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  • Mi marido en casa. Yo, de viaje con mi jefe, fui su puta

    Mi marido en casa. Yo, de viaje con mi jefe, fui su puta

    Para los que no me conocen mi nombre es Urania, a día de hoy tengo 33 años, estoy casada y esto que les contaré me pasó cuando recién me casé. Mi profesión tiene que ver con la informática, pues estudié ingeniería en sistemas, poco común en una mujer sin embargo me gusta mi profesión. Por lo tanto, en mi trabajo se me asignó hacer la requisición de nuevos equipos tanto para cambiar la infraestructura de servidores como para los equipos del personal de la empresa. Por ser una dependencia de gobierno estatal, los recursos de tal adquisición se tuvieron que licitar entre las empresas concursantes, pero además se tuvieron que exponer ante una dependencia federal para que la dependencia donde trabajo pudiera adquirir los recursos.

    Llegó el día de viajar a la capital del país, para exponer el proyecto de adquisición de bienes, el más elegido para acompañar al director era mi jefe directo, el Lic. José, desgraciadamente la agenda de mi jefe coincidía con una reunión importante en la ciudad, entonces por estar involucrada en el proyecto mi jefe requería que acompañara al director general a dicha reunión en la capital del país, a la Ciudad de México para exponer la parte técnica de dicho proyecto.

    La idea no le gustó mucho a mi esposo, recién nos habíamos casado, apenas llevábamos 5 meses de habernos casado y he decir que ese último mes las cosas entre nosotros no estaban bien, las diferencias entre parejas así como diferencias familiares empezaban a salir a flote y eso tenía algo tensa la relación. Después de discutir y convencer a mi esposo de que solo se trataba de trabajo y que serían dos días los que me iba, mi esposo accedió, aunque de manera forzada pero al fin accedió.

    La reunión estaba programada para un lunes a las 8 am en CDMX, por tanto nuestro vuelo salió el domingo al medio día, para estar a tiempo en dicha reunión, mi esposo me llevo al aeropuerto, ese domingo en la mañana tuve que satisfacer muy bien a mi esposo para mantenerlo contento durante mi estancia fuera de casa, habíamos hecho las paces y al dejarme en el aeropuerto nos despedimos con un beso largo acompañado de un fuerte abrazo, en ese instante llegaba el Director general al aeropuerto el Lic. Rodrigo León, un señor que tenía poco más de 50 años, alto y gordo, no estaba feo pero su aspecto no era de un hombre atractivo, eso sí era un hombre elegante y siempre vestía de traje, se notaba una persona limpia y culta, tenía su encanto, además de un carácter fuerte.

    Durante el vuelo, ambos nos sentamos juntos

    —¿Recién te casaste verdad? —dijo Rodrigo

    —Sí, hoy cumplo 5 meses de casada

    —Felicidades Urania, con razón los vi tan acaramelados en la entrada —una sonrisa se le escapo

    —Sí, pues es que a pesar de eso, las cosas no han andado bien entre nosotros, además de que mi esposo tenía planes para esta noche y pues tuvo que cancelarlas —de pronto caí en cuenta, no sé por qué le estaba contando eso al Lic. Rodrigo.

    —Es normal, esas cosas pasan en un matrimonio, queda en los dos resolver las diferencias o hacerse el tonto y dejarlas pasar.

    De pronto un pensamiento en mi cabeza y sentí un enfado: mi esposo habría preferido ignorar cada situación en las discusiones que habíamos tenido días atrás y en ningún momento había sugerido alguna solución en cambio se desquiciaba y perdía el control. Eso me hizo enojar mucho y a pesar de que ya lo sabía, lo último que había dicho Don Rodrigo había hecho a andar mis pensamientos.

    Llegamos a al Cd. de México, Don Rodrigo se ofreció a llevar mi equipaje, pidió un Uber y enseguida nos dirigimos a hotel que se ubica en paseo de reforma, al llegar al hotel pedimos la reserva y nos dispusimos a irnos a nuestra habitación. A mi me había tocado en el quinto piso mientras a que Don Rodrigo le habría tocado en el séptimo, en el elevador habíamos decidido bajar al restaurant después de dejar las cosas en la habitación.

    Lejos de lo que había escuchado de Don Rodrigo era otra la imagen que estaba teniendo del Dir. General de la dependencia, tenía tacto para hablar con las personas, sabia escuchar y tenía buena conversación, además de un porte de hombre elegante que me tenía intrigada desde que habíamos compartido asiento en el avión. Es por eso que decidí cambiarme para bajar al restaurante, tome un vestido corto que había llevado, de color gris, con un escote discreto pero no dejaba nada a la imaginación pues hacía que se marcaran bien mis senos, cambie los zapatos cómodos del viaje por unas zapatillas negras, me arregle el cabello y mi maquillaje. Baje y al llegar al restaurante vi que ya estaba Don Rodrigo, me pareció una falta de respeto de mi parte y lo `primero que hice al llegar a la mesa fue disculparme por el retraso —“Descuida Urania, llevo como 20 minutos aquí esperando, pero valió la pena la espera” —dijo al momento que recorría mi cuerpo de pies a cabeza con la mirada, yo no pude evitar sonrojarme, Rodrigo aún vestía con su traje, el siempre vestía formal y no puedo negar que me estaba pasando algo con él, le tenía mucho respeto, pues era mi jefe pero había algo en el que me tenía intrigada y sentía atracción hacia él.

    Durante la comida me sugirió algunas platillos para pedir, tenía mucha clase y he decir que cada momento que pasamos comiendo en ningún momento hablamos de trabajo, Rodrigo tenía tres hijos y una esposa que según como el me platico la llama de su relación se había apagado hace mucho, por el efecto del vino que me había tomado y con imprudencia se me salió —No sé cómo las personas pueden aguantar tanto tiempo sin estar con alguien —Rodrigo me había entendido, me di cuenta de la imprudencia que había cometido y él en ese momento me tomo de la mano, riendo me dijo —No te preocupes Urania, aunque no lo creas tiene mucho que no estoy ni con mi esposa ni con otra mujer, no te puedo negar, las ganas no me faltan —con eso último su mirada hacía mi cambió, había deseo en su mirada, de eso no tenía duda, me sentí mareada por el vino y le sugerí que mejor cada quien subiera a su habitación. De camino a las habitaciones, mi jefe me comento que después de un descanso le gustaría revisar la propuesta que presentaríamos en la dependencia federal para que no le quedará duda, yo sugerí un área común del hotel, la cafetería o alguna sala de negocios, pero mi jefe insistió que lo revisáramos en alguna de las habitaciones —Puede ser en la mía, si eso no te importa —con nerviosismo asentí y quedamos que nos veríamos en una hora.

    Subí a mi habitación, me encontraba cachonda, tanto el vino como la plática con Don Rodrigo me tenían así —¿Qué me está pasando?, Don Rodrigo me dobla la edad, es mi jefe y sé muy bien que ese tipo de relaciones no funcionan —me decía mientras me miraba al espejo, la sensación de su mano tocando la mía me hizo estremecer y recordé como le había cambiado la mirada, esa mirada de deseo hacía mi cuerpo.

    Llevé mi mano por debajo de mi vestido, me dirigí hacía la cama, me recosté y con la mano por debajo de mi falda, hice a un lado mi tanga, lleve mis dedos hacia mi vulva y pensando en Rodrigo me empecé a tocar, en ese momento imagine la mano de Rodrigo tocando mi entrepierna y con prisa empecé a elevar la magnitud con la me tocaba, sentí un ardor en mi entrepierna, me metí dos dedos en mi coño mientras que con la otra mano me acariciaba mis pezones que agradecieron que los liberara de mi sujetador, estaban erguidos y mi calentura era tanta que imagine el cuerpo de Rodrigo encima de mi y su verga dentro de mi coño, eso me hizo explotar en un rico orgasmo.

    De pronto una llamada de mi esposo me interrumpió, hablé con él y le conté que ya estaba instalada en el hotel, me sentía culpable por lo que había hecho y hasta por lo que pudiera pasar, ni siquiera le prestaba atención a mi marido que estaba al teléfono, en mi cabeza tenía la imagen de Don Rodrigo, le dije a mi esposo que me dormiría, que el viaje me tenía cansada y que mañana sería un día pesado para mi y le colgué. Seque mi entrepierna y mis muslos de mis jugos, acomode mi vestido, retoque mi maquillaje y nuevamente me coloque perfume en mi cuello, tome las carpetas de la presentación y me dirigí a la habitación de Don Rodrigo.

    Me sentía nerviosa, la idea de estar sola en la habitación con Don Rodrigo me ponía caliente pero también me preocupaba no contenerme de lo que pudiera pasar, las cosas con mi marido no iban bien pero no estaba preparada para ponerle el cuerno con mi jefe, pero por que me había esmerado tanto en verme bien, cada prenda que me había puesto la había escogido pensado en él, incluso la tanga negra de encaje que me había regalado mi esposo el pasado fin de semana, me la había puesto pensando en que le gustaría a mi jefe y me mojaba solo al pensar que él me la quitara.

    Subí al séptimo piso, toque a la puerta, en seguida salió y me invito a pasar, tenía una alegría que no podía disimular. Él aún vestía con su traje, yo con la carpeta en los brazos pase a la amplia habitación, Rodrigo me invito a sentarme en el borde de la cama, me senté abrí la carpeta y empecé a explicarle algunas temas que abordaríamos en la reunión.

    Rodrigo sin más se sentó a mi lado, dirigió su mirada hacía mis piernas, era claro que no estaba prestando atención en nada de la carpeta, en un movimiento tomo la carpeta —“Ya basta de trabajo, es mucho por hoy”—me dijo con una risa coqueta, se paró y llevo la carpeta hacía la mesa que estaba en frente, se quitó los lentes y los dejo al lado de la carpeta, regreso y se sentó aún más pegado a mi, solo dijo —“Me gustas tanto Urania, estas hermosa” —acercó su cara a la mía y me beso, sentí su mano derecha acariciando mi pierna, inconscientemente cruce las piernas y lleve mi mano hacía su pecho tocando el saco de su traje café.

    Rodrigo se abalanzo hacía mi sin despegar sus labios de los míos mientras subía la falda de mi vestido acariciando mis piernas, sus besos sabían a vino, tenía una forma de besar que me estaba poniendo mas cachonda de lo que ya estaba. Cuando logro subirme el vestido metió su mano por el interior de mis muslos, se detuvo a acariciarme mis muslos hasta que llegó hasta mi coño que podía sentir que me estaba mojado, movió mis piernas para abrirlas de par en par y llevó su mano hasta mi coño empapado, cuando sentí su mano encima de mi tanga los gemidos empezaron a salir de mi boca, en tan solo unos minutos Rodrigo había logrado estimularme y calentarme. Con su mano en mi coño, me retorcía de placer que apretaba las sabanas de la cama, seguía moviendo su mano en mi entrepierna, con tal sensación tuve que abrazarlo con las dos manos apretándolo hacía mi cuerpo, me estaba encantando sentir su mano estimulándome.

    Rodrigo se puso de pie quedando en frente de mi, con una risa dijo —“Estas buenísima, esta noche serás mía, te voy a coger como no lo ha hecho tu marido” —se desabrocho el pantalón, dejándolo caer en el piso, un bóxer gris oprimía su verga que se veía ya erecta, yo lo miraba caliente con ganas de ya sentirlo dentro de mi, me retire el abrigo negro que llevaba y lo deje a una lado, mientras que Rodrigo se retiraba el resto de su ropa, tardo unos segundos en retirarse toda la ropa que llevaba, cuando le toco quitarse el bóxer libero una verga erecta de buen tamaño, a pesar de lo gordo que estaba tenía una verga de buen tamaño, eso si era más gruesa y mas larga que la de mi esposo, se paró enfrente de mi y sin decirme nada me incline hacia el, tome su verga en mis manos y lleve mi boca a ese pedazo de carne ardiente, con mi lengua recorrí el glande saboreando cada espacio de tal ricura, en seguida me metí su verga a la boca y con una de mis manos tome el tronco mientras que me metía y sacaba tal suculenta verga de mi boca.

    Rodrigo agradecía la mamada que le estaba dando, gemía se veía que lo estaba disfrutando, trate de meterme toda esa verga en mi boca pero era imposible que me entrara toda, hasta ese momento no había tenido la fortuna de disfrutar una verga de tal magnitud, me sentía una puta en el hotel cogiendo con mi jefe —“Eres una putita bien rica, te llenare toda de mi leche, puta” —me decía mi jefe, eso me excito más mientras seguía mamando su verga, Rodrigo se reía, después de un momento mi jefe se retiró de mi y empujándome hacía atrás me hizo acostarme en la cama, abrió mis piernas, tomo mi tanga y me la quito tomándola para olerla para después tirarla al piso, con las zapatillas aún puestas y con las piernas erguidas llevo sus labios hasta mi vulva, paso su lengua por toda mi vulva y se detuvo a saborearme mi botoncito que ya estaba erguido de lo caliente que estaba.

    No tardó comiéndome el coño hasta que se incorporó, se subió a la cama y tomando su pene lo acerco hasta mi coño, muy despacio me penetro, estaba mojadísima que no tuvo problema en entrar ese pedazo de carne exquisito, desde que eso pasó gemido tras gemido salía de mi boca, estaba vuelta loca con esa verga en mi interior, paso sus brazos a mis lados tocando su panza con mi cuerpo, abrí más las piernas para sentir toda la verga de mi jefe, empezó a darme embestidas mientras me tocaba los senos, me besaba, me acariciaba, yo lo abrace mientras sentía un poco de dolor por el tamaño de esa verga, en un momento el dolor se convirtió en placer y no pensaba en otra cosa que ese macho me siguiera cogiendo. Rodrigo me tomo de los tobillos y en esa posición me abrió de piernas separándose de mi y con su verga en mi interior me siguió dando embestidas fuertes que llenaban todo mi interior, ambos gemíamos sin parar.

    Estábamos disfrutando de esa tarde sexo, yo no paraba de gritar mientras mi hombre me cogía como el solo sabía hacer, siguió así por un rato, mientras me penetraba sentía que su pelvis chocaba conmigo estimulando mi clítoris encima mío y con esa sensación tuve un orgasmo magnifico, mi jefe se dio cuenta subiendo la intensidad de sus embestidas, se separó de mi bajándose de la cama, me jaló hacía el dejándome con el culo en el borde de la cama y él estando de pie, me abrió nuevamente las piernas y me empezó a chupar la vulva mientras me metía dos dedos dentro de mi vagina, no paraba de gritar, su lengua se movía recorriendo toda mi vulva, entrando por mi vagina y estimulando mi clítoris.

    Yo seguía más caliente todavía, se incorporó, me tomo de las piernas dejando una sobre la cama y cruzó una de sus piernas sobre de mi mientras mantenía la otra en el suelo y me metió su verga, con esa posición podía sentir que toda su verga llenando mi interior, era gordo y cincuentón pero esa flexibilidad en esa posición me estaba volviendo loca, solo se escuchaban nuestros gemidos y el golpeteo de nuestros sexos, me bombeó por unos minutos, tenía un aguante pues tardó para venirse, pero cuando lo hizo sentí un enorme chorro de semen volcándose en mi interior, fue una carga seminal exorbitante, cuando se separó pude sentir que de mi interior salía mucho semen esparciéndose en mis muslos, cuando se retiró aproveche para quitarme el vestido que tenía remangado, libere mi sostén mientras mi jefe se acostaba boca arriba en la cama, en esa posición se apreciaba mejor el tamaño de su verga y de sus testículos que también estaban grandes.

    Me acerque a él, subiéndome a la cama y con la lengua empecé a disfrutar esos testículos grandes, sabían a nuestros jugos, esa mezcla de sabor me excito más, chupe su verga dejándola limpia de nuestros jugos y empecé a succionar su glande mientras con mi mano masajeaba desde su tronco hasta la punta, quería sentir su leche en mi boca, lo necesitaba, lo ansiaba, estaba loca por ese hombre que también era mi jefe, seguí mamando su verga mientras acariciaba sus huevos, estaba dura completamente erecta, me pidió que subiera encima de él dándole la espalda, que quería verme cabalgando la verga mientras me veía el culo, así lo hice, solo estaba para complacer a ese hombre, me subí y empecé a cabalgarle la verga, me movía de muchas maneras para disfrutar de semejante verga, después de un momento me advirtió que ya estaba por venirse, yo aproveche para bajarme y acostarme al lado de él tomando su verga con mi mano empecé a masturbarlo mientras acercaba mi boca para poder sentir su semen, mi jefe no paraba de gemir con mi mano en su pene, después de un instante un chorro de semen salió y fue a caer cerca de mi boca, bañándome la frente y los ojos de ese líquido espeso, tome su semen con mi dedo y lo lleve a mi boca, sabía saladillo pero era delicioso saborear el semen de mi jefe, me sentía una completa puta y extasiada aproveche a lamer hasta la última gota de su semen y a limpiar todo su pene con mi lengua.

    Me sentía satisfecha y mi jefe igual, me acerqué a él para besarlo como muestra de agradecimiento de tal cogida que me acababa de dar. Lo disfrute tanto, me levante y me fui a lavar en el baño.

    Pasamos una tarde maravillosa cogiendo unas veces más, no salimos de su habitación sino hasta el otro día para ir a la reunión.

  • Generosidad

    Generosidad

    Mi vecina pegó en mi puerta con los nudillos. Yo sabía que era ella porque media hora antes, a las nueve y media, habíamos hablado en el portal, habíamos proyectado la cita. Abrí. Mi vecina, que se llamaba Selene, era una mujer bajita, entrada en carnes; muy guapa y simpática. «Hola, vecino», saludó; «Entra, entra», pedí. Selene avanzó por el pasillo; cerré la puerta y la seguí. «¿Nos sentamos?», preguntó; «Sí, claro, antes nos sentaremos», afirmé, «ahí mismo en el sofá», indiqué. Selene posó su cuerpo sobre el blando asiento; me senté a su lado.

    La luz de una lamparita sobre una mesita baja daba al saloncito un tinte de ensueño. «Vecino…», comenzó, «como te dije, estoy muy necesitada de dinero, no me importaría prostituirme, pero no con cualquiera, estoy buscando hombres que me inspiren confianza»; «Lo sé, Selene, lo sé»; «Bueno, pues, ¿dónde me desnudo?»; «No hace falta…»; «Hace calor». Dicho esto, Selene se quitó el jersey. «Selene, por favor, te ayudaré económicamente, no hace falta que…»; «No podré devolvértelo». La Navidad llamó a mi puerta esta noche; mi generosidad se amplificó: debía ayudar a esta mujer, pero ¿cómo?

    Selene se desabrochó los botones de la camisa. Sus gruesas tetas eran tentadoras. Me apreté junto a los muslos de Selene y me incliné sobre su busto. Besé su carne; metí mi nariz en la canal y lamí el contorno de sus senos. «Ah, niñito», suspiró Selene, «tienes hambre». Selene se sacó el sujetador, y yo, extasiado, mojé sus areolas, engullí sus pezones. Después, me erguí y la besé en los labios, en el cuello, en las orejas; ahí, le dije en un susurro: «Cuánto, Selene, cuánto, dímelo…»; «Quince la mamada, treinta la follada», dijo ella. Hecho. Cogí mi billetera y puse treinta euros en la mano de mi vecina. «Ojalá fueras mi esposa», le dije; «Se verá», dijo ella. Pasamos al dormitorio. Selene se desnudó y se acostó bocarriba sobre la colcha de mi cama: quedé pasmado ante la belleza de la mujer: «Realmente quedaré saciado», me dije.

    Acto seguido, me desnudé y monté sobre Selene. Tan blando era su cuerpo que para mí fue como montarme en una nube, sólo que la nube tenía un foco central de calor donde mi polla hervía. «Oh, Selene, oh», ronqué; «Me gusta tu polla, vecino, a-ah, sigue, sigue»; «Selene, oh Selene, te amo-o-ooh», y me vertí mientras Selene emitía sensuales gemidos.

    «Bueno, vecino, me voy», dijo Selene; «Quédate», murmuré lánguidamente; «Cincuenta si duermo contigo», propuso. Dormimos juntos. Acurrucado al calor de Selene, mi pecho contra su espalda, mi polla contra su culo, dormí serenamente. Nos despertó la primera luz de la mañana entrando por las rendijas de las persianas. Selene me vio empalmado, dijo: «Quince», y se metió bajo las mantas. La humedad de su boca en mi miembro traspasó mis sentidos. La silueta de su cabeza subiendo y bajando me fascinaba.

    Posé las palmas de mis manos sobre su coronilla para guiarla: «Así, así, Selene», la animaba; ella lamía y mamaba con devoción. Mi polla debía colmar su boca, pues la oí respirar sonoramente por la nariz; de vez en cuando, Selene gemía. «Estoy teniendo un orgasmo», la escuché que decía con voz sorda; entonces, me la chupó con más energía, más entregada, hasta que el chorro de semen salió disparado. «Ooohh», espiré.

    Selene salió de su escondite. Se relamía; estaba tan guapa… Se levantó. Caminó desnuda por mi dormitorio. Yo no le quitaba ojo a sus acogedoras caderas, a sus modelados muslos, a su prieto y redondo culo, a sus hermosas y floridas tetazas. Selene se puso mi bata y salió. Yo me quedé acostado, queriendo grabar el momento: sería mi más glorioso recuerdo en el instante en que me sobreviniera la muerte haber follado con Selene. Al cuarto de hora, apareció Selene cargando una bandeja con dos desayunos, incluyendo sendos cafés. «Esto no te lo cobro, cariño», dijo, «me casaré contigo», sonrió; «Y ni siquiera sabes mi nombre…», bromeé; «Pues, claro, Ramsés, ¿o crees que no fisgo en los buzones…?».

    Al cabo de desayunar, Selene apartó la bandeja, se abrió la bata, se acuclilló sobre mi regazo, metió mi polla en su coño, pidió, musitó: «Préñame», y botó y rebotó hasta que, alborozada, en pleno clímax, sintió el calor de mi eyaculación en su vagina.

  • Madre e hija (Parte II): Desvirgando a Daniella

    Madre e hija (Parte II): Desvirgando a Daniella

    Continuando con el relato anterior, ahora que ya tenía a Daniella en mis manos no la iba a desaprovechar.

    Seguí acariciándola, tomaba sus pechos y poco a poco los iba amasando con más fuerza, mis dedos aprisionaban sus pezones y los iba jalando arrancándole leves gemidos. La besé, su boca permitió la incursión de mi lengua que hurgaba en busca de la suya. Una de mis manos fue a la búsqueda de su sexo mojado. Mis dedos iban acariciando a lo largo de sus labios hasta el inicio de su entrada anal. Mis labios fueron en dirección de sus pezones los cuales los aprisioné con mis labios. Alternaba el paso de mi lengua por todas sus aureolas rosadas y mordidas leves en sus pezones para luego succionarlos con fuerza. Su respiración se aceleraba cada vez más. Mientras que mis dedos iban en busca del interior de su vagina.

    Daniella llevaba sus manos a su cara, trataba de cubrirse su boca para ahogar sus gemidos que eran cada vez más fuertes, estaba llegando nuevamente al momento sin retorno, arqueó su espalda, bajó sus manos y buscaron sujetarse a las sábanas mientras sus fluidos brotaban nuevamente de su vagina. Luego de unos instantes, su respiración poco a poco se fue normalizando.

    Ahora era el momento de tomar su virginidad. Me levanté, abrí sus piernas y me coloqué encima de ella. Que estaba con los ojos cerrados agotada por las dos corridas que acabada de tener. Al notar mis intenciones trató de detenerme:

    -Por favor, nunca lo he hecho.

    -Shhh… no te preocupes. -le dije

    -No, por favor. -repetía sin convicción.

    Mis labios fueron al encuentro de los de ella, mis manos tomaron las suyas y los llevé por encima de su cabeza. Poco a poco sus labios correspondían a mis besos y su lengua buscaba la mía. Solté una de sus manos y tomé mi pene y comencé a pasarlo a lo largo de sus labios vaginales. Daniella expresaba su tensión moviendo sus caderas acompañando los movimiento de mi pene por sobre sus labios vaginales. Sus gemidos eran ahogados por mis besos. La solté, una de sus manos sujetaba fuertemente uno de los parantes de la cabecera de la cama mientras que su otra mano comenzó a apretar uno de sus pechos.

    Con mi mano dirigí mi pene a la entrada de su vagina y comencé a dibujar círculos en su entrada a lo ella respondía con sus gemidos ahogados. De repente se puso rígida y abrió los ojos al máximo al sentir como un pene iban entrando por primera vez en su ser. Primero el glande se abrió paso por su ya muy lubricada vagina. Vi como unas lágrimas brotaba de sus ojos al no estar acostumbrada al grosor de mi pene. Mi pene entró apenas un poco más cuando se topó con la resistencia de su himen. Puso sus manos sobre mi pecho como si quisiera evitar que siga entrando. Me acomodé bien, la sujeté con fuerza de los hombros y comencé a empujar hasta que sentir que vencía aquella resistencia mientras Daniella respondía con un grito de dolor y trataba deliberarse de la penetración sin éxito.

    Besé su cuello y sus labios, pronto más de las 3/4 partes de mi falo ya estaba dentro. Un último empujón hizo que mi penetración fuese completa.

    -Ahhh… ¡Ya no! ¡Ya no más! -decía entre sollozos.

    -Tranquila… en unos minutos te acostumbrarás.

    -¡No!, me duele, ¡sácalo! me duele, es muy grande.

    -Shhh… ya va a pasar -le dije mientras la comenzaba la besaba y mi mano tomaba uno de sus pechos y jugaba con su duro pezón.

    Poco a poco se fue relajando y las paredes de su vagina comenzaban a acostumbrarse al invasor que tenía alojado. Sus gritos de dolor fueron disminuyendo, esa fue la señal para que comenzara a moverme lentamente retirando mi pene sólo un poco para meterlo otra vez. Los quejidos de dolor comenzaron a salir de su boca nuevamente para luego ser reemplazados por gemidos cada vez más fuertes. Ahora mi pene salía casi en su totalidad para luego metérselo por completo repitiendo el vaivén cada vez más rápido. Ahora sus brazos no me empujaban sino que me abrazó y me atraía hacia ella con todas sus fuerzas y sus piernas se enrollaban en mi cintura. Sus gemidos iban al compás de los movimientos de nuestros cuerpos producto de las penetraciones.

    -¡Ah! ¡Mmmm! ¡Mmmm! sigue, sigue por favor.

    -¿te gusta, perrita?

    -Si. si. No pares. No pares. Voy a llegar

    Aceleré mis movimientos. De pronto siento como me entierra sus uñas en la espalda, veo como sus ojos se ponen en blanco al mismo tiempo que suelta un gran grito de placer y sus caderas se movían bruscamente. Su orgasmo había llegado.

    Lejos de detenerme, continué con mis movimientos sin piedad. Pronto sus gemidos comenzaron a escucharse otra vez. Estaba consciente que mi corría estaba cerca… unos minutos después saqué mi pene de su vagina y lo apunté a sus grandes pechos y comencé a eyacular. Daniella al sentir el líquido caliente tuvo un nuevo orgasmo. Esta vez un poco más suave que los previos.

    Descargué una cantidad generosa de leche sobre sus pechos, moví mi pene y apreté un poco la cabeza para que salga hasta la última gota. Mi pene tenía sus flujos impregnados algunas partes estaban un poco rojos producto de la desfloración realizada.

    Me acosté a un lado, ambos estábamos agitados y cansados por la faena realizada. Se acercó a mi me dio un beso y de echó a mi lado dándome la espalda. Me jalo de mis manos para que la abrazara. Aproveché para colocarme detrás de ella quedando mi pene algo flácido entre sus nalgas.

    -Me gustó mucho -me dijo

    -Te dije que te iba a gustar

    -También dolió como no tienes idea, pero después fue rico. -dijo mientras se pegaba más a mi.

    Estuvimos bastante rato así, hasta que me di cuenta que ella se había dormido. Me levanté con cuidado y me fui a la cocina a tomar un poco de agua. Al volver me quedé contemplándola como dormía desnuda en mi cama. Es sus pechos aún había rastros de mi semen que poco a poco se iban secando. Apagué la luz y me acosté nuevamente a su lado abrazándola.

    ——-

    Faltando poco para el amanecer, Daniela se despierta sobresaltada producto al sexo oral que le estaba haciendo. La había girado boca arriba y abierto las piernas. Mi lengua jugaba con su clítoris y le daba pequeñas mordidas. Mis dedos pronto comenzaron a jugar con sus labios vaginales a lo que ella respondía con gemidos prolongados.

    La humedad de su vagina fue la señal de que estaba lista nuevamente. Tome posición para penetrarla, esta vez ella puso sus manos en mis nalgas y me atrajo hacia ella. La penetración fue lenta pero constante, su rostro mostraba algunas muecas de dolor pero no se quejó, sólo respiraba profundamente.

    Apenas una breve pausa cuando ya tenía todo mi pene dentro de ella y comencé el mete y saca, esta vez no fui tan brusco, buscaba maximizar el placer del momento.

    Sus gemidos comenzaron escucharse por todo el cuarto. Movía sus caderas al compás de vaivén y arqueaba un poco su espalda. Así estuvimos por un tiempo hasta que se corrió. Esta vez su orgasmo fue más duradero y sus contracciones y gemidos fueron más intensos. Aceleré la penetración hasta sentir que acababa. Saque mi pene antes de eyacular, los chorros de semen cayeron en sus pechos y estómago. Daniella recogió un poco con su dedo y se lo llevó a su cara, primero lo olió y después sacó su lengua para probarlo.

    -Tiene sin sabor medio raro… Algo dulce -me dijo.

    -La próxima lo dejó salir en tu boca para que lo sabores.

    -No es una mala idea -dijo con una sonrisa.

    -¿Qué tal dormiste?

    -Un poco adolorida pero bien.

    -Jajaja, que bueno.

    Conversamos de algunas cosas. Le dije que su mamá fue a ver a su papá el fin de semana, y ella me contó porque estaba molesta conmigo: creía que mi llegada al departamento había acelerado la mudanza de su amiga Carla, me confesó que con ella había comenzado a besarse y tocarse mutuamente los pechos, y que estaban planificando pasar la noche juntas, pero su amiga tuvo que mudarse antes de que eso pasara por los problemas financieros de sus padres. Al final quedó todo aclarado que yo no sabía nada de ello.

    Un rato después tomamos una ducha juntos y tomamos desayuno. A pesar de ser sábado, tenía que ir al trabajo por el permiso que había pedido el día anterior, así que me despedí de ella, intercambiamos números de celular se fue a su casa y fui a trabajar.

    Cerca al mediodía, recibo un mensaje de Daniella preguntándome si podía ir a mi departamento porque estaba aburrida. Al responderle afirmativamente, ella me hace una videollamada.

    -Hola, ¿qué haces? -me pregunta

    -Aquí haciendo hora hasta salir, ya acabé mis pendientes.

    -Y a qué hora estarás por acá?

    -En la noche, quedé de reunirme con unos amigos.

    -Ah ya. ¿Entonces no hay problema que esté en tu casa?

    -No, para nada. Sí gustas prepárate algo.

    -Oki. Estaré por aquí por si regresas antes -me dijo con una mirada cómplice mientras alejaba el teléfono y me dejaba ver sus pechos contenidos en un sostén que al parecer le quedaba chico.

    -Está bien, llegaré antes. -le dije con una sonrisa.

    Salí del trabajo, me junté con mis amigos un rato y me retiré antes de tiempo, pasé por el supermercado, compré unas cervezas y unas pizzas y me fui a mi departamento.

    Al entrar, me encuentro con Daniella en mi sala, vestía una de mis camisetas y una tanga. Se levantó y vino a mi encuentro dándome un beso.

    -Hola.

    -Hola, traje pizzas para comer.

    -Excelente, ya estaba con hambre.

    Fuimos a la cocina a comprar las cosas, después de dejarlas, aprovechando el espacio pequeño, la abracé por atrás y mis manos fueron hacia sus pechos para amasarlos y comprobé que no tenía sostén. Se giró y nos dimos un beso. Le dije que me iba a tomar una ducha para estar más fresco.

    Abrí la llave de la ducha y dejé correr el agua mientras pensaba en lo que había pasado en estos dos días y en el pedazo me mujer que me estaba comiendo y que por lo visto iba a seguir comiendo y a la vez venía a mi mente su mamá que también estaba espectacular… Estaba en medio de mis pensamientos cuando siento que Daniella me abraza por la espalda apoyando sus dos melones y como una de sus manos toma mi pene.

    -Hola, ¿te puedo acompañar?

    -Claro. -le respondí

    -¿En qué estabas pensando?

    -En ti, en lo hermosa que eres y que tengo ahora tengo en mis brazos.

    -Ah… que lindo

    Me gire, la comencé a besar mientras que mis manos recorrían toda su espalda y se quedaban en su nalgas las cuales apretaba al mismo tiempo que la atraía hacia mi haciéndole sentir mi pene ya erecto sobre su vientre.

    La giré y la guie hacia la pared, ella se estremeció al sentir el contacto de las frías paredes en su cuerpo, la fui besando por su cuello y mi mano iba en busca de su sexo. Hice que se inclinara hacia adelante y me dispuse a penetrarla desde atrás. Daniella se apoyó con sus manos en la pared, acomodé mi pene en su entrada y comencé a penetrarla lentamente mientras ella lanzaba un gemido muy fuerte. Esta vez no tuve que esperar a que se acostumbrara, sino que comencé con un vaivén rápido. Al poco tiempo ella se movía al compás de mis embestidas buscando que la penetración sea más profunda.

    Luego de unos minutos, la hice arrodillar y le puse mi pene en su boca para que le diera las últimas chupadas antes de que eyaculara. Se tragó todo mi semen sin chistar. Nos terminamos de bañar y salimos del baño. No fue necesario vestirnos, calentamos una pizza y nos pusimos a comer y ver tele en el sofá apenas tapados con una pequeña manta. Como a la media hora recibe una llamada, era su mamá.

    -Hola hija. ¿Cómo estás?

    -Bien mami. ¿Y tú qué tal?, ¿cómo está papá?

    -Ay hija, tu papá y yo tuvimos una pelea y mejor me regresé ¿estás en la casa? Ya estoy llegando al edificio. ¿Te pides algo para comer?

    -¿¡Ya estas llegando!? Si, si ahora pido -dijo poniéndose de pie de un salto y corrió a buscar sus llaves.

    -Sí. Estoy esperando el ascensor. Ya subo.

    -Ya mami. -la cara de pánico era evidente en Daniella.

    Sin tiempo a buscar su ropa, se asomó por la puerta y vio que no había nadie por lo que salió, cruzó el pasillo e intentó abrir su puerta, con tan mala suerte que se le cayeron las llaves, aumentando su nerviosismo. Yo solo miraba divertido la escena, ella ahí, toda desnuda tratando de entrar a su casa. Finalmente logro abrir la puerta, y entró cerrando la puerta tras de ella. Yo también entré, cerré la puerta de mi departamento y me quedé mirando por la mirilla de la puerta. En unos pocos segundos la puerta del ascensor se abrió y apareció Elizabeth. Se quedó parada en su puerta unos instantes como si estuviera pensando en algo para luego entrar a su departamento.

    Cerca de la medianoche, Daniella me mandó un mensaje disculpándose por ni siquiera haberse despedido pero que la llegada de su mamá la había tomado por sorpresa. A lo que le respondí que no había problema porque entendía. Me dijo que me iba a compensar después pero que me mandaba un adelanto. Me mandó una foto de ella frente al espejo vistiendo una diminuta tanga y un sostén que apenas cubría sus pezones. Había escrito mi nombre en su vientre justo encima del límite de su tanga. Me quedé alucinado.

    Intercambiamos algunos mensajes más con alto contenido sexual y luego nos despedimos quedando para vernos después

    Al día siguiente, un mensaje de Daniella me despertó temprano avisando que iba a salir todo el día con su mamá. Al parecer la pelea con su papá ha sido un poco fuerte y ella quería distraerse. Comencé a planificar mi día el cual pasó sin ninguna novedad. Hasta la noche.

    Salí a atender el llamado a mi puerta. Pensé que era Daniella, pero en realidad era Elizabeth.

    -Hola.

    -Hola. -Respondí algo sorprendido.

    -Quería agradecerte por estar al tanto de mi Dani. Ella me contó que le invitaste a comer pizza.

    -Ah. No es nada -le dijo un poco a la defensiva por no saber que más le había dicho Daniella.

    -Si vale mucho para mi que hayas estado al tanto de ella. Te debo una.

    -De verdad, no te preocupes. Cuando quieras. ¿Y cómo te fue en tu viaje? ¿Sorprendiste a tu esposo?

    Su semblante cambió en un instante. Se puso triste y bajó la mirada

    -No salió como lo esperaba -dijo casi entre sollozos.

    -Lo siento mucho.

    -Me siento tan mal. Como si hubiese sido dejada de lado.

    No pudo más y dejó caer unas lágrimas, a lo que yo atiné a abrazarla. El perfume que emanaba era embriagante y no pude evitar oler su cabello. A lo que ella al darse cuenta se separó un poco.

    -Tal vez quieras conversar sobre eso -le dije -si gustas pasas y te invito un café.

    Ella me quedó mirando, hizo el ademán de querer entrar pero se detuvo y me dijo:

    -Ahora no puedo. Quedé con Dani en salir a comer algo.

    -Está bien. No hay problema. Quedo a tu disposición para lo que quieras.

    -Es bueno saberlo. Tal vez en otro momento podamos conversar.

    -Vale -respondí

    Y ese momento llegó el jueves siguiente…

    Continuará.

  • Me convertí en esclava sexual durante la cuarentena

    Me convertí en esclava sexual durante la cuarentena

    Tenemos muy gratos recuerdos de nuestras experiencias sexuales, tuvimos la fortuna de encontrar a las personas idóneas con las que vivimos fantásticos e inolvidables vivencias, que cada vez que las recuerdo las revivo en mi memoria y doy gracias por la vida que me ha tocado.  Quiero platicar nuestra última experiencia, donde me convertí en esclava sexual y a la vez conseguí a un par de sirvientes, la historia comienza así:

    Como todos, experimentamos el confinamiento, Frances y yo vivimos solos desde hace varios años, nuestras hijas se aislaron en sus casas y la comunicación era por medio de video llamadas, pasaron los días y nos manteníamos en contacto por whatsapp con nuestros familiares y amigos, excepto uno de ellos nuestro gran amigo Carlos que radica en Monterrey, llamaba 2 o 3 veces al día para decirnos que se sentía muy solo, el forma parte de las estadísticas de divorcios, sus hijos ya no vivían con él por lo que literalmente si estaba solo. Trataba de convencernos de que le diéramos cobijo en casa, que haría lo que le pidiéramos y se portaría bien, fue tanta su insistencia que le dije que aceptaría, siempre y cuando cumpliera lo que le ofreció. Me lo agradeció varias veces y lanzo un grito de júbilo, me dice saldré mañana por la mañana, viajare en mi auto, nos veremos pronto.

    Al colgar Frances me dice, “por fin te convenció” y asentí con un movimiento de cabeza. Gran parte del día siguiente me dedique a arreglar una pequeña casita de visitas que se encuentra en la parte trasera de la casa, tenía mucho polvo ya que muy pocas veces se utiliza. Cuando salí de darme un merecido baño me aviso Frances que Carlos le llamo para informarle que estaba entrando a Guadalajara, por lo que no tardaría en llegar. Había dejado las llaves pegadas a la puerta, agua, cervezas y alimentos en el refri y un par de botellas en el serví bar, procuré que no requiriese nada por un par de días.

    Llamo al estar frente al portón del garaje de la casa, vimos por la cámara de vigilancia para checar que todo estuviera bien, mientras entraba le dije, te vas derechito a la casa, si necesitas algo nos avisas por el interfono, te das un baño y toda tu ropa la llevas al canasto que te puse en el centro de lavado, descansa y nos hablamos más tarde.

    No llamo hasta el día siguiente, el viaje lo había cansado, platicamos y reímos y llegamos a las condiciones para su estancia en casa. Carlos tendrás que estar recluido 2 semanas, no queremos correr ningún riesgo, si te llegas a sentir mal de cualquier cosa, inmediatamente nos avisas, mañana haremos el pedido de la despensa por lo que me envías un mensaje con todo lo que necesites, sé que no tendrás problemas para tu comida porque te gusta cocinar, la estufa funciona perfectamente, te deje todos los utensilios y sartenes que necesitas, si me falto algo te lo hago llegar y ya no te sientas solo, cuando pasen estas dos semanas estaremos los tres juntos.

    Pasaron los días, tenía que salir y desde lejos saludarlo no se cansaba de darme las gracias por recibirlo, su estado de ánimo se la mejoro y trabajaba en sus inversiones con mucho entusiasmo.

    Conocimos a Carlos en una Expo Industrial que se celebró en Guadalajara, nos interesó una maquinaria de su empresa. Se ofreció ir a visitar nuestro negocio para saber a ciencia cierta cuál era la maquina más idónea para satisfacer nuestras necesidades de ese momento y futuras. Le dimos la dirección y acordamos vernos a la 1 de la tarde. Nos dio una excelente explicación y lo invitamos a comer para cerrar el trato. Hubo mucha química entre los 3 es simpatiquísimo y ocurrente al igual que mi esposo es de nuestra edad y nos entendimos a la perfección.

    Paso aproximadamente un mes y recibimos su llamada para informarnos que la maquina ya estaba lista, que le había dado prioridad a nuestro pedido porque lo habíamos invitado a comer y le habíamos caído muy bien y que vendría con el técnico para agilizar y supervisar la instalación.

    Recuerdo ese día, me llamo Frances para pedirme que fuera para que viera la maquina funcionando y de paso a saludar a Carlos que pregunto si acudiría a la fábrica para ver el funcionamiento de la máquina. Después de ver su funcionamiento se despidió no sin antes pedirnos que aceptáramos su invitación de ir a cenar, tenía que regresar a Monterrey al día siguiente por lo que tendría que ser ese mismo día. No teníamos ningún compromiso y Carlos nos había agradado por lo que aceptamos la invitación al lugar que nosotros elegimos obviamente porque él no conocía y nos pidió que fuésemos nosotros los que eligiéramos el lugar que tenía que ser algo tradicional en Guadalajara.

    Pasamos al hotel donde se hospedo y nos dirigimos a Tlaquepaque, clásico en el camino preguntamos y nos preguntó de todo, nos enteramos que tenía 5 años de divorciado, que tenía 2 hijos y sin novia, debido a la carga de trabajo que había sido el causante según el de su divorcio, pero que lo disfrutaba mucho y por el momento eso lo satisfacía. Comimos y bebimos mucho tequila, dieron las 11 de la noche, pagamos y nos fuimos a dejarlo, cuando bajo del auto se despidió muy amablemente le dijo a Frances que lo envidiaba por tener una mujer tan atractiva, que me cuidara mucho y me consintiera porque era alguien muy especial. Le dimos las gracias por sus palabras y por la invitación, que se cuidara y descansara ya que tenía que levantarse temprano para tomar el vuelo.

    Al día siguiente Frances me llamo para decirme que encontró un portafolio que pertenecía a Carlos, que ya lo había tratado de localizar, pero el celular estaba apagado y aun no llegaba a la oficina, deje recado de que se comunique con nosotros, si te llama a ti, pregúntale si gusta que se lo enviamos por paquetería.

    Más tarde recibí su llamada,

    -Hola señora buenos días soy Carlos G., trate de comunicarme con su esposo, pero me informaron que se encontraba con unos clientes y que me comunicara con usted, dígame en que puedo ayudarlos.

    -Que tal Carlos, te busco mi esposo porque encontró un portafolios que te pertenece, me interrumpió para agradecerme ya que él no sabía dónde lo había perdido, estaba seguro que se le olvido en el hotel.

    -Llegué tarde a la oficina porque estuve en el Aeropuerto para que revisaran si no lo había dejado en el avión.

    -Pues ya no te preocupes, tenemos la dirección de tu empresa, te lo enviaremos hoy mismo y lo tengas mañana mismo.

    -No sabe que gran peso me ha quitado, estoy en deuda con ustedes agrego.

    -Carlos quiero agradecerte por las lindas palabras que dijiste de mí el día de ayer, ¿Te puedo pedir algo y hacerte una pregunta?

    -Por supuesto dígame

    -No me digas señora, me llamo Romina y así prefiero que me digas, ¿de acuerdo?

    -Gracias por la confianza, como no voy a estar de acuerdo y que me quieres preguntar

    -Bueno, te comento que percibí que te agrado como mujer, tú eres muy atractivo, educado y muy simpático. Te voy a decir algo, si no va con tu forma de pensar descártalo y hagamos de cuenta que estas palabras nunca se dijeron. Somos un matrimonio abierto, nos gusta divertirnos y hemos experimentado varias cosas, pero lo que más nos agrada es tener relaciones sexuales entre 3, yo, Frances y un tercero, él es 100% hetero sexual, pero disfruta mucho el verme gozar. Por lo que te quiero preguntar si te interesaría vivir una experiencia como esta, hubo una pequeña pausa el silencio se hizo presente.

    -Romina, te pido me creas que lo te voy a decir, desde que te conocí no he podido dejar de pensar en ti, pero… ¿Frances está de acuerdo?

    -La que decide con quien comparte su cuerpo soy yo y me gustaría mucho poder disfrutarte,

    – ¿Cuándo quieres que vaya?

    -A mí me gusta tener sexo sin condones, por lo que te pido no tengas relaciones por 15 días y realízate unos exámenes para descartar cualquier enfermedad, incluso la de Elisa, desde hace unos meses no he tenido relaciones con otro que no sea mi esposo, pero te ofrezco lo mismo.

    Y así fue como conocimos a Carlos, la primera experiencia con él será otra historia, pero desde ese entonces, sabe que debe hacer si quiere intimar conmigo.

    Vuelvo a la historia, disculpen, termino la cuarentena para él y se volvió loco abrasándome y llenarme de besos, esa tarde ya comimos juntos, bebimos juntos y cogimos juntos. Fueron unos días muy pesados para mí, ya que, aunque me ayudaban, el tener sexo diario con 2 hombres y los quehaceres de la casa es muy cansado. Era por la mañana, o por la tarde o noche, a mi esposo le enciende que otro hombre me desee, me quitaban la ropa, solo me dejaban en pantaleta y con el mandil si estaba haciendo la comida, hacían su trabajo rápido y empezaban a manosearme, hasta que les puse un alto.

    Señores, esto no puede seguir así, estoy muy cansada, lo disfruto, pero no podemos seguir así, por lo que solo tendremos sexo 2 veces a la semana, así que me dejaran de coger por 3 días para descansar y les pido que no me estén hostigando, porque una no es de palo y siento, fin de la charla.

    Se quedaron mudos, no acertaron a decir nada, pasaron dos días y terminar de comer, me piden los acompañé a la sala, debían decirme algo, no sabía que querían decirme, sabía que habían estado platicando los días anteriores muy silenciosos, no tuve curiosidad de entrometerme en su conversación.

    -Querida, hemos platicado y queremos ayudarte a que te sientas bien, Carlos te dirá la propuesta que te queremos hacer.

    -Romina, te pido una disculpa por ser tan imprudentes y no considerarte, hemos platicado mucho y queremos seguir viviendo esta pandemia disfrutando lo que tanto nos gusta con la mujer más increíble que existe, por lo que seremos tus sirvientes, tu solo ordenaras y nosotros haremos absolutamente todo, yo me encargare de las comidas y las tareas del hogar ya nos las dividimos y estás en tu derecho de corregirnos lo que hagamos mal. A cambio tú serás nuestra esclava sexual, estarás obligada a satisfacer nuestras fantasías cada tercer día, en un horario de las 8 de la noche hasta que estemos agotados, eso sí deberás estar siempre con baby doll o lencería. Descansaras y estarás cuidando esa hermosa cara y exquisito cuerpo ¿Aceptas?

    -Lo dijo con tanta seriedad que descarté reírme por la ocurrencia, por lo que les pedí hicieran un contrato detallando como deberíamos de proceder y en caso de incumplimiento por parte de ellos, quedaría automáticamente cancelado el acuerdo y no habría más sexo a menos que yo quisiera, Frances intervino y dirigiéndose a Carlos le pidió que agregara una cláusula en el contrato, donde se me exigía que yo debía de estar permanentemente maquillada, peinada con Baby Doll o lencería sin faltar zapatillas, seria severamente castigada si incumplía esa cláusula.

    -Pregunte ¿qué tipo de castigo?

    -Todo relacionado al sexo, no te preocupes, contesto Frances.

    Pasaron los días y realmente me gusto ser atendida como reina, me levantaba a la hora que quería, descansaba sin preocuparme absolutamente de nada, trataba de comunicarme con mis hijas antes de maquillarme.

    El sexo se volvió muy intenso, nos entregábamos con mucha pasión, no hubo nada que nos probáramos se esforzaban en darme el máximo de placer, regularmente me quedaba en cama desfallecida llena de semen, esos días dormía sola, Frances se quedaba en una habitación que fue ocupada por una de mis hijas y Carlos dormía en su casita.

    Un día subieron, ya sabían que antes de ducharme y arreglarme hablaba con mis hijas y riéndose me dicen, “Incumpliste el contrato, serás castigada” lo habían planeado, se las había ocurrido hacerme algo que seguramente no me agrada. Me amenazaron diciéndome que al día siguiente recibiría mi castigo.

    Llego el día de mi castigo, como de costumbre llegue y me sirvieron mi vino tinto muy frio, me abrazaron y besaron, ambos me toman de la mano y me llevan a un banco de la cantina que colocaron en el centro de la sala, me ayudaron a acomodarme porque es alto y se retiran, tomaron asiento. Tomo la palabra mi esposo.

    -Romina somos dos jueces, por lo que recibirás doble castigo, primero Carlos te dirá que deberás cumplir.

    -Yo quiero que me lamas el culo, yo estaré de pie con las piernas abiertas y mientras lo haces, me estarás masturbando, lo harás hasta que consigas que me venga, para lo que te avisare para que me pongas tus senos y eyacule en ellos.

    -Solo asentí con la cabeza

    -Yo quiero que recibas mi semen en tu boca, nunca lo has permitido, pero es algo que deseo sentir, así que empecemos los castigos serán al final.

    No fue desagradable como lo imaginaba, ahora es algo que hacemos y lo disfruto.

    Gracias por leerme y el próximo relato será como me festejaron mi cumpleaños, besos y hasta pronto.

    Romina y Frances

  • La convocatoria

    La convocatoria

    Por tercera semana consecutiva, Ana se quedaba fuera de la convocatoria de su equipo. Incomprensiblemente había pasado de ser una titular indiscutible en el lateral izquierdo de su equipo a la grada directamente. Por eso, cuando el míster dio la lista de convocadas para el partido en Madrid, Ana arrojó el peto contra el suelo y pateó un botellero camino del vestuario. Incluso desde el césped se oyó un grito de rabia precedido de un portazo.

    El técnico mantuvo la calma mientras el resto del equipo se mantenía en un tenso silencio. Segundos después se formaron algunos corrillos que, entre murmullos, comentaban la situación de Ana en el equipo. Unas la criticaban:

    -Coño es que no va a jugar por norma…

    Otras trataban de comprenderla:

    -Es que el míster no le da ni una explicación. Ha pasado del campo a la grada sin más.

    El entrenador por fin dio por concluido el entrenamiento:

    -Venga! Todas al vestuario. Estas cosas son normales en la élite. Todas queréis jugar, pero yo solo puedo poner a 11.

    Las chicas abandonaron el césped camino del vestuario. La única que no había tomado posición en la situación era Mirtha. La brasileña que se beneficiaba de la situación de Ana.

    Ésta era la típica lateral brasilera. Zurda, potente, de largo recorrido y, a sus 22 años (4 menos que Ana), tenía una tremenda proyección en el mercado internacional. Dentro de la plantilla, muchas sospechaban que el míster tenía un interés económico en una posible venta, de ahí que la antepusiese a Ana en el lateral izquierdo. Otras, como Mariela (veterana y capitana del equipo), iban más allá en ese interés. El técnico, profesional frustrado en su día, tenía mucho tirón entre las mujeres y se rumoreaba que alguna de sus jugadoras había caído rendida a sus pies. La capitana hablaba con conocimiento de causa. Ella misma había pasado por su cama hacía unos años. Mirtha era un bellezón de ébano con cuerpo de modelo. Incluso Mariela se había sentido atraída sexualmente por el cuerpo de la brasileña cuando se duchaban. Esas tetas duras de buen tamaño. Con esa aureola perfecta de la que sobresalía un gordo pezón negro. Aquel culo de nalgas potentes y piernas musculadas. Y esa cara de femme fatal de verde mirada lasciva.

    El entrenador, en su despacho, recibió un whatsapp. Era de Ana:

    “¿Podemos hablar?” –Pidió Ana.

    “Sí, claro. Estoy en mi despacho” –Contestó él.

    “No. Prefiero que sea en el vestuario. Está prácticamente vacío.”

    El técnico se levantó y se dirigió hacia el vestuario. Las últimas jugadoras abandonaban el vestidor. Al entrar en la sala, el olor a gel de ducha y desodorante lo impregnaba todo. Una de las duchas permanecía con su grifo abierto. Solamente estaban Ana, que aún no se había duchado y permanecía con un culotte negro y un sujetador deportivo del mismo color, y Mirtha, la brasileña, que paseaba su desnudez con descaro. El entrenador la observaba con media sonrisa.

    La verdad es que la brasileña era una mujer espectacular. Esa melena negra mojada caía sobre sus hombros redondeados. Sus impresionantes tetas desafiaban a la gravedad y sus pezones erectos apuntaban hacia arriba retadores. Su abdomen plano y definido era la antesala de un Monte de Venus con una estrecha franja de vello rizado. Sus piernas musculadas soportaban unas nalgas duras y muy desarrolladas. Ana y el entrenador permanecieron en silencio hasta que la brasileña se terminó de vestir y abandonó el vestuario:

    -Bien, ¿qué quieres Ana?

    -Jugar

    -Eso te lo tendrás que ganar como todas.

    -Venga, no me jodas.

    -¿Qué insinúas?

    -¿Me vas a decir que esta tía –haciendo un gesto con la cabeza en señal a la puerta por la que acaba de salir Mirtha- lo hace mejor que yo?

    -Venga Ana. Sabes de más que por esta tía tiene mucho nivel.

    -Venga ya, tío. No me cuentes historias. Tengo que jugar, joder. Sabes que la semana que viene tenemos el partido del año. Y que me están siguiendo para ser convocada para el Mundial. Si no juego me quedo sin cita. Estarán mis padres y mi novio. Tengo que jugar joder. Y sabes de más que soy mejor que la brasileña.

    -Bueno, eso de que eres mejor es una opinión tuya.

    -¿Qué pasa? ¿Qué te la estás tirando? ¿Es eso?

    -Ana, ¿pero qué estás diciendo? Me acusas de acostarme con mis jugadoras. Tengo mujer y familia…

    Ana lo miró a los ojos y comenzó a llorar de impotencia. El entrenador se acercó a ella y la abrazó. El cuerpo de Ana estaba frío. Él, bastante más alto, la envolvió entre sus brazos. Durante unos minutos en las que la excitación fue en aumento:

    -Dime que tengo que hacer para ganarme el puesto y lo haré, aquí y ahora.

    -¿Hasta dónde estás dispuesta a llegar por ser titular?

    Ana se giró y comenzó a restregar su culo contra el paquete del entrenador. Le cogió las manos y se las llevó a sus tetas. Eran pequeñas pero las tenía muy bien puestas:

    -Hasta donde haga falta.

    -Qué putita eres. –El entrenador comenzó a amasar las tetas por encima del sujetador deportivo de Ana.

    -Y así es como te gustan a ti, ¿no? Una putita dispuesta a hacer lo que sea. A entregarse a ti.

    El entrenador comenzaba a estar empalmado y su polla abultaba dentro del pantalón de su chándal y topaba con los glúteos de Ana. Ella agarró las manos de él y las apretó contra sus tetas. Le obligó a clavarle los dedos. Sus pezones se habían endurecido hasta marcarse en la tela del sujetador. El míster los pellizcaba con sus dedos:

    -¿te gustan mis tetas?

    -Me encantas tú.

    Ana comenzó a buscar la polla de su entrenador llevando su mano hacia atrás e introduciéndola dentro del pantalón. El hombre comenzó a bajar el culotte de Ana dejando a la vista un magnífico culo en el que contrastaba el bronceado con la marca blanca de la braguita del bikini. Ella comenzó a pajear lentamente al entrenador hasta conseguir sacarle gemidos de placer. El hombre acercó su cuerpo más al de su jugadora y golpeó su polla contra el culo desnudo de ella. El líquido pre seminal mojaba las nalgas de Ana.

    La jugadora se giró y mirando al tipo, 20 años mayor que ella, se quitó el sujetador deportivo quedando totalmente desnuda ante él. Sus tetas eran pequeñas con una aureola muy oscura de la que sobresalía un pezón gordo. Su musculatura fibrosa le permitía un abdomen bien definido y su coño, totalmente rasurado, tenía unos labios gordos y henchidos por la excitación.

    Ana se agarró al cuello de su entrenador y le besó apasionadamente. Metiéndole la lengua muy dentro y mordiéndosela. Él recorría el cuerpo de la chica con sus manos. La piel era sedosa y su olor era embriagador. El hombre comenzó a besarle el cuello mientras ella suspiraba con las atenciones. Ella le detuvo y sin dejar de mirarle a los ojos fue descendiendo hasta arrodillarse ante él. Lentamente tiró del pantalón del chándal y su polla saltó como un resorte ante sus ojos. Era de tamaño estándar pero de un grosor bastante grande. Ana recordó la de su novio, Carlos, menos apetecible que la de su entrenador.

    Ana abrió la boca y sacó la lengua para lamer aquel glande rojo intenso que tenía ante sus ojos. El sabor salado le pareció excitante. Volvió a lamer desde la base de la polla hasta la punta para luego introducírsela lentamente hasta la campanilla. El entrenador suspiraba sintiendo como su polla se derretía en el interior de la boca de su jugadora. Notaba como jugaba con la lengua sobre su capullo:

    -Joder, Ana, que bien la chupas, putita.

    La jugadora se la sacó y dirigió su boca a los huevos del hombre. Succionó para tragarse uno de ellos mientras con la mano pajeaba la polla. Luego hizo lo propio con el otro:

    -Dios, que guarra eres, Anita.

    La chica volvió a introducirse le tronco de la polla hasta el fondo de su boca. Cuando el entrenador le sujetó la cabeza y comenzó a follarle la boca:

    -Toma perra. Traga polla si quieres jugar.

    Ana se asfixiaba con los puntazos que le estaba dando. Notaba como el capullo pasaba de la campanilla provocándole arcadas. El tipo le estaba violando la boca sin compasión y ella solo podía abrir la boca sintiendo como sus babas salían por la comisura de los labios cayendo sobre sus tetas. Mojando su pezones endurecidos de excitación. La imagen era realmente morbosa. Un entrenador abusaba de una de sus jugadoras que se le había insinuado para conseguir su favor y la titularidad. En medio de aquel frío vestuario, la chica 20 años menor que su entrenador, estaba arrodillada ante él tragándose la polla de él hasta la campanilla.

    Antes de correrse, el hombre la ayudó a levantarse del suelo. Se quitó la sudadera y quedó desnudo ante la chica. Se volvieron a besar, juntando sus cuerpos de deportistas. Ella se abrazó a su cuello y él la levantó en vilo y la llevó a las duchas. Abrió el grifo del agua caliente y se metieron debajo. Contra la pared, el entrenador dirigió la punta de su polla hasta la rajita del coño rasurado de Ana y la penetró. El coño caliente y lubricado de la jugadora se abrió al paso del grosor de la polla del entrenador. Un grito de placer invadió la sala cuando el hombre volvió a clavar su polla hasta el fondo de la vagina de la chica. El agua caliente caía sobre ellos mientras se follaban de manera apasionada. Se besaban, se mordían y gemían.

    -Dame polla cabrón.

    -¿Te gusta que te la meta?

    -Sí cerdo. Dame fuerte joder

    -Que zorra eres. Te quería follar desde que llegaste al equipo, puta.

    -¿A cuántas jugadoras te follas, hijo de puta?

    -¿Qué más da?

    -Quiero ser tu puta preferida cabrón.

    -Eso cuesta más.

    Ana se quedó mirándolo a los ojos:

    -¿Qué más quieres?

    La jugadora se colocó en el suelo bajo el chorro de agua caliente, de cara a la pared y sacó su culo en un claro ofrecimiento a su entrenador:

    -Es tuyo. Rómpemelo, cabrón.

    El míster acomodó su polla en la entrada del culo de su futbolista y de un golpe de cadera la penetró. Ana dio un grito de verdadero dolor. Apoyada contra la pared, bajo un chorro de agua caliente, la jugadora se dispuso a sufrir aquella sodomía por conseguir un puesto en el equipo titular. El hombre, agarrado a su cadera empujaba contra el culo de Ana:

    -Ay, agg… joder, cabrón, agg… -La jugadora estaba sufriendo un duro castigo anal por parte de su entrenador.

    -Toma perra. No querías jugar de titular… pues sufre puta…

    -Dame fuerte, hijo de puta. ¿Te gusta abusar de una jovencita, no? Cabrón.

    Ana, apoyada contra la pared, sentía el frío de los azulejos en sus tetas mientras su ojete ardía con la entrada del capullo de su entrenador. Le latía el culo intentando dilatarse mientras el ariete de carne percutía una y otra vez. El míster era un auténtico empotrador y la estaba destrozando bajo aquella ducha caliente. Literalmente le estaba reventando el culo a pollazos.

    Casi sin fuerzas en sus piernas, Ana se sostenía sobre la polla de su entrenador. Giró la cabeza y la apoyó contra la pared cuando vio en la entrada de las duchas como Mirtha, la brasileña que le había robado la titularidad, observando aquella enculada que estaba recibiendo. La voyeur la miraba y Ana le aguantaba la mirada, entregada al sexo anal:

    -Z-O-R-R-A… -La definió su rival camuflada para no ser vista por el entrenador que estaba a punto de correrse.

    El hombre aceleró sus embestidas contra el culo de Ana que comenzó a gritar como una loba. Su culo ardía. Notaba la polla muy adentro. Y por fin un grito del entrenador le anunció que se corría dentro de sus entrañas. Numerosos chorros de lefa caliente inundaron sus intestinos. Tuvo que soportar un par de puntazos más y que hiciera fuerza dejándosela muy adentro durante varios segundos que a ella le parecieron un mundo.

    Cuando el entrenador se la sacó del culo, la chica cayó al suelo rendida por el castigo recibido. El agua caía sobre ella, arrodillada en el suelo de la ducha de su culo salían los restos de la batalla. Gran cantidad de semen manaba de su agujero trasero y caía al agua que se acumulaba en el plato de la ducha. El entrenador de pie, se limpiaba los restos del sexo anal con el que su jugadora se aseguraba la titularidad en el futuro.

    Una semana después, Ana volvía a la convocatoria primero y a la titularidad el día del partido. Mirtha aceptó su derrota ante ella pero los la relación entre las compañeras quedó rota para siempre.

  • Placeres peligrosos

    Placeres peligrosos

    El hospital la mantuvo ocupada toda la semana sin dejarle opción a pensar en otra cosa que no fueran las operaciones programadas, por lo que en ese sentido el cansancio había evitado que hiciese sus salidas nocturnas, pese a que de tanto en tanto sus pensamientos evocaran su último polvo con un amante que había sido realmente bueno. De todos modos su intención era no repetir más de una vez con el mismo, por consiguiente, así era más fácil evitar algún vínculo emocional, del mismo modo que era un modo de que su identidad permaneciese en el anonimato. No quería tener relaciones con ningún otro médico del hospital, pues a ojos de todos, ella disfrutaba de un dichoso y próspero matrimonio, incluso para su esposo, todo indicaba estar en orden. En cambio, la verdad distaba mucho de las apariencias.

    Aunque Alberto siempre parecía estar a su disposición, Cristina salía igualmente en busca de un buen polvo para satisfacer unos deseos irrefrenables que en la monotonía del matrimonio no encontraba. Sólo sexo, sin más complicaciones, y con ello apaciguar a la bestia que se agitaba en su interior.

    Su trabajo de neurocirujana le permitía encontrar las coartadas para sus aventuras. Cuando quería echar un polvo fingía una urgencia y salía entrada la noche en busca de algún candidato que casi siempre encontraba. Su marido no se cuestionaba la falsedad de ciertas urgencias porque toda la vida habían existido. Sin embargo, en los últimos meses el volumen de ellas se había incrementado significativamente, no obstante, en ningún momento barajó la posibilidad de que su esposa le estuviese engañando, sino todo lo contrario, tenía plena confianza a pesar de los diez años de matrimonio que ya llevaban a sus espaldas. Por lo tanto, para Alberto la relación iba viento en popa. Amaba y deseaba a su esposa por igual. Se congratulaba que fuera tan activa sexualmente, lo que no sabía era hasta qué punto.

    Solía frecuentar varios pubs, tomaba una copa y no tardaba mucho en tener compañía y si ésta le agradaba acababa en la cama de su rondador, e incluso a veces en el coche. La última vez fue en el capó del coche en un descampado en lo alto de una montaña con vistas a la ciudad. Aquello fue un polvazo digno de recordar que sofocó el volcán durante unos días.

    No se vestía demasiado sofisticada, no le hacía falta. Sólo se ponía su ropa de calle y con eso era más que suficiente. Su porte y su percha hacían el resto.

    La estrategia de esa noche fue la misma. Se duchó, a continuación hizo sonar el mensaje para que se oyera, se vistió y se despidió de su marido con un beso.

    No había mucha gente en el local. Los miércoles por la noche eran bastante tranquilos. Sólo una pareja haciéndose mimos en un reservado, alguien que desahogaba sus penas en la barra junto a un whisky y dos amigos jugando al billar.

    Cristina se sentó en la barra y pidió un gin tonic, automáticamente los dos hombres repararon en ella. Ella también los miró furtivamente evaluando la mercancía, y en principio no encontró nada que mereciese la pena. Los dos hombres parecían un tanto desaliñados y sus modales no eran muy protocolorarios, prueba de ello era la indiscreción en sus miradas examinando a la atractiva mujer que estaba en la barra buscando algo más que un gin tonic. A esa conclusión llegó el más charlatán que, después de susurrarle algo a su compañero se dirigió hacia ella, al parecer, con sus mismas intenciones, pero a la dama, el desaliñado conquistador no le gustaba tanto como para follárselo. Cristina no era muy remilgada, pero había unos mínimos.

    Jorge se presentó y Cristina educadamente también le dijo su nombre. El hombre se percató de su anillo y dedujo que estaba casada, lo cual era indicativo casi inequívoco de que aquella mujer buscaba algo más que un gin tonic, por tanto desplegó sus dotes de conquistador en las que parecía muy capaz de desenvolverse perfectamente gracias a su verborrea, mostrando pues una retahíla de frases ingeniosas que a Cristina le hicieron desplegar una encantadora y cautivadora sonrisa, y eso podía ser un indicio de tener alguna posibilidad con aquella mujer madura de treinta y ocho años que en un principio parecía inalcanzable. Ahora bien, ella sabía, y ya lo detectó a distancia, que aquellos dos patanes no eran de tener muchas luces. En cualquier caso, Jorge no le cayó mal y decidió seguirle el juego, dado que sus opciones en esos momentos eran exiguas, y ante la receptividad de ella, su donjuán se animó a seguir con el parloteo hasta que decidió ir un paso más allá.

    Cristina estaba sentada en el taburete junto a la barra bebiendo pequeños sorbos de su gin tonic y Jorge permanecía de pie junto a ella. Su dedo se posó en su pierna a través del vaquero y se deslizó por él unos centímetros a modo de insinuación por comprobar hasta donde llegaban sus posibilidades, sin embargo Cristina seguía sin encontrarle ninguna virtud al hombre que se le estaba insinuando, sólo el palique con el que se valió para llevar a buen puerto su cortejo. No obstante, no le pareció un motivo suficiente para fornicar con él. Cuando estaba decidiendo que iba a marcharse (quizás a otro pub), el otro amigo se unió a la charla o lo que fuera que estuviese haciendo su compañero. Por lo que pudo comprobar, su aliado estaba yendo más lejos de lo que cabía esperar con aquella sofisticada dama y él no quería quedarse atrás.

    Se presentó diciendo que se llamaba Julián y Cristina le devolvió el saludo cortésmente. Si Jorge no le gustaba físicamente, Julián aún le gustaba menos, pero la verdad era que había salido caliente de casa con la intención de echar un polvo que aliviara su entrepierna, y se iba a marchar igual o peor que había salido. Reflexionó unos instantes y ponderó la idea de fornicar con dos tíos a la vez. No lo había hecho nunca, aun cuando la idea la había seducido en más de una ocasión, de modo que después de tomarlo en consideración unos segundos, echó el resto y dijo: –qué caray—. El hecho de haber estado a pan y agua durante una semana fue determinante para tomar la decisión de follarse a esos dos patanes.

    Julián lo tenía claro. Ante él tenía a una dama realmente atractiva que superaba todas sus expectativas, y era consciente de lo que se le presentaba. Nunca hubiese imaginado que la noche acabaría acostándose con semejante diva.

    Julián era un poco más bajo, vestía tejanos, al igual que su amigo, y una camisa a cuadros bastante chabacana. Tenía 37 años y Jorge 38, era moreno con unas pronunciadas entradas en las sienes. No era guapo, no era atractivo, ni siquiera resultón.

    —¿Qué estoy haciendo? —se preguntó todavía con ciertas dudas.

    Cuando las presentaciones estuvieron hechas y las vocecitas acalladas, decidieron ir a un piso de Jorge que, según contó, era de una tía suya que estaba en el asilo, y probablemente él lo utilizaba como picadero. Aquel lugar le pareció de lo más sórdido y volvió a preguntarse qué coño estaba haciendo.

    Julián parecía mucho más respetuoso. Jorge abrió la puerta y entró directamente a la vivienda, por el contrario, su amigo le cedió el paso a Cristina, mostrándose más caballeroso. Caminaron por un largo pasillo de paredes altas en el que las baldosas se movían al pisarlas. Llegaron a un cuchitril de habitación donde posiblemente habitaba una gran variedad de fauna de lo más variopinta. Jorge encendió la lamparita, que más bien parecía un candil, (por su luz) que una lámpara. Aquella habitación olía a sexo y a semen rancio, y eso le provocó un desconcierto y cierto rechazo, pero ya no había vuelta atrás. Al menos agradeció comprobar que las sábanas estaban limpias, aunque con rodales amarillentos muy reveladores. Dejó el bolso en el butacón sin saber muy bien qué hacer. Estaba nerviosa, su libido se había esfumado. Hizo un esfuerzo mental convenciéndose a sí misma de que al fin y al cabo era lo que quería. Había salido a echar un polvo y ahora posiblemente no iba a ser solamente uno, sino que la iban a poner tibia.

    Fue Jorge quien dio el primer paso. Aferró su nalga a través del pantalón vaquero cerciorándose del firme trasero que estaba a su disposición. Y no sólo su trasero, todo su cuerpo era enteramente para ellos en ese momento.

    — ¿Qué me dices Julián? ¿Qué te parece ésta casada? —le preguntó a su amigo.

    — Está buenísima, —contestó Julián al mismo tiempo que le cogía la otra nalga a Cristina.

    Ella estaba en el centro y ellos, uno a cada lado, se apropiaba de una nalga y una teta, compartiendo aquel regalo caído del cielo como buenos amigos. Cristina empezó a notar las caricias de ambos y su libido regresó. Decidió que ella también quería ser parte activa de la fiesta. Sus partes íntimas eran atendidas por aquellas cuatro manos que emulaban los brazos de un pulpo. Cristina deslizó las suyas hasta alcanzar sus paquetes.

    — A esta madura le gustan las pollas más que a un niño los caramelos. ¡Vamos, agáchate que tienes dos pollas esperando! ¿no es lo que querías? —le dijo Jorge, sabiendo que aquella mujer había salido a buscar sexo y sabía muy bien lo que quería, pero a Julián le resultaba incómodo que le hablase de forma tan vulgar a Cristina, pese a ello, a ella parecía no importarle sus toscos modales. Se puso de cuclillas frente a las dos jorobas y empezó a sobarlas. Jorge se desabrochó el tejano y saco un miembro de buen tamaño y completamente erecto. Por su parte, Julián extrajo el suyo y se lo plantó en la cara, y no tuvo dudas en darle un notable a aquella verga que apuntaba a su rostro. Las dos eran dos pollas más que aceptables, pensó. La de Jorge era rígida como un palo y la de Julián tenía una curvatura hacia delante y una inflada vena recorría toda la extensión de aquella torcida vara. Se apoderó de los dos miembros. Era la primera vez que tenía dos en la mano y empezó a moverlos despacio, como si quisiera familiarizarse con ellos y, después de unos cuantos meneos, su boca babeó ansiosa y no se demoró en acogerlos para su disfrute.

    Jorge cogió su verga y empezó a golpearle en la cara con ella y pronto se le unió Julián haciendo lo mismo. Cristina intentaba coger ambas con la boca mientras bizqueaba y, finalmente, se ayudó de la mano.

    — ¡Menudas pollas tenéis, cabrones!, —dijo totalmente desinhibida.

    — Sí. Si te portas bien, obtendrás tu premio. ¡Vamos, levántate! Es hora de follar, —le ordenó Jorge.

    Cristina se levantó, y entre los dos la desnudaron completamente. Julián contempló fascinado el cuerpo de Cristina, quien lograba deslumbrarle un poco más cada instante que pasaba. Ahora viéndola completamente desnuda no podía creer que aquella atractiva mujer estuviese a su merced. Jorge la tumbó en la cama y le abrió las piernas ofreciéndosela a su amigo.

    — ¡Vamos! ¡Estrénala! Te cedo el honor.

    Julián babeaba y sonrió acercándose a la bella dama que le esperaba abierta de piernas, y fue penetrándola lentamente hasta que hizo tope, arrancándole un elocuente gemido. Sintió el calor y la humedad del interior de aquella diva que empezaba a gozar de sus acometidas, pero la cópula fue breve y a Julián pronto le quitaron el caramelo de la boca, ya que Jorge se impacientó y quería participar de la fiesta.

    — ¡Está bien, salte ya! Es mi turno, —reclamó.

    Julián se retiró para cederle el puesto a su amigo y este no tardó en colocarse encima de ella, presionando su miembro en su abertura. Julián se masturbaba mientras tanto viendo como su amigo penetraba a Cristina como un energúmeno totalmente exaltado y ella gozaba de aquel semental gritando como una posesa en cada embate.

    — Déjame a mí ahora, —le recriminó Julián.

    Jorge abandonó el orificio y la puso de espaldas, mostrándole a su amigo el prodigioso culo de Cristina y la hermosa raja que asomaba por debajo sin un solo pelillo en la zona de los labios. Tan sólo una pequeña franja muy bien depilada adornaba la zona del pubis.

    — ¡Mira qué madura! ¿Has visto alguna vez algo igual?

    La vista era espectacular y a Julián se le salían los ojos de las órbitas ante la inigualable panorámica.

    — ¡Aparta! —lo empujó a un lado como si fuese un estorbo y la penetró nuevamente, aferrándose a aquellas nalgas en forma de corazón capaces de hacerle perder la cordura a cualquier hombre. Julián inició un movimiento constante dentro de ella y ambos empezaron a jadear al unísono. Jorge se arrodilló delante de ella para que mantuviera su boca ocupada, al mismo tiempo que su amigo se deleitaba en la retaguardia.

    — ¡Vamos!, es mi turno, —le reprendió ahora Jorge a su amigo, que parecía no querer abandonar aquella privilegiada posición.

    — ¡No!, —se quejó Cristina. Estiró la mano y se aferró a su culo para que no saliera, pues su orgasmo era inmediato, de modo que Julián siguió aplicándole el movimiento percutor en el sexo de aquella diosa.

    La ergonómica verga de Julián encontraba recovecos que no lo hacían otras y con ello, conseguía estimularle otros puntos secretos, logrando así arrancarle un intenso orgasmo, y mientras gemía de placer, se abandonó con ella sin contemplar si aquella mujer podía quedarse embarazada. Sin embargo, en aquellos momentos, a Cristina parecía no importarle y seguía gimiendo con aquel incesante clímax. Al mismo tiempo, Jorge empezó a menársela delante de su cara para acabar lanzando una metralla de esperma sobre su cutis. El orgasmo de Cristina remitió a la vez que el semen de su otro amante dejó de impactar en su rostro. Ella se recostó a un lado, totalmente impregnada de la pegajosa sustancia. El artífice de la portentosa corrida acercó su miembro morcillón y le restregó el abundante vertido de su cara a su boca para que fuese tragándoselo.

    Cristina se levantó y fue al lavabo a limpiarse la viscosidad de su cuerpo y los dos amantes cambiaron las sábanas mientras comentaban la hazaña.

    — Su marido tendrá que agacharse para pasar por la puerta, — si le vemos por ahí seguro que sabemos quien es. Debe parecérsele al padre de Bambi, —comentó con socarronería.

    Julián echó una carcajada y siguió con la broma.

    — ¿Y tu mujer y la mía qué son entonces? ¿gacelas? —le recordó Julián.

    Cuando volvió Cristina del aseo, las sábanas ya estaban cambiadas, cosa que agradeció porque sabía que aquello no había hecho más que empezar. Julián la miró y se extasió de su atractivo. Se dijo a sí mismo que era el tipo más afortunado del mundo por tener la oportunidad de poder hacer el amor con una mujer tan bella y de su clase. No sabía quién era, pero se notaba en su porte, en su forma de vestir y en su forma de hablar que no era cualquier putanga que se encontrase uno por la calle, sino que era evidente que pertenecía a la alta alcurnia. Cristina irradiaba sensualidad por todos sus poros y Julián se quedó disfrutando de la desnudez y de su figura tan bien conservada.

    Los dos hombres estaban sobándose mientras la observaban. Al mismo tiempo Cristina miraba cómo sus órganos iban ganando firmeza de nuevo. Jorge se acostó en la cama ofreciéndole su hombría ya casi en plena erección, y Julián se acostó a su lado ofreciéndole la suya. La elección fue difícil para Cristina y sus pensamientos se escucharon en voz alta.

    — ¡Vaya trancas! —dijo mordiéndose el labio inferior.

    — Ya sabemos que tu marido no da la talla. Estamos aquí para solucionar eso, ¿verdad, zorrona?

    A Julián le resultó de nuevo incómodo y ofensivo que fuese tan insolente con aquella inusual mujer que estaba calando hondo en su ser, pero a ella pareció no importarle su lenguaje insultante cuando vio que se aproximaba a ellos gateando y ronroneando, ávida de los rabos que iba a devorar. Cogió ambos a la vez, metiéndose primero el de Jorge en la boca para luego ir intercambiando objetivos. Cuando ya los tres estaban más que excitados, Cristina se montó encima de Jorge, saltando sobre él y gimiendo al compás de su cabalgada. Acercó sus labios y le besó, a pesar de sus reticencias iniciales.

    Jorge empezó a moverse dentro de ella mientras Cristina saltaba sobre él coordinando los movimientos. Julián se puso en pie y le tapó la boca para que se alimentara con su salchicha a la par que ella galopaba sobre su amigo. Los tres estaban disfrutando en su emplazamiento, pero Julián volvió a acostarse reclamando las atenciones vaginales de la codiciada dama.

    — ¡Sube ahora encima mí!, —la alentó.

    Cristina abandonó el poste sobre el que brincaba y cambió de montura para continuar cabalgando sobre Julián. Las manos de éste se deslizaron por su escultural cuerpo. Recorrieron sus nalgas, su cintura y sus pechos. Su boca atrapó los pezones, succionándolos y mordiéndolos. A su vez, Cristina gemía disfrutando de aquel potro salvaje al que tan evasiva se había mostrado al principio. Estaba en el séptimo cielo gozando de sus embates y de sus caricias, cuando otras manos embadurnadas empezaron a hacer incursiones en su pequeño agujero. Jorge se había lubricado los dedos y estaba colocando gel lubricante en el ano de Cristina para empezar a dilatar su ojete. Mientras seguía moviéndose encima de Julián y éste se deleitaba, su amigo estaba haciendo el trabajo sucio de dilatar el pequeño agujero para poder albergar su miembro allí. Cristina sabía que había llegado el momento tan esperado y tan temido al mismo tiempo. Jorge se impacientó. Se puso en cuclillas y le introdujo la punta haciéndola gritar de dolor, no obstante, siguió intentando introducir el trabuco en el pequeño agujero sin la dilatación previa, aumentando la presión en cada empujón. El placer del miembro de Julián no lograba aplacar el dolor que sentía con el de Jorge, y los gritos de Cristina eran cada vez más sonoros y, posiblemente traspasaban las cochambrosas paredes. Su agresor ya había insertado casi la mitad e inició un movimiento más rápido. La cogió del pelo mientras empujaba, de modo que pronto los tres amantes se encontraron disfrutando de un estupendo sándwich.

    — ¡Vamos, puta! ¡Mueve tu culo como sabes! ¡Disfruta de este sándwich de carne que en casa sólo te dan ensalada!

    El que tomaba las riendas era Jorge, que era el que tenía la posición más privilegiada y controlaba los movimientos. Fue incrementando progresivamente el ritmo al tiempo que Cristina gritaba por el dolor mezclado con el placer que ambas penetraciones le causaban. El placer fue incrementándose gradualmente, y el dolor remitiendo, de tal forma que empezó a gozar de la verga que le estaba reventando el ano, junto al placer que percibía en el orificio convencional. Eran sensaciones diferentes y placenteras las dos.

    — ¿Estás gozando, zorra? ¡Dime que gozas o te la saco, cabrona!

    — ¡No me la saques! ¡No me la saques! ¡Folladme, folladme toda! ¡No paréis, cabrones!, —rogó totalmente desatada.

    Cristina estaba encendida. La imagen de su marido cruzó por su mente por un instante y lo visualizó masturbándose y deleitándose, viendo como aquellos dos garañones la reventaban por dentro, todo ello, producto de su mente calenturienta y del placer que sus dos amantes le estaban dispensando. Aquel placer era nuevo para ella y después de veinte minutos martilleándole los dos agujeros, Cristina sintió que iba a tener un orgasmo y empezó a mover el culo con más brío, gritando a los cuatro vientos su inmediato clímax.

    — ¡Me voy a correr! —bramó.

    Y lo hizo con un orgasmo vaginal extraordinario, a la vez que colosal, que arrastró a Julián al suyo cuando su vagina empezó a convulsionar, succionándole el miembro como si su conducto fuese una aspiradora. Jorge siguió bombeando en su ano como un poseso. El miembro de Julián perdió su rigidez y se apartó después de haber finalizado su tarea. Mientras tanto, Jorge iba a por su orgasmo y se movía enérgicamente. Cristina no paraba de gozar a pesar de haberse corrido. Ahora el placer era distinto y seguía disfrutando de una formidable sensación en su esfínter, cada vez más intensa. Jorge gritó. Cristina se sorprendió porque también estaba a punto, a pesar de que acababa de tener un orgasmo vaginal unos minutos antes, y cuando él descargó los lefazos en su ano, ella le acompañó con un fuerte clímax, aunque distinto. Jorge siguió empujando con rudeza hasta que vació toda la carga en su interior, y cuando extrajo el miembro del estrecho agujero, un tremendo pedo se escapó de su esfínter y el semen manó como si fuera una fuente. Cristina estaba tan exhausta que no podía mover ni un solo músculo. Permanecía tumbada boca abajo, totalmente inmóvil y repleta de esperma, tanto por dentro como por fuera, las sabanas estaban encharcadas. Jorge fue a limpiarse y Julián se quedó admirando el cuerpo inerte de Cristina y no pudo evitar acariciarla. Pensó que lo daría todo con el fin de que aquella bella mujer fuese única y exclusivamente para él. Al hacerlo tuvo otra erección, pero ella no respondía a sus caricias. Aquel había sido un polvo increíble para los tres integrantes del trio y Julián entendía lo agotada y entumecida que debía de estar después del trajín al que había sido sometida. Se recreaba en su maravilloso trasero del cual seguían rezumando los fluidos. A pesar del pringue que se extendía por el canal, le pareció el trasero más bello y erótico que había visto en su vida. Le abrió un poco las piernas y le limpió con la sábana toda la zona, tanto el ano como las nalgas. Cristina no se movía y Julián, una vez la hubo limpiado, volvió a penetrarla analmente y, aunque el miembro que le había precedido era de mayor calibre y se suponía que el orificio debería estar completamente dilatado, no fue así. El ojete de Cristina se había cerrado, quizás advirtiendo que su límite había llegado. Al penetrarla, Cristina se quejó y le ordenó salirse, protestando del daño que ahora le hacía, pero él estaba absorto en la tarea de albergar su verga en el soberbio culo que tenía a su merced y no hizo caso a su mandato, confiando en que el dolor era el previo y que el placer pronto haría su aparición, como anteriormente, de modo que siguió en su tarea. Cuando vino Jorge de limpiarse vio a su amigo enculándola de nuevo.

    — ¡Pero qué cabrón…! —se quejó Jorge, reparando en que había reanudado la sesión sin él.

    Julián seguía a lo suyo fornicando cada vez con más vehemencia, a pesar de las quejas de Cristina. Estaba embelesado sintiendo la estrechez del agujero, pero, al mismo tiempo le hablaba al oído diciéndole frases halagadoras. Le mordía la oreja mientras su miembro entraba y salía de su esfínter. Parecía encontrarse en el paraíso con aquella mujer a la que estaba empezando a amar, cuando Jorge rompió el encanto del idilio —que se había fraguado en su mente— colocándole su verga de nuevo en la boca a Cristina para que se la mamara. La escena de sexo le había excitado y no quería estar al margen en aquella bacanal. Julián empezó a notar cierta incomodidad y, a la vez, unos celos infundados, puesto que deseaba que aquel momento hubiese sido exclusivo de la mujer y suyo. A pesar de que estaba penetrándola contra su voluntad, era de lo más caballeroso con Cristina, o al menos creía que lo estaba siendo. Por contra, Jorge, todo lo opuesto.

    — ¡Vamos zorra! Que ahora vas a beber leche y así te ahorras el desayuno de mañana, —le dijo Jorge obviando los modales.

    Estaba dolorida, y les suplicaba a ambos que parasen, pero, a pesar de los ruegos, Julián seguía afanado en su tarea con un ritmo cada vez más enérgico, por ende, Cristina apretaba los dientes e intentaba librarse de aquel dolor agudo y constante. Quería que acabase lo antes posible porque ya no estaba disfrutando de aquello. Tanto uno como el otro se habían corrido ya dos veces y estaban en plenas facultades para aguantar durante otro buen rato. Jorge intentaba introducirle todo el miembro en la boca, sabiendo que era imposible. Ella sentía que se ahogaba e intentó zafarse de la polla que la estaba asfixiando.

    — ¡Abre la boca, mamona! Y no te quejes tanto.

    Julián seguía a lo suyo y, aunque la veía protestar, no podía parar y pasó por alto sus protestas. Quería venirse de nuevo, pero le estaba costando más de lo esperado. Cristina se estaba sintiendo violada. Aquello ya no era consentido. Los dos volvieron a ignorar sus súplicas, por añadidura, Jorge la sacó de su boca y se tumbó boca arriba cogiéndola a ella bruscamente y colocándola encima de él para que lo montara, y Julián se recolocó en su retaguardia, volviéndosela a ensartar en el culo, procurándole ahora un doloroso sándwich que nada tenía que ver con el anterior.

    La imagen de su marido cruzó de nuevo por su mente, sin embargo, esta vez fue muy diferente. Le pidió perdón en voz baja a Alberto, como si realmente estuviese sentado en el butacón contemplando como su esposa era ensartada por aquellos dos degenerados, reafirmando así el estado de degradación al que había llegado como mujer.

    Ahora sufría aquel suplicio y las lágrimas resbalaban por sus mejillas, estropeando su maquillaje. Aquella tortura duró media hora más entre sollozos y soportando un gran dolor, mas, cuando Jorge estuvo a punto, salió de debajo para ponerse de pie e introducírsela nuevamente en la boca, con la idea de llenársela de semen. Cristina estaba a cuatro patas, Julián seguía detrás de ella que, bajo ningún concepto quería apartarse de aquel receptáculo, puesto que su orgasmo era ahora apremiante después del tormento que significó para ella. Eyaculó en su ano gritando como un animal mientras se vaciaba dentro de ella. Por su parte, Jorge también estaba ya dispuesto y movió su pelvis con más brío y Cristina supo lo que se avecinaba. Seguía llorando, deseando que acabara pronto aquello. Jorge empezó a gritar de placer y a soltar todo un repertorio de insultos hacia ella, humillándola y deteriorando su dignidad todavía más, si eso podía ser posible. Su semen le inundó la boca rápidamente y, sin poder soportarlo, se sacó el miembro que la estaba ahogando, sin embargo, él seguía eyaculando sobre su cara, dejando su rostro compungido totalmente bañado de la abundante sustancia. Cuando hubo acabado le cerró la boca y le tapó la nariz, obligándola a tragárselo todo, arrancándole varias arcadas que acabaron en un vómito.

    Sólo después de estar más sereno y recapitular, Julián fue consciente de sus acciones. Al principio todo iba bien, y hubiese sido una noche inolvidable, pero debieron parar cuando ella dijo basta, y respetar el deseo de aquella mujer a decidir y a respetar sus pausas. Tomó conciencia de que pasaron del disfrute a la violación. De haber respetado sus pausas, hubiese sido una tarde inolvidable. Al verla en aquel lamentable estado, Julián se sintió podrido por dentro porque sabía que había sido partícipe de una violación. Y no sólo eso, sino que la violación fue a esa maravillosa mujer que había logrado calar hondo en sus sentimientos.

    Cristina se levantó de la cama y se dirigió rápidamente al baño a limpiarse. Sólo tenía ganas de desaparecer de aquel lugar y huir de aquellos individuos. Se lavó superficialmente, se mojó el pelo intentando quitarse como pudo el semen, y luego se secó el cabello con la raída y sucia toalla. Regresó a aquella inmunda habitación donde hacía un momento había sido violada. Se vistió apresuradamente mientras sollozaba, deseando largarse de allí y volver a su casa cuanto antes. Julián estaba apesadumbrado viéndola llorar y haciendo hipos. Se acercó a ella cogiéndola del hombro para consolarla, pidiéndole disculpas en nombre de los dos por su comportamiento.

    — Quiero pedirte perdón, no deberíamos…

    No le dejó terminar la frase. Se apartó de él manifestando su repugnancia, cogió su chaqueta y su bolso y desapareció de aquel, ahora, infecto lugar. Jorge estaba de pie a su lado encendiéndose un cigarro e intentó restarle importancia al asunto.

    — Tranquilo. A esa tía le gustan demasiado los rabos como para estar enfadada mucho tiempo. Se le pasará pronto. Bueno, ¿Qué te ha parecido?

    — Esa mujer es increíble. No deberíamos haberla tratado así. La hicimos gozar, y ella a nosotros, pero en algún momento se nos fue de las manos. Debimos respetar sus pausas, —manifestó cada vez más apenado.

    Jorge lo cogió del hombro tratando de confortarle.

    — No te tortures, se le pasará, —rio—.

    Julián no se quedó convencido.

    Cuando Cristina salió a la calle caminó durante media hora hasta su casa, pero no podía entrar porque se hubiese delatado, tanto por su aspecto, como por su lamentable estado anímico. Entró por el garaje y agradeció el hecho de tener las llaves del coche en el bolso. Lo puso en marcha y salió del garaje en dirección a su casa de campo en la sierra.

    La villa estaba en plena montaña en un enclave privilegiado desde el cual se veía a lo lejos el resplandor de la contaminación lumínica de la ciudad. A Alberto le gustaba la tranquilidad y valoraba la paz y la quietud que se respiraba en el lugar. La utilizaban algunos fines de semana para alejarse del bullicio de la ciudad y relajarse, pero, sobre todo, en vacaciones.

    Después de treinta y cinco minutos conduciendo entre lloros e hipos, aparcó el coche y entró en la vivienda, desactivó la alarma, encendió las luces, se dirigió al baño y llenó la bañera. Se desnudó y, al quitarse la ropa interior comprobó que estaba manchada de sangre, la metió en una bolsa de basura junto al resto de su ropa, se metió en la bañera e intentó relajarse y limpiar su cuerpo. Se frotó fuertemente con la esponja y jabón, como si al hacerlo pudiese borrar toda huella de ese momento de su vida, sin embargo, volvió a visualizar la última parte de aquella lamentable desventura, mientras el agua caliente salía del grifo, mitigando sus sollozos. Si necesitaba un motivo o un estímulo para dejar de serle infiel a su esposo, ya lo tenía. Y tenía también claro que no quería volver a pasar por semejante experiencia. Aquella noche podría haber sido perfecta, pero en un instante todo se torció, y eran ahora los momentos aciagos los que pesaban más.

    Cuando creyó que se deshizo del hedor y la inmundicia que destilaba su cuerpo salió de la bañera, y mientras se secaba el pelo, el espejo le mostró su deterioro como mujer. Mientras sollozaba, le mostró que había ido demasiado lejos en su depravada y libertina conducta en busca de placeres peligrosos, sin sopesar los riesgos y la fatalidad que su comportamiento podría desencadenar. El espejo le mostró también el resultado de aventurarse en los perversos juegos por los que estaba apostando, sin contemplar que no conocía de nada a aquellos individuos y cualquier cosa podía pasar. Y si necesitaba una prueba para convencerse de que el camino que había tomado no era el más apropiado, ya la tenía.

    Se preguntó cómo una reputada neurocirujana como ella había llegado a tal estado de degeneración. Ni ella misma entendía como se había dejado mancillar por aquellos individuos y se sintió sucia por dentro, sin embargo, aquella era una suciedad que el agua y el jabón no podían desinfectar. Ahora se echaba la culpa por abandonar la seguridad de su familia y de su hogar e internarse por el sendero de la lujuria.

    Cristina llegó a casa a las tres y media de la madrugada literalmente rota, aunque intentó recomponerse. Se enjugó las lágrimas procurando ocultar que había estado llorando. Rogó para que Alberto no se despertase, ya que no estaba en condiciones de hablar, y mentir no era su fuerte, y menos en su estado. Por suerte dormía profundamente. Cristina se deslizó entre las sábanas intentando no despertarlo, pero abrió un ojo.

    — ¿Todo bien? —le preguntó.

    — Sí, —mintió de nuevo como venía siendo habitual en los últimos meses.

  • Evelia la cogelona

    Evelia la cogelona

    Nunca pensé que sería maravilloso estar en la cama con ella, en ese entonces yo tenía 22 años y ella 32, una mujer con dos hijos divorciada y creo que sin escrúpulos.

    Con cada penetrada, chupada y venida que teníamos, me envolvía más en ella, tanto que hasta una ocasión no pude contenerme y en la parte de atrás de las máquinas de la empresa me la cogí deliciosamente.

    Para aquel entonces yo ya concia a Ivette una chava de quien les hablare más adelante, como ella me veía mucho con Ivette, mas perra se ponía para mí.

    Eran las 11 de la mañana aproximadamente, era un día donde todo estaba tranquilo, yo no tenía mucho que hacer, y los compañeros maquinistas estaban en la otra nave haciendo inventario, en eso ella entro a mi área, un minivestido verde enseñando sus ricas piernas y su cara de seducción, se acercó a mí, comenzó a masajearme mis hombros mientras me repegaba las piernas, sus caricias me excitaban mucho y mi pantalón comenzó a volverse una carpa de circo.

    E: ¡Me encanta tocar tu espalda!

    T: ¡Como me gustan tus piernas! ¿Puedo tocarlas?

    E: ¡Adelante, para eso son!

    T: ¡Uhm!! ¡Que ricas!

    Mientras mis manos acariciaban sus muslos, ella sonreía cachondamente, de pronto me comenzó a besar, cualquiera podría entrar y vernos, pero eso a ella no le importaba.

    E: ¡Besas muy rico!

    T: ¡Nos van a ver!

    Se separó de mí, me miro y se fue caminando lentamente hacia la parte de máquinas, yo me levanté inmediatamente detrás de ella, la alcance y la abracé por atrás, repegandole mi verga bien firme.

    Sin decirle nada comencé a besarle el cuello, y mis manos comenzaron a acariciar por debajo de su vestido, ella se repegaba mas a mí, que adrenalina nos podrían cachar y mientras yo acariciaba su húmeda vagina.

    T: ¡Uhm!! ¡Pero como esta esto!

    E: ¡Así la pones!

    Nos fuimos detrás de una maquina procesadora de negativo, junto a unos lockers y ahí sin decir nada me baje el pantalón, ella me ayudo bajándolo y de paso mi bóxer, comenzó a acariciar mi verga mientras me besaba el cuello, yo le bajaba lentamente las bragas, ¡ella se hinco y comenzó a hacerme sexo oral!

    Era maravilloso, su lengua recorría todo mi tronco hasta la cabecita, succionaba los fluidos que salían de mí y mordía suavemente todo mi trozo de carne.

    T: ¡Ah!! ¡Que rico, uhm!

    T: ¡Que sabrosa esta! ¡Goza Tyson, goza!

    La puse de pie, subí su vestido hasta su cintura, le bajé la tanga, subí su pierna derecha y comencé a penetrarla, estábamos sin condón y en el trabajo, siento que eso generaba más excitación en mí y por ende mi verga estaba durísima.

    E: ¡Así, que rico, sigue, ah!!

    T: ¡Eve, uhm!

    Mientras ella gemía yo mordía sus pezones oscuros pero duritos, mi lengua recorría su cuello y sus pechos, mientras ambos nos movíamos fantásticamente.

    No era la primera vez que cogía en el trabajo, pero esa era una ocasión diferente, había más erotismo y calentura, más deseo por sesear las ganas de estar uno con otro.

    E: ¡Que rico me coges!

    T: Amo tu vagina, ¡se traga enterita mi verga!

    La recargué sobre la pared y la cargué, sus piernas estaban en mis brazos y ella agarrándose de mi cuello y apoyada de la pared recibía mi verga aún más dura, yo la levantaba un poco dejándola caer sobre mi lo cual era muy placentero.

    T: ¡Uf, que rico!!

    E: ¡Mi amor!! Cógeme, uhm, ah!!!

    Me había olvidado que estaba en el trabajo, los teléfonos de la oficina sonaban, murmullos se escuchaban y yo seguía sometiéndola a mí.

    Ella se reclino sobre una mesita que estaba ahí, dejándome sus nalgas bien paradas, yo preparaba la embestida, mis manos apretaban sus nalguitas y mi pene comenzó a entrar en ella como gusano en manzana.

    E: ¡Así, uhm, así!!

    T: ¿Te gusta? ¿Es tuya?

    E: ¡Si!!! Es mía, dámela, ¡uhm!!

    La ensarte casi toda, ella se mordía los labios para no gritar, la tome de la cadera y comencé a embestirla con fuerza, mis bolas chocaban en ella y el sonido era tan excitante que sabía que se oía en toda la sala de máquinas, comencé a nalguearla y a jalarle el cabello, ella se movía también y con su mano me apretaba para que no se la sacara.

    T: ¡Uf! así nena muévete!

    E: ¡Ah!! Lléname de ti, ah!!

    T: ¿La quieres bebe? quiere leche?

    E: ¡Si!!! ¡Dámela!!! ¡Quiero tu leche, uhm!! ¡Dame rica leche!!

    Mis embestidas fueron más violentas, ella también se movía deliciosamente, nuestros movimientos juntos nos elevaban al máximo, afuera se escuchaban que preguntaban por mí, mi corazón se aceleró y subí aún más la intensidad, de pronto sin más ni más ambos comenzamos avenirnos juntos.

    E: ¡Ah!!! ¡Si!!! ¡Bebe no pares!

    T: Tómala, uhm, ¡que rico!!

    E: Pareces manguera, ¡ah!!!

    Me vine dentro de ella, nuestro orgasmo fue largo tanto que me quede sordo unos minutos, al reaccionar escuche que abrieron la puerta y caminaron, no hicimos ruido solo nos movíamos como gusanos por la sensación orgásmica.

    Por fortuna nadie nos vio, nos vestimos rápidamente, primero salió ella, no escuche nada después lo hice yo y por suerte no había aun nadie.

    Ella me miro desde la parte de afuera, me mandó un beso y me sonrió, yo me recosté un poco en mi silla, ¡pensando en cuantas veces más cogería con ella y las nuevas experiencias que vendrían para mí!

    Tyson.

  • Solo mirar, no tocar

    Solo mirar, no tocar

    Era viernes por la tarde y el día había estado lluvioso, el frío se metía en los huesos a pesar de ir vestida como una cebolla, capa sobre capa de ropa para abrigarme y por fin después de una semana terrible llegaba a casa dispuesta a descansar durante todo el fin de semana, lo primero que iba a hacer era darme un baño caliente con sales aromáticas y relajantes mientras terminaba la apasionante novela que estaba leyendo antes de que llegara mi primo el cual venía para quedarse una semana en mi casa por motivos de trabajo.

    -Mamá, no estoy para nadie, me baño y subo a la buhardilla a escuchar música y leer, cuando llegue Óscar dile que suba.

    -Vale hija, pero tu padre y yo nos vamos en quince minutos y llegaremos tarde.

    Lo último que dijo mi madre ni lo escuche, ya estaba enfrascada en la música con los auriculares puestos llenando la bañera, mientras lo hacía me desnudaba en mi habitación con parsimonia cantando y bailando al son de la música, cuando salí de mi habitación con el albornoz me extraño no ver a mis padres, pero no le di importancia y me metí en el baño, cerré la puerta y me fui quitando el albornoz y mis bragas despacio, metiéndome en el agua caliente, no tenía ninguna prisa.

    Había pasado más de media hora y mis dedos empezaban a estar bastante arrugados, me quité los auriculares saliendo de la bañera y poniéndome una toalla sobre mi cuerpo, era curioso la puerta del baño estaba abierta y yo juraría haberla cerrado, pensé que quizás mi madre habría pasado y la habría dejado abierta, pero lo más curioso es que no había ningún ruido en la casa, solo música que venía de la buhardilla, entonces supe que Óscar había llegado, pero de mis padres ni rastro.

    Me apresuré a vestirme, unas braguitas cómodas, una camiseta enorme tamaño XXL que me gustaba utilizar para estar por casa utilizándolo como camisón y unos calcetines gordos, a pesar del frio invernal que hacía en el exterior dentro de casa se estaba como si estuvieras en verano y así, de esa guisa subí a la buhardilla a ver a mi primo.

    Al abrir la puerta me lo encontré recostado sobre el enorme sofá cama que tenemos justo debajo de las pequeñas ventanas, es una habitación grande forrada en dos de sus cuatro paredes por un mueble de madera oscura de arriba abajo donde descansan un montón de libros, en otra pared una puerta que llevaba a un cuarto de baño y a continuación de la puesta continuaba el mueble de madera donde presidía en el centro una enorme pantalla de televisión y delante de ella un sofá con dos sillones orejeros y una mesita de café, la última pared pegada a ella la cama donde estaba tumbado en uno de sus lados mi primo leyendo un libro.

    -Que tal primo, ¿hace tiempo que llegaste?, ¿cómo estás?

    -Ahora perfectamente primita, joder con el tiempo que tenéis aquí, que frio.

    Me dirigí hacia él dándole dos besos en la mejilla y subiéndome a la cama justo frente en el otro extremo de la cama, Óscar dejo su libro sobre su pecho y empezó a contar su vida, hacía tiempo que no hablábamos y estaba deseoso de saber de mí, que tal en ese nuevo trabajo que me tenía absorbida casi todo el tiempo, cotilleos de amoríos tanto de mí como de mis hermanas, Óscar era genial, era un chico muy abierto, simpático y divertido con el que se podía hablar de cualquier tema sin tabú.

    Después de más de dos horas sin parar de hablar de mí, de mi familia, de él, me levanté para ir al servicio, cuando entre nuevamente en la habitación estaba leyendo en silencio, solo se oía la lluvia golpear los cristales de las ventanas y el bramar del viento, mi primo estaba con la misma postura que le encontré al entrar la primera vez, con una camiseta de AC/DC y unos pantalones cortos de deporte, estaba tan embebido en su libro que no quise molestar así que me recosté otra vez enfrente de él y me puse a leer yo también.

    Al poco de estar los dos en silencio, notaba como su mirada en ocasiones se dirigía a mí y estaba un rato observándome, hasta que levantaba mis ojos y le preguntaba sonriéndole con un simple ¡Que! a lo que él contestaba ¡nada, nada! y volvía a posar sus ojos en el libro.

    -¿Pero qué pasa?, que miras Óscar, me pones nerviosa. –Le pregunté riendo cuando una vez más se quedaba mirándome.

    -Nada prima, que no me había fijado hasta hora en lo guapa que estas. –Me contestaba guiñándome un ojo.

    -Anda, anda que eres un zalamero.

    -No en serio y perdona si te molesta lo que te voy a decir, pero cuando llegue estabas entrando en el baño y tu madre abrió la puerta para despedirse de ti y sin querer te vi como te quitabas el albornoz y como quedándote desnuda te metías en la bañera, solo te vi de espaldas de verdad, pero fue suficiente para que si no fueras mi prima me hubiera enamorado de ti al momento.

    Me quede en blanco, sin saber que decir, estaba sonrojándome por momentos, no sé si un poco molesta pero si muy alagada.

    -Y ahora al verte aquí frente a mí pues lo siento, creo que eres una mujer realmente preciosa y pienso en la suerte que tendrá aquel que caiga en tus redes.

    -Joder primo, anda calla que me estás poniendo tierna ja, ja, ja, anda calla y dime ¿qué lees?, léeme algo como cuando éramos nanos.

    Fue lo único que se me ocurrió para zanjas el tema, pero en vez de eso lo empeore aunque para mejor, parece una incongruencia pero así fue.

    Óscar empezó su lectura en voz alta, me sorprendió lo que estaba leyendo, era una historia de amor entre una mujer casada y el que había sido hasta hace poco su alumno con escenas realmente tórridas y leídas en boca de mi primo más aun, ahora era yo quien le miraba fijamente y mi cuerpo reaccionaba con el relato imaginándome dentro de la historia, estaba sentada, recostada sobre la pared con mis rodillas sobre mi pecho hasta que una de mis piernas se estiró, mis pezones se empezaban a hinchar y a pesar de que la camiseta me estaba enorme Óscar, podía ver perfectamente como se clavaban contra la camiseta como queriendo salir.

    Observaba le empezaba a crecer su pene por debajo de su pantalón y como paraba de vez en cuando para mirarme, mirarme de otra manera, fijándose en mis pechos y en mi sexo que con una pierna estirada sabía que posiblemente mis bragas estuvieran al alcance de su mirada, no sé que me estaba pasando, que nos estaba pasando, lo que me dijo mi primo abrió el camino y la lectura excito mi cuerpo de tal manera que yo veía al protagonista de la historia y no a mi primo, cuatro páginas más y tenía mi sexo mojado, sentía la humedad en mis bragas, mis manos recorrían mi pecho disimuladamente y mi primo había trasladado una mano a su entrepierna apretando de vez en cuando con los dedos.

    -Lara, voy a parar de leer, te parece bien.

    -Como quieras y que habías pensado hacer.

    -Ya lo sabes.

    -No, no lo sé.

    -Lara sabes que no me ando por las ramas, estoy muy caliente y te veo muy excitada y había pensado…

    -Que habías pensado Óscar.

    -Que nos masturbáramos juntos.

    Un silencio incómodo nos separó y al cabo de unos segundos que me parecieron minutos.

    -No estarás enfadada verdad, no quiero molestarte, pensaba que tú…

    -Me parece bien Óscar, enseñar, pero no tocar.

    -Enseñar, no tocar, lo pillo.

    Me incorpore, me quite los calcetines y la camiseta quedándome solo con las bragas y la verdad que no estaba dispuesta a quitármelas, él se quitó su pantalón dejando escapar aquella polla tan enorme que tenía entre las piernas y empezó a mirarme y a meneársela a la vez que yo acariciaba mi cuerpo pasando mi mano por mi vulva notando mis bragas mojadas, la excitación iba a más.

    -Te gustaría verme el chochito, ver cómo me toco. –No sé porque le dije eso, la respuesta era evidente y estaba pasando una línea que no hubiera querido pasar.

    -Si por favor, enséñame como te lo tocas, como tus dedos se deslizan y penetran en tu coñito.

    Estire mis piernas uniéndose a las suyas, los dos en un extremo cada uno de la cama con nuestros pies tocando nuestros muslos y mis dedos apartando la tela de mis bragas mostrándole mi vulva, acariciando mis labios y apartándolos para que viera más allá de ellos, su mano seguía subiendo y bajando por su pene.

    -Eres realmente preciosa prima, excitante y que me encantaría ir más a allá contigo aquí y ahora.

    -Solo ver primito, solo ver. –Le contestaba a la vez que jadeaba un poco al estar con mis dedos sobre mi clítoris.

    Pero una vez más, fui yo la que rompió el frágil techo que nos habíamos impuesto, al acercarme más a él y rozar con mi planta del pie su pene sin querer, en ese momento nos miramos y de nuestros ojos salían chispas de deseo, sus manos se apartaron cuando mis dos pies se posaron en su pene, acariciándolo con suavidad, intentándolo agarrar arqueando las plantas de los pies y mis dedos, arriba y abajo mis pies se deslizaban por su tronco fálico, mi primo hacía tiempo que se había quitado la camiseta y mi pie izquierdo le recorrí su pecho, acariciándolo hasta que me lo cogió y se lo llevo a su boca chupando mis dedos, en ese momento cerraba los ojos y mis manos apretaban mis pechos, suspirando y sintiendo como algo me recorría todo el cuerpo, sabía que había roto todas las barreras y sabía que lo que iba a ocurrir, lo sabía, lo esperaba y lo deseaba.

    Me incorpore, me puse de rodillas sobre la cama y gatee como una gatita en celo hacia él, acercándome hasta estar casi piel con piel, mis labios muy cerca de los suyos a escasos centímetros.

    -Solo mirar, no tocar Lara.

    -Calla tonto y bésame.

    La lluvia y el viento arreciaban fuera y dentro de casa subía la temperatura en el momento que nuestros labios se unieron por primera vez, pequeños mordiscos con nuestros labios, roces suaves con las puntas de la lengua, cada vez más profundos, cada vez más apasionados, despacio me iba despidiendo de su boca, de sus labios y empezaba a recorrer su cuello, acariciando con mis manos sus brazos fibrosos, mis labios besaban sus pectorales a la vez que las yemas de mis dedos se deslizaban por su cuerpo dibujando sus abdominales.

    Mis besos llegaron hasta encontrarme con su pene, fue cuando mi boca se abría mordiéndole con mis labios, buscando y lamiendo su glande, despacio se iba metiendo en mi boca y con mi mano derecha subiendo y bajando su pene llevándomelo hasta el fondo de mi garganta.

    Un pequeño baile empezaba en mi boca, de rodillas entre sus piernas mi cabeza subía y bajaba y los gemidos de Óscar empezaban a inundar la buhardilla, no paraba de lamer su polla y cogiendo un mando a distancia bajé la intensidad de la luz prácticamente apagándola y encendía el televisor sin sonido, creando un ambiente más íntimo.

    -Ven Lara, sube y bésame.

    Mi primo se sentó apoyando su espalda sobre la pared e hizo que me sentara sobre él a horcajadas, quitándome las bragas me senté con las rodillas sobre la cama y nos empezamos a besar, me acariciaba y apretaba mis pechos dibujando con su lengua mis areolas grandes y morenas mordisqueando y lamiendo mis pezones tremendamente excitados y puntiagudos, metiéndoselos en la boca succionándolos.

    Mi cadera se movía apartándose y acercándose a él, rozando nuestros sexos, mis labios vaginales mojando su pene aun con sabor a mi saliva, con las manos levanto un poco mis nalgas y cogiendo su pene lo inclino hacia mí buscando mi vagina, frotando su glande sobre mis labios, recorriéndolos de arriba abajo y metiendo solo el principio de su pene en mi vagina, sacándolo y volviendo a recorrer mi vulva, yo estaba como loca por tenerla dentro, deseaba tenerla dentro, deseaba sentirla atravesando mi vagina, navegando dentro de un mar de deseo y flujos, deslizándose suavemente dentro de ella, dilatándola a su paso y llenándome.

    Su lengua dentro de mi boca jugando con la mía, parecían dos lombrices enrollándose y haciendo el amor hasta que quede paralizadas, su polla ya se deslizaba despacio y suavemente dentro de mi vagina, sintiendo los destellos de la televisión, mi cabeza se levantó mirando al techo con los ojos cerrados, mi boca se abría lanzando un grito sordo, mis caderas subían y bajaban llenándome de su pene, saliendo de mi vagina una sustancia blanquecina y cremosa de mi flujo.

    Los gemidos de los dos ocultaban la tempestad del exterior, me sentía cabalgando hacia un mar de placer, recibía su polla dentro de mí con pequeños gritos al igual que los suyos, sus manos no paraban de acariciar mis pechos, de besarlos, de bajar por mis caderas y apretar mis glúteos, le sentía cada vez más dentro, cada vez más excitado, cabalgaba sobre su polla cada vez más rápido y fuerte, metiéndola muy dentro de mi vagina y sin previo aviso mi primo me tumbo poniéndose encima de mí, besándome y penetrándome con su pene, movimientos rápidos, profundos y nuestros gemidos se unieron resonando por toda la casa cada vez más altos.

    Me la estaba metiendo tan profundamente que arqueando mi espalda y gritando como una loba empezaba a experimentar un delicioso orgasmo, mi primo con un empujón fuerte y profundo dejo su polla alojada allí dentro de mi vagina hasta que estallo, explotando como un volcán y lanzando su semen a mi interior, notaba su leche caliente sobre mí, notaba como me golpeaba tan profundo que traspasaría las paredes de mi vagina, los dos sudorosos caímos rendidos y su pene se iba retirando de mi interior.

    Al poco oímos llegar a mis padres, nerviosa recogiendo mi ropa entré en el baño para limpiarme, el silencio se hizo de nuevo, salí del baño todavía desnuda con mi ropa entre mis brazos, abrí la puerta de la buhardilla y mirando a mi primo la cerré.

    No sabía muy bien el significado de todo aquello, mi primo y yo siempre nos habíamos llevado muy bien, pero ahora era algo más que llevarse bien, era algo más que una simple amistad entre primos, sentía que le amaba, estaba loca si pensaba que mi primo podría pensar y sentir lo mismo que yo, pero tenía que averiguarlo, nunca llegue a salir de la buhardilla así que me di la vuelta y dejando caer la ropa en el suelo me dirigí desnuda hacia él, sin decir nada, ni una palabra nos mirábamos y tumbe en la cama boca arriba abriendo mis piernas, mi primo me cubrió con su cuerpo metiendo nuevamente su pene en mi vagina.

    -No me hagas daño Óscar, te quiero, pero no me hagas daño.

    Fue el momento perfecto, ese momento en que mi primo pronuncio te amo mi cuerpo recibía su pene dentro de mí haciéndome gemir nuevamente de placer y de amor.

    Son ocho años los que llevamos juntos tenemos 33 años y estamos esperando a nuestro primer hijo, me siento gorda hinchada, pero muy amada, ocho años de amor contra todo pronóstico, ocho desde que nuestras familias nos dieran de lado y quizás este niño nos unas de nuevo.

  • La espié y la clavé

    La espié y la clavé

    Me habían contado que la mujer del cuidandero de una finca, muy cerca de donde vivo tenía cuento de infidelidad, eso me excitó y empecé a buscar la oportunidad para también disfrutar de sus encantos, fue entonces cuando una tarde no más de las seis entre oscuro y claro, me acerqué por los matorrales que me llevaron hasta a la parte trasera del comedor de los de los trabajadores,

    Y pude ver a Jacinta la mujer del cuidandero sirviendo los platos a el marido y a sus hijos, me escondí en detrás de las matas que estaban detrás de la cocina de una casucha de bareque y podía ver y escuchar todo que se daba, Jacinta no dejaba de mirar el patio donde ya estaba oscuro, Jacinta era una mujer de caderas anchas y nalgas demasiado pronunciada de tex trigueña, usaba faldas por las encima de las corvas, eso despertaba los instintos más bajos de los hombres y por su puesto me mantenía el pene bien parado cada vez que la veía.

    -¡voy al patio a mis necesidades, cuidado se vienen para acá! -Le gritó Jacinta a su marido e hijos.

    Ese momento tenía mi verga fuera del pantalón bien parada, y con liquido pre seminal en la punta de la cabeza, a causa de la excitación, cuando ella se dirigió al patio trasero, pude ver como se levantaba la falda volada de tela que le marcaban las nalgas metiéndose entre medio de ellas, mi asombro fue cuando ella se agacha y se levantaba una y otra vez, me acerqué sin que nadie me viera y pude notar que Jacinta estaba sentada en la descomunal verga de un hombre, el cual me pareció conocido, y si era el tendero que noche tras noche él se acostaba en el suelo del patio de Jacinta y ella se metía la verga dando pequeños quejidos de placer.

    Al día siguiente pude notar que el tendero se enfermó y no salió fue entonces cuando yo me acosté el suelo y Jacinta no se dio cuenta que era yo. Con mi verga bien parada se sienta en ella.

    -Hoy te siento la verga más gruesa y venuda, pero está bien rica. –dijo.

    Yo no dije nada y ella sin saber siguió subiendo y bajando de esa verga, siempre ella le daba la espalda al tendero, para ver quien se asomaba, por esa razón no sabía que el que la estaba clavando era yo, y no su amante, cuando llego a su orgasmo temblaba y susurraba el nombre de el tendero al momento también siento que un chorro de semen salía expulsado inundando esa rica vagina, y dije “haaa haaa que sabrosa eres”, en ese momento brinca de mi verga y dijo “¿quién eres tú? yo sabía que esta verga era diferente”.

    -Cállate no digas nada que yo tampoco lo diré, mañana nos vemos. Y prepárate.

  • Mi mujer me mete los cuernos con dos amigos

    Mi mujer me mete los cuernos con dos amigos

    Este relato fue una confesión de Laura que me engañó con su amante y un amigo.

    Días después del segundo encuentro con Alejandra y Óscar, el matrimonio de bisexuales que creo yo, terminaron de emputecer a mi mujer, ella recibió una llamada de Daniel su amante con el que se veía y acostaba a escondidas.

    Esta vez la estaba invitando a visitarlo para concretar la propuesta que le había hecho, en ella la tentaba a estar con él y un amigo, un trío a solas sin mi presencia la seducía hace tiempo y después de las experiencias con aquel matrimonio y su amiguito, ya estaba lista para acostarse con dos tipos a solas.

    La fantasía de estar con dos tipos amigos en una cama, la hacía sentir muy puta y promiscua, y eso la excitaba muchísimo.

    Después de lo que había experimentado en los últimos meses desde que la inicié en el cuckold, sentía que podía hacer lo que quisiera y ya nada ni nadie podía detenerla.

    Un día me dijo que esa noche tenía una cita con su amante, ya no me ocultaba sus encuentros, pero seguía sin decirme quién era el afortunado que la cogia, sin embargo solían mandarme fotos de lo que hacían en la cama sin dejarme ver la cara del culpable de mis cuernos, y también me llamaban para que los escuche.

    Él al invitarla le había dicho…

    -vamos a estar solos por un rato, pero quiero que sepas que cuando estemos en la cama, va a aparecer un muy amigo mío para cogerte entre los dos, como te dije tengo muchas ganas de verte chupándole la pija a otro, mientras te hago la colita.

    Ella por supuesto que aceptó la proposición, y fue esa noche, cuando llegó estaba tan nerviosa como ansiosa y excitada.

    La única condición que puso es que la traten con dulzura, no quería jugar a la sierva sexual con dos tipos juntos y que se pongan intensos, él le aseguró que la iban a hacer gozar mucho y que se sentiría muy a gusto.

    Ni bien entro al departamento, se besaron apasionadamente, ella miró a ver si había alguien más y como no vio a nadie, preguntó…

    -¿y tu amigo, no vino?

    -no seas ansiosa, te dije que va a venir cuando te esté cogiendo.

    -¿y cómo entrará, o está escondido en el otro cuarto?

    -No jaja, él tiene llave y va a entrar cuando yo le mande un mensaje diciéndole que estas lista, vos no te preocupes que en cuanto menos te lo imagines, vas a tener su verga en la boca.

    La desnudó en segundos y él se quitó el pantaloncito de fútbol que era su única prenda, o sea que casi de inmediato, ambos estaban en pelotas, entonces le dijo….

    -arrodíllate mi amor y chupamela.

    Enseguida lo hizo, y comenzó a lamer sus huevos y luego toda su pija como si fuera un cucurucho de helado, le pasó la lengua muy lentamente por toda la extensión de su verga, se detenía unos segundos lamiendo la punta y cada tanto se la metía toda hasta la garganta.

    Entre tanto miraba de reojo hacia la puerta del departamento para ver si el amigo entraba, estaba que volaba de la calentura y la ansiedad por estar con los dos, eso la ponía de la nuca, por supuesto que el tipo también estaba ya muy caliente y se la quería poner, así que la hizo poner de pie, la tomó de un brazo y la llevó al dormitorio.

    Lau fue rápidamente porque intuía que el momento tan esperado estaba por llegar, Daniel la hizo subir a la cama y colocarse en cuatro como una perrita, mirando hacia el lado opuesto a la cabecera, con sus manos apoyadas bien al borde, su cara quedó casi fuera de la cama y mirando a la puerta de la habitación, por donde debía entrar el amigo.

    Con su culito bien abierto, recibió una hermosa chupada en el ano y en la concha, volaba de la calentura, de pronto sintió como la cabeza de esa verga entraba solo un par de centímetros entre sus labios vaginales y volvía a salir de inmediato, al tiempo que un dedo se introducía en su ano, grito desesperada…

    -ah por Dios que haces, déjala adentro hijo de puta, dámela, me haces desear guacho.

    -¿qué quiere mi putita? Pedila bien nena.

    -no seas malo, dame pija amor, quiero pija por favor, no puedo más, cogeme papi.

    -¿porque querés pija, que sos vos?

    -soy una puta, maldito sádico, te gusta hacerme desear, te odio.

    En ese preciso instante se escuchó el ruido de la llave y la puerta del departamento abriéndose, obviamente era el amigo, entonces Daniel la tomó de las caderas, la empujó un poco hacia abajo dejando la puertita de su culo a la altura de su pija bien dura y se la metió, Laura entre el ruido que hizo el amigo al entrar y la calentura que tenía, recién se dio cuenta cuando ya la tuvo toda adentro, gimió y pegó unos grititos.

    El amigo demoró menos de un minuto en aparecer en la habitación, ya completamente desnudo, era un tipo de aspecto agradable, de buen físico y una linda verga colgando entre sus piernas, Lau no pudo evitar dirigir su mirada hacia su pija que estaba ya a media máquina, y entonces mientras Daniel se la culeaba, comenzó un pequeño diálogo entre los dos hombres…

    -Mirá Carlos, la putita que te tengo preparada, te la tengo bien a punto.

    El tipo la miró y dijo…

    -Si, me gusta, es muy linda, vamos a ver como se porta.

    Y Daniel dijo dirigiéndose a mi mujer

    -mirá Laurita, mirá bien la pija que te vas a comer mi amor.

    Entonces ese Carlos, se paró justo frente a ella y poniéndole la verga pegada a su boca le dijo…

    -chupala nena, Dany me dijo que te la comes muy bien, a ver si no me mintió.

    Entonces Laurita mientras sentía los embates de Daniel en su culo, comenzó uno de los labores que más disfruta, empezó a lamer la pija de ese hombre de punta a punta, para detenerse en la cabezota e introducirla en su boca unos segundos hasta la garganta, como dice el dicho, no hay mamada sin arcada, el tipo la agarró del cabello e hizo que se ahogue y se le llenen los ojos de lágrimas.

    Cuando logro sacársela de la boca dijo…

    -Ahhh por Dios que pija tiene, me ahogo Dany por favor.

    -esto era lo que querías puta, ahora no te vas a arrepentir, quería que te la de con mi amigo, ahora disfrútalo y no te quejes.

    Dany le dio caña con todo un buen rato mientras Carlos hacia que se la trague hasta los huevos, en eso Daniel agarró el celular de Laura y le dio send sobre mi número que era el último que estaba en la memoria, ya que mi mujer me había llamado antes de entrar a su cita, entonces recibí el llamado desde el celular de ella y atendí, pero no me habló, solo escuche, su voz gimiendo y dando quejidos de placer…

    -Ahh, mi vida por favor papi, como me cogen, oh que lindo, que ricas pijas tienen, me vuelven loca, que placer mi amor.

    Ella no sabía que el amante había marcado mi número y yo estaba petrificado escuchando del otro lado de la línea, y así me enteré que se la estaban cogiendo entre dos, por lo menos.

    De nada valía que trate de hablarle, estaba muy entretenida y no me iba a escuchar, además que ganaría yo con tratar de interrumpirla, me quedé escuchando con atención como gozaba y lo feliz que la estaban haciendo.

    De pronto escuché a uno de los hombres, decir…

    -Dany, me dieron muchas ganas de cogerla un rato, venite acá y cambiemos de lugar.

    Así me enteré que uno era Daniel y que se la estaban pasando entre dos, cambiándose los agujeros donde se la ponían, la verdad debo reconocer que me dio mucho morbo escuchar y visualizar en mi mente como se la estaban garchando e imaginando por lo sumisa que suele ser, como la estaban usando para satisfacerse.

    En ese momento, ella pidió cambiar de posición y al darse vuelta vio el celular abierto en una llamada y se dio cuenta lo que Daniel había hecho, escuche como lo empezó a putear…

    -sos un hijo de puta, sádico, como te gusta mortificar a mi…

    Y allí se cortó la llamada, obviamente fue Lau que la interrumpió, luego de eso, la acostaron con su cabeza cayendo fuera de la cama, para que Daniel pueda cogerla por la boca, le metió la pija hasta la garganta y simuló cogerla entrando y saliendo repetidamente de hasta casi tocarle la campanilla y dándole más arcadas hasta casi hacerla vomitar, solo le aflojaba cuando parecía que no podía respirar, mientras el, hasta hace media hora desconocido Carlos, se la había metido en la conchita y la estaba cogiendo sin contemplaciones…

    Lau empezó a gemir agitadísima y gritar que le den la leche, ya no podía más, había acabado dos veces y estaba por hacerlo por tercera vez.

    Carlos que era de los dos, el que tenía menos confianza con ella, preguntó…

    -¿dónde querés la leche nena?

    -por favor acaben encima mío, quiero una lluvia blanca.

    Entonces Daniel le acabo y baño sus pechos y Carlos se la sacó y le dejó toda la leche sobre su pubis angelical, quedó empapada con esperma.

    Ella quiso ir a lavarse pero Daniel le dijo que le daba mucho morbo que se vista y se vaya así, total estaba en su auto, y que cuando llegue a mi casa, me haga chuparle la concha y que le pase la lengua por todos los lugares donde había caído esperma y que yo pueda olerla bien.

    Cuando llego a casa, casi sin decirme nada y como si yo no supiera de donde venía, me pidió que le chupe la concha y todo el resto del cuerpo, por supuesto que lo hice y al besar y lamer sus pechos comencé a sentir en mi lengua el gustito del semen que le había impregnado la piel, la miré y le pase la lengua con más ímpetu, ella se dio cuenta que me gustaba y mientras lo hacía, me empezó a tocar el ano suavemente con la yema de uno de sus dedos, la volví a mirar y me dijo…

    -vamos amor, yo sé que te gusta, no te avergüences, yo te voy a conseguir un tipo que te de la leche en la boca a vos también, muero por verte con un macho.

    Obviamente cuando eso suceda, se los contaré en un nuevo relato.

    Espero que les haya gustado y pueden dejar un comentario aquí o escribirme a mi correo [email protected].

    Besos a todos mis lectores.