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  • Perdón tío, me volví a coger a tu mujer

    Perdón tío, me volví a coger a tu mujer

    Les conté que me había comido a una de mis tías, eso fue a finales del 2012, esa tía muy rica de piernas que excitan y que resultó toda una puta.

    Pues iniciando el 2013 fui a visitarla, originalmente iba a ver a mi tío, pero al llegar resulta que no estaba que se había ido con mis primos a ver a nuestra abuela.

    Al abrir la puerta me miró con asombro ya que desde la vez que me la cogí en la unidad no la había visto.

    A: ¡Hijo!!! ¿Cómo estas?

    T: Hola tía vine a ver a mi tío, ¿está?

    A: Híjole tu tío fue allá con tu abuelita ¿que no sabías?

    T: No sabía y vaya que perdí 3 horas de viaje jajá, pues ni modo, me voy porque ya es tarde.

    A: No, ¡pues ya que viniste hasta acá deja te doy de cenar y descansas un poco del viaje!

    T: Está bien acepto, ¡gracias tía!

    Debo decir que ese día se veía muy bien, traía una calza negra y una blusa morada escotada, yo la miraba con morbo, mi verga poco a poco se iba endureciendo, ella saco unas cervezas y comenzamos a beber.

    A: ¿Te tomas una?

    T: Claro tía, ¡ando sediento!

    A: ¡jajá, canijo!

    T: ¡Salud!

    Esa una se convirtió en dos ya si seguimos, tomamos y tomamos hasta que poco a poco ella comenzó a soltarse, me bailaba, se me sentaba en las piernas, se empinaba frente a mí, en eso ella toco el tema.

    A: Te acuerdas de esa vez que nos pasamos y lo hicimos en la unida, ¡eso estuvo muy mal!

    T: Si lo sé, ¿pero te gusto no?

    A: ¡Mmm! me encanto, coges riquísimo, además tienes una verga rica!

    T: ¡Qué bueno que te guste mi verga!

    A: Me encanta, hasta sueño con ella, ¡jajá!

    Al mismo tiempo que decía eso ella me acariciaba la verga, y me besaba el cuello, yo le acariciaba las piernas, y las nalgas, en eso comenzamos a besarnos muy rico.

    Estábamos en la sala, yo me levante de la silla y la lleve lentamente a su sofá, me quite mi playera mientras ella me mordía y besaba mi pecho, yo poco apoco le quitaba su blusa dejando al descubierto sus tetas, yo las besaba y jugaba con sus erectos pezones, lentamente besando su abdomen comencé a quitarle su licra y saboreando ese rico par de piernas me dirigí a su pepita.

    T: ¡Me vuelves loco tía!

    A: Dime Andrea, ¡uhm!!

    T: ¡Es que tía me excita más!

    A: uhm, ¡entonces dime así!

    Ella jadeaba suavemente y yo me deleitaba con esas piernas que siempre me habían vuelto loco, comencé a chuparle sus húmedos labios vaginales, introducía mi lengua dentro de su vagina y jugueteaba con su clítoris, al mismo tiempo mis manos acariciaban sus tetas y sus ricas nalgas y poco a poco llevaba mis dedos hasta su vagina.

    Ella me apretaba la cabeza mientras jadeaba, yo ya con mis dedos dentro de ella, observaba como gozaba lo que le hacía, ella estaba ya prácticamente empapada de mi saliva y sus fluidos y yo con la verga bien parada, me puse de pie me baje el pantalón y mi bóxer, ella se sentó en el sofá e inmediatamente llevo mi verga a su boca.

    La chupaba como aspiradora, con una mano me agarraba y sobaba mis testículos y con la otra se apoyaba a meter mi verga en su boca, sentía sus dientes recorrer todo mi falo, lengüeteaba la cabecita y poco a poco lo introducía hasta su garganta.

    T: ¡Uf!! Tía que rico me mamas la verga sigue así sigue!

    Yo le decía mientras ella se ahogaba con mis 17 cm de carne, se atascaba la boca y me tenía jadeando como loco, le apretaba la cabeza hasta ahogarla, ella me tenía viendo estrellas.

    Estuvo mamando por un rato hasta que se puso de pie y me pidió que se la metiera, yo como buen sobrino obedecí…

    A: Métemela ya nene, quiero esa verga adentro.

    T: Ok perrita, te daré lo que te encanta, ¡acomódate!

    A: ¡Mmm! claro que soy una perra, una perra come vergas y más la de mi sobrino vergon!

    T: ¡Pues cómetela perra!

    La puse en cuatro sobre el sofá y la penetre con violencia, le agarre sus caderas y le dejaba ir mi verga bien dura, ella me agarraba de la pierna y me pedía que no me saliera, yo al mismo tiempo le arañaba la espalda, ella gemía y movía sus nalgas como buena perra que es.

    A: ¡Así!! dámela, cógeme, ¡cógeme no pares!

    T: Que rico aprietas, ¡tía me encanta tu vagina!

    A: No soy tu tía, ¡soy tu perra!!

    T: Entonces recibe tu dosis de verga perra…

    Cambiamos de posición, ella se acostó y yo le abrí las piernas como si fuesen unas tijeras, le metí mi verga suavemente, mientras que agarrándole los talones me apoya para penetrarla mejor.

    T: ¡uhm, que rico, ah!!

    A: Tu viniste a esto, uhm, ¡no a ver a ti tío!

    T: Es que tu vagina es un vicio, ¡uhm!

    El sonido del choque de mis testículos con sus nalgas me excitaba más, en una rica maniobra la puse de ladito y seguí dándole más fuerte, en esa posición sentía como me apretaba más fuerte, al mismo tiempo le agarraba y le apretaba sus tetas.

    A: Que rico mi amor, que rico me coges, ¡uhm!!

    T: Aprietas delicioso, ¡eres una experta come vergas!

    A: Me encanta tu verga amor, cógeme y no pares de metérmela, uhm, así, uf, ¡ah!!!

    Ella ya no aguanto más y sentí como comenzó a chorrear mientras se convulsionaba de placer, mi verga se empapo de su delicioso jugo

    A: ¡Ay!! papi que rico!! dios!!

    T: ¡Pero aun falto yo nena!

    La volví a colocar en cuatro, aprovechando sus fluidos estimule su anito, mientras ella seguía retorciéndose, al tenerlo ya listo comencé a meterlo lentamente, comencé con la cabecita, ella mordía un cojín de adorno que tenía el sofá, en eso sin decirle más se la deje ir con todo, ella grito y se retorció, pero a mí no me importo yo la tome del cabello y comencé a darle con todo…

    El grosor de mi verga la lastimaba, pero eso no me detenía, le daba de nalgadas y se la deja ir con mucha fuerza.

    T: Tómala perra, aquí está tu verga, ¡tu culo es mío ahora!

    A: ¡Ah! Me duele, ah, ¡me duele!!

    T: Te duele, pero gozas perra, ¡grita como la perra que eres, quería verga no pues aquí esta!

    A: ¡Si!!! Soy tu perra!!!

    Seguí dándole fuerte, al mismo tiempo que le apretaba el cabello con y otra mano le daba de nalgadas y le pellizcaba sus ricas nalgas.

    Que rico era tener así a mi tía, en ese momento pensé en que nos descubrieran y eso me excito más, la tome de las manos y la embestía con brutalidad.

    A: ¡Ay!! Mi culo, ¡uhm!!!

    T: ¿Tu culo? Dirás mi culo, ¡uhm!!

    La empujaba con fuerza, su cara chocaba con el respaldo de su sofá, la muisca encubría nuestros ruidos, mi verga le hacía más grande el ano, ella paso del dolor al placer moviéndose muy rico en círculos que me tenía en la gloria.

    T: ¡muévete perra, uhm!!

    A: ¿te gusta?

    T: ¡Si!! ¡Prosigue!!

    La estrujaba con todo, me movía tan rápido como podía, su culo estaba maltrecho y yo ya no resistía más.

    T: Me voy a venir, ¡uhm!!

    A: Dámela hijo, ¡lléname de leche mi culo!

    T: Tía que rico culo tienes, ¡me vengó me vengo!!!

    A: ¡Si!!! dame tu leche! ¡Dámela toda!!

    Como si fuera manguera me vine dentro de su culo, ambos gritamos y nos retorcimos en un gran orgasmo, ella me volteaba a ver mientras que yo con gran fuerza jalaba su cabello.

    T: ¡Toma, uhm!

    A: Tyson uhm, ¡eres el mejor!

    Descansamos un poco, tomamos unas cervezas más y continuamos cogiendo, al día siguiente muy temprano me despedí de ella y me fui a mi casa, esa fue la última vez que la vi ya que la muy puta engañó a mi tío y se divorciaron.

    Dicen que se casó nuevamente y tuvo tres hijos más y con quien se haya casado lo felicito por tener una hembra come verga de lujo, perdón tío, pero tu ex mujer era una verdadera traga vergas y fue mi puta, no me arrepiento de nada.

    Tyson.

  • Una videollamada sexi con la Señorita R

    Una videollamada sexi con la Señorita R

    Hola lectores y lectoras, hoy os traigo un relato que podía haber sucedido un martes de hace pocas semanas, en mi correo tengo añadidas a muchas personas, muchas de ellas son lectoras de mis relatos. Normalmente suelo hablar con mis agregados, para de este modo poder saber sus opiniones, para saber mis relatos les gusta o no, e incluso poder intercambiar experiencias.

    Uno de estos contactos la llamaremos Señorita R, y pongamos que es de Murcia, morena con el pelo largo por debajo de los hombros, ojos marrones, una cara hermosa, labios finos pero bonitos, alta, con unos pechos grandes y culo redondito. Ella es una chica a la que le gusta vivir la vida, lo cual me encanta, piensa que cualquier momento es bueno para tener sexo, pero solo cuando ella quiere, no se deja llevar, todo esto sin ser ninfómana.

    A la Señorita R le encanta leer mis creaciones porque alguna le pone cachonda, y eso me gusta, es una muy buena fan de mis creaciones, incluso me da ideas para hacer en sexo, cosas que practicó y quiere que otros lo prueben porque a ella le gusto.

    Estaba conectado un día, pasando la mañana, cuando pasado un rato la Señorita R entró, nos saludamos y pasamos unos breves minutos charlando, hasta que ella me dijo que, si quería verla, yo le dije que bueno, y ella conectó la webcam, y hay estaba ella con ese camisón negro.

    Al rato, me preguntó si la veía, le respondí que sí, ella me dijo que, si me excitaba verla, le repliqué que la verdad era que sí, que estaba alegrándome la vista, entonces ella me preguntó que, si quería que hiciera algo para mí, no supe a qué se refería, tardé un rato en contestarle y cuando lo hice le dije que se bajara las dos tirantas del camisón, ella sonrió y empezó con una mano a jugar con su tiranta izquierda, tirando de ella, para después bajársela un poco hasta llegar a medio hombro.

    Más tarde con cada mano en una tiranta empezó a juguetear con ellas, tirando, bajándoselas un poco, hasta que dejó ambas a media altura. Yo estaba deseando que se la quitara, le dije que se las quitase, sonrió y después se las quitó, quedando ambas por debajo de los brazos, se le podían notar sus marcados pezones a través de la tela.

    Tras realizar esto, le pregunté si estaba húmeda, ella respondió que sí, pero muy poco aun, necesitaba estimularse, me rogó que usara un lenguaje más subido de tono, que le encantaba, entonces le dije que deseaba comerme su coño caliente y mojado, ella río y me dijo que quería que me la follase, yo le dije que se pusiese cachonda, que podía ver cómo le gustaba lo que le decía, que iba a tener una gran corrida, como la zorra caliente y viciosa que era.

    A continuación, le dije que me mostrara su cuerpo, que hiciera un pase de modelo, la Señorita R se levantó y se fue hacia el final de la habitación, cerca de la cama, moviendo su culo de forma sexy, después retornó hacia el ordenador, todo esto con movimientos sexis, la chica iba siguiendo las indicaciones que le iba dando. Luego se puso a escribirme si me había gustado, podía ver su canalillo y sus pezones marcados.

    Le dije que me enseñara algo más íntimo, que esos pezones me excitarían a mí, ella se puso a mover su cuerpo de un lado a otro, hasta que se quedó quieta, se levantó el camisón dejándome ver ese ombligo y fue subiendo hasta llegar a sus pechos que por fin libero, se tumbó en la cama y enfocando sus pechos y su cara la veía que hacía unos movimientos de caderas sin poder ver que es lo que hacía realmente, pasados unos segundos, la Señorita R me enseño esas braguitas en su mano, se las había quitado.

    Pude ver sus tetas, grandes y hermosas, bien formadas, con una aureola grandecita, con sus pezones expectantes. Mi miembro era ya difícilmente contenido en mi pantalón, por lo que me la saqué, quitándome el pantalón y el bóxer, no mucho después comencé a acariciarme mi miembro.

    Vista la primera parte de la función, le dije que había estado muy bien, que me gustaba su predisposición, que se veía que tenía las mismas de jugar que yo, yo le dije que me encantaría follármela, comerme su sexo de viciosa, ella sonrió, y me dijo que se iba a masturbar para mí, se tumbó boca arriba sobre su cama, incorporada, prácticamente desnuda, se empezó a acariciar el cuerpo, recreándose con sus pechos, se pasaba las manos por ellos, le gustaba acariciarse y hacer que me pusiera cachondo, continuaba amasando sus pechos, pellizcándose los pezones. Para seguidamente pasar a acariciarse con su mano su sexo, mientras la otra lo hacía con sus tetas. En ese momento le dije que sus manos pasaban a ser mi boca. Que fantaseara con ello.

    Minutos después, ella empezó a disfrutar de la situación, se tumbó entera en la cama y siguió acariciándose su rajita, sus dedos iban pasando por sus labios, metiéndose dentro y acariciando su clítoris. La otra mano continuaba acariciando sus pezones, todo esto hacía que ella soltase a veces algunos gemidos. Ella me preguntó si me gustaba verla, le dije que sí, que me encantaba poder contemplarla en plena acción, que me estaba masturbando, y que me encantaría que ella me la chupase, como una buena diablilla que sé que es, tras leer esto, ella empezó a chupar los dedos de la mano que estaba en su coñito, imitando el mamar mi miembro, después continuó con el masaje de su coño.

    La Señorita R estaba muy caliente, así que paró de masturbarse y se incorporó, se puso delante de la cámara, me dijo que si quería ver su sexo en primer plano, le dije que sí, ella me dijo que lo intuía, sonreí, me dijo que iba a dejarme ver un poco, que le gustaba verme la cara de viciosos que ponía, se paró ahí, entonces me preguntó si me estaba masturbando al verla, le dije que por supuesto, ella replicó que eso le gustaba, se sentó y se quedó inmóvil unos segundos, para que pudiera contemplar sus pechos con tranquilidad, ella sonreía, me miraba desafiante, yo seguía masturbándome, cada vez con más energía. Pasado ese tiempo le dije que me enseñara su culito, se levantó se dio la vuelta y me mostró su culo, estaba muy bien, era muy apetecible.

    Le pregunté que si había dejado la tarea de masturbarse, me dijo que no, que estaba descansando, que ya se había corrido una vez, dicho esto, nuevamente se tumbó en la cama boca arriba, incorporada, se abrió lo que pudo de piernas, empezó a acariciarse el cuerpo, recreándose en mimar sus pechos, se pasaba las manos por las tetas, le gustaba ponerme cachondo a la vez que ella se ponía también, la Señorita R continuaba sobándose sus tetas, pellizcándose los pezones, momentos después, seguidamente pasó a acariciarse con su mano su coñito de nuevo, mientras la otra lo hacía con sus tetas, ella disfrutaba de la situación, se tumbó entera en la cama y continuó acariciándose, sus dedos iban pasando, haciéndola disfrutar, la otra mano continuaba acariciando sus pezones.

    Los movimientos lo hacía cada vez más rápido, yo le decía que se corriese, que se corriese para mí, que era mía, continuábamos masturbándonos, yo seguía usando un lenguaje soez que tanto la excitaba, ella sonreía y apretaba el ritmo a la vez que gemía más fuerte, le decía que quería ver sus jugos salir de ella, hasta que me dijo que se corría, yo aceleré y me corrí al momento, empezaron a salir borbotones de semen de mi miembro, los cuales iban cayendo sobre mi pecho en principio y después sobre mi mano, estaba totalmente embadurnado de mi leche, ella seguía gimiendo, cada vez más hasta que se corrió, se quedó tumbada inmóvil, con los brazos levantados, disfrutando del orgasmo.

    Cuando se repuso, le dije que había estado muy bien, estaba en primer plano, podía ver sus tetas enrojecidas del sobeo, y su sexo húmedo. Momentos después me dijo que se iba a desconectar para irse a duchar.

    Espero que les guste este relato y que ojalá les pueda traer más relatos así, eso será señal de que lo hemos repetido.

  • Ella: La playa

    Ella: La playa

    Sintió calor, abrió los ojos y trató de ubicarse. Era la habitación de su hotel. La luz que entraba por la ventana le impedía abrir bien los ojos. Se había quedado dormida sin desvestirse. Ni siquiera había cerrado las cortinas. No lograba recordar como había llegado a la habitación.

    Lo primero que hizo fue encender el aire acondicionado, luego buscó el móvil para ver la hora. Todo esto lo hacía sin levantarse. Se removía en la cama. Las 13.30 h. Ahora estaba mirando al techo, el aire acondicionado empezaba a refrescar la habitación y ella, con un dolor de cabeza y sonidos de tambores por la resaca, empezaba a organizar su mente. Recordó pasajes de la noche anterior. La reunión del bar, como había ido sucediendo todo. Los recuerdos de las canciones la transportaban a cada momento de la noche, que parecían haber sucedido hacía mucho y le producía cierta sensación de nostalgia. Recordó, con One de U2 la puerta del baño de aquel primer bar con la imagen de los dos gays morreándose. Andrés. No podía ser de otra manera, era demasiado perfecto para ser hetero.

    Luego Kyle Minogue, Robert Ramírez, Nelly Furtado le hicieron recordar varios bailes con Carlos, con Sam e incluso con Reme. Esta chica era demasiado atrevida, cómo le había entrado a aquel pobre guiri… Bueno, –pensó reprochándose aquel razonamiento –demasiado atrevida ¿por qué? ¿Porque siendo una mujer de casi cuarenta años le había entrado a saco a un hombre más joven? Entonces ella era igual. ¿Cómo le había entrado ella al socorrista?

    Pero ¿por qué la sociedad seguía pensando así? ¿Por qué ella pensaba así? Era la educación machista en la que había crecido. Porque si un hombre de esa edad, reconocido profesional y con un físico envidiable ligaba con una chica más joven se le consideraba un triunfador. En cambio ese comportamiento en una mujer estaba “mal visto” por no decir lo que opinaban la mayoría de las mujeres. Pues ella no estaba dispuesta a pensar así. Había quemado una etapa junto a un hombre con quién había sido feliz, pero aquello terminó y en la última etapa la monotonía la había aburrido bastante. Ahora estaba dispuesta a empezar otra etapa. Se sentía joven, ¡NO! Era joven. La juventud no era solo una cuestión física. También era una cuestión mental.

    Es cuestión de querer seguir haciendo y disfrutando de cosas. Y a ella le había gustado siempre el sexo y había disfrutado mucho de él. Recordó los primeros besos en aquellas fiestas de instituto en las que tenía hora de llegada a casa. Aquel viaje de fin de curso. Fueron a Mallorca, que eran donde iba siempre su instituto. En esa excursión lo hizo por primera vez. Luego la facultad, otro mundo, libertad absoluta, pisos compartidos, catas, gentes de todos los lugares. Era la época del desenfreno. Después su matrimonio con Pedro, todo perfecto hasta que el paso de los años arruinó aquella relación. Y ahora estaba soltera, sin compromiso y con ganas de pasarlo bien. Así que decidió que iría a comer con Carlos.

    Se desnudó y pasó a la ducha. Abrió el grifo y consiguió la temperatura ideal. Se metió debajo y dejó que el agua tibia la empapase. Echó la cabeza hacia atrás para que su melena mojada cayese por su espalda. Abrió los ojos y vio que estaba frente al espejo. El agua recorría todo su precioso cuerpo. Una cortina de agua caía por su cuello y bajaba utilizando sus tetas como trampolín, saltaban algunas gotitas al pasar por sus extraordinarios pezones rosados. El agua seguía hacia abajo buscando ahora sus maravillosas piernas y a la altura de su sexo giraba introduciéndose en su raja como si quisiera penetrarla.

    Se dio la vuelta y giró la cabeza para verse el culo. Al estar mojada brillaba y se veía realmente apetecible, se lo acarició con su mano derecha. Poco a poco fue separando los glúteos. Vio como cambiaba el color de la piel haciéndose más oscura cuanto más cerca del ano. Dejó que el chorro entrase por su raja del culo notando un cosquilleo muy agradable. Volvió a su mente su fantasía de la sodomía. Tenía miedo que su ano se rompiese, así que no había pasado de la introducción de los dedos. Por supuesto, de inmediato desecho cualquier posibilidad de hacerlo con Carlos. Aquella polla la abriría como a una caña. Todo era cuestión de esperar. En la vida todo llega…

    Empezó a enjabonarse lentamente disfrutando de la suavidad de su cuerpo, de las caricias de sus propios dedos. Pasando las manos por sus tetas, recorriendo todo su cuerpo, acariciándose la vagina rasurada y pasándose los dedos por la raja del culo sin entrar en su agujero. Bajó por sus piernas hasta sus pies. Para luego dejar que el agua se llevase toda la espuma de su cuerpo, notando como el chorro caía sobre ella.

    Bajó al hall del hotel, para esperar a Carlos. Se sentó en un sillón alto y se puso a ojear la prensa. Trataba de camuflarse por si el socorrista andaba por allí y se veían forzados a entablar una embarazosa conversación. Aquello solo había sido un polvo con un desconocido. Tan desconocido que no sabía ni como se llamaba. Pero entonces localizó a “su hombre”. Se puso de pie y se dirigió hacia él:

    -Sabía que aceptarías mi invitación. –Dijo él con seguridad.

    -¿Ah, sí? ¿Y eso por qué? –preguntó ella.

    -Bueno creo que anoche lo pasamos bien, conectamos…

    -¿Dónde me vas a llevar?

    -Hay una playa por aquí cerca, con un chiringuito donde se come un arroz de marisco de escándalo.

    -Mmm… que bien suena.

    Se metieron en el coche y tras unos escasos veinte minutos llegaron a lo alto de un pequeño monte lleno de pinos. Aparcaron en una explanada donde había otros coches. Al bajar del coche pudo notar la diferencia de temperatura. De los veintitrés con el que habían hecho el viaje a los treinta y seis que caían sobre aquel pinar, agravados por el intenso chirriar de las cigarras. Por un estrecho camino entre los árboles llegaron a un chiringuito de madera que estaba sobre un acantilado que descansaba sobre una preciosa playa de arena casi blanca, muy ancha.

    Las vistas sobre el mar eran increíbles, el sol se reflejaba en la inmensidad del agua:

    -¿Te gusta? –demandó Carlos orgulloso.

    -Es impresionante. Siempre me ha fascinado el mar, soy mediterránea. –Comentó ella orgullosa a su vez de sus orígenes –La playa es perfecta.

    -No. Luego iremos a una playa perfecta. –Corrigió el hombre la afirmación de la presentadora.

    Se sentaron a comer. Él había encargado el arroz de marisco y se dispusieron a disfrutar de la abundante ración que les sirvieron. Durante la comida Carlos le comentó que aquella zona de la costa era la mejor para practicar el kite-suf. Y que las playas cuanto más al oeste se hacían más rocosa. Habiendo multitud de calitas bajo los acantilados de una belleza salvaje y casi virgen.

    Tras más de una hora de riquísimo almuerzo y agradable conversación. Se disponían a ir a la playa. En una mochila Quick Silver de él metieron dos toallas y bajaron:

    -¿Has montado alguna vez en moto acuática? –Preguntó él sorprendiéndola.

    -¿Qué…? ¿Pero dónde vamos? –Ella estaba un poco desconcertada.

    -Es una sorpresa. Vamos a una playa perfecta.

    El hombre alquiló una moto a un chico con quién parecía tener bastante confianza. Se saludaron de manera efusiva dándose un abrazo y un beso en ambas mejillas. Acomodados, Carlos conduciendo, ella agarrada a él y después de cinco minutos de una fantástica travesía marítima desde la que se podía ver las preciosas calitas llegaron a un lugar solitario. Era una pequeña playita entre dos gigantescas rocas a la que solo se podía acceder desde el mar. La orilla estaba llena de gaviotas que empezaron a volar cuando ellos se acercaron. Antes de llegar a la orilla, ella se tiró al agua. Era cristalina podía verse los pies. Comenzó a nadar hacia la orilla, el camarero que había avanzado con la “embarcación” la esperaba:

    -¿Qué te parece? –preguntó Carlos mientras aseguraba la moto de agua en la orilla.

    -Es un lugar fantástico. –Contestó ella maravillada con el paradisíaco lugar.

    -Es un pequeño refugio donde venimos a practicar surf. Solo se puede llegar desde el mar. Y ahí bajo esa roca hay una gruta que sirve de refugio para pasar la noche. –Mostraba el camarero los encantos del lugar.

    -Joder que delicia de sitio. Bueno, pero vendrá más gente, ¿no?

    -Hay un pacto no escrito por el cual si llegas y hay gente te vas…

    -Curioso…

    -¿Qué? ¿Nos damos un baño?

    -Sí, claro.

    -Pero… desnudos por supuesto… –propuso divertido el anfitrión.

    -¿Pero…? ¿Cómo que desnudos…? ¿Y si nos ve alguien…? –No estaba muy segura de que fuera buena idea.

    -Ya te he comentado lo del pacto ¿no?

    -Si, pero…

    -Además la sensación de bañarse en el mar sin nada es genial…

    -No sé yo…

    Carlos se quitó el bañador y se quedó desnudo ante ella. Quién durante unos segundos observó el maravilloso cuerpo de surfista de “su” camarero antes de empezar a quitarse el bikini y quedarse desnuda también. El hombre le tendió la mano y fueron cogidos andando hasta el agua. La verdad es que la imagen de dos cuerpos desnudos y preciosos en una playa idílica era irresistible. Hacía mucho calor, el agua era cristalina y estaba a una temperatura ideal con lo que se metieron sin pensárselo. Se sumergieron, se salpicaron, se abrazaron, se besaron, nadaron, jugaron, saltaron… así durante un largo rato. Ella estaba disfrutando de unas verdaderas vacaciones. Se sentía feliz con la decisión de haberse tomado este fin de semana sola que nunca pensó que le saliera tan bien y tan divertido. En apenas un día había cambiado por completo el chip y sentía que la peor etapa desde su ruptura había quedado definitivamente atrás.

    Cuando tenían la piel de las manos arrugadas decidieron salir a tomar el sol. En el camino la periodista miró de reojo a Carlos y pudo ver como el tremendo pene de él se balanceaba de un lado a otro al andar. Al contraste de temperatura sus pezones habían respondido poniéndose duros y erguidos. Y una ligera brisa hizo que su piel se erizase.

    Llegaron a las toallas y se tumbaron. El sol calentaba aquellos dos maravillosos cuerpos que fueron dando vueltas sobre sí mismos para broncearse cada rincón de piel. De vez en cuando, ella observaba y admiraba el cuerpo de su anfitrión. Le miraba su culo redondo y duro al final de su ancha espalda. Sus poderosos brazos, su torso con los bien definidos abdominales. Su potente polla ahora en reposo. Aun así era de unas dimensiones considerables. Era preciosa, recta, morena, de piel tersa, suave. Todavía ahora se le marcaban las venas. Sus piernas fuertes y musculosas. De repente Carlos estiró todo su cuerpo. Se incorporó y alcanzó su mochila. La miró y le sonrió. La mujer se la devolvió. Empezó a liarse un cigarro de “maría”. Lo encendió y le dio un par de caladas antes de ofrecérselo. Ella se incorporó. Se giró hacia él y cruzó las piernas. Pese a estar desnuda en la playa ante un desconocido no se sentía para nada incomoda. Tomó el porro y le dio una fuerte calada. Le miró con cierta admiración:

    -Que buena vida te pegas.

    -No me quejo. Soy joven y la vida hay que vivirla.

    -Ya. Pero no siempre se puede. Hay obligaciones y responsabilidades. –Cuestionaba ella la forma de vida de Carlos.

    -Siempre he hecho lo que he querido. Desde muy temprano tenía claro que no quería ataduras ni responsabilidades.

    -Pero alguna responsabilidad habrá por ahí, ¿no? –volvía la presentadora a poner en duda la filosofía del camarero.

    -Están todas cubiertas. Trabajo para vivir. Solo necesito dinero para pagar mis diversiones.

    Disfruto de mis amigos y mi surf. Venimos aquí lo pasamos bien…

    Seguían intercambiándose el cigarro. Ella se encontraba cada vez más a gusto y relajada:

    -Así que venís aquí todos. ¿Y acabáis todos desnudos? ¿Tíos y tías? –preguntó morbosa la mujer.

    -Sí, aquí practicamos nudismo todos.

    -Por eso conocían ellas tu secreto… –y dio una carcajada.

    -Bueno, la naturaleza ha sido generosa conmigo.

    -Joder, generosa dices… –dijo la mujer como si él se hubiera pasado de humilde –Reme dice que follasteis. Las otras dos ¿también? –Le delataba su ego femenino y no podía disimular ciertos celos hacia las amigas de él.

    -No. Con Reme fue diferente. Salía de una relación, estaba despechada y acabamos echando un polvo.

    -Es una morenaza impresionante. Tiene que follar como Dios.

    -La verdad es que Reme es genial en todo. Y también en la cama, claro. Es una tía que no tiene complejos y sabe lo que quiere.

    -Y como conseguirlo. Vaya como le entró al guiri anoche.

    -Uf, pobre guiri… Con Reme hay que estar a la altura.

    Carlos empezaba a empalmarse.

    -Te pone cachondo hablar de Reme, ¿eh? –dijo ella sonriéndole.

    -Me da morbo que una tía que está tan buena como tú, profesional, famosa y encima desnuda, me pregunte como folla otra…

    Ella se ruborizó pero aguantó el ataque:

    -Las mujeres somos competitivas entre nosotras y quiero saber como tengo que hacer para superarla…

    El hombre le dio la última calada al porro y se puso de pie. Tenía una erección espectacular. La mujer se puso de rodillas, se acercó a él y sin dejar de mirarle comenzó a meterse la polla en la boca. Poco a poco, con un leve movimiento de cabeza. Tenía esa cara de comepollas que se le ponía cuando disfruta de una buena mamada. Y ésta era para disfrutarla bien. Le oía respirar fuerte. Al imaginar la escena se excitaba más, parecía de película porno. Una calita solitaria, atardeciendo y una periodista arrodillada ante un desconocido chupándole su enorme polla.

    Él le cogió la cabeza con ambas manos y empezó a follarle la boca. Ella engullía como podía al tiempo que comenzó a acariciarse el coño. Carlos suspiró y paró:

    -Ven túmbate.

    El hombre se tumbó boca arriba y le pidió que se pusiera sobre él. De manera que su coño quedaba a la altura de su boca. Se lo empezó a comer a lengüetazos. Apoyada sobre su abdomen cerró los ojos y suspiró fuerte. Cada vez que le pasaba la lengua por su clítoris le hacía jadear. Se notaba húmeda y ardiendo. Comenzó a moverse en círculos sobre su boca. Se notaba que iba a estallar de placer, se inclinó sobre él y le empezó a comer la polla. Se la agarró fuerte con la mano. Le escupió en la punta del capullo y volvió a metérsela en la boca mientras seguía pajeándole. El movimiento de su cabeza iba a más. Mientras él se estaba dedicando ya por completo a su clítoris. Ya el placer de la mujer se concentraba en ese punto. Quería pedirle que se la mordiera pero tenía la boca ocupada así que siguió con la mamada. Ella no podía más, un escalofrío recorrió su columna. Se sacó la polla de la boca y gritó de placer:

    -Aaahhh…. –sin dejar de meneársela hasta que con otro grito él también anunció su corrida.

    -Aahh, no pares… dale más fuerte. –Lanzó un impresionante chorro de semen que fue a parar a sus tetas.

    Le gustó notar el semen caliente resbalando por su pecho y dio un par de meneos más para que terminara de descargar. Al tiempo que sus flujos vaginales caían de su coño y eran recogidos por la lengua de él. Miró hacia Carlos sonriendo que ya estaba relajado después de su brutal corrida:

    -Uf, que comida más rica.

    -Pues vaya la mamada que me has pegado.

    Tumbándose junto a él:

    -Qué corridas echas, joder. Es imposible tragárselas entera.

    -Te gusta tragar leche, ¿eh? –dijo el hombre con los ojos cerrados.

    -Es que soy muy viciosa…

    Después de un rato, decidieron empezar la vuelta a casa. Volvieron a hacer la travesía a bordo de la moto de agua desde la calita hasta la playa. El sol se ponía a sus espaldas dejando tonalidades naranjas cuando Carlos aún desde la moto hizo señas a su colega. Este le indicó que eran los últimos clientes en entregar la embarcación. Durante el viaje escuchaban una emisora de música, donde sonaron las que serían las canciones del verano. Para la presentadora esas canciones siempre le recordarían el principio de esta nueva etapa en su vida:

    -Bueno pues esto es la despedida. Mañana me voy. –En su voz se notaba cierto malestar por el poco tiempo que habían tenido.

    -Ha sido un placer conocerte. Eres fantástica. –Alabó el camarero.

    Ella le miró a los ojos:

    -No te olvidaré. Conocerte ha sido un regalo. –Apuntó la mujer convencida que esto supondría un punto de inflexión en su vida.

    -Si vuelves… ya sabes donde estoy.

    -Como dice Sabina “…al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver…” –y le besó en los labios.

    Al día siguiente cogió el coche de alquiler y se dirigió a la estación donde tomaría un tren hasta casa.

    Durante el viaje pensó en lo rápido que había ido todo. En todo lo que se le presentaba por delante. Al fin y al cabo solo habían pasado dos días de vacaciones. En una semana saldría para Grecia con su amiga Eva. No sabía lo que le esperaba allí. Pero lo que fuera lo disfrutaría. Si algo le había enseñado Carlos es que la vida hay que vivirla y disfrutarla…

  • Las continuas aventuras de Araceli: El espejo

    Las continuas aventuras de Araceli: El espejo

    Estoy de nuevo aquí, rememorando esas sensaciones al recordar nuestro segundo encuentro sexual.

    Por supuesto mucho mejor que el primero en muchos aspectos (el primero será imposible de olvidar por lo especial que es) ese día sabía a lo que iba, preparada con ropa interior más sexy, con más tiempo para estar en la cama con ese maravilloso hombre (Rafael).

    Desde una noche anterior comencé a preparar todo debía levantarme muy temprano para llegar a tiempo a nuestra cita estaba indecisa en que usar, como vestirme. Me decidí por algo discreto pero sexy en color nude, unos pantalones donde luciera mi buen trasero y anchas caderas un blusón que hiciera ver marcada mi figura sé que no tengo un cuerpo escultural, pero a mis 40 y algo aún me defiendo.

    Llegué antes que él estaba muy nerviosa a tal grado que me caí en las escaleras del metro terminando con la rodilla súper morada aguantando el dolor y la vergüenza eso no evito que más tarde me pusieran en 4.

    Espere 10-15 minutos lo vi acercarse retirando los audífonos y guardándolos en la bolsa interna de su chamarra alzó la mirada con una sonrisa me saludo a lo lejos estando ya cerca lo tomé del cuello él se abrazó de mis caderas y nos besamos, iniciamos el camino hacia ese lugar donde unas semanas antes habíamos unido nuestros cuerpos por primera vez entre platicas y bromas cosa que es muy común en él para relajar mis nervios llegamos a nuestro lugar del «amor» entramos a la recepción yo me moría de nervios aún para mí era difícil entrar al hotel nos dieron la habitación en el primer piso entramos retire mi bolsa y mi chamarra era mediados de febrero una semana después del día de los enamorados aún hacía frío en esos días.

    Lo sentí detrás de mí pegando su verga en mis nalgas y besando mi cuello nuestro deseo era tanto que quitó mi ropa me inmediato me recorrió con su lengua todo mi cuerpo mi excitación era tal que moría por mamar esa verga deliciosa, hicimos el amor y cogimos un par de veces me hizo tener 2 orgasmos continuos maravillosos como hace mucho no experimentaba más delicioso aun cuando sentí sus espasmos dentro de mi llenando el interior con su leche caliente yo aceleraba mi cabalgata me mata estar sobre él, siempre había utilizado condón al tener relaciones sexuales con mi marido por precaución y prever un embarazo no planeado; con Rafael no lo hacíamos un año atrás se practicó la vasectomía de la cual pedí resultados para estar segura de no quedar preñada.

    Así que lo dejaba eyacular en mi vagina cuantas veces lo deseara. Estuvimos 4 horas cogiendo por ratos platicando tomando aire de vez en cuando, era tiempo de dejar nuestro rincón del amor nos fuimos a la regadera yo llevaba un poco de shampoo en un frasquito pues la vez anterior mi hija nota un olor diferente en mi ese acto causó gracia en Rafael, nos besamos bajo la regadera esto volvió a prendernos me puso de espaldas y me ensartó su pito duró y erecto me dio una cogida fabulosa.

    Por lo común el termina de ducharse antes que Yo sale del baño se viste y acomoda mis cosas para que yo no tenga que buscar por toda la habitación eso se me hace un lindo detalle de su parte; me vestí al estar poniendo mi calzado de reojo vi que se acercó bajo el cierre de su pantalón y saco su verga totalmente erecta me sorprendió mucho no tenía más de 10 minutos de la cogida en la regadera ya la tenía durísima una vez más, con un giño me indico que la mamara a lo cual accedí de inmediato no podía resistir esa invitación le chupe el tronco duro y exquisito para terminar comiéndola toda (días anteriores había investigado como hacerlo sin ahogarme en ello creo noto la diferencia) lo presioné con mis dientes en ese momento sentí la explosión de semen en mi boca el chisgueteo en mi garganta. Una sensación extraña y diferente para mí nunca había tragado ni probado una lechita tan sabrosa. Eso provocó un par de risas corrí al lavamanos pensé que iba vomitar ¡Y NO LO HICE! ¡Lo trague toditito! regresando a limpiar con mi lengua esa verga recién exprimida con mi boca.

    Terminamos de vestirnos y nos retiramos planeando nuestro siguiente encuentro, me siento como adolescente con las hormonas alborotadas y con la entrepierna húmeda al escribir este relato, ansiosa de volver a comer la verga de Rafael, mi Rafael no el de las 500 mujeres.

  • El día que te conocí

    El día que te conocí

    Amigos lectores y lectoras hoy voy a dejar volar mi imaginación y dejarla libre. 

    Hace ya muchos años conocí a una mujer con la cual estuve mucho tiempo mandándonos mensajes y con el paso de los días empezó a aparecer una confianza mutua.

    Tras un par de meses los mensajes entre nosotros seguían siendo usuales y empezó a surgir una sensación de atracción.

    Finalmente, una noche me decidí a confesarla que me había seducido por su forma de ser y por todo el apoyo incondicional que me había ofrecido en esos meses. Ella me confesó a su vez que también sentía lo mismo que yo y que también se había dejado llevar por mí. ¡Tardamos un par de meses más en poder estar juntos por algunas circunstancias, pero finalmente llegó el día!

    Faltaban pocos días para el mi cumpleaños y sabía que me quedaba solo en casa así que la invité a que se pasase para que pudiéramos estar juntos y solos.

    Cuando llego el día y con tiempo, me di una ducha y me dirigí al armario. Tras ponerme un bóxer me puse unos vaqueros negros y una camiseta negra también de manga larga que sabía que le gustaba y después de echarme colonia me puse un collar q ella me había regalado meses antes. Sonó la puerta y noté como mi corazón se aceleraba. Abrí y allí estaba ella con su pelo negro largo con mechas rojas y eso ojos que me transmitían tanta paz. Tenía un cuerpo exquisito y estaba preciosa con los vaqueros azules y una camiseta blanca que se había puesto especialmente para mí porque sabía que me gustaba. Nos dimos dos besos para saludarnos lo cual era raro en nosotros debido a nuestra enorme vergüenza.

    Nos sentamos en el sofá a conversar un rato y guiado por mi amor hacia ella comencé a acariciar su mano que permanecía sobre su pierna. Ella me miró y sonriéndome me cogió la mano y la besó tiernamente. Ya no podíamos retener toda la pasión que guardábamos en nuestro interior desde hace meses y cogiendo su cara entre mis manos la besé en los labios solo rozándolos con los míos. Cuando me separé con el resplandor de luz que entraba por la ventana pude ver que unas lágrimas caían por sus mejillas y me dijo que era porque llevaba mucho tiempo esperando ese beso. La abracé con fuerza y noté como su cuerpo de iba relajando entre mis brazos.

    Nos separamos y esta vez fue ella la que me besó con más intensidad y entreabriendo un poco su boca. Tenía mi espalda apoyada en el respaldo del sofá y ella pasó una pierna por encima y sentándose sobre mí. Me encantaba sentirla sobre mí y comenzamos a besarnos sin descanso, amándonos y acariciándonos. Deslicé mis dedos por su espalda hasta llegar a sus caderas y la acerqué más a mí. Agarré sus nalgas por debajo y me levanté del sofá con ella encima. Se agarró a mi cuello con sus brazos y abrazó mi cintura con sus piernas mientras la llevaba hasta mi habitación. Allí la senté en la cama y bajé mi boca hasta su cuello para llenarlo de besos a lo que ella respondió con un leve gemido porque aquello la excitaba. Mientras ella comenzó a subir mi camiseta hasta que consiguió que cayera al suelo y agarrando mi nuca con una mano me acercó para besarme con pasión. La besé dulcemente los hombros mientras yo hacía lo mismo con su camiseta dejando aparecer el precioso sujetador que guardaba sus perfectos pechos.

    Entre besos me desabrochó el cinturón y los botones de mi pantalón mientras yo hacía lo mismo y acto seguido me agarró del culo para apretarme más entre sus piernas y besarme con intensidad mientras su lengua buscaba la mía.

    Volví a cogerla y la tumbé suavemente sobre la cama deslizando el pantalón por sus piernas y ella me imitó.

    Me tumbé a su lado y continuamos con los besos y las caricias. La abracé y mientras la besaba sus hombros y la mordía tiernamente el cuello mientras desabroché su sujetador. Acaricié con la yema de mis dedos sus pechos y con mi boca y mi lengua dibujé el contorno de sus pezones mientras ella emitía gemidos de placer.

    Acariciaba mi espalda y me revolvía el pelo. Volví a sus labios y ella deslizó sus dedos por mi espalda clavándolos ligeramente hasta agarrar mi culo y hacer presión contra su cuerpo, lo que hizo que nuestros sexos se rozaran deseosos.

    Metió las manos por dentro de mi ropa interior y me la bajó despacio. Yo deslicé las mías por sus muslos y comencé a bajar besando sus piernas. Guiada por la pasión y el deseo abrió sus piernas lo que me permitió colarme por el interior de sus muslos con mis labios hasta llegar a sus ingles. Una vez allí acaricié su sexo con mis dedos y ella arqueó su cuerpo por mis caricias a las que se unió mi boca y mi lengua. Busqué con mis labios su zona más placentera mientras dos de mis dedos se perdían en su sexo proporcionándonos el placer que tanto deseábamos los dos.

    Sus gemidos eran cada vez más constantes hasta que le llegó su primer orgasmo. La besé y cuando su cuerpo se había repuesto de la de la corriente de placer que mi boca le había proporcionado sobre su sexo comenzó a descender con sus labios por mi pecho y bajando. Sentí que una de sus manos empezaba a acariciar mi miembro de arriba a abajo y yo solo pude cerrar los ojos y soltar un gemido. Jugó con su mano a la que se unió su lengua húmeda y finalmente su boca me terminó de preparar para entrar dentro de ella.

    Me besó en los labios y me susurró al oído que quería hacer el amor conmigo y sentirme dentro de ella para fundirnos en un solo ser. La miré a los ojos y tras decirle lo mucho que me gustaba, la besé apasionadamente casi perdiendo el control. Me coloqué encima de ella acomodando mis caderas sobre las suyas. Ella abrió sus piernas y abrazó con ellas mi cintura para para facilitar que me tumbase sobre ella sin hacerla daño. Rocé su sexo con mi miembro para estimularlo y seguidamente comencé a entrar despacio en ella y comencé a mover mi pelvis despacio, pero con ritmo.

    Nuestros movimientos al principio eran un poco torpes, pero toda la pasión que nos teníamos hizo que nos acomodar a la perfección. El corazón me latía muy deprisa y ambos estábamos muy excitados no solo por sentir la unión de nuestros sexos sino porque por fin nos estábamos amando plenamente y sintiendo el roce de nuestra piel. Nuestra respiración se aceleraba y ella había clavado sus dedos en mi culo y marcaba el ritmo de mis movimientos presionando. La besaba el cuello, los pechos, sus labios, los hombros. Quería llenarla entera de caricias, hacerla sólo mía.

    El ritmo de mis movimientos era frenético y la excitación tanta que ambos nos aguantaríamos mucho tiempo. Pero quería disfrutarlo al máximo, no quería que nuestra primera vez acabase. Pronunciaba mi nombre entre gemidos y yo el suyo, mi lengua y la suya se hacían una, mordía tiernamente su labio inferior en cada beso. El corazón se me salía del pecho para unirse con el suyo. Nuestros cuerpos no daban más de si se estaban sudando de placer y de deseo. Los gemidos se convertían en gritos y estábamos descontrolados. No pudimos aguantar más, llegamos juntos al orgasmo y nuestros cuerpos quedaron exhaustos al llegar a esa unión que tanto anhelábamos los dos. Permanecí unos minutos con mi cabeza sobre su pecho mientras ella me acariciaba.

    Me tumbé de nuevo a su lado, pasé un brazo por debajo de su cuello y el otro rodeando su cintura con mi mano enlaza en la suya sobre su vientre abrazándola por detrás. Nos besamos dulcemente.

    Espero que os guste y se aceptan valoraciones (son gratis) jejeje.

    Saludos.

  • Ella: El viaje a Grecia

    Ella: El viaje a Grecia

    Atenas. 

    “Última llamada para los pasajeros con destino Atenas. Pasen por la puerta número 8”

    -Corre Eva que no llegamos.

    Así comenzaban las dos amigas sus vacaciones griegas. Corrieron por todo el aeropuerto hasta llegar a la puerta número ocho cuando ya tan solo quedaba en el mostrador una jovencísima azafata. Entregaron la tarjeta de embarque y pasaron por el pasillo hasta el avión. Localizaron sus butacas 12E y 12F:

    -Menos mal que facturamos ayer, si no, no llegamos –le comentó a Eva que se había sentado junto a la ventanilla.

    -Pues sí, yo no pude recogerte antes. –Se disculpaba su compañera de viaje.

    Eva era su mejor amiga. Se habían conocido hacía ya algunos años cuando entraron a trabajar en la misma cadena de televisión. Era la directora del informativo que ella presentaba. Tenía un par de años menos pero conectaron desde el principio. Se lo contaban todo, trabajo, aventuras, familia… Había sido su gran apoyo, junto con Pablo, su maquillador, durante su ruptura con Pedro. Y fue ésta quién la había “liado” para hacer este viaje.

    Eva estaba soltera y hacía cinco años había terminado una relación de dos años. Desde entonces, nada de compromisos serios. Algún que otro folla-amigo pero nada que le atrajese.

    Estaba volcada en su trabajo, donde estaba considerada una de las mejores profesionales. Era muy segura de sí misma y con una fuerte personalidad. Físicamente era una preciosidad. Estatura media, delgada, unas buenas tetas quizás no tan grandes como las suyas. Una cara guapísima. De piel morena, nariz perfecta, ojos grandes, castaños claros, pelo negro. Boca grande con labios carnoso y una espectacular sonrisa con dientes blancos y perfectos. Tenía algo en su personalidad que atraía a todo el mundo. Con una gracia natural para contar sus aventuras que sin proponérselo acababa siendo el centro de atención. Además como se suele decir “todo le pasaba a ella”.

    Sin darse cuenta se había dormido y Eva tuvo que despertarla y avisarla que iban a tomar tierra el aeropuerto Eleftherios Venizelos de Atenas:

    -Bueno y ahora ¿Cómo llegamos al barco? –preguntó impaciente ella.

    -Un autobús nos lleva al puerto.

    -¿Qué hora es?

    -Las siete de la tarde.

    Efectivamente, en media hora estaban en un autobús de la compañía marítima que les llevaba al puerto de El Pireo. En hora y media cruzaron desde el aeropuerto hasta su destino. Al llegar vieron que se dirigían al puerto deportivo donde había barcos particulares impresionantes. Ella pensó que las fortunas de los propietarios de aquellos barcos podrían saldar la deuda externa de Grecia y sacar al país heleno de la profunda crisis en que se hallaba metido.

    Junto a los puntos de amarres, los coches no le iban a la zaga, Aston Martin DB-9, Ferraris de casi toda la gama, un impresionante Bugati Veyron azul. Siempre le habían gustado los coches y sabía que si algo denotaba la exclusividad y el buen gusto de alguien eso era un coche. Mientras pensaba en esto el autobús se detuvo en un aparcamiento reservado justo delante de un precioso barco blanco con una franja azul justo hacia la mitad. La imagen era realmente espectacular, todo el barco iluminado en la ya noche ateniense. Al comenzar a subir por la rampa de acceso acertó a ver el nombre “BLUE SHADOW”. Sombra azul se dijo para sí al tratar de traducir el nombre. Inmediatamente un marinero les tomó los equipajes y les condujo hasta su camarote:

    -235B cabina exterior.

    Las dos mujeres le siguieron por un pasillo con moqueta azul marino muy elegante. De repente pararon frente a una puerta. El marinero la abrió y les cedió el paso. Entraron en lo que era la habitación de un hotel con un baño, un armario metálico y dos camas de un cuerpo y medio separadas por una mesita de noche. Al fondo un televisor y frente a la puerta dos pequeñas ventanitas desde las que se podía ver la inmensidad del Mediterráneo:

    -A las veintidós se servirá la cena en el salón. A las veinticuatro zarparemos hacia la isla de Milos donde empezaremos las maniobras de atraque hacia las siete en punto de la mañana. A partir de las nueve se podrá desembarcar y desde las ocho de la mañana desayunar a bordo. Buenas noches y feliz travesía. –Les informó de manera protocolaria el marinero-botones.

    -Buenas noches. Muchas gracias. –Se despidió amablemente ella.

    -¿Qué plan tenemos mañana, Eva?

    -Mira. A las diez una excursión por la isla de Milos hasta las dos de la tarde. Luego almorzamos y nos vamos a la playa. Y a las nueve de la noche volvemos a embarcar. –Su compañera leía un díptico informativo que le habían facilitado en el autobús.

    -Vale. Yo me voy a quedar aquí esta noche. Estoy muy cansada.

    -Yo voy a cenar y dar una vuelta.

    Ella estaba tirada en la cama viendo la televisión por satélite cuando Eva se despidió antes de salir. Siguió zapeando sin mucho interés y mirando por la ventanilla se quedó dormida.

    Milos

    Un ruido lejano y monótono le hizo abrir los ojos poco a poco. Trataba de identificar el ruido y donde estaba. Por su cabeza pasó rápido el calendario y por fin se ubicó.

    Era el ruido de las máquinas del barco que las llevaba a la isla de Milos. Se dio la vuelta para localizar a Eva que dormía en la otra cama. Miró el reloj. 8:30 h:

    -¿Eva? ¿Estás despierta?

    -Mmm… –murmuró su amiga.

    Viendo que su amiga aún dormitaba se levantó y pasó al baño. Ducha, aseo y en pocos minutos estaba lista. Salió con un bikini negro buscando un vestido ligero. Su amiga ya estaba esperando para usar el baño:

    -Buenos días. ¿Qué tal anoche? No te oí llegar. –Comentaba ella mientras removía su equipaje en busca de la prenda.

    -Ya vi que dormías como un lirón con la tele puesta. –Contestó su amiga al tiempo que se estiraba antes de levantarse.

    Eva se metió en el baño mientras ella esperaba sentada en la cama. Eran las nueve y media cuando bajaron al salón a desayunar:

    -Anoche ¿qué? –preguntó con interés a su amiga.

    -Pues bien. No había mucha gente cenando. Yo ocupé una mesa con un par de parejas de recién casados. Luego me tomé una copa y salí a pasear por la cubierta.

    Tomaron sus bolsos y sus pamelas y se dispusieron a subir al autobús que les llevaría a hacer la ruta turística por la isla. Se sentaron justo delante de una de las parejas con las que Eva había cenando la noche anterior. Estos le saludaron e identificaron a ella, a quién también saludaron de manera efusiva. La presentadora les agradeció amablemente con una sonrisa antes de colocarse sus gafas de sol.

    El viaje duró unas cuatro horas. Visitaron el lugar donde fue encontrada la Venus de Milos. Los distintos pueblecitos con fachadas encaladas y zócalos azul añil. Desde el mirador más alto de la isla había unas vistas increíbles del Mediterráneo… El autobús no es que fuera muy moderno. Una SETRA SEIDA que tenía que estar a punto de jubilarse. Le costaba subir algunas cuestas y para colmo ya al final del viaje se le estropeó el aire acondicionado. Con lo que la última media hora fue un infierno. Cuando llegaron al final de la excursión decidieron que tomarían un par de bocatas y se irían directas a la playa. Para evitar quedar con el resto de los excursionistas, pidieron indicaciones al guía y este les aconsejó una pequeña cala que aunque estaba más lejos si era más tranquila.

    Cogieron un taxi que en cinco minutos les dejó en una pequeña calita a las afueras del núcleo urbano. Efectivamente no había aglomeraciones como en la playa más grande, donde fueron a parar todos los demás turistas.

    La arena era muy fina y casi blanca. El agua azul intenso y clara como en una bañera. Tendieron las toallas y echaron un vistazo a su alrededor. Había muy poca gente, pero tenían algo en común. Todas estaban por parejas. Se dieron cuenta que el guía había confundido su relación de amistad con algo más. Indudablemente aquello era una playa homosexual:

    -¿Pero… Eva qué coño le preguntaste al guía? –Preguntó riéndose ella.

    -Por una playa más íntima. Pero su inglés debe ser muy básico. –Justificó Eva el malentendido.

    -Espero que no nos entre ninguna de aquellas dos, Eva… –señalando a una pareja de lesbianas bastantes gordas.

    -Bueno no te quejes. No nos comeremos nada, pero nos alegraremos la vista –señalando a su vez a una pareja de tíos que salían del agua con cuerpos atléticos.

    -Te he dicho que he empezado a hacer topless. –Anunció ella al tiempo que se quitaba la parte superior de su bikini.

    -Sí –mirándola con cierto asombro. –Qué bien te ha sentado tu fin de semana sola, ¿no?

    -Te tengo que contar mucho. Allí me he soltado el pelo y te he hecho caso en lo de las manchas de moras. Y la verdad es que me ha sentado muy bien. –La presentadora comenzó a untarse crema protectora.

    -Te lo he dicho siempre. Disfruta, tía, que la vida es corta.

    Se tumbaron en las toallas al sol. Eva también se había quitado el sujetador y había dejado al aire dos tetas riquísimas, morenitas, con un pequeño pezón algo más oscuro.

    Al cabo de un rato, Eva llamó su atención:

    -Mira, mira, mira… por Dios… –dijo con exagerado asombro.

    Ella se incorporó y vio a un tío alto, moreno, de rasgos angulosos, barba de varios días, ojos claros y un cuerpo musculado:

    -Está buenísimo el tío… –comentó ella mientras el hombre se acercaba hacia otro rubito con aspecto aniñado y se daban un apasionado morreo.

    -¿Buenísimo? ¿Tú has visto el paquetón de ese tío? Si va a matar al rubito ese. –Se reía nerviosa Eva.

    -No le he visto.

    -Ahora se va a girar.

    -JODER… Qué tiene ese hombre ahí.

    -Uf… quién cogiera algo así para hacerle un favor.

    -Eva… estuve con un tío… –decía esto con cierta vergüenza –que la tenía… –Se mordió el labio inferior y negó con la cabeza como si aún hoy le pareciera increíble.

    -Cuenta, cuenta… –se interesó su amiga.

    -Era un camarero del hotel. Empezamos a hablar en la barra del bar y acabamos saliendo de copas con sus amigos.

    -¿Y qué? ¿Cómo la tenía?

    La presentadora separó las manos a modo de medida, miró a su amiga:

    -Eva, era enorme, descomunal… –Comentaba con cierto orgullo de su conquista.

    -Joder, tía. Tengo ganas de enganchar una polla de esas.

    -Vamos, tú no te puedes quejar de tu curriculum… –Reprochó a su amiga.

    -Ya, pero hace mucho. Desde que estuve en París con aquel tío de la CNN. ¿Te acuerdas? –Eva decía esto mientras buscaba algo en su bolso.

    -Que menos mal que la tenía grande porque era feo de cojones, ¿eh?

    -No estaba tan mal… ¿no?

    -Habías bebido, Eva. Por eso no le veías tan mal. –Poniendo en evidencia su apreciación de la belleza.

    -Bueno pero tenía un pollón, ¿no? –justificándose y dando por buena su elección.

    -No sé. Tú me dijiste que sí.

    -¿Y tu camarero? Además de bien dotado ¿Qué más?

    -Uf… era atractivo, surfista… y sabía divertirse. –Lo decía casi embelesada por el recuerdo.

    -Uy, uy, uy… que te gustó mucho… –le dijo Eva insinuando un enamoramiento juvenil de la presentadora de informativos.

    -NO. A esta edad quiero libertad. Como tú. Y aquel tío fue eso. Un buen polvo. Bueno o dos… y fueron polvazos… –Ella decía todo esto con la mirada perdida en la inmensidad del mar donde el sol se reflejaba como en un espejo obligándola a entornar los ojos. Sentada y apoyada sobre las palmas de las manos sentía como una cálida brisa acariciaba sus senos desnudos y recordaba la pequeña calita a la que le llevó Carlos la última tarde. Notaba una sensación de satisfacción al pensar en su fin de semana sola.

    Terminaron con la tarde de playa hablando y comentando el desfile de cuerpazos que les rodeaban por todas partes. Eso si todos gay. Sobre las seis de la tarde volvieron al puerto de la isla en taxi y allí embarcaron de nuevo. A las diez de la noche bajaron al salón del barco a cenar. Como en la noche anterior Eva, se sentaron en una mesa con tres parejas de recién casados. Lógicamente todos la conocieron y estuvieron muy simpáticos con las dos amigas. Pero acabada la cena prefirieron estar solas. Aprovecharon la buena temperatura para salir a pasear por la cubierta y así ponerse al día de sus cosas. Eva le contó lo estresada que había llegado a las vacaciones por culpa del trabajo. Que seguía sin pareja y que tampoco se veía en un futuro próximo con nadie. Eso sí, mantenía el contacto con un par de folla-amigos que de vez en cuando venía bien para el estrés. Después estaba Sergio, el del tiempo. Que sí, que estaba muy bien y todas en la redacción estaban locas por él. Pero ella no lo veía:

    -Hombre. Sergio no está nada mal. A mi me da morbillo. –Dijo ella con cierto interés.

    -¿Ah sí? Pero como has estado tan agobiada desde enero… parecía que no te gustara ningún tío.

    -Bueno, sí. Lo he pasado mal, pero he comprendido que tengo que abrir una nueva etapa en mi vida.

    -Yo te he dicho eso hace tiempo.

    -Ya lo sé… Pero no me sentía preparada hasta ahora. Y he empezado ya con ese cambio…

    -Si, ya… con el camarero y su manguera. –Las dos amigas rieron mientras seguían paseando por la cubierta del barco. La noche estrellada en medio del Mediterráneo era el escenario perfecto para que las dos amigas se pusieran al día a cerca de sus intimidades.

    -Me he propuesto hacer realidad mis fantasías… –dijo esto con cierto misterio.

    -¿Y que has hecho ya? –le preguntó Eva con curiosidad, mientras encendía un cigarro.

    -Me he tirado a un camarero desconocido en una noche loca en un pueblo perdido.

    -¿Qué más?

    -Ya te iré contando. –Guardó silencio con respecto al joven socorrista, como si fuera un secreto inconfesable, ni siquiera a su mejor amiga –oye, Eva, una pregunta, ¿tú has practicado sexo anal?

    -¿Te han dado por culo? –preguntó casi gritando a la cara de su amiga.

    -Calla, tía que te van a oír. –Se detuvo la presentadora agarrando a su amiga por un brazo. –No, pero quiero hacerlo, pero me asusta el dolor.

    -Bueno. La primera vez te va a doler mucho. El tío te tiene que dilatar y lubricar bien. Y la tiene que meter con cuidado para que no se te rompa el agujero. –Explicaba de manera académicamente experta Eva.

    -¿Pero…? ¿Te gusta…?

    -A mí me gusta mucho. –Sentenció su amiga apurando el cigarro.

    -¿Cuál es la mejor postura? –preguntaba intrigada ella.

    -La mejor es a cuatro patas. Con el culo en pompa. A mí es la que más me gusta. Y que me den por culo bien fuerte. Aunque también puedes ponerte tú encima y controlar más la penetración.

    -¿Y si el tío la tiene grande?

    -Mira, yo me tiré a un negro con una buena tranca que me destrozó el culo. Casi me muero de gusto, pero me llevé dos días dolorida. –Enumeró Eva los pros y los contras de su elección.

    Eran casi las doce de la noche y decidieron volver a su camarote. El barco navegaría toda la noche rumbo a la isla de Mykonos donde harían la misma ruta que el día anterior. Autobús para recorrer la isla y luego la tarde libre para estar en la playa. Además harían noche en la isla.

    Mykonos

    Después de una excursión por todos los restos que la civilización griega había dejado esparcidos por toda la isla el autobús les dejó en la playa. Ésta vez decidieron ir a la que fueran todos los demás y una vez allí se tumbaron al sol. Por supuesto, el desfile de cuerpos aquí no tenía nada que ver con el del día anterior, así que prefirieron tumbarse en sus toallas durante horas. El barco, atracado en el puerto, haría noche en Mykonos ya que era la isla más turística y con más marcha. Las dos amigas decidieron que esa noche saldrían a cenar y a divertirse en las muchas terrazas que poblaban la playa, y que tenían tanta fama.

    Después de pasar por el camarote, salieron a cenar, perfectamente arregladas. Ella pensó que estaban con la “ropa de matar”. En su caso, un vestido negro entallado perfectamente a su cuerpo con generoso escote. Eva llevaba un pantalón pirata conjuntado con un top floreado que dejaba al aire una barriguita totalmente plana. Tras cenar en la terraza de un típico restaurante griego, salieron a buscar una terraza de copas. Se metieron en una que estaba repleta de gente. Sonaba una de Kyle Minogue y ella recordó aquella última noche con Carlos en al discoteca de aquel pueblecito del sur que había cambiado su forma de vida. Al llegar a la barra para pedir se les acercó un joven camarero. Era moreno, alto, ojos verdes. A ella se le dio un aire al socorrista del hotel. Se dio cuenta que aquel viaje sola le había marcado. Decidió que esta podría ser otra gran noche. Miró a Eva que se había quedado prendada del camarero:

    -Vamos, Eva, que está trabajando. –Reprochó en tono de broma la actitud de “tonteo” de su amiga.

    -Joder, como está. ¿Tú lo has visto? –Se justificaba, ésta.

    -Sí, es mono. Pero es un niño.

    -¿Un niño? Déjamelo y lo convierto en un hombre del tirón. Tiene una sonrisa para comerle toda la polla. –El alcohol sacaba a la Eva más transgresora.

    Cuando sonó Stereo Love ya llevaban un buen rato bailando y habían ido a pedir varias caipirinhas que les habían sentado muy bien. Entonces llegó Gio. Un griego de casi dos metros, moreno de profundos ojos negros y sonrisa de anuncio. Tras presentarse en un perfecto inglés le entró a saco a Eva quién se dejó querer.

    Continuaron bailando y Eva le hizo señas para que les dejara a los dos solos. Así que la periodista decidió acercarse a la barra a pedir un Cutty Sark con 7 Up. En el momento de sacar un cigarro, una mano le brindó un Zippo plateado. Ella miró y descubrió a un tipo tremendamente atractivo, escasamente superaba el metro ochenta, era delgado y con el pelo gris. Era muy guapo:

    -Thank you –contestó la periodista.

    -Soy español –corrigió el hombre –Veo que tu amiga a encontrado compañía. –Señalando a una Eva bailando desenfrenada con el griego.

    -Si… bueno… está por ahí… bailando.

    -Perdona. Soy Santi. –Se presentó el hombre.

    -Yo… bueno… me llamo… –un poco perdida.

    -Sí. Te conozco, veo los telediarios. –dijo él con aplomo.

    -Sí, claro. Eres español ya me has dicho. –Ella no terminaba de centrarse para controlar la situación.

    -Sí. Trabajo para una empresa multinacional. Y viajo a menudo a Grecia.

    -Nosotras estamos de vacaciones. El típico crucero por las islas griegas.

    -Pues sí. Suena típico, pero merece la pena. Aunque lo mejor y más autóctono no lo muestran.

    Santi se adelantó a ella y pagó la consumición de ésta pese a sus protestas. En ese momento llegaron Eva y Gio. Él venía con su irresistible sonrisa y ella con una cara de loba que lo decía todo:

    -Hola soy Santi.

    -Hola. Yo soy Gio.

    -Vaya triunfazo, ¿no?

    -No veas como está la tía.

    Este pequeño dialogo se produjo en griego con lo que las dos chicas no entendían nada:

    -Perdona soy Santi. –Se volvió a presentar esta vez a Eva.

    -Yo soy Eva y a Gio ya le conoces.

    -Sí domino el griego. –Dijo el hombre antes de dar un sorbo a su gin tónic poniéndole el chiste en bandeja.

    -Mmm… que bien suena eso. –Replicó la mujer con la incontinencia verbal de los primeros efectos del alcohol.

    -Eva, por favor. –Intervino ella un poco avergonzada por la actitud descarada de su amiga.

    -No te preocupes. Domino todo el griego –y la miró con unos ojos lascivos.

    -Bueno nosotros nos vamos. A ver si me dan clases de griego… –Eva se acercó a su oído y le dijo –se la he comido en el baño y me lo voy a tirar. No te preocupes si no vuelvo esta noche al camarote. Ah y suerte con este tío.

    Ella miró a Santi que con estilo sofisticado bebía su gin tonic en vaso de tubo al tiempo que sostenía su cigarro entre los dedos. Le pareció tremendamente atractivo. Se preguntó como tendría la polla. Y sintió unas ganas enormes de hacérselo con él:

    -Así que dominas el griego… –preguntó ella con media sonrisa.

    -Sí. Lo hablo muy bien. Ya me has oído. –Justificó el hombre su contestación con falsa inocencia.

    -Pero has dicho que dominas todo el griego… –y rio. La periodista empezaba a no controlar sus comentarios debido al alcohol. Él se acercó a su oído.

    -Si quieres puedo darte algunas clases. –Y descendió para besarle el cuello al tiempo que ella tiraba la cabeza hacia atrás.

    -Deben ser clases básicas –y arrimó su pierna a la entrepierna de él notando como su paquete comenzaba a crecer bajo su pantalón vaquero.

    -¿Nos tomamos la última en un sitio más íntimo?

    La mujer asintió besándole los labios y fueron hacia la salida. Pidió las llaves de su coche y le trajeron un 911 Carrera cabrio del 2008 rojo con tapicería de cuero negro. Ella pensó que, aunque con buen gusto, era poco original. Incluso en su interior se sintió un poco defraudada. Lo había idealizado menos conservador. Aunque no hizo ningún comentario al respecto. El viaje apenas duró unos cinco minutos. El hombre conducía con la capota bajada, lo que permitía disfrutar de la magnifica noche y unas buenas vistas desde la carretera que corría cerca de la playa. Ella inspiró fuerte y sus pulmones se llenaron con el aroma salado de la brisa marina. Durante el trayecto, la periodista se enteró que su anfitrión tenía cuarenta y tres años, estaba divorciado hacía cinco y era padre de un adolescente de quince que vivía en Barcelona con su madre. Llevaba diez años trabajando en un puesto directivo de una multinacional energética alemana.

    Llegaron a una urbanización privada de apartamentos de estilo mediterráneo pintada de blanco. Con un mando a distancia, Santi, abrió la verja y aparcó junto a un pequeño bloque de tres plantas. Subieron una escalera y llegaron a una puerta de madera. El hombre la abrió y pasaron al interior.

    Tras dejar las llaves en un mueble del recibidor accedieron a un impresionante salón desde donde se accedía a una terraza con unas increíbles vistas al mar. El hombre encendió la luz y la dosificó hasta una baja intensidad que hacia la estancia más acogedora. Luego puso un hilo musical con temas de los ochenta y los noventa. Tras preguntarle, le sirvió un vaso ancho de un típico licor griego. Ella, pensando que no debía seguir bebiendo salió a la terraza con el vaso en la mano. Fuera se oía suavemente las olas chocar contra las rocas, era la una de la madrugada y la temperatura era ideal. Salió el hombre bebiendo un whisky sólo con hielo:

    -¿Qué te parece? –preguntó Santi junto a ella mirando al mar.

    -Impresionante. ¿Tuyo o de la empresa? –preguntó interesada la periodista.

    -Mio, igual que el coche. La empresa me paga muy bien. –Justificó su patrimonio en un momento económico tan difícil para un país como Grecia.

    -Vives muy bien.

    -Bueno trabajo muy duro. La empresa es muy exigente. Tú tampoco debes vivir mal. Eres famosa.

    -No te creas, solo presento un telediario. Pero el tiempo que me queda trato de disfrutarlo a tope. Y aprender cosas nuevas… –y le miró sonriéndole.

    -Ah, sí. ¿Cómo qué? –y le volvió a besar el cuello. Ella tiró la cabeza hacia atrás.

    -Bueno… quizás… –mientras le iba quitando los botones de la camisa –…sea la hora de aprender nuevos idiomas… –ya había empezado a desabrocharle el pantalón.

    -¿Y qué idiomas dominas? –preguntó él con lascivia.

    La mujer le miró a los ojos, le besó y se arrodilló ante él. Le terminó de bajar el pantalón. Vio que no estaba depilado. Retiró su ropa interior y saltó su polla. No era grande aunque sí tenía una gran erección. Tampoco era bonita, la tenía un poco torcida a la derecha. Se la agarró fuerte y tiró hacía atrás para liberar un capullo al rojo vivo que parecía a punto de estallar. Le miró con ojos de guarra y acercó la cabeza hasta aquel trozo de carne caliente. Al contacto de sus labios oyó que el hombre dio un gemido de placer. Se entretuvo con el glande, haciendo su trabajo con un vaivén de cabeza. Mientras, él apoyado en la baranda de la terraza con la camisa totalmente abierta y desnudo de cintura a pies, suspiraba de placer. Se la acomodó en la boca para evitar arcadas y se la metió entera, para luego ir sacándola poco a poco para terminar pasando la lengua de abajo a arriba:

    -Uf… que bien se te da el francés. –Adulaba irónico el hombre.

    -Siempre he obtenido muy buena nota. –Replicaba la mujer siguiéndole el juego.

    Y volvió al vaivén de cabeza esta vez acompañando de una paja con la mano derecha mientras que con la izquierda le acariciaba el culo:

    -Sigue, sigue. Más rápido. –Le pedía Santi con los ojos cerrados.

    Ella aumentó el ritmo de la mamada. En el hilo musical empezaba a sonar Out of control de los Rolling cuando notó que el hombre tensaba las piernas:

    -Aaahhh, ahora, ahora… aaahhh.

    La mujer notó la corrida caliente en su boca. No fue muy grande así que pudo tragársela toda:

    -Joder como la chupas. –Comentó él con los ojos entornados.

    -Se me dan bien los idiomas… –replicó la periodista mientras terminaba de tragar el espeso esperma.

    Se levantó y se fue al baño. Tenía que eliminar tanto alcohol. Antes de salir se enjuagó la boca y salió desnuda al salón. Había dejado su sensual vestido negro en el baño. Santi estaba sentado en el sofá fumando un pitillo de marihuana. La mujer avanzaba con un paso lento pero seguro, notaba el frío suelo bajo sus pies. Distinguió en la tenue luz del salón el cabello plateado y perfectamente recortado a la altura de su nuca, le acarició los torneados brazos que tenía extendido a lo ancho del respaldo. Le cogió el cigarro y le dio una honda calada. Después se colocó delante de él:

    -Eres preciosa… –Alabó Santi su físico.

    -Que buena está esta “maría” –Dijo ella sin prestarle mucha atención.

    -…además de ser una viciosa. –Continuó el hombre.

    -Me gustan las sensaciones intensas.

    Santi la arrimó hacia él y comenzó a besarle la barriga. La periodista dio otra larga calada para rematar el porro. Levantó la pierna derecha y la apoyó en el asiento. Con una mano acercó la cabeza de él a su entrepierna. Quien entendiendo las intenciones y comenzó a comerle el coño. Recorrió toda la raja con su lengua. La tenía caliente. Subía despacio hasta su clítoris y parecía no llegar nunca. El hombre se reclinó sobre el respaldo y la periodista, que ya había tirado la colilla del porro al suelo de mármol blanco, se subió de pie al sofá de cuero color “camel”. Apoyada en el respaldo colocó su precioso sexo totalmente rasurado en la cara de su amante quién comenzó de nuevo una comida tremenda, al tiempo que le acariciaba el culo:

    -Qué rico sabe tu coño…

    -Mmm… sigue con la lengua… aaahhh

    Santi buscaba su ano con el dedo de la mano derecha:

    -Aahhh… sííí joder… la pipa, muérdeme la pipa… vamos no pares. –La mujer se excitaba cada vez más al notar el dedo de su amante acercarse a su ano.

    Él empezó a darle pequeños mordiscos en el clítoris que hicieron que ella se estremeciera de placer. Introdujo un dedo en su vagina y palpó esa parte rugosa que la volvía loca:

    -Mmm… come cabrón, come. –Decía trinchando los dientes.

    Santi movía la lengua sobre su clítoris y la presentadora estaba a punto de estallar. Con el dedo corazón lubricado con el jugo de su vagina empezó a presionar su agujero trasero hasta introducírselo:

    -Métemela. Quiero que me folles –exigió la mujer.

    Fue descendiendo hasta ir clavándose la polla por el coño. Echó la cabeza hacia atrás y suspiró fuerte cuando la notó dentro. Comenzó a botar lentamente al tiempo que él le comía sus preciosas tetas:

    -Que bien… –suspiraba extasiada.

    -Que bien follas, tía. –Santi continuaba adulándola.

    -Dame tú. Fóllame tú. –Ella no perdía el tiempo.

    La periodista se levantó y se tumbó boca arriba en el sofá con las piernas abiertas. Él la miró. La escena era muy excitante. Una famosa presentadora de informativos que estaba buenísima esperaba abierta de piernas a ser penetrada por su polla. La recordó en el frío plató de televisión, seria con el rigor necesario para informar y ahora la tenía a su merced. Excitada y pidiendo ser penetrada.

    Fue acercándole la polla poco a poco a la raja caliente y húmeda de su vagina. Ella le miró, era guapo pero no tenía el cuerpo del socorrista y su polla era normal, nada que ver con la impresionante verga del camarero. Al recordar a Carlos cerró los ojos y su excitación aumentó de inmediato. Deseaba ser penetrada por aquel tío.

    Le agarró la polla y la fue dirigiendo hacia su coño. La tenía muy dura. Pese a haberle pegado una buena mamada se había recuperado pronto:

    -Aaahhh, sííí.

    -¿Te gusta? –Preguntaba morboso él mientras le tenía sujeta por las piernas.

    -Hasta el fondo. Métemela hasta el fondo. –Pedía ella al tiempo que miraba como el falo de Santi se perdía en su sexo.

    Sin aumentar el ritmo se la metió hasta que sus cojones hicieron de tope. Santi se arrimó mucho a su cuerpo y ella le abrazó con sus larguísimas piernas. Sin tenerla muy grande la notaba muy adentro y le daba mucho placer. Él se acomodó para iniciar un mete-saca que fue en aumento:

    -Dale, dale, más fuerte –pedía la mujer presa de una excitación desmesurada.

    -Qué coño más rico tienes. –Respondía Santi notando como su miembro se derretía en la ardiente vagina.

    La periodista se cogía las tetas con una mano y con la otra se hacía una paja al tiempo que el hombre seguía clavándosela muy fuerte. Cuando estuvo a punto de correrse se la sacó del coño y se pajeó encima de ella que seguía masturbándose:

    -Córrete en mis tetas –pedía la periodista mirándole a los ojos.

    Con un fuerte grito acabó sobre su bello cuerpo. El semen caliente cayó, primero, sobre su teta izquierda inundando su pezón, erguido por la excitación. Luego cruzando su vientre, dejando una línea blanca y caliente. Esto la llevó al máximo de su excitación y acabó corriéndose con gran cantidad de flujo:

    -Oh, aaggg… que polvazo. –Era lo único que acertaba a decir la mujer cerrando fuerte las piernas entrono a su mano apoyada en su sexo. Santi se deleitaba con la visión del orgasmo de su amante.

    El hombre acercó su polla a la boca de la periodista para que le limpiara los restos de la corrida cosa que hizo gustosa:

    -Eres una puta viciosa –la definió él con cara de lascivo.

    -Lo sé y me encanta –sentenció ella con cierto orgullo.

    Se levantó y volvió a ir al baño. Se metió en la ducha y se remojó para limpiarse la corrida que Santi había esparcido por su cuerpo. Al salir vio que el hombre la esperaba de pie apoyado en el sofá. Para sorpresa de la mujer otra vez estaba empalmado. Cosa que aparte de asombrarle le alegró ya que seguía muy caliente:

    -Mmmm… otra vez la tienes dura… –se acercó a él y le empezó a acariciar.

    -Te tengo que aprovechar bien –la arrimó hacia él– quiero hacerte una cosa –acariciándole el culo.

    -¿…y que me quieres hacer? –Apretándole la polla fuerte –¿Darme por culo? Soy virgen. –Le dijo con cierto reparo.

    Subieron a la planta superior donde se encontraba el dormitorio principal. Tenía una gran ventana que daba al mar. Estaba abierta de par en par y se oían las olas. En el centro de la estancia una cama de matrimonio dos por dos donde la mujer se tumbó de manera sensual mientras observaba como su anfitrión se movía con soltura por la habitación. Santi tomó un bote de vaselina de un mueble bajo y se dirigió hacia su “victima”. Levantó las piernas de ella por encima de su cabeza accediendo perfectamente a su ano. Era un agujero oscuro y arrugado. Comenzó a masajearlo con dos dedos al tiempo que untaba el lubricante. A la mujer se le escapaban algunos quejidos cuando introducía los dedos. Una vez que lo tuvo bien lubricado le pidió que se pusiera a cuatro patas con la cabeza apoyada en el colchón y la espalda arqueada hacia abajo de manera que su culo quedara a su merced. La presentadora sintió algo de miedo viendo lo que era ya inevitable:

    -Nunca lo he hecho por el culo, de verdad. Soy virgen. –En una petición de clemencia por un arrepentimiento de última hora que ya no tenía mucho sentido.

    -Siempre hay una primera vez… –Sentenció Santi.

    Miró a su izquierda y se pudo ver reflejada en el gran espejo de la puerta del vestidor. Posiblemente colocado allí para tal propósito. Santi se tomó su tiempo para untarse la polla de vaselina. Luego se colocó detrás de ella, entre sus piernas. Era indudable que no era la primera vez que el hombre hacía esto, así que pensó que estaba “en buenas manos”. Se dispuso a ser sodomizada por primera vez.

    Agarrándose fuertemente la polla, Santi puso el capullo en la entrada de aquel hermoso culo virgen. Haciendo fuerza, su polla luchó contra la resistencia y se fue abriendo camino por el recto de aquella tía. Ella se quejaba por el dolor:

    -No me cabe. Me duele.

    -Relájate. No aprietes el culo –le aconsejaba él.

    El hombre, sin importarle las suplicas le dio un buen empujón y se la metió entera, hasta que los huevos chocaron con los gordos labios vaginales. Ella, gritaba y hacía tiempo que se retorcía de dolor mientras el hombre la agarraba con fuerza por la cintura evitando que se pudiera escapar. La periodista se aferraba a las sabanas con las manos y hundía la cabeza en la almohada para ahogar los gritos que le producía el castigo que estaba recibiendo.

    Durante unos segundos, Santi se la dejó dentro para que su interior se fuese acostumbrando a aquel intruso. La mujer empezaba a notar algo de placer en aquel terrible dolor. Dejaba de retorcerse para buscar un movimiento más cómodo. Cuando él empezó a moverse lentamente, ella tomó aire y lo fue soltando poco a poco, mientras jadeaba entrecortado:

    -Te empieza a gustar, ¿no?

    -Sííí. Pero despacio que me duele mucho.

    -Tranquila, quiero disfrutar de tu culo.

    -Ayyy, uf… me lo abres. –Notaba que su culo le ardía.

    Santi empezó a aumentar el ritmo de sus embestidas:

    -Mi culo, cabrón. –Decía ella con un hilo de voz.

    -Si te va a gustar…

    -Sííí, mi culo… joder, sí me gusta –la voz apenas le salía.

    Se miró en el espejo y se excitó aún más al contemplar como aquel tío, que acababa de conocer, le desvirgaba el culo. Su polla le ardía dentro y tenía la sensación que le quemaba todo sus intestinos. Entonces pidió más:

    -Ahora, sííí, dame más. –Empezaba a disfrutar del castigo anal.

    -¿Quieres fuerte? Puta. Pues toma polla.

    -Aaaggg, párteme el culo. Dame fuerte, cabrón.

    Santi aceleró todo lo que pudo. La iba a reventar. El pensar que le estaba dando por culo a una presentadora famosa le producía un morbo y una excitación que no podía controlar:

    -Toma guarra. Te parto el culo- le decía fuera de sí.

    -Aaaggg, aaaggg, aaay…

    Cerró los ojos y cuando pensó que ya no tendría más aguante y que aquel tío la iba a atravesar, notó como se le llenaba el culo de leche caliente:

    -Dios, me corro –aulló Santi.

    -Sííí, échamelo dentro, cabrón. Aaahhh.

    El hombre descargó un buen chorro de semen dentro del culo y cayeron sudando uno sobre la otra. Él seguía dentro de ella y los dos respiraban fuerte. La mujer soportaba todo el peso de Santi sobre su espalda y trato de moverse. El hombre le entendió y sacó su polla con cuidado. La periodista se quejó y tenía el culo ardiendo. Aquella brutal penetración anal le había producido desgarros. Su ano latía tratando de volver a su tamaño natural y le era imposible contener la mezcla de heces, semen y sangre que le salía de dentro. Decidió ir al baño a limpiarse mientras su “verdugo” reposaba tumbado en la cama mirando al techo con la polla al rojo vivo.

    La presentadora se metió en la ducha y se limpió bien el agujero del culo. Al pasar la mano pudo ver cómo le dejaba restos de sangre en los dedos. Le dolía muchísimo, realmente se sentía toda dolorida. Cogió un espejo de mano y se tumbó en la bañera. Levantó las piernas y colocó el espejo entre ellas para poder ver su particular “zona cero”. Lo tenía todo abierto, se palpó y se introdujo dos dedos. Pensó que aquél cabrón le acababa de reventar el culo. Empezó a sentirse excitada de nuevo. Cogió la alcachofa de la ducha y la dirigió hacia su clítoris. El chorro de agua le masajeaba y ella comenzaba a jadear. Soltó el espejo y con la mano derecha empezó a hacerse una paja al tiempo que seguía dirigiendo el chorro de agua a su botón. Recordando cómo había sido brutalmente sodomizada se corrió en un riquísimo orgasmo.

    Sobre las seis y media de la mañana entró en el camarote donde descansaba Eva:

    -¡Hombre! ¿Qué tal? ¿Folla bien? –Fue el recibimiento que le dio Eva que la esperaba despierta tumbada en su cama.

    -Calla tía. Me ha roto el culo. –Anunció ella con cara de dolor.

    -Jajaja. –rio su amiga –Bienvenida al club. ¿Y qué?

    -Uf, me ha gustado. Pero ahora no me puedo ni mover. ¿Y tú qué?

    -Buah, lo hicimos en la playa. En la arena y en el agua. La tenía enorme.

    -Bueno pues se nos acaba el viaje. Nos llevamos un buen botín, ¿no?

    -Tú sobre todo, que ya no te queda nada por estrenar…

  • Probé y me gustó

    Probé y me gustó

    Mi experiencia es casi en tiempo real, les voy a contar lo acontecido durante el día de hoy, en el cual realicé una fantasía que hace tiempo daba vuelta en mi cabeza.

    Estando en la tranquilidad de mi casa, recibo el llamado de un comprador, que me dice que pase por su casa a cobrar una encomienda realizada días atrás. Qué no se encontraba en el lugar, pero que me recibiría su «empleada».

    Salgo de mi hogar y me dirijo hacia el domicilio en cuestión. Toco timbre por unas tres veces más o menos debido a que no me atendía nadie. Hasta que detrás de la puerta alguien me pregunta quién era y qué necesitaba. Conteste dando mi nombre y contando a que iba. Me hacen pasar y al entrar, la empleada era una bella morocha que me indica que me sentara y aguardara unos minutos dado a que estaba bañándose. Pacientemente, aguarde en un sillón grande y cómodo que se encontraba en la sala.

    Pasaban los minutos y seguía esperando. No con tanta paciencia ya porque me quería ir, trate de llegar hasta la puerta de donde se estaba duchando la bella en cuestión cuando, de repente, me sorprende una chica trans que me pregunta que estaba haciendo. Le respondí que buscando a quien me había atendido, que venía por mi paga y me tenía que ir pero que no había regresado más.

    Esta chica trans que me hablaba, era otra morocha con pechos grandes y cola muy parada, poderosamente llamativa. Vestía en ropa de playa, con diminutas prendas que se podía notar todo lo que poseía. Por lo cual no pude evitar observarla con disimulo… o al menos eso creí yo, porque enseguida se dio cuenta de mi forma de mirarla, por lo que enseguida atinó a decirme: «…te gusta lo que ves?…». Tartamudeando de los nervios, le respondí que sí, por lo que enseguida me agarro de la mano y diciéndome que no le tenga miedo, me acompaño al nombrado sillón.

    Una vez allí, quizás notando mi timidez y tal vez adivinando mi pensamiento, ni bien me sienta en el sillón, se me acercó muy a poca distancia e inmediatamente me susurró: «… o te gustó mi pija?…». No me dio tiempo a responder o tal vez de mis miedos, perdí la noción del tiempo. La cuestión que no llegue a decir nada cuando ella ya tenía su munición lista, parada y fuera de su prenda. Era gruesa y medía como 23 centímetros…

    Abrí mis ojos y quedé como paralizado, sin saber qué hacer, y ahí me dice: «… chúpala, te va a gustar…». Ya tremendamente pasivo, haciendo caso a todo lo que me decía, agarre su pija y la lleve hasta mi boca, me la metí lo más que pude y comencé a mamarla lentamente.

    Inevitablemente, ya había comenzado a excitarme y mi grado de excitación, aumentaba cada vez más, y se notaba. Y yo ya quería que se notara, después de todo ya estaba en el baile y era una fantasía que siempre estaba rondando, a lo que sentía que por algo se daba y tenía que dejarme llevar. Sin saber a cuanto llegaría y que haría y que no haría.

    Mientras estaba chupándosela, ella termino por quedarse completamente desnuda y yo aprovechaba y la vez, le acariciaba las tetas y se las agarraba. Ella, mientras tanto, me metía cada vez más su pija hasta el fondo de mi boca. Así pasaron algunos minutos hasta que me indicó que me quitara mi ropa, obedecí y así me quede desnudo por completo frente a su mirada.

    Me preguntó si ya había estado alguna vez con una chica trans y ya había debutado como pasivo, le contesté que no, que aún ninguna de las dos cosas, aunque estaba dispuesto a probarlo y a realizar cual aventura me propusiera.

    Enseguida me sonrió y me vaciló: «… seré tu primera pija en el culo, ven, ponte en 4 que te voy chupar el ano y lubricar la zona…»; y así le obedecí y me acomodé. Me di vuelta, me puse con mi cola para arriba y me deje llevar…

    Ni bien sentí su lengua en mi culo, ya empecé a gemir, el grado de exaltación ya era inmenso, por lo que creo que con cada lenguazo de ella, ya mi ano se iba abriendo cada vez más deseando sentirla toda adentro. A su lengua le siguió que me penetrara sus dedos, primero uno y luego siguió con dos… con eso fue suficiente que ni más lubricación necesito y de un momento a otro, ya estaba entrando su pija en mi culo…

    Mientras penetraba, despacito al comienzo, yo gemía y gozaba desde el principio, algo que también la excitó, porque no pasaron ni 5 minutos y ya la tenía toda adentro, y ya estaba bombeando mi culo con más fuerza. Se sentía muy bien. Me gustaba y más me hacía gemir, me hacía gritar de placer. Me dio en cuatro un buen tiempo, después me hizo girar y quedar de frente a ella para levantar mis piernas hasta su hombro, me agarro de la cola y me volvió a penetrar, mientras me decía que quería ver mi cara, como gozaba como se la pedía. Fue otro buen rato dándome en esa posición y yo que ya estaba para cualquier cosa.

    Seguidamente, me hizo sentar arriba de ella y de frente, y agarrando mi cola y abriendo más mi culo, me la metió otra vez y siguió bombeando ya con mucha más fuerza que ni un milímetro de su pija quedaba fuera de mí. Me dio y me dio tanto, que pensé que ya en cualquier momento me acababa dentro. Pero no fue así, se aguantaba para un capítulo más…

    Cuando, creo, sintió que estaba por llegar, se salió y me dijo: «… tengo algo más para vos…»; y ese algo más era quien rato antes se estaba bañando y que fue a buscar para seguir complaciéndome. -¡hoy vas a probar todo!- me dijo, mientras poniéndome en cuatro otra vez, me guio para que le chupara la pija, y fue cuando sentí que de atrás alguien llegaba, la empleada mencionada anteriormente que no sabía que era trans también, y me penetraba directamente… chupaba y a la vez tenía una pija en el culo, me sentía en la cima del placer. Me dio tanto que ya mi ojete estaba súper abierto, algo que motivo a pasemos a algo más profundo por decirle así.

    Fue cuando me dijo quien estaba con su pija en mi boca, que ya estaba lista para acabarme, pero que quería llenarme el culo de leche junto a su amiga. Tan abierto estaba mi ano, que no me negué a lo que me estaba insinuando, enseguida me senté sobre tu pija e inclinándome, deje que ingresara la otra por detrás también… explotaba de placer, mi pija también ya estaba re parada queriendo escupir semen como nunca.

    Me cogieron las dos a la vez un largo tiempo, mientras yo gemía sin parar y más se las pedía, hasta que llegó el momento que juntas gritaron que ya llegaban, y así fue, al instante las dos pijas gruesas y largas que tenía adentro, me llenaron el culo de leche, para luego una de ellas tomarse la mía, y así me fui despidiendo de esa fantasía aventura que había cumplido.

  • Se la cogió el novio de una amiga (Narrado por Laura)

    Se la cogió el novio de una amiga (Narrado por Laura)

    Hola, soy Laura, la mujer de Qurioson, esta vez voy a contar yo, en primera persona lo que sucedió con mi amiga Verónica, la conozco hace bastante, ella tenía un matrimonio swinger como el mío con Quique, se separó hace tiempo de su marido, la conocí porque es una excelente masajista y me la recomendaron una vez que estaba muy molesta por una contractura.

    La primera vez que fui para que me atienda charlamos mucho y nos conectamos enseguida, es muy simpática y nos reímos un montón, muy pronto las dos notamos algo muy especial, ni bien me tuvo en la camilla entregada para recibir sus masajes, imaginé que esos no iban a ser unos masajes convencionales.

    Aquella vez me hizo envolver en un tallón muy amplio y acostarme boca abajo, comenzó pasando sus manos aceitadas por mis hombros y cuello y fue bajando por mi espalda, ya había bajado el tallón casi por debajo de mi cintura, y al llegar con sus manos a ella, se quedó acariciando parte de mis nalgas y comencé a gemir y a soñar despierta con lo que esa hermosa mujer podía hacerme

    Bajó un poco más las manos y notó que me había dejado puesta una tanga diminuta, me preguntó si me la podía quitar, le dije que sí y en segundos me la sacó y me dejo desnuda.

    A partir de ahí empecé a vislumbrar que algo iba a pasar y comencé a agitarme y a sentir más duritos mis pezones

    Apoyo sus manos en mis nalgas y pasó dos de sus dedos muy cerca de mi hoyito pero sin tocarlo, me estremecí y preguntó

    -¿te molesta que te toque ahí?

    -no, para nada, hacelo si te parece.

    Las dos sonreímos pícaramente y estaba todo dicho, estaba bastante claro, entonces apretó fuerte mis glúteos y sus dedos más gorditos rozaron mi ano, yo tragué saliva y gemí tímidamente, me estaba probando, estaba midiendo mis reacciones porque después me confesó que en cuanto me vio pensó que quería hacerme el amor.

    Y allí estaba yo, desnuda con mis piernas algo separadas y esa mujer pasando sus dedos aceitados bien cerca de mi ano, se detuvo por un instante esperando que diga algo y yo que ya estaba excitada le pedí que no se detenga, entonces sus dedos comenzaron a acariciar mi vulva y empecé a mojarme en clara señal que aceptaba sus caricias, segundos después mi clítoris también las recibía, bueno esa tarde por supuesto terminamos en su cama matrimonial y tuve mi debut de sexo lésbico.

    Volviendo a la noche de ayer, Vero me había llamado para invitarme a pasar un rato al término de su horario de trabajo, charlar un rato y presentarme a su nuevo novio, hablamos mucho recordando nuestro primer encuentro que en parte acabo de narrar y me contó también sobre su novio Ricardo, que nunca había hecho un trío con ella, suponemos que lo ha hecho antes pero no con ella todavía.

    Están saliendo hace un par de meses y Vero muere por verlo con otra mujer en la cama, y me cuenta que pensó en mí para que sea la primera, me dijo…

    -no quiero dárselo a cualquier puta, que mejor que seas vos que sos mi amiga, y sos la más puta de todas, jaja

    Nos reímos por su ocurrencia y le dije…

    -será un honor para mí desvírgatelo, jajaja

    -no che, que virgen no es, jaja

    Entonces agarró el celular y me mostró una foto del susodicho, Ricardo es un bombón, no es muy alto, pero de buen físico, rubio de ojos celestes, muy atractivo y que según ella, portaba algo bien importante entre las piernas.

    Verónica me contó que él estaba por llegar para acompañarnos y que sabía que su intención era la de hacer un trío conmigo esa misma noche, pero él creía que yo no estaba al tanto, ella me dijo que había pensado en tratar de provocar la situación y que yo me haga la sorprendida ante sus insinuaciones.

    Ricardo llegó y se me presentó muy suelto y canchero, yo traté de comportarme normalmente, no muy formal, porque quienes conocen a Verónica saben que no puede tener una amiga muy formal.

    La charla era entretenida, la estábamos pasando bien sentados alrededor de la mesa del comedor, comimos algo liviano y ya estábamos tomando un café, cuando Verónica que estaba sentada a mi izquierda se salía de la vaina por pasar a la acción, la charla no preanunciaba nada sexual, salvo mencionar algunas citas que habíamos tenido en el pasado, pero muy por encima sin entrar en mucho detalle.

    Vero comenzó a tomarme la mano mientras hablaba y me la acariciaba, al hacerlo vi la cara de Ricardo que pareció sonreír ante ese insignificante gesto entre dos amigas, claro él sabía que su novia intentaría seducirme sin saber que yo ya estaba de acuerdo, en un momento ella se puso de pie y se paró detrás de mí.

    Yo tenía puesto un vestido con breteles muy finitos y bastante escotado, digamos que resaltaban bien mis pechos, como dije se paró detrás mío y comenzó a hacerme un masaje en el cuello, al tiempo que decía…

    -me parece que estas muy tensa, voy a ayudarte a que te sueltes un poco.

    Entonces posó sus manos sobre mis hombros y más que masajearlos, los acarició y enseguida las pasó por la parte de mis tetas que se veían por el escote, miré a Ricardo que estaba absorto viendo y todavía no había pasado nada, yo me agarré fuerte del borde de la mesa y sentí como se me aceleraba la respiración. y aumentaba la tensión entre los tres.

    Me bajó un bretel y me besó en el cuello, cerré los ojos y escuché que Ricardo había corrido su silla para levantarse y la voz de Verónica preguntándole…

    -Ricky ¿te gusta mi amiguita?

    -si claro, es preciosa.

    Contestó él mientras ella corrió el otro bretel, me bajó el vestido dejando mis tetas ante los ojos del novio, yo no dije nada, no pienso que Ricardo haya creído que yo no sabía que eso iba a suceder, mi actuación de mujer sorprendida no fue muy convincente, Vero acarició mis pechos y tomó mis pezones, que ya estaban re duros y paraditos como dos timbres apretándolos levemente, conocedora del efecto que eso tiene en mí, y dijo…

    -mirá que buenas tetas tiene, ven acércate mi amor, vos también podés tocárselas.

    -yo corrí mi cabeza a un lado, la miré y disimulando un poco, le pregunté…

    -¿qué haces Verito?

    -mi novio nunca me vio con una mujer y es tiempo ya que lo haga.

    Lo miré a él y me mordí el labio inferior, siempre hago eso cuando me dan muchas ganas de tener sexo con alguien y como dándole una señal para que se atreva a más.

    Entonces Vero se acercó bien y me partió la boca de un beso, completó la escena agarrándome una teta con una de sus manos y con la otra, buscó llegar a mi entrepierna y tocarme la concha, por supuesto no le costó mucho llegar a ella, ya que obviamente no llevaba ropa interior como siempre hago en estos casos y mi falda era muy corta y estaba a la altura de mi vagina.

    Al tocarme percibió que estaba toda mojada y dijo:

    -hija de puta, ya estás empapada.

    Entonces lo miró a Ricky y le preguntó…

    -¿te querés coger a mi amiga? muero por verte con ella, quiero que la llevemos juntos a la cama…

    -Me encantaría -dijo él

    Yo estaba gimiendo ya medio desesperada por la paja que me hacía mi amiga y estaba más que lista para que ese tipo me coja.

    Ni corto ni perezoso, él comenzó a sacarse la ropa, Vero me tomó de la mano y yo medio desnuda la seguí hasta el dormitorio, allí me terminé de sacar el vestido, ella se quitó todo y nos acostamos, enseguida tuve su boca entre mis piernas, me comió la concha sabiendo como eso me hace delirar.

    Parado en el borde de la cama, vi a Ricardo que ya estaba desnudo y comprobé que lo que había dicho sobre su arma era totalmente cierto, tiene una verga bien gruesa, no muy larga, no sé si llega a los 17 cm, pero el grosor es importante, parece un tubo de desodorante, para una mujer que no esté preparada, es hasta intimidante.

    Vero me lamió el clítoris y jugo con sus dedos en mi ano, Ricardo al fin se animó, me besó en la boca y chupo mis pezones, yo estaba entrando en éxtasis, tenía esa mujer lamiéndome la concha como la mejor, sus dedos hurgando en mi cola y el bombón de su novio besándome y sobando mis pechos, que delicia por favor, le acaricie el cabello a él y le dije al oído:

    -tu novia quiere que me cojas, hacelo querido, penetrame ya bombón, hacelo cogeme por favor.

    Entonces llegó el momento más esperado por los tres, Vero se acomodó de modo tal que se puso a la altura de mi cara, me tomó de las manos y extendió mis brazos hacia arriba colocándolos a ambos lados de mi cabeza, me tomó de las muñecas como reteniéndolas para que no me resista, yo no tenía la más mínima intención de resistirme, estaba deseando a ese macho, estaba más que dispuesta a dejarme coger y dijo:

    -ahí la tenés amor, es toda tuya, cogétela bien, quiero ver como haces gozar a ésta mujer.

    -guacha me estas entregando.

    -si putita, sabias que iba a pasar esto, no finjas más

    -dale Ricky cogetela ya, hacela gozar bien, te estoy entregando a la puta más linda que conozco.

    Ricardo se puso entre mis piernas y las separó con delicadeza, me miró sonriente, yo estaba agitadísima y muy caliente, observo mi vagina toda mojada y abierta a su disposición, y dijo…

    -que linda sos, me encanta tu conchita así depilada.

    (Solo me dejó una rayita muy fina de vello que nace en mi vagina y tiene unos 5 cm de largo hacia arriba).

    Obviamente se había puesto un condón, cosa que siempre lamento, porque no hay nada mejor para mí que sentir la pija de un hombre al natural, apoyó su grueso glande entre mis labios vaginales.

    En ese instante Vero me besó apasionadamente, jugamos con nuestras lenguas como dos enamoradas, Ricardo agarró mis pechos con sus manos, los apretó y estrujó bien, me pellizcó los pezones y en ese momento supremo, y como pidiendo permiso dijo…

    -te voy a coger nena.

    -si hacelo corazón, hacemelo ya querido, metemela toda de una vez, no me hagas esperar más.

    Y toda su verga se deslizó dentro de mí, sentí que me llenaba toda, sentí un macho bien potente entrando en mi cuerpo, una pija bien dura y venosa que me partía en dos, me sentí muy pequeña recibiendo el sexo de ese hombre hermoso. La miré a Vero y le dije…

    -ahh como me coge Verito, que lindo es, mmm que pija tiene, ahhh mi vida

    -¿te gusta Laurita?

    -si linda, me encanta, es un divino.

    Ella entonces se puso detrás de él, le separó las nalgas y le comió el culo con su lengua, es una diosa haciendo eso, doy fe, le chupó el ano, él se puso como loco, me metió su pija con más fuerza y se movió frenéticamente, como me cogió por Dios, que lindo lo hizo, sentí mi conchita bien llena, además lo escuché gemir desesperado por lo que le hacía su novia, no hay hombre que resista mucho una buena chupada de culo, me la puso y sacó repetidamente hasta los huevos y no resistió demasiado, comenzó a acelerar sus movimientos cada vez más hasta que largó todo la leche, y yo por supuesto lo hice con él, acabando al unísono, bueno espero que le haya quedado un poco para mi amiga, porque si no no los veré muy seguido.

    La verdad que era solo sexo, era un juego entre amigos, pero me sentí amada por ellos dos, fue divino, fueron muy dulces y me encantó como mi amiga manejó la situación, y por más que haya sido en el fondo todo planeado, fue muy excitante participar de su primer trio, y ojalá que no sea el último y esta pareja les dure mucho tiempo.

    Ojalá que Ricardo no haga lo mismo que el ex marido de mi amiga, cuando comenzaron a hacer intercambios con otras parejas, parecía que estaba todo bien pero poco a poco el boludo empezó a ponerse celoso y discutía de mal modo con Verito si ella quería repetir con alguien, hasta que la cosa se puso insostenible y terminaron separados.

    Estas cosas suceden cuando las parejas no están bien consolidadas o alguno de los dos no lo tiene totalmente claro.

    Espero que les haya gustado, me encantó contarlo casi tanto como vivirlo.

    Será hasta pronto si mi marido me deja usar nuevamente su perfil.

    Bye bye, besos a todos.

  • ¡Vámonos de putas!

    ¡Vámonos de putas!

    Quiero relatar una experiencia de mi amigo Cornelio con una puta muy hermosa, aunque la introducción de la historia no fue así, sí fue parecida porque fui uno de los acompañantes, y la acción posterior fue lo que platicó mi amigo…

    Así gritábamos cuando salíamos del trabajo los viernes. Yo, aunque no lo propiciaba, y debido a que hacía meses me había divorciado de Stella, me gustaba ir a las borracheras donde conseguíamos seguirla en compañía de alegres mujeres de la vida nocturna que sabían bien su oficio.

    Invitado por mis amigos, nos fuimos a un bar de la colonia Guerrero donde había una pequeña orquesta que tocaba muy bien y variado. Obviamente también había “señoritas” que servían de compañía de baile y de mesa. Me tocó una tetona que era muy buena para el faje pues me recordó a la puta de mi exesposa, sobre todo cuando me abrazaba acunando mi cara entre sus chiches. Se sacó una teta invitándome a mamar, ¡y claro que la mamé!, pues sus pezones guindas me invitaban al mezclarse los recuerdos de mi ex con las tetas abundantes y algo flácidas, de piernas flacas, pero bien torneadas.

    Tomamos y metíamos mano hasta los pelos de sus cucas, pero no se dejaban meter el dedo, “después”, decían, “ahorita hay que bailar y tomar” provocándonos para tomar mucho. Sabido es que a ellas les sirven sólo refresco y agua mineral con poco o nada de alcohol, pero al cliente se la cobran como una cuba fuerte. Por mi parte, hice como que tomaba y le daba de mi vaso a la puta que lo tomaba con gusto y a cada trago se ponía más arrecha todavía, dejándome meterle los dedos en la vagina y jugar con su clítoris. “Qué rica la traes papacito”, me decía al bailar y sobarme la verga sobre el pantalón. “Me gusta el olor del perfume que tienes”, le decía cuando sacaba los dedos empapados en su jugo, cada vez que sacaba mi mano para olerla, y ella me los chupaba lascivamente. Tomamos, fajamos y bailamos hasta que nos avisaron que ya cerrarían el establecimiento.

    –¿Me vas a invitar a pasar la noche contigo, papito? –me preguntó la puta, antes de vaciar mi vaso de licor. Yo tomé muy poco, pero mi puta se emborrachó al tomar las bebidas que a mí me dieron.

    –Estás tan borracha como yo, quizá no podríamos hacer mucho, nena, pero vamos si me dices tu nombre real –le dije dándole un beso tronado en los labios.

    –Me llamo Gloria, pero aquí me conocen por Tere –contestó dándome un apretón de verga en cada palabra que pronunciaba.

    –No se diga más, ¡vámonos! –le dije dándole una nalgada.

    –Espérame tantito, voy por mi abrigo y mi bolso –dijo regresándome un beso igual.

    Ella se levantó pidiéndome que la esperara pues iba por su bolso y su abrigo. Tiempo que aproveché para despedirme de mis amigos, quienes daban algunos billetes a sus respectivas compañías.

    –Váyanse con cuidado, porque ya están muy borrachos –les dije–. Yo voy a esperar a Tere, la seguiremos en privado.

    –Bienaventurado tú que puedes seguirla! Pero también cuídate, a veces te drogan para robarte –me advirtieron.

    –No parece ser de ésas, además de que está muy tomada –les contesté y vi que Tere se aproximaba.

    –¿Algún lugar especial donde te gustaría estar conmigo? –le pregunté para sondear sus intenciones.

    –Yo atiendo a los clientes en el hotel que está a la vuelta, pero vamos a donde tú digas papito… –contestó con su voz ya pastosa.

    Salimos, fui por mi auto. Le abrí la puerta para que subiera y antes de que yo cerrara la puerta, su bajó pudorosamente la falda y me lanzó una sonrisa y un beso al aire. “¡Cómo se parece a mi ex!”, me dije y se me paró la verga.

    Sin pensarlo mucho, me la llevé a mi departamento. Al bajar del auto y caminar a la entrada del edificio, los tacones de Tere resonaban en el silencio de la noche. Justo al abrir la entrada del edificio vi que se abrió un poco la cortina del departamento que está en el primer piso. Estoy seguro que era la vecina y no su marido, ya que he sido sorprendido por las miradas de ella viendo hacia mi recámara, que está en la planta baja, cuando me masturbo viendo porno, o cuando cojo con la señora que va a hacer el aseo. Esta vez también dejé la ventana corrida y con la luz de la lámpara de buró para que no se perdiera detalles, soy exhibicionista y ella voyeur, hacemos buena pareja.

    Ya en el departamento, cerré la puerta y le quité el abrigo a Tere para colgarlo después en el perchero. Tere se quedó de pie viendo el panorama: libreros y libros por todas partes. Sin cerrar la boca por el asombro se acercó a leer los títulos de los lomos. Se saltó los técnicos de mi profesión y se detuvo en un librero donde estaban los de literatura. Extrajo uno de ellos y lo empezó a hojear. No puedo negar que sentí ternura cuando bajó la vista y localizó un volumen que le llamó la atención; de inmediato colocó en su lugar el que traía en la mano y se puso de cuclillas para extraer un libro de Bataille. “¡Cómo se parece a mi ex!”, volví a repetirme viendo el escote que mostraba buena parte de sus chiches recargadas sobre las rodillas filosas que continuaban en sinuosas, pero delgadas pantorrillas.

    –¿Qué quieres tomar? –le pregunté, interrumpiéndola de su asombro.

    –Discúlpame por haberme embobado al ver tantos libros –dijo dejando en su lugar el que le había llamado la atención y me extendió la mano para ayudar a levantarse–. Creo que sí tomé mucho, pues estoy mareada, pero se me bajó bastante al ver todo esto– dijo abarcando con un movimiento de brazo la zona de los libreros de literatura y diccionarios.

    –Tengo de todo tipo de bebidas, hasta leche… –le dije esto último en tono lascivo.

    –No acostumbro tomarla con los clientes, pero sí me gusta y haré una excepción contigo. Dame brandy o coñac, solo –contestó haciéndome ver que había entendido mi comentario, al subrayar “sí me gusta y haré una excepción contigo” con el mismo tono de lascivia que el mío.

    Con un gesto, la invité a sentarse, antes de irme hacia la pequeña cantina de la sala.

    –Por lo visto te gusta leer, me parece raro en…–le estaba empezando a decir extendiéndole la copa cuando me interrumpió abruptamente.

    –…en las putas. No, no lo es, hay de todo tipo. En el bar a donde fuiste, casi todas tenemos algunos años de bachillerato. Yo hice dos años de licenciatura en lengua y literaturas hispánicas, pero me embaracé y tuve que dejarla.

    –Así que tienes hijos… –dije al sentarme, haciendo un gesto para que evidentemente continuara hablándome de ello.

    –No, al embarazarme tuve que casarme, perdí al producto por una complicación que me dejó sin la posibilidad de concebir otro –me dijo poniéndose seria, y continuó sin detenerse–. Al poco tiempo me divorcié y quise vivir sola, pues me gustaba mucho coger con quien yo quisiera, eso fue la causa del divorcio, que yo era muy puta y mi marido no toleraba que lo relegara.

    Volví a repetirme “¡Hasta en esto se parece a Stella!” y le di un beso tierno recordándola en ese rostro y me aguanté de gritarle “¡Perdóname, Nena puta!”. Después del beso que ella correspondió con un “Qué rico, y no me refiero al coñac, que también lo está”, continuó su discurso, seguramente remembrando esa parte de su vida que quería conversar con alguien. Me enteré que se enamoraba fácilmente, pero eso no impedía que se tirara a otros, sólo por gusto y más cosas que la transformaban en mi ex ante mis ojos. También me contó que una amiga de la facultad, que es prostituta, la convenció de serlo y le dio buenos consejos para ello, además de relaciones en el oficio.

    –No me va mal y voy a retomar mis estudios. ¡Me entraron unas ganas enormes cuando vi tus libros! Dijo y me abrazó con mucha alegría.

    –¡Eso estaría muy bien! –contesté sin dejar de abrazarla y acariciarla bajo la blusa.

    –¡Cabrón, ya me calentaste! dijo dándome un beso en el que nuestras lenguas jugaron.

    –Pues cuando tú digas, tenemos toda la noche para disfrutarnos, nena.

    –Sírveme otra copa, mientras me encuero –ordenó sin más, levantándose para quitarse la blusa.

    –Te sirvo las que quieras, Tere, aunque te me duermas de borracha –dije alucinado cuando se quitó el brasier–, pero no te quejes si te cojo cuando estés dormida porque ¡estás muy rica! –exclamé antes de ponerme a mamar una chiche.

    Me dio a mamar la otra y se desabrochó la falda para bajársela junto con las pantaletas cuidando de que mi boca no se separara de su pecho. Subió el aroma que surgía de su coño… “¡Es Stella!” me dije, soltándola de las chiches, y vi su triángulo peludo como el de mi ex, me agaché y le besé la concha.

    –Encuérate también, y platícame de ti, porque este día lo habré de escribir en mis memorias: “La noche en que decidí continuar mi carrera académica” –dijo haciendo un ademán de ver el letrero de un anuncio espectacular.

    –“Sin dejar el oficio de puta” –concluí, imitando su ademán.

    –Eso sí, si no de qué me mantengo. Quiero seguir siendo independiente. Y si tuviera dinero, seguiría siendo puta, aunque no les cobrara, pero eligiendo a quién me llevo a la cama –remató con un aire de suficiencia.

    Desnudos, continuamos tomando y platicando en el sofá. Cada uno en una orilla, acariciándonos con los pies y besándonoslos uno al otro, como dos enamorados. No sé cómo me vería ella, pero yo, más borracho y arrecho en cada momento, veía a Stella y la recordaba contándome de sus continuas putadas cuando ella regresaba cogida a nuestra casa…

    –¿Puedo pasar a tu baño? –me preguntó tomando su bolso.

    –Por acá, señalé el pasillo rumbo a la recámara principal –Veía cómo se movía el negro pelo largo al ritmo de su andar elegante de modelo. “Qué hermosa es Stella”, me decía.

    Prendí la luz de la recámara y le abrí la puerta del baño. Cuando Tere cerró la puerta, volví a ver que se movió la cortina en la ventana de mi vecina. Modelé un poco para que viera mi verga bien parada, de frente y de perfil, además de mis nalgas, antes de ponerme a quitar la colcha a la cama. Fui por la botella de coñac y las copas que se habían quedado en la sala. Justo cuando las había puesto sobre la cómoda, salió Tere del baño.

    –¿Tienes condones o saco unos? –dijo abriendo la bolsa.

    –¿Tú me recomiendas que lo use contigo? –pregunté, verificando con la mirada que mi vecina seguía atenta.

    –Con todos lo uso, hasta con mi exmarido cuando nos volvemos a ver, pero contigo puedo hacer la excepción en esto y muchas más cosas… –contesto irradiándome con una sonrisa y mirada que dejaban claro que estaba enamorada.

    –¿También dejar de ser puta? –pregunté con brutalidad, pero dejándole ver que yo también sentía por ella más que deseo.

    Se turbó claramente ante mi pregunta y ante su silencio le mamé las chiches mirando de reojo que mi vecina había abierto más la cortina, seguramente para dejar sus manos libres y masturbarse al amparo de la oscuridad de su cuarto.

    –No creo que aguantaría ni un año –me dijo con tristeza, acariciándome el pelo mientras la chupaba.

    –Sin condón –le dije bajándome a chuparle la vagina y seguramente saliéndome del campo de visión de mi voyeur.

    Al ponerme de pie vi con claridad el rostro de mi vecina, quien se había acercado al mosquitero de su ventana para ver mejor, y capté su cara de sorpresa al verse descubierta. Sólo le sonreí y Tere se dio cuenta pues volteó hacia la ventana.

    –¿Te gusta dar “cinito”? –le pregunté.

    –Me da igual –contestó besándome el pecho y bajó poco a poco, beso a beso, para hacerme una felación.

    Al echar la cabeza para atrás para disfrutar la boca, tan experta como la de Stella, vi que mi vecina no se había ocultado y su cara mostraba un gesto de estar en el clímax de su masturbación.

    Nos acostamos a coger y darle la función completa a la vecina. Al día siguiente, después del tardío mañanero, nos bañamos y al salir de la ducha le dimos otro show a nuestra vecina, quien miró, ya sin ningún recato, cómo me cogí cargada a Tere. Nos vestimos y al salir del edificio, Tere le hizo un ademán de despedida a la vecina, quien lo correspondió con otro igual y una sonrisa. Fuimos a la vivienda de Tere, para que se cambiara de ropa, paseamos el resto del sábado y en la noche la dejé en el bar para que trabajara, pues ella dijo ser “muy responsable de sus compromisos de trabajo”. Me dio el número de su teléfono pidiéndome que la llamara cuando quisiera cogérmela, o pasear como amigos, “A ti no te cobraré nada, al contrario, será una dicha atenderte”, me dijo dándome un beso en la mejilla, antes de entrar por la puerta posterior del bar.

    Tere me movió el piso muy fuerte, yo también a ella, pero no dejará de ser puta. Pronto terminará su licenciatura. A veces la llamo para pasear juntos y platicar. Para coger, la llamo sólo cuando Stella no puede y me quedo con ganas de ella, ¡se parecen tanto…!

  • Esta noche es Nochebuena

    Esta noche es Nochebuena

    Ana insistió en ir al gimnasio. Para ella el ejercicio era como respirar y el hecho de que fuera Nochebuena no cambiaba nada, por el contrario, a su novio le parecía ridículo que también ese día tuviesen que jugar al pádel como si les fuesen a poner falta por el hecho de no asistir, por consiguiente, fue arrastrado por Ana, y por fortuna ese día tocaba pádel, pues cuando era spinning se le hacía un mundo.

    Como había supuesto, a las seis de la tarde el veinticuatro de diciembre el gimnasio estaba prácticamente vacío. Tan sólo unos cuantos frikis de los hierros pensaban como su novia. Todas las pistas de pádel estaban vacías por lo que, en ese sentido era un alivio no tener que apuntarse, ni tampoco tener que esperar.

    Ana estaba ansiosa y enérgica y daba saltitos para calentar, en su lugar, el novio estaba perezoso y apático por haber tenido que sustituir los preparativos de la cena por estar haciendo el tonto en el gimnasio. Para él la elaboración de la cena con sus padres eran como un ritual y perdérselos era casi como perderse la cena, pero sabía que intentar que ella prescindiera de su rutina era una batalla perdida. Ana era minuciosa en todo lo que hacía, no sólo en el ejercicio, sino en sus estudios. Había terminado la carrera de medicina y estaba preparando el MIR, y si tenía previsto dedicarle ocho horas a estudiar todos los días, nunca alteraba su programación. En ese sentido era inflexible y su fuerza de voluntad inquebrantable, tanto era así que su novio la llamaba en ocasiones “cabeza cuadrada”.

    Ana llevaba unas mallas que se ajustaban perfectamente a sus formas. Eran negras con una franja fucsia que cruzaba por el muslo y finalizaban debajo de las rodillas, dejando la pantorrilla al aire. Un top fucsia cubría unos pechos nada exuberantes, pero muy bien puestos, con los pequeños pezones marcándose a través de la prenda. El top le permitía lucir un vientre plano con la definición de su abdomen y adornado con un piercing en el ombligo. El ingrediente del tanga marcándosele en las mallas le daba una apariencia realmente sexi y excitante para quien se detuviese en ese detalle. Y unas zapatillas Nike blancas con unas rallas fucsia remataban su indumentaria. Estaba arrebatadora y su novio lo sabía, y en parte era uno de los motivos por los que la acompañaba al gimnasio, pues entendía que su novia era una delicatessen para los ojos y estaba al tanto de las miradas que despertaba entre tanta testosterona pululando por el gimnasio. Pero todos los atributos de los que el novio se beneficiaba no estaban ahí porque sí, sino por su constancia y dedicación. Ese era su lema.

    Ana venció los dos sets como era de esperar. Para su novio estaba claro que no le gustaba perder ni a las chapas. No le hizo falta jugar el tercero, aunque con eso ya contaban ambos. A pesar de ello, se le hicieron extremadamente largos y conforme avanzaban los juegos, él iba volviéndose más descuidado y su apatía se hacía más evidente, de modo que cuando venció, Ana dio un salto de júbilo y su novio respiró pensando que ya podían ducharse e irse a ayudar en los preparativos de la cena.

    Después de haber tensado sus músculos ya se sentía mejor y enfilaron hacia las duchas, pero para llegar a ellas tenían que pasar por un pasillo que separaba con un cristal transparente la sala de musculación. Ana se quedó mirando a un hombre maduro de una edad indefinida. No pudo calcularla porque aquel hombre desarticuló sus esquemas. Sabía que era mayor, sin embargo, el ejercicio diario perfectamente podía haberle quitado entre diez y quince años, por tanto le fue difícil calcular su edad, aunque estaba segura que rebasaba los cincuenta. Solamente quedaba él en la sala de pesas y Ana repasó toda su anatomía de cabo a rabo. Iba con un pantalón corto luciendo unas piernas estriadas, y una camiseta de manga corta contribuía a resaltar unos magníficos brazos. Cada una de las dos prendas perfectamente ajustadas al cuerpo marcaba su cincelada musculatura. No poseía un cuerpo excesivamente voluminoso, pero sí que era un físico muy trabajado, con separación muscular y una definición propia de los mejores atletas. Una vena gorda recorría sus bíceps y bajaban hasta sus antebrazos ramificándose en numerosas venas más finas. Sus piernas perfectamente contorneadas, separaban los vastos interno y externo del cuádriceps, y todos ellos adornados con ramales de venas que se esparcían por las extremidades inferiores.

    Quizás tanta definición era síntoma inequívoco de que el tipo estaba ciclado, pero no le importó para que su vista se recreara en el escultural físico del que hacía gala. Lo que tenía claro es que aquel hombre no parecía español. Parecía más un vikingo, o un dios nórdico. Asimismo, era imposible no perderse en sus profundos ojos de un azul tan intenso que parecía que llevara lentillas. Era rubio, con el pelo largo, y una barba no muy poblada le confería un aspecto aguerrido muy varonil. Era difícil no detenerse en cada uno de los atributos de aquel vikingo, y Ana no fue menos. Sus piernas avanzaban hacia los vestuarios, pero su cabeza no parecía querer compartir la misma ruta y su cuello fue torciéndose mientras avanzaba, quedando en una postura casi antinatural, hasta que se obligó a darse la vuelta para continuar contemplando aquel espécimen salido de la mitología nórdica.

    El novio de Ana, más pendiente de que se estaba haciendo tarde, pareció no percatarse del repaso visual que su novia le aplicó al vikingo. Después se despidieron momentáneamente y cada cual enfiló a su vestuario.

    Dentro de los vestuarios de caballeros estaba el dueño del gimnasio intentado solucionar un problema de la caldera, y le advirtió que no había agua caliente en las duchas de caballeros. Se disculpó por las molestias, pero tampoco podía hacer más. Era Nochebuena y el problema tendría que solucionarse después de Navidad, por lo que el novio de Ana decidió que ya se ducharía en casa y se fue a esperarla al hall que estaba en la entrada.

    A los dos minutos el vikingo se encontró con el mismo problema cuando fue a ducharse. El dueño le advirtió que no iba la caldera, sin embargo, pensando que ya no quedaba nadie en el gimnasio le ofreció ducharse en los vestuarios de las mujeres, por tanto, cogió sus cosas y allí se dirigió. Cuando entró, daba por hecho que no quedaba nadie y no reparó en las cosas de Ana, que en ese momento se encontraba en el baño, con lo cual se desnudó y se metió debajo del chorro. Eran duchas individuales, separadas la una de la otra por una pequeña mampara que únicamente cumplía la función de delimitar los espacios.

    Ana salió del baño desnuda con sus chanclas, cogió su toalla y se dirigió a las duchas pensando que era otra mujer la que se estaba duchando en ese momento, pero se quedó en shock cuando vio al vikingo como Dios lo trajo al mundo enjabonando su cincelado cuerpo. Él tenía los ojos cerrados mientras el agua caía directamente sobre su rostro. Ana estaba boquiabierta sin poder articular palabra, ni siquiera podía moverse. Si hubiese habido moscas, habría corrido el peligro de que se le metiera alguna en la boca. Se quedó a mitad de camino, allí varada de pie y mirando como el vikingo se frotaba con las manos el cuerpo enjabonado, mientras Ana no perdía detalle del proceso. Después, las manos del hombre se entretuvieron más de lo que cabría esperar en un pene flácido, pero que a pesar de ello parecía de buen tamaño y realmente apetecible. Entre los repasos que se daba y el agua caliente dilatando sus capilares, a Ana le pareció que estaba ganando tamaño.

    El vikingo se enjuagó los ojos y los abrió para encontrarse a una atractiva joven de veintiséis años con un físico que hacía juego con el suyo. A pesar de la sorpresa inicial, no dejó de tocarse, y al verla allí varada, completamente desnuda y con aquel cuerpo atlético, la polla fue buscando las alturas y en cuestión de segundos tenía una erección de caballo. El maduro siguió tocándose de manera sugerente, y pese a ello Ana permaneció observando como se toqueteaba el miembro enjabonado. Ana notaba como su respiración se iba acelerando, al mismo tiempo que una ola de calor recorría su cuerpo. No sabía si vestirse y marcharse o quedarse y abandonarse a aquel hombre. Y la verdad era que suspiraba por quedarse contemplando a aquel hombre. Después de un minuto de examinar como se tocaba, su mano derecha ascendió lentamente por su muslo hasta detenerse en su sexo, a la vez que contemplaba como el hombre seguía moviendo su mano a lo largo de un falo erecto esperando una respuesta por parte de ella. Ana deslizó los dedos por su raja gelatinosa y mientras miraba como aquel maduro movía su polla en movimientos lentos, sus pulsaciones fueron en aumento y su boca se abrió deseosa. La lengua recorrió su labio superior involuntariamente alentada por el deseo. Los dedos se introdujeron en su sexo como si tuviesen voluntad propia y empezó a masturbarse delante del hombre al mismo tiempo que lo hacía él. Su boca se abrió contemplando a aquel dios recién bajado del Olimpo con una polla venosa que casi doblaba en tamaño a la de su novio. De pronto pensó en él y que estaría esperándola, pero fue un pensamiento fugaz porque inmediatamente el vikingo le hizo un gesto con la mano y ella no dudó en avanzar hasta la ducha. Se puso frente a él y miró hacia arriba. Le sacaba una cabeza. Se adelantó un poco más y se fundió en su piel.

    Ana sintió los dedos del hombre rubio como si fueran brasas candentes sobre su piel. Cada caricia le provocaba placer sin todavía haber tocado los puntos estratégicos. Ana estaba muy caliente y húmeda, y no era por el chorro de agua que caía por sus cuerpos, era por su calentura. Las manos de él cogieron sus pequeñas tetas y le apretaron los pezones, pellizcándolos y arrancándole suspiros de placer. Después las manos se posaron en sus nalgas y las apretó con firmeza. Ella hizo lo mismo con las suyas. Recorrió su culo duro y se lo apretó queriendo clavarle las uñas. Deseaba más manos para poder acariciar a la vez aquel cuerpo caído del cielo en Nochebuena.

    Empezó a notar como la verga del vikingo se frotaba sobre su abdomen y quiso aferrarse a él. Lo cogió fuertemente con la mano y comprobó su dureza. Estaba a punto para que se la clavara, pero fue un dedo el que la penetró encontrándose con su raja completamente abierta y mojada.

    Ana movía su pelvis acompasando los movimientos del dedo en su interior y, al mismo tiempo que se dejaba hacer, masturbaba al vikingo con movimientos lentos, pero aferrando con fuerza el enorme falo. Quería arrodillarse y comerse esa polla que parecía tan deliciosa. Él no la dejó. La empotró contra la pared, le levantó el culo, se cogió la polla, la acercó a la entrada de su vagina y de una estocada se la hundió sin hacer paradas. Ana gritó de gusto. Notó como la abría en canal con aquel cipote XXL.

    —¿No era esto lo que querías zorra? —le preguntó en un perfecto español, pero con acento.

    El “Sí! de Ana apenas se escuchó mitigado por el ruido del agua y sus jadeos. En cada embate, lograba levantarla del suelo. El vikingo se aferró a sus caderas y le azuzó con unos violentos golpes de riñón pollazo tras pollazo, conduciéndola a un orgasmo y haciéndola gemir de placer. Las piernas le flaquearon a Ana, pero el nórdico continuaba arremetiendo en su coño con gran violencia, como si quisiera terminar, pero no fue así. Le dio la vuelta. Ana apenas se tenía en pie. La levantó en volandas y la sostuvo con la fuerza de sus brazos, mientras ella se enganchaba a su cuello, la cogió por debajo del culo para subirla y bajarla en el aire. Sus piernas se enroscaron en el cuerpo del vikingo como si fuera una serpiente envolviendo a su presa. Marta gemía de placer al sentir como el cipote la penetraba por completo. La cogía de las nalgas como si estuviese haciendo bíceps con dos mancuernas y la subía y bajaba mientras la polla se adentraba hasta sus profundidades para volver a emerger. Ana se cogió a su cuello y se dejó follar por el vikingo que arremetía con furor en su coño.

    —¿Te gusta que te folle, zorra?, preguntó completamente desatado.

    —Me encanta. ¡Fóllame más fuerte! —rogó.

    —Tu novio espera afuera.

    —Que se joda. ¡Fóllame toda, cabrón! —le expresó totalmente desenfrenada.

    Su novio esperaba impaciente en el hall de la entrada y empezaba a ponerse nervioso ante la tardanza, pero no podía oír desde allí los gritos que aquel semental le arrancaba a su novia, ni tampoco como pasaba de él prefiriendo el polvazo que le estaba dando el vikingo en ese momento. Él pensaba en su Nochebuena, pero era Ana la que estaba disfrutando de una noche, no buena, sino espléndida con la gran polla que golpeaba su coño una y otra vez. Sin embargo los jadeos no le pasaron desapercibidos al dueño del gimnasio, y dando por hecho que sólo el hombre rubio estaba en los vestuarios entró para averiguar el origen de aquel desenfreno. Ninguno de los dos lo vio entrar y la imagen que contempló al entrar fue de las mejores que había visto. Competía incluso con la mejor de las películas porno, pero era en vivo y en directo. A nadie le hubiese resultado indiferente la escena: el vikingo estaba de pie y tenía en brazos a la joven atlética y ésta levantaba las piernas en alto mientras subía y bajaba con la fuerza de sus brazos, y en medio había un pollón que se abría paso en sus profundidades entrando y saliendo de su delicado coño con la ayuda de los golpes de cadera del hombre rubio. El dueño vio que la chica que antes jugaba al pádel con su novio estaba ahora gritando de placer con el hombre rubio y la escena fue demasiado para sus ojos. Se sacó la polla y empezó a masturbarse al tiempo que los contemplaba. El nórdico se percató de su presencia, pero no hizo caso y siguió fornicando salvajemente a Ana, de manera que el dueño del gimnasio lo tomó como una especie de invitación y avanzó polla en ristre hasta su posición, de tal modo que se acercó por detrás a la joven y aproximó su glande al orificio libre, compartiendo la mirada de aprobación del vikingo que parecía estar de acuerdo. Ana notó a un intruso en su ano y quiso darse la vuelta. No sabía qué estaba pasando, pero el hombre rubio la besó como si el morreo fuese un tranquilizante. En ese momento dejó de moverse sobre la verga y sintió la otra que se abría paso hacia su esfínter sin preparación previa, provocándole un dolor agudo. Quería gritar, le hacía daño, pero el vikingo le comía la boca y se lo impedía. La verga que atacaba su retaguardia seguía haciéndole daño, pero el placer que le proporcionaba la del vikingo mitigaba en cierto modo un dolor que paulatinamente iba mutando en un extraño placer cada vez más intenso hasta que el dolor desapareció por completo dando paso al placer, al morbo y al desenfreno.

    Ana gritaba de gusto mientras las dos pollas se le clavaban una y otra vez en una coordinación que parecía ensayada. No sabía cual de las dos le producía más goce, probablemente la del vikingo, sin menospreciar a la que le estaba perforando el culo. Nunca había estado con dos hombres a la vez, y no es que le estuviera gustando más o menos, es que lo estaba disfrutando. Quizás era por el morbo, quizás por la situación, quizás por estar follando con dos tíos mientras su novio la esperaba en el hall, o quizás también porque ahora tenía un vikingo en su vida, quien sabe. Había fantaseado en ocasiones con esa situación, pero sólo eran fantasías. Lo que estaba claro es que dos tíos la estaban empalando en las duchas y ella se estaba dejando porque estaba disfrutando como una zorra.

    —Menuda puta estás hecha, —le recordó el vikingo.

    Ana se lo creyó. Se sentía muy puta por lo que estaba haciendo, o mejor dicho, por lo que estaba dejando que le hicieran, pero le gustaba. En ese momento no tenía remordimientos. Esos ya vendrían después.

    El dios del trueno se cansó de la posición, la levantó como si fuera una muñeca, mientras las dos pollas salieron al unísono, a continuación la apoyó contra la mampara, alzando su culo.

    —Ahora ya te han abierto el camino. Quiero romperte ese culito que tienes, —le dijo el dios del trueno, cogió su martillo y la penetró lentamente, pero sin pausas. Ana dio un pequeño respingo y gimió levemente al sentir el mayor calibre, pero pronto se adaptó al tamaño y el portador del arma inició de menos a más un martilleo en el pequeño orificio. El dueño del gimnasio la cogió de la cabeza y le puso la polla en la boca para que la mantuviera ocupada y empezó a follársela buscando el placer en la humedad de su boca, y en pocos segundos estalló. Entretanto Ana soltaba por la comisura de los labios gran parte de la corrida y la otra se la tragaba.

    Por el otro lado, el vikingo continuaba enculándola y sus jadeos evidenciaban un orgasmo inmediato alentando a Ana a que lo hicieran juntos.

    —¡Córrete puta!… que me va a venir… ¡córrete! —la alentó. Y como si sus palabras, al igual que su polla, fueran un embrujo, un orgasmo diferente, pero increíble invadió sus entrañas entre resuellos, jadeos y gemidos.

    Cuando todo acabó, el vikingo extrajo el miembro de su ano y Ana se incorporó y se dio la vuelta ojeando la pringosa verga que acababa de romperle el culo. Unos minutos antes le habría parecido una hazaña impracticable, sin embargo se congratuló de haberlo disfrutado tanto.

    Ana se dio una ducha muy rápida sin mediar palabra con los dos hombres. Había disfrutado como una salvaje, incluso había sido el mejor polvo de su vida, pero ahora estaba avergonzada por su libertina actitud. Se vistió apresuradamente y se fue sin despedirse de ellos.

    En el hall estaba su novio maldiciendo a diestro u siniestro.

    —¿Qué coño estabas haciendo? —preguntó indignado por su tardanza. —Llevo media hora esperando. Es Nochebuena.

    En ese momento salía el hombre rubio recién duchado, vestido y con su bolsa de deporte y sonrió a la pareja.

    —Y tan buena, —respondió Ana devolviéndole la sonrisa al vikingo sin que la viera su novio, y los remordimientos que la inquietaron unos instantes antes se esfumaron cuando algo le dijo en su fuero interno que volvería a encontrarse con aquel hombre, es más, estaba segura de ello.