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  • Todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos

    Todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos

    Tenía dieciocho años cuando asistía a una escuela técnica. A punto de terminar y con todas las hormonas a flor de piel.

    Al parecer todo iba viento en popa para mí. Pasaba todos los días por casa del padrino de mi mamá. Hombre relativamente mayor para mi edad en esa época. Había siempre un dejo de simpatía cuando lo veía regar sus plantas temprano por la mañana. Un hombre grande con bigotes no muy fuerte, pero robusto. Ex comisario de la policía Federal. Mi inocencia me hacía verlo muy gentil. Pasaron algunas semanas, yo estaba más que familiarizado con el camino de ida y vuelta que ya tomé como implícito mi paso por ahí. En una oportunidad pasaba de regreso y me llamó.

    -Veni, veni -me dijo. Hice una pirueta con mi bici y pegué la vuelta.

    -¡Hola Tío! Cómo está?

    -Pasá, tomate un té.

    -bueno, voy con tiempo ya que tengo todo al día.

    Mientras el preparaba el té con pan tostado y manteca y miel untados, una delicia. Yo miraba la tele.

    Nos sentamos al borde de la mesa cada uno en su espacio. Charlábamos de los parientes, él preguntaba de mis padres mi abuela y mis tíos. Yo le respondía coloquialmente. En un momento dado comencé a marcarme luego de unos cuantos sorbos de té. Estaba como aturdido y mi mirada era borrosa. Quería levantarme e irme de ahí pero no pude. No tenía fuerza en mis piernas.

    Cuando desperté me vi boca arriba en su cama, atado de pies y manos a cada extremo de la misma. Él estaba con su trozo desnudo y envuelto con un toallón desde la cintura para abajo.

    -Despertaste?

    -Sí- le respondí con algo de enojo en mi voz.- ¿Por qué estoy atado tío?

    Estaba atado y por lo aturdido que sentía no me percaté que estaba desnudo.

    -Suélteme -le dije con algo de furia, pero en ese momento se me arrimó y me puso el cañón de su revólver en mi boca diciéndome que estuviera callado. Ante eso no supe que más hacer.

    Le supliqué que me soltara porque mi abuela y mis tíos me iban a echar de menos. El me respondió que no me hiciera problema. Que ya les había dicho que estaba con él. Encima le tenían una bárbara confianza.

    Me quedé algo tranquilo, y le pregunté que quería, que porqué me tenía así atado. No me respondía, y yo lloraba de la angustia, pero casi en silencio.

    Caminaba de un lado para el otro en su departamento. Yo podía escuchar sus pasos con chancletas. Al parecer me torturó psicológicamente para probarme sí en algún momento yo gritaba.

    Luego de un tiempo prolongado se acercó a la habitación y desde la puerta me dijo.

    -Te voy a soltar, pero quiero que estés aquí adentro, no grites, no hagas ningún berrinche. Así todo irá bien.

    Me soltó y me quedé quieto en la cama, mi respiración era entrecortada y a su vez muy acelerada. Estaba desnudo muy angustiado y no sabía qué hacer.

    Estuve, creo yo como hasta la una de la mañana sólo y desnudo muy vulnerable ante ese hombre que no sabía que me haría.

    Entró a la habitación y me pidió que le ayudará a sacarse las chanclas, yo dócilmente lo hice. Estaba el desnudo con su miembro semi erecto y yo no podía quitarle la vista de encima.

    -¿Te gusta lo que ves?

    No respondí nada.

    -Tocala -me dijo, sonó más como orden.

    Lo hice con algo de recelo. Nunca había tocado una pija que no fuera la mía.

    Debo confesar que me excité un poco.

    Fue muy incómodo hasta que me empezó acariciar la cara muy dulcemente. Eso me puso muy caliente al instante. No sabía cómo responder a esos estímulos confusos. En mi cabeza la interrogante era si yo era puto o no por todo aquello nuevo que sentía. El hombre me tomó tal cual a una frágil chica y comenzó a besarme muy suavemente y yo respondía de la misma manera. Estuvimos un rato largo así. Besos y caricias que yo le respondía tal cual él lo hacía. En un momento dado me pidió que buscara mi ropa y me vista. Lo hice tal cual me lo ordenó.

    -Listo! Bueno ahora con cuidado te vas a la casa de tu abuela. Te espero otro día.

    Yo quedé como helado y algo decepcionado, pero en fin eso hice. Llegué a casa de mi Abu y pasé directo al sanitario dónde no aguanté y me masturbé frenéticamente recordando las caricias de ese hombre hasta explotar…

  • El anonimato es afrodisíaco

    El anonimato es afrodisíaco

    Fuimos a disfrutar una semana de descanso en un hotel de Punta Cana, el Bávaro Beach Resort para ser más exactos, animados por la publicidad que promovía este lugar como un destino turístico digno de visitar. La idea era conocer otros destinos y la República Dominicana nos pareció un destino atractivo.

    El lugar es promocionado como un destino ideal para adultos, razón que nos motivó para ir allí, aún sin saber cuáles eran las entretenciones que allí nos esperaban. El sol, las playas, el mar, la música caribeña, la comida y muchas atracciones culturales y deportivas cautivan la atención y hacen agradable la estadía.

    Cuando llegamos, el hotel parecía estar con alta ocupación. Se veía bastante gente en todas las estancias y aquello hacía más entretenida la estadía. La oferta de comida era excelente y los dos primeros días estuvimos dedicados a explorar el lugar y ver las opciones que había para conocer y aprovechar al máximo el tiempo que íbamos a estar allí.

    El hotel ofrece diariamente entretenciones en varios escenarios, de modo que uno puede alternar las opciones y acudir al espectáculo que mejor le parezca. Uno de ellos, la discoteca, siempre está animada, así que fuimos allí al segundo día. Estuvimos bailando merengue y salsa hasta el cansancio y, nos pareció divertido y agradable aquel lugar. Había algunos hombres solos que, para no perder la oportunidad, invitaban a las damas a bailar y, varias de ellas, entre esas, mi esposa, encantadas aceptaban.

    Laura se enganchó con un hombre moreno, digamos que normal, pero bastante simpático y agradable. Un bailarín consumado según ella. Después supimos que él era un profesor de matemáticas en un colegio de Puerto Rico, que estaba acompañando a una promoción de estudiantes que realizaban su excursión de fin de año, próximos a graduarse. Sus muchachos estudiantes, hombres y mujeres jóvenes estaban allí, pero, ellos, los profesores, no tenían pareja para bailar, así que procuraban adaptarse al ambiente y pasarla lo mejor que pudieran.

    Lo cierto es que aquella noche, al parecer, ambos quedaron encantados con la mutua compañía y el contacto que les proporcionó estar juntos y bailar varias veces, porque, tal vez, a falta de parejas, el tipo la cogió a ella como pareja predilecta. Todo será, quizá refiriéndose a que se trataba de un tipo normal y corriente, pero baila muy bien, dijo ella. Se mueve muy rico y tiene ritmo. Llegaron el fin de semana y parece que se van en dos días.

    Cuando volvimos a la habitación, mi esposa dijo que iba a salir un rato, pues quería respirar aire fresco y que el olor del mar le resultaba agradable. Nuestra habitación tenía vista a la playa y el mar, situados muy cerca. Y, ¿a dónde vas a ir?, pregunté. A ningún lado, dijo. Solo voy a estar aquí afuera, descansando un rato. Bueno, yo si tengo ganas de dormir, respondí. Ya vengo. No me demoró, dijo, y la vi caminar hacia el mar hasta que se perdió en la oscuridad.

    No supe a qué hora o cuando regresó, porque me quedé dormido casi de inmediato. Lo cierto es que cuando me desperté, ella estaba durmiendo a mi lado, pero no me di cuenta a qué hora había llegado. Cuando despertó, pregunté, oye, y a ¿qué hora llegaste? Al ratico, pero tú ya dormías y roncabas. Y ¿qué hiciste? Me fui caminado por la playa hasta la marina y me devolví. Quería sentir el aroma del mar y el viento refrescando, porque en esa discoteca hacía calor y sude bastante bailando. Si, respondí. Además, como había tanta gente, el aire acondicionado parecía no dar abasto.

    Fuimos a desayunar y después, nos embarcamos en un tour, para ir a visitar Santo Domingo. Y allí pasamos todo el día. Cuando regresamos, fuimos a comer a uno de los restaurantes temáticos que había en aquel lugar, donde ofrecen comida mexicana. Y estando allí, instalados en la mesa, vimos ingresar al profesor, quien, al vernos, fue directamente a nosotros, saludó a mi esposa, y se me presentó. Mucho gusto, señor, Jhonny. Tuve el placer de bailar con la dama el día de ayer en la discoteca. Si, dije, los vi. Bueno, lo felicito, me dijo, ella baila estupendo y lo hace sentir a uno muy bien. Gracias, le contesté.

    ¿Los puedo acompañar?, preguntó. Si, claro. ¿Está solo? Si, dijo. Dejé organizada a la gente con uno de mis compañeros y me escapé para liberarme del ajetreo y descansar un rato, así que me vine a cenar a este lugar, dijo. Más tarde, seguramente, los muchachos querrán ir a la discoteca. ¿Van a ir ustedes? A mí me gustaría, se adelantó a decir mi esposa. Bueno, la verdad, yo no lo había considerado, porque pasamos todo el día por fuera. De pronto sí, dije. Perfecto, dijo él, si van por allá nos hacemos mutua compañía.

    Y, mientras cenábamos, Jhonny habló sobre su trabajo, lo que hacían con los muchachos en el colegio, anécdotas de otras experiencias con los muchachos y cosas por el estilo. Y, terminada la cena, se despidió y dijo que nos esperaba si es que nos decidíamos a ir. Yo quisiera descansar, afirmó, pero estos muchachos tienen una energía inagotable y debemos estar pendientes de ellos. Bueno, dije yo, si nos animamos, por allá llegamos.

    Ese día había un espectáculo en otro lugar, al cual habíamos considerado asistir. Era una presentación de bailes dominicanos y del caribe, bastante animados, por cierto. Una vez terminado el evento, regresamos a nuestra habitación. ¿Al fin vamos a ir a la discoteca?, preguntó ella. Pues la verdad, yo no tengo ni cinco de ganas. Yo si quisiera ir un ratico, comentó. ¿Me acompañas? Bueno, vamos, pero si me coge el sueño, me devuelvo de inmediato; ¡mira la hora que es! Bueno, pero vinimos a esto ¿no? Pues, siempre y cuando uno le saque gusto, si, pero si uno no tiene ganas, pues no. Ay, deja la quejadera, es solo un ratico. Okey, vamos pues…

    Cuando llegamos, el profesor estaba en la puerta y, al vernos, levantó sus manos para hacerse notar. Nos acercamos a él y nos dispusimos a entrar. Pensé que se habían arrepentido, dijo. No, contestó ella, fuimos al espectáculo de baile y, entre tanta distracción, se pasa el tiempo volando. Bueno, pero ya están aquí dijo él, quien estuvo muy atento y cordial en su trato, y sobre todo muy galán y caballero con mi esposa. Y, no más llegar a la mesa, de inmediato la convidó a bailar, cosa que ella aceptó, sin dudarlo. Yo me quedé en la mesa y vi cómo se gozaban y divertían en cada baile. El señor supo cómo ganarse la atención de mi mujer y ella estaba encantada con él. Lo aburridor del asunto es que ella y él se entretuvieron bailando toda la noche y se olvidaron que yo existía, de modo que muy pronto me entraron las ganas de dormir.

    Decidí, entonces, ir hasta dónde ella estaba. Le dije, oye, tú estás encarretada con el señor este y a mí ya me dio sueño. Si quieres, quédate, pero yo ya no aguanto más. Me voy para la habitación. Bueno, dijo ella, estoy otro ratico y allá nos vemos. Me abrazó y me dio un beso en la mejilla. Yo salí, sin siquiera mirar atrás, y me dirigí directo a la habitación. Al despertarme en la mañana, igual que el día anterior, ella dormía a mi lado. Y tampoco supe a qué hora había llegado.

    Fuimos a desayunar algo tarde y, como no había nada programado para aquel día, nos fimos a tomar el sol en la playa, dormitar y recuperarnos de las andanzas del día anterior. Pasado el tiempo, pregunté, bueno, y al fin ¿en qué terminó lo de anoche? Lo normal, dijo ella. Bailamos hasta que cerraron el sitio, como a las 3 am. Y ¡ya! Jhonny es un tipo interesante. Bueno… y además de lo que habló ayer, ¿qué más ha dicho?, pregunté. Pues, no mucho; con esa música a todo volumen es muy poco lo que se puede conversar. Entiendo. Entonces fue sólo bailadera, tocadera y chupadera. ¡Quien dijo! respondió ella. Pues ¡me imagino! dije yo. Solo bailamos, respondió…

    En la tarde, estando en la habitación, noté a mi esposa algo inquieta, como si tratara de decir algo, estuviera dubitativa y se abstuviera de hacerlo. ¿Pasa algo?, pregunté. No, nada, ¿por qué? Pues pareciera que quisieras decirme algo, pero no te atreves. No sé. Y, después de algunos minutos de silencio, entretenida, arreglándose en el baño, por fin, preguntó, oye, ¿te molestaría si invito a Jhonny a nuestra habitación? Y ¿por qué en la habitación?, pregunté. Porque no hay tanta gente, no hay ruido y se puede conversar libremente. Y ¿no puede ser en la playa, en algún salón o en otro lugar? ¿Tiene que ser en la habitación?

    Se quedó mirándome, sin decir palabra. Bueno, ¿qué le encuentras de interesante al profesor? Que es una persona educada, con formación, alguien con quien se puede charlar de muchas cosas, porque sabe de todo, ha viajado y tiene experiencia. Además, ni él sabe nada de mí y tampoco yo sé mucho de él. Y después de habernos conocido, quizá más nunca nos volvamos a ver. Somos totalmente anónimos. Y, cómo es morenito, agregué, de seguro tiene la verga grande. Sí, dijo ella. Okey, lo que creo entender es que me estas pidiendo permiso para estar con ese tipo, aquí en la habitación, ¿no es cierto? Pues, no sé. ¿Cómo así que no sabes? Pues sí; no hemos hablado nada ni ha habido ninguna propuesta, de modo que puede pasar o no puede pasar. Y ¿tú que crees? No sé, dijo ella. Bueno, pregunte sonriendo, ¿te lo quieres follar? ¿Si o no? Si, dijo ella.

    Está bien. ¿Y él sabe que yo soy parte del decorado? Es que no hemos hablado nada de eso, dijo ella. A ver si estoy entendiendo, dije. Él no te ha propuesto nada, ni te ha sugerido nada y tú lo que pretendes es traerlo aquí, seducirlo y, si se da, follar con él. ¿Cierto? Si, respondió. Y ¿cuál es la premura? Se van mañana, dijo ella. Y, ¿a qué hora quedaron de encontrarse? El aún no sabe. ¿Cómo así? Pues, no, aún no le he dicho. Y, entonces, ¿en qué momento pensabas decírselo? Quedamos de encontrarnos para cenar. ¿Tú y él, solos?, pregunté sorprendido. ¡No! bobo, los tres, como ayer. Ya decía yo que eso estaba raro.

    Bueno, vamos a hacer una cosa, indiqué. Nos encontramos en la famosa cena, pero, yo me hago el despistado y me voy, y los dejo solos para que puedan ponerse de acuerdo. No le digas que yo voy a estar presente, porque de pronto no se siente cómodo y desiste. Pero ¡yo no quiero estar sola! dijo ella. Bueno, lo que podemos hacer es que yo me acomodo en uno de los asientos que hay en el balcón, en un rincón, y cerramos las cortinas, de modo que él no me vea. Tú haces tú show y, si cualquier cosa, yo estaré ahí para intervenir. Pero, ¿qué le digo? Que hay unos compañeros de trabajo también alojados en este hotel, que quise pasar a saludarlos y que de seguro me demoro. Y, si llega a verme, pues le dices la verdad. Si él decide continuar, bien. Y, si no, pues lo siento; otra vez será. Pues sí, me parece, dijo ella.

    Fuimos a la zona de restaurantes y, como era de esperarse, el señor estaba atento, chequeando la gente que llegaba al lugar. Cuando nos vio, rápidamente se acercó a saludarnos. Hola, Laura, ¿cómo la has pasado el día de hoy? Bien, respondió ella, descansando. ¿Y usted?, pregunté yo. Bien, pendiente de los arreglos de última hora, porque ya mañana nos vamos. ¿Tan rápido? Pues, no tanto, ya completamos una semana aquí. Y, mientras conversábamos, nos fuimos acomodando en una mesa.

    Bueno, profe, dije, y ¿cuál es la mayor responsabilidad cuidando estos muchachos? Son varias. Primero que todo, debemos estar atentos a que no vayan a sufrir un accidente, por imprudencias o por actuaciones temerarias o impulsivas. Y, segundo, estando atentos que no se vayan a involucrar sexualmente, sin protección, y no tengamos embarazos indeseados que lamentar. Y es que ¿eso sucede frecuentemente? No es lo corriente, pero si hemos tenido casos, y todos ellos se han dado cuando comparten juntos en este tipo de eventos; la compañía, el baile y el compartir hacen subir la calentura y uno nunca sabe qué pueda pasar.

    Hablamos de varias cosas, pero, como habíamos acordado, yo tenía que ausentarme para que ellos pudieran hablar sin interrupciones, así que me despedí, diciendo, de una vez, que me iba a encontrar con unos compañeros de trabajo que, por casualidad, estaban alojados en un hotel cercano y que habíamos quedado de encontrarnos para tomar unas cervezas. ¿Te demoras?, preguntó ella. Yo diría que no, pero tú ya sabes cómo es eso. Espero estar a la 1 am de regreso, a más tardar. Bueno, profe, encantado de conocerle y que tenga buen viaje. Muchas gracias, dijo él. Los espero en San Juan, cuando quieran. Bueno, pero nos tiene que dar el contacto. Yo los dejo con Laura; no se preocupe. Entonces, desde mi perspectiva, las cosas ya estaban marchando.

    Yo llegué primero a la habitación y me dediqué a acomodar las sillas en el balcón, de manera que tuviera acceso visual hacia la habitación, tratando de pasar desapercibido, utilizando únicamente las cortinas como escudo. La habitación tenía interruptores para graduar la intensidad de las luces, por lo cual las ajusté de manera que quedara todo en una conveniente media luz, que permitía mantener todo en penumbras y quedar yo, detrás de las cortinas, casi en total oscuridad. Me iba a tocar quedarme muy quieto.

    Mi esposa llegó al rato. No dijo nada. Como no me encontró en la habitación, de primera mano, y viendo que todo estaba a media luz, se asomó al balcón. No me di cuenta que estabas aquí, dijo. Pues esa es la idea, contesté. Por nada del mundo debes dejar que el tipo se acerque a la ventana. Si eso va a pasar, ya me imagino saltando yo la barda y ocultándome a un lado de la habitación, que quedaba situada en un primer piso. Ella, mientras tanto, encendió el televisor y buscó en el TV CABLE, un canal de música. Seleccionó una música suave, tal vez Soft Rock de los años 60 y 70´s.

    Estaba vestida con un vestido enterizo blanco, decorado con flores rojas y violetas, bastante bonito, que cubría un pequeño bikini blanco. Por lo demás, solo vestía unas sandalias de tacón alto que resaltaban la figura de sus piernas. Entró al baño, se retocó el maquillaje y pareció estar lista para recibir al invitado. Bueno, finalmente, ¿qué le dijiste para que viniera? La verdad, contestó. Y ¿cuál fue la verdad que le contaste? Que quería estar con él, como regalo de despedida. Y… Por supuesto aceptó, dijo ella, comentando que el señor estaba pensando lo mismo pero que no sabía cómo decírselo.

    Eran las diez en punto cuando tocaron a la puerta. Ella abrió y, sin mediar palabra, Jhonny la abordó de inmediato, tomando su rostro con las manos y reteniéndolo para besarla con mucho vigor y pasión, algo que ella no pareció sorprenderla y lo permitió con agrado. De inmediato, el remilgado profesor, la empujo hacia atrás, la recostó contra la pared y, sin dejar de besarla, empezó a acariciarla por todas partes, poniendo especial atención en sus senos.

    Luego, aprovechando que en el recibidor de la habitación había un gran espejo, dispuesto desde el techo hasta la pared, se puso de espaldas a ella, besando ahora su cuello, lamiendo sus orejas y amasando con especial intensidad sus senos, contemplando ambos su imagen reflejada. Y, en esa posición, el tímido profe, empezó a soltarle el vestido, que cayó a los pies de ella, quien, encantada, contorsionaba su cuerpo al ritmo de las caricias de aquel y empujaba sus caderas hacia él, sintiendo la dureza del pene de aquel hombre que parecía explotar dentro de sus pantalones.

    Ella, ahora vestida por su diminuto bikini, veía en el espejo como aquel seguí amasando sus senos y, con la ropa todavía puesta, empujando su miembro contra las nalgas de mi mujer. Ella, con los ojos entrecerrados y la boca entreabierta, ofrecía sus nalgas a aquel y, colocando sus manos a la espalda, le frotaba su miembro erecto por encima de la ropa.

    Jhonny no lo dudó más y, sin dejar de manosear a mi esposa, se fue despojando de la ropa. Ellos, mientras hacían esto, seguían encantados con la imagen que se veía reflejada en el espejo. Poco a poco Jhonny fue quedando desnudo, para placer de la excitada señora que, ahora, podía acariciar aquel miembro con toda libertad. Jhonny seguía empujando y, en un abrir y cerrar de ojos, despojó a mi mujer de sus bragas, que dando tan solo vestida con el corpiño de su bikini.

    En el espejo se podía ver reflejado ahora la imagen del sexo de mi esposa y, detrás de ella, en medio de sus piernas, un miembro grande, duro y erecto que buscaba acomodarse. Inicialmente, Jhonny, desde atrás, restregó su miembro contra la vagina de mi mujer, sin llegar a penetrarla, pero, pasados unos instantes, hizo que ella inclinara su torso, apoyando las manos en la pared, a lado y lado del gran espejo, penetrándola desde atrás. Y ella, excitada como estaba, colaboraba para que las embestidas de aquel en esa posición fueran más cómodas y placenteras.

    El empujaba y empujaba, mostrando en su rostro gestos de placer y satisfacción. Pienso que nunca llegó a pensar que se le fuera a dar esa oportunidad y estaba aprovechándola al máximo. Empujaba y empujaba, y seguía acariciando a mi mujer por todos los rincones de su cuerpo. Ella, para ese momento, solo atinaba a gemir tímidamente con cada embestida que aquel le proporcionaba. De repente, Jhonny se retiró y le dijo; Laura, mejor vamos a la cama. Y ella así lo hizo.

    Anduvieron los cuatro pasos que los separaban de la gran cama y se acomodaron en ella. Laura se tendió boca arriba, abriendo sus piernas, y él, sin dudarlo un instante, la abordó de frente, en la posición de misionero e insertó ese gran miembro en la vagina de mi atribulada y excitada esposa. La sensación tuvo que ser intensa, porque cuando él lo hizo ella soltó un gemido de placer, como si le hubieran tocado las fibras mas profundas de su cuerpo.

    El profe, sin perder tiempo, empezó a meter y sacar su miembro con un vigor y una rapidez increíble, logrando que mi esposa gimiera cada vez más rápido y fuerte. Cada embestida estaba acompasada por un gemido y eso, al parecer, hacía que Jhonny impusiera con más vigor su virilidad. Empujó y empujó hasta que ya no pudo más y, sacando su miembro de la vagina de ella, exhalo un chorro de líquido blanco y denso que cayó sobre el pecho de mi esposa. A continuación, se montó sobre el pecho de ella y, colocando su pene frente a la cara de mi mujer, ofreció su miembro para que se lo mamara. Y ella, así lo hizo.

    Atenta y delicada, con su boca y con su lengua, se dedicó a lamer aquel gran miembro en toda su extensión. Jhonny, casi de inmediato, volvió a levantar presión. Le pidió a ella que se recostara boca abajo y así acostada como estaba, la penetró desde atrás. Nuevamente empezaron los gemidos de ella al ritmo de los embates de aquel. Al rato le pidió que se colocara en posición de perrito y, desde atrás, volvió a empujar con igual velocidad y ritmo, como antes lo había hecho.

    No pasó mucho tiempo hasta que, en medio de gesticulaciones de placer, ella soltó un fuerte y profundo gemido, que acompañó con la expulsión de un profuso chorro de líquido, que humedeció las sábanas y alcanzó a salpicar las paredes de la habitación. La contracción continuada de sus pechos, con sus pezones totalmente duros y erectos, eran señal del gran placer que había experimentado estando sometida a las atenciones de aquel.

    Pasado esto, ella se acomodó boca arriba, aún agitada por el esfuerzo. El, por su parte, le ofreció su boca para que lo besara. Y ella así lo hizo, de manera que sus cuerpos permanecieron unidos, él sobre ella, besándose de manera interminable. Aquel seguía acariciando a mi mujer con sus manos, sin perder detalle de su cuerpo.

    Y, como siempre, la pregunta de rigor por parte de ellos. Laura, ¿cómo estuvo? Genial, respondió ella. Hacía rato que no me excitaba tanto. Me alegra, dijo él. Era lo menos que podía hacer para compensar lo bien que me hiciste sentir las otras noches. ¿Cómo así? pensé yo… ¿Qué había pasado las otras noches? Ella no había dicho nada. Con razón el tipo había llegado tan dispuesto. Bueno, le tendré que preguntar.

    Pasado un rato, Jhonny dijo que lo mejor era irse, porque en cualquier momento yo podría llegar y que, además, tenían cosas que hacer desde muy temprano. Nuevamente, la besó, y ella, correspondiéndole, acarició con ganas su pene, una vez más, haciendo que se pudiera duro de nuevo, y de nuevo el hombre, no queriendo perder oportunidad, la penetró, pero esta vez delicadamente, moviéndose sobre ella acompasadamente mientras la besaba.

    Aquello no duró mucho. Creo que ambos ya habían llegado al límite, así que Jhonny se levantó, se vistió mientras le contaba a ella lo que le esperaba con el grupo de muchachos y, una vez listo, se despidió, besándola nuevamente, y finalmente dejó la habitación.

    Ella entró al baño, se duchó, se colocó un bikini y salió. Y ¿Qué fue lo que hicieron las otras noches? Nada, dijo ella. Entonces ¿por qué te agradecía? Lo normal. Y ¿qué es lo normal?, cuéntame. Bueno, asintió, pero espero que no te molestes. Me va a molestar que no me cuentes y que dejes esto en suspenso, contesté.

    Anteayer en la noche, cuando nos conocimos, ciertamente me conecté con él en el baile. El tipo baila muy rico y, ya tú sabes, uno se junta al cuerpo del hombre y se transmiten sensaciones. Yo me excité. El tipo no desaprovechó oportunidad y me acarició mientras bailábamos, por todas partes, de modo que yo estaba súper caliente. Cuando estaban próximos a cerrar, me propuso que nos viéramos en el kiosco que hay en la playa. Yo fui hasta allá, nos vimos, conversamos, nos besamos y nos disfrutamos acariciándonos un rato. Pero nada más. El tipo nunca trató de sobrepasarse y solo fue hasta donde yo se lo permití.

    Ayer, cuando nos quedamos solos en la discoteca, simplemente bailamos. El no insinuó nada. Fui yo la que le dije que si íbamos a caminar un rato y me dijo que sí. Fuimos hasta la marina en el muelle y, aprovechando que no había nadie, que estaba oscuro y que estábamos solos, le chupé su sexo hasta que lo hice venir mientras estaba sentado en una de las barandas. El me estimuló mi clítoris con su mano, me besó y me acarició, incluso hasta me desnudó, pero nada pasó.

    Lo que pasó fue lo que viste hoy. Bueno… y ¿de dónde vino tanta calentura?, pregunté. Yo creo que no tener relación con la otra persona hace subir la excitación. Yo no lo conozco, él no me conoce, yo le gusto, él me gusta. Y entonces, viene la pregunta, ¿porque no? Yo creo que estar en el anonimato dispara el deseo y la respuesta es más intensa. Al menos eso es lo que me pareció. Quién lo creyera, pensé para mis adentros. Lo cierto es que había presenciado una de las mejores folladas que le han dado a mi señora en mucho tiempo. ¡Que viva el anonimato!

  • Escapada en la montaña (IV)

    Escapada en la montaña (IV)

    Abrió los ojos y vio el techo de madera, miró hacia un lado y al otro para por fin situarse, era la habitación de la cabaña. Acababa de despertar y, aunque no recordaba que había soñado, se sentía feliz.

    En rayo de luz se reflejaba en el espejo de la pared, siguió con la mirada el rayo de sol hasta la ventana, allí encontró a Matt, desnudo sosteniendo una taza de café mirando por la ventana. Parecía obnubilado, y no era para menos, el paisaje que les acompañaba en esta escapada era inmejorable.

    Se estiró y retozó un poco entre las sábanas y Matt volvió a La Tierra.

    -Oh. ¿Ya has despertado preciosa? –preguntó Matt al girarse.– te he subido el desayuno, ¿quieres un poco de café?

    -Oh… que detalle… eres el hombre perfecto… –dijo con una sonrisa incorporándose sobre el cabecero de madera.

    Matt cruzó la habitación para servirle el café y Sarah no pudo evitar que sus ojos se proyectaran en el bamboleo que hacían los genitales de Matt al caminar.

    Desayunaron en la cama comentando como habían sido estos días y organizando el viaje de vuelta que les esperaba en unas horas.

    -No quiero que esto acabe… -se lamentó Matt con voz de pena.

    -Siempre va a ser un recuerdo… -contestó Sarah.

    -Cierto, un recuerdo para toda la vida… -sentenció Matt.

    Se abrazaron queriendo que ese momento fuera eterno, sentían el calor que desprendían sus cuerpos, Sarah tenía la cabeza apoyada en el pecho de Matt escuchando el latido de su corazón como una melodía agradable. Matt acariciaba su pelo y bajaba hasta el fondo de la espalda. Sarah se sorprendió al darse cuenta que estaba desnuda y se sentía cómoda con ello, Matt había conseguido que amara su propio cuerpo tanto como lo amaba él.

    Estuvieron un rato acariciándose en silencio y Sarah se percató que la sábana que tapaba medio cuerpo de Matt se había alzado.

    -¿Y esto? –cuestionó ella con tono pícaro acariciando sobre la sábana.

    -Es difícil controlarlo cuando tengo la oportunidad de presenciar un cuerpo tan precioso… -contestó Matt mientras recorría la espalda de Sarah con la punta de los dedos.

    -Vaya… -Sarah se quedó sin palabras por un segundo.– te voy a enseñar a controlarlo…

    Comenzó a acariciar toda la zona por encima de la sábana, subiendo la mano por la pierna, agarrando, y volviendo a bajar por la pierna. Matt cogía aire cada vez que la mano llegaba hasta arriba. Sarah sintió como se endurecía aún más y sonrió al ser consciente de la reacción que causaba en él, esa sensación la excitaba, se sentía poderosa, se sentía sexy, se sentía más deseada que nunca.

    Pronto comenzaron a besarse, Sarah se colocó encima, tenía el poder y lo iba a usar. Comenzó a besarle el cuello, él le acariciaba el pelo con una mano y con la otra bajaba hasta el fondo de su espalda y le agarraba de vez en cuando una nalga. Entre los dos aún estaba la sábana, pero Sarah sentía el calor de Matt con cada roce, le estaba gustando, y eso acompañado a las manos de Matt que parecían gritar TE DESEO por todo su cuerpo, hizo que se le escapara un gemido. Matt aprovechó el gemido para agarrar las nalgas de ella y acercarse un poco más.

    Sarah volvió a sentir esa sábana ya muy húmeda y comenzó un vaivén de caderas que cada vez le iba gustando más. Las manos de él recorrían todo su cuerpo, acariciaba su espalda de arriba abajo, otra mano bajaba desde la mejilla, por el cuello, paraba en sus pechos y bajaba para agárrala otra vez y apretarla contra él mismo. Sarah comenzó a notar como su temperatura subía drásticamente, una gota de sudor empezó a recorrer su espalda, su respiración empezó a descontrolarse, el vaivén cada vez más rápido, notó como Matt le tiró del pelo hacia atrás sacando así su pecho cual diosa griega, no pudo aguantarlo más y gimió por todo lo alto mientras empapaba la sábana de puro placer.

    -¡Guau! –dijo Sarah dejándose caer a un lado de la cama.– nunca había llegado a sentir algo así sin penetración…-comentó con la respiración aun agitada.

    -Me encanta. –dijo Matt mientras bebía agua de pie junto a la cama.

    -… y el tirón del pelo ha sido la guinda… me encanta tu modo salvaje… –seguía divagando Sarah

    -Ah ¿sí? ¿Te gusta el modo salvaje em? –Fanfarroneó Matt.

    -Umm y veo que aun sigues contento. –dijo Sarah acercándose al borde de la cama y comenzó a darle placer.

    Matt se tambaleó levemente por lo inesperado pero pronto se aferró al pelo de Sarah y empezó a acompañar su movimiento. Cuanto más se agitaba la respiración más fuerte agarraba el pelo. De pronto Sara sintió un tirón de pelo que la despegó de Matt.

    -Te voy a empotrar. –gruñó Matt mirando a su cara mientras la sujetaba por el pelo.

    La tumbó en la cama y rápidamente se colocó entre sus piernas, estaba siendo brusco, pero a Sarah le estaba encantando.

    Se introdujo fácil, ella estaba muy excitada. Le sujetaba las piernas de tal manera que estaba casi suspendida en el aire y eso hacía sentirlo hasta el fondo. Empezó a embestirla poco a poco, el cabecero golpeaba la pared con cada sacudida. Comenzó a aumentar el ritmo, sentía como la recorría por dentro, el cabecero cada vez más fuerte, su cuerpo estaba suspendido en el aire, la habitación daba vueltas, cerró los ojos y se dejó llevar.

    De pronto una mano sube desde su bajo vientre, pasa por sus pechos y le agarra el cuello. Ya no siente la mitad de su cuerpo, ese último gesto la ha transportado a las nubes, aprieta sus piernas y explota… siente como si un rayo de placer recorriera todo su cuerpo, desde la punta del pie hasta la nuca. Sigue con los ojos cerrados escuchando la respiración agitada de Matt q se entrecorta coincidiendo con un calor líquido que empieza a sentir sobre sus pechos…

  • Primera vez con Daniela

    Primera vez con Daniela

    A Daniela la conocí en una página de internet y empezamos a chatear primero en esa plataforma y de ahí pasamos al whatsapp, durante ese momento nos empezamos a conocer, que le gustaba comer, que tipo de música escuchaba y así como ella me contaba yo le contaba de mis gustos, algunos más afine que otros, cabe mencionar que yo tenía 35 y ella en sus 60s.

    Y entre las pláticas me comento que vivía en ese momento con una de sus hermanas, que tenía dos hijas ya grandes, casadas y con hijos, divorciada pero no había sido feliz con su ex marido. Las pláticas fueron orgánicas y nos dieron pie a ir elevando el tono de las mismas.

    Yo le escribía que me gustaría hacerle, las posiciones, como hablarle y ella era muy reservada siempre me decía que le gustaba lo que le escribía pero que no era “experta” y no sabía cómo responder a la situación. Empezamos a charlar por teléfono y era maravillosos escuchar un ligero gemido ante tales platicas, después de un tiempo de barajear la idea de vernos, nos pusimos de acuerdo y le dije que cuando la viera me gustaría hacerle el amor, a lo que la sorprendió porque sería la primera vez que nos veríamos en persona y no sería muy rápido, a lo que conteste que sería una experiencia distinta y más excitante.

    Por fin llego el día de la cita, nos quedamos de ver a unas cuadras del hotel que había pensado para a ocasión, llegue 10 minutos antes y trate de buscarla por la zona sin éxito alguno, pasaba el tiempo y no había señales de ella, a lo cual pene que se había arrepentido de nuestro encuentro, llego la hora y no aparecía, decidí esperar un poco más de tiempo ya que por las fechas la movilidad es complicada y al pasar 15 minutos después de la hora me comunique con ella, ella estaba en otro punto, del lado contrario a donde habíamos acordado, pensando exactamente lo mismo que yo, a lo que le pedí que ahí se quedara y me apure a llegar al punto donde se encontraba.

    Al vernos de lejos, tenía una sonrisa nerviosa en su rostro, Daniela en sus 60s es hermosa, una mujer de estatura muy bajita máximo 1.5 m, complexión delgada, senos medianos, caderas generosas, facciones de su rostro finas, cabello obscuro lacio hasta la mitad de su espalda, apiñonada, vestía un pantalón de mezclilla skinny, botines de piel negro, una blusa negra con una chamarra de piel negra, lentes obscuros y una mascada.

    Al acercarme y después de un… Hola, buenas tardes, respondió con una… Hola, el cual se escuchaba su voz nerviosa y se notaba su ansiedad por como movía sus manos y la postura de su cuerpo. Me acerqué y le di un beso en la boca, metiendo mis manos entre su chamarra y su blusa, una mano subía por su espalda y otra bajando por sus nalgas a lo cual soltó un gemido el cual me prendió más y si por un momento tenía nervio en ese momento todo se olvidó.

    Me hice para atrás y la tome de la mano y tomamos camino al hotel, durante el trayecto me recordó que solo había estado con dos personas, su esposo el cual creo q solo tuvo dos veces relaciones las cuales concibieron a las dos hijas y alguien de su trabajo la cual le había dejado una mala experiencia en la cual intentaron sexo anal y la había lastimado así que iba con sus reservas ante la situación, así que en ese momento yo sería su tercera pareja sexual y su cuarta vez en su más de 60 años.

    Por fin llegamos al hotel, pedimos la habitación y el entrar al elevador se podía ver el nerviosismo de ambos, pero mucho más la excitación que había en el ambiente, al entrar al cuarto, la volvía a abrazar y besar, pero en esta ocasión acariciaba sus tetas, besaba su cuello, ella me abrazaba y me besaba, pase al baño y me lavé las manos y en ese momento empecé a desabotonar su blusa.

    Llevaba un brassier azul rey, el cual baje un poco pare descubrir sus pezones, los cuales eran pequeños, apiñonados los cuales ya estaban duros, pase mi lengua sobre ellos, los mame y di mordidas, mientras mis manos bajaban e iba desabrochando el pantalón, empecé a bajar besando su abdomen y ver una tanga del mismo color del brassier, le termine de bajar el pantalón y la acosté sobre la cama y observar que la tanga ya estaba húmeda así que sobre la tela le empecé a hacer sexo oral, así le pude sacar los botines, calcetines y todo el pantalón, ella se sentó y se sacó la chamarra y la blusa quedando solo con el brassier, tanga, mascada y lentes obscuros.

    Hice a un lado la tanga y estaba toda depilada, me dijo que nunca lo había hecho pero pensaba que me gustaría verla así para mí lo cual le agradecí pasando mi lengua desde su clítoris hasta su ano, su conchita es de labios pequeños, delicados, olía a jabón, le quite la tanga y puse sus piernas sobre mis hombros, mis manos subían hasta sus tetas las cuales apretaba y pellizcaba sus pezones, ella tomaba mi cabeza y me pegaba a ella con manos y piernas hubo un momento q no me dejaba respirar ya que me apretaba a ella pero eso me calentaba más, le quite el brassiere y los lentes a lo que me dijo… y la mascada?, el cual le dije que me sería útil más tarde.

    Ya desnuda me pidió que me pusiera de pie y ella sentada en la orilla de la cama me desabrocho el pantalón y bajándome el pantalón y el bóxer de una vez vio mi verga dura, veía como pasaba su lengua por los labios y como se agitaba su respiración, se levantó y del mismo modo que el pantalón me quito la playera, nos besamos y mientras nos recorríamos con las manos, ella beso mi cuello, pecho abdomen hasta llegar a mi verga que se la comió de un bocado.

    Sentada en la cama sin dejar de mamar mi verga, me quito los zapatos, el pantalón y el bóxer, me pidió que me acostara en la cama, ella se puso de lado y no dejaba de ver mi verga dura, a lo cual tome su mascada y la jale para que siguiera mamándome diciéndole… ves, por eso no te la quite. Con nervios, emoción ansiedad pasaba su lengua desde mis huevos hasta la punta, me mordía lo cual se disculpaba y se ponía roja, yo solo reía y la volvía a jalar para que siguiera mamando, yo con una mano la tiraba de la mascada y con otra le quitaba el cabello de su bello rostro. Nos veíamos fijamente cuando mamaba y esos ojos color negro veía mi reflejo en ellos.

    En un punto le pregunte… a quien le gusta la verga? Respondiéndome… a Dany!!! Y en ese punto empezó a gotear, la acomodé en cuatro y me puse debajo de ella y recibí cada gota que salía de su conchita, ella se quedó paralizada no sabía qué hacer, le pregunte porque se detenía, yo aun recibiendo cada gota, me comento que le daba pena que estuviera goteando a lo cual con una mano la baje con la mascada para me siguiera mamando y con la otra la baje para tener su conchita justo en mi boca.

    Ella apretaba mis nalgas y se metía hasta el fondo mi verga mientras yo no dejaba de tomarme cada gota que salía de ella, amargo, con un olor fuerte el cual más allá de alejarla me acercaba más a ella, le seguía preguntando si le gustaba la verga a lo cual asentaba moviendo su cabeza con mi verga en su boca, recorría su espalda, sus nalgas enormes y sus piernas. Se incorporó y se sentó sobre mí, lento tomando mi verga con su mando llevándola a la entrada de su conchita la cual podía seguir como sus gotas caían sobre mi verga dura.

    Nos vemos con nuestros sabores en las bocas, baje a mamarle las tetas, se las juntaba y las mamaba al mismo tiempo, movía mis caderas para entrar y salir, recorría su espalda y sus nalgas y al llegar a ellas con mis dedos manipulaba su ano primero con las yemas de los dedos y poco a poco fui metiendo uno hasta meter tres y en ese punto le pedí que quería cogerla por el culo, a lo que ella solo se paró, se volteó y se puso en cuatro, tomo una almohada y se recostó sobre ella, con mis manos abrí sus nalgas, poniendo la cabeza de mi verga en su culo la cual entro despacio y sin ningún problema, ya que la había metido toda le pregunte que si estaba bien a lo que dijo… si!! Ahora cógeme.

    Y le empecé a dar duro, la almohada era por si le dolía gritar ahí, pero ahora era por placer, en un punto saque mi verga y ella se quedó con el culo completamente abierto y así puede admirarla toda por dentro, le daba duro, la nalgueaba, gemía, gritaba, la tome de la mascada y la tiraba la cabeza para atrás, le preguntaba a quien le gustaba la verga respondiendo… a Dany, le preguntaba… donde quieres que ponga mi verga?, a lo que respondía… en mi conchita, en mi culo, en boca, dámela donde quieras!!

    Me recosté y ella sobre mí, tomo mi verga y la metió en su culo, se recostó sobre mí, flexioné mis piernas y puso sus pies sobre mis rodillas, metí mis dedos en su conchita y con una mano apretaba sus tetas, nos besábamos, movíamos al mismo tiempo las caderas sentía como seguía escurriendo en mis dedos y en mis huevos hasta que por fin soltó un grito que nos sorprendió a ambos y ella cubriendo su rostro de mil colores, la seguí besando hasta que eyaculé dentro de su culo.

    Ella sintió como mi leche la llenaba y la seguía bombeando, poco a poco fue relajando su cuerpo, la voltee dejándola recostada en mi pecho, ambos sudábamos, con la cobija nos tapamos, le bese la frente, ella seguía agitada, le comenté que había sido muy rico a lo cual se cubría el rostro con el cabello la seguí besándola hasta que durmió.

    Después de un rato y de tomar fuerzas y ella despertar, se bajó y mamo mi verga aun dormida, la cual reacciono muy rápido a su boca, se quitó la mascada, todo el cabello la cubría, no podía ver bien el espectáculo así que cuando quitaba el cabello me quitaba la mano, rozaba sus tetas en mi verga y se la volvía a comer, cerraba los ojos y se la pasaba por toda su cara. Me pare y me fui a la orilla de la cama la acomodo boca arriba y con mi verga la empecé a masturbar subí una de sus piernas a mis hombros y comencé a besas sus pies, sus dedos, la ponía nerviosa y se sonrojaba aun así seguía haciéndolo.

    Ya húmeda metí mi verga en su conchita y subí su otra pierna le pedí q se masturbará, así que en lo que la penetraba y besaba sus pies, ella jugaba con sus tetas y su clítoris con sus dedos, me fui hacia adelante para besarla con sus pies en mis hombros, mis manos ya estaban en sus nalgas abriéndoselas, ella gemía, me abrazaba recorriendo mi espalda me hice para atrás abriendo sus piernas para seguir cogiéndola dura y ella no dejaba de gemir, de gritar, su cuerpo se iba llenando de sudor y ver esa escena me calentó más lo cual al sentir que iba eyacular me salí, la tome del cabello y la acerque a mi verga, lo cual ella abrió su boca y saco su lengua y descargue toda mi leche en su boca la cual se tomó hasta la última gota, con su lengua me limpio a verga y mis huevos, ella se acostó y me invito a estar a su lado, me puse boca abajo y ella sobre mí y se dedicó a besar mi espalda y mis nalgas.

    Me puso boca arriba y besaba mi pecho, mis piernas, mi verga aun flácida y rozaba sus pezones sobre mí, platicábamos de cómo se sentía a lo que me comento q estaba en paz, con muchas emociones en su cuerpo, pero a esas alturas se tenía que despedir porque les había dicho a sus hijas que no se tardaría en regresar y ya habían pasado un par de horas, si no es que más. Fuimos al baño y ella se metió primero a la regadera y verla enjabonar su cuerpo, recorriendo sus curvas, su cabello me prendió y me metí a la regadera con la verga dura, ella al tener los ojos cerrados no se dio cuenta hasta me sintió detrás de ella y la verga en sus nalgas, soltó una carcajada, la tome por sus tetas colocándola de lado levantándole una pierna y la penetre a lo que me dijo… por el culo.

    Y se la acerté de un solo golpe que brinco mientras caía el agua sobre nosotros, besándola, mamando sus tetas y cogiéndola por el culo mientras ella me tomaba del cuello para no caer. Metí mis dedos en su conchita y ya no podía distinguir si mis dedos estaban mojados por ella o por el agua, salimos de bañarnos después de que tuvo un orgasmo la cual hizo que casi se cayera nos reímos de la situación y al regresar a la habitación me dedique a vestirla, ponerle su ropa interior, sus pantalones, blusa, chamarra, botas y esa mascada que había sido de gran utilidad, se puso sus lentes y la acerque al lugar donde pasarían sus hijas por ella y ese fue el inicio de cómo empezó una serie de encuentros con Daniela.

     

  • Todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos (Parte 2)

    Todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos (Parte 2)

    Habiendo despejado un poco mi mente y tranquilizado mis hormonas me encontré dándome una ducha helada. Intuitivamente usé el agua helada del grifo para caer en la cuenta de lo que había experimentado. Salí de la ducha, tomando el toallón y en la medida en que me secaba la humedad de mi cuerpo observaba mi reflejo en el espejo. Estaba confundido, extraviado, no encontraba una explicación lógica a lo que había experimentado.

    La escuela, gritos, risas, burlas algún bollo de papel atravesando el salón de clases. En medio de tal vorágine yo muy pensativo casi absorto de la secuencia que se vivía fuera y alrededor mío. Pensaba en mi tío, en el padrino de mi mamá, en ese viejo verde y degenerado que me había drogado, desnudado y también hizo que lo acariciara y besara en la boca. Lejos de sentir asco era una sensación de excitación y placer que no podía casi contener. Esa sensación me obligaba a pedir permiso para salir al sanitario; una vez en el cubículo de los baños desesperadamente desabroche mi pantalón y tuve que sólo imaginar la secuencia vivida con mi tío para agarrar mi pene casi erecto y eyacular casi de inmediato haciendo un movimiento casi desconocido para mí pero muy sensual con mis caderas.

    Llegó la hora ansiada, hacen sonar el timbre para salir. Yo respiro profundo y con un nudo en mi estómago.

    ¿Qué hago? (me pregunto )

    ¿Voy por mi tío o no?

    Me saludo con los chicos despidiéndome y subo a mi bici. Mi cabeza solo me dice pasa por casa del tío…

    Así fue, no dejé pasar ni veinticuatro horas y ya estaba ahí en su puerta tocando el timbre que a diferencia de otras veces no estaba regando las plantas. Escucho su gruesa voz desde dentro del departamento, la diferencia es que ya no me parecía un viejo tierno ahora mi cabeza junto con mis hormonas hervían en una guerra interna para saber que me haría ese hombre.

    Tito: Voy, voy.

    Yo: Soy yo tío.

    Tito: Lo se putito, pasa y sentate.

    Su calificativo me descolo y me enmudecí, casi paralizado entre y acate su orden.

    Por más de media hora no hay un cruce de palabras. Yo sentado, respirando con mucha dificultad por lo extraño de la situación, él viendo tele y tomando unos mates amargos, lo sé porque sólo tiene el termo con agua, el yerbatero y el mate, ni siguiera edulcorante. No me mira, actúa como si no estuviera ahí. Yo algo más nervioso que al principio sin saber qué hacer.

    Una hora después. Me dice el hombre con un gesto muy severo.

    Tío: te portaste bien. Así quiero que hagas siempre.

    Yo: No sé qué decir tío. Hace una hora estoy aquí. Tengo que irme.

    Tío: No te vas a ningún lado, ahora sacame los zapatos y bajame el pantalón.

    Me predispongo a realizar lo que me pide; yo muy confundido por la escena sin saber que decir. Bajo su pantalón, él tirado en el sillón individual bien desparramado. Miró su bulto, no puedo contener mis ojos y miro su erección, el eslip húmedo dónde da la punta de su glande.

    Tío: Chupame el calzón pero no me toques la pija.

    Su voz suena muy imperativa. Me acerco a su entre pierna y con algo de asco voy metiendo ese pedazo de género a mi boca.

    Tío: Chupalo bien y lamelo putito. No pares quiero ver si te gusta o no la pija.

    Yo muy confundido y muy fuera de sí, le respondo que es la primera vez que hago esto.

    Tío: No te preocupes, si te portas bien te voy hacer mi puto. ¿Querés ser mi puto?

    Yo: No se tío esto es nuevo para mí. No dudo que la sensación que experimento me gusta pero…

    El cachetazo que me propina retumba en todo el departamento, dándome vuelta la cara, quise reaccionar pero mis piernas y mis brazos parecen no responder a la orden de autodefensa que me indica mi cerebro.

    Tío: ¡No te asustes! Yo te voy a enseñar a ser puto. -me dice.

    Yo: Como diga tío.

    Otro cachetazo en la otra mejilla, igual de fuerte. Siento la cara como fuego y mis ojos lagrimosos.

    Tío: Ya no soy tu tío. Soy tu Amo. De ahora en adelante me dices Amo entiendes. Amo para todo.

    Yo: Comprendo…

    Amo: Comprendo qué?

    Yo: Comprendo Amo.

    La situación me excita mucho, estoy muy caliente pero no se me para la pija. Pienso que será por el miedo, sigo lamiendo su slip húmedo, encuentro distintos sabores y aromas desconocidos para mí.

    Amo: Sacame el calzón y lameme desde el tronco de los huevos hasta la punta de la pija, no te la metas en la boca, sólo pásame la lengua.

    Yo: Bueno.

    Siento el oído muy caliente y aturdido, por el cachetazo que me propina. Lo miro…

    Amo: Soy tu Amo puto así que no lo olvides ahora hace lo que te pedí, dale.

    Estoy excitándome con lo que le hago, pasar mi lengua por toda su pija y huevos que se sienten con gusto y olor a sudor me calienta más. Él hace zaping con el televisor como si nada pasara.

    Llevo haciendo lo mismo cerca de veinte minutos o más, la lengua me duele, las carretillas me duelen y el sigue ahí ignorándome.

    Amo: Listo! Lo hiciste bien, parate y bajate los pantalones y el calzón.

    Hago lo que me pide, sin decir nada. No quiero responder ya que me niego a ser un puto y encima una marioneta. Quedo con mis extremidades inferiores y mi sexo al descubierto. Él me mira y evalúa. Mi pija no está erecta pero entre la calentura y los chirlos propinados tengo una mezcla de bronca y a su vez intriga de que será lo siguiente que haga.

    Amo: Date la vuelta así te veo el culo.

    Lo hago, sin que me diga me levanto la camisa para que lo vea todo. Estoy muy vulnerable y pienso que se puede dar el momento para que me penetre. Siento sus manos posarse en mis nalgas, las acaricia, me mete una de sus manos entre mis piernas, yo separo un poco las piernas. Él no dice nada, sólo acaricia, roza mis testículos y eso me pone mucho más deseoso de saber que me va decir.

    Amo: Date la vuelta y subite la ropa, arreglate bien. Cuando termines te arrodillas y me haces una paja.

    Abro mis ojos con cara de asombro y pienso, eso es todo. Me siento decepcionado, pero bueno hago lo que me pide. Me arrodillo y lo masturbo, recorro su pija con cierta delicadeza pero a su vez con frenesí para que se corra rápido. Pienso que tiene un autocontrol enorme, ya que jadea, pero tarda en venirse. Imagino que me va pedir que se la chupe… pero no.

    Comienza a jadear y a retorcerse a punto de eyacular. Le salta su leche y yo sigo masturbándolo…

    Amo: Listo! Limpiate la mano y andate a tu casa. Te espero mañana.

    Fue una orden y yo no respondí. Sólo hago lo que me pide y me voy…

  • Una esposa aburrida del sexo con su esposo

    Una esposa aburrida del sexo con su esposo

    Hace muchos años atrás, sucedió lo que les voy a relatar, yo era una joven esposa que se casó muy enamorada de su novio de la juventud, él era un buen hombre, pero muy conservador por lo que el sexo con el después de los primeros años se volvió una rutina. 

    Yo en ese entonces quedé sin trabajo y afortunadamente, una amiga me consiguió trabajo como vendedora de seguros, era un trabajo muy difícil, había que caminar mucho con tacones y el uniforme de la empresa que era una falda ajustada y una blusa satinada, esto acompañado de una chaqueta ajustada no lo hacía más fácil. Las primeras semanas fueron horribles, no podía encontrar clientes y peligraba mi estadía en la empresa.

    Junto con mi amiga recibimos el dato que en una empresa constructora sería posible encontrar clientes, ese día nos presentamos con el arquitecto a cargo de la obra que se mostró muy interesado en las pólizas que le ofrecíamos y nos puso en contacto con su jefe de obra quien sería el nexo entre nosotras y los trabajadores, Omar se llamaba, cuando lo conocí no me llamo la atención, no era muy alto, más bien gordito y su pecho estaba lleno de pelo negro donde brillaba una gruesa cadena de oro, tenía en grueso bigote y una mirada de pocos amigos. Pero cuando hablo con nosotras se mostró muy amable, casi coqueto, por lo que me agrado mucho.

    Ese día logramos cerrar muchos contratos y solo era una fracción de los trabajadores. Al día siguiente mi amiga no pudo acompañarme y fui sola, allí me recibió Omar, conversamos muy a gusto y de repente él se abalanzo sobre mí y me comenzó a besar a la fuerza, yo me asuste y trate de resistirme, pero él era muy fuerte y su lengua se movía hábilmente en mi boca, de pronto ya había dejado de luchar y me deje llevar. El en un momento me tomo por detrás y comenzó a acariciar mis pequeñas tetas, y metiendo su mano dentro de mi blusa las masajeaba de una forma que nunca había experimentado.

    Pronto comencé a sentir como un gran bulto en su entrepierna se comenzaba a clavar en mi trasero, era algo enorme, cuando me dio vuelta, tenía un enorme pene fuera de su pantalón, debe haber medido unos 20 centímetros, pero lo más impresionante era su grosor, era como un tubo de desodorante ambiental, pero de carne palpitante. El tomo mi mano y la puso en su pene y me animo a sobarlo, estaba muy caliente al tacto y parecía que crecía aún más cuando lo agitaba.

    Mientras él ya había abierto toda mi blusa y había sacado mis pequeñas tetas de mi sostén, su bigote me hacía cosquilla cuando ponía mis tetas en su boca, pronto el comenzó a subir mi falda y yo aunque quería detenerlo, no podía articular palabras, él se dio gusto manoseándome la concha y bajando mi calzón hasta mis tobillos, puso su enorme pene entre mis piernas y comenzó a menearse, el sentir esa enorme cosa rozar mi concha, me hizo mojarme de una manera que nunca había experimentado, como invitándolo a entrar. El continuaba moviéndose, de pronto se detuvo, se bajó los pantalones y pude ver la escena completa, no solo tenía un pene enorme, sino que también sus bolas parecían un par de paltas enormes colgando, el me llevo a un sillón muy cómodo que había en su oficina, me recostó y él puso la cabeza de su pene en la entrada de mi concha.

    Yo le pedí que fuera cariñoso, que nunca había tenido algo tan grande, y él me beso como diciendo, todo va a estar bien, poco a poco fue metiendo su pene, hasta que sentí que tocaba el fondo de mi útero y el continuaba empujando, y comenzó a menearse rítmicamente, mis caderas de igual forma se movieron tratando de evitar que me hiciera daño con sus clavadas. Su pecho peludo estaba empapado en sudor y eso me calentaba mucho, era una bestia cogiéndome. Y me susurraba cosas al oído como, te voy a hacer mía, después de esto rogaras porque te folle, yo no podía aguantar, me corría una y otra vez, chorreando su pene, que parecía entrar con más facilidad cada vez que me corría, mientras sus bolas chocaban contra mi trasero.

    Pronto el comenzó a moverse más rápido y sus respiros eran cada vez más agitados y pum… se vino dentro de mí de una forma salvaje, sentía como me llenaba de semen el interior y no paraba, con tamañas bolas era algo lógico. Cuando saco su pene de mi concha yo no tenía fuerzas para moverme, el tomo mi calzón y comenzó a limpiar su pene desde la punta de la cabeza hasta las bolas, dejo estilando mi calzón en semen. Me levanto del sillón y comenzó a besarme nuevamente, mi lengua ahora correspondía a su lengua, y el tomo su pene y lo puso nuevamente en mi concha y me tomo en brazos, me sentía como un anticucho y el jadeaba y gruñía.

    Era increíble lo que me estaba haciendo, llegaba tan adentro y me llenaba como no sabía que se podía. Nuevamente él se vino y por mi posición gran parte del semen y mis fluidos chorreaban directo al suelo. Después de eso, él se limpió su pene nuevamente con mis calzones que ya eran un estropajo, se subió el pantalón y se abotono la camisa, yo aún estaba agotada y tiernamente el me ayudo a vestirme. Yo me fui a mi casa y cuando me acosté junto a mi esposo después de bañarme, no podía sacar de mi mente lo que me había pasado.

    Al día siguiente volví a ir sola a la constructora, esta vez iba preparada porque sabía que algo tan bueno debía repetirse y así fue, Omar apenas entre se abalanzo sobre mí, yo de inmediato le abrí el pantalón y comencé a sobarle el pene, el me arrodillo y puso su pene en mi boca, solo cabía la punta de la cabeza dentro de mi boca, comencé a lamerla, tenía un sabor salado muy agradable, y el comenzó a menearse haciéndole el amor a mi boca, yo le sobaba su bolas y el gruñía de placer, pronto él se vino sobre mí, me baño en semen que no paraba de salir de su pene, mi blusa quedo empapada de ese líquido viscoso y mi cara y mi pelo.

    El me levanto y comenzó a desnudarme hasta quedar completamente desnuda frente a él, y el hizo lo mismo, luego me puso de cuatro patas y él se puso atrás y me metió su pene en la vagina de forma muy suave pero firme y comenzó a cogerme, era increíble la sensación, era como un toro invistiendo a una vaquilla, cada clavada tocaba el fondo de mi útero y me hacía estremecer, pronto el nuevamente se vino y sentí su semen caliente llenándome y escurriendo de mi concha, era una sensación increíble, el saco su pene cubierto de semen y comenzó a frotar su pene en mi ano, como anticipando lo que quería hacer, le pedí que no, que nunca lo había hecho por ahí, y menos con semejante cosa, eso pareció calentarlo más, pareció endurecerse nuevamente su pene y lo comenzó a empujar en mi culito, a pesar de resistirme el continuo empujando y el dolor era intenso cuando la cabeza de su pene entro, sentí como si algo se rasgara dentro de mí, el continuo empujando y yo gritaba y gemía de dolor, mientras el gruñía de placer, hasta que sentí sus bolas, había metido cada centímetro de su pene en mi culo, y comenzó a menearlo intensamente, estaba como loco, lo clavaba con furia y el dolor clavaba tras clavada se convirtió en placer.

    Era increíble lo que sentía. Pronto el me apretujo las tetas y largo un gran gruñido y se vino en mi culo, y quedo tirado en la alfombra. Yo estaba desarmada, solo podía sentir como escurría su semen caliente de mi culo que estaba abierto de par en par. Esa noche cuando llegue a casa no podía sentarme cómodamente, por el gran dolor de culo.

    Al día siguiente fui nuevamente pero esta vez mi amiga me acompaño, cuando llegue, estaba Omar esperando, se marcaba su gran bulto en el pantalón, él se acercó a mi amiga que era de contextura baja, un poco regordeta y con grandes tetas, y la comenzó a acariciar en el cuello, pronto tenía su boca en la de ella y se estaban besando apasionadamente, al parecer Omar y mi compañera se conocían, ella me invito y comenzó Omar a besarme mientras jugaba con las tetas de mi amiga, ella pronto bajo y le saco el pene a Omar y se lo comenzó a chupar, Omar abrió mi blusa y comenzó a comerme las tetas, me mordisqueaba los pezones de una forma que me hacía venirme copiosamente, él puso su mano en mi concha y mi calzón estaba estilando así que me sentó sobre su escritorio, me abrió las piernas y me clavo su pene, la sensación de su pene caliente era algo increíble.

    El rápidamente comenzó a menearse frenéticamente y mis gemidos eran muy ruidosos y el solo gruñía de placer, pronto saco su pene y puso a mi amiga contra el escritorio y la lleno con su pene, mientras apretujaba sus grandes tetas y gruñía más desesperado, como tratando de llenarla más y más con su pene, hasta que lanzo un gran gemido y se vino dentro de mi amiga.

    Apenas saco su pene de mi amiga me lance sobre él y le pedí que me cogiera parado, el me tomo y puso su pene en mi concha y comenzó a darme, era incansable, la sensación de su pene llenándome era increíble, pronto apretó mi culo con sus dos manos y me dio una gran clavada como diciendo me vengo y efectivamente, me lleno de semen la concha.

    Esa era la sensación más rica que había, era como un rio de semen brotando de mi concha abierta. Continuamos cogiendo así por 3 meses hasta que se acabó la obra y Omar se fue. Pero creo que nunca olvidaré ese tiempo.

  • ¿Controlarás si hago que te corras mientras conduces?

    ¿Controlarás si hago que te corras mientras conduces?

    Es frustrante tener cuarenta y nueve años, ganas de polla y que tu marido pase de ti, eso me pasaba a mí y no me quedaba más remedio que matarme a pajas y eso sabiendo que cualquier otro me follaría con solo un chasquido de dedos porque estoy más rica que el pan, ya que soy alta, delgada, tengo buenas tetas y un culo redondo y firme y además soy guapa. Con un cuerpo así y mirando cómo me miran los hombres ser fiel me costaba más cada día, y lo que tenía que ocurrir, ocurrió.

    Ya anocheciera. Volvía del trabajo en mi coche y paré a repostar en una gasolinera. Sentada en un banco estaba un muchacho de unos treinta años. En edad podía ser mi hijo. Tenía los ojos verdes y era muy guapo. Le sonreí, me devolvió la sonrisa, se levantó y vino caminando hacia mí. Era de complexión fuerte, su cabello rubio le caía sobre los hombros y llevaba un pendiente en una oreja. Vestía un pantalón vaquero ceñido a sus musculadas piernas, una camisa blanca y calzaba unas botas negras, parecía el componente de una banda de rock duro. Me preguntó:

    -¿Vas dirección a Madrid?

    -Sí, pero rumbo a mi casa, está a unos kilómetros de aquí.

    -Me vale, todo lo que sea ir acercándose a Madrid, me vale.

    Cuando cogí de nuevo la carretera el guaperas iba sentado en el asiento del copiloto. Me preguntó:

    -¿Casada?

    Intuyendo la aventura en vez de decirle que sí, que estaba casada, le dije:

    -Separada.

    Puso su mano sobre mi rodilla y esperó mi reacción. Al ver que no lo reprendía, su mano se metió bajo mi vestido y subió desde la rodilla por el interior del muslo hasta posarse sobre mi coño. Me preguntó:

    -¿Sigo?

    No le respondí, o sea, le dije que sí sin decirlo. Tocó mi clítoris por encima de las bragas, lo miré, me sonrió, yo abrí más las piernas y le devolví la sonrisa en un acto de complicidad.

    -¿Controlarás si te hago correr mientras conduces?

    -No sé, nunca me corrí mientras conducía.

    -¿Quieres correrte?

    -Es tentador… Sí, quiero. ¡Qué diablos!

    Se quitó el cinturón de seguridad, se inclinó y me bajó las bragas para jugar conmigo. Le ayudé subiendo el vestido y levantando mi culo del asiento. Chupó dos dedos y me los metió en el coño. No hacía falta que los chupara, ya tenía el coño mojado. Con dos dedos frotó mi clítoris y los otros dos los metió y los saco, lento al principio, luego fue acelerando, desacelerando, acelerando… Ufff ¡Cómo me estaba poniendo el guaperas! Comencé a gemir cómo una adolescente.

    En una recta muy larga en la que no venían coches de frente sentí que me iba a correr, exclamé:

    -¡Sí, sí, siii, si, siii…!

    Mis músculos vaginales apretaron sus dedos, unos dedos que me hicieron correr con tanta fuerza que mis ojos se cerraron de golpe, mi pie se clavó en el acelerador y el coche se lanzó cómo una bala. La recta se acabó en segundos, el tiempo que tardé en abrir los ojos. Saqué el pie del acelerador mientras acababa de correrme y el coche poco después casi se me cala. Me quitó del paraíso en que estaba otro conductor que me adelantó pitando. Para matarnos, fue para matarnos, más la corrida había sido épica, mi asiento era testigo de ella, ya que mis jugos espesos bajaban por él y se deslizaban hasta la alfombrilla. El guaperas me dijo:

    -¿Paramos en un motel?

    Poco después estábamos en una habitación de un motel de carretera… Me había quitado la ropa y cuando estaba solo con los zapatos, mis medias, mis braguitas y mi sujetador, todo de color negro, me puso cara a la pared, me besó el cuello al tiempo que me quitaba el sujetador, bajó besando y lamiendo mi espalda hasta llegar abajo, me bajó las bragas hasta las rodillas. Apoyé las manos en la pared. Me besó y lamió las nalgas, luego las abrió, me lamió y folló el ojete con su lengua y me nalgueó sin fuerza. ¡Cómo me mojé sintiendo la lengua entrar y salir de mi ano! Después me dio la vuelta, se levantó y me besó con lengua. Yo estaba acostumbrada a los labios secos y a la torpe lengua de mi marido y el cambio era brutal. Me pareció volver a los veinte años. En aquel momento mi coño ya era una piscina de flujos vaginales.

    El guaperas lamió y chupó mis grandes tetas con maestría, las lamió, las apretó y las mordió de abajo a arriba. Al llegar arriba posó su lengua sobre mis gordos pezones, los aplastó, lamió las areolas rosadas y después mamó. Me puso perra, perra, pero perra de verdad. Era un guaperas que comía las tetas cómo un demonio. Cuando creí que iba a sacar la polla y me iba a penetrar, se agachó, me bajó las bragas hasta los tobillos y después lamió las babas que tenía en el coño, con ellas en la lengua se volvió a levantar y me besó. Le eché la mano a la polla y noté que la tenía dura cómo un hierro. Le dije:

    -La necesito dentro de mí.

    Me respondió.

    -Todavía no.

    Se desnudó. ¡Cómo estaba el cabronazo! Era todo músculo. El pecho lo tenía rasurado y en él llevaba tatuada la cabeza de un león y un paisaje con montañas al fondo.

    Empalmado volvió a ponerse en cuclillas. Abrió con dos dedos mi coño depilado y después lamió un labio, lamió el otro, me metió y saco varias veces la lengua de la vagina y ya comencé a gemir de nuevo. Mis gemidos lo espolearon. Lamió mi clítoris, clítoris que ya tenía el glande fuera del capuchón, lo chupó y poco después me corrí cómo una loba. El guaperas lamió los jugos de mi corrida. No se quería perder ni una gota. Después de correrme mojó en mi coño el dedo medio de la mano derecha, me lo metió en el culo y lamió mi clítoris con la punta de su lengua en una sola dirección, de abajo a arriba, lo lamía apretando la lengua contra él, despacito, luego aprisa y rozándolo. ¡Jesússs, qué bueno era el jodido! Me puso tan, tan, pero tan cachonda que mi coño echaba por fuera. Cuando me volví a correr le tiré tan fuerte del cabello que un mechón de ellos quedó entre mis dedos. ¡Qué corrida! Aun fuera más intensa y más larga que la anterior.

    Al acabar me besó, hizo que me agachara y me metió la polla en la boca. La tenía normal y mojada de flujos pre seminales. Lamí su cabeza descapullada, luego la cogí, se la meneé y se la mamé, cómo a mí me gusta hacerlo. Metiéndola en la boca hasta que sus gordos huevos chocaban con mis labios. Estaba tan cachondo que no me duro nada. Se corrió cómo un pajarito y yo me tragué su deliciosa leche. ¡Qué rica estaba! Al sacar la polla de mi boca me volvió a besar, después me levantó cogiendo mis nalgas y me empotró contra la pared, le cogí la polla, se la puse en la entrada de mi vagina, empujó y la metió en el coño de una tacada. ¡Qué maravilla sentir aquella polla dura dentro de mi coño! Eché mis brazos alrededor de su cuello y me apreté contra él.

    No quería que se me escapase. Me folló con fuertes embestidas, cada vez que la polla legaba el fondo y me besaba yo movía el culo alrededor para rozar mi clítoris con su pelvis. Su lengua se revolvía dentro de mi boca, yo se la chupaba y lo miraba. ¡Qué guapo era mi amante de los ojos verdes! ¡¡Y qué bueno estaba el condenado!! Con mis tetas aplastadas con su pecho vi cómo se le cerraban los ojos, noté cómo su polla latía dentro de mí y sentí cómo su leche llenaba mi coño. Comenzaron a temblarme las piernas, mi coño estranguló su polla y se la bañé con una inmensa corrida.

    Al acabar de correrme, sentada en el borde de la cama, le dije:

    -Tengo que seguir mi camino.

    -Echemos una hora más. La habitación ya está pagada.

    -No puedo, me está esperando mi marido.

    El guaperas se me enfadó.

    -¡Me mentiste! ¡Me engañaste a mí y engañaste a tu marido!

    -Es la primera vez que lo engaño.

    Con la polla colgando se sentó a mi lado, me agarró por la cintura, me puso en sus rodillas y me calentó el culo cómo si fuera una niña traviesa.

    No le di el gusto de que oyera mis quejidos, más que nada por qué me había gustado. Le dije:

    -Eres un puto machista.

    -Y -¡Plas!- tú una cabrona.

    Me quise poner en pie y me dio sin miramientos.

    -Antes de irte te voy romper el culo por mentirosa.

    Me reí de él.

    -Aplaudiéndolo no vas a romper nada.

    Me tiró sobre la cama cómo si fuera un paquete. Lo mire y vi que estaba empalmado. Le iba la marcha, y a mí más, pues me volvieran las ganas.

    -Ponte a cuatro patas, mentirosa.

    No me iba a poner por las buenas después de ponerme las nalgas al rojo vivo. No quería que me tomara por lo que era en aquel momento, una perra en celo, así que le dije:

    -Me pongo con la condición de que no me azotes más.

    -¡Ponte a cuatro patas, coño!

    Me puse a cuatro paras. El guaperas me agarró las tetas y magreándolas pasó su lengua desde mi clítoris a mi ojete media docena de veces, después siguió lamiendo, pero metiendo y sacando la lengua de mi coño y de mi ojete. No pude evitarlo, comencé a gemir de nuevo. El cabrón hizo sangre:

    -¿Gozas putita?

    No me iba a callar, le respondí:

    -Gozó, cabrón.

    -Aún vas a gozar más.

    Echó las manos a mi cintura. Frotó la cabeza de la polla en mi ojete y después me metió la cabeza. Estaba tan excitada que entrara sin dificultad, y sin dificultad llegó hasta el fondo. Comenzó un mete y saca delicioso, lento, rápido, lento, rápido otra vez… En mi vida me había corrido con sexo anal, pero al sentir el hormigueo en las plantas de los pies, y al subirme por las piernas supe que llegaba la explosión. Mi ano apretó su polla, y le dije:

    -¡¡Me corro!!

    Entre sacudidas sentí cómo el guaperas me llenaba el culo de leche.

    Llamé a mi marido, le dije que el coche me dejara tirada, donde estaba y seguimos follando cómo dos locos.

    Fue una noche maravillosa. No lo volví a ver, pero si lo vuelvo a ver me lo vuelvo a follar, me lo follo como Nuria me llamo.

    Quique.

  • Mi jefa de carrera: El culo para el final

    Mi jefa de carrera: El culo para el final

    Seguí a Daniela hasta su habitación y pude ver a Sofía tirada en la cama, tocándose.

    -Sofía, ponte en cuatro. Alex te va dar. –dijo mientras sacaba un preservativo de su cajón.

    Sofía se acomodó dejando a la vista su exquisito culo.

    -Póntelo y penétrala –me ordenó Daniela mientras ella se podía tras mío.

    Una vez puesto el condón, me hinqué en la cama y me puse tras Sofía. Puse mi pene en la entrada de su culo pero Daniela no me dejó.

    -No cariño, eso es para el final –me dijo en el oído.

    Tomó mi pene y me empujó hasta la vagina de su amiga. Mientras la penetraba, Daniela, hincada tras mío, me susurraba el oído:

    -Rompe a Sofía, Alex. Piensa en cuando me estaba masturbando y no te dejaba tocarme. Piensa en cómo me chupaba las tetas, me metía los dedos en la vagina. ¿Recuerdas el chocolate que compraste?, ¿el que me metía dentro y luego se lo comía? Ahora rómpela por zorra.

    Sus palabras me tenían loco. Todo era una locura. Mientras más me hablaba, más fuerte le daba a Sofía y más gritaba ella. Agarré las manos de Sofía por su espalda y la penetré con tanta furia que el condón se rompió. Daniela por otra parte, me rasguñaba la espalda, me tocaba los testículos, piñizcaba mis pezones, gemía en mi oído y chupaba mi oreja y mi cuello. Era una salvaje.

    De pronto, gateo hasta la cabecera de la cama, lo que me dio tiempo para bajar un poco la intensidad, ponerme otro preservativo y respirar un poco. Daniela levantó la cabeza de Sofía y la puso entre sus piernas. Sofía como por instinto comenzó a lamer cada rincón como si fuera un jugoso fruto. Volví a penetrar a Sofía de un golpe fuerte y ambas gimieron. Ahora veía la cara de placer de Daniela mientras agarraba de las caderas a Sofía y se lo metía sin parar. Era una escena increíble que repetiría mil veces más.

    -Sofía, voltéate. –dijo Daniela como si fuese, no sé, su dueña.

    Esperaba las órdenes de Daniela cuando la veo subirse sobre la cara de Sofía así que tomé sus piernas y volví a penetrarla mientras tocaba su clítoris suavemente. Estaba disfrutando como nunca antes. Los tres estábamos disfrutando muchísimo. Daniela y yo gemíamos, los tres estábamos envueltos en sudor. La habitación estaba tan caliente como yo.

    Sofía me quitó la mano y comenzó a tocarse mientras Daniela avanzó lentamente hasta poner su mojada vagina sobre uno de los pechos de Sofía.

    -Mira Alex. Siempre quise hacer esto. Masturbarme con unas tetas. Sentir un pezón duro en mi clítoris –decía mientras se tocaba sus propios pechos, cerraba sus ojos y echaba la cabeza hacía atrás.

    Inmediatamente me salí de Sofía, saqué el preservativo y me subí sobre su vientre. Me tiré a bezar y lamer los pechos de Daniela mientras ella agarraba con fuerza mi cabeza y pasaba toda su vagina sobre los pechos de su amiga sin intensión de parar. La agarré de la cintura y metí mi pene entre su vagina y la teta con la que se masturbaba. Era la escena más caliente que jamás había imaginado. A todo esto, Sofía gemía como loca mientras pasaba todo mi pene por sus tetas y la vagina de su amiga. Terminó en un gran orgasmo mientras yo tiraba a la cama a Daniela.

    Ahí estábamos los tres. Tirados en la cama, agitados y sin poner movernos. Daniela se puso en mi pecho y me agradeció mientras Sofía se paraba a buscar cervezas. Yo no sabía que decir. Nunca pensé que mi jefa de carrera estaría tan loca. Era deliciosa, una diosa. Nos tomamos un par de cervezas. Eran cerca de la 1:00  cuando la amiga dice que entrará a la ducha. Con Daniela conversamos sobre lo ocurrido. Todo en ella era muy sexy: su risa, su mirada, su forma de hablar o sus gestos faciales.

    Poco a poco nos fuimos calentando una vez más. Acomodé las almohadas en la cabecera para que me sirvieran de apoyo y tomé a Daniela poniéndola de espalda a mí. Se sentó sobre mí y comenzó a moverse en círculos. Lentamente, suavemente. Yo agarraba sus tetas y chupaba su cuello. Ella gemía tan rico que más loco me volvía. Comencé a tocar su clítoris entonces ella se pegó a mi cuerpo quedando semi acostada. Sofía salía de la ducha y se encontró con esa escena.

    -Sofía, trae chocolate, whisky y las esposas –dije desafiante mientras apretaba a Daniela contra mi cuerpo, sin que pudiera zafarse.

    Al regresar, esposó a Daniela con las manos por sobre mi cabeza. La levanté y gracias a los fluidos que corrían desde su exquisita vulva hasta su culo, la penetré de un golpe en su hermoso culo sin problemas. Daniela dio un feroz grito mientras tiraba su cabeza hacía atrás.

    -Esto era para el final, ¿lo recuerdas? –Dije en su oído mientras pasada mi lengua por él.– Sofía quiero que metas chocolate en su vagina como si fuera un consolador.

    Sofía, evidentemente excitada, abrió una de las barras, cortó lo necesario e introdujo el chocolate mientras yo pellizcaba los deliciosos pezones de Daniela. Ella gemía como una perra en celo. Yo no me estaba moviendo pero sentía los dedos de Sofía cuando metía trozos de chocolate en su vagina.

    -Sofía, saca del último cajón, el consolador más grande que encuentres y quiero que la penetres fuerte y sin parar hasta que yo diga.

    Daniela intentaba zafarse pero atrapé sus piernas con las mías. Estaba tan abierta que podría haber cumplido la promesa del fisting que me hizo la noche anterior. Estaba vuelto loco. Sentir mi pene en su culo, esperando el trozo se plástico que meterían por su vagina me hacía sentir dueño de ese cuerpo. Sofía llegó con un gran consolador. Incluso dudé si entraría en la vagina que de todos modos, se veía delicada.

    -¿Puedes retirar los trozos de chocolate? Eso, ahora, penétrala justo cuando yo saque mi pene de este culito.

    Y en ese momento, retire lentamente mi pene de su orificio y Sofía metió solo la punta del consolador. Daniela gemía y gemía. Así estuvimos unos minutos. Dándole de forma lenta.

    -Ahora mételo con ganas. Hasta el fondo. Fuerte. –le dije mientras metía mis dedos en la boca de Daniela y ella los chupaba como si de varios penes delgados se tratase.

    El grito que dio Daniela, gracias a al tremendo trozo de goma que metían por su vagina de forma violenta y seguidas, me calentó tanto que solo bastó un par de minutos dándole con fuerza en su apretado culo para llenárselo.

    -Aprieta ese culito. Te llenaré de mi semen, preciosa –Le decía de forma lasciva al oído mientras apretaba sus caderas y me movía con intensidad dentro de ella.

    -¡¡¡No puedo más, Alex!!! ME ESTÁS ROMPIENDO –gritaba tratando de zafarse.

    -¡Aguanta un poco más, preciosa! Sofía, más fuerte que esto se siente de maravilla.

    Sin poder aguantar y dando las últimas estocadas, terminé dentro de ella. Sofía, al ver esto, comenzó a chupar, con muchas ganas, la vagina abierta y mojada de su amiga. Con un leve gesto, saco mi pene de su culo y ahora, intercalaba sus mamadas; un poco para la vagina de Daniela y otro para mi pene que, a pesar de la tremenda cogida, no quería perder dureza. De esa forma, Daniela, aún sobre mí, tuvo un sonoro orgasmo con la lengua de su amiga y mis manos tirando de sus pezones.

    ¿Ya dije que fue una locura? Quedé tirado en la cama sin poder moverme mientras ellas se fueron a duchar…

    Si te gustó este relato, puedes revisar mi perfil en donde están las partes 1, 2 y 3 de esta historia.

    Puedes escribirme a [email protected].

  • Clase muy particular

    Clase muy particular

    Tenía a mi cargo diferentes grupos en un instituto, clases a veces tediosas y de mucha atención, pero me encantaba dar clases, solía escuchar por todos los pasillos que daba una buena clase, pero era muy estricto, ganar mis cursos no era complicado, pero si había que trabajar. Tenía estudiantes desde jovencitas hasta un poquito maduras.

    Una vez tuve un grupo de solo mujeres, de todas las edades y para escoger, a su manera todas estaban sexys.

    Tenía una estudiante de 20 años, pelo negro, piel blanca, bajita, unos pechos enormes y un culito delicioso, verla caminar era un deleite, sus pechos se movían deliciosos y su trasero tenía un movimiento excitante.

    En clases era aplicada, ponía atención pero me llamaba para que le ayudara a cada rato, sin embargo no entregaba las tareas y sus exámenes no iban muy bien que digamos, por lo que me pidió ir a mi casa para que le explicara más personalizado ya que temía perder el curso, por lo que le indiqué que el sábado era una buena opción ya que el examen final estaba próximo.

    Llegó a mi apartamento, llego con sus labios carnosos pintados de rojo, una blusa escotada y un pantalón muy corto y muy ajustado dejando ver sus espectaculares piernas.

    Ella: hola profe, me costó llegar pero acá estoy, lista para Ud., para su clase.

    Yo: perfecto, toma asiento.

    Ella: en la mesa o en el sillón?

    Yo: dónde gustes (en mi cabeza quería decirle que se sentara en mi juguete) quieres algo de tomar? Te noto cansada.

    Ella: uy profe si, porfa. Algo para tomar seria excelente.

    Yo: que quieres tomar? Que se te antoja?

    Ella: lo que Ud. quiera que yo me lo tome todo, pues eso tomaré. Que me vas a dar?

    Yo: Pues ahorita solo tengo cerveza, te gusta esta? (Llego con una cerveza en la mano y me pongo de frente a ella)

    Ella: prefiero tomar lechita (empieza a tomar mi pantalón)

    Yo: que crees que estás haciendo?

    Ella: ganándome el curso profesor.

    Yo: segura?

    Ella: solo disfrute mi profesor (sacó mi pene y empezó a mamarlo con fuerza, sujetaba mi pene con su mano y lo metía en su boca, lo sacaba y chupaba mis bolas, luego volvía a mi pene y lo chupaba delicioso mientras yo me tomaba la cerveza).

    Yo: eres una perrita sabías. Así crees que pasarás el curso?

    Ella: profe, yo hoy soy para Ud., con tal de pasar soy lo que Ud. me diga y hago lo que quiera.

    Yo: quítese la ropa, quiero verte desnuda completamente.

    Se quitó la blusa escotada, sin brasier, ver sus pezones rosados me dejó enfermo, me calenté más de lo que creía, se dio vuelta para dejar su culo desnudo, su hilo estaba mojado.

    Yo: serás obediente con tal de ganarte la nota?

    Ella: soy su sirvienta obediente, su esclava, lo que Ud. quiera.

    Yo: Entonces siéntate en mi pene de frente.

    Se sentó despacio, sus movimientos eras pequeños, pero sus gemidos profundos, mordí sus pezones, chupaba con muchos deseos sus pechos.

    Ella: profe, que rico muerde, pero me duele.

    Yo: Ud. es mi esclava, sólo déjese.

    La levanté y la coloqué en el sillón de forma que puso su culo paradito, empecé a chupar desde el clítoris hasta sus nalguitas y su ano, sus gemidos eran excitante, cada nalgada venía acompañada de un gemido delicioso.

    Ella: profeee

    Metí 2 dedos de forma brutal, los movía a mi gusto mientras le jalaba el pelo.

    Yo: eres mía???

    Ella: si profe mío, úseme…

    Metí mi pene sin compasión, duro, a fondo, mientras me sostenía de su pelo.

    Ella: aaahhh profeee aaahhh que ricooo

    Yo: así me gusta que grites perrita.

    Seguí penetrándola sin compasión, le jalaba el pelo, la nalgueaba, le apretaba y pegaba los pechotes, jugaba con su clítoris, mientras mis movimientos eran sin compasión, duro, rudos, ella me tenía caliente.

    Su chorro fue impresionante, su grito fue impresionante, el temblor de sus piernas era increíble, pero no me detuve.

    Yo: pídame lechita

    Ella: deme su rica lechita profesor rico

    La puse de rodilla, le metí mi pene en su boca y deje todo mi semen en su boca, no desperdició ni una gota, toda mi leche se la tomó, quedó acostada en el piso.

    Ella: profe, que me hizo?

    Yo: prepararte para lo que resta del día y la noche, hoy Ud. se queda y serás mi juguete sexual, estás bajo mi mando. Así que te toca ser obediente

    ¿Será que les cuento lo que sucedió después?

  • Nunca supe quién me cogió

    Nunca supe quién me cogió

    Después del encuentro anterior que terminó, como les conté con una enema de Coca Cola, después de haberme cogido tanto esa noche, esperaba ansiosamente que el Amo Marcelo me envíe un correo ordenándome que me presente en su departamento, por fin lo recibí y era para convocarme otra vez para que vaya a servirle.

    Nuevamente fui esa noche como me lo pidió, como siempre bajó a recibirme, pero esta vez al entrar me ordenó directamente que vaya a la habitación a esperarlo desnudo, lo hice de inmediato y me puse de rodillas a esperarlo, cuando entró al cuarto me dijo…

    -Veo que vas aprendiendo putito, parece que te hace bien que te castigue de vez en cuando, como toda marica inservible, necesitas rigor.

    Al tenerme a mano, se acercó y me puso la verga en la boca…

    -Vas a empezar mamando como le corresponde a un puto chupavergas como vos, pero hoy vas a vivir una noche distinta.

    Ya empezó a intranquilizarme, le gustaba jugar con el temor, la incertidumbre y la sugestión, esa noche como verán más adelante, iba a haber mucho de todo eso.

    Se la chupe bien como a él le gusta, siempre me agarra la cabeza y me la hace comer hasta la garganta, me hace pegar mi nariz contra su pubis y me ahoga, disfruta viendo como me desespera no poder respirar.

    Luego hizo que suba a la cama y me acueste mirando hacia arriba, tomó un pañuelo y lo uso para vendarme los ojos, intenté negarme pero me dijo que me calle la boca porque si no también me iba a amordazar, tomó una de mis manos y ató la muñeca a una barra de la cabecera de la cama, luego tomó la otra e hizo lo mismo, no dije nada porque no quería que me tape la boca, mis brazos quedaron estirados hacia arriba a los lados de mi cabeza y no podía ver nada.

    Entonces comenzó una tortura que duró horas, primero empezó a tocar muy suavemente mis pezones, la sensación de indefensión estando atado y a ciegas, creo que no es difícil de imaginar, es terrible a pesar de confiar en quién me tenía atrapado el miedo me estaba invadiendo y comencé a temblar como una hoja.

    -¿qué pasa puto, tenés miedo? Si todavía no te hice nada maricón.

    No dije nada, ni una palabra, estaba aterrorizado, el Amo me seguía apenas rozando los pezones y me desesperaba, no podía parar de temblar, empezó a apretar un poco y empecé a gemir, todo era muy lento y en absoluto silencio, solo se escuchaba mi respiración agitada.

    No dejaba de sentir sus dedos jugando con mis dos botoncitos, sí, eran dos botones durísimos, dos timbres, los estiraba, los retorcía, los empezó a pellizcar, yo contorneaba mi cuerpo desesperado, cada vez los presionaba más fuerte, y empezó a dolerme mucho.

    -oh no, oh no por favor, déjeme, no haga eso, no no por favooor, se lo ruego.

    Me dolía pero mi cuerpo empezó a responder al estímulo que sentía, siempre que tocaran y manoseaban mis pezones, me producía excitación, mi pija comenzó a pararse, el Amo me tenía completamente a su disposición y vio mi pene ponerse duro…

    -te gusta putito, te está gustando pedazo de puto, estás disfrutando marica, el dolor te excita basura.

    -no por favor no, le juro que no, me duele mucho, no quiero.

    -Si querés, mirá como se te paró la pija, no me mientas, va a ser peor si mentis.

    -No le juro que no, no sé porque se pone así.

    Decidió tener sus manos libres y me colocó dos broches en los pezones, yo gritaba suplicando y me retorcía de dolor, mis piernas estaban sin ataduras y podía moverlas pero mis manos atadas impedían que salga de esa posición.

    – esignate puto de mierda, hoy vas a sufrir.

    Entonces metió una mano entre mis piernas abiertas y busco mi agujerito, me rozó con la yema de un dedo, empezó a jugar con él, primero suavemente y a medida que me iba desesperando, lo empezó a introducir cada vez más, yo seguía muy agitado, gimiendo, temblando y lloriqueando.

    Eso lo incentivaba aún más, de pronto sentí algo muy duro entrando en mi culo, me colocó un dildo que parecía delgado pero se ensanchaba mucho y volvía a ser más fino y enseguida entró una parte más bien ancha, mi próstata ya no lo soporto y me oriné unas gotas.

    El dildo quedó encajado, su forma hacía que no se pueda salir solo, no se resbalaba como un pene artificial común, eso le permitía tenerme empalado y poder usar sus dos manos para atormentarme, mi propio movimiento de caderas me hacía sentir mucho más el consolador en el orto y empecé a experimentar placer, el dolor en mis pechos, el miedo y la excitación por estar atado, hizo que mi pija se ponga bien dura…

    -Mirá como te gusta putazo, confesa que estas gozando, puto… puto… puto… marica, no lo podes negar, te voy a regarchar hoy.

    Yo lloraba, de pronto sentí que me ponía un forro, yo no entendí para que hacia eso.

    -¿qué me hace, que está haciendo?

    -Te voy a sacar lechita, parece que tenés los huevitos bien llenos, ¿cuantos días estuviste sin eyacular?

    -desde la última vez que me cogió, no acabé más como me lo ordenó.

    -bien, deben estar bien llenos y tendrás bastante lechita, voy a sacártela.

    -No, ¿para qué?

    -a vos no te importa, ya vas a ver.

    Movió los broches para que me duelan más los pezones, me hizo llorar y gritar, además me dio pequeños golpecitos en el pene que se movía de un lado a otro, yo estaba cada vez más caliente, cada golpe en la pija me excitaba más, apenas me la agarró y la movió pajeándola, no pude evitar que empiece a saltar esperma dentro del condón.

    -bien putito, muy bien, cuanta leche que te saque, lo hiciste muy bien mariquita, esto va a ser muy divertido.

    Al enfriarme, empecé a llorar, me quitó el dildo tapón y metió uno o dos dedos, por el dolor que me produjo deben haber sido dos.

    Al no estar excitado todo eso ahora era una tortura insoportable, necesitaba un respiro para ponerme a tono otra vez, pero por supuesto el maldito no estaba dispuesto a dármelo.

    Me agarró con una mano mis pelotas y las apretó a las dos juntas, me hizo ver las estrellas, grité como un marrano, sacó los dedos de mi hoyo, y acarició cariñosamente mis nalgas…

    -Shhh, cállate deja de gritar, por más que grites hoy te voy a romper bien el orto.

    El nudo en mi garganta casi no me deja respirar, ahí entendí que no me iba a dejar hasta que se canse, no podía resistirme, como me dijo al principio, tenía que resignarme, yo le permití que me ate, solo me metí en esto.

    Las caricias en mi culo me calmaron pero duraron poco, enseguida volvió a colocarme el tapón y siguió apretando mis bolas con una sola mano mientras con la otra retiró los broches de golpe.

    Luego me soltó y se sentó sobre mi torso, puso la pija en mi boca y me hizo chuparla, me la metió toda y empezó a cogerme la boca, por supuesto hizo que me ahogue varias veces, luego se levantó y comprobó que yo me había excitado nuevamente, no soy muy difícil para eso, solo necesito 3 a 5 minutos para volver a estar casi igual que antes del orgasmo.

    Después volvió a colocar los broches en mis pezones, luego supe que eran los de la ropa, necesitaba sus manos libres porque quería seguir causándome sufrimiento, me levantó las piernas y las apoyó sobre sus hombros, obvio estaba por cogerme, sacó el tapón de un tirón y me metió la verga sin ningún preámbulo ni delicadeza, a esta altura, yo era solo un trozo de carne y no merecia ninguna contemplación, me violó con crueldad unos 15 o 20 minutos, eso sí fue una violación, porque yo no podía resistirme si no hubiese querido que lo haga, perdí totalmente la noción del tiempo. Los pechos me dolían ya por dentro, tanto pellizco y apretón, cualquier roce me hacía doler.

    Me metía toda la verga hasta los huevos, la sacaba completamente y volvía a entrar con violencia, eran como pequeñas violaciones continuas una tras otra, de nada valían ni gritos ni quejas, esta vez no estaba gozando, eran vejaciones, después de varios minutos divirtiéndose conmigo se salió de adentro mío, se levantó y volvió con algo en la mano.

    Apretó mi nariz con dos dedos y me obligó a abrir la boca, cuando lo hice me tiró algo en los labios y la lengua, era sal, al sentir ese polvillo lo primero que hice fue cerrar la boca y pasarme la lengua por los labios, fue espantoso, obviamente me dio mucha sed, y me quejé.

    -Ahhj que hizo, me dio sal, tengo mucha sed por favor sáqueme esto de la boca.

    -¿querés algo de tomar putito?

    Entonces trajo algo, y comenzaron a caer unas gotas sobre mí boca que traté de beber desesperadamente, era mi propio semen, había olvidado que me había ordeñado como a una vaca y guardado mi esperma.

    Mi sorpresa y desagrado fue notorio, porque además de no quitarme obviamente la sed, la boca la tenía ahora más pastosa.

    -¿tenías sed putita? Esto es lo único que te voy a dar esta noche, el champagne que trajiste el otro día me lo estoy terminando de tomar yo y está bien helado, cada uno bebe lo que merece maricón.

    Luego me desató y me hizo cambiar de posición, me ordenó ponerme en cuclillas en el borde de la cama, me dijo que agarre mis tobillos con las manos y me volvió a atar, cada mano a cada tobillo, de esa manera tuve que inclinarme y apoyar mi cabeza sobre la cama, ya que no podía hacerlo sobre mis brazos, quedando así mi culo expuesto y abierto a su disposición.

    Se paró detrás de mí y me penetró nuevamente, pero pocos minutos después alguien tocó el timbre del portero eléctrico, fue a atender, volvió enseguida, y me dijo:

    -no te muevas, no trates de bajar de la cama porque te vas a golpear, enseguida vuelvo.

    -¿quién es, quién vino?

    No me respondió y escuche cerrar la puerta del departamento, pasaron un par de minutos que me parecieron eternos, hasta que escuché que entraba nuevamente, también escuché que hablaba con un hombre y los dos entraron al dormitorio…

    -mirá el regalito que te tengo preparado, mirá que lindo puto te vas a comer.

    -Nooo, por favor ¿qué van a hacerme? No Amo por favor no lo haga.

    -Callate maricón, vos sos mi esclavo y vas a hacer lo que yo quiera.

    El tipo empezó a manosear mi cola como revisando lo que iba a cogerse, yo lloriqueaba, porque si bien había sido entregado y compartido varias veces, ahora no podía ver siquiera a el que me iba a penetrar.

    El Amo me dijo que me calle e inmediatamente me puso en la boca y me obligó a morder una pelota de goma con las que se juega con una paleta, como mordaza y evitó así que pueda quejarme, enseguida sentí la punta de la pija del amigo apoyándose en mi agujero, yo solo podía emitir sonidos ininteligibles, pero recibí un par de azotes en mis nalgas que no sé quién me dio para que haga silencio.

    Enseguida sentí como el desconocido estaba con su pene dentro mío, por lo menos era muy suave y me cogia lenta y dulcemente, además parecía no ser muy dotado, pero sabía usar lo que tenía entre las piernas, me estuvo garchando un rato hasta que acabó adentro de mi culo, por suerte se había colocado un forro, después de varios encuentros con Marcelo, era la primera vez en mucho tiempo que me cogia un hombre con dulzura, lo malo para mi fue que me daba miedo e impotencia no saber quién me estaba violando, por más que no fue violento, yo estaba atado y no había consentido ser penetrado.

    Así como el tipo llegó, me encontró desnudo con el culo al aire y me la puso, acabó y se fue sin que yo sepa jamás quien fue.

    Cuando volvimos a quedar solos, el Amo hizo algo que me sorprendió, yo no esperaba algo así, y me desilusionó mucho.

    Me desató y quitó la venda de los ojos, me colocó la correa de perro y me tenía agarrado de ella, se puso en cuatro patas mostrándome el culo caído peludo y horrible y me obligó a penetrarlo, fue espantoso para mí.

    Era la segunda vez que cogia a un tipo, la primera fue el marido de una mujer que me rogó que lo haga a cambio de que ella me meta un strapon y no me había gustado nada.

    Fue una gran desilusión que mi Amo me haga cogerlo, para mi era mi macho, no era posible que se deje culear como un puto, pero tuve que hacerlo, su imagen quedó muy deteriorada para mí y me aleje de él

    Ya era muy tarde y el Amo decidió unos minutos después que me vista y me vaya.

    No hubo otros encuentros, mi desencanto fue muy fuerte y dejé de verlo.

    Espero que les haya gustado y pueden dejar un comentario aquí o escribirme a mi correo [email protected].

    Besos a todos mis lectores.