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  • En la calle porque ya no aguanté

    En la calle porque ya no aguanté

    Me la encontré cuando salí de trabajar, ese día andaba jarioso, una chica que luego les contaré me había dejado caliente y necesitaba desahogarme y no quería hacerlo con mi propia mano.

    Justo cuando caminaba rumbo la esquina vi a Clara, si la chica “fea” de buenas nalgas que me cogí.

    Corrí como loco para alcanzarla, si alguien me podría bajar las ganas, esa era Clara, quien siempre estaba dispuesta a tener mi verga dentro de sus orificios.

    Una vez que la alcance, comencé a abrazarla por detrás arrimándole mi verga dura, ella me miro un poco espantada, pero al percatarse que era yo, ¡solo se rio y siguió caminando!

    C: ¡Órale!! ¿Así te dejaron?

    T: ¡No!! ¡Así me pones!

    C: ¡Si, como no!

    T: ¡No me crees!

    Empecé a besarle el cuello, recorría con i lengua de su espalda a sus orejas, ella esta erizada y lanzaba ligeros gemidos, justo al llegar a la esquían comenzamos a besarnos apasionadamente.

    C: ¡Te extrañe!

    T: ¿En serio?

    C: Si, ¡coges muy rico!

    T: Pues vamos, ¡para que no me extrañes!

    Mientras caminábamos y nos metíamos a un callejo de terracería donde casi no hay casa ella me decía que andaba floja de dinero y luego recordé que e igual, así que no podríamos ir al hotel.

    Seguimos besándonos y acariciándonos muy cachondamente, nos pusimos en medio de unos camiones de carga y ahí comencé a sobarle las nalgas, metí mi mano en su calza y apretaba con fuerza, ¡mientras tanto mi verga estaba durísima!

    T: ¡Chúpamela!!

    C: ¡Pero nos van a ver!!

    T: ¡Ándale, chúpamela!

    C: ¿Aquí?? ¡Y si pasa alguien!

    T: No nos ven, estos carros nos cubren, ¡ándale bájate!

    Ella al principio dudo, pero con caricias y besos y mi labia conseguí que se hincara y me bajara el pantalón, saco de mi bóxer mi verga dura y comenzó con suaves lamidas, que adrenalina, ¡estábamos en la calle y ella me la mamaba!

    Para mí era la primera vez que pasaba algo así, me succionaba delicioso, la besaba con pasión, la tragaba poco a poco y luego de golpe, ¡sin perder tiempo le tomé un par de fotos y le apreté la cabeza para comenzar a follármela de la boca!

    Una y otra vez, mi verga ya estaba hasta su garganta, yo gemía y suspiraba, muy de vez en cuando verificaba que nadie nos viera, Clara continuaba ahogada con mi verga, ya no resistía más, así que como loco me moví llenándola de ¡semen!

    T: ¡oh!! Trágate mi leche, uhm, ah!!

    C: ¡Agh!, uhm! agh!!

    Clara estaba toda embarrada de la cara, yo estaba con espasmos ¡que rico orgasmo!, el hecho de estar tan caliente me hizo tenerla aun dura, así que sin perder tiempo le baje la calza de sopetón y me baje lamiéndole las piernas y chupándole la concha como desesperado.

    C: ¡Ay!! Uhm, Tyson, ¿qué tienes?

    T: ¡Ando suelto, te voy a coger!!

    C: ¿Uhm!, aquí? ¡Nos verán!

    T: ¡Me vale madres, serás mi perra!

    Me senté en la defensa trasera o no sé cómo se llame esa parte de los camiones, la levante de las piernas y la ensarte.

    Como ella es chaparrita yo podía moverla mi antojo, el camión se movía a mi ritmo, ¡pero no me importaba yo solo quería cogerme a esa hembra!

    C: ¡Oh!! ¡Que rico, uhm!

    T: ¡Ah!! ¡Así, muévete!

    Me levante y la recargue en es aparte también, levante sus piernas y ella se agarraba para no caerse, se la metía rápido, sin compasión, una y otra vez mi grosor estiraba su concha peluda.

    T: ¿te gusta?

    C: ¡Si!!! Cógeme, uhm, soy tu perra!

    T: ¡Eso es perra, uhm!!

    C: ¡Ah!!! ¡Que rica verga, uhm, ah!!

    Me detuve solo porque casis e cae, así que le pedí se volteara, ella lo hizo empinándose un poco, se veía espectacular, la noche, su humedad, el momento era perfecto.

    La tome de la cintura y empecé a penetrarla suave, ella gemía y me pedía la cogiera rápido.

    C: ¡Si, ah, que rico, uhm!!

    T: Toma tu vicio, ¡uhm!!

    Como toro embestía a la morena, ella gemía y el camión se movía, la empujaba con tanta fuerza que se golpeó un par de veces en la cabeza, pero eso no me detuvo, ¡subí mi perna en el camión y comencé a moverme con todo!

    T: ¡Ah!! ¡Toma, uhm, toma!

    C: ¡Agh, si, así, ah!!

    T: ¡Me vengo!! ¡Me vengo!!

    C: ¡Ay!!! ¡Yo igual!

    Comencé a venirme a chorros, ella también se venía y nuestros fluidos se mezclaban súper, ¡ambos teníamos un orgasmo fenomenal!

    T: ¡No mames, que rico!

    C: Coges muy bien, de verdad, ¡que rico!

    Nos limpiamos un poco, nos acomodamos la ropa y la acompañe a su casa esa sería la última vez que la ebria, Clara desapareció como si se la hubiera tragado la tierra, algunos dicen que se juntó y se la llevaron a vivir lejos, otros que anda en prisión por andar en malos pasos y compañías, no sé, solo recuerdo lo rico que me la cogí.

    Tyson!

  • Virginia (Parte V)

    Virginia (Parte V)

    Ella me buscó, insistía en buscarme todos los fines de semana que podía… llegaba sin avisar, le encantaban esos encuentros en mi departamento. Nada que ver en la oficina, donde ahí ella mantenía esa imagen de seriedad y mantenerse aparte, había unos compañeros que trataban de sonsacarla y ser muy amistosos, pero ella ponía distancia, siempre hablando de su prometido que ya estaba por regresar de sus estudios fuera del país. Casuales y me arruinaba con otras chicas.

    El viernes salimos con los compañeros de trabajo a celebrar, estábamos 5 personas: Pedro, Rebeca, Raquel, Virginia y yo.

    Con Pedro manteníamos una competencia oculta, estábamos interesados en Raquel… ella era cabello castaño claro, ojos grandes, carita redonda labios gruesos, nariz un poco respingona, no era delgada, tenía unas curvas seductoras, rara vez usaba falda, pero ese día andaba de falda y se notaban lo carnosas de sus piernas, de un color muy claro, además los tacones que andaba acentuaban sus curvas. Fuimos primero a un bar restaurante, de esos de cadenas, con su show en vivo en terraza, ahí pides unas boquitas para compartir y los respectivos culetazos de cerveza. Raquel y Virginia prefirieron coctel, ya Rebeca era más de cervecera. Virginia hablaba poco y Rebeca era un mar de palabras, por su parte Pedro trataba de enfocar la atención de Raquel, al igual que yo… pero este estaba contrariado, porque Rebeca no lo dejaba tranquilo, ya antes él había tenido interés en ella, pero lo había rechazado cuando apenas empezaba en la empresa, hoy que ya tenía mejor puesto, ella le tenía ganas, por eso no se le apartaba de encima y Raquel estaba cerca de mi…

    Virginia contrariada por eso, dijo que se tenía que ir, me dijo si yo me iría pronto para que le diera aventón, pero dije que aún no, se despidió y dijo que pediría un taxi. Después de reírnos todos por su actitud, quedamos de ir a una discoteca cerca, para continuar la noche. Supuse muy a mi placer que tendría un buen chance con Raquel, y está ya estaba muy animada, después de unos cuantos cocteles que pidió… revise mi teléfono y tenía varios mensajes… Virginia, diciéndome que estaba afuera, que me esperaba. Estaba contrariado, tenía ya a la chica que deseaba esa noche y la otra no me dejaría disfrutarlo. Salimos y ahí estaba ella, dijo que no había encontrado transporte, le dije que íbamos para una discoteca, se quedó callada un rato pero igual iría con nosotros. Pedro quería que Raquel se fuera con ella, pero Rebeca se le adelantó, como el carro de el era de dos puertas, Raquel quiso irse en mi camioneta, en eso Virginia fue hábil también, le dijo a Raquel que iría cómoda en el asiento de atrás, guiada por Virginia, esto me termino de arruinar la jugada, pensaba dejar a aquella en su casa y luego ir con Raquel al apartamento…

    Virginia: vamos Raquel, iremos a tu casa primero…

    Raquel: yo no voy a la casa hoy… hoy era para gozar!!!

    Virginia: y tu niño? Lo vas a dejar solo hoy?

    Raquel: está con la abuela, hoy no llego… hoy es viernes! Hoy es noche libre!!! Mañana soy mamá, hoy soy una más en fiesta!

    Virginia: pero…

    Raquel: pero nada!!! Y vos no seas maricón, cuidadito me dejas en la casa! Dijiste que siguiéramos la fiesta!

    Yo: Yo cumplo lo que digo! Yo no me estoy echando para atrás! Aquí seguimos! Virginia, te paso dejando!

    Virginia: Nooo… yo… yo también voy! No te puedes ir sola…

    Raquel: Así es mi amiga!! Sigamos!! Uhuuu!!!

    Ya me había fastidiado a mí, pero lo que no imagino es que Raquel sin saberlo la fastidiaba a ella, quería deshacerse de ella para irse conmigo, pero la cosa no le salió como tal…

    En la Discoteca de moda, que tenía un nombre así muy Barroco, el asediado de Pedro no encontraba como liberarse de Rebeca y yo era acompañado por Raquel y una inconforme Virginia que apenas seguía el ritmo, estaba ella tratando de seguir el paso del lugar, pero le ganaba Raquel, que se movía con todo el dominio de su cuerpo, se subía la falda al hacer esos movimientos hacia abajo típicos del reggaetón, que era la música que dominaba la noche, se arrimaba a mí y me hacía parar la verga, no sé si a propósito, pero en su cara se miraba la satisfacción y placer.

    En medio de todo, poco a poco se fue acercando Pedro y en una gran jugada, hizo que cambiáramos de parejas, en lo que Raquel giró, él se puso detrás y ella siguió haciendo su contoneo provocador, con lo que Rebeca se dirigió hacia mí, ella no está nada mal, 1.67 de alto, cabello claro, es delgada, casi que su cintura se pierde, pero tiene unos pechos generosos, pero mi interés estaba en la otra… esto no le parecía a Virginia, que estaba haciendo papel secundario y a la vez, no quería darse color con nadie, bailaba muy pegado con Rebeca, sentía sus pechos pegarse a mi cuerpo, se dio la espalda y me pego las nalgas al cuerpo, yo tome su cintura y pase las manos casi llegando a los pechos, ella giro la cara de manera muy coqueta, le había gustado el movimiento…

    Después de un rato dijo que iría al baño, nos fuimos moviendo a un lado de la pista, cuando nos apartamos de los otros, las luces cambiantes, la gente moviéndose, bebiendo y otros consumiendo algo más, había mucha energía sexual… cuando aquella se fue al baño, ya sin que nos vieran los otros, Virginia se atrevió más conmigo, se pegó a mí y me provocaba con su movimiento, yo aproveche a desquitarme las tretas de ella… me pegue mucho y agarraba sus caderas, casi rodeando sus nalgas, se sonreía como siempre que la excitaba y provocaba, fui subiéndole la falda, ella se la bajaba nuevamente y luego volvía a poner sus brazos sobre mis hombros, estaban tan concurrido el lugar que los demás chocaban con nosotros, a veces hasta una mano se pasaba por mi e igual veía alguna deslizarse por el cuerpo de Virginia, esto tenía algo de excitante, volví a subirle la falda.

    Cuando Rebeca vino de vuelta, me sonrió de manera cómplice, se pegó detrás de Virginia y le acaricio la caderas, aquella se sorprendió y a mí me encantó, bailamos muy pegados deslizaba las manos del cuerpo de Virginia al mío palpándome la cintura, bajo aún más casi pegando su cara a las nalgas de Virginia, yo hice lo mismo y al subir le agarre las nalgas a Virginia, sintiendo también la entrepierna caliente de Rebeca, aun por sobre su pantalón, ella se sonrió e incluso le di una lamida de oreja a Virginia, se rio de la reacción asustada de aquella y luego siguió bailando por ahí…

    Seguí apretujando a Virginia moviéndonos hacia un rincón, se dio vuelta ofreciéndome su espalda y haciendo un tongoneo inesperado, en la oscuridad metí rápidamente las manos bajo la falda y le saque la pantaleta, ella se giró cuando la baje y se la saque, ella me araño el brazo, cuando la puse dentro de mi pantalón, estaba excitada, más que a nadie le llamo la atención o estaban en su propio mundo, pegue la cara a su escote, comencé a chuparle la piel, siempre buscando hacia un pecho, ella ponía sus brazos sobre mi espalda y agachaba el rostro, me pegue a su cuerpo, le rozaba mi entrepierna y ella se alzaba sobre sus tacones… metí la mano entre sus piernas desde atrás, ella me lanzo un bufido y me mordió la oreja, comencé a rozarle en su pubis… había otros alrededor en plena acción de pasión, el ambiente tenía algo tan erótico que muchos estaban desinhibidos, vi a Rebecca, con su blusa levantada mientras otra chica ponía su cara entre los pechos y un chico se pegaba a su pelvis con ansias…

    Virginia: Salgamos de aquí… te voy a hacer todo lo que quieras, pero aquí no…

    Yo: está bien, pero será lo que yo quiera

    Me apretó el brazo y se pegó más a mi oído

    Virginia: si… lo que quieras…

    Vi de reojo una última vez a Rebecca, a quien ya la chica le había quitado el sostén muy sonriente lanzándome un guiño, o al menos creo que me vio, el ambiente estaba tan saturado, que ya podría haberlo fantaseado.

    Salimos del local y nos dirigimos al parqueo, estaba lleno de personas, algunos muy ebrios, otros en pleno éxtasis, me acerque al auto al lado del pasajero y abrí la puerta, ella se sentó y comenzó a frotarme las piernas y mirarme con su expresión de querer hacer algo, sin atreverse… mire alrededor y cada grupo que veía estaba tomando, o en situaciones muy explicitas. Así que me baje el cierre, me saque el miembro y se lo puse frente, ella se hizo para atrás, pero lo agarro y comenzó a sobarlo, luego a lamerlo y unas lengüetadas después lo chupaba con ganas, su lengua sabía por dónde recorrer para dar mayor placer, sus dedos se enredaban en los vellos de mis bolas, atenazando también la piel y dándome caricias…

    Esa discoteca era el sitio en que concurría la vida nocturna de muchos, desde lo que empezaban a salir a expensas de padres con más dinero que preocupación por los hijos hasta los que vivían el exceso a gusto y cuenta de tener un buen respaldo y la libertad de gozar la noche; en eso fue que alguien se me acerco sin que me diera cuenta, apareció un amigo, que me vio pegado al auto y vino a ver en que andaba…

    Amigo: oye tu! Eyyy! Pero que…

    Yo: Cállate… no ves?

    No se había percatado de lo que pasaba, andaba dos cervezas en un kit y otra en mano, se fijó que me estaban dando una gran atención e hizo silencio, se tambaleaba así que le hice seña de que abriera la puerta de atrás, se acomodó ahí.

    Amigo: Que perro con suerte, que buena te la hacen…

    Virginia se dio cuenta que se sentaban en el asiento de atrás, trato de parar y ocultarse, pero no la deje…

    Yo: sigue preciosa, esto no termina…

    Ella retomo el ritmo y mi sangre se calentaba fuerte, su boca era un deleite para mi verga. Sentí que me corría y se la deje ir, ella lleno su boca, comenzó a buscar aire, se la saco, su cara sudada y empapada, escurría semen por la comisura de los labios, se los limpio y chupo los dedos, se la volví a poner en la cara para que me la limpiara y ella fue pasando su lengua por todo, me dejo muy limpio. Me quede un rato pensando en que llegue a abusar de ella, pero ella terminaba buscando más, parecía que aunque con miedo, estas experiencias eran para ella más fuertes y más vividas que su vida normal, siempre dando a parecer que ella era muy recatada y aquí llegaba a probar lo que nunca haría normalmente. Así que seguía buscando más…

    Cuando se repuso y se quiso acomodar en el asiento, vi hacia mi amigo, estaba recostado en el asiento, aun con la cerveza en mano, se me vino algo muy sucio a la mente. La mire a ella y le hice una indicación.

    Virginia: qué?!

    Yo: Si, pásate para acá y se la chupas… míralo, está casi desmayado, no sabrá quién eres…

    Virginia: pero… no, esto es muy…

    Yo: qué? Muy qué? Cumple, yo quiero que se la chupes! Muévete… o mejor te llevo a tu casa y dejamos esto…

    Me miró sin decir nada y se levantó con la cabeza oculta, moviéndose hacia el asiento de atrás, aquel estaba sencillamente recostado, sin saber ni donde estaba, las luces indirectas del alrededor solo mostraban formas, aquel seguramente solo vio una cabeza de cabello largo sentarse a un lado, bajándole el pantalón y acariciándole el pene…

    Virginia: huele mal… no quiero…

    Le dije que lo limpiara, que le rociara la cerveza encima para que ella lo frotara y que lo pudiera chupar.

    Yo: con eso está bien, ya lo pueden atender preciosa…

    Virginia: pero porque quieres esto?

    Yo: Nunca habías probado antes una verga, ahora ya sería tu segunda… aprovecha que después con tu novio perfecto ya no tendrás otras que conocer.

    No me dijo nada, pero se fue acomodando, se recogió el largo cabello, le ayude a hacerse una cola, arrimo su cara a la verga flácida de mi amigo y se la fue frotando con las manos, con eso fue tomando calor y poniéndose dura, ella comenzó a lamerla y luego a chuparla, el inconscientemente se acomodó, ella se acomodó al borde del asiento para una mejor posición. Al ver su trasero levantado volvió a mí el deseo, primero me arrime y ella se asustó, le dije que se calmara, que solo era para taparla, pero comencé a masajearla y a ella le gusto, porque no volvió a quejarse…

    Me pegue a sus nalgas, a sobar sus muslos y subir poco a poco la falda, sus nalgas redondas aparecieron para mi nuevamente, estaba más húmeda ahora que cuando la toque en la discoteca, despedía un olor cálido de sexo… comencé a frotarle con la mano, ella me lanzo una reprimida risa porque su cuerpo se estremeció al sentir la caricia, derrame un poco de cerveza entre las nalgas y pegue mi boca, le fui dando un masaje entre los pliegues de la nalga, su piel se erizo y su cuerpo se calentó más… pase la mano hasta sentir los pliegues de su vagina, caliente, hinchados y húmedos; metí la cara y le pase la lengua, soltó nuevamente un bufido y trato de apretar las nalgas, pero hice más fuerza y se las aparte, cuando estaba bastante húmeda, comencé a frotarle la verga ella primero trato de evitar que lo hiciera, pero como le agarraban la cabeza para que siguiera chupando no pudo impedirlo, ella se mojó mucho, con cada embestida, ella se estremecía, le encontró el placer a la situación, algunos pasaron cerca de nosotros, miraban de reojo, se reían y vitoreaban; yo solo les hacia un gesto de saludo, no éramos los únicos por ahí…

    Le estaba dando una gran chupada a mi amigo, ella entro en frenesí de jalársela, chuparle las bolas y metérsela en la boca, cuando él se corrió; ella se tragó parte de la corrida, pero seguía lanzándole más leche, parte la escupió en la alfombra del carro, quiso levantarse pero yo seguía bombeándola, soltó un gemido largo, le dije que lo limpiara, y ella le lamio el miembro, aquel estaba prácticamente desmayado, pero le seguía respondiendo el instrumento a las atenciones que ella prodigaba, le lanzo una última corrida que ella trago, antes de que yo me corriera, cuando me estaba por correr le di unas fuertes nalgadas y eso hizo que ella arqueara la espalda, en ese momento se la deje ir, se estremeció y se apoyó en los brazos sobre el desmayado de mi amigo…

    La bombee unas veces más, mientras se escurrían jugos por sus piernas, ella temblaba, sus nalgas estaban rojas de las nalgadas y las arremetidas… alcance un paño para limpiarme, pero ella se giró hacia mí, con intención de salir y arreglarse y se la arrime nuevamente, me quedo viendo con mirada suplicante, pero al solo arrimársela, ella comenzó a chuparla nuevamente, hasta dejármela limpia, ahí le pase el paño para que se limpiara, pasaron otros chicos y nos silbaron, ella rápidamente se metió al asiento del copiloto y se tapó la cara, cerré la puerta del auto, deje al otro fondeado en el asiento de atrás, me subí al carro y nos fuimos del lugar, cuando íbamos de camino ella reprochaba que le hubiera hecho eso.

    Virginia: que desgraciado que eres! Como me hiciste chupársela y estármela metiendo al mismo tiempo!

    Yo: vaya… pero si solo medio te quejaste, después lo gozaste o no?

    Virginia: Nooo… me sentía muy molesta!

    Yo: de verdad? Y porque te mojaste tanto? Por qué gemías tanto?

    Virginia: Pues, es que ya ahí no podía hacer nada… me sentí… me sentí muy caliente…

    Yo: es porque te gusto mucho…

    Virginia: si me gusto, pero me da miedo hacerlo con desconocidos! Como se te ocurre eso!!

    El que estaba atrás se movió y acomodo pero seguía dormido, ella me miró con sus ojos asustados pero con una sonrisa, se pasó los labios por la boca y me fije que se tocó entre las piernas, después de comprobar que seguía dormido seguimos platicando

    Yo: Quieres que busque a alguien conocido para que lo hagas??

    Virginia: No he dicho eso!!! No!!! Esto solo queda entre nosotros!!!

    Yo: Pero si lo disfrutaste… te presento a mi amigo? Tal vez quieras que él te la meta mientras me chupas…

    Virginia: No seas así! No me interesa… si la tiene larga, pero no voy a hacer esto con cualquiera!

    Yo: Te mojaste bastante, te gusto tener dos vergas para ti…

    Virginia: Bueno… si, no puedo creer que me mojara tanto… fue muy excitante, pero no más gente…

    Yo: solo me falto algo…

    Virginia: qué? Otra cosa?!

    Yo: no probé tus pechos, esos pezones se mantuvieron escondidos

    Virginia: basta! Ya no más por hoy por favor! quiero descansar… otro día me llego a tu casa y los disfrutas…

    Pasamos por un autoservicio de una farmacia, pedí unas toallas húmedas y un refresco y agua… ella cubriéndose que tenía la falda aún muy arriba y la blusa desajustada, al salir paramos cerca de una gasolinera y ella se limpió todo lo que pudo, se arregló la falda, las medias, los tacones, pero no le devolví su pantaleta, la pase dejando por su casa, se bajó un poco tambaleante, le dije que si la acompañaba pero ella negó rápidamente, se lanzó un poco de perfume y la vi entrar a la casa, al parecer nadie despierto, por las luces apagadas…

    Luego fui a dejar a este amigo a su casa, de camino se despertó, y que me dijo el muy cabrón? Que lo regresara a la Discoteca… allá había dejado a su novia con las amigas… que el solo salió a tomar aire, que vida no?

  • Sexo entre una zorra y un vicioso

    Sexo entre una zorra y un vicioso

    Estaba de viaje de negocios en Vigo y fui a cenar a un restaurante que me habían recomendado. No estaba mal el sitio, aunque un poco triste, ya que solo había nueve personas más comiendo, cuatro en mesas de dos y una comía en solitario. Las mesas estaban separadas las unas de las otras guardando la distancia de seguridad. Era la primera vez que iba a un restaurante desde que empezara la pandemia y me dije a mi mismo que no iba a volver, pero ya que estaba allí y tenía que comer.

    Antes de sentarme enfrente de la mesa en que comía una mujer atractiva, una mujer… ¿Cómo os diría yo que era? Era como tú, sí, cómo tú que estás leyendo esto. Vi cómo me miraba de abajo arriba, me miraba y vio mis brillantes zapatos negros, mi traje gris, mi camisa blanca, mi corbata gris y después en mi cara se encontró con una mascarilla negra. Desde unos dos metros y sentándome a mi mesa, le dije:

    -Hola.

    Me respondió:

    -Hola.

    Al traerme la comida e irse el camarero quité la mascarilla. Vi cómo giraba la cabeza encima del plato, me miraba de nuevo y después seguía comiendo. Al ratito, después de haberte limpiado la boca con una servilleta me preguntó:

    -¿Eres de Vigo?

    Le respondí:

    -No, soy gallego, pero no de Vigo. ¿Y tú?

    -Yo soy de aquí y soy de allá.

    Cambié de tercio.

    -Dan bien de comer en este sitio.

    -Y no es caro.

    No le pregunté su nombre. Pensaba que si no me había dicho de donde era menos me ibas a decir cómo se llamaba, pero me lo dijo ella sin preguntárselo:

    -Mi nombre es Eva Fina. ¿Tú cómo te llamas?

    Era mejor que no me hubieras dicho nada. Aquel nombre olía a mentira.

    -El mío es Andelecio Quito.

    Se echó a reír. Tenías una risa preciosa. Luego me preguntó:

    -¿Qué quitas, Andelecio?

    -La Evax Fina y segura.

    Puso cara de pocos amigos, y me dijo:

    -¡Qué estamos comiendo, maleducado!

    -Pues sigue comiendo y deja de joder con la pelota.

    -Eso es de Serrat.

    -Pues ya sabes, niña, no jodas con la pelota.

    Tenía tablas. Sabía vacilar.

    -Uy que se me enfadó el señor trajeado.

    Me callé y se calló, pero cómo no hacía más que echarme miradas, le dije.

    -¡¿Qué?!

    Se quedó mirándome y respondió:

    -¿Qué de qué?

    Me mosqueé.

    -¡Ay qué carallo!

    -¿Qué le pasa a tu carallo?

    Me estaba quitando de mis casillas.

    -¡¿Estás por joderme?!

    -No eres mi tipo.

    Limpió la boca, bebió un trago de agua, y volvió a comer. Yo también le volví a entrar a mi comida. Una chica que estaba dos mesas más allá, le dijo a su pareja, un joven con cara de empollón:

    -Esos acaban follando.

    -¿Y nosotros?

    -Si te decides de una puta vez, también.

    Los dos oímos lo que hablaron, pero hicimos cómo que no lo oyéramos.

    Tomando el café el camarero me trajo la cuenta y le dije que me cobrara también la de la mujer atractiva, que aún estaba con el postre. Ella oyó lo de su cuenta y me dijo:

    -Gracias, no lo esperaba, después de las palabras que tuvimos…

    Le sonreí, y le dije:

    -Las palabras fueron lo de menos, lo que cuenta es que no nos aburrimos.

    -Eso es cierto.

    Al acabar el café me puse la mascarilla, la saludé con la cabeza y me fui.

    Cruzaba la calle cuando oí su voz a mis espaldas, me preguntaba:

    -¿Tienes prisa?

    Me giré, la vi con su mascarilla blanca, volví a sonreír y le respondí:

    -Ninguna. ¿Quieres ir a alguna parte?

    -Sí, a mi casa, te invito a tomar allí una copa.

    Por decir algo, le dije:

    -¿Tienes brandy?

    Echando a andar, dijo:

    -Tengo de todo.

    Poco después entraba en su piso, un piso que iba a ser un infierno de sexo lujurioso, sexo entre una zorra y un vicioso que no le tuvieron miedo al puto virus.

    Voy a ir al grano. En su habitación me dio un empujón y caí boca arriba sobre la cama. Se sentó encima de mí y me quitó la corbata, me desabotonó el chaleco, luego los botones de la camisa, puso las manos sobre la almohada y me dio un morreo que me puso la polla dura, luego me lamió y me chupó los pezones y el vientre, y después me dijo:

    -Siéntate.

    Con ganas de jugar, le pregunté:

    -¿Quién me lo pide?

    -Una zorra. ¿Quién lo preguntó?

    -Un vicioso.

    Me levanté y me quitó la chaqueta, el chaleco y la camisa. Me volvió a empujar hacia atrás, luego se sentó encima de mis piernas, me quitó el cinturón, el pantalón, los zapatos y los calcetines. Cuando me quitó el calzoncillo la polla quedó tiesa mirando al techo. Hizo que me diera la vuelta, me ató las manos a la espalda con la corbata y después me volvió a dar la vuelta. Salió de la cama y se desnudó. Supe por qué me había atado las manos, me las atara porque si tuviera las manos libres cogería sus deliciosas tetas, se las amasaría y se las devoraría, luego viendo sus tetas y su coño mi polla comenzó con su particular baile de San Víctor. Volvió a la cama. Se sentó encima de mí y aplastó mi polla con el coño. Su tono de voz cambió, ahora era tremendamente sensual cuando me preguntó:

    -¿Te gustan mis tetas?

    -Son preciosas.

    Me pasó el pezón izquierdo entre los labios, se lo lamí y me lo quitó. Sonriendo, me preguntó:

    -¿Quieres chupar el pezón derecho?

    -Cabrona, si no me lo dejaste chupar el izquierdo.

    Sin llegar a ponerse seria, me reprendió.

    -Compórtate.

    Me puso el pezón derecho entre los labios, se lo lamí y me lo volvió a quitar.

    -Falsa.

    -Zorra, soy una zorra.

    -Ya veo, ya.

    Levantó el culo, me cogió la polla y la colocó para frotar la raja de su culo con ella. Un pequeño gemido salió de su garganta al sentir la cabeza húmeda de la polla rozar tu ojete. Cogió las dos tetas con las manos, las apretó y me dio a chupar tetas y pezones, chupándolas levantó el culo, puso el ojete encima de mi polla y bajando el culo metió la puntita de la cabeza. Quise clavársela entera, pero sacó la puntita de la cabeza del culo y la metió en el coño, un coño estrechito. De nuevo cuando empujé para meterla la sacó, le dije:

    -Me estás volviendo loco.

    Me puso un dedo en los labios, me dio un pico, y me dijo:

    -¡Chist!

    Su coño húmedo se arrastró por mi vientre, pasó por mi barbilla y se posó en mi boca, le metí la lengua dentro y después se lo lamí. Se quedó quieta apoyada con las dos manos en la cabecera de la cama mientras mi lengua entraba y salía de su coño y lamía labios y clítoris. Al rato paré y le dije:

    -El culo.

    -¿Qué?

    -Quiero que me pongas el culo en la boca.

    Me puso su majestuoso culo en la boca y con la lengua, delicadamente, le lamí y follé el ojete. Entre gemidos, me dijo:

    -Realmente eres un vicioso.

    -Y un guarro.

    -¿Muy guarro?

    -No te puedes imaginar cuánto.

    Poco después comenzó a gemir sin parar. Me puso el coño en la boca y movió el culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás cada vez más aprisa… De repente se quedó quieta. Comenzaron los espasmos y apretando su coño contra mi lengua se corrió en mi boca.

    Al acabar de correrse su coño bajó cómo había subido, pero esta vez dejando atrás un reguero de babas. Luego puso la vagina sobre la polla, bajó el culo y la clavó hasta el fondo. Mirándome a los ojos y bajando y subiendo el culo me fue dando caña… Cuando sintió que me iba a correr, me besó con lengua, después me volvió a mira a los ojos y me dijo:

    -Dámela.

    Subió el culo, lo bajó moviéndolo, como si estuvieras enroscando un tornillo. Cuando llegó al fondo vio cómo se me cerraban los ojos y me dijo:

    -Dímelo.

    -¿Qué quieres oír?

    -Quiero oír cómo me dices que te corres

    -¡Me corro!

    Me corrí cómo un burro, y le anegué el coño de leche. Al acabar, besándome y follándome muy despacito, me dijo:

    -Me gusta sentir cómo la polla se pone blanda dentro del coño después de correrse y cómo poco a poco se va endureciendo.

    Su voz me envolvía. Su boca me devoraba, y mi polla deslizándose por su coño engrasado en nada se puso dura. Apoyó las manos en mi pecho y comenzó a cabalgarme a toda pastilla, lento, un poco más rápido, lento, a toda pastilla… Me folló a su aire hasta que no pudo más y derrumbándose sobre mí, exclamó:

    -¡Me corro!

    Sentí cómo su coño apretaba y soltaba mi polla y cómo la bañaba de jugos. La sentí temblar sobre mí, y jadear cerca de mi oído. Se corrió cómo una bendita.

    Al acabar, aun respirando con dificultad, me susurró al oído:

    -¿Te falta mucho?

    -Sí. ¿Por qué no me la mamas un poquito?

    Me puso un lado del cuello en la boca. Se lo besé, y se lo chupé. Me puso el otro lado y mientras se lo besaba y se lo chupaba, me preguntó:

    -¿Te gustaría correrte en mi boca y que me tragara tu leche?

    -Y tragarla.

    -¡¿Qué has dicho?!

    -Que guardes alguna en la boca y me beses.

    -Creo que eso puede esperar.

    Empezó a follarme otra vez, pero esta vez a toda leche de principio a fin… Hizo que me corriera dentro de ella, después puso su coño en mi boca, y me dijo:

    -¿No querías leche? ¡Toma leche!

    El coño estaba perdido de jugos y leche. Al sacar la lengua frotó el coño contra ella, y en nada, se sacudió y me fue llenando la boca con los jugos de su corrida y con la leche de la mía. Después me desató, y me dijo:

    -¿Te apetece ahora esa copa que venías a tomar?

    -O dos.

    Fueron tres las copas que tomé antes de tenerla de nuevo en la cama. La tenía a cuatro patas. Mi lengua, despacito, iba desde su clítoris a su ojete, para cuando la tuviese en la entrada de la vagina o en del ojete echase el culo hacia atrás y la metiese dentro. Mis manos amasaban sus tetas… Tiempo después froté mi polla en su coño, para acto seguido clavársela a tope. La agarré por el cabello, tiré hacia atrás, le comí la boca y le di con la palma de mi mano en las nalgas, con poca fuerza, para excitar, no para causar dolor, y la follé clavándosela duro y hasta el fondo. Sus gemidos fueron subiendo de intensidad y mi polla se fue poniendo más y más dura. Sabía que me lo iba a decir y acabo por decirlo.

    -¡Me voy a correr!

    Apareció el abusador.

    -¡Y una mierda! ¡¡Tú te vas a correr cuando yo te mande!!

    Saqué la polla del coño, se la froté en el ojete y le clavé la cabeza. Exclamó:

    -¡Collooons!

    -Sí, hasta los cojones te la voy a meter.

    Su voz ya no era sensual cuando me dijo:

    -Despacito, métela hasta los cojones, pero con delicadeza.

    Despacito y con delicadeza se la clavé hasta los huevos. Ya no gemía. Se le habían ido las ganas de correrse. Para que se relajase la volví a nalguear con una mano y a magrear las tetas con la otra. Me pareció que el sexo anal no era lo suyo. Cómo no quería joderla, la saqué hasta que solo quedó la puntita dentro, y le dije:

    -Fóllame tú a mí.

    Movió el culo hacia atrás y hacia delante muy lentamente. Metía y sacaba solo la cabeza. Le acaricié las espalda con mis manos desde la nuca al culo y después se la rasqué con mis uñas. Se estremeció y metió y sacó toda la polla en su culo. La volví a coger por los cabellos. Dejó ir la cabeza hacia atrás, la giro, me ofreció su dulce boca y se la comí. Besándonos, su culo comenzó a moverse cada vez más aprisa y ella a gemir de nuevo. Al rato con mis huevos pegados a su coño sentí cómo su ojete apretaba mi polla. Le dije:

    -Córrete.

    Aunque quisiera no podía aguantar. Ya comenzara a correrse. Chilló;

    -¡¡¡Me corro!!!

    Sentí como temblaba su culo y cómo mis huevos se iban mojando con los jugos de su corrida. Sus gemidos eran tan bajitos que parecían suspiros, pero la corrida fue larga, muy larga

    Al acabar de correrse se la quité del culo. Se puso boca arriba para descansar, pero no la dejé. La levanté cogiéndola por las nalgas, abrió las piernas y se la clavé en el coño de un chupinazo. La follé de manera que mi polla se apretase con su punto G para que se volviera a correr, pero los milagros sexuales no existen. Estaba tan buena que no aguanté y me corrí dentro de su coño. Al acabar la solté, ella me cogió la cabeza y me la llevó al coño. Se lo comí con mi leche saliendo de él y se volvió a correr.

    Hubo, más sexo, pero aquí lo dejo. Solo decir que tú, si, tú, la que está leyendo esto, ojalá te excitaras tanto leyendo este relato cómo yo al escribiéndolo.

    Quique.

  • La inspección (Parte 2)

    La inspección (Parte 2)

    Después de varios meses de pandemia, de a poco se va normalizando todo, retornando al trabajo y las actividades in situ.

    Mi mujer de a poco vuelve a hacer las inspecciones en el río, tomándose una semana fuera de casa para realizar este trabajo de campo.

    Con estos viajes, mi mente comienza a volar e imaginar a mi mujer teniendo relaciones ocasionales con otro hombre o con varios.

    Elizabeth es una hermosa mujer de unos 48 años, que se nota que de joven fue escultural mente bonita. De una estatura media con una cabellera rubia, ojos marrones y un cuerpo perfectamente contorneado. Tiene unos pechos hermosos, con unos pezones en forma de almendras, que cualquiera desearía saborear. Una cintura bien marcada, y un trasero espectacular.

    Cuando salíamos más de jóvenes, a su paso, siempre veía que los hombres volteaban la vista y no dejaba de mirarla.

    Hoy casi con 50 años, también sigue despertando las miradas de los hombres.

    No ha perdido esa sensualidad de mujer deseable para cualquiera.

    Como cada viaje, nos mensajeamos un par de veces al día. Generalmente por la mañana y por la noche.

    En uno de esos mensajes, me cuenta que el capitán de la embarcación, la dejó por unos minutos timonear la misma.

    Con mucha alegría y entusiasmo, me relata la aventura, cómo niña con juguete nuevo…

    —Elizabeth se sienta en el sillón del capitán.

    Pisa en el apoya pie para elevarse sobre el asiento y sentar su llamativo trasero en el sillón, mostrando sin querer la calza negra ajustada a su cuerpo.

    No pasa desapercibido el movimiento, y el capitán cruza una mirada cómplice con uno de los tripulantes.

    La tripulación de la embarcación está conformada por cuatro personas. Un marinero, un técnico, un cocinero y el capitán.

    Ella toma el timón de la embarcación con sus dos manos y el capitán la ayuda a tener confianza, moviendo el timón de un lado a otro cuanto fuera necesario.

    En uno de los movimientos el hombre apoya su mano sobre la de ella y la ayuda a mantener el curso,

    Aprovechando la oportunidad, el capitán, no soltó su mano por un instante, queriendo de alguna manera interactuar ese pequeño contacto con ella. Mientras tanto le va explicando algunas técnicas básicas del manejo.

    Entre la alegría de estar frente al timón. Ella le pide a otro de los tripulantes que le saque una foto con el móvil. El capitán se aleja, pero ella le dice…

    —No te vayas, saquémonos la foto juntos. Jajaja.

    Así que el capitán se acerca con una sonrisa. Éste se aprovecha de la situación y le vuelve a agarrar la mano que estaba en el timón. Para sentir otra vez la piel Elizabeth.

    Luego de unos minutos de navegación, Elizabeth baja del sillón y muy feliz le da un abrazo de afecto al capitán como recompensando el gesto.

    Uno de los tripulantes esboza una sonrisa al ver esta situación y comienza a mirar a Elizabeth con otros ojos.

    Estaba claro que entre los hombres de la embarcación, Elizabeth estaba despertando instintos de deseo y calentura. Ella era la única mujer entre 4 hombres.

    Luego de un rato, llega el momento de almorzar. Lo cual hace que la embarcación se detenga en una de las orillas reparadas del río.

    Entre risas y alguna anécdota almuerzan una rica comida hecha por el cocinero. Después de la sobremesa, Elizabeth se toma unos minutos de descanso en el camarote del capitán.

    Ella se recuesta y se toma una pequeña siesta, un ratito después, el capitán le lleva una cobija ya que hacía frío. Pidiendo disculpas por la interrupción, le da el abrigo. Entre dormida, le agradece y el capitán aprovecha a taparla.

    Muy atento, él le extiende la manta y naturalmente comienza a acariciar el contorno de su cuerpo arropándola. En su mente, el capitán estaba con ganas de poseerla y de disfrutar de esta mujer. De a poco y muy suavemente comenzó a acariciar su figura ya que estaba dormida. Con la yema de los dedos recorría su cuerpo por encima de la cobija, casi sin que ella se diera cuenta; posó sus manos en los pechos y en forma circular acariciaba ese par de tetas.

    De a poco bajo una de sus manos hasta la ingle de ella y por encima de la manta rozaba sus dedos una y otra vez.

    Su pene ya estaba que explotaba.

    Así estuvo unos minutos, hasta que se animó a más y metió la mano por debajo de la manta. Sus dedos comenzaron a buscar esa vagina, que recordaba cómo un rato antes, se le marcaba en la calza negra cuando estaba en la cubierta del timón.

    Los dedos comenzaron a frotar de arriba hacia abajo sobre la raya que formaba esa conchita. La calentura del capitán era tal que su frente comenzó a sudar.

    Con la otra mano apretaba su bulto uno y otra vez por encima de su pantalón. Tratando de satisfacer su erección.

    Elizabeth comienza a moverse y sentir esos roses en su vagina. Cómo estaba dormida imagino que esas sensaciones eran un sueño. Así que se relaja para seguir disfrutando…

    El capitán ve que ella se deja hacer, así que continúa y se atreve a más. Con mucha destreza, logra meter su mano por debajo de la calza, comenzando a rozar sus dedos en los labios vaginales, que empezaba a empaparse de flujo de excitación.

    La respiración de Elizabeth comienza a agitarse, y a esbozar unos resoplidos de placer.

    Abre sus ojos, y con sorpresa se da cuenta que no estaba soñando, era el capitán haciéndole una paja tremenda.

    A esta altura ya estaba muy excitada así que se dejó llevar por el deseo y la excitación.

    Elizabeth se baja la calza y su tanga hasta liberarse de ellas y queda con su concha totalmente al descubierto. Termina por sacarse la remera térmica y su corpiño, dejando su escultural cuerpo totalmente desnudo.

    El capitán ya muy caliente, se abre la cremallera de su pantalón y saca su pene totalmente erecto. Con su mano se la agarra y con el movimiento típico de sube y baja, descubre su mástil rosado, brillante y húmedo de la excitación. Él se para de lado del camastro a la altura del torso y la cara de Elizabeth, ofreciéndoselo…

    Sin perder el tiempo ella le agarra el garrote y después de unos besos en la cabeza del pene, se lo mete de apoco en la boca.

    —Mmmmm que rica pija dura. Cómo me gusta!!! Mmmm

    Mientras se la chupaba con mucho placer…

    La pija dura, entraba y salía de su boca. El capitán con los ojos cerrados y su vista hacia arriba, gozaba de la mamada.

    —Así, así, chúpame chúpame la pija!! Que bien que lo haces!!! Mmmmm. (Decía el capitán)

    Como la embarcación no era tan grande, uno de los marineros, justo pasa por la puerta del camarote y nota la puerta entornada pero no cerrada, pudiendo ver lo que ocurría. Podía espiar y ver que Elizabeth le estaba haciendo una tremenda mamada al capitán. Y también veía que esa mujer estaba totalmente desnuda y la podía disfrutar verla en pelotas. Su erección no tardó en aparecen frente a ese espectáculo inesperado.

    El capitán se da cuenta que el marinero estaba fisgoneando la situación. Pero no lo incomodó, al contrario, le hizo un gesto con la cabeza y lo miro con complicidad.

    El capitán se saca la ropa, quedando también totalmente desnudo. Un hombre de buen cuerpo, normal, pero con un tremendo pene erecto.

    El acomoda a Elizabeth en cuatro, se agacha por detrás del culo de ella y le comienza a lamer el orificio anal hasta la vagina. Su lengua jugueteaba entre el culo y la concha de ella.

    Le excitación de Elizabeth era tremenda.

    —ahhh asiii chúpame así!!! Que rica lengua siii!! Asiii!!

    Esa chupada del capitán la estaba volviendo loca de placer.

    —Quiero esa pija, cógeme ya!!!

    Quiero ese mástil dentro mío!!!

    Sin más preámbulo, el capitán se incorpora y apunta su pene en el orificio vaginal, apoya suavemente la cabeza de la pija y lo introduce en la concha caliente de Elizabeth. En ese momento pega un pequeño grito de placer.

    —aaahhh asi, si así. Cómo me gusta papito!!! Así cogeme!! Que buena pija tenés.

    El Capitán comienza un bombeo tremendo, entra y sale, entra y sale.

    Elizabeth estaba muy excitada, su conciencia no podía pensar en otra cosa que en ser cogida por esa pija.

    Mientras tanto el marinero sigue espiando como su capitán montaba a esa hembra en celo. No quería perderse ni un segundo.

    Ya tenía su pene muy erecto y se frotaba por arriba del mameluco su mástil duro como una roca. En ese momento el capitán le hace una seña al marinero para que entre.

    El marinero se sube la cremallera del mameluco y saca su pene erecto. Se lleva la mano a su boca y moja con saliva la misma para mojar su falo a modo de paja, lubricándolo. Sus ganas de penetrarla a Elizabeth eran tremendas.

    El Capitán saca su pene y le da el lugar al marinero para que meta su pija en esa concha caliente bien lubricada de la excitación. El marinero comienza bombear una y otra vez.

    Elizabeth no se había dado cuenta que el marinero la estaba cogiendo, ya que estaba en cuatro patas, con la mirada para otro lado.

    Ella no dejaba de gozar.

    El marinero no podía creer que se estaba montando a Elizabeth, la señora inspectora de su trabajo.

    Ella estaba tan excitada que con sus ojos cerrados, balbuceaba y gemía!

    —así cogeme. Me estoy volviendo loca de placer. Asi, cómo me gusta la pija!!!

    Mientras tanto las manos del capitán comenzaron a acariciar los pechos de Elizabeth; con sus dedos pellizcaba suavemente sus pezones masajeándoselos.

    El placer de ella era tal que no se daba cuenta que eran dos hombres los que la estaban haciendo gozar, hasta que se da cuenta.

    Y como había sucedido antes, se ruborizó un poco pero se deja llevar por toda la excitación y goce que estaba experimentando.

    El capitán se para frente a su cara y le ofrece su pene. Elizabeth se lo mete otra vez en la boca y le hace una tremenda mamada, mientras que el marinero sigue penetrándola por detrás.

    Elizabeth no podía más del disfrute. Dos hombres la estaban cogiendo. Tenía una pija por detrás y otra en la boca.

    Los suspiros y jadeos de ella eran tremendos.

    —mmmm asiii!! Si siii ahhh!!

    Luego hacen un cambio, el capitán vuelve a penetrarla y al marinero le toca la mamada.

    Ella se mete el falo del marinero en la boca mientras con una mano acaricia con unos apretones suaves los huevos. El pene del marinero era grueso y de gran tamaño, excitando la de sobremanera a Elizabeth. El hombre mientras le succionaba el garrote, sus manos jugueteaba y sobaba los pechos de ella.

    Los cuerpos de los tres estaban muy calientes. El marinero termina de sacarse el mameluco, quedando los tres al desnudo.

    Luego el marinero se sienta en el camastro y Elizabeth se sienta en su pene boca adelante dando la espalda al marinero. Quedando perfectamente sentada cabalgado al marinero y chupándole la pija al capitán.

    —mmmm. Así así, que buena cogida. Que ricas pijas me estoy comiendo. Les gusta?

    —siii, que buena concha!!! Que buen culo. Que buenas tetas. Cómo me gusta cogerla!!! Asiii, muévase. Decía el marinero tratándola de usted a pesar de todo.

    Elizabeth estaba gozando como loca, su cuerpo hervía de deseo.

    Ya no podía más de placer.

    En la mente del capitán estaba la idea de gozar con el culo de Elizabeth y le propone ser penetrada por los dos al mismo tiempo. Por el ano y por su concha. A lo que ella le dijo que le iba a doler. Que mejor no.

    Pero ella estaba que explotaba de deseo y lujuria. Era la primera vez que tenía dos pijas juntas, dos falos a su servicio. Y que estaban dispuestos a bañarla en leche y hacerla gozar hasta el agotamiento.

    De a poco la fueron convenciendo.

    Ella no estaba tan convencida pero acepto. Así que el marinero se recostó bien sobre el camastro, ella lo monto, agarró su pija enorme y se la acomodo en su vagina caliente. Elizabeth cabalgaba sin cesar. Sube y baja, sube y baja, mientras las manos del marinero apretaban sus pechos.

    Por detrás el capitán acerca su cara al orificio anal y se lo comienza a chupar, por momentos pone tensa la punta de la lengua y se la introduce en el culo de Elizabeth. Ella gritaba y gemía de placer.

    —ahhh. Asii Sisi.

    El capitán estaba preparando el preciado hoyo para poder meter su choto. Ese culo estrecho y apretado lo quería hacer suyo.

    Finalmente después de sobarle el agujero, se incorpora, se pone por detrás. Roza su glande en el agujero, y despacito comienza a meter la cabeza de su pene. Elizabeth se mordisqueaba sus labios, y entre jadeos da un pequeño quejido de placer. El capitán empuja con un poco más de fuerza y logra penetrar ese culo hermoso de Elizabeth.

    Para ella era un mar de sensaciones. Entre dolor y placer, sentía esos dos mástiles entrando y saliendo de sus agujeros al mismo tiempo. Estaba siendo cogida por el culo y la concha al mismo tiempo. Ella explotaba de placer infinito!

    —ahhhh! Me están matando de placer, ya no aguanto más!!! Que rico!!

    Los tres cuerpos estaban unidos y moviéndose como en una danza rítmica sexual. Hombre, mujer hombre.

    Por momentos el ritmo se ponía salvaje y por otros, suave.

    El capitán y el marinero, ya no daba más de placer, ya los testículos le explotaban de las ganas de liberar la leche sobre ella.

    El camarote estaba tomando temperatura de tanta acción sexual. Los tres cuerpos estaban bastante sudados, dándole a la situación un ambiente caliente y sensual. Los aromas embriagantes de los cuerpos sudados y la mezcla del perfume de mujer hacían que sus sentidos llegarán a su máxima expresión.

    El capitán, saca su pija del culo de ella, se la pone en la boca a Elizabeth. Ya no aguantaba más, él tenía ganas de tirarle toda la leche caliente.

    Ella comienza a chuparle la pija mientras el marinero sigue penetrándola una y otra vez, haciendo que la hembra comienza a entrar en ebullición. Elizabeth se comienza a estremecer. Su respiración se entrecorta y los movimientos de su cuerpo comienzan a hacerse más erráticos. Al mismo tiempo que le chupa la pija al capitán.

    Los tres estaban y a punto de llegar al clímax, a descargar toda esa energía sexual acumulada.

    —Voy a acabar, dice ella, con cada embestida del marinero. Mientras se la mamaba al capitán.

    El vientre de Elizabeth se contrae y acaba tremendamente… Su respiración súper agitada, gime de placer y da unos pequeños gritos!

    Finalmente con las ganas de venirse de los dos hombres, ella se sienta en el camastro, y ellos le acercan a cada lado de la cara las dos porongas.

    Elizabeth las toma una con cada mano y les propina una buena paja a cada una. Mientras se las chupaba. Su boca iba y venía entre capullo y capullo. Ella podía percibir cómo les latía.

    —mmmm qué ricas. Que ricas pijas.

    El capitán ya estaba que explotaba, hacia unos minutos que quería largar los chorros de semen de tanta calentura. Elizabeth siente en su mano como el pene comienza a latir y abre su boca sacando la lengua, cómo pidiendo esa leche. El hombre con un gran espasmo lanza un gran chorro de leche en la boca de ella, seguido de otros lances del néctar de esa poronga.

    —ahhh ahhh ahhh. Exclamó el capitán mientras acababa sobre Elizabeth.

    Ella se relame la leche, mientras sigue haciéndole la paja al marinero que también está a punto caramelo de terminar. El marinero comienza a jadear con fuerza, hasta que se estremece como si una descarga eléctrica saliera de su cuerpo, largando un chorro de leche caliente sobre la boca de Elizabeth. Ella abre su boca mostrando todo el líquido seminal que de apoco va chorreando sobre sus pechos!

    Los tres cuerpos exhaustos terminan tumbados sobre el camastro del capitán. Y con las miradas cómplices de haber disfrutado se reponen de tremenda experiencia para seguir inspeccionando el río.

  • Extraño a mi suegra (Parte 1)

    Extraño a mi suegra (Parte 1)

    Mi suegra, pequeña de estatura, nadie podía resistir darle una mirada por la calle o donde fuera. Vestía muy ceñida, entendido por lo voluptuoso de su cuerpo, sus tetas del porte de mi cabeza, cada una, anchas caderas sostenían sus glúteos gigantes que marcan curvas que marean desde cualquier ángulo, cintura que en contexto la hacía ver como dibujada para comic porno.

    Desde que comencé mi relación con su hija evité mirarla por razones obvias.

    Recientemente titulado emprendiendo exitosamente, vivía relativamente cómodo, casona en terreno rural, piscina, granja, cercano a la ciudad, lejos del ruido y ajetreo social.

    Poco a poco comencé a notar gestos de mi suegra, que me hicieron pensar que algo le interesaba de mí. Abrazos con un poco de sobajeo de sus tetas, perceptibles sólo por mí, sus manos apretaban levemente mi espalda al pasar tras de mí.

    Su gran familia, mayoritariamente femenina, tías, primas, sobrinas, genéticamente parecidas, eran un festín de tetas y culos el fin de semana de piscina en mi casa.

    Entre juegos y clases de nado comenzaron los roces más fuertes con mi suegra. Las erecciones en mí son bastante notorias inevitablemente por el tamaño sobre la media, así pude sentir varias veces el culo de mi suegra, incluso en una ocasión al empujarla entre sus nalgas ella voltea con una cara casi sin expresión dando un sólo parpadeo con la boca entreabierta, sentí que iba a pedirme más o decir que rico, continuó como si nada.

    La preferencia por ser mi suegra le daba el privilegio de usar mi baño en suite y mientras se encremaba y vestía frente a un gran espejo en mi habitación, disfrutaba viéndola desde la terraza-balcón, así comenzó un juego erótico no pactado.

    A los pocos meses de noviazgo, por la práctica profesional se traslada a otra ciudad por varios meses.

    Meses que se trasformaron en erotismo de película.

    (Continúa)

  • Despertando el lado más perverso de ella

    Despertando el lado más perverso de ella

    En una relación de amantes consentida por algunos años, Fernanda (nombre en la historia), una mujer madura, alta aproximadamente 1.75 piel clara pelo castaño, unos pechos grandes y decorados con unos hermosos pezones rosados al igual que el contorno de su aureola, culo de un tamaño normal, pero hermoso y paradito, dando forma levemente, pero al mismo tiempo y muy sexy a esa curva que se forma.

    Llevábamos algún tiempo sin hablar por el tiempo de la pandemia y ya que tiene 2 hijos y su respectivo esposo era complicado hablar seguido, hasta que en un día mensajeamos y quedamos para un encuentro, tantas eran las ganas que yo tenía por volver a verla ya qué de cierta manera ella se ha adaptado a mi y me hace disfrutar de una manera el sexo que me excita el solo recordarlo.

    Quería algo diferente para volver a verla aun que es algo (tímida) en cuanto a experimentar cosas yo sabía que en el momento de la calentura aceptaría cualquier cosa, la vi llegar y rápidamente me puse algo nervioso y caliente a la vez ya que por el tiempo que había pasado sin vernos le daba ese toque extra al momento.

    Llegamos al hotel y pedimos un cuarto con espejos, al hacer el pedido a la señorita de recepción, Fernanda quedo algo sorprendida y noté en su mirada que empezaba a imaginar lo que pasaría, llegamos al cuarto y al momento de asegurar la puerta se me lanzó, besándome con unas ganas y deseo que rápidamente me dejo su labial embarrado en mis labios, nos fuimos a la cama y teníamos poco más de media pared con espejos incluido uno en la parte del techo.

    El escenario para el reencuentro se pintó solo para todo el deseo que ya nos teníamos guardado y que explotaría en ese momento, se quitó toda la ropa rápidamente tanto que cuando me di cuenta estaba parada justo enfrente de mi con un hermoso conjunto en color rojo, el sostén hacía resaltar aún más los grandes pechos qué tiene y abajo una tanga de hilo tenía dos listones qué adornaban todo el alrededor de su cintura llegando a ese culo hermoso y adornando todo esto con un moño en la parte de frente, quede admirando el como que se veía tan sexy, que ella me tuvo que hacerme reaccionar.

    Me quitó la ropa mientras me besaba y de pronto empezó a bajar con su lengua por mi pecho regalándome una mirada muy perversa y sonriéndome al mismo tiempo hasta llegar a mi bóxer, para ese momento ya estaba demasiado excitado a lo que ella me lo bajo y mi verga salió disparada directo a su boca, sin pensarlo empezó a darme una de las mejores mamadas qué recuerdo haber tenido, era una locura como la chupaba, jugaba demasiado con su lengua, al mismo tiempo que me masajeaba con su mano, ella sola se estaba clavando a mi verga con su boca.

    Así duró como 10 minutos consiguiendo en algún punto qué yo quisiera venirme, yo sabía que ella no lo mamaba de esa manera puesto que en otros encuentros era muy delicada por así decirlo, cuando se retiró me miro a los ojos y de una forma desafiante me dijo «no vayas a terminar aun, quiero que quites todas las ganas que tengo de ti» a lo que yo le conteste «has practicado desde la última vez que nos vimos, ahora me toca a ti sentir lo que yo he practicado».

    La recosté a mi altura y empecé a lamer sus pechos qué para ese momento ya estaba muy duros sus pezones, los mordía con mucho deseo pero al tiempo en que ella también los disfrutará con migo, fui bajando y cuando quite su tanga volví a ver esos hermosos labios color rosa al igual que sus pezones aunque este un poco más intenso, se notaba qué ya estaba mojada por cómo se veían de «jugosos».

    Empecé por algo sutil, besar su entrepierna, pasar mi lengua sobre de ellas, y llegando hasta esos hermosos labios qué se sentían demasiado calientes, la provocaba de manera en que pasaba mis labios sobre los suyos apenas y rozándolos, jugando alrededor con la punta de mi lengua, veía como se retorcía de placer y aun que quería aguantarse el no gemir no lo conseguía, dure así un rato hasta que sentí su mano empujando mi cabeza de manera en que ya sabía que estaba muy excitada fui directo a comerme toda su rica vagina, la saboreaba y recordaba el mismo sabor de siempre, jugaba con mi lengua la besaba, me la comí literalmente, tanto fue el deseo que tenía que de pronto empecé a escuchar como si estuviera corriendo agua dentro de ella, al momento de escuchar eso sabía que no tenía que parar, así que seguí hasta que escuche como grito «aaahhh ya me voy a venir para por favor»

    Me prendí al escuchar eso y seguí más rápido, cuando escucho qué dice «que rico me la estas chupando, sigue por favor, no pares quiero venirme contigo» y cuando terminó de decir eso vi cómo se curvo levantando completamente sus pechos y sus piernas temblorosas a mas no poder, sus manos apretando las sábanas, sentí como aventó el chorro directo a mi cara, se acostó completamente y con las piernas cruzadas, temblorosas y ella apretando se los pechos empezó a decir «ya me vine, me hiciste venir bien rico, no recuerdo que lo hicieras así», lo cual le dije «no me digas que ya te cansaste, tengo más cosas que enseñarte», empezó a besarme me acostó en la cama y se puso arriba de mi diciendo «ya extrañaba sentir tu verga adentro de mi, quiero que me la metas ya»

    Empecé a bombearla, y luego sentí lo caliente y mojada qué estaba, el cómo se movían sus pechos y sus gemidos me pusieron bien caliente, «voltea al espejo, quiero que veas como te estoy cogiendo» fue lo que le dije, «no quiero, vas a obligarme» me contesto de manera desafiante, la tome del cuello, empecé a besarla, le di 3 nalgadas e hice qué volteara conmigo hacía el espejo, y admirara la escena qué estábamos haciendo, ver el cómo entraba mi verga en su vagina, como se abría el culo para que la escena fuera más caliente, «te gusta ver cómo te estoy cociendo» le dije al oído, «me veo como una perra, soy tu perra» «te gusta ver cómo me estoy comiendo tu verga, te gusta ver cómo te coges a tu perra» es lo que me dijo antes de volver a correrse «aaayyy dios, por diooos, que rico me vine, por dios ya te extrañaba mucho». Cayó rendida a la cama…

  • Jacqueline: la coqueta y erótica Jacqueline (Parte 6)

    Jacqueline: la coqueta y erótica Jacqueline (Parte 6)

    Creo que Jacqueline pronto se sintió reemplazada por Karina y con los días iba conociendo a una chica diferente, aquella que realmente sentía celos o que dramatizaba muy bien los celos. Realmente nunca estuve seguro de lo que realmente era Jacqueline, pero por esos días de un nuevo final de año, increíblemente ya habíamos tenido dos quebrantamientos sin haber llegado nunca a ser novios… realmente nunca lo fuimos.

    Por la época de navidad Karina mi secretaria vino a ser esa acompañante en varias de mis reuniones y como dije, esta mujer al igual que Jacqueline era una bella y hermosa mujer, pero también por su edad de unos 28 años, era muy madura. Quizá ella había mal interpretado aquellas invitaciones como una obvia intensión de que deseaba acercarme a ella y fue cuando me confesó en un almuerzo que ella era lesbiana. Obviamente ella conocía a Jacqueline y quizá sí hubiese tenido los momentos que yo tuve con esta chica, Karina hubiese logrado más de lo que yo había logrado, pero eso solo era un pensamiento perverso y morboso de mi parte. No se había aparecido por casi dos meses y un buen día me llegó por correo una de esas tarjetas de navidad que solíamos enviar por el viejo correo. Era una tarjeta, como queriendo ocultar a la Jacqueline que había conocido y presentarme una nueva… no sugería nada más que mostrar un buen deseo por la época.

    Por esos días me encontré casualmente a la madre y hermana de Jacqueline cuando desayunaba con mi cuñado en uno de esos restaurantes populares de la ciudad después de un juego de golf en un domingo soleado y muy frío. Me reconocieron o nos reconocieron… no lo sabía en el momento, pero pensé que su ademán de saludo era dirigido a mí, pero luego días después también supe que mi cuñado pensó lo mismo. No lo supe hasta días después que finalmente Jacqueline se había armado de un complejo de prudencia y me había llamado por teléfono haciéndome una invitación. Se había disculpado de todo y me había propuesto en que fuéramos amigos e incluso me había sugerido llevar pareja a la invitación de navidad que se iba a dar en la casa de su madre. Pensé que solo iría si podía conseguir que me acompañara una chica que de alguna manera Jacqueline sintiera que era competencia. Esa era la preciosa Karina.

    Aceptó mi invitación y sé que lo hacía por una sencilla razón… a Karina le sentaban mal esas chicas con un comportamiento infantil y mimadas. Pasé por ella a su apartamento y Karina me deslumbró con un vestido rojo de una sola pieza que apenas cubría la parte posterior de la rodilla, un escote en V donde se podía ver una buena parte del lado interior de sus suculentos senos, pero sin llegar a ser descarado o vulgar, le daba esa apariencia sensual de una mujer madura, pero jovial. Jacqueline al igual llevaba un vestido rojo, pues creo que era cuestión de la época, un tanto diferente por no decir más provocativo. Ella conocía a Karina y la saludó con un comportamiento simple por no decir con cierto desdén. Nuevamente vi a la madre y hermana de Jacqueline a quienes me había encontrado días antes en el restaurante. La fiesta se animaba conforme pasaban las horas, pero Karina me había aclarado que debería estar con sus amigas en un club a las once de la noche y la fui a dejar hasta el lugar. Le di las gracias, nos dimos un cariñoso beso en la mejía y me dijo algo que nunca me esperé de esta preciosa mujer y quien se había sincerado haciéndome saber que era lesbiana.

    -Sr. Zena, le puedo decir algo y espero no me mal entienda. – por esa época siempre me llamaba “señor”.

    -Dime lo que tú quieras… -le contesté.

    -Usted… usted es un hombre muy guapo… creo que usted lo sabe. Obviamente es muy seguro de sí mismo, pero le voy a decir el porqué usted atrae a Jacqueline y quizá a muchas otras mujeres. Usted es delicado como una mujer.

    -¿Cómo? ¡No te entiendo!

    -¿Cómo le explico? ¡Creo que ya me metí en problemas! Mire… usted tiene ademanes delicados… no quiero decir femeninos. La forma que come, como se lleva el pañuelo o la servilleta a la boca, le pueden parecer eróticos a cualquier mujer. Tiene una voz grave, pero dulce y relajada y hoy me di cuenta de que estando con usted, perdí la noción que estaba todavía conviviendo con mi jefe y sentí que estaba con una de mis amigas. No lo confundí, ¿verdad?

    -¿Tengo ademanes de gay… eso quieres decir? -le dije de broma.

    -¡No…! Para nada… usted es muy masculino, pero con una delicadeza que hace que cualquier mujer lo note. -Terminó diciendo.

    La noche había transcurrido de lo más normal en casa de la madre de Jacqueline. Me aparecieron dos llamadas de ella después de haber partido, pero las cuales ignoré. Estaba decidido en no caer en las garras de su coquetería y darle la oportunidad a Jacqueline que me diera otra frustración dejándome a medio camino excitado. Esta vez sería yo quien le daría las frustraciones y me importaría poco lo que ella pensara de mí. Días después de esta fiesta en casa de la madre de Jacqueline, sorprendentemente una tarde me habla mi cuñado, el esposo de mi hermana y quien es abogado especializado en casos comerciales y civiles. La llamada me dejó pensando, pero todavía no ataba todos los cabos pues eso debería ocurrir mucho más tarde.

    -Antonio, ¿recuerdas a aquella mujer que nos saludó aquel domingo en el restaurante? Me preguntó por ti esta tarde.

    -¿La conoces?

    -Es una clienta, le asesoro de vez en cuando. Creo que está interesada en ti. -Me dijo.

    La verdad que no le quise aclarar el por qué creía que ella preguntaba por mí, pues no quería hacer el ridículo ante mi cuñado y que este le contara a mi hermana que había salido con una chica de solo 20 años. La verdad que la sola idea me perturbaba, esta había sido la primera experiencia cortejando a una chica de esa edad.

    Jacqueline ya no se apareció por mi oficina, creo que no quería mostrar ante Karina que era ella quien me buscaba, pero tomó la estrategia de llamarme y hacerme esas pláticas eróticas, las cuales muchas veces las llevé por las avenidas breves y de esa manera frustrar sus intenciones. Era difícil dejar de escucharla y entiendo perfectamente como esas líneas eróticas hacen mucho dinero con servicios como ese. Jacqueline era una tentación con su voz melosa y describiendo de una manera erótica lo que usaba e imaginaba hacer. Para mí era más fácil imaginarlo que cualquier cliente con una extraño llamando a uno de esos servicios de llamadas calientes. A Jacqueline la conocía, nos habíamos tocado, nos habíamos visto desnudos y ella tomaba aquellas experiencias para darle rienda suelta a su imaginación.

    -¿Recuerdas Antonio esa noche? Esa noche que vestías esa bata con ese calzoncillo transparente que te regalé. Quería comerme tu polla y quería que me comieras mi coñito, pero no me esperaste a que saliera de bañarme. Siempre sueño con ese momento y fantaseo con esa follada que nunca me diste. Imaginaba besar esa preciosa polla, saborearla pedazo a pedazo, sentirla como mi abriría mi coñito y sentir tus embestidas con ese golpeteo de tus bolas pegando en mi trasero. Como me gustaría chupar esas grandes bolas que tienes… ¿algún día me las darás?

    -¡Posiblemente suceda?

    -¿No estás seguro? ¿No deseas follarme mi coñito?

    -Claro que si Jacqueline, pero yo soy más de acción que de palabras.

    -Pues ven… estoy a solas en mi casa o nos podemos ver en algún motel si gustas.

    -Hoy estoy muy ocupado Jacqueline, hoy no puedo dejar mi oficina.

    -Pues ven después del trabajo.

    -No puedo, quedé con Karina en acompañarla a una fiesta con sus amigas.

    -¿Me quieres dar celos con Karina?

    -¡No Jacqueline! Simplemente que ya tengo un compromiso con ella.

    -¿Te hace rico el amor Karina?

    -¡Lo siento Jacqueline! Debo dejarte, debo atender esta llamada. – Y le colgaba.

    Creo que se molestaba mucho, más que todo porque la excusa era otra chica y que ella simplemente era otra mujer más… hermosa y bella pero una mujer más. Pero en vez de disuadirla con ese rechazo creo que para Jacqueline se le hizo un reto o un capricho. Y semanas después insistía con una de esas llamadas eróticas: -Tony, estoy pensando en ti… te imagino con esos calzoncillos transparentes y que te los quito y me haces sentir cada centímetro de tu hermosa verga… me tienes tan caliente que solo me queda jugar conmigo misma pensando en ti. -Todo era una invitación a sexo y un día se me ocurrió hacerle el juego más humillante y cruel que uno le puede hacer a una mujer. Acepté ir a verla a un hotel cerca de donde trabajaba y del cual ella tendría que pagar, pues como excusa para no pensar que me dejaría plantado, yo iba a llamar a la habitación de hotel y corroborar que ella verdaderamente se encontraba ahí. Aceptó y quedamos que estaría ahí a las siete de la noche en punto.

    Desde las cinco me llamó y me hizo saber que ya se encontraba en el hotel y me había dado el número de la habitación. Coquetamente me hacía saber que estaba lista, que había llevado una botella de Chivas Regal y que tenía vino para que yo no me preocupara por ello. Esa tarde le pedí a Karina de favor de que me llamara exactamente a las 7:30 p.m. que lo pusiera en su agenda que sé que colgaba en la puerta de su refrigerador y que era muy importante. Con Karina sabía que podía contar, ella era más puntual que yo y muy eficiente, especialmente que le dije que no era cuestión de trabajo, sino un favor de amigos. Llegué al estacionamiento del hotel minutos antes de las siete y llamé a recepción y me comunicaron con la habitación de Jacqueline:

    -¿Realmente pensaste que te dejaría plantado? Sube, estoy ansiosamente esperándote.

    Me tomó un par de minutos para subir al segundo nivel del hotel, abrió la puerta y ahí estaba Jacqueline con su dulce aroma, con un nuevo tinte de cabello que ahora se le miraba rojizo, con un vestido de color blanco bien ajustado a su precioso y sensual cuerpo. Este día estaba más maquillada que en otras ocasiones, me quitó el chaleco apresuradamente y nos comenzamos a besar como si de dos amantes en reconciliación se trataba. Me desabotonó el pantalón y esta vez iba directa a lo que iba, no quería dejar lugar a las dudas que tan pronto me despojó del pantalón me quitó el calzoncillo estilo bikini que llevaba. Me paró la verga rápidamente pues golosamente se la llevó a la boca. Primera vez que sentía los labios de Jacqueline apretando deliciosamente mi verga. Me estaba dando una felación deliciosa a la orilla de la cama y disimuladamente miré mi reloj: llevamos diez minutos en ello. Le pedí que se parara y le bajé el cierre de su vestido blanco el cual me dejaba ver el relieve su sus calzoncitos y descubrí que llevaba unos cacheteros también blancos y ella me asistía a removerlo pues pensaba bajarlo y Jacqueline se lo removió subiéndolo por todo su cuerpo.

    Me quedaba ante mí, sola con ese calzón que magnificaba esos glúteos que se podían sentir firmes. Ya los había acariciado, pero nunca lo había hecho como ese día. No llevaba brasier, este vestido no lo requería y sus dos ricos y espectaculares melones quedaban a disposición mía. Los besé y les dediqué un par de minutos mamándolos y el cuerpo de Jacqueline se erizaba y no era por el frío de la época, la habitación tenía una temperatura adecuada. Se sentó por sobre mis piernas y exclamó con su voz picara y sugestiva: ¡Que rica se siente… tienes una verga divina! -No le había quitado su calzón cachetero, pero mi verga le hacía un hueco en su caliente sexo, que realmente no sentía que llevaba calzones, pues estaba ya mojado y caliente que verdaderamente creí que ella se los había quitado por arte de magia.

    En esa posición a la orilla de la cama, con una agilidad de flexibilidad se fue por encima de mí y comencé a quitarle sus calzones que ya estaban más que húmedos. Yo le di vuelta a Jacqueline y ahora ella quedaba acostada por sobre su espalda y miré ese coñito pequeño y espectacular que tiene esta linda chica. Estaba bien depilado y vi el brillo de sus labios húmedos y el brillar de su inflamado clítoris que brillaba igual que el pendiente de un corazón de rubí que siempre llevo. Me dediqué a chupar su coñito y Jacqueline tomó mis manos cuando intenté llegar a sus pezones, pero luego creo que intuyó mi intención y me dejó masajear sus tetas y apretar sus pezones mientras me comía su coñito… le metía la lengua a su hueco y luego regresaba y le chupaba su clítoris. Recuerdo sus exclamaciones con su acento español y muy eróticos: ¡Que rico mi amor, que rico la chupas! Me vas a hacer correr en cualquier momento. – Cuando sentía que, hacía ese vaivén para encontrar su orgasmo, me dirigía a su ombligo o besaba sus entrepiernas… Ella me dijo en cierto momento: Antonio, me estás haciendo sufrir, fóllame… quiero sentir que me follas… méteme tu preciosa polla mi amor.

    Disimuladamente vi en mi reloj que faltaban siete minutos para las 7:30 p.m. Le puse una almohada debajo de las nalgas a Jacqueline y ella me asistió intuyendo mi intención, pero nunca se imaginó lo que vendría después. En esa misma posición chupándole su coñito, le elevé sus dos hermosas piernas y le deslicé mi lengua hasta su culo. Sintió mi invasión que creo no se lo esperaba y exclamó: ¡Me quieres volver loca! ¡Qué rico Sr. Zena, usted está decidido a volverme loca… que delicioso cariño! -Le chupé el ojete por un par de minutos, donde también intenté penetrarle con mi lengua. Ella me lo pedía con su voz erótica: ¡Fóllame el coño Antonio, fóllame que me vuelves loca mi amor!

    Me incorporé y me hinqué sobre la cama en posición del misionero. Jacqueline miraba como me tomaba la verga que estaba brillosa de mi glande por esos líquidos pre seminales que ya habían dejado mi evidencia sobre las sabanas de la cama. Así hincado frente a su conchita se la deslizaba de arriba hacia abajo y le sobaba con mi glande su inflamado clítoris. Miraba como Jacqueline cerraba sus ojos, fruncía su labios, gemía, su respiración se volvía profusa, su piel se erizaba y ella solo me exclamaba cuando me miró a los ojos: -Antonio, méteme la verga… quiero sentir tu verga adentro de mi… fóllame como tú quieras. Le deslicé mi verga lentamente y Jacqueline se sentía bien apretada… su vagina me mandaba ese vibrar exquisito, me apretaba mi verga con su coñito. Estaba delicioso y Jacqueline quería conllevar ese vaivén porque sabía que su orgasmo estaba cerca. Siempre que sentía que quería acelerarlo se la sacaba y como tenía esa almohada debajo de sus nalgas, me quedaban también expuesta para sodomizarla.

    Le asomé mi glande a su ojete, y se lo quise follar, pero me puso la resistencia de un anillo no acostumbrado a esta perforación. Jacqueline me preguntó: ¿Te lo quieres follar… te quieres follar mi culito? – Tomé mi glande con mi mano y se lo hundí por unos segundos, pero volvió a salir expulsado. Jaqueline solo me dijo: No cariño, lo intentamos más tarde… fóllame el coñito que me vas a hacer correr pronto. – le volví a dejar ir mi verga en su conchita y Jacqueline gimió de nuevo y comenzó a hacer un vaivén a punto de correrse y sonó el teléfono. Me levanté de la cama y pude ver su frustración en su rostro y contesté mi teléfono. Estaba tan caliente y verdaderamente estaba gozando el momento y sabía que lo que había pensado hacer de antemano, me iba a doler, pero también le iba a dar con todo al ego de Jacqueline. Me fui al baño a lavarme, me puse los pantalones mientras Jacqueline quedaba anonadaba en su asombro.

    -¿Qué te pasa? ¿Quién llamó?

    -Karina… luego te cuento. Debo de ir por ella.

    -Por favor… ¿Realmente debes ir?

    -Si Jacqueline… es una emergencia. Luego te hablo. -le decía mientras me acomodaba los zapatos.

    Ni tan siquiera le di un beso de despedida, me aseguré de que llevaba todas mis pertenencias y salí de esa habitación. Debo decir que, sí me dolían los testículos, es difícil evitar ese ardor cuando se ha estado tan excitado y no haber liberado esa presión. No me atreví ir a donde Grace para liberar tal presión, pues ahora no solo olía a perfume de mujer, sino que también olía a ese sexo fresco, al joven sexo de la preciosa Jacqueline. Al igual que me dolían los testículos, siempre imaginé que a Jacqueline le deberían estar doliendo los ovarios, si es que una mujer pasa lo mismo cuando no se puede liberar esa presión de un acto sexual frustrado. No sé cuántas veces me llamó Jacqueline aquella noche, ignoré esas llamadas y solo me la imaginaba frustrada en la cama, poniéndose su calzón cachetero y su vestido blanco, llevándose su vino tinto y la botella de whisky que nunca destapamos.

    El próximo capítulo es el final y te sugiero que para entender el contexto de esta historia debes leer los capítulos anteriores. Solo de esa manera se puede entender el porque hice lo que hice. De solo recordarlo, me arden los huevos, pero también me causa una erección.

    Continuará.

  • Trastorno bipolar

    Trastorno bipolar

    Mario no desea seguir con la discusión. Está muy harto de los cambios repentinos de humor de Luisa. Todo parece ir estupendamente y en un instante la calma se viene abajo sin haber un motivo justificado para discutir, pero por lo visto, ella no piensa lo mismo y encuentra esa razón, respaldando su causa para iniciar una disputa como si necesitase de ella igual que un yonqui necesita su dosis diaria de crack.

    Con todos esos altibajos se plantea si no sufrirá un trastorno bipolar porque, al igual que un bólido, llega de cero a cien en menos de un segundo, ella localiza una causa, la argumenta con la desenvoltura propia de una verdulera y estalla en gritos e insultos en menos que canta un gallo. ¿Qué le está pasando? Mario no lo sabe porque son tantas las razones que encuentra que ya no está seguro de nada. Cuando no son sus padres, son los hijos, si no, la fregada o cualquier mota de polvo que interfiere en su vista. Sin embargo, con todo ello, Mario adora a su esposa. La quiere más que a nada desde el primer día que se conocieron en la facultad, pero con su actitud bipolar se diría que en esos momentos de crisis, para ella ha desaparecido toda muestra de apego. Después regresa la calma y todo sigue como si nada hubiese pasado.

    Esta vez no es diferente, aunque sea otro el pretexto que haya encontrado para discutir. La postura de Mario es apelar a la calma y discutir del tema como dos personas adultas y formadas que son, pero Luisa no atiende a razones y despliega todo un repertorio de insultos e improperios propios de la mejor deslenguada del arrabal, por consiguiente, es la gota que colma el vaso. En vista de que su esposa parece estar poseída por el demonio y es humanamente imposible razonar con ella, él hace lo que no ha hecho nunca hasta ahora, y en un arrebato abre la puerta y sale de casa sin saber siquiera adónde va. Cuando la cierra se percata del frio que hace y de que ha salido con lo puesto, pero no quiere volver a entrar ni parecer ridículo. No le apetece ir de un lado a otro deambulando sin un destino concreto, pero tampoco quiere entrar de nuevo en casa en esos momentos. Vive en el decimoquinto, pero para demorar la llegada a la calle decide no coger el ascensor y bajar a pie. En el rellano del decimocuarto se abre la puerta del ascensor y sale Carmen que llega en ese momento y lo saluda con la simpatía que le caracteriza y su amable sonrisa.

    Tiene sesenta y tres años, y aunque su esplendor de juventud ha huido con la edad, todavía goza de un candoroso rostro en el que apenas se perciben arrugas, adornado con unos preciosos ojos azules de una mirada profunda en la que uno puede extraviarse si la prolonga demasiado. No tiene un peso excesivo, pero la edad ha ido haciendo mella marchitando un cuerpo que en sus mejores momentos habría sido atractivo. Aun así, sus anchas caderas y su pecho exageradamente grande han sido objeto de algunas de las furtivas miradas de Mario y, ¿por qué no decirlo? de alguna que otra fantasía también.

    Entre ellos siempre ha habido una relación cordial de amistad vecinal, pero cuando existe una química añadida es detectada en ambos casos.

    Ella es viuda, pero Mario nunca la ha visto con ninguna pareja. Su distracción parece ser únicamente la de sus nietos. Tiene tres: dos churumbeles de su hija y uno de su hijo.

    Carmen percibe que la sonrisa que le devuelve Mario a modo de saludo es fugaz y forzada, algo que no es habitual en él, y unido al hecho de bajar a pie las escaleras desde el decimoquinto es motivo para adivinar que algo ha vuelto a pasar, puesto que por cercanía vecinal es conocedora de muchas de sus discusiones.

    Ella le pregunta qué le pasa y él parece necesitar desahogarse y un hombro en el que apoyarse ante el sinsentido de la histeria de Luisa, de modo que decide explayarse con Carmen y liberar toda la tensión acumulada propiciada por tanto despropósito. Mientras le expone su relato le comenta que ha salido de casa sin la chaqueta y sin ni siquiera saber a donde ir, por lo que Carmen le invita a pasar, abrirse y quedarse un rato hasta que se calme la tempestad, habida cuenta de que afuera hace un frio que ya no se ve a nadie en la calle buscando pokemons.

    Cuando entran en la vivienda Mario percibe un calor reconfortante que invita a quedarse. Carmen se quita la chaqueta y la cuelga en una percha junto con el bolso y ambos pasan al salón para estar más cómodos y charlar.

    Mario tiene treinta y tres años menos que ella y en los tres que llevan siendo vecinos nunca había entrado en su casa y comprueba entonces que es muy acogedora. Ambos están sentados en el mismo sofá, uno al lado del otro, y a Carmen no le importa en absoluto que su pierna se roce involuntariamente con la de Mario, es más, cuando se percata de ello no hace mención de separarla, sino todo lo contrario porque le agrada el contacto, aunque no haya pretensión de nada más, pero la química que siempre les ha envuelto empieza a liberar las sustancias de una atracción física que poco a poco va gestándose en ambos por igual.

    Carmen tiene que contar los años y los meses que hace que se quedó viuda para recordar cuando fue la última vez de su último polvo. Después de que enviudara ya no volvió a probar los placeres de la carne y, aunque la química entre Mario y ella siempre ha sido manifiesta, nunca hubo una intencionalidad sexual, pero ahora el hecho de tenerlo a su vera y contando con que su esposa es un estorbo en esos momentos, el roce de su pierna despierta en ella deseos reprimidos y olvidados hace tiempo. El joven sentado a su lado se percata poco a poco de una mayor familiaridad y de un exceso de confianza que hasta el momento no se había dado y eso se debe a que, a modo de consuelo, la mano de Carmen se posa en su pierna, aparentemente de forma inocente, pero Mario detecta lo vulnerable y receptiva que es a su contacto. En ese momento él evalúa lo que está ocurriendo y siente cierto rechazo. Piensa en su mujer y en lo atractiva que es. La compara con Carmen y siente que se desinfla, sin embargo los recuerdos de las pajas que se ha hecho a su salud le recuerdan que es una mujer que todavía conserva un remanente de tentación, despertando en él cierto morbo, y está enteramente a su disposición. Carmen se percata de las miradas furtivas al canalillo de sus encorsetadas tetas y advierte en él un visible nerviosismo, a cambio posa su intensa mirada en la de Mario y este se pierde en la profundidad del azul de sus ojos. Ambos se quedan sin decir nada. No hace falta. Sobran las palabras pese a que se entreabran las bocas. Es Carmen la que hace un movimiento muy sutil de acercarse y Mario reacciona aproximándose a su boca para unir sus lenguas. Carmen se agarra a él y éste le devuelve el abrazo. Desde ese momento las manos de ambos inician una exploración por el cuerpo del otro. Mario se apodera de una de las tetas de Carmen y advierte que su mano no puede acaparar toda la carne. Reconoce que nunca ha tocado una de ese tamaño. Le quita el suéter de pico que lleva y puede ver como el sujetador aguanta estoicamente amarrando tanta carne. Es ella la que se lo desabrocha dejando a la vista un par de melones que parecen haber hipnotizado al joven cuando la fuerza de gravedad los vence. Mario se apodera de las dos tetas y les dispensa un intenso magreo, mientras las sopesa y se amorra a los pezones como si fuese un bebé. Va intercambiando de uno a otro y le faltan manos para acaparar los globos de oro.

    Carmen empieza a gemir con sus caricias evocando placeres olvidados. Dirige la mano a su pierna y la desliza hacia arriba en busca de su hinchado paquete. Su mano se pasea por el montículo de su bragueta presionando el bulto. Lo quiere. Lo desea. Los dos hacen un inciso para desnudarse completamente. Carmen se desprende de la falda y de las medias y se queda en bragas mostrando su cuerpo en toda su plenitud. Mario la contempla y repara en que, a pesar del volumen, todas las curvas están en su lugar. Lo único que le resulta desacertado son sus bragas anti lujuria, pero pronto se deshace de ellas dejando al descubierto un coño con su mata de pelo perfectamente acicalado que lo empuja a llevar su mano allí a la vez que los dedos se pierden en la humedad de aquella cueva inexplorada durante años.

    Carmen está de pie suspirando, dejándose hacer y abandonándose al placer que su joven vecino le está provocando con los dedos reactivando su cuerpo marchito, y al compás de los dedos, va moviendo su pelvis queriendo sentir más.

    Mario hace un paréntesis para quitarse los pantalones, ya que necesita liberar al cautivo que se revuelve en su prisión reclamando su libertad. Se quita los pantalones con celeridad y la boca de ella se entreabre involuntariamente ante el miembro que tiene delante completamente a su disposición. Avanza un paso y lo coge con ambas manos para cerciorarse de que ese momento es real y no un sueño. Lo toca, lo acaricia y lo repasa una y otra vez aferrándose a él como si fueran a quitárselo de un momento a otro. A continuación se arrodilla ante él y lo contempla babeando en un primer plano. Lo vuelve a coger con la mano y empieza a masturbarlo como si quisiera que acabase rápidamente, pero se detiene de golpe abriendo la boca lentamente y haciendo que desaparezca completamente en ella.

    Desde arriba Mario ve como la cabeza de Carmen oscila adelante y atrás tragándose por completo su verga, reconociendo que Luisa nunca se la ha tragado entera, ni siquiera lo ha intentado. A pesar de que no es una gran polla, Mario está más que satisfecho con su órgano y por lo que se ve, Carmen también, pues parece dispuesta a no soltar su caramelo por nada del mundo. Lo repasa una y otra vez con la lengua, recreándose en cada sinuosidad y en cada ángulo. Le levanta la polla hacia arriba y pasea su lengua desde el glande hasta el tallo para dirigirse a la bolsa de la cual cuelgan unos huevazos que en ese momento le recuerdan dos pelotas de pim pom. Se introduce cada una de ellas por igual repasándolas una por una decenas de veces y Mario empieza a pensar que si no la detiene estallará en su cara, por tanto la aparta suavemente y la recuesta en el sofá pensando que ahora le toca a él demostrarle su maestría. Eso le sirve para calmarse un poco.

    Carmen abre las piernas para él y Mario contempla el coño abierto en el que parece que de un momento a otro vayan a surgir unas fauces para devorarlo. Hunde la cabeza entre sus piernas y se aplica en el cunnilingus. La lengua recorre cada pliegue y los caldos empiezan a manar en forma de reguero de un coño más que hambriento. Mario degusta el sabor salado que va embriagando su conciencia a pesar de que a esas alturas ha desaparecido. La lengua busca el pequeño y sensible nódulo que ha escapado de su capucha para recibir las atenciones del joven, sin embargo el placer que provoca es tan intenso que sus anchas caderas se retuercen una y otra vez en busca de una penetración que llega con dos dedos dispuestos a encontrar la recóndita y placentera protuberancia interior. Los dedos se mueven dentro de ella repetidamente, después encuentran el punto y presionan ligeramente mientras la lengua se centra en el pequeño botón hasta que es imposible aguantar tanto placer y Carmen explota en un clímax gritando de gozo. Los flujos se desparraman por toda la zona y Mario saborea y paladea el sabor de aquella mujer madura, entretanto ella se queda exhausta y de piernas abiertas como si hubiese caído del techo. Pero Mario está ahora en celo y se coloca encima, posa su polla sobre su abierta raja y la penetra completamente de un solo golpe de caderas. Carmen lanza un alarido de placer al notar la verga en su interior y cuando Mario emprende el bombeo en su cavidad, su excitación regresa con renovadas fuerzas para seguir disfrutando de su joven amante.

    El teléfono suena. Debe ser Luisa. Mario se detiene un instante, ambos se observan pensando lo mismo. Dirige la mirada hacia el teléfono y decide ignorarlo y continuar copulando con su vecina. Engancha las piernas de Carmen en sus hombros y retoma la frenética follada, lo que provoca que los jadeos de los dos amantes se entremezclen al tiempo que fornican como dos descosidos, acelerando el ritmo en cada embate. Carmen nota que otro orgasmo quiere asomar y aferra sus nalgas alentándolo a darle caña en medio de gritos que le ordenan una y otra vez que la folle con más fuerza. Tanto sexo reprimido durante años aflora llevándola a un nuevo orgasmo en el que las convulsiones de su coño lo llevan a él al suyo explotando en su interior, mientras los dos vecinos se funden en un sinfín de gritos y jadeos.

    Después de tanta efervescencia los dos amantes yacen tendidos en el sofá uno al lado del otro sin fuerzas para articular palabra alguna, sólo se les oye suspirar junto a una cómplice sonrisa de aprobación. Sobran las palabras. Ya está todo dicho.

    Carmen se siente henchida de gozo. Acaba de tener la experiencia más placentera de toda su vida cuando ya pensaba que su vida sexual con un hombre había llegado al ocaso.

    El teléfono vuelve a sonar y ambos vuelven a mirarse con recelo. Mario siente una punzada de culpa por lo que acaba de hacer, puesto que todavía ama a su esposa más que a nada en el mundo, de modo que se levanta y decide cogerlo. Carmen siente un atisbo de animadversión por ella al estropear el momento y contempla a Mario desnudo mientras habla con su esposa. No la odia, pero la envidia. No presta atención a lo que dice, tan sólo observa como va desplazándose de un lado a otro mientras habla. Observa sus nalgas prietas, su vientre liso y su polla, ahora flácida. Luisa le pregunta donde está y él esquiva la respuesta, pero parece que el demonio ya ha salido de su interior y quiere que regrese a casa. Carmen intuye que se están reconciliando y mientras él está de pie hablando, ella se arrodilla para introducirse su pene en la boca y Mario empieza a respirar de un modo sospechoso. Entretanto Carmen nota como se va endureciendo el miembro en su boca y se afana en la tarea. Sus manos repasan toda la zona, acarician los huevos y recorren el tallo mientras su boca va y viene por un falo ya en completa erección. Mario no puede prestar ya atención al teléfono, mucho menos razonar coherentemente y entre amortiguados jadeos, cuelga diciendo que no tardará.

    Desde su posición contempla como Carmen se aplica en la mamada y observa sus ojos azules mientras engulle su polla. Vuelve a estar muy cachondo y la levanta para acompañarla atropelladamente hasta el sofá, la pone de rodillas apoyada en el respaldo ofreciéndole un enorme y a la vez excitante trasero, adornado con una especie de hucha reclamando que deposite allí sus reservas.

    Mario se queda obnubilado viendo el exagerado culo a su disposición al tiempo que ella lo mueve de forma sugerente y hasta lasciva, de tal manera que se acerca, agarra su miembro y lo introduce de un solo golpe que le arranca un gemido de placer, después se agarra a sus ancas y empieza a fornicarla con vehemencia.

    —Me has puesto muy cabrón— acierta a decirle mientras se la folla. Y ella le responde con un eufórico “sí”, exhortándole a que lo haga sin clemencia y confesándole que en ese momento es toda suya. Ante tal aseveración, él observa sus enormes y magníficas nalgas, mientras se la folla salvajemente como nunca se lo ha hecho a su mujer. Carmen se tiende boca abajo a lo largo del sofá y él abandona por un momento la cópula, a continuación le abre los cachetes y en un arrebato de calentura, ante la panorámica de aquel enorme trasero le hunde un pedazo de polla en el ano que le arranca un grito de dolor. Él cede un momento, pero está demasiado caliente para parar. Además, se ha tomado al pie de la letra lo de que la folle sin clemencia y es lo que hace. Los gritos provocados por el intruso que pretende abrirse paso en su esfínter invaden la estancia y él no tiene más remedio que serenarse e intentar ir más despacio para que vaya acostumbrándose.

    Carmen nota que las punzadas de dolor troncan en una extraña sensación de placer que se incrementa gradualmente. El orificio ya lo tiene completamente dilatado y empieza a gozar de la polla que está amartillando su ano, y muestra de ello son los jadeos que lo confirman.

    Mario la embiste con fiereza. Está al borde de su orgasmo y quiere que ella lo comparta con él, sin embargo Carmen es consciente de que, aunque la sensación es muy placentera no puede llegar así, de modo que recurre a su dedo corazón frotando su clítoris con una desesperación inusitada. Los golpes de cadera de Mario se aceleran. Ya no puede aguantar más y se corre entre jadeos que invaden la estancia, la vivienda y, quien sabe si el vecindario. El clímax remite poco a poco, pero se da cuenta de que ella sigue realizando movimientos contundentes con sus caderas buscando el clímax, ayudándose de sus dedos, por tanto Mario intenta continuar embistiendo en el culazo que tanto placer le ha regalado. Desea que su miembro no se afloje mientras acomete con fiereza confiando en que ella obtenga su premio, y tras unos segundos, sus gritos evidencian un orgasmo insólito e inusual.

    Mario retira el miembro morcillón del pequeño orificio completamente manchado provocándole cierta repulsión, se disculpa y le dice que va a limpiarse. Se dirige al lavabo. La distribución de la vivienda es igual a la suya y no le representa ningún problema adivinar donde está. Ella, utiliza el otro y cuando sale, Mario ya está terminando de vestirse.

    Carmen regresa desnuda de lavarse con una sonrisa gozosa y complaciente, sin embargo él desvía su mirada porque ya no la encuentra atractiva, más bien lo contrario. El entusiasmo de hace unos momentos se ha esfumado y ahora se siente culpable y se despide con un beso displicente del que ella se percata, pero lo deja ir, pues intuye su congoja. En cambio, no se arrepiente de nada, ya que por un momento se ha convertido en la mujer más dichosa del mundo. Se sienta desnuda en el mismo sofá en el que hace unos minutos Mario le ha dado la follada de su vida y pone el cronómetro a cero a la espera de la próxima vez.

    Mario abre la puerta de su casa y entra cabizbajo y Luisa acude a recibirlo con un tierno abrazo colmándole de besos de arrepentimiento por su actitud inestable junto a otros de reconciliación, cuando su agudo olfato le advierte de un inconexo exceso de perfume y varios cabellos rubios en su jersey le confirman su sospecha.

    Mario vuelve a percibir como los ojos de Luisa se le inyectan de nuevo de sangre sin saber nuevamente qué está pasando.

  • La rubia tetona que me tiene loco

    La rubia tetona que me tiene loco

    Esta historia ocurrió hace unos tres años. Había una chica interna trabajando en uno de los pisos, nuestra relación era cordial, aunque no podía dejar de mirarla. Ella tendría unos 32 años, yo 22, vestía siempre con mallas y camisetas grandes, estaba jamona con las piernas duras, no muy alta, con unas tetas grandes y bien firmes, sigue siendo rubia y tiene una boca que vuelve loco a cualquiera que la pruebe.

    Una de las veces se le cayó un sujetador al patio y algo nerviosa, me dijo que cuando lo cogiera se lo diera. Lo cogí pero antes, quería notar su olor corporal y me asegure que talla tenía y me sorprendió, ya que tenía más pecho de lo que me imaginaba. Se avergonzó en el momento que se lo di y me dio la sensación de que le gustaba. Le pregunte si me podía dar su número de teléfono, Le escribí para reírnos de la situación y así ir entrando en calor. La cosa fue subiendo de tono con el paso de los días y nos mandamos fotos íntimas donde me mostraba sus grandes pechos y lo tersos que estaban.

    Me imagino mi verga entre ellas y no ocultaba el decírselo, como que me encantaría coger ese culazo y que le iba a lamer cada rincón de sus nalgas, donde mi lengua no pararía de entrar y de salir, saboreándola entera a placer.

    Un mediodía que salía de trabajar le dije que se pasará por mi casa, ya que no podía más y quería penetrarla hasta los guevos, al principio vaciló, pero al cabo de rato llamaron al timbre, era ella y subía a mi casa que está situada a una manzana donde trabajaba.

    Nada más verme nos dimos un abrazo y lo siguiente fue besarnos con locura, mis manos no podían estar quietas y necesitaba acariciar cada rincón de su cuerpo, mientras la apretaba contra mí para que notará como estaba mi verga de firme. No tardo en llevarme a la cama y allí nos seguimos besando con mucho deseo, saboreando nuestras lenguas que no paraban de moverse con locura, buscándose en todo momento. Me bajo los pantalones y directamente se fue a por mí verga.

    Empezó a pasar la lengua de arriba abajo, chupándomela entera mientras su saliva chorreaba por mi entrepierna, sabia como hacerme disfrutar; absorbía mi glande y tragaba después hasta donde podía. Entre el ruido que hacía cada vez que se la metía y lo excitado que andaba, iba a reventar en cualquier instante. Mi verga mide unos 17 cm, algo gorda, pero aun así estaba degustándola como una loca. En un momento de placer me dijo que quería que me corriera en su boca. Esto hizo ponerme muy muy caliente y al final lo consiguió con un sobresaliente. Mi verga no dejaba de palpitar en su preciosa boca, mientras mi vecina me sacaba toda la leche, sin derramar nada y siguió un ratito más después de la corrida, por si quedaba algo más que sacar.

    Nunca me había palpitado tanto con una mamada y estaba tan agradecido que quería devolverle el placer y que se corriera como una loca. No me dejó, se levantó escupió toda la leche, me dio un gran beso y me dijo que tenía que irse a trabajar.

    Los dos aún sabemos que nos debemos mucho y yo la estaré siempre muy agradecido por la mamada tan deliciosa que me hizo.

    Espero entrar en contacto con ustedes, ya que soy nuevo con esto de los relatos.

  • Paulina una joven caliente

    Paulina una joven caliente

    Paulina es una joven que en esa época tenía 18 años, la típica joven calienta huevos que se le ofrecía a cualquiera a cambio de nada, media 1.57 de estatura, pechos paraditos, cinturita y nalgoncita, su hermana es mi amiga y ella la metió a trabajar en la misma empresa en la que trabajábamos, nos ayudaba a todos, me encantaba como me zorreaba, pero por mi amiga la respetaba.

    Pero a ella le encantaba calentarme, ella fue la razón por la que me termine cogiendo a Clara en la calle, ya que me dejo tan caliente ye so que, según yo, a mis 23 años me sentía superior a ella.

    Una ocasión su hermana tuvo que salir y me dijo:

    -Amigo te puedo encargar a Pau… es que no va haber nadie en casa y no quiero que se quede sola.

    T: ¡Mmm! ok, pero que hago con una chica de 18 años!

    Ella sonrió y me dijo, no se llevarla al cine por ejemplo o a comer te espero el sábado a las 3 en mi casa ok.

    Se me hizo un poco tarde ese día llegue casi a las 4 de la tarde, pero Evelia ya no estaba, solo estaba Pau.

    P: ¡Hola! pensé que nunca llegarías!

    T: -Perdón se me hizo un poco tarde!

    P: No te preocupes, ¡pues vámonos ya!

    T: ¡Vámonos!

    Ella llevaba una minifalda negra, zapatos bajos y una blusita blanca pegadísima, se veía riquísima y yo a mis 23 años no veía tan mal desearla un poco, fuimos a comer y al cine, yo aprovechaba cada ocasión para darle un arrimón o tocarle sus ricas piernas.

    Terminamos en un wings army, con todo y lo que podía suceder le invité unas cervezas, en ese momento recibí una llamada.

    E: Hola, oye podrías entretener a Pau un rato más, es que aún no llego a casa

    T: ¡Ay Evelia! Pero está bien, ¡yo me encargo de tu hermana!

    Pedí otra ronda de cerveza y le dije a ella que estaríamos más tiempo juntos, bebimos y reíamos demasiado, hasta que ya un poco entrando la noche le dije…

    T: Ay Paulina, de verdad no sabes cómo me encantas

    P: ¡Jajá! en serio? ¡Jajá!

    T: ¿Por qué te ríes? no me crees?

    P: ¡No jajá! tú eres un picaflor y solo buscas quien se deje!

    T: ¡Pero tú no te quedas atrás, si bien que coqueteas con todos…somos iguales!

    P: Sabes admito que me gustas, pero Evelia esta tras de ti y no quiero broncas con mi hermana.

    T: Ella solo es mi amiga y tú me encantas, me excita como te muerdes tu labio frente a mí, como cruzas tus piernas enseñándome todo, ¡uf! no sabes las ganas que te traigo nena

    P: ¡Tyson me vas a convencer ya párale!

    T: ¿O tu no deseas nada?

    Me acerqué lentamente a ella y comencé a besarla, ella no se negó y acompaño la acción, nuestras lenguas se entrelazaban, sus labios y los míos se llenaban de saliva, mis manos acariciaban sus deliciosas piernas, ella gemía suavecito y me besaba el cuello, yo hice lo mismo con su oreja y cuello fueron de mi boca mientras su mano acariciaba mi entre pierna.

    Sin decir más, pagué la cuenta y salimos rumbo al primer hotel que encontramos, pedí la habitación, nuestras ganas no podían más, al entrar nos besábamos muy pasionalmente, ¡mis manos recorrían todo su joven y rico cuerpo!

    T: ¡Como te deseo muñeca!

    La acosté en la cama mientras me quitaba mi camiseta, ella me acariciaba la espalda me mordía los hombros, yo le quite su blusita y vaya que delicia encontré, los pechos más firmes y duritos que hubiese tocado, quite el sostén y comencé a besarlos con mi lengua, desde su cuello baja a sus ricos pezones que se endurecían con cada chupada lamida y mordida que les daba.

    Le quite la falda dejándole en un calzoncito bóxer de encaje se veía riquísima, mis labios recorrían su abdomen y bajaban a sus piernas mi lengua recorría toda hasta llegar a sus pies, los cuales besaba y chupaba lentamente.

    P: ¡Tyson!!! ¡Que rico!

    T: ¡Me encantas toda!

    Ella gemía cada que mi lengua jugaba con su cuerpo, le quite su bóxer y me lance en su húmeda vaginita, mi lengua lamia sus labios y sus ingles, mis manos apretaban y jugaban con sus pechos y pezones, metí mi lengua y lamia su clítoris ella gemía y me apretaba la cabeza, mi verga poco a poco se endurecía más y más, metí un par de dedos en su vagina, metía y sacaba mientras mi lengua lamia su anito, estaba en la gloria.

    T: ¡Oh!!! ¡Que rico nena!

    P: ¡Ash!!! ¡No pares, uhm!!

    Me quito el pantalón velozmente, mi bóxer también estorbaba, al ver mi pene se emocionó mucho…

    P: Pero que rica tranca tienes gruesa y durísima, por eso Evelia te quiere comer.

    T: ¡jajá pues aprovecha que tu si la comerás!

    Comenzó a lamer suavemente mi verga, su lengua recorría desde mis testículos hasta la punta, su boquita trataba de devorar mis 17 cm de largo, la sensación de como succionaba era maravillosa, la chica resulto toda una mamadora estaba claro que no era su primera vez en nada, yo apretaba su cabeza para metérsela más, ¡uf! se sentía rico como se ahogaba y me dejaba todo babeado

    P: ¡Nene, métemela por favor te quiero en mí ya!!!

    T: ¡Si nena yo también ya quiero entrar en ti!

    P: ¡Adelante bebe dame más métemela rico!

    Abrí sus piernas como compas y comencé a metérsela suavemente, su vagina era estrecha y no llevaba ni una cuarta cuando ya ella gritaba como loca, ¡eso me excito más y comencé a embestirla con más fuerza!

    La estaba lastimando, pero como apretaba mi verga me encantaba, después de unas cuantas penetradas al parecer se había acostumbrado, movía su cadera de la forma más deliciosa posible, nos besábamos y le mordía lo que estuviera al alcance.

    Le levanté las piernas y las puse en mis hombros, mis embestidas eran rápidas, su vagina humedecida apretaba más y más, sus gritos y gemidos eran música del cielo, su mirada me la ponía más dura aún.

    T: Paulina, ¿te gusta cómo te la meto?

    P: ¡Si bebe así, cógeme rico!

    T: ¡Que arrecha eres, uhm, como aprietas!

    P: ¡Ah!! ¡Más, no pares!

    Me acosté en la cama y ella subió a cabalgarme, yo diría sus movimientos, pero ella me sorprendió al momento de darse sentones, ¡me hacía gemir bien rico!

    P: ¡uhm!! ¿Te gusta bebe?

    T: ¡Paulina!! ¡Que rico!!

    P: ¡Así te siento más rico, ah!!

    T: ¡Eso nena, gózala toda, es tuya!!

    La puse en cuatro y se la metí despacio, ella movía su pelvis generando una rica sensación, yo acariciaba sus nalgas, las besaba y apretaba, ella gemía y se ensartaba deliciosamente con mi verga.

    P: ¡Mas!! Así que rico, ah!!

    T: Que hermosas nalgas, ¡uhm!

    La tomé del cabello con una mano y con otra jugaba con sus pechos, mis embestidas eran duras, ella gritaba y me pedía más, le daba de nalgadas, sentí como escurría encima mío, ella temblaba del orgasmo que sentía así que la acosté pecho tierra, mientras seguía penetrándola con fuerza, mordía su cuello y oreja.

    P: ¡Así!!! Que rico, ah!!

    T: ¡Uf!!!! Que rico aprietas mi verga!

    P: ¡Dame tu leche, uhm, dame tu leche!

    T: ¡La quieres?, sácamela, uhm, ¡muévete nena!

    Ambos nos movíamos como gusanos, finalmente no pude más y terminé dentro de ella sin temor a preñarla.

    T: Ay papi, así que rico, ¡ah!!

    P: ¡Paulina, uhm, ah!!!

    El orgasmo fue maravilloso ambos quedamos recostados en la cama tomando aire, nos besábamos y sobábamos nuestras partes, finalmente me había cogido a la sensual joven que siempre me calentó.

    Al ver mi celular vi varias llamadas perdidas de su hermana así que nos apuramos y salimos del lugar y fuimos a su casa, al llegar recibí un regaño de Evelia, ¡pero no me importo porque me había comido a su hermanita!

    El haber cogido con ella me trajo muy pero muy buena suerte, ya que como reacción en cadena empecé a tener más suerte con las mujeres y esas historias se las contaré a ustedes.

    Tyson.