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  • Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (3)

    Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (3)

    Por la mañana, apenas perdieron el tiempo. Se asearon rápido, con las maletas ya preparadas y desayunaron en la misma mesa de la noche anterior. El lugar se veía de una forma muy diferente. Las luces iluminaban mucho más el recinto y los susurros se habían intercambiado por conversación a un volumen mucho mayor.

    Sergio pidió sin dudar un cola-cao, algo que hizo reír a Carmen que había pedido un café. Por mucho que hubiera pensado la noche anterior que Sergio había crecido, todavía seguían siendo muy joven.

    Dio el primer sorbo de café, dándose cuenta de que la leche se había enfriado, algo que para Carmen le quitaba todo lo bueno al brebaje. Sin embargo, decidió tomarlo de esa forma, aunque su sobrino le dijo que lo cambiase, ella contestó que no era necesario, que lo tomaría así. Pero de pronto, Sergio girándose hacia el camarero le llamó la atención.

    —Perdón, le podría traer leche caliente a mi esposa, es que se le ha enfriado.

    Carmen se quedó sorprendida y arqueó una ceja en gesto de perplejidad, no por la poca vergüenza de su sobrino para exigir algo, sino por el comentario en sí. Al final, cuando el camarero se alejó unos cuantos metros, no evitó que una sonrisa muy curiosa se dibujase en su rostro.

    —¿Desde ayer sigo siendo tu esposa? ¡Eres un caradura! Y como me gusta, sin duda, te pareces a mí.

    —Ya que me confundieron con un hombre florero, pues se me ha ocurrido aparentarlo un poco y no se está nada mal. Además, que si ahora le digo “mi tía”, quedaría aún más extraño.

    —No tienes remedio hijo… y que pena que no viváis más cerca ¡Dios! Como te hubiera malcriado.

    Terminaron deprisa el desayuno y Sergio sin dejar que Carmen tocase las maletas siquiera, metió estas en el coche para acto seguido, poner rumbo hacia el pueblo. El reloj de muñeca de Carmen, marcaba las 10 de la mañana cuando el coche arrancó de nuevo pisando el asfalto. Sentada en el asiento del copiloto, con buena música de fondo y una grata compañía, se sentía dichosa, aunque el calor que comenzaba a aparecer en el ambiente cambiaría la situación.

    —No entiendo una cosa tía. ¿Cómo nos puede tomar como pareja? O sea, me refiero que sí, tenemos edades diferentes y eso, pero tampoco hemos hecho nada que nos tomara como tal, ¿no?

    —Ya te dije Sergio, los que estaban allí eran pareja. Además cariño, tampoco harías nada si estuvieras cenando con tu novia, ¿qué te ibas a comer la boca delante de todos? Como mucho te sujetas la mano, lanzas miradas y ya. En las habitaciones es donde se hacen cosas más íntimas. Y te lo vuelvo a repetir, hay cosas peores que tú y yo, una mujer como yo, aún podría ligarse a un “yogurin” —dijo con la voz llena de orgullo.

    —Que sí tía, si eso no lo dudo, pero no es lo habitual.

    —¡Ay, mi vida…! Lo habitual no siempre es lo mejor. —Sergio la miró extrañado, no entendía muy bien el significado— lo digo porque a veces el amor lo puedes encontrar en cualquier lado y con cualquier edad.

    Sergio asintió terminando la conversación, dejando que la música de la radio sonara durante un tiempo y disfrutar de ese “silencio”. Dentro del coche, aunque ninguno de los dos hablara, ambos sentían lo mismo, una comodidad que ninguna otra persona les podría proporcionar en ese momento. Ninguno de los dos entendía ese extraño sentimiento, aunque no le tenían que dar un motivo, simplemente debían disfrutarlo.

    —¿El tío cuando vuelve? —dijo Sergio rompiendo el silencio.

    —Siendo sincera, no lo sé, ni él tampoco, quizá en una semana o quizá en más, me ha dicho que las negociaciones son pesadas. —era un tema que no le agradaba tratar.

    —Cuando vuelva, si sigo aquí, me paso y así le veo.

    —Te vuelvo a decir, que si quieres puedes quedarte en casa, no hay ningún problema, no vas a ser ningún estorbo, vamos ni mucho menos.

    —No tía, de verdad, además que así cuando llegue el tío estáis solos. Después de no verle durante tanto tiempo estarás con ganas de estar con él.

    —Sí.

    No mentía. Carmen tenía ganas de estar cerca de su marido, pero en el fondo, sabía que la relación llevaba fría desde hacía muchos años y no era lo mismo. Podría decir que más que marido y mujer, eran dos conocidos que habían tomado la decisión de vivir juntos. Sergio sintió que la palabra que salía de la boca de su tía, no iba acorde con lo que sentía.

    —Aunque si quieres… el primer día lo puedo pasar contigo, además que mis amigos todavía no estarán.

    —¡Vamos, faltaría más! Es que eso lo daba por hecho. Además, que la casa es grande y cuando estoy sola se me cae encima, me muero de soledad allí dentro de verdad.

    Ya habían recorrido más de la mitad del viaje. Carmen se había quedado callada, el comentario de Sergio le removió algo por dentro. Ella y su marido no estaban bien, era un hecho. Tampoco la situación iba a desencadenar un divorcio, no tenían la edad para hacer esas cosas, o eso pensaba ella, sin embargo, la distancia que les separaba era mucho mayor de la que les unía.

    Carmen no se dio cuenta de cómo tenía el rostro. Concentrado, tenso, similar a una roca, con la vista perdida en el horizonte. Sergio al instante que la vio notó que algo no iba bien, ya que esa cara, era la misma que ponía su madre y ella solía ponerla a menudo.

    —Oye tía, ¿estás bien?

    —Sí, sí, cariño —volviendo en sí y sacando una falsa sonrisa— claro que sí, solo estaba pensando.

    —¿Puedo preguntarte en qué?

    —Nada en mis cosas, la casa, las niñas, problemas de madre ya sabes —intentó disimular.

    —Es que tienes la misma cara que pone mi madre, incluso os ponéis un poco pálidas cuando estáis así y arrugáis el entrecejo de una forma feísima.

    Carmen se miró en el espejo del coche y vio que lo que decía su sobrino era cierto. El rostro había palidecido y su moreno de piscina ahora era nada más que una sombra, era evidente que algo la pasaba. “¿Cómo no se me va a poner esta cara?”, pensaba mientras recordaba como su marido cada vez tenía más viajes. Algunos se alargaban más de la cuenta por diversos motivos, todas las dudas que le surgían en cada partida eran pocas.

    Nunca le habían dado buenas sensaciones los viajes, pero ahora con más edad y con una cabeza más madura, sabía que siempre que viajaba, aparte de negocios, pasaban más cosas. Era innegable, había pruebas que no se podían ocultar aunque ella tratara de no asumirlo.

    —No sé, me habrá dado una bajada de azúcar o algo, no te preocupes.

    Sergio tocó la pierna de su tía sintiendo que las cosas no iban bien. No podía ser solo coincidencia que las dos hermanas tuvieran el mismo gesto, si su madre lo ponía por problemas, su tía seguro que también.

    —De verdad tía, ¿Estás bien? ¿Paramos si quieres?

    —No, no, cariño, tira de verdad, todo bien.

    En su mente siempre aparecían las imágenes de su marido en un burdel, disfrutando en otro lugar lo que podía obtener en casa. “Al menos de postín, no en uno de mala muerte” se consolaba ella, mientras se lo imaginaba rodeado de sus colegas de negocios, brasileños, suecos, italianos… daba lo mismo.

    La película que se rodaba en su mente siempre era la misma, donde el teórico hombre de su vida acababa gozando de placeres que luego en casa ella no disfrutaba. ¿Cuántas veces lo había pensado estos años? No sabría decirlo, aunque cada vez era más frecuente porque sabía que era real. Se había vuelto tal rutina que siempre que le decía que tenía que marchar, Carmen lo imaginaba entrando por la puerta del club de alterne.

    Apenas tenían relaciones, algunas después de una fiesta y casi siempre cuando estaban bebidos. Le costaba horrores admitirlo, pero la imagen de Pedro con otras mujeres, seguramente mucho más jóvenes que ella, le volvía loca de rabia. Sentía tal ira, tal traición que siempre que entraba en ese bucle, acababa hundida… humillada.

    Sus ojos se humedecieron sin remedio, no podía evitarlo aunque lo intentó. Contuvo sus sentimientos luchando con todo su orgullo, no quería llorar delante de su sobrino, sin embargo la primera lágrima cayó.

    Trató rápidamente de limpiársela sin que Sergio lo notase. Pero por supuesto que Sergio se dio cuenta y sin decir nada, tomó la siguiente salida, estacionando en una gasolinera cercana.

    —¿Qué ha pasado?, ¿He dicho o hecho algo malo?

    —Por favor, mi vida, ¡No! Son cosas de tu tía, nada más.

    —Si lo dices en voz alta igual te sientes mejor, a mí me vino bien contarte lo de Marta “la zo… de mi ex”. —Carmen no pudo evitar reírse, los jóvenes pensaban que todo era tan fácil.

    Mientras miraba a su sobrino, contemplaba sus ojos llenos de infinita ternura, preocupación e interés, y entonces, la segunda lágrima descendió por su rostro.

    Pensó que podría darle una oportunidad a la idea de Sergio, estaba tan a gusto junto a él, que no era tan descabellado… ¿Por qué no?

    —No es tan fácil cariño, son cosas de pareja, tu tío y yo nos hemos distanciado y me da pena. No es que nos vallamos a divorciar ni mucho menos, pero es duro.

    —¿Es por eso entonces? —preguntó Sergio con preocupación.

    —Sí, bueno… pero, ¿qué hacemos hablando de esto Sergio?, no te quiero entretener con mis cosas de vieja loca, no te quiero dar el viaje. —rio aunque otra lágrima le recorrió el pómulo por el mismo camino que las anteriores. Uno de sus dedos la recogió para secarla en el pantalón.

    —Tía, si no te ayuda la familia ¿quién lo va a hacer?

    Carmen pasó su mano por el rostro de su sobrino con dulzura, en verdad se había convertido en un joven caballero. Se había dado cuenta en unas pocas miradas que su tía estaba afligida, que algo la devoraba por dentro y se había detenido solo para escucharla, para estar con ella en un momento de tristeza.

    La mujer se dio cuenta de que sus ojos azules, húmedos por las lágrimas lo miraban de otra forma. Al volante de ese pequeño coche, se veía tan gentil, tan puro, tan atento, tan… apuesto.

    —Eres un sol, Sergio. Es muy duro lo que te voy a decir —tragó saliva con la esperanza que las palabras no dolieran tanto— Con este distanciamiento, pienso que tu tío puede estar… —las palabras no le fluían, decirlas era más difícil que pensarlas. Por mucha saliva que tragara su garganta parecía un desierto— puede que esté en un hotel como en el que hemos estado… pero no con una sobrina, ¿me comprendes?

    —Entiendo —asintió el chico escondiendo la sorpresa por lo que escuchaba.

    —No es la primera vez que lo pienso y bueno, no es que sea con “amigas”, sino… será con… prosti… —no quería acabar la palabra. Se llevó las manos al rostro para tratar de tapar la vergüenza que sentía, no lo soportaba— no es que tenga a una enamorada en cada lugar como un marinero. Quizá eso me dolería más, pero esto… me parte el corazón.

    —No creo que sea así, el tío es buena gente.

    —Claro que lo es, pero hasta la buena gente puede hacerlo, el sexo es independiente a la personalidad de las personas. Si eres hombre sabrás que lo que tenéis ahí abajo, muchas veces piensa por sí solo.

    Eso Sergio lo entendía, ¿quién le hubiera dicho que su ex, tan buena que era con él, iba a jugársela de esa manera?, comprendía a las mil maravillas lo que Carmen le contaba. Sin contar el tema del “cerebro de abajo” ese sí que lo conocía bien y sabía lo independiente que podía a llegar a ser con el resto del cuerpo.

    —No sé cómo apoyarte tía, solo te puedo decir que no pienses en ello, que seguramente son suposiciones, nada más, ¿necesitas algo de mí?

    —¿Un abrazo? —dijo ella poniendo una media sonrisa y un rostro algo aniñado tras el fluir de las lágrimas.

    Por supuesto, su sobrino se lo dio. La rodeó con sus brazos notando el calor que su tía emanaba y como su respiración comenzaba a convertirse en sollozos. Carmen hizo lo propio rodeándole con fuerza sin querer soltarle, como si fuera su único punto de apoyo en la tierra. El joven, que no encontraba más palabras añadir, le dio un beso fraternal entre su pelo para tratar de calmarla.

    Después de un minuto ininterrumpido de estar juntos sin centímetros de por medio, Carmen se sentía realmente reconfortada, algo que no se hubiera imaginado. Se había quitado un peso de encima y era su sobrino quien la había ayudado. El efecto había sido tan rápido, algo tan sorprendente como si se tratase de dos amigos inseparables, de esos por los cuales podrías dar tu vida que ellos te la devolverían.

    Los brazos de Carmen se abrieron soltando a su sobrino y ambos se miraron con una sonrisa en el rostro. A la mujer se le disiparon las ganas de llorar y aunque tenía claro que en algún momento volverían, sentía que habían sido recluidas a lo más hondo de su ser. No quería volver a llorar por ese tema nunca más.

    Había soltado el ancla que la ataba y no la dejaba aceptar los sucesos. Esas dudas, en dos frases y en un abrazo habían sido liberadas… y casi curadas. Le seguirían doliendo, no cabía duda, pero de otra forma y de lo que estaba segura es que jamás volvería a sufrir esa angustia y dolor.

    Sin embargo, Sergio sintiendo la misma plenitud que su tía, sentía algo más. El roce del abrazo, el sentir el aroma tan cercano de Carmen, su calor, su corazón, todo, le había hecho que una parte se activara. Cuando sus cuerpos se juntaron por completo algo paso, los pechos de su tía se colocaron contra el suyo y los sintió por completo.

    No pudo evitarlo, la sangre sin pedir permiso, comenzó a bombear hacia abajo. No se permitía estropear un momento tan bonito y mientras Carmen se miraba al espejo limpiándose los últimos rastros de humedad, él se concentraba como si del peor examen se tratase para detener la erección. El cerebro de abajo…

    Salieron de su parada rumbo de nuevo a la carretera y al de un rato de conducción, justo al comienzo de un puerto, por desgracia encontraron caravana. Las obras en la calzada, solo habían dejado un carril abierto para pasar y el embotellamiento de unir tres carriles en uno, era terrible.

    Parados, con el asfalto caliente, la montonera de coches y el calor de agosto, aquello se había convertido en una parrilla. Por supuesto, con el incesante calor ya dentro con ellos, Sergio se dio cuenta por primera vez, que importante podía ser el aire acondicionado en el coche.

    —Pues nos ha tocado, ya me hice a la idea que alguna pillábamos —dijo el joven deteniendo el coche.

    —Odio las caravanas, no hay nada peor, mira que para ir a veros no me topé con ninguna.

    —Que va tía, lo peor es el calor que hace. Casi es mediodía y estoy asado.

    —Yo ya llevo sudando un buen rato… —se podía leer en su tono lo incómoda que estaba.

    El coche se encontraba parado y apenas se movía unos metros cada minuto. Los carriles pasaron de ser tres a ser dos y Sergio supuso que las obras estarían cerca, se equivocaba. Sin poder soportarlo más, se quitó la camiseta y la dejó en la parte de atrás hecha un ovillo.

    —¡¿Qué hace 50 grados?! —unos 40 podía ser, pero no tantos— No aguanto, ¡Qué calor!

    Carmen que estaba con la chaqueta puesta, se la tuvo que quitar, quedando solamente con la camisa blanca de “buena tela”. Sentía que el pantalón se le pegaba a la piel, el sudor empezaba a ser una lata, no podía con ello. Todo eso, sumado al calor que comenzaba a entrar sin parar en el coche, hizo que Carmen comenzara a tener la sensación de estar en un ataúd con ruedas.

    —Hace un calor de mil demonios —matizó.

    —Lo peor, será llegar al pueblo y que hará frío —los dos rieron— tía es verte y me da un calor… ¿No te asas?

    —Sí, pero ¿qué le voy a hacer?, por la ventanilla entra calor y el aire acondicionado solo da calor.

    —De acondicionado no tiene nada, solo es aire. Pues ponte cómoda, que vamos a estar aquí un buen rato, nos hemos duchado para nada.

    —¿Qué quieres que haga? ¿Me tiro el agua por la cabeza? —decía ella simulando con la botella cerrada que lo hacía.

    —También estará caliente… —rieron ambos. Felicidad parecía que no les faltaba. Sergio añadió— quítate algo.

    —Sí claro, me quito algo y que me vea todo el mundo, quita, quita.

    Sergio se quedó con cara de circunstancia sin entender esa vergüenza que tenía su tía. Su madre en alguna ocasión similar, se había quitado la camiseta, quedándose en sujetador delante de ellos y nadie de otros coches se fijaba, “y eso que tiene pechos para que la miren…”.

    El joven accionó el intermitente y según le dejaron paso, se colocó en el carril de la derecha, el otro que todavía seguía abierto. Quedándose sin conductores en el lado del copiloto, solo el arcén y monte virgen.

    —¿Así mejor? —preguntó el chico.

    —Que no, Sergio, ¡¿Cómo me voy a quitar la ropa?!

    —Nadie te va a ver, como mucho algún conejo, vas a ser la comidilla de los animalitos del bosque.

    —Prefiero ir así —acabó diciendo algo sonrojada sabiendo que se moriría de calor.

    —Como veas, tía, yo ahora voy mucho mejor, solo para tu información.

    No llegaron a transcurrir más de diez minutos, el coche se había vuelto una barbacoa, pareciendo incluso que se estaba mejor fuera que dentro, algo insufrible. Apenas habían avanzado 30 metros y a Carmen el sudor le caía en grandes gotas por la frente surcando sus pómulos sin que diera la sensación de inmutarse. Sin embargo, las sentía como punzadas en su rostro, no aguantaba más.

    —Es insoportable —dijo aunque su vergüenza, orgullo o algo que ni ella sabía que era, le seguía manteniendo con la camisa y el pantalón.

    —Yo he mejorado, tengo calor, pero mejor —sin la camiseta el aire ardiendo que entraba por la ventanilla no le agobiaba tanto.

    —No me mientes ¿verdad?

    —Tócame el brazo, toca —Carmen pasó la mano por donde decía su sobrino, su piel estaba cálida, pero no húmeda— ni una gota.

    —No lo aguanto, estos pantalones están calados y la camisa se me está pegando a la piel todo el rato, que sensación más… más…

    Sergio la dedicó una mirada, Carmen sabía lo que le estaba diciendo con esos ojos, sabía lo que tenía que hacer. Sin embargo por alguna razón basada en la moralidad o en a saber qué no se decidía. El muchacho se giró y buscó en su mochila mientras el coche seguía parado, sacando de ella un bañador corto que se lo pasó a Carmen.

    —Esto es lo único que tengo, tía cámbiate, hazme el favor —le dijo con voz seria.

    La mujer dudó con el bañador en la mano si hacerle caso a su sobrino. Aunque su agonía era mayor que su pudor, en un momento de decisión comenzó a desabrocharse el pantalón. Se lo bajó de manera rápida y nerviosa, pensando que en ese momento el mundo entero prestaría atención a lo que sucedía en el coche. Sin embargo al vestirse, el mundo seguía tal cual y ningún informativo prestó atención a sus piernas desnudas, su vergüenza había sido una tontería.

    —Mucho mejor —dijo resoplando— esto es otra cosa —incluso se quitó los zapatos dejando los pies al aire con todas las uñas pintadas.

    —Te lo dije, es que con ese pantalón largo te iba a dar algo. Estás muy sudada, bebe agua que a ver si te vas a deshidratar.

    Después de un trago de agua, Carmen vio que lo que le había dicho su sobrino tenía un efecto rápido, parecía que no se equivocaba con sus suposiciones y sin pensar en quien la vería esta vez, le dijo.

    —¿Tienes una camiseta holgada y que transpire, cariño?

    —Que va, si no ya me la habría puesto, todas son normales, si tuviera alguna de un equipo de futbol o esas que dan de publicidad en alguna carrera…

    —Una pena… —Carmen se apartó el pelo algo mojado del rostro y añadió— bueno, ahora mi vida, no mires, ¿vale?

    —¿Por qué?

    Carmen se alzó la camisa por los hombros y la sacó con algo de gracilidad, a pesar de que estaba mojada y la piel la intentó retener. Sergio que no había retirado la vista, no pudo evitar ver la lencería de encaje preciosa que llevaba y como sus pechos parecían tan mullidos como cuando los notó contra su cuerpo minutos atrás.

    La mirada se detuvo en el tiempo. Con anterioridad había observado los senos de su tía ocultos bajo el bañador, casi todos los veranos en la piscina de su casa echaba una ojeada. Sabía que eran bonitos, no le cabía duda. Pero en ese momento, con aquella lencería, experimentó una sensación de estar ante el mejor busto que sus ojos habían contemplado. Entendió que no tenía tanta razón al decir que ver a alguien en bañador o ropa interior es lo mismo.

    —Ostras, perdón —dijo Sergio en voz baja algo avergonzado.

    —Tranquilo, no pasa nada —le contestó Carmen ajena a esa mirada que Sergio le dedicó. Mientras se ponía la camisa estirada por encima para que no se le viera el sujetador añadió— así está mejor. No hay ni comparación, ¡Qué cambio!

    —Mira que no hacerme caso…

    —Es que hijo, una tiene su pudor —algo sonrojada.

    —Tía, no creo que nadie te mire, la gente está pendiente de cabrearse por el calor, como mucho te pondrán el ojo 1 o 2 segundos. Y si miran, pues que se alegren la vista y ya.

    Los dos siguieron callados en el coche contemplando la caravana apenas sin moverse, extendiéndose a lo lejos de forma interminable. Apenas pasaron 10 minutos, que Sergio vio la siguiente salida, algo se encendió en su mente y una gran idea surgió.

    —Tía no sé cuánto más estaremos aquí, ¿quieres hacer un alto? Total, mejor estar fuera del coche, ¿no crees?

    —¿Tienes algo en mente? —preguntó intrigada. ¡Qué bien se encontraba con el bañador y su camisa sacada!

    —Si cogemos esta salida, en 10 minutos estaremos en un pantano. Solíamos parar cuando era pequeño e íbamos a ver a la abuela. Si te apetece, nos podemos dar un chapuzón.

    —Pues… —por su mente pasó el decir que no, que le apetecía llegar a casa, pero otra Carmen salió de su encierro. Una que olvidó hace muchos años y le dijo ¿Quién te espera en casa?— ¿por qué no? Mejor que aquí vamos a estar. Que lleguemos a la tarde no importa, nadie nos espera.

    Los dos rieron y después de 20 minutos exageradamente largos, tomaron la salida para dirigirse al pantano.

    CONTINUARÁ

    ———————

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Jugando a ser puta

    Jugando a ser puta

    Estaba de pie al lado de la barra de un bar y hablando por mi teléfono móvil fingí que estaba contratando a una chica de alterne.

    -Que sea morena, ni gorda ni delgada, buen culo, tetas grande y juguetonas.

    Sara Alejandra, mi sobrina, que acababa de llegar al bar, me preguntó:

    -¿A quién le estás dando mi descripción, tío?

    -A nadie. Le decía a alguien cómo quiero la chica… No son cosas tuyas, S A.

    -Me llama S A desde niña. ¿Por qué?

    -Por abreviar.

    -Era por eso. ¿Y por qué buscas una puta? ¿La tía ya no te da todo lo que necesitas?

    Le di las llaves de mi coche, cosa que hacía los sábados, aun sabiendo que no tenía carnet de conducir. Las cogió y me preguntó:

    -¿Cuánto estás dispuesto a pagar?

    ¿Había picado? Enseguida lo iba a saber.

    -¡¿Qué?!

    -¿Que cuánto vas a pagar?

    -Un máximo de cien euros.

    -Me vendrían bien esos cien euros.

    Había logrado lo que quería. No era la primera vez que usaba aquel truco y varias veces me diera resultado. Seguí con mi rollo barato.

    -¡¿Venderías tu cuerpo por cien euros, S A?

    -Y por cincuenta también. ¿Invitas a una ginebra con tónica?

    La camarera, una rubia maciza a la que ya me había tirado, y que estaba escuchando, me preguntó:

    -¿Se lo pongo? Por cierto, hoy acabo a las doce, si os animáis…

    Se me hizo la boca agua. Le pregunté a S A:

    -¿Que dices?

    -Que cuando estoy con un hombre no quiero que me hagan sombra.

    S A le dijo algo al oído a Berta, y debió ser que se otro día le darían una alegría al cuerpo, ya que Berta le sonrió, se dio la vuelta y le preparó la ginebra con tónica. Me sonó el teléfono móvil, lo cogí, era un primo mío, le dije:

    -Ya no me hace falta, gracias.

    A saber que quedaría pensando mi primo cuando oyó lo que había dicho. Apagué el teléfono, y me preguntó S A:

    -¿Ya la tenías preparada?

    -Sí. ¿Nos vamos?

    -Cuando quieras. Conduzco yo.

    Cuando entramos en la sala de estar del piso de mi hija, piso que solo usaba en vacaciones, SA, se quitó la chaqueta, la puso en el respaldo de una silla y se acercó a mí contoneando las caderas, me echó los brazos al cuello, me besó con lengua y después, pegada a mí y oliendo a rosas y sonriendo, me quitó la chaqueta, la puse sobre la silla y me desabotonó la camisa mientras yo le desabotonaba la blusa. Me bajó la cremallera del pantalón, yo le bajé la de la falda. Volvió a rodear su cuello con mis brazos y me besó largamente. Le cogí el culo y apreté su coño contra mi polla empalmada. Me agaché, le bajé las bragas y le olí el coño. Lo olí profundamente para que el olor me quedara gravado en la mente. Me dijo:

    -¿Te gusta el olor de mi coño?

    -Es delicioso.

    Le di la vuelta, metí mi cabeza entre sus nalgas y le olí el ojete.

    -¡¿También te gusta el olor del culo?!

    -Me gusta todo de ti, bizcochito.

    Le lamí el ojete. Abrió las piernas y se inclinó. Lamiendo su ojete le quité el sujetador y magreé sus esponjosas tetas con areolas marrones y gordos pezones. Luego metí y saqué mi lengua de él… A continuación besé y lamí sus nalgas, luego se incorporó y fui lamiendo su columna vertebral hasta llegar a la nuca. Saqué el calzoncillo. Metí la polla entre sus piernas rozando sus húmedos labios y la moví hacia delante y hacia atrás al tiempo que la besaba en ambos lados del cuello, le mordía los lóbulos de las orejas y le magreaba las tetas. Giró la cabeza y la besé con pasión. Moviendo el culo hacia atrás y hacia delante, me preguntó:

    -¿Te gusta tu puta?

    -Me encanta.

    Cogió la polla con su mano derecha, la frotó en el coño, y siguió preguntando:

    -¿Pedias una puta parecida a mí físicamente a ver si al oírte me ofrecía?

    No se lo iba a negar.

    -Sí.

    -Lo sabía, sabía que querías follar conmigo.

    Se agachó un poco y metió la cabeza de la polla en su coño, el resto ya me encargué de meterla yo.

    -¿Soy cómo esperabas?

    Metiendo y sacado en su coño mojado, le respondí:

    -Mejor, mucho mejor.

    Se volvió a inclinar y le di caña, pero caña brava. Mi polla entraba y salía de aquel coño a mil por hora. S A no paraba de gemir. Se la saqué y le lamí y le folle el ojete con la lengua… Al sacar la lengua de su culo el ojete se cerraba queriéndola, atrapar, pero la lengua salía y volvía a entrar profanado su culo una y otra vez. Sus pezones ya estaban duros a más no poder. Sus gemidos ya anunciaban un orgasmo. Se le metí de nuevo en el coño y me dijo:

    -En el culo, métemela en el culo.

    Se la puse en la entrada del ojete, que se abrió y se cerró dándole la bienvenida, era cómo si la estuviera besando. Empujé y entró la cabeza en dentro de aquel precioso y duro culo. Mientras se la iba metiendo despacito, centímetro a centímetro, saqué una mano de las tetas y le acaricié el clítoris. Sus gemidos me volvieron a decir que se iba a correr. Esperé que la polla llegase al fondo, froté con celeridad su clítoris, y dijo:

    -¡Me corro!

    Se corrió cómo una bendita, y yo oyendo sus gemidos y viendo temblar sus piernas y sus tetas, se la saqué del culo, se la metí en el coño y se lo llené de leche.

    Al quitarle la polla del coño se sentó en un sofá, y sonriendo me dijo:

    -¡Qué rico me vino! Ahora toca pagar.

    -Voy por el dinero.

    No iba a ir a ninguna parte.

    -¿De verdad piensas que iba a vender mi cuerpo por cien euros? Si follo contigo es porque tengo ganas.

    -Como hablaste de pagar…

    -Con una buena mamada. Ven.

    Fui, me arrodillé delante ella, metí mi cabeza entre sus piernas y lamí su coño.

    Con cara de sorpresa, me preguntó:

    -¡¿Qué haces?!

    -Comerte el coño.

    -Está asqueroso.

    -Me gusta comerlo así, después de corrido.

    S A se recostó en el sillón, y me dijo:

    -Si te hace ilusión, come.

    Al poco de empezar a lamer su clítoris la leche de mi corrida comenzó a salir del coño junto a sus jugos. La lamí y con ella pringada lamí su clítoris de nuevo. S A gemía en bajito, y gimiendo en bajito me cogió la cabeza, me la llevó a sus tetas, y dijo:

    -¡Qué cachonda estoy!

    Lamí los duros pezones de aquellas grandes tetas con lindas areolas. Las magreé, besé, chupé y las mamé por abajo, por los lados y por arriba hasta que volvió a llevar mi cabeza a su coño, un coño que ahora estaba más que perdido. Lamí con ganas y se volvió a poner bien perra, tanto que para no correrse y gozar más del momento, me volvió a llevar la cabeza a sus tetas… Cuando me la volvió a llevar al coño estaba tan madura que al meter mi lengua en su vagina y aplastar el clítoris con ella, echó la pelvis hacia arriba y se corrió en mi boca entre fuertes sacudidas y sensuales gemidos.

    Al acabar de correrse me levanté, fui al mueble bar e hice dos ginebras con tónica. Nos las bebimos en pelotas y escuchando un LP de Queen que le había regalado a mi hija, era uno de los muchos vinilos que compara en Londres un fin de semana que pasara allí. Sentados en dos sofás uno enfrente del otro y con el vaso de tubo en la mano, le pregunté:

    -¿Tienes alguna fantasía sexual que quieras llevar a cabo?

    -Muchas. ¿Viene alguna chica a limpiar el piso?

    -Sí, una vez a la semana ventila y quita el polvo. ¿Por qué lo preguntas?

    -Porque vamos a dejar una cama perdida al follarte yo a ti.

    Poco después fuimos a la habitación de invitados. S A iba con las bragas en la mano. No le pregunté para qué las llevaba, pero no tardaría en saberlo. Mi polla estaba flácida cuando me eché boca arriba en la cama. S A mordió las bragas por un lado, tiró con las dos manos, las rompió, se metió en la cama, me vendó los ojos con ellas, y me dijo:

    -No te muevas.

    Lo primero que sentí en mis labios fue uno de sus pezones, lo lamí y chupé la teta, luego sentí el otro rozar mis labios y se lo volví a lamer y a chupar la teta, después sentí su lengua ir de un lado al otro de mis labios, quise chuparla y no me dejó, saqué la mía y me la rozó con la suya. Sentí el inconfundible olor de su coño. Un pezón jugaba con el meato de mi polla, que ya se había empalmado. Cuando su coño mojado se posó en mi boca le metí la lengua en la vagina, al sacarla la apartó. Sus pezones seguían jugando con el meato de mi polla cuando su coño se volvió a posar en mi boca, lamí los labios, el clítoris y volví a meter mi lengua dentro. Movió el coño alrededor con la lengua dentro, frotó una teta en la cabeza de mi polla y después me puso el culo en la boca, le lamí el ojete y se lo follé. Cuando mi lengua salió por enésima vez del culo lo retiró. Sentí cómo me cogía los huevos, cómo los acariciaba y como su boca chupaba mi glande… Después sentí cómo el olor a coño se alejaba. Luego fue la punta de su lengua la que recorrió mis labios, pero esta vez cada vez con más profundidad hasta que se metió en mi boca, se metió en mi boca al mismo tiempo que su coño bajaba por mi polla. Con la polla dentro y después de sacar su lengua de mi boca, me dijo:

    -Te voy a follar hasta sentir cómo tu leche sale de mi coño y baja por mis piernas.

    Sentí su coño empapado bajar y subir por mi polla con una lentitud que me ponía los pelos de punta y la polla dura cómo una roca. Tiempo después su respiración se fue acelerando, esto dio paso a sus sensuales gemidos… Comenzó a follarme más aprisa y cada vez con más fuerza. Cuando ya había una charca de jugos sobre mi pelvis, escuché:

    -¡Oooh!

    Su coño apretó y soltó mi polla y la bañó con una inmensa corrida. Varios chorros de leche salieron de mi polla y se juntaron con los jugos de su corrida. Sentí sus piernas temblar sobre las mías. Sus gemidos se ahogaron en mi boca mientras chupaba mi lengua.

    Al acabar sin quitar la polla de su coño, me dijo:

    -Tenemos que repetirlo más veces.

    -¡¿Ya te vas?!

    -Hace un par de horas que me esperan mis amigas. ¿Lo repetiremos?

    -¿Echamos el último?

    -Tiene que ser muy rápido.

    Una hora más tarde y después de correrse dos veces más, se fue con sus amigas, no sin que antes le metiera dos billetes de 50 euros en el bolsillo de la chaqueta, mal no creí que le hicieran.

    Quique.

  • Me seduce la casada

    Me seduce la casada

    Evelia fue una muy buena compañera sexual, pero todo tiene un fin y el de nosotros fue muy placentero. 

    Había pasado unos meses desde mi último encuentro sexual con ella, yo ya estaba más dedicado en otras chicas que había conocido y sobre todo en la relación que empezaba con Ivette.

    Esa vez nos topamos a la hora de salida y caminamos juntos, en eso la plática salió a relucir…

    E: ¡Desde que sales con Ivette y Estela ya no me hablas jajá!

    T: Como crees, ¡simplemente he estado ocupado!

    E: ¡Extraño los revolcones que nos damos, además Nadia ya me dijo que te fuiste con ella y no me invitaron eh!

    T: Jajá! pues ella no quiso, además tú también andas muy ocupada con ese proveedor jajá

    E: Pues ya castígame no, ¡te estas tardo!!!

    T: Si te voy a dar tu merecido.

    Comenzamos a besarnos, nos metimos en un callejón que está cerca y comenzamos a desbordar pasión, le pase la mano por todo su cuerpo mientras ella me besaba, la excitación era tal que nos empezamos a olvidar que estábamos en la calle.

    Le metí las manos en su calza y tanga y comencé a meterle los dedos en la vagina, empapaba mis dedos de sus fluidos mientras ella también me acariciaba el pene, aproveche su escote y le empecé a mamar sus pezoncitos, estábamos tan metidos en el agasaje, en eso se escuchó una sirena solo por esa razón nos separamos.

    T: ¡Casi nos ven!

    E: ¡Jajá! ¡Me excitas!

    Estábamos muy calientes así que nos fuimos a un hotel, yo sabía que esa sería la última vez que estaría en ella, así que decidí hacerlo inolvidable.

    Comenzamos con un 69, ambos nos chupábamos como locos, mi lengua entraba en su vagina mientras lamia sus ingles y tocaba su vulva con mi lengua.

    E: ¡Mmm!!! ¡Qué rica!!!

    T: ¡La depilaste!! ¡Eso me encanta!!

    Ella lamia todo el tronco de mi pito, para después tragársela hasta donde le cupiera, mientras al sacarla de su boca la raspaba con sus dientes, lamia su ano y le metía los dedos en la vagina, sus líquidos empezaron a brotar de ella y obviamente también de mí, ella se los bebía como si fuera agua.

    E: ¡Uhm!!! ¡Qué rico, ah!!!

    T: Como te mojas, ¡uhm!!

    La acosté, le tomé de las piernas y se la dejé ir con fuerza, con cada movimiento se me iba poniendo más dura y ella se mojaba más y más, la adrenalina estaba a tope le apreté el cabello y la embestía brutalmente…

    E: ¡Ah!! Métemela, que rico, ah!!

    T: Querías pito no? ¡Aquí lo tienes!!

    Me subí encima y comencé a metérsela tan rico como podía, su clítoris rizaba con todo mi tronco, Evelia aullaba como perra, la tomaba de las nalgas y la empujaba con fuerza a ella.

    Me acosté yo y ella se subió en mí, se daba de sentones sobre mi mientras al mismo tiempo yo le apretaba los pechos y le mordía los pezones, sus movimientos de cadera eran muy ricos, yo le apretaba los pechos y le jalaba el cabello.

    Tenerla si encima era un lujo, aunque ella era muy puta me podía dar el lujo de decir que a mi edad ya le había dado tremendas cogidas.

    T: Ay que rico te mueves chiquita…

    E: Si papi me encanta devorar tu verga…!

    T: ¡Atáscate, uhm!!

    E: ¡Que rico, uhm!!!

    La puse de perrito y se la dejé caer suave, poco a poco subí mi intensidad, con toda mi fuerza le daba de nalgadas y le arañaba la espalda.

    Ella mordía una almohada y arañaba las cobijas, sus gritos retumbaban en el cuarto, sus fluidos salían sin parar, en eso ya no resistí más y me vine al mismo tiempo que ella, nos quedamos pegados como perros mientras recuperábamos energía…

    E: Hay chiquito, me dejaste bien arañada y desgreñada, ¡pero que rico!

    T: Estoy empapado de ti, pero sabes, ¡quiero tu culo!

    E: Que? jajá quieres más, me vas a destrozar, pero está bien, me gusto como me la metes por ahí.

    T: Pero primero hay que lubricarnos, ven mamita, ¡mámamela como tú sabes…!

    Ella comenzó a chupármela nuevamente, mientras yo le acariciaba las nalgas y con su propia humedad, le comenzaba a estimular su ano.

    T: Si, que rico te la comes, ¡uhm!!

    E: Ni Estela, ¡ni Ivette te la comerán así!

    T: Jajá, no se sabe, ¡mejor haz lo tuyo!!

    E: Eres un canijo, uhm, ¡pero qué buena verga tienes!

    Al tener mi pito bien parado la acosté en la cama le levanté las piernas hasta que sus rodillas llegaron a sus hombros y la empecé a penetrar lentamente, me excitaba ver como mi miembro se introducía en su anito.

    E: ¡Ay!!!! Cuidado, uhm, me duele, ¡ay!!!

    T: Jajá, pero te gustara nena, ¡uhm!!

    Una vez mi pene había entrado lo suficiente comencé a moverme suave la tomaba de la cadera con una mano y con otra le acariciaba la vagina, la posición se prestaba, me agachaba para morderle los pezones.

    T: ¡Uhm!! Evelia, que rico aprietas, uhm!!

    E: ¡Ah!!! ¡Uf, me duele!

    Ella se movía lentamente, estaba claro que le dolía, pero le gustaba, le junté las dos piernas sentí como me apretó más.

    Ella jadeaba y parecía quedarse sin voz, pero yo aumentaba las velocidades de mis penetraciones, después, sin sacársela me senté en un sofá que estaba en la habitación ella se dejaba caer sobre mí, al mismo tiempo le mordía su cuello y sus tetas, ella se agarraba de mi cuello para aumentar la velocidad de sus movimientos, yo admito que gritaba, su ano me estaba deslechando.

    T: ¡Uhm!!!! Que rico, ah, no ames, ¡que rico!

    E: ¡Si no pares, ah!! ¡Qué rico, uhm!!

    T: Te voy a partir bebe, uhm!!

    E: Mi amor, ¡déjame sentirte en mi ano!!

    Sus movimientos y las palabras que nos decíamos nos excitaban más, ella me mordía y me arañaba mientras yo le hacía más grande el ano, nos besábamos como locos, nos mordíamos los labios y todo lo que teníamos a nuestro alcance.

    La puse en cuatro y abriéndole las nalgas la comencé a triturar como loco.

    La embestía con fuerza, su culo estaba muy abierto y yo la tomaba del cabello y la embestía tan fuerte como podía, hasta que ambos nos venimos juntos.

    T: ¡Que rico, uhm!!

    E: ¡Ah!!! ¡Papi, uhm!!

    Mi leche empezó a rellenar su ano, sus precipitaciones de ella me ordeñaban delicioso, ambos gritábamos mientras nuestros fluidos salpicaban todo.

    Nos recostamos un rato mientras hablábamos de lo que pasaría después, esa fue la última vez que estuve con ella, ahora recuerdo esos momentos y aun me excitan, pero lo que vino después fue mucho mejor.

    Tyson.

  • Me travestí y masturbé con las fotos de Candy

    Me travestí y masturbé con las fotos de Candy

    Abrí los ojos con incredulidad. En mis más de 20 años de travesti de closet no había revelado a nadie mi secreto, no había conversado con nadie, ni siquiera comentado ninguna foto en grupos públicos. Pero hoy allí estaban. Sus fotos venían en dos correos diferentes: unas muy discretas y otras un poco más ilustrativas.

    Luego de publicar mi último relato me contactó al correo con que lo calcé. Candy, se llama en secreto, también travesti de closet. Sin duda no escogió su nombre por casualidad, sino algún recuerdo muy profundo lo provocó. Intercambiamos algunas frases por esa herramienta de facilidad tecnológica y luego de algunos días, en un momento de soledad, sin que nadie me viera abrí mi cuenta de correo secreto, agitadamente apenas pude respirar de la emoción. No porque sea un tema romántico o de carácter amoroso, que no tiene sentido a estas alturas de la vida, sino simplemente porque sin esperarlo, yo provoqué en alguien el deseo de vestirse de mujer, acariciarse, estimularse y fotografiarse para mí.

    Pasé todo el día esperando llegar a casa para homenajear como se debe ese gesto con que me habían honrado. Llegó la noche y nos despedimos en familia para irse cada uno a dormir. Mi madre y mis hermanos a su habitación. Yo temblaba de la emoción. Cerré con llave mi recamara. No había tiempo de elegir mucho, así que me desnudé completamente y me vi al espejo de cuerpo entero del closet y busqué el lugar escondido, ese de donde saqué unas bellas sandalias doradas de medio tacón y me las puse. Es una delicia sentir sus cintas delgadas rodear y amarrar mis pies.

    Me vi al espejo de nuevo. Mis torneadas piernas, mi diminuto miembro y mi calzado hermoso. Me enfrenté a mi mismo la mirada: me había convertido en Genoveva de nuevo, sacándola de mi imaginación y del closet para que jugueteara libre.

    Vi mi cuerpo de pie en el reflejo del espejo. Mis manos comenzaron a pellizcarme los pezones con los dedos medio y pulgar, mientras el índice sobaba la punta haciendo círculos sobre ella. Sobé una pierna contra la otra. Mi agujero se empezó a humedecer y mi pene comenzó a llenarse de sangre para crecer sus apenas 6 centímetros como máximo.

    Me restregué el cabello y la cara con la mano derecha, mientras la izquierda acariciaba todo mi pecho, ombligo y piernas. Metí mi dedo medio a mi boca y lo mamé con lengua y saliva. Iba enloqueciendo cada vez más.

    Miraba la mujer que imagino ser desnuda frente a mí en el espejo, e imaginé las fotos que Candy me mandó. Primero eran unas de por debajo de su falda. Ella se las tomó sentada, con una falda blanca y una tanga de encaje blanco/rosa: como cuando un adolescente se mete por debajo de la mesa para espiar a su hermana. Me acaricié toda. Mi piel estaba sensible al máximo.

    Imité pegado a la pared otras de las fotos, donde la vi con medias, top transparente, tanga celeste y pechos hechizos.

    Me acosté sobre la cama y continué mi juego de caricias a lo largo de mi misma. Imaginé que Candy estaba allí conmigo. Tomé la almohada e imaginé que era ella dándome un beso de lengua ardiente y enloquecida que serpenteaba dentro de mi boca. Me pellizqué de nuevo las tetillas. Acaricié con la palma de mis manos mis costados, cabello, rostro, pies en sandalias, pantorrillas y muslos.

    Cuando estaba lista al fin, cuando mi miembro estaba ya endurecido por la pasión, abrí bien las piernas y comencé a acariciarme el perineo, esa pequeña región entre el ano y los testículos. Primero arañándolo lentamente con ambas manos, jugueteando delicadamente. En un súbito arranque, mientras mi dedo índice friccionaba el perineo, violentamente tomé mis testículos, apretándolos, arañándolos, exprimiéndolos; y, mientras eso ocurría, subí la mano izquierda y apreté el cuello de mi verga dura y chiquita, descapotando con rudeza la cabeza del miembro.

    Cambié a la mano derecha para que esta agitara en irrefrenable masturbación mi pene. La mano izquierda bajó, como Candy imaginé que lo haría si estuviera vestida de mujer sobre mí, y abriendo mas las piernas, mis dedos acariciaron el perineo y bajaron a mi ano. Estaba muy caliente, deseaba el momento. Me sentía tan mujer con mis sandalias puestas, de modo que me metí el dedo índice dentro de mi culo. Se sentía delicioso: Yo desnuda, como una princesa, fantaseando con ser penetrada por otra travesti de closet como yo, metiéndome el dedo entre el ano, masturbándome duro mi pequeña verga.

    Cambié de posición mi brazo y ahora desde debajo de la nalga me metí el dedo medio. Lo hacía fuertemente. Me imaginé a Candy sobre mi penetrándome duro y rico. Arremetí mas fuerte el sube y baja de mi mano con la que me masturbaba. Comencé a gemir incontrolablemente. Pasé dándome placer así buen tiempo, a decir verdad, mucho tiempo, hasta que llegó el momento. Recordé una foto de Candy en la que está de espaldas, con su pecho contra la pared, con un delicioso vestido y en la cual por debajo de su tanga se puede ver algo de sus testículos. Con esa imagen en mente esforcé mas mi masturbación y allí vino esa sensación: recorrió como un rayo desde mis pies hasta mi cabeza y regresó a mi área genital, era un hormigueo caliente electrizante en todo el cuerpo.

    En mi recto y ano se produjeron múltiples contracciones, que subieron por mi perineo y como una botella agitada de refresco de cola, sentí una sensación espumeante en la base de mis testículos que subió hasta el cuello de mi verga y finalmente a la cabeza de esta. Un latigazo quemante interno fue lo que sentí cuando un chorro hirviente de semen salió de mi miembro, llegando hasta la altura de mis tetillas, agité rápidamente de nuevo y otros tres chorros de leche me salieron, mientras el agujero de mi ano convulsionaba incontrolable. Tomé el semen y lo embarré en mi cara, imaginando que era el de Candy que me lo vertía en ella. Me dejé el dedo dentro.

    Si bien había sido una masturbada espectacular, la noche no terminó allí. Me masturbé 4 veces más. Ya no había semen, ya no podía mantener la erección, pero mi cuerpo quería otra vez sentir el placer de un orgasmo, provocado por esas fotos donde una travesti de closet como yo, se vistió, masturbó y posó para su cámara en mi honor y para mí.

    [email protected].

  • Entre ella y yo dominamos a mi novia

    Entre ella y yo dominamos a mi novia

    Mi novia Andrea es una mujer increíble, buenas caderas, buen culo y, últimamente, un deseo sexual que nos ha llevado a experimentar muchas cosas. La primera vez que introducimos otra mujer en el plano sexual estábamos muy nerviosos por lo que eso podría haber causado en la relación, pero las cosas salieron bien, demasiado bien diría yo…

    Recuerdo la vez en la que estábamos en un bar y yo estaba besando a otra chica, ella no quiso unirse, solo nos veía con una sonrisa congelada en el rostro. Las fantasías de dominación de mi novia de hecho han puesto la relación en un nivel en donde no creí llegar, pero últimamente ella necesitaba esos estímulos para poder venirse, entonces ella me propuso otro riesgo interesante.

    -Gracias por tomar mi confesión como lo hiciste, para ser sincera tenía mucho miedo de decir que quería verte con otra mujer. No quería que me mintieras, solo que la idea me volvía muy cachonda y ahora tengo la confianza de decirte lo que quieras.

    -Tienes algo más en mente? -La miré a la cara mientras le acariciaba el pelo acostados sin ningún tipo de pijama puesta.

    -Hay alguna de mis amigas que te gustaría cogerte? No estoy segura de esto, pero si somos discretos eso podría ser algo interesante.

    -Una de tus amigas? Eso no sería muy arriesgado?

    -Me da miedo que se den cuenta, sí. Pero por otra parte me excita mucho la idea…

    -Mmm, Rebeca.

    -Ella es bastante sexy, qué te gusta de ella?

    Me puse encima de ella y mientras la besaba le describía detalle a detalle lo que su amiga destacaba, un vientre marcado, 2 piernas rellenas con las que podría estrangularte, delgada y con curvas marcadas que hacían relucir sus tetas que aunque pequeñas siempre parecían rebotar de un lado a otro y un trasero redondo que se llevaba las miradas de todos los hombres. Penetraba a mi novia y decía el nombre de su amiga, por primera vez vi como Andrea llego a venirse en un aproximado de 2 minutos, nunca la había visto así de cachonda.

    …………………

    Los días pasaron y la fantasía no había vuelto a ser discutida hasta que un día encontré a Rebbeca en un restaurante cerca de donde trabajo, estaba con un grupo de amigas algo ebria, pero no lo suficiente para que me reconociera, ella me saludo y me invitó a acompañarlas, aunque yo no podía le dije que podíamos salir un día con Andrea. Ella aceptó.

    Al día siguiente le escribí para saber cómo estaba y ella que es una persona muy extrovertida me contó a detalle lo que hizo ese día, como saliendo del restaurante fueron a bailar y ella logró pescar a un chico con el que tuvo sexo. Rebecca sabía de sobra que yo estaba con su amiga, así que intentar algo con ella no iba a ser tan fácil para mi como para otras personas, pero el juego empezaba a gustarme a mi también.

    Andrea y yo empezamos a jugar con una serie de reuniones, íbamos de fiesta, ibamos a comer y de paseo juntos, Rebecca cada vez tenía una relación más fuerte conmigo y un día estábamos en la playa con un grupo de amistades, jugando con unas cartas que hacían conversaciones muy alzadas de tono y surgieron 2 preguntas que nos dieron una señal verde.

    -¿Has tenido un trío alguna vez? -Decía la carta

    -Sí -contestamos Andrea y yo. Seguido de la cara de sorpresa de quienes estábamos allí.

    -Bueno, Diego y yo una vez tuvimos un trio con una mujer, yo soy bisexual así que todo estaba bien. -Contestó Andrea.

    -No te da miedo compartir a tu novio? -Preguntó Rebecca.

    -Yo confío en él y la verdad es que si él quiere tener sexo con una mujer prefiero que me lo diga a que lo haga a mis espaldas… -contestó Andrea.

    La otra pregunta fue «¿Alguna vez te has acostado con el novio/a de un amigo/a?».

    -Sí -contestó Rebecca-. Fue con el novio de Mariana, pero por favor no se lo digan, la verdad es que no pude contenerme porque el chico estaba muy bueno. Yo me encargué luego de conseguirle un amante a ella para reponerlo pero nunca se lo he dicho.

    – ero solo fue una vez? -Pregunté yo.

    -La verdad es que pasó más de una vez. Soy una pésima amiga, pero ya saben que me gustan mucho las vergas y la de él estaba bastante bien. Sinceramente lo volvería a hacer porque sé que Mariana no lo quiere y en el momento estaban a punto de terminar la relación. No he vuelto a saber más de él desde entonces.

    El juego continuó, hasta que se hizo muy de noche. Rebecca estaba muy ebria para levantarse así que Andrea y yo ofrecimos a quedarnos afuera en esa playa cuidándola junto al fuego. Mientras hablábamos un poco de anécdotas y otras cosas, Rebecca dijo que se arrepentía de confesar lo de haber tenido sexo con el ex de Mariana. «Pero tenía buena verga?» preguntó mi novia. «Era como de este tamaño» le contestó su amiga con un gesto de manos.

    -La de Diego es más grande, contestó Andrea.

    -Qué bonito es el amor -dijo sarcásticamente Rebecca.

    -No es por alabarme, pero yo creo que tengo una buena verga. -Dije.

    -Cuanto te mide? -me preguntó.

    -Nunca la he medido -dije.

    -Eso me suena a que es pequeña -dijo Rebecca.

    -No lo es, es como de este tamaño dijo entre risas Andrea. Las carcajadas nerviosas siguieron hasta que ella cortó el momento diciendo. «¿Qué, no me crees? ¿Acaso necesitas verla?…

    Un momento de silencio se hizo entre los 3, a lo que irrumpí diciendo «Tal vez Rebecca tiene miedo de estar equivocada».

    -No, tengo miedo de nada. -Contestó.

    Me levanté y le dije que se la iba a enseñar, que Andrea era muy de mente abierta y podía permitirlo.

    -Muy bien… -dijo Rebecca.

    Su respuesta me dejó erecto y viendo a la cara de mi novia sonreí de forma incomoda, me acerque a su amiga y baje mi pantaloneta. Mi verga salió ya erecta, así que la acomodé a unos cuantos centímetros de su rostro, a lo que Rebecca dijo: Ok, tú ganas, buena polla.

    Me la guardé y siguió una pregunta que nos dejó sin habla…

    -Ustedes tienen una relación abierta o como es el asunto con ustedes?

    Ambos intentamos evadir la respuesta, pero Andrea finalmente le contó la verdad con la única condición de que ella no podía decirle nada a nadie. Le contó sobre nuestros últimos meses, sobre como yo había tenido relaciones con unas 2 mujeres, sobre como eso le gustaba a Andrea y sobre que esto era un tanto caliente para ella.

    -Sí sabes que yo no soy bi, verdad Andrea?

    -Yo la verdad es que con ver no tendría problema. Contestó mi novia.

    Rebecca se rio y con una sonrisa se abalanzó sobre mi. Me dio un beso y con su mano me tocó la verga. «Podríamos divertirnos» dijo.

    ………………………..

    Los días siguientes a ese viaje, Rebecca estuvo escribiéndome por mensaje y un día me llamó ebria a las 12 de la medianoche, preguntándome si quería ir a coger con ella. Andrea lo permitió mientras le contestara los mensajes.

    Cuando llegué la vi con unas licras negras y un abrigo. Nos besamos y pude sentir sus pezones a través del abrigo, solo pensando que mi novia estaría en nuestra casa masturbándose, me ponía más cachondo de lo normal. Me puse de rodillas y bajándole las licras y las bragas empecé a lamer cada centímetro de ella. Acordándome de Andrea, le pasé mi teléfono a Rebeca y le dije que grabara. Ella temblaba pero intentaba enfocar como yo me la comía entera.

    Ese día tuve uno de los mejores polvos de mi vida. Llegué al día siguiente a la casa y empecé a penetrar a mi novia mientras le contaba cómo me había follado de 4 a su amiga y como ella había tenido orgasmos mientras yo le lamía el coño.

    Andrea se estremecía y me pedía más detalle. Pero yo no podía hacer más que demostrarle lo que había hecho.

    Los días siguientes escuchaba a mi novia masturbándose con el vídeo y sabíamos que esto apenas estaba empezando.

    Un día invité a Rebeca a cenar solo con nosotros y hablar sobre lo que había ocurrido. Terminamos de comer y ya estábamos calientes. Me puse de pie para darle un beso a ella, pero ella lo interrumpió con una pregunta.

    «Andrea, te gusta la movida esta de la dominación?

    -Sí. -Respondió ella.

    Rebecca se puso de pie y nos llevó al sillón. Andrea se sentó frente a nosotros. Yo me quité la ropa y Rebecca sin quitarle la mirada a mi novia, comenzó a cabalgarme. Andrea se masturbaba mientras Rebecca subía y bajaba.

    Luego de un rato empecé a penetrarla más duro a cuatro patas mientras miraba fijamente a mi novia y le sonreía. Ella estaba todavía con una blusa y unas bragas tocándose frente a nosotros. «Quítate las bragas», le ordené. Ella obedeció y dejo a la vista su parte completamente depilada, su amiga le empezó a hablar y le dijo que se tapara los ojos con su blusa. Ella obedeció

    Los gemidos incrementaron y solo pude ver como mi novia tenía un orgasmo intenso, Rebecca le siguió y de último yo me vine en su boca.

    Andrea se acercó y besó a Rebecca quién se apartó. Ambas tenían la cara llena de mi semen y no pudimos hacer otra cosa que compartir unas risas. Porque sabíamos que aquello era solo el inicio.

  • El pacto

    El pacto

    Rebeca yacía acostada boca abajo sobre el sofá. Desnuda, meneaba levemente las caderas con impaciencia. Sus pechos se apoyaban suavemente sobre el cuero fino y la brisa tibia que recorría la habitación le acariciaba la espalda, erizándole la piel. Estaba sola. Sentía la ansiedad erótica de saberse lista, pero desconocer cuándo sucedería, la paradójica mezcla del miedo junto con el deseo. Cerró los ojos y pensó cómo sería esta vez. Si fuese creciendo en morbo como la última, entonces esta vez sería aún más intensa, más salvaje y dolorosa. Frunció las cejas con cierta angustia y recogió su pelo largo y castaño con las dos manos, haciéndolo a un lado. Se dispuso a relajarse y asumir la incertidumbre. Sus labios se secaron y los humedeció rápidamente con la lengua.

    Escuchó una vibración que la despertó del ensueño. En el móvil sobre la mesa de vidrio había un mensaje de Gabriel.

    –“Estoy subiendo.»

    Se acomodó nuevamente. Recogió su pelo como antes y esta vez lo posó atrás, dibujando una línea recta sobre su columna. Pensó en el peligro, en si realmente estaba segura de todo esto, si esta idea insólita no había durado ya mucho y era tiempo de terminarla. Se miró las manos al notar que comenzaban a sudarle.

    De pronto, cuando el silencio empezaba a colmarle los nervios, unos pasos firmes retumbaron en el pasillo. Primero despacio en la lejanía, luego cercanos, tan próximos y fuertes que su irrupción era inminente. Rebeca irguió la cabeza involuntariamente y miró al vacío con los ojos abiertos de par en par. Inspiró por la boca y lanzó al aire un suspiro corto y aterrador. Su cuerpo desnudo la traicionaba. Sus pezones duros se incrustaban incómodamente sobre el sofá y sus glúteos se habían ido separando poco a poco sin que se diera cuenta. Ya estaba húmeda.

    Gabriel abrió la puerta. Dio un paso hacia adelante, se dio media vuelta y cerró la habitación. Se tomó un momento para mover el cuello de forma circular a modo de relajación. Se acercó a la mesa de vidrio donde estaba el móvil de Rebeca y colocó el suyo, ignorándola. Llevaba un traje azul de lino perfectamente confeccionado para su cuerpo y unos zapatos brillantes de charol. Se deshizo del saco y se dirigió al baño.

    Frente al espejo, abrió el grifo del agua, se arremangó la camisa y se miró fijamente. Tenía el rostro de un antiguo dios griego inmortalizado en la piedra. El mentón prominente rasurado con maestría sobre la tez blanca. La nariz grande y recta bajo unos ojos color avellana que enternecían su mirada punzante. Lavó sus manos y luego las secó meticulosamente.

    Volvió a la habitación donde se encontraba Rebeca, y esta vez sí la miró. Notó su cuerpo desnudo como lo había hecho en otras ocasiones pero esta vez, saboreó con los ojos las caderas anchas, las piernas elegantes y la piel morena, suave y desprotegida. Se acercó despacio. Rebeca no se atrevía a mirarlo, sentía la culpa de lo inmoral junto al impulso irrefrenable de permanecer.

    -Me destrozaste hoy en tribunales –dijo Gabriel, sereno, invadiendo cada vez más el espacio de Rebeca–. El juicio probablemente esté perdido, y todo gracias a ti.

    Se sentó de cuclillas frente al sofá, quedando casi a la altura de Rebeca. Agachado y pensativo, le acercó el rostro a la oreja, como para que escuche su respiración. Ella tragó saliva sin voltear un ápice la cabeza. Gabriel abrió la boca para decir algo más pero se arrepintió. Su cerebro ya estaba cansado de las palabras, y una pulsión primal empezaba a recorrerle el cuerpo.

    Levantó su mano derecha y la posó sobre la espalda baja de Rebeca. Ella sintió un escalofrío seguido de un espasmo involuntario que provocó una sonrisa altanera en él. La mano robusta de Gabriel subió lentamente por el surco de la columna, acariciando la piel estremecida con suavidad. Al llegar a la nuca, Rebeca cerró los ojos y lo disfrutó. Pensó en un instante en los besos y las caricias tiernas de los enamorados, y en el romance y la dulzura con que se tocan los amantes compasivos. Pero Gabriel tenía otros planes. Con sus dedos largos y decididos, penetró en los cabellos de Rebeca hasta llegar al cuero cabelludo, luego sujetó firmemente los mechones de pelo y contorsionó la muñeca para asegurar el agarre. Una vez consolidado el control, ejerció con violencia un tirón hacia atrás. Rebeca se incorporó en contra de su voluntad, apoyándose sobre sus codos. Abrió los ojos de nuevo y se encontró mirando el techo con el rostro completamente hacia arriba.

    Su respiración se aceleró, sus manos se aferraron al sofá para ayudarla a mantener el equilibrio y estiró su cuello al límite para absorber la tensión en la cabeza. Permaneció así unos momentos, en la contradicción de resistirse por instinto y al mismo tiempo saber que no tenía sentido. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos por tolerar la agresión inicial, otro dolor empezaba a atormentarla de a poco. Era su pecho izquierdo. La otra mano de Gabriel lo había atrapado y empezaba lentamente a aplicarle presión. Tenía atenazado el pezón frágil entre el índice y el pulgar. Lo giraba, apretaba y retorcía a gusto. Jugaba con la teta indefensa de Rebeca como un depredador que se entretiene con el cuerpo abatido de su presa aun sabiendo que está viva.

    Gabriel acercó su rostro cada vez más al de Rebeca, que abría la boca con desesperación pero no emitía ningún sonido. Él sabía que sus manos eran demasiado grandes, demasiado fuertes y crueles para las pobres tetas de ella, y pretendía arrancarle un grito. Una exclamación pura y descarnada de dolor que dejara en claro su sumisión por él. Pero Rebeca no quería darle el gusto tan fácil, se negaba a la idea de que fuese sometida solo con una mano en el cabello y otra en el pecho.

    Gabriel se dio cuenta que se resistía a gritar, y tomó esta rebeldía como una insolencia. Se mojó los labios para hablar y mostró una expresión tan sádica en su rostro que atemorizaba.

    –La mujer más brillante que conozco –dijo enojado–, es, en este preciso momento, una putita ingrata de mierda y voy a hacer lo que quiera con ella.

    Apenas terminó de pronunciar estas palabras, incrementó con saña el castigo. No se contuvo. No tuvo la más mínima compasión. Rodeó con todos sus dedos la teta ya magullada y la estrujó con una fuerza desmedida. Atrapó de nuevo el pezón pero esta vez lo estiró hacia afuera, como intentando arrancárselo del cuerpo. Rebeca sintió de golpe la punzada terrible de la furia aplicada a sus partes más sensibles, y se dejó ir, completamente vencida. Gritó, tan fuerte que pareció haber contenido una explosión de dolor en su boca. Se arqueó de forma incómoda en un reflejo inútil de preservación, y comprendió por las malas que moverse sólo hacía más brutal el martirio. Al terminar su grito desgarrador, se quedó inmóvil y murmuró unas palabras débiles con el último aliento que le quedaba.

    –Por favor… –dijo con voz casi inaudible– por favor basta.

    Gabriel no se conmovió en absoluto. Mantuvo la tortura un largo rato después de la súplica. La miró sufrir, contorsionarse inútilmente en el estado de permanente dolor controlado en absoluto por él. Eso era muy entretenido, porque sabía que ella entendía perfectamente que por más fuerte que intentara liberar su cabello y su teta maltratada, no había escapatoria. Satisfecho con su dureza, Gabriel aplicó un último minuto de presión constante, entre los espasmos y gemidos de ella, y luego la soltó de un golpe sin suavidad. Una vez libre, Rebeca se llevó las dos manos al pecho lastimado y se arrojó de vuelta sobre el sofá, totalmente boca abajo como antes. Cerró los ojos con angustia, como si el alivio hubiese llegado demasiado tarde.

    Sin mostrar rastros de arrepentimiento, Gabriel se paró y se quedó unos instantes reflexionando con su solemnidad característica. Se dio cuenta del poder que tenía, del daño profundo que podía hacer con poco esfuerzo. Este pensamiento lo estimuló. Con unos pasos certeros se colocó justo detrás de Rebeca. Ella pareció no darse cuenta, absorta en el recuerdo fresco de las cosas que había sentido. Estaba completamente indefensa, con sus nalgas levemente abiertas por el sacudón anterior y su vagina a la vista, vulnerable a cualquier perversión. Gabriel se sacó el cinturón con paciencia, luego se desabrochó los botones de la bragueta. Llevó una mano adentro del pantalón y sacó su pene. Lo tenía ya casi en la totalidad de su erección, emanando un calor visceral que latía junto con sus venas infladas. Lo apuntó hacia Rebeca y creció un poco más. Lo tenía largo, grueso y duro, como un demonio de carne que huele el miedo y la debilidad. Se preparó para el ataque. No iba a tener piedad. No iba a dar aviso ni conceder tregua. Se lo metió de un saque con una violencia despiadada.

    Rebeca sintió de inmediato la embestida feroz. Abrió los ojos lo más que pudo y emitió un alarido corto, interrumpido por la necesidad imperiosa de respirar. Cerró las piernas por reflejo, como reaccionando primero al dolor lacerante mucho antes que al placer. Contrajo los músculos internos tratando de expulsar la verga inmensa que la penetraba sin clemencia. Pero era inútil, solo lograba hacer que creciera más y más adentro suyo. Se olvidó por completo de su pecho torturado y curvó la espalda hacia arriba tratando de amortiguar el suplicio extremo de ser atravesada con tal barbaridad. Se retorció tanto que dobló hasta los últimos dedos de sus pies. No estaba lista. No esperaba encontrarse tan pronto con su punto límite.

    Gabriel estaba inmerso en un trance de dominio y salvajismo. Hacía sólo unas horas, había visto a Rebeca en su estado más serio y profesional. La había visto altiva, prolija y orgullosa, defendiendo su caso con una maestría extraordinaria. La había escuchado hablar, usar palabras técnicas y formales con completa naturalidad. Pero ahora, Rebeca no era nada de eso. Ahora se retorcía sin remedio al ser sometida como un animal. Ahora arañaba el cuero oscuro del sofá buscando aferrarse a los últimos vestigios de cordura. Ya no podía razonar, no podía articular ningún pensamiento porque no había lugar para otra cosa en su mente que la verga sádica de Gabriel partiéndola al medio.

    Cada embestida furiosa era acompañada con un grito. Cada empuje de él iba acompañado de un gemido largo y estrepitoso. Ella había aprendido de su error anterior, y a la vez, ya no podía evitarlo. De pronto, Gabriel puso sus dos manos enormes sobre el culo de Rebeca. Apretó sus glúteos con firmeza y los separó, para abrirle todavía más la vulva enrojecida de la fricción. Esto fue trascendental para ella. Justo en ese momento, en el preciso momento donde sintió su sexo maltratado y forzado hasta el límite, sintió el flechazo. Una electricidad dulce le recorrió el clítoris y la punta de las tetas, y convirtió cualquier tipo de dolor en un placer colosal. Se mojó como nunca en su vida y las extremidades le temblaron escandalosamente. Tuvo un orgasmo tan violento, que creyó haber perdido el conocimiento durante unos instantes.

    Al regresar en sí misma, notó que Gabriel se había detenido. Tenía el glande rojo y redondo unos milímetros afuera de su vagina. Ella no entendía qué estaba pasando, no entendía por qué había salido. Estaba exhausta, con todo su cuerpo entumecido y vencido, y la mente aturdida recién empezaba a funcionarle de nuevo. Tan pronto recobró la plena conciencia notó que la incertidumbre volvía a preocuparla. ¿Qué estaba esperando? ¿Por qué no había seguido hasta el final?

    De pronto, el pene enorme y caliente de Gabriel rozó apenas su vulva, y Rebeca se dio cuenta de inmediato del último tormento que le esperaba. Estaba hipersensible. El orgasmo más intenso que jamás había sentido la dejó más frágil y susceptible al ínfimo contacto, y el solo hecho de pensar en volver a soportar esa verga dura e implacable le oprimía el pecho. Pero Gabriel no iba a tener ninguna consideración. Él sabía exactamente lo que estaba pasando.

    Respiró hondo e infló el pecho fornido y ancho como un toro a punto de lanzar su última arremetida. Avanzó decidido. Penetró la vulva irritada con una estocada mortífera, castigándola de nuevo en su momento más delicado y sensible. Después bombeó y bombeó a una velocidad desmesurada, sin el más mínimo respeto a la persona que tenía enfrente. Se cogió a Rebeca de la forma más desalmada y brutal que jamás cogió a nadie. Ella gritó también como nunca lo había hecho. Pero esta vez, no fueron gritos separados en sincronía con los bombeos violentos de él, sino que fue uno solo. Una exclamación tan grande y desesperada que resonó en toda la habitación y le exprimió hasta la última gota de aire de los pulmones.

    Gabriel siguió entrando y saliendo con locura, a un ritmo casi insensato. Hasta que, en cierto punto, sintió a Rebeca más mojada, abierta y estremecida que nunca. La sintió tan sumisa y entregada a la voluntad de su verga perversa sacudiéndola sin cuidado, que finalmente sintió él también el flechazo. Se preparó para la descarga eléctrica y, por primera vez, cerró los ojos. La punta de su glande disparó toda la carga de esperma acumulada, y Rebeca sintió cómo el interior de su cuerpo se llenaba completamente de fluidos. Tan abundante fue el contenido del orgasmo que llegó a desbordarla, dejándole la vagina sucia y malograda chorreándole semen.

    Gabriel se calmó, dejó al fin el bombeo intenso y adoptó la actitud imperturbable de siempre. Mantuvo su pene erecto dentro de ella sin moverlo, inserto hasta el fondo, como descansando en los palacios del territorio conquistado. Rebeca no se atrevía a pronunciar palabra alguna, pero se preguntaba cuánto más estaría adentro suyo. Tenía miedo de hacer algún movimiento involuntario por la incomodidad, pero de todos modos estaba a dispuesta a dejarlo todo el tiempo que quisiera con tal de complacerlo. Nunca había llegado a mirarle la cara, no le había dado ni el derecho mínimo de verlo manifestar alguna emoción.

    Finalmente Gabriel abrió los ojos, la miró con indiferencia y retiró el pene. Ella sintió el vacío contraerse adentro suyo, y exclamó espontáneamente <¡Ay!> sin poder evitarlo. Él la ignoró, como si no dejara que lo distraigan tales pequeñeces. Luego se levantó el cierre de la bragueta, se puso el cinturón y buscó el saco. Tras arreglarse para salir a la calle, tomó el móvil que estaba sobre la mesa de vidrio. Lo desbloqueó y abrió la cámara. Ahí estaba Rebeca, abatida y maltrecha, boca abajo como desde un principio, con el culo redondo, macizo y castigado en primer plano. Gabriel le sacó una foto, asegurándose que no se le viera el rostro. Después abandonó la habitación y bajó por las mismas escaleras que había subido, sin decir nada.

    Rebeca se encontró sola de nuevo. Su mente estaba tan vapuleada como su cuerpo. Sus piernas todavía le temblaban y sus pulsaciones no habían bajado todavía su velocidad. Pero todo eso estaba lejos de ser su mayor preocupación. Había conocido la cara más malvada de Gabriel, su lado más cruel, y no estaba segura de qué pensar al respecto. Se angustió unos instantes y se volcó a los pensamientos más oscuros y fatalistas, como si este evento marcaría el inicio de su propia ruina. Pero poco después reaccionó, se compuso y tomó dimensión real del asunto. Era solo un juego, un viaje de peligros y emociones nuevas del que solo podría aprender a disfrutarlo. Finalmente se calmó, respiró profundo y aflojó cada músculo contraído por mucho tiempo. Pensó en Gabriel, en su voluntad inflexible, su dureza. Cerró los ojos para tomar un merecido descanso y abrazando el sofá con suavidad y ternura, sonrió.

  • Las continuas aventuras de Araceli

    Las continuas aventuras de Araceli

    Después del primer encuentro con Araceli no la podía sacar de mi cabeza, recordaba cada parte de su cuerpo, los besos y la dinámica que tuvimos en la cama parecía que fuera de años y era algo que tenía que repetirse ansiando el momento de volver a vernos, por parte de ella era todo lo contrario, si bien quería la relación aún tenía que ver cómo resolver la que situación en casa, su hija curiosamente le pregunto ese día que regreso a casa en la noche que “olía raro, distinto” cosa que la ponía más nerviosa.

    Teníamos chistes “locales” entre nosotros ya que como comenté hablábamos de todo y lógico de los ex que ella a modo de burla decía que eran mis 500 mujeres y ella se “sumaba a la lista” por eso la 501 o en mi caso al ser muy atractiva de siempre le comentaba que el afortunado había sido yo al andar con una “Reyna de belleza” y lógico, yo no era el único pretendiente, pero en ese momento siento que fui el más decidido, para poder verla y que nuestra relación creciera en varias direcciones.

    Los mensajes iban y venían, de lo que le había gustado, de sus inquietudes pero el más memorable fue “me hiciste todo lo que me escribiste” a lo cual reíamos y reímos a la fecha, pusimos una nueva fecha la cual no podía dejar de pensar en el siguiente encuentro, nos vimos en el punto acordado y para variar se veía exquisita, ella sabe que tiene un culo espectacular a lo cual llevaba un pantalón muy pegado, botas, una blusa y un suéter, al vernos nos besamos ella tomándome por el cuello y yo en sus caderas, caminamos al hotel pero aun lo hacía con nervios y si bien se “supero” el hecho de entrar al hotel por las experiencias no tan gratas ahora era el hecho de “alguien que nos conozca nos vera” que si bien era una posibilidad las probabilidades eran muy pocas y tomábamos a broma esa frase.

    En la espera de la habitación podía ver ya sus ansias al morderse los labios y jugar con sus manos, nos instalamos en la habitación que daba hacia a calle lo cual no cerramos completamente la persiana dejando entrar un destello de luz y posiblemente la mirada de alguien con mejor visión y más tiempo libre, como un ritual nos besamos, nos acariciamos y me hinque para rezar por ese exquisito culo que me había mandado dios, dar gracias por lo que me iba a comer dejando ver una lencería coqueta y sexy, muy distinta a la de la primera vez y sin decir más empecé a mamar su deliciosa conchita, lo disfrutaba mucho, escucharla gemidos y mover sus cadera es una delicia mientras la mamaba le quita el calzado y le termine de bajar el pantalón y ropa interior, volteándola dejándola en cuatro y mamándole el culo, besándole las nalgas, le quite la blusa y le desabroche el bra dejando al aire esas exquisitas tetas, metiendo mis dedos entre sus piernas y masturbándola y mi otra mano en su boca la culo sentía la presión en mis dedos tanto de sus labios como de su boca ella veía mi expresión y diciendo suavemente… así te voy a hacer.

    Me quito la playera, me bajo el pantalón sentada en la cama y sacando mi verga la mamo, mil veces mejor que la vez anterior, la chupaba, pasaba su lengua, le pedí que me chupara los huevos los cuales se metió de un bocado sin dejar de masturbarme, me acostó en la cama para seguir mamando mi verga y yo meter mis dedos en su conchita, me acomode de lado para hacer un 69 y subiéndome un poco más le mame el culo dejándole una marca justo al lado del ano, me recosté en la cabecera de la cama y ella sobre mi metiendo mi verga de un sentón pase mis manos sobre sus tetas, en esta ocasión le dije que si le podía tomar unas fotos o video a lo cual con su mirada respondía con un NO, pero entre besos y el calor nos tomamos fotos y video, se veía impresionante en las imágenes.

    Me volvía loco recostarme en la cabecera de la cama y que mamara mi verga viendo en el espejo su culo reflejado al aire, cual felino iba subiendo ante mí y se sentaba en mi verga poniéndome sus tetas en mi boca, moviendo sus caderas en círculo y rápido, tomándole de sus nalgas y darle duro, ponerla en cuatro es un espectáculo increíble, verla abierta y tenerla para mí, dejándome eyacular en su conchita deliciosa.

    En la etapa de convencerla de hacer el amor una de sus preocupaciones era quedar embarazada de mí, a lo que le comenté que yo estaba operado y ya no podría embarazarla, y ya con esta situación disfrutaba mucho el hecho de sentir como se llenaba de mi leche.

    Entre acto y acto, nos descubríamos, nos veíamos cada parte de nuestro cuerpo, platicábamos reíamos, nos sentíamos revitalizados de estar juntos no había un momento que no dejáramos de tocarnos que hasta la fecha seguimos haciendo. Antes de irnos hicimos nuevamente el amor y cada vez lo hacíamos mucho mejor, nos fuimos a bañar y en esta ocasión Araceli saco un frasquito con shampoo, diciendo que la vez anterior le hicieron el comentario que “olía distinto” entonces para no levantar sospechas llevo sus propios aditamentos, nos metimos en la regadera lo cual ha sido sumamente relajante, independientemente si hacemos el amor o no, bañarnos recorrernos bajo el agua es delicioso, y a diferencia de la primera vez la pude penetrar mucho mejor ya que acoplarnos fue casi natural e instantáneo.

    Saliendo de la regadera nos empezamos a vestir lo cual pude observar que si bien traía su shampoo también llevaba un par extra de ropa interior y al preguntarle por qué la llevaba me dijo… es que pienso en algún punto me pedirás mi ropa interior y al irnos por lo menos podre ponerme algo… lo cual hizo que riera y entre risas y besos, al verla sentada y ponerse sus calzado me acerque y sacándome nuevamente mi verga se la puse en su boca, me mamaba (y aun lo hace) increíble, con mis manos le recogí el cabello y ella se dedicaba a recorrerme, para mi fortuna estábamos al lado del espejo así que tenía dos ángulos para admirar el arte que le hacía a mi verga dura, tomándola por la cabeza empecé a cogerla por la boca, veía como tenía los ojos cerrados hasta que por fin, le deje ir un chorro de mi leche en su boca, a lo cual me regreso mordiéndome la verga, solo para gritarle… ¡dientes, dientes!… abriendo su boca con una carcajada no le quedó otra más que tragarse mi leche, después termino de limpiarme la verga con su lengua lo cual era maravilloso de ver, como subía y bajaba su cabeza, su lengua jugar con mi verga y su boca ejerciendo aun presión sobre la misma. Al salir de la habitación aprendí que Araceli llevaba un par más de ropa interior (que sigue haciendo) y que ese día fue la primera vez que alguien eyaculaba en su boca y probaba y se tragaba el semen de alguien y las sorpresas seguirían…

  • Mi amiga me paga con sexo

    Mi amiga me paga con sexo

    Hola amigos, como están, hoy quiero contarles sobre una chica que me encanta.

    Tengo una amiga que se llama Ivette, ella es la mujer que más rico coge, de verdad es una diosa sexual, además esta buenísima tiene unos pies hermosos, unas piernas riquísimas un trasero paradito y durito y unas chichis grandes y paradas, con solo describirla tengo erecciones.

    Cuando usaba calzas ¡uf!, que tangas usaba, sus minifaldas entalladas resaltaban sus nalgas las cuales siempre quería tocar y su forma arrogante y a veces vulgar, me tenían bien idiota.

    Era enero del 2013, en ese año apenas tenía como un año de conocerla, ya habíamos salido muchas veces, y siempre había querido cogérmela, cada vez que podía le tomaba fotos y la abrazaba, me excitaban sus historias que contaba de su vida sexual, que mi meta era darle hasta que ya no pudiera más.

    Ella ya se había dado cuenta y creo que yo no le desagradaba tanto, ya que cuando le acariciaba las piernas o me le arrimaba no me decía nada.

    Un viernes fuimos a un bar a tomar unas cervezas, yo tenía un celular IPhone me lo acababa de comprar y a ella le gustaba mucho, apenas le habían robado el suyo.

    En medio de la plática salió el tema de los celulares y que ella quería el mío ya que le gustaba mucho, entonces me propuso que se lo vendiera.

    I: Qué onda cuanto me vas a dejar el celular

    T: ¡Pues te lo dejo en 800 pero deja que me entreguen el mío!

    I: ¿Y hasta cuando es eso?

    T: ¡Hasta julio!

    I: No manches falta mucho, ¿y no puedes adelantar el proceso?

    T: La verdad creo que no, ¡son muy payasos en eso!

    C: Pues por ese celular me cae que le vendo mi alma al diablo.

    Solo sonreí y seguimos tomando y bailando, ya en medio de la velada yo meditaba mientras la miraba con ese mallón negro que transparentaba todo su interior y su escote que llamaba mucho, que tal vez era momento de dejarme de tonterías.

    Ella solo cogía con ciertos tipos y ninguno de mi estilo, siempre estaba acompañada de mamados, de adinerados y de fantoches, yo no pertenecía a ninguno de eso, de hecho, su ex esposo era como de los tres, así que esta sería una muy buena oportunidad.

    T: ¡Sabes! hagamos un trato!

    I: ¿A ver, dime?

    T: Te regalo el celular, pero con una sola condición.

    I: ¿Cuál?

    T: ¡Quiero una noche de sexo contigo!

    Ella me miro seria y no me dijo nada, le tomo a su cerveza, me miro, miro el celular, miro todo alrededor y me dijo.

    I: Eres iguala a todos, ¡uhm!

    T: Si otros ganan por lo que hacen, ¡yo también quiero ganar!

    I: Vale, acepto, ¡pero tú paga el hotel y será en el que yo quiera y con condón!

    T: Ok, ¡vámonos de aquí!

    Pague la cuenta y nos subimos a su carro, ella manejo como 15 minutos hasta un hotel que la parecer ya era de su preferencia, pague y subimos al cuarto, sin dudarlo comencé a besarle el cuello ella un poco tímida me lo permitía, aunque no me besaba la boca ni me abrazaba estaba ida, pero yo besaba ese delicioso cuello mientras mis manos recorrían su espalda.

    T: ¿Porque tan tímida?

    I: ¡Nada!! ¡Todo bien!

    Poco a poco la recosté en la cama, le quité sus zapatos y comencé a besarle sus hermosos pies, besaba desde los dedos hasta su tobillo, mis manos ya acariciaban sus piernas, ella apretaba las cobijas con sus manos, estaba claro que se estaba controlando así que seguí excitándola.

    T: ¡Uhm!! ¿Qué pasa?

    I: ¡Ah!! ¡Nada, continua!

    Me despoje de mi playera a ella le quite su blusa, besaba su abdomen y subía mi lengua en medio de sus tetas que estaban duras y erizadas, le quite el brasear, ella traía un piercing en el pezón lo cual me excito demasiado cada que yo pasaba mi lengua sobre él, mientras con una mano comenzaba a dedearla y sentí como su vagina comenzaba a humedecerse más y más.

    Me quite el pantalón y le quite sus mallones, un par de piernas hermosas torneadas, siempre había querido comérselas, pase mi lengua desde sus dedos de los pies recorrí por sus muslos y donde más carne había, mordía suavemente mientras la despojaba de su tanga, una conchita depilada y húmeda me esperaba, inmediatamente mi lengua comenzó a beber sus jugos que brotaban de ella mientras ella gemía despacio y me agarraba el cabello.

    Yo seguí mamando y comencé a estimularle su clítoris lo lamia y lo llevaba como aspiradora a mi boca, sus gemidos subían de tono, lo que tanto había querido finalmente estaba pasando.

    I: Que rico, ¡chupas delicioso!

    T: Que concha más sabrosa tienes, ¡me encanta como sabe!

    I: Síguele, no pares, ¡uhm!

    T: ¡Ok, pero luego te va a ti…!

    Se la mame unos minutos más hasta que ella sin yo decírselo me acostó en la cama y quito mi trusa., para comenzar a mamarme la verga.

    I: Pero que rica verga tienes, ¡gruesa como me gustan!

    T: Es para ti, cómetela

    I: Suertudo, ¡uhm!!

    Ella comenzó hacerme una mamada fenomenal de esas que solo Martha mi madrastra alguna vez me hizo, pero ella no se quedaba atrás me lamia desde mis bolas hasta mi glande, bajaba mi cuerito con los dientes y succionaba delicioso, en un momento ella comenzó a devorarlo todo como si fuera una anaconda, yo la tomé de la cabeza y comencé a darle con todo.

    T: Ivette, ¡uhm!!

    I: Uhm, ¡que dureza!!

    Le acomodaba el cabello en una cola para ver mejor como mi verga entraba a su boca, ella disfrutaba, de vez en cuando respiraba al sacarle mi verga y ella darle pequeños lengüetazos.

    I: Que rica verga tienes y pensar que ha estado a mi lado todo este tiempo…

    T: Pues aquí la tienes, ¡siempre firme para ti!

    Seguí acostado ella comenzó a acomodarse para ponerse a cabalgar, introducía poco a poco mi verga en su vagina, acompañada de unos movimientos deliciosos de cadera, yo le acariciaba las piernas y jugueteaba con sus pechos ella me mordía chupaba el dedo, su vagina apretaba delicioso mi verga y sus rápidos movimientos la hacían ponerse más dura.

    Que rico era tenerla así, me fascinaba como se le veían las piernas, las apretaba, le apretaba las nalgas, le mordía los pezones, me daba gusto con su cuerpo.

    T: Que rico te mueves, ¡que vagina más rica!

    I: Me encanta tu dureza, para estar chavito coges rico, ¡sabes ocuparlo bien!

    Cambiamos de posición, la acosté en la cama y puse sus piernas en mis hombros, comencé a embestirla rápidamente, me encantaba ver sus gestos al sentir mi verga bien adentro, le besaba las tetas y sus piernas, me levantaba un poco para juntar sus piernas y besarle los pies, mientras mi verga dura seguía raspando con todo su clítoris inflado.

    I: Tyson, que rico, uhm, dámela, no pares, ¡continua!

    T: ¡Mamacita que rico aprietas, que rico te comes mi verga!

    La acosté en la cama y empecé a darle de misionero, nos besábamos muy rico, su lengua y la mía se entrelazaban fenomenal, le besaba las tetas y mis movimientos circulares la tenían gimiendo riquísimo.

    I: Tyson, ohm, como te mueves, ¡uhm!

    T: ¿te gusta?

    I: ¡Si!!! ¡No pares!

    La puse en cuatro y comencé a metérsela suavemente, me movía despacio y poco a poco subía mi velocidad, me excitaba ver como rebotaban sus nalgas en mí, le daba de nalgadas y aunque al principio no le pareció, la excitación hizo que se dejara llevar, le daba de nalgadas y le jalaba el cabello ella acompañaba mis penetraciones con movimientos de cadera.

    Le besaba la espalda, me hincaba para moverme rápido, se la sacaba y luego se la metía hasta el fondo, le apretaba las tetas, ella se movía fenomenal, estaba valiendo la pena el trato, un celular no valía esta rica cogida.

    I: Que rico, ¡me vas a hacer venir!

    T: ¡Nena eres la mejor, ya quería cocharte!

    I: Esa verga tuya la quiero exprimir, dame leche, ¡dámela!

    T: Espera, ¡aun te quiero gozar más!

    La puse boca abajo y subió su pelvis en una almohada, me empujaba suave y luego rápido, le acariciaba su rica espalda, le daba de nalgadas, ella apretaba magnifico mi verga.

    T: Ivette, que rico, uhm, estas buenísima, coges como diosa, ¡uhm!!

    I: Tú también coges rico, uhm, ¡ah!!

    T: ¡Tómala, uhm, tómala!!

    I: Que rico, me voy a venir, ¡ah!!

    Subí la velocidad de mis penetradas mientras le jalaba su cabello, ella gemía y yo también sus nalgas se sentían tan duras y ricas, sus gemidos me ponían más loco, ¡sentía que llegaría!

    Empujándome como loco sentí como salía liquido caliente de su vagina, se había venido, mientras se convulsionaba yo seguía dándole.

    I: Ah, pinche Tyson, de verdad que rico, ¡ah!!!

    T: ¡Ahí voy mamacita, ahí voy!!

    Le temblaban las piernas y todo le palpitaba, en eso ya no aguante más le saque mi verga y la puse en su cara, mi leche salía con gran fuerza, ¡ella abría la boca para recibirla!

    T: ¡Oh!!! Ivette, uhm, toma!!!

    I: Uhm, ¡que sabrosa uhm!!!

    Mi semen llego hasta sus tetas y ella gustosa lo recibía, ambos quedamos agotados nos acostamos un rato, después de una plática continuamos con nuestra noche de sexo.

    Cogimos en el sofá, parados, en la cama, en el suelo en el baño, yo me di gusto con mi amiga, la llené de semen hasta que ya no pude más y amaneció.

    I: Esto fue maravilloso, ¡uf!

    T: Valió la pena todo.

    Esa fue la primera vez que lo hice con ella, le di el teléfono, pero valió la pena, ese fue el inicio de una rica historia sexual que tuve con ella y se las compartiré poco a poco.

    Tyson.

  • ¿Serás tú, quien me la meta esta noche? o quizás tú

    ¿Serás tú, quien me la meta esta noche? o quizás tú

    «Hola, chicos y chicas.

    Que tal estáis esta noche.

    Yo, sola como todas las noches, esperándote.

    Esperando que quieras coger el teléfono y llamarme.

    Dime, de que quieres hablar hoy.

    Hola, soy Lara, tu amiga nocturna.»

    Así empezaba todas las noches mi programa de radio al filo de las dos de la mañana, un programa con un contenido sexual alto donde no había ningún tabú, conversaciones en directo con hombres y mujeres, una ventana abierta a la imaginación o las experiencias de cada uno hablando de sus logros o frustraciones de sus problemas con sus mujeres, maridos o amantes.

    Conducía el programa desde hacía más de tres años, se había hecho muy popular duplicado las audiencias año tras año, aumentando su duración de una hora a las dos horas y media de radio en directo, todo empezó cuando un antiguo amigo de la facultad me convenció para llevar a puerto aquel proyecto tan ambicioso en el que se hablara sin ningún tipo de censura del sexo con mayúsculas, en una franja horaria que no llamaba a estar despierto salvo a aquellas aves nocturnas que poco a poco empezaban a ser más.

    Estoy casada desde hace 5 años con Daniel, un hombre encantador que me hacía enormemente feliz y que desde un principio me animó y alentó para que me pusiera al frente de aquel proyecto a pesar de los comentarios que de seguro se harían de mí, de las conversaciones en las que yo me involucraría o de las fantasías sexuales de mis oyentes conmigo o de las mías con ellos, sabiendo el que las mías eran parte del show radiofónico.

    Aquel miércoles empezábamos mi programa las dos personas de siempre, José un muchacho de 25 años a los mandos técnicos y yo delante del micrófono, en la pequeña emisora nadie más a esas horas hasta las seis de la mañana, dispuesta ese día a que mis oyentes si querían fantasear que lo hicieran, pero a lo grande, las dos de la mañana, la sintonía del programa empezaba a sonar, una música suave y sensual y con una voz suave, hablando bajito solo para mi oyente, como acariciando las palabras empezaba.

    “Hoy tengo una sorpresa para vosotros, pero sshhh es un secreto, no sé si puedo confiar en vosotros, ¿puedo?

    Mi secreto es… que… me gusta demasiado el sexo con hombres y mujeres, pero hoy lo voy a enfocar en ellos, en ti y parte de mi secreto es que me gusta soñar e imaginar cómo me follas tapando mi rajita de niña buena y me gusta imaginar que alguien por ahí piensa en mí, como tú, imaginándome junto a él en su cama, en el baño de un hotel, en el vestidor de unos grandes almacenes o en… una simple piscina pública, pero follándome, quitándome la ropa despacio o a tirones, quitándome las bragas mordiéndolas con rabia o con cariño y dándome lo que tanto, tanto me gusta… una buena polla.

    Es un secreto claro esta o más que secreto es, una fantasía, pero no se la puedes contar a nadie y ahora te digo querido oyente… ¿Serás tú, quien me la meta esta noche?, o quizás tú, no lo sé, ¿quizás los dos?, no sé, pero daros prisa en decidir porque me he despertado húmeda, muy húmeda y lo que necesito, lo que necesito ya lo sabes ¿no?

    Para ayudarte a decidir aunque ya todos me conocéis os diré que soy una chica del montón, normalita poca cosa, ahora tengo el pelo largo hasta la mitad de mi espalda más o menos de un rubio oscuro clareando en las puntas, ojos grandes de color avellanado, bonita cara de niña buena con alguna pequita que otra, labios finos y algo carnosos que llaman a la lujuria, una sonrisa blanca muy bonita, delgada, de caderas no muy anchas y cintura estrecha, los pechos redondos de los que caben en tu mano para que los puedas apretar, areolas grandes y pezones puntiagudos, un culo redondito y piernas contorneadas y bonitas, mido 1,67 y peso 54 kg.

    No sé si os he ayudado a decidir, pero si no te diré que me gusta que me desnudes de pie, excitándome, sentir tu cuerpo desnudo sobre el mío abrazándome por detrás, sentir tu aliento en mi nuca mientras desabrochas mi sujetador y tus manos recorren mis pechos con suavidad, que vayas bajando poco a poco por mi cuerpo hasta mis bragas y que tus dedos empiecen a recorrer la separación de mi piel con la tela de las bragas y que despacio vayas metiendo tus dedos acariciarme el monte de Venus, mi clítoris, que descubras la humedad de mis labios y que la sientas en tus dedos, metiéndomelos en mi rajita mientras sientes mis primeros jadeos y que mi boca busque la tuya para besarte.

    Lo volveré a preguntar, ¿Serás tú, quien me la meta esta noche?, o quizás tú.

    Te diré que fuera de las ondas, soy una chica independiente, romántica y sensible que lloro por cualquier cosa, poco amiga de las redes sociales, me gusta la lectura, enamorada de la música de cualquier época, me gusta el cine, el teatro, la pintura, realmente me encanta todo lo que me haga sentir, me gusta vestir bien aunque creo que todo tiene su momento, por la mañana puedo salir muy informal y por la noche con un vestido precioso de fiesta, pero los vaqueros son mi prenda favorita, unos vaqueros que realcen mi figura, una camiseta o blusa blanca y unas zapatillas y ya estoy lista, ya el resto depende de ti.

    Sigo esperando con mis bragas mojadas que despacio voy quitándome, de momento las dejaré ahí para ti, justo ahí, donde te las imaginas ahora, bajadas solo unos centímetros dejándote ver partes de mi vulva, pero daros prisa en decidir y mientras lo hacéis te diré que.

    Me encanta lamer tu pene, me encanta un buen pene o si lo queréis más basto… me encanta comerme una buena polla, saborearla mientras te masturbo, ponerte a cien para que más tarde puedas darme lo que quiero de ti, succionar tu glande jugando con mi lengua recorriéndolo entero, metiéndolo en mi boca despacio y despacio ir bajando hasta tenerla tan dentro de mí que me llegue a la campanilla, me encanta el sabor de tu polla, subir y bajar por ella viéndote como te cambia la cara, cogerte las dos perlas que tienes con mi mano, chupándotelas, que mi lengua recorra todo el contorno de tu polla mordiéndotela con mis labios, que mi mano resbale por ella, por tu polla grande, gorda, dura, venosa, suave, acariciarte con la palma de mi mano tu glande, me encanta verla explotar, lamiendo tu semen, tragando hasta la última gota.

    Chicos sigo esperando y mientras espero mi mano va acariciando mis pechos por debajo de mi camiseta, que sepáis que tengo los pezones grandes, duros y muy sensibles, esperando que los metas en tu boca, no juguéis más y decirme ¿Serás tú, quien me la meta esta noche?, o quizás tú.

    Venga os seguiré echando una mano, me encanta que me tumbes en la cama y que me quites las bragas muy lentamente, mientras siento tus besos en mis piernas subiendo y lamiendo mis muslos, que dulcemente me separes las piernas y que pueda sentir tu aliento en mi vulva, dándole oxígeno a mis labios, haciendo crecer mi clítoris, me encanta que vayas separando mis labios menores para que puedas ver la carne rosada, suave y húmeda de mi vagina, sentir tu lengua moverse dentro de ella es uno de los mejores regalos de placer que me puedes hacer a la vez que tus dedos frotan mi clítoris o que tus dedos se metan en mi rajita y que tu lengua lama mi clítoris, quiero tener un orgasmo contigo, tener un orgasmo así, me pone tremendamente caliente y me haces ser más puta, más zorra para lo que luego pueda venir.

    Lo volveré a preguntar, ¿Serás tú, quien me la meta esta noche?, o quizás tú, decirme quien de los dos ¿lo sabéis ya?

    Mientras lo decidís os diré que me encanta sentir tu cuerpo sobre el mío, besándome con cariño y atender a esos pequeños detalles que a muchas mujeres nos gustan tanto, la suavidad del primer contacto, los juegos apasionados, sentir tu pene duro, grande y venoso acechando mi vagina, me encanta que juegues con él sobre mi clítoris, sobre mis labios, que tu glande traspase los primeros centímetros, pero no más… solo eso, los primeros centímetros de mi vagina, solo tu glande dentro de mí, que lo saques y vuelvas a jugar conmigo, excitándome, haciéndome perder la cabeza y desearte cada vez más.

    En esos momentos solo estamos tú y yo, el tiempo se para, tus manos sobre mis pechos, tus labios sobre los míos, el juego del escondite finaliza cuando la metes por fin y mi vagina esta tan mojada que siento como tu polla avanza dentro de mí, como me va llenando rozando con suavidad mis paredes y no puedo contener mis gemidos, tú ya estás dentro dispuesto a darme lo mejor de ti y yo lo mejor de mí, me gusta que me beses cuando me haces el amor, sentir tus caricias tanto dentro como fuera de mi cuerpo, me encanta contraer mi vagina y que me sientas succionándotela, me encanta el tacto de tu polla dentro de mi vagina, piel contra piel, entrando y saliendo de ella, metiéndomela hasta lo más profundo y que la dejes allí reposando, inmóvil sintiéndola palpitar mientras me sigues besando.

    Lo volveré a preguntar, ¿Serás tú, quien me la meta esta noche?, o quizás tú.

    En la cama me gusta que me folles poniéndote de rodillas y que la metas con mis piernas elevadas sobre tus hombros, que penetres profundamente en mí haciéndome gritar, que subas mi pelvis con tus manos, que sienta cada empujón, que mis pechos bailen sobre mi cuerpo mientras pierdo el control y me vuelves loca, me gusta que me folles rápido, luego lento, luego rápido y duro, luego lento y suave, tumbándote sobre mí, sintiendo tu cuerpo sudoroso sobre el mío, besándome mientras me sigues follando.

    También me gusta cabalgar sobre tu polla, metiéndola tan dentro de mí como sea posible, botando sobre ella, rápido, lenta, moviéndome de atrás adelante con mis caderas, que me sientas, que te sienta, que tu polla sienta mi vagina envolviéndola, besándola y lamiéndola con mi flujo, me encanta eso que muchos decís.

    -¡Venga nena, muévete así!

    Pero cuando te cabalgo, cuando termino de montarte, de lo que más placer me da en ese momento es que levantes tu pelvis y me empieces a follar rápidamente, metiéndola y sacándola tan rápido que poco a poco me vas desmontando en mil piezas, luego no me digáis que no os doy ideas. A si, lo olvidaba, sé que para ti es importante, no te diré que para mí no lo es, no te diré que no me gusta que me folles así, sé que es una de tus preferidas sino la que más, supongo que sabe a la que me refiero ¿no?

    Pues sí, esa es, la de follarme a cuatro patas, os diré que es perfecta para vestuarios, en la calle apoyada en un banco, en un coche, o simplemente en un árbol, en la cama yo prefiero otras, pero sí, he de reconocer que me pone muy, muy cachonda, tenerte detrás buscando y jugando con mi rajita, metiéndola despacio con tus manos en mis pechos y sobre mi clítoris, me encanta que te quedes quieto y que sea yo quien se mueva buscando la penetración mmm y cuando estas a punto la metes con tanta fuerza sujetándome de las caderas moviéndome hacia delante y hacia atrás, haciéndome caer en la cama mientras grito de placer, pero te diré que mi postura preferida para que me folles es… no, mejor no… bueno si, si me guardas el secreto…

    No, mejor no… ves ahora os entiendo cuando decís que las mujeres somos unas indecisas, que no hay quien nos entienda, que ahora si y ahora no, o que nos enfadamos sin motivo alguno, aunque eso último no es cierto, porque realmente las mujeres solo nos enfadamos “porque si, porque no, por nada, por todo y por si acaso”.

    Bueno está bien, pero guárdame el secreto, aunque lo tendrías que descubrir tú, pero bueno, realmente como más me gusta que me folles, como más disfruto y no me digas por qué es…

    No, mejor no te lo digo, mejor cuando vengas a follarme pregúntamelo.

    Así que te volveré a preguntar, ¿Serás tú, quien me la meta esta noche?, o quizás tú.

    Y ahora queridos oyentes, vamos a hacer un alto en el camino de la noche, dejemos que la oscuridad avance y que la luna con su luz nos indique el camino de estas maravillosas canciones que he elegido para ti.”

    José empezó a pinchar las cuatro canciones que habíamos elegido, el programa estaba siendo un éxito, nunca habíamos recibido tal cantidad de llamadas que se agolpaban en el contestador, alguna de ellas seleccionadas ya por José para entrar con ellos en directo a la vuelta del descanso musical, José entro como cada noche para hablar conmigo de cómo estaba yendo el programa, le notaba tenso, nervioso, balbuceaba al hablarme sin mirarme a los ojos.

    La verdad que le notaba muy caliente y excitado, le entendía por qué a mí me pasaba lo mismo, después de mi speech hasta yo estaba excitada y realmente me había mojado las bragas, entonces José casi murmullando me dejo de piedra cuando me soltó que él quería ser quien me follara aquella noche y no pude más que reírme mirándole a los ojos.

    No le di importancia, pero sabía que iba en serio y me asustaba porque yo estaba igual de excitada o más y no veía el momento para terminar el programa y correr a casa para que Daniel me hiciera el amor, faltaba una canción y media para entrar nuevamente en el aire, fue cuando me di la vuelta, recogiendo las notas de la mesa y sentir sus manos apretándome los pechos, uniendo su cuerpo al mío, notando su erección.

    Al principio me asuste, intente separarme de él, pero había algo que me lo impedía, sus manos seguían apretando mis pechos, sus labios besaban mi cuello haciendo que pequeños gemidos salieran de mi garganta, su pene se frotaba con mis nalgas y lo peor de todo que yo lo buscaba, apretándome contra él, un minuto y entraba en el aire.

    Le aparté y le dije que se marchara a su puesto, a regañadientes salió del estudio y me dio paso.

    -Hola, chicos y chicas.

    -Ya estamos de vuelta…

    -Y…

    Estaba mirando a José tras el cristal del estudio, mojando mis ganas en mis bragas, solo pensaba en estar con él y no atinaba a decir nada, José me miraba extrañado.

    -Y…

    -Y me vais a perdonar, pero todavía os tengo que dejar con unas canciones más, tenemos unos problemas técnicos, no os preocupéis de que en cinco minutos estoy con vosotros.

    En ese momento y antes de que pudiera reaccionar, tenía a José entrando por la puerta, dirigiéndose a mí mientras se iba desabrochando el cinturón del pantalón, solo me dio tiempo a levantarme de la silla cuando ya me estaba metiendo su lengua en mi boca, besándome apasionadamente a la vez que sus manos recorrían mi cuerpo levantando mi vestido hasta la cintura.

    La música sonaba, al igual que nuestros jadeos y nuestros besos, sus manos se abrían paso por mi cuerpo levantándome los brazos y sacando mi vestido, demasiada tela entre los dos y mientras él se quitaba la camiseta y el pantalón yo desabrochaba mi sujetador tirándolo, quedándose colgado en el micrófono, José estaba desnudo delante mi, busque su polla, madre mía que polla, la tenía enorme, entre jadeos, besos y caricias le pregunte.

    -Ya estás aquí, ¿eres tú entonces el que me la va a meter esta noche?

    -Si Lara, te voy a meter, te voy a meter mi polla por tu rajita de niña buena, no lo dudes y no busques más, vamos a follar.

    Su polla ya estaba dentro de mi boca cuando me dijo eso, entrando y saliendo, de cuclillas todavía con mis bragas mojadas sobre mi sexo y mis zapatos de tacón, movía con mi mano su polla metiéndomela en la boca, lamiendo su glande, mirándole, oyéndole gemir.

    -Que bien la chupas Lara, como tú decías, igual mmm joder tía que bien mmm.

    -Ven sube, no aguanto más, quiero follarte y que grites como una puta perra.

    Siempre he pensado que lo de puta perra sobra, pero por lo demás tenía razón, quería sentir aquella polla entrando en mi vagina, rozando mis paredes vaginales y que se metiera hasta el fondo, tenía la necesidad de sentir una polla llenándome, gozando de su baile en mi interior.

    José me subió a la mesa y quitándome las bragas de un tirón abrió mis piernas metiéndose entre ellas, empezó a recorrer mis labios vaginales, a meterme solo la punta de su polla, solo el glande en mi vagina para luego sacarlo y volver a recorrer mis labios hasta mi clítoris con su pene, golpeándolo, frotándose con él, yo sentada encima de la mesa, apartando como podía los papeles y le miraba como jugaba conmigo tal y como había dicho momentos antes en el speech.

    -Así Lara, así te gusta que te la meta, despacio no, jugando no, te gusta, dime te gusta.

    -Mmm, sii así José, mmm sigue así.

    Estaba tan excitada que no encontraba las palabras, jadeando viendo como José se disponía a metérmela, deseando que mi vagina saboreara aquella polla y entonces José, despacio fue introduciendo su pene en mi vagina, veía el glande desaparecer en mi interior y como el resto de su polla iba entrando deslizándose dentro de mí, estaba tremendamente mojada por mis flujos que ya salían fuera de mi rajita, como una especie de gotas blanquecinas que había lubricado toda mi vagina.

    José empezó a meter y sacar su pene, me agarro por los muslos y me los levanto subiendo con sus manos hasta mis tobillos y haciéndome caer sobre la mesa, tumbándome mientras que él seguía follándome cada vez más rápido y más fuerte, llenándome entera con esa enorme polla que calzaba mi técnico, mis pechos se movían arriba y abajo acompañando cada empujón, cada penetración que José lanzaba contra mi vagina, mis gemidos y pequeños gritos empezaron a envolver todo el estudio de radio y bastantes minutos después no tardamos en explotar los dos en un delicioso orgasmo.

    Estaba en sus manos, José había tomado buena lección de lo que yo había expresado a micrófono abierto de cómo me gustaba, de cómo me tenían que manejar para follarme, me movía como a una muñeca, follándome en todas las posturas que había descrito, llegaba la hora de cierre del programa y me la metía por detrás, con mis manos sobre la mesa, inclinada sobre ella, mis gemidos eran continuos, mis gritos cada vez más altos igual que los suyos, empujándome tan fuerte que me hizo perder el equilibrio y caer sobre la mesa, José con sus manos en mis caderas penetraba tan dentro de mí que empecé a temblar y gritar de un nuevo orgasmo y tras de mí él, con un grito de alivio, de placer, dejando su polla palpitar muy dentro de mí, sintiendo como me llenaba de su esperma caliente toda mi vagina.

    -Joder José, valla polvo, el mejor de mi vida, mejor de lo que me imaginaba.

    -Entonces ¿cumplí tus expectativas esta noche? ¿Te he follado bien?

    -Ha sido impresionante cariño, así es como me gusta.

    Esa conversación entre amantes la teníamos a la vez que nos íbamos vistiendo, llevábamos más de una hora con la música del programa puesta y la centralita echaba humo, ya era la hora de cerrar el programa y tenía que decir algo, de alguna manera tendría que disculparme con la audiencia.

    -Me vais a perdonar, pero no hemos podido solventar los problemas y tenemos que acabar, mañana os espero aquí, en tu hora bruja y seguimos hablando y no te preocupes de que soñaré contigo, imaginaré que estás aquí conmigo al igual que espero lo hagas tú conmigo, creo que te he dado muchas pistas de cómo me gusta que me… tú ya sabes no, adiós a todos un beso y hasta mañana.

    Terminaba el programa con los teléfonos echando humo, algo había pasado José me miraba con cara de preocupación detrás del cristal y entrando nuevamente en el estudio.

    -Lara creo que la he cagado.

    -José, ha estado genial, ya te he dicho que has estado genial y…

    -Que no Lara, que la he cagado joder.

    -He dejado el micro abierto, todo el tiempo ha estado abierto, lo entiendes, todo el tiempo.

    -¿Qué quieres decir?, ¿Qué… joder que me quieres decir José?

    -Pues eso Lara, que la hemos cagado, que hemos follado en directo, que todo el mundo ha sido testigo de nuestro polvo.

    -Joder José no me digas eso, ¿todo el rato?

    -Lara, digamos que hemos protagonizado el polvo del año.

    En ese momento sentí como si todo el peso del mundo me cayera encima sentándome de golpe en mi silla cuando mi teléfono no paraba de sonar, era Daniel.

    A pesar de todo el programa fue un éxito, salimos en todos los noticiarios a nivel mundial, pero repito a pesar de todo y aunque al principio fue muy duro con muchas críticas hirientes e insultos gratuitos, profesionalmente aquello disparo el programa y mi carrera a cotas muy altas, no así mi matrimonio que esa misma noche se rompía en mil pedazos.

    ______________

    No penséis mal de mí, solo que me gusta el sexo como a vosotros… Pero ssshhh es nuestro secreto.

    Hoy me despido con un beso húmedo… muy húmedo.

  • El transporte público

    El transporte público

    Me calienta imaginar a mi esposa teniendo sexo con otros hombres. La historia que le contaré la titularé:

    «El transporte público».

    Cada mañana Elizabeth se levanta muy temprano para ir al trabajo. Junto con ella me levanto y le preparo el desayuno, luego se arregla para encarar una nueva jornada laboral. Se viste muy bien, mostrando su figura.

    Es una mujer hermosa, así que no pasa desapercibida.

    Como cada mañana, ella de despide…

    —Bueno, mi amor, ya me voy a trabajar. Más tarde hablamos…

    Me da un beso, se da media vuelta y se va.

    Ese día se había puesto un vestido corto de color celeste a rayas blancas, adornados con un collar, y unas sandalias negras.

    El vestido por arriba estaba bien pegado a su torso, haciendo que sus pechos sobresalgan y tienten la mirada de cualquier hombre.

    Y de la cintura para abajo, la campana del vestido es bien holgado. Mostrando sus piernas hermosas.

    Elizabeth se veía muy apetecible.

    Sale de casa, camina hacia la esquina donde se toma el primer transporte. En esos 50 metros, se cruza con obreros que también se dirigen a su trabajo en una obra en construcción de la otra cuadra.

    La mirada de los muchachos al ver a Elizabeth hacen que cuchicheen entre ellos. Al cruzarse, uno de los hombres no aguanta y la saluda, como queriendo entablar una reacción de ella.

    —Buen dia!!! Hermosa.

    Elizabeth se sonroja, y le devuelve el saludo. Y sigue raudamente hacia la esquina.

    Por suerte viene el transporte, así que se toma el mismo rápidamente…

    A esa hora, el colectivo va un poco lleno. Sube y se dirige cómo puede hacia el fondo del micro para no quedar muy apretada por la gente.

    Elizabeth comienza a sentir el roce de las diferentes personas.

    Ella se coloca parada frente a uno de los asientos de uno, dónde estaba sentado un joven que cabeceaba como queriendo ver si se bajada o no.

    El colectivo hace unas cuadras y se encuentra con otro transporte que había tenido un desperfecto mecánico, y por ende los pasajeros de ese micro, bajaron para esperar todos juntos la próxima unidad, y que lamentablemente era el que ella viajaba.

    Los pasajeros de la unidad defectuosa suben cómo puede al transporte de Elizabeth y se llena a tope. Comienzan los apretujones.

    Justo detrás de ella se ubica un muchacho vestido con un atuendo deportivo. Con los empujones Elizabeth comienza a sentir el roce del bulto del hombre sobre su trasero.

    La situación la incomodó un poco, pero al ver que no había opción por la cantidad de gente, no se quejó y se aguantó sin decir nada.

    Con el movimiento del transporte, entre frenadas y aceleradas, el bulto de ese muchacho comenzó a rozar más el trasero de Elizabeth. El joven estaba tan pegado a su cuerpo que ambos podían sentir el calor de sus respectivos cuerpos.

    El joven tendría unos 25 años; apuesto y con las hormonas a flor de piel. Frente a él tenía a una mujer madura, muy deseable con su culo apoyado en su pija.

    El pene del muchacho con el roce, comenzó a endurecerse y a empujar la tela de su jogging.

    Elizabeth sentía como la pija del muchacho se acomodaba en la raya de su trasero.

    El joven se acomodaba cada vez más en su raya, pudiendo sentir perfectamente las formas de ese hermoso trasero, ya que el vestido era muy fino.

    Cómo salchicha en su pan de viena, la pija quedaba perfectamente al medio de su raya. El sentir aquel pene erecto en su culo la estaba excitando, dejándose llevar por la situación, y a pesar de que mucha gente los rodeaba, nadie podía ver lo que estaba sucediendo.

    El joven, ya muy caliente, metió su mano en el bolsillo para comenzar a tocarse la pija con cautela. No podía creer que esta mujer se acomodaba de apoco en su pene. Así que con su mano agarró su miembro por el bolsillo y comenzó a frotarlo al culo de Elizabeth.

    Ella, a esa altura del acontecimiento, ya sacaba su trasero para atrás como queriendo esa pija como sea.

    Frente a esta situación, el muchacho que estaba sentado, de a poco percibe lo que estaba sucediendo.

    Siempre con la cabeza mirando hacia adelante, sube la mirada hacia su costado, para ver con cautela a Elizabeth. Y se encuentra con el contorno de esos dos pechos celestes que apenas podían dejar ver la cara de ella.

    Nota que ella tenía las piernas apenas separadas y que estaba empujando levemente sobre la persona que está por detrás.

    Era evidente que la rubia quería ese bulto por detrás y lo estaba disfrutando.

    El muchacho percibe que Elizabeth se estaba excitando, veía pequeñas muecas y gestos de que eso estaba sucediendo.

    Este se comienza a calentar y quiere participar de la situación.

    El joven sentado toma coraje y de a poco y sin que nadie lo noté empieza acercar la mano entre las piernas de ella. Poco a poco con las yemas de sus dedos acaricia la piel de las piernas en forma circular. Centímetro a centímetro va subiendo suavemente sus dedos, rozando apenas la piel de Elizabeth.

    Con sorpresa, ella siente los pequeños roces de los dedos del muchacho sentado, su excitación está a pleno…

    Ella llevaba una diminuta tanga negra que por atrás se le metía por la raya de su culo y por adelante solo era un triángulo casi inexistente.

    El muchacho sentado, llegó con su mano hasta la pequeña prenda, y con los dedos comenzó a frotar suavemente los labios de su vulva, de adelante para atrás; todo por arriba de la pequeña tela de algodón. De a poco sentía como esa tela se empezaba a humedecer.

    Con uno de los dedos corre la bombacha de lado y toca sus labios carnosos que estaban empapados. Sin inconvenientes introduce el dedo mayor en esa concha caliente. Arremete una y otra vez con el dedo esa vulva empapada.

    Ella no podría creer lo que estaba viviendo. La estaban masturbando en el colectivo un desconocido mientras otro le apoyaba y le frotaba la pija en el culo…

    El morbo y el placer se apoderaron de ella.

    Se suponía que debía bajarse pero siguió viaje a donde le deparara esa situación. No podía detener ese momento de placer tan caliente.

    Mientras tanto la pija del joven que estaba por detrás ya estaba en su máxima calentura. Un gran poste duro sentía ella en su culo. La cara de Elizabeth ya no podía esconder el placer que estaba sintiendo y remordía sus labios para que no se escuchara ningún gemido de su boca. La respiración se hacía más agitada.

    —Mmmm!!

    Suspiraba tratando de que no se escuche…

    El colectivo llega a una parada donde la mayoría de la gente baja. Al quedar tan expuestos, los jóvenes dejan de apoyar y tocar a esa hembra en celo…. Pero entre miradas cómplices, uno de ellos susurra…

    —mi casa está cerca, los invito…

    Sin poner ninguna objeción se bajan unas paradas después y emprenden la caminata a la casa del muchacho. Sin decir una sola palabra, las miradas cómplices se fundían con las mismas ganas de saciar la calentura que tenían.

    A esta altura de las circunstancias, el hombre que la apoyaba, tenía la punta de la pija mojada. Y Elizabeth sentía que su bombacha estaba completamente empapada.

    Ella ya se imaginaba tener es pija enorme en su boca y saborear esa gotita preseminal, mientras el otro hombre, le chupaba bien su vulva para ser penetrada.

    Entran al departamento del hombre de vestimenta deportiva. Y sin mediar palabra, los muchachos hacen un sanguchito con Elizabeth. Uno se para adelante y el otro atrás y comienzan a toquetear a esa hembra caliente…

    El que estaba por atrás le levanta el vestido y de lo saca, y ella le baja el pantalón deportivo al que estaba por delante, Elizabeth quería ver por primera vez esa tremenda pija que la apoyo durante todo el viaje.

    —Ahí papitooo!!! Que linda y grande pija que tenés.

    —mmmm y tenés la punta mojadita!!!

    Baja su cabeza a la altura del tremendo pene y con su lengua comienza a rodear esa cabeza mojada de la pija. Finalmente comienza a chupar ese falo con mucho gusto.

    —Mmmm. Mmmm! —El hombre suspiraba de placer.

    —Que bien que chupas la pija bebé!!! Mmmm asiii, asiii. Ahhh!!

    Mientras el otro hombre después de haberle bajado la tanga, mete su cara en el trasero y comienza a chupar el culo y la concha que estaba bien lubricada por sus mismos jugos…

    El trío se fundía de placer!

    El hombre que estaba por detrás se saca su ropa y acerca su pene a la entrada empapada de la vulva hermosa. Apoya la cabeza de la pija y con un leve empujón la penetra y comienza a bombear una y otra vez.

    —Que caliente que estoy mamita!!! Sentí mi pija!! Ahhh ahhhh!! Mmmm.

    Ella seguía comiéndose la poronga del otro hombre. Su lengua jugueteaba con el glande, mientras con la mano le hacía una paja. El falo era tan grande que tranquilamente podía pajearlo y chupársela al mismo tiempo.

    Los tres se fueron a un sillón. El dueño de casa se recostó mientras Elizabeth seguí succionando esa pija sin parar. Mientras por atrás el otro joven la cogía una y otra vez. Con la palma de la mano, mientras la montaba, le daba de chirlos en el culo.

    Luego ella de incorpora y se monta al dueño de casa. Se sube cuál caballo de montar, apunta su concha hacia la pija del muchacho, la agarra con la mano y la introduce en su concha caliente.

    —ah, ahh, ahhh. Que buena pija papito!!! Y Ya quería esa chota en mi agujero.

    No aguantaba más las ganas de tener esta pija en mi concha. Me volviste loca en el colectivo.

    Elizabeth estaba realmente siendo cogida por dos desconocidos. Dos jóvenes con las pijas bien duras que se intercambiaban de posición.

    Ella era penetrada una y otra vez, una y otra vez.

    Cambian de posición varias veces. Cómo si supieran todas la posiciones del Kama Sutra.

    En un momento, se montó a uno de los hombres, y el otro se acercó por detrás de ella, se puso saliva en la punta de su pene, la apoyo en el orificio anal y de a poco fue empujando hasta que la cabeza del choto entró por completo. Estaban los dos jóvenes dentro de ella. Uno por la concha y el otro por el culo.

    —ahhhh ahhhh —gemía ella— Así asiii. Cojanme al mismo tiempo. Por el culo y por la concha!!!

    Tenía todos los agujeros llenos de esa carne erecta!

    Ellos bombeaban sin parar, mientras Elizabeth gritaba de placer.

    Eran dos muchachos jóvenes con la fortaleza a pleno. Dos verdaderos sementales… Dos bestias del sexo.

    Elizabeth ya estaba en su punto culmine de excitación casi por acabar…

    Ya no podía más de placer

    Su vientre comenzó a estremecer…

    —ahhhh, voy a acabar aaahhhh!!!

    Su cuerpo se retorció con espasmos de placer y acabó con los dos hombres dentro de ella.

    Unos segundos después los muchachos, ya muy excitados, sacan sus pijas y comienza a pajearse sobre Elizabeth para llenarla de leche!!!

    —así asii. Muchachos!!!

    Les decía, chupando una y otra pija al mismo tiempo.

    —Quiero su leche!!! Mmmm.

    Los jóvenes ya no aguantan más y primero uno y después el otro acaban con unos lechazos en las tetas de ella!!!

    —Ahhhh que lindo y calentita está la leche!!! Mmmm qué rico!!! —Decía ella…

    Finalmente, le chupa una vez más las pijas a cada uno. Sacándole las últimas gotitas de le leche!!!

    Agotados terminan fundidos sentados en un sillón… Mirándose y con una sonrisa en sus rostros…

    Esa fue una cogida memorable difícil de olvidar para ella.

    Un viaje en transporte público inolvidable!