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  • El regalo navideño

    El regalo navideño

    Me llegó este mensaje en Telegram al teléfono móvil.

    -Me volviste a poner cachonda con tus relatos. ¿Y ahora qué hago?

    -Dale calor.

    -¿Cómo?

    -Cómo tú sabes. Por cierto, el video que me mandaste donde chupando tus dedos me decías cómo me chuparías la polla me la puso dura.

    -¿Te gustaría que te la chupara así?

    -Claro.

    -¿Estás solo?

    -No, anda mi mujer pululando por ahí.

    -¡Qué pena! Era para chupártela ahora.

    -Bajo del piso de arriba, enciendo el ordenador, pongo los cascos y ya puedes hablar.

    -Avisa cuando los tengas puestos.

    Al llegar a la sala de estar, encendí el ordenador, puse los cascos y la chica de la limpieza me preguntó:

    -¿Qué va a escuchar?

    -Cómo me la chuparían.

    Mi mujer, que se marchaba a hacer el resto de las compras navideñas, me oyó y me dijo:

    -No hacía falta que fueras tan grosero con Rosita.

    Me disculpé.

    -Perdona, Rosita.

    -No pasa nada.

    En fin, que después de subir Rosita al piso de arriba para hacer las camas, volví al tema con La Casada Gamberra. Escribí:

    -Ya.

    Al ratito apareció el primer audio, con su sensual voz, una voz que acariciaba al hablar, una voz tremendamente sensual.

    AUDIO.-Bueno, bueno, así que quieres que te la chupe. Te gustaría ahora. ¿Sí? Te abriría los pantalones y empezaría a lamerte los huevos, muy suave, lentamente, te miraría a los ojos y verías la cara de deseo que tengo ahora mismo. Estoy súper caliente, de hecho tengo el coño mojado, así como a ti te gusta, uffff, está muy mojado. Comenzaría a lamerte y mientras me toco. Metería tus huevos en la boca, ummm. ¡Qué ricos! Te miro a los ojos. Te estás poniendo cada vez más cachondo.

    -¿Dónde estás?

    -En casa, caliente cómo una perra. ¿Quieres que siga?

    -Síííí.

    AUDIO.-Umm, quieres que siga. Eso es que te gusta, pues tengo tus huevos en la boca.

    -Joder.

    AUDIO.-Lamo tu polla desde los huevos a tu capullo, como si fuera un helado, quiero mojarla toda con mi saliva para que mis labios corran bien por ella. Hago círculos sobre tu capullo así cómo estoy haciendo yo ahora con mi dedo en mi clítoris, hago círculos empapándolo, ¡Ooooh!

    -Manda foto.

    AUDIO.-Ahora que está todo tan mojado la meto entera en mi boca. ¡Ooooh! Quiero que mires cómo chupo. Apretando los labios comienzo a chuparla toda entera. ¡Aaaaay! Cómo entra y sale de mi boca toda entera, desde la base hasta la punta, muy lento, apretando los labios para que la sientas bien apretada.

    Su voz ahora era la de una mujer que está llegando al orgasmo. Mi polla ya se había puesto dura. Sentado en un sofá y tocando la polla por encima del pantalón, le dije:

    -Imagino tu cara y flipo.

    AUDIO.- ¿Sí? ¿Flipas? ¿Te estoy poniendo cachonda cómo estoy yo?

    -¡Joder si lo estoy!

    AUDIO.-Así me gusta, me encanta ponerte cachondo. Me encanta chupar la polla dura para que puedas follarme bien la boca mientras con una mano sigo acariciándome y con la otra acaricio tus huevos suavemente, muy suavemente.

    -Manda foto de tu coño que quiero verlo. Quiero ponerme malo, quiero mojarme más los calzoncillos.

    Me llegó una foto de su coño mojado con un dedo sobre el clítoris y dos a los lados, unos dedos con las uñas pintadas de rojo.

    -¡Si lo pillo te lo devoro!

    AUDIO.- ¿Has visto cómo está de mojado? Está empapado. ¿Y has visto cómo está de gordo? Ummm.

    -Está rico, rico, rico, rico.

    AUDIO.- Sí que está rico, rico, rico. Ummm. ¡Qué ganas tengo de que me lo lamieras! ¡Diosss! Que ganas tengo de que me lo comieras cómo tú sabes.

    -No te lo comería, te lo saborearía.

    AUDIO.- Buuuf. Te estaba comiendo esa polla que cada vez tiene que estar más dura. Me encantaría que la sacaras y te pajearas para mí. ¡Buuuf!

    -Me estoy tocando.

    AUDIO.- Te la estoy chupando, cada vez un poquito más rápido. ¡Ooooh! Me encanta chuparla, me encanta mamarla. Me encanta ser una zorra para ti.

    -Ahora mismo te la metía hasta las trancas y te daba caña de la buena.

    AUDIO.- Venga, fóllame la boca que es lo primero que quieres. Estoy ahí entre tus piernas, arrodillada. Venga fóllame la boca, fóllamela, pero no te corras que esto no ha acabado aún.

    -Puffff. ¡Cómo me pusiste, zorra!

    AUDIO.-Cuando notara que te ibas a correr iba a parar, iba a parar y me iba a subir encima de ti e iba a metérmela dándote la espalda delante de un espejo para que me vieras bien, para que vieras mi cara de placer, síííí.

    -Cabrona, sabes bien lo que haces, tengo la polla cómo una estaca.

    AUDIO.- Con la cabeza echada hacia atrás, una mano acariciaría mis tetas y con la otra el coño y te cabalgaría sintiendo tu polla en mi estrecho y caliente coño que la apretaría, pero tampoco iba a dejar que te corrieras así, por mucho que apriete mi culo contra ti cada vez que bajo, ¡ooooh! No, no voy a dejar que te corras así, porque cuanto note que te vayas a correr, y yo me haya corrido, voy a bajar y me voy a poner a cuatro, me voy a poner a cuatro para que me folles cómo una puta que soy para que folles primero el coño y que me lubriques el culo para lo que venga después. Aunque te creas que me estás follando por detrás soy yo la que te está follando a ti, porque estoy moviendo mi culo hacia detrás y hacia delante, te estoy follando con mi cuerpo, cada vez más rápido, cada vez más rápido, follándote, follándote, ¡Oooooh, oooooh, ooooooh que placer! Y ahí tienes que cambiar, tienes que cambiar de agujero. Lo estás deseando, estás deseando reventarme el culo, lo sé. Abre mis nalgas con una manó, así, te lo ofrezco, métela, estoy deseando que lo hagas. ¡Ummm! Fóllame mientras me azotas, aaaah, síiíí. Fóllame duro, azótame, me lo merezco. ¡Oooooh! Sííí, síííí, síííí. Dios, voy a correrme, síííí, No te corras follándome el culo, quiero tu leche en mi boca. Sí, sí. ¡Oooooh, ooooh, ooooh!

    Se corrió cómo una pantera y mis calzoncillos se acabaron de encharcar. La polla me latía una cosa mala.

    -Sentir tus gemidos al correrte fue delicioso.

    Cómo no me contestó, le escribí.

    -Y ahora me dejas tirado cómo siempre.

    Estaba equivocado, volvió a escribir:

    -No me fui.

    -Ahora no me queda más remedio que follar a mi mujer.

    -Sí. Hazlo. Cógela y fóllala. De improvisto. Cómo harías conmigo.

    Recordé que dejara el teléfono móvil sobre la mesita de noche y fui a buscarlo al piso de arriba. Rosita, que era una joven de diecinueve años, guapa, morena, de cabello negro muy corto, ojos negros, tetazas, anchas caderas y que tenía un culazo, estaba inclinada haciendo mi cama. El teléfono móvil, con el cual cogiera el primer mensaje, estaba en una posición distinta a la que lo dejara. Me olió que Rosita estuviera escuchando la conversación. Tenté la suerte. Le eché la mano al coño. No se enderezó, dejó que mi mano tocase su coño. Me había tocado el gordo de Navidad. Le levanté la falda, metí mi mano dentro de sus bragas. Al poner la mano sobre el coño se me pringó de jugos, estaba chorreando.

    -¡Cómo estás, criatura!

    -Me puso cachonda su amiguita.

    Giró la cabeza, la besé, me devolvió el beso, me echó la mano a la polla, la encontró dura, y me dijo:

    -Se ve que a usted también lo puso.

    Se dio la vuelta y me sacó la polla.

    -¡Hostia! La tiene bien gorda.

    Se agachó y me hizo una mamada casi igual a la que relatara La Casada Gamberra hasta que vio que me iba a correr, entonces paró, subió la falda, bajó las bragas se metió en cama, se abrió de piernas y me dijo:

    -¿Le gusta? Estoy muy mojada.

    Subí a la cama, metí mi cabeza entre sus piernas y olí su coño. Olía a vicio, a lujuria, cerré los ojos y me vino a la cabeza Nuria, ese no es su nombre, pero voy a llamar así a La Casada Gamberra. Rosita estaba realmente mojada. Lamí de abajo a arriba arrastrando los jugos y con la lengua pringada de ellos chupé su clítoris y me los tragué. Rosita estaba super excitada. Quise abandonar el clítoris, pero me cogió la cabeza con las dos manos, y me dijo:

    -Siga ahí, siga ahí que ya me corro.

    No le hice caso. Froté el glande en su coño de abajo a arriba unas veinte veces, después se lo metí en el coño. Lo tenía estrecho y entró muy apretado, lo volví a sacar, froté el glande en su clítoris y al ratito oyendo sus gemidos me corrí sobre él, después volví a meter mi cabeza entre sus piernas y lamí el coño perdido con sus jugos y mi leche. Rosita me dijo:

    -¡Es de los míos!

    -¿También eres una cochina?

    -Una guarra, eso es lo que soy.

    -¿Entonces como cómo un cerdo?

    Me agarró la cabeza con las dos manos, me la llevó al coño y me dijo:

    -Coma, vicioso, coma hasta que se harte.

    Lamí de abajo arriba unas seis veces, y transversalmente otras seis o siete, diez o doce alrededor y se derritió levantando la pelvis y diciendo:

    -¡Diosss!

    Al explotar fue cómo si le diera un calambre. Después se corrió sacudiéndose y gimiendo. Yo tenía un empalme de cojones. Nada más acabar, y aun tirando Rosita del aliento, le di la vuelta, la puse a cuatro patas y le lamí el culo cómo lo haría un perro, después se la clavé en el coño y la follé a romper. Diez o doce minutos más tarde, no sé cómo supo que me iba a correr, pero lo supo. Me agarró los huevos y apretó, no con mucha fuerza, pero con la suficiente como para cortármela. Se retiró, cogió la polla, la frotó en el ojete, después la paró en la entrada, y me dijo:

    -Métala despacito.

    Despacito se la clavé hasta que mis huevos besaron su coño, después cogiéndole las tetas, magreándolas y apretando sus pezones, le volví a dar a romper. Mis huevos chocaban con su coño y el culo se lo puse rojo a base de nalgadas… Esta vez no me iba a apretar los huevos cuando le llenara el culo de leche, ya que estaba con una mano sobre la cama y la otra en el coño, masturbando su clítoris. Al sentir que se iba a correr, me dijo:

    -No te corras, no te corras, quiero que me la des en la boca. ¡Ooooh! ¡¡Me corro!!

    Otra vez los calambres y los jadeos. Quedé quieto cómo un gorrión para no correrme dentro de su culo cómo un lobo.

    Al acabar de correrse quitó la polla del culo, se dio la vuelta, la metió en la boca, mamó un par de veces y ya, ya no hubo más hombre, me corrí en su boca cómo un muñeco.

    Rosita, era tan guarra cómo yo, y una aprovechada, ya que al acabar, me dijo:

    -Si quiere repetirlo más veces tenemos que hablar de una sustancial subida de sueldo.

    Se lo subiré porque lo merece, es una de las mías.

    Quique.

  • Me la cojo mientras su novio hace berrinche

    Me la cojo mientras su novio hace berrinche

    La verdad Ivette me traía bien pendejo, tanto que cuando me dijo que ya tenía novio me dieron unos celos enormes, aun así, seguimos con nuestra amistad, tanto que ella me invitó a la fiesta que le celebraría a su nuevo galán.

    Estela, una amiga que conocí en el trabajo, morena de 1.60, ojos hermosos, nalgas paradas, aunque poco busto, pero levantado y una forma de ser cautivadora.

    Desde que nos conocimos nos llevamos muy bien hablábamos de todo y nos contábamos algunas cosas, ella estaba juntada con su novio, así que siempre que salíamos a un bar lo llevaba, admito que siempre le traía ganas de cogérmela, pero siempre estaba él.

    Cuando Ivette le hizo su fiesta su idiota novio, Estela fue invitada ya que los tres nos llevábamos muy bien, obvio ella llegó con su novio, pero aun así estábamos tomando como siempre divirtiéndonos bailando y riendo.

    Confieso que yo andaba de malas, tenía que tolerar como Ivette se besaba con ese idiota, como aquel inepto le agarraba las nalgas que sentía me pertenecían, estaba a punto de irme, cuando ella llegó.

    E: ¿Hola amigo como estas?

    I: Hola, ¡qué bueno que viniste!

    Ella llevaba un rico mayón negro una blusa café con escote y sus zapatos de tacón abiertos.

    Yo estaba excitadísimo ya que ella me acariciaba la pierna con sus ricos pies, la noche se hizo larga nosotros seguíamos en el ambiente entonces su novio se paró y se salió de la casa a fumar.

    Creo que el tipo estaba celoso de cómo su novia estaba siendo conmigo, originalmente me hubiese recatado y le hubiese respetado, pero el alcohol y el coraje de ver a Ivette con otro, me hizo que me valiera todo.

    Ella lo siguió porque fue muy obvio, después cuando ella regreso la vi un poco molesta dirigiéndose al baño así que la seguí y sin que me notara la empuje al baño.

    E: ¿Qué??

    T: ¡Uhm!! ¡Ven!

    Comencé a besarla, ella me trataba de alejar, forcejeaba empujándome, pero yo la abrazaba con fuerza y le apretaba sus nalgas, pero al final terminó cediendo, estábamos besándonos mientras la música sonaba a fuera yo a toda prisa le levanté la blusa y comencé a besarle su abdomen…

    E: ¡Que haces Tyson!!

    T: ¡Esta buenísima nena!

    Estela me acariciaba la cabeza, yo sin dudarlo le bajé el mayón dejando al descubierto una rica tanga color negro la cual fui bajando lentamente mientras mi lengua rosaba sus piernas.

    Ella se arrimó a una pared, aceleradamente le quité la tanga negra y comencé a hacerle sexo oral.

    Estela era muy frágil al alcohol, por eso su novio siempre andaba donde ella fuera, así que aproveche la valiosa oportunidad.

    Le mamaba los labios, le besaba las ingles, ella se convulsionaba y me seguía acariciando la cabeza, jugaba con su clítoris mientras ella gemía de placer.

    E: Uhm, ¡ah!! ¡Que rico, uhm!!

    T: ¡Sabes delicioso!

    Después de no solo meterle mi lengua sino que también jugué con mis dedos en su conchita, me puse de pie y me bajé el pantalón y la trusa dejando mi verga erecta para ella.

    E: ¡Uhm!! ¡Que rica!!

    T: Bájate nena, ¡uhm!!

    La tomó con su mano y mientras se hincaba me masturbaba con su suave mano, comenzó a chuparme mi verga, sin dudar la metió a su boca.

    Lamía mi torso y lengüeteaba la cabecita al mismo tiempo que me acariciaba mis testículos, era un rico oral. Yo la tomé de la cabeza y empecé a empujarle mi verga en su boca, sentía como rozaba su garganta, ella me agarraba de las nalgas mientras con sus dientes raspaba toda mi verga.

    T: Que rico chupas Estela, ¡uhm!!

    E: Que verga tienes, ¡me encanta!

    T: ¡Uhm, sigue así!!!

    E: ¡Mmm! Agh!!

    De verdad que disfrutaba sus mamadas, pero, aunque Estela es una mujer muy deseable en mi cabeza estaba vete, que es día se veía muy rica, me imaginaba su boca, pero regresaba la realidad para follarle la boca a Estela.

    Después de darme placer con su boca se puso de pie, le levanté una pierna y comencé a penetrarla, su rica vagina apretaba delicioso mi verga, mientras se la metía nos besábamos ricamente, afuera nos tocaban la puerta, pero eso solo nos excitaba más…

    E: ¡Nos van a descubrir y si es mi novio ah!!

    T: ¡Que importa ahorita solo quiero cogerte!

    E: ¡Sí!! Cógeme, métemela rico papi!

    T: ¡Te eh querido coger desde que te conozco!! ¡Pero siempre traes a tu llavero!

    Seguí penetrándola parados unos minutos más, afuera escuché que preguntaban por mí, eso me excitó más, la puse viendo frente al espejo del lavamanos, la incliné un poco y apoyándome de sus nalgas comencé a darle así, sentía más rico su vagina y mi verga entraba más.

    T: ¡uhm!! Ivette!

    E: ¡No soy Ivette!!

    T: ¡perdón, uhm!!

    E: No importa, uhm, sé que te la coges, ¡uhm!!

    Estela no se molestó, al contrario, creo que a ella le gusta Ivette y comenzó a decirme cosas que me ponían aún más caliente.

    Tocaban la puerta y eso al parecer le excitaba más, yo le acariciaba sus nalgas y le jalaba su cabello, ella se movía un poco, gemía, pero la música fuerte ocultaba nuestros ruidos.

    E: ¡Tyson uhm, agh!!

    T: Que rico te mueves, uhm, ¡que lastima que no te ve tu novio!!

    E: No hables de mi novio, ¡solo cógeme!!

    T: ¡Como digas, uhm!!

    Seguí dándosela, aumenté la velocidad, ella comenzó a mojarme sin control, sus líquidos mojaban el piso se vino muy rico la morena.

    Me movía fuerte, la empujaba con fuerza finalmente, yo también me vine, ambos gritábamos y nos movíamos salvajemente, mientras la llenaba de mi leche.

    E: ¡Tyson que rico, uhm!!!

    T: ¡uf!! ¡Toma mi leche, uhm!!!

    E: ¡Ah!!! ¡Me matas!!

    T: ¡Me dejas seco!

    Ese orgasmo fue delicioso, reposamos unos minutos, incluso la borrachera se nos pasó por unos minutos.

    Yo salí primero, increíblemente su novio seguía afuera, eso yo lo llamo suerte de perro.

    Ella salió unos minutos después, como si no hubiese pasado nada continuamos bailando, el alcohol ya no me hacía más efecto, miraba a Ivette, ella de re ojo me miraba, no podía evitar desearla.

    Estela se despidió de mí, su novia, que jamás se imaginó que mientras hacia su berrinche su mujer me las daba, más tranquilo también se despidió, ellos se fueron mientras que yo me quedaba ya que algo más pasaría esa noche.

    Tyson.

  • La pasión de Silvia

    La pasión de Silvia

    Han pasado 5 años desde mi último beso con Silvia, ella era una mujer de caderas semi-anchas, de tetas cortas pero con sonrisa contagiosa. En ese entonces ya la conocía por más de 10 años y siempre me pareció atractiva, incluso en el periodo cuando engordó resultando en un culazo que admiraba cuando su “esposo” no me veía. Silvia de lejos era una mujer recatada, buena madre, fiel a su religión y con mucho gusto a los dulces, lo que no me esperaba más adelante fue que en sus propias palabras, sea “una puta en la cama”.

    Todo comenzó como un juego en días/meses en que los dos estábamos cachondos. Ella me lleva 10 años y a sus 43 estaba divina, durante 4 meses la saludaba con un beso en la mejilla que cada vez se acercaba milímetros hacia su boca. Tenía la fantasía de robarle así un beso y esperar una sonrisa o una cachetada. Quería mostrar que la deseaba. Ella ni idea de mis intenciones, siempre andaba concentrada en su trabajo o sus hijos. Siempre noté algo raro cuando estaba con su esposo, ellos interactuaban de una forma compleja que no podía descifrar. Éramos “amigos” a pesar que el esposo me caía mal cada día más, quizás porque envidiaba que este con tremenda mujer siendo el… ni feo ni guapo. Me gustaba que me visitaran, por ver a ella.

    Eran finales de año y la conquista de otra mujer madura se cayó, dejando a Silvia como último foco de mis intenciones. Comencé haciéndome amigo en su social media, y a pocos hubo la suficiente confianza de comentar en sus fotos y hablar en privado. La hacía reír según ella “como no lo hacía en años” dándome a entender entre otras conversaciones, que la relación con su esposo estaba muerta.

    Seguimos conversando en privado, muchas veces en doble sentido. Ella le entraba al juego y cuando venía a visitarme con el esposo, estaba mejor arreglada y apretada. No era el único en casa, ella se quedaba conversando con mi prima y yo tenía que soportar al esposo mientras sus niños jugaban. Miradas de lejos, conversaciones privadas. Teníamos un secreto erótico. Pero ni tan secreto, porque la tonta le comentó a su “esposo” que yo era muy divertido y no se esperaba que la hiciera reír tanto. No me importo mucho que compartiera eso con él, pero fue algo muy extraño.

    Pasaron las fiestas de fin de año, ella después de muchas pruebas que me hacía para ver si me atrevía a ponerle los cuernos a su esposo, resultó ser que ellos ya estaban divorciados, pero viviendo juntos. Llevando una vida a aparentemente perfecta, pero sin ninguna relación, solo para que los niños tengan padre y madre. El ex, le había puesto los cuernos a ella 4 veces y la cuarta fue la vencida, a pesar que él lo sigue negando hasta ahora. Ella me contaba que nunca se le había pasado por la mente tener otro hombre, dormía bien abrigada y el ex, dormía desnudo, pero nunca en esas noches de calentura tuvieron más sexo (según ella). Fueron 4 años que ella no sentía una polla dentro y comenzó a tener sueños calientes dónde se mojaban sus braguitas y moríamos los dos por vernos.

    Era casi imposible vernos, ella en casa con los hijos y yo trabajando, cuando teníamos libre los dos, el ex salía con novedades de última hora (Después descubrí que tenía hackeado todas sus cuentas de email, Facebook y teléfono). El ex la controlaba al máximo, pero el si se daba sus escapadas (Meses después tuve una confrontación con el ex, en la cual casi llora porque según él, quería volver con Silvia. Me valió pelotas).

    Una noche me llamó estando en la sala de su apartamento, el ex había salido con sus hijos bien de noche. Ella sonaba que ya no podía más y deseaba tener una polla en su boca, dentro de ella o ambas. Comenzó a susurrarme por teléfono, estando abierta de piernas, y con 3 dedos dentro de su jugosa chucha. No aguanto más ese nuevo deseo sexual que había despertado en ella… necesitaba un hombre que la haga gemir de placer. Yo con mano en polla, me masturbaba lento al compás de sus gemidos provenientes de mi celular, quería que se la metiera fuerte pero lento, para desquitarse de esos 4 años de abstinencia. La quería en la boca, en la chucha y hasta en su culo virgen. Nunca había tenido sexo anal, pero tenía un deseo sexual desenfrenado a sus 43, que se sentía toda una adolescente y casi se mete un dedo en su maravilloso ano mientras la otra mano sobaba su clítoris hasta alcanzar el orgasmo, echada en el sillón de su sala sin importarle que sus hijos aparecieran por la puerta. Quiso sentirse llena de polla la muy cachonda, quiso sentirse mujer otra vez. Después de esa noche, ella decidió que era hora de sacar al ex de su apartamento. Yo feliz.

    Me visitaron el viernes, ella estaba con un pantalón café claro apretadísimo que no dejaba nada a la imaginación cuando se le veía de frente. Podía ver sus grandes y jugosos labios que se meneaban cuando caminaba hacia mí. Ella siempre tenía un pretexto para venir a la oficina de mi casa cuando yo conversaba con su ex. Se ponía coqueta y me hubiese gustado mirarle el culo cuando lo meneaba al irse. El ex, sabía todo lo que nos habíamos escrito con ella, pero no importaba, yo quería que esa cola y vulva sean solo mías. No importaba el resto, solo de imaginármela desnuda frente a mí me ponía a mil. Siempre me masturbaba pensando en ella y ella lo sabía. Hasta me pedía no darme una paja porque era quería que ver toda mi leche encima de su cuerpo. Me despedí esa noche casi besándola en la boca. No me importo que a espaldas de sus hijos le diera un abrazo pellizcándole su cola descaradamente.

    Pasaron 2 días, y ella vino por consejos a mi prima que vivía conmigo. Ya siendo mayor mi prima y de esa generación que se escandaliza por todo, no le habíamos contado nada. Ese día llego Silvia sola, más guapa que nunca, apretada que daba la impresión de estar desnuda. Estaba regia y brillante, jugando con su boca al hablar y contándole todo a mi prima de la mentira de vida perfecta que estaba viviendo y lo de poco hombre que era su ex, Andrés. Quería que el esposo se vaya, y yo la ayude a crear nuevos emails y desactivando todo de su teléfono para que no la espíen. Mi prima se enteró un poco de lo nuestro, pero no todo el cuento. Nos quedamos solos en la sala y le metí un beso tan apasionado que se quedó fría… No pensó que me iba atrever en ese momento y me lo devolvió.

    Nos estábamos comiendo la boca, dejándome carta blanca de acariciar lo que quería. Comencé por su rico culo, redondo y suave, trate de meterle un dedo en el culo, pero el pantalón apretado no me dejo, le acaricie sus “tetitas” y pase mi mano por su chucha que estaba caliente del deseo mientras ella jugaba con su lengua dentro de mi boca. Fue una pasión increíble, no pensé que esta mujer tan seria se haya vuelto tan loca de pasión y me encantaba. Convertirla en mi puta era mi fantasía, pero ella ya lo era. Después de haberla recorrido toda, quedamos en vernos este fin de semana en su apartamento a solas. Para esa fecha Andrés debería estar fuera…

    Continuará.

  • Sueño de navidad

    Sueño de navidad

    Os voy a contar el sueño que he tenido esta noche, voy a crear unos nombres ficticios, no quiero que esto pueda traer algún problema.

    Era una nochebuena en la que estaban mi amiga y su pareja los dos solos en casa, pasando la navidad como se puede ahora que estamos bajo las restricciones de la pandemia. Esa nochebuena tan extraña cenaron lo típico, unos mariscos, un vino, un dulce típico de navidad, en fin, lo normal, y al estar solos en casa y ser una noche especial había sexo, mucho sexo, una autentica noche “buena”.

    Estando en un descanso, después de tanto sexo, el chico le preguntó a mi amiga: -Que quieres para Reyes?

    Ella, estando aun excitada y con la mente pervertida, se le ocurrió decirle que un trio con otro hombre. A los pocos segundos y después de ver la cara de su chico, le dijo que era broma, a lo que él le dijo que, si eso quería, eso tendría.

    La cara de ella era un poema, entre felicidad y desconcierto. Pero todo se pasó cuando el metió la cara entre sus muslos y le hizo uno de los sexo oral que jamás había tenido mi amiga.

    Pasaron los días y su pareja le pregunto que si ya sabía con quién iban hacer el trio, mi amiga le contesto que sí, que más o menos tenía un candidato, pero que lo tenía que mirar mejor.

    Un día estando sola en casa me mandó un mensaje y me explicó la situación, yo estaba con los ojos como platos, nervioso. Estuvimos hablando un buen rato y aun que a mi no me hacía falta que me convenciera, quería saber si ellos estaban seguros de que es lo que querían.

    Confirmado que tanto él la quería complacer, y que ella según me lo decía se iba excitando, mi decisión estaba claro. Claro que sí.

    Llegado el día me fui a su casa donde estaban los dos esperándome, ella me abrió la puerta y me presento a su chico, que aun que ya le conocía nunca me lo habían presentado. Nos sentamos en el sofá y empezamos a hablar, el chico se levantó para ir a la cocina a traer algo de beber, mientras Raquel y yo no parábamos de mirarnos y sonreír con una ligera cara de picaresca. Tras unas cervezas en casa y un rato de charla, decidimos pasar a la acción. En el sofá, mi amiga comenzó a acariciar la entrepierna de su chico con el pie, rápidamente, se excitó y agarró los pechos, desabrochando la camiseta y comenzando a lamer sus pezones, mientras subía la excitación de los tres.

    Mi amiga le bajo el pantalón y comenzó a chupársela, me llamo y empezó hacer lo mismo conmigo. Se arrodillo y fue alternando las mamadas. Finalmente, llego a meterse las dos en la boca… no sin alguna dificultad.

    Nos fuimos a la habitación, él comentó que estaba algo nervioso, así que sin miramientos Raquel se quitó toda la ropa y se tumbó en la cama mientras le decía que fuera hacia ella mientras yo me quedara en un lado de la cama sin hacer nada. Le practicó sexo oral a ella, mientras yo observaba desde el sillón, muy excitado. A continuación, se colocó a cuatro patas, mirando hacia la parte de la cama que yo estaba y mientras la penetraba, Raquel comenzó a jugar con sus manos y mi miembro. Los movimientos de empuje de su chico, la acercaban y retiraban en un excitante vaivén.

    Posteriormente, le dio la vuelta, abrió sus piernas y siguió penetrándola con su bien dotado miembro, mientras la cabeza de mi amiga rebotaba en la almohada. Tras su primer orgasmo, quiso volver a probar la doble mamada, tuvimos que aguantar para no eyacular a la vez.

    Las posturas que podíamos llegar a realizar y el placer que estábamos teniendo los tres no lo sabía nadie, los pezones de mi amiga estaban súper duros, las nalgas completamente rojas de tanto azote, y claro al ver ese culito con ese color, no tuve más remedio que empezar a jugar con esas nalgas, con mi lengua, mis manos, uno de mis dedos, muy lentamente entraba en ella, dilatándolo, poco a poco, mientras el agarraba su cabeza y la obligaba hacer una garganta profunda.

    Nos tumbamos los tres en la cama e intentamos una doble penetración. Gracias al gran miembro de su chico, la penetró por detrás mientras yo lo hacía por delante. Se subió encima de mí y empezó a cabalgar mientras su chico poco a poco iba abriendo su culo más y más. En esa postura Raquel llego a tener otros dos órganos casi juntos.

    Nosotros ya no aguantábamos más, así que cambiando de posición y volviendo a la que teníamos en el salón, los dos nos pusimos de pie en la cama mientras ella de rodillas se volvía loca jugando con nuestros miembros. Su chico no pudo más y acabo primero corriéndose en su cara y boca, mientras yo, al ver su deliciosa cara llena de leche, tampoco aguanté mucho y me corrí encima de sus pechos.

    Acabamos los tres tumbando en la cama, con los dedos deslizando por su cuerpo toda nuestra leche, mientras ella relamía y nos besaba mordiéndonos los labios.

    Su chico le pregunto que, si le había gustado el regalo de reyes que había tenido, a lo que ella le dijo que si, que había sido una fantasía que siempre quiso realizar con “sus dos hombres”.

    Yo me fui hacia la ducha y me vestí para irme a mi casa, con cara sonriente me despedí de ellos y les dije que si algún día querían repetir…

    Espero que les gustara el relato que les conté hoy tanto como a mi soñarlo.

    Saludos y felices fiestas.

  • Karina (Parte 1)

    Karina (Parte 1)

    Hola, mi nombre es Karina, tengo 35 años, siempre me he sentido atraído por la ropa femenina, para mi algo excitante es probarme la ropa de mi esposa, trato de hacerlo cuando me quedo solo en el departamento, algo delicioso y excitante es acercarme a la cesta de la ropa sucia, tomar y oler sus bragas, sus medias ya que el olor que emana es único, el olor a hembra es adictivo.

    Debo decir que mi esposa tiene un bonito cuerpo, sus glúteos son redondos y su cintura me causa envidia, soy diseñador gráfico y dado que trabajo desde casa tengo mucho tiempo para hacer lo que me venga en gana, a veces duro todo el día vestido de chica, veo pelis de travestis que son penetradas por hombres bien machos y dotados haciéndolas gemir de placer y pidiendo más, me éxito a tal punto que me penetro con lo que encuentre desde un plátano hasta el consolador que le compré a mi esposa para su cumpleaños, eso sí trato de no masturbarme para cuando coja a mi mujer pueda eyacular por litros como un caballo, hay días en los que me caliento demasiado y espero a que ella llegue para hacerle el amor de forma salvaje.

    Debo decir que ella es una chica súper especial la cual amo y respeto no tengo queja alguna de ella… ya que tanto en lo personal como en lo sexual trata de complacerme en todo, algo que me gusta de ella es que le encanta que me venga en su cara, tiene esa debilidad le encanta el olor a semen y le fascina que yo le limpie la cara con mi lengua, me hace tragar mi propio semen algo a lo que no me resisto ni me opongo, cuando estoy tragando mi propio semen fantaseo en que ese delicioso néctar es de un hombre dotado, velludo y muy macho que tiene sexo con mi esposa y conmigo al tiempo, eso sí yo actuando también como chica y siendo penetrada por aquel desconocido quien nos derrama su leche en nuestras caras.

    La historia que contaré a continuación sucedió hace unos tres años en la reunión anual que hacen en la empresa de mi esposa, donde invitan a los empleados y a sus familias a una cena celebrando el fin de año y los cumpleaños de la empresa.

    Ese día me encontraba muy cachonda y caliente ya que durante la mañana había estado viendo videos de travestis, muy voluptuosas, con unas vergas monumentales, las cuales eran clavadas por hombres muy atractivos que derramaban sus leches en sus bocas y culos, debo aclarar que siempre fue una fantasía el imaginar en ser una hermosa travesti y ser penetrada por un hombre.

    Ese día mi esposa decidió llevar a la reunión un vestido negro ajustado con unos zapatos de tacón alto, unas pantimedias negras con un fino brillante que la hacían ver muy sexy y femenina, aquel día ella se sentía muy caliente y me dijo al oído: hoy quiero que me penetres muy duro en la reunión quiero que te vengas en mi vagina y sentir como se chorrea tu leche en mi tanga, así quiero estar toda la noche y cuando lleguemos a casa me limpies la vagina con tu lengua… algo que me puso muy muy caliente…

    Camino a la reunión mi esposa no hizo más que jugar con mi verga, mientras yo conducía ella pasaba su lengua por mi glande, la situación era muy excitante ya que nos daba morbo que fuéramos descubiertos.

    Al llegar a la reunión me dijo: hoy quiero tomarme unas copas y pasarla muy bien, a lo que seguidamente me miró y paso su lengua por sus labios y sonrió, por lo que sabía que la noche iba a ser algo diferente y muy caliente…

    Parte de la noche bailamos y tomamos unas copas de más, me dijo: si eres capaz ve al auto y abre la cajuela, quiero jugar contigo… salí rumbo al auto, me acerque y abrí la cajuela, cual sería mi sorpresa al ver que había una bolsa con un vestido color rosa, unas bragas de encaje color rosa, unos zapatos altos color blanco, unas medias de liguero blancas con un fino encaje, una peluca rubia que llegaba a los hombros y maquillaje, con una nota que decía: eres un buen esposo, un buen hombre, pero sé que deseas cumplir una fantasía y hoy es el día, si te atreves vístete te espero atrás en el salón que se encuentra vacío.

    Sentí un frio intenso en todo mi cuerpo, no sabía cómo mi esposa se había enterado de mis gustos, mis piernas temblaban, mi cuerpo sudaba porque a pesar de que me quería vestir de mujer, pensaba que podía ser una trampa para comprobar mis gustos y terminar la relación, muchas cosas corrían por mi mente, no sabía qué hacer.

    Después de mucho pensarlo, pudo más el morbo y cumplir mi fantasía, sentir esa delicada ropa en mi piel y caminar libremente por la calle sabiendo que me podían descubrir, me ponía muy caliente, la adrenalina corría por mi cerebro, suspiré y me quite la ropa que llevaba puesta para empezar a vestirme con la que estaba en la bolsa, tome las bragas color rosa de encaje, después las medias que llegaban al muslo, no sé cómo hice, pero en un dos x tres me coloque el vestido ajustado dentro del auto.

    La sensación era única, el vestirme con la ropa de mi esposa era normal ya que lo hacía muy a menudo, pero era muy diferente hacerlo al aire libre y que alguien me descubriera…

    Me puse la peluca, me apliqué un poco de labial rojo y unas sombras de un color suave en los ojos, al verme al espejo me sentí toda una puta, me veía muy hembra, la verdad entre mi excitación y los nervios la sensación era inigualable, no podía acomodar mi verga ya que esta quería salirse del vestido y romper las bragas, como pude me acomodé la verga y pude sentir que mis líquidos pre seminales estaban brotando de la punta, tomé los zapatos de tacón alto me los probé y salí del vehículo, fue tanto el nivel de adrenalina que al cerrar la puerta me di cuenta que las llaves habían quedado dentro… no lo podía creer… todo lo que parecía un cuento de fantasía, podía convertirse en un cuento de terror…

    Sabía que estaba en grandes problemas si mi esposa no llegaba al lugar indicado, debería ir a buscarla travestido esperando no ser descubierta por algún conocido lo que generaría que fuera el hazme reír de la fiesta, no tuve más remedio que ir caminando hacia el lugar indicado, el camino estaba un poco solo, el corazón me latía a mil, la erección que tenía hacia unos minutos había desaparecido, estaba muy asustado, apresuré el paso y me encontré de frente con un vigilante el cual caminó rápidamente hacia mí era un hombre de unos 50 años de piel blanca y de estatura media, la verdad se veía muy masculino y me dijo:

    -Señorita le puedo ayudar? Se encuentra perdida?

    Sentí la muerte correr por mi cuerpo, al saber que estaría metida en muchos problemas si el vigilante llegaba a descubrirme, ya que podría llamar a la policía, no pude responderle, no sabía cómo hacerlo, mis piernas temblaban, volvió a preguntarme: ¿se encuentra bien?

    Me miró fijamente y su mirada lo dijo todo, me había descubierto, tomó el radio para alertar a los demás guardas de seguridad y le dije: por favor esto es un error, la verdad soy un invitado a la reunión y vine con mi esposa, a lo que me respondió: No sabía que la reunión era de travestis, llamaré a la policía.

    Le dije por favor todo esto es un error, las llaves de mi auto se quedaron dentro y no puedo cambiarme, si me da la oportunidad de aclarar el mal entendido, mi esposa me está esperando en el salón que está al respaldo y está vacío y ella le podrá aclarar este error…

    El vigilante me miró y volvió a decir: llamaré a la policía y a ellos puede explicarles todo…

    Le supliqué al guarda de seguridad y le dije: mire todo esto es un juego con mi esposa, por favor no llame a la policía, si quiere me puede acompañar y mi esposa le explicará todo…

    El me miró y me dijo: no creo nada de lo que me dice, mi deber es repórtalo con la policía…

    A lo que le dije: por favor créame estoy dispuesto a darle dinero pero por favor no llame a la policía…

    Me miro de arriba abajo, se quedó mirando mis piernas, pasó su lengua por los labios y me dijo: bueno señorita si está dispuesta a que no la denuncie debe pagarme muy bien.

    Le dije: le pagaré lo que Ud. me diga.

    El guarda de seguridad me tomo del brazo de una manera suave y me dijo:

    -Acompáñeme, porque vamos a arreglar este problema de inmediato, lo seguí y me llevo a unos arbustos con poca luz, la verdad estaba muy asustado, paramos en un lugar solitario y me dijo:

    ¿Sabes que tienes unas piernas muy deliciosas? Se agacho un poco y sentí su mano acariciando mis piernas… saben? “el sentir tus piernas en unas medias y que alguien te las acaricie no tiene precio”, volviendo al relato el vigilante cincuentón se puso de pie nuevamente, tomó mi mano y la llevó a su verga, jamás había tocado a otro hombre, no lo podía creer, aquel vigilante estaba muy caliente, lo podía sentir porque su pantalón parecía iba a explotar, su verga estaba muy dura y podía sentirla palpitar su respiración era muy rápida, sabía que ese hombre quería convertirme en su mujer y desfogar toda su masculinidad con la travesti que tenía en frente.

    El momento era único, ya que siempre lo había deseado, siempre había fantaseado con tomar la verga de un hombre y hacerla mía… no podía dejar de temblar, no creía que me estuviera pasando…

    Con voz entrecortada le dije: mi esposa me está esperando, esto es un error…

    El vigilante, me miró fijamente y me dijo: si no haces lo que te digo llamaré a la policía no estoy jugando…

    Volvió a tomar mi mano y la puso en su paquete, se acercó y me besó el cuello, pasó su lengua por mi cara y me dijo:

    Eres mi maldita puta y como mi puta debes portarte…

    Un escalofrío de excitación recorrió mi cuerpo, al sentirme femenina, me acerqué y lo besé, fue el momento más cachondo y caliente que estaba experimentando, sentí su lengua como jugaba con mi lengua, jamás había besado a otro hombre, la sensación fue única no lo podía creer, me dejé llevar por mis fetiches y fantasías, ahora fui yo quien tomé su mano y la lleve a mis nalgas las cuales apretó muy duro, me dolían pero me gustaba lo que estaba sintiendo, lleve mi mano a su verga la apreté, la cual frotaba por encima de su pantalón y podía sentir como jadeaba de placer..

    Me besaba con más intensidad, como pude desabroche su pantalón, baje su ropa interior y pude ver lo que siempre había soñado tener en mis manos, en mi boca y en mi ano una hermosa y masculina verga… era una verga de unos 16 cm con una cabeza grande parecía un champiñón gigante, un champiñón rojo que de la punta salía un líquido transparente, no lo pensé dos veces me agache me puse enfrente de aquella deliciosa verga, me acerque y la olí ese olor me arrechó me calentó como nunca, el olor a verga de macho es muy inigualable, me puso a mil no sabía qué hacer, le estaba haciendo una deliciosa paja, hasta que me tomó de una forma delicada me puso de pie y me dijo:

    -Hoy eres una chica y te voy a tratar como tal, debes dejar que te guie.

    Me sentía en el cielo, aquel guarda de seguridad me estaba tratando como una chica y yo me sentía una mujer sexy a la cual iban a penetrar…

    El guarda me dijo: es hora de que me beses el pene, debes convertirte en una buena mamadora.

    Al escuchar esto no pude evitarlo, me acerqué y lo besé, el beso fue muy cachondo ya que me tomó por la cintura y me abrazó fuertemente, podía sentir su verga rozando con la mía, yo estaba en otra dimensión, dentro de ese cachondeo recordé varias de las películas porno de travestis que había visto, quise hacer lo mismo por lo que me puse de rodillas, cerré los ojos abrí mi boca y me tragué cada centímetro de aquel pedazo de carne caliente, pasé varias veces mi lengua por sus testículos hasta la punta y el solo jadeaba de placer.

    Su verga parecía iba a explotar, me tomo de la cabeza y empujó todo su miembro dentro mío, me metió cada centímetro hasta la garganta, empezó un mete y saca frenético, yo lo único que hacía era tratar de tragarla toda, quería hacer bien mi trabajo y hacerlo sentir que tenía todo el permiso del mundo para hacer conmigo lo que quisiera.

    Cada vez que mi macho sentía que se iba a venir paraba me ponía de pie me acariciaba el cuerpo y me besaba, cuando ya sentía que podía continuar me ponía de rodillas y volvía a mi tarea de mamarle la deliciosa verga que tenía mi macho, la verdad quería que ese momento no terminara jamás, creo que llevábamos unos 15 minutos, hasta que empezó a convulsionar y me dijo: prepárate porque me voy a venir…

    Por fin iba a sentir el semen de otro hombre, iba a cumplir mi fantasía, me tomo de la cabeza y empezó a sacarla y meterla con mucha fuerza, hasta que hizo un leve gemido y sentí como descargaba todo su semen en mi boca, sentí un sabor amargo, viscoso y muy muy caliente que quemaba mi lengua y garganta su verga palpitaba y el seguía bombeando, era tanta la leche que descargó en mi boca que una parte la trague y otra parte de su néctar salió por las comisuras de mis labios bajando por mi cuello, manchando parte del vestido y otra parte bajó por mis piernas manchando las medias, quería masturbarme sacarme hasta la última gota de semen pero el, mi macho me ordenó no tocarme mi clítoris el cual estaba a punto de estallar, solo me dijo con un tono de voz suave: no te toques es mejor que sigas caliente por si quiero darte por tu trasero, sabrás lo que es tener un orgasmo mientras sientes mi verga entrar por tu trasero.

    Estaba totalmente hipnotizada por aquel hombre, era todo un macho y yo su hembra, la sensación de tomar semen me fascinó, quería más pero él estaba totalmente desmayado y sin fuerzas.

    Me limpio los restos de semen que salían de mi boca y cuello y me dijo:

    -Ahora vamos a ver si es verdad que tu esposa te espera…

    En una próxima entrega les contaré el desenlace de esta historia, la cual tomaría un giro inesperado…

  • Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (4)

    Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (4)

    Al de unos minutos pudieron contemplar el pantano. Tal cantidad de agua ya les hacía humedecer sus cuerpos y Sergio dándose cuenta de que su bañador estaba en la cadera de su tía le preguntó.

    —¿Tienes bañador?

    —Sí, metí por si quería tu madre ir a la playa, pero nada. Tú vas a usar el “mío”, ¿no? —señalando su cadera.

    —Creo que sí, solo tengo ese ¿me lo has sudado mucho?

    —Demasiado —añadió riéndose.

    Una vez aparcados comprobaron que no había casi gente, algo excepcional, puesto que con ese calor debería estar a rebosar. Prepararon todo y Sergio se quedó mirando un rato el móvil dentro del coche, eso sí, con las puertas abiertas y a la sombra de una pequeña arboleda.

    No había reparado en la última parte del trayecto, pero entre el calor y el casual vistazo fugaz a la bonita lencería que escondían los senos de su tía, su entrepierna había tenido un exceso de sangre. Bajo la tela un pequeño bulto había comenzado a emerger hasta formase un montículo dentro del calzoncillo. Como el mismo decía, la tenía un poco “morcillona” nada alarmante, aunque si extraño…

    —Sergio, cariño, ven —le dijo Carmen desde el otro lado del vehículo— ponte un momento delante de la puerta con la toalla.

    —¿Te vuelve a dar pudor tía? —Sonrió de forma pícara al tiempo que caminaba hacia ella— aquí no te van a ver ni las moscas.

    —Bueno, tú aguanta y ya. —Se levantó del asiento y saliendo del coche añadió— Y por favor, no mires, cariño.

    Sergio abrió los brazos estirando la toalla. Ladeó su cabeza mirando al pantano mientras su tía se quitaba el bañador que le había dejado y se ponía el que en verdad le correspondía.

    El muchacho se cambió con más naturalidad sin pudor a que nadie le viera el trasero cuando se quitó el pantalón, aunque ¿Quién le iba a ver? Apenas habría un puñado de bañistas. En la orilla del pantano, Carmen se metió poco a poco, mientras que el joven como buen adolescente insensato lo hizo de golpe, incluso salpicando algo de agua a su pobre tía la cual se quejó airadamente.

    Mientras el cuerpo de la mujer se sumergía lentamente en el agua, su sobrino jugaba a su alrededor pese a las advertencias de esta para que no le mojara el pelo. De poco sirvieron, al final Sergio acabó empujándola al ver la poca decisión de la mujer.

    —¡Sergio! —gritó a pleno pulmón, al volver a la superficie.

    —Vamos Carmen, disfruta, que pelo ni que pala, refréscate que esto es una gozada.

    El joven se marchó nadando, quizá también para evitar posibles represalias de parte de la mujer. Su tía lo observaba aun pasándose la mano por el pelo y tratando de peinarlo, el enfado momentáneo se disipó y las ganas de gritarle se esfumaron dando paso a una risa incontrolable. “¿Cómo puede ser tan alegre?” pensó.

    Se tumbó sobre el agua boca arriba, quedándose como decía su padre “muerta”, flotando, dejándose llevar por el agua. Los oídos sumergidos bajo el pantano, no la permitían escuchar nada, solo sus pensamientos. Pensó en su marido, lo que últimamente rondaba con más frecuencia en su mente y el posible adulterio que solo su mente se negaba a admitir.

    Recordó aquella mancha de carmín en su ropa, la tenía totalmente olvidada. ¿Cómo una buena mujer sumisa, ¿Eso era ella? Lo había tomado como algo casual, ¿Lo era?, ¿Por qué se negaba a aceptar la realidad?

    Dio vueltas en su cabeza a las irrefutables pruebas, siempre habían estado allí, ¿Por qué no las quería ver? Su mente parecía evitar el sufrimiento y saltaron pensamientos positivos, alejadas de su marido, cosas buenas, las últimas cosas buenas… su sobrino, el viaje… que bien lo estaba pasando. “Demasiado bien…” le advirtió una voz de pronto que podría ser su conciencia, pepito grillo o el mismo diablo.

    Notaba en su interior como otra Carmen estaba emergiendo, ninguna nueva, sino una muy vieja que hace años encerró en sí misma. Quizá por la edad, quizá por la rutina… pero allí estaba apresada. Una mujer algo más alocada, más decidida, más independiente, más directa.

    Se había quitado la ropa delante de su sobrino y ahora se sumergía en un pantano, no eran pasos gigantes, pero quizá si los primeros de un cambio. Los clichés absurdos de la vejez desaparecían y parecía que la joven Carmen, la que disfrutaba junto a su hermana, estaba volviendo a salir del foso donde la había introducido.

    Después de un tiempo, su sobrino se acercó nadando hasta su posición, se incorporó posando sus pies en las piedras del suelo. Se había alejado un poco de la orilla y el agua le cubría por debajo de sus senos.

    —¿Qué tal? —se interesó el joven.

    —No me puedo quejar —contestó en un tono suave, como si fuera una confidencia.

    —Me parece que te quedas corta —ella le guiñó el ojo de manera cómplice— Ahora nos faltaría una cama como la del hotel y a descansar, no vendría mal una siesta.

    —En mi casa vas a tener una cama grande, no te preocupes.

    Se sorprendió de lo que salió de su boca, era un comentario que podría malinterpretarse, aunque menos mal que era su sobrino a quien iba dirigido y no otro cualquiera. Le pareció extraña la situación, aunque el siguiente movimiento le sorprendió aún más.

    Fue un instante, menos de un segundo, quizá una fracción de tiempo, un lapso tan rápido que la propia Carmen dudó si había sucedido. Vio como los ojos de Sergio, bajaban desde su rostro, pasaban por su cuello y por un tiempo tan limitado que no se podía medir, se quedaban observando sus pechos que flotaban al ras del agua.

    Tenía unos senos bonitos, no había duda, hacía poco que se los había retocado. La edad no perdonaba y se comenzaban a caer, pero el cirujano hizo un buen trabajo elevándolos de nuevo. Nada de prótesis, solos unos cortes por aquí, coser por allá, trabajo de sastre que dejo todo como estaba antes. Era la segunda parte de su cuerpo que más le gustaba, siempre detrás de sus preciosos ojos azules.

    Sin embargo, aquella mirada, aquel flash, por muy pequeño que fuera, no la irritó. No le pareció una sinvergüencería de su sobrino, por raro que le parecía, una pequeña corriente eléctrica le recorrió la espalda… le había gustado.

    —Yo igual me voy saliendo, que ya estoy muy arrugado —añadió el joven, con un leve cambio en su tono de voz.

    —Bien, ahora voy yo.

    Cuando Carmen se decidió a salir a los pocos minutos, observó a Sergio como se secaba a lo lejos junto al coche. De nuevo en sus ojos la imagen del cuerpo delgado con un leve toque moreno debido al sol del verano. Incluso su cabello se había clareado algo debido al sol, ahora daba la sensación de ser más castaño que de costumbre quizá con algún que otro reflejo rubio.

    Era un adolescente en toda regla, con las hormonas desatadas, no era tan extraño que perdiera la vista en el cuerpo de su tía, todavía era una mujer deseable. Por mucho que ambos fueran familia, seguían siendo un hombre y una mujer. Carmen sacudió su cabeza para dejar de pensar en ello “este niño es un canalla” se dijo así misma.

    Cogió el monedero que tenía al lado de la toalla y se dirigió a una pequeña tienda que más parecía un chiringuito de playa. Se detuvo a ojear la ropa que tenían expuesta mientras se secaba y decidió comprarse un pareo de cuerpo entero. La vuelta en el coche seguramente sería igual de calurosa y no le apetecía tomar de nuevo prestado el bañador de su sobrino.

    La tela era bastante mona, tenía varios colores y le llegaba hasta los muslos, perfecto para seguir en la carretera. Con su nueva compra, se fue acercando al coche, pero aminoró la marcha. Sergio seguía cambiándose y en un momento, sin querer, pudo ver su trasero desnudo. Se había terminado de secar y justo se iba a poner el calzoncillo.

    Un pequeño cosquilleo le recorrió la espalda al ver esa imagen, su sobrino estaba en ese preciso instante totalmente desnudo. Lo que había visto en el hotel ahora lo podía asegurar, parecía un cuerpo fibroso, sin músculos excesivos y el trasero… le pareció que eran dos nalgas duras como rocas.

    Se obligó en un momento a que sus ojos otearan cualquier otra cosa que no fuera su sobrino. ¿Cómo podía mirar aquel cuerpo desnudo de su sobrino? Por un momento se sintió culpable, como si estuviera viendo al mismo diablo y susurró “por favor…”.

    —Sobrino —le llamó mientras llegaba para avisar que estaba cerca— mira, ¿te gusta? —se giró un poco mientras el joven la observaba.

    —Te queda chulo, así vas a pasar mucho mejor el resto del viaje.

    Recogiendo todo y aireando un poco el coche, ambos se introdujeron en su interior para proseguir con el viaje.

    A los pocos minutos, llegaron de nuevo a la caravana que les recibía con los brazos abiertos, aunque con el frescor del baño todavía latente en sus pieles, la travesía sería mucho más agradable.

    —Bueno, de vuelta a la pelea —dijo Sergio.

    —Da igual, no hay prisa.

    —Quién lo diría, si cuando salimos de casa tenías unas ganas terribles de llegar.

    —Me lo estoy tomando con calma, ¿no te parece bien? —con una sonrisa en el rostro que parecía imborrable— ¿prefieres que sea la tía agobiada?

    —Me parece fenomenal, yo tengo todo el tiempo del mundo.

    El pareo que Carmen se había comprobado, tenía unos cordeles en el escote a modo más de adorno que eficaces. Se podía aflojar o apretar según el caso, aunque no era necesario, la medida era la correcta para dejar algo a la imaginación y que el aire circulase.

    Sergio no pudo evitarlo, desde el pantano algo le picaba dentro del cuerpo. Había contemplado antes, por error o por curiosidad (tenía dudas de eso) a su tía en bañador. De nuevo en la caravana, con el coche parado y Carmen a su lado, la insana curiosidad volvió a su cuerpo.

    Con el rabillo del ojo podía ver los muslos al aire que su tía mostraba, pero no le era suficiente, quería otra cosa, una cosa que había visto en el agua. Fue una mirada rápida, volteó la cabeza disimulando mirar el salvaje monte que quedaba a su derecha, pero un ojo se dirigió al escote de Carmen. La silueta le pareció magnifica unos senos bien puestos y de buen tamaño, medida perfecta para su gusto, lástima que el canalillo solo dejara ver una pequeña parte del total.

    La mirada no pasó desapercibida. Carmen la sintió. Otra vez fue tan rápida que apenas vio los ojos del joven en movimiento, pero ese pequeño disimulo mirando el monte era demasiado descarado, era la segunda vez que miraba sus senos en una hora.

    Apretó sus piernas algo nerviosas, no sabía qué hacer. Por su mente fluyeron varias opciones, decirle algo, enfadarse, dejarlo pasar… no había tenido hijos, no sabía que era lo adecuado en esa situación. No entendía muy bien como era un adolescente masculino, aunque por otro lado, una pregunta, más que ninguna otra, resonó en su cabeza ¿en verdad le había molestado?

    Sus piernas siguieron de forma inconsciente apretándose más y más, ¿Por qué se sentía tan… tan… bien? ¿Qué estaba pasando? Nunca se había sentido tan descolocada. Recapacitó sobre las miradas, sería algo inocente, algo que un chico haría casi por instinto, aunque Sergio ya no era un niño, era un hombre. Aquello volvió a sonar en su mente como un grito desesperado por hacerse escuchar, UN HOMBRE.

    Su cabeza le decía que era coincidencia, casualidad, nada más, incluso quizá un error suyo de apreciación. Sin embargo, en sus fueros más internos, algo le dijo que no, que le había mirado con la intención de escrutar su fisionomía.

    De pronto sintió algo, una sensación nacida de su vientre, o quizá algo más abajo. Como si un interruptor volviera a ser pulsado, una llama, no más grande que la de una cerilla nacía en su interior.

    Con el calor insoportable que seguía azotando sin piedad, su siguiente movimiento parecería de lo más habitual y se concienció en que no tenía nada que ver con lo que estaba haciendo Sergio. Llevó su mano hasta los cordeles y tiró de estos haciendo que la tela se separase.

    Sus manos actuaron solas, el escote se abrió demasiado, la vergüenza de antes volvió a aparecer y se preguntó “¿Qué estoy haciendo?”. Podría volver a apretarlos con cuidado, se veía demasiado. No actuó con lógica o raciocinio, y no se tapó algo que mostrarlo le hubiera parecido del todo inapropiado. Sin embargo, lo que por instinto le salió de lo más profundo de su ser, fue mojarse sus secos labios por el calor o los nervios, y abrir la boca para llamar la atención de su sobrino.

    —¿Cuánto crees que quedará de caravana?

    —Ni idea… antes ponía el cartel de dos kilómetros más de obras, o sea que quizá poco, pero vete a saber.

    —Cuando lleguemos me da que lo primero que voy a hacer será comer ¿y tú?

    Inconscientemente o quizá muy conscientemente, pasó sus brazos por debajo de sus pechos haciendo que estos se juntasen y lograr un efecto de aumento. Esperó con paciencia sin perder los ojos de su sobrino a que este posara la vista en ella.

    No había duda, otra vez sucedió, esta vez lo había pillado. Los ojos del joven habían descendido en un pestañeo hasta el canalillo abierto por ella misma y por menos de un segundo contemplaron lo que allí había. “¿Qué hago, joder?” se preguntó acomodándose en el asiento. Su sobrino la había mirado, ya eran tres veces, TRES “¿Qué puedo hacer? O… ¿Qué debo hacer?” Antes de encontrar una respuesta escuchó la respuesta de Sergio.

    —Tendré que comer algo.

    Carmen notó algo en su tono, casi inaudible. Su voz se quebró por un pequeño instante, estaba nervioso, seguramente por su culpa. Quizá era ella la instigadora, la que le ponía todas las miradas en bandeja, la que estaba provocando a su propio sobrino. Jamás se había imaginado una situación así, era impensable, aunque por otro lado, en su interior, la llama que hacia breves instantes nació, ahora pretendía crecer con fuerza.

    El sorprendente calor e inesperado, comenzó a arder dentro de ella. Una sensación que hacía muchos años desapareció y de la cual apenas tenía borrosos recuerdos. Las pupilas se le dilataron, la respiración se agitó y sus pómulos fueron invadidos por un color rojizo. Con voz alterada en su interior sin poder creérselo se dijo, “¡no puede ser! ¡¿Me… me… estoy poniendo?!”.

    —¿Qué vas a hacer estos días? —escuchó que le preguntaba Sergio sacándola de esos pensamientos.

    —No lo he planeado, hoy ya nada. Bueno, estar con mi sobrino favorito por supuesto, pero mañana no sé, ¿tú?

    —Tampoco lo sé, cuando llegue algún amigo saldré con él, pero debería ir a instalarme donde la abuela cuando antes. Esta tarde la puedo pasar descansado, o… hacemos algo si te apetece. —la frase en la cabeza de Sergio no sonó tan mal como en su boca. Le dio la sensación de estar invitando a su tía a algo más que lo obvio entre familiares. Aunque, ¿por qué le sonaba tan mal, era Carmen, la misma de siempre, nada más?

    —Puedes ir al jardín y estar en la piscina toda la tarde, yo quizá me prepare un cóctel y tome el sol, creo que me lo merezco.

    —¿Eres una mujer millonaria de Película? —añadió Sergio medio en broma, medio en serio, necesitaba bromear para evadir sus pensamientos.

    —Cariño, millonarios no somos, pero hay placeres que me los puedo permitir y un cóctel al sol, es uno.

    —No es mala vida tía, de mayor me gustaría tenerla.

    —Trabaja duro, que buena cabeza tienes. Estudia y todo ira sobre ruedas, verás cómo tu tía tiene razón. —el cambio de conversación le había venido bien para calmar su cuerpo.

    —¿Cuándo erais jóvenes os imaginabais la vida así? —Sergio se sorprendió al ver que Carmen comenzaba a reír.

    —¡Para nada! Cuando yo era joven, me esperaba una vida totalmente diferente.

    —¿Me la cuentas?

    —¿Quieres que te cuente historias de la edad de los dinosaurios, cariño?

    —Tiempo tenemos —añadió lo siguiente que a Carmen, le encantó escuchar— y me gusta escucharte.

    —Pues te la cuento sin problemas —“¿hace cuánto que no me prestan esta atención?” se dijo mientras recordaba su vida—. Nosotros vivíamos en el pueblo y lo que siempre queríamos era salir de ahí, descubrir el mundo, tu madre decía de pequeña que descubriría otro continente como hizo Colón. Miraba el globo terráqueo y señalaba zonas sin parar en el mar, decía, aquí, Carmen, aquí. —la mujer sonrió mientras los recuerdos la transportaban a una época más sencilla— Los años pasaban y esa rebeldía, esa pizca de locura, se fue disminuyendo. Más que nada por la sociedad, al fin y al cabo era un pueblo pequeño, aunque nunca nos quitaron las ganas de disfrutar a nuestro modo. Soñábamos con recorrer el mundo en caravana, aprender idiomas en países diferentes, descubrir gente nueva y… —dudó si seguir, pero… ¿Por qué no?— conocer hombres que nos amaran con más pasión una noche, que otros en una vida entera…

    —¿Qué cambio?

    —Cambio que te haces mayor, yo conocí a tu tío y los sueños de adolescencia se esfuman. —resopló levemente y siguió— Me enamoré y poco a poco perdí ese fuego interno, esa pizca de locura que nos caracterizaba a tu madre y a mí. Pienso… estoy segura, de que tu madre también lo ha perdido, le pasó lo mismo que a mí.

    —Esa que cuentas, no parece mi madre —sonrió Sergio.

    —Sí que lo era, cariño. Mi hermana siempre me siguió, era su modelo, queda mal que lo diga yo, pero sí. Me tomó de referencia y las dos pensábamos igual, al final es lo normal, era su hermana mayor. —sonrió con la mente en aquella época y añadió— Te diré un secreto, era algo envidiosilla, si yo tenía algo, ella también lo quería, no por mal, sino por afán de superación. Si subía un monte ella también, si yo nadaba en dos minutos de un lado a otro, ella intentaba en uno, si yo tenía novio, ella lo buscaba… —Carmen cayó de pronto. Su comodidad le había llevado a soltar su lengua demasiado.

    —¿Qué pasa tía?

    Sergio la miró fijamente, estaba hilando cabos al tiempo que conducía por la caravana. Si la competitividad de su madre era tal y quería superar a su hermana, ¿qué tenía que ver eso del novio?

    —Nada, una tontería olvídalo, se me ha ido la cabeza, estaba pensando en otra cosa.

    —Sé que mis padres se conocieron a la par que vosotros, ¿no?

    —Ellos algo más tarde, pero más o menos, sí.

    —¿Estás diciendo que lo hizo por envidia o cierta competitividad? —le dijo Sergio pareciendo que la idea era de lo más estúpida.

    —A ver, cariño, no… bueno, mira no sé… la situación era que cuando yo estaba con Pedro, ella decía que quería también un novio. Salimos un día y Mari fue con la intención de encontrar pareja, siempre decía que tu tío y yo éramos muy felices que ella quería eso. Tus padres bailaron y se conocieron ese día —miró a sus piernas donde sus manos jugaban con hilo suelto del pareo— Esto que te digo, solo lo sé yo. Al de un tiempo tuvo dudas, estuvo un tiempo mal, pero cuando naciste todas se disiparon. —se llevó una mano al rostro notando un calor que la poseía y siguió algo preocupada— joder, Sergio, creo que no soy la adecuada para contarte eso. No quiero que te imagines cosas que no son.

    —Alucino, ¿me estás diciendo que están juntos por casualidad?

    —No es eso, solo que a partir de ese día casualmente encontró a tu padre, el amor es muy caprichoso. Sé que al principio le costó, pero a tu padre le quiere muchísimo. Además, ¿a qué pareja no le cuesta?

    —Vaya… —solo pudo decir el joven, que no reparó en la pregunta de su tía. Un adolescente solo entiende el amor como algo maravilloso, no algo complicado.

    —Esto Sergio no debería haberlo contado, es algo que debería haberte dicho tu madre, si ella quería. Lo siento mucho de verdad si te sienta mal, es que estoy tan a gusto que no sé… se me ha ido la lengua sola, espero que hagas como si no te hubiera dicho nada.

    —Tía, —sintió la agitación de Carmen por haber metido la pata. Pasó su mano hasta la pierna de esta, rozando su piel calentada al sol y le sonrió para seguir diciéndola— no te preocupes de verdad, no diré nada.

    CONTINUARÁ

    ——————-

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • En el patio de los vecinos

    En el patio de los vecinos

    A veces no sabes de lo que eres capaz hasta que te quitas esa capa de moral que nos permite interactuar con el resto de las personas sin ser catalogados como bestias, porque inclusive la persona más normal se vuelve loca en la intimidad.

    Siempre he considerado a mi vecina Vanessa una persona en mi gusto muy sensual, no es una modelo, pero tiene ese exceso de carne que a muchos hombres nos resulta atractivo en una mujer, piernuda, caderas anchas, culo redondo generoso, tetas grandes redondas con esa caída natural de mujer de cierta edad, es alta arriba del promedio 1,70 aproximadamente, cabello negro a media espalda usando la mayor parte del tiempo cola de caballo, tez blanca y ojos negros grandes. Pero a pesar de todo eso nunca había intentado nada por respeto a su esposo también mi vecino, pero bueno llegando a este punto fue obvio que el respeto me importó un pepino y no perdí la oportunidad.

    Hace unos días salí al patio y me percaté que mi barda estaba inclinada, me asomé un poco y me di cuenta que estaba siendo empujada por un material que tenían los vecinos recargada en ella, sin más di un empujón tratando de solucionar el problema y estúpidamente tiré lo que estaba del otro lado, los vecinos escucharon el ruido y salieron, enseguida me disculpé y expliqué la situación, Gustavo mi vecino me dijo sin problema que él arreglaba todo lo que había pasado, que fue su culpa. Le pedí permiso para brincar la cerca y ayudarles y me dijo que sí, pero que estaba ocupado atendiendo algo adentro, entonces Vanessa se quedó conmigo ayudándome a acomodar un poco el desastre que hice con el empujón.

    Platicamos un poco mientras trabajábamos; acerca de las fechas y demás cosas sin importancia, cuando salí de mi concentración y la vi me di cuenta que estaba como para comérsela completa, traía unos jeans apretados con desgarres que hacían que salieran porciones de sus muslos ricos, una blusa blanca semi transparente que dejaba ver su sostén blanco sujetando sus grandes tetas, que a su vez remarcaban sus grandes areolas cafés, traía un chongo desarreglado con cierta caída de cabello y señores!, en ese momento yo ya solo pensaba en sexo.

    Me observó cómo estaba idiotizado, me preguntó que si tenía algo mientras literalmente se empinaba a dejar un par de ladrillos en el suelo y a mí ya se me salían las lágrimas de la excitación, con mis últimos dos minutos de cordura le dije: “creo que estamos bien, (pensando por dentro ”tu estas mejor”) me voy, cuídate”.

    Estaba subiendo la barda para regresar a mi casa cuando a la altura de mi cabeza vi unas tangas y pantys colgadas, y fue donde me perdí de la razón.

    Brinque de nuevo a su patío y Vanessa se soltó riendo, me preguntó:

    -Qué pasó? Te cansaste? Quieres regresar por el frente?

    -jajaja no, es que no puedo creer que uses ropa interior tan sexy… -eso me sacó de balance no quise caer por eso detuve la subida.

    Rio nerviosa y me dijo:

    -¿a poco no crees que entre en eso? -señalando su tanga.

    -claro, pero eso solo tapa el frente dudaría más del panty, que tiene más que cubrir -al tiempo agarraba el panty y se lo mostraba, me acerqué a ella y ya perdido en el deseo le toqué el culo y le pregunté:- ¿qué usas ahorita?

    -Unos iguales -respondió un poco nerviosa, pero sin quitarme la vista.

    -Esas deben oler mejor -le dije mientras me lleva a la nariz las que tenía en la mano y con la otra cambiaba de su culo a su vagina para seguir sobando por encima del pantalón, que ya se sentía caliente, fue donde me di cuenta que no había marcha atrás.

    La empecé a besar, tiré el panty y la empujé contra la pared, mientras nos besábamos seguía tocándola y ella me empezó a desabrochar el pantalón, entendí que teníamos poco tiempo, así que hice lo propio a una mano, y cuando lo desabroché su pantalón metí mis manos debajo de sus pantys y ya estaba muy mojada, identifiqué su clítoris y al meter mi dedo fácilmente encontré su punto g, lo estimulé y sus rodillas flaquearon, saqué mi mano y la llevé a mi boca para chupar sus fluidos, y le dije: “con más tiempo te comeré tu panochita rica” olía riquísimo a sexo.

    Le bajé el pantalón a las rodillas y la volteé contra la pared, le masajeé el culo carnoso y suave que tiene, levanté su blusa, desabroché en un movimiento su sostén y dejé sus tetas al aire, después la empiné, se inclinó con una facilidad dejándome su cola al aire como si estuviera acostada, ahí aproveché y le metí la verga de un golpe, me sentía en la gloria. Empecé a bombearla y el sonido era riquísimo su panocha empapada apretaba delicioso, el golpeteo se sentía tan bien sobre ese culo suavecito, no decíamos nada solo gemidos leves, le sobaba las tetas desde atrás y sentía sus pezones duros, le colgaban tan rico, le metí los dedos a la boca y después con esa saliva se los metí en el culo para estimularla.

    -quiero probar tus labios mientras te cojo –le dije.

    La recosté en el suelo y retiré el pantalón, se la volví a clavar toda y le mamé las tetas, después me abrazó con sus muslos en la espalda, me jaló hacia ella, nos empezamos a besar y aumentamos el ritmo, sabíamos que nos vendríamos y en ese momento no importó, cuando me apretó con los muslos y sus brazos en la espalda nos venimos juntos en un gemido ahogado. Solté todo.

    Pasaron 30 segundos y volvimos en nosotros, dije:

    -me voy -nos empezamos a vestir y le di su panty limpia- ponte esta.

    -¿por qué? –me preguntó.

    -porque me llevaré la otra de regalo.

    Sin más salí caminando por la puerta de enfrente, despidiéndome de Gustavo, dándole gracias por lo que haría por mí y a Vanessa por su ayuda.

  • Trío inesperado de Cornelio

    Trío inesperado de Cornelio

    Cornelio quería hacer el amor con su exmujer y ella ya tenía cita con su pareja de turno, así que no hubo más opción que atender a ambos machos… Este relato es una más de Cornelio, aunque al terminar de contármelo me dejó perplejo con la continuidad que él quería darle. Voy a contarla en primera persona, en voz de mi amigo.

    Yo andaba caliente pues desde hacía una semana que no me cogía a mi exesposa Stella; la deseo de manera más intensa que el primer día en el que pude hacerla mía. Ya era viernes, su hermana y mis hijos, con quienes ella vive, se habían marchado al rancho de su padre para pasar un fin de semana bucólico en ese paradisíaco lugar que mi exsuegro construyó al retirarse de sus negocios en una industria textil que tenía en sociedad con sus hermanos. Así que, sabedor de que estaría sola, fui a la hora de la comida para invitarla a comer y seguirnos el fin de semana juntos.

    –¡Hola, qué sorpresa! Tus hijos no están, se fueron al rancho con mi padre –dijo apenas abrió la puerta–. ¿No te avisaron?

    –Sí, pero vine para invitarte a comer, pues seguramente no hiciste nada especial estando sola –le dije para explicar mi presencia.

    –Pasa, no te quedes en la entrada –me dijo franqueando el paso–. Tienes razón, no hice nada, pero sobraron unos tamales y mole de mi tierra que preparamos mi hermana y yo para que ellos les llevaran a mis padres, así que mejor te invito yo –concluyó Stella, dándome un beso en la mejilla al traspasar el umbral.

    “¡Va a cenar Pancho hoy!”, me dije feliz de no haber obstáculo para cogérmela. Le regresé el beso, pero se lo di en los labios y la tomé del talle para llevarla a la sala y darme un “taco de ojo” viendo cómo se movían las tetas ya que no traía brasier, solamente una blusa de tela muy ligera, por lo que los pezones se notaban muy bien. Me ofreció un trago, que no acepté, y platicamos un rato. Al poco tiempo me dijo “Déjame calentar la comida, porque seguramente tú también tienes hambre”, dándome a entender que ella ya quería comer. Abrió las piernas para levantarse del sillón sumamente bajo donde se había apoltronado y me extendió su mano para que la ayudara a levantarse, pero mis ojos estaban clavados viendo que tampoco traía calzones y no me percaté de su solicitud implícita.

    –¡Qué ves! –dijo cerrando las piernas–. Ayúdame a levantar, no te distraigas…

    –¡Perdón! Es que me distrajo ver tan prometedor panorama –me justifiqué y la ayudé a levantarse, pero antes de que yo pudiera seguir dándole halagos me interrumpió.

    –No te emociones, que no estoy así para ti –dijo secamente dirigiéndose a la cocina.

    Sentí sus palabras como un chingadazo en plena cara. “No es para ti”, resonaba fuertemente en mi cabeza una y otra vez, enojándome y sintiendo celos de quien la habría gozado dejándola en ese atuendo, o quizá esperaba a otro… Mis conjeturas fueron interrumpidas al escuchar que desde la cocina me solicitaba que eligiera un vino rosado y lo llevara a la nevera. Escogí uno californiano que no había probado, pero se me antojó hacerlo al leer la etiqueta y lo llevé a la cocina donde ella se afanaba en calentar la comida.

    –Mételo en el congelador y lo abres cuando lleve la comida para allá, mientras, lávate las manos –ordenó como si aún estuviésemos casados. Y yo obedecí.

    Antes de salir de la cocina, le di un beso en el cuello y acaricié su trasero y metí la otra mano bajo su blusa para magrearle las chiches. “No, no”, dijo mientras se retorcía para separarse de mí sin dejar de hacer su tarea. Ya en el baño, con la verga bien parada se me dificultó mear de pie. Me lavé las manos y volví a la sala. A los pocos minutos, ella salió de la cocina, me dio un sacacorchos y me ordenó: “Ten, saca el vino y ábrelo”. Al terminar de destaparlo ya estaba la mesa puesta, incluidas las copas. Me cedió la cabecera y nos pusimos a comer platicando intrascendencias o anécdotas de nuestros hijos, hasta que no pude más y espeté: “¿Por quién sí estás vestida así, sin ropa interior?”.

    –¡Ay!, no tengo por qué informarte como elijo estar en mi casa –dijo molesta.

    –Es que dijiste que lo que vi no era para mí…

    –¡Claro que no!, no te esperaba a ti.

    –Perdón, Nena, son celos, yo quería invitarte a algún lugar y ver si después de comer podríamos hacer el amor, como antes –dije suavizando la voz y acaricié su mano. Ella mi sonrió y correspondió con la caricia de mi mano.

    –Sería muy bonito, sí, pero ya tengo un compromiso –dijo volteando a ver el reloj de pared. –¡Madre mía, ya es tarde y no le he avisado a qué hora nos vemos! –exclamó soltándome la mano comenzó a recoger los platos pues ya habíamos terminado.

    –Dile que no puedes verlo –le pedí al tiempo que me puse a ayudarla en levantar los trastos de la mesa y le insistí un par de veces más.

    –Lo siento, no puedo. A ti no te gustaría que te lo dijera si ya habíamos quedado de vernos, ¿o sí? –preguntó.

    –Si fuéramos a vernos para coger, claro que no –contesté cínicamente.

    –Tampoco a él, pero… ¿Qué harías si él viene? –preguntó, seguramente maquinando algo, después de que me quedó claro para qué se vería con otro.

    –Lo que tú me dijeras… –contesté abrazándola y empecé a darle un buen faje que la calentó.

    –Por favor, espérame –me dijo después de un buen rato.

    Al separarse de mí se escuchó el chasquido que produjo la separación brusca de mi boca en su pezón. Se acomodó la blusa y la falda dejándome con la mano completamente húmeda de su flujo vaginal para dirigirse a su recámara. Lamí los dedos saboreando la humedad y disfrutando el olor fuerte que caracteriza a las putas.

    Escuché algo ininteligible pues ella había cerrado la puerta para hablar por teléfono. Me acerqué al rato, pues la conversación se prolongaba; pegué la oreja a la puerta y escuché algo parecido a “si no quieres así, ni modo, será otro día” y colgó el teléfono. De puntitas, me fui a la sala antes de que ella saliera de su cuarto, tomé un libro y me puse a hojearlo. Afortunadamente era un libro profusamente ilustrado que tenía diversas posiciones sexuales con breves textos en alemán. Seguí viendo las fotos y escuché el sonido del teléfono, que al parecer contestó pues escuché otra vez sonidos que no alcanzaba a entender y ya no quise levantarme para evitar que descubriera mi intromisión, además las modelos del libro estaban muy bien y me imaginaba a Stella en cada posición de coito. Pasaron más de veinte minutos y ella salió, sorprendiéndome entretenido en mi lectura.

    –¿Lees el alemán? –me preguntó, reconociendo el libro.

    –No, pero sólo estoy viendo los “monitos” –contesté sonriendo y al levantar la vista me quedé estupefacto: vestía provocativamente.

    Su vestido color marfil, largo, de una pieza, muy pegado y abierto por el lado izquierdo; con escote amplio en la espalda y al frente, evidenciaba que no traía sostén. Zapatos de tacón alto, medias transparente de su color de piel, y una tanga pequeñísima porque parecía no traer ropa interior. Para rematar, su maquillaje que era discreto, resaltaba la belleza de su cara y usaba un perfume sumamente excitante, ¡como si ella necesitara de feromonas adicionales!

    –Serán las “monitas”, o más precisamente: los “monitos” de las monitas” –dijo quitándome el libro de las manos, “está celosa”, pensé. Pero se puso a hojear unas páginas del final y, abierto en ellas, me regresó el libro– ¿Te gustan éstas?

    Miré las fotos, el capítulo tenía sólo fotografías de tríos con dos hombres y una mujer, se titulaba simplemente “MFM”. Sin contestar, me puse a hojear lo que me había seleccionado y añadió: “Apréndete algunas, si es que quieres hacer lo que yo diga”, en alusión a lo que le había dicho antes de empezar el morreo, y a lo que se me esperaba…

    Una vez que reaccioné del shock, al ver a Stella tan deseable y frente a mí, extendí mis manos hacia su cintura y traté de besarla, pero se retiró de inmediato.

    –¡Espera, él no tardará en llegar! –me dijo como explicación– Recuerda que tú quisiste quedarte y hacer lo que yo dijera. Él aceptó que estuvieras también con nosotros.

    –Pero yo quiero amarte también –le dije, recordando la vez que, escondido en el closet, me desesperé cuando vi que otro le hacía el amor, mientras yo veía la escena con el pito parado. (Esto está en “Echar leche después del amante”.)

    –Si ya viste bien cómo es la mejor manera de hacerlo en compañía, seguramente así será –dijo señalando el libro– Al rato podrán hacerlo juntos –me indicó Stella, y en ese momento sonó el timbre de acceso. Stella contestó en el interfono y permitió la entrada de… ¡No le pregunté quién era!

    –Espero que seas atento, no es necesario que te comportes amigable, pero sí amable –me dijo antes de preguntarle a quién esperábamos.

    –¡Hola, pasa! –dijo Stella al sujeto quien, el igual que yo, se había quedado pasmado al verla. Ella sonrió y le dio un beso para que se repusiera, que resultó contraindicado porque él lo transformó en uno ardiente cuando la abrazó y le metió la lengua en la boca, al tiempo que bajaba una de las manos hacia sus nalgas.

    –¡Estás hermosísima Tellita! –dijo cuando ella logró separarse del abrazo.

    –Sí, ¿verdad? ¡Eres un desesperado! ya me despintaste los labios! –le dijo y tomó una servilleta para limpiarle la boca.

    Mientras ella le limpiaba, volteó a verme y me di cuenta que él tampoco preguntó con quién estaría compartiendo a su mujer, pues se sorprendió al verme; quizá esperaba la presencia de otro tipo tan consuetudinario como él a las caricias de Stella. Ya nos conocíamos pues coincidimos un par de veces cuando fui a recoger o a dejar a mis hijos. En realidad, lo conocí antes por sus artículos de fondo y de opinión en algunas revistas y diarios. Sabía que él era casado, de mi edad y se llamaba Ociel, pero como a Stella le había gustado, ella lo sedujo y ahora estaba convertido en un esclavo más de los seis labios y el par de tetas de mi exesposa. Como se quedó callado por el asombro de verme, tuve que tomar la iniciativa, siguiendo las instrucciones que Stella me dio: ser amable.

    –¡Hola, buenas noches! –le dije acercándome y extendiéndole la mano para saludarlo.

    –Buenas noches… –susurró, sin dejar de verme ni salir de su asombro.

    –¿No lo conoces? Es el papá de mis hijos –le dijo Stella, a manera de presentación.

    –Yo pensé que ya no… –insistió en su asombro.

    –Sí, ya nos divorciamos, pero tú sabes, Stella es adictiva, aún para los que tienen quien los ame –dije, a manera de explicación, y Stella mostró un mohín de desagrado por mi comentario cargado de mala leche.

    –Lo que pasa es que mi ex se quedó prendado de mí y de vez en cuando nos divertimos, ya sabes que soy magnánima. ¿Quieres tomar algo, mi amor? –le preguntó Stella quitándole el saco y me lo dio para que lo pusiera en el perchero, me ordenó “Cuélgalo”, sin quitar la vista de su amante.

    –Sí, Tellita, vino tinto estará bien –contestó Ociel y ella me pidió que abriera una botella.

    –¿Alguno en particular? –le pregunté y nombré algunas de las marcas que había en la cava.

    –El que sea… Un merlot –precisó.

    –¡Con mucho placer! –contesté y saqué un botella–. También este gusto compartimos– dije al abrirlo para que se aireara. No supo qué contestar y por fortuna Stella no me escuchó pues había ido por unas copas.

    Platicamos un poco, traté de evitar la mala leche de mis palabras, después de todo, sería la segunda vez que tendría un show pornográfico y debería agradecerlo, pues la primera vez, ya te conté que escondido en el clóset vi a mi aún esposa Stella coger con su amante Carlos, y me excitó muchísimo.

    Stella puso música para bailar y nos la fuimos turnando, uno se la pasaba al otro y en poco tiempo el otro la regresaba al uno. Los manoseos y los besos estaban calentándonos. En cada cambio de pieza nos quitaba una o dos de las prendas de vestir a cada quien, pero ella no se quitó ni los zapatos.

    Cuando quedamos encuerados, puso un largo tango, sabedora de que yo no lo sé bailar, jaló del pene a Ociel para sacarlo a bailar. ¡Qué envidia, Ociel baila excelentemente! Me senté para disfrutar la escena y empecé a gritar “¡Mucha ropa! ¡Desvístela hasta que se le vean los pelos!”. Stella le ayudó, sin dejar de bailar, como si de una coreografía ensayada se tratara y pronto quedó en tanga. Ociel traía el pene como rifle pues en cada acercamiento Stella le tallaba el cuerpo con lo suyo y también se tomaban de los sexos en los recorridos de cucharita y él de las chiches cuando la inclinaba.

    Yo los veía y me la jalaba. Stella se acercó a mí y se agachó para mamarme la verga, y, justo cuando terminó la música, ¡él se la empaló por el culo! La tomó en un abrazo del vientre y las chiches, la echó hacia atrás y Stella levantó las piernas para ponerlas sobre mis hombros, quedándome su pucha en mi boca. Sí, se la chupé hasta que los dos se vinieron al unísono.

    Ociel, sin soltarla, se dejó caer en el sofá y hasta allá fui, poniéndome de rodillas, para lamerle la panocha otra vez, mientras mis manos competían con las de Ociel para magrearle las tetas a mi exmujer.

    Les alcancé sus copas para que descansaran en esa posición y también coloqué la mesa de centro en su lugar. Ella movía su culo de vez en cuando y pegaba su cara a la de él reclamando un beso. Yo los miraba saboreando el vino y me acariciaba el escroto con los huevos llenos y el palo reclamando la oquedad de Stella, quien se sentó en el sillón al salírsele el miembro que había perdido la otrora turgencia y, dando unas palmadas en el asiento, me conminó a sentarme junto a ella. Las copas se habían terminado y las volví a llenar, dejándolas en la mesa antes de sentarme a su lado.

    Teniéndonos uno a cada lado extendió sus manos y nos empezó a masturbar. Con el mismo pensamiento en la mente, ambos nos pusimos a mamar la teta que nos quedaba más cercana ¡Qué delicia!, pero tuve que aguantarme para no venirme.

    Ociel, parecía todo un garañón, traía otra vez el pito muy parado, “Quizá tomó viagra”, pensé. Stella me dijo al oído “Cógeme” y se puso de pie para agacharse a chuparle el pene a su amante ofreciéndome su grupa. El sillón de piel estaba mojado con el semen que se le había salido.

    De pie tras ella, vi su trasero también mojado. Bajo sus delgadas nalgas, sobresalían sus labios, ofreciendo una raja muy mojada y en la orilla del aún dilatado ano resaltaba una pequeña gota blanca. Me agaché para lamer su vulva y aunque mi nariz se mojó de esperma seguí lamiendo el jugo de su vagina. El olor y el sabor de su pepa me obligó a enderezarme para tomarla de las caderas y ensartarla hasta los huevos de un solo envión.

    Ella no dejó de mamarle la verga, acariciando el tronco de arriba abajo con una mano y con la otra jalaba hacia abajo la bolsa de los testículos, los cuales también lamía en los cariños a su amado. Yo me movía sin control, hasta que di un grito celebrando mi venida. Ociel también gritó porque le pasaba lo mismo. Sentí las contracciones de Stella que apretaba mi miembro para exprimir todo el amor que le tenía y ella exprimió también el tronco de Osciel.

    Me separé satisfecho y aún con los ojos cerrados disfrutando el placer del orgasmo, sentí un abrazo y Stella me dio un beso blanco, el cual, con su lengua navegando en mi boca, lo sentí delicioso. Volvimos a sentarnos como estábamos y descansamos acariciándonos las piernas. El vello de mi pubis estaba mojado con lo que a Stella le había terminado de escurrir del culo con el meneo.

    Ociel se levantó, le abrió las piernas a mi exesposa, se las puso en los hombros y se puso a chuparle la vagina. Yo le mamé y acaricié las tetas y ella tuvo más orgasmos que se delataban en sus gemidos y en la manera en que con sus manos revolvían el pelo de las cabezas de los machos que la atendíamos.

    Al volvernos a sentar, Stella nos dio las copas de vino y pidió que brindáramos por su primer trío. “¡Salud!”, dijimos todos al chocar las copas. Al estar tomando el vino pensé en que me gustaría estar presente en sus otros tríos. Al terminar el vino, Osciel le dijo: “El siguiente trío deberá ser con alguna de tus amigas, Tellita”, a lo que ella contestó con gesto serio “Ya veremos”.

    La estuvimos fajando un buen rato y cuando se nos paró otra vez, ensayamos algunas posiciones. Entre los dos la cargamos. Ociel le dio por atrás (él fue quien la estrenó por el ano, a petición de ella) y yo por delante; sentíamos el mete y saca del pene del otro en las paredes de su interior, eso excitaba aún más la libido. Luego le pidió a su amante que se la metiera junto conmigo por la vagina. ¡Le cupieron las dos sin gran dificultad! “Posiblemente cabría una tercera”, pensé. Pero no era tan rico como la posición anterior ya que no era fácil mover las vergas, además nos cansamos de los brazos porque se nos dificultaba sujetarla con tanto meneo. Nos sentamos y ella nos paró al poco rato porque quería ver si podría mamar dos vergas juntas. Con trabajo le entraban las puntas de los glandes, así que prefirió al ternar las mamadas, también juntarnos los penes para lamerlos de un solo viaje.

    Apenas pude, la tiré en la alfombra y me la cogí de misionero, pero dijo “Mejor de otra manera y se sentó en mi verga dándome la espalda. Se acostó sobre mí, la agarré de las chichotas y ella le dijo a Ociel “Contigo quiero un 69”. Ante la reticencia de él, le dijo “Sólo en el clítoris, mi amor, ven…”, y así se acomodó Ociel para mamarla. Sentía en mi tronco la respiración cada vez más agitada de su amante y me provocaba moverme más rápido. ¡Pobres chiches, sin darme cuenta se las apretaba con fuerza conforme me acercaba el orgasmo! De pronto sentí la lengua de Ociel junto a mi tronco pues estaba calientísimo y quería recuperar los flujos de Stella quien se venía como río, ya le había llenado la boca de esperma nuevamente y yo…yo estaba empezando a venirme, pero se me cortó la inspiración por la sorpresa ya que Ociel tragaba también de lo mío que ya estaba resbalando por mi tronco desde de la peluda panocha de mi ex.

    Ociel se hincó para que Stella le jalara la verga exprimiéndosela. Apenas terminó y ella se montó otra vez en mí, pero de frente, ensartándose en mi verga que aún estaba esperando la culminación de mi orgasmo. Stella me abrazó y me dio un rico beso mientras se movía con furor, haciéndome venir. Cuando sintió que yo había terminado, sin dejar de besarme se hincó poniendo su trasero a la disposición de Ociel y éste, con el pene aún flácido, se puso a mamarle la pepa para satisfacer el requerimiento de la amada.

    Extenuados, descansamos acostados. Ociel sobre el pelambre pringoso de Stella y yo sobre el pecho de ella. Cuando la iba a mamar me di cuenta que sus tetas tenían las marcas de mis dedos y supuse que le estarían doliendo, así que me puse a darle besos y caricias. “Con cuidado, porque me duelen”, me dijo sin abrir los ojos. Ociel se levantó y sonrió al vernos. No sé si fue por mirarla tirada con las tetas rojas o si le dio ternura su mujer. Se fue al baño y regresó a vestirse. Nos despertó para despedirse.

    –Me tengo que ir, espero tener fuerza para poder dar un beso en mi casa… –le dijo a Stella agachándose para besarla–. Mejor váyanse a la cama porque ya está enfriando la noche –y la ayudó a levantarse dándomela de las manos.

    Con trabajos pude darle el beso matutino, logrando que ella tuviera varios orgasmos, rara vez es sólo uno, pero como yo no pude venirme, me bajé a tomar el atole que traía.

    –¿Cuándo hacemos otro trío? –le dije cuando nos estábamos bañando.

    –Cuando quieras, pero trae a un amigo –subrayó el género masculino para que no se me ocurriera decirle algo similar a lo que le dijo Ociel.

    Al concluir su relato, Cornelio me preguntó “¿Tú nunca te la has cogido?” y recordé que alguna vez me había dicho que me la cogiera para que supiera por qué es difícil dejarla. “No”, le contesté. “Pues te invito a un trío”, me dijo sonriente y apuró la cuba que le quedaba en el vaso, antes de despedirse. No sé si lo dijo en serio o por burlarse de mí que estaba notoriamente empalmado y acariciándome el bulto con discreción mientras escuchaba el relato.

  • Ella: Viaje a Andorra

    Ella: Viaje a Andorra

    Recuerdos.

    “Bueno pues ya tenemos cerrado el alojamiento de Andorra”

    Pablo se había empeñado en que durante el puente de diciembre tenían que hacer una escapada y llevaba una semana organizándolo todo. Saldrían de viaje el miércoles siete y volverían el domingo once. Irían los tres, Pablo, Eva y ella en el Golf IV rojo de Pablo.

    Éste estaba siendo un año muy ajetreado. Desde final de año cuando lo había dejado con su marido después de quince años había pasado una primera etapa muy mala. La pena la ahogaba, no tenía ganas de nada. Sus grandes apoyos habían sido Pablo, su maquillador y sobre todo Eva, su directora de informativos y mejor amiga. Pero a partir del verano, cuando se fue de vacaciones cambió el chip. Había pasado casi un año desde la ruptura y empezaba a encontrarse mejor. Se había soltado la melena y se había propuesto disfrutar a lo grande de lo que más le gustaba el sexo. Iba a poner en práctica ese dicho de que tanto le recordaba Eva “una mancha de mora con otra se quita”.

    Durante el verano había disfrutado de unas experiencias increíbles. El sexo prohibido y anónimo con aquel joven socorrista del que no conocía ni el nombre. El sexo sin compromisos ni ataduras con Carlos el camarero del hotel y su majestuosa verga. O la nueva experiencia del sexo anal con Santi. Todo hasta ese momento habían sido experiencias formidables. Pero después había tenido otras… cuando menos raras. Y es que “…hay cada cosa por ahí…” le decía Eva siempre. En su casa mientras preparaba el pequeño equipaje que se llevaría de viaje recordó alguna de éstas. Esos polvos con esos tipos a los que, pasados unos años, se referiría con ese eufemismo tan femenino de “…la noche que me dio…” insinuando lo pesado que se había puesto el personaje pero que la mujer en cuestión había aguantado sin tirárselo. Una mentira de cara a su imagen exterior pero que en su interior aún se preguntaba como pudo suceder.

    Tras el informativo especial que la cadena ofrecía con motivo del día 12 de Octubre, todo el equipo, incluido también el de la emisora de radio del grupo, había quedado para salir a cenar y por su puesto acabar de fiesta, aquellos que aguantaran, claro. Como siempre, esto se había convertido en una oportunidad de “caza” para ella y su inseparable amiga Eva. Ésta llevaba tiempo hablándole de Héctor, el conductor del programa matinal de radio. Desde su incorporación al programa nacional habían subido mucho el número de oyentes, entre otras cosas gracias al carisma del locutor y su impresionante voz grave. Venía de hacer la programación local en Albacete donde la emisora tenía unos números buenísimos y Héctor era todo un personaje. Desde su llegada a la capital su atractivo entre las féminas era conocido. Sin ser muy guapo sí tenía es plus morboso que aporta la popularidad. No era muy alto aunque sí se mantenía en forma. Tenía el pelo negro y algo moldeado y en su cara algo angulosa destacaban unos ojos negros.

    Después de la cena, solo quedaron los elegidos para la gloria, que continuaron la fiesta en Joy Eslava. Con varias copas Héctor y sus amigos andaban rondando a los dos pibones de la tele. Ambas iban espectacularmente vestidas de negro con generosos escotes que hicieron las delicias de algunos durante la cena. Dentro de la discoteca el éxito fue aún mayor. Al son de On the floor, las dos amigas bailaron con Héctor y otros chicos de su equipo.

    Tras varias horas de acoso y derribo, Eva la convenció para que se fuese con locutor y pasase un buen rato. Ella no estaba muy convencida, en el fondo el tipo no le hacía mucha gracia, pero aceptó. A fin de cuentas no tendría nada que perder.

    Salieron de la discoteca y fueron a buscar el coche de él. Cuando llegaron a la zona de aparcamiento el hombre accionó el mando a distancia y los intermitentes delataron lo que sospechaba. El periodista había llegado alto y con su nuevo sueldo necesitaba algo que lo demostrase. Tenía un 328 negro. El coche con el que, posiblemente, soñaba su padre. Para ella este coche representaba la falta de originalidad de personajes que buscan aparentar exclusividad y solo consiguen pertenecer al rebaño de borregos de nuevos ricos. “La primera en la frente” pensó.

    Después de callejear a cierta velocidad, conduciendo como un veinteañero que quiere impresionar a su “chorva”, llegaron a un bloque de apartamentos donde metió el coche en el aparcamiento subterráneo. Tomaron el ascensor y Héctor marcó el número cinco e inmediatamente se abalanzó sobre ella para comerle la boca y el escote. La mujer se dejó llevar por la situación alabando la entrega del hombre.

    Entraron en el piso y a través de un recibidor pasaron a un salón de forma irregular. Ella se sentó en un gran y confortable sofá frente a la tele. Héctor se quitó la chaqueta y se desabrochó el cinturón. Puso algo de música y se sentó junto a la periodista. Ésta le comenzó a besar y empezó a desabotonar la camisa mientras él se dejaba hacer bastante relajado.

    Ella se arrodilló en el suelo ante el locutor y fue bajando el pantalón con esa cara de lasciva que se le ponía a medida que se excitaba. Se colocó entre sus piernas, bajó su bóxer… y se llevó una sorpresa. La tenía muy pequeña. Esto le produjo una decepción que disimuló bastante bien. Fue metiéndosela en la boca y comenzó a mamarla con dedicación, empleando todas sus dotes de felatriz, pero por más que chupaba aquello no crecía. Así, que esto requería, lo que se entiende como una faena de aliño. Mamadita rápida, polvo, orgasmo fingido, cigarrito y para casa. Mientras el hombre seguía con los ojos cerrado disfrutando de su boca, la mujer comenzó a subir para cabalgarlo. Se la metió sin esfuerzo alguno. Notaba como su vagina pedía más pero el órgano de Héctor no daba la talla. Tras un par de minutos de cabalgada ella empezó a gemir y gritar como una gata haciendo que él no pudiera aguantarse más y se corriera. La periodista cayó sobre él simulando el éxtasis de un orgasmo escandaloso y demoledor, lo que sin duda lleno de orgullo y satisfacción a Héctor.

    De camino a casa y con la excusa del cansancio, la mujer permaneció en silencio y haciendo como que dormía, mientras pensaba la pérdida de tiempo que había supuesto todo esto. Cuando llegaron al portal de su casa se despidieron fríamente. Para el locutor esta noche había sido un éxito rotundo y se reflejaba en su cara. Para la presentadora había sido la constatación de que sabía fingir muy bien y también se le reflejaba en la cara.

    Mientras decidía que pantalones se llevaría a Andorra recordó que ésta no había sido su única relación rara. El lunes 31 de octubre, aprovechando que el día siguiente era festivo y no trabajaban, las dos amigas, decidieron salir a tomar unas cervezas y unas tapas a su bar de cabecera. La Luna, en el barrio de Malasaña. El lugar era muy de sus gustos. Así que siempre acababan allí después de días de trabajo estresante. Eva había quedado allí con Jorge un ayudante de dirección y un colega de éste, Luismi, al que le había echado el ojo hacía meses y deseaba probar suerte.

    Al poco de pedir la primera ronda de cervezas aparecieron los dos chicos. Luismi era un tipo de mediana estatura, pelo castaño con los ojos claros. Era bastante guapo y según Eva se tenía que mover muy bien en la cama. Aunque tenía pareja, pero Eva sabía que de vez en cuando salía con su colega y no desaprovechaba ninguna oportunidad. En cuanto a Jorge, era un poco más alto que su amigo y más corpulento. Tenía el cuerpo más trabajado. Rasgos muy angulosos, nariz chata, pelo y ojos negros. Se daba un aire a Bardem con su pinta de malo. En su juventud debió ser un macarra y ahora le quedaba esa pinta de tipo duro, con una experiencia amplísima que controlaba cualquier situación. Su atractivo era innegable. Al llegar a la barra, presentó a Luismi y saludó con besos a cada una de ellas:

    -¿Lleváis mucho tiempo esperando? Hemos tenido que buscar aparcamiento y eso que venimos en moto. –Mientras trataba de colocar los dos cascos BMW en un lugar al final de la barra.

    -Acabamos de pedir la primera ronda. –Anunció Eva.

    Tras unas tapas y varias rondas de cervezas estaban riéndose con las anécdotas y chistes de los dos colegas que parecían haber tenido más de una vida ya que les habían pasado de todo.

    Cerca de la media noche ya habían pedido las copas y se había separado por parejas. En una de las visitas al baño y mientras preparaban una raya para cada una, Eva le comentó que la novia de Luismi estaba de viaje y que estaba solo, así que esa noche se lo iba a cepillar:

    -¿Qué te parece Jorge? –preguntó ella.

    -Está muy bueno. No es nada guapo, pero da mucho morbo. Además tiene fama de follar muy bien.

    Una ronda de copas más y Eva anunció que ellos se iban. Le preguntó a Jorge si no le importaba llevar a su amiga luego y éste se mostró encantado. Así, Eva y Luismi se irían en el A3 de ella y la otra pareja se irían en la BMW RT-1200 de Jorge.

    Al día siguiente las dos amigas coincidieron en la sala de maquillaje. Ella estaba sentada esperando a que llegase Pablo para maquillarla y Eva estaba a su lado con una cara que delataba la falta de sueño. Tenía ojeras y parecía demacrada:

    -Vaya cara, menos mal que no sales a cámara, ¿Cómo te fue? –le preguntó a Eva.

    -Alucinante. Yo no sé si fue la coca, el morbo que me daba o qué. Pero el tío me hizo gritar como una bestia.

    -¿La tenía grande? –preguntó curiosa ella mientras se miraba en el gran espejo que tenía delante.

    -No. La tenía normal. Más bien gorda pero era normal. Nada del otro mundo.

    Pablo entró corriendo en la sala de maquillaje ante la mirada sorprendida de sus amigas, con la cara roja y los ojos como platos:

    -Anda guarra, anoche triunfaste. –Soltó de sopetón dirigiéndose a ella.

    -Yo… bueno… ¿por qué? –contestó sorprendida su amiga al tiempo que miraba fijamente a Eva.

    -Venga no te hagas la tonta. Estuviste con Jorge, ¿no? –preguntaba acelerado Pablo con cierto tono de reproche por no haberse enterado de primera mano.

    Eva presenciaba la escena esperando conocer los detalles:

    -Bueno, sí, pero… –Ella no entendía nada.

    -Pero nada, si eres el comentario en los pasillos –La contestación de Pablo sorprendió más aún a sus amigas.

    -¿Cómo dices? –gritó la presentadora con la cara enrojecida.

    -Sí, sí. Parece ser que anoche salisteis de copas y acabasteis tú y Jorge en su casa. Y chica…, te ha puesto por las nubes. Dice que le echaste cinco polvos seguidos y que eres una leona. –Resumió el maquillador el rumor soltando plumas.

    La cara de las dos amigas era de asombro total. Eva la miraba con la boca abierta y ella estaba tan perpleja que no podía articular palabra. Tomó un vaso de agua, se volvió a mirar en el gran espejo que tenía ante si. Cerró los ojos durante unos segundos e inspiró fuerte. No se sentía enfadada aunque si defraudada. Jorge había demostrado ser un auténtico fantasma. Sus amigos la miraban fijamente, expectantes y deseosos de conocer su versión:

    -¿Queréis saber qué pasó? –dijo con el ceño fruncido y anunciando lo que tenía que ser un auténtico bombazo.

    -SIII. –Contestaron al unísono.

    -Pues veréis. Cuando ustedes os fuisteis –dijo señalando a Eva –nosotros cogimos los cascos y fuimos a otro garito. La cosa se fue calentando y acabamos en su casa. Nos enrollamos. El tío es feo pero tiene un cuerpazo –volviendo a señalar a Eva. –Al poco de estar mamándosela me mandó parar. Me puse sobre él para cabalgarlo… y no había pasado ni treinta segundos cuando se corrió.

    -¿Cómo? –preguntó Eva casi gritando mientras Pablo se llevaba la mano derecha a su boca que permanecía abierta desde el principio del relato.

    -Sí –dijo ella mirándole a los ojos de su sorprendida amiga –el tío es eyaculador precoz… Dicho por él.

    Pablo y Eva se miraron y explotaron al mismo tiempo en una carcajada a la que se unió ella:

    -¿Y qué pasó después? –preguntó intrigado Pablo.

    -Bueno, nos tumbamos juntos pero con el punto cortado y lo típico, “esto no me había pasado nunca” “es que llevo varios meses sin hacerlo” –tras unos segundos de silencio –así que cinco polvos seguidos.

    -Las fichas del parchís. Comen una y cuentan veinte –comentó Eva.

    -Anda hija que vaya puntería que tienes últimamente. Primero el picha-corta y luego Jorge “el rápido”… –apuntó Pablo irónicamente –a partir de ahora es el “Cherif” –añadió soltando pluma de nuevo.

    20 de abril del 90.

    Los tres amigos habían salido a las siete de la mañana con la intención de llegar a Andorra sobre las dos de la tarde. La primera parte del camino la había hecho Pablo. Se había pasado conduciendo tres horas y media hasta que pararon a desayunar justo antes de entrar en Zaragoza. Para la segunda parte del trayecto fue ella quién se ofreció, cosa que Pablo agradeció. Por el contrario Eva iba en plan “reinona” en el asiento trasero.

    Pararon en la estación de servicio El Cisne. Al salir del coche sintieron la diferencia de temperatura entre la calefacción del coche y el frío de la calle. Así que los tres corrieron hacia el interior del restaurante. Les apetecía mucho un buen desayuno. Pidieron zumo de naranja, café con leche y cortado y tostadas con aceite jamón y tomate. Bueno, menos Pablo que se pidió un Cola-Cao con magdalenas. Las dos amigas se rieron e hicieron comentarios jocosos sobre la petición del hombre:

    -Así nunca vas a crecer Pablito –comentó Eva pasándole cariñosamente la mano por la espalda.

    Efectivamente, Pablo era un tipo bajito, escasamente superaba el metro setenta y muy delgado. Él siempre achacó esto a que “era hiperactivo y quemaba mucha grasa…” Pablo era una persona muy nerviosa y nunca parecía estar quieto y relajado. De no ser por sus entradas, que él intentaba disimular afeitándose a menudo, pasaría por ser un niño. Tenía unos ojos grandes muy expresivos y solía llevar unas gafas graduadas D&G con montura de pasta negra. Aunque tenía varias en distintos colores para cuando salía a ligar. Cosa que solía hacer normalmente solo ya que se movía por ambientes gays y no tenía ganas de dar explicaciones a nadie. En el día a día era una persona muy discreta y reservada. Aunque era consciente que todo el mundo sabía o sospechaba su condición de homosexual él se cuidaba mucho de soltar plumas fuera de su reducido círculo de amistades íntimas. Tan solo cuando se relacionaba con sus amigas se relajaba y dejaba escapar algún ademán delator.

    Siempre había tenido claro que a él le gustaban los hombres y en su casa nunca tuvo problemas cuando salió del armario. De jovencito cuando salía de marcha siempre estaba rodeado de “tías buenas” cosa que a él le beneficiaba ya que alrededor de ellas siempre aleteaba algún que otro maromo en condiciones. Aunque no negaba que había disfrutado de algunas relaciones heterosexual muy placentera con tías que estaban muy buenas. Prácticamente solo había estado con hombres desde que llegara a Madrid hacía casi veinte años. Corría la leyenda de que había estado con un futbolista, pero esto nunca se pudo demostrar y él siempre lo había negado.

    Tras el reconfortante desayuno volvieron a la carretera. Esta vez Eva había pasado al asiento del copiloto para dejar que Pablo pudiese echar una cabezadita. Ya en marcha decidió que ya estaba bien de oír a Madonna y al no encontrar ningún cd de su agrado en la guantera se puso a buscar alguna emisora de música. Lo primero que encontró el autorradio fue el dial 97.1 que era Cadena Dial. Se oyeron los acordes de la canción de Celtas Cortos “20 de abril del 90” y Eva dio un suspiro que llamó la atención de los otros dos:

    -Ah, qué recuerdos me trae esta canción –comentó Eva melancólica.

    -Anda hija, cómo a todo el mundo -dijo Pablo tirado en los asientos traseros con los ojos cerrados.

    -Bueno, ya. Pero es que yo perdí la virginidad el 21 de abril del 90

    -¡COÑO! –Se sorprendió ella.

    -Cuenta, niña cuenta. –Pablo muy curioso se incorporó y se colocó entre los dos asientos delanteros.

    Eva siendo el centro de atención de sus amigos dio comienzo a su relato:

    “De pequeña, vivía con mis padres y mi hermana Inés, dos años mayor que yo en un chalet del Parque del Conde Orgaz. Como podréis imaginar la situación económica era bastante buena. Mis padres eran abogados y trabajaban en un buen bufete. Mi hermana era una auténtica Barbie, rubia, alta, ojos azules, de sobresaliente en todas las asignaturas. Vamos el orgullo de mis padres. Hoy ha evolucionado a la estética de las “puretas” del PP. Casada con su novio de toda la vida y por supuesto el único que tuvo. Juan Luís De Remedal Salguero, El Juanlu. –Eva dijo esto con cierto desprecio hacia su cuñado. –También pepero de manual. En aquella época militante de Nuevas Generaciones. Estatura media, ojos y pelo negro, muy peinado, con su raya a un lado. Siempre con pantalones de pinzas, camisas Burberry´s a cuadros, chalecos Lacoste en una amplia gama de colores y zapatos náuticos.

    A grandes rasgos esta era la estampa de una familia acomodada en los años 90. Pero como no hay nada perfecto, allí también estaba yo. Desde la adolescencia ya empecé a dar muestras de que no me gustaba aquel plan de vida. Siempre chocaba con mi hermana. No me caía bien el Juanlu, discutía mucho con mi madre y aunque adoro a mi padre también tuve roces con él. Con dieciséis años mi mejor amiga era Isa otra oveja negra como yo. A esa edad la explosión hormonal nos hacía estar calientes todo el día. Siempre estábamos hablando de sexo y tíos.

    Como os he dicho vivíamos en una urbanización de Conde Orgaz. Cada chalet estaba ubicado en una parcela y todas ellas pertenecían a una misma comunidad con piscina y pistas deportivas. Nuestra calle era en cuesta de manera que los chalets estaban a distinto nivel unos de otros. Lo cual no tendría más importancia si no fuera por un pequeño detalle. Desde la segunda planta del chalet superior era visible el chalet inferior.

    Hacía dos años que nuestro vecino inferior era Marcos. Un médico de treinta y dos años buenorro. No era muy alto, pelo castaño claro, ojos marrones, imberbe. Era guapo y tenía cara de bueno. A mí siempre me dio mucho morbo. Pensaba que tras esa imagen de yerno perfecto había algo más. Desde que llegó a la urbanización, Marcos se había convertido en el sex symbol. Durante los meses de verano, cuando se abría la piscina todas las maris buscaban poner sus toallas cerca de la suya. Su torso lampiño y sus bien marcados abdominales hacían furor. En aquella época no se llevaba lo metro sexual y los hombres de la urbanización tenían pelo en el pecho y michelines. Al no estilarse tampoco los gimnasios, el cuerpo trabajado del Dr. Marcos Salguero rompía moldes. Lógicamente Isa y yo no éramos inmunes al encanto de mi vecino y estábamos enamoradas de él.

    Una tarde las dos estábamos en mi habitación, como siempre oyendo los cuarenta principales y hablando de sexo, aunque nuestras experiencias no pasaban de los morreos y algún que otro rozamiento. De repente, nos dimos cuenta que desde la ventana y aprovechando el desnivel se veía encendida la luz del baño de Marcos. Permanecimos mirando con la esperanza de poder identificar su silueta a través de aquella ventana cerrada. Cuál no sería nuestra sorpresa cuando adivinamos la sombra de Marcos acercándose y abriendo la ventana. De repente pudimos ver como una nube de niebla salía de aquel baño, desalojando el vaho provocado por el agua caliente. Vimos a Marcos desnudo de cintura para arriba. Al girarse y darnos la espalda para dirigirse al espejo pudimos verle entero. Nos quedamos atónitas y babeando cuando vimos aquel culo, para nosotras, perfecto del hombre perfecto. La imagen pasó de inmediato a ser el centro de nuestras fantasías. Una espalda ancha con hombros fuertes y en forma triangular descendía por los dorsales hasta un culo redondo y prieto de atleta coronado por dos pequeños hoyos en la zona lumbar.

    Durante los meses siguientes empezamos a controlar sus horarios y sus rutinas. Marcos estaba casado con Mari Carmen hija de unos socios del bufete de mis padres. La mujer era una preciosidad de ojos claros y carita angelical que formaba con él la pareja ideal.

    Mari Carmen llevaba un año preparando unas oposiciones a notaria, en un pequeño piso que sus padres tenían en el centro. Salía por la mañana, sobre las ocho y volvía al chalet sobre las diez de la noche. De lunes a viernes. Marcos en cambio trabajaba en un hospital en turnos de ocho horas. Cada semana cambiaba de turno. El de mañana era el bueno, ya que volvía a casa sobre las tres de la tarde, y luego jugaba al tenis o iba al gimnasio y volvía a ducharse a casa sobre las siete de la tarde. Cuando trabajaba de noche no solía hacer ejercicio de día y cuando descansaba por la mañana estábamos en clase.

    Nosotras seguíamos observándole mientras se duchaba y pese a nuestras precauciones para no ser vistas, él se dio cuenta que lo hacíamos. No sabemos en que momento fue pero lo supo. Su comportamiento empezó a ser más exhibicionista, eso sí sin mostrarnos nada más que su exquisito culo. Se recreaba más ante el espejo de espaldas a la ventana que abría justo después de la ducha, tardaba más en salir del baño.

    Todo este comportamiento derivó en “una paja mental” mía, por lo qué, sí sabía que yo le miraba y seguía dejándose ver era porque yo le gustaba. Entonces quizá podría tener algo con él. Un día tras mucho meditarlo y plantearme mil dudas, le comenté a Isa que había decidido perder la virginidad. Ella me preguntó muy intrigada que con quién, a lo que yo guardé un evidente silencio:

    -Tú estás loca, tía. –Me dijo casi gritando dando por hecho que Marcos era mi elección para el gran momento.

    -¿Por qué? –pregunté yo ofendida.

    -Porque está casado y no se va a complicar la vida por unas niñatas de dieciocho años. –La contestación me resultó tan lógica como hiriente. Por más que tuviera razón no me convenció y yo seguí madurando un plan de ataque.

    Todo se cuadró a la perfección el 21 de abril del 90. Era sábado, mis padres estarían fuera ya que tenían que visitar a un cliente del bufete en La Coruña y aprovecharon para pasar allí el fin de semana. A su vez mi hermana aprovechó para escaparse con el Juanlu a su casa de la sierra. Y por último y más importante, Mari Carmen se examinaba de las oposiciones el domingo veintidós y pasaría toda la noche estudiando en el piso de sus padres. A Isa le dije que no iba a salir, que tenía un poco de fiebre. Isa no me creyó:

    -Estás loca tía –me dijo –mañana me cuentas.

    Toda ésta “alineación de los astros” permitía a Marcos y a mi estar solos un sábado y de noche. Era ahora o nunca.

    Aprovechando la buena temperatura me puse una minifalda azul que me hacía un culito muy mono y una camiseta blanca ceñida que marcaban mis tetas, me solté el pelo y me quedé en mi habitación a esperar a que se duchara. Sin preocuparme en ser vista estuve observándole como lo había hecho en los últimos meses. Antes de que terminara salí corriendo escaleras abajo, me aseguré de coger las llaves de casa y cerré la puerta. En la calle, la urbanización estaba tan solo iluminada por las farolas, seguí corriendo hasta su cancela para que nadie me pudiera ver ya que en esa época muchos vecinos salían a pasear.

    Tras pasar la mano por los barrotes abrí el cerrojo y aceleré el paso por el camino de losas negras hasta que llegué justo hasta la puerta de su chalet, donde por unos segundos permanecí parada recuperando el sosiego y recomponiendo mi pelo alborotado. Después de tocar el timbre dos veces seguidas me invadió una especie de angustia ya que ahora no había marcha atrás. Recordaba las palabras de Isa, diciendo que estaba loca y que para él solo éramos unas niñatas. Temí que tuviera razón y mi vecino me tomará por una calientapollas mal criada. Me empecé a ruborizar.

    De repente se abrió la puerta y ya no tuve tiempo de plantearme otra cosa que soltar la parrafada en forma de excusa que justificaba mi presencia allí. Pero durante unos segundos esto me resultó imposible y permanecí callada y mirándole.

    Ante mí tenía la imagen de Marcos con el pelo mojado y peinado hacia atrás recién afeitado, oliendo a after shave Gillette Sensor y vestido con un albornoz blanco anudado a la cintura. Me miraba fijamente con media sonrisa en la cara y una ceja levantada. Demandándome una explicación o mejor una excusa porque creo que desde que abrió la puerta sabía a lo que yo había ido:

    -Qué… eh… si… que como estás solo podíamos… –no acertaba a hilvanar una frase completa.

    -Pasa anda –dijo sonriendo y facilitando una situación que por momentos me parecía ridícula.

    Pasé a un recibidor cuadrado en el que pude ver un gran espejo desde el techo hasta el suelo, a través de un arco de medio punto accedimos a un salón un poco más amplio que el de mi casa.

    Yo seguía a Marcos que andaba descalzo sobre el parqué que cubría todo el suelo. Me invitó a sentarme en un sofá negro de cuero que estaba frente a la televisión. Se disculpó un momento y subió a cambiarse por algo más cómodo. Me quedé sola observando cada rincón de aquella estancia. El salón estaba dominado por un fuego que dado la época del año permanecía apagado. A la derecha y sobre un mueble modular negro una televisión de 55´´. Cuadros abstractos decoraban de manera minimalista todas las paredes blancas en contraste con el mobiliario totalmente negro. Una amplia colección de cintas de video de cine clásico bajo el módulo que soportaba el televisor. Desde mi asiento ladeé la cabeza para leer algunos títulos. Cuando los pasos de mi anfitrión me hizo girar la cabeza para observarle.

    Marcos se había cambiado, llevaba unas bermudas de baloncesto John Smith y una camiseta de manga corta negra que le quedaba muy bien sobre su cuerpo musculado:

    -Bueno, ¿pedimos algo de cenar? –preguntó él haciendo llevadera la tensión.

    -Vale –solo pude contestar yo mientras le observaba moverse con soltura por el salón.

    -¿Te apetece pizza? –y cogió el teléfono sin esperar respuesta.

    El médico preparó la pequeña mesita auxiliar. Colocó un mantel de tela rojo. De la cocina trajo un paquete de servilletas de papel y unas tijeras para cortar la pizza. Yo estaba inmóvil en el sofá observando los movimientos de él:

    -¿De beber? ¿cerveza o refresco? –preguntó Marcos desde el frigorífico.

    -No tomo alcohol. Soy joven –me excusé.

    Marcos sacó la cabeza por la puerta de la cocina:

    -Venga Eva –dijo él con desdén – ¿A quién quieres engañar?

    -Bueno cerveza –dije un poco avergonzada por mi mal disimulada mojigatería.

    El hombre apareció con un par de botellines de Heineken. Justo antes de sentarse sonó el timbre, era el chico de la pizzería. Tras pagarle, puso la caja sobre la mesa:

    -¿Qué tipo de música te gusta?

    -Sobretodo española, Hombres G, La Guardia, Radio Futura,… ah y Mecano.

    -Bueno no digo que sean malos. Pero pondremos a Queen ¿qué te parece?

    -Vale, también me gusta.

    La siguiente hora la pasamos hablando y riendo. Después de tres cervezas cada uno, a mí me empezaba a pasar factura:

    -Oye, ¿no estarás intentando emborracharme para algo? –pregunté yo con los ojos entornados.

    -¿Yo? ¿Para qué iba a hacer tal cosa? –contestó el médico bastante sobrado mientras sostenía un botellín de cerveza con los dedos.

    -No sé para aprovecharte de mi o algo.

    -Vamos guapa, ¿no te querrás aprovechar tú de mí? –dijo esto con un voz grave y mirada inquisidora.

    -¿Yooo? –el alcohol hacía que hablase en un tono más alto del habitual –¿por qué? Porque estás buenísimo. –Dije con una sinceridad delatora.

    -Ya sé que tú y tu amiga me espiáis desde tu habitación. Menuda dos estáis hechas.

    -¿Te has dado cuenta? –dije algo sorprendida.

    -Todavía os falta experiencia a la hora de marcar a vuestra presa sin ser vistas… –comentó Marcos con cierta suficiencia. Encendió un cigarro y tras darle una calada me lo pasó.

    -Y qué pasa, ¿qué no te gusta? –pregunté de manera inocente mientras inspiraba fuerte el humo del Chester.

    -Sí, sobretodo me gustas tú. Más que tu amiga. –Me dijo al tiempo que me quitaba el cigarro y lo apoyaba en un cenicero cuadrado de alabastro blanco.

    Me ruboricé al instante:

    -Tú también me gustas –le dije notando como un calor interior se apoderaba de mi cuerpo. Mis pezones se endurecieron y noté como mi clítoris comenzaba a latir.

    Los dos nos mirábamos fijamente, Marcos se lanzó a besarme. Lo hacía de maravilla, nada que ver con los besos de los chicos de mi edad. Me acariciaba las piernas sin dejar de besarme. Trataba de abarcarlo con mis brazos. Estábamos totalmente pegados y empecé a notar que el paquete de él crecía en su entrepierna y en la mía la vulva me ardía y latía como no lo había sentido nunca.

    El médico me tumbó en el sofá y fue subiendo la mano por mis piernas cada vez más arriba. Al llevar la minifalda me sentía toda expuesta. Con él encima se me hacía imposible zafarme así que decidí entregarme a la situación. Noté las manos de él llegar hasta las bragas que para entonces ya tenían que estar tan mojadas como mi coño. Hizo presión y gemí con los ojos cerrados y embriagadas por el aroma de su colonia. De repente paró, nos incorporamos y Marcos se quitó la camiseta dejando a la vista su musculatura. Era una maravilla.

    Yo hice lo mismo y me quité la camiseta quedándome solo con el sujetador. Me daba un poco de vergüenza. Estaba ante un tío bastante mayor que yo, casado y que tenía un cuerpo de escándalo. Y yo con un sujetador blanco “princesa” con una pequeña rosa bordada entre las dos copas que sujetaban dos pechos duros de jovencita recién desarrollada. Me sentía excitadísima pero no sabía bien como actuar y sobretodo temía no saber hacerlo.

    Marcos recorrió con besos todo mi cuerpo, desde el cuello hasta mi ombligo para luego morderme los pezones a través de la tela del sujetador. Éstos se me pusieron duros como piedras. Se retorcían sobre sí mismos de manera casi dolorosa. Pasando la mano derecha por detrás de mi espalda me desabrochó el sujetador con un simple movimiento de dedos. Liberando por fin unas tetas que le desafiaban. Me las besó, me las mordió, me las lamió con su ardiente lengua y me las amasó haciéndome llegar casi al orgasmo. Su erección era cada vez mayor. Yo me dejaba hacer, era la primera vez que estaba con un tío en serio. Hasta ese momento lo único que había hecho era algún toqueteo de paquete y algún morreo que otro. Estaba entregada a mi vecino que me doblaba la edad. Tan excitada por la situación que aquel tío podía haber abusado de mi. Haber hecho conmigo lo que hubiese querido.

    Marcos se incorporó para quitarme la minifalda azul y me dejó tan solo con unas bragas blancas de algodón que hacían juego con el sujetador y que ahora delataban la raja de mi vagina con una mancha de humedad un poco más oscura. El médico me miraba y sonreía haciéndome sentir deseada. Yo inocentemente me llevé el pulgar de la mano derecha a la boca y lo mordía dándole una imagen de Lolita aún más virginal si cabía. Me bajó las bragas dejando al aire una pequeña mata de rizos negros que cubrían mi monte de Venus aún por desflorar:

    -Qué cosa más rica. Eres preciosa Eva. –Decía elevando mi excitación y mi libido.

    Yo no podía aguantar más y me incorporé y le besé:

    -Tócame Marcos. Necesito que me lo toques. –Le pedí ansiosa al tiempo que tome su mano y la dirigí hacia mi coño.

    -Tranquila que te voy a llevar a la gloria. –Él, mucho más experto se tomaba el asunto con calma.

    Y efectivamente, Marcos se inclinó sobre mi entrepierna, me abrió las piernas y comenzó una comida que en pocos segundos y debido a mi excitación acabó en un orgasmo. Yo, por vergüenza me tapé la boca con las dos manos para no gritar y trataba de cerrar las piernas aprisionando la cabeza del médico. Pero el placer era inmenso. Era la primera vez que me llevaban al orgasmo. Antes tan solo lo había conseguido con la masturbación yo sola.

    Marcos terminó de beberse todos mis jugos antes de bajarse las bermudas y quedarse completamente desnudo ante mí. En lo primero en que me fijé fue en lo grande que la tenía. Por un momento sentí miedo de me hiciera daño con aquello.

    Se acercó a mí y se la toqué. La tenía ardiendo. Se le marcaban unas venas azules a lo largo del tronco y su glande era muy grueso con una piel tirante y suave. Rojo, casi violeta. La volví a agarrar con toda la mano. Comencé a subir y bajar la piel. Hacía fuerza en torno a ella. El líquido pre seminal comenzó a salir. Ignorante de mí pensé que se estaba corriendo:

    -Tranquila, despacio –me dirigía él –Para, que me pongo un condón.

    Con cuidado desenrolló el anillo de plástico a lo largo de su verga. Se colocó entre mis piernas y se dispuso a penetrarme:

    -Con cuidado, Marcos, soy virgen todavía y la tienes enorme.

    -Lo sé. No te preocupes.

    Puso la punta de su polla en la entrada de mi vagina y con cuidado comenzó a empujar. Yo notaba que no me iba a caber y comencé a respirar entrecortada mientras él no paraba. Sentía que los labios no daban más de sí y una presión que se transformaba en dolor:

    -Para que me duele mucho. –Me quejaba, un tanto frustrada por no estar a la altura de mi amante.

    -Tranquila que sé lo que hago.

    Se detuvo un momento y comenzó a besarme. Yo me sentí un poco más relajada, suspiré, cerré los ojos y aguanté un poco más el dolor. Marcos continuó con la penetración. Noté como la entrada de mi coño cedía a la fuerza de aquel trozo de carne y como se deslizaba abriendo mi interior hasta el fondo. Se detuvo unos segundos para luego dar un puntazo fuerte y clavármela más adentro. Mi vecino buenorro, médico, mucho mayor que yo y casado me acababa de desvirgar. Me agarré fuerte a la espalda de mi “ejecutor”.

    Durante unos minutos él siguió con un constante bombeo sobre mí que abierta de piernas trataba de agarrarlo entero. Su constante vaivén estaba haciendo que me incrustara contra el asiento del sofá. El dolor inicial se había transformado en una sensación de excitación casi indescriptible. La fricción inicial se había ido reduciendo por el abundante flujo que manaba de mi sexo. Me sentía totalmente llena y húmeda. La fuerza con que me embestía, la manera en la que bufaba Marcos sobre mí, la forma de sudar de su cuerpo. Todo esto me estaba llevando a la gloria como me había dicho. Todo su cuerpo se endureció, le cogí su maravilloso culo que lo tenía duro como una roca y con un tremendo grito se corrió. En ese momento hubiera deseado que no llevase condón para sentir su semen caliente inundando mi vagina y mojando mis rizos negros.

    Sobre las doce de la noche salí hacia mi casa con una sonrisa de oreja a oreja que no podía aguantar y que delataba lo que me pasaba.

    A la mañana siguiente, al levantarme me dolía el coño y vi con cierta preocupación que tenía manchas de sangre en las bragas, pero no dije nada para no tener que dar explicaciones. La mujer de Marcos aprobó las oposiciones y un par de meses después se trasladaron a vivir a otra ciudad. Nunca dijimos nada ni él ni yo.

    Pasaron cinco años, cuando mi padre nos dijo que Marcos y su mujer venían a vernos durante una semana en verano. Se quedaban en su chalet que solo alquilaban los meses de invierno. Habíamos quedado con ellos en una cafetería cercana. Yo por supuesto le iba a poner a prueba. Me compré a propósito una minifalda azul y una camiseta blanca para ese día. Para entonces yo no era la niña que él desvirgó, tenía muchos más kilómetros.

    No nos veíamos desde que se fueron a otra ciudad. Los saludos entre todos fueron muy efusivos. Mis padres, mi hermana, mi cuñado todos tenían mucho aprecio a Marcos y ninguno de ellos se imaginaba nada de lo nuestro. Hubiera sido un escándalo.

    Entre nosotros la relación fue de tensión sexual. Durante la merienda yo le daba con el pie a su pierna haciendo que se ruborizara. Nos mirábamos, yo a él con deseo, él a mí con cierto temor. Me lo estaba pasando en grande. Y en el fondo a él le gustaba este juego de riesgos.

    Intuyendo cuál sería su reacción dije:

    -Bueno, yo debo irme. He quedado.

    -¿A qué hora has quedado, Eva? –dijo mi padre un poco molesto con mi huida.

    -En media hora me viene a buscar Isa.

    -¿Y ahora te tengo que llevar? –volvió a decir molesto mi padre.

    -No te preocupes que yo te llevo –se ofreció Marcos –tengo que recoger unas cosas de camino.

    Según lo que yo tenía previsto, él estaba deseando estar a solas conmigo. Nos montamos en su coche y salimos pitando hacia la urbanización:

    -Así, que has quedado, ¿no? –preguntó Marcos insinuando lo inoportuno de mi huida.

    -Sí, con mi amiga Isa. ¿Te acuerdas de Isa? –pregunté con ironía.

    -Me acuerdo mejor de ti –dijo con media sonrisa –te tendrás que vestir y todo ¿o sales con ese modelito? –Me miró de arriba abajo reconociendo la combinación del vestuario.

    -¿Qué pasa? ¿no te gusta? –volvió a salir mi lado más provocativo.

    -Me encanta. Igual que me encantó aquella noche –y me miró fija a los ojos.

    Paramos junto a su casa. Sin decir palabra yo le seguí. Abrió rápido la cancela y yo detrás. Cruzamos por el pasillo enlosado entre el césped hasta la puerta de la casa. Giró la llave. Entramos. El recibidor cuadrado estaba igual que cinco años antes con el espejo grande desde el techo al suelo. Sin darme tiempo a mirar nada más, Marcos me agarró de la cintura y me acercó hacia él para seguidamente plantarme un beso metiéndome la lengua. Yo le pasé la mano por la nuca apretando contra mí. Estábamos ansiosos de sexo. Me empujó contra la pared metió la mano por debajo de la minifalda y de un tirón me arrancó las bragas. Se metió entre mis piernas y se bajó los pantalones. De un empujón y sin miramientos me la metió. No la recordaba tan gorda y grité:

    -Hoy no voy a tener la delicadeza de aquella vez –y volvió a darme muy fuerte.

    -Aaahhh, no la necesito. Fóllame bien fuerte, joder.

    Marcos seguía empujándome contra la pared. Yo veía nuestra imagen reflejada en el espejo de enfrente. Veía como el maravilloso culo del médico se contraía cada vez que empujaba su cadera hundiendo su tremenda polla en mi coño:

    -Aaahhh, sí. Córrete dentro, vamos. –Le animaba yo.

    Tras unos minutos de un mete-saca frenético Marcos se corrió dentro y sin condón esta vez:

    -Uf… cómo has cambiado, Eva. Cómo has aprendido desde aquella noche. –Alabó mi vecino tras el polvo.

    -Si yo te contara… –le contesté insinuando una gran experiencia adquirida desde aquella noche.

    En cierto modo me sentí halagada. Recuerdo que la primera vez me comentó que me faltaba aprender a follar, que me quedaba demasiado quieta.

    Volví a salir de su casa como la otra vez, sin bragas, con una gran sonrisa en la cara y con otro dolor de coño…

  • Ella: El desfase

    Ella: El desfase

    Desfase.

    A las dos de la tarde habían llegado a Andorra. Tras la pertinente burocracia para hospedarse recogieron las llaves de su apartamento. Aparcaron el coche alrededor de una plaza junto a la oficina que hay de recepción y tras coger sus pequeños equipajes, subieron una pequeña calle en cuesta. Entraron en un edificio de dos plantas que albergaba cuatro apartamentos. El suyo era uno de los de la planta baja. Una gran puerta de madera marrón oscuro, labrada y con cuadraditos daba paso a tres escalones descendentes que hacían llegar a un pequeño recibidor. Desde aquí se pasaba hacia la izquierda entrando en un gran salón con dos grandes ventanas desde donde se veían los Pirineos. Dos grandes sofás dispuestos en forma de L delante del fuego. A la espalda de uno de los sofás había una mesa de madera cuadrada alrededor de la cual se distribuían también cuatro sillas. Frente a estos una cocina americana. Todo el suelo era de tarima flotante de color oscuro y cubierto delante del fuego con una alfombra de lana marrón. La estancia, pese a ser salón y cocina todo junto tenía un ambiente confortable.

    A la derecha del distribuidor se encontraba el baño y los dos dormitorios. Disponían de camas individuales, aunque decidieron juntarlas y dormir los tres juntos en un solo dormitorio:

    -Sí, como si fuéramos quinceañeras –apuntó con ironía ella la idea de Pablo.

    -Bueno, si no nos salen mejores acompañantes por ahí… –Comentó Eva.

    Una vez instalados salieron a dar una vuelta y tratar de comer algo aunque era un poco tarde. Efectivamente no encontraron ningún sitio que les sirviera un almuerzo ya que las cocinas de todos habían cerrado ya. Así que se mantuvieron con un par de sándwich en la terraza de un pequeño mesón con muy buena pinta que decidieron tendrían que probar para cenar. De terraza en terraza y de cubata en cubata pasaron toda la tarde. Estuvieron hablando de temas de trabajo, temas personales, etc… Para acabar riéndose con casi todo cuando el alcohol aumentó su nivel en sangre. Sobre las ocho de la tarde decidieron volver al apartamento para ducharse y despejarse un poco. Volvieron al restaurante donde habían decidido cenar y allí retomaron donde lo habían dejado, bebiendo.

    En una mesa esquinada y tras haber liquidado tres botellas de Lambrusco, las risas de los tres amigos empezaban a ser escandalosas. Eva era la que peor iba. Sus pupilas incapaces de fijarse en nada y sus ojos entornados delataban una borrachera histórica. Al intentar dar un pico a su amiga cayó de la silla al suelo de manera estrepitosa. El resto de clientes del local les miraba de reojo. En ese momento decidieron que lo mejor era continuar la juerga en casa. Al ponerse en pie los otros dos amigos se dieron cuenta que tampoco estaban muy finos.

    Tratando de llamar lo menos posible la atención salieron del restaurante a la calle. El pequeño trayecto hasta el apartamento lo hicieron abrazados y cantando. Ninguno sabría decir después como llegaron. Y se alegraron de estar hospedados en la planta baja porque les hubiera resultado imposible subir las escaleras.

    Sentados en los sofás y con otra ronda de cubatas. Ésta vez de Jack Daniels. Pablo sacó del bolsillo del pantalón una pequeña cápsula metálica que contenía una bellota de hachís:

    -Bravo, Pablo, eso era lo que nos faltaba –dijo ella con la cadencia lenta de los borrachos, tratando de poner cordura a una situación que en un flash de lucidez vislumbró acabaría como el rosario de la aurora.

    Tras un par de caladas al porro, las risas de los tres eran contagiosas. Eva levantó su copa y propuso un brindis:

    -Por las juergas con los amigos. Y por las noches de droga, sexo y alcohol… –decía con los ojos cerrados y su copa en alto –bueno que digo yo. Tenemos droga, tenemos muchísimo alcohol… Pero todavía no tenemos sexo –y arqueando las cejas, Eva miró a sus amigos.

    -Uf, ya verás cuando ésta salga –comentó Pablo señalando a la presentadora –folla seguro. –En referencia a la etapa que su amiga está viviendo.

    -Bueno, Pablo, ¿tú te has tirado alguna vez a una tía? –le preguntó ella con cara de zorrón al tiempo que le daba una calada honda al porro.

    -Eso, eso ¿de cuando no te comes un coño? –insistió la otra amiga.

    -Quita, quita. Eso con tanto pelo. –Contestó el hombre con ademanes afeminados.

    -Bah, desde que estaba la moda de la mata de pelo –soltó una carcajada Eva –pero si ya ninguna tía llevamos pelo…

    -Bueno no llevarás tú, bonita. –Contestó Pablo a Eva.

    -Ni ésta tampoco –señalando a la periodista –¿Qué te apuestas?

    -Venga Pablo, ¿tú que dices que lo llevo rasurado o no? –desafió la presentadora.

    El alcohol les había hecho perder todo el pudor y sin dejar tiempo a que el chico contestara las dos amigas comenzaron a desnudarse de cintura para abajo:

    -¿Qué hacéis, putas? –rio el hombre dispuesto a disfrutar de los maravillosos desnudos de sus compañeras de trabajo.

    Las dos estaban tan solo con la parte de arriba de sus ropas. Ella con un chaleco de cuello alto rojo y sus maravillosas piernas al aire con un tanga negro. Eva tenía una camisa a cuadros y ya se había quitado el tanga de encajes blanco dejando a la vista un culo perfecto en forma de pera y un coño rasurado que se veía exquisito.

    Mirando a ambos y con cara de vicio comenzó a quitarse los botones de la camisa para luego tirar a la cara de Pablo un sujetador blanco a juego con su tanga. Eva tenía un desnudo espectacular. Era una autentica preciosidad. Un cuerpo perfectamente proporcionado de piel canela, con dos senos redondos y pezones erguidos. Su melena alborotada le daba un aspecto salvaje a sus rasgos angulosos convirtiéndola en un animal lujurioso y excitante. Ella empezó a notarse totalmente excitada con la visión de su mejor amiga. Así que también se desnudó totalmente:

    -¿Qué Pablo? ¿Te quieres comer un coño o dos? –y Eva comenzó a andar hacia él con cara de viciosa.

    Pablo no pudo evitar (o no quiso) lo que se le vino encima. Su amiga se abalanzó sobre él y riéndose le tumbó a todo lo largo del sofá tratando de sentarse sobre su cara:

    -Venga Pablo, cómeme el coño. –Decía la mujer entre risas.

    Él hacía tiempo que se había entregado y ahora tan solo cerraba los ojos y simulaba forcejear para evitar el contacto de su boca con el sexo de su amiga:

    -¿Te estás empalmando Pablo? –le preguntó la periodista antes de tocarle el paquete –sí, sí, se te ha puesto dura.

    Ella comenzó a bajarle los pantalones:

    -Ves, Pablito como te gustan las tías. –Le echó en cara Eva que había conseguido sentarse a horcajadas sobre la cara de su amigo.

    -Dejadme, putas –se quejaba el maquillador.

    -Vaya, Pablo que agradable sorpresa… –al desnudarle su polla saltó.

    Sin ser demasiado grande, si tenía una gran erección. Sin pensarlo dos veces la presentadora de informativos agachó su cabeza y comenzó a hacerle una mamada a su amigo gay. Pablo que hacía tiempo se había rendido a las dos mujeres, lamía toda la vagina húmeda de Eva que entre el alcohol y el porro disfrutaba lanzando gemidos y acariciándose los pezones. Estaba como en una nube. A su vez Pablo también lanzaba gemidos de vez en cuando por la mamada que le estaba dando su otra amiga.

    Para la presentadora toda esta situación era muy excitante. Mamaba la polla a un ritmo más lento del que solía, casi sin tocarla con las manos, exclusivamente con la boca. Bajaba y subía lentamente, se entretenía con el glande y volvía a bajar hasta metérsela entera en la boca. Todo iba a una velocidad menor, disfrutaba de aquella polla homosexual como si fuera lo más excitante de su vida. De repente Eva se giró y se colocó en posición de 69 con respecto a Pablo:

    -¿Se la chupamos las dos? –tras esto las dos amigas se besaron.

    Empezaron una mamada a dos bocas que Pablo no pudo aguantar. Tras un pequeño aviso se corrió abundantemente sobre la cara y el pelo de sus amigas.

    Después de limpiarse los restos de semen de Pablo, las dos mujeres quedaron arrodilladas una frente a la otra en el centro de la alfombra. Se miraban, se deseaban. Fue Eva quién buscó primero los labios de su compañera para besarle. Las dos juntaron sus labios apasionadamente y se acariciaban sus maravillosos cuerpos. Sus pezones erectos se rozaban haciendo que sus sexos ardiesen de deseos el uno por el otro. Se juntaban lo más posible buscando el mayor contacto entre ellas. Eva era quién llevaba la iniciativa. Besó el cuello de su amiga y comenzó a descender buscando los hermosos pezones rosados de ella. La giró de manera que apoyase su cuerpo sobre el asiento del sofá, mientras se colocaba entre sus piernas. Eva pudo contemplar su espectacular culo redondo. Recorrió con su lengua toda la espalda para terminar pasándola por toda la raja. Con su mano izquierda acariciaba una de las tetas y con la derecha comenzó a hacerle una paja, a la vez que hacía pasar su rasurado pubis a lo largo de la raja del culo de su amiga. Era quién dominaba a su amiga. La tenía a su merced.

    Disfrutando de su bello cuerpo, lamiendo su suave piel, amasando sus maravillosas tetas y masturbando su ardiente coño. Ella gemía de gozo moviendo su culo contra Eva sabiendo que esto provocaba un roce en su clítoris. La imagen de las dos amigas echando un polvo estaba provocando otra erección en Pablo.

    Eva seguía con los dedos de su mano derecha separando con delicadeza los carnosos labios vaginales de la periodista. Introduciendo su dedo corazón en el interior de la vagina para acabar presionando con movimientos circulares la maravillosa pipa rosada de ella Con la izquierda seguía pellizcando el duro pezón. Y su clítoris se restregaba contra el culo. Eva estalló en un maravilloso orgasmo mojando con sus flujos los glúteos de su amiga:

    -Cómeme el coño, Eva –le pidió la presentadora en un estado de excitación máximo.

    Ahora se sentó en el filo del sofá abrió las piernas dejando a la vista de Eva su grueso coño totalmente empapado. Ésta gateó hasta ella y comenzó a lamer lentamente desde su ano hasta su clítoris. Su amiga gemía más fuerte notando como su vulva se hinchaba. Por su parte, Pablo se colocó detrás de Eva y se dispuso a penetrarla:

    -Métemela por el culo, Pablo –le pidió lascivamente.

    Sin dudarlo éste se humedeció con saliva la polla y se dispuso a introducirla en el ano de Eva. Con cierto trabajo logró penetrarla. Su amiga dio un pequeño resoplido de esfuerzo:

    -Siii, joderrr.

    Ahora los tres amigos sincronizaron sus movimientos. Pablo sodomizaba sin descanso a Eva y ésta le comía el coño a la otra amiga que estaba con las piernas abiertas y levantadas ofreciéndoselo como manjar.

    Al cabo de unos instantes ella con el sexo oral y Pablo con el sexo anal acabaron al unísono en un tremendo orgasmo teniendo como punto en común a Eva quién recibió la corrida de una en su boca y del otro en su culo.

    El amante perfecto.

    La primera en despertarse fue ella. Se sintió pesada y resacosa. La habitación estaba en penumbra, tan solo iluminada por algunos rayos de sol que atravesaban los pequeños huecos de la persiana mal cerrada. Sin saber muy bien que había pasado para sentirse así, levantó la cabeza y pudo ver como sus amigos también estaban en las camas. Habían dormido juntos los tres, todos desnudos.

    El olor a alcohol y a hachís provenientes de la transpiración de sus cuerpos durante la noche la fue situando. Una serie de recuerdos con ciertas lagunas temporales la iban colocando en el desfase de la noche anterior, lo que provocó en ella una sensación de desasosiego pensando que a partir de ese momento la relación con sus amigos sería un poco embarazosa. Lo mejor sería empezar por despejarse con una buena ducha y luego desayunar.

    Eran las doce y media del mediodía cuando estaba preparándose un café en la cocina y apareció Eva recién duchada. Como había previsto la situación era un poco tensa y fría. No comentaron nada de lo sucedido, ni siquiera el desorden del salón con botellas de whisky y manchas por todos lados provocó una conversación al respecto. Los efectos del alcohol y la droga se habían esfumado y sin ellos el pudor hacía acto de presencia otra vez. Se limitaron a un saludo de buenos días y sentarse en la mesa cuadrada con las respectivas miradas perdidas en el infinito. De repente entró Pablo con su energía habitual:

    -Niñas ¿qué os pasa que no decís ni “mú”?

    -No, nada. Acabamos de levantarnos y estamos aún dormidas –dijo ella.

    -Si ya. ¿Qué lo de anoche no tiene nada que ver? –les preguntó el hombre mientras se preparaba una taza de café caliente.

    -Eh… Bueno… Supongo que un poco sí… –dijo Eva mirando a su amiga.

    -Mirad, lo de anoche no os convierte en homosexuales, ni estáis enamoradas ni nada por el estilo. Vamos a ver, anoche nos corrimos una juerga con drogas, sexo y alcohol y ya está. La vida hay que disfrutarla. Nos lo pasamos bien que es lo que cuenta y a lo que veníamos a este viaje. Además ya podéis decir que habéis probado carne y pescado. Esta noche salimos y a disfrutar que la vida es más corta de lo que pensamos…

    Las palabras de Pablo sirvieron para que la relación volviese a la normalidad. A lo largo del día, entre risas, fueron recordando distintas secuencias de lo ocurrido la noche anterior. Unos recordaban unas y no se acordaban de otras, efecto por supuesto de la gran borrachera que habían cogido.

    Ya por la tarde fueron a parar a una cafetería donde decidieron que esa noche tenían que salir a bailar. Los tres se fijaron en el camarero. Era un tipo no muy alto, con el pelo castaño y ojos marrones. Tenía una cara guapa y mucho parecido a Tom Cruise. Lo estuvieron analizando, que si tenía un buen culo, que si era guapo, que si tenía un buen cuello para mordérselo, apuntó Eva.

    Pablo le hizo señas para que se acercara. Él la había reconocido desde el principio y no podía ocultar una media sonrisa a medida que se acercaba a la mesa:

    -Si, dígame –preguntó el camarero.

    -Mira, estamos pasando unos días aquí y esta noche nos gustaría salir de copas pero no sabemos donde ir.

    -Hombre, hay muchos sitios dependiendo de lo que busquéis. Pero yo suelo ir a la Mafia que es lo que mejor se pone.

    -La Mafia, vale. ¿Y allí se puede bailar? –preguntó Eva.

    -Sí. Es la disco con más tirón.

    -¿Perdona cómo te llamas? –preguntó Pablo.

    -Yo soy Juan Francisco, pero todos me llaman Juanfra.

    -Ah, encantado, yo soy Pablo, ella es Eva y…

    -Si a ella la conozco, claro…

    -Entonces dices ¿qué tú estarás por allí? –dejó caer inocentemente Pablo probando suerte.

    Juanfra dándose cuenta del tema dijo:

    -Sí yo suelo ir. Si queréis podemos quedar esta noche.

    -Bueno, a nosotros no nos importa. Siempre es bueno conocer gente en los sitios –apuntó Pablo.

    -Pues entonces os espero aquí sobre las once y media, ¿OK?

    Los tres amigos siguieron hablando del camarero y de su peculiar acento para aquella zona. La cosa se ponía bien para la noche.

    Llegaron a la cafetería diez minutos antes de la hora fijada. Pasaron hasta la barra y ocuparon unos taburetes. El local había cambiado con respecto a la tarde. Las mesas ya no estaban en su lugar, ese espacio ahora era ocupado con gran cantidad de gente que bebía de pie. La luz era azulada dando cierta sensación de intimidad que invitaba a beber. Pidieron una ronda. Cada uno una cosa diferente. Ella su Cutty Sark con 7 Up, Eva en cambio bebía Smirnoff con naranja. Y Pablo, buscando ser cada día más sofisticado decía haberse aficionado al gin tonic:

    -A ver Pablito que vas a pedir –dijo Eva mientras el camarero esperaba la decisión.

    -Ponme… –mirando al botellero del bar –…pues, Hendricks con Nordic Mist Blue…

    -Marchando… –y se fue el camarero a buscar las bebidas.

    Las dos amigas miraban a Pablo fijamente:

    -¿Qué has pedido? –apuntó Eva arrugando la cara y poniendo mucho énfasis en la pregunta.

    -Niña, ginebra Hendricks la del pepino…

    -¿Qué pepino? –preguntó ella con sorpresa.

    -Qué sí, la del pepino… Se destila así con un pepino… –el hombre les hacía una demostración del conocimiento de su elección.

    -Que te gusta un pepino… –comentó Eva moviendo la cabeza de lado a lado y sonriendo. Dando a entender su homosexualidad.

    De repente Pablo se puso muy serio, le miró fijamente a los ojos y sacando una voz muy masculina le dijo muy cerca de su cara:

    -Pues anoche no te quejabas… Guapa –y le dio un pico.

    Eva se quedó inmóvil y seria pensando que quizá le habría ofendido su comentario para luego relajarse y contestar:

    -“Touché”…

    En ese momento llegó el camarero con los vasos y las botellas para servirles. En eso estaban cuando justo detrás oyeron:

    -Pere, esa ronda me la apuntas a mí.

    Los tres se giraron y pudieron ver a Juanfra que acababa de llegar acompañado de un amigo. Tras las presentaciones, en las que Miquel (el amigo de Juanfra) por supuesto también la reconoció, ocuparon otros taburetes y se unieron al grupo. El comentario de Pablo acerca del pepino de su ginebra siguió dando juego para bromas y comentarios jocosos. Lo que facilitó la integración de todos.

    Juanfra, era un tipo guapo, sobre todo por su parecido con Tom Cruise. Sonrisa perfecta, no muy alto, simpático y desde el primer momento surgió entre ellos una química especial. Eva lo captó enseguida y decidió dejar vía libre a su amiga. Por contra Miquel, no era el tipo de hombre que le gustaba a Eva con lo que decidió no intentar nada. Los dos amigos vestían de forma similar. Pantalones vaqueros, que en el caso de Juanfra rellenaba muy bien. Botas chirucas y camisa a cuadros.

    Después de dos rondas más decidieron que ya era hora de ir a la discoteca. La puerta de Mafia tenía cola para entrar. Esto desanimó a los tres amigos. Pero en ese momento Miquel se acercó al “segurata” y tras hablar con él unos segundos les llamó para que pasaran al interior:

    -Veis como siempre es bueno conocer a alguien en los sitios –apuntó Pablo haciendo referencia al comentario de por la tarde.

    -Tú siempre llevas razón, Pablito –dijo Eva.

    Entraron en una sala muy grande llena de gente bailando. Había varios niveles. Al nivel de la entrada había un pasillo por todo el perímetro del local hasta llegar a la barra donde tres morenazas impresionantes vestidas para la ocasión, además de servir copas mostraban todos sus encantos embutidas en unos monos grises de brillos en los que se les podían leer los labios, por no hablar de los escotes. Las dos amigas se sintieron en clara desventaja. Pero se animaron cuando nada más llegar a la barra se les acercó un camarero joven, alto, guapísimo. Que mostraba las horas de gimnasio con una camiseta blanca de manga corta que hacía las veces de una segunda piel:

    -¿Qué os pongo guapas? –Preguntó alegremente el joven apoyando los brazos en la barra y marcando bíceps.

    Eva se mordió la lengua antes de soltar la ordinariez que las dos copas de vodka le trajeron a la boca. Fue su amiga quién pidió la ronda de bebidas para todos:

    -Casi se te escapa una burrada, ¿no? –le preguntó ella.

    -Pues si. –Respondió Eva mientras seguía con la mirada el culo del camarero.

    -Las burradas no se dicen se hacen –comentó filosófico Pablo justo en el momento en que Juanfra y Miquel volvían del baño.

    Desde la barra descendieron por unos escalones hasta lo que era un segundo nivel en el que se encontraba la pista de baile. Con Danza Kuduro a todo volumen apenas había espacio para bailar. Pese a todo se mantuvieron todos juntos y revueltos, como empezaba a ser el caso de ella y Juanfra. Por otro lado, Eva y Pablo se marcaban otro baile, también muy sexy, lo que Miquel entendió perfectamente y buscó probar suerte con otra turista.

    En un tercer nivel había una pasarela donde se encontraban los reservados y desde donde apoyadas en unas plataformas metálicas a modo de balcones, cuatro gogos bailaban calentando aún más el ambiente. A diferencia de la barra, aquí había tres rubias y una pelirroja que quitaban el hipo. Tampoco llevaban monos ajustados sino unos bodys blancos y unas minifaldas negras. Se movían como brasileñas en el sambódromo de Río.

    Al cabo de un rato de baile pararon para acercarse a la barra, empezaban a tener sed. Miquel parecía que había tenido suerte con una francesa mientras Pablo y Eva seguían a lo suyo. Ya en la barra y tras pedir otra copa, Juanfra le comentó que era malagueño pero que hacía años que durante los meses de invierno se venía a Andorra a trabajar de camarero y ganar un buen dinero para después durante los meses de temporada baja volver a Málaga y disfrutar de lo ganado. La química entre ellos crecía y ella se encontraba muy a gusto. Volvieron a la pista para bailar Eu si te pego de Michael Tello. Bailaron de manera casi apasionada la canción e incluso se dieron algún pico, con lo que aquello solo podía acabar de una manera. Eva se les acercó para decirles que se marchaba, que se encontraba algo cansada:

    -Bueno… ¿y Pablo? –le preguntó extrañada su amiga.

    -Se ha perdido… –contestó Eva levantando una ceja en señal de complicidad.

    Tras despedirse de Eva los dos volvieron a bailar esta vez Dame Vida de Huecco. La calentura de ambos fue aumentando hasta que decidieron que lo mejor era irse. No tuvieron que andar mucho hasta llegar al edificio donde vivía Juanfra. Iban cogidos de la mano cuando llegaron a una puerta de madera barnizada que daba acceso al interior del bloque. Una vez dentro subieron por una escalera hasta el primer piso donde estaba el apartamento de él. Abrió la puerta y entraron. Era un dúplex con todo el suelo de parqué. Abajo disponía de un amplio salón, cocina y un baño. En uno de los extremos del salón se subía por una escalera hasta la planta superior donde había dos dormitorios.

    Nada más entrar, ella se apoyó en el respaldo del sofá que se encontraba de espaldas a la puerta y observó a Juanfra, quién con cierta pausa se quitó la cazadora y tomándola de la mano le pidió que se pusiera más cómoda. Luego le plantó un beso en los labios. A la periodista le parecía un hombre guapísimo, con ese aire a Tom Cruise de quién había estado enamorada siempre. Desde Top Gun. La mujer se quitó el abrigo y se quedó con su chaleco rojo y sus vaqueros antes de sentarse cómodamente en el sofá. Juanfra apareció con dos bebidas mientras sonaba Pájaros de barro de Manolo García y se sentó junto a ella. Quién se incorporó, dio un sorbo y se tumbó sobre él para besarle y quitarle la camisa. El hombre se reclinó sobre el brazo del sofá mientras la mujer le besaba el cuello y desabotonaba la prenda entre suspiros de él. Siguió bajando por su cuerpo. No lo tenía de gimnasio, es más no lo tenía musculado. Era un tipo normal, pero ahí radicaba también el morbo. La mayoría de la gente no es como se ve en los anuncios. Éste solo era guapo y se parecía mucho a Tom. Y le daba morbo. Y se lo iba a cepillar. Así que siguió hasta conseguir bajarle el pantalón y desnudarle. El alcohol hacía que los pensamientos en su cabeza fueran muy deprisa. Tampoco tenía una polla grandísima. Todo en él era normal. Ella sin pensarlo dos veces se arrodilló y comenzó una buena mamada. Notaba como latía la polla en su boca. Y no paraba de subir y bajar hasta conseguir que el tío jadeara como un animal. Él le acarició la cabeza y la polla se endureció aún más antes de correrse sin avisarle. Tras el primer chorro la mujer retiró la boca y siguió haciéndole una paja hasta que terminó de eyacular. Sonreía satisfecha, mirando cómo los últimos espasmos del hombre precedían a una total relajación.

    La periodista se desnudó quedándose en ropa interior. Juanfra se acercó a ella y comenzó a comerle el cuello, las tetas por encima del sujetador negro, mordiéndole a través de la tela los maravillosos pezones rosados que a estas alturas podrían cortar un cristal. El hombre siguió bajando por su cuerpo cubriéndola de besos, mordiscos y lametones. Ella tumbada boca arriba en el aquel sofá de piel acariciaba la cabeza de él mientras notaba como se acercaba a su húmedo sexo. Cerró los ojos y entre suspiros se dejó hacer. El camarero bajó con delicadeza su tanga negro dejando al aire un coño rasurado. Con los labios hermosos, gordos, henchidos por la excitación y terminados en un clítoris delicioso. Lentamente fue acercándose al delicioso manjar. Se recreó en la hermosa V que tenía ante él. Le gustaba mirarlas bien, memorizarlas, deleitarse con la sensual belleza del sexo femenino, antes de actuar. Ella abrió las piernas lentamente ofreciéndole su vulva, para que la devorase. Juanfra colocó la boca sobre los labios arrancándole un suspiro profundo. Con su lengua recorrió y penetró aquel sexo. Toda la hendidura caliente y húmeda. Notando como en el interior la carne se volvía de una textura más blanda y gelatinosa. Era riquísimo comerse un coño. Y el de esta periodista de informativos era una auténtica delicia.

    La mujer sentía la ardiente lengua del hombre invadiendo su jugoso jardín, despacio al principio casi de manera agresiva después convirtiendo aquel movimiento en algo único e indescriptible. Rodeaba su clítoris sin llegar a tocarlo para luego sin previo aviso pasar la lengua de arriba abajo y después se volvía a perder por su raja buscando su ano. La presentadora le miraba con deseo entregada a aquella lengua experta que la estaba llevando a un mar de sensaciones. Ella no tardó en llegar al orgasmo. No sabía si gritar, reír o llorar, mientras su caliente flujo vaginal llenaba la boca y la barbilla de su amante que lo bebía sin parar, como si lo necesitase para vivir…

    La corrida la había dejado relajada y le costaba moverse. Sintió que Juanfra estaba trasteando en un cajón para luego sentarse de nuevo a su lado. La mujer se incorporó y bebió de su copa a la que ya no le quedaba hielo. Miró como el camarero preparaba unas rayas de coca sobre la mesita auxiliar de cristal:

    -Qué bien te lo montas –le dijo ella con los ojos entornados y sonriendo.

    -¿No quieres? –preguntó él.

    -Pues claro que quiero. Necesito despejarme y echarte un polvazo.

    -Eres viciosilla…

    -Bueno, me gusta divertirme… Y hacía años que estaba dormida. –Comentó la mujer mientras daba un sorbo de su copa y se acomodaba sobre uno de los brazos del sofá.

    Permanecían los dos desnudos, él inclinado sobre la mesita auxiliar terminando su tarea y ella con la cabeza apoyada en su mano izquierda y la pierna izquierda subida al asiento, observando la escena.

    -¿…y eso? –preguntó él mientras terminaba la operación de la droga –una mujer como tú, debe conseguirlo casi todo. Eres una gran profesional, independiente,…

    Juanfra le ofreció un tubito de plata y ella se inclinó sobre la mesa donde había dispuesta cuatro rayas de polvo blanco. Inspiró fuerte y todo entró por su nariz. Repitió la operación y pasó el instrumental al camarero:

    -Lo de independiente es desde hace poco. Me separé al final del año pasado, después de quince años.

    -Ah, no sabía nada… –dijo justo antes de inclinarse e inspirar.

    -Cuando dos personas son tan diferentes es difícil la relación y al final ninguna está a gusto. Lo mejor es dejarlo.

    -Yo no he tenido relaciones largas. También es verdad que el ritmo que yo llevo no es para estar emparejado.

    Con la droga y los cubatas se sentían con energía para hacerlo durante toda la noche.

    Se miraron y se volvieron a besar. Ella se echó hacia atrás y dejó que Juanfra se tumbase sobre ella. Estaban eufóricos, no paraban de besarse, de acariciar sus cuerpos desnudos uno sobre el otro. La periodista ardía en deseos de ser penetrada. Anhelaba aquel miembro dentro, perforando su intimidad, masacrando sus entrañas.

    Cuando la mujer ya no podía más, Juanfra apuntó con su glande justo a la entrada de su vagina. Abriendo los labios con un leve movimiento de abajo a arriba. Y despacio comenzó una suave y prolongada penetración. Ella abrió las piernas y le rodeó facilitando la entrada. El constante movimiento del hombre la estaba llevando a la locura total. Acariciaba la espalda descendiendo hasta agarrarse a los glúteos mientras Juanfra no desfallecía en el bombeo. Sentía como la verga de él se deslizaba con facilidad hasta el fondo de su sexo lubricado. Recibía cada embestida con placer sin ser una polla grande la estaba llevando a una dimensión de lujuria y placer desconocido. En ese momento el camarero le levantó las piernas y se las juntó de manera que la entrada de su vagina se estrechó haciendo que las penetraciones fueran más placenteras. Juanfra se afanaba en mantener el ritmo mientras oía gritar de gusto a su amante quién tuvo otro orgasmo. Éste más prolongado que el anterior.

    En este estado de excitación la periodista le propuso sexo anal a lo que el camarero accedió encantado. Con un bote de vaselina se colocó entre las piernas de la mujer y se dispuso a lubricar bien su ano. Introducía con suavidad dos dedos en el interior y luego los hacía girar para que fuera dilatándose. Luego hizo lo propio con su pene, untándose la pomada sobre todo lo largo del tronco y masajeándose el glande. La presentadora, boca arriba abrió las piernas y las colocó sobre él que despacio fue penetrando el culo de aquella preciosa mujer. Con cierto trabajo su glande franqueó la entrada trasera notando como un anillo estrangulaba su polla. Ella resoplaba con la cara totalmente roja y apenas le salía la voz:

    -Con cuidado, que duele –era lo que acertaba a decir.

    Él, despacio pero sin pausa siguió clavándole la verga haciendo que ella clavase las uñas en su torso en señal de dolor/satisfacción:

    -Ahora te entró entera. –Anunció él intentando llegar lo más profundo posible.

    Tenía el culo ardiendo, su polla se derretía en aquel estrecho y delicioso agujero. Ella se entregó al placer una vez fue desapareciendo el dolor inicial. Juanfra siguió acelerando el ritmo, notando como aquel culo había cedido al empuje de su polla. La mujer gritaba mientras se acariciaba el coño hasta llegar nuevamente al orgasmo. El hombre paró un momento y decidió que tenían que cambiar de postura. Ahora la presentadora, de rodillas en el suelo y con la cara en un cojín ofrecía su ano como montura para su amante que apoyado sobre sus caderas la volvía a cabalgar con fuerza. La periodista se agarraba como podía al cojín mientras aguantaba el castigo anal que estaba sufriendo. Alguna lágrima se le escapó, mientras el camarero, bajo los efectos eufóricos de la cocaína no reparó en ello y siguió hasta correrse de manera escandalosa en el interior de sus intestinos.

    Tras esta sesión de sexo salvaje la mujer pasó al baño donde comprobó que le había producido algún pequeño desgarro dada la sangre en el papel higiénico.

    Llevaban un par de horas juntos, cuando ella le comentó que debía volver con sus amigos. Mientras se vestía Juanfra la observaba tumbado, desnudo en el sofá. Una vez terminó se acercó a él y le besó en la boca:

    -Ha sido fantástico. –Le dijo ella de manera sincera.

    -Para mí sí que ha sido fantástico. –Adulaba Juanfra de pie junto a ella. Tomándola por la cintura la acercó hacia él. –A partir de ahora no veré los informativos de la misma manera.

    Volvieron a besarse y se despidieron.

    A las siete de la mañana entró en el apartamento y fue a su habitación. Eva se despertó para recibirla:

    -¿Qué tal con el tío ese? –Se incorporó Eva, sentándose en la cama.

    -Uf, genial. No sé lo que me ha dado pero me ha vuelto loca.

    -¿Tan bueno es?

    -No sé. Es un tío muy normal. Pero he disfrutado muchísimo.

    -¿Es bueno en la cama? ¿cómo la tiene? –preguntó Eva con interés.

    -No la tiene grande. Pero es buenísimo. Me ha dado dos veces por culo y me ha dejado reventada.

    -Joder, si que lo has cogido con ganas, lo del culo digo.

    -Bueno, ¿y Pablo?

    -Desde que le perdí anoche, aún no ha vuelto.

    -Otro que va a traer el culo bien…