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  • Con mi madrastra en su carro

    Con mi madrastra en su carro

    Les conté de cómo me cogí a Martha, mi madrastra, la esposa de mi padre, pues ahora les contaré como me la cogí en su carro después de unas cervezas.

    Una noche estábamos tomando en su local de impresión ya que ella tiene uno allá por viaducto ya teníamos unos tragos de más, estábamos con sus amigos y mi padre no estaba porque andaba con mi abuela, les dije que me retiraba ya que al día siguiente tenía una reunión del trabajo desde muy temprano.

    Gabriel se ofreció a llevarme, pero ella le dijo que me llevaría, así que nos fuimos, en el camino pasamos por más cervezas.

    Ella se estacionó una calle antes de la casa y nos pusimos a tomar, ese día ella llevaba un mayon gris que todo se le transparentaba, yo estaba cachondísimo observándola, entre platica y platica le comencé a acariciar sus piernitas, ella al principio no decía nada y seguía hable y hable hasta que…

    M: ¡Oye ya deja déjame las piernas!

    T: Perdón, ¡pero me encantan!

    M: Si ya lo sé, ¡pero soy la esposa de tu papa y estamos en su carro!

    T: ¡Pero ya hasta cogimos!

    M: Pues sí, ¡pero no quiero salirle con más tonterías y tu deberías hacer lo mismo!

    T: Ok vamos por otras cervezas…

    Fuimos por un six más y seguimos tomando, ella fue perdiendo poco a poco, mis manos no solo acariciaban sus piernas si no también subían hasta sus nalgas, me acerqué y la comencé a besar.

    Ella se resistió un poco pero después estábamos dándonos unos besos muy ricos, recliné el asiento de ella, le abrí su escote y comencé a besarle en medio de las tetas, mis manos acariciaban sus piernitas, estaba excitadísimo.

    M: ¡Uhm!! ¡Basta!

    T: ¡Adoro tus enromes tetas Martha!

    Me volvía loco así que le fui bajando la calza junto a la tanguita, mi lengua comenzó a recorrer sus muslos hasta llegar a su depilada vagina.

    Le lamia con desesperación, ella se convulsionaba muy rico, mis manos levantaron su blusa y desabroché su sostén, ¡mientras mi lengua entraba y salía de su ya húmeda vagina!

    M: Uhm, ¡para esto no es correcto!

    T: ¡Mi amor sabes que me encantas un montón!

    M: ¡Si!!! Esto está mal, pero no puedo detenerme, uhm!

    T: ¡Uhm!! ¡Mami que rico!

    Me bajé el pantalón y me subí encima de ella, Martha ya estaba excitadísima, entre el alcohol y la cachondeada estaba lista para mí.

    La comencé a penetrar lentamente, mientras mi lengua saboreaba sus ricas tetas, ¡ella mordía sus labios y me empujaba hacia ella!

    M: ¡Uhm, mi niño, cógeme, uhm!

    T: ¡Como aprietas!!

    Yo me apoyaba en el volante del carro y se la metía más duro, nos besábamos pasionalmente, recliné el asiento del copiloto me recosté y ella se fue directo a mamármela.

    Me daba ricas chupadas, ella es una experta mamando, la tomaba con sus dos manos y se devoraba mi cabeza, su lengua recorría toda mi zona, ¡sus uñas largas me excitaban aún más!

    Con sus tetas también me acariciaba la verga mientras con su lengua lamia mi cabecita, tragaba hasta que mi verga tocaba su garganta, yo la retenía unos 20 segundos ella solo tomaba aire y continuaba mamando mi carne…

    T: Así mami, sigue, que rico, ¡uhm!

    M: ¡Me encanta que me digas mami!

    T: ¡Uf, mami, que rico, ah!!

    Ella se quitó la calza totalmente, me dio la espalda y se subió en mí, ambos nos movíamos rápidamente mis manos apretaban sus tetas ella se apoyaba con la puerta y con el volante del carro para moverse más rápido…

    M: ¡Hijo!! Cógeme, uhm, cógeme!

    T: ¡Madre, uhm, como apruebas, uhm!

    M: Que verga ms gruesa, me encanta, ¡ah!!

    T: Muévete, uhm, ¡así que rico!

    En medio del éxtasis abrí la puerta del carro, me salí y ella se empinó en cuatro acomodándose entre los dos asientos.

    Yo la tomé de la cintura y comencé a dejársela ir rápidamente, le agarraba del cabello y con la otra le daba nalgadas.

    T: ¡Oh!! ¡Que rico, uhm, ah!

    M: ¡Nos van a descubrir!

    T: Me vale, uhm, ¡ah!!

    M: ¡Que rico!

    Martha jadeaba y gemía riquísimo, yo continuaba disfrutando acariciándole las nalgas, jamás pensé en hacerle eso a mí padre, pero ya era tarde, ahora su mujer era mi perra!

    El carro se movía, ambos estábamos extasiados, nos movíamos rico, sincronizada mente, así como dos personas que se entienden bien, finalmente no pudimos contenernos más y el éxtasis final llego.

    T: ¡Oh!!! Martha!!!

    M: ¡Uhm!!! Que rico, ¡ah!!!

    Ambos nos corrimos juntos, mis fluidos y los de ella llenaban el carro de nuestro sexo, la llené de leche y el orgasmo fue espectacular.

    Ella tuvo un gran orgasmo, terminamos y nos recostamos en los asientos a beber cerveza, ella recibió la llamada de mi padre, nos despedimos y quedamos en vernos nuevamente para coger.

    Lamentablemente unos meses después, de una discusión con mi padre, me aleje de la casa y de ella también, era una lástima, pudimos haber cogido más veces, pero las cosas son por algo, así que ahora solo recuerdo lo rico que cogía mi madre postiza.

    Tyson

  • Los 22 centímetros de la polla de mi tío (Final)

    Los 22 centímetros de la polla de mi tío (Final)

    Después de despedirnos, yo de mi novio Javier y mi tío de su novia Elena salimos del garito en dirección a mi coche, en mis manos las llaves del Audi y en mi bolso mi tanga, llegamos al coche y mi tío se iba a aprovechar de mí, ya que nunca le dejaba el coche a nadie, pero nos miraban desde la puerta del garito despidiéndose así que tuve que ceder y le pase las llaves con una mueca de burla a la vez que le decía que esta era la primera y la última vez.

    Me di cuenta de que esas fueron las primeras palabras que le dije desde que estuvimos bailando, cuando mi tío me follaba en el servicio de chicas ni él ni yo pronunciamos palabra alguna, solo besos y gemidos y ahora allí sentada junto a él tampoco se me ocurría nada que decir, bueno si, solo hablamos brevemente antes de que volviera a meter sus dedos nuevamente en mi coñito.

    -Rafa, sabes lo que hemos hecho verdad, ¿te das cuenta?

    -Si

    -¿Y?

    -Y nada, yo quería, tú querías y ya está sobrina, no le des más vueltas.

    -Si, pero… te das cuenta de que soy tu sobrina y además de que tenemos pareja los dos y…

    En ese momento me corto metiendo su mano debajo de mi vestido y con sus dedos apuntando a mi vagina, penetrando en ella, una forma muy sutil y rápida de hacerme callar.

    -Si lo sé Lara lo sé, pero desde hace tiempo solo veo como mujer y no como mi sobrina, además dime ahora que no querías o que no lo deseabas, dime que no deseas lo que te estoy haciendo y pararé, dime que no quieres que vayamos a tu casa para que sigamos follando toda la noche, dímelo y paro.

    -No, no pares, yo solo quería decir que…

    -No digas nada, disfrutemos el momento, tú quieres, yo quiero, quiero tener entre mis brazos Lara, a una mujer preciosa, simpática, alegre, dinámica y no quiero a cualquier mujer, te quiero a ti Lara.

    Esas palabras llenaron mis ojos de lágrimas, era un día extraño en el que había pasado por un montón de sentimientos, soledad, vergüenza, odio, excitación, perdón, pasión, arrepentimiento y ahora amor, acabábamos de salir y todavía faltaba bastante para llegar a mi casa, sus dedos seguían moviéndose entrando y saliendo de mi vagina, le desabroche el cinturón, le baje la bragueta para sacarle la polla y empezar a meneársela, seguíamos tan excitados que no podíamos esperar a llegar y me desabroche el cinturón del coche para empezar a meterme su enorme polla en mi polla, saboreándola, todavía sabia a su semen y a mis flujos y estaba dispuesta a limpiársela lamiéndosela de arriba abajo.

    Rafa puso las dos manos en el volante amarrándolo con fuerza, metiendo las marchas con dificultad al tener mi cabeza por medio, mi boca succionaba su glande como queriendo ordeñar y que descargara su leche en mi boca, mis besos y mordiscos por su tronco, lamiéndolo de arriba abajo, metiéndome la polla una y otra vez hasta oírle gemir, hasta oírle decir

    -Así, así, Lara sigue.

    -Joder como la chupas sobrinita, ufff joder así.

    Era tarde, muy tarde casi las tres de la mañana y no había nadie por la ciudad salvo algún que otro coche y el camión de la basura que veían como mi cabeza agachada bajaba y subía y una vez que nos perdían de vista nos pitaban escandalosamente dándonos las gracias por el espectáculo y así entre pitos y vítores salimos de la ciudad con dirección al pueblo-

    Mi tío se desvió y paro en el aparcamiento de un centro comercial, la oscuridad era absoluta, solo algunas luces al fondo que no llegaban a iluminarnos y nada más, me cogió mi cabellera enredando sus dedos en ella y me empujaba la cabeza hacia su polla.

    La sentía palpitar, sentía a mi tío demasiado excitado, tanto que enseguida se corrió dentro de mi boca cuando la tenía tan metida dentro de mí que casi me atraganto con los chorros que lanzo de su leche, descargo tal cantidad que tenía que tragar al momento su semen, Rafa seguía gimiendo de placer y yo seguía lamiendo su polla y limpiándola bien, me levante y nos empezamos a besar, sus manos acariciaban mi pelo enredándose con él, mirándome a los ojos y diciéndome lo guapa que era y lo bonita que estaba esa noche.

    Su polla no había bajado del todo y empezó a separar su asiento todo lo que pudo del volante, echo el respaldo hacia atrás y me hizo pasar a su sitio sentándome encima de él, cogiendo su polla y metiéndola en mi coño la sentía floja, sentía como se doblaba, tenía metido algo de su glande en mi vagina tremendamente mojada y como poco a poco la fui notando crecer dentro de mí, sin moverme solo besándonos su polla me iba llenando muy despacio.

    Me incorporé y empecé a subir y bajar mi cuerpo sobre su polla metiéndola bien dentro de mí, sus manos en mi cadera acompañando mi baile, mis manos en su pecho acariciándole desabrochando su camisa, me tumbé nuevamente para besarlo para que nuestras lenguas también jugaran, ahora mis movimientos de atrás hacia delante, mi tío subió su pelvis y empezó a empujar su polla contra mi vagina con mucha rapidez, el coche no paraba de moverse de un lado a otro, parecía que íbamos a romper la suspensión de un momento a otro, los cristales empañados no dejaban ver el exterior y los gemidos se intensificaron cuando me clavaba los 22 centímetros de la polla de mi tío tan dentro de mi coño que empezaba a volverme loca de placer una vez más.

    Me incorporé nuevamente sujetando el techo con mis manos como si este nos fuera aplastar, hacía que su polla me penetrase más al fondo tanto que empecé a gritar, a chillar como una loba cuando mi coño se inundó de mi flujo vaginal, me estaba corriendo otra vez, mis muslos empezaron a temblar y mi cuerpo se echó hacia atrás apoyándome sobre el volante pitando vez en cuando el coche, la polla de mi tío inmóvil esperando que mis pequeños temblores desaparecieran, entonces volvía a metérmela con fuerza y rapidez y volvía a gritar, a temblar nuevamente hasta que me desplome sudorosa sobre el cuerpo de mi tío Rafa para terminar de saborear mi orgasmo mientras que él seguía bombeando su polla dentro de mí.

    Estábamos muy sudorosos e incómodos en ese pequeño habitáculo, mi tío abrió la puerta del coche y me pidió que saliéramos fuera, se había quitado los pantalones y nos estábamos besando en la calle apoyados en un lateral del coche, rodamos hasta el capo y me sentó encima de él cayéndose una de mis manoletinas al suelo, se metió entre mis piernas abiertas que ya le estaban esperando, acerco la polla con su mano, colocándola en la entrada de mi vagina me empezó nuevamente a follar, besándome y bajándome el vestido a mi cintura, absorbiendo mis areolas y mis pezones tremendamente duros y grandes, pasando su lengua por ellos mientras que me los succionaba, luego los mordía suavemente con sus labios a la vez que mi cuerpo una vez más experimentaba sus embestidas.

    Saco su polla de mi interior y me giro tumbando mi cuerpo sobre el capo, mis pechos aplastados sobre la chapa caliente del Audi, mi cabeza girada de perfil mirando el infinito, una muñeca, parecía una muñeca en sus hábiles y fuertes manos y Rafa levantado una de mis piernas volvió a meterme su enorme polla de un empujón tan profundo que me hizo gritar de placer, los gritos los gemidos se oían por todo el aparcamiento, la sacaba y cogiendo su polla con su mano recorría mis labios vaginales de arriba abajo volviéndomela a meter con fuerza, así varias veces volviéndome loca en cada penetración hasta que dirigió su glande a mi culo y empezó a presionarlo, metiéndose un poquito en mi ano, mojándolo con mi flujo y con su saliva hasta que poco a poco iba sodomizando.

    Mi culo iba cediendo a la enorme polla de mi tío, una vez dentro soltó mi pierna y me cogió por las carenas bombeando su polla en mis entrañas, penetrándome analmente a la vez que me rozaba el clítoris con sus dedos, cada vez más grande se hacía el agujero de mi ano, cada vez más gemidos, cada vez más gritos en la oscura noche despertando a los perros que empezaban a ladrar, Rafa metía y sacaba su polla cada vez más rápido hasta que empezó a correrse dentro de mi ano desplomando su cuerpo sudoroso sobre mi espalda y su semen salía por mi culo resbalando por mi vulva y por interior de mis muslos.

    Estuvimos un rato besándonos apoyados en el coche, riéndonos de la situación en la que nos encontrábamos, pensando en voz alta sobre nosotros, me subí el vestido y me puse la manoletina en el pie, él se subio los pantalones y llegamos por fin a casa dos horas más tarde de lo previsto, serian casi las cinco y media de la mañana cuando aparcaba el coche y mi tío abría la puerta del jardín.

    Cuando quise pasar él ya no estaba, supuse que se había metido ya en casa y me dirigí al interior sin hacer ruido para no despertar a mis padres y hermanos cuando las luces del interior de la piscina se encendieron, me acerque a mirar y vi como mi tío desnudo se metía en el agua a la vez que me llamaba.

    -Lara ven, te estoy esperando, el agua está muy buena, venga ven.

    En un principio me pareció muy mala idea, pero algo tiraba de mí, había algo que no iba a permitir que me fuera a casa dejándolo allí, ese algo era yo misma que deseaba con todas mis fuerzas sus caricias y sus besos, deseaba que aquella noche no se acabase y entre tanto pensamiento mi tío Rafa me esperaba en el centro de la piscina, mirándome, viendo como muy despacio me iba acercando al borde de la piscina, como había dejado mi bolso en una hamaca, como me descalzaba y mis manoletinas se quedaban a medio camino tiradas en el césped, como mi vestido que caía al suelo justo antes de llegar al borde.

    Me gustaba como me miraba, estaba andando hacia él, desnuda y a cada paso que me acercaba me sentía más y más excitada, notaba como una vez más mi vulva se mojaba, nunca me había pasado, nunca me había excitado tanto con un hombre, en ocasiones había necesitado de una estimulación manual para estar preparada, pero con él no era necesario porque era mirarle y sentía sus caricias y sus besos a pesar de la distancia.

    Despacio fui bajando las escaleras de la piscina y según avanzaba hacia él, el agua me iba cubriendo hasta llegar a mi cintura, mi tío me seguía mirando fijamente, los dos a pocos metros avanzábamos el uno hacia el otro para al final encontrarnos en medio, el agua cubría mis pechos y mi tío me los acariciaba por debajo del agua, parecía como si la noche empezara en ese instante, como si no hubiéramos pasado el resto de la noche acariciándonos y besándonos, miradas de nerviosismos esperando quien daría el primer paso para empezar a besarnos, algo había cambiado, la noche fue apasionadamente sexual y ahora era ternura y amor.

    Nuestros cuerpos cada vez más cerca a escasos centímetros, mis pezones empezaban a rozar sus pectorales, sus brazos empezaban a rodear mi cintura con suavidad acercándome más a él, mis pechos ya eran uno con su cuerpo, rodeé con mis brazos su cuello acercando mis labios a los suyos y empecé a morder su labio inferior, pasando mi lengua por sus labios de un lado a otro hasta encontrarme con su lengua, permitiendo que entrara en mi boca y que empezara a bailar con la mía al igual que nuestros cuerpos que empezaban a moverse por la piscina.

    Con los ojos cerrados íbamos besándonos de un lado a otro, chocando y tropezando con las paredes como si fuéramos unas bolas de billar y salíamos despedidos hacia otro lado, llevándome a la zona de la piscina donde yo no hacia pie y me tenía que colgar de él, nos reíamos nerviosamente, nos besábamos apasionadamente, Rafa bajo sus manos a mi culo poniendo una mano en cada nalga y subiéndome hasta su cintura, mis piernas le rodeaban el cuerpo y notaba su pene rozando mi vulva por debajo, al ir andando me golpeaba una y otra vez, estaba sacándome de la zona profunda cuando paro y me empezó a morder y besar el cuello.

    Con una mano empezó a guiar su polla hacia mi vagina y empezó a meterla suavemente en mi interior, llenándome una vez más con sus 22 centímetros, haciendo que mi vagina se fuera expandiendo a su paso para hacerla hueco, haciendo que le abrazara más fuerte, que mis manos tirasen de su pelo, acariciando su nuca, que mi cabeza se echara hacia tras con la boca llenando mis pulmones de aire, mirando al cielo oscuro, empezando una vez más a gemir en esa noche tan deliciosa.

    No podíamos hacer ruido, era tarde o temprano según se mire, dentro de nada empezaría a ver vida a nuestro alrededor, no más de una hora para ver amanecer y que los aspersores del jardín empezaran a vomitar el agua del riego, esa era la hora tope, esa era la hora en que desgraciadamente acabaría aquella noche mágica.

    Mi tío conmigo a cuestas y con su polla metida en mi vagina seguía andando por la piscina, nuestras lenguas no paraban de bailar impulsados por la música de nuestros jadeos y gemidos, llegamos a una de las paredes de la piscina el agua le llegaba a mi tío por debajo de su pelvis, me levanto una pierna por el muslo y empezó a empujar más fuerte su miembro dentro de mí, me separe de él y me agarre por detrás al suelo de la piscina cogiendo mi vestido y apretándolo con mis dedos, cada vez que mi tío la metía con fuerza tenía que taparme la boca para no gritar, me la metía tan dentro que llegaba a tocar mi cuello uterino.

    Ahora sus manos en mis caderas y nuestros cuerpos se alejaban salvo por nuestros sexos unidos, metido el suyo en el mío, yo casi tumbada sobre el agua y mi tío como una lancha motora metía y sacaba su polla de mi vagina a gran velocidad, mis manos estiradas en la pared y mi cabeza medio sumergida en el agua, mis oídos cada vez que se retiraba subían a la superficie y cuando me penetraba metía casi mi cabeza en el agua haciendo que no oyera los pequeños gritos que emitía.

    Ya sin importarme, en un éxtasis total mi tío esta vez se estaba superando, no solo por el tiempo, sino por sus penetraciones tan certeras en mi vagina, dando continuamente en una diana de placer que hizo que explotara en un orgasmo intenso llenando el cielo con mis gritos ahogados bajo el agua y con una de mis manos tapándome la boca.

    Su polla envuelta en mis flujos que la ayudaban a que me la metiera con suavidad, llenándome entera empezó a explotar en mi interior una vez más llenándome con su semen, me acerque a él y le bese apasionadamente, era hora de partir, el cielo empezaba a dar señales de que la noche se retiraba y mi tío aun sin sacar su pene me acerco a las escaleras, era impresionante sus 22 centímetros no se habían bajado ni un milímetro, llegamos a las escaleras y me la saco.

    Me beso y me dio la vuelta poniéndome de rodillas sobre el último escalón de la piscina ya fuera del agua, apunto nuevamente a mi vagina y entro sin que nada le hiciera oposición, penetrándome una vez más y una vez más tuve que taparme la boca con una de las manos porque los gritos eran evidentemente altos, su polla se deslizaba por mi vagina completamente encharcada de mis flujos y su semen, metiéndola y sacándola a la vez que me hacía salir de la piscina con sus empujones terminándome de follar tumbada boca abajo sobre la hierba del jardín.

    Era incansable, su polla seguía penetrando mi vagina hasta hacerme estallar en un nuevo orgasmo, uno más aquella noche, recibiendo nuevamente su semen, una vez más le oía gemir y soltar una especie de grito al correrse dentro de mi coño mientras que mis dos manos intentaban acallar también mis gritos cuando nuestros cuerpos recibían las primeras gotas agua de los aspersores.

    Que noche… me decía mientras me duchaba, recordando segundo a segundo, centímetro a centímetro del impresionante pene de mi tío Rafa, lo que me había hecho disfrutar y lo que había despertado en mí.

    Las dos de la tarde y mi madre nos despertaba para comer, en la comida una sola conversación, los depravados que estaban en todas las televisiones al hacerse viral unas imágenes en el aparcamiento de un centro comercial, imágenes lejanas que mostraban a una pareja follando encima del capo de un coche, imágenes en blanco y negro de poca resolución, pero que no ocultaban lo evidente, mi padre los llamaba depravados y sinvergüenzas, mi madre cochinos, mis hermanos se reían y mi tío y yo nos mirábamos y reíamos, recordando y disfrutando una vez más cada segundo, yo sabía que esa noche le volvería a sentir dentro de mí, era algo también evidente porque mis bragas ya me estaban avisando.

    El verano pasó, al final dejé a Javier y mi tío a Elena, un año después de aquello comencé una nueva aventura amorosa, alejada en otro país junto a él.

    Fue una decisión difícil, pero lo que tenía claro es que no quería renunciar a su amor y a los 22 centímetros de la polla de mi tío.

  • La chica de Kiev

    La chica de Kiev

    Cuando cumplí 22 años, recibí como regalo una noticia que al comienzo no me agradó demasiado.  Mi padre y yo tendríamos que mudarnos a Kiev por su trabajo. Yo ni siquiera sabía bien donde quedaba esa ciudad en el mapa por lo que tuve que buscar en internet imágenes e información de la ciudad.

    A partir de nuestra llegada la ciudad es donde comienza la historia que voy a contarles.

    No estaba muy feliz por el lugar donde tendríamos que vivir. Era en los suburbios a 20 minutos del centro. El barrio parecía algo peligroso de apartamentos de la época soviética frente a un parque que tenía algunos juegos para niños. Barrios así son muy típicos en Rusia, Ucrania y Bielorrusia.

    La gente del lugar se aburre fácilmente y se dedica a pasar el rato en bares. Lo peor de todo era el frio, aunque en la zona en que yo vivía no caía nieve, pero igualmente el invierno era incómodo. Había pasado una semana desde que nos habíamos instalado en nuestro apartamento, y mientras sacaba la bolsa de basura fue cuando vi por primera vez a Snejana, mi vecina de al lado. Estaba fumando sentada en las escaleras, su rostro delicado y piel de nena, casi transparente me atrajeron desde el primer momento. Era hermosa. Nadia tenía 23 años de edad y me enteré con el paso del tiempo que era modelo.

    También me di cuenta que en Ucrania hay muchas ciudades donde hay modelos jóvenes que buscan salir de su ciudad usando el modelaje como escape de la pobreza. Nadia era una de ellas.

    Al dejar la basura y volver a subir a mi apartamento, no pude evitar preguntarle un poco en broma y otro poco en serio para romper el hielo:

    —¿Porque arruinas tu belleza fumando? —.Ella me miro con la vista cansada, tenía cara de sueño en ese momento, pero aun así era un ángel.

    —De algo hay que morir —.Respondió y luego sonrió para agregar:— Vives al lado de mi apartamento no?

    —Así es. —Respondí, sentándome a su lado. Me convido un cigarrillo que acepte, ni siquiera soy fumadora pero me encanto que me lo ofreciera y lo fume completo. Así fue como conocí a Snejana.

    Me enteré que su padre era alguien que había estado casi ausente en su vida, pero todavía vivía con ella. A medida que el tiempo pasó nos hicimos amigas y comencé a sentirme cada vez atraída a ella, a pesar de que también me gustaban los hombres.

    Una noche me había quedado en su casa y estábamos mirando una película en su habitación, ella decidió tomar un baño antes de acostarse, y me quede sola un momento mientras ella estaba en el baño. Después de 15 minutos salió totalmente desnuda como si yo no estuviera ahí. Comenzó a ponerse su crema humectante por todo el cuerpo. Por un momento me quede mirando su pubis cubierto de vello rubio oscuro. Abrió un cajón y me pregunto con una sonrisa:

    —Sabes qué es esto? —.En sus manos tenía unas pequeñas pinzas.— Son para los pezones —.Me dijo. Acto seguido se colocó las pincitas en sus tetas y las apretó fuerte.— Es muy excitante, deberías probarlo, tengo algunos juguetes más en el cajón.

    —Eres salvaje, no lo esperaba —.Dije riendo y decidí seguirle el juego.

    Entonces se quitó las pinzas de las tetas y me las coloco en los pezones, en ese momento sentí una corriente eléctrica recorriendo mi cuerpo, una mezcla de placer y dolor muy adictiva. Snejana se colocó junto a mí, en la cama, me beso en la boca a modo de juego pero ese juego se transformó en algo más caliente aquella noche y fue ese el momento en que nos volvimos amantes.

    Sus dedos recorrieron mi entrepierna, hicieron a un lado mi ropa interior y lentamente comenzó a acariciar mi clítoris arrancándome un suspiro. Sus labios húmedos entretenían los míos dulcemente. Su hermoso y delicado rostro era una invitación constante a la tentación. Esa noche me hizo tener dos orgasmos utilizando sus dedos y dormimos hasta tarde. Todo había ocurrido muy rápido con mi nueva amiga y en ese momento no podía parar. Mi nueva vida al otro lado del mundo se había vuelto más que interesante para mí.

  • No fue un encuentro normal

    No fue un encuentro normal

    Mi esposa tiende a ser muy entregada en una relación, me acepta tal como soy, pero en el fondo siempre fue evidente que había un algo que deseaba de mí y que no se lo estaba proporcionando. No se trataba de más amor, más afecto, más romanticismo o más responsabilidad, pero sí, tal vez, más sexo. Y, en nuestro caso, con el paso del tiempo y viendo que sus deseos no eran satisfechos, la situación se prestó para que apareciera una tercera persona en nuestra relación, que, más para bien que para mal, vino a llenar el vacío que ella experimentaba.

    El proceso, sin embargo, no es del todo fácil ni placentero, porque si no hay una buena comunicación, esos vacíos en la relación pueden eventualmente conducir a la pareja, hombre y mujer, a la insatisfacción, a las mentiras y al engaño. Ante esas circunstancias mi esposa buscó, incluso sin intención, otra persona que le ofreciera lo que yo no le estaba brindando y que ella, desesperadamente y en silencio, quería experimentar. Seguramente hubo muchos pretendientes que, la percibieron vulnerable y ansiosa, y le dieron a entender que podían proporcionarle aquello que deseaba y quería, y estuvo a punto de caer en la tentación de engañar.

    Afortunadamente no fue así y, por circunstancias de la vida, yo resulté siendo su cómplice para satisfacer sus necesidades. Sin embargo, no ha resultado fácil para ella, y creo que, para ninguna otra mujer, lidiar con su amante. Su corneador, ciertamente, es más desinteresado y solo se acerca por contacto físico y fascinado por la atracción y la aventura. Ella, por el contrario, pareciera ir más allá de eso. Y puedo pensar que, dado el caso, mi esposa pudiera enamorarse de su amante negro porque, en la mayor parte de los casos, un acercamiento íntimo significa un gran avance en una relación, cualquiera que sea y tiende a desarrollar sentimientos de consideración por esa persona. Pero no sé si ella percibe que él, emocionalmente, le proporcione algo que yo no le pueda dar.

    Hace un tiempo me surgió la duda porque, después de haber discutido por temas vitales del hogar, nos distanciarnos un poco y fuimos un tanto reacios a comunicar nuestras expectativas y conciliar como debiera nuestras diferencias. En lugar de eso, cada cual consideró que la mejor manera de resolver aquello era no volviendo a tocar el tema, y las cosas quedaron así. No obstante, pareciera que la satisfacción de necesidades físicas por parte de uno y otro se daba por sentadas, de modo que hablar de ello no era problema.

    Había pasado casi dos meses desde aquella discusión y las cosas no parecían mejorar. De modo que, en ese ambiente, yo no era partidario de hacer referencia a la posibilidad de salir a divertirnos, intentar alguna aventura nueva o algo por el estilo, porque consideraba que podríamos resultar discutiendo de nuevo. Y creo que el pensamiento era recíproco, porque ella tampoco hacía referencia al tema. Sin embargo, la notaba un tanto extraña en su comportamiento, pero dado que estábamos distanciados, no me atrevía a preguntar.

    Esa última semana, casi todas las tardes, había salido y se había demorado en llegar. Imaginé que, con el pretexto de visitar a sus amigas o a familiares, procuraba que no nos encontráramos muy seguido. No obstante, aquel sábado, me llamó a últimas horas de la tarde para decirme que estaba en el centro de la ciudad y que si nos podíamos encontrar. Dados los antecedentes, no puse reparos, anoté la dirección y dije que me tardaría un rato en llegar debido a la congestión de tráfico, la búsqueda de parqueadero par el vehículo y los inconvenientes que no dejan de faltar. Ella me dijo que no había problema, que me esperaba.

    Conduje hasta el lugar, identifiqué el sitio, pues se trataba de un bar, y me dirigí a parquear el vehículo. Cuando entre al sitio, “Candilejas”, me encontré con una escalera que conducía a un segundo piso y supuse que ella estaría allá, pero, en el trayecto, pude ver que también había acomodación en el primer piso, al fondo, y pude distinguirla, sentada de espaldas a mí. De primera mano no pude ver con quien estaba, porque la visual no me lo permitía, así que seguí hacia el segundo piso para ver si había una mejor vista desde arriba.

    En efecto, en el segundo piso se había adaptado un “mezzanine”, de manera que, estando arriba, se podía ver las mesas ubicadas en la planta baja. Subí hasta allí, entonces, sólo por la curiosidad de ver con quién estaba reunida mi mujer. Cuando tuve visual de su mesa, no me pareció raro ver que su compañía era su amante negro, Wilson, y supuse, de inmediato, que de nuevo le había dado la calentura y que, sin importar que estuviéramos enfadados, la situación ameritaba una tregua.

    No obstante, me quedé un rato observándoles, y, lo que sí me pareció un tanto inusual, fue ver que estaban sentados lado a lado y no, como en otras ocasiones, frente a frente en un lugar como ese. ¡Claro! En las otras ocasiones yo hago parte de la reunión y ocupo el lugar que ahora estaba usufructuando nuestro común amigo. Pero, lo extraño, es que el hombre se comportaba muy especial con ella, le servía la bebida, le hacía gestos con su cara, le pasaba el brazo por detrás de la espalda y, a todas luces, se comportaban como una pareja de enamorados. Llegué a pensar que ella quería sacarse su rabia de algún modo y mostrarme que, sin importar lo que sucediera entre nosotros, ella seguía teniendo el control de la situación. ¡En fin!

    Me acerqué a su mesa sigilosamente, sin que me notaran y me les presenté. Contrario a la reacción que esperaba, no pasó nada. Aquel siguió como si nada y ella, sin vergüenza alguna, pensé, permitía que él la mantuviera abrazada. Me saludó con un… ¡Hola! ¿Cómo te fue? ¿Había mucho tráfico? Si, contesté. Estaba un tanto complicado moverse, pero, bueno, ya estoy aquí. Y ¿a qué se debe la reunión? ¿Puede saberse? Pues que Wilson está de cumpleaños y quiso que lo acompañáramos un rato. Y ¿dónde está la torta para cantarle el feliz cumpleaños, entonces? La Torta es ella, dijo él riéndose. Y ella, le celebró el apunte.

    Bueno, pensé yo, había un motivo válido para justificar la reunión, pero todavía no me cuadraba la confabulación entre ambos. De modo que, un tanto libre de pensamientos torcidos en mi cabeza, me dediqué a promover la celebración; nos consiguieron una torta, hicimos un brindis, cantamos el ”happy birthday” y, como se dice, todo bien. Más tarde, después de unos tragos, y de conversar de esto y de lo otro, sin dejar aquellos de mantenerse muy próximos, sin reparar en mi presencia, y, discretamente, abrazarse de cuando en vez, todo como atención al cumplimentado, quizá, mi esposa decidió ir al baño.

    Al quedar solos, no me quedó otra alternativa que preguntarle al joven, cómo se habían coordinado para encontrarse en ese lugar. Es que nos hemos visto toda la semana. ¿Y eso?, pregunté sorprendido. Pues, ella ha estado con ganas de hablar estos días. Me contó el disgusto que han tenido, la escuché con atención y creo que, al final, me hizo caso y por eso lo llamó. ¡Ya! ¿Y qué le dijo usted para convencerla? Que no valía la pena armar lío por esas cosas, porque al final usted la había respaldado en todo lo que ella había querido y que de pronto usted sentía que ella no valoraba ese apoyo. Entiendo. ¿Y qué dijo? Que pudiera ser verdad, pero no comentó nada más.

    Bueno, y si no le hubiera hecho caso, ¿qué hubiera pasado? Pues, no sé, hubiéramos estado un rato más por acá y se hubiera ido para la casa, como los otros días. Y es que, pregunté, ¿los otros días no ha habido nada de nada? No, dijo, usted sabe que ella no hace nada si usted no la acompaña. Hoy, de todos modos, habíamos quedado de vernos. Y, cuando conversamos, le dije, bueno, y si no se arregla con su marido, ¿cómo es que me va dar mi regalo de cumpleaños?

    Al principio no me dijo nada, pero al rato me contó que ya lo había llamado y que usted ya estaba en camino. Y eso, ¿Qué significa, entonces? Pues que, si usted está de acuerdo, ella me va dar el regalo de cumpleaños. ¿Y cuál es el regalo, acaso?, pregunté. Ella, dijo. ¿Y es que acaso ya lo habían hablado? Yo lo sugerí ayer y ella no dijo que si ni no. Solo hasta ahora, con lo que está sucediendo, se podría pensar que va a pasar. No le importa, ¿verdad? Pues, si ella ya lo decidió, comenté, ¿tendría peso mi opinión? Usted es el que sabe, me contestó.

    Cuando ella volvió a la mesa, igual se acomodó al lado de él y la conversación siguió como antes. Yo me mantuve a la escucha y no me atreví a sugerir nada. El tiempo iba pasando y, con unos tragos de más en la cabeza, nuestro amigo estaba un tanto más desinhibido. De repente, besaba a mi mujer fugazmente en la boca y, me imagino, que sus manos estaban trabajando por debajo de la mesa, pero ahí si no podía ver lo que pasaba. Y ella, tratando de mantener la compostura, seguía hablando, como si nada, concentrada en relatar las experiencias que había tenido en la universidad, porque había estudiado con muchachos de color. Contaba que desde esa época le llamaban la atención, las fiestas que hacían, los paseos, las reuniones de estudio, las invitaciones a cine y demás, pero nada referente a encuentros sexuales.

    La situación seguía sin cambios así que, pretendiendo que hubiera alguna definición, opté por dejarlos solos, y les dije que ahora el turno de ir al baño me correspondía a mí. Me retiré, pero me quedé observándoles desde lejos. Él le hablaba mientras la abrazaba y ella, al parecer, no le satisfacía en sus respuestas, pues notaba que él agachaba su cabeza, como decepcionado de la situación, que tal vez no se estaba ajustando a sus expectativas.

    Cuando volví, ambos estaban en silencio, así que pregunté. Bueno ¿se acabó la celebración? Bueno, patrón, yo quiero estar con ella un rato como regalo de cumpleaños, si usted está de acuerdo. Y tú, pregunté mirándola a ella, ¿estás de acuerdo? Pues, si no es para problemas, sí, dijo. Y ¿de qué problemas me hablas?, pregunte. No sé, dijo. Bueno, si eso ya estaba decidido, no sé para qué me preguntan. Es más, no sé para qué me convidaron a venir. Hubiera sido todo más fácil si yo no estuviera. No, patrón, al revés, no hubiera habido nada, dijo él, porque ella lo hace siempre y cuando usted esté de acuerdo. Pero, como está que no me habla hace días, yo que diablos iba a saber de sus oscuras intenciones. Entonces, decídanse, pues…

    Bueno, ¿quieres o no?, le preguntó él. Si, dijo ella. Vamos, entonces. Y, diciendo y haciendo, él se fue levantando, ofreciéndole la mano a mi mujer para levantarse y, sin soltarla, empezaron a caminar delante de mí, fuera del lugar. Yo, simplemente, les seguía. Aquello ya estaba previamente coordinado, porque el sitio de encuentro estaba convenientemente ubicado cerca de una zona de moteles. Caminamos unas dos cuadras, recorrido durante el cual él no la soltó un instante y, quien sabe qué irían conversando, pues de cuando en vez se besaban por un instante y continuaban.

    Al llegar al lugar, aquel se dirigió a la ventanilla de atención, y, después de unos instantes en que ella y yo quedamos a la espera en la sala de la recepción, volvió, la tomó de la mano y se dirigió a la habitación que nos habían asignado. Una vez allí, él dijo que quería calentar la habitación un poco y que, esperáramos un rato mientras trabajaba la calefacción. Me dijo que había pedido unas bebidas y que, si estaban entretenidos, por favor, las recibiera.

    Lo que vino después no lo había visto en los encuentros anteriores, pues él se paró frente a ella y, acariciándola suavemente, por todo su cuerpo, empezó a hablarle, a halagarle, a decirle que estaba muy bonita, que su aroma le tenía embelesado y que, cada vez que ella hablaba, el tono de su voz lo ponía a mil revoluciones por minuto. Y, en ese galanteo, frente a frente, él, delicadamente, empezó a quitarle la ropa. Primero fue su chaqueta, luego su blusa y por último su brasier, dejando expuestos sus pechos desnudos, que no dejó de acariciar, adular y lamer con delicadeza, chupando sus pezones que ya para ese momento estaban duros y erectos.

    El, a su vez, se despojó de su chaqueta, su camisa y camiseta interior, dejando su torso desnudo. Y así, favoreciendo el contacto mutuo de sus pieles, se besaron y acariciaron. El atendía son pasión los pechos de ella, y ella, a su vez, se colgaba del cuello de aquel mientras lo besaba y acariciaba su pecho y sus hombros. Esos besos, sin embargo, no eran como otras veces. Aquí había algo más de entrega al momento por parte de mi esposa y él, con paciencia, no apresuraba las acciones. Esos besos, más que de pasión, eran de agradecimiento, de consideración, de total sumisión al momento.

    Después él, ya sintiendo sus respiraciones agitadas, le quitó la falda y la despojó de sus bragas y sus medias, permitiéndole que se calzara nuevamente sus zapatos para quedar, estando de pie, casi a la misma altura que él. Y él, iba alternando el retiro de sus ropas. Una prenda de ella por una de él, de modo que al quedar ella desnuda, él también lo estaba. La diferencia era que la excitación de ella se percibía por el movimiento insinuante de su cuerpo, ofreciéndosele a aquel, mientras que en él era evidente porque su pene estaba duro, erecto y curvado hacia arriba, palpitando a la espera de penetrar a la dama.

    En esos preliminares, ambos de pie, desnudos uno frente al otro, besándose y acariciándose, mi esposa tomó en sus manos el pene de aquel para acariciarlo, de arriba abajo, con delicadeza. Al hombre, aquella caricia parecía gustarle y excitarle, porque, cuando ella le soltaba, él volvía a ubicarle las manos sobre su pene. Mientras tanto, la inquieta lengua de aquel jugueteaba en la boca de mi mujer, quien para nada le rechazaba.

    De un momento a otro, y quizá ya cansados en esa posición, aunque muy conveniente para mí, que, en silencio, les observaba, él la empuja para que ella caiga de espaldas sobre la gran cama y se acomodé. Ella así lo hace y, abriendo sus piernas, lo invita con una seña para que se aproxime. El así lo hace, sube a la cama, se acomoda en medio de sus piernas y se acuesta sobre su cuerpo para besarla nuevamente. Se acarician, una vez más, por todas partes, pero este no la penetra aún.

    Poco a poco, el hombre deja de atender la boca de mi mujer y, poco a poco, se va deslizando hacia abajo, besando primero sus pechos, y más tarde su vientre para llegar, por último, a su sexo. Ella levanta sus caderas, apoyándose en sus piernas, para qué él pueda tener más fácil acceso a su vagina y allí, con mucha devoción, empieza a lamer su clítoris. La ansiedad por ese momento debió ser mucha porque, cuando este hombre puso su lengua allí, ella exclamó un suave pero audible, ayyy, ¡qué rico! De modo que su hombre, estimulado por esa expresión de placer, se dedicó a recorrer con su lengua todos los rincones de la vagina de mi mujer, quien, cada vez gemía más y más.

    Y, lengua y caricias de las manos de aquel en sus pechos y muslos, pronto la excitaron al punto de gemir y gemir, presa de placer, como si con cada movimiento de la lengua de este hombre ella alcanzara el cielo. Y así, después de varios minutos de trabajo continuado, el hombre fue moviéndose a la inversa, ahora de abajo hacia a arriba, buscando volver a besar la boca de mi excitada y ansiosa esposa, pero ahora con la intención de llegar a lo que se quería.

    Muy delicadamente lo hizo; la penetró lentamente mientras la estaba besando. Sus gemidos eran ahogados por la boca de aquel, que ahora cubría la suya. Su pene ya estaba dentro de su vagina, pero él movía sus caderas muy lenta y pausadamente, tal vez queriendo demorar la finalización lo más que se pudiera. Ella estaba encantada. Movía sus caderas en contraposición al movimiento de las caderas de él, de modo que pareciera que se movieran acompasadamente sobre la cama. El empujaba y, cuando se retiraba, ella empujaba hacia él. Sus sexos, sin duda, permanecían unidos. El miembro de este, además, por su gran tamaño, difícilmente se saldría de su receptáculo.

    Él estuvo así, penetrándola en esa posición, y sin forzar la carrera, hasta que ella, en la máxima cota de placer, experimentó su orgasmo y lo anunció con un severo… ahhh… ayyy… ayy… ay… ¡cómo se siente de rico! Ahora si él, satisfecha la dama, decidió ir por lo suyo. Le pidió que se colocara de costado sobre la cama y él, acomodándose detrás de ella, la penetró y empezó a empujar, ahora sí, con mucha fuerza y vigor, manteniendo levantada la pierna derecha de mi esposa con una de sus manos. Y así, dándole y dándole duro, empujó y empujó, hasta que, sacando el pene de su vagina eyaculó en medio de sus piernas. Ella pudo ver cómo el chorro salió disparado y cayó sobre las sábanas.

    Después de esto él, nuevamente, cubrió con su cuerpo el de ella y, sin dejar de hablar y besarla, siguió adulándola, diciéndole que había estado fabulosa, que ella lograba sacar lo mejor de él y que se sentía un verdadero macho cuando estaba dentro de ella. ¡En fin! Tanto halago sirvió para que, pasados los minutos y, sintiendo ella en sus manos que aquel pene crecía de nuevo, se acomodara para recibirle nuevamente. Esta vez ella se levantó de la cama, se dirigió hacia un espejo, se apoyó en él con sus brazos, inclinando un poco su tronco hacia adelante, de manera que sus nalgas quedaran a merced de su corneador.

    Este no perdió tiempo, se colocó un condón esta vez, a pedido de ella y, aprisionándola por sus caderas, la penetró desde atrás y empezó a empujar de nuevo. Dale y dale otra vez. Mi esposa miraba su rostro en el espejo y veía como gesticulaba con cada embestida de aquel que, sin duda, estaba disfrutando de su regalo de cumpleaños, tal como se le había prometido. El siguió y siguió hasta que, finalmente, volvió a eyacular, pero dejó su miembro dentro de su vagina y su cuerpo presionando el de ella hasta que, por fin, se retiró. El hombre se despojó del condón, entró al baño un instante y volvió a su lado, recostándose ambos en la cama, abrazados.

    Y allí se quedaron, abrazados, recuperándose del esfuerzo al punto de que dormitaron casi por cerca de cuarenta minutos. Mi esposa es la primera que se espabila, estando todavía abrazada por aquel. Me mira y yo señalo mi reloj, sugiriéndole que ya es tiempo. Sin embargo, me atrevo a preguntarle. ¿Acaso quieres más? No, dice, ya se hizo tarde. Es hora de irnos.

    Al parecer, si no es por el cumpleaños de este joven, quién sabe cuánto tiempo más hubiesen durado las hostilidades. Su presencia y el que le hiciera el amor a mi mujer en ese estado de sensibilidad y vulnerabilidad, propicio que, por fin, se hubiese dignado a dirigirme la palabra de nuevo. No hay mal que por bien no venga, reza el refrán.

    Al final nos despedimos, todo muy rico, todo muy bien. Aquel siguió halagando lo bien que folla mi esposa y la razón por la cual la prefiere por sobre toda la humanidad, de modo que ella muy satisfecha, complacida y halagada con tanta adulación. No sé si en los días previos, al haber encontrado apoyo en su amante ante los momentos de perturbación que sentía, llegó a surgir entre ella y él algo que iba más allá de lo puramente sexual. Me dio la impresión que sí, que ella encontró en él no solo el sexo que tanto demanda sino también la comprensión emocional que aquel pareció prodigarle escuchándola en esos momentos. Y eso hizo, sin lugar a dudas, que esta follada fuera diferente de las otras.

    ¿Cómo estuvo?, pregunté. Fue raro, me contestó. ¿Por qué?, dije. Se sintió diferente, como más cálido. No sé, como más involucrados. No entiendo, ¡explícate! Bueno, tal vez, por primera vez, no me sentí en una aventura, sino que sentí algo más… como si fuéramos pareja. Okey, entiendo. Eso quiere decir que ya es tiempo de cambiar el pasatiempo, comenté. ¿Por qué?, preguntó. Porque, si ya lo sientes como una pareja, común y corriente, pronto va a perder el encanto de la aventura. Tal vez, dijo ella, tal vez. Y así, hablándonos nuevamente, terminó esta velada.

  • Reflexiones de una ninfómana

    Reflexiones de una ninfómana

    ¿Cómo explicar quién soy y cómo me siento? No lo sé, procuraré hacerlo desde mi posicionamiento inconformista desde el que parezco no encajar en la sociedad, aunque intentaré hacerlo de la forma más optimista posible.

    Mi nombre no importa, pero, por si a alguien le aporta algo el saberlo, me llamo Aurora. Creo que puede interesar más mi inusual filosofía de vida.

    Desde que tengo uso de razón he creído que estoy nadando contra corriente porque absolutamente nadie de mi entorno más cercano comparte mi doctrina. Por analizarlo cronológicamente, iniciaré el relato por mi infancia, aunque luego vaya desplazándome en el tiempo y no siga ese orden. Primeramente decir que nunca me ha gustado jugar con muñecas, ni a juegos de niñas, todo lo contrario, prefería más los juegos de niños. Siempre me han parecido más divertidos.

    Ahora todos diréis que, blanco y en botella. Pues no, no soy lesbiana, aunque haya estado con otras chicas. Tampoco soy hombruna, ni marimacho, ni nada que se le parezca. Soy bastante femenina, pese a que suela usar poco la falda. Se me podría calificar de bisexual, no obstante yo afirmo ser heterosexual porque son los hombres los que están en mis preferencias, a pesar de no haber tenido novio nunca, y no ha sido por falta de pretendientes, sino porque jamás he estado por la labor de comprometerme con nadie. Siempre he pensado que mi vida es mía y de nadie más. Es por eso que soy muy celosa de mi intimidad. También es cierto que no se puede decir nunca “de esta agua no beberé”. Me gusta sentirme libre emocional y físicamente.

    Vivo en una casa de campo —que es de mis abuelos— en plena sierra a veinte kilómetros de la ciudad, y la paz y la soledad son las que me acompañan a diario. Necesito esa quietud, para trabajar sobre todo. Sin embargo, en ocasiones necesito lo contrario. En ese caso, voy a la ciudad en busca guerra. Ya me entendéis.

    A veces se me tacha de rarita y excéntrica. No lo soy, o no me considero así porque no siga ciertos convencionalismos. Ya lo juzgaréis vosotros.

    Tengo veintiséis años y estoy emancipada. Puede parecer una utopía en estos tiempos, pero es la verdad. Soy ilustradora y mi trabajo me permite hacerlo desde casa, con lo cual, en ese sentido me siento una privilegiada. No tengo coche. Siempre me muevo, tanto por ciudad como por carretera, en moto. Tengo una Yamaha TMAX de 500 c.c. y me encanta, aunque en invierno se me congelen hasta los huesos.

    Habitualmente suelo salir de copas los viernes y sábados (no todos) con amistades. Como he dicho antes, ha habido, hay y supongo que habrá muchos pretendientes, pero para mí son buenos amigos, nada más. En la actualidad, no suelo tener sexo con amigos. Por experiencia sé que nunca acaba bien la cosa, en cuanto que eso lleva a querer dar un paso más por alguna de las partes. Otras veces, después de haber tenido relaciones con alguien a quien aprecias se ven las cosas de otro modo, por eso intento evitarlo a toda costa. Cuando tienes sexo con un amigo, pierdes al amigo en cuestión, o al menos la relación ya nunca es la misma y eso no me gusta. Para aclararlo, podría decir que para determinados casos dispongo de “follamigos” ¿o debería llamarlos consoladores? Sí, creo que es un buen símil.

    Mi vida sexual es bastante activa y ha sido fructífera desde que empecé con ella. No me desvirgaron entonces. Hasta que eso ocurrió transcurrió un año entre magreo y magreo. Adquirí una gran destreza masturbando a mis cortejadores. Era una práctica que siempre me ha puesto muy, ¿cómo decirlo? ¿zorrona? El hecho de tener un miembro en las manos y masturbarlo hasta que se corra me chiflaba. De las pajas pasé a las mamadas antes de perder la inocencia, aunque creo que no he sido inocente nunca. Siempre he sido más bien diablilla. La primera masturbación que hice fue a un primo mío. Aquello fue como un juego, pero a ese juego siguió otro y pronto dejó de convertirse en un juego, ya que en poco tiempo era una pajillera profesional, aunque suene mal.

    Como por inercia, de las pajas pasé a las mamadas, y fue el amigo de mi primo quien se benefició del estreno. El debut tuvo lugar en su coche. Después de esa vino otra y otra hasta que de los tocamientos y las felaciones pasamos a cosas más importantes, siendo el mismo coche el testigo de mi desfloración. A partir de aquel momento fue una concatenación de relaciones esporádicas en las que el sexo siempre ha sido el único protagonista, por tanto no voy a relatar cada una de las relaciones y me centraré más en mis gustos, delirios y dislates.

    Demos un salto a la actualidad. Una vez al mes nos reunimos un grupo de gente para tener sexo. Son cinco matrimonios y yo, por tanto, soy la única que no aporta una pareja, pero se me permite porque dicen que soy la niña mimada. Quizás tengan razón. Así pues, somos seis mujeres y cinco hombres. Sus edades están comprendidas entre los treinta y cinco y cuarenta y cinco. Yo soy la más joven, pero no me importa, es lo que quiero. A mi me gustan mayores y para ellos soy de las preferentes.

    La verdad es que cuando nos reunimos, aquello no tiene nada que envidiar a la mejor de las bacanales romanas. Siempre es viernes cuando quedamos y después de esa noche suelo tomarme el sábado y el domingo sabático, de relax total con el fin de recuperarme de la contienda, habida cuenta de que soy muy sensible. A ver si me explico: todos usan condón, como es lógico, pero a mí suele irritarme, y más cuando hay un exceso de traqueteo y eso se traduce en que luego tengo que andar durante dos días como un pato y a base de cremitas.

    Os voy a presentar:

    Frank es de los que le gusta ir de flor en flor sin detenerse demasiado en una. Es como una abeja libando la miel sin explayarse excesivamente con ninguna. Elia es su mujer y no le hace ascos a una delicada almeja.

    Roberto, en cambio prefiere centrarse en una sola mujer hasta finalizar su primer asalto, después, al igual que Frank ya se aplica más a ir tapando hoyos. A su esposa Claudia le gusta llevárselos a pares, ¿y a quién no? ¿verdad?

    A Ignacio le gustan los pequeños orificios, ya me entendéis, aunque Cristina también es muy selecta y siempre busca placeres mayores, posiblemente porque Ignacio le viene pequeño.

    Paco es un experto del cunnilingus. Puede estar horas amorrado a un conejo, y la verdad, es un portento. A todas nos gusta pasar por taquilla. Gema siempre nos lo presta encantada porque ella también es de las que le gusta que todos visiten sus dominios.

    Y Pedro, ¿qué puedo decir de él? Aunque es el de mayor edad, es también el semental. Le llamamos cariñosamente “Destroyer”. Calza un nabo que es la envidia de sus socios de contienda. Está doblado hacia abajo como un arco. Más bien, se le parece a un pepino. Es una polla formidable y el alma de la fiesta, aunque está tan solicitado que tiene a veces que recurrir a estimulantes para intentar contentarnos a todas. Casi hacemos cola para recibir nuestra ración mensual. Añadir también que es la verga más lechera que he visto. Cuando va a llegar al culmen, solemos estar alerta, sobre todo para no perdernos el espectáculo de su primera eyaculación.

    En esos momentos, todo se parece más a una atracción de feria que a una orgía. Su fetiche consiste en que nos arrodillemos todas, una al lado de la otra para que él vaya salpicándonos una por una, y puedo asegurar que pude ir y venir rociándonos como si lo hiciese con una manguera con intervalos. Ahora bien, después de eso, es sabido por todas que es él quien tiene que limpiar sus desechos. Cada palo que aguante su vela. Decir por último que después de haber pasado todas por la piedra, ya sabemos por qué Chelo siempre lleva la sonrisa puesta. ¿Y quién no la llevaría?

    Bueno, ahora me toca a mí ¿no? Yo soy menuda, mido 1, 57 cm. para 45 kilos. Poca cosa, lo sé, pero es lo que hay. Soy morena, de ojos marrones, como buena española. Mis pechos son pequeños, ¿o son diminutos? Bueno, da igual, dicen que lo importante es el conjunto, así que… una cosa tengo clara y es que no entra dentro de mis planes hacerme ningún implante mamario. No me avergüenzo de mi cuerpo, sino que por el contrario, estoy orgullosa de él. Dicen que “teta que mano no cubre, no es teta, sino ubre”, así que… contenta por eso.

    Bueno, ya habréis deducido con este palmarés que me encanta el sexo, más que el sushi, que ya es decir. No lo practico todos los días, sólo los fines de semana, excepto cuando hay un apretón, en ese caso recibo la ayuda de mis dedos y la de un compañero de látex que nunca defrauda.

    Adivino que mis padres creen que soy bollera porque no entienden que con veintiséis años no tenga pareja, ni la haya tenido nunca. Comprendo que se lo planteen, pese a que yo se lo haya intentado explicar por activa y por pasiva. No puedo contarles que no soy mujer de un solo hombre, para mi son de quita y pon, y si alguno me gusta más de lo normal, puede que repita. Por consiguiente, creo que no serán abuelos nunca, pero eso no se lo diré.

    ¿Cuál es mi ideal de hombre? No sabría decir. Me gustan todos, pero siempre hay preferencias, está claro. Como he dicho, me decanto por los mayores, de treinta hacia arriba. En cuanto a las cualidades físicas, no soy muy exigente, aunque no le hago ascos a un adonis. Lo que sí que requiero es que sea un buen amante, de los que se preocupan por satisfacer a su pareja y no estén pensando en correrse cuanto antes, preocupándose únicamente por su placer. Me es indiferente que esté casado o no, pero si lo está, tiene que saber que esa noche es mío y a su mujer, ni mencionarla. Yo no creo en la fidelidad. Tarde o temprano se quebranta ese pacto y todos sienten la necesidad de estar con otro. La causa puede ser la monotonía, el morbo o el simple el hecho de desear a otro en un momento dado.

    Es posible que las creencias de alguien le obliguen a mantenerse fiel por sus condicionamientos religiosos, por respeto a su pareja o por cualquier otra causa moral, pero la realidad es que detrás de esos condicionantes hay un deseo por otras personas, al margen de la pareja, con lo cual, aunque solamente sea con los pensamientos, ya se está siendo infiel. Por lo tanto, me da igual que estén casados o no. Por mi experiencia sé que los casados se entregan más y son mejores amantes. Eso debe significar algo. Que lo piense cada uno.

    En el grupo de amigos de nuestras bacanales están todos casados y eso significa algo, pero al menos son liberales y reconocen la necesidad de cambiar y probar otras delicias. Comparten a sus parejas porque saben que humanamente es lo normal, puesto que la monogamia es un concepto cultural que no comparte nuestro instinto animal.

    Como ya he dicho, los casados son los mejores amantes. Por supuesto yo hablo desde mi propio criterio, el cual no significa que sea el correcto, es el mío y punto. La mayoría con los que he estado se entregan con todo lo que tienen para complacerme, y suelo repetir unas cuantas veces hasta que me canso. Ha habido algunos incluso que con tan solo una noche, hasta me han propuesto dejar a su esposa. ¿Qué significa eso? ¿Que soy muy buena? ¿Que su relación está en la cuerda floja? ¿O ambas cosas? No lo sé, pero en tal caso me jacto de ello porque están corroborando mi teoría.

    Por poner un ejemplo de un caso flagrante que me toca muy de cerca y viene a cuento de lo que estoy hablando. Es también una demostración de lo engorroso que puede llegar a resultar que una relación, aunque sea solamente sexual, se prolongue demasiado. A mí me generó un profundo desasosiego porque era una situación excesivamente complicada y difícil de gestionar. Un hecho que no busqué, pero que del que al fin y al cabo también soy culpable por involucrarme principalmente, pero también por no saber cortar a tiempo. Hablo de unos amigos de mis padres, de los de salir todas las semanas a cenar, de los que viajan juntos todos los veranos y de los que, cuando los hijos éramos críos nos quedábamos a dormir en una u otra casa como si fuésemos familia, de ahí que haya un firme vínculo entre ellos. Tienen su misma edad, es decir, casi cincuentones.

    Pues bien, tuve una aventura con Fernando (el amigo de mi padre) y estuvimos follando a troche y moche durante tres meses hasta que vi que la cosa se estaba desmadrando. Estaba completamente dispuesto a todo con tal de tener una relación más allá del sexo conmigo. Tuvo una cruzada de cables y prometía hasta dejar a su mujer y enfrentarse a mi padre por mí, pero para mí sólo era sexo, del mejor, ¿por qué no decirlo? ¿Alguien puede imaginarse la situación? De pensar la reacción de mis padres ante tal declaración de intenciones hace que se me erice el pelo. Ante la insistencia de Fernando y mi negativa, poco a poco se fue desvirtuando una relación que para mí era únicamente carnal, pero él estaba enchochado y quería ir más allá. De no haberse ido por la tangente no me hubiese importado seguir fornicando con él de forma esporádica, pero tuve que poner punto y final porque me sentía cada vez más acosada. Aún sigo sintiéndome así, de modo que trato de evitarlo a toda costa en la medida de lo posible.

    Mi vida sexual ha sido intensa desde sus inicios y no me arrepiento de ello. Me gusta el sexo y no pienso renunciar a él limitándome a una relación monogámica que no tiene ningún futuro, como tampoco entra dentro de mis planes ser madre, por lo tanto, aún no sé cómo decirles a mis padres que nunca serán abuelos.

    Supongo que estaréis a la expectativa de cuando empieza la acción. Pues bien, no hay acción que valga. Esto es un manifiesto de mis delirios, inquietudes y manías que me han llevado a plantearme muchas veces si mi proyecto de vida es una falta de madurez y por ello maduraré algún día, o si por el contrario, nunca llegaré a encajar en esta sociedad. Igual va y alguien piensa como yo.

  • La infiel Eli

    La infiel Eli

    Cuando detuve el coche a su lado, Eli llevaba, según ella, demasiado tiempo esperando en la acera. Se le veía nerviosa y entró en el coche de manera apresurada. Cuantas menos personas la vieran menos explicaciones tendría que dar, y es que pocos mentideros mayores que un grupo de madres a la puerta de un colegio.

    La mujer había dejado a su hijo en la fila junto al resto de compañeros de clase y a su marido le había dicho que pasaría el fin de semana en Sevilla en el cumpleaños de una amiga. El tipo, siempre crédulo, se lo tragó sin rechistar, aparentemente tampoco había motivos para desconfiar de su mujer. En sus 15 años de matrimonio Eli le había sido siempre fiel, o al menos eso era lo que él creía a pies juntillas.

    Ella me había confesado alguna que otra canita al aire, de lo contrario le hubiese sido imposible aguantar tanto tiempo casada. Se refería a ello como pequeñas bombonas de oxígeno para aguantar la inmersión.

    Nosotros nos conocíamos hacía años pero habíamos conectado solamente unos meses antes. Yo le daba clases particulares a Mario, el hijo de Eli. En las reuniones periódicas que mantenía con los padres de mis alumnos comenzamos a entablar relación. Durante aquellos encuentros nos mirábamos disimuladamente, luego hubo algún roce sin intención para terminar con frases con doble sentido. Su marido, que también asistía, no se enteraba de nada. El siguiente paso fue comentarle algunas fotos de su estado de whatsapp. Típicas postales de puestas de sol donde aparecía ella mirando al infinito con una ridícula frase filosófica al pie. Luego las fotos pasaron a ser un poco más atrevidas. Vestidos ajustados insinuantes, otros con generosos escotes, top-less a contraluz o sus morros lanzando besos. Para todas yo tenía un comentario con doble sentido que ella no dudaba en responder, lo que nos daba pie a conversaciones subidas de tono. Estaba convencido de que a poco que le tirase la caña Eli picaría el anzuelo. Era la típica mujer echada para adelante que no le haría ascos a cualquier oportunidad.

    A mediados de mayo organicé una especie de fiesta fin de curso donde además de los alumnos vendrían sus padres. Alquilé un pequeño local y montamos una merienda-cena donde no faltaron las copas para los adultos. En total, entre alumnos y padres, nos juntamos alrededor de 30 personas. A lo largo del tiempo estuve conversando con los distintos grupos de padres que formaban corillos. Ni que decir tiene que mi objetivo principal y con quién pasé más tiempo fue con Eli y su marido. Cuando no, nos buscábamos con la mirada mientras ella desviaba la atención del padre de su hijo en dirección contraria. Ella aprovechaba que yo me acercaba a rellenar la copa para hacer lo propio y así coincidir los dos sin el marido. Yo le hacía cualquier comentario y ella acababa riñendo y apoyada en mí, aparentemente sin más maldad.

    En un momento ella me hizo una señal que yo entendí como que la siguiera. Coincidimos en la puerta de los servicios que se encontraban en un pequeño pasillo oscuro y apartado. Sin darme tiempo a preguntar Eli se abalanzó y agarrada a mi cuello me besó apasionadamente. Yo le agarraba la cara con las dos manos y ella me metía la lengua hasta la campanilla. Durante dos minutos no existía nada más que sus carnosos labios hasta que el ruido de la cisterna nos alertó de que la puerta se abriría. Salió una de mis alumnas con quien estuve hablando para disimular mientras Eli pasaba al baño.

    Aquella noche, sobre la una de la madrugada, recibí un whatsapp de ella:

    “Vaya calentón que tengo. Lo de esta tarde ha sido una locura que me ha puesto a mil”.

    “La verdad es que me has sorprendido y me ha encantado besarte”.

    “Yo necesito más. Quiero que me folles”.

    “Si te tuviera aquí no dormirías en toda la noche”.

    “Estoy deseando que me la mentas hasta el fondo”.

    La conversación siguió por esa línea durante casi una hora pese a que estaba en la cama junto a su marido. Él dormía plácidamente.

    Desde aquella noche nuestro objetivo fue buscar una manera de poder pasar un tiempo juntos. Y lo conseguimos 15 días después. Mi disponibilidad era total. Estoy separado y no tengo que dar explicaciones a nadie. Eli, en cambio, tenía que encontrar una coartada plausible para convencer a su marido. Esta le llegó a través de su amiga Sara. Ésta le envió una invitación para pasar su cumpleaños en Sevilla junto a otras dos conocidas. Esto le sirvió para disponer de un fin de semana libre. Por supuesto declinó la invitación pero ante su marido iba a pasar un “week-end-girls”.

    Ahora, en el coche y camino de un hotel rural en la Sierra de Huelva, Eli comenzó a relajarse. Recogió su melena azabache en una cola dejando ver sus y rasgos. Su perfecta nariz, sus carnosos labios, sus prominentes pómulos y sus impresionantes ojos negros. Se estiró en el asiento del copiloto y me miró con cara lasciva:

    -No veo la hora de llegar al hotel para descalzarme y tumbarme en la cama para dejar pasar el tiempo…

    -¿Nada más? –pregunté yo mientras recorría su pierna con mi mano.

    Eli las separó todo lo que le permitía su minifalda y no dudé en introducir mis dedos entre su tanga. Ella suspiró cuando hurgué entre sus labios vaginales separándolos y palpando la humedad que manaba de su interior. Cerró los ojos y apretó las piernas aprisionando mi mano. Tuve que hacer un esfuerzo para lograr sacarla de su ardiente cárcel y fue ella misma quién la dirigió a su boca para chupar mis dedos impregnados en su néctar. Uno a uno los fue limpiando con su lengua mientras me miraba con deseo en una demostración de lo que me esperaba cuando nos alojáramos.

    Después de hora y media de viaje, por fin, Eli entró en la habitación, tiró su mochila en una esquina, se tumbó en la cama y se descalzó. Con media sonrisa me invitó a su lado. Por supuesto no lo dudé. Me tiré junto a ella y comenzamos a besarnos abrazados como si fuéramos adolescentes. Empezamos a desnudarnos con pasión desenfrenada. Acabé arrancando algún botón de su camisa. Acallé sus protestas mordiéndole los labios y bajando su minifalda hasta dejarla en ropa interior.

    Me deleité con su cuerpo. Ante mi yacía una madre de 40 años con un cuerpo espectacular, casada y dispuesta a serle infiel a su marido conmigo. Eli buscaba una excitación con sexo prohibido que ya no encontraba con el padre de su hijo. Se contoneaba sobre la cama pidiéndome que la llevara al éxtasis.

    Desde el cuello recorrí cada centímetro de su piel hasta llegar a sus pechos donde me entretuve en lamer, morder y ensalivar aquellas maravillas de la naturaleza. Pese a su edad, desafiaban a la gravedad de manera excitante. Su areola rosada se coronaba con un gordo pezón de fresa que parecía casi adolescente. Entre suspiros y gemidos seguí bajando por su barriga, sorteé el piercing de su ombligo y bajé su tanga de encajes dejando ver un coñito perfectamente arreglado. Su mata de pelo negro estaba triangulada de manera perfectamente geométrica. Su olor a hembra en celo me resultaba embriagador y no dudé en morder aquellos labios que me provocaban para succionar su clítoris y beber su flujo. Durante diez minutos estuve comiéndole el coño a Eli que se retorcía de placer:

    -Méteme un dedo en el culo. Métemelo.

    Sus palabras fueron órdenes y sin dejar de mover la lengua sobre su clítoris fui introduciendo mi dedo anular por su esfínter hasta que, apretando mi cabeza contra su coño, Eli se corrió de gusto.

    Sin apenas respiro, se incorporó y se colocó de rodillas. Con su melena alborotada y acalorada por la excitación resultaba mucho más morbosa. Hizo que me recostara y comenzó a besar mi cuerpo con sus carnosos labios.

    (A mis 45 años no soy ningún adonis. No poseo un cuerpo de bombero de calendario. Ni mi polla es un descomunal miembro con las venas marcadas. Soy un tipo normal que trata de cuidarse lo mínimo para no padecer obesidad. Así que sin poseer una tableta de chocolate abdominal tampoco tengo la típica barriga cervecera.)

    Ahora, la impresionante boca de Eli mordía mis pezones y comenzaba a bajar hasta el límite que marcaba el cinturón de mi pantalón.

    Haciendo un esfuerzo logré quitármelo quedando ante aquella mujer tan solo con un bóxer negro que a duras penas controlaba mi erección. Ella, mordiéndose el labio inferior, bajó de un tirón la prenda haciendo que mi polla saltase como un resorte. La agarró con la mano y comenzó un movimiento muy lento. Sin dejar de mirarme fue acercando su cabeza a mi polla, abrió la boca y la abrazó con sus labios. Poco a poco fue descendiendo. Podía notar la cálida humedad de su saliva recorriendo mi polla. Suspiré antes de disfrutar de una magnífica mamada.

    Eli demostró ser una excelente feladora, algo que se podía adivinar al ver su cara por primera vez. Desprendía sexualidad en cada movimiento, en cada expresión, en cada gesto. Era todo morbo. Hablando en plata; tenía una cara de guarra impresionante.

    Durante un rato la mujer estuvo chupándomela con ganas. Se acompañaba de la mano. La recorría con la lengua desde la base hasta la punta para luego introducírsela de nuevo en la boca toda entera. Aceleraba el ritmo y me llevaba al límite. En un momento la agarré de la melena para ser yo quien le marcara el ritmo. Ella adoptó una actitud sumisa y se dejó follar la boca a mi antojo. El sonido gutural y acuoso que producía mi polla al entrar y salir del fondo de aquella boca era música celestial. Tener a aquella madre, que estaba engañando al marido haciéndole creer que se había ido a Sevilla con las amigas mientras estaba desnuda en una habitación de hotel comiéndome la polla, era una situación que me tenía al filo del éxtasis.

    Eli paró de golpe:

    -Quiero follarte.

    Sin darme otra opción, se colocó a horcajadas sobre mí y, dirigiendo con su mano mi polla hacia su coño, comenzó a descender sobre ella. Cada centímetro que la penetraba notaba como se me derretía en su interior. Eli comenzó a mover su cadera muy despacio, sintiendo como mi polla rebuscaba cada rincón de su intimidad. Colocó una mano sobre mi pecho, echó su melena hacia atrás y comenzó a cabalgarme entre jadeos:

    -Sííí, joder…

    A medida que ganaba ritmo y sus gritos subían de volumen comenzó a agarrarse una teta mientras con la otra mano intentaba masturbarse. Todo ello sin dejar de cabalgarme.

    Por mi parte, la agarraba por las caderas y me deleitaba con la tremenda follada que me estaba dando aquella diosa morena. Mi polla percutía contra el fondo de su vagina de manera tan violenta como ella subía y bajaba. Sus gritos se debían oír fuera de la habitación y mi ego salía por las ventanas. De repente, y en parte para evitar correrme, la volteé y me coloqué sobre ella:

    -¿Quieres follarme tú?, a ver como lo haces, cabrón.

    Aquel desafío hizo que de un golpe de cadera se la calzase muy profundo a lo que ella respondió con un quejido de placer. A partir de ahí, no pude parar. Comencé a follarla duro. Con golpes fuertes y seguidos. Ella me alentaba:

    -Sigue. Más. Dame más joder.

    Cuando logré coger un ritmo regular ella me rodeó con sus piernas mientras con sus brazos se agarraba a mí. Pude notar como clavaba sus uñas en mi espalda mientras me exigía que no parase. Fui incapaz de calcular el tiempo que estuve penetrando violentamente el coño de Eli, pero el orgasmo y la corrida eran inminentes y así se lo hice saber:

    -Córrete dentro. Échamelo todo.

    Noté que me apretaba con sus piernas más fuerte evitando que me escapara. Una de sus manos me agarró el culo mientras yo mordía su cuello y su boca. El orgasmo me llegó y con un grito de satisfacción rellené el coño de Eli con mi abundante corrida. Había sido uno de los mejores polvos de mi vida. Caí exhausto sobre ella que me besaba con los ojos entornados:

    -Cuanto deseaba que me follaras.

    El animal sexual con quien había follado apenas unos segundos antes había desaparecido para convertirse en una dama dulce que me acariciaba el cuerpo rozándome con las yemas de sus dedos. Le sonreí. Sudado, rodé hasta colocarme boca arriba junto a ella. Ambos quedamos dormidos.

    El sonido sordo e insistente de un móvil me despertó. Cuando logré situarme pude ver a Eli de pie junto a la ventana de la habitación, desnuda, hablando por teléfono:

    -No, estaba dentro de un bar y no me dio tiempo a descolgar. –Hablaba con su marido-. Me lo estoy pasando genial. Ahora estoy en la calle porque en el bar con la música no podía hablar. Esta noche iremos a cenar y mañana será el cumpleaños…. Un beso… Adiós.

    Me giré sobre la cama y comprobé que estaba húmedo. La corrida se había salido del coño de Eli y había mojado las sábanas:

    -¿Has visto qué hora es? – Me preguntó.

    -Ni idea, pero habrá que hacer algo.

    -Yo de momento me voy a duchar que me has dejado toda pringada.

    Eran casi las 8 de la tarde, habíamos dormido mucho y ni siquiera habíamos comido, así que la cuestión era recomponerse y salir a cenar algo. Yo esperé a que ella terminase en la ducha para entrar.

    Pese a los gritos que Eli había dado mientras follábamos nadie en recepción nos hizo alusión lo cual no quería decir que no lo hubiesen oído. Preguntamos algún lugar para cenar y nos indicaron. Dimos una pequeña vuelta por los alrededores del hotel, entramos a cenar donde nos habían aconsejado y charlamos de nuestras vidas. Ella me comentó que sí quería a su marido. Era un hombre bueno pero a cierta edad se necesita alguna motivación extra. Antes o después los matrimonios caen en la rutina y no hay nada peor que el tedio. Esta infidelidad incluso le podría venir bien a su relación… Después de cenar estuvimos en un pub tomando unas copas y sobre las 12 nos volvimos al hotel.

    Durante las copas volvimos a calentarnos. Nos estuvimos besando y tocando de manera que salimos rápido para la habitación. Nada más entrar abracé a Eli por detrás y comencé a comerle el cuello, le agarré las tetas y contra la pared comencé a desnudarla mientras recorría su espalda con besos. Fui descendiendo por su columna y me arrodillé tras ella para, después de quitarle el pantalón mordí sus glúteos. Sus suspiros me animaban a seguir y así fui separándolos y comencé a comerle el culo metiendo la lengua dentro de su agujero. Tras unos minutos la volteé y comencé una sesión de sexo oral que ella agradeció con gemidos de placer. Con una pierna sobre mi hombro podía acceder a aquel triangulo rizado del que manaba néctar dulce. Libé con mi lengua aquel líquido hasta extraerlo directamente del interior de la vagina para untarlo con mi lengua sobre su clítoris provocando descargas de electricidad desde su espina dorsal hasta su cerebro. A Eli casi le temblaban las piernas y tuvo que apoyarse en mi cabeza para no caer.

    A punto de llegar al orgasmo la lancé sobre la cama. Frente a ella me desnudé. Sentada sobre el filo de la cama la ofrecí mi erección y ella comenzó a lamer con ansias. El movimiento de su cabeza hacía que mi polla se perdiese en el interior de su boca para volver a resurgir totalmente mojada de su saliva.

    Cuando entendí que ya había tenido su buena ración la hice colocarse a cuatro patas ofreciéndome una inmejorable vista de su culo y su coño. Desde aquí los labios se asomaban por entre las piernas mientras su agujero anal se contraía sobre sí mismo. Me coloqué tras ella y agarrándola por las caderas me la follé con fuerza. Eli se aferraba a las sabanas y hundía su cabeza en la almohada mientras yo no le daba tregua. Con una erección de caballo percutía con mi ariete contra aquel castillo. Una vez profanado ella no opuso resistencia y se entregó a su nuevo dueño. Cada vez que la oía gritar, más fuerte le daba. Cuando se acercaba el final la agarré por el pelo y tirando de ella hice que se incorporara:

    -Me voy a correr, ¿me oyes?- Le gritaba.

    -Sí, cabrón, sí.

    Sin previo aviso le di un cachetazo en una de sus nalgas y le dejé marcada la mano. Ella dio un grito de dolor que acallé con otro fuerte golpe de cadera contra su enrojecido coño. La empujé contra la cama y ella se derrumbó boca abajo, lo que aproveché para subirme a horcajadas sobre ella y correrme en su espalada. Ahora eyaculé menos que por la tarde pero no fue menos placentero. Eli estaba agotada y dormimos abrazados.

    La luz que entraba a través de la persiana mal cerrada nos despertó antes de las 9 de la mañana. Decidimos que aprovecharíamos el día dando una vuelta por la Sierra. Visitaríamos los pueblos de los alrededores, comeríamos en alguno de ellos y volveríamos de noche. Eli, se levantó y se metió en el baño. Se llevó el teléfono por lo que deduje que querría hablar con su marido. Yo permanecí en la cama. Mientras la oía hablar me fui excitando.

    Eli era un pibonazo. La típica pureta impresionante, guapa, con cuerpazo y una bestia en la cama. Y ahora estaba engañando a su marido. Y yo era el corneador. Todos estos pensamientos fueron teniendo un efecto en mi libido. Me descubrí masajeando mi polla erecta y se me ocurrió dar una sorpresa a Eli que por el ruido de la ducha ya debía estar dentro. Entré en el baño y la adiviné detrás de la cortina bajo el agua. La asusté cuando descorrí la pieza de plástico que protegía del agua. Desnudo ante ella me deleité con su cuerpo bajo la ducha. Tenía la melena mojada hacia tras. El agua resbalaba por su cuerpo, provocando pequeñas salpicaduras cuando pasaban por sus tetas. Estas reaccionaron al verme empalmado y sus pezones se endurecieron de manera provocativa.

    Me metí en la ducha junto a ella, tomé la alcachofa y dirigí el chorro hacia su coño. La primera impresión hizo que se sobresaltara pero el impacto del agua caliente sobre su clítoris comenzó a hacer efecto. Ella me miraba suplicando que no dejase de masturbarla. Cerró los ojos y se agarró a mis hombros cuando comencé a hacer movimientos circulares. No pudo evitar morder mi hombro cuando su orgasmo la sorprendió.

    Yo la abracé y comencé a besarla. La boca, el cuello las tetas. Con las manos amasaba cada uno de sus glúteos y con mis dedos comencé a masajear su orificio anal. Ella me miró sonriendo:

    -Eres malo…

    -¿Tú crees…?

    Se abalanzó sobre mi boca mientras notaba como mi dedo seguía explorando cada vez más adentro su puerta trasera. Le di la vuelta y la puse mirando a la pared. Me pegué a ella y le mordí el cuello antes de lamer su oreja y preguntarle:

    -¿Sabes lo que voy a hacer?

    Ella lo sabía.

    -¿Me quieres dar por culo?

    Tomé un poco de champú con mis dedos y comencé a masajear su ano lubricándolo con el líquido. Ella gemía y me desafiaba:

    -Eres un cabrón que me quieres partir el culo.

    Fui metiendo cada vez más adentro, primero uno, luego dos y tres dedos antes de comenzar a follármela con ellos. La oía gemir de placer mientras mis dedos comenzaban a entrar y salir de su culo:

    -Méteme la polla por el culo, cabrón. Reviéntamelo.

    Hice que se inclinara un poco más hacia delante y que me ofreciera el culo. Este quedó totalmente expuesto a la altura de mi polla. Me la embadurné con champú. Agarré a Eli por la nuca y coloqué la punta de mi polla a la entrada de su culo. Poco a poco fui haciendo fuerzas hasta lograr que el capullo franquease el esfínter. Ella se quejaba de dolor pero ya no había marcha atrás. Dejé que el hueco se adaptase al intruso y desoyendo sus quejas comencé a penetrar aquel maravilloso culo. Se la fui metiendo sin pausa hasta calzársela entera con un golpe de cardera. Noté como mis huevos toparon con su coño. Ella gritó de dolor. Aquello no era nada para lo que le vendría encima.

    Con la respiración entrecortada me pedía que fuera despacio pero nada más lejos de mi intención. Comencé a sodomizarla con ganas. Recreándome en el ruido que hacía mi polla al abrirse paso en su estrecho intestino. Ella tardó un poco en disfrutarlo pero finalmente lo hizo:

    -Ahora sí. Joder. Dame por culo fuerte, cabrón. No te cortes. Pártemelo.

    Durante más de 10 minutos estuve agarrado a su cadera haciendo fuerza para romperle el culo. A veces le daba tan fuerte que le era imposible aguantarse con las manos y chocaba contra la pared. Por fin, la agarré de la melena mojada, le di un cachetazo y me corrí en el interior de sus tripas. Ella se había masturbado con una mano mientras su culo clamaba clemencia. Cuando se la saqué, ella se derrumbó y se deslizó hacia abajo acabando de rodillas. De su culo brotaba mi semen que se escapaba por el desagüe con pequeños hilos de sangre. Su ano palpitaba enrojecido y Eli maldecía por el dolor que le tocaría soportar.

    A las 11 de la mañana nos pusimos en camino para recorrer los pueblos de la Sierra de Huelva. Hicimos paradas para tomar un aperitivo, ver algún mirador, y almorzar en un restaurante. Nos contamos anécdotas, nos reímos, nos miramos, nos besamos. Realmente parecía que estuviésemos recién casados aunque lo que pretendíamos era pasar un fin de semana follando como adolescentes. Ella para salir del tedio de un matrimonio con un marido aburrido. Yo por retomar unas relaciones sexuales que en los últimos meses habían sido escasas. La cuestión es que volvimos al hotel de noche, después de haber cenado.

    Ahora en la habitación, con menos ímpetu que las veces anteriores, Eli me besaba sentada a horcajadas en mi regazo. Haciendo que mi capullo rozase su pipa. Yo, la abrazaba y recorría su espalda recreándome en sus maravillosos glúteos. Esta vez le hice caso y no profané su más dolorido orificio:

    -Por favor, esta noche por el culo no. Lo tengo ardiendo de la irritación.

    Asentí mordiéndole la boca y dejando que fuera ella, la que con un movimiento pausado me fuera follando. Sus gemidos precedían al ofrecimiento de su busto:

    -Cómeme las tetas.

    Yo mordía los pezones e intentaba abarcar con la boca aquellas dos magníficas obras de arte. Con la cabeza hacia atrás comenzó a cabalgarme más fuerte a medida que notaba que el orgasmo le haría estallar. Con un grito me anunció que había llegado al éxtasis sexual. Me abrazó fuerte y me pidió que me corriese.

    Yo preferí masturbarme sobre ella. Así que de rodillas sobre ella que yacía boca arriba me pajeé hasta eyacular sobre su barriga y sus tetas. Eli agradeció con suspiros de satisfacción el calor de mi corrida sobre su espectacular cuerpo.

    Cansados por el viaje del día y el sexo caímos en un profundo sueño.

    El domingo me desperté antes que Eli. Me levanté y estuve aseándome un poco. Desnudo frente al espejo comprobé que tenía marcas de sus uñas y algún mordisco en el cuello. Volví a la habitación y me recreé en la mujer que dormía desnuda en mi cama. Realmente era preciosa. Su cuerpo trabajado pasaba por el de alguien mucho menor. Los marcados rasgos de su cara le daban una belleza casi animal y una sensualidad irresistible. Sus tetas mantenían una tersura y dureza impropias de una madre de cuarenta años. Su abdomen totalmente plano delataba que practicaba algún tipo de ejercicio en el gimnasio al igual que sus piernas perfectamente torneadas.

    Me acerqué junto a ella y comencé a despertarla recorriendo todo su cuerpo con besos y caricias. Poco a poco, Eli fue ronroneando haciendome saber que el despertar era de su agrado. Se colocó bocabajo para permitirme seguir las caricias por su espalda. Mis manos recorrieron el camino hacia arriba y hacia abajo. En cada descenso fui introduciendo mis dedos cada vez más en su entrepierna. Sentí el calor al pasar por la hendidura de su coño. Hasta que decidí quedarme allí y masajearle el clítoris. Despacio, sin prisa. Untándolo con sus propios fluidos para evitar molestias. A medida que su respiración se hacía más fuerte yo comencé a masturbarla con mayor cadencia. Le introduje un par de dedos y comencé a follarla con la mano. Ella se fue incorporando a cuatro patas deseosa de que le metiese algo más duro que mis falanges.

    Viendo el estado de mi amante no dudé en situarme detrás y, sin apenas esfuerzo, penetrarla con mi polla. Aferrado a sus caderas empecé a penetrarla sin pausa. Me deleitaba con el movimiento de su melena a cada golpe de cadera mío. Eli llevó su mano derecha a su clítoris y comenzó a masturbarse. Le hice saber que estaba a punto de correrme e inmediatamente descargué lo poco que me quedaba dentro de su vagina. Caí abatido por el orgasmo a su lado pensando que era la cuarta vez en todo el fin de semana que me corría dentro de Eli.

    Ella aprovechó mis últimos restos de semen que salían de su coño para terminarse la paja. Acelerando el movimiento de sus dedos humedecidos por mi leche, aquella madre infiel se corrió para mí por última vez este fin de semana. Permanecimos durante casi media hora tumbados uno junto al otro. Desnudos. En silencio. Sabíamos que este tiempo llegaba a su fin. Ella volvería a la rutina de su matrimonio. Con el sexo aburrido de un matrimonio monótono.

    El viaje de vuelta fue menos eufórico que el de ida. Antes de salir del hotel, y mientras yo liquidaba en la recepción, Eli estuvo hablando con su marido. Mintiéndole de lo bien que se lo había pasado en Sevilla junto a sus divertidas amigas. El recepcionista la miraba de reojo mientras me atendía. Por su puesto no hizo ningún comentario al respecto. Durante el viaje, le mandó un par de audios por whatsapp a su marido y a su hijo.

    Tardamos varias semanas en volver a quedar. Nunca volvimos a tener otro fin de semana y nuestros encuentros se limitaban a un par de horas en las que Eli convencía de que quedaba con alguna amiga o salidas de compras en solitario. Alguna noche de copas coincidimos y lo hicimos en el coche. Después de casi un año y de mutuo acuerdo dejamos de ser amantes. Eli siguió felizmente casada con su marido hasta que necesitase otra de aquellas bombonas de oxígeno. Ya sin ser amantes volvimos a vernos pero nuestra relación fue menos efusiva que durante aquel tiempo en que Eli le fue infiel a su marido conmigo.

  • Una noche con Diego

    Una noche con Diego

    Por segunda vez esa semana a Sonia le tocó dormir en el sofá y aquello ya comenzaba a ser preocupante, porque estaban a miércoles. Había intentado acostumbrarse a los ronquidos de su marido, pero no existía manera de conciliar el sueño con el hombre con el que se casó diez años atrás, pues este soltaba sonidos más fuertes cada noche.

    Sonia se tumbó desquiciada; no le gustaba dormir en aquel incómodo sofá, no obstante, era la única forma de poder descansar algo durante la noche. En el pasado había intentado dormir con tapones en los oídos, mas aquella idea fue descartada cuando tuvo como consecuencia que se presentara en su centro de trabajo con dos horas de retraso.

    Pese a la ingente cantidad de críticas sobre el lugar en el que iba a tratar de conciliar el sueño, logró caer rendida tras un par de minutos. Llevaba mucho sueño atrasado y necesitaba recuperarlo.

    La noche transcurrió tranquila y silenciosa hasta que un portazo provocó que Sonia se levantase sobresaltada. Aturdida y atientas buscó el interruptor de la bombilla eléctrica, gracias a lo que notó que la puerta que daba hacia el pasillo de la recámara de su cuñado se había cerrado de golpe.

    Sonia se acercó para intentar abrirla, sin embargo desistió cuando escuchó al viento silbar. No había sucedido nada, sencillamente la puerta se azotó debido a la corriente que invadió la casa.

    Aliviada, se giró para regresar al sofá. Se tumbó nuevamente y se arropó para no coger frío a causa del viento que se acababa de originar, no obstante, otra cosa volvió a perturbarla. Eran pasos que se escuchaban a través del pasillo que conectaba el salón con su dormitorio.

    Sonia agudizó el oído ya que los pasos eran muy sigilosos, como si la persona que los diera se encontrase descalza. Aunque de lo que si estuvo segura, era que se aproximaban cada vez más.

    Sonia pensó en que podría tratarse de su cuñado, pues acostumbraba a levantarse todas las noches para ir al baño o a la cocina por algo para comer, sin embargo, prefirió aguardar unos minutos y asegurarse.

    Desde su posición, Sonia apreció la atractiva silueta de su cuñado. Diego era un muchacho bastante guapo, de unos veintitrés años, un metro ochenta y cinco de alto, cuerpo esbelto, musculatura más que definida, piel blanca, ojos claros y rasgos simétricos, aunque enteramente masculinos.

    A pesar de que la oscuridad de la casa resultaba algo intensa, Sonia consiguió vislumbrar que la única prenda que usaba Diego era un bóxer, lo cual le extrañó sobre manera, pues su cuñado era de lo más tímido.

    – La próxima vez que vayas al baño procura dejar las puertas cerradas. -Increpó Sonia a media voz, pero después de unos segundos no recibió ninguna respuesta.

    Disgustada de que su cuñado la ignorase, se levantó para encender la luz y allí se encontró a Diego, vestido tan solo con un bóxer azul, caminar a través de la sala con los ojos cerrados, sus brazos extendidos hacia adelante y la cabeza clavada fuertemente sobre el pecho. Su cuñado era sonámbulo.

    Sonia no sabía demasiado sobre el tema, pero de lo que estaba convencida era de que no debía despertarlo. Temerosa de poder alterarlo, se quedó quieta en la zona de la habitación donde se encontraba y observó interesada las reacciones de su cuñado, pues nunca antes había visto a nadie en ese estado.

    Diego se movió lentamente por la sala, al tiempo que se dirigía hacia la puerta que daba a su dormitorio, más cuando llegó al sitio donde se hallaba Sonia se detuvo.

    Ella trató de apartarse del camino de su cuñado lo más lentamente posible para no llamar su atención y que este siguiera su camino hasta su cama, sin embargo, el sonámbulo no pasó por alto la presencia de la mujer y estiró sus brazos para poner una mano sobre cada hombro de Sonia.

    Sonia se sintió nerviosa. No sabía lo que una persona sonámbula podía llegar a hacer y eso provocó que su corazón latiese con fuerza.

    Tras unos segundos con las manos cerca del cuello de Sonia, Diego empezó a bajarlas lenta y suavemente, lo cual causó que ella se relajase un poco y comenzara a dar lentos pasos hacia atrás en un intento por alejarse de las manos de su cuñado, pero no pudo hacerlo ya que cuando los dedos del sonámbulo detectaron sus pechos, no dudaron en darle un apretón bastante rudo que la obligó a detenerse de nuevo y llevarse las manos a la boca para no gritar.

    Diego en su sonambulismo siguió con la fuerte presión sobre los grandes, blandos y cálidos pechos de Sonia durante unos instantes, hasta que finalmente se volvió un poco más delicado, lo que ella aprovechó para dar un par de pasos hacia atrás con la esperanza de que su cuñado parase.

    Diego trató de reencontrarse con los senos de su cuñada, pero su intento fue inútil, puesto que en cuanto se libró de su agarre, se alejó unos cuantos pasos, desde donde pudo contemplar el rostro de deseo de su cuñado, así como la imponente erección entre sus piernas, misma que mostraba debajo de su bóxer un grueso pene ávido de sexo.

    Sonia observó un poco angustiada la reacción de su cuñado, que todavía buscaba los senos que había apretado entre sus manos. Era consciente de que, si su marido se despertaba y encontraba a su cuñado en aquel estado, no sería tan precavido como ella. Mas por fortuna, Diego reanudó el camino hacia su recámara luego de un par de minutos.

    Sonia se tumbó en el sofá después de que Diego dejara el salón, pero le costó conciliar el sueño debido a muchos motivos. Primero porque temía que su cuñado pudiera regresar sonámbulo; segundo porque recordó la gran cantidad de veces que había escuchado a Diego levantarse por la noche. Seguramente el sonambulismo era un problema que arrastraba desde hace mucho tiempo. Y por último, no era capaz de dormir porque el sentir a las masculinas manos de Diego examinar sus pechos y distinguir el imponente miembro del cual estaba dotado, consiguió excitarla sobremanera.

    A la mañana siguiente a Sonia le costó levantarse. Ya estaba acostumbrada a perder sueño por los ronquidos de su marido, pero sumarle a aquello el encontronazo nocturno con su irresistible cuñado, había causado que su cabeza no dejara de funcionar hasta después de darse un poco de autosatisfacción.

    Sonia se limitó a despertar a su marido, pues desde hacía un par de años su cuñado le había prohibido terminantemente que fuera a despertarlo, luego de que una mañana lo encontrase en su habitación desnudo y masturbándose, cosa que le había hecho sentir una gran vergüenza, pese a que en aquel entonces Sonia le quitó toda importancia.

    Sonia no pudo evitar comparar el pequeño pene que había visto dos años atrás y lo mucho que había incrementado su tamaño con respecto a la noche anterior. Pensamiento que provocó que se excitara nuevamente antes de salir de casa y tuviese que pasar por el baño para masturbarse con total intimidad.

    Sonia, pese a que trató de mantener fuera de su mente a la enorme cantidad de fantasías eróticas donde su guapísimo cuñado era el protagonista, no consiguió centrarse en su ocupación como secretaria, lo cual le hizo tener una reprimenda por parte de su jefe, antes de que se marchara de nuevo a casa.

    Aquella tarde, en un intento por no quedarse sola en casa y pensar en lo sucedido durante la noche anterior, Sonia invitó a una compañera de trabajo a comer con ella. Sin duda, esa mujer era su mejor amiga. Pese a tener unos 10 años menos, se llevaban muy bien y hacían toda clase de actividades juntas y confidencias. Mas en aquella ocasión Sonia no poseía intención alguna de contarle los lujuriosos pensamientos que guardaba con respecto a su cuñado.

    -Es algo agotador, no puedo dormir con los ronquidos de mi marido y no sé qué hacer. -Dijo preocupada Sonia a su compañera Leticia, mientras servía un café.

    -¿Ya fueron al médico? -Preguntó Leticia, tras acariciarse su larga melena de cabello pelirrojo.

    -No, él no le da importancia. -Respondió Sonia acongojada.

    -Pues debería dársela. No creo que el jefe tenga muchos miramientos a la hora de echarte si vuelves a llegar tarde y no te ve más activa. -Aseguró Leticia en tono de advertencia.

    -He pensado que podría tomar alguna clase de pastilla para dormir. -Expresó Sonia, luego de dedicarle una mirada a su amiga, ya que ella solía tomar.

    -A mí me van bien, pero no deberías tomar pastillas si tienes otras alternativas. -Contestó Leticia, mientras le daba un sorbo a su café.

    Tal y como Sonia había planeado, Leticia cedió a su petición después de algunos minutos y le dio un par de pastillas para que las probase.

    Durante la cena Sonia trató de observar a su cuñado lo menos posible, más sin retirarle la mirada con excesiva rapidez, para que él y su marido no creyeran que algo iba mal. No quería que, en plena cena, los lascivos deseos que habían despertado en ella la noche pasada, se manifestaran de forma descarada.

    Como era normal después de meter los platos en el lavavajillas, Diego se fue hacia su habitación y dejó a su hermano mayor y cuñada en la sala, que miraban la aburrida programación de la televisión del jueves por la noche. Programación que hizo que Martín, el marido de Sonia, se fuera a dormir antes de las 10 de la noche.

    Sonia aguantó un poco más, pero cuando decidió que era hora de acostarse, se dio cuenta de que aquella noche tampoco podría dormir junto a su marido, pues los ronquidos de Martín se escuchaban con nitidez a través del pasillo.

    Resignada a su suerte, Sonia se tumbó en el sofá del salón y se tapó con una de las mantas que solía dejar por allí para casos como aquel. Tan solo tardó unos minutos en quedarse dormida, no obstante, su sueño no perduró demasiado.

    Antes de quedar dormida escuchó la puerta del pasillo abrirse y tras ella, los pasos descalzos de Diego, que al igual que la noche anterior, caminaba totalmente sonámbulo y cubría su desnudez tan solo por un bóxer azul que tapaba su masculinidad.

    Sonia se incorporó cuidadosa y comenzó a seguir a su cuñado. Diego no fue a ningún lado en concreto, sencillamente se dedicaba a dar vueltas por la casa. Sonia pensó que tomaría un ritmo fijo, así que le siguió de cerca, no obstante, puso una distancia más amplia cuando su cuñado se giró de golpe y estuvo a punto de chocar con ella.

    Sonia no podía parar de admirar el cuerpo de su cuñado. Era un muchacho de lo más atractivo, alto, fornido y con un magnífico pene, en el que Sonia no había dejado de pensar desde que lo viera el día anterior.

    Ver y tener a Diego tan cerca sin que este fuese consciente de lo que le rodeaba, hizo que la excitación de Sonia creciera, hasta llegar al punto de no aguantar más y dirigirse a la sala para quitarse la ropa sin tener problemas de chocar con su cuñado.

    Tardó escasos segundos en despojarse de su pijama, tras lo que quedó completamente desnuda. El cuerpo de la mujer no estaba mal para sus cuarenta años, tenía la piel clara, el pelo largo y castaño, unos pechos bastante grandes coronados por unos pezones rosados que hasta hacía pocos meses habían sido una delicia para su marido y un gran sexo rosado sobre el que poseía la costumbre de rasurarse desde joven.

    Sonia aguardó a su cuñado en la sala, no quería abordarle excesivamente cerca de la habitación de su marido. Pues, aunque se hubiera ocupado de darle diluida una de las pastillas para dormir que le entregó Leticia, no estaba segura del ruido que harían si todo su plan salía como lo había imaginado.

    Diego no se hizo esperar, y en unos pocos minutos inició el regreso hacia su recámara. Se cruzó nuevamente con su cuñada cuando estaba a punto de llegar a la puerta del pasillo que conectaba con su dormitorio, pero había dos diferencias importantes con la noche anterior. Ella no tenía intención de quitarse e iba totalmente desnuda.

    El sonámbulo al detectar el obstáculo extendió los brazos que se colocaron exactamente sobre los pechos de su cuñada. Sonia encantada con que acertase a la primera, le sujetó las muñecas con cuidado para que no las retirase de allí. Según había leído en internet esa tarde, Diego no debería despertarse si ninguna brusca perturbación alteraba su sueño y Sonia no tenía intención de perturbarlo.

    -Esto nos estorba un poco, Deja que te lo quite. -Dijo Sonia, mientras colocaba una de sus manos a cada lado de la cintura del sonámbulo y comenzaba a deslizar con cuidado el bóxer azul hasta dejarlo a la altura de sus tobillos.

    Sonia se quedó impresionada con el pene de Diego que era notablemente más grande que el de su marido. Ella lentamente estiró los brazos para acariciar el gran falo de carne caliente y palpitante que tenía ante sí, lo cual provocó que se hinchase aún más. Sonia supo que aquellas caricias enloquecían a su cuñado, porque cuanto más masajeaba su pene, con mayor fuerza Diego apretaba sus senos.

    Sonia respiró el viril aroma de Diego y quedó totalmente presa del deseo. Agarró los antebrazos del sonámbulo y poco a poco subió sus manos hasta que estas le alcanzaron la cara. Sonia sonrió en ese momento, pues comenzó a agacharse despacio y a acercarse al gran miembro de su cuñado, el cual deseaba tener entre sus labios.

    Cuando su rostro quedó a la altura del pene de Diego, Sonia dio un par de lamidas largas. Comenzó por las dos grandes bolas que colgaban entre las piernas del sonámbulo y terminó en el gran y húmedo glande de su cuñado que soltó un leve murmullo de placer.

    Sonia alzó un poco la cabeza por si lo había despertado, pero Diego seguía con los ojos cerrados.

    Pese a la gran excitación que experimentaba en aquel momento, Sonia tuvo el sentido común de hacer descender las manos de su cuñado hasta sus hombros, antes de meterse aquel enorme pene en la boca, ya que si Diego la obligaba a seguir un ritmo demasiado intenso durante la mamada tendría el riesgo de ahogarse y para nada quería acabar de ese modo aquella excitante experiencia.

    Diego aceptó sin demasiados problemas bajar un poco las manos para dejar a su cuñada trabajar. Sonia se metió el pene del sonámbulo en la boca a la primera ocasión y provocó nuevos murmullos de placer.

    Sonia masajeaba una y otra vez el pene de su cuñado, al tiempo que escuchaba la sinfonía de gemidos que emitía Diego ante sus habilidades. Desde hace muchos meses, Sonia no practicaba ninguna mamada, ni a su marido ni a nadie, pero no tardó en recordar sus mejores técnicas de sedición, lo que causó que su cuñado no aguantase más de tres minutos antes de soltar todo su caliente esperma en la boca de Sonia.

    Ella sacó el miembro del sonámbulo de su boca con lentitud para no perder ni una gota de esperma, normalmente no tragaba, mas por tratarse de su cuñado hizo una excepción y tomó hasta la última gota de semen, mientras se acariciaba su húmedo sexo y observaba como el pene de Diego comenzaba a perder volumen rápidamente.

    – No creas que ya terminamos mi guapísimo cuñado, todavía queda mucho por explorar. -Dijo Sonia en un susurro a la vez que se levantaba y limpiaba con dedicación los restos de semen del pene de Diego.

    -Tenemos toda la noche por delante. -Agregó Sonia, al sentir el miembro de Diego encima de su vientre y se dedicaba a lamerle su depilado y musculoso torso.

    Su cuñado sonámbulo no necesitó demasiadas instrucciones para comenzar a explorar el cuerpo de Sonia. Inició la exploración por la espalda, para después agarrar con mucha firmeza las blandas y un poco grandes nalgas de su cuñada, que gimió sorprendida cuando notó como el muchacho trataba de introducir un dedo en su ano.

    Sonia soltó un ligero gemido de gusto cuando notó el dedo índice de su cuñado en el interior de su culo. Su marido siempre había sido excesivamente convencional a la hora del sexo y ella tenía que estimularse aquella zona, pero que en ese momento lo hiciera su cuñado sonámbulo, provocó que su excitación creciera sobre manera.

    Sonia notó sobre su estómago como el pene de Diego se ponía duro a medida que le besaba, mordía y chupaba sus duros pectorales.

    -Maravilloso, veo que ya estás listo para volver a la cama, pero como eres un hombre sumamente irresistible, creo que voy a acompañarte. -Indicó Sonia en un murmullo tras agarrar el miembro de su cuñado, que retiró las manos de su trasero al momento, seguramente esperanzado de volver a correrse.

    Diego se dejó guiar confiadamente por Sonia que lo tomó cuidadosamente de la mitad del pene, a la vez que le subía y bajaba la piel que le recubría el glande. Ella no pudo evitar el salivar, al imaginar el orgasmo que estaban a punto de gozar.

    La habitación de Diego se encontraba un poco desordenada. Mas aquello no importó a Sonia, que estiró los brazos para sujetar la cabeza de su cuñado, ya que él era unos veinte centímetros más alto. Sonia no sabía si aquella sería la única ocasión en la que podrían tener sexo, así que tan pronto tuvo el rostro del muchacho junto al suyo lo besó.

    Se sintió terriblemente desilusionada los primeros segundos, puesto que su amante sonámbulo no hizo ni un solo amago de devolverle el beso, hasta que finalmente trató de introducir su lengua en la boca de Sonia, tarea para la que le dio todas las facilidades del mundo.

    Tras un largo y húmedo beso, Sonia presionó los hombros de Diego para que se agachara y empezara a explorar su cuerpo con la lengua.

    El muchacho sonámbulo se entretuvo un buen rato chupando y succionando los grandes y jugosos pezones de Sonia, que era incapaz de contenerse y gemía bastante más alto de lo que quería.

    Sonia después de sentir la rápida y jugosa lengua de su cuñado sonámbulo sobre sus pechos, volvió a ejercer fuerza encima de sus hombros para que la cara de Diego quedase a la altura de su sexo y lamiera aquella zona que tanto placer le proporcionaría.

    El morbo de tener a su cuñado arrodillado y completamente sonámbulo, a la vez que le lamía su húmeda vagina, hizo que Sonia tuviese que ponerse las manos en la boca para no gemir como una maniaca y con total seguridad despertar a su marido.

    El sonámbulo se portó como un amante de primera. Atendió todas las necesidades de Sonia, sin mostrarse ni un poco impaciente por penetrar a la mujer que con gran goce estaba lamiendo.

    -Buen trabajo guapote, pero es tiempo de que pasemos al acto principal. -Indicó Sonia, al tiempo que se inclinaba para volver a coger el pene de Diego que se hallaba más rígido y duro que nunca, además de acariciar y levantarlo lentamente.

    A Sonia le habría encantado tumbarlo sobre la cama y cabalgarlo hasta que ambos se corriesen, pero no contaba con la certeza suficiente de lograrlo sin que su cuñado se despertara, por lo que decidió colocarse a cuatro patas y dejar su culo al borde de la cama con las piernas bien separadas.

    -Ahora mi guapísimo cuñado, quiero que me penetres. Estoy totalmente segura de que eres un verdadero tigre en la cama y quiero gozar con todo, así que no te contengas. -Dijo Sonia con lujuria, mientras se pasaba el glande de su sonámbulo cuñado a lo largo de su sexo una y otra vez.

    Enseguida Sonia ensartó con avidez la cabeza del miembro de Diego en su sexo, tras lo que él comenzó a meter y sacar con gran fogosidad aquel trozo de carne hinchada y palpitante.

    Sonia quedó gratamente sorprendida cuando el pene de su cuñado creció aún más dentro de ella, lo cual provocó que tuviera que estirarse para alcanzar la almohada y ponérsela en la cara, mientras disfrutaba las furiosas envestidas de Diego. No obstante, el sonámbulo no le permitió conservar aquella postura demasiado tiempo, ya que con las manos trató de encontrar sus senos para sujetarlos con fuerza, acto que incrementó la lujuria de Sonia.

    Con cada penetración de Diego, a Sonia le costaba mantener la boca cerrada pues el placer era cada vez más intenso. Sin embargo, había conseguido reducir los sonidos que emitía al mínimo. Ella aguantó perfectamente hasta que su cuñado comenzó a cansarse y para recuperar fuerzas, soltó el peso de su fornido torso sobre la espalda de Sonia.

    Sonia restregó sus pechos contra el torso desnudo de Diego, doblegada por un magnífico placer, pues su cuñado sonámbulo aún la envestía de forma constante, aunque con menor intensidad.

    -Ahora yo haré todo el trabajo mi guapísimo cuñado. -Afirmó Sonia con una sonrisa socarrona, cuando consiguió tumbar cuidadosamente al sonámbulo boca arriba sobre la cama, que apuntaba su erecto pene hacia el techo.

    Sonia separó los labios de su sexo lo más posible, para que el miembro de Diego entrase sin dificultad y después de un par de hábiles movimientos, logró sentirlo en lo más profundo de su ser.

    Sonia comenzó a cabalgar lentamente a la vez que sostenía las manos de su cuñado para no perder el equilibrio. Se sentía en la gloria, pues en contadas ocasiones había disfrutado de un miembro de esas dimensiones taladrar su cuerpo, pero en ninguna de esas ocasiones pudo sentir el morbo y deseo que la invadía en aquellos instantes.

    -¿Buscas mis pechos verdad cuñado? -Preguntó Sonia luego de sonreír y a sabiendas que Diego no era consciente de lo que hacía.- Como eres tan irresistible, guapo y complaciente, te voy a dejar. -Sentenció Sonia, tras tomar las grandes manos de Diego y llevarlas hacia sus voluminosos pechos.

    Sonia brincaba cada vez con más energía sobre el miembro de su cuñado, que cada vez le penetraba profundamente, lo cual causaba que soltara gemidos más altos de lo que esperaba en un principio. Ella notó como Diego apretaba sus senos con más fuerza a medida que su excitación crecía. Esto le vino muy bien para poder controlar el orgasmo de su cuñado, al reducir el ritmo cuando sentía que estaba cerca de correrse e incrementarlo cuando percibía que la erección la llenaba menos de lo que ella quería, pues era claro que no iba a permitir que Diego se corriese otra vez hasta que ella no alcanzara el clímax.

    -¡Más, más, dame más! -Exigió Sonia a media voz, al cabalgar a Diego con tal intensidad que los muelles de la cama comenzaron a crujir bajo el peso de los dos.

    Sonia no se detuvo hasta que experimentó el orgasmo y soltó todos sus fluidos sobre el hinchado miembro de su cuñado, pero aun cuando había quedado satisfecha, no dejó de saltar sobre Diego, pues hace mucho que no sentía tanto placer y no le parecía justo no dejar al sonámbulo acabar dentro de ella.

    En el rostro del sonámbulo se reflejó perfectamente el placer cuando eyaculó dentro de su cuñada y ella recibió un poderoso chorro de semen que la colmó por completo.

    -¡Eres increíble cuñado, todo un hombre! -Aseveró Sonia, a la vez que abrazaba y presionaba con sus sudorosos senos el fornido torso del sonámbulo Diego.

    Después de unos minutos de abrazar a su amante y sentir como aquellas masculinas manos recorría todo su cuerpo, Sonia se alzó para limpiar con su lengua el miembro de Diego, que se encontraba empapado por los fluidos vaginales y con el prepucio cubierto por los restos de semen.

    El pene de Diego desde luego había perdido su vitalidad inicial después de esos dos intensos orgasmos, pero aún mantenía un tamaño considerable y no estaba del todo blando, lo cual hizo que la labor de Sonia se desarrollase con mayor facilidad.

    -Estoy segura de que no será la última vez que nos veamos. -Afirmó Sonia en un susurro, después de dar una última lamida a los testículos de su cuñado.

    Una vez consideró que había eliminado la mayor parte de pruebas de que en aquella cama hubo sexo, Sonia salió sigilosamente del lecho, arropó a su cuñado con las sábanas y tras brindarle un beso en los labios, se marchó para descansar como desde hace tiempo no lo hacía.

  • El privado de Buenos Aires

    El privado de Buenos Aires

    Verano de viaje por Capital Federal, haciendo trámites, yendo de un lado al otro, casi terminando cruzo a una rubia infernal, lo cual no pregunten porque me despertó unas ganas tremendas de sexo.

    Termino el último trámite me compro una gaseosa para calmar un poco el calor de la City y me pongo a ver anuncios de sexo. Encuentro varios interesantes y comienzo a mandar mensajes a diferentes números, todos tenían en común que en sus anuncios decían muy dotada, era lo que buscaba lógicamente.

    Una sola me responde muy amablemente contándome sobre sus servicios y tarifas, le respondo contándole lo que buscaba y continuo la charla un poco más relajada no tan mecánica como suele ser con toda trabajadora sexual, era como si fuésemos amigos o conocidos, eso me agrado. Me pasa la dirección aproximada y que cuando llegue la llamé y me decía la dirección exacta. Antes de partir busque el anuncio que correspondía a ese número ya que había enviado varios mensajes y no sabía cuál era el de ella. Encuentro el anuncio y ahí fue donde dudé un poco de ir porque era el único anuncio que no tenía foto, lo que decía estaba bien decía que era un privado muy discreto dónde todas eran dotadas y cumplían todas las fantasías.

    Por el hecho de no tener fotos dudé un poco pero algo dentro mío o quizás la buena onda de aquella voz en el teléfono me convenció de ir a ese encuentro.

    Llego a la dirección que me dijo y me pasó el edificio y el piso donde era, tocó el portero me anuncio y me abren desde arriba, la voz del portero no era la misma del teléfono pero no le di importancia en el momento, era una zona bastante transitada cerca de facultad de medicina.

    Llego al departamento tocó timbre y automáticamente se abre la puerta, una rubia de rulos musculosa blanca sin corpiño tetas grandes y pezones enormes, debajo minifalda con bolados tipo colegiala muy cortita, me hace pasar nos damos un beso en la mejilla nos presentamos. El ambiente era muy agradable luz tenue muy limpio y buen perfume, me invita a sentarme en un sillón y me invita algo de tomar a lo que le aceptó porque hacía mucho calor además de los nervios de meterme en un lugar desconocido.

    Trae unas latas de cerveza y vasos y se sienta a mí lado comenzamos a charlar me pregunta de dónde era le dije la verdad que venía del sur de Chubut y ahí comenzamos una charla más amena dónde por un rato me olvidé que iba a contratar un servicio sexual. Me aclara que no era de charlar de esa manera pero como estaban por dejar de trabajar ese día porque tenían planes para la noche y yo sería el último cliente.

    Ya un poco más en confianza le pregunto si era ella con la que hable al principio y me dice no que había hablado con su amiga que era la dueña del departamento y que se estaba bañando y las otras estaban haciendo otras cosas, al escuchar «otras» me dio algo de curiosidad y miedo a la vez, cuántas serían? Que podría pasar si yo era el único cliente en el lugar? Había escuchado historias que en algunos privados de esta clase hubieron clientes que les robaban y hasta golpeaban.

    Trate de calmarme y disimular mis miedos y comenzó a preguntar por lo que buscaba gustos y preferencias sexuales. Inconscientemente me relajo como si estuviera hablando con una amiga y le digo que iba como pasivo que buscaba una bien dotada y me dice «acá no vas a tener problema todas somos muy dotadas» yo me sonreí como desconfiando que sea cierto. Otras varias veces me habían dicho ser muy dotadas y al momento del encuentro no superaban los 19 cm.

    Me dice que la espere un ratito que iba al baño, al quedarme solo sentí ganas de irme no sé porque, pero a la vez estaba excitado, era algo ambiguo que no entendía porque por un lado me quería ir pero por el otro quedarme y ver qué pasaba.

    Vuelve a los minutos pero al escuchar los pasos me doy cuenta que no venía sola, precisamente eran dos, me presenta diciendo que era la dueña con quién había hablado antes por teléfono, una morocha de pelo lacio hermosa alta de tetas medianas muy naturales, tenía puesta solo una bata abierta hasta su ombligo que dejaba ver la mitad de esos pechos perfectos.

    Nos saludamos con un beso como si fuéramos amigos y se sientan en el sillón una a cada lado, la que me había recibido le cuenta que no era de capital que era del sur y que buscaba alguna bien dotada, la dueña se sonríe y se muerde el labio como ansiosa por probar hasta donde podía llegar.

    La que me había recibido se levanta y desaparece quedándome solo con la dueña charlando sobre mí ciudad que le gustaría alguna vez conocer etc. etc.

    Entre charlas no podía evitar por momento bajar mí mirada a esas tetas que querían salirse de esa bata y ella lógicamente se dio cuenta, termino mí cerveza de un sorbo largo y me ofrece otra a lo que respondo que no que se me iba a subir rápido el alcohol y ella me dice «mejor papi así te relajas más y disfrutamos no tenemos límite de tiempo hoy y todas estamos casi con abstinencia» esas palabras «todas» «abstinencia» me retumbaron en mí cabeza y me dio miedo pero igualmente hizo que mí pija se pusiera como roca.

    Se levanta a buscar otra cerveza y al volver se agacha para dejarla sobre la mesita y al pararse no sabía dónde mirar, se le había abierto la bata y le asomaba una de esas tetas hermosas de apariencia natural tenía movimiento de una teta natural no operada pero a la vez abajo se le notaba algo casi erecto y con mí mirada trataba de ver si algo más se le asomaba sin suerte. Lógicamente se dio cuenta se acercó al sillón y me ofreció sus tetas esta vez dejando salir a la otra dejándome a mí antojo el par de pechos perfectos casi naturales. Los tomo con mis manos sintiendo la suavidad y comienzo a chuparle los pezones y dándole pequeños mordiscos mientras ella gemía y me acariciaba la nuca. Sentía en mí pantalón una presión de mí pija y todo mojado por mis líquidos preseminales, ella con la mano que tenía libre me empieza a tocar la pija sobre mí pantalón hasta que desabrochó mí bragueta y con cierta dificultad logro sacarla, al tocarla sintió todo lo mojado que estaba y se pasó la mano por su boca lamiendo mis jugos y dijo que rico y en ese momento comenzó a chuparme suavemente lo que me provocaba por momentos ganas de acabar en ese instante pero ella como sabiendo lo que sentía se detenía y me chupaba los huevos.

    Estaba disfrutando de esa perfecta chupada cuando llega la otra y exclama «gracias por esperarme» giro la mirada y estaba ahí parada totalmente desnuda y con una pija dormida que mediría 18 cm y delgada, ahí pensé que lo de dotadas no era tan cierto. Gire mí cabeza hacia el lado que se acercaba y me pase la lengua por los labios como invitando a qué colocará su pija en mí boca a lo que entendió a la perfección.

    Se colocó a mí costado subiendo una pierna al sillón y me coloco esa pija dormida en mí boca, estaba sentado con una de rodillas entre mis piernas dándome una chupada tremenda mientras yo con la otra dentro de mí boca, quiso sacar y meter su pija en mí boca para que se le parara pero la detuve dejando toda su pija dentro y con movimientos de mí lengua circulares comencé a jugar con su glande como resultado fue creciendo pero sin sacarla de mí boca, poco a poco fue creciendo en largo y ancho llegando hasta el fondo de mí garganta y no me quedo otra que sacarla de mí boca y ya no era esa flácida pija mediana, había crecido el doble y cubierta de venas eso si era dorada pensaba, y continúe chupando con más ganas.

    Mientras chupaba esa belleza no me doy cuenta que la otra había dejado de chuparme y cuando abro los ojos la veo acercando su pija a mí cara y quedó con los ojos abiertos viendo que lo que tenía ella era mucho más que dotada, era lo que se podría decir de otro mundo, era gigante y justo en ese momento la que estaba chipando empieza a acabar sin darme tiempo a reaccionar y me trago toda su leche. Al sacarla sin darme tiempo a nada la otra intenta meterme ese monstruo en la boca pero era realmente gigante solo me entraba la cabeza apenas y unos centímetros no podía abrir tanto la boca si rasparla con mis dientes entonces le pasaba la lengua y ella me golpeaba la cara con ese tremendo pedazo.

    Se detuvieron y me hicieron colocar de rodillas en el sillón mirando hacia el respaldo quedando en 4, en esa posición la que me había llenado la boca de leche se coloca detrás dándome un profundo beso negro y la otra delante para seguir chupándosela. Así por unos minutos hasta que siento como la que estaba detrás mío me daba golpes en mí ano con su pija y me la pasaba sintiendo como resbalaba con toda la saliva que me había dejado y me escupía de a ratos hasta que de un momento a otra siento que apoya su cabeza y de un solo envión me la mete por completo lo que me provocó que casi gritara cosa que no pude por tener otra en la boca pero provoco que se me abriera la garganta y ese gran pedazo entrará unos centímetros más en mí dolorida garganta.

    La que me había penetrado no se quedó ni un segundo dentro mío y la saco lo cual no le dio tiempo a mí ano que se acostumbrara la otra saco su pija y me la pasaba por toda la cara y la que estaba detrás vuelve a metérmela de un golpe haciéndome doler como la primera vez, y repetía esas embestidas una y otra vez sin darme tiempo a acostumbrarme, la sacaba y la metía de golpe una y otra vez lo que me provocaba dolor y gemidos mezclados de placer, en ese momento aparecen por el pasillo 2 más vestidas solo con unas tangas como recién despiertas preguntando que son esos ruidos y al ver la situación en ese sillón sexual digamos exclamaron con placer y lujuria en sus ojos «fiesta» se acercaron como poseídas y corriendo sus tangas salieron 2 pijas arrugadas por la prisión de sus prendas pero al ir acercándose a mí cara iban creciendo hasta entrar en mí boca y comenzar a tomar dureza, eran toda muy grande la más pequeña mediría 20 cm y todas muy gruesas entre las 3 se alternaban para metérmelas en la boca mientras la que me penetraba seguí con sus embestidas pero ya entraba sin resistencia, me había dilatado por completo entonces la saca y me la acerca a mí boca para acabar por segunda vez y le dice a la dueña, la que la tenía más grande que era gigante, «ya lo tenés listo para vos» yo me quito la pija de la boca y le pido que no porque me ardía un poco y era muy grande lo que tenía pero no hizo caso y yo tampoco puse mucha resistencia y haciendo presión en mí dilatado ano todavía no lograba entrar ni su cabeza, empujaba con fuerza y solo logro meter media cabeza y yo sentía mucho dolor, respire profundo aguante la respiración y decidí empujar hacia atrás con fuerza y ahí si logro entrar los 26 cm de ese matafuego de carne que me destrozó por dentro y se quedó quieta gimiendo de placer pero esta vez fui yo quien no dejaba que se acostumbraran mis paredes anales y moviéndome hacia adelante me la sacaba y volvía a empujar hacia atrás ella dándose cuenta se la sujetaba con una mano y me dejaba dominar la situación, al sacarla sentí mí ano totalmente abierto como le entraba aire y al empujar hacia atrás sentía pequeños desgarros en mí anillo anal hasta que deje los juegos para que me penetrara a su gusto y seguir chupando las otras 3 pijas hermosas.

    Me daba embestidas por momentos muy aceleradas como perro en celo hasta que en un momento empezó a gritar y sentí como descargaba litros de esperma hirviendo dentro de mí que me hacía sentir como ganas de ir al baño y la que tenía dentro me acabo a la vez.

    Se fueron turnando entre mí culo y mi boca las 4, tenía el estómago y mí culo repletos de leche, en un momento que ya habían acabado varías veces me llevan a una habitación para estar más cómodos donde tenían uno de esos sillones tipo Kama Sutra donde me colocan en posición similar, en 4 pero esta vez con la comodidad de tener todo el cuerpo relajado sin tener que mantener la posición con mis fuerzas que ya no me quedaban muchas.

    Siguieron alternando sus pijas en mí boca mientras que una busca un juguete y me lo coloca bien profundo en mí culo y lo deja dentro pero era de esos inflables y comienza a inflarlo dilatándome al extremo sintiendo por primera vez que mí culo se abría al extremo, era muy doloroso pero estaba entregado a sus juegos y perversiones. Después de inflarlo al máximo comenzó a tirar de el para quitarlo pero sin quitarle el aire, hacía fuerza sin lograr quitarlo lo giraba y volvía a intentar sin suerte, me hacía recordar a mí primera vez abotonado.

    Luego de varios minutos y dos que habían vuelto a acabarme en la boca logra quitarlo de mí culo y sentía como iba muy lentamente cerrandose me culo pero automáticamente siento un puño que me invade mí recto sin piedad, lo metía y sacaba violentamente casi sin resistencia, mí ano era un parque de diversión para ella.

    Me penetraban una y otra vez con sus pijas con puños con juguetes, 2 de ellas se habían colocado cinturongas para hacerme una doble.

    Literalmente me violaron como quisieron pero yo no ponía resistencia, estaba hipnotizado por la situación.

    Totalmente dolorido y luego de varias horas, que después me daría cuenta que fueron 4 horas, terminamos en la cama totalmente rendidos cansados con el ambiente lleno de olor a sexo, como pude me levanté y fui a ducharme al pasarme el jabón por mí culo para limpiar la leche que no dejaba de caer el jabón literalmente se me pierde dentro, estaba totalmente dilatado y hacia fuerza para cerrarlo sin suerte. Estaba tratando de quitarme el jabón de adentro y entra una de ella al verme en la posición que estaba me dice «quedaste con ganas de más» y le cuento lo que me pasó y se ofrece a ayudarme metiendo los dedos para tratar de agarrarlo sin suerte porque se le resbalaba al ser jabón y me dice respira profundo y me manda la mano entera y ahí logra agarrarlo en mí interior pero todavía tenía que sacar la mano que al agarrar el jabón y cerrada era bastante difícil sacarla.

    Estaba haciendo fuerza para sacarla y se vuelve a abrir la puerta y era otra de ellas y exclama «ha bueno siguen calientes por acá» y se ríen.

    No terminamos de higienizar todos y quedamos un rato sentados dónde todo comenzó, en el sillón, tomando algo para bajar un poco y recuperar fuerzas al menos yo que todavía me quedaba un largo viaje hasta mí hotel.

    De a poco sentía mí culo cerrarse o esa era mi impresión que al llegar al hotel me daría cuenta que era solo eso una ilusión y seguiría abierto por varios días. Estaba a punto de despedirme y una se acerca y me pide una última chupada y acepto aclarando que no quería que me penetran otra vez, acepto y comenzó a penetrarme la boca y masturbarse a la vez y todas se calentaron por última vez y me despidieron acabando todas en mí boca por última vez, nos despedimos una trae un juguete un plug anal de dimensiones importantes y me hace bajar el pantalón y me lo coloca en mí culo y me dice que era para que no me empezará a salir la leche en el camino cosa que tenía razón porque me seguía saliendo leche del culo.

    Me levanto el pantalón y salgo de ese privado totalmente roto pero feliz, salgo del edificio y al lado había un kiosco dónde entro a comprar una gaseosa porque tenía la garganta llena de leche espesa que no terminaba de bajar.

    Todo el camino al hotel era un recordatorio a cada paso de lo que había sucedido al tener ese plug en mí culo, al llegar me masturbe todavía con el juguete dentro y acabe 4 chorros muy potentes como pocas veces me había pasado.

    Tarde más de 24 h en recuperarme pero el dolor interno duro un poco más de 2 días. Volví dos veces más a ese privado antes de volverme a mí ciudad y la experiencia fue la misma y una de esas visitas la última fue un poco más extrema pero será en otra entrega.

    Espero les guste mi experiencia 100% real, saludos a todos desde Madryn.

  • Pagando el taxi con una mamada

    Pagando el taxi con una mamada

    Después de la culeada que me había dado Jacinto él no volvió más, así que le pregunté a su sobrino Brayan porque Jacinto no había vuelto al trabajo, me dijo que se le habían presentado unas calamidades domesticas a su tío, por lo que tuvo que volver a su pueblo yo me puse triste, pero que más podía hacer, además mis padres habían sacado el tiempo para ya estar en la casa a supervisar las remodelaciones, decidí darle mi número a Brayan para que se lo diera a Jacinto para poder tener contacto con él.

    Sabiendo que en mi casa ya no iba a ver más acción, retorné a mi trabajo sin terminar mis vacaciones, en mi trabajo habían muchas cosas por hacer documentos por organizar y envíos por supervisar, mi jefe no estaba en el país por lo que me tocaba supervisar las cosas a mí por lo tanto tenía más trabajo que antes, y estaba muy ocupada solo salía del almacén para comprar comida. En mi trabajo usaba ropa ejecutiva, y como a mi casi no me gustan esos pantalones de tela usaba las faldas las cuales no me quedaban ni cortas ni largas, pero aun así me quedaban apretadas, entonces cada que salía me veían el culo lo sentía con la mirada. Además las camisas que usaba también hacían que mis tetas resaltaran y se viera lo redondas que son.

    En el lugar donde yo compraba mi almuerzo iban muchos taxistas y conductores, había uno en especial que siempre me miraba con más morbo que los otros, y no desaprovechaba oportunidad para decirme piropos vulgares, se llama Francisco le decían “PORKY” por que parecía una marrano, era gordo, su piel era blanca, pero como es taxista y recibía mucho sol, había unas partes de su cuerpo que eran más oscuras que otras, tenía una melena en la parte trasera de su cabeza, pero se estaba quedando calvo en el frente. Siempre está sudando, y por lo tanto su olor no era el más agradable.

    Yo no prestaba atención a lo que él me decía y eso era porque muy dentro de mí me gustaba que me tratasen así como a una perra, ese día en especial me tocó quedarme más tarde de lo normal revisando papeles y todo lo relacionado a las finanzas del almacén, además debía coordinar el pago de los empleados, así que ese día me quedé hasta más tarde de lo habitual cuando salí eran las 12 de la noche, y en el lugar donde yo trabajaba esa hora era algo peligrosa, para que yo estuviera sola por ahí esperando un taxi así que mientras esperaba un taxi, para mi sorpresa pasó Francisco.

    F: Entonces que mami cosita rica, la llevo para la casa ¿o que mi amor?

    S: No habiendo nadie más cerca, no tengo de otra

    F: Ehhh mami que honor me hace, que usted suba ese culote en mi carro mamacita rica dan ganas de ni cobrarle la carrera, quien fuera asiento praa que usted me ponga ese culote en la cara mi amor.

    S: ¿Podría dejar de hablar tanta bobada? Y maneje que estoy cansada gracias.

    F: Claro que si mi amor.

    Estaba yo en el asiento de atrás, y como les había dicho antes esas falditas si bien no me quedaban cortas si me quedaban apretadas, así que él podía ver bien mis piernas por el espejo, estuvimos en silencio un rato hasta que me puse a alistar la plata para pagar, porque ya casi íbamos llegando a mi casa y me di cuenta de que no llevaba mi billetera, así que le dije que si me podía llevar otra vez al almacén para recoger mi cartera, y poder pagarle que yo le pagaba el doble o el triple si quería, pero él dijo que por allá no se devolvía,

    Ya en mi mente yo estaba pensando que se iba a aprovechar de esa oportunidad para pedirme que hiciera algo, y así fue sin dar tanto rodeo me dijo que se la chupara un ratico, que él no le decía a nadie y que a cambio no me cobraba la carrera, eso no me sorprendió porque ya sabía yo, que era esa clase de tipo todo vulgar y morboso, y pues yo como me había vuelto una perra, y lleva a tiempo sin probar una verga en mi boca le dije que sí, pero que no le podía contar a nadie porque si lo hacía.

    Yo lo iba a negar todo el accedió de inmediato, y nos dirigimos a una parte de la ciudad que era monte, había árboles y arbustos donde uno poder esconderse a hacer cosas, nos bajamos del carro para poder buscar un buen lugar y mientras caminábamos, podía ver condones llenos de semen en el piso y tangas colgadas en los árboles, era la primera vez que iba a esa parte de la ciudad.

    Encontramos un buen sitio donde yo pudiera hacer mi mamada a Francisco, él me beso a lo que yo en mi mente decía que ya estando aquí no había de otra, su lengua recorría toda mi boca, y sus manos me apretaban las tetas y el culo, me tocaba por todo lado y pues yo me dejaba, me quedaba ahí quieta mientras el tocaba todo mi cuerpo, le veía su cara de enfermo mientras disfrutaba, yo por mi parte también lo disfrutaba porque me manoseaba bien, pero no lo quería aparentar enfrente de él.

    Llegando la hora de la verdad para no alargar más esa situación, me arrodille y le baje sus pantalones, su pene era pequeño pero grueso y cabezón, olía a sudor y además estaba peludo yo como no me complico si la persona lo tiene peludo yo igual lo chupo, así que con la punta de mi lengua le empecé a lamber sus huevos todos peludos con la punta de mi lengua, a lo que sentí sus gemidos y su verga empezaba a palpitar, su verga sabia un poco salada y agria, me di cuenta que si hacia un buen trabajo se vendría rápido y acabaría llegando a mi cada más rápido, así que me puse en acción y empecé a chupársela mientras le acariciaba los huevos con mi manos, el me cogía de la cabeza, y me apretaba contra su cuerpo y como su verga no era grande, cabía perfectamente en mi boca y empecé a mover mi cabeza de un lado a otro, de abajo para arriba, de izquierda a derecha, para que su pene bailara dentro de mi boca, y con mi lengua ir rosando su verga bien por todas partes, sentía como la respiración de Francisco se agitaba cada vez más, y fue cuando sentí la descarga de semen en mi boca me lo trague todo, sabia dulce me gusto el sabor de su semen, así que me lo trague con mucho gusto, y me pare y lo bese, nos montamos al carro no dijimos nada en todo el camino hacia mi casa, entre a mí casa me bañe, me lave la boca, y me acosté a dormir, al día siguiente Francisco y yo hicimos como si no hubiera pasado nada, el siguió diciéndome cosas cada que podía y yo seguía ignorándolo.

    ********************

    Posdata: Hola ¿cómo están? espero que estén bien.

    Espero que les guste la historia, tal vez no es tan buena como las anteriores, pero espero que les guste.

    He visto que hay mucha gente que quiere estar en contacto conmigo, así que en mi perfil dejaré mi correo, pero eso sí, no esperen que les mande fotos ni videos. Por mi parte voy a responder todos los correos que me envíen lo más rápido que pueda.

  • Escuché por teléfono como mi mujer goza con otro

    Escuché por teléfono como mi mujer goza con otro

    Los detalles de este encuentro fueron narrados por mi mujer, para que yo los exponga en este relato.

    Laura había quedado enganchada con ese Daniel, el tipo que la cogió y nos humilló a ambos en el último encuentro que tuvimos en pareja.

    Debo reconocer que era un tipo muy pintón y la había cogido muy bien por lo que vi.

    Pero ella había quedado algo conmovida por el trato humillante que había tenido hacia mi que, si bien estaba pactado y sabía que de alguna manera a mi me gustaba mi papel de cornudo sumiso, le pareció demasiado fuerte e hizo que se sienta mal.

    Daniel también había sido hiriente con ella al tratarla como a una puta cualquiera, pero eso no podía negar que lo había disfrutado mucho y la excitaba sobremanera.

    Sumado a que físicamente éste hombre le atraía bastante, tenía muchos deseos de entregarse a él nuevamente, pero no quería hacerme pasar por otro mal momento y tampoco sufrir ella, al verme tan menoscabado como hombre.

    Entonces comenzó a gestarse la primera infidelidad verdadera, se comunicó con Dany a escondidas y planeó un encuentro a solas sin que yo lo sepa.

    En un par de charlas telefónicas Daniel le advirtió que iba a ser tratada como una sierva, una especia de esclava sexual, y que debía estar dispuesta a entregarse totalmente, ella aceptó pero solo puso como condición no ser maltratada físicamente, Lau siempre tuvo fantasías masoquistas, pero siempre dirigidas a la humillación verbal o quizás física o sexuales, pero sin dolor extremo.

    Un día inventó una excusa y se fue a su casa, yo no tenía ningún control sobre sus movimientos, no podía ni debía hacer muchas preguntas, era un cornudo consciente al permitir que se acueste con cuanto tipo se le ocurra, la única condición era que fuera en mi presencia, pero esto no significaba que tenía derecho a controlarla ni a desconfiar, y se aprovechó de ello.

    Una tarde me dejó solo en casa, se arregló más de lo habitual para una salida con una amiga, en ese momento no sospeché nada, esto se repitió varias veces hasta que un día no pudo o no quiso ocultarlo más y me confesó que se estaba acostando con él, igual sin decirme con quién estaba, me empezaron a mandar fotos de ella cogiendo y me hacían escuchar sus gemidos.

    Laura entro a la casa de Daniel y nunca volvió a ser la misma mujer que yo conocía, no la puedo culpar, todo había sido provocado por mí, ella cambió pero no quiso dejarme y seguimos teniendo el mismo estilo de vida liberal y supongo que intercalaba con eso, algunos encuentros con su amante.

    Esa tarde, que es la que nos ocupa hoy, tuvo un encuentro sexual frenético, diría hasta salvaje con Dany, fue a su departamento, ni bien traspuso la puerta de entrada, entró al living comedor, él le ordenó que se desnude allí, mirándola de arriba a abajo con una sonrisa burlona, y mientras lo hacía, él dijo…

    -¿tú marido sabe que estás acá?

    -no, vine sin decirle nada, será mi secreto.

    Cuando la tuvo frente a él completamente desnuda, se le acercó y la tomó de los pezones tironeándolos con fuerza.

    -Ayy me duele papi.

    -Un poco tiene que dolerte, así vas a aprender quién manda.

    -Ay por favor mi amor.

    -cállate puta.

    Entonces empezó a rozarle apenas los pezones, se los tocaba muy despacio y de pronto les daba un pellizco, ese paso de la caricia al dolor y vuelta a la caricia, la volvía loca, cuanto más se desesperaba, más se lo hacía…

    -me volves loca, por favor ahhh, no ohhh, por favor, no seas hijo de puta.

    -¿para qué viniste a verme?

    -para que me cojas.

    -¿te gustó como te cogí delante de tu marido?

    -Sí, me encantó, me gustas porque sos un hijo de puta.

    -hoy vas a cumplir tu promesa, te voy a hacer bien el culo, putita.

    En ese momento, le apretó y retorció los pezones, la hizo casi llorar, ella se quejó y el volvió a decirle que se calle. Ahí le soltó una teta y sin dejar de apretar la otra, le pasó dos dedos por la concha, le frotó el clítoris, excitándola más de lo que ya estaba, ella se quejaba por el dolor en la teta, gemía por la calentura, estaba agitadísima, casi no podía controlar su propia respiración, y él le dijo…

    -ahora date vuelta y mostrame el culito.

    Ella giró y él ahora le puso la punta del dedo índice en el ano, enseguida se lo metió casi por completo, lo introdujo con movimientos envolventes dentro del culo de mi amada, para dilatarla, ella deliraba de placer y no era capaz de negarse a que lo haga, estaba entregada, cada vez jadeaba y gemía más, ya presagiaba lo que le iba a hacer, estaba a punto de rogar que saque el dedo y la penetre con su verga, que por cierto ella estaba rozando con sus manos entrelazadas, sintiendo y tratando de acariciar una erección descomunal, pero tenía miedo que lo haga con crueldad.

    Pero antes de eso faltaba algo…

    -ponete de rodillas y mostrame lo puta que sos, chúpame bien los huevos y cuando yo diga te vas a tragar toda la verga.

    Laura obedeció como buena sumisa y además porque deseaba tener esa verga en la boca, al arrodillarse se puso en cuclillas y su agujerito quedó bien abierto, Daniel se inclinó un poco y le colocó un vibrador que ella alcanzó a ver antes que se lo ponga, tenía forma de pera no demasiado largo pero grueso como una buena verga, tenía como una colita que quedaba fuera del ano, y que parecía que lo manejaba con un control remoto, con el que le mandaba vibraciones intermitentes.

    Cada vez que lo pulsaba, el aparatito se movía dentro del culo de mi mujer como si le diera una leve descarga eléctrica, eso la volvía loca y la impulsaba cada vez que lo sentía, a meterse toda la pija en la boca desesperadamente, por supuesto eso derivaba a su vez en arcadas, lo que completaba una escena por demás morbosa y excitante.

    Para completar el panorama, luego de un par de minutos así, el sádico amigo tomó otro vibrador igual al anterior y se lo colocó en la vagina, a la vez que le ordenaba que siga con su labor bucal.

    Con cada impulso eléctrico del vibrador en la concha, Lau estaba a punto de tener un orgasmo, pero el hijo de puta dejaba de aplicarlo cuando veía que ella se venía, y la dejaba cortada…

    -por favor déjame correrme, no puedo más, te lo suplico por lo que más quieras.

    -cállate y seguí chupándome la pija, vamos puta, que pronto te voy a hacer la cola, ¿no es eso lo que viniste a buscar?

    Tomo su celular y le dijo que sin sacarse la pija de la boca, mire hacia arriba, y le sacó una foto donde se la veía claramente tragándose la pija.

    Luego le sacó la verga de la boca, la tomó de un brazo y la llevó al dormitorio, la hizo acostar con las piernas flexionadas y bien separadas, besó sus pies delicadamente, mientras su verga quedaba en la puertita de su hoyito anal, le quito la perita del culo y le dejó solo la de la concha, que seguía vibrando en forma intermitente y volviéndola cada vez más puta, le pasó los dedos mojados con saliva por el ano y la penetró apoyando sus pies sobre sus hombros, no muy delicadamente, ella gritó desesperada.

    No tuvo más que hacer un leve movimiento hacia ella para que su glande comience a entrar en la cola de mi mujer, ella gimió primero dulcemente, ansiosa por sentir a ese hombre, luego pego un gritó de dolor, él empujo con fuerza, no la trató con mucha delicadeza y la penetró sin contemplaciones consiguió ingresar su miembro haciéndosela sentir hasta los huevos.

    -ahhh mierda ¿qué haces hijo de puta, porque me haces esto? más despacio por favor, no me lastimes, ooh me duele papi te lo suplico.

    Mientras la cogia casi como un salvaje, le pidió mi número de whatsapp, que no tenía registrado y me envió la foto de ella chupándole la pija, con un mensaje que decía…

    -¿sabes dónde está tu mujer en este instante, cornudo?

    Ni bien lo recibí, la llamé a su celular y le pregunté dónde estaba, y me contestó con la voz entrecortada y muy agitada, por la culeada que le estaban pegando…

    -estoy con un hombre mi amor, perdóname, no quería que lo sepas pero me está obligando a que te lo diga.

    Cuando escuche la voz del tipo, (en ese momento no sabía que era el Daniel que yo conocía) me pareció reconocer su voz pero no estaba seguro, que le decía…

    -deja el teléfono abierto para que te escuche gozar putita.

    Entonces empezó a darle una serie de pijazos bien fuertes, le metía y le sacaba la pija del culo casi entera, y con cada embate Laura gritaba…

    -Ahhh no por favor, así no por Dios, ohh no diablos pará pará por favor no sigas ayyy, no ahhh me duele, hijo de puta, no porfa paraaá, papi como me coge, que pija tiene por Dios.

    Me preocupo escucharla rogar así, porque parecía que no era un juego y entonces volví a escuchar la voz del hombre…

    -vamos puta, decile al cornudo que vos querías que te haga el culo así….

    -ay mi amor, no sabes como me está cogiendo, me está rompiendo el culo papi.

    -relájate mi amor y gozalo, pensa que estoy con vos cuidándote.

    -decile que viniste para que te coja, porque te gusta cómo te trato y te hago sentir bien putona, porque sos una zorra y él no es un hombre completo.

    -si vine porque me gusta como me coges, dámela toda hijo de puta, dame pija, dale

    -Ya va puta, te voy a llenar este orto de leche, así se la llevas al cornudo y que te chupe el culo y se trague mi semen.

    -no por favor eso no, no me acabes adentro por favor…

    Y en ese momento cortó la llamada y no pude saber si le dejó la leche adentro, luego supe por Laura que el tipo terminó afuera, pero la verdad, ya no sé qué creer, digamos que mi mujer no es muy confiable en este sentido.

    Yo no pude escuchar más como la estaba cogiendo ese hombre, apagaron los teléfonos y se la siguió culeando con todo

    -sos toda mía trola, te voy a romper esta cola hermosa, quiero que la sientas bien adentro nena.

    Ella ya casi dilatada, comenzó a entregarse y por la actitud tan autoritaria del tipo, dejó de resistirse a sus embates y se brindó totalmente…

    – si amor soy toda tuya, dame tu pija, dámela en la cola, cogeme mi amor, quiero tenerte adentro mío, hoy soy tu puta mi vida.

    -Me duele mi amor, pero me haces gozar mucho, es tan grande y linda papi.

    -aguantala mamita, ya está mi vida, ya está, ya está, ya pasa mi amor ya la tenés toda.

    Y siguió penetrándole el culo, la escucho gritar y gemir de placer y finalmente ella se habituó a sentir ese pedazo que le llenaba la cola, y comenzó a decir…

    -ay por favor, como me coges cielo, que rico es esto, que pija divina tenés, que bien me lo haces, mmm mi amor mi vida, ohh diablos, lléname bien de leche la cola papi.

    Él le juró y le aseguró que estaba sano y le acabo adentro con su semen, y ese fue su secreto durante mucho tiempo, cada vez que se veían, él la llenaba con su esperma, y eso la mantenía muy loca y excitada, porque de mi no podía obtener más que mi lengua, pero su amante podía suplir todas sus carencias.

    Luego de verla totalmente entregada con sus piernas abiertas recibiendo la leche de su hombre, a él se le presentó una imagen, y le propuso su nueva fantasía

    -para la próxima vez que vengas, quiero invitar a un amigo mío para que le chupes la pija mientras yo te garcho.

    -te volviste loco.

    -vamos, me vas a decir que no te gustaría o que nunca lo pensaste.

    -no si, lo pensé, pero me da miedo.

    -¿miedo de qué? no va a pasar nada que no quieras, creo que ya me conoces, solo se trata de que tengas dos pijas a tu disposición.

    Después de sucesivas salidas semanales que Laura no se preocupaba por justificar mucho, me confesó que se estaba acostando con él a escondidas hace tiempo, me dijo que quería seguir viéndolo así, que nada cambaría entre nosotros, y que podíamos seguir teniendo nuestros tríos, pero mientras durara, ella iba a mantener su relación de amantes con Daniel y eso no me incluiría nunca más, nunca me dijo que él le daba su esperma por todo orificio posible y obviamente se lo daba en la boca para que lo trague, pero yo lo sabía.

    Como les conté más arriba, después de algunas salidas misteriosas, me confesó que se estaba acostando con Daniel, lo que dio origen a este relato, mientras yo le chupara la concha de vez en cuando y su amante la llene de leche como mínimo una vez a la semana, ella tenía sus necesidades sexuales satisfechas, lo que hiciéramos en nuestros tríos eran extras, por eso se puso más exigente en estos encuentros y empezó a buscar cosas distintas.

    Unos días después surgió una propuesta de un matrimonio compuesto por una mujer bisexual activa y un hombre aparentemente hetero, no me necesitaban a mí para nada, solo querían cogérsela los dos a ella, Laura puso como condición que yo debía estar presente aunque no participe, ellos dijeron que no tenían problema, hasta les provocaba morbo que yo viera lo que iban a hacerle a mi mujer.

    Laura estaba muy entusiasmada con tener una cita con ese matrimonio, le copaba la idea de estar con una mujer activa, ella pensaba que no podría haber nadie mejor para hacerla gozar que otra mujer, que debería saber que botoncitos tocar exactamente, además era un matrimonio de edades muy similares a las de ella, y la mujer tenía un físico muy parecido, eso los hacía perfectos.

    Además me dijo que hacía tiempo que le daba vueltas en la cabeza, la idea de que la enfiesten un par de tipos esa era la idea de la que le había hablado su amante, y estaba a punto de concretarla sin decírmelo, le parecía que en un paso anterior a ese, debía estar con un matrimonio de las características de éste.

    Pero el encuentro con esta pareja se los contaré en el próximo relato.

    Espero que les haya gustado y pueden dejar un comentario aquí o escribirme a mi correo [email protected].

    Besos a todos mis lectores.