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  • ¡Te voy a romper el culo, pecadora!

    ¡Te voy a romper el culo, pecadora!

    Don Luis, Lucho para los más íntimos, era un cura cincuentón, moreno, delgado, de estatura mediana y no era feo. Vivía en una casa parroquial de dos plantas en un pueblo gallego. El cura hacía de todo para sus feligreses, desde cerrajero a carpintero pasando por albañil, y por supuesto lo hacía gratis, por eso decían las viejas que era un santo, pero de santo no tenía nada.

    En frente de la casa del cura, en una casa de una planta vivía Marta, una mujer a la que abandonara su marido. Tenía 42 años y estaba maciza, era madre de un hijo y una hija, el hijo, Leandro, era flaco y desgarbado. Luisa estaba maciza cómo su madre, era bonita y al cura le gustaba. La muchacha lo sabía y jugaba con él, por eso al confesarse le decía con su melosa voz cosas como esta:

    -… He vuelto a pecar, padre, ahora ya no me masturbo dos veces al día, me masturbo tres, mañana, tarde y noche.

    -Debes controlarte, hija.

    -Es que ando todo el día caliente, padre, tengo más ganas de polla que un niño de pecho de la teta de su madre.

    -¿Te arrepientes?

    -No me arrepiento de nada, ni de chuparme los dedos después de correrme…

    -No me des detalles, Luisa, no me des detalles.

    -¿Lo excito?

    -¿Tú que crees?

    -Que sí, y eso que no le conté nada del polvo que me echó Olivia.

    -Ni quiero que me lo cuentes.

    -¿Cómo me va a absolver si no sabe lo que hice?

    -Dios lo sabe todo. Reza diez padrenuestros y diez avemarías.

    -¿Me ayuda a rezarlos?

    El cura se moría por ayudarla, pero se aguantaba, sabía que a la larga era más productivo hacerse el difícil, cómo se había hecho con su madre para luego follarla la tira de veces, a ella y a muchas de sus feligresas. Algunas para seducirlo hasta decían tener goteras, y las tenían, pero no en el tejado, las tenían en el coño. Por eso pasó de ella, y le preguntó:

    -¿Tratarás de no pecar?

    -No puedo, soy adicta a mis jugos, solo una polla hará que deje de masturbarme y de follar con Olivia.

    Al verla arrodillada ganas le dieron de salir del confesionario y meterle la polla en la boca, pero le dijo:

    -Ego te absolvo.

    -¿No quiere que le cuente más cositas?

    -¡Vete! Vete que me vas a hacer salir del confesionario, ponerte en mis rodillas y calentarte el culo.

    La muchacha era traviesa de cojones.

    -¿A braga quitada, padre?

    -Que te vayas he dicho, hija del diablo.

    Luisa se levantó y se fue sabiendo que lo dejara bien caliente.

    Al día siguiente Marta y sus hijos habían ido de compras a la ciudad. El cura metió una ganzúa en la puerta trasera, entró en la casa de Marta y fue la habitación de Luisa. Miró en la cesta de la ropa sucia y encontró unas bragas blancas con flores rojas que tenían jugos de una corrida, las olió, después sacó la polla, una polla normalita, tirando a delgada y puntiaguda en la cabeza. Pasando su polla por los jugos y envolviéndola con las bragas se hizo una paja pensando en Luisa y las dejó perdidas de leche.

    Por la noche Luisa removió la ropa del cesto de la ropa sucia para encontrar sus bragas blancas con flores rojas, bragas con las que había limpiado su coño después de masturbarse y correrse. Al coger las bragas mojó la mano con la leche del cura que aún no secara del todo. Sonriendo respiró profundamente el olor a semen. Ya eran muchas las veces que encontrara las bragas manchadas de leche. Para Luisa era obvio que su hermano estaba mandándole un mensaje inconfundible: Quería follar con ella. Así que una tarde aprovechando que su madre iba al cine, al cruzarse con Leandro en la puerta de la cocina le echó la mano al paquete, le dio un pico y le dijo:

    -¿Lo hacemos?

    -¿Y si regresa mamá?

    -Sé de un sitio donde nadie nos va a molestar.

    El cura había visto desde una ventana entrar en un cobertizo que tenía en la parte trasera de su casa a Luisa y a Leandro cerrar la puerta detrás de ellos. Cómo tenía en el cobertizo un caballo y dos vacas fue a ver que hacían. Al abrir la puerta vio encima de la paja a Leandro y a su hermana. Leandro con los pantalones bajados le daba caña a su hermana, que se había subido la falda, bajado las bragas y puesto a cuatro patas. El cura caminando hacia ellos, juntó las manos, miró hacia arriba, y dijo:

    -¡Cómo consientes estas cosas, Señor!

    El susto que llevaron fue de los gordos. Leandro subió los pantalones. Luisa subió las bragas, bajó la falda, y le dijo:

    -No le diga nada a mi madre.

    El cura tenía en su rostro una seriedad que imponía.

    -Sois hermanos. ¡¿No os da vergüenza?!

    Leandro, que estaba cagado de miedo, le preguntó:

    -¿Se lo va a decir a mi madre?

    -Es mi obligación.

    Luisa vio que el cura tenía un bulto en el pantalón, se acercó a él, le echó la mano a la polla y notó que la tenía dura, la apretó, le dio un pico y lo tuteó.

    -Tú no le vas decir nada a nadie.

    El cura le dio un empujón, y le dijo:

    -¡Deja mi miembro en paz, pecadora!

    -Estás empalmado. Espera a que se lo diga a mamá.

    -¡¿Qué le vas a decir a tu madre?!

    -Que me quisiste violar.

    Se le puso cara de tonto al decir:

    -¡¿Qué?!

    Luisa le dijo a su hermano:

    -¿Verdad que me salvaste de sus garras, Leandro?

    -Claro que sí.

    El cura se acojonó.

    -Capaces os veo de calumniarme. ¿Cómo vamos a solucionar esto?

    -Interrumpiste algo. Enséñale a Leandro a hacer cosas.

    -¡No!

    -O eso o lo otro. ¿Qué dirá mi madre?

    -Eres una…

    Luisa se le adelantó.

    -Putita.

    El cura se sentó en la banqueta donde se sentaba para ordeñar a las vacas y le preguntó a Leandro:

    -¿Estás con ella en todo?

    -Tenemos que defendernos.

    El muy cínico volvió a mirar hacia arriba y dijo:

    -Perdóname Señor por lo que voy a hacer.

    Luisa le dijo:

    -No me cortes el rollo, tío.

    La miró con cara de Nerón.

    -¿Quieres jugar? ¡Vas a jugar!

    -Eso suena a amenaza.

    -Y lo es, lo es.

    Luisa se rio del cura.

    -¡Qué miedo!

    El cura habló con Leandro.

    -Cierra la puerta del cobertizo y después quítale la blusa a tu hermana.

    El muchacho cerró la puerta y después le quitó la blusa a su hermana. Luisa no llevaba sujetador y sus tetas quedaron al aire, unas tetas grandes, redondas, con areolas oscuras y pezones pequeños. El cura le dijo:

    -Ven aquí Luisa.

    Luisa fue a su lado y el cura le magreó las tetas.

    -Dámelas a mamar.

    Luisa se inclinó, el cura cogió las tetas con las dos manos y las magreó, lamió y mamó, luego le dijo a Leandro:

    -Te toca, cómele las tetas a tu hermana cómo se las comí yo.

    Leandro le comió las tetas… Luisa se puso de un cachondo subido. El cura le dijo a Leandro:

    -Ponte detrás de ella y bájale la falda y las bragas.

    Se las bajó y el cura vio su coño rodeado por una gran mata de pelo negro, la acercó a él, la echó sobre las rodillas y con la palma de la mano le dio en las nalgas de su culo prieto y redondo.

    -¡Plas plas! ¡Ayyy! ¡Cabrón!

    -¿A quién le ibas a decir tú que te violé?

    -¡A nadie, a nadie!

    -¡¡Plas, plas!! ¡Ayyy! ¡Sádico! ¡¡Plas plas!! ¡Ayyy!

    -¿Quién es un cabrón?

    Luisa se amilanó.

    -Mi hermano.

    -Lame sus nalgas, Leandro.

    Leandro le lamió las nalgas, nalgas que estaban al rojo vivo.

    -Ahora lame su ojete y su coño.

    Luisa abrió las piernas para facilitarle el trabajo a su hermano. Leandro lamió el ojete y el coño encharcado de jugos. El cura le hizo señales con la mano para que le diera y mordió el labio inferior diciéndole así que le diera fuerte. Gemía Luisa cómo una diablesa cuando le cayeron las del pulpo.

    -¡¡Pas plas! ¡¡Ayyy!!

    Leandro estaba crecido.

    -A mi no me llama nadie cabrón, coooño.

    Luisa se hizo la cabreada.

    -¡Vendido!

    Leandro ya se había emocionado y le iba a dar otra vez, pero el cura lo detuvo.

    -¡Quieto parado, Leandro, las cosas deben ser todas en su justa medida.

    Luisa cambió de actitud.

    -Hombre, por un poquito más que me dé tampoco pasa nada.

    El cura le volvió a dar, pero esta vez con poca fuerza.

    -Plas ¡Oooh, más, dame más fuerte!

    -Lame otra vez su ojete y su coño, Leandro.

    Leandro le lamió el coño y el ojete mientras el cura le calentaba el culo.

    -Folla el ojete con la lengua y métele dos dedos en el coño.

    Al hacer Leandro lo que le dijo el cura, Luisa comenzó a gemir cómo si estuviera loca y acabó corriéndose cómo un pajarito y diciendo:

    -¡Azótame más fuerte!

    Al acabar de correrse Luisa el cura la puso en pie y le lamió el jugoso coño. Leandro se desnudó mientras veía cómo el cura le pasaba la lengua por el coño de su hermana, cómo se la metía dentro de la vagina y cómo después le lamía el clítoris. Cuando Luisa ya gemía de nuevo, le dijo a Leandro:

    -Tu turno.

    Leandro lamió el coño del mismo modo que lo hiciera el cura, que se había puesto detrás de Luisa, le abriera las nalgas y le lamía y le follaba el ojete con su lengua… Fue tanto lo que le gustó aquella doble lamida que llenando la boca de su hermano de babas, dijo:

    -¡Qué corridaaa!

    El cura dejó de lamer al acabar de correrse Luisa. Bajó la cremallera del pantalón y sacó la polla, hizo que se inclinara, se la frotó en el ojete, y sin más se la metió en el culo. Laura exclamó:

    -¡Hostiasss!

    El cura se emocionó.

    -¡Te voy a romper el culo, pecadora!

    Se la clavó sin miramientos.

    -¡Cabrón!

    Le dio caña hasta que Luisa comenzó a gemir más y más alto… El cura supo que se iba a correr. Le folló el culo más aprisa y Luisa se corrió con tanta fuerza que sus temblorosas piernas le fallaron, lo que hizo que se desplomase y con ella fue cayendo el cura, que quedó debajo de ella con la polla dentro del culo. Leandro vio el coño abierto con los labios rosados llenos de babas, se echó encima de su hermana y le clavó la cabeza de la polla. Le entró apretadísima… Luisa se sentía llena con las dos pollas dentro del culo y del coño. Al principio, solo se sentía llena, pero Leandro duraba un mundo en correrse, y cómo iba cambiando de ritmo constantemente, le fue gustando. Al final sintiendo que se iba a correr no pudo evitar comerle la boca a su hermano, y ahí sí, ahí el aguante de Leandro iba a llegar a su fin.

    -¡Me corro, cabrones!

    Leandro sacó la polla del coño y se corrió en la cara de su hermana, una cara que reflejaba todo el placer que estaba sintiendo.

    El cura seguía empalmado, ya que no se corriera.

    Luisa se echó a un lado y se quitó la polla del culo. Leandro le metió la polla entre las tetas. El cura le dijo a Luisa:

    -Ponte a cuatro patas para que te come el culo y el coño. Ahora ya sabe cómo te gusta.

    Luisa se puso a cuatro. Leandro trabajó con su lengua el ojete y el coño empapado de su hermana. El cura le acarició el clítoris con dos dedos y le puso la polla en la boca a Luisa, la muchacha le dijo:

    -Ponme el alzacuello.

  • Follando con mi hermano, ocultando mi rostro

    Follando con mi hermano, ocultando mi rostro

    Por fin 18 años, por fin en la universidad, por fin vuelvo a ver a mi hermano aunque solo sea por este año, ya que él termina sus estudios, por fin lejos de casa sin que tenga a mis padres agobiándome y en la residencia de estudiantes para chicas, empiezo a preparar lo que esperaba que fuera un año memorable.

    El curso empezó con nuevas amistades aquí en Barcelona, presentaciones entre las chicas de la residencia y primeras reuniones en las habitaciones, risas, cotilleos de moda, chicos, fiestas y a todo esto mi hermano, mi querido hermano de 25 años muy presente en mi vida, mis padres le habían dado una orden tajante, cuidarme y que estuviera muy atento de mí.

    José era increíble, creo que siempre había estado enamorada de él, desde el día que mis padres se conocieron y se casaron siendo yo una niña, José es mi hermanastro y siempre estuvo a mi lado para todo, para lo bueno y para lo malo, defendiéndome de los chicos en clase, de las travesuras que hacía en el colegio o delante de mis padres llevándose incluso él la culpa, era mi querido hermano y me sentía muy unida a él.

    Empezó a ser muy famoso entre mis amigas de la residencia, a todas les gustaba y las encantaba, de la noche a la mañana tenía una legión de vírgenes siguiéndole y suspirando por él y todo por las historias que yo contaba de él, además esta como un cañón, guapo a más no poder, el pelo de un rubio oscuro, ojos grandes y verdes, unos labios carnosos que te invitan comer, una sonrisa que te deja sin sentido al enseñar su dentadura perfecta y blanca, su cuerpo bien moldeado por el deporte que hace, brazos fuertes, su torso musculoso bien definidos sus pectorales y abdominales y lo que pocas saben una buena polla, se la había visto espiándole en casa mientras se duchaba, pero incluso así, sin estar empalmada la tenía muy grande.

    Las fiestas se sucedían en diferentes facultades y residencias de estudiantes, cada vez que veía a mi hermano en una de esas fiestas me moría de ganas de besarle y de que supiera lo que sentía por él, con mis amigas, con las más íntimas imaginábamos encuentros con él, todas se subían al carro y yo no iba a ser menos, total como decía Nika «no es tu verdadero hermano», «si quieres te lo puedes follar», nunca llegamos a poner en práctica ninguno de esos encuentros, pero todo eso iba a cambiar.

    Llegaron los carnavales y en su residencia siempre hacían una fiesta, una de las fiestas por excelencia del año y como no estábamos invitadas e íbamos dispuestas a triunfar, fuimos vestidas de cabareteras de los años 20, todas con vestidos negros muy cortos con flecos, una cinta en el pelo con una pluma, pero había una prenda obligatoria para todas las chicas ese año, todas debíamos llevar una máscara veneciana que nos tapara la cara y las seis amigas fuimos todas incluso con la misma máscara que nos ocultaba de los demás.

    Mi hermano estaba vestido de aviador y estaba realmente guapísimo vestido con ese uniforme azul, después de estar junto a él y con sus amigos mi hermano pregunto por mí, no me podía creer que no me hubiera reconocido, entre la música, el ruido y todos los disfraces mi hermano no me había visto o eso quería yo pensar, así que quise disfrutar de aquella oportunidad y pasarme por otra chica e intentar seducirle hasta el punto de que terminara besándome.

    La noche transcurría como yo quería, mi hermano no se apartaba de nosotras, bailando y bebiendo, llegaron algunas canciones lentas y mi hermano me cogió por la cintura y nos pusimos a bailar.

    —Por qué no ha venido Lara, esta mala, la he llamado, pero no me contesta. —Me decía mirándome a los ojos ocultos por el maquillaje negro y por la máscara.

    —No se encontraba bien, no te preocupes. —Le contesté para tranquilizarle, aunque ya le había enviado varios mensajes, ya que vi que efectivamente me había llamado cuatro veces.

    —Quien eres, Laura, Nica, Teresa, Gabriela, dime quien eres. —Me susurraba al oído a la vez que sentía como apretaba mi cuerpo sobre el suyo.

    —Pues no sé, tendrás que adivinarlo. —Le contesté.

    —Yo diría que Laura, porque tiene un buen culo como el tuyo. —Mientras decía eso, sus manos se habían posado en mi culo y lo apretaba con sus manos.

    —Pero alómelos eres Nica, que tiene unos hermosos pechos o quizás Teresa por esos labios tan deliciosos, porque no te quitas la máscara y lo vemos. —Sus manos habían recorrido mi cuerpo mientras bailábamos y ahora tenía sus dedos sobre mis labios pintados de rojo pasión.

    —No, no, la mascará no se quita, es vuestra fiesta y vuestras normas, tendrás que averiguarlo tu solito. —Le contesté mientras seguía teniendo su dedo sobre mis labios, dándole un beso en él después.

    -Tendré que besarte entonces para averiguarlo, quizás tus labios me lo cuenten.

    -No sé, tú sabrás lo que tienes que hacer.

    Mi hermano se paró en medio de la sala, me miraba y empezó acercar su cara a la mía, sus labios a poco centímetro de los míos cuando la música cambio y todo el mundo empezó hacer el loco y el tonto, mi hermano se quedó a medio camino de besarme, parecía que se había arrepentido o quizás algo peor se había dado cuenta de que era.

    En ese momento se separó de mí y sin soltarme de la mano me dijo que le seguirá, no dijo nada más y yo empezaba a estar muy nerviosa, subimos por las escaleras de la residencia hasta un largo pasillo a oscuras donde estaba su habitación, abrió la puerta y entramos, yo pensaba que me había reconocido y que me iba a regañar cuando me dijo.

    —No importa quien seas, te voy a besar y si tú quieres te voy a follar.

    —No me importa que me beses, pero de lo otro ya veremos, pero la máscara no se quita. —Le contesté con el deseo de que pasara lo uno y lo otro que había dicho mi hermano.

    En ese momento mi cuerpo se estremecían al sentir por fin los labios de mi hermano José sobre los míos, como su lengua fue en busca de la mía, entrelazándose una y otra vez, quiso quitarme la máscara y no se lo permití, le estaba quitando la ropa, besándole sin dejar ningún rincón, ningún músculo por el que mis labios no hubieran pasado, sus manos recorrían mi cuerpo, mis pechos eran suyos así como mi vulva que había sido asaltada por su mano metiéndose por debajo de mi falda y por dentro de mi tanga, los besos cada vez más apasionados y sus dedos recorrían mis labios humedecidos por la excitación.

    Quiso quitarme el vestido, pero tampoco se lo permití, tenía su polla en mi mano, estaba cumpliendo un sueño guardado en lo más profundo de mi cuerpo, la tenía realmente enorme y dura, se la meneaba a la vez que le besaba en la boca, lo había desnudado por completo, su disfraz descansaba en el suelo junto a la cama, junto a su bóxer, lo empuje tumbándolo en la cama y me senté encima de él y con mis besos le fui subiendo hasta el cabecero y allí con unas bufandas y un pañuelo le até las manos a la cama.

    —No te muevas, no te desates porque si no me voy, ahora quizás sepas quien soy, ahora me voy a desnudar para ti muy despacio y quiero que me observes con detenimiento.

    Me puse de rodillas sobre la cama, sentía su polla entre mis muslos rozando mi tanga que se había desplazado un poco, me quitaba el vestido tirando de él hacia arriba sacándolo por la cabeza y mientras movía mis caderas rozando más y más su polla contra mi vulva, en ocasiones metiendo su glande entre mis labios sin llegar a meterse en mi vagina, pero si rozándola, si a las puertas de sentirla dentro y mi hermano no perdía ojo de mí, me quitaba ahora mi sujetador dejando mis pechos desnudos y él ayudaba a que su polla se acercara a mi vagina intentándola meter con sus movimientos.

    Ya solo me quedaba el tanga y la máscara que cubría mi cara, mi hermano me miraba con el ansia de terminar aquella escena tan caliente y terminar metiendo su polla en mi interior, yo por el contrario a pesar de estar tan caliente, tan excitada y con los mismos deseos que él, quería seguir jugando, quería que supiera quien era antes de follarme.

    Empecé a quitarme el tanga, pero apartándome de él porque sabía que en el momento que esa pequeña porción de tela se separara de mí, su polla se metería en mi vagina, ya lo había intentado con ella puesta y casi lo consigue y a pesar del ardor en mi interior, de estar tan húmeda y mojada de la excitación que recorría mi cuerpo había que esperar, me puse de pie sobre él y a pesar de que la habitación estaba en penumbra, veía que mi hermano no perdía ni un detalle de mi sexo.

    Me pude de rodillas sobre su cara agarrándome al cabecero de la cama, sus labios sobre mi vulva empezaban a recorrer mis labios, su lengua pulsaba mi clítoris metiéndoselo en su boca y besándome toda la vulva, metiendo todos mis labios menores en su boca, metiendo y saboreando con su lengua mi coño, mis gemidos fueron en aumento y mis caderas se movían hacia delante y atrás, mis pezones duros e hinchados.

    Tenía un sueño hecho realidad, por fin tenía a mi hermano dándome el placer esperado e imaginado desde hacía tanto y en el momento que mi cuerpo empezaba a temblar, en ese momento en que mi hermano atado con sus manos atadas al cabecero de la cama decía una y otra vez que me corriera, mi flujo empezaba a salir de la vagina a pequeños chorros sobre su boca.

    Los gemidos pasaron a ser gritos cuando mi cuerpo temblaba, agarrando, moviendo y tirando hacia mí el cabecero de la cama cuando la puerta de la habitación se abrió, era una pareja que buscaba un sitio para follar y pude reconocer entre los gritos de placer a mi amiga Nika que cerraba la puerta enseguida que junto con su acompañante que no paraba de manosearle los pechos y besándole el cuello pedían perdón y riéndose salieron en busca de otra habitación.

    Mi hermano había hecho que me corriera con su lengua, metiéndomela en la vagina, lamiendo mi clítoris una y otra vez, mi cuerpo se empezaba a deslizar poco a poco sobre su cuerpo, recorriendo con mi vulva con mis labios vaginales totalmente mojados por todo su cuerpo dejando un rastro de mis fluidos tras de mí a la vez que le iba besando con mi boca, mordiéndole con mis labios, secando mi flujo hasta ponerme de rodillas sobre sus piernas.

    Su polla bien dura me estaba llamando y empecé a meneársela, a salivarla, a lamer con mi lengua su glande, dándole pequeños besos y metiéndola despacio en mi boca, saboreándola sintiendo las venas que la recorren, la sacaba y volvía a lamer su tronco mordiéndoselo con suavidad a la vez que mis manos no paraban de recorrerla, de pasar la palma de mi mano sobre su glande.

    Los gemidos de mi hermano cada vez más altos, seguíamos oyendo la música de la fiesta que continuaba abajo y nosotros aquí arriba dejándonos llevar por la excitación, por la pasión y no paraba de pensar que mi hermano esa noche era mío, que mi hermano me iba a hacer suya, penetrando dentro de mí.

    El cuerpo de mi hermano no para de moverse, le estaba encantando la mamada que le estaba haciendo, su pene ya no salía de mi boca salvo cuando mi lengua lamía todo el contorno de su glande, sus gemidos cada vez más alto y seguidos presagiaban el final, su polla exploto dentro de mí, en mi boca, teniéndola muy dentro de mí casi en la garganta y los chorros de su semen caliente hicieron que casi me atragantara, tragándomelos según salían y mi lengua repasaba su pene para que no hubiera nada de su leche sin que fuera mía.

    —¿Te quitas la máscara ahora? —Me preguntaba mi hermano.

    —Todavía no he acabado contigo, además ¿todavía no sabes quién soy? —Le contesté subiéndome hacia él, sentándome sobre su pene que aunque no estaba muy blando tampoco estaba duro, besándole en los labios a la vez que sus manos intentabas salir de su prisión sin éxito.

    La mamada que le hice subió más mi excitación, sentía mi vagina tan mojada otra vez que mis labios resbalaban entre su pene que sentía como poco a poco se iba endureciendo, le ayude a que se sentara apoyando su espalda sobre el cabecero de la cama, sus manos seguían atadas y yo me senté a horcajadas entre sus piernas con su polla entre mis labios vaginales, rozando con mi clítoris y su glande saliendo por detrás, me acercaba y alejaba de él, su polla no hacía más que empezar a darme placer frotándose con mi clítoris, besándonos, dejando que su boca lamiera y succionara mis pechos, como mis pezones eran repasados por su lengua dentro de su boca, le abrazaba y mis manos por detrás de su cabeza apretándola contra mis pechos, recorriendo su pelo con mis dedos y gimiendo despacio, casi sin que me oyera.

    Ya no podía esperar más, sentía la necesidad de meterme esa polla en mi vagina, sentía que los juegos habían acabado y necesitaba follar con él, follar a mi hermano, levante mi cuerpo lo justo para que su polla que estaba acariciando mi clítoris una y otra vez con su tronco, ahora buscaba la forma de meterse dentro de mí, subiendo y bajando, acercando y alejándome de él, tenía la polla empapada de mis fluidos y mi vagina preparada para ser penetrada.

    Su polla tropezó con mis labios vaginales y metiéndose entre ellos, su glande empezó a recorrerlos y guiándose como si fueran unos raíles se fue acercando a mi vagina hasta que por fin encontró la entrada y poco a poco se hundía en ella, yo sentía como me iba penetrando, como iba entrando y era yo la que marcaba el ritmo, sentía como resbalaba en mi interior, frotándose con mis músculos vaginales hasta el final, hasta sentirla muy dentro de mí y allí la deje después de que un pequeño grito salió de mí, mi cuerpo se echó para atrás quitándole mis pechos de su boca, ya solo era cuestión de trotar sobre la polla de mi hermano, ya por fin había entrado dentro de mí, ya por fin me lo follaba.

    Pero antes de todo eso, le quería besar, quería besar a mi hermano con su polla bien metida en mi interior, notando sus palpitaciones, notando como me había llenado por completo, nuestros besos eran cada vez más profundos cuando empecé a levantar mis caderas y dejar caer mi cuerpo sobre su polla, nuestros gemidos resonaban por toda la habitación, por todo el pasillo y si por casualidad alguien todavía no se había enterado ese era el momento cuando otra vez abrieron la puerta unos amigos de mi hermano y vieron aquella escena en la que su amigo con las manos atadas al cabecero de la cama se estaba follando una chica con máscara.

    La excitación era tal que no sé cómo mi hermano se soltó, desato sus manos y cogiendo mis caderas me seguía al son que yo marcaba, y de un empujón hacia delante me descabalgo tumbándose encima de mí con su polla todavía dentro de mi vagina que no se había salido ni un centímetro, me empezó a besar a la vez que me penetraba, pensé que me iba a quitar la máscara, pero no lo hizo, levanto su cuerpo del mío solo nos unimos a partir de mi pubis que sentía cada empujón cada estocada en mi vagina, sus brazos estirados y sus manos apoyadas en la cama con mi cara en el medio, follándome cada vez más rápido y fuerte hasta que mi espalda se arqueó sintiendo un orgasmo indescriptible.

    José no dejó de moverse, esperó a que me fuera corriendo, a que mis fluidos resbalaran, mojaran su pene y que fueran saliendo de mí a la vez que la metía despacio, cuando supo que había terminado y sin decir nada me puso a cuatro patas y me empezó nuevamente a follarme, sabía que mi hermano era guapo, inteligente, gracioso, sabía que estaba locamente enamorada de él y ahora sabía que su polla me volvía loca y que era un gran amante con bastante aguante.

    Sus manos apretaban mis pechos a la vez que mi cuerpo se sentía sus empujones, hacinado caer mis brazos en la cama y poner mi cabeza sobre ella, mi culo más en pompa recibía sus empujes, oyéndose los pequeños golpes de su carne sobre la mía, notaba como poco a poco otro orgasmo se asomaba, pero esta vez se adelantó él, soltando varios chorros dentro de mi vagina, sintiendo como su leche espesa me golpeaba por dentro y como en esos momentos me desplomaba boca abajo con otro orgasmo con su polla todavía dentro de mí.

    Unos segundos lo tuve encima, sintiendo el retroceso de su polla de mi interior, sintiendo como salía de mi vagina y como su semen resbalaba por mis labios. Nos dimos la vuelta y apoyada en su pecho me decía una y otra vez.

    —Quien eres, todavía no me los has dicho.

    —Tendrás que averiguarlo tú y pronto porque si no me iré. —Le dije dándole un beso.

    Me levante dejándole allí tumbado, pensando, recogí mi ropa menos mi tanga que se lo deje para que me recordase, entre en el baño, me lave un copo y salí de la habitación.

    Mes y medio más tarde, cuando volvimos a casa los dos por vacaciones, una noche de madrugada mi hermano entro en mi habitación cerrando la puerta, encendí la luz de la mesilla y le pregunte que le pasaba.

    —He esperado a ver si tú me lo decías.

    —Te vi, te elegí y te hice subir a mi cuarto.

    —Dejé que jugaras y te amé.

    —Te devuelvo tu tanga, porque no quiero que te vayas.

    Al terminar esas palabras, secando las lágrimas de mi cara le abría las sabanas de mi cama esperando que me volviera amar aquella misma noche.

  • Mi esposa, más caliente de lo que imaginó

    Mi esposa, más caliente de lo que imaginó

    Les cuento mi primera experiencia en el ambiente swinger, somos pareja de 33 ella y 34 yo, de la ciudad de Guadalajara, México.

    Ella es de altura promedio 1.67, de tez blanca, sus pechos no son muy grandes, pero bien acomodaditos, lo que si tiene unas nalgas preciosas y unas piernas bien torneadas.

    Nos casamos hace unos 10 años, de inicio fui muy celoso, no quería ni saber de sus exnovios ni nada, pero no sé en realidad ni como fue, tal vez viendo vídeos de tríos y de maridos que disfrutaban de ver a sus esposas gozando, comencé a fantasear con esa idea, lo primero que hice fue comprar un juguete y aunque para ella no fue como tan agradable, después de usarlo, le encantó.

    Después de algún tiempo y un día después de unos tragos, estábamos jugando en la cama, me pidió le pasar su juguete y al ritmo del mete y saca de si juguete y sus gemidos, me decía sentía delicioso a lo que pregunté qué era lo que le gustaba y me dijo, “te confieso que me encanta sentir como si fuera otro el que me está metiendo su verga, su tamaño es distinto y su textura también, por lo que me excita imaginar que es alguien más el que está aquí y tu estás viendo lo que él me hace”.

    Ufff, eso me volvió loco, casi explote al momento, inmediatamente me acomodé y se la dejé ir de un solo golpe, no fue difícil penetrarla, estaba caliente, empapada y abierta, ella estaba desenvuelta, me decía que si me ponía caliente imaginar que otro la penetrara y yo respondía que sí, seguimos el juego, me decía que si la dejaría estar con otro y cada vez me ponía más caliente.

    Así fue como comenzamos a fantasear con incluir a otro más en la cama, cada vez fue más recurrente el imaginar que alguien más la penetraba, incluso cuando ella caminaba por las calles y se le quedaban viendo, ella imaginaba que querían estar con ella y hacerla gritar.

    Me contaba que imaginaba como serían sus vergas.

    @janethyalex6985 Twitter

  • Trio de desconocidos

    Trio de desconocidos

    Para Elena era la primera fiesta a la que iba sin sus hijos, sin su marido y soltera. Al entrar chocó con una jovencita casi de la edad de su hija que tenía un vestido diminuto. Se sintió fuera de lugar. Aun así entro, un joven la miro extrañado era la única mayor ahí y las miradas se lo hacían saber. Pensó que era un error, su amiga del spinning la invitó y al final le aviso que no llegaría.

    A pesar de tener 43 Elena se conserva esbelta, nunca dejo de hacer ejercicio, su alimentación era prioridad. Así que a pesar de los años seguía siendo atractiva. Además la gravedad no se portó tan mal con sus senos, eran grandes, siempre trataba de ocultar sus pezones que sobresalían en sus blusas, con ese vestido entallado no era la excepción. Su culo es tema aparte, gracias a él se le abrieron muchas puertas. Cuando su esposo la dejo, fue su mejor arma para ascender en la empresa de publicidad. Sus nalgas grandes y su cadera pequeña volvían loco a cualquiera. Aunque ella decidía muy cuidadosamente a quien darle de su miel.

    El mismo joven que la miro al entrar, ahora le extendía su mano con una cerveza, ella no sabría su edad. Se veía muy joven, aunque muy seguro de si mismo.

    —Parece que te perdiste, ten toma una cerveza

    —No no, es que me invitaron y al final no… Es un cuento muy largo.

    —Tengo tiempo, cuéntame. Me llamo Samuel

    —Elena, mucho gusto.

    —el gusto es mío, ¿Bailamos?

    Los ritmos nuevos no eran lo suyo, aun así Elena hizo un esfuerzo y Samuel aprovechaba cada movimiento para tomarla de la cintura.

    En el rincón, Melisa ahogaba sus penas con tequila. Descubrió a su novio con otra y trataba de borrar sus recuerdos con alcohol, iba a esa fiesta dispuesta a lo que sea que le sacará de la mente a ese imbécil. Melisa a sus 21 años apenas tenía su primer rompimiento amoroso, le parecía increíble. Ella tenía miles de seguidores en sus redes sociales, es muy bonita y cumplía las fantasías de su novio. No sabía cómo o porque dejó de quererla. Miraba con recelo a la señora que bailaba embarrada a un joven que podría ser su hijo.

    —¿Todo bien? —le pregunto una de sus amigas.

    —No, me dejó mi güey y según yo vengo a ligar… Mejor esa ruca agarro algo, ¿y yo? Nada güey, no sé que pedo.

    —Tranquila, ese güey le tira a todo, y la señora… Seguro no le dan hace un tiempo.

    —Voy por otro tequila.

    —Órale, aquí ando lo que se te ofrezca.

    Después de varias cervezas Elena ya perreaba como si fuera experta, sentía la verga de Samuel en sus nalgas y. No le importaba que la vieran, a su lado todos bailaban igual. La niña del vestido corto se movía tan sensual que varios chicos se acercaron para que les restregara su culo. Era bellísima a los ojos de Elena. Rubia, piernas largas, culo pequeño pero redondo y tetas paraditas. Le sonrió mientras Melisa se empujaba azotando su culo contra un tipo que disfrutaba tomándola de la cintura. Elena sentía ese calor en su interior que hace años parecía había perdido.

    —¿No que no sabías bailar? —le del Jo Samuel mientras la tomaba de la cintura y la giraba tocando sus enormes nalgas.

    —Esto no, pareciera que está cogiendo —la risa iba acompañada de un pequeño jadeo, estaba muy caliente y sabía que tenía que salir de ahí o acabaría en algo desastroso.

    Los chicos se acercaban a Melisa, estaba muy borracha y aprovechaban para tocar sus nalgas y tetas. Su amiga tuvo que ir al rescate. La subió a una habitación donde ella se soltó a llorar por su ex.

    —Mira, descansa y al rato te pido un taxi amiga.

    —Te amo amiga, tu me entiendes

    —Ya tranquila, duérmete un rato. Voy por un café para que se te baje.

    La verdad es que su amiga quería seguir de fiesta, y no de nana de una pseudo influencer con problemas de auto estima. Melisa vómito y se lavó la cara, se miraba al espejo preguntándose. ¿Por qué a ella le pasaba eso?

    El primer beso de Samuel fue al cuello de Elena que brinco mientras su piel se erizaba.

    —¡Oye! Vas muy rápido.

    —Es que estás muy buena —sus manos bajaban de la cintura a sus nalgas y regresaban para sentir por completo sus nalgas.

    —Estas bien chiquito, ¿Cuántos años tienes?

    —Veinticinco, ¿Son suficientes no?

    —Podría ser tu mamá

    —qué bueno que no —busco sus labios y obtuvo respuesta de ella, que lo tomo de la cabeza para darle un buen beso de lengua.

    —Estas loquito —le dijo mirándolo a los ojos.

    —Este culote me pone así —Samuel tocaba ya su culo como si nadie más los viera, se besaban y cada vez se ponían más calientes. La humedad en la entrepierna de Lucia iba creciendo, así como su deseo de cogerse a ese muchacho.

    Un ruido la despertó, Melisa se había encerrado en el armario para escapar de todo, el sueño y el cansancio la vencieron pero alguien había entrado. Movió un poco la puerta, era una pareja que forcejeaba para quitarse la ropa. Minutos antes, Samuel tomo de la mano a Elena y la subió a una habitación.

    —¿A dónde vamos?

    —Donde podamos estar solos.

    Apenas cerraron la puerta se comían a besos, el levantó su vestido y trataba de zafar su brasier, los pezones de Elena están duro y erectos. En cuanto recibió la lengua de Samuel en sus pechos se estremeció y trato de sacarle el cinturón y la camisa. Ninguno de los dos se dio cuenta que detrás de ellos, Melisa los devoraba con la mirada.

    —Si fueras mi mamá igual te cojo, estás bien buena.

    —Qué bueno que no, vamos a ver esa verga que pagabas en mis nalgas —en cuanto bajo el bóxer de Samuel, una verga grande y gruesa se asomó. Tanto los ojos de Elena, como los de Melisa se abrieron sorprendidas por el tamaño. Samuel seguía besando sus pechos y sobándole las nalgas, la humedad de su panochita le mojó la mano, así que la volteo y separo sus piernas. Su cabeza se hundió en medio y su lengua se perdió en el interior de ella. Elena agradeció el haberse rasurado dos días antes.

    —¡Aaaah! Siii que rico siiii sigue sigue! —Elena tomaba del cabello a Samuel para que no parará, su lengua le estaba dando un placer indescriptible. Ella no paraba de jadear. En el armario Melisa paso del enojo por aquella señora, al morbo. Miraba como gemía y le causaba envidia.

    —¿te gusta que te la chupen?

    —¡Me encantadas sigue no pares siii que rico me la mamas!

    El ruido de ambos les impidió escuchar a Melisa que se acomodó para poder verlos mejor, metió sus dedos en su boca y lo metió bajo su vestido. Se dio cuenta que no hacía falta, ya estaba muy mojada de mirar a aquellos dos.

    Elena tuvo un orgasmo de esos que parecían perdidos en el baúl de los recuerdos, su cuerpo se estremeció mientras sonriente Samuel frotaba su clítoris para registrarse en el placer que Elena tenía.

    —¡Que rico oooh ooooh!

    —Ven, te toca —Elena se arrodilló frente a él y comenzó a chupar lentamente la punta, sabía que eso les encantaba. Así como mirarlos a los ojos. Era experta eso, chupaba sin apartar la vista de Samuel que en cambio cerraba los ojos inmersos en el placer que con su boca ella le provocaba.

    En el armario, Melisa termino silenciosamente, su orgasmo le iba escurriendo poco a poco por las piernas mientras tenía los ojos en blanco. Entonces salió a gatas hasta estar al lado de Elena. Ambas cruzaron la mirada, ella cachonda y Elena un poco espantada. Tanto que dejó de mamar aquella verga. Melisa Romo su lugar como y fue hasta que Samuel abrió los ojos que se dio cuenta que la rubia del vestido corto estaba con su verga hasta la garganta.

    —¿Pero qué carajos? —beinco espantado y Melisa al no saber qué hacer se fue contra Elena, la beso mientras acariciaba sus enormes tetas, Elena no sabía qué hacer, nunca antes se besó con una mujer. Intento frenarla pero Melisa se fue a sus pechos. Lamía suavemente sus pezones logrando que pujara de nuevo.

    —Niña no haaaa haaaa basta —Samuel dándose cuenta de su buena suerte, despojo de su vestido a Melisa, su culo era más hermoso de lo que imaginaba. Intento quitarle la tanga, pero ella se incorporó y metió su verga en la boca. Miro a Elena y sin palabras le cedió el turno. Mientras Elena chupaba aquella verga gorda y grande. La chica rubia le comía las tetas y metía sus manos entre sus nalgas.

    —¡Dios mío gracias! Decía Samuel mientras ambas chupaban su verga. Melisa besaba insistentemente a Elena que ya no se resistía y respondía a sus besos.

    Fue Samuel quien las vio en la cama, tumbó a Elena boca arriba, separando sus piernas para meter su verga. Melisa lo beso y luego se acomodó sobre la cara de Elena. Asfixiada, no sabía qué hacer con esa pequeña panocha rosada sobre su cara. Saco la lengua y fue Melisa la que comenzó a sacudirse como loca. El sabor a mujer era nuevo para ella.

    —¡Que puta delicia! —exclamo Samuel mientras metía su verga en Elena

    —¡Haaa!

    —Eso chupámela siii

    La verga de Samuel entraba y salía sin dejarle descanso, apenas podía gemir con la lengua de fuera y el roce de aquella panocha sobre su boca. Melisa se estiraba para besar a Samuel. Que estaba incrédulo de todo aquello. Seguía a Melisa en todas sus redes y odiaba las fotos con su novio. Se la jalo varias veces en su honor y hoy la tenía ahí, desnuda sobre aquella mujer que conoció apenas hace unas horas.

    Cambiaron de posición, ambas estaban empinadas, desde atrás Samuel miraba aquel enorme culo de Elena y el perfecto, duro culo de Melisa. Primero metió su verga en Elena, sus nalgas se movían de forma espectacular, además ella torciendo el cuello lo miraba penetrarla, ella sabía que eso les gustaba y ella disfrutaba de ver su cara enrojecida mientras metía su verga. Melisa la jalo y la beso, parecía obsesionada con besarla. Elena ya disfrutaba de sus besos. Al final Melisa era un sueño de mujer. Sus ojos verdes la miraban mientras con su mano buscaba su culito para meter ahí un dedo. Sentía rebotar contra si mano el cuerpo de Samuel. Elena respondió de la misma manera, su mano entro entre las nalgas de Melisa y sobo desde abajo hasta arriba, sintiendo ambos orificios y sintiendo la respuesta de ella en sus besos.

    Luego, Samuel por fin tomo las caderas de Melisa, era un puto sueño, efectivamente su panochita era rosada, apretada, vio como su verga iba entrando lentamente en lo que imagino durante mucho tiempo.

    —¡mmmm! —gimio Melisa mientras Elena contemplaba aquellos cuerpos jóvenes desnudos junto a ella. Le lamió el cuello a Samuel, el pecho, su abdomen, hasta bajar a dónde chocaba contra las nalgas de Melisa, beso sus nalgas perfectas y redondas. Luego interrumpió para chupar un poco más la verga de Samuel y después acomodarla para que siguiera penetrando a la hermosa rubia que ansiosa movía su culo. Elena metió su cabeza bajo Melisa para chuparle las bolas a Samuel que agitado gemía de placer.

    —Siii siii méteme la verga siii —Melisa tía casi pareciendo llanto, con la cara metida en las sábanas de la cama y su culo mirando al foco.

    —Pinche Melisa estás bien buenaaa no mames que rico culo.

    Elena se volvió a empinar a un lado de Melisa, para que Samuel le diera más de su verga, solo que el busco otra entrada. Habían pasado muchos años desde que intento un anal, arrepentida por el doloroso proceso. Ahora aunque quería negarse, parecía que no podía. No sería ella la que parará aquel placer del que disfrutaban los tres. Jalo una almohada y mientras Samuel empujaba su verga para que entrara en su cola, ella apretaba los puños y la quijada. Melisa le separaba las nalgas para que el metiera su verga, incluso escupió un poco sobre el culo de Elena que seguía conteniendo el grito de dolor.

    —No va a entrar no va a aaah aaaah uuuy haaa! —Después del dolor inicial, los embates de Samuel le provocaron un placer que para ella valía la pena. Melisa se escurrió debajo de ella y en posición de 69 con su lengua estimulaba su clítoris. Elena quería responder, pero el dolor solo lograba que pujara como loca.

    —¡Huuy si si si! —Samuel estaba dando más de lo que esperaba pero no resistía más, la cadera de Elena chocaban contra él, veía como si verga se perdía en su cola y ya quiso separarse. Termino dentro de Elena, ambos se retorcían se placer, Apretaba sus nalgas y sentía como su semen llenaba ese culote frente a él.

    —Que riiico —exclamo Elena, aflojando el cuerpo mientras el salía de su cola, pero Melisa seguía chupando, mamo un poco la verga de Samuel y luego succionó el semen que escurría de la cola de Elena. Lamiendo su agujero dilatado y logrando que Elena brincara con la sensación.

    Los tres se incorporaron y besaron, sus lenguas compartían el sabor de sus sexos. Fue l amiga de Melisa tocando la puerta la que terminó la fiesta.

    —¿Estás ahí Meli?

    —Siiii, salgo en un momento.

    —Tu ex llegó… Solo…

    —Ok

    Se miraron y se vistieron lentamente. Elena se despidió de ambos con un beso francés, sabía que ese lugar no era para ella. Samuel nunca olvidaría aquello y Melisa se preguntaba si quería ver a su ex novio.

    Dos semanas después en el cumpleaños dieciocho de su hija, Elena reconoció al tipo en el fondo de su sala. Era Samuel, iba de novio de su hija.

    —Mira mami, te presento a Samuel

    —¿Es tu novio?

    —Somos amigos —interrumpió el sonriendo.

    —Mucho gusto Samuel, creo que eres mayor para ella.

    —¡Mamá!

    —No creo que la edad importe, ¿Usted qué cree?

    Entre ambos se hizo un silencio largo, mientras cruzaban la mirada.

    —Nos vemos joven —dijo Elena alejándose con su vestido entallado.

    —Espero que si —dijo Samuel mordiendo su labio. Miraba ese culo que lo volvía loco.

    Melisa regreso con su ex, pero tampoco podía sacar de su cabeza a esos otros dos desconocidos.

    @MmamaceandoO

  • Mis dos tíos ardientes y mi disfraz de colegiala

    Mis dos tíos ardientes y mi disfraz de colegiala

    Este año no pudimos hacer la fiesta que teníamos acostumbrada cada Halloween.  Cada año nos juntábamos toda la familia, mis hermanos y hermanas mis tíos mi padre y varios primos a celebrar Halloween disfrazados y bebíamos toda la noche. Pero lo que les contaré no paso en este año si no en la fiesta del año pasado. Ese día ya había preparado toda la cena porque ahora me tocaba hacerlo en mi casa. Mis hijos se fueron a casa de un amigo a una fiesta de chavos y allá se quedarían a dormir para no manejar ebrios y tomar riesgos innecesarios de tener que regresar a casa noche en un Uber.

    Mi hermana había llegado temprano para ayudarme con los preparativos. Teníamos la casa adornada conforme a la fecha y nos había quedado todo muy lindo. La comida estaba terminada y habíamos ido al Oxxo por bebida hasta para ahogarse. Habíamos invitado a algunos vecinos y amigos de familiares también para que la fiesta fuer más amena. Yo escogí un disfraz algo atrevido para mi edad, pero la realidad es que siempre le ha gustado ser el centro de atención. Me puse una falda roja cuadriculada con una camisa blanca que me amarre por encima del ombligo. Use un brasiere negro que me ajustaba mis senos dejándolos muy redondos y como si pareciera que iban a escaparse de mi ropa interior. Use el cabello con dos coletas una de cada lado y me arme con una colección de paletas para siempre estar chupando una y seduciendo a todos los hombres que de encontrarán ahí. Use una tanga negra que me la había puesto durante todo el día y estaba impregnada con el aroma de mi ser. Esa noche estaba decidida a tener un trío con dos hombres no importaba con quiénes. Estaba dispuesta a dominarlos por completo. Eso es justo lo que iba a hacer. Mi hermana y yo empezamos a beber antes de que empezará a llegar la gente. Y comenzamos a platicar de los viejos tiempos.

    -July te acuerdas de cómo estaba de guapo mi tío Nacho y mi tío Sergio cuando estaban jóvenes y los cuerpos que tenían? Ufff

    -Uy si no paraban de ir al gimnasio todos los días.

    -Lo que más recuerdo es cuando espiábamos a mi tío Nacho cuando se bañaba, lo recuerdas?

    -Ay no, como olvidarlo. Me acuerdo que lo espiábamos por la ventana del baño de arriba cuando de quedaba en casa porque se le marcaba un paquetote cuando se iba al gimnasio con los shorts tan pequeños que llevaba.

    -Me acuerdo que cuando lo viste por primera vez desnudo hasta te atoraste con la saliva y te dio tos u casi nos ve espiándolo jajaja.

    -Ya ni me recuerdes, tonta.

    -Tú crees que aún a esta edad de les siga parando?

    -No creo, ya tienen más de 60 años ambos, probablemente ya el pajarito está muerto jaja.

    -Una nunca sabe hermanita, a lo mejor cualquiera de nuestros dos tíos nos podría dar un susto jeje.

    -Mmm, vale. Te reto entonces a qué está noche trates de seducir a mi tío Nacho. Así de una vez comprobamos si esa verga tan enorme aún tiene vida.

    -Estás loca como voy a hacer eso tarada?

    -Vestida así no creo que te sea muy difícil seducir a cualquier hombre de la fiesta incluso aun siendo de tu propia sangre jaja.

    -Estás loca, pero yo no me acobardo ante un reto. Te voy a demostrar que lo voy a traer comiendo de mi mano cabrona.

    -Órale pinche July, vamos a ver si es cierto.

    Llegada la noche comenzaron a llegar todos los invitados. Los primeros en llegar fueron los vecinos. Cada que entraba uno se quedaban mirando mi ajustado escote que por los botones abiertos era de más atrevido. Mi piel acaramelada estaba un poco sudada por el calor y las personas ahí presentes. El clima estaba muy húmedo y para colmo el minisplit se había descompuesto justo un día antes. Probablemente el alcohol también había sido cómplice de aquel sudor que bajaba por mi pecho provocando aún mas mirada llenas de lujuria de cada hombre ahí presente. Pasado el tiempo llegaron mis dos tíos y mi papá juntos.

    Venían disfrazados de marineros de puerto. Mis tíos a pesar de tener más de 60 aún se conservaban muy bien probablemente por todos esos años en el gimnasio. Mi papá me vio y se quedó como embobado. Cierra la boca papá -le dije mientras le daba un beso cerca de los labios-. Te ves muy guapa hija, me hace recordar a cuando ibas a la secundaria vestida así, aunque en ese entonces no llevabas la faldita tan corta -dijo mirándome de pies a cabeza-. Luego saludé de beso a mis dos tíos y abrace a propósito a mi tío Nacho haciéndole sentir la suavidad de mi pecho sobre el suyo dónde abundaba el vello de una manera muy varonil, algunos de ellos ya grisáceos por la edad. El me sujeto en sus fuertes brazos por un buen rato y luego me soltó.

    -Estas hermosísima July, y se ve que te cuidas mucho tienes un cuerpazo

    -Bueno hago un poco de ejercicio tío, aunque no muy seguido.

    -No en vano tú y tu hermana son las mujeres más guapas de toda la fiesta hija -dijo mi tío Sergio dándome un beso en la mejilla.

    -Muchas gracias -dijo mi hermana invitándolos a pasar.

    -Vamos para adentro pues -dijo mi tío Nacho tomándome de la cintura.

    Al sentir su mano sobre mi cuerpo comencé a sentir una sensación diferente. Esa emoción de sentir el tacto de un hombre tan provocativo, varonil a pesar de su edad y con tan atractivo sexual era algo que no había podido experimentar desde hace mucho tiempo. Una sensación en mi vagina que había estado dormida desde hace tiempo había despertado y estaba más viva que nunca. Mi tío Nacho y yo comenzamos a beber y platicar de nuestras vidas.

    La plática de hizo muy amena y con cada momento que pasaba nos conectábamos aún más. Podía sentir sus miradas lascivas penetrando mi ropa. La fiesta estaba en su apogeo. La gente bailaba en parejas, muy calientes y pegados. Mi hermana estaba bailando muy sensual bachata con mi tío Sergio. La verdad yo estaba muy húmeda, tanto que lo vagina había humedecido por completo mi tanga. Ya eran más de las dos de la mañana mi tío Sergio y mi hermana de quedaron platicando en la sala. Mi padre ya se había ido a dormir al cuarto de visitas y yo seguía encantada con mi tío.

    -Tal vez deberían quedarse tío, ya es muy noche y están algo tomados y para evitar que algún taxista los robe mejor quédense a dormir, aquí hay un sofá cama donde pueden quedarse.

    -Nombre hija, no pasa nada, ahorita me voy manejando despacito y así llegó al cabo no está lejos mi casa.

    -No tío, además estoy disfrutando mucho de tu compañía, no te vayas.

    -Oye July, vamos a ver una película en el cuarto de arriba que me prestaste para quedarme -dijo mi hermana llevándose a mi tío Sergio de la mano.

    -Está bien, hasta mañana.

    -He notado como me has mirado toda la noche hija, que pasa?

    -La verdad hace tiempo que no he estado con un hombre de verdad, he tenido parejas pero nada más no llenan mis necesidades.

    -Vaya que problema hija, pero pues yo no puedo ayudarte con eso, podría presentarte a algún amigo más joven que yo.

    -Te deseo a ti, lo he hecho por años, sabes te confieso que cuando llegabas del gimnasio a bañarte a la casa mi hermana y yo te espiábamos, la realidad es que no podía evitar cada noche el tocarme con lo que veía. El agua cayendo sobre tu cuerpo musculoso y lleno de vellos espesos y chinos. Tus glúteos redondos y esa verga tan basta y llena de vida, grande y negra como ninguna. Cayendo como el más dulce de los plátanos. Me imaginaba como sería cuando creciera. Tal vez como un gran pepino duro y largo y duro como un hierro. Tal vez algo doblado en la punta.

    -Me dejaste sin palabras, absolutamente Julia. La verdad yo también tengo algo que confesar. Esa época que viví un tiempo en tu casa fue un martirio para mí. Hoy me hizo recordarlo cuando te vi con esa falda de colegiala. Recordé aquellos días en los que ibas en secundaria y te veía pasearte por la casa vestida de esa manera. Fui sintiendo un deseo por ti. Cuando cumpliste 18 y te viniste a pasar un verano en mi casa a divertirte con mis hijas yo iba al cesto de la ropa sucia y me encerraba en el baño con tu ropa interior imaginándome que lamía directamente esos senos tan desarrollados y esa vagina tan dulce. Tu sabor que podía probar aún de tus calzones era delicioso. Me venía tan rico que me hice adicto.

    Me acerqué a mi tío Nacho y sin titubear un momento lo besé. En un instante nuestras lenguas de entrelazaron intensamente. El sabor de su saliva mezclada con la mía elevaba el éxtasis de inmediato. Mis pezones comenzaron a resaltar en mi brasiere. Nuestras respiraciones eran sonoras y agitadas. Mi tío metía su lengua hasta mi garganta. Una gran lengua húmeda trataba de ahogarme con todo su deseo. Rápidamente precipitó su mano dentro de mi brasiere.

    Mi piel sintió sus manos de dedos gruesos y largos. Sus manos ásperas contrastaban con la suavidad de mis senos. Mi cuello necesitaba de atención desesperadamente y como si pudiera leer mi mente me beso de una manera tan húmeda y bravía. Yo le sujete la cabeza y dejé salir un gemido sin querer. Se me acercó al oído y me dijo – vamos a ver qué tan mojadita estas-. Metió su mano debajo de mi falda e hizo a un lado la tanga que en ese momento ya estaba empapada. Metió sus dedos y los dirigió justo donde estaba mi punto g. Era como si adivinará lo que no cuerpo deseará. Eres un mago -le dije mientras besaba su cuello-.

    Comenzó a mover sus dedos haciendo un movimiento de ganchito y estimulándome sensualmente. Los gemidos se me escapaban por más que trataba de contenerlos. El me beso de nuevo y comenzó a desabrochar lentamente mi camisa, botón por botón intercalaba sus besos con sus manos.

    Cuando tuvo mis senos descubiertos los empezó a masajear y besar como loco. No sabes cuánto tiempo desee esto amor, tanto que no puedo controlarme -dijo mientras se disponía a quitarme el brasier. Cuando mis senos redondos y firmes quedaron frente a él las admiro por un momento y las chupo como un bebé. Yo gemí por su experiencia al hacerlo. Ya no aguanto más -le dije.

    Lo senté en el sillón y le comencé a quitar los pantalones. Cuando lo vi en ropa interior recordé aquellos días, ahí estaba frente a mi aquel pene tan enorme flácido y sudoroso escondido en aquella fina tela. Lo saqué por el espacio entre el bóxer y me quedé impactada, era un más grande de lo que lo recordaba. Le escupí mucha saliva y comencé a masturbarlo. El descanso su cabeza en el sillón y yo seguí un movimiento frenético. Aquella serpiente empezó a despertar. En un instante su verga estaba erecta. Esa fue mi señal, su enorme verga me invitaba a comérmela. La puse en mi boca y el gruño y dijo- puta madre-. Me cabía en la boca haciendo un gran esfuerzo.

    Ella me quito el cabello de la cara y me decía -mírame putita-. Que me insultara me ponía aún más húmeda. Me tomo fuerte del cabello y apretó los dientes. Si te la vas a comer, cómetela bien cabrona y empujó su verga más adentro violentamente tomando mi cabeza y empujándola hacia abajo. Yo me esforzaba por no vomitar. Su verga llegaba a lo más profundo de mi garganta. La saliva corría por mi boca llenando su pene y cayendo sobre mis senos tratando de lubricar la entrada de mi garganta ante semejante animal.

    Pasaron más de 15 minutos dónde el violó mi garganta en tantas posiciones hasta que se cansó y dijo -ya es hora de que sepas lo que es un hombre. Me tomo del cabello y me puso en cuatro sobre la alfombra. Su verga estaba llena y rebosante de los jugos de mi garganta. Me dio una nalgada y la metió de golpe.

    Yo gruñí desesperada de dolor. Se abrió paso de manera imponente. Su verga estaba volviendo a abrir mi vagina de una manera brutal. Jalo mi cabello hacia atrás de tal manera que me trono muy fuerte y grite de nuevo. Me dolió cabrón -grite con fuerza-. Así es como se siente cuando te coge un macho de verdad cabrona -dijo de manera burlona-. Me volvió a nalguear y me clavo las uñas en las caderas y empezó a penetrarme de manera brutalmente rápida. El sonido de mi piel con su piel era estruendoso y frenético.

    Tomo solo un par de minutos y sentí como mi vagina se inundaba y estaba a punto de desbordarse como una presa de agua llena hasta el borde. Espérate, espérate que me vengo tío- dije tratando de pararlo-. Vente putita es lo que quieres -respondió-. Me tomo con ambas manos del cabello y lo jalo lo más que pudo y me dio más duro aún. Espérate hijo de tu puta madre -grite y al mismo tiempo estalle en placer y me chorreé en la alfombra mojándola toda como si no hubiera orinado en dos días. Mi cuerpo sudado temblaba y mis ojos estaban en blanco respiraba como si fuera a darme un ataque cardíaco. Levántate pequeña, esto es apenas el primer round.

    Continuará…

  • Mis amigas (II): Estrella

    Mis amigas (II): Estrella

    Tenía la costumbre de jugar fútbol con mis amigos a donde también iban nuestras amigas para hacer un poco de chacota y tomar unas cervezas. Una de esas tantas noches, ya listo para retirarnos nos damos con la sorpresa que un amigo había ligado con una de las chicas que se fue con ella en su carro. Lo que nos dejó a 7 personas para un solo auto. Haciendo un poco de esfuerzo nos acomodamos 2 en la parte de adelante y 5 en la parte de atrás quedando Estrella entre la puerta y yo ahí bien apretados en el auto.

    Estrella es una chica simpaticona, 1.60 m de estatura, delgada, blanquita, cabello negro y lacio, senos grandes, caderas ligeramente anchas y una cola mediana pero bien durita. Tenía lo suyo. Es una chica digna de admiración especialmente cuando se pone shorts o leggings donde resalta esa cola que atraía muchas miradas incluyendo la mía. Aquella noche llevaba unos leggings negros y una camiseta de color blanco.

    Volviendo al inicio de los hechos, nos esperaba un viaje de más o menos cuarenta y cinco minutos y al estar muy apretados e incómodos en el auto poco a poco Estrella se fue sentando más hacia adelante pero el espacio y sus caderas no lo permitían. Así que con cada movimiento del camino, poco a poco, su pierna izquierda se iba sobreponiendo sobre mi pierna derecha. Yo también trataba de acomodarme pero sin éxito alguno. Dentro del carro todo era conversación entre todos por haber ganado el partido.

    Con el correr de los minutos pude sentir como Estrella ya estaba prácticamente sentada sobre mi pierna. Intentaba hacer contacto visual con ella pero la veía un poco avergonzada por esta situación así que evité hacer ningún comentario y preferí mantenerme lo más tranquilo posible. Aunque era difícil concentrarme.

    Hice un recuento mental de mis pertenencias: mi mochila estaba en el maletero del auto, mi billetera en mi bolsillo izquierdo y mi celular… mi celular estaba en mi bolsillo derecho justo abajo de donde estaba sentada Estrella

    -Bueno -pensé- al menos está en un lugar especial -bromeé para mi.

    A mitad del camino siento como repentinamente Estrella se tensa y aprieta sus piernas.

    -¿Todo bien? Disculpa por la incomodidad -le dije pensando que recién se había dado cuenta de cómo estábamos acomodados.

    -Si todo bien -me respondió.

    -Que mal que Arturo nos haya abandonado a nuestra suerte -intenté hacer conversación.

    -Si pues… bueno en fin así son los hombres -comentó

    -Es el código de los amigos. Ahora no le diremos nada, pero después no las cobraremos. -le dije.

    -Seguro que si, más bien discúlpame por…

    A mitad de la frase se quedó en silencio y apretó sus piernas nuevamente.

    -… o vaya -dijo soltando con un suspiro- es que estamos tan apretados.

    -Sí, y aún estamos a mitad de camino… ojalá que no haya tráfico -añadí

    -Solo eso nos faltaría.

    Y así fue… a los poco metros no topamos con un tráfico muy pesado y, a decir por el waze, de varios kilómetros.

    Abrimos un poco más las ventanas porque ya el calor se estaba haciendo insoportable.

    Luego de un par de minutos, nuevamente las piernas de Estrella se vuelven a tensar. La había agarrado desprevenida haciendo que suelte un pequeño suspiro ahogado el cual trató de disimular.

    -¡Ah!… Cuánto tráfico -comentó a continuación.

    -Sí, y tiene para un rato más -contesté.

    En mi mente estaba tratando de descifrar que le estaba pasando a Estrella, el porqué esos apretones repentinos. Hasta que caí en cuenta… era mi celular. Siempre lo ponía en modo vibrador para jugar tranquilo y por la situación no lo había cambiado a tono y las vibraciones eran de mensajes que estaban me llegando.

    Una nueva tensión de las piernas de Estrella me hizo confirmar el motivo de estos y a la vez pude ver como el color de su cara tomaba un color rosado.

    -¿Todo bien? -pregunté nuevamente, dispuesto a explicarle lo que sucedía.

    -Si, todo bien -respondió rápidamente -es sólo este calor que está insoportable.

    Pensaba que solo iba a quedar como una anécdota pero todo cambió de repente cuando ella se acomodó después de una nueva vibración y ahora mi celular quedaba justo a la altura de su vagina. La miré y su expresión había cambiado tenía una mirada pícara y estaba aún más colorada. Es ahí donde me decidí a ‘ayudarla’ un poquito con su travesura.

    -Estrella, ¿puedes timbrarme? No recuerdo donde puse mi celular, creo que está en mi mochila y quiero comprobar.

    Luego de una pausa, asintió. Y sacó su celular de su cartera que llevaba en sus manos. Y marco a mi celular.

    A duras penas pudo resistir las vibraciones de la primera timbrada. Apretaba fuertemente sus piernas con la mía y hasta percibí un ligero vaivén de sus caderas en el poco espacio que tenía. Después de la segunda timbrada ya no pudo resistir y colgó.

    -No oí nada -le dije.

    Como no dijo nada, la miré… estaba roja y con la respiración un poco acelerada.

    -¿Me prestas para llamar yo? -le pregunté sin dejar de mirarla.

    Abrió de ojos sorprendidos y no se decidía a darme su celular. Entonces tomé el celular de sus manos y me dispuse a llamar a mi celular al mismo tiempo que ella se sujetaba al asiento delantero y se preparaba para la tortura vibratoria.

    Fueron tres llamadas seguidas y cada una timbraba hasta que entraba a la contestadora, en todo ese tiempo Estrella no dejo de apretar sus piernas con la mía y a mover sus caderas. Al terminar estaba totalmente agitada. El esfuerzo por no delatarse hizo que termine con la cara roja y algo sudada.

    -Eres un pendejo -me dijo.

    Ya descubierto, le solté todas las fichas.

    -Está muy aburrido aquí en medio del tráfico… tenía que distraerme en algo -al tiempo que hacia timbrar nuevamente mi celular.

    -Eres un…

    Sin terminar la frase, se vio sorprendida al sentir como iniciaba la vibración una vez más y ahora tomaba su pecho derecho al mismo tiempo y lo comenzaba a amasar aprovechando la oscuridad del camino.

    Estrella no atinaba a quitarme el celular o quitarme la mano… al final solo atinó a presionar sus piernas mientras yo me deleitaba con su pecho.

    Con el correr de los minutos el tráfico se fue haciendo más ligero. Intenté meter mi mano por debajo de su polo pero me detuvo diciéndome que esperara a que bajemos del auto al mismo tiempo que se apoyaba sobre mi paquete.

    Ya una vez que bajamos del auto, fuimos caminando la abracé y le di un beso. Le tomó un momento corresponderme.

    -Vamos a tu departamento -me dijo.

    -No pensaba llevarte a ningún otro lado -respondí.

    Apenas cerramos la puerta nos comenzamos a besar y me hizo sentar en el sillón y se sentó encima mío. Entre abrazos y besos aproveché para amasarle sus nalgas y respondía con suspiros Le quite su polo y su sostén casi al mismo tiempo ahora tenía a mi disposición aquellos senos que no tardé en besar para luego pasar mi lengua por sus aureolas y comenzar a chupar sus pezones oscuros haciendo que soltara gemidos cada vez más fuertes.

    Después de un rato me levanté así como estaba con ella encima y la llevé cargando hacia mi habitación. Nos acostamos en la cama. Fui recorriendo con mis labios desde su cuello bajando por sus senos quedando a jugar un momento con ambas montañas y aproveché para morderle sus pezones sacando pequeños gritos mezcla de dolor y placer para luego bajar a su vientre. Me detuve brevemente para quitarle los leggings y su tanguita que ya estaba muy mojada. Me acerque a oler su sexo, su vello estaba bien recortado con sólo una línea en la parte central… estaba muy húmeda y caliente… Y comencé a recorrer mi lengua a lo largo de sus labios y mordiendo levemente su clítoris al mismo tiempo que introducía un dedo dentro de su vagina haciendo que de varios gemidos. Sólo tomaron pocos minutos para que se corriera abundantemente.

    -Es tu turno -me dijo una vez se recuperó de su orgasmo.

    Me hizo echar boca arriba en la cama y me saco el short junto con el bóxer para luego dirigir su boca hacia mi pene y comenzó la pasarle la lengua por toda la cabeza y finalmente metérselo en la boca. Sus labios apretaban mi falo con cada succión mientras su lengua jugaba con mi glande… realmente sabía lo que hacía.

    A continuación se colocó encima de mí, tomó mi pene y lo dirigió a su entrada. Lentamente se fue sentando encima disfrutando cada centímetro que entraba en su interior hasta llegar al tope. Vi que estaba con los ojos cerrados gimiendo y suspirando. Luego de unos instantes comenzó a moverse de arriba a abajo mientras yo iba a apretando sus senos y nalgas a mi gusto.

    Pronto ya le había agarrado el gusto y ya no sólo se movía de arriba a abajo sino también en círculos y sus pechos iban botando a todos lados acompañando esa cabalgada. Cambiamos de posición, ahora la puse de perrito y no pude contenerme… la sujeté fuertemente de sus caderas y la penetré de un solo golpe hasta lo más profundo arrancándole un fuerte gemido y seguí penetrándola a toda velocidad y de vez en cuando la soltaba una nalgada que la hacía estremecer pidiéndome que continúe cada vez más fuerte hasta que llegó a un nuevo orgasmo que hizo que se derrumbe en la cama.

    Estrella estaba agotada. Pero aun así se repuso y comenzó a chupar mi pene. Ahora su meta era sacarme todo el jugo, después de un rato le avisé que ya estaba por llegar pensé que me iba a dejar acabar en sus pechos pero comenzó a chupar más fuerte haciendo que mi corrida sea inevitable y abundante, llenando su boca de semen y que luego tragó para mi sorpresa.

    Luego de aquella faena nos recostamos un rato en la cama.

    -creo que ahora me gusta más el fútbol -me dijo.

    -Falta el partido de vuelta -le respondí con picardía.

    -Lo espero con ansías -comentó entre risas.

    Estrella y yo tuvimos relaciones varias veces más, incluso compré un vibrador controlado por bluetooth y le hice pasar por varios apuros cuando salimos a probarlo en algunos lugares públicos, pero siempre vuelve a mi mente esta primera vez con ella del cual guardo su tanguita que me dejó como recuerdo.

  • La profesional

    La profesional

    En una habitación muy amplia, Sergio está desnudo tumbado en la cama, apoyado sobre la almohada. Observaba toda la estancia decorada con gusto minimalista, paredes blancas y muebles en madera de ébano. A la derecha, la pared la domina un Miró original. A la izquierda un armario vestidor está ahora vacío pero ha albergado ropas por valor de 100.000 $. Frente a él un gran ventanal con las cortinas abiertas permiten ver todas las luces y neones que iluminan Manhattan. Éste ático en el corazón de la capital del mundo ha sido su hogar los últimos siete años.

    De repente la puerta del baño, camuflada junto al Miró, se abre y aparece Lourleen. Era una espectacular mujer negra de metro ochenta de altura con un cuerpo de top model. Tenía una cara redonda con el pelo corto y flequillo. Unos ojos verdes enormes. Sus labios gruesos y más oscuros que el resto de la piel delimitaban una boca grande dónde una perfecta dentadura blanquísima le había llevado a protagonizar un anuncio de dentífrico. Un cuello esbelto, unos hombros redondeados, unos pechos muy grandes de los que sobresalían unos pezones gruesos y negros. Su vientre era plano y su cintura se estrechaba hasta la perfección. Un prominente monte de Venus rasurado daba paso a unos labios carnosos que escondían un clítoris tremendamente grande. Sus glúteos poderosos y firmes se apoyaban en unas piernas largas y perfectamente moldeadas. Sus manos eran preciosas y su piel de ébano era suave como la seda. Lentamente, casi desfilando por la pasarela, colocando un pie delante de otro, lo que provocaba un sensual movimiento de cadera, se aproximaba a él que le esperaba con una enorme erección.

    Un tipo como él podría tener a cualquier mujer, tan solo tendría que ir a un local de moda y, como más de una vez había hecho años antes, “camelar” a alguna chica dispuesta a pasar un buen rato con un apuesto broker de Wall Street. Pero esta noche quería otra cosa, algo más prohibido.

    La última vez que había pagado por sexo había sido en Barcelona, después de la final olímpica de baloncesto con sus amigos hacía dieciséis años. La chica se hacía llamar Gigi y ellos eran cinco niñatos veinteañeros que no habían visto nada parecido en sus vidas. Por supuesto aquello les salió mucho más barato que el servicio que había contratado esta noche. Hoy, desde la perspectiva que dan los años y el dinero, recordaba aquel local barcelonés como un antro donde, como bien dice Sabina en una canción, “…el desamparo y la humedad comparten colchón…”.

    Lourleen se arrodilla ante él y comienza a chupársela. Engulléndola sin esfuerzo hasta la campanilla antes de comenzar a subir lentamente mirándole con sus ojos de gata y cara de vicio. Sergio subió sus brazos por encima de su cabeza colocando la nuca entre las manos cruzadas dispuesto a disfrutar de la ardiente boca de la profesional. La chica estuvo mamando a conciencia durante un rato. Después comenzó a subir desde su pubis, besando su escultural torso, hasta colocar sus impresionantes tetas a la altura de la boca de Sergio para dejar que le mordiera los pezones. Él se deleitó con estos, lamió, succionó y tiró de ellos con sus dientes arrancando a Lourleen un gemido de placentero dolor.

    Luego el hombre le besó el cuello y la colocó sobre su pene para que le cabalgara. Ella gemía a cada pollazo que recibía interpretando su papel y él disfrutaba de la visión cogiéndola por la cintura. Estrechándola entre sus manos y sintiendo el calor de su maravilloso coño húmedo abrazando su polla.

    Tras unos minutos, Sergio le pidió que se colocase a cuatro patas. La mujer apoyada en sus codos ofrecía una excitante imagen de sumisión. El hombre se colocó justo detrás y pudo ver como los henchidos labios no podían abarcar la magnitud de su clítoris excitado y todo el conjunto sobresalía entre sus muslos. Se fue directo a sus poderosas nalgas de ébano. Redondas, duras, impresionantes. Las besó y las mordió para luego abrirlas con ambas manos y lamer toda la raja de arriba a abajo, recreándose en la entrada arrugada de su ano de piel más oscura. Para luego seguir descendiendo hasta saborear los fluidos que manaban de su sexo. Era una auténtica diosa y Sergio quería disfrutar de toda ella. De un cajón sacó un bote de vaselina. Comenzó a untárselo en el ano y luego en su miembro. La mujer hundió su cabeza en el colchón haciendo que su culo quedara más expuesto a la voluntad del hombre. Lourleen se lamió los dedos y comenzó a masturbarse. Sergio se incorporó y apuntó con el glande a su objetivo. La gran experiencia de ella hizo que la penetración fuera más fácil de lo previsto.

    Una vez la tuvo enculada sintió como ella apretaba su culo abrazando su gorda polla y comenzó un movimiento pausado hasta conseguir una profunda penetración. El hombre fue acelerando el ritmo al tiempo que le agarraba de la cintura. El dilatado esfínter anal de la scort recibía con solvencia las embestidas del broker que fueron aumentando a medida que lo hacía su excitación. Cuando notó que se iba a correr se la sacó del culo y con una paja terminó sobre la espalda de ella con un sonido gutural. Lourleen gimió al sentir su cuerpo bombardeado con el semen caliente de su cliente. La visión de la espalda negra salpicada con chorros de semen blanco le producía a Sergio un morbo especial. Ella ahora se abría los glúteos dejando a la vista un agujero anal exageradamente abierto. El hombre aprovechó para volver a metérsela, de nuevo hasta el fondo, y depositar allí su último chorro de leche. Sergio cayó rendido sobre la cama y Lourleen, con trabajo para moverse por el esfuerzo soportado, volvió al baño a lavarse. Antes ya lo había hecho cuando él le pidió una “cubana” entre sus maravillosas tetas y le colocó un precioso “collar de perlas” sobre su esbelto cuello.

    Media hora después la puta de lujo recogió los 5.000 $ que su cliente le había dejado en la mesa del recibidor y se fue. Elegantemente vestida con zapatos de tacón de aguja, medias de seda y un discreto conjunto de falda negra y chaqueta entallada sobre camisa blanca, en las concurridas calles de Nueva York pasaría desapercibida y nadie sabría a qué se dedica ni muchos menos que acababa de hacer un rentabilísimo servicio.

  • Siempre la primera vez es inolvidable

    Siempre la primera vez es inolvidable

    Siempre la primera vez de cualquier hecho que nos ocurra es inolvidable, ya sea agradable o desagradable, eso no le quita el gusto de la primera vez.

    Estaba en el último año del colegio secundario con 18 años, era solo para varones y había en el salón un chico, de apellido Dávila, que era algo afeminado y muy delicado en su manera de ser. Los más osados le metían la mano y él les daba unos tremendos cocachos o lapos que valía la pena soportar porque tenía un culito exuberante, bien paradito que no dejaba de llamar la atención a pesar del uniforme escolar.

    Yo también tuve el privilegio de soportar uno de sus cocachos por unas palmadas que le di en sus nalgas.

    Ya era cerca del fin de año, estábamos en la clase de educación física, para lo cual teníamos un estadio que tenía unas duchas en un pasadizo muy largo. Habría como unas 20 duchas siquiera y era costumbre bañarse allí después de los ejercicios, lo cual me disponía a hacer ese día ya que me retrasé y pensé que ya había nadie en esas duchas.

    Ya me había desnudado, cuando siento ruido de agua al fondo, era la última ducha, por lo que me acerco sigilosamente y veo a un compañero, desnudo y duchándose. Estaba de espaldas, pero lo pude reconocer a pesar de eso, ya que nadie más tendría ese culo tan hermoso, sí, era Dávila.

    Me quedé maravillado un rato observando aquellas líneas perfectas de sus nalgas, hasta que me acerqué con mi verga totalmente dura y a punto de estallar.

    El me miró de reojo pero no volteó y siguió duchándose despreocupadamente, lo cual era una forma implícita de aceptarme, así que me puse a su espalda y comencé a acariciar todo su cuerpo, especialmente ese culito divino, que mostraba una firmeza propia de la juventud.

    Me agaché y comencé a meterle mi lengua, saboreando cada centímetro de su piel, hasta que enjaboné mi verga y comencé a tratar de penetrarlo, mientras él se inclinaba para ayudarme. Después de 2 o 3 minutos lo logré y comencé a penetrarlo cada vez con más fuerza, mientras Dávila daba gemidos cual hembra. No duré mucho por la excitación y terminé dándole toda mi leche que resbalaba por sus nalgas haciendo contraste con su piel morena.

    Solo volteó y me hizo una señal con el dedo en los labios como diciendo silencio, se secó y se fue.

    Estuve soñando con ese momento divino mucho tiempo, el cual no se repitió, y al poco tiempo salimos del colegio y nunca más lo vi, ni sé que será de su vida. A quienes más habrá hecho feliz? No lo sé. Pero estoy seguro que nunca olvidaré ese pequeño momento en que toqué las puertas del paraíso.

  • Un amo dominante me somete

    Un amo dominante me somete

    Después de separarme de Alicia volví a buscar hombres para tener sexo, abrí un perfil como pasivo sumiso en una página de contactos gay, allí había homosexuales de todo tipo, activos, pasivos, versátiles, dominantes, que buscaban relaciones sin compromiso y algunos pocos parejas estables, yo solo quería algo sin compromiso pero si la cosa estaba bien, tener algo de continuidad no me parecía mal.

    Me llamó la atención la búsqueda de un hombre que se hacía llamar Amo Dominante, que buscaba un pasivo sumiso para convertirlo en su esclavo sexual, respondí a su requerimiento y era un poco cortante como queriendo establecer distancia entre su posición dominante y el posible esclavo, nos mandamos unos mensajes y en ellos me explico lo que pretendía, en realidad fue bastante claro, he hablado con otros con esa onda que pretenden que uno vaya y se ponga en sus manos sin establecer ninguna pauta ni límites.

    Éste por el contrario me dijo cuál era su fantasía, me contó que esto era un juego para él, en el que los dos debíamos disfrutar, cada uno a su manera, eso me gustó porque había hablado con otros que tomaban el tema como una forma de vida y eran demasiado estrictos, llevando el asunto a un nivel peligroso.

    Yo lo veía y entendía como él, para mí también era un juego, en el que uno encuentra placer al someter a alguien y ese alguien en ser sometido, así de sencillo.

    El dominante debía saber manejar la sugestión, para proporcionar al esclavo la dosis de temor necesaria para tenerlo doblegado y entregado.

    Los dos entendíamos que no era necesaria aplicar violencia y causar dolor extremo, mucha gente disfruta causándole dolor al esclavo, pero ese no es mi objetivo.

    Mi placer radica en sentirme obligado a complacer al dominante, a sentir que es mi deber satisfacerlo, aunque yo no quiera montando una escena en la que se aprovecha de mi, simulando que lo que me hace es contra mi voluntad.

    Aclarado todo esto, este hombre me hizo sentir seguro y confiado para entregarme al juego que proponía, así que hablamos de mis límites y me dijo que parte del juego era que él iba a tratar de vencer esos límites, y que tendríamos una palabra clave para detener el juego por si algo estaba mal, la parte de tratar de doblegar mis límites, no me agradaba mucho, pero entendí que era una manera de darle atractivo al asunto, sino hubiera sido algo muy estructurado donde no habría variantes y sabríamos todo lo que haríamos de antemano.

    Me aseguró que respetaría mi integridad física y se detendría ante el uso de la palabra clave, sin excepción, pero si hacía uso de esta por cualquier cosa, el juego perdería gracia, debía poner algo de mí, pero eso sucedería con un poco de tiempo y el conocimiento de mis reacciones.

    Dicho esto, decidí tomar el riesgo y tener una cita, por suerte vivía solo a unos minutos de mi casa, así que eso facilitaba todo, tener un lugar, libertad de encontrarnos en horarios que nos convenían a ambos, y la posibilidad de vernos seguido si queríamos, y empezamos a hacerlo de noche.

    La primera vez fui a su departamento que quedaba como dije a pocos minutos de mi casa, vivía en el último piso de un edificio modesto, llamé por el portero eléctrico y bajo el mismo a abrirme, la verdad estaba temblando de miedo en la puerta cuando abrió la puerta del ascensor un hombre regordete, no muy atractivo, con gesto adusto, sin mediar palabras me hizo pasar y subimos al ascensor que había dejado abierto.

    En el trayecto hacia su piso, no dijo una sola palabra, el miedo ya se estaba apoderando de mí, entramos a un pequeño y desordenado departamento de dos ambientes y balcón terraza, era verano y hacía mucho calor, atravesamos el living y me llevó al balcón terraza, que estaba totalmente a oscuras, justo enfrente cruzando la calle, había en un balcón similar un montón de gente reunida bailando y riendo, digamos que estaban distraídos y gracias a la oscuridad, ellos no podían vernos como nosotros a ellos .

    Marcelo que era el nombre del Amo Dominante se sentó en una silla blanca de plástico de las que mucha gente usa en los balcones.

    Yo me quedé parado, ya que no había otra silla y él no me hizo sentar en ningún lado, entonces me dijo…

    -arrodillate y sacame los zapatos.

    Me puse de rodillas y le obedecí sin decir nada.

    -ahora desprendeme el pantalón y sácalo.

    Quedo en calzoncillo y se le notaba una pequeña erección.

    -acariciame la pija por encima del calzón.

    Comenzó a acelerarse mi respiración y lo hice cuidadosamente, él no me había ni tocado todavía.

    -ahora termina de sacarme la ropa y dame placer.

    Vaya forma de decirme que le chupe la pija, pensé, le quité el calzón y apareció una verga no muy larga, pero si gruesa que estaba a medio endurecer, no tenía una erección plena.

    -Hace que se ponga dura puto de mierda.

    Su primer orden bien autoritaria no dejaba duda de quién era cada quién, entonces se la acaricié y pajeé con mucha delicadeza mientras también toque sus huevos, comenzó a emitir sonidos que denotaban placer y dijo…

    -agarra un cigarrillo del paquete que está en la mesa, encendelo y ponelo en mi boca, después parate contra la pared y desnúdate.

    Por supuesto obedecí sin chistar, me di cuenta que la gente de enfrente no podía vernos, y a pesar de que estaba acostumbrado a estar desnudo en público, la situación me resultó excitante, aunque no era lugar para que dos tipos tuvieran sexo, corríamos el riesgo de que algún santurrón nos denuncie si se daba cuenta, el único detalle es que alguien podía ver que encendía un cigarrillo, pero no le di importancia.

    Él estaba sentado a medio metro de la pared, prendí el cigarrillo, se lo puse en la boca, me puse donde me indicó y me quité toda la ropa ante su atenta mirada mientras disfrutaba su cigarro.

    Quedé desnudo en menos de un minuto, me miró de arriba a abajo y me ordenó…

    -date vuelta y mostrame el culo, maricón.

    Gire y le di la espalda, escuche que corrió la silla un poco acercándose, extendió sus manos y me tocó por primera vez las nalgas, primero las acaricio suavemente, y luego las apretó chequeando si estaban firmes, y pasó lascivamente un par de dedos por mi hoyito.

    -tenés lindo orto, voy a divertirme con vos, putito.

    Trague saliva, se me hizo un nudo en la garganta, a pesar de que lo deseaba, estaba metido en mi papel de víctima y sentía como que iba a ser sometido contra mi voluntad.

    Me manoseo bien las nalgas, las separó e introdujo hasta por lo menos la falange media de uno de sus dedos en mi hoyito.

    Intenté una leve queja y me dijo…

    -no me digas que eso te duele, marica de mierda, eso no es nada al lado de lo que voy a hacerte.

    Como este juego me excita muchísimo, estaba ensimismado en mi papel de sometido, y al escuchar su especie de advertencia, mis ojos se empañaron con mis lágrimas.

    Luego de unos minutos en los que jugó con sus dedos en mi culo, no pude evitar mover mis caderas, es una respuesta natural en mí, cuando me penetran con algo y lo estoy disfrutando.

    -bueno, veo que te gusta putazo, ahora date vuelta, arrodíllate entre mis piernas y pasame bien la lengua por los huevos.

    Se me volvió a cerrar la garganta y sentí un nudo en ella, cada orden que me daba que significaba ser usado sexualmente, provocaba ese efecto, levantó su verga, dejando a la vista sus testículos.

    Comencé a lamer sus huevos y sentí un fuerte olor a transpiración, el hijo de puta luego me dijo que no se había dado una ducha al llegar del trabajo y que seguramente olería mal, y siguió…

    -El olor que tengo es de macho, y no debe molestarle a un puto como vos, así que lameme y sentilo bien, apoya tus labios también y saborealos.

    Mientras hacía eso, agarró mis pezones, los estiró y apretó bastante fuerte, me dolía, pero pensé que no podía tan pronto, decir la palabra clave (que era, CLEMENCIA) porque se iba a enojar y podía con razón, decirme que no servía para este juego, así que lloriqueé un poco y me la aguanté, entonces dijo…

    -Me gusta hacerte lloriquear y oír tus quejas, me da placer que sufras por tu Amo, es una muestra de tu entrega que lo soportes.

    Luego de varios minutos atormentándome de esa manera, cambió la orden…

    -ahora vas a chuparme bien la chota.

    Comencé besando suavemente la cabeza de su pija, que se había puesto más gorda y colorada, tenía menos olor, pero aún era desagradable, tuve que hacer un esfuerzo para que no se note mi incomodidad, pero pareció notar que algo me molestaba y en forma enérgica me dijo…

    -Metetela toda en la boca puto, vamos chupala bien, tragatela hasta los huevos mariquita.

    Entonces puso sus manos sobre mi cabeza y la empujó hacia abajo, me la hizo comer toda hasta que sentí sus enormes bolas, su glande tocaba mi campanilla, empecé a tener arcadas y mis lágrimas caían por mis mejillas, mis espasmos anunciaban que estaba por vomitar no obstante eso, siguió ejerciendo presión sobre mi cabeza que estaba pegada a su pubis y solo la dejó de apretar contra su cuerpo cuando intuyó que no podía resistir más y estaba por vomitarle encima, no quiero ni imaginar que hubiera pasado si sucedía eso.

    Repitió la operación varias veces durante un buen rato, cada vez que me soltaba y permitía respirar libremente, mi cara aparecía empapada por mis lágrimas y mi boca buscaba aire desesperadamente, tenía razón al decir que no era necesario utilizar violencia extrema ni provocar dolor innecesario para ejercer el dominio sobre un esclavo.

    Me tuvo chupándole la pija por más de una hora, hasta que decidió llevarme al dormitorio para vejarme, luego aprendí que una vez que lograba tener una buena erección, podía estar horas sin eyacular, es más, en varias oportunidades en las que me sodomizo, no llegó a acabar, mientras yo en esa época todavía podía hacerlo.

    Algo que sucedía seguido, era que yo acababa mientras él me estaba cogiendo y no le importaba, seguía dándome por el culo aunque yo suplicaba que se detenga, jamás use la palabra clave, era para mi una cuestión de orgullo no hacerlo, creo que así aprendí a dejarme coger, aunque me hubiera enfriado después de tener un orgasmo en silencio.

    En realidad no me llevo al dormitorio, me ordenó que vaya solo y lo espere en cuatro patas al borde de la cama, fui hasta la habitación y lo esperé en esa forma, que es en la que habitualmente espero a un hombre que va a penetrarme.

    Los minutos que me hizo aguardar fueron desesperantes, no les puedo describir la sensación que me produjo estar así, esperando y sabiendo que muy pronto ese hombre tan poco comunicativo y autoritario, iba a usarme como hembra y me sodomizaría.

    El temor y la ansiedad que sentí estando con mi culito abierto esperando era terrible, ese momento de sumisión es tremendo.

    Varios minutos después que me parecieron una eternidad, entró a la habitación y dijo…

    -me gusta ver llorar un marica, así que yo te voy a dar ahora mismo una buena razón para que llores.

    Se paró detrás mío y me empezó a azotar las nalgas con sus pesadas manos abiertas, no eran las delicadas manos de Alicia, estas eran fuertes y dolían mucho, aun así me propuse soportar los golpes, eran cachetazos así que no podían ser tan grave recibirlos, claro que después de 15 en cada nalga, estas comenzaban a enrojecer y arder y cada golpe dolía más, tenía la costumbre de hacerme una caricia en el instante previo a cada tunda y luego golpear, cosa que me desconcertaba.

    Paradójicamente comencé a sentir que con cada golpe, me excitaba aún más, mi pijita lucia bien parada al recibir los azotes y el Amo lo notó.

    -te gusta pedazo de puto, te gusta que te pegue, mariquita.

    Después de darme 30 azotes, que tuve que enumerar y agradecer uno por uno, pasó la yema de un dedo encremado por mi ano, lo pasó introduciendo parte de él y abriendo mi agujero para lubricarme un poco e inmediatamente puso la punta de la verga en mi ano y me penetró hasta los huevos, grité y lloré como una perra porque fue bastante bruto y no tuvo empacho en metermela casi de golpe. Enseguida alcanzo mis pezones y los apretó nuevamente mientras me daba unos profundos pijazos bien fuertes. La sensación de sometimiento fue terrible con esos embates al mismo tiempo que tironeaba mis pezones.

    Mis quejas parecieron entusiasmarlo más, la metió y sacó repetidamente con crueldad, nunca en todas las veces que me sometió, me lamió el culo ni me dio besos en la boca, nunca recibí de su parte la más mínima muestra de afecto, aunque sea fingido.

    Increíblemente o no tanto, esa manera de someterme sin lastimarme pero sin piedad, me calentaba mucho y durante mucho tiempo lo visité reiteradamente, su forma de ser me tenía totalmente doblegado y hacia que pierda mi voluntad, me hizo sentir que era mi obligación darle mi cuerpo para que se divierta.

    Las reiteradas citas con él, fueron haciendo que el conocimiento mutuo de nuestras reacciones, sobre todo las mías, incrementen nuestro placer y por supuesto mi confianza en él determinó, que fuera accediendo a jugar con cosas que con un desconocido no lo hubiera hecho, por ejemplo que me ate e inmovilice completamente.

    Tuve con el varias sesiones de sexo por el estilo, en las que fue haciéndome distintas cosas, fue el segundo hombre que me dilató con un especulo, me obligó a bañarlo, y obviamente me violó debajo de la ducha, me torturo los pezones y me colocó broches en los genitales, me violó estando atado completamente y hasta me hizo coger por un amigo de él, que yo jamás vi, porque lo hicieron vendándome los ojos, a pesar de todo lo que me hizo yo me sentía seguro y cuidado, por eso llegué a un alto (para mi) nivel de entrega.

    Algunas de esas aventuras, las contaré en próximos relatos.

    Espero que les haya gustado y pueden dejar un comentario aquí o escribirme a mi correo [email protected].

    Besos a todos.

  • Nuestro secreto en el parking

    Nuestro secreto en el parking

    Mientras me arribo a su encuentro pienso en querer estremecer sus sentidos, alocar sus convicciones y complacer sus deseos más ocultos y prohibidos.

    Quiero que participes en la feria de besos ensayados para ti, desvanecer tus dudas, complacer tu sed. Soy aquello que creíste inalcanzable, eso que esperas te convierta en una mujer realizada y por demás complacida.

    Voy a escalar cada parte de ti, querrás detenerme inmerso en ti por tanta excitación encontradas, voy a combinar tus locuras con las mías.

    Apenas llego la impresión sigue siendo la misma, esa dama que tanto quiero ahora frente a mí está. Conversamos tanto sentados allí, intercambios de vidas, aun así nuestra mirada no prendía pestañear como para no perdernos de algo.

    Avanzado el momento la tomo de la mano y la llevo hasta su automóvil para despedirla, el tiempo nos jugó sucio y nos acorta el momento dando toque a nuestros ánimos y no queriendo despedirnos.

    Al abrir la puerta ella no pretendía soltar mi mano, entonces le tomo la otra y las llevo a mi espalda a fin de compactar nuestros cuerpos para entregarnos en besos cual volcán necesitaba expulsar lava esparciendo nuestras salivas entrelazando nuestros labios.

    La tomo por la cintura y ella se sostiene de mi hombro, sin querer soltar nuestro labios que no permitían interrupción ni siquiera pensando donde nos encontrábamos.

    Me arremetí contra ella colocándola dentro del vehículo a media cuestas y en ese preciso momento nos desabrochamos las piezas a media piel a fin de tomarnos y elevarnos tal cual deseábamos.

    No podía dejar que se marchara sin marcar mis labios con ella, necesitaba me restaurara mis sentimientos para amarla, ella lo sabe, ella sintió igual, ahora somos uno en el cual se lo recuerdo todo el tiempo.

    Día tras día le pido su vida para vivirla.

    No dejo de pensar en las noches sin fin, en las conversaciones que nunca acaban, en las anécdotas compartidas en las largas madrugadas.

    En lo lindo del amor, en las infinitas llamadas, en las picardías pronunciadas, en un tiempo que no pasa.

    En los anhelos de un beso, en las caricias desenfrenadas, en las promesas habladas durante las noches estrelladas.

    En el abrazo oportuno, en la palabra esperada, en la complicidad expresada con solo una mirada.

    En la pasión emanada, en el trabajo conjunto, en la sonrisa velada de un amor forjado a capa y espada.