Blog

  • Me la echaron adentro enfrente de mi novio

    Me la echaron adentro enfrente de mi novio

    Hola como están espero se encuentren bien, la historia que les contaré es de cuando terminé con el que era mi novio Andrés, espero que la disfruten.

    Era el año 2014 yo ya tenía 20 años la relación con mi novio era inestable, a veces estábamos bien y teníamos sexo a diario y había otras veces que estábamos muy mal y no me tocaba en semanas, y pues con Osvaldo no quería tener mucho contacto, pues no quería que mi novio se diera cuenta de que entre él y yo sucedía algo, y aunque las cosas estuvieran mal y me dieran muchas ganas de irme a culear, con Osvaldo o con otros hombres que sabía que me tenían ganas no lo hacía, por que trataba de mantener a esa perra en celo que llevaba dentro controlada, y mantenerme en mi posición de que era una buena novia. Todo comenzó un día común y corriente, mi novio me dijo que un amigo de él que venía de otra ciudad, se iba a quedar en la casa de él, yo no lo conocía solo sabía que se llamaba Sebastián y que había estudiado con el cuándo eran más jóvenes.

    El día que Sebastián llegaba a la casa de Andrés mi novio, yo no pude asistir a la fiesta de bienvenida que le habían hecho a Sebastián porque, ese día estaba ocupada presentado unos trabajos en el instituto, y luego de eso en la noche tenía una reunión familiar. Eso fue un viernes mientras estaba en la fiesta con mi familia, yo estaba revisando en las redes sociales las fotos que subía mi novio de la fiesta, en la que él estaba con su amigo recién llegado, era un moreno alto, flaco, pero se notaba por encima que tenía un cuerpo muy bien torneado y tenía un rostro bellísimo, por mi mente lo primero que paso fue que si se me presentaba la ocasión con Sebastián no la iba a dejar pasar.

    Se acabó la fiesta con mi familia y me fui para mi casa a dormir para al otro día irme a donde mi novio a saludar a Sebastián, era sábado en la mañana me levante alrededor de las 9 de la mañana me bañe y me arregle, me puse unos cacheteros en encaje verdes y un brasier verde que combinada con los cacheteros, me puse un top morado, con una licra morada y unas zapatillas deportivas, la licra me quedaba bien apretadita cosa que hacia relucir muy bien mi culo me eche perfume y Salí, para la cosa de mi novio que ese mismo día se convertirá en ex novio.

    Llegue a la casa de mi novio y toque la puerta, para mi sorpresa quien abrió fue Sebastián yo me quedé sorprendida por que se veía mucho mejor en persona que en fotos, no sabía para donde mirar si a su cara toda bella, o a sus labios gruesos, o a sus abdominales, o pectorales bien torneados o si a su verga, que debido a que no tenía puesto boxers se podía apreciar muy bien por encima de la pantaloneta el gran vergon que se cargaba Sebastián, parecía un martillo o un garrote listo para partir lo que se la atravesara.

    S: Hola mucho gusto, tú debes de ser Sebastián yo soy Sofía la novia de Andrés.

    Se: Ohhh claro Sofía como estas, mucho gusto pasa, Andrés acaba de salir a hacer unas compras. Pero por favor pasas y lo esperas.

    S: Gracias, si mejor lo espero, mientras me puedes contar de cómo te hiciste amigo de mi novio.

    Me senté a hablar con Sebastián, y según lo que me contaba cuando ellos estudiaron juntos, mi novio era el típico chico al cual molestaban, pero que por alguna razón a Sebastián le caía bien, que por el contrario él era muy popular en esos tiempos, con el pasar del tiempo se hicieron buenos amigos, pero Sebastián se tuvo que ir a otra ciudad, pero igual seguían hablando por redes sociales, paso una hora de yo estar esperando a que Andrés llegara, cuando el regreso había comprado muchas cervezas e ingredientes para preparar el almuerzo.

    Saludé a mi novio con un beso rápido en la boca, y sin que mi novio me dijera algo me dispuse a ir a la cocina para preparar el almuerzo, quería sorprender a Sebastián con mi sazón, ellos se sentaron a jugar play y mientras tanto yo me encargue de tenerlos bien atendidos, estaba pendiente de que apenas se acabaran sus cervezas llevarle más, y en el momento de agacharme para dejarle las cervezas me agachaba hasta el punto de ponerle mis nalgas en la cara a Sebastián, para que me las viera cosa que no pasó desapercibida pues sentía su mirada fija en mi culo, llego la hora del almuerzo nos sentamos en el comedor y Sebastián me halagaba porque mi comida había quedado rica, después de almuerzo nos sentamos a hablar y pasaron las horas hasta llegar la noche, me había encargado de tenerlos bebiendo toda el día, para que mi novio se emborrachara y se quedara dormido y Sebastián ya estaba un poco ebrio, y yo igual estaba ya un poco mareada por el efecto de las cervezas, y como lo había planeado mi novio estaba dormido y me puse a hablar con Sebastián, poco a poco me iba acercando a el de un momento a otro Sebastián me dijo:

    Se: Me asombra que mi amigo tenga una novia tan hermosa y que sea tan sexi además cocinas delicioso

    S: Jajaja me sonrojas sebas no es para tanto, pero tampoco es por presumir, pero yo todo lo hago rico.

    Se: ¿Todo lo haces rico? Eso habría que verlo o intentarlo.

    S: Tu solo dime, que hacemos

    Se: Aprovechemos que Andrés está dormido, y vamos a la pieza yo te muestro algo que te puede gustar.

    S: Vamos de inmediato.

    Dejamos a Andrés dormido en la sala, y me dirigí a la habitación donde dormía Sebastián pues Andrés vivía solo, entramos a la pieza y cerré la puerta estaba oscuro, cuando sentí como Sebastián se me pego y me tiro a la cama, se me montó en cima y me empezó a besar yo también le seguí el juego, y le decía que desde que lo vi lo había querido tener dentro de mí, como el aún seguía en pantaloneta y sin boxers le sentí esa tremenda polla, esa verga toda grandota que me la frotaba en toda mi chocha, la sentía muy dura así tuviera la licra puesta, a medida que se le iba parando se parecía más a una piedra literal, y con mis manos dentro de su pantaloneta podía sentir como su verga estaba llena de venas algo que me parecía delicioso, era ancho y largo me puse a jalársela mientras lo besaba y el me tocaba las tetas con fuerza, me arrodillé y me puse a hacer lo que más me gusta chupar verga, le lambia su cabezota con la punta de mi lengua y le acariciaba sus huevos todos grandes y redondos, la estaba pasando delicioso el me paro y me bajo la licra me pego contra la pared, y me la metió directamente en el culo, sentí como me metía su verga doblada me dolía pero no quería que parara.

    Me empezó a azotar el culo con sus manotas y sonaban como latigazos, estaba vez si no aguante y empecé a gemir como una perra en celo, después de 5 minutos de estar pegada contra la pared, mientras él me jalaba el pelo y me metía su grande y gruesa verga por el culo parecía como si me estuviera violando, yo gemía y gemía sentía como su verga se cargaba para llenarme de su semen, pero justo en ese momento debido a los gemidos no escuche que Andrés venia por el pasillo, me había olvidado por completo de él, y de un momento a otro, se abrió la puerta Sebastián soltó su chorro de semen dentro de mí y mientras gemía de placer observe de frente a un Andrés, que aun que estaba borracho era consciente de la escena que estaba presenciando su amigo sacando su verga de mi culo, y yo gimiendo de placer mientras lo veía a la acara, se puso a llorar y se fue a su pieza yo realmente me sentí mal por él, pero no estaba en condiciones de irme a explicarle nada ni consolarlo ni pedirle perdón ni nada, solo pensaba en el momento tan increíble que pase con Sebastián y ya.

    Como pude me subí mis cacheteros mi licra me despedí de Sebastián mientras se tiraba a la cama, le di un beso en la boca apasionado por la espléndida culeada que me había dado, Sebastián se quedó empacando su maleta y Andrés se quedó llorando en su pieza, mientras a mí me dolía el culo y me temblaban las piernas me fui caminando para mi casa. No es que no me sintiera mal por Andrés, pero la había pasado tan rico con Sebastián que la verdad no me arrepentía de lo sucedido, cuando llegue a mi casa y revise mi celular había muchos mensajes de Andrés, tratándome de lo peor y diciéndome que no quería saber nada mas de mí, a lo que yo respondí con un “OK lo siento mucho y espero que te vaya bien” no se me ocurrió nada más que decirle lo ame mucho, pero todo tiene su final.

    Después de eso no volví a saber nada Sebastián, y aun que la pase súper delicioso prefería mantener mi distancia con él, con Andrés era distinto constantemente me lo encontraba en la calle o en lugares públicos, a lo cual yo lo ignoraba por completo a pesar de que sentía como mantenía su mirada fija en mí.

    Posdata: Espero les guste el relato ya saben que pueden dejarme sus opiniones en los comentarios y espero de todo corazón que se encuentren bien.

  • ¡Sorpresa! Sí, quiero probar de aquello

    ¡Sorpresa! Sí, quiero probar de aquello

    Había llegado temprano como de costumbre a cualquier cita y la vi entrar al salón de belleza donde mi hermana se atiende y que por esta pandemia que todavía vivimos me veo con la necesidad de visitar, pues mi peluquero al que he visitado en los últimos 15 años parece que ha cerrado sus puertas. Esta chica a quien después conocí con el nombre de Annel vestía unos pantalones vaqueros, una blusa beige y un suéter de abotonar del mismo color y llevaba zapatos de tacón alto. Se miraba elegante a pesar de su simple vestimenta y no le pude estimar su edad, pero si pude notar un rostro de tez morena y muy bello.

    Diez minutos después vi que las luces se encendían y cinco minutos antes de mi cita toco el timbre, pues las puerta principal continua con llave. Me saluda con unos buenos días y una sonrisa muy agradable y veo que solamente se encuentra ella, pero ahora viste una bata abierta como las que usan los médicos y ella a cambiando su pantalón vaquero a una falda que baja unos centímetros por sobre sus rodillas. Tiene bonitas piernas y en esa inspección veo que ahora viste zapatos tenis y ahora le calculo su edad entre 27 a 33 años. Debo decir que toda esta conversación se daba en el idioma local que es el inglés.

    Iba solamente por un corte de cabello, pero ella mencionó si deseaba que me rasurara y le asistí con un “si”, pues por esta época y en las condiciones que vivimos con esta pandemia todo el mundo quiere hacer un dólar de más, pero también le dije que “si” pues mi hermana me había dicho que su amiga Tiffany, quien es la dueña del lugar me había conseguido esa cita en un domingo temprano por la mañana y en agradecimiento le daba la excusa que se ganara unos dólares de más, aunque yo ya tenía en mente en darle una buena propina por el favor. También debo mencionar que Tiffany es una bella mujer que debe estar en sus mediados cuarenta y a quien me follé unos tres años atrás en una fiesta de mi hermana, pero que no continuamos con una clandestina relación, pues ella es casada y tiene mucho que perder económicamente o al menos esa fue la impresión que tuve en el momento.

    Annel me hizo pasar a un cuarto donde me lavó el cabello y después de secarlo me hizo sentar en esas sillas que rotan los 360 grados y acomodándome estaba cuando le sonó el teléfono en la cual sostuvo una breve conversación de un par de minutos y donde descubrí que esta chica pensaba que yo no hablaba español:

    -Sabes… tengo al muñeco que se comió Tiffany frente a mí. -Dijo después de un saludo e identificar quien llamaba y continuó.

    -No… es un hombre mayor de unos 48 años, pero se mira que se cuida… yo también me lo comería. ¡Está guapo la verdad! – Decía Annel haciendo alguna breve pausa y terminó diciendo:

    -Debo dejarte… lo he dejado esperando… No me des ideas, que ando tan caliente que, si me las pide, yo también le daría las nalgas… Si, hay te cuento si me lo como, pero primero debo cortarle el cabello. -Y colgó despidiéndose.

    Realmente no sabía que pensar. Podría ser que estaba mal entendiendo todo, pues no escuchaba lo que decía la otra persona o era así Annel de abierta con sus amigas, asumiendo que ella no tenía idea que yo dominaba el idioma de Cervantes. Esto me provocó una tremenda erección que se me fue difícil disimular especialmente porque vestía de esos pantalones para ejercitarse pues tenía en mente ir a correr a un parque después del corte de cabello.

    No podía ver las expresiones de su rostro, pues usaba esa típica máscara que se nos ha impuesto hoy en día, pero sus ojos denotaron cierto asombro, pues me tomó un par de minutos para que la erección disminuyera y llegara de nuevo a su posición pasiva. Annel se concentró en el corte de cabello primero, haciendo una plática trivial de la situación de la pandemia y de vez en cuando podía sentir sus pechos por mis hombros y que hacían reaccionar a mi miembro y luego de unos siete minutos pasaba a afeitarme y me pidió que pasara de nuevo a donde me había lavado el cabello. Me afeitó de una manera muy delicada e inclusive a través de sus guantes pude sentir un pequeño masaje que me dio durante ese proceso. Me pidió que me quedara recostado en esa silla reclinable y me puso unas lámparas de calor mientras me volvía a secar y volvió a sonar su celular y escuché la conversación siguiente en español.

    -¡Si, estoy bien…! No ha intentado en violarme todavía, pero si lo intenta te aseguro que lo dejo… Si tú lo vieras, lleva uno de esos pantalones para hacer ejercicios y se la marca una pija que me la comería como a un plátano maduro. Te dejo, debo terminar de peinarlo… si… yo sé. ¡Tiffany nos debe contar todo como pasó! Bueno te dejo, debo bajar el calor. -Y Annel se quitaba la bata y cuestionó algunas cosas diciendo:

    -¿Cómo? ¡Qué crees! Ya me quité la bata para ver si le provoco. -y se reía. Se despidió y regresó hacia donde yo estaba.

    Recostado en esa silla, mi verga se miraba como un mástil sosteniendo la carpa de un circo… era obvia y no lo podía evitar. La verdad que no sabía cómo reaccionar y a pesar de que he tenido muchísimas experiencias con diferentes tipos de mujeres, siempre estas situaciones me ponen nervioso, pero una vez tomo el primer paso, con los segundos encuentro la confianza. Me peinó y no sabía que decir y luego llegó como algo providencial, sí es que esa es la palabra adecuada; una llamada de José, con quien he quedado de reunirme en el parque para ir a correr. Y contesto en español: ¡Hola José! Me has leído la mente, en unos segundos te iba a llamar pues no creo que vaya a ir a correr el día de hoy, me ha salido un imprevisto. -dije.

    Annel perdió el color de su tez morena y pude ver que una gota de sudor de repente bajó apresurada de su sien. Creo que estaba impactada al escucharme hablar español. Y no sé, pues yo me creo y me miro tan hispano, pero esta es la tercera chica que sorprendo en una situación así. Creo que mucha gente que conoce a mi hermana Kashira, quien es iraní, piensa que yo también lo soy y la verdad que Kashira es mi cuñada y no mi hermana, pero tenemos 30 años de presentarnos como hermanos, y para hacer más compleja la confusión, mi hijo llama a mi supuesta hermana, madre, pues ella lo crio desde que desapareció mi esposa hace 20 años. Termino con mi plática con José y me dirijo a Annel diciendo en el idioma del quijote:

    -¿Cuánto te debo?

    -¡Qué pena! ¡Quisiera que me enterraran viva! –me dijo esquivando la mirada.

    -No te apenes Annel… entiendo que es cuestión de cómo bromeamos con nuestros amigos algunas veces. Siendo honesto, me gustó y… no sé si tú lo notaste, pero me excitaste. -le respondí ya con más confianza.

    -¡Qué pena! ¿Qué va pensar usted de mí?

    -Nada… mira, para que no te sientas tan mal; tú ni te imaginas lo que me pasó por la cabeza cuando te vi bajar de tu coche. Todos los seres humanos somos así.

    -Quizá… pero no todos somos mal hablados o abrimos la boca cuando no se debe.

    -¡No te afanes Annel! Solo dime una cosa: ¿Te la comerías como a un plátano maduro? -le dije sonriendo.

    -¡Uh… qué pena! Pero… quizá así con pena me gustaría probarla.

    -¿Quieres probarla?

    -¿Usted quiere? -me decía todavía como vacilante.

    -Ven para acá… quiero ver cómo te la comes.

    Podía ver que tenía cierto nerviosismo en su rostro, pero aun así se acercó a mí y mirándome al rostro como si pidiera permiso me bajó el pantalón deportivo y prosiguió a hacer lo mismo con mis calzoncillos dejándomelos al nivel de la rodilla. Por la tensión del momento mi verga no estaba totalmente erecta, pero tan solo Annel la tomó en sus manos y se la puso en la boca, esta tomó todo el volumen de una potente erección. Me pidió que me mantuviera viendo hacia el estacionamiento, pues desde ese cuarto se puede ver los vehículos que entran o salen y este domingo en la mañana solo está el coche de Annel y el mío. Son las 9:30 de la mañana y Annel me dice que la siguiente cita la tiene a las 10:00, así que esto suena a que va ser una aventura breve.

    Al principio se puso a mamar hincada y luego le pedí que nos fuéramos a la silla reclinable y en donde aproveché en bajarle sus calzones estilo bikini de un color purpura o violeta. Pensé que se me haría dificultoso pues llevaba medias que tonificaban el color y la belleza de sus dos hermosas piernas y pensé que eran pantimedias. Me puse sus bragas en el bolsillo del pantalón para no dejarlas en el piso y Annel volvía a tomar posición para seguir con una felación que al igual la había puesto a ella super excitada. En esa posición tenía acceso a manosear su conchita la cual se sentía afeitada y de labios grandes. Mientras ella mamaba agachada, yo le penetraba con mis dedos y le daba masajes a su clítoris. Annel estaba sobre mojada y con mis dedos se podían escuchar ese chasquido de un entrar y sacar constante.

    En este cuarto hay un reloj grande y podía ver cada minuto que pasaba y sentía esa lengua juguetona que tiene Annel. Ella tiene una melena larga rizada, ojos almendrados de color verde, un diamante en su ala derecha de la nariz y usa un perfume dulce embriagante y desde mi ángulo, puedo ver esos tremendos glúteos que se sienten firmes y que me temo no me podré follar por el tiempo limitado. Annel quizá medirá un metro con setenta, se mira más grande que el promedio y pesará unas 150 libras bien proporcionadas y realmente tiene una bonita y gran cola, como unos pechos asimétricos a su cuerpo. Le pido que se ponga en cuatro en la misma silla reclinable y me deja expuesta esa conchita que se mira brillosa de sus jugos vaginales. Me hinco unos segundos y le dejo ir mi lengua a ese canal en busca de su clítoris. Y es cuando exclama: -¡Que rico carajo, pero quiero sentir, aunque sea un segundo esa tremenda pija que tienes! ¡Dámela!

    Efectivamente faltaban quince para las diez y calculaba darle verga por lo menos cinco o siete minutos y ver si lograba hacerla acabar. Me puse de pie, le apunté a ese rico agujero y vi desaparecer mi glande y mi pelvis rebotaba en su rico y hermoso trasero. Le puse saliva a mi pulgar y mientras le pompeaba la conchita mi pulgar se deslizaba en su apretado ano. Hubo un par de minutos sin decir nada y solo se oía el eco en ese cuarto del golpeteo de un vaivén bien sincronizado para llegar al placer. Solo escuché un gemido profundo y vi como los vellos de su espalda se erizaron y por un momento pensé que lloraba, pero luego me dijo: ¡No pares! Dame, dame… que rica corrida me has sacado.

    Ella aún con los signos evidentes de una respiración profusa me decía: Córrase… no tenemos mucho tiempo. – Y fue cuando se lo pregunté y se lo pedí: ¿Me puedo correr en tu culo? – y solo escuché que me contestó: -Hágalo, pero ya, que en cualquier momento puede venir alguien.

    Mi verga estaba más que lubricada y el culo de Annel le había dilatado el ojete un poco. Solo se lo asomé y le dejé ir mis 22 centímetros hasta que volvieron a chocar sus nalgas con mi pelvis. Ella solo exclamó: ¡Carajo… no así! Acabe rápido pues. – Le estuve pompeando el culo a Annel hasta que sentí que mis testículos se fruncieron y le expulsé una buena corrida. Eran cinco para las diez cuando se la saqué y vi como mi esperma le salía. Nos limpiamos lo más rápido que pudimos, Annel echó un rociador aromático para matar las feromonas del sexo que inundaban el cuarto y a las diez y cinco sonó el timbre y me dijo: -Espere aquí, la voy a hacer pasar al otro cuarto.

    Sé que no llevaba bragas pues yo las tenía en mi pantalón y miré que las buscaba y yo me había quedado callado. Le pedí la cuenta y ella se salía del túnel mental y solo me contestó: -Son $45.00 en total. -me dijo. Solo pensé que había sido el palo más barato porque no lo asocié al corte de cabello y a una afeitada. Se los pagué con una tarjeta y le dejé un billete de a $50.00 en un cobre que tenía un pequeño rótulo que decía: Propinas. Pensaba en retirarme y me preguntó: ¿Me puedes esperar unos diez minutos? Ella viene a un tratamiento y solo le pongo el bronceador y ella se asará por unos 20 minutos. -me dijo.

    Cuando regresó pensé que iba a haber más, pero su compañera se había unido y solo quería invitarme a otra jornada de sexo para más tarde y yo aproveché para averiguar eso que ella había hablado de la dueña del lugar de nombre Tiffany.

    -¿Podrías venir después de las cinco? ¡Si es que puedes y quieres!

    -¿Te he dejado con ganas?

    -La verdad que estuvo rico, aunque muy rápido todo. La verdad que me gustaría chupar esa tremenda pija con más calma.

    -También a mi gustaría cogerme ese rico trasero con más calma.

    -Entonces vengase para las cinco si puede.

    -¡Aquí estaré! Y dime… ¿Qué es lo que le ha contado la señora Tiffany? – Y Annel sonreía.

    -Bueno… nos contó lo que pasó con usted. Que después de unos tragos terminó cogiendo con usted y que inclusive le había dado el trasero, cosa que ni a su marido le había dado. -y se echó a reír.

    -¿Tú me lo quieres dar?

    -¡Ya se lo di! En media hora usted me ha cogido como usted ha querido.

    -¿Quieres más?

    -¡La verdad que sí!

    Bueno la verdad que fue una breve pero rica experiencia. Tomé mi coche y me fui para el restaurante de mi hermana para llevarme unas botellas de whisky a mi casa y para poner el ejemplo, pues todos los que trabajan ahí deben llevar puesta su máscara, yo me busqué la mía en el pantalón y saqué sin recordar el bikini violeta de Annel en frente de algunos trabajadores. Lo gracioso del caso es que lo extendí y los muchachos se pusieron a reír. Creo que pensaron lo hacía en forma de broma y es cuando Annel me llama al celular y la pongo en la bocina:

    -Sr. Zena disculpe, estoy como loca buscando en el cuarto mi calzón. ¿Usted se recuerda donde lo habré dejado?

    -No te preocupes Annel, yo acabo de descubrir que lo traía en mis pantalones y lo he sacado pensando que era mi máscara.

    -¡Qué pena! Espero no lo haya visto nadie.

    -No… solo unos muchachos que piensan lo he hecho de broma.

    -¡Dios mío! ¡Qué pena con usted!

    -Para nada Annel… hoy a las cinco te los llevo… porque quieres más de aquello ¿verdad?

    -Tony, ¿me están escuchando?

    -Si… pero no te preocupes. Aquí nadie te conoce Annel.

    -¡No diga mi nombre por favor! Pero tiene razón… que importa. Lo espero a las cinco… y la verdad, quiero más de aquello.

    Cogimos como locos después de las cinco de la tarde. Annel goza el sexo igual que yo y esa tarde descubrí que Annel estaba en trámites de divorcio y que tenía alrededor de seis meses sin probar como ella decía: sin probar pija.

  • Mi madrastra tetona

    Mi madrastra tetona

    Confieso que María si me dejó clavado, era enero del 2012 y andaba un poco deprimido y el prieto de contabilidad me dio baje con la morena, pero la vida sigue.

    Mi padre se casó unos meses atrás de todo lo que les cuento, y pese a que no llevaba una buena relación con él, todos vivíamos en el mismo hogar, y escuchaba como no paraba de tirar con mi nueva madrastra.

    Vaya que mi viejo aun con sus 50 años tiene energía todavía, ¡en fin! La cosa es que su esposa Martha estaba demasiado buena, es una mujer en aquel entonces de 35 años, elegante, refinada, con un cuerpo que envidiaría cualquier chamaca de 20 años, buenas tetas, grandes y jugosas tremendo trasero y una cucota que se le notaba con cualquier pantalón que se pusiera.

    Como lo dije mi relación con mi padre nunca ha sido buena por cosas en el pasado que jamás hemos arreglado a la fecha, mi padre se fue de viaje a Veracruz por cuestiones de familia y yo me quedé solo con ella en la casa por una semana ya que mi hermano andaba de excursión.

    La verdad es que me emocionaba quedarme con Martha durante una semana, esa bendita mujer logro hacer que me masturbe en 3 meses más de lo que lo había hecho en mis 22 años, que buena estaba la condenada.

    La primera noche que pasamos sin el viejo no pasó nada, yo me quede en mi computador viendo páginas porno y la verdad es que estaba un poco excitado solo de imaginarme a esa hermosura de mujer durmiendo con esas batas de seda transparentes.

    Al día siguiente como yo estaba de vacaciones del trabajo me pidió que la acompañara al taller a dejar el carro para unas reparaciones, debía quedarse ahí toda la mañana y aprovechamos para desayunar juntos y pasarla bien, ¡claro! yo disimulaba lo mucho que me gustaba.

    ¡No sé por qué empezamos a tocar el tema del sexo y ella me pregunto si había tenido relaciones sexuales alguna vez!

    M: ¿Hace cuánto tiempo dejaste de ser virgen?

    T: ¡ya tiene tiempo, jajá y porque la pregunta!

    M: ¡Curiosidad!! Sobre mi nuevo hijo, ¡jajá!

    T: ¡Si, pues la curiosidad mato al gato eh!!

    Al parecer se había excitado bastante con mi historia puesto que comenzó a tocarme el pene con sus pies por debajo de la mesa.

    T: ¿pero… que haces?

    M: ¡Uhm! ¡Se siente bien!!

    Esto a mí me volvió loco y le dije que ella era muy bella y que mi papá tenía mucha suerte al conseguirse a una mujer como ella.

    Al parecer se sintió alagada con el comentario mío, ¡cuando nos fuimos a la casa yo lo único que quería era cogerme a ese hembrón! y me las ingenie para que así pasara.

    Con unas tarjetas de crédito robadas bajé de internet unos videos pornográficos y cuando los iba a ver la llame para que viniese a verlos conmigo, ya teníamos como 5 minutos viéndolos y me di cuenta por el reflejo del monitor que estaba tocándose!

    Inmediatamente me di media vuelta y la vi, ese momento quedara grabado en mi cabeza para siempre.

    Ella me vio con unos ojos de perra que ni les cuento, ahí mismo me le monté encima y comencé a besarla y a meterle mano, me di cuenta que se había corrido puesto que sus pantaletas estaban muy húmedas.

    T: ¡Martha, como te traigo ganas!!

    M: Eres un condenado, me pusiste una trampa, sabes que soy muy caliente.

    Le quité la blusa que llevaba puesta encima y arranque el brasear con mis dientes, pude contemplar esas maravillosas tetas tamaño jumbo, y comencé a chuparlas desesperadamente, ella me acariciaba por todo mi cuerpo y de vez en cuando gemía un poco.

    T: ¡Que chichotas!!! uhm, ¡que ricas están!

    M: ¡Amamántate, uhm!!

    No podía creer que la esposa de mi padre fuera tan puta y me aflojara tan rápido, pero no me importo y seguí seseando mi deseo.

    Ya hacía rato que tenía el pene erecto y se lo restregaba por el medio de su vagina, cuando me canse de mamarle las tetas le dije que se volteara cosa que ella hizo sin decir palabra alguna, pude contemplar su hermoso trasero bien formado y que a pesar de sus casi 40 años lo tenía en muy pero muy buena forma.

    La tome de la cintura y ene s apose comencé a penetrarla tan rico como jamás lo había hecho con alguien, la muy cabrona se movía riquísimo, ¡gemía y me pedía más!

    T: ¡Que rico, agh!!

    M: ¡Ah!!! Cógeme, uhm, no pares!

    Estaba tan excitado que no tolere mucho, ¡sus movimientos cambiando con mi aceleración me hizo comenzar a venirme!

    Ella tomo mi pene lleno de semen y se lo metió a la boca, ¡solo tardo 10 segundo para que se volviera a parar!

    La muy maldita tenía una forma de chupar que ninguna de las carajitas que me había cogido la podía tener, hacía que me estremeciera todo el cuerpo y cuando se tragó toda mi leche me dijo que quería que se la metiera nuevamente.

    M: Vamos, ¡aun das más!

    T: ¡me excitas, qué envidia le tengo a mi padre!

    Le clavé mi verga en esa cuca que, aunque bastante uso tenia se veía virgencita, comencé con el mete y saca tradicional mientras le mamaba las tetas, ¡ella estaba vuelta loca de placer!

    M: ¡Vamos hijito dame más dame más, uf!!! Que bien tiras papi!

    T: ¡Martha, estas buenísima, como deseaba darte verga!

    Claro esto me hacía sentir el mejor del mundo, ¡sentí cuando le vino el segundo orgasmo e inmediatamente acabé yo también!

    En seguida recorrí con mi legua todo su espectacular cuerpo, desde su delicado cuello hasta su vagina de niña virgen, y ahí me quedé, chupándosela, mordiéndosela jugando con su clítoris.

    Ella estaba feliz, se le notaba en la cara, ahí mismo me dijo que quería más y otra vez le metí mi verga hasta el fondo y duramos casi 20 minutos para que ese polvo se acabara.

    Al terminar esa sesión de sexo fuimos juntos a bañarnos y ahí le eche 2 polvos más, fueron geniales.

    Durante el resto de la semana repetimos esto todas las noches, yo no me lo podía creer.

    Al regresar mi papá nos preguntó que como nos había ido y sin que mi padre se diera cuanta me guiño el ojo y le respondió que bien.

    Pasaron los años y de esa aventura solo queda el recuerdo, tiene años que no los veo, pero jamás olvidare lo rico que cogía la esposa de mi padre.

    Tyson.

  • Desvirgando a un casado (Parte 1)

    Desvirgando a un casado (Parte 1)

    Con él nos conocimos por razones de trabajo, algunos días a la semana yo concurro a su oficina para hacer trámites. Fuimos entablando una cierta amistad, por lo menos de tratarnos amablemente, chistes, contarnos alguna que otra cosa, chusmeríos de nuestros lugares de trabajo, etc. Note que tenía confianza en mí y yo en él, que había simpatía entre nosotros. Muchas veces los chistes o la conversación eran sobre sexo. Hasta que llegamos a darnos número de celular y dirección de mail. Así comenzamos un contacto más cercano aunque virtual.

    Aprovechábamos el tiempo muerto en nuestros trabajos y, entre una cosa y otra, nos prendíamos en un chat. También pasaba que a veces nos conectamos desde nuestra casa. Me contó que era casado, sin hijos, que le cansaba un poco la rutina del matrimonio y que su mujer no era muy buena en la cama, sobre todo porque no le pintaba mucho experimentar o practicarle sexo oral. Entonces, me di cuenta por qué también buscaba alguna compañía estando en su casa, no solo desde el trabajo, ya que esto último era entendible. A los dos nos divertía la idea de estar chateando sin que los demás se dieran cuenta, sobre todo cuando hablábamos de ellos.

    Por estas razones, también me fui animando y le confesé mis preferencias sexuales, lo tomó muy bien, me dijo que era amplio y empezó a preguntarme sobre experiencias, me di cuenta que le interesaban y, por el tono de la conversación, lo excitaban. Una noche fuimos subiendo de tono la conversación y prendimos la cámara, él estaba solo en su habitación, acordamos bajarnos los pantalones y mostrarnos la pija, me pidió más, quería ver mi cola, al ver su erección, le propuse compartir una paja virtual y lo hicimos. Nos vimos acabar mutuamente. Al otro día desde la oficina, no paraba de mandarme mensajes, diciendo que no podía dejar de pensar en eso y que le había gustado mucho.

    Cuando fui a su trabajo y nos vimos personalmente, sonreímos cómplices. Días después me invito a tomar un café y, para hacerla corta, llegamos a la conclusión de que a los dos nos gustaría estar juntos, él al menos una vez: «para probar». Seguíamos en nuestros chats diarios programando ese encuentro, algunos días estaba mas dispuesto que otro, me confesaba sus temores, yo lo animaba, porque en realidad me gusta mucho. Es un hombre de cuarenta, cuidado, con buen físico, robusto pero no gordo, digo fuertes piernas y brazos, pecho marcado y espalda ancha, manos grandes y fuertes, ojos grandes marrón claro, pelo castaño y piel blanca. También su pija se veía muy bien en la webcam, normal de largo pero ancha y huevos grandes.

    Hasta que un día, sin pensarlo, por lo menos de mi parte, llego hasta su escritorio para dejar papeles de algunos trámites. Nos saludamos con un beso en la mejilla como desde aquel encuentro en el café, sonreímos y me dice: «Cuando salgas no te vayas, esperame en la zona de ascensores». Así lo hago y después de unos minutos, aparece por ahí, parándose frente a la puerta de uno de los ascensores, me dice despacito: «vení». Lo sigo y nos subimos al ascensor, me cuenta que tiene la llave de un baño del personal que está en el piso de arriba, al que solo entran ellos pidiendo la llave y podemos estar solos un rato. Yo, en total silencio, asintiendo con una sonrisa pero sorprendido.

    Entramos en el baño, no pasaba nadie por el pasillo del tercer piso. Cerró la puerta con llave nuevamente y, comprendiendo los dos la situación, nos abrazamos y besamos apasionadamente. Aflojé el nudo de su corbata y desabroche su camisa, mientras no dejábamos de franelearnos. El me decia que hacía rato quería tenerme: «¡No sabes lo caliente que estoy con vos pendejo! Quiero probar pero quiero que sea con vos…» Nos fuimos a un privado, colgó su camisa en la puerta y dejó sus pantalones hasta los tobillos. Lo bese, comiendo sus labios de uno por vez, fui bajando por su pecho peludo, succioné sus tetillas.

    Gemía: «¡Qué rico papi, como me gusta….!» – «Esto sé que también te gusta y yo voy a hacerlo mejor que nadie…» Me arrodillé y comencé a chupar su pija. Que hermosa verga entrando y saliendo de mi boca, recorrida por mi lengua. Le daba besos en la cabeza de su chota y lo miraba a los ojos. Era hermoso verlo gozar así, tantas veces me lo había imaginado. Me la metía toda en la boca y apretaba fuerte sus piernas y acariciaba su vientre, se sentía muy rico tener su cuerpo de esa forma. Se agacho para decirme al oído: «Nunca me la chuparon así, tenías razón está muy bueno…» (Pensé, tiene una verga muy rica, su mujer no sabe lo que se pierde)

    Me acarició las mejillas y me indicó que me pusiera de pie, nos besamos otra vez y, en un movimiento, me dio vuelta poniendo mi cara contra una de las paredes del privado que eran de mármol muy frío. Terminó de bajar mis pantalones y mi bóxer, acarició mi culo, abriendo mis nalgas con fuerza y frotando su mano grande a lo largo de mi raya. Se acercó y sentí su pija apoyada en mi culo. Le pregunte si se animaba, asintió con la cabeza y un suspiro. Me agache para sacar un forro del bolsillo de mi pantalón y se lo dí. Instantes después, sentí el glande su pija haciendo fuerza en mi orto. Le tomé la pija con mi mano y lo ubique. Salivó en su mano y me la pasó por el orto para lubricarme más, también lo hizo sobre su garcha y fue metiéndola suavemente. Comenzó a cogerme despacito pero, al rato, de un envión la mando toda y yo gemí de placer y un poquito de dolor. Siguió moviéndose con su fuerza de macho y poniendo mi cara contra la fría pared. Me mordía los labios, gozaba mucho pero quería que él lo hiciera más en su primera vez y conmigo. Por eso, le pedí darnos vuelta, de manera de quedar apoyado con mis manos en la mochila del inodoro para inclinarme un poco, porque derechitos estaba riquísimo, pero quería ofrecerle todo mi orto y que tuviera espacio para moverse y pegarme una rica culeada. En esa posición comenzó a bombear con más ritmo y fuerza.

    Me dijo: «Así está muy bueno. Que rico orto que tenés….» Respondí, entre gemidos y susurrando: «Si papi, así cogeme, rompeme bien el orto, hacelo tuyo!!!»

    Podía sentir como su verga me estaba abriendo el orto con su grosor. El se tomaba de mi cintura o de mis muslos para hacer fuerza y empujar, arremeter contra mi culo. También me tomaba de mi pecho, apretando mis tetas cuando me mandaba un pijazo hasta el tronco. Lo sentí gozar en silencio o diciendo chanchadas suavemente y me encantaba. «Bebé, tu cuerpo me encanta, que rico culo, me vuelve loco!!!». Uno minutos más y me dijo que se venía. Le pedí que lo hiciera: «¡Goza papi, goza! Sentime, culeame, cogeme con todo, dame pija, dame leche. Sos mi macho, acabame adentro!!! Llename el orto!»

    Su cuerpo se estremeció todo al acabar adentro mío y pude sentirlo porque estaba totalmente apoyado en el mío, nuestras piernas rosándose, su pija metida hasta el tronco, toda su pelvis apoyada en mis glúteos y su pecho en mi espalda. Al momento de descargar su leche en mí, mordió mi nuca y dejó escapar un gemido un poco más fuerte. Le dije que yo también estaba a punto, que no la sacara y siguiera bombeando un poco más. Lo hizo despacito… y eyacule con su pija adentro, tirando mi leche en el inodoro que estaba adelante mío.

    Por un rato, nos acariciamos y besamos en silencio, hasta que dijo: «No sabía como iba a ser, pero me animé hoy sin pensarlo porque te deseaba mucho y fue maravilloso». Contesté que para mi también había sido una sorpresa increíble y hermosa. Fuimos hasta los lavatorios y nos tentamos de risa al vernos juntos lavando nuestras pijas. Se mojó el rostro para bajar el color y la temperatura (teníamos que volver a trabajar, eso era increíble pero le daba mas adrenalina a la situación: el lugar, la circunstancia… todo). Dijo que no había apuro, podíamos esperar unos minutos más.

    Nos relajamos y acordamos que por chat, íbamos a planear algún encuentro más tranquilo y con más tiempo, aunque me dijo podía venir al baño cada vez cuando vuelva por otro trámite. Sonreímos nuevamente, me gusta mucho como lo hacemos juntos. Salimos cada uno por su lado.

    Les cuento esta historia con su permiso, porque él cuenta con mi discreción. Espero poder escribir pronto como continuó.

  • El cabronazo y la vergonzosa

    El cabronazo y la vergonzosa

    Herminia una muchacha gallega de ojos marrones, de estatura mediana y con su largo cabello de color negro azabache recogido en una coleta estaba en la cama de su habitación tomando la siesta. Dormía boca arriba tapada con una sábana blanca, con una mano bajo la almohada y la otra estirada a lo largo de su cuerpo. Su hermano Pablo, un cabronazo incorregible, que se follara a media aldea, entró en la habitación sigiloso, fue hasta la cama, le quitó lentamente la sábana de encima y su sorpresa fue mayúscula cuando vio que tenía la falda subida y estaba sin bragas.

    Se fijó en sus torneadas piernas en el vello de su axila, en su coño rodeado con una buena mata de vello negro. Vio a un lado sus bragas arrugadas, las cogió para olerlas, se pringó la mano de algo así cómo mocos y se empalmó. Era obvio que su hermana se acababa de masturbar. Sacó la polla y mirando para el coño comenzó a masturbarse.

    Al rato le apartó para un lado la camiseta blanca de tiras hasta que una teta quedó al descubierto, era una teta gorda con una pequeña areola marrón y un pezón gordito. Se siguió masturbando con su polla a un par de metros de la boca de su hermana, luego le apartó la camiseta por el otro lado y vio la otra teta. Se fue a los pies de la cama para tener una buena vista y siguió pelándola.

    Así estaba cuando su hermana se despertó. Vio lo que estaba haciendo su hermano. Vio lo que estaba enseñando ella. Se sentó en la cama, se tapó con una mano, echó la palma de la otra a la frente, y le dijo:

    -¡¿Cómo pudiste, Pablo? ¡Soy tu hermana!

    Pablo la seguía pelando.

    -Tengo muchas ganas. Si no me corro me explotan los huevos.

    -Guarda eso y haz lo que quieras en tu cuarto.

    Pablo le imploró.

    -Deja que vea un poco más tu coño y tus tetas.

    -¡Nooo! ¿Te has vuelto loco? Soy yo, Herminia, tu hermana.

    Ni hermana ni hostias, Pablo la seguía pelando. Herminia veía cómo el glande de la polla aparecía y desaparecía bajo la piel y el coño se le empezó a mojar. Pablo insistía.

    -Solo un poquito.

    -¡Vuelve a tu cuarto o cuando papá y mamá vengan de la marea les cuento lo que hiciste

    -Me da igual, hasta que me corra no me voy. Tu cara me vale para correrme.

    Herminia no entendió que le decía que se iba a correr solo con mirar para su cara y se escandalizó.

    -¡¿Te vas a correr en mi cara?!

    -¿Me dejas?

    -¡Nooo!

    -Destápate y deja que vea lo que estaba viendo.

    Herminia ya estaba caliente, pero no se atrevía a entrar al trapo.

    -¡Ni harta de vino!

    -Si me dejas ver tus tetas y tu coño me corro en nada.

    -No insistas. Mira, si quieres puedes correrte mientras miro para ti, es todo lo que puedo hacer.

    -Si fueras tú la que estuvieras en mi posición te dejaría ver lo que quisieras para que te corrieras

    -Te lo creo bien, descarado.

    Pablo, sin dejar de menearla, comenzó el ataque frontal.

    -¿Cuándo te tocaste por última vez?

    -Yo no hago esas cosas.

    -Y los pollos no nacen de los huevos. ¿Cuándo, traviesa?

    -Vale, a veces me toco cuando tengo muchas ganas, pero me da mucha vergüenza hablar de eso con un hombre.

    -Anda, dímelo, bonita. ¿Cuándo fue la última vez?

    Herminia seguía mirando para la polla de su hermano y viendo cómo la mano subía y bajaba por ella se estaba poniendo negra. Comenzó a entrar al trapo.

    -¿Si te lo digo haría que acabarás…?

    -Ayudaría.

    -Fue antes de quedarme dormida.

    -Lo sabía. Sabía que hiciste una paja antes de echarte a dormir.

    Herminia no entendía nada.

    -¿Y cómo sabías eso?

    -Te limpiaste el coño a las bragas. Aún están mojadas con los jugos de tu corrida.

    -¡Y sabiéndolo estuviste enredando! ¿Qué buscabas?

    Pablo estaba cansado de saber cómo se masturbaban las mujeres, pero siguió enredando.

    -Nunca vi a una mujer hacer una paja. Enséñame cómo la hacéis.

    -¡Me moriría de vergüenza!

    Al no decirle que no, se vino arriba.

    -Lo que pasaría es que te correrías.

    -Eso también.

    -Dime, Herminia. ¿Estás cachonda?

    -Mentiría si te dijera que no, pero eres mi hermano.

    -Unas pajas…

    -Unas pajas llevan a lo otro.

    -No necesariamente.

    -¿Tú crees? Estoy muy caliente.

    -Lo que tenga que ser, será.

    -Eso es lo que me da miedo.

    Pablo ya se lanzó de cabeza al mar.

    -Desnúdate para ver tu cuerpo totalmente desnudo.

    Herminia deseaba desnudarse para su hermano, pero le dijo:

    -Sí, sí, espera sentado.

    -Desnuda debes de ser… ¡Ummm!

    -Normalita.

    -Un encanto.

    -Ni tanto.

    -Tienes que ser algo digno de ver.

    -Pelotillero.

    -Tía buena. Destápate y desnúdate.

    Herminia ya estaba deseando echar un buen polvo.

    -Para eso tendría que desnudarte tú antes. Me sentiría incómoda estando yo desnuda y tu vestido.

    Pablo, a los pies de la cama, se desnudó. Tenía un cuerpo de lo más normal. Herminia quitó la sábana de encima, la camiseta y la falda, y le preguntó:

    -¿Que te parezco?

    -La mujer más sexy que han visto mis ojos.

    Herminia sonrió y puso cara de mimosa.

    -Zalamero.

    Pablo mirando para su hermana volvió a menear la polla.

    -Deja que vea cómo lo haces.

    -No.

    -Anda, bonita, haz una paja para tu hermano, por fa, por fa, por fa.

    Herminia ya no pudo aguantar más. Necesitaba correrse.

    -Si me lo pides así.

    Herminia puso la yema del dedo medio de la mano derecha encima del clítoris y apretándolo y moviéndolo de abajo a arriba y de arriba a abajo comenzó a masturbarse. Pablo la meneó lentamente, disfrutando del momento. Su polla ya empapara la palma de la mano con la aguadilla que saliera del meato, pero aún la iba a mojar más cuando vio que del coño de su hermana salían jugos mucosos que le bajaban hasta del ojete, y más aún cuando al correrse comenzó a gemir y a sacudirse y de su coño salieron jugos a borbollones.

    Al acabar de correrse, Herminia, se tapó, después cubrió el rostro con las dos manos, y dijo:

    -¡Qué vergüenza!

    Pablo fue a su lado y cuando quitó las manos de la cara le puso la polla en los labios. Herminia le dijo:

    -¡Quita! ¡¡Qué asco!

    La destapó y quiso meter la cabeza entre sus piernas, pero Herminia las cerró y le empujó la cabeza con las dos manos.

    -¡Quita, cerdo!

    Cerrara las piernas, pero la lengua de Pablo llegó al capuchón de su clítoris y lo lamió.

    -Deja que te coma el coño.

    -¡Nooo! ¡Me daría asco!

    Quiso seguir lamiendo, pero Herminia se dio la vuelta, Pablo le abrió las nalgas de su culo respingón con las dos manos y le lamió el ojete. Herminia, le dijo:

    -¡¡Cerdo!!

    Siguió lamiendo. Herminia quiso volver a darse la vuelta, pero no le dejó, lamió y le metió y sacó la lengua en el ojete mientras se revolvía y le llamaba de todo menos hermano… Al rato estando con la cabeza de lado en la almohada más quieta que una muerta y más caliente que una brasa, le dijo Pablo.

    -Date la vuelta, Herminia.

    Más mansa que una corderita, se dio la vuelta, flexionó las rodillas, le puso el coño en bandeja a su hermano, y le dijo:

    -No te corras dentro.

    Pablo tenía otros planes. Pasó su lengua por el coño encharcado y acto seguido besó a su hermana, que puso cara de asco al recibir en su boca la lengua pringada con sus jugos, mas después se la chupó con ganas. A continuación pasó su lengua por los pezones mientras le metía dos dedos en el coño que entraron cómo balas en su vagina engrasada. Lamiendo sus pezones y chupando sus tetas la masturbó hasta que su respiración y sus gemidos le dijeron que se iba a correr, en ese momento sus dedos volaron dentro de la vagina, la besó en la boca y Herminia se corrió cómo una bendita.

    Al acabar de correrse bajó hasta su coño encharcado, lo lamió, le folló la vagina con la lengua y después se detuvo sobre su clítoris mientras sus manos la magreaban las tetas. Su lengua plana lamió de abajo a arriba, lentamente. Herminia jadeaba cómo una perrita. Pasado un tiempo, al tenerla a punto, se arrodilló entre sus piernas y frotó su polla desde el coño al clítoris. Herminia le dijo:

    -¡Me voy a correr, Pablo!

    -Lo sé.

    -¡Me corro, Pablo!

    Le clavó la polla hasta el fondo mientras se corría. Sintió sus contracciones y casi se corre él, pero aguantó cómo un jabato.

    Al acabar de correrse le dio la vuelta, y con su hermana encima y la polla dentro de su coño, le dijo:

    -Te toca, haz que me corra.

    -Me da vergüenza.

    Pablo, armándose de paciencia y mirándola a los ojos, le dijo:

    -Herminia, tienes mi polla dentro del coño, si no te dio vergüenza antes ahora ya no te va a dar.

    -Además de eso es que…

    -¿Qué?

    -Que tardas un mundo en correrte… Me voy a correr otra vez y vas a pensar que soy una puta.

    -Las putas no se corren.

    -¡¿Ah, no?!

    -No.

    Herminia, que se moría por follar a su hermano y por volver a correrse, le dijo:

    -Siendo así…

    Herminia cabalgó a su hermano cómo le gustaría cabalgar a su novio. Sus duras tetas apenas se movieron, ni al paso, ni al trote ni al galope, solo se desplazaban hasta la boca de su hermano cuando se las daba a mamar. Lo que se movía era su coleta y su precioso culo. Consiguió que se corriera su hermano antes de correrse ella. Pablo, antes de correrse, le dijo:

    -¡Sácala que me corro, Herminia!

    Herminia sacó la polla del coño, la cogió en la mano pringada con sus jugos, la meneó y cuando vio salir la leche de la corrida, la metió en la boca y la tragó.

    Al acabar de correrse, la que no le gustaba mamar pollas ni que le comieran el coño, se lo puso en la boca a su hermano, y le dijo:

    -Ahora te toca a ti.

    Pablo la cogió por la cintura y lamió el coño de su hermana hasta que se corrió. Del coño volvieron a salir jugos a borbollones que cayeron en la cara y en la boca de Pablo.

    Así se inició una historia de incesto entre Pablo el cabronazo y su hermana Herminia la vergonzosa.

    Quique.

  • Conocidos desconocidos

    Conocidos desconocidos

    Una historia medieval. La brisa golpeaba en la pequeña aldea, un barrio de la conocida ahora como Noruega; a lo lejos, el sol comenzaba a esconderse dejando ver unas nubes amenazantes, negras, cargadas de agua y con intenciones de dejar caer litros y litros de lluvia. La brisa empezaba a transformarse en un viento más fuerte, comenzó a azotar los techos de la casa.

    En la distancia, solo se veía el ir y venir de las personas que casi corrían para no ser alcanzados por el chubasco que prometía descargar en una tormenta grande. Pero a Raquel solo le intereso una persona… un extraño… un desconocido que no formaba parte del lugar… Ella se pasaba mucho tiempo en la ventana, y conocía cada individuo que pasaba a la calle… una joven que, si bien era recatada, tenía aires de dulzura en su cara.

    Así observo como claramente el joven cruzaba la calle en dirección hacia una herrería que se encontraba cerca… aquel muchacho de tez clara y con ojos profundos, resultaba enigmático para Raquel quien con solo verlo… Comenzó a sentir que mariposas surcaban en su vientre.

    El joven se sintió observado y entonces giro la mirada hacia dónde provenía su incomodidad; fue entonces cuando se encontraron sus miradas; ella sin saber que hacer se quedó quieta, estática, absorta por aquella mirada tan profunda, que intentaba atravesar su mirada. El joven sonrió y pensó para sí: «la conozco… se me hace muy familiar», pero no era así; su corazón se había quedado prendado de ella, y el hecho de sentir que conoces a alguien solo denota el amor a primera vista… entonces le aguanto la mirada… la mirada de aquel muchacho era tan profunda que hizo que Raquel desviara sus ojos… así que el joven, solo entro a la herraría… ahí compro unas cosas que le hacían falta y le pregunto al encargado una dirección; entre señales y palabras incomprensibles el herrero de la tienda le respondió: «es enfrente…»

    Entonces lo comprendió todo, iba a la casa de aquella mujer tan atractiva para él; un poco turbado por la extraña forma en como el destino se recrea con los mortales, dio las gracias al señor, quien solo le regresó una sonrisa, y se dirigió a la puerta. El viento solo dio paso a la tormenta y el agua caía a cantaros… era un chubasco increíble y poco a poco las nubes cubrieron de tal manera el sol y el viento se encargó de apagar las antorchas de las calles, él tenía que llegar, así que se armó de valor y se caminó hasta donde estaba la puerta de aquella casa que le provocaba emociones insondables… y toco con los nudillos.

    Raquel desde donde estaba observaba a el muchacho, no comprendía cual serían sus movimientos, pues titubeaba al caminar, pero al ver que su paso apremiante lo acercaba cada vez más a la entrada de su casa, su corazón comenzó a palpitar precipitadamente; sus pómulos se ruborizaron y solo hubo un pensamiento dentro de ella… el de conocerlo… cuando ella escucho la puerta, casi desfalleció y escucho claramente como la encargada de la limpieza en su casa abrió la puerta y escucho hablar pero no pudo entender… su pensamiento estaba extasiado pues solo podía pensar en el forastero y nada más…

    Él se presentó: «Buenas tardes… Me llamo Carlos… ¿¿¿Se encuentra el señor de la casa???».

    A lo cual la sirvienta respondió: «no, en este momento no se encuentra, ¿desea dejar un mensaje?»

    «… mire…. vengo desde lejos, y la verdad estoy un poco cansado… ¿se encuentra su esposa? Dijo Carlos

    «Lo siento señor… la señora murió hace tiempo… sí gusta puede hablar con Raquel, la hija del señor…»

    El joven solo mostró tristeza cuando recibió la noticia… y solo pudo suspirar por la pérdida de la que había sido notificado y unas lágrimas recorrieron las mejillas de Carlos… lagrimas que solo significaba el hecho de no estar al lado de aquella mujer a quien quería como a una madre… en sus últimos momentos, cuando niño, sus papas murieron y sus padrinos asumieron su cuidado. Cuando el partió para luchar en el extranjero, Raquel aún no había nacido… y solo sabía de ella por cartas que recibía y enviaba desde la lejanía a su padrino; así que ella era una persona completamente extraña para el… interesante pero extraña, ignoraba cual sería la actitud que ella asumiría cuando le viera.

    Raquel, mientras tanto comenzó a bajar de la planta de arriba, dejando su lugar a un lado de la ventana y conforme iba bajando sintió que las fuerzas le abandonaban. Pero la curiosidad pudo más de lo que ella pensaba y se dirigió a la puerta… ahí; al ver nuevamente a Carlos a los ojos supo que era atrayente…. le atraía no solo por ser extraño y diferente, sino porque encontraba en él algo que nunca había podido ver en cualquier otro muchacho.

    Entonces Carlos dijo: «¿Murió?… fue mucho el tiempo que estuve fuera… mire… el señor es mi padrino… es un amigo de la infancia de mi padre… pero desde hace 20 años no tenía noticias de ellos, pues estaba en el extranjero…

    «Hola buenas… ¿busca a alguien?» dijo Raquel.

    Carlos, al verla nuevamente se sintió confuso, apenas hacia un rato había hecho ruborizar a Raquel y ahora ella le estaba pagando con la misma moneda el rato tan incómodo que le había hecho pasar; el encuentro fue casual y solo se dignaron a medirse con los ojos.

    «Me llamo Carlos… tú debes de ser Raquel…» dijo entonces.

    «Así es… veo que está bien informado» contesto ella.

    Carlos entonces: «Disculpe mi atrevimiento señorita, pero su padre y su difunta madre son mis padrinos de nacimiento… «

    Entonces Raquel lo comprendió todo… se trataba de él… la persona con quien había intercambiado una que otra carta en sus años de adolescencia, pero que jamás le había visto en persona… solo le escribía por cumplir un capricho de su padre quien le pedía que se familiarizara con el… como si fuera una hermana.

    Raquel maravillada por lo pequeño que es el mundo, le invito a pasar y le pidió a la sirvienta que trajera agua y que pusiera la mesa pues el invitado tendría hambre y estaría cansado pues el viaje habría sido largo; mientras ella daba instrucciones, Carlos le miraba asombrado, anteriormente solo había visto su rostro de ángel, pero ahora tenía una perfecta visión de lo que era ella en todo el esplendor de su cuerpo; ella tenía unos senos grandes, muy bien proporcionados, pero grandes para su estatura; pues ella era de complexión normal, caderas regulares, baja de estatura y con piernas de ensueño. Carlos no pudo evitar fijarse en sus pechos, aunque lo disimulo bastante bien; Raquel sabía que estaba siendo analizada por completo por Carlos por lo cual hizo que el ego femenino se elevara; provocando que contoneara descaradamente cada vez que pasaba frente a él. Carlos solo imaginaba lo que sería tenerla entre sus brazos y tomarla por la fuerza sin importarle nada; había algo en ella que lo había hechizado, y estaba dispuesto a hacerla suya a cualquier precio.

    Raquel lo llevo hasta el comedor y lo acompaño mientras él comía; entonces nuevamente le regalo con esa vocecita de virgen, unas palabras más:

    «Siento tener que decirte que mi padre no regresara hasta dentro dos semanas… salió de viaje por aldeas de al lado y pues si gustas puedes quedarte a dormir el tiempo que quieras… pues mi padre siempre me ha dicho que algún día tenías que regresar; así que te tiene un cuarto básicamente pensado para ti; claro, si no tienes algún otro plan…»

    Carlos solo escuchaba, pensativo y mientras arrancaba pedazos a mordidas de la carne, solo pensaba en Raquel, quien se afanaba por mostrar sus atributos sin importarle nada; él solo asintió y dijo que pasaría unos días en aquel lugar… puesto que necesitaba ver a su padrino, además (pensó para sí) no me vendría mal unos días de buena comida y de una buena vista del escultural cuerpo de Raquel; cuando el terminó, pidió que lo guiaran a su habitación, para después quitarse las botas pues tenía intenciones de bañarse; tan solo se recostó un rato y cayo presa del sueño.

    Después de dejar a Carlos en su cuarto, Raquel pensaba en todo lo que él le despertaba, nacía algo muy dentro de ella un sentimiento, pero más que sentimiento era deseo; un deseo de tenerlo dentro de ella, de sentir sus besos, sus caricias, sus dedos tocando sus lugares prohibidos; así, conforme los pensamientos de ella se iban desarrollando, se comenzó a acariciar y sus manos hicieron contacto con sus piernas, mientras que se dirigía poco a poco por debajo de su falda.

    El trabajo de sus dedos solo hacía que ella se excitara más a cada momento; hasta que sintió como el fuego de su interior comenzaba a quemarle desde lo más profundo de sus entrañas; provocando que dejara a un lado las bragas, permitiendo el acceso total a sus dedos. Su sexo estaba completamente húmedo y con ansiosa de recibir el miembro de Carlos, o al menos eso se imaginaba Raquel; poco a poco llego hasta su clítoris el cual comenzó a estimular de una manera extraordinaria… pues era la primera vez que ella se masturbaba delante de un hombre y aunque estaba dormido, no podía dejar de sentir culpa y cierta mezcla de dolor, pues era pecado.

    Carlos se despertó con el sonido de la lluvia, azotando en el techo de aquella casa que seguramente abrigaría sus intenciones con Raquel. Fue entonces cuando escucho unos gemidos ahogados en el sonido de la tormenta… unos sonidos guturales que provenían de algún lugar de esa casa; intrigado salió de su cuarto y comenzó a buscar el origen de dicho sonido, yendo a parar a la entrada de un cuarto cuya puerta estaba abierta.

    No podía creer lo que sus ojos veían, ahí, ante él, estaba Raquel, con sus bragas en los tobillos y con una mano debajo de su falda y la otra acariciando uno de sus pechos, pellizcando ese pezón, embelesado, solo se dedicó a observar y a acariciarse a su miembro, que ahora estaba más duro que al principio. Durante unos minutos de sobriedad, Carlos solo se quitó de ahí, y se enceró en su cuarto; Pensó durante un largo rato la situación, se despojó de sus ropas y se dirigió a la bañera; mientras el agua recorría todo su cuerpo no podía apartar a Raquel de sus pensamientos; solo pensaba en sus manos hurgando en esa cueva… en penetrarla… y con ese pensamiento, solo consiguió excitarse mucho más y entonces se masturbo.

    Lentamente acaricio su miembro soñando con el momento que ella lo haría por él, se imaginó la calidez de su boca ingiriendo su tridente y en un instante exploto derramando toda su leche en sus manos. Cuando Carlos terminó de bañarse se dirigió hacia su cama y se recostó así, desnudo, no sabía cuáles eran las costumbres de aquella casa, pero lascivo como se encontraba se jugaría el todo por el todo. Decidió ir al encuentro de Raquel sin importarle nada, la haría suya a toda costa; era más de la media noche, todo estaba oscuro y solo se iluminaba la casa cada vez que un rayo partía la oscuridad de la noche y el ruido de sus pisadas en el suelo de madera era sonoro. La casa estaba prácticamente sola, pues la servidumbre no se quedaba a dormir ahí; así, en un arranque de valor, se dirigió al cuarto de Raquel y abrió la puerta.

    Ella estaba dormida y solo con un camisón encima, pero podía marcarse claramente su exquisito cuerpo de mujer; él, al verla se puso duro, tan duro que comenzó a dolerle su miembro; aventurado, comenzó a avanzar hacia la cama y lentamente aparto la sabana de Raquel, quien solo gimió para sus adentros, él al darse cuenta que aún continuaba dormida comenzó a acariciar su piel, desde la cara, para después dar paso a su cuello; poco a poco fue abarcando terreno, cuando llegó a sus pechos, ella comenzó a jadear, su respiración se hizo entrecortada. Él comenzó a jugar con sus tetas, que se paraban reaccionando a las caricias de Carlos; empezó por rozarlas con las yemas de los dedos… así… después de un rato… se atrevió a rozarlas con la lengua… y viendo que ella aun no despertaba… comenzó a besarlas pausadamente… pasando por todo el contorno de sus pechos hasta llegar nuevamente a sus pezones…de vez en cuando succionaba… gentilmente en el círculo alrededor de ellas e incluso cuando comprendió que Raquel estaba profundamente dormida… comenzó a mordisquearlas; mientras que con su mano libre se atrevió a pellizcar el seno que quedaba solo.

    Fue entonces que ella se movió involuntariamente, pues aún continuaba dormida y quedo boca arriba, con las piernas semiabiertas. Carlos entonces se atrevió a más, buscó deliberadamente su clítoris empezando a moverlo en círculos y comenzó a hurgar dentro de él, con sus dedos, poco a poco se pusieron húmedas aquellas paredes que contenían el secreto de la lujuria y el placer. Estaba excitado, nada le importaba y comenzó a lamerle esos jugos que brotaban cada vez que el acariciaba su sexo. Entonces él sabía lo que tenía que hacer, se puso encima de ella, le beso los labios y cuando el acomodo la punta de su palo en dirección a la gloria, le mordió sus labios y de un solo golpe dejo ir su instrumento; Raquel solo dejos sentir un gemido y entonces abrió los ojos.

    Entre sueños sentía lo que sucedía, pero nunca pensó que fuera real, pero al sentir dentro de ella aquel hombre, solo se asustó; y no fue sino hasta que comprendió la situación, cuando logro tranquilizarse. Pero después de darse cuenta de lo que estaba pasando, solo lo tomo de la espalda y le encajo las uñas; así, comenzaron a transportarse a lugares infinitos del placer, él era agresivo y primero la penetraba despacio para después penetrarla hasta el fondo y sentir como su pene chocaba contra las paredes de su vagina; Raquel podía sentir el miembro erecto, lleno de amor y lascivia dentro de ella; sentía el roce de los testículos en sus nalgas, lo cual indicaba que estaba hasta adentro, en un momento, comenzaron a hacerlo más precipitadamente, más salvaje aun.

    Su ritmo aumento, mientras que él, solo pensaba en llenar de leche el agujero de Raquel; ella solo se arqueo de espaldas para que el palo de Carlos la llenara completamente en su interior y cuando ambos sintieron que el final llegaba, se abrazaron fuerte, muy fuerte, mientras que el semen se tocaba las paredes vaginales. Ella con sed de placer, se dirigió hasta su miembro y comenzó a acariciarlo, de una manera que aprecia ser una experta; después de un rato de estimularlo, engullo completamente el tridente de Carlos quien solo cerraba los ojos y la agarraba de los cabellos para evitar que dejara de hacerlo, comenzó a jadear nuevamente, mientras ella le hacia el trabajo. Él alcanzo su dureza nuevamente; parecía que ni siquiera se hubiesen encontrado antes en una lucha de placer.

    Aquel hombre sintió que se iba a correr en la boca de Raquel, y antes de eyacular, le dijo que no, la tomo de la cintura y la recostó nuevamente sobre su cama, poniéndola en postura de cuatro patas y mientras ella le decía: «hazme tuya, no importa por donde…», solo aplicó presión parcial y le dejo sentir su cabeza; ella al percibir que estaba siendo penetrada por atrás solo le dijo: «¡¡¡la quiero toda!!!… inúndame de tu leche por delante y por detrás»… Carlos solo jugaba con la cabeza dentro de su culo, Raquel intento meterse ella sola aquel palo, él no se lo permitió y continúo dando su castigo con tan solo la cabeza dentro del culo, que comenzaba a ceder ante el extraño que se habría paso… así en un arranque de furia, ella intento reclamarle por qué no la había penetrado completamente y entonces solo se quedó a media palabra pues él agarro su miembro y entro completamente todo su palo…

    Aquella vieja cama no aguantaría mucho. Los gemidos que atravesaban la habitación y el olor a sexo y los cuerpos bañados en sudor dieron paso al movimiento rítmico de meter y sacar el miembro de Carlos dentro del culo de Raquel; era objeto de obsesión de él y ver como se tragaba hasta el tronco de su herramienta lo excito de tal modo que el movimiento duro muy poco, pues ambos comenzaron a sentir que llegaba el clímax de aquella relación; así mientras entraba y salía su pene dentro del ano de ella, metía sus dedos en el sexo de aquella hermosa mujer, jugosa y abierta para engullir nuevamente su pene si se lo proponía.

    Por fin sintió llegar el final y cuando Carlos presintió que se correría, saco su palo del ano y la viro nuevamente para hacerla suya una última vez por el frente, haciendo que su sexo se estremeciera y se mojara con sus propios jugos; el arma de Carlos, palpitaba dentro de ella y ella aprisionaba su cuerpo cerrando las piernas para impedir que jamás saliera de ella. El clímax llego, y mientras él se mantenía encima de ella, podían sentir como los chorros de semen se escurrían a lo largo de su entrada.

    Unos días después y mucho sexo, llego su padre y encontró a su hija muy feliz por lo que Carlos le había hecho sentir. No tardaron muchos días cuando Carlos le pidió al que era su padrino la mano de Raquel, el cual accedió sin ninguna reticencia.

    Muchas gracias por leerme y espero que les gustara. Dejen comentario o valoraciones, se agradece mucho.

  • Me masturbé con una madura

    Me masturbé con una madura

    Acabo de cumplir la mayoría de edad y con esto me he dejado experimentar más mi sexualidad, debo decir que no me cierro a nada ya sea hombre o mujer (incluso ambos al mismo tiempo), lo que les voy a relatar me pasó hace unos pocos días y les voy a confesar que no sé muy bien como sentirme al respecto, pero les puedo asegurar que me gustó demasiado y sin duda me gustaría volverlo a hacer.

    Salí por la tarde a tomar un poco de aire fresco y sol, más que nada para distraerme después de un cansado día de tareas y muchas clases fastidiosas, di un paseo por el parque y me tome algo para tomar, decidí sentarme bajo árbol en una jardinera que estaba un poco oculta, mientras observaba a las personas pasar mi mirada se centró en una mujer madura la cual le calculaba unos 40 años, pero estaba súper rica, tenía una perfecta figura de reloj de arena inmensas caderas y muslos, ni hablar de sus nalgas y pechos eran gigantes, se le notaban un poco los pezones.

    Para mi buena suerte se sentó en una banca que estaba más adelante de donde yo me encontraba, entonces no le pude quitar la mirada de encima, poco a poco sentí como me comenzaba a excitar mi respiración se volvió más agitada, mis pezones se endurecieron y en ese momento deje que mi imaginación volara.

    Me la estaba comiendo con la mirada y poco a poco comencé a imaginar su cuerpo desnudó, sus enormes pechos al aire moviéndose de arriba hacia abajo, cómo le mordería sus rozados y enormes pezones, besar sus muslos hasta llegar a su vagina húmeda y estimularla con mi boca, me imaginé sus gemidos, tenerla asfixiándome con sus nalgas en mi cara. Mientras pensaba todo esto noté como me mojaba cada vez más hasta que ya no pude y tuve que tocarme traía falda entonces me cubrí con la mochila qué llevaba.

    En cuanto metí la mano pude sentir lo mojada que me encontraba, como en la jardinera en la cual estaba se encontraba algo oculta pude estimularme sobre mi ropa interior acariciando de arriba hacia abajo y en círculos, de repente se me escapaban pequeños gemidos y me humedecía aún más, hasta que no pude más y tuve un orgasmo se me escapó un pequeño grito, termine muy chorreada y con las piernas temblorosas, todo esto sin dejar de ver a aquella hermosa mujer.

    Hasta aquí mi relato, ojalá si guste pues es el primero que escribo.

  • Me gusta que otros miren con lujuria a mi novia

    Me gusta que otros miren con lujuria a mi novia

    Hola que tal, me presento, mi nombre es Víctor (26 años), mi novia se llama Alejandra y tiene 22 años, es de piel blanca, ojos café claro, pelo largo castaño, 1:60 metros de estatura, tiene un busto perfecto para su estatura ni muy grande ni pequeño, eso sí, es piernuda y es de grandes nalgas.

    Les contaré algo que me sucedió hace meses. Salí a una fiesta con mi novia a casa de unos amigos, mi novia vestía un vestido rosa holgado corto, como ella es una chica que llama mucho la atención cuando se pone faldas y vestidos le pido que se ponga short debajo.

    Ese día tomamos todos tanto mis amigos como mis amigas y obviamente mi novia, que por cierto mi novia es malísima para tomar alcohol ya que le pega muy rápido, así estuvimos toda la noche hasta que llegó el momento de irnos, ya en el coche le pedí a mi novia que se quitara el short que traía debajo ya que me gusta ir acariciándola mientras manejo, mientras la acariciaba mi novia venia profundamente dormida de lo ebria que venía, llegamos a un semáforo peligroso ya que en esa zona de la ciudad es un poco peligrosa ya que hay mucho drogadicto y vagos, obviamente con todas las puertas y ventanas cerradas.

    En eso llega un limpia parabrisas y me limpia el vidrio del carro, lo limpiaba y lo limpiaba, después llego otro limpiaparabrisas a pararse del lado de la puerta de mi novia mientras el otro limpiaba el espejo del lado de la puerta de mi novia cosa que se me hizo muy extraña, ya le baje la ventana y le di 5$, el semáforo se puso en verde y avance, en ese momento ya no acaricie a mi novia porque pensé que me habían querido asaltar en el semáforo anterior.

    Al llegar al otro semáforo me doy cuenta que mientras acariciaba a mi novia antes de llegar al primer semáforo deje accidentalmente arriba el vestido de mi novia y con las piernas abiertas ya que venía acariciándola (cosa que no note en el momento ya que venía un poco alcoholizado y un poco asustado) fue entonces que entendí que los limpiaparabrisas estaban encantados dándose una vista de primera fila, se hacían tontos limpiando el lado del vidrio de mi novia para estarle viendo la tanga que por cierto era blanca con un encaje muy sexy, estaban deleitados con la vista y aparte les abrí la ventana del lado de ella para darle los 5$, estaban encantados los hombres jajaja que sin afán de ofender se miraban sucios y que solo hacen eso para conseguir para la droga, entonces les regale un viston y aparte les di dinero.

    No tienen idea de lo mucho que me hizo enfadar eso, de que otro hombre le viera los calzones a mi novia y no es que fuera uno si no dos.

    A partir de ahí empezó a fijarme en todo.

    A la semana más o menos, salimos a un restaurant bar con 2 amigas y 2 amigos, saliendo del bar estuvimos dando vueltas en mi coche mientras seguíamos tomando, venían 3 de mis amigos atrás y adelante venían mi novia y su amiga (mi novia arriba de su amiga), eso fue como a las 4 pm aproximadamente, entre la tomadera me dieron ganas de orinar y no había alguna gasolinera cerca para entrar al baño, así que al primer terreno baldío que encontrara ahí seria, pues así fue, a un lado de una construcción había un terreno baldío con algo de monte.

    Entonces aproveche y me baje a orinar ahí, en eso volteo a la casa que estaban construyendo alado (mientras orinaba) y hay varios albañiles diciendo –wachen las viejotas esas- en eso volteo y pienso (que no se vaya a bajar mi vieja) y más porque mi novia llevaba una minifalda de mezclilla cortita y una blusa escotada blanca pues dicho y hecho abre la puerta del carro y se baja enseñándoles todos los calzones a los albañiles, unas pantaletas amarillas de encaje que yo le regale para que se las pusiera para mí, en eso volteo a ver a los albañiles y uno de ellos se estaba agarrando el pene por encima del pantalón, me dio tanto coraje que en cuanto dejamos a todos se la hice de pedo por descuidada, ya eran dos veces que otros hombres miraban a mi novia con lujuria… Hasta ese punto todavía me daba coraje…

    Hasta aquí dejaré la primera parte.

  • El tercer hombre con el que comparto a mi mujer

    El tercer hombre con el que comparto a mi mujer

    La búsqueda de hombres para que se acuesten con mi mujer se convirtió en el eje central de nuestras vidas.

    No había casi otro tema de conversación y era ya una obsesión para ella.

    Yo fui el impulsor de la idea, y no me disgustaba para nada que así fuera.

    Ahora estaba abocado a encontrar un tipo que físicamente le guste a ella obviamente, y que además quiera jugar dentro de los límites que buscábamos.

    La idea era un tipo que sin violencia nos marque la cancha, que la trate a Laura como a una flor de puta y a mí, me haga sentir menoscabado y menospreciado como hombre y haga hincapié en que soy un pobre infeliz, impotente y cornudo, pero todo desde ya con humillaciones verbales e insultos, nada de violencia física.

    Algo parecido a Antonio el segundo tipo que se la cogió delante mío, pero más elocuente, y remarcando que mi participación no sería de apoyo al corneador, sino que se centraría en solo ver bien de cerca, lo puta que es mi mujer.

    Un hombre que reunía esas características, apareció y le mostré su perfil a Lau para que me diga si en principio le gustaba y podía iniciar un intercambio de mensajes, se llamaba Daniel, 40 años, más de 1.85 de altura, buen lomo de gym, musculoso y una verga acorde a esa altura, casi 20 x 5.5, yo mido como saben poco más de 1.60 así que al lado de él me sentía insignificante.

    Laura me pidió que si arreglamos con él, ponga como condición que ella no entregaba la cola, había quedado muy dolorida con el hombre anterior y no quería volver a sufrir, si yo quería ver como la culeaban, tenía que ser con alguien que no tuviera una pija mayor a 15 o máximo 16 x 4, con una pija así estaba segura de gozar el sexo anal, de lo contrario es un calvario para ella.

    Estuve de acuerdo con su petición y le aclaré a Daniel que no habría penetración anal, obviamente aceptó esa regla.

    Por otro lado a ella le gustó la idea de estar con un tipo que parecía medio patovica, le calientan los tipos musculosos de torso trabajado.

    Esta vez aceptamos ir a la casa del hombre, eso nos puso en una situación de desventaja, jugar de visitantes nos cohibía un poco.

    Decidimos ir una noche, al llegar después de tomar una copa de vino blanco, Daniel le dijo a mi mujer que lo acompañe al dormitorio y a mí me dijo que espere en el comedor hasta que él me llame, mi mujer luego me contó que hizo que se quite el vestido, él había pedido que esa noche no use ni corpiño ni tanga, por lo que sabía que al sacárselo, quedaría completamente desnuda, desde que hacíamos estos encuentros, nunca se ponia ni tanga, pero tampoco nunca había quedado desnuda a solas con un hombre que prácticamente no conocía.

    La dejo parada a un lado de la cama, mientras él sin dejar de mirarla de arriba a abajo, se quitaba toda la ropa, le pidió que me haga entrar a mi, pero él le respondió que ya me iba a llamar, que iba a tener que esperar unos minutos, ella seguía parada desnuda y temblorosa, obviamente no le daba vergüenza que la vea desnuda, pero la situación la incomodaba, la ponía nerviosa estar sola con él, sabiendo que yo estaba en el otro cuarto.

    Él terminó de desnudarse y ella no pudo evitar mirar su enorme pene, él notó que lo miraba y le preguntó…

    -¿te gusta mi pija?

    -si papito, es hermosa.

    -Sentate en el borde de la cama, nena.

    Él se acercó y se paró frente a ella, tocándose la pija que comenzaba a ponerse dura, ella al darse cuenta de lo que iba a pasar, le dijo…

    -por favor, llámalo a mi marido.

    -chupame la pija y lo llamo.

    Me contó que en realidad no le gustaba la idea de empezar a mamarle la verga sin que yo esté presente, le parecía una deslealtad, aunque esto parezca una tontería, todavía quedaba respeto entre nosotros, pero le siguió el juego y tomó con una de sus manos, ese pedazo hermoso y se lo llevó a la boca y con la otra, le acarició los huevos, pronto se la metió hasta la mitad más o menos y se la sacó de la boca, mirándolo desde abajo le pidió de nuevo que me haga entrar a la habitación…

    -Tragatela toda, métetela entera en la boca, cuando estés lista, lo voy a llamar para que vea lo puta que sos.

    En ese momento le agarró la cabeza y la atrajo hacia él, pego su cara contra su cuerpo, se la hizo comer casi toda, cuando sintió que empezaba a tener arcadas, le soltó la cabeza y dejó de hacer presión, ella estaba con los ojos vidriosos a punto de llorar por el ahogo, entonces le volvió a decir…

    -Vamos putita chupala bien nena, así lo llamo al cornudo de tu marido.

    Entonces se la volvió a meter en la boca y se la chupó como el quería, mientras lo hacía escuchó…

    -veni cornudo, veni a ver a la puta de tu mujercita.

    Ella entendió que el juego era que yo la encuentre chupándosela cuando entre a la habitación, humillándonos a ambos y no se la quitó de la boca, sabía que yo estaba entrando y siguió complaciendo a Daniel, el tipo quería denigrarnos de esa forma y le dio el gusto, entonces él dijo…

    -Tragatela toda puta, chupala como sabes hacerlo, y vos, mirá bien a tu mujer como disfruta chuparle la pija a otro, ahora quiero que te desnudes, cornudo.

    -¿Yo para que? -dije a modo de protesta

    -desnúdate inútil, quiero que ella vea bien la diferencia, (y dirigiéndose a ella)

    -¿este infeliz no te coge nena?

    -No puede -le contestó ella

    -así que no se te para, impotente de mierda, por eso la traes acá para que me la coja.

    Cuando quedé en bolas, era más que notoria la diferencia, él era musculoso y alto y yo un alfeñique bajito con un pene diminuto.

    -Yo te voy a hacer gozar para que el vea como te coge un macho de verdad, acostate de un lado de la cama, y vos cornudo, acostate al lado de ella y mira bien como me cojo a tu hembra.

    Laura se acostó boca arriba y yo lo hice a su lado apoyado sobre uno de mis codos para verla bien de cerca, él le separó las piernas y le chupo la concha, la hizo vibrar, ella empezó a gemir y jadear, y me miraba a los ojos, estaba a punto de tener un orgasmo, él entonces se colocó un preservativo, se puso encima de ella, la besó en la boca con pasión, ella se prendió y se notaba que lo estaba disfrutando, yo miraba a centímetros de ellos, de pronto él le dijo…

    -segui mirándolo al cornudo, mírense a los ojos, ahora vas a ser mía nena.

    Ella me miró con los ojos vidriosos, y con cara apenada, y yo igual, entonces él la penetró, ella dio un pequeño gritito y el siguió empujando, ella jadeó y gimió otra vez, y volvió a empujar, ella estaba gozando mientras no dejaba de mirarme y morderse los labios, él le besaba los pechos, le chupaba y daba mordiscos en sus pezones duritos y siguió entrando y casi saliendo por completo de su concha, él imprimió más fuerza y potencia a sus movimientos y ella gritó de placer, me agarró de un brazo con fuerza, estaba muy excitada y no podía ni quería ocultar que estaba gozando con ese hombre, era un machazo y la estaba haciendo disfrutar…

    -vamos putita, disfrútalo, mostrale al cornudo que feliz te hace un macho cuando te coge bien, deci que sos mía, que sos mi hembra, pedime pija vamos

    Laura estaba a punto de acabar, estaba en el punto más alto de ebullición, no daba más de calentura, Daniel no dejaba de cabalgarle y enterrarle hasta los huevos ese pedazo de carne fibroso y enorme, ella de aferraba con fuerza con una mano de uno de sus brazos musculosos gozando como una perra, y con el otro se agarraba de mi, y entonces exclamó casi gritando…

    -siiii, papi soy tuya, soy tuya mi amor ohh, por favor como me cojes, dame tu pija, dámela toda, quiero mucha pija, cogeme, cogeme bien cogida

    Entonces él se la sacó y se la metió repetidamente con más violencia, ella siguió gimiendo y gritando y luego de unos minutos en los que yo no pude hacer otra cosa que verla gozar como una loca, los dos acabaron al unísono y se besaron apasionadamente, yo me tapé los ojos porque no quería que me vea lagrimear, pero él me gritó…

    – Mira cornudo como te la cogí, inútil no servís para nada, yo te la cogí bien así está un rato contenta, pronto va a querer más y ¿vos que vas a hacer, te la vas a coger o me la vas a traer para que me la garche?

    – Bueno, basta por favor Daniel, ya está bien, no lo mortifiques más -dijo Lau.

    Ella se dio vuelta hacia mí y me dio un beso, él se levantó y dijo que tenía razón, ya el juego había terminado y no tenía derecho a seguir insultándome, y preguntó si ya queríamos irnos, Lauri respondió manoseándose los pechos sensualmente y sonriendo…

    -no, la verdad que yo no me quiero ir, quiero que me cojas de nuevo, pero ahora ocúpate solo de mí, olvídate que mi marido está mirando, no le digas nada.

    Él contesto que bueno, que tomemos algo así descansaba un rato y se reponía.

    -¿te gusto mami entonces?

    -Claro tonto que me gustó sino no te pediría que me lo hagas otra vez.

    Tomamos algo en la cama y al rato mi mujer me dijo…

    -Papi quiero que me chupes abajo, que Daniel vea como me haces gozar vos

    Así que nos abrazamos, la bese en la boca y me sumergí entre sus piernas y le comí la conchita, mientras jugaba con un dedo en su culo, se puso como loca, Daniel se acercó y le puso la pija en la boca y ella se la chupó encantada, un ratito después, cuando vio que el tipo se había excitado de nuevo y ella ya no daba más otra vez, dijo…

    -Dani cogerme por favor, soy tuya, dámela toda, haceme tuya querido

    Salí de mi posición y le dejé el lugar a nuestro amigo, estuvieron franeleando un rato hasta que el decidió cogerla de nuevo, más bien ella estaba casi rogándole y abriendo las piernas para que se la ponga, así que asistí en primera fila a una nueva cogida a mi mujercita.

    -Dani vení cogeme, metemela toda, soy tuya otra vez, haceme lo que quieras.

    El la hizo girar y la puso con la cola hacia arriba, le abrió las nalgas y le pego una chupada fenomenal en el culo, ella empezó a gritar de placer y enseguida empezó a jugar con un dedo en su agujerito, a pesar de que le habíamos dicho que no iba a ver sexo anal, el «HACEME lo que quieras» de hacia un segundo atrás, lo hizo pensar que tenía vía libre para culearla, pero ella no quería.

    -no papi por favor, la cola no amor, no hoy no, no papi, hoy no, te prometo que otro día te la doy, hoy no mi amor.

    Entonces él aceptó lo que ella decía y la puso en cuatro, la agarró desde atrás, pero la penetró por la concha, la cogió un buen rato, bastante más tiempo que el primer polvo, mientras yo observaba embelesado como ese turro se la garchaba, pero finalmente estuvo bien, lo único que importaba era que mi mujer fuera feliz .

    Después de esto, Laura fue varias veces a su casa sin decírmelo y Daniel se la cogió de todas las formas, y por supuesto cumplió su promesa de darle la cola, hasta que un día decidió confesármelo, el hecho de hacerlo a escondidas, la excitaba muchísimo, pero finalmente luego de tres o cuatro encuentros clandestinos, me lo dijo.

    Yo le abrí la puerta para esto, así que no tengo nada que reprochar.

    Espero que les haya gustado y pueden dejar un comentario aquí o escribirme a mi correo [email protected].

    Besos a todos mis lectores.

  • Esclavo de ti mismo (Cap. 13): Cuarta cacesortija de cristal

    Esclavo de ti mismo (Cap. 13): Cuarta cacesortija de cristal

    Nicolás Palacios bajó del Corvette tras estacionarse al lado de la galería de arte, en la entrada ya lo esperaban Sergio y Hércules.

    -¿Cómo están cabrones? -Saludó el mexicano.

    -Han sido unas semanas bastante cansadas. Custodiar a ese par de modelos presuntuosos en la semana de la moda, nos dejó fatigados. -Contestó Sergio con tono calmado.

    -¡No tienes idea del infierno que fue la semana de la moda! -Agregó Hércules.

    Nicolás soltó una carcajada divertido.

    -¡Ya lo creo con todas esas supermodelos de las pasarelas, debió ser una verdadera tortura!

    Los tres rieron al tiempo que se estrecharon las manos.

    -¿Ya llegaron Alfonso y Sam? -Inquirió el mexicano.

    -Si, ellos y Marcus ya están dentro. Nos esperan. -Aseguró Hércules.

    -¿Jason, Mendosa y Nataku vendrán también? -Preguntó Nicolás.

    -No, los tres se encuentran en un diplomado de balística. -Explicó Sergio.

    -Ya veo. ¿Y qué tenemos?, Sam no me aclaró bien las cosas cuando me llamó ayer. -Dijo Nicolás.

    -Marcus parece ser muy versátil, nos contrató para resguardar una exposición que montará aquí el fin de semana. Exhibirá su colección de joyas en una cena de beneficencia y le preocupa que alguien pudiera tratar de robarla. -Aseveró Sergio.

    -¡Seguramente tiene que ser una colección impresionante, para requerirnos a todos. -Infirió el mexicano.

    -La verdad es que sí. Vamos, entremos, Alfonso ya nos espera y sabes que no es muy paciente. -Respondió Hércules.

    Nicolás notó en ese momento que ambos tenían una expresión algo ausente, no obstante lo atribuyó a lo temprano que era. Alfonso lo había citado a las 7 am y pensó que el horario resultaba algo excesivo, pero debido al alto salario que cobraban no puso ninguna objeción.

    Los tres atravesaron el estacionamiento a penas alumbrados por los primeros rayos del amanecer e ingresaron a la galería.

    Nicolás vio a Sam instalar un sistema de circuito cerrado, mientras Alfonso revisaba los puntos ciegos de aquel inmueble. La galería era extensa, al menos unos mil doscientos metros cuadrados, donde varias vitrinas, mesas y un escenario ya se hallaban listos para la cena.

    Nicolás avanzó hacia Alfonso, que al verlo venir lo saludó con efusivos ademanes.

    -¿Cómo estás Nico?

    -Excelente Alfonso, listo para comenzar. ¿Qué quieres que haga? -Contestó el mexicano, mientras estrechaba su mano.

    -Duro y al punto como siempre Nico. Marcus quiere que lo apoyes a organizar la logística de transporte de su colección. Hércules y tú estarán encargados de eso. Te espera en la oficina de atrás para mostrarte los lotes que hay que mover y la ruta a seguir. -Indicó Alfonso.

    -Vale. Voy con él entonces. ¿Vienes Hércules? -Inquirió Nicolás.

    -En un minuto, voy a confirmar la logística del transporte. Debo hacer un par de llamadas. -Respondió el griego.

    -Oquei, voy con Marcus entonces. -Afirmó el mexicano.

    -En unos momentos iremos contigo, tendremos junta para planear todo el evento. Avanza con Marcus, que te entregue la lista de los lotes y la logística de la exposición. Hércules termina de confirmar el transporte, Sergio concluye la lista de invitados, mientras Sam y yo acabamos con el sistema de seguridad. -Instruyó Alfonso.

    Todos asintieron y cada uno se retiró a realizar sus labores. Nicolás atravesó la galería, alcanzó la parte posterior en la que se encontraban las oficinas y tocó la puerta del cubículo con las luces encendidas.

    -Buenos días, ¿puedo entrar? -Preguntó Nicolás.

    -Claro, buen día, Pasa por favor Nico, que bien que llegaste. -Contestó Marcus desde adentro.

    Nicolás entró a la oficina y observó a Marcus sentado ante la computadora.

    -Mandé imprimir la lista de los lotes de mi colección para que podamos revisarla a detalle. -Explicó Marcus.

    -No sabía que también estabas en el negocio de las joyas. -Cuestionó el mexicano, mientras sonreía a Marcus y le extendía una mano.

    -No estoy en el negocio de las joyas. Tengo una colección privada, herencia de mi familia. Soy un coleccionista habido de piedras preciosas y una vez al año, organizo una exposición para recaudar fondos que dono a instituciones de beneficencia en la cual muestro mis nuevas adquisiciones. -Aseveró Marcus.

    -Interesante. Hace unos días te contratamos para nuestra campaña de publicidad y ahora tú nos contratas para la seguridad de un evento privado. -Dijo Nicolás sarcástico.

    -No exactamente. Se pagará un contrato, aunque Alfonso y yo decidimos también que utilizaremos el evento en favor de ambos. Ustedes cubren mi seguridad y Alfonso usa el evento para publicitarse. -Respondió Marcus.

    -Entiendo, un negocio redondo. ¿Cuántos invitados tienes contemplados? -Preguntó el mexicano ya en materia de seguridad.

    -Al menos serán unas ochenta personas, todas con invitación previa. La lista la tiene Sergio. Le comenté a Alfonso que te quiero a ti para que me ayudes con la logística y transporte de la colección. -Indicó Marcus con una extraña mueca.

    -¿Oquei, ¿Cuántos lotes de joyas? -Inquirió Nicolás.

    -Serán setentaisiete lotes principales y trece lotes menores, junto con mi gema más valiosa, aquí tienes la lista. -Respondió Marcus.

    -Oquei. ¡Vaya en verdad eres un maldito millonario! -Expresó el mexicano, al tiempo que revisaba la lista de lotes.

    -Gracias, lo tomaré como un cumplido. Sabes, también quería conversar contigo en privado sobre un asunto muy delicado. -Dijo Marcus.

    Nicolás sonrió divertido. -¿Te me vas a declarar?, sé que soy irresistible. -Cuestionó el mexicano entre risas.

    Marcus se carcajeó. -No exactamente, aunque estás muy cerca. Mira, sabes que soy homosexual. Creo que ya pudiste darte cuenta de ello. -Explicó Marcus.

    -Si, he visto como nos miras a todos. ¿Qué deseas pedirme? Con algo de dinero, quizás podemos negociar algo. -Respondió Nicolás con una sonrisa seductora y un tono travieso.

    Marcus torció la boca y continuó. -Sé a la perfección que todos ustedes son heterosexuales. Inclusive sé de la homofobia de Sam. Pero el favor que quería pedirte es muy simple. -Dijo Marcus.

    -Oquei, dime ¿qué necesitas? -Inquirió Nicolás.

    -Sabes, quiero regalar una sortija a un hombre que me gusta. La compré muy recientemente y deseo dársela durante la cena de beneficencia. La tengo justo aquí y el muchacho es muy parecido a ti. Quiero que te la pongas y ver como luce. -Contestó Marcus.

    -¿Es una sortija de compromiso? ¿Piensas pedirle matrimonio? -Preguntó el mexicano sorprendido.

    -Me descubriste. Es un hombre del que estoy enamorado y aprovecharé la cena de beneficencia para pedirle que nos casemos. En verdad te pareces mucho a él y quiero ver como luce puesta la sortija. -Indicó Marcus.

    -Vaya esa si es una noticia. ¡Te vas a amarrar!, Claro que te ayudo con eso. ¿cómo se llama tu novio? ¿lo conocemos? -Cuestionó Nicolás.

    -Su nombre es Daniel. Es fotógrafo y no, no lo conocen. ¿entonces me ayudas?, aquí mismo tengo la sortija. -Preguntó Marcus.

    -Si, claro, estoy listo para ser tu novio de prueba. -Aseveró el mexicano entre divertido y seductor.

    Marcus sacó una caja de madera forrada de terciopelo negro y de esta substrajo una hermosa sortija de oro, enjoyada con diamantes y un extraño cristal amarillo incrustado en la parte frontal en forma de ojo, lleno de extraños grabados y una inscripción.

    -¡Woo, que sortija, debe valer una fortuna! -Expresó Nicolás.

    -¿Te gusta? Se trata de una joya egipcia. La adquirí en un viaje que hice al Cairo hace unos años. Según dice la inscripción quien la porte, quedará esclavizado por siempre bajo la voluntad del Amo de la sortija. -Indicó Marcus.

    -¡Vaya, eso sí es amor! -Contestó Nicolás con tono juguetón.

    -Sólo es una leyenda, además, el cristal de Secmet se perdió hace milenios. -Explicó Marcus con un extraño tono de voz, al tiempo que le extendía la sortija a Nicolás.

    El mexicano tomó la sortija y tras observar los símbolos tallados sobre la superficie del ojo de cristal, se la colocó en el dedo índice. Al instante un extraño brillo amarillo destelló y rodeó al guardaespaldas, mientras sus ojos se tornaban del mismo color. Entonces Marcus sacó de la caja un extraño medallón con el dije de una leona, hecho del mismo cristal que la piedra central del anillo. Se lo colgó al cuello y un nuevo fulgor volvió a envolver al mexicano, a la vez que su rostro se volvió totalmente ausente.

    -Bien, ahora dime ¿te sientes bien? -Inquirió Marcus.

    -Ssi… Amo. -Respondió Nicolás con voz cascada y las pupilas enteramente teñidas de amarillo.

    -¿Sabes quién eres? -Cuestionó Marcus mientras se levantaba de la mesa y se aproximaba a Nicolás.

    -Sssi… Yo… Yo soy un esclavo de la sortija de cristal… -Contestó Nicolás con una voz carente de vida.

    -Eso es. ¿Sabes quién soy yo? -Inquirió Marcus.

    -Si… Tú eres el Amo de la sortija de cristal… Tú Eres mi Amo… -Respondió el mexicano totalmente hipnotizado.

    -Eso es correcto. Eres mi esclavo y yo soy tu Amo. Ahora mira fijamente el cristal del anillo y piérdete más en la hipnosis. Sumérgete en el trance y duerme muy profundamente. -Indicó Marcus.

    -Ssi… Mirar el cristal del anillo… Perderme más en la hipnosis… Sumergirme en el trance… Dormir muy profundamente… Ssi… Mi Amo… -Dijo el mexicano, mientras sus ojos se tornaban aún más amarillos y su cuerpo se ponía totalmente rígido.

    -Yo soy tu Amo. Eres un miserable esclavo de la sortija de cristal. Repítelo y cierra los ojos, deja caer tu cabeza hacia atrás y cae más en la hipnosis. -Ordenó Marcus.

    -Eres mi Amo… Soy un esclavo de la sortija de cristal…Caer más en la hipnosis… Eres mi Amo… Soy un esclavo de la sortija de cristal…Caer más en la hipnosis… Eres mi Amo… Soy un esclavo de la sortija de cristal…Caer más en la hipnosis… -Repitió Nicolás al tiempo que cerraba los ojos e inclinaba la cabeza suelta hacia atrás.

    -Bien, eso es. Voy a contar hasta 3 y cuando diga el número 3, volverás a abrir los ojos y mirarás el cristal una vez más. Cuando lo mires, caerás en un trance todavía más profundo, en una hipnosis de la que no despertarás jamás, al menos que yo te lo indique. -Instruyó Marcus.

    -Ssi, mi Amo… cuando cuentes 3… Abriré los ojos… Miraré el cristal y caeré en un trance todavía más profundo… En una hipnosis más profunda de la que no despertaré jamás… Al menos que tu mi Amo lo indiques… -Aceptó el mexicano cada vez más hipnotizado.

    -Bien, ahora. 1, 2, 3. -Señaló Marcus.

    Nicolás enderezó el rostro, abrió los ojos y concentró su mirada en el cristal de la sortija. -Caer en un trance más profundo… en una hipnosis más profunda… Nunca despertar, al menos que mi Amo lo ordene… Debo caer en una Hipnosis profunda… En Un trance más profundo… Nunca despertar… Sólo cuando Mi Amo… Lo ordene… -Dijo el mexicano, a la vez que sus ojos se volvieron enteramente amarillos y su rostro se quedaba ausente.

    -Perfecto esclavo, ahora estás completamente bajo mi poder. -Dijo Marcus.

    -Ssi, completamente bajo tu poder… Si, mi Amo… -Aceptó el mexicano.

    -Bien, yo soy el Amo de la sortija de cristal. Ordeno que esta te selle para siempre como mi esclavo. Mientras la tengas puesta te encontrarás esclavizado por mi voluntad, estarás sometido a mi servidumbre, a mis órdenes. -Señaló Marcus.

    -Si, tú eres el Amo de la Sortija de cristal… Eres mi Amo… Quedaré sellado para siempre como tú esclavo… Mientras tenga puesta la sortija estoy esclavizado por tu voluntad… Eres mi Amo… Sometido A tu servicio… A tus órdenes… -Admitió Nicolás la instrucción que lo doblegaba definitivamente.

    -Bien, yo soy el Amo de la Sortija de cristal y mi primera orden es que esta jamás deje tu dedo, que jamás te la puedas quitar, que seas mi esclavo para siempre. -Indicó Marcus, mientras se colocaba al lado de Nicolás.

    -Cumpliré tu orden mi Amo… La sortija jamás dejará mi dedo… Nunca me la podré quitar… Nunca despertaré… Siempre seré tu esclavo… Mi Amo… -Consintió el mexicano totalmente perdido en el trance.

    -Perfecto, ¡quiero que te pongas de pie. Ahora! -Demandó Marcus.

    -Ssi, Amo… -Dijo el mexicano, al tiempo que se levantaba de la silla.

    Marcus se abalanzó sobre él y lo atrajo hacia su cuerpo. Se apoderó de su boca y exploró a voluntad los labios de Nicolás, que no opuso la más mínima resistencia. -Quítate el saco y la camisa.

    -Ssi, quitarme el saco y la camisa… Ssi, mi Amo… -Admitió el mexicano, a la vez que se retiraba las prendas.

    Marcus le rebató las ropas de las manos y las arrojó al otro lado de la habitación. -También los zapatos, calcetines y cinturón ¡Ahora! -Ordenó Marcus.

    -También zapatos… Calcetines y cinturón… Ssi, mi Amo… -Respondió Nicolás, mientras se agachaba y ofrecía una espectacular vista de sus glúteos y piernas a su Amo.

    Como un depredador, Marcus tomó todas las prendas y las arrojó junto al saco y la camisa. Después recorrió con sus labios la fresca y morena piel de Nicolás. Olió su cuerpo y chupó su cuello, al tiempo que apretaba con rudeza su fuerte pectoral.

    -Ahora, quítate los pantalones. -Pidió Marcus.

    -Ssi, mi Amo… Quitarme los pantalones… -Admitió el mexicano, al tiempo que se los retiraba lentamente.

    Marcus observó entonces a su nueva presa. Era un ejemplar magnífico. Un hombre esbelto, lampiño, de piel morena clara, con brazos musculosos, fuertes hombros, firmes pectorales, ancha espalda, cuello largo, cabello corto y crespo, ojos color miel, así como un rostro de rasgos angulosos y bastante atractivos.

    -Bésame y abrázame… Y repite, que eres mi amante… -Solicitó Marcus.

    -Ssi, Soy tu amante… Mi Amo… -Dijo el mexicano en medio de murmullos, a la vez que abrazaba y besaba a Marcus en la boca con gran pasión.

    -Me encantan tus labios. Sabes, desde que te vi mi fantasía era tenerte así, solamente en bóxer, poseer tus labios, volverte mi amante. Quiero que lo disfrutes. Di que te gusta estar en bóxer para mí. di que disfrutas que me apodere de tus labios, di que disfrutas ser mi amante, di que disfrutas que bese tu cuerpo semidesnudo. -Indicó Marcus.

    -Ssi, Me gusta estar en bóxer para ti… Disfruto que te apoderes de mis labios… Disfruto ser tu amante… Disfruto que beses mi cuerpo semidesnudo, Mi Amo… -Dijo el mexicano con una voz sugerente y sensual.

    -Muy bien. ¿Alguna vez has tenido sexo con un hombre mi esclavo? -Preguntó Marcus lujurioso, mientras apretaba el miembro del moreno, que al contacto creció inmediatamente.

    -Ssi, mi Amo… -Reveló Nicolás para la sorpresa de Marcus.

    -¿Cuándo?, ¿cómo fue? -Inquirió Marcus presa del morbo.

    -Durante la universidad, mi Amo… En una fiesta… Bebí demasiado y tuve sexo con un par de compañeros… -Respondió Nicolás, mientras Marcus lamía su cuello.

    -¿Y lo disfrutaste? -Volvió a cuestionar Marcus.

    -Ssi, mi Amo… Si lo disfruté… Aunque nunca volví a intentarlo… -Contestó Nicolás totalmente hipnotizado y sometido a la voluntad de su Amo.

    -Bien, a partir de ahora, ya no eres heterosexual. Eres gay y te complace tener sexo con hombres. Lo disfrutarás y sobre todo te excitará cogerme y coger a quien yo te ordene. -Ordenó Marcus.

    -Ssi, mi Amo… A partir de ahora ya no soy heterosexual… Soy gay… Me complacerá coger con hombres… Y sobre todo me excitará coger a mi Amo… Y coger a quien mi Amo ordene… -Admitió Nicolás aquella terrible orden.

    -Lo que más te complacerá será que yo te bese, que bese tu cuerpo desnudo y bese tus labios, será lo que más te complacerá. -Volvió a instruir Marcus.

    -Ssi, mi Amo… Lo que más me complacerá será que me beses… Que beses mi cuerpo desnudo… Que beses mis labios… Ssi, mi Amo… Será lo que más me complacerá… -Respondió el mexicano, al tiempo que Marcus besaba su abdomen con lujuria.

    -Muy bien, muy bien. Y cada vez que yo te diga la frase “Cuerpo de cristal”, volverás a este trance, estarás completamente bajo mi poder. -Implantó Marcus aquel último comando.

    -Ssi, cada vez que escuche la frase “Cuerpo de cristal”, caeré en este trance, estaré completamente bajo tu poder… Ssi, mi Amo… -Afirmó Nicolás con las pupilas totalmente amarillas y el rostro sin vida.

    -Bien mi esclavo, estás listo. Antes de la cena de beneficencia, tus otros tres amigos deben estar también bajo mi poder. Así que vamos a comenzar la junta, hay mucho que hacer. Aunque, primero gozaré de un momento de placer. -Dijo Marcus con lascivia, al tiempo que soltaba a Nicolás y se volvía a sentar delante de la computadora.

    Marcus tecleó un comando y activó el sistema de audio de la galería. -¡Alfonso, Caligari!, ¡Sicodélico, Sam!, ¡Músculos de Hierro, Hércules!, ¡Rígido y desnudo, Sergio!, sellen las puertas y activen el sistema de seguridad. Después vengan a la oficina, ¡su Amo los llama! -Pronunció Marcus por los altoparlantes.

    Luego de un par de minutos, Alfonso abrió la puerta con los ojos cerrados y en su postura de sonámbulo. Detrás venía Sam con los ojos totalmente blancos y su cabeza clavada en el pecho. Enseguida apareció Hércules con sus brazos rígidos a los costados y la cabeza caída hacia un lado, acompañado por Sergio en la misma posición.

    En cuanto Sergio cerró la puerta, Alfonso comenzó a desvestirse con rapidez y amontonó su ropa en donde yacían las prendas de Nicolás, para colocarse de inmediato a un lado de su Amo. Sam se sacó la cazadora, la camiseta, los zapatos, calcetines y pantalones, pero conservó el bóxer; luego arrojó su ropa sobre la de los otros, se arrodilló a los pies de Marcus y colocó la cabeza a la altura de su ingle.

    Hércules se quitó la camisa, zapatos y calcetines de manera provocadora y sensual, más se dejó los pantalones y se puso de pie al otro lado de su Amo.

    Finalmente, Sergio tal como Alfonso se desnudó con velocidad, sin embargo mostró que en vez de bóxer, llevaba un short diminuto, el cual se dejó.

    -Eso es. Así me agrada, que obedezcan. Vamos a disfrutar un rato mis esclavos.

    Mi zombi, por favor, quiero que les brindes sexo oral a tus compañeros, comienza por Hércules, después continúa con Sergio y concluye con Nicolás. Nicolás, mientras Sam hace su trabajo, por favor penetra a Hércules y Sergio, al final cógete a Sam. Y tú mi sonámbulo, quítale el pantalón a Hércules, el short a Sergio, los bóxeres a Nicolás y Sam, y después cógete a todos. ¡Enséñales quien es el esclavo capataz!

    -Ssi, mi dueño… Lo que quieras… Obedeceré…. -Afirmó Sam, mientras gateaba hacia Hércules.

    -Ssi, mi Amo… Cumpliré tus órdenes… -Aceptó Nicolás, mientras se aproximaba al griego.

    -Ssi… Mi Amo… Haré lo que digas… Sólo vivo para complacerte y nada más… Soy tu esclavo sonámbulo y existo para darte placer… ¡Les enseñaré quien es el esclavo capataz! -Dijo Alfonso con una voz soñolienta, aunque cargada de fervor.

    Marcus contempló embelesado como el sonámbulo sacaba a Hércules el cinturón, el pantalón y el bóxer. Después disfrutó verlo inclinarse y hacer lo mismo con Sam, que no sólo no opuso resistencia, sino que facilitó el trabajo de su capataz, al ayudar a quitarse los calzoncillos.

    En cuanto Sam y Hércules estuvieron desnudos la erección de Marcus se disparó, al presenciar cómo Sam de rodillas colocaba su cabeza entre las piernas del griego y comenzaba a lamer sus testículos.

    -Hércules, quiero que lo disfrutes, pero no quiero que te corras, hasta que Nicolás te penetre. Entre tanto disfrútalo. Y tu mi zombi, hazlo despacio, disfrútalo, lleva un ritmo lento con cada uno. -Ordenó Marcus.

    – Ssi… Soy una montaña de músculos sin voluntad… Soy tu esclavo puto, bruto y sexual… Eres mi Amo… Disfrutarlo… Disfrutarlo… Disfrutarlo… -Contestó Hércules, justo en el momento que Sam entreabrió su boca para succionar su miembro.

    -Despacio… Disfrutar… Hacerlo lento… Disfrutar… Ssi, mi dueño… -Dijo Sam entre murmullos, mientras daba suaves lengüetazos al pene de Hércules.

    Marcus comenzó en ese momento a frotar su erección, cuando observó la manera tan posesiva en que Alfonso sujetó a Nicolás y Sergio de la cintura y les rompió el bóxer y short.

    Nicolás avanzó hacia Hércules con su miembro hecho un hierro y sin miramientos, lo ensartó en el ano del griego. Hércules gimió de dolor y placer, al sentir el rudo y persistente bombeo del mexicano que a diferencia del suave lengüeteo de Sam, balanceaba sus caderas de forma violenta.

    -Mi zombi, ¡más rápido! ¡sacia tu boca! ¡chupa más voraz! ¡chupa al ritmo que se mueve Nicolás! ¡rápido, duro, constante! ¡los dos! ¡muévete con más fuerza Nicolás, chupa con más hambre Sam! -Dijo Marcus con tono autoritario.

    -Ssi, lo que quieras… Mi dueño… -Repitió Sam al tiempo que incrementaba el ritmo de sus lengüeteos.

    -¡Ssi, mi Amo! -Acató el mexicano, completamente presa del placer.

    -¡Y tú Hércules, muévete hacia adelante y atrás, hacia adelante y atrás, rápido, rápido! -Ordenó Marcus.

    -¡Ssi, mi Amo… Soy tu esclavo bruto, puto y sexual!… -Aceptó Hércules entre gemidos, a la vez que se ensartaba en el miembro de Nicolás y obligaba a Sam a tragar todo su miembro ante el feroz movimiento.

    -Alfonso, cambio tu orden, ¡comienza por Sergio, ¡ahora!-

    Instruyó Marcus.

    -Ssi, mi Amo, lo que más te complazca… -Admitió Alfonso, a la vez que atraía al brasileño hacia su cuerpo.

    -Mi sonámbulo, quiero que seas rudo, violento, ¡muéstrale quien es mi predilecto! -Indicó Marcus abrazado por el frenesí.

    -¡Lo que más te complazca mi Amo! -Contestó Alfonso extasiado por complacer a Marcus.

    -¡Sergio, quiero que lo goces y grites de placer! ¡Quiero que te masturbes y te corras al mismo tiempo que Alfonso! ¡con fuerza, con violencia, ahora! ¡los dos, ahora! -Demandó Marcus.

    -¡Obedeceré, obedeceré todo lo que mandes, mi maestro! -Afirmó el brasileño, al tiempo que Alfonso le penetraba con violencia.

    Marcus tomó su móvil y grabó aquella orgiástica escena. A su izquierda, Sam arrodillado y casi atragantado por el enorme miembro de Hércules, que se balanceaba hacia adelante y atrás como un perro en selo, ante los embates de Nicolás que no dejaba de gemir y clavar el miembro en su ano. Y a su izquierda al guapo sonámbulo, a su predilecto, que con brutalidad denodada atravesaba el esfínter de Sergio, que a su vez poseído por el fuego del sexo gritaba y agitaba su miembro como si la vida dependiera de ello.

    -¡Esclavos, absoluto y máximo Orgasmo, todos, ahora! -Ordenó Marcus de manera autoritaria.

    Los cinco hombres clamaron simultáneamente de éxtasis. Los chorros de semen bañaron el suelo, las paredes e inclusive el teclado de la computadora que estaba próxima a Sergio. Los cinco se corrieron de forma apoteósica, totalmente dominados por la voluntad de su Amo, entregados a complacerlo, obedecerlo, servirlo y a acatar cualquiera de sus deseos. Fue cuando Marcus experimentó un placer sin fin por el poder que ejercía sobre esos cinco machos, quienes jamás volverían a ser libres, que estarían para siempre bajo su dominio.