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  • Plantada en el cine

    Plantada en el cine

    Volví a comprobar mi reloj, la séptima vez en pocos minutos. Acéptalo, me dije, no va a venir.

    Esperaba dando vueltas por la entrada del cine, con una minifalda cortísima, un top escotado con la espalda descubierta, y unas sandalias ‘fóllame’ de tacón alto. Parecía la típica mujer a la que han dejado plantada, lo que era totalmente cierto.

    Comprobé mi teléfono, pensando en que quizás no había escuchado la llamada o algún mensaje recibido. Algo que él debería haber hecho si quería cancelar la cita, por lo que fuese, cualquier emergencia… pero no. No había mensajes.

    Había conocido a Enrique en clase de yoga. Era el único hombre entre diez mujeres, y me impresionó su valentía para unirse a un grupo femenino… pero también su físico. Tenía un cuerpo realmente vigoroso, y me gustaba observar sus músculos mientras hacía los ejercicios. Imaginaba que estaba tumbada bajo él, sobre la estera, mientras bajaba sobre mí con esos fuertes brazos.

    Decidí charlar con él después de la clase, fuimos a por unas copas, congeniamos, y nos fuimos a su casa para una estupenda noche de sexo.

    Inicialmente era pasional, fogoso, un auténtico semental. Tenía una resistencia extraordinaria y me fascinaba sentir su enorme miembro palpitando dentro de mí. Y a él también le gustaba penetrarme con ganas, llenarme, mientras le apretaba con mis entrenados músculos pélvicos. A veces me torturaba, saliendo de mí lentamente y quedándose justo en la entrada de mi vagina, hasta que le rogaba que entrase de nuevo, con mis brazos y piernas rodeándole y desesperada por ser penetrada. Era una tortura exquisita, y me llevaba a un punto en que no podía evitar llegar una y otra vez, repetidamente, hasta que me dedicaba una amplia sonrisa antes de derramarse en mi interior, con un profundo gemido de animal salvaje.

    Presumía de amante, ignorando las advertencias de todas mis amigas sobre su reputación de cabronazo, de usar a las mujeres para su conveniencia. ‘Puede usarme de todas las maneras que se le ocurran’, les decía, recordando los maravillosos orgasmos. En realidad, no sabía si lo nuestro iba a algún lado, pero el sexo era tan bueno que tampoco me importaba.

    Sólo vino a algunas clases más de yoga, explicando que no solía mantenerse mucho tiempo en algo, que le gustaba probar cosas nuevas. Debería haber notado que también incluía a las personas.

    Le eché un vistazo a la cantidad de gente haciendo cola para entrar. Sábado noche, película popular, y por supuesto, la mayor parte de ellos eran parejas. Enrique no se presentaba, y esto sólo añadía sal a la herida.

    Ya sólo faltaban cinco minutos, y tenía que tomar una decisión. Podía volver a casa, apenada, y emborracharme. O llamar a una amiga, para emborracharme con compañía. Pero también podía entrar y ver la película por mi cuenta. No es algo que no hubiese hecho antes, no es exactamente como comer sola en un restaurante. En esos casos, siempre me llevo un libro o el laptop. Pero aquí sólo tenía una pequeña revista con la programación prevista.

    Pero… ¿por qué me afectaba eso de ver una película sola? Por Dios, soy una mujer adulta. Precisamente había sugerido ir al cine porque realmente quería verla, y había esperado por ella con impaciencia (incluyendo el sexo que seguiría, es cierto). Por supuesto, siempre podía esperar a que saliese en DVD, supongo. Y mientras tanto aliviar mis ganas con mi vibrador favorito.

    Observé cómo entraban las últimas personas y se dirigían a la sala 1. La mejor, la de pantalla enorme y sonido Dolby surround. En este momento ya sólo pensaba en matarlo con mis propias manos. ‘Una entrada, por favor’, le pedí al adolescente aburrido de la taquilla. Su trabajo de fin de semana, pensé, mientras termina sus estudios.

    ‘Sólo tenemos estos lugares libres. ¿Dónde desea sentarse?’

    Me hubiese gustado entrar y deslizarme hacia la parte de atrás, como cuando tenía catorce años. Entonces podías sentarte en cualquier sitio, y normalmente nos íbamos hacia atrás con los amigos, donde podías hacer el tonto cuanto quisieras. Lo cierto es que odio elegir mi asiento en una pantalla.

    ‘¿Qué tal en el centro de esta fila?’, me sugirió.

    Las luces ya se habían apagado, mientras otro adolescente con una pequeña linterna me acompañó hasta la fila. Tuve que pedir permiso a varias personas para pasar, mientras tropezaba repetidamente con diferentes piernas. Me imaginaba que todos me miraban, y algunos murmuraron algo, disgustados por la molestia. Continué susurrando perdones hasta que conseguí llegar a mi sitio.

    Miré a ambos lados. Estaba entre una chica completamente acurrucada contra su novio, la cabeza rubia felizmente apoyada en su hombro (mmmm), y un hombre con una camisa coloreada y pantalones oscuros.

    Tratando de no incomodar demasiado a mis vecinos, me senté y ajusté discretamente mi falda. Tampoco había demasiado que hacer, ya que había elegido una muy corta y ajustada, que apenas cubría mis caderas. De acuerdo, no fue totalmente decisión mía. Enrique había sugerido que me pusiese algo que le ‘facilitase’ ciertas tareas en el cine, y en aquel momento me pareció una idea excelente. Pero ahora prefería no parecer vulgar, y coloqué la revista sobre mis rodillas para intentar cubrir algo de todo lo que exponía. Con el ceño fruncido, me prometí enviarle un mensaje lo más desagradable posible para decirle todo lo que pensaba sobre él. Pero después de la función…

    Continué cocinando la situación durante los 20 minutos de bombardeo publicitario, lo que sólo hizo aumentar mi rabia. Finalmente, la película empezó y puse toda mi atención en la pantalla.

    Contemplaba una escena donde la protagonista era enterrada viva, sin posibilidad aparente de escape, cuando de pronto sentí como roce de pelos en mi tobillo. Simplemente lo ignoré, dando por supuesto que no había animales en el cine. Pero como continuaba, miré hacia abajo para comprobar que el hombre había movido la pierna hacia un lado y rozaba mi tobillo desnudo con la piel de su zapato. Me quedé helada.

    Él estaba mirando fijamente a la pantalla, como si no hubiese notado nada. Y quizás fuese así, puede que no se hubiese dado cuenta del contacto físico. Con cuidado, aparté mi pie y decidí no tenerlo en cuenta. Volví a concentrarme en la pantalla, y no ocurrió nada más. Estaba aliviada de no haberme sentado justo al lado de un pervertido, especialmente con el humor que tenía. Pero un poco después noté una ligerísima presión sobre mi pantorrilla, tan ligera que era casi imperceptible, haciéndome dudar de la sensación.

    Mis ojos bajaron y pude observar cómo su pierna estaba tocando la mía. La tela áspera de sus jeans provocaba una sensación interesante sobre mi piel desnuda. Hmmmm. Me preguntaba qué hacer. Con todo el derecho, podría haberle dado ya una buena patada, o clavar con fuerza el tacón afilado sobre su pie, y estoy segura de que hubiera captado el mensaje. Pero mientras me decidía, me permití disfrutar la sensación un poquito más. De hecho, no era exactamente desagradable, más bien lo contrario. Y cuando noté los dedos deslizándose suavemente por mis muslos, no me pilló por sorpresa.

    Quizás interpretó mi falta de respuesta como consentimiento no expresado para lo que estaba ocurriendo. Y ¿qué era lo que estaba ocurriendo? Una cierta exploración erótica en una gran sala oscura llena de gente. Desde luego no estaba en peligro, y de alguna manera sabía que en cuanto le indicase parar, él lo haría inmediatamente. Me preguntaba si alguien más podía ver lo que me estaba haciendo, lo que no hacía más que aumentar la excitación. Y lo cierto es que, a pesar de todo, me resultaba emocionante.

    El contacto era increíblemente sutil, suave, como si estuviese rozando el terciopelo más delicado, y me provocaba ligeros temblores. Aunque continuaba mirando a la pantalla y escuchando los diálogos y una maravillosa banda sonora, yo estaba simultáneamente en un universo paralelo que consistía únicamente en pura sensación física.

    Mientras continuaba deslizando sus dedos sobre mi piel, creo que pudo notar mi agitación. Y decidió perfectamente cuándo y cómo intensificar su descaro. Me estremecí cuando su mano empezó a subir lentamente, de manera continuada, por mis muslos y bajo el borde de la fina tela de mi falda. Y entonces se detuvo, como dudando si era razonable continuar. En ese momento yo me dividía entre la indignación, la rabia y la excitación, pero ya estaba encendida y disfrutaba del momento.

    Suspiré profundamente, de una manera muy perceptible, y él movió su mano un poco más, subiendo hasta que pude sentir las yemas de sus dedos acariciando el interior de mis muslos. Los labios y mi vagina, ya húmedos, tentadoramente cercanos.

    Encontró la delgada tela de mi tanga de encaje, lo desplazó a un lado, y me pareció sentirle jadear discretamente al notar el arreglado vello, perfilado cuidadosamente, y el calor y humedad de mi interior. Me quedé completamente quieta, esperando, como hipnotizada. Y entonces un dedo intrépido encontró el camino y resbaló en mi interior, mientras el pulgar se encargaba maravillosamente de mi clítoris.

    Yo continuaba con la vista en la pantalla, incapaz de volverme a mirarle. Normalmente habría estado ya gimiendo con ganas, pero ahora tenía que permanecer en silencio, simulando que estaba totalmente absorta con la película. Todo esto no hacía más que aumentar lo ilícito, lo inapropiado de lo que estaba haciendo, y crecía mi excitación. Era nuestro secreto.

    Pero no era tan fácil controlar mis cuerdas vocales, y me daba cuenta con horror exquisito de que si continuaba jugando de esa manera con mi sexo, iba a tener un orgasmo allí mismo. Y casi mientras ese pensamiento cruzaba mi mente, llegó. De repente, con fuerza… y en silencio. Pensé que me desmayaba, mientras las contracciones corrían por mi cuerpo, atravesándome, haciéndome perder la respiración. Apreté las manos con fuerza sobre la butaca, y por un momento cerré los ojos.

    Cuando los abrí de nuevo, preguntándome si había soñado todo lo ocurrido, apoyé mi mano sobre la suya. Él la agarró, sujetándola suave pero firmemente, para llevarla hacia su butaca y colocarla cuidadosamente sobre su entrepierna. Me asombró descubrir su pene desnudo, erguido, durísimo, y dirigí una rápida mirada de reojo. ¿Se había estado masturbando con la otra mano mientras me llevaba al clímax?

    Había puesto su chaqueta doblada sobre sus rodillas, y se había bajado la cremallera. Mi mano estaba bajo la chaqueta, sujetando su erección. Y mientras deseaba a Hugh Jackman en la pantalla, apreciando su increíble carisma sexual, hice eyacular al extraño del asiento a mi lado.

    Sólo necesité unos cuantos segundos, tan excitado estaba, y me sentí extraordinariamente poderosa. Le poseía, apretando con firmeza para percibir su dilatación y las enérgicas contracciones mientras expulsaba a borbotones una apreciable cantidad de semen, que resbalaba caliente sobre mi mano. Cuando terminó, me prestó un pañuelo. Pero un impulso desconocido me pedía llevar la mano a mi boca para probar su sabor. Y me resultó muy, muy agradable.

    Al finalizar la película, no estaba segura sobre si debería salir de allí rápidamente. Él podría estar avergonzado, y no sabía qué esperar. Pero reconozco que soy curiosa, y me sentía cachonda de nuevo.

    Las luces encendidas nos brindaron la oportunidad para poder vernos adecuadamente. Un hombre maduro, alto, de espalda ancha y brazos fuertes. Masculino, realmente viril. Me sonrió con cierta indecisión, y yo le devolví la sonrisa.

    ‘¿Quieres ir a algún otro lugar?, me preguntó con una voz profunda, calmada. Y sólo pude asentir… ‘Sí, claro’.

    Avanzamos hacia el vestíbulo juntos, entre el resto de la gente. ‘Conozco un lugar muy cerca’, dijo, tomando mi mano. Caminando por uno de los pasillos me dijo al oído, ‘Espera aquí’. Y desapareció en los servicios de caballeros, donde imaginaba que estaría buscando la máquina de condones.

    Apareció de nuevo un par de minutos después, me agarró de la muñeca y me empujó dentro de uno de los compartimentos. Quise abrir la boca para protestar, pero susurró, ‘Shhhh. No sé tú, pero no creo que pueda aguantar hasta que lleguemos a mi casa’.

    Sin tiempo para reaccionar me empujó contra la división, se arrodilló entre mis piernas, levantó mi falda, me arrancó el tanga empapado y empezó a lamerme de una manera absolutamente extraordinaria. Conducía su lengua entre mis labios, introduciendo la punta de la lengua en mi vagina, y con un movimiento repentino la llevaba hacia arriba hasta tocar suavemente el clítoris. Acelerando el ritmo poco a poco, en seguida alcancé mi segundo orgasmo de la tarde, de nuevo silencioso, pero a la vez asombrosamente intenso.

    Y mientras todavía me tambaleaba, mis piernas temblando, agarró su miembro brutalmente hinchado, enrojecido, y lo dirigió a la entrada de mi abierto y expectante sexo. ‘Penétrame ya, ¡ya!’, le susurré.

    Mis músculos pélvicos se apoderaron de su erección cuando entró con un único movimiento, con decisión. Y comenzó a moverse de forma vigorosa, adentro y afuera, haciéndome contener la respiración con cada embestida. Cada vez con más ímpetu, hasta que literalmente explotó en mi interior y me inundó completamente, así de fuerte lo sentí. Y con esa sensación de tenerlo dentro de mí, llenándome, notando sus contracciones, llegué casi al mismo tiempo. Por tercera vez, apretándome fuertemente contra él con un orgasmo todavía más brutal, la cabeza hacia atrás y la espalda arqueada, y las piernas doblándose ya sin fuerza.

    Mientras tanto, ambos manteníamos una mano sobre la boca del otro, ahogando nuestros gemidos, desesperados por no ser descubiertos. Oímos a varios tipos que entraron y salieron durante varios minutos, y cuando el camino estaba libre, corrimos al pasillo como una pareja de adolescentes traviesos.

    Una vez fuera del cine, decidí presentarme. ‘Soy Pilar’.

    Él sonrió tímidamente. ‘Esteban. Gracias por una tarde maravillosa, Pilar’.

    ‘Todavía no ha terminado’, señalé.

    ‘Correcto. ¿Sabes qué quiero hacer justo ahora?’

    Sacudí mi cabeza, pensando que ya nada podría sorprenderme.

    ‘Esto’, y de repente abrió la boca y gritó. Con fuerza, como si se estuviera corriendo de nuevo. Y me uní, liberando la contención de las últimas dos horas, vocalizando todo el placer experimentado.

    ‘Ya me siento mejor’, suspiró. ‘¿Y ahora qué?’

    Le tomé la mano. ‘Vamos a mi casa, a por otra sesión de buen sexo. Pero escuela tradicional, sobre una cama, y sin restricciones de ruido esta vez’.

    ‘Suena muy bien. Pero mientras tanto, ¿qué te pareció la película?’

  • Esclavo de ti mismo (C. 8): Zombi sin voluntad (Parte 2)

    Esclavo de ti mismo (C. 8): Zombi sin voluntad (Parte 2)

    Marcus cerró la llave de la ducha. Contempló satisfecho a su esclavo sonámbulo tomar con gran esmero y entrega una toalla del armario de blancos para secarlo, y tras unos momentos de frotarlo con adoración, lo vistió con una bata.

    -Bien hecho, veo que tus tareas las tienes perfectamente aprendidas. Puedes secarte ahora. Cuando termines, quiero que guardes la pistola de Sam, que quedó tirada en el recibidor dentro de mi armario. Después, quiero que vayas por su teléfono, búscalo en la ropa que guardaste en la vitrina de trofeos. Sino está, hazlo en el auto de Sam. Luego deseo que vuelvas a mi habitación y tomes un sueño reparador. Quiero que duermas profundamente en la cama hasta que te llame. Te mereces el descanso, mi predilecto.

    Indicó Marcus, mientras acariciaba el torso desnudo y besaba el cuello de Alfonso.

    -Ssi, mi Amo. Así lo haré…

    Marcus se alejó, se dio la media vuelta y dejó al sonámbulo cumplir sus órdenes. Había llegado el momento de ir y examinar a su segunda presa. Casi dos horas transcurrieron desde que Sam presenció el inicio del espectáculo. Si las secuencias y ondas hicieron correctamente su trabajo, en ese instante el ojiazul debería estar completamente bajo su poder.

    Marcus abrió la puerta del salón Kaligari y activó el mecanismo que revelaba la “sala sicodélica”. Quedó más que encantado cuando descubrió a Sam arrodillado, desnudo, con la cabeza caída encima del pecho y una erección increíble, mirar todavía extasiado la pantalla, aunque esta ya no transmitía más que las barras de color azul.

    -¡SICODÉLICO!

    Gritó Marcus triunfante y sumamente excitado.

    Sam se colocó de pie, aunque sin despegar la cabeza del pecho, caminó hacia Marcus y este pudo ver que sus ojos estaban completamente blancos. -A tus órdenes… Soy un cuerpo sin voluntad… Un zombi sin voluntad… Un títere de tu propiedad… Dispuesto a obedecer tus órdenes y a cumplir lo que desees… Sólo existo para obedecer, Mi Amo…

    Dijo Sam totalmente sumergido en un profundo trance.

    Marcus sonrió satisfecho y se aproximó a Sam. -Alza la cabeza- Ordenó al tiempo que le robaba un beso y exploraba a rienda suelta su cuerpo. -Tus músculos son más firmes que los de Alfonso y tu miembro, Hmmm, vaya que eres una presa bastante valiosa, mi esclavo. Vamos a jugar un poco ¿te parece?

    Insinuó Marcus, a la vez que lamía gustoso el cuello de Sam.

    -Ssi, mi Amo… dime tus órdenes que enseguida las cumpliré…

    Respondió el ojiazul.

    -¿Sabes quién soy? ¿y quién eres tú?

    Inquirió Marcus, mientras continuaba con el examen descarado del cuerpo de Sam.

    -Tú eres mi Amo… Mi Amo Marcus… Yo… yo soy un zombi sin voluntad… Un cuerpo sin voluntad… Un títere de tu propiedad… Tu esclavo… No tengo voluntad… Te pertenezco… Sólo existo para obedecerte y nada más…

    Contestó Sam en voz plana e inflexiva.

    -Bien, muy bien. Eso me encanta, Vamos a jugar. Voy a despertarte, pero cada vez que escuches la palabra “Sicodélico”, caerás en este profundo trance, completamente sin voluntad, serás mi zombi sin voluntad, un cuerpo sin voluntad. ¿Entiendes esclavo?-

    Cuestionó Marcus, a la vez que acariciaba el miembro del ojiazul.

    -Ssi, mi Amo… Cada vez que digas la palabra “Sicodélico”… debo caer en este trance profundo… Y ser tu zombi sin voluntad… Un cuerpo sin voluntad… Ssi, cumpliré tus órdenes…

    Declaró Sam absolutamente doblegado.

    -Bien, muy bien. Ahora voy a despertarte. Cuando chasque los dedos y diga: “Lúcido”, despertarás. Pero no tendrás control de tu cuerpo, no vas a poder moverte para nada, ni siquiera un músculo, al menos que yo te lo ordene. Te vas a quedar allí fijo como un trozo de hierro. ¿entiendes mi zombi?

    Cuestionó Marcus, mientras sujetaba posesivamente la cintura de Sam.

    -Ssi, mi Amo… Cuando escuche la palabra “Lúcido” y chasquees los dedos… voy a despertar… Pero no tendré control de mi cuerpo… No podré moverme, ni siquiera un músculo, al menos que tú lo ordenes… Me quedaré quieto como un trozo de hierro… Hasta que tú lo mandes…

    Respondió Sam con voz pausada y gutural.

    -Perfecto, mi zombi. Vas a recordar todo lo que pasó hoy y sentirás repulsión hacia mí, e inclusive odio. Mas cuando yo te toque, todo tu cuerpo se excitará. Sentirás un inmenso placer. Cada vez que te toque te volverás loco por mí. Desearás que yo te posea. Y mientras más te toque, el placer superará al odio y a la repulsión. Y vas a suplicarme que te posea, hipnotice y domine. ¿lo entiendes mi zombi?

    Preguntó Marcus, a la vez que le besaba y mordisqueaba el pectoral.

    -Ssi mi Amo. Voy a recordar todo lo que pasó hoy. Sentiré repulsión y odio por ti… Pero cuando me toques, experimentaré un inmenso placer… Cada vez que me toques sentiré un gran deseo porque me poseas… Cada vez que me toques me volveré loco por ti… Cada vez que me toques el placer superará el odio y repulsión… Tanto que voy a pedirte que me poseas, domines y me hipnotices… Ssi, mi Amo…

    Contestó Sam sin emoción alguna.

    -Cuando yo te penetre, cuando mi miembro te atraviese, sentirás un gran dolor y de inmediato un placer infinito. Ambas sensaciones se mezclarán y cuando te golpeen, toda tu personalidad y sexualidad se borrarán para siempre. Caerás de inmediato en este profundo trance, inclusive será más poderoso que ahora. Sabrás que eres mi zombi sin voluntad, un cuerpo sin voluntad y que yo, soy tu nuevo Amo, tu dueño absoluto. ¿Lo entiendes?

    Inquirió Marcus.

    -Ssi, mi Amo. Cuando me penetres, cuando tu miembro me atraviese, sentiré un gran dolor y enseguida un placer infinito… Ambas emociones se mezclarán y cuando me golpeen… Toda mi personalidad y sexualidad se borrarán para siempre… Sabré que soy tu zombi sin voluntad… un cuerpo sin voluntad… Y que tú eres mi nuevo Amo… Mi dueño absoluto… Ssi, mi Amo… Cumpliré tus órdenes…

    Acató Sam, sin objetar aquella orden, que lo doblegaría para siempre.

    -Bien perfecto, vamos a comenzar con este juego mi guapo zombi- Dijo Marcus a la vez que daba algunos pasos lejos de Sam y chasqueaba los dedos. –“¡Lúcido!”

    Tras ello los ojos de Sam volvieron a la normalidad, comenzó a recobrar la consciencia, mientras su erección desaparecía y se daba cuenta poco a poco de aquella situación. -¿Qué, ¿dónde estoy?… ¿Qué sucede? ¡TU CABRÓN! ¿QUÉ DIABLOS LE HICISTE A ALFONSO?, ¿QUÉ? ¿POR QUÉ ESTOY DESNUDO? ¡NO, PARA NADA VAS A HACERME LO MISMO HIJO DE PERRA! ¡VOY A PARTIRTE LA CARA!

    Gritó el ojiazul furioso, pero cuando quiso moverse no pudo dar ni un paso.

    Sam intentó lanzar una patada, puesto que Marcus estaba a su alcance, sin embargo, sus piernas no respondieron. -¿QUÉ DIABLOS ME HICISTE HIJO DE PERRA?, ¡PUTO DESGRACIADO CUANDO LA DROGA PASE ME LAS VAS A PAGAR! ¡ERES UN JOTO MUERTO! ¡POR TU BIEN, LIBÉRANOS A ALFONSO Y A MÍ!, ¡AHORA!

    Gritó Sam colérico.

    -¿Qué modales son esos mi zombi?, debes tener más respeto para tu Amo. Después de todo yo soy tu dueño, a partir de ahora eres un títere de mi propiedad, eres mi zombi, un esclavo más de mi harem.

    Replicó Marcus sarcástico.

    -¿QUÉ IDIOTESES SON ESAS? ¡YO NO SOY DE NADIE, PUTO DESGRACIADO!, ¡LIBÉRAME AHORA CABRÓN!

    Gritó Sam con la cara roja por la furia.

    -Tranquilízate, vas a disfrutar tu nueva vida como zombi, te lo prometo. Tú ya viste como Alfonso lo disfruta. Él no era gay, pero fue muy fácil convertirlo en mi esclavo sexual. ¡Y debo decir, que tu amigo es un tigre en la cama!-

    Dijo Marcus burlón.

    -¡MALDITO PUTO!, HARÉ QUE TE TRAGUES TUS PALABRAS!, ¿QUÉ DIABLOS LE HICISTE JOTO HIJO DE PERRA?, ¿TE ATREVISTE A VIOLARLO?, ¿QUÉ DROGA LE SUMINISTRASTE?, ¡CUÁNDO PASE EL EFECTO LOS DOS VAMOS A MATARTE CABRÓN!

    Volvió a gritar Sam, mientras trataba con todas sus fuerzas de moverse y golpear a Marcus, aunque sin ningún resultado.

    -No, no, debes mesurarte mi guapo zombi. No me gustan los insultos. Y ahora voy a tener que castigarte. Por favor date tres puñetazos en el estómago. Lo suficiente para que duelan. Con la mano derecha-

    Ordenó Marcus con placer.

    -¡Estás loco!, yo, no… Ee, ¿QUÉ?

    Mas Sam no pudo acabar la oración, pues su brazo derecho se movió contra su voluntad, como si fuera arte de magia y se dio tres fuertes puñetazos en el abdomen que le cortaron la respiración.

    -¿Qué?… ¿Cómo es que?… Pero si, yo no…

    Dijo el ojiazul con voz entrecortada y una naciente expresión de temor.

    -¿No lo entiendes verdad? Tú no estás drogado. Estás hipnotizado. Alfonso tampoco está drogado, lo volví un sonámbulo. Él nunca más despertará, soñará para siempre que es mi esclavo y en verdad lo disfruta. Mientras que tú, ya estás bajo una poderosa hipnosis. Si te permití recuperar tu consciencia, fue sólo para humillarte y que me pidas eliminarla definitivamente. ¡Tú vas a pedirme en unos momentos que yo te posea, te domine e hipnotice!

    Afirmó Marcus con un tono de seguridad y perversidad, que heló la sangre de Sam.

    -¡Vete al diablo PUTO!, jamás te pediré algo así. La hipnosis es para los locos y yo no lo soy. Nunca te pediré eso, ¡JOTO DESGRACIADO! ¡YO NO SOY GAY Y NUNCA LO SERÉ!

    Replicó Sam con el más puro desprecio.

    -Verás que lo que te digo es verdad. Sígueme. Vamos hacia el jardín. Con ese cuerpazo de fisicoculturista, Me gustas para hacerlo junto a la piscina. ¡Sígueme!-

    Ordenó Marcus, a la vez que se daba la media vuelta.

    Sam se quedó aterrado cuando sus piernas comenzaron a moverse por sí solas y caminó detrás de Marcus. -¿Pero ¿qué?, ¿qué piensas hacerme? Por favor, no, ¡suéltame! Si quieres dinero, Alfonso y yo podemos darte mucho dinero. No, por favor, yo no quiero.

    Dijo Sam esta vez con voz suplicante.

    -¿Suplicas tan pronto mi zombi?- Inquirió Marcus y después soltó una carcajada. -Así me gustas, que supliques. No te asustes, muy pronto sólo habrá placer. Te gustará, te lo prometo, mi guapo zombi.

    Aseveró Marcus con voz eufórica.

    -Yo no soy un puto gay como tú. Nunca disfrutaré contigo, joto de mierda. No sé qué le diste a Alfonso, pero no funcionará en mí ¡TE MATARÉ SI TRATAS DE TOCARME HIJO DE PERRA!

    Afirmó Sam, furioso y asustado, mientras bajaban las escaleras.

    -No te preocupes, que ya me encargué de eso- Dijo Marcus. -Lo mismo pensaba tu amigo, y ahora tú mismo lo viste, el me suplica que yo lo posea. Ya no se opone, ya no piensa, sólo disfruta. Pero como tu eres un homofóbico, tengo que castigarte. Tú vas a disfrutar sí, pero disfrutarás la esclavitud. Tu sólo serás un cuerpo sin voluntad, serás mi zombi.

    Respondió Marcus con voz maliciosa, al tiempo que atravesaban el comedor.

    -Marcus, ¡por favor!, tú no puedes hacerme esto. No, libérame y prometo que no diré nada. ¡Libérame ahora y podrás quedarte con Alfonso!

    Dijo Sam en un intento desesperado por evitar su destino.

    Marcus se detuvo al escuchar aquello. Sabía que Sam trataba de engañarlo para escapar y ver la manera de rescatar a su mejor amigo, así que chasqueó la lengua molesto. -Mi zombi, mi zombi, eso no se hace. Traicionar así a tu mejor amigo. No, quería hacerlo en el jardín, pero tras esa insolencia de tu parte, tengo que aplicarte un correctivo. Detente, lo haremos aquí, en el comedor, en el mismo lugar donde me viste hacerlo con Alfonso.

    Dijo Marcus perverso.

    -¿Qué?, ¡No, déjame!, ¡DÉJAME HIJO DE PERRA! ¡PUTO HIJO DE MIERDA!, ¡YO JAMÁS HARÉ LO QUE QUIERES JOTO Desgraciado!

    Afirmó Sam totalmente a la defensiva, pero sus piernas obedecieron la orden de Marcus.

    -No me desafíes. ¿Quieres sentir la fuerza de mi poder?, verás que en unos minutos serás un hombre nuevo. Mejor dicho, serás mi nuevo zombi. ¡Acuéstate sobre la mesa, ahora!

    Indicó Marcus autoritario.

    -No, yo, no… No, ¡no, ¡NO QUIERO!, ¡NO!! Por favor…

    Pese a sus gritos, el cuerpo de Sam obedeció y se acostó sobre el comedor.

    Marcus vio el miedo, la aprensión, el odio, todos los sentimientos reunidos en un peligroso fuego al interior de los ojos azules de Sam. Su cara era un reflejo puro de la repulsión, mas a esas alturas el terror mostraba ya su sombra.

    Marcus contempló aquel escultural cuerpo. Poderosos bíceps, un torso musculoso y depilado, anchas espaldas, cintura estrecha, largas piernas y ese jugoso miembro, que prometía horas y horas de placer. Marcus se aproximó y notó que Sam trataba de reunir fuerzas para golpearlo, pero era en vano.

    Marcus soltó una descarada carcajada, al leer la furia de Sam, su desesperación, el temor. Tocó el cuello del ojiazul con su dedo índice y el hombre abrió los ojos asombrado, pues el toque de Marcus hizo correr por todo su cuerpo una ola de calor y placer, como jamás había sentido.

    -¿QUÉ MIERDA?, ¿QUÉ ME HACES PUTO? ¡ALÉJATE DE MÍ HIJO DE PERRA!

    Gritó Sam y quiso escupirle al rostro, mas tampoco pudo hacerlo.

    Marcus colocó un dedo nuevamente en el cuello del ojiazul y comenzó a acariciarlo, lentamente al principio, luego en círculos. Sam empezó a sudar por el placer, mientras su cara se ponía cada vez más roja, gracias a la sugestión Posthipnótica hecha por Marcus.

    -No… Hmmm… Por favor… Detente… Yo no…

    Dijo Sam, aunque su voz quedó entrecortada por el placer.

    -No te resistas, lo deseas tanto como yo, mi zombi. Siéntate, voy a darte un masaje.

    Indicó Marcus con voz sensual.

    Sam obedeció al instante. Sin saber cómo, ya se encontraba sentado. Marcus se subió a la mesa, se acomodó detrás de él y colocó los pies sobre las piernas del ojiazul.

    Al sentir el contacto, Sam no pudo evitar que el placer regresara. Desde la punta de los dedos de sus pies hasta la cintura, un fuego lo quemó y no dejaba de quemarlo, ya que Marcus lo acariciaba con las plantas de los pies. Después Sam sintió los labios y lengua de Marcus recorrer su espalda y el deseo se elevó inevitable.

    Percibió la lengua húmeda y los calientes labios deslizarse expertos, de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba, una y otra vez. Y con ellos, el calor, el lívido, invadieron todo su ser.

    Fue consciente de que Marcus se retiró la bata y se recostó sobre la mesa, aunque sin alejar los pies de sus piernas. Sam respiró agitado y trató de recuperar la lucidez, aunque era inútil, el placer de sus piernas no le dejaba pensar con claridad.

    -Por favor… para… Yo no quiero… Yo no soy… Hrg…

    Suplicó Sam.

    -Deja de resistirte, mi zombi. Lo deseas, tú lo quieres también. Recuéstate sobre mí y frota tu cuerpo contra el mío. Pon tu cuello para que pueda chuparlo y morderlo, ahora.

    Ordenó Marcus con aquella voz de serpiente.

    Sam no fue capaz de oponerse. Quiso hacerlo, juntó lo que le quedaba de voluntad y por un momento creyó que podría liberarse, mas sufrió el peor desengaño, cuando notó que se recostaba sobre el cuerpo desnudo de Marcus.

    Una descarga de adrenalina, de exultante lívido se apoderó completamente de sus sentidos. Su miembro se puso completamente erecto en el acto y todo su cuerpo se arqueó debido al deseo. Ni siquiera se dio cuenta que era él quien se restregaba ansioso contra el cuerpo de Marcus.

    -Hmmm… ¡O Dios!…. ¿Qué es esto?… ¿Qué me haces?… Yo… Por favor…. Yo… No, yo… ¡Por favor!…

    La mirada de Sam se tornó roja a causa del placer, a razón de la necesidad incontrolable. Marcus lo volvía loco, sentir su piel, sentir el contacto encima de su desnudo cuerpo era algo indescriptible. Quiso evitar entregarse a aquel lívido desbocado, pero no pudo, ya no quería hacerlo.

    -¡Al diablo!… Marcus, por favor… ¡por favor hazme tuyo!, ¡domíname!… ¡sométeme!… ¡hipnotízame!, ¡quiero ser tu esclavo como Alfonso!… ¡hipnotízame igual que a él! –

    Suplicó Sam arrebatado totalmente por el lívido.

    -¿Quieres volverte mi esclavo?, ¿quieres ser hipnotizado?… Ya no habrá retorno.-

    Dijo Marcus con una voz aterciopelada, al tiempo que mordía y chupaba el cuello de Sam.

    -Hrg… ¡AL DIABLO! ¡Ya no me importa!… ¡Por favor!… Lo deseo… Lo quiero… Me vuelves loco… Hipnotízame… ¡Hazme tu zombi!… ¡Esclavízame!… ¡Poséeme!… ¡Domíname!… ¡Hipnotízame!

    Marcus torció la boca satisfecho. Mordió el cuello de Sam, lo aferró de los hombros y lo ensartó en su miembro. El ojiazul gritó de placer, a la vez que vibraba debido al lívido que Marcus le causó.

    Marcus se afianzó al musculoso torso de Sam, mientras mordía y chupaba repetidamente su cuello como un león. Después incrementó el ritmo de su bombeo y se corrió con fuerza desconocida dentro de Sam, a la vez que le destrozaba el esfínter.

    El ojiazul de inmediato gritó y se estremeció a causa del dolor mezclado con aquel infinito placer de servir y obedecer a su dueño. Cayó más y más en aquel trance inexpugnable. Su mente, personalidad y heterosexualidad fueron borradas por un imparable chorro blanco y supo entonces que él era un zombi sin voluntad, un cuerpo sin voluntad, que sólo existía para obedecer y servir a Marcus, su nuevo Amo, su dueño absoluto.

  • Mi odiosa hermanastra (Parte 4)

    Mi odiosa hermanastra (Parte 4)

    Cuando me decidí a ir tras ella, ya no había rastro de Florencia en la calle, sólo quedaba el delicioso perfume que se había puesto para ir a ver a su profesor/amante, que flotaba despiadado en el aire. Me metí en la casa, y a pesar de encontrarme completamente solo en ella, me encerré en mi cuarto, sintiéndome totalmente humillado por la situación. 

    Era cierto, Florencia no era mi novia. Y dado que era mi hermanastra, era difícil imaginar que algún día lo seríamos. Pero me sentía terriblemente bardeado al estar ahí mientras ella pasaba una noche romántica con su profesor universitario ¿Qué era yo? ¿Un boludo? (Solo estabas herido en tu orgullo Marianito).

    Pensé en hablar con alguno de los pibes, para que me diera un consejo. Pero todavía no les había contado que había tenido relaciones con Florencia. me daba mucha paja narrar toda la historia completa, además, supuse que me iban a salir con cualquiera, y que sus consejos, más que ayudarme, me iban a dejar con la cabeza quemada. Gonzalo, Manu y los demás son más virgos que yo, así que no podía esperar mucho de ellos. 

    Decidí pegarme un baño, ponerme mi mejor pilcha y salir a algún bar. Algo tranqui (Fuiste a ver si me encontrabas, no te hagas el boludo). A lo mejor hasta tenía suerte y me levantaba alguna minita. Desde que la puse a Florencia me sentía más seguro de mí mismo. 

    Deambulé como zombi por las calles de Buenos Aires. Me decidí por un bar que parecía bastante canchero y no tenía muchos clientes en ese momento. Pedí una birra artesanal. Miré a una veterana que estaba sentada en la barra. Tenía las piernas largas y los pechos grandes. De cara no estaba muy bien, los cuarenta y pico años que tenían se notaban mucho en las pata de gallos que rodeaban sus ojos. Pero de cuerpo venía muy bien. No tendría por qué verle la cara, un buen polvazo poniéndola en cuatro me harían sentirme menos estúpido esa noche. (cuánta inseguridad Nini)    

    La mina se dio cuenta que le estaba clavando los ojos. Me miró. Le sonreí. Y entonces un hombre que supongo venía del baño se sentó junto a ella y comenzaron a hablar animadamente. 

    Estuve un rato, haciéndome el gato, pero las chicas que no estaban en una cita, estaban con varias amigas, y tantas mujeres juntas me intimidaban. No me animé a encarar ni a una. Tomé otra cerveza y volví a casa, más solo de lo que ya estaba. 

    Mientras volvía me hacía la cabeza pensando en qué estaría haciendo Florencia en ese mismo momento. Hacía ya un par de horas que había salido de casa. la cena ya habría terminado, probablemente estarían camino a un hotel alojamiento (¡Cuanto formalismo, se dice «telo» Marianito!) O quizás ya estaban en el cuarto del hotel. A lo mejor ese hermoso vestido Blanco que se había puesto mi hermanastra ya estaba tirado en el piso, mientras el profesor la despojaba de su tanga y empezaba a montarla. Seguramente el profesor cogía mejor que yo. Tendría cuarenta años, o al menos treinta y pico. Mucha experiencia encima. Tendría la barba frondosa, y un look tirando a hípster. 

    ¿Qué haría con Florencia? Ella me había contado que él parecía sólo interesado en su cuerpo. Y no lo culpaba. A mí me pasaba lo mismo ¿O había algo más y todavía no me daba cuenta? Seguro besaría su culo. Seguro los estrujaría. Quizás hasta lo mordería, pero solo una o dos veces, porque a Florencia no le gustaba que se ensañen mucho con sus glúteos. ¿O con él haría más concesiones? Después de todo, él era el hombre que realmente quería. Yo sólo fui una diversión pasajera (Que llorón, por favor)  Quizás hasta se dejaría penetrar por atrás, todo con tal de retenerlo, de convencerlo de que ninguna mujer lo complacería como ella. 

    Entré a casa, imaginando que mientras yo caminaba hacia mi cuarto, Florencia estaría gimiendo de placer mientras era perforada una y otra vez por el profesor. 

    Fui al baño para darme una ducha de agua fría. La luz estaba encendida, cosa que me extrañó. Abrí completamente la puerta y me encontré con Florencia, quien estaba completamente desnuda, a punto de meterse en la ducha. 

    Se escultural cuerpo se veía deslumbrante al estar sin ninguna prenda encima. Pero, aunque no pude evitar clavarle los ojos al tremendo orto que porta mi hermanastra, también noté el semblante triste de su cara. Sus ojos estaban rojos, por lo que supuse que había llorado (Todo un detective)

    Al principio, al verse completamente expuesta frente a mi mirada, Florencia pareció sorprendida y algo disgustada. Pero después de un segundo, tal vez recordando todas las cosas que habíamos echo en la cama, su expresión cambió por una con la que quería demostrar dignidad. 

    – No me digas nada, no quiero hablar. -dijo Florencia. 

    No dije nada. Después de un tiempo me enteraría de que su profesor la dejó plantada, porque su mujer se había dado cuenta de que estaba tramando algo extraño.  Me desvestí al toque, y me metí en la ducha con ella. 

    -¿Quién te invitó a meterte? – dijo Florencia. 

    -Yo venía a bañarme, y vos se supone que no estabas en casa, así que si no te gusta, dejame terminar y volvé después. – contesté. 

    -Qué bobo. A veces parece que tenés cinco años. 

    -Perdón señora madurez, pero no estoy de humor para tus agresiones. ¿Te vas o te quedás?

    Como estaba detrás de ella, me tuve que estirar para abrir la llave de la ducha. Mi pene, asombrosamente todavía flácido, rozó la rígida piel de sus glúteos. El agua tibia cayó sobre el cuerpo de Florencia. No dijo nada. Se quedó ahí. llevó sus manos al cabello y los frotó, hasta que quedaron completamente empapados. 

    -Tomá -dijo, entregándome el Jabón, mientras se ponía shampoo en el pelo. Enseguida la espuma blanca se deslizó por toda la perfección de su ser (pintó el poeta, me está empezando a gustar). El agua llegaba a mí, salpicándome. No estaba tan mojado, así que preferí empezar a ayudarla a bañarse a ella primero. Apoyé el jabón en su espalda y comencé a frotarlo. 

    Se dio vuelta y me clavó sus ojos tristes. Le di un beso. Nuestras lengas se entrelazaron bajo el agua. Hice movimientos circulares en su espalda, y bajé lentamente, encontrándome con las musculosas y carnosas nalgas enseguida. Pero seguí de largo, y metí el jabón entre sus piernas, masajeando los muslos. Mi dedo, también enjabonado, se resbaló y se enterró en su sexo.  Florencia gimió y su cuerpo se contrajo. Besé su trasero. Con la mano con la que no estaba penetrándola, sostuve el jabón y lo pasé una y otra vez en medio de sus glúteos. Un dedo se perdió dentro del pequeño orificio del ano. Florencia pegó un saltito cuando se lo metí por completo, de un solo movimiento. 

    Me paré, la agarré de la cintura y la atraje hacia mí. Mi verga, totalmente empinada se apoyó sobre su culo jabonoso. La ayudé a terminar de enjuagarse el pelo. La abarajé. Ahora el agua caía sobre los dos (Como si fuésemos uno solo)  Florencia agarró mi mano y la dirigió hacia su entrepierna. 

    -Ahí -dijo, indicándome que me concentre en el clítoris. 

    Se lo masajeé, y cuando ella me lo pedía, lo apretaba con dos dedos. Florencia frotaba su hermoso orto con mi pija cada vez que gozaba con mis masajes. Estrujé sus tetas y pellizqué los pezones sin dejar de acariciar su sexo. Sentí en mi propio cuerpo cómo el cuerpo de Florencia se contraía. Al ratito largó terrible grito por el orgasmo que le acababa de sacar. Quedó toda agitada, abrazada a mí. 

    -Quiero hacerte el orto -le dije al oído. 

    No contestó con palabras. Apoyó las manos en la pared. Separó sus piernas y se inclinó.

    -Despacito, es muy grande para hacerlo por acá, si te digo que no la metas más adentro, no lo hagas. -dijo mi hermanastra. 

    Ya estaba algo dilatada por el dedo con el que la había penetrado. Separé mis piernas y me paré firme, no fuera cosa que me resbalara y terminara accidentado en pleno garche. La agarré de las caderas. Apunté mi cañón. La verdad, que la cabeza de mi verga se veía muy grande en comparación al orificio en el que pretendía meterlo. Empujé. Florencia gimió. Empujé de nuevo. Me daba cuenta de que no estaba adentro suyo, el glande chocaba con el arito de cuero, y más allá de eso no pasaba. pero no quería lastimarla, así que tuve paciencia. 

    Fue una tarea fina. Pasaron unos cuantos minutos hasta que le metí la cabeza. Una vez que logré eso, meterle unos cuantos centímetros del tronco no fue tan difícil. Florencia gemía cada tanto, pero la mayor parte del tiempo que duró la culeada, su expresión fue de dolor, o quizás de miedo a que la hiciera sufrir. M>e daba cuenta que el sexo anal era lo que menos le gustaba hacer, pero que lo hacía como una especie de agradecimiento, tal vez debido a que no le pregunté qué había pasado con el profesor. O quizás estaba tan vulnerable que era fácil hacerla acceder a cosas que normalmente no practicaba. 

    Pero yo disfruté de ver cómo sus nalgas se separaban mientras mi pija se metía más adentro de ese culo de ensueño (qué cerdo) Acabé adentro suyo. Cuando saqué mi pija con cuidado, el semen empezó a salir por su ano. Florencia se dio vuelta y recibió el agua en sus nalgas. La leche se deslizó por sus piernas y fue a parar a la rejilla de desagüe. 

    -Vení, te ayudo a bañarte – me dijo Florencia. 

    Ahora yo empecé a enjuagarme la cabeza y Florencia me enjabonó la espalda. Enseguida sentí sus manos rodeando mi cintura para palpar mi verga. 

    -¿Te gusta? -Le pregunté. 

    -Sí. Tenés un lindo pene. -me dijo, al tiempo que lo masajeaba con su mano jabonosa. 

    No tardé mucho tiempo en estar al palo de nuevo. Me dieron ganas de que me de una buena chupada, pero no estaba seguro de si lo querría hacer después de que mi miembro estuviese hurgando en su agujero prohibido. Pero después de enjabonarlo y enjuagarlo bien, como leyéndome la mente, cerró el agua de la ducha y se puso en cuclillas frente a mi. Sonrió por primera vez en esa noche, y se metió mi verga en la boca, haciéndome un pete como solo ella sabe hacerlo. 

    Esta vez dejó que le escupa la leche en la cara. No me animé a pedirle que se lo tragara, supuse que si quisiera hacerlo lo haría y punto. Abrió la llave de la ducha nuevamente y se limpió la cara. Fuimos a su cuarto. Nos acostamos, abrazados, con los cuerpos húmedos y el cabello mojado. Disfrutamos de la compañía de otro, la mayor parte del tiempo en silencio. 

    -Esto no va a funcionar -sentenció la pesimista de mi hermanastra. 

    -Entonces disfrutemos mientras dure -propuse yo. 

    -De repente parece que maduraste ¡Lo que logra un buen polvo? 

    -Que boluda -le dije, y le comí la boca de un beso para que dejara de bardearme. 

    -Te quiero -me dijo Florencia- No sé si lo suficiente como para sostener lo que sea que tenemos. pero te quiero. 

    -Yo también -le dije. 

    Hicimos el amor tres veces más (creo que fueron dos) y dormimos abrazados. 

    ……………………………………………..

    De esto ya pasó casi un año. Y eso de disfrutar «mientras dure» sigue en pie. Con mamá y pedro nunca blanqueamos formalmente que había algo entre nosotros, pero no son boludos. Por suerte, a ninguno de los dos parece molestarle. Florencia sigue siendo la misma rompebolas de siempre. Quisiera decir que ya no tiene sus ataques de universitaria engreída que se cree la mejor del mundo (Que exagerado) Pero cada tanto tiene sus arranques y me re bardea. Incluso el hecho de haber empezado a trabajar no le alcanza. Como el laburo me lo consiguió su papá, cuando discutimos, no se pierde la oportunidad de echármelo en cara. Pero bueno, como dice mamá, algunas cosas siempre van a ser igual. Yo la perdono, porque tampoco es la bruja que era antes, y ni hablar de lo bien que me lo recompensa en la cama cuando nos reconciliamos. 

    Esta es mi historia (nuestra historia), de cómo mi relación con mi odiosa hermanastra fue cambiando con el tiempo. De cómo una relación que parece imposible (y no lo digo porque fuera mi hermanastra, sino porque Florencia está demasiado buena en comparación de mí) realmente no lo es. Si notan algunas frases extrañas en el relato, es porque la pesada de Florencia descubrió que estaba publicando esta historia, y me obligó a mostrársela antes de subirla, y le hiso algunas acotaciones. Creo que es mejor terminarla acá, y no seguirla hasta que por fin se pudra todo, y todo lo lindo se vaya a la mierda. Pero quién sabe, a lo mejor ese «mientras dure» se extienda por mucho tiempo más. Les confieso algo: amo a mi odiosa hermanastra. 

    Yo a vos Mariano, y por cierto, sé que me robaste la tanga.

    Fin.

  • Mi mujer trae una pendeja y me depila un trava

    Mi mujer trae una pendeja y me depila un trava

    Mi Ama y Señora, trajo una chiquita de 19 años, para humillarme delante de ella, yo lo sabía desde la mañana, cuando salga de la oficina tengo que ir corriendo a casa para preparar todo, la ropa que va usar, dejar bien ordenado el cuarto, lista las bebidas, y darme una ducha por si deciden usarme de juguete.

    Hace una semana que tengo puesto el cinturón de castidad, la verdad es que no se como, pero no se me está parando tanto, las cosas que me hace Alicia todas las noches me excitan, pero es como que mi porquería sabe que no tiene mucho lugar, a mi me parece imposible, pero está pasando, eso sí, después de chuparle la concha, otro día chuparle la cola, otro los pies, soportar que me torture los pezones, que me sodomice con el strapon, y estar toda la semana sin acabar, el dolor de huevos que tengo es infernal, con este aparato de mierda que me puso, no puedo desahogarme, voy a morir sino me lo saca pronto y deja que me haga una paja por lo menos.

    La amiguita está por llegar, obvio Alicia me hizo poner como todas las tardes al llegar mi tanguita, bueno era una de ella y me la dio para que la use, todos los días la lavo antes de irme a trabajar, pero ella dice que va a darme otra para que la use debajo de mi ropa de varón, cuando estoy en el trabajo, así no se me olvida lo maricón que soy,

    Estoy muy nervioso y avergonzado, tuve antes algunas experiencias de tríos con algunos matrimonios, algún día contaré un par por lo menos, tener sexo con un tipo delante de su mujer, o ser pasivo con ella, es algo que me excita sobremanera por la humillación que me produce.

    Esta vez no va a ser comparable, en este caso ellas se van a encamar y me van a tener presente como diversión, aunque no creo que me permitan participar, bah, como hombre seguro que no. Además ésta es la primera visita que recibe Alicia como Ama y yo como esclavo.

    Les cuento que para aumentar mi vergüenza, la Señora me ha hecho depilar las piernas, mi vello púbico y mi ano, dice que así quedó más señorita.

    La pendeja avisó por el celular que llega en 5 minutos, Alicia me hizo sentar en un silloncito individual que tenemos en el cuarto, y me ató las muñecas al apoyabrazos y los tobillos a las patas.

    Atado inmóvil, me estoy poniendo histérico, tengo la jaulita conteniendo mi porquería media parada, el miedo, y la vergüenza de estar en esta situación delante de una chica tan joven y desconocida, me excitan muchísimo, no sé qué va a pasar, que va a decir de mi, se va a burlar, toda esa incertidumbre me vuelve loco y me pone a full.

    Encima lo único que me dice está maldita, es que me prepare para lo que voy a vivir.

    Ya llegó y está subiendo, creo que me hago pis de miedo, mis pezones se pusieron duros y paraditos.

    Ya está delante de mí viéndome entre asombrada y burlona, y mirándome a los ojos, le dice a Alicia

    – ¿este es tu marido?

    – no, no es más mi marido, ahora es un puto esclavo a mi servicio

    Entonces ella dice (Sofi, se llama, se las presento)

    – ah que bien

    Alicia se acerca a mi y me toca los pezones, dándome un pellizco y me dice,

    – te voy a tener que poner unos broches para moldeártelos como a mi me gustan, quiero que los tengas bien aplastaditos

    Sofi bebía algo y me miraba, Alicia ahora mi Ama, me los apretó y retorció, yo cerré los ojos con fuerza como si eso me ayudara a mitigar el dolor, y solté unos quejidos. Alicia me bajó un poco la tanga para que se vea bien mi jaulita, entonces Sofi pregunto riéndose, porque tenía mi pene encerrado, Alicia le dijo

    – Se lo tengo guardado, porque no lo va a usar más, ya que no es un hombre, ahora es una especie de perra puta que tengo para jugar, para sodomizarla y para que me dé placer con la lengua, eso es para lo único que sirve, además con esa cosa entre las piernas evito que se toque y acabe, prefiero tenerlo siempre caliente, si querés usarlo para alguna de esas cosas, te lo presto

    – No amor, yo vine para estar con vos -le dijo la chica

    Y se comieron las bocas, y pronto estaban las dos desnudas en la cama chupándose las conchas, en un 69 fabuloso.

    Yo estaba que me moría, sin poder tocarme, la escena era terrible, esa pendeja hermosa, ah perdón, no se las describí, muy delgadita, tetas chicas pero sensuales, lindos pezones, culito bien paradito, rubia, carita de ángel, pero de ángel tenía solo la cara, la conchita rosadita, completamente depilada, era un caramelito que se estaba comiendo mi mujer, mi Ama, perdón.

    La verdad yo me retorcía ahí atado mirando, una de las cosas más sensuales que deben existir es dos mujeres en la cama, yo soy puto y adoro que me coja un hombre, pero aprecio la belleza femenina, diría que como marica, la envidio, además me delira chuparles las vaginas depiladas, yo no disfruto penetrarlas, y al momento de estar escribiendo esto, y a pesar de que siento deseos, ya casi no tengo erección ni orgasmos.

    Salvo que me hagan lo que me hicieron ese día, al verme tan desesperado dejaron de chuparse mutuamente y se dedicaron a volverme loco, las dos desnudas paradas frente a mi, vieron que mi pijita estaba dura dentro de la jaulita, mientras Alicia me torturaba los pezones, apretando, retorciendo, y clavándome las uñas, Sofi me daba pequeños golpecitos en mis genitales, mis huevos estaban llenos de esperma que sin estimulación directa, no podía descargar, además estaba advertido que si lo hacía, el castigo sería peor, mi desesperación, quejidos y súplicas hacían que se entusiasmen cada vez más, las humillaciones verbales iban en aumento…

    – que putito, estás muy caliente ¿no? querés acabar maricón, o querés una pija, necesitas una verga de verdad ¿no es cierto? Puta

    Ya te voy a traer un tipo que te haga el orto

    Decía Alicia haciendome enloquecer cada vez más y la pendeja tampoco se quedó atrás y le propuso a mi Señora que me penetre porque nunca había visto en persona como se cogían un puto, Alicia fue más allá y le dio un cinturonga que tenia guardado y que mi ojete todavía no había estrenado, para que la chiquita me lo haga.

    – Basta por favor, te lo suplico, no puedo más

    – No me tutees imbécil, cuando terminemos las dos con vos, voy a tener que azotarte el culo para que aprendas a respetarme

    Vi a la nena entusiasmada colocándoselo mientras mi Ama me desataba, me sacó la tanga, mi pene estaba que estallaba, me hizo poner en cuatro sobre el borde de la cama, solo mis pies sobresalían de ella, Sofi se paró detrás mío con cara de chica con juguete nuevo, Alicia se recostó abierta de piernas, poniéndome la vagina que chorreaba de excitada que estaba, a centímetros de mis ojos, le ordenó a la pendeja que ya había lubricado ese pene artificial de 20 x 6 por lo menos, que me lo empiece a meter,

    – Ahh, hijas de puta, por Dios, me rompen el culo, por favor más despacio, es muy grande

    – vamos puta, no te hagas la estrecha que te comiste cosas más grandes, sos una marica patética, vamos nena metesela toda sin miedo así la disfruta –

    En eso Alicia, estiró sus manos, tomó mi cabeza empujándola hacia ella y me hizo comerle la concha empapada

    – vamos putita, hace lo único que sabes hacer, dame placer mariquita, ya sos una mujercita como nosotras, vamos goza esa poronga en el orto y move bien la lengua,

    – Vamos Sofi, rómpele bien el culito al puto, pegale en las nalgas también, vos marica mirá, como una chica de 19 años te garcha y te azota

    Yo la verdad lloraba por el dolor en mis huevos y la humillación que sentía, pero no dejaba de excitarme como una perra.

    Y mientras me volvió a decir que era un puto patético, empezó a acabar largando su cremita en mi boca, al correrse hundió aún más mi cabeza entre sus piernas y mi boca y mi nariz estaban prácticamente adentro de su vagina, me estaba ahogando, había empezado a sentir un placer indescriptible, que la chiquita me estaba dando por el culo y mis huevos iban a reventar, no se como no acabé, el dolor que me daba la jaulita creo que evitaba que mi esperma salga a chorros.

    Después de un buen rato, Alicia se levantó satisfecha, yo quedé extenuado y caliente como una pava hirviendo, seguía juntando semen en mis pelotas, y la nena también estaba excitadísima, y había que calmarla, mi Ama me puso la Correa en el cuello, me hizo poner de rodillas y me ató a la cabecera de la cama, ella se colocó otro cinturón con consolador, un poco mas chico que el que me hizo comer a mi, le pidió a la nena que se saque el cinturón con el que me había penetrado, y se acueste, le separo bien las piernas, Alicia le chupo la conchita, la piba empezó a retorcerse de placer y la penetró con ese pene de plástico o goma, la piba acabó como una perra, era una máquina, tuvo un orgasmo larguísimo o dos seguidos no sé, no se mucho de orgasmos femeninos, yo me quedé ahí, hecho una piltrafa, me sentía muy humillado y sabía que no iba a ver cosa que me saque la calentura, que ya se estaba convirtiendo en una angustia crónica.

    Luego se quedaron charlando en la cama y mientras lo hacían, mi Ama me ordenó que chupe los deditos de los pies de Sofi, que por cierto eran una dulzura, estaba tan caliente que me moría por chuparle la conchita y el culo, pero me conforme con esos piecitos exquisitos, escuché como la pende decía que algún día quería ver como un tipo me cogia a mi, y que quería verme en una actitud más femenina, la nena era diabólica pensé, Alicia le respondió que iba a traer un tipo y que la iba a invitar a ella también, entonces Sofi la remató diciendo…

    – si es un viejo, mejor. Tengo muchas ganas de encamarme con un hombre bien mayor, quiero saber que se siente ser la putita de un tipo de más de 60 años

    Alicia le respondió que iba a darle el gusto muy pronto, y en cuanto a mi actitud, ya se iba a encargar ella de convertirme en una puta reventada y pronto comenzaría con un proceso de feminización más completo.

    Al escuchar eso se me hizo un nudo en la garganta y se me aflojaron las piernas, me temblaba todo el cuerpo, ya el solo hecho de no permitirme tener orgasmos y mantenerme constantemente caliente, me hacía sentir más puta, estando a solas, no podía dejar de acariciarme los pezones, ya que no podía masturbarme.

    Al día siguiente, las humillaciones se siguieron sucediendo, Alicia apareció en casa con una depiladora travesti, obvio me encontró en tanga, me llevó a la cama, pusieron una funda en el colchón y me hizo desnudar, hizo un comentario sobre mi jaulita riéndose, y al verme con la correa en el cuello, preguntó si me tenía atada todo el día, hablaron un poco y luego me depilo completo y hasta me rapo toda la cabeza, porque la carcelera de mi pito, me iba a hacer usar una peluca de pelo largo lacio.

    Al sentir mi cuerpo sin vellosidades por completo, realmente comencé a sentirme minita, esto ya era un camino de ida, no tenía retorno, cada minuto que pasaba me sentía más hembra, la travesti que era activa y pasiva, al tenerme tirado o tirada allí sacó la verga del pantalón, me la mostró y me preguntó si quería chupársela mientras Alicia no estaba, le dije que si pero, le rogué que vaya a buscar a mi dueña y le pida permiso, me aterraba imaginar que Alicia entre en ese momento y me castigue por hacerlo sin ella presente, estaba hambrienta por chupar una verga de verdad, desde lo del pendejo Manuel, hacía más de una semana que no tenía un pedazo de carne tan sabroso en mi boca.

    Fue y volvieron las dos juntas, Alicia preguntó de quién había sido la idea, y la depiladora asumió que de ella, le dio permiso pero solo para una mamada,

    – no se te ocurra cogerla porque en estos días va a venir un tipo a garcharla bien – dijo

    Pelo la verga, que por cierto era enorme y me la metió en la boca, tipo violación, me la hizo tragar entera casi de una, rápidamente me ahogó y me provocó arcadas. Ali la alentó a que fuera violenta conmigo, diciéndole que me la haga comer hasta los huevos, la trola tardó unos 15 minutos en decir que iba a acabar y mi dueña se encargó de que lo haga sobre mi pecho recién depilado.

    Espero que les haya gustado y pueden dejar un comentario aquí o escribirme a mi correo [email protected]

    Besos mis amores

  • Viuda reciente, madre caliente (3)

    Viuda reciente, madre caliente (3)

    Sangre y estupro… la otra viuda.

    Acabé el anterior relato, describiendo con todo detalle como mí hijo, me folló el culo subiéndose en mí grupa, como si fuera un perro rabioso.

    Después de año y medio de estar chuleándome, sometiéndome cómo a su perra sumisa, Mario me ha exigido le busque una puta, para los dos.

    Su idea que, me parece una atrocidad es pervertirme, haciéndome tener relaciones sexuales con la nueva puta.

    Yo soy una señora con una educación conservadora, religiosa. Es cierto que soy la puta de mí hijo, me siento feliz siendo su perra sumisa.

    Pero jamás había pensado que se atrevería a tanto, el muy chulo. Su idea es que ponga un anuncio buscando una Sra. que sea viuda reciente al igual que yo.

    Alguien que necesite la amistad y la compañía, de una mujer en sus mismas circunstancias.

    Esto mi hijo me lo ha hecho saber, un viernes noche en el mes de abril, mientras me tiene de rodillas en la parte trasera de nuestra casa…

    Desde que me folló en la lápida de su padre, hace medio año, se ha vuelto más perverso, sometiéndome de forma más severa cada vez.

    Como ya expliqué, vivimos en las afueras de un pueblo pequeño, a una hora de Génova.

    El vecino más próximo está a muchos minutos de nosotros, así que es seguro que nadie va a venir a molestarnos. Ha aprovechado un garaje en desuso, para hacer algo parecido a una mazmorra.

    Ha clavado dos postes gruesos, ocultos de cualquier mirada, pegados a la pared trasera de la casa. Para atarme como a su esclava sexual, de esta manera me puede usar como él quiera.

    Nada más volver del cine, donde mi hijo-Amo me chulea como ya expliqué en el anterior relato, me hizo ponerme de rodillas. Después de besarme de una forma, que me hace moje las bragas, me dio un bofetón que me hizo despeinarme toda.

    Al momento me ordenó susurrándome al oído ─Sácale a tu hijo la polla… ¡¡PUTONA!!

    Sólo con agarrársela y olerla sentí como se me humedeció más el coño. Él lo notó rápidamente.

    Mientras me hizo que se la comiera toda, me lamió y besó la oreja y el cuello, agachándose hacía mí.

    Me amasó las tetas como si quisiera quitármelas, poniéndome los pezones tan gruesos y duros que me dolían, por la excitación.

    Yo sintiéndome realmente su puta y perra incestuosa, le comí la polla como si me fuera la vida en ello.

    -Mmmppp… ¡¡Que polla!! Dásela a la guarra de tu madre, que te la coma

    Se quejó por cómo me la tragué toda, hasta rozar sus huevos con mis labios- ¡¡Joder mamá!! Como te la comes… sí no pares.

    Mario me estiró los pezones hasta hacerme gritar, el muy bruto —Aaahhh… no tan fuerte… ¡¡perverso!!

    Me ató en los postes, haciendo que separara mucho las piernas. Una vez me tuvo así, me azotó con la fusta hasta dejarme marcadas las nalgas.

    Paró unos segundos, comprobando como mí coño soltaba jugos. —¡¡PUTA!! —me dijo al descubrir lo excitada que yo estaba.

    Se arrodilló detrás de mí entre mis muslos. Me lamió toda la canaleta, del ano al coño, dándome lametazos cómo un perro, bebiéndose mis jugos cómo un sediento.

    Me puso loca de excitación, con sus palabras soeces y calientes, sobre lo sabroso que es mí coño…haciéndome sentir una madre pervertida y puta.

    – Slurppp… slurppp… slurppp… Mmm ¡¡Que chocho tan sabroso!!

    – Aaahhh… Mmm… Aaahhh… mi coño… ¡¡OH!!

    – Slurppp… dame tus jugos más… ¡¡MAMÁ!! ¡¡Slurppp!!… Mmm.

    – Me vuelves loca de placer… ¡¡SÍ!! Toma mis jugos.

    – Slurppp… te meto toda la lengua, ¡¡PUTA CACHONDA!! Qué coño tan rico…

    – Ooohhh… Mmm sí méteme toda la lengua así… Ooohhh.

    – Slurppp… ¡¡Que jugos…!!… Mmm.

    – Ooohhh… me matas… cómele el chocho a tu madre ¡¡ME CORRO!!

    – Mmm… que chocho tienes… ¡¡PUTA!!

    Mi hijo sin poder resistirlo más, se levantó y me empaló toda la polla, cogiéndome por la cintura.

    Se pegó a mí espalda, hundiendo su cara en mi alborotada melena, mientras olía mí pelo como un animal en celo.

    Bramó la lujuria y lascivia que sentía, de follarme como un animal, y ver lo puta y perra que yo soy.

    -Toma la polla de tu hijo ¡¡PEDAZO PUTA!!

    -Aaahhh… tienes la polla muy gorda… Aaahhh no tan fuerte…

    -Tienes el chocho chorreando… y muy caliente, como te chapotea mamá… ¡¡TOMA POLLA!!

    -Aaahhh… me la estás metiendo toda… ¡¡FOLLAME HIJO!!

    -Ooohhh mamá… que rico te follo… Ooohhh toma toda mi polla así…

    -Aaahhh… sí… Aaahhh… la noto en el fondo de mí coño…

    -Mmm mueve el chocho así de rico… ¡¡FOLLA PUTONA!!

    ¿Así quieres te folle PEDAZO GUARRA?

    -Aaahhh… Sí… Aaahhh ¡¡QUE POLLA!! Tu padre nunca me folló así… Me corro con la polla de mí hijo.

    -Ooohhh mamá… ¡¡QUE CHOCHO!! Me muerdes muy rico la polla… me corro en tu chocho…

    Mario me clavó toda la polla con un mete saca diabólico, teniéndome bien cogida por las caderas. Los dos nos movimos al unísono, sacudiendo yo la cabeza de un lado al otro, gritándole como si me matará.

    El sonido tan guarro y acuoso que producía su polla, al penetrar mí coño chorreando jugos, nos excitó como animales.

    El muy perverso aprovechó que me tenía toda sometida y entregada, para decirme cuál era su perversa idea para pervertirme más.

    ─¡¡OH!! Cómo te chapotea el chocho… ¡¡GUARRA!! Voy hacer le comas el chocho a la nueva puta, mientras te la clavo así de rico…TOMA POLLA… ¡¡PUTONAAA!!

    ─¡¡AY!!… se te ha puesto más gruesa… ¡¡AY!! Me vas a romper el chocho… ¡¡CHULO!! Quieres pervertir a tu madre… Mmm que rico me follas… ¡¡FOLLAME HIJO!!

    La polla se le puso más gruesa y dura al estar a punto de correrse, notando como me rozaba todo el coño en cada embestida…

    —Aaahhh… ¡¡Mario!!… no pares de follarme así… métemela toda cariño.

    —Ooohhh… ¡¡Mamá!! Que rico mueves el chocho… toma toda la polla…hasta los huevos… ¡¡como folla la Sra.!

    —Aaayyy… que dentro me la clavas… Aaayyy como me follas… ¡¡CABRÓN!!

    — Toda dentro, así… Que chocho tan sabroso y tragón… ¡¡PUTA VIUDA!!

    —Aaayyy… me la clavas toda golfo… Aaayyy lléname el chocho de leche, me corro hijo…

    —Ooohhh… que rico te la clavó… Ooohhh cómo mueves el chocho… toma la leche mamá.

    —Aaayyy… siento tu cipote como me lo clavas… se te ha puesto más gruesa… Aaayyy… lléname de lecheee.

    —Ooohhh… como mueves el chocho para que te la clave más… Ooohhh… toma la lecheee.

    —Aaayyy… me rompes el chocho hijo… cómo me la clavas… sí llénamelo de lecheee… Mmm ¡¡QUE POLLA!!

    —Ooohhh… cómo mueves el chocho mamá… cómo te lo follo… me sacas la lecheee… Mmm ¡¡QUE CHOCHO!!

    —Aaahhh… ¡¡ME CORROOO!!

    —Ooohhh… ¡¡ME CORROOO!!

    Igual que dos almas incestuosas y gemelas, Mario me dio las últimas embestidas, cogiéndome de mí larga melena.

    Sentí los últimos potentes chorros de esperma, mientras las lenguas se fundían en nuestra caliente saliva.

    Ésa misma noche publiqué el anuncio, que me había pedido por la tarde. El anuncio decía así:

    Señora viuda reciente con un hijo adolescente, de cuarenta y pocos años, encontrándome sola, abandonada, desconsolada. Busco Señora se encuentre en mismas circunstancias, para una sincera y franca amistad, consolarnos las dos, hacernos mutua compañía. Importante sea de la misma zona.

    Doy y pido seriedad y discreción.

    Un saludo

    Sra. Concetta

    Hasta pasados tres meses no recibimos ninguna respuesta.

    Era una mujer viuda desde hacía medio año. Era del sur de Italia. Venía al parecer de un entorno muy cerrado, próximo a Sicilia. Su difunto esposo había fallecido, después de una larga enfermedad, que se había prolongado durante más de tres años.

    Este hecho la había dejado según me explicaba en su correo, sin deseos por nada, sintiéndose acosada por la familia de su difunto esposo, mucho mayor que ella.

    Parece que la familia, la acusaba de haberse casado sólo por interés. No quiso darme más detalles, hasta que yo no la hubiera respondido.

    La respondí después de hablarlo con Mario, parece que la pobre lo había pasado realmente mal.

    Comencé con ella un intercambio de correos, durante varias semanas. Al parecer ella era de etnia gitana, por parte de su abuela materna. Su abuela al parecer se había enamorado de un gitano italiano.

    Según me explicó, tenía un físico algo exótico. Era dueña de una melena <leonina>, rubia dorada, y abundante.

    Hablando de cómo éramos las dos físicamente, parece que éramos de la misma altura. Según sus propias palabras, era mujer de «poca teta, pero gruesos pezones, oscuros cómo granos de café».

    Me hizo sonreír con ganas. Para acabar se describió como una «leona de piel canela».

    El mantener conmigo esta correspondencia, según ella la había devuelto el sentido del humor. Me decía no recordar el tiempo que hacía no sonreía con nadie.

    Me envió una fotografía reciente, de hacía sólo unos días. Se la veía sería, pero guapa, con cara de tener carácter, realmente tenía «cara de leona».

    Mi hijo nada más ver la foto, pensó lo mismo ─vaya leona, mamá.

    Me hizo sentirme algo celosa, pero sólo me duró unos segundos. Al percibirlo me susurró al oído «te quiero».

    Me miró profundamente a los ojos, dándome un bofetón intenso, que me giró la cara. Me conocía bien, el cabrón.

    Así sentada como estaba al portátil me ordenó -Sácame la polla…¡¡PERRA!!

    Me había excitado ver como mí hijo miraba a la «viuda gitana», y él lo vio rápido.

    Nada más sacarle la polla del pantalón de deporte, me lancé cómo una loba hambrienta, sin esperar a que me diera permiso.

    Gimió de verme así de excitada.

    ─Ooohhh… qué puta eres… Mmm sí lame toda la polla, saboréala bien… ¡¡GUARRA!!

    ─Mmmppp… Slurppp…

    Me tragué toda la polla hasta los huevos, después de ensalivarla toda. Provoqué que, se quejará de ver cómo se la comía, y el placer que le daba.

    ─Ooohhh… ¡¡MAMÁ!! Que rico te la comes… Mmm so cachonda.

    Me levantó, me hizo apoyarme en la silla dónde había estado sentada. Me escupió en el ano, e hizo que yo le escupiera en la gruesa cabeza de la polla.

    Me la clavó sin miramiento ninguno. Verme «violada» así por mí hijo, me sacó la perra viciosa y pervertida que soy.

    ─Uuufff… que rico te meto la polla… ¡¡PERRA!!

    ─Aaahhh… se te ha puesto muy gruesa… me la metes muy duro.

    ─Ooohhh… me la muerdes muy fuerte… tómala toda.

    ─Aaayyy… me la estás clavando toda… me rompes el culo hijo… Aaayyy.

    ─Uuufff… ¡¡QUE CULO!! Que rico te lo follo así… tómala todaaa…

    ─Aaayyy… que rico me la… metes todaaa… Aaayyy… sí.

    ─Uuufff… toma polla… como empujas el culo ¡¡PUTA!!…

    ─Aaahhh… rómpeme el culo… Aaayyy… me la clavas mucho así… ¡¡CABRÓN!! Me corro por el culooo…

    ─Ooohhh… sí cómo me la muerdes… Ooohhh… tóma polla y leche en tu culo tragón… ¡¡TOMA POLLA!!

    Mario al sentir que me corría, y como le mordí de fuerte su gruesa polla con los esfínteres, me la clavó cómo un animal.

    Me embistió con tanta fuerza, que sus huevos al chocar en mí coño, produjeron un sonido guarro y soez. Esto nos «embotó» los sentidos.

    En cada embestida que me dio, clavándome toda la polla, mi cabeza chocó contra el respaldo de la silla.

    Nunca antes me sentí tan caliente y excitada. Le grité como si me matará. Pidiéndole me la metiera más. Seguramente fruto de imaginármelo, chuleándose y follándose a la viuda gitana.

    ─Aaayyy… nunca me la has clavado así… Aaayyy… ¡¡QUE POLLA!!

    ─Uuufff… tómala hasta el fondo… de tu culo… así toda la polla…¡¡ QUE CULO!!

    ─Aaayyy… follamelo… dame tu polla más…

    ─Ooohhh… guarra toma polla… te follo rico el culo…

    ─Aaayyy… así ¡¡¡rómpeme el culo!!!… me corrooo nene…

    ─Ooohhh… ¡¡¡te lo rompo puta!!!

    ─Aaayyy… llénamelo de polla y leche…

    ─Ooohhh… toma polla y leche… ¡¡¡reputa!!!

    ─Aaahhh… me la clavas… todaaa. Acabamos pegados piel con piel… respirando al unísono, él recostado en mi espalda.

    Me besó con una ternura que me erizó toda la piel.

    Momentos como éste, me hacen estar segura que la relación con él es lo más importante en mi vida. A nadie hacemos daño, aunque el mundo jamás acepte hipócritamente que una madre y su hijo se amen, como lo haría cualquier pareja.

    Conociendo a la viuda gitana:

    Después del último correo, cogió confianza conmigo. Me dijo debía explicarme algo muy importante, en persona.

    Resultó estar prácticamente en el mismo pueblo que nosotros, cerca de Macra, un pueblo con apenas cien aldeanos.

    Al comentarle a mí hijo este detalle, tuvo una perversa idea, —activa el grabador de sonido, poco antes de llegar, nunca se sabe —me dijo él—cómo intuyendo algo.

    En real era más atractiva que en la foto. Me alegré por Mario, estuve segura le gustaría mí hijo sólo con verlo. Quizá resulte algo chocante, pero nos vimos en el campo santo.

    Ella aún iba con un discreto velo por respeto a su difunto esposo. Viniendo como venía del sur, no me extrañó en absoluto. Allá para estas cosas son muy estrictos.

    El velo negro contrastaba con su rubia melena, haciéndola más exótica y atractiva. Su piel parecía debía ser muy sedosa. Tenía unos muslos rotundos, bien torneados.

    Llevaba una chaqueta falda negra como la mía, pero más corta y entallada, dejaba buena parte de los muslos a la vista.

    Decidimos tomar un refresco, el único sitio que hay está próximo al campo santo.

    Al ser un pueblo tan pequeño y perdido, el campo santo es el lugar «más visitado» si se puede decir así.

    El señor del local es un abuelo ya cerca de los setenta años. Al reconocerme se despreocupó de nosotras. Esto hizo que Tana se confiara más conmigo.

    Tal como fue pasando el tiempo nos relajamos más la una con la otra. Dejé mí móvil encima de la mesa de mármol, ella no repuso nada.

    Acerqué mi silla a la suya, cogiéndole la mano, mirándola a sus oscuros ojos. Estaba falta de cariño, además de necesitar ser acariciada, se lo vi en su mirada.

    Estábamos sentadas en la parte de atrás del bareto, en el último rincón de Italia. Teníamos delante a la vista un paisaje montañoso increíble.

    Besé cariñosamente la mejilla de la viuda gitana, olía a hembra dulzona y caliente. Dejé mis labios unos instantes, ella me miró, en ese instante lamí su oreja y el cuello se dejó hacer.

    Movió el cuello inquieta, sin separarse lo más mínimo ─necesitas ser acariciada… cariño.

    Volví a chuparla la oreja, acariciando sus muslos por debajo de la minifalda. Ella gimió quedamente. ─Mmm…Concetta.

    Mientras acerqué mis labios a su boca, las palabras de mi hijo me vinieron a la mente ─Voy hacer le comas el chocho a la nueva puta ─ella se acercó a mí.

    Tiene unos labios carnosos, para ser besados. La besé tímidamente. Subí mi mano por sus muslos, hasta rozar las braguitas, algo húmedas.

    En ese instante separó los muslos la muy puta. A la vez me besó la boca con deseo. Le repasé todo el coño, muy velludo.

    Ella interrumpió el beso un instante diciéndome ─Concetta lo… m-maté…yo ─me dijo algo nerviosa y dubitativa.

    La miré incrédula sin saber a qué se refería. ─No sé qué quieres decir… Tana ─le dije.

    Ella sin separarse lo más mínimo me repitió ─He… he matado a mi esposo, ya no podía más. Si no quieres ser mí amiga lo entenderé, sólo te pido no me denuncies a la policía… ¡¡por favor Concetta!!

    He cuidado de mí esposo durante más de tres años. Lo hice sin importarme nada. El no salir nunca a la calle sola, sin la compañía de algún familiar. Nadie puede imaginarse el infierno que he pasado.

    Apoyé mis labios en su frente para tranquilizarla. Ella dejó escapar dos lágrimas susurrando mi nombre ─Concetta yo… ─ la interrumpí susurrándola en su carnosa boca.

    ─Ssshhh… no digas nada ─la besé dándole pequeños besos por toda la cara, sentí algo de lastima por ella. La besé de nuevo, en los labios, sin dejar de mirarla a los ojos.

    La viuda gitana se lanzó por mí boca, a la vez le metí los dedos entre las braguitas. Le repasé la abundante pelambrera, con mechones húmedos de sus jugos.

    Separó los muslos, enseñándome cómo tenía los muslos húmedos de jugos.

    Le metí un dedo dentro del coño, lo tenía sin follar, era mucho más estrecho y carnoso que el mío. Los labios eran carnosos y anchos, muy salidos. Parecían los pétalos de una flor de carne, que chocho tenía la viuda gitana…

    Se corrió cogiéndome la mano mientras le follaba el coño, con dos dedos, haciendo un chapoteo acuoso. Nos comimos las bocas cómo dos perras en celo. La reciente viuda se corrió a chorros…

    ─¡¡Ah!!… Mmm… nadie me ha tocado así… ¡¡Ah!! Me voy a correr… no pares… Mmm.

    ─ Córrete cariño… tienes el coño sin usar… eres muy estrecha… como me aprietas los dedos…

    ─Aaahhh… me sacas los jugos del chocho… ¡¡me corro!!

    Nada más componernos la acompañé hasta donde vivía. Según me explicó huyó sin un duro apenas, sólo tenía dinero para pagar el alquiler y comer.

    Intenté tranquilizarla, le dije que la iría a buscar el sábado, para que viniera a comer a casa. Así vería como es mi casa, y de paso conocería a Mario. La expliqué sin contarle los pormenores, que mi hijo me lo daba todo.

    Que gracias a su cariño y compañía, había llevado mejor la perdido de mí difunto esposo. Ella no sospechó que la quise decir, al explicarle que él me lo daba todo.

    Para tranquilizarla más, la dije que seguro Mario encontraría cómo ayudarla a salir adelante. La muy incauta no se imaginaba que, iba acabar haciendo de puta para el chulo y perverso de mi hijo.

    Eso o la cárcel, no tenía más salida. Si la familia de su esposo la encontraba, nadie la podría ayudar.

    Conociendo a Mario:

    El sábado por la mañana tal como me ordenó fui a buscar a Tana. Mi hijo al escuchar la grabación no podía creer la suerte que habíamos tenido.

    -A partir de hoy mamá, vamos a tener una puta para los dos. Pero ojo, ni se te ocurra tener celos de ella, ni tratarla mal. Quiero confíe en nosotros, que no dude la vamos a tratar bien. Aunque la quiera hacer mí nueva puta.

    No tengo claro que, sea consciente de lo difícil de su situación real.

    -Cariño ella debe ser realista, no tiene a nadie. Si la familia de su esposo la localiza, no tendrá que preocuparse ya de nada.

    -Eso es cierto, pero una cosa es que lo veamos nosotros. Otra muy distinta que lo vaya a ver ella.

    Salí de casa dejando a mí hijo algo preocupado. Al llegar a la casa de Tana, la encontré feliz con una sonrisa cómo un amanecer.

    -¡¡Hola Concetta!! -le devolví el saludo con mí mejor sonrisa- ¡¡Hola Tana!! Nunca había acariciado a una mujer. A Ella la había besado y acariciado, porque Mario así me lo había ordenado.

    Mientras se acababa de vestir la observé con un deseo desconocido para mí. Tenía un culo duro, con forma de manzana, respingón.

    Me acerqué pasándole la mano por las nalgas, agarrándole un instante el culo, comprobando lo duro que lo tenía.

    ─Has hecho ejercicio verdad ─le dije sin soltarle la nalga─ lo tienes cómo una piedra.

    La viuda gitana se me acercó, con la boca entreabierta, mirándome con deseo, chupándome la oreja. Sus pezones de un grosor increíble, como las puntas de unos dedos, se le clavaban en la blusa negra.

    ─El otro día… me hiciste despertar de un largo letargo… gracias Concetta.

    Me mordió y chupó la muy guarra, el cuello y la oreja, poniéndome más caliente de lo que quería reconocer.

    ─¡Cariño! ─gemí sorprendida por su atrevida caricia. Me metió la mano debajo de la falda, descubriendo que no llevaba braguitas.

    ─¡¡GUARRA!! Eres una puta caliente ─me susurró a la vez que me cogió el coño con toda la mano.

    Yo hice lo mismo, descubriendo tenía ya las braguitas húmedas… ─¡¡PUTONA!! Eres una viuda gitana muy caliente, con mucha hambre de polla─ la dije apartándole las braguitas.

    Le hurgué el coño sin prisa ninguna, separándole sus gruesos labios, metiéndole un dedo dentro, haciéndola gemir.

    ─Ah… Mmm que puta eres… me estás metiendo ya el dedo… Ah… deja mí chocho por favor.

    Ella me titiló el clítoris la muy guarra, haciendo me mojará rápido.

    Aceleré el mete saca de mí dedo, haciendo lo mismo que ella. Me arrancó un sollozo lascivo ─Ah… toca así mi pipa… viuda gitana… me haces correrme…

    Ella se corrió agarrándome la mano, gimiendo para que n dejará de meterle el dedo hasta el fondo de su estrecho y húmedo coño…

    ─Ah… Ah… sí méteme el dedo más… ¡¡ME CORRO!! Ah… así mí chocho… puta me haces correrme muy rápido…

    Mientras nos corríamos nos besamos cómo dos perras, con las lenguas fuera de las bocas.

    Yo decidí en aquél momento jugármelo todo a una sola carta…

    ─Tana… soy la puta de mí hijo… él me chulea y me hace que haga de puta para él ─la dije sin dejar de besarla.

    Ella me confesó que algo había intuido ─he estado pensando en lo que me dijiste ─admitió─ al decirme que «Mario me lo da todo» me has hecho darle mil vueltas a la cabeza.

    ─Te he cogido cariño viuda gitana. Aquí no hay dónde trabajar, me vi sola cómo tú, con un hijo adolescente, viuda, sin trabajo.

    ─Así que tu hijo te hace te prostituyas, y te acuestes con extraños por dinero, ¿es eso lo que haces?

    ─No, sólo me acuesto con él. -Tana me miró sin dar crédito a lo que oía.

    Se acercó más a mí susurrándome ─¡¡ PU…TA!! Tu hijo te chulea y te lo follas… pedazo guarra eres Concetta.

    ─Sólo me hace pajear a chicos y algún maduro, en un cine de barrio, en Génova. Sacamos más de tres mil limpios cada mes.

    Tana me miró alucinada ─¿Tanto se saca por pajear sólo a unos mocosos?

    ─Pajearlos y que te manoseen ─la dije mirando su reacción, a la vez que le cogí su carnoso coño con toda la mano.

    ─¡¡PUTA INCESTUOSA!! ─me dijo, besándome con una sonrisa en sus labios.

    Mientras íbamos para casa, le expliqué cómo mí hijo cuida de mí, sentándose siempre en la fila de atrás.

    Cuando lleguemos Mario estaba recién afeitado y duchado. Lo besé en la boca como solíamos besarnos siempre. Tana me miró incrédula, pero disimulando su sorpresa.

    No sé cuál de los dos se sorprendió más con el otro. Yo lo había intuido, quizá sea intuición dé madre.

    Tana miraba a mí hijo sin salir de su asombro ─no me habías dicho tenías un hijo tan guapo, mamá egoísta─ soltó así de golpe.

    Nos hizo reírnos con ganas ─Hahaha… cómo eres viuda gitana, tienes sangre gitana, se nota cariño… Hahaha.

    ─Hahaha… mamá tiene razón… no me has dicho lo guapa es tu nueva amiga ─perdón─ les dije a ambos. ─Tana este es Mario… mi hijo, seguro te va a caer genial. Mario esta es Tana, por lo que veo os vais a llevar muy bien, estoy segura.

    Mario se acercó a la viuda gitana, besándola en la mejilla, pero rozándola la comisura de los labios.

    Ella lo besó igual, mirándolo con cara de Leona. Ninguno le quitaba los ojos al otro.

    Tana es planita de tetas. Pero los pezones exageradamente gruesos y largos, se le clavaban descaradamente en la vaporosa blusa.

    Nada más acabar de comer tomamos café en el salón del televisor. Tania no cejaba de comerse a Mario.

    ─Hijo le he explicado a la viuda gitana todo… ─le dije sin apartar la mirada de los ojos de ella.

    La he cogido cariño Mario, no te preocupes porque ella no vaya aceptar hacer de puta. La viuda gitana, es más guarra y puta que tu madre.

    ─¡¡Qu-que puta eres… Concetta!! Gracias ─me dijo ella─ eso de que soy más puta que tú no es verdad, «mamá incestuosa».

    ─¡¡Será putona!! Después de explicarle todo, quería no te contará nada, para así tenerte engañado.

    Los ojos de Tana echaban fuego, me miraba como si quisiera matarme. Mario la habló muy serio.

    ─Escucha con atención viuda gitana… -le dijo hablándola tranquilo y pausado- Ella te ha cogido cariño, por eso me ha desobedecido, pero no pasa nada.

    Sí quieres hacer de puta creo podemos ser muy felices los tres. Imagino que mi madre, ya te habrá explicado cómo está el tema del trabajo por aquí.

    Tana lo escuchaba con toda la atención, sin apartar los ojos de él apenas, para mirarme a mí un instante.

    Él siguió explicándola qué opciones tenía.

    ─Tienes un físico bonito, que gusta a los hombres, eso tú ya lo sabes. Si caes en manos de alguna banda de proxenetas, no te van a tratar como nosotros ─Y sino quiero ser tu puta… ¿no queréis saber nada de mí verdad? ─lo interrumpió ella.

    Mario le dio un bofetón intenso, que la hizo girar toda la cara, mirando para atrás. Tiene arte para eso el muy chulo.

    La golpeó con intensidad, pero con los dedos cerrados, sin golpear ninguna parte de la cara.

    La viuda gitana tiene los pómulos salidos, pero sólo la golpeó la mejilla.

    ─¿Quién te ha dicho que puedes interrumpirme? ─¡¡JA!! No eres mi chu… ─antes de acabar la frase, la dio un nuevo bofetón.

    Más intenso que el anterior, ella quedó toda despeinada con la cara cubierta por su melena leonina.

    Me miró como me sonreía, por lo leona que se mostraba. Tenía la respiración agitada.

    ─Eres más caliente que mamá, lo sé viuda gitana ─la dijo él─ ¿es así mí perra? ─me preguntó.

    ─Sí tesoro, tiene el coño sin usar, parece virgen de lo estrecha que es. Tiene mucha hambre de polla…

    Mario se levantó y poniéndose a su lado la susurró ─nadie va a quererte y cuidarte como nosotros.

    La besó con dulzura, dejándole los labios en la comisura de la boca.

    Algo similar a una sonrisa se dibujó tenuemente en su rostro. Me miró con la mirada tranquila.

    Se la llevó a nuestra habitación. La habló de forma cariñosa, teniéndola abrazada. Las manos de Mario, la tenían sujeta de las nalgas.

    A cada instante, acariciaba con más deseo el culo de la viuda gitana. La hablaba entre susurros, besándola y chupándola el cuello y la oreja.

    La viuda tenía abrazado a Mario por los hombros, sin separarse de él.

    Viéndola más excitada y caliente, le metió las manos bajo la minifalda. Ella se quejaba a cada instante con menos convicción.

    —Mario… no puedo hacer esto… he enterrado a mi esposo hace poco, suéltame por favor…

    —Viuda gitana tu marido sé que nunca se ha ocupado de ti, no te ha dado lo que necesita una señora cómo tú… eres una señora muy caliente… necesitas ser acariciada…

    Nada más decirla esto, le apartó las braguitas repasándola la canaleta, acariciándola todo el coño.

    Al sentirse acariciada así Tana dejó escapar un sollozo, por lo excitada que la estaban poniendo las caricias de él.

    —Mmm… ¡Ah! No me toques así Mario… no puedo… me confundes… deja… me.

    La tocó el coño, hasta que la hurgó metiéndole un dedo. La viuda gitana se le abrazó más fuerte. Él la besó en la boca, poniéndola más caliente.

    Mi hijo le manoseó las nalgas con un desparpajo que la puso loca de excitación, atreviéndose el muy chulo a darle una nalgada. Ella gimió excitada, sin deshacer el morreo que mi hijo le daba…

    —Mmmppp… ¡¡Ah!!

    —Qué chocho tan carnoso tiene la señora, Uuufff… no dejas de soltar jugos…

    Mario le chupó y mordió el cuello sin parar, metiéndole el dedo hasta el fondo del coño. La reciente viuda se quejaba sin ninguna convicción, resistiéndose menos a cada momento. Viéndola me estaba recordando a mí misma la primera vez que Mario se atrevió a acariciarme.

    —No… no me hagas esto… Ah no puedo… no me acaricies así el chocho… ¡¡OH!!… me estás confundiendo golfo… me voy a correr… no puedo más…

    El aprovechado aceleró el mete saca de su dedo. Los jugos empaparon la espesa pelambrera, mojando los rotundos muslos. Se puso detrás de ella, manoseándola también las tetas. Amasó las menudas tetas, fuera de la blusa, loco de excitación, hablándola muy caliente, metiéndole otro dedo, follándola el coño de forma morbosa hasta hacerla correrse.

    —Uuufff… tienes el chocho chorreando jugos… so cachonda, qué chocho tan jugoso… córrete así viuda gitana… dame tus jugos… Mmm.

    —Aaahhh… Mmm nadie me ha tocado nunca así… toca mi chocho más… ¡¡CABRÓN!! ME CORROOO…

    —Que tetas tienes, viuda cachonda, que pezones tan ricos…como te chapotea el chocho ¡¡VIUDA PUTONA!! Sí córrete.

    El acuoso chapoteo nos puso locos de excitación a los tres. Yo desde mi escondite, estaba con dos dedos hurgándome el coño, estirándome los pezones cachonda pérdida.

    La viuda gitana tenía a mi hijo cogido de la nuca, atrayéndolo hacia ella, dándose los dos la lengua.

    Viéndola cachonda pérdida, se sacó la polla, haciendo se la agarrara. Cerró los dedos alrededor de la barra de carne, tironeándola de forma morbosa, quedando hipnotizada igual que me sucediera a mí, cómo sin creerse que siendo tan joven tuviera aquella polla.

    Nada más hacerla correrse la hizo sentar en sus muslos.

    ─AH… Mmm no me toques así… soy una pobre viuda, AH… Mmm te aprovechas de mí… ¡¡OH TU POLLA!!

    Mario le separó los muslos, para manosearla mejor, hurgándola todo el coño como quiso.

    ─Que chocho tan caliente y húmedo tienes… que rico te meto los dedos… OH…SÍ como me tironeas la polla viuda gitana… no pares… OH.

    Ella se abrazó al cuello de Mario, ocultando su rostro en su hombro, tironeándole la polla de forma morbosa, con deseo mal contenido, con su rostro sonrojado hasta las orejas, en una mezcla de vergüenza y excitación…

    ─AH… AH… Mario… nadie me ha tocado así el chocho… OH… me sacas los jugos sin parar… sí… sí… me corrooo…

    Nada más hacerla correrse de nuevo, <<y hacerme correrme a mí…>>; la hizo arrodillarse. En esa postura la cogió de su abundante melena, pasándole la gruesa polla por las mejillas, poniendo a la viuda gitana, excitada y ansiosa.

    Le dio varias veces con la polla en las mejillas, con intensidad, humillando a la viuda, de verse tratada así por un chico que podía ser bien, su hijo.

    ─Toma viuda cachonda…necesitas alguien como yo que te trate así, con mano dura… toma polla en tu cara de puta… Mmm, ¡¡Que buena estás joder!!

    ─¡¡AH!! Chulo no voy a ser tu puta jamás… podrías ser mi hijo… ¿Tú qué te has creído?

    Al oírla hablar así, Mario la hizo que se tragara toda la polla, como si le follara la boca. Teniéndola bien cogida del pelo, le provocó varias arcadas.

    —Mmmppp… Cof… Mmmppp… Cof… me ahogas bruto…

    —Eso te pasa por ser una viuda cachonda… ¡¡GUARRA!! Cómetela todaaa… Mmm que rico te follo la boca… SÍ.

    ─¿Tu hijo? Si fueras mi madre, habría hecho que mi padre durmiera en la calle todas las noches… para violarte y follarte… ¡¡So cachonda!!

    Al oírlo la viuda se excito más, tragándose toda la polla con más deseo. Intentó disimular haciéndose la ofendida, pero mi hijo no se dejó engañar

    ─Mmmppp… ¡¡PERVERTIDO!! ya sé te gustaría fuera tu madre para violarme… ¡¡CHULO!!

    Al verlos a los dos desde mi escondite, y sobre todo oírla a ella, me recordó la primera vez que le había comido la polla a mí hijo…

    ─¡¡OH!!… te la estás comiendo toda viuda gitana… MMM… no pares… Uuufff que boca tan caliente tienes sí… ¡¡OH!!

    ─Mmmppp… ¡¡QUE POLLA!! ¡¡CHULO!! Me estás confundiendo… no voy a ser tu puta…

    Mario le sacó la polla de la boca, dándole un bofetón que la hizo quedar recostada contra la cama, con la melena revuelta cómo una leona en medio de una pelea.

    Él puso en marcha mí móvil… ─He… he matado a mi esposo, ya no podía más… Nada más escucharlo la viuda se tiró contra Mario, intentando arañarle la cara ─¡¡CABRÓN!! Te mato ─rugió la leona.

    Cayeron ambos en la ancha cama, mordiéndole ella en el cuello, haciendo mi hijo lo mismo.

    Tras unos segundos así, Mario la puso encima de sus muslos, azotándola intensamente hasta ponerla las nalgas rojas, con varios moretones y cardenales.

    La viuda aulló, lloró, más que por el dolor, por la humillación creo yo, de verse tratada así.

    ─Ah… Ah… me haces daño… ¡¡hijo puta!! no me pegues más… Ah, me arde el culo… Ah…

    ─Si no quieres hacer de puta para mí, voy hacer que los carabinieri reciban la grabación. Me da lo mismo lo que te pase…

    Mi hijo descubrió como tenía de húmedo el coño la viuda, haciéndoselo saber ─tienes el chocho húmedo… necesitas te azote más… ¡¡PERRA!! ─ella se quejó por pura coquetería femenina al saberse descubierta.

    ─Ah… ¡no es… verdad! Ah… no me azotes más perverso…

    A pesar de sus palabras, la muy puta estirada cómo estaba, le agarró la polla manoseándosela toda.

    Mario le hurgó todo el coño, abriéndole mucho los labios, anchos cómo pétalos de carne, que tenía la guarra, acariciándola el clítoris a la vez, hasta que se corrió, mojándole de jugos los dedos.

    ─UF… ¡¡QUE CHOCHO!! Tienes los labios muy gruesos y salidos…

    ─¡¡Aaaggg!!… me haces correrme ya, Mmm…

    ─Tienes la pipa muy hinchada so cachonda… sí córrete…

    ─¡¡Aaaggg!! Estás abusando de mí… ¡¡ME CORRO… MMM!!

    ─¡¡OH!! No paras de tironearme la polla… sí córrete… tienes un chocho guarro y tragón…

    Nada más hacerla correr, Mario la hizo ponerse a cuatro patas en el borde de la cama. En esa postura la ató con las manos en la espalda.

    La viuda protesto muchísimo, ignorando él sus quejas, azotándola con un flogger.

    A cada golpe, la caliente viuda dejaba ir un sollozo, cargado de deseo mal contenido.

    Él la acarició las nalgas, cada pocos golpes, confortándola. El coño lo tenía más húmedo y abierto, de excitación animal. Mario la obligó a que le comiera la polla, hasta producirla varias arcadas, al no dejarla respirar apenas.

    ─Cómeme toda la polla sin prisa, saboréala bien… así Mmm pasa toda la lengua de arriba abajo… Mmm… ¡no pares!

    Ella lejos de negarse, la saboreó como si le fuera la vida en ello, es mucho mejor que yo, la muy perra…

    ─Slurppp… Mmm

    ¡¡Qué polla tienes…!! ¿Así lo hago bien so chulo?

    Mi hijo la respondió excitado cómo un animal, haciendo que le lamiera los huevos… ─¡¡OH!!… Sí que bien la lames toda, chupa los huevos puta, que se llenen bien de leche.

    La viuda le dio unos lametazos, que me hizo meterme los dedos en mí húmedo chocho.

    ─Slurppp… Mmm los tienes llenos de leche… que gordos y peludos son…

    Sin soportar más la excitación, mi hijo se agachó detrás de la gitana. Le comió todo el chocho, haciéndola correrse en pocos minutos.

    La viuda gitana sacudió la cabeza a un lado y otro como un animal salvaje. Empujó el coño contra la boca de Mario, para que no dejara de comérselo, hablándole soez, la muy guarra…

    ─¡¡QUÉ CHOCHO!! Que sabroso y dulce es…Mmm…

    ─¡¡AG!! ¡¡AG!! Nadie me ha comido así el chocho nunca… ¡¡AG!! Sí cómetelo más…

    Le abrió los anchos labios, encajándola toda la lengua en el fondo del coño, bebiéndose los jugos de la caliente viuda. Yo me metí dos dedos hasta el fondo de mí caliente coño.

    ─Que labios tan gruesos y guarros tienes viuda gitana… Slurppp… Mmm ¡¡Que jugos tienes!!

    ─¡¡AG!! Sí méteme toda la lengua en el chocho así… me matas de placer… Me Corrooo sí toma mis jugos… ¡¡CABRÓN!!

    Mario le atrapó el hinchado clítoris, entre la lengua y los dientes. La viuda gitana soltó un alarido. Le vino un «orgasmo asesino» haciéndola llenar la boca de él de jugos.

    A la misma vez la nalgueó duro, excitándola hasta la locura, hablándola cómo a su puta.

    ─¡¡Aaaggg!!… sí chupa mí pipa… ¡¡me corrooo sin parar!!…

    ─Sí córrete en mi boca… ¡¡puta!! ¡¡Que pipa tan sabrosa!!

    ─Toma mí pipa… me matas ¡¡chulo!!

    Sin perder un segundo Mario se levantó, sujetándola firme, tironeándola del pelo, le pintó todo el coño a la viuda gitana, como si su polla fuera una brocha de carne.

    Sólo meterle la gruesa cabeza, hizo que la recién viuda empapara de jugos la amoratada cabeza. A la vez se quejó de lo gruesa y dura que era.

    ─¡¡AY!! mmm… tienes la polla muy gruesa y dura…

    Sin hacer caso de sus protestas, Mario la besó y lamió el cuello y la oreja. La metió la mitad de la polla de una embestida. La habitación olía a chocho caliente y sexo.

    Él se quejó de lo estrecho y húmedo que es el chocho de la viuda ─¡¡OH!! Qué chocho tan estrecho y jugoso…

    ─¡¡AY!! No me la metas tanto… ─se quejó ella─ me llenas mucho el chocho…

    En ese instante, la cogió fuerte de las caderas, empalándola toda la polla, dejándosela toda dentro unos instantes, para que la viuda gitana la sintiera toda bien dentro. Ella comenzó a correrse sin dejar de gritar como si la matara.

    La muy guarra, comenzó a moverse al ritmo que le marcaba el chulo cabrón de él.

    ─Toma polla so cachonda… así todaaa. ¡¡Que chocho para mí polla!!

    ─¡¡Aaayyy!!… ¡¡qué polla!!…

    ─¡¡Ooohhh!!… ¡¡que chocho!!…muévelo que te lo folle bien rico así…

    ─¡¡Aaayyy!!… siento tu cipote en el fondo del chocho…

    ─¡¡Ooohhh!! que rico mueves el chocho para que te la clave toda… toma pollaaa… ¡¡puta viuda!!

    ─¡¡Aaayyy!!… nadie me ha follado así nunca… fóllame el chocho más… ¿Así quieres lo mueva… chulo?

    Sin poder resistirlo Mario le metió toda la polla en cada embestida, dándole un mete saca diabólico.

    La viuda gitana se corrió a chorros arrastrando con ella al chulo de él, arrastrándome a mí con ellos.

    ─¡¡Ooohhh!! Mueve el chocho así… que rico follas viuda gitana… toma polla ¡¡guarra!!… así todaaa…

    ─¡¡Aaayyy!!… ¡¡follame el chocho!!…

    ─¡¡Que chocho tan sabroso!! te lo follo así… ¡¡guarra cachonda!!

    ─¡¡Que polla me das!! me corro a chorrosss… ¡¡follame!!… ¡¡aaayyy!!

    ─Me corro contigooo ¡¡reputaaa!! te la clavo todaaa… ¡¡así!!

    ─¡¡Aaayyy!! me la das todaaa… sí llename de leche el chochooo…

    ─¡¡Que chocho tan tragón!!… toma la leche… ¡¡me corrooo!!

    Después de acabar de follarla, la acompañé a su casa. Por el camino no hablamos prácticamente nada.

    El chulo de mi hijo, la quería hacer sentir ansiosa, deseosa de volver a ser acariciada, follada como él la había follado.

    Durante todo el fin de semana, follamos con más deseo y ganas que nunca. Me nalgueó y azotó cómo ha una perra, a la vez que me arrancaba a lengüetazos los orgasmos.

    Hasta pasadas dos semanas no fuimos a buscar a la viuda gitana. Nada más avisarla, que pasábamos a buscarla para ir al cine a Génova, respondió excitada y nerviosa.

    —P-pero estoy sin arreglar —me dijo nerviosa— tranquila Tana —la respondí— ponte una minifalda cualquiera.

    Al llegar al cine estaba como de costumbre, con no más de ocho o diez personas.

    Al poco de sentarme llegó un cliente conocido. Detrás de mí estaban los dos.

    El chico me hizo casi correrme, manoseándome toda haciendo que lo pajeara con ganas. Nada más irse, ocupó su lugar un chico muy joven, pero atrevido, seguro no tenía aún los dieciocho años.

    Me susurró al oído:

    —Estás… muy buena… si… fueses… mi… mamá… me… volvería…  loco… ¿Te puedo comer el coño… porfa…?

    Miré hacia atrás un instante de reojo. La viuda gitana estaba saboreando la polla de mí hijo.

    Él la tenía con las tetas fuera, el chulo, hurgándole todo el coño.

    Tener a mi lado aquél chico que podía ser mi hijo, me excitó cómo una perra salida.

    La respuesta del chico fue inmediata. Se arrodilló entre mis muslos, lo cubrí con la chaqueta.

    Me comió el coño con algo de torpeza, pero tenía una lengua muy rica.

    El atrevido me sacó el culo fuera del asiento, para comérselo mejor. Me metió primero un dedo, luego dos, hasta comenzar a darme lengüetazos cómo un perro.

    El mocoso me hizo que le encajara todo el chocho en la boca. Cuándo supo atraparme mi excitado clítoris, le froté todo el chocho, cachonda pérdida, mientras le susurré muy sucio y soez, para excitarlo al máximo.

    —Chico sucio… chupa… así… mi… pipa… Aaahhh… Aaahhh…

    Miré atrás, la viuda estaba recostada encima de Mario, con los ojos en blanco.

    Tenía la polla de mí hijo clavada hasta los huevos, la muy puta… acompañaba con la mano cada embestida de la polla… gimiendo quedamente a cada mete saca…

    El chico se corrió mientras me comió el chocho. No sé ni las veces que aquel chico me hizo correrme.

    Los siguientes días la viuda gitana, se sentó a mi lado. Enseguida se hizo una buena clientela, debido a la cara de puta que tenía, y el cuerpazo que tiene.

    Después de varias semanas así, Mario ató a la viuda gitana a los postes, abierta de muslos, toda desnuda, salvo unos zuecos de madera, rojos, un viernes noche.

    La palmeó el coño, la escupió en la cara, dándole palmadas en los pezones, que no podían estar más duros y gruesos.

    Excitada le susurré a mi hijo —déjame que le coma las tetas a esa perra…—claro mamá hazlo— fue su respuesta.

    Amasé las tetas con deseo, eran pequeñas pero muy sensibles. La viuda gitana hacia cara de estar muy perra, la puta.

    Al retorcerle los pezones gimió—¡¡AH!!— Tenía el chocho con sus anchos labios abiertos, brillantes de jugos.

    Con la mirada le pedí permiso a Mario, para acariciar su mercancía. Tenía el coño soltando jugos… ¡la perra! Me metí los pezones en la boca, mientras le repasé la pipa, poniéndola cachonda pérdida.

    —¡¡AG!! Concetta… Mmm ¡¡CABRONA!!

    Chupé los gruesos pezones, a la vez que le titilé el excitado clítoris hasta llevarla al borde del orgasmo, dejando de acariciarla, negándole el orgasmo.

    La reacción de ella nos excitó a mi hijo y a mí, cómo a bestias…

    —Aaahhh… ¡¡Nnnooo…!! Mmm… no me dejes así… ¡¡PUTA!!

    Conociendo a mi hijo, sólo con mirarlo supe qué tenía que hacer.

    Me arrodillé entre los muslos de la viuda gitana. La fui lamiendo desde los dedos de los pies, con lametones cargados de VICIO y LUJURIA, así con mayúsculas.

    Mi lengua fue ascendiendo sin prisa ninguna, provocando que la guarra, moviera sus caderas, ansiosa porque la lengua llegará donde ella quería.

    Debajo de mí, estirado en el suelo entre mis muslos, Mario me lamía toda la canaleta, sacándome los jugos a lametazos, mientras me follaba el culo con un dedo.

    Separé con los pulgares, los anchos labios de la viuda gitana. Los lamí saboreando sin prisa los jugos que soltaba.

    Después de abrirle los labios a lametazos, la cogí de sus rotundas nalgas atrayéndola hacía mí.

    Le metí toda la lengua en el chocho, lamiéndola con vicio…

    A la vez la hurgué el ano, provocando se quejara, por la traicionera caricia.

    Le atrapé el hinchado clítoris, provocando me frotara de forma compulsiva, el coño contra mi boca, haciéndola que encadenara varios orgasmos, haciéndola aullar y bramar de placer.

    Mi hijo a la misma vez me metió dos dedos en mi culo tragón. Chupándome la pipa hasta que me corrí, sentada en su cara, frotándole todo el coño con vicio.

    Después de corrernos las dos, mi hijo la hizo ponerse a cuatro patas. Me hizo que le comiera el culo a la viuda, metiéndole la lengua en el culo.

    El muy chulo me folló el culo como un perro subido en mi grupa, mientras le comía el culo, titilándola el clítoris, hasta hacerla correr a chorros, cachonda perdida…

    A mi hijo por estar haciendo un trio tan morboso, con la viuda gitana y conmigo, se le puso la polla mucho más gruesa y dura, dándome un mete saca diabólico, rompiéndome el culo cómo a su puta…

    Debo reconocer que, me encantó comerle el coño a la viuda gitana. Eso me excito como a una GUARRA, así con mayúsculas.

    Apreté mi esfínter al máximo, mordiéndole muy duro la polla, sintiendo como me llenaba todo el culo, hasta sentir su grueso cipote en el estómago…

    Excitado cómo un animal mi hijo me ordenó

    ─Abre tus nalgas te rompa el culo bien…¡¡PERRA INCESTUOSA!!.

    ─¿Así quieres me las abra…? ¡¡OG!! QUE POLLA…

    Al ver cómo le abría las nalgas como una perra, Mario me la clavó toda, metiéndomela toda en cada embestida, cómo un perro… llenándome de leche…

    Me culeó como una bestia, cómo nunca lo había hecho antes. La presencia de la viuda gitana nos excitó como animales a los dos.

    Después de correrse cenamos algo los tres. Nos fuimos a nuestra alcoba.

    Se estiró en el centro de la cama, haciendo nos pusiéramos una a cada lado. Nos puso mirando hacia los pies de la cama.

    Teniéndonos así, nos acarició a ambas el chocho, y todo lo que quiso el chulo de él. Ordenándonos le comiéramos la polla, cada uno por un lado.

    Nos hurgó sin prisa ninguna, metiéndola a la viuda gitana la lengua en el culo, mientras le cogía el coño con toda la mano.

    Las lenguas lamieron la barra de carne, saboreándola con lujuria, degustando cada lametón…

    Mi hijo excitado como un animal. Ver a su madre con otra puta, lamiéndole las dos la polla…

    ─OOOHHH… Que bien la laméis… ¡¡PERRAS!! Seguid así…

    La gitana no pudo evitar exclamar ─Slurppp… ¡¡QUÉ POLLÓN…!! ─diciendo esto la muy puta, rozó mi lengua.

    Ambas lenguas rodearon la barra de carne, rozándose.

    Esto nos excito muchísimo a los tres. Mario levantó las caderas del colchón, empujando su polla contra nuestras lenguas, loco de excitación…

    ─OOOHHH… ¡¡PUTAS SOIS!!

    Las dos nos lanzamos por la gruesa cabeza de la polla. Rodeamos el cipote, a la vez que nuestras lenguas se tocaban.

    Él aceleró el mete saca de sus perversos dedos, haciéndonos correr a las dos.

    Mario incapaz de aguantar mucho más, se colocó detrás de la viuda gitana. La escupió en el ano…

    El muy chulo la ordenó ─ábrete las nalgas perra─ ella le pretextó, algo asustada─ es muy gruesa, no entrara─.

    La dio una fuerte nalgada, entonces ella apoyó la frente en el colchón, y se abrió ambas nalgas.

    Dispuesto a pervertirme más me ordenó ─mamá enfila mi cipote en el ano…─. Nada más apoyar la gruesa cabeza, presionó durante unos segundos, hasta que el culo cedió, tragándose la gruesa cabeza.

    El ano se veía un culo guarro, tragón, de un color marrón oscuro casi negro.

    La viuda gitana soltó un grito, ─¡¡AY…!!─ Más por la sorpresa que por el dolor. Mi hijo me demostró no tener límites en pervertir a la puta de su madre…

    ─Mamá ponte debajo de la viuda gitana, cómele el chocho. Qué sé te ha gustado mucho… ¡¡PERRA!!

    Sentí como un rubor violáceo me subía por las mejillas. Me atreví a decirle ─PERVERTID… Mmm─ antes de dejarme acabar de hablar, me besó dándome un morreo, esto hizo no le pretextara nada más, me conocía muy bien el cabrón.

    Después de esperar unos segundos, inició un lento mete saca, a la vez que nalgueaba intensamente a la viuda.

    ─¡¡AH…!! Es muy gruesa Mario… me vas a romper el culo…

    ─Empuja tú sola el culo, sin prisa, que te vaya entrando, ¡¡VIUDA CACHONDA!! Necesitas te folle este culo tan estrecho y guarro que tienes…

    Desde mi posición debajo de los dos, podía acariciar los huevos de mi hijo, así como darle lametazos en los huevos, cosa que no desaproveché…

    ─Tienes los huevos llenos aún de leche tesoro…

    ─Uuufff… ¡¡Mamá!! Eres más perra cada día.

    A la vez le di lametazos a la puta de la viuda gitana ─Slurppp…¡¡QUÉ PIPA…!!

    ─Mmm… ¡¡PERRA!!… no me comas así la pipa… ¡¡AG!!

    La viuda gitana empujó el culo la guarra, sintiendo como cada vez la barra de carne la llenaba más el culo, excitándola cómo no había imaginado.

    ─¡¡Aaayyy…!! Me llenas todo el culo de polla… sí.

    Mario la tironeó del pelo, nalgueándola, excitándola más de lo que ella quería reconocer, cachonda perdida, de verse follada así ─ufff… Qué culo tan estrecho y guarro tienes viuda gitana, empuja el culo que te entre toda… ¡¡PERRA CALIENTE!!

    La guarra obedeciendo a mi hijo, empujo hasta sentir los huevos rozarle el coño.

    ─¡¡Aaayyy!!… La siento en el fondo de mi culo… Follate mi culo así de rico… ¡¡CHULO!!

    ─OOOHHH… qué culo tan guarro y estrecho… SÍ TOMA POLLA… ¡¡VIUDA CACHONDA!!

    Se echó en la espalda de ella, besándola, chupándola la oreja y el cuello. Embistiéndola poco a poco profundamente. Sacando y metiendo toda la polla en cada embestida

    Ella se sintió excitada como nunca, lo había estado antes.

    La muy guarra, mostrándonos lo caliente y perra que es, levantó el culo, separándose ambas nalgas como una perra en celo, provocando al chulo de mi hijo…

    ─¡¡AAAYYY…!! Me estás clavando toda la polla ¿Así quieres me abra las nalgas? DAME MÁS POLLA ¡¡CABRÓN!!

    Deshaciendo la postura, me coloqué toda estirada debajo de la viuda gitana, cogiéndola del cuello. La besé dándole la lengua.

    Mario viéndola tan perra, se subió en la grupa de ella, como hizo conmigo, la primera vez que me rompió el culo.

    En esa postura, le clavó toda la polla hasta el fondo del culo, chocando sus huevos con fuerza, en el encharcado chocho de la viuda gitana.

    ─Ahora sí te voy a follar bien el culo

    La viuda gritó fuera de sí, corriéndose por el culo. A la vez que nos besábamos las dos, entrelazando nuestras lenguas, la estire los pezones con fuerza, volviéndola loca de placer, entre el hijo y la madre.

    Mario la rompió el culo, loco de excitación de follarse a una leona cómo ella. Se corrió con una fuerza increíble, llenándola el culo de leche.

    Se corrieron rugiendo cómo dos leones, embistiéndola como un bestia, sacando y metiendo toda la polla en cada embestida.

    Ella rugiendo, sacudiendo su leonina melena, en esos instantes los dejé disfrutar de su intimidad.

    Así de esta manera, mi hijo y yo hemos hecho más pervertida, nuestra singular relación. Espero os excite nuestro relato, y dejéis vuestros comentarios.

    Un saludo desde Italia, Ciao.

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  • El candidato

    El candidato

    Laura formaba parte de la delegación organizadora del congreso. Pertenecía al grupo joven del partido desde hacía tres años. Ahora a sus veinticinco recién cumplidos y con la carrera de derecho terminada estaba convencida de sus ideales políticos. El plato fuerte del fin de semana era la presencia del secretario general del partido en la comunidad.

    Rodolfo era el futuro candidato a las elecciones. El tipo tenía cuarenta y un años y una imagen muy del partido. De complexión fuerte y rasgos marcados no era tan atractivo como carismático dado su don de palabras. Entre los jóvenes gozaba de gran tirón. En parte debido a su edad y en parte debido a su discurso moderado dentro de un partido tan conservador. Sin salirse del guion marcado por la dirección sí mantenía una línea menos radical. Estaba separado y tenía un hijo de diez años.

    Desde el primer día Laura había ocupado una de las primeras filas del auditorio muy cerca del candidato y demás personajes importantes. A lo largo del fin de semana Rodolfo había requerido su presencia varias veces. El último día y en medio de una euforia generalizada, el hombre hizo subir a Laura al estrado donde alabó su buen hacer durante todo el fin de semana. La agarró por la cintura y la apretó contra él antes de plantarle dos besos y guiñarle un ojo. Ella le miró embobada con sus grandes ojos azules y su rubia melena suelta. Se estremeció y se ruborizó.

    Un mes después, Laura recibió una llamada de su padre a su oficina en una gran empresa de telecomunicaciones. Le comentaba que requerían su presencia en la sede del partido a petición del candidato. Ella se quedó fría y sin reacción.

    Cuando llegó a la sede, la secretaria de Rodolfo le estaba esperando. Laura se sintió muy nerviosa. Lidia, la secretaria, le dio la buena noticia. El candidato había pedido expresamente que Laura formara parte del equipo encargado de preparar las próximas elecciones. La chica se emocionó y abrazó a la secretaria.

    Durante los siguientes meses Rodolfo y su equipo trabajaron codo con codo preparando una campaña muy dura. La relación de amistad entre el candidato y la mujer fue estrechándose hasta terminar en relación de pareja, justo después de que se perdieran las elecciones por escaso margen.

    Siete años después de aquellas elecciones, la pareja vivía en una urbanización en La Moraleja. En un chalet de 250 metro cuadrados. El paso del tiempo había sentado de diferente manera a ambos. Mientras al candidato se le notaba el desgaste de la política, había engordado y las entradas en su frente pronto serían indisimulables, Laura era una guapa mujer de treinta y dos años. Con un buen cuerpo moldeado a base de ejercicio y una preciosa cara de piel blanca y suave donde destacaban sus ojos azules. El político se disponía a preparar otra campaña donde volvía a ser candidato, en cambio la mujer se había apartado de la política y vivía volcada en su trabajo.

    Hacía tiempo que echaba en falta algo de acción en su matrimonio y sobre todo ser madre. Lo habían intentado desde siempre ya que nunca tomaban precauciones a la hora de hacerlo pero ella empezaba a sospechar que a la edad de su marido sería muy difícil.

    Jose, el hijo de Rodolfo vivía con su madre pero los fines de semana se acercaba por la urbanización para estar con ellos. También porque en esta vivía su mejor amigo del instituto, Gabriel. Ambos tenían dieciocho años y estaban en el último curso antes de ir a la universidad. Un día Rodolfo anunció a su mujer que el domingo irían a ver el partido de baloncesto del equipo de Jose y Gabi en el instituto. La importancia del juego era vital ya que si ganaban jugarían un play-off en el pabellón de la comunidad con los juveniles de los grandes equipos de la ciudad.

    Llegado el domingo, en la grada de la pista del instituto estaban los padres de todos los jugadores. Incluidos ellos y los de Gabi que eran buenos amigos del candidato y su mujer. Tras unos segundos finales apasionantes se llegó a una jugada definitiva. Jose penetró por la zona y luego sacó el balón a Gabi que clavó un triple lateral sobre la bocina que les daba la victoria por un punto. El jolgorio en la grada y en la cancha era notable. Los jugadores se abrazaban mientras que los padres de los protagonistas lloraban de la emoción.

    Cuando los jugadores se retiraron al vestuario Rodolfo cogió de la mano a Laura y tiró de ella rápido. Se dirigieron por los vomitorios de la grada hacia el pasillo de los vestuarios. El suelo estaba todo mojado y ella temió resbalar con sus tacones. Se detuvieron frente a una doble puerta metálica enorme donde un “segurata” impedía el paso. Dentro se oían gritos de júbilo y vítores a los héroes del partido. Tras negociar con el hombre de seguridad y éste reconocer al candidato le dejó pasar. Abrió la puerta de par en par y se coló dentro, su mujer se quedó fuera esperando por respeto a los jugadores. Desde fuera miraba inocentemente al interior. En ese momento vio como Gabi el hijo de sus amigos salí de la ducha desnudo camino de la sala para secarse y vestirse. Lo que vio le dejo estupefacta. El chico andaba mirando al suelo con todo su cuerpo mojado. Un cuerpo que pese a estar sin formar como el de un adulto se le definía una buena musculatura. Pero sobre todo al andar se le balanceaba de un lado a otro un pene exageradamente grande. Ella abrió los ojos impresionada, luego miro al hombre de seguridad que se había dado cuenta de todo y se ruborizó desviando la mirada. De repente la puerta se cerró de golpe.

    Durante unos minutos que le parecieron eternos permanecieron en silencio los dos. Ella pensaba en la visión y en que podría pensar ese hombre. Cuado salió Rodolfo fueron a buscar a sus amigos que les esperaban en la calle. Estuvieron comentado fases del partido hasta que llegaron los jugadores. Hubo felicitaciones y saludos. Pero cuando Laura vio a Gabi ya nada era igual. Le besó pero sin poder dejar de pensar en cómo y qué le había visto. Le miró a los ojos y el beso fue más lascivo que cariñoso.

    Transcurrieron las semanas y el recuerdo de aquel chaval desnudo se había convertido en casi un obsesión. No le podía imaginar de ninguna otra manera que no fuera desnudo. La curiosidad de cómo sería aquel miembro en estado de excitación le empezaba a dominar al punto de tener fantasías sexuales con él mientras lo hacía con el candidato.

    Un día en el club de golf donde se reunía con algunas vecinas entre las que se encontraba la madre de Gabi, salió el tema de los estudios de los niños. La madre comentó que Gabi con el baloncesto había descuidado mucho el inglés y que si no aprobaba en septiembre tendría problemas. Laura casi de pasada comentó que ella hablaba perfectamente inglés. Su amiga le miró y le propuso la posibilidad de que le echara una mano. Ella disimulando el entusiasmo aceptó.

    Gabi, era un chico de casi metro noventa. No era muy guapo, pero si apuntaba a tener un buen cuerpo además de estar muy bien dotado. No le hacía mucha gracia el hecho de que fuera Laura la que le diese clases. Sí, estaba muy buena pero, joder era la madrastra de Jose.

    Durante la primera semana de estudios la relación fue bastante buena. Laura era una tía sencilla de muy buen carácter y Gabi era un chico con mucho sentido del humor que le hacía reír con sus cosas. La química fue inmediata entre ellos. En la segunda semana, Laura le recibía con ropa más informal sin la rectitud del principio y al empezar a hacer calor el chico también vestía menos ropas.

    Una mañana Laura se vistió con sus mallas y su top negro ajustado para ir a correr temprano alrededor de la urbanización antes de que llegara Gabi a las doce. Su marido estaba ya en plena campaña y no venía a comer. Se puso una gorra y sacó su melena rubia recogida en una cola a través de ella. Durante la carrera de cuarenta minutos no dejó de pensar en Gabi y su tremendo miembro. Esto, unido al tiempo que llevaba sin sexo debido a la campaña, la estaban poniendo “muy burra”. Decidió acortar el camino y volver rápido a casa.

    Se desnudó frente al espejo del baño. Se miró, tenía un cuerpo realmente precioso. Se cogió las tetas con las manos y se las acarició. Sus pezones se endurecieron. Siguió mirándose al espejo, una fina capa de vellos rubios cubría por completo su monte de Venus. Cerró los ojos y se metió en la ducha.

    El agua salía con fuerza. Era muy placentero notarla caer sobre la cabeza y la espalda. Con su melena mojada y echada hacia atrás se volvió a mirar. Pasó sus manos por sus pechos de nuevo mientras el potente chorro de agua golpeaba sobre ellos. Bajó su mano derecha y se palpó el coño. Tenía los rizos rubios mojados y la raja le ardía. Cerró los ojos y pensó en Gabi al tiempo que comenzaba a masturbarse. El agua caliente quemaba su piel mientras que sus dedos aceleraban el ritmo sobre su clítoris. Con la mano izquierda tomo la alcachofa de la ducha y la dirigió directamente hacia su vagina de manera que todo el caudal de agua que salía golpeaba directamente sobre su pipa. Sentía que se iba a correr. Le fallaban las piernas, se apoyó con la mano derecha en la pared y con la izquierda acercó más la ducha a su coño hasta que llegó al orgasmo pensando que era Gabi quién le producía semejante placer.

    Sobre las doce del mediodía llegó Gabi vestido con unas bermudas de baloncesto y una camiseta. Ella le recibió con un short muy pequeño y una camiseta muy amplia de Rodolfo. Se saludaron con un beso y Laura aprovechó para rozarle sus tetas. Gabi la miró extrañado. A lo largo de toda la clase la mujer se arrimó mucho al chico. Y se apoyaba con sus codos en la mesa de manera que dejaba ver por el amplio escote sus preciosos senos. Todo esto estaba provocando en Gabi una terrible erección. Una de las veces que se levantó para ir al buscar algo no pudo disimular el bulto de sus bermudas. La mujer se le quedó mirando: “Hijo de mi vida que, ¿qué tienes ahí?”.

    El chico sintió un poco de vergüenza pero antes de que pudiera decir nada Laura se había arrodillado ante él y le bajaba el pantalón. Ante ella se erguía una polla de proporciones descomunales. Gorda y dura como una barra de acero, con una cabeza en forma de bola roja, caliente. Sin pensarlo arrimó sus carnosos labios y comenzó a introducírsela hasta poco más de la mitad. Gabi permanecía de pie con las bermudas en los tobillos y acariciando la cabeza de su profesora mientras ella le pegaba una mamada que la firmaría una profesional. Tras unos minutos, Laura, tuvo que parar para descansar los músculos de la cara y seguir haciéndole una paja con la mano: “Joder, vaya pollón gastas, Gabi” a lo que él solo podía contestar con gemidos. Volvió a chuparle la polla buscando que el hijo de sus amigos se corriera. Esto sucedió de manera abundante y sin previo aviso con lo que parte del semen se esparcía por su boca, sus dientes y una buena cantidad cruzaba su cara.

    Tras limpiarse con la camiseta que tenía puesta se tumbó en el sofá esperando a su amante quién no se hizo esperar. Gabi se arrodilló entre sus piernas y le quitó el pequeño short negro que llevaba puesto y que marcaban tan bien sus labios vaginales. Se sorprendió al comprobar que no llevaba bragas y disfrutó unos segundos de la visión de su coño cubierto de rizos rubios. Laura abrió las piernas dejándole ver una hendidura rosada y abundantemente inundada de fluidos. Gabi procedió a un lento cunnilingus. Introduciendo la lengua muy despacio en aquella maravillosa raja caliente. Saboreando ese néctar dulzón que manaba de su interior a borbotones. Ella llegó a un escandaloso orgasmo al tiempo que presionaba la cabeza de su alumno contra su sexo. Quedó rendida sobre el sofá. Pero Gabi con sus vigorosos dieciocho años estaba otra vez listo para la batalla. Cosa que ella agradeció.

    El chico se puso sobre la mujer y le comenzó a comer los pezones. Con la mano fue acomodando su polla en la entrada del coño: “Con cuidado que la tienes muy grande.”. Despacio empezó a introducirla. Laura cerraba los ojos y gemía: “Aaahhh…” De un fuerte empujó se la calzó entera en aquel volcán hirviendo. La penetración se produjo sin esfuerzo debido a la abundante lubricación que la excitación le provocaba: “La tienes enorme, Gabi”, decía ella casi sin voz mientras él comenzaba un incesante movimiento de cadera sobre su amante. No le daba tregua y ella no la pedía. Abrazada a su cuello con los brazos y rodeando su cuerpo con sus piernas, recibía las terribles embestidas de su tremenda verga. Hasta volver a eyacular e inundar el interior de sus entrañas con su semen. Al sacársela restos de este cayeron sobre los rizos rubios. Mientras ella notaba como su vulva estaba totalmente abierta dado el tamaño de su invasor.

    Rodolfo esta vez ganó las elecciones y se convirtió en presidente autonómico. Tras el discurso de investidura fue felicitado doblemente por todos. Una por su estrenada presidencia y la otra por su futura paternidad. Ya que su mujer estaba embarazada… por fin…

  • Esclavo de ti mismo (C. 9): Entre sus brazos

    Esclavo de ti mismo (C. 9): Entre sus brazos

    Marcus succionó la boca de Sam, mientras el ojiazul profundamente hipnotizado deslizaba efusivo las manos sobre el cuerpo desnudo de su Amo. 

    La frescura del agua de la piscina contrastaba increíblemente con aquel acto tan sexual, aunque para Marcus resultó un verdadero deleite tener a ese macho escultural a su merced y nadar con él a la luz del atardecer.

    -Mi Amo… Ya está listo el almuerzo… Lo traje como lo ordenaste…

    Señaló Alfonso desde la orilla de la piscina.

    Marcus despegó la boca de su zombi y volteó a ver a su predilecto. Era cierto. Había ordenado al sonámbulo que preparara la comida, pues poseía dotes culinarios magníficos. Alfonso colocó tres charolas sobre la mesa de playa, a unos metros de la piscina y los platillos desde la distancia olieron sumamente suculentos.

    -Mi zombi, debemos parar por ahora. Los quiero fuertes, ya que su deber es complacerme y obedecerme. Ven, vamos a comer.

    Ordenó Marcus, mientras besaba y chupaba el húmedo cuello de Sam.

    -Ssi, mi Amo… Lo que quieras… De inmediato lo cumpliré…

    Contestó Sam, totalmente carente de cualquier emoción.

    Marcus se colocó de tal manera que quedó rodeado por los musculosos brazos de Sam y le ordenó caminar. Los dos atravesaron abrazados la piscina, hasta alcanzar la orilla, donde Alfonso con la cabeza caída hacia atrás, los ojos cerrados y sus brazos al frente, esperaba las indicaciones de su Amo.

    -Mi guapo zombi, levántame con tus brazos y colócame en los brazos de Alfonso. Mi esclavo sonámbulo, cárgame en cuanto Sam me deje en tus brazos.-

    Ordenó Marcus a los dos machos.

    -Ssi, mi Amo…

    Respondieron los dos al unísono.

    Sam ejecutó la orden cuidadosamente y sacó a Marcus del agua. Cuando Alfonso sintió el peso de su Amo, lo sujetó con firmeza y esperó nuevas instrucciones.

    -Llévame a la mesa mi sonámbulo y colócame en mi silla. Mi zombi, sal del agua y ven con nosotros.

    Señaló Marcus a sus esclavos.

    Alfonso obedeció y con enorme precaución bajó a Marcus y lo sentó en una amplia silla de metal. Después retomó nuevamente su posición de sonámbulo, a expectación de más indicaciones. Por su parte Sam acató el mandato de su dueño absoluto, salió de la piscina y con el agua que le escurría del escultural cuerpo caminó hasta quedar de pie junto a Alfonso, mientras clavaba la cabeza en el pecho, dejaba caer los brazos pesados a los costados y mantenía los ojos totalmente en blanco.

    Marcus sonrió alucinado por aquella depravada escena. Dos poderosos machos anteriormente heterosexuales, ahora vueltos gays, completamente desnudos, sin ningún control de sus mentes o cuerpos, uno sonámbulo y el otro hipnotizado, eran sin duda su mejor cacería.

    -Mi sonámbulo, besa a Sam con lujuria. Y tú mi zombi, responde al beso con la misma pasión. Después quiero que los dos se arrodillen y cada uno bese uno de mis pies, mientras dicen: “Sólo Marcus tiene poder sobre mí, sólo Marcus me puede ordenar”.

    Demandó Marcus, insaciable.

    Los dos acataron la orden sin protestar. Alfonso buscó la boca de Sam y lo obligó a agacharse, pues el ojiazul era cinco centímetros más alto. El zombi aceptó el dominio del sonámbulo y recibió aquel beso con deseo en su rostro. El castaño utilizó su lengua como un ariete, exploró ansioso la boca de Sam casi hasta la garganta, mientras chupaba sus labios. El zombi obedeció a Marcus y apretó a Alfonso contra su cuerpo, al tiempo que se frotaba contra él y correspondía ardiente ese beso, al mover con vigor los labios y tratar de atravesar con su lengua la boca del sonámbulo.

    Los dos finalizaron el beso y uno al lado del otro, se arrodillaron delante de Marcus, a la vez que cada uno tomaba un pie. Alfonso sujetó el pie derecho y Sam el izquierdo. -Sólo Marcus tiene poder sobre mí… Sólo Marcus me puede ordenar…

    Pronunciaron los dos esclavos a dúo con aquellas voces pausadas y guturales.

    Marcus soltó una carcajada repleta de gozo. -Bien mi sonámbulo, levántate, deja la charola de Sam en el piso. Mi zombi, vas a comer en el suelo, como el cuerpo sin voluntad que eres. Aún no acaba tu castigo. Tienes prohibido utilizar los cubiertos por hoy, sólo puedes usar las manos y tus dientes. Cómelo todo y mastícalo bien, mi zombi.

    Ordenó Marcus perverso.

    -Ssi, mi Amo… Cumpliré lo que quieras… Sólo existo para obedecer…

    Contestó el zombi.

    El sonámbulo bajó la charola de Sam al suelo y la colocó delante del ojiazul, quien no se inmutó, pues su dueño todavía no le había otorgado permiso para comenzar a comer.

    -Mi sonámbulo, ven y siéntate a mi lado. Vas a darme de comer en la boca y cuando yo esté satisfecho, entonces podrás comer. Mi zombi, puedes empezar ahora con tus alimentos. Cuando termines, quiero que levantes tu charola, la lleves a la cocina y regreses por las nuestras. Después vas a lavar los trastos y cubiertos, y dejarlos en la bandeja al lado de la tarja. Cuando acabes, quiero que subas a la segunda planta y nos esperes frente a la penúltima puerta del lado derecho, esa será tu alcoba mi zombi.-

    Indicó Marcus a sus esclavos.

    -Ssi, mi dueño… Cumpliré lo que quieras… Siempre obedeceré tus órdenes…

    Respondió el ojiazul.

    -Ssi, mi Amo, haré lo que digas… Sólo vivo para brindarte placer y nada más…

    Indicó simultáneamente el castaño.

    Marcus disfrutó ver a Sam comer como un perro. El ojiazul metió la boca en el Tasón de la sopa y con su lengua chupaba el contenido. Tomó la ensalada con las manos y colocó cada trozo en su boca. La carne, la cogió como el zombi sin voluntad que era, pues con los dientes la desgarró y la engulló.

    Mientras tanto, el sonámbulo tomó los cubiertos con algo de elegancia, aunque sin abandonar sus movimientos lánguidos y empezó a darle de comer lentamente, lleno de una devoción sin igual.

    Marcus contempló un segundo a uno, al siguiente al otro. Pensó en la noche de placer que les aguardaba, ya que esa noche decidió dormir con ambos. Deseaba continuar con el castigo de Sam y utilizar a Alfonso en la mejor parte, pero concluyó que lo más conveniente era descansar para estar fresco al otro día y llevar a cabo la próxima cacería. Por lo que se limitaría a dormir rodeado por los fuertes brazos y torsos desnudos de sus esclavos.

    Cuando estuvo satisfecho, ordenó al sonámbulo que se detuviera y le permitió comer. Se percató que Sam también había terminado e iniciaba a recoger su bandeja, por lo que modificó parte de sus instrucciones.

    -Voy a cambiar tus órdenes mi zombi. Cuando concluyas con el lavado de los trastos, quiero que tomes una ducha rápida. Hay un baño en tu futura habitación, te quiero perfectamente limpio, busca en uno de los estantes y aplícate loción en todo el cuerpo. Y después nos esperas desnudo sobre la cama de la alcoba del fondo, que es mi alcoba, la alcoba de tu Amo.

    Indicó Marcus al ojiazul.

    -Ssi, mi dueño… Cumpliré todo lo que quieras… Sólo soy un zombi sin voluntad… Un zombi que vive para obedecerte…

    Respondió Sam totalmente sumiso.

    El zombi se retiró a llevar su bandeja, aunque tras unos minutos volvió por las de Marcus y Alfonso. El sonámbulo ya había terminado y Sam recogió ambas charolas, presto totalmente a los deseos de su dueño.

    -Mi predilecto, como hoy tu papel fue enteramente digno de tu rango de esclavo capataz, quiero que seas tú quien escoja a la siguiente presa. ¿De tus seis amigos restantes a cuál de ellos debo esclavizar? ¿A Mauro Mendosa, Nicolás Palacios, Sergio Castelli, James Slater, Hércules Caetron o Nataku Llamada?, ¿cuál de los seis me brindará mayor placer?-

    Inquirió Marcus, mientras apoyaba su cabeza en el torso desnudo del sonámbulo y tomaba sus manos para que le acariciara.

    – El sonámbulo respondió primero a la orden muda de su Amo. Empezó a deslizar sus dedos a través del torso descubierto y contestó con aquella voz apagada que a Marcus le enloquecía tanto. -Mi Amo… Creo que cualquiera de ellos te complacerá… Todos son guapos y viriles… Fuertes y fogosos… Todos serán magníficos esclavos y te servirán bien… Pero considero que hércules y Sergio… Son la mejor elección… Debes esclavizarlos a los dos… El cuerpo fornido de Hércules será un manjar para mi Amo… Y Sergio está bien dotado en todos los aspectos, especialmente en el miembro… Será el esclavo con el miembro más grande dentro del harem… mi Amo… Además… ambos son los más fogosos… Mi Amo debe someterlos primero…

    Afirmó el castaño sin inflexión alguna.

    Marcus lo miró sorprendido por aquella respuesta, pues el sonambulismo era más poderoso de lo que creía. En verdad Alfonso disfrutaba aquel sueño, donde se había transformado en su esclavo capataz, en su predilecto. Se sintió complacido por ese nuevo descubrimiento y pensó en todas las posibilidades.

    -¿Disfrutarás cazarlos para mí?, ¿igual que como lo hiciste con Sam?, ¿disfrutarás cuando yo los doblegue y se unan al harem, mi predilecto?-

    Cuestionó Marcus con creciente lujuria.

    -Ssi, mi Amo… Yo disfrutaré cazarlos para ti… Disfrutaré esclavizarlos para complacerte… Eso te complace… Te brinda placer… Y yo soy un esclavo sonámbulo… Y sólo vivo para darte placer… Y nada más…

    Contestó el castaño con la voz enteramente perdida, aunque cargada con un ligero tono de felicidad.

    Marcus lo sujetó del rostro y lo besó intensamente. El sonámbulo recordó cada instrucción de su Amo y manifestó su conformidad de inmediato al beso, al usar su lengua y recorrer con deseo el cuerpo de su dueño. Para el sonámbulo complacer era la única misión y era feliz cuando su Amo gozaba de su cuerpo, así que transigiría cualquier cosa que le pidiera.

    Marcus rompió el beso y volvió a acurrucarse en el pecho de su esclavo. -Bien, entonces así será. Hércules y Sergio serán los siguientes. Hipnotizaré a ambos, aunque de forma distinta a Sam.

    Señaló Marcus malicioso.

    El sonámbulo continuó con las caricias, a la vez que Marcus colocaba sus manos sobre las piernas de Alfonso. -Ven, vamos a la recámara, deseo descansar. Fueron dos días muy exhaustos para mí. Deseo que Sam y tú me den un buen masaje y después dormiremos hasta mañana. Vamos.-

    Indicó Marcus a su esclavo, tras ponerse de pie.

    El castaño obedeció a su Amo y le siguió al interior de la casa. Caminó a su lado, enteramente subyugado, sin ningún tipo de resistencia y en su postura de sonámbulo. Al subir las escaleras Marcus observó a Sam salir de la habitación que le había asignado, aún con gotas de agua sobre su cuerpo, al tiempo que captó el penetrante aroma a jabón y loción.

    Marcus lo alcanzó justo en la puerta de su alcoba, le tomó del brazo y le hizo bajar el rostro para besarlo. -Mi zombi, me encanta la loción que usaste. Me vuelve loco tu piel. ¡Es tan viril, tersa e irresistible!-

    Dijo Marcus, sin dejar de besar el cuello de Sam.

    Alfonso llegó a su lado y en su posición de sonámbulo esperó las instrucciones de su Amo, a la vez que Sam se dejaba explorar y besar por Marcus.

    -Escúchenme los dos. Vamos a entrar a la recámara y quiero que ambos vayan al baño. Mi sonámbulo enséñale el armario a Sam. Tomen los aceites para masaje. Los espero en la cama, quiero sentir las maravillosas manos de los dos. Ambos me brindarán el mejor masaje de la historia.-

    Ordenó Marcus.

    Los dos esclavos asintieron y entraron a la alcoba detrás de su Amo. Cumplieron sus deseos y fueron en búsqueda de los aceites, mientras Marcus se dejaba caer cansado encima de la cama.

    Cerró sus ojos, pensó en el éxito de la primera parte de la cacería y comenzó a trazar en su mente la forma en que Hércules y Sergio serían esclavizados. Sonrió para sí, pues el método que acababa de elegir crearía un verdadero escenario de cacería.

    Marcus se sintió fortificado, al saber que aún quedaban seis machos de aquella manada, listos para ser doblegados, sobre todo ahora que su líder y el primer beta estaban en su poder. Había planeado con cuidado la captura de la manada y ansiaba el momento en que los seis hombres restantes fueran convertidos en esclavos. El plan que tenía para ellos era sólo el principio de más cacerías, de una orgía sin fin, de un éxtasis descomunal.

    Sintió las manos de sus esclavos tocar su cuerpo, mientras ambos se subieron a la cama, cada uno a un lado. El colchón Kinsey se hundió debido al peso de los tres, pero Marcus anhelaba aquel momento con expectación.

    -Mi sonámbulo, masajea mi cuello, torso y espalda. Mi zombi, tu las piernas y pies. Después quiero que intercambien lugares y cuando lo hagan tres veces, pongan los aceites sobre la mesa de noche y vengan a acostarse conmigo. Hoy dormiré con los dos. Quiero sentir el cuerpo desnudo de ambos. Y ustedes sentirán gran felicidad y deseo al complacerme y obedecerme.-

    Indicó Marcus con voz relajada.

    -Ssi mi Amo… Haré lo que digas… Vivo para complacerte…

    Respondió Alfonso.

    -Ssi mi Amo… Existo sólo para obedecer… Cumpliré cualquier cosa que quieras…

    Contestó Sam.

    Ambos hombres comenzaron a masajear el cuerpo de su dueño. Los dos le dieron la vuelta para atender la parte posterior de las piernas y la espalda. Marcus sintió aquellos magníficos pares de manos tratar con sensibilidad y adoración su cuerpo, mientras las respiraciones de sus esclavos cadenciosas y profundas se volvían más ávidas y agitadas.

    Marcus abrió los párpados cuando Sam y Alfonso volvieron a girarlo, esta vez para empezar con el masaje de su parte delantera. Observó al ojiazul con los ojos totalmente en blanco, aunque con una expresión de enorme júbilo al obedecer a su dueño. Miró el rostro de sonámbulo de Alfonso, lleno de éxtasis debido a la felicidad que experimentaba al complacerlo.

    -Mi sonámbulo besa mi torso, mientras masajeas y quiero que repitas que “eres un objeto de placer”. Mi zombi, besa y acaricia mis piernas. Y toca con tu lengua mi miembro, al tiempo que dices que “Eres mi zombi sin voluntad”.

    Ambos hombres acataron las instrucciones. -Soy un objeto de placer… soy un objeto de placer…- Dijo Alfonso entre cada beso al depilado torso de Marcus. -Soy un zombi sin voluntad… Soy un zombi sin voluntad… Soy un zombi sin voluntad…- Repitió Sam, al pasar la lengua sobre el miembro de Marcus.

    Dejó que los dos hicieran aquello durante unos diez minutos, antes de ordenarles nuevamente. -Delicioso, mis esclavos. ¡Tienen unas manos maravillosas! Y tus labios mi sonámbulo, Hmmm, cómo me excitan. Y tu lengua mi zombi, si continúas así, habrá una desmedida sesión de sexo.-

    Afirmó Marcus con voz entrecortada.

    -Pero no. Es suficiente. Dejen las cosas sobre la mesa de noche y vengan, métanse en la cama conmigo. Aunque me encantaría una nueva sesión de sexo con ambos, estoy muerto. Sólo deseo dormir entre sus cuerpos.-

    Indicó Marcus.

    Los dos esclavos se pusieron de pie y colocaron los frascos con aceites en la mesa que su Amo ordenó. Después Marcus se introdujo en las sábanas y Alfonso fue el primero en seguirlo, aunque Sam no se demoró y se acomodó del lado izquierdo de la cama.

    Marcus entrelazó las piernas con Alfonso y tiró de él para que quedara abrazado a su torso. Después reposó la cabeza sobre el pecho de Sam y cogió los brazos del ojiazul para que quedaran encima del costado del sonámbulo y alrededor de su propio cuerpo.

    -Quiero que duerman profundamente. Descansarán toda la noche. Si requieren atender sus necesidades físicas, podrán levantarse e ir al baño de modo normal, pero después quiero que regresen a esta posición y continúen con un sueño profundo. Reaccionarán únicamente cuando escuchen de mi voz sus palabras comando. Tu mi sonámbulo, cuando escuches “Kaligari”, volverás a tu sonambulismo. Y tu mi zombi, cuando escuches “Sicodélico”, regresarás a tu trance.-

    Indicó Marcus.

    -Haré lo que digas… Mi Amo… Soy un ´sonámbulo y un objeto para tu placer…

    Repitió Alfonso con voz pausada.

    -Sssi, mi dueño… Soy tu zombi sin voluntad… Obedeceré… Cumpliré cualquier cosa que quieras…

    Replicó Sam, completamente entregado a la voluntad de Marcus.

    Y así, resguardado por los cuerpos desnudos de aquellos dos machos, Marcus se entregó más relajado que nunca, a un esquicito sueño.

  • La casada decente, hasta que llegó su hora

    La casada decente, hasta que llegó su hora

    Sebastián tenía veinte años y era moreno, alto, de ojos azules, delgado y estaba cachas, pero era un vago, un sinvergüenza y un mujeriego incorregible. Su hermano Miguel era cuatro años mayor que él, más bajo, menos guapo y no estaba cachas. Siempre fuera su ejemplo a no seguir, o sea, era formal y responsable, tenía trabajo estable y estaba casado con Eva, una mujer de veinticuatro años.

    Sebastián se encaprichó de Eva la primera vez que la vio, y sus motivos tenía. Era una mujer muy alta, tenía larga melena pelirroja y rizada, grandes ojos azules, tetas gordas, cintura estrecha, caderas anchas y culo generoso. Intentó llevarla al huerto antes de casarse con su hermano, pero pinchó en hueso. Su hermano Miguel llevara a vivir con él a su casa nueva a Eva, a su suegra y a Sebastián y el cabronazo siguió en su empeño de follarla.

    Cierto día estaba Eva lavando los platos después de comer cuando fue Sebastián a llevarle su pocillo de café, poniéndolo en el fregadero y hablando en bajito para que no lo oyera ni su hermano Miguel ni Teresa, la madre de Eva, una cuarentona, morena, de estatura mediana, rellena y de muy bien ver que había enviudado dos años atrás y que era la decencia personificada, le dijo:

    -Qué culo más rico tienes, Eva.

    También en bajito, le dijo ella:

    -Un día le voy a decir a tu hermano que me acosas.

    -A cosas jugaba yo contigo.

    Después de soltar la primera tontería del día volvió a la sala junto a su hermano y Teresa… Así llevaba más de un mes, diciéndole tonterías. Eva, cómo no la tocaba, callaba, y Sebastián cada día se sentía más cómodo metiéndose con ella y esperando el momento de saltarle encima. Ese momento llegó un viernes por la mañana que Teresa se fuera al supermercado y Miguel se fuera a trabajar.

    Eva estaba en su habitación haciendo la cama, estaba inclinada metiendo la sábana debajo del colchón y Sebastián le puso la mano en el coño. Eva se dio la vuelta le metió una hostia con la mano abierta que se debió oír el chasquido en el pueblo de al lado. Tenía cara de loca, cuando le dijo:

    -¡Las manos quietas, desgraciado!

    Sebastián puso una mano en la mejilla dolorida, después saltó sobre ella cómo un tigre y ambos cayeron encima de la cama. Eva, revolviéndose, le dijo:

    -¡Quita!

    Sebastián no estaba por la labor de soltar a su presa.

    -¡Te voy a devorar!

    Le agarró los pulsos y quiso besarla, Eva girando la cabeza hacia los lados y revolviéndose debajo de él, le dijo:

    -¡Déjame, cabrón!

    -Acabarás por dejarte.

    El forcejear y la polla empalmada frotándose con su coño estaban poniendo a Eva cachonda. Se relajó un poco y Sebastián logró poner su boca en la de su cuñada, besarla, y después decirle:

    -Deja que pruebe tu coño.

    -¡Estás loco!

    -Loco por ver cómo te corres.

    Eva dejó de ofrecer resistencia.

    -Suéltame.

    -Deja que te lo coma.

    -No.

    -Solo olerlo por encima de las bragas.

    -No.

    Le dio un beso con lengua, largo, muy largo. Eva se dejó besar.

    -Solo olerlo, mujer, solo olerlo.

    Eva ya no dijo que no. Sebastián le soltó las muñecas, le levantó la falda, le olió el coño profundamente, y dijo:

    -¡Dios, qué maravilla!

    Le lamió la humedad que tenían las bragas.

    -¿Dejas que te haga correr con mi lengua?

    Eva no le respondió ni se movió. Solo se movería para levantar el culo cuando le quitó las bragas. La lengua de Sebastián se metió entre los labios vaginales hasta que se enterró en su vagina, después subió lamiendo y se posó en el clítoris, lo apretó y lamió de modo transversal y vertical, para luego volver a lamer de abajo a arriba más y más aprisa parando en mitad del recorrido para meter la lengua en la vagina y acabando cada viaje con los movimientos transversales y verticales sobre el clítoris. Eva aguantó los gemidos hasta que sintió que se corría, en ese momento su respiración se aceleró comenzó a temblar y le dijo:

    -¡Me voy a correr!

    Sebastián estaba deseando tragar la corrida de su cuñada.

    -¡Dámela, Eva, dámela!

    Lamió de abajo a arriba a toda pastilla y Eva se corrió diciendo:

    -¡¡Tomaaa!!

    Después de correrse y viendo a su cuñado con la polla en la mano dispuesto a penetrarla rompió a llorar. Al verla con las lágrimas en los ojos a Sebastián se le cortó el rollo, guardó la polla, y le dijo:

    -Lo siento.

    Eva limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano, se sentó en la cama.

    -Debí de informar a tu hermano de tus intenciones desde el principio, si lo hiciera esto no hubiese ocurrido.

    Sebastián estaba preocupado.

    -No le cuentes a Miguel lo que te acabo de hacer, por favor.

    -Si se lo cuento se rompe nuestro matrimonio. Sabría que me dejé.

    Esa noche Eva, por primera vez después de casada, tomó la iniciativa en la cama, le echó la mano a su marido a la polla, lo besó y cuando se le puso dura, le dijo:

    -Te voy a hacer una mamada que te voy a poner mirando para Cuenca.

    -Habla en bajo que te pueden oír mi hermano y tu madre.

    No la podían oír, ya la oyeran, puesto que las habitaciones de Teresa y de Sebastián estaban a ambos lados de la habitación de Eva. Teresa se había persignado y Sebastián había echado la mano a la polla. Miguel le dijo a Eva:

    -Nunca me habías hecho esto.

    -¿Te gusta?

    -Mucho.

    Al ser las paredes finas Sebastián y Teresa oían cómo mamaba. Algo más tarde oyeron cómo decía Eva:

    -¡Qué rica está esta leche!

    Teresa metió una mano dentro de las bragas y tocó con dos dedos su coño mojado, luego metió los dedos dentro y comenzó a masturbarse. Sebastián seguía meneando la polla. Habló Eva de nuevo.

    -Cómeme el coño, Miguel.

    -Yo no hago esas guarrerías.

    -Pues métemela que aún no se te bajó del todo.

    -Ya no me apetece follarte.

    -En ese caso te voy a follar yo.

    Miguel no reconocía su mujer.

    -¡¿Vas a subir encima de mí?!

    -Te voy a volver a empalmar y después te voy a follar hasta que me corra.

    Eva volvió a mamar y a masturbar la polla. Miguel le dijo:

    -Estás muy rara, Eva.

    -Raro eres tú, eres más raro que un perro verde.

    Al estar la polla dura Eva subió encima de su marido y lo folló sin prisa, pero sin pausa. Teresa y Sebastián sintieron los chirridos que hacían los muelles del somier y después los gemidos de Eva.

    Teresa se estaba dando dedo a mazo y magreaba las tetas. Sebastián ya tenía la palma de la mano mojada de aguadilla, lo que hacía que su polla se deslizase de arriba a abajo y de abajo a arriba simulando un coño. Oyeron cómo decía Eva:

    -Cómeme las tetas.

    Miguel le preguntó:

    -¿Qué haces?

    -Meterla en el culo. Come, coño.

    -Tú no eres mi Eva.

    -¡Qué comas!

    Teresa y Sebastián sintieron cómo Miguel mamaba y cómo Eva gemía mientras la polla entraba en su culo, y cómo Miguel le preguntaba:

    -¿Qué haces ahora?

    -Acariciar mi clítoris para correrme.

    -¿A acariciar tú qué?

    No le dio tiempo a contestar a la pregunta.

    -¡Me corro!

    A Teresa se le escapó un gemido y se corrió cómo una fuente, a Sebastián lo que se le escapó fue un chorro de leche que casi llega al techo y Miguel se corrió dentro del culo de Eva.

    A la mañana siguiente Teresa les puso el desayuno como de costumbre y hablaron entre ellos cómo si Eva no se comportara cómo una puta y como si ella y Sebastián no se corrieran cómo conejos. Al irse Miguel a trabajar y Teresa a comprar, Sebastián se encontró con su cuñada en medio del pasillo y le dijo:

    -Ayer me hice una paja sintiendo cómo follabas con mi hermano.

    -¡¿Estabas despierto?!

    -Sí, e imaginé que era yo el que estaba follando contigo. ¿Te pasé en algún momento por la cabeza?

    -Puede.

    Aquella respuesta merecía una reacción inmediata, y la tuvo. La empotró contra la pared, le metió la lengua en la boca y la besó con ganas atrasadas. Metió las manos debajo de su falda y le bajó las bragas, ella las apartó con los zapatos. La levantó en alto en peso y al tener la espalda apoyada en la pared se la clavó a tope. Le entró apretada, se veía que solo follara con su hermano y Sebastián la tenía más gorda. Con los brazos de su cuñada rodeando su cuerpo y comiéndole la boca le dio caña de la buena, pero al rato estaba cansado. Abrió la puerta de la habitación de Teresa, que estaba justo al lado de ellos, y después la echó sobre la cama, cama que aún estaba sin hacer. Allí le sacó la polla, le subió el vestido y le lamió el coño. Eva ya estaba tan cachonda que al ratito se corrió en su boca.

    Al acabar de correrse, le dijo:

    -¡Quita, quita, quita que puede volver mi madre!

    Mostrándole del empalme que tenía, le dijo:

    -¡¿Me vas a dejar así?!

    Se levantó de la cama, y le respondió:

    -Eso lo puedes bajar tú solo.

    ¡Qué remedio le quedaba más que pelarla! Pelándola estaba cuando se abrió la puerta de la habitación y apareció en ella Teresa. Al verlo, exclamó:

    -¡Sebastián!

    Imaginad la situación. Teresa con la mano en la boca, Sebastián tapando la polla con las dos manos y Eva que llega y poniendo cara de sorpresa, dice: «¡Hay que ver cómo está la juventud!». Sebastián no pudo hacer otra cosa más que salir corriendo de la habitación. La verdad era que a él, que era un sinvergüenza se le caía la cara de vergüenza. Teresa le preguntó a su hija:

    -¿Crees que estaría…?

    -Si mamá, sí, estaba pensando en ti, si no estuviera no se tocaría en tu cama.

    La mujer se persignó, y después exclamó:

    -¡Jesús!

    Sebastián se fue al bar y no volvió hasta bien entrada la noche. Entró sin hacer ruido y al pasar por delante de la habitación de Eva sintió los ronquidos de su hermano. Una hora más tarde, más o menos, se despertó con algo húmedo en la boca. El olor era inconfundible, era el de un coño. Tenía que ser el de su cuñada. Su hermano dormía y venía a que la hiciera correr de nuevo comiéndole el coño. Lamió y poco después el coño se ponía sobre su polla erecta y bajaba por el empapándolo de jugos. No le cupo duda de que era su cuñada, ya que en nada le bañó la polla con una tremenda corrida y porque al acabar se iba a ir dejándolo con las ganas de correrse. No dejó que se fuera, la agarró por la cintura y la folló a toda hostia hasta que se corrió, y llenándole el coño de leche se volvió a correr ella. Cuando la mujer se levantó de la cama para irse, oyó a su cuñada decir en la otra habitación:

    -Despierta, Miguel.

    -¿Qué quieres?

    -Tengo ganas de echar un polvo.

    -¡Déjame dormir!

    Sebastián vio la silueta de la mujer que lo follara saliendo de la habitación, y dijo:

    -¡Quién lo diría!

    Se oyó: «Chist», y la mujer desapareció.

    Quique.

  • En tiempos de cuarentena (Parte II)

    En tiempos de cuarentena (Parte II)

    Tenía ya tres semanas de que había pasado el encuentro con Yolani en su apartamento… cada vez que cogía con Leonor terminaba eyaculando con la imagen de Yolani sonriéndome descaradamente. Leonor es una chica dulce, cara redonda, ojos grandes, boca pequeña, mejillas rosadas, curvilínea. Me gustaba mucho su timidez natural, incluso aun en el sexo, ella se excitaba rápido y era fácil llevarla al orgasmo… mi verga pasaba por su sexo y queda húmedo rápidamente, no tardaba mucho en llegar al clímax con el simple roce de sus partes, incluso cuando acunaba sus pechos redondos, unos pezones rosados y tiernos, ella se arqueaba y su sexo era una fuente que se desataba rápidamente, pero que duraba poco.

    Eso nos pasaba, ya ella quedaba en estado extasiado y yo quedaba con más ganas, después de la tarde con Yolani, se había renovado algo de la pasión, pero ya pasadas estas semanas de encierro sanitario, habíamos caído nuevamente en este hueco de acomodarnos, hacerlo rápidamente y dormir.

    Tenía a Leonor sobre mí, sus pechos bailaban ante mis ojos, ella cabeza hacia atrás, sentada sobre mi miembro, casi enteramente dentro de ella, su calor mojaba todo, gemía conteniendo sus sonidos, por temor a que se escuchara en otros apartamentos, yo no alcance a eyacular, cuando ella llego al clímax y se recostó sobre mi pecho, luego se hizo a un lado, con lo que seguí masturbándome y cuando si llegue al clímax se lo lance al cuerpo, ella jadeaba con los ojos cerrados, le frote el cuerpo y le lleve dos dedos untados de semen a la boca, ella los chupo y rápidamente quedo dormida. Al despertar más tarde en la noche, ella me dijo que estaba escribiéndose con Yolani, dijo que ella se sentía sola últimamente, preguntaba si queríamos acompañarla el sábado a cenar en su apartamento.

    Leonor: tú quieres ir?

    Yo: pues está bien, hay que visitarla y hacerle compañía

    Leonor: no le vayas a hacer bromas porque tenga un dildo, se puede enojar

    Yo: está bien, no le preguntare si ese es del tamaño que le cabe en el coño o en el culo

    Leonor: no seas idiota! Para que te conté de eso!

    Me reí, porque días después de que había ido al apartamento de Yolani, a ella se le escapo lo del juguete sexual, cuando vi el empaque que estaba en unas cosas que se olvidó de tirar, me conto como la encontró una vez usándolo, porque entro al cuarto tras escuchar ruidos y darse cuenta que eran los gemidos de ella. Yo le hice broma diciéndole si ella lo había usado y se mostraba incomoda, porque la verdad es que Yolani se lo había puesto y hasta tuvo un orgasmo mientras la otra la masturbaba. Me di cuenta que no solo yo tenía algo que ocultar pasado con ella.

    Llegado el sábado en la noche salimos hacia casa de Yolani, llegamos a la hora y tocamos, al rato fue a abrir un joven, nos sorprendió pero nos dijo que pasáramos, que nos estaban esperando. Entramos y vimos en la sala, que sentados en el sofá estaba otro muchacho y ella, jugando videojuegos, cuando se dio cuenta de que estábamos ahí, se puso de pie y fue hacia nosotros.

    Yolani: Hola! Bienvenidos! Estamos jugando Guitar Hero, nunca lo había jugado, estos dos amigos son vecinos, me ayudaron a instalar algunas cosas y hoy los invite también a cenar! Así es más divertido!

    Algo tenía el tono en que lo dijo que me dejo pensativo, porque me lanzo una mirada muy directa, no sé si Leonor lo notaria… la vi a ella y no parecía haberlo notado, volví a ver a Yolani y le di un vistazo completo, andaba de licras ceñidas al cuerpo, tacones bajos, la misma blusa de tirantes de la última vez que estuve ahí. Nos quedamos conversando un rato, pasamos a la sala y los dos chicos estaban afanados en el juego. Yolani nos llevó hacia la cocineta, ahí nos dio a tomar algo, dijo que era una bebida especial que le habían enseñado a preparar, que era un secreto, nos dio risa el comentario, pero lo tomamos, la verdad me sabia como a jugo de naranja y manzana, nada sorprendente pero estaba bueno, muy dulce para mi gusto, pero a Leonor le gusto.

    Nos pusimos a jugar también, Yolani propuso el duelo… ella y uno de sus chicos contra Leonor y yo. En las primeras rondas perdimos, pero después le hallamos el ritmo, primero Leonor versus Yolani, luego yo versus Marco, después de un rato fue hombres versus mujeres… me sentía un poco eufórico, aunque el juego era entretenido, pero no para tanto.

    Luego el ultimo eran retos, cualquiera retaba a quien quisiera, quien ganara debería ofrecer un premio, nos pareció emocionante y aceptamos… las primeras rondas eran sencillas, los retos fueron castigos, cosas graciosas como ponerse de cabeza, tomarse shots de tequila, eso fue un error… hubo bailes muy provocativos de las chicas y poses sugerentes, no sé si Leonor noto las miradas que le lance a Yolani, pero creo que eran las mismas que los chicos tenían sobre ella y que habían aprovechado todo ocasión para tocarla o rozarle el cuerpo. Al final Pedro (el otro chico) retó a Leonor, está ya estaba bien prendida y acepto, el otro reto lanzado fue de Yolani hacia mi… acepte, y juramos cumplir solemnemente el resultado y el castigo que tocara. Leonor perdió y Yo gané… tocaba decidir cuáles eran las penitencias, Leonor había perdido varias veces así que acumulo penitencias, Leonor estaba bien suelta, no era la habitual tímida y poco aventada, dijo algo que no esperaba.

    Leonor: perdimos las mujeres así que… estamos a merced de los hombres. Que penitencias tiene para nosotros?

    Yo no estaba seguro a donde iba a terminar el juego, ya el efecto de alcohol y tequila me nublaba la mente, la situación se planteaba muy morbosa, me sorprendió cuando Yolani propuso algo interesante:

    Yolani: yo acepto los castigos que sean, pero propongo algo para hacerlo interesante… Ustedes me pondrán castigo a mí, para cumplírselo a él (o sea yo) y el, ya que ella es su novia, le pondrá el castigo que les va a cumplir a ustedes.

    Todos me quedaron mirando, Yolani tenía un brillo maquiavélico en la mirada, los chicos se relamían la boca y Leonor se miraba entre asustada y excitada, no sabría decir que más… esperaban a que yo accediera o dijera algo. Ese era el momento de retirarnos y salir sin riesgos. Pero, a veces se es débil para estas cosas…

    Yo: Ok. Entonces… Leonor, linda, tendrás 10 minutos obedeciendo todo lo que te pidan, sin negarse, sin quejarse… con una sonrisa.

    Vi brillar la mirada de todos cuando dije eso, la vi a ella solo asentir y sonreír nerviosamente, los chicos se relamieron de la oportunidad que tenían.

    Marcos: Pues… Yolani, tu… manoséalo por 10 minutos.

    Eso fue el detonante, tomaron de la mano a Leonor y se fueron hacia el sofá grande de la sala… Yolani vino hacia mí y me toco de la entrepierna, me empujo al sofá más pequeño y me senté, rápido me bajo la cremallera del pantalón y me vio con una sonrisa placentera.

    Yolani: yo no soy tuya, tú eres mío ahora…

    Y metió mano en mi bóxer y comenzó a frotarme. Vi hacia el otro lado de la sala, a Leonor le ordenaron que les bajara los pantalones y los pajeada, ella no dudo, rápido les bajo los pantalones y comenzó a tantearles la entrepierna aunque ahora si con cierta timidez. Yolani me froto y comenzó a hacerme un baile agitaba su cuerpo frente a mí, sus pechos se balanceaban con cierta libertad… tomo mis manos y la puso en sus pechos, los apreté y fue deslizando las manos mientras ella seguía contoneándose frente a mí, mire hacia el otro lado y ya Leonor les pasaba las manos metiéndola dentro de la ropa interior, ellos le acariciaban la espalda, las nalgas, esas nalgas redondas y bonitas, no podía ver su cara pero sabía que estaba ya roja de la excitación. Yo quería quitarle la ropa a Yolani, saborear nuevamente ese cuerpo moreno y tan flexible, sin darme cuenta pasaron 10 minutos y solo había aumentado mis ansias de cogérmela.

    Yolani: bueno, bueno, ya pasaron 10 minutos! La penitencia se cumplió…

    Ella aun apoyaba sus caderas contra mi entrepierna cuando hizo ese anuncio, al otro lado Leonor, en cuclillas tenia extendidas las manos masajeándoles las vergas, ellos ante el anuncio se mostraban contrariados, igual lo estaba yo.

    Yolani: ya acabo el tiempo, ya no se debe nada, pero… aquí lo que sigue será la voluntad de las damas! Que dices Leonor?

    Ahora el peso de la decisión cayo en ella, esta se levantó y acomodo la falda, que ya la tenía sobre las caderas y la blusa entreabierta y el pelo revuelto.

    Leonor: Yo quiero seguir!!!

    Al solo decir eso los chicos le rodearon y quedo en medio de ellos. Leonor quedo a merced de sus dos amigos, estos no tardaron en desnudarla por completo, ante la sumisa acción que esta tomó, tanto que se recostó en el pecho de uno, mientras deslizaban su falda y pantaleta hacia abajo y el otro aflojaba la blusa y le quitaba el top que aún tenía puesto, sus pecho redondos y claros quedaron a la luz, sus pezones rosados no tan tímidos, se alzaban resaltando su color. El que le bajo las prendas por las piernas, comenzó a frotarle la entrepierna desnuda, ella tímidamente poso una mano encima, pero rápidamente se la apartaron para comenzar a juguetear con su sexo; el otro apretó sus pechos y acerco la cara a un pezón dándole lengüetazos… Leonor estaba a la disposición que le hicieran, en su cara se notaba la excitación y le podrían hacer lo que quisieran.

    Me excito verla así, tanto que por un rato olvide quien estaba conmigo, pero, me lo hicieron recordar, porque al momento sus manos jalaron mi pantalón, la vi a los ojos y reconocí en ellos el mismo deseo que yo tenía, rápidamente la ayude a bajarme el pantalón y me apresure a quitarle su blusa, que tan descaradamente usaba sin sostén -debo decir que provoco tanto a los dos jóvenes, que le estaban dando una prodiga atención a Leonor-

    En cuanto le quite la blusa le di rápida atención a sus pechos, oscuros y altivos, deseaba mucho tenerlos en mi boca y morderlos, ella arqueo el cuerpo pegándose a mí, sentada a horcajadas, sus nalgas sobre mi entrepierna, siempre moviéndose rítmicamente, sus contoneos eras alucinantes, me arremolinaba el vello del pecho y le dio una mordida a un pezón, otra en mi pecho y luego en mi oreja, agarre sus nalgas y las apreté, deslizar las manos por su suave piel, que se sentía como la seda, era una delicia… me fui desabrochando el pantalón y ella termino de quitarme la camisa, se levantó y me ofreció sus pechos para chuparlos, era la gloria, pase mi mano entre sus nalgas para sentir como estaban de calientes y húmedas.

    Se levantó y separo de mí, poniéndose en pie, su vientre se contoneaba con su respiración aun agitada, se pasó la mano por la entrepierna aun húmeda y chorreante y se la llevo luego a la boca, se la paso por los labios cerrando los ojos… se dio vuelta dándome la espalda y dirigiéndose al espectáculo de Leonor, que estaba siendo montada por dos lados, tenía una verga entre las nalgas y otra entrándole hasta la garganta; miraba el caminar de Yolani, el triángulo estrecho entre sus piernas, su piel brillante, su cuello expuesto por su cabello corto, se acercó a Leonor y se inclinó sobre ella, le acaricio los pezones y el vientre… luego a los dos muchachos, a cada uno le dio un largo beso y la oportunidad de que le agarraran un pezón o una nalga, luego se inclinó frente al que taladraba el sexo de Leonor, le acaricio el pubis a ella y le agarro la nalga al otro, hizo que dejara de taladrarla y que sacara la verga, la tenía muy mojada y dura, Yolani la toco y le dio una chupada larga, luego le dio una gran lamida al coño de Leonor, que al terminar su cara escurría de jugos, lo dejo volver a su labor original, le dio una palmada en el rostro y una mordida en el pecho, luego hizo igual al que llenaba la boca de Leonor, lo aparto de su cometido sacándosela de la boca, para que aquella respirara, aquí procedió también a darle una larga lamida a su verga, le dio una limpieza completa, después comenzó a masturbarle con una mano, mientras acerco su boca a la de Leonor y le dio un largo e intenso beso, una chupada de boca, le compartió las lamidas que le había dado a los dos miembros que la tenían sometida, le dio una lamida por boca y cara, mientras seguía masturbando al joven.

    Yo contemplaba desde mi posición las nalgas de Yolani, inclinadas sobre el cuerpo de Leonor, los dos jóvenes no dejaban de tocar su espalda y agarrar sus nalgas, ella los mantenía al margen, uno trato de meterle los dedos por el culo pero ella lo hizo volver a Leonor… reí para mis adentros, mientras me masajeaba la verga, ella volvió hacia mí, se puso a gatas antes de envolver el miembro en su boca, sentí sus uñas en mis piernas, sus dedos agarrando y jalando de mis bolas, sus lengüetazos en el tallo y la punta, sus juegos circulares sobre el glande me electrizaban.

    Dejo de chupármela y se levantó, se recogió el cabello, su boca brillaba con la mezcla de sudor, jugos y saliva de su chupeteo, se acomodó sobre mi verga y se agarró a mis brazos, comenzó a contonearse y yo a bombearla.

    Yolani: Dale más Marco, ella quiere que llegues bien adentro! Dale!

    Yolani: Pedro! Llénale la boca, mírala, se lo quiere tragar

    Yolani: vamos nena, disfrútalo! Chúpale todo, muérdele la punta para que te de lechita… yo aquí tengo a tu hombre, quiero sentirme vos cuando te la mete toda!

    Así arengaba a los chavos a que le dieran con todo a Leonor, quien ahora movía más las caderas, se contoneaba y vi que con la mano agarraba las bolas al que se la chupaba y comenzaba a jalárselas, el otro le abría las nalgas con las manos para metérsela más… mientras Yolani se movía adelante y atrás, contorsionaba el cuerpo y yo pellizcaba sus pezones… me decía que los jalara más fuerte, que le diera duro con la verga…

    Leonor no podía hablar, de su boca solo salían jadeos y un sonido gutural, cuando el tipo se corrió en su boca, se hizo para atrás y un chorro cayo en la cara de ella, esta se relamió, el seguía jalándosela y ella termino de lamerle el palo, mientras el otro que la taladraba llego al punto y también se corrió… se inclinó sobre las nalgas de Leonor y siguió bombeando, esta lanzo un gemido seco y un largo suspiro, el tipo saco su miembro, tenía puesto un condón, se lo quito y se lo estiro hacia la cara a Leonor, esta se quedó un rato sin saber que hacer…

    Yo taladraba a Yolani viendo esa escena, cuando Leonor se quedó sin hacer nada, esta reacciono, se paró y mi verga salió de su cuerpo y le lanzo un regaño a la otra.

    Yolani: chúpalo perra! O lo chupo yo… tu! Tráemelo! Le dijo al que le pasaba por la cara el condón lleno de semen a la otra, esta tuvo una reacción que yo no esperé.

    Leonor: No, no! Es mío! Es mío! Esa leche es mía! Se giró para alcanzar el condón y lo exprimió sobre su cara.

    Se tendió sobre el sofá, aun jadeante, podía ver bien esos muslos carnosos y su pubis lleno de finos vellos rizados, empapados en sudor y jugos, su vientre subir y bajar, los pechos pequeños pero bien parados, sus pezones puntudos y rosados… los dos tipos seguían agitándose las vergas frente a ella, no se decidían actuar, fue cuando Yolani se levantó de mi verga y fue hacia Leonor, le dio un largo beso y chupada a sus pezones y jalo al que se la había estado cogiendo por el coño, le dio una buena lamida y masajeada en las bolas, antes de que lo acomodara sobre la cara de Leonor e hiciera que esta comenzara a chupársela; al principio las dos bocas lamian el miembro, luego dejo la función a Leonor.

    El otro tipo seguía viendo y jalándosela, trato otra vez de tocarle el culo a Yolani, pero esta le apretó las bolas, lo hizo apartarse, luego se puso de rodillas frente a él y le dio una chupada hasta dejarle limpia la verga, agarro un condón de la mesa cercana, lo abrió y se lo puso, luego tomo un lubricante y se lo froto a lo largo, le dio un buen masaje a que se le pusiera dura nuevamente, se acercó sin levantarse hacia las caderas de Leonor, a él lo llevo agarrado de la verga, luego comenzó a darle una chupada al coño de ella, haciendo que Leonor se estremeciera y acomodara las piernas para mayor acceso, siempre agarrando al tipo por el miembro, le dio una buena lamida y luego le aplico un lubricante, se lo puso con los dedos y luego una última lamida, antes de ponerse de pie y detrás del chico, guiándolo hacia el coño de Leonor…

    Cuando termino de acoplarlos a los tres, les dio unas mordidas en las nalgas y un beso agresivo a cada uno… vino nuevamente hacia mí, pero esta vez paso primero agarrando una botella de vino que seguía a un lado, se dio un gran sorbo, empino la botella, dejo que escurrieran unas gotas en su cara, se relamió los labios, hasta quitarse restos de sudor y semen de la boca, tomo otro sorbo y vino hacia mí, me dio un tremendo beso, lamida de cuello y mordidas en el pecho, luego volvió a chuparme la verga, se la trago toda en rápido movimiento y me jalaba las bolas, sus lengüetazos eran sensacionales, sus dedos jugando con mis bolas, cuando ya me sentía correrme le hice señas y ella siguió con más bríos, solté un chorro que le lleno la boca, empezó a escurrirle por los labios, pero eso no la detuvo, siguió chupándomela y relamiéndose todo lo que escurría llegando a mis bolas, se las metió en la boca, las disfruto con dicha, me dejo brillante la verga con sus atenciones.

    Se levantó a tomar otro sorbo de vino, un sorbo más largo esta vez, me ofreció un poco, en lo que tome la botella sentí como se sentaba otra vez sobre mí, me miraba a los ojos sonriente y con todo su apetito bien animado, mordí los pechos que me ofrecía, le metí mano por las nalgas, eran tan sabroso sentir el calor de su interior, mi verga llegando a lo profundo de su cuerpo y sus contorciones que aumentaban el placer, también me excitaba ver a mi novia siendo poseída por esos dos muchachos, nunca había visto ese goce tan desenfrenado de Leonor, quien siempre fue muy reticente a fantasías, hoy estaba siendo empalada por los dos lados, por extraños… sus nalgas preciosas hoy no me pertenecían.

  • Sometida por el bully de mi hijo (Cap. 4): Final

    Sometida por el bully de mi hijo (Cap. 4): Final

    Hice lo posible para ir a aquella casa, sin sentirme como me sentía últimamente: una cosa, un juguete, un mero divertimento para un pendejo de dieciocho años. Después de todo, unos años atrás era una prostituta ¿Qué diferencia había ahora, más allá de que no cobraba con dinero, sino que con el silencio de Robi? No tenía motivos para sentir que mi vida estaba a la deriva. Sin embargo, el sentimiento de angustia no se me iba del todo. Aunque me mintiese a mí misma, sabía que esto era diferente. Robi no era mi cliente, era mi amo. Con sólo decidirlo podría arruinarme la vida. Mi hijo no podría soportar saber que su madre era una puta; tampoco podría tolerar ver el video entregándome al viejo Pierini; y mucho menos aguantaría saber que uno de sus compañeros de escuela, el que siempre lo trató como un pelele me sometía sexualmente a su antojo.

    Hasta ahora sólo nos acostamos dos veces, es cierto, pero fueron dos encuentros muy intensos donde quedó en claro el poder que ejercía sobre mí. La primera vez me había encarado y me había poseído en mi propia casa, mientras mi hijo Leandro y sus otros compañeros habían ido a hacer unas compras; la segunda vez fue en un hotel, donde hice cosas que no hacía prácticamente por ningún hombre.

    Y ahora debía ir a la dirección que me había indicado. Me puse un vestido blanco con flores rosas, bastante largo. Me maquillé prolijamente, pero de una manera no muy llamativa. Esta vez no estaría tan lejos de casa, así que no quería que algún conocido me viese disfrazada de puta. No quería llevar mi auto, ni tampoco ir en taxi. En lo posible no quería testigos de que iba a entrar en la casa. Era la hora de la siesta, así que no habría mucha gente en la calle. Además, le había dicho a Robi que le avisaría apenas llegara a la casa, de manera que no tarde ni un segundo en hacerme entrar. Le supliqué que por favor no me exponga.

    Así que fui en colectivo. Sentí la mirada traviesa del colectivero, y también la de un hombre que se sentaba en el fondo. Me pregunté cómo actuarían si tuviesen en su poder la misma información que Robi. ¿Se aprovecharían como lo estaba haciendo él? ¿Me exigirían ser su esclava sexual? Sé que hay hombres buenos, pero también sé que muchos hombres se transforman en bestias cuando los domina la calentura.

    Cuando faltaban dos paradas para llegar, le mandé un mensaje a Robi, avisándole que estuviese atento. Bajé del colectivo, mirando a todas partes, y caminé apresurada la cuadra que faltaba. Se trataba de una vivienda grande que estaba justo en una esquina. Me preguntaba a quién pertenecía. No llegué a tocar el timbre, la puerta de la casa se abrió inmediatamente. Robi me hiso pasar. Cerró la puerta a sus espaldas. Me agarró de la cintura y me atrajo hacia él. Se había puesto un rico perfume. Su cuerpo musculoso era puro vigor. Quiso darme un beso en los labios, pero lo esquivé. Luego me agarró de la barbilla y me miró con sus perversos ojos verdes. No pronunció palabra, pero yo imaginé en qué estaba pensando. Con todas las cosas que íbamos a hacer en unos instantes ¿qué sentido tenía negarle un beso?

    Intentó de nuevo, y esta vez no me negué. Su aliento a tabaco y a menta inundó garganta, mientras su lengua se frotaba con la mía.

    Me acompañó hacia una especie de living. Se notaba que en la casa no vivía nadie. Estaba bastante descuidada y había pocos muebles. Además, parecía haber sido limpiada hacía poco. El olor a limpiador de piso todavía flotaba en el aire.

    -¿Querés tomar algo? Tengo cerveza -dijo Robi.

    -Un vaso de agua por favor -contesté.

    Robi fue a buscarlo, dejándome sola. En ese momento pensé que quizás debía irme. Quizás debía poner un punto final a esa demencial situación. Pero decidí tener paciencia. Sería suya una vez más, luego le daría vueltas cuando quisiese verme de nuevo, y para cuando terminasen las clases, arreglaría las cosas para empezar una nueva vida con mi hijo Leandro en San Luis. Ahí ya no volvería a ser la puta de nadie, ni me dejaría doblegar por ningún pendejo como Robi. Él ya no sabría de mí, no estaría a su alcance y sus amenazas ya no surtirían efecto. Debía ser paciente. Por esa tarde, debía ser su puta una vez más.

    Robi volvió y me entregó el vaso. Se sentó a mi lado. Si fuese una buena persona, y si no fuese compañero de clase de mi hijo, quizás omitiría la diferencia de edad y me permitiría tener una aventura con él. Era demasiado bello. La remera negra se ceñía a su cuerpo escultural; sus brazos tenían las venas marcadas, evidenciando la fuerza física que yo ya conocía; sus ojos eran hermosos, y su sonrisa perfecta. Pero había decidido ser un maldito, y ahí estábamos.

    Quería terminar cuanto antes con eso. Lo dejaría exhausto en el menor tiempo posible, y no tendría motivos para retenerme más tiempo. Me paré frente a él y me quité el vestido. Robi sonrió, contento porque yo tomaba la iniciativa.

    Y entonces sucedió lo impensado. Primero escuché ruidos de pasos. Luego murmullos. Finalmente la puerta se abrió.

    -Ah, es ella -dijo un joven que acababa de entrar.

    Eran cuatro. Todos muy jóvenes. Los miré uno a uno, intentando comprobar si alguno era también compañero de escuela de Robi y por ende, de mi hijo. Pero eran cuatro desconocidos, además, todos parecían ser mayores que el propio Robi, entre veinte y veintitrés años.

    -¿Qué es esto? ¿Quiénes son ellos? -Pregunté, asustada.

    -Son amigos, no te asustes. -Contestó Robi.

    Los cuatro me rodearon. Me sentí indefensa, estando en ropa interior, con cinco hombres ansiosos por poseerme.

    Sentí un dedo deslizarse por mi espalda, cosa que me generó escalofríos.

    -Tranquila hermosa, te vamos a tratar bien -dijo el hombre que me tocó. Era un muchacho de barba frondosa, musculoso, y con tatuajes en la espalda.

    Pensé en decirle a Robi que ese no era el trato, que no era quién para entregarme a sus amigos, que yo era una mujer, y debía respetarme. Pero las palabras se atragantaron en mi boca y no encontraron salida. ¿Qué podía esperar de un delincuente como él?

    -Está tan buena como prometiste -dijo otro hombre. Tenía rulos y era un poco gordo. Al decir esto se acercó a mí y pellizcó la nalga.

    Me alejé de él. Me cubrí los pechos con las manos, intentando, en vano, esconder mi desnudez.

    -Qué pasa Robi ¿No hablaste con ella? -Dijo un chico de gesto amable, aunque sus ojos no podían esconder su creciente lascivia.

    -Como vos quieras Clara -dijo Robi con mucha paciencia. -Si no querés, ahí tenés la puerta- dijo.

    Sus amigos no entendían qué significaba eso, pero yo sí: si me iba, me tenía que atener a las represalias.

    El chico amable se puso delante de mí y me miró a los ojos.

    -A mí me encantaría cogerte, pero necesito que me digas que está todo bien -dijo.

    Miré a Robi, quien ya empezaba a sonreír.

    -Está bien, hagan lo que vinieron a hacer. -contesté, resignada.

    Los cuatro se me fueron al humo. Sentí sus manos en todas partes. Sin siquiera darme cuenta, me habían quitado la ropa interior. Incluso el muchacho amable se había transformado en un animal sediento de sexo. Se fueron desnudando, mientras devoraban mi cuerpo, lamiéndolo y succionándolo por todas partes. Robi se unió a ellos.

    De repente, alguien me agarró de los hombros y empujó hacia abajo. Quedé de rodillas. Cinco falos totalmente erectos se arrimaron a mi rostro. Todos pretendían que me los meta a la boca. Empezaron frotarlos en mi cara, y algunos me hincaban. No me molesté en ver a quién pertenecía cada pene. Agarré el que estaba en la posición que me resultaría más cómoda, y empecé a chuparlo.

    Los demás estaban desesperados porque lo hiciera acabar y siguiera con ellos. Sentí sus dedos meterse en mi sexo y en mi ano. Alguien me agarró de la mano y me la llevó hasta su propio miembro. Entendí enseguida lo que pretendía. Empecé a masturbarlo mientras seguía succionando aquel falo desconocido. Luego otro imitó a su amigo y se apoderó de mi mano. El problema era que ya no me quedaba mano con la que manipular el pene que estaba chupando, así que fue muy difícil continuar haciéndolo. Aun así, me las ingenié para coordinar los movimientos y satisfacer a la mayor cantidad de personas posible. Mientras antes acabaran, mejor para mi.

    Una eyaculación alcanzó mi cara, y sin darme un respiro, ya tenía otra pija adentro de mi boca. Pensé que iba a poder hacer acabar a algunos de ellos sólo con mis manos, sin embargo tuve que chupar las cinco vergas, sin excepciones. Lo máximo que logré fue que dos de ellos acabaran en poco tiempo, sin embargo hubo otros dos que pudieron hacerme repetir felación.

    Es decir que descargaron su semen siete veces en mi rostro. Nunca antes había tenido tanta leche en mi cara, y seguramente nunca la volvería a tener. Quedé arrodillada ante ellos, con el líquido viscoso chorreándose lentamente por mi piel, cayendo en varios hilos hacia el piso.

    Alguien me entregó una toalla, con la que me limpié.

    Robi me agarró de la mano y me llevó a otra habitación. Se trataba de un cuarto con las paredes descascaradas. Había un colchón en el suelo. Nada de camas. Habría sido muy ilusa si creía que esos hombres tan jóvenes quedarían satisfecho con un pete, aun cuando les había regalado la imagen de mi cara bañada en el semen de todos ellos.

    Escuché que murmuraban entre ellos. Robi estaba en el medio de los otros cuatro, y asentía o negaba con la cabeza, con gesto de autoridad, cuando los otros se dirigían a él, aparentemente, esperando su autorización.

    -Ponete en cuatro trolita – Ordenó Robi.

    Me arrodillé sobre el colchón y luego me incliné, apoyando mis manos en él. Abrí las piernas. El chico que me había parecido amable me dio una fuerte nalgada. El gordito de rolos se sentó frente a mí, ofreciéndome su pene, y el hombre de tatuajes se hiso lugar e imitó a su amigo. Robi y un muchacho delgado de ojos saltones quedaron de espectadores.

    Entonces sentí cómo el que me había nalgueado arrimaba su verga en mi ano. Me asusté, no estaba muy dilatado. Pero no pude decir nada, porque alguien había empujado su falo hasta meterlo adentro de mi boca.

    Entonces, mientras uno me hacía el culo, yo me las arreglaba para satisfacer a los otros dos, quienes en todo momento pretendían que se la chupe. Tuve que hacerlo casi al mismo tiempo con ambos. Era una locura, y además, sumamente agotadora. Comprendí que en ese momento lo que más importaba era mi capacidad para tolerar el cansancio, así que seguí haciendo la tarea que me tocaba hacer ese día, sin chistar.

    Cuando descargaron su virilidad en mi cuerpo agotado, siguieron los otros que estaban de observadores. Aunque enseguida se sumó uno de los que habían estado en el primer turno. Así, hicieron distintas combinaciones con el único objetivo de cogerme de todas las maneras que podían imaginar.

    Una y otra vez se vinieron encima de mi cuerpo. Una y otra vez me penetraron por cada orificio que tenía. Si fuera por ellos, me harían uno nuevo para violarme por ahí también. El olor a sudor y sexo se tornó muy fuerte. Lo hombres disfrutaban de mi sometimiento, de mi humillación. Y pensar que algunos de ellos volverían con sus novias a decirles cosas lindas al oído.

    Al final, quedé completamente agotada, tirada desnuda en el colchón. Habré quedado desmayada por el cansancio durante unos minutos, porque no me di cuenta cuando se fueron los amigos de Robi. Sólo quedaba él en la casa.

    -¿Contento? -Le pregunté con ironía.

    Me agarró del cabello y acercó su rostro al mío.

    -Sí, estuviste muy bien -dijo.

    -Tengo que irme. En cualquier momento Leandro vuelve de la escuela – le dije. Aunque las palabras parecían una afirmación, mi voz sonó a súplica.

    -Ahí tenés el baño, date una ducha.

    Me duché rápidamente. Dejé a Robi en esa horrible casa, y me juré que esa sería la última vez que me tendría.

    Llegué a mi casa totalmente adolorida. Tuve que hacer un enorme esfuerzo para que no se note, al caminar, lo que sentía en mi esfínter anal después de haber sido sodomizada tantas veces. Leandro ya había llegado a casa, pero no había pasado mucho tiempo de eso, así que no se extrañó con mi ausencia. Habría pensado que salí de compras. De repente, no soporté más y me puse a llorar como una niña. Sin preguntar nada, Leandro me envolvió entre sus brazos y a decirme que todo iba a estar bien. Me sentí orgullosa de él. Por fin había madurado. Entonces aproveché para proponerle que nos fuéramos lejos.

    -Buenos Aires es un lugar horrible -dije entre llantos.

    Para mi sorpresa, convencerlo fue más fácil de lo que pensé.

    Las clases duraban dos semanas más. No podía sacarlo de la escuela antes de que se recibiera, así que aguanté como pude. Esquivé, con mucha dificultad, las órdenes de Robi de vernos otra vez. Se la hice larga, y le aseguré que pronto nos veríamos.

    Así que huimos hacia nuestra nueva vida, sólo diciéndoselo a las personas más cercanas. En San Luis es todo mejor. Más verde, menos prisas, más amabilidad. La gente es buena, aunque no son pocos los hombres que me comen con esa mirada que ya conozco. Esa mirada que no sólo está cargada de deseo, sino de la necesidad de doblegarme. A esos hombres los esquivo, porque sé que sería fácil caer en sus garras.

    Fin.