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  • Mi cuñada se hace la tonta (Final)

    Mi cuñada se hace la tonta (Final)

    El tema de mi cuñada es una serie de acontecimientos que siempre me hicieron pensar que quizás si hubiese sido un poco más hábil, algo más me habría pasado con ella y más nada.  A veces pienso que quizás ella veía en mí solo un amigo que nunca imaginó que yo pensaba tantas cosas.

    Todo empezó cuando tuve que acompañarla a otra ciudad a regar unas plantas de la casa donde ella vivía y darle comida a unos perros, mi novia estaba todavía estudiando en la universidad y en esos días no podía venir, así que mi cuñada me dijo que la acompañara y yo le pedí permiso a mi novia, ella estaba contenta que yo acompañara a su hermana. Nos fuimos y apenas llegamos allá nos pusimos a hacer quehaceres, limpiar la casa, el patio, el frente, darles comida a los perros, etc.

    Esa casa tenía dos cuartos, uno con una litera que estaba sucio y parecía que allí nadie dormía desde hace mucho y otro con una cama matrimonial. Mi cuñada estaba casada, pero por esos días su esposo andaba de viaje. Me llamaba la atención que cuando ella cortaba algunas plantas y se agachaba, una tanga tipo hilo se salía sobre el borde de su pantalón, como les he contado en los otros relatos, mi cuñada tenía un trasero de infarto.

    Se estaba haciendo tarde y le dije que teníamos que irnos pues no era muy buena idea andar de noche en carretera, ella se apuró, pero pasados unos minutos me dijo que nos quedaríamos, que avisáramos que volveríamos al siguiente día.

    Ya yo había revisado los cuartos y de verdad no tenía ganas de dormir en la misma cama con ella, ella misma me dijo, “hoy dormiremos en esa cama” yo le dije que eso no era buena idea que yo arreglaba eso y ella insistió, pero yo arreglé la otra habitación y allí dormí.

    Esa fue la primera señal de que algo extraño pasaba, tal vez solo eran cosas mías, pero ese día comencé a sentir eso yo.

    En otra ocasión, estando en casa de los suegros después del almuerzo nos acostamos a descansar echando cuento todos en una cama y mi suegra y mi esposa se levantaron a hacer algo, quedamos solos ella y yo y comencé a acariciar sus muslos, e iba subiendo tocando su cadera y ella estaba calladita a mi lado disfrutando de mis caricias hasta que llegó mi novia y quité mi mano como flash el rayo y ella disimuló.

    Recuerdo que una vez me dijo que se sentía mal, mi suegra me dijo que si por favor podía darle un masaje a su hija para que se mejorara y mi novia me dice “si, dáselo” y yo tuve que hacerlo, y tocar su piel me ponía re mal, nos quedamos solos en el cuarto y masajeé sus muslos, sus hombros, metía mis manos casi hasta tocar sus senos, masajeé sus pies y mi pene erecto ya no aguantaba más así que apoyé su pie en mi pene y pensaba ¿será que lo siente? Era difícil no sentirlo, fui más allá y lo metí entre sus dedos pulgar e índice del pie, claro mi pene estaba bajo el mono pero se marcaba completo, agarré sus dos pies y casi que me hacia una paja con el mono puesto y con sus pies, en ese momento entró de repente a la habitación una perrita que tenían y ella dijo “ay casi me matas del susto” yo quedé frio y pues no pude seguir, le dije que ya terminaba y le toqué las nalgas a modo juguetón y ella no dijo nada.

    Una vez, luego de ver todos juntos una peli, quedamos solos en la habitación y esa fue la vez que más me pasé, acaricié sus muslos mucho, casi llegando al borde de su vagina y ella se levantó y dijo “me voy” yo ya no aguantaba más y me paré, la abracé, por un segundo ella se dejó abrazar, apreté sus nalgas, se separó de mí, la volví a agarrar y me dijo “déjame, estás loco” eso me dolió, que estúpido soy, no debería estar haciendo nada de eso. Luego al bajar le pregunté que si ella se dejaba tocar así por cualquiera, y ella me dijo que si alguien más la llegaba a tocar así lo mataba. Que solo se dejaba conmigo.

    Fueron muchas cosas, siempre que caminábamos se ponía a mi lado y yo le tocaba las nalgas, he hecho el tonto también y ella nunca se resistió. Más bien me decía que no tenía casi nalgas y yo siempre le decía que eran hermosas.

    Total que se fue del país y bueno, como dijo un comentario del primer relato. ME QUEDÉ CON LAS GANAS.

  • En el estudio del abogado

    En el estudio del abogado

    Me excita mucho tener sexo en lugares extraños o en riesgo de ser descubiertos. Por eso tengo varias experiencias de ese tipo que les iré contando, algunas buscadas y otras que se dieron por casualidad. Cómo aquella vez que me contacté por chat con un flaco muy rico que me mostró sus fotos y me hizo dar muchas ganas de conocerlo personalmente.

    En el diálogo me dijo que es abogado y que estaba solo en su estudio trabajando y que si yo le prometía que iba se quedaba esperándome al mediodía (era de mañana) porque a esa hora se retiraba su secretaria y ya no iban clientes, podíamos charlar y conocernos tranquilamente.

    Le dije que sí y como a las 13 horas llegué a su oficina en el centro. Toque el portero y el me abrió la puerta. Me excite al verlo, es rubio, de ojos verdes, más alto que yo y de buen cuerpo, delgado pero con muy buenas piernas y cola, más bien lampiño o de un vello muy corto y claro según las zonas.

    Me invitó un café y estuvimos charlando por un rato para conocernos más, hablando de nuestros gustos… hasta que un momento me dijo que tenía ganas de hacer algo, que no había problema porque estábamos solos y el lugar es discreto, pero que como es tímido le costaba avanzar, tener la iniciativa. Su belleza y su forma de hablar cada vez me calentaban más, así que no me demoré en ser yo quien avanzara.

    Tomé su mano y me puse de pie, él también lo hizo y nos abrazamos. Empezamos a besarnos y tocarnos, al sentir nuestros cuerpos juntos, me di cuenta que también estaba muy excitado. Me gustó tanto como nos besábamos que inmediatamente mi pija que ya estaba al palo, empezó a mojarse.

    Yo estaba vestido de jean y remera, él de traje bellísimo. Aflojé su corbata, le quité el saco y desabroche su camisa. Él ya había perdido toda timidez a esa altura y me desnudo a mi también. Estábamos completamente desnudos, sintiendo nuestras pijas calientes rozar nuestros cuerpos, besándonos y manoseándonos por completo.

    Me pidió que me sentara sobre su escritorio y él se sentó en su sillón, comenzó a chuparme la chota. Era la fantasía de la oficina perfectamente cumplida.

    Yo también tenía ganas de comerlo, así que le propuse ir a un sillón muy amplio que había al costado y nos prendimos en un tremendo 69. Nos comíamos todo con mucha calentura. Chupándonos pija, huevos y orto mutuamente. Yo lamía y mordía toda la redondez de sus hermosas nalgas y me sumergía en su lampiño y rosado orto, besándolo y penetrándolo con mi lengua, recorría su hermosa pija de arriba abajo y la pajeaba con mi boca mientras él hacía lo mismo con la mía.

    Nos metíamos nuestras bolas en la boca y gozaba muchísimo sintiendo como me besaba la pelvis y la entrepierna, a veces recorriéndola con la lengua por todas partes. Yo no podía dejar de acariciar sus hermosas piernas. Nos caímos del sillón y rodamos por la alfombra, seguimos unidos besándonos pero yo no aguantaba más las ganas de estar adentro suyo.

    Me acerqué hacía mi pantalón que había quedado a un costado y saqué un forro, me lo puse y suavemente lo lleve hasta el escritorio nuevamente, se inclinó apoyando su manos sobre el escritorio y ofreciéndome su cola, me agaché y le chupé el orto por unos minutos más para después penetrarlo y gozar como loco sintiéndolo completamente mío. Fue hermoso sentirlo así y poseerlo tomado de sus piernas, mientras se oía el golpe de su culo contra mi cuerpo.

    Estábamos culeando con un buen ritmo, gozándolo mucho, cuando sentimos ruido de llaves en la puerta. Era la secretaría que por alguna razón había vuelto temprano. Nos separamos, levantamos rápidamente nuestra ropa y nos metimos al baño. Ella preguntó ¿Doctor, está por ahí? ¿Es usted? él contestó que sí, que estaba en el baño descompuesto y que por eso no había podido irse a su casa.

    El baño es chiquito, los dos estábamos desnudos y juntitos, nuestras garchas seguían al palo. Yo estaba muy nervioso. La secretaría se preocupó por su estado y dijo que había vuelto por unos papeles para poder terminar un trámite por la tarde a primera hora. Él la tranquilizo, mientras hablaban de un lado y otro de la puerta del baño, se arrodilló y me chupó la pija hasta que acabamos, yo en su cara y él en el piso. Aguantaba los gemidos, mordiéndome los labios.

    Por suerte, la secretaria se fue en unos minutos. Salimos del baño y nos dimos cuenta que igualmente sospecharía algo porque no habíamos podido levantar toda nuestra ropa y algunas prendas mías habían quedado sobre en una silla.

  • Desconocidos

    Desconocidos

    Vacaciones.

    “Si haces siempre lo que siempre has hecho nunca llegarás más lejos de lo que siempre has llegado.”

    Este fue el contundente whatsapp que Rosario recibió en su móvil mientras desayunaba tranquilamente en la cafetería de siempre por última vez ante de irse de vacaciones. Lo enviaba su íntima amiga Marta y fue el último empujón en su decisión. Le había dado muchas vueltas, pero esa frase, había sido definitiva. Reservaría un fin de semana en el discreto hotel del que su amiga tanto le había hablado. Necesitaba hacer algo diferente y salir por fin de esa capsula invisible en la que parecía enclaustrada.

    Se sentía una mujer sexualmente activa pero parecía que por su físico, y sobre todo por su carácter, pasara desapercibida para el sexo masculino. No era una mujer fea, pero su imagen andrógina de piel muy morena y rasgos faciales muy marcados, la hacían un tanto extraña. Era muy delgada con manos huesudas y poco pecho. Su vestimenta, demasiado recatada, no promocionaba lo suficiente su parte anatómica más atractiva, su culo. Además era muy tímida e introvertida, poco dada a la vida social con los compañeros de trabajo que la tenían por una solterona aburrida. Incluso alguno llegó a rumorear que su problema era la no aceptación de su supuesta homosexualidad. Nada más lejos de la realidad, Rosario era heterosexual y se sentía atraída por más de un compañero de su oficina bancaria, pero le resultaba imposible acercarse a ellos.

    A sus treinta años, había mantenido una relación de pareja con un novio durante siete pero hacía dos que lo habían dejado y desde entonces se mantenía en una “forzada” castidad. Su buena amiga Marta, había insistido en que en su situación lo mejor era darse un homenaje con un profesional, pero Rosario no estaba dispuesta a pagar por sexo. Así transcurría su pobre vida sexual, hasta que logró convencerse que necesitaba hacer algo antes que su autoestima acabase destruida o peor aún “…te volverá a crecer el himen…” como vaticinaba Marta. De vuelta a la sucursal bancaria donde trabajaba su expresión era diferente, al punto que uno de los compañeros se fijó en ella y le hizo un cumplido, “se te ha subido el guapo ahora que te vas de vacaciones…”

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    Juan y Ana llevaban varios años casados. Formaban un matrimonio típico. Padres de dos hijos de siete y cinco años, ambos trabajadores y a sus cuarenta años no sabían en que momento de su relación les invadió la rutina. Trabajo, niños y casa formaban un triángulo del que parecía imposible salir. En su juventud y noviazgo habían sido divertidos, aventureros, muy activos y dispuestos a cualquier cosa que no fuera quedarse quietos. Pero desde el nacimiento de Juanjo, el mayor de sus hijos, la cosa comenzó a cambiar. El tiempo para ellos comenzaba a menguar absorbido por el pequeño de la familia.

    Casi como una obligación de padres dieron una hermanita al pequeño de la casa. De manera que el tiempo que les dejaba Juanjo lo acaparó Julia. A medida que pasaba el tiempo fueron perdiendo el interés por su intimidad hasta no recordar un momento a solas. La edad les fue pasando factura, Juan fue perdiendo pelo en su coronilla y sus sienes se volvían blancas mes a mes. Hacía unos años que había dejado de practicar el deporte que siempre le mantuvo un físico fibroso lo que empezaba a notarse en su abdomen. Ana, comenzó a descuidar su vestuario y su imagen, sus magníficos pechos comenzaban a rendirse a la gravedad víctimas de la crianza de sus dos criaturas. Su maravillosa melena había dejado paso a un corte más cómodo de cuidar. Sus torneadas piernas, envidia de sus amigas, empezaban a acumular grasa en la parte alta propiciada por el desorden alimenticio a que se sometía.

    Después de una cena familiar, para la que lograron colocar a los niños con los abuelos, salieron a tomar unas copas con la hermana de Juan y su marido. Lo pasaron en grande rememorando un tiempo que ya apenas recordaban haber vivido. Fue entonces cuando Isabel, su cuñada, le recomendó a Ana que se tomasen un fin de semana de vacaciones en un hotel al que solían ir ellos. Por los niños no tendrían que preocuparse ya que sería la misma Isabel quien los acogiese en su casa durante esos dos días. Ana, quedó por un momento pensativa y se decidió a proponérselo a Juan.

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    Tras la larga reunión en la que Ricardo ató uno de los mejores negocios del año, llamó por el teléfono a Susana, su secretaria. A sus cincuenta y cinco años el director general de la empresa tenía todo lo que se había propuesto. Tenía dinero suficiente para mantener a su familia en un palacete y un físico aún atractivo que le permitía seguir atrayendo a mujeres más jóvenes que él. Susana había sido su última “víctima”. Su secretaria tenía quince años menos aunque aparentaba muchos menos. Sin obligaciones familiares, tan solo mantenía una relación de idas y venidas con un hombre de su edad con quien no terminaba de cristalizar en relación de pareja. Hacía año y medio que se veía con su jefe como amante.

    Éste, cada cierto tiempo, se las arreglaba para que pasaran unas mini vacaciones los dos solos en algún lugar paradisíaco. Ambos formaban la típica pareja de amantes. Él un empresario triunfador que apuraba los últimos vestigios de un pasado de galán cuyo físico le era imposible mantener a su edad. Ella era una belleza nórdica que mantenía un físico espectacular, pese sus cuarentas recién cumplidos, gracias a una genética familiar que se había dedicado a cuidar con buena dieta, mucho ejercicio y una alergia irrefrenable de ser madre.

    Al entrar en la oficina, Ricardo la recibió con un apasionado beso antes de comunicarle la buena noticia del negocio recién cerrado. Le propuso que buscara un lugar donde “celebrar la siguiente gran reunión empresarial”, excusa con la que dispondrían de un fin de semana para los dos solos. Ella dejándose comer el cuello tiró la cabeza hacia atrás y se imaginó a los dos tumbados al sol en aquella playa de la que le habían hablado.

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    Cada verano, Patrick se tomaba el mes de septiembre de vacaciones en su empresa informática en París para disfrutar de su mayor pasión, el surf. A sus veintiocho años, con su furgoneta Volkswagen Caravelle amarilla, recorría toda la costa atlántica hasta el cantábrico en busca de las mejores olas de Europa. En solitario, recorría cientos de kilómetros con la única compañía de su tabla. Iba parando en distintos albergues en los que coincidía con otros “locos” como él con los que acababa haciendo amistad. Al final de esas vacaciones solía cruzar España en busca de los aires del estrecho para terminar por todo lo alto en alguna playa perdida. Este año no iba a ser menos, y siguiendo los consejos de un colega parisino iba a hospedarse en un pequeño y discreto hotel donde. Según le comentó Jacques, le había sucedido una cosa increíble. El surfista reacio por completo a tener pareja prefería disfrutar su envidiable físico como un alma libre. Sabía que su trabajado y fibroso cuerpo no pasaba desapercibido para ninguna mujer heterosexual, por no hablar de su exotismo.

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    Pedro había encontrado lo que buscaba por Internet. El hotel tenía muy buena pinta y según las fotos, el paraje lo hacían muy íntimo. Justo lo que necesitaban para hacer realidad otra de sus fantasías. Sin pensarlo ni un momento hizo la reserva para el fin de semana en que su pareja, Silvia, tomaba las vacaciones. Desde que comenzaron a salir habían tenido claro que su relación estaría marcada por su particular forma de encarar el sexo. Él era un tipo normal, no era feo pero no cuadraba dentro de los cánones de lo que se tenía por un tío bueno. Ana en cambio sí era muy guapa aunque su cuerpo tampoco era el de una top model, pese a que su pecho si tenía mucho “tirón”. Habían tenido multitud de relaciones juntos y por separado pero aún les quedaba por delante mucho.

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    El avión de Frankfurt llegaba a su hora a la T4 de Barajas. Raphael tan solo llevaba un trolley como equipaje de mano. Estaba acostumbrado a viajar con lo mínimo ya que sus estancias en los sitios a penas se reducían a un par de días. Su ritmo de vida era vertiginoso. En la última semana había visitado las bolsas de Tokio, Nueva York y Frankfurt para poder tomarse este fin de semana en España donde su mujer, Natalia, le esperaba.

    Ella, abogada y vivía a caballo entre Barcelona y Madrid. Había llegado a la capital desde la ciudad condal el día anterior y ahora se disponía a tomar un taxi hasta Atocha donde esperaría a Rapahel. Almorzarían algo rápido antes de tomar el AVE destino a Sevilla y comenzar unas mini vacaciones de un fin de semana en un pequeño hotelito perdido en el Golfo de Cádiz. Le habían dado muy buenas referencias. Ellos siempre buscaban algo muy discreto ya que el poco tiempo de que disponían lo querían disfrutar en la intimidad.

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    Enclavado en la ladera de un pequeño monte, el hotel, era solo accesible por una carretera privada, techada por la abundante vegetación, a la que se llegaba tras dejar atrás diez kilómetros de carretera comarcal. Un discreto edificio de piedra se situaba en un espacio abierto circular. A modo de rotonda, una fuente sobre un terreno de gravilla. El hotel tan solo disponía de diez habitaciones cinco en cada una de las dos plantas. La fachada principal disponía de un pequeño vestíbulo donde se encontraba la recepción, atendida a turnos por una joven pareja de modales exquisitos. A continuación, un comedor con amplios ventanales que hacían de espectacular mirador hacia la playa. Ésta estaba abajo del pequeño acantilado sobre el que pendía la terraza del hotel. Por una puerta de servicio se accedía a una escalinata privada por la que se descendía hacia la fina arena de la playa nudista.

    Playa.

    Portando una cesta de mimbre donde llevaba una toalla y algo de crema protectora, Rosario llegó a la playa a media mañana, un poco nerviosa pero decidida. A penas había andado unos escasos veinte metros cuando vio a una pareja que había llegado antes. Se sentó cerca de ellos cuando estos ya disfrutaban del sol tumbados en sus respectivas toallas.

    A simple vista era una pareja común. Él no era feo, pero su cuerpo era muy normal, de estatura media, algo de barriga y una incipiente calva en su coronilla. Junto a él, su mujer, de media melena castaña, rellenita, tetas con grandes areolas y un culo con tendencia a la celulitis. Su pubis se cubría con una fina capa de vello negro. Rondaban los cuarenta años y por su comportamiento tampoco parecían expertos en las visitas al hotel, cosa que a Rosario le tranquilizó. Le asustaba no estar a la altura.

    La empleada de banca, se quitó su pareo y tan solo cubierta por una gran pamela exhibió por primera vez en público su desnudez. Sus pezones morenos reaccionaron al contacto con la primera brisa, esto le provocó un escalofrío. SE observó. La piel morena de su cuerpo contrastaba con la blancura de sus tetas y de su zona pélvica nunca antes descubierta. La abundante mata de pelos negros de su coño parecía ser de mayor tamaño en esta situación. Levantó su angulosa cara morena y sus almendrados ojos color miel descubrieron a sus vecinos observándola sin ningún pudor. Su primera reacción fue violentarse ante lo que consideraba una insolencia pero de inmediato comprendió que esa era su objetivo allí.

    Después de un rato de constantes miradas, por fin, Rosario decidió un acercamiento. La mujer anduvo despacio, y con disimulado nerviosismo, la distancia entre ellos. La pareja se levantó para recibirla cortésmente. Tras las presentaciones con dos besos, primero con Ana y luego con Juan, la “single” pudo comprobar como el hombre no podía controlar una erección que hizo que su pene alcanzara un considerable tamaño.

    Después de sentarse, los tres compartieron unas latas de cerveza:

    -Pues yo es la primera vez que vengo –confesó Rosario, tratando de justificar alguna posible torpeza. –Me lo aconsejó una amiga que sí ha venido varias veces.

    -Nosotros también somos primerizos –consoló Ana que sentía una extraña excitación traducida en un caluroso rubor facial.

    -Buscábamos algo nuevo y discreto –intervino Juan entregado ya a la voluntad propia de su polla.

    Rosario sonreía nerviosa, sentada totalmente desnuda ante una desconocida pareja de cuarentones también desnudos. Comenzó a notarse muy excitada, sentía como su coño palpitaba y una sensación de calor húmedo subía desde su vagina hasta su cerebro. Se hizo un incómodo silencio entre los tres. Juan miró a los ojos de la chica nueva y luego agachó la mirada hasta su polla erecta. Su capullo era de color violáceo brillante. La invitada con media sonrisa dejó la bebida sobre la arena y miró a Ana en busca de una aprobación innecesaria, dadas las circunstancias, antes de alargar el brazo y agarrar con su mano izquierda la dura polla del marido de ésta.

    Juan echó su cuerpo hacia atrás, apoyando los brazos tras su espalda, ofreciendo todo su encanto a Rosario. El hombre dio un pequeño salto cuando notó las manos frías de la morena envolver su ardiente miembro. Su mujer, ante el espectáculo de que una desconocida masturbase a su marido se sintió muy excitada y comenzó a acariciar su coño de vello perfectamente triangulado.

    Rosario respiraba agitada viendo a Ana hacerse un dedo mientras ella pajeaba a Juan, que con los ojos cerrados suspiraba de placer. Sin dejar de mover su mano, la invitada se acomodó de manera que inclinó su cuerpo hasta acercar su boca a la polla de aquel tío que acababa de conocer. Sacó la lengua y lamió el glande antes de introducirse poco a poco el falo en la boca ante la atenta mirada de Ana. Sin ser una experta feladora si acomodó la polla a su cavidad bucal hasta notar la punta muy adentro y los vellos púbicos de Juan rozaban su nariz. Lentamente fue subiendo su cabeza hasta que tenía la polla justo entre los labios para volver a descender por aquel latente ariete venoso. La lubricación salival hacía que el proceso fuese acelerándose. Notó la presión de la mano del hombre sobre su cabeza marcándole el ritmo al tiempo que la animaba:

    -Así, zorra, así…

    Ana, de rodillas junto a su marido, aceleraba su dedo sobre su clítoris al tiempo que le besaba antes de ofrecerle una de sus grandes tetas:

    -¿Te gusta como te la chupa? –preguntó morbosamente excitada a su marido.

    Juan no contestó y se limitó a degustar la propuesta. Lamía, besaba, succionaba y mordía los enormes pezones de su mujer al tiempo que disfrutaba de la mamada que le estaba dando aquella desconocida.

    Antes de llegar al orgasmo, Ana detuvo su paja. Sentía una extraña y a la vez excitante sensación. Ante la visión de una Rosario indefensa, arrodillada y sometida bucalmente por su marido, se acercó y acarició el culo de la morena. Era la primera vez en su vida que tocaba con deseo a otra mujer. Con su mano derecha acarició y masajeó el blanco y suave culo de aquella chica. Recorrió la raja del culo con su dedo corazón. Fue descendiendo, notando como iba creciendo la mata de pelo y el calor la guiaba hasta una vagina grande e inundada de néctar caliente. No se lo pensó a la hora de introducir uno, dos y hasta tres dedos en el coño de Rosario y comenzar a moverlos en círculos provocando un estremecimiento en la empleada de banca.

    A esas alturas, Juan estaba tumbado boca arriba intentando mirar el espectáculo. Rosario movía frenéticamente la cabeza sobre la polla del hombre que estaba a punto de terminar, mientras sentía los tres dedos de Ana muy adentro llevándola al éxtasis.

    Agarrando la cabeza de su amante, el hombre comenzó a mover su pelvis hacia arriba antes de anunciar con un aullido que se corría. Rosario, entregada a la situación dejó que aquel tipo violase su boca y llenase su garganta de semen que engulló como pudo. Con restos viscosos en la comisura de los labios se incorporó. Su melena alborotada, su cara angulosa, su mirada lasciva y con restos de la de la corrida sobre sus labios. Ana se le quedó mirando antes de plantarle un beso de tornillo, metiéndose las lenguas hasta la garganta. Compartieron el sabor del hombre que yacía derrotado por el placer junto a ellas. Se abrazaron y frotaron sus endurecidos pezones en busca de un placer desconocido. Se amasaron las tetas y los culos entre besos y mordiscos en el cuello. Juan presenciaba encantado a su mujer en plena relación lésbica con una desconocida.

    Las mujeres, atrapadas por una atracción morbosa fuera de toda lógica, acomodaron sus cuerpos sobre la arena hasta hacer coincidir sus coños enfrentados, entrelazando sus piernas. Enredando sus rizos púbicos, besándose con sus humedecidos labios vaginales y frotando con placer sus clítoris hasta caer rendidas en un majestuoso orgasmo, nacido en lo más perverso de sus morbosos cerebros y finalizado en un pequeño punto indeterminado de su feminidad. La contracción muscular fue el preludio de un grito que acabó con las dos mujeres tumbadas y en estado de semi inconsciencia.

    *******

    Raphael tomaba el sol de mediodía en pie tan solo cubierto por unas llamativas gafas Oakely de cristales azules algo más oscuro que el de sus ojos. Su fibrosa anatomía parecía estar siempre en tensión. Su musculatura, perfectamente definida, lucía más y mejor ante la total falta de vello corporal. Incluso carecía de vello púbico haciendo que su miembro pareciese aún mayor.

    A lo lejos, podía ver como el trío formado por Juan, Ana y Rosario iban camino de las dunas. Las mujeres cogidas por la cintura mientras el hombre, delante, parecía estar impaciente por llegar. El holandés sonrió ante la situación mostrando una perfecta dentadura de dentífrico. Les recordó apenas una hora antes, cuando mantenían una pequeña orgía ajenos a su llegada. Se dirigió en un perfecto inglés a Natalia para comentarle lo que había visto.

    La abogada rio sin abrir los ojos y siguió bronceando su cuerpo diez, trabajado con horas de spinning y zumba. El broker se giró hacia su mujer y admiró su maravilloso físico. Sus largas piernas torneadas se unían para enmarcar una preciosa V rasurada, su abdomen mantenía la firmeza y sus tetas, de tamaño perfecto, caían levemente a ambos lados dada la postura. Haciendo que el precioso conjunto de pezón-areola sonrosado pidiese a gritos un lametón. Raphael lanzó un piropo casi obsceno en inglés que Natalia repelió levantando su cabeza y haciendo un mohín de desaprobación con su precioso rostro antes de guiñarle un ojo y sacar la lengua para hacerle burla.

    Por la orilla y aún vestidos venían cogidos de la mano, Anabel y Pedro. Ella divisó la figura del broker holandés y llamó la atención de su marido. Pedro tras examinar rápidamente al “maromo”, se fijó en la acompañante femenina. La chica de unos treinta años estaba, ahora, sentada y bebía directamente de una botella de agua en un gesto muy sensual. Su pelo corto y moreno le daban un aspecto incluso más joven a un rostro de perfil casi perfecto. Sus tetas, naturales, se veían muy deseables incluso a esa distancia.

    El matrimonio dio por buena la vecindad y se instalaron a escasos veinte metros de los otros. Se desvistieron sin prisas para no denotar nerviosismo pero sin pausa para no mostrar pasividad, ante unos vecinos que ya les observaban con cierto disimulo.

    La desnudez de los recién llegados era mucho más normal que la que exhibían, el broker y la abogada, pero también muy agradable y excitante. A sus treinta y siete años, Anabel aún conservaba el bello rostro de mujer morena, algo rellenita pero muy bien proporcionada. Concentraba su mayor encanto en unas magníficas tetas. Sobre sus gruesos labios vaginales, una estrecha tira de vellos. Por su parte, Pedro, a punto de entrar en los cuarenta no destacaba especialmente por nada pero se conservaba bien. En conjunto tenía un físico agradable y ahí radicaba su atractivo. Se podría decir que era “simpático”, ese eufemismo tan femenino para referirse a alguien que les atrae aunque no entre en los cánones del tío bueno.

    Ambas parejas se observaron disimuladamente durante una media hora, con constantes paseos y movimientos aparentemente inocentes pero con toda la intención de mostrar sus encantos. Anabel decidió ir a darse un baño dejando solo a su marido en la toalla. Pocos minutos después, Natalia, se puso en pie y se dirigió hacia su vecino con pasos firmes pero pausados. Pedro la miraba deleitándose con el magnífico cuerpo de la abogada y entendiendo este acercamiento como prueba de aceptación:

    -Hola, ¿tienes fuego? –preguntó la recién llegada con un cigarrillo en la mano.

    -Sí claro. –Contestó el hombre que sentado hizo un escorzo para alcanzar una mochila.

    Natalia se arrodilló frente a él. El sol recortaba la bella silueta de la abogada. Sus hombros caían suavemente, sus maravillosas tetas se mantenían firmes con unos preciosos pezones de fresa que apuntaban levemente hacia arriba. Su cuerpo se estrechaba perfectamente en la cintura y sus piernas, ahora juntas y dobladas, escondían una magnifica vulva totalmente rasurada.

    Pedro ofreció la llama de su mechero, sentado como estaba con las piernas cruzadas, su regazo era una especie de nido para su miembro en estado de semi erección. La chica se inclinó con el cigarrillo entre los labios acercándolo a la llama y apoyó su mano perfectamente cuidada en el muslo del hombre. Muy cerca de su ingle, haciendo que su polla cayese hacia ese lado rozando la mano levemente con su punta. Era toda una declaración de intenciones por parte de la desconocida:

    -Perdona, no nos hemos presentado. Yo soy Natalia. –Volviendo a repetir el acto de inclinación y apoyo pero esta vez para ofrecer su mejilla.

    -Yo soy Pedro. –Besó el hombre a Natalia tomándola por los hombros.

    -¿De vacaciones por aquí? –Trató la abogada de entablar conversación.

    -Tan solo este fin de semana, por cambiar un poco de aires…

    -Nosotros también –señaló a su marido, Raphael, que permanecía de pie cerca de la orilla mirando a Anabel nadar. –solemos terminar el último fin de semana de vacaciones aquí para desestresarnos.

    La conversación continuó esa línea amena aunque insustancial para romper el hielo y acercar distancias. Mientras, en la orilla, la nadadora y el “voyeur” también se habían presentado. A la chica, el broker le pareció exageradamente guapo una vez que pudo verle de cerca. Los ojos azules, la mandíbula muy marcada, encuadraba un rostro anguloso. A él, le pareció excitante la belleza latina y sus morbosas imperfecciones. Sus bonitas piernas algo cortas daban paso a una sensual vulva coronada por un peinado a lo mohicano. Una barriguita un tanto descuidada no afeaba en nada el conjunto bien proporcionado de su cuerpo donde sus majestuosas tetas acaparaban toda la atención y que la mujer no había tenido reparos en rozar impúdicamente contra el pecho imberbe de Raphael en los dos besos de presentación.

    Luego se unieron a sus parejas que seguían hablando a unos metros de ellos. De inmediato surgió una complicidad y entendimiento entre los cuatro. El broker y la abogada eran expertos en la materia. La otra pareja tenía muy claro lo que iban buscando y lo acababan de encontrar. Entre bromas y risas por los ruidos que provenían de detrás de las dunas las dos parejas acordaron quedar para cenar antes de tumbarse todos al sol.

    *******

    Tras la duna, Juan estaba tumbado y siendo cabalgado por su mujer que parecía haber tomado las riendas de aquella relación a tres bandas. Ante la atenta mirada de Rosario que se masturbaba enterrando sus dedos en la frondosa mata de rizos negros viendo el espectáculo, Ana movía sus caderas salvajemente sobre la polla de su marido gritando y jadeando. La soltera, ofrecía sus dedos al hombre para que se los lamiese antes de frotarlos por su clítoris.

    Ana, en un estado de excitación desconocido aceleró aún más sus movimientos mientras volvía a sentir un extraño placer morboso por aquella mujer que se hacía un dedo junto a ellos:

    -¿Quieres que le coma el coño? –Preguntó a su marido pellizcándose uno de sus pezones mientras sentía como este no podía aguantar más y se corría en el interior de sus entrañas.

    El semen de Juan resbalaba por el interior de sus muslos cuando se fue a por Rosario, la besó y la tumbó sobre la arena. Descendió por su cuello, sus pechos, mordiendo los pezones y siguió por su abdomen y su ombligo. La empleada de banca entregada a las delicadas caricias femeninas abrió sus piernas ofreciéndole su jugoso y dilatado manjar.

    Ana, con delicadeza palpó por primera vez un sexo femenino. Acarició con mimo aquellos rizos negros y separó con cariño los labios. Inspiró con placer el penetrante aroma a sexo que desprendía la rosada vagina de Rosario antes de lamer desde el perineo hasta el clítoris con lujuria y arrancar un suspiro de la otra mujer. Introdujo dos dedos dentro y se dedicó a saborear el placer desconocido del sexo femenino. Masajeó y lamió son su lengua de fuego el clítoris de Rosario hasta llevarla al éxtasis donde entró con un desgarrador grito de pasión.

    Ante semejante espectáculo, Juan se había colocado de rodillas junto a Ana, cerca de su cara. Se masturbó hasta lograr correrse de nuevo, esparciendo su leche entre la cara de su mujer y la zona pélvica de Rosario. Ana no le hizo ascos y limpió los restos de su marido.

    ***********

    Ricardo tumbado de medio lado en la toalla, leía un ejemplar de bolsillo de Ella cuando le vio llegar. Con un pequeño carraspeo a modo de código, llamó la atención de Susana que tumbada boca arriba aprovechaba el sol de la tarde. Sus impresionantes pechos operados siguieron desafiando a la gravedad cuando se incorporó para observar. Su melena rubia, aún mojada, quedó sensualmente sobre su bello rostro de facciones nórdicas y mirada gris.

    Cerca de ellos había decidido parar un chico joven, de unos veintiocho años, negro. Su espectacular físico de metro noventa delataba su pasión por surfear y haciendo honor a su raza calzaba un considerable miembro. Tras dejar su toalla en la fina arena, se dispuso a hacer unos ejercicios de estiramientos más propios de un exhibicionista que de un nadador. Sin duda, se vendía muy bien. La pareja vecina, se miró en un gesto de aprobación y con la sensación de ser ellos los elegidos en vez de los electores.

    Tras unos veinte minutos de largos estilo crol, el joven Patrick, salió del agua en dirección a la arena. Paseaba con elegancia su ancha espalda delimitada por unos poderosos hombros. Su musculatura, ahora cubierta por cientos de gotitas de agua, estaba perfectamente definida. Pectorales, abdominales, piernas y glúteos parecían cincelados en mármol. En su rostro, sobresalían unos pómulos marcados y unos labios carnosos, además de una preciosa mirada verde.

    El desfile de aquel adonis de ébano fue seguido por Susana, que no dejó de mirarle con media sonrisa lujuriosa ni cuando sus miradas se cruzaron a escasos diez metros obligándoles a un leve saludo de cortesía. La mujer se untaba crema protectora en su fina piel blanca con especial atención a sus tetas, mientras Ricardo, su pareja, permanecía disimuladamente alejado, de pie hablando por teléfono móvil.

    Una vez finalizada la conversación, se acercó a Susana y se ofreció a untar la crema por su espalda. La rubia, ahora de pie, seguía mirando al joven surfista mientras su pareja la masajeaba desde sus hombros hasta su culo, donde se entretuvo antes de recorrer la raja y acabar metiéndole un dedo en el ano al tiempo que besaba su cuello. La mujer cerró los ojos y tiró la cabeza hacia atrás suspirando a modo de satisfacción.

    El joven francés no perdió detalle del espectáculo que le ofrecían y tras dar una calada al cigarro de marihuana que se estaba fumando abrió las piernas en dirección a la pareja mostrando los efectos que provocaban sus juegos en su tremenda anatomía.

    Hotel.

    A finales de temporada, la ocupación del hotel era mínima. Así que ese último fin de semana de vacaciones, el comedor a la hora de la cena estaba menos concurrido que en pleno mes de agosto. Distribuidos en cinco mesas comían todos los huéspedes.

    Cerca de la puerta, discretamente situada en una esquina, estaba Rosario, la retraída empleada de banca. Meditaba la propuesta de seguir la fiesta playera en la habitación. Levantaba su copa de Rioja en respuesta al saludo que le brindaba, desde el otro lado del comedor, el matrimonio que formaban Ana y Juan. Él entregado a la desconocida actitud sexual mostrada por su mujer. Ella satisfecha por el paso dado y sabedora que nada volvería a ser lo mismo.

    En la misma pared que Rosario, Patrick velaba armas. En su caso no meditaba nada, se dedicaba a disfrutar de una cena antes de subir a la habitación y satisfacer como mejor sabía a otra pareja deseosa de sexo sin compromiso. Al fondo del comedor, alejados del surfero francés y sin prestarle atención, bebían champagne entre cariñosos arrumacos, Ricardo elegantemente vestido con traje y corbata y su pelo plateado peinado hacia atrás. Pasaba por un playboy cincuentón de la Costa Azul. Junto a él y vestida para una fiesta, Susana, con un espectacular traje rojo de espalda descubierta y generoso escote que se le ajustaba al cuerpo delatando unas medidas perfectas de Barbie. Su melena rubia recogida en un moño dejaba ver unos pendientes de brillantes regalo de Ricardo para la ocasión.

    Entre besos, él le decía comentarios obscenos al oído deseoso de ver el espectáculo que le brindaría su amante. Ella reía discretamente, cerrando los ojos y tirando la cabeza hacia atrás en un gesto suyo muy característico, ansiosa por poner a prueba la capacidad de su “contrincante” dado su nivel de exigencia.

    Justo en el centro del comedor, la mesa mayor era ocupada por las dos parejas restantes. Enfrentadas entre sí los dos matrimonios, Pedro contaba divertidas anécdotas para combatir el nerviosismo. Pese a ser una fantasía de ambos y hablada muchas veces, el momento de la verdad se acercaba y el pellizco en el estómago era inevitable.

    Natalia reía abiertamente y tumbaba su cuerpo hacia Pedro apoyándose en su hombro, ofreciéndole complicidad. Ante esto, Anabel se sentía un tanto descolocada y la sensación de no saber qué hacer momentáneamente con sus manos tomaba su copa de Rioja y bebía. Raphael la miraba con media sonrisa y tras rellenarle la copa le acariciaba cariñosamente la espalda, desde los hombros hasta el mismo glúteo para luego hacer perder su mano bajo la mesa. Allí presionaba levemente su muslo, cerca de la ingle sin dejar de sonreírle y mirarla con sus impresionantes ojos azules:

    -¿Estás bien? –Se preocupaba el holandés con una sensual voz grave.

    Todo esto hacía que Ana sintiese una extraña sensación de ardor que nacía en su estómago y se propagara por todo su cuerpo haciendo que en su cerebro apareciesen imágenes sexuales con Raphael y una agradable sensación de humedad en su coño.

    ********

    Definitivamente estaba allí, frente a la puerta nº 3. Aún una última duda asaltó su cerebro antes de llamar, pero decidió cruzar cuando la puerta se abrió.

    Accedió a una habitación en penumbra que se cerró tras ella. Solo había avanzado unos pasos cuando se sintió asaltada desde atrás. Las manos de Ana agarraron sus tetas antes de que su aliento se posase cálido en su cuello. Notó como pegaba su cuerpo desnudo al suyo, presionando contra su espalda las grandes tetas. Avanzaron juntas hasta la cama donde estaba Juan desnudo, masajeando su polla erecta:

    -Hola –fue el escueto saludo de Rosario.

    -Sabíamos que vendrías.

    Contestó el hombre que se dispuso a ver como su mujer desnudaba a la recién llegada. Entre besos y achuchones, Ana despojó de la ropa a su invitada. Las dos mujeres desnudas se besaban apasionadamente al tiempo que no dejaban de tocarse. Ana acariciaba el peludo coño de Rosario, ésta agarraba y dejaba sus dedos marcados en una de las nalgas de la otra. Sus tetas se apretaban unas contra otras provocando una agradable fricción entre sus pezones.

    De repente pararon y fueron gateando sobre la cama, se colocaron a cada lado de Juan y comenzaron una mamada a dos bocas alternándose la polla del marido de Ana que disfrutaba de la visión tanto como del sexo oral.

    En la habitación nº 10, Patrick acompañaba a la elegante pareja que formaban Ricardo y Susana. Tras abrir la puerta, el mayor cedió el paso a sus acompañantes. Primero entró Susana con paso firme y decidido lo que hizo que su culo se moviera sensualmente. Después de ella, el joven surfero francés no perdía ojo del escultural cuerpo que le antecedía embutido en el ajustado vestido de gala rojo. Dejaba la espalda desnuda, justo por encima del culo donde un tatuaje que anunciaba NO LIMITS, hacía de barrera entre lo visible y lo invisible. Ricardo fue el último en entrar y cerró la puerta tras él.

    Aflojó el nudo de su corbata y se desabrochó el botón del cuello de su camisa. El hilo musical era lo único que acompañaba a sus movimientos en aquella habitación. Todos actuaban como si hubiesen ensayado, aunque ni siquiera habían hablado después de cenar. Tan solo una mirada les sirvió para comunicarse. Los tres eran expertos en estas situaciones, de manera que cada uno fue ocupando su lugar.

    Patrick se deshizo de su camiseta mostrando su escultural torso, quedándose tan solo con un amplio pantalón pirata. Se tumbó en la cama apoyándose en el cabecero. En un rincón junto a la ventana, sentado en una amplia butaca, Ricardo se había servido una copa de brandy y se había encendido un puro impregnando toda la habitación con el penetrante olor. Luego con un mando a distancia manipuló el aire acondicionado y seleccionó otra banda sonora para aquel momento.

    A los pies de la cama quedó Susana, a escasos dos metros de su pareja. El ambiente se cargó de tensión sexual con los primeros sones de Marvin Gaye y su Sexual Healling. La secretaria comenzó a excitarse ante la situación de que su amante Ricardo la compartiese con un impresionante surfista al que acababan de conocer bastante más joven que él. Además el morbo añadido para su libido femenino que el joven fuera negro, en su caso sería el primer contacto con la raza.

    Con todos esos ingredientes, la secretaria de Ricardo se llevó las manos a la nuca para desanudar su vestido. Con sensuales movimientos fue descubriendo su espectacular anatomía. Ante las lascivas miradas de su pareja, Susana quedó frente a Patrick, tan solo vestida con un maravilloso tanga de encaje negro que cubría su rasurado sexo y unos tacones de aguja. Luego con su mano derecha deshizo el moño que atrapaba su melena y esta cayó liberada sobre sus hombros tapando los pendientes de brillantes que aún conservaba.

    El joven surfero sonreía con lujuria cuando la chica comenzó a avanzar hacia él. Su miembro erecto apenas se disimulaba bajo su pantalón. Susana se colocó a horcajadas sobre su montura. Sus cuerpos se tocaron provocándoles un escalofrío. Las manos negras del chico recorrían la piel nacarada de la mujer. Acariciaba cada centímetro de aquel cuerpo. Leyendo con sus dedos cada pliegue, desde los hombros, descendiendo hasta sus senos firmes y turgentes, ajustándose con delicadeza a la cintura para acabar rodeando cada glúteo antes de apretarlos con deseo. Ella restregaba su sexo ardiente por el abultado regazo de Patrick, agarrada a su pecho descendió con sus manos por su torso hasta su abdomen, delimitando con sus dedos cada uno de sus bien definidos músculos. Sus miradas se cruzaron antes que sus bocas se encontrasen en un húmedo beso.

    Ricardo, presenciaba excitado el espectáculo de su amante con un desconocido. Veía como aquel maravilloso culo blanco, que tantas veces había disfrutado ahora era amasado y profanado por unos poderosos dedos negros. Aquellas impresionantes tetas que tanto placer le producían estaban siendo disfrutadas por aquel presuntuoso joven. Y aquellos carnosos labios que tantas veces había recorrido su sexo ahora estaban siendo devorados por la gran boca de aquel surfero.

    Ricardo comenzó a sacarse la polla, que reaccionaba a aquella fantasía de ver como un completo desconocido disfrutaba de su amante. Susana acomodó su cuerpo para poder acceder a la entrepierna de Patrick y liberar el tremiendo miembro del francés. La mujer rio nerviosa al tocar el impresionante falo mirando a los ojos verdes del surfero. El chico retiró el tanga dejando libre la vagina de Susana, quien con su mano colocó la polla en la entrada y poco a poco fue descendiendo. Patrick la sujetaba por la cintura tratando de encajarla, la secretaria comenzó con un suspiro morboso a medida que notaba como se abría paso aquella serpiente en el interior de su confortable cueva, para terminar con un grito de placer cuando su coño engulló la enorme polla.

    En su característico gesto de satisfacción, la mujer cerró los ojos y echó su cabeza hacia atrás, ofreciendo al galo su esbelto cuello y maravilloso busto que el joven no dudó en disfrutar. Lamió con lujurioso placer desde su barbilla hasta sus pezones, humedeciendo con su saliva caliente una de las zonas más erógenas de Susana.

    Desde atrás, Ricardo disfrutaba de la visión de ver a su pareja poseída por otro amante. Dio un sorbo a su copa de brandy y una calada a su puro al tiempo que Susana comenzaba a cabalgar a Patrick.

    En la habitación nº 8, el intercambio de parejas se lleva a cabo al ritmo acordado. Raphael y Anabel reposan en la cama. Ella recibiendo las caricias del holandés que disfrutaba sin prisas la situación. Poco a poco iba dejando desnuda a la española y ahora recorría a besos la imperfecta belleza morbosa del cuerpo de aquella mujer. Por otro lado, Natalia y Pedro permanecían de pie comiéndose a besos con sus torsos desnudos al final de la habitación.

    La abogada, mucho más activa que su mujer, tomaba la iniciativa. Se arrodilló ante él y bajó de un tirón sus pantalones. Pedro apoyado en la pared observaba a Natalia como masajeaba su polla antes de ofrecerle su cálida boca sin dejar de mirarle. La mujer movía lentamente su cabeza a lo largo de su miembro al tiempo que se acompañaba de su mano para masturbarlo.

    Delante de ellos, Anabel tumbada boca arriba en la cama, abría las piernas y presionaba al cabeza del holandés contra su coño. Raphael, arrodillado dejó ver a Pedro una majestuosa espalda en forma de V muy bronceada y un culo que asomaba por encima de un pantalón que aún permanecía en su sitio. Se empleaba a fondo en el sexo oral. Utilizaba la lengua para separar los labios vaginales y penetrarla mientras siente como la final tira de pelos roza su nariz.

    La mujer notaba la lengua de aquel desconocido recorriendo cada pliegue de su coño hasta llegar a su clítoris, donde se entretiene mordiéndolo suavemente. Levanta la cabeza y puede ver a su marido de pie disfrutando de la mamada de otra mujer y no puede controlar que aquella situación morbosa degenere en un sonoro orgasmo.

    Por su parte, la idea de que un desconocido le haya dado una comida a su mujer llevándola al éxtasis provoca en Pedro una excitación sin igual y agarrando la cabeza de Natalia le marca un mayor ritmo en la felación.

    Raphael, aprovecha la relajación de Anabel para subirse sobre ella y, ahora sí, sin pantalones penetrarla con su gran polla. La mujer, notando que el grosor era mayor que el de su marido, abrazó al bróker rodeándolo con sus piernas para sentirlo más adentro. El holandés se esfuerza en el mete-saca, aumentando el golpe de cadera, arrancando gritos de placer en la mujer de Pedro. Éste no puede aguantar más y sin previo aviso eyacula gran cantidad de semen en la boca de Natalia que no hace nada por evitarlo y traga como una profesional.

    Desde arriba llegaron los sonidos de la orgía de la pareja de la habitación número 3. Donde Ana disfrutaba del sexo oral que le estaba dando Rosario mientras disfrutaba de la visión de su marido penetrando a la desconocida.

    Ana, tumbada en la cama, amasaba sus tetas encantada con la experiencia de tener a una mujer entre sus piernas. Rosario sabía dónde tocar, con que intensidad, durante cuánto tiempo. La morena, entregada, saboreaba golosa el flujo vaginal de aquella mujer mientras recibía placenteras embestidas del marido de ésta. Juan agarraba a Rosario por las caderas y la penetraba con ganas, sin descanso, con una excitación jamás conocida al tiempo que se deleitaba con los gemidos y gritos de la mujer.

    Cuando la tensión parecía imposible de contener los tres explotaron en un tremendo orgasmo. El hombre eyaculó en el coño de Rosario y cayó derrotado cuando sus piernas flaquearon. La mujer aprovechó el semen para lubricarse los dedos y terminar así una paja que la transportó a su pubertad y sus primeros orgasmos. Ana oyendo a su marido correrse dentro de Rosario no soportó más la lengua de ésta sobre su clítoris y gritó con fuerza el placer que había sentido.

    Los desconocidos durmieron sobre la misma cama entrelazando sus cuerpos desnudos, rozando sus sexos calientes sin más preocupación que el placer.

    En la habitación número 10, el ambiente estaba inundado por el cargante olor del puro que fumaba Ricardo. Susana yacía boca arriba tratando de agarrar a su amante mientras éste le incrustaba la tremenda verga hasta lo más profundo de su ser.

    El francés, cuyo aguante no parecía tener límites, se empleaba a fondo y notaba como la mujer entrelazaba las piernas a su espalda. Arañaba sin compasión su cuerpo con cada embestida mientras le pedía a gritos que le diera más fuerte apretando sus músculos vaginales. Susana es embargada por el morboso placer de ser observada por su amante mientras un desconocido le partía el coño.

    Ricardo, se deleitaba con el cuerpo de Patrick mientras percutía incesantemente sobre su amante. Después de apurar su tercera copa de brandy pide a Susana que le haga una felación. Solícita, la secretaria, se zafó del surfista y se colocó a cuatro patas al filo de la cama. Su amante, de pie frente a ella se colocó el puro en la boca y acercó su miembro erecto a la cara de su pareja. Sin dudarlo y en una actitud sumisa, Susana engulló la gruesa polla de su amante hasta hacer tocar su nariz con los blancos vellos púbicos del empresario. Ricardo suspiró de placer antes de hacer señas al francés.

    El joven, con sonrisa lasciva, entiende perfectamente la petición del viejo. Lamió el ano de la mujer antes de colocarse en situación ventajosa para sodomizarla. Susana deseosa de aquel final, relajó su esfínter para dar cabida al ariete negro. Con un poco de trabajo y algunas quejas de dolor, Patrick logró penetrar el culo de Susana mientras Ricardo disfrutaba de la mamada. El surfero era quien marcaba el ritmo desde atrás acelerando a su antojo. La mujer entraba en éxtasis sintiéndose utilizada por su amante mayor y un desconocido mucho menor.

    El empresario cincuentón fue el primero que se rindió a la situación. Sacando la polla de la boca de Susana, la abofeteó un par de veces:

    -Eres una zorra –la definió morbosamente –y te lo vas a tragar todo. –Le informó.

    El hombre se masturbó violentamente frente a ella mientras Patrick le daba por culo sin compasión. Eyaculó una gran cantidad en la preciosa cara de Susana que, con la boca abierta, sentía el calor del semen impactar contra sus mejillas aun con los dedos marcados. Además comenzó a notar la polla del joven francés latir en su esfínter segundos antes de que se le inundara el ano produciendo un morboso sonido acuoso con cada embestida del hombre que le tiraba del pelo mientras resoplaba por el esfuerzo.

    Ricardo, derrumbado en el sillón, sonreía con satisfacción mientras los últimos espasmos de su polla escupían pequeños hilos de semen que manchaban de blanco el pantalón de su traje. Patrick, desincrustó su miembro del ano de la secretaria dejando un considerable hueco enrojecido, luego se tumbó exhausto en la cama de la pareja. A Susana, que a duras penas había soportado el castigo, le temblaban las piernas y se dejó caer sobre el colchón. Sentía latir su esfínter anal luchando por volver a una dimensión normal. El escozor y el ardor del semen saliéndose le provocaban una sensación entre el morbo y el dolor. Su cara, aun manchada de leche, estaba acalorada. Pensó que durante los próximos tres días le dolería el culo al ir al baño. Una sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios mientras miraba a Ricardo.

    En la habitación número 8, Pedro sentado y apoyado en el cabecero de la cama disfrutaba del cuerpo de Natalia. La abogada, sentada sobre su polla. Subía y bajaba a un ritmo pausado, disfrutando de una penetración lenta pero profunda. La pareja se besaba apasionadamente. La mujer agarrada a la nuca el hombre, él recorriendo el bello cuerpo de ella para acabar agarrando sus tetas, pellizcándole los pezones antes de comérselos.

    De pie, junto a la pared al fondo de la habitación, Raphael sostenía en vilo a Anabel. Sus poderosos brazos sujetaban las piernas de la mujer mientras la penetraba con fuerza empotrándola contra la pared. Ella gritaba de placer y mordía el cuello de él, quien aceleraba las embestidas llevándola a un nivel desconocido. La mujer respondía clavándole las uñas en la bronceada espalda de Raphael.

    En la cama, Pedro estaba a punto de correrse cuando Natalia paró en seco y mordió los labios del hombre. Le miró fijamente a los ojos y llevó dos dedos a su boca. El hombre los lamió con ansias, luego es ella la que los chupa. A continuación los llevó a su culo donde masajeó su ano.

    La abogada levantó su cuerpo y con la mano llevó el miembro de Pedro hasta la entrada de su esfínter. Es más pequeña que la de su marido, así la penetración es más fácil. El hombre notaba la presión de su glande contra el ano, Natalia hizo un poco de fuerza hacia abajo facilitando que el capullo traspasase el tenso anillo. Un grito de placer de ambos fue el preludio de la profunda penetración.

    El hombre en estado de éxtasis trató de acelerar todo. La mujer notando cada centímetro de pene avanzar en su recto suspiraba profundamente cuando la notó entera dentro. Comenzó un movimiento de sube-baja sobre la verga de aquel morboso desconocido que trataba de moverse de manera torpe.

    Ella cogió un ritmo placentero en la penetración y se separó haciendo un hueco entre los cuerpos donde meter su mano y masturbarse. Apoyada con una mano en el hombro de Pedro y con la otra haciéndose una paja, aceleró el ritmo de su cadera hasta llegar a un sonoro orgasmo. El hombre ansioso por ser él quien marcase el ritmo logró tumbar a Natalia sin salir de su interior. Ahora sí está sobre ella. Con las piernas levantadas y abiertas, la abogada estaba entregada a la voluntad del desconocido, que le daba por culo hasta eyacular en el interior de su ano gran cantidad de semen caliente y viscoso.

    A la abogada se le escaparon un par de lágrimas por el último ataque pero la sonrisa en su cara delataba su satisfacción. Pedro, rendido levantó la cabeza y vio como Raphael sujetaba por las caderas a su mujer que estaba inclinada y apoyada sobre un mueble viéndose reflejada en el espejo.

    El bróker holandés no tenía piedad y le metía con fuerzas sus más de veinte centímetros mientras la agarraba con sus manos las maravillosas tetas de Anabel. La mujer estaba fuera de sí siendo follada con violencia por aquel desconocido del que podía ver reflejada, en el espejo, su magnífica musculatura en tensión. Justo detrás de él asomaban las piernas de Natalia que estaba siendo sodomizada por su marido. Anabel exigió a Raphael que le diera más fuerte.

    El bróker acatando la orden soltó las tetas para dar un gran cachetazo en el culo antes de introducirle un dedo en el ano y percutir con más fuerza. Esto es insoportable para la mujer que termina acariciándose el clítoris hasta el éxtasis. Sus fuerzas flaqueaban y sus piernas flojean imposibles de sostenerla. Ya tan solo se sujeta de la polla y las manos del holandés antes de llegar al orgasmo e inundar su jugosa vagina de fluidos de ambos.

    La fotografía final la componen, Natalia boca arriba en la cama. Sobre ella reposa Pedro, ambos sudorosos y exhaustos. Raphael sentado en el suelo a los pies de la cama y Anabel derrotada de rodillas e inclinada hacia delante ofreciéndole al holandés una magnifica visión de su culo y su vagina totalmente expuestos.

    ********

    A la mañana siguiente, como si no hubiese pasado nada. Como ni siquiera se conociesen de nada, cada huésped abandonó el hotel. Nunca más se volverían a ver en sus vidas pero siempre les quedaría el dulce recuerdo de lo que sucedió en este hotel.

  • La fiestita que no quería

    La fiestita que no quería

    Íbamos caminando por la ciudad con Carlos, mi novio. Siempre hablando de muchos temas y sobre nuestra relación, en la que ya íbamos entrando en el año y medio que convivimos juntos. Entre tantos temas como mencionaba, había uno que generalmente cuando lo tratábamos, nos generaba alguna que otra discusión. Y era que quería que mantuviésemos un encuentro con uno de sus amigos en la cama. No sé porqué la insistencia de tener relaciones de ese tipo!!

    Hasta que un día me decidí. Dije: «pues bien, le voy a dar el gusto a Carlos!!!» Cuando se lo planteé y le dije que sí, no paraba de besarme y tocarme. Pensé, qué bueno una vez y listo, ya está!

    Al tiempo, luego de volver del trabajo, nos sentamos a conversar y me comentó que había arreglado con uno de ellos, y que quedamos en encontrarnos en casa y así fue que el sábado por la noche se dio el encuentro.

    Esa noche, yo ya me había bañado, me había puesto un conjunto que tenía para estrenar rojo y ya que estaba le agregué medias y portaligas. Fue el turno de Carlos, y mientras se bañaba tocaron el timbre. Me vestí rápidamente con lo que encontré a mano y fui a la puerta. Quedé paralizado porque al abrirla, me encontré con que el amigo no era uno sino dos! Uno de ellos no me sacaba la mirada…

    Una vez que Carlos terminó con su baño, fuimos todos al living donde compartimos un café y conversamos. Yo seguía con la mirada a Carlos como para buscar una respuesta, si era solamente uno amigo, porqué habían venido dos!!

    No obtuve respuesta alguna.

    Habiendo terminado de beber, Carlos con su amabilidad que lo caracteriza, se paró y nos dijo:

    «Pablo se ofreció a qué podamos estar un rato en la cama!!!»

    Sin mediar palabra, avanzamos los cuatro hacía el dormitorio, yo, sin entender lo que pasaba…

    «Yo, dijo Carlos, me voy a sentar en el sillón…ustedes saben, yo miro!»

    Me saqué la ropa y me arrodillé en la cama mientras Pablo y Gustavo se desvestían.

    Mí pulso comenzó a acelerarse, mirando a Carlos y buscando una explicación.

    Y ahí, en ese instante supe, cuál era el deseo de Carlos: «verme con DOS hombres en la cama mientras él observaba».

    Decidí soltarme, dar rienda suelta a algo que jamás había hecho, cómo quien dice… me liberé.

    Pablo y Gustavo se metieron en la cama y entre los dos al verme en lencería, se fueron sobre mí a puro beso y a acariciarme por lo que decidí, dejar de mirar a Carlos y me planteé que estaba solo con ellos.

    Me tocaron y besaron por todo el cuerpo, yo, súper excitado!!

    Una vez que se quitaron la ropa, se acercaron a mí, se pararon en la cama y yo arrodillado, comencé a hacerles sexo oral. A uno y al otro, un ratito a cada uno… explotaba de placer!!!

    Me hacían a hacer arcadas porque ellos metían en mí boca sus semejantes vergones pretendiendo que me las trague toda. Al rato, cansado de mamar, Gustavo se acostó y me hizo sentar arriba, corrió mí bombacha para meterme su pedazo de carne, Pablo por lo pronto se masturbaba.

    Yo gozaba y mucho, este tío me hacía un metesaca que me dejaba sin aire!! Sin mediar palabra Pablo me inclinó hacia adelante y sin más… me la metió. Sin dudas que al estar tan excitado no podía creer que tuviera en mí cola dos enormes vergas, jamás me había pasado. Poco a poco me fueron dando más y más, pude ver a Carlos cómo se masturbaba, cómo disfrutaba, cómo gozaba la manera que sus amigos me cogían y de la manera que lo hacían.

    En un momento sentí dentro de mí ser como corría la leche, primero de Pablo que enseguida se incorporó y después le tocó el turno a Gustavo, que me dio un poquito más para luego llenarme bien la cola. Me levanté como pude, sentí como me abrieron la cola y lentamente llegué hasta donde estaba sentado Carlos mirando, me arrodillé, le saqué la mano y comencé a chupársela, con muchas ganas, como nunca, hasta que sentí que acababa y con gusto me tragué todo su semen…

    Todo volvió a la normalidad, Gustavo y Damián se fueron y nosotros luego de bañarnos juntos, nos fuimos a dormir. Yo feliz por haberle cumplido el deseo a Carlos, y él me lo demostraba abrazándome y llenándome de besos y caricias.

    Me di cuenta que había descubierto gracias a él, otra forma de hacer el amor, que había disfrutado y gozado…

    Te amo amor!!!

    [email protected]

  • Mi mujer descubrió que soy puto

    Mi mujer descubrió que soy puto

    Cuando era joven, tenía una lucha interna entre mi lado femenino y el hombre que debía ser, me imponía a mi mismo periodos de abstinencia homosexual, abandonaba por un tiempo mis encuentros con machos, creyendo que de esa manera se me iba a ir lo de ser puto, creía que estaba poseído por una fuerza extraña que me llevaba a desear comerme una verga, pero no, era mucho más sencillo, simplemente me gusta la pija, me gusta sentirme mujer.

    Pero en uno de esas etapas de abstinencia, pensé que quizás la solución era casarme o juntarme con una mujer, obvio busqué una que tuviera rasgos dominantes en su personalidad, claro, eso iba perfecto con mi lado sumiso.

    Para no hacerlo muy largo, conocí y me enamoré de Alicia, linda mujer, buen cuerpo, lindas tetas, buen culo, delgada, cara de puta, en fin todo bien, comenzamos a convivir y al principio estaba todo digamos, normal, la cogia con regularidad, y había dejado de pensar en tipos, como todas las cosas, esa normalidad no duró mucho, comencé a sentir la necesidad de un macho que me haga la cola

    En el sexo con Alicia, era normal que me toque y muerda las tetillas, para mi los machos tienen tetillas y las mujeres y los putos tenemos pezones, pronto empezó a notar que eso me gustaba demasiado y probó pellizcarlos, estirarlos y retorcerlos, tal y como lo hacían mis amantes varones.

    Por supuesto no podía ocultar el placer que eso me producía, un día avanzó un poco más y pasó un dedito por mi ano, jugó con la puntita de la uña en mi agujerito, hasta ese momento, yo trataba de evitar ese tipo de situaciones, tenía temor que se me note algo rarito, a pesar de que muchos hombres heterosexuales disfrutan que sus mujeres les metan el dedo en el orto, yo no quería sembrar ninguna duda en ella.

    La duda se sembró por sí sola y se transformó en certeza rápidamente, al ver mi reacción ante el juego del dedito en mi culo, comenzó a introducirlo de a poco, al comienzo yo intentaba ocultar mi placer, preguntando «¿que haces ?» como si eso hiriera mi supuesta hombría, pero ella me respondía que no tenia nada de malo que eso me guste, de a poco comenzó a hacerlo cada vez más y a fingir que me cogia con el dedo metiéndolo y sacándolo todo, yo lentamente dejé de ocultar que me gustaba y terminé demostrando que gozaba mucho, entonces lo siguiente fue meter en mi culo dos dedos, y no me negué a que lo haga, de a poco la atención se centró casi exclusivamente en esa parte de nuestra actividad sexual.

    De a poco fui dejando de penetrarla y pronto se convirtió en un cambio de roles, con lo único que la satisfacía como hembra, era con el sexo oral, le encantaba que le chupe la concha, que por cierto a mi también me daba mucho placer hacerlo, además la sentía a ella gozar y acabar y eso me hacía feliz.

    Teníamos un dildo que al principio lo usaba yo con ella como juego y complemento en nuestras relaciones, ya que no soy muy dotado, pero ese consolador pasó a ser el pene de Alicia cuando decidió que quería penetrarme con algo más que sus dedos, un día tomó ese pene artificial mientras nos besabamos, de pronto dejó de hacerlo y se lo llevó a su boca, lo chupó sensualmente, yo la miré extasiado, se lo quitó de entre sus labios y me lo ofreció para que yo también lo chupe, le dije que estaba loca, pero lo hice, me pidió que lo mojé bien con mi saliva, lo llevo hacia atrás de mi cuerpo, volví a preguntar que hacia, a modo de queja no muy convincente, y me lo empezó a meter muy cuidadosamente, para mí, que ya me había comido varias pijas enormes y hasta la inolvidable doble que me hicieron Roberto y Lucas, eso era un juego de niños de jardín, no obstante, fingí que me dolía mucho.

    Ese dolor aparente no pude sostenerlo demasiado y pronto olvide que ella era mi mujer y demostré que estaba gozando con esa pija de goma, entonces muy caliente me dijo…

    – me muero por ver como te coge un tipo, me vuelve loca la idea, hace rato que lo imagino

    Se me hizo un nudo en la garganta, varias veces me habían cogido delante de mujeres, pero ésta no era la mujer de otro, era la mía, y me daba mucho cagazo.

    Insistí en que estaba loca, tenía que guardar las formas y salvar lo que me quedaba de hombría, aunque fuera ficticia.

    – dale amor, estoy segura que te va a gustar

    Yo no respondí y una noche estando en la cama, me puso boca abajo, me vendo los ojos, y me dijo que tenía una sorpresita, pensé para mis adentros, espero que no haya traído un tipo, me separó las nalgas y cuando yo esperaba sus dedos o el consuelo de goma, comenzó a darme una extraordinaria chupada de culo…

    – Ah por Dios que haces amor, mmm Dios mío que hija de puta sos, me vuelve loco eso, me haces delirar guacha

    – Es lo que quiero, volverte loco, no te muevas de ahí – me contestó

    Se levantó de la cama unos segundos mientras yo esperaba recaliente con mi culo mojado y al regresar empecé a sentir algo bien duro y más grande que el consolador que usábamos habitualmente, al principio pensé que había traído un tipo sin avisarme, pero no, había comprado un strapon, un consolador con arnés, se había ajustado el cinturón y me estaba empezando a coger.

    Sentí esa cosa dura comenzando a entrar, me dolió un poco de verdad, pero pronto lo asimile y empecé a gozar, en pocos segundos Alicia me lo hizo comer entero, me lo metió y sacó repetidamente y me hizo disfrutarar como una hembra

    – Ah por favor que estas haciendo, por favor mami, mmm, ahh, ohh ay mierda que pedazo

    – Te hago gozar papi, ahora sos totalmente mío, ya sos mi putito

    Se me hizo un nudo en la garganta y sentí mis ojos vidriosos por la emoción, era la primera vez que mi mujer me llamaba putito.

    No me reprimí en ese momento y dejé salir expresiones que denotaban mi placer…

    – Ah amor, que lindo, mmm me gusta mami, me haces sentir muy puto, como me coges con esa cosa, me rompes el culo mi amor

    – Ya estás listo papi, sos el hombre perfecto para mi, sos un divino

    Esa última frase me terminó de desarmar, y me entregué.

    – ahora lo único que falta es que te dejes coger por un tipo delante mío

    Esa parte del juego me excitaba mucho, pero no me convencía totalmente, tenía miedo que destruyera mi matrimonio, la verdad era que yo me había juntado con ella, como parte de mi idea de dejar mi vida como homosexual, luego me enamoré perdidamente de ella, y ahora las cosas habían tenido un giro impensado para mi, en realidad era como una situación ideal, estaba escrito que jamás iba a poder dejar atrás lo que yo esencialmente era, pero esta nueva etapa me daba terror, la vida que yo había querido reconstruir, se podía venir abajo.

    Para empezar, pensándolo fríamente, si eso fuera posible, (lo de pensar en frío, claro) me daba mucha vergüenza, seguido de que imaginaba iba a tener que aceptar ser un cornudo consciente, y finalmente tenía terror a provocar su desprecio a mi condición de hombre y persona.

    El siguiente paso estaba muy cerca, una noche Alicia estaba chupandome la pija y haciendome gozar mucho, de pronto se detuvo y me dijo muy segura…

    – estas disfrutando mi amor, pronto me vas a dar el gusto a mí y vas a cumplir mi sueño –

    Trague saliva y pregunté como iba a ser eso

    – conoci un chico jovencito de 22 años, (ella tenia 35 y era re pendejera, y yo 37) creo que me quiere voltear y le voy a decir lo que quiero que haga con vos, a cambio de tenerme a mi

    No reaccione, todo se estaba precipitando, estaba a punto de dejarme garchar delante de ella, por un pibe 15 años menor que yo, lo que me provocaba una vergüenza adicional, encima seguramente iba a tener que ver como el pibe se la cogia, o sea, pasaba a ser puto confeso y cornudo consciente de una sola vez.

    Confieso que esa práctica, la de verla cogiendo con otros, empezó rápidamente a gustarme y llegó a darme mucho placer verla gozar así.

    Un par de días después, me llamó al trabajo y me dijo que no vuelva muy tarde, porque esa noche, era la que ella tanto esperaba, se ve que no quería que me arrepienta y además, cuando algo se le metía en la cabeza, era imposible pararla.

    Me dejó temblando, no pude concentrarme más en mis labores y me fui temprano a casa, ella también se estaba preparando desde temprano, se depilo bien la conchita, se maquilló y preparó lo que iba a usar, entre lo que estaba el mejor y más sexi conjunto de tanga, corpiño, portaligas y medias negras, infartante, lo trágico o cómico de esto, era que por primera vez desde que estábamos juntos, no se lo ponía para mi, para mi había otra cosa, era ese pendejo que iba a romperme el culo delante de ella y por si eso fuera poco, vi que tenía preparado el consolador con cinturón por si hacia falta supuse, o quizás pensaba empezar ella dando una demostración de lo que era capaz de hacerme.

    Estaba llegando la hora y ninguno de los dos pudo cenar por los nervios, el chico llegó puntual a las 11 de la noche, ella lo recibió y le dio un beso en la boca, como para ir rompiendo el hielo, lo hizo pasar al living y nos tomamos un whisky para entonarnos, en un momento Alicia nos dejó solos y dijo que volvía enseguida, me quedé con el pibe, tenia buen aspecto, lindo, delgadito, algo canchero, supongo que estaba nervioso también y se animo a preguntarme si ya lo había hecho antes, como la manera de preguntar fue ambigua, solo contesté que lo hacíamos por primera vez, claro no dije toda la verdad, solo la parte de que delante de ella, era la primera vez, pero no tenía porque dar detalles.

    Al fin apareció Alicia, deslumbrante con solo su conjunto de ropa interior negro, y unas sandalias de taco alto que siempre me calentaron, entonces al vernos sentados, preguntó

    – ¿ustedes qué esperan para sacarse la ropa o los tengo que desnudar yo?

    El chico que se llamaba Manuel inmediatamente se puso de pie y se sacó la ropa, yo demoré un poco más, estaba temblando y no sentía mis piernas, pero finalmente lo hice y quedamos los dos desnudos, Manuel tenía una linda verga bastante gorda, al verla pensé, este pibe me va a hacer gemir y gritar aunque no quiera, entonces ella empezó a dirigir la operación.

    – papi, mira qué pedazo tiene, quiero ver como se la chupas

    (a ella también se le fueron los ojos al verle la poronga)

    El pibe se quedó parado, tenía la verga a media máquina, algo dormida todavía, aún así se veía muy atractiva, me volví a sentar en el sillón, se la agarré con una mano y la llevé a mi boca, con la otra mano le acaricié los huevos, de reojo miré a Alicia que se estaba metiendo una mano dentro de la tanga y comenzaba a pajearse, la escena parecía surrealista, no podía creer que esto estaba pasando, la verdad me da vergüenza decir esto, pero mientras se la chupaba, y ella me veía hacerlo, empezaron a caer lágrimas por mis mejillas, me puse a llorar no sabia bien porqué, Ali se conmovió, se acercó a mi lado y parada comenzó a acariciar mi cabeza pidiéndome que me tranquilice. .

    – está todo bien mi amor, tranquilo, estamos gozando, es solo un juego entre personas mayores

    Yo no sabía como seguir con esto, pero ella parecía tenerlo bien claro, mire hacia arriba mientras seguía chupando esa belleza de verga, aunque todavía no me había soltado mucho y trataba de no demostrar mi gusto por lo que estaba haciendo, vi como Alicia le comía la boca a Manuel y se lo apretaba descaradamente, entonces pensé que si ella podía tener esa actitud delante mío, porque yo no podía gozar de ese ejemplar de macho jovencito y pijudo como Dios manda a un puto como yo, en ese instante me comí toda la pija hasta ahogarme y me quedé con la verga adentro de mi boca todo lo que aguanté sin respirar.

    Alicia me miró y dijo…

    – vamos a la cama mis hombres

    Todavía me seguia considerando un hombre cosa que me tranquilizaba un poco.

    Entramos al dormitorio y ella, como siempre tomó la batuta y ordenó las cosas, el pibe seguía al palo después de la mamada que le acababa de dar, y sin muchas vueltas, me dijo…

    – vos ponete en cuatro patas en el borde de la cama, putito –

    No era cuestión de armar una escena romántica, yo no estaba preparado para eso todavia, necesitaba tomar confianza delante de mi ahora Ama y Señora, ya se iba a encargar ella de ponerme a tono y hacerme hacer todo lo que se le de gana.

    Obedecí como mi rol de puto sumiso lo indicaba, ella estaba encantada mandoneando, ya que le fascinaba hacerlo y vislumbraba que podia tenerme a sus pies como siempre había querido.

    Me puse en cuatro con mi culo hacia afuera de la cama, ella puso su lengua en mi ano y me brindó una chupada espectacular, sabia muy bien lo que eso me gustaba y como me predisponia para ser penetrado, sabía que eso me hacía perder la razón y la poca conciencia que me quedaba, y me hizo gemir de placer..

    Ahhh, mi amor, me volves puto guacha, que hija de puta sos, por favor me haces desear la pija

    Era muy normal entre nosotros insultarnos cuando teníamos sexo, nos calentabamos mucho más al putearnos, no era ofensivo para nada.

    – ya pronto la vas a tener toda adentro- dijo

    Y escuché como le decía a Manuel

    – es todo tuyo nene

    Mi mujer me estaba entregando, yo estaba como en una nube, ni en mis sueños más locos hubiera imaginado que eso iba a suceder, Manuel se paró detrás mío después de haberse colocado un forro y me la puso en el borde de mi orificio anal, un momento apoteósico, si los hay.

    Segundos después empezó a empujar y llevar esa gruesa verga y extraordinariamente dura, hasta el fondo de mi orto, grité como una cerda, me invadió el primer dolor que provoca una pija gruesa entrando en un ano, por más baqueteado que esté.

    – Ohh mierda que dolor, que pija tiene, que me hace por favor, Dios mío Alicia que haces conmigo

    Empecé a contornearme como una puta, jadeaba y gemía gozando la cogida que me estaba pegando ese crío, ella se quitó la tanga corriendo, se acostó con las piernas abiertas delante de mis ojos muy cerca de mi boca y me ordenó…

    – chúpame la concha puto, a partir de ahora es para lo único que vas a servirme

    Obvio que obedecí sin dudarlo, primero porque chupar esa conchita me deliraba, aún hoy es lo único que me gusta hacerle a una mujer, Alicia estaba totalmente depilada y nunca tuvo ni el más mínimo olor desagradable yo decia que era como chupar una muñeca de plástico, a algunos no le gustará, pero a mi me parecía glorioso que no desprenda ningún aroma, más que el del jabón con el que se aseaba.

    Segundo porque comprendí que la consecuencia de lo que estaba haciendo con Manuel, se estaba concretando, como lo temía, mi vida iba a cambiar radicalmente, iba a ser humillado cruelmente.

    De marido proveedor pasé a ser, su puto sumiso, además de cornudo, y pronto sería esclavizado y ultrajado las 24 horas del dia.

    Entre todos los perjuicios que tenía mi nuevo estilo de vida, estaba que mi opinión no tendría ningún valor en ningún tema en común, que tendría que verla coger con otros, cuantas veces se le ocurra (eso terminó gustandome).

    Aceptando también que tenga amantes fuera de casa y no pueda oponerme, soportar que me torture y castigue por cualquier cosa que se le venga en gana o simplemente por diversión.

    Por beneficios, contaba con que me garche cuanto tipo ella quisiera pero solo en su presencia, mi culo era de ella o de quien ella disponga

    Una de mis obligaciones no negociables, era que debía hacerle sexo oral cuantas veces quiera y todo el tiempo que ordene, como era multiorgasmica, podía tener que estar dándole legua y labios a su clítoris por horas e irremediablemente ella terminaria penetrandome con el strapon, también deberia chuparle el culo y los pies a ella o a alguna de sus amigas, nada de esas cosas me disgustaban.

    Siguiendo con la noche con Manuel, cada vez que Alicia gritaba porque tenía un nuevo orgasmo con mi lengua, el pendejo se embalaba más y me daba más fuerte, y esas embestidas a su vez me provocaban chuparla más profundamente, era lo que se llama un círculo vicioso, nunca mejor llamado «vicioso».

    Hasta que Ali le gritó desde su trono de reina bien atendida, que…

    – No acabes nene, que quiero esa verga divina en mi concha, para que éste puto cornudo vea como se satisface a una mujer

    Manuel inmediatamente sacó la poronga de mi culo, obviamente prefería la concha de mi mujer, eso tenia varios premios en uno, se iba a garchar una flor de hembra, encima delante del cornudo del marido, eso para muchos es un bonus extra al cogerse una minita, y encima era un pendejo cogiendo a una mujer mayor que él.

    Alicia me ordenó que me ponga bien cerca para ver en primera fila, como otro tipo la cogia, Manu se cambio el forro y se acomodó entre sus piernas abiertas, tenia la concha empapada con mi saliva y su propio flujo, estaba mojada hasta la médula, entonces me dijo…

    – vos mirá bien putito y aprende, no vayas a acabar, a partir de hoy, necesitas mi permiso para tener un orgasmo, tócate solito los pezones mientras Manu me coge, maricón –

    No hay duda alguna, que cuando mi mujercita queria herirme y humillarme, sabia hacerlo muy bien, así que me quedé viéndola gozar como una zorra, solo me permitió apretar mis pezones porque sabia que eso me calienta muchísimo y era para mi una tortura escucharla chillar como una cerda y desear a cualquiera de los dos, me daba lo mismo con quién, estaba tan excitado que era lo mismo cogerla a ella o que el pibe me haga el orto, el chico estaba gozando esa conchita como loco y ella estaba feliz.

    Estuvieron cogiendo más de una hora, hasta que a ella se le ocurrió parar, sacarle el forro y chuparle la verga mientras sonreía mirándome a los ojos, obligándome a mirarla fijamente, el pibe empezó a gritar como un animal embravecido, que se venía, se ve que estaba aguantando, tenia puesto el freno de mano pero no aguantó más y la puta de mi mujer, le pidió que le tire la leche en la cara.

    Me quedé paralizado viéndola disfrutar como me humillaba y como gozaba a ese pendejo.

    Llego la hora de la despedida, Manuel dijo que le gustaría volver y ella le contesto con un frío, vamos a ver, yo te llamo.

    El pibe se fue, Alicia se metió en la cama conmigo, como para dormir, hice un intento para cogerla, pero me frenó en seco, me dijo…

    – creo que no entendiste, vos ahora sos mi puto y solo me vas a servir para darme los gustos, ahora yo soy la que manda, vos da las gracias que hoy te dejo dormir en mi cama

    Empecé a comprender que mi vida sería muy distinta a partir de ese momento.

    Continuará…

    Espero que les haya gustado, pueden dejar un comentario aquí o escribirme a mi correo [email protected]

    Besos

  • Reencuentro con una amiga de la adolescencia

    Reencuentro con una amiga de la adolescencia

    Julieta había sido una gran amiga mía en la secundaria, tuvimos una gran amistad donde nos ayudamos mutuamente y aconsejamos bastante. Ella había tenido una vida difícil con separación de los padres, lo que sumado a una relación toxica con un novio, derivó en una gran depresión que hizo que tuvieran que tratarla y ayudarla.

    En esa etapa de los últimos años de la secundaria yo estuve bastante presente ayudándola, y gracias a la ayuda de la familia y los amigos pudo recuperarse. Por cosas de la vida nos fuimos separando y dejando de tener contacto. Nos teníamos en nuestras respectivas redes sociales pero no teníamos interacción.

    Cuando terminé con Belén, mi novia del relato anterior fue un momento difícil para mí, ya que imaginaba una vida junto a ella y teníamos varios proyectos juntos, pero simplemente no funciono, aunque terminamos en buenos términos y de la mejor manera, fue un proceso difícil pero que poco a poco fui superando.

    Aunque Julieta en su momento fue una gran amiga mía, la verdad es que siempre me calentó bastante, es una chica de contextura normal, debe medir 1.70, con pelo negro, una cara redonda bastante linda, con unos labios para el infarto, la famosa “boca de petera”. Pero lo que siempre me volvió loco fueron sus tetas tiene unas tetas enormes para lo que es su cuerpo, una vez me dijo que su medida de busto eran 100, así que imagínense, junto con un culo que no es una locura pero no está nada mal.

    Al ser amigos desde chicos de los 15 años hasta los 20 que perdimos contactos, de mas esta decir que Julieta debe ser a la chica que más pajas le dedique en mi vida, ya que por ser tan amigos la había visto muchas veces en bikini pudiendo apreciar ese cuerpazo. Y las mismas aumentaron cuando una vez me conto que se aburría teniendo sexo con el novio de ese momento porque tenían un sexo muy tranquilo, y a ella le gustaba (textuales sus palabras) “que la pongan contra la pared, le den fuerte y le cacheteen el orto”. Eso sumado a que a mi me gusta ser bastante dominante en la cama, me volvió loco.

    Como dije nuestra relación había desparecido aunque nos seguíamos teniendo en las redes sociales. Un día yo subí una historia de Instagram del auto nuevo que me había comprado, y Julieta me respondió la historia felicitándome, cosa que me sorprendió mucho pero también me alegro.

    Luego de responderme nos pusimos a conversar y a ponernos al día con nuestras vidas, ella me conto que se había recibido de veterinaria (cosa que ya sabía por sus fotos) y que estaba trabajando de eso. Después de estar unos días chateando quedamos en juntarnos a tomar una el viernes después de cena en su departamento.

    Llegue al departamento a eso de las 11 pm, le avise que estaba abajo y me abrió con el portero eléctrico. Al tocar la puerta de su departamento me abrió vestida de infarto, tenía una blusa roja en la cual se le veía el escote, y una pollera negra.

    Al llegar me dio un gran abrazo, deje las cervezas en la heladera y nos sentamos en un sillón, el cual tenía una mesa en frente y había preparado unos vasos con cerveza y algo para picar y música de fondo.

    Nos pusimos a conversar sobre la vida, y yo tenía que hacer una fuerza increíble para no mirarle las tetas, cosa que se me hacía muy difícil y cada tanto pegaba una miradita hacia ahí. Cosa que hizo que mi pija se empezara a poner dura y a notarse en el jean que tenía puesto. Creo que ella se dio cuenta porque en un momento miro mi paquete con muy poco disimulo.

    La conversación siguió un rato más por cosas tribales, donde también los vasos de cerveza aumentaron. En un momento ella me pregunta:

    J: Y con las mujeres como estas? Vi que no estas más con Belén, va o por lo menos en las redes no subís más fotos con ella.

    F: Si, con Belén terminamos hace 3 meses. Y la verdad que mujeres poco, me vi una vez con una chica pero fue algo de una noche. Vos con los chicos?

    J: No te creo que no hayas estado con más chicas en este tiempo, candidatas no te deben faltar.

    Lo dijo con cara picara, y comiéndome con la mirada y siguió.

    J: Yo chicos nada, estuve en lo que se puede decir una relación con un chico hace algunos meses, pero se fue a vivir a China hace dos meses y no nos vimos más.

    F: Mentira, no te creo que no hayas estado con ningún chico desde entonces. Además si no recuerdo mal cuando eras chica te gustaba bastante coger y no creo que eso haya cambiado en estos años.

    Ella se quedó medio sorprendida con mi pregunta pero se rio, yo a esa altura con el efecto de las cervezas ya estaba muy caliente y estaba decido a intentar llevar la conversación al lado más sexual e intentar cogérmela. Y chuparle esas tetas que había deseado toda mi adolescencia.

    J: Jajaja como te acordás de eso! Pero si tenés razón siempre me gustó mucho coger y me sigue gustando. Igual vos no te quedas atrás, me acuerdo que una vez Guillermina me conto que no paraban de coger y que la tenías bastante grande.

    Jaque mate. Estaba jugando fuerte, cosa que me gustaba y me daba indicios que ella también quería coger. Guillermina era una amiga de ella de la escuela, con la que tuve mis aventuras de adolescente y una de mis primeras experiencias.

    F: jajaja. Por lo visto somos los dos bastante memoriosos! Si con Guille la pasamos bien en su momento fue con la primera chica con la que empecé a coger más sucio.

    J: Como sucio? A que te réferis?

    Me lo decía mientras tomaba cerveza y movía las piernas apretándose los muslos. No había duda de que estaba excitada, así que tenía que ir de frente.

    F: Daaale no te hagas la boluda. Sexo sucio, sexo duro. Hablando de memoriosos me acuerdo que vos me contaste que te gustaba que te dominen, te cojan contra la pared etc. Ese tipo de sexo.

    J: Aaay sí. Ahora entiendo! Hace tanto que no me cogen así. Los hombres cada vez vienen más frígidos. Yo necesito alguien que me domine.

    Al decir esto se acercó más a mi poniéndome su mano en mi pierna. Inmediatamente me pegué a ella, le puse la mano en la nuca y le dije.

    F: Yo te voy a dominar, quédate tranquila.

    Y le di un beso bien profundo con mucha lengua y baba, estuvimos un rato besándonos donde yo también le tocaba las tetas por arriba de su blusa, cuando las apretaba fuerte ella daba pequeños gemidos, cosa que me gusto porque me di cuenta que le gustaba el sexo duro.

    Nos paramos y le saque rápidamente la blusa y el corpiño, al verle las tetas casi me muero de la excitación, eran hermosas, enormes como me las había imaginado y con unos pezones grandes y color rosa. La miré y le dije.

    F: Desde que íbamos a la escuela tengo ganas de comerte las tetas putita.

    Y le empecé a manosear y a chupar estas tetas hermosas, al principio empecé a chupar despacio, pero después ya le mordía los pezones y le pegaba en las tetas, elle cada vez gemía más. Me puse derecho, la agarre del cuello y la empecé a besar. Con la otra mano le baje la pollera.

    La di vuelta poniéndola de espalda, siempre agarrándola del cuello, tenía un culo mucho más lindo de lo que esperaba, le empecé a pegar cachetadas en la cola a lo que ella gemía.

    Le corrí la tanga negra que tenía puesta y le empecé a tocar los labios vaginales que ya estaban muy mojados.

    F: Esta empapada putita. Te gusta cómo te domino?

    J: Si Facu, pajeame.

    La empecé a tocar el clítoris y a pajearla, no tardó mucho en acabar, cosa que me excito demasiado.

    La puse en 4 patas en el sillón y yo me arrodillé en el piso, volví a pegarle un par de cachetazos en el culo. Y a seguir pajeandola.

    En un momento le mordí la cola, y le dije:

    F: Que buen orto que tenés dios.

    Y le empecé a chupar la concha, que ya estaba toda mojada y tenía un gusto riquísimo. Le chupe la concha desaforadamente y ella no paraba de gemir y decía:

    J: Así Facu, me encanta como me comes la concha! Aay dios que ricooo

    Al ratito acabo devuelta cosa que hizo que se mojara aun mas, esa era mi oportunidad para también empezarle a chupar el culo, lo hice mientras le tocaba el clítoris y ella empezó a gemir más fuerte.

    J: Aaay Facu, si cómeme todo el orto. Me encanta como me lo comeees  aaaaah.

    Le metí un dedo en el culo, y me di cuenta que entro muy fácil, cosa que me encanto. Introduje un segundo dedo ya con un poco mas de fuerza, pero ella estaba tan excitada y mojada que lo único que hacía era gemir.

    Estuve así un rato. Hasta que en un momento me empezó a doler la pija que ya estaba a punto de explotar haciendo fuerza contra mi pantalón. La agarre del pelo la hice sentarse en el sillón, le di un beso con mucha baba, le pegue una cachetada despacito en la cara, y la deje que me desnudara.

    Al sacarme el pantalón y luego el calzoncillo mi pija salió disparada. Ella la agarro con las dos manos me miro y me dijo:

    J: Que pedazo de pija que tenés hijo de puta. Guillermina tenía razón.

    Y me metió la pija de una en la boca, haciéndome un pete increíble, se la metía lo más que podía, pero le quedaba un pedazo afuera, pero lo hacía como toda una experta. Con mucha baba como a mí me gustas.

    F: Que buen que la chupas putita, que boca de petera que tenés.

    Le decía mientras le apretaba las tetas. Al rato de chuparla increíblemente la agarré del pelo y se la metí hasta el fondo, le dio una arcada. Al sacarle la pija le di un beso lleno de baba y le metí los 4 dedos en la boca cosa que hizo que le diera otra arcada. Le volví a meter la pija y le empecé a coger la boca. La muy puta se dejaba y eso me excitaba aún más.

    F: Que boquita que tenés Julieta, sos muy puta y sumisa.

    La pare y le agarré del cuello mientras con la otra mano le apretaba una teta.

    F: Vamos a la habitación.

    Al llegar al cuarto la empuje contra la cama (cuando vi que era una cama de dos plazas me encanto porque iba a ser mucho más cómodo). La di vuelta, le agarré las manos y le metí la pija de una en la conchita empapada.

    Al entrar ella dio un gemido que me excito muchísimo.

    F: Estas empapada, mira que fácil que te entra.

    J: Cogeme Facu haceme tuya.

    Le empecé a meter la pija bien fuerte y rápido cosa que hizo que acabara muchísimo y no parara de gemir, al ratito de estar así, tuve que bajar un poco la velocidad porque iba a terminar acabando muy rápido con toda la excitación que tenía. Me estaba cogiendo a la mujer que quise cogerme toda la adolescencia.

    Saque me pija empapada por sus flujos y me acosté en la cama, ella se puso arriba mío.

    Quedando sus tetas muy cerca de mi cara. Le agarré el culo con fuerza y le di un chirlo en él.

    F: Movete putita, cógeme.

    Ella se empezó a comer muy bien, se nota que le gustaba coger mucho porque se movía de una manera increíble, haciéndome disfrutar muchísimo.

    F: Me encanta Juli, sabes las veces que de pendejo soñé con esto? Sos hermosa putita.

    J: Que pija que tenés Facu, me volvés loca.

    Las tetas rebotaban increíblemente, se las agarre y apreté con fuera cosa que la hizo gemir más. Al rato empecé a moverme yo dándole muy fuerte y ella no paraba de gemir.

    Al rato de estar así y que ella acabara un par de veces más.

    Se puso en 4, era una visión hermosa. Le pegue un par de cachetadas en el culo, le toque un poco el clítoris y le metí la pija. Le di primero despacio, mientras con la mano que no la agarraba del pelo, le empecé a tocar el culo y a meterle un dudo muy de a poco.

    J: Aay si me encanta, cógeme más fuerte, que pija que tenés.

    Al decirme esto me volvió loco y empecé a darle con todo haciendo que pierda la fuerza de sus piernas cuando acabo.

    La volví a poner en cuatro y puse mi pija en la entrada de su culo.

    J: Despacio que hace mucho que no lo hago por ahí.

    F: Si putita, vos relájate.

    Me llene de baba la pija y se la metí lentamente, al principio le dolía un poco pero cuando entro toda, la deje un rato ahí sin moverme para que se acostumbrara. Después empecé muy lentamente a meterla y sacarla, mientras le daba chirlos en los cachetes del culo que ya estaban muy rojos.

    Le empecé a tocar el clítoris, cosa que hizo que relajara más la cola y pueda empezar a darle mas fuerte, al rato ya estaba completamente abierta.

    J: Dame mas fuerte, me encanta tener tu pija en mi culo Facu.

    Le empecé a dar con todo y ella no paraba de gemir.

    F: Que puta que sos, me volvés loco, la vamos a pasar muy bien vos y yo.

    Mientras le daba con todo y le agarraba las tetas.

    F: Quien es la mas puta de todas eh?

    J: Yo, yo soy aaah que ricooo. Dios

    F: Te gusta como te rompo el orto pedazo de puta? Sos muy puta y muy sumisa.

    J: Me encanta ser tu puta, me vuelve loca tu pija dios, que bien que coges hijo de puta, dame más.

    Esa frase hizo que me volviera loco y le diera con todas las fuerzas que me quedaban, al darme cuenta de que iba a acabar la avise y le dije que se sentara.

    F: Abrí la boca pedazo de trola que te voy a dar toda la lechita.

    J: Ay si quiero la lechita calentita.

    Decía mientras se tocaba las tetas. Esa imagen hizo que acabara y le metí la pija en la boca haciendo que se trague toda la leche.

    Ella tosió un poco pero se la trago toda y después limpio mi pija mientras me miraba con carita de puta.

    —————————-

    Esa fue la primera experiencia que tuve con Julieta, con la cual (afortunadamente) tengo más, si les gustó el relato subiré más experiencias con ella.

    Patrick

  • Luismi y Silvia: El secreto

    Luismi y Silvia: El secreto

    Cuando yo tenía siete años -comenzó Luismi su relato -mis padres se separaron. Lo habían decidido de mutuo acuerdo. Aunque les habían criado a la antigua usanza tenían mentalidades muy abiertas dada su formación universitaria. Mi madre era enfermera en un hospital, luego siguió estudiando y hoy es cirujano. Mi padre estudió económicas y empezó trabajando en una empresa automovilística, pero con el “boom social de los ochenta”, como él decía, se montó un concesionario por su cuenta, y la verdad es que triunfó.

    Al principio yo no entendía por qué mi padre ya no se quedaba en casa. Pero los dos se esforzaron en explicarme la situación y lo hicieron de manera que no supuso ningún trauma para mí. Nunca les vi discutir, ni malos rollos, lo cual fue creando en mí una sensación de que aquello se arreglaría y mi padre volvería a casa algún día.

    Él se había ido a vivir a un piso al centro de la ciudad, donde yo pasaba algunos fines de semana. Como digo la relación entre ellos siempre fue muy buena y yo pasaba los días indistintamente con cualquiera de los dos, aunque vivía con mi madre.

    Todas mis esperanzas de que se arreglaran las cosas entre mis padres empezaron a desaparecer en la tarde del sábado dieciséis de enero de 1.982.

    Ese día había quedado con mi padre en su piso para ver el sorteo del Mundial´82, evento con el que yo estaba muy ilusionado. El tiempo me demostró que aquella tarde empezaron a desaparecer también mis ilusiones de ver a la selección ser campeona del mundo.

    A las tres de la tarde, mi madre me dejó a la puerta del edificio para que subiera. Mi padre abrió la puerta y yo entré corriendo hasta el salón para coger el sitio de él en el sofá. Pero al llegar allí me llevé una sorpresa:

    -Hola, tu eres Luismi, ¿no?

    Ante mi había una mujer que no había visto en mi vida. Era alta con el pelo moreno y corto, ojos color miel, la boca un poco pequeña. Llevaba un jersey de cuello alto claro con rayas horizontales de colores que le hacían un busto bastante bonito. Unos pantalones Levis azul ajustados que marcaban un muy buen culo y unas largas y bonitas piernas. Llevaba unas botas de piel marrón. No era un bellezón pero tenía una cara agradable y un cuerpo de escándalo. Me quedé parado y sin reacción:

    -¿Te he asustado? -me preguntó amablemente.

    -No… no… ¿Quién eres? -pregunté incrédulo.

    -Soy Lorena -se acercó y me dio dos besos.

    Yo no entendía nada y mi cabeza era incapaz de asimilar esa información. No encontraba explicación a qué podía estar haciendo en el piso de mi padre:

    -Luismi, Lorena es mi novia. Llevamos unos meses saliendo y quería que la conocieras -por fin explicó mi padre.

    -Ah, vale -dije con cierta indiferencia y mostrando naturalidad. Pero en el fondo me había sentado fatal porque aquello significaba que mi padre no volvería con mi madre.

    Cuando llegué a mi casa el domingo por la noche le conté a mi madre que mi padre tenía novia.

    Ella me explicó de nuevo la situación y que no pasaba nada. Que ellos ya no se querían tanto como para vivir juntos pero que sentían cariño el uno por el otro. Pero yo noté como la relación entre ellos se había enfriado y como mi madre era ahora más estricta con mi padre.

    Todo esto provocó en mí un sentimiento de rabia y hostilidad hacia Lorena que derivaba en pataletas infantiles cuando estaba con ellos.

    El paso del tiempo no hizo sino empeorar las cosas. Sobre todo tras el divorcio de mis padres cuando yo tenía doce años.

    En la adolescencia los choques fueron constantes. Pero tras la explosión hormonal de mi desarrollo mi relación con Lorena fue un caos. Al desprecio que sentía hacia ella uní una atracción sexual morbosa y casi obsesiva. Me masturbaba pensando en ella, en sus tetas, en su culo. Pensé que todo esto sería nada más que una manera de venganza hacia ella, pero mi amigo Jorge no ayudaba. Cada vez que lo veía me recordaba lo buena que estaba la novia de mi padre, las tetas tan ricas que tenía, el culo tan bueno que tenía.

    Así fue pasando el tiempo hasta el día D. Era un viernes de primeros de septiembre del año ochenta y ocho. Yo tenía dieciocho años y llevaba desde principio del verano saliendo con una chica, rubia muy guapa, se llamaba Adela. El verano estaba siendo muy caluroso lo que no ayudaba a la calentura natural de mi edad. Pero en esa época no se pasaba del simple magreo y el beso. Así que me mataba a pajas pensando todavía en la novia de mi padre.

    Habíamos quedado para cenar fuera los tres, Lorena, mi padre y yo. Sobre las ocho de la tarde había dejado a Adela en su casa con mi vespino. Luego me acerqué al piso de mi padre.

    Al entrar vi que la casa estaba a oscuras solo con esa luz de penumbra que da el atardecer al final del verano. Como no había nadie pasé al salón sin encender la luz para ver un poco la tele antes de ducharme.

    La claridad de la televisión me permitió ver que había una película en el vídeo VHS. Sin pensarlo dos veces puse el canal 0 y le di al play.

    Tras unos segundos con la pantalla en azul aparecieron ante mí las secuencias de una película porno. La imagen lésbica que reproducía el video, el calor de todo el día y la calienta pollas de Adela me estaban provocando una tremenda erección. Me bajé hasta las rodillas el pantalón de baloncesto de los Lakers junto con el slip. Mi polla saltó disparada hacia arriba. Sentado en el sofá y viendo la porno comencé a hacerme una paja lentamente. Enseguida me asaltó la fantasía de Lorena, empecé a imaginar que alguna de aquellas tías era ella, así que mientras me la hacía empecé a nombrarla entre jadeos.

    ………………….

    El día estaba siendo muy caluroso y ella se sentía muy excitada. Tras ir madurando la idea a lo largo de la tarde, por fin decidió relajarse en el sofá haciéndose una paja mientras veía una película porno. Así que se desnudó y se tumbó.

    Se había estado calentando durante casi cuarenta minutos viendo imágenes donde unos negros con unas pollas descomunales sodomizaban a jovencitas pelirrojas. Justo cuando comenzaban a hacer un 69 dos rubias impresionantes, ella aceleró el ritmo de sus dedos sobre su clítoris para acabar apretando las piernas una contra la otra en un sonoro orgasmo.

    Después de apagar la tele y el vídeo pasó a su dormitorio para darse un relajante baño de espuma. La bañera era muy grande, solo tenía que flexionar un poco las piernas para caber entera. El agua tibia le llegaba a los hombros. La relajación era absoluta…

    Sobresaltada por una cabezada se dio cuenta que el agua se le había quedado fría. No sabía cuánto tiempo llevaba en el baño. La espuma estaba disuelta y su cuerpo estaba frío. Se puso de pie moviendo gran cantidad de agua, quitó el tapón y abrió los grifos de la ducha para conseguir una temperatura que la hiciese entrar en calor.

    Al mirarse pudo ver cómo los últimos restos de espuma se habían quedado prendidos de su cuidadosamente triangulado vello púbico. Echó el cuerpo hacia atrás y dejó que el chorro de agua aclarase su coño, al sentir el agua templada dejó escapar un suspiro de placer.

    Cuando terminó de ducharse tomó una gran toalla y comenzó a secarse, luego salió a su habitación para vestirse. Miró el reloj de la mesita de noche, eran las ocho y media de la tarde. Llevaba una hora en la bañera. Le pareció oír algo de fondo en el salón, se asomó por el pasillo y efectivamente oía un ruido pero la casa estaba a oscuras:

    -¿Jaime? -llamó a su pareja pero no contestó nadie.

    Se envolvió en la toalla anudada por encima del pecho y con cierta preocupación avanzó hacia el salón. A medida que se acercaba los ruidos le parecieron como gruñidos o resoplidos. Ya en la puerta del salón a oscuras podía oír perfectamente como alguien pronunciaba su nombre.

    Entró en el salón al mismo tiempo que encendía la luz.

    …………………..

    Al iluminarse el salón me sobresalté en el sofá. Lorena, la novia de Jaime, mi padre, estaba de pie frente a mí -que seguía inmóvil con la polla en la mano -envuelta en una toalla verde anudada por encima del pecho. Su pelo mojado parecía aún más negro y caía sobre sus hombros. Ahora tenía el pelo más largo y la humedad hacía que se le rizase. Me miraba fijamente, su cara era ahora de mujer fatal y me parecía más morbosa que nunca:

    -Yo… yo creía… -era incapaz de articular palabra. La situación me tenía atenazado. El rubor se apoderó de mi cara y el sudor frío hizo que mis manos se convirtieran en dos témpanos de hielo en contraste con mi pene que aún se mantenía erguido y ardiendo:

    -No. No te disculpes… -me dijo muy seria.

    No sabía cómo interpretar su cara. No sabía si estaba tan cabreada que me tiraría algo a la cabeza o si hablaría con mi padre para que fuese él el ejecutor.

    De repente en su cara se fue dibujando una sonrisa maliciosa. Levantó su mano derecha hasta el nudo de la toalla y lo deshizo. En ese instante comprendí que mi padre nunca se enteraría.

    Ante mí se descubría el primer desnudo femenino. Lorena tenía un cuerpazo pese a sus treinta y ocho años, una figura espectacular.

    Tenía la piel clara, unas tetas nada exageradas que pese al efecto de la gravedad se veían exquisitas. Unos pezones rosados apuntando hacia arriba con los que llevaba años soñando e imaginándomelos solo la mitad de sabrosos que me parecían ahora. Su abdomen estaba completamente liso, un ombligo perfectamente redondo por debajo del cual aparecía el contraste de color que había delimitado la braguita del bikini a lo largo del verano. Su vello púbico era negro y rizado. Estaba alborotado al haberse secado sin la presión de la ropa interior. Estaba perfectamente recortado en forma de triángulo. Sus moldeadas piernas me parecieron espectaculares.

    Aún con desconfianza vi cómo se situaba delante de mí. Se arrodilló y me quitó los pantalones:

    -¿Eres virgen, Luismi? -asentí con la cabeza -pues habría que solucionarlo…

    Me cogió la polla con la mano derecha y yo suspiré de placer. Tenía la mano cálida y de una suavidad indescriptible para mí en ese momento. Sin dejar de mirarme me la acarició lentamente durante unos segundos, para luego apretar un poco. Liberó mi glande a punto de estallar.

    Lorena inclinó la cabeza hacia mi entrepierna y vi cómo se iba introduciendo mi polla en su pequeña boca. Esa sensación de notar una boca húmeda y caliente sobre mi polla fue tremenda. Sentía como se derretía allí dentro.

    Lorena empezó a coger un ritmo más constante. Yo suspiraba y respiraba entrecortado. Era mi primera mamada. Estaba haciendo un esfuerzo por no correrme rápido pero Lorena era una auténtica bomba y tan solo con la boca consiguió que me descargase.

    Todo el cuerpo se me puso en tensión, sentía la polla más dura que nunca y un hormigueo en la corona del glande que estaba a punto estallar:

    -Aaahhhggg… -me agarré al asiento del sofá con ambas manos mientras eyaculaba. Seguí aferrado al sofá cuando Lorena, tras retirar la cabeza seguía sacudiéndomela. Pude ver como varios chorros de semen salían disparados en todas direcciones, manchando sofá, alfombra e incluso su pelo.

    Después de varios espasmos me rendí en el sofá con los ojos cerrados:

    -Vaya corrida, ¿de cuando no descargabas?

    -Es que nunca me habían hecho eso -dije con los ojos aún cerrados

    -Pero no te duermas que ahora me toca a mí…

    Lorena comenzó a subir mientras me besaba el abdomen, mi pecho y llegaba a mi cuello. Yo trataba de parecer tranquilo pero me delataba la torpeza con que le cogía las tetas. No sabía muy bien si amasar, pellizcar o agarrar, así que lo hacía todo a la vez:

    -Tranquilo, ahora quiero que me lo comas tú.

    Ella se recostó sobre un brazo del sofá y abrió las piernas dejando ver como su coño estaba abierto y húmedo. Yo me arrodillé en el suelo y tumbé mi cuerpo sobre el asiento del sofá de manera que mi cara quedaba a la altura de su entrepierna. No tenía muy claro como se hacía aquello. Así que con ambas manos separé los labios dejando a la vista la raja toda abierta.

    Ese olor a sexo era algo totalmente nuevo para mí. Pasé la lengua por toda la vagina saboreando aquel flujo que manaba. Empecé a dar lengüetadas introduciendo la lengua dentro. Oía suspirar a Lorena:

    -Tranquilo, más despacio, Luismi -ella me dirigía –sigue, no te pares.

    Viendo que yo era incapaz de dar con el punto exacto de su placer, apartó mi cabeza y me miró con cara de lujuria:

    -Deja que yo te guíe -se acarició el coño de abajo a arriba -mira, ¿lo ves?, éste es el botón, el clítoris, la pipa o como quieras llamarlo… Tan solo llegamos al orgasmo por la estimulación de éste. Así que céntrate en él y me llevarás a la gloria.

    Puso los dedos índice y corazón de su mano derecha en forma de V invertida y delimitó la zona que tenía que comer. Ante mí tenía un trozo de carne duro, del tamaño de una falange -con el tiempo me di cuenta que Lorena tenía el clítoris más grande que he visto en mi vida.

    Me puse a lamer aquello que ella me mostraba y a seguir todas sus instrucciones:

    -Sigue chupando, sigue. Un poco más rápido. Tríllalo con los labios. Aaaahhhh. -Era muy excitante para mi oírla -Sí, succiona, aaahhh, si que bien vamos sigue.

    Me estaba deleitando y mi orgullo masculino crecía tan rápido como lo hacía mi polla. Cuando noté que me cogía la cabeza y me presionaba hacia ella, supe que lo estaba haciendo bien. Seguí con la presa de carne trillada y moviendo la lengua rápido sobre ella:

    -Ahora, ahora, siiii, ahoraggg

    Noté como mi barbilla se mojaba por el flujo de ella. Traté de lamer y beber todo lo que salía. Su sabor indescriptiblemente dulce me encantó.

    Al levantar la cabeza pude ver como su cara estaba toda roja y sus labios también. Me pidió que subiera. Yo hice una parada en sus bonitas tetas. Lorena tiró de mi y me besó no le importó que mi boca aún con restos de su flujo supiera a coño y eso me excitó, más aún. La miré a los ojos:

    -Quiero follarte -le dije con deseo.

    -Te voy a desvirgar -me replicó ella con media sonrisa.

    Enseguida intenté penetrarla torpemente:

    -Tranquilo no corras.

    Se acomodó mejor en el sofá. Abrió más las piernas y me guio la polla con su mano hasta la entrada de su coño. Sentí el calor que desprendía y no pude aguantar nada más. Se la metí de un golpe. Aún recuerdo esa sensación de la primera vez, como esa cavidad húmeda y caliente se adaptó perfectamente a mi polla. Que fácil entraba:

    -Mmmm -suspiró ella cerrando los ojos al notar mi virgen polla dentro de su vagina.

    No me entretuve y comencé a bombear lo más rápido que podía, como si fuera una competición. Sin disfrutar el momento:

    -Tranquilo, más despacio… -me decía ella

    -No puedo, no puedo. Me corro, me corro, aho… raaaggg

    En menos de un minuto me corrí dentro de su coño. Lorena me había desvirgado.

    Yo respiraba con dificultad, tenía una sonrisa de oreja a oreja. Me sentía en la cima del mundo. Se lo quería contar a todo el mundo pero no podía ser. Aquello tenía que quedar entre nosotros. Un secreto inconfesable. De lo contrario mi padre podría enterarse y tendríamos un problema.

    En estas estaba cuando Lorena me avisó que eran casi las diez de la noche y teníamos que ir a cenar con mi padre. Rápidamente nos duchamos -por separado- nos vestimos y fuimos en coche al restaurante donde nos esperaba.

    Durante la cena yo no podía dejar de pensar en lo que había pasado y no veía la hora de largarme de allí. Evitaba por todos los medios la mirada de mi padre, pero en cambio trataba de cruzarla con Lorena.

    Antes de los postres y con la excusa de haber quedado con Adela me pude escabullir de allí.

    Desde entonces mi relación con mi padre se volvió más fría. Él siempre lo achacó a que nunca me cayó bien Lorena sin imaginarse que lo que me hacía sentir así era la sensación de traición que tenía hacia él.

    A día de hoy ella tiene cincuenta años y nunca más hemos vuelto a hablar del tema y mi padre a sus cincuenta y siete aún piensa que no la puedo ver.

    Tras varias copas en casa, Silvia se había empeñado en que Luismi le tenía que contar de donde venía esa mala relación que tenía con su padre. Siempre que estaban juntos acababan discutiendo entre ellos.

  • El panadero del barrio

    El panadero del barrio

    Lo que narro en este relato ocurrió cuando yo tenía 18 años, nunca había tenido relaciones con hombre aunque si tenía curiosidad al respecto, pero la verdad es que no me atrevía ni siquiera pensar en la posibilidad de hacer algo, no quería ser maricón y menos que mi familia se viera envuelta en algo así. Terminé mi educación y no pude seguir estudiando por falta de dinero, así es que me puse a trabajar. Hice distintos trabajos menores hasta que mi papá me consiguió empleo en la panadería del barrio, el dueño era don Moisés, un hombre fornido, con cara de estar siempre mal humorado y según decían trataba pésimo a sus empleados, pero no me quedaba nada otra que aceptar, en mi casa las cosas no estaban bien económicamente así es que tenía que ayudar no más.

    Efectivamente Don Moisés era un hijo de puta, siempre estaba rondando por donde trabajaban los panaderos, con su cara de enojo, mirando aquí y allá, yo entré como ayudante, así es que estaba todo el día corriendo, haciendo lo que me pedía uno u otro. Era verano así es que iba a trabajar en pantalón corto y polera, pensé que Don Moisés se enojaría, pero cuando me vio no dijo nada.

    Debo decir que Don Moisés me generaba algo extraño, por momentos lo odiaba cuando regañaba a alguno o cuando pasaba a su oficina con aires de señor sin mirar a nadie, jamás saludaba o se despedía de nadie, pero otras veces sentía un fuego en mi interior cuando lo veía en mangas de camisa desabotonada, con esa maraña de pelos en brazos y en el pecho, yo temblaba.

    Una tarde de mucho calor estaba en la bodega buscando unos utensilios para uno de los trabajadores. él entró me preguntó que hacía y le contesté con cierto temor a que me fuera a regañar, pero no dijo nada, se quedó ahí de pie, yo me incliné para tomar algo del piso, estaba en esa posición cuando siento que él se pega a mi espalda, siento sus manos meterse en mi pantalón corto y comenzar a tocar mis nalgas, sensaciones de todo tipo recorrieron mi cuerpo, no dije nada, temblaba mientras el hombre me había bajado los pantalones, me tenía desnudo de la cintura hacia abajo y no paraba de tocarme, luego sentí su boca, nunca había besado a un hombre, pero no me negué como tampoco me negué cuando él se arrodilló y comenzó a chuparme el pene, que delicia, mi cuerpo se estremecía, luego hizo que le diera la espalda y arrodillado como estaba hundió su lengua en mi culo, no pude impedir gemir de placer, ahí estuvo un rato y yo sentía que no podía aguantar más, volvió a chuparme el miembro justo cuando acabé botando un chorro largo de semen en su boca.

    Él se tragó toda mi leche y luego salió de la habitación, me arreglé como pude y salí también de la pieza, mis compañeros me preguntaron que por qué había tardado tanto, les dije que no encontraba los utensilios.

    El viernes por la tarde se me acercó Don Moisés y me dijo que me quedara más tarde porque debía limpiar bien la bodega, que estaba hecha un chiquero, que yo no estaba haciendo bien mi trabajo etc. Me sentí morir, los otros me miraron como diciendo – te van a despedir.

    Tenía las lágrimas que saltaban de mis ojos, pero sólo dije – está bien y continué haciendo lo que en ese momento realizaba. Cuando se fueron todos, yo me metí en la bodega para empezar a limpiar todo, estaba en eso cuando entró Don Moisés, mis ojos se abrieron de par en par cuando lo vi, entró a la bodega completamente desnudo, su pene erecto completamente chorreaba líquido preseminal que caía al piso, se acercó a mi y de un tirón me sacó la polera y luego me rajó el sacó el pantalón corto, quedé también desnudo.

    Comenzó a besarme a tocarme por todas partes, sentí su lengua dentro de mi boca, sus dedos tirando de mis tetillas, luego una de sus manos bajó a mi culo y comenzó a meter sus dedos, Me abandoné a tanto placer y gemí desvergonzadamente, lo besé, quería sentir su verga dentro de mi boca y sin esperar invitación me arrodillé y me tragué su miembro entero, no era tan grande, pero gordo delicioso, no quería sacarlo de mi boca, pero al mismo tiempo quería chupar sus testículos y haciendo un esfuerzo logré meter sus huevos también en mi boca, estaba lleno de ese macho, me estaba volviendo loco, no podía respirar así es que a regaña dientes me saqué los huevos de la boca y seguí chupando su miembro cada vez más duro. De mi boca chorreaba baba y líquido preseminal.

    Él me tiró al piso y allí hicimos un 69, nos chupábamos con locura, luego fue preparando mi agujero con su lengua hasta quedar empapado y listo para recibir su pene dentro de mí. Me dolió, pero tenía tantas ganas de sentir por fin una verga en mi interior, aguanté el dolor hasta que fue cediendo al inmenso placer que se apoderó de mí. Me senté sobre él y lo cabalgué, su miembro entraba y salía completo de mi culo, para luego volver a entrar cada vez más aprisa, ya no aguantaba y le supliqué que se corriera dentro mío, él aceleró sus movimientos hasta que dando un grito de placer comenzó a botar chorros calientes de leche dentro mío, yo tampoco aguanté y me corrí sobre su pecho, Don Moisés tomé mi leche con su mano y la metió en su boca, luego me dio restos a mí. Cuando su verga salió de mi culo sentí como la leche de mi macho corría entre mis piernas.

    Llegué tarde a casa, aún no podía creer lo que estaba sucediendo entre ese hombre y yo, comí algo y me bañé, luego me fui a acostar, estaba ya en la cama cuando entró mi papá a preguntarme como me estaba yendo en el trabajo, le conté a grandes rasgos, pero el insistía que le contara todo, sobre todo hacía hincapié en como m trataba Don Moisés, le dije que no era malo conmigo, que todo estaba okey, pero mi padre se recostó a mi lado, diciéndome que le contara todo, que él conocía desde hacía mucho tiempo a Don Moisés y conocía todos sus gustos. Yo estaba nervioso jamás había estado en una situación como esa con mi padre, mi padre se acercó más a mí y pasó su brazo por mi espalda abrazándome contra él, me decía que le contara que sería un secreto entre padre e hijo, y mientras me decía eso al oído una de sus manos acariciaba mi pecho, jugaba con mis tetillas, no lo podía creer, quería que abandonara mi habitación de inmediato, pero una irresistible calentura se apoderó de mi, y comencé a contarle todo lo sucedido con Don Moisés esa tarde.

    Sentí la respiración entrecortada de mi padre mientras su mano comenzaba a masturbarme y me pedía que le siguiera contando todo, mientras yo seguía con la narración, él mordía mi oreja, luego mi cuello, después bajá a mis tetillas y siguió hasta engullirse mi pene en su boca. Yo había desabrochado su pantalón y lo pajeaba, luego nos chupamos mutuamente hasta acabar en nuestras bocas, nos besamos pasando la leche de una boca a otra y después mi padre abandonó la habitación.

    Desde ese día mi vida cambió completamente, a veces mi padre me acompañaba a la panadería y con Don Moisés me daban verga hasta el amanecer.

  • Su encuentro con Sebastián: Día 1

    Su encuentro con Sebastián: Día 1

    Soy David, tengo 34 años, y me encanta compartir a mi mujer. Ella hace algunos meses conoció a Sebastián, un muchacho puertorriqueño que vive en nuestro país hace algunos años. Ya les dejaré el relato donde mi mujer conoció a Sebastián, pero les adelanto que encontré a mi mujer masturbándose desenfrenadamente, mientras hablaba con este muchacho. Continuamos esa relación virtual por varias semanas.

    Mi mujer coqueteaba con Sebastián, acostada a mi lado, yo mismo tomé varias fotos de mi mujer para enviarlas al muchacho, y fuimos generando una confianza bien particular. Esa confianza nos hizo pasar del texto al audio, luego video, y pues bien el paso lógico era conocer al muchacho, o mejor dicho, que mi mujer lo “conociera”. Isabel, ese día le escribió temprano, “Hola Sebastián, cómo estás? Oye qué haces este fin de semana? Mi marido no estará y me pidió, si tú me podías venir a cuidar. ¿Qué dices?” No pasaron ni 3 minutos y entra una llamada por Whatsapp, Sebastián muy emocionado llamando a mi esposa, no pude escuchar lo que le preguntaba, pero Isabel respondía “si, de verdad, no hay problema que vengas y te quedes conmigo. Lo pasaremos excelente.” Luego estuvo escuchando un rato en silencio y se reía cómplice, hasta que le dijo, “ya, te concedo eso que quieres. Pero solo si me prometes, que todos estos días que restan para el fin de semana, no te masturbas, quiero que llegues acumulado de leche para mí”, escuché eso y me sentí un poco incómodo, pero a la vez caliente imaginando a mi mujer con este adolecente.

    Esos 5 días pasaron bien lentos, no hablamos del tema, sino hasta el viernes en la noche, yo tenía muchas ganas de coger, llevaba horas con una tremenda erección, la sorpresa fue que Isabel, me tocó, me masturbo bien rico, me cogió el pene y comenzó un movimiento lento hasta la base, luego unos jalones rápidos, yo comencé a acariciar su barriga y luego pase a su pubis, pero me detuvo en ese momento, «no mi amor, estoy guardando todo esto para mi encuentro con Sebastián… Me dio un rico beso, con su boquita bien abierta y con su dedo pulgar desparramaba mi liquido preseminal por la cabeza de mi pene», no pude decir mucho, solo conformarme con su mano. Y entre susurros pregunta ¿Que vas hacer mañana?

    Con mi pene en su mano, y moviéndolo suavemente, se me acercó a la cara y me susurro “sabes, quiero imaginar que es mi primera vez, que quizás eres tú y yo, nuestro primer encuentro, quiero imaginar eso.” ¿Y te calienta esa idea? Pregunté. Más bien me pone ansiosa, no sé cómo será este chico, y tú estarás mirando, y bueno todas esas cosas, todas las veces que me he masturbado pensando que este niño me coge, no lo sé, tengo un poco de ansiedad.” Me contestó. La bese, y nos acurrucamos, disfrútalo le dije, siente lo que quieras sentir, no te límites.

    Llego el día sábado, y las 17:00 horas, la hora de la cita, Isabel, recién se había bañado, depilado un poco su vagina, pero aún se dejaba un rico triángulo que ocultaba una vagina deliciosa, se puso un rico perfume, y ahí estaba frente a mí poniendo sus pantaletas color palo rosa, se veía muy rica, un culito redondo, exquisito, sus pechos pequeños de pezones parados, su cuerpo bien proporcionado, me encanta mi mujer.

    Yo estaba atento, pegado a la ventana, para cuando llegara Sebastián, de pronto lo vi caminando como a 30 metros de nuestra casa. Amor, ya llego, aceleradamente me acerque a ella, la cogí de las caderas y nos dimos un rico beso, termina de vestirte amor, no quiero que ese pendejo te encuentre desnuda. “Disfruta al chico, vuélvelo loco”. Eso haré amor me dice Isabel, con una hermosa sonrisa.

    Rápidamente baje las escaleras y esperé a que tocara la puerta. Toco el timbre y espere unos minutos, volvió a tocar y abrí, “Hola Sebastián, cómo estás?”. Jajaja la cara de este pobre muchacho, quedó pálido, no sabía qué responderme, realmente pasmado, él pensó que estaría Isabel sola. “Pasa, pasa, y tranquilo” le dije mientras lo empujaba a la casa. “Deja tu bolso acá en el living Sebastián”. Ya, fue lo único que pudo responder.

    D: “Tranquilo hombre, ya llevamos rato conversando y coqueteando con mi mujer, está todo bien”. Sebastián mide como 1.85 un poquito más alto que yo, contextura delgada pero bien tonificando, de camisa apretada, jeans y zapatillas. Tez mulata, un moreno claro. Se veía bien, saludable y simpático. “Vamos a saludar a Isabel”, le dije mientras lo encaminaba al segundo piso.

    Llegamos arriba, Isabel estaba terminando de arreglar su pelo, se veía maravillosa, una exquisita mujer, de 1.70 de altura, contextura media (62 kl), buenas caderas, un trasero paradito, ricos pechos, pequeños pero ricos, labios levemente pintados de un color rosa, carnosos. Black Jeans, zapatos de tacón y una blusa blanca con ciertos calados que dejan ver piel y sostenes, una mujer elegante y sensual.

    D: Amor te presento a Sebastián.

    S: Hola Isabel, cómo estás?, respondió Sebastián. Se nota que tenía confianza con mi mujer, ya le salió un poco más la voz.

    I: Hola, que rico conocerte, Seba. Respondió Isabel mientras se acercaba y daba un beso en la cara.

    I: “Oye eres más alto de lo que pensaba. Te ves súper guapo así.”

    Decía Isabel, mientras. Coqueteaba y le cogió una mano, acariciando sus dedos. Mi mujer definitivamente estaba decidida a tener un romance sexual con este chico.

    S: gracias Isa, tú igual te vez increíble. Muy linda.

    I: Gracias. – respondió con una sonrisa Isabel-. Oye me gustaría mostrarte nuestra casa, para que te sientas más en confianza y sepas dónde vas a vivir los próximos 3 días. – dijo Isabel mientras cogía del brazo a Sebastián.

    Debo reconocer que me dieron celos, y ganas de mandar todo al carajo, pero respire profundo y pensé en los deseos de mi mujer. Además que igual me excita mucho la idea. Tome fuerzas y con una sonrisa dije:

    D: Vayan. Mientras yo me cambio ropa – dije animándonos a entrar en confianza-. Entre al baño, mientras Isabel mostraba la casa contando detalles, y riendo. Yo muy atento a que conversaban. Ellos hablaban cualquier cosa para romper el hielo. Isabel le preguntaba si ya había cenado, entre otras trivialidades.

    S: ¿y tú marido ya no va a salir?

    I: No, finalmente decidimos que se quede acá, pero tú tranquilo, que tú duermes conmigo, él dormirá en otra habitación”.

    S: ¿En serio? Pregunta asustado y asombrado Sebastián.

    I: “Si, tranquilo. Lo pasaremos genial”. Dice Isabel bajando la importancia de la conversación.

    Continuaron su recorrido por el segundo piso. Yo me metí rápido a la ducha, no quería estar molesto en sus juegos, pero tampoco me quería perder nada, esto era una película porno en vivo, en mi casa y con mi mujer de protagonista. Imaginen, estaba ansioso, muy ansioso.

    Termine mi ducha, me vestí rápido, camisa, jeans, zapatos, perfume, tenía que estar a la altura de la situación. Salí del baño y no escuchaba nada. Me asomé por la ventana y los vi en el patio conversando, entre la luz tenue del patio, Sebastián se escucha mucho más en confianza. Riendo y coqueteando a Isabel, de pronto se cojean de la mano, y entre penumbras pude ver uno o dos roses de su cara, no pude distinguir si se besaron o no, parecían novios en su primer día. No quise interrumpir, y los observé discretos, recorrieron el patio conversando, riendo, y una que otra caricia. Me gustaba ver a mi mujer, así de sexy y feliz.

    Entraron a la casa, Sebastián, ya hablaba en un tono normal, se escuchaban sus preguntas ¿oye y hace cuanto estás con David? Isabel, respondía hace un buen tiempo, casi 10 años, nos llevamos excelente. A qué bien, responde Sebastián.

    I: Y tú, ¿cumpliste tu promesa? Preguntó Isabel.

    S: ¿Cuál? Dijo Sebastián haciéndose el desentendido.

    Yo baje lentamente las escaleras, estaban en el living ambos de pie, Isabel frente a él. En el mismo lugar donde hace semanas atrás la encontré masturbándose desenfrenada. Abrí la puerta muy suave, para no Interrumpir y poder escuchar.

    I: ¿Recuerdas que el trato era que no te masturbaras? Pregunta Isabel, mientras toma las manos de Sebastián y las lleva a tocar su miembro. Sebastián le responde con un beso, un besote, el primero que se daban en persona. Isabel un poco empinada sobre sus pies, con una mano en el miembro de Sebastián, y este cogiéndola de la nuca, besándose muy caliente. Se notaba que lo disfrutaban, la respiración de Isabel estaba agitada, casi jadeante. Y Sebastián, disfrutando la cogida de verga que le estaba dando mi mujer. Se escucha como sus lenguas se enredaban, buscando al otro.

    I: Qué inmensa herramienta tienes niño. – Dice Isabel mientras mete una mano en el jeans de Sebastián y lo comienza a masturbar – Sebastián solo cierra sus ojos y jadea, disfrutando el roce de mi mujer, mientras le acariciaba los pechos.

    Pasaron unos minutos, entre roses y besos, hasta que mi mujer sacó su mano de entre los pantalones de Sebastián.

    I: Siente tu aroma. Dice Isabel, mientras aproxima su mano, humedecida de líquido preseminal a la cara de Sebastián.

    El muchacho huele sus líquidos y susurra «¿Te gustan?». Mi mujer, sin decir nada lleva la mano a su boca y comienza a lamer sus dedos. «Que rico tus líquidos. Me encanta el aroma, me pone muy caliente». Dice Isabel mientras sonríe y se unen en un apasionado beso.

    Sebastián se estaba dando un festín, tenía a mi mujer tomada de la nuca, besándola muy profundo, mientras le manoseaba los glúteos. Poco a poco se estaban arrimando y comenzando un juego de movimientos, donde claramente Sebastián rosaba su pene contra mi amada esposa.

    Isabel dejó expuesto su cuello invitando a Sebastián a besarla, «tócame los pechos» alcance a escuchar. Y el joven obediente, comenzó a meter sus manos por debajo de la blusa, masajeando las tetitas de Isabel, pero incluso fue más allá, le quitó el sostén y la invitó a ponerse de espalda contra él.

    Isabel, debe haber estado a mil, pude ver sus pezones muy duros, empujando esa delgada blusa y contorneando su exquisito culo contra una verga adolecente, gorda y lista para cogerla.

    I: Seba, que rico estás pendejo, quiero que me roses la vagina, con tus manos, con tus dedos. – Ordena Isabel, mientras desabrochaba sus jeans y dejaba ver esas ricas pantaletas rosadas.

    S: ¿me imaginabas así? Pregunta Sebastián.

    I: Si, eres como te imaginaba, solo que un poco más grande -Responde Isabel, con una voz sensual, caliente, lista para recibir unas buenas clavadas. –

    Sebastián estaba acariciando el pubis, mientras Isabel se movía hacia adelante y atrás, los quejidos que se le escapan ya sin ningún pudor, producto de los roces y golpecitos que da Sebastián sobre su clítoris-.

    A mi mujer le encanta que la masturben, le gusta sentir la mano primero sobre el jeans, luego sobre sus calzones y por último directo sobre la piel, la yema de los dedos, sobre el clítoris es un orgasmo seguro. Y Sebastián le está dando justo lo que más le gusta, así que imaginen como estaba de caliente.

    I: ¿y yo soy como imaginaste? ¿Te Caliento?- preguntó mi mujer mientras movía sus caderas, con las piernas entre abiertas.

    S: Eres maravillosa, una verdadera MILF. ¿Sientes como tengo mi verga? dice Sebastián.

    I: si, ¿cómo no sentirla? – responde Isabel –

    S: Entonces que crees, ¿me gustas?

    I: Lindo, creo que sí.

    S: estás muy rica. Eres exquisita. Que privilegiado tu marido, que te puede culear cuando quiere.

    I: Seba bésame. Y sigue tocándome.

    Sebastián rozaba los muslos de mi mujer y pasaba ambas manos sobre su pubis. Yo frente a ellos, detrás de la puerta, pude ver las ricas pantaletas transparentes de mi mujer, y los dedos de Sebastián siguiendo instrucciones y dando placer. Isabel estaba muy caliente, de espalda a Sebastián, buscando sus bocas y cuando se encontraban sus lenguas se enredaban como dos amantes en pleno clímax. Se podía ver que Sebastián, ya no aguantaba más, estaba solo con bóxer empujando la verga sobre la cola de mi mujer.

    I: sigue tocándome así. Está muy rico. Tócame los pechos. – le pide mi esposa, mientras toma de los muslos a Sebastián, para que no se le escape y le siga empujando con el pene.-

    S: ¿esta noche duermo contigo? Pregunta Sebastián.

    I: ¿eso quieres? Responde Isabel, entre jadeos.

    S: Si, quiero estar contigo, ojalá dentro tuyo. Si es que tu marido nos deja, claro.

    I: Loquito. Tendrás todo lo que quieres. Y mi marido, no te preocupes, que le encanta la idea. Pero sabes, ahora solo quiero que me sigas tocando, tengo un orgasmo bien rico y quiero que tú me lo saques.

    Sebastián entendió la orden, y volteo a Isabel.

    La tomó de la cara y el beso apasionadamente. Isabel, rápidamente, metió sus manos dentro de los boxes de Sebastián y los deslizó para dejarlo desnudo.

    Yo no lo podía creer, nunca había visto un pene tan grande, deben ser 24 cm fácilmente, duros, gruesos y listos para hacer vivir a mi mujer una experiencia increíble.

    No sé qué pasaría por la cabeza de Isabel, de seguro se le hacía agua la boca o la entre piernas. Pero cogió esos grandes huevos y comenzó a acariciar a Sebastián, desde los huevos hasta la cabeza de ese enorme pene.

    Se separaron por un momento, Isabel fue a buscar unas pieles decorativas al sillón, las tiró en el suelo y se recostó de espalda sobre ellas.

    Sebastián completamente desnudo y erecto, se arrodillo a la altura de la cabeza de Isabel, y comenzó a rozar la verga sobre la cara de mi mujer. Isabel sin mucho preámbulo, se lanzó a disfrutar, comenzó pasando la lengua desde los testículos hasta la punta de su verga y luego se metió al menos la mitad de esa vergota en la boca mientras lo cogía de los glúteos. Le dio un par de mamadas bien profundas. Sebastián, con los ojos cerrados disfrutaba tremenda mamada que le estaban dando.

    I: Amor, vuelve a masturbarme, no sabes cuánto me gusta eso. – Dijo Isabel-

    Sebastián obedeció de inmediato y se recostó al lado, para comenzar a masturbar sobre las pantaletas. Isabel, levanta sus glúteos y se mete una pierna de Sebastián bajo sus glúteos. Chúpame los pechos, ordena Isabel. Sebastián como un esclavo, abrió la blusa y comenzó a chupar una de sus tetitas, los pezones de mi mujer estaban muy erectos, y disfrutando los lengüetazos de su muchacho.

    S: ¿Te gusta esto Isa?

    I: «Me encanta». Responde con voz desesperada Isabel, mientras contoneaba todo su cuerpo recibiendo placer. «Bájame el calzón y tócame rapidito». Dice Isabel, mientras se comienza a bajar las pantaletas, hasta la mitad de sus piernas.

    Sebastián, con su poca experiencia pero con muchas ganas, masturbaba rápidamente a mi mujer, quien le pedía «más rápido. Sigue así, no pares, chúpame las tetas.» El muchacho dio lo mejor de sí, masturbando directo sobre el clítoris de mi mujer y dando lengua rápidamente sobre sus pezones. A los pocos segundos, comenzó un gran orgasmo con gemidos que de seguro nuestros vecinos escucharon. Isabel apretaba sus piernas y con las manos se agarraba las tetas. Le dieron 4 o 5 espasmos, acompañado de gemidos y tiritones.

    I: Entra! Entra ahora. Culéame. -dice Isabel entre sonrisas, espasmos y jadeos.

    Sebastián, se incorpora rápidamente, Y se pone frente a mi mujer, le abre las piernas y acomoda su vergota en la entrada. Isabel lo besa. Sebastián comienza a empujar su pene.

    S: oooh Que rica estas mujer. Tu vagina está muy caliente. – dice Sebastián mientras gime y empuja su verga poco a poco dentro de mi linda esposa.

    I: ¿Te gusta?, pregunta Isabel comparado de un quijo entre placer y dolor. “A mí me encanta tu verga. Siento que me llena por completo, nunca había sentido este amor”. Concluye Isabel mientras abraza con sus piernas a Sebastián.

    Sebastián, penetrando centímetro a centímetro, hasta que por fin entro por completo. Se quedó quieto un momento. Y se puso en una posición más erguido. Isabel pone sus piernas al costado de Sebastián, apoyada en el piso, y eleva su cadera. Yo sentía la respiración de mi mujer, quien levantaba sus caderas, se arqueaba y contorneaba, recorriendo el pene de su macho. Este solo la tenía cogida de las caderas. Estuvieron así algunos minutos.

    Sebastián la toma firme de las caderas, y comienza a dar unas estocadas lentas pero muy firmes, fuertes y profundas. Con cada una mi mujer soltaba quejidos de placer.

    I: Culéame seba. Más rápido mi amor. Decía Isabel. Mientras acariciaba sus pechos. Y recibe una penetración muy rápida de Sebastián.

    S: ooooh!!! Ya no aguanto más.

    I: Lléname de tu leche corazón. Déjame todo tu semen dentro de mi vagina. Responde mi mujer mientras mueve sus caderas como una perra, enterrándose semejante verga.

    Sebastián no dura más de un minuto y descarga al menos dos espasmos de semen dentro de la vagina de mi esposa, un tercer espasmo sobre su vientre y el último sobre la cara, de mi mujer. Quien sin ningún pudor y para mi asombro abre la boca y sigue chupando el pene lleno se semen y fluidos. Estaba realmente como una perra, deseosa de más verga.

  • Lo que sucede en un taxi de CdMx

    Lo que sucede en un taxi de CdMx

    Esta semana ha sido realmente intensa, excitante en muchas formas, lo cual me ha tenido inquieta todo el tiempo y mi Amo también está así lo cual me encanta, su requerimiento de la mañana me estreso y a la vez hizo que mi panochita se humedeciera y se contrajera emocionada.

    Iba a irme vestida de otra forma, pero mejor me pondría el vestido de hombros descubiertos café, medias y zapatillas, con unas bragas rojas que pudieran verse a la menor provocación y el bra de encaje que con el vestido hacen que las nenas y los pezones se noten y resalten.

    Salí a la avenida vestida así y espere a que pasara un taxi, me subí a uno en el que el conductor se veía de una edad madura, su pelo era ya cano, de tez blanca iba vestido con un pantalón café claro y un suéter azul marino con franjas de azul más claro, no se veía mal, intencionalmente me subí mostrando todavía más que lo que él vestido deja ver y crucé las piernas al sentarme.

    Estoy segura que se veían la orilla de las medias y las bragas, las crucé y abrí en varias ocasiones y el señor se quedaba viendo por el retrovisor, de hecho desde que subí él se vio interesado, me empezó a preguntar cómo estaba y si iba a trabajar.

    Yo le contesté que iba a trabajar y que si estaba bien, me dijo que en donde trabajaba, yo creo que se le hizo raro que fuera así, le dije que en unas oficinas, mientras preguntaba no dejaba de verme, manejaba bien, así que aunque se distraía no perdía el camino, me dijo que mi vestido estaba bonito y que si le permitía decirlo “resaltan muy bien sus encantos” “seguramente por ser viernes tendrá una reunión” le dije que en realidad estaba probando cómo me quedaba y que tenía que cumplir una tarea, que si podía ayudarme a hacerla, me miró extrañado y me dijo claro, “mi pareja me dijo que quería que me desvistiera en el transporte, es una situación difícil, pero con esto de no salir, nos tiene muy calientes haciendo cosas extremas, no sé si me explique, cree que pueda hacerlo en su auto y cambiarme de ropa para llegar buena mi oficina”.

    Se tardó un poco en responder, me dijo “claro señorita” se fue buscando calles y se metió una que tenía un callejón, se ve que sabía bien el lugar, porque era muy discreto y apartado, “quiere pasar atrás para ver” “si”.

    Me acomode en el asiento para quedar frente a él, y cuando estuvo sentado empecé a acariciando las piernas y a acariciarlo a él de forma alternada, le dije que si quería ayudarme a quitarlo, me puso las manos en las nenas y empezó a acariciarlas bajo una de ellas metiéndola abajo del vestido, busco nervioso mis bragas y comenzó a tocar mis labios.

    Sus manos se sentían ásperas pero su toque era exacto, me recorrió primero con sus dedos sacándolos, se los acercó, los olió y los llevo a su boca, los humedeció con su saliva y los volvió a poner en mi sexo, me veía, diciendo “que rica está tu panocha, déjame sentirla, desde que te vi sabía que iba a ser divertido llevarte” los metió de un solo movimiento y los movía con un ritmo riquísimo, dejo de tocar mis nenas para morderlas sobre el vestido, sentía muy rico, sus dedos los movía genial, me movía al ritmo de él, hasta que sentí que me venía.

    Entonces me coloqué sobre él, quería masturbarme sintiendo su verga, me subí y quite el vestido, mi bra rojo con mis nenas le encantaron, “divino” abierta entre sus piernas empecé a frotarme, se sentía como su verga crecía, quise sacársela, pero me detuvo, puso sus manos en mi cadera, metió nuevamente sus dedos y siguió atendiéndome, besando mis nenas y lamiéndolas, “estas por venirte, así más rápido, te sientes muy húmeda y caliente” su lengua húmeda empapaba mis pezones, dando mordiscos, no pude más que gemir delicioso cuando me invadió un orgasmo intenso, me quede un momento detenida, para disfrutarlo.

    Busque nuevamente su verga y metí mi mano en ella, traía un bóxer negro, la sentí húmeda, pero no tan dura, quise sacarla y me detuvo nuevamente, “así, tócala” hice algunos movimientos con las manos, hasta que la sentí más dura y la saqué para mamársela, no se sentía tan bien, antes de seguir, la guardo y me beso las nenas, me incorporé para vestirme y cambiarme delante de él; le agradecí que me ayudara y me dijo que el agradecido era él. Que me llevaba a mi destino, se tardó un poco en pasarse adelante y siguió el camino, en el trayecto me dijo que le encantaron mis nenas y preparado no hubiera podido contenerse y me hubiera cogido.

    Le dije que me corrí riquísimo.

    El trayecto se me hizo corto. Aunque llegué tarde.