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  • Virginia (Parte II)

    Virginia (Parte II)

    Me desperté muy temprano a eso de las 6 am, más que nada por el sol por la ventana, había dejado las cortinas abiertas y la luz entraba a raudales, el desayuno era de 7:00 a 7:45, así que me tome el tiempo de bañarme y vestirme; antes de salir tome mi celular, tenía una multitud de mensajes y unas llamadas, eran de Virginia, me sonreí pero no le conteste y baje casi a las 7:00. Baje al restaurante del Hotel a desayunar con los demás compañeros. A las 7:15 seguía vibrando mi celular con mensajes y llamadas, seguí ignorándolos, alguien pregunto por Virginia, me miraron a mí y les dije casi como extrañado, que la había visto subir a su habitación muy cansada, una compañera comenzó a timbrarle a su teléfono, cuando la vimos aparecer entrando al comedor, me sonreí para mis adentros, al notar un poco de nerviosismo en su cara y que evito mirarme a los ojos, una compañera la llamo para que se sentara a su lado, casi frente a mí, ella dudo un poco, pero para no verse sospechosa se sentó.

    Sabía bien que ella no andaba ropa interior y ese día era de vestir formal, así que estaba obligada a usar falsa, blusa y chaqueta… alguien le dijo que se moriría del calor usando chaqueta y blusa con centro, pero ella dijo que estaba bien, quien sospecharía que no andaba sostén, bajo el traje, siendo curioso, me excite al imaginar esos pechos sueltos, tratando de ocultar unos pezones queriendo sobresalir…

    Hasta la hora del almuerzo estuvimos en un salón recibiendo capacitación y luego iríamos al restaurante del Hotel para el almuerzo. En el lapso de la capacitación rememore como llegue a este punto de disfrutar la situación:

    Virginia entro a la empresa referida por mí, ella es amiga cercana de mi hermana menor, quien me pidió que la ayudara a conseguir trabajo. Accedí y lleve su hoja de vida y rápidamente fue contratada. Verdaderamente era eficiente y no tuvo problemas adaptándose a la empresa. Virginia es más o menos de 1.66 de alto, ojos y cabello castaño oscuro, un rostro redondo, de ancha boca, pobladas cejas y grandes ojos. Era de espalda ancha, brazos un poco rollizos, sin verse toscos o musculosos, su cintura no era tan marcada, pero ayudaba que sus caderas se proyectaran bajando a convertirse en unas piernas carnosas y pantorrillas curvilíneas, su piel tenía un tono como bronceado, sin ser morena. Usaba el cabello largo, le cubría parte de la espalda.

    No di detalles anteriormente digamos que esa noche con Virginia se estaba gestando desde hacía tiempo. Trabajando en la misma empresa tuve chance de verla más seguido y encapricharme un poco por verla vestida de tacones, faldas ejecutivas algo ajustadas y las blusas con algo de escote, debo decir que aunque sea un cliché, una mujer vistiendo ejecutivo siempre tendrá un sutil atractivo. Una vez estaba con ella revisando una presentación, me acerque mucho, ella en su escritorio y yo al lado viendo hacia la misma pantalla, a ratos miraba hacia su escote, otras me pegue mucho a su silla y cuando ella movía el brazo me rozaba la pierna, luego al verla a la cara podía notar sus labios más rojos y los ojos mirándome muy intensamente. Cuando la miraba con mi hermana, siempre eran de jeans e informal y siempre era la más callada. Las miradas que cruzamos en ocasiones, siempre me pareció que coqueteaba disimuladamente, más de una vez que las acompañe a una fiesta, pude sentir e cruce de miradas con ella…

    Bueno, al día de hoy, después de la noche pasada, ella evito discretamente quedarse a solas conmigo, cuando cruzamos alguna mirada, ella se turbaba y miraba a otro lado, hice igual, pero le mande un mensaje claro: “pasa a las 11 pm. Tengo las piezas que necesitas” no puse nada más, apareció la seña de que el mensaje había sido leído. Todo el resto de la tarde paso muy normal.

    En la noche, comimos, platicamos y dije que me retiraba temprano, porque tenía que revisar otros mensajes y me fui a la habitación… espere a las 11 pm, y fue cuando tocaron a la puerta, deje que tocaran otra vez y a la tercera vez tocaron más apuradamente; abrí y ahí estaba Virginia, viendo para ambos lados del pasillo, otra vez en tacones y falda.

    Yo: Pasa o quieres quedarte en el pasillo?

    Dudo un rato, cruzaba los brazos frente al pecho, usaba un suéter sobre la blusa, la falda que había usado todo y los mismos tacones. Se decidió a entrar luego de ver a ambos lados del pasillo, entro y yo cerré la puerta, se ubicó algo apartada de mi, pero igual yo estaba frente a la puerta.

    Virginia: Me tienes que devolver mi ropa! No puedo andar sin bragas y sin sostén por ahí!

    Yo: Está bien, te la voy a devolver…

    Virginia: Todas! Ya te divertiste suficiente!

    Yo: Si, pero… la que te quite anoche la debo poner en el mismo sitio que la encontré, así que…

    En mi mano tenía la prenda que le quite, se la mostré y ella hizo intento de agarrarla, yo me agache frente a ella, lo que la sorprendió y retrocedió un poco, pero alcance a levantar un poco su falda y venía con una licra deportiva, la jale pero ella se apartó.

    Virginia: No, no… que haces?

    Yo: Te dije que la pondré donde estaba, sino me la quedo… pero veo que ya traes algo puesto… te lo tengo que quitar.

    La acerque hacia mi nuevamente, metí las manos bajo la falda sin darle tiempo a nada, baje de la prenda con fuerza, ella aunque trató, no pudo evitar que deslizara la licra hacia abajo y se la sacara por los pies.

    Virginia: ¿Qué? ¡Que estás haciendo! ¡No! ¡No me la quites!

    Yo: Ya está… ohhhh! ¡Y esta es de un color más atrevido! ¡Rojo fuego!

    Le baje la prenda por las piernas e hice que levantara el pie, roce sus nalgas deslizándome hasta sentir el talón de sus zapato, ella miraba hacia mí, podía ver sus grandes ojos brillando con este juego, incluso su blusa no podía ocultar que, aunque pareciera estar asustada, estaba más que excitada.

    Virginia: ¿Porque me haces esto? ¡Tengo novio y estoy comprometida!

    Yo: Bueno, también puedes ser amiga mía… solo que conmigo juegas de otra forma

    Virginia: ¡Eres un aprovechado! ¡Mejor me voy!

    Yo: ¿Te vas a ir sin nada abajo? Recuerda que tengo tus prendas… que vas a decir? Que me las robe? Que entre sin tu permiso?

    Se quedó pensando un rato, sé que ella estaba haciendo una falsa reticencia, su cuerpo denotaba que la situación la excitaba mucho, aunque su tono de voz fuera algo quejumbroso, podía ver que su rostro se sonrojaba, sus piernas se frotaban e incluso, sus pechos estaban duros y firmes sin sostén, y no digamos que trataba de disimular los pezones altivos.

    Virginia: Devuélvemelas! No puedo andar así…

    Pero si no se las muestras a nadie, quien se va a dar cuenta

    Yo: De verdad las quieres de vuelta?

    Virginia: ¡Si! ¡Claro que las quiero!

    Yo: Bueno, como piensas convencerme de que te las devuelva?

    Se quedó en silencio, su boca esbozaba una sonrisa contenida, porque sus labios se ponían más rojos. Seguía atento a que sus pezones seguían proyectándose bajo su blusa; ella pasó la mano por sobre el pecho y la otra la desplazó detrás de su cuerpo, dio unos pasos atrás y se detuvo al tantear que estaba de espaldas a la pared.

    Virginia: Que quieres hacer?

    Avance unos pasos y ella se tensó, puso las dos manos detrás de su cuerpo tanteando la pared, inclino un poco la cabeza hacia abajo, sin dejar de verme, para mí fue señal de que deseaba que la tomara. Me pare frente a ella, en eso alzo la cara, cerró los ojos y ladeo la cabeza, me ofrecía una vista de su cuello, de su escote, pose mis manos sobre sus hombros y ella no se movió, fui bajando las manos por sus brazos, saltando a su cuerpo, bajando a su cintura, la blusa tenía un corte en v en ambos lados, dejaba ver el borde de la falda, pase las manos por debajo de la blusa y toque su piel, a esto me pegue más a su cuerpo, mi pene ya pugnaba por salir del pantalón, me apreté más a su cuerpo. Sentí como se estremeció y soltó un bufido.

    Yo: qué? Nunca sentiste que te rozaran una erección? No lo ha hecho tu prometido?

    Virginia: Con el no hago eso, él no se aprovecha de mi…

    Yo: Qué pena que sientas que me aprovecho de ti, pero… ayer yo te hice un servicio, creo que lo disfrutaste o no?

    Virginia: Si me gusto… pero no eres tú quien tiene que hacer eso! Tienes novia…

    Yo: ayer te pudiste negar y no lo hiciste, me dejaste seguir hasta que te dormiste

    Virginia: Es que, me… no había sentido algo así… no me pude oponer, me temblaron las piernas!

    Yo: Pues agradéceme entonces, te enseñe algo nuevo… talvez tu amigo le gustaría hacerte algo igual…

    Metí las manos detrás de su espalda, la recorrí de arriba hacia abajo, en lo que pase por sus caderas y apreté sus nalgas, eso la hizo tensar los pies, metí la mano bajo la falda, entre las piernas, el calor húmedo empezaba a brotar, sus manos pasaron de su espalda a agarrarse a mis hombros casi arañándome. Pase dos dedos entre sus nalgas bordeando el interior hizo que se apretara más a mi cuerpo, sentí sus pechos apretujados contra mí, la agarre desde las nalgas alzándola contra mi cuerpo, presionando también contra la pared, se agarró a mi espalda al momento que la levante. Tome dirección al cuarto, al llegar al pie de la cama, la recosté encima, me soltó y quedo viendo el cuarto, aproveche en ese momento a quitarme el pantalón, ella se sentó al borde, no deje que se levantara. Me puse entre sus piernas, ella trato de evitarlo, pero ya estaba yo en medio. Me incline y puse mis manos sobre sus piernas, fui subiendo su falda.

    Virginia: No, yo no…

    Comencé acariciando sus piernas y trayendo su mano a que sintiera como se me ponía dura la verga, apartó la mano cuando la sintió, se le escapo una risita, puse sus manos sobre mi pecho y ella comenzó a acariciarlo, poco a poco guie su mano hacia mi erección, no se opuso, al principio la toco con timidez, luego comenzó a aventurarse más, a palpar bien su forma… me baje el bóxer rápidamente y mi verga se alzó frente a su cara, sus ojos se abrieron enormes, hizo ademan de apartar la mano, pero volvió a tantearla nuevamente, sus dedos cálidos fueron rodeándola. Me acerque más, de modo que casi se la pongo frente a su cara, ella se subió a la cama, se hizo hacia el centro, yo la seguí, me apoye en la cama sobre las rodillas, ella alzo la pierna para apoyarse y moverse, en eso su falda se deslizo por el muslo, la hizo recordar que no tenía nada debajo, trato de cubrirse, pero ahí jale de la falda hacia abajo, ella trato de evitarlo.

    Virginia: que haces? Me vas a dejar sin ropa!

    Yo: que esperabas? Te da pena que te la quite?

    Me miro con sus grandes ojos, la cara totalmente ruborizada, se apoyó sobre sus codos y un rato nos quedamos viendo.

    Virginia: no quiero que después me la escondas…

    Yo: te prometo que si te la quito no te la voy a esconder…

    Virginia: no te creo… además hay mucha luz aquí…

    Me quede viéndola un rato, sus muslos carnosos, su cabello revuelto el suéter resbalándole por los hombros y la blusa estaba entreabierta y miraba un seno bajar y subir con cada respiración…

    Yo: ok… apagaré las luces, solo dejaré entreabierta la puerta del baño, para no tropezar… te quites la ropa y la pones lejos de mi alcance…

    No le di mucho tiempo para pensarlo, me levante de la cama y me quite la camisa, ella solo quedo viendo como apague las luces y fui hacia el baño a dejar la puerta entreabierta, pero aun así era mucha luz y ella no se decidía… así que también apague la luz.

    Yo: te parece bien así?

    Aunque estábamos a oscuras, por las cortinas de la ventana pasaba apenas filtrada la luz de la calle, se distinguían las formas, en un claroscuro azul pero podía ver la forma de su cuerpo en la cama. No se animó a contestar, me acerque nuevamente a la cama y me quite el bóxer, mi pene salió hacia el frente como lanza, ella podía distinguirlo bien en las sombras, se lo tire al cuerpo, dio un ligero respingo cuando agarro la prenda y se dio cuenta de que era… me quede al lado de la cama a ver que hacía.

    Yo: me voy a subir a la cama si no dices nada? Te quitaste la ropa o te la quito yo?

    Virginia: no, no! Deja que yo lo hago… me asustaste con lo que me tiraste!

    Se sentó sobre las rodillas, en dirección hacia mí, vi sus manos ir hacia los botones de la blusa e irlos soltando, se inclinó un poco hacia adelante y sus manos fueron por detrás de la cintura por lo que seguro se desabrochaba la falda

    Me subí a la cama y la acerque a mí, no se animaba a quitarse la blusa, así que la tome por la cintura nuevamente, haciendo un ligero masaje alrededor y por detrás, sentí el borde suelto de la falda, que estaba apenas sostenida por las caderas, me acerque más, de forma que deslice las manos por las caderas, ella puso sus manos en mi espalda, acerque mi boca a su vientre, entre los pliegues de su blusa le di un beso y ella se estremeció, la levante suavemente por las caderas, la fui empujando para que se recostara, se agarró de mis hombros al momento de quedar tumbada en la cama, aproveche y saque lentamente la falda por sus piernas, ella se tapó la cara con los brazos, mientras pase las manos por sus muslos, ella cerro las piernas pero la falda ya estaba saliendo por sus rodillas, se apoyó en sus pies y con las rodillas presionadas detenía que saliera la falda, fui acariciando sus caderas, sus muslos, hice fuerza para sacar la falda y poco a poco salió, ya la tenía entre sus tobillos y se los bese, seguí acariciándole las piernas y la prenda termino de salir…

    Cuando le quite la falda, agarre un tobillo y le mantuve alzada una pierna, fui deslizando mi cuerpo entre las dos, ella seguía cubriéndose el rostro con los brazos, cuando comencé a besar su vientre, abriendo la blusa, ella comenzó a contonear el vientre, mi cuerpo se acomodó entre las piernas y cuando mi pene toco su pubis, ella dio un respingo…

    Yo: que paso? Te asusto?

    No respondió, así que seguí acercándoselo, rozando el interior de sus muslos, su pubis… su pubis se sentía con muy poco vello, le acaricié el bajo vientre con la mano y me puse sobre ella apoyándome en los brazos, comencé a mover mi cadera hacia adelante y hacia atrás y mi pene entraba entre sus labios vaginales, ella comenzó a jalarme del pecho, soltó un ligero grito, que fue ahogado por sus largos suspiros… la blusa dejo de cubrir sus senos, las arremetidas hicieron que estos mismos desplazaran la prenda en cada sacudida, pude ver lo redondos que eran y como sus pezones tenían una gran areola… me paso las manos por la cara, por los hombros, en las arremetidas entraba cada vez más en su sexo, era algo estrecha así que el roce era intenso, me mordió el hombro derecho en una embestida fuerte que le di, me senté sobre mis rodillas, mi pene salió de ella, la jale hacia mí, de forma que la senté sobre mis piernas y termine de quitarle la blusa, sus pechos se batieron frente a mí, puse mi boca sobre uno, quería probar ese pezón altivo, le di una lamida y luego a la areola, sentía la textura diferente a su piel, la redondez del seno y su forma redonda y firme me gustaba, mi mano hurgaba entre sus nalgas a la vez que ella apretaba mi miembro con su peso, haciéndome sentir como una aguda punzada con cada movimiento de sus nalgas, busque acomodarme y mi pene se deslizaba entre sus muslos duros, le di una gran palmada a sus nalgas, le mordí con los labios los pezones, ella ahora me sonreía deleitada, se inclinó sobre su espalda haciendo una amplia curva, mi cintura quedo entre sus piernas, yo me apoye sobre las rodillas y apreté sus nalgas, dirigí mi miembro otra vez hacia su sexo, la posición de ella hacia que sus pechos botaran cadenciosamente, seguí clavándoselo con energía, pasaba mi mano por su vientre, alcance un pecho y lo agarre, tome entre los dedos su pezón y lo apreté, esto le gusto y seguí haciéndolo con el otro pezón, el choque de sus nalgas con mi cuerpo hacia un sonido hipnotizante, me excitaba más y ella jadeaba y podía notar una gran mueca de placer en su rostro…

    Todo su cuerpo se sentía caliente, por un buen rato seguimos en la misma posición, pero ya sentía algo de dolor sobre mis piernas, así que busque una nueva posición, la levante de los brazos y le di vuelta en la cama, quedaron a mi gusto sus nalgas, su espalda, se apoyó sobre sus rodillas y la hice inclinarse con mis manos, su cabeza apoyada en la almohada, comencé a frotarle entre las piernas, dirigí mi pene a su agujero y comencé a meterlo nuevamente, le di unas nalgadas, comencé a moverme rítmicamente otra vez, ella soltaba unos jadeos intermitentes entre sus bocanadas de aire, se apoyó sobre la manos y arqueo la espalda hacia arriba, me incline sobre su cuerpo y alcance sus pechos, apreté los pezones, esto la hizo que se mojara más, porque sentí un chorro caliente empaparme en las embestidas a su coño, agarre su largo cabello negro, que se desparramaba por su espalda, le toque la base del cuello, busque hacia su boca y ella chupo los dedos que le ofrecí, luego otra vez busque hacia sus nalgas, las agarre para hacerme más espacio abriéndola más… soltó otro grito al sentir que se la metía mas adentro,.

    Virginia: Ya no más… ya no aguanto más…

    Yo: aguántate, te voy a dar más…

    Virginia: noo… no te corras! Sácala!

    Agarre fuerte sus caderas, sentí un largo tirón punzante cuando ya estaba a tope y… se fue!!! Me descargue todo dentro de ella, fue como un latigazo, que el chorro entro con fuerza y ella levanto la cabeza, doblo los brazos y su cuerpo quedo con el culo levantado, ensartada por mi pene, llenándole las entrañas… la tome por debajo de sus brazos y la levante pegándola a mi cuerpo, aun podía bombearle más, ella se había desplomado exhausta, la tome del vientre y apreté sus pechos, ella dejo caer su cabeza hacia atrás, su largo cabello negro sudado, su cuerpo caliente, me senté sobre mis piernas y me la tire encima, podía sentir como resbalaba por mi cuerpo la mezcla de semen, sudor y jugos vaginales que salía de su torturado coño. Seguí unos minutos más bombeándola, ella apoyaba otra vez su cuerpo sobre el mío, la recosté en la cama y me puse a chupar sus pechos, lamer y morder sus pezones, aún seguía haciendo mete y saca en su coño, pero ya no con la intensidad de antes, ella me arañaba la espalda por como chupaba sus pechos, eso la mantenía aun despierta… después de un buen rato también me canse, me tumbe a su lado, ella se giró hacia el otro lado, así que tenía su espada y nalgas hacia mi otra vez, yo seguí mordiendo y besando su costado, masajeando sus nalgas y pasando la mano por su pubis, pase la mano empapada por su cara, ella dejo que metiera los dedos en su boca, comenzó a lamerlos, yo me había pegado a sus nalgas y seguía moviéndome, frotando sus nalgas, ella respondía casi mecánicamente, estaba agotada… después de un buen rato hasta yo quede agotado. Por esa noche, ella merecía descanso.

  • El regalo para mi cumpleaños

    El regalo para mi cumpleaños

    El día de mi cumpleaños me tocó trabajar como de costumbre, día laboral normal. Ese día salía cerca de la 22 h y solo esperaba llegar a mi casa y descansar, al otro día no había compromiso laboral ya que era domingo.

    Llegue a mi casa y me pareció raro ver las luces apagadas de la entrada pero no le di importancia. Al entrar, una horda de personas me cantaron el feliz cumpleaños. Había familiares, amigos y una persona que hacía muchísimo tiempo ya no veía. ¿Quién había invitado a mi expareja de mi adolescencia a mi cumpleaños? Sorpresa me dice y se ríe, me invitó tu marido y acá estoy… creo que soy tu regalo de cumpleaños.

    Yo no lo podía creer estaba confundida. Este está loco pensé. Por mi marido.

    Todo este festejo y risas y cada tanto cruzábamos miradas y mi marido nos observó toda la noche. No me gusta ser una desagradecida y siempre valoro los regalos de mi marido, pero esto ya era demasiado.

    Se estaban yendo los invitados, ya era tarde de madrugada y estaba cansada y solo quería meterme a la ducha y descansar. Así que despedimos a los últimos invitados, entre ellos a mi expareja y me metí a la ducha, aunque pensaba que no hubiera estado nada mal poder pasar más rato juntos o hablar de porque razón acepto venir a mi casa. Estando en la ducha escuche la puerta de entrada abrirse y mi marido murmuró algo con alguien, solo escuche dale pasa.

    Salí de la ducha casi desnuda solo con la tanga y nada más. Y para mi sorpresa, ahí estaba mi ex y mi marido los dos mirándome atónitos.

    Solo me quedé parada tratando de tapar las tetas pero se acercó mi marido y me susurró solo quiero que disfrutes si estás dispuesta.

    Lo miré y asentí con la cabeza, no me salían palabras porque me sentí volar de calor en mi cuerpo, sin decir palabras me tomaron de la mano y nos fuimos a la habitación.

    Me senté al borde de la cama y ellos se quitaron la ropa, dejando justo a la altura de mi cara dos vergas erectas y calientes, las tome una con cada mano y alternaba entre una y otra chupándolas, saboreando esas dos vergas me sentí bien puta, y me volvía loca de solo imaginar que me iban a coger entre los dos.

    Cuando ya no aguante más me pude en cuatro dejando mi culito bien parado y les dije ahora quiero mi regalo, quiero que me cojan. Y que no se priven de nada. Mi ex fue el primero que me agarro de las caderas y me metió la verga en la Conchita caliente, me sentía plenamente gozando esa Verga, me metía con fuerza hasta el fondo. Mi marido me puso su verga en la boca y me hacía atragantar en cada embestida. Estaba muy caliente y le grité a mi ex cógeme el culito por favor, y sin dudar la saco de la Conchita y la empezó a meter muy lento por la cola, y me retorcía del orgasmo que estaba teniendo pero quería más.

    Más verga así que me moví y saque la verga de mi culo para acostarlo sobre la cama y sentarme sobre esa verga, y me enterré en la concha y le pedí a mi esposo que me cogiera el culito, de solo sentir dos vergas dentro mío me volvió a golpear otro orgasmo pero más intenso que me hacía temblar las piernas, mi esposo estaba más duro que nunca y me daba con fuerza, estaba siendo cogida por dos animales. El momento en que acabo mi ex sentí como la leche corría por mi Conchita y mi marido acabando en mi culito, podría jurar que me dejaron mucha lechita dentro… y quería limpiar esas vergas así que me dediqué a chupar y lamer esas vergas para dejarla limpias…

    Cuando todo termino mi ex se levantó y se fue y mi esposo me miraba como sorprendida. Era algo que no todos pueden disfrutar. Somos una pareja que no nos privamos de nada. Esa noche volvimos a coger con mi marido y me encantó coger y recordar la cogida que me regaló para mi cumpleaños.

  • Algunas confesiones de un homosexual (cortito)

    Algunas confesiones de un homosexual (cortito)

    En la época en la que viví las aventuras que conté hasta hoy, la homosexualidad no estaba bien vista, era reprimida por la sociedad, y la policía nos hostigaba y en algunos casos nos perseguía.

    Dar vueltas por la zona rosa, era algo peligroso, la policía solía parar para pedir documentos y si sospechaban que uno era gay, el trato podía no ser agradable, no estoy seguro que sustento legal tenían para detenerte y llevarte a una dependencia policial, pero podías pasar un mal rato si eso sucedía, en una oportunidad levanté un tipo con el auto y lo llevé a mi departamento, ya había logrado irme a vivir solo y tenía mucha más independencia con respecto a mi familia, y tenía un lugar cómodo para llevar a mis amantes, además me sentía más seguro, que entrando a casas o departamentos de desconocidos, siempre existía el peligro de toparse con un loquito vengador de heteros.

    Pero este tipo, ni bien entramos a mi casa, dejó que yo me quite la ropa, y él me miraba y no se sacaba la suya, cuando estuve desnudo, saco una identificación policial y me dijo que quedaba detenido y debía acompañarlo a la comisaría, la verdad es que me asusté mucho y le pedí por favor que se olvide del asunto y entonces me dijo que podía dejarme a cambio de una suma de dinero, yo no tenía esa suma en ese momento, pero podía conseguirla en 24 horas, bueno la cuestión es que bajo amenaza de volver para detenerme, arreglé que le pagaría lo que me pedía, y me dejó seguir en paz con mi vida. No sé qué hubiera pasado si no le pagaba, quizás nada grave, pero quise evitar que el tema trascienda entre mi familia y amistades. Un mal momento del que pude salir sin consecuencias, más que la económica, porque no fue poco lo que me sacó.

    Después de ese episodio, estuve alejado de los levantes callejeros un buen tiempo, porque había quedado obsesionado, y una buena solución era ir al sauna, allí no corría ningún peligro y además no sufría pérdidas de tiempo, era muy sencillo para mí conseguir alguien con quien estar siendo tan joven, tenía bastante éxito, no por ser una belleza, simplemente porque era pendejo y no tenía mayores pretensiones, me bastaba que los hombres fueran limpios, no demasiado obesos, y si eran maduros mucho mejor, eran los que más me buscaban y los que más me gustaban, era suficiente que un tipo me deseara, no era importante para mí la belleza física, claro que no iba acostarme con un monstruo, pero no buscaba actores de cine.

    Por eso, empecé a ir más seguido al sauna, era muy sencillo encontrar un tipo que me coja, solo tenía que ir, entrar, desnudarme, insinuarme un poco, o quizás ni eso, con acostarme desnudo en una colchoneta y cerrar los ojos, nunca faltaba el que se acercaba a manosearme, o en un gabinete privado dejando la puerta abierta, algunos no encaraban en las salas comunes porque no querían exponerse, entonces para esos servía esperar en un privado, siempre entraba alguno y cerraba la puerta.

    Así tuve cientos de experiencias bien variadas, con uno, con dos, con tres, hasta con 6 en una oportunidad, un tipo me llevó a un privado y allí dejo la puerta abierta y cada uno que se acercaba lo hacía pasar para que se la chupe primero y después me cojan, no lo había consensuado conmigo, pero obviamente tenía el morbo de entregar un puto y vislumbró que podía hacerlo conmigo, y no se equivocó.

    También tuve varias experiencias en las salas comunes, donde tenía sexo con uno o dos, pero siempre con tipos que miraban, a veces me buscaban después para llevarme a un privado o los menos directamente me encaraban ahí mismo, pero en realidad, en esa época eran más los tipos que buscaban cuidar su privacidad, cada uno es como es.

    También hubo un par de historias en las duchas, ahí se estaba más expuesto y muchos no se prendían en un lugar tan abierto, un espacio muy común donde se armaban tipo orgías entre muchos eran las salas donde se veían películas porno gay, ali era muy normal que hubieran encuentros descontrolados, todos contra todos, eso ya era más peligroso por los contagios, porque era difícil controlar lo que pasaba, yo evitaba esa parte.

    Una sola vez tuve una relación fuera del sauna, con un tipo que había conocido en uno, (digo uno, porque no solo iba al que conocí primero).

    fui cambiando de lugar, había varios, en uno que estaba en la Avenida Pueyrredon, en la zona rosa, ( el primero al que fui con el maduro que me llevó, había cerrado) en ese lugar conocí un médico muy lindo hombre muy atractivo, la pasamos muy bien durante toda una tarde, el tipo no acababa y estuvimos como 4 o 5 horas cogiendo, al despedirnos me dio su teléfono y me dijo que lo llame que podíamos hacer algo en su consultorio antes de que empiece a atender pacientes, me dijo que le gustaría jugar conmigo a que era el médico de una empresa y se encargaba de revisar a los postulantes para un trabajo, y ya se imaginan lo que sucede, pero mejor, eso lo cuento en un nuevo relato.

    Espero no haberlos aburrido con mis confesiones.

    Si quieren pueden dejarme un comentario aquí o escribirme a mi correo [email protected]

    Besos.

  • ¡Mira cómo me corro, papá, mira mira!

    ¡Mira cómo me corro, papá, mira mira!

    Mi nombre es Enriqueta, mido un metro setenta y dos centímetros, tengo 26 años y trabajo de abogada. Soy morena, mi cabello negro lo llevo corto, mis tetas son medianas, tirando a grandes, con areolas rosadas y pezones gorditos, mi cintura es estrecha, mi culo redondo y mis caderas anchas. Dicen de mí que tengo las piernas perfectas y una mirada seductora en mis ojos negros, lo cual debe ser cierto porque no hay mujer soltera o casada que se me resista. Tengo que decir que soy muy cabrona y que los hombres me ponen, pero no tanto cómo las mujeres. Las mujeres casadas son las que más me atraen. Saber que le meto los cuernos a un hombre es algo muy especial. Os voy a contar lo que tuve con mi amiga Lorena, mi padre, mi hermano Cesar y Laura.

    Laura se había casado un tiempo atrás con mi hermano. Yo no le fuera a la boda porque sin conocerla ya la odiaba y con motivo, para que lo entendáis voy a volver unos años atrás.

    Un día de invierno mi hermano Cesar y yo volvíamos de la universidad y comenzó a llover a cántaros. Nos resguardamos en una caseta abandonada. Al rato estaba temblando con el frío y le dije a mi hermano:

    -Abrázame y dame calor.

    Me abrazó y al sentir mis tetas pegadas a su cuerpo se empalmó. Sentí su polla entre mis piernas y aún temblé más, pero ya era con los nervios de la calentura. Mi mano derecha tocó su polla y sentí cómo latía. Nos dimos un pico. Él metió su mano dentro de mis bragas, me cogió el coño con pelos y todo y no supo qué hacer con él. Sacó la polla y me la puso en la mano. Se la agarré, movió el culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás y al ratito se corrió. Yo me quedé con el calentón, ya que paró de llover y nos fuimos para casa, avergonzados y sin decir palabra. Esa noche nuestros padres se fueron a trabajar, mi madre le fue a hacer el turno a una amiga enfermera y mi padre de guarda jurado y nos dejaron solos. Cenamos, recogí la mesa y le dije:

    -¿Ya lo hiciste con alguna chica?

    -No. ¿Y tú lo hiciste con algún chico?

    -No. ¿Cierro la puerta con llave?

    Le estaba diciendo que si se quería estrenar conmigo y me dijo que sí al contestar.

    -Ya la cierro yo.

    Nuestro primer polvo se iba a convertir en una odisea. Mi hermano no sabía besar ni comer las tetas y cuando me quiso penetrar se corrió al meter la puntita. Luego me metió la cabeza y me hizo ver las estrellas con el dolor. Él debió ver la luna porque rompió el frenillo, pero aun así la siguió metiendo hasta que me la metió toda. Cesar cuando se iba a correr la quitaba y se corría fuera. La polla se le ponía blanda y al ratito se le ponía dura de nuevo. Se había corrido cuatro veces cuando sentí que me corría yo. Al ver mi cara de placer se volvió a correr, pero esta vez dentro de mí. Tuvimos suerte que no quedé embarazada. En fin, que aprendiendo a follar juntos me enamoré de mi hermano.

    El hizo oposiciones a policía, las quitó y lo destinaron a Barcelona. En seis meses se había casado con una picoleta llamada Laura, que era una mujer de 25 años, un poco más alta que yo, rubia, de ojos verdes, preciosa, tenía el culo gordo, buenas tetas y anchas caderas.

    Mi hermano me había pedido que le buscara un piso, y cómo el que estaba enfrente del mío acababan de dejarlo vacío se lo hice saber. Tres semanas más tarde se mudaron al piso, ella desde Barcelona y mi padre, que estaba separado de mi madre, desde Orense. Mi hermano vendría una semana después. Nada más instalarse vino a visitarnos acompañada de mi padre. Laura vestía una blusa blanca, unos pantalones de pitillo negros y calzaba unos zapatos negros con tacón de aguja del mismo color que el pantalón. Dejé de odiarla nada más cruzar miradas y sonrisas. Sus ojos eran unos de los más bellos que había visto y sus labios carnosos y pintados de rojo de los más sensuales. Yo cuando miró a una mujer que me gusta la desnudo con la mirada, y la mujer en cuestión lo nota, o sea, que ella lo notó y hasta se puso colorada. Mi padre comiendo unas gambas y bebiendo un Albariño Rías Baixas no se enteraba de nada… Pero vamos al turró

    Tres días después, Laura, vistiendo con una bata azul y calzando unas zapatillas que simulaban un peluche de gato llamó a mi puerta. Abrí vestida con unas bragas azules, descalza y con un top blanco, la vi con una tacita en la mano, y ella vio cómo se me cerraban los ojos y me encogía, me preguntó:

    -¿Te encuentras bien?

    -Si. ¿Te quedaste sin azúcar?

    -Sí, y quería hacer una infusión antes de meterme en cama.

    -Pasa.

    -Si molesto…

    -¡Qué vas a molestar, mujer! Pasa.

    Entró en mi piso y la llevé a la cocina, una cocina sencilla. Tiene una vitrocerámica, el fregadero al lado izquierdo, sobre la cocina unos muebles empotrados, donde tras unas puertas está el calentador y cuatro muebles más donde están los útiles de la cocina, en la parte inferior hay tres muebles más, uno a la izquierda y dos a la derecha, luego una nevera y en el centro una mesa con cuatro sillas, en una de ellas estaba mi prima Lorena tomando un vino, vistiendo solo con unas bragas rojas y con sus gordas tetas al aire, tetas que tenían areolas casi negras y pezones gordos. Laura al verla se puso colorada cómo un tomate maduro y me dijo:

    -Creo que será mejor que me vaya.

    Lorena me preguntó:

    -¿Es tu cuñada? Por esos ojazos verdes…

    -Calla, Lorena

    -Es tu cuñada, la picoleta, la que te hace tilín.

    No me gustó que me descubriera.

    -¡Calla de una puñetera vez!

    La muy falsa se vengó por mandarla callar.

    -Callar te callas tú.

    Me volví a encoger y esta vez se me escaparon unos cuantos gemidos. Laura me miró con mucha seriedad.

    -¡¿Os estáis riendo de mí?!

    Haciendo un esfuerzo para hablar, le dije:

    -No, es que… ¡Ooooh!

    Se me cerraron los ojos, me temblaron las piernas y no pude evitar gemir. Laura vio cómo se me encharcaban las bragas de jugos y supo que me estaba corriendo. Al poner Lorena el control remoto del vibrador sobre la mesa supo que había interrumpido un juego. Laura le dijo a Lorena:

    -Me marcho.

    -Espera que te doy el azúcar.

    Le había cogido la taza de la mano y estaba cogiendo el paquete de azúcar en la alacena cuando acabe de correrme. Le dije:

    -Disculpa, Laura, pero mi prima Lorena, a veces, es muy cabrona.

    -No hay nada que disculpar.

    Le pregunté:

    -¿Quieres tomar un vino antes de irte?

    -No, gracias.

    -¿Te molestó que le dijera a mi amiga que me gustas?

    -No, allá cada una con sus gustos sexuales.

    Eché un vino en mi vaso y se lo ofrecí.

    -Toma un vino con nosotras

    -No me apetece. Buenas noches.

    -Charlemos un poco. Solo para conocernos mejor. ¿O es que mi padre te está esperando para tomar la infusión?

    -Tu padre ya se retiró a su alcoba.

    -¿Entonces que prisa tienes?

    -A ver, tu amiga está en bragas y con las tetas al aire, tú estás en bragas y enseñando el ombligo. Te acabas de correr delante de mí. Sé que te hago tilín. ¿Qué clase de conversación íbamos a tener?

    Lorena le dio el azúcar, después se puso detrás de ella, la cogió por la cintura, la besó en el cuello y le quitó el cinto de la bata. No llevaba ropa interior. Lorena le echó una mano a sus grandes tetas, otra al coño, y le dijo:

    -A ver, tu suegro ya se retiró a su alcoba, vienes sin ropa interior a la casa de una mujer que sabes que te desea. ¿Quieres que siga hablando?

    Laura más seria que una piedra giró la cabeza y mirándola a los ojos, le dijo:

    -¡Suéltame si no quieres acabar entre rejas!

    Lorena le dio un pico, y cuando quiso meterle la lengua en la boca, Laura volvió a decirle:

    -¡Te la estás jugando, morena! Y tú también por cómplice, cuñada.

    Lorena ya estaba cachonda y no quería soltarla. Le dijo:

    -¡Qué polvo tienes, rubita!

    Mirando para su coño rasurado, pasé la lengua por mis labios y con unas ganas locas de comerlo, le dije a Lorena:

    -Déjala ir que nos podemos meter en un lío.

    -Cómele el coño. Vino a eso.

    Mi cuñada me echó una mirada asesina, y dijo:

    -¡Ni se te ocurra!

    Vi cómo tres gotitas de flujo caían de su coño peladito. Se me hizo la boca agua y tiré para delante. Me agaché delante de Laura. Le lamí el coño y la lengua se me pringó de babas espesas. Estaba realmente mojada. Su reacción fue instantánea.

    -¡Haz eso otra vez y de un rodillazo que te salto los dientes!

    Me levanté y la besé con la lengua cubierta por sus babas. No me devolvió el beso pero tampoco lo rechazó, ya que cerró los ojos y dejó que le chupara la lengua y le diera las babas a saborear.

    -Este beso te va a salir muy caro.

    -Lo sé, soy abogada.

    -Si sabes que es un delito grave. ¿Por qué lo hiciste?

    -Porque aún sería un delito grave no haberte besado.

    Lorena le giró la cabeza y la besó con lengua y tampoco le hizo la cobra, después de besarla la soltó, y le dijo:

    -En el resto de tu vida miles de veces te vas a preguntar cómo sería si te hubieras dejado follar.

    Laura se ató el cinto de la bata y dijo:

    -Seguro.

    Se fue sin la taza con el azúcar.

    A los diez minutos volvieron a llamar a la puerta. Desnuda fui a ver quién era, abrí la puerta y allí estaba Laura vestida con su uniforme de guardia civil, con unas esposas en las manos y una pistola en la otra. Me comenzó a latir el coño. Empujó por la puerta, me dio la vuelta y me puso las esposas en una mano. Ahora el coño y el ojete se me abrían y se me cerraban cómo si estuvieran buscando aire. Cerró la puerta de una patada y caminado detrás de mí fue hasta la habitación.

    Mi habitación no es gran cosa, está pintada de blanco solo tiene una cama grande, un espejo en una pared, un armario, una mesita de noche con una lámpara encima, una cómoda, una alfombra persa de imitación y unas cortinas de flores en la ventana

    Lorena estaba desnuda sobre la cama, al ver a Laura con la pistola en la mano y a mi esposada exclamó:

    -¡Coñooo!

    Laura con voz autoritaria, le dijo:

    -¡Levántate y vístete!

    Le dije a mi prima:

    -Ni caso, Lorena. A Laura le quedó la boca dulce y viene a follar.

    Laura la apuntó con la pistola, y le gritó:

    -¡Qué te levantes y te vistas, hostias!

    Lorena sabía tan bien cómo yo que no iba a disparar. Le dijo:

    -De eso nada, yo sigo los consejos de mi abogada, y si ella dice que te quedó la boca dulce y vienes a follar, es por qué te quedó la boca dulce y vienes a follar.

    Laura, sorprendida, me preguntó:

    -¿Por qué piensas que vengo a follar con vosotras?

    -Porque si vinieras para llevarnos al cuartel no cerrarías la puerta detrás de ti con una patada y además hubieras pedido ayuda -la cogí por el cuello con la mano libre-. Quita esa mierda de mi mano.

    Me puso la pistola en el vientre, y mirándome a los ojos con cara de mala hostia, me dijo:

    -Suéltame el cuello o te reviento.

    Lorena vino a nuestro lado, le apartó la pistola para un lado, levantó una mano con la palma abierta, y le dijo:

    -¿A qué esperas para quitárselas?

    Muy a su fingido pesar me quitó las esposas, y me dijo:

    -Si llego a saber que iba a pasar esto cargo la pistola.

    Le di una bofetada sin dejar de apretar.

    -¿Venías a follar?

    -No te voy a decir lo que quieres oír.

    Lorena le quitó la pistola y el tricornio y los puso encima de una silla. Laura cerró los ojos y se le escapó un gemido. Lorena, me dijo:

    -¿Crees que le va la marcha?

    -Mucho, mi hermano es un masoquista de cojones.

    -En ese caso dale más.

    Le di otra bofetada, le cogí los mofletes, se los apreté, la morreé y le pregunté:

    -¿Con qué te da mi hermano?

    -Tu hermano no me pega.

    -¡Mientes! ¿Con qué te pega?

    -No te lo voy a decir.

    Le escupí en los labios, la morreé yo, la morreó Lorena, e insistí:

    -¡¿Con qué?!

    -Son cosas íntimas.

    La besamos las dos en el cuello. Lorena le magreó las tetas y yo le bajé la cremallera del pantalón, le metí una mano dentro de las bragas y con la yema de mi dedo medio la masturbé frotando sus labios vaginales y metiendo y sacando mi dedo medio en la vagina. Apretando sus pezones, le dijo Lorena:

    -Estamos entre amigas. A mí me da Enriqueta con una zapatilla en el culo y a Enriqueta le doy yo y le daba su padre y tu marido.

    Laura no se lo podía creer. Me preguntó:

    -¡¿Follaste con mi marido, Enriqueta?!

    Masturbándola, le respondí:

    -Jugando a ser novios.

    Por la cara que puso parecía que le sentara cómo un tiro.

    -¡Jugando a ser puta, cabrona!

    -Es otra manera de verlo. ¿Te azotaba alguien antes de mi hermano?

    -¡Vete a tomar por culo!

    -Cada cosa a su tiempo. ¿Quién te azotó por primera vez?

    A ti qué coño te importa! ¿Te follaba a ti tu padre después de azotarte?

    -Sí, me azotaba, me hacía tocamientos y me follaba. ¿Y tú follaste con tu padre?

    -No, yo no soy tan pervertida cómo tú.

    -Yo creo que sí, creo que te lo follaste. Dime la verdad.

    Mi dedo dentro de su coño acariciaba su punto G y se encharcaba. Laura ya estaba tan cachonda que comenzó a cantar.

    -Follaba con mi hermano después de calentarme el culo mi padre con su pantufla.

    Seguí insistiendo.

    -¿Y con tu padre al ponerte cachonda?

    -Cachonda estoy ahora, si sigues masturbándome me voy a correr.

    -No me respondiste.

    -¡Sí, follé con él, pesada! Me calentaba tanto su pantufla roja con aquel piso amarillo de goma que me dejaba las nalgas en carne viva que acababa follándolo hasta que la polla le quedaba cómo un guiñapo.

    -Joder, Laura, me estoy mojando al oírte.

    Lorena, que era una chismosa, dijo:

    -Y yo. Ya que estamos de confesiones. ¿Cómo empezaste a follar con tu hermano?

    -¡Ay que me corro!

    Dejé de darle dedo. La seguimos besando en el cuello y en la boca, y le dije:

    -Cuéntanos.

    -Fue después de calentarme el culo mi padre. Como después de azotarme y hacerme tocamientos, si había alguien en casa, siempre iba a su habitación… Una vez que dejó la puerta entreabierta lo espié y vi cómo se masturbaba su gran polla -le volví a dar dedo-, llegó mi hermano, vio lo que estaba haciendo, me levantó la falda, me bajó las bragas y… ¡Ooooh! ¡¡Me corro!!

    Se corrió apretando las piernas, temblando cómo una descosida y buscando nuestras bocas, bocas que no le dimos para su desesperación.

    Después de correrse, Lorena le quitó la chaqueta y la blusa y yo le quite los zapatos, el cinto y los pantalones. Puse mis manos sobre sus hombros para hacer que sentara en una silla, quité las bragas, puse una pierna encima de la mesa, el coño cerca de su boca, quité el vibrador pringado de jugos, se lo puse en los labios y le dije:

    -Chupa.

    No le hizo ascuas, lo chupó bien chupado, Luego puse el vibrador sobre la mesa, le acerqué el coño a la nariz, y le dije:

    -Huele

    Olió profundamente.

    -Me pone cachonda el sabor y el olor de tu coño. Soy muy mala. ¿Vas a azotarme?

    Le restregué el coño en la cara y después me senté en otra silla.

    -Échate en mi regazo.

    Se echó sobre mis rodillas. Lorena cogió dos pinzas de tender la ropa y una cuchara de palo con una pala cómo una mano. Le puso la pinzas en los pezones, me dio la cuchara de palo y le largué.

    -¡Plas! -¡Aaaah!- ¡Plas! -¡Aaaah!

    Laura gemía en vez de quejarse. Lorena me dijo:

    -¡Qué puta nos salió la cabrona!

    -¡Plas! -¡Aaaah! ¡Plas! -¡Aaaah!

    Lorena le abrió las nalgas, le lamió el ojete y yo le volví a dar.

    -Plas plas plas! ¡Ooooh!

    Le metió el vibrador en el coño y le dio marcha al mando a distancia. Laura se volvió loca:

    -¡Putas! ¡¡Me vais a matar de gusto!!

    Le volví a largar en las nalgas, nalgas que ya tenía al rojo vivo.

    -¡Plas! – ¡Ooooh! ¡Plas! -¡Ooooh!

    -¡¿Te calienta el culo así mi hermano, zorra?!

    -¡Me da con más fuerza, endeble!

    -¡¿Endeble yo?! ¡¡Ahora verás!!

    -¡¡Plas!! -¡Ooooh!!- ¡¡Plass!!

    Lorena puso el vibrador al máximo y Laura se corrió cómo una loba.

    -¡¡¡Putasss!!!

    Cuando dejó de jadear la dejé salir de mi regazo. Se puso en pie y dijo:

    -Sois unas cabronas maravillosas.

    Me puse enfrente de ella, y le dije:

    -Aún podemos ser más cabronas

    Le tiré de las pinzas y sus pezones se estiraron, después se las quité y le mordí los duros pezones que rodeaban sus grandes areolas. Lorena, que era tan viciosa cómo yo, se agachó y abriendo sus nalgas con las manos le clavó la lengua en el ojete, yo también me agaché, le quité el vibrador y le clavé mi lengua en el coño. Laura después de treinta o cuarenta clavadas de culo y de coño y de muchas lamidas de clítoris, dijo:

    -¡Me corro, golfas!

    Se corrió retorciéndose y jadeando cómo una cabrita.

    Al acabar de correrse estaba más contenta que un cuco en primavera. Nos preguntó:

    -Me gustó mucho, mucho, mucho.

    Le pregunté:

    -¿Tanto como para comerle el coño a Lorena?

    Laura, que en su vida había comido un coño, me dijo:

    -Si me enseñas cómo hacerlo, si.

    -No hay nada que enseñar. Tienes que comerle el coño cómo te gustaría que te lo comiesen a ti.

    Laura le echó las manos a la cintura y metió la cabeza entre las piernas de Lorena. Lamió el clítoris con dulzura, luego le clavó la lengua en la vagina muy lentamente, siguió lamiendo el clítoris y succionándolo, lamía los labios…

    Lorena le preguntó.

    -¿Seguro que nunca comiste un coño?

    -Seguro. ¿Te gusta lo que te hago?

    -¡Joder si me gusta! Si sigues así en un ratito te lleno la boca con los jugos de una corrida.

    Fui al cajón de la mesita de noche y saqué un consolador de color negro y un succionador de clítoris, chupé y lamí el consolador, se lo froté a Laura en el culo y después le metí la punta. Me dijo:

    -¡Cabrona!

    En nada su ojete ya se dilatara y el consolador entraba y salía dándole placer. Cuando los gemidos y la respiración de Lorena le dijeron a Laura que se iba a correr, lamió más aprisa, y ocurrió lo que tenía que ocurrir.

    -¡Me corro en tu boca, Laura!

    Sabía cómo se corría Lorena. Primero soltaba un chorro de orina y después flujos en cantidad. Laura no desperdicio nada, ni orina ni jugos, hizo lo mismo que hacía yo, se los tragó todos. Al acabar de tragar se puso en pie. Le puse el succionador sobre el clítoris y la follé con violencia con el consolador hasta que dijo:

    -¡Siii!

    Después de correrse nos fuimos para cama… Cuando se recuperaron se pusieron a cuatro patas y caminando sobre la cama cómo si fueran dos perras se acercaron a mi. Me eché boca arriba para dejar que hicieran conmigo lo que quisieran.

    Laura me puso el coño en la boca. Se lo lamí encharcado de jugos. Me relamí cómo una gata con lo rico que estaba, poco después fue Lorena la que me lo dio a comer… Me volví a relamer. Me encanta comer un coño después de haberse corrido, su sabor y su olor son tan deliciosos que me pongo a mil. Luego se echaron una a cada lado y me besaron con lengua… Cuando una lengua salía de mi boca entraba la otra… Yo las traía hacia mí con mis manos en sus nucas. Aquellas pupilas verdes de Laura fijas en las mías antes de que sus carnosos labios se juntasen con los míos hacían que me estremeciera. Lo mismo le debía ocurrir a Lorena cuando acercaba sus cabezas para que se comieran la boca, ya que le dijo:

    -¡Qué hermosa eres, picoleta!

    Laura y Lorena mientras me besaban me metieron un dedo cada una en la vagina y me masturbaron con ellos… Al rato mientras una me besaba la otra me chupaba las tetas y viceversa. Estaba gozando cómo una loba. Ellas lo sabían al oír mis gemidos y me comían cómo si fuese un pastelito al que le estaban lamiendo la crema… Cómo no soy de las que al hacerle las cosas bien le hace falta mucho tiempo para correrse, poco después, les dije:

    -Besarme las dos al mismo tiempo.

    Al tener sus lenguas dentro de mi boca comencé a correrme. Se las chupé con fuerza el tiempo que me duró la corrida, que fue larga, muy larga y muy intensa.

    Ahora la que quedó sin fuerzas fui yo, y lo aprovechó Laura para coger las esposas y ponérmelas a la espalda. Las muy cabronas no me dieron tiempo ni a recuperarme. Laura se sentó en el borde de la cama y Laura hizo que me pusiera sobre sus rodillas. La mano de Laura se levantó, al bajar impactó con fuerza en mi nalga derecha, y me dijo:

    -Esto es por haber follado con mi marido.

    -¡¡Plas!!

    La vacilé.

    -¡Enclenque!

    No le sentó bien que me riera de ella

    -¡¿Enclenque yo?! Ahora verás

    -¡¡¡Plas, plas, plas!

    Con el culo ardiendo la seguí vacilando.

    -Para qué te vas a hacer daño en la mano.

    Lorena, que había cogido una de mis zapatillas rojas con piso de goma del mismo color, le dijo:

    -Así no se azota un culo, aprendiz de ama, se azota así:

    Me iba a hacer ver las estrellas.

    -¡¡Zas!! -¡Puuuta! ¡¡Zas!! -¡Cabrona!

    Laura reía cómo una sádica.

    -Hostias, Lorena, le dejaste las cachas en carne viva.

    Lorena, que me conocía cómo si me pariera, le dijo:

    -No te preocupes, le gustas que le den, sigue.

    Laura me dio de nuevo con la palma de la mano.

    -¡¡Plas, plas!!

    La seguí encabritando.

    -Tienes la fuerza de una hormiga.

    -¡Me cago en tus muelas!

    -¡¡¡Plas, plas, plas!!!

    -Se te va toda la fuerza por la boca.

    Laura viendo que no paraba de vacilarla le cogió la zapatilla de la mano a Lorena y me largó.

    -¡¡¡Plas!!! ¡Ooooh! ¡¡¡Plas plas plas!!! -¡Me encanta!

    Lorena me lamió el culo, después me metió el dedo medio dentro y follándome, le dijo:

    -Dale a romper.

    Laura tenía la cara roja cómo mi culo y estaba excitada cómo una perra cogiendo con un perro. Quiso darme, pero le dio a Lorena en la mano.

    -¡¡¡Plas!!!

    -¡Ayyy! A mí no, cabrona.

    La cabrona dejó que me levantara, me empujó sobre la cama, me puso el coño en los labios, y frotándolo en mi boca, dijo:

    -¡Come, delincuente!

    Saque la lengua, frotó su coño empapado con ella y en nada se corrió temblando una barbaridad y jadeando cómo una loba.

    Al acabar de correrse se echó boca arriba, estiró los brazos sobre la cama, y dijo:

    -¡Qué bien he quedado!

    Al salir de la cama y ponerme en pie Lorena pasó la lengua por los labios, mordió el labio superior, en inferior, me miró para el coño con cara de diablesa, y me dijo:

    -¡Quiero tragar los jugos de una corrida!

    -Primero sácame las esposas.

    -Primero te voy a sacar la corrida.

    Laura le dijo:

    -¡Sécala!

    Lorena echó una mano a mis tetas y me metió un dedo en el ojete. Por llevarme la contraria, le dije:

    -¡Perra!

    -¡Calla, viciosa!

    Comenzó a lamerme el coño

    -Para, para, no, no, no pares, no pares, no pares…

    No paró y con un brutal temblor de piernas le llené la boca con los jugos de una deliciosa corrida.

    Al acabar de tragar, se levantó, se relamió, me besó con lengua, y después me dijo:

    -Eres mi putita favorita.

    Estaba aún esposada cuando entró mi padre en la habitación. Mi sorpresa fue inmensa.

    -¡¿Cómo has entrado, papá?!

    Me respondió Laura.

    -Le enseñé a entrar en las viviendas.

    Lorena y yo nos miramos. No hizo falta decirnos nada. Las dos pensábamos lo mismo, Laura nos había engañado. Le dije a mi cuñada:

    -¡Serás cabrona!

    Mi padre me reprendió.

    -¡Un respeto a la autoridad!

    Laura me quitó las esposas y me dijo:

    -Quería darte una sorpresa. Tu padre y yo no tenemos secretos. ¿Sabías que también se follaba a tu prima?

    -¿A qué prima?

    Laura miró para Lorena. Le dije a mi prima.

    -¡No! Tú, no.

    -La carne es débil, Enriqueta.

    Mi padre nos dijo:

    -Dejaros de tontería y follemos cómo si no hubiese un mañana.

    Lorena estaba con él.

    -Eso.

    Laura fue junto a su suegro, le quitó la chaqueta, la puso junto a su ropa y después comenzó a desabotonar la camisa. Lorena y yo lo flanqueamos y lo besamos. Él giraba la cabeza y nos correspondía. Al quitarle la camisa besar y lamer sus mamilas, nos cogía las cabezas y hacía que nos besáramos. Luego nos besamos las tres, por turnos y juntando las lenguas. Al quitarle mi cuñada los calcetines, los zapatos y el pantalón vimos su polla tiesa. Se la cogí con mi mano derecha, Lorena le cogió los huevos y Laura se puso en cuclillas y se la mamó. Masturbando yo la polla, acariciando sus huevos Lorena y mamando la polla Laura, nos dijo:

    -¡Vaya tres putas!

    Laura le preguntó:

    -¡¿Qué nos has llamado?!

    -¡Putas!

    Laura conocía tan bien cómo yo a mi padre. Así que con nuestra colaboración le iba a dar lo que más le gustaba.

    -¿Le damos su merecido, muchachas?

    Le respondí yo.

    -Damos.

    Laura lo fue empujando hasta llevarlo a la cama, allí se dio la vuelta, se sentó en el borde de la cama, y le dijo:

    -¡Lame mis pies, perro!

    Lorena y yo vimos cómo mi padre se trasformaba en un pelele. Lo de llamarnos putas estaba en un guion no escrito. Lamió sus pies.

    -¡Trae esa zapatilla roja que hay en el piso!

    Caminando cómo un perro cogió la zapatilla con los dientes y se la dio.

    -¡Échate sobre mis rodillas!

    Mi padre con la lengua fuera y jadeando cómo un perrito se echó en su regazo. Laura le dijo a Lorena:

    -¡Tú, perra, lame su culo!

    Lorena se mosqueó.

    -¡A mí no me llama perra una picoleta de mierda!

    -¿Juegas o miras?

    Lorena se dio cuenta de que había metido la pata y se ratificó.

    -No lo había pillado, juego.

    Lorena le lamió el culo y después a mi padre le cayeron unos zapatillazos que se lo dejaron a arder.

    -¡¡¡Plas, plas, plas!!!

    -Lamer las dos sus nalgas.

    Lamimos las dos sus nalgas, Laura le metió un dedo en el culo y le volvió a dar con la zapatilla.

    -¡¡¡Plas, plas, plas!!!

    -Ordéñalo, Enriqueta.

    Le cogí la polla a mi padre, una polla tiesa cómo un palo y lo masturbe. Laura le volvió a dar con saña.

    -¡¡¡Plas, plas, plas!

    -Mete un dedo en su culo, Lorena.

    Lorena le metió un dedo en el culo, yo lo seguí ordeñando y mi padre se corrió soltando su leche cómo si fuese una vaca.

    Después de esto, Laura, lo echó sobre la cama. La polla seguía empalmada. A saber que tomara mi padre para mantener la erección, Laura preguntó:

    -¿Quién lo folla primero?

    Lorena levantó la mano cómo si estuviera en la escuela, y dijo:

    -¡Yo!

    Lorena montó a mi padre y poniendo las manos sobre su pecho, comenzó a follarlo, Laura se echó al lado de ellos y me dijo:

    -Ven. Vamos a ponernos a punto para corrernos sobre su polla.

    Yo puse mi coño en su boca y ella en el mío… Tiempo después se corría Lorena en la polla de mi padre. Mi cuñada, que tenía la cara al lado de la suya, al ver el rostro de placer de Lorena, de sentir sus gemidos y de ver salir de su coño aquel manantial de orina y jugos se corrió en mi boca… A mi me dejara a punto, por eso nada más sacarse Lorena de encima de mi padre lo monté yo, y nada, no duré nada, fue meter la polla hasta el fondo y decirle:

    -¡Mira cómo me corro, papá, mira, mira! ¡¡Me corro!!

    La fiesta siguió, pero no quiero pasarme de frenada.

    Quique.

  • Reencuentro con mi exprofesora

    Reencuentro con mi exprofesora

    Habían pasado 3 años de que mi exprofesora del colegio y yo tuvimos relaciones sexuales. Habíamos mantenido una amistad, pero nada sexual, hasta que un día, me dijo que quería hacerlo, yo estaba sorprendido y emocionado, hace mucho deseaba volver a estar en la cama con ella.

    Luego de planear un poco, fuimos al centro de San José, caminamos un poco, fuimos a un almacén y comimos, era una cita más o menos normal.

    Finalmente llegó el momento que esperé tanto, volvería a estar a solas con ella. Debido a problemas que solía tener cada vez que tenía sexo, acordamos solo jugar, besarnos, tocarnos, y hacernos sexo oral, aun así, compramos algunos condones.

    Entramos a la habitación del hotel, nos besamos y nos desnudamos. Toqué sus pechos que extrañaba tanto, nos acariciamos, luego se sentó en la cama, tomó mi pene firme con sus manos y lo puso en su boca, me empezó a mamar como hacía tiempo lo había hecho, y sentí de nuevo ese placer que solo ella me había dado.

    Luego se acostó y le chupé su vagina como yo sabía que a ella le gustaba, jugué con su clítoris, le metí mis dedos mientras lamía su vagina. Gozamos un buen rato, dándonos apasionados besos, dándonos sexo oral, y por suerte llevamos los condones, ya que ella estaba tan excitada, que quiso que la penetrara.

    Me puse un condón, y le lamí un poco más su vagina para asegurarme de que estuviera húmeda, coloqué me miembro erecto en sus labios vaginales, y la metí con cuidado, pero con firmeza. Había un espejo al lado, donde nos podíamos ver teniendo sexo, una vista muy buena.

    La follé con lentitud, no a un ritmo rápido, sacaba y metía mi pene con suavidad, sintiendo su vagina, lo cual era una delicia. Ella empezó a gemir de una forma en que nunca la había escuchado, por lo que mantuve el ritmo lento, pero firme. Cada vez que entraba soltaba un gemido, que fue haciéndose cada vez más fuerte, hasta que soltó uno muy agudo.

    En ese momento me acerqué y la besé, la follé un poco más y eyaculé. Cuando saqué mi pene, fue impresionante ver la cantidad de semen que había soltado, a lo que ella dijo “lastima, me hubiera gustado todo eso en mi boca”.

    La experiencia fue tierna, nos besamos y nos acostamos juntos, más que haber follado, creo que es lo más cercano que he estado a hacer el amor. Acostados ella puso mi mano en su pecho, lo cual hizo regresar mi erección.

    Esta vez solo hicimos orales, en la posición del 69, que diré que no me gustó tanto. Luego de un rato eyaculé en su boca.

    Nos fuimos de ahí felices, había sido una experiencia muy buena. Luego de eso, ella empezó a utilizar anticonceptivos, por lo que nos hicimos amigos con derecho por un tiempo.

    Una de las cosas que más recuerdo fue una posición diferente, cuando estábamos ya desnudos, me empezó a masturbar, subió una pierna a la cama, y me dio una sonrisa pícara mientras me ayudaba a penetrarla, La posición me gustó, y me aseguré de disfrutar como follábamos de pie, sin condón, sintiendo su humedad y su calor.

    Tuvimos sexo varias veces, todas ellas sin condón, nos encantaba follar, y que yo la llenara con mi leche.

  • Mi mejor amiga se convirtió en mi amante (Parte II)

    Mi mejor amiga se convirtió en mi amante (Parte II)

    De repente escuchamos la puerta de su casa abrirse, unos pasos recorrieron el pasillo hasta su sala y luego escuchamos la voz de su madre sorprendida al ver el desorden de la sala y la cocina.

    -¡Santo cielo! ¿Pero qué pasó aquí?

    -¡Carajo! Llegó mamá, vístete ¡Rápido! –exclamó María mientras me arrojaba los boxers en la cara y se vestía presurosa.

    Ella salió velozmente para hacerme tiempo y yo me vestí como pude.

    -Ah mamá, que pronto volvieron, ¿cómo les fue?…

    -Pero señor bendito, niña ¿qué pasó aquí? Mira nada más este desorden! Y la cocina! ¡Por Dios mi cocina! Mira como ha quedado… -Decía doña Greta mientras colocaba las bolsas de las compras en la mesa donde María y yo acabábamos de follar.

    -Fue mi culpa señora, lo siento, ahora mismo íbamos a limpiar todo. Le quité la correa a Lola (la mascota) para jugar y se me escapó. –dije mientras entraba a la cocina.

    -Ah! Donni, sigues aquí, por poco y veías cómo le daba una buena tunda a María

    -Jaja de haberlo sabido no hubiera dicho nada.

    -Ay eres un tonto, mejor ayúdame a limpiar –replicó María entre sonrisas.

    Zafamos por poco de la situación. Por suerte doña Greta es de espíritu jovial y se calmó tan pronto nos vio limpiando el desorden.

    -Listo doña Greta, ha quedado como si nada.

    -Si me doy cuenta, ojalá y María se dedicara en hacer los oficios diariamente como lo hace cuando hay visitas –dijo en tono de broma

    -¿Yo qué? –dice María entrando a la cocina.

    -Que eres una vaga dice tu mamá

    -¡Mamá!

    -Sabes que es cierto cariño, ¡Ay no! no sé qué vas a hacer el día que yo falte en esta casa… Oh cielos Donni, ¿qué le pasó a tu camisa? –dijo doña Greta señalando una enorme mancha amarillenta en mi costado.

    Accidentalmente los fluidos de nuestros cuerpos se habían derramado sobre mi camisa blanca cuando follamos en el sofá manchándola notablemente.

    -Este Emmm… –dije sin saber que responder

    -Oh! No importa, es perfecto para poner a prueba el nuevo detergente que compré. Quítate la camisa y dásela a Mari, en unos minutos quedará como nueva. ¡María! Ven para acá, mete la camisa de Donni en la lavadora y usa esto. Ya verás, quedará como nueva.

    Casi me atraganto con el jugo que bebía cuando escuché a doña Greta.

    -Oh no, no, no se preocupe, no es nada.

    -Oh Claro que sí, quítatela.

    -No señora, en serio, no tiene por qué molestarse.

    -No es ninguna molestia. Anda.

    -Señora… Es que… no tengo camiseta debajo –dije apenado.

    -Ay querido, no te apenes. Tengo unas camisas de mi marido en el closet, de seguro te quedaran. Ven.

    La señora me llevó hasta su habitación, en el segundo piso. Ella había quedado viuda hace 5 años. Y solía guardar muy bien la ropa de su esposo. Doña Greta es una señora de aproximadamente 45 años, sin embargo la edad que lleva encima no le hace justicia a la sensual figura que cuida de manera saludable. Al verla no cabe duda que heredó a Mari los más bellos genes además de sus grandes atributos.

    -Veamos, esta de seguro te queda, pruébatela. –se quedó inmóvil, mirándome fijamente esperando a que me mudara la prenda.

    -Emmm… bueno –dije apenado, intuyendo que no se iría, era extraño pero tampoco me sentía en posición de pedirle que saliera de su propia habitación, en su propia casa. De todas formas, solo vería mi tórax, no era como si me fuera a desnudar frente a ella, pensé.

    Me quité la camisa. Noté por el rabillo del ojo que doña Greta no paraba de mirar mis pectorales y mi abdomen. Recorría mi cuerpo desde mi cintura hasta mis brazos como contemplando el cuerpo de un hombre por primera vez desde hace muchísimo tiempo. Me coloqué la otra camisa.

    -¡Oh! Mira nada más, te queda perfecta, justo a tu medida –decía con un tono de voz entre encantada y melancólica mientras caminaba a mi alrededor ajustándome suavemente la camisa.

    Guardó silencio por unos segundo, contemplando la camisa, hundiéndose en sus pensamientos o quizá en los recuerdos de su amado. No pude dejar de notar que sus ojos me miraban de forma lasciva.

    -Espero no estar causando molestia doña Greta. De verdad agradezco el gesto. –dije tratando de romper suavemente la tensión.

    -¡Tonterías! No es molestia alguna. Sabes que eres casi como de la familia. Mari tiene suerte de tener a un chico agradable como tú con quien contar. Ha tenido tantos novios que me sorprende que no hayan intentado nada entre ustedes, con la bonita pareja que hacen y lo bien que se entienden.

    -Gracias por el cumplido Señora, definitivamente Mari es una gran chica y además muy hermosa. No es de extrañarse teniendo a una madre tan bella como usted.

    -Oh querido, eres un encanto, si no fuera tan vieja, no dudaría en ir tras un chico tan apuesto y lindo como tú –dijo mientras se acercaba, mirándome a los ojos y los labios acomodándome la camisa para disimular.

    Yo estaba congelado, estaba tan sorprendido como confundido. Siempre había visto a doña Greta como una mujer tan conservadora que me costaba trabajo concebir la idea de que ella estuviese coqueteando con el mejor amigo de su hija. Pero… ¡Qué se joda! Yo jamás he sido de los que se rajan y no iba a dar lugar a la incertidumbre.

    -Bueno, tampoco es tan mayor y tampoco se ve como alguien mayor. ¿Cuántos tiene, 38?

    -Jaja muy gracioso muchacho. Por supuesto que no.

    -Está bien, no me diga, la edad son solo números, lo que cuenta es lo que somos y lo único que puedo ver en usted es una mujer muy bella. Sin duda alguna, si yo fuera un poco mayor, iría tras una mujer tan atractiva como usted.

    Sus ojos brillaron con picardía mientras una sensual sonrisa se dibujaba en sus carnosos y hermosos labios. Su boca era perfecta y provocativa.

    -Así que… ¿la edad son solo números? –dijo suavemente mientras acercaba su rostro al mío y acariciaba delicadamente mis pectorales por encima de la camisa.

    -Sí, y la verdad nunca fui bueno con los números –dije mientras abrazaba su cintura con mi brazo y acomodaba su cabello tras su oreja para dejar libre su hermoso rostro.

    -Pues entonces no hablemos más de números –dijo casi susurrante y luego nuestras bocas se unieron en un cálido, lento y excitante beso.

    Mis manos bajaron a sus glúteos apretándolos con fuerza, presionando su pelvis contra mi bulto que ya se tornaba duro y creciente. Sus grandes pechos presionaban en mi tórax como un par de almohadas cálidas. Sin despegar nuestros cuerpos, mientras continuábamos en aquel apasionado e inusual beso, ella alcanzó la puerta con su brazo, cerrándola con pestillo.

    ¡Qué absurda locura! Follarme a mi amiga y a su madre el mismo día, en su misma casa. Era insólito y descarado. Y eso parecía hacerlo más excitante. Greta y yo éramos conscientes de la rareza de aquel suceso, también conscientes de que el lugar no era el apropiado y que no contábamos con mucho tiempo. Nos sentíamos como dos adolescentes haciendo de lo prohibido una experiencia íntima.

    Nos tumbamos en la cama llenos de lujuria, arrancándonos las prendas con una pasión desenfrenada. No teníamos tiempo para perder, ella ardía de deseo y yo sería quien aplacara su hervor.

    Era preciosa, sus pechos parecían como los de una mujer de treinta, eran firmes y bien proporcionados. Su cintura mantenía su escultural forma dejando una curvatura que sus caderas aprovechaban para realzar en su silueta. Sus muslos robustos pero bien definidos apretaban su pubis marcando los excitantes labios de su vulva bajo su ropa interior.

    En menos de 1 minuto nos encontrábamos completamente desnudos, comiéndonos cada rincón de nuestro cuerpo, saboreando nuestras pieles con una cegada lujuria. De repente, tras devorar con mi lengua el delicioso manjar entre sus piernas, me encontré sobre ella, con mí la hinchada cabeza de mi pene escurriendo líquido en su rajita, palpitante y caliente preparando su entrada.

    Sus ojos me miraron profundamente y con una voz dulce me dijo:

    -Follame Donni, ¡Follame ya!

    Comencé a embestirla con antelación, mi pene se hundió en una calidez inigualable, sus fluidos se deslizaban en sus glúteos mientras mi verga expandía su interior con fuerza, sus gemidos no se hicieron a esperar. Movía mi cadera embistiéndola, haciendo pequeños movimientos hacia arriba, podía sentir como mi glande estimulaba el fondo de su vagina y el tronco de mi pene estimulaba su punto en la entrada de su vagina.

    -¡Mmm! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ay dios! ¡Ah! Que bien te mueves, ¡así! ¡así! –gemía doña Greta mientras yo la empotraba fuerte y velozmente.

    -¡Sh! Pueden escucharnos

    -Mmm… ¡ah! !ah! Donni, ya no aguanto –decía Greta mientras se esforzaba en guardar silencio.

    Sentí como sus paredes vaginales apretaban mi verga suave y repetidamente. Sus manos me abrazaban la espalda rasguñándome apasionadamente. Sabiendo lo que se venía, comencé a envestirla aún más fuerte, mis testículos chocaban en su culo tras cada embestida que le dejaba penetrar con impulso. Su clítoris inflamado chocaba en mi pubis estimulándose con cada impacto. Un gemido estruendoso acompañó el intenso orgasmo que hizo estremecer todo su cuerpo. Tras asegurarme que mi damisela estuviese totalmente complacida, salí de ella y llevé mi verga hasta su boca.

    Sonriente y lasciva abrió sus labios para engullir hambrienta mis 19 cm de carne. Se amamantó de mi verga vorazmente y tras unos minutos una explosión de semen estalló en su garganta. Tragó todo mi fluido asegurándose de no dejar caer ni una sola gota en sus limpias sábanas.

    Tras recuperar el aliento nos vestimos rápidamente y prometimos mantener en secreto aquella experiencia. Bajamos para lavar mi camisa y disimular el resto de la tarde como si nada hubiese pasado.

    Continúo reflexionando sobre lo ocurrido y lo que debo hacer al respecto. Ya les contaré más adelante como siguen las cosas.

    Espero os haya gustado.

    Con cariño Donni.

  • La búsqueda de nuevas experiencias

    La búsqueda de nuevas experiencias

    En un momento de mi vida me pregunté ¿por qué salía con una mujer nueve años mayor a mi?  Seguro fue porque podía hacer y decir lo que sea sin ser juzgado y porque podía ser un depravado con ella.

    Habíamos hecho el amor muchas veces, en su casa, en la mía, en otras habitaciones durante los viajes, pero cuando le pedí que lo hiciéramos en un lugar público, ella me miró desconcertada y sin responderme, supe que no era el momento adecuado.

    Días después iríamos a un concierto en uno de los teatros más bonitos mi ciudad, pero nuestros planes se vieron frustrados por la tormenta más violenta que he visto. Esa misma noche chateamos, llevando la conversación desde lo gracioso hasta lo picante y en un momento ella escribió… Quiero hacerlo. Sabía a lo que se refería y ya había pensado todo de antemano. Decidimos que ella usaría su vestido negro corto, que compraríamos unas tangas en una pequeña tienda de lencería local e iríamos a una disco. Lo teníamos todo listo.

    Al siguiente viernes en la tarde, fuimos a la tienda y ella se veía algo incomoda comprando algo tan provocativo frente a unos extraños, intente relajar la diciendo algunas bromas y abrazándola de manera juguetona… pero esa mujer es un misterio.

    Después de eso fuimos a un sitio cercano por pizza, mientras comíamos nos dimos cuenta de que comprar lencería juntos era muy divertido y que la próxima vez sería más fácil.

    Ya en la noche fuimos a una discoteca, en donde el ruido y el alcohol nos harían pasar desapercibidos. Después de algunos tragos y bailar reggaetón, que normalmente no nos gusta, pero es lo que ponen en estos lugares, ella dijo… Esta música hace que mis nalgas se muevan solas.

    Después de un momento entramos al baño de hombres, tratando de disimular. Pasamos junto a unos extraños y una empleada que fingían ignorarnos mientras cerrábamos la puerta de ese pequeño baño.

    Al entrar ella puso sus manos contra la pared y abrió las piernas rodeando el inodoro, mostrándome sus nalgas, grandes y redondas, separadas por un hilo negro que supuestamente escondía su vagina. Entonces acaricie sus labios con mi pene duro, lleno de sangre y caliente como brasa. Podía sentir como se estremecía y de algún modo me succionaba. Empecé a penetrarla despacio, sumergiéndome centímetro a centímetro en mi mujer.

    La embestía firme, pero suave para no golear su cara con la pared, conteniéndonos de hacer gemidos fuertes y fingiendo ignorar la posibilidad de ser grabados o expuestos, nos dimos una pequeña explosión de placer… En silencioso, tiritando y sin que nada más importe.

    Apenas terminar salimos rápido y sin prestar demasiada atención.

    No dijimos nada por un rato. Yo solo sentía que estaba más cerca de ella y que le tenía tanta confianza que se estremecía el pecho.

  • La cena con los vecinos

    La cena con los vecinos

    Continuación de ‘El vecino’.

    Habían pasado cuatro días desde que Ana y Luismi echaron el polvo en casa de ellas. Aquel día, antes del encuentro entre ambos, Silvia, la mujer de él, le había comentado que le gustaría invitarla a cenar antes de que se marchara de nuevo a Madrid. Y hoy era el día elegido para cumplir esa invitación.

    Ana sentía sensaciones contradictorias. Por un lado era un muy «heavy» aceptar la invitación de la mujer de un tío que le había partido el culo unos días antes. Por otro, era tremendamente morboso acudir a cenar con el marido infiel y la mujer cornuda. Al pensar esto último sintió um escalofrío por su espalda. Se sintió una auténtica puta.

    En cualquier caso, había aceptado y a las 10 de la noche debía subir al primero C para cenar con aquellos vecinos. Imaginar que pudieran cenar los tres en el mismo lugar donde Luismi se deleitaba observando como ella se masturbaba mientras tomaba el sol era excitante. Notó como su coño rasurado se humedecía. Sentada en el sofá frente a la televisión mirándola pero son verla.

    Cinco minutos después de la hora señalada, Ana se encontraba frente a la puerta de sus vecinos. Ahora dudaba de la conveniencia de haber aceptado. No había hablado con Luismi respecto a esta cena. Se limitó a aceptar la invitación formal que le propuso Silvia dos días antes. Ana, un tanto cortada, lo había hecho de manera precipitada. No quería estar demasiado tiempo sola con una mujer a la que ella había convertido en cornuda.

    Ahora se arrepentía de su indumentaria, una falda corta floreada y la parte de arriba del bikini con el que solía tomar el sol en su terraza. Aquella idea morbosa de provocar a su vecino ahora le parecía una auténtica cabronada. Por fin se decidió a llamar a la puerta. Le abrió Luismi. Ana quedó paralizada durante unos segundos. Él vestía la misma camiseta que cuatro días antes cuando le dio por culo y un bañador azul. La saludó efusivamente y le dio dos besos en la mejilla, muy cerca de la comisura de los labios.

    -¿Qué tal Ana? Gracias por aceptar la invitación. Estamos encantados

    El hombre hablaba como si no hubiese pasado nada entre ellos, lo que tranquilizó bastante a la joven médico:

    -Te estábamos esperando Ana -dijo Silvia antes de saludarla con otros dos besos.

    Como había imaginado la chica, la hicieron pasar hasta la terraza de aquel piso donde habían dispuesto una mesa con tres sillas y sobre la cual se acumulaban distintos platos con pequeñas raciones. Se sentaron sin ningún orden aparente aunque dejaron que Ana ocupase la silla más cercana a la barandilla y Silvia la más cercana al interior del piso. A medio camino de ambas, Luismi:

    -¿Bebes vino? – Le preguntó el hombre a la invitada.

    -Sí, pero una copa nada más.

    Luismi vertió el Rioja sobre la copa de Ana y luego sobre la dos restantes:

    -Bueno ¿brindamos, no? Por la doctora Ana. -E hicieron chocar sus copas.

    -Bueno, me queda aprobar dos exámenes en septiembre aún.

    Silvia se interesó por la especialidad a que se dedicaría y Ana comentó cuál era su preferencia. Mientras hablaba la joven vecina se fijó en la esposa de Luismi. Era una mujer de la misma edad que él, guapa, de estatura media y cuerpo bien proporcionado. La invitada contestaba a sus preguntas de manera extendida, con la rutina de quien ha respondido muchas veces el mismo interrogatorio.

    Después de más de una hora y más de una botella de Rioja (pese a la petición de Ana de una sola copa) el ambiente era tan agradable como distendido:

    -¿Entonces? Tu terraza es esa que se ve ahí abajo, ¿no? -preguntó Luismi de manera inocente apoyado en la barandilla desde donde observaba Ana tomando el sol.

    -Sí, esa es. ¿No me has visto nunca? A veces salgo a tomar el Sol. -La joven le siguió el juego levantándose y poniéndose junto a él.

    Silvia no notó el juego que se traían y se levantó a la cocina a preparar unas copas:

    -Así qué nunca me has visto, ¿no?

    – Pues no… -dijo Luismi con media sonrisa. Ambos se miraron aumentando la tensión sexual entre ellos.

    Cuando Silvia llegó se sirvieron las diferentes copas y la conversación comenzó a virar hacia el tema sexual. La mujer de Luismi era una persona a la que no le importaba hablar abiertamente de prácticas sexuales y Ana no tuvo ningún inconveniente en contar como habían sido las relaciones con su ex, con quién cortó antes de terminar el curso:

    -Pues yo no tengo quejas del sexo con Luismi… -comentó Silvia de manera pícara mirando a su marido.

    Después no tuvo reparos en contar que en una ocasión habían hecho un trío con una amiga suya. Que ya en la adolescencia se habían enrollado ellas dos en las duchas de un camping. Al parecer, en una ocasión, pasaron un fin de semana en casa de la amiga y acabaron montándoselo los tres. Y lo disfrutaron mucho:

    -En la vida hay que probar de todo. -Sentenció Silvia. Ana no supo entender si aquello era algún tipo de proposición.

    Habían pasado casi tres horas cuando Ana anunció que tenía que irse, que no quería molestar más. Silvia propuso a Luismi acompañar a la chica y de paso ir al garaje a buscar un par de cosas que debía recoger del coche. Ana se quedó blanca. La propia mujer de Luismi facilitaba una situación tremendamente peligrosa. El vecino se prestó de inmediato. Así que, tras despedirse ambas mujeres, Ana y Luismi salieron de la casa.

    Hicieron el trayecto en silencio. Ella delante de él. A la altura de su casa, Ana paró y comenzó a abrir la puerta. Pasó al interior sin cerrarla. No lo habían hablado pero no había vuelta atrás. Luismi entró y cerró tras de sí. Sin mediar palabra agarró a Ana, la giró y contra la pared comenzó a besarla apasionadamente. Ana se dejaba hacer mientras se agarraba a su vecino por la nuca. Sus lenguas se entrelazaban. El hombre metió sus manos bajo la falda de la chica y descubrió que no llevaba braguitas.

    Con sus dedos buscó su rajita rasurada. La encontró inundada, jugosa, ardiendo. La mujer gemía mientras el hombre la comenzó a masturbar. Con la otra mano arrancó la parte de arriba del bikini dejando al aire sus pequeñas tetitas de pezones gordos y duros. Luismi no dudó en morderlos y arrancar un grito de placer de su vecina:

    -Fóllame cabrón. Métemela por el coño… me lo debes…

    Luismi se bajó el bañador y liberó su polla con una tremenda erección. Levantó a su vecina con sus brazos y contra la puerta la penetró con fuerza. Ella dio un grito cuando la polla de aquel maduro se abrió pasó hasta el fondo de su vagina. Sin respiro comenzó a follársela con fuerza. Literalmente la estaba empotrando. El cuerpo de Ana golpeaba la puerta, con cada golpe de cadera, haciendo identificable la actividad para cualquiera que pasara por delante de la casa…

    Después de cinco minutos de suspiros, gritos, gemidos y golpes contra la puerta, Luismi avisó que se corría y se la dejó clavada. A Ana le faltaba el aire a punto de llegar al orgasmo. El hombre se corrió abundantemente en el coño de la mujer. Ella apretaba sus músculos vaginales como si quisiera ordeñar la polla.

    Aún con la polla dentro de su coño, Ana miró a su amante con media sonrisa:

    -¿Te gusta correrte sin condón en el coño de una vecina más joven?

    -¿A ti te gusta sentir la corrida de un vecino maduro inundando tus entrañas?

    Se volvieron a besar antes de separarse. Luismi le dijo que tenía que volver a casa:

    -No te limpies la polla… Por si tu mujer te la chupa. Me da morbo pensar que pruebe el sabor de mi coño…

  • Somnámbulo (Capítulo 1): La llegada de David

    Somnámbulo (Capítulo 1): La llegada de David

    David llegó al aeropuerto de Seattle procedente de la Ciudad de México. Pasaría un par de semanas con su hermana Karen y su novio Scott. Acababa de terminar un proyecto y quería unos días de descanso, aunque él sabía a la perfección que el motivo de su visita era otro.

    Habían pasado casi dos años de no ver a su hermana en persona, inclusive no conocía a su futuro cuñado más que por videollamadas y fotos. Pero dos meses habían pasado desde el inicio de su plan y ahora era el momento de actuar.

    -¡DAVID, DAVID, ¡ESTAMOS AQUÍ!

    Gritó Karen al otro lado de la sala de espera, mientras corría al encuentro de su hermano.

    Karen era una mujer hermosa. De al menos un metro setentaicinco de alto, esbelta, de caderas anchas, busto de tamaño mediano, piel blanca, rizado cabello castaño y unos preciosos ojos verdes.

    -¡Hermanita!, ¡Un gusto verte!

    Respondió David, al tiempo que le abrazaba.

    -Es un gusto conocerte al fin cuñado.-

    Dijo una voz profunda y masculina a su lado.

    David volteó y de inmediato se derritió con aquel cuero de hombre. Scott medía un metro ochentaicinco de alto, de hombros anchos, cuerpo atlético y musculoso, largas piernas, rostro ovalado con un mentón pronunciado, barba cerrada, labios delgados, cabellera negra casi azul y unos magnéticos ojos de color aguamarina.

    -Hum… Un gusto Scott.

    Dijo David después de estrecharle la mano.

    -Hermanito, ¿apruebas a mi noviecito?

    Inquirió Karen divertida.

    -Claro hermanita. Es un gusto conocerte al fin Scott. Karen y yo estamos tan ocupados en nuestras carreras, que es una vergüenza que después de casi un año desde que están juntos, no hemos podido conocernos.

    Replicó David.

    -No te preocupes, sé que eres un fotógrafo famoso y Karen como ingeniera Biomédica no se queda atrás. Karen todo el tiempo viaja y sale de la ciudad. Yo comprendo, pero es un gusto que estés aquí David.-

    Afirmó Scott, mientras cargaba el equipaje de David.

    -No es necesario yo puedo…

    Dijo David, mientras trataba de tomar algunas de las maletas.

    -Hermanito, deja que Scott las lleve. No le costará trabajo, recuerda que después de todo es instructor de defensa personal.

    Comentó Karen.

    -Vale, vale. Sólo te dejo porque de verdad estoy cansado.

    Contestó David entre risas.

    Los tres atravesaron el aeropuerto, a la vez que Karen contaba todo a David sobre los preparativos para su futura boda. Scott y ella se casarían en tres meses y Karen estaba muy emocionada. “Es una lástima”, pensó David. En cuanto vio a Scott lo imaginó desnudo en su cama. David era gay y un hombre como aquel era una tentación imposible de resistir.

    Subieron a la camioneta Cheroqui de Scott y el novio de su hermana se colocó al volante. Scott estuvo a punto de iniciar conversación, cuando el móvil de Karen comenzó a sonar. La ojiverde miró la pantalla y algo molesta decidió contestar.

    Karen escuchó a la persona al otro lado de la línea y discutió con él. -Mi hermano acaba de llegar de México. ¡Por eso pedí mis vacaciones! ¡No, Jared, no! Pero, ¿Cuántos días? ¡No!, ¡Si pásame a Paula!

    Replicó Karen.

    Tras unos segundos comenzó a reñir nuevamente y colgó molesta.

    -¿Qué ocurre cariño?

    Preguntó Scott.

    -Jeremy tuvo un accidente. Nada grave, el idiota se resbaló en su baño y se fracturó la pierna. Pero no podrá viajar a Boston a instalar los aparatos que adquirió el San Josep y Paula quiere que vaya yo. ¡Al menos será trabajo para una semana! Hay David, lo siento.

    Dijo Karen mientras se sujetaba el rostro.

    -No te preocupes hermanita. Además, estaré aquí tres semanas. En lo que regresas, Scott puede enseñarme la ciudad y yo me dedicaré a hacer buenas fotografías. En cuanto vuelvas ¡nos divertiremos!

    Dijo David.

    -Si, Karen, tu hermano y yo nos la pasaremos bien. Le mostraré el centro, el puerto y lo llevaré a ver algunos entrenamientos a Jarget, ¡le caerá muy bien a los muchachos!-

    Agregó Scott con orgullo, luego de lo que Karen asintió.

    Después pasaron a cenar a un lujoso restaurante de comida italiana, donde estuvieron un par de horas. Luego de lo cual regresaron al pent-house donde la pareja vivía. Los dos hombres hicieron buenas migas y tras llegar, tomaron algunas cervezas mientras veían el juego.

    Karen se dedicó a preparar todo para su viaje, el cual sería el día siguiente, mas un poco antes de irse a dormir, decidió hablar con su hermano.

    -¿Qué ocurre hermanita? Ya te dije, estaré bien. Scott me llevará a dar un tour por la ciudad y durante sus horas de trabajo, aprovecharé para caminar y sacar fotos, inclusive leí en internet y creo que podría presentarme a algunos proyectos y ofertas de trabajo que hay aquí.-

    Aseguró David.

    -¡Hay hermanito, me encanta que tú y Scott se lleven tan bien!, son tan distintos que enserio pensé que no te caería de nada.

    Bromeó Karen.

    -Todo lo contrario, es un tipazo. Me cae bien y me alegra que estés tan feliz con él.

    Afirmó David con una extraña mueca.

    -Mira, es que quería comentarte de un problema que tiene Scott, bueno, no es un problema exactamente, ¡no sé cómo explicarlo!

    Dijo Karen preocupada.

    -¿De qué se trata?, Sabes que puedes confiar en mí.

    Respondió David a la vez que apoyaba un brazo sobre el hombro de su hermana.

    -Scott es sonámbulo. Camina dormido. Él no lo sabe. Tal vez es porque está muy presionado con lo de su trabajo, el mío y la boda. Pero desde hace unos meses tiene fuertes episodios de sonambulismo. Yo no he querido contarle nada al respecto, pero necesito decírtelo porque te vas a quedar con él y no deseo que te asustes.

    Explicó Karen.

    -¿Sonámbulo?, ¿hablas enserio?, ¿qué es lo que hace?

    Preguntó David con un creciente morbo en su interior.

    -Bueno, pasa al menos dos o tres noches por semana, aunque últimamente ha sido casi diario. Comenzó con levantarse de la cama y caminar por la habitación. Después se vistió y quiso salir del apartamento. Otra vez, se levantó y se sirvió unos tragos, aunque rompió la botella porque la dejó caer al suelo. Y bueno últimamente, pues él…

    Se interrumpió Karen nerviosa.

    -¿Él qué?-

    Cuestionó David con una inexplicable excitación.

    -Bueno, es que Scott busca tener sexo conmigo. ¡Enserio busca tener sexo dormido! Hay hermanito, está dormido, pero quiere tener sexo. Amo a Scott y adoro el sexo con él, pero cuando está despierto digamos que es mucho más tradicional. Y cuando se encuentra sonámbulo, me apena decirlo, ¡pero es un tigre en la cama! ¡Se vuelve tan complaciente, pero al mismo tiempo tan apasionado!-

    Contó Karen con el rostro completamente rojo.

    -Pero ¿cómo es qué él?

    Inquirió David.

    -Es tan extraño. Eso último empezó hace cinco o seis noches. ¡Se levantó sonámbulo y lo hizo! Sé que está dormido, porque siempre mantiene sus ojos cerrados y si los abre estos están rojos como cuando uno bebe demasiado. Esa noche se levantó, yo todavía no me dormía, me encontraba en el estudio en la computadora. Lo escuché, fui a nuestro cuarto a verlo, porque me da miedo que alguna vez se lastime. Noté que estaba dormido por lo que ya te dije y se había puesto un traje que le compré para ocasiones formales.

    ¡Cuando me escuchó, se giró, caminó hacia mí y empezó a hacerme un striptease! –

    Dijo Karen totalmente avergonzada.

    -¿Qué? ¿en serio? ¿no es una broma?

    Preguntó asombrado David.

    -No hermanito. Te lo juro. Empezó a bailarme como si fuera un stripper profesional. ¡Te lo juro! Me quedé sin saber que hacer y la verdad me excité mucho. ¡Creo que nunca tanto como esa noche! Cuando se quitó la ropa, me sujetó con fuerza, recorrió mi cuerpo con sus manos y comenzó a desnudarme. ¡Lo hizo de una manera, oh Dios!, y pues ya te imaginarás el final.

    Comentó Karen.

    -¡Woo!, ¿hablas en serio?

    Inquirió David.

    -¡De verdad!, ¡no es broma!- Por eso te hablo de todo esto. Cuando Scott se vuelve sonámbulo nada lo despierta. Sólo reacciona hasta la mañana siguiente y no recuerda nada.

    Explicó Karen.

    -¿Y lo has hablado con él?

    Cuestionó David ya que ese punto le interesaba particularmente.

    -La verdad es que no. Sé que debo hacerlo, pero hemos estado tan ocupados y bueno, las noches cuando se vuelve sonámbulo yo…

    Dijo Karen sonrojada.

    -¿Te gusta hacerlo con él cuando duerme verdad?

    Inquirió David

    -La verdad es que sí. No es que, cuando se encuentra despierto no sea un ´magnífico amante. ¡pero cuando está sonámbulo, es ¡Woo!

    Afirmó Karen emocionada.

    -¡eres una pervertida hermanita!, ¿y me cuentas esto para?

    Preguntó David.

    -Como te dije estarás una semana a solas con él, no sé qué va a hacer. No sé si se va a levantar sonámbulo. Esta es la llave de nuestra habitación, voy a dártela para que lo encierres cada noche. Sé que es mucho pedirte, pero no quiero que vaya a lastimarse, ni a hacer nada como lo que te dije. Por favor David.

    Solicitó Karen angustiada.

    -Vete sin cuidado. Yo lo mantendré vigilado. Como dices, quizás sea algo relacionado a la presión de la boda.

    Respondió David con un extraño tono, el cual a Karen le pasó desapercibido.

    -Bien, llega de trabajar temprano, antes de las 18:00 está en casa. Suele dormirse a media noche y se levanta a las 7:00, a las 9:00, tiene su primer entrenamiento. Pero igual que yo pidió vacaciones, así que estará toda la semana contigo creo yo. Me parece que únicamente trabajará mañana viernes. Por favor ten cuidado con él.

    Rogó Karen.

    -No te preocupes hermanita, yo voy a cuidar bien de tu novio. Si que lo haré. A verás que sí.

    Dijo David mientras torcía la boca de una manera extraña.

    -¿De qué tanto hablan?

    Inquirió Scott tras entrar a la habitación.

    -De nada importante amor. Sólo nos poníamos al día y le comentaba a mi hermano sobre tus manías.

    Contestó Karen divertida.

    -Si, Karen me explicaba que roncas mucho y que siempre inundas el baño luego de ducharte.-

    Respondió David divertido.

    -Vale, vale. Voy a dormir, hasta pasado mañana inician mis vacaciones, mañana todavía iré a trabajar. Por cierto, David quería agradecerte el té que me mandaste después de tu viaje a Brasil, como dijiste es magnífico para el dolor muscular. ¿quieres venir mañana conmigo al Jarget para conocer a los muchachos?, Karen les ha hablado mucho de ti.

    Comentó Scott.

    -Si, claro, estaremos juntos después de dejar a Karen en el aeropuerto. Pero ahora estoy cansado, hay que ir a dormir todos, fue un día largo.

    Dijo David al tiempo que bostezaba.

    -De acuerdo a dormir hombres. Hasta mañana hermanito.

    Se despidió Karen mientras le daba un beso en la mejilla.

    David se retiró a la recámara que le habían asignado y pensó en la gloriosa semana que le aguardaba con el novio de su hermana. Karen era una estúpida y Scott un ingenuo. Ese cuero de hombre sería suyo, su odiosa hermana no merecía un macho como aquel. La droga ya había hecho sus primeros efectos, ahora únicamente restaba conducir a Scott hacia su nueva vida. David transformaría al novio de su hermana en el hombre perfecto, pero para sí mismo.

  • Fuego nocturno (III)

    Fuego nocturno (III)

    Me desperté por el movimiento de la cama, aun con la luz tenue me tarde un momento en poder ver claramente la escena, vi dos cuerpos frotándose muy juntos, alguien de espaldas y en posición de perrito y la otra figura detrás de ella. Al ver más claro pude ver a Wendy asotanado las nalgas de Alba con su cuerpo, miraba el rostro de Alba reprimiendo gemidos, pero no entendía como… vi más de cerca de Wendy, tiene puesto un cinturón de cuero, pero al ver más de cerca, era más como un arnés y tenía un falo plástico!

    Se estaba cogiendo a Alba con un palo sintético! Me asombro como Alba arqueaba la espalda siendo embestida por detrás con aquella energía! Wendy se giró a verme, su cara estaba roja y seguía excitadísima, me hizo señas hacia una mesa al lado del sofá, donde tenía una bandeja con unas galletas y una botella con un líquido azul, me hizo seña de que tomara, y que fuera a unirme, fui por él y le di un gran sorbo, sentí que rápidamente bajaba por mi garganta quemándome, me aclare los ojos, porque hasta me hizo sacar una lagrima, pero rápidamente me sentí algo eufórico, me acerque a la escena de esas dos mujeres, ambas afanadas en el placer.

    Alba alzo la cara, estaba roja y agitada, le acerque mi miembro y comenzó a chuparlo, recorrí la curva de su espalda con las manos hasta agarrar sus nalgas y tocar la cintura de Wendy al mismo tiempo, subí por el vientre y toque los pechos de Wendy, esos pezones seguían bellamente hinchados, su cara estaba roja, el cabello empapado en sudor y pegado a su rostro, metí dos dedos en su boca, ella los lamio con placer, Alba me dio una fuerte chupada con lo que me incline sobre su cuerpo, alcance a darle unos lengüetazos y mordidas.

    Wendy se apartó del culo de Alba, estaba jadeante y muy sudada, la vi quitarse aquel arnés y me sorprendió que el dildo era largo y grueso, quien sabe cuánto tiempo tenia metiéndoselo a Alba! Se fue hacia la mesa y tomo un largo sorbo de la botella. Yo estaba mirándola cuando Alba me palmeo la cara y se levantó, estaba igualmente jadeante y el cabello revuelto, la cara roja, pero aun con la mirada de placer, se dio vuelta y me ofreció sus nalgas…

    Cuando me puse detrás de Alba, sus nalgas ya denotaban un tono rojizo por mordiscos y palmadas, guie mi verga hacia su sexo y se la fui metiendo, no fue difícil hacerla pasar, aunque a ratos se salía con las embestidas, estaba tan dilatada por esta noche de sexo, que me hizo señas para que la ayudara a girarse, quedo nuevamente boca arriba, tome sus piernas por los tobillos y ella las cruzó, así sentí como se volvía un agujero más apretado.

    Por su parte Wendy le dejo ir un sorbo de la botella, que le escurrió por la boca, luego se dejó caer un chorro sobre el vientre, empapándose el pubis y frotándoselo en el cuerpo, se montó casi encima de su cara, Alba ahora le metía la lengua en la vagina.

    El cuerpo de Wendy tenía un piel blanca con muy ligero tono bronceado, en general se podía ver rosado, y ese era el color que tenían sus pechos y su cara, estaban rosados, acerque su rostro y le di un gran beso de lengua, ella me lo devolvió, se agarró a mi pecho y luego comenzó a frotar el coño de Alba, lanzo un grito y comenzó a frotarse el culo, su cara hacia unas muecas de placer y dolor, cuando se sacó las bolas del culo, eran 3, no podía creer que se las hubiera metido y sacado, se levantó de sobre Alba, se sentó sobre ella, ahora dándome sus nalgas también, se volvía a meter las bolas en el culo y yo aproveche a sacar la verga del sexo de Alba y meterlo en el de ella… agarré sus nalgas y comencé a meterle el pene, esto la hizo gritar nuevamente, creí que no entraría, pero después de que estuvo metiéndose esas bolas, ya lo creía posible…

    Alba se daba un interminable beso con Wendy, chocaban sus pechos mientras mi verga se descargaba en el culo de Wendy… cuando me corrí, esta se levantó, casi sentada sobre Alba, la bombee un poco más y se giró nuevamente, esta vez le ofreció se sexo chorreante a Alba, quien comenzó a chupárselo con ganas y ella agarro mi verga y le dio un servicio de limpieza completo, me chupo hasta las bolas y le dio luego una gran chupada al coño de Alba.

    Me palpitaba tremendamente la verga, la tenía al rojo vivo… las dos mujeres jadeaban bastante y se tendieron en la cama cuando ya habían pasado varios orgasmos… Alba era más alta y esbelta que Wendy, pero esta tenía un cuerpo más voluptuoso. Wendy me hizo señas de que me acercara al lado de Alba, me senté al borde de la cama, ella saco otro juguete extraño un pequeño aparato que coloco entre las piernas de Alba, le aplico un lubricante con un olor delicioso antes de ponérselo, me dio otro poco y me señalo a los pechos de Alba, me recosté y se los frote, sus pezones oscuros reaccionaron, lo frote por todo su pecho, comencé a chupárselos y ella hizo un ligero contoneo del cuerpo al sentir mis lengüetazos en sus pezones y la vibración y succión en su coño.

    Alba solo jadeaba, su rostro dejaba ver el agotamiento, pero a la vez el deleite que sentía de las atenciones que se le daban… sentí que m tocaban la entrepierna y nuevamente las manos de Wendy me palpaban, me puso del lubricante y comenzó a masturbarme nuevamente. Me dio una chupada más gentil, me acaricio las bolas y masajeaba mi entrepierna, cuando menos espere, estaba metiéndose entre mis piernas y me masajeaba las nalgas, seguimos el juego hasta que ya nos dormimos…

    Creo que ya era mediodía cuando me desperté, vi a mi lado y no vi a nadie, pero al escuchar más a fondo, del baño venían ruidos, me levante a ver y estaba Alba saliendo de la ducha, me miró el cuerpo y se sonrió, me dijo que nos arregláramos, que ya toca salir, ella se envolvió en una toalla y salió, hice lo mío, me bañe y vestí, me dijo que Wendy había salido temprano. Me dio la tarjeta de ella -dijo que si la querías ver la podías llamar y arreglar cita, pero en sus términos siempre-, no supe que pensar, pero esa noche si que fue espectacular.

    Salimos del hotel ella primero luego yo, cada quien se fue por su camino. En la oficina cruzamos lo menos posible y cuando termine el proyecto ya no hubo más contacto.

    Unas semanas después me enteré por la amiga secretaria que trabajaba ahí, que ella volvía con su esposo, si se enteró de algo no lo sé, no volvió a relacionarse conmigo y a fin del siguiente mes yo estaba ya viajando a otro lugar de trabajo, pero me quedo un recuerdo imborrable de esa noche.