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  • Mi novia se hace caca mientras follamos

    Mi novia se hace caca mientras follamos

    Cuando iba a cumplir la treintena, conocí a una chica y estuvimos saliendo unos meses, ambos vivíamos todavía con nuestros padres. Cada sábado salíamos de fiesta y terminamos follando en el coche, en descampado, en un lavabo de algún bar o en el mejor de los casos en el piso de unos amigos…

    Por fin, un fin de semana planeamos un viaje en pareja; alquilamos una habitación en un bonito hotel y reservamos una cena en un restaurante romántico. Queríamos ir a cenar, tomar unas copas y follar cómodamente toda la noche.

    El sábado por la mañana, visitamos la ciudad y por la tarde ya estuvimos follando en el hotel hasta la hora de cenar… Luego nos fuimos al restaurante y después a tomar unas copas, lo que iba a ser una copa, fueron varias y llegamos al hotel con algún trago de más!!! Pero no podíamos desaprovechar aquella ocasión.

    Ana llevaba un bonito vestido, y se había comprado lencería para la ocasión, eran unas braguitas rosas prácticamente transparentes, con encajes alrededor. Al entrar en la habitación comenzamos a besarnos y me tumbé sobre ella para follarla.

    Me dijo que le dolía un poco la tripa, que tenía que ir primero al baño, pero con el calentón que llevábamos no la deje ir y seguí besándola. Ella estaba incómoda, pero también estaba súper caliente, por lo que seguimos besándonos sobre la cama.

    No quería quitarle la bonita lencería, así que bajé hasta su coño y simplemente le aparté un poco la braguita para poder lamerle el coño. Enseguida me di cuenta que estaba tan excitada como yo, porque su coño chorreaba flujos por todos lados. Yo estaba fuera de mí, aquella noche tenía que ser especial y aunque nunca lo había hecho por miedo a que lo rechazara, alargué mi lengua hasta su culo, lamiéndole todo su ano. Al principio pensé que le había molestado, pero pronto pude ver como se acomodaba para facilitar que volviera a hacerlo, aquello me calentó todavía más y seguí lamiendo.

    Empecé a jugar con mi lengua en su clítoris, luego la pasaba por todo su coño lamiendo sus flujos y terminaba mi recorrido en su culo. Sin disimulo, me detenía en él y lo lamia y lamia…, sabía y olía fuerte, pero me encantaba aquel olor y aquel sabor porque me ponía súper cachondo pensar en aquella guarrada.

    -Vamos déjalo ya y fóllame!! no puedo más… además tengo que ir al baño, no aguanto más.

    Obedecí y me puse a follarla, todo esto sin sacarle su bonita y morbosa lencería rosa, solo comenzar a penetrarla pude notar su orgasmo… pero yo con la borrachera que llevaba y las veces que me había corrido aquella tarde no conseguía correrme, así que seguía y seguía empujando.

    -Venga por favor córrete ya!!! De verdad que no puedo más, tengo que ir al baño. Solo será un minuto, voy al baño y vuelvo. Me suplicaba.

    Pero yo no tenía ninguna intención de parar, pensaba que ella se podía aguantar y seguía follándola, a pesar de que su cara se estaba contrayendo, por el esfuerzo que hacía al intentar aguantarse.

    -Me lo voy a hacer encima, de verdad que no puedo más!!!

    -Pues háztelo, ahora no voy a parar!!! Le dije una de las veces

    -Eres un capullo!!!

    -Relájate y disfruta, que ya me corro.

    -No puedo me estoy haciendo caca!!! Me gritó.

    Yo seguía empujando, disfrutando como nunca, como si estuviera en un continuo orgasmo. Cuando vi que Laura relajaba su cara y dejaba de hacer fuerza.

    Se había dejado ir!!! y se lo había hecho encima!!! Pude notar el olor que inundó la habitación y cómo sus músculos se relajaban.

    Iba a parar y a decirle; que coño había hecho???  que se fuera a limpiar!!!…, pero entonces vi su cara de placer y su rostro totalmente relajado, además había sido mi culpa. Así que, en lugar de parar, la besé y seguí follándola.

    Aquella situación, en lugar de cortarnos el rollo, nos puso más y más cachondos. Ella me beso todo lo guarro que pudo, me agarro apretándome bien contra ella, y me susurro al oído, entre jadeos:

    -¡Vamos fóllame, sigue!! Ahora ya puedes follarme todo el rato que quieras!!!

    Pero yo con el calentón que llevaba no pude aguantar ni un minuto más y me corrí dentro de su coño.

    -Ahora te corres cabronazo??? Me gritó.

    Los dos nos echamos a reír y comenzamos a besarnos, sin darle importancia a que Laura tenía todo el pastel en sus bragas. Ya nos habíamos acostumbrados al olor, así que seguimos besándonos y ella cogió mi polla y comenzó a pajearme de nuevo para no dejar bajar mi erección. A pesar de mi borrachera, mi polla seguía tiesa, aquella situación era muy morbosa, aquel olor a sexo y mierda me tenía loco.

    Cuando me la puso erecta de nuevo, sin sacarse las bragas para evitar que se cayera todo por la cama, se puso sobre mí y comenzó a follarme. De su coño aun chorreaba el semen de mi anterior corrida y mi polla entraba sin problemas.

    -Te gusta?? ¿estás disfrutando??? De verdad, no te molesta el olor de mi caca???

    -No, me encanta…

    -Ya veo, ya!!! Mira como ha quedado mi nueva lencería!!! Te gusta así de sucia???

    Yo no conteste, pero le agarré su trasero y la atraje contra mí, apretando su braga contra su culo, para que todavía se marchara más su lencería.

    Ella se incorporó un poco, sentándose sobre mi pene. Y mirándome a los ojos, metió su mano en la braguita y la sacó toda manchada de caca. Me la enseñó y limpio sobre mi pecho. Yo aguantando la mirada, metí mi mano en sus nalgas sacándolas totalmente sucias y empecé a tocarle las tetas con ellas, mientras ella seguía cabalgándome.

    Finalmente me dijo:

    -Esto es lo más guarro que jamás vas a hacer!!! Así que disfrútalo porque es la última vez.

    Y comenzó a cabalgarme más y más rápido hasta que los dos nos corrimos en un largo orgasmo.

    Después los dos caímos derrotados en la cama. A la mañana siguiente, cuando nos despertamos, comenzamos a limpiar todo aquello sin hablar del tema. Y desde aquel día nunca más volvimos a hablar de aquello, aunque alguna vez yo lo recuerdo y me pajeo pensando en aquella noche tan sucia y morbosa.

    Chicas si les gusto pueden escribirme a [email protected].

  • Mirón

    Mirón

    A esta historia la título «Mirón». Eran días muy calurosos, y en casa estábamos haciendo unos arreglos y algunas reformas. Teníamos dos obreros trabajando en un espacio que se convertiría en una terraza.

    Ese día hacía por lo menos 33 grados. El calor era insoportable. Los muchachos estaban empapados de sudor. Uno de ellos vestía una remera vieja con algunas manchas de trabajo y un pantalón de jean cortado tipo capri, un poco ajado y gastado del uso intensivo. El otro muchacho vestía una remera con una publicidad de una pinturería, también en un estado un poco maltrecho, y un pantalón deportivo de las tres tiras.

    Ya no se aguantaba el calor que hacía. Elizabeth tenía la frente transpirada, realmente estaba acalorada. Se podía percibir que unas gotas de sudor se hacían camino por el seno de sus tetas.

    Los muchachos estaban preparando cemento. El calor era tal que uno de ellos, el que estaba de jean, se saca la remera mostrando un torso bastante trabajado por el mismo oficio. El sol estaba tan fuerte que este agarra la manguera y se moja sin más su cabeza para refrescarse. El agua recorría todo su pecho, mojando parte del pantalón. Se podía apreciar, que a pesar que tenía un jean, tenía un bulto considerable…

    Una ventana da justo hacia donde estaban los obreros. En ese momento Elizabeth estaba acomodando algunas cosas, y ve esa escena del obrero, como si fuera en cámara lenta… no pudo dejar de ver…

    Su cabeza comenzó a fantasear con esa imagen.

    De reojo miraba al muchacho, lo relojeaba sin que se diera cuenta…

    Ella vestía una remera de entre casa, muy escotada. Donde se podía apreciar la unión de sus pechos, y que los muchachos no dejaban de ver con carpa.

    Tanto Elizabeth como ellos se espiaban; casi podríamos decir que los tres estaban fantaseando tener algún acercamiento.

    La mirada cómplice de los dos obreros, el cuchicheo señalando el escote de Elizabeth y las ganas de poseerla estaban en sus mentes.

    Ella también se estaba poniendo caliente, viendo como el obrero sin remera mostraba su torso desnudo y mojado entre el agua y el sudor.

    Después de un rato, casi llegando al mediodía. Los muchachos pararon para comer algo y descansar. Uno de ellos el de la remera de la pinturería, sale a comprar y el otro se queda descansando debajo de la sombra de un alero.

    Sentado en el piso apoya su espalda en la pared flexionando sus rodillas. Esa posición mostraba que en su entrepierna tenía un agujero en el pantalón.

    Elizabeth no podía creer lo que estaba viendo…

    El muchacho no llevaba ropa interior y se veía como los testículos estaban a la vista.

    Ella no podía despegar su vista, miraba una y otra vez…

    El obrero se da cuenta de lo que pasaba y baja las piernas con un poco de vergüenza. Pero percibe que Elizabeth le clavó la mirada en sus huevos…

    Los pensamientos de ella iban a mil. Solo el hecho de que estuviera sin ropa interior hacía que su cabeza fantaseara…

    Se imaginaba tocar con sus manos ese torso musculoso y mojado bajando su mano lentamente hacia su miembro y los huevos, mientras lo mira a los ojos mordiéndose sensualmente sus labios y apenas mostrando un poquito la lengua como queriendo algo más para degustar con su boca….

    El timbre del portero la saca de la fantasía. Era el compañero que fue a comprar…

    Los muchachos estaban por comer unos sándwiches. Uno de ellos se incorpora para pedirle a Elizabeth un cuchillo y un par de vasos.

    Ella le pasa el pedido y el muchacho queriendo y sin querer roza sus manos cuasi en forma de histeriqueo, los dos se acariciaron sus manos mutuamente. Las miradas se cruzaron y los dos percibieron que se tenían muchas ganas.

    -muchas gracias señora… (Dice el obrero)

    -de nada… Hace mucho calor, si necesitan agua fresca me avisan….

    Más que el agua, ella quería tener a ese hombre montándosela…

    Después de un rato el obrero manda a su compañero a comprar unos materiales al corralón. Eso demoraría un buen rato…

    Aprovechando de que su compañero no está, trata de acercarse a Elizabeth… El obrero entra a la casa, le pide a ella agua fresca…

    -cómo no! ya te sirvo. (Dice ella)

    Le sirve un vaso de agua… El obrero toma el vaso, el ambiente estaba muy caliente, por la temperatura y por la calentura que los dos tenían…

    El obrero se atreve, le toma una de sus manos y se la lleva a su torso, a sus pectorales bien formados, que tenían un brillo muy sensual del sudor y el agua. Elizabeth ya sin vergüenza, acaricia los pectorales del hombre y con la punta de su lengua comienza a saborear los pequeños pezones del obrero…

    -mmmm… Que rico papito!! -dice ella.

    Esta rico y saladito!!!

    -cómo me ponés!! Estoy muy caliente!!!

    El la acaricia recorriendo todo su cuerpo con las manos, mientras ella le sobaba y besaba el torso del hombre bajando hacia los abdominales bien marcados.

    Las caricias del muchacho eran muy sensuales, se notaba que eran manos de trabajo, su piel estaba bien curtida… No eran caricias suaves sino al contrario, duras, rústicas…

    Para Elizabeth, sentir ese tipo de caricias, la estaban poniendo cada vez más caliente.

    Su conchita de a poquito se estaba mojando.

    El muchacho le saca la remera a ella, le arranca el corpiño de un tirón y deja en descubiertos esos hermosos pechos, los pezones estaban bien duros de la excitación…

    -mmmm mamitaaa, que lindo par de tetas, te las voy a chupar toda…

    -desde que te vi hoy quería tener estos pechos en mis manos y mordisqueártelos…

    -estoy recaliente… Tengo la pija que me explota!!!

    El hombre aprieta los pechos con sus manos y acerca su boca a esos pezones respingados y se los empieza a chupar, iba y venía de una teta a otra. Una y otra vez.

    -mmm que ricooo!! Te gusta?

    -asiii papito, asiii. Chupame las tetas!!! mmmm!!

    Elizabeth se incorpora y se abalanza sobre la cintura del hombre. Con la vista puesta en sus ojos, desde abajo, le baja suavemente a cremallera de su Jean, ella recuerda que el hombre no tenía calzón, eso la éxito mucho más!!

    Baja el cierre y una tremenda pija dura como un mástil aparece…

    -ahhh papito que pedazo de pija!!!

    La toma con una mano y de a poquito sube y baja, propinándole una paja. De a poco acercó su boca a ese glande y lo comenzó a besar una y otra vez, sus labios rozaban ese pedazo de carne, despacito se lo metió en la boca y comenzó a chupar de una forma increíble…

    Iba de paja a chupada, paja y chupada…

    -ahhh…. Que bien que me chupas la pija, se nota que te gusta mamita!!! Mmmm asiii, siii, siii.

    -Que rica pijaaa!! Cómo me gusta papito!! Mmmm.

    Ellos se encontraban en la cocina, pegados a mesada.

    En ese instante llego yo a casa, abro la puerta sin hacer ruido, quería sorprender a Elizabeth con mi llegada…

    Entro y me dirijo a su encuentro, caminando hacia la cocina, escucho unos gemidos…

    Así que me acerco con sigilo. Abro un poco la puerta y espío lo que sucedía. No podía creer lo que estaba viendo.

    Mi mujer le estaba haciendo una tremenda mamada al albañil…

    Mi corazón iba a mil!! Sensaciones de desesperación y morbo recorrían mi ser. Por un lado estaba como enojado pero por otro, quería ver cómo Elizabeth se estaba comiendo la pija del obrero.

    Ella seguía chupando una y otra vez esa tremenda poronga…

    El muchacho la sienta en una silla y con la pija empieza acariciar los pechos de ella. Aprovecha un poco de aceite de la cocina, le tira un poco en esos pechos y pone su pija entre medio. Elizabeth aprieta esa pija entre sus pechos y comienza a subir y bajar, haciéndole una paja con esos dos hermosas tetas.

    -mmm como la tenés… Te gusta así papito? Qué lindo!!

    -ahhhh. Sos tremenda hembra…

    El la levanta por la cintura con esas manos firmes de trabajador, le baja el pantaloncito que llevaba puesto y con sus dedos duros y de piel curtida comienzan a tocar la conchita por arriba de la tanguita diminuta que llevaba puesta. A esta altura Elizabeth estaba muy mojada. A cada caricia de esos dedos, se le escapaba un gemido de placer…

    -ahhhh, asiii, siii, mmm…

    El obrero sentía con sus yemas, toda la tela de la tanga empapada, con la otra mano le baja la ropa interior, la agarra de la cintura apretándola hacia él y le mete la lengua en su boca, comiéndosela en un beso mojado y caliente. Las lenguas iban y venían como una excitación increíble.

    La levanta mientras se besaban y la sienta en la mesada fría de la cocina. Él le levanta las piernas y acerca su cara a la concha…

    El muchacho comienza a besar esos labios hermosos y sensuales de la vulva de Elizabeth…

    Su lengua iba y venía, de a ratos se frenaba en el clítoris y luego volvía a arremeter en los labios y en el interior de su concha.

    -ahhh, asiii, cómeme la concha. Asiii.

    Yo estaba espiando desde el refilón de la puerta. Y veía todo esa escena, tremenda por un lado, pero que me estaba comenzando a excitar. Me estaba calentando ver a mi mujer gozando… Comiéndose esa poronga, ver cómo ella gemía de placer, por la chupada de concha que el hombre le estaba haciendo…

    Después de unos minutos, mi pija estaba realmente dura, tenía la necesidad de pajearme mientras veía ese espectáculo…

    Nunca había vivido algo así, jamás me hubiese imaginado que esa escena me calentará tanto…

    Me bajo el cierre del pantalón y saco mi pija, comienzo a pajearme, la punta ya la tenía mojada de la excitación…

    El obrero, tenía una considerable altura así que, tranquilamente ella sentada en la mesada, él le acerca la pija a la concha y la introduce sin problema. Primero la cabeza de la pija se la apoya entre los labios y con unos suaves movimientos se la mete… Los gestos de placer de Elizabeth eran tremendos, los ojos cerrados y la respiración entrecortada, hacían notar que no podía más de placer.

    -cogeme, cogeme, que buena pijaaa, ahhhh, mmmm. Asiii.

    El hombre bombeaba sin parar!! La poronga se perdía en la concha de mi mujer…

    Yo ya no daba más! La paja que me estaba haciendo era increíble. Ya tenía unas ganas de acabar tremenda!

    El obrero la agarra de la cintura y sin sacar su miembro de la concha de Elizabeth, la levanta tipo monito, y la sube y baja, la coge de parado. Ella agarrada de su cuello y con las piernas aprieta la cintura del hombre como queriendo sentir bien adentro esa tremenda pija…

    Ya los gemidos de mi mujer eran tremendos más que una respiración fuerte, eran pequeños gritos de placer…

    -ahhhh si si si cogeme. No saques la pija… La quiero toda todaaa.

    El obrero la baja de esa posición, la da vuelta, la empuja contra la mesada y con el culo de Elizabeth hacia él, le mete la poronga otra vez pero en posición de perrito parado. La agarra con las manos por la cintura y bombea con fuerza una y otra vez. Una y otra vez…

    Se notaba que mi mujer estaba enloquecida de placer.

    Nunca la había visto yo así. Estaba realmente muy pero muy excitada.

    -cogeme cogeme, asiii fuerte fuerte!!! Quiero tu leche, quiero tu leche.

    Se notaba que Elizabeth estaba por acabar con la tremenda cogida que le estaban propinando!

    -ahhhh, ahhhh, ahhhh. Voy a acabar

    -Asiii, asiii asiii. Ahh

    El cuerpo de mi mujer se estremeció, como si todo su ser le hubiera agarrado y gran shock electrónico, acababa con movimientos violentos de su vientre.

    Mientras el hombre sigue bombeando. Ya casi por acabar también…

    Yo ya no daba más quería acabar también, mi mano iba y venía ya con fruición sobre mi pija. La cabeza de la pija ya latía de las ganas de liberar la energía de un lechazo. No aguantaba más…

    El albañil, saca la pija de su concha, la da vuelta, y la pone de rodillas… La pija a la altura de la cara de Elizabeth, se la pone en la boca. Ella le chupa una y otra vez ese mástil duro y caliente, a punto de explotar…

    El hombre agarra su miembro por la base mientras la cabeza de la pija está en la boca de mi mujer…

    Se sigue haciendo una paja…

    El muchacho se contorsiona, se agita su respiración, saca la pija de la boca de Elizabeth y en ese instante un increíble chorro de leche sale y le cae en el cuerpo de mi mujer en el cuello y en los pechos de ella.

    -ahhhh ahhhh. -Gime en obrero!

    Chorros tremendos salen disparados de la pija sobre mi mujer…

    Una imagen que me calentaron tanto que explote con tremendo chorros de leche de mi pija… Yo estaba acabando al unísono con el obrero…

    Terminé tan exhausto como ellos.

    Mi mujer se esparcía el semen del obrero sobre sus pechos mientras lo miraba a los ojos. Esa mirada cómplice de hembra caliente.

    Yo me incorporo, y me voy a otro lado de la casa. Quería bajar la excitación experimentada viendo esa escena.

    Al ratito suena el portero. El compañero llega del corralón y continúan con su trabajo. Mientras tanto, mi mujer se arregla como si nada hubiera ocurrido.

    Después de unos minutos, ingreso como si recién llegara.

    La saludo a Elizabeth con un beso y le apretó un cachete de su cola con una mirada cómplice…

    Cómo proponiéndole tener una noche movidita.

    Esa situación me calentó tanto que solo pensaba en hacerle el amor, y que ella se convirtiera en mi puta en la cama…

  • Una relación imposible

    Una relación imposible

    Tengo cincuenta años y actualmente estoy casada en segundas nupcias.  Siempre he sentido la necesidad de compartir una experiencia que para muchos podría considerarse una trasgresión moral sin precedentes, sin embargo nunca he podido intercambiar impresiones porque entiendo que puede ser difícil de digerir para cualquiera, siendo que vivimos en una sociedad en la que todavía existen demasiados tabúes en torno al sexo. De no haber sido yo la protagonista, quizás también pensaría lo mismo, dado que son las vivencias de cada cual las que modelan nuestra personalidad. En base a ellas se asientan nuestros principios y son ellos los que censuran o no determinadas actitudes.

    Mi experiencia se remonta a mi adolescencia, aunque la huella que dejó hizo mella durante muchos años en mi vida e incluso todavía hoy lo recuerdo con añoranza.

    Por entonces yo tenía 18 años. Todo comenzó una tarde de verano calurosa. Serían las 16:00 y estaba tumbada en la cama con ropa interior, pero con una camiseta por encima. Toda la familia dormía su siesta excepto yo, o al menos eso era lo que creía en un principio. Inmersa en mi lectura, unos sonidos llamaron mi atención y no cabía duda con respecto a la procedencia y el porqué de aquel alboroto que estaban poniéndome nerviosa. El fragor de la batalla que tenía lugar en la habitación contigua estaba consiguiendo desconcentrarme. Leía un párrafo y no sabía lo que había leído, por tanto, animada por mi curiosidad decidí aventurarme a echar un vistazo y satisfacer el morbo.

    Con sigilo me acerqué a la habitación de al lado donde dormían mis tíos (la hermana de mi madre y su esposo). Comprobé que la puerta estaba entreabierta, de ese modo el aire se canalizaba por entre las habitaciones y el calor se mitigaba proporcionando una brisa gratificante.

    Por aquel entonces yo había disfrutado de algunos escarceos con chicos. Había tenido varios novios y me había acostado con dos de ellos. Es decir, que en el tema del sexo creía que ya lo sabía todo y que a aquellas alturas ya nada podía sorprenderme, pero lo que vi, y lo que luego viví cambió mi vida y mi forma de pensar de forma radical.

    Tumbado en la cama se encontraba mi tío aferrado a las nalgas de su esposa mientras las amasaba con firmeza. Ella saltaba encima de él y mis ojos se abrían de par en par observando como el falo desaparecía y volvía a reaparecer en movimientos repetitivos.

    Ambos rondaban los cuarenta por aquella época y eran muy activos sexualmente por lo que pude saber y comprobar a posteriori. Al compararlos con mis padres daba por hecho que estos no eran tan activos, habida cuenta de que nunca los sorprendí en su intimidad, lo que me llevaba a pensar que, o eran menos vigorosos o yo no me enteraba de sus intimidades porque eran más discretos.

    El hecho es que estaba yo apostada detrás de la puerta en mi papel de voyeur y través de esos diez centímetros de espacio entre puerta y marco contemplaba como mi tía saltaba feliz sobre el miembro de su esposo. Como he dicho, había visto, tocado y probado algunos, pero en aquel momento aquella cosa que desaparecía en el interior de la vagina de la hermana de mi madre me pareció fuera de lo común, y a la vez, la cosa más excitante y morbosa que había visto nunca.

    Mi tío era un hombre varonil, podría decirse que incluso atractivo. Era delgado y fibroso, con un poco de vello en el torso que le hacía tener un sexapil especial. Mi tía también se conservaba estupendamente. Tenía un cuerpo más que aceptable para haber tenido un hijo y tener cuarenta. En su barriga destacaban unas estrías provocadas por el embarazo, pero que para nada la afeaban. Su trasero se veía grande y erótico balanceándose mientras saltaba sobre la verga de su marido. Era como ver una película porno en vivo y en directo, teniendo en cuenta que los protagonistas eran personas cercanas a mí y eso era un plus añadido para que la escena fuese verdaderamente excitante.

    Mi tío decidió cambiar de posición, la levantó y la colocó apoyada sobre sus codos, quedando su trasero con sus dos agujeros a su merced, pero él optó por el convencional, aunque como supe después, los dos eran visitados regularmente por aquel vástago invasor. Se lo cogió en la mano y su vagina lo engulló como si nada. A aquellas alturas mi raja hacía aguas, y sin darme cuenta, tenía los dedos deslizándose sobre ella. Los ruidos de la cama junto a los gemidos, eran señal inequívoca de que aquel semental le estaba dando duro. La cogía de las caderas y la acercaba, arremetiendo contra ella. Los movimientos eran cada vez más frenéticos y los suspiros de mi tía alertaban de un orgasmo inminente, abandonándose en un sonoro gemido y desplomándose en el lecho.

    Mi tío se hizo a un lado, se colocó boca arriba y entonces vi aquel cipote completamente erecto y en toda su magnitud esperando más atención por parte de mi tía que no tardó en tragárselo, propiciándole una mamada de escándalo. Mis dedos tenían vida propia frotando mi raja y, mientras mi tía engullía la verga de su esposo, yo tuve un orgasmo muy intenso, pero tuve que contener un alarido de placer que me hubiese gustado liberar. Al mismo tiempo, el cuñado de mi madre alcanzó el clímax, mientras la hermana se afanaba en tragarse la leche. El exceso se le salía por la comisura de los labios e iba deslizándose por el cimbrel y entre sus manos.

    Luego chupó, relamió y acabó limpiando cualquier resto de semen que hubiese quedado, como si no tuviese que quedar prueba alguna del delito.

    Yo volví a mi habitación, cerré sigilosamente y desaparecí de la escena del “crimen”. A continuación hicieron uso del lavabo para lavarse.

    Los días siguientes fueron más de lo mismo. Yo, como siempre, aprovechaba para masturbarme y recrearme con aquella vista más que estimulante.

    A la semana siguiente, en una de aquellas tardes calurosas pasó algo inesperado. Después de la trepidante sesión de sexo, mi tía se bajó a la planta de abajo a charlar con su hermana.

    El chalet tiene dos plantas. En la planta inferior es donde pasábamos la mayor parte del día, y en la parte superior estaban las habitaciones, dos baños, una cocina y un salón, pero que no utilizábamos puesto que hacíamos la vida abajo. Sólo subíamos a dormir o a descansar. Como decía, mi tía bajó a estar con mi madre. Yo fui al baño a orinar y después me lavé los dientes. No había cerrado la puerta porque no pensé que entrara nadie. Iba con bragas y la camiseta sin sujetador. Estaba cepillándome los dientes cuando entró mi tío tan solo con una toalla puesta encima tapando su zona media. Me quedé sin habla, sin saber qué decir porque no sabía a qué venía aquella actitud. Me enjuagué la boca y acto seguido me preguntó si me gustaba verlos follar. El mundo se me vino abajo. No sabía qué decir ni que pensar, ni mucho menos, como actuar ni qué reacción tener.

    —Te he visto como nos espías y como lo disfrutas, y no me molesta en absoluto. Es más, cada vez que lo hacemos pienso que eres tú la que estás conmigo.

    Yo estaba perpleja y me quedé sin habla. No atinaba a articular palabra alguna, pero sí a ver el bulto que se le formaba en la toalla a mi tío. Él me estaba deseando a mí. Todo era muy confuso en ese momento. Para mí aquello era un juego, un juego morboso, pero un juego sólo mío. No pensaba en que iba a compartirlo, pero nada más lejos de la realidad. Iba a formar parte de ese juego que sin pretenderlo marcó mi vida dejando una impronta en mi vida.

    Aquel hombre era un seductor nato. Parecía llevarse muy bien con mi tía. La trataba como a una reina y le daba todo el placer que una mujer puede desear, pero no sé, ni he sabido nunca, hasta qué punto mi tío le fue fiel a su esposa.

    —Me encanta que te des placer mientras nos miras. De hecho, me da mucho morbo que lo hagas, ni te imaginas cuánto. Eres preciosa.

    El bulto que realzaba la toalla iba hinchándose progresivamente hasta que la prenda cayó al suelo mostrando un miembro casi en completa erección que apuntaba hacia mí de manera amenazante. Mi vista no podía apartarse del falo más grande que había visto hasta el momento. Él se aproximó a mí y me besó mientras me rozaba con su miembro la barriga y mis partes bajas. Fue el beso más erótico que me habían dado nunca. Descargas eléctricas se apoderaron de mi vientre y de mis bajos. Los labios vaginales se me abrieron como si alguien hubiese accionado el mecanismo de apertura. Los flujos empezaron a emanar de la raja mojando mis bragas. A partir de aquel momento ya no fui dueña de mí, ni de mis actos. Sus manos acariciaron mis pechos. Las sentía grandes, rudas y expertas.

    Mientras me besaba recorrían toda mi anatomía. Me apretaba hacia él intentando que notara su dureza. Acariciaba mis nalgas con delicadeza dándome suaves apretoncitos. Una de sus manos se deslizó por dentro de mis bragas queriendo sentir la carne más de cerca, después la desplazó por mi abertura comprobando su humedad. Aquellas caricias me estaban excitando de una forma sublime. Con voluntad propia, mi mano se apoderó de su pene. Era como una palanca que abría un pozo, un pozo de un placer prohibido. Las caricias se hacían más intensas, los besos más apasionados. Sus dedos tocaban mi clítoris y se introducían dentro de mí, arrancándome oleadas de placer y mi mano masturbaba su pene torpemente.

    Sin dejar de besarnos ni de acariciarnos nuestros sexos fuimos avanzando hasta mi habitación como si fuésemos dos autómatas. Una vez allí me tumbó en la cama y se echó encima sin dejar de besarme en ningún momento. Sólo lo hizo para ir bajando por mis pechos, recorrer mi barriga trazando círculos con su lengua en mi ombligo para bajar después a oler mi sexo y lamer mi raja. Aquella lengua de fuego me estaba matando de placer. Nunca había sentido tanto, no sé si por su experiencia o por el morbo que despertaba en mí, pero el caso es que no podía dejar de gemir y me vine con su lengua.

    Me quedé inerte boca arriba en la cama. Mi cabeza estaba en blanco, pero mi tío pronto me sacó de mi abstracción colocándose encima de mí al tiempo que me daba besos diciéndome lo preciosa que era y lo que me deseaba. Sentí como su miembro se adentraba en mi interior lentamente. Entraba apretado, pero mi lubricación permitía el acceso aceptablemente, de modo que mis labios vaginales abrazaron su verga que se abría paso hacia mi interior hasta que penetró por completo provocándome sensaciones indescriptibles. Después inició un movimiento de caderas pistoneando dentro de mí. Mientras tanto, no paraba de besarme el cuello y el lóbulo de la oreja. Esto me provocaba más placer, si eso podía ser posible.

    Como la situación era de riesgo y en cualquier momento podía subir alguien de abajo, aceleró el ritmo. Estaba completamente abierta a él sintiendo sus embestidas y, un poco con vergüenza, mis manos agarraron sus nalgas acariciándolas y apretándolas hacia mí, alentándole para que no detuviese el ritmo de los embates. Estaba disfrutando de aquel momento extraño pero maravilloso cuando de pronto me dijo que estaba a punto.

    Yo no quería que se corriese dentro de mí, pero en ese momento tampoco deseaba que parara, me daba todo igual. No era capaz de pensar con claridad, pero él era un hombre experimentado y sensato (entre comillas) y sabía lo que tenía que hacer. Mi orgasmo fue tan intenso que un grito se escapó de mi garganta. Los siguientes fueron amortiguados por su mano en mi boca, en vista de que no estaba por la labor de que sus cuñados o su mujer le viesen follándose a su hija o sobrina.

    Cuando remitieron mis gemidos, continuó embistiéndome, después sacó su verga de dentro y eyaculó en mi barriga, mis tetas y mi cuello. Me quedé tendida en la cama llena de semen caliente. Él se incorporó, me dio un beso y fue a vestirse. A continuación bajó con todos y yo permanecí un rato más tumbada en la cama con su esencia bañando mi cuerpo. Cuando me repuse me duché y bajé intentando aparentar normalidad.

    A partir de aquel momento las miradas furtivas eran continuas y aprovechábamos cada momento para intentar estar juntos, bien en la piscina o en cualquier otro lugar, pero siempre con la máxima discreción, aunque todos aquellos escarceos sólo eran tocamientos que únicamente servían para excitarnos y desearnos más todavía. A mi me gustaba masturbarle y ver como disparaba su simiente, mientras sus dedos me llevaban a mí al clímax.

    Entre escarceo y escarceo, mi tía seguía recibiendo su ración salvaje de sexo y la envidiaba por ello, dado que yo tenía que conformarme con migajas, siempre intentando encontrar el momento oportuno para obtenerlas. En ocasiones buscábamos alguna excusa para ir a casa de mis padres.

    Cuando no podíamos estar juntos, cada momento y cada imagen vivida se agolpaba en mi mente y me ponía muy caliente y eso me llevaba a masturbarme. Principalmente lo hacía durante la siesta y por la noche.

    Una noche, después de cenar me subí a mi habitación a masturbarme sabiendo que no iba a subir mi tío porque no era el momento propicio por el riesgo que comportaba, sin embargo, al cabo de diez minutos lo vi aparecer en la puerta. Yo aún estaba en el baño lavándome los dientes cuando entró. Me deseaba tanto como yo a él y necesitaba estar conmigo. Me besó apasionadamente y su erección se hizo notar rápidamente en mi vientre. Éramos como dos adolescentes (al menos yo lo era) buscando el momento para darse placer a escondidas. Nuestras manos exploraban cada rincón de su pareja, intentando encontrar uno nuevo. Sus dedos se introdujeron en mi vagina queriendo arrancarme un orgasmo y mi mano masturbaba su pene bien dilatado.

    Seguimos así un rato. Era un momento en el que el peligro era mayor. Podían subir mis padres o mi tía en cualquier momento, por tanto, intentábamos acelerar las acciones. Mi orgasmo no tardó en llegar, dada la calentura de mi sexo y la experiencia de sus dedos. Cuando me repuse seguí con el movimiento de mi mano masturbándole a él. Con un beso y un poco de presión en mis hombros, me animó a bajar y arrodillarme para meterme su falo en la boca. Lo tenía delante apuntando directamente a mi cara y me maravillé.

    Lo lamí y lo introduje en mi boca, sin embargo encontraba dificultades para albergar semejante pedazo de carne, aunque lo intentara con ahínco, pero no por ello dejaba de mamar con fruición. Cogí la base del tronco mientras devoraba la verga hasta que sus gemidos me advirtieron del inminente orgasmo que llenó mi boca y mi cara de semen. Afortunadamente nadie subió en ese momento y cada cual nos dirigimos a nuestra habitación para no levantar sospechas.

    Cada día que pasaba necesitaba más desesperadamente sus caricias, pero quería que fuera algo más que eso. Deseaba que nos explayáramos. Nada de aquí te pillo, aquí te mato. Quería follar sin contemplaciones y sin tener que estar pendiente de si venía alguien y nos pillaba. Busqué una coartada y dijimos que íbamos al centro comercial. Yo quería comprarme algo de ropa y me pareció la excusa perfecta.

    Hacía un calor de mil demonios y no apetecía en absoluto salir de casa, de modo que a nadie en su sano juicio se le ocurriría acompañarnos. En vez de ir al centro comercial nos dirigimos a su casa.

    Ya habíamos hecho el amor varias veces, dos en el chalet y otra en mi casa, y todas maravillosas, encontrando en cada una de ellas sensaciones más placenteras cada vez, pero aquella tarde lo deseaba fervientemente. Fuimos, por tanto a su casa. Por aquel entonces no disponíamos de aire acondicionado, sólo podíamos recurrir a los ventiladores, que al menos, mitigaban en menor medida el calor. Cuando me encontré en su nido del amor, pensé que por aquella cama habrían pasado muchas mujeres, pero, al mismo tiempo consideré que en ningún momento vi que desatendiera a mi tía. La quería. El resto eran aventuras para satisfacer unas necesidades sexuales fuera de lo común.

    Como decía, aquella tarde yo tenía la libido por las nubes y deseaba follar sin miramiento y sin la necesidad de preocuparme de interrupciones inesperadas. Él me besó cogiéndome la cabeza por detrás. Yo le correspondí con el beso. Nuestras lenguas se encontraron y se entrelazaron, nuestras manos iban desprendiendo la ropa del otro hasta que quedamos completamente desnudos. Seguimos con los besos y caricias en la cama. Su lengua se introdujo en mi sexo proporcionándome un placer sublime que me arrancaban gemidos de puro goce. Mi primer orgasmo no tardó en llegar. Unas convulsiones acompañaron al orgasmo haciendo que me retorciera como una serpiente.

    Después quise recompensarle del mismo modo. Me puse sobre él y mi boca albergó su miembro. Lo lamía todo. Era enorme. Mi lengua recorría todo el tallo de arriba abajo, me detenía en sus huevos introduciéndolos en la boca, primero uno, después el otro. Mi cabeza subía y engullía la verga proporcionándole una mamada que al parecer, estaba siendo satisfactoria. Mientras se la mamaba cogió mi culo y se lo encajo en su boca, de manera que quedamos los dos en un perfecto sesenta y nueve. Yo arriba tragándome un pilón de carne y él abajo recibiendo todos mis jugos vaginales. Estaba muy caliente. Necesitaba sentirlo dentro de mí, sentir su hombría, su dureza, su polla palpitante.

    Me incorporé y me senté sobre él ofreciéndole la visión de mi culo y, mientras yo le cabalgaba, él se recreaba apretando mis nalgas. Después me dio la vuelta y quedé frente a él. Ahora podía ver todos mis gestos de placer. Seguí cabalgándole en tanto él jugaba con mis nalgas. Su dedo hacía incursiones en el agujerito. No lo introducía, pero me daba masajes y hacía mención de introducirlo para que la acción me provocase más placer. No pude aguantar y me corrí gritando y jadeando como nunca, liberando todo el entusiasmo acumulado. Podía hacerlo sin reservas y sin tener que reprimir mis gemidos ante aquel placer divino. Las convulsiones de mi vagina provocaron que él tampoco pudiera contenerse y rápidamente me apartó de encima para no correrse dentro de mí, con lo cual, mi orgasmo se vio un poco cortado, pero no por ello menos placentero, sino más breve. Cuando extrajo su verga, la leche salto de ella con gran presión y en cantidad abundante, derramándose sobre mí y ensuciando las sábanas.

    Mi tío fue a por otras limpias. Mientras lo contemplaba pensé en lo erótica que me parecía su desnudez, con su verga, que empezaba a perder su rigidez adornando su cuerpo. La sábana sucia la dejó para lavar y la limpia la colocamos entre los dos. Después nos acostamos en la cama y hablamos durante un rato sincerándonos y diciéndonos lo que sentíamos y lo que nos deseábamos. Él jugaba con mis pechos y mi sexo mientras mi mano se deslizaba por su pecho, su abdomen y su miembro que iba creciendo al estímulo de mis caricias.

    Volvió a meter su cabeza entre mis piernas, pero esta vez su lengua prolongaba el recorrido deslizándose por toda mi raja hasta llegar al ano, provocándome sensaciones nuevas, diferentes e igualmente placenteras. Siguió durante un buen rato metiendo su lengua en el pequeño orificio, después me dijo que quería darme todo el placer que merecía y deseaba que me sintiera como una reina.

    Me preguntó si me habían hecho alguna vez sexo anal y le dije que sí, que lo habían intentado, pero que no lo gocé ni lo consumé porque me hizo daño y detuve el acto. Entonces él me pidió intentarlo asegurándome que iba a gozar de otro modo no menos intenso. Añadió que si en algún momento no me sentía cómoda se lo dijera, pero tan seguro estaba de hacerme gozar de esa manera que me animé a ello, sin embargo, después de tomar la temeraria decisión miré aquella tranca en completa erección y tuve mis dudas de que fuera así, no obstante, me dejé llevar por sus sensibles palabras, por su delicadeza y por su maestría.

    Extrajo del cajón de su mesita un tubito de lubricante, sacó un poco y se untó los dedos poniendo en mi ano una cantidad considerable. Yo tumbada me dejaba hacer. Su dedo embadurnado y experto frotaba mi cavidad y se introducía suavemente en ella poquito a poco. Estaba un poco tensa, pero la sensación era agradable y para nada molesta. Iba muy poco a poco dilatándome despacio. Cuando lo consideró oportuno, añadió otro dedo. Estaba disfrutándolo, para nada era algo molesto porque fue muy poco a poco. Cuando creyó que me tenía preparada me dijo que me relajara y que me dejara llevar, me puso de lado levantándome un poco la pierna y apoyó la cabeza de su miembro en la entrada presionando suavemente, pero muy despacio. Presionaba, metía un centímetro y sacaba, después introducía otro más para ir ensanchando poco a poco y sin dolor.

    Fue un proceso lento pero apenas sentí dolor, solo algunas punzadas hasta que mi ano se acostumbró a su tamaño, posteriormente fue acelerando el ritmo y el placer sustituyó a las punzadas agudas y se tornó más intenso. Era un placer distinto y extraño, pero progresivamente fue intensificándose. Cuando ya estaba gozando completamente y mis gemidos eran reflejo del placer, mi tío acelero las embestidas dándome ahora por el culo sin contemplaciones mientras resoplaba como un toro.

    Me cambió de posición. Me puso a cuatro patas sin abandonar mis esfínteres, se aferró a mis nalgas y empezó a follarme como si le fuera la vida en ello. De vez en cuando disminuía la intensidad, sacaba casi toda la verga de mi agujero y la volvía a introducir de un solo golpe provocándome un dolor punzante que era mitigado por el placer que acompañaba.

    Siguió enculándome un buen rato hasta que le dije que me corría gritando de placer y él, viendo que yo llegaba al clímax liberó su leche dentro del esfínter uniéndose a mis gritos de placer. Sentí su descarga golpeando dentro de mí. Fue un orgasmo diferente, pero fantástico. Nunca creí que pudiese llegar a gozar de tal manera con aquella práctica.

    Volvimos a repetirlo muchas veces. Cada vez que teníamos sexo en el que podíamos explayarnos no desaprovechaba la ocasión de que me diese una buena enculada.

    Aquel fue un verano inolvidable. Un verano que nunca olvidaré. Fue maravilloso y supe lo que era el sexo de verdad y lo que era un hombre de verdad. Tanto fue así que me enamoré de él sin remedio, mas, sabía que no tenía ninguna posibilidad. Para él era una locura de adolescente condenada al fracaso de antemano. Él estaba seguro de que pronto se me pasaría, en cambio, no fue así y no llegó a pasárseme nunca. Siempre le quise, aunque después ya fuera de manera distinta. Él marcó mi vida, para bien, pienso. Y sigo recordando aquellos momentos de mi adolescencia como si hubiesen sido ayer. Y sigo igualmente, rememorando aquella relación con el mismo cariño que el primer día. Y, así como a veces hacemos cosas de las que luego reflexionamos y nos arrepentimos, cosas que aunque, igualmente gratas hubiese sido mejor no hacer, aquel acto es de las pocas cosas que hubiese repetido con los ojos cerrados una y otra vez

    Mis tíos ahora viven unos seiscientos kilómetros al sur de donde yo vivo y no solemos vernos a menudo. Una vez al año e incluso, a veces, cada dos años.

    Después de aquel verano no volvió a pasar nada hasta muchos años después. Yo acabé la carrera con 23 años y encontré trabajo relativamente rápido en un museo en el departamento de restauración. Aún no tenía la experiencia necesaria para dirigir yo ningún proyecto, pero, por aquel entonces, para mí estaba bien remunerado y a los veinticuatro años me casé, dada mi independencia económica. Jamás debí haberlo hecho. Por lo único que no me arrepiento es por haber tenido una hija maravillosa.

    A la boda vino mi tío deseándome toda la felicidad de este mundo. Me confesó que siempre me había querido y así continuaría siendo el resto de sus días. No obstante, su forma de quererme no era la misma que la mía. Yo estaba enamorada, él lo estaba de su mujer, por tanto los sentimientos no eran recíprocos, aunque me quisiera y me respetara. En sus sentimientos prevalecía el componente sexual frente al amor. En los míos estaban a la par, pese a que la relación se iniciara en un principio de forma sexual.

    Por otro lado, era evidente que a él no le caía bien el que iba a ser mi esposo, aun cuando nunca dijo nada al respecto. Son cosas que deduje yo sola.

    Siete años después de casarme se me volvió a presentar una oportunidad con él. Yo ya contaba con treinta y un veranos. Él debería rondar los cincuenta y pocos. Habían venido a una boda de un familiar común y se hospedaban en casa de mis padres. A la boda íbamos todos: mi marido, mi hija, mis padres, bueno, y toda la familia, incluidos mis tíos, por supuesto. Mi tía ya había cogido algunos kilitos de más y estaba un poco fondona. Por su parte, mi tío también había ganado peso. Ahora lucía una pequeña panza, pero a mí continuaba pareciéndome atractivo. Seguía manteniendo aquel sexapil que antaño me enamoró.

    Después de la cena hubo baile y me las arreglé para bailar con él. Hablamos de muchas cosas. Me preguntó por mi relación con mi esposo, por mi hija, por mi vida laboral, etc. Apenas mencionamos nada de nuestro verano, pero ambos estábamos evocando aquellos momentos. Yo seguía pensando lo que viví, y no sé por qué, pero deseaba volver a revivirlo.

    Yo ya era una mujer adulta, casada, con una hija y con las ideas meridianamente claras, pero aquel hombre seguía nublándome la mente. Bailamos la lambada, y nuestros cuerpos se pegaban con el roce de nuestros sexos. Era un baile movidito muy sensual. Estábamos pasándolo estupendamente, sobre todo yo. Todos los poros de mi piel lo deseaban y hubiese dejado que me poseyera allí mismo delante de todos. Estaba encendida y comprobé que él también debía de estarlo porque notaba su dureza con los roces. Yo intentaba sentir cada centímetro con mi sexo, pero era la parte baja de mi abdomen la que se beneficiaba de su protuberancia.

    Desgraciadamente tuvimos que regresar a la mesa, a pesar de que ambos sabíamos lo que sentíamos o como nos encontrábamos en ese momento. Nos mirábamos en la mesa sabiendo lo que deseábamos los dos. Tenía que cruzar mis piernas para apaciguar el ardor de mi entrepierna. Deseaba volver a sentirme penetrada por él y rememoraba cuando me hacía el amor elevándome a la cima de aquel maravilloso placer que jamás ningún otro hombre me proporcionó.

    Todos bebimos mucho aquella noche. Mi esposo y yo tuvimos que retirarnos antes de lo esperado porque la niña estaba cansada y tenía sueño, con lo cual, se encontraba un poco más llorona de lo normal, de modo que fuimos de los primeros en marchamos.

    En el chalet había más habitaciones, por tanto nos quedábamos todos allí para estar con mis tíos que habían venido e iban a pasar una semana. Mi esposo y yo echamos un polvo que no estuvo mal. Yo estaba caliente y necesitaba aplacar el volcán que bullía en mi interior, de tal manera que, a pesar de que iba más bebido de la cuenta, mi esposo se las arregló para satisfacerme.

    Después del polvo, el exceso de alcohol hizo que se durmiera con rapidez. Yo me quedé en la cama leyendo, pero en realidad estaba soñando despierta. A pesar del polvo seguía excitada. Al cabo de una hora llegaron mis padres y mis tíos y se metieron en sus respectivas habitaciones.

    Comprobé que mi tío seguía haciendo gala de su fama y le echó un polvazo a mi querida tía, supongo que pensando en mí. Un polvazo que aumentó todavía más mi exaltado estado febril.

    Todo estaba en silencio. Eran como las cuatro de la madrugada y yo me levanté, en realidad no sé a qué, a beber supongo, con la esperanza de que él se levantara y coincidir con él en la cocina, pero no fue así. Esperé un rato deambulando por el salón, sin embargo él no apareció, así que decidí acostarme y masturbarme. Lo hice sigilosamente para no despertar a mi esposo y después del orgasmo pude conciliar el sueño.

    Pasaron varios días y no pudimos de ninguna de las maneras estar solos para satisfacer nuestros deseos y rememorar viejos tiempos. Faltaba un día para que se acabaran las oportunidades. Decidí que tenía que actuar. Para entonces yo ya tenía mi taller de restauración. Me parecía una excusa medianamente aceptable, pero mi hija parecía estar dispuesta a tumbar mis pretensiones y quería venir con nosotros, de modo que tuve que inventar una excusa que, en otras circunstancias no hubiera sido muy convincente y, muy a su pesar se quedó con su padre, quien nada podía imaginarse de las intenciones de su esposa.

    Llegamos al taller y se lo enseñé todo. Le pareció perfecto y se interesó mucho por el trabajo y me pareció que él no estaba por la labor de hacer el amor conmigo, en cambio yo estaba que me moría de las ganas. Era como que me respetaba mucho y no quería arruinar mi vida, interponerse en ella, pero cuando entramos en el despacho me quedé mirándole, esperando una reacción por su parte que no tardó en llegar. Nos fundimos en un maravilloso beso y, como dos adolescentes empezamos a magrearnos, a tocarnos y a desnudarnos. Tocó mis pechos, los besó, lamió mis pezones y los mordió. Me tumbó en mi mesa y abrevó en mi entrepierna llevándome con mucha rapidez a un primer orgasmo.

    Después quise ser yo la que degustara su salchicha y me arrodillé para hacerlo. Seguía tan grande, tan dura y tan sabrosa como siempre. Comprobé que estaba tan exaltado como yo, así que me levantó, me recostó en la mesa y me penetró abriéndome las piernas y colocándolas a la altura de sus hombros, de tal modo que, después de tantos años volví a constatar lo que era sentirse completamente llena y que cada rincón de mi interior experimentara sensaciones que nadie me había provocado excepto él.

    Mi cuerpo se abandonó a otro intenso orgasmo y me quedé exhausta tumbada encima de la mesa de piernas abiertas dispuesta a ofrecérselo todo, por tanto, mi ano no tardó en ser atendido por su lengua decidida a lubricarlo para dejar paso a cosas mayores. Comprobó que ahora era una experta tragapollas y después de la lubricación escupió varias veces en el orificio para ir ensartándola poco a poco hasta que el pequeño orificio acogió todo el cipote. Me dio una follada por el culo de escándalo —tal y como lo recordaba antaño— que me llevó a otro orgasmo con su polla martilleando mi esfínter hasta que eyaculó en mis entrañas y se quedó tendido sobre mí.

    Cuando se recompuso del clímax se incorporó y contemplé su miembro morcillón balanceándose ante mis ojos. Seguía gustándome mucho más que el pene de mi marido a quien casi doblaba en tamaño. Quise jugar con él acariciándolo, pero sin pretender fornicar de nuevo. Tan sólo quería tenerlo en mis manos y palpar su envergadura considerando que no sabía si volvería a tener ocasión de volver a hacerlo.

    Me advirtió que ya no se recuperaba tan rápido como antaño, pero a mí eso me daba igual. Sólo quería tocarlo y saborearlo.

    Se tumbó en la mesa y mis caricias le empezaron a provocar una respiración más agitada y, a pesar de haber dicho que no se recuperaba tan fácilmente su erección me confirmó lo contrario. Me agaché y mis labios se apoderaron del erecto miembro y me recreé haciéndole la que pensé que era la mejor felación que había hecho en mi vida. Fueron unos veinte minutos dedicados en cuerpo y alma a intentar darle el mayor placer que nadie le hubiese otorgado jamás.

    No sé si lo conseguí, dada su trayectoria, pero puse todo mi empeño en ello. Tras aquella muestra de maestría por mi parte, se vació en mi boca gimiendo y retorciéndose como una serpiente. Su semen explotó en mi boca y fui tragándome su esencia al mismo tiempo que manaba de aquella fuente que parecía no parar. Lo que no podía tragar resbalaba a lo largo del tronco, más cuando pareció remitir la cascada seguí con un breve meneo de la mano que ahora resbalaba por la verga lubricada por su esencia.

    Aquello fue una locura, pero fue la locura más reflexiva de toda mi vida.

    Cuando nos vestimos sabíamos que era el punto final o, al menos, el punto y aparte. Teníamos que despedirnos allí y solos. Nos abrazamos y yo lloré como la adolescente que era cuando me hizo descubrir mi cuerpo. Yo no descarté un nuevo encuentro porque estaba más que dispuesta a repetirlo todas las veces que se nos presentaran, aun así, no ocurrió.

    Aquel fue el último día y ya no volvimos a hacerlo más. Nos vimos durante encuentros familiares, pero ya no se repitió, quizás porque yo también perdí algo de la euforia y no busqué la ocasión como lo hice aquella última vez. A pesar de todo, el recuerdo siempre permanecerá en mí y jamás me arrepentiré de nada de lo que ocurrió entre nosotros.

  • Compañeros de estudios

    Compañeros de estudios

    Mi nombre es José, tengo 40 años, esto me pasó hace unos años con una compañera de la facultad. 

    Bueno, ya en ese tiempo sentía que tenía una edad avanzada para empezar a estudiar una carrera universitaria, cosas que a uno le pasan por la cabeza, pero finalmente me animé porque tenía muchas ganas de estudiar la licenciatura en Psicología.

    Al principio me costó bastante adaptarme y ahí es donde conocí a una mujer con la cual tuve más onda porque éramos más grandes y nos tomábamos las cosas de otra forma y conversábamos de cosas parecidas antes de que comenzara la clase, lo que ayudó a transitar el principio de la carrera. Me dijo que se llamaba Andrea, que era casada y tuvo un hijo de joven y como no tuvo tiempo para estudiar en su momento lo hacía ahora ya que nunca era tarde y así íbamos contándonos cosas de nuestra vida a medida que íbamos cursando.

    Andrea era un mujer guapa de cabello castaño ojos marrones, una carita de rasgos muy armoniosos, de pechos medianos y bueno si una cola que rajaba la tierra esto siento que debo subrayarlo, verdaderamente nos llevábamos muy bien, siempre hablábamos lo justo, pero era muy amable, nos mensajeábamos para algún tema que había que llevar y entre tema y tema me comentó que el marido estaba como pesado porque iban pibes jóvenes y seguro le tiraban los galgos, y ella me dijo “ni se imagina porque todavía no le conté que el que más me mira no es ningún joven”, al clásico ja ja le respondí “pero si yo jamás te miré esa cola hermosa que tenés…”.

    Y esa misma noche cuando terminamos, salimos y en la puerta estaba el esposo de unos 50 años, nos presentamos y me dijo si quería ir a tomar algo con ellos que tenían la casa sola porque sus hijos salieron, Andrea también me insistió y bueno, accedí.

    Al llegar me hicieron pasar los veía que se hablaban bajo y fuimos a la sala de estar el esposo se sentó en un sillón y Andrea luego de un rato volvió con un whisky y unos vasos primero conversamos de cosas mundanas, y en un momento Andrea se levanta y se pone con todo el culo hacia mi y le da un beso largo al esposo y luego me mira y me dice “ya vengo”.

    El marido me mira y me dice “que pedazo de culo tiene mi esposa, ¿te gusta?” A lo que me sorprendió por lo inesperado del comentario y medio no supe bien que contestar, y le dije “si la verdad te felicito, tenés una esposa muy bonita”, me dijo “que le miras el culo con unas ganas…”

    Y ahí medio que sinceramente no supe que decir y tartamudeé y vi venir Andrea en unas calzas que se le transparentaba y se le notaba que no tenía nada debajo, y es cuando el marido al ver a Andrea acercarse le dice:

    – le preguntaba a tu compañero si le gusta mirarte el culo…

    Y le dice:

    -no lo molestes

    Y vino hacia mi moviendo el culo se me sentó encima y al sentir sus nalgas me puso la verga tremendamente dura. Andrea gira hacia mi diciéndome:

    -le conté a mi esposo que te gusta mi cola y quiere saber que le gustaría hacerle.

    Cuando miro hacia el sillón el esposo tenía su verga en la mano y se estaba moviendo su pene. ¡Agarre y la puse en cuatro en el suelo bajándole las calzas y le escupí el culo y lengüeteé su cola su concha mientras escuchaba sus gemidos que le decía al esposo “mi amor este hombre me quiere coger!!!”.

    Y entonces saqué mi verga y le pasé el glande por el clítoris no sin antes darle unas tremendas nalgadas y pidiéndole que diga si es mi puta y al mismo tiempo ella le preguntaba al esposo “¿soy su puta mi amor!!???”, le di otra nalgada y la empecé a embestir con mi verga mientras gemía “si soy tu putaaa soy tu putaaa!!!”

    Para hablar por mail o Skype: [email protected].

  • La segunda vez que vi a Daniela

    La segunda vez que vi a Daniela

    Después de este primer encuentro con Daniela, la comunicación creció mucho, los comentarios de la experiencia de ambos lados, de mi parte me gustó mucho cuando le preguntaba… ¿a quién le gusta la verga? Y la respuesta era Dany, a lo cual me dije que la palabra “verga” leerla o escucharla la calentaba mucho, a ella le gusto como la fui llevando desde el primer beso hasta vestirla, le dije que me había excitado mucho cuando me mamaba y empezó a chorrear a lo que me respondió que le había dado mucha pena y más por que no podía controlar el goteo y eventualmente los chorros, le dije que para mí era parte de ella y así me gustaba, que tenía temor del sexo anal ya que la única experiencia anterior no había sido buena pero el hecho de que entrara y saliera sin problema y que lo gozara como lo hizo lo que se grabó en su memoria, a lo cual respondí que para mí fue verla en cuatro, ante el espectáculo magnifico de esas nalgas con el culo abierto y su conchita del mismo modo, húmedas y goteando.

    Volvernos a encontrar se complicó un poco ya que había situaciones familiares de salud que le impedían vernos y que tenía que atender, pero los mensajes nunca cesaron, hasta que por fin acordamos una nueva fecha para vernos.

    En esta ocasión cambie de hotel, uno más dinámico, menos tradicionalista que nos permitiera voltear la habitación y sin que Daniela saliera sin culpa del desorden que habíamos dejado, como la primera vez, la llevaron sus hijas al punto donde acordamos vernos y de ahí nos movimos, se sorprendió del hotel, veía cada detalle desde la puerta, las frases en las paredes, colores, el elevador.

    Y venía con un traje sastre, saco y pantalón gris obscuro, blusa negra, zapatillas, medias, lentes oscuros y sin esa mascada que tanto me había ayudado la primera vez, que de momento extrañe, pero supimos improvisar en el momento.

    Por fin entramos a la habitación y lógico la besa y pasé mis manos por su cuerpo apretándole esas exquisitas nalgas y generosas tetas, recorría su espalda llevándola despacio a la cama, donde la senté, quitándole sus zapatillas y besando sus pies sobre las medias, subiendo mis manos sobre el pantalón hasta su vagina, sobre la tela sentía su calor y como se empezaba a humedecer.

    Decidí bajarle todo de un movimiento y dejarla solo en medias, le saqué la blusa y me la seguí devorando, cada poro, cada curva, cada lunar. Y acto seguido, saque mi verga ya dura y firme a lo que sin pensarlo la metió toda a su boca, recostándome en la cama y preguntarle… ¿de quién es esta verga? De Dany… y a falta de mascada, la tome del cabello y la acerque para que siguiera mamándome, pase mi mano por su espalda hasta sus nalgas, metí mis dedos en su culo empezándolo a preparar y su conchita ya húmeda, pero sin gotear como esa primera vez.

    Se montó sobre mi moviendo e círculos sus caderas, algo que no había hecho la primera vez o no de este modo, subí mis manos hasta sus tetas las bajé a sus caderas abriendo y apretando sus nalgas, se bajó de mí y se puso en cuatro, admire su culo, bello, veía como se movía su conchita y su culo, decidí entrar por su vagina y meter mi pulgar en su culo para que estuviera más cómoda, tenía la cabeza en la almohada y el culo arriba, le dije… ¿puedo? Refiriéndome a su culo a lo que dijo… es tuyo, hazle lo que quieras… y de un golpe lo metí, grito de dolor y placer, empezó a mover su cadera, me pedía que entrara y saliera, la nalgueaba y al estar en un hotel más “dinámico” me Salí y me setenen el famoso “potro del amor” le pedí que se santera sobre mi verga, pero en su conchita y de espaldas a mí.

    Al sentarse sobre mí, recorrí su espalda con mis manos, desde su nuca hasta sus caderas, le abrí las nalgas para admirar su culo con mis piernas abrí las de ella y cuando ella me quiso apretar con su conchita mi verga mi sorpresa que al soltarla se empezó a cagar, de inicio me sorprendió, pero en un instante me calentó mucho más.

    Le dije… amor, te estas cagando sobre mí y solo recordar como volteo su cara, su mirada y todos los colores por los que paso su rostro de, rojo, blanco, amarillo y al revés, se paró de un brinco y trajo papel y me limpio la pelvis, le dije que se calmara, pero ella moría de pena, me limpio con prisa, la tome del cabello (para que no lleva la mascada) y la jale a mí y la bese.

    Corrió al baño a seguir cagando y me puse frente a ella y le metí la verga en la boca así que mientras cagaba me la cogía por la boca, le di duro y sabia/sentía que ella se ahogaba una escena tan inusual para ella, ya que el baño se llenaba de sonidos de como cagaba y como se ahogaba de mi verga lo cual a ambos nos excitaba más.

    Al terminar de cagar y quererse limpiar la detuve, la voltee despacio, me hinque y la abrí las nalgas, pasando mi lengua por su culo sucio, ella solo se cubría el rostro con sus manos y moviendo la cabeza en negación al ver que era inútil, acepto la situación y termino bajando sus manos y abriendo sus nalgas para mí lo cual agradecí mamándole y dejándolo limpia.

    Me puse de pie y metí mi verga por su conchita y tomándola de las tetas la cogía haciéndola pararse de puntas, en ese punto ya gritaba de placer, nos salimos del baño y la lleve a la cama, donde la puse en cuatro me hinque para mamar una vez más su culo y concha y cuál fue mi sorpresa que de su conchita salió un chorro fuerte, grande y muy sonoro directo a mi cara a lo que de inmediato pegue mi boca en su concha que aún seguía chorreando en ese punto toda la cama y el piso estaban húmedos, me senté en la orilla de la cama y ella sobre mí, mamándole las tetas y ella acariciando mi cabeza y besando mi frente y eyacule en su conchita paso sus manos a mi espalda clavando sus uñas y poco a poco fue bajando la presión de sus dedos en mi espalda hasta que se acostó en la cama, yo junto a ella. Trato de buscar un punto seco en la cama dedo se acostó y tapo y yo junto a ella, se puso de lado y yo mamando sus tetas quedándose dormida.

    Habrían pasado unos 20 minutos de los cuales se despertó sobre saltada comentándome que sus hijas irían por ella (otra vez) al punto de encuentro, le urgía bañarse, más que la primera vez, ya que olíamos a ¡¡¡todo!!! Y para mi buena fortuna empezó a cagar de nuevo en la regadera, estaba paralizada de la pena, pero yo seguía comiéndome los diminutos trozos que salían de su culo y lógico la volví a coger por el culo llenando de mierda mi verga lo cual a esas alturas a Daniela ya no le importaba y se dedicó a disfrutar. Le comenté que no importaba que para eso era donde estábamos que se liberara a lo cual soltó una ligera sonrisa. Salió de la regadera y se vistió como rayo a lo que me dijo que entendiera que iba retrasada y no quería dar más explicaciones a sus hijas.

    Salimos corriendo al punto donde irían por ella y sin saberlo pasaría mucho tiempo para volvernos a reencontrar, pero eso sí, valió la espera cada minuto hasta que nos volvimos a encontrar.

  • Jacqueline, la coqueta y erótica Jacqueline (Parte 1)

    Jacqueline, la coqueta y erótica Jacqueline (Parte 1)

    Recordar a Jaqueline es recordar a la chica más extrovertida con la que me haya encontrado en la vida.  Desde que la conocí supe que era una chica única, especial… un tanto difícil al principio de entenderla, pero una vez superadas las ansiedades de esas expectativas que a uno le proyecta, las cosas pueden ser muy divertidas, aunque yo también añadiría: intrigante.

    Cuando la conocí ella tenía 20 años y yo rondaba los 32. Trabajaba como recepcionista en una compañía que se encontraba cerca de mi oficina y cuyo dueño para una navidad me la presentó y desde entonces fue Jacqueline como una montaña rusa de emociones. No hablaba un inglés perfecto, pero desde que supo que yo hablaba español su acercamiento fue total. Se me presentó como española, aunque tiempo después supe que era mexicana. Hacía ese acento de castilla, pero luego después lo cambiaba a uno argentino o a uno colombiano… realmente era graciosa, pero además de graciosa era una chica muy bella.

    No era muy alta, quizá una altura promedio y con un cuerpo muy proporcionado a su altura. Chica de bello rostro con un cabello castaño que le llegaba a media espalda, ojos café y diminuta nariz, de boca pequeña y labios gruesos y muy coquetos… realmente era una delicia verla sonreír. Como dije, su rostro era muy atractivo y sí a eso le agregamos unos buenos melones y un trasero redondo de buena proporción, la convertía en una chica que hacía voltear las miradas. Y, además Jaqueline tenía más que su natural belleza, también sabía vestirse y medía muy bien las épocas al igual que sus propias intensiones. Al principio pensé que era de esas chicas que llaman “calienta huevos”, pero sí verdaderamente le caías bien y había química, te podía hacer gozar mucho más de lo que la imaginación daba. Realmente yo no me lo esperaba, pues Jacqueline era ese coquetear constante y, no solo lo hacía conmigo, lo hacía con cualquiera que a ella se le pegara la gana.

    De sus labios escuché que era casada y que tenía una hija, pero a pesar de que conviví con ella muchos momentos familiares en esos tres años antes de moverme al otro lado del país, nunca me presentó a su esposo y sí conocí a su hija, madre y hermanas, como también a algunos tíos y primos. Supe que le gustaba bromear y tenía un espíritu travieso, muy juvenil, quizá hasta podría decir infantil. Desde que la conocí comenzamos a salir a comer juntos, y esta es la única chica que me recuerdo que me haya invitado, me haya ido a recoger a mi oficina y me haya pagado, literalmente pagado la cuenta del restaurante y luego después la de algún motel. Con Jacqueline se podía esperar de todo, siempre estaba uno a la expectativa de lo que podría ocurrir con ella después. En este medio he escrito más de 100 relatos con diferentes chicas con las que he vivido momentos íntimos, con Jacqueline puedo escribir mil anécdotas eróticas, pues creo que ese debe ser su adjetivo: La erótica Jacqueline.

    Recuerdo que la primera vez que me invitó a un asado, fue en honor al cumpleaños de su hija apenas dos semanas de haberla conocido. Ese fue el primer día que me sentí incómodo y no sabía cómo reaccionar o proceder. Me presentaba a su madre en una conversación un tanto difícil de conllevar y sonaba a algo así:

    -Madre, le presento a mi novio Tony… Antonio Zena.

    -¿Tu novio Jacky?

    -Bueno madre… usted sabe. Es un decir, pero es algo más que mi novio si es lo que usted quiere saber.

    -¡Mujer! Eso no lo necesito saber. ¡No me hagas ruborizarme!

    Realmente no sabía cómo reaccionar y solo le di la mano y nos dimos el saludo de rigor. Solo me pregunté: -Si esto hacía con su madre y con un desconocido como yo ¿qué se podía esperar cuando obtuviera más confianza? – No tuve que esperar mucho, pues la semana después me recogió para llevarme a un restaurante mexicano, del cual me había hablado y donde me llevé tremenda sorpresa. Todo comenzó con su llamada telefónica antes de que ella pasara a recogerme y su plática fue algo así:

    -Tony, llamándote para recordarte que paso por ti en dos horas. ¿Cómo te gustaría que fuera vestida?

    -Jacqueline, como tu gustes…

    -No me quieres en nada en particular… pantalones, vestido formal, una faldita…

    -Jacqueline… como te sientas confortable.

    -Bueno, en ese caso me iré con una minifalda y un bustier.

    -No te lo aconsejo… está haciendo frío.

    -¡No importa! Es más… me iré sin bragas y ver si caliento algo para que luego me caliente.

    -Como tú quieras Jacqueline.

    -Ok… como yo quiera. Te veo al rato y ahora me voy a depilar las cejas y otra cosita más.

    De esa manera eran las conversaciones con Jacqueline. Nunca le bajo de tono o nivel, aunque a veces pensé que le bajaría conforme a las circunstancias, pero realmente me equivocaba… esta chica era la esencia del erotismo. Llegó en su pequeño automóvil semi deportivo, el cual era un Toyota Célica de color rojo del año reciente y con caja de cambios. Recuerdo su broma, y ese día cambió su acento castellano al chilango del Distrito Federal de México: -Si le agarro su palanca, no crea que fue de intención… solo llevo tres semanas con este coche. -Me hizo reír, pero la verdad que estaba más concentrado de cómo lucía la bella Jacqueline.

    Obviamente le podía ver la frescura de sus hermosas piernas, pues en realidad llevaba una minifalda. No usaba mucho maquillaje, ella es hermosa por naturaleza. Podía ver su abdomen desnudo y plano con unas piedras brillantes alrededor de su ombligo… primera vez que las veía. Su bustier rojo era tan intenso como el color de su carro deportivo y podía ver su cadena de oro, siempre con un corazón rojo y, unos aretes de diamantes que hacían brillar todo su rostro. Desde ese día siempre supe que manejaba con pies descalzos y tenía bonitos pies, siempre detallados con la estética de una buena pedicura.

    Cuando salimos de su vehículo, miré la belleza de mujer que era Jacqueline. Si no era española, en ese momento recordé la música de mi madre y aquel grupo quizá olvidado para muchos: Los Churumbeles y su canción que sonaba a algo así: “La española cuando besa, es que besa de verdad… el beso, el beso, el beso de España… le puede dar un beso en la mano, o darle un beso de hermano, pero un beso de amor, no se lo dan a cualquiera. -No sé porque se me venía esa canción de mi infancia y siempre la voy a relacionar con la bella Jacqueline mexicana, pero de madre española.

    Nos hicieron pasar a una mesa reservada por Jacqueline, la cual estaba en una especie de cubículo que daba cierta privacidad. Nos atendieron muy bien y disfrutábamos de los aperitivos y bebidas, pero esta chica parece que tenía los tiempos muy bien controlados y, en una de esas me dice que debe recoger su celular que se le ha caído. Veo que se agacha en dirección al piso debajo de la mesa y llega el mesero y se escucha su voz diciendo en un timbre bien erótico: ¡Que rica la tienes mi amor?… ¿te gusta que te la bese así?

    No estaba acostumbrado a este tipo de bromas o parodia, pero miré a Jacqueline que se asomó debajo de la mesa, como limpiándose algo de su boca y me recuerdo exactamente sus palabras para el mesero: ¡Disculpe! Estamos recién casados y usted sabe cómo es esto en esos primeros días. -La verdad que no recuerdo que color obtuve en esa experiencia. Recuerdo que minutos después, ya para terminar la cena y tomarnos la última copa de champagne, no sé cómo apareció este bulto de color azul intenso por sobre la mesa y el mesero lo iba a recoger en ese instinto u obligación de limpieza. Jacqueline salió de repente diciendo: ¡No… no se los lleve! Son los calzoncitos que mi marido me ha quitado y son muy de él… o algo así.

    Un poco entonado no le di mucha importancia a lo que viví esa noche. Jacqueline me fue a dejar a la oficina donde tenía mi propio lugar donde dormir. No le insinué que me la quería coger, aunque realmente mi verga se excitaba por ella, pero no quería mostrar ansiedad… siempre pensé que, si en ese momento se lo pedía, o lo intentaba, ella se iba a esquivar. Desde un principio pensé que era una calienta huevos y sí que los calienta, pero en mi caso, era de tener paciencia y desesperar a la que intentaba desesperarme.

    Continúa

  • Juanita, la esposa del jefe

    Juanita, la esposa del jefe

    Era una mujer normal, no se podría decir que fuera una de esas hembras voluptuosas o espectaculares, sin embargo había algo en ella que me atraía en forma especial, nuestra relación en el trabajo era esporádica al principio, no trabajamos en el mismo departamento y por tanto nos veíamos solo cuando uno de los dos necesitaba una información del otro, sin embargo a lo largo de los meses esto fue cambiando, poco a poco empezó a gestarse una camarería que acabo en un buena amistad, buscábamos momentos del día para poder hablar de diferentes cosas de la vida y poco a poco entramos en conversaciones sobre nuestra vida personal y como no, acabamos entrando en las conversaciones sobre sexo.

    No diré su verdadero nombre, pero la llamare Juanita, esta relación se prolongó durante mucho tiempo, por mi mente pasaban pensamientos no recomendables para nosotros, ya que ella según era la cónyuge del jefe de área y obviamente era imposible imaginarse algo más que la amistad.

    Un día, de sorpresa, ella me comento que su marido iba a pasar unos días fuera por cuestiones del trabajo y que su hija en las mismas fechas iba a ir con su colegio en una excursión de varios días, por lo que si quería podía invitarme una noche a cenar a su casa, para poder hablar de nuestras cosas con más tranquilidad.

    Le dije que probaría de buscar un día y le diría alguna cosa a mi novia, ya que nos veíamos con ella todos los días y era extremadamente celosa, esa misma noche busque una excusa aceptable para mi novia y a la mañana siguiente le dije que sí, quedamos para el jueves por la noche, era martes, así que tenía dos días antes del encuentro.

    Por fin llego el jueves por la noche, me pidió que al salir del trabajo le dejara una hora para poder preparar todo y yo aproveche para ir a tomar una cerveza y comprar una botella de vino para la ocasión.

    Pronto paso el tiempo y me dirigí a su casa, cuando abrió la puerta quede agradablemente sorprendido, nunca la había visto vestida de aquella manera, siempre iba con tejanos y camisas o jersey anchos, así que encontrarla con un sexy vestido estampado en flores y un escote generoso que dejaba adivinar el principio de sus senos me sorprendió sobremanera.

    J: ¡Hola!! ¡Pasa, no te quedes ahí!

    T: ¡Te ves muy bien!

    J: ¡Gracias, la ocasión lo vale!

    T: ¡Que suertudo soy!

    La cena fue fantástica, comimos, bebimos, hablamos de muchas cosas y nos contamos cosas que en el trabajo no hubiéramos atrevido a decir, al final, supongo que a causa del vino acabamos hablando de sexo, fue en ese momento cuando no sé porque razón por mi mente paso la idea de que si me había invitado en ausencia de toda su familia era por alguna razón, así que pensé en lanzarme para ver como respondía.

    Me levante y sitúe detrás suyo, ella no dijo nada, así que supuse que aceptaría mis intenciones, lentamente aplique un suave masaje en sus hombros que poco a poco fue descendiendo por su espalda, me percate que era una sensación que ella aceptaba de muy buena gana, ya que poco a poco fue distendiendo sus músculos y se acomodó en la silla, cuando vi que aquello iba en serio comencé un suave besuqueo por su cuello y los lóbulos de las orejas, poco a poco empezó a respirar de una forma que me indicaba que iba por buen camino!

    J: ¡Qué bien se siente!

    T: ¡Tú déjate llevar!

    Mis manos pasaron de su espalda a sus costados y poco a poco, siempre por encima del vestido acaricie sus menudos pechos, notando ya una creciente erección en sus pezones, ¡de repente una mano subía por mis muslos hasta llegar a la entrepierna donde una creciente excitación causada por las caricias mantenía mi herramienta aprisionada en los pantalones!

    J: ¡Uhm!!! ¿Pero qué es esto?

    T: ¡Un deseo que arrastro desde hace tiempo!

    Mis manos empezaron a desabrochar botones y poco a poco su cuerpo de piel tersa y suave estuvo desnudo, las caricias se hicieron más intensas y empezaron a recorrer toda su anatomía, desde los pechos bajaban hasta el vientre y pasaban unos momentos por su monte de venus lo que le producía pequeños espasmos de placer.

    J: ¡Oh!! Tyson, que rico!

    T: Que rica estas, uhm, ¡como deseaba tenerte desnuda!

    Me interne en su entrepierna y note una humedad que denotaba el estado de excitación al que estaba llegando, paré unos instantes en su clítoris, notándolo hinchado y una pequeña caricia hizo que su cuerpo temblara de placer, le di la vuelta, hasta ahora no nos habíamos mirado a la cara, entre nosotros se creó una atmósfera de placer y deseo que hacía tiempo no había notado, en esa posición ella aprovecho para desabrochar mis pantalones y dejar libre toda mi verga, sus pequeñas manos acariciaron la herramienta produciéndome una sensación maravillosa, el suave masaje recorría toda su longitud y se paraba breves momentos en mis testículos consiguiendo que por mi espalda recorrieran pequeños espasmos eléctricos!

    J: ¡Pero qué cosa tan hermosa!!

    T: ¡Qué bueno que te guste!

    Se inclinó sobre mi herramienta y aplicando sus labios sobre ella empezó una suave mamada, notaba como su lengua recorría mi verga mientras sus manos masajeaban mis testículos, el efecto fue instantáneo mi verga se hincho hasta límites insospechados y las sensaciones recorrían mi cuerpo, notando como espasmos de placer empezaban en mi nuca y después de recorrer mi espalda llegaban hasta mi polla, que no paraba de ser atendido por los tiernos labios de Juanita.

    T: ¡Que rico!!!

    J: ¡Me encanta tu grosor!

    Me sentía el mejor, tenía a la esposa del jefe de área dándome una mamada riquísima en su propia casa, al cabo de unos instantes la carga de esperma pugnaba por salir y avisando de la circunstancia asistí con estupor y placer a una si cabe todavía más excitante succión que denotaba las ganas que tenia de beber mis jugos, no pude más y explote en su boca, la leche rebosaba por sus labios mientras se afanaba en evitar que no se escapara ninguna gota que con avidez relamía, después de limpiar con la lengua toda la longitud de mi mango y dejarlo reluciente!

    T: ¡Dios!!! ¡Que rico!!!

    J: ¡Uhm, me encanta el semen!

    Se recostó en la mesa y reclamo mi atención que inmediatamente fue solícitamente puesta en práctica, todavía no la había liberado de su ropa interior, unos sostenes y braguitas blancas, de encaje semitransparentes que dejaban adivinar sus pequeños y erguidos senos, coronados por una aureola marrón y unos pezones erectos y desafiantes que rápidamente procedí a acariciar y lamer, mi lengua y mis manos sorbían y masajeaban sus carnes haciendo que la excitación aumentara por momentos en ella.

    Después hundí mi cabeza en su entrepierna y note como su almeja estaba chorreando, los jugos se escapaban de su interior y dejaban sus labios brillantes, labios que separe suavemente con mi lengua hasta dejar al descubierto el pequeño botón de su clítoris que se estremecía de placer en cada uno de mis lengüetazos, poco a poco con suaves movimientos rotatorios de mi lengua conseguí arrancar de su garganta suaves gemidos de placer que llenaban de sensualidad la habitación en la que estábamos, mis caricias se prolongaron a lo largo de unos momentos, desplazándome de su suave chocho hasta su ano en el cuál estuve entretenido un tiempo.

    J: ¡Oh!!! ¡Que rico uhm!!!

    T: ¡Me encanta tu sabor!

    J: ¡Así!!! ¡No pares, uhm!!!

    T: ¡Que manjar tienes entre tus piernas!

    Los suaves gemidos se convirtieron en poco rato en grititos que intentaba ahogar mordiéndose el labio inferior, sin embargo, mi trabajo obtuvo su premio y al cabo de unos instantes explotaba en un largo orgasmo que hizo que todo su cuerpo se arqueara sobre mí.

    T: ¡Así nena, que rico!!

    J: ¡Oh!!! Uhm!!! ¡Ah!!!

    Después de unas contracciones se relajó y me abrazó fuerte susurrándome en la oreja mientras me besaba suavemente que quería ser penetrada, sin hacer ninguna objeción agarre su rico trasero y llevándola en vilo coloque mi falo en su entrada y la embestí de una sola estocada, note como todos los músculos de su cuerpo se ponían en tensión y proseguí las salvajes embestidas mientras ella se agarraba a mi espalda y me arañaba salvajemente demostrándome así el placer que sentía.

    T: ¡Juanita!!! ¡Que rico aprietas!

    J: ¡Uhm!! ¡Así, no pares, uhm, dámela, uhm!!

    La embestía una y otra vez cada vez más rápido, la esposa del jefe solo gemía y se movía acompañando mis salvajes embestidas.

    Levante sus piernas y de “patas al hombro” seguí dándome gusto, Juanita me arañaba más fuerte la espalda y más rico se movía, la mesa se movía fuerte, avisándole a sus vecinos que la acción estaba a tope, ¡nos besábamos y le mordía sus duros pezones!

    J: ¡Que rico lo haces!!

    T: ¡Es que tú me inspiras!!

    Cuando note que estaba a punto de llegar al clímax me retire y la tumbe sobre la mesa, dejando todo su culo a mi vista, ella intuyendo mis intenciones se puso de rodillas y se acomodó para recibir mi verga por su negro orificio.

    ¡Suavemente fui entrando todos mis centímetros en su interior mientras ella susurraba palabras ininteligibles para mí, cuando logré establecer en su interior mi verga comencé un lento vaivén que nos llevó a los dos hasta límites insospechados de placer!

    Finalmente descargué mi semen caliente en su interior y quedamos los dos tendidos uno encima de otro agotados por la experiencia, poco a poco nos fuimos recuperando y después de unos momentos nos abrazamos durante largo rato y nos vestimos para despedirnos.

    A la mañana siguiente en el trabajo no cruzamos ninguna mirada, la verdad es que tardamos varios días en volver a hablarnos, el jefe jamás intuyo que me comí a su mujer, total años después esta lo dejo por otro, pero puedo presumir que me comí a esa flaquita que varios el traían ganas.

    Tyson.

  • Adiós a mi secreto

    Adiós a mi secreto

    Me penetró fuerte, de un tirón y hasta adentro. Mi recto y mi ano, apenas lubricados y humedecidos con mi deseo de olvidar su inútil virginidad, sintieron el dolor desgarrante, potente y casi insoportable de ser abiertos súbitamente, sin piedad y sin misericordia, por un miembro tan hermoso, grande, grueso y caliente.

    Estaba junto a él en su apartamento en el noveno nivel de un edificio, la habitación era muy clara, en parte por los grandes ventanales que proporcionaban luz y un agradable viento que agitaba las cortinas, como por los espejos en las paredes y en el closet.

    Sintiendo el gran dolor de tener aquella deliciosa verga desflorándome, miré hacia uno de los espejos y me vi a mí mismo acostado con el pecho sobre la cama, a medias vestido con una blusa vaquera a cuadros, la falda de mezclilla, corta y acampanada, levantada sobre mi espalda, mi tanga de encaje a la mitad de los muslos y unas hermosas sandalias planas doradas, con una tira entre los dedos pulgar e índice, que llegaba hasta el empeine y luego se dividía a cada lado del tobillo para amarrarse en el talón y a la vez bajaba a la suela para fijar el pie.

    Él estaba desnudo, sobre mí, con su cadera sobre mis nalgas descubiertas, empujándose dentro de mí.

    Comenzó a sacar su pene de mi esfínter. Las paredes de mi recto quedaron abiertas y dolidas tratando de cerrarse con mucha dificultad. La cabeza hinchada y ardiente de aquel manjar carnal quedo brevemente en la puerta de mi ano.

    Metió la lengua en mi oreja. “¿te gusta?”; me preguntó.

    Me ardía mucho su penetración, yo aún tenía miedo, tanto de entregarme a un hombre por vez primera, como por haber revelado a alguien el secreto cuidadosamente guardado por tantos años, ese de desear que la mujer que tenía escondida dentro de mí, saliera de su escondite y me revelara yo, vestido como toda una dama, para alguien.

    A pesar del ardor y el dolor, mi deseo era más intenso: “me duele tanto”, respondí, “Pero tu verga es un deleite, te lo suplico, hazme más mujer”. Y empiné mi trasero, ofreciéndoselo para que lo poseyera más.

    Me dio una fuerte nalgada, me dijo “libérate, no tengas más miedo, entrégate completa” y arremetió de nuevo, una y otra y otra vez, en cada metida mis pulmones exhalaban excitados el aire en forma de gemidos. Él era un semental y yo me sentía una princesa virgen. Abrí más mis piernas y su pene me entró con mayor comodidad, doblé las rodillas y mis talones se posaron en sus nalgas, empujándolo hacia dentro de mí. No quería que disminuyera ese placer.

    En el calor de las embestidas que me daba, sonreí recordando como hace apenas dos horas ni siquiera pensaba en entregar mi secreto a alguien, mucho menos, además, que luego me estuviera poseyendo completamente.

    Ayer al salir de clases de la universidad, tanto él como tres compañeros (incluyendo dos mujeres) y yo decidimos juntarnos en su apartamento para hacer una tarea de grupo. El horario convenido era las 4 de la tarde, pero él (a quien le diré en este relato “mi hombre”) me sugirió que almorzáramos a las 12:00 y repasáramos otros temas.

    Llegué a su apartamento, almorzamos rápidamente, me cepillé los dientes y en su sala de estar comenzamos a leer y discutir sobre unos libros. Luego de un rato, mi hombre se acercó a mí y se sentó a mi par. Me quitó los libros y los puso en la mesa. Me miró fijamente a los ojos y me dijo: “sé que guardas un secreto. Puedo verlo desde que te conocí”. Me extrañó, pero no le hice caso, indicándole que estaba desvariando. Cuando traté de tomar de nuevo el libro, me tomó de la mano, me acercó hacía él y quiso besarme. Me negué, lo empujé y me levanté sorprendido, pero a la vez halagado. “¿Estás loco?” le pregunté y presurosamente me dirigí a la puerta para salir de allí. Mi hombre me alcanzó y antes que llegara a la puerta me tomó de un brazo, me jaló hacia él, me abrazó, me recostó sobre la pared y me dijo “Quiero hacerte mía”.

    “¿Qué te pasa?”, repliqué, “somos hombres”. Intentó besarme. “Dame un beso”, ordenó.

    “Los únicos que se besan son los hombres con las mujeres”, le dije como buscando una ilusa excusa, pero a la vez sugiriéndole que era lo que en verdad yo quería, fingiendo tratar de liberarme, pero sin querer hacerlo.

    Se detuvo, pero continuaba abrazándome, presionando contra mi cuerpo su pecho y su cintura, donde ya sentía su miembro endurecerse. Me miró a los ojos fijamente, no dijo nada. Mi respiración estaba agitada. Supe que era el momento. Era ahora o nunca la oportunidad. “Nunca se lo he dicho a nadie”, dije con voz temblorosa y nerviosa, “pero ya que me das esta oportunidad… quiero vestirme de mujer para ti como lo hago a solas y sin que nadie nunca me haya visto. Así podré ser mujer para ti y besarte todo lo que quieras”. Bajé la mirada y respiré agitadamente a causa de los nervios. Mi hombre me levantó con su mano la barbilla y nuevamente nos vimos a los ojos. “Y ese es tu secreto”. Me dijo sonriente.

    Me soltó. Me tomó de la mano y me llevó hacia una habitación. Con una llave abrió un closet discreto y aparecieron cientos de vestidos, faldas, calzado, medias y muchas otras cosas. Tomó una percha y me la dio. Tenía la falda de mezclilla y la blusa a cuadros. Se inclinó y me alcanzó los zapatos. “Que travesti de closet puedes ser sin unas lindas sandalias. Estas son las más hermosas que he elegido para ti. Tus pies se sentirán y verán hermosos”.

    “¿Habías elegido?”, pregunté confuso.

    “Nenita linda”, me dijo, “sabía que este momento llegaría. Vi a Genoveva desde que te conocí”

    “¿Genoveva?, No entiendo”

    “Genoveva es la mujer que llevas dentro. Ya basta de fingir… Déjala salir. Quiero verla, acariciarla, quiero que te olvides de tu masculinidad y te des permiso de liberarte para que conozcas tu verdadero lado femenino. Hoy no solo verás a Genoveva en el espejo, travistiéndote a escondidas en casa de tus padres: hoy la enfrentarás aquí, ante mí, sin miedo, sin críticas, sin presiones”.

    Desabotonó mi camisa y yo lo dejé quitármela. Me zafé las zapatillas deportivas que llevaba. Desabrochó el botón y el cierre de mis vaqueros y los bajó junto a mis calzoncillos. Quedé desnudo.

    “Pero mira que miseria de miembro tienes”, me dijo. Y era cierto, mi pene apenas excede las 2 pulgadas y con el miedo que sentía se escondía arrugado aún más. “Una mejor razón para que disfrutes por el otro lado”.

    Tomó la tanga negra y con un toque de sus manos me pidió que subiera las piernas para ponérmela. Luego, me colocó la falda y finalmente la blusa a cuadros. “Déjame a mi ponerme las sandalias”, supliqué. “Quiero ser yo quien ponga el toque especial para sentirme al fin travestida ante ti”. Metí los pies en aquellas bellezas doradas. Una corriente eléctrica de placer recorrió todo mi cuerpo. Eran no solo tan suaves, ventiladas y cómodas, sino además tan femeninas, que mi esfínter comenzó a lubricarse.

    Mientras terminaba de amarrarme las cintas a mis tobillos, me colocó en la cabeza una peluca larga de color castaño.

    Me tomó de la mano y me vi junto a él en el espejo. Estaba hermosa. Con las manos entrelazadas me llevó a una gran puerta de vidrio, la abrió y esta daba al balcón de su apartamento, salimos a él y vi la ciudad. Un aire cálido aireaba todo mi cuerpo y en especial mis pies que se cubrían apenas por unas tiras de cuero.

    “Juguemos”, me dijo viéndome a los ojos “¿quieres ser mi novia?”

    Emocionado le sonreí, colgué mis brazos a su cuello, me acerqué a él y le respondí: “quiero ser tu novia mi amor”. Nos besamos con lenguas apasionadas en aquel balcón, con el viento y la vista a la ciudad.

    Después de un buen rato, nuestros miembros erectos se tocaban por sobre la ropa. Me llevó a su cuarto, se deshizo en un segundo de toda su ropa y pude ver aquella golosina de carne, erecta, hinchada de tanta sangre dentro de él. Iba a arrodillarme para mamarla, pero no me dejó. Me volteó, me tiró a la cama, me bajó a medias la tanga y, sentí verga dentro de mi por primera vez, tal como lo cuento al inicio de mi relato.

    Siguió bombeándome con rudeza. “Gime y grita”, me ordenó. A lo cual obedecí con placer, agregando frases de “¡Qué rico papito!”, “¡me gusta tu verga!”, “¡más duro!”, “¡quiero tu leche!”, “¡soy tuya!”, “¡Dame hasta adentro!” y otras que en mi locura ya no recuerdo.

    Cada embestida me desgarraba más las fibras de la entrada del culo. Mi desfloración anal era total. En pocos minutos pasé de un chico normal a una nena, a una novia y a una mujer desvirgada con muchas ganas.

    Aceleró sus penetraciones. Sentí desde su rostro sus gotas de sudor cayendo sobre mi espalda y cabello. Su miembro se puso más duro y quemaba aún más por su temperatura. Ambos gemíamos como enajenados. Mi pequeño pene, sin estar erecto comenzó a derramar semen y sentí un orgasmo electrizarme el cuerpo, pero esta vez el protagonista principal era mi agujero siendo penetrado. Aceleró más y con un grito de placer mi hombre expelió 5 chorros calientes de su delicioso yogur dentro de mi recto. En nuestra locura, me complementó 10 metidas rápidas de verga más hasta que con un gemido finalmente me penetró profundamente, quedándose así un rato y desplomándose abatido sobre mi cuerpo.

    Sentí todo su peso sobre mí a la vez que su pene comenzaba a ser flácido. Me volteé, lo abracé con mis brazos al cuello y mis piernas a su espalda. Lo besé. “gracias por descubrirme, por hacerme mujer y darme permiso de travestirme para ti”, le dije mientras lo veía a los ojos. “Apenas empiezas” me respondió “recuerda que eres mi novia y cada vez te pediré que te pongas más hermosa para mí”. Me sacó del culo su miembro ya flácido y sentí el correr de su semen saliendo de mi ano.

    Tocaron el timbre. ¡Eran los compañeros de estudio!

    “Ya vienen, vístete de nuevo” ordenó, “yo los atiendo”. Hizo una pausa y me vio a los ojos firmemente para continuar: “mi Genoveva, mañana te espero temprano para que te dé tiempo de maquillarte, depilarte y lucir otros vestidos que te tengo preparados. Disfrutarás de muchas sandalias que tanto te gustan, modelándolas para mí, ahora regresa a tu closet”. Me dio un beso chupando mi labio inferior y se levantó para vestirse, mientras en el baño yo ocultaba nuevamente entre ropas de hombre a Genoveva que, deliciosamente, por fin había salido de su escondite secreto.

    Si llegaste hasta aquí, no me queda más que agradecerte tu tiempo y enviarte un beso, escríbeme tus comentarios a [email protected].

  • Recreo laboral

    Recreo laboral

    Algo cansado desperté aquel día tan memorable. Sin dudas, no será fácil de olvidar. Sucedió recientemente. Fue un martes, día habitual de reunión de trabajo por videollamada. Como de costumbre preparé el desayuno y me dispuse a sentarme frente a la computadora en el cuarto de trabajo. Teniendo en cuenta que aún estaba desayunando inicie mi participación en la reunión con la cámara apagada. No era motivo de preocupación tener la cámara apagada si podía seguir presente en la reunión escuchando lo que sucedía.

    Al terminar mi café pude escuchar abrirse la puerta detrás de mí. Doy la vuelta para verificar si no era mi hijo que recién se despertaba. Para mi sorpresa, era mi mujer, quien vestía el pijama que se había comprado recientemente. Fue una gran dificultad realmente contener el suspiro, pero solté un resoplido de placer al contemplarla de esta manera. El short corto y ajustado resaltaba sus atributos femeninos de forma espectacular, convirtiendo sus piernas en un lujo para la mirada. Su remera blanca que finalizaba a la altura de sus cinturas, provoco que mi atención se desviara totalmente hacia sus pechos prominentes.

    Ella entró discretamente, pero su mirada y su andar decidido me advirtieron que ella se acercaba por algún motivo que me resultaba completamente inesperado. Intente decir alguna palabra, pero ella coloco su dedo índice en mi boca y me indico con un gesto certero que hiciera silencio. Con una iniciativa y disposición nunca antes observado por mi en ella, corrió mi asiento giratorio hacia el costado y se inclinó ante mi poniéndose de rodillas.

    Una suerte de distintas sensaciones y pensamientos me impidieron decir palabra alguna o realizar cualquier gesto. Entre atónito, temeroso, y excitado por la situación en la que me hallaba, Alejandra me miro elevando la comisura de sus labios expresando una sonrisa que jamás había visto en mi vida. En su mirada pude notar el resplandor de una convicción muy profundo. Su boca entreabierta y su rubor me causaron un vértigo en el estómago tan placentero que no podía más que quedarme inmóvil. Con decisión desabrocho el cierre del jean y con cuidado comenzó a sacar mi miembro erecto que se erguía con una fuerza y vigor que nunca antes había sentido. Mi mujer me estaba a punto de dar un oral mientras estaba en reunión laboral por zoom.

    Intente silenciar el micrófono que aún seguía encendido, pero me lo impidió el hecho de sentir con enorme placer como su boquita, con esos labios tan delicados y gruesos atrapaban la punta humedecida de mi verga. Fue realmente extraordinario verla así, ya que ella por lo general cuando me la chupaba lo hacía con la luz apagada o debajo de las sabanas.

    Pude ver como con enorme entusiasmo se devoraba mi verga completamente. Sus labios se deslizaban con una profunda sensualidad. Su cabeza se movía con una parsimonia que me hacía estremecer de placer. Como succionaba y bombeaba mi verga con enorme entusiasmo no podía evitar contener los jadeos. Aunque intentaba aguantar no podía controlarlo. Me agarraba de los pelos mientras me quedaba inmóvil en la silla. Ella continuaba haciéndolo de una forma tan increíble y poco a poco intercambiaba succión con lamida de lengua mientras me miraba a los ojos.

    Una mirada que jamás había visto en ella. Era una mirada que expresaba una mezcla de ternura, perversión y goce total. De repente comenzó a hacerlo con mayor energía, los ruidos que provenían de la fuerza que aplicaban sus labios a cada chupada se hacían más fuerte. De fondo se oyó desde la computadora que alguien pregunto: “que es ese ruido?”.

    Intenté nuevamente silenciar el micrófono, pero no pude, quería seguir disfrutando, ya que jamás había sentido tanto placer. Mi verga con enorme potencia empezaba a palpitar, la contención de la descarga de semen se hacía más difícil soportarla. Pude notar una mirada casi desafiante de mi mujer que tenía toda mi verga en la boca. Sujete muy fuerte su cabellera porque con mucho entusiasmo y velocidad ella comenzó a tragar todo mi miembro erecto. Con un profundo jadeo e inclinando mi cabeza hacia atrás descargue con enorme potencia toda la leche.

    Derramé cada chorro de leche en su boquita mientras ella tragaba gimiendo muy complacida. Con la cara sonrojada y su lengua lamiendo la punta de mi verga me miro y me guiño un ojo. Se fue despacio con un lento caminar muy sensual. Así fue como disfrute del mejor oral de mi vida. Poco me importo las preguntas que realizaban mis colegas ante tamaño espectáculo de sonidos, así que decidí abandonar la reunión e ir tras mi mujer.

  • Jorge mi amiguito de la prepa: Tiempos de Covid

    Jorge mi amiguito de la prepa: Tiempos de Covid

    Estoy de regreso para compartir mis vivencias y todas mis locuras que he realizado en esta pandemia, les cuento por si ya se les olvidó parte de mí: soy Alexa, mexicana ya de 26 añitos y actualmente estudio mi master en contabilidad aquí en Playa del Carmen. Soy morenita clara, cabello largo negro, tengo unos senos no muy grandes, pero si duritos apetecibles en su lugar, acinturada, vientre planito rico sexy y lo que más me gusta y me chulean son las nalgas y las piernas, estoy culoncita, más ahora que subí un par de kilitos. Soy atractiva, me aseguro hacerme notar a donde llego, además que mi 1.75 de altura más unos lindos tacones pues ayuda mucho, apenas regresaré a hacer ejercicio ya saben con toda esta locura no se puede hacer gran cosa, me encanta coquetear.

    Ya tenía unos 15 días de haber regresado a la CDMX en esta pandemia me fui a encerrar con mi ex-profe como un mes, después de secarlo de tanta cogedera y como ya estaba aburrida, decidí irme a casa de mis papas, ya tenía como una semana con ellos y en una salidita con ellos a comprar cosas que hacían falta en la casa de auto a auto vi a Jorge y nos quedamos así quietos mirándonos solo alcance a decir hola.

    Recordé todas las pláticas que teníamos en la prepa y de lo que ya hacíamos el con su novia que era más grande y yo con mi noviecito de la prepa, luego nos tomaban fotos así en grupo y siempre me ponía enfrente de él, yo con mi falda pegadita con blusa y chalequito muy mona calcetas largas, luego nos decían júntense mas y yo le apretaba mi culito y dejaba que él me rozara muchas veces llegue a sentir su erección detrás de mí, en los descansos muchas veces nos sentábamos de frente según yo ponía mi suéter entre mis piernas para que no me viera pero claro al sentarme o levantarme el podía ver siempre los calzones del día, nunca llegamos a más y nos separamos hasta ese día a mediados de mayo que lo volví a ver.

    No pudimos salir a sentirnos más cómodos ya que todo estaba cerrado, mis papas tuvieron que salir y aproveche para avisarles que Jorge me visitaría, no les causo mucha gracia pero dijeron ok ahí hay comida nos vemos por la noche.

    Como pude encontré su celular afortunadamente era el mismo y le mande mensajito:

    -Jorge???? Soy yo Alexa…

    -… hola linda, te vi ayer y te extrañe horrores, como andas de tiempo para visitarte y/o salir algo… espero no haya un jugador de rugby de 2 m dispuesto a partirme la cabeza

    -…no hay una toxica que me quiera arrancar la ropa si me ven contigo???

    -… mejor te la arranco yo jejeje

    Primer strike Me quede helada con su respuesta pero logro un cometido de romper esa barrera de un jalón, dije ok ok ok veamos que tiene en mente:

    -…Acá no tengo auto pero me puedes visitar sin ningún problema, mis papas se medio acordaron de ti entonces no hay problema solo dime en cuanto tiempo llegas.

    -…déjame bañar, mándame ubicación y creo estar en 1 hora

    -…ok Jorge acá te veo, besitos.

    Corrí al bañarme, solo termine de depilarme mi pubis quedo lisito y suavecito, una nunca sabe que pasara, así mojada salí me puse cremita, me puse la verdad la primer tanga que encontré ya que no tendría mucho tiempo además estaba en casa de mis papas, no ocupe bra sino un top nada más, me puse una blusita de tirantes, un short de mezclilla y mis tennis, me hice una coleta solo rímel mi boquita roja y ya está lista y no tan producida pero me veía bastante linda.

    Llego Jorge un poco muy diferente de lo que me acordaba de él, mucho más alto que yo, se ve que le había pegado al gym, cabello medio largo pero peinado rico sexy, barba cerrada aunque se veía que se acababa de rasurar y olio deliciosisisimisimo. Nos saludamos con un largo y muy apretado abrazo de esos que yo se dar, sentí como mis senos me traicionaban poniéndose mis pezones duros junto a su pecho durísimo, sus brazos bajaron hasta rodear mi cintura levantándome al aire, me dio otro beso en mi cachetito, toco mi nariz con su dedo diciéndome:

    – Ale mírate. Estás hermosa, preciosa y buenísisimisima ehhhh

    – Basta! solo cambie un poquito. No sabes cuánto te extrañe desde que te perdí la pista- dije apenada

    – Y yo a ti, amiga. Como no tienes idea. Traje unas cervezas y vino rosa a ver cuál deseas.

    – Dudo que en algún momento no sepas qué es lo que me gusta

    – Amor, aún hay mil cosas que no sé cómo te gustan- Dijo guiñándome un ojo de una forma encantadoramente seductora

    Maldición segundo strike jejeje.

    Hacía mucho calor así que nos quedamos en el patio, afuera de mi casa había un árbol que nos hacía bastante sombra y empezamos a platicar de lo que hacíamos etc. A los 20 Jorge comenzó a trabajar en Los Cabos, se fue a Europa por más de 3 años y al volver a la CDMX igual pasaba demasiado tiempo fuera.

    Sentí esa especie de nervios que no había sentido con él nunca. No me sentía muy arreglada pero él me veía mucho quizás porque siempre andábamos de uniforme nunca me vio ni en bikini ni nada y ahora estaba así pero me hacía sentir linda. Tenía casi ocho años sin verlo y realmente en ese momento sentía una ansiedad difícil de describir.

    Platicamos por horas, sobre sus viajes, sus aventuras, sus relaciones, las mías, mis locuras, mi trabajo, mi familia, la suya. No sé cuánto bebimos, pero de pronto estábamos sentados muy cerca el uno del otro, como debía de ser.

    – Me causa muchísima curiosidad imaginarte en el sexo, Ale. Eres una mujer muy sensual y jamás creí verte como te estoy viendo hoy.

    – y tú eres un mujeriego, Jorgito. No creo saber hacer nada que no te hayan hecho ya, ni creo tener nada extraordinario.

    – Eso dices tú, bonita. Yo realmente quisiera formar mi propia opción sobre eso- Dijo mientras me daba un ligero beso en el hombro.

    Mi cuerpo se estremeció de inmediato. Sentí esa pequeña descarga eléctrica que recorrió el hombro, mi espina dorsal pasando por mis pezones, mi vientre y terminando en mi entrepierna. Algo me dijo que las cosas estaban saliéndose un poquito control, además estaba en casa de mis papas y no sabía a qué hora llegarían, así que con la pena más grande del mundo y de querer seguir con eso lo tuve que cortar de una sola vez:

    -…creo ya tienes que irte, me encanta lo que hiciste pero aquí en casa no tengo la libertad de hacer lo que quiera contigo.

    -…pero hice algo malo? Ale te ofendí?

    -… no, pero no es el lugar correcto ni el momento.

    -… me aplicaras el no eres tu soy yo?

    -… no seas tontito de estar en mi casa de Playa o en tu casa de aquí otra cosa seria…

    Y así terminamos una velada rica y deliciosa pero yo quería mas!!! Mis papas llegaron pasada la media noche pfff de haber sabido otra historia seria pero resulto bueno para los 2 por así decirlo. Al estar en mi cuarto y recordar lo que me hizo pfff al sentarme pude sentir claramente que me había mojado y a pesar de que intenté despabilarme no podía olvidar su boca sobre mi hombro, su manera de acercarse, el roce de su rodilla con la mía y su olor, ese olor que me estaba taladrando la memoria y quería la entrepierna.

    El fin de semana tenía en mi celular un mensaje suyo:

    -…“Ale, algo paso? Perdón si te hice sentir incómoda. De verdad no puedo dejar de pensar en ti. Si quieres que hablemos sobre esto te espero en mi casa.”

    Me excite sólo con ver ese mensaje. Por mi mente pasaban mil historias de la prepa de cómo lo dejaba sentirme o ver mis chones, todo lo que sé sobre él y sus aventuras, y de TODO lo que él sabe de mí, toda nuestra amistad que podría irse al carajo por una calentura. Respondí su mensaje:

    -…“Eres una enorme tentación, pero no quiero mandar a la mierda nuestra amistad. Te adoro. Por favor descansa”

    -… “Nada tendría porqué irse a la mierda ¿Recuerdas cuando me decías que era mejor arrepentirse de hacerlo que de no haberlo intentado? Piénsalo, bonita. Buenas noches.”

    Lo sabía! Tercer strike!!! Jorge sabía perfectamente cómo retarme, cómo hacerme pensar, cómo hacerme caer. Usó mis palabras en mi contra y en ese momento, lo decidí. Era domingo así que le pedí el coche a mi papá le dije que iría a ver a unas amigas, después del sermón me fui a arreglar. Repase mi pubis nada más para que estuviera suavecito y sin ningún rastro de vello alguno, cremita en todo mi cuerpo perfumito del rico y suave, una coleta en el cabello rímel mi labial rojo, me puse un tanktoprojo sin bra, una falda de mezclilla pegadita y debajo una tanga blanca casi transparente muy chiquita muy pequeña me puse mis tennis, agarre mi bolso y vámonos. Me subí a mi carro y maneje hasta su departamento. Le marqué y me abrió el portón de su casa, me dijo que subiera que estaba en la conia a lo cual dije que si. Sentí los peores nervios de mi vida, esos que se confunden con frío, me temblaba absolutamente todo el cuerpo, pero subí a la cocina y ahí estaba él…

    En la barra de la cocina sirviéndose agua en un vaso, sin camisa, con los jeans desabotonados. Volteó incrédulo hacia la puerta y sólo pudo decir:

    – Ale, llegaste ¿Quieres que platiquemos un poco sobre lo que…- Lo besé profunda y apasionadamente sin dejarlo terminar su frase, estuvimos así tal vez un par de minutos.

    – No quiero hablar, cabrón, quiero que me enseñes lo que has aprendido y quiero mostrarte lo que ya sé hacer.

    Mientras nos besábamos me saco por arriba el top dejando mis tetas al aire, esbozó esa hermosa sonrisa de lado a lado que terminó por derretirme, me admiró unos instantes, me tomó por la cintura y empezó a besar y lamer mi cuello, mis tetas, me mordisqueaba mis hombros… El calor de sus manos desapareció el frío que sentí antes, me pegaba a su cuerpo. Su erección era imposible de ignorar además de que su cabecita ya se asomaba por arriba de su bóxer, mi falda ya la había desabotonado y dejado caer al suelo, ahí estaba yo en esa microtanga minúscula frente a él, sentía su verga contra mí, la tallaba sobre mi pubis.

    Me quitó mi tanga con cuidado dándose cuenta de mi total depilación, se detuvo a observar mi panocha que ya estaba mojada, subió y se detuvo en mis tetas, me dijo que eran perfectas y comenzó a besarlos con toda la lujuria que un ser humano podría guardar sobre su mejor o quizás única amiga como yo, primero uno y luego el otro. Su saliva caliente humedecía no sólo mis pezones, sino mi vagina y mi cuerpo entero. Mi respiración estaba cada vez más agitada y ya no podía ahogar los gemidos que sus caricias me estaban provocando.

    Me levantó por la cintura y me subió a la barra, separó mis piernas y hundió su boca en mi entrepierna, besando la parte interna de mis muslos, pasando su lengua caliente y desesperada por mis ingles y finalmente lamiendo lenta y pausadamente mi vagina. Sus manos se paseaban por mi cuerpo, mientras su nariz acariciaba mi pubis depilado y su boca hacía maravillas succionando mi clítoris y lamiéndolo como lo más delicioso que ha probado –Ale, estas riquisisimisima. No sabes cuántas veces te soñé, imaginé tu cuerpo, tu olor, tu sabor… Eres mucho mejor de lo que esperaba.

    Sus palabras me llenaron de excitación, su contacto, su respiración entre cortada, las palabras que apenas podía pronunciar y saber que me había soñado antes me volvieron loca, mi espalda se arqueó y sentí el primer orgasmo de esa noche, en su boca, en su lengua caliente que devoraba la humedad de mi panocha. Me bajé de la barra de la forma que pude, me temblaban las piernas, pero lo besé con fuerza, el sabor de mi vagina permanecía aún en sus labios. Lo llevé a un sillón y lo senté, me hinqué frente a él y termine de bajar su pantalón y su bóxer de un jalón, su erección surgió enorme, firme y caliente, podría jurar que yo había soñado con una verga así, y la tenía enfrente. No podía aguantarme las ganas de sentirlo en mi boca.

    Me incliné un poco y pasé mi lengua desde sus testículos hasta la punta de su pene, hice círculos alrededor de la cabeza. Seguí pasando mi lengua desde la base hasta la punta, mojándolo todo para meterlo en mi boca. Lo vi dejar caer su cabeza sobre el respaldo del sillón y escuché sus gemidos que me pusieron como loca. Así que se la empecé a mamar cada vez más profundo, chupaba, lamía, lo sentía tocar mi garganta. Sus manos acariciaban mi cabello, mi rostro y mi barbilla, sentí como quería poner un poco de resistencia pero era demasiado tarde, yo quería ese relleno en mi boca así que empecé a chupar más rápido y lo miraba y cuando hicimos conexión termino en mi boca, sentí esos espasmos en mi boca y recibí cada chorro de ese rico y delicioso semen el cual trague sin tirar mí una sola gota.

    Se sorprendió jajaja nos levantamos agarramos nuestras ropas y me llevo a su recamara donde tenía muchas ventanas así que opte por abrir todas sus cortinas sin importar quien nos viera si fuera posible.

    Sonreí ligeramente y empezamos a besarnos nuevamente, quería recrearme con mi panochita hinchada de una buena cogida y bien rellenita de su leche, yo me moje en cuestión de segundos y fue cuestión de darle unos besitos en la cabecita de su monstruo para despertarlo al 100%, me puse sobre él, Acomodé su pito en el centro de mi vagina y dejé caer el peso de mi cuerpo en él… Lo sentí llenar ese espacio entre mis piernas y se me escapó un suspiro tan rico tan tierno tan lleno de lujuria. Empecé a balancearme sobre de él, empecé el sube y baja y mis caderas se daban a placer sobre su cuerpo, era yo quien se lo estaba cogiendo, era yo quien dominaba a mi mejor amigo y quizás nuevo amante.

    Sus ojos me recorrían entera, me admiraba y veía él va y ven de mis tetas sobre él, me besaba me las mordía, era obvio que no podía creer que esta súper mujer que estuviera ahí sobre él, cogiéndomelo como jamás imaginó. Lo besé, le mordí los labios, invadí su boca con mi lengua y le consumía la energía en cada sentón. Con movimientos lentos y suaves, de pronto rápidos y violentos, lo apreté contra mi cuerpo y tuve un segundo orgasmo. Hacía calor, estaba yo bañada en sudor del trabajito que le estaba haciendo, le arañé la espalda mientras sentía su pecho estremecerse, se acercó a mi oído y me dijo que terminaría dentro de mí, fuck maldita maldición, y los condones???

    Creo ya era demasiado tarde así que asentí con la cabeza y seguí moviéndome sin detenerme y más rápido hasta sentir cómo se ponía como roca, aguanto lo más que pudo hasta que empezó a convulsionar su animal dentro de mí, sentí cada uno de los chorros de semen dentro de mí, ese líquido caliente y delicioso que se derramaba dentro de mí. Me quedé sentada sobre él un par de minutos mientras nuestra respiración se regulaba. Perdió su erección y escurrió toda su leche en él, mi panochita estaba hinchada pero saciada, me dio un tierno beso en la boca y apenas pudo pronunciar palabra, empezamos a reír.

    – Mi Ale, no tienes idea de las ganas que tenía de sentirte así. Todas las veces que me toqué pensando en ti, desde la prepa con los arrimones que te dejabas dar.

    Fue una rica y deliciosa sesión en el momento adecuado con alguien a quien había deseado por mucho y que quizás había dejado como fantasía, hubo dudas que comenzaron a inundar mi mente de nuevo. Me separé de Jorge dándole un beso de piquito en los labios. Nos metimos a su regadera donde me baño con delicadeza cada parte de mi cuerpo, le permití me vistiera, me llevo a su cocina y me fui con la misma imagen donde empezó, con él en la cocina tomando agua, me abrió su portón y me fui de su casa. Con una sonrisa que no se me quito en mucho tiempo y que si me acuerdo vuelvo a sonreír, me vuelvo a mojar, deseo me vuelva a satisfacer y si, nunca dejaremos de ser amiguitos.