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  • Una relación laboral

    Una relación laboral

    Fui trasladado a la ciudad capital para ocupar un cargo administrativo en una oficina de ingenieros navales. Xiomara era una de las personas que laboraba allí junto con otros compañeros. El equipo de trabajo estaba conformado por diez miembros, ocho hombres y dos mujeres. Xiomara, ingeniera industrial, y, Nora, secretaria, eran personas muy colaboradoras y diligentes, y aportaban el toque femenino en un trabajo centrado en la dirección y control de actividades de mantenimiento a gran escala. La esencia del trabajo era el manejo de grandes volúmenes de información, reportes de todo tipo, orientados a la distribución equitativa de recursos para mantener en operación diferentes tipos de buques.

    Desde el principio noté que el ambiente de oficina era algo tenso y las relaciones interpersonales no eran las mejores que digamos, así que me propuse integrar a todo el equipo y tratar de hacer de aquella oficina un lugar agradable para trabajar. Poco a poco me fui relacionando con cada uno de los compañeros y, pasados unos pocos días, al parecer, ya me aceptaban como si hubiese estado con ellos de tiempo atrás.

    Parte de las tensiones surgían porque los hombres de aquel grupo delegaban su trabajo en aquellas dos mujeres, principalmente en Xiomara, de manera que al cumplirse los límites para la rendición de informes y resultados, era común que algo no estuviese a tiempo y se generaran enfrentamientos. Parte del problema es que Xiomara, con la idea de ser productiva y profesionalmente reconocida, no sabía decir no y establecer límites en su trabajo. Todos recurrían a ella para resolver sus propios proyectos, dejando su trabajo en último lugar, por lo cual se ganaba constantes reprimendas.

    Claramente se veía que Xiomara no estaba a gusto en lo que hacía, pero no tenía el carácter suficiente para tomar el control de las situaciones y gestionar las cosas de otra manera. Y, en esas circunstancias, me relacioné con ella. Traté de empoderarla para que cumpliera prioritariamente con su trabajo y que, si quedaba tiempo y estaba dentro de sus capacidades apoyar a otros, pero sin ningún tipo de compromiso más allá que servir de complemento al trabajo de los demás. ¡Claro!, estas intervenciones fueron vistas por los demás como un tipo de preferencia e interés por ella, generándose comentarios que nos vinculaban sentimentalmente.

    En el comienzo no había nada de eso sino el interés de colocar las cosas en orden y darle a cada quien el lugar que correspondía para el cumplimiento de sus funciones. Parte del problema era que Xiomara era la única persona que dominaba los programas para manejo de bases de datos y elaboración de informes, razón por la cual los demás acudían a ella para dar resolver situaciones propias, así que se organizó un tiempo para que ella, diligentemente, instruyera a cada cual sobre lo que tenía que hacer, pero ahora cada quien respondía por lo suyo.

    No de muy buen agrado se empezó a recurrir a ese tipo de estrategia para mejorar los resultados, que no eran otros que eliminar los enfrentamientos y reclamos que a diario se presentaban, porque los hombres delegaban todo su trabajo en ella y se desentendían por completo de sus responsabilidades. Eso, por una parte, le resultaba benéfico a Xiomara y elevaba su imagen como funcionaria ejemplar, pues estaba al tanto de casi todo lo que ocurría en aquella oficina, pero, por otra parte, le generaba mucha tensión, ansiedad y malestares que ya evidenciaban síntomas en su cuerpo.

    Cuando estaba muy estresada, ella se rasguñaba la quijada y el pecho a tal punto que lograba abrir su piel en aquellos lugares donde lo hacía con mucha intensidad. Para camuflar los efectos de este comportamiento, utilizaba base de maquillaje y cubría las pequeñas heridas que ella misma se auto infligía, producto, en muchos casos, de la preocupación por cumplir y no quedar mal ante los jefes, uno de los cuales era yo, quien coordinaba el aporte de todos los miembros para elaborar los informes finales y las recomendaciones para la selección de alternativas.

    En un principio, haciéndole consciente de lo que yo observaba, me ofrecí para apoyarle y resolver aquellas situaciones conflictivas que estuviera experimentando en su vida, empezando por gestionar todas las situaciones relacionadas con su trabajo, de otra manera, buscando eliminar, poco a poco, aquellos aspectos que le generaban tensión. No fue bien recibida mi oferta de apoyo al comienzo y sentí cierto recelo y desconfianza en sus respuestas, así que me limité a decirle que, independientemente de lo que ella estuviese pensando, estaba totalmente dispuesto a propiciar cambios que le ayudaran a mejorar en su desempeño personal y profesional o, al menos, tratar de intentarlo y buscar, si ella lo prefería, alguien que la apoyara en ese proceso.

    La señora, pues era una joven casada, era un tanto testaruda y me indicó que ella sola podía resolver su vida y que, por lo general, ella hacía lo que le parecía. Yo, tratando de ser conciliador, le decía que aquello estaba bien, pero que el hecho de que se preocupara, al extremo de causarse daño, era un síntoma que indicaba que algo no era coherente entre su discurso, lo que me decía, y lo que realmente hacía, su comportamiento. Y para nada le caí simpático conversando sobre estos temas, pero tomé la decisión de hacer algo para que aquella situación mejorara.

    Me dediqué a estar pendiente de ella, a reconocer sus logros, a valorar su trabajo, a ser objetivo en las observaciones sobre aquellas cosas a mejorar y apoyarle para que los resultados fueran mejores. Me propuse invitarla a almorzar casi que diariamente, espacio durante el cual conversábamos sobre ella, su familia, su pareja, sus aspiraciones, sus proyectos, su vida. Era común que ella aprovechara ese espacio para preguntar sobre cosas personales, en un principio muy superficiales, pero, con el paso de tiempo, de mayor profundidad y alcance, como qué hacer para logar que su pareja fuera más especial con ella, porque en muchos momentos se sentía ignorada por él, y cosas de ese tipo. Y, tal vez, acerté en muchas de mis apreciaciones y me gané su confianza porque, pasado un año, su comportamiento con respecto a mí empezó a cambiar.

    Un buen día llegó a uno de esos almuerzos bastante vulnerable. Su pareja había sido despedida del trabajo y ella tenía que asumir toda la carga de gastos del hogar, lo cual le parecía bastante injusto. Y lo que más la afectaba era que él le hacía ver que era su responsabilidad aguantar la situación, pues para eso eran pareja y estaban casados. Y ella no encontraba justo que tuviera que someterse ante él en todo sentido. Yo traté de ser discreto para darle a entender que, si no era de su gusto, tenía toda la libertad de reclamar su independencia y gestionar las situaciones de manera diferente. Y, bueno, al final, resultamos hablando de relaciones sexuales.

    Era claro que ella se sentía sometida y, literalmente, como un objeto, a disposición de su pareja, tanto afectiva como sexualmente, y no sabía cómo rebelarse, entre otras cosas porque entendía que ella, como esposa, se debía a su marido y que, si había aceptado ser su pareja, debía procurar complacerle en todo. Pero ciertamente había en aquello algo que le generaba malestar e incomodidad. Y alrededor de eso, tratando de buscar el para qué y por qué de lo que estaba experimentando, tuvimos largas conversaciones, donde yo, generalmente, me dedicaba a escucharla para saber qué estaba pensando.

    Un buen día, en horas de la tarde, aprovechando que estaba solo, llegó a mi oficina y, sin decir palabra, se acercó para besarme. Cerró sus ojos y se aproximó a mí. Yo no me opuse y le permití hacerlo. Fue un beso tímido, delicado, suave y duradero. Su lengua exploró mis labios y jugueteó con mi lengua por largo rato, indiferente a lo que pasara a nuestro alrededor. Mientras lo hacía su respiración se fue agitando, poco a poco, pero no pasó nada distinto a prolongar aquel beso que, quizá, tanto ella como yo, habíamos estado esperando por mucho tiempo. Tal vez, y sin ambos saberlo, desde el mismo instante en que nos conocimos. Y así como llegó, de un momento a otro, interrumpió aquello y salió sin decir nada.

    Aquello me tomó por sorpresa y, claro, me excitó, pero no pasó por mi cabeza aprovecharme de la situación, acariciar su cuerpo o algo así, quizá un tanto prevenido porque no era el lugar ni el momento más oportuno. ¡No sé! Simplemente pasó y yo permití que pasara. Más tarde, cuando las oficinas cerraban y todos salían, nos encontramos en el pasillo, y solo nos limitamos a despedirnos como siempre lo hacíamos. Hasta mañana, Xiomi. Hasta mañana, que estés bien, contestaba. Ya era costumbre hacerlo, casi un ritual. Yo, pasara lo que pasara, siempre iba hasta su oficina tan solo para despedirme con ese “hasta mañana, Xyomi”, recibiendo de ella siempre la misma respuesta. Pero aquella tarde algo pasó. La despedida fue la de siempre, pero yo la percibí diferente.

    En los días siguientes aparentemente nada cambió en nuestra rutina. Íbamos a almorzar, conversábamos de todo y de nada, de esto y de aquello, olvidándonos totalmente del trabajo. Era un espacio para los dos, donde el interés estaba volcado en el uno y en el otro, pero nunca, por aquellos días, se tocó el tema de porqué ella había hecho lo que había hecho, de qué seguiría a continuación ni nada por el estilo. Simplemente las situaciones se daban y nosotros, ambos, nos dábamos la oportunidad para que pasara lo que tuviera que pasar. Tampoco nunca planteamos que estuviéramos involucrados en una relación sentimental, o un vínculo especial, sino que nos dábamos la libertad para vivir con entusiasmo aquellos momentos. Y, terminados aquellos espacios, cada uno volvía a la rutina del trabajo donde ciertamente volvíamos a compartir, pero de otra manera, en la rigurosidad del desempeño profesional, donde yo era un jefe y ella una subalterna.

    Un viernes en la tarde, pasado casi un año y medio de conocernos y alternar entre lo personal y lo laboral, el jefe de aquella división propuso extender la estadía en las oficinas por un rato más y compartir con sus colaboradores, pues hacía bastante rato que no se propiciaba un espacio de este tipo. Su secretaria, Betty, con la excusa de que no nos durmiéramos, estuvo ofreciéndonos licor en los pocillos que normalmente se utilizan para el café, de modo que, al momento de iniciar el evento, ya todos estábamos bastante motivados, desinhibidos y entusiasmados.

    Una vez instalados en la oficina principal, mucho más amplia que la de los demás, Xyomi se sentó al lado mío. Todas las conversaciones giraban en relación a asuntos del trabajo, pero caricaturizando el desempeño de cada cual y hablando de aciertos y desaciertos, pero en tono relajado. El gran jefe aprovechó la ocasión para exaltar el desempeño de algunos de sus colaboradores y fue para todos sorpresivo que dirigiera especiales palabras de agradecimiento a Xiomara por su voluntad de trabajo, profesionalismo y colaboración, reconociéndole que muchos de los buenos resultados obtenidos en aquel semestre se debían a la buena organización, orden, oportunidad y excelente presentación de los documentos que allí se generaban y que habías merecido el reconocimiento por parte de instancias superiores, al final de lo cual, pidió para ella un fuerte aplauso por parte de todos.

    En año y medio la situación en aquella oficina había cambiado para bien y Xyomi estaba recogiendo los frutos de ese trabajo. Se la veía contenta, muy emocionada, y la ocasión también daba para que se permitiera estar, también, muy alicorada. La reunión se extendió por unas horas más y, entre charla y charla, bromas y bromas, se fue haciendo tarde. Algunas personas se empezaron a despedir, justificándose con obligaciones familiares principalmente, de manera que, poco a poco, el recinto que estaba concurrido horas atrás, empezaba a vaciarse. Ya, en muy poco tiempo, la reunión iba a acabar.

    Y, en esas circunstancias, Xyomi me dice, ¡oye!, antes de que te vayas a tu casa, necesito hablar contigo. Dime, contesté. Me gustaría que estuviéramos a solas en tu oficina, ¿te parece? Así de grave es la cosa, comenté. No, no es nada grave, apuntó, solo que no quisiera que los demás estén pendientes de lo que hablamos. Eso es todo, dijo. Bueno, pues cuando tú quieras, señalé. Despídete, ve adelante y yo llego allá en un rato, Y ¿sabes qué?, no vayas a encender las luces. Me estás asustando, dije. No, para nada, ya tu sabes cómo son de chismosos aquí. Bueno, contesté, nos vemos allá.

    Llegué a mi oficina y, tal como ella lo pidió, dejé las luces apagadas y me senté a esperar en mi despacho. Desde allí podía ver, a través de las ventanas, lo que pasaba en la oficina principal. Ella siguió conversando con los demás compañeros y llegué a pensar que se había olvidado de la propuesta, pero, pasados unos interminables minutos, finalmente pareció despedirse y salir de allí. Sin embargo, tardó un poco en llegar a donde yo estaba, lo cual era curioso porque las oficinas estaban ubicadas casi que una al lado de la otra.

    Cuando finalmente llegó, simplemente abrió la puerta y entró, Hola, me dijo, casi que no me dejan salir. Es mejor que le pongas llave a la puerta; uno nunca sabe. Así que cerré y eché llave desde adentro. La puerta quedó totalmente asegurada. La invité a sentarse, frente a mí, en una silla, y así lo hizo. Y, sin pensar en otra cosa, empezamos a conversar como siempre. Me dijo que la habían conmovido mucho las palabras del jefe y que aquello era impensable tres años atrás, tiempo en el cual ella había empezado a trabajar allí, y que todo eso que estaba viviendo se debía a mi interés por mejorar las cosas y el apoyo que le había brindado para que la respetaran y que no abusaran de su buena voluntad y deseo de colaboración. Y, con mucho sentimiento, empezó a sollozar.

    Yo, realmente, sin saber qué hacer, me limité a dejar que viviera ese momento, sin decir palabra alguna. Al final, se puso de pie y aproximándose hasta quedar frente a mí, me dijo, quiero hacer mi voluntad, agradecerte por lo que has hecho por mí y espero que no me rechaces. Pueda que te parezca extraño, pero es algo que quiero hacer y espero que me entiendas, como siempre lo has hecho. Y, sin decir más, de pie, frente a mí, se despojó de su chaqueta azul turquí. Yo no dejaba de mirarle y ella, sonriendo, hacía lo mismo. Luego fue desabotonando su blusa blanca y, con delicadeza, se la fue quitando, quedando cubiertos sus pequeños pechos con un diminuto y blanco brasier, elaborado en encaje y bordado. Muy bonito.

    Luego, de manera muy coqueta y provocadora, se retiró el brasier y, por fin, después de mucho tiempo juntos, pude ver sus pechos desnudo, el color blanco de su piel, la aureola rosada de sus pezones, totalmente paraditos, apuntando hacia arriba. Si yo estaba excitado ante la vista, ella también lo debiera estar por lo que estuviera pensando. Tomó mi rostro entre sus manos y allí, de pie como estaba, se aproximó a mí para besarme, diciéndome, Fernando, acaríciame. Y lo hice. Realmente lo quería hacer. Así que puse mis manos en sus caderas y empecé a acariciar la silueta de su cuerpo, de abajo arriba, hasta llegar a sus pechos. Mientras tanto, ella no dejaba de besarme, como aquella vez, delicadamente, con una respiración entrecortada y jadeante. Yo quise prolongar ese momento y seguí acariciando su torso, sus brazos, su cuello y su espalda.

    Ella, a continuación, se retiró dos pasos atrás y, simulando bailar, moviendo sus caderas, fue soltando la cremallera de su falda color blanco, dejándola caer a sus pies. Tenía unas botas negras puestas, pero no tenía medias, así que solo quedaba vestida con sus blancas y diminutas bragas. Ver aquella mujer menuda, de pie ante mí, semidesnuda, era todo un espectáculo. Ella cerró sus ojos y permaneció allí, de pie, de modo que seguí acariciándole, ahora desde sus muslos hacia arriba, tardándome un poquito al palpar sus nalgas, tonificadas, abultadas y duras. La atraje hacia mí, pero ella siguió de pie, por lo cual me dediqué a besar sus caderas, su ombligo, su abdomen y sus pechos, e ir subiendo poco a poco, haciéndole inclinarse para acceder a su boca.

    Yo no me atrevía a ir más allá y no quería, respetando su pedido, hacer algo que dañara su ideal de aquel momento. Seguí allí mismo, vestido, contemplando lo que ella, según sus palabras, llevaba a cabo por su propia voluntad. Y también, la verdad, no sentía que aquel fuera ni el lugar ni las circunstancias más propicias para seguir el juego de otra manera, así que me limité a ver que más se le ocurría esta sensible mujer.

    Ella, todavía frente a mí, empezó a despojarse de sus bragas. No sé qué gesto habré hecho al verla haciendo esto, que ella, llevándose los dedos a su boca, me hizo la seña de que no dijera nada. Entonces, sin entender, aquello, simplemente observé lo que hacía. Dejó caer sus bragas al piso y se acercó a mí, colocando su sexo frente a mi cara. Ella olía muy bien, olía a sexo, pero era un aroma agradable, así que la agarré por sus nalgas y la atraje hacia mí. Quise besar su sexo, pero ella, con delicadeza, se desplazó un paso atrás, así que me entretuve acariciando sus entrepiernas y frotando con una de mis manos su sexo.

    Ella permitió que lo hiciera por unos instantes, pero, a continuación, se arrodilló frente a mí, en medio de mis piernas, y, con diligencia, se dispuso a soltar el cinturón de mi pantalón. Pretendí acelerar la maniobra, despojándome yo mismo de mis prendas, pero ella, moviendo su cabeza, me hizo saber que no lo hiciera y la dejara. De modo que me quedé expectante. Ella soltó mi pantalón, bajo la cremallera, metió sus manos en mis pantalones, llegó hasta mi pene y poco a poco lo expuso, frotándolo suavemente, arriba y abajo. Mi miembro estaba duro y con cada caricia de sus manos parecía explotar. Sin dejar de mirarme, muy coqueta, introdujo mi miembro en su boca y empezó a lamerlo lentamente, por todas partes. Tanta espontaneidad me causaba una emoción inmensa, porque veía en ella tanta devoción en lo que hacía que no le hallaba morbo al momento.

    Después de un rato de largo de chupar y chupar mi miembro, se levantó, y sin dar espacio alguno, se acomodó sobre mí e insertó mi pene en su vagina. El contacto de mi miembro con su sexo se sintió húmedo y cálido. Ella, ahora sí, moviendo sus caderas de un lado a otro, permitió que me recreara con su cuerpo, porque yo, presa de la excitación, pasaba mis manos por todo su cuerpo y deseaba sentir el contacto de su piel con todo mi cuerpo, y me sentía incluso un poco inadecuado ya que ella estaba desnuda y yo no.

    Se movía juguetonamente sobre mi pene, cada vez con mayor intensidad y, con respiración jadeante me decía, al final, yo siempre consigo lo que quiero. Hace tiempo deseaba hacer esto y hoy lo logré. Te agradezco todo lo que has hecho por mí y el atreverme a esto, en parte, también te lo debo a ti. Soy yo quien decido, me has enseñado. Tú no me has pedido nada, pero yo te he querido dar este regalo. Perdóname si te incomodo con esto. Y cuando trataba de articular palabra para responder algo, volvía a hacerme la seña de que guardara silencio, mientras ella seguía moviéndose sobre mí, sonriente y plena como se le veía.

    Poco a poco, el ritmo de sus movimientos empezó a acelerarse y yo, trataba de aguantar lo máximo, hasta que, ya casi a las puertas de darme por vencido, ella me abrazó fuertemente y, besándome, presionó su cuerpo contra el mío por un buen rato. Supuse que su orgasmo por fin había llegado y yo, un tanto tenso, estaba preocupado por no eyacular dentro de ella, ya que no tenía condón y tenía miedo de que aquello resultara en una penosa contrariedad.

    Aquello terminó con la misma naturalidad con la que había empezado. Ella simplemente se levantó. Yo no dejaba de acariciarla y contemplarla, pero, con espontaneidad pasmosa dijo, bueno, hora de irse, me esperan en casa. Yo no atinaba a expresar nada, porque aquello me parecía un tanto irreal. ¿Quieres que te lleve a tu casa? Y, mirando su reloj, me dijo, te lo agradecería. Ya es tarde.

    Ella, al igual que se había desnudado, se vistió delante de mí, con la misma coquetería con la que se había desprendido de sus prendas minutos antes. Cuando salimos, ya no había nadie en las instalaciones. Fuimos hasta mi vehículo, abrí la puerta y la ayudé a entrar y acomodarse. Y, ya instalado en el puesto del conductor, encendí el motor y conduje hasta su casa. No hablamos durante el trayecto. ¿Qué podía yo decir? Estaba encantado con lo sucedido y a la vez sorprendido porque jamás había pensado que aquello hubiese llegado a pasar.

    Al llegar frente a su casa, me dispuse a despedirme, como lo determinaba la situación, pero ella, tan desparpajada como había estado toda la noche, dijo, espera, aún queda algo pendiente. Y diciendo esto se inclinó sobre mis piernas, abrió la cremallera de mi pantalón, sacó mi pene y procedió a meterlo en su boca. Solo te pido un favor, no te contengas. Y empezó a mamar mi miembro con gran intensidad, concentrando sus chupadas en la cabeza de mi pene. La verdad, aquello me excitó tanto, que poco duró la espera y bien pronto eyaculé dentro de su boca que, aun sintiendo que estaba descargando semen, seguía chupando con pasión, terminando la faena poco después.

    Bueno, dijo, espero que el Señor, refiriéndose a su esposo, no esté enojado conmigo por llegar tarde. La pasé muy rico. Nos vemos el lunes dijo. ¡Oye!, dije. Todavía hay algo pendiente que quiero hacer. ¿Qué?, contestó ella. Déjame besarte. Quiero agradecerte el regalo que me has dado. No lo voy a olvidar nunca. Y nos besamos, frente a su casa, por un largo rato, pero a ella no parecía importarle. Finalmente me dijo, bueno, ya es tarde, nos vemos el lunes. Se bajó del carro, me mandó un beso con su mano y se dirigió a la entrada de su casa. Esperé hasta que entró y así, dejándola en su casa, acabó aquella noche. Jamás llegué a pensar que aquella relación laboral tuviera los alcances de lo vivido en aquella velada y supuse, con una viva imaginación, que aquello era tan solo el principio. Así que tendría que esperar qué iba a suceder después.

  • Campaña electoral

    Campaña electoral

    Tras la primera semana de campaña electoral, Sofía Ruiz, la número uno del partido conservador por la provincia de Albacete se distinguía como una de las mujeres más atractivas de la política del momento.

    El sábado había comenzado con la asistencia al Congreso Mundial de la Familia donde el partido encontraba un gran nicho de votos. Por aclamación popular tuvo que subir al estrado y dirigir unas palabras a los asistentes. El director del acto acabó proponiéndola como ejemplo de mujer trabajadora, familiar y católica.

    Por la tarde estuvo en un mitin en la provincia de Guadalajara apoyando al candidato local. Aquí tuvo que defender las últimas medidas de ajuste económico llevadas a cabo por el gobierno autonómico de su partido. Dada la entrega que mostraba el auditorio, y su carácter, arremetió de manera vehemente contra la oposición a la que culpó de la herencia política recibida.

    Por fin, después del duro día de trabajo salió del baño de la habitación de hotel donde se hospedaría esa noche. Estaba envuelta en un albornoz crema y su melena castaña caía mojada sobre sus hombros. La tenía alborotada dándole un toque de sensualidad. A sus cuarenta y siete años sus preciosos ojos marrones estaban delimitados por unas pequeñas patas de gallo y alrededor de su boca grande se marcaban unas líneas de expresión que imprimían carácter a su bonita cara.

    En la televisión sonaba la voz de la presentadora del informativo dando paso a la información donde se le veía a ella asistir al congreso matutino. Sofía sonrió y se encendió un Marlboro antes de sentarse en un pequeño sofá y coger el teléfono para llamar a su marido. Mientras oía los tonos telefónicos miraba al frente y sonreía. Con el cigarro entre los dedos se pasó el corazón por la lengua extrayendo una pequeña mota de tabaco, momento en el que su marido, David, descolgaba el teléfono:

    -Hola cariño, ¿qué tal? –preguntó ella de manera convincente.

    -Ah, muy bien. Acabo de verte en el informativo –decía su marido –vaya papelón te ha tocado en el mitin con lo de las medidas de ajustes…

    -Bueno ya sabíamos que nos iba a tocar defender esas medidas en los mítines. Pero tenemos que sonar convincentes y que la población no piense que nos gusta darles por culo…

    Tras unos minutos de conversación la pareja se despidió con un beso hasta el día siguiente. Después de apurar el cigarro y apagarlo en el cenicero, Sofía se puso en pie, miró al frente y sonrió. Despacio fue hacia la cama dos por dos, lentamente.

    Allí, Víctor, el cámara que la seguía durante toda la campaña estaba tumbado sobre la cama totalmente desnudo acariciando su impresionante miembro.

    Éste, era un chico rastafari de veintiséis años. Curiosamente pertenecía al movimiento 15M y estaba muy ligado a movimientos de izquierdas y casi anarquistas. Pero la productora encargada de llevar la campaña electoral del partido de Sofía Ruiz le había contratado como técnico de imagen. El trabajo, aunque agotador, estaba muy bien remunerado. En el reparto de candidatos que la empresa había hecho tuvo la suerte de ser elegido personalmente por Sofía para que fuera su cámara.

    Víctor tenía un cuerpo de surfista perfectamente esculpido. Desde su espalda y sobre su hombro llevaba un gran tatuaje tribal. Sus rastas negras, su piel morena por las horas de sol y unos profundos ojos negros, observaban como la candidata se acercaba a él:

    -Así que ejemplo de mujer trabajadora, familiar y católica, ¿no? –preguntó Víctor haciendo referencia a la información que había dado el informativo.

    La mujer le miró levantando una ceja y media sonrisa:

    -¿Qué pasa? ¿Qué vas a poner pegas? –Sofía hablaba en un tono muy bajo y sensual.

    Subió a la cama y se colocó sobre el cámara con una rodilla a cada lado de éste. Abrió el albornoz por delante mostrando un precioso sexo de vellos rizados que lentamente fue empalado por el chico. La mujer fue soltando un largo suspiro a medida que sentía como cada centímetro de carne horadaba su ser. Una vez la notó toda dentro centró los ojos y echando la cabeza hacia atrás dejó que la parte superior del albornoz se deslizase sobre sus hombros dejando a la vista dos pechos a los que la gravedad ya reclamaba. Una inmensa areola de un color marrón claro ocupaba buena parte del gran volumen de cada seno.

    Víctor se incorporó para besar a la mujer y recorrer con sus manos la fina piel de la política. Agarró con fuerza las caderas de Sofía donde se acumulaba algo de grasa y la encajó perfectamente sobre su pene. Ella se agarró en los grandes hombros del cámara quien había comenzado a mamar los gordos pezones haciéndole sentir un placer indescriptible.

    Comenzó un movimiento de sube-baja lento sobre el grandísimo pene del cámara quién le retiró por completo la prenda descubriendo un maravilloso desnudo pese a las imperfecciones que la edad dejaba tras de sí. Se adivinaba una pasada y joven belleza hoy un tanto ajada. Pero aún así resultaba tremendamente morbosa.

    En el centro de la cama King Size, Víctor servía de montura para Sofía Ruiz, la candidata conservadora, quien comenzaba a cabalgar con ganas. Sintiendo como la cabeza de la polla de aquel “perroflauta” le llegaba hasta la cerviz y provocaba calambres en su columna. El hombre seguía recorriendo con la lengua desde su boca hasta sus pechos, quieto, sin moverse. Dejando que fuese la mujer quien derritiera su polla con su coño en erupción.

    Sofía sintió la necesidad de acelerar. Tumbó a Víctor y cabalgó con más ganas sobre el potente miembro mientras se masturbaba. Comenzó a notar como una sensación de placer la invadía y se concentraba en su clítoris haciéndola estallar en un grito antes de que su cuerpo se aflojara por completo y cayese derrotada sobre el torso lampiño de su amante. Abatida por el orgasmo y el cansancio.

    El chico la abrazó y rodó con ella de manera que la mujer era quien estaba ahora tumbada mirando al techo. No podía ser, pensaba para sí. Estaba demasiado cansada como para aguantar otro asalto.

    Víctor volvió a recorrer el cuerpo de su jefa que, con los ojos cerrados y las piernas abiertas, la única resistencia que ofrecía eran unos pequeños gemidos. El cámara hundió su cabeza entre las piernas de la diputada y comenzó a lamer de manera lenta cada pliegue de aquella experta vagina inundada de flujos que le supieron a gloria. Tras unos minutos de movimientos de lengua consiguió que la mujer volviese a estar excitada, pese a su cansancio.

    Sofía tiraba de las rastas de aquel “puto anarquista” veinte años menor que ella al tiempo que le pedía que se la follase con fuerza. El hombre sintiéndose provocado se colocó sobre ella y dirigió su polla a la hendidura vaginal de la política y comenzó a penetrar hasta el fondo. La mujer puso los ojos en blanco al sentirse totalmente ocupada por el hombre y se dispuso a recibir los empujones de su amante. Estos no se hicieron esperar y durante varios minutos estuvo sobre la mujer bombeando con violencia, empotrándola contra el colchón mientras ella intentaba rodear el cuerpo de su agresor con sus piernas. Su cabeza golpeaba el cabecero con cada embestida de Víctor. Tras varios puntazos fuertes él estaba a punto de correrse y así se lo anunció. Sofía respondió arañándole la espalda al notar el semen caliente salir del interior de su vagina y resbalar por su entrepierna manchando las sábanas.

    Sofía permaneció tumbada boca arriba relajada con la intención de levantarse al baño para limpiarse pero incapaz de ejecutar la idea. Notó como Víctor se levantó de la cama y le oyó encender un cigarro.

    De repente una agradable sensación de cosquilleo sobre sus pezones la traían de nuevo de su duermevela. Con un suspiro y una sonrisa le hizo saber a su amante que agradecía sus caricias y temió que la recuperación de éste se consumase de nuevo.

    El cámara comenzó a recorrer con besos la fina piel de la política, desde su cuello hasta sus ingles provocando el aumento de temperatura de ella que luchaba inútilmente por no volver a encenderse dado el cansancio que tenía. Víctor le pidió que se girase cosa que Sofía hizo sin resistirse, el chico siguió besando cada centímetro de piel ahora desde la nuca hasta su culo blanco donde se entretuvo. La diputada se estremeció al pensar en la posibilidad de ser sodomizada pero esta idea de inmediato le provocó una excitación que su amante captó enseguida.

    Le comió el culo y trató de dilatárselo con la lengua, para entonces Sofía se había ido colocando en posición. Dejando su cabeza sobre el colchón había subido sus piernas dejando a merced de Víctor su entrada trasera mientras ella comenzaba a acariciarse el clítoris. El cámara se situó justo detrás de su jefa y comenzó a untarse el pene en un gel que previamente había tomado de su maleta. Luego hizo lo mismo en la entrada del ano de Sofía. Ésta notó una sensación de frío al tiempo que notaba como se le dilataba el esfínter.

    Respiraba muy fuerte con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en la cama esperando la entrada del glande de Víctor. Con mucho cuidado, el chico fue introduciendo su polla en el estrecho agujero de Sofía que con la cara arrugada por el esfuerzo comenzaba a gemir mitad dolor mitad placer. Durante unos segundos, Víctor permaneció parado con la cabeza de su polla a medio entrar hasta que por fin comenzó a franquear la entrada de aquel culo:

    -Aagg… -Sofía se quejaba sintiendo como cada centímetro de aquel tremendo pene invadía su entrada trasera hasta muy adentro.

    La mujer notó como los vellos púbicos del hombre topaban con su grupa:

    -Cabrón me la has metido hasta el fondo. –Decía excitada la mujer preparada para el castigo anal al que sin duda la iba a someter aquel niñato de mierda.

    El hombre no se hizo esperar y comenzó un mete-saca agarrado a las caderas de la política ejemplo de mujer familiar y católica, cosa que le producía un morbo especial. Sin previo aviso propinó un palmetazo en una de las nalgas antes de tirarle del pelo y seguir sodomizándola ahora con más violencia:

    -Sigue cabrón, sigue joder. –Exigía la política deseosa de un sexo violento.

    -Toma puta, te voy a reventar el culo –Insultaba Víctor con la imagen en la cabeza de la mujer en las imágenes del informativo.

    Le excitaba comparar la imagen de mujer recta de los mítines con la de viciosa sexual que tenía ante sí. No pudo controlar más y después de un duro castigo anal se corrió con un grito en los intestinos de Sofía que esta vez ya no resistió más el cansancio y cayó sobre la cama casi inconsciente. Sentía como le ardía el culo y lo imaginaba totalmente enrojecido. De él salía una extraña mezcla que descendía hasta la cama y que no se preocupó en eliminar. Así cayó en un profundo sueño.

    A las siete de la mañana sonó el teléfono de la habitación. Como pudo alargó un brazo hasta la mesita de noche y descolgó. Era el servicio despertador. Al girarse para levantarse se sintió dolorida por la sesión de sexo de la noche anterior. Estaba sola, no había oído a Víctor cuando abandonó la habitación. Pudo comprobar que entre los restos de fluidos que se depositaban, ya resecos, en las sabanas había algo de sangre. Sin duda, era de su pobre culo. Con mucho esfuerzo pasó al baño para arreglarse.

    A las nueve de la mañana, en una mesa del restaurante del hotel junto a su hombre de confianza en el partido y con cara ojerosa preparaban el trabajo del día ante el desayuno. Un par de mesas a su izquierda Víctor desayunaba y reía a carcajadas junto con otros compañeros cámaras que seguían a otros miembros del partido. Tras apurar el desayuno, sobre las diez de la mañana el cámara estaba estratégicamente situado para grabar a Sofía Ruiz subir en el coche oficial que la llevaría a la misa con la que se cerraba el Congreso Mundial de la Familia. Antes de entrar en el A8 negro, la diputada echó una mirada a cámara con media sonrisa en lo que sería la imagen que se mandaría a los informativos para la información de la campaña de ese día.

  • Buscando experimentar mi lado pasivo (Partes 1 y 2)

    Buscando experimentar mi lado pasivo (Partes 1 y 2)

    Soy un chico casado actualmente, pero mi afición por sentirme poseído por un hombre maduro aun lo tengo pendiente.

    Todo comenzó cuando un primo que yo, recuerdo que venía a visitar a mi casa con sus padres, nos metíamos a mi cuarto donde entre juego y juego, sacaba su pene y me lo hacía tocar, masturbar e inclusive tomaba de mi cabeza y me lo empujaba a su miembro, la cual sin desistir, se lo mamaba sin cesar, para después el me lo chupara a mí, y aunque fueron muchas veces las que hacíamos eso, con el tiempo se perdió, pero yo aún no olvido lo grueso y venoso que era su rico miembro.

    Cuando comencé los 20 años a más, de nuevo se me vino a la mente ese deseo de probar una vez un pene, disimuladamente veía en los baños públicos los miembros de los que estaban en mi lado, hasta que un día me decidí, y aunque con miedo, asistí a un cine porno en la av. Colmena, creo que se llamaba cine Aris, con miedo a que alguien me viera y reconociera, pague mi entrada y adentre por un porno entre abierto, estaba todo obscuro y solo veía la pantalla y no podía distinguir las sillas, espere a que se me acostumbrara la vista y busque un lugar para sentarme.

    Al momento se me acerco un chico, que sin decir ni una sola palabra, puso su mano en mi pierna, yo estaba muy nervioso, no sabía qué hacer y solo me deje que me haga lo que quiera.

    Sin decirme nada, y viendo que me dejaba, abrió mi cierre, desabotono mi pantalón y saco mi pene que ya estaba bien parado y excitado, entonces me dijo, que rico lo tienes papi, y se agacho a chupármelo, de pronto recordé cuando me lo mamaba mi primo, y me puso a mil, pues el amigo lo chupaba delicioso, para ser sincero, mejor que mi enamorada de ese entonces.

    Con lo excitado que estaba, no dure mucho y me vine a chorros, y el amigo se tomó todo mi semen, lo lamio hasta dejarlo completamente sin nada de leche, saco papel higiénico de su bolsillo, me seco delicadamente y me dijo, gracias y se fue.

    Estaba cansado de la eyaculación y aun excitado así que solo me fui al baño, oriné y fui a mi casa a darme una buena masturbada pensando en lo ocurrido.

    Parte 2:

    Después de la experiencia en el cine porno, quise ir de nuevo, pero esta vez, no ser el mamado, sino quien mama, así que asistí al mismo cine Aris de la av. Colmena, entre igual con miedo y adrenalina, y me senté en uno de los asientos del fondo.

    De pronto se acercó un chico alto, y se sentó a mi lado, después de unos minutos me saluda: Hola, ¿vienes seguido aquí?, le contesto que es mi segunda vez, y me dice: es bien excitante y pasan buenos videos porno no te parece?, y contesto tímidamente que sí, en eso siento que su mano toca mi rodilla, y recordé la experiencia pasada, así que decidí también tocar su rodilla, no sé de donde saque el atrevimiento y subí mi mano lentamente hacia su bulto encima de su pantalón, a lo que él hizo lo mismo, y entonces con su otra mano, bajo su pantalón, pues como era buzo era fácil de estirar, y sin dudar y con toda la excitación comencé a tocarlo, no estaba tan parado, medio flácido, pero el mío si estaba a mil, en eso estucho que me dice al oído: vamos al baño? Y yo con un pánico terrible, pero con la excitación a mil, le dije que sí.

    Así que baje primero al baño, justo había un cubículo libre, así que entre, deje la puerta entre abierta y comencé a orinar, pues estaba temblando mis piernas del miedo y adrenalina.

    En eso siento que entra el amigo y cierra la puerta, mi corazón se aceleró a mil, entonces después de orinar, volteé y note que era simpático, alto, delgado y sin dejarme decir una palabra, me comienza a besar, entrelazando su lengua con la mía, besaba tan rico que me deje llevar, en eso como yo estaba con short, suavemente mientras me besa, me ajo el short y el bóxer para comenzarme a apretar fuertemente las nalgas, yo no sabía qué hacer, solo atine a bajar mi mano y buscar su pene por encima del pantalón, entonces el mismo se bajó el pantalón y dejo al aire libre tremendo miembro grueso y ya erecto, entonces cuando dejo de besarme, con sus dos manos me empujo para abajo por mis hombros para agacharme, y al tener su gran pene frente a mí, solo hizo que pasara la saliva con unas ganas tremendas de tenerlo en mi boca.

    Sin pensarlo dos veces comencé a mamárselo, saborear su glande, cada parte de su pene chupando succionando desesperadamente, hasta que puso sus manos en mi nuca y de un empujo obligo a tragarme todo ese miembro grueso y grande, mis ojos se llenaban de lágrimas, me atoraba sin poder respirar ni poder pasar la saliva, y de pronto me soltó, solo saque su miembro de mi boca para respirar un poco y toser pues estaba ahogado prácticamente.

    Pero seguía teniéndolo en mi cara y era irremediable el antojo de seguir chupándolo, así que volví a meterlo a mi boca succionando pasando mi lengua por todo su glande, estaba en mi gloria, hasta que de pronto volvió a empujar mi cabeza, hasta el fondo de su pene, no pude respirar, volvió a lagrimear mis ojos, y sentía que ya no podía más y lo empuje para que me suelte.

    Me soltó y solo me pare tratando de recuperar la respiración tosiendo fuertemente, sui mi short y salí al lavadero para echarme un poco de agua a la cara, en eso volteo y él se estaba masturbando con la puerta entre abierta, y otro chico que vio la escena, no dudo en meterse a ese cubículo que yo salí de seguro para seguir lo que yo no pude.

    En cierta manera este fue mi primera experiencia como pasivo, espero les haya gustado, ya después publicaré mi segunda experiencia como pasivo, aunque aún sigo siendo virgen, pero espero encontrar la persona indicada con paciencia que me guie y con cariño me haga suyo.

    Mi correo es [email protected] por si desean escribirme.

    Un abrazo, gracias por leerme.

  • Araceli, repinga: El espejo

    Araceli, repinga: El espejo

    Porque toda historia tiene dos versiones: esta es la mía.

    Soy Araceli, estoy rebasando el 4 piso como se dice comúnmente, tengo 2 hijos y un matrimonio de más de 20 años. Mi entorno era tranquilo por decirlo de un modo con altas y bajas llegamos a un punto donde todo se enturbió y se rompió mi vida color de rosa.

    Un día al revisar el celular de mi esposo encontré mensajes con una mujer donde ambos coqueteaban y planeaban reunirse pronto. Mi mundo se quebró no supe que hacer, al siguiente día le escribí a Rafael (ex compañero de secundaria) con quien tenía contacto tiempo atrás en redes habíamos generado una linda amistad, platicas amenas dando puntos de vista de nuestras respectivas relaciones. Él divorciado, en una nueva relación de un par de años también con conflictos como la mayoría de las parejas.

    Volvamos a la situación de los mensajes encontrados, al platicar lo que «encontré» en el celular – «Tienes de dos sopas o te haces de la vista gorda y apechugas o lo enfrentas, que todo truene te diga lo que sucede»-.

    Así lo hice lo enfrenté y acepto su «amistad» con esa chica. A raíz de eso se cayó la venda de mis ojos me di cuenta que las cosas eran más crudas y los mensajes con Rafael fueron más frecuentes.

    A la par y también por redes coincidí con un ex teníamos platicas esporádicas un día envié una foto algo provocativa no sé cómo la envié al chat de Rafael, trate de eliminarla y no pude en esa época no existía la opción de borrar los mensajes era las 11 pm aproximadamente sabía que Rafael se conectaría al día siguiente muy temprano y la vería sentía mucha vergüenza por mi equivocación, así fue al despertar lo primero que hice fue revisar el chat, ya lo había visto. Acto seguido envié una disculpa él todo un caballero me dijo que no me preocupara eliminaría esa imagen, pero…

    Ahí inició a ser más coqueto las pláticas se tornaron más íntimas y personales. Mi matrimonio estaba roto (no me justifico) seguí su coqueteó. Así pasaron unos meses hasta que la soltó: -» tengo algo que decirte, soñé contigo estábamos desnudos dormidos en la habitación de un hotel en la playa y te hice sexo oral para despertarte»-. Puedo estar segura de mi sonrojo en ese momento claro que me sorprendió eso no fue todo, confesó que baja las fotos de mis redes y las utilizaba para masturbarse, no sabía si sentirme ofendida o halagada. Por un par de días dejé de escribir, algo en mi me hacía volver a buscarlo ya no resistí comenzamos con platicas más «hot».

    Un día tenía que ir a comprar unas cosas para mi papá casualmente las vendían cerca del lugar donde trabaja, se lo comenté y se ofreció a decirme en qué lugar podía encontrar esos artículos, he decir que planee ir a la hora que pudiera salir de la oficina habíamos tratado de vernos antes y por mi situación en casa se me dificultaba siempre; ese era el día para lograrlo. Salir del metro subiendo las escaleras estaba ahí parado esperándome lo noté nervioso no sé si de la misma forma que Yo me acerque no supe que hacer y lo abracé.

    Él respondió igual el abrazo con mucha fuerza que me hizo soltar un grito. Caminamos hacia el lugar donde compraría no supe cómo me besó, no tenía idea que hacer me dejé llevar y sentí que ya conocía esos labios, esos besos. Algo que tampoco esperaba es que me invitará a un hotel me pedía le regalara uno hora, que hiciéramos el amor, no podía creer su propuesta estaba en Shock y me negué no podía estar mucho tiempo, pasarían por mí no podía retrasarme.

    Después de ese día seguimos encontrándonos, buscaba en pretexto para poder salir sin levantar sospechas, estar solo unos minutos besarnos, el tocaba mi cuerpo me hacía tocar su verga dura, apretarla sintiendo el deseo de estar juntos y comernos por completo no solo a besos.

    Pasaron unos meses más quedamos de vernos para platicar y entregarle un obsequio no era diciembre, era 11 de enero. Nos encontramos en el lugar acordado para ir a tomar un café y platicar por un rato yo no tenía idea de su plan tomo mi mano y se dirigió a lado contrario del camino yo no entendía y le indicaba que era otra dirección solo sonreía y me decía que lo siguiera caminamos un par de cuadras cual fue mi sorpresa al ver el anuncio del hotel en ese momento me detuve y no quise caminar, me negué le explique mis razones (las cuales el conocía) además de mi situación sentimental yo no quería que las cosas pasarán así debíamos resolver mi relación matrimonial de por sí no era correcto salir con él a escondidas mucho más entrar a un hotel. Prometió solo platicar, no sucedería algo que yo no quisiera y si, accedí.

    Entramos a la recepción mis manos sudaban estaba muy nerviosa y tensa nos dirigimos a la habitación al entrar dejé mi bolso sobre un sillón, era un lugar pequeño muy cómodo comenzamos a platicar sentados en la orilla de la cama se acercó a mi nos besamos, un beso largo lleno de deseo, pasión y amor paso lo inevitable salté sobre él, de inmediato puso sus manos en mi espalda quitando mi blusón de inmediato se deshizo de mi Bra dejando mis tetas al descubierto devorándolas al instante.

    Le quité la camisa, desabroché su pantalón y le di una mamada deliciosa continuamos quitándonos la ropa que restaba había momentos que me detenía no estaba bien lo que sucedía el deseo y mi amor por él fue más fuerte me desnudo totalmente sus ojos y sus manos me recorrieron de pies a cabeza me dijo que estaba hermosa quitó mis calcetines y beso mis pies en ese momento salió de boca esas palabras que no olvidaré nunca -» Te amo, eres hermosa me encantas por completo» antes de penetrarme respondí -» por tu culpa me iré al infierno»- sonrió y me penetró de un golpe hicimos el amor como tanto lo deseamos y lo escribimos en los mensajes cogimos delicioso provocó un orgasmo exquisito.

    Al terminar nos abrazamos y platicamos lo sucedido, lo feliz que estaba de poder lograr al fin sentir nuestros cuerpos desnudos, conocer nuestro olor, tocar nuestra piel. Le mencioné que tenía que irme dijo unos minutos más me recosté en su pecho seguimos platicando por unos minutos más.

    Volvimos a besarnos y me puso en 4 sentí como me observa -”¿Así me querías tener?»- su respuesta fue que sí comenzó una embestida monumental volviendo eyacular en mi sentía su leche caliente recorrer mi vagina para después salir y escurrir en mi pierna estaba agitada, nerviosa y satisfecha de esa cogida. Nos fuimos a la regadera platicamos bromeamos un poco, Él suele hacerlo para tranquilizarme y me relaje. Comenzó a besar mi cuello y trató de penetrarme y no podíamos soy bajita me dijo eres una pitufa reímos y continuamos en nuestra última faena hacer el amor en la regadera.

    Nunca olvidaré ese día donde volví a sentirme mujer, plena, amada, deseada.

    El inicio de una nueva Araceli.

  • La bibliotecaria

    La bibliotecaria

    En aquella época tenía unos 20 años, iba en la universidad, terminando clases me iba siempre a la biblioteca para realizar los deberes y estudiar. La recepcionista ya era una señora grande y me llevaba bien con ella, pero un día estaba una mujer mucho más joven, de unos 30 años, con una belleza impresionante, cabello rojizo, blusa blanca ajustada, una falda roja donde se notaban unas perfectas nalgas, medias negras y tacones.

    Me acerqué a la recepción con voz temblorosa.

    -¡Hola, buenas tarde! ¿Eres nueva? -Pregunté nerviosamente.

    -Sí lo soy, vengo a reemplazar a la anterior recepcionista por sus vacaciones, estoy aquí para lo que se te ofrezca.

    Lo dijo con una voz tan sexy que no me la pude sacar de la cabeza, ese día ya tenía los libros en la mesa, pero no me concentraba, estaba excitado y ella me observaba, se quitó los lentes y chupó la punta con sus hermosos labios y me sonrió.

    Ya era momento de irme, cuando me dirigí al mostrador para sacar algunos libros, ella me rozó la mano, tomó los libros, los escaneó y vi que metía algo en uno, como un papelito.

    -¡Que tengas una hermosa tarde! -Lo dijo de una manera sensual y pude percibir su perfume, la tenía bien erecta de la excitación.

    Al salir de la biblioteca abrí el libro donde metió el papel, y este decía: “Soy Laura, observé como te pusiste cuando te veía y me encantó, quiero pasar un rato contigo, salgo a las 6”.

    Estaba atónito, me emocioné, eran las 4, pero ya quería que fueran las 6 para verla, estuve dando vueltas por el campus, se aproximaba la hora y la esperé afuera de la biblioteca.

    Cuando la vi salir me saludó como si me conociera, me tomó de la mano y me dio un beso en el cuello.

    No lo podía creer. Estaba tan excitado, observé sus tetas tan hermosas y bien acomodadas en la blusa, ella se me acercó y me susurró al oído: “Vamos a un lugar más íntimo”.

    Yo vivía en un departamento cerca del campus y le propuse ir, pero antes fuimos por una botella de vino, aún estaba nervioso me temblaba todo.

    Ya estando en el departamento la invité a sentarse, serví un par de copas de vino y me senté con ella.

    Laura apartó las copas en la mesita y se acercó a mí, pude percibir el aroma de su perfume, labios y ser, nos besamos y le decía cuánto la deseaba desde la tarde y ella también lo quería porque vio como estaba mi pantalón con mi verga parada.

    Desabroché su blusa y le arranque el sostén, le empecé a besar las tetas, le deje los pezones bien ensalivados y elle gemía “Dame más que rico las chupas”, yo estaba súper caliente, se sienta sobre mí, me sigue besando mientras que con su trasero empieza a moverse en mi entrepierna, mi verga ya no aguantaba quería salir y Laura lo dejó salir.

    Se puso de rodillas desabrochó mi cinturón y botón, me baje los pantalones y calzones, y de repente salió tan grande, ella lo tomó con sus hermosas manos y escuché que dijo que hermosa verga, acto seguido se la metió a la boca.

    No podía creer la sensación tan estimulante que estaba pasando, jugaba con ella tan delicioso, la chupaba tan rico, mientras yo olía su cabello rojizo estaba hipnotizado a tanta belleza. Sentía como la verga la tenía llena de saliva y los huevos, como jugaba con su lengua. No aguanté más y me vine en su boca, ella lo disfruto, se estaba tomando toda mi leche, pareciese que se barnizaba la boca, yo estaba vuelto loco, quería más.

    Laura notó que seguía bien parada, me sonrió, se levantó, me tomó de la mano, nos dirigimos al cuarto en donde ella se acostó, boca arriba, me dirigí hacía ella, le volví a chupar las tetas, ahora baje lentamente y le quité suavemente la falda, traía un liguero tan sexy y una tanga roja, le empecé a masajear la concha con mis dedos, noté lo húmeda que estaba y tenía tantas ganas de sus jugos, le quité le tanga, lo tenía rasurado. Así que me coloque de rodillas, abrí sus piernas y empecé a meter mi lengua en su concha, su sabor era tan delicioso que me volví adicto, le seguí chupando, ella gemía tan fuerte y eso me ponía más excitado, la acosté bien en la cama la abrí de piernas, me puse arriba de ella, yo le chupaba su deliciosa concha y ella mi verga, fue tan delicioso que me pedía más, estábamos llenos de sudor.

    Escuché que me dijo “ya métemela, está rogando para que me la metas”, ya estaba listo y la tenía tan lubricada con su saliva que puse su hermosas piernas sobre mis hombros y se la metía, cuando se la metí escuché un gemido tan placentero, yo estaba al cien, sentí como se corría entre sus piernas, pero quería más, mientras se la estaba metiendo la besaba y la abrazaba fuerte para sentir todo su calor y aroma.

    Se me puso más dura, ya estaba a punto de explotar y me susurro “Vente dentro de mí” y me mordió la oreja, la solté, tomé sus piernas y exploté dentro de ella, la sensación fue tan placentera y excitante, mi leche corría por sus muslos, sus medias rasgadas, termine besándole los tacones y nos acostamos en la cama.

    Laura y yo nos metimos a bañar para limpiarnos, nos abrazamos y me dijo que fue una experiencia inolvidable.

    Salimos de la ducha nos vestimos, ella se puso una camisa mía, y fuimos a tomar una copa de vino.

    Nunca la voy a olvidar, estuvimos saliendo mientras seguía de reemplazo de la bibliotecaria, después de ello se marchó.

  • Las primeras vacaciones juntos

    Las primeras vacaciones juntos

    Por fin después de un tiempo, Carlos y Marilés (diminutivo de Mari Ángeles) iban a ir de vacaciones juntos, llevaban poco más de un año saliendo y aunque eran pareja, lo cierto es que no tenían la oportunidad de pasar muchos ratos juntos.

    Se habían conocido en Sevilla, donde ambos estudiaban, gracias a una amiga en común de ambos, se cayeron bien desde un primer instante y poco a poco fueron quedando más. Empezaron una relación, la cosa no era fácil, debido a la incompatibilidad de horarios que tenían y a que aunque se conocieron en Sevilla porque allí era donde estudiaban, Carlos era de Almería y Marilés de Huelva. Cuando había varios días seguidos de vacaciones en la universidad cada uno iba a ver a su familia. Aun así la relación seguía su curso ya que cuando estaban juntos se sentían muy bien el uno con el otro.

    La buena noticia para ellos llegó a mediados de Abril, a finales sería la feria y tendrían varios días sin clase. Como de costumbre cada uno se preparaba para irse con su familia, hasta que una tarde Marilés recibió una llamada de sus padres. Estos le dijeron que para las fechas en que caía la feria este año no iban a estar en Huelva, se iban de crucero con sus abuelos, así que la avisaban con tiempo por si quería hacer otros planes, ya que veían una tontería que fuera a casa esos días cuando no iba a haber nadie, pudiendo aprovecharlos de otra manera.

    Al principio ella se puso un poco triste, porque hacía tiempo que no los veía a pesar de tenerlos cerca, pero pronto cambió de opinión cuando pensó en que por fin podría pasar unos días con Carlos. Lo llamó y le contó lo que le habían dicho sus padres. El problema era que él si tenía que ir a ver a su familia. Entonces acordaron que irían juntos esos días a Almería, aunque en lugar de al pueblo de él, irían a Mojacar, una localidad costera donde suele haber más marcha, donde también aprovechar los posibles días buenos de playa que hubiera y alguna tarde, él se acercaría un momento a ver a sus padres.

    Llegó el día y partieron temprano en el coche de Carlos dirección Mojacar, donde habían encontrado un hotel en primera línea a muy buen precio. Durante el viaje pararon un par de veces, aparte de para estirar un poco las piernas, porque el coche tenía más de diez años y era un viaje largo, por lo tanto no podían arriesgarse a no llegar por meterle un calentón más de la cuenta.

    A eso de las 14:00 llegaron al hotel, cuando entraron en la recepción les sorprendió la cantidad de chicos y chicas de aproximadamente su edad e incluso más jóvenes que pasaban por allí. Tardaron un poco en atenderlos. Cuando ya habían dado sus datos y recogido la llave, le preguntaron a la mujer de recepción que a qué se debía lo de que hubiera tanta gente, si no era temporada alta. A lo que ésta respondió, que esa misma semana era la opening party, en la cual abrían la mayoría de terrazas para el verano y que ofertaban un paquete para jóvenes de alojamiento y entradas con copa para las principales terrazas. Por eso había tanta gente y por eso a ellos les había salido tan barato. Aunque ellos no habían reservado el paquete para entrar también en las discotecas.

    Dejaron sus cosas en el cuarto y bajaron rápido a comer antes de que pasara la hora, al igual que en la recepción, allí también había mucha gente, se sentaron en una mesa de dos que había en una de las esquinas, comieron ligero y subieron al cuarto a descansar un poco del viaje.

    Ya tumbados los dos en la cama, Carlos dijo.

    C: Vaya!! Y yo que quería que pasáramos unos días tranquilos juntos, parece que nos va a ser difícil

    M: Bueno no te preocupes, a partir de que abran las discotecas esta noche cogerán horarios de vampiros seguramente, solo nos tenemos que adaptar un poco, estamos a jueves, no creo que aguanten hasta el lunes así.

    Dicho esto la chica dio un salto de la cama y se puso a buscar en la maleta.

    M: Venga, vamos un rato a la playa. -Dijo mientras cogía uno de sus bikini y entraba el baño a cambiarse.

    Carlos era más de siesta y no es que la playa le gustara excesivamente tampoco, así que un poco a regañadientes cogió unas calzonas de su maleta y se las puso antes de que su chica saliera del cuarto de baño.

    Cuando ella salió con el bikini puesto a Carlos casi le da un ataque. No lo he comentado antes pero Marilés, a sus veintitrés años, era del tipo de chica que llama la atención, muy mona de cara, rubia, pelo lacio casi a media espalda, unos grandes ojazos castaños, blanquita de piel pero sin pasarse y sobre todo… de formas rotundas, no estaba para nada gorda, ni entradita en kilos, pero el ser bajita, hacía que sus atributos destacaran más, sobre todo su 105 de pecho, que a parte de su tamaño, estaba muy bien puesto y la chica lo sabía, ya que solía sacarle partido cuando salía con buenos escotes.

    Decía que a Carlos casi le da un ataque y no es para menos, aquel bikini negro sujeto por lazos en las caderas y en la espalda parecía no poder abarcar el tremendo cuerpo de la chica.

    M: Tsss, debo de haber puesto un par de kilos desde el verano, no recuerdo que me quedara así de apretado. – Dijo cogiéndose las tetas que parecían querer escapar de su prisión. – Y lo que es peor, el otro que traigo me quedaba un poco más justo, bueno, sólo me pondré este, qué remedio.

    La chica se puso encima una faldita tipo las de pádel, un top y mirándolo, preguntó. – ¿Nos vamos ya?

    C: Sí sí. – Reaccionó como pudo su novio, intentando andar con normalidad y que no se notara la erección que le había provocado ver a su chica de tal manera.

    Llegaron a la playa, buscaron un sitio algo más alejado del hotel, debido a que la mayoría de los fiesteros estaban por allí cerca y ellos buscaban relajarse. Tras unos cinco minutos andando, plantaron la sombrilla y las toallas. Donde estaban no tenían mucha gente alrededor salvo un par de grupitos, uno numeroso, de chicos y chicas que rondarían su misma edad y otro de cuatro chicos, en el que todos parecían más jóvenes

    Marilés pronto se quitó la faldita y el top, dejando su cuerpo a la vista, lo que habían sido tímidas miradas por parte de los chicos cuando llegaron, se convirtieron en miradas descaradas y comentarios subidos de tono entre ellos.

    -Ostia vaya rubia tío!!

    -Qué pedazo de tetas

    -¿Por qué todas las que están buenas tienen un tonto feo de novio? -Eran los comentarios, típicos por otra parte que hacían los jóvenes

    Carlos, el cual no era feo, pero sí muy normalito, sobre 1,75, algo de barriguita, muy velludo… no lograba escuchar qué era lo que decían los chicos, pero si se dio cuenta que no hacían otra cosa que mirar a su novia. Le molestó un poco, pero optó por pasar del tema, decidió que él también disfrutaría contemplando a su chica. La cual ni se había percatado de que tenía varios ojos solo pendientes de ella y que con mucha tranquilidad y sensualidad había empezado a ponerse crema para no quemarse.

    Empezó con las piernas, moviendo sus manos en un suave masaje, por delante y por detrás, para seguir con la barriga, donde al caer la crema que estaba fresquita, hizo que se le pusiera la piel de gallina y sus pezones algo duros, circunstancia de la que Carlos no perdió detalle. Continuó con los brazos y cuando terminó, se dio la vuelta, con habilidad deshizo los lazos que tenía por detrás del cuello y en la espalda y dijo con su dulce voz de niña pijita.

    M: ¿Me pones crema por la espalda para que no me queme nene?

    Su chico no tardó en levantarse de su toalla y sentándose a horcajadas de forma que su paquete quedaba muy cerca del culo de la rubia, le echó un chorrito de crema en la espalda, que hizo que diera un pequeño gemido al notar lo fría que estaba.

    Carlos empezó a extender la crema con las dos manos, lo estaba haciendo a conciencia, bajaba hasta la zona lumbar y subía hasta los hombros, haciendo un poco de presión, produciendo una sensación muy placentera en la chica. Que como estaban solos, aprovechó para lanzarle un pícaro comentario.

    M: Espero que esta noche lo hagas igual de bien.

    Entre los movimientos que estaba haciendo y ese comentario de su chica, Carlos comenzó a empalmarse. No es que fueran a follar por primera vez, lo habían hecho muchas más veces, pero Marilés tenía días en los que se convertía en una fiera en la cama y a él le daba en la nariz que ese día sería así. El solo pensarlo hizo que se le pusiera la polla como una piedra y ante la vergüenza de no querer que ella se diera cuenta que ya estaba así paró el masaje y se fue a su toalla inmediatamente.

    Una vez en su toalla y dejando a su novia boca abajo en la otra, disfrutando del sol, volvió a mirar al grupito de chicos que andaban por allí cerca. Ellos seguían mirando con descaro hacia donde estaba su chica y no sabía por qué pero tenía la sensación de que no se habían perdido nada del masaje.

    Pasaron una tarde tranquila, la mayor parte ella tomando el sol dándose la vuelta de vez en cuando con cuidado de que no se le escapara nada y él en la sobra debajo de la sombrilla. Un rato antes de volver al hotel, Marilés se volvió a poner los nudos de la parte superior del bikini y fue a andar un poco por la orilla. Su chico la miraba hipnotizado (aunque no era el único), sobre todo a las tetas, que a pesar de ir apretadas le botaban a cada paso.

    A eso de las siete y media, recogieron y volvieron al hotel para ducharse y tumbarse un poco antes de la cena. Se arreglaron un poco, Carlos unos vaqueros y una camiseta y Marilés a parte de un fino vestido playero, se había hecho una bonita trenza que aunque caía a un lado, siempre terminaba en el canalillo que hacían sus pechos. Bajaron al comedor que estaba medio vacío para su sorpresa, lo cual agradecieron bastante para cenar tranquilamente.

    Estaban abandonando el comedor, cuando por la puerta entraban los mismos chicos que no habían parado de mirar a la rubia en la playa. Cuando se los cruzaron, estos volvieron a mirar el escote de la chica, esta vez desde cerca y con muy buena perspectiva. – Bonita trenza – Llegó incluso a decir uno de ellos. A lo que ella respondió con una encantadora sonrisa y un gracias. Algo que a su novio no le gusto demasiado, pero no hizo ningún comentario.

    M: Me gustan los sitios así porque toda la gente es muy simpática cuando viene a pasarlo bien. Decía ingenua la rubia a Carlos cuando ya iban subiendo en el ascensor.

    C: Es verdad cari. – Aunque el chico lo que pensaba en realidad era que esos jóvenes eran simpáticos por otra razón y que vaya mala suerte que esos salidos estaban en el mismo hotel que ellos.

    Llegaron al cuarto y tumbándose en la cama pusieron la tele. Poco tardó la chica en ponerse boca abajo en la cama y decirle con segundas intenciones que si le daba otro masaje. Carlos rápidamente pasó a su lado le subió el fino vestido completamente, dejando a la vista unas pequeñas braguitas muy sexis de fresitas y un sujetador blanco, el cual desabrochó de inmediato y empezó a acariciar la espalda de su novia.

    Esta vez hacía los movimientos más largos, bajaba hasta casi el culo y por los laterales buscaba rozar los pechos de la chica. Él instintivamente, empezó a mover un poco la cadera, rozando su paquete ya bastante duro, con el culo de ella.

    Marilés levantaba un poco la cadera, para que el roce fuera aun mayor, tras un rato de masaje, el chico se hizo a un lado quitándose la camiseta y desabrochándose los pantalones. La chica se incorporó y se deshizo ya del todo del sujetador, dejando al descubierto unos pezones grandes y rosados, aunque de un tamaño normal para las dos preciosas tetazas que tenia. Carlos inmediatamente se lanzó como loco a chupárselos y comérselos, ella suspiraba y le apretaba un poco la cabeza contra su pecho.

    M: Uuumm para, que hay otra cosa que quiero que comas glotón. – Dijo la rubia mordiéndose el labio. Esto es algo especial por ser nuestras primeras vacaciones juntos. – Y diciendo eso puso los pulgares en los elásticos de sus braguitas y se las bajó hasta los tobillos, dejando al descubierto un precioso coñito algo brillante por los fluidos que estaban empezando a salir de él, y totalmente depilado.

    Era la primera vez que lo dejaba sin un solo vello, ya que aunque ella solía cuidárselo muy bien, siempre tenía algo de pelo por cortito que se lo dejara.

    La visión volvió loco al chico, que hundió la cabeza entre las piernas de su novia como poseído. Marilés que empezó a gemir de gusto, se mordía un dedo para no hacerlo muy alto, mientras Carlos le hacía una brutal, pero a la vez placentera por la excitación, comida de coño.

    El chico no podía más, quería meter la polla en ese delicioso coñito. A la vez que lamía con esmero, se bajaba los pantalones hasta los tobillos. Levantó la cabeza y comenzó a subir besando el cuerpo de la chica hasta llegar a la boca. Colocó la punta de su verga en la entrada de ese mojado coño y de un golpe, se la metió hasta el fondo, provocando un brutal gemido de la rubia. Carlos empezó a follarla a un ritmo muy rápido y Marilés rodeándole con las piernas y haciendo presión para que le llegara más profundo, cada vez gemía más alto ante las embestidas que este le daba.

    La chica estaba desatada, la tenía que estar oyendo media planta, pero daba igual, Carlos estaba muy concentrado en la follada como para darse cuenta de eso. Tan concentrado estaba y tanto estaba disfrutando, que poco tardó en correrse, para chasco monumental de su novia, que estaba muy caliente y no le quedaba mucho.

    C: Uuuff. – Suspiraba el chico mientras caía rendido a un lado de la cama. – Lo siento, es que me has puesto mucho con esa sorpresita.

    M: Bu-Bueno, no te preocupes… ¿podemos probar otra vez no? – Decía la chica, que estaba muy caliente, acercándose y empezando a lamerle la oreja a Carlos a la vez que llevaba una de sus manos a la ya flácida polla de su novio.

    C: Cari lo siento mucho, pero no creo que pueda, estoy muy cansado del viaje. Te prometo recompensarte mañana. – Y diciendo esto, le dio un beso en la frente y se dio media vuelta para dormir, dejando a la chica un poco malhumorada y cachonda.

    A la mañana siguiente Carlos se despertó temprano, vio a su novia dormir tan plácidamente que decidió no despertarla, así que se puso unos pantalones de chándal y una camiseta y salió a dar un paseo. De vuelta compró un periódico deportivo, para entretenerse leyendo mientras desayunaba o iban a la playa. Estaba en el ascensor para subir, cuando los mismos chicos de la playa, entraron en él.

    Parecía que acababan de llegar de fiesta, alguno con la camiseta quitada, todos muy delgaditos y con piercings, olían a alcohol desde lejos. El ascensor no era muy amplio por lo que quedaron un poco apretados. Le dieron al botón de la cuarta planta y preguntaron a Carlos amablemente que a cual iba él, curiosamente, estaban en la misma. El chico iba pensando que valiente coincidencia.

    Ya no sólo eso. Llegaron a su planta y salieron del ascensor, también iban en la misma dirección que él. Al volver la esquina, dos se pararon y entraron en una de las habitaciones. Carlos respiró un poco aliviado pensando que los otros dos tendrían la habitación por allí cerca, pero se equivocaba.

    -Colega, nos vas a seguir todo el camino eeh – Bromeó uno de los chicos.

    C: Es que mi habitación está casi al final del pasillo – Se excusó sonriendo. – Veo que os habéis pegado una buena fiesta ¿no?. – Dijo intentando no parecer desagradable y sacando algún tema de conversación mientras andaban juntos.

    -Vaya, ya te digo!! un desfase, no nos podemos quejar, pero habría estado mejor si hubiéramos pillado a alguna churri. – Dijo uno de los chicos, empezando a reír con el otro.

    C: Bueno, os quedan días todavía. -Soltó Carlos animándolos inocentemente.

    Siguieron andando hasta que los chicos se pararon, justamente en la habitación de al lado.

    -Te dejamos solo. – Bromearon.

    C: No os preocupéis, tengo la mía aquí. – Dijo siguiéndoles el rollo.

    Entonces de repente, los jóvenes cambiaron el gesto de su cara, algo que Carlos notó y se asustó un poco.

    -Tío, ole tus huevos, tú también te pegaste un buen homenaje anoche aunque no salieras, que se os oía cuando nos íbamos, sobre todo a tu pavi eeh, te veo hecho un animal. – Le dijo uno de los chicos mientras los dos le levantaban el pulgar entrando en su cuarto como gesto de una aprobación que él no necesitaba.

    Carlos sonrió como aliviado, ya que cuando les vio cambiar el gesto de la cara esperaba que le fueran a decir otra cosa. En el fondo no parecían malos chavales, un poco canis, pero no parecían de los que van buscando bulla. Aunque también sintió algo de vergüenza de que los dos chicos hubiesen escuchado a su novia gemir de gusto mientras se la follaba.

    Entró en la habitación cuando Marilés salía del cuarto de baño secándose la cara.

    M: ¿De dónde vienes nene?

    C: He ido a dar una vuelta y comprar el periódico para leer un rato luego en la playa. Te vi tan a gusto durmiendo que no te quise despertar. ¿Te parece si vamos ya a desayunar?

    La pareja desayunó tranquilamente y después fueron a dar una vuelta juntos por los distintos puestos que hay por el paseo marítimo, ya que la chica quería comprar un par de recuerdos del lugar para regalar a su familia cuando los viera.

    A media mañana volvieron al hotel, cambiaron la ropa normal por el bikini y el bañador, cogieron la bolsa y la sombrilla y se fueron para la playa, parando antes en una tienda a comprar un par de bocadillos para pasar allí todo el día Se volvieron a colocar donde el día anterior, aunque la playa estaba mucho más tranquila. Seguramente porque la mayoría de los jóvenes estaban acostados descansando después de la primera noche de fiesta.

    Pasaron unas horas tranquilas, Marilés alternando el sol y la sombrilla y Carlos a la sombra entretenido con el periódico. A media tarde empezó a llenarse de nuevo la playa de jóvenes, que seguramente se habían despertado hace poco, habían comido algo e iban a pasar un ratito a la playa para hacer tiempo hasta la noche.

    Al poco Carlos vio aparecer otra vez a los chicos del día anterior y del hotel. Se volvieron a poner cerca. Cuando pasó un rato uno de ellos se acercó a donde estaban ellos y dirigiéndose a Carlos pero sin quitar ojo de la rubia preguntó.

    -“Iyo” colega, ¿tienes fuego?, es que se le ha ido la piedra al mechero.

    C: Qué va, no tengo, lo siento. – Contestó el chico.

    M: Espera, yo creo que tengo en el bolso. – Dijo la preciosa rubia a la vez que se levantaba a buscar.

    El cani no perdió detalle del bamboleo de las tetas de la chica, ni de su culo cuando buscaba en cuclillas, Carlos estaba allí al lado, dándose cuenta de todo, pero para el chico era como si no existiera.

    M: Sii ! – Exclamó la rubia cuando por fin lo encontró, y levantándose se lo dio al cani. – Toma, te lo puedes quedar, a nosotros no nos hace falta, solo lo llevo por si acaso.

    El chico cogió el mechero rozando todo lo que pudo la mano de Marilés, y por primera vez mirándola a la cara en vez de a las tetas dijo.

    -Muchas gracias guapa. – Para después darse la vuelta y decir. – Nos vemos “vecinos”.

    M: ¿Por qué nos ha dicho vecinos? – Preguntó mirando a su novio.

    C: Será porque él y otro de los que están allí sentados están en una de las habitaciones de al lado. Los otros están en nuestra planta también Pero al principio del pasillo. Esta mañana cuando salí, me los crucé cuando ellos llegaban de recogida y hablamos un poco hasta que llegamos a las habitaciones.

    M: Aam vale, qué gracioso, parece simpático ¿verdad? -Decía inocentemente la chica.

    A lo que Carlos asentía, aunque él a diferencia de su chica, también pensaba que era un mirón y que andaba un poquito salido, ya que no había apartado la mirada de los atributos de su chica en ningún momento y parecía darle igual que él estuviera allí. Pero como Marilés no se había dado ni cuenta decidió no hacer ningún comentario.

    Terminaron de pasar la tarde en la playa. Cuando recogieron sus cosas, sus “vecinos” ya hacía rato que habían desaparecido, seguramente estaban descansando para otra larga noche.

    Llegaron a su habitación, se ducharon y después de un rato tumbados en la cama, como habían hecho el día de antes, bajaron a cenar. Aunque esta vez, a diferencia, sí se arreglaron más ya que habían decidido salir a tomarse un helado y dar un paseo después de la cena. Carlos iba muy parecido al día anterior, solo que cambiaba las chanclas por unas deportivas, en cambio Marilés, se había esmerado más, se había maquillado y se había puesto un top rosa claro muy bonito y una minifalda vaquera.

    Era una delicia ver a su chica comiéndose el helado y lanzandole miraditas. Carlos se estaba poniendo muy caliente e imaginaba y no se equivocaba, que ella también lo estaba. Al final el helado y el paseo, se quedó sólo en helado y cuando lo acabaron volvieron rápidamente para el hotel, deseando estar en su cuarto a solas.

    Nada más llegar y cerrar la puerta se fundieron en un apasionado y salvaje beso, la rubia le mordía el labio y el manoseaba el culo y subía la mini a su antojo. Ella bajó una mano y empezó a sobarle el paquete por encima del pantalón, mientras Carlos muy hábil, retiraba las braguitas a un lado y comenzaba a meter un dedo en el ya mojado coñito de su novia.

    Poco a poco fueron quitándose la ropa hasta quedar sólo en ropa interior, aun sin haberse movido de la entrada de la habitación. Allí se seguían tocando y besando sin control. Marilés paró un momento, le bajó los bóxer a su chico y empujándolo del pecho lo llevó hasta la cama, donde cayó boca arriba con la polla apuntando al techo. Con su chico así, ella se bajó las braguitas a la par que hacía unos movimientos muy sexis con las caderas y lentamente mientras miraba a su chico a los ojos con una mirada de vicio increíble, fue deshaciéndose del sujetador poco a poco.

    La chica se llevó la mano a su coñito, lo tenía empapado, estaba muy cachonda y tenía unas ganas de follar locas. Su novio se pajeaba lentamente mirándola y por lo que parecía, también estaba listo. Así que sin pensarlo más, ella se puso en encima, abierta de piernas, cogió la polla de Carlos y poniéndola en la entrada de su coño, se dejó caer despacio. Cuando por fin la tuvo toda dentro, se quedó quieta por unos instantes. Para empezar a moverse despacio.

    Carlos llevó sus manos a las caderas de Marilés, a la vez que esta comenzaba a aumentar el ritmo. Le encantaba tener a su novia encima follando y ver como se le movían las tetas cada vez que botaba en su polla. La chica ya había acelerado bastante el ritmo y había comenzado a gemir. Lo cierto es que movía muy bien sus caderas. Al poco echó su cuerpo hacia delante y comenzó a besar a su chico por el cuello y la oreja, a la vez que cambiaba un poco el tipo de movimientos, buscando ahora más el roce, la fricción, que la penetración.

    Para desgracia de Marilés, a su chico, el cual ahora tenía sus manos amasándole el culo, le gustó tanto lo que le hacía, que como el día anterior, no aguantó más y volvió a explotar dentro de ella.

    C: Aaah aaahh sii cari, qué bien te mueves. – Decía el chico jadeando.

    M: ¿Otra vez igual que ayer? – Dijo la rubia ya bastante enfadada.

    C: No no, hoy podemos seguir, te juro que hoy disfrutas tu también

    Carlos estaba algo apurado y no sabía si jugársela, pero sabía que Marilés andaba muy caliente y probablemente no se negaría.

    C: Pero cari… voy a necesitar un “poquitin” de tu ayuda.

    La chica levantó una ceja y puso cara de no comprender lo que le decía.

    M: ¿Qué tipo de ayuda?

    C: Pues que me la “reanimes” un poco, vamos, que me la chupes para estar pronto firme para hacértelo como a ti te gusta.

    M: Bueno… vale. – Aceptó la rubia.

    No es que Marilés no hubiera chupado nunca una polla, más que alguna había caído y podría decirse que se le daba bastante bien, pero con Carlos el sexo oral no era su predilección. A él no se le daba muy bien y el hacérselo le daba un poco de palo, ya que no le gustaba con la cantidad de vello que su novio tenía, aunque nunca había llegado a comentárselo por si este se molestaba.

    La chica bajó hasta la flácida polla de su novio y empezó a pajearlo suavemente a la vez que le miraba a los ojos. Cuando notó que se le estaba empezando a poner dura de nuevo se la metió en la boca y comenzó a chuparla y a lamerla, sin dejar de pajearlo. Carlos suspiraba y llevó una mano a la cabeza de su novia mientras esta con la mamada conseguía tener ya la polla dura. Marilés paraba de vez en cuando porque le entraba algún pelo en la boca y luego seguía chupando. Ya que se había puesto a mamar, no se quedaría en una mamadita de poca monta, ella todo lo que hacía lo hacía bien. Seguía chupando, se la sacaba de la boca y jugaba con la lengua por el glande. La polla de su chico ya estaba en todo su esplendor, y aunque era una polla más bien pequeña, para ella en ese momento le era más que suficiente.

    Carlos estaba gozando de lo lindo y a Marilés le encantaba ver lo que provocaba en su novio. Así que decidió rizar un poco más el rizo. Se incorporó un poco, envolvió la polla de su novio con sus grandes tetas, escupió y empezó a hacerle una cubana de aúpa. Él instintivamente comenzó a mover las caderas follandole esas tetazas, creía estar en el paraíso, nunca su chica le había hecho algo igual. Ella por su parte, apretaba bien los pechos alrededor de la polla y agachando la cabeza, comenzó a sacar la lengua para lamerle el glande cada vez que lo veía asomar por el canalillo. Aunque teniendo en cuenta el tamaño de sus tetas y el tamaño de la verga de su novio, no pasaba muy a menudo a pesar de los ya bruscos movimientos de él. Que cada vez le follaba las tetas con más violencia. Así estaban cuando pasó lo que se veía venir desde lejos.

    C: Uuuff ya nena yaaa.

    M: ¿Ya qué? – Preguntó la chica, que casi no le dio tiempo a levantar un poco la cabeza cuando le llegó la respuesta. Carlos se volvió a correr, sin previo aviso. Pringando las tetas y parte de la barbilla de la rubia.

    M: Joder Carlos (ella sólo lo llamaba por su nombre cuando estaba muy mosqueada), ya te vale!! ya te vale eeeh. No es ya ni que no avises. Si no que si te cuesta cuando te has corrido una vez, ahora que van dos ni con una mamada de dos horas te empalmas otra vez. Y yo aquí caliente perdida, eres un egoísta. – Le gritaba la chica.

    C: Lo siento mucho cari, te prometo que te compenso, lo juro. Déjame comerte a ti, verás como consigo hacértelo pasar bien.

    La chica no muy convencida, se tumbó en la cama y abrió sus piernas, dejando expuesto su hermoso chochito. Carlos pronto enterró su cabeza entre las piernas de su chica. Se esmeraba en comerle el coño, pero no era su punto fuerte, de hecho, por norma general el sexo no era su punto fuerte.

    Para mayor desgracia y cabreo de Marilés, al cabo de bastante rato y viendo que su chico no conseguía nada, decidió fingir un orgasmo, ya que le estaba comenzando a molestar su sexo debido a la poca habilidad de Carlos.

    Una vez terminado él se incorporó orgulloso y dándole un beso en la cara le dijo.

    C: ¿Ves amor? Te prometí que lo conseguiría.

    M: Si… -respondió ella tratando que no se notara que no había conseguido nada.- Buenas noches nene. -Y se dio la vuelta en la cama para dormir hasta la mañana siguiente.

    El sábado transcurrió aburrido, estaban en la playa como los días anteriores y hasta el momento habían hecho lo mismo que los otros días también, aunque con la diferencia de que el ambiente estaba un poco tenso, ya que Marilés seguía enfadada por lo que pasó por la noche.

    A eso de las dos, vieron aparecer a los canis, aunque esta vez solo iban dos, no llevaban ni sombrilla. Se sentaron allí cerca de nuevo y los saludaron desde lejos. Al rato uno de ellos, el más alto, que era el mismo que el día anterior les había pedido el mechero se acercó y le preguntó a Carlos que si le prestaba un rato el periódico, que estaban aburridos. El chico no tuvo problema alguno en dejárselo

    Sobre una hora después, el otro chico, al que Carlos también conocía de ser el compañero de habitación del otro, pero con el que no había hablado, vino a devolverle el periódico Este a diferencia, era bajito y parecía aún más joven, no miraba a su chica con descaro, más bien al revés, era como si le diera apuro mirarla, aunque Marilés que no se había dado cuenta de las miradas los días anteriores, menos se iba a dar cuenta este, ya que con el enfado que llevaba, no había prestado atención ninguna de las dos veces que se habían acercado los chicos.

    Carlos ante tal aburrimiento, antes de que el chaval volviera con su amigo, le preguntó por los otros dos compañeros. El chico un poco cortado, le contestó que sus amigos habían tenido un problema por la noche y los pillaron con pastillas, por lo que la organización del evento y la dirección del hotel decidió echarlos. Así que se habían quedado ellos dos nada más, sin toallas y sin sombrilla porque eran de los compañeros y estos con el mosqueo se habían ido rápido sin dejar nada, pero que al menos ellos tenían todas las entradas con las correspondientes consumiciones.

    Marilés aunque sin mirar, había estado con la oreja puesta escuchando la conversación, le dieron un poco de pena, se giró, y le dijo que se quedaran los dos con ellos, que su sombrilla era grande y que no había problema, que si no, se iban a quemar o les iba a dar una insolación. Como vio que el chico se quedaba un poco cortado mirando a su novio, añadió, que Carlos no tenía ningún inconveniente.

    Su novio no tuvo otra opción que asentir con la cabeza con cara de tonto. Si bien es cierto que le daba algo de apuro que se quedaran todo el rato al sol y le parecían simpáticos, no era razón suficiente como para que estuvieran toda la tarde allí con ellos. Aun así aceptó, en el fondo sabía que su novia estaba molesta por lo de las noches anteriores y no quería enfadarla más.

    La tarde resultó más amena de lo esperado, con los “vecinos” allí, Marilés estuvo algo menos seria. Ya que Emilio (así se llamaba el alto y más feillo) era muy ocurrente y siempre estaba diciendo algo que hacía gracia para reír, por su parte Raúl (el bajito), aparte de tener unos ojos azules preciosos que quedaban genial con su morena piel, era un chico muy prudente y hablaba poco, pero también parecía buena persona. Estuvieron hablando un poco de todo. De cómo estaba el ambiente en las discotecas, de que eran de un pueblecito de la sierra de Málaga, de que Emilio tenía 21 años y Raúl 19, pero salían juntos desde hace mucho ya que ellos sí eran vecinos “de verdad”. Incluso hubo un rato que Marilés estuvo jugando con Raúl a las palas, una de las pocas cosas que les había quedado a los canis después de que sus otros dos compañeros se fueran.

    A Carlos le pareció ver por primera vez como el chico le lanzaba alguna mirada a su novia, algo que por otra parte era normal, todo el mundo que andaba cerca estaba mirándola, ya que era impresionante la forma en que se le movían las tetas mientras jugaba. Aunque ella era ajena a los varios seguidores que tenía.

    Uno de ellos Emilio, que no perdía detalle. De hecho casi se quema sin darse cuenta con un porrito que se había hecho y que amablemente ofreció para compartir. Aunque Carlos lo rechazó con educación.

    Así la tarde pasó en un visto y no visto y al atardecer recogieron y fueron los cuatro para el hotel. Ya con cada cual en sus habitaciones y con Marilés de mejor humor, Carlos quiso hacerle un par de gracietas, pero el resultado fue peor de lo esperado, todo porque mientras perseguía a su novia por la habitación buscando hacerle cosquillas, ésta al pasar corriendo cerca uno de los muebles, se le enganchó el bikini, con la mala suerte que se le rajó casi por completo toda la parte que le cubría el culo.

    La rubia se volvió a poner seria al instante, observando fijamente el estropicio que se había hecho en el bikini. Por su parte Carlos intentaba quitarle hierro al asunto, diciéndole que así le quedaba muy sexy. Pero un par de miradas asesinas de su chica lo callaron al momento.

    Con la tensión cortándose en el ambiente, llamaron a la puerta de la habitación Carlos fue a abrir mientras Marilés se ponía un pareo por encima para que no se le viera el culete. Cuando abrió se encontró con Emilio. Al que le preguntó si le pasaba algo y el chico le dijo que quería preguntarle algo a ambos. Así que Carlos lo invitó a pasar un momento.

    E: Mirad, se habéis portado muy bien con nosotros hoy en la playa y ayer ya nos disteis un mechero. He estado hablando con Raúl y estamos de acuerdo en invitaros a que vengáis de discotecas esta noche con nosotros. Ya suficientes consumiciones tenemos con las nuestras, no vamos a gastar las entradas y consumiciones de los otros dos, y como nos habíais dicho que vosotros no teníais… Pues eso, que os invitamos, si queréis, que espero que sí, que ya veréis como lo pasamos muy bien eeh. – Decía esto último mientras le daba con el codo en plan colega a Carlos, pero no paraba de mirar a la chica.

    C: Oh vaya Emilio, muchas gracias no sé qué decir, pero… -A Carlos lo cierto que no le hacía mucha gracia la idea y tenía pensado librarse con la excusa de la ropa. Pero lo interrumpieron.

    M: Qué bien!! aceptamos claro que siii, gracias gracias. -Decía la rubia mientras daba saltos de alegría para felicidad de Emilio que volvía a ver botar esas tetas.

    Con lo cual a su chico no le quedó más remedio que decir que sí también y quedaron con Emilio a las once y media en la puerta de su habitación.

    Como iban a salir, cenaron más temprano y después empezaron a arreglarse. La chica que se tenía que lavar y secar el pelo, se duchó ella primero, así mientras ella comenzaba a vestirse, Carlos se duchaba. El chico conociendo la tardanza de su novia siempre, se lo tomó con tranquilidad. Se recortó la barba y se dio una buena ducha. Aun así, cuando salió del baño, Marilés seguía con la toalla en la cabeza y otra reliada en el cuerpo, aunque por lo menos se había pintado ya las uñas y se había puesto rímel y sombra de ojos.

    La chica volvió a entrar al baño, para secarse el pelo y terminar de arreglarse, de mientras Carlos no perdió mucho tiempo en vestirse, una fina camisa negra con puntitos blancos, unos vaqueros y zapatos. Cuando terminó ya casi era la hora, pero Marilés seguía en el baño.

    C: ¿Te queda mucho cari? Ya casi es la hora.

    M: Un poco, ¿por qué no vas con Emilio y Raúl a tomarte algo abajo y me esperáis allí?

    El chico sabiendo que un poco, era al menos un cuarto de hora. Decidió hacer lo que su chica le dijo. Avisándola de que se iba, salió de su habitación y llamó a la puerta de la habitación de sus vecinos. Ellos ya estaban listos y se quedaron un poco parados cuando abrieron la puerta y solo vieron a Carlos. Este les explico que Marilés tardaría un poco más y que la esperarían abajo.

    Estaban ya terminándose la copa, cuando apareció por el pub del hotel Marilés. La cara de los tres era un poema. La de los dos canis porque casi se le salen los ojos y apostaría cualquier cosa que si pudieran se la hubieran follado allí mismo y la de Carlos no sabría cómo definirla, era una mezcla de sorpresa con un pelín de desencajada al darse cuenta que la mayoría de los presentes en el pub se había girado a mirarla. La razón no era otra que la forma en que venía su chica, estaba simplemente espectacular, a la sombra de ojos y rímel que hacían más profunda su mirada, había añadido un poco de colorete y había pintado sus labios rojo pasión Llevaba su suave pelo rubio, suelto con una raya en medio. Pero sobretodo llamaba la atención como venía vestida. Iba con un ceñidísimo y bonito vestido blanco de tirantas que le llegaba hasta las rodillas, incluso le costaba un poco andar de apretado que estaba, con zapatos de medio tacón a juego, se le notaba perfectamente que llevaba tanga y además seguramente negro por el contraste que hacía, aunque la mayoría de miradas se centraban por goleada en el impresionante escote en forma de uve, con algo de purpurina, el cual parecía que en cualquier momento iba a reventar dejando sus grandes tetas al descubierto.

    M: Bueno veo que ya se habéis tomado la primera sin mi. ¿Nos vamos?. – Dijo la chica al llegar a la altura de ellos, haciendo que reaccionaran por primera vez desde que había entrado allí.

    Se bebieron lo poco que les quedaba de un trago y salieron a las discotecas dispuestos a disfrutar de una larga noche. Estuvieron primero en un par que estaban más tranquilas. Cuando finalmente llegaron a Maui, la mejor de Mojacar. Allí era tal el ambiente que decidieron quedarse. Estuvieron varias horas bebiendo y bailando, el ambiente se iba caldeando a la par que el alcohol se les iba subiendo a la cabeza, no solo a ellos, sino a todos los que había en la discoteca. La forma de bailar de Marilés no ayudaba mucho tampoco a bajar la temperatura. La chica se desinhibía cuando bebía y bailaba de forma muy provocativa y caliente. Hubo incluso un momento en el que uno de los RRPP de allí se acercó a ella a ofrecerle un puesto de gogó en la terraza.

    A Carlos que estaba ya bastante bebido, no le hacía gracia lo que veía de su chica, a la que todo el que pasaba cerca le miraba sus impresionantes tetas ya brillantes por algo de sudor también y no solo por la purpurina. Fue a la barra con Raúl a pedir otro par de copas. Aun le gustó menos ver como bailaba Emilio con la rubia cuando volvió de la barra. El cani se había colocado detrás de la chica y le rozaba con el paquete a conciencia a la par que con sus manos pasaba por todo el cuerpo, sin agarrar pero sin olvidar ninguna parte, incluso sus tremendos pechos. Y lo que es peor, o a Marilés le daba igual o no se estaba enterando de nada debido a las bastantes copas que llevaba también. ¿Pero cómo no se va a dar cuenta con los meneos que le está dando con el paquete? Se preguntaba su chico.

    Iba a decir algo quejándose, cuando en ese momento le vino una tremenda arcada, provocando que vomitara allí en medio de la pista, estaba tan mareado que casi se cae, pero Raúl estuvo rápido y lo sujetó antes de que eso sucediera. Marilés y Emilio que se dieron cuenta, se acercaron con prisa hasta ellos, a la par que llegaba uno de los seguratas de la disco.

    Al ver de cerca el estado de Carlos su chica pareció enfadarse muchísimo Ya que con lo bien que lo estaban pasando tenía que estropearlo todo. Así que les dijo a Raúl y Emilio que la ayudaran con su novio que se iban ya. Pero Emilio le dijo que no, que esperara un poco.

    E: Rubia así no se va a mover este mucho. Mejor os salís tu y Raúl a la puerta mientras yo me lo llevo al servicio a que vomite allí otra vez si quiere y ahora nos vemos fuera. – Dijo mientras Carlos no parecía enterarse muy bien de qué iba el tema.

    Emilio con la ayuda de un segurata se llevó al chico para los servicios, y ella salió con Raúl a esperar a que Carlos se despejara un poco para volver al hotel. La chica estaba indignada, ya que le había cortado el rollo en lo mejor de la noche. Además ya llevaban un buen rato en la puerta y no salían, por lo que estaba muy harta. Viéndola así a Raúl se le ocurrió una idea.

    R: Venga guapa no te enfades, vamos por aquí por el paseo marítimo andando un poquito y ahora que me llame Emilio cuando estén aquí fuera ¿vale? – Algo que la chica aceptó con tal de no estar más esperando en la puerta.

    Tantas horas de fiesta pasan factura y a Marilés empezaron a dolerle los pies, por lo que cambiaron la vuelta inicial por el paseo marítimo, por andar un poco por la orilla de la playa, donde la chica podía andar cómodamente quitándose los tacones.

    No habían andado mucho cuando vieron unas pilas de hamacas y decidieron sentarse allí entre ellas. Raúl era parco en palabras pero intentaba animar a la rubia con alguna ocurrencia, incluso le ofreció unas caladas de un porrito de maría que se hizo, algo que la chica acepto quizás por el alcohol, quizás por el enfado, no sin antes hacerle prometer que no contaría nada. Al cabo de un rato la chica estaba más relajada, no quedaba señal alguna del enfado y aunque tampoco había señales de Emilio y Carlos no parecía preocupada. Estaba riéndose a carcajadas y no sabía muy bien ni por qué.

    Con cada carcajada ella echaba la cabeza hacia atrás y arqueaba un poco la espalda, haciendo que su espectacular escote sobresaliera todavía un poco más. A Raúl no le pasó desapercibido ese detalle e intentaba hacer que Marilés no parara de reír para ponerse las botas mirando. Algo de lo que la chica se dio cuenta por primera vez en las vacaciones.

    M: Eeeiii!! cochinoo. -Dijo mientras reía, dándole un pequeño empujón y llevándose los brazos alrededor para cubrir su escote haciéndose la ofendida.

    R: Per- Perdón. – Se apresuró a decir el chico.

    M: Jajaja no te preocupes que no es un crimen tampoco eeh. -Dijo la rubia quitándole hierro al asunto, viendo que Raúl no había entendido bien que estaba de broma.

    El chico dándose cuenta que Marilés no se había enfadado lo más mínimo, se envalentonó un poco y aprovechó para llevar la conversación por ahí.

    R: Es que se te ve muy buen escote, así brillantito y todo. Yo creo que hoy estábamos rodeados de tíos todo el rato por eso mismo.

    M: ¿Sí? Gracias jeje. Venga anda, ya será para menos adulador. No creo que éstas (llevándose las manos a las tetas) llamen tanto la atención.

    Raúl notó que la chica estaba receptiva a echarle algo más de picante a la conversación, con lo que decidió no desperdiciar la oportunidad, se la jugaría a todo o nada.

    R: Ya te digo yo que sí llaman la atención. Lástima que todo sea producto de los sujetadores de ahora. Luego nos llevamos una desilusión.

    M: Jaja, sí claro, pues lo mismo se podría decir que nos pasa a las chicas con los chicos que vais de sementales y polla grande. Que luego –La chica hizo un gesto con la mano y su pulgar hacia abajo.

    R: Yo no soy así, tengo una buena polla y no te miento. Además no compares. Vosotras vais enseñando y nosotros sería de boquilla, ya es cuestión vuestra creernos.

    M: Raúl no niego que alguna utilice eso y que hoy las lleve un poco apretadas por el vestido, pero yo las tengo duritas y bien puestas a pesar del tamaño, no las tengo para nada caídas

    R: Ya ya, si todas dicen lo mismo y luego “ná de ná”, así que perdona que no te crea guapa.

    La cara de la chica cambió y se puso más seria, Raúl se maldecía por dentro por habérsela jugado de esa manera. Ahora de seguro que la rubia se levantaría y se iría. Pero para su sorpresa ocurrió lo que menos esperaba.

    M: Cierra los ojos y dame tu mano.

    R: ¿Qué? -Respondió el chico sin llegar a entender bien lo que le proponía la rubia.

    M: Mira, yo no voy a quedar por mentirosa. Así que vas a comprobar que es verdad lo que te digo, eso sí, solo tocar un poco y sin mirar. Que me da vergüenza.

    Raúl que está flipando con lo que le decía Marilés, rápidamente cerró los ojos y extendió su brazo derecho. La chica se bajó un poco los tirantes del vestido y el sujetador y saco uno de sus maravillosos pechos. Cogió la mano del chico y despacio la llevo hasta palpar su pecho. Raúl tardó un poco en reaccionar y de manera muy torpe apretó un poco aquella teta de la chica, comprobando que efectivamente, no lo había engañado (como él ya sabía) y las tenía muy bien. Instintivamente, empezó acariciar y con las yemas de sus dedos pasó por el pezón de la chica, que parecía una piedra (esta puta está caliente, tengo que follármela, es lo que pensó).

    La chica nada más que notar los dedos que pasaron por su pezón, retiró la mano de Raúl de su pecho y lo volvió a tapar tras el sujetador y el vestido, se estaba poniendo muy cachonda… pero no quería que el chico se diera cuenta.

    M: Bueno, ¿no mentía no? – Dijo mientras el chico volvía a abrir los ojos y ella cambiaba su posición de sentada en la arena a sentada de rodillas sobre sus pies.

    R: He de reconocer que decías la verdad.

    M: ¡Claro!, no como otros –Comentó pícaramente la chica.

    R: Aaa no, yo no quedo por mentiroso tampoco. -Dijo Raúl mientras se levantaba y comenzaba a desabrocharse los vaqueros.

    M: O- oye oye que no hace falta… que…

    R: Cierra los ojos, sólo estamos comprobando que no mentimos. No te rayes. -La chica que en verdad si quería seguir este juego. Cerró los ojos de inmediato.

    Raúl se bajó los pantalones y los bóxer, dejando al descubierto una polla de muy buen tamaño a pesar de estar solo semi-erecta. Dio dos pasos acercándose a la chica y cerca de su cara empezó a meneársela para empalmar y que ella pudiera tocar su verga en todo su esplendor. Pero desafortunadamente el alcohol y los porros estaban haciendo mella en el chico que a pesar de la excitación no conseguía ponerla dura.

    Marilés estaba muy cachonda con lo que estaba sucediendo, notaba que Raúl se había acercado y lo escuchaba hacer ruidos y suspirar un poco. Creía saber lo que estaba haciendo y eso le mojaba su rasurado coñito. Pero llevaba allí un rato esperando y no pasaba nada, ni siquiera una palabra del chico.

    M: ¿Qué… Qué pasa? -Preguntó, no pudiendo aguantar más y abriendo los ojos, viendo muy de cerca la gran polla de Raúl A pesar de no estar dura se llevó una sorpresa.- Joder qué polla.

    R: ¿Qué haces abriendo los ojos tía? Era solo tocar, y además no consigo empalmar, vaya mierda. -Decía molesto el chico.

    M: Per… perdona, aunque así ya me vale, me creo lo de que tienes una buena polla.

    R: Nooo no, de vale nada, tú me has visto, así que enséñame las tetas, es lo justo. -Decía mientras no dejaba de menearse la polla.

    La rubia hizo caso a lo que le dijo el chico y con trabajo pero rapidez. Sacó sus dos enormes tetas, mostrándoselas con algo de pudor, pero sin esconder sus duros pezones de punta, que demostraban el estado de calentura en el que se encontraba.

    Este fue el aliciente que Raúl necesitaba y en apenas unos segundos su polla pasó a estar totalmente empalmada con unas dimensiones considerables, produciendo que Marilés no pudiera hacer otra cosa que abrir la boca ante la sorpresa de ver el pollón que se gastaba el chico. Era una polla gruesa, larga y venuda, parecía poder reventar en cualquier momento de morada que se le puso. Era la polla más grande que jamás había visto la chica y lo cierto es que estaba deseando tocarla.

    M: Tú has tocado… ¿Pu… puedo? -Preguntó la chica con la voz entrecortada

    R: Adelante, es lo que hablamos. -Mientras se daba un par más de sacudidas en la polla.

    Marilés acercó su pequeña y suave mano a la polla del chico y la palpó, cerró su mano sin conseguir rodearla y apretó, comprobando su dureza. Sin darse cuenta, empezó un pequeño movimiento de sube y baja y acercó tanto la cara contemplando la polla de Raúl embobada, que éste podía notar su aliento.

    El chico por su parte no perdió oportunidad y bajó su mano hasta las tetas de la rubia para volver a tocarlas. La chica estaba tan embobada con la polla que tenía en la mano que no se dio cuenta de lo que pasaba hasta que Raúl le dio un par de pellizcos en los pezones, debido al calentón del ya pajote en toda regla que era en lo que se había convertido aquello.

    Marilés soltó la polla del chico sorprendida de lo que estaba haciendo. Raúl de inmediato con la mano que tenía libre (con la otra le seguía sobando las tetas), la cogió por la muñeca.

    R: Vamos, sigue. Sácame la leche nena, te la quiero dar toda. -dijo, mientras sorprendentemente la rubia en vez de negarse, pasó la punta de la lengua por sus secos labios y esta vez cogiendo la polla con las dos manos, comenzó a pajearlo de nuevo. El chico jadeaba de placer y ella con la polla a escasos centímetros de la cara miraba hacia arriba, con los ojos brillantes y las mejillas rosadas.

    R: Aaah sii nena que bien haces pajas uuff, como sigas así te voy a poner perdida en nada.

    De repente la chica paró de nuevo, esta vez se separó y se puso de pie. Raúl parecía no entender nada.

    R: Pero qué… Qué pasa?

    Marilés se mordía el labio, allí de pie con sus dos melones fuera y mirando al chico, como si no se atreviera a decir algo. Aunque finalmente lo hizo.

    M: Raúl no digas nada pero… quiero que me folles… no puedo más. -Dijo la chica sonrojándose aún más y levantándose el vestido hasta la cadera. Dejando a la vista como comenzaban a bajar gotillas de flujo por el interior de sus muslos, a parte del precioso tanga negro.

    El chico quedó boquiabierto con la confesión de la rubia, pero poco tardo en cogerse fuertemente la verga y acercarse a la chica, para cuando estuvo lo suficientemente cerca, cogerla por la nuca con la otra mano y comerle la boca, en un morreo sonoro que fue correspondido. Notaba como su polla hacia presión en el vientre de Marilés, ya que aunque Raúl era bajito si era más alto que ella.

    Estaba ya cachondísimo, a tope, no podía aguantar más, cogió el tanga de los elásticos laterales y cuando se disponía a bajarlo de un tirón, de repente, comenzó a sonar el móvil La chica se sobresaltó y pareció volver en sí separándose de nuevo y bajando su vestido. Raúl de mientras se maldecía por su mala suerte, mientras se metía como podía su empalmada polla en los pantalones y contestaba a la llamada.

    Era Emilio, decía que iba andando con Carlos apoyado en él, le preguntaba que donde estaban, que se sentaría en un parque cercano al hotel a esperarlos. Raúl le explicaba que estaban por el paseo marítimo y que tardarían poco en llegar, mientras, veía a Marilés guardarse sus enormes tetas de nuevo en el vestido.

    Se sacudieron la arena y caminaron hasta el parque prácticamente en silencio, solamente roto por el breve comentario de la rubia de que no contara nada de lo que había pasado, que se le había ido la cabeza pero que ella quería a su novio y no volvería a pasar.

    Cuando llegaron, Carlos estaba tirado en el banco, casi ocupándolo por completo y Emilio en una esquina fumando un porrito. Se veía que aparte de seguir borracho, ya el cansancio también había podido con él. Entre Raúl y Emilio cogieron a su novio y cargaron con él hasta la habitación Marilés pasó una vergüenza tremenda cuando entraron en el hotel y los recepcionistas no quitaron ojo del estado en el que iba el chico.

    A la rubia le había vuelto el enfado, no podía creer que la noche hubiera terminado de esa manera, para unos días de vacaciones que tenían, ya que si bien aún les quedaba mañana, era el día que por la tarde habían quedado con la familia de Carlos, con lo prácticamente ocuparían todo el día con eso y ya después a dormir y descansar para el largo viaje que les esperaba a la mañana siguiente.

    Los canis dejaron a Carlos sobre la cama y se despidieron de Marilés. Cuando Emilio iba a cerrar la puerta de la habitación le lanzó una mirada a la rubia que estaba de espaldas a él a los pies de la cama, intentando quitar los zapatos a su novio tirando como podía. Le estaba dando el repaso, cuando al llegar a la altura de su culo vio una gran mancha de humedad. Dos posibilidades se le vinieron a la cabeza mientras terminaba de cerrar la puerta. Entró en su habitación donde ya estaba Raúl fumando un piti en el balcón y desde dentro le habló.

    E: Oye tío, la pava está o no se ha podido aguantar y se ha meado un poco encima o…

    R: O qué?

    E: O que está muy salida, porque vaya mancha que tiene por detrás del vestido en lo que viene a ser la zona donde quedaría el coñito cuando se sienta.

    Raúl recordó de inmediato como caían los fluidos por el interior de los bonitos muslos de la chica, cuando esta le pidió totalmente cachonda que se la follara. Cosa que provocó que a él se le pusiera la polla dura al momento. No se creía lo que le había pasado y se maldecía por la mala suerte que había tenido ya que se había quedado a nada de podérsela follar. El chico no pudo aguantar más y le contó todo lo que había pasado a su amigo. Emilio flipaba con lo que le estaba contando.

    E: Ostia tiooo, pero eso no se puede quedar así!! A esa nos la follamos hoy. Hay que ir a por ella ahora que está caliente o si no es que perdemos la oportunidad. Es que voy a por ella a la habitación ahora mismo. No le habrá dado tiempo ni a cambiarse aun.

    Y diciendo esto, salió Emilio disparado por la puerta y llamó a la habitación de la rubia. Efectivamente la chica abrió la puerta tal cual. Aún seguía igual que como la habían dejado.

    M: Pasa algo Emilio? -dijo sorprendida la chica al verlo.

    E: Qué va rubia, si no que estábamos pensando Raúl y yo, que cómo van a acabar tus vacaciones y nuestra fiesta así mujer, que te invitamos a la última copa para ya terminar bien la noche y despedirnos que nosotros nos vamos mañana después del almuerzo y cualquiera sabe a qué hora se despierta tu querido.

    Marilés, que se había llevado cerca de un cuarto de hora “luchando” con Carlos para quitarle la ropa y meterlo entre las sabanas, no estaba para muchas fiestas, ya que le estaba viniendo la típica “bajona” que te viene al rato de que dejes de beber. Además estaba el tema de su novio, al que por mucho odio que le tuviera acumulado en esos instantes, le quería y no le parecía bien irse de fiesta y dejarlo solo ahí en la habitación no fuera a ser que se pusiera aun peor y necesitara algo.

    M: Oh! Emilio muchas gracias por acordaros de mi pero no puedo irme por ahí con Carlos aquí en ese estado.

    E: Pero por eso no te preocupes tía, si no nos vamos a ir a ningún sitio. Nosotros tenemos ahí una botellita de whisky a medias en la habitación. Nos la acabamos y ya está. Y como estamos aquí al lado nos vamos asomando aquí a tu habitación de vez en cuando para ver cómo está tu novio.

    No estaba muy convencida la chica pero tras una última mirada a Carlos y comprobar que aunque cayera una bomba no se despertaría, aceptó.

    Cuando Raúl vio entrar en su habitación a Emilio acompañado de la rubia no se lo creía

    E: Bueno vamos a terminar la fiesta como se merece!! -Y diciendo esto sacó una botella Red Label de su mochila, de la que quedaba algo menos de media.

    M: Y los vasos y los hielos?

    E: Jajaja de eso no hay aquí rubia, esto nos lo bebemos así a chupitos mira -Y volcando la botella echó hasta llenar el tapón y se lo empinó. Dejando a la chica un poco alucinada.

    M: Tú lo que quieres es matarme jaja. Cómo me voy a beber esto así después de lo que llevo esta noche?

    R: No te preocupes guapa, no pasa nada, esto así poquito a poco mientras hablamos y nos fumamos algún porrito -Le dijo Raúl mientras él se tomaba uno y lo volvía a llenar ofreciéndole una a ella y acercándose mucho para hablarle.

    La chica se sentía extrañamente atraída por Raúl después de lo que había pasado en la playa, así que se quedó empanada mirándolo, mientras cogía el chupito. Le recorrió un escalofrío todo el cuerpo cuando se lo tomó. El whisky solo estaba muy fuerte y amargo para lo que ella estaba acostumbrada a beber.

    M: Vale -Contestó la chica con un hilillo de voz por lo fuerte que estaba el chupito, mientras le devolvía el tapón a Raúl, sin apartarse de el y mirándolo fijamente.

    Ella se sentó en un sillón que había en la habitación, Emilio en el suelo y Raúl en la cama, iban bebiendo chupitos poco a poco y saliendo al balcón a darle caladas a los porritos. A la rubia le había vuelto la risilla tonta y se veía que poco alcohol le cabía ya en el cuerpo. Fueron varias las veces que se le escurría algo de whisky desde la comisura de sus labios hasta el canalillo de sus grandes tetas.

    M: Ooops!! -Reaccionaba ella y se pasaba la mano para esparcirlo mientras reía sin control.

    El tiempo seguía corriendo y los canis tenían que actuar ya o no conseguirían nada. Así que en una de las veces que Marilés fue un momento a la otra habitación a ver como seguía su novio. Emilio le dijo a Raúl

    E: Tío hay que jugársela ya. La próxima vez que diga de ir a ver al capullo del otro, te ofreces y vas tú. Tomate tu tiempo, así en plan de no vayas y vengas, si no que dame unos cinco minutos o un poco más y yo conseguiré que caiga. Déjalo en mis manos.

    Su amigo accedió sin poner pegas, de modo que durante la siguiente ocasión que la chica dijo de ir a ver como estaba su novio, Raúl se ofreció. Y Emilio comenzó a poner el plan en marcha. Con lo poco que quedaba de la botella le dijo de acabarla, le entrego el tapón a la chica que sentada en el sillón alargó un poco el brazo para que le echara, pero Emilio en vez de llenarle el tapón, mandó un chorro sobre el tremendo escote de la rubia.

    M: Eiii, qué haces?!! Dijo riéndose la chica, que con el ciego que llevaba no se molestó por eso.

    E: Ostia tía perdona, pero es que con la visión que tengo de tus melones desde aquí de pie me he despistado y no he apuntado.

    Marilés se quedó totalmente cortada sin saber que decir, pero pronto entró al trapo.

    M: Pues anda que como para todo apuntes igual… -Le soltó con ironía y doble sentido.

    E: Jajaja tu tranquila tía, que yo apunto bien, ahora lo vas a ver, que te la voy a meter de primeras nada más la tenga dura y no como Raúl con los jueguecitos en la playa.

    La chica abrió los ojos como platos, desde luego no se esperaba que Emilio le dijera algo así, ni que Raúl le hubiera contado lo de la playa tan rápido.

    M: Pero qué di…

    No le dio tiempo a terminar de decir a Marilés nada más. Emilio la cogió de un brazo y la lanzó a la cama y rápidamente se colocó el encima besándola y manoseándola por encima del vestido.

    M: Noo, déjame Emilio… decía la rubia sin mucha convicción mientras poco a poco iba dejando atrás su escasa resistencia, para dejar paso al placer.

    Y es que el cani era muy hábil con las manos y a la par que la besaba, con una mano le rozaba la zona del coñito por encima y con la otra que inexplicablemente había conseguido meter por el escote, le pellizcaba uno de sus pezones ya duros por la calentura. Ya que aunque Emilio no fuera el tipo de chico que le gustaba a Marilés, la chica estaba muy cachonda, debido a que su novio no se la había follado bien en todas las vacaciones y a las desinhibiciones que le producían el alcohol y los porros.

    Emilio tal y como le había dicho a la rubia, no se iba a andar con jueguecitos y en cuanto notó que la rubia le estaba correspondiendo los besos y ya emitía leves gemiditos. Le levanto el vestido hasta la cintura, pegó un tirón de su tanga hasta dejarlo agarrado solo en un tobillo, la abrió de piernas y poniéndose encima de ella, colocó su polla en la entrada de ese coñito totalmente depilado, en el que fue entrando con más prisa que delicadeza.

    M: Aaaahh -.Soltó el gritito la chica mezcla de dolor y placer

    No fue muy difícil para el cani ya que si bien Marilés no estaba aun totalmente a punto, su polla no era muy gruesa, aunque si larguita. En esas estaban, Emilio empezando a bombear y la rubia aumentando el volumen de sus gemidos cuando Raúl entró en la habitación quedándose sorprendido a más no poder.

    R: Joooder pero esto qué…

    E: Cállate y ven y tápale la boca a la puta esta -.Cortó Emilio a su amigo- Que si no se va a enterar el hotel entero y hasta el pringado de su novio que nos la estamos follando.

    Y es que la chica había borrado de su mente las preocupaciones y ahora estaba totalmente desatada, había cerrado los ojos, tenía los brazos hacía arriba y se limitaba a disfrutar de la dura follada que le estaba metiendo Emilio.

    M: Aaah aaaah aaaahh -gritaba ya de placer la chica.

    Raúl se acercó al borde de la cama rápidamente se bajó los pantalones, dejando a la vista de nuevo su pedazo de polla ya completamente erecta por la excitación de la situación. Cogió a Marilés de la cabeza, le giró la cara hacia él, y de golpe le metió el pollón en la boca ahogando sus gritos.

    E: Buena ahí, así se calla a una tía jaja -Dijo su amigo mientras seguía follándose duro a la chica.

    La situación de que dos pollas estuvieran follándola puso más cachonda aun a Marilés, que intentaba abarcar todo lo que podía de la polla de Raúl en la boca, aunque eso le produjeran arcadas debido a las dimensiones de ese pedazo de carne, mientras este no había perdido el tiempo tampoco y a la par que follaba la boquita de la rubia, le había sacado las tetazas de su embutido vestido y ahora las veía moverse acompañando el movimiento de cada embestida de su amigo al ya más que mojado coñito de la chica. Su amigo la cogía fuerte de los mulos y se la metía hasta el fondo, hasta que notaba chocar sus huevos con el culo de la chica. Así llego su tan deseado orgasmo.

    M: Aaaahh. -se escuchó consiguiendo liberarse por un instante de la polla de Raúl en su boca.- mmmm. -cuando este se la volvió a meter para evitar que hiciera tanto escándalo. Mientras Emilio casi se corre cuando esta apretó su coñito alrededor de su polla como succionando, pero seguía follándola igual de duro.

    Cuando la chica dejó de convulsionarse del gusto, Raúl empezó a parar de vez en cuando para no ahogar a Marilés, pero esta estaba tan caliente y con tantas ganas de polla que cuando el chico la sacaba de su boca y la dejaba reposar sobre su cara dándole golpecitos, esta no paraba de sacar la lengua para lamerla y darle besos.

    R: Uuuff como la chupas joderrr. Se nota que te gusta chupar y lo que te hacemos.

    E: Tío a mi no me queda mucho, ven cambiamos y fóllatela que yo antes de acabar también quiero probar su boca.

    Cambiaron de posición, Raúl puso a Marilés de lado y el desde atrás se la fue metiendo poco a poco en el chochito ya que aunque estuviera mojado y dilatado las dimensiones de la polla del chico eran muy distintas a las de su amigo. Para que la preciosa rubia no gritara muy fuerte, Emilio se había apresurado y ya se había colocado frente a ella ofreciéndole su polla, que esta no dudo en cogerla con una mano y comenzar a pajearla y mamarla.

    Así estuvieron un buen rato, con Raúl sujetando a la rubia de una pierna para tenerla con su coñito bien abierto y dándole desde atrás bien fuerte a la par que le estrujaba una de sus tetas con la otra mano. Y Emilio frente a Marilés dejando que esta le diera una mamada de campeonato mientras pellizcaba el pezón de su teta que quedaba libre.

    E: Qué tía más cerda Raúl, le encanta chupar pollas, uuff joder, está aquí como loca.

    R: Vaya chocho que tiene tío, para estar follándoselo todo el día, no como el marica del novio que la tiene mal follada seguro.

    Estos comentarios no hicieron otra cosa que excitar aún más a la chica, que aceleró tanto su mamada a Emilio que lo hizo correrse.

    E: Ooogg joder me corrooo, bufff, tomaaa tragaaa aaaggg. -Acertaba a decir Emilio mientras había cogido a Marilés por la cabeza firmemente y se corría dentro de su boca sin dejar que esta se retirara.

    Fue una buena corrida, aun así la rubia llegó a tragarse gran parte.

    R: Ostia qué guarra, toma puta!! Dijo Raúl que empezó a follarla todo lo duro que podía mientras con una mano comenzaba a frotarle el clítoris

    La rubia, a la que se ve que le gustaba el lenguaje borde con ella, no pudo aguantar el placer que le estaba proporcionando Raúl, y con otro orgasmo menos sonoro pero igual de placentero, se volvió a correr para quedar más que satisfecha.

    M: Aaah sigue, aah sigue sii me voy, me voy me voy. -terminó por correrse la chica.

    Raúl seguía rozándole el clítoris pero ya muy suavemente y había bajado mucho el ritmo de sus pollazos. De repente sacó su polla del interior de aquel empapado y caliente coñito y puso a la rubia de nuevo boca arriba en la cama. La imagen haría excitarse a cualquiera, Marilés con sus grandes tetas al descubierto, el vestido por la cintura con todo su coñito expuesto y abierto, despeinada, y su preciosa cara con sus cachetes colorados y con la boca manchada de semen. Así en esa postura el chico la cogió de los brazos, se los pego al cuerpo y poniendo las rodillas sobre ellos de forma que no le hiciera daño a Marilés, se sentó sobre ella, dejando su polla a la altura de los melones de la chica.

    Escupió sobre su polla, aunque ya la tenía bastante mojada de los fluidos de la rubia, cogió las tetas de la chica con ambas manos y apretándose la polla hacia abajo con los dedos pulgares, comenzó a follarle las tetas a Marilés, que tal y como se había colocado Raúl, ella solo podía mover su cabeza, inclinándola un poco hacía delante. Y eso hacía, además de sacar la lengua para cuando asomaba la polla del chico intentar lamerla un poco. La rubia a pesar de haberse corrido ya dos veces aún seguía bastante excitada.

    R: Joder qué tetas, llevo queriendo follarme estas tetas desde que las vi en la playa, uf no voy a aguantar más, me voy a correr, ah siiii, ahí lo llevas putaaa. -Dijo Raúl antes de correrse. Mientras Marilés se limitó a cerrar los ojos y sacar la lengua abriendo la boca, aceptando toda su corrida.

    Emilio que lo estaba viendo todo desde el sillón sentado, casi se empalma de nuevo, viendo como su amigo incorporándose un poco, después de sacudirse la polla un par de veces empezó a descargar sobre la chica no menos de diez chorros tremendos de leche. Casi todos fueron a parar a su cara y sus tetas, aunque alguno también a la boca.

    Raúl se hizo a un lado, y allí quedó Marilés, casi desnuda si no fuera por el vestido que lo tenía en la cintura, totalmente bañada en semen después de que dos canis se la hubieran follado a conciencia mientras su novio dormía la borrachera en la habitación de al lado.

    M: Pero qué he hecho? -Se preguntó en voz alta cuando reaccionó mientras se incorporaba.

    En estas Emilio que había salido sin darse ella cuenta de la habitación, volvía a entrar. Raúl se encontraba ya medio dormido. El cani al verle la cara de preocupación le dijo.

    E: No te preocupes, vengo de tu habitación, el Carlitos ni se ha enterado, ahí sigue el tío roncando. Ve rápido y te pegas una ducha, que no veas como apestas a corrida. Y así te quitas todo lo que te hemos echado encima.

    Marilés parecía reaccionar a cámara lenta, pero hizo caso a Emilio, que cuando ella se disponía a salir de la habitación le dijo.

    E: Y no te preocupes, ni te comas el melón, lo hemos pasado de puta madre y te prometo por mi padre que esto de aquí no sale.  dijo el cani a la par que se daba dos golpes fuertes en el pecho con el puño. Algo que dejó un poco más tranquila a la chica aunque no mucho.

    La chica entró en su habitación y vio que efectivamente Carlos seguía roncando. Así que aprovechó para ducharse rápido, ponerse el pijamita y meterse en la cama.

    Al día siguiente la despertó su novio con el tiempo justo para almorzar algo, ya que por ser el último día de su estancia fueron a visitar a los padres de este y que la conocieran a ella. Estuvo todo el día un poco como con la mente en otro lugar y no era para menos, pensaba lo que había pasado la noche anterior. Por suerte, aunque no lo había pasado mal, Emilio y Raúl ya no estarían en el hotel. No le apetecía cruzarse con ellos después de que la hubieran follado y tratado como una cerda.

    Esa noche llegaron tarde al hotel, después de cenar, hicieron las maletas y se acostaron para descansar para el largo viaje de vuelta a Sevilla. Ya en el coche de vuelta. Carlos le comentó a su novia.

    C: Oye perdona por lo de la otra noche. Ayer te noté un poco distante. Pero lo entiendo, no era para menos. Quiero que sepas que cuando me desperté, salí a tomar un poco el aire y me encontré a Emilio y Raúl – Cuando dijo esto a Marilés casi se le sale el corazón del pecho y eso que de pecho no andaba corta precisamente –. Y les agradecí que se portaran tan bien con nosotros, sobretodo contigo, otros te hubieran dejado tirada con el marrón del novio borracho, pero yo sé que ellos me trajeron hasta el hotel y te estuvieron animando para que no estuvieras mal. Que me lo han dicho.

    La rubia estaba que no articulaba palabra, o sea ¿animando? ¿eso te han contado? Qué cabrones, pensaba.

    C: Bueno pues que quería decirte que como sé que a ti te caían bien y se ve que son buenas personas. Nos hemos pasado el número y les he invitado a que vengan un fin de semana a mi piso. Para que veas que no soy celoso y soy un novio “enrollao” que no me importa que mi niña haga amigos. -Terminó de decir mientras le daba un gracioso golpe en la naricilla.

    M: Aam, qué bien, gracias cari. -Intentó disimular Marilés fingiendo alegría, mientras pensaba que Emilio y Raúl no perderían la oportunidad de intentar follársela otra vez y lo que es aún peor… si ella era algo que quería que pasara también.

    [email protected].

    FIN.

  • Mi primo me vuelve su puta

    Mi primo me vuelve su puta

    Mi nombre es Camila, espero les haya gustado mi primer relato ‘Follando con mi abuelo’, ahora les voy a contar cómo me volví la puta de mi primo. 

    Todo empezó una vez que mi madre tenía que salir de viaje y pues yo no la quise acompañar porque me quería quedar solo en casa y pues no fue así, me tocó irme a quedar a casa de mi tía. Mi tía vive sus dos hijos mi primo y mi prima, mi prima tiene 5 años y mi primo 24 años. Ese día llegué en la tarde a casa de mi tía y pues estuve hablando con ella y con mi primo y pues al rato ella salió de compras con mi prima y yo me quedé en la sala viendo tv.

    Mi primo estaba en su habitación escuchando música y pues todo estaba normal cuando en eso me dio ganas de dormir un rato y como les dije en anterior relato siempre duermo en bóxer porque vivo en una ciudad caliente y pues el calor me estorba y pues mis bóxer son muy pequeños y por el tamaño de mis nalgas se suben siempre, entonces me acosté un rato hasta quedarme dormido y no sé cuánto pasó, pero en eso mi primo entro y comenzó a tocar mis nalgas.

    Yo me desperté, pero no abrí los ojos solo me quede quieto a ver qué hacía y sentía cómo me metía el dedo en mi culo, entonces me paré con cara de susto obviamente actuando y cuando lo vi tenía su pene en la mano era de unos 18 cm un poco delgada, pero muy torcida entonces le dije.

    -que haces??

    -tranquila primita solo estoy viendo esas nalgas tan ricas que tienes.

    Siempre me caliento cuando me dicen que les gustan mis nalgas.

    -y si mi tía llega y nos ve.

    Entonces él me cogió de las nalgas y me jaló hacia él y sentí su verga en mis piernas.

    -ven chúpame la verga un rato yo sé que a ti te gusta y si no se confundía me encanta chupar vergas

    Comencé a chuparle la verga y él me metía el dedo en el culo dilatando mi ano, de un momento a otro comenzó a darme nalgadas y me excité demasiado que quería sentir su verga ya adentro. Llegué y le puse vaselina en su verga y en mi ano, me puse en posición de perrita y me la comenzó a meter suave y yo nada más sentía cómo iba entrando y comenzaba a entrar su pene curveado, él comenzó dándome suave y le fue subiendo hasta que yo ya le pedía que parara que me estaba lastimando. Él se detuvo y se sentó yo me paré y me senté en su verga y comencé a cabalgarla hasta que se vino y me llenó de su leche luego nos cambiamos yo seguí durmiendo.

    Él se fue a su habitación y al rato llego mi tía y pues yo quería más verga así que ese día dormimos juntos y estuvimos follando toda la noche y así la pase esos 3 días donde mi tía.

    Espero les haya gustado tanto como a mí me gustó sentir esa verga en mi culo.

    Quiero pedir unas disculpas porque en el relato anterior dije que me escribieran al correo para enviarles el video follando con mi abuelo, pero no he podido enviarlos desde el correo.

  • La primera penetración de mi esposa con un conocido

    La primera penetración de mi esposa con un conocido

    Si han leído los relatos anteriores, sabrán que tenía una relación con las fantasías cuckold, las cuales poco a poco iban evolucionando en nuestras mentes y salidas, así que decidimos dar un paso más y concretar con otro amigo conocido por Facebook en una cuenta especial para ese tipo de estilo de vida.

    Conocimos a un chico que nos pareció muy educado y ameno, después de chatear con él en algunas ocasiones concretamos una cita.

    El chico tenia carro, y desde el momento que llegamos al punto de encuentro y vimos el carro se nos despertó mil y una morbosidad riéndonos, ella iba con unos leggings medio transparente color negro, una blusa en tiritas sin brasier que dejaban ver sus pezones deliciosos, y una casaca para el frio y unos zapatos de taco que le daba el toque de putita.

    Nuestro amigo, se bajó cortésmente del carro, nos saludó educadamente y nos invitó a subir a su carro, mi esposa sin decirle nada subió directamente al lado del copiloto, ósea al costado de nuestro amigo, y yo como buen cornudo atrás mirando la escena.

    Nuestro amigo se encargó que la conversación fuera de los 3 y no me dejo de lado en ningún momento, algo que nos dio confianza e hizo química en el ambiente, nos fuimos con el carro paseando conversando y de pronto se detuvo en un parqueo, en la que se encontraba una licorería, y nos propuso tomarnos uno o dos vinos, lo cual aceptamos con gusto y ánimos.

    Mientras nuestro amigo compraba le preguntaba a mi esposa ¿qué tal lo encontraba? Y me contesto, que estaba bueno, estaba simpático y le dije que haga lo que ella quiera y si quiere tener sexo con él, pues adelante, yo te amo y me excita la idea que otro hombre te posea, y me dijo yo también así que vamos a ver cómo nos va.

    Regresando de comprar los vinos, la conversación se hizo más amena aun, preguntándonos del tiempo que hacíamos el cuckold entre otras cosas parecidas a esas, después en el segundo vino, ya todos un poco calientes por el licor, comienza a piropear a mi esposa, decirme lo buena, sexy y hermosa que era, lo cual le dije: amigo, hoy es toda tuya, entonces la miro directo a las ojos y ella sonrió, a lo que él se acerca y comienza a besarla a la boca y yo cerca viendo el espectáculo, pude ver como se besaban con todo y lengua, se lamian prácticamente sus lenguas, a lo que comenzó a bajar su mano nuestro amigo y metió dentro del leggings de Julissa directo a su vagina a lo que ella aun besando a nuestro amigo, entre beso y beso comenzó a gemir, a lo que le digo al oído, bájate un poco el pantalón para que te masturbe bien, así que obediente eso hizo, se bajó el leggings hasta la altura de su muslo a lo que nuestro migo pudo meter con mayor profundidad su dedo y masturbar a mi esposa.

    Mientras hacía eso, ella locamente excitada, mas el efecto del vino, busco el cierre de su pantalón de nuestro amigo, lo abrió con todo y botón sacando su miembro ya erecto y húmedo, y sin invitación de frente se agacho a mamárselo mientras el gemía y le decía que esa noche será su putita.

    Entonces nos dijo si queríamos ir a un cuarto para estar mas cómodos, a lo que mi Yulissa dejando de mamar me miro y me dijo que si, así que se acomodaron la ropa y fuimos en camino a un hotel con cochera.

    Para entrar me ordenaron que me esconda entre los asientos para que vean que solo entran 2 personas, Yulissa con su amigo, y lo hice obedientemente, y al ingresar esperando el registro, oía como se reían y se besaban, lo cual me excitaba terriblemente.

    El cuarto estaba en un segundo piso, y la cochera estaba bajo de él, así que salimos del carro y mientras subíamos la escalera, nuestro amigo manoseaba las nalgas de mi mujer con total lujuria.

    Al llegar al cuarto, nos pusimos cómodos y mientras daba una vista al cuarto al voltear, ya se estaban besando Yulissa con nuestro amigo, y mientras la besaba le iba sacando la casaca, después la blusa dejando al aire sus ricas tetas las cuales comenzó a chupárselos, saborearlas y lamerlas, Yulissa sostenía su cabeza mientras se las chupaban mientras yo estaba totalmente excitado, para ayudar me acerque y le baje el leggings a Yulissa y como está sin calzón fue más fácil, le saque todo hasta los zapatos, dejándola calatita para nuestro amigo.

    Nuestro amigo se sacó el polo, y el pantalón, dejándose el bóxer que ya mostraba bien parado su pene, y comenzó a masturbar a Yulissa mientras le chupaba las tetas, todo parados ambos yo viendo algo apartado, hasta que ella le dijo vamos a la cama, entonces me dijo ya vengo que iba a traer condones a su carro, ¿se fue en solo bóxer así que eché en la cama a Yulissa y le pregunté si se lo quería comer?, y me dijo si, que quería ser suya como una putita.

    Al llegar puso a mi mujer en cuatro en la cama y comenzó a meter su lengua en su vagina, lamiendo todo su jugo pues ella se moja cualquier cantidad, me desnude y me eché en la cama para que me lo chupara, pero tanto fue su goce con nuestro amigo q solo me chupaba poquito, casi nada y solo me agarra mi pene fuerte y gemía sin parar.

    Entonces me aparte y nuestro amigo acomodo a Yulissa mirando hacia arriba, y él se acomodó delante de ella, se puso el condón y pude apreciar que era algo mediano como el mío, pero él lo tenía más gruesa que el mío, y de un solo empujón se lo metió hasta el fondo y Yulissa soltó un gemido tan rico que casi me viene de solo escuchar.

    Se la estaba comiendo entera, pero como no era tan grande por ratos se le salía, así que yo le agarraba el pene a nuestro amigo y se lo acomodaba en la vagina de mi mujer para que siga metiéndosela y aprovechaba para sobarle sus testículos y le venga más leche.

    Cambiaron de posición y mi mujer se puso encima, y comenzó moverse mientras él le decía: eres mi putita, ella respondía, si papi soy toda tuya dame tu leche, estuvieron así buen rato, a lo que el volvió a estar encima de ella, levantando sus piernas de mi mujer bien abiertas siguió dándole cuando me dijo, me vengo y él dijo me vengo también, bombearon fuertemente hasta que los dos se vinieron juntos seguido por un enorme beso con lengua incluida.

    Al terminar nuestro amigo se fue el baño y mu mujer me dijo, métemelo que te venga dentro, lo cual hice sin dudar y no paso ni un minuto y me vino todo de lo excitado que estaba.

    Ya después nos quedamos desnudos los 3 conversando como buenos amigos quedando pendiente una nueva cita, nos vestimos, amablemente nos llevó hasta los olivos y se fue a su casa y nosotros a la nuestra y llegando tuvimos sexo toda la noche, una gran experiencia.

    Espero les guste y disculpen si fue largo, pero quería describir con algo de detalles para que puedan imaginarse lo que pasó.

    Mi correo es [email protected]. Saludos.

  • Con Daniela elevando el nivel de placer (Parte 4)

    Con Daniela elevando el nivel de placer (Parte 4)

    Al pasarle su bolsa a Daniela me pidió que preparara el jacuzzi y mientras lo iba llenando sacó un par de cigarros que ella ya estaba consiguiendo con una vecina, según para ponerla en alcohol, tanto Daniela como Erika empezaron a fumar. Erika tosía, pero Daniela más acostumbrada lo gozaba. Daniela se puso de rodillas ante Erika y fumando le empezó a hacer sexo oral, cosa que Erika le subió sus piernas a los hombros y los pegó más a ella.

    Era el turno de Daniela, quien saco ahora ella su juguete y antes de meterlo a la conchita de Erika lo chupo, Erika no dejaba de ver a Daniela como chupaba su juguete y ella se apretaba sus tetas, se lo metió despacio la cual hizo gemir a Erika, ambas seguían fumando, Daniela le dejo el juguete adentro a Erika y la otra parte la mamaba, Erika estaba más que relajada, Daniela poniendo en forma de “U” si juguete se sentó sobre Erika poniéndole sus tetas en la boca lo cual Erika mamaba gentilmente pero yo la había acostumbrado a algo más por lo que le dijo… mámamelas más fuerte, ¡así!… dándole unas mamadas en las tetas de Erika, mordiéndolas, chupándolas, Erika ya gritaba de placer, Daniela bajo a Erika al suelo, ya había puesto una toalla en el piso y poniéndola en cuatro le mamo el culo, Daniela le metía su cara completa a su conchita y culo lo cual Erika agradecía gimiendo y gritando en ese momento los cigarros ya eran historia y sus sentidos estaban al cien.

    En cuatro Daniela le dejo ir su juguete a Erika de un golpe con sus manos lo puso en su forma original de “I” y Daniela también se puso en cuatro, se acomodó su juguete y de un golpe se lo metió, lógico también había empujado la parte de Erika la cual soltó un grito estridente, tardo un momento en sincronizarse, ya que cada una de ellas se movía a ritmos distintos y se sacaban el juguete, entre risas y gemidos se lo volvían a meter hasta que por fin tomaron ritmo sus nalgas brincaban cada vez que chocaban, Daniela me llamo con una de sus manos y poniéndome enfrente de ella empezó a mamar mi verga se la saque para darle golpes con mi verga en su cara lo cual siempre la ha gustado, solo reía y en respuesta me trataba de morder a lo que le decía… aun no.

    En un sillón junto al jacuzzi llevo a Erika la cual sentó y volviendo a acomodar su juguete en “U” se lo empezó a meter por el culo y su concha, en el estado de relajación de Erika levanto sus piernas por lo que pudo meter más rápido el juguete y Erika sostenía sus piernas con sus manos, Daniela se subió al sillón y sentándose en la cara de Erika se inclinó a seguir moviendo su juguete y mamarle el clítoris Erika le temblaban las piernas, por lo que Daniela tuvo que sostenerlas ahora con sus brazos.

    Daniela movía en círculos su cadera así pasaba toda su conchita sobre la cara de Erika la cual se veía su lengua de fuera y sin advertencia como ya es costumbre de Daniela le soltó un chorro con mucha presión a lo que Erika se estaba ahogando cosa que no le importo a Daniela y en respuesta le soltó otro y de ahí hasta vaciarse, para nuestra sorpresa Erika tomo lo más que pudo dejándola bañada.

    Se incorporó Daniela diciéndome… ayúdanos a metros amor, tengo algo para ti… me metí al jacuzzi y las ayude a entrar tomándolas de la mano, Daniela relajada pero más acostumbrada a la situación y Erika si costo más trabajo ya que ella estaba relajada, lo que seguía, así que Daniela me ayudo a meterla con calma e hincándose las dos, Daniela me sentó en la orilla del jacuzzi y me empezó a mamar la verga tomando a Erika de la cabeza la acerco a mí a lo cual entre las dos lo hacían, Daniela se enfocó en mis huevos y Erika en la cabeza, ver a estas dos maduras de rodillas ante mí era espectacular, pasando sus manos sobre sus culos y tetas.

    Erika me dijo… ¿me ayudas?… tendiéndome la mano para ponerse de pie, y ayudándola se voltea y tomando mi verga se la llevo a su culo entrando con tal facilidad, con una mano la toma de la pierna subiéndosela y con la otra una de sus tetas esperando que ninguno de los dos cayéramos, Daniela se fue al otro extremo alcanzo su juguete y viéndonos se lo metió masturbándose, Erika movía sus caderas torpemente, así que decidí meterla con cuidado al jacuzzi, recargada en la orilla la empecé a coger con sus piernas en mis brazos, solo con sus ojos cerrados me dice… dame como a Daniela… y empecé darle duro, más rápido y fuerte, diciendo Daniela… te recuerdo amiga que te la estoy prestando… lo cual me calentaba más, llegando Daniela por detrás besando mi espalda tomando mi verga ella decía por dónde meterla mientras le mamaba las tetas a Erika y yo metía mis dedos en el culo de Daniela y tomando el “strap-on” de Erika se lo puso Daniela y entre los dos nos cogíamos a Erika.

    Honestamente jamás pensé que Daniela pudiera siquiera pensar en hacer algo así con una mujer ya que no era un tema de platica, me pidió ahora que yo me recostara en la orilla del jacuzzi y metiendo mi verga en la conchita de Erika, Daniela se la metió por el culo y al momento de querer mover mi cadera Daniela me dice… ¡no! Tú no te mueves, hazlo tu… dándole una nalgada a Erika la cual empezó a moverse adelanta y atrás, en círculos mientras Daniela le abría el culo y le tiraba del cabello y yo le mamaba las tetas. Le dije a Daniela que ya quería eyacular y tomando a Erika de las nalgas le saco el strap-on y mi verga, me dijo que me pusiera de pie y que me masturbara, Daniela de inmediato abrió la boca y saco la lengua y Erika imitándola les deje ir mi leche en su boca y en su rostros y antes de tragarse mi leche, cada una lamia el rostro de la otra para quitárselo y besarse, nos metimos de lleno al jacuzzi que no dejaba de chapotear, dejamos a Erika en medio mamándole las tetas uno de cada lado y besándonos Daniela y yo, acariciándonos entre los tres, tomando vino y preparándonos para la mañana siguiente…

  • ¿Contraseña?

    ¿Contraseña?

    Recuerdo que entraste así, sin más. Tu cara era de alguien dispuesta a todo para arrancarme la contraseña de su celular.

    Estabas vestida como una reina, si es que se podía esperar menos de ti. Tus manos colgaban al lado de tus caderas, luciendo unas uñas brillantes y rojas como la sangre del diablo.

    Miraste adentro de mis ojos y pude sentir tu olor a hembra desde la cama.

    Nada dijiste con la boca, ningún ruido hiciste al acercarte. Con la puerta abierta te sentaste arriba mío, no sin antes pisarme la verga con tu pie descalzo.

    Recuerdo que te quedaste un rato en esa posición, presionando y soltando, cada vez con más fuerza.

    Tu boca hacía gestos de maldad, de una tigresa a punto de devorar a su presa. Se notaba en tus ojos, esos ojos de águila que de lejos presienten el peligro, lo anormal, lo misterioso, que les interesaba ver como se ponía dura debajo de tu pie.

    Tu olor a hembra en celo inundaba mis narinas, y podía adivinar que bajo tu falda los fluidos empezaban a escaparse de las bragas rojas que siempre me dejabas oler. Fue gracias a que te sentaste sobre mi pantalón mojado que pude sentir el jugo de tu feminidad escurriéndose por las piernas.

    En un abrazo apretado te fundiste con mi pecho. Tus hermosas tetas amortiguaron la pasión con la que parecías tragarme el alma.

    Y empezaste a menearte…

    Bailaste al compás del sexo con un disfrute nunca visto. Mi verga dura dentro de tus partes. Esas caderas que hace tanto tiempo me atraían, que hace tantos años veía pasar, ahora desnudas masajeaban mi intimidad con la gracia de un ángel.

    Montaste mi masculinidad con la fuerza de una diosa. Me arrancaste las fuerzas con la dureza del amor, que cuando se hace demasiado salvaje parece encogerse para estallar en mil chorros de fluidos compartidos. Fluidos que solo comparto contigo, en la cama de tu amigo, por la contraseña de un celular.

    Sonríe princesa, sudando y cansada como un animal. Relaja tu piel caliente en la mía, dejándote llevar. Por un sueño, por una brisa, por mis manos acariciando tu ano, tus nalgas y su suavidad. Deja que te duerma el masaje, y el mensaje quien sabe, mañana lo has de enviar.