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  • Los calzones de mi mejor amiga

    Los calzones de mi mejor amiga

    Es fin de semana, sábado para ser exactos, he decidido no hacer planes con los amigos y quedarme todo el día en casa, descansando del ajetreo laboral. Empieza a anochecer y mi plan es fantasear y masturbarme durante un buen rato. La estrella de mi película porno mental será mi mejor amiga, mi favorita, la que deseo pero que jamás podré tener, y digo que no podré tener porque ella es lesbiana.

    Ella está totalmente enterada de mis bajos deseos hacia ella, de hecho esto le causa risa y me aguanta todo tipo de piropos, confesiones, acercamientos cuerpo a cuerpo, pero que no llevan a buen puerto al ser ambos incompatibles sexualmente. Hay tanta confianza que sabiendo de mi fetichismo por la ropa interior femenina, me acaba de regalar una panty roja tipo bikini de ella, cosa que me volvió loco literalmente, y que ahorita mismo será parte fundamental de mi autosatisfacción.

    Cierro mi cuarto, todo está en silencio, me desnudo y veo en el espejo mi erección al 100 por ciento, no aguanto más, por mi cuerpo recorre una especie de escalofrío y excitación especial porque hoy “estrenaremos” los calzoncitos de ella. Le mando un mensaje de texto diciéndole “gracias amigui, me encantaron, en este preciso momento jugaré con ellos”, ella respondió “jajaja, que bueno que te gustaron, tu disfruta”.

    Me acuesto en mi cama, en el celular busco una foto de ella, encuentro una de las que más me gustan, se ve hermosa, sale sonriendo en la foto, trae un vestido de fiesta azul cielo con un tirante en un hombro y el otro destapado, sus tetas se ven enormes, más grandes de la copa “C” que ella es. Con el teléfono en una mano y la otra en mi verga comienzo a masturbarme, mi mano sube y baja lentamente, mis ojos ven unos segundos su imagen y otros segundos los cierro, pensando que ella está conmigo, se empieza a desvestir, no trae brassiere pero si puestos los calzoncitos que me acaba de obsequiar, se ve deliciosa, camina para un lado y para otro modelándome, sus tetas se bambolean, sus nalgas también, se quita la panty y me la avienta a la cara, me dice, “ten, por fin es tuya, sé que morías porque te la regalara, y te la doy para que veas como te quiero y cuanto confío en ti”.

    Veo por última vez su imagen en el teléfono y lo dejo, con esa misma mano tomo el bikini y me lo paso por la cara, siento su textura mientras no dejo de masturbarme con la otra, la excitación es total, estoy a nada de estallar. Me detengo por un momento, mi corazón late velozmente, mi respiración es profunda. Ya un poco más tranquilo, me levanto, pongo sus calzoncitos en mi escritorio y encima de ellos poso mi verga erecta, les tomo una foto, estoy tan excitado que se la quiero enviar, me da pena pero a la vez me prende el saber que ella la verá, no lo hago pero no borro la foto, algún día se la mandaré. Siguiendo así de pie, vuelvo a poner su fotografía en el teléfono y lo recargo en mi escritorio, tomo la panty y la enrollo en mi verga, volteo a verme al espejo y comienzo a masturbarme con ella, se siente suave, fresca, la sensación es deliciosa, susurro su nombre en voz baja, quisiera me estuviera viendo para que supiera como me pone, me encanta mi mejor amiga.

    La sensación que causa el masturbarte fantaseando con alguien que deseas, tu mejor amiga, tu amor platónico, que ella sepa que lo haces, no te rechace y como un plus te regale su panty, ¡no tiene precio!.

    Continúo masturbándome, cada vez más rápido, el final está cerca, lo siento, mi mano sube y baja con el bikini rojo envuelto en mi verga, cada vez siento más rico. Sin conocerlas imagino sus tetas muy cerca de mi, sus nalgas, su vagina recién afeitada, su linda cara, su boquita diciéndome “ya vente, termina… ¿te gustaron mis calzones?”, no aguanto más, para no mancharla retiro la panty de mi pito y… ¡¡PUM!!, exploto, las piernas se me doblan, el orgasmo es intenso, los chorros de esperma caliente y espesa salen fuertemente uno tras otro, embarran la pantalla de mi celular y el escritorio, siento desfallecer, el orgasmo ha sido enorme y delicioso, me recuesto, sonrío, cierro los ojos y finalmente me quedo dormido.

    ¡Gracias por tus calzoncitos amigui!, sé que leerás esto. Te amo.

  • Terminé follando con mi madre luego de unas copas (Parte II)

    Terminé follando con mi madre luego de unas copas (Parte II)

    A la mañana siguiente me desperté, estaba desnudo en la cama de mi habitación, no recordaba cómo había llegado allí. Pude escuchar a mi madre en la cocina, preparando el desayuno seguramente. Me levanté, lo único que llevaba puesto era mi ropa interior, caminé hasta la cocina y allí estaba mi madre.

    Llevaba un babydoll que dejaba ver sus prominentes glúteos con una diminuta tanga que se sumergía dentro de sus carnosas nalgas. Sus pechos cubiertos con la delgada tela se trasparentaban más con la luz mañanera que entraba por la ventana dejando ver sus pezones erectos. Llevaba su oscura y abundante cabellera suelta y alborotada, pero se veía hermosa. Sus blancas piernas de piel tersa se cruzaban mientras tomaba asiento colocando dos tazas de café en la mesa.

    -¿Mamá?

    -Ah dormilón, por fin despertaste, te preparé café, ven.

    -Gracias – dije mientras tomaba asiento, aun no me sentía seguro de cómo reaccionar. Así que decidí actuar con naturalidad, como si nada hubiese pasado.

    -Tu padre llamó esta mañana. – dijo mi madre mientras observaba detenidamente mis ojos que la miraban atónitos sin saber que esperar.

    -¿Ah sí? ¿Qué dijo? – respondí tímidamente

    -Dijo que el servicio municipal ya está trabajando para despejar la carretera, pero tienen mucho trabajo por hacer. Esperan poder habilitar el paso en horas de la noche.

    -Ah.

    -Sí… Bueno, ya podrás imaginar la sorpresa que me llevé cuando escuché a tu padre al teléfono, luego de que ¡según yo! Dormí con tu padre anoche… -dijo de manera sugestiva mientras colocaba su taza en la mesa y me veía con una mirada suspicaz.

    -Ejem… Sí… bueno… anoche bebiste demás. Dejaste la sala hecha un desastre mamá.

    -¿¡Y crees que eso es razón suficiente para aprovecharte de una pobre mujer en ese estado!? Y encima de eso ¿tu propia madre? – dijo de manera seria y firme alzando un poco la voz. – ¡nosotros no te educamos así jovencito! Lo que hiciste fue inapropiado e inmoral, debería darte vergüenza.

    Bajé la mirada avergonzado, un nudo se me hizo en la garganta y no podía decir palabra alguna. Tampoco sabía que decir, solo la escuché. Luego de unos minutos de incomodo silencio, ella se paró yéndose a su habitación.

    Yo me encargué de la cocina y el oficio de la casa el resto del día. Preparé el almuerzo y se lo llevé a mamá a su habitación. Ni siquiera abrió, dejé la comida en una mesa al lado de su puerta. Pasó todo el día encerrada. La vi llevando sus platos al fregadero de la cocina, no me dirigió palabra alguna, luego volvió a encerrarse en su recamara.

    Ya empezaba a arrepentirme de lo sucedido la noche anterior, ciertamente no tuve malas intenciones, fue algo que había surgido. Me sentía culpable y temía haber arruinado nuestras vidas con lo ocurrido. Cerca de las 4:30 de la tarde, el día soleado volvió a nublarse, las lluvias comenzaron a azotar de nuevo poniendo el ambiente de la casa aún más frio y desolado.

    No lo soporté más, necesitaba arreglar las cosas entre mamá y yo. Subí a su habitación y toqué suavemente la puerta.

    -¿Mamá?… ¿mamá podemos hablar? – sin decir una palabra, la manecilla giró, abriendo la puerta.

    Entré lentamente, vi a mi madre sentándose a la orilla de su cama, la tenue luz de la ventana era la única que iluminaba la oscura habitación y su bello rostro. Me senté a su lado, sus ojos miraban al vacío, divagando en sus más profundos e íntimos pensamientos. En silencio, solo escuchando la lluvia golpear en los cristales de la ventana.

    -Mamá… lo lamento, de verdad lo siento, yo no quise…

    -No Donni, basta, no te disculpes, todo esto ha sido mi culpa – dijo de forma serena interrumpiendo mis disculpas.

    -Claro que no mamá, fue mi culpa y de verdad…

    -Basta, por favor. Fue mi culpa, bueno, de tu padre y mía en realidad, si te lo hubiéramos dicho desde el principio quizá esto no hubiera pasado.

    -Mmm… No estoy entendiendo mamá.

    -Hijo creo que es momento de que lo sepas. Quizá debí esperar a tu padre para que ambos te lo dijéramos, pero esto no puede aguardar más.

    -¿Decirme que? – dije intrigado.

    Mi madre extendió su brazo y abrió el cajón del velador al lado de su cama. Sacó una carpeta y tras abrirla en la primera página me lo dio.

    Por el color y la textura del papel se notaba que eran páginas antiguas, en el encabezado del archivo, con letras grandes decía: “Orfanato La asunción, año 1990” en la esquina superior derecha, una pequeña fotografía de mi rostro cuando apenas era un bebé.

    Leí el documento y mientras lo hacía un nudo apretaba mi garganta de nuevo, esta vez con más fuerza. Estaba en shock completamente. Ambos guardamos silencio, sentados a la orilla de su cama, yo trataba de asimilar todo lo que estaba pasando, tratando de pellizcarme para ver si de alguna manera esto era un sueño y mi madre, esa hermosa mujer que me había arrullado y regalado de su amor durante tantos años, ella solamente apoyaba su mano en mi hombro como tratando de consolarme.

    Tras un largo rato, logré recuperar un poco la compostura. Me senté derecho, me sequé alguna que otra lagrima que se me había escapado y respiré profundo.

    -Entonces, ustedes y yo no…

    -Ciertamente no saliste de nuestras entrañas hijo, pero ser padres no es solo engendrar, nosotros te amamos desde el primer día y te seguimos amando, eres parte de nosotros, de esta familia… y lo serás por siempre. – decía mi madre mientras unas lágrimas escapaban rodando por sus mejillas

    La miré, conmovido por sus palabras y sus lágrimas.

    -Bueno, creo que eso explica por qué soy negro – dije bromeando, ya que soy de tez clara.

    -¿Qué? – dijo mi madre rompiendo en una carcajada mientras limpiaba las ultimas lágrimas de sus mejillas. Sus ojos cristalinos se veían tan hermosos cuando reía.

    -Me encanta verte sonreír Helen, siempre me ha encantado verte feliz.

    -¿Helen? Jaja tranquilo muchachito, que sigo siendo tu madre.

    -Tu silencio me torturó todo el día ¿sabes? Siempre hemos estado el uno para el otro y no soportaría perderte por alguna tontería.

    -Lo sé, pero necesitaba asimilar y pensar cómo iba a decirte todo esto.

    -Creí que estabas molesta conmigo por lo de anoche.

    -Lo que pasó anoche fue una locura. Tú, tus necesidades masculinas, yo, la bebida, mi embriaguez, creo que fue una mala combinación nada más. Sería irresponsable tratar de buscar culpables. Solo te pido que lo de anoche quede entre nosotros, no quisiera hacer todo esto más difícil para tu padre.

    -Bueno, está bien.

    -Sabes hijo, de alguna extraña manera, el hecho de que biológicamente no sea tu madre me hace sentir menos culpa por lo sucedido. Al fin y al cabo, somos adultos, ambos tenemos necesidades y eso pudo pasar en cualquier momento.

    -Supongo que tienes razón, aunque tampoco creo que sea justo para papá.

    -Oh hijo, créeme. Tu padre no es un santo, en más de una ocasión tuve que perdonarle sus fechorías. Viéndolo de otra manera, yo al menos no me metí con un completo extraño.

    -Supongo que… Que tienes razón, otra vez.

    -Yo siempre la tengo hijo – dijo mientras me guiñaba el ojo y se levantaba caminando a su armario. – ahora creo que ya es momento de dejar las lágrimas por un lado y preparar la cena, ¿te parece?

    -Sí, me parece mamá

    Encendió la luz, abrió su armario, se inclinó buscando uno de sus vestidos favoritos, aun cargaba el babydoll de la mañana, sus excitantes glúteos se ensanchaban abriéndose suavemente sin pudor ante mi mirada.

    -Veamos, por aquí debe estar… -decía mientras hurgaba entre las prendas. – Sí, ¡aquí está! – dijo mientras sacaba un vestido corinto, de tirantes muy corto y ajustado.

    Sin pensarlo, se quitó el babydoll frente a mí, suavemente, dejándolo caer al piso. Sus enormes y excitantes tetas quedaron libres a mi vista, la diminuta tanga era la única prenda que llevaba sobre su cuerpo. Actuaba tan natural, como si yo no estuviera allí.

    Se colocó el ajustado vestido haciendo realzar sus enormes glúteos y tetas en esa prenda. Sus carnosas y excitantes piernas se lucían fuera de ese vestido que cubría poco menos de la mitad de sus muslos. Cuando se inclinó para recoger el babydoll pude ver el borde de sus glúteos asomarse fuera del vestido. Sus pezones destacaban erectos de la delgada tela en su pecho. Una inevitable erección comenzó a emerger entre mi pantalón.

    -¡Listo!, ahora sí, vamos a preparar la cena – dijo jovialmente mientras me tomaba de la mano y me llevaba a la cocina.

    Pusimos un poco de música, reíamos mientras bromas, bailes y cosquillas surgían mientras cocinábamos. Por un momento volvimos a aquellos días cuando era niño y cocinábamos juntos los fines de semana. Fue maravilloso.

    Mientras cenábamos mamá sacó una botella de vino.

    -Mamá, ¿qué haces?

    -Oh hijo, tranquilo, solo será un pequeño brindis.

    -¿Brindis por qué?

    -Por la verdad… y el eterno amor de la familia.

    -Jaja está bien.

    El reloj marcaba casi las 8:30, en la botella solo quedaba ya una quinta parte del vino. Nuestras copas vacías esperaban el último trago y nosotros esperábamos la llegada de papá. Unos minutos después, el teléfono sonó. Era papá, las lluvias no habían permitido terminar los arreglos en la carretera y pasaría una noche más en casa de Julieth.

    -Oh pobre Francisco, espero que no se desespere en casa de tu hermana.

    -No lo creo, con lo mucho que disfruta de la comida de Julieth, de seguro la está pasando muy bien.

    -Oh, eso espero cariño. – dijo y luego se sentó en el sofá acurrucándose a mi lado.

    Terminamos la velada recostados en el sofá, bebiendo vino, viendo el viejo álbum de fotografías familiares, riéndonos al recordar cualquier tontería sobre las historias tras esas fotos.

    -Oye hijo, ¿has visto que hay personas que replican sus fotografías antiguas siendo ya mayores?

    -Jaja sí, creo haber visto algunas en Facebook.

    -Oh! Eso se ve tan divertido, deberíamos hacerlo nosotros y enviársela a tus hermanos, de seguro les hará mucha gracia. – dijo mi madre entusiasmada.

    -Jaja ya mamá, ¿es enserio?

    -Claro hijo, ¿por qué no? Vamos, busquemos algo de ropa y tomemos las fotos.

    Pasamos casi dos horas mudándonos de ropa, recorriendo la casa por todas partes, replicando antiguas fotos y riéndonos de todas nuestras locuras y tonterías. Nos divertimos y reímos a más no poder.

    Llegamos a mi habitación. Mientras ojeábamos el álbum buscando alguna otra foto para replicar, una muy pequeña se resbaló de entre las páginas cayendo al suelo. La levanté para verla. Era una foto de mi madre, era muy joven y se veía increíblemente hermosa. En sus brazos estaba yo, de un año aproximadamente, me cargaba sonriendo a la cámara mientras yo me amamantaba de su pecho.

    -Jaja mira mamá, oye, si yo fui adoptado, ¿cómo es que pareces amamantarme aquí?

    -Oh hijo, nunca te amamanté, bebiste leche preparada todo el tiempo. Esa foto me la tomé solamente para guardar las apariencias. – decía mi madre mientras se sentaba en mi cama.

    -Mentirosilla, mentirosilla, jaja ¿replicamos esta también?

    -Jaja claro, si quieres pasar vergüenza, adelante – dijo mi madre de manera risueña y desafiante.

    -¿Porque habría de pasar vergüenza? Con una mujer tan bella como tú…

    -Jaja ¿hablas enserio? – dijo mientras su sonrisa se apagaba terminando en una sonrisa seductora y una mirada inocente.

    -¿Por qué no? – dije mientras dejaba el álbum sobre la cama y me acercaba a su boca de manera seductora.

    Sentí el pequeño suspiro de sorpresa y excitación en la boca de mi madre, besé sus labios con suavidad mientras acariciaba su hombro bajando el tirante de su vestido. Finalmente bajé su prenda dejando sus tetas a mi merced, lamí suavemente sus pezones y chupeteaba sus pechos con lujuria mientras ella gemía. Sus manos temblorosas sostenían mi cabeza, como tratando de negarme de sus manjares, pero no podía, sus deseos eran más fuertes que su razón.

    -¡Ah! ¡Hijo!, así ¡ah! Se siente… Muy bien, ¡Ah!

    Continué amamantándome de sus enormes pechos por un largo rato. Poco a poco fui tumbándola en la cama, ella abrió las piernas instintivamente dejándome observar su depilada y exquisita vulva, sus labios eran rosáceos y carnosos, los fluidos cálidos y viscosos ya brotaban de entre su rajita escurriendo por su vagina.

    -Que delicia Helen, ahora si voy a comerte como se debe – dije ebrio de lujuria.

    -Sí, hazlo, cómeme el coño hijo, que delicia – gemía mi madre fuera de razón.

    Lamí sus labios con deseo y pasión, saboreé cada pliegue de su vulva, acariciaba fuertemente su clítoris con mi lengua, lo lamia de arriba abajo, en círculos rodeándolo, sobre él estimulándolo, bebí cada gota de su elixir excitante hasta que un orgasmo estremeció sus cuerpo liberando gemidos incesantes y placenteros.

    -Oh Donni, ¡ah! ¡ah!… ¿pero que estamos haciendo? – logró decir con dificultad entre gemidos

    -Tú misma lo dijiste mamá, nuestras necesidades, las copas, es mejor que meternos con completos extraños, ¿no? Tú lo dijiste mamá, y tú siempre tienes la razón – dije enloquecido mientras arremangaba su corto vestido hasta el abdomen, dejándome toda su pelvis al descubierto.

    -Jeje muchacho aprovechado – dijo riendo de forma picara. – ahora ven con mamá y haz que esto valga la pena ¿sí? ¿serás un buen muchacho y complacerás a mami?

    -Claro que sí mamá.

    Me quité la ropa de prisa y acomodé su cintura a la orilla de la cama. Jugué con mi glande en su vulva un rato mientras ella humedecía mi verga. Luego comencé a penetrarla fuerte y profundamente. Sus pechos se agitaban al ritmo de mis embestidas. Su vagina se estiraba con cada penetración apretando mi pene hasta el tronco. Mi madre gemía como loca, la soledad de nuestra casa nos hacía libres de poder gritar a placer.

    -¡Ah! ¡si!, que delicia, ¡ah! Más duro, más duro papi, así, métela toda, la quiero toda papi, lléname toda querido, soy tuya, ¡ah! Así! ¡Que delicia!

    -Date vuelta mamá, quiero disfrutarte por completa

    -Está bien querido, ¿cómo quieres cogerte a mami? ¿así?, ¿te gusta así?, -decía mientras se ponía en cuatro entregándome su vulva para que la penetrara desde atrás. – ¿así está bien querido? ¿te gusta ver el culo de mami mientras… ¡aah por dios! aah!, ¡asi! ah! ah!

    Me encantaba interrumpirla con fuertes embestidas mientras hablaba. Sus gemidos eran fuertes e inevitables. Disfrutaba ver esos enormes y perfectos glúteos golpear mi pelvis mientras mis testículos chocaban en su clítoris cada que la embestía hasta el tronco.

    Sus fluidos escurrían por todo el cuerpo de mi verga deslizándose por mis testículos y mis muslos. Mi madre estaba ardiendo por dentro, estaba tan caliente y húmeda. Engullía mi verga con facilidad y lo disfrutábamos. Sujetaba su cintura jalándola hacia mí estrellando su cuerpo fuertemente contra mi verga.

    Un segundo orgasmo de mami estalló sobre mi verga, esta vez expulsó un chorro que mojó toda mi cama.

    -¡Oh querido! No importa, tú sigue, sigue por favor, ¡sigue! – me pedía hambrienta, mi madre era insaciable.

    -Ven acá mami, quiero complacerte más. – dije mientras me tumbaba boca arriba.

    Mi verga se elevaba como un mástil, la tomé de las piernas y la puse sobre mí para que me cabalgase.

    -Pon tus pies en la cama mami, dobla tus rodillas, como si estuvieras en cuclillas. – le indicaba.

    -Ok amor, ¿así?

    -Si mami, perfecto, ahora quítate ese vestido y déjame ver tus pechos.

    -Enseguida cariño. ¿Qué tal eh? ¿te gustan las tetas de mami?

    -Me encantan mami, están perfectas, son una delicia – decía mientras me tragaba cada uno de sus pechos jugueteando sus pezones con mi lengua.

    -¡Ah! Si, que rico, con cuidado amor, no muerdas a mami, ah! ¡Así! Que delicia! ¡Ah! ¡ah! ¡ah!

    Llevé mi hinchado glande hasta la entrada de su vagina y sin previo aviso, levanté mis caderas penetrándola hasta el fondo.

    -¡AAH! – un estruendoso gemido me indicaba lo mucho que mami lo disfrutaba.

    Era maravilloso. Podía ver su abdomen contraerse de placer, veía sus musculosas piernas abriéndose, impulsándole pequeños saltos sobre mi verga, y más abajo, veía su exquisita vulva siendo penetrada por un grueso, hinchado y venoso tronco. Sentía sus glúteos rebotando en mis testículos. Su flujo ardiente escurría sobre mi verga. Follamos de esa manera bastante rato, hasta que lo logramos. Un intenso y delicioso orgasmo mutuo.

    Mi verga estalló dentro de ella descargando una enorme cantidad de semen ardiente, y ella se estremeció gimiendo y temblando mientras su vagina se contraía apretando todo mi pene dentro de ella. Podía sentir mi glande estirando sus paredes interiores, acariciando su útero, llenándola de mi leche rebosante con cada movimiento.

    Mi madre no aguató más, sus piernas temblaban como un siervo recién nacido, cayó de rodillas, aun sobre mí, con mi verga hinchada dentro de ella, se recostó en mi pecho, agitada y jadeando. Se quedó allí hasta que mi pene se relajó saliéndose de ella. Luego se recostó a mi lado, aun con su cabeza en mi pecho. Yo llevé mis dedos y los hundí entre su abundante y sedoso cabello. Acomodándoselo y soplando suavemente para refrescar el acalorado encuentro. Con mi otra mano acariciaba su fornida pierna sobre mí pelvis, recorría todo el muslo hasta sus glúteos y los apretujaba con placer.

    Ella sonreía apenada mientras se acurrucaba en mi pecho y disfrutábamos del delicioso placer de nuestros cuerpos. Nos quedamos en mi cama, en silencio, hasta que el cansancio nos venció y quedamos profundamente dormidos.

    Desperté a la mañana siguiente, alrededor de las 10:00 am tirado en el suelo, al lado de mí cama. Una botella de whisky vacía estaba a mi lado junto a un frasco con pastillas para la gripa tiradas por todo el piso. Tenía un dolor de cabeza insoportable y me llevó par de minutos saber dónde me encontraba.

    Era la peor resaca que había tenido en años. Me levanté buscando a mamá, pero mi cama estaba vacía. Salí buscándola por la casa. Papá estaba en la cocina junto a mamá bebiendo café y leyendo el periódico.

    -¿Papá?, pero… ¿cuándo llegaste?

    -¿Llegar de dónde? – me respondió sin levantar la mirada de su periódico.

    -De casa de Julieth

    -¿De qué hablas Donni? Tu hermana se fue ayer luego del almuerzo – dijo mi madre confundida.

    -Pero… y la tormenta, el camino en mal estado, la lluvia…

    -Hijo, debes hacerme caso, el whisky y las pastillas para la gripa no son una buena combinación, ya hasta estás alucinando por Dios – dijo mi padre mientras se levantaba a lavarse.

    -Hijo, vístete, necesito que me compres algunas cosas del supermercado. Mi despensa quedó vacía luego del almuerzo familiar de ayer. – dijo mi madre.

    -¿Ayer? ¿Pero qué carajos…?

    -¡No uses ese lenguaje en casa jovencito!

    -¡Mamá, eso fue hace dos días!

    -¡Ay hijito! ¡mírate! No sabes ni en qué día vives, hazle caso a tu padre y ya deja la bebida ¿quieres? Y date prisa con las compras.

    Ambos salieron de la cocina como un día cualquiera.

    Yo me quedé en la mesa, bebiendo los restos de café, con una migraña del carajo y con la duda existencial más enorme de toda mi vida.

    Espero os haya gustado.

    Con cariño, Donni.

  • Intimidad prohibida

    Intimidad prohibida

    El verano es la estación del año donde ando más caliente, y este verano fue uno en los que más ganas de tener sexo tuve. Es así que estando en una reunión familiar, un domingo después de almorzar en familia, nos fuimos a la pileta que mi tío tiene en una casa quinta, ese día andaba con las hormonas a mil.

    Me puse la bikini más pequeña que tengo, y me dediqué toda la tarde a calentar a mi tío, jugando en la pileta trataba de hacer lo imposible para tocarlo, la espalda, los brazos , hasta que en un movimiento pude rozar su verga, no sé si me pareció a mí, pero estaba media erecta, quizás por tanto franeleo en el juego de pelota, lo cierto es que me corrió una sensación por todo el cuerpo y me dieron ganas de volver a tocarlo, para ver qué pasaba.

    Volví a generar el momento y le pasé la mano por la entrepierna, esta vez con más intensidad, él se dejó, y me dio una señal, como que tenía vía libre para tocar. Pero en la pileta ya no se podía seguir con el juego de tocar. Tenía que esperar otro momento.

    Se pasó la tarde y cuando era ya de noche quedamos en comer en la quinta y había que salir a comprar las cosas para la cena, entonces me ofrecí para acompañarlo y salimos en su auto, en mitad del recorrido le pido que detenga el auto, que tenía que bajar a hacer pis, era mentira me bajé para sacarme la tanga de la bikini, y volví a subir, entonces le digo que esperé que quería algo más, y me acerqué y tomé la verga y se la saque de la malla, para hacerle una buena chupada de verga, él solo gemía, y me decía que está muy rico, que así le gustaría que se la chupe mi tía, yo me sentía más caliente y más morbosa que nunca, cuando eyaculo lo tragué todo, entonces, “ahh hasta te tragas la leche” me dice… me sonreí con cara de atorranta y le contesté “que otras cosas más te gustarían tío?”.

    -Tu culo me gusta nena, ufff -así me lo dijo y se lo prometí para más tarde.

    Hicimos las compras y volvimos a la juntada, avanzada la noche me aparté de la ronda y me fui a un lugar más apartado y él me siguió y nos besamos y sin decir palabras me bajé el short y le ofrecí mi culo, él solo quería meter la verga, apurado empujo como bestia, casi pegó un grito, pero lo dejé y me agarró de la cintura bien fuerte y me dio cuanto bombeo pudo hasta que acabó y esta vez la lechita quedó en mi culo, nos miramos y nos reíamos cómplices.

    Me arrodillé y le empecé a lamer la verga, él estaba en éxtasis del placer y yo quería más verga, cuando estuvo un poco dura y erecta me acosté en el pasto y abrí las piernas, él entendió todo y se acomodó y me penetró esta vez sentía la verga como crecía en mi concha con cada embestida, fue placer de lo más alto, no sé cuánto duró, pero tuve dos orgasmos seguidos y él acabó todo lo que le quedaba de leche dentro de mí. Fue el mejor domingo de pileta.

    Después de ese día, volvimos a tener sexo… pero eso lo dejo para otro relato. Porque ya éramos tres para el sexo…

  • El atraco

    El atraco

    Esperaron a que el mercedes clase S azul abandonara la casa, sobre las siete de la mañana, para saltar la valla e introducirse en el jardín. Con mucho cuidado se acercaron hacia la gran cristalera y sacaron las herramientas necesarias para cortar el cristal y acceder a la vivienda. Una vez dentro se relajaron un poco.

    Comenzaron a inspeccionar todo el salón y el despacho en busca de objetos de valor. Se afanaron en el despacho del abogado y obtuvieron un par de portátiles y unas plumas estilográficas Mont Blanc. Pero no encontraron la caja fuerte. Uno de ellos hizo señas para subir al dormitorio a buscar joyas. Al llegar a la puerta del dormitorio se llevaron una sorpresa. Un pequeño detalle se les había pasado.

    Al ver salir el coche no se percataron de que solo iba el abogado. Su mujer estaba en la casa.

    Se encontraban con un imprevisto por no haber interpretado bien la información recibida por aquel camarero del club de golf. Su informador les dijo que harían un viaje y la casa quedaría sola. Ellos dieron por hecho que el viaje lo realizarían los dos al mismo tiempo, pero no era así.

    La dueña de la casa estaba en la ducha. Ellos, delante de la puerta del baño, podían oír el agua correr. De repente del más bajo se apoderó un ataque de nervios que le impedía pensar con claridad. El más alto, en cambio, decidió que había que actuar con sangre fría. El primero se escondió en el dormitorio esperando una señal de su compañero. Mientras el jefe se apostó junto a la puerta del baño esperando a su víctima.

    Mayte salió de la ducha y envolvió su precioso cuerpo de modelo en un albornoz color melocotón. Luego, inclinando su cuerpo hacia delante, dejó que su melena rubia cayese para poderla envolver en una toalla. Salió del baño hacia el dormitorio. En ese momento, el más alto se abalanzó sobre ella. Con la mano derecha tapó su boca y con el brazo izquierdo rodeó su cuerpo evitando cualquier resistencia. Mayte sentía tanto terror que era incapaz de moverse:

    – No te vamos a hacer daño solo tienes que colaborar.

    Esa era la señal que esperaba su compañero. La sentaron en una silla. Le metieron un tanga en la boca a modo de mordaza y le ataron las manos por detrás del respaldo de la silla. Ahora el más alto miraba fijamente los impresionantes ojos azules de la dueña de la casa:

    – Solo queremos que colabores. Te quitamos la mordaza y nos dices donde están las joyas.

    Ella, que miraba también los grandes ojos verdes de su raptor tras el pasamontañas, asintió con la cabeza. Aquella mirada le resultaba muy familiar, pero no podía situarla. Tras revelar la ubicación y la clave de la caja fuerte, los ladrones se hicieron con un botín de varias piezas de brillantes, rubíes, pulseras y una colección de relojes de lujo que pertenecían al abogado. Después de media hora de registros el bajito se acercó a ella:

    – Bueno ahora quiero divertirme un poco.

    – No por favor, ya lo tenéis todo. Dejadme en paz. -Suplicó la mujer del abogado.

    -Tranquila. Colabora y lo pasaremos bien.

    – Ahora te vamos a desatar y solo tienes que colaborar. –Le dijo en tono tranquilizador el jefe.

    La pusieron de pie y le quitaron el albornoz delicadamente, deleitándose con el maravilloso desnudo de aquella top model espectacular. Ni un gramo de grasa, una cara preciosa. Unos pechos firmes talla 95. Una vulva perfecta con una estrecha franja de vello púbico rubio. Unas piernas largas y bien torneadas en el gimnasio y un culo redondito y duro. Sin saber muy bien por qué toda esta situación comenzó a excitarla, aquellos dos delincuentes encapuchados, que por sus voces debían ser muy jóvenes, los ojazos del alto le seguían resultando familiares.

    Antes de ordenarle que se arrodillara estuvieron acariciando su cuerpo. Ella cerró los ojos y se mordió el labio inferior. No quería que sus pezones delataran su excitación, aunque deseaba ser poseída por aquellos tíos. El alto se sentó en la cama delante de ella y se bajó los pantalones. Ante ella se erguía un falo de más de veinte centímetros y un grosor considerable. Su excitación se disparó. Se hubiera abalanzado a devorar ese trozo de carne. Tenía un olor penetrante a sexo. Volvió a cerrar los ojos:

    – Abre los ojos, –le ordenó– es grande ¿eh? Cómetela.

    Ella se inclinó sobre él y abriendo todo lo que pudo la boca fue engulléndola. La notaba dura y ardiendo. Generó saliva para que la fricción fuera menor y comenzó un sube-baja de cabeza que provocaba gemidos de su raptor. El más bajo, que ya se había quitado los pantalones, se arrodilló tras ella y pasó los dedos por los labios de su vagina. Los tenía mojados:

    – Mira como le gusta. Está caliente la puta.

    El acento de éste le resultó un poco raro además de delatar un bajo nivel cultural. De repente sintió vergüenza de sí misma. ¿Cómo podía estar excitada y disfrutando si la estaban violando? Pero el tío seguía acariciándole el clítoris y empezaba a entregarse. Solo quería tragarse todo el semen de aquél miembro mientras el otro la hacía llegar al orgasmo.

    El bajito paró y tras darle un cachetazo comenzó a lamerle el ano y a introducirle los dedos. Ella aceleró el ritmo de la felación. El jefe le ordenó parar. Se miraban fijamente. La cara de ella estaba toda roja, al igual que sus labios debido a la excitación. Su melena alborotada le daba un punto de leona a su carita angelical:

    – Para. Quiero verte la cara mientras te sodomiza.

    Dicho esto el más bajito se incorporó y separando los glúteos apuntó el glande a la entrada de su ano, Comenzó a empujar hasta penetrarla. Ella soltó un pequeño grito de dolor:

    – Tío a esta tía le dan por culo. Que bien le entra, joder.

    Mayte seguía fija en los ojos del jefe mientras el bajito había empezado un mete-saca anal agarrado a su cadera que la estaba destrozando. Ella trinchó los dientes para evitar llorar/gemir por el daño/placer producido. Pero en ningún momento le retiró la mirada al alto. Lo desafiaba a que la poseyera con su tremenda verga. Tras un grito su raptor este le tiró del pelo y se vino dentro de su recto. La mujer notó como al sacársela también salía semen, que corría por el interior de sus muslos. Se sintió humillada y sucia. Pero aguantó el tirón sin una sola lágrima. El más alto se puso de pie. La levantó y la tumbó en la cama:

    – Ahora vas a saber lo que es un polvo.

    Le abrió las piernas y se puso sobre ella. Se volvían a mirar fijamente:

    – Cabrón- le soltó con desprecio la mujer a la cara.

    Él sonrió y de un golpe de cadera le incrustó la verga hasta el fondo. La mujer dio un grito a mitad entre el dolor y el placer. Durante un rato él solo le daba golpes secos que le llegaban a lo más hondo de sus entrañas. Mayte volvía a estar totalmente excitada y su respiración entrecortada la delataba. El hombre empezó a aumentar el ritmo de sus embestidas sintiendo como su impresionante pene se abría paso a base de desgarros en aquella vagina. Él se mantenía sobre sus brazos y podía ver como los pechos de ella se movían a cada empujón coronados por unos pezones erectos de la excitación… Mayte gemía, resoplaba, gritaba y se agarraba al culo de aquel amante forzoso hasta que se corrió abundantemente en su interior llevándola a un explosivo orgasmo.

    A las doce del mediodía y tras cuatro llamadas sin contestación al móvil y al fijo, el abogado se puso en contacto con la seguridad privada de la urbanización. Éstos, tras encontrar la cristalera del jardín forzada llamaron a la policía. Quince minutos después dos agentes de la Policía Nacional encontraron a Mayte amordazada con un tanga y atada de manos a una silla en su dormitorio. Estaba desnuda y llorando. Su albornoz tirado y la cama revuelta. A las seis de la tarde, un poco más tranquila y avergonzada por lo ocurrido estaba sentada ante una agente:

    – Señora Puy, en su declaración nos dijo que habían sido dos hombres. Pero en el estudio que le hemos practicado tenemos muestras de semen de tres hombres distintos.

    – Bueno. Uno debe ser de mi marido. Esta mañana antes de que saliera mantuvimos relaciones.

    – Perdone que le pregunte esto. Tenemos dos muestras vaginales y dos anales. Tan solo una muestra de semen está en los dos…

    – Por favor, esto es humillante. Sí, con mi marido mantuve relaciones vaginales y anales.

    – Lo siento, pero necesitábamos la información para descartar y seguir con la investigación.

    Hasta un mes y medio después Mayte fue incapaz de salir de casa. Estuvo de baja y se perdió los desfiles de Milán y París. Aceptó la invitación del médico amigo personal y vecino de la urbanización. Llegaron paseando a casa de éste. Su marido le tenía el brazo sobre sus hombros y ella se sentía protegida. Estaban frente a la puerta de entrada al jardín de la casa cuando se abrió. Era Sito, el hijo de su amigo que salía a la calle en ese momento. Les saludó apresuradamente y se fue hacia un Opel Astra gris, tuneado, que le esperaba. Pero durante dos segundos cruzó se mirada con Mayte quién se quedó petrificada. Aquellos ojos. Era él. Fue Sito quién la violó. Volvió la cabeza y pudo ver como el coche salía rápido conducido por otro individuo…

  • Un hombre divino me hizo suyo

    Un hombre divino me hizo suyo

    Uno de los hombres más lindos que me hizo la cola, fue un señor con el que me crucé en las duchas de un sauna que había cerca del parque Centenario, una tarde estaba bañándome y este hombre divino, de profesión marchand, de unos 45 años, (yo tenía solo 21) alto de 1.90, el cabello blanco lacio, bigotes tipo mostacho, frondosos también blancos, delgado, muy culto, educado y con una verga divina de 20 por 6,5, una maravilla, hasta media dormida era una belleza, entró a bañarse y se puso en la ducha que estaba frente a la que yo usaba, ni bien lo vi, noté la belleza que le colgaba entre las piernas, además de ver lo pintón e interesante que era, que lindo tipo, me gustó ni bien lo vi.

    Le di la espalda para que aprecie mi cola bien parada y durita, me pase sin disimulo un dedo por mi agujerito, él empezó a lavar esa verga hermosa, mostrándome como se le iba poniendo cada vez más grande, era evidente lo que buscábamos cada uno de nosotros.

    Mirándolo sonriente por sobre mi hombro, sin darme vuelta me pasé más dedos enjabonados por mi ano, llegando a introducirme uno yo mismo, el tipo tomó eso como una invitación, cerró la canilla de su ducha y vino a la mía, y me dijo…

    -nos podemos bañar juntos, así te ayudo a enjabonarte la cola

    No me dio muchas opciones, porque mientras lo decía, ya me estaba acariciando el culo, tenía unas manos enormes, dedos finos y largos, manos muy grandes, cada una cubría cada nalguita mía, entonces me pidió que le dé el jabón, mire sus dedos mientras se enjabonaba, y vi los dedos más largos que había visto en mi vida, me pasó la mano entera llena de jabón por la raya de mi culo, y pronto sentí como uno de esos dedos entraba en mi hoyito, lo miré emputecido y me mordí mi propia mano para no gritar, entonces dijo…

    -mmm, que lindo agujerito, tenés una conchita acá, que lindo puto sos ¿por qué no chupas, mi mano mejor?

    Quité mi dedo de la boca, puso los suyos en ella y se los empecé a chupar como si fueran una pija, mientras seguía metiendo ahora dos dedos, en lo que él llamo mi conchita.

    Un momento después saco su mano de mi boca, me mostró su lengua y nos dimos un besazo bien apasionado, mientras yo le manoseaba la verga que ya estaba bien dura y totalmente parada, entonces me dijo…

    -chupámela un poco bebé

    -¿Acá? -pregunté

    -Sí, hacelo acá, arrodíllate putito

    No podía negarme, era un bombón y no quería que se vaya, me puse de rodillas, el cerró la canilla, tomé ese pedazo divino de carne fibroso y grueso y lo empecé a besar y lamer delicadamente, mientras acariciaba sus pelotas, todo el conjunto era una belleza, de a poco me fui metiendo esa hermosura en la boca, hasta prácticamente rodearla toda con mis labios, en un momento, me tomó de la nuca y empujó mi cabeza contra su cuerpo, me la hizo tragar toda hasta los huevos, esa pija era una belleza, su piel suave, ese olor a hombre, estaba gozando como una zorra, empecé a tener arcadas y tuve que esforzarme para mantenerla un rato dentro de mi boca, mi único anhelo, era hacerlo disfrutar, pero no quería que el tipo acabe, deseaba sentirlo en mi cola, entonces lo miré desde abajo mientras le pasaba la lengua por el frenillo y le dije…

    -llévame a una cama y cogeme, papi, quiero sentirla en la cola, por favor

    En ese sauna, había una sala abierta con 6 catres con sábana, almohada y todo, una al lado de la otra ,entonces me dijo que vayamos hacia allí, nos secamos y fuimos, por suerte había un par de catres libres, en dos de ellos habían tipos descansando y en los otros, dos parejas cogiendo, ocupamos una y me dijo…

    -acostate y dame esa conchita que tenés en la cola, maricón

    Me acosté y me chupo la cola, me dejó lo que él llamaba mi conchita, totalmente empapada con su saliva, luego me dio vuelta, se colocó un condón, me puso mirando hacia arriba, levantó mis piernas, las abrió, las separó bien y las apoyó sobre sus brazos, y mirándome fijamente a los ojos, me la empezó a meter muy lentamente, me empezó a coger igual que un macho se coge a una hembra, por Dios, me hizo sentir mujer, y me dijo:

    -Toma nene, querías pija ahora te la vas a comer toda, abrite bien putito

    -Ahh por Dios, mi vida, Dios mío, diablos que pija tenés, ay que dolor, mmm papito por favor

    -si bebé, abrite bien, aguantala putita, ya está, ya está mi amor, ya pasa, ya tenés la mitad adentro, un poco más y entra toda

    -papi, que pedazo, por Dios, que lindo sos, dámelo todo

    Todo esto casi al lado de varios tipos que estaban en las otras camas y que presenciaron atentamente como me cogia y me hacía gozar.

    Esas eran mis expresiones y su forma de contenerme, hasta que la tuve toda adentro, me dilate bien y empecé a gozar como una perra y a emitir sonidos que expresaban mi placer, nos miramos fijamente extasiados de placer durante todo el polvo, hasta que tuve uno de los mejores y más placenteros orgasmos que había tenido con un hombre, por supuesto él, al ver que yo acababa como una yegua, hizo lo propio y me dejó su esperma dentro de mi conchita y lamentablemente en el forro, porque hubiera deseado sentir su leche dentro mío, pero no se podía, ni quería arriesgar más mi vida.

    Como me cogió este hombre, fue hermoso, una de las vergas más gruesas que sentí en mi vida, cuando la vi por primera vez pensé que no me la iba a aguantar, pero fue un maestro para ponérmela, me la hizo sentir toda, entrando lentamente con mucha dulzura y paciencia.

    Éste mismo hombre, como 20 años después, fue traído por mi mujer de aquel momento por casualidad, con ella comenzamos a hacer tríos, después que descubrió que yo me la comía y empezó a traer tipos a casa para que se la cojan delante mío y hacerme cornudo.

    Pero esa y otras aventuras que viví con ella se las contaré en otro relato muy pronto.

    Espero que les haya gustado y hayan gozado la lectura como yo gocé a ese hombre maravilloso.

    Pueden dejar un comentario aquí o escribirme a mi correo.

    [email protected].

    Besos a todos mis lectores.

  • Mis amigas (I): Patricia

    Mis amigas (I): Patricia

    Semanas antes del inicio de la pandemia decidí cambiar de trabajo con nuevos retos y mejor paga, pero las oficinas quedaban a casi a dos horas de mi casa lo cual lo veía como una gran obstáculo. Después de hacer unas averiguaciones supe que Patricia, una antigua compañera de trabajo, vivía a sólo tres cuadras de mi nuevo trabajo.

    La llamé y después de la clásica conversación de rigor le consulté si por ahí había departamentos en alquiler para que me pueda recomendar. No fue difícil ya que me dijo que estaban alquilando un mini departamento en el tercer piso donde ella vivía. Ese mismo día cerré el trato para el alquiler y la mudanza en los días siguientes sin ningún contratiempo.

    Patricia es una chica de 25 años, de estatura mediana, una carita redonda muy linda, ojos color caramelo, de rizos negros y piel canela. De 1.70 de estatura, de contextura mediana, senos medianos y con un culito respingón.

    Durante las primeras semanas aprovechamos para conversar mucho, ahí pude conocer que le gustaba mucho hacer ejercicio, pero por la zona donde vive al estar cerca de una zona industrial no le gustaba salir porque los trabajadores mucho la fastidiaban entonces le ofrecí que hiciera ejercicio en mi departamento ya que había llevado un caminadora y algunos accesorios para ejercitarme así que aceptó encantada.

    Y así fue que con ella comenzó a hacer ejercicio casi todos los días e incluso le dije que podía entrar al departamento en horas que estaba en el trabajo. Hasta ahí todo normal, cuando yo estaba ahí ella llegaba con buzo y una camiseta ancha, nada llamativo.

    El día que decretaron la cuarentena por la pandemia, salí temprano del trabajo llevando el equipo con el que iba a trabajar desde casa. Al entrar me quedé de piedra. Ahí estaba Patricia haciendo ejercicios, pero ahora estaba con un short de licra negra y un top amarillo que por el sudor estaba bien pegado a su cuerpo y marcaba claramente sus pezones. Cuando se dio cuenta que la estaba mirando se avergonzó un poco y trató de cubrirse un poco con su toalla. Traté de actuar con naturalidad

    -No me di cuenta que habías llegado -me dijo.

    -Me dejaron salir temprano por lo de la cuarentena que han decretado. Ahora voy a trabajar desde acá. Voy a acomodar un espacio donde poner la pc. Continúa con tus ejercicios ya no te distraigo.

    -Ya estaba acabando. Estoy toda sudada. Nos vemos después.

    -Ok. Nos vemos luego.

    Acomodé mi lugar para trabajar en la sala, frente a donde estaba la caminadora, en realidad no había mucho espacio. Al terminar de probar las conexiones entré al baño para darme una ducha cuando tocan a mi puerta. Me coloco una toalla en la cintura y salgo a ver. Ahora es ella quien se quedó quieta de la sorpresa. Mientras yo la miraba divertido.

    -¿Qué pasa?

    -Eh… este… ah sí, venía a preguntarte si podías acompañarme comprar algunas cosas. -me dijo sin dejar de recorrer mi cuerpo con su mirada.

    -Si claro, yo también pensaba comprar algunas cosas. Dame unos 5 minutos que me ducho y salgo.

    Fuimos a varios lugares comprando diferentes cosas hasta que llegamos a la farmacia donde íbamos a comprar mascarillas y un poco de alcohol en gel. Estábamos esperando que nos atendieran cuando una promotora se nos acerca y le ofrece a Patricia algunas cosas de higiene femenina.

    -También deberían llevar condones, digo por la cuarentena -comentó la promotora en un tono pícaro.

    -Nooo jajaja… es mi amigo nada más. -respondió Patricia.

    -No se preocupe señorita, con esta pandemia no sabemos si después vamos a tener que repoblar la tierra, así que los condones no serían necesarios… jajaja -respondí divertido- pero si tal vez un poco de lubricante que nunca se sabe -le dije a la promotora dándole una mirada cómplice.

    -Jajaja que chistoso -dijo Patricia dándome una palmada en el brazo.

    Ya de regreso al edificio, quedamos en juntarnos para cenar para conversar un rato.

    -Espero que tu rutina de ejercicios no cambie -le dije.

    -Bueno, no quiero incomodarte ahora que vas a estar ahí trabajando -me respondió.

    -No, para nada. Me caerá muy bien tu compañía.

    -Está bien. Mañana vengo entonces.

    Al día siguiente, se apareció pero con buzo y una polera ancha.

    -Oye, así no vale -le dije apenas la vi

    -¿Qué pasó? -me dice contrariada.

    -¿Dónde está tu outfit de ayer?

    -Ah… nooo… me da roche -me contestó un poco ruborizada.

    -Nada de roche. Para hacer ejercicio debes estar cómoda para que lo aproveches al máximo. Además te queda muy bien. -añadí.

    -Bueno, está bien. Me voy a cambiar. Ya regreso.

    Luego de unos minutos volvió, pero estaba vestida igual.

    -¿De verdad te cambiaste? -le dije.

    -Sí. Pero me da un poco de vergüenza.

    -No te cortes. Trataré de no mirarte… tanto.

    -Ok.

    Se fue en dirección a la caminadora y se sacó la polera y el buzo. Me quedé hecho una piedra nuevamente. Estaba con un short de licra y un top ambos de color rojo. Se dio vuelta e hizo gestos como si estuviera modelando.

    -¿Qué tal?

    -Asu -sólo atiné a decir.

    -Dijiste que no ibas a mirar -me dijo con una sonrisa.

    -Imposible dejar de mirarte…

    -Ya basta… creo que mejor me voy.

    -No, no. Ya, está bien… me concentraré en mi trabajo.

    Me acomodé en la mesa donde está la pc e intenté concentrarme pero resultó imposible. Incluso mi pene comenzó a despertase con cada sentándola que ella daba. No pude más y me fui al baño. Ahí liberé mi pene pero no me pajee… sólo me lavé la cara y salí, pero me acomodé mi pene de tal forma de que la erección ser notoria. Al regresar estaba de sentada en el piso haciendo estiramientos.

    -¿Cómo vas? -le pregunté parándome a su lado, su cara quedaba a la altura de mi pene.

    -Aquí, todo bi… -se cortó notando mi paquete- todo bien -completó aclarando la garganta.

    -¿Te ayudo con los estiramientos?

    -Hmm. Ok.

    Comenzamos su rutina y con cada contacto que le daba con mis manos ella se estremecía y lo notaba porque sus pezones comenzaban a marcarse en su top. Un leve quejido me sacó de mi trance. Me dijo que había sentido un ligero tirón en su muslo a lo que rápidamente comencé a masajearle. Ahí creo que fue el punto sin retorno.

    La hice recostarse en el sillón y continué con los masajes. Cada vez iba subiendo más y más hasta llegar a los límites de su pequeño short. Su respiración agitada y la separación de sus piernas me confirmaban que no había rechazo de su parte. Continué y ahora mis manos llegaban hasta su vagina por encima del short con cada pasada que le daba. Muy pronto lo único que masajeaba era su entrepierna a lo cual respondía con gemidos.

    Mientras mi mano derecha seguía frotando su vagina mi mano izquierda fue subiendo hasta tocar uno de sus pechos. Ella tomó mi mano y la apretó aún mas contra su vagina y con su otra mano buscó mi paquete el cual sujetó con firmeza. Subí su top para liberar sus pechos y de paso pellizcar sus pezones que estaban bien duros.

    Ella me soltó solo por un instante para sacarse el top y me agarró el paquete otra vez. Me acerqué a sus pechos y comencé a pasar mi lengua y dar pequeñas mordidas sobre sus pezones provocando que soltara gemidos y suspiros cada vez más fuertes. Luego me dirigí a su short y se lo saqué junto a su pequeña tanga, Patricia levantó sus caderas y tiré hacia sus piernas dejando al descubierto su sexo totalmente depilado con unos labios hinchados y ya bastante mojados. Me acerqué y comencé a pasar mi lengua a lo largo de sus labios hasta llegar hasta su la entrada de su ano, sus gemidos iban en aumento.

    Tomó mi cabeza y me presionó contra su sexo cuando mordí su clítoris. Tuvo un par de espasmos para luego correrse abundantemente mientras sus piernas comenzaban a temblar. Me saqué el pantalón y acerque mi pene a su rostro. Abrió la boca y le metí mi pene a lo que ella comenzó a chuparlo al mismo tiempo que masajeaba mis testículos.

    Después de que se recuperó de su corrida, me hizo sentarme en el sillón para luego sentarse encima de mí tomando mi pene y dirigiéndolo a su vagina. Se introdujo todo y se quedó quieta. Estaba con los ojos cerrados y respirando agitadamente. Me abrazó, nos comenzamos a besar y nuestras lenguas jugaban entre sí, lentamente comenzó a moverse en círculos y mis manos fueron a sus nalgas y le ayudé en ese vaivén. Poco a poco sus movimientos se fueron acelerando y me abrazaba cada vez más fuerte. Sus gemidos se escuchaban por todo el departamento.

    Uno de mis dedos comenzó a jugar en la entrada de su ano y pronto ya lo había metido hasta la mitad a lo que ella respondió acelerando sus movimientos y apretando los músculos tanto de su ano como de su vagina. Después de unos minutos se puso rígida por un instante para luego correrse encima de mí dando un gran grito de placer. Su cuerpo se relajó tanto después de su corrida que pensé que se había desmayado pero se recompuso después de unos instantes.

    La tomé de la mano y la lleve mi cuarto. La eché boca abajo y comencé a darle un masaje por su espalda y fui bajando hasta llegar a su culo. Comencé a jugar en círculos con su entrada. Busqué el lubricante que había comprado el día anterior. El contacto del frío lubricante con la entrada de su ano le hizo dar un respingo.

    -Nunca lo he hecho por ahí -Me dijo volteándose.

    -Hoy es una fecha especial entonces -le dije.

    -Hazlo despacio por favor.

    -Es lubricante te va a ayudar.

    Dicho esto le eché una buena cantidad y con mi dedo lo iba metiendo poco a poco… luego metí un segundo dedo para que se vaya acostumbrando. Después de un rato su entrada ya estaba dilatada y bien lubricada. Me eché un poco de lubricante y le dije que se colocara la almohada debajo de su barriga para que su cola quedaba más expuesta.

    Me acerqué y coloque la punta de mi pene en su entrada trasera. Comencé a empujar despacio hasta que el glande entró y ella respondió con un quejido. Unos segundos después seguí presionando hasta que llegó hasta la mitad.

    -Duele mucho -me dijo entre quejidos.

    -Sólo un poco más -le respondí al mismo tiempo que presionaba un poco más.

    Pronto ya había entrado todo. Me quedé inmóvil para ayudarla a que se acostumbre a esta primera invasión anal que está recibiendo. Pasé mi mano por debajo y comencé a masajear su clítoris para estimularla. Comencé a moverme lentamente disfrutando cada centímetro que entraba y salía de ella. Sus quejidos eran reemplazados por gemidos ahogados por el dolor. Le saqué mi pene, la puse en cuatro patas y la penetré nuevamente. Sacaba todo el pene menos el glande y luego lo metía hasta que chocaba con sus nalgas.

    Sus quejidos se convirtieron en gemidos cada vez más fuertes.

    -Ahh… ahh… me corro… me corro -me avisaba.

    -Yo también estoy cerca.

    -Me corrooo.

    Se corrió una vez más y se dejó caer. Y yo me dejé caer encima de ella haciendo que la penetración sea más profunda mientras que me corría y le llenaba los intestinos de semen. Estuvimos un rato recuperando la respiración y me salí de dentro de ella. Vi que salía semen con un poco de sangre de su recién estrenado ano. Patricia se echó sobre mi pecho exhausta.

    -Esto no me lo esperaba -me dijo

    -Yo tampoco, pero esta cuarentena va a ser más divertida de lo que pensaba.

    -Y recién empieza…

    Han sido varios meses que hemos estado sin salir y como podrán imaginar las sesiones de sexo han sido innumerables…

  • Me escapé con mi sobrina

    Me escapé con mi sobrina

    Este es mi primer relato. Les comparto algo real. Esto sucedió hace algunos años.

    Llevábamos poco tiempo de estar mandándonos mensajes mi sobrina y yo y un domingo por la tarde mientras preparaba mis cosas para el trabajo ella me comentó que estaba en una fiesta. Decía que la fiesta estaba medio aburrida y que se había echado unos tragos.

    Le dije que si quería que pasara por ella para dejarla en su casa y me dijo que si, entonces en casa solo dije que saldría un momento. A mi novia le dije que estaría viendo unas cosas de la casa.

    Pasé por ella y efectivamente olía a alcohol. Nos saludamos y agarramos camino a su casa, pero me dijo que no la llevara a casa, que mejor diéramos una vuelta. Mientras decía eso me acarició la pierna y rozaba un poco la entrepierna.

    Le pregunté:

    -¿segura que quieres que te lleve a otro lado? -a lo que dijo que sí.

    En lo que aclaraba mi mente agarré camino a la gasolinería, cargué gas y le pregunté que si ya nos íbamos a casa, a lo que dijo que no y nos comenzamos a besar. Vaya manera de besar la de ella.

    -¿Segura que quieres ir a otro lado? -Asintió diciendo que era virgen lo que me prendió mucho más.

    Llegamos al motel, entre beso y beso comenzamos a quitarnos prendas. Me cogí a mi sobrina y me gustó, a ella la enloqueció sentirla dentro.

    Cuando la fui a dejar a su casa, aún no llegaba nadie y ella seguía queriendo que la penetrara…

    Esa fue la única vez que cogimos.

    ¿A ustedes les ha pasado algo con algún familiar?

  • Mi novia comparte mi leche con su amiga

    Mi novia comparte mi leche con su amiga

    Mi (ex) novia un día me comenta que le mostró una foto de mi verga a una amiga que quería cumplir la fantasía de probar una pija así de grande.  Ella siempre se sacaba selfies con mi verga, pero no sabía que se las mostraba a sus amigas, seguramente para alardear del gran pedazo que se comía a diario. Pero era demasiado celosa como para compartirlo, así que se negó a la propuesta de su amiga de probarlo.

    Un día me llama por teléfono y me dice que vaya a su casa porque me necesitaba para algo, así que tomé mi moto y salí. Al llegar entro y veo que está con una amiga, la cual me presenta diciéndome que era la que quería comerse al fin una pija grande como la mía. Fue una gran sorpresa porque desde un principio había dejado en claro que era muy celosa. Le pregunto si había cambiado de parecer y me dice que su amiga no me iba a tocar, solamente iba a ver mi verga en acción y eyaculando. Yo entendía cada vez menos, así que le pregunté si yo me tendría que masturbar mientras ella me veía, a lo que me responde: «no corazón, yo me encargo».

    En ese momento ya mi mente estaba fantaseando en lo que estaba por pasar así que ya se me estaba marcando la pija media dura, a lo que la amiga se me acerca y me la agarra por sobre el pantalón corto que yo tenía puesto. Sin pensarlo mi novia le saca la mano de un tirón y le advierte: «ya te dije que nada de tocar! Solo mirar o no se hace nada». Entonces mi novia me mete la mano dentro del pantalón y empieza a acariciarme la cabeza de la verga, mientras me dice: «cuando quieras comenzamos mi amor».

    Me pongo a pensar en que mi novia me iba a pajear con su amiga desconocida mirando, mientras mi novia seguía acariciándome con un par de dedos la cabeza ya escapándose del pantalón por la parte superior, toda esa extraña situación era súper excitante. Así que no lo dudé y me bajé el pantalón y lo aparté con un pie, dejando toda la pija desnuda a plena erección. Mientras mi novia me sacaba la remera, su amiga agarró una silla y se la trajo bien cerca mío, sin dejar de mirar fijamente todo el pedazo de carne. Todavía no habíamos hecho nada y yo ya estaba súper caliente, desnudo con mi novia a un costado agarrándome el tronco de la verga, y del otro lado su amiga sentada esperando que comience el show.

    Mi novia comienza a masturbarme ante la mirada concentrada de su amiga admirando como la mano recorría todo mi miembro en ambos sentidos. Pasan un par de minutos y mi novia se detiene y sale apurada hacía el baño diciendo: «me olvidé del lubricante!», controlando en su ida que su amiga no toque la mercancía. Dicho y hecho, en cuanto mi novia se pierde de la vista, su amiga me agarra el tronco con ambas manos, como midiéndolo, quedándole afuera la hinchada cabeza roja, levanta la mirada y me dice: «me lo quiero comer todo». Mi verga palpitaba fuertemente entre sus manos, hasta que se escucha que estaba volviendo mi novia, entonces me lo suelta de golpe y se incorpora con mucho disimulo, ante la mirada desconfiada de mi novia que ya estaba de nuevo a nuestro lado.

    Mi novia se unta la mano y continúa con la masturbación por un par de minutos, pero yo ya no podía contenerme de tanta calentura así que giro mi cabeza hacia ella y le digo que estaba por acabar, a lo que responde acercándose a mi oído: «mostrale como acaba una pija de verdad».

    Giro mi cuerpo hacia su amiga, apuntando mi verga hacia su cara, y aprovechando que mi novia había quedado detrás de mi espalda, ella acerca su boca semiabierta y la apoya levemente en la cabeza, sintiendo como me la roza con cada movimiento que hacía mi novia con su mano. Yo hago dos o tres movimientos hacía adelante y atrás, introduciendo algunos centímetros mi falo entre sus labios, y me viene encima un orgasmo súper potente y sale mi primer chorro de leche, demasiado cargado y con mucha fuerza pega contra sus dientes.

    Ella se asusta y se hace hacia atrás, y me queda mirando la verga mientras lanza otros dos o tres chorros que impactan contra su pecho y se chorrean por entre sus hermosas tetas bajando hacia adentro de su escote. Se mira el pecho todo mojado y luego levanta la mirada hacia mi, y me queda mirando pasándose un dedo por sus labios con semen mientras termino por echarle otros cuatro o cinco chorros más de leche en su vestido y parte de sus piernas. Mi novia seguía pajeándome mientras de a poco cesaban las olas de placer sobre todo mi cuerpo. Había sido un orgasmo estremecedor.

    Finalmente mi novia suelta mi pija aún dura y erecta, y comienza a reírse mientras mira a su amiga con rastros de leche encima. La amiga se para y ambas van hacia el baño a asearse, así que yo hago unos pasos hacia atrás y me siento en el sillón. Luego de unos minutos veo que están volviendo así que me recuesto sobre el respaldo del sillón, quedando a propósito en una posición donde mi verga parecía un mástil de lo parado y duro que todavía estaba.

    Su amiga al verme dice con tono cachondo: «ah bueno amiga! Y ahora qué podemos hacer con todo esto??». Pero al contrario mi novia le contesta: «Vos ya no vas a hacer nada!», y levanta mi pantalón del piso y me tapa el mástil mientras la invita a que se vaya porque nosotros teníamos cosas que hacer a solas. Resignada agarra sus cosas y cuando pasa al lado mío vuelve a agarrarme fuerte del miembro, quitándome el pantalón de encima y logrando un campaneo de verga que volvía a apuntar hacia arriba como un resorte, me tira un guiño de ojos y se va caminando detrás de mi novia que no llegó a enterarse de lo ocurrido.

    Mi verga se había quedado con ganas de más, así que cuando vuelve mi novia la agarró sin decir nada y la acuesto sobre la mesa, le sacó la tanga de un solo movimiento y me agarró la verga aún con lubricante y se la hundo hasta los huevos de un tirón. Ella hace un gemido largo, pero no dice nada, solo me mira.

    Le pongo sus tobillos sobre mis hombros, la agarro de sus caderas y empiezo a bombearle el pedazo de carne con mucha fuerza y velocidad, mientras mi mente solo sigue recordando cómo hace instantes todo desnudo eyaculaba sobre una desconocida mientras mi novia me masturbaba.

  • Quiero que me hagas lo que le hiciste a mi madre, tío

    Quiero que me hagas lo que le hiciste a mi madre, tío

    Hugo era un cuarentón divorciado, pelirrojo, de estatura mediana que había ido a la casa rural de su hermana Chelo para aislarse y escribir una novela que debía entregar en su editorial antes de tres meses. Solo salía de su habitación para dar un paseo matinal y para desayunar, almorzar y cenar.

    En la casa rural vivía Chelo, su hermana gemela, una mujer pelirroja y voluptuosa y su sobrina Lucía, una joven alta, delgada, pelirroja, pecosa, con el cabello muy largo y rizado, muy guapa e inexperta en el terreno sexual.

    A la tercera noche de estar Hugo en la casa rural, una noche en que llovía a cántaros y en la que la tormenta hiciera que se fuera la luz, Lucía vio pasar una luz por el pasillo, se levantó de la cama, asomó la cabeza en la puerta y vio a su madre en camisón meterse en la habitación de su tío iluminada con una vela que llevaba en su mano derecha. Salió de la habitación en camisón y fue a poner la oreja en la puerta de la alcoba donde dormía su tío. Se preguntó a si misma:

    -¿Qué tramará mi madre a estas horas?

    Chelo apagó la vela, quitó el camisón, se metió en la cama de su hermano, y le dijo:

    -Sin ropa hace frío.

    -A mi me dejaste con frío hace muchos años.

    -Te habías casado, no iba a ser tu querida toda la vida.

    -Pues casarte con esa mierda que te dejó por otra más joven que tú no creo que fuera muy buena idea.

    -No hurgues más en la herida.

    Chelo metió la cabeza debajo de la colcha y de las sábanas y comenzó a hacerle una mamada a la flácida polla de su hermano que reaccionó poniéndose dura unos segundos después. Masturbándola sacó la cabeza de debajo de la ropa.

    -Ahí debajo se ahoga una.

    Hugo le dijo:

    -Sigues mamando de maravilla.

    Lucía con la oreja pegada a la puerta se empezó a poner cachonda, y más aún cuando su madre le dijo a su tío:

    -Tú también comías el coño de maravilla.

    -Tuve una buena maestra. ¿Quiere la maestra que se lo coma?

    -Ya estás tardando.

    A Lucía nunca le habían comido el coño y las palabras de su tío y de su madre hicieron que se mojara.

    Hugo se había metido debajo de la ropa y lamía de abajo a arriba el coño de su hermana. Chelo sabía el calor que había allí debajo, así que se quitó la ropa de encima para que siguiese con la faena. Hugo, le preguntó:

    -¿Quieres que siga hasta que te corras en mi boca?

    -Quiero.

    Hugo tenía las dos manos sobre las tetas de su hermana y se las magreaba mientras su lengua lamía desde el ojete al coño. Cada vez que su lengua estaba abajo, Chelo levantaba el culo para que su hermano pudiese lamer y follar su ojete, luego le ponía la vagina a tiro para que le hiciese lo mismo y movía el culo alrededor al estar la lengua sobre el glande del clítoris erecto y fuera del capuchón.

    Lucía, que dormía sin bragas, sintiendo los gemidos de su madre echó una mano al coño y apretó las piernas. No sabía masturbarse, que si supiera se hacía una paja cómo un mundo.

    Un rosario de gemidos más tarde, le preguntó Chelo a Hugo:

    -¿Preparado?

    -Sí.

    Hugo le metió la mitad de la lengua en la vagina y con la otra mitad le aplastó el clítoris, Chelo movió el culo alrededor y segundos después, le dijo:

    -¡Me corro!

    Chelo gimiendo se corrió cómo una fuente y Hugo tragándose toda aquella agua termal la meneó y se corrió.

    Lucía con la excitación tuvo su tercer orgasmo. Los dos primeros los tuviera en sueños. Le temblaron tanto las piernas que dio con el culo sobre la madera del pasillo. Ya se sabe que los ruidos de noche se oyen con mucha más fuerza. Chelo y Hugo se miraron, sin decir nada estaban pensando lo mismo, Lucía los estuviera espiando. Chelo puso el camisón. Cuando salió de la habitación de su hermano ya Lucía había vuelto a la suya, pero había dejado su huella, huella de jugos de su corrida sobre la que un pie descalzo de Chelo patinó y casi se rompe los piños. Chelo no fue a habitación de su hija a llamarle la atención, no se veía con derecho a hacerlo.

    Al día siguiente Hugo después de desayunar fue a dar su paseo matinal. Al llegar a su habitación vio a su sobrina sentada sobre su cama con las piernas cruzadas. El cabello le caía cómo una cascada por detrás y por delante. Estaba vestida con una de sus camisas. La camisa la tenía abierta y dejaba ver parte de sus redondas y grandes tetas, la gran mata de vello pelirrojo de su coño y sus largas, delgadas y preciosas piernas. Hugo, desde la puerta, le dijo:

    -¿Y tú madre?

    Lucía salió de la cama y caminando sensualmente hacia él, le respondió:

    -Va en el mercado.

    Hugo cerró la puerta, Lucía le rodeó el cuello con los brazos y le dio un beso con lengua que le puso la polla dura y latiendo, luego le dijo:

    -Quiero que me hagas lo que le hiciste a mi madre, tío.

    -¿Y si vuelve del mercado?

    -Aún va a tardar.

    -Entonces antes te voy a hacer lo que llevo tiempo deseando hacerte.

    -¿Qué me quieres hacer?

    -¡Romperte el coño!

    Lucía se asustó.

    -¡No! Métela poquito a poco.

    Hugo cogió a su sobrina por el culo, la levantó en alto en peso, la arrimó a la pared, sacó la polla empalmada y le clavó la cabeza en su pequeño coño. Lucía se quejó.

    -¡Me haces daño!

    Se la sacó y la volvió a llevar a la cama. Allí con los brazos estirados y las manos apoyadas en la almohada, le dijo:

    -Cógela y métela tú.

    Lucía le cogió la polla, la puso en la entrada de la vagina, le echó las dos manos al culo y fue tirando de él. A medida que le iba entrando y le dolía, le clavaba las uñas en las nalgas, al hacerlo Hugo le comía la boca… Al final, con toda la polla dentro de su coño, la folló con delicadeza, o sea, muy, muy despacito. Lucía al principio aún se quejaba, pero pasado un tiempo le comenzó a gustar… Entre besos y gemidos le fue gustando más y más y más, hasta que le gustó tanto que le dijo:

    -Para, tío, para, para qué me corro.

    Hugo, extrañado, le preguntó:

    -¿No quieres correrte así?

    -Sí, pero quiero que dure.

    Hugo no paró. Le dio caña brava.

    -Malo, malo, malo, malo. ¡Me viene!

    Lucía se corrió cómo un río. Hugo la siguió follando para que se corriera otra vez y pasó lo que suele pasar en estos casos, que le vino a él. La sacó y se corrió en los labios del coño y sobre el clítoris. Sintiendo cómo la leche empapaba todo su coño le dijo Lucía:

    -La próxima vez dámela en la boca.

    Le llevó la polla a la boca, Lucía se la chupó y aprovechó las últimas gotas de leche, después le dijo:

    -Hazme lo que le hiciste a mi madre, tío.

    -¿Quieres que te coma el coño?

    -Sí.

    Hugo metió la cabeza entre las piernas de su sobrina y lamió su coño empapado. Con la lengua pringada de leche y jugos la besó y Lucía se tragó parte de ellos, luego le comió las tetas, por poco tiempo, no fuera que volviese Chelo del mercado. Al volver a su coño le retiró con un dedo la capucha del clítoris y lamió el glande.

    -¡Qué gusto! Todo, hazme todo cómo se lo hiciste a mi madre.

    Hugo le levantó el culo con las dos manos, le lamió el ojete y se lo folló, lo dejó bajar un poquito, le lamió los labios y le folló la vagina, luego le volvió a lamer el glande del clítoris. Volvió a levanta su culo y volvió a lamer y follar el ojete. Lo dejó caer para agarrar sus tetas y magrearlas y ya Lucía levantó el culo para que le siguiera lamiendo y follando el ojete y su vagina, después bajó el culo para que lamiera bien su clítoris… Siguió subiendo y bajando el culo hasta que gimiendo cómo una llorona, le preguntó:

    -¿Preparado?

    -Sí.

    Hugo le metió la mitad de la lengua en la vagina y con la otra mitad le aplastó el clítoris, Lucía, cómo si su madre le hubiese dicho lo que tenía que hacer, movió el culo alrededor y se vino en la boca de su tío, diciendo:

    -¡Me corro!

    Estaba Lucía sacudiéndose con el placer y jadeando cómo una perra cuando sintieron una voz que decía:

    -¿Dónde andas, Lucía?

    Lucía andaba con los ojos en blanco volando entre nubes de placer.

    Quique.

  • Paisaje urbano con mancha

    Paisaje urbano con mancha

    Un día fui al estudio de Sara. Ella me había invitado varias veces, pero, hasta ese día, no se me había ocurrido acudir a sus citas. Su estudio estaba en una céntrica calle de la ciudad. Sara no vivía allí, sólo trabajaba, pintaba. Pulsé el botón del porterillo y enseguida oí su voz: «¿Quién? «Hola, soy yo, Carlos», respondí, y, tras un zumbido, el portal se abrió. Subí a la segunda planta. En el rellano vi que una puerta estaba entreabierta; supuse que era la del estudio de Sara y entré.

    Avancé por un pequeño recibidor hasta llegar a una habitación más amplia. Descubrí a Sara entre todo aquel desorden. Ella, de espaldas a mi, se afanaba en un cuadro. Me acerqué. El cuadro era un paisaje urbano. El estilo era muy peculiar por la manera en que las formas se difuminaban y el enorme colorido, estridente. «No sé, le falta algo, el cielo…, no…», decía Sara, aún sin mirarme, como para sí. «Yo lo veo muy bien», comenté. Sara se giró en su taburete. Sara era baja de estatura, de cintura fina, caderas anchas, pechos floridos, culo carnoso y redondo, y muy guapa; su media melena resaltaba la suavidad de su armonioso semblante. «No, le falta algo», insistió Sara; «Pues, no sé…», dije dubitativo. Ella me miró, fijamente, desde abajo; su rostro, a la altura de mis muslos, era misterioso: contorsionaba los labios y miraba de soslayo el pincel que todavía portaba en una mano. Tiró el pincel al suelo. «Carlos, ¿tienes ganas?», me preguntó; «¿De qué?», pregunté a mi vez; «¡De qué va a ser, de sexo!», exclamó; «Chica, yo…».

    En un visto o no visto, Sara abrió la portañuela de mi pantalón, sacó mi polla y se la metió en la boca; sus labios avanzaron sobre el tronco, luego retrocedieron: besó y lamió el glande; prepucio y frenillo fueron convenientemente chupados; luego la tarea le resultó cómoda, pues mi polla había crecido lo suficiente. «Oh, Sara, me corro», avisé entre espasmos; «Córrete», susurró Sara, sacando la polla de su boca un par de segundos. Y continuó. «Oh, Sara, oh», exhalé, y vertí el semen. Sara, rápidamente, giró su taburete, apuntó con su barbilla al cuadro y escupió: mi semen cayó en el lienzo, lo manchó, un chorro, sobre el cielo. Y allí quedó.

    «Me encantan tus cuadros, Sara», dijo el jefe de la sala de la exposición, «sobre todo, éste, este paisaje urbano, qué colorido, qué formas…, ese cielo, ¿qué color es ese que domina el centro?, desde luego, dominas la paleta a la perfección, Sara, eres una genia».

    «Carlos, levanta», dijo Teresa; «Voy, voy Teresa». El desayuno estaba puesto en la mesa de la cocina. Teresa, su esposa, le esperaba. «¿Los niños?», preguntó Carlos; «Ya se han ido». Bebieron zumo, café; comieron tostadas con mantequilla y mermelada… «Carlos, hacemos poco el amor», se quejó Teresa, «¿quieres, ahora?»; «No, no, debo irme a trabajar». En realidad, Carlos sí quería, pero oler el aliento de Teresa por la mañana, qué mujer, podía al menos lavarse los dientes; morder los pechos de Teresa, tan blandos; meter su polla en el coño de Teresa, tan peludo. «Esta noche, Teresa, te lo prometo»; «Vale, Carlos, esta noche, después de que vayamos a una exposición»; «¿Qué exposición?»; «Una…, se trata de una joven pintora, Sara Bernal, tengo ganas de comprar un buen cuadro, y esta pintora…, ¡mira el catálogo!». Sólo oír el nombre, Sara Bernal, a Carlos le hizo sentir un escalofrío, sin embargo ver la foto del cuadro con su semen le heló. «Bien, iremos», dijo Carlos.

    Por la noche, Teresa y Carlos fueron a la sala de exposición. La autora no estaba presente y un representante vendía los cuadros por ella. Teresa se fijó en el paisaje urbano con extraña mancha en el cielo; le gustó; lo compró. Por la noche, Carlos y Teresa follaron. «Ay, ay, sí, amor, sí, ah, sigue», gemía Teresa a cada embestida de su marido. Éste, esforzándose al máximo, besaba el cuello de su mujer, sus pezones, cerrando los ojos, imaginando que se lo hacía a otra, a esa chica, la cajera del súper, que estaba a reventar de buena, y gruñía y jadeaba guiado por el gustirrinín que sentía en la punta de su capullo. «Ya, ya», pensaba, «ya me corro». «Sí, sigue, Carlos, ¡no!, espera», interrumpió Teresa, «córrete fuera, ahora soy fértil»; «Vale», dijo Carlos, empezando a controlar para dar la marcha atrás. «Ay, sí, Carlos, me he corrido, ah, córrete tú». Y Carlos elevó su torso, se sacudió la polla; no obstante, Teresa se incorporó y le pidió terminarlo ella misma haciéndole una paja, y el semen salió disparado sobre la mano de Teresa. Ésta miró la mancha, y algo se le vino a la cabeza debido a ciertas semejanzas… «Pero, no, no puede ser», se dijo.