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  • Abigail: Mi experiencia con una chica de la universidad

    Abigail: Mi experiencia con una chica de la universidad

    Tenía 19 años, y me encontraba en el segundo semestre de mi carrera en la universidad.  Una de las mejores épocas de mi vida sin lugar a dudas, y por distintas razones, claro. Fue cuando descubrí la verdadera libertad, cuando comencé a salir por las noches con mis amigos a beber y tener la vida de adulto con la que sueñas siendo niño, fue cuando me topé con ella por primera vez, esa persona con la que viví una experiencia bastante interesante.

    Era invierno, estábamos en la primera semana de febrero y las clases recién comenzaban. Muchas de las amistades que hice el semestre anterior no aparecieron, me han dicho que es algo común en los primeros años de la carrera y que por eso mismo no debo formar ningún vínculo con nadie ya que es bastante probable que no vuelva a verlos. Los grupos se hicieron tan pequeños luego de esto que los directivos tomaron la decisión de mezclar los grupos y ponernos en un único salón.

    Entré a la primera clase, extrañado de ver tantos rostros nuevos como si fuese primer semestre una vez más y como de costumbre me apresuré a tomar el último asiento de la fila. Observaba mi teléfono mientras todos guardaban silencio y el profesor se dignaba a dar la clase cuando escuché que alguien movía la silla que estaba frente a mí, levanté la mirada para ver quién era me di cuenta que allí estaba ella, una chica de piel morena, cabello castaño, ojos color miel y un delicioso par de labios que tomaron la forma de una sonrisa cuando los vi.

    Tenía un cuerpo precioso también, unos pechos enormes cubiertos por un suéter negro de lana y que se menearon un poco cuando se quitó la mochila de los hombros para tomar asiento. Al sentarse no pude evitar voltear abajo a través del respaldo de la silla para mirar sus caderas, su discreto pero bello trasero y el lindo color rosado de la ropa interior que sobresalía de sus jeans de color negro. Su figura era bella, y la ropa tan ajustada que llevaba la hacía resaltar aún más.

    Era increíble cómo en cuestión de segundos luego de haberla visto, mi mente ya maquinaba una y otra fantasía con su cuerpo desnudo sobre mi cama (o la de ella, no me importaba). Su contextura física, su cintura, la forma en que sujetaba su cabello para atarlo con una liga, todos y cada uno de los detalles de su apariencia física y ademanes estaban haciendo mella en mí. Dio comienzo la clase y el profesor pasaba lista mientras yo prestaba más atención para escuchar cuando ella dijese «presente» e identificar su nombre que oír el mío para no perder mi asistencia.

    -Abigail Diaz. -exclamó el profesor.

    -¡Aquí! -respondió ella alzando su mano.

    Sin pensarlo un segundo más saqué mi teléfono del bolsillo y entré a Facebook para buscar su perfil. Lo encontré sin problemas ya que reconocí sus enormes pechos en un instante. Tenía el mismo suéter que usaba en este momento, por la luz del día y la forma de su cabello pude asumir que la fotografía era de esta misma mañana, seguramente antes de venir a la escuela. No veía a ningún hombre en sus fotografías así que asumí que estaba soltera. Debatí en mi cabeza durante unos momentos si era oportuno enviarle una solicitud de amistad. Había causado un impacto tan grande en mi cabeza que no podía esperar más a pesar de que a todas luces fuese una mala idea hacerlo tan pronto, ¿Qué iba a pensar de mí cuando se diera cuenta? De repente la burbuja en la que me encontraba reventó cuando el profesor levantó la voz:

    -Carlos Espejo, ¿se encuentra aquí? -Preguntó el profesor.

    -¡Sí!, aquí estoy, lo siento. -Respondí de forma nerviosa mientras guardaba mi teléfono en mi pantalón de forma discreta.

    Todos se rieron durante un momento, incluso ella, quien volteó hacia mí sonriendo de la misma forma en que lo hizo justo antes de sentarse, a la par que sus ojos dieron un vistazo rápido a mi cuello y mis hombros. Me quedé congelado sin saber qué hacer, ella sólo me miró por una fracción de segundo y regresó su mirada al frente. Estaba claro que quería follármela, no iba a dejar pasar esa oportunidad, no me importaba el costo ni el tiempo que me llevaría lograrlo.

    Cuando la clase avanzó el profesor nos dijo que formásemos dúos con la persona que estuviese más cerca de nosotros. Iba a tocar el hombro de Abigail para preguntarle si quería hacer equipo conmigo pero antes de poder alzar mi brazo ya estaba volteando su silla hacia mí. Me tomó por sorpresa tal iniciativa pero no había un sólo motivo para que yo me sintiera inconforme. La miré de frente y dejé salir mis primeras palabras:

    -Hola, ¿Quieres que hagamos equipo? -Dije ingenuamente.

    -Bueno, por algo he volteado mi silla hacia ti, ¿no lo crees? -Respondió ella riendo simpáticamente.

    -Sí, tienes razón, fue una pregunta tonta.

    -Vale, hay que trabajar, acabemos rápido para así poder ir a desayunar, ¿Te parece?

    -¡Claro! -Dije con emoción mientras le mostraba una sonrisa de nervios.

    El trabajo era sencillo, la típica excusa de un profesor que no se dio a la tarea de organizar su plan de clases con antelación. Me costaba un poco concentrarme teniéndola a ella frente a mí, procuraba no ver sus pechos pero era inevitable. Cuando se dio cuenta de lo que yo hacía no pareció importarle, por el contrario, usó la táctica de inclinarse hacia mí para mirar mis apuntes en vez de tomar mi libreta, dejándome ver con más detalle sus senos mientras su aroma se hacía presente.

    Ella tenía un olor espectacular, olía a lilas y grosellas, algo poco común pero que reconocí de inmediato. Todos volteaban a verla, era obvio ya que una persona con un atractivo tan importante como ese es imposible que pase desapercibido y en esa postura tan sugerente era obligación voltear a echar un vistazo. Al cabo de 15 minutos terminamos el ejercicio y con ello también la clase.

    -Hora de desayunar, ¿vienes o te quedas? -Dijo con soltura.

    -Voy, por supuesto. -Respondí sin pensarlo.

    Llegamos a la cafetería de la universidad y nos sentamos frente a frente en una mesa rectangular que tiene sillones a cada lado. Había desayunado antes de venir así que sólo pedí un café para calentarme mientras que ella degustaba su desayuno frente a mí sin ninguna pena. Me encantó eso, siempre me ha gustado que las personas disfruten su comida sin sentirse avergonzados de que los observen, y aunado a las otras cosas que la hacen tan atractiva esta chica era como un billete de lotería que sin lugar a dudas era el ganador, un paraíso que ansiaba visitar y descubrir.

    Allí estaba yo, en un estado de limerencia y con una enorme erección en los pantalones que ansiaba sosegar cuanto antes. Ella se levantó de la silla y se acercó a mi asiento mientras que yo tomé mi mochila para ponerla en mis piernas y ocultar lo que había debajo. Me preguntó mi nombre para poder encontrar mi perfil en Facebook y agregarme ya que había una tarea para el día de mañana y era en equipo al igual que el trabajo que hicimos antes de venir a la cafetería, estaba tan nervioso que en vez de decirle el nombre mi instinto fue sacar mi teléfono para entrar a mi perfil de Facebook para mostrárselo, pero cuando lo hice me di cuenta que aún seguía abierta la página donde estaba viendo el suyo. Me sentí avergonzado y como buen novato no supe qué hacer, ella tan sólo sonrío en silencio mientras yo trataba de cerrarlo sin que se diera cuenta pero antes de tener oportunidad ella presionó el botón de «Enviar solicitud de amistad» desde mi teléfono.

    -Eso fue rápido -Dijo ella.

    -Sí… -Respondí sin saber en qué pensar.

    Regresó a su asiento, tomó su mochila y al pasar junto a mí acarició mi cabello y me dijo «Nos vemos más tarde, compañero». La miré mientras se marchaba, su silueta desde atrás se miraba tan bien que sentía una mezcla de nervios y excitación que no había conocido nunca.

    Pasaron los días, seguí hablando con ella de vez en cuándo por Facebook, procurando conocerla mejor para saber de qué hablarle cuando estuviésemos frente a frente. Con el tiempo me di cuenta que sin importar cuán malo fuese mi tema de conversación ella lo aceptaba y buscaba cualquier excusa para continuar la charla. La siguiente semana vi que en la facultad harían un evento de bienvenida para las personas de nuevo ingreso y todos estábamos invitados. Pude ver también que ella asistiría porque vi su nombre en la lista de interesados. Inmediatamente le pregunté si asistiría y me dijo que sí, lancé la segunda interrogante para preguntarle si le gustaría que fuésemos juntos y ella aceptó sin ningún problema. Estaba seguro que algo bueno se avecinaba…

    Llegó el día del evento, era un viernes a las 9 pm y yo estaba con ella en el lugar mientras tomábamos una cerveza. Abigail llevaba un vestido rojo precioso con el cual podía ver perfectamente sus piernas y con un escote marcado que hacía ver sus pechos incluso más grandes de lo que ya eran. Había mucha gente como era de esperarse, la mayoría hombres de semestres más avanzados buscando alguna chica de nuevo ingreso con quién acostarse.

    Ella y yo platicábamos tan bien como siempre y el alcohol era un buen aliciente para acercarnos más el uno al otro. Entre tantas personas era natural que no hubiese tanto espacio y Abigail me tomaba la mano cada que caminaba rumbo a la barra para pedir otra bebida, yo la seguía desde atrás, abriéndonos paso entre la multitud. Cuando llegamos a la barra ella se inclinó hacia el frente para pedir una cerveza y mientras hacía esto, con sus piernas me acercó hacia su trasero, donde no tuve más opción que presionar mi pene contra ella.

    Mi erección fue inmediata y lo notó, mientras esperaba su bebida volteó hacia mí y esbozó una sonrisa muy coqueta y llena de deseo. Se encontraba en un estado de ebriedad no muy avanzado pero sí evidente y eso me excitaba aún más ya que al volverse hacia mí sentí el alcohol en su aliento mientras acercaba más su boca a la mía y me decía «Lo siento, olvidé pedir una cerveza para ti», yo tan sólo sonreí y le dije que no había problema.

    -Tendré que compensártelo, ¿no lo crees?

    -Quizás, ¿Qué tienes en mente? -Respondí en brevedad.

    -En mi casa hay más alcohol, ¿qué te parece si vamos allá? No me fascina la idea de estar entre tantas personas -Respondió mientras se acercaba más y más.

    Sin dudarlo acepté y tomamos un Taxi hacia su departamento. Vivía sola al parecer, en una zona bastante bien acomodada de la ciudad, un barrio tranquilo céntrico. Durante el trayecto ella no dejaba de tocarme y yo hacía lo mismo con ella, su piel era suave y la parte interior de sus piernas aún más. Podía sentir el calor de su cuerpo mientras me acercaba más a la parte que está debajo de su vestido.

    Nos bajamos del auto y entramos a su departamento, fue encendiendo las luces una por una mientras ella no me soltaba de la mano, comenzamos a besarnos, ella puso su pierna en medio de las mías, frotando suavemente mis testículos hasta sentir mi verga poniéndose cada vez más dura. Me llevó a su habitación donde encendí la luz y ella se sentó sobre la cama, me pidió de favor si podía traerle su teléfono que se había quedado en su bolso en el sofá de la sala, acepté y me dirigí hacia allá, tomé su teléfono mientras sentía que el efecto del alcohol se estaba terminando.

    Cuando llegué a su habitación estaba ella sin su vestido y con la ropa interior colgando de uno de sus pies, invitándome a ir hacia ella. Podía ver su vagina con la tenue luz del cuarto, tenía un par de labios deliciosos y un poco de vello púbico bien recortado. Sólo le quedaba su brassiere, el cuál sostenía sus enormes pechos que ansiaba lamer y morder. Me puse sobre ella mientras que su mano seguía tocando mi pene que estaba tan duro como una piedra, luego usó sus piernas para envolverme con ellas y presionarme contra su cuerpo, sentía su calor incluso a través de la ropa y a ella parecía encantarle. Comencé a bajar el cierre de mi pantalón con la idea de penetrarla pero ella me detuvo.

    -Aún no cariño -Dijo ella- primero quiero que me des una buena chupadita. Hazlo por mí, ¿Quieres?

    -Por supuesto, me encantará hacértelo.

    La tomé de la cadera y la posicioné al borde de la cama, abrí sus piernas y me puse de rodillas frente a ella. Comencé a besar la parte interior de sus piernas, acercándome poco a poco su vagina. Tenía un olor increíble y un sabor que me excitaba muchísimo. Fue delicioso escuchar su primer gemido una vez que mi lengua pasaba por sus genitales y usaba mis dedos para abrir gentilmente los pétalos que ocultaban su clítoris.

    Mi erección era tan fuerte que mi verga no hacía más que palpitar a través de mi pantalón una y otra vez, tocando el borde de la cama mientras se movía hacia arriba y hacia abajo sin parar. Comencé a succionar su clítoris con especial cuidado y a meter mi lengua dentro de ella de vez en vez, queriendo saciar mis ganas de probar todo su sabor. Era un espectáculo ver cómo se movía en la cama mientras yo la sujetaba fuertemente para no dejar que se escapase de mí.

    Luego de unos minutos de estar en medio de sus piernas su teléfono comenzó a sonar, ella no pensaba responder pero una vez que vio el remitente me dijo «Es Naomi, debo contestar, lo siento». Por instinto me detuve cuando comenzó la llamada, sin quitarme del lugar donde estaba, claro, pero ella inmediatamente me tomó del cabello y puso mi rostro contra su vagina nuevamente en señal de que no había razón para que me detuviera mientras ella ponía el altavoz.

    -Hola Naomi, ¿Cómo estás? -Respondió con una voz en estado de ebriedad y tratando de ocultar su excitación.

    -Estoy muy bien, eso creo -Dijo entre risas- Creo que bebí demasiado en la fiesta de bienvenida.

    -¿En verdad? Pues ya somos dos que bebieron bastante ahí, por eso hablo de esta manera -Respondió mientras me tomaba más fuerte del cabello.

    Yo no paraba de devorarla y a ella le costaba cada vez más el hablar sin soltar un gemido. Empecé a esforzarme más que antes para ver cuánto tiempo era capaz de aguantar sin que fuera tan evidente.

    -Me hubiera gustado verte en la fiesta -Dijo Naomi- Estar un rato solas para platicar.

    -Lo sé y lo siento, habría sido divertido, me fui temprano porque no me gusta estar entre tantas personas.

    -Sí, es verdad, además no te avisé que iría, así que no es culpa tuya -Respondió Naomi.

    Decidí que era momento de cambiar de posición así que la tomé de las piernas y la puse en 4 sobre el borde de la cama. Tenía una vista espectacular de su culo y mis manos no perdieron el tiempo para acariciarlo. Con mis pulgares abrí un poco sus labios vaginales para dejar expuesto lo rosado de su interior y con mi lengua continué estimulando su clítoris. Empecé a sentir que sus piernas temblaban mientras ella seguía hablando por teléfono.

    Al cabo de varios minutos ella se dio la vuelta y se levantó de la cama. Con una mano desabrochó mi pantalón sin soltar el teléfono y yo me quité la camisa, una vez hecho esto se puso de rodillas bajando mi bóxer y dejando expuesta mi verga. Fue muy excitante ver su expresión luego de vérmela por primera vez, sentí cómo su mano apretaba mi tronco y la humedad de su lengua acariciando mi glande. Seguía sosteniendo el teléfono con la otra mano mientras Naomi no paraba de hablar, diciendo que no podía esperar a ver a Abigail ya que siempre fueron buenas amigas desde la preparatoria.

    En este punto ella estaba comiéndose mi verga, intentando meterse cada uno de mis centímetros dentro de su boca y respondiendo con simples sonidos a lo que Naomi le decía. Era increíble ver cómo mi verga comenzaba a desaparecer dentro de ella y cómo sus ojos se iban volteando con cada pequeño empujón que yo le daba para ayudarle a meterla. Estoy seguro de que si no tuviera el teléfono en las manos estaría acariciando su clítoris.

    Empecé a follarme su boca una vez que llegó a su límite y no pudo meterla más, la tomé del cabello y como si fuera un agujero más la penetré, metiendo y sacando mi verga mientras procuraba ocultar mis gemidos. Naomi empezó a darse cuenta de los sonidos extraños y Abigail tan sólo le dijo que estaba muy borracha y que por eso no estaba actuando de forma coherente. Una vez que mi verga estaba completamente húmeda tomé a Abigail y puse su espalda en la cama, me puse sobre sus pechos y metí mi pene per debajo de la parte central de su brassiere para que me hiciera una rusa. Se veía increíble mi verga tan dura frotándose contra los pechos enormes que tiene mientras ella lo combinaba con más sexo oral.

    Luego de unos minutos sentí que era el momento de penetrarla, la traía tan dura que sentí que podía atravesar cualquier cosa. La recosté en la cama boca arriba, de misionero y empecé a frotar mi glande contra su clítoris mientras ella rogaba en silencio que la penetrara. Fue cuando estaba a punto de entrar en ella cuando Naomi cambió el tema de conversación.

    -Me gustas, Abigail -Dijo de repente.

    -¿De qué hablas? -Respondió completamente excitada, mientras que mi miembro se abría paso en ella.

    -Lo sé, no fue buena idea decirlo en este momento, pero estando ebria es cuando tengo el valor de hablar con la verdad.

    -No, no te preocupes, sigue hablando, te escucho.

    -Bueno, es que no tengo mucho más que decirte, no espero que me correspondas, sólo quería decírtelo -Dijo Naomi mientras yo comenzaba a martillar a Abigail con mi pene-

    Tomé de la parte trasera de las piernas a Abigail y empecé a penetrarla tan duro que la cama comenzó a rechinar. Era imposible para ella mantener una conversación en ese momento así que de la forma en la que pudo le dijo a Naomi que le gustaría continuar con esa conversación por la mañana siguiente de ser posible, a lo que ella respondió que estaba bien. Tan sólo le dijo «buenas noches» y soltó el teléfono que acabó cayendo al piso en la alfombra. Al fin había terminado la llamada, ya no había que ocultar los gemidos de placer y al escuchar la voz de Abigail pedirme que la penetrara comenzaba a ponerme incluso más duro que antes.

    Era genial la posición en la que me la estaba follando, ella recostada hacia arriba con sus piernas al aire y sus tetas saliéndose poco a poco del brassiere por la fuerza de mis embestidas. Después de un momento ella me dijo que tenía una fantasía que quería cumplir y yo le dije que me la contara. Me pidió que le diera una cachetada, que no me limitara a dar una sencilla que apenas y se sintiese, sino una que realmente doliera. Me sentí un poco apenado pero claramente le dije que sí pues también me excitaba hacerlo, así que la besé y acto seguido le di una bofetada, ella se rio y me dijo «gracias», e inmediatamente me devolvió una igual de fuerte.

    No me lo esperaba pero sin dudas fue muy excitante. Seguí dándole varias más mientras ella me decía «¿Eso es todo lo que tienes?». Ella decidió cambiar de posición, se puso en cuatro y me dijo «Quiero que me penetres muy duro mientras te sujetas de mi culito». No lo pensé dos veces y comencé a hacerlo, tan fuerte que sus tetas terminaron de salirse del sostén y acabé por quitárselo. Al lateral de su cama había un espejo y podía ver perfectamente su rostro de excitación con cada metida y la forma en que sus tetas se movían.

    Ella quiso tomar el control y se puso sobre mí, comenzó a cabalgarme mientras puso sus tetas en mi cara y yo comencé a chupar sus pezones, eran enormes, de color café con rosado y sabían delicioso. No paraba de frotarlas contra mi rostro hasta que le dije que no podía aguantar más, mi verga palpitaba tan fuerte que con cada espasmo ella se movía como si estuviera recibiendo una descarga eléctrica. «Vamos a venirnos juntos, dijo ella», puso sus dos manos en mi cuello mientras me cabalgaba con más fuerza, moviendo su delicioso cuerpo hacia delante y hacía atrás.

    Comencé a venirme tan fuerte que no pude evitar gritar y ella tampoco, mientras que empecé a rellenarla con mi semen hasta lo más profundo de su ser. Una vez habiendo acabado ella no hizo más que levantarse y lamer el semen que escurría de mi miembro hasta dejarlo completamente limpio.

    Fue una noche espectacular, me quedé con ella en su apartamento hasta la mañana siguiente y regresé a casa antes del mediodía. Pasaron los días y jamás fuimos pareja pero de vez en cuando nos vemos para pasar la noche juntos otra vez. Todos en la facultad la observan y a desean pero pocos han tenido la suerte de descubrir las maravillas que su cuerpo tiene para ofrecer…

  • Era el novio del dueño

    Era el novio del dueño

    Hace un tiempo, había comenzado a frecuentar un lugar muy conocido en Mendoza, que no puedo precisar justamente por esa razón, y lo hice en varias oportunidades.  Conocí a su dueño y a un chico que trabajaba allí. Desde el principio me gustó mucho, de muy buen cuerpo, peludito y varonil. Conversábamos siempre, es muy simpático, hasta que un día que el dueño no estaba y se había quedado a cargo, se dio la coincidencia que estábamos solos en el lugar.

    Comenzó a insinuarse, nos acercamos y de un momento a otro, sin más palabras, comenzamos a tranzar. Besos y mucha franela. Me invitó a pasar a otra parte del local, allí nos pusimos en bolas. Me dijo que le encantaba mi pecho. Manoseó y succionó mis tetas fuertemente, parece que son su debilidad. A mi me encantó su culo, redondito y duro, muy peludito como sus piernas y su pecho. Se arrodilló y se dedicó a mamar mi verga hasta hacerme acabar. Nos vestimos rápidamente porque llegaba gente.

    Repetimos la experiencia, muchas veces. Trataba de ir en horarios en los que podía estar solo o cuando él me avisaba que podíamos. Ya en la segunda oportunidad garchamos con todo, tiró una colchoneta al piso y me cabalgó la pija. El lugar y la situación, como ya saben por mis otros relatos, me excitaban mucho. Siempre se dedicaba un buen rato a mis tetas. Le encantaba chupar y morder mis pezones. En una oportunidad, estábamos cogiendo y sentimos ruido de alguien que llegaba, se puso muy nervioso, nos vestimos rápidamente y me pidió que saliera lo más rápido posible, el que estaba entrando era el dueño, nos miró sorprendido, pero no dijo nada.

    Una de las veces en que iba al lugar y no podía estar a solas con él porque había otros clientes, estuve charlando con un flaco que me contó de casualidad que este chico era el novio del dueño. No podía creer en el lío que me estaba metiendo pero agradecía que afortunadamente me enteré a tiempo. Lo charlamos y todo quedó en claro, no podíamos exponernos a más riesgos y decidimos terminar ahí pero él me pidió una cogida de despedida. Con dudas, accedí, realmente es un chico hermoso que me calentaba mucho y, la verdad, lo lamentaba…

    Nos encontramos una noche y primero fuimos a comer a un lugar discreto y después a un telo. Pedimos una habitación con hidromasaje, tenía que ser con todo. Me dijo que gozaba mucho conmigo, que quería que lo cogiera para que nunca me olvidara. Que rico franelear en el agua, nos besábamos mientras nuestras manos recorrían mutuamente los cuerpos por completo, ayudados por el masaje de los chorros de agua tibia. Mis manos se detenían siempre en su orto, acariciando su hoyo suave rodeado de muchos pelitos que después pude disfrutar con mi boca. Sus bellos mojaditos hacían hermoso y deseable su rico, excitante y bien trabajado cuerpo de gym. Bajo por mi pecho, por supuesto, deteniéndose largo rato en comer mis pezones. Jugaba con ellos con su lengua, haciendo presión y luego mordiéndolos suavemente, lo que ponía mi pija al palo. Se metió debajo del agua y chupó mi garcha. Yo, más caliente, si es que era posible…

    Tomó uno de los preservativos que habíamos dejado al costado y me pidió que me parara, chupó otro poco mi pija y me puso el forro con su boca. Nos sentamos otra vez y él se montó en mi pija. Sentaditos en el agua, con los chorros de agua acariciándonos y moviéndonos rítmicamente. Primero, él subía y bajaba, cogiendo la pija. Cuando bajaba se la metía hasta los huevos. Después, se quedaba quieto y yo me movía, mi pelvis chocaba con su culo. Nos manteníamos abrazados y nos besábamos casi todo el tiempo, comiéndonos la boca con mucha calentura mientas culeabamos lenta y suavemente o fuerte de a ratos, completamente unidos por mi pija y su orto, como un solo cuerpo. Acabe adentro suyo con un grito de placer, él se paró y me pidió acabar sobre mi pecho. Me incline respaldándome en la orilla, él se agachó y metió su pija en mi boca, saboreé su jugo preseminal, me cogió la boca y cuando iba a acabar, la sacó tirando toda su leche en mi pecho, yo ayudé a distribuirla con mi mano y él sonrió.

    Brindamos y nos mimamos un rato más, hasta que nos fuimos mojaditos a la cama. Le dije que se acostara boca abajo, le hice algunos masajitos sentadito sobre su culo y después empecé a recorrerlo con mi boca desde la nuca hacia abajo, quería comerme su culo todo el tiempo que pudiera, me calentaba mucho. Mordí sus cachetes, recorrí con la lengua su raya de arriba a abajo, besé y lamí su riquísimo orto. Me acosté encima de él y apoyé mi pija que ya estaba dura, presionando en su orto. Rápidamente ya estábamos culeando de nuevo, primero en cuatro y después de frente. Cuando estaba cogiéndolo, le dije gracias y unas lágrimas escaparon de mis ojos, no sé porque o sí… Me pidió que la sacara antes de acabar, que me sacara el forro y tirara mi leche en su orto. Lo hice y me calentó de tal manera la vista de mi leche chorreando por su culo que me metí nuevamente entre sus nalgas y limpié su orto con la lengua. Nos besamos interminablemente antes de despedirnos en el telo y en el auto. Lo vi irse y no volví nunca más por aquel lugar donde lo conocí. Jamás lo olvidaré.

  • Mi mujer trae un tipo que la culea delante de mí

    Mi mujer trae un tipo que la culea delante de mí

    Un día después del encuentro con Sofi, tuve que empezar a usar una tanga debajo de mi ropa de varón cuando estaba en mi trabajo, y al siguiente me hizo poner un portaligas y medias de nylon, todo un conjunto siempre negro, obvio debajo de los pantalones y mis medias de hombre, tuve que empezar a usar pantalones más holgados, porque tenía miedo que se noten los ganchitos del porta, todo eso me hacía sentir más puto, al punto de que tenía pensamientos femeninos, estaba como poseído por una hembra, y no dejaba de pensar como mujer, hasta tuve miedo de que se note mis nuevos modismos en la oficina.

    Era solo mi paranoia, yo me comportaba normalmente, pero no podía sacar de mi cabeza como estaba vestido debajo de mi ropa, sin embargo el plan de Alicia estaba dando el resultado que ella buscaba, cada día que pasaba estaba más afeminado ante ella, seguro que mi calentura continua, contribuía a que me sienta así.

    Ahora solo me quedaba comprobar mi comportamiento como hembra en la cama.

    Eso no tardó en suceder, dos días después me dijo que había conocido un hombre por la calle, y que se había acostado con él, desde nuestro cambio de vida ella tenía absoluta libertad para salir con quien quiera y yo por supuesto debía aceptarlo, esa era parte de su venganza por haberle mentido, verla coger y gozar con otro era su venganza, con el tiempo me llegó a dar placer, solo quería verla feliz, pero saber que lo había hecho sin enterarme me hacía sentir mal, pero esas eran sus reglas.

    Una noche me dijo que había invitado al tipo para encamarse con él delante mío, le había dicho que estaba casada con un maricón cornudo, le contó que solía llevar a algún amante a la casa para tener sexo delante mío, y humillarme, si le parecía bien, también me podía coger, ésta charla la tuvo porque el tipo le contó que había tenido varias experiencias con matrimonios bisexuales y se había garchado a los dos, ella le aclaró que esa primera vez, prefería tenerlo para ella sola, quería solo que yo la vea gozar.

    Agradecí que Ali no me haga vestir como una puta, esa noche, le pareció que, no daba que me vea así, conque lo reciba en tanguita sería suficiente.

    El tipo era un maduro pintón, muy apuesto, alto de buen físico, cabello blanco y bigotes, además un caballero, ni bien entró a casa, lo reconocí, era Carlos, un tipo que había conocido casualmente en un sauna casi 20 años antes y que me había cogido un par de veces, él se hizo el tonto y no dijo nada, pero que chico es el mundo.

    Carlos, llego puntual, y yo como esclavo de mi mujer, tuve que abrir la puerta del departamento, al recibirlo, vi la cara de asombro de ese lindo macho al reconocerme y verme en tanguita, imaginen si lo hubiera recibido completamente vestido de mujer, hizo como si no me hubiera visto nunca y lo hice pasar al living, ellos se sentaron en un sillón de tres cuerpos, Alicia me mandó a servirles una copa y cuando volví, tenía una mano sobre el bulto de Carlos mientras él le estaba comiendo la boca, ella estaba deslumbrante con un vestido bien escotado que resaltaban sus lindas tetas.

    Escuché como nuestra visita, que me prestaba poca atención, le decía a mi mujer (permítanme que siga llamándola, mi mujer)

    -vamos a la cama, que te quiero coger.

    -primero dame un gustito, déjame ver como el cornudo te chupa la pija, solo eso, no quiero que te lo garches, eso es para mí solita.

    -si eso te hace feliz -le respondió él

    -Veni puto, arrodíllate a los pies de mi macho y sacale la ropa así ves lo que tiene entre las piernas y que me hace tan feliz, así ves un hombre de verdad.

    Ella desconocía que yo había tenido esa belleza en mi cola y sabía bien lo que el tenia entre las piernas.

    Carlos asistía encantado a esa demostración de superioridad de Alicia, mis ojos se pusieron vidriosos por la vergüenza, ella se dio cuenta y me dijo:

    -No te vas a poner a llorar marica.

    Mientras me ordenaba chuparle la verga a Carlos, ella se puso de pie, se bajó los breteles del vestido, y éste cayó al piso quedando solo en tanga, con ese vestido no usaba sostén, yo casi sin mirarla le saqué los pantalones a Carlos, y al sacarle el bóxer, apareció esa verga enorme, no solo larga, sino también muy gruesa, la mía no era ni la mitad de eso, entonces recordé y comprendí porque Alicia estaba tan caliente con ese hombre, luego ella me reiteró la orden…

    -chupa bien esa pija maricón, mirá que grande la tiene, vas a ver como por fin me coge un hombre, no un inútil como vos, tragala toda, vas a escucharme gritar puto, dale ponesela bien dura, cornudo.

    Yo comencé a tragarme esa verga enorme y Carlos siguió el jueguito…

    -que bien la chupas putito, vamos marica, tragatela todo cornudo, como me voy a coger a tu mujer, mirá cómo está esperando desnuda al lado tuyo, vamos maricón, ahora vas a verla gozar.

    Trataba de no escuchar todo lo que me decían, mientras se la chupaba, no dejaba de llorar, nunca me habían humillado tanto, pero era mi obligación complacerla, chupando esa pija enorme, era lo que ella quería que haga y entonces Alicia me dijo…

    – a es suficiente puto, ahora sácame la tanguita casi sin tocarme, no quiero ni que me roces con esas asquerosas manos.

    Le bajé la tanga y su concha depilada que tantas veces había lamido, quedó ante mis ojos, agarró de una mano a Carlos y le dijo…

    -vamos a la cama querido, y vos inútil, veni con nosotros así ves como me coge un macho.

    Los seguí y me hicieron, recostar al lado de ellos, Carlos prácticamente la empujo sobre la cama, era un tipo muy alto y Alicia es chiquita, así que puso sus manos sobre los brazos de Ali, y ella cayó en la cama desnuda y con las piernas abiertas, fue una tortura verla dominada por ese machote, pero ella buscaba sentir un hombre fuerte, quería sentir lo que yo no podía darle, él se puso arriba de su cuerpo y la penetró, la agarró de las manos, las colocó a los lados de su cabeza e hizo como si la violara, era obvio que ella quería, pero para mí fue terrible ver esa escena, estando a centímetros. Yo la miraba y ella me miraba a mí con cara de felicidad.

    -mirá cornudo maricón, mírame gozar, mira como me coge, este es un hombre de verdad, no un puto como vos.

    La penetro con fuerza y ella gritaba de placer, nunca gritó tanto conmigo, Carlos tiene una verga muy grande y se la estaba haciendo sentir, mientras me caían las lágrimas, no podía dejar de llorar.

    -Mirá Carlos, como llora el cornudo, me da asco que sea tan marica.

    Me hicieron ver como los dos disfrutaban sus cuerpos, pero el momento crucial para mi, fue cuando él le pidió a Alicia que se dé vuelta y se ponga en cuatro, creí que me moría, ella nunca me había entregado la cola a mi, y estaba por dársela a este hombre al que había visto un par de veces en su vida.

    Ella le obedeció y él se dispuso a sodomizarla, Alicia estaba en posición de perrita con su culo bien abierto y su agujero virgen, él le dijo:

    -abrí solita la cola con tus manos, relájate bien, ponete flojita, te la voy a dar de a poco.

    -por favor Carlos, hacelo despacito, nunca hice esto, por Dios no me lastimes.

    Realmente la noté asustada, no era para menos, la pija de Carlos es grande de verdad, ella me miró esta vez como si buscara mi ayuda, ahora no sonreía, ¿yo que podía hacer?

    Ella solita se metió en esto.

    Carlos salivo sobre su ano, y jugó con sus dedos en su agujerito, ella mantenía sus nalgas separadas con sus propias manos, la preparó metiendo un dedo casi hasta el fondo, ella grito, pero ese dedo no era ni la mitad de grueso de la verga que iba a recibir, cuando pareció que la tenía lista, apoyo la gorda cabeza de su pija en el anillito y empezó a empujar, milímetro a milímetro, muy lento, con mucha paciencia que no tuvo conmigo años antes cuando me cogió en el sauna, Alicia gritó, el hijo de puta me miro y me dijo:

    -Mirá cornudo, como le hago el culo a tu mujer ¿te gustaría estar en su lugar, no? La próxima te garcho a vos también.

    A medida que le iba entrando la pija, ella se quejaba y gritaba más, la escuché gritar como nunca, hasta que poco a poco, se fue dilatando y acostumbrando a sentir esa pija enorme en su culito y comenzó a gozar como la puta que era.

    Mientras él se movía lentamente entrando y saliendo de su culo, le paso una mano por adelante y masturbo su clítoris y la hizo acabar como a una perra, al tiempo que ella le suplicaba que le dé la leche, en ese instante y a pesar de mi jaulita, viéndola a ella acabar con una pija en el culo, no pude evitar irme en seco sin que nadie me toque acabé y Alicia, para mi desgracia, lo notó.

    Después de ese orgasmo compartido, entre tres, siguieron humillándome burlándose de mi falta de virilidad y planearon delante de mí un nuevo encuentro.

    Alicia confesó que este había sido su debut en el sexo anal y que al saber como se sentía, deseaba ver como yo me iba a aguantar semejante verga, dijo que se moría de ganas de ver como me rompía el culo a mi, y como recompensa adicional, le iba a entregar a Carlos una pendeja de 19 años que moría por coger con un hombre mayor, (Sofi) recordemos que él tenía 61 y aunque estaba muy en forma, una chica era un caramelito imposible de rechazar.

    Así, planificaron la próxima cita, ella en ese encuentro disfrutaría viéndome sodomizado por ese macho, le daría el gusto a Sofi de que la coja un viejo, tal como se lo había prometido, y ella haría que la pendeja y yo la hagamos a acabar varias veces chupándole la concha, y vaya a saber que otras cosas se le iban a ocurrir.

    Mientras nos íbamos a dormir, y cuando ya Carlos se había ido, me dijo que al día siguiente, iba a castigarme por haber acabado sin permiso.

    Espero que les haya gustado y pueden dejar un comentario aquí o en mi correo electrónico.

    [email protected].

    Besos a todos mis lectores.

  • El camping

    El camping

    Las cuatro amigas llegan en tren desde Madrid hasta Alicante, en un pesado viaje de cuatro horas y luego otra hora en autobús hasta Benidorm, cargadas con un par de tiendas de campaña y una mochila cada una. Una vez registradas en la recepción del camping se dirigieron hacia una zona de parcelas bajo unos pinos donde podían montar sus tiendas.

    El camping está junto a la playa y todas imaginan lo emocionante que puede ser el fin de semana. Más aún cuando al poco de estar montando sus tiendas un grupo de cinco chicos se les acercan para ofrecerles ayuda. Las chicas están entusiasmadas y no paran de hacer comentarios acerca de lo bueno que están todos. El grupo lo forman tres italianos morenos, de rasgos muy latinos y dos americanos. Uno de ellos es pelirrojo y el otro es un chico negro con un cuerpo de escándalo.

    Desde el primer momento, Sam, que así se llama éste último, se acerca a la espectacular Marga con su belleza nórdica. El contraste entre la piel de ambos hace que hagan una pareja perfecta. A Genia quién le gusta… bueno le gustan todos, pero Clifford, el pelirrojo, le parece muy exótico. Por su parte los tres italianos no dejan de merodear y comerles la oreja a todas ellas.

    Tras montar el campamento, a media tarde, el grupo de nueve jóvenes va a la playa. Aconsejadas por los chicos se dirigen a la Cala del Tio Ximo. Esta es una pequeña playa-cala de difícil acceso pero de una belleza y tranquilidad espectacular. Está rodeada de un pequeño acantilado y el agua es cristalina. Una vez allí comienzan a jugar a voley-playa dentro del agua lo que provoca todo tipo de empujones, salpicaduras y algún que otro chapuzón inesperado.

    Los equipos de voley son mixtos. Así mientras Sam daba la espalda a Marga esperando que ésta sacara recibió un balonazo en la cabeza seguido de una gran carcajada. El chico se giró con la mano en su nuca y el ceño fruncido mirando a Marga que no paraba de reír mostrando su perfecta dentadura blanca:

    -Now you will see –espetó el americano antes de comenzar a correr tras su compañera de equipo.

    -No, please, no –gritaba Marga que no paraba de reír mientras trataba de alejarse de Sam corriendo con dificultad dentro del agua.

    -Corre, Marga, corre –la animaban sus amigas.

    Toto, el italiano de los ojos grises alentaba a Sam al tiempo que se disponía a ayudarle a dar caza a la rubia, pero Genia se lanzó sobre él:

    -¿Dónde crees que vas guapo? –le gritó antes de abrazarle por detrás y sumergirse junto a él. No desaprovechó la oportunidad para agarrarle el culo.

    Silvia no tuvo tiempo de reacción cuando Giacomo se sumergió desde atrás entre sus piernas. Al incorporarse la levantó sobre sus hombros. La chica trataba de aguantar el equilibrio agarrando de la cabeza al más alto de los italianos y tratando de sujetarse a sus rizos negros:

    -No, no… –gritaba ella temiendo lo que parecía inevitable.

    -L´acqua bambina –dijo el chico riéndose antes de dejar caer su cuerpo de espaldas zambulléndose los dos.

    A estas alturas Sam había dado caza a su presa y la sostenía en brazos marcando bíceps. La chica se sujetaba a su cuello. Su melena rubia estaba alborotada sobre su preciosa cara dándole un aspecto salvaje a sus ya de por sí rasgos felinos:

    -You are precious but you will not get away yourself from the water –el americano sonreía mientras miraba a los preciosos ojos verdes de Marga.

    -No Sam, por favor. Please, please –suplicaba la rubia mirando al chico negro.

    -Yes my baby –afirmó rotundo Sam antes de lanzarla al agua.

    Pili corría desesperada por zafarse del acoso de Clifford y Piero:

    -Vedere qui bella. Non pensate di fare quelcosa –le gritaba el italiano.

    -No a mi no… –decía Pili cuya risa le impedía correr más deprisa.

    Una vez la cazaron, cada uno de los chicos la cogió por los brazos y las piernas y tras un leve balanceo la lanzaron. Entró en el agua de manera cómica.

    Ahora todos reían esperando la salida de la líder de las chicas. Para sorpresa de todos, Pili emergió sin la parte de arriba de su bikini negro que se le había salido al entrar en el agua.

    Sin ningún tipo de pudor mostró orgullosa unas impresionantes tetas redondas y duras como piedras, donde sobresalían unos erguidos pezones morenos en el centro de una gran areola:

    -Mamma mía, qualcosa piu linda –exclamó Toto.

    La chica le guiñó un ojo al italiano de mirada gris al tiempo que con toda su parsimonia volvía a ajustarse el sujetador acabando así con un top-less espectacular.

    Tras esta pequeña batalla campal donde las chicas son cogidas en vilo por los extranjeros y lanzadas al agua y éstas en sus intentos por no ser zambullidas se agarran a los cuerpos de sus agresores provocando un intercambio de roces intencionado por bando y bando, deciden tumbarse al sol en sus respectivas toallas. Disfrutando de la tranquilidad de la playa donde tan solo se oye el rumor de las olas. Una leve brisa marina hace que el calor solar sea soportable y puedan adquirir un bonito bronceado. Al final de la tarde y tras disfrutar de la belleza de un Mediterráneo crepuscular todos juntos quedan en salir a tomar unas copas de noche. Se encontrarán en un chiringuito en la playa para bailar.

    En las duchas del camping, las chicas entran de dos en dos, como siempre separadas por amistad. Pili y Marga ocupan una. Genia y Silvia ocupan otra. Estas son íntimas amigas desde niñas. Comienzan a jugar y a lavarse una a otra. Aunque parece de lo más normal e inocente, el juego les provoca una excitación que les lleva a abrazarse. Totalmente enjabonadas sienten como sus cuerpos calientes están pegados y resbalan uno contra el otro. Sus pezones reaccionan poniéndose erectos al frotarse entre ellas provocándoles un escalofrío que recorre toda su piel. Entrecruzan sus piernas haciendo que sus vellos púbicos se toquen produciéndoles una sensación de infinito placer. Se acarician la espalda bajando hasta sus nalgas. Genia recorre la raja del culo de Silvia con su dedo anular desde la rabadilla hasta rozar el vello púbico mientras ésta acaricia las maravillosas tetas de su íntima amiga recreándose en los endurecidos pezones morenos, los pellizca arrancándole un suspiro. Sienten como sus sexos se humedecen con ardientes flujos y sus clítoris laten de excitación. Silvia se excita al notar la mano de Genia apretar una de sus duras nalgas hasta producirle un placentero dolor cuando le clava las uñas. Silvia le corresponde posando su mano izquierda sobre su sexo. Lo hace con delicadeza, como si tratase de coger una fruta madura y prohibida. Desliza sus dedos a lo largo de la ardiente hendidura vaginal, desde la entrada junto al ano hasta el mismo clítoris. Introduciendo tan solo una falange en el interior y manchando sus dedos con el caliente fluido viscoso de su amiga. Genia gime y nota como sus pezones se retuercen sobre sí mismos endureciéndose aún más hasta un límite casi doloroso, llevando su excitación hasta el éxtasis.

    Silvia lleva sus dedos hasta sus labios y clavando sus ojos en los de su amiga los lame con deseo antes de introducírselos en la boca. Ambas se miran, cierran sus ojos y se besan largo, metiéndose la lengua mientras el agua caliente cae sobre sus preciosos cuerpos desnudos de adolescentes… sin llegar a más salen de la ducha con un tremendo calentón en silencio. En sus cabezas se instala una sensación de confusión, ambas amigas tienen claro que su tendencia es heterosexual, pero lo que acaban de sentir en la ducha ha sido muy placentero y excitante. Nunca antes habían sentido ningún tipo de atracción la una por la otra.

    Las cuatro amigas llegan al lugar donde han quedado con los chicos. Vienen todas vestidas con ligeros vestidos de colores claros que realzan el bronceado que les ha provocado la tarde en la playa. El lugar es un chiringuito muy grande con un suelo de madera. Tiene un pequeño escenario donde una banda aficionada versiona muy buena música de Dire Straitrs, The Eagles, U2, etc. Delante del escenario muchos turistas están bailando junto al grupo de jóvenes. Entre caipirinhas, risas y bailes van pasando las horas y se van volviendo más cariñosos todos. Transcurridas un par de horas deciden ir a la arena de la playa. Es una preciosa noche estrellada, donde el rumor de las olas rompiendo en la orilla y la música de la banda del chiringuito a lo lejos, acompañaba a los nueve jóvenes. Una vez allí, nadie sabe de donde, Toto uno de los guapos italianos saca una guitarra y comienzan a tocar. Por otro lado, Piero trae unas botellas de Jack Daniels y sirve chupitos para todos. Sam, el americano ha sacado una bolsita de marihuana con la que empieza a hacer un par de porros.

    Las chicas, llegado este punto, se sienten eufóricas al poder vivir una fiesta transgresora, compartiendo drogas, sexo y alcohol con unos desconocidos extranjeros. Pasados los años estas vivencias deben formar parte del curriculum secreto de mujeres que se precien de haber vivido y que algún día contarán a sus nietas como demostración de una juventud divertida e independiente, con la sensación de añoranza de haber disfrutado esa época a tope.

    Poco a poco el grupo se va separando mientras desde el bar de la playa llegan las notas de Sweet child o´mine quedando unido para siempre en la memoria de las chicas el tema de Axel Roses a este inolvidable momento de gloria. Los primeros en irse son Marga y Sam. Cogidos de la mano se alejan descalzos por la orilla hacia unas dunas. Genia que está siendo seducida por Giacomo diciéndole piropos a su oído “…eres molto bella bambina…” con una voz grave que hace que su cabeza de vueltas, se acerca a Clifford y le besa en el cuello a lo que el americano responde comiéndole la boca. El italiano se siente despreciado pero antes de que se vaya Genia se gira y le besa en los labios a él también antes de sonreírle de manera pícara. Tras esto se levanta y coge de las manos a los dos chicos para que le sigan. Giacomo concluye “…e una diavola…” su voz vuelve a hacer estragos en la libido de la chica.

    Toto hace tiempo que dejó de tocar la guitarra y se come la boca con Silvia que recorre el cuerpo del chico con deseo. A su lado, Pili y Piero intercambian whisky directamente de boca a boca antes de acabar rodando por la arena abrazados.

    A lo lejos se oyen los gritos de Marga al ser penetrada por Sam. La amiga que siempre se había mostrado tan discreta se ha destapado como una bomba sexual que exige al americano que se la folle con fuerza. Éste conociendo su potencial no escatima en esfuerzos.

    Al otro lado de las dunas, Genia se lo está montando con los dos amigos al mismo tiempo. Aquí no cabe sorpresa ya que la chica siempre ha sido muy lanzada. Esta noche Genia pierde su virginidad anal. Primero a cuatro patas y luego mediante un sándwich donde los chicos alternan sus agujeros. Ella es insaciable y aprovecha la ocasión para disfrutar de varios polvos brutales.

    En el lugar de origen, Silvia está boca arriba con las piernas abiertas mientras Toto se la mete con ganas, ella que hace poco que ha perdido su virginidad siente un poco de dolor antes de disfrutar de un gran orgasmo agarrada al prieto culo de su amante. Tiene la extraña necesidad de sentirlo muy adentro. Junto a ellos Pili cabalga a Piero al tiempo que le araña el bien tallado torso y se acaricia las tetas con gritos casi exagerados al sentir el falo del italiano profanar su sexo. Al poco se intercambian los amantes y ahora Silvia está a cuatro patas recibiendo las embestidas de la dura polla de Piero contra su coño. En este momento se da cuenta que el italiano está mucho mejor dotado que su amigo cosa que le produce una excitación incontrolada hasta el orgasmo.

    Pili yace boca abajo con una toalla bajo su pubis que le hace levantar su culito facilitando así que Toto la sodomice. Él la tiene cogida por la cintura y le da muy fuerte. Ella que disfruta del sexo anal da gritos y gemidos de placer. Se masturba con ganas y logra correrse al tiempo que su amante lo hace dentro de su ano.

    Las chicas se despiertan muy tarde, sobre las tres. La noche anterior ha sido muy larga. Los chicos se despidieron de ellas a las seis de la mañana después de ver despuntar el sol todos juntos en la playa. Hoy se volvían a Italia. La temperatura exterior unida a la transpiración corporal hace que el aire dentro de las tiendas de las chicas sea denso con un penetrante olor dulzón mezcla de alcohol, sudor y fluidos corporales.

    Poco a poco, las cuatro amigas se van levantando con una sensación de satisfacción y placer que les dibuja una amplia sonrisa en sus caras. Tras coger unos bocatas se van a la playa. Resacosas por los excesos de la noche anterior tienen la intención de pasar lo que resta del día tumbadas al sol comentando los detalles de la orgía nocturna.

  • Mi esposo orgulloso de sus logros

    Mi esposo orgulloso de sus logros

    Cuando dejamos la ciudad, nos fuimos a vivir con mi esposo (no tenemos hijos por inconvenientes patológicos), a una chacra en la que mi esposo invirtió el capital que disponíamos de la venta de nuestra casa y ahorros.  Mi esposo se dedica a sembrar verduras y frutales, los que comercializa con bastante suerte y capacidad, no sin poco esfuerzo y dedicación.

    La dedicación que da a sus tareas nos da pingues beneficios económicos, pero también es cierto, que dedica poco interés a mi persona, tanto que a veces durante meses, no muestra necesidades de sexo a pesar de mis insinuaciones.

    —Nos va muy bien, Marga —decía a veces— tenemos unas plantaciones muy buenas, y una calidad elogiosa.

    No es una mala persona, pero no consideraba mis necesidades afectivas. He llegado a veces a masturbarme para calmar mis ansias y satisfacerme sin comentarlo con él.

    Tengo 36 años, Marcos, mi esposo tiene 56. Soy de cuerpo muy agradable y algunas miradas de hombres me dicen que debo ser atractiva. Mi pelo llega a los hombros con ondas castaño. Tengo el busto firme y la cola bien paradita.

    —Mi primo está interesado en mis plantaciones —me dijo un día, mientras cenábamos— mañana vendrá con su socio, pues tiene interés de dedicarse a imitar nuestra tarea, en una propiedad que adquirió.

    Cuando llegaron, no paraba el primo de Marcos de asombrarse por los frutales, plantaciones y colmenas que tenemos.

    —Me gustaría que me muestres y me expliques las tareas que has desarrollado en esta propiedad —dijo Miguel, el primo de mi esposo— ¿Quieres venir con nosotros a ver los frutales y las colmenas? —le preguntó a su socio.

    —No —contestó— a vos te interesa más que a mí. Yo me quedo aquí que está más fresco, haciéndole compañía a Marga.

    Es un muchacho de unos 25 años y noté que me miraba la cola con disimulo. Yo me sentía casi feliz, de sentir interés por mí de alguien tan agradable y muy atractivo.

    Vimos por la ventana ubicada sobre la mesada de la cocina, como Marcos y su primo se dirigían a las colmenas al fondo de la propiedad.

    —¿Querés que te sirva algo fresco? —Le pregunté al muchacho— Hace mucho calor.

    —No —me contestó— solo quería quedarme para hacerte compañía y que no estuvieras sola. A veces, te sentirás muy sola, acá en la casa.

    Me debo haber ruborizado y gozando las palabras del muchacho. Quizá la ausencia de afecto de Marcos, me disponía a los requiebros intencionados del muchacho. Miré por la ventana de la mesada como mi esposo y su primo inspeccionaban los frutales y las demás instalaciones, que Marcos iba explicando y mostrando.

    Sentí a mis espaldas, acercarse a Fabián y haciendo que miraba por la ventana, aprovechó para apoyarme por la espalda.

    Tenía puesto un vestido liviano, que me permitió sentir que Fabián estaba algo excitado.

    —Me parece que te estás pasando —le dije.

    —Te estoy molestando? —preguntó, sin apartarse.

    —No es que me molestes —contesté— es que no debes hacerlo.

    Como no me separaba del acercamiento, me dijo:

    —Todavía tardarán un rato. Eres muy atractiva y me gustas mucho— aseveró.

    —Si —dije— a Marcos le encanta mostrar los frutales y las plantas.

    Pareciera que mis palabras lo hubieran animado. Sentí que metía su mano bajo mi falda y con la otra mano me tocaba los pechos por el escote de mi vestido. No dije nada y eso pareciera una autorización a avanzar. Me besó el cuello mientras levantaba la falda de mi vestido.

    —Hazlo pronto —le dije— estoy excitada.

    Mientras yo miraba por la ventana, sentí a mis espaldas, que me bajaba la trusa y su miembro erecto se metía entre mis piernas. Mis ansias desatendidas por mi esposo, me hacían presa fácil de sus avances. Sentí que mi vagina húmeda, recibía ese miembro con ganas contenidas mucho tiempo.

    —No te detengas —le pedí— quiero sentirte dentro mío. Así… Siiii… Dios mío, como me gusta. Siii… Asiii por favor… Te necesito.

    Él, con un intenso mete y saca, me hizo suya, mientras yo miraba a lo lejos, como Marcos seguía con su primo viendo las colmenas.

    Tanto tiempo sin sexo, me hizo llegar al orgasmo intensamente. Sentí su eyaculación dentro mío casi al mismo tiempo.

    —Te gustó como lo hicimos? —preguntó— ¿Lo podremos hacer alguna otra vez? Me hiciste muy feliz.

    —Y tú a mí —le contesté— trata de acompañar otra vez al primo de Marcos y lo haremos nuevamente.

    Me acomodé el vestido pues vi que venían conversando los dos primos. Nos sentamos a la mesa, ambos muy satisfechos.

  • Escapada en la montaña (Parte III)

    Escapada en la montaña (Parte III)

    Se dispusieron a dar una vuelta por el bosque. La mañana era preciosa, el sol se colaba entre los claros de los árboles, la temperatura cálida y perfecta, se oían pájaros, el movimiento de las ramas, el sonido de un río no muy lejos, era el lugar perfecto para desconectar del mundo.

    Siguieron un sendero que se adentraba en el bosque, lo recorrieron durante un rato charlando de cosas banales y haciendo bromas. Junto al sendero encontraron un cúmulo de grandes piedras que daba a un precipicio.

    -Ayúdame a subir ahí, quiero disfrutar de las vistas. –dijo Sarah.

    Matt la agarró por los muslos y la impulsó hacia arriba. Quizás la agarró más de lo que debiera, pero Matt no podía dejar pasar cada oportunidad de disfrutar de una de las partes del cuerpo que más le gustaba de Sarah, ella era consciente de ello y por eso sonrió mientras subía, Matt siempre la hacía sentir muy atractiva y eso le encantaba.

    -Guau… es precioso… -se tomó su tiempo para contemplar todo el valle.- bueno… ahora viene lo difícil. ¿Cómo bajo de aquí? –dijo Sarah entre risas.

    -Lánzate y yo te sujeto en el aire como una bailarina. –contestó Matt levantando los brazos.

    -Jaja. –volvió a reír Sarah.– ni yo soy una bailarina ni tu puedes sujetarme…

    Se fue deslizando lentamente por las rocas hasta estar lo más cerca posible del suelo y desde ahí saltó para caer justo delante de Matt, que la abrazó para sujetarla y permanecieron así unos segundos, se miraron a los ojos, y Sarah le robó un beso antes de zafarse entre risas.

    Siguieron el camino hasta que los llevó a un río.

    -¿Qué hacemos, lo cruzamos o nos damos la vuelta? –cuestionó Sarah

    -¿Y si seguimos la senda del río? A ver donde nos lleva. –contestó Matt.

    Prosiguieron río abajo caminando por la orilla del río disfrutando del sonido relajante que este producía hasta que llegaron a una pequeña cascada que rompía en un pequeño lago de agua cristalina.

    -Ha sido buena idea seguir el río. –dijo Sarah.

    -Apetece un baño, ¿a que sí? –dijo Matt quitándose la camiseta y el pantalón y tirándose al agua. Se acercó a la orilla después de nadar un poco para convencer a Sarah de que se bañase. Al salir del lago, el agua había hecho que sus boxers se apretaran, marcándolo todo.

    -¿por qué no te bañas cariño? Está perfecta.

    -Ahí voy. –contestó Sarah sin quitarle ojo a esos boxers.

    Se quitó la camiseta y los shorts que llevaba dejando al descubierto un conjunto de encaje negro que dejó a Matt con la boca abierta una vez más.

    -¿No tienes ropa interior que no me ponga a 100 verdad? –dijo Matt y los dos soltaron una carcajada.

    Nadaron, bucearon, jugaron y se besaron durante un rato en aquel lago hasta que decidieron salir y tumbarse en una gran roca que había junto al lago, suerte que habían traído en la mochila una manta de cuadros típica de picnic que encontraron en la cabaña y que pusieron sobre la roca antes de tumbarse.

    Estuvieron un largo rato mirando las nubes, divagando sobre futuros posibles o historias por llegar hasta que decidieron poner rumbo de vuelta a la cabaña.

    -Tengo un problema. –comentó Sarah.– aún tengo la ropa mojada…

    -Pues quítatela… -bromeó Matt.

    Sarah se levantó y, de espaldas a Matt, se quedó completamente desnuda. Matt se quedó paralizado por un segundo, no se esperaba esa reacción. En cuanto volvió a tener control de su cuerpo saltó hacia ella para darle un beso de pasión desmedida. Se besaron y acariciaron junto a la orilla del lago.

    -Umm… -exhaló Sarah como si se le acabara de ocurrir una idea, mientras Matt le besaba el cuello.– tu aun llevas ropa y eso no está bien… -Se agachó para desprender a Matt de sus boxers y se quedó a la altura de su cintura. Miró hacía arriba sonriendo y dijo.– me encanta… -y comenzó a darle placer…

    Matt se mantuvo de pie como pudo tras la primera embestida y se le empezó a agitar la respiración. Miraba hacia abajo y con cada cruce de miradas subía más su temperatura. No podía controlar los gemidos de placer y más aún cuando Sarah comenzó a acariciar todo su cuerpo con las manos mientras seguía paseándolo por el cielo con su boca. Matt trató de levantar a Sarah para cambiar de postura y empezar a llevar él la iniciativa pero Sarah le hizo un gesto con la mano negándole esa posibilidad, y liberando su boca por un momento le dijo:

    -Hoy me toca a mí, no podrás tocarme sin que yo te dé permiso. –y volvió a enfocarse en lo que estaba haciendo.

    Matt suspiro fuertemente y miró hacia el cielo, había aumentado por mil el deseo hacia ella. De repente solo sentía una mano de Sarah sobre su cuerpo, miró hacia abajo y pudo ver como Sarah había comenzado a acariciarse mientras seguía dándole placer. Era como si un río de lava recorriese su cuerpo, nunca había estado tan caliente.

    De pronto Sarah se levantó y sin decir ni una palabra condujo a un hipnotizado Matt a la roca donde estaban antes, lo tumbó y se colocó encima, encajando como dos piezas perfectas de un puzzle. Matt quiso sujetar a Sarah por sus muslos, pero ella no le dejó volviendo a hacerle el gesto de negación con la mano y comenzando un suave vaivén con las caderas. Matt cada vez estaba más deseoso de disfrutar del cuerpo de Sarah, quería acariciar cada centímetro de su piel, y cuanto más se lo prohibía más lo deseaba.

    Sarah aumentaba poco a poco el ritmo y Matt al sentir el calor que emanaba de entre sus piernas tuvo el impulso de acariciar los pechos bamboleantes de Sarah. Esta le sujetó las muñecas contra la roca y aceleró aún más el ritmo.

    -Esas manos quietas… -dijo Sarah con la respiración acelerada.

    -No puedo, deseo disfrutar de todo tu cuerpo. Te deseo, ¡¡te deseo más que nunca!! –le respondió Matt entre gemidos de puro placer.

    -¿Quieres tocarme? –Decía Sarah apretando aún más las muñecas de Matt.- ¿seguro? –aceleró aún más el ritmo. Los dos estaban a punto del clímax, notaba a Matt palpitar dentro de ella y eso le producía un placer incontrolable. Se sentía más deseada que nunca, había conseguido lo que quería.– Eres libre… -le susurró al oído soltando sus muñecas.

    Matt no tuvo más tiempo que para abrazarla fuertemente contra él mientras los dos llegaban a una explosión de placer que hasta subió la temperatura del lago…

  • Carlos viene a darme a mi y a Sofi y final feliz para Ali

    Carlos viene a darme a mi y a Sofi y final feliz para Ali

    Y el día llegó, después que mi Ama, Señora y dueña de la llave de mi cinturón de castidad, que seguía encerrando mi pija, me estuviera adiestrando durante todo el sábado, me permitió descansar el domingo, (siempre tirada a un lado de la cama como una perra), porque este lunes que es feriado iba a venir Sofi, la pendeja de 19 años, que ya había estado con nosotros y que tenía la fantasía de ver un macho cogerse a un puto, para muchas mujeres es normal calentarse viendo sexo entre dos tipos, creo que es el equivalente a un hombre hetero que disfruta viendo dos lesbianas.

    La chiquita además quería tener la experiencia de que un veterano se la coja, entonces a Alicia se le ocurrió que Carlos, el que le había hecho el culo delante mío la última vez que invitó a alguien para encamarse, y mostrarme como goza con otros hombres, era ideal para que nos garche a Sofi y a mí.

    Como me había anticipado, me dio la ropa interior femenina para vestirme de puta, tanga, portaligas, medias de nylon, sandalias de taco alto y peluca, yo reconozco ser muy puto, pero nunca antes, me había vestido de mujer con un tipo, nunca había usado más que una tanguita, hacerlo delante de Alicia era muy embarazoso para mí, la verdad que me sentía ridículo, una cosa es dejarme coger y otra travestirme, no es mi onda, ya saben, es mi obligación aceptar las ordenes de mi Señora, pero le supliqué que me deje esperarlos solo en tanguita, le rogué y aseguré que mi actitud iba a ser la que ella esperaba, la ropa solo iba a inhibirme y le propuse que si no le gustaba estaba dispuesta a que me castigue delante de las visitas, y aceptó diciéndome que si no le gustaba, me iba a arrepentir mucho.

    La primera en llegar fue Sofi, y tuve que ir a abrir la puerta de casa, la recibí y cuando me vio, me miró despectivamente (por lo menos yo lo sentí así) de la cabeza a los pies, y me dijo:

    -hola Conchita ¿por qué no estás vestida de puta?

    -La Señora me dio permiso para estar así hoy

    Se ve que ya Alicia le había dicho cuál era mi nuevo nombre, y como debía llamarme, supongo que Carlos también estaba enterado.

    La hice pasar y se sentó junto a mi dueña en el sillón del living, entonces Alicia me dijo…

    -veni Conchita, sácale los zapatos a Sofi y chupale los deditos, sabes que es tu obligación adorar los pies de todas las mujeres que pisan el piso donde vos te arrastras.

    Le saqué los zapatos y le lamí dedito por dedito, eran muy pequeños y muy cuidados, luego chupé delicadamente esos hermosos pies, que bellos eran por favor, de inmediato Alicia se tentó y me ordenó que también chupe los de ella, la verdad es que me da un gusto indescriptible tener esos pies en mi boca, además porque sé que a ellas les gusta mucho y se lo merecen. Es un acto de sumisión y respeto y me recuerda que soy un siervo y un ser inferior.

    Mientras lo hacía, conversaron sobre la decisión de permitirme no usar más que una tanga y se rieron cuando Alicia dijo que no imagino lo que me espera sino cumplo lo que prometí.

    Unos minutos después llegó Carlos, tan apuesto como siempre, el solo verlo hacia que me haga pis encima, era un macho hermoso y solo su presencia me hacía sentir muy marica.

    Lo hice pasar y Alicia y su compinche, me ordenaron que lo lleve frente al sillón y que le quite la ropa al machote que me iba a coger, estaban ansiosas por vernos.

    Así que lo acompañe ante mi Diosa y su amiga y frente a ellas, nos besamos en la boca, agarró uno de mis pezones, me lo chupó dulcemente mientras apretó el otro y buscó mi ano con sus dedos, y cuando me lo metió, mordió mi pezón, luego de manosearme, me puse de rodillas, él permaneció de pie, le bajé los pantalones, esta vez no tenía puesto ni bóxer ni nada, así que enseguida apareció esa verga divina, de 20 x 6.5 que cada vez que la veía parecía más grande, era una belleza y me hacía temblar.

    Estaba tan caliente con ese machote divino que no me importó que Alicia y Sofi me vean tan mariquita, sentía, pensaba, hablaba y actuaba como una hembra, que era lo que ellas querían, no necesitaba ropa de mujer para sentirme una de ellas.

    -vamos Conchita chupa esa pija que queremos ver cómo te la comes toda, mostranos lo puta que sos.

    Esa verga hermosa, grande súper gruesa y fibrosa, apenas inclinada hacia abajo, necesitaba muy poca estimulación para ponerse bien erguida, pase mi lengua delicadamente por su frenillo, enseguida la tomé suavemente con una mano y la puse hacia arriba, dejando libre ante mí sus bellos testículos, que se veían tan apetitosos, no dudé en lamerlos, Dios mío, esa piel, ese aroma, ese olor a hombre, los saboreé como quién bebe el elixir de la vida, luego de un par de minutos, no pude resistir la tentación de empezar a meterme esa verga en la boca muy de a poco pero decididamente, rodeé su glande con mis labios húmedos y la fui introduciendo lentamente, noté su excitación, me la metí y saqué de la boca con frenesí como si lo estuviera pajeando, me la tragué entera, sus gemidos se confundían con los míos, sentí que la tenía redura dentro mío, y llegó a tocar mi campanilla, dándome arcadas, lo miré desde mi posición y lo vi inmenso, era como una deidad, un ser supremo y yo un siervo dándole un poco de placer, o mejor dicho una sierva a sus pies.

    Pude ver como las dos espectadoras privilegiadas, veían extasiadas y excitadas la escena, estaban abrazadas tocándose mutuamente sus vaginas, brindando otra escena súper caliente, de pronto las perdí de mi vista estando yo ensimismado en mi labor oral y no me di cuenta que Alicia se había colocado uno de los cinturongas que tenía siempre a mano, le dijo a Carlos que se siente en el sillón y a mí que siga arrodillado entre sus piernas abiertas.

    Seguí comiéndome esa pija maravillosa que estaba en todo su esplendor, dura como piedra, ella tiró un almohadón detrás mío para no lastimar sus rodillas y se acomodó para penetrarme con esa poronga artificial, ella sabía por experiencia propia de lo que yo era capaz chupando el sexo de alguien mientras tengo una pija en mi culo, como aquella vez en que Manuel me la puso hasta los huevos y yo me comí literalmente su concha.

    Ahora ella estaba metiéndome esa cosa bien dura y yo tragándome hasta las pelotas la chota de Carlos y para completar la escena Sofi no se podía quedar afuera y se arrodilló al lado de su mentora sexual y le chupaba sus tetas, ya estaban las dos totalmente desnudas.

    Lo único que se escuchaba era una suave música de fondo y los gemidos de los cuatro, hasta que mi macho rompió el silencio…

    -que bien la chupas trola, cometela toda mariquita, ahora te voy a coger delante de tu mujer para que ella vea lo puta que sos.

    -si Carlos, quiero ver cómo le rompes el culo a ésta puta que tengo de marido, hacela gritar como una perra, quiero que la sienta bien adentro, como me la hiciste sentir a mi el otro día.

    -si y después a mi Carlos, yo quiero tener en mi concha esa pija enorme, nunca me cogió un hombre como vos, solo me acosté con chicos de mi edad -dijo Sofi casi rogando.

    Estaba todo el menú a la vista, yo estaba tan caliente que no tenía noción exacta de lo que estaba pasando, no me importaba nada, mi mente estaba en blanco, se me caía la baba por sentir esa poronga entrando en mi culo y no sentía ningún pudor en mostrarme como el puto maricón que soy, así que agregué…

    -por favor papi, llévame a la cama y dame esa pija mi amor, no puedo más, la deseo tanto.

    -si putazo, vamos que le mostramos a tu mujer como te dejas coger.

    Alicia me miró entre asombrada y satisfecha, al fin me escuchaba expresar claramente mi deseo de ser cogido, y no pudo dejar de decir…

    -que puta sos, maricón de mierda, no puedo creer que no me haya dado cuenta antes.

    -Si amor, ya no puedo fingir más, lograste lo que querías, soy puto, siempre lo fui, siempre me gustó la pija, siempre me sentí una hembra, ahora quiero que veas como me dejo coger.

    No era el momento para ponernos a hablar mucho sobre el tema, Carlos me tomó de una mano y me llevó al dormitorio, me hizo poner en cuatro al borde de la parte final de la cama con mis pies afuera, mi cola quedó bien a su disposición abierta y expuesta, él se paró detrás mío listo para sodomizarme, Alicia se puso en cuatro con su cola pegada a mi cara para que le chupe el ano y Sofi se acostó a la inversa de mi mujer con la boca debajo de su concha, para chupársela y hacer un 69 entre ellas, todos contentos, cada uno tenía lo que quería.

    Cuando Carlos apoyó su glande en mi hoyito, y comenzó a empujar, el primer grito fue el mío, de inmediato pasé mi lengua por el hermoso agujero trasero de Alicia, ella empezó a gemir por doble efecto, ya que al mismo tiempo que la lengua de Sofi estaba lamiendo su clítoris, a la vez recibía la lengua de mi mujer en el suyo, fue una delicia escuchar ese concierto de voces, gemidos, grititos, y mis quejidos al sentir los primeros embates de esa pija tan ancha, tan gruesa, que parecía partirme en dos, sentía que me estaba perforando, sentí mi culo lleno, con ese pedazo de carne duro.

    La excitación de los cuatro era descomunal, estábamos gozando todos, cada uno a su manera, yo no podía ni quería ocultar mi placer, y lo expresé abiertamente, ese hombre era una maravilla de espécimen varonil, y recordé que como les dije en otro relato, hacia 20 años atrás, siendo yo un putito joven e inexperto, había tenido el placer de que me coja y me haga su hembra un par de veces, yo estaba tentado de confesarle esto a Alicia, pero los dos guardamos silencio.

    Después de un rato cogiendo y lamiendo cada uno lo que tenía a su alcance, se escuchó decir a Sofi…

    -Porfi Carlos, guarda tu lechita para mí, no olvides que quiero ser tuya también.

    -cómo voy a olvidarme de eso, es imposible nena, vení acá ponete en el lugar de Conchita así te hago toda mía, me voy a cambiar el forrito.

    Cuando se sacó el forro, Alicia se abalanzó sobre él y le chupo la pija un ratito para sacarse un poco las ganas, mientras Sofi intercambiaba su lugar conmigo, y le pedía…

    -no te pongas nada, quiero sentirla a pelo y que me des la leche.

    Así que Carlos, no se cuidó y la penetró desde atrás pero en su vagina, la nena no estaba preparada todavía para recibir esa monstruosidad en la cola, (por el momento).

    Yo, por orden de mi Ama, me coloqué con mi boca debajo de su vagina y Sofi ocupó mi lugar en ambos aspectos, recibió la verga de Carlos desde atrás en su conchita y lamió el culo de mi mujer, mientras yo succionaba el clítoris de Alicia y ella jugaba con mi jaulita moviéndola como un badajo y volviéndome loco.

    Minutos después se escuchó un coro de orgasmos, Carlos empezó a decir que se venía, Sofi le rogó que le dé la leche, acabó y grito como loca, él la llenó con su esperma, Alicia, gemía y gritaba mostrando a todos que estaba acabando y dejándome empapada la boca con su cremita, el único que no pude fui yo, porque lo tengo prohibido por mi mujer y además con el cinturón de castidad es casi imposible.

    Mi dolor de huevos a esta altura, era ya insoportable, estaba a punto de llorar por él.

    Luego discutieron sobre el tema del polvo dentro de la vagina de Sofi, ella dijo que tomaba anticonceptivos y no tenía miedo de embarazarse, Carlos aclaró que tenía análisis de HIV con resultados negativos de hace seis meses y que podía traer el que iba a hacerse esa semana.

    Entonces Alicia ni corta ni perezosa, le dijo que ni bien tenga el nuevo resultado, venga con él a casa a darnos a ella y a mí su esperma en la boca.

    Así fue como tres días después llamó diciendo que tenía el nuevo análisis negativo y Ali le pidió que venga esa misma noche.

    Yo no estaba de acuerdo con esa teoría porque creo que hay un periodo ventana que queda sin cubrir, no sé bien como es, pero mi opinión nunca era tomada en cuenta y no tenía validez.

    A eso de las 9 de la noche llegó y Alicia estaba decidida y desesperada por hacerlo, mi Ama y yo nos arrodillamos juntas como dos nenas y le besamos los huevos y chupamos la verga entre las dos como si fuéramos amigas compartiendo un macho, de hecho lo estábamos compartiendo, después de mamársela un buen rato alternativamente, Carlos nos avisó que iba a acabar, realmente era un tipo de soltar mucho semen, así que las dos preparamos nuestras lenguas para recibirlo, nos tiró un chorro en cada una y fue dándonos toda la leche en las dos bocas, era bien espesa, por supuesto terminamos de limpiar su verga y nos tragamos hasta la última gota que nos dio.

    Yo hacía años que no tragaba leche. Alicia no quiso decir si alguna vez lo había hecho, de lo que yo estaba segura era que lo había disfrutado tanto como yo.

    Espero que les haya gustado y pueden dejar un comentario aquí o escribirme a mi correo [email protected].

    Besos mis amores.

  • Esclavo de ti mismo (Capítulo 10): Preludio

    Esclavo de ti mismo (Capítulo 10): Preludio

    Hércules Caetron dejó caer las pesas al suelo y dio por terminada la rutina. El sudor perlaba su bronceada piel, la cual destelló a la luz de las lámparas del gimnasio, mientras la música tecno sonaba fuerte en los altoparlantes.

    Sergio Castelli le extendió a su amigo una toalla, el griego la aceptó y empezó a secarse el torso descubierto. -Alfonso me llamó. Hace un momento -Dijo Sergio con voz algo agitada.

    Hércules volteó a ver al brasileño antes de preguntar. -¿Y qué te dijo?, ¿te comentó por qué no nos convocó esta semana?

    Sergio comenzó a caminar hasta las duchas y el griego lo siguió. -Si, como apenas concluyó nuestro contrato con Neimar y Alexis, Alfonso quiso dejarnos descansar unos días. Indicó que hay un nuevo contrato para nosotros a partir del próximo mes y va a ser uno de seis meses, por lo cual quiere que nos relajemos un poco. Por ello nos invita a acampar este fin de semana

    Declaró Sergio, mientras abría la puerta del área de regaderas.

    -Una excelente idea. Al menos esa semana de la moda con aquel metrosexual de Alexis para mí fue un infierno- Dijo Hércules entre risas. -A ti te fue mejor. Neimar tiene a todo un club de fans. ¿Pudiste cogerte alguna?-

    Preguntó el griego burlón, a la vez que dejaba correr el agua de la regadera.

    -¿Acaso tú no te tiraste a alguna de esas supermodelos de la pasarela?- Inquirió Sergio acusador. -Alexis trabajó por lo menos con diez. Debiste tener vía libre para acostarte con cinco. Me consta que la rubia no te quitaba los ojos de encima. -Recalcó Sergio insinuante.

    -¡Qué va! Alexis es un pedante. Me trató como si yo fuera un mayordomo, no su guardaespaldas- Indicó Hércules. -En parte con cierta razón. La rubia, Rhein, como dices, quería meterme a la cama. Trató de seducirme la noche de la fiesta de Bogue. Pero en cuanto Alexis lo notó, me reclamó y amenazó con reportarme ante Alfonso y dijo que se encargaría que yo no volviera a trabajar como guardaespaldas. -Explicó Hércules con una mueca de desagrado.

    -Bueno, pero hombre, tú sabes que debemos seguir el protocolo- Dijo Sergio con sorna. -Sólo a ti se te ocurre flirtear con la modelo, ¡que tu cliente se quería tirar! -Los dos soltaron sonoras carcajadas, mientras el vapor de la ducha se alzaba a su alrededor.

    -¿A dónde quiere Alfonso que vayamos a acampar? ¿Al lugar de siempre? -Cuestionó Hércules, mientras empezaba a frotar su cuerpo con el jabón.

    -No, Alfonso me dijo que encontró un mejor sitio al oeste. Más allá del lago en el bosque Celefais. Un prado cerca de las montañas de sal. -Contestó Sergio, tras embadurnarse el cabello con champó.

    -Me parece bien. Que nos mande la ubicación e iremos en mi Camaro. -Declaró Hércules, a la vez que lavaba sus piernas.

    -No. Alfonso comentó que Sam pasará por nosotros en su camioneta a tu casa mañana, que ya tienen todo listo. -Respondió el brasileño, al enjuagar su cabello en el chorro de agua caliente.

    -Bien, me caerá excelente un fin de semana al aire libre. Ya sabes que me encanta acampar. Llevaré el rifle, igual y podemos cazar algo. En esa zona hay zorros, venados y liebres. -Indicó Hércules, a la vez que se dio la vuelta para que el agua limpiara su espalda.

    -Si, Alfonso dijo que lo lleves. Quiere cazar algunos conejos y asarlos en la fogata. Yo también llevaré el wínchester. -Agregó Sergio, a la vez que cerraba la regadera.

    Hércules terminó de enjuagarse e igual que su compañero salió del agua. Los dos anduvieron desnudos a través del baño hasta el área de los vestidores, escurrían múltiples gotas de sus cuerpos y más de una mirada se detuvo para ver aquellos magníficos ejemplares masculinos.

    Sergio Castelli era de constitución esbelta. Medía un metro noventa y tres de alto, de piernas largas y torneadas, cintura estrecha, glúteos bien proporcionados, brazos musculosos, cuello extenso, además de un torso depilado y fornido. Su piel era blanca y tersa, ojos marrones, cabello café, corto y crespo, rostro simétrico, aunque de porte elegante y mirada seductora.

    Por su parte, Hércules Caetron hacía verdadera gala de su nombre, pues ostentaba una complexión digna de una escultura griega. Su tez era bronceada y lustrosa, cabello negro, largo y ondulado, ojos verdes y un rostro ovalado de firme mentón. Marcadamente musculoso, de anchas espaldas, fuertes brazos, poderosas piernas y un abdomen de hierro.

    -¿Mañana a qué hora te dijo que pasará por nosotros? -Inquirió Hércules, a la vez que comenzaba a vestirse.

    -Como A las 4.00 PM- Respondió Sergio. -Yo llegaré a tu casa como a las 3.30.

    -Vale. Llevaré algo de alcohol. Cervezas, huisqui y ron. -Afirmó Hércules, mientras se abrochaba el pantalón y se fajaba el cinto.

    -Si, yo llevaré algo de hierba y los puros que le gustan a Sam. -Agregó el brasileño que ya había acabado de vestirse y empezaba a peinarse.

    -Hoy saldré con Andrea y desfogaré todo lo que retuve durante esa mierda de semana de la moda. -Afirmó seguro Hércules, mientras se colocaba la camiseta.

    -Si, yo pasaré por Pam y la invitaré a cenar. Tiene tiempo que no hemos salido- Declaró el brasileño, mientras guardaba su ropa en una maleta. -Primero el contrato con Brad Pauers y luego estas semanas con Neimar. Además, no le va a gustar nada que nos ausentemos por meses.

    -¿Ausentarnos? -Preguntó extrañado el griego.

    -O sí, olvidé comentarte. Alfonso explicó que el contrato es una recomendación de Marcus. Parece que uno de sus antiguos clientes, necesita seguridad en un viaje al extranjero y vamos a estar fuera un par de meses. -Respondió el brasileño, a la vez que ayudaba a Hércules a doblar su ropa sucia.

    -Oh, ya veo. Tienes razón. A Andrea tampoco le gustará. Sabes, ese tal Marcus no me da confianza. Siento que Alfonso le permitió muchas libertades. Cuando diseñó la campaña de márquetin y me entrevistó, no sé, hubo algo en él que no me gustó para nada. Era como si me evaluara, como si me examinara de alguna manera. -Señaló el griego, mientras terminaba de amarrarse las botas.

    -Yo por el contrario considero que es un tipo muy simpático- Afirmó divertido el brasileño. -Aunque creo que tu incomodidad viene porque te examinó igual que lo hizo Rhein, la rubia. El hermano de Pam es gay y he visto como me mira, como si yo fuera un pedazo de carne. Creo que Marcus es gay y nos ve a todos como putos símbolos sexuales.

    Hércules lo imitó y juntos se encaminaron a la salida del gimnasio. -No tengo nada contra los gays. Aunque espero que, por su bien, Sam no lo descubra. Él es bastante homofóbico y si Marcus lo ve como dices que el hermano de Pam lo hace contigo, es capaz de romperle la cara. -Dijo el griego tras soltar una risotada burlona.

    -Si, recuerdo cuando hace un par de meses, Pam y yo salimos con Miranda y él. Nuestro auto se descompuso y un amigo del hermano de Pam fue a recogernos. Era un tipo bastante afeminado y bastante lanzado. Después de dejar a las mujeres, nos invitó a su departamento y dijo que si queríamos nos pagaba, pero deseaba una noche de sexo con los dos. Sam se le fue encima y casi nos estrellamos contra un autobús. -Respondió Sergio con una gran sonrisa.

    -Yo creo que tienes razón. Ahora que lo dices Marcus me desvestía con la mirada y no quitaba sus ojos de mi cuerpo. Es un puto gay de mierda- Rio el griego divertido. -¿Vas a querer que te lleve? -Inquirió Hércules al brasileño, ya en la entrada del establecimiento.

    -No, gracias. Traje la motocicleta. Iré a dejar la maleta a casa y después pasaré a la universidad por Pam. -Contestó Sergio, mientras se despedía de Hércules y atravesaba el estacionamiento

    -Vale. Nos vemos mañana. ¡Invita al hermano de Pam y quizás podamos emparejarlo con Marcus! -Dijo el griego entre gritos.

    Ambos se despidieron nuevamente con la mano y se encaminaron hacia sus vehículos. No obstante, ninguno notó al joven rubio que durante aquella tarde los observó y tomó múltiples fotos, mientras los dos se duchaban y conversaban.

    El rubio era un muchacho de unos veinte años, atractivo, pero conservaba la mirada totalmente perdida. Subió a un auto deportivo, aunque en vez de encenderlo, cogió su móvil y marcó un número pregrabado. -Listo mi Amo… Ambos estuvieron aquí… Te envié las fotos que ordenaste… Ssi, mi Amo, acordaron esperar a tu esclavo mañana por la tarde… Hoy… Ellos dijeron que van a salir con sus novias… Ssi, Andrea y Pam… ¿Qué más?… ellos sospechan de ti… El brasileño piensa que eres gay… Ssí, lo comentó con el griego… Y bromearon sobre emparejarte con un afeminado… -Dijo el rubio a Marcus al otro lado de la línea.

    No… Eso fue todo… Llevarán alcohol. Hierba y tabaco… Ssi, mi Amo… Eso fue todo… No sospechan nada más… No, no me vieron… No…- El rubio escuchó las nuevas órdenes de Marcus, antes de contestar. -Ssi, muchas gracias mi Amo… Es mi deseo ser tu sumiso… Tu esclavo… Sólo me excito cuando tú me dominas… Ssi, mi Amo… Olvidaré lo que pasó… Estaré listo para que me domines… Ssi, despertaré ahora.

    El muchacho rubio abrió los ojos y salió de aquel trance. Recordaba que aquella mañana se había levantado y después… Después decidió venir al gimnasio. Los exámenes en la universidad lo traían vuelto loco. Y esas noches de juerga no ayudaban para nada. Negó con la cabeza y encendió el motor de su auto deportivo, para luego perderse entre las calles y avenidas de la ciudad.

  • Deliciosa y arriesgada aventura

    Deliciosa y arriesgada aventura

    En una ocasión un sobrino fue llevado a una agencia del ministerio público, porque el angelito traía una moto con reporte de robo, así que toda la familia fuimos a ver en que podíamos ayudar!! Se hizo de noche y no nos resolvían nada.

    Mi mujer tenía un amigo político, así que le hablo para pedirle ayuda, este accedió, movió algunas cosas y logro que lo soltaran.

    Llego a donde estábamos, me dijo que iba con su amigo, me dijo en que carro iban, los vi que llegaron y se estacionaron, esperaba que bajaran pero no lo hacía, me encamine a donde estaba el auto, al acercarme vi que se estaban besando, no podía creerlo, excitación, miedo, todo pasaba por mi mente, mi mujer es muy aventada y atrevida, pero no era el lugar, ni el momento, alguien de su familia o la mía podían verlos.

    Le llamé… Contestó:

    -Espérame tantito papi!!

    -Mi marido!!

    -Me va venir a golpear!

    -No te preocupes!!! Sacala!!

    -Sácala tu mamacita!!!

    -Mmmm, mmmm!!! Esta rica tu verga!!!

    -Aaaah, hasta que me hizo mami!! Oooo, que rico!! Mamas muy bien chiquita, aaaah!

    Mientras la escuchaba, veía como se metía entre las piernas de ese hombre, se la estaba mamando.

    Estaba muy nervioso en cualquier momento iba a salir alguien y sucedió, salió su hermana, su cuñado, dos de mis hermanos y otros familiares, me preguntaron por ella, les dije que aún no llegaba, su hermana dijo que le había avisado que ya estaba ahí, yo me había acercado al carro donde estaba mamando, todos fueron conmigo, si ella dejaba de mamar y se levantaba, la iban a ver, me dijeron que si quería algo de la tienda, les pedí cualquier cosa y se fueron justo cuando el tipo se vaciaba en la boca de mi cachorrita.

    -Me voy a venir Ivonne aaah!!!

    -Dámelos, échamelos papi, mmmm!!

    -Todos mami, comételos todos!!! Aaaah siii, cabrona me exprimes bien rico aaah!

    -Mmmm, delicioso!!

    -Aaay cabrona que rico!!!

    -No hay nadie cerca, para levantarme!

    -No mami!

    -Ya me voy! Cuánto va a ser de lo de mi sobrino!!

    -Que pasó Ivonne, con tu cuerpo me pagas y quedo a deber yo! Me quedé con ganas de montarte!

    -Cuando quieras papi! Tu dime!

    -Paso mañana por ti y nos vamos al hotel!?

    -Va! Me marcas!

    Minutos después salió del auto y vino a mí. Sonriendo me dijo, mientras me besaba:

    -Hola papi, quieres leche!!

    Aun traía rastros de leche en sus labios y el olía a macho, a verga.

    -Escuchaste que me quiere ver mañana para cogerme!?

    -Si amor!

    -Mañana me van a dar más lechita!

    Minutos después regresaron todos de la tienda.

    Fueron momentos intensos por todos lados, se me subieron los huevos a la garganta, pero no sucedió nada, nadie se dio cuenta.

  • Después del divorcio

    Después del divorcio

    Estuve casado por 25 años. Después de lo cual tuve un divorcio algo difícil a pedido de mi mujer que se enamoró de otro hombre.  Caí en depresión por varios meses.

    Estaba ya viviendo solo y una tarde en medio del aburrimiento entré a una página de internet para contactos gay y puse un aviso como si fuera pasivo.

    En los próximos días me llegaron varios mensajes, pero no contesté ninguno. Sin embargo uno me llamó la atención por su sinceridad, era de un chico de 24 años, estudiante y yo ya tengo 54.

    Así intercambiamos mensajes hasta que un día me dijo para conocernos y yo lo cité a mi departamento. Me daba curiosidad, porque antes cuando era soltero solo tuve dos contactos gay, uno hice de activo y otro de pasivo y de allí me olvidé del asunto y mi vida fue de heterosexual siempre.

    El chico estuvo puntual y yo lo veía desde la calle porque salí y lo espiaba desde la esquina. Estuvo como 30 minutos esperando hasta que me compadecí y me acerqué a él. Lo hice pasar porque me pareció educado.

    Estuvimos conversando un rato sobre sus estudios y me confesó que era heterosexual pero que su enamorada no quería hacer sexo anal y que él quería saber cómo se siente hacerlo. Me agradó e intenté acariciarlo pero no se dejaba, así que decidí quitarme la ropa, con lo cual él se excitó y se desnudó también, así que comencé a chupársela.

    Después de tantos años sentía lo que era tener una verga en la boca. Cuando estuvo ya excitado me pidió permiso para penetrarme a lo que accedí más que todo por la curiosidad de recordar que se siente. Primero me dilató el ano con lubricante y sus dedos. Era una sensación tan placentera que me olvide de mis penas. Yo echado boca abajo y él masajeando mi ano con sus dedos. Cuando estuve preparado me pidió que me coloque al borde de la cama en posición de 4 y sentía que su verga pugnaba por penetrar mi ano.

    Lo hacía con suavidad hasta que sentí que su verga entró hasta el fondo, ya que mi esfínter se había llegado a dilatar. Que sensación más rica, creo que me gustaba mucho más que la primera vez. Sentía como golpeaban sus caderas contras mis nalgas y cada entrada y salida de su pinga en mi ano me daba oleadas de placer.

    Después se echó y me pidió cabalgar sobre él, lo cual hice con gran gusto, montando como si fuera un caballo de rodeo. Él estaba muy excitado y me decía algunas frases excitantes como: que rico eres, me gusta tu culo etc.

    Cuando vi que estaba cerca de venirse le dije, “mejor párate y sácate el condón” y comencé a chupárselo hasta que eyaculó en mi boca.

    Tantos años que no sentía el sabor de la leche de otro hombre. Luego nos bañamos y se fue.

    Antes de irse le hice prometer que guardaría el secreto y que si lo veía en la calle no lo conocía. Después de todo pensé no era tan malo estar divorciado porque tendría la posibilidad de probar otros placeres, disfrutando el sexo con otros hombres.