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  • Le pedí que me volviera a follar

    Le pedí que me volviera a follar

    El final del verano había llegado, mis piernas le rodeaban el cuerpo mientras que su pene penetraba con fuerza en mi vagina, mi cuerpo se movía debajo de él al son de sus empujones metiéndomela una y otra vez, rodeándole con mis manos la espalda, arañándosela cuando mi orgasmo empezaba asomar, su pene fundiéndose dentro de mi vagina navegando por un mar de placer entrando y saliendo de mi cuerpo haciéndome gritar en cada penetración, me miraba, me besaba, acariciaba mis pechos disfrutando de ellos, su pene envuelto en mis flujos deseando explotar, expulsando por fin su semen en mi interior.

    -Un poco más, un poco más, así, así… ¡aaahh! siii, así, fóllame Juan ¡aaahhh! fóllame asii, máass.

    Acababa de tener otro orgasmo, uno más con él.

    Su semen empezaba a recorrer mi cuerpo saliendo de mi vagina, tumbada boca abajo con la sonrisa en los labios entrelazando las piernas mientras las meneaba con las rodillas flexionadas hacia arriba, desnuda, miraba por la ventana con la mirada perdida en aquel mar azul, estaba feliz, pero a la vez la sombra de la tristeza acechaba aquella habitación, en la última planta de aquella torre de apartamentos no se oía más que el murmullo del agua de la ducha correr, dentro estaba él, Juan se duchaba después de haber tenido un despertar apasionado, quizás el último despertar junto a mí, no hacia ni cinco minutos me había estado follando como tantas aquellas veces ese verano.

    Nunca pensé que un hombre 25 años mayor que yo me daría tanto placer, tanto que realmente mis primeros orgasmos los tuve con Juan, de hecho nunca supe realmente lo que era un orgasmo hasta que no estuve con él y ahora que verano llegaba a su fin, en aquel apartamento que tanto había visto, días enteros follando, noches apasionadas amándonos, ese día nos teníamos que separar, el verano tocaba a su fin y tocaba volver a la rutina, pero hasta cuándo.

    Aquella historia comenzó a primeros de julio, cuando fui a pasar el verano a casa de mis abuelos, allí siempre podía descansar, relajarme y olvidarme del ruido, ya que necesitaba preparar mi tesis, por las mañanas solía ir a la playa, las tardes y noches eran para el estudio.

    Fue entonces cuando me fije en él, todas las mañanas a primera hora tendía mi toalla, clavaba la sombrilla en la ardiente arena, me daba crema por el cuerpo y me tumbaba a tomar el sol, en unos metros más atrás sin faltar ni un solo día, siempre a la misma hora plantaba la sombrilla, colocaba su silla, una nevera con cervezas, varios periódicos, un libro y se tiraba toda la mañana cobijado bajo la sombra de la sombrilla con sus gafas de sol, metiéndose en el agua y refrescándose de vez en cuando.

    Era un hombre de unos 50 años, pelo castaño con bastantes canas, muy guapo, buen cuerpo para su edad, ojos azules, barba corta bien arreglada, alto, músculos bien definidos, sus pectorales, dorsales y abdominales parecían dibujados con pincel y prácticamente sin pelo en el pecho, era uno de esos hombres que te invitan a mirar, a suspirar cuando pasan a tu lado o por lo menos eso era lo que me pasaba a mí.

    Cada vez que se levantaba y escondida tras las gafas de sol se me iban los ojos tras él, mirando como entraba en el agua y salía como un dios con su cuerpo mojado, moviendo su cabeza para quitarse el agua del pelo, pasando esos brazos fuertes por su pecho sonriéndome cuando pasaba por mi lado, mirándome con esos ojos azules que hacían que mi cuerpo se derritiese, yo entonces no lo quería admitir, pero aquel hombre me gustaba, era más que eso porque sentía como la braga de mi bikini se humedecía al mirarle sin poder apartar la vista de su cuerpo.

    Al cabo de las semanas ya nos saludábamos, iba a la playa todos los días esperando encontrarle y me percaté que empezó a llegar antes que yo, me di cuenta de que él también me miraba, desde el momento que empezaba a caminar por la arena caliente, la brisa mariana ondeando mi pareo y lanzando mi melena al viento, tras sus gafas de sol no perdía ojo, cuando plantaba la sombrilla y me iba quitando el pareo, como sentada le miraba de reojo y podía ver tras esas gafas sus ojos azules desnudándome, repasando las curvas de mi cuerpo mientras me ponía la crema.

    Sabía que me observaba y conscientemente me quitaba el pareo de una forma sensual, mis movimientos casi estudiados bajo la atención de un espejo, con unos bikinis perfectos para estas ocasiones dejando ver, pero sin enseñar, dejando a que su imaginación fluyera y volara, agachándome despacio doblando mi cuerpo hacia delante con mis piernas estiradas dándome crema por ellas, estirando la toalla de espaldas a él dejándole ver bien mis nalgas y mi vulva por detrás, recogiéndome el pelo muy sensualmente con una goma haciéndome una coleta, pasando mis manos casi mirándole por mi cuerpo rozando mis pechos y ajustándome el bikini tipo brasileño, tapando solo mi vulva prácticamente rasurada y dejando que mis nalgas sé dorarse bien por el sol.

    Me levantaba e iba casi dando saltitos hacia la orilla del mar, dejando que mis pechos dieran pequeños botes, colocándome bien la braguita del bikini, metiéndome muy despacio en el agua como si estuviera helada, doblando mi espalda hacia delante cogiendo agua con las manos y mojándome el cuerpo poco a poco, soltando mi melena y paso a paso metiéndome más dando pequeños saltos laterales cuando venían las olas hasta llegas a mi cintura, de reojo le miraba y veía como no se perdía ni un solo movimiento de mi cuerpo.

    Con los brazos levantados sin haberlos mojado del todo me zambullía en el agua doblando mis rodillas como sentándome el suelo, al salir pasaba mis manos por mi cara para quitarme el agua de ella, colocando mi melena hacia delante y escurriéndola con mis manos dejándola en el lado izquierdo cubriéndome el pecho, poco a poco iba saliendo del agua con la piel mojada y dorada por el sol, dejándole ver mi figura, cayendo las gotas de mi cuerpo a la arena de la playa, sentándome y peinándome para que no se enredase el pelo.

    No me considero ninguna belleza, pero considero que no estoy nada mal, tengo 24 años y una piel fina y suave, pelo largo rubio oscuro, ojos grandes de un color avellanado, caderas no muy anchas y cintura estrecha, piernas bonitas terminadas en un bonito culo, los senos normales ni muy grandes, ni muy pequeños, mis areolas de un color marrón clarito, pezones grandes y puntiagudos, mido 1,67 aproximadamente 54 kg, creo que soy bastante guapa de cara, labios finos y carnosos con una sonrisa dulce y blanca.

    Los días iban pasando y sentía que yo era su atracción principal, ya casi no leía, el periódico lo utilizaba para taparse en ocasiones la entrepierna, continuamente nos sorprendíamos mirándonos apartando la mirada enseguida hasta que un día, después de bañarme se acercó a mí cuando empezaba a darme crema, me saludo, se presentó y muy amablemente me pregunto que si quería él me podía ayudar a darme crema por la espalda, muy nerviosa y sin pensármelo dos veces le di el bote de crema y empecé a sentir unas manos fuertes pero suaves recorriendo mi espalda.

    El hielo se había roto y ahora todos los días nos sentábamos juntos, me daba crema y yo le regañaba por no ponérsela y al cabo de los días, quizás por no oírme más accedió a mi petición de dársela, recorría con mis manos su cuerpo duro y musculoso a la vez que notaba mi sexo mojarse, empezamos hablar de todo un poco, de mi tesina, era un hombre inteligente con mucha cultura y muy vivido, me fascinaba las historias y relatos que contaba quedándome como embobada mirándole los labios al hablar y soñando con que quizás algún día los podría besar, me estaba enganchando con aquel hombre, no digo enamorándome aunque quizás sí.

    Empecé a comer con él antes de irme a casa y a pesar de querer pagar casi siempre me invita, no podía parar de reírme, de mirar esos ojos azules, un día me dijo de quedar a cenar, que me quería enseñar un restaurante precioso en el saliente de un acantilado junto a una cala pequeña, era sábado y pensé en dar descanso a los libros aunque solo fuera esa noche y accedí, mis abuelos estaban encantados de verme tan feliz aunque sabían que era un hombre más mayor que yo, tenía casi los años de mis padres, Juan tenía exactamente 49 años, era viudo y tenía 25 años más que yo, pero eso a mí no me importaba.

    Me recogió a las 8 de la tarde con su coche, un jaguar descapotable color verde precioso con el volante a la derecha, iba muy informal, vestía unos pantalones vaqueros y una camisa blanca con dos botones desabrochados dejando ver sus pectorales, yo me había puesto un vestido de gasa color crema, abotonado de principio a fin por delante con unos botones de madera finos y grandes, unas sandalias y un pequeño bolso, me tiré frente al espejo bastante tiempo, peinándome y maquillándome para estar realmente guapa para él, realmente en boca de mis abuelos parecía una sirena salida del mar, una princesa de cuento de hadas.

    Tardamos un poco en llegar, pero mereció la pena porque realmente era un pueblo precioso, con unas vistas impresionantes desde la terraza donde íbamos a cenar, después de reservar nos fuimos a dar un paseo por el pueblo, las casas encaladas, con los balcones engalanados con geranios, nos sentamos en un café para hacer tiempo, hablamos, reímos, me encontraba realmente feliz de estar con él, disfrutaba tanto de su compañía que el tiempo volaba.

    Eran las nueve sé la noche y estábamos sentados en la mesa del restaurante viendo la puesta de sol, velas por todas partes sustituían e iluminaban la terraza del restaurante, empezamos a cenar hablando de literatura, de música, de nosotros, la noche se nos echó encima, las horas pasaban y él me cogió de la mano acariciándomela con su pulgar, mirándome fijamente y en ese momento supe que le amaba, me había enamorado de él, estaba en un marco incomparable, con un hombre increíble que me hacía reír, las velas, la música tranquila que más podía desear.

    Me sentía nerviosa, ya en la cena lo estaba, pero ahora cuando cogió y acaricio mi mano diciéndome que era un regalo para él, que hacia tanto tiempo que nunca se había sentido tan feliz, que era una mujer preciosa y que yo le había quitado unos cuantos años de encima, terminamos de cenar y nuestros pasos se encaminaron hacia el coche, los dos cogidos primero de la mano, hasta que me paso su mano por la cintura, en ese momento me pare, extrañado me miro y me pregunto.

    -Lara, te pasa algo, sientes frio. –Me encontraba temblando pero no de frío.

    -No Juan, nada no es nada solo que…

    En ese momento le mire, me acerque a él y poniéndome de puntillas le bese, fue un beso corto, solamente mis labios rozaron los suyos, pero eso bastó para que mi cuerpo temblara y le mirara nerviosa, fue un impulso irrefrenable, no sabía cómo iba a reaccionar, pero no tarde mucho en averiguarlo, porque Juan me cogió fuertemente por la cintura acercándome a él y besándome apasionadamente, no solo nuestros labios se juntaron, no solo nuestras lenguas se buscaron, no solo nuestros cuerpos se fundieron abrazándonos, fue algo más, algo que no puedo explicar con palabras, estaba feliz.

    Decidimos dar un paseo por la playa, era una cala pequeña con un chiringuito al final donde se escuchaba música bastante alta, estábamos retirados de miradas indiscretas y abrazados sin nada que decir andábamos descalzos por la arena, mojándonos los pies, las olas empapaban mi vestido a la altura de los tobillos, nos paramos y nos besamos, mi cuerpo temblaba cuando sus manos empezaron a recorrer mi cuerpo, acariciando mis pechos, yo le desabrochaba los botones de la camisa, le besaba y pasaba la yema de mis dedos por sus músculos que tan bien me sabía.

    Empezó a desabrochar los botones de mi vestido subiéndome el sujetador besaba mis pechos, metiendo mis pezones en su boca mientras jugaba con ellos con su lengua, estaba tan excitada que mis bragas hacia tiempo que estaban mojadas, Juan se separó de mí mordiéndome mi labio inferior y se empezó a desnudar, la camisa, el pantalón, el bóxer, se quedó desnudo delante de mí con su pene tremendamente empalmado y andando hacia atrás se iba metiendo en el mar, llamándome, invitándome a entrar con él.

    -Venga Lara, métete, está muy buena el agua.

    Le veía alejarse de mí a la par que me iba quitando el vestido dejándolo en la arena, quitándome el sujetador, las bragas y corriendo hacia él le abracé fundiéndonos en un beso que nos tiró al agua, mojándonos y cubiertos por unos centímetros de agua en la orilla, abrazándonos, besándonos, acariciando nuestros cuerpos, recorriéndolo con mi lengua saboreando su piel salada por el mar, un mar en calma con pocas olas y solamente la luna como testigo de nuestro amor.

    Nos metimos más al fondo, le besaba y abrazaba por el cuello y Juan descubría el camino a mi sexo, sus manos no paraban de acariciarme el cuerpo, sus dedos por debajo del agua en mi monte de Venus iban bajando, rozando mi clítoris, jugando con él, haciéndome gemir, deslizándose por mis labios, metiéndose entre ellos y entrando en mi vagina, mientras él jugaba conmigo solamente nos mirábamos fijamente a los ojos inyectados de deseo, yo solamente me dejaba hacer y disfrutar de sus caricias.

    Quería más, le quería sentir más dentro, su pene sobre mi vulva y poco a poco fue buceando hasta la entrada de mi vagina, separando mis labios, separando el agua a su paso y encontrándose a las puertas de mi sexo que se lo estaba entregando, deseando que fuera profundizando en él, separando mis músculos, sintiendo el roce de su pene dentro de mi vagina, que entrara y saliera de ella sin que nada se lo impidiera, navegando en mi interior y no dejando que el agua me llenara, solamente él tenía permiso, solamente su pene tenía permiso para llenarme, entrar y salir de mi vagina, creando entre los dos la música perfecta entre besos, gemidos y gritos de placer.

    Por fin su pene dentro de mí llenándome de placer, la sentía moverse fundiéndose en mi vagina, haciendo que mis gemidos llamaran la atención de la luna, buscando e iluminando nuestros cuerpos en el agua, su pene entraba y salía sintiéndose prisionero, presionado por mis músculos vaginales, Juan me estaba follando y yo estaba disfrutando con ello nunca lo había hecho, la estampa desde fuera sería hermosa, dos cuerpos bailando dentro del agua, ella subiendo y bajando con la boca abierta gritando de placer cuando se sentía llena con el pene de su amante y él abrazándola, besándola e impulsando su pene al interior de su amada, los dos mojados, sus cuerpos absorbían la luz de la luna, besándose en un baile interminable.

    Juan me llevaba en brazos hasta la orilla, penetrando con su pene mi vagina a cada paso que daba, sujetándome por las nalgas me iba sacando del agua y despacio sin sacar su pene de mi interior me iba tumbando en el suelo, mis piernas dejaron de abrazarle, abriéndolas para que me pudiese follar, mis manos sobre su cuello, sobre su espalda abrazándole, Juan sobre mí empujando su pene con fuerza en mi interior, para ser un hombre con 49 años no la tenía nada que envidiar a uno de 25, el vigor con el que una y otra vez me follaba junto con la experiencia, dejaba muy mal a los chicos de mi edad.

    Las olas nos mojaban el cuerpo, sentía como me golpeaban las nalgas, como mi vulva se inundaba por ellas, como me llegaba el agua hasta mi cintura, moviendo la arena debajo de mí, sentía como Juan me la metía sin piedad, con fuerza elevando mi cuerpo en cada penetración y como chillaba de placer en cada empujón, Juan me hizo llorar de placer cuando me llevo a un éxtasis, a un orgasmo tan delicioso como profundo, nunca jamás había sentido nada igual, nunca jamás me había corrido como esta vez, mi espalda se arqueaba, mis piernas temblaban, mis manos se estiraban en el suelo arrancado la arena de la playa que apretaba fuertemente con mis manos, gritando me besaba y yo le abrazaba llenándole de arena mojada.

    Juan seguía metiéndome aquella barra incandescente en mi vagina, seguía penetrándome, no dejando descansar a mis gemidos, se puso de rodillas sobre la arena, cogiendo mis muslos con sus fuertes brazos, sus penetraciones más profundas llenándome entera con su pene, oyendo solo el batir de las olas, nuestra respiración y jadeos, nuestros gemidos y al final nuestros gritos.

    Juan se empezó a correr, su pene exploto como un volcán, expulsando de semen y llenándome la vagina de su cremosa leche caliente, me parecía imposible, pero un segundo orgasmo recorría mi cuerpo, más intenso que el primero, ahora su semen navegaba entre mi flujo y juntos iban saliendo de mi vagina a la vez que Juan retiraba su pene uniéndose al agua del mar.

    Aquella noche la terminé entre sus sábanas blancas de su apartamento, haciendo el amor hasta el amanecer, sintiéndome llena con sus caricias y sus besos, sintiéndome feliz, estaba amaneciendo y aquel hombre con el que empecé a fantasear viéndole en la playa yacía a mi lado durmiendo después de haberme follado.

    Juan salía de la ducha y acercándose a mí, besándome en la mejilla me dijo.

    -Lara esta tarde me voy a Valencia.

    -Lo sé mi vida.

    -No quiero dejar de verte, sé que no te importa mi edad, que muchos hablaran y sé que dirán de todo pero…

    -Pero que.

    -Lara, quiero que vengas conmigo.

    Mis ojos se inundaron de lágrimas, lágrimas que fue secando con sus besos.

    -Esperaba tanto que me lo pidieras, que no tengo ni que contestarte, mejor te lo demuestro.

    Me tumbé en la cama mirándole con los brazos abiertos atrayéndole hacia mí, pidiéndole que me volviera a follar, que me volviera hacer el amor y mañana y pasado y el resto de nuestra vida.

  • La mamada travesti más deliciosa de mi vida

    La mamada travesti más deliciosa de mi vida

    ¡Me sorprendió travistiéndome! No había excusa. No era posible argumentar nada. No tenía escapatoria ni salida. Esta vez no pude correr a mi cuarto, al baño o a ningún lado. Simplemente me descubrieron. Pensé en todo: En mi familia, en mis amigos, en mi casa, en la vergüenza, en el qué dirán. Pero la suerte ya estaba echada.

    No consideré las consecuencias ni medí los tiempos. Tardé demasiado y me arriesgué mucho. Pero las ganas contenidas por estar al fin solo después de varias semanas lo había sido más; el deseo me había provocado al nomás mi hermano salir de casa, correr a mi cuarto, desnudarme en el camino y sacar las pantimedias, el sostén, la tanga y el minivestido tallado que tengo oculto en mi closet. Vestirme sintiendo la delicadeza de las medias deslizándose sobre mis piernas, la textura del sostén en mi pecho y en mis caderas, así como la tela elástica del vestido ciñéndome el cuerpo hasta la mitad de la pierna. Disfruté eróticamente el toque final de ponerme unas sandalias altas estilo gladiador con correas hasta la rodilla. Verme al espejo fue un deleite. Era toda una mujer con un pequeño miembro y tenía toda la casa para pavonearme por ella, contorneándome como toda una diva, modelando por el living, posando en el comedor, siendo una nenita mal portada en la cocina. Decidí ver una película de travestis masturbándose, conectando la computadora al televisor, en la sala principal y me senté al estilo Cleopatra en el sofá.

    Yo vivo con mis dos hermanos mayores y mi madre. Mi madre y mis hermanos trabajan todo el día y yo estudio en la universidad. Mi hermano quien fue el último en salir no regresaría por un buen tiempo, pero el otro, quien había salido primero únicamente lo hizo para ir a dejar a mi madre a su trabajo e iría al suyo, pero más adelante en la mañana. No reparé en que regresaría tan pronto.

    No tuve tiempo de reaccionar. Toda la ropa estaba tirada por la casa. El escándalo de las relaciones sexuales travestis en la televisión a volumen alto y yo casi acostada en el sofá. No escuché la cerradura ni la puerta abriéndose, cuando me di cuenta mi hermano estaba en la entrada viéndome.

    Cerró la puerta, colocó su llave en un mueble y se acercó a mí, extrañado. Se paró frente mío, evidentemente exigiendo una explicación. Mi corazón latía agitadamente lleno de temor y angustia. Me bajé del sofá y me arrodillé directamente en el piso. Estaba frente a él y mi cabeza llegaba justo a su cintura.

    En ese momento, mi temor se convirtió en valentía. Lo encaré directamente a los ojos. Los travestis de la televisión seguían dando gemidos en su loca fornicación. Arrodillado frente a él tomé su cinturón y lo desabroché. Bajé su cremallera. Él no dijo nada. Bajo su calzoncillo noté un bulto hermoso. Bajé su pantalón totalmente hasta sus tobillos y él sacó su miembro del calzoncillo. Estaba flácido, pero comenzaba a hincharse. Bajé su prenda de vestir. Tomé su miembro con mi mano y lo vi directa y fijamente a los ojos. Era mi primera vez, mi primera verga, sería mi primera mamada y quería disfrutarla sin temor. Me abandoné al deseo. Mientras levantaba con la mano su miembro, bajé a sus testículos y saqué la lengua para lamerlos. Primero el derecho: por debajo, lenta, suave y delicadamente. Succioné su testículo y él emitió un gemido de dolor. Luego, el izquierdo. Me tomé un buen tiempo en mamarlo bien. Ahora venía el plato fuerte: Bajé lo más que pude y localicé la línea que divide los dos testículos, muy despacio la recorrí hacia arriba hasta que llegué a la base de su miembro. Lo recorrí largamente hasta la cabeza, aun cubierta por su prepucio. Descapoté su miembro que ya estaba erecto y recorrí la circunferencia de su glande enjuagándolo con saliva caliente de mi lengua. Luego, bajé nuevamente por un costado de su verga, me sentí una leona mordiendo el cuello de su presa, en este caso un búfalo fuerte que pronto comenzaría a embestirme. Subí de nuevo, llegué a la cabeza calva de su pene, era suave, lisa, rosada y caliente. La lamí con movimientos circulares espirales de mi lengua hasta llegar al agujero de su punta y allí la metí. Sentí su sabor salado, sabor a hombre y el vapor y calor que irradiaba su pija a mi cara y boca. Como a una mazorca lo recorrí todo hacia abajo por el lado izquierdo, disfrutando todo el cuello de su verga ya dura y vigorosa.

    Subí de nuevo por el frente y esta vez al llegar a la cabeza abrí bien la boca y comencé a disfrutarlo como a una gran bola de helado caliente. Metí solo su cabeza y su glande estaba a la altura de mis dientes. Era enorme y casi no me cabía. Cerré un poco la boca y lo chupé succionándolo. Él gemía de placer. Puse mis manos en sus nalgas y lo empujé a mi para sentir todo su miembro en mi boca. Lo saqué despacio, luego otra vez y otra hasta llegar a su punta y luego adentro.

    Me acomodé y poco a poco introduje toda su hermosa y caliente verga en mi boca. Despacio, con la lentitud de una jeringa que inyecta una vitamina al cuerpo. La metí más y un poco más hasta que su punta tocó mi paladar. Mi lengua extendida saboreaba a lo largo y ancho todo aquel manjar. Arqueé mi garganta como pronunciando profundamente una letra o, y sentí todo su miembro en mi ardiente boca llegando hasta mi garganta. Controlé el reflejo de la náusea. Lo deseaba todo. Su glande masajeó mi glotis. Lo saqué hasta su punta a la cual eché saliva y nuevamente la engullí, despacio, lento, una y otra vez mamé hasta mi garganta esa verga hermosa que me hacía sentir lo mismo que los travestis que justo en ese momento acababan su leche entre ellos en la televisión.

    Aceleré el ritmo. Sus manos me empujaban la cabeza violentamente para que tuviera todo aquel pedazo de carne bien metida en mi boca y de nuevo hacia afuera. Fue más rápido, y más; y más; y más. Él perdió el control. Gritaba, gemía sin cesar. Aderecé la forma en como mis manos saboreaban su cuerpo y su piel, pellizcando con la derecha sus tetillas y con la izquierda apretando sus testículos.

    Su primer chorro de semen fue justo cuando lo tenía más adentro en la boca, de modo que la campanilla de mi paladar sintió su poder. Lo salado de su leche estimuló mis glándulas salivares, de tal forma que su semen se hizo muy líquido y llenaba mi boca y se salía de ella, pero muy espeso aún. Me dio otro chorro y otro. Con mi boca llena de semen saqué su verga de ella y lo saboreé con mi lengua, era salado y con olor potente a hombre. Sus dos siguientes chorros los gocé sobre toda mi cara. Humedecí mi frente, ojos, nariz, mejillas, labios y orejas con ese líquido blanquecino, viscoso y ardiente. Lo llevé nuevamente a mi boca y me tragué lo que ya tenía en ella, para terminar de exprimirlo dentro.

    Se sentó desplomándose en el sofá, acabado hasta la última gota por mi boca. Me incorporé de pie. Mi miembro pequeño estaba parado. En aquel vestido se notaba claramente bajo las pantimedias. Él me vio y sin duda me admiró como estaba vestido como toda una mujer. Frente a él tomé mi miembro bajo el vestido y me masturbé, eyaculando dentro de la tanga.

    Lo reté viéndolo a los ojos, ambos habiendo tenido un monumental y excitante orgasmo. “Sí” le dije “soy travesti de closet. Me gusta vestirme de mujer y masturbarme con estas delicadas prendas. Es la primera vez que alguien me ve y la primera vez que mamo una verga. Te aseguró que tu semen estuvo mucho más delicioso de lo que alguna vez me imaginé. Te prometo darte mi virginidad del culo, mis mejores momentos sexuales y ser una yegua para que me montes como quieras. Aquí, entre los dos, seré para ti Genoveva. ¿Qué dices, me guardas mi secreto?”

    “Si te gusta vestirte de mujercita” me respondió “te voy a dar la mejor de las cogidas que alguna vez pudiste soñar. Si así de rico, tal como me mamaste la verga es tu culo, no me quiero perder la oportunidad de montarte”; y, diciendo esto, me llevó a su cuarto para darme la mas explosiva, sensual, caliente y deliciosa de las desfloradas anales.

    Escríbeme, [email protected].

  • A mis 40 años, Andy, el amigo de mi sobrino me sedujo

    A mis 40 años, Andy, el amigo de mi sobrino me sedujo

    En la piscina tomando el sol sobre un inflable, con sus gafas de sol y un short rojo, Andy robaba mi atención. Yo desde una de las mesas cercanas no podía evitar mirarlo, incluso estando con mi familia, su torneado cuerpo y piel brillante me atraían haciendo volar mi imaginación.

    Hola! me llamo Luis, tengo 40 años, casado, con un hijo y un excelente trabajo, y hoy quiero contarles cómo un chico de 23 años me saco del closet.

    Todo comenzó cuando mi familia organizó un viaje de verano donde nos reencontraríamos mis hermanos y unos primos en una casa vacacional en la playa y uno de mis sobrinos llevo a dos amigos, Andy era uno de ellos.

    Por cosas de espacio a mi esposa, hijo y a mi nos tocó compartir la habitación con Andy y mi sobrino. Desde el primer momento que lo vi llamo mi atención de una manera que tenía años no sentía, mi corazón se aceleraba cuando lo tenía cerca e incluso llegue hasta tartamudear, él me ponía muy nervioso.

    Yo nunca había tenido nada con hombres, en mi adolescencia un chico llamo mi atención, pero luego conocí a mi esposa y eso quedó olvidado y pensaba que enterrado.

    Durante los dos primeros días lo evite lo más que pude, cosa que resultó ser muy difícil puesto que dormía en la misma habitación con nosotros y además era un chico muy simpático y extrovertido.

    Andy tenía 23 años, de piel blanca, poco vello y cuerpo de gym (una delicia), 1,76 de alto, ojos grandes cafés con mirada traviesa, abundante cabello rizado color castaño, sonrisa de galán, piernas perfectas y un culo esculpido por los mismos dioses.

    Verlo caminar en short y sin camisa era un espectáculo pero también una tortura para mi, en más de una oportunidad tuve que escapar para que no se notara cómo lo devoraba con la mirada.

    Ese día en la piscina mi sobrino y su otro amigo lo llamaron para salir a comprar cerveza, y yo al verlo entrar a la casa pensé que por fin calmaría mis hormonas al quitar su presencia de mi vista.

    Unos 15 minutos después ya más relajado mientras hablaba, por accidente derrame mi bebida sobre mi ropa, me levante y les dije que me iría a cambiar.

    Cuando estoy entrando a la casa escucho cuando el carro de mi sobrino sale del garaje y me dispongo a subir a mi habitación.

    Una vez allí cierro la puerta, me quito la camisa y el pantalón manchados quedando únicamente en bóxer.

    Soy un hombre de buen ver, mido 1,80 de piel blanca algo velludo, barba completa con algunas canas y unas libras de más pero bien distribuidas.

    Mientras estoy buscando en el equipaje ropa para ponerme veo en la cama de Andy una toalla y seguido escucho:

    “Señor Luis esta su esposa aquí?… Tiene la puerta cerrada?…”

    Cuando volteo era Andy!!!.

    Mi gran sorpresa fue que al verlo él estaba totalmente mojado y semidesnudo, intentando taparse con una pequeña toalla de manos que estaba en la ducha y que solo cubría parte de una pierna y su abultado paquete, dejando todo la demás a la vista!

    Yo casi tartamudo le respondí:

    “Disculpa… No sabía que estabas en el baño… Estoy solo… La puerta está cerrada” mientras inconscientemente recorría su cuerpo con la mirada de arriba abajo.

    “Ni se preocupe… pero qué bueno que no hay nadie aparte de usted, no quería avergonzarme más!” Y mientras me responde deja caer la pequeña toalla pequeña para ir a la cama a buscar la grande.

    Yo quede con la boca abierta y mis ojos se clavaron por todo el contorno de su cintura!

    Se había estado duchando minutos antes de yo entrar a la habitación y olvido llevar su toalla al baño.

    Mientras él secaba su cabeza pude admirar su apetecible miembro y su hermoso y gran culo que junto a sus muslos me hicieron delirar y me tenían congelado.

    “Sr Luis tenemos un problema” me dice Andy secándose sus fuertes pectorales y con una sonrisa de picardía en la cara.

    Y yo le respondo volviendo en mí: “cuál problema, no entiendo”

    “Su erección me está calentando” dice señalando mi paquete.

    No lo podía creer, estaba tan idiotizado disfrutando la vista, que ni me di cuenta que tenía una erección completa marcada en mi bóxer delatándome!… y me avergonzó muchísimo!

    Yo trataba de taparme con la playera que tenía en la mano antes de que él apareciera y entonces Andy me dice:

    “Tranquilo… a mi también me gusta lo que veo…!” acercándose y parándose frente a mi.

    Yo realmente en ese momento no podía pensar, mi corazón latía muy rápido, estaba nervioso y no podía hablar, pero mi calentura comenzó a controlarme y llevé mi mano a su ya duro pene!!!… de unos hermosos 21 cm, con pocas venas y la cabeza rosadita que movía para provocarme y para que comenzará a masajearlo.

    Su pene estaba durísimo y lo comencé a masturbar rápido y despacio, cerró los ojos y podía escuchar su respiración como pequeños gemidos mientras se pellizcaba los pezones. Era irreal para mí, hasta antes de este viaje jamás pensé disfrutar masturbar a otro hombre y me encantaba verlo disfrutar!

    Andy me tomo de la cabeza con ambas manos y me dio un beso mordiendo cada labio muy despacio, para luego meter toda su lengua en mi boca provocando un juego donde casi nos tragábamos el uno al otro muy apasionadamente… liberándome y despertándome a un mundo de deseo totalmente nuevo para mí.

    Todas las ganas acumuladas que le tenía reaccionaron y lo pegué a la pared tomando el control!, me arrodille frente a él para llevar ese enorme manjar húmedo a mi boca, mientras aprieto sus perfectos muslos y el marca el movimiento con sus manos en mi cabeza.

    Abro los ojos y veo la cara de placer de este delicioso chico mientras juego con mi lengua alrededor de su glande en mi boca

    “Ohh… Sr Luis… lo haces muy bien… no pares!!!” Susurra Andy al tiempo que acelera los movimientos de mi cabeza.

    Estaba usando mi boca para masturbarse y yo estaba deseando probar su leche, así que le apreté con una mano el culo y con la otra comencé acariciar su ano que estaba muy caliente “sigue… sigue… estoy por acabar” vuelve a decir Andy tratando de controlar sus gemidos, entonces le metí dos dedos directo en su ano sin contemplaciones,

    “Ahhh… ahhh… ohhh… trágatela… trágatela… voyyy!!! Y pude sentir como bombeaba chorros de leche en mi garganta mientras observaba contraer cada músculo de su abdomen, tragándome todo su néctar caliente.

    De pronto suena su celular y en pleno éxtasis me dice:

    “Es Marcos (mi sobrino)!!!, él fue a comprar las cervezas y me llamaría cuando estuviera regresando para volver a salir!”

    Mientras Andy responde yo me levanto y me coloco detrás de él para besar su espalda y recostarle mi erección porque ahora quiero su divino culo!

    “Luis… ahora te puedo tutear verdad? (Entre risas)… creo que terminaremos esto después, ya los chicos están doblando la esquina” me dice al tiempo que saca una playera y un pantalón deportivo de su equipaje para vestirse rápidamente.

    Yo estaba muy caliente, apunto de explotar pero era mucho el riesgo así que intercambiamos números y me fui a duchar no sin antes decirle:

    “Te voy a reventar ese culo” y le doy un beso en sus carnosos labios.

    En la ducha aún con el sabor de su rica leche en mi boca, no podía creer lo que acababa de pasar, estaba loco para hacer esto!… Y con mi familia en la casa! Pero no me arrepiento y más después de lo que pasó luego… que les contaré en la segunda parte!

    ———————–

    Califica y deja tus comentarios, me excita leerlos!

  • Baja al infierno

    Baja al infierno

    Amigas y amigos lectores, ya está bien de hacer el amor con vuestras parejas, todos sabemos que necesitamos algunas veces echar un polvo sin más, algo que nos haga sentir la violencia de un buen sexo. Desde este humilde y pequeño relato os dejo una visión para que vuestra imaginación fluya y la llevéis acabo.

    Una amiga me comento que había leído relatos, había visto alguna película sobre el tema, incluso había leído esa saga de libros sobre sadomasoquismo que todo el mundo conoce. Cada vez que leía, escuchaba, miraba toda esa ficción distinta, el alma se le encogía un poco más adentro en su pecho, consciente que todo aquello la definía perfectamente: sus sentimientos, sus miedos, sus virtudes. Aunque hablasen de otras personas, todas esas personas sobre las que leía, eran lo que le gustaría probar. Por un lado, eso la hacía sentirse bien, acompañada, ya no se sentía un bicho raro por desear cuanto deseaba, también se sentía excitada, con ganas de probarlo absolutamente todo. La verdad es que tenía miedo, miedo a reconocer que, cada vez, en lo más hondo de su ser, quería probar a ser una auténtica sumisa. Quería que alguien la obligase a comenzar, la empujase al abismo de lo que creía iba a ser un mundo apasionante. Pero su inexperiencia condicionaba a que a su cabeza solo llegasen imágenes de mujeres atadas en una cama, amordazadas, y hombres abusando de ellas. Psicópatas, asesinos, violadores. ¿Cómo iba alguien como ella atreverse a algo como eso? Cada vez que eso sucedía, agitaba la cabeza rápidamente de un lado a otro y dejaba que esas ideas saliesen disparadas, abandonando su cabeza.

    Y entonces sucedió que llegó él, mayor que ella, aunque eso nunca la importó. El reconoció todas y cada una de sus debilidades, su fuerza, sus deseos, con solo mirarla a los ojos, sin haber hablado ni tan siquiera antes. Eso la hizo reflexionar sobre el poder de aquel caballero y no le impidió entregarse a él, sino todo lo contrario.

    Entre valentía y cobardía hay una línea tan difuminada que a veces un simple empujoncito nos hace saltar de un lado a otro sin más problemas. En ambos sentidos. La valentía tiene tanto de inconsciente como la cobardía. Si fuésemos racionales nuestras decisiones irían de un lado a otro de esa línea sin quedarnos en ningún lado. Decidir si es terrorífico por el miedo a equivocarnos. Pero los que muchos no saben es que ser cobarde también es una decisión donde hay más a perder que a ganar. Y eso es mucho más terrorífico.

    El la reconoció y paulatinamente comenzó a darle ordenes, primero como si de un juego, ordenes casi ingenuas, que ella debía cumplir en su día a día, hasta que un día el caballero la ordenó que llamase a cualquier teléfono de algún amigo y dijese que era una sumisa, una esclava, que lo dijese en voz alta. Ella obedeció y lo hizo, no podía importar quién contestase a esa llamada, ella dijo en voz alta que era una sumisa convencida, mientras las piernas y la voz temblaban al unísono, y su sexo comenzaba a palpitar con fuerza y notaba como la humedad pronto comenzaría a deslizarse por el interior de sus muslos lentamente: estaba completamente mojada, puede que tuviese un orgasmo durante la inesperada confesión.

    Lo siguiente fue que él la obligase a vestirse provocativamente y entrar en un bar lleno de gente. Su amo la observaba desde una mesa, sentado, con aquellos dos ojos grandes investigar cada uno de sus movimientos. Ella se vistió con una falda corta, medias negras y una blusa algo transparente. Había decidido no ponerse sujetador, pero en último momento si lo hizo. Después se ocultó bajo un grueso abrigo el cual, al llegar el bar, se quitó y después pidió un café. Varios hombres giraron para ver sus piernas, su hermoso cuerpo, su cara angelical, ahora roja de la vergüenza, su pelo largo, lacio y oscuro, sus dedos finos y blancos, con las uñas pintadas de color rojas (como le gustaban a su amo) imaginó que muchos de aquellos hombres esa misma noche se masturbarían con su imagen, la de una joven vestida de manera provocativa, sola en un bar. Dos o tres hombres la saludaron, pero ella no contestó a sus saludos. En realidad, ni los había escuchado. Y mientras todo esto sucedía, su amo, sentado al otro lado del café, la miraba con gélida expresión.

    Finalmente, ese hombre la sonrió y en ese momento ella supo que le pertenecía. Le pertenecía desde mucho antes de conocerle. Él le hizo una seña y ambos salieron del bar, él la cogió del brazo, la condujo por unas calles hasta su casa. Después la desnudó completamente, le ató las manos a la espalda y la dejó de pie, desnuda en el comedor, mientras él tomaba asiento y la observaba sin decir nada.

    Fue en ese momento que ella se dio cuenta de que de deseaba que le hiciese todo cuanto quisiese, todo cuanto desease, que le hiciese simplemente todo. Porque él era su amo.

    Y él lo hizo, sin tapujos ni preliminares. Su amo la usó como nadie la había usado nunca antes y probablemente nadie la usaría nunca en el futuro. Uso todo cuanto tenía a su mano para convertirla en ese animal dócil y paciente que está esperando una señal de su amo para lanzarse hacia él cómo una buena sumisa amaestrada.

    Nunca antes la habían sodomizado, ese era el mayor miedo que sentía antes. A partir de aquel día, no pasó ni un momento en que su amo no la sodomizaba, con fuerza, mientras ella apretaba los dientes y unas lágrimas corrían por sus mejillas. Nunca antes hubiese imaginado aquello, pero hizo todo cuanto su amo le ordenó y descubrió en este proceso que todo cuanto había rechazado ahora le gustaba.

    Pasó el tiempo, sirviendo a su amo, olvidando incluso el primer momento en que se había encontrado con su amo en aquel bar. De repente el tiempo pasado había desaparecido y sabía que eso era lo que quería hasta con su pareja.

    La mujer apretó los puños con el décimo de los azotes que dejó una nueva marca en su culo, culo redondo el cual ya llevaba rojo.

    Por fin, había encontrado el paraíso en el lugar donde nunca creía que estuviese. Ser dominada de aquella manera, que tanto había leído y visto en videos, y con ese hombre con el que se sentía a gusto… ahora sabía que nunca lo abandonaría.

    Espero que nadie se haya molestado, aun así un día escribiré algo parecido, pero siendo una ama y un sumiso.

  • La rubia del jueves a la noche (Parte 1)

    La rubia del jueves a la noche (Parte 1)

    Esta es mi historia:

    Ocurre día jueves 12 h por la noche volvía a mi casa, la vi sentada en una esquina rubia alta piernas perfectas mini muy corta blanca top, hermosa de cara no tipo angelical si no más desafiante. Bajé la ventanilla  y cuando la vi de cerca me impactó y obvio le dije que suba, nos dirigimos hacia un lugar donde yo trabajaba en ese entonces y bueno todo comenzó.

    Empezamos a tocarnos y yo saqué mi pene de 15 x 5, lo introduje dentro de su tanga, luego empecé a frotarlo con el de ella que era de gran tamaño y como era de esperar los dos tuvimos una erección yo más rápido que ella, la miré y sin decir nada con la mirada nos empezamos a besar lo que me excito mucho más.

    Ella me dijo espera un segundo, se bajó su tanga y entonces vi la perfecta combinación su pene, no lo medí, pero a juzgar por lo mío, más de 20 cm con una vena que lo atravesaba como un arroyo Seguimos haciendo lo mismo y yo empecé con los pies quietos a girar de izquierda a derecha mi cintura ella al darse cuenta tomo con su mano derecha su pene y comenzó a pegarme en el cachete de mi cola para que de el giro completo y quedar frente a mi cola con su pene que rápidamente empezó a frotarlo sobre mis nalgas y abrir mis cantos para apoyar su cabeza sobre mi ano.  

    Yo me giré y seguimos con el mismo juego ella insistió y volvió a pasar lo mismo en dos oportunidades más, hasta que le dije: “qué lindo pito que tenés” sin darle tiempo a una respuesta me agaché un segundo y lo besé justo en el medio, ella se sonrió muy pícaramente y me dijo “te gusta”, dije “sí”.

    Ese beso fue mi debut con un pene, pregunté si podía besárselo más, sonriendo me lo dio a entender.

    Le pedí apagar la luz para hacerlo, me agaché como tantas otras veces me lo habían hecho a mí con la diferencia que en ese momento la perra era yo y no me importó, me encantó, comencé a chupárselo, toda mi cabeza se concentró en eso, pero sin darme cuenta yo me estaba masturbando y sin querer acabé sobre sus medias y uno de sus zapatos, ella hizo un gesto, no le gustó, pedí perdón estaba muy concentrado.

    Este episodio dio final a mi primer encuentro de cuatro con ella. Pasaron varios años y lo sigo recordando, ahora lo quiero compartirlo con ustedes. Todo lo que conté lo hice con total sinceridad como sucedió. Un beso.

  • Con el matrimonio guarro y un invitado, todos contra todos

    Con el matrimonio guarro y un invitado, todos contra todos

    A los pocos días del trío que hizo la puta de mi mujer con Alejandra y el marido, le mandaron por whatsapp la foto de un chico de 21 años,  era el amigo que esa mujer había dicho que le quería presentar, tengo que confesar que el pibe era un bombón divino, lo tenía todo, de estatura media, carilindo, todo lampiño, un físico espectacular, buenas piernas, buena pija de 18 x 5, y hasta un culo muy lindo.

    Alejandra le contó a mi mujer que habían hecho varios tríos con él, y que era fantástico, la había cogido a ella como un Dios y que no le hacía asco a nada absolutamente, y un pequeño detalle era bisexual versátil, tanto le daba a mujeres como a hombres y también se dejaba coger, era completo, Óscar se lo había garchado varias veces, miramelo a Óscar, resultó no tan hetero parece.

    Al recibir la foto y el currículum de este jovencito, mi mujer corrió a mostrármelo y a decirme que le encantaría volver a estar con ellos y agregar a ese pendex hermoso.

    Una de las cosas que le llamaron la atención, fue saber que Óscar se lo cogia también al chico, y Ale le contó su experiencia al ver a su marido teniendo sexo con otro hombre, le había parecido maravilloso verlos cogiendo.

    Algo me decía en mi interior que esto se iba a complicar, solo era cuestión de que a Laura le pique el bichito de la curiosidad y quiera verme con alguno de esos tipos y dada mi falta de erección, ésta participación seguramente tendría que ser como pasivo.

    Me preocupaba repetir la historia que había tenido con mi ex mujer Alicia, estaba decidido a mantener todo aquello bien oculto y dejar totalmente de lado esa faceta de mi vida, tenía mucho miedo que al destapar esa olla, termine perdiendo a Lau.

    Pero bueno, no quería anticiparme a los hechos y como siempre hice en mi vida, dejé que las cosas sigan su curso, que tomen el camino que debían tomar y sean lo que debían ser.

    Mi mujer estaba tan encantada con la idea de incorporar a Nicolás, que así se llamaba este putito, le fascinaba su apariencia y el hecho de ser bisexual, me dijo textualmente que nunca la había cogido un bisexual, que equivocada estaba, pero bueno, no me pareció buena idea sincerarme en este momento.

    Obviamente no pude negarme a que tenga la experiencia y en el fondo tenia curiosidad yo también por saber hasta dónde iba a llegar todo este embrollo.

    Alejandra había conocido a este chico cuando tenía solo 19 y hacía dos años que se venían acostando con él, ella se jactó que lo habían moldeado a su gusto, el pibe era muy manejable y hacía todo lo que ella le pedía, una cosa que nos causó gracia y a Lau le encantó era que se cogia a Alejandra y la trataba con excesivo respeto, era muy amoroso.

    Le dijo a mi mujer, que no solía presentárselo a nadie, pero estaba tan encantada con ella que le pareció genial compartirlo, moría por verla encamada con el nene, como ella lo llamaba.

    No podía pasar mucho tiempo hasta que se concrete esa fiestita, las dos mujeres estaban entusiasmadísimas con voltearse al nene juntas y la verdad que a mi también me calentaba la idea de ver a ese bombón en nuestra cama, aunque yo en principio no estaba en los planes de nadie y no tenía intención de participar, debo confesar que me tentaba la posibilidad de al menos tocarlo un poco, eso podía ser mi perdición, pero ya vería cómo manejarlo haciéndome bien el tonto.

    Yo no iba a forzar ninguna situación, pero algo me decía que alguien iba a intentar incluirme, no sé si mi mujer, pero Alejandra era una lanzada y podía decir algo para encender la mecha.

    La reunión se organizó en mi casa un sábado a la tarde con la intención de pasar el resto del día hasta la hora que sea.

    Un sábado de fiesta, y con los antecedentes de todos los participantes era fácil deducir que terminarían mezclados todos contra todos, el único que parecía no encajar era yo, pero a mi mujer ya le estaba rondando la idea de hacerme jugar a mi también.

    Un par de días antes me dijo que a ella le hacía muy mal, haberme visto aislado en cada una de nuestras anteriores reuniones, y que deseaba que participe, yo le dije…

    – sabes que no puedo amor, no puedo hacer casi nada.

    – vas a poder amor, yo te voy a guiar, vos déjate llevar, relájate y deja que yo te ayude.

    Finalmente el gran día llegó, pasado el mediodía, mi mujer se estaba dando una ducha, cuando llegaron las visitas, los recibí y al hacerlos pasar al living, les pedí que tengan un poquito de paciencia, ya que Lau estaba terminando de tomar un baño, Alejandra me pidió que le diga que ni bien esté sequita, venga solo envuelta en un toallón porque si se ponía ropa, no la iba tener puesta por mucho tiempo.

    Por supuesto fui a decírselo y ella se rio de la ocurrencia de la amiga, y le hizo caso, un par de minutos después apareció envuelta en un toallón ante todos nosotros. Los tres amigos estaban sentados uno al lado del otro en el sillón de tres cuerpos, al verla entrar al living, Ale que parecía llevar la voz cantante le dijo a Lau…

    – Espera mi amor, párate aquí frente a nosotros, sácate el toallón y deja que Nicolás vea el cuerpazo que tenés, tocate solita los pechos, manoseate y mostranos esos botoncitos divinos.

    Lau pareció ruborizarse al principio y se puso colorada, a pesar de las cosas que llegó a hacer delante de mí así en frío le dio algo de pudor sobretodo delante del chico que no conocía. Alejandra le dijo al jovencito que se saque la ropa y le muestre a su amiga lo que tenía para ella e iba a comerse en un ratito.

    El pibe se puso de pie, le dejó su lugar a Lau para que se siente entre Ale y su marido, se bajó los pantalones y al no tener nada debajo de ellos, quedó a la vista de todos, una hermosa verga algo curvada hacía abajo, que como dije antes medía 18 x 5, y se podía apreciar que era preciosa, a Lau y a mí también, se nos fueron los ojos al ver a ese bombón, yo traté de disimular mi gusto al verlo pero creo que Alejandra, a quien no se le escapa nada, notó mi expresión de agrado.

    Laura no dejaba de mirar esa pija, sentada entre ellos, mientras los dos le acariciaban sus medianas y todavía firmes y hermosas tetas, se notaba que ya se estaba excitando y su amiga le dijo…

    -Tocate la conchita mi amor, mostranos como te pajeas viendo el caramelito que te traje.

    Lau cerró los ojos y se manoseo el clítoris, enseguida se excitó, empezó a mojarse y a gemir, con la respiración entrecortada lo miró al chico, que se acercó bien a ella y se tocaba solo la verga ya medio parada, se mordió el labio inferior, gesto que inequívocamente demuestran su calentura, entonces Ale le dijo…

    – vamos nena, acércate bien a Nico, mira esa pija, mirá bien lo que es, te lo traje para que te coja mami, no dejes de mirar esa verga divina te vas a dejar coger por él, mirá como se le puso de solo verte desnuda, ahora ponetela en la boquita y chupasela toda.

    Para estar más cómoda y tragarse mejor esa belleza, la putarraca de mi mujer se puso en cuclillas a los pies del chico dispuesta a meterse en la boca esa verga hermosa que cuelga entre las piernas de Nicolás, y obviamente lo empezó a hacer y disfrutar intensamente, al mismo tiempo Alejandra se puso su lado en la misma posición.

    Mientras Lau chupaba entusiasmada la chota del pibe, y acariciaba sus huevos, Alejandra le pasaba una mano por la entrepierna y frotaba su clítoris y con la otra le metió un dedo en el culo.

    Mi mujer jadeaba, se comió con más énfasis la hermosa pija de Nico que estaba durísima a full y la disfrutaba como quien se come un manjar mientras gozaba los dedos de su nueva amiga entrando y tocando sus agujeros.

    En un momento se quitó de la boca esa poronga y retorciéndose de placer, dijo casi gritando…

    – Ay mamita, mi amor, por favor que me haces mi cielo por Dios, me volves loca, no doy más quiero que me cojan, por favor nena, estoy re caliente.

    Claro, Ale la manoseaba y cuando sentía que Lau estaba a punto de acabar, aflojaba un poco con el toqueteo y la dejaba a un segundo del orgasmo, la estaba enloqueciendo y mi mujer ya quería que le metan una pija o lo que sea en la concha.

    En ese instante, Óscar se puso de pie y se colocó bien pegado atrás de Nico, todos vimos cómo se lo apoyó y le agarró las tetillas desde atrás y se las pellizcó, quien entre la mamada que le daba Laurita y el roce de la pija en su culo, comenzó a gemir, jadear y desesperarse como el lindo putito que era, el único que quedaba afuera de la escena era yo.

    Un segundo después Óscar calzó la cabeza de su pija en el ano de Nico, éste se estremeció y todos nos dimos cuenta que lo estaba por penetrar de parado, el chico pegó un gritito apenas y Óscar se la metió rápidamente, se notaba que el pendejo estaba acostumbrado a que el marido de Ale se lo garche seguido.

    Laura sin dejar de comerse la pijota del nene, miraba desde su posición maravillada por la escena de sexo entre esos dos hombres, me di cuenta que eso la excitó aún más.

    Entonces Ale le dijo algo al oído a mi mujer y ésta me llamó diciendo…

    – amor veni, no te quedes ahí solo, ayúdame porfi.

    Yo sorprendido me acerqué a ella y le pregunté conque quería que la ayude, toda la situación era un despropósito, todos prácticamente contra todos, las mujeres manoseándose entre ellas, y un tipo cogiéndose a otro, era un festival entre lesbis y bisexuales, mientras que la única que hacía algo con uno del sexo opuesto era mi mujer, chupándole la verga al chico y yo nada, aunque a esta altura me moría de ganas, me dijo…

    – ayúdame papi, chupale la pija a Nico conmigo, chupémosla juntos mi amor, dale mi vida, hacelo por mi.

    Me sorprendí, pero no tenía ni tiempo ni la frialdad para evaluar toda la situación, ya dije que me moría de ganas, pero tenía mucho temor de volver a vivir lo que viví con mi anterior mujer y perder a Lau, pero en un instante fugaz, pasó por mi mente la idea de que no tenía que ser necesariamente así, muchas mujeres aceptan que sus maridos también se la coman y no se separan de ellos, con la mente súper abierta de Lau, ¿por qué no podía ser así?

    Entonces disimule un poco e intenté una leve negativa, pero siguió insistiendo…

    – dale amor, pásale la lengua por los huevos mientras yo se la chupo toda, yo me deje hacer la cola para darte el gusto, ahora dame el gusto a mi.

    No pude ni quise negarme más y empecé a lamer los huevos de aquel chico divino, la verdad que era una deidad, el físico marcado perfecto y esos genitales totalmente depilados, además de todo su cuerpo lampiño, era un manjar difícil de rechazar. Le lami tímidamente las bolas y Laura me pidió…

    – Amor apretame un pezón, no puedo más de calentura, sino me coge alguien pronto voy a enloquecer, vos gozalo también, besale la pija, quiero verte hacerlo.

    En ese instante Laura gritó porque Alejandra le insertó todo el dedo en el orto y al escucharla Óscar también le dio al nene con más ímpetu, que también gimió y gritó, en ese momento Ale le partió la boca a Laura que había dejado de chuparle la pija al pibe.

    Se besaron apasionadamente y seguidamente le dijo a su marido

    – contenete amor, no acabes quiero que le hagas la cola a mi amiga, que está pidiendo a gritos una pija.

    Fuimos todos a la cama del dormitorio y Alejandra se acostó con las piernas abiertas y me pidió a mi que le chupe la vagina, empujó mi cabeza hundiendo mi boca en su concha, esa fue la primera vez que toque a esa mujer, al lado de Nico que se puso boca arriba y la hizo montar a Laura sobre él, que miró como yo le chupaba la concha a su amiga, Lauri agarró la verga del chico y solita se la acomodó entre sus labios vaginales y se montó sobre él metiéndose toda la pija del chico hasta sentir sus huevos, Lau gimió de placer, y el pibe agarró con sus manos sus tetas y se las apretó, Óscar entonces tenía para elegir entre el hermoso culo de mi mujer y el mío.

    Se acercó con su verga al ano de Laura y le dijo

    – abrí bien la cola nena, vas a tener dos pijas adentro tuyo mamita.

    Se la metió lentamente, pero casi de una sola vez, ella sintió un poco de dolor y pegó unos grititos, pero pronto se acostumbró y se dilató, ya había tenido esa verga en el orto y no tenía problema con ella, pero al mismo tiempo que se cogia a mi mujer, Oscar y Lau estiraron sus manos y empezaron a manosearme el culo, fueron tan delicados y yo estaba tan caliente que no pude negarme.

    Lau giró la cabeza hacia mi lado, vio como yo gozaba y alcancé a ver una sonrisa de satisfacción en su rostro, la misma que yo tenía viéndola gozar como una cerda con dos pijas adentro suyo, arqueaba la espalda y se contorneaba sobre el cuerpo de Nicolás que le daba pijazos hacia arriba, al mismo tiempo que Óscar embestía contra su culo re abierto por el trabajo que había hecho Alejandra con su dedo.

    La escuché gritar de placer y decir…

    – Mira papi, como me están cogiendo los dos juntos, siempre soñé conque dos hombres me tengan ensartada así, me falta una más en la boca amor.

    Alejandra entonces intervino y exclamó

    – que linda puta sos mi amor, sos preciosa, me encanta ver como mi marido te hace el culo.

    A esta altura Laura había dejado de tocarme el culo y el que me manoseaba era solo Oscar entonces dijo…

    ¿amor te gusta lo que te hace este macho? muero por verte gozar con un hombre.

    Yo no contesté nada, de ahí en adelante, todo podía pasar, me moría de miedo, pero como siempre hice en mi vida, mal o bien, dejé que las cosas ocurran, y las cosas ocurrieron, como yo no me quejé ni me negué a que me toque el culo, Óscar pensó y decidió que yo estaba listo para un próximo paso, saco la pija del culo de mi mujer, se cambió el condón por uno nuevo, agarro mis nalgas y sin decir agua va, me las separó bien y empezó a lamer mi raja, sentir una lengua lamiéndome el orto, siempre me hizo delirar y no pude evitar gemir de placer.

    Alejandra lo instó a que me penetre…

    – dásela Óscar, cogetelo, ¿no ves que lo está deseando?

    Óscar la miró a mi mujer como pidiéndole permiso y Lau que seguía como loca cabalgando a Nico, le dijo…

    – sí dale Óscar, me muero por ver como se lo coge un macho, quiero verlo gozar con una pija adentro, dale si por favor.

    Yo cerré los ojos mientras seguía comiéndome la concha empapada de Alejandra y al fin volví a sentir una verga que se arrimaba a mi culo, y empezaba a forzar la escasa resistencia de mi hoyito, empezó a empujar muy suavemente y dijo…

    – abrí bien el orto nene, te la voy a poner hasta los huevos, para que tu mujer vea como te dejas coger.

    Pare bien el culito y me separé yo mismo las nalgas, tampoco quería que se note que tenía experiencia en hacerme romper el culo, pero no me la ponían hacía rato y tuve miedo de que me cueste aguantarla, igual me dolió un poco e hice un poco de escándalo como para que Lau crea que realmente era mi primera vez.

    De todos modos me la metió con delicadeza y lentamente me la puso hasta las bolas, Nico se la estaba cogiendo muy rico a mi mujer que gozaba al lado mío, y escuche un diálogo entre ellos que estaban muy entretenidos, mientras me hacían el orto por primera vez delante de Laura.

    – Ay bebé que lindo sos, que bien me coges

    – ¿te gusta mami?

    – Mmm sos un divino, me encanta lo que me haces, que linda pija tenés mi amor, y me fascina que me digas mami mientras me coges.

    Y mirándome y dirigiéndose a mi, me dijo…

    – aaah amor, que bien me coge este chico, nos están garchando a los dos juntos mi amor, esto es un sueño, estoy gozando mucho, son todos divinos.

    – Me voy mamita, no puedo más, voy a darte la leche

    – Dámela bebé, dámela toda mi amor

    Cuando el marido de Alejandra vio que el chico acababa, sacó la verga de mi culo, volvió a cambiar de forro, hizo que mi mujer se acueste en el lugar que antes estaba Nico, ella estaba recaliente todavía, solo lo miró y él dijo…

    – ahora te voy a coger yo que todavía no probé esa concha hoy.

    Ella lo miró con su mejor cara de puta y relamiendo sus labios, le contestó…

    – si Oscar damela, quiero sentir esa verga con la que te cogiste a mi marido.

    Al oírla decir eso, Óscar se volvió loco, le agarró las tetas, le mordisqueó los pezones y al penetrarla le dijo…

    – me cogí al cornudo de tu maridito, y como no te voy a coger a vos, si sos una puta divina

    El tipo empezó a darle bomba con fuerza, estuvo dándole meta y saca un buen rato hasta que ella comenzó a gritar como una zorra y la hizo acabar, Lau gritó al correrse, como una descocida y Ale le dijo…

    – como te garcho mi marido nena, te hizo gritar como una puta, solo te falta que mi chiquito te haga la cola.

    – no por favor mami, por atrás no, Nico la tiene muy grande, me va a doler mucho.

    – dejame que yo te voy a poner un consolador para dilatar ese hoyito, date vuelta mi amor.

    Mi mujer que se prende en todas, se dio vuelta y se dejó meter un dildo con vibrador no muy grande, cuando se lo puso entero, accionó el interruptor y lo encendió, lo puso a la máxima velocidad y Lau se volvió loca, gritó desesperada…

    – porfi, no lo aguanto mami, nooo por favor, sácame eso, por Dios que me haces, paralo hija de puta, ah no por favor no ahhh mierda que es esto, basta.

    Como Nico no hacía mucho que había acabado en la concha de mi mujer, necesitaba un poco de estímulo, Óscar me hizo arrodillar delante del chico y me pidió que yo se la chupe, era perverso y morboso hacer que yo se la haga poner dura, para que él se coja a mi mujer por el orto, bien, me sacrifiqué y me comí esa belleza con ganas.

    Pasados unos minutos, Alejandra que la tenía totalmente dominada a Lau, la hizo poner en cuatro patas al borde de la cama, le sacó el vibrador que le dejó el ojete bien abierto y re excitada, le dio una chupada en la cola como para reconfortarla y prácticamente se la entregó al chico para que le rompa el culo.

    Yo le hice parar bien la chota al pibe y cuando estuvo listo, se la puso con ganas en la cola a mi mujer, entonces Ale le puso otro vibrador a Lau en la concha y se lo mantuvo con la mano para que no se le salga, Lauri no soporto un minuto más y tuvo una serie de orgasmos seguidos que no podía parar, nunca la había visto acabar de esa manera.

    Después de acabar tantas veces seguidas Lau no podía con su vida y Ale lo detuvo al chico y dejaron de cogerla, digo dejaron, porque no era solo Nico dándole por el orto, recuerden que ella le hacía sentir un vibrador en el clítoris, que en definitiva fue lo que la hizo tener esa serie de pequeños multiorgasmos.

    Laura quedó tendida extenuada, daba lástima pobrecita yo me quedé con ganas de que me garche el pendejo, pero lo habían exprimido.

    Todos quedaron tan cansados que decidieron interrumpir la velada, comimos unos sándwiches de miga que habían traído, y luego los tres visitantes se fueron a sus casas y nosotros a dormir.

    A la mañana siguiente conversamos sobre todo lo sucedido, yo dije claramente que estaba preocupado por lo que ella podía pensar de mi y me dijo que no sea tonto, que no era justo que ella sea la única que se divierta y que le había encantado verme disfrutar, para ella no cambiaba nada entre nosotros, espero que esto siga así.

    Me contó también que Alejandra le había propuesto, que el fin de semana siguiente quería organizar un gang bang para ellas dos, para el que no lo sabe, un gang bang es una orgía con muchos tipos, le dijo que podía invitar a 8 o 10 tipos para que las cojan a las dos.

    Le contesto que lo pensaría, pero que de aceptar ir, me tenía que preguntar a mí, porque yo tendría que estar presente y no sabía si yo me iba a bancar ver como se comía tantas pijas.

    Así que casi seguro, en el próximo relato les cuento sobre la orgía de mi mujer, si no surge otra cosa antes, con mi putita, nunca se sabe.

    Espero que les haya gustado y pueden dejar un comentario aquí o escribirme a mi correo [email protected].

    Besos a todos mis lectores.

  • Desvirgando a un casado (Parte 2)

    Desvirgando a un casado (Parte 2)

    Los deseos de tener sexo nuevamente crecían con cada encuentro en su oficina, a la vista de todos, con cada sonrisa con la que me recibe, con cada chat caliente… las charlas por internet se incrementaron tanto en horario de trabajo como en las noches desde su casa, mientras su mujer duerme o ve televisión. Por Skype nos pajeábamos o le brindaba mi show de striptease que lo calentaba más si lo veía a escondidas mientras ella andaba cerca.

    Todos los días me recordaba nuestro encuentro y expresaba sus deseos de tenerme otra vez. Avanzamos en contarnos sobre nuestros gustos, me confirmó que estaba contento de haber respondido a su impulso porque le había gustado estar con un hombre por primera vez, que disfrutó mucho como le hice sexo oral o lo excitante del riesgo que corrimos ese día… y también que le interesaría ir por más, algo que despertó todos mis deseos.

    Así fue como en esos días de trámites en que lo veía en la oficina, volvimos en dos oportunidades al baño del tercer piso para empleados: la primera vez teníamos poco tiempo y había mucha gente circulando por ahí, además me pareció que estaba al palo desde que nos vimos (había notado su bulto indisimulable en el pantalón del traje de tela liviana) y no aguantaba mucho más. Le pegue una tremenda mamada de pija hasta que, con varios y fuertes chorros, dejó su leche en mi cara. Justo esos días estaba con una barbita incipiente que retuvo esas gotas de placer hasta verme en el espejo del baño. Esa visión provocó mi orgasmo mientras él me tomaba desde atrás, acariciándome desde las piernas hasta el pecho. Indudablemente tantas noches de provocación y cybersex habían hecho que llegáramos en llamas a ese momento.

    En la segunda (o tercera según cómo se vea desde nuestra primera vez en aquel lugar secreto) nos besamos y acariciamos, después de arrancarnos la camisa y desprendernos mutuamente los pantalones. Jugo un rato con sus dedos en mi orto, mientras me besaba con pasión, después se apoyó sobre la mesada de los lavatorios, yo me agache y comencé a lamer sus piernas desde abajo, seguí besando y mordisqueando sus muslos, pase mi lengua por su entrepierna y finalmente me dedique a su riquísima poronga. Volvió a culearme. Fue sabroso como antes, coge fuerte, con mucha calentura. En un momento, me tenía en el aire porque estaba totalmente ensartado en su pija y me agarraba por detrás con sus manos fuertes, levantándome por mis muslos, yo apoyaba mis manos sobre la mochila del inodoro o la pared y mis pies pisaban el piso solo con la punta de los dedos, pero la fuerza que hacía era tal que me levantaba. Me hizo gozar como un perro. Acabamos al mismo tiempo, estuve al palo en todo momento y el me pajeó durante un rato, mientras bombeaba en mi culo.

    Finalmente, volvió a sorprenderme. Una noche, me contó que su mujer se iba a ver a sus padres a Córdoba por unos días y que estaría solo, por lo que me invitó a pasar por su laburo a la hora de salida para que nos fuéramos a su casa. Así sucedió. Llegamos con una calentura que no dábamos más de solo imaginar que podíamos estar solos y con tiempo, aunque confieso que me excitaba el morbo de coger en la misma cama en la que coge a su mujer. A la vez, me ponía nervioso la situación porque pudiera complicarlo de alguna manera.

    A pesar de lo que ya habíamos vivido, comenzamos tímidamente, creo que se le cruzarían muchos pensamientos por la cabeza como a mí. Nos deshicimos en besos y caricias en un sillón, tomamos algo y nos fuimos a la cama ya completamente en bolas. Le pregunté si se animaba a otra posición aprovechando la comodidad de la cama y me acomodé para explicarle como cogerme de espaldas, lo cerque con mis piernas sobre su cintura y después con las piernas al hombro. Su pija entró completamente haciéndome gritar de placer: – ¡Así mi papi, culeame, coge a tu pendejo!!!

    Jadeaba y susurraba: – ¡Qué guacho, qué cabrón, estás riquísimo!! ¡Cómo me calentás! Se alejaba un poco y se quedaba mirando cómo me culeaba, mirando su pija entrar y salir de mi orto. Pasaba sus manos a lo largo de su pija y mi raya. Lo veía gozar y sentía satisfacción por lograrlo. Sacaba la pija casi por completo y volvía a mandármela a fondo. Después de darme su leche, nos quedamos abrazados y charlando, por ratos casi dormidos.

    Cuando habíamos comenzado a franelear y nuevamente estábamos con una erección, le pregunté si se animaba a que lo penetrara o que lo puerteara aunque sea, hasta donde quisiera llegar. Quedamos en que lo intentaría y que me iba a decir cuando frenar, le dije que si no estaba listo para eso estaba todo bien. Ya me había contado que estaba entre sus fantasías y eso me habilitó a preguntar.

    Lo dejé acostado sobre su espalda y levanté su cuerpo desde la cintura con una almohada. Me acosté con mi cabeza entre sus piernas y las levanté para dejar a mi disposición su culo. Jugué suavemente con mis dedos y mi boca en su lindo ojete, lo succioné, lo rodeaba con mi lengua y luego se la metía, lubricando toda la zona con mi saliva. Le gustaba y estaba bien excitado, bastante dilatado para ser la primera vez y por lo nervioso que lo notaba.

    Me arrodille frente a él, lo tomé de la cintura y levante sus piernas: – ¡Así, despacito papi! ¡Sentíme! ¡Gózalo!

    Me puse un forro y apoyé mi garcha en su orto. Suspiró. Acaricié su pecho, Me incline y lo besé. Volví a empujar y mi glande comenzó a entrar en su divino agujero. Fui despacio, lentamente hasta que estaba totalmente adentro, siempre preguntándole si estaba bien. Él asentía con su cabeza y una caricia en mis manos. Me estiré para alcanzar su boca y comérsela, permitiéndome sentirlo con todo el cuerpo y moverme un poquito más fuerte. Los dos totalmente excitados ante tal experiencia. Lo sentía gemir y me enloquecía, la imagen de mi verga entrando por primera vez en su cuerpo virgen de machos me encendía y me enfocaba en lograr su gozo como mi mayor placer.

    Seguí cogiéndolo lentamente, siempre en la misma posición y acariciando su pija. Cuando sentí como le latía y que estaba por explotar (lo que me decía también su cara, su respiración y sus exclamaciones: – ¡Ay, ay bebé, como me coges!! ¡Me gusta!! ¡Ay, no me aguanto!!), su dura y hermosa verga derramó la leche sobre su vientre. Al instante saqué la mía de su orto porque sentía como se cerraba y me la apretaba después de que acabó. Lo abrasé y lo besé para decirle que estaba todo bien y que lo había disfrutado mucho. Como yo no había eyaculado, me dijo que quería pajearme, quería acariciar la pija que lo había desvirgado. Me arrodille sobre su pecho, masturbó y chupó mi pija mientras nos mirábamos a los ojos. Mi leche se desparramó sobre su cuerpo y se juntó con la suya. Lo acaricié, mojando mi mano con el elixir de los dos.

    Nuestros cuerpos húmedos se unieron en otro abrazo. Nos acostamos uno al lado del otro y permanecimos en silencio un buen rato, regularizando de a poquito nuestra respiración. Lo miré a los ojos, sonreí, pasé un dedo por sus labios carnosos, entrecerró sus ojos y nos besamos apasionadamente como una señal de que todo estaba bien. Así lo sentimos los dos, según nos confiamos cuando ya estaba llevándome a mi casa.

    Mientras estábamos todavía desnudos en aquella cama de su matrimonio, no tardaron en salir de mi boca las palabras que guardaba con temor: – “Te quiero” – y que afortunadamente fueron replicadas en la suya. Me sentí tremendamente feliz, aquella noche estuve flotando en mi habitación, a sabiendas de haber hecho mío a ese macho que tanto me gustaba. No podía dejar de soñar con seguir juntos, con ser su amante. Eso pasó y se los contaré en otro capítulo.

  • Jacqueline: la coqueta y erótica Jaqueline (Final)

    Jacqueline: la coqueta y erótica Jaqueline (Final)

    Después de haber dejado a Jacqueline con esa calentura sexual en el hotel, no volví a escuchar de ella por un tiempo.  Parecía que se la había tragado la tierra y por un momento pensé que nuestra historia había terminado, pero realmente estaba más alejado de la verdad y el destino había conspirado para llegar a otros encuentros. Nunca me lo imaginé ni me lo esperaba.

    Cuando acepté la vicepresidencia de la compañía recuerdo que me fui en busca de mis dos hermanas y cuñado, pues todos trabajan en el mismo edificio. Mi cuñado quien tiene su bufé de abogados en la primera planta y mis dos hermanas que corren su negocio de bienes raíces en la segunda y tercera planta. Entro al pasillo de la oficina de mi cuñado y veo que se está despidiendo de la madre de Jacqueline. Anteriormente mi cuñado me había hecho saber que le asesoraba en ciertos negocios y que el día que nos había visto desayunando juntos, ella le preguntó si yo era casado y mi cuñado pensó que la madre de Jacqueline estaba interesada en mi y no le quise aclarar en el momento que lo averiguaba más que todo por su hija. Ese día que la vi salir de la oficina de mi cuñado me di cuenta de que su familia estaba ligada a la mía y fue como me doy cuenta el por qué esta linda chica vivía y se daba los lujos que tenía.

    A la edad de 16 Jacqueline había quedado embarazada de un hombre mayor de descendencia árabe y muy rico. Este le presentó el caso a mi esposa y quien al igual que mi cuñado era abogado y es como formaron el bufé del que ahora mi cuñado al morir mi esposa él es el encargado. La solución para que este hombre no fuese a parar a la cárcel, era que los padres de Jacqueline aceptaran una boda de su hija menor de edad, pero infortunadamente para este hombre, él ya era casado en este país y el conllevar un divorcio parecía no era tampoco una salida viable. Resulta que mi esposa aconsejó a la madre de Jacqueline, que sí ella no hacía la denuncia con las autoridades, ella estaba obligada a hacerlo. Es como Jacqueline en todos esos líos legales terminó adquiriendo un edificio de apartamentos, el cual por orden de la corte lo administra una entidad especializada y es allí donde entra el negocio de mi hermana que es de bienes raíces. Es como Jacqueline recibe las ganancias que produce ese edificio. Nunca me esperé conocer esa historia y que mi familia estuviera ligada a todo ello; incluso yo, pues soy inversionista en esta empresa familiar.

    Es como tiempo después que Jacqueline conoce que mi esposa había llevado ese caso y los que administraban ahora su propiedad, eran las mujeres de mi familia, a quienes nunca asoció conmigo, pues ellas llevan los apellidos de sus esposos. Realmente el mundo es pequeño y por ese tiempo que la dejé al precipicio de un orgasmo, parecía que Jacqueline ya no estaría en mi mundo, pero que equivocado estaba, pues el mismo edificio de apartamentos que administraban mis hermanas, fue el que nos volvió a conectar. Jacqueline siempre quiso vender el edificio, pero mi hermana le propuso remodelarlo y venderlo como condominios y sacar una mejor ganancia. Eso se hizo y fue cuando mi hermana me requirió para que firmara el contrato y cinco años después volví a ver a la hermosa Jacqueline.

    Iba a ser una celebración en grande y días antes que partiera para el oeste del país recibí la sorpresiva llamada de Jacqueline. Reconocí su voz desde su primer saludo y me dijo:

    -¿Vienes este viernes? ¿Cuánto tiempo estarás en California?

    -Si… cinco días.

    -¿Puedo ir por ti al aeropuerto?

    -No te molestes… tengo reservado un automóvil de renta.

    -Cancela… puedes usar mi coche. Antonio… ¡como deseo verte!

    -Está bien… yo lo cancelo.

    Sonaba más madura, ya rondaba los 26 años, e inclusive ella mencionó algo de eso. Me esperaba en el aeropuerto con un vestido blanco, como para recordar o como una secuencia de aquel vestido que le quité en aquel hotel donde la dejé plantada. A sus 26 era igual de hermosa, pero por esas primeras horas se mostró muy reservada y todos esos momentos eróticos que habíamos vivido estaban ahí a flor de piel, pero envueltos como en un sueño. Cenamos juntos y me propuso que durmiera en su casa, que podía quedarme allí todo el tiempo que quisiera. No le pregunté por un marido que ella solía mencionar antes y acepté porque me encontraba con una mujer diferente, ya no era la joven de espíritu infantil que conocí, pero también acepté porque Jacqueline siempre me gustó y ni yo mismo podía entender de cómo la había dejado en esa cama al borde de provocarle un orgasmo y cogerla como siempre imaginé hacerlo.

    Pensé encontrar en su condominio a su hija, pero Jacqueline me hacía saber que su hija el fin de semana lo pasaba con su abuela, pues también ahí vivía su hermana y quien tenía a dos muchachas de la misma edad. Estábamos los dos nuevamente compartiendo unas paredes, la intimidad de un espacio, habíamos compartido unas copas de vino y de repente se sentó sobre mis piernas, pero no vi en sus ojos esa mirada maliciosa o picara de otros días, me dio de beber de su copa y me dijo:

    -¡Era una mujer admirable y muy hermosa!

    -¿De que hablas? -le pregunté.

    -Hablo de Nadia… lo tenía todo. Mujer inteligente, una linda familia y un esposo muy guapo. -Lo siento Antonio… nunca me lo pude imaginar. Tengo bonitos recuerdos de ella, incluso tengo una foto junto a ella.

    Su plática me ponía nostálgico y me daba esa sensación que esa mujer tan sensual sentada en mis piernas hoy me mostraba ese cariño de una niña. Me dio un beso en los labios el cual correspondí de la misma manera: un beso simple y delicado por sobre los labios. Me mostró la habitación donde iba a dormir, me llevó esa bata o era otra bata a la que le había mandado a bordar mi nombre, me ayudó a acomodar mi ropa en el armario y buros disponibles, me invitó a que me duchara y así lo hice y me dispuse a descansar. Apagué la luz de la lámpara y puse de esa música relajada con la cual regularmente me duermo. Por el cambio de hora estaba tan cansado y no sentí a qué horas de la noche Jacqueline habrá llegado y se había acostado conmigo y cuando desperté ella me abrazaba y estaba cobijada junto a mí. Me gustó ver su rostro dormitado junto a mí. Tenía un camisón de color rosa pastel y vestía un bikini del mismo color semi transparente y obviamente sin brasier. Lo descubrí hasta el amanecer y ya para ese momento era yo quien le abrazaba y disfrutaba del perfume de su cabello castaño. Obviamente estaba intrigado de lo que diría al despertar o como se comportaría de ahí en adelante. Comenzó por lo simple, por lo obvio:

    -¿Has dormido bien… no te he incomodado?

    -¡He dormido como un bebé! Estaba tan cansado…

    -Lo sé… te he hecho el amor y no te has dado cuenta. -y me sonreía.

    -¡De lo que me perdí! -le dije.

    -Sabes Antonio… siempre me gustó como hueles. Siempre imaginé despertar un día contigo. Por eso me atreví pues no sé si querrás ir donde tu familia, quedarte con ellos esta noche o el tiempo que te queda.

    -¡Pensé que habías dicho que me podía quedar aquí los días que quisiera!

    -¡Y la oferta está abierta! Ahora no sé si es que podrás dormir tranquilo… mira que contigo aquí, lo que menos pienso es en dormir.

    -¡Me gustaría tomar ese riesgo!

    -No es un riesgo cariño… es lo que probablemente te espera… noches sin dormir. Bueno, me levanto… me voy a dar una ducha y luego vamos a desayunar: ¿Gustas acompañarme?

    -¿A desayunar?

    -No cariño… a la ducha. ¿Nos bañamos juntos? -y Jacqueline me extendió la mano.

    -¡No creo que vayamos a bañarnos! -le dije dándole la mano.

    -¡Ni yo tampoco señor Zena!

    Me ayudó a acomodarme la bata que me había proveído, me tomó de la mano y me llevó a su decorada habitación matrimonial, abrió la puerta de la tina, me despojó de nuevo de la bata, miró como mi pene era contenido con un calzoncillo bien ajustado estilo bikini, me lo bajó con mucha confianza, ella levantó sus brazos para que le quitara su camisón de tela semi transparente, quedó solo en su diminuto bikini, el cual bajé cuidadosamente y dejé en el tocador. Ella ajustó los grifos del agua caliente y me tomó de la mano y me invitó a que nos comiéramos a besos.

    No tardó mi pene en reaccionar a esos besos apasionados, esos besos que Jacqueline me daba tiernamente al cuello y a mis pectorales. Sus pechos los miraba más voluminosos y me dediqué a mamarlos y seguían conservando buena estructura a sus 26 años. Ella me tomaba de las nalgas y yo al igual me apoderé de las suyas. Me besaba y me masajeaba mi ojete y yo hice lo mismo. Cerró los grifos y Jacqueline se agachó y después de besarme por todas partes el abdomen e incluso me rodeó para besar mis nalgas, se dedicó a darme un rico sexo oral breve. Recuerdo que me la pajeaba con esa loción de cuerpo y yo quise corresponder, pero ella me dijo: Vayamos a la cama.

    Solo llegamos y la sometí a un sexo oral tan intenso donde comencé a comerle el ojete mientras Jacqueline posaba sobre su estómago en la cama. Me gustaba verla así acostada, pues se le miraban esas majestuosas nalgas bien paradas, esa curva sensual que realmente me atrae de las mujeres y especialmente con el suculento trasero de esta preciosa mujer. Para llegar a su conchita tuve que levantar sus nalgas y Jacqueline es un espectáculo verla en esa posición con sus dos tremendos pechos reposando en la cama y sus nalgas elevadas. Eso de chuparle el ojete la tenía tan excitada, que antes a comenzar a chuparle la conchita, su vagina se deshacía en un manantial de jugos que denotaban ese olor y sabor de una conchita joven y fresca. Lamia su clítoris y sobaba su ojete con mis dedos… Jacqueline en relación con su cuerpo, es de las conchitas más pequeñas que he visto. No lo soportaría más y me pidió que la penetrara: Antonio… fóllame por favor; dame esa hermosa verga. – No lo soportaría mucho más y me fui por sobre ella y comencé a insertarle cada centímetro de mi verga. Jacqueline la apretaba con su vagina, Jacqueline es de las chicas de vagina reducida, que al principio siempre se quejaba del dolor por la invasión, pero luego dicha invasión se convertía en un enorme placer. Gemía escandalosamente cuando se corría y sus jadeos me llevaron a no resistir más y me corrí en su conchita con una espectacular eyaculación, que tan pronto le saqué mi verga de su rico agujero, mi esperma cayó por encima del cubrecama de color vino.

    Ella tenía de esas toallas húmedas y aromáticas para limpiarse y mientras me limpiaba me imaginé follándome ese culo y, a mis 38 años, que creo estaba en la edad perfecta de la sexualidad, mi verga tomó volumen y se lo insinué a Jacqueline. Brevemente mi glande lo había perforado cinco años atrás, y creo que Jacqueline no quería apagar mis deseos en este sorpresivo encuentro y solo me dio esa mirada coqueta y con una sonrisa picaresca me daba la advertencia: Házmelo con cuidado, ve despacio que lo tuyo sí que me da miedo.

    La puse en cuatro en el centro de la cama, pero esta vez Jacqueline quedaba viendo el espejo de su tocador y ella pudo ver cómo me puse de cuclillas y lamí de nuevo su ojete… era una delicia ver los gestos y expresiones de Jacqueline al sentir ella ese recorrido e invasión de mi lengua en sus nalgas. Me paré sobre la cama, medio me agaché como para hacer flexiones y me apoderé de las nalgas de la preciosa Jacqueline. Con mi mano dirigí mi falo al ojete de Jacqueline, empujé mi glande y sentí cuando Jacqueline me lo apretó y ella dijo:

    -No te muevas mucho cariño que me duele mucho y siento que me lastimas.

    -¿Quieres que te la saque?

    -¡No! Déjala allí, que, sí me duele, pero también me encanta. ¿La tienes toda adentro?

    -No… solo la punta.

    -Se siente inmensa… quiero sentirla toda. Quiero que me hagas tuya como tu quieras…

    Podía ver su rostro angelical diciendo y pidiéndome ser sodomizada. Con su mano descubría que le faltaban algunos centímetros para tenerla toda adentro y me tomaba de los testículos para masajearlos. Poco a poco se la hundí toda, y poco a poco comencé a pompear su rico culo. Le daba unas embestidas que Jacqueline parecía gemía de dolor, pero ella me lo aclaraba que era de placer y me pedía que no parara: ¡Dios mío dame más… no pares! – A través del espejo descubrí que Jacqueline se masturbaba, pues en esa posición no era cómodo masturbarla yo a la vez. Sentí ese temblor de sus piernas cuando me anunciaba que se corría de nuevo y me gritaba: ¡No pares cariño… dame más! – No paré hasta verla que se fue de bruces y parecía que lloraba del placer y yo le disparé mi segunda corrida. Vi como mi esperma blanco apareció por ese ojete rojizo de Jacqueline y también descubrí que tenía un sangrado. No le dije nada de la sangre y nos fuimos a bañar.

    En el baño lo volvimos a hacer, pues después de una buena mamada que me dio esta linda chica, mi verga estaba dispuesta a otra cogida más. Esta vez así parados le taladraba su coñito y quizá pasé unos veinte minutos a diferentes velocidades y tomándola de las tetas para escuchar y sentir como su vagina vibraba y se escurría del placer. Como dije, Jacqueline es muy cerrada y de vagina reducida que es obvio cuando ella vive un orgasmo. De nuevo gimió como loca, tenía la seguridad que los vecinos se daban cuenta de aquella follada. Yo se lo hice saber, pero me contestó diciendo: -No me importan los vecinos, pero me puse a pensar en la sirvienta, y quizá estará conmocionada. – Y se reía.

    Pasé cogiendo con Jacqueline aquellos cuatro días, nunca recordamos aquella noche de hotel frustrada pues creo que Jacqueline imaginaba que tenía que ver con los sentimientos hacia mi esposa. Regresé días después a mis vacaciones y continuamos follando con esa sensación de la reconciliación. No usábamos protección y un día me dijo que estaba embarazada y realmente me sentí feliz que mi único hijo tendría un hermano, pero tuvo un aborto espontaneo atravesando el primer trimestre y pasó por unos días con cierta depresión. Le fue muy bien en el negocio de bienes raíces junto a mi hermana y a los 32 años se casó y desde entonces dejamos de comunicarnos.

    Nunca me mencionó su boda, pero mi hermana había sido invitada y con ella me envió un mensaje verbal: Dígale a su hermano que lo extrañaré mucho, que siempre lo tendré en el corazón y será hasta mi muerte ese bonito recuerdo… dígale que Jacqueline, esa caprichosa e infantil Jacqueline de los veinte años, siempre estuvo enamorada de él. -Y se dirigió a mi hermana: -No sé si usted lo supo, pero yo llevé la sangre de su familia en mi vientre… lástima que lo perdí. Quizá mi hijo hubiese sido tan guapo como el papá, o si hubiese sido una hembrita, sería tan hermosa como sus tías. -Mi hermana después de la boda nunca la volvió a ver y solo la encontré por los medios sociales, pero nunca me he atrevido a llamarle o hacer contacto, no sé cómo vaya a reaccionar y por el momento su fiesta y la mía, ha estado en paz.

  • Los vi bañándose

    Los vi bañándose

    Cuando llegué a casa de mi tía, ella se encontraba un poco enferma con dolor en todo el cuerpo, entonces decidí pasar a la parte trasera de la casa donde podía reposar del caluroso día que se daba, fue entonces cuando escucho caer agua en el patio del vecino, claro alguien se estaba bañado.

    Eso me emocionó pues solo me separaba una pared que llegaba hasta la rama de un árbol, como pude me monté a las ramas donde podía ver las escena más excitante del día, era la esposa del vecino que dejaba correr el agua por todo el cuerpo y los rayos del sol se reflejaban en esa piel cobriza que la espuma se formaban el un par de senos de aureola café y pezones bien parados, con unas nalgas que marcan pequeños hoyuelos donde el agua hacia pequeñas espumas.

    Se tomaba el cabello y lo enjugaba echando la cabeza hacia atrás y mostrando una enorme vulva que asomaban unos labios carnosos que provocaban chuparlos, para entonces mi pene bien parado, no podía mantenerse en el pantalón y lo saque y empecé a masturbarme tomando la cabeza pronunciada de mi verga sobándola de arriba abajo.

    La vecina luego toma una vasija con agua y empieza a lavarse la enorme vulva, pasando los dedos sobre la raja un poco jabonosa, mi emoción crece más fue cuando llega el esposo, también desnudo, para bañarse, lo curioso es que llega con la verga parada y tomó a la mujer en cuatro y sobando esos senos jabonosos, le inserta en la vagina la verga.

    Una excelente escena que logra que me corra y cae el semen en la pared cerca de la mano de la vecina, era tanto el descuido de ellos que no se dieron cuenta que corría semen y no era el del esposo.

  • Evelia coge más rico que su hermana

    Evelia coge más rico que su hermana

    Habían pasado unas semanas desde que me acosté con Paulina, ella por circunstancias extrañas se había ido de la empresa, pero la vida continuaba.

    Por su parte Evelia, se comportaba grosera y pedante conmigo, al principio no me importo ya que es muy berrinchuda, pero me entere que estaba pidiendo mi cabeza con los jefes, eso me molesto un poco así que la busque.

    Un viernes la espere en la salida para saber que pasaba, Evelia era una de las compañeras más odiadas de la empresa, su fama de ir en cama en cama la hacía más vulnerable a odio y ataques, no era muy guapa y ni tan agraciada admito que me encantaban sus piernas, pero tenía el letrero de «cógeme» en la frente, por eso varios andan detrás de ella.

    T: ¡Hola! ¡Oye que te pasa?

    E: Tú sabes que pasa, ¡no deberías preguntar!

    T: ¡Es que en serio no sé porque tu actitud conmigo!

    E: ¿Mi actitud? jajá te pasas! ¡Todavía de que tú violaste mi confianza!

    T: ¿A qué te refieres?

    E: ¡Que te cogiste a Paulina, mi hermanita!

    Me quedé en silencio, la verdad no supe que contestarle, ella me sonrió molesta y me siguió reclamando, mientras eso sucedía subimos a mi carro, en el trayecto su actitud cambio, ¡me acariciaba la pierna y me hacía preguntas locas!

    E: ¿Y qué tal coge?

    T: ¡Oye los caballeros no tenemos memoria!

    E: ¡Yo lo podría hacer mejor!

    T: Jajá tranquila, ¡eres su hermana!

    P: Dado que tú no te animas lo hare yo, ¡quiero que lo hagas conmigo!

    T: ¡Carajo!! ¡Así directo, jajá, pero somos amigos!

    E: Bueno, entonces tendré que decir que tu trabajo es pésimo para que te corran, ¡recuerda que yo puedo hacer eso!

    T: ¡Ay no! ¡Necesito el trabajo!

    E: Entonces, será por la buena o la mala, ¡tú decide jajá!

    No le dije nada y me dirigí al hotel más cercano, ella pago la habitación, al entrar me dijo…

    E: ¡Bien! ahora serás mío déjate llevar!

    Comenzó a desnudarme, no quería perder el tiempo, yo aún estaba desconcertado, ¿en serio lo iba hacer? Pero bueno en ese momento solo miraba como me despojaba la ropa

    E: Desde hace tiempo quiero cogerte, ¡uhm! ¡No estás mal!

    T: ¡Vaya que caliente eres!

    E: ¡Guau!! Que gruesa, ¿eso me entrara? ¡Habrá que averiguarlo!

    Al mirar mi pene, se lanzó a él como perra hambrienta, lamia mi tronco y succionaba lo máximo que le cupiera en su boca, poco a poco comenzó a gustarme lo que me hacía, ¡conocía bien su reputación y no estaba ms que correcta!

    T: Por dios, ¡que rico mamas!

    E: ¡Conque esto se comió mi hermana!

    T: Sí, ¡pero la verdad no tan bien como tú!

    E: ¡Jajá! ¡Te dije que yo lo hago mejor!

    Se quitó su ropa, y se lanzó encima de mí, nos besábamos pasionalmente, yo acariciaba sus nalguitas duritas y sus piernas, ella me mordía mi pecho y mordía mi cuello.

    E: ¡Ya métemela!!!

    T: ¡Si amorcito! súbete y cabálgame!

    Ella se subió y comenzó a cabalgarme de una manera tan rica, como nunca nadie lo había hecho hasta entonces, yo apretaba sus pechos, ¡ella meneaba su pelvis y caderas de una forma tan rica que sentía como se me ponía durísima!

    T: ¡Uf!! ¡Qué rico te mueves!

    E: ¡Apuesto a que nadie te coge así!!

    La acosté, sabía que si seguía ella arriba me iba hacer venir y la verdad yo quería gozar un poco más, le levanté las piernas y comencé a penetrarla con velocidad, mis huevos chocaban con intensidad en ella, le mordía sus pechos, la verdad estaba gozando cogérmela.

    A mí me encanta coger de “patitas al hombro” y Evelia se veía fenomenal con las piernas levantadas y el sonido de mi pelvis chocando en sus nalgas ¡me encendía más!

    E: ¡Tyson!!! ¡Así, uhm, que rico!

    T: Admito que ya quería cogerte, uhm, como me encantas, ¡ah!!!

    E: Cógeme nene, ¡cógeme! ¡No pares, ah!!

    Ella me abrazo con sus piernas y sus brazos, yo me puse de pie y penetrándola, daba pequeños pasos en la habitación, la recargué en la pared, mantuve una pierna de ella en mí y la otra ella la puso en el piso, mi verga durísima entraba y salía de ella, nos besábamos y mordíamos los labios, sus movimientos me encantaban más y más.

    T: ¡Que rico coges!

    E: ¿Te gusta cielo? gózame!

    T: ¡Sabía que los rumores sobre ti eran ciertos! ¡Coges delicioso! Por eso traes pendejos a varios, ¡uhm!

    E: ¡Y eso que no a todos se las doy!

    T: Chiquita, ¡uhm!!

    E: ¡Ponme en cuatro y dame duro!

    Obedecí su petición, la coloqué en cuatro y comencé a darle despacio, mientras mis manos acariciaban sus tetas y dándole pequeñas nalgadas, penetraba su vagina súper mojada, comencé a subir la intensidad de mis penetraciones, ella gemía y se inclinaba un poco, le encantaba sentirme dentro en esa posición.

    Jamás imagine en cogerme a dos hermanas, pero Evelia cogía mil veces mejor que Paulina, así que disfrutaba mi momento.

    E: ¡Así! cógeme, que rico, uhm, que gruesa, ¡me encanta!!

    T: ¡Uf!!! Muévete mamita, ah, que rico!!

    E: ¿De quién eres?

    T: ¡tuyo mi perra! ¿Y tú?

    E: ¡Soy tu perra papi!!

    Las palabras que nos decíamos me excitaban más, mis movimientos aumentaban, ella comenzó a mojarme todo, se retorcía como lombriz, mientras tanto yo seguía dándole duro.

    E: ¡Tyson!!! Agh, uhm!!

    T: ¡Goza nena, uhm, goza!!

    Ella estaba inclinada solo tenía sus nalgas paradas recibiendo mi gruesa y dura verga, yo no resistí más y me vine, saque mi verga de ella y le chorree toda la espalda.

    T: ¡Toma mi leche, ah!!!

    E: ¡Esta calientísima! ¡Que rico!!!

    Después de vaciarme en su espalda me recosté en la cama, ella se lanzó a chupármela yo solo la observaba, cogimos un par de veces más, al final cuando nos íbamos me dijo.

    E: ¡Que rico coges!

    T: Evelia, ¡quiero más!!!

    E: Claro corazón, yo también quiero más de ti, ¡serás mi amante!

    Y ahí comencé a cogérmela por gusto y pronto les contare más historias con esta mujer indeseable para muchos, apetecible para mí.

    Tyson.