda charlando unos minutos con nosotros, también era conocida del empleado, todo quedó ahí en una simple charla nada importante.

    Al poco tiempo la vuelvo a cruzar en un cabaret dónde iba habitualmente a tomar unos whiskies con mi amigo que era portero del lugar y también conocía a algunas chicas que trabajaban en el lugar. De repente entra una rubia con vestido corto pegado al cuerpo y me viene a dar un beso y abrazo, en ese momento no la reconocí hasta que se iba meneando las caderas hacía la barra, al rato me di cuenta de quién era, mi amigo bromeaba diciendo que la rubia andaba caliente conmigo, yo no hice caso a esos comentarios ya que apenas la había visto 2 veces y no cruzamos muchas palabras.

    Paso la noche los tragos termine de ver el show de una d las chicas que era amiga y está amiga viene y me invita a que vayamos a tomar algo y bailar un rato a un boliche, ya terminaba su noche de trabajo y como era habitual salíamos a veces a divertirnos juntos como amigos (con derechos) al acercarme a la barra a despedirme de la dueña en el camino me intercepta la trans rubia me dan un beso en la mejilla y me dan un papel doblado en la mano, camino a la puerta donde me esperaba mí amiga lo abro y había escrito un número de teléfono, lo guarde y me fui sin hacer más nada.

    Recién al otro día agendó el número y le escribo, charlamos un rato por msj y me propuso vernos a la tarde noche, me cuenta que no tenía lugar propio pero que podíamos encontrarnos en una de las habitaciones privadas del cabaret donde trabajaba, llega el momento como acordamos espero a la vuelta de la entrada del cabaret que era por dónde se podía entrar o salir de forma discreta entramos y nos vamos a la habitación, yo menos nervioso que otras ocasiones además que no iba pensando en ser pasivo sino activo como siempre. Tenía muy lindo cuerpo, delgada tetas pequeñas y al quitarse la tanga tenía una pija digamos normal, unos 18 CM delgada y buena cabeza, nos tiramos en la cama me la chupa yo se la chupo a ella tenía un sabor muy rico era suave con huevos pequeños toda depilada.

    Se la estaba chupando muy profundamente me hace levantar para ponerme en la cama boca arriba y se coloca sobre mí haciendo un 69, continuo con mí chupada mientras ella me la chupaba me doblaba las piernas para poder chuparme el culo, me penetraba con su lengua húmeda y juguetona haciendo presión y se alternaba chupándome la pija y metiendo un dedo en mí hasta ahora virgen culo.

    Nos quedamos en ese caso eterno 69 por varios minutos o al menos esa era la sensación, se levanta y me ordena ponerme boca abajo para hacerme unos masajes, yo no me opongo, estando boca abajo siento que me hecha un aceite por toda la espalda y el culo, se sentía caliente y comienza a masajearme desde la nuca hasta mis nalgas, llegando a mis nalgas las apretaba y las abría con fuerza y sentía como que me estiraba de esa forma todo mí ano todavía cerrado.

    Después de un rato cambia los masajes manuales por algo más cuerpo a cuerpo, se recuesta sobre mí espalda subiendo y bajando por mí espalda sintiendo su pequeñas tetas masajeándome la espalda pero con sus pezones duros y sentía su pija pasa dos por mí raja masajeándome el ano, era una sensación nueva sentir una tetas masajeándome la espalda y a la vez una pija haciendo lo mismo en mí ano. Hasta que en un momento que subía y bajaba con un movimiento de caderas logra poner su cabeza en la entrada de mí ano haciendo un poco de fuerza quedando tiesa así en la puerta de mí culo, yo me quedo quieto como congelado, ella se acerca a mí oído me dice shhh relájate y te prometo te va a gustar.

    Y en ese momento empieza a hacer presión y me la va metiendo lentamente y sentía como cada milímetro se abría paso en mí ya roto ano, sentía como si me rasgara la piel con cada centímetro, me dolía bastante pero al no ser tan dotada era digamos soportable, nada que ver el tamaño de su pija con la cabeza de la pija de Verónica que la vez que intento no pude soportar ni media cabeza.

    Continuo así con su trabajo de adueñarse de mí virginidad hasta que la tenía toda adentro, quedamos así ella recostada sobre mí espalda con su pija completa en mí interior, mordiéndome suavemente el cuello y acariciándome el costado de mis nalgas.

    Sentía el palpitar de su pija dentro y yo seguía algo nervioso, me dice al oído que me relaje y hace 3 movimientos sacando y metiéndola en donde sentía un fuego en mí interior como que rompía por dentro y en ese momento como que se me contrae todo por el dolor y al metérmela hasta el fondo completamente me vuelve a repetir al oído «papi relájate sino no la voy a poder sacar» no entendí a qué se refería hasta que intenta despegarse de mí cuerpo para sacarla y para mí asombro no la podía sacar, si había pasado lo que muchas veces leí en internet y había solo visto en perros, quedó abotonada a mí culo! Trataba de sacarla y me producía un dolor indescriptible y me hacía levantar el culo tratando de sacarla, me seguía repitiendo que me relaje.

    Se quedó echada sobre mí espalda y me decía que eso había pasado porque estaba nervioso y se me había contraído el culo inconscientemente.

    Entonces trate de empezar a relajarme y sentir solamente la presión q su pija latiendo hacía en mí próstata y comencé a menear mí culo en círculos y haciendo presión levantando un poco mí culo, mí pija comenzó a crecer y largar mucho líquido preseminal ella paso sus brazos por debajo de mí pecho me agarraba con fuerza y me pasaba la lengua por todo mi cuello mientras yo seguía esos movimiento circulares y siento que se empieza a agitar y gemir, todavía la tenía adentro sin poder salir hasta que siento como su pija convulsionaba y siento que algo me llenaba más en lo profundo de mí recto, ardía un poco, estaba acabando me lleno de leche por completo y yo contraía y relajaba mi ano haciéndole presión en su pija hasta que gimió fuerte y así terminaba de descargar toda su leche, se fue despegando de mí cuerpo haciendo fuerza para quitar su pija y con menos resistencia ya logra sacarla y se siente un ruido como al descorchar un champagne, ahí sentí como una brisa helada me entraba en mí culo y sentía algo de leche que me salía de mí ya roto ano.

    Así boca abajo con una mano busco su pija para que me la acerque a mí boca y chupársela para limpiársela y para mí sorpresa la tenía todavía dura como si no hubiese acabado.

    Se la chupo un rato largo limpiando cada resto de semen y vuelve a tomar la posición de la que me había librado y yo dudoso de repetir porque no quería volver a quedar tanto tiempo «abotonado» pero ella ya no hacía caso a mis pedidos. Se coloca sobre mí y estaba vez no penetra sino que su pija se desliza sin problemas dentro de mí culo dilatado y lubricado de tanta leche que había descargado.

    Entonces comienza a meter y sacar su pija de una forma desenfrenada fuerte profundo, la sacaba por completo para meterla de golpe hasta el fondo lo que me producía largar gestos de dolor, todavía me dolía pero inconscientemente cuando me daba esas estocada fuertes yo levantaba el culo como empujándola pero logrando que llegara hasta lo más profundo de mí recto lo que producía dolor dónde el recto hace una curva en el interior pero a la vez el placer de su roce en mí próstata, eran 2 sensaciones juntas, dolor y placer y no entendía que pasaba pero seguimos con ese sexo fuerte hasta que comenzó a hacerme lo de una forma desesperada y muy veloz como cuando vez a 2 perros cogiendo pero más rápido, se escuchaba el golpeteo de sus huevos control mí cuerpo como unos aplausos.

    Así estuvo rompiéndome todo por largos minutos mientras me daba mordiscos en mí oreja y escuchaba como gemía.

    Llego el momento de acabar por segunda vez ella y yo sentía como que me meaba hasta que siento como de mí pija empieza a salir una cantidad grande de leche que nunca había acabado esa cantidad, mojando todas las sábanas y mí panza por estar boca abajo y sentía el calor de mí propia leche, al acabar ya dejaba de sentir placer en mí culo y me empezaba a arder y sentí que estaba por acabar ella y con la manos la trato de empujar para arriba para que me la sacará, se dan cuenta lo que intentaba hacer y me la saca pero automáticamente me coloca su pija en la boca y me empieza a violar mí boca y en menos de 4 embestidas empieza a acabar en mí boca esta vez menos cantidad pero bien espesa, termina esa segunda descarga de leche en mí boca la cual no trago todavía y me saca la pija, yo comienzo a tragar poco a poco sintiendo ese sabor tan raro y especial que tiene el esperma.

    Me giro quedando boca arriba algo cansado y ella comienza a limpiar mí leche de mí panza y mí pija hasta dejarme totalmente limpio como lo haría yo.

    Quedamos unos minutos acostados uno al lado del otro masajeando cada uno la pija del otro por varios minutos, hasta que nos damos cuenta de la hora y ella me dice que se tiene que ir a preparar que ya estaba por llegar los empleados del cabaret que iban a abrir, nos vestimos ella me da su tanga para que me la ponga yo le hago caso terminamos de cambiarnos y nos despedimos, me iba caminando con sensaciones raras, sentía mí culo inflamado incómodo con ese pedazo de tela metido en mí raja rozándome el ano y sentía a la vez toda la tanga húmeda de la leche que me salía en cada paso que daba al volver a mí casa.

    Ya en mí casa me entró a duchar y al pasar mis dedos por mí ano sentía que estaba todo inflamado como un poco salido y bien suave, y me meto un dedo y para mí sorpresa se deslizo sin resistencia cosa que antes había que hacer un poco de presión para meter un dedo.

    Y así fue como está rubia se quedó con mí virginidad y me hizo conocer otro de los placeres del sexo, fue el comienzo de mí carrera anal con travestis. Luego vendrían más historias anales con mí culo como protagonista y el momento de probar con la morocha y su amiga taxista que era demasiado dotadas, en la próxima relataré ese encuentro con ellas.

  • Mi vecino y sus amigos

    Mi vecino y sus amigos

    Esta historia, es de hace algunos años.

    Soy una mujer de 37 años que sabe bien lo que quiere.

    Hace un tiempo se mudó al departamento de al lado un joven de unos 25 años, alto, moreno, delgado más bien sin mucho atractivo físico. Nos cruzamos varias veces en el ascensor y nos saludamos sin mucho más que eso.

    Hace dos días vino a contarme que se iba a juntar a estudiar con unos amigos, me dijo que tratarían de no molestar y que si eso pasaba solo tocará su timbre y le dijera.

    Agradecí mucho ya que trabajo temprano y descanso a horas tempranas también.

    Esa noche escuché como a las 20 h la voz de los muchachos y muchachas que hablaban en el departamento de mi vecino.

    En determinado momento me dormí y me despertó un grito, pensé que lo soñé así que intente seguir durmiendo, pero de nuevo escuché el grito. Sin duda era una mujer que grito, salí rápido al pasillo y no vi nada, pero si escuche ruidos desde el departamento de mi vecino, fui y sin pensarlo golpeé la puerta demoro un poco, pero me abrió la puerta una mujer negra con una hermosa piel una figura aún más linda y una sonrisa de infarto, su cuerpo desnudo solo tenía unos zapatos de taco blancos.

    Me miró y dijo “¿si?”. Yo sin habla la mire extasiada de tanta belleza, ella repitió “¿si?” Le dije que era la vecina y escuche gritos por eso llame a la puerta, ella se disculpó y dijo con una sonrisa pícara y muy linda “lo siento, seré más silenciosa”.

    En eso mi vecino se asoma desnudo por completo, su gran pene resaltaba mucho. Me pidió disculpas y me invitó a pasar, entre sin decir nada y vi una escena muy caliente en el sofá dos chicas se besaban desnudas por completo en el piso dos chicos se practicaban sexo oral, en una mesa sentada una chica y un chico la penetraba sin parar mientras que le tapaba la boca para que no grité.

    Me di la vuelta y mi vecino besaba a la hermosa mujer que me abrió la puerta, yo de pijama sin gracia ninguna. Sentía como se me mojaba cada vez más, mi vecino se acercó y me beso, pero su amiga le empujó y me beso muy apasionada, sentí un placer enorme sentí que me ponía muy caliente.

    Ella me tomo a mi de una mano y a mi vecino de otra y nos llevó a él cuarto, ahí comenzó a quitarme el pijama me dejó desnuda, me beso la espalda bajo hasta mis nalgas y luego suave me metió lo lengua en mi culo, sentí que un gemido se me escapaba.

    Mientras tanto mi vecino solo se sentó en la cama y miraba, ella me puso en cuatro sobre la cama y comenzó a pasar su lengua por mi culo y luego por mi concha mojada gemí, cada vez que su lengua entraba en mi vagina sentía electricidad corriendo por mi cuerpo.

    Cuando ya me tenía casi acabando le dijo a mi vecino “cogela dale”, mientras abría mis nalgas para que el me penetrara fuerte duro grité de placer de gusto y ella a mi lado se masturbó hasta que de repente uno de los chicos que estaba en el comedor entró al cuarto.

    La tomó a ella del pelo y le dijo “ahora te toca a ti” ella gozaba como toda una puta sobre ese chico y yo bajo mi vecino que cada vez me lo hacía más fuerte.

    De repente ni vecino me dijo que me tome su leche y dije que no, eso hizo que el me tomara del pelo y obligará a tragar su gran miembro me tomara su leche. Eso me gustó tanto que acabe con un gran grito.

    La chica y el chico continuaban cogiendo a mi lado y eso me ponía a mil mientras mi vecino se re ponía, fui por mas con esa hermosa mujer la bese y chupe sus pecho al instante sentí que alguien me chupaba la concha y note que era una de las chicas que había visto antes. Solo deje que siguiera mientras yo disfrutaba de esa rica mujer.

    Mi vecino se puso a mi lado en cuatro y el chico comenzó a darle por su culo yo aproveché y comencé un rico sesenta y nueve con esa morena espectacular.

  • Pagando deudas de papá

    Pagando deudas de papá

    Después de seis meses de una cuarentena que pareciera interminable, el papá de Dora quien arrendaba un local como bar está hasta el cuello de deudas. Principalmente con Gerardo, un usurero que le prestó dinero para poner el bar.

    Todo iba de maravilla, dora y su amiga Andy trabajaban como meseras los fines de semana, muchos clientes solo iban para verlas. Ambas de veinte años, jóvenes pero sobre todo hermosas. Aunque son chaparritas, sus piernas son bien formadas y con los shorts que usaban de uniforme, el culo se les veía redondo y delicioso. Además sus culos son de esos que se les mete cualquier prenda entre las nalgas, culos come trapo. Los clientes miraban sus culos y dejaban buenas propinas, algunos intentaba invitarlas a salir aunque nunca aceptaron. Pero llegó la pandemia, es insostenible pagar renta. Los productos caducaron y la deuda se triplicó con Gerardo.

    Su padre tenía varios mensajes y correos, ella sabía todas sus contraseñas, así que supo después de leer todo que era imposible pagar, también leyó que le exigían un pago inmediato o que tomarían represalias. “¿Quieres que nos arreglemos con tu hija?” Decía en repetidas ocasiones. Así que Dora le confió todo a su amiga Andy, ambas preocupadas analizaban posibilidades imposibles para resolver aquella deuda. Hasta que Andy tomó la iniciativa.

    —Hola, soy Andrea. La mesera del bar —escribió sin dudar y recibió respuesta inmediata.

    —Hola chiquita, Mira que agradable sorpresa. ¿Que se te ofrece?

    —Voy a ser directa, sé que el papá de Dora te debe dinero.

    —Me debe la vida ese perdedor.

    —Pues no tiene para pagarte, que solución se puede dar. No hay manera de echar a andar el bar, debes entender.

    —Bueno niña, eso es problema entre él y yo, tú no te metas en cosas de mayores.

    —Me meto porque lo amenazas con hacerle daño a mi amiga.

    —¿dañó? Me quiero coger a esa pequeña perra, y ti también, ¿quieren ayudar ese viejo? Pongan las nalgas. Bye.

    Andy platico durante la noche y parte de la madrugada con su amiga, Dora se negaba rotundamente. Aunque sabía que era capaz de todo por ayudar a su papá.

    —¡guey le das las nalgas a todos, ¿qué más da cogerte a ese pendejo?

    —Es que lo odio, no lo puedo no ver al hijo de mil putas —Dora ponía todo su odio cada que hablaba.

    —¿Pues si pero entonces que, vas a dejar a tu papá a su suerte? Es más, te acompaño para que no se quiera pasar de listo ese cabron.

    —No, no se… ya mejor me duermo. Mañana platicamos.

    Al siguiente día, nuevos mensajes de amenazas aparecieron en el correo de su padre, quien aceptó un trabajo como repartidor para solventar los gastos de la casa. Entonces tomó su teléfono y le mando un mensaje a su amiga.

    “Va, me lo voy a coger”

    A su vez, Andrea le mando mensaje a Gerardo diciéndole que Dora aceptaba tener se o con él para pagar la deuda de su padre.

    —Mira no es tan fácil, es mucho dinero.

    —¿pero tu dijiste que…?

    —Si pero no mames, sería el palo más caro del mundo. Por esa lana si tendría que ser mi puta mínimo unos dos meses.

    —¡No chingues!

    —Ayúdale.

    —¿Como? —Andy sabía perfectamente cómo.

    —Entre las dos pagaran más rápido. Me avisas, los intereses del préstamo siguen corriendo.

    Después de unas horas y sin consultar a Dora. Andre respondió.

    —Ok, ¿dónde?

    Después de ver la dirección, por fin le mando un texto a su amiga para decirle los términos. Ambas con vestido y sin maquillaje.

    —¡es que no mames!

    —¿que? A mi también me va a coger ese cabron y yo solo lo hago por apoyarte.

    —Por puta, llevas, meses sin coger.

    —¿entonces no?

    —Siii carajo si, ni modo que me raje.

    —total solo paramos el culo y ya.

    Al menos eso pensaban. Al llegar el día, ambas caminaron hasta el lugar de la cita. Una pequeña bodega con apenas una pequeña sala. Les invito licor pero lo rechazaron. Camino tras ellas mirando como las flores de su vestido se metían entre sus nalgas. Traía la verga tan dura que podría cogerlas ahí a medio pasillo, pero sabía que tenía que disfrutar de ese par de manjares. Sin maquillaje se veían aún más jóvenes e inocentes.

    Puso una silla en medio de la sala y con una seña le indico a Dora que se sentará. Mientras Andrea hizo lo propio en el sillón y pude ser espectadora de como Gerardo metía su mano debajo del vestido de su amiga para sobar sus tetas mirándola fijamente a ella.

    —Siempre supe que me las cogería, no sabía cómo ni cuándo, pero estaba seguro de que serían mías —ambas en silencio intercambiaban miradas mientras Gerardo con un tino exacto escupía sobre cada pezón de las pequeñas y suculentas tetas de Dora, para luego lamerle el cuello y bajar hasta poder chupar sus pezones. Al estar detrás de ella, Dora podía sentir el bulto enorme rozar su nuca.

    Para Andrea era como ver uno de esos vídeos porno dónde un tipo maduro tiene sexo con jóvenes. Notaba como Dora contenía el aliento, miraba como su respiración comenzaba a cortarse y su ritmo cardíaco subía. Al igual que el de ella.

    —Ahora híncate —Dora obediente se arrodilló, estaba mojada y asustada. Cuando vio que una enorme verga salía del pantalón de Gerardo, pensó en salir corriendo. Pero era demasiado tarde. Sintió como la cabeza con residuos viscosos de aquella verga le pegaba en las mejillas y frente. Cerró los ojos hasta que el golpeteo termino y sintió como rozaba sus labios. Al abrir los ojos miro arriba la imagen de Gerardo riendo feliz.

    —Abre tu boquita, chúpame la verga. Y tú ven acá que le vas a ayudar —le dijo a Andrea indicándole que se colocará al lado de su amiga.

    En cuanto comenzó a chupar, Dora sintió como Gerardo empuja bruscamente su verga hasta meterla en su garganta. A ella leerá difícil por el grosor mantener la boca tan abierta. Se le dificultaba respirar y empujaba con ambas manos a Gerardo para poder jalar aire. Andrea miraba como la cara de su amiga se transformaba al recibir aquella verga, por el esfuerzo le escurrían lágrimas por las mejillas.

    —¡Haaaahh! No quiero así.

    —¿No quieres que…? Sirve de algo y agarrarle las manos a esta pendeja—Andrea la sujetaba con fuerza mientras Gerardo metía con fuerza y mantenía su verga dentro de su boca, Dora apenas emitía pequeños ruidos guturales. Si baba en forma espumosa salía por el costado de sus labios y por la nariz. Solo le permitía tomar un poco de aire y volvía a meter su verga hasta el fondo. Dora apretaba fuerte las manos de Andrea que estaba ya muy excitada de ver a su amiga ser usada como una puta. Luego por fin saco su verga mientras Dora jalaba aire como desesperada.

    —Te toca —le dijo a Andrea y le jalo la cabeza.

    —Haaaagh haaaagh

    De inmediato sintió dolor en su garganta y al igual que su amiga empujó de las piernas a Gerardo, pero ya la tenía bien sujeta de la nuca y no dejaba que se moviera. Con la mirada y un movimiento de ceja Dora entendió que era su turno de sujetar a su amiga.

    —haaaagh no mames no tan brusco que me haaaa

    —¿Más despacio putita? —Dijo mientras apretaba su verga hasta el fondo de su garganta.

    —Déjala que respire —dijo Dora y obedeció, saco su verga mientras Andrea escupía y jalaba aire intercambiando miradas con su amiga. Luego ella misma fue por la verga y mirando fijamente a Gerardo comenzó a mamar, si amiga empujaba su cabeza para que entrara más verga y miraba como se iba sofocando. Apenas les permitía tomar un par de segundos de aire y volvía con ambas que tenían la cara revuelta de lágrimas, sudor y saliva.

    Luego de un rato por fin las tomo de la mano y las empujó sobre el sillón, con sus dedos tocaba ambos culos levantados. Ellas se miraban con gestos de dolor incrédulas una de la otra por el aspecto sucio de sus caras.

    —¡No en el culo no! —dijo Dora y Gerardo hizo todo lo contrario. Al igual con Andrea.

    —¡Me duele me duele me duele aaaah!

    —Así me gusta que griten pequeñas putas, voy a disfrutar mucho cobrando está deuda. Tu padre estará orgulloso de ti.

    —¡Auchs aaah!

    —¡Ya cabron aaah aaaah!

    —¡Las quiero ver besándose!

    —¿Qué? —dijo Andrea enojada.

    —¡Que se besen putas!

    Ambas se miraron fijamente, mientras la verga de Gerardo empezaba a penetrar sus culos, junto bien sus culos para hacer más fácil la tarea de ir de uno a otro mientras escuchaba sus gemidos. Fue Dora la que acerco sus labios para rozar los de Andrea que entre todos correspondió a su beso, sus lenguas intercambiaban fluidos y pequeños pujidos.

    —Ven que fácil —Giraban la cabeza de vez en vez para ver la cara de satisfacción de Gerardo que iba cada vez más rápido en sus embates contra sus culos redondos y suaves. Cada que sentía que iba a terminar se tomaba su tiempo para volver a cogerlas.

    Luego las recostó una encima de la otra en un 69 ambas inmóviles sabían que seguía pero se negaban a tomar la iniciativa.

    —Bueno nenas a chupar panocha —les dijo celebrando con aplausos y metió su verga en Andrea que estaba arriba. Los genitales de Gerardo chocaban con la frente de Dora que se resistía un poco a lamer, pero Andrea estaba como loca chupando y pasando su legua por todos lados. Cada que su legua se asomaba la verga de él le tallaba un poco, aun así siguió lamiendo con su lengua el clítoris de su amiga.

    —¡Eso putitas eso eso! —Gerardo ya no aguantaba más apenas saco su verga el semen chocó contra las nalgas de Andrea y escurrió a la cara de Dora que respiraba con la boca cerrada para que no entrara nada. Pero Gerardo le tapo la nariz y tuvo que abrirla, el líquido viscoso escurrió dentro de su boca, al igual que la verga de Gerardo. En esa posición aquella enorme verga pudo entrar aún más, Dora sentía que le reventaría la garganta, se sacudía pero el cuerpo de su amiga sobre ella le impedía zafarse.

    —Si te mueves duele más pendeja —Andrea bajo de encima de ella y asombrada veía como le levantaba un bulto dentro de la garganta de Dora. Entraba y salía mientras ella intentaba estar inmóvil.

    —Gaagh haagh hago hago

    Por fin saco su verga y se la dio a mamar a Andrea que seguía asombrada por el modo brutal de tratarlas. Escuchaba a si amiga hacer sonidos horribles a un costado, tratando de respirar y de pasar ese dolor intenso que sentía en la garganta.

    —Mmm mmm mm —Andrea sintió el bombeo dentro de su boca, Gerardo termino por segunda vez y el semen estaba en su boca.

    —Compártelo —Le dijo señalando a Dora, Andrea se acercó a ella u se besaron nuevamente. Esta vez con más pasión. Se sentían sucias, usadas, humilladas y excitadas.

    Mientras tanto Gerardo se vestía y hablaba por teléfono como si ellas no existieran. Por fin les bajó la temperatura y trataban de limpiarse con las manos. Se acomodaron sus vestidos aunque parecía que les hubiera pasado un huracán encima.

    —Espérame compadre, no no no. Un par de negocios que tengo que checar —Dijo acercándose y tocando les el culo, luego lapo la bocina de su celular y les dijo— Nos vemos el viernes. Buen trabajo nenas.

    Ambas caminaron en silencio hasta la puerta y dos calles después por fin pronunciaron palabra.

    —¡HIJO DE SU PUTA MADRE!

    —si no mames, te metió la verga hasta el cuello.

    —Me dolía bien cabron y no me ayudarás.

    —¿Te gustó?

    —Pendeja… Si

    Con la mirada gacha viajaron de regreso a casa, aun oliendo a semen. Mientras Gerardo con algunas fotos, promocionaba unos culos entre sus amigos y socios que desesperados por el encierro estaban urgidos de coger un buen culo. Y estos no eran cualquier culo, eran los culitos más ricos del barrio.

    Para el próximo viernes ambas llegaron puntuales, los vestidos seguían buscando espacio entre sus nalgas y ellas iban metalizadas a ser usadas por Gerardo. Le abrió la puerta y de entrada hurgaba entre sus nalgas, palpando sus culos redondos y duros. En medio estaba una especie de sillón redondo y giratorio. Ambas se miraban pensando en para que sería eso.

    —Váyanse desnudando y se besan.

    —Oye, no nos trates como objetos

    —Ja ja ja si, ¿entiendes que son mi putas hasta que cubran la deuda? Bueno, hoy le van a bajar mucho a ese peso de tu papá —no entendieron de que hablaba, pero se fueron quitando el vestido para recostarse sobre el sillón.

    —¿Que se besen? —se escuchó desde otra habitación. Y Dora de mala gana se puso frente a Andrea que sonrió.

    —Ven acá pendeja —Se besaban como si fueran novias, sus manos avanzaban por sus cuerpos desnudos.

    —Besas bien rico —le dijo Dora.

    —Es porque me gustas, estás bonita y bien sabrosa —dijo mientras sobaba sus tetas.

    Cuando regresó Gerardo les aventó un par de antifaces, de esos negros como para dormir.

    —Pónganselos —les dijo mientras bajaba su pantalón y sabana su verga grande y dura. En cuanto se los pusieron sintieron como las jalaba de los pies y jalaba del cabello para meter su verga en sus bocas, está vez despacio y pausado. Iba de una a otra boca mirando a esas dos nenas recibir su miembro con total normalidad.

    Ambas sintieron como les amarraba las manos tras la espalda, luego escucharon ruidos. Eran voces masculinas. Aunque no veían nada, reconocían las voces de algunos. Eran clientes y conocidos del bar.

    —Soñé con estas viejas

    —¿Sabes cuántas chaquetas me hice pensando en estás perras?

    —Por fin…

    —¡HEY SOLO ORAL! —Dijo Gerardo casi gritando

    —Con eso me conformo—dijo Beto, un señor regordete que vendía hot dogs en la esquina del bar y al que reconocieron por su tono cantado de Veracruz.

    Dora se resistía a abrir la boca, sentía como chocaban en su cara vergas de diferentes tamaños, el olor le penetraban en la nariz. Así que el refugio de aquellas vergas fue la boca de Andrea que ya percibía el sabor en su lengua y jalones desesperados de pelo para que cambiará de una a otra mientras todos festejaban y soltaban risas bruscas.

    —Mira mija, acá se trata de pagar la deuda de tu papito, si no quieres no hay pedo, pero en unos meses será igual o mayor lo que me deba y ya veré como lo cobro. Así que abre tu boquita y chupa esas vergas putita —Le dijo al oído mientras jalaba su pelo para intimidarla más.

    —¡Abre! —Dijo a modo de orden y Dora separo sus labios. Roberto un señor cincuentón que vendía periódicos fue el primero en meter su verga.

    —¡Puta madre que rico! —exclamo fascinado.

    El sillón redondo giraba, así que solo lo movían y tenían a alguna de las dos con la boca dispuesta a devorar sus vergas.

    —Ni en sueños me imaginé esto —se decían uno a otro codeándose uno a otro. Algunos se estiraban para meter sus dedos en alguno de sus agujeros, a lo cual respondían con gemidos de dolor fácilmente sofocados por alguna verga.

    Algunos se vinieron casi de inmediato, aun así se sentaron junto a ellas para sobarles el culo, apretar sus tetas o solo admirar a ambas, sujetas de manos y vendadas de los ojos mamar de manera infinita. Sus hombros ya tenían manchas de semen, otros mojaban su cabello con los chorros de leche tras los que aún resistían seguían poniendo sus vergas dentro de ambas bocas.

    Luego de que todos, terminaran en todas partes tenía rastros de la batalla, sentía su cara pegajosa, el cabello, los hombros, pero sobre todo tenía dañado el orgullo. Dora conocía y veía de manera constante a cada uno de esos señores a los que les había chupado la verga. Aún con la venda en los ojos tenía vergüenza. No hizo ningún ruido o reclamos hasta que dejó de escuchar voces y su amiga Andrea le retiraba el nudo de sus muñecas tras su espalda y la venda de los ojos. Con una toalla le limpiaba la cara, aunque Dora sentía que le embarraba más. Regreso Gerardo ya cambiado y sonriente.

    —Niña, no solo van a pagar la deuda. Sus culos serán una mina de oro —Dora estaba a punto de romper en llanto así que Andrea la abrazo.

    —No puedo —dijo Dora con voz cortada.

    —Pero ya pudiste cabrona.

    —Ya dile —Dijo Andrea y Dora la miro con extrañeza

    —¿Decirme que? —pregunto.

    —¿En serio no te imaginas?

    —¿Que cosa?

    —Fue tu papá —dijo Andrea.

    —A él se le ocurrió que para no perder su negocio, me cogiera a su nena.

    —¡NO ES CIERTO! —incrédula los miraba con odio a ambos.

    —Es la verdad, que ganó con mentirte. Pero hasta se podrían ganar buen dinero.

    Durante más de una hora le explicaron cómo su padre planeo todo, no quería perder su negocio. También supo que Andrea y Gerardo tenían sexo desde mucho tiempo atrás y que era la única manera de ella aceptará. Además supo que ese día, en realidad solo ella estuvo mamando vergas, la venda era para que no se diera cuenta que Andrea solo se la chupo a Gerardo. Así que estaba casi saldado el préstamo, una sesión más y quedaría liquidado.

    Durante los siguientes días, su padre hablo con Gerardo. Buscaría un préstamo bancario para pagarle. La única razón para eso eran las burlas que recibía de sus vecinos y amigos. Que le mandaban fotos del rostro de Dora lleno de semen. «Amigo, yo cambio el mobiliario del bar pero déjame coger con ese bomboncito», «que rico me la chupo tu nena, ¿Cuánto por cogérmela?» Si padre no pensó que esto sucediera, imaginaba que tendría sexo con Gerardo y listo. Así que acepto reunirse con el fin de semana.

    Cuando llegó al lugar, nervioso buscaba las palabras para salir bien librado de ese embrollo, pero apenas entró se le borraron las ideas y se hizo realidad su peor pesadilla. Todos a los que su hija les mamo la verga estaban ahí. El panadero, el de la refaccionaria, los dos taqueros, el de los hot dogs, el del puesto de periódicos, Gerardo y hasta el pastor de la iglesia cristiana lo miraban burlones. Entre todos lo agarraron y lo sujetaron a una silla mientras el gritaba lleno de cólera. Luego apareció Dora, de la mano de Andrea. Ambas con el uniforme del bar. Gerardo fue muy claro con Dora, deuda saldada y nadie jamás hablaría de lo ocurrido o se las verían con él. Además de un incentivo económico. Una sola regla… Dile todo a papá.

    —Hola papi, mírame. Me van a coger todos ellos. ¿Te gusta?

    —Por favor hija, perdóname, no hagas algo de lo que te vas a arrepentir.

    —¿A quién quieres que le chupe la verga primero?

    —¡Hija por favor basta! No necesitas hacer esto.

    —Abre bien los ojos papi, me van a coger todos, voy a ser su putita.

    Ante la vista de su padre le iban arrancando la ropa, mientras le llenaban de besos el cuerpo, otros tocaban sus nalgas, pronto el brasier salió volando. Cuando arrancaron su pequeña tanga su padre pudo ver su panochita bien rasurada o solo un poco pues los dedos del panadero la sobaban desesperadamente.

    —¡Hija por favor perdóname! No lo hagas… —apretó los ojos, no quería ver, pero un golpe de Gerardo lo obligó a abrirlos.

    —Lo vas a ver todo hijo de puta.

    Andrea estaba muy cachonda y en cuanto vio que su amiga se arrodilló, la acompaño y ambas comenzaron a mamar vergas como todas unas expertas.

    —Mira que rica verga tiene este cabron, mete tu verga hasta mi garganta haaaagh haaaagh —Dora, como una auténtica actriz porno mamaba vergas y le sonreía a su padre con baba corriéndome por el mentón.

    —Órale puta a mamar —gritaban por todos lados mientras ellas chupaban.

    Temerosos tocaban a Andrea mirando de soslayo a Gerardo que con una gran carcajada y un gesto les dijo:

    —Es lo mismo, solo es mi puta. Hoy se las comparto.

    Enseguida todos comenzaron a meterle mano hasta dejarla desnuda, Gerardo sostenía la cabeza del padre del papá de Dora.

    —¡Se le está parando al muy cabron!

    —¡Chuparla a tu jefe! —gritaron algunos.

    —¡Órale!

    Dora hizo como que no escuchaba, fue Andrea la que a gatas se acercó y le bajo el cierre, en efecto tenía la verga dura como piedra.

    —¿Te calienta ver a tu hija de puta?

    —¡Basta Andrea por favor para!

    —Mira que panochita tan rica, se rasuro para que le metieran toda la verga!

    —¡Me van a coger papi!

    —¡Cállate ya Dora! —Dijo su padre tratando de disimular el placer que recibía de la boca de Andrea. Entonces Gerardo la empujó para ponerla en cuatro y metió su verga bien fuerte.

    —¡Dile todo!

    —¡Aaah me está metiendo la verga papito! ¡Me duele papi! ¡Mmm que rico me cogen papito haaa!

    —déjala ya cabron

    Andrea le jalaba la verga fuertemente a su padre, mientras el veía a un par colocarse frente a la boca de Dora para que siguiera mamando.

    Parecía que se ahogaba metiendo esas vergas hasta el fondo de su garganta, luego tomaba aire y continuaba el tortuoso relato a su padre.

    —¿Te gusta cómo me trago sus vergotas papi? Muévete deja se la chupo un poco…

    Movió a su amiga para poder quedar frente a su padre que pataleaba tratando de que no lo hiciera, cuando tuvo su verga en las manos sonrió.

    —Te lo va a chupar tu nena

    —Basta por favor Dora mi amor no lo…

    En cuanto sintió la tibia saliva envolver su verga, cerró los ojos, apretó los dientes y rezo para no sentir placer. Pero era imposible, solo abrió un poco los ojos y vio la cara hermosa de su hija comiéndole la verga sin piedad, detrás de ella el panadero la cogía con brutal singularidad y la sonrisa burlona que odiaba.

    —Ven ayúdame

    —¿Se lo chupo a tu papito?

    —Si, que nos vea.

    —me toca

    Detrás de cada una de ellas nuevos cuerpos ocuparon la posición, pronto se escucharon los ruidos como aplausos que daban cada que chocaban con sus redondos y dulces culos. El aire olía a sexo. Ambas se turnaron para chupar la verga de su padre que trataba de resistir pero sentía como se acumulaba el semen y estaba a punto de estallar. Para su fortuna, por así decirlo. Las hablaron y cargaron.

    —Abrázate bien putita

    —Siii

    Sujeta al cuello de Gerardo la levanto, por detrás uno más le cargaba el culo y con trabajo pero al final encontrando sus agujeros comenzaron una doble penetración.

    —¡Papi me duele! ¡Papi me están rompiendo mi colita aaah aaah!

    A un costado y a falta del cuerpo atlético de Gerardo, dos viejos panzones hablaron un sillón para que Andrea subiera a su verga y el otro buscará con éxito meter su verga en su culo.

    —Me duele me duele me duele viejo puerco

    —Puta de mierda que culo tan apretado perra

    —¿Te gusta? Aaaah aaah métemela más mas, que rico se siente.

    Su padre con lágrimas en los ojos miraba como su nena se había convertido en la puta de todos esos hijos de perra.

    —¿Te gusta? —pregunto Gerardo.

    —Siii que rico que me metas tu vergota, me gusta que usen mi colita. ¡Mírame papi rebotó como puta! ¡Haaaah! Que ricoooo!

    Andrea apenas podía gemir un tercero ya ocupaba su boca, mientras le daban una doble penetración sintiendo el sudor el olor y la excitación de esos hombres tocando la y penetrándola por todos lados.

    A Dora le acabó dentro del culo uno de los taqueros, su padre miraba como el semen le escurrían de su colita y al taquero con los ojos en blanco dando gracias a dios.

    —¡YA ESTARÁS CONTENTO CABRON HIJO DE PUTA! —grito el padre de Dora mirándola sus nalgas escurriendo semen.

    —Pues… No, todavía no…

    Gerardo bajo a Dora y mientras se perdía en una pequeña bodega, el panadero y otro más aprovecharon para cogerla por ese culo glaseado. Regreso con un par consoladores doble y empujando a ambos, acomodo a Dora en cuatro y fue por Andrea que ya tenía una descarga de semen en la boca. Nalga contra nalga les metió los consoladores en ambos agujeros y con unas nalgadas fuertes les indico que comenzarán.

    Sus culos chocaban y los consoladores se perdían dentro de ellas, sus gemidos eran impresionantes. Incluso ellos se detuvieron un momento para apreciar esa pista insólita y hermosa. Luego volvieron a la carga, acercaban sus vergas para que ella chuparan. Poco a poco fueron acabando, mientras Andrea tragaba semen disfrutando del sabor y la sensación del bombeo en sus labios, Dora cerraba los ojos cada vez y el semen chocaba en su cara o pelo, algunos chorros iban hasta su espalda y bajaban hasta sus nalgas sirviendo como lubricante.

    —¡Ahora estoy contento!

    —¡Hijo de mil putas! ¡Te odio puto de mierda!

    —Al contrario, dame las gracias… Ya no tienes deudas ja ja ja

    La risa estruendosa de Gerardo contagió a los demás que con sus vergas flácidas miraban a esas dos nenas chocar sus culos con la cara roja por la excitación. Fue hasta que el último le aventó su semen en la frente a Dora que Gerardo las detuvo.

    —Falta que le saquen la leche a uno —Dijo mirando a su padre.

    Andrea sonrió y de inmediato fue a comerle la verga, Dora se limpiaba un poco los ojos pues los tenía pegajosos.

    —Mira papi, me llenaron de leche

    —Y falta la tuya —agrego Andrea dejándole espacio libre a si amiga para que continuará chupándosela a su padre.

    —¡Que rica verga papi! ¡¿Se te pone dura con tu hija?!

    —Andrea basta, Dora no…

    Su padre ya no aguantaba, su semen iba a salir expulsado en cualquier momento. Dora lo sintió y comenzó a masturbarlo mirándolo fijamente.

    —¡Dame mi lechita papi!

    —Mójale la cara, anda salpica su carita —le decía Andrea

    —¡Dame mi leche papiii! Dámela, lléname la cara de semen, quiero tragarme los dámela siii papi!

    Todos estaban esperando el momento, miraban como se retorcía en su silla tratando de evitar su eyaculación. Pero fue imposible y un chorro largo y espeso recorrió la cara de Dora que ya solo podía ver con un ojo pero mantenía la mirada en si padre. El segundo chocó en su nariz y ajo por ambos lados de sus labios.

    —Que rica lechita papi, me mojaste toda la cara, mira como me está escurriendo.

    Efectivamente, su padre veía como al hablar su semen se metía en su boca, creaba un efecto viscoso entre sus labios. Un par de chorros más se quedaron en las manos de Andrea que seguía masturbándolo con fuerza, luego Andrea chupo la punta, recogiendo en su boca los restos de semen.

    Gerardo hablo claro con todos, lo de ahí no saldría a ninguna parte y en ninguna platica. Todos sabían que hablaba en serio. Mientras desataban a su padre, Dora y Andrea seguían besándose, compartiendo el semen de su padre, quien tomo su ropa y salió sin decir una palabra.

    —Yo digo que en el fondo le gusto —dijo Gerardo sonriendo.

    —Ambas se vistieron y así sin limpiarse salieron de ahí. Iban tan cachondas que poco les importó que las vieran así, incluso era una de sus fantasías. La gente en el transporte las miraba mientras ellas reían como niñas traviesas.

    Pasaron días sin dirigirse la palabra, solo un «ya está el desayuno» o «buenos días» fue hasta el fin de semana que su padre entro a su cuarto jalo las cobijas.

    —Con restricción de horario y muchas medidas sanitarias, pero ya podemos abrir el bar.

    Dora salto de alegría y lo abrazo, ambos se sentían extraños. Aun así durante el día con ayuda de Andrea limpiaron y dejaron impecable el lugar. Por la tarde ya tenían a su primer cliente. Se había corrido un rumbos y en unas horas el lugar estaba lleno. Sus uniformes seguían luciendo espectaculares, sus culos redondos captaban las miradas y sus bolsillos las propinas. Muchas manos tocaron sus nalgas sin ningún tipo de queja. Al final del día, exhaustos contaban el dinero. Su padre recibió un sin fin de propuestas por aquellas chicas. El chapoteo como pudo con un nudo en la garganta les platico a ambas que reían divertidas.

    —Tranquilo papi, déjalos que imaginen lo que quieran. Mientras sigan viniendo.

    —Es que nunca hablamos de lo que pasó…

    Dora lo interrumpió con un beso en la boca que lo dejo desconcertado, luego Andrea hizo lo mismo para despertarlo.

    —No hace falta papi, estamos bien.

    —Si, muy bien —agrego Andrea— Pero vámonos, estoy muerta de cansancio.

    En la esquina Gerardo esperaba a Andrea que corrió a él mientras Dora y su padre subían a un taxi. Comenzaba un nuevo viaje increíble en sus vidas.

    @MmamaceandoO