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  • Soledad mi mejor amiga

    Soledad mi mejor amiga

    Soledad es mi amiga desde hace muchos años, pero primero fue mi cuñada, era la mujer de mi hermano mayor. Con ella siempre tuvimos cierta afinidad de mujer a mujer, nos contamos todo y nunca nos dio pudor cambiarnos la ropa o quedar en tanguitas una delante de la otra, nunca la mire con morbo ni con ojos de deseo, hasta hace unos días atrás, nos estábamos probando ropa las dos solas en mi habitación y en momento cuando detuve mi vista en la cola de ella note lo hermosa que le quedaba la tanga negra, en esa cola redonda y forjada en el gimnasio.

    Sentí como mi cuerpo me jugaba una sensación distinta, nunca había sentido nada de atracción por una mujer, menos por Sole, pero me dejé llevar por el impulso de mi cuerpo y la abrace por la espalda, tomando su cintura, moviendo mis manos para acariciarla.

    Ella no decía nada, solo se dejaba acariciar y lo único que cambió fue su respiración, estábamos entrando en un terreno desconocido, ella se da vuelta y nos besamos, fue el beso más intenso que sentí, nos tiramos en la cama y nos arrancamos las tangas, me acosté sobre ella y la besé desde los labios bajando por sus hermosas tetas, y no me detuve más, seguí bajando por su vientre hasta su vagina, le practique sexo oral, mientras ella se estremecía del placer y tuvo un hermoso orgasmo que me dejó los labios y la boca con un sabor muy rico, la verdad nunca lo había probado, nunca había tenido una experiencia así, cuando se incorporó del orgasmo, me dio las gracias y me dijo que ella no era de estar con mujeres pero que le había encantado, y que quería probar más y que ella también quería probar de mí cuerpo, pero tuvimos que dejarlo para otro día, porque ya era hora de irse a trabajar.

    Continuará…

  • Comienzos de pasivo extremo

    Comienzos de pasivo extremo

    Cómo les venía relatando mis primeras experiencias con trans y luego de aquella primera vez como pasivo llego el momento de la segunda experiencia de pasivo y el comienzo de un camino sumiso con trans.

    Una de tantas noches regresando a mí casa, esta vez saliendo de un asado en lo de un amigo bien tarde y con algunas cervezas de más, caminando por la Juan B Justo, una calle que si alguien de acá es de mí misma ciudad sabrá de cual zona hablo, pasando la sarmiento llegando a mitad de cuadra, estaba oscuro y en una entrada que al fondo había como 2 departamentos una rubia alta grandota me pide fuego para encender su cigarrillo, me detengo le prendo su cigarrillo y ella me pregunta que hacía le comento que salía de un asado y me dice «querés comerte un postre?».

    Al estar oscuro no veía bien su rostro pero sabía que era travesti porque en esa zona solía haber solo trans, lo pienso un poco y entre que pensaba me manotea la pija que automáticamente se disparó en una erección tremenda. Accedí y la seguí hasta ese departamentito precario y humilde.

    Quienes sean de mí ciudad y conozcan o escucharon de ella saben lo fea que es pero no me juzguen a veces la «belleza» se compensa con otras cosas jaja!

    Al entrar comienzo a desvestirme y ella se dirige al baño escucho correr el agua a lo que supuse se estaba lavando. Ya desnudo sentado en la cama agachado ordenando mí ropa en el piso hacía un costado escucho que se acerca, levanto la mirada lentamente y voy viendo que estaba desnuda, mí mirada se detuvo al llegar a su pija y quedé literalmente mudo congelado y con la boca abierta, se dirigía hacia mí con una potente erección una pija muy grande y gruesa todavía con restos de agua por haberse lavado.

    Así como estaba estupefacto por semejante proporciones, no era enorme pero daba miedo por su grosor, al llegar dónde estaba como yo seguís con la boca abierta ella sin miramientos me la metió en la boca, tenía un sabor raro pero aceptable, y comencé a chupársela lentamente acuerdo movimientos circulares con mí lengua hasta que me tomo de la cabeza y empezó a penetrarme la boca fuerte haciéndome ahogar y tener arcadas, así estuvimos unos minutos hasta que me hizo acostar boca abajo con una almohada bajo mí panza.

    Dudé un poco sabiendo lo que me quería hacer, pero los retos a veces pueden más que mis miedos.

    Tomo un pote de lubricante y me empapó por completo el culo y su pija, se colocó sobre mí pasando su pija por mí culo terminando de repartir mejor todo el lubricante, colocó su cabeza sobre mí ano y me dijo al oído acá te voy a dar un buen postre y automáticamente me comenzó a penetrar no le tamente sino bastante rápido sin suavidad a pesar que mí culo se resistía ante semejante grosor, confieso que me dolió un poco no tanto como pensaba y me quedé sorprendido, la segunda vez q me penetraban y la primera vez había sido como les conté una pija normal más bien delgada, esta casi la triplicaba en grosor y no pensé que me iba a doler tan poco.

    Empezó con sus embestidas mientras me hablaba al oído diciéndome que me iba a dar el mejor helado de crema calentito y que disfrute antes que se empiece a sentir de verdad, esas últimas palabras en ese momento no le encontraba sentido ya que como era que la iba a sentir de verdad si ya la tenía adentro.

    Luego de unos minutos comienza a cogerme desenfrenadamente golpeando su pelvis contra mí culo con fuerza lo que me hacía salir gemidos cortos por sus embestidas, jugaba sacándola por completo y metiéndola de un golpe hasta el fondo.

    Luego de varios minutos en esa tarea de taladrarme como si fuera el fin del mundo empiezo a sentir mucho ardor dolor y uno sensación como que se me estiraba el ano y le pedía que parara un rato, ella sin hacerme caso deja caer todo su cuerpo sobre mí haciéndome notar que por su tamaño me iba a ser imposible librarme de ella me dice «sentís como se va el efecto del gel?». Es que el gel con el que me había lubricado era anestésico y por eso es que no sentí mucho dolor al principio, cosa que estaba cambiando ahora y sentía mucho dolor y ardor, dije por dentro que hija de puta pero ya estaba en el baile no me quedo otra que seguir sin resistencia porque iba a ser peor.

    Continúo con su violación anal cual posesa y violentamente llenándome por completo de carne caliente y dura el culo.

    Sentía como con cada embestida me desgarraba cada vez más el ano y no se porque de un momento a otro mí culo como teniendo vida propio comenzó a levantarse con cada estocada para que me penetrara más fuerte, yo le pedía más despacio pero mí cuerpo hacía lo contrario, lentamente fui levantando cada vez más mí culo hasta llegar a estar en cuatro y ella empezó a cachetearme las nalgas.

    Le pedía por favor más despacio y que la sacara un rato y en un momento en que tome un poco de conciencia la escucho decir «como t terminó gustando putito» al escuchar esas palabras me doy cuenta que le estaba pidiendo por favor más despacio pero que en realidad ella estaba ya quieta y era yo quien movía hacia atrás y adelante mí culo de forma violenta y fuerte metiendome solo ese tremendo pijón, ella en esa posición me agarraba con sus manos las nalgas colocando sus dedos pulgares en mí ardiente y dilatado ano, y haciendo presión los metía y me estiraba todo lo que podía mí ano lo que me hacía sentir como se me seguís rasgando la piel del mismo.

    Por suerte llego el momento en que ella estaba por acabar y la saca de mí culo dejándome una sensación de vacío en mí culo ya totalmente roto o al menos era lo que pensaba hasta ahora que era demasiado.

    Se para al costado de la cama y me ordena sentarme para recibir su «postre de crema» como lo había llamado, empieza a pajearse frente a mí cara yo sacando mí lengua me daba golpes en la misma con su pija y me avisa que está por acabar y dónde la quería, yo no respondí solamente me la metí en la boca y le metí un dedo en el culo y comencé a hacerle presión en su próstata y automáticamente me lleno una y otra vez la boca de leche muy caliente y espesa, cantidades enormes de ese postre hasta que ya no le salía nada.

    Al terminar tremenda violación me dice si quería tomar algo mientras me recuperaba para no salir tan dolorido y acepte. Sirvió una cerveza bien helada y nos quedamos así un rato, ella sentada en una silla enfrente mío y yo en el mismo lugar al borde de la cama.

    Todavía desnudos ambos yo porque sentía que si me movía me iba a empezar a arder más el culo, charlamos de temas sexuales y experiencias hasta que me termine la cerveza y comencé a vestirme mientras ella me observaba sentada en la silla.

    Termino de cambiarme y mientras me ataba los cordones de las zapatillas observo de reojo que su pija estaba nuevamente al palo, me hago el boludo y me dirijo a la puerta pero ella se acerca y me dice si no quería repetir antes de irme y le digo que no porque me ardía además seguro iba a tardar más en acabar porque era la segunda vez y me dice, si t va a arder pero la vas a poder sentir bien desde el comienzo esta vez y además la segunda vez yo acabo enseguida. Ahí estaba en la puerta casi por salir y ella masajeandome el culo tratando de convencerme y yo tratando de negarme.

    Le repito que no que mejor otro día y me sujeta del cuello casi con violencia, le digo si quería se la chupaba pero otra vez sexo no que me ardía, era como con cada negativa mía ella iba subiendo en insistencia y en un momento me empujó contra la puerta y me apoyo toda su poronga en mí culo que si no hubiese tenido el pantalón me la enterraba otra vez.

    Le pudo por favor que me deje salir y ella insistía y me doy cuenta que inconcientemente ya le había agarrado su pija y la empecé a masturbar así por algunos minutos ella gemia y me bajo el pantalón, comencé a masturbarla lo más rápido que podía para que no aguantará mucho, me la metió violentamente que me hizo gemir y un dolor que me recorrió todo el cuerpo. Me cogía con todas sus fuerzas contra la puerta y por momentos se detenía, sentía que se detenía porque estaba por acabar.

    En un momento destraba la puerta pero sin sacarme su pija de mí dolorido culo y abre la puerta yo le pregunto que hacía y ella solo me dice te voy a acompañar afuera pero te vas a llevar toda mí leche sin limpiarte.

    Termina de abrir la puerta y me obliga a caminar esos 20 metros hasta la vereda caminando con ella pegada a mí espalda y su poronga totalmente adentro, llegamos a la entrada donde solo nos separaba el portón de la calle donde pasaban autos a pesar de ser tarde y me dio 3 bombazos muy violentos y profundos y sentí como le latía la pija y me empezó a llenar de leche todo en mí interior, al terminar la saca me da una palmada en el culo y me despide hasta la próxima.

    Me subo el pantalón y salgo a la calle, a los metro me enciendo un cigarrillo y empiezo a sentir como su leche se movía en mí interior y un ardor interno sin explicación.

    Al ir caminando sentía como me escurría leche de mí culo y hacia fuerza para cerrarlo y que no saliera más para no terminar con el pantalón mojado y se notará si alguien me viera que tenía todo mojado el culo.

    Llegué a mí casa con el boxer empapado en leche me entro a duchar y veo como el boxer tenía toda esa leche mezclada con sangre, me di cuenta que el ardor era porque me había desgarrado por dentro, nada grave pero si algunos días algo dolorido.

    Esa fue una de las veces que prácticamente me obligaron además del tamaño de tremenda pija. Igualmente varias veces más la visite pero ya era más consentido y yo ya más entrenado.

    La próxima será como me encontré con la morocha Verónica y la taxista las 2 juntas que festejamos el cumple de una de ellas…

  • Un médico y la fantasía del examen de apto laboral

    Un médico y la fantasía del examen de apto laboral

    Conocí un médico en uno de los saunas a los que iba seguido, pase una tarde entera metido en un privado, con un tipo hermoso, era muy atractivo, fue una de las veces que mejor la pasé en un sauna, generalmente pasaba unas horas en las que tenía encuentros con 2 o 3 tipos, esta fue la única vez que solo estuve con un hombre, me estuvo cogiendo más de cuatro horas, tenía una pija hermosa, estaba circuncidado, cosa que me fascina.

    Charlamos mucho y me propuso que vaya un día a su consultorio antes de que empiece a atender pacientes, me dijo que le gustaba jugar un juego, la fantasía consistía en que un aspirante a un puesto laboral iba a su consultorio para saber si estaba apto físicamente para conseguir el trabajo y él era el médico que se encargaba de hacer la revisión y la aprobación dependía solo de él.

    La idea me encantó y arreglamos el día de la supuesta entrevista, me dio su teléfono y quedamos en confirmar día y hora, a los pocos días coordinamos y llego el día, habíamos hablado de las pautas generales del juego y los dos fantaseábamos muy parecido, él como el depravado que aprovechaba su posición de poder y yo la víctima que necesitaba imperiosamente conseguir el puesto, no habría un libreto, porque era imposible, solo la idea general, establecimos que el juego empezaría desde el mismo momento en que yo tocara el timbre, no habría saludos reales como las personas que habían cogido en el sauna. Yo tocaría el timbre y me anunciaría como la persona que venía a ver al médico por el examen.

    Y así fue, toque el timbre del portero eléctrico, pregunte por el doctor, me anuncie y me hizo pasar, llegue al piso y me recibió en la puerta del consultorio, le dije que venía por el apto laboral y me hizo sentar en una camilla.

    – Voy a revisarlo exhaustivamente, quítese la remera – comenzó diciendo

    Me senté en la camilla y me quite la remera, se acercó, me agarró los pezones y empezó a apretarlos bien fuerte, no pude ocultar algo de dolor y escuchó un quejido mío,

    – ¿que pasa, duele eso?

    – No doctor – contesté

    – quizás tenga un problema aquí

    Siguió apretando y retorciendo fuerte y dije

    – ¿es necesario que me apriete ahí?

    – si, tengo que asegurarme que esté todo bien

    Entonces me apretó fuerte mis testículos, siguió apretando una tetilla con una mano y con la otra abarcó todo mi bulto, que comenzó a agrandarse, no lo soltaba y siguió apretando

    – ¿y esto duele?

    – sí, un poco

    – Si duele no voy a poder aprobar su ingreso

    – por favor doctor, necesito el trabajo

    Seguía apretando los testículos y una tetilla y mi pija se iba parando, mientras se aceleraba mi respiración y soltaba unos leves gemidos.

    – se está excitando ¿es homosexual?, porque en esta empresa no aceptan homosexuales

    – no doctor, le juro que no soy homosexual

    – a mi me parece que usted tiene un problema, voy a tener que revisarlo más profundamente, baje de la camilla y sáquese los pantalones y los calzoncillos.

    Me quité todo y quede desnudo, me hizo darle la espalda y me pidió que me quede de pie e incline el torso ahora sobre el escritorio.

    – voy a tener que hacerle un tacto a ver como tiene la próstata

    – ¿Es necesario doctor?

    – si quiere que le ponga el apto, tengo que hacerlo

    – Bueno doctor, necesito mucho el trabajo, haga lo que tiene que hacer, pero hágame entrar a la empresa

    – vamos a ver, inclínese bien

    Y entonces sentí como empezó a pasar despacio y delicadamente un dedo por mi agujerito, empecé a gemir y jadear, en eso, introdujo todo el dedo, supongo que era el medio y comencé a quejarme

    – ay por Dios doctor, ¿que me está haciendo? Ay ahh mmm oh, por favor no

    – cállate y aguanta si querés el trabajo, no podés negar que te gusta

    Seguía moviendo el dedo hacia adentro y afuera como cogiéndome y yo no dejaba de gemir y emitir quejidos cada vez más femeninos.

    – te está gustando, confesá que sos puto, no lo podes ocultar

    – No doctor le aseguro que no

    – Vamos, si confesas, voy a aprobar tu ingreso

    – está bien, soy puto, me gustan los hombres pero por favor, no me rechace

    – eso depende de como te portes conmigo

    Entonces sacó el dedo e hizo que me ponga frente a él, me ordenó que me ponga de rodillas y me hizo chuparle la pija, recuerdo claramente el glande enorme gordo y con el orificio, digamos el ojito de la pija, bien abierto y grande, nunca había visto el agujerito de una pija tan abierto, empecé a chuparla muy suave y con dulzura y me dijo:

    – vamos, chupala bien, metetela bien en la boca, chupala como un hombre

    Nunca me habían dicho que la chupe como un hombre, entonces traté de tragarme todo lo que pude esa poronga de macho, la cabeza era increíblemente grande, más ancha que el tronco, y me dio mucho placer chupársela, de pronto sacó la verga, que ya estaba bien grande y dura de mi boca, me ordenó darme vuelta y ponerme como antes inclinado sobre el escritorio. Estaba a punto de penetrarme, yo sabía que al pasar la cabeza iba a dolerme, el alivio y el placer llegaría cuando entre el tronco.

    Ya no valía la pena seguir con la fantasía, lo que queríamos los dos estaba más que claro y el juego había sido muy divertido, ahora él quería romperme el culo y yo solo quería que lo haga. Estábamos los dos muy calientes como para seguir actuando, ahora queríamos coger.

    Así que me la hizo sentir bien adentro, en segundos me la metió toda hasta los huevos, y yo sabía que me la tenía que aguantar, sin quejas, a él no le gustan los maricones, es de los tipos que disfrutan cogiéndose un hombre, cuanto más machito mejor.

    – Ahh papá, oh como me coges, que verga tenés por Dios mmm, que bien lo haces, rompeme el culo papi, dale dámela toda, hijo de puta que pedazo tenés

    – toma puto, cometela toda putazo, como te gusta la pija trolo

    Y así estuvo dándome caña por más de una hora, hasta que acabamos juntos. Lo visité varias veces y jugábamos al doctor y el paciente abusado.

    Espero que les haya gustado

    Pueden dejar un comentario aquí o escribirme a mi correo:

    [email protected]

  • El secreto de Adele: Nuestro secreto

    El secreto de Adele: Nuestro secreto

    Estaba a punto de salir a almorzar cuando el sargento y detective Jones me llama por teléfono diciendo: -¡He vuelto a localizar a su chica! – Al principio no sabía de lo que me hablaba, pero luego me clarificaba los detalles. Resulta que nuestra compañía venía con una misión comunitaria y le habíamos dado cierto espacio para que los agentes de policía que trabajan al lado de nuestra ciudad no tuvieran que atravesársela para administrar sus reportes diarios; les dimos un espacio y la logística y desde ahí hacían ciertos operativos. Y es de esta manera que conocía a muchos detectives y oficiales de la policía.

    Tres meses antes a esta última llamada del detective Jones, él mismo me había interrumpido cuando caminaba cerca de estas instalaciones y de lo único que usábamos era un enorme auditorio donde conllevamos algunos entrenamientos. Recuerdo que en son de broma me decía:

    -¡Mire a todas esas lindas chicas que nos hemos conseguido!

    -¿Y esto de que trata?

    -Son edecanes… o prostitutas de la alta clase. -me explicaba.

    Todas parecían chicas muy guapas y bien vestidas y de repente me llamó la atención una chica alta de cabello largo y oscuro cuyo rostro me parecía familiar. Enfoqué mi mirada en ella y tenía la seguridad que la conocía, aunque en esta ciudad nunca hasta ese momento había tenido la oportunidad o necesidad de haber contactado a alguna prostituta. Le pregunto al detective Jones:

    -¿Sabe cómo se llama esa chica del vestido café?

    -La chica alta… ella se llama Adele M. – me contestó y me preguntó: -¿La conoce?

    -Creo conocerla… Detective Jones, me puede hacer llegar la foto de esa chica por favor.

    -Con mucho gusto… en este momento le hago llegar su archivo.

    No tenía que hacerlo, pero creo que el oficial sabía que, gracias a mí, ellos contaban con estas instalaciones que eran mucho mejor de cómo se encontraba su departamento policial. Me trae el archivo y viendo la foto que le acaban de tomar a esta chica corroboro que se trata de la misma. Es la misma Adele M. que había conocido unos tres meses atrás para las vísperas de navidad del año anterior. Pensé que ella seguía trabajando con nosotros, pero indagando con recursos humanos, me hacen saber que tiene dos meses de haber renunciado. Llamo al detective y le hago hacer saber mi petición:

    -¿Podría hacerme un favor muy confidencial detective? ¿Podría dejarla en libertad y solamente darle una advertencia?

    -¡Ningún problema Sr. Zena! En este momento hago desaparecer el archivo y la pongo en libertad.

    -¡Le agradezco mucho! -terminé diciéndole.

    Adele M. me la habían presentado tres meses atrás en esos eventos de fin de año. La habían contratado como vendedora y en ese momento era la primera mujer hispana que se unía a esta fuerza laboral en lo que era tradicionalmente un territorio de solo hombres. Cuando hablé con mi amigo Rivas quien era la persona que la había contratado y me la había presentado, me dijo que no había llegado a las expectativas y que según él se miraría con la pena de despedirla y en cambio fue ella la que le presentó su renuncia. Me dijo que Adele le había dicho, que había aceptado un trabajo donde su salario se incrementaría al 100%. Y es todo lo que me dijo y yo pues no le mencioné nada de lo que acaba de suceder en ese entonces.

    Cuando el detective Jones me dijo que nuevamente la había localizado, pensé que la tenía arrestada, pero él me explicaba que la habían localizado en una revista donde se promueve este tipo de negocios clandestinos y me hace llegar la revista donde puedo ver a esta chica de nombre Adele y que en este mundo no cambia su nombre; continúa llamándose Adele. El detective Jones me hace saber que pronto volverán a hacer otra redada y aunque no me dice que día ni a que hora, solo le dije lo siguiente: ¡Bueno, intenté ayudarla, ahora que asuma las consecuencias!

    En el tiempo que tuve la revista en mis manos puede memorizarme el teléfono que mostraba. Tan pronto se fue el detective y lo apunté en un pedazo de papel y comencé a fantasear disfrutando del cuerpo de esta bella mujer. En la revista se describía de un metro setenta y de 140 libras. No tenía que describir su cuerpo pues las fotos mostraban dos hermosos melones y un suculento trasero, el cual lo mostraba totalmente desnudo. Su conchita estaba depilada totalmente y mostraba dos tatuajes; uno en su área lumbar y el otro en la parte de su abdomen casi llegando al monte venus. Dice que tiene un arete en su conchita y el cual no se advierte en la foto y luego después le encontraba un cierto parecido a Roselyn Sánchez, esa actriz que creo es de descendencia puertorriqueña, aunque Adele tiene mucho más melones y mucho más trasero, y creo que es más bella que la actriz.

    Esa tarde estaba debatiendo sí llamarla, sí en verdad me la quería follar. Sí enredarme en algo así y que me reconociera que yo era el vicepresidente de la compañía donde ella trabajó meses atrás. Me ganó la tentación y esa tarde ya para salir de mi oficina hice el primer intento de llamarla. Dejé mi número de teléfono, pues ella no contestó y a eso de las cinco de la tarde me llama:

    -¡Hola! Usted dejó un mensaje requiriendo de mis servicios. ¿Usted no tiene que ver con ninguna agencia policial verdad?

    -No… solo busco compañía y algo de diversión. -le dije.

    -¿Y cuánto tiempo usted desea y cuando… que zona de la ciudad?

    -Hoy esta noche, una hora y media y estoy en el hotel xxx.

    -Bueno, eso le costará $550.00 más el costo del taxi.

    -¿Haces fetiches?

    -¡Si… soy de mente abierta! Pero eso lo hablamos personalmente.

    -¡Está bien! Te espero a las siete.

    Reservé la habitación del hotel, me llevé unas seis cervezas, compré unas saladitas y un paquete de tres condones. Llegaron las siete y ella me llamó diciendo que el taxi se había tomado más tiempo, aunque sé que me mentía, pues la vi bajar desde mi balcón de un todoterreno de lujo. Me llamó de un lugar cercano y me pidió que le enviara una foto mostrando el número y la puerta de mi habitación. Así lo hice y minutos más tarde alguien tocaba la puerta. Vi por la mirilla de la puerta y veo que se trata de Adele.

    Llevaba un vestido azul claro escotado, donde se podían ver en algo esos preciosos melones. El vestido estaba tan tallado a su cuerpo que se podía ver la majestuosidad de su suculento trasero. Zapatos negros que le hacía ver más alta y verdaderamente Adele se mira muy hermosa y pone su cartera en el buró donde está el televisor. Me mira y pienso que me va a reconocer, aunque creo que ella nunca me había visto vestido de una manera deportiva pues las dos veces que me vio y nos saludamos, siempre estaba con mis trajes ejecutivos. Creo que tiene un debate interno, pero no me dice nada. Lo único que me dice que es una bonita habitación y por cuanto tiempo voy a estar en la ciudad. Hacemos una pequeña conversación, pero como aquí se trata para ella de hacer dinero y yo obtener placer por minuto pagado, ella va al grano y me pregunta cuál era mi fetiche.

    -¡Sexo griego! -le contesto.

    -¡Ah… te gusta el sexo anal! Bueno, bueno… Eres un hombre alto. ¿Un metro noventa?

    -Un metro ochenta y ocho. -le digo y sonríe.

    -Bueno, no sé qué tan dotado eres todavía, pero sin ver nada y sin echarme hacia atrás… ¿Qué te parece $200?00 más?

    -$750.00 por una hora y media.

    -Si… nos olvidamos de la cuota del taxi y te acompaño por dos horas.

    -¡Esta bien! -le dije.

    Ya para esas instancias Adele se me había acercado lo suficiente y mientras ella me hacía aquella plática me ponía sus dos hermosas tetas contra mi pecho y yo le tomaba de la cintura. Pude aspirar ese perfume dulce de mujer aventurera y me la imaginaba como la había visto vistiendo casi nada o nada en la revista por la mañana. Me puso su labios rojos cerca de mi cuello y me susurró: ¿Qué te pasa por esa mente diablillo?

    Debo decir que Adele tiene una sonrisa muy linda, de dentadura perlada y perfecta. Usa poco maquillaje y su manicure y pedicura son notables en lo que es su estética. Usa un reloj color oro y un anillo color plata, pero que no insinúa que es de matrimonio. En ese momento terminaba de darle el último trago a mi cerveza y le pregunto:

    -¿Tienes novio o estás casada?

    -Si… tengo novio. – me dijo, alargando la vocal “i”.

    -¿Imagino que él no sabe nada de esto?

    -¡Por supuesto! ¡No fuéramos novios si lo supiera!

    -¿Y por qué te dedicas a esto? ¿Por qué esto?

    -Siendo honesta… curiosidad. Yo solo lo hago de vez en cuando pues tengo un trabajo regular.

    -¡De veras! ¿Y qué es lo que haces en ese trabajo?

    -Soy representante de ventas. Aunque usted no lo crea, tengo una licenciatura en mercadeo.

    -Ah… claro que te creo. Tienes una aptitud y un vocabulario de una persona educada.

    Ella se comenzó a quitar su zapatos de tacón alto sentándose en un sofá cerca de la cama y pude ver que su vestido que le llegaba por sobre las rodillas eran de esos que están abiertos de en medio y me permitía ver sus dos hermosas piernas y en el final una prenda íntima de color oscuro pues también vestía medias oscuras que hacían ver más morenas sus piernas y más sedosas. Ella me sorprendió hipnotizado por su belleza y me hacía plática:

    -Y usted… ¿Es un hombre casado me imagino?

    -Te equivocas… tengo un hijo ya mayor, pero sigo siendo soltero.

    -Creo que usted es de esos hombres que piensan que se ahorran al pagar para que les limpien sus casas, que les hagan la comida y pagar por sexo una o dos veces a la semana que, tener una mujer de planta o una esposa. – me lo decía sonriendo.

    -Quizás tengas razón.

    -¿Y que edad tienes si se puede saber?

    -En un par de meses cumplo 44.

    -Yo tengo 26 años… ya muy mayor para usted ¿verdad? -volvía a sonreír.

    -¡Pensé que eras menor de edad! -también le sonreí.

    -¡No! Ya tengo mi años. Dígame, le gustaría que tomáramos una ducha juntos.

    -¡Me parece una buena idea! -asistí.

    Me pidió que le desabrochara el vestido y le bajara el cierre. No necesitaba sostén, no llevaba. Luego le asistí con remover sus pantimedias, las cuales casi las rompo, pero finalmente Adele me queda solo en un diminuto bikini del mismo color de su vestido, pero que las pantimedias hacían ver más oscuros. Ella se puso de pie sin permitir que le removiera su prenda íntima y me comenzó a ayudar a remover mi camisa polo y mi pantalón de vestir. Me removió los zapatos y calcetines cuando me senté en la cama y al igual que ella me quedo solo con un bóxer del cual ella descubre que tienen ya una zona húmeda, pues es una delicia ver a esta chica con, y mas rico verla sin vestido.

    Caminamos hacia la regadera donde ella se pone una bolsa plástica que ya yacía en el baño y me da un abrazo y me comienza a besar los pectorales mientras con sus dos manos me masajea las nalgas y con los segundos me baja el bóxer y luego me dice: ¡Le voy a dar el honor que me remueva mis calzoncitos! – Y nuevamente me sonreía con esa mirada picara y sensual que tiene esta linda y hermosa chica. Nivela el agua a una temperatura adecuada y ambos nos metimos a la tina.

    Me enjabonó completamente y me pidió que yo hiciera lo mismo mientras la regadera caía distorsionando su rostro entre el agua. Me di gusto masajeando sus dos suculentas nalgas y acariciaba sus pechos y ella hacía lo propio con mi pene el cual se mantenía completamente erecto sintiendo las pequeñas manos de esta chica de nombre Adele. Cerró el grifo del agua y pensé que en ese momento nos secaríamos para pasar a la cama, pero Adele se agachó y me tomó la verga con su dos manos y comenzó a hacerme un oral erótico y muy delicado. Cuando hizo una pausa me dijo: Sabe… si hubiese visto esa verga antes de cobrarle, le hubiese cobrado mucho más… ¡Tiene un pedazo de carne muy grande!

    Después de un erótico oral de unos diez minutos, donde me chupó los huevos, Adele abrió de nuevo los grifos y nos aseamos nuevamente, me secó, yo le ayude a secarse y me tomó de la mano y me llevó a la cama. Ella tiene el cabello seco y se acuesta primero y desde esa posición sentada me pregunta:

    -¿Qué se le antoja hacer? ¿Qué le pasa por esa cochina mente?

    -¿Puedo saborear esos pezones, esa conchita?

    -Seguro que si puede… puede saborear todo lo que usted quiera. Lo único, que no se admire si me hace acabar rápidamente. Ya me tiene tan excitada de solo ver esa hermosa verga que tiene, que siento que es solo de segundos para que me haga correr.

    No sé si era un cumplido o artimañas de una chica que se especializa en mercadeo, pero la verdad que cuando le abrí las piernas, pude ver como le brillaba su conchita de húmeda y comencé a besarle el cuello y pronto llegué a esos hermosos melones los cuales ya me recibían bien erectos y Adele solo me dijo mientras se le escaba un gemido: ¡Carajo! ¡Que rico como me estás mamando las tetas! -Supe que Adele es de esas chicas comunicativas en el sexo, pues no solo te da expresiones o gemidos, te hace saber en palabras lo que va sintiendo. Cuando bajaba mi lengua por su abdomen por su monte venus, me tomó de las manos y me las puso en sus dos hermosos pechos y me dijo: Masajéamelas y apriétame halando el pezón… me encanta, me enciende.

    Llegué a su conchita y descubrí ese arete que su perfil en esa revista erótica mencionaba. Adele no mentía en lo que a lo excitada estaba. Sus jugos humedecían toda la entrada de su vagina que incluso en el canal de sus nalgas, se miraba como sus jugos se deslizaban por allí. Una conchita joven, con olor fresco y de sabor salado y comencé a invadir su cálido y ardiente orificio y ella solo me dijo: ¡Me vas a hacer acabar! Siento que me tiemblan ya las piernas. – Pensé que eran solo palabras para encender mucho más el ambiente, pero haciéndole el oral de una manera delicada, Adele comenzó a elevar sus caderas, haciendo ese vaivén para sentir el choque y calor de mi lengua. Le iba a hacer su primer masaje por el clítoris y se corrió diciendo: ¡Por Dios… que rica corrida! -Y me tomó la cabeza entre sus piernas y me la empujaba con sus dos manos como queriendo sentir mucha más presión y expandir la electricidad de su orgasmo. Pareció que se le calmaba la sensación y yo seguí chupándole el clítoris y de repente volvió a hacerlo y me decía: ¡Por Dios… me estás haciendo correr otra vez! ¡Que rico… méteme la verga en la conchita! -me gritó. Me fui por sobre ella y le taladré la concha con todas mis ganas con embestidas potentes y profundas que Adele solo gritaba del placer y aquello me llevó a explotar con una poderosa corrida que llenamos las sabanas de la cama. En eso sí no habíamos quedado de acuerdo, si el sexo iba a ser al natural o con protección. Adele solo me dijo al recobrar la normalidad de la respiración: ¡Qué rico me has hecho acabar y veo que tú también te has corrido! -Me limpió con unas toallas higiénicas húmedas que ella sacó de su bolso al igual que un par de condones y me dijo:

    -¡Olvide ponerte el condón! No te preocupes que yo me cuido.

    -Estaba tan excitado y cuando me pediste que te penetrara, pues ya no pensé en el condón. -le dije.

    -¡No te preocupes! Al igual yo, estaba tan excitada que ni me pasó por la cabeza. ¿Estas listo para follarme el culo?

    -¿Tú que crees?

    -Veo que necesita ayuda, pero creo saber que hacer para que esté lista.

    Me acostó a la orilla de la cama y ella se puso de rodilla y comenzó a darme más oral, donde sentí que mi verga tomaba volumen adentro de su boca. A los minutos solo podía con la mitad de mi verga y volvía a darme un oral delicado y en esa posición me volvía a chupar los testículos y masajeo eróticamente mi zona de perineo. Sacó de su cartera un tubo de lubricante y me dijo: -¿Quieres aplicármelo? -lo tomé en una de las manos, pero pensándolo se lo pregunté: ¿Te puedo comer el culo? -ella me volvió repetir lo que minutos antes me había dicho al empezar: ¡Usted puede probar todo lo que usted quiera!

    Ahora era yo quien la dirigió en ponerse de perrito o en cuatro y allí tenía el suculento trasero de Adele y podía divisar ese tatuaje por su espalda baja y comencé a comerle y pasarle la lengua por todo alrededor de las nalgas. Al principio gemía tímidamente, pero luego al paso de algunos minutos me fui acercando al canal de sus nalgas y de repente sintió la invasión de mi lengua en su ojete. Podía ver como lo contraía del placer y entre gemido y gemido me decía: ¡Carajo, tú si sabes lo que haces! – Continué invadiéndole el ojete, hasta que llegué a insertar el falange proximal de mi dedo índice y luego también el de mi dedo medio. Ella gemía cuando le hacía la invasión y me lo volvía a pedir: ¡Cómeme el culo! ¡Quiero sentir como me metes esa rica lengua en mi culo! -pasé comiéndole el culo otros diez minutos más y podía ver como su concha emanaba esa miel salada que caía empapando las sabanas.

    Llegó el momento de perforar ese rico culo y Adele había sentido mi glande llegar a su orificio. Ella solo dijo: ¡Que rico! Ve despacio que tienes una verga grande y cabezona. – Intentaba sumergir mi glande, pero su esfínter me lo rechazaba. Volvía a intentarlo y cuando lo hacía Adele solo gemía y me decía que no me moviera mucho. Me llené el falo con el lubricante que ella me había dado y volvimos a intentarlo, pero incluso con mucho lubricante parecía imposible. Adele tiene unos glúteos firmes y suculentos, pero en sí su entrada, su esfínter es muy reducido. Ella, al igual que yo no desistimos y creo que para mí era mas grande el morbo de ver cómo el esfínter de esta bella mujer me rechazaba. Finalmente lo sostuve con mis manos y empujé con más presión con mis caderas y sentí que entró una buena porción, pero pensando que igual me lo rechazaría, he empujado más, mis 22 centímetros entraron y mis huevos se acercaron a su jugosa panocha. Adele solo había exclamado con un gemido más alargado: ¡Carajo… tienes una verga que sí se hace sentir! No te muevas mucho, que me duele.

    Con los minutos le estaba haciendo un vaivén y con embestidas más sostenidas. Podía escuchar como Adele se masturbaba la conchita y de vez en cuando me masajeaba por algunos segundos los testículos. Ella estaba en posición de perrito sobre la orilla de la cama y por mi altura y mis brazos largos, podía llegar a apretarle los pezones, pero le encantó que le chaqueteara la conchita. Ella me lo decía posteriormente: No es lo mismo masturbarse a que lo masturben. – Le hacía un chaqueteo frenético en su conchita y me concentraba a estimularle su clítoris cuando hacía pausas al follarle el trasero. Ella me lo volvía repetir: Usted si sabe lo que hace, me va a hacer correrme de nuevo. Pude sentir como me mandaba ese mensaje al contraer su culo y yo no dejé de masturbarle la conchita cuando me lo gritaba: ¡No pares! Dame, dame, dame… que me vengo. Me vengo… me vengo. -Se fue de bruces por no poderse ya sostener y me he ido junto con ella y le arremeto contra su culo con embestidas violentas y Adele solo gemía y gritaba como loca. Al recuperar la respiración solo me dijo: ¡Me mató de placer! Usted si sabe coger. Terminando de decir eso estaba cuando le dejo ir mi corrida en su rico y cálido culo. Se sorprendió diciendo: ¡Se corrió en mi culo! ¡Qué caliente y rico se siente eso!

    Esta era mi segunda corrida y ella me había corroborado lo que yo intuía, que se había corrido cinco veces. Nos fuimos a dar una ducha de nuevo y en esta ocasión lo hicimos de manera separada pues Adele expulsaba mi corrida de su ano en el inodoro. Ella se duchó y salió con otro bikini de color rojo que era llamativo y se le miraba bien sensual. Tenía unas caderas de ensueño y al ver ese rico trasero en posición de perfil, se podía notar lo suculento de tan rico manjar. Ya me lo había follado, ya lo había disfrutado y lo único que no había hecho con ella era venirme en su linda boca. Yo salí con mi bóxer y todavía faltaban 45 minutos para la hora acordada. Adele me hacía plática, solo cubierta por ese diminuto bikini rojo, con cierta textura al frente y con un moño pequeño de color blanco como un adorno. Me preguntó:

    -¿Se siente satisfecho… he llenado sus expectativas?

    -Todas. -le dije y continué diciendo: -¡Cómo envidio a tu novio! Tener ese rico postre todos los días.

    -¡Quizá uste lo aprecia porque no lo tiene todos los días! Sabe, usted es un hombre muy guapo, que puede conquistar a cualquier mujer que usted quiera. Le voy a ser sincera… yo pagaría por una culeada como la que usted me ha dado… quizá yo le deba. – y reía.

    -¿Por qué lo dices?

    -Se mira que se cuida, viste bien, luce bien. Honestamente tiene un cuerpo que atrae a cualquier mujer. Desde que lo vi, verdaderamente me encantó y en el sentido sexual, nunca me esperé encontrar un miembro tan potente… Miré que con todo eso uste me ha sacado cinco orgasmos que me han hecho vibrar de la emoción.

    -¿Tu novio te satisface sexualmente?

    -¡Podría decir que si! Pero no podría decir que llegan al nivel que usted me ha hecho vivirlos.

    -¿Quizá porque radica en lo prohibido?

    -Quizá esa sea una de las razones, pero su posición física, lo que proyecta como hombre… esa seguridad, la manera como habla y esa bonita carita, a cualquier mujer vuelve loca en la cama.

    -¡Creo que verdaderamente eres una vendedora!

    -No… no me lo tomé a mal. Realmente dan ganas de complacerlo como usted quiera. Dígame… ¿Qué se le antoja ahora mismo?

    -¡Me gustaría sentir tu boca mamando mi verga!

    -Yo se la chupo hasta que se venga. ¡Vengase cuando quiera!

    Se quedó en su bikini rojo y me bajó el bóxer cuando estaba sentado en el sofá. Mi verga reaccionó al contacto de sus labios y miraba como desaparecía en parte cuando intentaba tragársela lo que mas podía. Me la pajeaba, me la mamaba, me hacía gestos sensuales, me la besaba cariñosamente y le anuncié que me venía. Ya era mi tercera corrida y aun así le salpiqué sus tetas. Adele solo me dijo cuando salía de nuevo al baño: ¡Hasta tu corrida sabe rica… tiene un sabor dulce!

    Llegó el momento que quizá Adele nunca esperó. Me estaba poniendo los pantalones y a ella ya le había asistido en poner su vestido azul celeste y sus pantimedias. Nos estábamos preparando para despedirnos cuando yo le dije:

    -¡Sabes, desde que entraste me he estado rompiendo la cabeza, pues creo que te había conocido antes!

    -¡Qué curioso! Yo también tenía esa sensación. Usted se parece a unos de mis primos… pero creo haberlo visto en algún otro lugar.

    -¿Tú eres casada verdad… y no solo es que tienes un novio? -Ella cambió el semblante.

    -¿Quién es usted? -me preguntó con una voz nerviosa.

    -¡No te preocupes… eso es irrelevante! Creo que conozco a tu madre Myriam, a tu pequeña hija de nombre Rocío y tu esposo Roger.

    -¿Quién es usted? ¿Es acaso usted un policía?

    -No… no te preocupes, pero mira ese expediente. Abre la puerta del buró y verás un archivo. Ve y revísalo.

    Adele se rehusó abrir el buró y me hizo saber con sus movimientos que saldría de la habitación. Yo la hice parar en un instante sin tocar su cuerpo: -Si sales de aquí, te juro que tu madre y esposo verán ese archivo. Te conviene verlo. -le dije. Ella dio la vuelta y se dirigió hacia el buró, no sin antes darme una mirada de odio. Vio el archivo y lo dejó caer al buró y me dijo:

    -Dígame… ¿Qué es lo que usted quiere?

    -Nada en realidad… Yo te busco en casa cuando tu marido salga a trabajar. Yo te voy a decir lo que quiero de ti.

    -Si lo que usted quiere es sexo, usted me tiene en sus manos, aunque también a usted se le puede convertir en algún escándalo.

    -¡No te preocupes de mí! Yo no tengo esposa, no tengo hijos menores, no tengo una madre, ni nadie que sienta pena por mí. Sabes Adele, ¿ves ese cargador de celular conectado ahí? Pues es una cámara que ha grabado todo lo que ha pasado aquí. Yo puedo salir como el hombre que busca el placer y tu una prostituta que debe explicar a su marido, madre y quizá un día a su hija, esto que hemos vivido hoy. No te preocupes… escúchame y realmente quiero ayudarte.

    -¿Ayudarme? Me ha cogido y me está extorsionando y dice que me quiere ayudar…

    -No lo entiendes ahora, pero si no venía hoy, quizá en esta semana te atraparía la policía. Te dejaron ir esa vez que te atraparon por petición mía. Eres una chica hermosa que a cualquier dan ganas de follar y puedes hacer dinero mientras no te atrapen. Tú ya estás en la mira de la policía y mi consejo es que te alejes del todo de esto.

    -¿Cómo? Debo un vehículo que no podre pagar y muchas cosas que no sabré como explicar.

    -¿Qué es lo que sabe tu esposo?

    -¡Nada! Según él, sigo trabajando en la misma compañía como vendedora. Y eso me daba la oportunidad de salir tarde y llegar en la noche.

    -Esta bien… vete a casa y relájate. Intentaré ayudarte.

    Aquella mujer salió cabizbaja y casi se le salían las lágrimas. Realmente me dio mucha lástima y en cierto sentido me sentía culpable de haberme aprovechado de ella, pero ciertamente quiero decir que, si alguno de ustedes hubiera estado en mis zapatos, igual se la hubieran follado. Es muy difícil resistirse a coger a esta mujer. La verdad llegué con una idea diferente donde no pasaba la idea de follármela. Una vez vi ese hermoso culo entrar en esa habitación de hotel, se me fue imposible. Me la cogí y ambos disfrutamos del sexo. Adele se fue y me dejó los novecientos dólares que había hecho un puño al salir del cuarto de hotel. Los recogí y me fui a mi casa.

    Tres días después la fui a buscar a su casa cuando sabía que su marido no estaría. Su madre abrió la puerta y salió vistiendo unos ceñidos pantalones vaqueros y una blusa muy ajustada. Me miró con desdén, pero calmó su furia para no dar una mala impresión con su madre. Estábamos en el patio frontal cerca de la acera y de una manera tosca me cuestionó:

    -¿Qué es lo que quiere?

    -Que vayas a aplicar para el puesto de vendedora a este lugar.

    -¡Lo sabía! Ya me recordé…. Usted es el presidente.

    -Si… ve y Rivas tiene por orden mío aceptar tu reintegro. Te dará el mismo salario y yo te ayudaré con lo que debes al concesionario.

    -Eso mucho… son más de mil dólares el pago de ese carro mensuales. ¡Nunca podría pagárselos!

    -Adele, no te preocupes del pago… algo imaginaremos.

    -¡Usted quiere sexo!

    -¡No sé… quizás!

    -¡Esta bien! Seré su puta, si eso es lo que usted quiere.

    -Adele, este es tu secreto y mi secreto. Si tú haces tu parte, yo haré la mía y nadie sabrá nada de esto.

    Por ese tiempo cogimos como locos y Adele fue hasta reconocida como la vendedora del año. Yo nunca tuve que ver con ese reconocimiento, pues estaba ya retirado de esa compañía. No cogemos tan seguido como en esos primeros meses, pero de vez en cuando le doy una llamada para ponernos de acuerdo. Hoy ella tiene 34 años y ese tremendo culo no deja de ser espectacular. No sé si sea mentira con ese talento de vendedora, pero me ha dicho que gusta más de coger conmigo, que con su propio marido… que, si yo lo quisiera, ella estaría dispuesta de dejar a su marido y vivir como mujer mía. Y ella me lo recuerda en son de broma… una mujer de planta sale más cara que los placeres de una puta tres veces por semana y de las sirvientas que ayudan a limpiar la casa. Hasta el momento, le dejo ir algunas cuantas corridas por año y ella se sigue corriendo de esa forma tan erótica y espectacular.

  • Mi novia y su amiga

    Mi novia y su amiga

    Primero que nada voy a intentar describirme tanto a mi como a mi novia. Y como es nuestra relación.

    Me llamo Facundo, tengo 26 años, soy Ingeniero recibido hace medio año y trabajo en el puerto de Mar del Plata. El trabajo que hago en el puerto no es en el área de ingeniería, sino de administrativo. Pero tengo un sueldo que me permite vivir solo y vivir bien. Para un chico de 26 años está más que bien.

    No me considero Brad Pitt, pero tampoco soy horrible. Tengo cierto “levante” (como se dice acá en Argentina), mido 1.85, tengo un cuerpo atlético y marcado ya que voy al gimnasio, igualmente no soy de esos chicos que están totalmente inflados no me interesa ni me gusta, estoy marcado y conforme con mi cuerpo. Lo único que no me gusta, pero tampoco me trauma demasiado es que soy pelado, en realidad tengo pelo pero las entradas ya eran prominentes así que cuando me recibí y me pelaron decidí quedarme así. Realmente no me disgusta y la mayoría de la gente me dice que me queda más sensual.

    Mi novia Belén tiene 25 años está estudiando medicina y es del sur, se vino a la Mar Del Plata a estudiar. Estamos juntos hace 5 años y aunque ella vive sola desde siempre, pero yo desde hace dos meses me mudé solo, los dos coincidimos que me vendría bien primero vivir solo y después mudarnos juntos. Y la verdad que estoy recontento viviendo solo, aunque obviamente nos vemos todo el tiempo. Con respecto a mi pija, me da un poco de vergüenza decirlo, pero tengo una buena pija, la mayoría de las chicas con las que estuve me lo dijeron, mide 18 cm y es bastante gruesa y venosa.

    Belén la verdad que es una bomba, va a sonar obvio que lo diga yo porque es mi novia, pero es la verdad. Mide 1.66, es morocha, flaca, con unas tetas hermosas y grandes para el cuerpo chiquito que tiene ya que es flaquita y chiquita, el único, pero es que no tiene tanto culo, no tiene una tabla, pero no es su fuerte. Su fuerte claramente son sus tetas, y su cara hermosa.

    Tenemos una relación muy linda y sana, la verdad es que nos amamos mucho. Y tenemos muchas cosas en común, en lo que respecta al sexo tenemos una química increíble, a los dos nos gusta el sexo sucio, a ella le gusta que la domine. No llega a ser BDSM, pero si le gusta que le cachetee el culo, le tire del pelo, la agarre del cuello, hasta que la escupa. Hace 4 meses más o menos le desvirgue el culo y desde ese día lo hacemos bastante seguido por ahí.

    Antes de contar la situación (y perdón si la estoy haciendo muy larga es mi primer relato y ya iré mejorando), debo confesar que yo soy bastante calentón en lo sexual, a pesar de tener novia y creo como les pasa a muchos hombres, me calientan mucho las mujeres. Nunca le fui infiel a Belén ni le seria, pero obviamente miro a otras mujeres y también me pajeo pensando en ellas.

    Hay una amiga de mi novia que me calienta muchísimo. Se llama Agustina, pero la vamos a llamar Tina, como le dicen todos. Tina es amiga de mi novia desde hace muchos años ya que viven cerca en el Sur y ambas se vinieron a estudiar para acá. Tiene 25 años, es psicóloga, y es mama hace 5 años, con el padre de su hija se separó antes de que naciera su hija, así que la nena pasa un mes con cada uno.

    Tina es una morocha de 1.70 aproximadamente, muy bonita de cara, con casi nada de tetas, pero con un culo impresionante desde el primer día que la conocí cuando me la presento mi novia me quede maravillado con ese culo, bien duro y paradito. Y lo que más me calentaba de Tina es que era muy puta, eso lo sabía por lo que me contaba Belén y porque en más de una oportunidad estando los 3 juntos le conto a Belén que se había comprado un consolador, o que esa semana se había cogido a 3 pibes distintos o cosas así.

    A mi novia ya le había tirado la idea de hacer algún trio con alguna chica, pero nunca termino de aceptar. Una vez me dijo que si tendría que hacer algún trio con alguna amiga suya, elegiría a Tina.

    Todo empezó un viernes a la noche donde nos íbamos a juntar a comer con mi novia, fumar un porrito (cigarrillo de marihuana) y ver una peli. Un rato antes de venir mi novia me manda:

    -Amor puedo ir con Tina, se peleó con el chico con el que estaba saliendo y esta re bajón.

    -Si, obvio. Pido una pizza más.

    Al rato de llegar de trabajar y haber comprado unas cervezas, llegaron Belén y Tina. Estaban las dos hermosas, Belu con un pantalón negro y una remera roja escotada que permitía que se le viera el escote que tiene, (ni bien la vi pensé, “que cogida te voy a pegar hoy”). Y Tina estaba con un pantalón blanco y una remera negra. Cuando pude disimuladamente le miré el culo y con ese pantalón blanco era algo increíble, y se me puso medio dura pero lo pude disimular.

    La cena transcurrió normal, ya después de comer las pizzas, nos sentamos en los sillones (dos sillones que forman una L) donde estábamos tomando cervezas y fumamos un porrito.

    En un momento Tina se va al baño, cuando se va le doy un beso a Belén y agarrándole una teta le digo:

    F: Que hermosa que estas, prepárate porque hoy te hago mierda.

    B: No espero menos, ya te quiero comer esta pija. (Mientras me agarraba la pija por encima del pantalón)

    Al llegar Tina del baño mi novia me pregunta:

    B: Amiga que paso con Juan, te peleaste?

    T: Si, es un pelotudo, no sabe lo que quiere, estoy harta de los pibes histéricos.

    B: Que lastima amiga, son unos pelotudos.

    A lo que yo digo:

    F: Epa chee, no todos!

    T: Tenés razón Facu, amiga vos te sacaste la lotería con él. Es bueno, te trata bien, te quiere y se nota que se llevan bárbaro.

    B: Y no sabes cómo me coge! -Dice Belén que ya las cervezas y la marihuana le estaban haciendo efecto.

    Yo y Tina nos quedamos con los ojos abiertos y Belén se empezó a reír y le dijo.

    B: Vos lo que necesitas es una buena pija, que te puedas coger de vez en cuando y mientras seguir buscando a alguien para ponerte de novia.

    T: Si amiga, pero no es fácil, ni conseguir novio. Ni conseguir una buena pija, los últimos boludos que me cogí, o no se les paraba o acababan a los 5 minutos. Vos porque tenés suerte.

    B: Querés que te lo preste un rato así te sacas las ganas de una buena pija?

    Ahí me quedé atónito, mientas tomaba cerveza, sentía que los chistes tenían su grado de verdad, y que se estaban midiendo entre ellas. Yo me reí fume una seca del porro y se lo pase a Belen que también fumo y se le dio a Tina, que cuando se paró para agarrarlo le dijo.

    T: No me lo digas dos veces que con la abstinencia que tengo te digo que si. Y fumo un poco.

    B: Bueno pero no me van a dejar afuera, que si se ponen a coger acá me voy a quedar caliente.

    Decía mi novia mientras me miraba con cara de puta y me deslizaba la mano por mi pierna hasta llegar a mi paquete, cuando llego a él, obviamente se dio cuenta que estaba duro, ya que toda esa situación e imaginarme cogerme a Tina en 4 me había puesto muy caliente.

    B: Epa! Alguien se puso caliente me parece, te querés coger a mi amiga mi amor? Me dijo mi novia con cara de zorra.

    F: No Belu, a vos te quiero coger. Dije yo intentando salir de la situación.

    A lo que mi novia que ya estaba completamente fuera de si y en modo puta, dijo.

    B: Pero no te gustaría cogernos a las dos?

    Me estaba apurando, ya la situación había llegado hasta allí y obviamente la idea de cogerme a las dos no me disgustaba para nada, así que dije.

    F: Si ustedes dos quiere obviamente.

    Belén le pregunto a Tina, querés?

    T: Y la verdad que ya me calenté, si.

    En ese momento mi novia me miro con cara de zorra y me guiño el ojo, se paró agarro de la mano a Tina que también se paró y me dijo:

    B: Vamos a pegarle una buena cogida a esta putita.

    Le agarro la cabeza a Tina y le dio un beso de lengua, Tina al principio no se lo esperaba pero después se lo correspondió y empezar a besarse y a tocarse. Yo al ver esta situación me bajé el pantalón y me empecé a pajear mirando como mi novia y su amiga chapaban en frente mío.

    Al dejar de besarse y verme las dos, Tina abrió los ojos grandes y Belén se rio. Y le dijo

    B: Te gusta la pija de mi novio?

    A lo que tina asintió y mi novia dijo

    B: Bueno ahora te la voy a dar pero te tenés que dejar dominar por nosotros dos y ser nuestra sumisa.

    En ese momento tuve que dejar de pajearme porque eso me hizo excitar muchísimo, yo sabía que a mi novia le gustaba con al domine, pero también le gustaba dominar y había encontrado en su amiga a alguien para dominar JUNTOS.

    T: Háganme suya.

    En ese momento me pare, me puse en frente de las dos, le di un beso con mucha lengua y baba a mi novia. Después agarre la mano de tina y se la lleve hasta mi pija, ella la agarro y con fuerza.

    Mi novia la tiro para quedado sentada frente a mi pija, ella también se sentó y le dijo:

    T: Dale putita comete la pija de mi novia.

    A lo que tina me empezó comer la pija de una manera increíble, se nota que a la muy puta le encantaba la pija porque la comía como una profesional, yo me saque la remera y el pantalón.

    Mi novia le agarraba la cabeza y se la hundía contra mi pelvis lo que hacía que Tina se ahogara, cuando se sacó la pija de la boca y tosía mi novia la le dio un beso lleno de baba y le dijo

    B: No te bancas la pija de mi novio putita?

    Y empezó a ella comerme la pija como sabia (era la mejor de todas en eso) me la empezó a chupar como si no hubiera un mañana ahogándose y comiéndomela toda.

    Así empezaron a chuparme la pija un rato cada una y a veces las dos a la vez, siempre con mi novia dirigiendo a su amiga.

    En un momento que me la estaban chupando las dos a la vez, sentí ganas de acabar, asique las hice pararse y las lleva a la habitación. Al llegar empecé a besarme con mi novia y a sacarle la remera y el corpiño, le empecé a chupar una teta y al ver que Tina miraba excitada le agarré al cabeza y le hice chuparle las tetas a mi novia. Ver a la amiga de mi novia chupándole las tetas y mi novia gozando me puso a mil. La terminé de desnudar a mi novia y le dije

    F: Vamos a desnudar a esta putita que ya debe estar toda mojada.

    Le sacamos la remera y el corpiño y me empezamos a comer las tetas pequeñas que tenía pero con unos pezones muy ricos, después le sacamos el pantalón y la pusimos de espalda apoyando las manos contra la pared, tenía una tanga negra que le marcaba ese culo perfecto.

    Mi novia me miro y me dijo:

    B: Te gusta el culo de la putita de mi amiga?

    Y después le dio un chirlo en la cola que hizo que tuviera un pequeño orgasmo.

    Yo hice lo mismo pero agarrándola del cuello. Después le saqué la tanga, y le empecé a tocar la concha que estaba toda empapada.

    F: Te gusta puta eh. Esta empapada. Que buen orto que tenés Tina.

    A lo que le seguí pajeándola, cuando tuvo su primer orgasmo.

    Le dije a mi novia que se ponga en 4 en la cama ella se puse y abrió bien las piernas dejando su culito y su hermosa concha bien abierta, agarre a tina del cuello y le dije

    F: Comele la concha a tu amiga putita dale.

    Tina se puse en 4 y le empezó a comer la concha a mi novia, que empezó a comer y a decirle

    B: Que bien que comes la concha tina, vos no serás lesbiana no putita?

    Yo me puse en frente de mi novia con la pija bien dura e hice que me la empezara a comer, así estuvimos un buen rato. Hasta que ella me dijo

    B: Vamos a comerle el orto a esta putita, pero antes…

    Se paró y agarro una soga que yo usaba para atarla a ella. Tina al ver eso puso cara de miedo, pero también se mordió el labio

    F: Mira cómo se muerde el labio la puta de tu amiga mi amor, átale las manos.

    Al atarle las manos la pusimos en 4, le pagamos un par de chirlos en la cola y le empezamos a comer la concha entre los dos, un rato cada uno, mientras nos dábamos besos y le chupábamos todos. Mi novia estaba muy entretenida comiendo la concha a la amiga, así que fui a su boca y le dije

    F: Comeme la pija Tina.

    Ella empezó a comerme la pija sin usar las manos a lo que yo aproveche para cogerle la boquita bien duro, cosa que le hizo dar algunas arcadas.

    Al Belén me dijo:

    B: Amor esta concha pide pija a gritos.

    Refiriéndose a la concha de la amiga, a lo que yo le dije,

    F: No primero te voy a coger a vos y que esta putita nos mire, quiero que este bien caliente y mojada.

    Puse a mi novia en 4 y a su amiga en frente y cogimos un rato mientras ellas chapaban, después cambiamos boca arriba pero mi novia mirando a tina, y le decía

    B: Te gusta cómo me entra la pija de mi novio? No sabes cómo se siente. Querés tener la pija de mi novio adentro mío pedazo de puta.

    Y le escupió la cara, ahí le tuve que decir que parara porque ver a mi novia siendo tan sucia y dominante con la amiga casi me hace acabar era mucho la excitación.

    Mi novia puso a su amiga en 4 y hizo que le comiera la concha mientras me decía:

    B: Cogete a esta putita mi amor.

    Ahí me puse atrás de ese culo increíble, le di un par de cachetazos y le dije

    F: Que culo que tenés hija de puta.

    Le metí la pija y le empecé a dar muy muy fuerte. Ella al ratito acabo, estaba muy caliente y después acabo un par de veces más.

    Después cambiamos y Tina fue arriba, ahí mi novia se puse en frente a ella con su concha en su cara la cual chupé y estaba toda mojada y llena de flujos.

    Tina movió el orto y se movió como una verdadera puta. Mi novia le decía

    B: Quien es la más puta de todas? Te gusta que te tratemos como a un trola?

    Mientras le daba cachetazos y a lo que tina respondía

    T: Soy muy puta me encanta la pija enorme de tu novio.

    Después cambiamos de posición devuelta, y aunque yo estaba agotado me cogí a tina de parado con eso hermoso culo que tiene y mi novia agarrándola para que no se caiga.

    Al rato de coger así, tina siguió acabando y dijo.

    T: Nunca había acabado tanto en mi vida dios, que puta que soy.

    Eso me excito mucho y me dieron muchas ganas de acabar, al avisarles.

    Mi novia hizo arrodillarse a tina y le dijo

    B: Mas vale que te tragues toda la leche putita.

    Y le acabe toda la cara y al boca a la novia de mi amiga.

    Luego nos limpiamos y nos quedamos dormidos los 3.

    A la mañana siguiente pasaron mas cosas pero eso ya es para otro relato.

    Espero que les haya gustado, es mi primer relato. Díganme que cosas tengo que mejorar.

    Patrick

  • Mi odiosa hermanastra (Parte 3)

    Mi odiosa hermanastra (Parte 3)

    «…Pero sé que no te aprovecharías al verme media desnuda, así que voy a estar tranquila» me había dicho Florencia antes de dormir. 

    El que no estaba tranquilo era yo. Sabía que mi hermanastra estaba dormida sobre el colchón que había puesto pegado a mi cama. Vestía solamente un conjunto de ropa interior blanca. La imagen de la pequeña tela metiéndose entre sus nalgas no salía de mi cabeza. Esa noche Florencia se había mostrado increíblemente sincera, e incluso amable. Y eso no ayudaba en nada. Mi amigo el cabezón se despertaba lentamente.

    Contra la pared, bajo la ventana estaba, el baúl de madera donde escondía la tanga negra que le había robado hacía unos días. Me perturbaba que estuviese tan cerca de, como diría mamá, «la prueba del delito». Aunque más me perturbaba la presencia misma de Florencia en mi habitación.

    ¿Qué pasaría ahora? ¿Seríamos amigos? Necesitaba mucho tiempo sólo para procesar esa idea. Ella seguía siendo la misma cabrona de siempre, eso seguro. No iba a cambiar de un día para otro. Pero a lo mejor, más allá de las discusiones, podíamos llevarnos bien.

    ¿Y yo qué ganaba con eso? ¿Iba a ser más fácil convivir con un minón como Florencia si nos llevábamos bien? Para nada. Más bien todo lo contrario. Preferiría odiarla.

    Pensé en mis amigos «si yo la viera así, me la cogería ahí nomás» había dicho Manu, en una exagerada muestra de hombría. Pero la frase también me comía el bocho.

    Pasaron horas. Me puse a leer algunos artículos aburridos en Internet, para que se me fuera la erección, pero no pasaba nada. Mi amigo seguía firme como soldado. Pero aun así, por suerte, empecé a sentirme cansado.

    Pero cuando parecía que por fin iba a dormir me agarraron tremendas ganas de mear. Me paré, en medio de la oscuridad. Sentí el calzoncillo apretado por la tremenda erección. Me tuve que sentar en el inodoro porque si no, iba a mear para cualquier parte. Por fin largué un extenso chorro de pis, mientras la dureza, de a poco, desaparecía.

    Volví al cuarto. Escuché la profunda respiración de Florencia. Sentí el olor de su perfume, el cual había invadido la habitación. Recordé lo que habíamos hablado hacía unas horas, y aún me parecía extraño haber intimado tanto con alguien tan irritante como ella.

    Encendí la luz.

    Como de costumbre, Florencia, en su agitado sueño, había tirado las sábanas a un costado. Me la quedé viendo un rato. Ahora estaba quieta, boca abajo. Su pierna derecha flexionada. Su espalda arqueada y desnuda, sólo estaba cubierta por el elástico del corpiño. El increíble orto, ejercitado a diario, apenas tapado por la tela de la tanga que se metía entre esos cachetes macizos.

    «… sé que no te aprovecharías al verme media desnuda…»

    Me acerqué, a puntas de pie. Era peligroso, porque si se despertaba no podría justificar estar tan cerca. Si me la quedaba mirando desde la puerta, en cambio, podría fingir que recién entraba, apagaba la luz y listo. Pero estando tan cerca no. Igual preferí arriesgarme. Me puse muy cerquita de ella y me senté en cuclillas. Florencia ahogaba las exhalaciones en la almohada. Parecía dormir profundamente. Parecía que nada podría despertarla en ese momento.

    «… Sé que no te aprovecharías…»

    Estiré la mano. Toqué el elástico de la tanga. Florencia seguía inmóvil. Observé la curva que hacia su espalda y terminaba en los hombros musculosos. Del lado derecho tenía un tatuaje. La cintura era increíblemente fina y las caderas anchas le daban ese rico aspecto «cimbreante». Moví la mano despacito, fui bajando. Rocé las nalgas. Eran suaves y duras. La erección volvió con todo. Al toque ya estaba recontra al palo.

    «si yo la viera así, me la cogería ahí nomás»

    Subí y bajé la mano encima del culo de Florencia. Se sentía demasiado bien. De repente me dieron unas tremendas ganas de besarlo. «… Sé que no te aprovecharías…» Acerqué mis labios y los apoyé en uno de los glúteos, con cautela, sin exagerar. Pero se sentía muy rico, así que tenía que seguir haciéndolo. Le besé el culo de nuevo, y de nuevo. Y cada vez con más intensidad. Al final lo lamí, dejando una marca húmeda en su trasero.

    Estaba a la expectativa de que Florencia hiciera algún ruido. No tenía que asustarme si lo hacía. Ya sabía que era común que se mueva de acá para allá estando dormida. De hecho, resultaba extraño que estuviese en esa posición, tan quieta.

    Metí la mano adentro del calzoncillo y empecé a pajearme a centímetros de mi hermanastra, sin quitar los ojos de su tremendo orto..

    Y entonces ella habló.

    -Sos un boludo -dijo.

    Giró su rostro y me miró. Mis manos estaban aún adentro del bóxer. Rio y yo me sentí patético. La situación era irremontable. Florencia se mordió el labio inferior como diciendo «qué salame». No parecía enojada, pero eso no mejoraba en nada mi situación. Lo más probable era que me gastara toda la vida con esa situación.

    Pero entonces sucedió lo más extraño de esa noche. Florencia agarró la parte trasera de su tanga, la sacó de entre sus nalgas y la corrió a un costado. Abrió más sus piernas. Su sexo quedó a la vista. Una hermosa argolla rosada que se abría frente a mis ojos.

    -Dale, cogeme de una vez -dijo.

    Apoyó la cabeza en la almohada, quedando boca abajo, como si siguiera durmiendo. Me quité el bóxer apenas entendiendo lo que pasaba. Mi pija estaba más caliente que nunca. Me arrodillé en su colchón, Apoyé las manos en sus glúteos. Los masajeé. Eran tan increíbles como parecían serlo. Me hubiese quedado toda la noche manoseando ese orto perfecto. Pero la conchita húmeda de mi hermanastra atraía como imán a mi verga.

    Me acomodé, apunté, y se la metí.

    -Despacito -dijo, aunque yo apenas se la había metido-. La tenés muy grande.

    Se la metí más adentro, con delicadeza. La cabeza avanzó hasta ser succionada por ese hueco cálido y húmedo. Florencia gimió como gata en celo. Penetré más. Las paredes vaginales apretaban mi verga. Pero el sexo parecía estar lubricado con sus fluidos, así que igual se resbalaba y se enterraba más y más. La abracé. Busqué con mis manos sus pechos, esos pechos que hacía poco había descubierto desnudos. Los masajeé, los estrujé, mientras se la metía una y otra vez. Florencia levantaba la cola y yo sentía sus perfectos glúteos chocando con mis muslos cada vez que la penetraba. Me sentía como en un sueño. Tenía miedo de que en cualquier momento me despertara.

    Y entonces acabé.

    Me rehusé a aceptar lo que estaba pasando. ¿Ya había eyaculado? La seguí penetrando, embistiéndola como si fuera un toro. Pero la verga se sentía cada vez más blanda. Hasta que llegó el momento en que ya no podía metérsela.

    -¿Qué pasó? -Preguntó Florencia. Giró y me miró con extrañeza.- ¿ya acabaste?

    -Sí -dije avergonzado.

    Mi cuerpo desnudo estaba todavía apoyado sobre ella. Me aparté, como si no fuera digno de estar junto a ella.

    -¡¿Cómo que ya acabaste?! -dijo Florencia, indignada- Encima acabaste adentro mío ¡Estás loco!

    -Sí, perdón.

    Hubo un silencio que se me antojó larguísimo, hasta que ella lo rompió.

    – Bueno, supongo que eso me pasa por estar con alguien sin experiencia. Mañana me compraré la pastilla del día después. -Extendió su mano- Vení, acostate conmigo.

    Aún con el ánimo por el piso, me coloqué a su lado. Me envolvió con sus brazos. Yo rodeé su cintura con el mío. Nos quedamos un rato así, sin decirnos nada. Florencia me acariciaba el pelo y el pecho, mientras yo magreaba sus pechos. De a poco el fracaso anterior dejó de pesarme tanto… Imaginé que fue sólo un accidente. Falta de experiencia, como dijo ella.

    Mi pija se puso al palo de nuevo.

    -¿Querés que te haga un favor? -Preguntó ella.

    -¿Un favor?

    Se inclinó y se llevó la verga a la boca. Me sorprendió, porque no sólo estaba pegoteada por mi semen, sino por sus propios fluidos que se impregnaron en mi sexo cuando la penetré. Pero a ella ese detalle le importó bien poco, y ahora saboreaba la pija condimentada con sus propios flujos.

    La sensación de su lengua era enloquecedora. El viento frío que largaba el aire acondicionado chocaba contra mi pene mojado por la saliva de Florencia, y eso hacía que sensación fuera aún más intensa. Quería cogerla de nuevo, para reivindicarme, pero la idea de retirar mi sexo de adentro de su boca, de dejar de sentir cómo Florencia me lo comía, era una locura.

    Por suerte duré más que la primera vez, aunque tampoco fue tanto como me hubiese gustado. Mi hermanastra recibió, gustosa, la eyaculación en el pecho.

    Fue al baño a limpiarse y volvió al cuarto enseguida.

    -Bueno, va a ser mejor que duerma. Mañana tengo cosas que hacer.

    Casi le digo que quería darle maza toda la noche, pero el miedo de fallarle de nuevo me hizo callar. Fui a mi cama, temeroso de ser rechazado si le pedía que durmamos juntos. Florencia no dijo nada.

    Y otra vez me costó dormir. Tenía a una mina que más que mina era una nave, ahí, durmiendo en tanguita, a centímetros de mí. Cuando la chota se me puso de nuevo dura no lo dudé ni un segundo. En medio de la oscuridad fui hasta donde estaba Florencia. Busqué su cuerpo en la penumbra. La encontré, esta vez durmiendo boca arriba. Al toque le bajé la tanguita. El corpiño no estaba. La pendeja dormía en tetas.

    -¿Qué? -dijo medio asustada, cuando se despertó. -¿Mariano?

    No respondí. Sólo me limité a montármela como la yegua que era. Tenía la conchita empapada. la había dejado calentita. Le di maza, ahora sin preocuparme tanto por metérsela con cuidado. Florencia se bancaba mi pija, y supuse que se bancaba instrumentos más grandes todavía.

    Sentí cómo rodeaba mi cintura con sus musculosas piernas, al tiempo que gemía mientras le daba matraca. En un momento largó un grito que temí fuera escuchado por nuestros padres. Le tapé la boca con mi mano y seguí dándole duro.

    Esta vez ella se vino antes que yo, lo que me dio un profundo alivio. Terminamos totalmente exhaustos, abrazados. Dormimos así, con mi pija adentro suyo.

    Al otro día fue todo muy extraño, aunque lindo. No podía quitarle la vista de encima a Florencia, y ella también se daba vuelta a mirarme cada vez que nos cruzábamos por los distintos lugares de la casa. En un momento, como un acuerdo tácito, fingimos una de nuestras clásicas discusiones frente a mamá, ya que no queríamos que sospeche que pasaba algo entre nosotros.

    Para mi desgracia, ese día el técnico por fin había arreglado el aire acondicionado del cuarto de Florencia, por lo que no teníamos excusas para dormir juntos. Esa noche le insinué si quería que viéramos una película juntos, pero me dijo que no tenía ganas.

    Terminé la noche algo decepcionado por no tenerla en mi cama de nuevo. Pero me dije que debía esperar a que ella tuviera ganas. Con los tres polvazos del día anterior debería conformarme por el momento.

    Pero a la madrugada, entre sueños, sentí una potente erección. Me desperté, y cuando abrí los ojos, lo primero que vi fue a Florencia masajeando mi pija con su lengüita de víbora. Vaya manera de amanecer.

    Mi hermanastra tomó su desayuno. Se tomó hasta la última gota de leche, sin dejar nada en el recipiente, como la nena buena que era.

    Tuvimos dos o tres días de puro sexo desenfrenado. Días de felicidad donde los orgasmos se intercalaban con momentos que podrían llamarse románticos. Pero de repente Florencia se enfrió. Y no solo eso. La vieja Florencia volvía cada tanto, con una frase denigrante.

    Pasó un día, dos, tres, cuatro. Una semana, dos semanas. Florencia no volvía a mi cama y yo no entendía qué carajos estaba pasando. Una vez se lo pregunté.

    -No somos novios. -Contestó.

    -No, claro, ya lo sé, pero…

    -No me rompas las bolas -dijo enojada. Y me dejó solo con la palabra en la boca.

    El finde se empalmaba con un feriado nacional y otro feriado puente, así que mamá y Pedro aprovecharon y se fueron a pasarlo a la costa. Las ideas me revoloteaban por la cabeza, desde el momento que me enteré que estaría cuatro días a solas con Florencia. Durante la semana ella hace sus cosas y no nos cruzamos mucho que digamos, y menos ahora que parecía esquivarme. Los fines de semana mamá y Pedro se la pasaban en casa, así que ahí tampoco teníamos tanto tiempo. Sólo cuando ella quería pasar la noche conmigo estábamos realmente juntos. Pero eso parecía haber quedado en el pasado.

    Pero bueno, pensé que era una buena oportunidad para, por lo menos, averiguar qué carajos había pasado que me cortó el rostro de un día para otro.

    Recién la pude enganchar a solas el primer feriado, cerquita de la noche. No le quise mandar mensajes. No quería hace un drama. Pretendía llevar la situación lo más naturalmente posible. Que no creyera que estaba desesperado.

    Se había puesto un vestido blanco con el que se veía despampanante.

    -Estás muy linda -dije, como al pasar.

    -Voy a salir -dijo ella, sin prestar atención al piropo.

    -Ah, vas a bailar con tus amigas.

    -No, voy a salir con alguien. -Me contestó.

    -¿Qué? ¿Con quién? -Pregunté, sintiendo cómo la tristeza me tiraba abajo.

    -No tengo por qué decírtelo Mariano, pero para que estés al tanto… Voy a salir con el profesor del que te había hablado. – largó el disparo sin siquiera mirarme.

    -¿Qué? ¿Con ese que sólo te quiere por tu cuerpo? ¿El que está casado y sólo contesta tus mensajes cuando quiere un polvo? ¡Estás loca! -dije indignado.

    -No seas hipócrita ¿Y vos para qué me querés aparte de para cogerme? ¡No te metas en mi vida!

    No supe qué responder ¿Qué sentía realmente por ella? Florencia salió de la casa dando un portazo.

    Continuará.

  • Mi primera vez fue en la casa de mi novia (1)

    Mi primera vez fue en la casa de mi novia (1)

    Siempre me pregunté qué se siente al penetrar, pero nunca tuve la menor idea acerca de cómo o qué sucede en ese momento.

    Con mi novia nunca lo habíamos hecho, aunque creo que ambos teníamos el mismo deseo.

    Normalmente solo nos besábamos, pero muy pocas veces nos tocábamos, yo le agarraba sus pechos; y ella tocar mi pene, pero sin meternos las manos dentro de la vestimenta, sino simplemente sentirlo desde afuera.

    Te imaginas las ganas con las que nos quedábamos.

    Pero un día, la fui a visitar en la casa de sus padres, y nos dejaron solos en su cuarto. Hablamos y nos besamos por mucho tiempo.

    Me animé con lo caliente que estaba bajar mi mano en su pantalón y sentí que ella estaba húmeda. Ella al no decir nada seguí metiendo mi mano.

    Y cuando sentí ella estaba poniendo sus rodillas en medio de mis piernas, tratando de sentir lo duro que tenía el pene.

    Al no aguantamos más, ella me empujó sobre la cama y subió sobre mí, y entonces le dije. «Déjame meterte mi pene», ella respondió: «no, pueden entrar mis padres».

    Le insistí y entonces dijo: «está bien, pero solo un rato y hazlo rápido».

    Yo al no saber qué hacer me levanté, levanté su vestido y le bajé su calzón. Cuando vi, estaba totalmente mojada y muy mojada.

    No sabía qué hacer, si tocarla o quedarme viendo, y ella me dice: “saca tu pene y hazlo ya, mis padres pueden vernos”.

    Así que saqué mi miembro bien duro y ella se acostó abriendo sus piernas, yo me puse sobre ella y le quise penetrar, pero no entraba, puesto que no sabía cómo hacerlo.

    Ella al ver que no sabía penetrar, agarró mi pene y se lo colocó en su vagina y digo: «allí está, empuja y entrarás dentro de mí», así que lo hice y al hacerlo ella dijo: «ah que rico».

    Cuando entré dentro de ella no pensé en otra cosa más que sentir lo rico y caliente que estar dentro de ella. Mientras ella decía: «sii, está rico, sigue y hazlo más duro decía».

    Esa vez no terminé de eyacular porque ella dijo: “pare, pare, está muy rico, pero mis padres pueden entrar en cualquier momento”. Así salí dentro de ella.

    Me quedé con el pene erecto y duro, así como ella con las ganas.

    Pasaron algunos minutos y ella me dice: “amor, me duele la vagina, pero es porque tu pene está grande, quiero hacerlo otra vez, pero no aquí, sino vayamos a un hotel, allí podremos desnudarnos y hacerlo sin que nos sospechen mis padres” decía.

    Así que planeamos irnos al hotel…

    Esta historia seguirá, en la parte 2.

  • Anónimos

    Anónimos

    Llevaba como un mes coincidiendo con aquel tipo de aspecto europeo en la cafetería a la hora de almorzar. Desde el primer día que coincidieron por casualidad, sus miradas quedaron enganchadas. Ella disimuladamente pilló varias veces a él mirándole el culo. Su magnífico culo en forma de manzana. No pudo remediar sentirse halagada. Pero durante el resto del mes, ella también se había fijado en aquel tipo que, sin duda, no era de allí. Un hombre muy alto, de complexión delgada y belleza discreta. Diría que rondaría su edad, más o menos.

    Con el paso de los días, el cruce de miradas era cada vez mayor, incluso llegaron a cierta complicidad. En la distancia de las mesas se hacían ciertos gestos. Con un asentimiento él dio su aprobación el día que ella apareció con un vestido escotado y corto que realzaba su culo. En otra ocasión fue ella la que descaradamente le escrutó de arriba abajo para acabar mordiéndose el labio inferior en una ocasión en que el tipo se levantó y se caminó en su dirección con su elegancia natural. A ella le llegó el olor de Issey Miyake que el hombre iba dejando a su paso.

    Por más que habían llegado a generar un código de comunicación, nunca habían llegado a hablar uno con la otra. No sabían sus nombres. Ni siquiera habían oído sus voces. Nunca habían cruzado una palabra. Pero entre ellos se iba generando una tensión sexual indisimulable. Cada día, ambos acudían a la cafetería para verse. Llegaban, se saludaban y se “hablaban” a su manera.

    Fue él el primero en dar el paso. Un día que ella se encontraba en la barra, él pasó justo por detrás y aprovechando el bullicio en ese momento se acercó a ella e hizo pasar su cuerpo por el de ella. No dudó en acariciar levemente su culo. La mujer suspiró y sintió un escalofrío que recorrió su espalda y se materializó humedeciendo sus braguitas.

    Ella sintió el leve roce de la mano de él sobre su vestido como única separación con la piel de su culo desnudo y cubierto únicamente por un tanga que se escondía vicioso entre sus maravillosos glúteos. Le excitó. Se mojó. Y su mente fantaseó con la mano de aquel completo desconocido.

    Aquel fue el primer roce de los siguientes que vinieron después. Invariablemente, cuando ella se acercaba a la barra a pagar su consumición él se dirigía al baño. Al pasar junto a ella siempre alargaba la mano para acariciarle el culo hasta que llegó un momento en que la mujer sacaba lo sacaba hacia atrás para que el contactó fuera más intenso. Siempre aprovechando el bullicio de clientes para evitar miradas indiscretas. Cuando él seguía su camino hacia el baño ella salía de la cafetería y lo hacía imaginando que el hombre se excitaba después de tocarla y se masturbaba.

    El comportamiento fue el mismo durante muchos días hasta que ella sintió la necesidad de salir de dudas. Aquel viernes, la mujer fue a la barra y el hombre fue a su encuentro. Al pasar junto a ella alargó la mano y ella sacó el culo. El contacto fue más directo. Más intenso. Incluso llego a hacer presión sobre los glúteos. El hombre siguió su camino hacia los baños pero la mujer no salió inmediatamente según su costumbre.

    Esta vez se encaminó hacia los baños. Arriesgándose a ser pillada se dirigió hacia el masculino. En caso de ser descubierta diría que se había confundido. Entró y estaba vacío. Un lavabo, un par de urinarios y un cubículo destinado al váter. Allí oyó un ruido ahogado. Una especie de movimiento constante de piel contra piel acompañado de una respiración forzada. Contuvo la respiración y pudo oír como alguien dentro de aquel cubículo se estaba masturbando.

    La apertura de la puerta la sorprendió quieta. Sus miradas volvieron a cruzarse. Él se detuvo al verla. Ella le sonrió con lasciva satisfacción. El hombre asintió levemente con la cabeza asumiendo lo que acababa de hacer. La mujer giró y se fue. Estaba excitada al saber que un desconocido, cada día, le cogía el culo y después se encerraba en un baño a fantasear con ella mientras se masturbaba.

    El hombre se lavó las manos y se refrescó la cara después de haberse aliviado pensando en el tremendo culo de aquella completa desconocida. Ella se había arriesgado a descubrirlo y había ganado. Tendría que dar un paso más.

    El lunes la situación fue muy diferente. Él se levantó antes de que ella fuera a la barra. Tampoco se dirigió al baño. Se marchó de la cafetería pero al pasar cerca de la mesa de ella dejó caer un trozo de papel y siguió su camino. Ella esperó dos segundos antes de agacharse a recogerlo. Lo desdobló:

    «¿Te apetecería un encuentro furtivo? Házmelo saber»

    La mujer quedó sorprendida. Aquel desconocido le estaba ofreciendo la posibilidad de tener un encuentro furtivo. Sexo prohibido, peligroso, morboso. Su cara se enrojeció. Un calor nacido en su entrepierna recorrió todo su cuerpo hasta su cara. Se notaba húmeda y su clítoris palpitaba. Miró alrededor por si alguien la había visto recoger y leer aquel papel. Nadie conocido en toda la cafetería. Las dudas se amontonaban en su cabeza y le impedían pensar con claridad.

    Volvió a su oficina dándole vueltas a la cabeza. No era una adolescente para hacer un disparate. Irse con un desconocido era una auténtica locura. Una morbosa y excitante locura. Estuvo pensando en eso durante toda la mañana y toda la tarde y toda la noche. Era una mujer casada disimuladamente aburrida. Atrapada en una relación rutinaria con polvos cada 20 días en la noche de los sábados. Quería a su marido. Y el sexo, por poco que fuera, no era malo pero a posibilidad de una aventura anónima, secreta con un desconocido era demasiado atractiva para no aprovecharla.

    El martes, en la cafetería no pasó nada. Ella no se levantó a la barra y él se fue sin tocarle el culo. El miércoles por la mañana ella habló con su jefe para tomarse la tarde libre. A su marido lo llamó por teléfono para decirle que a lo mejor se retrasaría (no sabía cuánto tiempo le llevaría aquello). Por último escribió un papelito y lo mantuvo en su mano. En la cafetería la mujer buscó al hombre con la mirada. Sus ojos se engancharon. Ella asintió levemente. Él levantó la ceja a modo de sorpresa.

    Pasado un tiempo, la mujer se levantó a la barra. El hombre se dirigió a su encuentro. Cuando llegó a su altura alargó la mano pero la mujer se giró. Quedaron frente a frente. Se miraron a los ojos. Disimuladamente, y en medio del desconcierto, ella puso un pequeño papel en la mano de él. Salió de la cafetería sin mirar atrás. Él se fue al baño. Allí leyó el papel:

    «Estaré frente a la cafetería a las 4. No tengo mucho tiempo».

    El hombre no se masturbó ese día.

    A las 4 de la tarde ella estaba frente a la cafetería. Nerviosa y sin tener claro lo que iba a hacer miraba el reloj. Decidió que si en 3 minutos no llegaba se iría. Un minuto después un coche aparcó junto a la acera. Era él.

    Hicieron el trayecto sin hablarse. Duró poco. Llegaron sobre las 4:30 a un bloque de pisos, discretos. Pisos pequeños, suficientes para lo que se usaban. Ninguno de los propietarios tenía su residencia allí. Eran pisos de “solteros”. Eran picaderos. Entraron en uno propiedad del hombre. Era sencillo pero elegante. Un pequeño salón con cocina incluida, un baño y un dormitorio.

    Una vez dentro, se miraron. Se besaron apasionadamente. Él agarraba el cuerpo de ella que suspiraba con cada recorrido de la mano de él. Echó la cabeza hacia atrás y le ofreció su busto. El no dudó en devorarlo. Sin darse cuentas estaban solamente vestidos con la ropa interior. Negro el bóxer de él que difícilmente contenía la erección de su pene. Roja la de ella, un sujetador que alzaba sus preciosas tetas algo caídas pero muy apetecibles. Cuando se quitó el sujetador el hombre se abalanzó por los pezones color marrón oscuro de la mujer. Ella suspiró con satisfacción al sentir como succionaba sus pezones.

    La tensión entre ellos había explotado. La respiración entrecortada, los gemidos, los suspiros ponían banda sonora a aquella relación prohibida y secreta. La mujer se arrodilló ante él, Estaba solamente vestida con su tanguita rojo totalmente empapado de su flujo vaginal. Su culo quedaba al aire. Lo miró a la cara cuando tiró de sus bóxer liberando una buena polla. Con un glande gordo, de color rojo intenso y del que líquido pre seminal empezaba a manar. Sin pensarlo abrió su boca y lo engulló. Era caliente, ocupaba más espacio que el de su marido, el gustaba. Sabía mucho a sexo, a morbo.

    El hombre gimió de placer cuando la mujer generó saliva y comenzó un movimiento de cabeza llevando la cabeza de la polla hasta más allá de la campanilla. Era una magnifica come-pollas. A ella le gustaba. Le encantaba comerse una buena polla, gorda, caliente y jugosa como la de aquel completo desconocido. Antes de correrse le tiró del pelo para retirar la boca. La puso de pie y la llevó a la cama.

    La mujer se tumbó boca arriba. Abrió las piernas y le ofreció un coño rasurado de labios gruesos y clítoris enorme. Se veía brillante por la lubricación. Él lo observaba, lo admiraba. Ella se acarició. Con dos dedos se abrió los labios dejando a la vista una vagina rosada, húmeda y riquísima que el hombre no dudó en devorar con ansias, con hambre. Ella gemía de gusto. Se agarró a la cabeza de él y la presionó contra su coño. Se sentía muy puta en ese momento y se excitó, más aún.

    El hombre devoraba aquellos labios vaginales de sabor exquisito. Con su lengua recorría cada pliegue de aquel coño desconocido del que no conocía ni el nombre. Desde el agujero del culo, donde intentaba meter la lengua, hasta el clítoris la paseaba. Le ardía. Le gustaba recoger todo el flujo vaginal con ella desde el inicio de la vagina hasta masajear el clítoris con la punta. Luego lo trillaba con los labios, los succionaba, lo movía con su lengua. Lo mordía hasta que ella comenzó a arquear su espalda en señal de que estaba a punto de llegar.

    En ese momento, se incorporó y abriéndole las piernas le clavó la polla en el coño. Ella gritó, luego empezó a gemir con cada empujón y golpe de cadera del hombre. Él lo notaba apretado, estrecho, como si la estuviera desvirgando. No dejó de empujar cada vez con más fuerza contra el coño de aquella mujer. Ella le besó y le araño la espalda. El gritó y se la dejó clavada muy honda durante varios segundos. La mujer la sentía muy adentro, Muy profunda. La sentía latir muy cerca de su cerviz uterino. Le estaba pegando una tremenda follada.

    De repente el hombre se detuvo. Salió de dentro de ella y el coño se quejó con un ruido como de descorche. La hizo ponerse a cuatro patas. La visión del culo y el coño de aquella mujer era espectacular. Ella colocó la cabeza sobre el colchón y llevó sus dedos a su clítoris. El hombre dio una tremenda nalgada antes de dirigir su glande al agujero del culo de la mujer. Ésta se sorprendió y dio un grito asustada pero no se retiró. Se preparó para ser sodomizada por un desconocido. Hacía mucho tiempo que no le abrían el culo. Su marido no era aficionado.

    El hombre aprovechó el flujo vaginal como lubricante y comenzó a presionar. Ella se quejaba y mordía la almohada. Su respiración era entrecortada cuando notó que el gordo glande del hombre logró avanzar. De repente, recibió una embestida fuerte que acabó por encajarle la polla hasta el fondo. SE sentía muy ocupada. La sensación del sexo anal era algo maravilloso. Siempre le había dado mucho morbo que le partiesen el culo, y en esta ocasión el morbo era mucho mayor porque era un desconocido del que no sabía ni el nombre.

    El hombre se agarró a la cadera de la mujer y comenzó una profunda y frenética metisaca sin atender a los gritos de quejas de ella. En realidad no eran quejas sino suspiros de satisfacción. Aquel culo estrecho y apretado tenía pinta de ser un experto tragón. El esfínter no había tardado demasiado en adaptarse al grosor de su polla demostrando experiencia en el sexo anal.

    El hombre estaba a punto de llegar al orgasmo cuando tiró del pelo rizado de la mujer obligándola a incorporase sin dejar de penetrar profundamente su culo. Ella gemía muy fuerte, arqueó la espalda y aceleró el movimiento de sus dedos sobre su clítoris. El hombre bufó junto a su oído en señal de que se estaba corriendo dentro de sus entrañas. Ella también gritó de placer cuando le llegó el orgasmo que se acentuó al sentir la leche caliente del desconocido inundar sus intestinos. Cayeron rendidos. Él sobre ella. Dormitaron durante unos minutos indeterminados.

    A ella se le escapaba el semen del culo que palpitaba por volver a su tamaño original después de haber sido profanado hasta lo más profundo. Se recompusieron. Sin hablar. Aquello solamente había sido sexo prohibido. No necesitaban conocer sus nombres, ni siquiera volver a verse en sus vidas. Y así sucedió. Cuando el hombre llevó a la mujer frente a la cafetería donde la había recogido nunca más volvieron a cruzarse. La mujer llamó por teléfono a su marido para anunciarle que ya volvía a casa.

  • Cuando la calentura aprieta (11)

    Cuando la calentura aprieta (11)

    El verano se fue y con ansia esperaba a que Migue empezara la universidad. Los días no querían pasar, mi ansia de placer, los hacía eternos. Seguía teniendo contacto con él. Pese a que el tenia las mismas ganas que yo, era difícil ya que las primeras semanas para un universitario son difíciles, acostumbrarse a horarios, clases, residencia, etc.

    Una tarde ya en el mes de octubre, nos encontrábamos escribiendo mensajes por whatsapp, en uno de ellos me dijo que estaba deseando volver a verme, a lo que conteste que yo estaba igual. Me dijo que si le gustaría que cuando nos viéramos hiciéramos un juego, yo le conteste que cual era ese juego. Me explicó que le gustaría que en nuestro encuentro yo hiciera todo lo que él me mandase, eso sí sin nada raro y que si había algo que me disgustaba no lo hiciera. En ese momento el sentirme dominada por un niñato me dio un morbazo. Le conteste diciendo que sí, que me gustaría probar. Terminó prometiéndome que buscaría la manera de que no tardáramos mucho en vernos.

    Y así fue, una semana más tarde me escribió, me dijo que el viernes por la mañana podíamos quedar, pero que tenía que ser en mi casa. Le contesté que no había problema.

    Ni que decir que los días que faltaban hasta el viernes fueron un suplicio para mí. Yo creo que me pone más cachonda el antes de ser infiel que el acto en sí. El saber que cierto día vas a tener sexo con alguien que no es tu esposo a mi me vuelven loca, de tal manera que incluso he llegado a masturbarme 2 o 3 veces al día solo de pensarlo.

    La tarde anterior me escribió y quedamos a una hora después de dejar a mis hijos en el colegio. Me pidió que llevara un vestido largo sin nada debajo.

    Y así lo hice, tras venir del colegio, me cambié y me puse un vestido largo de noche sin nada debajo.

    Cuando él llego, entramos y nos fuimos al salón. Nos sentamos y tras besarnos un poquito y darnos unos pocos arrumacos, él empezó a darme órdenes.

    Lo primero era que me quitara el vestido y me quedara delante de él desnuda. Me lo quité delante de él, quedándome sin nada. Él me miraba, mientras se tocaba su bulto por encima del pantalón, solo me miraba.

    Se levantó y se puso delante de mí, «ahora ponte de rodillas», me ordenó. Me puse y me dijo que lo mirara y así lo hice. «¿Te gusta que te tenga así, zorra?», escuchar aquello me estaba excitando muchísimo, sentía mi respiración acelerada y como mi coño se humedecida y calentaba. Si, le conteste. «¿Quieres mi polla?», Si la quiero, le dije mientras no paraba de mirarlo.

    Me dijo que la fuera sacando despacio. Le abrí el pantalón y se lo bajé, su pene salió en todo su esplendor. Se veía que él también estaba muy excitado ya que la tenía durísima. «Muy bien empieza a chuparla puta», así lo hice me emplee con ella, el sentir esa carne caliente en mi boca, a la vez que me estaba sintiendo utilizado por un chico de 18 me estaba poniendo malísima.

    Él me ordenó que no dejara de mirarle mientras se la chupaba. Me aparto las manos de él y agarrándome la cabeza empezó a llevar el ritmo de la felación, cada vez me movía la cabeza más fuerte, su polla me daba en la garganta, las arcadas acudían a mi boca y las lágrimas se me saltaban, pero no quería parar. De pronto me paró y se quedó quieto, note su leche salir, al tenerme en esa posición no pude sacarla y me llenó la boca de ella, sentía como bajaba por mi garganta. Tras dejarla un rato para que escupiera todo el semen, la saco y cerrándome la boca me dijo que me la tragara. Yo claramente obedecí.

    Tras levantarse se subió los pantalones y me dijo que me vistiera. Aquello me tenía descolocada, pero mi excitación hacia que no rechazara ninguna orden. Me puse otra vez el vestido. Me dijo que si podíamos tomar un café. Yo me quede un poco a cuadros, ya que pensé que me iba a quedar con el calentón que tenía en ese momento. Mientras nos lo tomábamos me dijo que si le había gustado mi desayuno. Yo le dije que sí, pero que esperaba que hubiera más. Él me dijo que estuviera tranquila que no habíamos acabado.

    Tras terminar el café me dijo que me cambiara y me pusiera el bikini que tenía la primera vez que habíamos follado. Subí a mi habitación y me lo puse, al bajar, él estaba completamente desnudo sentado en el sofá. Su polla aunque estaba flácida, tenía buen tamaño. Nuevamente me dijo que me pusiera delante de él quieta. Mientras yo estaba de pie delante de él, comenzó a masturbarse mirándome. Joder me estaba costando mucho, el no poder tocarme yo o tocarle a él. Aquello me excita de sobremanera.

    Cuando su polla ya estaba para volver al ataque, me ordeno que me quitara el bikini y me tumbara en el sofá bien abierta de piernas. Al tumbarme me dijo que empezara a tocarme, así lo hice. «Quiero que te toques hasta que te corras», sin decir nada más y mientras él se la meneaba muy lentamente, yo empecé mi masturbación. No tarde muchos minutos en llegar a correrme. Cuando termine de disfrutar ese orgasmo.

    Me pidió que me cogiera las piernas y las alzara. Se puso un condón se situó en el sofá y sin miramientos ningunos me penetro de un golpe. Igual que la primera vez fue algo bestial, era un ritmo fuerte sin bajar. Mientras seguía dándome fuerte no paraba de repetir lo puta y zorra que era. Cosa que hizo que me corriera bastante rápido. De repente saco su polla y me dijo que le quitara el condón, lo hice y me pidió que los masturbara, su leche lleno todo mi pecho y mi vientre.

    Tras correrse, me ordeno que sin limpiarme fuera y me pusiera otra vez el vestido. Yo como una niña tonta, así lo hice. Al bajar, el seguía desnudo, pero con su polla flácida. Algo normal tras haberse corrido ya dos veces. Yo no me esperaba más, claro está. Me senté junto a él y le pregunte que como es que se había corrido tan rápido esta vez, ya que la primera vez me duro más de una hora. El me contesto riéndose que la primera vez había follado con una chica la noche anterior, por lo cual aguantaba más y que desde que follo conmigo no había tenido sexo con ninguna chica, por lo cual según él estaba con los huevos llenos.

    De repente me pregunto que si me habían follado ya el culo, yo le dije que no. Pero si le dije que me había masturbado por mi ano. Me dijo que me lo quería follar. Yo claro esta después de tanto tiempo queriendo probarlo le dije que sí, pero que tuviera cuidado. Me dijo que me quitara nuevamente el vestido. Y nuevamente me puse otra vez desnuda delante de él. Pero esta vez su leche secándose adornaba todo mi torso. Me dijo que me pusiera a cuatro patas contra el respaldo del sofá. Él se acomodó detrás de mí y sentí su lengua jugar con mi agujerito.

    De repente mi ano empezó a calentarse al sentir su lengua jugando con él. No paraba de salivar mi culo. Metió un dedo, que entro dulcemente, haciendo escapar un gemido de placer por mi parte. Tras estar un ratito jugando con él, lo saco y siguió lamiendo, luego probo con dos, al principio resistió un poco pero luego entraban y salían muy bien. Repitió la operación y consiguió meter tres dedos a la vez. Una vez conseguido estuvo un buen rato metiéndolos y sacándolos.

    Y a mi cada vez me daba más placer. Escuche como se escupía en su polla y note como se la meneaba lubricándola bien. Apontoco su capullo contra mi ano y poco a poco la fue metiendo, cuando me dolía la sacaba, le escupía y la volvía a meter, pocas repeticiones después, entraba y salía sin problemas. Fue subiendo el ritmo hasta que volvió a lo que me tenía acostumbrada. No sé cómo describirlo, era un placer nuevo, ni mejor ni peor que cuando te follan el coño, era diferente. Lo que yo creía era que solamente era placer, pero de pronto note que me venía un orgasmo, no era como el vaginal, era como una explosión dentro de mí, como si mi cuerpo por dentro quisiera darse la vuelta.

    De repente sentí la maravillosa sensación de correrse por el culo. Gritaba y gemía mientras me corría, el de pronto empezó a gemir más fuerte. Al correrme yo mi esfínter se contrajo y eso hizo que él se corriera también. Me estaba corriendo a la vez que Migue me llenaba mi culo de leche. Tras dejar su polla dentro de mí y sentir esas pequeñas sacudidas mientras echa hasta la última gota de leche. Volví a mi, como si hubiera tenido un viaje astral.

    Él me dijo que ya no podía, algo natural tras las corridas que había tenido.

    Le dije que nos ducháramos juntos, así lo hicimos mientras nos comíamos a besos.

    Tras la ducha, se vistió y nos despedimos, hasta la próxima vez.

    Ya que la próxima, él sería mi juguete.

  • Esclavo de ti mismo (C. 5): Kaligari segunda fase: La pelea

    Esclavo de ti mismo (C. 5): Kaligari segunda fase: La pelea

    Samuel Huest manejó el Audi negro a través del viejo puente del lago. Tomó la bifurcación que Alfonso le indicó, junto al bosque Celefais. A Samuel todo aquello le resultaba bastante extraño. Alfonso no había comentado durante las semanas previas nada acerca de cambiar la sede de la empresa y después de todo el trabajo publicitario hecho con Marcus, una decisión así le parecía aún más fuera de lugar.

    Además, aquella ubicación tan alejada probablemente sería poco atractiva para los clientes. No obstante, Alfonso fue muy exhaustivo en explicar que se trataba de una mansión con amplios terrenos, perfectos para practicar tiro, artes marciales, e inclusive contaba con una piscina y gimnasio con los aparatos más modernos.

    Sam negó con la cabeza. Alfonso era el jefe y pese a ser amigos, sabía que únicamente debía limitarse a aconsejarlo. Pero no podía evitar el instinto de que algo no marchaba bien. Recordó la extraña llamada de esa misma mañana. A Sam le pareció detectar un cierto tono de euforia, junto con una voz algo cascada y ofuscada.

    Alfonso comentó que el portón de la entrada estaría abierto. Sam Debía conducir a través de los terrenos, estacionarse atrás de su camioneta y llamar a la puerta de la casona.

    Al toparse con la finca al fondo del camino, Sam se sorprendió. Aquello se asemejaba más a una fortaleza, que a una mansión. Volvió a negar con la cabeza, pero su instinto lo alertaba acerca de algún peligro. El Audi cruzó el portón metálico abierto de par en par y observó preocupado como este se cerraba detrás del auto. Aquella sensación de estar a punto de caer en una trampa, se intensificó, no obstante, trató de tranquilizarse. Pensó por un momento en llamar nuevamente a Alfonso, pero decidió que sólo eran ideas absurdas.

    Sam quitó las llaves del auto y cerró con un portazo. Se encaminó hacia la casona y quedó desconcertado por el lujo de aquella residencia. Contempló por unos segundos la puerta de roble decorada con un escudo de armas y un intenso color rojo, con la sensación de estar por entrar en la boca del lobo.

    Nuevamente suprimió aquel sentimiento, llamó al timbre y de inmediato alguien atendió la puerta.

    – ¿Marcus? ¿Qué haces aquí?

    Inquirió Sam sorprendido.

    -Buenos días Sam, Alfonso me invitó. Me comentó que quiere comprar esta propiedad y mudar aquí la empresa. Por lo que desea que yo la vea junto con ustedes, para ajustar la campaña publicitaria.

    Respondió Marcus con una franca sonrisa.

    -Entiendo. ¿Y dónde está Alfonso?

    Cuestionó Sam con cierta perspicacia.

    -Adentro, te espera en el salón. Ven, vamos, que ya está algo impaciente.

    Contestó Marcus.

    A Sam le pareció detectar algo de sorna en su voz, mas lo dejó pasar. Entró detrás de Marcus y cerró la puerta a sus espaldas. Por un momento fijó la vista en la increíble colección de cuadros que adornaban el vestíbulo.

    -¿Te gustan?

    Preguntó Marcus.

    -Sí, siempre me ha gustado el arte y esta es una colección exquisita. Lo que me parece un poco extraño, es que esta casona se asemeja más a una residencia que a una locación de oficinas para rentar. ¿Sabes quién es el dueño de este lugar?

    Inquirió Sam.

    -Sí, el dueño soy yo. Me alegra que te guste la colección. Después de todo a partir de ahora vas a pasar mucho tiempo en esta casona- Dijo Marcus con malicia. -De hecho, no volverás a salir de mi mansión, al menos que yo lo desee.

    -¿Qué dices?

    Cuestionó Sam, al tiempo que se puso en alerta total.

    -¡Velación! ¡Ahora mi predilecto ataca!

    Antes que Sam pudiera reaccionar, Alfonso se precipitó desde una puerta en uno de los extremos del recibidor. Se tiró sobre el ojiazul y de una patada arrojó lejos la pistola que Sam llevaba en el cinturón.

    Sam se desconcertó al percatarse que Alfonso tenía sus ojos completamente rojos, una expresión fiera, los músculos increíblemente rígidos y no llevaba camisa. -¡Alfonso soy yo, Sam!, ¡Reacciona! ¿qué diablos te sucede?

    No obstante, el castaño no prestó la más mínima atención a la voz de su amigo y por el contrario redobló su ataque. Ejecutó una patada hacia las espinillas de Sam, con el objeto de desestabilizarlo. El ojiazul trastabilló por el dolor, pero consiguió lanzar un fuerte golpe hacia la mandíbula del castaño, golpe que debió haberle noqueado, pero Alfonso ni siquiera se inmutó.

    El castaño levantó la rodilla izquierda, inclinó su cuerpo un poco hacia atrás e hizo contacto con el pie, en un esfuerzo por golpear el abdomen de Sam. Mas el ojiazul se defendió, llevó a cabo un giro con la cadera e interceptó la patada del castaño en el aire con la pierna derecha.

    Alfonso recuperó piso y lanzó una serie de golpes y patadas contra Sam, quien sólo se limitó a bloquear y esquivar lo mejor que pudo. Sam era más alto, no obstante Alfonso poseía mayor fuerza, destreza y agilidad.

    Sam efectuó una barrida con la intensión de derribar a Alfonso, mas el castaño alzó rápidamente su pierna izquierda y perpetró una patada giratoria que arrojó a Sam hacia atrás. Sam rodó por el suelo y quiso incorporarse, mas el pie de Alfonso fue más rápido y le presionó de manera violenta el cuello. A pesar de ello, Sam reunió todas sus fuerzas y aún con la falta de aire, consiguió propinar un rodillazo al castaño, que cayó encima de él.

    Sam rodó y ambos comenzaron a forcejear a través del suelo. Alfonso tiraba furiosos golpes y Sam se limitó a bloquearlo con los brazos, pues seguía sin entender la razón del ataque.

    -¿QUÉ DIABLOS TE PASA? ¡CÁLMATE ALFONSO! ¿QUÉ TIENES? ¡REACCIONA, SOY YO SAM!

    Gritó el ojiazul desesperado.

    -¡YA ES SUFICIENTE MI ESCLAVO, NOQUÉALO AHORA!

    Escuchó Sam la voz de Marcus desde el otro lado del vestíbulo.

    Aquella orden consiguió el efecto esperado. Sam al escuchar a Marcus se quedó sorprendido y no pudo evitar voltear a verlo, momento que Alfonso aprovechó para cumplir el deseo de su Amo.

    Lo último que Sam pudo distinguir, fue el puño de Alfonso que se aproximaba velozmente hacia su rostro, antes de precipitarse en la oscuridad.