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  • La casada decente se desata

    La casada decente se desata

    Eva y Miguel se habían ido a cenar a casa del jefe de Miguel. Sebastián se había comprado unos pistachos y una botella de rioja tinto para ver el Barcelona contra el Real Madrid. Estaba sentado en un tresillo enfrente de la televisión con una bufanda y una camiseta del Real Madrid.

    A Teresa no le gustaba el fútbol, pero si los pistachos y el vino. En bata de casa se sentó a su lado, y le dijo:

    -¿Que te pareció lo de la otra noche?

    -Mucha oscuridad.

    -En la oscuridad no se ven los michelines.

    -Me parece que se va a joder el partido.

    Sebastián le puso una mano encima de una rodilla, Teresa le preguntó:

    -¿Me prefieres al fútbol?

    -No hay color entre el fútbol y tú.

    Se comenzaron a comer las bocas y a acariciarse. Los besos se hicieron cada vez más apasionados y las caricias más íntimas. Sebastián le quitó el cinturón de la bata y vio sus grandes y decaídas tetas, con areolas marrones tamaño extra grande y sus pezones gordos y tiesos y vio su coño peludo, su selva negra, su bosque encantado y no pudo más que lamerle los labios.

    -Haz que me corra comiendo mi coño.

    Sebastián, desnudándose, le dijo:

    -Luego, ahora te vas a poner a cuatro patas sobre la alfombra.

    -Así aún me gusta más, bandido.

    Teresa se quitó la bata y se puso a cuatro patas sobre la alfombra que llegaba del tresillo a la televisión y que pasaba por debajo de la mesa camilla donde estaban los pistachos y el vino. Sebastián se arrodilló detrás de ella, le agarró las tetas con las dos manos y lamió desde su coño a su ojete, metiendo y sacando la punta de la lengua cinco o seis veces cada vez que llegaba a él.

    -¿Me estás preparando el culo o el coño?

    -Ambos, tú eliges a la hora de meter.

    Algo después Sebastián le frotó la polla en el coño y en el ojete y le preguntó:

    -¿Dónde la meto?

    -En el culo, nunca me la metió nadie en el culo.

    Se la metió en el coño. Teresa, le dijo:

    -Te dije en el culo.

    Sabía bien lo que le dijera, pero quería engrasarla. La sacó pringada de jugos y le clavó la cabeza en el culo.

    -¡Me gusta!

    La polla entró por aquel estrecho conducto hasta que los cojones de Sebastián hicieron tope con el coño mojado. La folló despacito al principio, después le cogió el cabello, tiro de él, le comió la boca y le dio con más fuerza. Con Teresa gimiendo y con sus tetas chocando una contra la otra, le metió dos dedos en el coño, le acarició el punto G, acariciándolo le dio a romper y teresa se corrió diciendo:

    -¡Me mataaas!

    A unos cientos de metros de allí. Eva estaba en la cocina con su largo vestido de noche de color negro ayudando a su prima Nerea a poner la comida en los platos. Nerea era una mujer de treinta años, de estatura mediana que lo tenía todo muy bien puesto, y que le decía:

    -¿Te puedo preguntar una cosa sin que te enfades?

    -¿Es una crítica, prima?

    -Es un halago.

    -¿Por qué me iba a enfadar por un halago? Dime.

    -Me gustaría acostarme contigo.

    -Ya te dije que no hace años.

    -Por eso tengo una espinita clavada.

    Eva miró a su prima. La vio guapa esa noche, con su vestido de noche negro cómo el suyo y con aquellos zapatos negros con tacón de aguja muy similares a los suyos. Lo único que llevaba encima que las diferenciaba era que Nerea en el cuello llevaba una gargantilla de oro y en las dos muñecas un reloj de oro y una pulsera, bueno, eso y los pendientes, ya que los aros de Nerea eran de oro y los de Eva de plata, por lo demás, hasta sus cabellos los llevaban recogidos en dos moños. Eva le preguntó:

    -¿Te gustan las mujeres o solo yo?

    -Soy bisexual, siempre lo fui.

    Eva se quedó mirando para Nerea sin saber que decir. Al fin le dijo:

    -¿Qué diría tu marido si se enterase?

    -Nada. Solemos hacer tríos e intercambios de parejas, y a veces él va con otra mujer y yo con otro hombre u otra mujer.

    -No os aburrís.

    -Es bien verdad que no, pero no me contestaste.

    -Nunca lo hice con otra mujer. ¿Cómo es?

    -Puede ser dulce, puede ser tierno, puede ser lujurioso, conmigo sería cómo tú quisieras.

    -¿Y no puede ser un poco de todo?

    -Ya te dije que contigo puede ser cómo tú quieras.

    -No sé, no sé, una cosa es hablar de sexo y otra hacerlo.

    Le cogió las nalgas y le metió un morreo que la dejó con ganas de más. Eva le dijo:

    -Besas de miedo.

    Le dio un azote en una nalga y le dijo:

    -Y como el coño mejor que cualquier otra mujer. ¿Te gustaría que te lo comiera delante de tu marido y del mío?

    -Bromeas.

    Cogió dos platos para llevar al comedor y le volvió a preguntar:

    -Hablo muy en serio. ¿Te gustaría?

    Eva cogiendo otros dos platos, le respondió:

    -Claro que sí. Correrme al comerme el coño una mujer con dos hombres mirando. ¡Me mojo solo con decirlo! Pero tendría que ser con otro hombre, eso con un marido cómo el mío es imposible.

    -Imposible es no morirse algún día.

    Después de cenar, Nerea y Eva estaban contentillas debido al vino que habían bebido. Nerea puso en la sala de estar un vinilo en un tocadiscos que fuera de su madre. La canción se las traía, era: Je T´aime… Moi Non Plus, para quien no la conozca le diré que es la canción más sexy de la historia… Nerea moviendo su cuerpo sensualmente, miró para Eva, que estaba sentada en un sofá con una copa de coñac Cardenal Mendoza en la mano, y le dijo:

    -¿Bailas, preciosa?

    Eva, ni corta ni perezosa, se levantó del sofá en el que estaba sentada, dejó la copa sobre la mesa camilla, fue a su lado y le echó los brazos al cuello, Nerea se las echó al culo y pegadas la una contra la otra comenzaron a bailar muy lentamente. Nerea le susurró al oído:

    -No te preocupes por tu marido que el mío lo tiene dominado.

    Le mordió el lóbulo de una oreja, le besó el cuello, y después le dio un beso con lengua.

    Miguel miraba con cara de tonto cómo se chupaban las lenguas. Ernesto, el jefe de Miguel, un cuarentón con pinta de play boy, alto, guapo, con las sienes ya pintadas de blanco y vistiendo un traje gris de Armani y calzando unos zapatos marrones de Massimo Dutti, le dijo:

    -Hacen buena pareja.

    Miguel, que estaba sentado en otro sillón enfrente de su jefe, y que vestía un traje marrón de Zara y unos zapatos marrones de los corrientes, le dijo:

    -¡¿Qué?!

    -Que hacen buena pareja Eva y Nerea.

    Miguel habló en alto para que lo oyera Eva.

    -¡¿No te importa que tu mujer se esté besando con la mía?!

    -¿Importarme? Me gusta ver a dos mujeres bellas jugando.

    -A mi también, pero siempre y cuando una de ellas no sea la mía.

    -¿Eres machista, Miguel?

    -Para nada.

    -Pues parece que lo eres.

    Miguel vio cómo su mujer le cogía del culo a su prima Nerea, cómo le metía una pierna entre las suyas y cómo se frotaban los coños mientras se besaban. Luego vio cómo Nerea le bajaba la cremallera al vestido de noche de Eva y cómo este caía al piso. Eva quedó desnuda, ya que para que no se marcaran en el vestido las gomas del sujetador y de las bragas iba si ellas. Al tenerla desnuda se arrodilló ante ella, la cogió por la cintura y le lamió el coño un tiempo, después le lamió y le folló el ojete, cuando le volvió a dar la vuelta, le metió un dedo dentro del culo y lamió su coño y chupó su clítoris,

    Ernesto sacó la polla y comenzó a menearla.

    -¿No te vas a hacer una paja?

    Miguel, el formal, el responsable, no existía, era solo una pantalla, en el fondo era peor que su hermano, le dijo en bajito a Ernesto:

    -A ver si se va a dar cuenta de que la traje para esto.

    Ernesto le siguió el juego.

    -¡Saca la polla o te despido! -Miguel sacó la polla empalmada- Ahora disfruta.

    Eva poco después sintiendo la lengua de Nerea lamer su coño y viendo a su marido y a Ernesto pelarla mirando para ellas comenzó a correrse. Nerea sintiendo sus gemidos y el coño abriéndose y cerrándose, le dijo:

    -Así, bonita, así, dámela.

    Al acabar de correrse Eva, Nerea se desnudó. Sus tetas eran medianas y picudas, tenían areolas rosadas y pequeños pezones, su cintura era estrecha, su culo y sus caderas normales y su coño tenía una buena mata de pelo negro.

    Ernesto le dijo a Miguel:

    -A qué está buena mi mujer.

    -Sí, pero la mía está mejor.

    -Eso es una opinión subjetiva. ¿A quién le echarías un polvo en este momento?

    -A la tuya, a la mía ya la follé muchas veces.

    -Lo dicho, era una opinión subjetiva.

    Nerea le dijo a Eva:

    -¿Los follamos, prima?

    -¿No quieres que te la coma?

    -Después vamos las dos solas para mi habitación.

    -Vale. ¿A quién follo yo?

    -A mi marido.

    Fueron contoneando las caderas y al llegar junto a ellos se pusieron en cuclillas y les mamaron y menearon las pollas. Eva miraba para su marido y para su prima mamando y meneando la polla, Miguel miraba cómo a su mujer le caían las babas por las comisuras de los labios al mamarle y menearle la polla a Ernesto. Sentían un morbazo los dos… Tiempo después los follaron ellas a ellos moviendo los culos de delante hacia atrás y de atrás hacia delante. Ernesto y Miguel lo único que hicieron fue magrearles las tetas y disfrutar. Algo más tarde se corrían y les llenaban los coños de leche.

    Nerea era una guarra de cojones. Nada más acabar ellos se echó boca arriba sobre la alfombra, y le dijo a Eva:

    -Ven y pon tu coño en mi boca, prima.

    Eva fue a su lado para ponerle el coño en la boca, pero Nerea le dio la vuelta, le puso ella el coño en la boca a Eva y haciendo un 69 comenzó a comerle el coño. La leche de Miguel salía del coño de Nerea e iba cayendo en la boca de Eva mientras le comía el coño. Nerea lamía la de su marido y le chupaba el clítoris. Chupándolo, Eva, se comenzó a correr. Chupó el clítoris de Nerea con la fuerza de un ciclón y Nerea se corrió meando primero en la cara de Eva, y echando después un cargamento de babas.

    A unos cientos de metros de allí. Teresa estaba cabalgando a Sebastián, que le preguntó:

    -¿Tienes alguna fantasía, Teresa?

    -Claro, cómo todas las mujeres.

    Dándole caña desde abajo, le preguntó:

    -¿Cuál es?

    -Tengo tres fantasías.

    Le dio las tetas a mamar. Sebastián se las apretó y se las mamó. Luego Teresa lo besó y después le contestó a la pregunta.

    -Follar con tres hombres es una de ellas.

    -¿Doble penetración?

    -Triple.

    -Eso solo puede ser, boca, culo y coño

    -Sí, esa es una de mis fantasías.

    -¿Cuáles son las otras dos?

    -Una que me bañen de semen… Me voy a correr. ¡Fóllame más aprisa!

    -¿Cuál es la otra?

    -¡Dame duro!

    La agarró por la cintura, metió y sacó a toda hostia y solo paró para correrse dentro del coño.

    Al acabar Teresa le puso el coño en la boca, y con la leche de la corrida y sus jugos cayendo en la boca de Sebastián, le dijo:

    -Esta es mi tercera fantasía. Ver cómo un hombre se traga su leche. Mete tu lengua en mi coño.

    Sebastián le metió la lengua en el coño y Teresa lo frotó con ella hasta que tiempo después le cogió la cabeza, la apretó contra su coño empapado y se corrió cómo una cerda, diciendo:

    -¡Traga, lambón, traga!

    La noche fue larga en los dos lados, más para no llegar a aburrir al personal animado, el relato de «La casada decente», se ha acabado.

    P.D. A ver si comentáis algo más, que sois más vagos que la chaqueta de un guardia.

    Quique.

  • Sexo entre mellizos

    Sexo entre mellizos

    «Todo queda entre mellizos», esa frase la repite una y otra vez mi hermano, mi mellizo, tan es así que llegó a ser nuestro lema durante muchos años, nuestra relación como la de todos los hermanos sufría de altibajos, pero en general y aunque aparecieran diferencias entre nosotros éramos realmente inseparables.

    Una de esas diferencias era el tiempo, el tiempo que es inexorable y nos hacemos mayores, cumplimos años y empieza a haber pequeños secretos entre nosotros, pequeñas diferencias, era de cajón el hombre y yo mujer, empezamos a distanciarnos y más en la universidad donde buscábamos vivencias diferentes y aunque nos unían muchas cosas otras nos separaban, yo buscaba el amor en un hombre y él en una mujer y a pesar de todo ello él, era realmente mi confidente y yo la suya.

    El tiempo también quiso que nos volviéramos a unir, llámale casualidad, destino, pero aquel segundo años en la facultad cuando contábamos con 20 años, conocimos a otra pareja también de mellizos María y Miguel, en mi clase María con la que enseguida congenié convirtiéndose en una de mis mejores amigas, muy parecida a mí en casi todos los aspectos, en gustos e incluso en lo físico, le gustaba la lectura, el cine, la buena música, la danza, la pintura.

    María era alta, cuerpo reloj de arena bien definida en sus curvas, cara aniñada con pequitas en la nariz, labios carnosos, ojos color avellana, el pelo un poco más largo que el mío de color rubio oscuro, yo en aquella época lo tenía por encima de los hombros y me dio por teñírmelo de rubio claro, pero por lo demás la verdad que podríamos haber pasado por hermanas.

    Mi hermano conoció a su mellizo jugando al baloncesto y también muy parecido a él, le gustaba el deporte, la música, la lectura, eran dos chicos muy guapos, pelo corto y ojos de color también avellanados, cuerpos bien formados y sin un ápice de grasa, buenos pectorales y unos abdominales que parecían tabletas de chocolate, labios carnosos y un culito de esos que te giras para mirar.

    Mi hermano solo conocía a Miguel y yo a María, el día que nos conocimos todos, fue cuando ellos organizaron una cita para ir a cenar y luego al cine, ninguno de los cuatro sabía nada de los parentescos, tanto María como yo solo sabíamos que era como una cita a ciegas en la que ellos nos había embaucado a las dos y tan siquiera sabíamos que nos íbamos a ver.

    Al principio pensamos que era una broma preparada por ellos, pero cuando vimos sus caras de sorpresa, también pasamos de la sorpresa a la extrañeza y de la extrañeza a las risas en un momento los cuatro, ese día el cine tuvo que esperar, ya que nos pasamos toda la cena hablando de nosotros sin que nos diéramos cuenta de que el tiempo corría, estábamos tan sorprendidos de que incluso casi tuviéramos vidas paralelas, misma edad, casi mismo mes y otras similitudes.

    Empezamos a salir con más asiduidad los cuatro juntos y empezaron las miradas de complicidad entre nosotros, entre mi hermano y María, entre Miguel y yo, los primeros juegos y los primeros cortejos, empezaron los días que simplemente nos apetecía estar solos, salir a cenar, hacernos arrumacos y besarnos en la oscuridad del cine.

    Aprovechando que un fin de semana los padres de María y Miguel estaban de viaje planeamos quedamos en su casa con la idea de dormir yo Miguel y María con mi hermano y para calentar la noche nuestros hermanos se preocuparon de ponernos unas películas digamos que subida de tono, más bien porno,

    A mitad de la película Miguel me abrazaba y sus manos acariciaban mis pechos mientras nos besábamos y mi hermano hacía lo propio con María, Miguel se levantó extendiéndome la mano para que le acompañara y me llevo a su habitación, yo miraba a María con complicidad riéndome nerviosamente y esta me sonreía a la vez que me decía adiós pásalo bien y tirándome un beso.

    Miguel, ya en su habitación me empezó a desnudar con suavidad sustituyendo la ropa que me iba quitando por los besos que me iba dando sobre mi piel desnuda, tumbada en la cama lo último que me separaba de él eran mis bragas que al final cayeron al suelo también, empezó a recorrer mi vulva con su lengua, separando mis labios vaginales con sus dedos y llegando hasta mi vagina y los primeros gemidos empezaron aparecer.

    Sus dedos no paraban de acariciar mi clítoris y su lengua de un lado a otro metida en mi vagina, saboreando el dulce néctar que la empapaba, era la primera vez que lo iba a hacer con él y estaba realmente excitada, tan alterada y caliente que tenía todas mis terminaciones nerviosas en modo placer, cada caricia, cada beso era un gemido.

    Quería que lo dejara, quería sentir su pene dentro de mí, soñaba con ese momento en que su pene penetraba mi vagina, rozando las paredes de mi interior una y otra vez, en esos momentos que no te importa nada, solo sentirle dentro, solo sentir su retirada y nuevamente su avance cada vez más dentro, cada vez más rápido y que su pene entre tan suave que navegue por mis fluidos, hasta que me haga gritar y temblar, hasta volverme loca.

    Me levanté y empecé a lamer su pene a la vez que le ponía un preservativo, estábamos los dos tan excitados, tan nerviosos que solo queríamos terminar con los juegos y follar, me tumbe abriendo mis piernas, invitándole a que entrara y me follara, la sensación de placer fue tremenda cuando la sentí dentro, con la habitación cerrada, en silencio y con una luz tenue empezamos amarnos, empezaron los primeros empujones, las primeras penetraciones y empezamos a oír golpes y gemidos que rivalizaban con los nuestros, eran los de María y mi hermano que al igual que nosotros, sucumbieron al juego del amor y empezaron a follar.

    Terminamos las dos gritando una en cada habitación, nuestros respectivos hermanos nos habían hecho corrernos, no fueron ni mucho menos los últimos gritos que se oyeron aquella noche, aquello parecía una competición entre María y yo, tú gritas yo más, ahora tú, ahora me toca a mí.

    Al día siguiente los cuchicheos entre ambas eran continuos, ellos también hablaban de nosotras, mirándonos y riéndose mientras se tocaban la entrepierna, algo estaban planeando y no sabíamos muy bien que era, pero de seguro que nosotras estábamos en el ajo.

    Esa tarde mientras jugábamos al parchís, las risas, los besos eran continuos y las caricias iban en aumento, mi hermano empezó a meter su mano por debajo de las bragas de María y aunque ella le apartaba ya no podía más, la excitación iba en aumento, se mordía el labio y me miraba, empezaba a besarle y a dejarse llevar.

    Observaba como mi hermano movía sus dedos por debajo de sus bragas, podía sentir como metía sus dedos en la vagina de María, como recorría sus labios y Miguel empezó hacer conmigo lo mismo y yo accedí al momento, estaba tan caliente que le dejé hacer, me sentó encima de él y me empezó a desnudar allí.

    María se quiso levantar e irse a la habitación, pero mi hermano la cogió y la sentó encima de él como Miguel conmigo, los dos tenían un plan, otra cosa en mente, algo que habían planeado durante toda la mañana y que ahora empezaban a realizar quitándonos a la vez las camisetas y el sujetador a ambas mientras nos besaban los pechos, parecía como si estuviéramos frente a un espejo, iban los dos sincronizados.

    María me miraba nerviosa y yo a ella, nos sentíamos incomodas, pero a la vez no queríamos parar, estábamos los cuatro allí en el salón, nosotras sentadas sobre ellos y ellos desnudándonos poco a poco mientras nos besábamos.

    Mi hermano sacó un pañuelo negro que tenía escondido y se lo puso a María en los ojos, acto seguido Miguel hizo lo mismo conmigo, la oscuridad nos envolvió, yo sentía sus manos acariciarme, sus besos recorrer mi cuerpo, me levanto y me quito mi tanga con cuidado, estaba tan nerviosa y tan alterada, tan excitada que me dejaba hacer a pesar de saber que mi hermano estaba allí presente, viéndome desnuda, viéndome dispuesta a follar delante de él con Miguel, nerviosa si, pero también aquello estaba disparando mi temperatura y sentía mi vagina hervir.

    Miguel me tumbo boca arriba en el suelo, pensé que María y mi hermano estarían en el sofá hasta que note como ponían a María por encima de mí, sentía su sexo cerca de mi boca y su aliento en mi sexo, María empezó a lamer mi vulva, a succionar mi clítoris con su boca y yo tras dudar tan solo un momento empecé a besarla y a lamerla también, esto era de lo que se reían y habían planeado, excitarnos tanto que no pusiéramos remilgos, nosotras como dos tontas habíamos caído en sus planes perversos, aunque en esos momentos ya no nos importara a ninguna de las dos.

    Con los ojos vendados, dándonos placer, las dos lamiendo nuestro sexo esperábamos la próxima acción de nuestros hermanos, empecé a oír los gemidos de María y como sentía pequeños empujones como su cadera empezaba a moverse de atrás hacia delante y a poco de esto, unas manos muy suaves me levantaban un poco la pelvis y un pene enorme empezaba a meterse dentro de mi vagina.

    Una y otra vez sentía a Miguel dentro de mí, María seguía lamiéndome el clítoris y eso me estaba volviéndome loca, las dos empezamos a gritar como dos histéricas, sentía los empujones de mi hermano sobre María, mientras que Miguel me la metía, los dos pararon de golpe y con suavidad nos levantaron del suelo, nos sentaron en el sofá una a cada lado, Miguel me abrió de piernas tantos que tocaba las de María también abiertas, se pusieron entre ellas y empezaron nuevamente a follarnos, encontré en la oscuridad la mano de María y nos la cogimos con fuerza, mis pechos iban de un lado a otro bailando en cada penetración.

    La sentía más grande y más gorda que la noche anterior, cuando paraba notaba sus palpitaciones, la notaba diferente, me llenaba más, profundizaba más, la sensación de placer era mayor, quería que me besara, pero no lo conseguía, esta vez Miguel solo metía y sacaba su pene de mi vagina y hasta eso era diferente, María gritaba cada vez más alto, me apretaba fuerte la mano, estaba como yo a escasos momentos de un orgasmo y cuando mis piernas empezaron a temblar, mi vagina se inundó saliendo a chorros y me quitaron de repente la venda.

    Cuando abrí los ojos vi que era mi hermano el que me follaba, cada vez con más fuerza, nos mirábamos a los ojos mientras gemíamos y gritábamos, quería parar, pero quería seguir, quería matarle, pero quería que me siguiera follando, le llamaba cabrón y le gritaba que me dejara de follar y a renglón seguido le decía que no parara, que la siguiera metiendo, me estaba proporcionando aquel orgasmo tan delicioso, miré a María que al igual que a mí su hermano se la estaba follando y la había quitado también la venda.

    Tenía la misma expresión que yo en la cara, de placer infinito, de extrañeza y enfado, pero al igual que yo quería más, quería que nuestros hermanos no pararan de follarnos, mi hermano me cogió de las caderas y me tumbo en el sofá, echándose encima de mí, movimientos, empujones y penetraciones cada vez más rápidos, ahora quería meterme también su lengua, le miraba fijamente gimiendo una y otra vez, le agarre de la cabeza y lo atraje hacia mí besándole con pasión.

    Él no paraba de penetrarme una y otra vez cuando un segundo orgasmos volvía a estremecer mi cuerpo a la vez que sentía como mi hermano empezaba a correrse, nos seguimos besando hasta que todo hubo terminado, mi hermano saco su pene envuelto en todos nuestros fluidos y de mi vagina empezó a salir su semen.

    María y Miguel habían terminado también, Miguel también se había corrido dentro de su hermana, las dos nos mirábamos mientras que metíamos un dedo en nuestras vaginas cogiendo un poco de semen, yo mire a mi hermano parecía que me lo fuera a comer de la rabia que sentía dentro, me lleve el dedo a la boca y lo chupe.

    Estaban todos como esperando mi reacción, yo me levante cogía mi hermano de la mano le llame cabrón y le volví a besar en los labios a meter mi lengua dentro de su boca, besándole a la vez que le llamaba cabrón.

    Mire a María y a Miguel y pidiéndoles permiso me lo lleve a una habitación para que me pudiera follar nuevamente, esa noche fue inolvidable, gritos y gemidos como la noche anterior, pero esta vez los míos ganaban a los de María que también follaba con su hermano.

    No sé dónde nos llevará esto, tenemos ya 23 años y mi hermano y yo no paramos de follar a la vez que compartimos sexo con María y Miguel, que siguen follando igual que nosotros, pero además mi hermano con María yo con Miguel y todos revueltos, no sé dónde nos llevara todo esto, es un camino peligroso, pero de momento nos gusta el peligro, nos gusta follar juntos, me gusta sentir a mi mellizo muy dentro de mí.

    Me gusta la polla de mi mellizo, me gusta follar con él.

  • Nunca me había fijado en la señora del aseo (2)

    Nunca me había fijado en la señora del aseo (2)

    En el anterior relato, conté como me cogí a Rosa, después de esa vez, casi cada semana me la cogía, ya era una rutina, llegaba más temprano, se bañaba y se metía en mi cama, me mamaba mucho la verga hasta terminar, luego cogíamos en varias posturas, me encantaba ponerla de perrito, subir sus piernas a mis hombros, otra postura era recargarme sentado en la esquina de la pared, sobre la cama y ella se sentaba, de espaldas, en mi verga, de tal manera que le veía su culito.

    Hablábamos de sexo y me contaba todas las veces que se la habían cogido, era delicioso tenerla boca abajo, penetrándola y escuchar sus historias, desde niña, en la primaria, la habían tocado y le gustó, así que me enteré de su primera cogida con un maestro que la llevó a su casa, luego varios primos, amigos de la escuela y hasta su hermano menor. Luego se casó y se portó bien como 3 años, después el marido perdió el trabajo fijo y andaba buscando de aquí para allá, a veces fuera de la ciudad, ella tuvo que entrar a trabajar aseando casas y tuvo varias cogidas con patrones y algunos chavos de las familias también, me ha confesado que siempre le ha gustado que le metan la verga, incluso un sacerdote se la cogió.

    Ella ha trabajado conmigo desde hace mucho, incluso cuando era casado, así que conoce y trabaja también con mi ex.

    Un día me dijo que ella me platicaba sus cogidas y que yo no, que cual había sido mi mejor cogida, le dije, siendo muy franco, que con mi ex, eran las mejores sesiones de sexo que había tenido, hacíamos de todo.

    Me preguntó si me la volvería a coger, le dije que sí, que era una de mis fantasías, seguimos platicando del sexo con mi ex y noté que se puso muy excitada con esa plática.

    La siguiente semana hizo, me dijo que iba a llegar pero en la tarde, porque tenía unos pendientes, le dije que sí, que no había problema.

    Llegó ese día, Yo en la cama esperándola y llegó, se metió a bañar, se tardó un poco más, salió en una ropa interior muy sexi, un camisón muy transparente y cortito, y un juego de bra y tanga negros, me sorprendí, pero más cuando me dijo que la lavadora de mi ex se descompuso y ella se llevó la ropa para lavarla en otra parte, así que esa era ropa de mi ex, esto me prendió y me excité bastante, ya era tarde y el cuarto estaba a oscuras, la tomé y la besé con pasión, acariciando su cuerpo, me imaginaba que era mi ex la que tenía allí, mas sorpresa al acercarme y oler la tanga, no estaba limpia, olía a ella, la acaricié y besé todo su cuerpo, llamándola por el nombre de mi ex y ella me decía, “si cógeme Pedro, hazme tuya, soy tu puta, méteme la verga”.

    Recordé como cogía con mi ex y repetí las posiciones, incluso, le pregunté, así como lo hacía con mi ex, “¿Te puedo hacer lo que quiera?”, me dijo “si, hazme tuya Pedro”, la acosté boca abajo, le hice a un lado la tanga y le acerqué la verga al ano, la sentí un poco tensa y le pregunté, “¿Estas segura mi amor?”, “sí, me dijo, hazlo por donde quieras”, me agaché a su culito, le di unas chupadas, sentí que eso le gustó, le puse saliva y le arrimé la verga, poco a poco fue cediendo, abrió un poquito y entró la punta, seguí empujando y entro toda la cabeza, así seguí, poco a poco, ella pujaba y resoplaba, “¿la sacó?” le pregunté, “nooo, nooo”, me dijo, “se siente muy rica, me raspa bien sabroso, tenía años que no sentía eso”, eso me excitó al 100 y seguí insistiendo hasta que se la metí toda, y empecé uno de los mete y saca más deliciosos de mi vida, ella suspiraba y me decía, “más, toda, cógeme toda”, de pronto me dijo, “no pares Pedro, sigue, voy a terminar”, se estremeció y yo no pude resistir más, le llené el culo de mecos; esa vez tuve dos orgasmos deliciosos.

    -Ay Rosa -le dije al llevarla a su casa- esto fue de lo mejor.

    -Tengo más ideas -me dijo.

    Continuará.

  • La amiga feminista de mi novia

    La amiga feminista de mi novia

    Hace un tiempo hice un viaje con mi novia y dos de sus amigas: Sasha y Johana, que eran feministas.

    Durante el camino de ida se me hicieron muy molestas, se creían mejores que los demás por repetir lo que dicen sus panfletos y juzgarme por ser un hombre y por pensar diferente a ellas.

    Al llegar a la playa pude relajarme y pasar tiempo a solas con mi novia. El calor, el mar y su olor hicieron que mi mente y mi cuerpo estuvieran excitados todo el tiempo.

    Durante esos días hizo tanto calor que usamos bañador casi todo el tiempo, compartimos un piso pequeño con una sola habitación y dos camas, lo que complicó hacer el amor con mi novia.

    Noté que Sasha me miraba de reojo y que bajaba la mirada cuando se cruzaba conmigo, cambió de actitud y pasó de: adoctrinarme e insultarme a sonreír y tocarme cuando estaba cerca. Eso hizo más ameno el viaje.

    En la noche nos encontramos en el pasillo que llevaba al baño y al cruzar nuestros cuerpos calientes y sudorosos se rozaron, no pude evitar excitarme y ella se puso nerviosa.

    Admito que Sasha me parecía una mujer desagradable, pero tenía unas tetas grandes y redondas, la piel bronceada, húmeda y un culo que se ve espectacular al ponerla en cuatro.

    Le acaricié el brazo hasta tomarla de la mano y la llevé al cuarto, rápidamente nos quitamos la poca ropa que teníamos.

    Al tenerla desnuda, mi lengua los repasa sus pezones obscuros y grandes de arriba a abajo, remojándome los labios para chuparle bien las tetas y dejarlas cubiertas de saliva.

    Su cuerpo está muy cerca al mío, le agarro las nalgas para apretarlo contra mi, mientras mi pene se incrusta en su abdomen, poniéndose más caliente y duro.

    Ella me masturba lento, de a poco lo hace más rápido y fuerte. Se pone de rodillas, se acerca rápidamente y engulle el glande, va succionado la punta y la saca por momentos para acariciarla con la lengua. Se la va tragando más profundo y su saliva escurre por su quijada y gotea en el pecho.

    La tomó por los brazos, la ayudó a levantarse, la tomó por las caderas, la volteo y luego la pongo en cuatro, ella arquea la espalda, mostrándome sus enormes nalgas color cobre.

    Con las manos separó esas nalgas y acarició su ano con la punta del pene. Rozo lento y con cuidado los labios de su vagina, entonces le meto el pene, lento y de a poco. Se la voy metiendo y sacando, cada vez más fuerte, cada vez más rápido, apoyándome en sus nalgas como punto de equilibrio.

    Después de un rato penetrándola, siento como mi semen fluye desde mis testículos y poco a poco se va acercando a la punta de mi pene. Cuando siento que estoy a punto de llegar lo saco rápidamente de su vagina para eyacularle en las nalgas y la espalda.

    Realmente quise hacer eso con Sasha, pero el cuarto estaba ocupado, pensé en el baño, pero tener sexo con ella me hubiera dado muchos problemas con mi novia.

  • ¿Cómo imaginar?

    ¿Cómo imaginar?

    Con las manos en los bolsillos, andaba un tanto ausente, con la mente aún en el fin de semana. Necesitaba un café para entrar en el lunes.

    A unos treinta pasos, en el semáforo, la reconoció. Era inconfundible. Aceleró sus zancadas, pero el aparato se puso en verde y ella continuó su camino. Él sintió un pellizco de desilusión, si hubiera salido antes de casa, si el semáforo hubiera tardado un poco más. Pero de inmediato se preguntó: ¿para qué?, se habría puesto a su lado, ¿y qué?

    Ni siquiera sabía cómo se llamaba. Así que se conformó con seguirla mientras sus itinerarios fueran coincidentes. Ella andaba rápido, todo lo rápido que le permitía aquella falda tubo a juego con una chaqueta entallada color marfil que definían perfectamente su silueta. Sus pasos firmes hacían que todo su cuerpo se contonease de una manera sensual.

    Su melena rubia lo hacía con una cadencia armoniosa muchos menos salvaje de lo que él recordaba. Su estrecha cintura tenía un baile hipnótico que pedían agritos la sujeción de unas manos firmes. Sus caderas se movían al son que marcaban sus tacones de aguja con cada paso. Y sus redondos glúteos blancos con aquel precioso lunar en el lado derecho, hoy tapados por una falda que permitían comprobar que usaba tanga, se tensaban y endurecían.

    Tras un par de revueltas la perdió de vista. Sus caminos se separaban, pero la imagen de aquellos ojos verdes de gata y aquella maravillosa boca de labios carnosos permanecerían en su memoria.

    Entró en aquella pequeña cafetería donde tomaba café cada mañana, leyendo la prensa. Frente a la puerta una pareja ocupaba su mesa. Un eterno segundo sirvió para identificar al hombre trajeado y meticulosamente peinado con gomina que se gira al oír la puerta. Es aquel conocido de la infancia, que las circunstancias académicas les llevaron a ser compañeros aunque no amigos. Algo engreído y prepotente, nunca llegaron a congeniar. Acabó derecho, ejerce en un bufete y milita en alguna lista política. Luego a la chica, es ella, inconfundible. Exageradamente guapa y elegante, forman la pareja perfecta.

    Él lanza un saludo, el hombre lo devuelve, también le reconoce. Ella levanta las cejas a modo de respuesta, se ruboriza al ver que el saludo no era para ella, ni siquiera sabe como se llama pero sabe quién es.

    El abogado ajeno al malentendido, se vuelve para explicarle a su novia quien es el tipo que acaba de entrar: un conocido del instituto que nunca le cayó bien. Nunca destacó en nada y nunca llegó a nada. Está parado.

    La pareja apuró el café y con una despedida sin cruce de miradas sale de la cafetería hacia el juzgado. Hoy tienen un importante juicio que defender.

    Él termina su desayuno, le echa un último vistazo a la contraportada del AS y sale hacia su furgoneta.

    Una vez dentro, ajusta el espejo retrovisor y ve reflejada allí la cara de ella, desnuda, sudorosa, gritando de placer mientras él le tira de su melena rubia al tiempo que la penetra con violencia, como a ella le gusta. Los efectos eufóricos de las dos rayas que se acaban de meter hacen que afloren en ella perversiones morbosas y le exige más. Él no la defrauda y acatando sus órdenes enrojece su glúteo derecho con un cachetazo antes de hundir su pene en el estrecho orificio anal de ella. La sodomiza sin compasión de sus súplicas hasta caer los dos exhaustos.

    ¿Cómo imaginar que la desconocida del polvo furtivo del sábado era una elegante abogada y novia de aquel compañero gilipollas del instituto?

  • Sexo entre amigas (Parte 1)

    Sexo entre amigas (Parte 1)

    Jueves

    Sofía estaba en su primer año de medicina, procedía de un pequeño pueblo de Asturias y sus excelentes notas, le habían permitido acceder a la carrera en una de las mejores universidades del país. Ahora vivía en Salamanca, era la primera vez que se alejaba de sus padres y hacía una vida independiente. Sofía nunca había pasado desapercibida, tenía una melena pelirroja, su descendencia de un abuelo irlandés, recayó en su genética. Era de estatura mediana, de piel blanca y llena de pecas que marcaban su cuerpo como un cielo estrellado. De caderas con curvas y pechos grandes, era una chica virgen de 18 años, en su clímax del sexo. Pocas fueron sus experiencias con los chicos, era una chica tímida, pero siempre con imaginación y curiosa. Intentaba ocultar su rostro con el flequillo pelirrojo y las gafas de pasta negra, que usaba para estudiar. Sofía era una diosa a punto de explotar en un cuerpo de niña. Era jueves noche y Sofía estaba encerrada, como casi todos los días, en su habitación, repasando el tema de microbiología, para el examen del lunes. Lo tenía más que aprendido, pero tristemente, Sofía no tenía un mejor plan para ese jueves noche.

    Compartía piso con otra chica, cuatro años mayor que ella y también estudiante de medicina. Rei, como la conocían en la facultad, Reyes en su barrio de Fuenlabrada, era una mujer más activa. Se las sabía todas, como buena veterana de la escuela. Iba aprobando algunos exámenes, otros copiaba y en ocasiones, el rumor se corrió, que aprobó Anatomía General I, porque le había comido la polla al profesor en una de las tutorías. Rei nunca quiso desmentir el rumor, ella prefería que el resto de profesores tuvieran esa duda y mantener la tensión sexual con ellos para conseguir mejores notas. Rei sabía aprovecharse de ser mujer y eso le ponía muy cachonda. Era una mujer morena, alta y de pechos pequeños, estrecha de cintura, heredada de su madre, y un culo perfecto. Dos años consecutivos fue elegida el mejor culo de la facultad de medicina. Ella lo marcaba orgullosa con sus shorts en las fiestas de verano o unos buenos jeans ajustados. A Rei le gustaba gustar, el juego de la seducción le atraía y muchas de las veces traía de cabeza a muchos de sus compañeros. Pero ella era selectiva a la hora de elegir pareja o tener sexo. Buscaba un perfil adecuado, un hombre que aguantara su ritmo sexual y su lado más salvaje.

    Rei vino del gimnasio, agotada y sudada. El dolor de las agujetas en sus muslos y glúteos le ponía cachonda. A cada paso, el pinchazo en la cara interna de sus piernas era como un mordisco en su vulva. Se humedecía en pensar las muchas ganas que tenía que le comieran el coño. Esa semana sin follar era un castigo para ella y su infinito apetito sexual. Al entrar en casa, el silencio era sepulcral, Rei intuía que Sofía andaba estudiando concentrada de nuevo. Cerraba todas las ventanas de la casa para que no entrara ningún ruido. Esa joven era una maniática del ruido se dijo a si misma Rei. Abrió el ventanal de la terraza y la cálida brisa de la tarde de verano le abrazó el cuerpo. Rei se sintió satisfecha, sus pezones se erizaron y se pusieron duros al sentir la brisa, y se transparentaron a través del sujetador deportivo que llevaba puesto. Eso le excitó y se tocó las tetas unos segundos mientras veía el atardecer desde la terraza.

    Rei puso música en el salón y comenzó a hacer estiramientos en su colchoneta. Era su momento de relajación antes de ir a la ducha. Las mallas blancas le marcaban todo el cuerpo, sus muslos duros y el culo prieto y por delante, sus labios del coño también se marcaban cuando abría las piernas para llegar a la punta de sus dedos del pie.

    Sofía salió al salón, la música la había desconcentrado. Se acabó el tiempo de estudio por hoy pensó la pelirroja. Vio a Rei con la espalda en arco invertido y sus brazos extendidos apoyados al suelo, el saludo al sol. Su perfecto culo asomaba como la ladera de una montaña en una pobre llanura. Sofía envidiaba ese culo, como todos, y se lo imaginó un momento sin ropa. Sus nalgas tersas y lisas, sin estrías como el suyo. Apetecibles para acariciar y oler. Sofía salió de sus pensamientos al sentir que se le ruborizaba la cara y le ardían los labios de la boca.

    Rei se giró al verla.

    -Qué miras –Rei sonrió al ver la cara de pasmada de Sofía mirando su cuerpo.

    -Han cortado el agua otra vez, solo queda en el calentador para una persona.

    -Pues iba a ducharme, en el gimnasio no he podido.

    Rei recordó en su mente, que se había liado con el monitor en los pasillos que daban a la sauna. Le había comido la polla muy rápido y profundo. Ese momento le despistó e hizo que se marchara del gimnasio sin ducharse. El sabor de su semen todavía estaba en su garganta.

    -Yo también quiero ducharme antes de seguir estudiando –dijo Sofía.

    -Pero si no vas a salir.

    -Lo necesito para desconectar –Sofía se ajustó las gafas de pasta, se le resbalaban por la nariz. En ese momento se dio cuenta que estaba transpirando. Ver a su compañera como abría las piernas y se le marcaba el coño le excitó.

    Rei estiró los brazos, sus pechos pequeños se movieron y sus pezones ya no estaban marcados.

    -Pues algo habrá que hacer, porque yo quiero salir esta noche y necesito ducharme.

    El sol se ocultó y los minutos previos al anochecer los pájaros sobrevolaban bajo los tejados de las casas. Era la hora mágica, Sofía observaba desde la terraza como se terminaba el día. Rei solo con el tanga de hacer ejercicio, caminó por el pasillo hasta la terraza y le tiró una toalla sobre el hombro a Sofía.

    -Me voy a duchar, vente y aprovechas el agua.

    Sofía no supo reaccionar, pero de forma instintiva siguió el caminar gatuno de Rei, el movimiento de sus caderas era hipnótico. Tenía cuerpo de Súcubo. Rei se quitó el tanga y lo dejó en el suelo, abrió el grifo de la ducha para que corriera el agua caliente. Sofía se quitó la camiseta de andar por casa y se tapó los pechos, todavía llevaba el sujetador. Su cuerpo blanco era como leche fresca por la mañana.

    Rei estiró su espalda y piernas antes de entrar en la ducha, un ligero hilo de flujo le resbaló por el coño y goteó en el suelo, todavía estaba mojada de la mamada que le hizo al monitor del gimnasio. Su culo estaba sudado y brillaba.

    Rei cogió la alcachofa de la ducha y se la pasó por las piernas para comprobar la temperatura del agua.

    -¿Te vas a meter o no?

    -Si, claro –Sofía metió un pie en la ducha.

    -¿Te vas a bañar con el sujetador? -Rei se rio de su compañera de piso. Notó en seguida su vergüenza– Quítatelo anda.

    Sofía se quitó el sujetador, sus pechos grandes cayeron y sus pezones se pusieron duros al sentir el agua templada. Su cuerpo se estremeció. Rei se quedó mirando las tetas de su compañera. Le gustaba la aureola tan marcada y dura que tenía. Eran muy apetecibles.

    -Todas tenemos lo mismo, no te preocupes –Rei quiso relajarla.

    Sofía se quitó las bragas y las dejó sobre el lavamanos. Su coño era rosado y suave. Estaba sin depilar. Un pequeño matojo de pelos pelirrojos y rubios, asomaba desde sus labios superiores. En cambio, el coño de Rei, estaba rasurado al máximo. Un coño adolescente en el cuerpo de una mujer. Sus labios se cerraban hacia dentro y le daban un aspecto de tenerlo estrecho. Pero todo lo contrario, Rei se excitaba con facilidad y era capaz de dilatar su coño hasta poder meterse 4 dedos juntos. Deseaba sentirse llena cada vez que tenía sexo.

    Sofía se apretó contra la pared, no quería tocar el cuerpo desnudo de Rei, al menos por ahora. El agua le salpicó el rostro, Rei se estaba mojando el pelo. El agua le caía por su musculada espalda y hacía una fuente desde sus nalgas hasta el suelo. Era como ver un accidente de la naturaleza en estado salvaje. Rei le pasó el agua y Sofía se mojó las tetas, la boca y los muslos. La temperatura era la adecuada para un baño corto pero intenso.

    -Enjabóname la espalda –Rei le llenó la palma de la mano de un gel de baño de color blanco como la leche.

    Sofía le pasó la mano por la espalda y bajó hasta la cintura. Se detuvo un segundo. Apretó con fuerza el cuerpo de Rei y tocó su culo. Rei al sentir la mano, hizo un acto reflejo y endureció sus glúteos. Le gustó ese gesto. Rei se dio la vuelta y llenó su mano con el gel. Sofía mantenía el chorro del agua hacia el vientre de su compañera. El agua tibia le corría por su clítoris y se mezclaba con su flujo que empezaba emanar al sentirse excitada.

    Rei acarició las tetas de Sofía. Con suavidad. Jugó un poco con sus pezones que se endurecieron, estaban a punto de explotar. Rei sonrió de forma burlona. Cogió el pecho en peso y lo masajeó lentamente. Sofía abrió la boca y su respiración se entrecortó. Se miraron a los ojos y Rei se acercó para comerle la boca. Fue un beso húmedo, lento e intenso. Al separarse sus lenguas quedaron unidas por un hilo de saliva. Sofía se ruborizó, nunca la habían besado así de bien. Notó como su coño se mojaba y el jabón le resbalaba por la entre pierna.

    -¿Puedo? -Rei hizo un gesto de bajar la mano y Sofía asintió con la cabeza. Estaba como en una nube. Excitada era poco. La mente le volaba a mil por hora y su cuerpo parecía flotar en una alfombra mágica de placer.

    Rei acarició su vello pelirrojo y lo enjabonó. Sofía gimió al sentir la mano de Rei acercándose a sus grandes labios. Estaban mojados y le daba vergüenza que los notara así. Rei al ver la reacción de ella, le frotó el clítoris despacio y las piernas de Sofía se doblaron al sentir un cosquilleo en su coño. Un calambre desde sus pies hasta la base de su vientre. Rei le introdujo un dedo, despacio, ayudándose del gel de ducha y del flujo de ella. Tenía el coño estrecho y duro. Nunca había recibido una polla. Metió su dedo hasta el fondo y Sofía se tapó la boca para no chillar. Rei, que estaba muy cachonda al ver ese coño pelirrojo, decidió quitarle la mano de la boca y meter su lengua. Quería saborear de nuevo la saliva de Sofía.

    -Me gustaría comerte el coño -Rei le susurró al oído y Sofía cerró los ojos para imaginárselo.

    -Pensé… que eras hetero… ahh… ahh –Sofía no podía dejar de gemir mientras sentía los dedos de Rei dentro de ella.

    -Me gusta todo. Prefiero comerme una polla, pero tú estás muy rica –Rei escupió sobre la lengua de Sofía y ella recibió su saliva y se la tragó. El agua empezaba a ponerse fría.

    Sofía bajó su mano y palpó las nalgas de Rei, estaban duras. Metió dos dedos entre las nalgas y tocó su ano y llegó hasta su coño por delante. Rei gimió al sentir el calor de las yemas de los dedos. Subió su culo para que Sofía pudiera acceder mejor a él. Rei sintió el cuerpo de Sofía pegado al suyo. El calor de ambos cuerpos pegados, piel con piel. Como un esparadrapo que se separa, lento, con dolor, el roce encendía su llama interior. Su coño se mojó y soltó un chorro de flujo que empapó la mano de Sofía. Rei gimió otra vez, su voz ahora era dura, potente, estaba a punto de correrse.

    -No pares, méteme los dedos –Rei estaba desesperada.

    Sofía le obedeció, y ensanchó sus labios cerrados y le metió dos dedos.

    -Más joder –Rei jadeó al sentir cómo entraban en su coño. Quería estar llena– Méteme la mano.

    Sofía se excitó más aun al oírla. Notó que su palma se mojaba e introdujo cuatro dedos. Rei se abrió las nalgas con la mano para ensanchar su coño. Sofía entendió el mensaje. Juntó los dedos en forma de cuña y con firmeza los deslizó hasta el fondo de la vagina de Rei.

    Ella gritó de dolor. Le gustaba que la penetraran hasta el fondo, que le rozara las paredes de su coño y le bombeara dentro.

    -Hasta el fondo, Fóllame –Rei apoyó ambas manos contra la pared y dejó su culo en pompa. A la espera de ser follada por el puño de Sofía.

    La pelirroja no dudó. Su cuerpo se estremecía con todo lo que le estaba haciendo a su compañera de piso. Su mente ardía en deseos. Sofía también quería que le comiesen el coño y ser follada. Que alguien las llenara a las dos y compartir esa polla mamándola juntas. Labios con labios, lengua con lengua y saliva con saliva. Sofía metió y sacó repetidamente el puño del coño de Rei, que gritaba como una perra, sus gritos resonaban en todo el baño y el pasillo.

    -Qué puta eres –Rei perdía el control de sus palabras y deseaba que la penetrara más profundo.

    Rei movió su culo al compás de la mano de Sofía para que metiera más la mano. Estaban a punto de correrse juntas, porque Sofía, ya estaba muy mojada solo con tocar la piel de su compañera de piso. Rei gimió y se tocó las tetas, que estaban duras. Un grito ahogado salió de su garganta y bajó sus dedos hasta su clítoris. Empezó a masturbarse mientras la mano de Sofía le penetraba hasta el fondo de su vagina. Rei quería comerse una polla, sentir su boca llena ahora mismo, y saborear el semen del monitor del gimnasio. Estaba como loca.

    Como el desgarro de una guitarra eléctrica, el llanto de Rei al correrse fue largo y profundo. Una gata en celo, que se deleitaba con cada contracción de su coño y sus labios. Le palpitaba el ano que pedía que se lo llenaran también. Sofía sacó la mano despacio, y sintió un calor en su palma. Un líquido blanco espeso con hilos transparentes se resbalaba entre sus dedos. La corrida de Rei había sido espectacular. Sus dedos chorreaban y gotearon en el suelo de la ducha.

    Rei se giró, con cara satisfecha y sonriente, sus mofletes estaban colorados del flujo de sangre y excitación. Sus labios, gruesos y morados de morderse mientras se corría, se acercaron a la boca de Sofía que los recibió con saliva fresca. Se besaron unos segundos bajo un hilo de agua helada del grifo. Se había acabado el agua.

    Sonó el timbre de la puerta. Rei se acordó que había quedado para salir y ahora estaba más mojada y sucia que cuando llegó a la casa. En parte, eso le ponía cachonda. Si quería llegar a tiempo, tendría que salir con el coño mojado y oliendo a la saliva de Sofía.

    -Nos vemos después, quizás traiga algo de desayuno cuando llegue, vale? -Rei se despidió dándole un beso en la mejilla a Sofía y salió del baño.

    La pelirroja se quedó sentada en la taza del váter. Su mano rezumaba a corrida y orgasmo de Rei. Sofía se llevó los dedos a la boca y con la otra mano, se frotó el clítoris hasta llegar al orgasmo. Su coño rosado y pelirrojo, ahora estaba húmedo y goteaba por el pasillo de la casa. El resto de la noche del jueves fue aburrida. Entre tanto estudio, Sofía se llevaba los dedos a la boca y los olía. Le excitaba el olor del coño mojado de Rei, ojalá no se perdiera nunca pensó.

  • Amante anónimo: lo dejé hacer

    Amante anónimo: lo dejé hacer

    Era un día lindo para ir al spa, hacía mucho calor como para estar en bolas con otros flacos y ver qué pasaba, aunque no tenía muchas ganas de sexo, pero sí de relajarme y descansar del trabajo. Así que me fui para allá. Había poca gente porque era temprano, estaba ideal para aprovechar un rato de sauna, ducha e hidromasaje, eso hice y de paso algo de franela con algún flaco rico que andaba por ahí, alguna charla hot con otro y un poco de paja bajo el agua compartida con otro en el hidro. Bien tranqui para lo que suele ser el spa, jaja…

    Después me fui a tirar un rato en las camillas de los compartimentos privados para relajarme escuchando la música suave que habían puesto. No había nadie por el lugar, así que deje la puerta abierta de mi compartimento y me recosté en la camilla en bolas boca abajo, utilizando la toalla como almohada. Me quedé dormido por un rato hasta que me pareció ver un flaco que caminaba por el pasillo, volví a bajar la cabeza y unos minutos después, de reojo, veo que está parado en mi puerta observándome. No digo ni hago nada, no me importa que me vean, es más soy exhibicionista, me encanta el placer de sentirme deseado, lo dejo y así sigue un tiempo más.

    Luego se acerca y pone su boca tan cerca de mi oreja que sus labios la rozaban, puedo ver de costado que son unos labios carnosos, una boca hermosa para ser besada y para que me chupe. Me dice al oído: “Me gusta mucho lo que estoy viendo, tenés lindo cuerpo y un culo riquísimo, pensé que me lo estabas ofreciendo, estamos solos aquí”. Le contesté suavemente que no era así, que estaba descansando y no tenía ganas de hacer nada por ahora. Volvió a susurrarme: “Bueno, pero unos masajes no te vendrían mal, soy bueno para eso, te gustaría?” Ý la verdad es que nada mejor para relajarse que unos masajes y si eran gratis, estaba bien probar que tan bueno era, así que accedí.

    Dejó caer su toalla y quedó en bolas también. Comenzó a masajear mi cuello y luego mi espalda, primero suavemente y luego más fuerte. Cerré los ojos y me dejé llevar. Lo hacía muy bien, sentía sus manos grandes y calientes recorriendo mi cuerpo, bajo por mis piernas y las masajeo de arriba a abajo tomándolas con firmeza. Cada vez que pasaba por mi culo, sus manos se deslizaban por mi raya y rozaban mi orto. También tocaba mis bolas y mi pija que las tenía tiradas hacia atrás. A esta altura ya estaba excitado. Después empezó a masajearme el culo con mucha dedicación, tocaba mis cachetes en círculo o completamente con su mano abierta o me los separaba con ambas manos… mientras que yo permanecía todo el tiempo inmóvil y con los ojos cerrados, sólo disfrutando.

    De pronto, sentí sus labios besándome el orto, su boca carnosa recorriendo y mordiendo un poquito mis cachetes, su lengua subiendo y bajando por mi raya y deteniéndose en mi orto para abrirlo con fuerza, sentí su lengua tan fuerte como sus brazos, entrando como si fuera una pija. Yo mordía la toalla de placer y él seguía afanado con mi orto, lo chupó por un tiempo largo, no puedo saber cuánto tiempo pero lo hizo maravillosamente tanto que lo dilató como nunca antes. Cuando dejó de hacerlo, sentí que su lengua era reemplazada por su glande y comenzó a penetrarme despacito. Se subió por completo sobre la camilla y me montó. Yo continuaba sin moverme y con los ojos cerrados, ahora sintiendo todo su cuerpo en contacto con el mío.

    Era fácil darse cuenta que era un hombre atlético, de buena musculatura, brazos y piernas fuertes. Su pija se sentía muy ancha y cabezona, aunque por primera vez no me dolió en ningún momento. Estaba tan dilatado, tan relajado y entregado que pudo meterme toda su verga con facilidad. Gozaba teniéndola entera adentro mío y con sus huevos grandes rozándome la entre pierna, esa parte entre los huevos y el orto. Los imaginaba llenos de leche para mí.

    Se mantuvo arriba mío, no cambiamos de posición, de a ratos me culeaba más lento y luego aceleraba el ritmo y bombeaba con todo, produciendo un excitante sonido al chocar contra mi cuerpo. No podía creer como su pija se movía en mi orto tan fácilmente, siendo tan gruesa y cómo me había abierto de tal manera porque hacía mucho que no me cogían. Manteniéndonos en la misma posición y con un ritmo parejo, debemos haber parecido una perfecta cópula entre animales. Su cuerpo me dominaba por completo, a veces me apretaba con sus piernas, a veces extendía sus brazos y entrelazaba sus manos con las mías…

    Culeamos por un buen rato hasta que se extendió a lo largo, encima de mí me mordió la nuca y sentí en mi orto los latidos de su pija, los leves movimientos que anunciaban que estaba por darme su leche, esa sensación y todo lo que estaba gozando, hizo que acabáramos juntos por lo que fue más hermoso todavía. Nunca había acabado así, sin haberme tocado la pija ni un instante. Mi orgasmo fue pleno, increíble. Su rico pedazo encontró mi punto g. Permaneció adentro mío unos minutos, parecía que su eyaculación no terminaba. Siguió acariciándome y luego se retiró. Se bajó de la camilla, se acercó y me dio un enorme beso con mucha lengua.

    Observe su hermoso cuerpo cuando se iba y me quedé tirado, relajado, con el orto reabierto que me latía y con la chota toda mojada. No quería dejar de disfrutar el momento que había pasado.

    Hoy, al escribir este relato estoy en bolas, pajeándome y metiéndome un dedo en el orto, al palo como cada vez que recuerdo esta experiencia. Soy versátil, me gusta disfrutar del sexo con un hombre de todas formas, pero aquella tarde solo lo dejé hacer. No puedo recordar su rostro porque apenas lo vi, pero no puedo olvidar las sensaciones que me provocaba su cuerpo, lo hábil que era para hacerme gozar así. Simplemente me entregué como nunca, dejé que me hiciera suyo. Fue muy rico sentirse completamente poseído por un macho.

  • Me vuelvo la putita de mi jefa

    Me vuelvo la putita de mi jefa

    Mi nombre es Evelyn y les contaré la ocasión en que mi jefa Rosalba y yo nos dimos amor en un vagón del metro de la ciudad de México.

    Como saben en esta ciudad, viajar en el metro en las horas llamadas pico (es decir cuando todo mundo entra a trabajar o a la escuela) es un verdadero acto de heroísmo, se viaja apretado, te sacan del tren o simplemente no te dejan subir.

    Ese día como me castigaron sin carro pues me vi forzada a utilizar el metro, cosa que después agradecería a mi suerte, salimos del trabajo y abordamos el metro en la terminal taxqueña, nuestro viaje será de toda la línea algo así como 40 minutos, y como es costumbre a esa hora no alcanzamos lugar Rosalba y yo, así que permaneceríamos de pie hasta llegar a la terminal de cuatro caminos.

    No había avanzado el tren ni tres estaciones y ya era insoportable la cantidad de gente, nos apretaban hasta el fondo del vagón, cosa que después me agrado ya que Rosalba quedaba muy cerca de mí, ella vestía una minifalda amplia con vuelo y medias con liguero, es una mujer madura de 45 años, pero aún llama mucho la atención, ¡incluso la mía!

    Yo tenía puesta una falda a cuadros y blusa, solo que yo no usaba ropa interior ese día, con nuestra cercanía, mis pechos rozaban los de ella y eso poco a poco me éxito y a ella también, Rosalba tiene unos pechos enormes, de verlos se me antoja agarrarlos siempre y ese día rozándolo no pude evitar excitarme.

    R: ¡Hoy si hay mucha gente!

    E: ¡Si…!

    R: ¿Que vas hacer cuando llegues a casa?

    E: ¡No lo sé!

    Mientras hablábamos el roce de nuestros cuerpos era más, no sé si alguien se daba cuenta, pero estábamos muy pegadas.

    Dejamos de platicar y solo nos mirábamos con ansias, con ganas de comernos ahí mismo, o de bajarnos y entrar al primer hotel que viéramos, pero ya era tarde y no podíamos perder tiempo así que me dispuse a aprovechar la situación.

    Bajé mi mano hasta su falda y comencé a tocarle su cosita, ella al principio se sorprendió, pero me sonrió en muestra de agrado.

    R: ¿Qué haces?

    E: ¡Quería sentirte mejor!

    Poco a poco mi mano fue más lejos, esta vez la metí bajo su panty y pude notar que ya estaba mojada, comencé a frotar su clítoris y ella se aguantaba las ganas de gritar, pasado algún tiempo, un señor se bajó y pudimos sentarnos, solo había un lugar así que me dijo que ella se sentaría y después yo lo hiciera en sus piernas, así paso, yo me senté en sus piernas, dándole la espalda al resto del vagón, ella puso su chamarra sobre mis piernas y las suyas y me comenzó a tocar, muy suave, casi sin moverse, aunque poco a poco fue subiendo su mano por mis muslos hasta llegar a mi vagina, cuando se dio cuenta que no traía ropa interior solo me dijo «eres una depravada cariño» así pudo tocar mi rasurado conejito y jugar como ella quería, cuando me di cuenta ya me había metido dos dedos y no paraba de moverlos dentro de mí.

    R: ¿Eres una chica mala, ye gusta?

    E: ¡Si!! Síguele!

    Yo comencé a sobarle sus enormes tetas, no sé si nos veían, ¡pero por la posición podía darme el lujo de tocar eso pechos que tanto me gustaban!

    E: ¡Están enormes, duros, que ricos!

    R: ¡Que muchacha!, ¡son mi mejor atributo!

    E: Toda tu eres un majar, síguele, uhm, ¡sigue metiéndome los dedos!

    Cuando nos percatamos del tiempo, nos faltaban solo 3 estaciones para llegar a nuestro destino, algo así como 8 o 9 minutos y nuestra sorpresa fue que éramos las únicas en el vagón, yo al ver esto, en cuanto cerro las puertas el tren, me baje de sus piernas, se las abrí y le baje su panty, quería chupar esa preciosa vagina caliente y húmeda, ella me había hecho llegar a dos orgasmos así qué debía de corresponder la atención.

    E: ¡Uhm que rica pucha!

    R: ¡Cómetela, uhm!

    Ya sin miradas indiscretas, pude abrir sus labios vaginales y mordisquear su clítoris y meterle dos dedos con un ritmo rápido y caliente, ella no soporto mucho y antes de llegar había tenido un orgasmo que mojo parte del asiento y de mi mano, nadie subió en esa estación así que ahora ella me quería chupar, nos cambiamos a los asientos dobles y sin más de nada, me abría las piernas, y saco de su bolsa un desodorante que hizo las veces de vibrador, era algo largo pero eso me encanto, después de todo estaba súper excitada!

    E: ¡Uhm, bienes preparada!

    R: ¡Me encanta tu calentura!

    E: ¡Uf!! ¡Esta frio!

    R: ¡Encargarte del resto mi vida!

    Me lo metía y me lo sacaba al tiempo que abrió mi blusa y me chupaba mis pechos, yo sentía morirme de placer, ¡el placer que me daba mi gran amiga y jefa!

    R: ¡Que rica chichis!

    E: ¡Déjame chuparte las tuyas!

    Tuvimos la suerte de que el metro se quedó parado 5 minutos antes de llegar, estábamos súper calientes dándonos placer, ¡yo estaba excitadísima y ella continuaba dándome un placer riquísimo!

    E: ¡Me vengo!!!

    R: ¡Si, que rico, yo también!!!

    El orgasmo fue de lo mejor, mojamos los asientos y un poco nuestra ropa, cuando notamos que casi llegábamos, nos acomodamos rápidamente para bajar en la terminal, saliendo de ahí íbamos riéndonos de lo sucedido.

    Salimos caminando, ella me acariciaba la espalda, antes de tomar un taxi, nos besamos y nos despedimos.

    Le di su panatela ya que por la calentura y las prisas ni cuenta se dio que yo la tenía, sonrió y me beso la frente, a partir de ese mi jefa y yo nos metíamos al baño de la oficina a coger riquísimo, a mis 23 años disfrutaba de una madura de 45 siendo su putita consentida.

  • Esclavo de ti mismo (C. 11): Tercera cacería: El campamento

    Esclavo de ti mismo (C. 11): Tercera cacería: El campamento

    Sergio colgó el auricular y azotó el puño contra el apoyabrazos del sofá.  Escuchó que su amigo griego discutía también a través de su móvil en la cocina. Reconoció la conversación, pues era muy semejante a la que acababa de tener con Pam.

    -¡Sí así lo quieres, entonces terminamos!, ¿No, Andrea, ¡No estoy para soportar tus celos!, ¿Así, si así lo piensas, ¡Yo también estaré mejor sin ti!, ¡Claro, vay, ¡vay!

    Escuchó a Hércules golpear furioso la barra en la cocina y dudó en ir a ver cómo se encontraba, mas luego de un par de segundos fue el griego quien entró en la sala.

    -¡Maldición! ¡No soporto cuando Andrea se pone en ese plan! ¡Me acusó de serle infiel con Rhein! ¿Puedes creer semejante estupidez? -Cuestionó Hércules.

    -¿Qué? ¿Y cómo supo de Rhein? -Le devolvió la pregunta el brasileño.

    -Dice que una amiga suya trabaja en Bogue, aunque no me quiso decir quién. La supuesta amiga le afirmó que yo me acosté con Rhein la noche de la fiesta. Según la tipa, Alexis me permitió estar en la fiesta y ella vio cómo me la tiraba. -Explicó Hércules enfurecido.

    -Pues parece que ella y Pam se pusieron de acuerdo. Pam y yo discutimos porque no le gustó para nada la idea de que nos vayamos a Europa dos meses- Dijo Sergio. -Me preguntó si me importaba más ella o mi trabajo y me pidió que renunciara.

    -¡Woo!, ¿de verdad te exigió renunciar? -Inquirió sorprendido Hércules.

    -Sí, pero la mandé al diablo. Ya sabe que no me gusta que nadie me controle. Me atrae mucho y estoy seguro de querer ir enserio con ella, pero no tolero que nadie trate de controlarme. -Indicó Sergio molesto.

    -Si, lo mismo pienso de Andrea. Es verdad que he coqueteado con algunas mujeres, pero nunca le he sido infiel. No soporto que me diga mentiroso y me acuse sin fundamento. -Declaró el griego.

    -Hay que calmarnos Hércules. Ya no tarda Sam en pasar por nosotros y aunque él y Alfonso son buenos amigos, no me gusta mezclar mis problemas personales con el trabajo. Alfonso es nuestro jefe y quiero mantener separadas ambas cosas. Tú y yo somos amigos desde antes de trabajar con ellos y es diferente. -Comentó Sergio con voz más calmada.

    -Tienes razón. Vamos a pasar un excelente fin de semana con ellos y vamos a olvidar a esas mujeres, al menos por el fin de semana. -Confirmó Hércules, poco convencido.

    Mas enseguida se escuchó la bocina de la camioneta de Alfonso y los dos hombres sujetaron un par de maletas y una enorme mochila. Sergio abrió la puerta de la casa y salió hasta la Berja, al tiempo que Hércules cerraba tras de sí.

    Samuel Huest estacionó la camioneta y esperó a que los hombres subieran las cosas al portaequipaje. Ambos se acomodaron adelante con el ojiazul y el griego cerró la portezuela con un ligero golpe.

    -Sergio, Hércules. ¿cómo están?, ¿La semana de la moda no acabó con ustedes? ¿O mejor dicho esos cueros de modelos no los dejaron totalmente secos? -Cuestionó Sam sarcástico con una voz y expresión totalmente normales.

    Sergio observó el reflejo de los ojos azules de Sam en el espejo y creyó ver por un minuto que estos se pusieron completamente blancos, sin embargo, pensó en que era sólo un efecto óptico.

    -Que va, somos respetuosos de las reglas Sam. Sólo ver, no tocar. -Respondió el brasileño con sinceridad.

    -Así es Sam, yo quería tirármelas a todas, ¡pero este cabrón no me dejó! -Agregó el griego entre risas.

    Los tres soltaron sonoras carcajadas, aunque luego de un par de segundos Hércules preguntó.

    -¿Y Alfonso dónde está?

    -Ya se encuentra allá. Quiso empezar a poner el campamento antes del atardecer y me pidió que lo dejara a medio día. Además, quería dar una caminata por el lago. -Explicó Sam tranquilo, a la vez que arrancaba la camioneta.

    -Si, es una excelente zona para cazar. Seguramente tendremos una magnífica cacería. -Confirmó el griego.

    -O sí, Hércules. Ambos verán que será una grandiosa cacería. Les aseguro que quedarán sumamente satisfechos -Dijo Sam con un tono misterioso, mientras la camioneta se incorporaba a la autopista que salía de la ciudad.

    Entre tanto, en medio de un claro del bosque, a un kilómetro de las Montañas de Sal y junto al lago de la cascada, Alfonso instalaba el campamento. Marcus se acercó por detrás a su esclavo y lo besó en el cuello.

    -¿hiciste con Sergio y Hércules lo que te indiqué? -Cuestionó Marcus.

    -Ssi, mi Amo, tal como ordenaste. Usé la droga en Andrea, le hice creer que una de sus amigas vio a Hércules acostarse con una modelo llamada Rhein y ella sola hizo el resto. También la utilicé sobre Pam, le comenté que Sergio estaría fuera dos meses y la induje a que le exigiera elegir entre su relación y continuar con su trabajo como guardaespaldas. -Contestó Alfonso con aquella voz cargada de placer, tan característica de la segunda fase del Kaligari.

    -¿Y los resultados fueron los previstos? -Inquirió Marcus.

    -Si mi Amo. Andrea y Pam terminaron con Hércules y Sergio. No los buscarán más. Y serán tuyos sin obstáculo alguno. ¿Actué bien? ¿Te pude complacer como deseabas mi Amo? -Preguntó el sonámbulo preocupado por no haber satisfecho adecuadamente a Marcus.

    Marcus giró la cabeza del sonámbulo y lo besó en los labios. -Tranquilo mi esclavo. Eres un capataz magnífico mi predilecto. Lo hiciste excelentemente bien. -Contestó Marcus, al tiempo que exploraba el cuerpo del sonámbulo por arriba de las prendas.

    -Dime ahora, cómo puedo complacerte. Para mí no hay nada más importante que complacerte mi Amo. ¿dime cómo puedo brindarte más placer? -Cuestionó Alfonso, a la vez que dejaba que Marcus disfrutara su cuerpo.

    -Ya sabes lo que tienes que hacer. Actúa con normalidad en cuanto Sergio y Hércules lleguen. Convive de modo regular con ellos y no hagas notar que eres mi esclavo, ocúltalo a toda costa. Si te hablan de mujeres, exprésate como si aún fueras heterosexual. -Ordenó Marcus.

    -¡Pero mi Amo!… Yo, sólo experimento placer, atracción y deseo por ti o por los hombres que tú me indiques. Nada más importa. Sólo brindarte placer. ¡Sólo disfruto cuando tengo sexo contigo y cuando disfrutas mi cuerpo! -Afirmó Alfonso aterrado, mientras se arrodillaba a los pies de su Amo.

    Marcus quedó desconcertado y maravillado por aquel cambio en Alfonso. La psique homosexual parecía haberse impuesto por completo. -¡LEVÁNTATE ESCLAVO!, así es. Tú sólo sientes atracción y deseo por mí. Yo soy el único objeto de tu placer y sólo existes y vives para complacerme. Sólo eres feliz cuando yo disfruto y uso tu cuerpo. Disfrutas el sexo conmigo y con los hombres que yo te ordene. ¡Esas órdenes son incuestionables! Pero no te pido que sientas nada por ninguna mujer, solamente ordeno que les mientas y les hagas creer eso a Hércules y Sergio. Que les mientas me complace, es parte de la cacería. ¿entiendes? Debes mentirles para cazarlos. -Explicó Marcus mientras se inclinaba y tocaba el miembro de Alfonso por encima de la ropa.

    -Oh si mi Amo, entiendo. Parte de la cacería. Disfruto cazar y someter hombres para ti. Mi Amo, sólo vivo para complacerte. Y si te complace que mienta para cazarlos, lo haré con felicidad. Si mi Amo, lo que digas. -Respondió Alfonso más relajado y nuevamente con un gran fervor en su voz.

    -Bien, convive con ellos normalmente. Pon este polvo blanco que te entrego ahora en las bebidas de Hércules y Sergio. Después quiero que Sam y tú los mantengan ocupados. Beban, fumen y Conversen con ellos ante la fogata. Cuando Sam y tú noten que la droga les hace efecto y se queden dormidos, quiero que les convenzan de acostarse en las bolsas junto al fuego. En cuanto ellos duerman, Sam y tú deberán dejarlos afuera y entrar en la tienda. Enseguida quiero que tú también duermas profundamente y vuelvas al estado máximo de sonambulismo. Será como si me escucharas decirte al oído “Kaligari”. -Demandó Marcus, mientras besaba el cuello del esclavo capataz.

    -Ssi, mi Amo cuando entre en la tienda dormiré profundamente y volveré a mi sonambulismo, será como si te escuchara decir Kaligari. Si mi Amo, haré todo lo que digas. -Confirmó Alfonso con devoción.

    -Cuando estés sonámbulo, quiero que te quites la camisa al mismo tiempo que Sam. Solamente te sacarás la camisa y los dos esperarán dentro de la tienda hasta escuchar mis nuevas órdenes. -Instruyó Marcus.

    -Si mi Amo, me quitaré la camisa únicamente y dentro de la tienda aguardaremos hasta escuchar tus órdenes. Si, haré lo que digas, sabes que existo sólo para complacerte. -Afirmó Alfonso, totalmente entregado a la felicidad de Marcus.

    -Bien, ya no tardan en llegar. Ahora conoces mis deseos. No me falles mi predilecto. Compláceme y te recompensaré. -Declaró Marcus, a la vez que giraba en redondo y se perdía en el bosque.

    Alfonso suspiró, no podía fallarle a su Amo. Él era su esclavo capataz, su predilecto y su única misión era complacerlo. Su Amo deseaba esa noche esclavizar a Sergio y Hércules, por lo que él debía complacer a su Amo y someter a esos hombres a toda costa.

    Minutos después Sam, Hércules y Sergio aparecieron a través del sendero que llevaba desde la carretera y Alfonso se aproximó a saludarlos. Estrechó las manos del brasileño y el griego, aunque contra el último lanzó un rápido puñetazo, pues aquella era su manera personal de saludarse.

    Hércules interceptó el puño de Alfonso a pocos centímetros de su rostro y soltó una carcajada. -¡Vale, vale! Alfonso, te empiezas a hacer lento- Mas Hércules no terminó aquella frase, pues el castaño realizó una barrida que derribó al griego. -¡Oye eso es traición!

    -No, Hércules, tu eres el lento. ¡Debes estar en alerta permanente! -Indicó Alfonso entre divertido y severo.

    -Ya cabrones. Traje la comida y Hércules compró bebidas como para embriagarnos por el resto del verano. Además, Sergio vino aprovisionado con una abundante dotación de tabaco y hierba. ¡A darle! -Declaró entusiasmado Sam, a la vez que compartió una mirada cómplice con el castaño.

    Los cuatro sacaron las carnes, salchichas y quesos. Sergio destapó una cerveza y se la zampó de un golpe. Sam prefirió beber ron y le pasó la botella a Alfonso para que preparara los tragos.

    Mientras el ojiazul, el brasileño y el griego colocaron las carnes y embutidos en el fuego, Alfonso preparó los vasos de Hércules y Sergio, y sin que ninguno de los dos lo notase dejó caer el polvo blanco que Marcus ordenó. Después les extendió los vasos de plástico, tras lo cual Sergio y Hércules los bebieron sin sospechar.

    El brasileño encendió los cigarros de mariguana con las llamas de la fogata y los repartió entre los demás. Los cuatro conversaron, comieron, fumaron y bebieron durante horas. Sergio y Hércules comentaron acerca de la semana de la moda. Sobre lo complicado que fue mantener a salvo a Neimar, pues era un actor y modelo famoso, debido a lo que tenía un nutrido grupo de fans, algunas de las cuales eran chicas bastante precoces. El brasileño explicó que tuvo que sacar a una adolescente que logró entrar a la habitación de Neimar y le esperaba desnuda en la regadera. Por su parte, Hércules contó de sus experiencias en la fiesta de Bogue y como fue necesario sacar a Alexis totalmente borracho y drogado, antes que se tirara a todas las modelos de la pasarela y le denunciaran por violación.

    Los cuatro rieron y departieron a lo largo de la noche. Cada vez que el alcohol se acababa, Alfonso se encargaba de rellenar los vasos o reabastecer las reservas de cervezas. Y sin que nadie prestara atención, colocaba nuevas dosis de aquel polvo blanco en las bebidas de Hércules y Sergio.

    Cerca de media noche, los efectos comenzaron a notarse. El brasileño y el griego empezaron a cabecear soñolientos y Sam supo que esa era la señal para que él y su capataz cumplieran las órdenes de su dueño absoluto.

    Sam continuaba hipnotizado e igual que Alfonso, sabía que le pertenecía a Marcus y debía obedecer, no pensar, no resistirse, sólo obedecer. Su dueño ordenó esclavizar a aquellos hombres y él como su zombi sin voluntad, obedecería.

    -Hércules, Sergio, ¿qué pasó cabrones? Están a punto de caer dormidos. ¡La noche apenas comienza! -Indicó el ojiazul.

    A Hércules le costó mucho trabajo mantener abiertos los ojos, estos se encontraban cada vez más pesados. A su vez el brasileño se sentía mareado y deseaba recostarse.

    -¡huelles no aguantan nada! -Recriminó Sam.

    -Ya déjalos, es mejor que se acuesten de una vez. La noche está tan deliciosa que les caerá bien dormir aquí, junto al fuego. -Afirmó Alfonso.

    El castaño y el ojiazul ayudaron a Sergio y Hércules a caminar hasta las bolsas de dormir. Ninguno de los dos opuso resistencia ya que la noche era realmente fresca, por lo cual el griego y el brasileño se sintieron más bien cómodos al percibir el calor de la fogata antes de caer profundamente dormidos.

  • Mi mujer me tortura y me prepara para que me coja un tipo

    Mi mujer me tortura y me prepara para que me coja un tipo

    Esto sucedió antes del relato anterior y se traspapeló, pido las disculpas correspondientes.

    Como les conté en mi relato anterior, la noche en que vi a Carlos hacerle el culo a mi mujer, no pude contener mi excitación al verla gozando como una perra, y a pesar de llevar mi cinturón de castidad y no poder ni tocarme siquiera y mucho menos masturbarme, no pude evitar eyacular, cosa que tenía terminantemente prohibido por ella, para ese fin era que tenía colocado el cinturón, Alicia me castigaba de esa forma tan cruel, yo no era dueño ni de mi propio orgasmo, esa era una manera inequívoca de enseñarme que soy un ser inferior, que no tengo derecho a sentir placer y que solo estoy a su lado para servirle.

    Haber acabado sin autorización, aunque haya sido involuntariamente, era una falta gravísima y debía ser castigado, a la mañana siguiente comenzó el calvario.

    Como era sábado no debía ir a trabajar, así que tenía todo el fin de semana y encima el lunes era feriado, así que tendría tres días completos para torturarme.

    Comenzó quitándome la tanga que me obligaba a usar, y volvió a ponerme la correa de perro en el cuello para tenerme de aquí para allá tirando de ella, luego ato mis manos juntas a mi espalda, por lo que supe que no me iba a hacer caminar en cuatro patas, pero me hizo arrodillar en el piso, se acercó a mi y vendó mis ojos para que no vea cada paso que iba a dar, cada cosa que iba a tomar en sus manos y cada cosa que iba a hacerme hasta que yo lo sintiera en mi piel, esa incertidumbre y el miedo que tenía a lo desconocido, provocaba más mi excitación, mi porquería como ella llamaba a mi pequeño pene, estaba durita dentro de la jaulita que la contenía encerrada.

    Obviamente eso me provocaba dolor y mucha incomodidad, pero bueno, eso era parte de su diversión.

    Así en cuclillas sentado sobre mis talones, me hizo poner el torso bien erguido, por lo que mi ano quedó bien abierto, colocó en él borde un consolador que apoyando su base en el piso, se clavó en mi agujerito, luego me hizo aflojar el cuerpo y el dildo entró solo hasta por lo menos la mitad, luego sentí que primero acarició suavemente mis pezones, ya dije otras veces que tengo muchísima sensibilidad en ellos y cualquier cosa que me hagan, me calienta, incluso hacerme doler, sabía que esas caricias no iban a durar mucho tiempo, después de comprobar que se me habían puesto duritos, los agarró entre dos dedos y me clavó una uña en cada uno, el dolor fue terrible y empecé a llorar y gritar.

    De inmediato me puso una mordaza en forma de pelota casi de la medida de una de tenis, adosada a un cinto que ajustó a mi nuca.

    Entonces, mis ojos vendados, mis manos atadas por detrás mío, sentado sobre mis talones con una pija artificial clavada en el orto, con una pelota en la boca y clavándome las uñas en los pezones, mi pija parada dentro de su jaulita, completaban un escenario horrible para mi, para cerrar la escena Alicia se paseaba alrededor mío, humillándome verbalmente, insultándome y burlándose de mi.

    Después de unos minutos teniéndome así, dijo…

    -voy a tener que moldearte las tetitas, quiero que tengas los pezones aplastados, así que voy a ponerte unas pezoneras para darles forma.

    Tragué saliva imaginando lo que iba a hacerme, los agarró y sentí que algo me los apretaba fuertemente, me puso unos broches que los presionaban mucho, traté de quejarme, pero no se me entendía nada por la mordaza, los sonidos guturales que soltaba eran ininteligibles y ella se reía en mi cara, mientras el dolor crecía y mis lágrimas caían por mis mejillas. Luego de varios minutos me fui acostumbrando al dolor, pero seguía siendo muy intenso, al verme llorar me insultó más…

    -que marica sos, me das asco, lloras como una nena, no tenés vergüenza, sos una mariquita patética.

    Esas palabras solo lograban angustiarme y avergonzarme más, entonces decidió que necesitaba castigarme aún más por no soportar lo que me hacía y quejarme como una nena, me pegó varios cachetazos en la cara y luego azotó mis nalgas con la mano abierta hasta que dijo que tenía mis cachetes bien colorados y yo sentía que me ardían.

    Me hizo agradecer cada azote y contarlos uno por uno hasta que me aplicó 30 de cada lado.

    El agradecimiento dijo que era porque el castigo era por mi bien, para que aprenda a comportarme y a obedecer, por otra parte debía hacerlo porque le estaba dando mucho trabajo, y su esfuerzo merecía una recompensa.

    Me quitó la mordaza porque dijo que quería escucharme chillar como una cerda y suplicar por lo que venía, agarró el consolador que tenía en el culo y me empezó a coger con él, sacándolo casi por completo y volviendo a meterlo hasta el fondo violentamente.

    -Por favor no sigas, basta por Dios, me estas rompiendo el culo, basta, ay, sacame eso, ahhh me duele, hija de puta, soltame te lo suplico, no puedo más.

    Se enojó aún más por tutearla y faltarle el respeto, me arrancó los broches de golpe, que me quedaron ardiendo, las piernas me temblaban, los brazos se me acalambraron de tanto tenerlos atados hacia atrás y sentía mi cola reabierta.

    Me pegó varios cachetazos en mi porquería durita, haciéndola bambolear como un badajo, me apretó nuevamente los pezones haciéndome gritar, porque ya estaban muy doloridos.

    Me torturó gran parte del día, a la noche estaba muy cansado, dolorido y hambriento, me puso un balde con agua para que pueda beber algo como un perro, se sentó a la mesa a cenar y me tiró unas sobras de pollo al piso, me sentía desfallecer, y las comí del piso. Nunca me sentí peor en mi vida, luego mientras ella cenaba me hizo chuparle sus hermosos pies, eso era un gran premio para mi, y una muestra de conmiseración hacia mí.

    Igualmente mis ojos seguían llenos de lágrimas.

    Después de cenar ella, me hizo poner de pie y caminar de un lado al otro del comedor, moviendo mi cuerpo como una mujer y teniendo una actitud femenina y sensual.

    -vamos putita, quiero verte muy femenina, practicá para el lunes cuando te coja Carlos, te vas a comer bien esa verga divina, putón.

    Moría de vergüenza pero caminé contorneándome tironeando de mis pezones para ponerme bien cachonda, como una mariquita, y ella siguió…

    -dale marica, mostrame lo puta que sos, vamos no te guardes nada, ya le pedí a Carlos que te garche como a una nena, quiero ver como se besan en la boca, te chupa las tetas y te tragas toda la pija con la boca y el culito, quiero escucharte gemir maricona.

    No podía ruborizarme más, pero por lo menos eso no me dolía, luego dijo que me iba a dejar dormir, pero con el dildo colocado fijo toda la noche y el domingo, porque el lunes iban a venir Carlos y Sofi a cogerme y humillarme y necesitaba que tenga la cola bien dilatada.

    Nunca había tenido un dildo metido durante toda una noche, no era muy grande pero fue algo incómodo, me desperté dolorido y muy dilatado, al no darme comida sólida, evitaba que tuviera necesidad de ir de cuerpo.

    Ya estaba tan compenetrado en mi papel de mujer que pensaba, sentía y me movía como una más de ellas.

    La calentura que tenía al no poder eyacular me mantenía en ese estado constante.

    Y siguió diciendo…

    -empeza a hablarme en femenino, no quiero que me hables como un tipo, quiero que te sientas bien mujer para el lunes y de acá en más, cada vez que te haga coger con un tipo.

    La verdad es que no lo podía creer, pero ella estaba logrando lo que quería, claro que yo estaba perdidamente enamorado de ella, la veía como una Diosa y me había arrepentido de haberle mentido sobre mi sexualidad, había conseguido hacerme sentir tan inferior a ella que no podía hacer otra cosa que obedecerle.

    Estaba totalmente entregado y dispuesto a hacer lo que ella quería, y siguió instruyéndome…

    -El lunes vas a ser toda una mujer para Carlos y acordate que Sofi está muy entusiasmada por ver como un macho se coge a una mariquita, nosotras no queremos ver dos hombres, queremos ver un macho y un maricón afeminado, no te olvides.

    Y lo que dijo un rato antes de irme a dormir, me quitó completamente el sueño, y me dejó muy ansioso y preocupado…

    -y ya que el lunes vas a demostrarnos a los tres que sos bien mariquita, te vas a vestir con toda la ropita interior que te compré y te voy a bautizar con tu nuevo nombre artístico, desde ahora en casa, te llamas Conchita.

    Desde el momento que Alicia descubrió mi gusto por los hombres y decidió cambiar sustancialmente nuestro estilo de vida, yo vivo las 24 horas caliente con mi pija parada casi todo el tiempo y mis pezones duritos como dos botones.

    Continuará…

    El desenlace de esta aventura lo voy a contar en el próximo relato.

    Espero que les haya gustado y pueden dejar un comentario aquí o en mi correo electrónico

    [email protected].

    Besos.