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  • Terminé de criado de mi jefa (4): El semental (3)

    Terminé de criado de mi jefa (4): El semental (3)

    Mi ciudad natal, está ubicada a unos 150 kilómetros de la ciudad donde vivo actualmente, es un lugar pequeño pero con todas las comodidades básicas. Es una ciudad agrícola rodeada de plantaciones de granos. Mi familia es de clase media, mi madre trabaja como administrativa en la universidad donde estudié, y mi padre y hermano son mecánicos con un taller bien establecido. Mi madre estaba a punto de jubilarse después de 30 años de servicio, y era una persona extrovertida y alegre, muy querida por todos.

    Mi padre, por otro lado, era introvertido y cascarrabias, pero ambos eran excelentes personas que se complementaban bien. Mi hermano heredó la extroversión de mi madre, siendo carismático y sociable, mientras que yo heredé el carácter de mi padre, sumado al autismo que tenia no era buena combinación.

    Hacía mucho tiempo que no volvía a mi ciudad natal. Después de separarme, decidí poner distancia y mudarme a la capital, una ciudad con más oportunidades y un ritmo de vida diferente. Fue una forma de escapar del dolor y la depresión que me había generado el divorcio, y de cerrar un capítulo de mi vida. Nuestra relación duró diez años, desde que nos conocimos en la facultad hasta que ella decidió dejarme. Compartimos muchos momentos y logros juntos, pero con el tiempo, las cosas cambiaron.

    Cuando ella empezó a trabajar y a escalar en su carrera, comenzó a distanciarse de mí y a priorizar otras cosas. Me dolió mucho cuando me dijo que ya no me amaba y cortó toda relación conmigo. Y lo que más me dolió fue enterarme de que había empezado a salir con él gerente del Banco en el que trabajaba tan pronto. En una ciudad pequeña como San Nicolás, las noticias corren rápido, y mi familia y yo nos enteramos enseguida. Aunque ya no éramos pareja, el golpe fue duro y me afectó.

    Mi familia se sorprendió con el cambio que había experimentado en tan poco tiempo. Según ellos, mi postura corporal, mi semblante y hasta mi cara habían cambiado. Me veían como una persona más segura, mejor vestida y con más clase. Aunque yo no lo notaba, es posible que el cambio de vestuario, el corte de pelo y el apoyo de mi nuevo grupo hayan influido en esta transformación.

    La noche de la fiesta fue increíble. Me sentía confiado y seguro de mí mismo, algo que no había experimentado nunca. La fiesta fue un éxito, con comida, bebida y música en vivo. El homenaje a las personas importantes de la facultad fue emotivo. Mi madre recibió una plaqueta y un diploma por sus años de servicio, y fue un momento muy especial para ella y para nuestra familia. Verla tan emocionada y orgullosa me llenó de alegría y satisfacción.

    Mi madre estaba en su mundo, charlando con todo el mundo y moviéndose entre sus conocidos con facilidad. Mi padre y mi hermano también estaban disfrutando, charlando con algunos amigos que habían encontrado. Mientras tanto, yo me acerqué a una de las mesas para comer algo y fue entonces cuando vi a mi ex esposa, Natalia, junto con su nuevo marido. Me sorprendió verlos allí, y no pude evitar sentir una mezcla de emociones al verlos juntos, especialmente sabiendo que se habían casado recientemente.

    Su marido realmente me caía mal, para mi era un mal bicho. Desde que me separe no había perdido oportunidad de restregármela, y de hacer comentarios como que me la había quitado. A ver Natalia era una linda mujer que actualmente tenia treinta y cuatro años, pero comparadas con las féminas que me rodeaba actualmente era una más del montón.

    Me sorprendió no sentir nada especial al ver a mi ex esposa y su marido. Simplemente me fueron indiferentes. Seguí comiendo y tomé una copa de champán, algo que no suelo hacer, pero la ocasión lo ameritaba. Mientras tanto, Natalia fue a buscar a mi madre, lo que no me sorprendió, ya que siempre había estado agradecida con ella. Pero lo que sí me llamó la atención fue que su marido se acercó a mí.

    Marido: Has vuelto al pueblo para ver cómo esta Natalia o por trabajo.- con una sonrisa socarrona.- Hace un año nos hemos casado y que estamos buscando un hijo.-todo mientras me miraba de arriba a abajo y se reía, traté de mantener la calma.- Estas bastante grande y robusto, podrías trabajar como seguridad en el Banco o cuidando los autos en el estacionamiento.- como si fuera una especie de broma o un desafío.

    Natalia intervino y lo jaló del brazo, haciendo una cara como para que se callara, lo que me hizo pensar que no estaba de acuerdo con su actitud. Yo simplemente sonreí y le respondí.

    Alberto: No gracias, estoy bien en mi trabajo.-tratando de mantener la calma y no dejar que su comentario me afectara.

    Natalia: Hola Alberto, ¿cómo has estado?

    Alberto: Hola, bien Gracias por preguntar.- Respondí indiferente y seguí comiendo.

    Entonces la vi entrando al salón. Creo que algo así intuí que podía pasar. Una mujer despampanante, con un vestido de Fiesta negro, hasta las rodillas, con un buena apertura que dejaba ver casi todo su muslo derecho, zapatos rojos de diseñador, un pequeña cartera de mano. Un peinado con el pelo recogido, se podía ver claramente una gargantilla y aros con brillantes. Caminaba hacia nosotros con paso firme y decidido, toda la gente en el salón la miraba y no perdían detalles de sus movimientos, era una de las mujeres más bellas presentes, pero su vestimenta, accesorios y actitud la hacían resaltar sobre el resto.

    Si fuera unos centímetros más alta seria una top model de peso internacional. Llego junto a nosotros y se paro frente mío mirando me con una sonrisa.

    Marido de Natalia: Señorita Banegas, es un placer que haya podido asistir.

    Juli: Alberto aquí estas, te he estado buscando, tenemos que tomarnos una copa y charlar.- su sonrisa era picara, y no paro de mirarme ignorando por completo a la pareja.- Justo recordé en la cena del otros día que dijiste que vendrías aquí, y no quería perder la oportunidad de verte.

    Alberto: Hola Juli, que sorpresa más agradable.- fingí una amistad y cariño que no existía, y le ofrecí mi brazo, quería sacarla de ahí no sabia que tramaba.- por supuesto ven conmigo.

    Juli: Tranquilo, creo que llegue justo.- me decía mientras nos acercábamos a buscar dos copas de champagne.

    Alberto: ¿Que tienen planeado?

    Juli: Por ahora tomarnos y foto y mandárselas a las chicas, para que vean lo guapos que estamos.- y lo hizo, saco su celular del pequeña cartera Hermes.- y después nos iremos a tomar algo por ahí, algo mejor que esto.- ella envió la foto al grupo de WhatsApp.

    Alberto: ¿Solo eso?

    Juli: jaja que feo concepto tienes de nosotros, no somos un malvada corporación que quiere conquistar el mundo.- dijo acompañando sus palabras con gestos en forma teatral.- simplemente nuestra empresa es la dueña mayoritaria de un banco, y hoy vine a visitar una de las sucursales, justo en la que trabajan aquellos dos.- dijo señalando a mi ex y su marido, mientras el celular vibraba.- Dicen que sales demasiado serio en la foto.

    Ella puso el celular para sacar una nueva foto y mientras lo hacia me hizo cosquillas, yo me reí más por la ocurrencia, ahí justo tomo la foto y la envió. Me mostro el celular y empezaron a llegar mensajes del grupo.

    Susana: Se ven bien y elegantes.- Creo que ya me acostumbraba a su carácter y simpatía.

    Clara: Están Hermosos, como para comerlos mmmm.- puso el emoji con la boca abierta y saliva.

    Hernán: Juli estas hermosa, y Alberto te queda muy bien ese traje.

    Vale: J aja zorra ya se lo que planeas, que lo disfrutes. – y ante esto ultimo guardo el celular.

    Ella me hizo notar como nos miraba mi ex y su pareja, no le di mayor importancia. Juli no paraba de hacerme chistes y bromas, la verdad que era una loca, pero de las buenas. Nos acercamos a mi familia y la presente como una amiga, mi hermano y padre no podían evitar que se les fueran los ojos. Mi madre me miraba y sonreía como queriéndome decir algo. Juli hablaba de todo, y me tiraba muchísimas flores sobre todo de mi trabajo. También les dijo quien era y a que se dedicaba, mis padres estaban sorprendidos, yo los veía y sabían lo que pensaban, este seguro dio un braguetazo.

    Juli: no nos vemos casi nunca por su trabajo. Ahora que estamos en la misma ciudad a prometido sacarme a tomar unos tragos.- Juli no soltaba mi brazo, y mis padres seguro pensaban que mi cambio era más profundo del que habían notado.

    Un par de minutos después nos despedimos de todos, Juli le dijo que cuando me visitaran le avisara así ella también podía ir. Era increíble en quince minutos se los gano, la verdad una loca linda. Cuando salíamos lo hicimos casi a la vez que Natalia y su esposo, creo que Juli los vio y por eso nos retiramos también. En el estacionamiento Juli me paso las llaves de su auto, un Porche Taycan Turbo S.

    Juli: Conduce tú cariño, creo que te lo regalare, total todo lo mío es tuyo.- Lo dijo lo suficiente fuerte como para que nos escucharan, ya que se estaban subiendo a su auto un par de metros más atrás.

    No me quiero imaginar la bomba mental que esto hubiera supuesto para estos dos, sobre todo para el gerente, que me ha humillado en múltiples ocasiones. Ya en movimiento le pregunte.

    Alberto: a donde quieres ir, o yo elijo donde ir a tomar.

    Juli: no, vamos al hotel, podemos tomar algo mientras descansamos del revolcón que me va a pegar.- Lo dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

    Ni bien entramos en la habitación del hotel, su vestido duro puesto lo que yo tarde en cerrar la puerta, la verdad es hermosa, tan joven. Ella me miraba desafiante, se veía imponente, con sus zapatos de tacones, su pequeña tanga, sus pechos medianos desnudos coronado con unos pequeños pezones de color rosa y su cabello recogido, era una mujer tentadora, me miraba como estudiándome. Esa mirada duro apenas unos segundos, luego se abalanzo sobre mí para sacarme la ropa, yo la sujete de la cara y empecé a comerle la boca, primero succionando con mis labios los suyos, después con una incursión de mi lengua en su boca que fue bienvenida.

    Juli: ven vamos a la cama.- mientras yo iba tras ella a los saltos intentando sacarme el pantalón.

    Llegamos a la cama y ella quiso agacharse para hacerme una mamada, y no se lo permití, estaba muy caliente con todo el pavoneo que le hicimos a mi ex y temí no durar mucho. La acosté en la cama y se dejó hacer, retire la pequeña tanga, tenía sus labios vaginales finitos y largos, eran muy estéticos, como una rosa, ni bien los acaricie y se abrieron como una flor. No se si todas estas mujeres iban a la misma estética y usaban los mismos productos, pero estaba perfectamente depilada, toda su piel era suave, y despedía un aroma que hipnotizaba, empecé a recorrer con mi lengua sus muslos, ingle sin adentrarme en sus partes más sensibles, mientras unas de mis manos acariciaba su abdomen y pechos.

    Juli: ya estoy caliente no necesito más. – y era verdad, una pequeña humedad se notaba en sus labios.

    Para mi a Juli le calentaba el teatro, todo el show que monto en la fiesta, sentirse deseada, y poderosa. Debo aclara que a mi también me afecto. Pero yo quería llevarla al límite. Al estar al borde de la cama pude ver su ano, y se me ocurrió devolverle el favor de nuestra primera experiencia, dirigí mi lengua hacia él y comencé a trabajar, ella no debió esperarlo, y un escalofrío recorrió su cuerpo. Mi lengua se volvió karateca, y la atacaba de todas las posiciones posibles, incluso llegué a chupar su ano, hasta que sentí un gusto agridulce qué provenían de los flujos que emanaba su vagina.

    Ahora si ella merecía mi atención, y con lengua empecé a abrir sus labios recorriendo cada rincón, cada vez que llegaba a su clítoris le daba un besito y volvía a empezar desde abajo, desde su ano, cuando note que estaba cerca, aprisione su clítoris con mis labios y empecé a succionar, de reojo la miraba como arqueaba la espalda, como gemía con la boca bien abierta, y tenía los ojos cerrados, su orgasmo fue brutal y creo que lo escucho todo el hotel. Ella quedó en posición fetal, con la boca abierta buscando aire. Yo tenia ganas y no quería esperar, la acomode un poco y empecé a jugar con mi pené en la entrada de su vagina.

    Juli: espera un poco que me recupere y haa.- todo mi pene se enterró en su caliente y húmeda cueva.

    Yo seguí con movimientos profundos pero lentos, mi pené que esta curvado hacia la izquierda hacia como palanca contra su vagina, al estar arriba y en esa posición mi penetración era bastante profunda. Ella me miraba como enojada mientras respiraba por su boca.

    Alberto: ¿que no te gusta? ¿La saco?

    Juli: eres un salvaje, mmm.- subí una de sus piernas a mi hombro, y aumente el ritmo. – eres un puto cavernícola, ha ha.

    Ella en ese momento y después de cinco minutos de penetración tuvo otro orgasmo. Yo seguí porque quería terminar, ella gemía y respiraba profundo.

    Juli: no acabes adentro, que todavía no quiero quedar embarazada.

    Alberto: sería un placer preñarte.- me incline sobre ella y quedamos cara a cara. – seria un sueño si estas con una panza de ocho meses y yo te estoy rompiendo el culo a cuatro patas y Valentina te saca la leche de tus tetotas.

    Su mirada se volvió turbia, y no me la pudo sostener más y enterró su cara en la almohada, empezó a tener micro orgasmos uno tras otro, y yo no pude contenerme más y descargue abúndateme dentro de ella, al sentir mis chorros en su vagina tuvo un orgasmo más fuerte. Quedamos ambos rendidos en la cama.

    Me duele el muslo y noto que tengo rasguños de sus uñas, bastantes profundos, en el calor de nuestro acto no me di ni cuenta cuando me los hizo. Ella se levanta de la cama, va al mini bar y trae dos cervezas Heineken y un par de chocolates. Me da una de las cervezas y se abre la otra mientras me mira sonriendo, como si supiera intentando adivinarlo que pienso. Su mirada es intensa y divertida al mismo tiempo, y me hace sentir una conexión especial con ella.

    Juli: ¿hay algo que quieres preguntarme?- Su pregunta fue directa y sin rodeos, como si supiera que había algo que me estaba rondando la cabeza.

    Alberto: ¿Por qué yo? ¿Por qué me eligieron a mí?

    Juli: ¿por qué no?- tomo un trago a su cerveza, y sabía que necesitaba más.- eres un hombre bueno, confiable, y leal. Genéticamente sano, y con un buen coeficiente intelectual. A parte Valentina ha hecho mucho para que seas tú el elegido.

    Alberto: es complicado para mi, son mujeres que no conozco, por lo menos en profundidad, no sé lo que piensas, o lo que sienten.

    Juli: a mi me conociste bastante profundamente hace un momento jaja. – su risa fue genuina, sin dudas era la más extrovertida de las cuatro.- ha ver como te contó Vale, nuestro grupo fue creados por los hombres de la familia, nuestros antepasados, con una estructura cerrada y piramidal. Al quedar en su mayoría mujeres nos cerramos más para cuidarnos.- me paso el chocolate qué estaba comiendo y me lo puso en la boca.- en cuanto a las chicas, tendrás que conocer a cada una.

    Estábamos acostados apoyados en el cabecero de la cama, comiendo y bebiendo como si fuéramos amigos, o amantes, todavía no lo tenia muy claro.

    Juli: esta bien te dare algunas pistas.- dijo al ver como la miraba.- Valentina es la soñadora del grupo, la enamoradiza, alguien noble e inocente, los dos novios que ha tenido la han traicionado. Clara es chapada a la antigua, buena persona, pero desconfía, hasta que puedas ganarte su respeto, sino te tratara como un objeto. Susana no demuestra sus sentimientos y hará todo por el bien del grupo, ha tenido varias parejas, pero solo logro un vínculo con dos, a ella no le va lo del físico de los hombre ella se siente atraída por su inteligencia, si no te tratara coma a un perro.

    Y también estoy yo, la mejor y más linda, no estoy convencida de esto, pero no lo descartó, así que si a los treinta no he conseguido a alguien tal vez deje que me preñes.- esto último lo dijo mientras su mano acariciaba mi pene.

    Alberto: ¿Clara y Susana son pareja?

    Juli: vaya eres observador.- comenzó a menear mi miembro y yo empecé a acaricia su pubis.- si tienen algo, no se si llamarlo pareja, pero algo tienen y se intensificó más con la muerte de Miguel Ángel, él estaba con ambas en la cama cuando murió, Clara es la otra persona que logro un vinculo con Susana.- y antes que yo pregunte.- no es como lo que tengo con Vale, nosotras somos mejores amigas que de vez en cuando se consuelan, ella es muy fiel, pero nosotras hacemos nuestras cosas desde adolescentes, y hemos cortado cada vez que ella esta de novia.

    Alberto: ¿desde cuando me investigan?.- yo acariciaba directamente su vulva.

    Juli: Oh creo que desde que estaba Miguel Ángel ya había planes, pero era para que te casaras con Valentina, pero ella estaba de novio y no quería, pero te tuvo en la mira jaja.- yo la miraba como interrogándola.- después de eso Susana siempre te ha observado, lo que si ella tiene la impresión que eres un sumiso, y yo pienso que esta equivocada.

    Alberto: ¿Lo de esta noche también estuvo planeado?

    Juli: Si y no.- ambos seguíamos acariciándonos mutuamente, ella tenia humedad en su vulva y yo la tenia más que lista.- la verdad que el viaje si lo tenia planeado y cuando supe que estarías aquí y podrías tener problemas me decidí a darte una mano.- se enderezo y puso de rodillas en la cama.- como te he dado una mano con Valentina, o acaso pensaste que era de casualidad que escuchaste nuestra conversación en el restaurant, yo creo que eres un buen hombre, pero necesitas siempre un empujón.

    Ella se inclino sobre mi, y metió medio pene es su boca mientras masajeaba mis bolas, la verdad es que lo hacia bastante bien. Justo mire su mesita de noche y vi un pequeño bolso con sus cremas y maquillajes, uno llamo mi atención, gel intimo, crema para uso intimo femenina, refresca, aromatiza, cuida y protege la piel de las zonas intimas, pude leer, mientras Juli se esmeraba y ya casi se la metía toda en la boca, inocua para uso interno, quiere decir que no iba a hacer daño.

    Puse abundante en mi mano, y embadurne bastante su ano y vulva, ella dejo de chupar y emitió un largo gemido, pero se repuso y siguió con su tarea, aunque no me hacia las mamadas tan profundas, necesitaba respirar así que se la restregaba por la cara y boca, y con su lengua recorría de un lado a otro. Mi dedo encontraba poca resistencia en su ano, y en cada masaje entraba un poco más, era evidente que no era virgen por esa zona. Así que me arriesgue y penetre al mismo tiempo ambos orificios. Ella dejo su trabajo oral y paso solamente a manual, mientras no paraba de gemir, después de un rato su teléfono sonó.

    Juli: Dame tregua que creo saber quien es.

    Ella se tiro boca abajo en la cama y alcanzo su teléfono que estaba en la mesita de noche. Yo me subí sobre ella y coloque mi pene contra su vagina y empecé a moverme lentamente frotando nuestros sexos, la crema y sus flujos hacían que la lubricación fuera extrema y mi pene chapoteara en su vagina, en todo lo largo hasta llegar a su clítoris. Era un audio que mando Valentina.

    Vale: Y zorra ya te tiraste a mi novio.- no se la escuchaba enojada, más bien lo decía como chiste.

    Juli: Aquí tengo a tu salvaje.- su voz era entrecortada y le costaba bastante hablar bien, mientras yo presione más mi pene contra sus labios.- Montándome de nuevo.

    Ella hizo algo impensado, puso la cámara frontal de su celular y nos tomo una foto en esa posición, nuestras caras estaban desencajadas de deseos y excitación y se la mando a Vale.

    Vale: Si serás puta, estas gozando como una perra en celo.- era ilógico lo decía con una voz burlona.- cariño no dejes agujero sin penetrar, dale duro a esta puta, yo los dejo porque si no me voy a poner mala también. Que lo disfruten.

    Yo metí dos dedos en su ano, y mi pene estaba empapado de tanto frotar su chorreante vagina. Ella en pocos segundos tenia un orgasmo, los dedos en su ano fueron lo que la hicieron estallar, me retire un poco y mire mi pene estaba brillante y chorreaba de líquidos. Lo dirigí a la entrada de su ano y apoye la cabeza, no entraba ya que era un poco más grande que mis dos dedos, un poco de presión y logro entrar.

    Juli: Por favor, ten piedad.- apenas se escuchaba su voz.- hazlo despacio, es muy gruesa y me vas a destrozar.

    Después de todo lo que había hecho por mi no pude más que darle lo que me pedía. Retire mi pene de su ano y puse mucha crema en él, dirigí mi mano a su clítoris y lo encontré durísimo y súper sensible tanto así que le molesto mi toque, no quedaba otra opción la penetre por la vagina duramente, ella empezó a gemir como desaforada, y yo a darle caña, mientras mis dedos intentaban expandir su ano, con las dos palmas de mi mano separaba sus nalgas y mis dos pulgares metidos en su ano intentaban separarlo lo más posible.

    Pude observar en un espejo su cara, parecía que estaba en transe y por los gritos que daban que la estaban matando, cambie de estrategia y metí tres dedos en su ano de golpe, otra vez tuvo un pequeño orgasmo, yo no podía perder más oportunidad y cambie mi pene de agujero, metí la mitad del pene de una, su espalda se arqueo y emitió un largo gemido, de a poco me empecé a mover y ella a acostumbrar a mi tamaño.

    Juli: Hasta ahí esta bien, muévete de a poco.- yo la movía de a poco, mientras mi mano pellizcaba uno de sus pezones.- así lento, hay me vas a destrozar el culo.

    En un momento dado mi pene hizo tope, había entrado toda, nos quedamos quietos unos momentos, ella había puesto una de sus manos en mi nalga y no dejaba que me moviera. Yo vi su cuello y se me antojo, empecé a chuparlo suave pero al ver que lo tomaba tan bien comencé más rudo, ella tomo mi cabello giro su cuello y empezamos a besarnos, empezamos a movernos buscando la penetración nuestros besos fueron más salvajes al ritmo de la enculada que le estaba dando.

    En un momento dejamos de besarnos y ella cerro los ojos, notaba que iba a acabar de nuevo y yo tenia que aprovechar dirigí mi boca a su hombro y cuando estaba por acabar lo mordí fuertemente clavando mis dientes en el, su orgasmo fue brutal, un chorro se escapo de su vagina mojando todo y arrastrándome a mi al orgasmo. Caímos rendidos y nos dormimos.

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  • Harem incestuoso: la precuela

    Harem incestuoso: la precuela

    En las historias anteriores, vimos como el Harem incestuoso de Jake se fue consolidando al puesto que el joven se casó, de forma simbólica, con su madre, su madrastra, y su hermanastra pero, el día de hoy, les voy a contar como fue que surgió la idea del harem.

    Todo comenzó poco después de que Jake cumpliera los 18. En aquel entonces, el joven vivía una vida normal junto con su familia, con dos madres comprensivas y con una hermanastra que lo molestaba constantemente, pero todo estaba a punto de cambiar (y, aunque él no lo quisiese admitir, sería para mejor).

    El evento que cambiaría la reacción de Jake con las mujeres se su familia para siempre ocurriría una tarde de verano, la cual fue tan calurosa que la familia decidió que lo mejor era ponerse los trajes de baño y refrescarse en la piscina de la casa.

    “¡Que calor más horrible!” exclamó Gloria, mientras se abanicaba con una revista.

    “¡A mí me encanta, me recuerda a tierra natal!” exclamó Lupe, con alegría, mientras tomaba el sol.

    “¡A mí me dio sed!” exclamó Nina “¡Oye, tonto, ve y traeme algo de deber!”

    “¡Ve tú, ni que fuera tu esclavo!” exclamó Jake, quien estaba sentado al lado de su hermanastra, intentando leer un libro.

    “¡Veo que debo recordarte quien es la que manda en esta relación!” exclamó Nina, mientras le quitaba su libro.

    “¡Vamos, devuélvemelo!” exclamó Jake, mientras intentaba recuperar su pertenencia.

    “¡Ya basta, hija!” exclamó Lupe, con seriedad “¡No molestes a tu hermanastro!”

    “¡Que aburridos que son todos en esta familia!” exclamó la joven, mientras tiraba el libro de Jake al suelo.

    En cuanto su hermanastro se agachó para recoger su libro, Nina le bajó los shorts de baño para hacerle una broma, y tanto ella como su madre y su madrastra se quedaron atónitas de la sorpresa al ver la verga de Jake, la cual era larga, ancha, y tenía dos inmensos testículos llenos de semen.

    “¡Que orgullo haber engendrado a un animal tan bien dotado!” pensó Gloria “¡Me importa una mierda que Jake sea mi hijo, debo buscar la forma de cogerme lo sin que ni Lupe ni Nina me descubran!”

    “¡El hijo de la chingada de mi hijastro hizo algo que parecía imposible!” pensó Lupe “¡Hizo que me volvieran a gustar los hombres!”

    “¡Tal vez Jake no sea tan inútil como pensé que sería!” pensó Nina.

    “¡Pero que infantil eres, Nina! ¡Esas bromas no las hace ni un niño de 5 años!” exclamó molesto Jake, mientras se subía los pantalones, noto que las mujeres de su familia lo miraban con ojos de lujuria y de deseo “Oigan ¿Están bien?”

    “¡Si, todo en orden!” respondieron las mujeres al unisono, mientras trataban de disimular lo que realmente sentían.

    Durante los siguientes días, las tres mujeres intentaron seducir a Jake, cada una a su manera, para ver si podían seducirlo y tener una relación sexual incestuosa con él: Gloria, siempre que podía, se agachaba enfrente de su hijo para darle una visión perfecta de su enorme culo. Lupe, al momento de abrazar a su hijastro, metía la cabeza de este entre sus inmensas tetas. Y Nina, cuando molestaba a su hermanastro, le manoseaba la entrepierna.

    Sin embargo, y pese a las indirectas para nada sutiles que le hacían las mujeres de su familia, Jake en ningún momento sospecho de estás, pues él era incapaz de ver las lujuriosas intenciones que ellas tenían.

    Al ver que todo lo que había probado no había surtido efecto, Gloria, cansada de esperar decidió, simplemente, meterse en el cuarto de su hijo para tener sexo con él pero, al momento de llegar a la puerta de la habitación de Jake, se encontró con Lupe y con Nina, quienes habían tenido exactamente la misma idea que ella.

    “¿Pero que estás haciendo, Gloria?” pregunto Lupe, ofendida “¿Acaso pensabas ponerme los cuernos con Jake? ¡Pero que puta eres!”

    “¡Y tú pensabas hacer lo mismo, mamá!” exclamó Nina, molesta “¡Son un par de asquerosas!”

    “¡No seas hipócrita, jovencita!” exclamó Gloria “¡Tu también tenías ganas de acostarte con tu hermanastro desde que lo viste desnudo!”

    Para evitar que Jake escuchará la conversación, las tres mujeres fueron hasta la sala para conversar del tema.

    “¡Miren, es obvio que todas queremos cogernos a Jake, ya no intentemos disimularlo!” exclamó Gloria.

    “¡Si, y yo soy la que debería poseerlo, porque fui yo la que reveló lo bien dotado que estaba y, por ende, yo soy la que merece tenerlo como su juguete sexual personal!” exclamó Nina.

    “¡Ni hablar! Una chica con el culo tan pequeño como el tuyo no tiene derecho a reclamar nada” dijo Lupe, molesta.

    “¡Tu culo no será tan grande después de que te lo patee, Vieja zorra!” Respondió la joven, molesta.

    “¡Inténtalo, putita!” exclamó la milf latina “¡Te voy a dar las nalgadas que debí darte cuando eras chiquita para que no me salieras tan altanera!”

    “¡Pero paren un poco!” exclamó Gloria, mientras se ponía en medio de su hijastra y de su esposa “¡Chicas, por favor, no pueden comportarse así, somos familia! ¡Las tres seremos una putas pervertidas, pero la familia siempre viene antes que la lujuria!”

    “¿Entonces que sugieres para solucionar esta situación?” pregunto Lupe.

    “¡Yo creo que deberíamos compartir a Jake!” exclamó la milf rubia y, tras pensar por unos instantes, se le ocurrió una idea “¡Ya se! ¡Deberíamos formar un harem, en dónde cada una pueda tener a Jake durante todo un día, y en dónde podamos cuidarlo para asegurarnos que ninguna perra intente quitárnoslo!”

    “¡Me parece una gran idea!” exclamó la mexicana “¡Me anoto!”

    “Yo no tengo problema en formar parte de un harem pero ¿Cómo decidiremos quien será la primera en cogerse al tarado?” pregunto Nina.

    “Simple: con un piedra, papel, o tijeras” exclamó Gloria.

    Las tres mujeres jugaron una partida de piedra, papel, o tijeras, y fue Lupe la que se alzó con la victoria.

    “¡A huevo!” exclamó contenta la milf mexicana “¡A un lado, putas, voy a reclamar mi premio!”

    Mientras Nina y Gloria se quedaban sentadas en el sofá de la sala, con un gran sentimiento de frustración, Lupe se desnudo por completo, y abrió la puerta de la habitación de su hijastro de una patada.

    “¡Es hora de divertirse, cabroncito!” exclamó la milf.

    “¿Pero que…?” exclamó Jake, sorprendido pero, antes de que pudiera pensar en lo que estaba pasando, su madrastra lo agarro del cuello y lo beso apasionadamente.

    Las lenguas del joven y de la milf se entrelazaron con fuerza, al tiempo que Lupe manoseaba la entrepierna y las nalgas de Jake, el cual no pudo hacer nada para evitar que su madrastra hiciera todo lo que quisiera con él, debido a la gran diferencia de fuerza y altura UE existía entre ambos.

    Al romper el beso, Lupe se cargó a Jake en su hombro derecho, le dió una fuerte nalgada, y se lo llevó cargando hasta el baño. Una vez allí, Lupe y Jake enteraron a la tina.

    “¡Lupe, detente, por favor!” exclamó Jake, quien se sentía asustado a la par de excitado “¡No puedes hacer esto, soy tu hijastro! ¡Además, mamá y Nina nos van a oír, y eso destruirá a nuestra familia!”

    ¡No va a pasar nada porque también tendrás que cogerte a tu madre y a tu hermanastra cuando llegue su turno!” respondió ella, mientras abría el agua caliente de la ducha “Y que seas mi hijastro no es impedimento para que tengamos sexo ¡Recuerda que yo nací en Monterrey!”

    Una vez que los cuerpos de ambos estuvieron completamente empapados, la milf latina agarro el jabón y comenzó a pasarselo pormtood el cuerpo a su hijastro, al tiempo que lo besaba y lo lamía. Luego, Lupe hizo que Jake apoyará sus manos contra la pared de la ducha, y comenzó a restregar sus tetas enjabonadas contra la espalda del joven, al tiempo qué usaba su mano derecha para masturbarlo con fuerza.

    Los gemidos de placer culposo qué emitía Jake eran tan fuertes que Nina y Gloría los pudieron escuchar desde la sala.

    “¡Que envidia que mamá pueda disfrutar de la inmensa pija del idiota mientras nosotras nos morimos del aburrimiento aquí!” exclamó Nina, frustrada.

    “Bueno… si lo que quieres es divertirte… creo que se me ocurre una idea” dijo Gloria, y beso a su hijastra.

    El beso entre ambas mujeres fue tan intenso que, al momento de separar sus bocas, estás seguían unidas por un hilo de baba.

    “¿Pero que estás haciendo?” pregunto Nina, sorprendida y excitada.

    “¡Si tú madre puede cogerse a mi hijo, pues entonces yo también quiero experimentar con su hija!” exclamó la milf rubia, mientras le agarraba una teta a la joven.

    “¡Y bueno, ya que!” respondió Nina, mientras besaba a su madrastra, y ambas se empezaron a sacar la ropa

    Una vez que las dos estuvieron completamente desnudas, se empezaron a besar, a masturbar los coños, a lamerse los músculos, y a chuparse las tetas, al tiempo que gemían de placer.

    Mientras tanto, en la ducha, Lupe levantó a Jake con gran facilidad, apoyo la espalda de este contra la pared, e hizo que apoyará sus piernas sobre sus hombros para tener su verga justo enfrente de su cara.

    “¡Madrastra, te lo suplico… no caigas en la degeneración!” exclamó Jake, quien no pudo evitar que su verga se pusiera completamente erecta “¡Resiste la tentación!”

    “¡Solo cállate y disfruta, jotito!” exclamó ella, soltó un gran escupitajo sobre el miembro viril de su hijastro “¡He querido hacer esto desde que te vi desnudo por primera vez!”

    Sin pensarlo ni por un segundo, Lupe se metió toda la verga de Jake dentro de la boca y comenzó a darle una fuerte mamada, lo que hizo que este gritara de placer.

    “¡Mierda!” pensó Jake, entre gemidos “¡Me siento culpable por disfrutar esto!”

    “¡Esta verga es perfecta! Su tamaño, su grosor, y su sabor, me vuelven loca” pensó Lupe, mientras chupaba con gran intensidad “¡Virgencita, gracias por hacerme madrastra de un joven tan bien dotado!”

    Finalmente, tras mucho sexo oral, Jake acabo dentro de la boca de su madrastra. Sin embargo, y pese a que el semen de su hijastro era muy espeso, Lupe se lo trago todo, y continuo mamando la verga de Jake como si nada.

    Mientras tanto, en la sala, Gloria y Nina habían entrelazado sus piernas, y comenzaron a restregar sus coños mutuamente, al tiempo que se daban intensos besos de lengua ensalivados.

    “¡Te mueves igual de bien que tú madre en la cama!” exclamó Gloria, entre gemidos.

    “¡Para nada, yo cojo mejor que ella, y te lo voy a demostrar!” respondió Nina, mientras se movía con más intensidad.

    “¡Aún te falta experiencia en el sexo lésbico, pero no te preocupes, yo te enseñaré, porque eso es lo que hacen las buenas madrastras!” exclamó ella, mientras besaba a su hijastra.

    Mientras tanto, en el baño, Lupe ya había terminado de chuparle la verga a Jake, e hizo que este se acostará sobre el piso de la ducha para que ella se pudiera colocar encima de él.

    “¡Despídete de tu virginidad porque, de ahora en adelante, es mía!” exclamó Lupe y, de un solo sentón, metió la verga de Jake dentro de su coño.

    “¡Pero que apretado y húmedo lo tiene!” pensó Jake, mientras su madrastra le daba unos sentones tan potentes que le hacían estremecer todo el cuerpo.

    Al tiempo que se cogía a Jake, la milf latina le escupía en la boca al joven, y le lamía el cuello y la cara.

    Mientras Lupe se cogía a su hijastro tan fuerte como podía, Gloria había ido a buscar una cinturonga a su habitación, la cual tenía un enorme consolador, y se la colocó. Luego, la milf rubia agarra a Nina por debajo de los brazos, la apoyo contra la pared, y se la empezo a coger por el coño.

    “¡Jesus, coger mejor que todos los novios que he tenido!” exclamó Nina, entre gemidos, mientras envolvió sus piernas alrededor de la cintura de su madrastra.

    “¡Es porque práctico con tu madre todas las noches!” exclamó Gloria, mientras chupaba las tetas de la joven.

    Tras mucho sexo, Gloria y Nina intercambiaron lugares, y ahora era la hijastra la que tenía puesta la cinturonga, mientras que la madrastra se ponía en cuatro enfrente de ella.

    “¡Tremendo culo tienes, Gloria!” exclamó Nina, mientras soltaba un escupitajo sobre el ano de la milf “¡Con razón mi madre se casó contigo!”

    “¡Si tanto te gusta, pues entonces deja de hablar y penetralo!” exclamó Gloria, y la joven acato sus órdenes.

    La joven penetro analmente a la milf tan duro como pudo, al tiempo que la nalgueaba.

    “¡Que lindo es ser madrastra!” pensó Gloria, mientras agitaba sus nalgas.

    “¡A veces, realmente amo esta familia!” pensó Nina.

    Mientras Nina y Gloria cogían sin descanso, Jake acababa de eyacular dentro del coño de su madrastra.

    “¡Cómo extrañaba sentir semen caliente dentro de mi útero!” exclamó Lupe, con gran satisfacción “¡Menos mal qué me ate las trompas porque, de lo contrario, Nina ya tendría un hermanito!”

    “Bueno… creo que eso ya es todo…” exclamó Jake, quien aún segui confundido por toda la situación.

    “¡Por supuesto que estoy no sé acabo, pues yo aún no he tenido un orgasmo!” exclamó Lupe, mientras hacia que su hijastro se arrodillara “¡Tu no te irás a ninguna parte hasta que acabe!”

    “¡Pero ya no puedo más!” exclamó el joven, preocupado “¡Mi verga ya dió todo lo que tenía para dar!”

    “¡Entonces me lameras el culo hasta que me venga!” exclamó Lupe, quien se dio vuelta, y se sentó sobre la cara de Jake “¡Y más te vale que lo hagas, o te juro que te vas a arrepentir!”

    Al no tener más opciones, Jake le dio un beso negro apasionado a Lupe, en el cual su lengua entro tan adentro de su culo como le fue posible.

    “¡Eso es, buen chico!” exclamó Lupe, entre gemidos, mientras agitaba sus nalgas “¡Se nota que eres hijo de Gloria, pues heredaste su lengüita larga, la cual me vuelve loca!”

    Luego de recibir sexo oral por parte de su hijastro por un buen rato, Lupe tuvo un fuerte orgasmo. Al finalizar el acto sexual, Lupe le explicó a Jake la idea del harem que ella y las otras mujeres habían tenido, y luego ella y su madrastra se fueron a dormir a la habitación matrimonial.

    Al día siguiente, Lupe y Jake bajaron a la sala, y vieron a Gloria y a Nina acostadas desnudas en el sofá.

    “¡Se ve que tuvieron una noche divertida!” exclamó Lupe, entre risas, mientras Jake miraba la situación con incredulidad.

    “¡Es que tú hija y yo estuvimos reforzando nuestros “lazos familiares!” exclamó Gloria, entre risas, mientras Jake miraba la situación con incredulidad.

    Luego, las mujeres le explicaron a Jake la idea de formar un harem incestuoso.

    “¡Pero esto es completamente antinatural!” exclamó Jake “¡No quiero formar parte de algo así!”

    “¡Que pena, porque ya eres parte de esto, te guste o no!” exclamó Nina, mientras se paraba y agarraba a su hermanastro de la oreja “¡Ahora vamos ya mismo al cuarto, que tengo ganas de coger!”

    “¡Déjame al menos desayunar primero!” exclamó Jake, quien se sentía asustado a la par que excitado.

    “¡Desayunaras después del mañanero!” exclamó la joven, mientras se llevaba a su hermanastro hasta su habitación “¡Además, si tienes hambre, comete mi coño!”

    “¡Debo serte honesta!” exclamó Lupe, mientras se paraba al lado de Gloria “¡La idea del Harem es una de las mejores que se te han ocurrido!”

    “¡Y algo me dice que estoy le hara muy bien a nuestra familia!” exclamó la milf rubia, con una sonrisa “Por cierto, ver a tu hija dominando a mi hijo me puso cachonda ¿Quieres tener un mañanero antes de desayunar?”

    “¡Ya sabes cuál es la respuesta!” exclamó Lupe, y besa apasionadamente a su esposa.

    A partir de ese día, la vida de Jake cambio para siempre, pues sería el día en el que tendría su propio harem incestuoso.

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  • En el Spa

    En el Spa

    Llegó el viernes después de una semana terrible, sin novedades de Gustavo, y nada con Miguel, el del taller que coje bonito. Mate de por medio, me pongo a buscar un hotel spa, necesitaba relax, cansada y algo loca jaja.

    Encontré uno, anoté como reserva y al día siguiente completaba el resto de los datos; me di una ducha, me depilé toda, y terminé por pasarme crema por todo el cuerpo. Así desnuda salí a la habitación, tomé una valija chica y la dejé lista para el día siguiente, puse algunas lencerías, una bikini, y ropa para el resto del día, preparé zapatillas y sandalias, ah y ojotas. Me puse un camisón cortito para dormir, y caí rendida, antes puse la alarma para el otro día.

    Al día siguiente me levanté me cambié, y partí al hotel; llegué y se veía lindo de afuera, cuando entré, la recepcionista estaba hablando con una mujer que también iba a instalarse, en eso escucho a la recepcionista que dice: “hoy tenemos una promoción, que no pudimos informar en la página, tenemos 2×1”, la mujer que estaba siendo atendida se lamentó; la mujer era muy bonita, tendría mi edad, cincuenta y algo, cabello rubio por los hombros, vestida de sport, unas calzas negras que le marcaban bien el culo, y una campera haciendo juego. En eso ella se da vuelta, me mira y me dice,

    “Perdón, tienen una promoción dos por uno, ¿tienes algún problema que compartamos para aprovechar?”.

    Le respondo no ninguno, arregla tú y te transfiero mi parte que corresponda, a propósito, mi nombre Andrea, ella me responde Paula, nos damos un beso en la mejilla.

    La chica de la recepción se reía por el momento, firmamos la solicitud de bienvenida, y nos entregó una bata y unas sandalias, además de algunas instrucciones y nos acompañó a la habitación.

    Allí nos instalamos, charlamos y nos fuimos conociendo entre nosotras, Paula y yo.

    Quedamos en ir a darnos unos masajes, nos desnudamos y nos pusimos una bikini, ambas nos maravillamos de nuestros cuerpos, nos reíamos porque dijimos que somos unas hermosas milf, todo quedó allí, y en risas salimos para ir a la sala de masajes.

    Nos recibió una de las masajistas, pronto llegó otra, cada una ingresamos a un box individual; me hicieron desnudar por completo, y recostar boca abajo en la camilla, me masajearon todo el cuerpo, quedé totalmente relajada, cuando termino conmigo, me puse la bikini y la bata, y salimos juntas con Paula, saludamos y comentamos el servicio.

    “Me masajearon toda” me dijo Paula,

    “Si le respondo, la mía tenía unas manos tan suaves que casi me hace tener un orgasmo”

    “Me pasó lo mismo, estoy toda húmeda”

    “Ay Paula me haces reír” le respondo

    Entramos en la habitación, y en eso escuchamos una música, “Baby no me llames que yo estoy ocupa….” Y nos ponemos a bailar como pendejas, me sentía tan divertida que me quite el sostén del bikini, Paula hizo lo mismo, estamos como locas, nos reímos, Paula se toma sus tetas y las apoya junto a las mías, y las mueve, yo no puedo más de reír.

    No puedo más, y digo, me voy al jacuzzi, me desnudo y me voy al baño, a disfrutar del agua, Paula me sigue, ambas estamos en el agua, y nos miramos, no sé como, pero todo sucedió de repente, Paula se acerca donde estoy y me besa, me da un beso de lengua muy rico, al que le respondo, con su mano me acariciaba las piernas, los besos siguen, yo gimo, ella me dice si me gusta, y respondo afirmativamente con la cabeza, abro apenas las piernas, mi respiración se agita, su mano, me acaricia la vagina, tomo su cabeza y no paró de besarla, comienzo a acariciar sus tetas, pellizco sus pezones, ambas jadeamos.

    Paula se coloca sobre mí, y con su pierna toca mi vagina, la aprieta, la mueve, besa mi cuello, y mis tetas, le digo “mas fuerte, mas fuerte, aaah, aaah, no pares, sigue, sigue voy a terminar aaahh, aaahhh”.

    Seguimos realizando actividades en el spa, ambas hemos hecho buena química, y vaya si lo logramos, a la noche volvimos a tener nuestro encuentro, pero en la cama, las dos desnudas, acariciándonos y gozando, nos besamos, nos acariciamos las tetas, le lamo los pezones rosados a Paula, ella gime con verdadera pasión, ella me los pellizca y me hace gozar, no doy más, y me doy la vuelta para hacer un 69, nos lamemos nuestras vaginas húmedas, la recorro en toda su extensión, abro los labios y le introduzco la lengua, mientras que un dedo se lo hundo en el ano, nuestros gritos inundan toda la habitación.

    Paula tiene más experiencias, me hace tener un tremendo orgasmo, ambas llegamos al mismo tiempo, me doy la vuelta y quedamos enfrentadas, nos besamos y saboreamos nuestros jugos; quedamos agitadas y nos abrazamos.

    Paula me dice, ”intercambiamos nuestros números de celular, me gustas mucho y tengo momentos lindos para ofrecerte”.

    Yo le respondo, “todo bien Paulita, pero no estoy buscando pareja”.

    Paula “no hablo de pareja tonta, hablo de reuniones”.

    Yo me la quedo mirando sin entender, no sé de que habla. Paula se ríe y me dice “a veces se da alguna reunión y algún trío”.

    Yo “nunca hice un trío Pau…”

    Paula “no te preocupes”

    Al día siguiente, nos intercambiamos los números, y nos despedimos, me fui a mi casa, y en mi cabeza en las puertas de otro lío o no, “ay Andrea, no tienes paz” jajaja

    Espero que les haya gustado.

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  • Con los esposos

    Con los esposos

    Hola a todos, mi idea era la de subir una experiencia mía cada semana, pero no había contado con lo difícil que es encontrar tiempo para escribir jajaja pero aquí estoy.

    Como les comenté, había empezado a vivir con Johana cosas increíbles, esa primera vez fue el cielo y cada semana seguiría siendo así; entre semana me masturbaba como loco pensando lo que hacíamos cada sábado; me volví diestro en el arte de hacer sexo oral, aprendí a hacerla tener varios orgasmos solo con mi lengua y sigo adorando cuando saco un orgasmo a una mujer y sentirla en mi boca viniéndose como un río.

    Así transcurrieron las semanas hasta que ella me propuso ir a un bar karaoke, y fue clara en decirme que iría con unas amigas y que me comporte enfrente de ellas, que no sea más cariñoso de lo normal y que la trate como a mi amiga, pero que tampoco me las quiera besar (era algo celosa cuando yo le hablaba de chicas que conocí en la universidad).

    Llegó el día, cuando llegue al lugar las tres ya estaban ahí, y mi ardiente Johana estaba radiante, me encantaba cuando tenía el cabello así hasta sus hombros y de color cobrizo, andaba con zapatos de taco de punta de aguja, jean negro pegadito, una blusa de cuello de tortuga, escondía todo su monumental cuerpo, yo fui con mi estilo de toda la vida, botas, jean azul oscuro y camiseta de mangas largas negra de cuello en v; no soy buen bailarín pero me defiendo, conozco uno que otro paso jaja. Todas sus amigas eran ya profesionales, yo les mentí, dije que era un pasante en una empresa de plásticos, no hablaré más de ellas porque con el tiempo se distanciaron y nunca pasó algo, así que para que contar sobre ellas.

    Ya cerca a la media noche sus amigas se iban y le dijeron para acompañarla a su casa, Johana dijo que se quedaría un rato más hasta que llegue Francisco, me despedí de sus amigas y obviamente le pregunté quien era Francisco, me dijo que era un amigo suyo que hacía de taxi y que nos llevaría a un lugar más tranquilo (obviamente se me fue helando la sangre pensando en que estaba pasando).

    Llegó el “amigo”, es un poco más bajo que yo, conversamos y para que, yo había sido un exagerado, la pasamos bien tomando y bailando, cuando ellos bailaban parecía que habían tenido algo porque siempre estaban muy pegados como si fuera algo común y se conocieran muy bien, pero pensé claro son amigos de años es normal, hasta que en un momento mire mi reloj pero sin dejar de verlos en la pista de baile, note que se besaron rápido como para no llamar la atención, y después ambos asintieron y se sonrieron como que todo iba según lo planeado (así me enteré después).

    Cuando bailamos por última vez, Johana me dijo que ya nos íbamos que su amigo iba a ir por el auto, cuando vimos que salió, ella me besó, la verdad que me excito bastante, como estaba muy oscuro yo aproveche y le apreté las nalgas, así hasta que me dijo vayamos saliendo, y al salir fuimos tomados de la mano.

    Al subir al auto, los dos nos fuimos atrás, entonces ella le dijo que nos lleve a un motel bonito, el greenhouse, y me beso y empezó a acariciarme la entrepierna, sujete su mano y dijo tranquilo estamos en confianza con Francisco, le preguntó si no le molestaba si ella me daba una mamada y me pajeaba ahí en el auto, me quede frío, eso nunca lo esperé, él soltó la carcajada y dijo que con tal que no le caiga mi leche mientras manejaba todo estaría bien.

    Yo estaba en automático, no podía entender que pasaba, pero por la excitación me deje llevar, me desabrocho el jean para poder sacar mejor mi pene y tener acceso a mis bolas, y allí estábamos yo disfrutando de una rica mamada mientras masajeaba mis bolas, yo solo gemía de lo rico que pasaba en ese momento completamente nuevo, y acariciaba sus nalgas, metí un poco la mano bajo su jean y pude notar que cargaba una tanga, solo la había visto con cacheteros así que también era nuevo, ella gemía, cuando dijo mira como mamo esta verga, él se giró yo estaba detrás del asiento del copiloto así que al girar pudo ver todo muy bien, en ese momento pensé si sería amigos como ella y yo? Pero me dio igual.

    Francisco dijo chicos ya estamos algo cerca del motel, pero voy a seguir dando vueltas alrededor, para que sigamos disfrutando el momento, me preguntó que tal me lo chupaba y le dije es grandiosa, no sé cuanto podré aguantar, entonces él se parqueo y le dijo a Johana a ver quiero ver que lo hagas acabar, ella fue más rápido, empezó a aumentar la succión, lo hace increíble y me apretaba las bolas, me sentía cerca le dije que podía más entonces ella hizo que me levante un poco para acostarse boca arriba y que ahí le acabe en su boca, y así fue, me masturbe un poco y acabe en su boca, ella me lo chupo hasta la última gota, cuando alce la mirada vi que mi nuevo amigo estaba con su verga en su mano, sonriendo y los ojos brillando mirándola a Johana con mi glande en su boca y ella lo miraba a él.

    Ese auto tenía un fuerte olor a sexo, nos acomodamos, y sonriendo les pregunté ¿son amigos como tú y yo lo somos Johana? Ella me sonrió y me dijo si así parecido, tenemos complicidad en muchas cosas; Francisco nos miraba, empezó a masturbarse con más fuerza, Johana lo besó y después como pudo se pasó adelante a mamar su verga, yo estaba alucinando con lo que miraba, él ya no aguantaba, empezó a gemir más y más fuerte, Johana logro mover el asiento para hacer espacio como para que yo pueda verla, nos miramos a los ojos cuando me di cuenta que recibió su segunda carga de leche porque ella cerró sus ojos, mientras él sostenía el volante y gemía.

    Cuando ella abrió sus ojos dejó la verga de él me sonrió y vi como se tomó todo, ella se acomodó en el asiento y nos dijo, ahora si vamos al motel que también quiero que me chupen mi conchita.

    Y así fue, en el motel apenas entramos a la habitación ella se sacó todo, tome su tanga y estaba babosita, la olí y la lamí, me sentía extasiado; como empezaba a excitarme otra vez, logré romper la barrera de timidez, y también me empecé a quitar todo mientras veía que ella iba quitándole la ropa a su “amigo” ella estaba sentada al borde de la cama y le mamaba la verga, ella se acostó boca arriba para que él le folle la boca, yo aproveché y fui a mi lugar favorito, empecé a chupar su conchita, se la mordía suavemente, le mandaba la lengua hasta su huequito rico, los escuchaba gemir, y más me excitaba.

    Empecé a sentir como apretaba más y más mi cabeza con sus muslos, lo sabía faltaba poco para sentirla llenando mi boca, lo logre ella trataba de gritar pero la verga de Francisco no la dejaba, acabó bastante y le l9mpie la concha, se la lamí hasta que tome todos sus fluidos, mientras veía como él le apretaba duro los pezones.

    Él dijo es mi turno quiero saborearla, y yo feliz ahora iba a poder cogérmela por su boca, pero antes no pude resistirme a ver su sonrisa, ella estaba más que feliz, y la besé, sus ojos estaban llorosos, estaba roja, caliente, sudada, no paraba de gemir y decir que era nuestra puta que le hagamos todo lo que quisiéramos que ella se dejaba.

    Me levante y le dije bueno putita hoy estarás llena de leche, le escupí la boca y empecé a meterle mi verga, lentamente mientras veía como Francisco le chupaba la concha con desesperación, yo lo ayudé sosteniéndole los tobillos a Johana y alzándola un poco para que pueda llegar hasta su ano, le saque la verga y empecé a restregar mis bolas y mi pene por toda su carita, hasta que la escuche gemir, volvía a tener otro orgasmo, ella me clavaba las uñas en los muslos, es un deleite verla así.

    Ella le ordenó a Francisco que se acueste en la mitad de la cama, empezaron a hacer un 69, yo admiraba la escena cuando él me dijo ven clávala, le abrió las nalgas a Johana y empecé a penetrarla, cuando entre en ella se sentía tan caliente, sentía como me apretaba con su vagina, me dio igual que sentía como mis bolas golpeaban la frente de Francisco y empecé a darle con fuerza, a nalguearla duro como a ella le gusta, que le deje las nalgas rojas y con su piel blanquita es una maravilla, al ver a un espejo en la pared vi como Johana usaba sus manos en las nalgas de Francisco que tenía las piernas levantadas, se notaba que le metía al menos un dedo por atrás, mientras se metía su pene hasta el fondo de su garganta.

    De repente él dijo basta que me vengo, entonces nos despegamos, Johana se acostó boca arriba y yo me subí a seguir penetrándola, Francisco se acostó de lado a besarla mientras yo la ponía con sus piernas en mis hombros, yo veía como se besaban y como él empezó a morderle los pezones y se los apretaba, así seguimos hasta que Francisco dijo bueno ya descanse quiero entrar en ella, entonces me moví y él tomo mi lugar, no la dejábamos descansar ella solo gemía y llegaba una vez tras otra a sus orgasmos.

    Iba a ponerle mi pene en su boca cuando ella me hizo con la cabeza que no, me guio a que me siente en su cara, y me empezó la lamer el ano, era la primera vez que lo hacía y me sentí extraño, relajado, me tembló el cuerpo, fue una sensación que hasta la fecha no se describirla solo que se siente rico.

    Me guio a que mueva la cadera para restregar mi bolas en su cara y lamerme el ano, mientras él empezaba ahora la penetraba por detrás, ella estaba tan mojada que con sus fluidos pudo penetrar su ano sin problemas, cuando empezó a bombearla, Johana me detuvo y la sentí, me metió la lengua lo más que ella podía, solo contuve la respiración, cerré los ojos y me quede inmóvil, Francisco se empezó a sonreír y me dijo, lo hace bien rico ¿no? Yo también que me quedé como tú la primera vez.

    Seguimos así poco tiempo, cambiamos y ahora Francisco estaba acostado boca arriba, Johana lo montó y se hizo hacia al frente, ella me sonrió y entendí pero no aún no quería cogerme su culito, se la metí por su conchita, los dos estábamos en su vagina, ella gemía, gritaba nos aruñaba y nos dijo llénenme por favor acábenme los dos adentro, y empezamos a bombearla, estaba tan apretado que no duramos mucho, sentía como llegó su orgasmo y su vagina se apretó aún más.

    Sentía como sus fluidos corrían, empecé a bombear con fuerza mientras ella gritaba, él empezó a gemir más fuerte y cuando sentí que se puso más caliente dentro de su concha y no aguanté también me vine, ambos las llenamos de leche, la di una nalgada y le bese la espalda, lentamente me salí de ella y vi la escena de como nuestra leche salía totalmente mezclada de la vagina de Johana.

    Nos acostamos los tres y empezamos a conversar de lo rico que había sido todo esto, les pregunté si ya habían hecho un trío, Johana dijo que era su primera vez pero que había sido mejor de lo que pensaba, se levantó y fue a lavarse, Francisco me dijo que también era su primer trio, que por Johana haría lo que ella le pidiera y que la verdad es que lo había disfrutado, y me dijo que se preocupó un poco cuando con mis bolas le golpee la frente y soltó la carcajada, empezamos a reír como si fuéramos amigos de toda la vida.

    Cuando Johana salió del baño dijo bueno ustedes no vayan al baño quiero olerlos y limpiarlos con mi boca, porque si piensan que había terminado, pues está, equivocados.

    Johana es muy ardiente, empezó por mí me lamió todo mi pene dejándolo limpio y dándome otra erección, y cuando yo estuve duro, me dejo y fue por Francisco, yo aproveche que ella estaba en 4 y empecé a lamerle el ano, me encanta el gemido que suelta cuando siente mi lengua pasando en círculos por su culito, le metí la lengua y ella empezó a mamar el pene de Francisco más y más rápido, y ya no aguante más y se lo fui metiendo lentamente por atrás, como se eriza su piel es una delicia, le acariciaba las nalgas mientras iba entrando en ella hasta que llegue al fondo y empecé a bombearla.

    Francisco dijo, espera Daniel tu acuéstate boca arriba, y empezó a acomodar a Johana boca arriba sobre mí, ella acomodo mi pene por su cola, cuando claramente sentí cuando empezó a bombear su conchita, la sensación era increíble, vi en el espejo como sus tetas saltaban en cada embestida que Francisco le daba, sentía el sudor de Johana caer en mí, cada vez estábamos todos más y más excitados.

    Francisco intentó meterlo en la colita de Johana pero esta vez no se pudo, entonces los tres nos acostamos de lado y como pudimos empezamos a bombearla, él por su conchita y yo por su colita, los gemidos de los tres eran al unísono, se turnaba en besarnos, yo la besaba mientras él le chupaba las tetas.

    Nos separamos para cambiar de posición él volvió a acostarse boca arriba para que Johana lo monte y esta vez, si le di por la cola, la bombeamos, cambiamos yo la cogía mientras él miraba, después yo veía, la cacheteamos, le decíamos que siempre sería nuestra puta y que nunca le faltaría leche, cuando estuvimos por acabar nos pusimos de pie en la cama y ambos acabamos en su carita, mientras ella sacaba la lengua, sonreía de forma tan sexy, con sus dedos recogía el semen que había caído fuera de su boca y se lo tomaba, los tres caímos agotados fue increíble. Nos acostamos con ella en medio los tres boca arriba, nos quedamos dormidos mientras ella sostenía nuestras bolas.

    Al despertar nos fuimos a duchar rápido porque había salido el sol hace algunas horas y teníamos que irnos, antes de irnos conversamos de que debíamos repetirlo muchas veces más, ellos me dijeron ahora que nos conocemos los tres y hay confianza sería más fácil incluso ir su casa, yo les pregunte, como que su casa, ahí me dijeron que eran esposos, yo pensé que ella vivía sola, porque nunca había entrado a su casa, siempre la dejaba en la puerta, y bueno mientras nos besábamos afuera de su casa Francisco veía por la mirilla de la puerta y se masturbaba viéndonos.

    Y desde entonces tenemos una amistad muy bonita, espero que les haya gustado mi vivencia, es increíble poder compartir esto, espero que ustedes disfruten de amistades así, chau.

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  • Licuado de leches (1)

    Licuado de leches (1)

    Sandra, era una hermosa señora de treinta y ocho años, de lindos ojos cafés, de piel blanca y de cuerpo esbelto pues todas las mañanas salía a trotar y regularmente asistía a clases de aerobics, sus caderas eran firmes y sus piernas lucían bien torneadas, de cabello negro cortado hasta el hombro, era muy atractiva. En la aseguradora donde trabajaba como administrativa provocaba el suspiro y las erecciones de más de uno, y era sabido que varios de sus compañeros de trabajo entre ellos jefes se le habían declarado pero ella le era fiel a su esposo Diego, con quien en apariencia tenía un sólido matrimonio de veinte años.

    Diego, dos años mayor que ella era taxista con quien Sandra tenía una hija de diez y ocho años también muy guapa, pero que hacía unos meses se tuvo que ir a estudiar a una universidad de otra ciudad. Sin embargo los problemas matrimoniales eran el pan de cada día de la pareja, pues seguido su esposo se ausentaba de casa toda la noche con el pretexto de su trabajo, que le caían viajes especiales donde se iba dos o hasta más días.

    Era evidente para ella que Diego le era infiel, tenía meses que no la tocaba y cuando ella lo buscaba era rechazada, cosa que le indignaba y la llenaba de rabia e impotencia. En las muchas noches que Diego se ausentaba ella tenía que auto complacerse, ahogando su pasión con masturbaciones.

    Conny su compañera de trabajo quien era su mejor amiga y confidente, en varias ocasiones le había aconsejado que le pagara a su esposo con la misma moneda, que le fuera infiel, y en esos días esa idea no la dejaba tranquila pues ya ni las masturbaciones le bajaban su calentura, ya eran muchos meses que no follaba y cada vez era más constante el deseo.

    En el fraccionamiento habitacional donde Sandra vivía, estaba una carnicería que era atendida por un chico que había llamado su atención, era un tipo tosco de mirada lujuriosa, atrevido e irreverente, con varios tatuajes en el cuerpo, muy atlético eso si pues todos los días asistía al gimnasio, la Carnicería estaba junto al estacionamiento justo en la entrada de la privada donde estaba la casa de Sandra, así que era inevitable para ella pasar por ahí.

    Ya había notado que cuando pasaba, Toño como se llamaba el tipo y Paco su ayudante salían a verla, al principio se sentía molesta pues percibía las miradas llenas de morbo que la hacían sentir como si caminara desnuda, pero después se acostumbró y hasta llego a gustarle, más cuando Toño hacia comentarios con Paco que ella alcanzaba a escuchar: “¡Ay Dios mío! Que cosa más hermosa va pasando “, “¡Mira que caderas tan grandes!”, “¿Que ricura de mujer!” entre otras cosas.

    Le empezaron agradar tanto los tipos que empezó a comprarles y cuando ella iba a la Carnicería Toño se desvivía para atenderla.

    -¿Sandrita que le damos? ¡Lo que usted guste, estamos para servirle ¡¡Qué guapa se ve usted hoy!

    Ella se limitaba a sonreír y decirle.

    -¡Gracias Toñito muy amable!

    En ocasiones no aguanto la risa por la gracia que Toño le causaba, y por un momento olvidaba todos sus problemas y hasta salía sonriendo y de buen humor después de escuchar las ocurrencias de los dos tipos.

    -¿Y si cojo con Toño? – llego a pensar.

    Era como un disturbio mental que le empezó a obsesionar. Cuando se masturbaba fantaseaba con ese chico de cara burlona, de cuerpo atlético y con tatuajes.

    Ese viernes, por la mañana al llegar de trotar, encontró a Diego su esposo arreglándose.

    -Tengo un viaje especial, me voy hoy y regreso hasta el lunes.

    Y se fue sin darle ni siquiera un beso de despedida, era claro que el amor y la pasión entre los dos se había terminado.

    Ya en el trabajo, no estaba tranquila, la idea de acostarse con Toño no la dejaba en paz, lo quería hacer, era el momento, su marido no estaría todo el fin de semana y ella desde hace días no podía apagar con masturbaciones el fuego que surgía dentro de sus entrañas. ¡Necesitaba un pene dentro de su vagina!

    Esa tarde el cuerpo de Sandra temblaba cuando entro al estacionamiento, no sabía a ciencia cierta cómo le haría, varias ideas saltaron en su mente.

    Tal vez lo mejor sería proponerle a Toño que fuera a su casa ya por ahí de la media noche cuando los vecinos ya estaban dormidos, o quizá mejor sería hacerlo en algún motel.

    Fuera como fuese ya estaba decidido, el deseo de una verga era mucho mayor y no había vuelta atrás. Estaba muy nerviosa, se retoco el maquillaje viéndose por el espejo retrovisor de su auto. El uniforme del trabajo de ese día era un traje sastre gris, la falda ajustada le hacía notar sus deliciosas nalgas.

    Sentía que a sus piernas les hacía falta fuerzas cuando bajo del automóvil, iba decidida hacia la Carnicería pero vio que había clientes, saco de su bolso un cigarro el cual lo encendió muy nerviosa, espero un poco hasta que el local quedo solo, tiro el cigarro que apenas le había dado dos fumadas. Entro al negocio, llevaba unas zapatillas de tacón alto y por un momento sentía que se le doblaban los pies y que perdería el equilibrio.

    Toño que acomodaba unas cosas en el congelador, cuando escucho los tacones de Sandra entrar volteo rápidamente.

    -¡Hola señora Sandra! ¿En qué le puedo servir?

    Tomo un lienzo y se empezó a limpiar las manos, su mirada morbosa recorrió el cuerpo de la comible señora, para la suerte de Sandra Toño estaba solo pues Paco su ayudante estaba en el traspatio.

    -Toñito, buenas tardes. ¡Usted siempre tan amable!

    -Pues como no ser amable con una señora tan guapa como usted – dijo con su burlona sonrisa.

    -¡Ay sí! Ya sé que eres un coqueto, ya sé que le dices lo mismo a todas.

    -A todas no, solo a las tres más guapas de mis clientas y de esas tres usted es la más hermosa.

    -¡Que descarado eres Toño! ¡Deberás contigo! ¿Apoco te gusto?

    Toño se le quedo mirando a los ojos.

    -¿No se molesta si le contesto la pregunta con toda sinceridad?

    -No, para nada me causara molestia, anda dime.

    -¡Usted me encanta Sandra! Es usted muy guapa, todas las tardes mis minutos favoritos son cuando usted pasa, me encanta verla, su manera de caminar, las formas de su cuerpo, esas caderas que usted tiene, su cabello sus ojos.

    -¡Ay Toñito te pasas! jajaja, vas a hacer que me olvide que soy una mujer casada y te voy a robar un beso.

    Al rostro de Toño se le borro la sonrisa burlona, se puso serio, vio hacia la calle para cerciorarse que nadie se acercara al local y le dijo con mucha seguridad y firmeza: ¡Yo le voy a robar un beso!

    -¡Pero acá no! –Respondió Sandra- Nos pueden ver los vecinos.

    Rápido abrió una pequeña media puerta que separaba el mostrador del área de clientes, la tomo del brazo y la jalo hacia adentro. Toño la metió a un cuarto donde descansaban y tomaban sus siestas, el corazón y la vagina de Sandra le palpitaban aceleradamente, ahora sí, ya no había vuelta atrás.

    Toño la tomo en sus brazos apretándole la cintura y la acerco fuerte hacia él, la empezó a besar, le encanto sentir el cuerpo bien marcado y musculoso del chico, sus lenguas se buscaron desesperadas, al mismo tiempo que el carnicero le acariciaba sus nalgas, con fuerza le quito el saco y Sandra le saco la playera.

    Toño movía sus labios y su lengua como un maestro, sus caricias, la forma de frotar las caderas de la ardiente señora era de un profesional. De un jalón bajo la falda, su blusa tenía un broche el cual la rasgo de un tiro, Sandra sentía las manos del carnicero recorriendo su espalda hasta llegar a su brassier el cual lo desabrocho sin problemas, apenas sus tetas quedaron desnudas Toño se lanzó sobre ellas, chupándolas, metiéndoselas en la boca, jalando con sus labios los pezones a la vez que con una mano frotaba la vagina que ya se empezaba a mojar abundantemente.

    Sandra quedo desnuda sobre la pequeña cama, Toño le abrió sus hermosas piernas y se fue directo sobre la vagina, su hábil lengua recorría la ardiente raja de la señora, la cara de Sandra se deformaba de placer, sus tetas tenían ya los pezones bien erectos. La boca de Toño le lambia, chupaba, mordía y succionaba su vagina, el carnicero le metía sus dos dedos en la vulva sin dejar de pasarle la lengua sobre su raja jugando con los labios vaginales.

    Pero en ese momento, Sandra vio en la puerta de la habitación a Paco el ayudante de Toño con los pantalones hasta las rodillas mostrando su enorme verga, la cual empezó a masturbar de una manera fuerte y violenta. Sorprendida aparto la cabeza de Toño de su vagina.

    -¡Noo, no se espante doña Sandra! –Dijo Paco.

    Toño la tomo de los hombros tranquilizándola.

    -¡Paco solo observara, tranquila!

    Sandra no estaba preparada para esa situación, y por un momento dudo en dejar que Paco se quedara, pero el pene del chico era grande, parecía tolete de policía, era largo y delgado como si fuera una lanza.

    -¡No te tocara! –agrego Toño- ¡Tranquila mi amor!

    Sandra se calmó y se volvió acomodar en la cama, Toño aprovecho para quitarse la ropa . Ella no dejaba de ver el gran pene del ayudante, pero en ese momento Toño se quitó el bóxer y la bestia quedo liberada, como si fuera una serpiente salto dejando ver una verga morena, grande y cabezona, las venas eran gruesas y ya le salían gotas de lubricante, como si la bestia babeara. Toño se acomodó junto a Sandra en la cama y esta entendió que era hora de mamar, tomo la gran verga en sus manos y la empezó a masturbar llevándosela luego a la boca ¡Apenas y le cabía! En ese momento Paco empezó nuevamente a masturbarse, muy fuerte, tan fuerte que el sonido que producía al chocar su mano con la pelvis parecía como si estuviera aplaudiendo.

    Sandra logro meter la cabeza de la enorme verga de Toño en su boca, su saliva se mezclaba con los fluidos del pene del carnicero, con la lengua le recorría todo el tronco de ese miembro que media aproximadamente unos dieciocho centímetros. La lengua de Sandra subía y bajaba por momentos se quedaba en la punta que lengüeteaba y a la vez que lo masturbaba, luego bajaba hasta los cojones los cuales los succionaba suavemente con sus labios jugándolos con su lengua. Toño sentía un inmenso placer. Paco no perdía ningún detalle de la escena, mirando desde la puerta y no dejando de masturbarse.

    Un cliente toco el timbre, cosa que a Sandra no la distrajo pues seguía mamando la verga de Toño, Paco, rápido se subió los pantalones y salió a atender. Sandra tomo sus tetas y envolvió con ellas la polla de Toño y empezó a masturbarlo, con la boca le mamaba la punta. Cuando Paco volvió y vio la escena tapidamente volvió a sacar su polla y volvió a masturbarse esta vez con más fuerza que Sandra al verlo como se masturbaba pensó: “¡se va a venir rápido!”.

    La verga de Toño estaba en su máxima erección. Sandra observo por un momento la enorme y venuda pinga, para nada comparada con la de su esposo Diego, la de su esposo apenas y llegaba a los doce centímetros, Toño guio a Sandra para que se subiera sobre él, se acomodaron y este busco la raja de la caliente señora la cual estaba que escurría de caldos vaginales por lo mismo fue fácil que la enorme verga se metiera en esa deliciosa cueva de carne.

    Paco, veía como las enormes nalgas de Sandra vibraban al caer sobre la pinga de su jefe, acelero la masturbación, Sandra volteo atraída por los gemidos de Paco y vio como la verga del ayudante parecía que en cualquier momento estallaría en un orgasmo. El hecho de ver que paco estaba muy excitado viéndola coger con Toño prendió más a la dama, se sintió halagada de haber logrado que ambos chicos estuvieran tan calientes.

    Toño quiso cambiar de postura, puso a Sandra en cuatro, las tetas le colgaban y quedo frente a el hermoso culo de la clienta preferida, metió su trozo de caliente carne en la vagina de la madura señora, empezó suave, luego fue acelerando hasta empezar a golpear las nalgas haciendo un sonido similar al que hacía Paco masturbándose, los dos carniceros jadeaban de calientes. Toño empezó a lamer el ano de Sandra, le metía la lengua hasta donde podía, luego le metió un dedo, lo metió hasta el fondo estremeciendo a su clienta. Paco se ponía saliva en la mano, luego escupía su pene y continuaba con su deliciosa masturbación.

    Toño se preparó para penetrar a Sandra por el ano, escupió lo más que pudo en el pequeño agujero de la dama, la enorme cabeza de su verga era demasiado grande para la pequeña abertura, empezó a empujar su enorme palo, Sandra apretaba con fuerza las sábanas. En ese momento sonó el timbre nuevamente y paco salió rápido pues era otro cliente.

    -¡Ya cierra, baja las cortinas! -le grito Toño a Paco.

    La verga de Toño abrió los pliegues anales de Sandra, esta sintió que las piernas se le doblarían al sentir que le estaba entrando la venuda pinga del carnicero, este sintió que estaba en la gloria.

    -¡Sandra! ¡Doña Sandra! Que rica está usted. –Decía entre jadeos y quejidos.

    Paco regreso, y volvió a su tarea de masturbarse ruidosamente. Toño empezó a bombear, despacio y luego más acelerado sobre el ano de Sandra, la cual sentía que el culo se le abriría. El carnicero sintió que no aguantaría más, saco su polla, la cual escurría líquidos, acomodo a la dama y se encimo para practicar la clásica postura del misionero, nuevamente la empezó a penetrar con fuerza, Sandra sacaba su lengua tratando de alcanzar la boca del caliente chico. Las tetas se estremecían ante los embistes del carnicero.

    -¡Haaa! ¡Sabrosa doña Sandra, que delicia meterle la verga!

    Toño empezó darle con más fuerza, y sintió que ya no aguantaría más, y así fue, no lo pudo evitar, enormes chorros de leche quedaron en la vagina de Sandra. Toño de por si producía mucho semen, y esta vez la vaciada estuvo abundante.

    Exhausto, Toño se separó del cuerpo de Sandra quien también quedo cansada, la raja de la señora estaba roja, las gotas de semen empezaron a salir. Ella vio frente a ella a Paco, con su larga lanza la cual seguía masturbando.

    -¡Que aguante tienes Paquito! –le dijo- ¡Donde que terminas!

    -¡Doña Sandra! Mire como estoy, permítame metérsela, por favor ¡Se lo suplico!

    Y Paco le mostro su polla escurrida. Sandra se estremeció, seguía muy caliente y la verdad le agradaría sentir esa polla dentro de ella. La señora miro a Toño y este le hizo la señal de aprobación y le dijo: “¡Adelante!” y se levantó de la cama y con una mano invito a su amigo a que procediera, Paco eufórico tomo las piernas de Sandy y no espero más, las alzo y de un movimiento le metió toda su macana a la madura dama, no le importo que la vagina estuviera inundada con la leche de su compañero.

    Toño que ahora observaba, animaba a su amigo.

    -¡Así, cógela! ¡Acábatela!

    El sonido que producía la verga de Paco al batir el semen de Toño excitaba a los tres.

    La cintura de Paco era incansable, Sandra sintió que se venía.

    -¡Haaa puta! –Dijo Paco.

    -¡Si, es una perra puta! Se traga toda –lo secundo Toño.

    Cuando Sandra escucho que la llamaban puta, sintió una rara excitación, le agrado que la llamaran así pues estaba a punto de correrse.

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  • Mi relación con Eusebio (2)

    Mi relación con Eusebio (2)

    Al llegar a casa encontramos a Marta y Susi en la cocina. «Tete —me llamó Susi—, Marta dice que nos quedemos a cenar. ¿Qué te parece?». «Genial, así no tenéis que volver hasta mañana».

    Me fui arriba a arreglarme para la cena. Allí me encontré con Eusebio. Me hizo un guiño mirando mi polo e, inmediatamente, mis bermudas: «Ves, no sospechan nada». «Oye —le dije—, Susi nunca…» Dibujó una sonrisa de sorpresa: «Claro que no. No sabe nada de mis otras inclinaciones. Yo cumplo con ella. Siempre he sido discreto» «Por supuesto, por supuesto…», repuse.

    Me quité la ropa y cuando quité las zapatillas vi sobresalir un trozo de tela de puntilla. Era un tanga. Me quedé en suspenso: Marta no usaba tanga; le gustaba ir cómoda y usaba unas braguitas de algodón blancas y risas, nunca llevaría un tanga negro de puntillas. Además, Marta no podría llevar esa talla. Dejé la prenda sobre las sábanas y fui al baño descalzo, sólo con el slip.

    En medio de la ducha escuché la voz de Marta. Necesitaba hacer un pis y preguntó si era yo que estaba dentro. Abrí la mampara y estaba sentada en el retrete; de escuchaba el chorrillo de orina golpeando el agua del fondo. «Oye… ¡cómo te pones al tocártela, eh!». Caí en la cuenta que cuando me lavaba se me endurecía el pene. Como el wáter estaba justo al salir de la ducha al pasar Marta me la cogió. Sus dedos manosearon el miembro. «¿Quieres…?». Se quitó la braga, que estaba caída sobre sus empeines. Se levantó y se puso doblada contra el wáter, con las piernas abiertas y ofreciéndome el coño. Los pelillos estaban brillantes con algunas gotitas doradas visibles.

    La visión del sexo y el ojete de Marta despertaron mi deseo. Enarbolé mi polla y la metí. Marta gimió al ser penetrada y comenzó a contorsionarse con la verga dentro. Cacheteé las nalgas mientras cabalgaba dentro de la vagina. Marta gimió y yo jadeaba intensamente. Me acordé de la mamada de Eusebio. Marta nunca me había hecho tan satisfactoria una felación, que generalmente no me hacía. Empujé a fondo y la follé hasta que noté que estaba disfrutando de mi polla. Me corrí entre sus paredes vaginales. Marta se limpió mi eyaculación. «Si que tenías poca leche. ¿Te has hecho una paja?». Me sobresalté y negué rotundamente. Me eché a reír. «Prefiero meterla en caliente». Marta se puso la braga y se bajó la falda. Cuando iba a salir del baño me acordé del tanga.

    «Una cosa…» —dije— «Te has comprado un tanga». Marta se giró. «No», negó. «¿Por qué lo preguntas?». «Por el que he encontrado en el dormitorio». Tras tres o cuatro segundos, Marta dijo: «Debe ser de tu hermana». «¿De Susi? ¿Y qué hace ahí?». Se hizo un silencio incómodo hasta que Marta reaccionó: «Ah, sí, ya me acuerdo. Es un modelo nuevo, que según ella no aprieta. Me lo dejó para que lo probara», y salió.

    Susi había preparado la salsa para los spaghetti y Marta había cortado unas tapitas de chorizo, jamón y queso, acompañadas de patatas chips. Cuando terminamos nos fuimos a la parte segregada del salón. Marta llevó las tazas de té y de café. Yo puse música y fui a buscar las pastitas danesas y varias botellas de licores. Al regresar, Marta estaba diciendo en contestación a Eusebio: «Nunca; eso lo dejamos claro al empezar la relación; nada de niños».

    Dejé todo en la mesilla y me incorporé al diálogo. Eusebio y yo cruzamos una mirada de complicidad silenciosa. «Tú si querías, Susi, ¿te acuerdas?» «Claro, pero eso fue antes de acabar la carrera…y de conocer a Marta y a Pepita. Tampoco Eusebio —lo miró— quiere ahora —éste asintió llevándose a los labios la taza humeante de té—. Hemos renunciado a tener hijos definitivamente». Mi hermana tomó un par de pastitas y las mojó en el café. «¿Tú también querías, Nicolás, por qué ya no?». Crucé las manos sobre el regazo antes de responder.

    «He comprendido que no estoy preparado… en absoluto. No entra en mis cálculos ni los de Marta. Lo hablamos justo hace una semana. Tener hijos perjudica nuestras carreras; además, Marta no tendría paciencia…». «¡Tampoco tú, o crees que vives en el siglo XX! Los hijos son tarea a dúo», replicó Marta.

    «Aplastan la sexualidad», murmuró Eusebio. Marta miró hacia él interrogativamente. «Los hijos, digo: aplastan la sexualidad». «Lo que liquida la sexualidad es la rutina de las relaciones», aduje yo. «¿Eso es lo que piensas, Nicolás?». «Sí, Susi, eso creo. Todo fuego se apaga si no se añade combustible» «¡Combustible…, eso es!», intervino Eusebio. «El interés sexual se tiene que alimentar, y hay que mantener un diálogo continuo con la pareja si se quiere mantener la atracción sexual. ¿Conocemos de verdad lo que quieren nuestras parejas?».

    Susi volvió a coger una pasta de té con forma de corazón; entre dientes arguyó: «Miedo». Marta: «Estoy de acuerdo: miedo a ser como somos sexualmente. Miedo al rechazo si nos desnudamos…» Eusebio se rio: «Eso es, le tenemos miedo a vernos los unos a los otros desnudos» «No me refiero a eso, bobito, sino a mostrarnos como somos “sexualmente”: nuestros gustos, a hacer y pedir lo que nos satisface; a dar placer físico a quien hace el amor con nosotros, no como nosotros deseamos, sino como el o la otra quiere gozar y tener sus orgasmos. Para eso es necesario no guardar reservas, no esconder nuestras tendencias, no avergonzarse».

    Aproveché la pausa para llevar el tema a sus implicaciones sociales. «Es culpa de la moralidad aceptable y la obscenidad denunciada. Hay que liberarse de los cinturones de castidad que nos oprimen. Hay muchas prácticas y tendencias sexuales mal vistas que obligan al que las desea…» «O practica, Nicolás, no sólo a quienes fantasean con ellas, también va las y los que las materializan«, opinó Marta». «Exactamente, y se ven obligadas y obligados a tener una vida sexual oculta, castrándose libidinalmente, amordazado su sexualidad hasta llegar a cercenarla y llegar al conflicto emocional y, a veces, a la impotencia, la enfermedad, la brutalidad sexual, los abusos y la pederastia».

    Susi miró a Marta: «¿Y tú, Marta?, estás muy calladita, por qué no dices algo» «Porque estoy absolutamente de acuerdo. Escondemos nuestros deseos. La sociedad se muestra contraria a hablar y mostrar los comportamientos lujuriosos naturales y sanos. Impone reglas que no son sólo por moralidad sexual, sino por factores crematísticos. Hay fariseísmo y cinismo» Eusebio volvió a tomar la palabra: «Correcto, Marta, ¿pero qué me dices de los tabúes ancestrales, como el incesto, también debemos aceptarlo como una práctica sexual sana y natural?»

    Miré a Marta que sujetaba su taza de té y removía el contenido con la cucharilla. «Te responderé por mi parte. También… Siempre que hablemos de dos personas de la misma edad, sin imposición ni uso de la fuerza, no hay razón alguna para considerarla enfermiza. En el marco de la familia actual esas situaciones ya se pueden y se dan más de lo que pensamos, pero cuidadosamente ocultas, silenciadas.

    Llegará el día en que se pueda hablar sin temor de ellos, como de homosexualidad de ambos géneros, y otras prácticas espontáneas del amor y la sexualidad humanas». Ante mi asombro, Susi, que desde la niñez se mostró tímida y cerrada a hablar de sexo y placer, intervino: «Igual que tú, eso es lo que opino, Marta. Además, desde que hay anticonceptivos, el incesto entre personas de una misma o cercana edad no tiene razón en ser proscrita socialmente: es una decisión completamente personal.»

    Me levanté y recogí las tazas y los azucareros. Y dispensé unos vasos con relieve y escenas de caza herencia de mis padres. En lugar de las tazas coloqué los licores de menta, café y otros exóticos.

    Me senté después de servirme un par de dedos de licor de menta.

    «Hoy me doy cuenta que no sé tanto de ti como pensaba, hermanita —me reí—» «¿Sexo libre y sin reglas? —preguntó Eusebio— Esto es nuevo para mí…». Me miró enarcando las cejas, como estupefacto. «Te aseguro que yo no sabía nada, hasta esta noche…». También Marta me miraba inquisitivamente. Susi también se echó a reír, se recogió el cabello rubio en una cola.

    «Lo veis: enseguida os habéis puesto en guardia, prevenidos y… asombrados —Se giró hacia mí—. Díselo, Nicolás, despeja sus escandalosas dudas». «Susi y yo nunca tuvimos relaciones; ni siquiera hablamos de tales cosas. Nuestros padres eran estrictos y tradicionales. Creo que no podrían haber imaginado que sus dos hijos pudieran tener ideas lascivas». Inmediatamente añadí: «Pero, he de admitir que lo que dice Susi es cierto. Hay muchas cosas que se sepultan y los labios no pronuncian su nombre. Con eso no ganamos nada, sino que creamos todo tipo de enfermedades psicológicas, continencia y actitudes coercitivas.»

    «¿Estáis dispuestos a oír mi opinión más profunda?», nos dijo Susi. Naturalmente, nos dejó expectantes unos segundos. «Las relaciones de pareja monogámica cerrada son un estorbo y sólo sirven para encarcelar a quienes la forman. Mirad las estadísticas: ¡un fiasco!». «¿Pero todos, incluida tú y Eusebio habéis aceptado esa forma familiar? —dije yo. Susi se adelantó en el sofá y llenó un vaso con crema de café. Miró a Eusebio y luego a Marta; finalmente a mí otra vez.

    «Vamos a ser totalmente honestos, porque yo creo, Marta, Eusebio y tú, hermanito, que ahora todos tenemos una red de secretos entre nosotros». El rostro de Marta se demudó; Eusebio se limitó a sonreír y a asentir con la cabeza; yo abrí los ojos de par en par. Se me hizo una bola en la glotis y tragué saliva sonoramente.

    «Es hora de que seamos sinceros unos con otras. En realidad, nos estamos perjudicando con el ocultamiento. ¿Y de qué sirve, si somos personas que hemos saltado los muros grises de la moral convencional?». Bebió un sorbo y escrutó nuestros rostros. Eusebio era el único que estaba relajado y jugueteaba con los dedos sobre el muslo—. ¿O…, no?

    La que ocupó el lugar de la valentía fue Marta. Se dirigió hacia mí:

    —El tanga, cielo, no estaba en nuestro dormitorio para que yo lo probará —Miró a Susi y yo la imité. Ella jugueteaba mordiéndose las uñas—. Creo, Susi, que es hora de sincerarnos y dejar los ocultamientos. Además, los cuatro perderemos . Susi olvidó el tanga cuando salió del dormitorio: estuvimos follando, mientras estabais fuera. —Me quedé helado. Miré a Susi y ella me devolvió la mirada; luego a Eusebio.

    —¿Tú…, tú sabias algo?

    Eusebio afirmó con la cabeza.

    —Sólo faltabas tú, cielo. Hace meses que tu hermana y yo hacemos el amor. —No salía de mi asombro—.

    —Pero vosotras…, tú, y tú Susi, ¿sois lesbianas?

    Susi tomó la palabra:

    —Verás, Nico, hace unos años, descubrí que Marta y Pepi se amaban y hacían el amor a menudo. Un día, en Las Rozas, en la casa de Pepi empezaron a juguetear y empezaron a toquetearse delante de mí. Fueron a la piscina y se desnudaron. Después de nadar un rato, me dijeron que se iban a la cama, y me invitaron a subir. Allí vi sus prácticas sexuales. Pepi me condujo a la cama y me abrazó, me desnudó y me besó todo el cuerpo… —Marta la interrumpió:

    —Te preguntarás por qué también lo hacíamos tú y yo. La respuesta es: porque no es incompatible. También me gusta follar contigo. Estamos aquí hoy para desvelar todos los secretos, verdad —se dirigió a Eusebio, que bebía en silencio. Susi prosiguió:

    —Pero la primera mujer que me hizo el amor fue… —miró a Marta—.

    —¿Sois amantes, pues?

    —Nos amamos —dijo Susi concisamente.

    —¿Y tú, cuando supiste esto?

    Marta de nuevo:

    —Una tarde Eusebio tuvo una anulación de un viaje a Zurich a última hora. Regresó a su casa y nos descubrió a tu hermana y a mí en la cama; concretamente sobre la moqueta de la habitación de invitados.

    —Fue un impacto, claro —Eusebio se incorporó a la exposición—: tu hermana estaba de rodillas con las piernas abiertas y Marta estaba follándola por atrás con un juguetito sexual. Me las encontré en plena efervescencia. Como no se fueron cuenta me quedé observando…

    —Nos espió, mejor dicho —Marta aclaró la escena.

    —Bien, después del primer momento, me ocurrió algo extraño: me empalmé viendo cómo mi mujer estaba siendo follada por su mejor amiga en mi propio hogar. Los gritos de placer de Susi me pusieron al rojo vivo y…

    —¿Y…?

    —Y participe a escondidas. Me la saqué y me hice una paja sin esperar más. Pero cuando tu hermana se corrió y se dio la vuelta me “pillo” con el vergajo en las manos.

    En ese momento Marta miró a Susi, Susi miró a Marta, su cara reflejaba que ambas estaban reviviendo ese momento con intenso deseo. Marta que estaba sentada en el sofá invito a Susi a ponerse a su lado …el recordar aquello la había puesto muy caliente y tener a Susi tan cerca hacia que no pudiese contener su instinto, más aún ahora que todos estaban desvelando sus secretos.

    Cuando Susi se puso a su lado, empezó a acariciar suavemente su pierna. Marta puso sus labios sobre los de ella y la corriente eléctrica volvió a activarse, y sin darse cuenta, ajenas ya a todo su alrededor se besaban locamente, sus lenguas se entrelazaban con dulzura y a la vez con una tensión que hacía que Eusebio y Nicolás no pudiesen dejar de mirarlas, embelesados, y sin percatarse que ambos estaban tan empalmados que un enorme bulto luchaba por salir de sus bermudas sin éxito.

    Marta y Susi se acariciaban los muslos subiéndose los cortos vestidos, su respiración se escuchaba sonoramente. Marta bajaba las braguitas a Susi mientras ella estaba hipnotizada de placer. Marta la ofreció su pierna y Susi cabalgaba en ella, frotando su coño desnudo intensamente. Nicolás estaba tan absorto que ni siquiera se percató que Eusebio había liberado su polla y la acariciaba con fruición. Susi frotaba con su pierna el chocho de Marta. Ambas se movían al compás, frotaban sus mojados coños jadeando cada vez más fuerte. Estaban tan fusionadas que parecían una sola persona.

    Aquello resultaba muy excitante. Nicolás volvió en sí y se bajó los pantalones y los bóxer. Su polla estaba mojada de la excitación. Eusebio lo miró deseoso y lo agarro por la cintura colocándose detrás. De su bolsillo sacó un lubricante y con suavidad lo acariciaba por detrás con su dedo impregnado. Por primera vez en su vida, Nicolás sintió una imperiosa necesidad de que le follaran. Jadeante mientras acariciaba sus testículos, abrió su agujero mientras Eusebio lo recorría con su dedo. La polla de éste estaba tan tiesa que casi le dolía.

    Cuando la punta del capullo rozó la entrada del ano tuvo que aguantar su corrida. Turbado por el placer metió su tranca mientras Nicolás gruñía de placer. Éste dejó de pajearse, pues quería disfrutar a tope del placer que estaba sintiendo, mientras Eusebio entraba y salía y se aguantaba como podía las ganas de estallar. Tan absortos estaban en su placer que no vieron como las chicas se acercaban con los ojos chispeantes.

    Susi se colocó delante de Nicolás mostrándole su chocho caliente. Nicolás la agarró salvajemente y metió su polla hasta dentro mientras ella soltaba un quejido de deseo. En ese momento Nicolás no pudo aguantar más y se vertía jadeando en el coño de Susi mientras ella metía y sacaba los dedos del coño de Marta. Eusebio gritaba mientras su leche salía a borbotones mojando la espalda de Nicolás. Los espasmos eran tan intensos que había perdido el control y gritaba sin parar. Marta temblaba gimiendo a la par de Susi que aún con la polla de Nicolás dentro llegaba al clímax.

    Todos tenían tal grado de excitación que no pudieron moverse hasta rato después. Al fin todos fueron libres y decidieron repetir la experiencia siempre que les apeteciera.

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  • Otra historia mas de mi juventud

    Otra historia mas de mi juventud

    Esta historia es como ponía a mis amantes ocasionales, que algunos se decían mi novio… jajaja.

    Fue en una cena que se hacía en un espléndido hotel en las afueras de la ciudad. Apenas llegamos nos sentamos en una mesa que estaba reservada para nosotros, compartíamos con parejas que eran conocidas de él.

    El espectáculo incluyó un monólogo bastante bien montado y un número con un grupo de música típicamente alegre, que más tarde apoyó de fondo a la pista de baile.

    La noche transcurría tranquila entre diálogos superficiales para pasar el tiempo. Fue entonces cuando él me quiso desafiar con una idea que comenzó inocentemente…

    -Dime Lau, de los aquí presentes, ¿has visto algún hombre que te provoque un morbo especial?

    -Menuda pregunta me haces- le sonrió –No me he fijado demasiado, pero seguramente alguno hay- Contestó.

    -Pues muéstrame quien te parece interesante para un polvo ocasional-

    Lejos de eludir su propuesta, empiezo a girar lentamente mi cabeza, a uno y otro lado del salón, como si fuera un radar.

    Elijo a unos cuantos, pero si tengo que elegir uno, aquel de la mesa de la izquierda, el que está con la chaqueta de color azul claro. Tiene una cara interesante, es alto, tiene el pelo largo eso me pone mucho, es seductor a simple vista y no sé por qué…pero me da la impresión de que tiene una buena pija ,le digo sonriendo.

    Era uno de los pocos que conocía en esa cena, pero lo había tratado muy poco, por teléfono y en algún evento, solo eso.

    -¿Te lo cogerías? Se trata de saber lo que te excita y conocerte más, me pregunta.

    Subo la apuesta, y le dejo en claro, si me excita, me lo cogería ahora mismo si tuviera ocasión. Le digo, mirándolo con desparpajo y morbo. Y desafiándolo aún más, no sabes lo seductora que puedo ser cuando quiero, y si es para una aventura los hombres no ponen ninguna resistencia a mis encantos. Pero vamos a bailar que el temita me está picando el cuerpo, si seguimos con esto terminaré excitada.

    Mientras bailamos él me sigue desafiando, no sé con qué motivos, pero me dice: – ¿Sabes que imagino?, llevarlo a algún lugar alejado y hacerle una buena mamada. Hacer que se ponga a tope, luego pedirle que te coja como quiera, que te diera duro por delante y por detrás.

    Sus palabras hicieron que me mojara como un adolescente, no dejábamos de mirarnos y tenía ganas de coger allí mismo.

    Su rostro parecía estar envuelto en una ola de placer y morbo, y yo sabía cómo hacer para que cada frase llegara como una dulce tortura. Pero no se quedó con eso y lo que vino después no lo esperaba.

    Puedo continuar el juego todo lo que tú quieras, no sabes lo ruda y hasta donde puedo llegar le susurro, mientras nos movíamos al compás de la música.

    Hasta ese momento pienso que él creía que estaba manejando la situación, pero me di cuenta de que le había alterado el sentido de su posición dominante.

    Todo podía haber quedado ahí, irnos a la habitación y echarnos un regio polvo, pero continuo para ver cuál era mi límite, pensando que solo jugábamos.

    -Todo lo que tú puedas atreverte- Fue mi su respuesta, al tiempo que el corazón comenzó a agitarse velozmente.

    No sabía si me arrepentiría, pero ahora no había lugar para dar marcha atrás. Le sonrió con un aire sensual, me acercó y le susurró: -Voy al baño a quitarme la tanga; dentro de un rato no me harán falta. Y con un suave beso me levantó de la mesa para marchar con paso resuelto.

    Allí quedó desconcertado y algo nervioso supongo, al cabo de unos minutos, aparezco paso por la mesa donde nos encontrábamos y le dejo mi tanga en la mano, con beso y en forma directa me dirijo al sitio que se hallaba el tipo en cuestión, que por cierto se había levantado y estaba charlando con otros.

    Varias parejas habían salido a bailar, se movían por la pista, haciendo que su visión fuese confusa. No estaban lejos, pero a veces me perdía entre los movimientos de la gente.

    Le sonrió divertida mientras le saludaba con dos besos, me mira sorprendido hasta que enseguida me reconoce, diciéndome que no me había visto. Enseguida me alcanzó una copa y nos pusimos a charlar, para ese momento habíamos quedado los dos solos.

    Después de varios minutos en los que solo bebimos y dialogamos, dejamos las copas y fuimos al centro de la pista. Allí comenzamos a bailar diferentes ritmos que el grupo musical proponía.

    Me movía para que mi falda se levanta, con aquel vestido suelto, con aquellos tacones que me alzaban la figura. Mostrando delante de mi novio que sabía que me había quitado las bragas haciendo que mi culo destacara más. Mientras que mi compañero de baile no sacaba los ojos de mis tetas que se movían a mi compás, y seguramente deseándolas.

    Me había dicho “todo lo que tú puedas atreverte” sin saber lo que ello significaba, pero ahora estaba camino a comprobarlo. Hasta donde yo era capaz de llevar el juego a los límites supongo que se imaginaba, mientras su mirada me perseguía en toda la pista. Él me había desafiado, estaba claro que cada una de sus supuestas fantasías eran infidelidades concretas. Con todo eso sin embargo, creo que pensaba que él mismo era quien me estaba empujando a extremar mis propios límites.

    El juego se había vuelto picante y peligroso. La mezcla de morbo, que le provocaba la situación era incomparable con nada que había sentido antes.

    Intentaba pasar por su vista cada vez que los buscaba entre las parejas de la pista; me veía junto a ese hombre que me tocaba, que ponía las manos sobre mi espalda, y mis manos sobre la de él. Me hablaba al oído, ante la atenta mirada, creo que los celos lo mataban, ¿o era placer, morbo?

    De pronto, me propone salir a tomar aire, en esa distracción me perdió de vista. A los pocos segundos veo como me buscaba con la mirada en la pista, en las mesas, quizás bebiendo algo de pie en algún lateral. Nada; no me veía, creo que estaba ciego de celos, yo había desaparecido del salón con otro hombre al cual le dije que me quería coger y sin mi tanga.

    Sin esperar un instante más, comenzó a deambular entre las mesas y los rincones del salón con desesperación creciente, tropezando con la gente.

    Casi estuvo a punto de entrar al baño de mujeres, pero no quería alarmar a nadie y menos aún hacer el ridículo.

    Su mente volaba a mil por hora; ¿cuánto tiempo había pasado? Él imaginaba que yo se la estaría chupando ahora mismo en algún sitio oculto, comiendo su pija como sabía hacerlo. O quizás ya se había levantado el vestido para que me viera desnuda debajo de él y le estaba entregando la concha para que se la coma y luego me penetrara con su herramienta por el culo, hasta hacerme acabar, hasta dejarme su leche dentro.

    Hasta que casi tropieza conmigo, cuando atravesó la puerta que iba al patio donde estaba con mi compañero conversando.

    Acalorado y confuso por completo ante mi cara seria, casi no podía articular palabra.

    -¿Do…dónde estabas? Te estuve buscando por todas partes.

    -Pues estuve bailando un buen rato y no digas que no me viste porque estuve observando que no me quitabas los ojos de encima.

    -Pero eso fue hace tiempo-. Protesto con torpeza.

    -Hace apenas unos veinte minutos; salimos a tomar aire que la noche está mucho mejor en los jardines que aquí dentro y después del bailoteo era mejor recuperar el aliento afuera. ¿Algún problema?

    -No me avisaste nada, y saliste con ese tío.

    -¿Pero no quedamos en eso? ¿qué sedujera a alguien que me diera morbo para coger?

    -Entiendo el juego, pero no supuse que desaparecerías con él.

    Desarmado de argumentos y derrotado con sus propias dudas, buscando tranquilidad, decidimos volver a casa para cerrar el tema.

    Al llegar, metí las manos en los bolsillos de él para sacar mi tanga para enseñárselas.

    -Como te dije, no me hicieron falta, me las quité en el baño, no era cuestión de llevarlas en la mano. Viste fue un éxito porque desde un principio no dejó de mirarme el culo- le dije.

    Entonces, movido por un irrefrenable alud mezcla de celos y deseo imperioso, me empujo contra la pared y se abalanzo sobre mi como un poseído, besándome el cuello y la boca. Me arrancó el vestido para apretar mis pechos que se soltaron. Los pezones endurecidos clamaban por su boca.

    Se bajo los pantalones, y apareció su pene totalmente erecto y allí de pie me la metió con fuerza. Envuelta en un ardiente deseo, gozaba de la violenta penetración que me propinaba.

    Me cogió con toda la fuerza que era capaz y yo no dejaba de moverme pidiendo más.

    Entre espasmos de placer acabamos casi de inmediato, provocados por tanta excitación acumulada en ese día.

    Nos duchamos juntos antes de ir a la cama mientras jugábamos con nuestros sexos bajo la ducha, jugando una vez más con nuestras fantasías.

    Ya en la cama, con la serenidad que deja el sexo después de disfrutarlo a pleno, le pregunté lo que quería saber, aunque en el fondo conocía la respuesta.

    -¿Te lo has cogido o solo se la chupaste?

    Giró con sensualidad y determinación.

    -La verdad quieres que te responda, (hice una breve pausa) ¿Estás seguro de que quieres saberlo? estás convencido que necesitas conocer lo que ocurrió esta noche?

    Dudó un instante palpitando la respuesta, de inmediato le dije, que pensaba él, que creía que había pasado en esos veinte minutos que me perdió de vista.

    -No, no me importa…prefiero seguir jugando… – Fue su respuesta.

    Y todavía hoy José (mi marido) también me pregunta que paso en esos veinte minutos. Y mi respuesta sigue siendo – ¿qué te imaginas que paso?

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  • La despedida a mi director

    La despedida a mi director

    ¡Hola! Ustedes han leído muchas de mis aventuras sexuales ya sea con hombres casados, solteros, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, en fin. Han sido muchas las aventuras sexuales que he tenido, y que espero seguir teniendo, está aventura data de hace 4 años aproximadamente.

    Mis inicios en la infidelidad fueron con Aldo ustedes lo han de recordar si ya han leído mi primer relato, ya que es un amigo con el cual fui infiel por primera vez y que me dio la confianza de hacerlo además de mis amigas que me convencieron de hacerlo. Posteriormente han sido muchos hombres los que han pasado por mí, ¿que si soy una puta? No, no creo. Ya que no es con cualquier persona, si no con quién yo quiero y elijo.

    Bueno, en esta ocasión les contaré de la despedida que le organizamos a Alfredo, mi ex director, si ustedes quieren saber cómo él y yo ya habíamos cogido antes pueden ir a ver mi segunda anécdota que les escribí en mi perfil.

    Al iniciar el ciclo escolar 2021-2022 nos habló a la dirección y nos dijo que había realizado un examen de promoción vertical (que es un tipo de ascenso para los maestros), el cual daba derecho a ascender de puesto y él lo había logrado, se iba de la escuela como supervisor a otra zona.

    Nos dijo que aún no le habían hablado pero que dentro de pronto se tendría que ir, la verdad si nos puso triste la noticia y dije “nos” porque siempre fue muy buena onda con todos, empático y sobre todo muy humano, a pesar de que teníamos relaciones sexuales una o 2 veces al año nunca hubo un favoritismo o que se haya querido propasar más que cuando la ocasión lo ameritaba, apasionado, caballeroso, lo que pasaba en la escuela cuando hacíamos ahí se quedaba, ni él se acordaba ni yo tampoco, era solamente placer, además de mi gusto por coger con alguien maduro y la adrenalina por gemir en toda la escuela.

    Bueno, se acercaba el mes de diciembre del 2022 cuando nos dijo que ya en enero no regresaba, ya que el día 3 del mismo mes se tenía que presentar a su nuevo empleo como supervisor escolar.

    Así que decidimos realizarle una despedida, mis compañeros y yo, le organizamos una comida acá en mi municipio en Michoacán, ya que donde trabajo no hay restaurantes debido a que es una comunidad pequeña.

    Así que decidimos realizarla el 17 de diciembre, ese día nos quedamos de ver aquí, cerca de mi casa que está cerca de la carretera a donde vamos al trabajo, para ir todos juntos al restaurante. Mi esposo me dio “permiso” de llegar noche, ya que no sabíamos si íbamos a tomar o a festejar con nuestro director.

    Decidí ponerme algo sexy, y pues porque no, que Alfredo me viera me extrañará y por supuesto a todo lo que hacíamos en la dirección, en los salones, bodega, o en las oficinas de la casa del maestro.

    Ese día no tenía planeado nada, ya que se le hizo la invitación a su esposa también, me coloqué un vestido amarillo, mis plataformas y un conjunto sexy de encaje amarillo abajo del vestido.

    Cuando llegaron mis compañeros a la casa para concentrarnos e irnos todos juntos, esperamos un momento a nuestro director, llegó a los escasos minutos y venía solo, lamentablemente su esposa no pudo o no quiso asistir.

    Me pidió que lo acompañará en el auto para poder irnos, me dijo que no llevará mi camioneta que nos fuéramos todos en caravana pero que yo con él porque tal vez y se perdía. Subí a su auto y solamente me dijo que me veía muy guapa, le dije sin tapujos que me había arreglado para él ya que era su despedida.

    Me tomo la pierna y me dijo que iba a extrañar a todos, pero más a mí, entre plática y plática llegamos al restaurante “La finca”, excelente restaurante de mariscos y cortes.

    Comenzamos a pedir unas entradas, la comida, el postre, todo iba muy bien, intercambiábamos una que otra mirada coqueta, comenzamos a pedir bebidas, seguíamos con las pláticas, yo me había sentado frente a él y junto a mis compañeras, en fin. Llegó el momento de las palabras de los compañeros, cada uno se despidió y le agradeció lo que hizo por cada uno de nosotros hasta que le obsequiamos un anillo de oro, nos agradeció, nos dio él también a cada uno unas palabras.

    Al terminar la comida yo ya iba medio tomada así que al igual que como llegamos decidimos irnos, mis compañeras se despidieron mientras mi director se ofreció a llevarme a casa, al salir del restaurante, le dije que no me llevará a la casa, que quería despedirlo como se merecía así que tomamos camino hacia “Venezia” un motel de lujo dentro de los límites de mi localidad.

    Al llegar, muy amablemente pago la habitación, y entramos. Al bajar la cortina y sin bajarnos del auto comenzó a besarme y yo al igual comencé a entregarme a él, besaba mi cuello mientras sus manos recorrían mis tetas y mis piernas, me prendí demasiado rápido así que me baje del auto. Al bajarme él también lo hizo y sin pensarlo seguimos besándonos, recargados en el costado del auto comencé a quitar su saco, desabrochar su camisa y a besar su pecho. Mientras lo besaba el simplemente acariciaba mis mejillas, baje mis manos poco a poco y le baje el cierre del pantalón, saque su miembro viril y lo tome en mi mano derecha, mientras con la izquierda lo tenía abrazado.

    Sin pensarlo y sin haberse puesto un preservativo me tomo de la cintura, me recargo en el auto, hizo a un lado mi ropa interior y me la metió, comenzó a meter y sacar esa verga de mi vagina, le pedía más y más, mientras mis manos recargadas en el cofre caliente no podían más.

    Sus embestidas eran con lujuria, con mucha fuerza y la verdad me gustaba como me estaba cogiendo, era rico el saber que yo provocaba sus erecciones y el saber que era la última vez que me iba a tener decidí dejar que me hiciera suya por completo, y sin condón, así que cambie de posición, le pedí que parara y sin pensarlo me subí al cofre de su auto, me desprendió de mis tacones y abierta de piernas recibí de nuevo su miembro, lo abrazaba del cuello para no caer mientras él tomaba mis nalgas para no sacarla, fue ahí cuando le dije que venía mi orgasmo, que si ya lo sentía y me dijo que si, que sentía las contracciones ya y justo cuando mi vagina explotó el hizo lo mismo.

    Nuestros orgasmos se juntaron en un mar de placer, sentía como su leche caliente me llenaba toda por dentro y como mis jugos salían disparados hacia afuera, era riquísimo, mis piernas temblaban del esfuerzo y del placer, me pidió disculpas por venirse tan pronto, estaba tan excitado y caliente por dejarlo que me cogiera al natural que se terminó chorreando dentro de mi zorra, ayudó a bajarme del cofre y escurriendo de leche subimos al cuarto, se quitó la ropa y se metió a las cobijas.

    Yo en cambio, con mi vestido corto y escotado, comencé a explorar el cuarto, conforme iba caminando por él iba modelando mi vestido, y poco a poco fui quitándomelo hasta que quede en ropa interior, la cual estaba llena de su semen.

    Subí a la cama y observé preservativos en el buró, era demasiado tarde ya que me había llenado toda de leche.

    Pedimos bebidas a la habitación, y seguimos bebiendo, yo más que él. De por sí ya estaba mareada, ahora sí ya me encontraba medio ebria después de las bebidas.

    Nos comenzamos a besar de nuevo y al querer quitarme la ropa interior me dijo que no, que así me veía bien, así que me la dejé. Seguimos con nuestro cachondeo hasta que sentí su miembro duro de nuevo, me acosté sobre la cama y le dije que se subiera, sin embargo me dijo que no, y así acostada boca arriba subió hasta mi cabeza y puso su pene en mi boca, comencé a mamar y succionar su glande mientras él me tomaba del cuello, era rudo y eso él sabía que me encantaba.

    Siguió jugando con su pene en mi rostro, me pegaba con él en la boca, en la cara, en la lengua, lo metía y sacaba de mi boca a su conveniencia y placer me tomaba con ambas manos de la nuca, lo metía hasta el fondo, mi saliva salía y lubricaba su miembro, mientras mis ojos se perdían en su cara de placer.

    Fue así hasta que le entregué mi culo, le dije que ese sería mi regalo para él y su despedida, le dije que lo metiera por atrás, y sin pensarlo me puso en 4, comenzó a escupir, chupar y meter sus dedos uno a uno hasta que dilató mi ano, lo lamía y pasaba su lengua por mi zorra y mi culo, les daba unos lengüetazos tan deliciosos, que mi zorra estaba más que caliente, quería ya sentirlo, le pedí que ya, que lo metiera. Comenzó a introducir su verga y yo entre lo ebria y cachonda le pedía más, que la metiera hasta adentro y así me la dejo ir toda, sentía como entraba y salía mientras me daba de nalgadas, era rudo, era fuerte el sexo que estaba haciéndome era delicioso.

    Metía y sacaba, la verdad mi ano estaba tan abierto y lubricado que quería más y más, se lo hice saber, sin embargo lo sacó, me dijo que cambiáramos de posición.

    Se levantó de la cama y se sentó en el potro, al sentarse me levanté y dándole la espalda me fui sentando poco a poco en su miembro hasta meterlo por completo en mi ano, comencé a moverme de manera circular, mientras él solamente se dedicaba a observar mis movimientos. Seguí moviéndome ahora de arriba hacia abajo engullendo por mi ano toda su verga, era delicioso, entre sus nalgadas y jalones de cabellos me prendía más y más, mis tetas rebotaban en cada metida que me daba, cabalgue por mucho tiempo hasta que me canse y mareé aún más y decidí bajarme, saque su verga de mi ano y le dije que cambiáramos.

    Me recosté sobre la cama y le dije que se subiera, me dijo que abriera las piernas y así fue, hincado sobre la cama la metió de nuevo por atrás y mientras la metía mis piernas las abría más y más.

    Sentía la ansiedad de que me la metiera por delante sin embargo no lo hizo, comencé a tocarme la zorrita y a meter mis dedos mientras su verga ocupaba mi ano, mis dedos entraban y salían de mi zorra, lamía mis propios dedos, disfrutaba de mis jugos y el resto de su semen, era salvaje, me pegaba con sus manos abiertas en mis tetas, tomo su mano y la puso sobre mi cuello, mientras con la otra me apretaba de las tetas, fue cuando le dije que venía otro orgasmo mío y le pedí que no parará, así fue, siguió metiendo y sacando su pene hasta que llegó mi orgasmo, le dije que siguiera así que me puso de nuevo en 4.

    Volvió a meterlo por atrás y yo grite de placer, estaba excitada y entregada al 100, además de ebria. No pude más y recosté toda mi humanidad en la cama, dejando mi trasero solamente levantado, fue entonces cuando sentí como su ritmo cambio y era más rápido, sentía como su pene se iba haciendo más duro y grueso, así que sabía que me iba a llenar de leche de nuevo y así fue, se vino atrás y cuando se vino no pude más, solamente recibí su esperma y me recosté por completo en la cama, lo saqué de mi trasero y me cobije, estaba tan mareada que me quedé dormida un buen rato, no supe cuánto tiempo me dormí.

    Al despertar él estaba sentado en uno de los sillones de la mini sala, fumando y con su celular, me sentía apenada, sin embargo él me dijo que no pasaba nada, que había estado fenomenal lo que habíamos hecho. Le pregunte que cuánto tiempo había pasado y me dijo que solamente una hora, al preguntar me dijo que eras las 7 pm. Había pasado ya 3 horas desde que habíamos llegado al hotel.

    Me dijo que me duchara para que me sintiera mejor, que él ya lo había hecho. Así que tome la toalla y me metí a bañar.

    En el baño sentí como me dolían mis piernas y mi cavidad anal. Sin embargo era un dolor rico, placentero, así como cuando se hace ejercicio después de mucho tiempo.

    Al salir de la ducha tome un cigarro y fumamos juntos mientras charlábamos, me dijo que me iba a extrañar y que era una mujer inolvidable, sus palabras eran tiernas y me dijo, que ojalá llegará una nueva directora para que no cogiera con alguien más, él no sabía que ya había habido muchísimos más que él, tenía la creencia de que era el único además de mi marido.

    Le dije que antes de irnos tenía que darle su última despedida ya sobria, me levanté del sillón y así comenzamos de nuevo, me quite la toalla y quedé completamente desnuda ante sus ojos, comenzamos de nuevo a besarnos y delante de él me volví a sentar en el otro sillón de la salita. Abrí mis piernas, subí los pies al filo del sillón y comencé a tocarme, metía mis dedos a mi vagina y me tocaba mis pechos, le dije que ese show era para él, que lo disfrutará, y así me tocaba hasta que vi como acariciaba su miembro, quería levantarlo pero se veía cansado, hay que recordar que me lleva más de 10 años de edad, en ese entonces él tenía 46 y yo 34.

    Así sentado, me arrodillé, fui a gatas hacia su sillón, lo recosté bien y le dije que no se moviera, metí su miembro en mi boca y comencé a mamar, metía su cabecita a mi boca, luego bajaba por el tronco chupando y besando hasta llegar a los huevos, los metía dentro de mi boca y los lamía mientras él no soltaba su cigarro, mientras yo hacía lo mío él seguía fumando, con una mano me tomaba del cabello haciendo que mi boca recibiera todo su miembro, yo arqueaba cuando sentía que su cabecita tocaba la campana, su cabeza y lo masturbaba mientras chupaba sus huevos.

    Al ver que terminó de fumar, decidí parar de mamar, sin embargo él me tomo del cuello y me besó, me mordía los labios y me decía que siguiera, me tomo del cabello y de la cabeza hasta que metió de nuevo su verga en mi boca, le gustaba que lo hiciera y a mí me encantaba oír como gemía, como gritaba, decidí darle pequeños mordiscos a sus huevos y en el glande lo cual le lastimaba pero también le gustaba, me decía que no lo mordiera tan fuerte ya que estaba muy muy sensible, deje de morder y me dedique a mamar.

    Fue cuando me cansé de la quijada y decidí levantarme, lo tome de la mano y lo recosté en la cama, me subí en su vientre y me fui haciendo hacia atrás hasta meter su pene en mi vagina. Comencé a moverme mientras él me tomaba de la cintura, trataba de moverme como jamás lo había hecho con él para que ese momento lo guardara para siempre en su memoria, con mis antebrazos apretaba mis tetas enormes y excitadas, con mis pezones erectos le hacía saber que el cabalgar sobre él era lo más delicioso en ese momento, sus manos no soltaban mi cintura llevando el ritmo de mi cogida.

    Decidimos cambiar de posición así que me acosté, subí una pierna a sus hombros mientras él metía su pene, comenzó a moverse y era delicioso volver a sentir mi vagina ocupada. Siguió moviéndose hasta que baje mi pierna, mientras él me cogía yo solamente abría mis piernas y con ellas lo abrazaba de la cintura, se movía delicioso o al menos eso sentía yo, me preguntaba “si me gustaba”, “si sentía rico”, yo le respondía con la verdad, fue entonces cuando se recostó sobre mi y siguió moviéndose hasta que me dijo que me amaba, todo iba tan bien hasta que me dijo que me fuera con él, yo le dije que siguiera y que platicábamos después.

    Pero entre cada metida y movimiento decía lo mismo “te amo” y me besaba, yo a manera de excitación le dije que me hiciera un hijo que me cogiera y que se viniera nuevamente para que me preñara, me dijo que se excitante tener un hijo conmigo. Yo sentía delicioso como ya hasta me había colgado de su pecho y con mis caderas envolviendo las suyas me movía de igual manera que él, era riquísimo el sentir que los 2 nos movíamos mientras mis gemidos envolvían el cuarto, seguimos los 2 así hasta que llegó mi orgasmo, no aguante más y le dije que siguiera y así fue, mientras ambos nos movíamos me vine, mi vagina se humedeció muchísimo mientras recibía sus metidas de verga.

    Tomo mis piernas y las junto nuevamente me coloco de lado, él hincado y yo en posición fetal seguimos cogiendo, me daba de nalgadas mientras yo solamente me apretaba de las tetas para más placer, me dio nuevamente la vuelta y me puso boca abajo, levanté un poco mis nalgas y empecé a recibir nuevamente sus metidas y cogida, mientras sus manos se apoyaban en mi cintura.

    Fue entonces cuando me dijo que también venía el suyo y si, lo sentí. Cuando me dijo eso, lo saqué de mí y así acostada y el hincadito comencé a chupar y a jalar su miembro hasta que se vino, sus bendiciones cayeron en mis labios, garganta y cara, sin pensarlo 2 veces, tome su miembro y con la lengua comencé a chupar su glande para limpiarlo, no sin antes tragarme su semen, el cual la verdad no sabía nada mal comparado con otros.

    Fue ahí cuando caímos los 2 rendidos, me acosté sobre su pecho y él comenzó a besar mi frente, me decía que me amaba y me propuso que me fuera con él, que dejara a mi marido y que me llevará a mis hijos con él le dije que no, que eso no podía ser, que la habíamos pasado muy bien y todo pero que no confundiera que cogíamos rico con el amor que decía tenerme.

    Al término de la plática llamaron al cuarto diciendo que las 4 horas habían terminado, sin decir ni pedir más tiempo, comencé a vestirme, mis tacones no los encontraba hasta que recordé que estaban en la cochera, bajamos de la recamara y trate de no tocar ese tema de nuevo. Antes de dejar la cochera, lo abrace y le dije que lo felicitaba por su ascenso, que ojalá algún día a mí me llegará ese momento.

    Le di un abrazo y me dijo que pensará lo de irme con él, lo ignore por completo y me subí al auto, fue solamente la calentura del momento y yo lo sabía.

    Fue a dejarme a mi casa y nos despedimos, tome mi cartera y baje, le dije que había estado todo delicioso y que le agradecía todo lo hecho por mí, nos despedimos y él tomó camino a su casa. Fue la última vez que lo vi. Entre a mi casa, mi esposo estaba jugando Xbox, le di un beso en la mejilla para no interrumpir, entre a la recámara y me puse mi pijama, me preguntó que como me había ido y le platique todo lo que había pasado en la comida, ya que lo demás, lo tenía que desechar de mi sistema.

    Espero sus comentarios, quejas, sugerencias, likes, en fin.

    Espero me sigan leyendo y por supuesto, que lean las anteriores anécdotas. ¡Saludos!

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  • Nuestra primera orgía

    Nuestra primera orgía

    Las olas chocaban suaves contra la playa desierta frente a la casa que rentamos para el fin de semana. Era un lugar perfecto: enorme, con una alberca gigante en el patio trasero, la playa vacía y sin casas cerca porque no era temporada de vacaciones. Nadie nos vería ni escucharía, ideal para lo que planeábamos. La casa tenía una sala inmensa con sillones grandes y cómodos, cuatro recámaras con camas king-size, y una habitación con paredes de cristal que dejaba ver el mar, con un jacuzzi grande adentro que prometía un cierre inolvidable.

    El plan nació después de nuestra experiencia con Karina y Luis en el motel, cuando Karina propuso invitar a más parejas. Elegimos a Marcela y Diego, y a Zandra y Carlos, amigos de Luci y Karina de la universidad, con relaciones sólidas y cuerpos atractivos, perfectos para probar el mundo swinger. No les dijimos que era una orgía; solo un fin de semana relajado en la playa. Nuestra estrategia: charlas, baile, tragos, y un juego de verdad o reto para calentar el ambiente, empezando con besos entre nosotros para animarlos, sin contarles que ya habíamos intercambiado parejas.

    Antes de salir, le confesé a Luci que siempre me ha atraído Marcela. Es casi idéntica a ella: delgada, con pechos bien formados, piel clara, pero un poco más alta, con piernas más llenitas y cabello corto hasta los hombros. Lo que me enloquece es que es más cachonda, siempre coqueteando. Luci se rió, me dio un beso intenso y dijo: “Disfrútala todo lo que quieras, amor. Pero yo también quiero mi diversión”. Su seguridad me prendió, y ya imaginaba lo que vendría.

    Llegamos el viernes al mediodía, bajamos la comida y alcohol del carro: cervezas, tequila, whisky, vino. Cada pareja se instaló en una recámara: nosotros en la principal, Karina y Luis en la de al lado, Marcela y Diego en la tercera, Zandra y Carlos en la cuarta. Marcela, siempre lanzada, bromeaba sobre si se escuchaba si cogían mientras acomodaba sus cosas. Diego, de 1.70 m, delgado, sonreía relajado, aunque noté un brillo de celos en sus ojos cuando su novia hablaba conmigo o con Luis. Zandra, de 1.52 m, con pechos pequeños pero firmes, nalgas pequeñas pero tonificadas, piel muy blanca y cabello rojo largo hasta media espalda, parecía nerviosa y algo seria. Carlos, de 1.90 m, con un cuerpo grande pero no atlético, estaba serio y callado, asintiendo sin hablar mucho.

    Nos pusimos trajes de baño. Marcela llevaba un bikini azul que apretaba sus pechos y resaltaba sus piernas llenitas. Zandra eligió un bikini blanco sencillo, que contrastaba con su piel pálida y cabello rojo. Diego, en un short gris, y Carlos, en uno negro, su cuerpo grande dominando el espacio.

    La tarde arrancó en la alberca, con el sol calentando el agua y cervezas frías circulando. La música llenaba el aire, y las risas fluían mientras platicábamos de la universidad, viajes y tonterías. Marcela, la más extrovertida, coqueteaba con todos, salpicando agua con sus piernas. Zandra, más reservada, se mantenía cerca de Carlos, pero sus ojos seguían los movimientos de Luci y Karina. Diego observaba a Marcela con atención, su mandíbula tensa cuando ella bromeaba con Luis.

    Pasamos a shots de tequila, y el ambiente se puso juguetón. Luci propuso un juego de futbol americano en la alberca, y pronto estábamos todos en el agua, cuerpos rozándose. Sentí las nalgas firmes de Karina contra mi cadera cuando la empujé, y Marcela se acercó a mí, sus pechos rozando mi pecho. “Cuidado, Kouta, no me vayas a ahogar”, dijo con una sonrisa pícara. Luci me guiñó, sabiendo que me atraía, y se acercó a Luis, sus manos en sus hombros mientras reían.

    Al caer el sol, cerca de las 6 de la tarde, nos movimos a la sala, todavía en trajes de baño, con toallas sobre los hombros. Las lámparas daban un ambiente íntimo, y pusimos reggaetón suave que invitaba a bailar. Karina, con su chispa, propuso un juego de verdad o reto “para conocernos mejor”. Luci asintió, Marcela aplaudió emocionada, y Diego accedió, aunque con un poco de celos. Zandra dudó, mirando a Carlos, quien se encogió de hombros y dijo: “Está bien”. El juego iba a ser nuestro anzuelo.

    Empezamos tranquilo. Verdades: ¿Cuál fue tu peor cita? Marcela contó una anécdota divertida de un tipo que se durmió en el cine. Zandra, tímida, dijo que nunca tuvo citas mala. Retos: bailar pegado con alguien. Luci bailó con Luis, sus cuerpos frotándose, sus pechos contra su pecho. Karina conmigo, sus nalgas presionando mi erección creciente. Sentí mi pene endurecerse bajo el short, y ella lo notó, sonriendo.

    El tequila seguía corriendo, y los retos subieron de nivel. Luci retó a Marcela a besar a Luis. Marcela, sin pensarlo, se acercó y lo besó con intensidad, sus lenguas enredándose, sus manos en su cuello. Diego apretó los puños, sus celos claros, pero no dijo nada. Karina retó a Zandra a besar a Marcela. Zandra, reacia, dijo: “No sé, eso no es para mí…”. Luci, Marcela y Karina la rodearon, riendo. “Es solo un juego, amiga, por los viejos tiempos”, dijo Marcela. Zandra cedió, y el beso fue tímido al principio, pero Marcela lo hizo más profundo, sus labios suaves contra los de Zandra, quien se relajó, sus manos tocando su cabello corto.

    Luci, sintiendo el momento, retó a Karina a quitarse el top. Karina lo hizo, sus pechos pequeños expuestos, pezones endurecidos. Marcela la siguió, sus pechos firmes saltando libres, casi iguales a los de Luci. Luci se unió, sus pechos perfectos brillando bajo la luz. Zandra dudó más, su piel blanca poniéndose roja, pero las chicas la convencieron: “Somos amigas, no pasa nada”. Se quitó el top, sus pechos pequeños pero firmes a la vista.

    Nosotros seguimos: me quité el short, mi pene grueso ya erecto. Luis y Diego hicieron lo mismo, el pene largo de Luis y el curvo de Diego causando murmullos. Carlos, el último, se bajó el short, revelando su pene de 22 cm, grueso como el mío, impresionante incluso en reposo.

    El juego se salió de control. Luci retó a Diego a dejar que ella lo tocara. Diego miró a Marcela, quien asintió entusiasmada, y Luci bajó su short, tomando su pene de 16 cm con curva hacia arriba. “Qué forma tan curiosa”, dijo, lamiéndolo lentamente, saboreando la curva. Diego gruñó, sus celos desvaneciéndose, sus manos en el cabello de Luci. Ella chupó con fuerza, sus gemidos vibrando, sus ojos cafés brillando de deseo.

    Karina retó a Carlos a lo mismo. Carlos, callado, dejó que Karina tomara su pene grueso, chupando la cabeza con sus labios carnosos. Carlos jadeó, su cuerpo grande temblando. Zandra, viendo a su novio disfrutar, protestó: “Esto es demasiado… no estoy segura”. Luci, Marcela y Karina la rodearon, besándola suavemente. “Es solo diversión, Zandra. Somos amigas”, dijo Luci, lamiendo sus pechos pequeños. Zandra gimió, su resistencia rompiéndose. “Despacio, por favor”, susurró, cediendo.

    A las 7 de la tarde, la sala se convirtió en un torbellino de cuerpos. Luci, liderando, se arrodilló frente a Diego, tomando su pene curvo en la boca. Lo chupaba con avidez, su lengua recorriendo la curva, haciendo que Diego empujara contra su garganta. “¡Carajo, Luci, qué boca tienes!”, gruñó Diego, sus manos guiándola. Luci me miró, sus ojos llenos de morbo, sabiendo que me excitaba verla. Su saliva goteaba, cubriendo sus pechos firmes, mientras gemía con la boca llena.

    Karina se acercó a Carlos, guiando su pene grueso y largo a su vagina. Se sentó sobre él en un sillón, gimiendo al sentirlo entrar. “Es enorme, me estás abriendo”, jadeó, moviéndose lentamente, sus nalgas rebotando contra sus muslos. Carlos, normalmente callado, gruñó, sus manos grandes apretando sus caderas.

    Zandra, aún dudosa, se acercó a Luis. Él la besó suavemente, y ella, cediendo, se arrodilló, tomando su pene largo en la boca. Sus movimientos eran tímidos al principio, pero pronto se volvieron expertos, chupando con una intensidad que sorprendió a todos. “Zandra, qué rico lo haces”, dijo Luis, su mano en su cabello rojo. Ella sonrió, lamiendo hasta el fondo, hilos de saliva conectando su boca al pene.

    Marcela, mi crush, se acercó a mí, sus ojos brillando. “Siempre supe que te gustaba, Kouta”, dijo, montándome en un sillón en posición de vaquera. Su vagina era apretada, y su calor me volvió loco. “Eres más cachonda que nadie”, le susurré, y ella rio, moviéndose con fuerza, sus pechos firmes rebotando, sus piernas llenitas abiertas. La penetré profundo, mis manos en sus nalgas, disfrutando mi fantasía cumplida.

    Cambiamos posiciones. Luci se puso en cuatro en un sillón, Diego penetrándola desde atrás. La curva de su pene golpeaba un punto que la hacía gritar: “¡Sí, ahí mismo! Me estás haciendo temblar”. Su vagina se contraía, un chorro pequeño escapando con cada embestida. Yo observaba, mi pene palpitando, excitado por su placer.

    Karina se acostó boca arriba, y Carlos la penetró en misionero, su pene grueso estirándola. “¡Me llenas tanto!”, gemía Karina, sus piernas temblando. Zandra, ahora más confiada, montó a Luis en vaquera invertida, su cabello rojo cayendo por su espalda mientras sus nalgas tonificadas rebotaban. Luis gemía, sus manos en sus caderas.

    Marcela y yo seguimos en el sillón, ella en perrito. La penetré con fuerza, mis manos pellizcando sus pechos, sus gemidos altos resonando. “¡Más duro, Kouta!”, pedía, y obedecí, mis caderas chocando contra sus nalgas. Su actitud ardiente me llevaba al límite del placer.

    Las mujeres se besaban entre sí. Luci y Marcela compartieron un beso húmedo, sus lenguas enredándose mientras eran penetradas. Zandra besó a Karina, sus labios rojos contra los de ella, un espectáculo que prendió a todos. Luci me llamó, y me dio sexo oral mientras Diego la penetraba, su lengua experta llevándome al borde.

    A las 9 de la noche, la orgía se mudó a la alberca, el agua fresca contrastando con nuestros cuerpos calientes. Luci flotaba mientras Diego la penetraba de pie, la curva de su pene haciéndola temblar. “¡No pares, me estás volviendo loca!”, gritó, un chorro intenso mezclándose con el agua, sus piernas envolviéndolo. La visión de Luci en éxtasis, con las estrellas reflejadas, me puso al borde.

    Karina y Carlos estaban contra el borde, él penetrándola por detrás, sus manos en sus nalgas firmes. “Tu grosor me mata”, gemía Karina, sus caderas empujando contra él. Zandra y Luis estaban en el agua poco profunda, ella en misionero acuático, sus pechos pequeños flotando mientras gemía, su cabello rojo pegado al rostro.

    Marcela y yo seguimos en la alberca, ella montándome, sus piernas apretándome. “Sigue, Kouta, me encanta”, susurró, sus movimientos ardientes llevándome al clímax. Eyaculé en sus nalgas, su risa sensual resonando.

    Zandra, ahora desatada, se sentó en el borde de la alberca, Luis lamiendo su clítoris. Sus gemidos eran agudos, su piel blanca brillando bajo la luna. Luego lo montó, sus caderas girando expertamente, llevando a Luis a eyacular dentro de ella. “¡Zandra, eres increíble!”, exclamó Luis, su control roto.

    Luci, viendo a Zandra, se acercó, besándola mientras Diego la penetraba. Las dos mujeres se tocaban los pechos, sus lenguas enredadas, un espectáculo que me endureció aún más. Marcela se unió, besando a Karina, sus cuerpos brillando con agua.

    Más noche, nos movimos al jacuzzi en la habitación de cristal, el mar oscuro al fondo. Luci montó a Luis, su pene largo deslizándose fácilmente, el agua burbujeante amplificando los sonidos húmedos. “¡Me estás partiendo!”, gritó, sus pechos rebotando. Karina, a mi lado, me hacía sexo oral bajo el agua, sus labios esforzándose con mi grosor. “Es un reto, pero me encanta”, murmuró, chupando con fuerza.

    Zandra, demostrando su transformación, se arrodilló en el jacuzzi, alternando sexo oral entre Luis y Diego. Sus labios rojos chupaban con maestría, superando a Luci, quien la miró asombrada. “Zandra, enséñame eso”, rio Luci, y Zandra guiñó, lamiendo la curva de Diego con precisión. Carlos, observándola, se unió, penetrándola desde atrás mientras ella trabajaba en Luis. “Eres una reina”, gruñó Carlos, embistiéndola.

    Luci, no queriendo quedarse atrás, se puso en cuatro en el borde del jacuzzi, y Carlos la penetró, su pene grueso y largo haciéndola gritar. “¡Es enorme, me estás rompiendo!”, exclamó, un chorro explosivo saliendo, mojando el suelo. Yo me acerqué, y Luci me dio sexo oral mientras Carlos la penetraba, su lengua llevándome al límite.

    Marcela, me jaló al jacuzzi, montándome en vaquera. Sus movimientos eran salvajes. “Hazme tuya, Kouta”, dijo, sus pechos rebotando. La penetré con fuerza, mis manos en sus nalgas, eyaculando dentro de ella, mi fantasía cumplida otra vez.

    Cerca de medianoche, nos dividimos. Luci, Diego, Karina y Luis se fueron a una recámara, mientras Marcela, Zandra, Carlos y yo nos quedamos en la sala. En la recámara, Luci estaba en misionero, Diego penetrándola con su pene curvo, golpeando su punto sensible. “¡Me estás haciendo venir otra vez!”, gritó, un chorro empapando las sábanas. Luis se unió, penetrándola por turnos, mientras Karina lamía sus pechos, sus lenguas sincronizadas.

    En la sala, Marcela me montó en un sillón, sus movimientos ardientes llevándome al borde. “Eres mi sueño, Marcela”, dije, y ella rio, apretándome con su vagina. Zandra, en otro sillón, hacía sexo oral a Carlos, sus labios rojos trabajando su pene grueso, mientras yo la miraba, impresionado por su habilidad. Carlos eyaculó en su boca, y ella tragó, sonriendo.

    Zandra se acercó a mí, sus ojos brillando. “Quiero probarte”, dijo, chupando mi pene con una técnica que superaba a Luci. Sus labios rojos, su lengua precisa, me hicieron eyacular en minutos, el semen goteando por su barbilla. “Eres la mejor, Zandra”, admití, y ella rio, orgullosa.

    En la recámara, Luci y Karina se besaban mientras Diego y Luis las penetraban alternadamente. Luci, en perrito, recibía a Luis, su pene largo entrando y saliendo, mientras Karina lamía sus pechos. Luci tuvo un orgasmo masivo, su chorro mojando a todos, sus gritos resonando.

    A la 1 de la mañana, exhaustos, nos reunimos en el jacuzzi, el mar brillando bajo la luna. Bebimos tequila, nuestras risas mezclándose con las olas. “Confesiones, sin enojos”, dijo Karina, como en nuestra primera vez. Marcela admitió que mi grosor la hizo explotar, guiñándome. Zandra, sonrojada, confesó que superar a Luci en sexo oral fue su triunfo, y todos reímos. Luci dijo: “Carlos y Diego me volvieron loca, pero verte a ti, Kouta, con Marcela… me prendió”. Diego confesó que sus celos se convirtieron en placer, y Carlos, serio, dijo: “Zandra me sorprendió”. Luis elogió la energía de las mujeres.

    En nuestra recámara, Luci se acurrucó contra mí, su cuerpo cálido. “Gracias por dejarme ser libre”, susurró. “Marcela es puro fuego, pero tú eres mi hogar”. Mis celos se desvanecieron, reemplazados por amor. La orgía, que duró desde la tarde hasta la noche, fue un torbellino, pero nuestra conexión era más fuerte. Mientras el mar susurraba, supe que repetiríamos al día siguiente, aun nos quedaban dos días con la renta de la casa.

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  • Un viejo verde y yo sola en la piscina (4)

    Un viejo verde y yo sola en la piscina (4)

    Me asomo por la ventana y veo que, pese a la hora, todavía hay luz en su ventana. Me levanto y me visto solamente con un picardías negro. Salgo al rellano así vestida y llamo con los nudillos a la puerta.

    Abre la puerta el viejo. Al verme así vestida comienza a reírse con ganas, aunque sin demasiado volumen, dadas las horas que son. Se queda esperando sin preguntarme. Yo miro al suelo. Finalmente me arranco.

    —Vecino… por tercera vez hoy… quería pedirle perdón. Creo que me he agobiado de repente…

    Él se ríe. Vuelve a mirarme enterita y yo me deshago.

    —Anda pasa.

    Según franqueo la puerta, me coge de la mano y me lleva al dormitorio. Se quita el pantalón y se tumba en pelotas. Parece obvio que espera lo propio de mí. Me vuelvo a desnudar y me tumbo de lado junto a él. No parece gustarle, porque se incorpora y me pone boca arriba, se coloca a horcajadas sobre mí. Tumbada, su cuerpo seboso y su risa degenerada llenan mi visión. Y veo sus manos posarse directamente en mis tetas y comenzar a masajearlas.

    —Creo que no he entendido bien. ¿Puedes repetirlo?

    Joder, al cabrón no le vale con que me disculpe… quiere humillarme.

    —Le decía, vecino, que estoy avergonzada por la tercera espantada de hoy. Lo lamento mucho.

    —Cuéntame qué ha pasado por tu cabecita y veremos.

    Según termina la frase, baja su cabeza hasta mis tetas y comienza a chuparlas. No me queda más remedio que sincerarme.

    —Después de lo de antes, le miré con otros ojos. Ojos feos. Y no me gustó lo que vi.

    —¿Te refieres al gordo y viejo vecino? —Dice separando apenas un segundo la boca de mis tetas y riendo.

    —Sí. Pero es injusto. Luego recordé todo lo que me había hecho pasar.

    —¿Qué es lo que te había hecho pasar?

    Mientras chuperretea mis tetas le voy contando.

    —Pues recordé cómo levantó las manos cuando bailaba desnuda para que pusiera mis pechos sobre ellas y cómo me sentí cuando las acerqué y se amoldaron a la perfección.

    El efecto de rememorar esto ahí con él chupándome es demoledor. Sigo hablando.

    —También recordé cómo me deshacía cuando me quité el tanga y me quedé desnuda. Y antes, cada segundo mientras me vestía para usted… y cómo me folló.

    El tío sigue lamiendo mis pechos y después me contesta.

    —¿Y para qué quieres mi perdón?

    Se incorpora y comienza a masajear mis senos. Le encanta mirarme mientras pienso.

    Buena pregunta ¿Para qué quiero su perdón? Y lo que es más, ¿por qué me lo pregunta? Cuando me hace pensar siempre es para llevarme a algún lado.

    Mientras recibo su magreo en mis pechos trato de discurrir. Quiero su perdón para que me volviera a follar es obvio, pero, ¿y después? Cuando me hubiera follado, me seguiría sintiendo igual otra vez. Luego, esto seguiría más veces. Hasta que… Entonces veo claro que él sabe lo que yo quiero de veras. Sólo trata de que yo también llegue hasta ahí.

    Y algo se me debe notar cuando ato los cabos, porque se ríe y dice.

    —Dilo, vecina, cuéntame el motivo por el que quieres que te perdone.

    Me armé de valor y vomité la verdad.

    —Quiero que me perdone, porque esta semana que voy a estar sola… la quiero pasar con usted.

    Se ríe a carcajada limpia. Otra vez había vuelto a llevarme donde él quería y lo celebra. Sigue manoseando mis pechos en silencio. Yo, reconocida la verdad, comienzo a acariciar sus nalgas.

    —A ver vecina, ¿cómo piensas que será esa semana?

    Yo pienso unos segundos y respondo.

    —En primer lugar, —digo agarrando sus manos con las mías mientras estruja mis tetas— no beberá solo. Estaré yo con usted para beber cervezas y ginebra hasta emborracharme todos los días.

    Él ríe sonoramente.

    —Eso es, princesa. Serás una borracha como yo. Beber, como comer, debe hacerse en compañía. Y también fumar.

    —¿Fumar? En la vida he probado el tabaco.

    —Lo imagino, princesa, pero tendrás que fumarte uno conmigo cada vez que yo lo haga.

    Yo asiento. Y él continúa.

    —Pero no piensas que sólo beberemos, comeremos y fumaremos, ¿no?

    —Si tengo suerte, tal vez me permita que me desnude para usted todos los días como antes.

    —¿Ah sí? ¿Qué harías para ganarte eso? ¿Por qué te daría ese gustazo?

    —¿Cómo?

    Él se ríe.

    —Vamos a ver Silvia. Yo de negocios no sé mucho, jajaja. Pero si alguien viene desesperada a mi casa a pedirme algo… ¡seguro que logro algo a cambio!

    —¿Algo a cambio de ponerme en pelotas para usted?

    No puedo creerme lo que oigo… encima de desnudarme para él… ¡me pide algo a cambio!

    —Mira preciosa, cuando acabe esta semana, volverás al piso de enfrente. Y yo me quedaré sin poder ver tus tetas… eso está muy mal.

    Le miro con expresión extrañada. Y entonces lo entiendo.

    —Ya. Quiere tomarme fotos desnuda, ¿no es así?

    Mi vecino ríe y me da un chupetón en los pezones.

    —Y lo harás. Me parece un acuerdo justo.

    ¿Estoy loca? ¿En serio voy a permitir que tenga pruebas de nuestras juergas? ¿Y eso como precio para que me deje desnudarme? Mi coño comienza a hacer aguas rápidamente. Él nota mi encharcamiento y me hace cambiar de posición. Ahora él queda tumbado debajo y, sin olvidar mis peras, pellizca mis dos pezones.

    Yo cierro los ojos y respondo.

    —Llevas razón. Me parece un acuerdo justo.

    Ya está. Lo he dicho, se lo voy a permitir…

    —Así que te dejaré desnudarte para mí y te tomaré fotos. Fumaremos y nos emborracharemos juntos…

    —Además, seguramente tenga que ver con usted esas pelis tan “interesantes” que tiene, ¿no?

    Él comienza a reír.

    —Desde luego. Porque el cine convencional me aburre.

    —De nuevo, tal vez, con suerte, logre que me acaricie las piernas mientras la ve. Me gustaría que me acariciara mientras la rubia siliconada de la pantalla es penetrada ferozmente.

    —Jajaja. Serás puta. Te digo que te pongo precio dejarte que te desnudes para mí y ahora corriendo vuelves a obligarme a poner precio a que te meta mano, jajaja.

    Joder, lleva toda la razón… Me ha excitado saber que encima de desnudarme para él, iba a tener que pagar peaje… tanto que ahora le estoy pidiendo peaje ¡por dejarle meterme mano! Piensa un rato y vuelve a hablar.

    —A ver entonces, si el precio por mirarte en pelotas es poder hacerte fotos, ¿cuál le ponemos a que te sobe mientras veo el porno? Dímelo tú.

    Yo comienzo a pensar en voz alta.

    —Mmm, no lo sé. Tiene que ser delicioso sentir sus manos en mis muslos mientras vemos esa mierda… digo esa peli. Y dado lo que le gusta elegir mi vestuario, me parece justo que usted lo supervise durante la semana.

    —¿Supervisar? Creo que será mejor elegir.

    —¿Que usted va a elegir mi ropa durante toda la semana?

    —¿No compensa eso que te magree?

    Se me escapa una sonrisa y, mientras levanto mi trasero y empalo mi sexo con su rabo le reconozco que lleva razón. Después de haber limpiado ferozmente con la ducha mi agujero, ahora volvía a estar invadido. El me mira sonriendo y suelta.

    —¿Y cómo vas a pagarme por los pollazos?

    —¿Vas a cobrarme un precio por follarme?

    —Sin duda, bonita… ¿qué harás para que te folle?

    Yo comienzo a subir y bajar. Estoy excitadísima. Él me deja, pero cuando ve que estoy cerca del orgasmo suelta mis tetas y me agarra las caderas, inmovilizándome y me mira fijamente, esperando respuesta.

    —Haré lo que sea, vecino, para tener sus pollazos.

    —¿Estarás a mi total disposición para todo?

    Yo trato de moverme y seguir con el baile, pero me tiene firmemente sujeta.

    —Sí, vecino, pero por favor, déjame seguir.

    —Y cuando digo todo, es TODO.

    —Sí vecino, sí. Lo que usted quiera.

    Me suelta y yo, como loca, vuelvo a cabalgar.

    —¿Voy a pagar eso para estar aquí para que me mire, me sobe y me folle?

    —¿Te parece justo?

    —Siii.

    No estoy segura de si tiene claro si ese “siii” es por el acuerdo o por el orgasmo que me sacude. Él tira fuerte de mis pezones mientras grito y me hace gritar más. Me doy cuenta de que no se ha corrido, aunque, entre la corrida mirándome en la piscina y la juerga de antes contra la pared, supongo que será difícil.

    Aún estoy reponiéndome del orgasmo cuando me suena el móvil. Supongo que será la llamada de todos los días de Pablo.

    —¿Quién es? ¿El cornudo de Pablo? —dice riéndose—Si supiera lo puta que eres, si supiera cómo te he follado jajaja, como te he llenado de mi leche, y lo mejor de todo que tú me lo has pedido.

    Yo llevo mi dedo a los labios pidiéndole silencio.

    —El móvil sigue sonando, si no quieres que piense cosas raras tendrás que cogérselo, jajaja, prometo portarme bien mientras hablas.

    —Hola Pablo—digo agarrando con fuerza una de las manos que siguen clavadas en mis tetas.—Si todo bien por aquí. Un calor terrible sí. He estado en la pisci toda la tarde.

    Frota mis pechos mientras hablo. Yo cierro los ojos.

    —Nada interesante. Poca gente. Las hijas de los del portal 5 y tu vecino… sí hijo sí, ése, el gordo gilipollas.

    Le miro y se está descojonando.

    —No seas bobo, no hay sitio para alejarme de él… ¿que el otro día le pillaste mirándome?—Miro y sonrío a mi vecino— Ya lo sé. Yo le he pillado muchas veces. ¿qué esperas? Pues normal, jejeje… sí, ya sé que es un guarro… tú qué tal… ya sí, me ha extrañado que no me llamaras antes, pero supuse que llegarías tarde. No te preocupes. Bueno, descansa… Adiós.

    Cuelgo. Y tú no puedes evitar la carcajada.

    —¿qué te ha dicho el gilipollas?

    —Me ha dicho que eres un guarro que el otro día te pillo mirándome.

    —Jajaja, pues haber contestado diciéndole dónde tengo las manos y la polla ahora, jajaja.

    No puedo evitar reírme. Y me turba. Mi reacción ante la llamada de mi marido me sorprende. Pensé que me sentiría más culpable si alguna vez le era infiel, pero estoy como embriagada por la situación.

    —Bueno, vamos a dormir, ¿no te parece? Tenemos todavía varios días por delante.

    —Ya, pero usted ahora no se ha vaciado.

    —No te preocupes, vecina. Ya me ordeñarás mañana. Ha sido un día muy largo y tenemos que descansar. Y uno ya no tiene 20 años. Además, uno no se folla a la vecina todos los días, jajaja.

    Se tumba boca arriba y yo me coloco de lado dándole la espalda. No sé, siento como que me falta algo… Y me doy cuenta qué es.

    —Vecino, por favor, podría dormirse agarrando mis…

    No hace falta que termine la frase. Se gira y me agarra un pecho por detrás. Siento el aliento en mi nuca. Me parece imposible dormirme según tengo la cabeza, dando vueltas a todo, pero estoy tan cansada que no aguanto…

    Me despierto muy pronto, seguramente por la costumbre del curro…o tal vez por los ronquidos descomunales. Los ronquidos parecen salir de la imponente barriga. Es dura y velluda. Está desnudo, boca arriba y me dedico a observarlo. El miembro cae flácidamente hacia un lado. Veo abundante sudor brillar en el cuello y en las peludísimas axilas. Inundan la habitación de un olor penetrante. Bueno, pues parece que voy a estar una semana viendo esta estampa amanecer a mi lado. Anoche salí corriendo cuando me di cuenta de esto, hoy intentaré contenerme. Sonrío. En el fondo, sé que este cabrón me ha hecho disfrutar y me va a hacer disfrutar, por mucho asco que me de ¿o es precisamente por eso?

    Después de un rato estudiando su cuerpo, me levanto. Miro el desastre de la casa. Cojo un par de bolsas de basura y comienzo a liberar todo el salón de cervezas y pizzas. Cuando termino no puedo evitar ver mi pijama (inútil pijama, después de todo) sobre sus calzoncillos sucios. Veo cómo parte de la mancha de los calzoncillos ha pasado a mi prenda. Sonrío mientras me lo pongo. La mancha queda a la altura de mi costado. Ya vestida, abro el salón para ver si ventilamos un poco y desterramos el perenne olor rancio de la casa. Separo la ropa tirada en dos montones y busco el detergente en la cocina. Afortunadamente tiene, así que pongo una lavadora de ropa blanca.

    Voy teniendo hambre y me preparo un desayuno. Además de cerveza, milagrosamente hay leche. Tomo un café y lo complemento con unas galletas que encuentro. Miro la hora, hago otro café y un par de tostadas. Me desnudo de nuevo y voy a la habitación.

    Dejo la bandeja en el suelo y me tumbo en la cama. Ahora su cuerpo se ha adueñado de todo el colchón, durmiendo con un brazo extendido. Me tumbo de lado junto a ese brazo, dejando que pase por debajo de mi cuello y paso mi pierna por encima de su cintura. Mi cabeza está pegada a su axila. Comienzo a acariciar su pecho y a besarlo. Los ronquidos se van haciendo más irregulares hasta que, finalmente, abre un ojo con dificultad.

    —Buenos días, vecino.

    Él sonríe.

    —Hombre, guarrilla, buenos días. O sea que no fue un sueño después de todo.

    —No vecino, no lo fue. Es cierto que su vecina ayer se abrió de piernas para usted y que después le suplicó pasar toda la semana aquí.

    Le cuesta abrir los ojos. Probablemente sea el primer momento en el que le veo completamente sobrio. Al sentir mi muslo por encima de su entrepierna, comienza a acariciarme.

    —¿Cerramos algunos tratos o eso sí lo soñé?

    —Los cerramos. A cambio de que usted me mire las tetas, me sobe y me folle yo le permitiré hacerme fotos, decidir mi ropa y estaré a su disposición para todo lo que quiera.

    —Joder. No está mal. —Se empieza a reír. —Creo que se te da tan mal negociar como a tu marido follar, jajaja.

    Me contagia la risa. Nos quedamos un rato pegados y en silencio. Al rato sigue.

    —¿En qué piensas putita?

    —Pienso en ayer… en cuando me asusté al ver que me acababa de follar un viejo gordo salido y borracho y me fui.

    —¿Me estás llamando viejo, gordo, salido y borracho?—pregunta riendo a carcajadas. —Bueno, ¿y a qué conclusión llegaste?

    —En que tal vez sería buena idea que se quedara con mis llaves de casa. Por si acaso me vuelven a dar ganas de escapar. —Espero su respuesta, pero no llega. Tan sólo sonríe. —Por cierto, le he hecho el desayuno.

    —Pues dámelo putita.

    Mientras me levanto y cojo la bandeja, el viejo ya se ha incorporado y espera sentado con la espalda apoyada en el cabecero. Pongo la bandeja sobre sus piernas.

    —También he pensado que… ¿Qué va a hacer con Pablo? Quiero decir… se está follando a su mujer. Supongo que no podrá evitar decírselo en su cara.

    —Jajaja. Mmmm, la verdad es que suena bien. Pablo, según te fuiste de viaje, tu mujer me suplicó abierta de piernas que me la follara. Lo siento, tío, tuve que hacerlo. Jajaja. Tiene las tetas pequeñas, pero me apetecía vaciar mi polla en el coño de la mujer de un cabrón estirado pichafloja, jajaja. La pobre estaba muy necesitada con una maricona como tú, jajaja. Eso te gustaría, ¿eh guarrilla?

    —Bueno, veo que no me va a contestar. A cambio, ¿Puedo preguntarle qué pasó con Pepi?

    —¿Quieres saber por qué me dejó?

    Asentí con la cabeza. Él daba cuenta de sus tostadas.

    —Pues chica, con la edad… pues como que ya no le apetecían ciertas cosas. Y uno, aunque está viejo para algunas cosas, pues para otras…  Al final, una vez a la semana más o menos, me pagaba a una puta. Y así estuve varios años. El caso es que me pilló. Y tirando del hilo, descubrió la frecuencia. Me dijo que era un degenerado y blablablá. Y me dejó.

    —¿Y cómo se quedó usted?

    —Al principio descolocado, pero bueno, hay que seguir adelante. Por culpa de eso comencé a beber demasiado… En fin… al menos, ahora en vez de una puta al mes, ¡puedo ir siempre que quiera, jajaja!. Aunque esta semana, me parece que no me hará falta. La puta es la que me paga a mí para que me la folle, jajaja.

    Me río yo también ante la ocurrencia.

    —Entonces fue cuando empezó a consumir porno y emborracharse, claro.

    —Eso es, una vez sin Pepi, ¿qué coño tenía que aparentar? ¿Qué me gustan tus tetas? Pues te lo digo. ¿Qué te me pones a tiro? Pues disparo. ¿Que las putillas de Lidia y Cris se ríen cuando las miro?, pues intento que me den material para pajearme… la vida es mucho más simple.

    —¿Y sus amigos?

    —Na. La Pepi dejó claro por qué me dejaba. A los cuatro vientos. Cuando se enteraron de que era un putero… No quisieron saber de mí. Alguno nuevo he hecho, algún otro viejo verde putero, jajaja. Pero los antiguos, nada.

    Termina el café y se levanta.

    —Y con lo de las llaves, me parece perfecto. No entrarás en tu casa a no ser que yo te de permiso.

    Abre un cajón y saca una botella, que apenas tiene una gota.

    —Por ejemplo ahora. Ve a tu casa y tráeme una botella de ginebra, que no me queda, jajaja. No, espera. Mejor voy contigo.

    Pasamos por el salón y ni siquiera se da cuenta de que está recogido. Nos dirigimos a la puerta. Allí coge las llaves de mi casa y, desnudos los dos, salimos al descansillo y entramos en mi casa.

    —¿Dónde tienes las bebidas, puta?

    Señalo un mueble en el salón. Lo abre y comienza a reír.

    —Creo que me llevaré algunas, jajaja.

    Saca una de ginebra, otra de vodka y otra de whisky.

    —Ve a tu cama y espérame allí con las piernas abiertas.

    —¿En mi cama de matrimonio?

    Asiente con la cabeza.

    Joder… me va a follar en mi propia cama… y yo… Yo voy hacia allí y espero según me dice, con las rodillas separadas y dobladas en la cama.

    Medio minuto después aparece bebiendo directamente de la botella. Me mira y sonríe mientras se acaricia el rabo.

    —Me apetece un polvo mañanero. Toma. Pégale uno bien largo.

    Y me tiende la botella.

    Yo miro la botella… no me queda otra. Me la llevo a los labios y comienzo a beber. Cuando termino me dice.

    —Otro. Eso no es beber.

    Se tumba en la cama encima de mí. Aún no he terminado ese segundo trago cuando, de un empellón, me la mete y comienza a martillearme. Apenas puedo dejar la botella en el suelo. Después rodeo su cintura con mis piernas.

    —Me apetecía follarte en la cama de Pablo, puta.

    —Y a mí me apetecía ver la cara roja que se te queda mientras me follas.

    Efectivamente veo su congestionada cara subir y bajar.

    —Y que te la meta en tu cama de matrimonio, ¿no te pone, guarra?

    —Mucho vecino.

    —Pues toma, toma, toma y toma.

    Los pollazos son intensos. Noto chocar tus huevos contra mi culo.

    —Me estás reventando cabrón.

    —Es que así se folla a las zorras, vecina. Apréndelo bien.

    Y me pega un beso en los labios, como tomando aire un segundo después de volver a bombearme salvajemente.

    Continúa unos cinco minutos. En mi habitación, en mi cama de matrimonio, sólo se oye el chof, chof de su rabo al maltratar a mi (lubricadísimo por otra parte) sexo. Y entonces se vacía en mi vientre con un bufido y varios espasmos.

    No sólo me ha marcado por dentro. La habitación en sí se ha impregnado de su olor, también la ha marcado.

    Tras vaciarse, sale de mí y se tumba a mi lado.

    —Ponte de rodillas con las piernas abiertas.

    Yo obedezco. El tío coloca la cabeza a un palmo de mi sexo frente a él. Con sus dedos abre mi sexo y se dedica a ver cómo su leche cae sobre las sábanas de mi cama de matrimonio.

    —Y así, princesa, es como se hace más cornudo aún a un marido. Cuando tu lefote cae en la puta cama del cornudo es cuando los cuernos valen doble, jajaja. Mira, mira. Mira cómo cae.

    Y mirando hacia abajo, veo el cerco oscuro de la leche de mi vecino aumentando a cada gota.

    —Aún no me puedo creer que esté plantando la cornamenta a ese gilipollas, jajaja.

    Durante un tiempo disfruta el espectáculo.

    —Venga, levanta. Tengo que ir a comprar hoy.

    Y salimos de allí. De nuevo ambos en pelotas, sólo que yo ahora, rellena. Entramos en su casa y entonces sí que se da cuenta de los cambios.

    —Mmm. Al fin. Se nota que una mujer ha entrado en mi casa. Mira, vecina, como te he dicho, tengo que ir a hacer unas compras, así tendrás tiempo de limpiar esta pocilga, jajaja.

    Y antes de que tenga tiempo de quejarme, pega su cuerpo desnudo al mío y me besa mientras acaricia mis nalgas.

    —Luego lo pasaremos bien, jajaja.

    Y sin decir nada más, se viste y se va.

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