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  • Con Daniela elevando el nivel de placer

    Con Daniela elevando el nivel de placer

    Al meter a la ecuación el juguete con Daniela, empezaba a experimentar en casa y cuando estábamos juntos lo que me daba pie a hacerle comentarios referentes de incluir a alguien más en nuestra relación, a lo que de respuesta siempre era un rotundo NO, si me interesaba probar más cosas que podría hacerlo, pero no con ella, algo que se me hacía muy frustrante ya que sabía que era materia perfecta para poder seguir rompiendo esquemas y límites.

    Procure siempre mantener dinámica nuestra sexualidad tratando de no caer en algún tipo de rutina y cada vez sabía que disfrutaba más, sin ser tan insistente le sugería involucrar a alguien más, pero con el tiempo dejo de ser un “no” a ser un “¿Quién?” o “¿Para qué?”.

    La duda primaria era… ¿es mujer?… ¿quieres estar con ella? Y la respuesta era… no importa si es mujer u hombre, lo que me interesa es que TÚ disfrutes sin importar el género o la cantidad de personas que estarían involucradas, le aclare que solo me interesaba ella como pareja pero que si me gustaría que “recuperara” el tiempo perdido por décadas. No había un “si” o un “adelante” pero sabía que era algo que le circulaba por la cabeza más y más.

    En una de las pláticas que tuvimos, sin advertir algo más me dijo, quiero hacerlo con otro hombre, me dejo mudo por un momento a lo que interpreto como molestia de mi parte cosa que aclaré en ese momento y le dije que no había molestia en absoluto, al contrario, una sorpresa y muy grata. Me comento que tal vez yo esperaba que hubiera sido una mujer ya que es una fantasía recurrente entre hombre a lo cual puntualice que mi fantasía era verla disfrutar del modo que fuera.

    Y así empezó esta búsqueda de cómo hacer realidad este deseo, lógico recurrí a la red y llegue a un bar en específico de swinger, un tema que ya había tocado con Daniela pero que tampoco veía cercano, después de revisar docenas de bares o lugares de encuentros hubo uno en particular que me llamo la atención en la zona centro de la Ciudad de México, por las reseñas y comentarios se veía tranquilo, limpio, seguro y en esas fechas se planeaba un Gang Bang.

    Mi mente fue a mil pensando que sería un arma de dos filos para mí y Daniela como podría disfrutar ampliamente como podría salir corriendo de ahí, aunque tenía el tiempo en mi contra, la fecha era muy cercana, plantearle la situación a Daniela y lo más importante que sus hijas la dejaran pasar una noche fuera de casa.

    Lo primero que hice fue hacer la reservación para los dos en el lugar, lo peor que podría pasar es que no llegáramos acto seguido fue plantearle la situación a Daniela, independientemente si llegábamos o no al lugar, quería pasar la noche con ella, por lo que empezó a ver varias opciones de pretextos con sus hijas para poder pasar la noche fuera de casa sin que tuviera la presión de que la estarían llamando. En cuanto al lugar le dije que estábamos anotados como pasivos que solo veríamos, claro, con la opción de que se pudiera participar ella, algo que aún no la tenía muy convencida pero no se negaba a asistir.

    Por fin llego el fin de semana tan esperado por mi parte, llegue a su pase por ella a su casa con l pretexto de ser chofer de una aplicación de taxis para seguridad de ellas, yo iba de traje y al estar frente a su puerta salió con una falta arriba de la rodilla y saco negro, medias negras, zapatillas y una blusa con un escote pronunciado, me baje y abrí la puerta de atrás y tomamos camino.

    Le pregunte que pretexto había dado y fue algo referente a unas excompañeras de trabajo que se había puesto de acuerdo con una de ellas por si hablaba a unos minutos de su casa se pasó adelante junto a mí y fuimos directo a nuestra cita, como nos íbamos acercando podía ver sus nervios ya que no dejaba de mover sus manos y dedos, en un semáforo en rojo le tome las manos y le dije que se relajara que la idea era divertirnos, pasar un buen rato y probar algo distinto a lo que me contesto con un suspiro profundo.

    Entramos al lugar, ella casi se tapaba el rostro para no ser reconocida, la diferencia de edad entre ella y yo le preocupaba, pero era algo que realmente no tenía que ver en ese momento ni en ningún otro, se fue llenando poco a poco de gente tanto de parejas como de “singles” notamos que algunos o la mayoría se conocían lo que genero confianza en Daniela, la gente se nos acercaba y nos saludaba de un modo cordial a lo que contestábamos del mismo modo sin dejar de notar los nervios de Daniela en su voz.

    Tomamos un par de copas hasta que llegó el momento tan anhelado, una chica fue la primera en pasar, la desnudaron y en lo que pasaba el acto veía de reojo a Daniela como se mordía los labios sus manos las pasaba por sus piernas a lo que le besaba la mejilla y metía mi mano bajo su falda y al tocar su conchita estaba a nada de gotear, mientras estaban con una segunda chica le dije… creo que ya es momento de tu turno, ¿no crees?… abriendo los enormes y poniendo su rostro completamente rojo, la tome de la mano y la lleve con ellos.

    Lo único que les dije… se las encargo por favor… un chico completamente desnudo la recibió, estaba paralizada, pero le tome la mano a Daniela y se la lleve a la verga del chico que estaba completamente erecta y sin dudarlo la empezó a acariciar y sin darle tiempo de algo más apareció uno más por detrás de ella a lo cual se empezó a agitar su respiración y en ese punto al ver que no había algún rechazo o incomodidad por parte de Daniel regrese a mi lugar de espectador.

    El saco lo había dejado en el respaldo de la silla por lo que sacarle la blusa y el bra fue muy rápido uno le mamaba las tetas y el otra le sacaba la falda mientras ella no soltaba la verga del primer chico, le sacaron la falta y la tanga, dejándola en medias y zapatillas, el segundo chico que estaba atrás admiraba su tatuaje y lógico sus nalgas, le levanto una pierna y le empezó a mamar la conchita que sabía que estaba goteando y sería una sorpresa para el chico que se notaba que estaba agradecido pues no dejaba de mamarla, el primer chico de enfrente gentilmente la inclino hacia a él , tomándola por el cabello y llevando la boca de Daniela a su verga que de un solo bocado la devoro, acto seguido la voltearon, así que el segundo chico ahora recibía una mamada maravillosa de Daniela y el primero probaba los jugos que salían de su conchita.

    Un tercer chico se acercó al ver todas las virtudes que podían sacarle a Daniela, se puso un condón y sentándose en un sillón fue la verga directa al culo de Daniela, el primer chico hizo lo mismo y fue directo a su conchita y el segundo se subió al sillón para q la siguiera mamando, veía como las piernas abiertas de Daniela temblaban, se escuchaban sus gemidos ahogados de mamar verga, el que estaba frente a ella le mamaba las tetas y el de atrás le besaba la espalda, mientras el que estaba de pie frente a ella la tenía bien sujetada de la nuca y no sacaba su verga de la boca de ella, el espectáculo era increíble, ver a Daniela descubrir lo que realmente es… fuego.

    Llego el momento del cambio de posición donde el chico que le mamaban la verga se sentó y ella sobre el dejándole las tetas en su rostro las cuales no perdió un segundo en mamarlas y hasta morderlas, cosa que se notaba que calentaba más a Daniela, el que tenía la verga en la conchita de Daniela ahora estaba en su culo abriéndole las nalgas y por supuesto admirando sus tatuajes y el tercero de pie metiendo su verga en la boca de ella.

    La gente volteaba a verme sin saber quién era en toda esa escena… ¿el hijo? (recordemos que Daniela es 23 años más grande que yo), ¿el amante?… pero en ese momento nada importaba más que la satisfacción y libertad de Daniela ante la situación.

    Al ser una escena poco común con una mujer de esa edad y con esa figura un par de chicos se acercaron a lo que Daniela puso una cara con gesto desconcertado de no saber qué hacer a lo que le grite… ¡¡usa las manos!!… y si, uno de cada lado, los masturbaba, al principio algo torpe, al estar ensartada del culo y la concha y mamando verga pero al poco tiempo lo empezó a hacer más sincronizada con lo que le sucedía.

    El primero en eyacular fue quien estaba dentro de su culo, que para ser honesto, no lo culpo ya que ella tiene un culo maravilloso, el segundo en terminar fue el de la boca, el cual la tomó por sorpresa casi ahogándose lo cual me provoco mucha risa y solté una gran carcajada, el de su conchita fue el último, al quererse incorporar se escuchó una frase… faltamos nosotros… eran los últimos dos chicos en sumarse a la escena, el primero la tomo de la cadera y la cargo, metiéndole su verga de tajo en su conchita y el segundo sin pensarlo un segundo en su culo, tenerla en el aire era maravillosa imagen para mis ojos, gritaba, gemía, su rostro rojo hasta que curiosamente los tres terminaron al mismo tiempo y como sello de Daniela chorreándole las piernas de estos dos chicos.

    La bajaron con delicadeza y antes de que tocara el piso me levante para recibirla y dándole un… gracias… a los cinco la lleve de regreso a nuestro lugar, cubriéndola con la blusa, sonaban aplausos y vítores a Daniela y era lo mínimo que podían hacer después de maravillosa escena, Daniela le temblaban las piernas, su cubría el rostro de pena, la abrase, hombres y mujeres se acercaban a felicitarnos, poniéndose la falda y la blusa me pregunto… ¿y tú con quien lo vas a hacer?… y la respuesta era más que lógica… ¡¡¡ contigo!!!

    Salimos del lugar con camino al hotel…

  • Alejandra modela para mi

    Alejandra modela para mi

    Ese día era soleado, habíamos estado toda la mañana haciendo un proyecto que era necesario para la universidad. Varios ya habíamos empezado a sudar y estábamos tan hartos del calor que al terminar cada quién decidió irse para su casa hasta las clases que tendríamos esa tarde. Yo que vivía bastante lejos no tenía mucha opción que esperar hasta las clases en medio de ese calor infernal.

    Entonces Ale, una de mis compañeras de la clase, me ofreció que podía quedarme en su apartamento hasta que fuera hora de irse a clases. Ale tenía un vestido blanco que dejaba relucir unas piernas bastante impresionantes, de esas que uno quiere alrededor de uno y sin pensar que algo podía pasar simplemente acepté.

    El lugar no era el típico apartamento estudiantil que esperaba. Era un lugar grande en el que vivían 3 compañeras de habitación más pero ninguna estaba ese día en casa. Subí con ella a su cuarto, ambos con un par de cervezas frías que había en la nevera y llegamos a su habitación. El lugar estaba un poco desordenado, así que pusimos las bebidas en una mesa y acomodamos el lugar.

    En una de las sabanas había unas bragas a lo que no pude evitar bromear con ellas.

    -Hey mira, encontré tus bragas.

    -Dame eso!

    -Están bonitas, toma, te las devuelvo.

    Entre sonrisas seguimos doblando sabanas hasta que la cama quedo arreglada…

    -Disculpa el desorden, no esperaba visitas. De hecho no he tenido visitas en todo lo que llevo aquí.

    -No te creo. Nada de acción entonces? jaja. Vacilé.

    -No. Yo creí que mi vida sexual en la universidad iba a ser más activa pero hasta ahora no se ha logrado, por eso encontraste todo así.

    -Pues esas bragas dicen lo contrario jaja.

    – Va, te gustaron cierto?

    -Están sexys la verdad.

    -Tengo algunas otras mejores.

    – A ver…

    Alejandra, me miro con una sonrisa incómoda y para mi sorpresa, accedió.

    -Ok, pero esto queda entre nosotros, quiero saber que te parecen por si llego a tener más actividad. Ale, abrió el closet y me pasó un cajón entero llena de bragas, los cuales me fue enseñando uno por uno para que le diera mi opinión.

    En el fondo encontré una prenda bastante diminuta, era un hilo rosado que definitivamente me prendió por la sola idea de imaginarla con eso puesto.

    -Esos te gustan? A mi de vez en cuando me gusta sentirme sexy pero no sabría si dejaría que un chico me viera con esos. No sé si tenga tanta confianza. De hecho tengo unos iguales pero de color negro puestos ahora mismo…

    Presioné para que me los enseñará y ella después de un rato aceptó. Se levantó el vestido y dejo a la vista su ropa interior a lo que yo me quedé pasmado con su hermosura. Tenía unas piernas blancas, algo musculosas y un vientre plano de ensueño. Entonces, ella dio una vuelta y me enseñó unas nalgas redondas que sobresalían con su hilo que apenas cubría.

    -Pues, está muy bien. Se te ve increíble y tienes un cuerpo rico.

    -Gracias, no estoy muy segura de mi cuerpo pero me esfuerzo por ir al gimnasio seguido.

    – Se nota.

    -Tengo también otras cosas en mi closet que nunca había usado antes, te molesta si te las enseñó?

    -Para nada

    Alejandra me sonrió y se volvió a levantar el vestido, esta vez para quitárselo. Su sostén verde era lo único que me molestaba pues jamás habría imaginado que ella tuviera unos pechos tan tentadores. No eran enormes, pero sí muy redondos.

    Tomó una bolsa y sacó dos piezas de lencería. Dentro había también un dildo el cuál pude apenas notar y al señalarlo me soltó una sonrisa diciendo «son tiempos desesperados». Tomé la bolsa y vi un dildo pequeño color morado, fuera de su empaque, claramente usado. Ella solo me observaba con una risa incomoda a lo que le solté «Nunca había visto uno de estos, está bien pero creo que el mío es más grande».

    Ella rio y me dijo que no me creía, a lo que conteste «si quieres podemos comparar». Ella quedo congelada en una sonrisa y luego de un momento de silencio me dijo…»no te creo, deberíamos hacer la prueba».

    -Bueno pero creo que es necesario un estímulo, no crees?

    – Yo te puedo ayudar, dijo.

    Metió una de sus lencerías en la bolsa y sacó otra.

    -Ya vengo.

    Yo no podía creer lo que estaba pasando. Me quité el cinturón y miré un bulto que ya estaba listo para la acción. En eso sonó el móvil de ella, a lo que me pidió que colgara, no tenía contraseña y sin pensarlo dos veces entré en la galería de fotos, pero no había nada realmente interesante, a lo que una idea vino a mi mente.

    -Estás listo?

    Dijo acercándose a la puerta. Tenía puesto una lencería negra que dejaba ver sus pechos al aire libre, con transparencias en sus bragas.

    -Tengo una idea, posa para mi. Tomé su móvil y con la cámara empecé a tomarle fotos.

    Ella entre risas posaba y después de unas pocas se acercó hacia mi en un beso que nos recordó el calor del día. Nuestras lenguas iban de un lado a otro y el beso terminó con una mordida de labio.

    -Creo, que es tu turno de que me enseñes si es cierto.

    Tomó el dildo y se puso de rodillas esperando a medirlo. Yo desabroche mis pantalones y dejándolos en el piso con todo y ropa interior dejé visible mi miembro. Ella tomó el dildo y los comparó. El mío era más grande justo como había dicho. «Wow, vas bien armado eh». Me sonrío. Me quite la camisa y quede completamente desnudo ante ella.

    -Qué te parece?

    -Bastante bien. Contestó ella y de la misma bolsa tomó un lubricante y me dijo, «Ya que estamos estrenando cosas, quieres estrenar esto también?».

    Asentí con una sonrisa y rápidamente tomé el lubricante y empecé a masajear mi pene enfrente de ella, mientras ella tomaba un paquete de condones de la mesa de noche. Puse un poco de lubricante en el dildo y me acerque a ella, me puse de rodillas y empecé a besarle su zona por encima de la tela, ella solo se estremecía.

    Con mis manos tomé su ropa interior y la bajé, a lo que pude ver un poco de pelo que me recibía a su entrada. Sin perder el tiempo empecé a lamer todo lo que podía sintiendo sus vibraciones en mi cabeza. Después de un rato empecé a introducir el dildo en su ano a lo que escuchaba sus gemidos subiendo y subiendo.

    Después de su primer orgasmo me dirigí a su boca y dejando el dildo introducido en ella la bese por un par de minutos mientras ella masajeaba mi verga resbalándose entre ombligo.

    -«Métemela», ordenó.

    Yo me acomodé el condón y sin sacar el dildo de su ano empecé a penetrar su vagina. Ella me pedía que fuera más duro y empecé a abofetear sus tetas sintiendo como me gemía más y más.

    Cambiamos de posición, esta vez ella se sentó en mi verga, dándome el Angulo perfecto para jugar con mi verga y estimularla con el dilo a la misma vez. Ambos estábamos sudados a lo que empecé a penetrarla más y más duro. Ella se vino por segunda vez y esta vez me condujo hasta el baño donde me quitó el condón y me dijo «yo uso pastillas, quiero que te vengas en mi». La puerta del baño estaba abierta y sin pensar que alguien más pudiera vernos, la puse en 4 y empecé a penetrarla mientras el agua tibia nos salpicaba. Sus nalgas rebotaban contra mi vientre y entonces al no aguantar más, solté mi eyaculación dentro de ella.

    Nos miramos sonriendo y nos besamos.

  • Mi vecino de planta baja

    Mi vecino de planta baja

    Fue un jueves de una tormenta fuertísima, estaba esperando que mi hermano llegase de trabajar como todos los días para poder abrirle con rapidez y no se empapara afuera. Casi una hora de espera cuando recibo un mensaje de que no iba a venir. Al darme la vuelta para entrar a mi casa noto el ruido a moto, era el chico de abajo. Decidí actuar como buena vecina y fui a abrirle la puerta a él para que entrara. Me agradeció y cada uno se fue a su casa.

    Robert era un venezolano de 29 años, morocho, flaco, no más de 1.80 m de altura; había llegado hace tres años a la misma casa la cual se dividía en planta alta y baja. Yo vivía arriba. Desde el primer día hubo mucha química entre ambos, pero al él vivir con su novia nada era posible. Tres años pasaron, ella se separó de él y él quedó viviendo solo. Ya tantas cosas pasaron en ese tiempo que, a mí, poco me gustaba. Si bien nos reuníamos a charlar de vez en cuando en la entrada compartida, más de eso no sucedía. Hasta que ese jueves llegó, la lluvia cesó y con eso la cañería se rompió dejándome sin agua. El faltante de esta se hizo sentir, siendo que la hora de trabajar se acercaba. Las ventanas de mi cuarto dan hacia su patio, por lo que habrá escuchado mis gritos e insultos maldiciendo a cada quién se me pasara por la mente en ese momento. En eso escucho sonar el timbre varias veces, con el pijama aún puesto, atendí. Era él.

    -Vecina, perdón que me entrometa, pero no pude evitar escuchar lo del agua.

    -Sí, debo ir a trabajar y no sé qué haré.

    -Sé que confianza no hay mucha, pero si deseas puedes utilizar mi baño, es un segundo, no habría problema alguno. Ayuda por ayuda. -Exclamó guiñando un ojo para luego sonreír.

    Lo dudé, era verdad que confianza no había y si bien me gustaba no lo conocía. Le agradecí, me dijo que solo tocara el timbre si precisaba. Subí a buscar mi ropa, mi día de trabajo ya estaba perdido, pero era a él a quién no quería hacerle perder el tiempo aparte una ducha para bajar el estrés no vendría nada mal. Llevé sólo lo justo y sin pensarlo tanto bajé, toqué timbre y esperé a que me abriera. Me abrió, le agradecí de nuevo por la amabilidad y me indicó donde se encontraba el baño.

    Entrando, cerré la puerta detrás de mí e hice lo que correspondía. Su perfume rondaba toda la casa, te penetraba por completo la cabeza. Al abrir la ducha y empezar a desvestirme, noté lo húmeda que estaba. No sé si fue el estar en su casa o que sucedió, pero la calentura subió a mil. El sólo saber que Robert se encontraba tras la puerta hizo que mi humedad aumentara, así que decidí meterme a la ducha la cual era cubierta por una mampara de vidrio, el agua estaba fría, comencé a tocarme. La verdad que a mis 27 años no me quejaba más de mi cuerpo, lo disfrutaba. Castaña, ojos marrones, tetas medianas, algo rellena, pero con un culo que a varios hombres volvía loca.

    El roce de mis dedos sobre mi clítoris, el imaginar a mi vecino cogiéndome y lo excitada que estaba, hicieron que acabe largando pequeños chorros y con la toalla entre los dientes para ahogar mis gemidos. Cuando logré recuperarme, tomé mi baño, me cambié y emprendí mi salida del lugar. Para mi sorpresa, cuando iba a abrir la puerta del baño noté que esta estaba apoyada, sabiendo que yo la cerré por seguridad, algo que me causó rareza, pero por, sobre todo más calentura. Era obvio, me espió y lo que estaba por notar termina de confirmar mis sospechas. Salí del baño y no vi a nadie cerca, grité su nombre evitando rondar por la casa. Cuando llegó noté que estaba agitado y sin camisa. Mis dudas eran casi ciertas.

    -Terminé, gracias por la ayuda.

    -No por favor, un placer. Somos vecinos, nada que agradecer.

    Salí al instante que abrió la puerta y lo saludé con la mano y una sonrisa ladina.

    El día pasó de lo más normal, todavía sin noticias de la vuelta del agua, pero bueno, los pensamientos hacían pasar el tiempo, pensamientos a flor de piel imaginando que hubiera pasado si lo descubría pajeándose. La noche llegó, mis padres salieron y mi hermano no estaba así que estando sola pedí comida. Me dispuse a cenar cuando se cortó la luz. Era lo que faltaba para coronar el día. Busqué y encendí unas velas en la mesa así iluminaba la mesa mientras cenaba. No me terminé de sentar que suena el timbre, bajé a abrir, era Robert.

    -Rocío, quería saber si a ti también se te había ido la luz, pero bueno, veo que sí.

    -Sí sí, estoy igual. – Exclamé algo nerviosa.

    Se quedó mudo, no me decía nada y a mí no me salía palabra alguna. Lo único que aumentaba era la tensión entre ambos. Se acercó, no me dejó pensar que ya tenía sus labios rozando los míos. Continué el beso sin dudarlo, Rodeó mi cintura y caminando casi sin ver hacia adentro, cerró la puerta tras él. No sé si fue raciocinio o me querían ganar los nervios, pero me alejé de él casi de golpe.

    – ¿Qué estamos haciendo? – Murmuré mirándolo fijamente tomando sus manos para alejarlas de mi cintura. Él aprovechó ese movimiento para entrelazar nuestras manos.

    -Es el momento justo, si no aprovechamos ahora ¿Cuándo? Aparte ambos sabemos lo que pasó en casa.

    -No es lo mismo, creo. – Dije dubitativa. Volvió de nuevo a mi boca, me besó más apasionadamente, yo le seguí el juego. Saqué su camisa, botón por botón, Robert llevó su boca a mi cuello, yo acariciando su pecho disfrutaba de aquello.

    -Subamos. – Susurré tomando su mano como para indiciarle el lugar.

    Nos metimos en la habitación, no hubo dudas de nada. Sacó mi remera, en casa no uso brasier nunca por ende mis tetas se liberaron, las tomó una con cada mano, puso su boca en mis pezones, los succionaba, me los mordía, escupía y chupaba con intensidad, tan así que no tarde nada en humedecerme.

    -No pares por favor. – Llegué a decir cuando ya lo tenía encima de mi cara comiéndome la boca de nuevo. Aprovechando la posición desabroché su pantalón y lo bajé junto con su bóxer, mi mano se dirigió a su miembro erecto la cual empecé a masturbarla con intensidad.

    -Arrodíllate y abrí la boca. – Dijo sin darme mucho espacio a dudar, apenas lo hice ensartó su verga en mi boca haciendo que me dé una arcada por tal movimiento.

    – ¡Sí bebé, así, sigue! – Volvió a meterla, pero esta vez tenía tapada mi nariz. No me dejaba respirar, el mete y saca era intenso, pero lo disfrutaba cual puta. Me levanté y ahora fui yo la que fue directo a su cuello a besarlo. Me volvía loca en todos los sentidos. Me concentré en besar desde su oreja hasta su pecho pasando por lo largo de su cuello. Mientras él sacaba mi short dejándome en una diminuta tanga.

    -Como deseaba verte así pendeja, toda para mí. Ese culo para mí.

    Aproveché y puse mi culo en pompa dándole mejor visión de él. De la nada di un grito cuando noté su mano chocar contra mi trasero. Empezó a magrearlo, lo mordía y lamía. Hizo a un lado mi ropa interior y acercó su rostro empezando un cunnilingus desaforado desde mi concha hasta el agujero de mi culo.

    -Ufff, no pares. ¡Que rico! – Exclamé mientras hacía presión sobre su rostro para intensificar sus lamidas. Escupió mi trasero y metió, sin más, un dedo dentro. Mi cuerpo lo rechazó, pero Robert no lo sacó, al contrario, aumentó el movimiento. Yo gemía de placer mezclado con dolor, pero se compensaba con las lamidas en la concha. Otra palmada sonó en mi culo mientras seguía penetrando el dedo dentro de mí.

    -Agarra esa caja. – Dije señalando con una pícara sonrisa.

    Fue hasta ella y la abrió.

    – ¡Si serás trola! Así que este era el motivo por el cual te escuchaba gemir todo este tiempo. No te creas que no se escuchaba. – Largué una pequeña risa y esperé cual sumisa en la cama esperando que reaccionara.

    Tomó el lubricante y colocó un poco en un plug anal y en mi ano. Metió este de un solo movimiento. Largué un suspiro mientras movía mis nalgas haciendo que el dildo se termine de meter por completo. Robert acercó su pija a mi boca, comencé a chupársela toda. Pasé un buen rato disfrutando cada centímetro de ella. Le comía los huevos hasta que se desesperaba y me la enterraba hasta la garganta.

    -Despacio, despacio que me vas a hacer acabar. – Me tomó del pelo y me separó de su pija.

    – ¿Te gusta no? Deseabas esto trolita. – Me estampó un cachetazo en la cara y dio la vuelta para llegar a mi concha. Escupió su mano y la pasó por todo lo largo de mi vagina, se acercó y clavó su pene de una sola estocada.

    -¡Ahhh si así! – La mezcla de placeres al tener mis dos agujeros llenos eran demasiado. Tomó la punta del plug y giraba este dentro.

    Era tanto que le avise que iba a correrme en cualquier momento. Al notarlo comenzó con una fuerte embestida mientras penetraba a tope el plug y con su dedo manoseaba mi clítoris. No aguanté más, largué cuatro chorros largos de squirt entre gritos de placer. Mi cuerpo temblaba, quedé desvanecida en la cama. Robert sacó el dildo de mi culo y separó las nalgas para ver cómo estaba dilatado. Sin dudarlo metió su verga de golpe, entró sin problemas, pero dolía.

    – ¡No te muevas que duele! – Gemí apretando las sábanas con mis manos.

    -Calladita que acá las cosas las hago yo. – Dijo presionando mi cabeza contra la cama empezando un lento vaivén.

    Entre gemidos sentía como mi esfínter se abría, el dolor empezaba a mezclarse con placer. No tardó mucho más en convertir todo en un éxtasis de deseo total.

    Siguió dándome mientras azotaba mi culo. Notó que estaba por llegar al clímax por eso me indicó que me ponga boca arriba, se acercó y volvió a penetrarme el culo dedicándose también a masajear mi clítoris.

    -Me encanta como me coges, seguí. – Gemí como una loca cuando penetraba mi orto y mi concha intercalando cada vez. Se recostó sobre mi dejando su pija dentro de mi concha para poder jugar con mis tetas de nuevo. Amaba que se concentre en mis pezones. Le daba pequeños pellizcos, los lamía y mamaba.

    De repente empezó a moverse rápidamente, apoyó las manos en la cama, una a cada lado de mi rostro y comenzó a dar fuertes embestidas, yo sentía como iba a venirme de nuevo, no le di indicio de nada, deseaba mojarle su pija con mis jugos, Robert seguía penetrándome con rudeza, yo al notar como salían mis primeras gotas cerré los ojos.

    -No no no, no apartes la vista que deseo ver cómo me miras con esa carita cachonda. – Exclamó agitado notando como sus gemidos aumentaban.

    – ¡Acabo Rocío, me vengo! – Sentí como su semen caliente inundaba mi concha, no aguanté y me vine junto con él.

    Robert quedó recostado encima de mi pecho, ambos recuperando el aire. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al sentir como su pija salía sola de mi concha. Se levantó y se acercó a mi rostro, se la chupé saboreando la mezcla de nuestros jugos. Volvió a recostarse al lado mío, de la brutalidad pasó al cariño absoluto. Acariciando mi pelo mientras me miraba de reojo, exclamó.

    – No sabes lo que deseaba esto, pero más el hecho de pasar tiempo contigo. Me gustas.

    Me tomó por sorpresa sus palabras, me acerqué y le di un cálido beso en los labios. Desde ese día no hizo falta volver a esconderse porque desde ese día, separarse nunca fue una opción.

  • Espero que lo podamos repetir pronto cuñada hermosa

    Espero que lo podamos repetir pronto cuñada hermosa

    Ahí estaba yo, sentado en la sala de la casa cuando se levantó mi cuñada y se dispuso a bañarse tomo su ropa, la toalla y entro a la regadera, así sin más había decidido quedarse a pasar la noche con nosotros, no hace mucho que me comencé a sentir atraído por ella, estaba pasada de peso y comenzó a hacer mucho ejercicio y dietas, debo de confesar que sus esfuerzas habían valido la pena, ahora se veía más atractiva y ya me llamaba la atención. Seguí jugando X box, terminó su baño y regreso a la sala, nada nuevo una playera vieja azul oscuro encima, un pants decolorado y unas sandalias que dejaban ver sus pies blancos, ella trabaja parada todo el día por lo que usualmente estaban hinchado, era sábado por lo que se veían naturales, delgados unas uñas bien recortadas era lo más excitante de su atuendo.

    Mi esposa y ella se sentaron a la mesa mientras yo preparaba la bebida, en ese momento voltee y la vi jugando con su sandalia, colgando de sus dedos y me excitó bastante el vaivén de su pie, en ese momento algo en mi se desconectó, no podía creer lo excitado que estaba, subí al cuarto rápidamente y tomé 4 pastillas entre mis manos, regresé y las puse en la licuadora junto con todo lo demás licue y estaba lista la mezcla, los puse en sus respectivos vasos y volví a la sala a terminar mi videojuego, mi corazón latía a mil por hora.

    No sé cuánto tiempo paso, pero empecé a escuchar a mi cuñada bostezar, era aún temprano, alrededor de las 8 de la noche, pero se escuchaba bastante agotada, minutos después se despidió y se fue a la recamara, mi esposa aunque cansada seguía en la sala, de repente no hubo más ruido la casa estaba muerta, le hablé a mi esposa que no me hizo caso, le moví el brazo y nada, el efecto había comenzado, con nervios fui a la recamara y vi a la entrada la cama en dónde estaba mi cuñada, era una noche calurosa por lo que no se había tapado, lo primero que vi fueron sus pies desnudos, solo para mi…

    Mi corazón latía como loco en mi cabeza aún estaba un poco de cordura que me pedía detenerme, me senté a su lado y por instinto jale el elástico de su pants, ahí vi su calzón parecía una tanga y me sorprendí al pensar “mi cuñada usa tanga” no había vuelta atrás baje el pants para verlo y para mi desgracia era un bikini, me sentía mareado de los nervios, tanta excitación era demasiado para mis huevos que estaban llenos de semen deseoso de salir, bajé su bikini y ahí me encontré con su vagina, rasurada, cerradita, morena unos labios delgados, pero apetecibles.

    Le abrí sus labios e intente meter mi dedo en su vagina, estaba estrecha aún seca, así es que saque mi dedo y lo lamí para que lubricara un poco, volvió a buscar su camino en mi cuñada, ahora empezaba a ceder, caliente por dentro palpe todo su interior me encantó, saqué mi teléfono de mi pantalón y le tomé algunas fotos de su vagina, cerrada, con sus labios abiertos, saqué su clítoris de su capullo.

    Yo estaba perdido, en ese momento no era yo, sólo quería hacerla mía, de repente movió su mano hacia su vagina y me espanté, saque mi dedo de su interior y me retiré un poco, al parecer sólo se había movido, pero estando de pie me di cuenta que sus caderas son muy anchas, recostada podía ver lo bien proporcionada que se encuentra los nervios eran demasiado así es que subí su ropa interior y el pants y me retiré nuevamente a la sala, excitado, espantado me coloqué frente al televisor tratando de digerir lo que había hecho.

    Empecé a recorrer en mi cabeza todo lo que había hecho y me comencé a excitar nuevamente. Me empecé a masturbar, pero no era suficiente, sabía que era mi oportunidad y que necesitaba aprovecharla. Le hablé nuevamente a mi esposa que continuaba en la sala y no había señales de movimiento, estaba bien dormida, por lo que regresé al cuarto y la volví a encontrar, ahora se había girado un poco de lado y me recibieron sus pies y sus nalgas a la vista, baje el pants y empecé a acariciarlas, eran tan suaves, no dude más y le quité por completo el pants y los calzones, ahí tomé uno de sus pies y empecé a lamerlo, empecé por su dedo gordo, lo metí en mi boca mi lengua recorría su uña, en medio de su dedo estaba ebrio de deseo, tomé el otro pie e hice lo mismo ambos pies estaban tan suaves, olían delicioso, por lo que baje mi propio pants y saqué mi pene, lo puse en medio de sus pies y me masturbé con ellos.

    Era fantástico, desde ahí podía ver sus muslos, su vagina, su cara y entonces vi sus senos, no son grandes, pero quería saber que había debajo de esa playera vieja pase mi lengua por su vagina mientras buscaba con ansias llegar a sus tetas, metí mis manos y me encontré con un sostén que por fortuna se desabrochaba por enfrente, lo zafé y empecé a masajear esas tetas, redondas con unos pezones oscuros grandes que empezaron a tomar forma al sentir mis caricias, los pellizcaba, jalaba, le daba unos pequeños golpes.

    La posición en la que me encontraba no era la mejor, así es que me coloqué entre sus piernas y empecé a mamar esas deliciosas tetas, parecía yo un bebe mamando de esas deliciosas tetas, mi pene estaba a la altura de su vagina, no la penetraba, pero se sentía caliente suave, que delicia de cuñada tengo, dejé en paz un poco sus tetas y subí a su oreja, le daba unos besos, le empecé a decir cosas al oído, le decía que la deseaba, que habían sido muchos años desde que me masturbaba con su ropa interior usada cuando iba a su casa, hasta el día que por fin la haría mía, le dije que lo disfrutara como yo lo haría, sin darme cuenta no sé si fue mi líquido seminal o su cuerpo que había reaccionada a las mamadas de tetas que su vagina estaba empapada.

    En un momento que regresé a su pezón derecho mi pene se deslizó y pude sentir la entrada, no dudé y lo introduje en efecto estaba muy estrecha pero ahora con la lubricación mi pene tenía acceso, me enfoqué ahora en sentir con mi glande, seguí introduciéndolo despacio sólo un poco lo sacaba, volvía a entrar, estaba realmente disfrutándola, mis piernas ya estaban agotadas por la posición en la que estábamos por lo que me puse de pie y jalé su cuerpo a la orilla, coloque sus piernas en mis hombros y volví al ataque, en esta ocasión no hubo contemplaciones, se lo introduje hasta el fondo sin piedad y fue algo genial, ya estaba muy excitado por lo que la hora de eyacular no tardaría.

    Tomé uno de sus pies y empecé a lamerlo nuevamente, ahora sabía salado, ese sabor ya lo he probado es mi semen probablemente mientras me masturbaba con ellos algo habría caído en ellos, estaba a punto de eyacular y yo sin protección, apreté y salí rápidamente, por lo que me moví a la cabecera y me empecé a masturbar en su cara, unos segundos después mis testículos explotaron y su rostro quedo lleno de mí, había saciado mis ganas y con mi cuñada, ya comenzando a estar flácido ya había pasado cualquier barrera, nada más podría hacerlo peor, volví a tomar mi pene y lo pasé por sus labios, me lo vas a tener que limpiar ahora.

    Seguí jugando en su boca hasta que por instinto abrió sus labios y empecé a limpiar, estuvo algunos minutos hasta que la posición se tornó incomoda y decidí que era suficiente, era hora de dejar todo lo más normal posible, por lo que comencé con su sostén, era aún más complicado volverlo a colocar, bajé su playera y por la parte de arriba todo estaba normal, era hora de buscar sus calzones, entre todo el acto los había perdido, no encontraba ni el pants ni sus calzones, revolví las cobijas y nada, yo con nervios otra vez al mil, cuando de repente tropecé con ellos, separé sus calzones del pants y le di una última limpiada a mi pene con ellos antes de colocarlos, moverla era difícil su cuerpo estaba pesado, pero después de varios intentos logré colocar todo en su lugar.

    Salí y sólo me despedí diciéndole:

    “Espero que lo podamos repetir pronto cuñada hermosa…”

  • El despertar de Marga

    El despertar de Marga

    Marga había pasado su pubertad y parte de su adolescencia como el patito feo de su pandilla de amigas. En comparación con Genia, la auténtica belleza del grupo, una morenaza de precoz desarrollo, y Pili, una chica con un magnetismo sexual indiscutible además de su carisma y liderazgo. Ahora, recién cumplidos los 18 años, Marga ha evolucionado hasta convertirse en una chica espectacular. Ya no lleva ni corrector dental ni gafas y su pelo ya no está cardado. Se ha convertido en un bombón rubio de rasgos felinos y belleza nórdica.

    Lleva medio año con David, un compañero de facultad, con quien forma una pareja principesca. Parecen sacados de una serie de adolescentes americana. Los chicos más populares del “insti”. Él es alto, guapo, educado y está totalmente enamorado de ella. Suelen salir con los amigos de la pandilla de ella pero siempre se mueven juntos, comiéndose a besos. Se miran, sonríen y se besan. El resto de amigos no dejaban pasar la oportunidad para hacer comentarios y bromas sobre su relación tan empalagosa.

    David, un par de años mayor que Marga, la había desvirgado. Una noche que salieron de copas, se encontraban especialmente cariñosos. Se excusaron ante sus amigos con una coartada improvisada que nadie creyó y se marcharon en coche hacia el parking de un centro comercial. Allí, en el asiento trasero de un Seat León, se estuvieron comiendo a besos mientras la pasión les llevaba a desnudarse mutuamente. David se lanzó a comerle las preciosas tetas a su chica. Tenían un buen tamaño y su aureola y pezón formaban un conjunto rosado que el chico succionaba con pasión desmedida. Marga gemía agarrada al cuello de su chico dejándose hacer.

    Sobre el regazo de David notaba como el bulto que crecía en el bóxer golpeaba de manera sensual sobre su tanga, ya empapado por sus flujos. Sentía como su clítoris palpitaba y como latía su vagina ardiente:

    -Házmelo, David.

    Por fin el chico oyó lo que llevaba tanto tiempo esperando. Que su novia de 18 años accediese a tener sexo con él. No habían pasado de besos y tocamientos por encima de la ropa. Alguna vez, de manera esporádica, ella se había dejado sobar las tetas por dentro del sujetador. Y lo más cercano al sexo había sido una semana antes cuando Marga se dejó masturbar permitiendo a David introducir la mano por dentro de su pantalón para masajear su clítoris con el dedo. Pero hoy, por fin, David se la iba a follar. Y sería el primero en su vida.

    Marga se levantó un poco para permitir a David bajarse el bóxer y liberar su polla. A la chica le pareció enorme. Era de una textura suave pero con las venas marcadas. Estaba coronada con un glande gordo de color violáceo en forma de bola que apuntaba al techo del coche. David se colocó un condón para evitar sustos y ella se retiró a un lado el tanga y fue bajando sobre aquel ariete ardiente. Sus labios vaginales se abrieron al paso del capullo hasta que topó con su virginidad.

    Intentó seguir profundizando pero sentía un dolor agudo que le impedía la operación. David la besaba para tranquilizarla pero la operación parecía imposible. El chico la tumbó en el asiento y se colocó sobre ella. Marga, con las piernas abiertas, se sentía más expuesta pero más cómoda. Su novio apuntó la punta de su polla hacia la entrada de su vagina y comenzó a presionar. La estrechez de aquel coño y el calor que desprendía le resultaban tremendamente excitantes. Marga le pedía que parase ante el dolor que le producía hasta que sintió como el miembro de su novio la penetraba hasta el fondo de su vagina. Acababa romperse su himen perdiendo con él su virginidad.

    Desde ese día, y durante los siguientes meses, follaron muchas veces. A Marga le seguía doliendo al inicio pero a medida que su coño se lubricaba con abundante flujo la sensación de ser penetrada era algo que la volvía loca.

    Durante los siguientes meses Marga y David lo hacían casi todos los días, cada vez que tenían una posibilidad follaban como conejos. Marga estaba encantada con la polla de David. Y su libido estaba a unos niveles nunca conocidos.

    En el mes de agosto, Marga quedó son sus amigas para ir de camping a Benidorm. David quedó un poco triste porque él se quedaría en Madrid, y es que aquello era una quedada entre amigas. La despedida fue tan sexual como los últimos meses.

    En el camping, las cuatro amigas se dispusieron a montar sus tiendas cuando fueron visitadas por cinco chicos, tres italianos y dos norteamericanos. Desde el principio, Genia y Pili, tenían claro que entre los planes de ese fin de semana estaba ligar con chicos. Algo que no se planteaba Marga, tan enamorada de David como estaba. Pero la atracción con Sam, un chico de raza negra, fue casi instantánea.

    El tipo tenía un cuerpo de escándalo. Universitario y jugador de baloncesto, su musculatura no tenía nada que ver con la de los chicos que ellas conocían. Sam superaba el metro noventa y cinco, con el pelo muy corto, de rasgos marcados y muy guapo. A Marga le pareció que podría ser modelo. El contraste de piel de ambos hacen que formen la pareja perfecta.

    El resto de la tarde la pasaron en la playa, jugando al vóley, tomando el sol, riendo y hablando y haciéndose entender con el conocimiento básico de los idiomas de los otros. Volvieron a quedar en un chiringuito por la noche para tomar unas copas.

    Las amigas llegaron al lugar donde han quedado con los chicos. Venían todas vestidas con ligeros vestidos de colores claros que realzan el bronceado que les ha provocado la tarde en la playa. El lugar era un chiringuito muy grande con un suelo de madera. Tenía un pequeño escenario donde una banda aficionada versionaba muy buena música de Dire Straitrs, The Eagles, U2. Entre caipirinhas, risas y bailes van pasando las horas y se van volviendo más cariñosos todos.

    Transcurridas un par de horas decidieron ir a la arena de la playa. Es una preciosa noche estrellada, donde el rumor de las olas rompiendo en la orilla y la música de la banda del chiringuito a lo lejos, acompañaba a los nueve jóvenes. Una vez allí, nadie sabe de dónde, uno de los italianos saca una guitarra y comienzan a tocar. Otro trae unas botellas de Jack Daniels y sirve chupitos para todos.

    Poco a poco el grupo se va separando mientras desde el bar de la playa llegan las notas de Sweet child o´mine quedando unido para siempre en la memoria de las chicas el tema de Axel Roses a este inolvidable momento de disfrute. Los primeros en irse son Marga y Sam. Cogidos de la mano se alejan descalzos por la orilla hacia unas dunas.

    La noche es calurosa y en un estado de semi embriaguez, deciden desnudarse y darse un baño en la playa. Dentro del agua, la pareja se abraza y se besa apasionadamente. El miembro de Sam comienza a alcanzar un tamaño mucho mayor que el de su novio David. La erección del chico es impresionante y Marga la siente sobre su abdomen. Caliente, dura, deseable.

    Deciden volver a la duna y sobre una toalla se tumban ambos. El chico recorre con su boca la nacarada piel de Marga que suspira notando el aliento de Sam sobre su cuerpo. Se besan. Ella le agarra por la nuca y aprieta su cabeza contra la suya. Él acaricia, con su mano, las tetas de ella que reaccionan endureciendo sus pezones rosados. Sam los busca y los muerde arrancando de Marga un gemido de placer. La chica busca con su mano el miembro erecto de Sam. Le resulta inabarcable y se excita.

    Sam se incorpora sobre sus rodillas y Marga acerca su boca a la polla. Es descomunal. Le pasa la lengua desde la base hasta un capullo increíblemente gordo. Siente como su coño se inunda de flujos al pensar que la de David parece la de un niño. Abre la boca todo lo que puede y trata de engullir aquel trozo de carne dura. Es como una barra incandescente. El chico le acaricia la cabeza mientras se deleita con el bello cuerpo de la chica desnuda. Marga hace un sobre esfuerzo hasta conseguir que el glande del americano entre en su boca pero es incapaz de metérsela entera pero sabe que le está dando placer. Sam alaba en inglés la mamada que le está dando ella.

    El hombre la para y la coloca boca arriba. Se tumba sobre ella y acerca su polla a la entrada de la vagina de Marga. Los labios laten deseoso de abrazar aquel trozo de carne. Su vagina lubrica de manera exagerada ante la excitación de poder engullir semejante “big coock” como dicen los americanos. Y es que, en toda su vida volverá a catar un pollón tan grande como el de Sam. Marga está desatada. Quiere ser penetrada por aquel guapo americano dotado de manera casi animal por la naturaleza.

    Sobre ella, Sam le da un puntazo fuerte y le clava media polla. Marga grita de dolor que se oye hasta el chiringuito. Sus amigas deben estar follando también. Un nuevo puntazo del chico y le incrusta la polla al fondo de la vagina. Sus labios se dilatan de manera excesiva para dar cabida a aquel intruso negro y cabezón. Marga siente un dolor agudo en su cuello uterino que recorre por su espina dorsal para estampar en su cerebro y convertirse en un placer inmenso.

    Abierta de piernas, abraza con ellas a Sam que se mueve cada vez más rápido sobre ella. Le está pegando la follada de su vida. Su respiración suena entrecortada y Marga grita desesperadamente por el placer que siente:

    -Dame fuerte cabrón. Reviéntame el coño, joder.

    -Fuck, fuck, fuck.

    El despliegue físico del chico americano en esta sesión sexual deja a Marga asombrada. Sale de ella y la coloca a cuatro patas. La agarra por la cadera y sin avisarla le vuelve a clavar la polla hasta dentro. Ella nota como los cojones de Sam hacen de tope a para que la polla no se entre más de la cuenta, cosa que la partiría literalmente, piensa Marga en un estado de excitación irrepetible. Ella ha colocado la cabeza sobre la toalla ofreciéndole a él una exposición mayor.

    Marga no deja de gritar. Aquellos gemidos que emite cuando folla con su novio se quedan cortos para el placer que le está dando este recién conocido amante de polla descomunal. Por momentos cree que su coño nunca volverá a un tamaño normal. Y es que se siente totalmente dilatada y su conducto vaginal ha tenido que dar de sí para acoger el increíble grosor del pene de Sam.

    Ha perdido la noción del tiempo, ahogada en tanto placer, cuando Sam anuncia que se va a correr. Para entonces ella ha disfrutado de dos orgasmos increíbles. El tercero llega cuando nota que el semen de Sam inunda su coño. El tipo sigue bombeando haciendo que la lefa caliente se salga entre el poco espacio que queda entre sus labios y la polla. Ella nota como resbala por sus muslos. La cantidad de leche que tiene en sus entrañas es una barbaridad.

    Cuando Sam sale de su interior la sensación de vacío es incómoda. Su coño trata de volver a un tamaño lógico una vez se ha dilatado en exceso. La leche caliente del chico sigue saliendo de su interior. Ambos están ahora tumbados. El alcohol y el polvo hacen que la pareja caiga en un profundo sueño.

    Sobre las 7 de la mañana se reúnen todos en torno al chiringuito para volver al camping. Los chicos se despiden de ellas ya que se tienen que volver a casa. Ellas duermen en sus tiendas hasta tarde. Poco a poco, las cuatro amigas se van levantando con una sensación de satisfacción y placer que les dibuja una amplia sonrisa en sus caras. Tras coger unos bocatas se van a la playa. Resacosas por los excesos de la noche anterior tienen la intención de pasar lo que resta del día tumbadas al sol comentando los detalles de la orgía nocturna.

    Marga se siente mal. Primero por haberle fallado a David, su novio. Y después porque en medio del calentón se le olvidó por completo usar protección y Sam se corrió dentro de su coño.

    A su vuelta a Madrid, queda con David y corta con él. No entra en detalles pero le dice que hay otra persona. El chico no comprende nada y pide explicaciones pero Marga no quiere hacerle más daños con unos detalles que hundirían su autoestima para siempre. Aunque sigue temiendo que haya podido quedar embarazada.

  • Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (2)

    Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (2)

    El pequeño coche que tenía funcionaba de maravilla, eso sí, estaba algo destartalado, pero bueno, perfecto para un joven con el carnet recién sacado. Nunca le había fallado, pero cada vez que se montaba temía por ello, era algo innato, escuchar el motor le hacía suspirar de alivio. Con dos puertas delanteras, sin aire acondicionado y con las maletas ocupando tanto los asientos traseros como el maletero, comenzaron su aventura.

    —Gracias, hijo, no es que me quisiera ir, pero no quería aprovecharme de la hospitalidad de tus padres más tiempo, ¿tú me entiendes a qué sí?

    —Que menos tía.

    —Me haces un gran favor, si quieres estos días te puedes quedar en casa, no hace falta que estés solo donde la abuela, así no tienes que hacerte la comida.

    —No te preocupes, me encuentro bien solo, muchas veces… incluso lo prefiero.

    —Ya, pero… no me vas a dejar sola a mí ¿verdad?

    —Eso es jugar sucio. —Sergio rio de la misma forma que su tía y añadió— No sé, ya veré, tenemos tiempo de pensarlo son 6 horas de viaje. Bueno, y… no te asustes, pero es la primera vez que hago un viaje tan largo.

    —Que bien, morir en la carretera, mi sueño hecho realidad. —esas gracias con un tono de sarcasmo a Sergio le encantaban y no entendía por qué a los demás no.

    —¿Qué tal están mis primas?

    —Pues abandonando a su madre y con sus futuros maridos, haciendo sus futuras vidas. Ya tengo ganas de que alguna se decida a darme un nieto para cuidarle y que alguien me quiera.

    —Con la suerte que tienes te van a tocar todo nietas. Admítelo tía, voy a ser al único que puedas malcriar —por supuesto Carmen rio.

    —Ay, mi niño… siempre me ha dado pena tenerte tan lejos, pero bueno por lo menos nos vemos a menudo.

    —Me gustaría que nos viéramos más, aunque sí, así es la vida, que se le va a hacer. ¿El tío que está haciendo?

    —Yo qué sé, cariño —con un tono de que el tema le aburría— sus negocios insoportables. Va a comprar algo por allí, no sé si para la empresa u otra empresa, sinceramente Sergio, ni lo sé, ni me importa. De lo que tengo ganas es que venda su dichoso negocio o se lo traspase a nuestras hijas y vivir lo que queda sin preocupaciones.

    —Tiene que absorber mucho tiempo.

    —Y vida, cariño y ¡VIDA!, eso es lo más importante.

    —¿Por qué lo dices? —a Sergio le picó la curiosidad.

    —Al final —resopló para seguir diciendo— piénsalo, estos viajes suceden a menudo, y ha sido así toda la vida. Por suerte, ahora es menos habitual, pero he pasado mucho tiempo sola y quieras que no, una quiere a su marido cerca, así me puedo quejar de él, ¿o no? —Sergio la sonrió como contestación.

    —Sé de lo que hablas… bueno no, porque no estoy casado y no me ha pasado, pero te entiendo —Carmen sonrió agradecida ante su comprensión.

    —Tú, ¿qué tal con la chica que estabas?

    —Ya no estamos…

    —Vaya, —llevándose una mano a la boca— no lo sabía, tu madre no me ha dicho nada, y ¿fue hace mucho?

    —Hace más o menos medio año.

    —Entonces no te me vas a poner a llorar como una madalena, ¿o sí? —no esperó una respuesta, solo observó la mueca de su sobrino y añadió de forma más seria— ¿qué tal estas?

    —Bueno, podría estar mejor. A ti es la única que no me gusta mentir, Carmen, estoy mal, pero no voy a llorar. —la miró demostrándole sinceridad y luego pensó en que era la primera vez que lo hablaba abiertamente con alguien— Me dejó después de 3 años. ¡Por su ex! Que hacía 3 o 4 años que no lo veía —no pudo evitar sonreír de la incredulidad— ¡Es que es acojonante!

    —¡Qué me dices! O sea que va y deja a mi sobrino —enfatizando el MI— ¿por uno que hace 4 años que no ve? Esa chica ni era la adecuada, ni sabe lo que ha perdido.

    —Es que no me lo podía creer. A ver tía, es que eso es ser un poquito cabrona… y lo peor es que cuando estaba conmigo, ¿qué pensaba en él?

    —Mejor que no te hagas ese tipo de preguntas, porque no te van a solucionar nada. Ahora toca abrir las ventanas y que entre aire fresco a tu vida.

    —Ojalá. A ver en el pueblo si me puedo olvidar un poco del tema. Aunque todavía la tengo en el Facebook y eso ya sabes… me cuesta quitarla.

    —¿Qué la tienes, para ver su foto y recordarla?

    —Es difícil de explicar tía.

    —¿Esperas volver con ella? —Carmen estaba más que interesada.

    —¡No! —Sergio casi indignado.

    Carmen cogió el móvil de su sobrino que estaba al lado de la palanca de cambios.

    —Pon el dedo.

    —Que vas… —lo puso sin pensar y sin darse cuenta de las intenciones de esta, aunque en su subconsciente, sabía lo que ocurriría— no tía, a ver espera…

    —Calla anda. —Después de un minuto, le volvió a decir— Ya está eliminada, solucionado. Ahora ¿de qué quieres hablar?

    Sergio no pudo más que abrir los ojos por lo ocurrido. Se sintió tan sorprendido que no daba crédito, pero más todavía por la sensación de paz que recorría su cuerpo al no tener más a aquella mujer en su vida. Sabía que lo tendría que haber hecho el mismo mucho antes, sin embargo no había podido, quizá su problema era que no quería admitir que la relación había terminado. Aun así, el fino dedo de su tía había sido la salvación y ahora, se sentía mucho mejor.

    —Pues ni idea, pero… gracias, tía, me has quitado un peso de encima, alucinante. ¡Qué tonto soy!

    —Cambiemos de tema, así no lo piensas. Cuéntame, ¿qué tal esta mi hermana?, la he visto algo delgada.

    —Sí, está más delgada, todo es por el estrés, ¿ya sabes lo de la empresa de papá? —ella asintió— Esperamos que no. Pero el tema de los despidos está en el aire y no saben si le va a tocar. Además, yo estoy en la universidad… otro gasto y mi hermana… cada vez es más estúpida.

    —No hables así de tu hermana —sonó en el mismo tono recriminador de su madre.

    —Ya… es que está en una edad malísima, insoportable tía. No obstante tienes razón, no debería meterme con ella. —Recordando el tema principal añadió— Volviendo a mamá, lo que pasa que está agobiada, intento ayudar como puedo… he estado trabajando a la par que estudio. No creo que tengamos problemas con el dinero, pero ya sabes cómo es, se preocupa mucho.

    —Sabes que a nosotros, nos va bien. Si a tu padre le pasa algo y necesitase dinero, le daría lo que me pidiera.

    —Ya sabes que no te lo pedirá jamás —contestó rápido Sergio— es muy orgullosa, creo que eso lo heredé de ella, aun así no creo que haga falta, tía, de verdad.

    —Tú eres mi espía en la casa, si pasa algo grave me llamas sin dudar y os presto nuestra ayuda. Os quiero muchísimo y no puedo permitir que estéis mal, sois mi familia.

    —Lo sé tía, pero de verdad no le des vueltas, todo se solucionará tarde o temprano, lo único que quiero, es que mamá esté más feliz y ya.

    Por un momento, cesó la conversación entre ambos y dejaron que la música que sonaba en la radio les tomara el relevo, mientras el sol iba desapareciendo entre las montañas.

    —¿Has conducido alguna vez de noche? —su tía estaba intrigada.

    —¿Un trayecto largo? Nunca.

    —¿Estás seguro de hacerlo? Aún quedan unas horas de carretera.

    —Sí, claro que sí… —su confianza decaía según contestaba— bueno… supongo ¿no?, no tengo sueño… pero… me has metido la duda.

    La hora de viaje se había cumplido, quizá Sergio se encontraba fresco en ese momento, pero la incertidumbre sobre cómo serían las horas restantes afloraron en él. Carmen sacó el móvil mientras negaba con la cabeza, comenzando a hacer una búsqueda rápida.

    —No nos la vamos a jugar. Me he vestido para hacer un viaje, no para morir. En veinte minutos pone que hay un buen hotel, paramos y dormimos. Prefiero llegar mañana a la mañana que no llegar.

    —Como tú digas. Te invito que ha sido culpa mía. Creo que me he venido un poco arriba saliendo a la tarde.

    —¿Un poco? —Rio al tiempo que el sol desaparecía casi por completo— la verdad, eres testarudo, sí que te pareces a tu madre, aunque también a mí. Pero calla, pago yo.

    Llegaron al hotel en el mismo tiempo que lo indicaba el móvil de la mujer. Según entraron las instalaciones sorprendieron a Sergio dándole la sensación de estar en un lugar lujoso, un sitio “caro”. En recepción les comentaron que solo quedaban dos habitaciones y ambas para matrimonio. La mujer con toda normalidad tomó la palabra.

    —Bien, cualquiera de las dos nos vale, la cosa es descansar.

    Una vez entregadas las llaves en un rapidísimo papeleo por parte de la recepcionista, cogieron el ascensor para subir y poder descansar. Sergio que aún se sentía algo culpable, en un gesto algo tonto de compensación, decidió subir él todas las maletas. Su tía le sonrió añadiendo un único comentario.

    —Algo es algo.

    Según abrieron la puerta, contemplaron lo amplia que era la habitación. Con una parte para ver la televisión en la que había dos sofás y más atrás, la cama enorme al igual que la estancia. Desde allí tumbados y con tranquilidad, podrían ver la televisión sin tener que pasar a la parte de la “sala” como la denominó el joven en su cabeza. Como colofón, Sergio entró en el baño, el cual le pareció tan grande como lo era su propio cuarto, estaba en un hotel lujoso, no cabía duda.

    —Pero, ¿tía donde me has traído? —el joven no podía salir de su asombro.

    —Al primero que me salía con buenas puntuaciones y de calidad, ¿te preparas y bajamos a cenar?

    —Sí, sí, claro.

    Sergio se aseó con presteza en el inmenso baño, para después colocarse el mismo chándal que había llevado toda la hora de conducción. En cambio, Carmen sí que se había preparado mejor y su piel estaba recubierta con unos ropajes parecidos al primer día que cruzó la puerta de su hermana.

    —¡Quietooo hijo! —Le saltó la mujer según le vio salir del baño— ¿cómo vas a bajar así que pareces un pordiosero?

    —¿Qué pasa? —Sergio en realidad no lo comprendía.

    —Sergio, estas ropas están sudadas del viaje, y el pantalón… ¡Si está roto y todo!

    —Pero apenas se ve y además, si vamos a estar sentados.

    —Calla por favor, a ver abre la maleta —dijo su tía acercándose a esta.

    Carmen se paró a revisar toda la maleta por más de cinco minutos en los que Sergio esperaba de pie pacientemente. Pareció que al final la mujer encontró algo de su agrado y se lo lanzó al joven que lo atrapó al vuelo. Era una camisa de cuadros y un pantalón vaquero corto, ahora Sergio sí que se veía con mejor “pinta”.

    Con el permiso y beneplácito de Carmen, bajaron al restaurante que quedaba al lado de recepción. Sergio al entrar, no puedo evitar fijarse en que todos los que estaban cenando, lo hacían en parejas. La luz era muy tenue, muy acogedora, dando un toque de intimidad a cada mesa. Una música suave sonaba de fondo, como si fuera un eco distante que envolvía el ambiente dándole un toque de magnetismo que el muchacho desconocía.

    Uno de los metres les guio entre varias mesas donde tres parejas se susurraban confidencias, roces de mano y miradas penetrantes. Tomaron asiento y el hombre les hablo de la carta de vinos en un tono que apenas se le podía escuchar. Carmen tomó la palabra, ya que Sergio seguía algo hipnotizado por el lugar.

    Con cierta experiencia en lugares de este estilo, la mujer preguntó por varios caldos en concreto, mientras Sergio la observaba sin saber que decía. Después de que el metre le dedicase a su tía una sonrisa con su dentadura perfecta, le preguntó a Sergio lo mismo. El muchacho en cambio, no pudo hacer otra cosa que mantener la boca cerrada y levantar los hombros.

    —Tomará lo mismo que yo —se adelantó Carmen. Cuando el metre se alejó, miró a Sergio para iniciar una conversación— he dado por hecho que si sales de fiesta, bebes vino.

    —Sí, aunque el vino, no es que me guste mucho.

    —Este seguro que sí, ya verás.

    El hombre no tardó en volver, esta vez con las dos copas y una bolsa refrigerante que envolvía el vino solicitado. Con calma derramó el líquido, manchando los vasos levemente para que ambos lo probaran. Le preguntó a Sergio, si era de su agrado, el joven no pudo decir otra cosa que “está bien”. Carmen, en cambio, soltó una frase salida de un concurso de catadores, haciendo referencia al gran sabor afrutado que poseía el brebaje. Antes de marcharse el hombre, mirando directamente a los ojos azules de la mujer y con un tono un tanto adulador, le dijo.

    —La dama, tiene un gran paladar

    Ambos se sonrieron cortésmente y cuando Sergio comprobó que el caballero estaba a una distancia considerable preguntó extrañado.

    —¿Está ligando contigo?

    —No hijo, los metres son así de amables.

    —Pues, a mí no me ha dicho eso… —añadiéndola una sonrisa picarona, ante lo que Carmen solo pudo copiar el anterior gesto de su sobrino y levantar los hombros.

    La velada transcurría de lo más relajada. Los temas eran de lo más variados, aunque el interés de Carmen, como buena tía, se centraba en los estudios de Sergio.

    El metre se acercó una vez terminados los postres, queriendo saber si todo había sido del agrado de los comensales. Sergio fue el primero en hablar y con palabras que su tía le había sugerido que dijera, le soltó.

    —Exquisito manjar. El toque de canela es un acierto, mis felicitaciones al chef.

    —Señora, usted tenía buen paladar para el vino, pero su pareja lo tiene para el dulce —Carmen le volvió a sonreír mientras el hombre retiraba los platos y posteriormente perderse entre las mesas.

    De vuelta a la habitación, mientras pulsaba el botón del tercer piso, Sergio no podía mantener la curiosidad, la respuesta del metre le había descolocado.

    —¿Cuándo me ha llamado pareja… como lo ha dicho?, no sé si me explico. ¿En plan una parte de dos… o pareja, ya sabes, casados, novios…? —Carmen le miró con los ojos abiertos y después, se tapó la boca para poder reírse.

    —Más por lo segundo, cariño. Si te has fijado, estamos en un hotel de parejas, no hay ningún niño y no había más de dos personas por mesa, o sea que es normal que se confunda.

    —Pero, por favor, ¿cómo no pueden ver que soy tu sobrino? Si me sacas muchos años.

    —Oye, ¡¿me estás llamando vieja?! —tratando de poner un rostro de falso enfado.

    —No tía, si tú te cuidas mucho, pero que me sacas casi 30 años.

    —No llegan a 30 mi vida, no me sumes que me da un mal… además, si tú supieras lo que he visto yo… —soltó Carmen al entrar en la habitación.

    —¿Mucha diferencia de edad?

    —Sí, algo como tú y yo sería lo “normal” —haciendo con sus manos un gesto de entrecomillado— hay cosas peores que no se las cree nadie y que están… bueno… por interés. Hay jóvenes, ya sean hombres o mujeres que están con personas que apenas se levantan solas. Pero… ¡¿Sergio?! —se sorprendió de pronto al ver a su sobrino.

    —¿Qué pasa?

    El joven había comenzado a quitarse la ropa delante de su tía. No hacía nada extraño, si lo comparaba con su rutina habitual en casa. La parte de arriba había volado y a su tía solo le dio tiempo a detenerle cuando sus manos desabrochaban el botón del pantalón, atisbándose ligeramente un bóxer a rayas.

    —¡Que te voy a ver todo!, desvístete en el baño. ¿Te has tomado en serio que somos pareja?

    —¡Ah, perdón! No sabía que te molestaba verme, voy al baño —Sergio de forma ingenua, no entendía lo inapropiado de la situación.

    —No, no es eso. Pero chico, quedarte en ropa interior delante de tu tía… pues me ha impactado de primeras —las manos de Carmen se movían algo nerviosas al querer expresarse.

    —Tía, que me has visto durante toda mi vida en bañador, esto es lo mismo. Aunque tranquila, que voy al baño no te preocupes —en su mente resonaba una pregunta “¿Puedes ver a alguien con el bañador más pequeño, pero en ropa interior no?”

    —Cariño, te he visto así, aunque eso es diferente.

    —Ya… —no pudo evitar una mueca de victoria, para después añadir— tienes razón, cuando tengo el bañador, ves más que ahora… —realidad pura y dura.

    —Ya, sin embargo… —sin saber que decir ante aquel argumento— bueno, mira haz lo que quieras, venga ponte el pijama.

    —Duermo sin… —incluso al joven le dio vergüenza decirlo— mi madre me metió uno creo… ¡Aquí esta! Me lo pongo.

    Carmen decidió coger la ropa que había dejado lista de antemano y dirigirse dirección al baño, dándose por vencido y dejando que su sobrino se desvistiera donde quisiera.

    —Ay cariño… si sé que eres tan bobo —usó el tono más dulce del mundo— no me caso contigo, estás atontado. —rio al tiempo que cerraba la puerta y escuchaba a su sobrino contestarle desde el otro lado con ironía.

    —Si tía, un montón…

    Dejó las ropas en el amplio mármol al lado del lavabo, comenzando a desvestirse sin prisa mientras soltaba una leve carcajada al recordar la frase de Sergio, “Con el bañador veía más”. Era cierto, no mentía, pero Carmen tenía otro punto de vista, sabía por la experiencia y los años, que ver a una persona en bañador, puede resultar curioso. Pero ver como alguien se quita la ropa, quedándose como dios le trajo al mundo, no tiene precio, sobre todo en ciertas ocasiones… sexuales.

    Mientras se deshacía de su pantalón y este recorría sus piernas con el agradable tacto de la tela, la pregunta más obvia apareció en su mente, ¿hacia cuánto que no tenía sexo? No lo recordaba.

    A una velocidad sideral, con el reflejo de sus piernas desnudas en el espejo, una imagen pasó su mente. Recreando lo que sus ojos habían visto unos segundos atrás, una figura estilizada apareció, un cuerpo joven y mantenido gracias a los años de la juventud, era la imagen de Sergio.

    Tan solo le hicieron falta unos pocos segundos para mirar en detalle el cuerpo de su sobrino. Sin músculos prominentes, solo marcados seguramente gracias a la delgadez por el deporte que solía hacer. Un joven lleno de energía, que rebosaba vitalidad y buen humor, en verdad su sobrino era un buen partido, no sabía cómo su ex le había podido cambiar por otro.

    Abrió los ojos al pensar de esa forma en su joven acompañante, había crecido, pero “¿tanto?”. Una idea se había construido en su mente incluso antes de entrar en el baño, la tuvo que dejar salir porque le empujaba dentro de la cabeza. “Si yo hubiera tenido de joven uno así…”.

    Antes de recoger la ropa, se vistió con el salto de cama de terciopelo que tanto le gustaba. El suave tacto consiguió erizarle la piel, aunque tenía sus dudas si solamente había sido eso, o también la breve imagen de un cuerpo joven tan cerca de ella.

    Posó los ojos en el espejo admirando su figura, nada mal para los años que gastaba, todavía podría causar deseo, no tenía duda de eso. Sin embargo no podía comprender por qué Pedro no lo veía así. Sin encontrar respuesta, acabó por mover la cabeza a modo de negación, se revolvió el cabello en un gesto de liberación más que por eficacia y se encaminó a la habitación.

    Cuando atravesó la puerta, su sobrino se encontraba entre las sabanas mirando su móvil listo para dormir. Una situación algo atípica, pero dentro de lo que cabía, normal. Había dormido con él cuándo era más pequeño, aunque de eso ya hacía muchos años.

    Sin embargo lo que la descolocó, no fue pensar en compartir la cama con su sobrino, sino en otra cosa. Mientras caminaba con su precioso pijama, notó como los ojos de su sobrino la seguían hasta llegar a su lado de la cama, donde giró la vista para que su tía no se diera cuenta. Quizá aquellas telas fueran algo inapropiadas para dormir con Sergio, pero tampoco había planeado dormir acompañada y con ellas se sentía la mar de cómodas.

    La prenda hacia resaltar su cuerpo y sobre todo, colocaba sus senos de manera que fueran más visibles de lo que habían sido nunca para su sobrino. “¿Quizá como si llevara un bikini?” Carmen no evitó que una sonrisa aflorara en sus labios.

    No sentía vergüenza por su cuerpo, es más, se enorgullecía de mantenerlo tan bien. La mirada de Sergio no se la tomó a mal, incluso le pareció que podía llegar a ser normal, aunque los años pasasen, sentía que todavía era atractiva.

    —Se te van a quemar las neuronas con el móvil —Carmen habló por romper el silencio.

    —Le estoy contando a mi madre que hemos parado.

    La mano de Carmen se estiró para alcanzar un bote de crema de su maleta y con calma, de una forma muy pausada, comenzó a esparcirlo por su cuerpo.

    —¿Qué te echas?

    —Crema para la piel, así se queda más tersa y firme.

    —¿Siempre te la das? —Asintió— pues parece que te funciona, se te ve muy bien. Mira que yo siempre pensaba que esas cremas eran una estafa.

    Había sido algo sutil, quizá Sergio no lo había pensado, pero el simple hecho de decir que las cremas funcionaban le hizo sentir a Carmen que aquello era un piropo. Algo totalmente espontaneo y sin ninguna otra intención, no obstante a la mujer le caló.

    Siempre le había gustado cuidarse y de nuevo, otra pregunta cabalgó por su mente “¿hace cuánto que no me dicen nada bonito?”. Trató de no externalizar lo que sentía, aunque dudó si el sentimiento que le corría por cada poro de piel era felicidad, de esa que tienes que saltar para expulsarla.

    —Vaya… muchas gracias, Sergio —apretó los labios para mantener un estado anímico normal— Pues, sí que funcionan sí, es que sinceramente, no me gusta ser vieja. Suelo echarme todas las noches, tanto en la piel como en la cara.

    —¿Te confieso una cosa? —Preguntó Sergio contemplando la espalda de la mujer que seguía en su tarea—. Eso sí, después haremos como si no hubiera dicho esto en la vida.

    —Como hayas matado a alguien, voy a llamar a la policía, ni lo dudas, te quiero mucho, pero…

    —No tía, es peor… —les encantaba bromear— tienes la piel muy bien, tienes un cuerpo en forma, en general te cuidas muy bien. Siempre me ha parecido que entre mi madre y tú, la joven eres tú.

    —Muchas gracias —lo agradeció de corazón— y… me olvido de lo que has dicho, secreto entre los dos. Pero, una duda, ¿me ves joven a mí, o mayor a Mari?

    —Mi madre también se conserva bien para su edad, será por vuestros genes. Siempre ha tenido un rostro que parece muy joven, bueno… tú también, os parecéis mucho. Pero ya le empiezan a pesar los años, el estrés… algo de culpa tengo en eso… Creo que por eso se ve más mayor, unas buenas vacaciones le vendrían bien. Tú la verdad tía, no parece que tengas tus años. En definitiva que me estoy liando, pareces más joven.

    —¡Sí, eh! Vamos Sergio regálame los oídos, por favor —Sergio notó que la broma seguía, pero en el fondo Carmen quería escuchar todo aquello— ¿cuántos años crees que podría aparentar?

    —Muy pocos, te lo aseguro, entre los noventa y los cien, no aparentas los doscientos que calzas.

    —Serás… —agarró el primer cojín que pudo y soltó varios golpes a su sobrino.

    —No tía, perdón… una bromita nada más. Parece que estuvieras entrando en los cuarenta y pocos.

    —Eso, está mejor… que subida de moral. Llegas a equivocarte y duermes en la ducha.

    Los dos rieron espontáneamente, mientras Carmen pulsaba el mando de la tela para entretenerse un poco. Sergio por su parte parecía derrotado y se tapó para tratar de dormir, haciéndose un ovillo en el lado opuesto donde su tía se encontraba.

    La mujer apagó la televisión unos minutos más tarde, su sobrino se había marchado al mundo de los sueños y no le quería molestar con los chillidos que salían de la caja tonta. Le miró con los mismos ojos que habían heredado tanto su hermana, como su sobrina. Un azul del color del océano tan intenso que te podrían hacer sumergir en un mar sin salida.

    Notaba en su cuerpo cierta felicidad que hacía años que no tenía. Apenas había sido una tarde junto al joven, sin embargo no encontraba el sentido. Siempre era agradable estar con Sergio, nunca dudo de eso, pero aquella tarde, la sensación había crecido de una forma exponencial, sin saber, que todavía le quedaba por crecer. La felicidad que podría esperarle al final de la carretera podría ser inexplicable, aunque lo primero, era dormir.

    CONTINUARÁ.

    ——————

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Candidata a zorra

    Candidata a zorra

    Conforme avanza la noche el viento golpea con mayor virulencia y el frio se hace más intenso también en el interior del coche. Natalia se pone el abrigo y se acurruca haciéndose un ovillo con las piernas encima del asiento trasero. Está tiritando cuando por fin reconoce que ha sido una temeridad salir con semejante temporal. Si no hubiese tenido que esperar el vuelo de su marido habría podido ir en el autobús con todo su equipo, pero antes de iniciar su gira deseaba abrazar una vez más a su esposo, puesto que la campaña les iba a mantener separados por un tiempo.

    Los medios ya alertaban de que el temporal podía ser importante, lo que no esperaba es que fuese tan inclemente como para que la nieve les impidiese la visibilidad y con ello la circulación, por no mencionar el hecho de no llevar cadenas ¿No es cometido del chofer encargarse de eso? Ahora es fácil buscar culpables, piensa, y eso la hace reflexionar. Es cierto que él debería haber previsto llevar un juego de cadenas, pero también la obligación de ella era haber sido precavida y evitar viajar en coche teniendo información como la tenía que amenazaba temporal. Antepuso su primer mitin a la seguridad de ambos y, si iba a gobernar en la comunidad, ¿qué podía esperarse de ella tomando ese tipo de decisiones tan irreflexivas?

    Natalia es cabeza de lista por su partido y candidata a la presidencia y casi todos los sondeos apuntan a ella como clara vencedora para las próximas elecciones, sin embargo ella nunca le ha prestado demasiada importancia a las encuestas porque por experiencia sabe que en el último momento las cosas pueden dar un giro inesperado. Tiene plena confianza en sus opciones como presidenta, sin embargo ahora sus preocupaciones son otras.

    El temporal hace que las retenciones sean de varios kilómetros, y por orden suya, Ahmed coge la primera salida para incorporarse a una comarcal y evitar así el atasco. Al abandonar la autovía desaparece la aglomeración y Natalia respira aliviada porque no hay nadie por la carretera, por lo que posiblemente se puedan incorporar unos kilómetros más adelante. El GPS les indica que sigan por la comarcal, pero con el temporal han cortado la carretera y el chofer tiene que tomar inevitablemente un desvío que les lleva por una carretera local que parece más un camino de cabras que una carretera.

    El limpiaparabrisas no puede eliminar la nieve con la misma rapidez con la que cae sobre el cristal, de tal modo que apenas hay visibilidad y el camino, con toda la que ha caído ha desaparecido como tal, con el agravante de que van sin cadenas, por tanto, lo sensato sería parar y llamar a emergencias. Natalia llama primero a algunos miembros de su equipo para comunicarles que probablemente se retrasará por el temporal, pero la cosa parece más seria que un simple retraso y se percata de ello cuando abre la puerta del coche y no ve nada. El viento trasporta la nieve a sesenta kilómetros por hora y ésta golpea su cara cuando asoma la nariz, por lo que vuelve a meter la cabeza como lo hace una tortuga cuando advierte un peligro.

    Parece ser que no hay cobertura, no sabe si por la cercanía de las montañas o por el propio temporal. Lo intenta una y otra vez sin lograrlo y le ordena a Ahmed que lo intente con su teléfono por ver si tiene más suerte, pero es más de lo mismo: nada.

    Ni siquiera tienen mantas para abrigarse, solo los abrigos y la temperatura empieza a bajar rápidamente dentro del coche, por lo que no les queda otra opción que encender el motor para que la calefacción los mantenga calientes, confiando en que no se queden también sin gasolina.

    Tras la llamada a emergencias toman nota de su ubicación y le hacen saber que las urgencias están colapsadas, informándoles que mandarán a los cuerpos de seguridad para que acudan en su rescate a la mayor brevedad posible.

    Transcurren los minutos y Ahmed limpia el cristal empañado por sus respiraciones y por la diferencia de temperatura, alumbra con la linterna hacia el exterior percatándose de que todo es blanco. La carretera ha desaparecido y parece que estén en medio de la nada. Natalia tiene un nudo en el estómago y empieza a sentir un desasosiego ante el amenazante paisaje. A ella siempre le ha gustado tener todas las cosas bajo control y por primera vez en mucho tiempo, la situación se le escapa de las manos. Al ignorar el poder implacable de la naturaleza, ésta se ha vuelto contra ella, piensa.

    Llevan dos horas esperando y nadie ha acudido en su rescate y queda muy poca gasolina, por lo que tienen que apagar el motor, y al hacerlo perciben como el termómetro desciende vertiginosamente. Natalia considera que si se sienta Ahmed detrás con ella y se mantienen abrazados podrán mantener el calor, de no hacerlo, las consecuencias pueden ser funestas, de modo que se desabrochan los abrigos para que sus cuerpos permanezcan pegados el uno junto al otro.

    Natalia tiene mucho frio y se abraza a Ahmed rodeando con su brazo su pecho y espalda. Está tiritando. Ahmed siente su contacto tan de cerca que no sabe muy bien qué hacer, ni cómo actuar. Él tan sólo es su chofer e invariablemente ha sabido siempre cuál es su cometido. Siempre ha admirado a su jefa y la ha tratado con sumo respeto y educación, por tanto, para él la situación es un tanto incómoda y, a pesar del frio empieza a sudar, ya que al fin y al cabo es un hombre y el hecho de sentir su contacto le provoca cierta inquietud y, como no, una evidente excitación que no sabe cómo disimular. Natalia está abrazada a él con la cabeza apoyada en su pecho y percibe el nerviosismo del chofer, en vista de que esta rígido y sin apenas moverse. Eso, y el hecho de percatarse (a pesar de la tenue luz del piloto) del sobresaliente bulto que está a cuarenta centímetros de su cara, le lleva a entender su desazón.

    Ahmed es un hombre respetuoso y no hará nada que la pueda incomodar, no obstante la situación le desborda. Ella lo puede entender, aun así el frio la obliga a seguir aferrada a su torso para entrar en calor, pero también es cierto que su tacto le parece de lo más reconfortante. Es un hombre atlético, de eso no cabe duda, después de todo, nunca lo ha visto de manera sexual, ¿por qué entonces está evaluando su tren superior y lo atlético que es? Natalia es consciente de que Ahmed no está cómodo con ella recostada sobre su pecho y de que su contacto es el que le inquieta y le ha provocado la excitación. Debería apartarse y normalizar el supuesto dilema, pero no quiere hacerlo. ¿Es por el frio o por otra cosa?

    Es ella quien tiene el control y así le gusta que sea siempre, por tanto, Ahmed carece de control alguno en ese escenario. Natalia tiene su mirada fija en el primer plano del anormal bulto que se le marca, incluso le parece ver como palpita. Advierte que ya no tiene frio a pesar de que la temperatura no ha subido. Ahora es el calor el que invade la estancia, aunque ella no sabe si es que ha subido la temperatura del ambiente o la de ambos, prueba de ello es que Ahmed está sudando y Natalia ha dejado de tiritar. Nota como la respiración del chófer se acelera, pero también como su sexo se humedece y se inquieta. No entiende muy bien su actitud, aunque debería porque parece querer jugar a un juego peligroso.

    Por culpa de pretender ver a su esposo antes de marcharse se encuentra en esta situación y ahora su esposo parece haberse diluido entre la nieve y es el contacto del joven moreno, junto al montículo que tiene ante sus ojos lo que acapara su atención.

    Si van a morir, ¿qué mejor manera de que aquello sea la antesala?

    Ahmed es de origen egipcio, pero ya lleva veinte años en el país y tiene doble nacionalidad. Es el chófer de Natalia, pero cuando no está a su servicio, permanece a disposición del partido.

    Ahora es otro el servicio que al parecer requiere de él la candidata. Sabe que lo que está a punto de hacer es una osadía y todos los años dedicados en cuerpo y alma a su carrera pueden irse al traste, al igual que su matrimonio si da un mal paso. En esos momentos valora si merece la pena dar el temerario paso y su mano obvia a su sentido común y desciende lentamente por su pecho hasta alcanzar la hinchazón deteniéndose a palparla. Por el volumen se advertía lo que escondía Ahmed tan celosamente, y al cogerlo, sus sospechas se confirman.

    Ahmed no sabe qué hacer. Respira aceleradamente y siente la presión de la mano de la futura presidenta palpar su miembro todavía encerrado. Está muy excitado y no tiene más remedio que dejarse llevar por la sensación placentera que su jefa le está provocando con sus manoseos. Natalia le desabrocha los botones, le baja ligeramente el pantalón, ve el exagerado abultamiento de su slip y no duda en deslizarlo hacia abajo para observar que una fabulosa verga le da la bienvenida, le presenta sus respetos y se pone a su servicio.

    La candidata a la presidencia aferra la polla desde la base, hace una exclamación y se pone bizca contemplándola, después desliza su mano a través del tronco una y otra vez como si estuviese midiendo su envergadura. Su lengua empieza a tantear el erecto falo empezando por el glande y bajando por toda su extensión. Se propicia ella misma unos golpes con la polla en la boca como si quisiera cerciorarse de que es auténtica y después sus labios se enroscan en el glande saboreando el cipote que está enteramente a su disposición. Su boca intenta albergar toda su extensión en la boca, aun sabiendo que es imposible, y lo hace hasta la mitad, por lo que desiste de la impracticable proeza, decidiendo centrarse en la felación. Su cabeza sube y baja a un mismo compás y la mano de Ahmed se posa tímidamente sobre su cabeza como si quisiera marcar él el ritmo de la mamada, sin embargo, Natalia acelera la cadencia y su mano se une aplicando movimientos circulares a través de la polla.

    La respiración excesivamente acelerada de Ahmed provoca que los cristales se empañen todavía más y goteen por la condensación acumulada. Sus gemidos sugieren que no aguantará mucho y no transcurren más de dos minutos mamando el garrote de Ahmed cuando la leche golpea en su garganta haciendo que el chófer se retuerza de placer. Ella retira su boca y los dos siguientes latigazos golpean en su cara.

    Natalia levanta la cabeza para observarle y pasea su lengua por el labio superior, después junta los labios saboreando la amarga sustancia blanquecina.

    Ahmed la observa con cara de un adolescente que acaba de perder la virginidad. Es la primera vez que está con una mujer de su nivel. Siempre ha pensado que las mujeres de las altas esferas son intocables e inalcanzables, pero al parecer se equivocaba, teniendo en cuenta que todas son de carne y hueso, aunque muestren la frialdad de un témpano y crean estar por encima del resto de mortales.

    Natalia le mira a los ojos y le sonríe con la cara bañada de esperma y sin dejar de aferrarse al madero todavía erecto, sólo lo suelta para coger un pañuelo y limpiarse el semen de su rostro. Inmediatamente se desabrocha sus pantalones y se deshace tan sólo de un camal, después cruza la pierna por encima de las de Ahmed, vuelve a coger el puntal, hace sus bragas a un lado y se sienta a horcajadas sobre él. Finalmente se deja caer sintiendo como penetra por completo el pollón de Ahmed en su angustiada raja.

    Natalia no es una sex symbol. Su cuerpo dista mucho de serlo. Es una dama madura de cuarenta y dos años que ya ha tenido dos hijos y sus caderas son propias de una mujer que ha gestado en dos ocasiones. No es una fémina de gimnasio, ni muchísimo menos, pero es de las que saben sacarle partido a su cuerpo en su forma de vestir. Es una aristócrata muy elegante y distinguida y, sobre todo, muy valorada entre su equipo. Su personalidad y su talante acostumbra en no pocas ocasiones a intimidar a sus adversarios. Habla cuatro idiomas, sin embargo el idioma que ahora maneja es el de los gritos y jadeos que le produce el saltar sobre la verga de Ahmed, quien poco a poco está perdiendo la timidez y se agarra a sus carnosas nalgas, mientras la noble dama cabalga queriendo sentir todo el puntal, y en pocos minutos la candidata se corre entre jadeos en un orgasmo que parece interminable. Cuando finalmente concluye, se queda quieta apoyada sobre él mientras valora lo ocurrido.

    Podría decirse que acaba de echar su carrera por la borda. Es consciente de ello y está evaluando la situación, pero la polla palpitante que todavía alberga en su interior empieza a moverse y le recuerda que su lacayo está como un toro y también desea acabar, si bien todo indica que ella cree que ya es suficiente y que todo ha sido un error por su parte. Se lo hace saber a Ahmed, por el contrario, antes de que se salga, él le da la vuelta sin sacársela y la coloca acostada en el asiento diciéndole que lo hubiese pensado antes de ser tan zorra. Ahora quiere ser él quien controle la follada y empieza a embestir de menos a más, y tras unas cuantas exclamaciones de protesta, Natalia comienza a gozar de nuevo del garrote que quiere sacarle los higadillos por la boca. Vuelve a gozar de la estaca que incursiona una y otra vez en su coño y se deja llevar por el placer que le provoca. Se agarra a sus prietas nalgas y lo empuja hacia ella queriendo sentir todo su potencial. Se siente muy zorra como le ha hecho saber su chófer, pero ya pensará en eso más tarde. Ahora le importa más su goce y se abandona al placer que le está brindando el semental moreno, al tiempo que sus uñas se clavan en las nalgas del egipcio, siendo éstas un indicador de la intensidad de la cópula.

    Entre gritos y resoplidos de placer por parte de ambos amantes, es Natalia la primera que empieza a vislumbrar un nuevo orgasmo y sus pupilas desaparecen al mismo tiempo que el formidable clímax golpea sus entrañas. A sus gritos desbocados se le unen los de Ahmed, soltando lastre en su interior, y cuando finaliza, extrae la anaconda de la cavidad al mismo tiempo que los líquidos resbalan por su raja, descienden por el ano y se desparraman en el asiento. Los dos amantes se incorporan y cada cual regresa a su asiento con sus respiraciones normalizándose poco a poco. Natalia está completamente despeinada y dista mucho de parecer la próxima presidenta. Ahmed se encuentra exultante y siente que estalla de júbilo al haber tenido el placer de follársela. La política siente ahora que su coño es un bebedero de patos, y aunque ha disfrutado como una salvaje, es consciente de que su reputación pende de un hilo por su insensatez. Ahora sus aspiraciones a presidenta están en manos del egipcio, quien sostiene la “candidatura” y la zarandea ante sus ojos, mostrándole que aquello no ha hecho más que empezar.

    La mandataria adivina que si quiere ser presidenta tiene que esforzarse y repara en que ahora es ella la que tiene que obedecer las órdenes.

  • A mis 40, Andy, el amigo de mi sobrino me sedujo (Parte 2)

    A mis 40, Andy, el amigo de mi sobrino me sedujo (Parte 2)

    Después de disfrutar por primera vez la virilidad de un hombre, Andy de 23 años, varonil y sexy, estaba clavado en mi mente! y el resto de la tarde la pase esperando al menos deleitarme admirando su bien formando cuerpo.

    Lamentablemente los chicos se fueron de fiesta por los clubes de la playa el resto del día y toda la noche, llegando a la casa a las siete de la mañana del día siguiente.

    Al llegar ellos, ya todos estábamos despiertos y preparándonos para salir a la playa. Mi sobrino, Andy y su amigo, la habían pasado muy bien y estaban exhaustos, saludaron y dijeron que ellos se irían a dormir, pero mi hermano llamó a mi sobrino aparte para hablar con él mientras los dos amigos se dirigían a sus habitaciones y le dijo:

    “toda la familia vino a reencontrarse… (un sermón por ese estilo)… así que te vas a cambiar y te vienes con nosotros y tus amigos que se queden y después nos alcanzan!”

    Luego de escuchar esto vi mi oportunidad y les dije a todos que yo saldría a comprar comida para hacer una gran barbacoa y luego los alcanzaría, a todos les pareció excelente idea y mi esposa e hijo se fueron con ellos.

    Cuando ya todos se fueron, subí a la habitación que estábamos compartiendo con Andy y mi sobrino con mucho cuidado para que el otro amigo de mi sobrino que estaba en la otra habitación no se despertará.

    Al entrar cierro la puerta y mientras me desnudó por completo observo a Andy acostado boca abajo sin camisa y con el mismo pantalón deportivo con el que se fue el día anterior, su olor era divino además que podía sentir aún su perfume Hugo Boss.

    Su espalda ancha y bronceada llena de pecas, su culo sobresaliente como dos trozos de carne esperando ser mordidos, los nervios y las ganas de cogerlo me tenían con la piel hirviendo y el guevo tieso!

    Me acerco a él para bajarle el pantalón y el bóxer suavemente disfrutando su aroma y él como si nada, no reaccionaba!

    La cama era individual así que me metí quedando al lado de la pared y le recosté en su firme culo mi gran y gruesa erección de 19 cm, a la vez que le comencé a besar el cuello y la espalda, Acariciaba sus fuertes brazos y movía mi cintura con un vaivén que buscaba una entrada a su culo.

    Decidí escupir en mi mano y lubricar su agujero con dos de mis dedos, fue en ese momento al sentir mis caricias en su ano que abrió los ojos para mirarme de reojo y sonriendo me dice “No me vas a dejar descansar, verdad?”.

    Y le respondo “Ayer me dejaste con la sangre hirviendo, y vengo a cumplir mi promesa… te voy a reventar ese culo” y se escuchó un quejido suave cuando introduje mis dos dedos en su interior.

    “Anoche me cogí una puta así que no estoy al 100%, trátame con cariño!” Me dice con cara de satisfacción.

    Me excito más saber que tuvo sexo con una mujer!!!… y es que él es muy varonil y atractivo y cualquiera caería a sus pies!

    “Eso no es mi problema… nadie te manda a estar de puto!” Y saque mis dedos, abrí sus piernas, me coloque sobre él, levante un poco su firme culote, y con mi mano llevé mi grueso guevo a su agujero ya algo dilatado para introducirlo lentamente, muy despacio porque realmente es muy grueso y sabía que le dolería.

    Andy al sentir mi penetración comenzó a quejarse, a morder la almohada y apretar con sus manos la cabecera de la cama, “me duele… espera… ahhh!” Me suplica.

    “Tú eres un macho semental!!… aguanta como las hembras que te coges… y apenas voy a la mitad” le digo al oído.

    Solo una vez había cogido un culo y fue de mi esposa, ella no me dejó hacerlo más. Así que esta era mi segunda experiencia y me la estaba disfrutando!

    Ufff… el culo de Andy era ajustado y muy caliente, y la manera en la que se quejaba era muy erótica y me hacía desearlo más!

    “Ohhh… un momento… Luis… despacio…” susurra Andy.

    Ya casi estaba todo adentro y lo tome por su abundante cabello rizado con fuerza y se lo metí hasta el final de un golpe… soltando Andy un quejido que me erizó la piel. Estuvimos sin movernos unos minutos mientras se ajustaba su culo a mi trozo de carne.

    “Tu culo es virgen” le pregunte con curiosidad.

    “No, pero creo que si lo era ahora ya no lo será!” Responde suspirando.

    Le beso el cuello para que se relaje y con mi pecho lleno de vellos acaricio su espalda dorada para poco a poco comenzar a mover mi cintura mientras veo a Andy morder la almohada nuevamente.

    De a poco su culo va cediendo y sus quejidos se transforman en unos ricos gemidos masculinos que me encantaron y me invitaban a moverme más rápido.

    “Ohh… siii… vamos Luis… sigue!” Empieza a decir un más relajado Andy. Yo aumento la velocidad y lo sujeto con mi brazo del cuello para tenerlo totalmente dominado.

    Pero él era un potro y utilizaba su fuerza para no dejarse dominar, lo suelto del cuello, lo levantó para dejarlo en cuatro patas y con mis manos lo tomo de la cintura para cogerlo con más fuerza.

    “Eso… sigue así… cógeme duro!… ohhh sí! Me dice Andy a la vez que comienza a masturbarse rápidamente y se inclina apoyándose con el ante brazo de la cama entregándome así el culo completamente.

    “Me encantas!… Estás riquísimo!” Le digo apretando su culo y con sus respectiva nalgadas. Estuve unos minutos acariciando su espalda y sus piernas mientras lo cogia cuando Andy me dice:

    “No me tenías ganas?… mueve ese culo y dame con ganas!” Exigiéndome con voz de mando!

    Lo tomo nuevamente con ambas manos y empiezo a bombear con todas mis fuerzas, sin contemplaciones!

    “Eso… siii… ohhh… así me gusta!… ahh… voy… voy… aaahhh!!! Y Andy comienza a disparar semen y a contraerse de placer.

    Yo al mirarlo y escucharlo no pude seguir aguantando y con dos grandes embestidas más le llene ese culote de toda mi leche espesa y caliente!

    Andy cayó sin fuerzas en la cama y yo encima de él aún con mi pene adentro, wow… era mi mejor orgasmo en mucho tiempo.

    Andy me dice que se ira a duchar para luego irse a dormir, lo observo mientras se levanta admirando su masculinidad y camina a la ducha desnudó con una línea de mi semen cayendo por una de sus fuertes piernas y le digo.

    “Mañana nos tenemos que despedir, pero nos podemos ver en la ciudad?” Le preguntó antes de él entrar a la ducha.

    “Acaso piensas que tú no me vas a dar culo después de la cogida que me diste? (Sonriendo)… te voy a encontrar donde estés!” Y con una mirada de chico travieso y maldad cerró la puerta.

    Me quedé sorprendido, no había pensado en ser penetrado, pero eso es para otro relato… por ahora me toco vestirme y lavar las sábanas y salir a comprar la comida para la barbacoa.

    Y él otro amigo de mi sobrino en la otra habitación estaba desmayado y por suerte no escuchó nada.

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  • Con Daniela elevando el nivel de placer (Parte 2)

    Con Daniela elevando el nivel de placer (Parte 2)

    Al salir del bar, se podía ver el frenesí en la mirada de Daniela, la exaltación, toda una catarsis, nos subimos al carro y durante el lapso de llegar al hotel, guardo silencio, había reservado una habitación para toda la noche con jacuzzi algo que tampoco habíamos experimentado hasta ese entonces, ya que siempre teníamos el tiempo contado.

    Al entrar a la habitación me dijo que se quería bañar, le dije que sin problema y antes de empezar a desnudarse le pregunta… pero, si recuerdas donde está tu ropa interior ¿verdad?… quedándose muda y recordando que nos salimos del bar si que la recogiera, se metió a la ducha así que me dio la oportunidad de ir llenando el jacuzzi, poner algunas velas y abrir una botella de vino que llevaba, me incorpore con ella besándola, acariciándole por todos lados y por fin pregunte… ¿te gusto?… y su sonrisa decía todo, le dije que ese era el objetivo, que me sentía muy orgulloso de ella, que hubiera abierto su mente y cuerpo, le mamaba las tetas, metía mis dedos en su conchita y me decía, pero esto es tuyo, me tomo de la cabeza y le mame el culo en la regadera.

    Mientras se bañaba le pregunte que me había encantado ver su rostro lleno de emociones y satisfacción, ver sus piernas temblar, abiertas de par en par, que chorreara, pero esperaba que hubiera cagado, a lo que contesto que si bien no tenía claro que pasaría ahí pero que si estaría conmigo quería evitar lo más posible esa experiencia qué aún le daba pena.

    Nos salimos de la regadera y nos fuimos directo al jacuzzi, teniendo ya las copas servidas a un lado, me metí yo primero le di mi mano para que pudiera entrar con seguridad nos metimos el agua estaba caliente pero aun había una sorpresa más que era en ese momento o nunca.

    Así como se había comentado de tener a alguien más también se comentaban ciertos temas como tomar alcohol, fumar y en particular la marihuana, que si bien tenía sus precauciones quería probarla y dándome la tarea de conseguirla lleve un cigarro, el cual estaba en una bolsa de plástico y al mostrárselo no podía distinguir que era después de un par de segundos le cambio la mirada diciéndome… vienes por todo hoy ¿no es así? a lo que conteste… es ahora o nunca te lo había dicho… ella había sido fumadora años atrás así que pidiéndome un encendedor y secándose una mano, lo saco de la bolsa y prendiéndolo le dio la primera fumada que lógico tosió por los años de no haber fumado y lógico, no era tabaco.

    Me puse mientras ella seguía fumando la tome del cabello y le metí mi verga en su boca la cual su lengua la recorría desde la cabeza hasta la base y solo veía como salía el humo de su boca y nariz al hacerlo lo cual me excitaba mucho más, el cigarro no era muy grande honestamente y por lo mismo después de cinco o seis fumadas profundas se lo termino, recostándose en el jacuzzi a lo cual me volví a hincarla tome de sus nalgas y metí me verga en su conchita, sus piernas al no tener gravedad dentro del agua me tomaban de la cadera y yo la cogía, mis manos ahora en sus tetas, le apretaba los pezones, le apretaba el cuello, le di un par de bofetadas sin dejarla de coger y solo veía su rostro rojo, con los ojos cerrados, en paz muy tranquilo, gemía sin decir más hasta qué por fin dijo… por el culo, es tuyo ¿no? Úsalo… y sin segunda advertencia la voltee y le metí la verga en el culo abriendo sus nalgas sacaba mi verga para verla toda abierta y ver sus entrañas, le dije que cagara en mi boca a lo que contesto… más tarde, sígueme cogiendo.

    Tenía todo el tiempo los ojos cerrados, el chapotear del agua caliente, la movía a placer, disfrutaba sus tetas deliciosas, me apretaba la verga con su conchita y su culo, pasaba sus manos por mi rostro, cuello y pecho, había momentos que con sus piernas y manos me apretaba a ella para sentir más mi verga, le preguntaba si le había gustado ver y sentir tantas vergas de varios tamaños y formas a la vez, entre abría los ojos soltando una mirada picara y movía la cabeza afirmativamente, le decía que esa no sería la única vez respondiendo con una carcajada, le dijo que tomara aire y al hacerlo la bese y nos metimos al fondo del jacuzzi besándonos y cogiéndola, apretando sus tetas y sus nalgas, me puse de pie y tomándola del cabello mojado le metí la verga en su boca y termine dentro de ella, me mamaba la verga, la lamia, me mordía la cabeza los huevos, me pidió ayuda para levantarse y salir del jacuzzi, se tomó de un trago el resto de la copa de vino, pasándole una toalla camino a la cama, se metió entre las sabanas invitándome a su lado, me dio un beso acompañado de un “gracias” y cayo dormida.

    Lo rayos de luz de un nuevo día se asomaban por las cortinas de la habitación y despacio se bajó Daniela por mi pecho para despertar mi verga con una exquisita mamada, sus manos en mis nalgas las apretaba y empujaba para tenerla hasta la garganta ahogándose a ella misma, babeaba más, me dijo que pusiera mi cabeza al borde de la cama para así hacer un 69, e lamia su conchita húmeda que ya goteaba y sin advertencia dejo salir un chorro de orina y otros flujos en mi boca a lo que vi como su culo se dilataba y vi como salía mierda de su culo, la suficiente para probarla y sacársela con mis dedos y lengua y escuchar un… te la ganaste con creces… lo cual me calentó más y empecé a cogerla por la boca y mis dedos sacarle el resto de la mierda y probarla, me salí por un costado y dejándola en cuatro y dándole por su conchita gritaba sin pudor, sus nalgas brincaban cada vez que le metía la verga, sudaba aún se veía el efecto del cigarro y del vino y lógico todas las emociones de la noche anterior.

    Así en cuatro me hinqué para mamarle el culo pasando sus piernas a mis hombros y me puse de pie despacio haciendo un 69 en el aire lo cual recargo sus manos en mis rodillas y mamaba mi verga, me puse de costado al espejo sabiendo que le gusta mirarnos y así fue sin sacar mi verga de su boca seguía mamándome y yo lamiendo su conchita y tomado cada gota que emanaba de ella y la poca mierda que aún le quedaba. Con cuidado la baje poniéndola boca arriba en la orilla de la cama para meterle la verga por el culo y así eyacular dentro de ella, sintió mi descarga de leche acompañada de los gritos que serían ya costumbre a partir de ahora en nuestros encuentros, mi verga y su culo tenían esa mezcla de semen y mierda, nos fuimos a bañar y prepararnos para nuestra partida.

    Le seguía preocupando la falta de ropa interior y el ligero color rojo en sus ojos pero para nuestra fortuna su hija le había mandado mensaje que saldrían a hacer algunas compras y tardarían un rato que les avisara cuando llegara, salimos de la habitación, pasamos a desayunar no dejaba de besarla y la lleve a su casa que estaba sola como la habían anunciado, la deje en la puerta de su casa, me metió al patio y sacando mi verga me dio una mamada, la tome de la cabeza y la empecé a coger de la boca, ella ya de rodillas se ahogaba pero sentía como pasaba su lengua por mi verga, solo la saque para vaciársela en su cara a lo que con una sonrisa y quitándose mi leche con sus dedos se la llevaba a la boca, me dijo que bueno que estaba vacía su casa así me pudo mamar la verga, llegar y cambiarse y ponerse ropa interior sin tantas preguntas y lógico descansar y quitarse lo rojo de los ojos, nos despedimos con un beso profundo diciéndole que aún nos faltaba mucho por hacer y así salí de su casa teniendo en mente que cada vez seguiríamos en aumento y no el tiempo me dio la razón…

  • Follado por la prima, la abuela y la tía abuela

    Follado por la prima, la abuela y la tía abuela

    Hace muchos, muchos años, cuando era más fácil que te tocase la lotería que oler un coño, un cuarentón, casado, que se follaba todo lo que se movía y que me veía cómo el hijo que nunca había tenido, me contó cómo se había tirado a su prima, a su tía y a su tía abuela en el tiempo que estuvo en Asturias. Os lo voy a contar más o menos cómo me lo contó él, ya que cómo os dije ya pasó mucho tiempo de eso. Comenzó a contarlo así:

    -Empecé follando sin querer con mi prima, seguí queriendo con mi tía abuela y acabé follando sin querer queriendo con mi tía.

    Mirando cómo comía unos tojos verdes el caballo que estaba apastando, le dije:

    -Les dio bien.

    -Más bien me dieron ellas a mí.

    -Siga con la historia.

    -Mi tío trabajaba en una mina de carbón, mi tía asistía en una casa y mi tía abuela, que estaba viuda, vivía en la casa de enfrente, así que mi prima Aura y yo pasábamos la mayor parte del día solos en casa mientras no empecé a trabajar en la mina. Te diré cómo era mi prima. Era casi una cuarta más alta que yo, bueno, también ella tenía diecinueve años y yo tenía dieciocho. Su cabello era largo y negro cómo el carbón y lo recogía en dos trenzas, sus ojos eran marrones y su nariz aguileña, era guapa, pero guapa de película.

    Lo interrumpí.

    -Exagerado.

    -No exagero.

    -Va a ser que era la mujer perfecta

    -Te hablaba de su cara, de cara era perfecta, de cuerpo ya cambiaba la cosa. Mi prima era gorda, no doble, gorda, tenía las tetas muy grandes, las caderas anchas y su culo era inmenso.

    -Era un bicharraco.

    -Bicharraco era el novio, un tipo mucho mayor que ella con el que se veía a escondidas en la casa, y en la casa follaron cómo descosidos el día que vino a verla. Entrara por la puerta de atrás y a ella le entró por las dos puerta, que los oí, los oí mientras hacía de guardián de la puerta.

    De nuevo lo volví a interrumpir.

    -¿Y eso cómo se come, señor Agustín?

    -No comiendo.

    -¿Qué?

    -Que no quería comer una manda de hostias de su novio, el bicharraco, una mole de casi cien kilos de peso, así que vigilaba por si venía mi tía abuela.

    -Entiendo, entiendo. Lo tenía amenazado.

    -Él, no, ella, me dijo que hiciera guardia y que cerrara la boca o me azuzaba al bicho.

    -Azuzar se azuza a los perros.

    -Ella me lo dijo así, y bien que la entendí.

    -¡Cómo para no entenderla! Siga contando

    -Pues resulta que el segundo día al irse el bicho mi prima me preguntó desde su habitación:»¿Ya se fue Antonio?» Si, le respondí. «Cierra la puerta y ven.» Hice lo que me dijo. Fui a su habitación y la vi desnuda sobre la cama con las manos detrás de la cabeza. En lo primero que me fijé fue en su coño. Tenía más pelo en él que en la cabeza, luego vi sus tetas. ¡Perros melones! Bueno, eso ya te lo había dicho. Luego me fijé en sus sobacos, allí también crecía el pelo. La vi inmensa, pero no me impresionó su cuerpo, al contrario, me empalmé cómo un burro. Sonriendo, me dijo: «Desnúdate y ven para cama.»

    En segundos estaba en pelotas en la cama. Me dio un pico y me dijo: «Cómeme el coño.» Aquello me superaba. ¿Cómo se comía un coño? Recordé el dibujo del coño que hiciera en la tierra con un palo un viejo medio maricón dándonos a los chavales una lección de sexo y recordé lo de la pepita. La señalara en la parte de arriba, pero el coño no lo dibujara con pelo, y con pelo no se veía. Se lo abrí con cuatro dedos y vi que no era cómo dijera el viejo, aquello estaba todo mojado y con tantas babas que no se veía el agujero de meter. Lamí para despejar el sitio y entonces, sí, vi el agujero y arriba la pepita. Era cuestión de lamerla bien lamida. Después de tragar aquellas babas agridulces, me dijo: «¿Te gusta que meen por ti?» Si fuera en otro momento le diría que se fuese a tomar por viento, pero estaba tan caliente viendo a mi alcance mi primer coño que le dije que me gustaba todo lo que le gustara a ella.

    Le dije:

    -Era bien cerda.

    -Era. Le lamí la pepita de abajo a arriba y cuando mi prima empezó a gemir supe que lo estaba haciendo bien. Poco después ya se había cubierto el agujero con babas, las lamí y después volví a lamer la pepita… Mi prima me agarró la cabeza y me meó en el cuello y en toda la cara. Fue una meada larga. Me estaba bañando bien bañado cuando me dijo: «Abre la boca» La abrí y me entraron en ella dos chorros de orina. Después me cogió por los pelos y tiró hasta que me puse encima de ella. Con su lengua de vaca lamió mi frente, mis ojos, mi nariz, mi mentón, los dos lados de mi cara y el cuello, después de eso metió su lengua en mi boca y me dio un morreo espectacular.

    Al hartarse de mi, me dijo: «Acaba lo que empezaste». Bajé a su coño oliendo a meo y esta vez lamí solo la pepita. Me di cuenta de que cuanto más rápido se lo lamía mas alto gemía, así que lamí a todo dar… Comenzó a rebotar sobre la cama cómo si tuviera un muelle debajo que la empujara hacia arriba. Me quitó la cabeza de su coño y vi salir de él babas espesas y en cantidad. Al acabar de echar babas, me dijo: «Me hiciste correr. «¡Tú sí que sabes comer un coño!» Me hizo sentir más alto, mas guapo, me hizo sentir más macho. Subí encima de ella y me dijo: «Fóllame las tetas.» Le metí la polla entre las tetas, las juntó con las dos manos y ni un minuto tardé en correrme. Después se limpió con la sábana empapada de meo.

    Aquella cama estaba perdida, estaba peor que la cuadra de una vaca, pero me importó una mierda estar sobre el meo cuando me la mamó y meneó hasta ponerla dura de nuevo. Después subió encima de mi dándome la espalda y metió mi polla en su coño. Entró cómo nada, pero tampoco le quedaba floja. Me folló sin prisa, pero sin pausa mientras yo le magreaba las tetas, unas tetas con areolas oscuras y tremendos pezones. Vi su culo ir y venir hasta que se quedó quieto. Vi cómo temblaba, cómo gemía y sentí cómo su coño apretaba y soltaba mi coño. Al acabar, de correrse me dijo: «Tu recompensa.» Cogió la polla, la frotó en el ojete y después bajó su culo y me folló hasta que le llené el culo de leche. Llenándoselo vi a mi tía abuela en la puerta de la habitación.

    Me pico la curiosidad, y le pregunté:

    -¿Qué os dijo?

    -Nada, se marchó sin que mi prima se enterara de que nos viera.

    -¿Dónde folló a la vieja?

    -No era una vieja, tenía sesenta y tres años.

    -Para mí es una vieja. ¿Dónde la folló?

    -Ya se va a hacer de noche, te lo cuento mañana.

    Quique.