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  • Mi esposa se exhibe en el monumento y albañil nos pilla

    Mi esposa se exhibe en el monumento y albañil nos pilla

    Mi esposa es el sueño de cualquiera, una morena de 35 años con mucho busto y unas caderas de ensueño.

    A mí siempre me ha gustado que provoque a todos en la calle, usando microfaldas como la de jeans que usa en ese video y prohibiéndole que use ropa interior. Ella al ser demostradora está acostumbrada a que la vean con poca ropa y le griten de todo, incluso eso le moja mucho, así que no le importa que a veces su culo enorme se salga por debajo de la minifaldita cosa que me pone a mil.

    Una noche fuimos a beber con otra pareja y le pedí que se pusiera un vestido café que la primera vez que lo usó le quedaba un poco arriba de la rodilla pero después del ciclo de lavado se encogió tanto que apenas le queda al ras de su culo y de hecho si uno se quedaba unos metros detrás de ella, se veía el inicio de sus nalgas y ni he hablado del escote que no lo podía abrochar demasiado porque el botón casi reventaba con sus lolotas, así que tampoco llevaba bra, quedando buena parte de sus bubis a la vista, literal solo traía el vestido y nada debajo, todo eso adornado con unos botines negros cortos pero con un tacón altísimo que ensanchaba su culo de una forma deliciosa.

    Cuando salimos a esperar el taxi causo mucho revuelo, no hubo auto que no le pitara y todos volteaban a verla. Cuando subimos al taxi no hubo forma de que se cubriera, seguro el taxista se la sigue jaloneando con esa imagen.

    La noche transcurrió tranquila, pero yo estaba que reventaba de ver a mi esposa sentada en un banco alto intentando cubrirse como podía ya que el vestido se subía tanto que se le veían casi enteros los muslotes y varias veces me flasheo su entrepierna depilada. Con el paso de las bebidas comenzó a olvidarse de taparse así que varios le vimos todo.

    Cuando terminó la reunión, por ahí de la 1 am, en lugar de irnos a casa, preferimos caminar un rato para seguir enseñando como se le salía el culo. Yo no le había dicho nada pero la fui conduciendo a un lugar que frecuentábamos para coger en público, el monumento a la revolución, que después de un rato suelen apagar las luces y tiene bancas para coger y si bien están un poco escondidas, tiene su riesgo de ser atrapados, cosa que nunca nos había pasado.

    Cuando llegamos, le pregunte si quería coger ahí, toque debajo de su vestido y estaba muy húmeda después de tantas miradas, así que caminamos hacia allá.

    Al llegar vimos que había un sector cubierto por vallas y tal parece que había albañiles remodelando alguna sección del monumento. No le dimos importancia y nos sentamos en una de las bancas de abajo.

    Comenzamos besándonos y metiéndole mano por todas partes. El micro vestido tenia botones por delante así que era fácil quitárselo. Cuando ya casi se lo iba a quitar pasaron dos personas en la parte de arriba así que se cubrió rápido. Una vez que nos aseguramos que nadie pasaba, le pregunte en qué estábamos, y ella me contesto con su tono de puta «que le estaba quitando el vestido», continúe desabrochando y se lo quite por fin, quedándose solo con sus altos botines y completamente desnuda en público.

    Después le dije que antes de meterlo me la chupara un rato y así estuvo un rato hasta que ya no pudo más y se sentó en mí, esa sensación de verla de espaldas montándome desnuda y sentir la brisa de la madrugada me ponía a mil, y lo estaba gozando tanto que me recargue hacia atrás y cerré los ojos un momento.

    De pronto ella dejo de cabalgar de golpe, tomo su vestido y se cubrió diciéndome asustada «alguien viene». Y si, uno de los trabajadores iba pasando en la parte de arriba y obviamente la había visto montarme desnuda, así que decidió bajar.

    Mi esposa seguía desnuda con mi pene dentro pero cubriéndose por delante con el vestido sin ponérselo. El albañil de unos 40 y tantos años, paso muy cerca de nosotros viendo a mi esposa a los ojos con una expresión de «que puta eres» y se fue acariciando la verga sobre el pantalón. Sin embargo el tipo no hizo más que seguir caminando y lo vimos detenerse a unos 7 u 8 metros adelante, al parecer estaba orinando en una jardinera XD.

    Después de saciar sus necesidades biológicas se fue a sentar un par de bancas adelante de nosotros. Ahí fue donde mi esposa me sorprendió y me dijo «¿seguimos?», estaba tan caliente que no le importó el albañil, no te importa que esté ahí, y ella me dijo, «ya me vio desnuda, ya que».

    Su actitud me prendió por dentro y le puse un reto, si quieres volver a coger, primero levántate y vuelve a quitarte el vestido, después te inclinas y me lo vuelves a chupar, eso si enseñándole tu culote al albañil. No pensé que lo hiciera pero se levantó muy valiente, volteo a ver al albañil y dudo un poco, pero de golpe se desabrocho el vestido y volvió a quedar desnuda.

    Ese ha sido uno de los orales más deliciosos y me costó no venirme en su boca. En ese momento envidie un poco al albañil, me hubiera gustado tener esa imagen de mi esposa empinada.

    Después me volvió a montar pero viendo hacia mí, ya no le importaba si alguien pasaba y la veía. Pudo ver como nuestro mirón hacia movimientos bruscos seguro se la estaba jalado en su lugar, afortunadamente no decidió acercarse. La excitación era tal que mi novia tenia espasmos y me pedía a gritos que nos viniéramos juntos y obviamente no me costó trabajo, ya estaba por reventar, hasta que de plano estalle y ella también segundos después.

    Nos quedamos abrazados unos minutos hasta que el frio nos recordó donde estábamos. De pronto solo escuchamos una voz que decía «que rico coge esta puta, cuánto cobra», era el albañil que venía con su pene afuera ya flácido. Mi esposa se rio un poco, se bajó de mí y se vistió enfrente de él, el albañil se seguía tocando a pesar de ya no estar duro.

    Una vez que mi esposa acabó de vestirse me tomó de la mano, le sonrió al albañil y nos retiramos. Seguro ese señor sigue recordando esa noche como nosotros.

    Esa sin duda fue una de las noches más excitantes que hemos tenido. Ojalá se la jalen con su video y nos comenten, a ella le encanta leer como se la jalan viéndola.

    Tenemos muchas historias. Dígannos si quieren más.

  • Del fetichismo de pies a la bisexualidad (Parte 1)

    Del fetichismo de pies a la bisexualidad (Parte 1)

    Era un sábado cualquiera, habíamos ido a casa de los amigos que siempre nos invitaban a tomar los tragos de fin de semana. Tenían una casa amplia con un pequeño patio donde se podía estar al aire libre, escuchando música y hablando cualquier tema. Llegamos a media tarde, porque no queríamos estar hasta la noche tarde, así que comenzamos a preparar las bebidas sin más rodeos.

    Lisa, mi novia de ese entonces era una chica bastante activa sexualmente, de esas que prueban todo sin poner peros, y si le agradaba algo, pues seguía repitiéndolo. Lisa era una chica rubia, de unos 1.6 m de altura, y de contextura media, no muy flaca ni muy gordita, con curvas interesantes y unas nalgas redondas y duras, su cara era delicada, con ojos verdes, y sus piernas terminaban en unos pies pequeños, delicados y siempre bien cuidados.

    Aquel día no tomamos demasiado, pero si lo suficiente para ponernos calientes y querer irnos a nuestra casa y tener sexo desinhibido todas las veces que pudiéramos. Así nos fuimos en nuestro auto cerca de las 11 pm, con unas cervezas para el camino, entre risas picaras, caricias, algunos besos. En un momento ella se sentó recostándose de la puerta, descalzo sus zapatos y subió sus pies sobre mis muslos.

    -Alex, viste como me hice los pies hoy? La señora hizo muy buen trabajo. Las uñas quedaron perfectas, y mis pies mira que suaves están…

    Estiraba y abría sus dedos del pie derecho mientras subió su pie izquierdo y comenzó a acariciarme el cuello y la cara con su suave planta.

    -Viste? Están suavecitos. Tú barba la siento más áspera de lo normal así jajaja! Veamos tus labios como se sienten…

    Comenzó a pasar su planta sobre mis labios, luego con sus delgados dedos comenzó a atrapar mis labios.

    -Abre la boca, quiero ver cómo se siente tu lengua…

    Abrí mi boca como pude, y sin perder la vista en el camino logre atrapar dos de sus dedos, y lo chupe lentamente y frotando mi lengua de bajo de ellos, mientras le lance una fugaz mirada lujuriosa.

    -Ya déjame! Apúrate en llegar a la casa o voy a comerme tu verga aquí mismo!

    -No Lisa, aquí no. En la casa mejor. Te aguantas ahora!

    El sabor de sus pies me había hecho tener una erección que me dolía por lo apretado del pantalón y quería que me la mamara allí mismo, pero si me daba un oral en el carro, solo sería eso, y probablemente no tendíamos nada en cada.

    Al llegar fuimos directo a la habitación. Nos arrancamos la ropa entre besos y caricias. La tumbe de espaldas en la cama y baje lamiendo, besando y mordisqueando su cuello, sus tetas, su abdomen, hasta llegar a su vagina. Ella estaba ya húmeda, su olor y sabor los reconocí de inmediatos, su calor, su textura. Lamia sus labios mayores, chupaba su clítoris, metía mi lengua lo más que podía dentro de su vagina, y la escuchaba gemir. Me apretaba entre sus piernas, sentía como deslizaba sus pies sobre mi espalda, me tomaba del cabello y me empujaba a que la chupara y lamiera más.

    Tras unos minutos sus fluidos estaban por todas partes, todo se sentía lubricado en ella, incluso se chorreaban hasta su culito, el cual aproveche de lamerlo también, lo que causó más gemidos de su parte. Allí me di cuenta que tendría su primer orgasmo, así que subí lamiendo hasta apoderarme de su clítoris, lo chupé y masajee con mi lengua mientras metía uno de mis dedos en su culito, sabía que eso la haría explotar, y no tardo en suceder.

    -Uhmmm ay… Siii uyyyhhh

    Y me apretó frenéticamente entre sus piernas, mientras yo seguía chupando y frotando su clítoris en mi boca, al tiempo que sentía como su culito se contraía sobre mi dedo que entraba y salía. La tuve a mi merced varios segundos, hasta que retiré mi dedo de su interior y dejé en paz su clítoris, pasando a dar tiernos y cortos besos. Eventualmente me fue liberando de sus piernas, así que me puse de pie en la orilla de la cama y me preparaba para follarla, cuando ella se alejó de la orilla.

    -No vas a follarme, no aun! Quiero esa verga para mi ahora. Te aguantas!

    Me jaló hacia la cama y me recostó boca arriba. Se subió sobre mí, como para hacer un 69, pero no me dio acceso a su vagina, sino que aprisionó mis brazos a mis costados con sus piernas, y puso sus pies a ambos lados de mi cabeza, me tenía a su merced.

    -A ver… Este pajarito que esta por aquí tiene mucho que conversar conmigo, y no voy a dejar que nadie nos interrumpa…

    Sentí como besaba mis muslos, mi vientre, besaba y lamia todo menos mi verga. Lo hacía para hacerme sufrir. Luego me acarició mi vientre, bajo a mis muslos y llegó hasta mis bolas, las masajeo suavemente, casi como una cosquilla, mientras yo respiraba y dejaba escapar un leve gemido.

    -Míralo como se mueve, como se levanta ante mi! Jajaja! Quieres que lo mame?

    -Si…

    -Cómo quieres que lo haga? Muéstrame…

    No entendí al principio que quería, pero luego giro su cabeza para verme y sentí que con un pie me hacía voltear mi cabeza hacia el otro lado, y con el otro pie apuntaba sus dedos hacia mi boca.

    -Chupa mi dedo gordo, mámalo como quieres que te la mame. Vamos…

    Abrí mi boca y chupe desesperadamente su dedo, sentía su uña en mi lengua, sentía su suave dedo en mis labios, el saladito de su piel comenzaba a salir, sentía mi bica llena con aquel delicioso dedo, incluso hice movimientos como si ese dedo fuera un pene, y mi concentración fue rota cuando sentí que su boca caliente comenzaba a ingerir mi verga.

    La lamia, la besaba, la metía dentro, la apretaba con sus labios, le daba pequeños mordiscos, estaba haciéndome una mamada increíble, tanto fue que no pude sino quedarme quieto con su dedo en mi boca y gimiendo de placer.

    -Uhmmm te gusta verdad?

    Lisa dijo aquello mientras metía y sacaba mi verga de su boca.

    -No te corras en mi boca aun, hoy tu verga sabe más rica que nunca. Quiero mamarla y mamarla, no me arruines el momento. Distráete con mis dedos mientras tanto.

    Siguió mamando y majeándome, mientras yo no podía hacer nada, la saliva se salía de mi boca entre sus dedos. No quería correrme, era demasiado delicioso lo que hacía, la forma como me sometía, sus pies en mi boca. No sé cuantos minutos estuvimos así, hasta que sentía que iba a explotar y Lisa se dio cuenta.

    -Ya está bueno. Te vas a venir si sigo. Ya sabe demasiado a tu lechita.

    Se separó de mi verga y sacó su pie de mi boca, luego sin quitárseme de encima se voltio y comenzó a besarme mientras frotaba su clítoris ardiente sobre mi verga. Sus labios se pusieron sobre los míos con furia, y nuestras lenguas se encontraron. Fue allí cuando deguste el sabor de mi verga en su boca. El olor y sabor de mi pene junto con su saliva y su lengua, pensé que así sabía una verga, me dejé llevar pensando en eso mientras dejaba que ella metiera su lengua en mi boca. Pensé que así se sentiría si mamaba una verga a otro hombre, me sentía bisexual. Mi trance fue roto cuando lisa se había empalado con mi verga, y comenzaba a moverse frenéticamente y gemir en mi boca. La dejé tomar el control en esa posición unos minutos, dándole algunas embestidas que la hacían gemir más fuerte, luego deslicé mis manos y comencé a masajear su clítoris, ella se reclino hacia atrás y apoyo sus manos en mis rodillas para abrirse más a mí. La penetré lo más rápido que pude, mientras agitaba su clítoris frenéticamente, quería que ella explotara en otro orgasmo, pero antes que yo

    -Alex… Sigue… Uhm aaayyy!

    Su orgasmo llegó, sentí como su cuerpo daba espasmos y temblaba, hasta que se derrumbó sobre mi pecho temblorosa. Su corazón latía fuerte, respiraba entre gemidos. Y unos segundos después cuando recobro el control me dijo sorprendida.

    -No has llegado?

    -No. Ahora viene tu castigo…

    La abracé y besé, sin sacar mi verga de sus entrañas giramos y quedé sobre ella, luego recogí mis piernas para elevar las suyas, la miré con lujuria.

    -Vas a ser toda mía hoy, por todas partes, sé que lo deseas y voy a dártelo.

    -Vas a acabar conmigo…

    No la dejé hablar más, la besé e introduje mi lengua en su boca a la vez que sacaba de un empujón mi verga de su vagina y la dirigía hacia su rico culito. Eso la excitó más, ella disfrutaba del sexo anal. Comencé a frotar mi glande en su esfínter. Sin más lubricantes que sus propios fluidos que mojaban todo, comencé a empujar lentamente mi verga dentro de ella. Un poco allante y un poco atrás, sentía como se iba abriendo aquella cavidad, poco a poco. No deje de besarla nunca, sentía su respiración, sus gemidos ahogados. Lentamente su culito se dilataba y mi cabeza iba entrando, hasta que por fin ingresó y sentí su culito cerrarse detrás del final de mi glande, ya estaba adentro.

    -Lento Alex… Sigue ahora metiéndolo todo sin echarte atrás…

    Así hice, seguí empujando hasta que estuve totalmente dentro de ella. La forma como apretaba su culito era única. Era mejor que su vagina. Comencé a ir y venir lentamente, luego más rápido. Escuchaba sus gemidos de placer, sus piernas me apretaban, sus pies se retorcían, abría sus dedos, me pedía más, más duro, más rápido. Yo pensaba que ella gozaba mucho, que quizás si me follara un hombre a mí de esa forma seria rico también, esa idea me mantuvo unos minutos alejado un poco del placer de su culo sobre mi verga, hasta que sus gemidos me trajeron de vuelta a la faena. Lisa estaba teniendo otro orgasmo, más intenso, un orgasmo por placer anal.

    -Lléname de leche! Ummm si… Mis dedos, siento que arden! Cógeme más! ¡Más rápido!

    Por su comentario tome instintivamente sus piernas y puse una en mi hombro y la otra la tome para llevarme los dedos de sus pis a mi bica y chuparlos. Metí los dos deditos largos de en medio, los comencé a chupar, pasaba mi lengua en la suave piel que esta entre sus puntas y la planta de su pie. Los sentía tibios y saladitos, yo estaba gimiendo mientras la penetraba lo más rápido que mis caderas me dejaban, chupando sus bellos y ricos deditos.

    -Nooo no los chupes más! Ayyy

    No aguanté y vacié toda mi leche caliente dentro de su estrecho culito. Sentí como sus dedos se estiraban en mi boca. La vi llevarse una almohada a la boca para poder gritar por el placer de nuestro orgasmo juntos.

    Luego de ese orgasmo sólo me derrumbé sobre ella. Entre jadeos nos besamos y nos abrazamos. No sé qué paso luego, creo que por el alcohol y la faena sexual sólo nos quedamos dormidos así, yo aun dentro de ella.

    Desde esa vez, nunca volví a ser el mismo, ahora algo dentro de mí se había despertado, una curiosidad, algo que podría abrir aún más mi amplio gusto sexual…

  • La encontré en la cama con otro

    La encontré en la cama con otro

    Esto que voy a contarles, me lo contó mi mujer, sólo presencié la última parte de su encuentro con el cadete de la verdulería porque en el momento que empezó a suceder, yo no estaba en casa.

    Creo que es la primera vez que hace algo así, y me lo dice porque, como todos mis lectores saben, disfruta metiéndome los cuernos y yo sabiendo que lo hace o directamente viendo cuando otros hombres se la cogen.

    Un día de semana, yo había salido temprano y mi mujer fue a la verdulería a la que va habitualmente a hacer las compras de sus productos.

    Al llegar observa que hay un chico que no conocía acomodando unos cajones, el joven es un morocho muy atractivo, de muy, pero muy buen físico, se ve que el trabajo de mover y acomodar cajones le han cultivado el lomo, es alto con espalda ancha y brazos musculosos, digamos un ejemplar hermoso para mi mujer que es rependejera.

    A Laura le fascinan los hombres de físico trabajado y bien jóvenes, una típica Milf, una mujer madura atractiva a la que le gustan los amantes jóvenes.

    Por supuesto puso los ojos sobre este chico que al verlo, enseguida se le hizo agua la boca, por no decir que se le hizo agua la conchita.

    Hizo la compra pensando en como podía hacer para llevarse al pendejo a la cama y no dejaba de mirarlo, el chico que se llama Matías, notó esto y a pesar de su extrema timidez, comenzó a mirarla también, aunque cada vez que se cruzaban la vista, él bajaba la cabeza.

    Esa actitud le encantó a mi mujercita y le provocó empeñarse aún más en hacer algo para conseguir su objetivo, quería volteárselo ese mismo día.

    Laura como ya conté en otros relatos tiene 50 años y está muy buena para una mujer de su edad, y no es nada disimulada cuando se siente atraída por un hombre, y más con las características de éste pibe, que por su cuerpo parecía más grande, pero que apenas tenía 18 años recién cumplidos.

    Hacía poco que había llegado de un alejado pueblo del interior, y no tenía ninguna experiencia con mujeres, salvo algún pequeño escarceo con alguna chica de su edad.

    A Laura se le ocurrió acercarse a él y preguntarle si haciendo una compra grande era posible que le lleve las bolsas a su casa, Matías le respondió que sí pero que las entregas las hacía después de las 13 y hasta las 17 que era el horario en el que el local cerraba, y descaradamente y con una sonrisa pícara le dijo…

    – pero vas a venir vos a traerme las cosas ¿no?

    – si, si. (contestó él)

    No era cosa que viniera alguna otra persona y que hacer esa compra sea en su mayoría inútil, porque nosotros dos solos no consumimos demasiadas verduras y se echan a perder.

    Por otro lado pensó que si tenía cuatro horas libres, podría llevar a cabo su plan, que claramente era llevárselo a la cama.

    Entonces le rogó que por favor viniera puntualmente a las 13 horas, para asegurarse que fuera él y pensando que le diera el tiempo para seducirlo, cosa que empezó a hacer en ese mismo momento, al decirle casi al oído y guiñándole un ojo…

    -si no tenés que volver enseguida al local y te podes quedar un rato, podés aprovechar y darte un chapuzón en la piscina.

    -pero no tengo short de baño.

    -no te preocupes, eso es lo de menos, vamos a ver como nos arreglamos.

    Para cualquier chico más o menos despierto, las palabras y actitud corporal de Laura hubieran sido muy evidentes, pero Matías era aparentemente muy inocente y pareció no darse cuenta o por lo menos, así se lo hizo creer a mi mujer.

    A la una y diez minutos de la tarde, el joven llegó con las cuatro bolsas bien cargadas de mercadería, Laura lo recibió con una bikini diminuta, cuya parte de arriba deja ver muy bien sus lindas tetas, y la tanguita es en realidad una microtanga, (la compro en un sex shop) que adelante tiene un muy pequeño triangulito que apenas tapa su conchita casi totalmente depilada, y hasta permite ver el comienzo de una rayita muy finita de vello púbico, que ella se deja y que la hace súper sexi.

    Así lo hizo pasar, le preguntó cómo se llamaba y se presentaron, el chico se quedó pasmado cuando la vio casi desnuda, ella le pidió que le lleve las cosas a la cocina y si podía hacerle el favor de ayudarla a acomodar algunas cosas en la heladera, cuando entraron a la cocina Lau le dijo que aguarde un minutito que iba a sacar algunas cosas que podían estar demasiado maduras en el cajón de abajo.

    Por supuesto se agachó delante de él y le dejó ver su extraordinario ojete, la tanga por detrás era solo un hilo dental y se le metía en el ano que estaba casi a la vista y hasta se le ve parte de sus labios vaginales, o sea, como decirles, estaba prácticamente desnuda.

    Cuando ella se volvió a dar vuelta hacia donde estaba parado el chico, lo vio embobado con la boca abierta por el asombro y un enorme bulto se notaba a través de su pantalón blanco muy finito y ajustado.

    Ella sonrió y le dijo como despabilándolo…

    -nene, nene, Matías, jaja mírame, deja las cosas sobre la mesada, yo después las acomodo mejor, ¿te gustó algo de lo que estabas mirando?

    Siempre tan sutil mi mujercita, el pobre chico se puso colorado y tímidamente dijo balbuceando….

    -perdón señora, pero es que usted es hermosa.

    -bueno gracias, pero no debo ser la primer mujer que ves así.

    -y si, es la primera vez que veo a una mujer como usted casi sin nada puesto.

    Ella pensó, esta es la mía y siguió preguntando

    -bueno, decime que te gustó más

    -perdón señora, me da vergüenza, pero usted tiene un cuerpo hermoso, todo me gusta, sus pechos y su cola me parecen muy lindos, perdón por el atrevimiento.

    -no te avergüences, me encanta que te guste mi cuerpo.

    Y ya lanzada al vacío siguió…

    -me imagino que nunca estuviste con una mujer y nunca tocaste una.

    -no nunca estuve con ninguna mujer desnuda, solo besé en la boca una chica en mi pueblo.

    -¿te gustaría tocarme un poco?

    Esto último lo dijo tocándose sensualmente los pechos, y antes que el sorprendido por su buena suerte pudiera responder, se quitó el corpiño y dejó que el chico vea sus lindas tetas y sus apetitosos pezones que ya estaban duritos, Matías se acercó y le acarició los pechos muy suave y tímidamente, mi mujer lo alentó a que se los apriete un poco y le estire los timbrecitos.

    Laura miró su bulto que ya estaba totalmente duro y parado como un mástil, haciendo una carpa en su pantalón, ni lerda ni perezosa se lo tocó, el chico se sobresaltó un poco y ella entonces le preguntó si le molestaba que lo haga.

    Obvio que el chico dijo que no, y ahí estaban, él tocándole las tetas y ella la verga, a quién dos horas antes no había visto en su vida.

    Mi mujer no se iba a conformar con tan poco y le dijo que se quite el pantalón, y él preguntó…

    -¿y si viene su marido?

    -a él no le importa.

    -¿cómo que no le importa?

    -no le importa que yo esté con otros hombres y si viene y nos encuentra, es seguro que se quede mirando sin decir ni una palabra.

    El chico ya más tranquilo, se sacó el pantalón y el bóxer, Laura levanto su remera, le hizo pasar el cuello por la cabeza y lo dejó totalmente desnudo, al fin tenía ante sus ojos a ese bombón con físico de hombre y mentalidad de adolescente y encima virgen, lo miró de arriba a abajo contemplando su hermoso cuerpo y sobretodo, la magnífica pijota que tenía de no menos de 18 x 6, o sea no demasiado larga y bastante gruesa a la que le sobresalía una estupenda cabezota gorda.

    Al verla ella quedó absorta ante esa belleza y dijo…

    -sos muy lindo Mati.

    -gracias, usted es mucho más linda.

    -¿de verdad te parezco atractiva por lo menos?

    -usted es hermosa, es un sueño para mi.

    Entonces tomándole la pija con una mano y los huevos re grandes con la otra, le preguntó…

    -¿hasta que hora te podes quedar?

    -hasta 15 minutos antes de las cinco, tengo que estar cuando abren.

    -bueno, creo que por hoy va a ser suficiente, vamos a aprovechar el tiempo. ¿me dejas que te la chupe un poquito?

    El chico se quedó mudo y paralizado frente a ella, entonces sin decir ni una palabra más se puso de rodillas a sus pies y comenzó a besarle los huevos y lamer la cabezota de su verga, la pija se le puso inmediatamente a full, tiene 18 años, ¿que se puede esperar de un chico a esa edad?

    El chico empezó a gemir y respirar muy aceleradamente, parecía que se iba a venir de inmediato, al advertirlo ella aflojó con la mamada y le dijo mirándolo desde abajo y todavía con sus manos en la pija y huevos…

    -no acabes todavía mi vida, voy a desvirgarte antes que te vayas de mi casa, vas a hacerme el amor.

    Se reincorporó y al ponerse de pie, lo tomó de una mano y lo llevó al dormitorio, allí se acostó de costadito y le pidió a él que se recueste detrás de ella de la misma manera, él estaba en silencio y obedecía ciegamente, ella lo manejaba como quería, le tomó una mano y agarrando solo el dedo medio con la suya, se lo llevó hasta el borde de su ano e hizo que se lo frote muy delicadamente con la yema del dedo, obviamente después de correr a un lado el hilo dental que apenas lo cubría.

    Él lo hizo muy suavemente, parecía tener mucho miedo de hacerle daño y ella empezó a gemir y retorcer su cuerpo moviendo la caderas y la cola, Laura estaba muy excitada y casi enseguida cambió de posición, fue tan rápida que el chico pensó que estaba haciendo algo mal, se quitó la tanguita del todo, tomó un condón de la mesa de noche, y al mismo tiempo que le chupaba la pija se lo puso con la boca, (una experta para hacer eso).

    Seguidamente se acostó boca arriba y con las piernas súper separadas extendió sus brazos y con sus manos tomó la cabeza de Matías y la llevó a su entrepierna y casi como una orden imposible de desobedecer le indicó que ponga la boca en la vagina, él lo hizo obviamente y ella dijo…

    -chupame toda bebé, pásame esa lengua por toda la concha mi amor, haceme gozar chiquito, ahhh mmm dale bebé frotame bien, mojame toda.

    El chico estaba en el paraíso, si hubiera tenido un segundo para poder pensar, no hubiese sabido cómo llegó hasta ahí, para él era tocar el cielo con la lengua.

    Enseguida y ella más consciente que él de la hora que era ya, prácticamente le suplicó…

    -veni amor, méteme la pija, cogeme cielito, hacelo, hacelo ya mi chiquito, dámela toda sin miedo bebé, no me vas a lastimar, métela hasta el fondo, hoy soy tu puta y vos mi machito.

    El pibe puso su boca sobre las tetas de mi mujer y se las chupo mientras la penetraba, se la puso hasta los huevos, tal como ella pedía y deseaba y mi mujer bien experta en estas lides, lo guio tomándolo de las caderas y las nalgas haciéndole llevar el ritmo de la penetración como a ella le gusta.

    Yo llegué cuando el chico estaba montándola y cabalgando a mi potra, y observé ese hermoso espécimen de varón, acostado entre las piernas abiertas de mi mujer, y noté también su hermoso culo bien torneado, redondo, joven y lampiño que a pesar de que no me gustan los culos de hombres, no dejo de apreciar algo bello.

    Cuando los vi, me quedé mirando desde la puerta, no quise espantar al amante de mi señora que no tenía el gusto de conocer, solo escuché que la trataba de usted y pensé que esta hija de puta había asaltado un jardín de infantes, pero por suerte me anoticie de que por lo menos era mayor de edad.

    Poco pude ver del magnífico espectáculo porque un par de minutos después que me acomodé para verlos coger, los dos acabaron como brutos animales, si viviéramos en un edificio de departamentos, los vecinos morirían de la envidia por los gritos que pega esta turra.

    Los vi terminar y noté la cara de satisfacción de mi putita, y la de felicidad de ese chico, al verle la cara me di cuenta que era poco más que un adolescente.

    Se levantaron, ella me presentó como su marido y le dijo…

    -¿viste que no tenías que preocuparte porque él llegue? Ya sabes que podés venir alguna tarde a usar la piscina o lo que prefieras usar, y también podés venir una noche después del trabajo, ya ves que no hay drama en esta casa.

    El joven se dio cuenta que ya era un poco tarde y disculpándose por irse casi corriendo, saludó a Laura con un beso en la mejilla y a mi me dio un apretón de manos, hasta ternura me dio tanta inocencia.

    Antes de que se vaya, Laura le dio anotado en un papel, su número de teléfono y le dijo que la llame cuando quiera venir a verla.

    Después nos quedamos con Lau charlando sobre lo que había hecho y me contó todo con lujo de detalles para que yo muera de deseo por verla coger con ese chico alguna vez desde el principio, y pueda relatarle a ustedes todo lo que hizo con él.

    También hablamos de que le gustaría repetir la experiencia de estar a solas con él toda la tarde, me dijo que le había dado mucho morbo, seducirlo al chico sin que yo lo sepa, sentía que me estaba metiendo los cuernos como hacen muchas mujeres y por supuesto también los hombres, pero con el plus de saber que al llegar a casa, yo no diría nada y por el contrario, disfrutaría mis cuernos.

    Por otro lado me contó que le entusiasmaba la idea de moldearlo a su manera, porque el chico no tenía ni maldad ni vicios, era ideal para hacerlo a su gusto y al mío, si yo quería.

    Sobre esto último le dije que lo quería pensar, el chico era hermoso y tiene una pija muy deseable, pero no estoy seguro de querer de alguna manera, pervertirlo, además me confesó que le rompía la cabeza la idea de que la garche sin protección y tragarse su leche.

    CONTINUARÁ….

    Espero que les haya gustado y pueden dejar un comentario aquí o escribirme a mi correo [email protected]

    Besos a todos mis lectores.

  • El privado de Buenos Aires (Parte 2)

    El privado de Buenos Aires (Parte 2)

    Luego de esa experiencia dolorosa, pero placentera en el privado con las 4 doradas volví varias veces a tener largas sesiones de sexo a veces era solo con dos de ellas otras con tres o con las cuatro, siempre no menos de 2 horas en donde terminaba abierto y lleno de leche principalmente en mi estómago. 

    Eran muy calientes y morbosas. Un día cuando me despedía después de una tarde de sexo les dije que me estaba por volver a mí ciudad y que no creía que podría volver a vernos antes de partir, entonces una de ellas me insiste en que vuelva una última vez para hacer una buena despedida, le digo que estaba complicado con los tiempos porque me quedaban cosas por hacer antes del viaje y solo quedaban 2 días antes de viajar.

    Me insisten diciendo que estaban preparando algo especial y que no me iba a arrepentir, entonces accedo pero les digo que solo podría la noche siguiente un par de horas porque el colectivo que debía tomar salía al día siguiente después del mediodía.

    Llego el día en que a la noche sería la despedida sexual con aquellas travestis violadoras y nos mandábamos mensajes y ellas me enviaban fotos y videos sexuales de ellas para hacerme desear y asegurarse que fuera al encuentro.

    Llegando la hora de la cena me escriben diciendo que no coma nada que ya podía ir al departamento que era mejor que vaya con el estómago vacío, pensé que me lo decían para que no me cayera mal el tragar tanto semen pero era algo que ya sabía yo hacer. Llego al encuentro como acordamos, tomamos unas cervezas ellas estaban prácticamente desnudas solo faltaba la dueña que estaba atendiendo al último cliente que por los gritos era otro pasivo.

    Al escuchar que termina de atenderlo nos metemos en la cocina para que el cliente salga tranquilo sin cruzarse a nadie en el camino, ya en la cocina y al tenerlas a todas casi desnudas no pude evitar comenzar a mamarles sus pijas con sed de leche y sexo, y en realidad quería que termináramos temprano para poder irme a descansar antes del viaje.

    Al entrar la dueña a la cocina se encuentran con la escena dónde yo estaba tumbado sobre la mesa recibiendo una polla por el culo y las otras por la boca una ya había acabado y fueron de a poco acabando una por una esta vez en mí boca. La dueña que era la que tenía una nutria de pija se acerca a mí me dan una cerveza y me dice «prepárate que está noche no la vas a olvidar en tu vida» en ese momento no pensé en sus palabras porque no creía que podría pasar al más grave de todo lo que ya me habían hecho sexualmente entre las 4.

    Me llevo la dueña y otra más a un cuarto en el fondo del departamento, era muy pequeño había una camilla tipo de masajes 2 sillas y algunos elementos de higiene, me sorprendió que me llevarán ellas 2 solas ahí y no al cuarto en la cama y todas juntas.

    Cierra la puerta y coloca la camilla contra la puerta cerrada y destraba una parte de la camilla dejándola más corta, yo no entendía que iba a pasar pero me dejaba manejar a su gusto.

    Me hace recostar sobre la camilla boca abajo quedando como en 4 y mirando hacia la puerta que hasta ese momento no me había dado cuenta en la puerta había un pañuelo pegado pero no le di importancia.

    En esa posición una de ellas comenzó a darme un black kiss profundo y húmedo y meterme sus dedos mientras la dueña se acercó por un costado para darme su pijón en la boca y limpiarle la leche que le había quedado del último cliente que había atendido, tenía toda la pija con la leche seca y dura que al metérmela en la boca se fue ablandando y se la limpie por completo, la que me estaba atrás comienza a penetrarme suavemente despacio como queriendo alargar el encuentro lo más posible y yo seguí chupando como podía el porongón de la dueña.

    En un momento la dueña me toma del pelo me quita su pijón de la boca y gira mí cabeza, yo todavía con los ojos cerrados, y siento otra pija algo más chica en la boca, ahí abrí los ojos porque no entendía si estábamos los 3 solo en ese cuarto la puerta trabada con la camilla de dónde salía otra pija, y con los ojos cerrados sabía que era una lija no solo por la textura y temperatura sino también por el olor.

    Al abrir los ojos veo que ese pañuelo que había colgado en la puerta tapaba un agujero en la puerta por dónde asomaba una pija de alguien del otro lado de la habitación. Habían organizado un glory hole para mí despedida.

    Esa pija entraba y salía por el agujero cada vez más rápido y la dueña sosteniendo mí cabeza para que no dejará de chupar hasta que me llenó la boca de leche algo agria y ácida pero no tan espesa, sabía que no era de las otras trans porque la que se asomaba por el agujero tenía pelos en la base y las trans estaban todas depiladas.

    El agujero vuelve a quedar vacío y la que cogía acaba llenándome el recto de caliente leche a lo que le dije que me hubiera acabado en la boca y me dice «no te preocupes que vas a tomar mucha hoy».

    Automáticamente le duela se coloca detrás mío y me penetra por completo algo que todavía seguía siendo doloroso por el largo de su pija, la deja dentro y se apoya sobre mí espalda y me dice «te gusta esta sorpresita?» Mientras corre el pañuelo de la puerta y me hace ver por el agujero donde se veía al otro lado una gran cantidad de sombras con pijas erectas de todos los tamaños, y me dice «esta noche vas a chupar y tragar más que en dos vidas».

    Así fueron pasando pijas por ese agujero y acabando en mí boca. Luego de un rato largo corremos la camilla ya que estaba algo acalambrado la dueña acerca una silla donde se sienta y yo me siento sobre ella con su pijón dentro de mí culo y empiezo a cabalgarla con fuerza haciendo golpear sus testículos contra los míos sonando una de las melodías más calientes del sexo, hasta que vuelve a aparecer una pija por el agujero la cual me dispongo a chupar nuevamente y al verla era de las más gigantes, era toda negra con la cabeza rosa y cubierta de venas, era enorme y como la de la dueña no me entraba en la boca.

    La dueña me dice vas a tener que hacer algo porque están pagando para tener placer completo y si no podes chuparla completa no va a pagar, entonces sin dudarlo la quito a ella de mí culo me pongo de pie y me giro poniéndome de espaldas a la puerta y metiendo por completo todo ese mástil venoso de carne negra en mí dilatado ano y me quedo así pegado a la puerta dejando que el dueño de esa barra de chocolate hiciera lo que quisiera y manejara el ritmo a su antojo mientras yo agachado chupaba a mí ama hasta hacerla acabar litros de leche muy espesa y caliente.

    Así estuvimos por largas horas alternando chupadas y culeadas con ellas dentro del cuarto y las pijas que aparecían por el agujero, hasta que como todo lo bueno se terminó.

    Salimos del cuarto voy a ducharme y recién ahí veo como del tragaluz entraba luz del día, habíamos pasado toda la noche cogiendo y cuando veo la hora eran las 6 y al medio día salía mí colectivo y no había dormido en toda la noche.

    Salgo del baño voy a buscar mí ropa para vestirme y veo que me esperaban todas desnudas y totalmente erectas y habían colocado la camilla en el centro y les dije que ya no daba más que debía descansar antes de viajar pero no me dejaron irme y yo tampoco puse mucha resistencia.

    Me recosté boca abajo en la camilla en 4 y fueron pasando de a una por mí ano pero esta vez me violaban con mucha fuerza y mucha velocidad además con un dildo haciéndome una doble penetración, fueron acabando en mí boca todas pero automáticamente cuando la última terminaba ya la primera estaba caliente otra vez, esta vez conté las veces no como en la noche que llegue a contar 50 pijas por el agujero y después no conté más, esta vez cada una acabo 3 veces y la última fue la dueña que se apoderó de mí culo como quiso y esta vez además de meterme su pijón que a pesar de mí dilatación seguí entrando justo de ancho, me metió su pijón junto con 2 dildos más que me provocó una fisura literal, pero no me importo.

    Acabo como siempre grandes cantidades de leche y me dejaron cambiarme. Al despedirnos viene la dueña y me dan un sobre y me dice esa es tu parte de lo de anoche, me guardo el sobre nos despedimos y me vuelvo a mí hotel al llegar abro el sobre y había dinero, era una parte de todas esas pijas que pasaron por el agujero que eran clientes, y una nota agradeciendo los encuentros y que cuando regresará no dudará en volver y que medio se había enamorado de mí, la nota era de la dueña. Bueno por unos años nos mantuvimos en contacto y tuvimos otros encuentros por suerte.

    Otra de tantas experiencias calientes y guarras %100 reales.

  • Qué cabrona era la tía abuela y qué cerda la tía

    Qué cabrona era la tía abuela y qué cerda la tía

    Señor Agustín después de hacerse esperar llegó al monte abierto donde yo ya lleva tres horas apastando el caballo. Estaba sentado en una pelada, se sentó a mi lado, y me preguntó:

    -¿Dónde lo dejamos ayer?

    -Me iba a contar lo de su tía abuela.

    Sacó un cigarrillo Celtas sin filtro de la cajetilla, y antes de encenderlo con su mechero contra viento y marea, comenzó a contar la historia.

    -Mi prima, mi tía y mi tío se habían ido a las seis de la mañana con el carro y un caballo al monte a coger carquesas, tojos, acículas…, a coger todo lo que valía para hacer estiércol en las cuadras. Mi tía abuela quedara de hacerme el desayuno. Llamé a la puerta de su casa y me respondió desde el establo, que estaba al lado de la casa. Entré en el establo y la vi sentada en una banqueta ordeñando a su vaca. Me preguntó: «¿Quieres aprender a ordeñar?» Cogí otra banqueta y me senté a su lado. Tirando de un pezón y sacando leche, me dijo: «Haz así.» Hice cómo ella y le saqué leche de la ubre de la vaca. El olor a leche fresca y templada saliendo del pezón hicieron que me empalmara. Mi tía abuela, sin saber que me había empalmado, me echó la mano a la polla, la encontró dura, y me dijo: «Esto en mi coño haría maravillas». Le pregunté: «¿Aún se corre?» «Tengo sesenta y cuatro años, estoy en lo mejor de la vida».

    Lo mejor de su vida en terreno sexual ya había pasado, pero no quise herirla, y menos con su mano acariciando mi polla, así que le dije: «A mí de mañana no me va.» Cómo veía que le estaba dando largas, fue al ataque. «¿Ordeñaste bien a mi nieta?» Le respondí: «Su nieta no es una vaca para ordeñarla.» «Yo tengo complejo de vaca, y me vas a ordeñar si no quieres que le cuente a quien tu sabes que follaste a su novia.» Estaba visto que allí era un juguete con el que todo dios quería jugar, le dije: «Si hay que follar se folla.» Se levantó, me levanté, me tiró encima de la paja, me bajó la cremallera, sacó mi polla y la metió en la boca. Se veía que le encantaba mamar pollas, ya que chupaba y gemía como si le estuviera comiendo yo el coño a ella. Mamaba de maravilla. Su lengua envolvía la polla antes de cada mamada…

    Le duré lo que dura una vela encendida al llegar el viento, nada, no le duré nada. ¡Cómo gemía saboreando y tragando mi leche! Era como si estuviera saboreando un manjar. Después de tragar sacó el vestido y quedó en pelotas. Vi sus tetas grandes y decaídas, sus lorzas y su coño peludo… A ver, imponía un poco, pero más imponía el novio de mi prima, además yo estaba empalmado y ella tenía dos agujeros, ¿o no? Se echó sobre la paja y estirando los brazos, me dijo: «¡Fóllame!» Me eché sobre ella. Sus tetas iban a su bola, una caía para un lado y la otra para el otro, las junté y le mamé sus enormes areolas marrones y sus gordos pezones, ella con los ojos cerrados me acariciaba el cabello. Aunque te parezca raro me gustó comer aquellas tetas blandas, luego bajé a su coño. Ya sabía cómo comerlo. La iba a volver loca, o eso creía, ya que pasé mi lengua por su coño, lamí su pepita media docena de veces y sin más comenzó a correrse.

    Quedé boquiabierto viendo cómo se retorcía y cómo en posición fetal jadeaba cómo una perra. Al acabar de correrse, tirando del aliento se puso boca arriba. Estaba con los ojos cerrados y con los brazos y las piernas abiertas. Me puse encima de ella. Me echó una mano a la espalda, me cogió el culo con la otra y me metió la lengua en la boca. Pensé que mi polla no iba a tocar los lados de su coño peludo, pero entró tan apretada cómo si fuera virgen, al poquito de follarla, bueno, era ella la que agarraba mi culo y la metía, pues eso, al poquito, me dijo; «¡Me corro!» Me sentí importante de nuevo. Me sentí macho, muy macho, y más macho me iba a sentir, porque en menos de dos minutos se corrió tres veces, a la tercera me corrí dentro de ella, y después fuimos a desayunar.

    -Ya vuelve a exagerar, tres veces en dos minutos son muchas veces.

    -En ningún momento exageré.

    -Sí usted lo dice… ¿Su tía se corría cómo su madre?

    -Mi tía tardaba en correrse un mundo de tiempo.

    -Cuente.

    -Ya yo trabajaba en la mina cuando me folló. Esta vez mi prima, mi tía abuela y mi tío se habían ido en una excursión a Covadonga. Mi tía se quedó en casa con dolor de muelas. ¿Con dolor de muelas? ¡Con dolor de coño de lo poco que follaba con mi tío! El dolor de muelas fue la disculpa que dio para quedar en casa a solas conmigo. Estaba en la cama de mi habitación cuando entró por la puerta vestida con una combinación que le daba por debajo de las rodillas de sus gordas piernas y calzando unas zapatillas. Traía el pelo recogido en un moño, al lado de la cama se descalzó, quitó la combinación y la vi desnuda. Era un cuadro de su hija. Metiéndose en cama, y tapándose con la sábana que me cubría dijo: «Llevas mirándome con lujuria desde que llegaste. ¿Por qué?» Yo en ningún momento la había mirado con lujuria, pero cómo comprenderás no le iba a llevar la contraria le dije: «Porque estás muy buena». Me dio un pico, dos, tres…, después me besó con lengua y me echó la mano a la polla, yo se la eché al coño y noté que estaba muy mojada. Le metí dos dedos dentro. No sabía hacerle una paja, pero yo metí y saqué los dedos mientras mi tía me meneaba la polla y nos comíamos las bocas. Tiempo después sintiendo sus grandes tetas pegadas a mi cuerpo, sintiendo cómo me la meneaba y sintiendo cómo su lengua lamía la mía me corrí en su mano. Al acabar de correrme lamió su mano y chupó los dedos uno a uno hasta dejar la mano limpia de leche, después cogió la mía y me chupó los dos dedos que le había metido en el coño. Luego se destapó, se puso a cuatro patas, y me dijo: «Come mi culo!» Si mi prima era una guarra mi tía era una cerda, del meo pasaba a la mierda.

    En fin, me puse detrás de ella y le besé, lamí y mordí las nalgas. No era eso lo que quería. Me dijo: «Lame mi ojete y mete y saca la lengua de él». Abrí con las dos manos las nalgas de aquel tremendo culo y lamí su ojete repetidas veces, después le metí y le saqué la lengua de él. Mi tía entre gemidos me dijo: «¡Caliéntame el culo mientras me lo follas con la lengua!» Le di cada vez que mi lengua salía de su culo: «Plas, plas, plas…» No le llegaba. Me dijo: «Un poquitín más fuerte» Le di algo más fuerte: «¡Plas, plas, plas!» Quería más violencia. «Un poquitín más fuerte» Me dolían las manos de darle, así que bajé de la cama, cogí una de sus zapatillas marrones con piso amarillo de goma, volví a ponerme detrás de ella y le di: «¡¡Plas!!» «¡Ay!» «¡¡Plas!!» «¡Ay!» «¡¡Plas!!» «¡Ay!» «¡Cabrón!».

    Tiré con la zapatilla y le acaricié las costillas para luego sorprenderla clavándosela en su rojo y dolorido culo. Rompió a reír y me dijo: «Me haces cosquillas». No se las había hecho, pero sabiendo que las tenía empecé a hacérselas. Se derrumbó sobre la cama y no paró de reír y de retorcerse hasta que se las dejé de hacer. Cuando se puso de nuevo a cuatro patas tenía lágrimas en los ojos y una sonrisa de oreja a oreja. Me dijo: «Eres muy malo». Le dije: «Aún no sabes bien cuanto». Le puse la polla en la entrada del ojete y sin más se la clavé hasta los cojones. Exclamó: •»¡Maricón!» Le agarré las tetas y le di caña. Había vuelto el macho. Le dije: «¡Calla o te reviento el culo!» El que acabó reventado fui yo, tan reventado quedé después correrme dentro de su culo que caí rendido cómo caen los conejos después de montar a una coneja. Se dio la vuelta, cogió la polla, la olió y dijo: «¡Me encanta este olor!» Le gustaba el olor a mierda. Luego la mamó hasta ponerla dura. Después se dio la vuelta y me dijo: «A ver si ahora aciertas con el agujero». Me puse detrás de ella y se la metí en el coño empapado. Entró con una suavidad exquisita, después la follé con calma para no cagarla de nuevo. Magreaba sus tetas y la besaba en la espalda, al rato la follé más aprisa, y después a toda hostia. Tuve que parar porque me iba a correr de nuevo. Mi tía no se corría ni a tiros. Media hora más tarde no aguanté más y le llené el coño de leche. Al sacar a polla del coño se dio la vuelta. Pensé que me iba a chupar la polla de nuevo, pero no, me puso el coño en la boca y me dijo. «Quiero correrme en tu boca.» Saqué la lengua, mi tía frotó su coño contra ella y cinco o seis minutos después, se corrió en mi boca temblando y jadeando cómo una loba.

    Le pregunté:

    -¿Cómo siguió la cosa?

    -No siguió, mi tía al correrse se le iban las ganas, era mujer de una sola corrida.

    -Se ve que en esas cosas las mujeres son todas diferentes, aunque cerda cómo su tía debe de haber pocas, y usted es otro cerdo.

    -Lo que vas a ser tú cuando te toque comer un coño con tu corrida dentro.

    Señor Agustín no me conocía, le dije:

    -¡Nunca!

    Ahora sé que no se debe decir nunca, jamás, puesto que unos meses más tarde le comí el coño a señora Mercedes, la mujer de señor Agustín, mientras mi leche salía de él.

    Quique

  • Solo por probar

    Solo por probar

    Después de trabajar con dedicación por varios meses, de repente y para vencer la rutina, decidimos pasar un fin de semana en una ciudad costera. Nos alojamos en un hotel cinco estrellas y nos propusimos estar lo más relajados que se pudiera. El día que llegamos, un jueves, sin embargo, estuvimos merodeando por allí y vimos que había varias parejas alojadas, de manera que supusimos que las atracciones del lugar podrían capturar nuestra atención y que podíamos pasarla bien.

    El viernes nos fuimos de turismo hacia un acuario y un balneario, playa blanca, donde pasamos casi todo el día. La jornada estuvo entretenida y no habíamos albergado la idea de hacer algo diferente a disfrutar del lugar y literalmente descansar. Al volver al hotel, en la noche, sin embargo, después de la cena, nos dio por curiosear en la discoteca.

    El sitio estaba bien y la mayoría de parejas departía alegremente y había uno que otro grupo de personas que hacían alboroto al bailar y daban ambiente al lugar. Estuvimos bailando hasta la madrugada y no dejamos de observar una que otra parejita enamorada que, después de cortejarse y bailar muy próximos por largo rato, abandonaba el lugar, supuestamente en dirección a las habitaciones, lo cual era normal tratándose de parejas ya establecidas.

    Pregunté al camarero que nos atendía detalles del ambiente. Nos comentó que la discoteca del hotel estaba bien acreditada en la ciudad y que muchas personas, que no estaban alojadas, acudían allí los fines de semana. Que, por lo general, las parejas ya venían organizadas y que era muy raro que la gente se enganchara allí, aunque, creía él, había la posibilidad de que algunos huéspedes coincidieran, se conocieran y entablaran amistad de una noche, pero que no era la idea. Dijo, eso sí, que muchas parejas se hospedaban para el fin de semana, como era nuestro caso, visitaban la discoteca y amanecían en el hotel. Y uno suponía cuál era el propósito.

    Indagué si había posibilidad de enganchar hombres o mujeres solas, pero nos dijo que difícilmente, aunque no descartaba que eso pudiera pasar en algún momento. Que en la ciudad había sitios donde ese era el propósito, más tratándose de una ciudad turística, y que allí muchachas y muchachos de la ciudad iban a enganchar uno que otro extranjero o turista en busca de aventuras. Ustedes me entienden, verdad, nos decía. Sí, claro, respondíamos. En fin, entre tanda y tanda de baile, y visitas del camarero a nuestra mesa, nos hicimos una idea de cómo funcionaba el lugar.

    Al día siguiente, sábado, nos embarcamos en un “city tour” y nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad. En la tarde, nos fuimos a asolear un rato en la playa y a beber unos tragos antes de la cena. Más tarde subimos a la habitación, nos bañamos y nos arreglamos para ir a cenar y, entre una y otra posibilidad para hacer en la noche, se mencionó la posibilidad de ir nuevamente a la discoteca del hotel, de modo que ella se arregló con ese propósito, usando un vestido de fiesta.

    Después de la cena, como habíamos convenido, descansamos un rato y fuimos a visitar la discoteca. Esta vez nos sentamos en la barra y pedimos cocteles para pasar el rato, ir a bailar, y entretenernos un rato. Sin embargo, vimos algunos caballeros en la barra, aparentemente solos y sin pareja, tomándose unos tragos y, tal vez de manera ociosa, surgió en nuestra conversación el hablar sobre lo que aquellos estarían haciendo allí. Pues, seguramente, dije yo, están ahí viendo la posibilidad de enganchar a alguna mujer, porque para qué iría uno a discoteca si no es para eso. Habría que preguntarles.

    Uno de esos caballeros, delgado, alto, cabello negro, incipiente barba y físico promedio, nos miraba con bastante regularidad. Bueno, mencioné, aquel está que te echa el ojo, pero tal vez no se atreve porque yo estoy aquí. ¿Cómo lo ves?, pregunté por curiosidad. Se ve bien, contestó ella. Se ve elegante. Hmmm… Esa es la manera discreta que tienes para decir que el tipo te gusta, comenté. No, dijo ella, simplemente que la primera impresión es buena. Habría que relacionarse con él para saber si se respalda esa primera impresión. Porque así, a distancia, ¿cómo se va a saber?

    Seguimos allí un buen rato, bailando y volviendo a la barra a beber nuestros cocteles. Y, en una de esas tandas de baile, observando que ella miraba hacia donde estaba aquel sujeto, que insistentemente nos miraba, se me ocurrió la gran idea de preguntar. Oye, ¿quisieras hablar con ese señor? ¿Por qué preguntas?, dijo ella. Porque veo que miras insistentemente hacia donde él está y supongo que algo te llama la atención. Pues, lo pensó un momento, no está mala la idea. No es una persona cualquiera. Se le ve clase.

    Bueno, dije yo, sólo que hay un problema. ¿Cuál?, dijo ella. Que mientras yo esté allí él tipo no se nos va a acercar, y si no le acercamos los dos, la conversación de pronto coge otro rumbo. Ya tú sabes, el hombre va a lo que va y si ve obstáculos en la situación, posiblemente no se arriesgue. Y ¿entonces?, dijo. Pues, siendo la hora que es, no sé si te llame la atención, quedarte sola en la barra un rato a ver si el tipo te cae. Y, si es así, conversas con él y ya. Y, si se te refuerza la primera impresión, pues ya depende de ti lo que siga, como siempre.

    A mi me da pereza salir del hotel. Y ¿salir para qué?, pregunté. ¿Y si me propone salir para conversar, sin tanto ruido, a otro sitio? Si estás pensando en que el tipo te proponga estar contigo, que es lo más probable, está en tus manos aceptar o no. Bueno, y si ese fuera el caso, ¿qué digo? Pues, ¿qué dirías tú si te lo propusieran? Es que yo no conozco la ciudad, dijo. Y si no quieres salir, ¿qué opción te queda? Nuestra habitación, dijo.

    Y ¿no te molestaría?, preguntó. ¿Por qué?, pregunté. Estamos hablando de posibilidades. Puede que eso suceda. Y si es así, ya tienes opción para resolver la situación. Y si no pasa nada, pues nada ha sucedido y de todos modos tendrás que volver a la habitación, o es que ¿piensas arrancar para otro lado? No, dijo riendo. Y ¿cómo haríamos?, preguntó con curiosidad. Pues, se me ocurre, que, igual que cuando estuvimos en Punta Cana, yo me quedo en el balcón mientras tú realizas tu show. Eso sí, una vez termines lo despachas, porque no me voy a quedar a dormir allí, ¿verdad? Claro que no, respondió ella, además estamos hablando de una posibilidad. No se puede anticipar nada. Hay que probar…

    Bueno, pero te veo como muy interesadita en el tipo ese. ¿Es que se te despertó la calentura? No, dijo. La verdad, a simple vista me ha parecido una persona interesante y tal vez me llama la atención saber un poco más de él. Quizá sea esta la oportunidad, porque no se sabe si está alojado en el hotel y si hubiera chance de volverlo a encontrar. Pues, si es sólo para eso, yo lo puedo invitar a que nos acompañe a tomarnos unos tragos. No cambiemos las cosas, dijo ella. Bueno, comenté, entonces sigue el plan. Voy a darme una vuelta, por ahí una media hora, antes de subir. Y si, cuando abras la puerta de la habitación, el televisor está apagado, quiere decir que la habitación es de ustedes, y, como siempre, trataré de no intervenir. Bueno, amor, te lo agradezco, respondió.

    Salí de allí y la dejé sola en la barra, bebiendo un cóctel. Me di una vuelta por el bar, me tomé vodka con jugo de naranja y, pensando que ya era tiempo, emprendí mi camino hacia la habitación, pasando de nuevo por la discoteca. Me asomé, como quien no quiere la cosa, y pude comprobar que el caballero ya le hacía compañía. Él estaba sentado al lado de ella, en el mismo lugar que yo ocupaba hacía un rato, y parecían charlar animadamente. Y, mientras subía a al ercer piso, habitación 306, me quedé pensando en cuánto tiempo habría tardado aquel en caerle a mi mujer al verla sola, o cómo habría sido la cosa.

    Cuando llegué, bajé la intensidad de las luces, cerré las cortinas de la ventana y me instalé en las pequeñas sillas dispuestas en el balcón. Las cortinas eran muy livianas y transparentes. La habitación se oscurecía totalmente si se usaban los “black outs”, pero no era esa mi intención, de modo que supuse que, al entrar y dirigir ellos la mirada hacia allí, fácilmente se notaría mi presencia. Una parte de mí estaba convencida de que nada iba a pasar aquella madrugada, pero otra imaginaba a mi mujer llegando con este hombre para tener su aventura sexual, allí mismo, en frente de mí, y eso, de solo imaginarlo, me excitaba.

    Mientras esperaba me dediqué a observar la vista que había desde allí hacia la piscina del hotel, el tránsito de varias personas que circulaban de un lugar a otro, parejas que permanecían sentadas alrededor de la piscina, charlando y tomándose unos tragos. Todo normal. Cuando, de repente, pasadas tal vez unas dos horas desde que los dejé, se sintió el ruido de la puerta al abrir. El pulso se me aceleró y quedé a la expectativa…

    Ella abrió la puerta y fue entrando a la habitación, seguida por él, quien tenía sus manos puestas en sus caderas, como guiándola en sus movimientos. Fue él quien se encargó de cerrar la puerta, pues ella continuó avanzando hacia el interior de la habitación, chequeando que yo no estuviera por ahí, pero mirando de reojo al balcón. Aquel, la estrechó entre sus brazos, desde atrás, besuqueando su cuello y arrimando su cuerpo al de ella. Supongo que le estaba haciendo sentir su miembro, empujando las nalgas de mi mujer.

    Ella se zafó de su abrazo, se situó de espaldas a la cama quedando frente a él. Luego se sentó, abrió la bragueta de su pantalón y expuso su miembro, procediendo a meterlo en su boca y empezar a mamarlo con asiduidad. El caballero, sintiendo ese gesto, sólo atinaba a echar su cabeza hacia atrás, diciéndole que sentía muy rica su boca. Ella, muy excitada, seguía lamiendo aquel pene arriba y abajo, poniendo especial cuidado en pasar su lengua por la punta, con delicadeza. Aquello pareció efectivo, porque su miembro estaba totalmente erecto y el cuerpo de aquel se balanceaba con cada mamada que ella le proporcionaba.

    De un momento a otro, ella se retiró. El, de inmediato, se agachó para besarla, permaneciendo así por un largo instante. Ella, mientras tanto, soltaba el cinturón del pantalón y le invitaba a desnudarse. El, sin dejar de besarla, dejó caer su pantalón y pantaloncillos hasta el suelo y, utilizando sus pies, se descalzó y apartó las prendas, quedando desnudo de la cintura para abajo, dejando ver un enorme y erecto miembro. Con razón ella no dudó en llevarlo a la habitación. Supongo que haber sentido ese gran miembro entre sus manos alborotó su deseo. Ella, entonces, se puso de pie para ayudarle a retirar su camisa, y él, igualmente, se dispuso a retirar su blusa y falda, dejándola tan sólo vestida con su brasier y bragas.

    En frente uno del otro, él se apresuró a retirarle a ella su brasier, exponiendo sus pechos y sus pezones endurecidos de excitación, que empezó a acariciar y a lamer. Ella, por su parte, seguía acariciando con sus manos aquel miembro. Y, en instantes, se dejó caer sobre la cama, sin soltarle. El, excitado como estaba, retiró sus bragas y, cuando lo hizo, mi mujer, instintivamente, abrió sus piernas. El hombre no dudó un segundo y, sin reparo alguno, se disponía a hundir su miembro en la vagina ya humedecida de mi mujer. Sin embargo, ella le pidió que se pusiera el preservativo. Él lo sacó de su pantalón y se lo colocó, rápidamente, mientras ella se acomodaba en la cama. Aquel miembro entró profundo dentro de ella, quien, apenas lo sintió penetrar, lanzó una especie de alarido. Eso envalentonó al macho, quien empezó a empujar su miembro dentro de ella con gran vigor.

    Ella agarró sus nalgas, alentándolo a que siguiera con sus movimientos, más y más rápido, algo que él hacia naturalmente. Y así siguieron por bastante rato, gimiendo ella con más y más intensidad a cada instante. De pronto soltó las nalgas de aquel y, estirando sus brazos por encima de su cabeza, empezó a mover su cabeza a un lado y al otro, y contorsionando su cuerpo debajo del cuerpo de aquel macho que machucaba y machacaba sin cesar, hasta que, fue inevitable que ella alcanzara el clímax y lanzara un profundo ahhh…

    Es una delicia ver a mi esposa disfrutando de tales sensaciones de esa manera. En esas circunstancias se desinhibe totalmente y se deja llevar del momento, sacando el máximo provecho del placer que experimenta. En esos instantes se olvida de todo lo que le rodea y sólo se concentra en las emociones que le producen esos instantes de inmensa satisfacción y excitación. Me hubiera gustado tener una cámara para fotografiarles en esos momentos, pero la discreción y el supuesto anonimato llamaban a la cordura. Lo cierto es que yo andaba excitadísimo presenciando la escena.

    Nuestro hombre siguió empujando, pero al poco rato se detuvo y se retiró, dejando ver el contenido de semen en el condón, el cual se retiró y dejó caer sobre el piso. Ella se quedó acostada en la cama, con sus brazos extendidos, y sus piernas abiertas, y este señor se dedicó a besar sus pechos, su vientre y poco a poco a bajar hasta llegar a la vagina, que empezó a lamer con gran insistencia. No sé si ella habrá sentido algo en ese momento, porque acababa de experimentar un profundo orgasmo, pero no articuló palabra y permitió que aquel siguiera jugando con su sexo.

    Un rato después, y sin dejar de atender la vagina de mi mujer, el miembro de este hombre empezó a crecer de nuevo. Ella lo percibió y le pidió que se pusiera otra vez el condón, y él así lo hizo. Y, una vez listo, él, sin tapujos, le dijo que la quería penetrar por detrás. Y ella, entendiendo lo que vendría, se acomodó en cuatro patas, para que él hiciera lo que quería. El hombre tomo su miembro entre las manos, lo acomodó a la entrada de la vagina de mi esposa y la penetró. Y de inmediato empezó a mover su miembro dentro y fuera de su vagina, sin dejar de acariciar sus senos desde atrás, ya que está posición se lo permitía. Y así, empujando duro, él volvió a llegar a eyacular y, sin pasar mucho tiempo, se volvió a retirar. El condón y su contenido una vez más fue al piso, pero esta vez su pene salió flácido, lo cual auguraba el fin de la aventura.

    Ella, en esta ocasión, se volvió hacia él y, mirándole, le dijo; ¿terminaste? Si, dijo él. ¿Te gustó? Fue una maravilla, replicó. Bueno, no te podrás quejar. Pero, la verdad, ya estoy muy cansada. Me exprimiste. La que me exprimiste fuiste tú, repuso. Ya es tarde, dijo ella. Entiendo, dijo él. No te preocupes, ya me voy. Quizá mañana nos podamos despedir. Yo iré a almorzar al restaurante del hotel y, si estás por ahí, nos podemos charlar un rato. ¿Te parece? Si, dijo ella. Creo que debemos descansar. Y, diciendo y haciendo, aquel se vistió, se despidió y se fue. Mi esposa, desnuda como estaba, tan solo vestida con sus zapatos de tacón alto, lo acompañó hasta la puerta y permitió que él se despidiera con un último beso. Después de eso, cerró la puerta y se dirigió al baño.

    Yo entré a la habitación y me acomodé en la cama, esperando que ella volviera, pero se demoró mucho en la ducha y, somnoliento como estaba, me quedé dormido. Y no me di cuenta a qué hora se acostó, si lo hizo o no. Lo cierto es que nos despertamos tarde, casi a las 11:00 am. Yo me levanté, fui al baño y, al volver, la encontré despierta. Me quedé mirándola y pregunté, ¿Y…? Bien, contestó. ¿Sólo eso? Es que es diferente, respondió. Pues no te vi tan excitada y activa como con tus negros, dije. Estuvo bien, no lo niego, pero es diferente, replicó.

    Bueno, y a todas estas, finalmente ¿cómo llegó hasta ti? Apenas te fuiste el tipo se quedó mirándome, pero no tomaba la iniciativa, así que yo le hice la seña para que se acercara y llegó. Bueno, ¿y para qué resultaran aquí? ¿Cómo fue? Pues fue demoradito. Estuvimos hablando. El tipo trabaja en la industria petrolera, estaba aquí asistiendo a un congreso y básicamente estaba desprogramado. Hablamos de su trabajo, de él, de su familia. Lo de siempre. Me dijo que quería mucho a su esposa y sus hijos. Y que yo le recordaba mucho a ella, que por eso me miraba.

    Y después de un rato, lo de siempre, me invitó a bailar. Y, ya tu sabes, el hombre andaba ilusionado. El tipo la tiene grande y, de verdad, me excité y todo se fue dando. ¿Cómo así? Pues, me decía que mi cabello negro y largo le hacía recordar a su esposa, que mi cuerpo era muy parecido al de su esposa, que bailaba muy parecido a su esposa, así que le dije si era por ella que andaba prendido. Y, entonces, me dijo, no, eso si es por ti. Y bueno, ¿cómo le haces el amor a tu esposa?, le pregunté. ¿Quieres saberlo?, preguntó. Si, le dije. Y, ¿qué propones? Vamos a mi habitación, le dije, pero tiene que ser ya, porque ya está amaneciendo. Y aquí llegamos.

    ¿Y no preguntó con quién estabas? ¡Claro! Y cuando supo que tú me habías dejado sola para que yo pudiera hablar con él, le pareció raro, súper civilizado y entonces, se interesó más. Pero, entonces, ¿él sabía que yo estaba ahí?, pregunté. Yo nunca le dije, pero imagino que lo habrá imaginado. Pues el tipo nunca miró para la ventana, dije.

    Bajamos a almorzar como a la 1 pm. Y al poco rato de estar allí, el tipo apareció. El la miró desde lejos y ella agitó la mano para saludarlo. Estuvo dubitativo unos momentos, pero finalmente resolvió acercarse. Hola, ¿cómo estás? Te presento a mi marido. Hola, mucho gusto, dijo él, Jorge. ¿Descansaste?, le preguntó ella. Si, dijo él. ¿Hubo mucho ajetreo ayer, pregunté? Y él, mirándome, como sorprendido, respondió, sí. Y ¿valió la pena el esfuerzo? Si, dijo él, había que probar. Ante lo cual mi esposa y yo soltamos una sonora carcajada. Creo que aquel no entendía qué estaba pasando, así que muy respetuosamente se despidió de nosotros y se fue. Y después de eso, ya nos dispusimos a salir del hotel y regresar de vuelta a casa. Y si, era una nueva aventura y había que probar.

  • Como me volví versátil

    Como me volví versátil

    Que tal me llamó Aldair tengo 22 años, esta historia fue el comienzo de un romance telenovélico.

    Tenía 18 y era únicamente pasivo. Así que no tenía interés en otra cosa.

    Y fue cuando tuve que tomar una decisión entre dos chicos que tienen en común personas similares.

    Yo conocí a un joven universitario llamado Ismael, tenía 26 años y era mal alto que yo, moreno, esbelto.

    Lo conocí en una cita casual, nos citamos para conocernos y establecer amistad. Fue amable y entre todo lo demás. Me llegó a gustar en la primera cita y yo también le gusté a él porque ese mismo día nos llegamos a besar.

    Así que nos volvimos salientes y empezamos a conocernos mejor después de ese imprudente beso.

    Después de eso, Ismael empezó a presentarme a sus amigos y establecí amistad con uno de ellos, Samir un chico de mi edad que resultó ser el ex de Ismael, pero él no se molestaba con mi presencia sabiendo que yo era su nuevo saliente (aún no pareja).

    Me hice muy amigo de Samir tanto así que llegué a entender mejor a Ismael.

    Hasta el día que el destino hizo su jugada. Recibí una solicitud de amistad en la red social, no tenía foto de perfil ni información, pero si teníamos amigos del ambiente (LGTB).

    Llegamos a hablar, se presentó como Andrés y tenía la misma edad que Ismael (26). Pero no sospechaba nada hasta que poco a poco conociéndonos por imbox fui descubriendo muchos parentescos.

    Entre ellos empezó. Andrés era de la misma universidad que Ismael y la misma carrera. Y lo peor no era eso. Lo peor fue que ambos eran ex de Samir.

    (Contar esa historia de ellos tres sería tema aparte.)

    Claro yo nunca mencioné la existencia de Andrés en mi vida a Ismael y menos a Samir.

    Andrés fue quien me empezó a contar esas cosas sin intención, o sea el tampoco sabía que conocía a Samir y a Ismael.

    En eso nos citamos para conocernos. Me citó en su casa para beber, yo accedí y en eso lo conocí.

    Un joven alto blanco y delgado. Entramos a su casa y empezamos a mezclar la bebida. Andrés empezó a embriagarse y yo también pero a diferencia fue que él era más meloso, y entre tantos chistes estando ebrios empezó a ponerse excitado.

    Yo era pasivo en esos tiempos. Nunca había hecho de activo. Ismael era activo. Pero el empezó a manosearme y empezó a bajarme el pantalón y empezó a hacerme el oral.

    Yo lo disfrutaba y me excitaba al mismo tiempo y empecé a actuar como activo. Empecé a agarrarle sus nalgas mientras él me succionaba el miembro, empezamos y termino por penetrarlo y disfrutar ese momento candente en su sala.

    Lo que me gustaba de él que a pesar de no tener experiencia notaba que lo disfrutaba y empecé a sentirme dominante. Fui acelerado el ritmo y terminé dentro (con protección). Lo había disfrutado mucho.

    En eso quedamos bien, nos despedimos y no perdimos comunicación.

    ¿Pero Ismael?

    Como decir que conozco a Andrés, como decirle Andrés que también conocía a Samir. Todo se había complicado.

    Yo estaba enamorado de Ismael, pero lo que había hecho con Andrés fue interesante, así que tomé la decisión más obvia.

    Dejé a Ismael para tener más contacto carnal con Andrés.

    Andrés llegó a venir varias veces hasta mi casa solo para tener sexo. Siendo el pasivo, y ahí fue cuando yo cometí el error de enamorarme de él.

    Pero Andrés solo quería sexo, pero aparte de eso si formamos una buena amistad.

    Dejé a Ismael por probar cosas nuevas. Pero no me arrepiento. Ismael no es un pan de Dios pero eso también es tema aparte.

    Así empezó una nueva etapa en mi vida sexual. El modernismo o la versatilidad como lo entiendan mejor.

  • El portal

    El portal

    Desde que su marido le había dicho que se había cruzado en el portal con Eduardo, la cabeza de Mayte no había hecho otra cosa que fantasear con su vecino. El hijo de Adela había vuelto de Uruguay unos días para atender a su madre aquejada de la enfermedad de Parkinson hasta conseguir a alguien de atención domiciliaria.

    El tipo llevaba un par de años al otro lado del charco. Al parecer estaba junto a una chica y tenía una hija. Parecía mucho más calmado que una década antes. Mayte le había conocido entonces cuando, junto a su marido, se instalaron en uno de los pisos de aquel edificio de extrarradio. Por aquel entonces, Eduardo era un chico de unos 25 años bastante problemático que había pasado un par de veces por la cárcel por tráfico de drogas.

    La mujer, 8 años mayor, se sintió atraída por Eduardo a primera vista. Su físico trabajado de gimnasio con la cabeza afeitada. Mirada gris heladora y varios tatuajes por sus brazos que le daban un aspecto peligroso. Podría haber sido extra de cualquier serie carcelaria. Mayte había notado como en alguna ocasión él le había mirado, se podría decir que con deseo. Todo esto hacía que la vecina fantasease con el tipo alguna vez, cuando se masturbaba.

    Pero sobre todo cuando le practicaba sexo oral a su marido. La mujer imaginaba que aquella polla que le entraba en la boca y aquellas manos que le agarraban la cabeza, obligándola a tragársela, eran de su vecino. Y es que uno de sus sueños húmedos más inconfesables era el verse sometida y forzada por Eduardo a practicarle una felación…

    *******************

    Después de una cena con amigas, la noche había acabado en un bar de copas, bailando los últimos éxitos veraniegos mientras algunos tíos las piropeaban. El alcohol y el roce involuntario, o no, con alguno de aquellos hombres de todo tipo; guapos, feos, buenorros, casados, separados y casi todos descarados, daba como resultado una tremenda calentura que se dejaba notar en su entrepierna, también era visible en su tanga cada vez que iba al baño.

    A las 4:30 de la madrugada, bastante afectada por las copas volvía a casa en busca de una buena sesión de sexo con su marido para conseguir aplacar aquella excitación. Al llegar a su portal se sorprendió al ver la luz del rellano encendida dada la hora que era. El camino de vuelta se le había hecho eterno. En su situación estaba más afectada de lo que ella reconocía. No sin trabajo logra abrir la puerta y se sobre salta cuando descubre a su vecino Eduardo sentado en uno de los escalones fumando. El hombre la mira fijamente con sus ojos grises que logran dejarla helada y cara de ex convicto. Mayte también lo mira.

    Con su cabeza afeitada y sus rasgos angulosos parece una figura amenazante. Su camiseta de tirantes deja ver sus poderosos hombros y sus musculosos brazos tatuados. Desde el pecho le subo otro que le abraza el cuello. Lleva un piercing en la ceja y extensiones en los lóbulos de las orejas. Sentado con las piernas abiertas, sus pantalones de baloncesto no pueden contener un paquete de generoso tamaño que no pasa desapercibido para la mujer. Ella vuelve a notar como sus flujos vaginales emanan de su interior mojando su tanga.

    El exceso de alcohol hace que no controlo su reacción más primaria y se muerde el labio inferior al tiempo que levanta una ceja sin dejar de mirarlo denotando así su deseo.

    Con todo el aplomo que pudo recorrió el trayecto desde la puerta hasta la escalera donde Eduardo permanecía fumando. El silencio fue roto por el ruido de sus zapatos de tacón negros. Su figura, pese a sus 43 años, era muy atractiva. Sus piernas bien torneadas se perdían bajo una minifalda vaquera que realzaba su culo. La blusa negra dejaba ver un precioso escote y su melena suelta enmarcaban su cara de femme fatal.

    Mayte esquivó a su vecino y justo al colocar el pie en el segundo escalón se apagó el temporizador de la luz de la escalera. La mujer se detuvo un segundo hasta que su vista se adaptó a la oscuridad. En el momento de reiniciar la marcha una mano grande y fuerte le tapó la boca tirando de ella hacia atrás. Notó como con el otro brazo Eduardo le rodeaba por la barriga y la levantaba en vilo. Ella cerró los ojos y los apretó con fuerza:

    -Cállate y no hagas ninguna tontería. –La voz de su vecino retumbaba en su cabeza mientras permanecía bloqueada.

    Era un juguete en manos de aquel tipo tremendamente fuerte. Cerró los ojos sin saber dónde la llevaba. Pensó en morderle y gritar pero temió que le pegase y… ¿por qué no?

    También temió que aquello no acabase como apuntaba. Cuando la mujer abrió los ojos descubrió que estaba en el cuarto de contadores, justo un piso por debajo del rellano. Allí nadie oiría nada. No tenía salida

    Eduardo la empujó contra la pared y se inclinó sobre ella. Sus miradas se cruzaron. El hombre respiró profundo junto a su oído y lamió su cuello. A la mujer se le erizó la piel entre el miedo y el deseo:

    -Hueles bien puta.

    Luego mordió sus labios intentando meterle la lengua pero ella se resistió. Cuando Eduardo se retiró le escupió:

    -Mo me obligues a pegarte zorra. -Amenazó con el ceño fruncido él y ella lo entendió perfectamente.

    -Por favor, déjame… -suplicó ella haciendo que la situación fuera un poco más humillantemente sexy.

    El hombre le levantó la minifalda hasta la cintura dejando al aire sus bonitas piernas desnudas apoyadas sobre los zapatos de tacón. Después retiró el tanga hacia un lado y masajeó el coño de Mayte solamente cubierto por una estrecha tira de vello púbico. Le introdujo un dedo y comprobó que manaba abundante flujo vaginal:

    -Así que te está gustando, ¿eh, puta?

    Ahora le introdujo otro, y otro. Mayte reaccionó cerrando los ojos y suspirando. Su vecino comenzó a follarla con los dedos y ella tuvo que taparse la boca con las manos para que sus gemidos de placer no la delataran.

    De manera brusca el hombre retiró los dedos de su coño y se los metió en la boca. Con la otra mano tiró de su melena, obligándola a echar su cabeza hacia atrás:

    -Saborea tu flujo de puta.

    De repente la soltó y se colocó frente a ella. La mujer le aguantaba la mirada desafiante. Él agarró su blusa por el escote y con un movimiento seco la rompió en dos mitades que quedaron pendiendo de sus hombros solamente. Mayte dio un pequeño grito antes de que Eduardo le rompiera también el sujetador negro de encajes. Acercó su cara a la de ella hasta que se tocaron. Mayte cerró los ojos. Eduardo la miraba fijamente mientras le amasaba sus preciosas tetas. Ambos respiraban entrecortados producto del estrés y la excitación de la situación:

    -Vaya tetas ricas que tienes zorra. –Le dijo antes de volver a morderle los labios.

    Ahora Mayte no se resistió y dejó su boca entreabierta. En su mente una frase que se negaba a pronunciar “cómemelas cabrón. Cómeme las tetas.”. Como si leyese su mente, Eduardo, acercó su boca a la teta derecha y la mordió con hambre. Mientras pellizcaba el pezón izquierdo notó como el derecho se endurecía entre sus dientes.

    La mujer soltó un bufido de satisfacción cuando sintió la saliva caliente de aquel tipo cubrir sus tetas. Pasaba de una a otra casi sin respirar. Sentía los dientes apretar sus pezones hasta el límite entre el placer y el dolor. Sin darse cuenta llevó su mano derecha a su coño para masturbarse. De repente Eduardo paró y la miró fijamente:

    -Me vas a comer la polla, puta. Arrodíllate. Vamos.

    La mujer acató la orden sin protestar. Muy a su pesar lo deseaba. Quedó a la altura del paquete del tío donde se adivinaba algo grande. El hombre se bajó el pantalón de baloncesto y dejó a la vista una polla enorme. Gorda, larga, con venas muy marcadas y un capullo en forma de flecha amoratado:

    -Abre la boca que la vas a comer enterar, guarra.

    El hombre acercó su miembro a la cara de ella que se resistía con los ojos cerrados:

    -No me obligues a pegarte, te repito.

    Eduardo insistió y Mayte se mantuvo firme en el desafía. Parecía como si buscara el castigo. Así, sin mediar palabra él cruzó la cara de ella con una sonora bofetada. La mujer sintió como le ardía y se le enrojecía antes de que un par de lágrimas comenzaran a descender desde sus ojos arrastrando algo de rímel.

    El hombre taponó la nariz de la mujer obligándola a abrir la boca para respirar, momento que aprovechó para profanar su boca. Le metió la polla hasta que notó que topaba con la campanilla y a ella le venía una arcada. Eduardo se la retiró y Mayte tosió con más lágrimas en los ojos:

    -Si la hubieses abierto antes no te hubiese pasado esto. Ahora pórtate bien.

    La mujer abrió la boca todo lo que pudo para acomodar el tremendo miembro del hijo de su vecina. Era mucho mayor que el de su marido y su mandíbula comenzaba a resentirse. Él la agarró del pelo y comenzó a follarle la boca sin compasión. Ella trataba de parar el ataque colocando sus manos contras las piernas del hombre. El sonido acuoso de la polla embadurnada de babas entrando y saliendo de la boca de aquella cuarentona y sus sollozos eran la banda sonora del balanceo de sus tetas.

    Su blusa y su sujetador pendían a cada lado y su falda se enrollaba en su cintura dejando a la vista su tanga descolocado y mojado sobre su coño. Cuando ella pensaba que no podría aguantar más, Eduardo presionó su cabeza contra su polla introduciéndosela en la garganta y corriéndose allí con un sonido gutural de satisfacción. Mayte notó hasta dos chorros de semen caliente y viscoso descender por su garganta antes de que se la retirase para echarle dos más en su cara:

    -Joder puta, qué bien la chupas.

    La mujer tosía y trataba de tomar aire mientras en su cara manchas de semen y rímel emborronaban su belleza:

    -Qué pinta de puta tienes así.

    Cada insulto. Cada humillación hacían que la mujer se excitase más y se odiaba por ello.

    Eduardo, de pie contra la pared aún con los pantalones bajados y la enorme polla pendiendo, se encendió un cigarro. Mayte se pasó la mano por la cara y se quitó el semen. Se bajó la minifalda y se marchó. Subió la escalera rápido para evitar cruzarse con algún vecino. Su aspecto no aguantaría muchas explicaciones lógicas…”

    ***********************

    … colgó la alcachofa y se colocó debajo del agua fría. Su marido llamó a la puerta antes de entrar:

    -¿Estás bien? Llevas mucho rato duchándote.

    -Sí, sí. Ya salgo.

    Mayte había perdido la noción del tiempo masturbándose con la fantasía del hijo de su vecina. Le quedaba poco tiempo para salir a cenar con sus amigas.

    Se vistió exactamente igual que en su fantasía. Pero la noche no fue tan apasionante ni divertida. No hubo hombres piropeándolas mientras bailaban. Tampoco un exceso de alcohol que desinhibiera el pudor. Ni siquiera roces involuntarios, o no. Incluso antes de la 1 de la madrugada ya estaba de vuelta.

    Justo al entrar en el portal se encendió la luz y de la puerta del bajo salió el hijo de su vecina. En mitad del rellano se cruzaron y se miraron fijamente:

    -¿Qué tal Eduardo? –preguntó ella y le dio dos besos. Sintió una extraña sensación sabiendo que apenas unas horas antes había fantaseado con que él la violaba.

    El hombre, que había salido a fumar un cigarro, le comentó que a la mañana siguiente saldría para Uruguay. Se despidieron.

    En el momento en que Mayte apoyaba el pie en el escalón se apagó la luz de la escalera…

  • Conchi, la señora del ático (Parte 1)

    Conchi, la señora del ático (Parte 1)

    Hola y buen momento a todos, me llamo Juan Daniel tengo 25 años y trabajo de repartidor en una empresa de paquetería. Mi trabajo corresponde en llegar a la dirección que indica, subir y dejar el paquete asignado para esa persona. Ubicar, llegar y dejar, así todos los días, he visto muchas cosas en este trabajo.

    Los perros muchas veces hacen un escándalo al oír acercarse alguien a la puerta, gente discutiendo, personas en pijamas y bueno cosas por el estilo.

    Aquella tarde llegué a una dirección en el centro de Barcelona, era un ático y me tocó subir por las escaleras ya que algunos edificios pequeños no tienen ascensor, era un paquete pequeño de una empresa de ropa.

    Entre broma y broma apostaba con el conductor que tipo de ropa sería y justo me tocó subir y dejar a mi aquel paquete. Bueno era para hacer un poco menos aburrido el trabajo, notamos que en el destinatario ponía como primer nombre Conchi, Joder bromeamos que ropa habrá comprado Conchi y echamos unas risas.

    Ya estando en la puerta del ático llamé al timbre dos veces y nada, pero que raro decía si me ha dejado subir y que no escuche su timbre, llamé una vez más y salió por fin Conchi, era una mujer de unos 45 años, cabellos negros y crespos, creo yo salía del baño ya que tenía la cara casi húmeda, tenía puesta una pijama color crema, llevaba una coleta en el pelo, lo que si pude notar es que el pijama le llegaba hasta las rodillas y llevaba puestas medias rojas.

    Lo normal en esta época del año, ah y el kit no podía estar completo sin unas pantuflas con bordes de peluche vamos que frío no pasaba la tía. Bueno le digo que venía a dejarle un paquete que seguro había pedido.

    -Ah si claro -me dice ella, pues le pido su número de DNI para ingresarlo en mi App y que sepan que el paquete se ha entregado correctamente, le doy su paquete y procedo a retirarme.

    Pero recordé que me faltaba algo por preguntar, claro dije yo, ¡que había comprado Conchi! sinceramente la tía tenía cara de pocos amigos y eso me puso en duda, bueno pues a ver qué pasa dije y antes de que ella ingrese a su piso le pedí disculpas y si le podía hacer una pregunta.

    -¿Qué pasa chaval? -me dijo.

    -Es que no se vaya a molestar o incomodar, pero con mi compañero el conductor hemos hecho una pequeña apuesta en saber ¿que ha comprado Conchi?

    Cada vez escogemos un paquete al azar y jugamos un poco. Ella me mira y me dice:

    -¿pero que les importa a ustedes lo que yo haya comprado? eso no les importa -y creo yo empezaba a levantar un poco la voz.

    -Bueno vale vale -le dije yo- no pasa nada era solo una pregunta y espero no haberte molestado, de todas maneras disculpa que ya me retiro.

    Me doy la vuelta y me llama.

    -¡ey! espera y como sabrá tu compañero que le dices la verdad.

    -ah pues buena idea, pero nada déjalo ya pasó y no quiero molestarte más.

    (Haciéndolo un poco más difícil) yo le digo que como la caja en que va el producto es de un almacén de ropa para mujeres y ya que la caja pesa muy poco pues pensamos serian medias para el frío. Y ella se echó a reír.

    -Nada de medias -me dice ella- es ropa interior para mujeres y la verdad que yo esperaba el pedido hasta la otra semana y ha llegado pronto. Pues pasa -me dice ella- y así lo podrás ver tu mismo,

    Me quedé un poco sorprendido la verdad no pensé fuera tan directa y me dejó un poco confundido. Pero reaccioné y si dije vale. Ya dentro de su piso no sabía si estaba sola o acompañada y fuimos hasta el comedor y ella empezó a abrir el paquete.

    -mira no hace falta que lo abras con que si tú quieres decirme que es me basta y sobra -pero ella insistía en que me quería enseñar lo que había dentro de la caja y luego de abrir la cajita vi unas cuantas braguitas, me sorprendí un poco y le dije que bueno ya con eso bastaba que gracias por su tiempo, pero ya debía de irme que seguro el chófer estará esperándome, una cosa más le dije- puedo tomarle una foto así gano de punta a punta la apuesta.

    -Oye pero no te pases -me dice ella.

    -Pero si ya las vi que más te da.

    -Sí -me dice ella- una cosa es que las veas tú y otra que las lleves por ahí mostrando a todo el mundo.

    -No -le digo- es solo para que me crea mi compi, además ni te conoce, vamos que más te da -ya sentía un poco de confianza, pero claro tampoco era para abusar de eso.

    -pero mira que eres astuto chaval!! -Me dice ella- pues anda tómale una foto a la caja abierta y listo.

    -si pero ahí no se va a distinguir la ropa.

    -¡ey pero espera! -me dice Conchi- tu que apostaste que había en la caja.

    -Pues yo dije que eran bragas y si llevo la foto gano la apuesta, tampoco te creas que es mucha. pero vamos que gano.

    Ella se ríe y me dice que era muy atrevido para decir esas cosas y que ella misma tenía la culpa por estar de curiosa en esto, reímos un poco sobre lo sucedido y mi teléfono sonó, era obviamente mi compañero que por lo que tardaba seguro quería saber que estaba pasando ya que teníamos la furgo casi llena de paquetes y me estaba demorando más de lo normal.

    -Conchi me debo ir me están esperando para seguir con mi trabajo-

    -Pues nada -me dice ella- ojalá que para la próxima entrega también te haga ganar la apuesta -y se echa a reír.

    -Si sería bueno -le dije- ojalá pueda ser yo quien te traiga tu pedido la próxima vez.

    -Ah pues por ese lado no hay problema, ya sabes donde vivo y has visto que ropita me gusta comprar.

    Y quedo ahí la conversación.

    Bajando las escaleras pensé en lo sucedido, mi intriga más se centraba en si ella estaba sola o habría más personas dentro del piso, fue así de casual y si el marido estaría escondido detrás de la puerta, pero claro ella también se mandó con todo para abrir el paquete sin problemas.

    Pues nada, bajé las escaleras y viendo la foto para mostrarla a mi compañero noté que las braguitas eran de color blanco, tenían unos bordados sobre la parte de adelante en forma de flores, hojas o cosas de ese tipo.

    Se veía algo sexi, bonito, limpio y baje a enseñar la foto con la cual ganaba la apuesta. El resto del día seguimos trabajando y bromeando en cuanto a lo sucedido.

    De rato en rato veía la foto que le había hecho a la caja y noté que salía la dirección y el número de teléfono de Conchi. Vaya suerte, pensé yo.

  • Sexo entre amigas (Parte 3): El trío

    Sexo entre amigas (Parte 3): El trío

    El coche se detuvo en la entrada de un chalet en la sierra de Madrid. La noche era fresca y unas nubes negras amenazaban con lluvia. Al oír llegar el coche, Carlos, salió a la puerta principal. Era un chico alto, de complexión deportiva, de hecho era futbolista de un filial de un equipo importante de la ciudad. Rei abrió el maletero y bajó algunas bolsas de compra. Carlos se acercó a ella y le comió la boca sin dejar que avanzara un paso más. Le agarró las nalgas con fuerza. Rei sintió su polla dura bajo el pantalón corto deportivo que llevaba puesto.

    -Tenía ganas de verte – dijo él.

    -Se nota – ella sonrió.

    Sofía salió del coche con su bolso de mano.

    -¿Quién es esa?

    -Te quería mandar un mensaje antes, pero estaba repostando en la gasolinera. Es una amiga, me daba pena que se quedara sola el fin de semana, no te importa ¿no?

    -No… no – Carlos dudó, pero al ver las curvas de Sofía y su melena pelirroja, un pensamiento sexual divagó en su cabeza.

    -Es tranquila, no nos molestará.

    Rei les presentó. Carlos le dio dos besos y sintió el perfume y la piel caliente de Sofía. El olor de su champú era intenso y su pelo se le enredó durante unos segundos en su cara al besarla.

    -Te puedes quedar en la habitación de invitados del ático – Carlos ayudó a cargar las bolsas.

    Carlos les hizo de anfitrión y les enseñó la casa. El chalet estaba decorado de forma simple y elegante. Una chimenea de piedra gris adornada el salón. Una buena cocina de mármol con una isla central. En el piso superior estaban las habitaciones. La principal, con un baño interior y una ducha jacuzzi. Las vistas daban a la montaña. Todo muy campestre. Carlos se ofreció para subirle la maleta a Sofía. Una pequeña escalera ascendía para el ático. Una habitación sencilla de cama simple, con baño entero y bañera rústica. Era muy agradable. La decoración era más deportiva, con algunas camisetas firmadas de futbolistas y trofeos en las estanterías.

    – Lo siento, aquí guardo también mis cosas – Carlos dejó la maleta sobre la cama.

    Sofía se asomó a la ventana. Carlos observó sus curvas, le gustaba ese culo. Se imaginaba comiéndoselo. Seguro estaba blando y jugoso, de color pálido y rojizo entre sus piernas. Carlos nunca se equivocaba en eso. Tenía el don de saber si la mujer con la que estaba a punto de tener sexo tenía el coño depilado y húmedo, incluso antes de bajarle las bragas. Sofía lo tenía con vello y ahora estaba muy lubricada del roce de sus piernas al subir las escaleras.

    Cenaron algo de pizza y ensalada, mientras veían una película en el salón. Refrescos y cerveza fría para acompañar. Sofía se bebió su té de menta para después de la cena. Rei bebía a morro una cerveza Coronita, con su limón en la boca de la botella. Casi al final de la película, Rei no se contuvo más y deslizo su mano por debajo del pantalón corto de Carlos. Palpó su polla que estaba en reposo. La punta estaba fría, parecía delicada.

    Carlos la miró calladamente en la oscuridad, ella le devolvió una mirada lasciva. Se pasó la lengua por los labios y tragó saliva. Mientras, Sofía seguía atenta a la película. Rei movió con suavidad la mano sobre la polla y ésta empezó a ponerse dura. Con sus uñas acarició la punta del glande y le hizo cosquillas. Introdujo más la mano en el pantalón hasta tocar sus huevos, depilados y suaves. Rei sintió un escalofrío en su garganta. Quería tener esa polla en la boca ya mismo. Subió la mano y le empezó a masturbar de forma silenciosa, el miembro de Carlos se puso duro enseguida. Casi se le salía de la pernera del pantalón y tuvo que taparse con una almohada del sillón. Rei acercó sus labios al oído de él. Muy despacio e intencionadamente eligió las palabras.

    -Quiero… que… te… corras… en mi boca – Rei le miró a los ojos al separarse. Carlos suspiró por dentro. Eso le había puesto muy cachondo. Sabía que Rei venía con ganas de jugar, pero debía al menos disimular ante su invitada.

    Rei metió su dedo bajo la piel del glande y palpó una gota de flujo que salía de la polla de Carlos. Se llenó el dedo y se lo llevó a la boca. Sus papilas gustativas se llenaron del líquido transparente en parte dulce y salado. Se mezclaron con el sabor agrio del limón y de la cerveza. Ese era el sabor preferido de Rei. Podía estar comiéndose aquella polla toda la vida. Adoraba su exquisito sabor, nunca había probado una igual, tan rica, tan llena y tan profunda. Siguió tocando la verga de Carlos, hasta que empezó a chorrear por el borde del pantalón hasta el muslo.

    El salón se llenó del olor a flujo y sexo. Sofía sabía lo que estaba pasando al lado suya, de vez en cuando miraba de reojo y podía ver la mano de Rei bajo el pantalón moviéndose cada vez con más fuerza. Carlos estaba a punto de correrse, cuando la película se terminó y la pantalla se quedó iluminada en blanco. Rei sacó la mano con discreción, la poca que había tenido anteriormente. Carlos se levantó e intentó disimular, pero su polla se elevaba por encima de la goma del pantalón y el bulto era muy evidente. Sofía intentó no fijarse en su enorme polla y desvió la mirada avergonzada. Rei se reía sin parar mientras abría otra Coronita y se llevaba el botellín a la boca y lo lamía con ganas.

    -Me voy a dormir, que estoy cansada del viaje – Sofía se levantó y le dio dos besos a Carlos. Al separarse su mano rozó la entrepierna y la verga de Carlos. Él ni se inmutó. Rei al ver eso, mordió el limón de la cerveza. El ácido eliminó en parte el sabor de la casi corrida.

    Las luces de la casa estaban apagadas. Sofía intentaba dormir dando vueltas en la cama, pero no podía. Seguía recordando las manos de Rei dentro de su coño y cómo la penetraban en la ducha. Una luz blanca, proveniente del exterior, la sacó de su recreación porno. Sofía se asomó a la ventana del ático. Desde allí se podía ver una piscina rectangular de 2 metros por 1. Se asombró al no verla la primera vez que miró por la ventana, pero ya era de noche y las luces estaban apagadas.

    Ahora la piscina era visible, rodeada por un camino de césped bien cuidado y unas tumbonas en su lado más alejado de la escalera. Sofía observó cómo Rei se quitaba la ropa y se metía desnuda en la piscina, hizo unos largos y se sumergió en el fondo. Cuando se elevó, su pelo mojado se pegó a sus pezones, que ahora estaban más duros que nunca. Sofía notó una punzada en su coño. Le empezaba a arder poco a poco al ver a Rei de nuevo desnuda.

    Carlos salió de la cocina con dos cervezas en la mano, llevaba solo un calzoncillo puesto. Metió los pies en la piscina y se sentó en el borde. Rei nadó hasta el borde y se acercó a Carlos. Se puso entre sus piernas, mientras flotaba en el agua. Carlos dio un trago largo y se echó la cerveza por encima de su pecho. La espuma blanca resbaló hasta sus calzoncillos y se mezcló con el agua de la piscina. Rei dio un trago a su cerveza, la mantuvo en su boca y la escupió sobre la polla de Carlos que ya estaba dura y expuesta.

    Sofía miraba desde su ventana. Otra vez voyeur, otra vez tocándose. Se lamió los dedos y bajó su mano hasta su entre pierna. Se rozó el clítoris con lentitud. Su mirada se fijaba en la boca de su amiga. Se acarició los pechos, que estaban tersos y duros. Estaba a punto de tener la regla y los tenía grandes. Sofía gimió en la soledad del ático. Se imaginaba a Rei comiéndose su coño y llenándolo de saliva. Quería sentir su lengua dentro de su culo, notar su respiración acercándose a su clítoris. Su lengua caliente en sus muslos. Se metió dos dedos y se penetró lo más profundo que pudo. Estaba a punto de correrse.

    Rei se tragó la verga de Carlos, que estaba llena de cerveza y saliva. Rei se impulsó para salir un poco de la piscina y tumbó a Carlos en el borde. Se metió la polla entera de forma perpendicular a su garganta para que entrara lo máximo posible. Una fuerte arcada le vino del estómago. Eso le excitaba. Carlos quiso sacar su polla de la boca de Rei, pero ella se lo impidió y se la tragó con más fuerza. El cloro de la piscina le daba un sabor característico. Al sacarse la polla, Rei respiró profundamente, estaba sin aire, su garganta irritada y su boca estirada. Le gustaba sentirse follada en la boca. Carlos no aguantó más y la agarró por los brazos y la subió sobre su glande. Ella le agarró desde los huevos y presionó con fuerza.

    -Hija de puta – a Carlos le dolió ese gesto, pero estaba muy cachondo para detenerse.

    -Quiero ser tu puta. Fóllame fuerte.

    Rei se restregó el clítoris con la punta hasta que empezó a mojarse su coño. Estaba empapada y cachonda como una perra en celo. Desde que había llegado estaba queriendo tener la polla de Carlos dentro de ella. Sentir cómo la llenaba y le rozaba. Él la apretó contra su cuerpo y su polla entró hasta el fondo. Rei gritó de placer, su enorme verga le rompió sin aviso y notó abrirse todo su coño más profundo. Rei tuvo que abrirse los labios para poder sacar la polla de nuevo. La llenó de saliva y se la volvió a meter hasta el fondo otra vez. Rei gemía y cabalgaba sobre el torso musculado de Carlos, que de vez en cuando le daba una fuerte nalgada en el perfecto culo de su putita particular. Eso excitaba todavía más a Rei que no paraba de gemir y gritar cuando sentía entrar la verga entera. Carlos saco su verga dura y a punto de rebosar y se la acercó a la cara de Rei. Ella le esperaba como una puta obediente con la lengua fuera. Quería el semen en su boca. Necesitaba tragárselo y sentir su garganta hacer burbujas. Carlos le llenó la lengua y la corrida se deslizó por la boca, hasta que Rei la detuvo con sus dedos y la volvió a meter en su boca. Chupó el glande, hasta sacar la última gota y se tragó toda la leche. Estaba satisfecha. Sofía se corrió dos veces mientras los veía follar en la piscina. Después de diez minutos las luces del jardín estaban apagadas. Rei y Carlos entraron en la casa abrazados y desnudos.

    A media noche Carlos estaba golpeando la cama de nuevo de forma salvaje, mientras Rei gritaba a pleno pulmón.

    -Rómpeme el culo cabrón. ¡Qué puta polla!

    Sofía se masturbó y se corrió mientras escuchaba a Rei gemir y gemir. Dos horas más tarde, casi en el amanecer, todos en la casa dormían con calma.

    Sábado:

    Durante el desayuno Sofía intentó no mantener el contacto visual con Carlos, pero él le mantenía la mirada con insistencia. Quería saber si ella les había oído follar. Tenía la curiosidad de saber cómo era esa pelirroja tan vergonzosa en la cama. Estaba seguro que era una salvaje. Rei bajó con un bikini diminuto. Su hermoso culo asomaba en un tanga de hilo fino y sus pequeñas tetas se ocultaban en una tela que casi dejaba asomar sus pezones, que ya estaba duros desde por la mañana.

    -¿Qué tal has dormido? – Rei se llenó un vaso de leche fría de la nevera.

    -Bien, es un barrio tranquilo – Sofía disimuló y continuó el juego de no decir nada.

    -Anoche tuve pesadillas, quizás grité algo más de lo normal, pero no sabes lo que me dolía la barriga.

    -El culo dirás… – Carlos susurró al oído de Rei. Ella sonrió con malicia y se bebió el vaso de leche – El día está estupendo, vamos a la piscina, luego preparo la barbacoa.

    Sofía volvió a su habitación y se cambió de ropa. Se arrepintió de no haber cogido un bikini mejor, el conjunto de ropa interior mostraba demasiado su cuerpo y transparentaba el vello de su coño. Aun así salió a la piscina. Se cubrió la cara con un gorro y unas gafas de sol. Carlos estaba haciendo ejercicio, algunas flexiones y abdominales en el borde de la piscina. Sus músculos estaban hinchados y su cuerpo sudado brillaba con el sol. Su bañador era minúsculo y se podía definir perfectamente su polla y su enorme glande. Estaba medio empalmado de hacer ejercicio y el calor. Sofía se tumbó en una hamaca al otro lado y comenzó a untarse de crema solar las piernas. Su piel blanca era un reclamo absoluto para cualquier mirón. Carlos decidió imitarla y se puso crema en las piernas. Sofía no dejaba de mirarle y él, se acercó despacio.

    -¿Te pongo crema en la espalda? Eres muy blanca y te puedes quemar.

    -Vale – Sofía se puso boca abajo.

    Carlos soltó un grumo de crema blanca parecida al esperma y se lo untó en la espalda. Primero el cuello, luego bajó hasta media espalda y con fuerza presionó sus palmas contra sus caderas. Sofía se estremeció al sentir que bajaba despacio. Carlos echó más crema en sus manos.

    -¿Las piernas también?

    Sofía suspiró. Carlos recreó su mirada en la braga de encaje blanca que llevaba Sofía. Podía ver el sus nalgas y su raja. Casi percibía el vello de su coño. Carlos le puso crema en las piernas y le presionó con fuerza por los muslos, las yemas de sus dedos pulgares jugaron por el interior de sus muslos. Sofía notó cómo se mojaba. Le estaba excitando el contacto. Con suavidad, Carlos levantó un poco la braga y acercó su dedo índice a sus nalgas. Buscó despacio tocar sus labios del coño, mientras Sofía no dijera nada, él se mantenía firme. Carlos notó su polla dura en el bañador y se la sacó sin que la viese la joven pelirroja. Con el dedo índice percibió un hilo mojado que salía de su coño, Sofía estaba cachonda y no sabía por qué. Nunca le había excitado un hombre, pero él lo hacía diferente.

    Rei salió sin la parte de arriba de su bikini. El cambio de estancia y el sol en la cara, la dejó sin vista unos segundos. Suficiente para que Carlos se guardara la polla y Sofía se diera la vuelta. La crema se resbaló por sus muslos y le manchó la parte delantera del coño. Parecía una buena corrida. Rei se metió en el agua y dio unos largos. Sofía seguía tomando el sol, ahora cubierta con el gorro.

    Carlos se metió en el agua, su verga seguía muy tiesa y necesitaba refrescarse. Rei lo abrazó con fuerza y le comió la boca. Con ella no había segundas oportunidades ni descansos. Empezaron a besarse en el agua, hasta que Rei enroscó sus piernas en la cintura de él. Carlos notó que Rei ahora no llevaba nada debajo, se había quitado el bikini entero.

    -Entra al agua, está buenísima – Rei gritó para que Sofía se despertase. Ella le hizo caso y con vergüenza se acercó hasta el borde de la piscina.

    -Entra, que el agua no muerde – Carlos insistió. Tenía curiosidad a dónde llegaría todo aquello.

    Sofía entró al agua y sus tetas flotaron. Mojadas eran preciosas, su pelo rojo ahora era más oscuro y sus pecas se realzaron con el sol y el cloro del agua. Sus ojos brillaban y su boca se hinchó, mostrando unos labios apetecibles para besar. Rei se acercó a ella y la agarró por la cintura.

    -A que mi amiga es guapa – Rei le preguntó a Carlos.

    Rei por favor – Sofía sonrió avergonzada.

    -Me gusta, tiene una belleza como…. – Carlos buscaba las palabras adecuadas.

    -¿Virgen? – Rei, rio abiertamente.

    Sofía se dio media vuelta y quiso salir de la piscina, pero Rei la agarró de la cintura y la sumergió en el agua. Al salir, el sujetador de Sofía se había aflojado y se le salieron los pezones. Eran enormes y duros. De color café en comparación con la leche de su piel. Rei la miró y nadó hacia ella.

    -Era una broma. A mi me gustas así – Rei le comió la boca sin pensárselo.

    Sofía se dejó. Rei le metió la lengua y saboreó su saliva. Carlos miraba sonriente, es lo que más deseaba ver. Sofía acarició la espalda de Rei, adoraba su piel. Era la más excitante del mundo. Acercó sus labios a los pezones de Rei y se los comió despacio. Le mordió el cuello y Rei suspiró jadeando. Estaba muy cachonda. Las chicas salieron del agua. Sofía se tumbó boca arriba y se quitó las bragas, estaban mojadas de su flujo. Rei lo notó en seguida y se aferró entre sus muslos. Con su lengua, le comenzó a lamer el clítoris y Sofía se estremeció. Una ráfaga de calambres le recorrió las piernas y acabaron en su coño. Rei escupió algo de saliva y le metió dos dedos en el coño. El vello pelirrojo le hacía cosquilla en la lengua, pero Rei siguió lamiendo, le excitaba el sabor tan diferente del coño de su amiga.

    Carlos, ya había salido del agua, y desnudo por completo se posicionó detrás de Rei. Le estaba besando el culo, sus nalgas estaban abiertas y él jugaba con sus dedos en su ano. Rei notaba cómo se abría su esfínter. Estaba tan cachonda mientras le lamía el coño de Sofía, que no notó que Carlos ya tenía dos dedos dentro de su culo. Sofía tumbada, abierta de piernas, se tocaba las tetas con una mano y agarraba del pelo, con la otra a Rei, para que le comiera el coño más profundamente. Rei de rodillas con el culo abierto y en pompa. Carlos con las piernas flexionadas y su polla dura como una piedra, empezaba a follarle el culo a su putita. Un trío perfecto.

    -Hasta el fondo cabrón – Rei sintió su ano abrirse tanto que le dolió, pero fue un dolor que le causó un orgasmo.

    Ella disfrutaba tragándose el flujo dulce de Sofía, que no paraba de gemir. Carlos miraba las tetas de Sofía y pensaba en comérselas. Escupió en su polla para lubricarla y la introdujo despacio en el ano de Rei. Su piel se contrajo con el paso de su polla en el esfínter. Su glande rozó su culo y notó la abertura. Su culo estrecho y caliente, puso muy cachondo a Carlos, que agarró con fuerza de la cintura a Rei para poder penetrarla más fuerte. Su polla entraba hasta los huevos, y Rei gritaba pidiendo más.

    Carlos estaba a punto de correrse y Rei le pidió que lo hiciera dentro de su culo. Le urgía sentir el calor del semen y el chorro llenándola. Carlos obedeció, se corrió dentro y gritó de placer. Al sacar su polla y el glande, que tropezó al sacarlo del ano, el esfínter de Rei se quedó abierto. Ella se mantuvo las nalgas separadas para que no se le cerrara y mantener la corrida dentro.

    -Cómetelo todo – Rei se lo ordenó a Carlos.

    Él obedeció, ahora era su perro fiel. Perdía el control cada vez que Rei estaba así de salida. Ella se puso sobre la boca de Carlos y mantuvo sus nalgas abiertas. La corrida de Carlos cayó en su propia boca y él la mantuvo caliente. Manteniendo el tesoro para su reina.Rei notó su culo cerrarse y eso le produjo otro orgasmo. Se sentó y le comió la boca a Carlos. El sabor del semen se mezcló con la saliva de ambos, y lo intercambiaron de boca varias veces. En la boca de Rei había un lago de flujo y sexo enorme. Con la mano agarró del cuello a Sofía y ella obediente se acercó a sus labios. Rei escupió la mezcla en la boca de Sofía y ella jugó con su lengua. Era la primera vez que probaba la leche de un tío, pero le excitaba que estuviera mezclada con el flujo de Rei y su culo. Sofía se lo tragó todo y sonrió. Rei le comió la boca durante tres minutos.

    El resto del fin de semana fue placentero y nunca más hablaron de ello. Pero Sofía sigue mojándose cada vez que pisa una piscina.

    FIN