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  • Dos machos de regalo

    Dos machos de regalo

    Después de cada primer encuentro sexual, suelo comentar que me excita mucho el hecho de estar con más de un activo a la vez, sean dos, sean tres, sean más, y que si presentan estudios médicos, estoy dispuesto a que me acaben donde más les guste, y a Juan también se lo había comentado.

    Juan es un oficinista, él en general me escribía los días que salía antes de su trabajo para pasar a buscarme, ir a su departamento y tener una buena tarde de sexo.

    Y así fue como una tarde me escribió, como hacía habitualmente cuando tenía ganas tener un putito sumiso y obediente. Ese día yo estaba libre, así que acepté la invitación.

    La situación se iba dando tal cual lo habitual, me daba una dirección, me pasaba a buscar, me sentaba en el asiento del acompañante e íbamos rumbo a su departamento. A veces ocurría que él tenía que pasar por algún lugar en particular a buscar sobres o papeles de su trabajo, y ese día me comenta que tenía que pasar a buscar otro sobre. En ese momento ni pensé en lo que vendría luego, ni en mi mejor fantasía lo hubiera imaginado así, estacionó, me dijo que iba a buscar algo, que ya regresaba.

    Luego de unos minutos veo que viene, pero venía junto a dos hombres, en ese momento creí que sería pura casualidad. Pero no fue así. Estando más cerca del auto me hace seña para que baje. Y ahí fue que me los presentó, eran dos amigos suyos, Marcos y Rodrigo.

    Estando todavía fuera del auto me cuenta que les había mostrado un video nuestro, en el que me penetraba fuertemente y luego me acababa en la boca haciéndome atragantar con su pija mientras me tomaba de la nuca, y me dice que a sus amigos les había gustado, que ellos querían hacerme lo mismo, a ver si me la aguantaba.

    Y ahí comenzó el juego de roles, yo el sumiso y Juan el dominante. Me dijo que suba a la parte trasera del auto, entre medio de Marcos y Rodrigo.

    Mientras Juan manejaba, Marcos y Rodrigo me manoseaban la entrepierna y me daban besos en el cuello, mientras que con cada una de mis manos yo sostenía sus gruesas pijas ya erectas y listas para introducírmelas en la boca al llegar al departamento de Juan.

    Finalmente llegamos al departamento. Fue casi instantáneo, Juan cerró la puerta y yo ya estaba arrodillado entre los tres, saboreando una pija mientras tocaba las otras, y así fui rotando, de pija de pija, chupando una por vez, sintiendo una excitación muy grande.

    Estando con hombres soy completamente sumiso, así que seguiría arrodillado hasta que los tres acabaran o hasta que Juan me dijera que hiciera otra cosa.

    Tras varios minutos de saborearles las pijas, Juan me dijo que me ponga de pie, y me empezó a comer la boca mientras Marcos y Rodrigo me daban nalgadas y me frotaban sus pijas por todo el orto. Yo ya no daba más, deseaba ser penetrado.

    Y ahí fue que terminamos yendo a la habitación de Juan, donde sin mucho preámbulo me hizo poner en cuatro patas y me la metió de una, como a mi me gusta, fuerte y duro. Mientras tanto, Rodrigo y Marcos estaban acostados en la cama, ambos boca arriba dejando sus pijas a merced de mi boca.

    Habiendo pasado algunos minutos, y con mi culo ya dilatado, Juan se detuvo y, siguiendo en su papel de dominante, le dijo a Marcos que se pusiera al borde de la cama y boca arriba, apoyando ambos pies en el suelo; a mi me ordenó que me siente en la pija de Marcos, mirándolo a la cara; y a Rodrigo le dijo que se pare en la cama, y que me diera su pija por la boca. Luego de unos minutos, Juan se asomó por mi espalda, y muy lentamente comenzó a meterme, también, su pija por el orto.

    En ese momento sentí un placer inmenso, estaba como a mi me gusta, disfrutando ser el putito de unos machos, sintiendo ambas pijas abrirme el orto, mientras la que tenía en la boca estaba húmeda y jugosa.

    Y así fueron rotándose entre orificios, cambiándome de posición, haciéndome lo que querían, porque cuando siento tanto placer solo obedezco lo que el macho ordena.

    Hasta que estuvieron por acabar, y ahí Juan volvió a detener todo. Sin mediar palabra me arrodilló delante suyo y metió fuertemente su pija en mi boca, y tomando mi cabeza empezó a bombearme por la cavidad bucal, haciéndome atragantar mientras largaba toda su sabrosa leche dentro de mi boca, con Marcos y Rodrigo parados al lado, aguardando por su turno.

    Luego de acabar me hizo acostar boca arriba, y ahí fue el turno de Marcos, que me la metió en la boca y continuó con lo que Juan había iniciado, metiéndome toda su pija hasta la garganta, haciéndome atragantar pero también disfrutar del sentimiento de su pija entrando y saliendo toda mojada y recubierta de su propia leche.

    Ahora solo restaba Rodrigo, y ahí fue que Juan me empezó a pajear a la vez que Rodrigo metía toda su pija por mi boca. Yo estaba muy excitado por toda la situación y acabé antes que Rodrigo. Mientras que la pija de Rodrigo entraba y salía fuertemente por mi boca, Juan pasaba sus dedos por mi pecho acabado, para recolectar toda mi leche e introducírmela en el ano, mientras Rodrigo soltaba toda su leche en mi boca.

    Luego de eso Juan nos llevó a cada uno a su casa, yo era el último, así que antes de llegar a mi departamento fuimos a una calle oscura y en el auto le practiqué un buen sexo oral, lento y placentero, como agradecimiento por los dos machos de regalo que me había dado aquel día.

    Y esa fue una de mis mejores experiencias sexuales con tres hombres cogiéndome a su gusto, entregándoles mi cuerpo para que lo usen como quisieran.

    Por suerte pude cumplir las expectativas de Marcos y Rodrigo luego de que hayan visto aquel video, quedaron satisfechos y al día de hoy suelen contactarme cuando quieren tener un putito sumiso y obediente que se entregue por completo. Y yo, como buen amante de la pija, les entrego todo con tal de sentir su leche calentita corriendo por mi garganta, o chorreando por mis piernas luego de que me acaben dentro.

    Los nombres de esta historia han sido modificados, ninguno de los cuatro involucrados teníamos ni tenemos enfermedades de transmisión sexual.

  • Primer trío trans

    Primer trío trans

    Como les vengo relatando mis experiencias con trans llegó la hora de contarles mi primer trío con dos de mis amantes trans preferidas.

    Ya hacía tiempo que nos encontrábamos para tener sexo con la morocha Verónica y la taxista.

    Un día después que me lleve en su taxi la burra (así la llamaba por el tamaño descomunal de su pija) y termine de pagarle el viaje con los ricos petes, me dice que el fin de semana era su cumple y que nos juntáramos a comer unas pizzas con Vero, le digo que no había problema y me dice mira que es mí cumple y quiero mí regalito mientras me tanteaba el culo, le digo podríamos arreglar otro tipo de regalo la tenés muy grande y tardaríamos toda la noche en lograr que me entrase, se ríe y nos despedimos con un beso.

    Pasaron los días hasta que llegó el momento del encuentro, llego y nos ponemos a charlar mientras comíamos y bebíamos, ellas estaban que explotaban con su vestimenta, Vero llevaba unas calzas de varios colores en la que se notaba no llevaba tanga, se le marcaba todo el bultazo, arriba un corsé de encaje blanco que le resaltaba su figura al ser medio mulata, la burra estaba con minifalda con volados muy corta que apenas le cubría el culo parado y firme que tenía, arriba una remera pegada al cuerpo sin corpiño que no dejaba nada a la imaginación con sus pezones firmes y grandes como mí dedo pulgar.

    Entre charlas y risas fue pasando la noche, charlas que iban desde lo cotidiano hasta sexuales, yo por momentos tenía unas erecciones tremendas al tener enfrente 2 yeguas tremendamente morbosas y atractivas en sus cuerpos femeninos.

    En un momento la burra va al baño y al volver viene por detrás y me tira en mí plato una tanga mientras me dice «espero no te moleste me la saqué porque me apretaba mucho y estaba incómoda» le dije como me iba a molestar si está bien que se ponga cómoda a su gusto además que era su cumpleaños, me responde «mira que para estar cómoda del todo ya sabes que regalo quiero» me hice el boludo y seguimos bebiendo hasta que Vero dice bueno brindamos? A lo que la burra se levanta para buscar el champagne del Freezer, al verla volver y por no tener la tanga se veía como le sobresalía de la minifalda casi todo ese miembro gigante, se movía de un lado a otro con cada paso, ella se dio cuenta que se la miraba y me dice «ya tenés ganas de comerla?» Y se acerca a la mesa y yo solo reacciono dándole un par de besos. Descorchamos la bebida servimos y mientras suena el feliz cumple en el equipo de música brindamos con un beso entre los 3, yo inconscientemente mientras nos besamos le agarro el matafuego a la burra que automáticamente se le fue parando y ya la tenía mojada con su líquido preseminal.

    Me vuelvo a sentar en la silla y se la comienzo a chupar como regalo de cumpleaños mientras Vero nos miraba y bebía de su copa.

    A los pocos minutos Vero ya estaba desnuda con una tremenda erección y todas sus venas sobresaliendo, la miro de reojo como invitándola a sumarse se acerca y empiezo una chupada a dúo alternando entre una y otra, no hizo falta mucho para que entre las 2 me agarraran de la mano y me llevarán a la cama, me quitaron la remera y mientras se la chupaba a Vero la burra comienza a quitarme el pantalón mí bóxer explotaba de la erección que tenía y al quitarlo ve que traía puesta una tanga muy chiquitita con solo un hilo por detrás que me partía en 2 mis labios anales, le dice a la burra mira lo que trae puesto el flaco y al verme me hicieron levantar para dar una vuelta y observar cómo me quedaba por detrás.

    Vero se sienta en el centro de la cama yo en cuatro me pongo a chuparle la pija y la burra se coloca detrás jugando con mí culo chupándomelo y succionando como buscando prepararlo, yo no tenía pensado dejarla penetrarme puesto que tenía una pija realmente descomunal de enorme.

    Se arrodilla a la altura de mí culo y empieza a refregar su pija en mí agujero todo mojado por su saliva, me daba golpes en el ano con su pija alternando con dos dedos que me los metía de golpe y los sacaba enseguida, eso me estaba provocando una calentura anal que se dio cuenta enseguida al bajar para chuparme otra vez el culo y me dice «papi que lindo ver cómo tu culo me tira besitos» es que mí ano latía abriéndose y cerrando como una boca cuando tira besos.

    Y ese fue el momento en el que sin pedir permiso ella tomó su regalo tan deseado y yo sin esperarlo no soporte. Así sin avisar ni pedir permiso me apoyo la cabeza agarrándome firme x mí cintura y yo con la pija de Vero toda dentro de la boca y con un solo envión me metió los 27 cm de un golpe todo dentro.

    Más allá de provocarme dolor o placer hizo que se me baje la presión y me desmaye, así estuve por casi 10 minutos, realmente cierto. Al despertar estaba acostado boca abajo y sentía como me taladraban con fuerza el culo, sentía mí culo completamente lleno como nunca, sentía como algo caliente me salía del culo y corría por mis testículos, era la burra que me estaba destrozando por primera vez.

    Vero vuelve a entrar en escena pero con su pija dormida y ahí entendí que mientras estuve inconsciente me había acabado en toda la cara sentía su leche ya seca pegada en todo mí rostro.

    La burra tardo unos minutos en descargar toda su leche en mí interior y mí culo ardía cada vez más con ese mar de leche caliente que estaba descargando.

    Al sacarla me la pone en la boca para limpiarla como era costumbre y veo que estaba roja, al levantarme para recuperarme un poco me pasó la mano por el culo que estaba completamente en flor y los testículos y al verme la mano lo que había sentido recorrer mí cuerpo era sangre, me había partido por dentro cuando perdí la conciencia.

    Esa fue la primer parte de esa noche tan caliente llena de sexo brutal, iré publicando a medida que tenga tiempo la continuación y varias experiencias más, saludos a todos quienes leen mis experiencias.

  • Mi cuñada se hace la tonta (Parte 2)

    Mi cuñada se hace la tonta (Parte 2)

    Estábamos en casa de mi suegra, íbamos a ver una peli y entramos al cuarto donde está el televisor que tiene aire acondicionado, mi esposa, mi cuñada, mi suegra y yo. En el cuarto solo hay dos sillas y la cama, mi esposa dice de una vez que ella quiere una silla porque le gusta estar como y mi suegra pide la otra, total que mi cuñada y yo nos tocó estar en la cama, puesto que somos friolentos era mejor porque como el aire enfriaba mucho nos tapábamos con la manta.

    Ese día recuerdo bien que mi cuñada andaba con una falda gris, que le quedaba así como con un voladito, no era ceñida al cuerpo y se veía muy bien, llegaba un poco más arriba de la mitad de sus muslos, esos muslos hermosos que eran adornados con unos vellitos dorados como el sol, un poco antes de comenzar a ver la película, yo estaba en ese cuarto viendo algo en la tele sentado en la silla, mi esposa en la cama, y mi cuñada entro a buscar algo y se agacho justo en frente de mi de tal forma que se vio completamente como cargaba un hilo de ropa interior, fue tanto que se vio que mi esposa enojada le dijo Naguará! (es una expresión típica de aquí) tápate, te pasas!, ella solo agarro lo que iba a agarrar y se fue. Créanme, mi esposa tiene unas buenas nalgas, pero mi cuñada es un abuso, esas nalgas son perfectas y hermosas, sé que debe sonar muy torcido esto, pero la realidad es la realidad.

    Entonces ya puestos para comenzar la película, el aire como era de esperarse comenzó a enfriar mucho, mi cuñada se quitó sus sandalias y se acurrucó tapándose con el cubre camas, era solo un cubre cama, así que al ratito yo también reclame mi pedazo para arroparme, estábamos los dos ahí bajo la misma manta y mi esposa y mi suegra delante de nosotros viendo el televisor. Ya ni siquiera recuerdo que película veíamos, solo estaba con el corazón agitado porque tenía a mi cuñada muy cerca, con sus pies descalzos casi rozándome y sus piernas solo tapadas con esa falda que seguramente se le había subido más el hecho de que ya sabía que un hilo era lo que atravesaba esas poderosas nalgas.

    Creo que íbamos a mitad de película cuando extendí mi mano y le agarre el pie, ella suavemente se puso más cómoda para que yo lo agarrara bien y lo atraje hacia mí y ella extendió su pierna hasta que su mie quedo sobre mi muslo y comencé a masajearlo mientras “veía” la peli. Así seguí, haciéndolo, metiendo mies dedos entre sus dedos de los pies, masajeando suavemente, con dulzura todo su pie, hasta subir a sus batatas, yo estaba más emocionado de lo que imaginan pero lo disimulaba muy bien, y no sé qué sentía ella, pero estoy seguro que debe haberle gustado porque si no se habría quitado.

    En un momento mi suegra se levantó al baño y mi cuñada flexiono sus piernas y volvió a quedar como en posición de bebé, en ese momento pensé que era el fin, y bueno, espere a que mi suegra volviera, volví a extender mi mano y esta vez ella extendió el pie solo un poco, quedando en posición fetal, acariciaba sus pies, subía por sus piernas, llegue a sus muslos y hasta pude levantar su falda, su falta estaba apretada entre sus nalgas pues la tela se había metido y la fui halando poco a poco para tocar su trasero, que rica sensación, el corazón se me iba a salir y ella estaba levantando ese trasero para dejarme tocarlo.

    Mi esposa se movió y le dieron ganas de ir al baño también y tuve que acomodarme sentado que no se notara que estaba extendido, después de eso no pude volver a hacer lo que estaba haciendo porque ya se estaba acabando la película.

    Pero sé que mi cuñada también lo disfrutó.

  • Escapada en la montaña

    Escapada en la montaña

    Matt conducía el coche por esa carretera de montaña. Sarah, sentada en el asiento del copiloto, estaba nerviosa por la sorpresa que él le había prometido.

    A medida que iba avanzando la carretera el paisaje se hacía más acogedor, un precioso bosque en la ladera de la montaña.

    Pronto se desviaron de la carretera por un camino que se adentraba entre varios árboles y que les condujo a una cabaña de madera y piedra. Rustica pero a la vez muy acogedora.

    Al entrar Sarah se sorprendió de lo amplia que era por dentro. Mientras Matt encendía la chimenea Sarah recorría la estancia percatándose de que la cabaña era mucho más acogedora de lo que ella esperaba, había varios sofás aparentemente cómodos, un par de butacas, una mesa amplia de comedor, una cocina (bastante moderna para esta casa, pensó Sarah) e incluso había una escalera a un segundo piso.

    Matt no tardó mucho en encender la chimenea y colocó dos amplias y cómodas mantas de piel en el suelo junto a la chimenea a los pies de uno de los sofás, se sentó en la manta apoyando la espalda en el sofá.

    -Ven aquí preciosa. –Dijo Matt.

    Sarah se quitó los tacones y el abrigo y se acurrucó entre sus brazos.

    Contemplaron el fuego hipnotizados degustando una copa de vino, por un momento nada más importaba, todo el estrés del día a día desapareció.

    -Que tranquilidad… -Dijo Sarah.

    -Disfruta el momento. –contestó Matt.

    -La cabaña es perfecta. –comentó Sarah mientras lo miraba sonriendo.

    -Pues aún no has visto lo mejor.-dijo Matt mientras se levantaba y ayudaba a Sarah a levantarse.

    La condujo hasta la puerta del fondo del salón y que escondía un porche con unas vistas a todo el valle y un jacuzzi que Matt se apresuró en poner en marcha mientras Sarah contemplaba todo el paisaje.

    Estuvieron abrazados un rato mirando el horizonte mientras el agua del jacuzzi cogía la temperatura.

    -No traje bañador. –dijo Sarah con voz pícara.

    -Yo tampoco. –dijo Matt mientras se desvestía completamente para entrar al jacuzzi.– ven, el agua está perfecta.

    Sarah se empezó a quitar la ropa y el corazón de Matt empezó a revolucionarse, le encantaba el cuerpo de Sarah, sus pechos, sus caderas, sus muslos… cada centímetro del cuerpo le encendía la llama.

    Sarah entro al jacuzzi con miedo a que el agua estuviera fría pero estaba perfecta, así que se sumergió hasta los hombros y se acercó a Matt. Este la colocó delante de él, sentada entre sus piernas y así poder abrazarla por la espalda mientras contemplaban el valle.

    Al sentir el roce de su piel Matt ya empezó a encenderse y mientras miraban el horizonte en silencio comenzó a besar el cuello de Sarah. Esta empezó a agitar su respiración, la situación era perfecta y ella estaba deseando que esto pasase.

    Matt seguía besándola mientras sus manos recorrían el cuerpo de Sarah, subiendo por los muslos, las caderas y agarrando sus pechos, cosa que despertó aún más el deseo en Sarah.

    Matt seguía disfrutando del cuerpo de Sarah y está empezó a notar como subía la temperatura de Matt subiendo por su espalda.

    -Esto es el paraíso. –dijo Matt

    -Aún se puede estar mejor. –dijo Sarah con su voz pícara mientras se daba la vuelta y se ponía encima de Matt.

    Sintió como Matt entró en ella y no pudo evitar un gran gemido. Lo sentía muy dentro y estaba muy dura y gorda. Comenzó a moverse sobre él mientras se besaban.

    Cada vez aumentaba más el ritmo y en cada vaivén la sentía más dentro, más placer. No podían para de gemir y como allí nadie los iba a escuchar se dejaron llevar.

    Las piernas de Sarah comenzaron a temblar de gusto y más aún cuando Matt le agarró los glúteos apretándola contra su miembro. La sintió entera dentro de ella y no pudo evitar llegar al clímax…

    Aunque Sarah ya había llegado al cielo, aún seguía cachonda, seguía sintiendo el miembro de Matt en su vagina, aun sensible después de ese orgasmo.

    -Sigamos dentro. –dijo Sarah mientras salía del jacuzzi en dirección a la chimenea, donde se tumbó en las mantas que habían puesto antes.

    Matt salió del jacuzzi aún erecto, el agua recorría su cuerpo mientras se acercaba a la chimenea.

    Sarah no pudo reprimir su impulso al ver la polla de Matt tan dura y se apresuró a metérsela en la boca antes de que Matt pudiera hacer nada. Se la chupó con deseo, como si llevara años queriendo hacer eso.

    -Yo también tengo hambre… -dijo Matt entre gemido y gemido. Se colocó en el suelo y Sarah encima sin despegar la boca de su entrepierna, dejando la cabeza de Matt entre sus piernas.

    Matt sujetó a Sarah por la cintura mientras su lengua empezó a jugar de una forma salvaje, se tenían ganas y se estaban destapando las fieras.

    Sarah sentía como Matt le llenaba la boca mientras con su lengua le hacía vibrar de placer, Matt sentía que se iba a correr con cada chupada que le hacía.

    -Necesito follarte. –gritó Matt. Y se colocó de rodillas mirando la preciosa espalda de Sarah y se la metió otra vez hasta el fondo.

    – Aummm. –gimió Sarah mordiéndose el labio. Sentía como la empotraba, como golpeaba con sus testículos en cada embestida.– no pares! –gritaba agarrando con fuerza la manta de piel.– me voy a correr otra vez, me voy, me voy, me corrooo!! –gritó una vez más mientras tenía un orgasmo espectacular.

    Jadeando aun, se dio la vuelta, Matt estaba de rodillas aun erecto.

    -Vamos a acabar con esto. –dijo Sarah mientras se echaba el pelo hacia atrás.

    Agarro el miembro de Matt y se la metió en la boca, comenzó a moverse con tanto deseo que Matt se tambaleaba de placer.

    -Oh dios! Que gustazo! Me voy a correr por todo lo alto! –gritó Matt.

    Y apuntando hacía sus pechos desnudos siguió masajeando la polla de Matt hasta que sintió el calor salpicando en su pecho…

  • Alfredo un maduro ardiente

    Alfredo un maduro ardiente

    Alfredo es un hombre de más de 60 años, pero que a pesar de su edad aún conserva un estado físico impresionante, producto de su vida como deportista. Solía pasar una vez por mes por nuestra casa a cobrar la cuota del club del cual somos socios con mi marido.

    Normalmente solo cruzamos algunas palabras y algún que otro comentario sobre cosas diarias de la vida. Ese día hacía calor, y yo andaba preparándome para irme a la pileta, tenía solo un culotte negro, y arriba estaba viendo que me ponía, cuando tocaron el portero de casa, bajé rápido para abrir y solo de pasada me pude una musculosa sin nada abajo.

    Abrí la puerta y ahí estaba Alfredo esperando para cobrar la cuota, nos pusimos hablar sobre el día que estaba lindo para la pileta y de otras cosas cuando me di cuenta que tenía media teta fuera de la musculosa, me dio vergüenza y a la vez me sentí morbosa de ver como Alfredo se babeaba con mi teta, la calentura me llevo a decirle que pase que la plata estaba arriba y él no se tardó en entrar.

    Subimos las escaleras y como queriendo seducirlo novia la cola exagerando cada paso al subir los escalones, cuando llegamos al comedor, lo miré a los ojos sonreí y sin decir nada él me agarro de la cintura y me apretó contra su miembro, estaba erecto y parecía que no pensaba bajar sin antes coger o conseguir un alivio para su verga, así que me arrodille y le bajé el short que tenía y saque de mi la puta que llevo guardada, me puse la verga en la boca, la sacaba, la recorría desde la cabeza al tronco, y el gemía y suspirando me dijo que quería más, entonces me levanté y me saque la ropa.

    Me quedé desnuda y me acosté sobre la mesa del comedor de forma que mi culito quedará bien parado, solo me agarro de la cintura y puso saliva en la entrada de mi culo, y me fue penetrando, esa verga entraba cómoda, se sentía muy bien, entonces empecé a moverme acompañando sus movimientos, hasta que se me escapó un orgasmo, me había hecho acabar con la verga en el culo, y lo estaba disfrutando tanto que no quería que se detuviera, pero no duro mucho más, y largo su semen por mi interior, y siguió empujando y yo no quería que saliera.

    Cuando ya no pudo más, y la verdad la verga se salió sola. Quedé apoyada en la mesa, sintiendo como su semen caía gota a gota por mis piernas, escurría mi culo dilatado y agradecido por tan linda cogida, solo dije “gracias Alfredo que linda verga para mi culito, ¡quiero más! sabes? Pero la próxima te quiero en mi cama, y que me cojas más”.

    Alfredo agarró la plata de la cuota y lo acompañé hasta bajar las escaleras y le abrí la puerta, cuando se iba me dijo que él la pasó bien y que le encantaba mi culito. Me sentí bien putita y feliz.

  • Por favor, padrino, por favor, haz que me corra

    Por favor, padrino, por favor, haz que me corra

    Inocencio estaba en la sala de estar comedor de su casa, que era bien sencilla, tenía un sofá bajo la ventana que daba a una galería, una mesa con diez sillas, un tresillo y enfrente de él otro sofá bajo la ventana que daba al patio, luego el mueble que tenía dos cristaleras en las que se veían platos, juegos de café, etc., en el hueco del medio estaba la tele de plasma con el reproductor de cds, amén de otras cosas y enfrente del mueble una mesa camilla en la que estaba su pc Acer donde miraba un video porno mientras acariciaba la polla. Sonó el timbre de la puerta, guardó la polla y fue a abrir. Los brazos de su ahijada Sara rodearon su espalda y le dio un tremendo abrazo. Olió su encantador perfume. Sintió sus gordas tetas espachurrarse contra el pecho. Ella sintió su polla latiendo, y le dijo:

    -Ha reconocido el olor de mi almeja.

    -¿Sigue estando igual de rica?

    -Supongo que sí.

    Inocencio antes de casarse su ahijada había hecho cochinadas con ella. La joven tenía ahora veintiséis años. Habían pasado siete años desde que contrajera matrimonio y se fuera a vivir a Madrid con su marido, ya que allí pagaban muy bien a los albañiles de primera. Haciéndole un gesto con la mano para que entrase en casa y después de cerrar la puerta, le preguntó:

    -¿Vienes sola?

    Caminando por el pasillo, le respondió:

    -Sí, y con idea de pasar un tiempo en casa de mis padres. ¿Sabes dónde van?

    -Tu padre, tu madre y mi mujer van en una excursión a Lourdes.

    -¿Van en Portugal?

    -Van, y vuelven mañana. ¿No traes maleta?

    -Está en el maletero de mi coche, pero supongo que esta noche no voy a necesitar ropa.

    -Supones bien.

    Sentándose en un sofá, sonriendo y cruzando las piernas al estilo Kim Bassinger en Instinto Básico, le dijo:

    -Te eché de menos.

    -¡Anda que yo a ti!

    Sara era alta, morena, de ojos negros, y con un cuerpazo. Ese día llevaba puesto un traje gris, compuesto por una chaqueta, una blusa blanca y una falda cortita que mostraba sus largas y torneadas piernas y calzaba unos zapatos a juego con el traje. Descalzándose, le dijo:

    -¿Qué tal las cosas por aquí, padrino?

    -Por aquí bien. ¿Cómo te va con tu marido?

    -No me va.

    -¿Qué pasó?

    -Es una historia muy larga.

    -Lo que me sobra es tiempo, cuenta.

    -¿No me vas a juzgar?

    -¿Quién soy yo para juzgarte? Cuenta que pasó.

    Sara se puso cómoda y le dijo:

    -Luis me pilló en nuestra cama con una chica de color.

    -¿Es racista?

    Su rostro se puso serio.

    -Con esas cosas pocas bromas.

    -Era para quitarle hierro a la cosa, mujer. ¿Qué hizo al pillaros?

    -Se enfadó y me llamó de todo menos bonita.

    -Cuenta cómo conociste a la chica.

    -¿Por qué quieres saberlo?

    -Es que eso de que se enfadó en vez de hacer un trío, cómo que no me cuadra. Cuenta.

    -Te cuento. Un día que estaba con Luis en un pub, vi en la barra a una joven de color muy bella, con un cuerpo de escándalo que no me quitaba los ojos de encima. Me miraba para las tetas, para las piernas, me miraba a los ojos, para las piernas otra vez, para las tetas, a los ojos… Yo miraba para ella y notaba cómo las bragas se me mojaban. Luis también la miraba y me dijo:

    -«Le gustas a la morena.»

    -De morena nada, es de color.

    -«¿Nunca tuviste fantasías con otra mujer?»

    -A mí me gustas tú.

    -«Dime la verdad. ¿Te la follarías?»

    -No.

    -«Una sola vez, por experimentar. Puedes hablar con franqueza que no me voy a molestar.»

    -No sé, si fuera una sola vez, puede que sí, pero pienso que no.

    -«Yo haría un trío con las dos.»

    -¡¿De verdad?!

    -«Follarla mientras te come el coño…»

    No me agradó la idea de ver a mi marido follando con otra, así que lo corté.

    -Déjalo ya. ¿A ti te gustaría hacer un trío conmigo y con otro hombre?

    -«¿Quieres hacerlo?»

    Su respuesta me sorprendió, pero al momento me di cuenta de que lo decía por decirlo, así que le di donde yo creía que más le dolía.

    -Pues sí, y si es con un negro, mejor que mejor. Voy al aseo. Ahora vengo.

    Estaba muy mojada, ya que mientras hablábamos la chica no dejara de mirarme. Lo cierto es que desde muy joven tenía curiosidad por saber cómo serían los besos de otra mujer, que se sentiría al comerle las tetas y al comérmelas ella a mí, que se sentiría al comerle el coño y al comérmelo ella a mí. Fui al aseo a darme dedo, pero no pude hacerlo, ya que detrás de mí vino la chica. Se puso a mi lado frente al espejo e hizo lo mismo que hacía yo, pasar el pintalabios por los labios. Haciéndolo, me dijo:

    -«Me gustas mucho.»

    ¡Qué coño! Ella también me gustaba. Le dije:

    -Estoy casada.

    -«Eso aún me pone más.»

    Le di alas.

    -Seguro que tienes mucho éxito con las lesbianas.

    Me arrinconó contra la pileta. Pintó mis labios con su pintalabios y me dijo:

    -«Y con las heterosexuales. ¿Nunca te imaginaste cómo sería?»

    Oliendo su perfume y mirándola a sus ojos negros, le respondí:

    -Alguna vez se me rondó por la cabeza esa idea, sí.

    Me pasó el dorso del dedo medio de su mano derecha por los pezones.

    -«Si pruebas conmigo comenzarán a gustarte. Siendo tu primera vez con una mujer te daría cuatro orgasmos, mínimo».

    Me pareció una fantasmada, así que le dije:

    -Menos lobos, Caperucita.

    -«Caperucita serías tú, yo sería tu loba.»

    Me cogió por la cintura y me dio un beso con sus gruesos y suaves labios, un beso tan excitante que me dejó temblando y con la piel de gallina. Le di cuerda.

    -Aunque quisiera hacerlo contigo este no es sitio para hacerlo.

    -«Aquí te puedo dar un orgasmo.»

    Su mano se metió dentro de mis bragas y encontró el coño chorreando. Me metió dos de sus largos dedos hasta el fondo del coño. No pude contenerme y le devoré la boca. Entró una chica en el aseo y se jodió la aventura. La chica lamió la palma de la mano que mojara con mis jugos, la lamió, y mirándome a las tetas, me dijo:

    -«Continuará.»

    -¿Eso quién lo dice?

    -Aminata.

    Aminata se fue del pub y yo volví a la mesa con mi marido, que me dijo:

    -«¡Qué colorada estás! ¿Te metió mano la morena?»

    Le mentí.

    -No digas tonterías.

    Era sábado y mi marido no quiso salir. Estábamos los dos en pijama mirando la tele en la sala, yo sentada en el tresillo y él en un sofá. Llamaron a la puerta y cuando volvió venía con él un muchacho de color, alto, fuerte a lo Tyson y guapo a rabiar. Mi sorpresa fue inmensa cuando se sentó a mi lado en el tresillo y en un mal español, me dijo:

    -«Me llamo Modou y tu ese me trajo para dar gusto, mujer.»

    Le dije a Luis.

    -¡¿Quieres hacer un trío?!

    -«Me dijiste que te gustaría.»

    -¡No lo decía en serio!

    -«Pues ahora te aguantas, ya le pagué al fortachón y con ese cuerpo a ver quién lo para.»

    -¿Haces esto para que hagamos después un trío con otra mujer?

    -«Exacto.»

    Su respuesta me enfadó. Le quise dar en la cara con Modou, así que le eché la mano al paquete y se la saqué. Tenía su gorda verga flácida y descapullada. La metí en la boca, le chupé la cabeza y lo masturbé. Se le puso dura en menos de un minuto. Luis había sacado su polla y se la estaba pelando mirando cómo se la mamaba. La verga de Modou de empalmada tenía un grosor que era el doble de la de mi marido y era más larga. El morbo que me daba mamar la polla de un extraño delante de mi marido hizo que mi coño se empapara. Modou me quitó la chaqueta del pijama y me mamó las tetas. Parecía un león. Debía ser la primera vez que le comía las tetas a una blanca porque me las estrujaba y me las devoraba… Me quitó el pantalón del pijama y me comió el coño con su enorme lengua, poco tiempo, ya que aquella lengua que era más grande que mi coño había sido hecha para dar placer. Corriéndome, miré para mi marido, y le dije:

    -Me corro, Luis.

    Se me cerraron los ojos y me corrí cómo una fuente. Modou bebió de mi coño cómo beben los perros.

    Sara ya había empalmado a su padrino. Ganas Le dieron de follarla allí mismo, pero la curiosidad hizo que le preguntara:

    -¿Te hicieron una doble penetración?

    -No, lo intentaron, pero con la polla de Modou en mi coño no entraba la polla de mi marido en mi culo, pero eso sí, tuve un orgasmo con Modou cómo nunca lo había tenido en mi vida. Fue potente y muy, muy, muy largo,

    -¿Y después hicisteis el trío con otra mujer?

    -Ahí, fue donde la cagué. Te cuento. A las cuatro y algo de la tarde del día siguiente Aminata llamó a mi puerta y Luis no estaba en casa. Al abrir y verla recordé los besos y sus dedos dentro de mi coño… No me extiendo… Ya me diera tres orgasmos y yo a ella uno cuando Luis nos pilló follando. Según él le había metido los cuernos y acabamos.

    -¿Cómo supo tu dirección la chica?

    -No le pregunté.

    Sara ató cabos.

    – ¡¿Crees que Luis y ella estaban de acuerdo desde un principio?!

    -Me huele que sí, y tú caíste en la trampa.

    -¡Hijos de puta!

    -Lo que no sé es el cual era el fin. ¿Tu marido tiene a otra?

    -No sé, pero Aminata no creo que sea.

    -¿Por qué no?

    Sara recordó con la dulzura que su marido besaba a Aminata, y dijo:

    -¡La madre que lo parió!

    -Lo mejor será que te olvides, con el pasado no se vive.

    -A Luis no me será muy difícil, pero a ella…

    -¿Qué te pasa con ella?

    -Que no me puedo olvidar de sus besos, eran tan dulces que me derretía con ellos, ni de la suavidad de su piel, ni de los jugos que echaba su coño al correrse, unos jugos espesos del color de la leche que sabían a yogur natural.

    Hablaba de ella como si estuviera enamorada. Le preguntó:

    -¿Tan hondo te caló?

    -Sí, Aminata era un cielo de mujer y parecía que ella también sentía algo por mí.

    -Lo mejor que puedes hacer es borrón y cuenta nueva. ¿Te apetece tomar un vino?

    -¡Una jarra me tomaría!

    Inocencio fue a la bodega y sacó una jarra de vino tinto de dos litros de un barril, luego en la cocina cortó jamón y pan, y le dijo:

    -Ven a merendar, Sara.

    -Ven tú aquí un momento.

    Fue a la sala y vio a su ahijada mirando el video que estaba mirando él.

    -Es guapa la rubita. ¿Te la estabas pelando?

    -Estaba matando el aburrimiento.

    -¿Miramos el vídeo juntos?

    -¿No quieres merendar?

    -Después.

    Inocencio se sentó en el sofá y se pusieron a mirar el vídeo. Un par de minutos más tarde, cuando el tipo frotaba la polla en el coño de la chica, Sara se quitó la chaqueta y las bragas y las echó encima del tresillo. Fue al lado de su padrino, le sacó la polla, le dio la espalda, subió la falda, cogió la polla, la puso en la entrada de la vagina, bajó el culo, la metió hasta el fondo, y le dijo:

    -Miremos el video con la polla dentro de mi coño y sin movernos ninguno de los dos.

    -Esto es algo nuevo.

    -Se me acaba de ocurrir.

    Al rato la polla dentro de su coño tenía vida propia, ya que latía sin parar. Sara, le dijo:

    -Mira cómo le entra y le sale mojadita. La chica está tan mojada cómo yo.

    A medida que pasaron los minutos su coño se contraía y apretaba la polla, polla que le respondía con latidos. Sara volvió a hablar.

    -Esa putita cómo siga tocándose el clítoris se corre en un par de minutos.

    Inocencio le desabotonó la blusa, le abrió el sujetador, le magreó las esponjosas tetas y con dos dedos jugó con sus pezones, retorciéndolos y apretándolos. Sara, le dijo:

    -La comería viva. ¡Qué polvo tiene la cabrona!

    Inocencio sentía los jugos del coño de su ahijada bañar la polla… Más adelante la polla, que seguía latiendo en su coño encharcado, le empezó a picar, y le dijo:

    -Muévete un poquito, Sara.

    -Aún no.

    Aquel polvo era una tortura. La polla le picaba cada vez más. Pasado un tiempo, Sara, le dijo:

    -Me voy a correr, padrino.

    -Si te mueves un poquito me corro yo también.

    Levantó el culo, dejó solo la cabeza de la polla en la entrada de la vagina, y le dijo:

    -Quiero que me llenes el coño de leche, padrino.

    El tipo del vídeo sacó la polla y se corrió en el vientre de la chica y ella al ver cómo se corría se corrió cómo una bendita. Inocencio le clavó la polla hasta el fondo, Sara movió el culo alrededor con la polla metida a tope. Su coño la apretó y jadeando y temblando se la anegó con una tremenda corrida, y la polla, la polla le llenó el coño con toda la leche que tenían guardada sus amigos los cojones.

    Al acabar merendaron y después de contarse infinidad de cosas acabaron en la habitación de matrimonio, habitación donde Inocencio desvirgara a su ahijada. Inocencio le comía el coño, y ella le decía:

    -… Ya casi me olvidara de lo bien que usas la lengua, padrino.

    Inocencio estaba separando con dos dedos los labios vaginales, y a la velocidad de un caracol lamía un labio, le metía y sacaba la lengua en la vagina siete u ocho veces, le lamía el otro, se la volvía a meter y sacar otras tantas veces, lamía el clítoris, y volvía a empezar… Después de casi veinte minutos de juegos, entre gemidos, le dijo Sara:

    -¿La quieres?

    -No, aguanta, aguanta si quieres ver lo que tanto te gusta.

    -Entonces no sigas.

    Dejó de comer su coño y le dio la polla a mamar al tiempo que le metía y sacaba la punta de su dedo medio en la vagina, vagina que al sacarlo intentaba apresar el dedo, era cómo si lo quisiera comer. Sara gemía y mamaba. Inocencio con la otra mano le magreaba las tetas y jugaba con sus pezones. Sintió que le venía, y le dijo:

    -Para, padrino, para si no quieres que me corra antes de tiempo.

    Inocencio paró, le sacó la polla de la boca, le metió la punta en la entrada del coño, la meneó y se corrió dentro de ella.

    Sara estaba que no podía más. Cuando su padrino volvió a meter la cabeza entre sus piernas y sintió su leche salir del coño, le dijo:

    -Por favor, padrino, por favor, Haz que me corra.

    Inocencio le cogió el culo, la levantó y lamió desde el ojete al clítoris. Sara después de cuatro lamidas, se vino diciendo:

    -¡¡¡Me corooo!!!

    Les quedaba casi toda la noche… Y a Sara una nueva vida, ya que Aminata apareció un día en la puerta de su casa y se fueron juntas.

    Quique.

  • Pillados en el acto sexual

    Pillados en el acto sexual

    Todos mis relatos son experiencias verdaderas y quizá lo único que omito son apellidos o nombres de ciudades para preservar la privacidad de los involucrados en estas anécdotas. Este es un recuento de una forma breve de las veces que he sido pillado o han estado a punto de pillarme. Algunas de estas experiencias las he compartido de una manera más extensa en el pasado, otras nunca las he compartido porque simplemente hasta ahora me doy cuenta de que son muchas. Quizá es por eso por lo que un buen día decidí relatar mis experiencias y de esa manera tener un conteo de ellas más preciso, pero siempre es imposible… siempre se me olvida alguna. Bueno, pasemos a esas experiencias donde me pillaron follando o casi me pillaban.

    Todas las experiencias al ser pillado son más que penosas, pero que te pille tu propia madre es algo que uno tiene que vivir con pena por muchos días, y mi madre no solo me pilló una vez, sino que tres veces. La primera vez fue con una chica de nombre Fabi, quien era nuestra vecina. No era mi novia, pero ese día nos calentamos mientras nos refrescábamos en la piscina y de un beso pasamos al otro, hasta que los besos llegaron a las partes íntimas. Nos fuimos a meter al guardacoches el cual tenía un ático, pero que era visible esa zona si uno entraba por la puerta de atrás. Fabi ya se había corrido y creo que fue por eso por lo que mi madre escuchó los jadeos y decidió investigar, pero yo todavía trabajaba para tocar el cielo con un vaivén endemoniado donde le daba a Fabi de perrito. A punto de correrme estaba cuando entra mi madre y nos sorprende. Fabi se echó sobre la cama y se cobijó y yo me subí los calzoncillos tan pronto como pude, pues los tenía abajo entre mis rodillas. Mi madre solo le dijo a Fabi que se vistiera y se fuera a su casa y mi madre me dio el primer sermón con respecto al tema. Similar experiencia vivimos con Gaby y una gemela idéntica de nombre Valeria, mi madre nos pilló cogiendo en el mismo ático.

    La primera vez que me pillaron afuera de mi casa y más que todo en la casa de la chica en turno, fue con la exótica y bella Tamara. Una chica que me trae buenos recuerdos y con quien todavía tengo contacto a pesar del tiempo. La madre de Tamara era una mujer vietnamesa y su padre un anglo norteamericano y Tamara era una chica rubia, de buena altura, pero con ojos achinados. Realmente era muy linda la chica y al igual que Fabi, no era mi novia, las cosas se dieron de una manera como si se tratara de una investigación, de un aprendizaje. La excusa fue el baile de ritmo de salsa, el cual Tamara quería aprender a bailar y del cual yo tenía cierta experiencia pues mi madre me involucró en ese baile. De esa manera, de baile en baile, llegamos al primer beso y escaló a lo que vendría a ser una rutina de sexo oral. Con Tamara solo eso tuvimos: Sexo Oral.

    Recuerdo que la primera vez fue Tamara la que tomó la iniciativa. Ella no iba a la universidad los viernes y yo salía a las dos de mis estudios. Me iba a su casa y sabíamos que su madre estaba ahí todo el tiempo. Poníamos música en su habitación y practicábamos el baile para no irritar a su madre con ese ritmo para ella desconocido. Ese día Tamara tenía otras intenciones y comenzó a tocarme el miembro sobre el pantalón. Dejábamos la música con cierto volumen y ese día Tamara me sacó la verga del pantalón y comenzó a mamarla. En un par de minutos me había corrido en su boca. Ella se molestó y me dijo: Tony, eres un chico muy guapo, pero si no controlas cuando correrte serás una decepción para las muchas mujeres que quieran follar contigo.

    Eso me recuerdo que me dolió y ella tomó esta rutina como algo serio. Después llegaba a que me mamara la verga y ver cuanto duraba sin eyacular. Al principio fue algo difícil, pero eventualmente logré controlar cuando me corría. Tamara procuraba estar en falda y siempre sin calzón, pues de esa manera también le daba sexo oral y ella si duraba desde el principio sus 7 a 10 minutos para correrse. Un buen día perdimos la guardia y cuando Tamara me estaba dando una rica mamada, no hemos escuchado cuando su madre ha abierto la puerta y mira a su hija con mi falo en su boca. No sé lo que le dijo, pues le hablaba a Tamara en su idioma nativo, pero pude ver su enojo y me subí el pantalón y me fui. Jamás volví a llegar a su casa, aunque siempre me encontraba con su madre, pues su esposo, quien era médico tenía un equipo de fútbol y yo jugaba con ellos. No sé si Mike su padre supo de lo acontecido, pero él nunca me mencionó nada.

    Mi experiencia con Silvia fue una que narré en una versión más extensa y que titulé Historia de la Frontera: Silvia. Con esta linda chica comenzamos a follar un día después de habernos conocidos. Creo que yo le caía bien a su madre y prácticamente me había abierto las puertas del apartamento donde ellas vivían, que estaba muy cerca de mi casa. Con esta chica cogíamos por doquier, una vez lo hicimos en una calle oscura sobre mi moto… siempre tenía que llevar condones, pero si estos no estaban disponibles, Silvia nunca me negó su rico y redondo culo.

    Ella acaba de venir a Estados Unidos y no tenía nada que hacer. En ese tiempo no estudiaba, no trabajaba y se quedaba sola en el apartamento. Yo iba casi todos los días después de las nueve pues estaba de vacaciones. Desde que entraba, era un maratón de sexo y es que, a esa edad de los 18 años, solo despertaba para seguir follando. Esa mañana ya lo habíamos hecho una vez y en la segunda, tenía a Silvia en posición de perrito en un sofá que se volvía cama por las noches y que todavía estaba en función de cama cuando yo llegaba por las mañanas. Este sofá estaba frente a la puerta de entrada y en ese momento le estaba dando por el culo a Silvia que solo gemía del placer, pues también hacía pausas para chaquetearle la conchita.

    Estábamos acostumbrados a escuchar que las puertas de los demás apartamentos se abrían y cerraban, como también escuchar las voces y gente caminando por los pasillos. Esto ya no los quitaba la concentración cuando follábamos. No recuerdo si Silvia ya se había corrido o no, pero recuerdo que yo estaba en ese proceso de sacarle toda la verga del culo a Silvia y ver como le quedaba de abierto y luego se lo volvía a enterrar. En eso estaba cuando se abrió la puerta.

    En ese momento ambos estábamos completamente desnudos y nos tomó algo de tiempo en vestirnos. Podía ver la pena de Silvia ante su madre y obviamente yo también estaba cabizbajo vistiéndome. Vi la mirada de la señora mirándome desnudo, pero no vi enojo, creo que ella sentía mas pena que nosotros. Entró a su habitación y minutos después nos gritó desde el pasillo: ¿Ya se vistieron? – Y había salido y la madre de Silvia no nos abochornó y más bien salió la madre dulce a darnos consejos, y todo se enfatizaba a que debíamos protegernos, pues una carga de un hijo era muy difícil en esos días. Creo que le caía bien a la señora, pues Silvia siempre me llamaba y me hacía llegar las invitaciones de parte de su madre para que llegara a desayunar o merendar con ellos. Llegó el punto que había veces que yo me quedaba a dormir en la sala con Silvia y su madre sabía que follábamos… no nos interrumpía. Se iba a su habitación y ya no salía. Creo que con el tiempo Silvia y su madre adquirieron una íntima confianza y un día Silvia me contaba lo que le decía su madre: ¿Y cómo te cabe tremenda pija en el trasero? -Me decía que eso si le daba pena hablar con ella, pero parecía que era un morbo de la señora que vivía con ella después de ver a su hija ser penetrada analmente por un buen pollón.

    Creo que mi experiencia con Marta Lucía se podría decir que nos pillaron, más en sí fue que nos expusimos a que nos vieran. Era una vacación en grupo a las playas de Ensenada México y aunque Marta Lucía no era mi novia, teníamos ambos una enorme atracción. Esa madrugada me quedé a dormir en la habitación donde a un lado tenía a Marta Lucía y al otro lado a Angie. Marta Lucía fue la que inició todo, masajeando mi pene sobre el pantalón corto. Al despertar bien, fui yo quien le puse mis manos por sobre su trasero el cual era realmente espectacular. Desde ese momento comenzaron los besos y pasamos a la fase de mamarles los pechos. Con algo de trabas Marta Lucía me quería impedir a que le bajara las bragas, pues a un lado estaba Angie y en la cama estaban otras dos chicas. Nos envolvimos en una toalla playera y le hice su primer oral a esta linda chica quien vivió un orgasmo a aprieta dientes, pues no quería hacer ruido para que nadie se diera cuenta. Pasamos al baño a limpiarnos y terminamos con un rico oral que me hizo Marta Lucía y donde le salpiqué ese bonito rostro. Pero luego cuando nos fuimos a acostar de nuevo, todavía calientes y con ganas de más sexo, de juego en juego le lubriqué las nalgas y sorprendentemente terminamos haciendo sexo anal, donde por la posición de “la cajita” o de lado, le podía masturbar la conchita a esta linda chica mientras le penetraba analmente y tuvo un orgasmo espectacular. Cuando recobramos la respiración normal y dispuesto a dormir, escuchamos la voz de Angie quien preguntaba: ¿Ya no van a seguir cogiendo?

    Quizá la situación más embarazosa fue la experiencia cuando nos pilló el padre de Hope Farge. Hope era una chica alta, se podría decir de cuerpo esbelto y atlético. Si no tenía mucho busto, pero si tenía un bonito y redondo trasero. Antes de follármela ya la había visto en ropa interior, pues ellos tenían una piscina a la que yo le daba mantenimiento y alguna vez la sorprendí cambiándose en el quiosco cerca de la piscina y una vez ella me sorprendió extendiendo su ropa interior o bikini de baño cuando llegaba a limpiar la piscina y fue como todo comenzó.

    Hope era unos cuantos años mayor que yo, estaba creo en su último año para graduarse de la universidad cuando todo esto sucedió. Me sorprendió extendiendo sus calzones y me preguntó: ¿Qué te imaginas? – En ese momento no sabía qué contestar y le respondí con lo primero que se me vino a la cabeza: ¡Qué te los quitaba! – recuerdo su mirada que me absorbía y se acercó a mi diciéndome: ¡Quítamelos! – Ese día llevaba un pantalón corto de color beige y unos pantis estilo bikini de color blanco. Se los removí y fue el primer sexo oral que le di y donde escuché esos gemidos cuando alcanzaba un orgasmo. Luego ella me correspondió, pero no quería que me fuera en su boca, quería que me la pajeara y me fuera en sus nalgas, pero eso de la autosatisfacción no era lo mío y ella me preguntó: – ¿No te puedes correr? -le expliqué que nunca me masturbaba y ella tomó mi falo y se lo restregaba entre sus nalgas. Pasamos cierto tiempo así, hasta que creo que le gustó y encontró placer sintiendo mi glande masajear su ojete. Este en cierto momento quedó trabado en su culo y se lo hundí. Creo que le causó dolor, pero también placer y continuamos con un vaivén y unas embestidas que la llevaron a correrse de nuevo. Con todos aquellos gemidos hizo que acabara y le llené el culo con una rica corrida.

    Aquello se repetía a cada semana que llegaba a limpiar la piscina, pues su padre trabajaba durante esas horas. Un día salió temprano y no nos dimos cuenta de que estaba allí y nos sorprendió cuando tenía a su hija literalmente culeándola a más no poder. Estábamos ambos desnudos y recuerdo la expresión de su hija a su padre: ¡Papá, por qué no avisas cuando llegas! -y su padre solo le contestó más sorprendido que nosotros: ¡Perdón! Pero ¿cómo me iba a imaginar que encontraría una escena así? – Él se fue adentro de la casa y yo salí apenado por el portón lateral de la misma. Lo sorprendente para mi fue la siguiente semana que no me aparecí a limpiar la piscina y el Sr. Farge me llamó por la noche a la casa y pidió hablar personalmente conmigo. Realmente me sentía apenado, pues literalmente me encontró culeando a su hija, pues era todo lo que hacíamos, pues pocas veces me permitía hacerle sexo vaginal, creo que Hope, le encontró el gusto al sexo anal. Sabía que no me iba a matar y que en una pelea cuerpo a cuerpo no tenía oportunidad de hacerme daño, pues era de estatura baja y yo media un metro ochenta y ocho y con más volumen que él. Fui a su casa un tanto nervioso y me dijo: – Mira muchacho, yo no soy quién para juzgarte a ti o a mi hija… ustedes ya son mayores e imagino que saben lo que hacen. Conmigo no ha cambiado nada y quiero que sigas dándole mantenimiento a la piscina si tú estés dispuesto. No sé a qué les lleve esta relación, pero eso es mucho de ustedes y yo no voy a intervenir. Yo fui joven también y los entiendo. – Me dio el pago de $45.00 de un trabajo que todavía no había hecho y me pidió que llegara el siguiente día. Esos $45.00 dólares significaban mucho para un muchacho de 18 años por esa época, si relativamente un doce de cervezas en ese entonces solo costaba entre $2.99 a $3.49 dependiendo el origen. Seguí dándole mantenimiento a la piscina y al igual a su hija, a quien me culeaba cada vez que llegaba y siempre era por la puerta trasera, eso le gustaba a Hope.

    Creo que la única vez que casi me pillaban no era cuestión de juventud. Ya tenía 45 años y en esos años me estaba follando a la vecina de la casa de atrás. Era una chica rusa de aspecto latino de unos 33 años y con un cuerpo esbelto, bien definido, de tetas pequeñas y culito redondo y sólido. Ella me comenzó a coquetear por teléfono y terminamos cogiendo en mi cama. Tenía un hijo de necesidades especiales y su marido era médico y ahora no recuerdo su especialidad. Trabajaba en un hospital en otro estado por tres días consecutivos y un día en un hospital local, así que cuando estaba afuera en otro estado, yo llegaba a darle tratamiento a su mujer. Joanna era una mujer muy caliente y fogosa en la cama, pues cuando le faltaba su marido y no la podía asistir yo, también tenía una gran cantidad de juguetes sexuales. Creo que su marido sabía de los juguetes sexuales, pero no de los traspasos infieles de su mujer. No sé si yo era el único que se la llegaba a coger, pero si sé que era el más conveniente, pues vivía a un lado de ella. Creo que su sirvienta sospechaba, pero ella no hablaba muy bien inglés y tenía ese aspecto de ser hermética y retraída. Creo que su sirvienta escuchaba cuando llegaba a su casa y literalmente culear a Joanna, pues esta mujer gemía y jadeaba como loca al correrse.

    Cuando yo llegaba, Joanna cogía conmigo o jugaba con sus juguetes. Me sorprendía su libertad de hacerlo, pues parecía que disfrutaba que la vieran como utilizaba todo aquello para encontrar placer. Un día se sinceró conmigo y me dijo: Sabes Tony, tienes una cara bonita, un cuerpo que me excita, pero lo que más me gusta de ti, es esa verga que me tortura cuando me culeas. No solo que es grande y gruesa, sino que me puedes sangrar el culo si verdaderamente te lo propones. – Algunas veces vi un hilo de sangre cuando me la culeé, pero esta chica si me llevaba al agotamiento cuando cogíamos… era esa chica de resistencia y creo que era una de las pocas o quizá la única donde experimenté calambres en el proceso de follármela.

    Un día llegué como siempre fue la rutina por ese tiempo y subí hasta su habitación donde ella follaba con su marido. Quizá fue la única que no me llevó a otra habitación… no sé si era morbo, pero su casa tenía siete habitaciones, pero siempre la culeaba en su habitación matrimonial. Teníamos ya follando más de una hora y Johanna había acabado un par de veces y yo iba por el empate cuando escuchamos los pasos por las gradas. Eran las cinco de la tarde y Johanna que sabe que su sirvienta nunca llega a su habitación me dice con tono de aflicción: ¡Tony, metete a ese armario! No sé si esa sea la traducción adecuada, pero en inglés le llamamos “closet” y es un espacio que en estas casas podrían ser más grande que una habitación normal. Era el espacio donde Johanna guarda su ropa y zapatos. Entré y me quedé ahí en silencio, pensando si Johanna había podio deshacerse de la evidencia de mis zapatos y mi ropa que había dejado en el buró de un lado de su cama.

    Con los minutos se fueron hacia la sala al piso de abajo y yo estaba desnudo, solo con mi celular el cual logré tomar al salir de su cuarto. Tiempo después supe que Johanna había metido todas mis pertenencias debajo de su cama. El problema era que yo no podía salir, estaba desnudo escondido en un closet o armario. En la noche he escuchado como el doctorcito se la coge… un palo y se fueron a dormir. No podía salir, pues en mi pantalón estaban mis llaves y un artefacto que apaga las alarmas. No tenía otra que esperar. Sé que es un nuevo día porque escucho el trino de los pájaros y yo no he dormido por temor a roncar y simplemente porque en ese estado no podía dormir. Ellos salen a tomar el desayuno y Johanna me lleva en un plato algo de comer. Solo ríe y me dice que ella me hará saber cuando salga. Junto con el desayuno me lleva mi ropa y me visto y me da un sentido de seguridad más amplio. Tengo el celular en silencio y mi hermana Kashira entra en pánico… no ha escuchado de mí en 24 horas. Llama y llama y mi celular se muere sin batería. No sé lo que le pasa por la mente a mi hermana y a mi hijo. Son los días libres del doctor y eso me dice que podría pasar ahí los siguientes dos días.

    Johanna me dice que saldrán con su esposo a caminar al río, y que salga en media hora. Yo hago el cálculo y sale un imprevisto… al doctor le han llamado y se mantiene dando información acerca de algunos pacientes. Yo ya he bajado las escaleras y estoy en la sala y en ese momento el doctor termina la conversación. La sirvienta me ha visto bajar las gradas y sabe que había estado ahí desde el día anterior, pero Johanna sabe que su esposo no me vio bajar las escaleras y le dice a su esposo con una historieta que él y yo podría encontrar sentido: Cariño, es el señor Zena, nuestro vecino y quería pasar atrás a recoger las pelotas de tenis que arrojan a nuestro patio. La verdad que nunca había llegado por las pelotas, y pasé al patio trasero y lancé unas cuantas docenas al patio trasero de mi casa. Lo increíble para mi fue pasar más de 24 horas escondido en un armario y escuchar a Johanna, ser cogida por su marido.

    No sé si se me ha escapado alguna experiencia, pero ya cuando llegas a tu quinta década, hay muchas cosas que olvidamos y de seguro se me escapa alguna, especialmente si eres una persona promiscua como yo lo he sido. A mi me admira cuando alguien me dice que solo se han follado a tres o cuatro mujeres en su vida… o más aun cuando solo a sido una… creo que eso es especial. En cambio, yo, pensé que follarse a cincuenta chicas eran pocas, pero creo que para mis 21 años ya me había follado las cincuenta y a mis 50, intento recordar cuantas mujeres han pasado por mi cama y creo que han sido más de doscientas.

  • Tarde de tormenta y aceite de jazmín sobre nuestro cuerpo

    Tarde de tormenta y aceite de jazmín sobre nuestro cuerpo

    No os lo negaré, me encanta el sexo y me encantan los hombres, pero hay una cosa que tampoco puedo negar y es que me encanta el cuerpo de una mujer y en mi caso el de mi querida amiga Sofía… no os negaré que nos hemos acostado en más de una ocasión, nos hemos amado y querido, llevamos toda la vida juntas y no podemos negar que nos sentimos atraídas sexualmente y a pesar de ello las dos tenemos claro que… nos gustan los hombres.

    Esta historia empieza cuando llevamos el vestido de novia de Sofía a la casa de sus padres, en dos semanas Sofía se casara con Sergio, su novio desde la universidad.

    Conducía destino a Cullera, Sofía a mi lado y un cargamento valioso detrás de nosotras que eran nuestros vestidos, el suyo blanco de novia y el mío, simplemente el de su mejor amiga, es viernes y la carretera se ve llena a pesar del mal tiempo, estamos a primeros de junio y el cielo amenaza tormenta cuando llegamos a media tarde, estamos en la casa de la playa y su familia se ha quedado en Valencia ese fin de semana, dejamos los vestidos extendidos en la cama y nos preparamos una pequeña cena mientras el cielo empieza a descargar el agua acumulada.

    Estamos sentadas en el suelo mientras cenamos viendo la televisión y fuera la tormenta va arreciando y cada vez que tronaba chillábamos como histéricas para luego reírnos de nosotras, se fue la luz en toda la urbanización, todos los chalets se quedaron a oscuras y empezamos a ver pequeñas luces que se encendían, al principio las dos abrazadas y asustadas empezamos a buscar las velas que sus padres guardaban, llenamos el salón de velas encendidas y aun así la oscura noche nos rodeaba salvo cuando los rayos caía y lo iluminaban todo.

    Nos volvimos a sentar en el mismo sito y agradadas por las manos empezamos hablar y recordar nuestra vida juntas y así espantar y disipar el miedo que las dos teníamos, descubrimos que no teníamos ningún recuerdo en el que no estuviéramos las dos, nuestras primeras clases, nuestros primeros cumpleaños, las primeras muñecas con las que jugábamos, los primeros novios, los primeros besos y cuando las dos perdimos la virginidad aquel año casi el mismo día, incluso en eso casi coincidimos, terminamos recordando los viajes que realizamos y las tonterías que hicimos por amor y por sexo.

    Un capítulo aparte para el sexo porque las tonterías que hicimos las cuatro amigas, tríos y orgías incluidas, demasiado jóvenes, demasiado entupidas en aquel entonces y eso que no han pasado tanto tiempo, pero ninguna de las dos ha sacado todavía el tema, estaba ahí latente hasta que a la vez nos miramos a los ojos y juntas empezamos a recordar nuestros encuentros, algo que nadie sabía y llevábamos ocultando desde hacía años, todo empezó aquel verano y recordábamos como nos gustaba.

    Estábamos sentadas en el suelo frente al gran ventanal del salón viendo llover cuando un relámpago ilumino el cielo haciéndose de día, nos sorprendimos mirándonos con las manos cogidas por el miedo y el trueno que vino detrás nos asustó tanto que empezamos a chillar y nos abrazamos, olía el pelo, su perfume y no quería separarme de ella, al final y poco a poco irremediablemente nuestras cabezas se iban retirando, nuestra melena por la electricidad estática parecía no estar de acuerdo resistiéndose a la separación, sus mejillas sobre las mías y cuando llegamos a la altura de los labios nos giramos para besarnos.

    Nuestros labios habían dado paso a que nuestras lenguas se unieran tanto por fuera como por dentro unidas en un baile húmedo, nuestros labios encajaban a la perfección y ya hacía tiempo que nuestras manos acarician nuestros pechos por encima de las camisetas, sin decir nada, sin dejar de besarnos nos empezamos a quitar la ropa, cada una la suya, primero la camiseta, luego el sujetador, zapatillas y calcetines y por último poniéndonos de rodillas nos quitamos los pantalones cortos junto con las bragas.

    Estábamos deseosas la una de la otra nuevamente allí en el suelo de rodillas, pero erguidas, iluminadas por las velas que reflejaban nuestra silueta en la pared, moviéndose al son de las velas y desapareciendo cuando en ocasiones un rayo volvía a iluminar el cielo, nosotras nos mirábamos a los ojos sin besarnos, nuestros pechos casi rozando por los pezones y simplemente nos mirábamos en silencio, no hacían falta las palabras ya estaba todo dicho.

    Los brazos estiramos hacia arriba con nuestros dedos como queriendo tocar el techo y nuestras manos comenzaron hablar entrelazando sus dedos, con nuestros cuerpos por fin unidos fundiendo nuestros senos y nuestros pezones acariciándose, rozándose y poco a poco acercando nuestros labios hasta juntarlos nuevamente besándonos, sus manos bajaban despacio por mis brazos hasta mis axilas besándolas con sus caricias, su camino continuaba por mi costado rozando mis pechos terminando en mi vientre, rozando mi monte de Venus rasurado y subiendo a mis muslos recorriéndolos de arriba abajo hasta que Sofía se levantó.

    -Esperaré aquí que ahora vuelvo. –Me susurró cuando un nuevo rayo cayó iluminando su cuerpo desnudo y cogiendo una vela la vi desaparecer por el pasillo.

    Prácticamente no tardo, minutos, segundos en los que me encontré sola y excitada en aquel enorme salón hasta que la vi aparecer, debajo de su brazo traía lo que parecía una esterilla de yoga y en su mano izquierda un bote con algún tipo de líquido, se arrodilló junto a mi costado y me susurro al oído dándome pequeños mordiscos con sus labios en mi lóbulo.

    -Lara, quiero que te tumbes boca arriba y que cierres los ojos.

    -No quiero que te muevas o que abras los ojos bajo ningún concepto, quiero que me sientas por última vez, quiero regalarte esta tarde y esta noche para ti. –Volvía a susurrarme.

    Me tumbé en aquella especie de esterilla enorme y blanda con los ojos cerrados, mi respiración que se había acelerado y en mi oscuridad la sentía cerca, sentía a mi amiga justo a mi lado y empecé a notar sobre mis pechos un líquido aceitoso con olor a jazmín que resbalaba hacia mi vientre, sus labios empezaban a besarme, tenía prohibido hacer nada, tenía prohibido besarla así que solo podía recibir sus besos, su lengua recorría mis labios de lado a lado subiendo hacia mis parpados cerrados y yo no podía más que jadear.

    Sus manos sobre mi cuerpo dándome un masaje, resbalando sobre mi vientre y ascendiendo hacia mis pechos apretándolos suavemente, mis pezones resbalaban entre sus dedos y mis areolas y mis pezones metidos en su boca podían sentir como su lengua me lamía en su interior circularmente, primero el pecho izquierdo luego el derecho.

    Tumbada, jadeando y con pequeños gemidos podía sentir con los ojos cerrados los fogonazos de los rayos, luego venía el trueno y envolviéndolo todo estaba el placer que sentía cuando Sofía me devoraba los pechos y sus manos resbalaban por mi cuerpo, sentí como se giraba hacia mi vulva, sus manos empezaron acariciar mi monte de Venus, pasaba sus dedos suaves por mis labios mojados de mis fluidos, su lengua los recorrían bebiendo de ellos, mis gemidos más presentes cuando sentí un líquido frío derramarse por encima de mi vulva que me hizo estremecer.

    Unas gotas de aceite de jazmín resbalaba por mi vulva hasta mis glúteos metiéndose en mi ano, sus dedos empezaron acariciar mi clítoris resbaladizo, su lengua recorría mis labios menores hasta encontrar mi vagina metiéndose con suavidad dentro de ella, mis manos se movían inconscientemente cerrando los puños del placer que estaba sintiendo y mi cabeza giraba de un lado a otro mordiéndome los labios del deseo, sus dedos empezaron a bajar por mi vulva, tan húmeda y resbaladiza que mis labios menores resbalaban entre sus dedos metiéndose entre ellos, sentía como jugaba y como sus dedos iban buscaron la entrada de mi vagina.

    Sofía lamía mi clítoris y sus dedos se introducían en mi vagina resbalando debido al aceite y a mis propios fluidos, pequeños gritos salían de mí cada vez que sentía sus dedos entrar y salir, nuevamente Sofía se incorporó, oía como cogía el bote de aceite y se echaba en las manos, la oía moverse de rodillas alejándose, hasta volver a sentir sus manos resbaladizas junto a mis piernas, separándomelas un poco lo justo para poder meterse entre ellas, se estaba tumbando encima de mí, sentía su sexo sobre el mío y se empezaba a mover como si tuviera un pene imaginario que intentaba penetrarme.

    Su cuerpo se deslizaba sobre el mío mientras me besaba desde mi vientre hasta mi boca, apoyando sus codos y antebrazos en el suelo y sus manos por detrás de mi cabeza acariciando mi pelo y mordiéndome los labios con los suyos resbalar sobre mi cuerpo, su vulva rozarse contra la mía, nuestros labios vaginales se unían y rozaban continuamente haciendo que nuestros clítoris se encontraran para no separarse más, rozando y acariciando el uno contra el otro y las dos empezamos a gemir mientras nos besábamos, rompiendo mi promesa de no moverme.

    Ya era duro para mí no poderla abrazar, demasiado tiempo sin poderla tocar, pero sus movimientos, rozando continuamente mi clítoris hicieron que no tardara mucho hasta que empezara a expulsar de mi vagina el líquido de mi orgasmo empapando su vulva, ya no pude resistir, tuve que abrir los ojos y la vi allí encima de mí sonriéndome rozando la punta de su nariz contra la mía, diciéndome que si me había gustado, besándome mientras mi cuerpo seguía sintiendo pequeños espasmos del orgasmo al que me había llevado y regalado mi querida amiga.

    La rodeé con mis brazos su cintura, nuestros cuerpos seguían resbalando el uno sobre el otro siendo difícil mantenerla encima, Sofía no paraba de mover su vulva contra la mía, el semblante de su cara cambio en un momento cuando levanto su cuerpo del mío y sus gemidos eran cada vez más altos, notaba como su orgasmo afloraba y apoyando sus manos en la esterilla con sus brazos extendidos alejando su cuerpo del mío unos centímetros empezó a mover nuestras caderas con más fuerza y más rápido, su clítoris parecía una continuación del mío y veía nuestras sombras moverse en la pared, veía el cuerpo de Sofía como empezaba a temblar a pararse con pequeños espasmos.

    Su cuerpo inmóvil, solo ahora los movimientos de mis caderas hacían que nuestras vulvas no perdieras el compás del baile que ella había empezó, quería que sintiera lo mismo que me había hecho sentir a mí, la excitación de ambas pudo con nosotras, pero ahora era su turno, su vagina expulsando e inundando mi vulva, nuestros flujos vaginales mojaban nuestros labios y estos lo repartían por toda la vulva, juntas navegando en un mar orgásmico, de sentimientos y de placer, nuestros gemidos envolvían el salón del amor que las dos nos profesábamos como amantes, como amigas y como si fuera una función de sombras chinescas las velas reflejaban en la pared nuestros abrazos y caricias hasta que su cuerpo se desplomó sobre el mío fundiéndonos en un beso tan apasionado que tardamos en separar nuestros labios.

    _______________

    Este relato lo escribo junto a mi amiga Sofía la que me ha recordado aquella tarde de tormenta en estos días de lluvia y mal tiempo, la última tarde que pasamos juntas haciéndonos el amor, una tarde grabada en nuestra memoria por siempre.

    Nunca olvidaré tus besos, nunca olvidaré tus caricias, nunca olvidaré los momentos que pasamos juntas.

    Amigas por siempre.

  • Mi mujer, mi dama de día y mi puta de noche

    Mi mujer, mi dama de día y mi puta de noche

    Estos meses con mi pareja, nos sirvió para conocernos más y atrevernos a follar de todas las maneras posibles, haciendo muchas poses, cumpliendo fetiches, penetrando todos sus agujeros posibles dispuestos a recibir mis descargas de semen, si nos agarraba el fin del mundo que sea follando.

    La cuarentena por causas del covid19, está bajando en mi país, ya habiendo superado lo peor, tenido tiempo de poder recordar todas mis viejas historias narradas en esta página. Con mi mujer hemos superado malos momentos, pero apoyándonos mutuamente, siendo muy cariñosa conmigo, cuidándome con dedicación con un aura protectora como si fuese una madre, aunque confieso que hubo días difíciles de discusión y amarguras, pero finalmente la superamos… pero al momento del sexo vaya que nos olvidábamos del mundo y solo nos complacíamos mutuamente.

    Hubieron varias mañanas, que por el stress del home office, ella muy complaciente accedía a mamarme la verga sentado en mi silla, a la vez que también con sus voluptuosas tetas me hacía una rusa para liberarme del stress, maravillosos momentos que me relajaban y me hacían sobrellevar la presión laboral; por ella aprendí que tomar cítricos, a comer mucha piña e hidratarme bien, mejoraban el sabor del semen y no la hacían tan viscosa, lo cual mi mujer disfrutaba de mi semen con mucho placer además de contener pequeñas calorías ; pues si ella lo disfrutaba, imagínense a mí era el más feliz por ello.

    Además, mientras cocinaba, me atrevía a follarla de pie, dejándola semi desnuda mientras que ella solo se dejaba poseer, solía atrasarse en cocinar para el almuerzo, pero valía la pena cada momento de placer que nos dábamos, rara vez era rechazado después de una discusión, pero al día siguiente el sexo reconciliador nos hacía olvidarnos de los malos momentos. Los días de invierno fueron duros, aprovechábamos los momentos de ducha caliente para follar; cuando se me apetecía follar de madrugada, mi mujer a medio dormir solo se bajaba el pantalón de pijama ofreciéndome su cola para follarla bajo las sabanas, entregada a mis placeres.

    Pude por fin acostumbrar a mi mujer, a disfrutar del sexo anal, con mucha paciencia y relax, con lubricante de por medio, y las ocasiones en las que faltaba con aceite de cocina, total lo que importaba era darle placer y ella a mí.

    Ya nos grabamos teniendo, sexo, dándome mamadas espectaculares, fotografiando sus tetas y mamadas, cumpliendo cada fetiche por antojado que nos diéramos, inclusive me ambos nos hemos rasurado nuestros miembros genitales y anos; ocasiones en las cuales nos hemos realizado interesantes besos negros, si estábamos entregados al placer, pues nos dábamos íntegros, pero lo que más disfrutaba era verla cabalgar con sus voluptuosas tetas rebotando y tratando de sostenerlas con mis manos y disfrutar de lactarlas en muchas ocasiones ,es maravillosa mi mujer… toda una dama hogareña durante el mayor de los días, pero mi puta insaciable en nuestra cama durante las noches.

    Así pasamos nuestros días, apoyándonos y disfrutándonos… Mi mujer, mi dama de día y mi puta de noche.

  • Orgía en público

    Orgía en público

    Una de las historias más calientes y morbosas de las que participé fue ésta que voy a contar ahora.

    En ésta oportunidad fui al sauna de Pueyrredón, esa tarde estaba bastante concurrido, además no era un lugar muy grande y se podía llenar fácilmente, la mayoría eran tipos maduros, todos hombres de entre 50 y 65 años, yo con mis 21 era un plato que muchos se querían comer, después de dejar mi ropa y darme un baño, al terminar, me sequé a medias y salí del sector de duchas, sin envolverme en el toallón, fui al baño de calor seco, estaba solo a un par de metros, solo había que cruzar un pasillo y ya estaba ahí, me iba a terminar de secar con el calor.

    Entré desnudo, era un cuarto bastante chico todo revestido en madera, con una especie de escalones, donde los hombres se sentaban a sufrir la temperatura bien alta, cuanto más arriba de esos escalones te sentabas, más calor se sentía por lógica, estaba lleno de tipos, al verme casi todos se me quedaron mirando, no era habitual que alguien entre sin taparse y mucho menos un chico joven como yo, era el menor de todos por lejos, además mi aspecto aniñado y provocativo, me hacía más tentador para esos hombres muy mayores.

    Cuando entré, creo que los sorprendió mi atrevimiento al hacerlo desnudo, pocos se quitaban el toallón para entrar, la mayoría conservaba algo de pudor y se tapaban con él.

    Observe que dos tipos a los que había visto al cambiarme cuando llegué, estaban sentados en la banca más baja y habían dejado un espacio libre entre ellos, justo frente a ese espacio, a solo un metro y medio de distancia, había un tipo tocándose la pija como si mostrara que buscaba alguien que se la chupe, otro estaba también en la parte baja pero en uno de los costados, el lugar era un cuarto de más o menos 6 por 4, estaban todos bastante juntos, y tres más estaban en el otro lateral un poco más alejados, todos en silencio, a la expectativa, obviamente me senté en el espacio libre que los dos tipos habían dejado .

    Todos se cruzaban miraditas, faltaba que alguien dé el primer paso, era muy difícil que yo lo haga, me gustaba provocar, pero prefería que me avancen a mi, al sentarme entre esos dos tipos, empecé a notar que se miraban con el de enfrente que ya se estaba casi masturbando, y el de mi derecha que me miraba de reojo, se descubrió un poco y dejó que le vea la verga considerable que tenía, mi manera de delatarme era mirarles el sexo, el tipo se dio cuenta y apoyó una mano en uno de mis muslos, lo miré sin decir nada y me preguntó si me molestaba, dije que no y le mire sin ningún disimulo la pija.

    Comenzó a mover levemente la mano que tenia sobre mí pierna, acariciándome muy despacio, entonces el de mi izquierda, se atrevió a poner una mano sobre mi otra pierna, las miradas de todos los demás estaban sobre mí. Cuando el de la derecha me dijo:

    -mira el pedazo que tiene el de enfrente, ¿te gusta?

    -Si, es enorme -contesté

    El de enfrente estaba tocándose y su verga se veía ya a pleno

    -¿Te gustaría chupársela?

    -Mmm si, me encantaría -dije

    -¿Te gustaría una fiestita con nosotros?

    -¿con quiénes? -pregunté

    -Con el que tenés al lado, el de enfrente y yo

    -Si, me va –contesté.

    Entonces le dijo al de enfrente que se acerque, el tipo se paró con la verga redura en la mano y se paró frente a mí, la puso bien cerca de mi boca, me incliné un poco hacia adelante, le acaricié los huevos y comencé a chuparla, el tipo del lateral y los tres que estaban más alejados miraban con atención, el de mi izquierda empezó a tironearme el pezón de su lado y acariciar mi cadera y nalga, el de la derecha hizo lo mismo con la mano derecha agarro un pezón y con la izquierda busco mi agujerito metiendo la mano debajo de mi cola, que estaba algo levantada por la inclinación de mi cuerpo, la respiración se me aceleró a mil, la verga que me estaba comiendo empezó a ahogarme, tuve que sacármela un poco de la boca para poder respirar bien, los tironcitos en mis pezones iban in crescendo y me empezaban a volver loco, al igual que el dedo que exploraba mi culo.

    Me sentía en la nubes, tres hombres maduros, calculé que todos andaban alrededor de los 55, dos de ellos me manoseaban sin parar, el tercero me hacía chupar una pija divina, grande y muy firme, yo le acariciaba los huevos con delicadeza que es una de las cosas que más placer me da, sentir en mis manos la dulzura y fragilidad de los testículos de un macho me fascina, esos huevos estaban recargados, deduje que tenían mucha leche acumulada y cuatro tipos re maduros, sobre todo los tres que estaban más lejos, asistiendo como público y viendo lo puto que soy, creo que uno de ellos era bien marica, pero no se atrevía a hacer lo que yo estaba haciendo, viendo como dejaba que abusen de mi, siendo la hembra de los tres.

    El que estaba a mi derecha, y me estaba prácticamente cogiendo con un dedo, en realidad jugaba con el borde de mi ano y me hacía delirar de deseo, estaba a punto de rogar que me cojan, me daba igual quién, pero ya quería que me garchen, estaba a punto de gritar que me la pongan ahí mismo delante de todos, esa situación de tantos hombres mirando me tenía re contra excitado, estaba disfrutando mucho ser el putito de todos ellos.

    Entonces el que parecía que era el que mandaba dijo firme.

    -vas a darnos el culito a todos -me encanta ver cómo te comes la de mi amigo y como estas gozando, hoy te vas a ir bien cogido de acá, putito.

    Pregunte tímidamente donde me querían coger y si pensaban hacerlo ahí delante de todos, y me contestaron que si, de inmediato me hicieron arrodillar sobre el segundo escalón, apoyé mis brazos sobre el tercero, mi culo quedó re abierto a la altura de la poronga del que me la hizo chupar, que estaba de pie a full para cogerme.

    Mis dos laderos, me sostenían de los brazos con una mano cada uno y con la otra me dieron unos chirlos, nunca me habían pegado en ese lugar delante de tantos hombres, realmente me sentí abusado, parecía que me iban a violar y extrañamente me encantó y lo disfrute mucho, de pronto como en un rapto de conciencia me asusté un poco y empecé a decir.

    – Ay por Dios, que van a hacerme, por favor acá no, llévenme a un privado.

    Los que estaban teniéndome de los brazos, me pegaron un par de veces en mis nalgas que sonaron fuerte y uno dijo:

    -cállate puto, vos querías pija, entraste acá buscando que te cojan y eso es lo que vamos a hacerte los tres.

    Obviamente era un juego, no iban a hacerlo si yo no hubiera querido, siguiendo con esa onda, rogué que me lo hagan despacio, le pedí al que me estaba por penetrar, que se ponga algo y lo hizo, rápidamente uno de los amigos le alcanzó un condón y se lo colocó, si hubiera sido una violación no iban a aceptar mi pedido.

    Entonces me la apoyó en la puerta de mi ojete y me la metió de a poco, me moví ayudando a que se acomode dentro mío hasta que la tuve toda adentro.

    -Ahh, mmm, oh por Dios, que me hace por favor, que pija tiene este hombre.

    -cállate pendejo, resignate porque te vamos a romper el orto, ahora vas a ser la putita de todos.

    Esa manera de hablarme me excitaba aún más y hacía que me entregue completamente. El de mi derecha se sentó en el tercer escalón donde yo tenía apoyados mis brazos y se puso con las piernas separadas frente a mi cara, me agarró de la nuca y me llevó hacia la verga que estaba re parada.

    -Cometela chiquita, vamos nena chupala bien como vos sabes.

    Se la chupe y le acaricie las bolas mientras el de atrás mío seguía dándome cada vez más fuerte, los espectadores eran cada vez más, habían entrado un par de tipos y ante el espectáculo que estábamos dando, se habían quedado a mirar y quizás alguno con la esperanza de garcharme también, ya eran los tres que me cogían y seis tipos viendo como me dejaba coger, me sentía una puta reventada, pero estaba disfrutando como pocas veces lo hice. El que estaba a mi izquierda empezó a colocarse un forro y se preparó para cogerme también, el de atrás que tenía los huevos recargados empezó a gritar como un animal y acabó descargando un montón de esperma en el forrito que se había puesto.

    Y ahora era el turno del segundo, mi culito estaba bien abierto por la acción que había tenido con el primero, éste al ponerse detrás mío exclamó que yo tenía un culo hermoso, me separó bien las nalgas y me lamió el ojete, me hizo gozar como una perra, me dejo la cola toda empapada así que no tuvo problema en clavármela sin miramientos, era un poco más chica que la del otro, y a pesar de que el ano siempre se contrae un poco, estaba bastante dilatado y lubricado y dejó paso rápidamente a esa pija desconocida, el tipo me la mandó hasta los huevos sin dilaciones, pegué unos grititos pero enseguida me acostumbré y gocé sus embestidas, entre ponerla y sacarla me dio unos chirlos, eso parece que lo estimulaba más porque sentía que me la daba más fuerte después de pegarme en las nalgas.

    El que me estaba dando de mamar la poronga, dejó un instante de apretarme los pezones y me sacó la pija de la boca, la levanto y puso ante mis ojos sus testículos, ya conté que me fascina lamerle los huevos a un macho, así que entendí lo que quería y me dediqué un buen, rato a besarlos y lengüetearlos, con todo el placer que hacer eso me da.

    El de atrás me tenía ensartado hasta las bolas, sentía sus huevos tocar debajo de mi ano, cada vez que entraba toda la pija.

    No me alcanzan las palabras para expresar todo el placer que esos tipos me estaban dando, además del bonus extra que significaba tener tantos hombres mirando cómo me dejó coger.

    No sé si antes lo dije, pero no puedo describir el disfrute que me produce ser penetrado por un hombre o dos en presencia de otros, he visto como algunos me desean, cosa que me vuelve loco, y como otros envidian lo que soy capaz de hacer sin sonrojarme, hasta diría que me siento orgulloso de que vean como me garchan.

    Parece mentira que lo que al comienzo de mi vida homosexual, me producía tanta vergüenza, (el solo hecho de aceptar ante un hombre que era puto ) ahora se había convertido en placer, aceptación y excitación extrema.

    Mientras estos dos tipos me estaban dando tanto placer, el cuarto tipo que estaba desde el principio, mirando sentado en un lateral solo, se levantó y me dijo al oído.

    -yo también te quiero chupar esa cola hermosa y cogerte un poco.

    Teniendo una pija en el orto y chupando los huevos al otro, solo pude asentir con la cabeza, en eso el que estaba recibiendo mis lamidas en los testículos se levantó y le dejo su lugar, el tipo se puso bien cerca mío y me la dio para que se la chupe, el de atrás sacó la verga de mi orto, se quitó el forro y terminó soltando su leche encima de mis nalgas y los chorros de semen llegaron hasta mi espalda.

    Ahora era el turno del tercero, yo ya estaba exhausto, sin embargo no podía dejarlo sin nada a éste que en realidad era el que había propuesto la fiestita. Me la puso y me hizo el culo como un maestro, yo ya había acabado en silencio, con el anterior, pero este me garchó tan lindo que me sacó otro polvo, tampoco él duró mucho y en minutos se fue casi contra su voluntad porque quería darme caña un rato más, y afortunadamente el cuarto postulante al que gocé mucho chuparle la pija, tampoco aguantó mucho y me acabó tirándome la leche en la cara, teniendo cuidado de no llenarme la boca.

    Estaba muy transpirado y sucio por el semen en mi espalda, así que me levanté y me fui a dar un baño y reponerme un poco, hasta allí me siguió uno de los que había estado mirando, eso era habitual cuando se armaba una orgía, siempre había uno que no se animaba a intervenir en público y después buscaba al que le había interesado, éste se me acercó a la ducha y me dijo…

    -estuve mirando como te cogieron, sos un lindo puto.

    -gracias papi, ¿te gustó lo que viste? -respondí.

    -Si, mucho. Tenés una cola hermosa y me quedé con ganas de garcharte, vamos a un privado, dale.

    -más tarde amor, ahora quiero tirarme un rato a descansar.

    -dale, vamos, descansas un rato y espero hasta que te repongas -insistió

    Yo sabía que eso no iba a ser así, el tipo era bastante atractivo, yo estaba sin ganitas, pero bastaba que el tipo me toque un poco, para que me encienda otra vez, y tal cual, entramos a un gabinete, yo me acosté en la camilla boca arriba para que no empiece a tocarme el culo, él cerró la puerta para no entre nadie, y yo cerré los ojos para intentar descansar, pero el hombre estaba demasiado caliente, y empezó a acariciarme muy delicadamente mis pezones que inmediatamente se pusieron duritos, entonces intenté protestar.

    -te dije que quería descansar.

    -vamos, solo te estoy acariciando un poquito y esto te gusta mucho – volvió a insistir

    No pude evitar comenzar a jadear un poco y mi respiración comenzó a acelerarse, al ver mi reacción y la respuesta que mostraba mi cuerpo, dio por hecho que podía seguir avanzando, se inclinó un poco sobre mí y se puso a chuparme un pezón, me mordí los labios y gemí levemente, que me chupen los pezones me mata, el tipo me hizo girar y me puso boca abajo, se colocó en la parte final de la camilla y me separó suavemente las piernas, tomándome de los tobillos, yo estaba como adormecido por el cansancio y dejé que hiciera todo eso sin decir una palabra, él era muy delicado, no quería provocar una reacción negativa de mi parte.

    Al tenerme en esa posición, me separó las nalgas, yo seguí sin decir nada porque sabía lo que venía, y lo que venía me fascinaba, al ver mi culito abierto bien de cerca, el tipo exclamó…

    -que lindo culo tenés, sos un puto divino.

    Inmediatamente empezó a pasar la lengua por mi ano y yo a jadear, gemir y contornearme, demostrándole que gozaba lo que estaba haciéndome.

    Creo que no es necesario que cuente lo que sucedió después, por supuesto se subió a la camilla y me echó un polvo hermoso en el orto, no sin antes colocarse un condón, claro. Y así me hizo terminar una tarde maravillosa.

    Ésta como dije al principio, fue una de las experiencias más divinas que viví en un sauna, y todo lo acontecido, me dejó un recuerdo imborrable y hermoso, pocas veces gocé tanto y disfruté tanto mostrar cómo me hace gozar ser el puto de varios hombres.

    Espero que les haya gustado y hayan disfrutado tanto como yo, tener este recuerdo y la oportunidad de contárselos.

    Si quieren pueden dejar aquí un comentario o escribir a mi correo.

    [email protected].

    Besos y gracias por leerme.