Blog

  • Después de corrido aún me gusta más comer un coño

    Después de corrido aún me gusta más comer un coño

    Estaba en viaje de negocios en Venezuela. Entré en una cafetería en que las mesas de la terraza estaban casi vacías. Vi a una chica sentada delante de la barra que me hizo salivar. Era una joven de más de un metro setenta de estatura. Tendría unos 20 años, si llegaba a ellos, tenía los ojos grandes y achinados, el cabello marrón y largo, aunque no mucho y estaba rellena. Vestía una camisa azul y unos vaqueros y cubría su boca y su nariz con una mascarilla azul. Le dije al barman que le dijera que estaba invitada a lo que quisiera… Poco después la joven me miraba y levantaba su vaso de tubo. Tenía que intentarlo. No era tan alto como ella, ya que ando en el metro setenta, pero soy un hombre fuerte y atractivo. Fui a su lado y, guardando más de un metro de distancia, le dije:

    -¿Qué hace bebiendo sola una chica tan rica cómo tú?

    -Espero a una amiga.

    -¿Podrías decirme cómo te llamas?

    Me respondió:

    -Podría, pero no te lo voy a decir.

    -Yo me llamo Simón.

    Se bajó la mascarilla y vi que era muy guapa. Bebió un trago de limonada y después de subir la mascarilla, me dijo:

    -Cómo el Libertador.

    -No, yo no me llamo Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco.

    -Me sorprende que sepas el nombre completo del Libertador. Debes ser el único extranjero que lo sabe.

    -Para hacer negocios aquí hay que saber todo sobre tu Libertador, máxime con quien está en el poder…

    -No hables de esas cosas que las paredes tienen oídos. ¿Eres español?

    -Sí.

    Cogí en el bolsillo del pantalón la cajetilla de Winston, saqué un cigarrillo y le pregunté:

    -¿Fumas?

    -No está permitido.

    Guardé el tabaco. Me dijo:

    -Visita de negocios y te hospedas en un hotel cercano.

    -Lo clavaste.

    -No era difícil acertar, cómo no lo es que estás intentando coger conmigo.

    -Dicho así…

    -¿Qué dirías tú que estás haciendo?

    -Para ti el chicle.

    ¿Qué?

    -Qué tienes razón, mi idea era llevarte a la cama. ¿Te molesta?

    -No, me halaga, pero no vas a conseguir nada. Corren malos tiempos para las relaciones íntimas, y aunque no corrieran no soy una chica que se entregue a un desconocido.

    -¿Sabes?

    -¿Qué?

    -Eres la mujer más bonita que vi en ese país.

    -Mientes, pero me gustó oír esa mentira.

    -Eres muy bella, esa no es ninguna mentira.

    Pasó un dedo alrededor de la boca del vaso de tubo y sin mirarme, dijo:

    -Y la más gorda.

    -Estás rellena. Gorda… Ojalá hubiera más gordas.

    -¿Qué te pasa con las gordas?

    -No te lo puedo decir. Son cosas que no se pueden hablar con una chica dulce como tú, me tomarías por un guarro.

    -Eso quiere decir que lo eres.

    -No se te escapa una.

    -Cuenta.

    -¿No decías que las paredes tenían oídos?

    -Dímelo en bajito.

    Se lo dije casi susurrando. Cómo no me oía, acercó su oído a mi boca dejando de guardar la distancia de seguridad. Se lo volví a repetir:

    -Los mejores polvos que he echado han sido con gordas.

    -Eso no tiene nada de guarro.

    -¿De verdad quieres oír la parte guarra?

    -Sí, carajo, dime que es eso guarro que le harías a una gorda cómo yo.

    -Tú no estás gorda.

    -¡Y dale! ¿Qué harías?

    Le estaba acabando con la paciencia así que sacié su curiosidad.

    -Me gusta calentarla hasta que se moja y luego comérselo hasta que se corre. Después de corrido aún me gusta más comer un coño, está más rico, está rico, rico, rico… Lo devoro hasta que la mujer se vuelve a correr en mi boca

    La venezolana comenzó a tener serias dudas sobre mi estado. Se separó de mí y me dijo:

    -Dime una cosa. ¿Estás encandilado?

    -Sí, me encandiló tu mirada.

    -Te encandiló lo que sea que estás bebiendo.

    -Estoy bebiendo tónica. Me limitaba a decirte lo que me gusta hacerle a una gorda.

    Volvió a bajar la mascarilla, echó otro trago, montó una pierna sobre la otra, y me preguntó:

    -¿Y a una delgada no?

    -Todo lo que viene a la red es pescado, pero las gordas me gustan una barbaridad. Hay más dónde agarrar.

    -¿Siempre le hablas tan sucio a las mujeres cuando quieres coger con ellas?

    -¿Sucio? Hablar sucio es hablar de comer un culo de mujer. ¿Quieres que te diga cómo lo cómo?

    Descabalgo la pierna, se alejó de mí y me dijo:

    -¡No!

    -Vale, pero no levantes la voz.

    Era muy curiosa, lo supe porque se volvió a acercar a mí, y con su boca cerca de mi oído, preguntó:

    -¿Para qué le comes el culo a una mujer?

    -¿Para prepararla?

    -¿Para qué…? No me lo digas, no me lo digas. ¡Qué cabrón! Y decías que no querías calentarme.

    -¿Acaso lo hice?

    -No, pero por intentarlo no quedó.

    -No se te escapa una.

    -¿A ti tampoco, verdad?

    Me di por vencido. Bajé del taburete en el que estaba sentado, y dejando el vaso con la tónica más de mediado, le dije:

    -Tú sí, tú te me escapas viva. Bueno, encantado de haberte conocido… Cómo te llames.

    Me preguntó:

    -¿Vas para tu hotel?

    Intuí que se abría una puerta y me lancé:

    -¿Te gustaría ver mi habitación?

    Se ve que la había calentado, ya que me respondió:

    -A cincuenta metros de aquí hay un jardín, espérame allí.

    Vamos al turrón.

    Entramos en la habitación del hotel, cerré la puerta, la miré y vi que estaba mirando para las dos camas gemelas. Me preguntó:

    -¿No estás solo?

    La cogí por la cintura, la besé en el cuello, y le respondí:

    -No, vine a Venezuela con mi socio, pero no te preocupes, ese no vuelve hasta la noche.

    Le quité la mascarilla, quité la mía, las puse sobre un mueble y fui desabotonando su camisa mientras la besaba, en el cuello, en las orejas y en la boca cuando giró la cabeza. Al quitarle la camisa y el sujetador le eché las manos a sus chiquitas y calientes tetas, se las magreé, moje en la lengua dos dedos de cada mano y le acaricie los pezones. Mi polla empalmada se moría por salir de su cárcel. Le di la vuelta. Me arrancó la camisa. Los botones saltaron por los aires y su boca me comió las tetas…

    Estaba muy excitada. La tiré sobre la cama, le quité las deportivas, le quité el pantalón y las bragas al mismo tiempo. Me eché encima de ella, le cogí los pulsos y le devoré las tetas, unas tetas chiquitas con areolas grandes de color marrón claro y lamí y chupé sus pequeños pezones. Le solté las manos y metí mi cabeza entre sus piernas. Su coño pelado estaba mojado y la humedad brillando en él hizo que lo viera cómo una joya, una joya mojada cómo a mí me gusta. La primera lamida cubrió mi lengua con una especie de crema que al saborearla me supo a pecado, un pecado agridulce.

    Luego le enterré la lengua en el coño, la venezolana se estremeció, le metí dos dedos en el coño y «con el ven aquí» le fui acariciando el punto G al tiempo que mi lengua lamía el glande de su clítoris, que sobresalía del capuchón. Sus gemidos eran excitantes. Mi polla latía y la aguadilla que salía de ella había traspasado los calzoncillos y el pantalón. Los dos queríamos corrernos, pero fue ella la que se corrió, se corrió en mi boca mientras cogía mi cabeza y decía:

    -¡¡Que ricooo!!

    Jadeando cómo una perra en celo y retorciéndose cómo una serpiente de cascabel inoculó su veneno en mi boca, un veneno delicioso que solo la mataba a ella, la mataba de placer.

    Cuando acabó de viajar le quité los dedos del coño y se los di a chupar. Luego seguí lamiendo los labios vaginales, despacito, sin tocar su clítoris, ya que lo debía tener muy sensible, después cogí la almohada y se la puse debajo del culo, metí un dedo dentro del coño, después jugué con la yema en su ojete, para acto seguido meterlo y sacarlo de su culo y pasar muy suavemente la lengua por sus labios. La venezolana levantaba el culo, intentando que mi lengua entrase dentro de su vagina, pero yo lamía alrededor de ella, y seguía lamiendo los labios. En uno de sus intentos volví a lamer alrededor de la vagina y después se la clavé y se la saqué unas veinte veces. Al tenerla a punto me acabé de desnudar. Tenía la polla tiesa como un palo. Lamí de abajo a arriba y me dijo:

    -Métemela.

    Se la metí. Nos corrimos los dos juntos al llegar la polla al fondo por décima vez. No sé si gimió, si se sacudió… No sé nada de lo que pasó. Me bajé del mundo por un instante y estuve ausente no sé cuánto tiempo. Al abrir los ojos vi a mi socio sentado en el borde de su cama, me miró y me dijo:

    -No pierdes el tiempo. ¿Dónde encontraste a esa preciosidad?

    Cogí un cabreó de los gordos.

    -¡¡Lárgate de aquí!!

    Germán, que era moreno cómo yo, un año menor y más alto y más guapo, se levantó y me dijo:

    -Vale, vale, me voy. Oye, y si le preguntas si quiere hacer un trío.

    -¡Qué te largues, coño!

    La venezolana, debajo de mí y con la polla dentro de coño, me dijo:

    -Hacer un trío es una de mis fantasías.

    Germán se desnudó a la velocidad de la luz. Al verlo desnudo me vine arriba, ya que mi socio tenía la polla más pequeña y más delgada que la mía, por no hablar de los huevos.

    Minutos después la venezolana estaba en cuclillas con una polla en la mano izquierda y otra en la derecha. Se turnaba en las mamadas, ahora mamaba la de mi socio y meneaba la mía, ahora mamaba la mía y meneaba la de mi socio. Con los dos empalmados, se volvió a echar sobre la cama. Se veía que era su primer trío, ya que esperó acontecimientos.

    Mi socio se echó a su lado izquierdo y yo a su derecho, cuando él le mamaba las tetas, yo la besaba y cuando él la besaba le chupaba yo las tetas, luego Germán se puso a sus pies y le masajeó las plantas, se las lamió, le chupo los dedos de uno en uno, de dos en dos, de tres en tres, de cuatro en cuatro, el gordo y después los cinco dedos juntos… De un pie pasó al otro mientras yo le acariciaba el clítoris con dos dedos, magreaba sus tetas, y le comía la boca, de la que no paraban de salir dulces gemidos. Luego Germán fue besando y lamiendo el interior de sus muslos, llegó a su coño, lo lamió seis o siete veces. La venezolana se corrió y al hacerlo me metió un mordisco en la lengua como si fuera una perra. Corriéndose se sacudió una cosa mala. Mi socio cuando la venezolana se acabó de correr le puso la polla en la boca y le dijo:

    -Te toca.

    Le cogió la polla con una mano y le echó la otra mano a la mía. Se la puse también en la boca. Lamió, chupó los glandes, mamó, beso y los frotó uno contra el otro… Cuando nos tenía perros llevó las pollas a sus pequeñas tetas y las frotó en sus pezones y areolas, frotándolas nos masturbó… Poco después se corría Germán en su teta derecha y yo en la izquierda.

    Estaba crecida, ya que al acabar nos preguntó:

    -¿Quién me limpia?

    Ante el asombro de mi socio y de la venezolana, lamí mi leche de la teta sobre la que me corriera y después la besé en la boca con mi leche en ella. Mi socio viendo con la efusividad que me besaba la venezolana, lamió su leche de la otra teta y después la besó. La venezolana aún lo beso a él con más ganas que a mí. Tras los besos estaba tan cachonda que preguntó:

    -¿Ahorita que toca?

    Le respondí yo:

    -Ahora toca ponerte a cuatro patas para que te coma el culo.

    No se hizo de rogar. Se puso a cuatro. Comencé a lamerle el ojete y a darle mordisquitos a su culo mientras me tocaba para volver a poner la polla dura. Mi socio se arrodilló delante de ella, cogió la polla morcillona y se la metió en la boca… Al rato él magreaba sus tetas y le follaba la boca. Yo metía y sacaba la punta de mi lengua de su culo, que se abría y se cerraba intentando atraparla. Lo mismo hacía su coño pues dos de mis dedos entraban y salían de él. Al estar bien cachonda. Me eché boca arriba, y le dije:

    -Ven que te vamos a follar.

    Me montó y puso su culo a disposición de mi socio, que se la metió despacito mientras yo la tenía en la entrada de la vagina. Le gustaba que se la metiera en el culo. Sus ojos mientras se la iba metiendo se pusieron en blanco varias veces. Su coño no paraba de abrirse y de cerrarse sobre la punta de mi polla y sus gemidos eran de placer. Mi socio, al principio la folló el culo con delicadeza, como si estuviera follando a una princesa, pero poco después, sintiendo sus escandalosos gemidos, empezó a follarla cómo a una puta.

    Tanta caña le dio que trabajo me costó seguir su ritmo, y lo digo por qué cuando metía él sacaba yo y cuando metía yo sacaba él. Tres veces seguidas se le pusieron los ojos en blanco antes de que se le cerraran de golpe, comenzara a temblar, su coño apretase mi polla, su culo la de mi socio y se corriera cómo una loca mientras la llenábamos de leche.

    Poco después se iba aquella preciosidad de mujer.

    Quique.

  • Regalo

    Regalo

    «Cariño, no me has dado tu regalo», 
    me dijo por la mañana mi esposa;
    le dije: «Cálmate, no seas ansiosa», 
    y me bajé el calzón, mostré mi falo;

    «Ay, cariño, espera, pronto ahí me instalo». 
    Se quitó el camisón, estaba hermosa.
    Me empujó hasta el sofá, estaba deseosa.
    «Súbete, esposa mía, que aquí te empalo».

    Sus tetas carnosas las fui chupando, 
    mientras ella en mí botaba y botaba, 
    asiéndole el culo de vez en cuando. 

    Ella gemía: «Ay, oh, cariño», y suspiraba. 
    Muslos, caderas, vibrando; follando;
    y el chorro, el semen su chocho llenaba.

  • Deseo oscuro

    Deseo oscuro

    Toda mujer tiene un deseo oscuro que muchas veces se avergüenza decirlo a los cuatro vientos y lo esconde en lo más profundo de su ser donde piensa que estará a salvo. Muchas veces eso cambia cuando encuentras un amante igual de perverso que tú. Así fue como encontré mi amante perfecto.

    Mis encuentros con JJ se había vuelto frecuentes y las veces que no nos podíamos ver, ambos sentíamos esa distancia en nuestro ser. Él sabía cómo excitarme con solo leer sus mensajes y cuando lo escucho mi cuerpo se enciende como una hoja de papel, la única diferencia es que yo me consumo despacio para disfrutar todo lo que él me da.

    Así son nuestros días llenos de pasión desenfrenada. No había hora para sucumbir a la satisfacción mutua y solo nos importa disfrutar plenamente del placer recíproco. Una noche descubrí lo que es estar compenetrado a un nivel carnal y mental con alguien más. JJ y yo habíamos tenido una leve discusión la cual nos dejó un sabor amargo y nos fuimos a diferentes cuartos a dormir, lo menos que pensé fue que él con su acto descabellado y carácter volátil me daría lo que siempre había fantaseado.

    Esa noche me fui furiosa a otra habitación, a veces es difícil lidiar con JJ pensé en la mañana hablo con él. Me acosté y caí rendida del coraje. Durante la noche no recuerdo siento unas manos que sujetan mis muñecas y esa voz que mi cuerpo reconoce a distancia decirme al oído:

    —Cállate y déjame violarte.

    Se supone que sintiera temor, pero la realidad fue otra. Sentí como mi piel reaccionó a esas palabras y mi chocha se humedeció. Tampoco se lo dejaría fácil, traté de forcejear con él, pero entre más lo hacía más apretaba mis muñecas.

    Que JJ me sometiera de esa manera me hacía estremecer. Sentir su cuerpo haciéndome presión en mi cuerpo y con una pierna forzando mi entrepiernas era lo más perverso y morboso que había sentido en mi vida.

    Su boca buscaba la mía y me besaba con desespero y hasta con furia. En algún momento me cuestioné si estaba bien sentir tanta excitación, pero tampoco me atreví a detenerlo quería ver y saber de qué éramos capaz de hacer.

    Él muy hijo de puta clavó sus dientes en mi cuello, grité de dolor y de gusto porque su acción feroz había enviado una carga eléctrica a mi cuerpo. Esa mordida sublime me hizo perder la fuerza que ejercía en mis piernas para no dejarlo penetrarme, pero fue en vano. Aprovecho ese instante, se acomodó y me jodió de una.

    Lo miré por primera vez y él a mí, en sus ojos se veía el deleite de su acción, eso me descontroló al punto que dejé escapar un suspiro con un leve jadeo de un animal en éxtasis. Con su mirada decía todo y con movimientos bruscos, salvajes y hasta que me clavó una y otra vez hasta el punto de buscar un ritmo de total vorágine. Sus embestidas eran tan fuertes que el hueso de su pelvis chocaba de una manera violenta en mí.

    JJ no salía de su asombro al ver como un su acto tan corrupto me enloquecía hasta hacerme gemir sin ningún tipo de prejuicio. No sé cuál fue su intención, pero ambos nos llevamos la sorpresa de nuestras vidas.

    Sin aviso alguno nos vinimos intensamente y él cayó rendido en mi pecho.

    Me dio un beso sutil en mi teta y dibujo una sonrisa en sus labios sobre ella. Definitivamente con JJ siempre será la más cabrona, bellaca y puta.

    © C.Dee.L.C

  • Ella: Levante

    Ella: Levante

    Copa américa.

    “niña ahí fuera te espera un tal ignasi y está buenísimo”

    Este fue el recibimiento que le hizo pablo, su maquillador, nada más terminar el informativo de las tres de la tarde:

    -¿ignasi? No conozco a ningún ignasi en valencia –contestó ella con los ojos cerrados delante del gran espejo del set de maquillaje.

    Con motivo de la celebración de la copa américa de vela su cadena iba a permanecer todo el fin de semana realizando los informativos desde valencia.

    -pues me ha dejado su tarjeta. –pablo se la tendió y ella abrió un ojo para leer el nombre.

    Ignasi cambrils.

    -¿no me digas que nacho está ahí fuera? –soltó la presentadora al ver la tarjeta y reconocer el nombre completo.

    -niña, ¿qué te ha “pasao” que se te ha “cambiao” la cara? –preguntó el maquillador con cierto asombro.

    -pablo, es que nacho es un íntimo amigo de la infancia. Vivíamos en el mismo barrio, íbamos al mismo colegio y al mismo instituto. Y hace unos años que no nos vemos. –aclaró al fin la mujer a su amigo.

    Efectivamente, nacho, era su amigo del alma. Habían vivido en la misma urbanización de adosados. Sus familias eran amigas. Les había pasado de todo juntos e incluso tuvieron un pequeño rollo en el instituto que nunca llegó a cristalizar en nada, pero siempre había existido cierta tensión sexual nunca resuelta por la estrecha amistad entre ellos. Después cada uno optó por una carrera. Él hizo derecho y ella periodismo. Empezaron a perder contacto cuando él se fue a londres. Después algún encuentro esporádico en madrid o visitando a las familias. Pero el último había sido diez años atrás.

    Salió a toda prisa de su camerino (ya vestida de calle) y fue al set que se había preparado para las visitas. Ahí estaba su amigo, esperando de pie. Llevaba un pantalón de lino blanco y una camisa de rayas también de lino con unas chanclas. Era un tipo que superaba el metro ochenta de altura, fibroso, pelo castaño, ojos azules, muy guapo y un moreno envidiable. Al verle, a ella se le dibujó una sonrisa en la cara que le hacía estar radiante:

    -¡nacho! –llamó su atención y se fundieron en un gran abrazo.

    -¡estás impresionante! Guapísima, mucho más que en la tele. –alabó el hombre mientras la observaba de arriba abajo.

    -¿pero qué haces aquí? –preguntó ella con curiosidad –quiero decir, que pensaba que estarías por cualquier sitio del mundo. No sabía que estuvieses trabajando aquí en valencia.

    -pues mira, mi empresa tenía un negocio aquí cerca y me enteré que veníais a cubrir esto de la copa américa de vela. Tampoco tenía claro que tú vinieras.

    -¿has comido? –preguntó ella a modo de invitación –vamos a algún sitio.

    -eso quería yo –le dijo él –invitarte a comer.

    -¿conoces valencia?, yo no –apuntó la amiga.

    -sí claro. Vamos en mi coche.

    Desde el set de los informativos frente al puerto deportivo cruzaron a un parking subterráneo en un edificio alto que estaba al otro lado de la avenida y buscaron su coche. Era un aston martin virage volante en color verde inglés con el interior en beige:

    -¿éste es tu coche? Vaya, si que te va bien, ¿no? –preguntó muy sorprendida la presentadora al identificar el vehículo.

    -sabía que con tu afición automovilística, ésta preciosidad no pasaría desapercibido. Es mío pero lo paga la empresa. –contestó el abogado mientras se acomodaban en el interior.

    Bajó la capota haciendo de la silueta del coche una escultura aún más bella. Arrancó y salieron a la calle buscando algo más tranquilo que el puerto deportivo. Tras varias vueltas por las calles de valencia, por fin el aston martin enlazó con la carretera que llegaba a la playa de el saler. Nacho callejeaba con soltura a los mandos del deportivo. Después de quince minutos de viaje, el hombre aparcó el vehículo en el parking de un restaurante junto a una preciosa playa mediterránea. Aquí fue recibido por el dueño con un efusivo abrazo. Sin duda, nacho visitaba con frecuencia esta ciudad.

    Les condujo hacia un salón en el interior del local y les sentó en una mesa junto a una gran ventana con unas vistas preciosas de la playa. Tras unos entrantes, el camarero les trajo una típica paella valenciana para los dos. Ella que tenía un hambre feroz agradeció el delicioso olor del arroz. Nacho que se definía como un sibarita eligió para beber un torre muga 2004 que anunció como el mejor rioja.

    Efectivamente, nacho siempre había sido un tipo al que le encantaban los placeres y con la edad se le había acentuado. Adoraba el lujo. Y mucho más en su posición. Cuando se fue a londres a terminar la carrera de derecho coincidió en la universidad con el hijo de un importante jeque del petróleo. Pronto se hicieron íntimos amigos. Éste había sido educado en occidente. Primero en un importante colegio suizo y después en londres donde terminó la carrera de derecho. Estaba siendo “diseñado” para hacerse cargo del departamento jurídico de la empresa petrolera de su familia. Durante esos años de universidad, nacho y el jeque se hicieron inseparables y trabaron una amistad que duraría de por vida.

    Acabada la carrera en londres, nacho volvió a barcelona donde empezó a trabajar en el bufete de uno de los socios de su padre. Mientras, el jeque se fue a nueva york a realizar un mba de comercio internacional los siguientes dos años. Durante ese periodo el contacto entre ellos siguió siendo muy estrecho, así nacho fue invitado a las macro fiestas que el árabe se montaba en estado unidos. El español tan solo tenía que estar disponible ya que los gastos del viaje corrían por cuenta del petrolero.

    Ni que decir tiene que en las fiestas no faltaba de nada. Las top models del momento eran invitadas, así como los hijos de las familias más ricas. Las juergas eran muy conocidas en la gran manzana y en alguna que otra ocasión tuvo que aparecer la policía ya que el desfase se volvía incontrolable.

    Ella oía la narración de su amigo embelesada por la buena vida que se había pegado. Tomó su copa y apuró de un sorbo el resto del vino. Deleitándose con el sabor aterciopelado de éste y dando la razón a la afirmación de nacho de que era el mejor vino de rioja. O por lo menos el mejor que ella había probado. El hombre le comentó que lo descubrió en un viaje a parís por motivos de trabajo. En un restaurante español al que fue invitado por un alemán que acababa de cerrar un muy buen negocio con la empresa petrolera que él representaba. Y es que nacho trabajaba en el departamento jurídico de la empresa del jeque, quién le llamó para unirse a su negocio nada más llegar de nueva york y hacerse cargo del departamento jurídico de la petrolera de su familia.

    Tras dos horas de agradable charla en la que se pusieron al día de sus situaciones familiares, ella su reciente separación y él se confesó soltero empedernido, decidieron volver a valencia a tomar algo. A final de la tarde cuando ella se disponía a despedirse él la invitó a un tercer cutty sark ya que le quería proponer una cosa. La periodista le miró un poco extrañada:

    -no te asustes, mujer –le dijo nacho con voz tranquila.

    -¿qué me vas a proponer? Tengo hotel para este fin de semana aquí.

    Él le comentó que su estancia en valencia se debía a un motivo laboral. Durante la celebración de la copa américa de vela la empresa del jeque había cerrado un negocio con una firma de maquinaria de extracción alemana y para celebrarlo había montado una fiesta en su palacio de mallorca:

    -¿una fiesta de ésas en las que no falta de nada? –preguntó ella con ironía mientras hacía pasar su dedo por el filo de la copa de balón con su whisky.

    -no faltará de nada pero cada cual consumirá lo que quiera –contestó él ofreciéndole posibilidades.

    La mujer aceptó la invitación y se dispuso a terminar la bebida al tiempo que él le explicaba como llegar a mallorca. Tendrían que ir al aeropuerto donde tomarían un helicóptero que les llevaría al barco privado del árabe. Éste había zarpado a primera hora de la tarde rumbo a la isla. Navegarían durante toda la noche y por la mañana llegarían a la costa este de la isla de palma para desembarcar en el palacio del jeque. A ella, el plan le pareció muy bueno y aunque traía la idea de relajarse, ¿quién le diría no a una juerga en la que no faltaría de nada…?

    La travesía.

    El helicóptero se posó en la cubierta de popa del pequeño trasatlántico del jeque. Desde el aire la majestuosa masa de acero blanco iluminada con multitud de pequeñas bombillas en la inmensidad del mar le pareció de película. Una vez que se paró el rotor del aparato pudieron bajar y dirigirse al interior. Pese a la buena temperatura que hacía esos días ella notó un poco de frío al recibir la brisa marina en alta mar y corrió hacia dentro del barco.

    Tras alojarse en un camarote muy parecido al del crucero de las islas griegas, nacho la llevó a dar una vuelta por todo el barco. En el bar comieron algo rápido antes de llevarla a la sala de fiestas. Ésta era una estancia grandísima similar a una discoteca. La iluminación a base de pequeñas luces halógenas de colores y una gran bola en el techo le daba un aire, en su opinión, demasiado retro. En una pequeña cabina un dj pinchaba la música. Por los impresionantes equipos de sonido sonaba a todo volumen my favorite game de the cardigans. Y en el centro de la pista una cantidad de gente impresionante bailaba. Según nacho, todos los peces gordos y el jeque ya estaban en mallorca mientras que el resto de invitados estaban en el barco. Había un gran número de chicos y chicas jóvenes guapísimos y con cuerpos de escándalo. Sin duda modelos contratados para la ocasión. Pero sobre todo le llamó la atención una pareja que bailaba desenfrenada en el centro de la pista.

    La mujer, era una rubia impresionante de metro ochenta de altura, alemana de ojos verdes y pelo corto. Iba con un vestido ajustado negro que marcaba perfectamente su 110 de pecho y apostaría a que no llevaba ropa interior. Restregaba su culo por la entrepierna de un negro de dos metros y más de cien kilos de peso con pinta de pivot de los lakers que le comía el cuello mientras la “teutona” echaba la cabeza hacia atrás. El tipo tenía unos ojos grandes, labios carnosos, sonrisa perfecta. La cabeza rapada le daba un aspecto de “segurata” que por momentos asustaba. Era ββ, pronunciado en inglés bibi. Ésto era el acrónimo de black big o en español gran negro, debido a sus descomunales proporciones. Aunque la leyenda decía que le apodaron así debido al tamaño de su miembro. El negro había sido “marine” de los estados unidos durante tres años. Cuando el jeque le conoció durante la guerra del golfo en arabia, le propuso ser su jefe de seguridad personal. Se había convertido en uno de los hombres de su confianza. Por supuesto en estas fiestas tenía barra libre. Andrea, la rubia alemana, en cuanto lo vio se le antojo y él no iba a defraudarla…

    Después de unos bailes y unas copas ella y nacho estaban acaramelados en un rincón:

    -hace un poco de frío en el barco, ¿no? –preguntó la mujer con los ojos entornados.

    -bueno si quieres digo que suban la calefacción –respondió él con cara de inocente.

    -entonces, ¿me vas a dejar dormir sola…? –volvió a preguntar mimosa.

    Su amigo con su irresistible sonrisa la miró a los ojos. Se le acercó lentamente y fue buscando su boca para besarle. Ella esperaba impaciente el contacto con unos labios que ansiaba desde hacía mucho.

    Entraron en el camarote de él y en penumbra sin encender la luz se besaron de forma apasionada antes de comenzar a desnudarse. Se puso de manifiesto la tensión sexual entre ambos acumulada durante años de amistad y que por distintas razones no habían podido aplacar nunca desde aquel pequeño rollo de la adolescencia. Pero esta noche, en la intimidad del camarote de nacho, en un pequeño trasatlántico en mitad del mediterráneo iban a poner fin a tantos años de espera.

    El hombre sentado en la cama acariciaba el suave cuerpo de la presentadora al tiempo que lo comía a besos. Ella permanecía a horcajadas sobre él, también deleitándose con caricias sobre el cuerpo de su amigo de la infancia. Recorrió su ancho pecho y sus hombros para luego descender por su bien marcado abdomen y terminar juntando sus manos en torno a su largo pene. No lo tenía muy grueso pero si era bastante largo. Se entretuvo con los rizos negros de su vello púbico antes de comenzar a masturbarlo lentamente, tirando de la piel y liberando su glande rojo en forma de flecha. El hombre comenzaba a gemir al tiempo que seguía recorriendo el maravilloso y ansiado cuerpo de su amiga. Apenas rozaba su espalda y descendía hasta sus redondas nalgas. Pasaba los dedos por la raja de su culo notando el calor que desprendía.

    La mujer dirigió la cabeza del pene de nacho hacia la hendidura de su vulva de la que ya manaba una cantidad considerable de fluidos y poco a poco fue empalándose. La incrustó en sus entrañas. La longitud del miembro hacía que la penetración fuera muy profunda. Se agarró al cuello de su montura respirando muy fuerte antes de comenzar a cabalgar sobre él. Nacho sentía el calor que desprendía aquel coño a lo largo del tronco de su verga y cómo ella apretaba los músculos internos haciendo que se estrechara alrededor. Seguía abrazándola por la cintura y comiéndole las tetas mientras su amiga apoyada en sus hombros comenzaba una salvaje cabalgada con gritos de placer. Los pelos de la parte superior de la polla rozaban con su clítoris y se estaba excitando mucho más. Le tumbó sobre su espalda y apoyando sus manos en su torso continuó con su movimiento de cadera. Los jadeos de él traspasaban las paredes del camarote notando como la punta de su pene llegaba al fondo de aquel deseado sexo. Ella se tiró sobre él sin dejar de botar y le mordió el cuello:

    -córrete dentro, vamos –le susurró al oído.

    En un par de movimientos más de su cadera nacho no pudo aguantarse y vertió su semen caliente dentro de la vagina de su amiga periodista. Quién notando al calor de la leche de su amante se corrió de gusto junto a él. Durante unos minutos permanecieron en silencio. Ella sobre él, abrazados, sudando, notando como sus corazones latían fuertes. El olor a sexo perfumaba toda la estancia. Durmieron abrazados

    El palacio del jeque.

    El barco ancló frente a una pequeña cala bajo un acantilado. Aunque estaba a cierta distancia de la costa, desde la cubierta superior se veía en lo alto del acantilado una majestuosa edificación.

    No pudo ocultar que se sentía algo nerviosa antes de subir al helicóptero que les llevaría definitivamente al palacio. Todo era demasiado secreto para ser una fiesta. Su móvil estaba apagado, como le había pedido nacho, desde que subieron al barco y no volvería a encenderlo hasta que llegara a su casa. Su amigo le cogió con las manos por la cintura y le besó la mejilla. Aunque confiaba en él y había aceptado gustosa la propuesta, no podía negar que algo de miedo sentía. Aunque más que miedo era una sensación de vértigo.

    Subieron cinco personas. Ellos dos, ββ y dos de sus hombres de seguridad. Al elevarse el aparato notó un cosquilleo en el estómago. Era la segunda vez que montaba en un helicóptero y a decir verdad no era tan confortable como parecía. A medida que se acercaban a la costa, nacho le hacía indicaciones para que viese el impresionante palacio al que se dirigían. Lo primero que vio al acercarse fue un inmenso jardín casi como medio campo de fútbol, con una gran piscina con parte de ella incrustada en el edificio. Antes de tomar tierra el aparato rodeó el palacio por su ala izquierda para llegar a una pista circular con una gran h blanca sobre fondo azul. Una vez bajaron comenzaron a andar por una gran pasarela de gravilla blanca flanqueada por dos jardines botánicos lleno de especies rarísimas de todo el mundo.

    A medida que se acercaban la construcción era más espectacular. La fachada principal tenía unos cuarenta y cinco metros de ancho y unos diez de altura. En el centro una gran puerta de madera de dos hojas en blanco con las iniciales del propietario, ab, entrelazadas y hechas de oro macizo a modo de tiradores. A cada lado de la puerta había dos columnas de mármol blanco que sostenían un capitel triangular en el que había tallado una inscripción en árabe:

    “el pasado se fue, lo que esperas está ausente pero el presente es tuyo.”

    Una vez dentro del edificio, lo primero que vio fue una fuente en forma de estrella de ocho puntas alicatada con pequeñas losas talladas y diferentes colores que formaban distintas figuras geométricas, en el centro de un hall amplísimo para hacer recepciones. El suelo era de mármol negro que reflejaba como un espejo. La planta baja tenía forma de u. En el ala izquierda se encontraban las cocinas, el comedor y una gran sala de fiestas con dos grandes cristaleras desde las que se podía acceder al jardín y a la piscina. En el ala derecha estaba la biblioteca, una sala de proyecciones y un bar. Justo a la espalda de la fuente había dos escaleras semi circulares que subían a la planta alta. Entre las escaleras estaba el acceso a la parte cubierta de la piscina. En la parte de arriba se encontraban los diez dormitorios de que constaba el edificio junto a un gimnasio y la suite principal de más de cien metros cuadrados con jacuzzi y un ventanal con vistas al jardín y el mar. Tras toda esta ruta, nacho la llevó al garaje del jeque para que se pudiera deleitar con una colección más propia de la hemeroteca de una publicación de motor que de un particular.

    Éste se encontraba en la parte baja del edificio. Era una amplia sala con el suelo de losas alternas en blanco y negro que daba una sensación de pulcritud casi obsesiva. Cuando se encendieron todas las luces halógenas el brillo de aquellos automóviles era casi deslumbrante. La colección en sí consistía en:

    288 gto rojo, xj220 verde, eb110 azul, f-40 rojo, 959 gris plata, 911 turbo burdeos, countach rojo, diablo violeta, varios rolls royce, continental gt azul marino, vanquist verde, db5 gris, quattroporte vino tinto, alfa spider de la primera serie blanco y 8competizione rojo sangre. Solo alguien con una afición automovilística como ella podía apreciar tal acumulación de obras de arte.

    Por último estuvieron paseando por el amplio jardín con el mirador hacia la cala del acantilado. Ella le comentó que estaba un poco nerviosa por todo aquello. Todo se escapaba a su imaginación. Él le explicó:

    -cada vez que el jeque cierra un buen negocio se celebra una macro fiesta secreta. Los invitados son las partes firmantes y por supuesto en estas fiestas hay de todo. Por eso es imprescindible que todo lo que pase aquí en las próximas horas no salga de aquí. Sé que pedirte esto siendo periodista es difícil pero confío en nuestra amistad.

    Buscando los límites.

    Aquello parecía sacado de una película. Ella creía estar en medio de una alucinación. Creía flotar en el aire. Levitar. Parecía estar en estado gaseoso cuando se movía libremente entre toda aquella gente que la ignoraba por completo.

    En el ala derecha de la planta baja, junto a la pared de la sala de proyecciones. Vio al famoso director del banco que había financiado el negocio de la empresa del jeque justo dos meses después de que su banco hubiera sido rescatado. El tipo era muy grande. Alto, con el pelo blanco. Alrededor de 120 kilos, de unos sesenta y cinco años. Estaba desnudo y arrodillado ante un modelo italiano retirado de las pasarelas. Las fofas carnes blancas del viejo se balanceaban al ritmo que marcaba su cabeza yendo y viniendo a lo largo del miembro del otro. Transcurridos unos minutos se puso de pie contra la pared donde, no sin esfuerzo su amante le penetró el ano arrancándole un gesto de dolor. Durante unos minutos el modelo golpeó violentamente su pubis contra las nalgas del gordo quién se masturbaba al mismo tiempo. Todo acabó derramándose, uno dentro y el otro contra la pared. Esa imagen contrastaba en la mente de ella con la del mismo director bancario dirigiendo las juntas de accionistas que había visto en su informativo.

    Frente a la piscina y tumbado sobre un diván de cuero negro, el dueño de la empresa de maquinaria de extracción alemana se lo montaba con dos chicas. Una preciosa rubita sentada sobre su cara disfrutaba de un cunnilingus. La otra una pelirroja de enormes tetas le practicaba una felación. Su polla era enorme y la chica tenía dificultades para mamar. El viejo, era calvo, barrigón y prepotente. A sus setenta años y pese a tener un miembro de tamaño exagerado debía tomar viagra para mantenerla en pie. Tras conseguir hacer llegar al orgasmo a la rubia con su lengua, se incorporó. La pelirroja se sentó sobre él. Abrió sus piernas todo lo que pudo y comenzó a descender sobre el tremendo falo. Tiró de la chica fuerte hacia abajo, encajándola del todo hasta que los vellos negros de su polla se entrelazaron con la mata de rizos pelirrojos del coño de la joven. Ensartada por la polla del alemán se retorcía de placer. Mientras el viejo cegado por la lujuria mordía sin compasión los tremendos pezones de su amante hasta producirle un delicioso dolor.

    Sentado en un sillón de la biblioteca, el director del banco sostenía en sus rodillas a un joven brasileño de unos veintidós años a quién masturbaba con ganas hasta que se corrió sobre sus manos. El semen se le escurrió entre los dedos. Después le arrodilló en la butaca y le sodomizó con su gorda polla entre gritos y jadeos del joven.

    La gran piscina cubierta estaba tapada por una plancha de cristal sobre la cual los miembros de seguridad mantenían todo tipo de prácticas sexuales con los invitados al evento. Rubias modelos desconocidas eran enculadas por enormes hombres árabes de ββ. En otra zona, eran bellezas latinas de melenas azabaches y labios carnosos, las que cabalgaban a los americanos del cuerpo de seguridad.

    Filipa, la guapa comercial portuguesa de la empresa alemana se lo montaba con tres hombres a la vez en el ala derecha de la piscina. Era una joven rubia de ojos marrones y piel blanca, con unos labios que parecían dibujados. Pese a su aspecto frágil soportaba bien el castigo al que eran sometidos sus tres agujeros por parte de dos negros y el modelo italiano. Que cambiaba de acera según demandaba la situación.

    Toda esta escena. Una macro orgía. Estaba acompañada por una leve música clásica a través del hilo musical. Nadie sabía en qué momento dejó de sonar david guetta y comenzó a sonar pechelber. Las botellas de moët y dom perignon estaban por todos lados. En algunos casos vertidos sobre finas copas de cristal de bohemia y en otras sobre esculturales cuerpos que eran recorridos por bocas sedientas y lenguas hábiles. Para rematar, a lo largo de toda la estancia había varias ensaladeras pequeñas de plata brillante. Estaban sobre unas bandejas del mismo metal. Junto a éstas unos cilindros metálicos tallados con incrustaciones de piedras preciosas. El contenido de estos pequeños depósitos se utilizaba para mantener vivo el espíritu de la fiesta provocando en sus consumidores todo tipo de muecas, dilataciones oculares y alteraciones varias.

    Ella paseaba despacio, desnuda, observando cada una de éstas escenas por toda la amplia estancia. Sin un rumbo concreto. Notando como un calor subía desde su rasurado sexo hasta su cabeza provocándole una sensación de sofoco que solo se podía aplacar de una manera. Subió por una de las escaleras semi circulares de mármol descalza hacia la planta superior. El frío del suelo no impedía que su calentura siguiera en aumento. Dejó abajo la música clásica mezclada con los jadeos, gemidos y gritos de placer. Aquí arriba la imagen que vio no era menos excitante.

    Virginia, la comercial española de la empresa de maquinaria estaba tumbada sobre el director de finanzas del banco. La mujer era una pequeña morena de ojos negros, pómulos marcados, labios carnosos y cara de viciosa. El hombre era muy atractivo, de rasgos muy marcados y cuerpo atlético. Se miraban fijamente.

    Él llevaba sus dedos a la boca de Virginia. Quién los lamió, se los introdujo dentro de su boca. Luego los llevó a la entrepierna de la mujer donde un triángulo negro cubre el objeto de su deseo. Con una serie de movimientos despeja el camino y encuentra el clítoris. Con leves roces circulares la masturbó lentamente. La comercial llevaba un rato con el potente miembro del hombre en la mano, dándole placer. Al notar su presencia ambos la miran sin dejar de acariciarse. Virginia siente una oleada que le obliga a cerrar los ojos y echar la cabeza hacia atrás. El hombre gira la cabeza y le besa el cuello. Ella se da cuenta que allí tres son multitud y sigue con su paseo. Sus pezones se han puesto más duros y sus labios vaginales están muy mojados.

    Llega hasta la puerta de la suite principal. La abre sin pedir permiso. Lo hace lentamente. Allí se encuentra al “núcleo duro” de la fiesta. Nacho, su amigo de la infancia, cabalga a una joven de origen oriental por detrás mientras ésta le practica un beso negro a Andrea, la impresionante comercial alemana. Quién a su vez se introduce un enorme dildo por su vagina y se acaricia su clítoris. Al tiempo que Andrea llega a un orgasmo, la exótica oriental retira su boca del ano extrayendo con los dientes un fino cordón con unas bolas chinas que la alemana retenía en su interior. Lo que provoca que nacho acelere para correrse en el interior de la vagina de la china. La periodista observa todo esto de pie desde el marco de la puerta:

    -hombre, por fin. Te esperábamos –el jeque se acercó a ella desde un sillón en el que había observado toda la secuencia.

    -no sabía donde estabais –dijo de manera tímida la presentadora mientras miraba al jeque.

    Era un hombre muy alto y muy fuerte. Su pelo era negro igual que sus grandes ojos rasgados. Cara muy angulosa con una afilada barbilla. Una boca grande delimitada por unos carnosos labios y una sonrisa perfecta. Dientes blancos y perfectamente alineados. Su cuerpo fibroso y definido por horas de gimnasio. Le llamó la atención sus pectorales, con una areola muy grande y redonda. Con un pezón muy marcado que daban ganas de morder. Y por supuesto su enorme polla circundada. El jeque mirando a su alrededor y abriendo los brazos en señal de ofrecimiento le dijo:

    -estás en la mejor fiesta que puedas estar. Y estás invitada a disfrutar libremente de todo lo que te rodea.

    El hombre metió su mano derecha en otras de las vasijas de plata que también estaban aquí. Acercó su dedo meñique a la nariz de la mujer ofreciéndole una pequeña dosis de cocaína. Ella inspiró gustosa el polvo blanco. Jamás había probado algo tan bueno. Suspiró. El jeque rodeo su cara con sus manos y las enredó en su melena. La mujer notaba el pene atrapado entre los dos cuerpos. Lo sentía muy duro y el líquido pre seminal manchaba su abdomen.

    El hombre la tomó de la mano y se dirigieron a una gran cama con sábanas de seda. Tumbados, él recorrió su precioso cuerpo con la boca, mordiendo sus duros pezones. Descendió besando su ombligo para terminar lamiendo cada pliegue de su vagina ardiente. Abriendo con su lengua de fuego sus gruesos labios y provocándole un torrente de sensaciones que confluyendo en su clítoris le produjo un orgasmo tremendo. Al girar la cabeza pudo ver a ββ penetrando a una rubia que practicaba un 69 sobre una mujer negra. Ésta alternaba su lengua entre el clítoris de la blanca y los testículos del hombre. El jefe de seguridad, al correrse repartió su leche entre el coño de la rubia y la cara de la negra.

    Aún sin recuperarse del sexo oral, el jeque le ofreció una bandeja de plata. Sobre ésta, perfectamente alineadas, dieciséis rayas en dos filas de ocho cada una. El árabe hizo los honores y tras colocarse uno de los cilindros metálicos en su nariz, esnifó dos de aquellas líneas blancas, luego pasó consecutivamente por cada uno de ellos hasta que la bandeja quedó limpia.

    Andrea, tumbada en el suelo lamía el coño de la asiática que estaba sentada sobre la cara de la comercial y le comía la polla a nacho. Al otro lado de la habitación la pareja bicolor mamaban a dúo el descomunal miembro de ββ. Ella buscaba el poderoso miembro de su anfitrión, quién se dejó hacer estirado en la cama hasta que ansiosa por poseerle, la mujer se sentó sobre su polla y le cabalgó. La droga le proporcionaba un vigor y unas sensaciones inexplicables. Saltaba y movía la cabeza salvajemente:

    -sí, sí, dame cabrón –decía la periodista a gritos fuera de sí con las pupilas dilatadas –qué grande la tienes, joder –mientras arañaba el pecho de su montura.

    A su alrededor las escenas de sexo se mezclaban con gritos y gemidos. Uno de ellos fue el del jeque al eyacular en su interior. La excitación de la mujer estaba a un nivel desconocido y pidiendo guerra encontró la horma de su zapato. Hacia ella fue Andrea con cara de vicio llevando colocado un arnés con un pene de goma. Las mujeres se miraron y acto seguido se besaron. Sus brazos se entrelazaron en sus espaldas. Sus tetas se rozaban entre sí lo que les provocaba que los pezones se les endurecieran. La alemana consiguió meter el pene de goma en la vagina de ella. No era lo mismo que un hombre. Era frío y aunque la rubia se empleaba a fondo en el bombeo durante unos minutos, los movimientos no eran los de un hombre. Tras quitarse el arnés, entrecruzaron sus piernas y juntaron sus coños. Se acomodaron en una tijera perfecta para que sus clítoris se estimularan el uno al otro, lo que les llevó a un maravilloso orgasmo entre gritos y espasmos corporales.

    A lo ancho de la habitación se había montado una cadena humana. El jeque enculaba a la oriental a cuatro patas, quién le comía la polla a ββ que estaba tirado en el suelo. Mientras, sentada en la cara de éste estaba la rubia. Mamaba la polla de nacho quién sentado, a su vez, en una butaca le practicaba sexo oral a la negra apoyada con cada pie a los brazos del asiento y ofreciendo su coño a la boca del abogado español. La cabeza de ella iba a toda velocidad. Creía estar en un sueño donde las sensaciones se multiplicaban por mil. No sabía cuánto tiempo llevaba allí, bebiendo, follando y consumiendo cocaína.

    El negro la había llevado a otra habitación y la había penetrado con su tremendo cañón de veintisiete centímetros. Recordaba vagamente haber tratado de abrazar aquel bello cuerpo de ébano. Duro como una estatua tallada en mármol negro al tiempo que sus movimientos estaban haciendo llevar su glande a su cerviz. Su vagina no aguantaría semejante castigo, pensaba esto en el momento en que aquella serpiente morena escupía todo su veneno con un rugido. Lo que irremediablemente la había llevado a una situación de excitación mayúscula hasta provocarle un nuevo orgasmo.

    Transcurrieron unos minutos o quizás unas horas o tal vez unos días. En su estado de semi inconsciencia era incapaz de calcular el tiempo que llevaba allí. Era un juguete en manos de un gigante. Pudo notar como los gruesos dedos del ex marine americano hurgaban y untaban algún tipo de gel en su ano. Pero su cuerpo no reaccionaba a su mente. Permanecía inerte en la cama. Tumbada boca abajo. Todo lo que ocurría estaba en una nebulosa muy lejana. La voz del negro sonaba con eco y retumbaba en su cabeza sin sentido. De repente una sensación de frío se apoderó de su ano. Parecía como si le entrase una corriente de aire en lo que antes era hermético. Su cuerpo seguía sin responder a su cerebro. El hombre tomó su cuerpo por las caderas y lo acomodó en las rodillas, luego comenzó a sodomizarla. El dolor que sentía era inmenso. Aquel tío le estaba metiendo su pollón por el culo. Por fin su cuerpo respondió:

    -aaayy –gritó ella al tiempo que se incorporaba despertando de su inconsciencia.

    Ββ, paró un instante. La mujer seguía resistiéndose pero el hombre la agarró para evitar que se moviese. Con una mano, la sujetó por las muñecas a su espalda, con la otra le dio un tremendo cachetazo que enrojeció de inmediato uno de su glúteos antes de agarrarla por su cadera. Ella se tranquilizó y por fin pudo decirle:

    -despacio, ββ que me abres.

    Notaba como su agujero se había dilatado para abarcar el inmenso trozo de carne. El gel frío había hecho su efecto. El hombre se dispuso a comenzar un lento bombeo contra el inexperto ano de la periodista:

    -aaahhh, cabrón –su hilo de voz era casi inaudible.

    Trinchó los dientes y hundió su cara en la almohada tratando de soportar el dolor. El jefe de seguridad le soltó por fin las manos y se agarró fuerte a las sabanas para soportar otro tremendo castigo. Su dilatado ano engullía como podía aquella barra de acero que taladró sin compasión durante unos eternos minutos sus pliegues intestinales antes de verter en ellos sus últimas reservas de semen.

    Tras esto cayó rendida boca abajo y se durmió.

    No fue un sueño

    Cuando nacho la despertó de manera brusca apenas llevaba durmiendo un par de horas. Sobre las ocho de la mañana después de que los efectos de las sustancias fueran desapareciendo y la fuerza de ββ hiciera mella en su físico cayó rendida sobre el amplio colchón:

    -vístete, hay un coche esperando para llevarte al aeropuerto. –su amigo nacho le hablaba de manera imperativa.

    Ella estaba completamente desnuda y sintió algo de pudor ante su amigo, aunque éste no le prestaba atención. Se movía nervioso por la estancia y parecía intranquilo. Pero bueno, pensó ella, con lo que se habría metido durante la juerga lo mínimo que debía estar era un poco nervioso. La mujer se vistió y tomó su pequeño trolley. Se encontraba tan cansada que tan solo se lavó la cara y se colocó sus grandes gafas de prada para cubrir su rostro sin maquillar. Se movía de forma autómata, casi zombie. Incapaz de recordar con claridad nada de la noche anterior. Tenía un fortísimo dolor de cabeza. Notó algo de jaleo en la casa y nacho le metía prisa para que fuera al coche. Ella estaba algo desconcertada pero en su estado de somnolencia, era incapaz de rebatir nada y actuaba según le ordenaba su amigo. Cuando llegaron a la puerta del palacio había un mercedes clase s negro con las lunas traseras tintadas esperándola:

    -luego te llamo, guapa. No te preocupes por nada –y le dio un beso en los labios.

    La periodista no sabía como interpretar nada de todo aquel despertar tan raro. Durante el trayecto dio un par de cabezadas. Necesitaba dormir. La noche había sido demasiado de todo… Larga, sexual, viciosa,… Y ahora necesitaba dormir.

    Cuando llegaron al aeropuerto, bajó del coche con su pequeña maleta y se dirigió a la zona de embarque. Recordó que nacho le había dicho, en algún momento desde que se despertó que tenía una reserva para el vuelo de las 11,30 hacia Madrid. Ella no se preocupó en cómo se había conseguido tan rápido y solo pensó lo poderoso que es “don dinero” y que el jeque lo tenía por castigo. Mientras esperaba la hora del embarque, se acercó a una de las múltiples cafeterías del aeropuerto y pidió un café solo. Al oírse la voz le pareció de ultratumba y pensó que así no podría presentar un informativo. De repente un pellizco en el estómago le hizo temer que fuese lunes y tuviera que aparecer por la televisión. Se tranquilizó al ver en el reloj de la cafetería que era domingo. Había perdido por completo la noción del tiempo. Recordaba el informativo del viernes en valencia como si hubiera sido una semana antes. Volvió a dormir durante la hora y media de vuelo entre son sant joan y barajas pero no fue suficiente. Así que cuando el taxi que la trasladó desde el aeropuerto madrileño la dejó en su casa a las dos de la tarde lo único para lo que tuvo fuerzas fue para tirarse en su cama y dormir.

    Al despertar todo estaba en silencio y a oscuras. No lograba ubicarse. Estaba cansada. No sabía cuánto tiempo había dormido. Giró la cabeza hacia un lado y vio el despertador digital. Eran las nueve de la noche. Hizo un cálculo mental y dedujo que había dormido durante siete horas y aun así se sentía cansada. Se incorporó, de repente algo dentro de su cabeza rebotó contra las paredes de su cráneo produciéndole un pequeño mareo y un resacoso dolor. Cerró los ojos y trató de recordar. Todo estaba un poco confuso. Decidió que lo primero sería darse una ducha para despejarse y cenar. Tenía mucha hambre. Entonces se dio cuenta de la cantidad de horas que llevaba sin comer. La última vez que probó bocado había sido durante el banquete en el palacio del jeque el día anterior.

    Salió de la ducha desnuda, tan solo envuelta en su albornoz verde y con su melena mojada, conectó la tele para ver las noticias y comenzó a prepararse una tortilla de patatas. Seguía muy confundida por todo lo ocurrido. Era incapaz de diferenciar que había sido real y que había soñado en las últimas cincuenta y seis horas. Desde el viernes a las dos de la tarde cuando terminó el informativo en valencia y su amigo nacho vino a verla hasta ese momento, domingo diez de la noche en la cocina de su casa en Madrid. La ingesta de alcohol le había provocado lagunas mentales que difícilmente recuperaría y el consumo de cocaína había acabado con algunos miles de sus pobres neuronas. Tenía claro que había estado en la mayor fiesta de su vida con todo tipo de personajes y todo tipo de sustancias. Pero en qué cantidad había hecho uso de todo eso no lo sabía. Seguía pensando que buena parte de lo recordado no le había pasado. Y que la falta de sueño le provocaba esta sensación. Mientras se terminaba la tortilla tuvo que tomarse un analgésico para su resaca que persistía martilleando sus sienes. Tenía la boca pastosa y el interior de su cabeza se movía con cada movimiento. Mientras rebuscaba en el armario de las medicinas una noticia en el informativo que sonaba de fondo en su televisor llamó su atención. Con la caja de analgésicos en la mano se dirigió al aparato para subir el volumen:

    “cambiando de asunto. Una joven valenciana ha presentado una denuncia por presuntos abusos sexuales contra el hijo del jeque al bhasud. Al parecer los hechos se produjeron en el palacio que la familia árabe posee en palma de Mallorca donde la joven valenciana fue invitada a una fiesta privada por unas amigas. Según declaraciones de la joven a la guardia civil, fue aturdida con algún tipo de sustancia y posteriormente violada. Se han abierto diligencias para aclarar los hechos. Hay que recordar que la familia árabe al bhasud posee una de las grandes fortunas del mundo petrolero y poseen varios palacios repartidos por el mediterráneo, uno de ellos en Mallorca donde presuntamente se produjeron los hechos…”

    Tras oír esto, ella sintió un escalofrío recorrió todo su cuerpo erizándole todo el vello de su piel. Comprendió que nada de lo recordado había sido un sueño. También comprendió la actitud de nacho y la celeridad con que fue evacuada de allí. No sabía muy bien si enfadarse con él por haberle llevado a la fiesta o agradecerle que le sacara de todo aquel lío. Empezó a temer si alguno de los invitados la habría reconocido y aparecería su nombre en aquel desagradable asunto de la chica violada.

    Frente a la tortilla de patatas, pensó que había llegado demasiado lejos. Desde que lo dejara con pedro, su actitud le había llevado a cometer excesos. Drogas, sexo, alcohol. Se planteó su actitud desde un punto de vista responsable. Ella siempre había odiado la maldita frase “…ya no tenemos edad…” Y ahora dudaba de sí misma y sus principios. En el último año se había tirado a cuantos tíos se le habían puesto a tiro sin importarle nada de nada. Siempre que podía se había corrido unas juergas cada vez más locas. Pero ahora se planteaba si esto sería una actitud responsable ante los demás y ante ella misma. Se preguntaba si la respetaría la sociedad teniendo en cuenta su actitud promiscua e irresponsable. Por mucho que le jodiese la frase, a sus cuarenta y tantos no podía comportarse como una veinteañera rebelde. Una sensación de pesimismo y depresión la embargó.

    Recordó que todavía tenía el móvil apagado desde el viernes cuando embarcó rumbo a Mallorca. Lo encendió y marcó el número pin. Se mantuvo con él en la mano y la mirada perdida en el suelo. En un instante comenzó a sonar el pipi-pipi de los whatsapp de entrada. Durante unos minutos, no paró de sonar en su mayoría del grupo la mafia, que tenía formado con sus dos amigos, Eva y pablo y bautizado así en referencia a la discoteca de andorra. También los había personales, de Eva, de pedro, su ex, de su madre. Abrió el último de Eva:

    “tía ¿dónde te metes? Estamos preocupados. ¿Por qué no contestas? Llámame.”

    Todos eran por el estilo. Todos se preocupaban por ella. Incluso pedro su ex. Entonces se dio cuenta que la gente a la que le importaba no la iba a juzgar por su promiscuidad. Sino que se iban a preocupar por su bienestar. Se tendría, por tanto, que replantear sus desfases irresponsables como este último de Mallorca. Pero seguiría disfrutando del sexo. Ella siempre lo había visto como una diversión. Como la mejor diversión. Y el mundo estaba lleno de gente con quién poder divertirse. Se sintió reconfortada consigo misma. Buscó en la agenda del móvil el número de Eva y se dispuso a llamarla para darle explicaciones de su desconexión…

  • El segundón

    El segundón

    Primer relato producto de mi imaginación y segundo de mi autoría, inspirado en muchas cosas, escenas de películas, libros, experiencias, etc. De todo un poco. Espero les guste, aunque a mi no me convence.

    “Es que nunca se te va a arreglar esa cara?, si no te molesta, podría hacer una colecta para hacerte un tratamiento, ya que al estar becada supongo que tus padres no tienen ningún centavo para pagártelo.”

    Y esa era una nueva frase hiriente que le hacía Javier a Lucía, como casi todos los días en el colegio. Y es que Lucía sufría muy a su pesar, de acné en el rostro pero de manera muy severa, lo que le producía un complejo aún mas grave, volviéndola retraída y antisocial, no tenía casi ni fuerzas para defenderse algo de las ofensas constantes que recibía por parte de Javier, el chico mas guapo de la promoción, pero el mas horrible de carácter.

    Javier parecía no cansarse de molestarla, todos los días le ponía apodos o le hacía bromas de mal gusto mientras los de su alrededor le celebraban sus tonterías, sobre todo las chicas que babeaban por él, todas menos una, la víctima de sus maltratos.

    En efecto, Lucía era becada, por si fuera poco a su problema facial, su familia era de muy pocos recursos, pero gracias a su gran desempeño académico, logró obtener una beca completa en esa escuela privada.

    Quizás ese era uno de los motivos del constante acoso de Javier, ya que aunque no lo crean, él también tenía un gran desempeño, pero siempre estaba segundo, siempre detrás de Lucía, por mas que se esforzaba y estudiaba, no lograba superar las notas de Lucía, y eso lo consumía por dentro, ya que su familia, sobre todo su padre, un importante empresario del país, lo presionaba hasta el cansancio para que llegue a ser número uno en todo, cosa que lo lograba sin problemas hasta que llegó Lucía hace dos años por traslado.

    Dadas las circunstancias, Javier era constantemente denigrado por su progenitor, recibiendo frases como “yo no quiero fracasados en la familia” “eres una vergüenza” “vas a ser un puto mediocre”. La frustración en su hogar lo trasladaba al colegio y descargaba su furia contra Lucía.

    Había días que lo hacía tanto que terminaban en la dirección del colegio, donde a veces se encontraba con la madre de Lucía, la señora Ester, que lo miraba con odio al chico, igual su hermano Juan, pero este a pesar de tener un año mas, no podía hacer nada dado que tenía notoria desventaja física, y solo recibiría una paliza por parte de Javier. Por otro lado, este no tenía temor, y solo escuchaba con la mirada al techo las riñas suaves que le daban los profesores, ya que estaba consciente de que nunca se atreverían a suspenderlo y menos expulsarlo, dado su rendimiento y el temor que le tenían a su padre.

    Lucía, a pesar de ser retraída y anti social por su complejo, por dentro era fuerte, soportaba en silencio los ataques de Javier, y se consolaba diciendo a si misma que pronto acabarían el colegio y esperaba nunca mas verlo. De todas formas, no entendía por qué la trataba tan mal, y no podía evitar odiarlo.

    Javier por otro lado, su buen rendimiento no se limitaba a los estudios, era también capitán del equipo de fútbol y también sobresalía en las artes amatorias, que sumada a su belleza corporal, tenía un don de cortejo que le daba buenos resultados. Ya se había acostado con las mas lindas de su promoción y algunas de promociones mayores. Incluso pudo disfrutar de 2 chicas a la vez.

    “oh si Javier, que rico!!!”, decía una de las chicas de la promo mientras estaba en 4 patas recibiendo los embistes del muchacho, que le daba con una potencia envidiable, y hacía que las ricas tetas de su compañera se sacudan con fuerza. Era su posición favorita, porque mientras la embiste puede contemplar su anito mientras le va introduciendo uno, dos y hasta tres dedos con saliva.

    Luego sin decir nada ni pedir permiso saca la verga lubricada de la vagina y la dirige al agujerito antes manipulado, para luego presionar lento pero sin pausa.

    “Ah!, despacio por favor! Uf!”, sufría la chica al comienzo para luego gozar del morbo de sentirse una puta barata y de poder complacer a su hombre.

    La velocidad de embiste se incrementaba hasta que ella temblando tiene un orgasmo fulminante seguido de sentir toda la leche de Javier llenándole el recto.

    Luego del acto, Javier no las maltrataba, pero su conducta era fría y las despachaba rápido. Ellas no reclamaban mucho porque estaban súper contentas de hacerlo con el más popular del colegio.

    Pasó el tiempo, sin muchas novedades, los ataques seguían en proporción a la frustración de Javier, hasta que se hizo el fin de año.

    La graduación fue una fiesta de lujo, todos contentos, menos Javier ni Lucía. El primero por no terminar como primero y la segunda por la frustración de no poder disfrutar como una persona normal, ya que tanto por dinero como por no tener amigos, ni se apareció por ahí.

    Javier por el contrario, estaba, y era el más asediado, pero por dentro se sentía derrotado.

    “En la universidad será diferente” fue el pensamiento que se leía en la mente de ambos ex escolares.

    Nuevos vientos.

    El padre de Javier era como ya se dijo, un importante empresario, principalmente de la construcción. Proyectos enormes de todo el país tenían la marca de su empresa.

    Javier comenzó a estudiar ingeniería civil por presión de su padre, y este, aunque quería mandarlo a la mierda constantemente, nunca consiguió el valor suficiente para hacerlo.

    Inició su carrera en una de las universidades más caras, los primeros ciclos los llevó en la mañana de forma sobresaliente. Luego a mitad de carrera comenzó a estudiar en la tarde. Demás está decir que ya se había beneficiado de algunas chicas de la facultad, y digo algunas porque esa carrera no era famosa exactamente por tener lindas muchachas.

    “Slurp slurp mmm” eran los sonidos de una amiga mientras le hacía una deliciosa mamada en una de las cabinas de un baño de hombres apartado de las facultades.

    Cuando dejaba de chupar, se dedicaba a lamer el tronco, los testículos uno por uno con gran dedicación, para volver lamiendo hasta llegar al glande, saborear el líquido pre seminal y volver a meterlo en su boca.

    Javier miraba embelesado como se la comían con gran dedicación.

    La felación duró casi 10 minutos hasta que Javier cogió su cipote por el tronco agitándolo con la mano derecha mientras con la izquierda le agarró el pelo a ella para jalarlo un poco para atrás. Poco después comenzó a largar varios disparos de leche por toda la cara de su amante de turno, mientras esta la recibía con la boca abierta todo lo que podía saboreando cada instante. Luego mientras ella le limpiaba con la lengua los restos de semen en su verga, Javier la acariciaba como si fuera una mascota con su dueño. Pero al final, como siempre, bastaba con un “adiós” para terminar el momento.

    Cuando comenzó a llevar cursos por la tarde, en una de las clases al entrar a buscar sitio por la mitad del salón que era donde se sentía más cómodo, se encontró con alguien que nunca esperó volver a ver.

    Era Lucía, estaba diferente, pero sin duda era ella. Seguía con acné, pero era considerablemente menor cantidad, tenía lentes, estaba con una media cola, una blusa ceñida que dejaban contemplar la forma de unos bonitos senos, y también jeans lo suficientemente apretados como para contemplar unas lindas piernas.

    No podía creerlo, de nuevo se encontraba con su némesis, alguien que le causó tanta frustración, tanto maltrato por parte de su padre. Su semblante cambió por completo, así como el de Lucía cuando se dio cuenta que alguien la miraba y darse cuenta quien era.

    Lucía se puso pálida y hasta se le aguaron los ojos, no podía creer que volvía a estar en esa situación, pensó que iba a vivir otra vida, su padre le había regalado un humilde auto de segunda mano, hizo algunas amigas, estaba encaminada, pero de pronto todo se desmorona por tener al frente al tipo que detestó tanto.

    Javier se sentó a la carpeta a lado de ella, mirando ambos al frente.

    “Que haces aquí?, que no te alcanzó llevarme a la humillación en el colegio?, quieres quitarme acaso el puesto que merezco aquí también?”, dijo Javier de pronto.

    Lucía no entendía por qué le comenzó a decir eso, ella solo iba a estudiar, si se le daba mejor los resultados que a él, no era su culpa, por que tenía que sentirse mal por eso?

    Lucía no dijo nada, se mantuvo callada, cogió sus libros y se retiró del aula ante la mirada discreta del profesor, tampoco era raro ver a algún alumno salirse en plena clase.

    Comenzó a caminar rápido por el pasillo hasta entrar en el baño y meterse en una de las cabinas. No pudo evitar llorar, de rabia, de su cruel destino, de tener que sufrir la pesadilla de nuevo, una pesadilla llamada Javier.

    Decidió no afrontar de nuevo el problema, aquello la superaba, lo hacía antes y lo haría ahora. Decidió cederle el puesto, bajaría su rendimiento para que su promedio sea menor al de él, así ponga en riesgo su futuro profesional, no quería vivir de nuevo esas terribles humillaciones.

    Fueron pasando las semanas, y Lucía cumplió el trato hecho con ella misma, la universidad tenía la política de publicar los promedios de cada curso en la intranet, que no pasó desapercibido por Javier, que por momentos se sintió mejor, el primer puesto seguía en su poder, Lucía estaba en segundo y hasta a veces tercer puesto, pero algo no le cuadraba, es que al final se pudo imponer?, no, algo andaba mal, pero no quiso averiguarlo por el momento, aunque le afectó en el ánimo, debía sentirse bien, pero por alguna razón, no lo hacía, por qué?

    La triste estrategia de Lucía dio frutos. Javier no le hablaba, no la insultaba ni la ofendía, pero la miraba, a veces mucho, y eso la mantenía en constante tensión, tanto que se volvió a aislar, ya casi no quedaba con sus amigas y se fue quedando sola.

    Lo que también pasó es que su beca completa se comprometió, y si, también era becada, así que tuvo que buscar un trabajo de medio tiempo porque le retiraron un tercio de la beca y necesitaba cubrir gastos, todo fuera del conocimiento de sus padres.

    Lo que no pasó desapercibido para ellos fue el cambio de conducta de su hija, volvían a ver a la escolar retraída. Su madre se acercó para hablar con ella, y a pesar de las continuas manifestaciones de Lucía de que todo estaba bien, le seguía insistiendo.

    Para mala suerte de Lucía, su madre un día averiguando el horario de salida en la universidad fue a tentar suerte en encontrarla sin avisarle. Lamentablemente para ella no tuvo suerte, no la encontró, y justo cuando estaba por retirarse, lo vio salir.

    No podía estar equivocada, era él, ese miserable que le hacía la vida imposible a su hija. Ahora creyó comprenderlo todo, ya sabía el por qué del cambio de actitud de su hija.

    Sin poder controlarse se acercó hacia el joven y le habló fuerte en frente del grupo que la acompañaba:

    “Deja en paz a mi hija!, esta vez no te voy a permitir hacerla sufrir!”

    Javier se quedó en shock por un instante, no sabía bien a que se refería la señora, hasta que la pudo ver bien y la reconoció. La mamá de Lucía, con la que algunas veces se encontraban en la dirección de colegio. La miro fijamente con una ligera sonrisa.

    “Señora no sé de qué me habla, y por favor no me vuelva a amenazar porque se puede arrepentir, sabe muy bien quien es mi padre, aquí por fin se dio el orden natural de las cosas como siempre debió ser”

    “Me importa un cuerno quien sea tu padre, te repito, deja en paz a mi niña, es la última vez que te lo digo”

    Luego de esto la señora salió rauda hasta su casa para hablar con su hija.

    Javier se quedó parado sin saber cómo reaccionar. La furia en los ojos de la señora no lo había visto más que en los de su padre cuando le gritaba.

    Pensaba en la razón por la que la madre de Lucía lo había encarado así, si no le hablaba, solo la veía, la veía en silencio, con un interés que no sabía traducirlo, quizás por el hecho de que ella ya no lo superaba, quizás porque la veía diferente físicamente, quizás sea por culpa, culpa?, por qué?, él era sobresaliente y competitivo, si ella no podía con la presión de la competencia entonces no merecía que él se sintiera culpable.

    “Así que Lucía fue a acusarle a su madre de algo que ya no hacía, pues bien, si quiere joderme, la joderé el doble”

    Confrontación

    La madre de Lucía llegó a casa pero no la encontró. Entró a su cuarto y comenzó a rebuscar en sus cosas de estudio. Encontró exámenes de varios cursos, la mayoría con notas buenas pero no tan buenas como cuando comenzó ese turno en la universidad, encontró una notificación de esta indicando su recategorización, también documentos de una empresa de medio tiempo. “Porque sucumbe ante los ataques de ese miserable?, eso no lo voy a permitir”.

    Cuando Lucía llegó, encontró a su madre sentada en la mesa mirándola fijamente.

    “Lo sé todo Lucía.”

    “Se dé lo de tu recategorización por bajar el promedio, se lo de tu nuevo trabajo y se sobre Javier.”

    Lucía se quedó paralizada, bajó la mirada y se le aguaron los ojos.

    “Esto se termina ya mismo Lucía!, no voy a dejar que vivas la vida así, sufriendo y dejándote, tu padre y yo dejamos que eso nos pase en parte, pero tú tienes que salir adelante, ya no puedes estar agachando la cabeza. Si no reaccionas ahora, esto te perseguirá por el resto de tu vida. Tú puedes hija por favor”, seguido de esto, su madre cayó de rodillas y rompió en llanto.

    Ver a su madre llorar así frente a ella, la rompió por dentro. Todo este tiempo, sus padres y hermano se rompían el lomo trabajando para llevar un pan a la mesa, y ella no lo valoraba, solo se refugiaba en su mundo sin ver el esfuerzo de los que mas quiere en la vida. Ella es la única que pudo estudiar, ella es la esperanza para que las cosas cambien en su familia, ella tiene que cambiar, ya basta de esconder el rostro.

    “Es mejor mandarse que estancarse” dijo Lucía.

    Su madre levantó el rostro al escuchar eso de su hija. Lucía se arrodilló con ella y la abrazó mientras caía una lágrima por su mejilla.

    “Perdóname mamá, todo este tiempo fui una egoísta, no pude valorar su esfuerzo, mientras me dedicaba a rendirme. Pero no te preocupes, eso se acaba hoy, te juro que nunca mas voy a dejar que pasen sobre mi ni de mi familia, los quiero tanto, perdóname por favor”

    “No tengo nada que perdonarte hija, tú siempre fuiste especial, y no supe ver tu sufrimiento, disculpa esta escena que te hice pero es que me mataba por dentro verte así y no saber como ayudarte”

    “Ya no te preocupes por nada mamá, ten paciencia, todo cambiará para bien desde hoy”

    Madre e hija se abrazaron sonriendo en el centro de su diminuta sala. En ese momento se abrió la puerta y se apareció su padre y su hermano que venían de trabajar, las miraban no entendiendo nada. Ellas al darse cuenta se secaron las lágrimas y se fueron a abrazarlos riendo. Ellos se dejaron abrazar y mirándose entre ellos confundidos, solo dijeron “mujeres”.

    Después de un rato, ya a solas, Lucía contó todo a su hermano ya que era su único amigo y confidente.

    “Tú dime si necesitas ayuda, podré ser mas chico que ese imbécil, pero aprendí a pelear muy bien, si te molesta de nuevo, me dices”

    “No te preocupes hermanito, se como tengo que actuar y esto debo resolverlo sola”

    Su hermano aunque intranquilo, decidió confiar en su hermana. Igual, aunque se dé la oportunidad, seguía estando en desventaja con Javier, ya que este aparte de medir 1.85, practicaba mucho deporte entre los cuales estaba varios de box y artes marciales, destacando en todos ellos.

    Al día siguiente en la universidad, entró al salón y vio a Javier sentado donde solía hacerlo, vio un sitio libre a lado de él y fue hasta ahí a sentarse.

    Javier la miró extrañado, ya que ella siempre lo evitaba cada vez que podía. Tenía un temple diferente, incluso en su vestimenta, un jean ajustado donde esta vez si pudo apreciar una bella anatomía, cosa que sorprendió a Javier. Lucía se sentó y se giró hacia él.

    “Solo vengo a decirte que las cosas van a cambiar, volverás a ser mi segundón, pero te advierto que en caso quieras volver con tus acosos, ya no te enfrentarás a la misma Lucía de antes porque esa ya murió”

    Javier la miró fijamente como tratando de descubrir ese repentino cambio.

    “Así que no solo bastan las amenazas de tu mamá, si no que ahora tú con aires de lo que nunca serás, me amenazas también. Por favor no seas igualada que no va contigo, vuelve a tu hueco donde siempre estuviste si no quieres quemarte mas, sobre todo de la cara”

    Por un momento, Lucía no reaccionó, su madre no le había dicho que había hablado con él, pero mantuvo la calma, y sonrió.

    “Del hueco donde estuve solo me traeré esa parte donde te dejaba segundón, al cual vas a regresar pronto” dijo Lucía para luego mirar al frente a atender la clase.

    Javier cambió la cara, no puedo evitar apretar los dientes, si pasaba lo que pasaba, no quería imaginar regresar al tormento que le hacía pasar su padre, todos los comentarios denigrantes y ofensivos, su madre mirándolo como una decepción, todo volvería. Pero por alguna razón, también algo se prendió en él, algo se avivó.

    Consecuencias

    Pasaron las semanas y el promedio de Lucía se acercaba “peligrosamente” al de Javier. Este comenzó a sentir miedo, mucho miedo, pero también sentía su corazón latir como nunca. Digamos, si nos queremos poner frikis, se sentía como Gokú del anime Dragon Ball, quien tenía miedo cuando se enfrentaba a adversarios mas fuertes que él, pero a la vez su corazón saltaba de la emoción.

    Contra lo que Lucía esperaba, Javier no la acosaba como en el colegio, pero si se le acercaba a retarla.

    “Ni pienses que con tu discursito de Juana de Arco, dándote ánimos para salir adelante, vas a cambiar de sitio, ya no estamos en el colegio, te darás cuenta que a mayores retos no estarás a la altura, tu mediocridad irá creciendo y terminarás trabajando en un empleo de medio pelo”

    “Exacto, ya no estamos en el colegio, y sobre Juana de Arco, no pienso terminar como ella. Tú sigue gozando de tus 5 minutos, que se te acaba el tiempo. Aunque acepto que al principio seguro tendrás un mejor trabajo que yo en la empresa de papi, no?”

    Javier sonrió, y no por mostrar superioridad, si no por que realmente le dio gracia, aunque seguramente era la verdad, su padre lo iba a poner contra su voluntad en un buen puesto, pero contrario a muchos que estarían ilusionados, para Javier no era así, pensar de tener que rendir cuentas a su padre, por mas que gane lo que gane, por mas que se convierta en un ejecutivo joven y exitoso. A Javier eso lo carcomía por dentro, cosa que se notó en su rostro.

    Miró fijamente a Lucía y se fue a otro lado del salón. Ella por un momento se extrañó de su reacción, pero no le dio importancia y siguió en lo suyo.

    Pasó un poco mas de tiempo y se acercaban los finales. El profesor mandó el trabajo final, el cual advirtió que se calificarán por ranking, es decir, no habrán empates, solo habrá una máxima nota al mejor proyecto. Si Lucía ganaba, lograría superar a Javier en el promedio final.

    Ambos se concentraron al máximo, sólo tenían una semana para presentarlo y exponerlo. Las amigas de Javier estaban al tanto de quienes estaban luchando el primer lugar, y deseaban con ansias que Javier ganara, sobre todo una, María, que estaba encantada con él.

    Con María tuvo un par de encuentros donde hicieron de todo. Pero ya hace varias semanas que ya no pasaba nada, cosa que la inquietaba. Así que se propuso hacer algo para que se vuelva a fijar en ella, y lo mejor que pudo pensar es asegurar su victoria en el proyecto.

    Lucía estaba mucho en la universidad usando todas las herramientas posibles para lograr su objetivo, a su casa solo iba a dormir. Su madre estaba mas tranquila por que vio el cambio en su hija, se sentía feliz.

    Javier, cuando tenía oportunidad la veía de lejos, de pies a cabeza, su acné ya cada vez era menos, tenía un muy bonito cuerpo, y se preguntaba si sería por el ejercicio o por genética. Pero donde mas miraba era su rostro, nunca se había detenido a ver sus ojos grandes, café oscuro, cabellera negra y larga, unos lentes ovalados que le daban un aire muy sexy. Se sorprendió pensando esas cosas, su corazón latía, “que mierda me pasa?, concéntrate en lo tuyo!”.

    El día de la presentación, Lucía estaba finiquitando detalles en su trabajo en la biblioteca, usando la computadora que estaba ahí ya que ella no tenía una portátil. Mientras lo hacía, no daba cuenta que alguien la miraba de lejos con malicia, era María.

    Con complicidad de esta, un amigo comenzó a hablarle a Lucía sobre un grupo de la universidad sobre labores sociales, cosa que la distrajo un momento de sus cosas que ya estaban listas con el computador apagado. Esto fue aprovechado por María, que pasando a lado, discretamente le cambió el USB sin que Lucía se diera cuenta. Los USB que usaban en la universidad eran standard, era costumbre por que los vendían dentro, eran buenos y baratos y casi todos lo usaban.

    Lucía fue al salón a esperar su turno, Javier ya estaba ahí algo nervioso pero sereno. Cuando vio entrar a Lucía, ambos se miraron a los ojos por un momento. Javier le sonrió, cosa que Lucía lo intuyó como de burla, pero fue una sonrisa involuntaria que le salió, cosa que Javier inmediatamente dejó de hacer sintiéndose un poco estúpido, esa mujer lo comenzaba a poner nervioso sin saber por que.

    Cuando le llegó el turno de Javier, todos quedaron deslumbrados, incluyendo los 2 profesores que calificaban. Tuvo soltura al hablar mientras explicaba los planos estructurales, tema central del proyecto. Cuando terminó, por supuesto lo aplaudieron y los profesores lo felicitaron, siendo el tormento de los alumnos que le sucedían en turno ya que sus trabajos se verían peor de lo que estaban, pero Lucía lucía (valga la redundancia) tranquila, incluso con una pequeña sonrisa, no pudo evitar darle crédito a ese cretino, su presentación fue muy buena.

    Cuando le tocó el turno a ella, salió confiada y con la cabeza en alto, comenzó su exposición de gran forma dejando rápidamente sorprendidos a los profesores y alumnos, pero cuando abrió el archivo de los planos estructurales (por norma los nombres de los archivos eran iguales seguido del nombre del alumno), la enorme pantalla mostró el dibujo de un hombre de espaldas mostrando las nalgas, cosa que hizo estallar de la risa a todo el salón, menos a Javier y Lucía que no podían reaccionar de la sorpresa.

    “Que significa esto señorita?!!, es acaso alguna clase de broma??!!”

    “No profesor, no sé lo que ha pasado, yo tenía mi trabajo aquí, listo!”

    “Pues yo lo único que veo es una tomadura de pelo. Retírese y ruegue que el área de disciplina no la suspenda o la expulse”

    Lucía estaba devastada, no entendía que pudo haber pasado, si ella lo tenía todo listo hace un momento, hasta que recordó la biblioteca, el chico que la distrajo y una mujer que en ese momento se retiró de ahí. Volteó hacia la clase, mientras todos reían y se encontró con la de Javier que la miraba serio. Ella se acercó hasta él.

    “Debí darme cuenta que seguías siendo la misma basura de siempre, que mi impresión de una competencia limpia era solo eso, tenías que volver con la mismo, eres un cobarde. Pues ganaste, deberías estar contento”

    “Lucía, yo no…”

    Pero Lucía dio media vuelta y salió del lugar, donde saliendo de este, le comenzaron a brotar las lágrimas de impotencia y frustración, las mismas que le salían en el colegio. “Pero yo ya prometí que cambiaría, no me voy a dejar amilanar por nadie”

    Javier no entendía nada, hasta que María se le acercó sonriente junto con otras amigas, se le colgó del cuello felicitándolo por su triunfo, diciendo que estaba segurísima que lo iba a lograr.

    La miró a los ojos.

    “Que hiciste María?”

    “Bueno, digamos que ayudé un poco a que esa zorrita se mantenga en el lugar que le corresponde y no sea igualada, así que le cambié el USB jajaja”

    Javier la miró con una furia inusual.

    “Yo no necesito ayuda para ganar entiendes?, dame ese USB!”

    “Pero Javier yo solo…”

    “Que me lo des!!”

    María se lo entregó asustada, no entendía por que se enojó tanto, si él siempre mostraba odia hacia esa chica.

    Javier fue corriendo a buscar a Lucía desesperado, fue por todo lado pero nada. Buscó suerte fuera de la universidad y la vio a lo lejos subiendo a su auto, y por mas que corrió gritando no la alcanzó, así que paró un taxi haciendo que lo siga y la alcance, que le pagaba el doble.

    El taxista fue raudo fruto del incentivo, pero iba a ser complicado por que se acercaban a la autopista. “Señor, ese auto no lo veo bien, va muy rápido” dijo el señor taxista. “No puede ser, cuidado Lucía, cuidado” pensó Javier.

    Como si fuera un augurio, al entrar a la autopista, un camión cambió repentinamente de carril hacia donde entraba Lucía, produciendo un inevitable choque que hizo dar vueltas de campana al auto de Lucía quedando de cabeza. Javier hizo parar al taxista seguido de los demás autos detrás.

    “Lucíaaa!” gritó desesperado Javier.

    Al llegar al lugar vio con horror que el coche se comenzó a incendiar. Sin dudarlo se metió por el vidrio roto hasta donde estaba ella, quien estaba semi inconsciente de costado sangrando de la frente y el labio.

    Javier inmediatamente comenzó a forcejear el cinturón de seguridad pero estaba atascado. Ante el movimiento, Lucía recobró la conciencia y lo vio frente a ella.

    “No me toques imbécil!! lárgate de mi vista!!! lárgateee!” seguido de varios golpes en el rostro y cabeza que eran soportados por él mientras luchaba con el cinturón.

    “Lucíaaa tengo que sacarte del auto, cálmatee!”

    Lucía reaccionó recién donde estaba y todo el humo llamas que se veían alrededor de ellos, se asustó mucho, pensó que era su fin.

    Javier seguí jalando con todas sus fuerzas pero no cedía.

    “Ya vete, no hay nada que hacer, vete, esto va a incendiarse en cualquier momento”

    “Nooo, nunca, te sacaré de aquí así sea lo último que haga!!”

    El fuego iba avanzando ya haciendo aparición por el lado de Lucía. Javier al ver esto se puso encima de ella para protegerla con su cuerpo, sintiendo un gran ardor en la espalda por el fuego, pero sin dejar de jalar con todas sus fuerzas.

    Y de pronto cedió, el cinturón cedió. Inmediatamente cogió a Lucía primero de los brazos para luego abrazarla y sacarla del auto, y mientras se alejaban recién a 2 metros, el coche se llenó de fuego como una bola, mientras ellos se desplomaron en el piso tosiendo como locos.

    Al poco rato apareció la ambulancia de bomberos y los auxiliaron rápidamente. A ella le pusieron un collarín, oxígeno y la pusieron en una camilla, a él le dieron oxígeno sentado. Mientras los separaban hicieron contacto visual, ella con las cejas fruncidas viéndolo, pero no era una mirada de enojo, era de desconcierto, él la miraba serio con agua en los ojos, hasta que se perdió en la ambulancia.

    Redención

    “Contusiones generalizadas, y fisura en la tibia”, dijo el hermano de Lucía mientras regresaba de hablar con el doctor, a la habitación del hospital donde se recuperaba Lucía, totalmente consciente mirando a su familia alrededor de su cama con una ligera sonrisa, le dolía todo el cuerpo.

    “Mi chica es fuerte”, dijo su padre.

    “Aun así, todo ha sido un milagro, si no fuera por el chico que te sacó de ahí, no la contabas, y yo me hubiera muerto también”, dijo su madre sollozando.

    “Como me gustaría conocerlo, y darle un abrazo, nadie haría eso, y menos por una desconocida, debe ser una gran persona”

    Lucía al escuchar esto no pudo evitar sonreír, “si supieran…” se dijo. Lo cierto es que tenía sentimientos encontrados, seguía sintiendo furia contra Javier, pero a la vez un sentimiento que no sabría describir. Había arriesgado su vida para salvarla, y no lo entendía.

    Al día siguiente, estaba solo su mamá y hermano, su padre al ver gratamente que estaba bien, se fue a trabajar ya que lo necesitaban.

    El doctor recién salió de la habitación donde les dijo antes que Lucía podía ir a su casa en la tarde, con sus respectivas recomendaciones y cuidados, que su madre y hermano escucharon atentamente.

    “Bueno hija, estoy muy feliz que hayas podido recuperarte, hasta ahora me parece increíble que después de todo lo que me contaron, estés a salvo aquí, tu ángel bajó a tierra y te sacó de ese infierno” afirmó la madre.

    “Ahora hay que ver como irás a la universidad, ya que aún te faltan un par de trabajos no?”

    “Si, aunque ya los tenía listos, no se preocupen, ya veré como los llev…”

    Lucía se quedó muda viendo la puerta de la habitación. Ahí estaba Javier viéndola respirando de forma agitada. El corazón de Lucía comenzó a latir rápidamente, “que hago?” pensaba inquieta.

    La madre y el hermano viendo su cara, giraron hacia la puerta.

    “Qué haces aquí infeliz?! vienes a burlarte o qué?, lárgate de aquí!” dijo la señora Ester.

    “Maldito, no voy a dejar que te rías de nosotros”, dijo el hermano seguido de un golpe que le dio en el estómago que hizo encorvarse a Javier pegando la rodilla en el piso.

    “Paren los dos!” gritó Lucía. Varios enfermeros y algún médico vinieron corriendo por el escándalo.

    “Lo siento señores, fue un mal entendido” dijo Lucía.

    “Que dices hija? que hagan salir a este tipejo, no tiene nada que hacer aquí”

    “Mamá, él es el chico”

    Hermano y madre se miraron extrañados.

    “Que chico?”

    “Javier es el que me sacó del auto en llamas mamá”, dijo Lucía bajando la cabeza.

    El hermano y la madre se quedaron de piedra con los ojos abiertos a mas no poder, mirando primero a Lucía y luego giraron donde Javier, que seguía de rodillas en el suelo con la cabeza gacha.

    Este se acercó en esa posición donde la madre y sollozando le abrazó los pies.

    “Perdóneme señora, perdóneme por todo el daño que les hice pasar, perdón por favor, fui un completo imbécil, un monstruo, aunque no lo merezca, le pido perdón, por favor!”

    Javier estaba llorando como nunca en su vida lo hizo. La mamá estaba en shock, con agua en los ojos sin saber que hacer al igual que el hermano. Lucía no se esperaba esta reacción, a pesar de salvarla, esto no se lo esperaba, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.

    Su madre seguía viendo su castaño cabello desde arriba mientras este seguía abrazada a sus pies. Comenzó a apretar el puño con todas sus fuerzas recordando el sufrimiento de su hija por obra de él, pero después pensó en lo que hizo, salvó a su Lucía, le devolvió la vida. Entonces se arrodilló con él y lo abrazó.

    “Gracias, gracias, gracias!”, dijo llorando en el hombro de Javier, quien paró de llorar devolviendo el abrazo.

    Después se acercó al borde de la cama de Lucía y la miró.

    “Lucía, quiero que sepas que estoy muy arrepentido de todo lo que te hice pasar, te pido perdón, fui un imbécil, un monstruo, un…”

    “Si fuiste un imbécil” interrumpió Lucía ante la mirada resignada de Javier.

    “Solo un imbécil se le ocurriría entrar a un auto en llamas para salvar a alguien que odia”

    Javier la miró sin saber muy bien como interpretar eso.

    “No te lo voy a negar, yo te odiaba, porque sabía que eras mejor que yo y no podía hacer nada, por eso me comporté como un retrasado que no supo canalizar sus frustraciones”

    “Y lo seguiste haciendo hasta el último momento”

    “Lucía, no me voy a exculpar sobre el robo de tu USB, porque en cierta forma yo incentivé ese golpe bajo contra ti. Yo mostraba mi frustración frente a las chicas del salón y estas actuaron pensando que es lo que quería, pero te juro que no, yo quería ganarte limpiamente, yo ya estaba cambiando, tú me hiciste cambiar, veía lo equivocado que estaba pero no quería admitirlo, porque yo te…”

    Todos se quedaron mirándolo en silencio, incluyendo el personal del hospital que se quedaron en la puerta viendo todo.

    “…te deseo lo mejor” remató Javier.

    Todos se miraron como esperando otras palabras, menos Lucía que lo miraba fijamente, no queriendo creer en sus palabras, pero dentro suyo las sentía sinceras. “Otra vez me supera”, pensó resignada pero tranquila.

    Luego de eso, Javier se paró y se acercó al hermano, y le dijo que por favor lo perdonara también. Este, contagiado por el momento lo abrazó con fuerza, produciendo un alarido en Javier.

    “Ahh!”, mientras todos lo miraron sorprendidos.

    “Es que aún me queda la quemadura en la espalda, perdón por el grito” dijo Javier.

    La sonrisa fue inevitable en todos, hasta en Lucía y el mismo Javier, que se miraban como nunca pensaron que lo iban a hacer.

    Distancia

    Pasaron dos días y Lucía ya en su casa, se preparaba con sus muletas para ir a la universidad. Su madre dejaba sus tareas para acompañarla hasta allá, no haciendo caso de las súplicas de Lucía diciendo que no era necesario, pero era su hija y su deber era cuidarla.

    Cuando se acercaron a la puerta de la calle y la abrieron, se encontraron con Javier cara a cara, quedando otra vez mudas.

    Javier: “Que suerte que alcancé, vine para acompañarte a la universidad y así ver que llegues sin problemas”, dijo Javier.

    Lucía: “Pero que dices? no sé por qué has venido, no soy una inútil”

    Después de un breve momento incómodo su madre dijo:

    “Vamos hija, si ha venido para ayudar, anda con él que yo tengo que trabajar de forma urgente, no puedo dejarlo.”

    Lucía: “Como? pero si hace un ratito me dijiste que no había problema que ya estaba todo arreglado.”

    Madre: “Pues escuchaste mal, estoy súper ocupada, te agradezco este gesto Javier, vayan con cuidado”, mientras volteaba dentro de la casa con una sonrisa oculta.

    Lucía la miraba con ojos de furia, pero no pudo hacer nada, fue con Javier hasta su auto, donde la ayudó a entrar.

    Mientras iban en camino, Lucía soltó:

    “Bueno, como quizás me expulsen por culpa de tus amiguitas, voy a tener que hacer traslado a otra universidad, así que quizás no me veas mas por acá, podrás estar tranquilo.”

    Javier sonrió

    “No te preocupes, fui donde el profesor y le expliqué la situación, le di el USB original, tuve que inventarme una historia, porque aunque se lo merecían, no pude acusar a nadie, pero al menos tú ya estás libre, aunque no con la mejor nota, pero la suficiente para que el próximo ciclo recuperes la beca”, esto último lo dijo con una sonrisa forzada.

    Lucía, miró al frente mientras decía:

    “El tuyo estuvo mejor”

    “Cómo?” dijo Javier.

    “Que tu trabajo estuvo mejor que el mío”, aclaró Lucía.

    “Supongo que nunca lo sabremos”, dijo sonriendo Javier.

    Javier la llevó los días que faltaban para acabar ese ciclo que ya era poco. María y la gente que fue testigo de esa rivalidad, estaban sorprendidos con la cercanía que ahora tenían ese par.

    “Seguro que tus amiguitas no me van a hacer alguna trampa por estar cerca de mi?, mira que no quiero problemas , soy capaz de darles en la cabeza con la muleta” dijo con burla.

    “Bueno, quizás agarro la otra muleta y luchamos juntos, a ver quien gana esta vez”, rio Javier.

    Cada vez que hablaban se quedaban unos segundos mirándose sin decir nada, para luego mirar a otro lado sonrojados y un poco tensos.

    Luego de acabar el ciclo, el receso antes del otro era de mes y medio, tiempo en el que dejaron de hablar. “Ya no hay necesidad, ya lo veré el otro ciclo” pensaba ella.

    En ese tiempo, mientras ya dejaba las muletas y estar ya recuperada, pensaba en él, recordaba que no le agradeció nunca haberla salvado, pero se decía que ya lo haría.

    Empezó el siguiente ciclo, y Lucía estaba un poco nerviosa, no sabía como reaccionaría al verse de nuevo con Javier, no sabía porque eso le inquietaba y la ponía nerviosa, “que mierda me pasa?, concéntrate en lo tuyo”, se decía.

    Pero pasaron los días y ni luz de Javier, no lo veía por ningún lado, se dio el trabajo de pasear por todo el campus varios días y semanas, pero ni rastros. Llegó incluso a preguntar a las amigas de este por su paradero, respondiéndole con no muy buena cara que no sabían nada.

    La angustia la embargó, que podía haber pasado? Se dio el tiempo de ir en todos los horarios, varios días pero nada. “Donde estás Javier? no ves que te necesito?” pensaba ella.

    Como último recurso, se averiguó donde vivía y fue a buscarlo. Era una casa enorme donde le atendió en la puerta un personal de seguridad. Al presentarse, salió su madre.

    “Javier se fue de la casa sin rumbo conocido” dijo la madre de Javier.

    “cómo, por qué?”

    “Verás, no fue su culpa, su padre lo martirizaba demasiado por el hecho de no ser siempre el primero, de estudiar lo que su padre quería, de decirle que iba a trabajar con él apenas termine, de tildarlo de mediocre, fracasado y tanta barbaridad más, luego parece que se tranquilizó todo, pero cuando acabó el último ciclo, vino y dijo que se iba, a pesar de las amenazas de su padre y de decirle que si se iba dejaría de ser su hijo, igual lo hizo”, dijo apesadumbrada la señora.

    Lucía al escuchar eso, de alguna forma se explicaba la actitud que tuvo Javier hacia ella, pero sintió mucho miedo al sentir que quizás nunca mas lo vuelva a ver, y eso la ponía muy triste.

    “Si llegas a encontrarlo alguna vez, dile que me perdone algún día por favor, nunca lo defendí, no pude”, con lágrimas en los ojos la señora se alejó de Lucía hacia su casa.

    Lucía sentía un hueco en el pecho, no lo podía evitar. Su madre lo notó, su hija le contó todo y la señora no pudo evitar sentir pena por ella al descubrir que su pequeña estaba enamorada por primera vez.

    Pasó el tiempo, Lucía acabó la carrera de forma sobresaliente. La llamaron de varias empresas, escogiendo una que le daba excelentes condiciones para crecer profesionalmente.

    Pasó un año, Lucía estaba supervisando un gran proyecto en ese momento, cuando le dijeron que si podía atender a un proveedor que venía a ofrecer productos innovadores para generar energía limpia y renovable.

    Mientras lo esperaba en la oficina, le avisaron su llegada por intercomunicador, autorizando su entrada.

    Sintió la puerta abrirse mientras ella terminaba de escribir unos apuntes en su libreta.

    “Espero que el segundón de aquí no te atormente como lo hice yo”

    Lucía se quedó quieta levantando lentamente la vista, y ahí estaba, Javier, mas guapo que nunca y dedicándole una hermosa sonrisa.

    Dejó lo que estaba haciendo, se paró dirigiéndose a él.

    “Si sabe lo que le conviene, ni que se atreva, mira como terminaste tú”, dijo ella.

    Se quedaron mirándose un momento frente a frente, para luego fundirse en un beso apasionado mientras se abrazaban muy fuerte.

    “Por qué te fuiste, por que me dejaste?”, dijo ella.

    “Yo no te merecía Lucía, me porté terrible, y cuando me di cuenta que estaba enamorado de ti, me dio fuerzas para enfrentar a mi padre y rehacer mi vida, por algo que nazca de mi, pero tú merecías algo mejor, mucho mejor y no un cretino segundón”

    “Pues yo a mi segundón lo amo con locura, y esta vez sufrirás peor que yo si se te ocurre abandonarme otra vez” mientras lo volvía a besar.

    “No lo haré princesa, nunca más lo haré”, dijo Javier

    FIN

  • El primer gang bang de Laura

    El primer gang bang de Laura

    Mi mujer me planteó que su amiga de aventuras, Alejandra, quiere organizar un gang bang con varios tipos, y ellas dos serían las únicas mujeres, pero necesita que la acompañe porque le da miedo estar a solas con tantos hombres, igual estaría el marido de Alejandra, pero quería que yo esté también.

    (Esto sucedió hace ya varias semanas, pero los últimos acontecimientos y las fiestas retrasaron que lo publique).

    No podía negarme, por más que normalmente estoy presente cuando se encama con otros hombres, no me hacía mucha gracia ver como se la cogen 8 o más tipos.

    La amiga llamó a media semana para decir que tenía arreglado para el sábado a la tarde con 6 tipos que ya era seguro que vendrían, eran menos de los que pensaba convocar, pero 3 para cada una simultáneamente era lo ideal, el deseo de mi mujer es gozar una pija en cada orificio al mismo tiempo, tener culo, concha y boca ocupadas es su sueño.

    La fantasía de ellas era estar juntas en la cama matrimonial y que los 6 tipos se las cojan a una al lado de la otra.

    Pero había algunas otras variantes que tenían pensadas, los 6 y ellas dos todos juntos en una cama, se podía complicar, yo mismo había estado en una hacía muchos años, en la que había 3 mujeres y como 20 hombres, fue un despropósito, los tipos casi que se empujaban para cogerse a alguna de las mujeres, eran demasiados por mujer, yo había ido por curiosidad y ni intervine, además de mi poco interés en esa época por las mujeres.

    Pero volviendo a la reunioncita de las chicas, ya estaba pactada para ese sábado, por supuesto la llevé en el auto a la casa de Alejandra y Óscar, fuimos temprano, bastante antes de la hora a la que vendrían los invitados, obviamente no había dinero de por medio porque mi mujer y Alejandra no son prostitutas, son putas por devoción nada más, pero los hombres estaban comprometidos a llevar, al menos las bebidas.

    Había algunas aclaraciones que hacer antes de empezar el encuentro, primero, se puede tomar alguna copa pero no demasiado, no querían que alguno pierda el control y se emborrache y las otras condiciones eran, si bien las chicas son muy gauchitas como se dice por aquí, eso quiere decir que son muy accesibles, las dos por ejemplo practican sexo anal, bucal y vaginal obviamente, pero no están permitidas penetraciones sin preservativo y estos deben cambiarse permanentemente y además no se permite eyacular en la boca de las chicas, ni doble penetración en el mismo lugar, ni violencia de ningún tipo

    Igual eran todos amigos y conocidos de Ale y Óscar, pero no estaba de más dejarlo claro.

    Hechas estas aclaraciones, todos estarían habilitados para pasarla bien y divertirse.

    El plan era que ellas esperarían en ropa interior muy sexi, y cuando estuvieran todos los hombres, se acostarían una al lado de la otra en la cama matrimonial de Ale.

    Salvo que los muchachos pidan alguna otra cosa, ellas estaban dispuestas a que vayan pasando de a 2 o quizás de a 4 a cogerlas todos, las dos querían ser penetradas allí juntitas.

    Las dos esperaban con un conjunto sexi, Lau estaba deslumbrante con tanga, corpiño, portaligas y medias negras y unas sandalias hermosas y Alejandra igual pero de color rojo, no se para que se esmeraron tanto, porque la ropa puesta no la iban a tener más de un par de minutos.

    Al llegar Óscar y yo los hicimos pasar al living donde los invitamos a sentarse en unos sillones muy amplios, frente a ellos había un espacio vacío donde las chicas podían hacerles un striptease si querían antes de pasar a la cama a cogerlas.

    No recuerdo los nombres de todos y además es inútil identificarlos. Creo que ni ellas saben quiénes eran.

    Eran todos de edades entre 35 y 55 años cinco eran menores que las dos mujeres, y cuatro ya se habían acostado alguna vez con la dueña de casa, así que la mayoría de ellos demostraron más interés por mi mujer.

    Estando todos sentados, los 6 en ropa interior, las chicas aparecieron y les hicieron un pequeño show desnudando una a la otra mientras se besaban y acariciaban entre ellas, todos estaban en un minuto al palo.

    Uno les pidió sino podían brindarles una pequeña escena de lesbianismo pero ya en la cama, y por supuesto accedieron, todos pasaron al dormitorio, Ale y Lau se acostaron y se prodigaron todo tipo de caricias y besos, había varios consoladores preparados para ser usados en ellas y resaltaba uno de dos cabezas muy largo y grueso, ese lo usaron para ponerse una punta en cada vagina y cogerse entre ellas, pero la verdad las dos estaban tan ansiosas como los tipos por pasar al sexo de verdad.

    Así que estuvieron besándose en la boca y acariciándose y tocándose los pezones mutuamente un rato, el suficiente para que todos se quiten los bóxer, se pongan bien al palo y estén bien calientes para darles a ellas lo que querían, por supuesto se hicieron un 69 hermoso chupándose las conchitas a morir y gimiendo como locas.

    No sé si podré relatarles ordenadamente lo que pasó, pero fue algo fantástico de vivir para ellas y por supuesto los hombres que participaron y para nosotros poder verlas gozando, disfrutando y divertirse tanto.

    Estuvo muy bueno porque los muchachos se organizaron, primero le dieron la bienvenida a mi mujer que era la nuevita, Alejandra y uno de los tipos la sentaron en el borde de la cama y mientras el flaco la agarraba de los brazos, como si ella se quisiera ir y Ale estiraba suavemente los pezones, los cinco restantes se pusieron en fila y le hicieron chuparle la pija a los seis, uno tras otro le metieron la verga en la boca, mientras le repetían

    -chupala putita, vamos cometelas todas, hoy te vas a empachar de vergas.

    Luego de un buen rato, tres pasaron del otro de la cama e hicieron que Alejandra también chupara unas buenas vergas, por supuesto había de todos los tamaños y un par que sobresalían y una principalmente que era descomunal, ese la busco siempre a Lau porque conocía muy bien a Ale y quería carne nueva.

    Vi a mi mujer chupar encantada la pija de los tres primeros y quedarse atragantada con la de este tipo que era impresionante, no podía metérsela toda en la boca aunque quisiera y le provocó muchas arcadas, por razones obvias este muchacho de la verga enorme que supe luego que media como 24 x 7, era increíble y muy difícil de soportar para cualquiera de las dos, a pesar de que tenían muchas carreras corridas y se habían comido infinidad de hombres, ninguna de ellas se prestó a darle el orto, y a duras pena se la aguantaron en las conchas.

    Yo nunca había visto algo así, el tipo se puso un toallita envolviendo la base del tronco para que haga de tope y no entre toda en las vaginas de las chicas.

    Después uno propuso que los seis le dedicaran su atención a solo una de ellas y la primera por ser la nueva fue Laura, la acostaron en el centro de la cama y le vendaron los ojos, el juego se llamó «La putita ciega» la manosearon y metieron dedos, manos, lenguas y pijas por todos lados.

    Uno de los tipos le pellizcó suavemente los pezones y todos notaron que reaccionaba exageradamente ante ese estímulo, entonces la torturaron un buen rato, aumentando la intensidad del apretón, claro que sin hacerle daño, yo sabía por sus grititos, que estaba disfrutando como una perra lo que le hacían.

    Les chupo la verga a los seis, la hicieron poner en cuatro patas y les ofreció la cola y la concha a todos, los seis se la cogieron por sus dos tesoros, menos el pijudo que no le hizo el orto, porque la hubiera destrozado, de más está decir que tampoco le hizo el culo a Ale, que luego fue el centro de atención de todos también.

    Fue espectacular ver como los seis la manosearon estando ella con los ojos vendados y la desesperación que le provocaba sentir manos, lenguas y vergas por todos lados.

    En un momento Alejandra se sumó al suplicio divino como lo llamaron, y teniendo a Lau con las piernas reabiertas se zambulló en su concha y le pego una chupada monumental, todos nos reímos a carcajadas cuando Lau dijo…

    – no me jodan, esa lengua es de Alejandra –

    Luego de esa mamada memorable, el pijudo se cogió por la concha a mi mujercita con sumo cuidado.

    Laurita cumplió su sueño de comerse tres pijas al mismo tiempo con el extra de tener dos más en sus manos, no es necesario contar que la hicieron montarse a uno de los tipos mientras un segundo la penetró por el culo y el tercero se la puso en la boca y se la hizo tragar entera, todo esto mientras pajeaba a otros dos juntos preparándolos para que ocupen el lugar que prefieran.

    Por supuesto y con el permiso de todos los presentes, todo fue filmado y fotografiado para engrosar nuestro álbum de recuerdos y quizás promocionar en alguna red social, con el fin de armar nuevos encuentros.

    Fue una experiencia maravillosa para Lau y también para mí como cornudo, y la mejor parte para mi, llegó a la noche en casa, Lauri seguía súper excitada, y ya en la cama hizo algo que sabe que me desarma, empezó lamiéndome los testículos y un poco la pija, después de chupar la de ese pijudo, la mía no tenía ningún atractivo para ella, pero era el paso previo para llegar a su destino, y su destino era mi culo, me hizo girar y que le ofrezca el ano, me abrió con sus manos las nalgas y me pasó esa lengüita maravillosa por todo mi agujerito, me volvió loco lamiendo muy suavecito, cuando me tenía totalmente entregado, doblegado y con la mente en blanco, me dijo…

    – no te vayas a mover ni un centímetro amor, vas a ver lo que te hago nene.

    Se colocó un strapon con una buena verga artificial, me la apoyó en el ano y empujó lentamente, y con mucha dulzura me re garchó…

    – que me haces nena, por Dios.

    – te estoy cogiendo bebé.

    Por un momento y en absoluto silencio, sentí el verdadero cambio de roles, ella estaba haciendo de macho y yo de hembra, me repitió varias veces que me amaba mientras me hacía el orto y finalmente cuando me hizo acabar, me dijo…

    – ya sos todo mío mi amor.

    Luego le hice abrir bien las piernas, le empecé a tironear fuerte un pezón, que le encanta, le puse una mano por debajo del culo y le metí dos dedos en el ano, le froté con la lengua y succioné su clítoris hasta que acabó como una perra gritando y retorciéndose desesperada, al terminar y recuperar algo la conciencia, dijo…

    – yo también soy toda tuya amor.

    Después de haberla visto cogida por 6 tipos, acabar varias veces y que le hayan echado no menos de 8 polvos esa misma tarde, escucharla decir que me ama y que es mía, me hace el hombre más feliz del mundo.

    A la mañana siguiente me avisó que esa noche no iba a dormir en casa, yo no pregunté nada, aunque me muriera por dentro debía aceptarlo, yo sabía que iba a acostarse con su amante y aunque no lo haya confesado nunca, estaba seguro que Daniel era el único que le hacía tragar su esperma, porque lo necesitaba y ese era su único secreto para mí.

    Espero que les haya gustado y pueden dejar un comentario aquí o escribirme a mi correo [email protected].

    Besos a todos mis lectores.

  • Una noche muy buena

    Una noche muy buena

    24 de diciembre 2020. A eso de la 1 de la madrugada del 25, salgo con mis amigas a tomar y festejar a la rambla de mi pueblo. Como todos los años, la rambla está llena, más de dos mil personas, y muchos autos por todos lados. Llevamos 2 conservadoras con hielo, 3 Fernet, como 4 o 5 botellas de coca, whisky, ron, cerveza, vodka, de todo había. Nos ubicamos cerca de un auto con alto parlantes gigantes, para así poder perrear como se debe. A eso de las 3-4 de la mañana, ya estábamos todas en pedo (borrachas), pero no dejábamos de tomar y mover el orto ni un segundo. A esa hora me cae un mensaje de un chico, unos 30 años:

    -Hola nena, como noves esa cola

    -Graciasss, te conozco?

    -No, pero si te pinta vamos ya a conocernos

    -Mmm, que propuesta, algún plan?

    -Sí, tengo uno en mente, pero no sé si te animas…

    -Te escucho

    -Somos 3 amigos, andamos en auto, y tenemos la casa a unos minutos de acá, te pinta noche buena?

    -Me gusta la propuesta… donde nos encontramos?

    -Mira a tu derecha, anda hasta donde está la casa de palos, te espero ahí

    Les digo a mis amigas que me voy, ellas ya saben que algo conseguí, siempre soy así jaja, las saludo y vos para el lugar dicho. Llego, y me encuentro a Matías, el chico que me escribió, me saluda con un buen beso y me invita a subir a su auto, era un BMW, hermoso coche, se notaba que era alguien de plata… me subo y me dice que pasamos a buscar a sus 2 amigos que estaban a un par de cuadras. De camino me dijo que pensaba que no iba a animarme, que le encantó que me prendiera… puso su mano en mi pierna y subió hasta la mini falda.

    Subieron sus amigos, cuál de los 3 más lindos, por dios, nenes de papá, llenos de plata. Llegamos en cuestión de 10 minutos a la casa, era una mansión más o menos, que hermosura. Bajamos y ni bien entramos a la casa, empezaron a manosearme, y decirme guarradas, me calenté enseguida. Me quitaron toda la ropa y se desnudaron ellos también. Tres pijas de 20-23 cm aproximadamente cada una, estaba en el paraíso…

    -Veni nena, chupamela, dale que ya sabemos que sos re putita

    Ahí me prendí como nunca, le comencé a chupar la pija a uno a la vez mientras los otros dos me tocaban. Cuando estaban bien prendidos, mientras se la chupaba a uno, lo pajeaba a otro y me ponía en 4 para que el tercero me la metiera… así fuimos cambiando la ronda, que rico era chuparles las pijas y tenerla adentro a la vez, me encantó. Me decían guarradas de todo tipo, me sentí la más puta de todas, fue muy rico…

  • Una Navidad inusual

    Una Navidad inusual

    Diciembre es mi mes favorito, esto por dos factores: 

    1.    El clima de la época me agrada.

    2.    Nochebuena y mi cumpleaños van casi de la mano.

    Y aquel cumpleaños de hace dos años será inolvidable ya que cumpliría mi mayoría de edad, para esto mi mayor sueño era convertirme en mujer pero sabía que sólo se quedaría en un sueño ya que no tenía el capital para operarme ni mucho menos iban a aceptar en mi círculo social a una chica trans.

    Recuerdo aún que la única mujer entre mi círculo social era mi mamá y por eso los hombres solían hacer comentarios machistas aún cerca de ella tales como:

    “si tu mujer no quiere obedecer pues golpéala”; “una mujer sin buenas tetas ni un gran culo no es mujer”; “las mujeres solo sirven para coger y lavar” entre otros.

    Pero luego se dirigían a mi diciendo que mi papá no tenía a un macho como hijo sino a una “hembrita” ya que no cumplía en comportarme como hombre según ellos ya que era muy reservado, pudoroso y que tenía un cuerpo muy fino.

    Eso me lastimaba porque no quería ser mujer en un ambiente tan terriblemente machista pero tampoco estaba dispuesto a ser hombre.

    Así que sin más me trajeron un pastel el día de mi cumpleaños y me pidieron que deseara algo, lo que sea porque se me iba a ser realidad no sabía por qué iba a suceder algo así pero confíe y hasta en broma este fue mi deseo: (claro lo dije solo en mi mente)

    “deseo convertirme en mujer, que ellos no tengan recuerdos sobre que alguna vez fui hombre, quiero ser hermosa en todo sentido tener bonita voz, bonita cara y tener un buen par de senos y buenas piernas y trasero -tan traumado estaba que me asegure de ser buena mujer según ellos- todo esto a partir de mañana en la mañana y sople la velita.

    Cenamos y me fui a dormir pensando en la ridiculez de dicha situación… pfff claro un deseo hecho realidad.

    A la mañana siguiente desperté con un dolor en todo mi cuerpo y me levante al borde de mi cama fue entonces cuando sentí un vaivén a la altura del pecho y como no sentirlo ¡¡si tenía unos enormes senos!! que me rebotaban con el más mínimo movimiento, estando en shock, corrí hasta el sanitario y observe en el espejo lo que por años había deseado… Era una hermosa mujer con un cuerpazo de envidia.

    Salí del sanitario a ponerme algo de ropa y tal fue mi sorpresa que no tenía nada de ropa de mujer ni de hombre ese deseo traía truco tal parece, había que pedir todo muy específicamente. Solo me cubrí con la cobija de mi cama y salí al comedor donde estaba mi familia.

    Apenas me vio mi papá y se quitó el cinto y me golpeo terriblemente diciéndome que con tan sólo 18 años y ya era una tremenda zorra regalada, que si acaso era puta para estar desnuda por la casa y que debía estar ayudando a mi madre a cocinar y servir la mesa.

    Mi madre me defendió y evitó que siguiera golpeándome y le dijo a mi papá que iría a mi cuarto a hablar conmigo… Al llegar me dijo:

    -¿qué diablos hiciste hijo?

    -¿hijo? (me pregunté a mi mismo)

    -¿crees que ser mujer es divertido?

    De pronto recordé que mi deseo fue que “ELLOS” no recordaran nada, pero mi mamá si recordaba que era hombre. Solo pude enmudecerme y ella al final sólo me miró fijamente y me dijo vamos a comprarte algo de ropa, pero antes ponte esto que no puedes ir con las tetas al aire. Me dio un bra muy chico para mi talla, una blusa y un jean todo me quedaba terriblemente ceñido al cuerpo haciendo a su vez más llamativo mi cuerpo lo cual me hacía feliz.

    Mi mamá me dijo que no me alegrara tanto porque eso era peligroso para el mundo en que vivíamos yo decidí ignorarla y fuimos al centro de la ciudad a comprar ropa, en eso con tono algo serio ella me dijo que me preparara para lo que se venía ya que era algo muy asqueroso pero muy natural en el día a día de las mujeres. No sabía de que me hablaba hasta que sonó el primer comentario.

    -adiós muñecas

    Me sentí un poco avergonzada y no sabía por qué pero eso no se detuvo ahí en un transcurso de 40 minutos sonaron cosas como:

    -¿no quieren venir conmigo? Les tengo un premio aquí abajo.

    -bonitas piernas ¿a qué hora abren?

    -¿ese brasier que llevas es espacial? Porque ese par de tetas no son de este mundo.

    Malditos hombres solo eso basto para que me arruinaran el día ¿qué mierda sienten tratando a una mujer como un pedazo de carne? ¿No tienen mamá, hermanas, amigas?

    En fin pasamos casi todo el día eligiendo ropa para mi y yo me encontraba reflexiva sobre la vida de una mujer y eso que no llevaba mucho en este nuevo cuerpo. La tarde nos llegó y para llegar más rápido a casa decidimos usar el metro de la ciudad.

    Mi mamá dijo que tuviera especial cuidado, otra vez no le creí y estuve todo el trayecto parada y con audífonos, al bajar del metro caminamos unos cuantos metros hasta que mi mamá me detuvo y me dijo que alguien me había manchado yo creí que de salsa o dulce pero qué asco cuando me lleve la mano al trasero y estaba todo viscoso y era blanco, un enfermo eyaculó en mi. Eso fue bastante por hoy-grité-

    Me pase llorando todo el trayecto a mi casa por tal humillación que me habían hecho y al llegar a mi papá ni le importo que estuviera llorando, es más nos dijo que ya faltaba pocos días para Nochebuena y que debíamos cocinar la cena… (La humillante vida de mujer seguiría).

    Continuará.

    Este relato sólo fue para abrir el hilo de historias que faltan, donde si habrá escenas sexuales y más acción, comprendo que quizás este relato les fue cero erótico, pero es que en si solo fue el comienzo. Y necesitaba una introducción, me ayudarían mucho dejando un comentario o dejando una idea. Espero que me apoyen en los siguientes relatos.

    Xoxo nos estamos leyendo gracias.

  • Instinto primitivo

    Instinto primitivo

    Soy una mujer casada de 45 años con un marido estupendo y un hijo de 20 años el cual es mi orgullo, pero también despertó un deseo primitivo en mi que me asustaba diariamente. Hacía dos años que no vivía con nosotros desde el día que lo vi chingando con su novia despertó ese instinto. A partir de ese día consulte con mi marido enviarlo con sus abuelos tenía que deshacerme de la tentación. Obviamente lo visitamos y cada vez me preguntaba si podía dar una vuelta le buscaba un sin número de excusas. Lo que no pensé es que mi hijo regresaría a nuestro hogar.

    Una tarde después de salir de trabajar llegué a mi casa y ahí estaba mi hijo me sorprendió y hasta me asusté no esperaba encontrarlo en casa. Mi hijo era guapo y desde aquel día me daba nervio estar a solas con él.

    Me di un baño para refrescar todo mi ser y estar en la cocina metida y no dejar que esa lujuria me hiciera pecar. Mientras estoy cocinando mi hijo entra y cuando sale me da una nalgada la cual me sorprendió y le grité:

    — ¿Se puede saber que carajos te pasa? — él solo me mira y esas pupilas dicen más que la sonrisa perversa que me da. Me preparo una copa de vino. Suena mi celular es mi esposo le comento que Adrián está en la casa y él súper contento porque no lo veía hace tiempo, pero lamentaba no llegar temprano tenía una reunión importante y después saldría a celebrar. Joder toda una noche a solas con él suspiré y le dije— No hay problema suerte. —que ironía.

    Ya había terminado en la cocina cuando Adrián me acorraló en el pasillo y me susurro al oído — ¿Por qué huyes de mi y sí me vuelves loco mami? — metiendo su mano debajo de mi vestido; ¡qué demonios me dijo el cabroncito esté. La respiración se me entrecorto y mi corazón latía como un caballo galopando.

    No sabía que hacer y solo le dije —hazme tuya— me miro como un lobo hambriento y se pegó a mi. Yo solo le respondí acomodándome mejor en su bicho. Me tocaba con suma firmeza y deseo hasta me hizo una confesión — ¡mmmm! Siempre te veía chichar con papi y me imaginaba que era yo quien te hacía venir.— esa confesión me hizo decirle la mía — Desde que te vi cogiéndote a tu novia siempre chicho a tu papá pensándote.— nos miramos y nos fundimos en jodió puto beso lleno de lujuria.

    Mientras nos besábamos me iba desvistiendo no contuvo su deseo me volteo se arrodilló y comenzó a comerme el culo y mi chocha que ricura sentir esa boca. Me hacía mojarme deliciosamente en su lengua. No sabía contener mis gemidos y gritos. Luego de hacerme venir me llevo a la sala. Ahora me tocaba darle placer a mi hijo. Adrián se sentó en el sofá. Me arrodille frente de él; su bicho era otra cosa lo metí a mi boca y comencé a mamárselo y a jugar con sus bolas. Era sublime es con Adrián y más el saber que estaba rompiendo todas las reglas impuestas y disfrutar del acto más primitivo con él lo hice venirse en mi boca.

    Me levanté lo besé me agarró por las nalgas duro dejando sus manos marcadas en mi piel. Él me acomodo para cabalgaron cuando sentí como su bicho abría mi interior empecé a jadear moverme poco a poco hasta sentirlo completo en mi interior. Ambos nos movíamos en un vaivén exquisito no sabíamos dónde estábamos sus clavadas eran pura delicia estábamos a listo para venirnos en ese instante me dio la última embestida dónde sentí como su leche mojaba mi interior y fue tan gloriosa que eche la cabeza para atrás para encontrarme con la cara de mi esposo el padre de mi hijo

    ©C.Dee.L.C

  • Esta noche es Nochebuena (Segunda parte)

    Esta noche es Nochebuena (Segunda parte)

    Después de la inigualable experiencia en los vestuarios con aquellos dos maduros, lo último que quería Ana era tener sexo esa noche con su novio. Sus apetitos estaban completamente colmados, de tal modo que después de la tertulia de la cena se hizo la remolona excusándose en que había bebido más de la cuenta y no se encontraba bien.

    El día de Navidad también transcurrió en familia como manda la tradición, sin embargo los pensamientos de Ana navegaban por aguas más turbulentas. Con todo ello, no dejaba de albergar algunas dudas con respecto a volver al gimnasio o tener que buscar otro, pues el hecho de regresar comportaba ver al dueño, y no le apetecía pasar por la violenta situación de estar con su novio mientras él conocía al dedillo cada detalle de aquella tarde lujuriosa. Sin embargo, a los dos días, cada vez que rememoraba la proeza, inevitablemente su sexo se derretía y su novio tenía que apagar un fuego sin saber la causa, ni tampoco los pirómanos que lo provocaron.

    Por mucho que intentara buscar excusas, sus pensamientos siempre regresaban al punto de partida en donde el vikingo y el dueño del gimnasio la empalaban sin piedad, haciéndole un magnífico sándwich, mientras su novio, (desconocedor de lo que su novia se llevaba “entre manos”) esperaba en el hall. El morbo de la situación, unido al placer recibido no tenía parangón, y eso se traducía en una tesitura difícil de gestionar, por tanto las opciones pasaban por buscar otro gimnasio y evitarse problemas, o regresar e intentar repetir aquella gesta, con el riesgo que eso comportaba.

    Desconocía por completo el horario del vikingo. Tan sólo lo había visto una vez y no sabía si estaba de paso o volvería a encontrarse con él, de modo que, al ponderar las opciones pensó en continuar como estaba e intentar ignorar al entrenador como si nunca hubiese pasado nada, aunque una cosa tenía clara, no quería que cada vez que los viera pensara que su novio era un cornudo y por eso tenía que prescindir de él para ir a entrenar. No tuvo que insistir mucho por eso, habida cuenta de que acompañarla era mayormente para reducir tantas miradas destinadas a su novia, y en cierto modo le hizo un favor porque el deporte no dejaba de ser un suplicio para alguien a quien no le gustaba, y entre esos “alguien” se encontraba él.

    Ana acudió el lunes después de Navidad al gimnasio a reconciliarse con los hierros, ya que en los últimos días los tenía abandonados, dedicando sus esfuerzos al pádel y al spinning, pero ese día su motivación se inclinó por las pesas. Cuando entró en la sala echó un vistazo y comprobó que no había mucha gente, tan sólo dos chicas y tres chicos, entre los que estaba el dueño explicándole a una mujer su rutina. Cuando entró Ana, sus miradas se cruzaron y ella saludó tímidamente bajando la vista, por el contrario, el dueño le sostuvo la mirada más tiempo del reglamentario en condiciones normales. En el fondo Ana hubiese deseado encontrarse con el vikingo, pero eso era como una lotería, sin embargo su sexo se congratuló de ver al propietario del gimnasio saludando con un hormigueo que recorrió su zona genital para darle la bienvenida. Uno y otro rememoraron sin decir nada aquellos veinte minutos inolvidables. Esa vez se demostró que una mirada dice más que mil palabras y con ella, Berto manifestó todo lo que había que expresar.

    Ana hizo unos estiramientos antes de empezar con los jalones de polea y a continuación se puso a ello olvidando por un momento los veinte minutos más intensos y morbosos de su vida.

    Desde su posición, Berto no perdía detalle de cada uno de los movimientos de Ana y pese a estar instruyendo en ese momento a otra mujer, su vista y su cabeza estaban con Ana. Y para corroborar que así era, una erección empezó a hacerse notoria en su chándal, mostrando una hinchazón que la mujer podía pensar que era dedicada a ella, pero nada más alejado de la realidad. Berto le dijo que siguiera sola siguiendo sus directrices y se retiró para decepción de la mujer, dirigiéndose hacia Ana.

    —Hola, —le saludó.

    —Hola, —le contestó con una tímida sonrisa.

    —¿Vienes sola?

    —Sí.

    —¿Y tu novio?

    —No ha querido venir, —mintió.

    —Mejor, ¿no?

    —Supongo, —respondió sin querer mostrar una predisposición evidente para volver a fornicar, sin embargo no pudo evitar la pregunta.

    —¿Cuándo suele venir el hombre del otro día?

    —Veo que te ha dejado una profunda huella.

    —Puede, —contestó sin pretender evidenciar la realidad, pero sin conseguirlo.

    —Estaba de paso. Sólo vino dos días.

    —Entiendo, —dijo un tanto desilusionada, y cogió la barra para seguir con sus jalones con objeto de no enfriarse. Mientras bajaba la barra, Berto se colocó detrás para ayudarla, pese a que en esos momentos no le hacía ninguna falta su ayuda. En los últimos centímetros de recorrido le asistía con dos dedos para aliviar la carga, mientras su entrepierna presionaba en la parte trasera de su cabeza, de modo que a Ana no le pasó desapercibida la patente erección de la que hacía gala. Cuando terminó el ejercicio se levantó esquivándolo para no rozarse con él.

    —¿Has visto como me tienes? —le dijo mientras le mostraba su erección a través del chándal.

    —No seas vulgar. Eso es innecesario y te pueden ver. No estamos solos.

    —Eso tiene arreglo. Vamos a mi despacho. Allí no nos interrumpirá nadie.

    —No me interesa, —manifestó.

    —Está bien, lo entiendo. Perdona, —se disculpó.

    Ana terminó su rutina y después hizo quince minutos de cardio antes de irse a las duchas. Se desvistió y utilizó la misma ducha en la que hacía dos días se la follaron salvajemente aquellos dos sementales, y no pudo evitar acariciarse los pechos al evocar las sensaciones de sentirse penetrada por dos hombres a la vez. Sin darse cuenta se encontró masturbándose sintiendo el chorro de agua caliente sobre su cuerpo y su dedo friccionando su clítoris en busca de gozo, pero otra mujer entró en los vestuarios y tuvo a abandonar la autosatisfacción, con lo cual se vistió, cogió su bolsa y se dirigió por el pasillo hacia la salida, cuando se abrió la puerta del despacho. Berto se asomó y le dijo que entrara.

    —¿Qué quieres? —le preguntó Ana mientras permanecía en la puerta.

    El entrenador la cogió del brazo y la condujo al interior, a continuación cerró con el pestillo.

    —¿Qué haces? —protestó Ana.

    —Mira como me tienes, cabrona, —le dijo mostrándole una polla completamente dura y que la saludaba, poniéndose a su servicio.

    —¡Déjame en paz! Estás enfermo, —se quejó al sentirse forzada.

    —Sí, enfermo por follarte otra vez, ¡zorra! No he dejado de pensar en ti desde el otro día.

    —Ese es tu problema. ¡Suéltame o grito! —le advirtió.

    —Vas a gritar, pero será cuando te la meta por el culo, cabrona. Ahora eres mía y vas a hacer todo lo que te diga o tu novio entenderá por qué le cuesta tanto pasar por las puertas. Así que empieza a mamármela, zorra.

    Berto sentó a Ana en la silla con un brusco empujón, se quitó por completo el chándal y le puso el miembro en la boca.

    Los temores se agolparon atropelladamente en la mente de Ana. Aquello no podía estar sucediendo. Lo último que habría querido era estar sometida a chantaje por aquel hombre. Quizás si las cosas se hubiesen desarrollado de otro modo ella hubiese estado receptiva, de hecho, la humedad de su coño permanecía después del calentón que había pillado en las duchas, pero la situación ahora era diferente. Estaba siendo forzada y chantajeada por aquel hombre que empezaba a notar el placer que le estaba procurando la boca de Ana tras acatar sus instrucciones, por tanto, se dedicó a hacerle una buena mamada si con ello salía de allí lo antes posible. De momento no podía pensar en cómo huir de aquel abismo en el que había caído, sólo quería acabar pronto con aquello y volver a casa con su novio. Ya pensaría la manera de sortear aquel escollo. Ahora tenía la polla en su boca y el entrenador la instaba a metérselo más adentro.

    — ¡Joder! Ya no me acordaba como la mamas. ¡Dime que te gusta, putilla! ¡Dímelo!

    Ana no contestó. Sacó el miembro de su boca y con una mirada de repulsa dio por hecho que respondía a su pregunta.

    — ¡Contesta cuando te pregunte, puta! … o mañana tu novio recibirá un correo muy revelador de cómo a su novia le gustan más la pollas que a un niño los Reyes Magos.

    — Me gusta, —dijo coaccionada.

    — Así me gusta, que seas sincera, porque si no lo eres tendré que castigarte, —le advirtió atizándole con su miembro en la boca durante unos segundos para después encajárselo de nuevo dentro.

    Ana se afanaba haciendo uso de su maestría para acabar lo antes posible con aquello. Quería volver con su amado y alejarse de aquel hombre lo antes posible. Por el contrario, Berto estaba disfrutando de la felación y empezó soltarle una retahíla de insultos mientras eyaculaba en su boca. Ana no pudo aguantar las explosiones y se zafó, pero el entrenador se cogió la verga y dirigió el resto de su corrida a su cara, después le cerró la boca y la obligó a tragarlo.

    —¿Está rico? —le preguntó.

    Ana no contestó.

    —¡Contesta cuando te hable!

    —Sí, le respondió de mala gana.

    —Lo sabía. Te mueres de ganas, pero no quieres admitirlo. ¡Vamos, límpiamela! —le ordenó mientras se la volvía a meter en la boca. —¡Déjalo reluciente!

    Ana lo engulló y lo lamió haciendo lo que le pedía hasta que consideró que ya estaba lo suficientemente limpio.

    —¿Puedo irme ya?

    —¿Irte?

    —Pero si aún no hemos empezado, y sé que te mueres de ganas de que te folle.

    Berto le bajó el pantalón del chándal y se encontró con un tanguita blanco adornando su exquisita figura y advirtió una mancha de flujo en su sexo muy sintomática. Después metió su mano por dentro para constatar lo mojada que estaba.

    —Pero qué zorra que eres. Tu coño es pura gelatina. Te haces la puritana y lo que quieres es que te follen en cualquier lugar y de cualquier manera, —le expresó mientras le metía el dedo con rudeza una y otra vez en un coño completamente mojado.

    —¿Te gusta, putilla?

    Ana no contestó, pero su respiración y sus jadeos respondieron por ella. Aquello le estaba gustando más de lo esperado ante aquella situación, y el trato que recibía, lejos de molestarle, empezaba a gustarle cada vez más.

    —¿Quieres que pare? —le preguntó de nuevo, y Ana le contestó moviendo negativamente la cabeza mientras respiraba agitada y exteriorizaba sutiles resuellos, abandonándose al placer del dedo que la penetraba con ahínco.

    —Lo sabía. ¿Ves cómo eres muy zorra?

    Berto la apoyó contra la mesa, le terminó de quitar el chándal dejando su culito al aire, en pompa y a punto para él. Le abrió las piernas con sus pies, posó el palpitante glande en la entrada y la penetró haciendo que lanzara un gemido más sonoro con el primer pollazo. Después lanzó un “ooohhh” igualmente elocuente cuando lo notó todo dentro y, posteriormente, el entrenador se dedicó a fornicarla a buen ritmo, aferrándose a aquellas maravillosas nalgas.

    — ¿Te gusta esto más que el pádel, Ana?

    — Sííí.

    — ¿Quieres que te la saque?

    — No. ¡Sigue! —gritó.

    — Menuda zorra estás hecha.

    Ana se dejó hacer, apoyando las dos manos en la mesa y disfrutando de los embates del entrenador que iban ganando en intensidad y rapidez, entretanto movía su culo queriendo sentir todo el puntal, mientras gozaba de los contundentes golpes de riñón que Berto le propinaba. Ana volvía a gozar con aquel hombre y volvía a sentirse muy puta por estar poniéndole los cuernos de nuevo a su novio, sin embargo, contra todo pronóstico, le gustaba sentirse así. Era una novedad para ella y el morbo que despertaba aquella situación era tremendamente excitante. Una fuerte palmada en su nalga le interrumpió un orgasmo que estaba empezando a asomar, seguidamente otro manotazo en la otra nalga la alentaron a mover su culo con contundentes movimientos, a la vez que el entrenador seguía embistiendo sin tregua mientras la azotaba una y otra vez dejándole las nalgas enrojecidas de la tunda que le estaba dando. Los azotes, lejos de molestarle, enardecían todavía más su excitación.

    —¡Fóllame más fuerte, que me corro, —gritó.

    —¡Así, córrete, cariño!

    —¡Qué dura la tienes! ¡Cómo te siento, joder!

    Un intensísimo orgasmo se inició en su coño, recorriendo después todo su ser, viajando por cada terminación nerviosa durante treinta segundos en los que en su mente no había espacio para nada más que para el placer que aquel hombre maduro le estaba procurando con cada pollazo que le daba. Los gritos y jadeos fueron remitiendo, pero el entrenador quería adentrarse en las profundidades de aquel culo que no le había dejado dormir durante dos días, y con la polla completamente lubricada incursionó ahora en el agujero más estrecho, llevando a Ana a retomar unos gritos que parecían haber cesado.

    Ana notaba como la polla se iba adentrando en su esfínter y le provocaba un dolor agudo, pero era soportable. Berto siguió ejerciendo presión hasta que el cipote penetró por completo en el pequeño agujero y cuando así fue empezó a percutir de forma lenta pero con contundentes golpes de cadera. Ana notó sensaciones placenteras que venían a sustituir los efectos dolorosos de las primeras acometidas y los resuellos de placer hicieron también su aparición acompañando a los resoplidos que el dueño del gimnasio daba mientras la enculaba.

    —¡Joder, qué buena estás! ¡Menudo culo tienes! Estaría follándote todo el día, cabrona. Tienes un culo que me mata.

    —¡Fóllame! —le suplicaba Ana. —Fóllame toda, cabrón, —le exigía ávida de más placer.

    —El cabrón es tu novio, que no sabe que te van las pollas gordas, ¿me equivoco?

    —No, no te equivocas. ¡Dámela toda! ¡Dame polla! ¡No pares! ¡No pares! ¡Fóllame fuerte, hijo de puta!

    Ante tal avalancha de peticiones indecentes y obscenas, Berto abandonó el orificio. Deseaba prolongar el momento y que la joven disfrutara con él dejándole la misma huella que posiblemente le dejó el hombre rubio de ojos azules, aunque en el fondo quería superar la impronta del vikingo, y para ello se esforzó con todo lo que tenía. El hombre se acostó encima de la mesa ofreciéndole su hombría en todo su esplendor y Ana no dudó ni un momento en montarse a horcajadas sobre él para volver a meterse la polla por el culo. Cuando la tuvo en la entrada se dejó caer sobre la inhiesta barra de carne, notando cada centímetro de aquel madero dentro de ella, y acto seguido empezó a saltar sobre él con movimientos que se coordinaban con los del empuje de las caderas de él. El placer y el morbo que Ana sentía era indescriptible, pero lo que deseaba era correrse, y con la polla incrustada en su culo en ese momento no lo haría, de modo que cambió, y la extrajo de su ano para insertársela en el orificio del placer. Deslizó la mano por debajo, lo aferró y se lo fue metiendo poco a poco hasta que hizo tope originando que su boca se abriera exhalando un suspiro de profundo placer.

    El cambiar de registro no le supuso un problema, al contrario, el placer era mayor y el contacto de la polla con su clítoris le provocaba sensaciones extraordinariamente placenteras. Berto se agarró a las nalgas mientras ella saltaba sobre su miembro con vehemencia. Echó un poco las piernas hacia atrás con la intención de que su clítoris tuviese un mayor rozamiento en busca del clímax y Berto deslizó un dedo en el pequeño, pero dilatado agujero de su ano para incrementar el placer de Ana, y después de diez segundos, ella tuvo un glorioso orgasmo que competía, e incluso superaba a los que le proporcionó el vikingo. El dedo seguía incursionando en su ano y la polla continuaba pistoneando en el coño de Ana, mientras ésta se abandonaba a un placer impúdico, pero que en esos momentos poco le importaba. Solamente le interesaba el deleite que el entrenador le estaba suministrando con cada pollazo.

    Los indómitos movimientos de cadera de Ana condujeron al dueño del gimnasio a su clímax entre convulsiones de uno y otro, en un intercambio de placeres y gritos por ambas partes. Ana notaba como la leche golpeaba en sus entrañas y eso se traducía en un placer añadido. Nunca había experimentado la sensación del semen golpear en las paredes de su útero y ante aquel goce inigualable, se abandonó al impulso de besar a aquel hombre como si fuera el hombre de su vida, el que la colmaba de felicidad, y sobre todo, destacando aquel encuentro como algo verdaderamente entrañable, como si aquella vivencia hubiese sido una idílica noche de sexo en una paradisíaca playa con la persona amada.

    Después de la contienda ambos se quedaron un minuto el uno sobre el otro sin moverse recuperando el resuello. Seguidamente se vistieron apresuradamente para camuflar la hazaña.

    —¿Te ha gustado? —le preguntó Berto.

    —Mucho, —tuvo que admitir. Tanto que ahora tenía muchas dudas de futuro con su novio. Su sexualidad parecía haberse estimulado con las recientes vivencias junto aquellos dos hombres, y eso era un hecho irrefutable. Quería a su novio, pero el morbo, la novedad y el placer que había experimentado hicieron tambalear los cimientos de su relación. ¿Por qué tenía que ceñirse a un solo hombre que hasta el momento no le había hecho sombra a aquellos dos sementales?

    Todos esos planteamientos de futuro la acompañaron de camino a casa mientras conducía, preguntándose qué quería realmente, cuando una llamada desconocida la sacó de su abstracción.

    —¿Diga?

    —Soy Berto.

    —¿Por qué tienes mi número? —preguntó perpleja.

    —Tengo tu ficha ¿recuerdas?

    —Es cierto.

    —Quería proponerte algo.

    —¡Dime!

    —Tengo una reserva de dos noches para Noche Vieja en un hotel en Sierra Nevada. He pensado en ti. ¿Qué me dices?

    Si albergaba alguna duda con respecto a su relación, se disipó con aquella irrechazable propuesta. En ese momento Ana se dio cuenta de que deseaba vivir y disfrutar su vida, y estableció unas prioridades en las que su novio no aparecía: sus estudios, su entrenamiento, sus amistades, y sobre todo, el sexo con quien le apeteciera en cada momento. En definitiva, todo aquello que la hacía feliz. Se dio cuenta de que cruzar el umbral de lo políticamente correcto le ayudó a tomar una decisión trascendental que podía llevarle a una mayor felicidad… o también, todo lo contrario. Ella tenía claro el camino a seguir e intentó aplicarse una cita que alguien a quien apreciaba en el pasado le recitó una vez: “La vida es como montar en bicicleta, para mantener el equilibrio, debes seguir moviéndote”.

    —¿Y bien…? —le preguntó Berto.

    —¡Voy! —respondió exultante.