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  • Aprendiendo con mi maestro de biología

    Aprendiendo con mi maestro de biología

    Hola, este es el primer relato que escribo, así que espero sea de su agrado.

    Todo comenzó en mi segundo año de preparatoria, específicamente en mi clase de biología la cual era impartida por un maestro, sinceramente él no era el hombre más guapo que yo haya visto, pero tenía algo que lo hace muy atractivo, con el paso del curso el maestro me comenzó a gustar tanto que masturbaba pensando en él y en cómo podríamos llegar a coger en diferentes lugares de la escuela.

    La verdad es que el maestro era muy coqueto siempre se podía ver en la forma con la que miraba y hablaba a sus alumnas, cada vez que hablaba conmigo me miraba de una forma que me gustaba y a la vez lograba sonrojarme, también me tocaba el hombro y la mano de vez en cuando.

    La verdad es que por la escuela se rumoraba que este maestro cogía con algunas alumnas, y realmente no era por calificación sino por intereses placenteros de ambas partes.

    Sinceramente a mi el maestro me gustaba mucho y yo a él, por lo que él se dio paso a proponer unas clases de estudio privadas, las cuales rechacé pues yo sabía que me mostraría su anatomía masculina y el acto de la reproducción, una de las razones por las cuales rechacé la propuesta fue porque en la escuela yo era la alumna con mejor promedio y pues no quería que pensarán que mis calificaciones eran a bases de buenas cogidas, ya que la verdad si me esfuerzo mucho en el ámbito académico, así que mejor contuve mis ganas de ser penetrada por semejante semental.

    Pasó un año y el maestro siguió intentando convencerme pues él ya sabía que yo sí quería, pero tenía miedo que mi esfuerzo se viera arruinado, por lo cual le propuse esperar hasta que saliera de la preparatoria y él aceptó.

    El día llegó, yo me preparé con mucha antelación comprando unas tanguitas y trajes de baño para que el deseara más y más mi culo y por supuesto hacer que la espera valiera la pena tanto para él como para mi, ufff tan solo de recordar ese fin de semana ya me estoy mojando…

    Rodrigo y yo quedamos en que pasara a recogerme en un lugar poco concurrido para después irnos a una casa de él y sus padres a pasar el fin de semana.

    Desde el momento que entré en su auto comenzamos a tocarnos y besarnos apasionadamente, sus manos recorrían todo mi cuerpo; las metía debajo de mi blusa para poder tocar mis senos los cuales besaba, jalaba y apretaba con una desesperación como la mía de querer liberar su pene para lograr apreciar esa erección y comenzar a tocar su miembro.

    Demoramos así varios minutos la cosa estaba muy HOT el me deseaba y yo a él, por lo cual le propuse que mejor condujéramos a su casa pues a pesar que los vidrios de su carro eran polarizados que tal y se acercaba alguien al carro y nos veía en pleno bellaqueo.

    Mientras manejaba yo iba acariciando su pene y el metía sus dedos en mi vagina ya muy húmeda por la situación, afortunadamente no tardamos mucho en llegar a su casa, donde en el momento en que el carro entró en el garaje el me jalo hacia él para sentarme en sus piernas volvimos a besarnos apasionadamente me quito la blusa y el bra dejando a la vista mis senos erectos los cuales comenzó a besar y a pellizcar su mano fue bajando hacia mi cintura para proceder a quitarme la falda, dejándome solo con una tanga de color blanco con un encaje transparente, por lo cual procedí a bajar como pude para comenzar a probar ese hermoso pene lo deseaba demasiado pues había estado más de un año queriéndolo comencé pasando mi lengua por sus testículos los succioné un poco eso lo prendió mucho a él, después me dirigí hacia su pene pasando mi lengua desde su base hasta el glande, comencé a mamársela primero lento después más rápido sin importarme que mi cabeza chocara un poco con el volante, el gemía cada vez más, entonces se me ocurrió comenzar acariciar su ano y meterle un dedo se lo movía en círculos, entraba y salía haciendo que el terminará en mi boca llenándome de toda su rica leche la cual tome sin ninguna oposición estaba deliciosa, me levanté y comencé a besarlo haciéndolo probar los restos de su semen que quedaran en mi boca el mientras me besaba me quito mi tanguita y me acomodo en el asiento del copiloto para que pudiera alzar las piernas y probar mi vagina toda jugosa hecha un mar de lujuria el comenzó pasando su lengua por toda mi rajita para después dirigirse a mi ano y terminar en clítoris el cual estaba esperando que llegará el comenzó a mover su lengua en círculos mientras me introducía dos dedos en mi vagina, yo estaba loca de placer era evidente que ya me venía y entonces comenzó a succionar mi clítoris y mi espalda empezó a arquearse generando un inminente orgasmo.

    Su pene volvió a estar erecto, él me dijo que lo cabalgara, no lo pensé ni un momento para sentarme encima de él y colocar su pene dentro de mi vagina uy se sentía riquísimo yo me movía lentamente mientras nos besábamos sus manos recorrían todo mi cuerpo, yo pasaba mis manos por su espalda y abdomen, empezamos a realizar un mete y saca mientras uno movía sus caderas comenzábamos a respirar de manera cortada, nuestras respiraciones se sincronizan hasta que ambos nos venimos en su carro, mi vagina quedo llena de su leche caliente y mi cuerpo desnudo sobre el suyo terminamos de recuperarnos y procedimos a bajarnos del carro, eran tantas las ganas que nos teníamos que ni siquiera llegamos al cuarto, yo decidí bajarme desnuda ya que mi tanguita estaba muy mojada y me pareció mejor llegar a la casa y ponerme una limpia además quería que Edgar apreciara mi cuerpo desnudo, a lo cual él respondió diciéndome lo mucho que le gustaba y que toda la espera había valido la pena.

    La verdad yo me sentía insaciable quería más y más de él, así que comencé a quitarle el pantalón lo deseaba otra vez , lo quería en mi vagina llegando a la cama me puse en cuatro y él comenzó a embestirme se escuchaban fuerte y claro nuestros gemidos y el sonido de sus testículos pegando con mis glúteos este hombre y sus embestidas que me daba me tenía loca, él me decía mientras me cogía que era su puta favorita a mí escucharlo hablar así me ponía mucho y le decía quiero que me cojas más duro rómpeme.

    Y así lo hizo hasta que los dos nos venimos (el solo acordarme hace que pare de escribir y comience a masturbarme).

    La verdad así nos pasamos todo el fin de semana cogiendo por toda la casa en la azotea, en la cocina, en el comedor, en la sala, en el jardín, en el baño, etc.

    Espero les haya gustado.

  • El hermano gemelo de mi padre (IV)

    El hermano gemelo de mi padre (IV)

    Anteriormente:

    Una fiesta a la que me invitan y no quiero ir con la ropa que me obligan mis padres, así que acudo a la casa de mi tío para que me dé la de su ex novia.

    Todo termina con mi tío masturbándome corriéndome la tanga blanca diminuta de encaje. Y cerramos estando yo en el piso sentada apoyada contra la pared y chupando el falo de mi tío, gemelo de mi padre, sin manos, solo mi boca y mi lengua y sus manos guiándome la cabeza.

    Concluye ese episodio con una explosión de leche en mi boca, que cae por la comisura de mis labios, y por fuerza de gravedad a mi teta derecha que quedo descubierta por el movimiento, parte en mi pierna.

    La leche caliente de mi tío en mi cuerpo era el trofeo de él.

    Yo me derrumbe acostándome totalmente al suelo, tratando de recuperar el aire. Mi pecho aún subía y bajaba y mi corazón poco a poco iba recuperando su ritmo normal.

    Mi tío se viste y me dice que me arregle, que va a pedir un Uber para que me vaya.

    Eso me decepcionó un poco, me sentí usada, un objeto que usó mi tío para desahogarse.

    Pero obedecí. Me acomode la tanga, me baje la pollera blanca, puse en su lugar bajo cubierta a mi teta derecha. Me saque con un papel el exceso de transpiración. Y me arregle el cabello y el maquillaje.

    Me puse bien los tacos y en una bolsa puse mi ropa que había traído de casa.

    Bajo por las escaleras hasta el living. Allí estaba mi tío sentado tomando una copa de vino.

    Me llama con la mano sin hablar.

    Me acerco sin mirarlo a los ojos, y con timidez quedo frente a él.

    Me da dinero para el Uber y cuando estoy por tomarlo lo deja caer al piso, al lado de sus pies.

    Me arrodillo a buscar los billetes, es mucho más de lo que cuesta el Uber. Pero no digo nada, solo lo recojo.

    Me pongo de pie y le digo gracias.

    Él no dice nada, solo sonríe.

    Suena el timbre, ha llegado mi transporte.

    Me acompaña hasta la puerta, su mano se posa en mi cintura pero al llegar a la salida, baja tocando mi culo, y metiéndose por debajo de mi corta falda.

    No digo nada, sigo caminando. Él juega con mis nalgas, mete su dedo entre ellas.

    Al final llegamos a la puerta de salida donde espera el vehículo y se despide acariciando mis labios vaginales desde atrás.

    No digo nada, no lo miro, solo salgo de allí y me dirijo al Uber.

    Una vez dentro del auto mi tío saluda como una persona decente, yo solo lo miro y saludo para que no parezca nada anormal.

    El chofer habla de muchas cosas, del país, de la economía, del covid, de las vacunas. Yo respondo con cortesía pero estoy aturdida por todo lo que paso.

    Cuando llego a la fiesta, me aburro. La siento tan monótona. Los chistes de los chicos, la fanfarroneada por el alcohol, el cigarrillo o la marihuana me causa rechazo. Lo veo como actitudes infantiles.

    Muchos chicos intentan seducirme al ver cómo voy vestida, como una puta, pero una puta fina.

    Muchas chicas comienzan a hablar mal de mi, las veo mirarme de arriba a abajo y criticarme. Los chicos que estaban con ellas, ahora están coqueteando conmigo.

    Los chistes que me hacen los chicos para llamar mi atención me parecen de niño.

    Cuentan anécdotas de como compraron un reloj o una motito como si fueran empresarios, me dan vergüenza ajena.

    Llega la hora de irme, mi padre vendría a buscarme.

    Me cambio de ropa, para ponerme la que mis papás me permitieron usar.

    Volvemos a casa y cuando me habla mi papá es como si me hablara su hermano gemelo, la cara es igual, los gestos también. Solo que no está tan cuidado de cuerpo, pero mirándolo veo que solo tiene un poco de pancita, con un par de meses de ejercicio estaría bien.

    Lo veo mirar constantemente por el espejo, estamos llevando de paso a unas amigas a su casa.

    Es vivo mi padre, mira por el espejo para verle la bombachita a mis amigas. Con las demás chicas de mi edad no tiene problema de que vayan vestidas como quieran, mientras yo vaya como monja.

    Casi no mira para adelante, se hace el chistoso como un adolescente, trata de robarle sonrisas a mis amigas, se arremanga la remera como para mostrar su brazo maduro y grande. Esta hecho un pajero.

    Cuando dejamos a una, se queda mirándola con la excusa de que quiere asegurarse de que entre a la casa. Claramente le mira el culo.

    Yo miro hacia su entrepierna y tiene un bulto que crece, mi padre se está excitando mirando a mis amigas de 18 años.

    Tal como lo hacía su hermano conmigo.

    El bulto es enorme, hasta se lo acomoda mientras va manejando, evidentemente no esperaba el mismo esa erección.

    Yo trago saliva mientras recuerdo lo vivido con mi tío. Me pregunto si los gemelos serán iguales también en su sexo.

    Al llegar a casa, cada uno va a su cuarto.

    Me saco la ropa, me quedo con la bombacha blanca de algodón con una florcita al frente. Y una remerita de tiritas que tenía desde hacía años. Sirve para dormir, deja mi panza al descubierto, pero es cómoda, mucho mas sin corpiño.

    Me dirijo al baño para lavarme los dientes, pero está ocupado.

    Espero en la puerta, pero pasan unos minutos y nadie sale, iba a tocar la puerta pero escucho ruido dentro.

    No sé porqué lo hice pero miré por el agujero de la cerradura.

    Allí vi con horror a mi padre con los calzones bajos, sin remera masturbándose.

    Me dio asco y saque mis ojos de allí, y me estaba por ir a mi cuarto pero algo me hizo volver. Un bufar de mi padre.

    Volví a mirar por el ojo de la cerradura, con ese morbo de lo desagradable. El cuerpo de mi padre estaba fuera de forma pero no era feo. No era mi tío pero seguro les gustaba a muchas mujeres así.

    Tenía más vello púbico que mi tío, pero su miembro era igual. Era grande, ancho, con huevos grandes que colgaban como cencerros.

    Sigo mirando hasta que lo veo largar chorros de leche al piso. Inmediatamente va en busca de papel higiénico para limpiar el enchastre.

    Tengo que irme de ahí antes de que salga mi padre, pero cuando estoy yendo a mi cuarto me topo con mi mama saliendo a buscar agua.

    Me pregunta como estuvo la fiesta y en eso sale mi papá del baño.

    De espaldas a él puede verme en bombacha, no es la tanga que usaba con mi tío pero sin duda es una imagen sensual con luz tenue.

    «ya está el baño» dice mi padre como si solo hubiera ido a hacer sus necesidades.

    Lo cruzo para meterme y cepillarme los dientes.

    Mientras me cepillo vuelan todas las imágenes en mi cabeza, lo que paso con mi tío, lo que vi de mi padre. Me sentía sucia. Luego de lavarme los dientes giro y veo una gota blanca en el piso.

    Me arrodillo y lo toco con el dedo, me lo acerco para verlo, lo huelo, huele como la leche de mi tío.

    Lo pruebo con la lengua, evocando lo que pasó con mi tío. Me meto todo el dedo.

    Busco en el tacho de basura el papel que uso para limpiar sus porquerías mi padre. Lo encuentro, y lo mismo, lo lamo, lo huelo con fuerza. Me erotiza, me recuerda a mi tío, aun cuando es más perverso, de mi padre.

    Vuelvo a mi cuarto y no puedo dormir. Todas las imágenes siguen en mi mente, y por primera vez hago lo que muchas mujeres hacen, comienzo a tocarme.

    Mis manos se meten dentro de mi bombacha que esta húmeda.

    Mis dedos juegan con los labios vaginales.

    Se mete uno, luego dos, y aunque no se compara a los dedos de mi tío lo emulan bastante bien. Jadeo con sonidos sordos. No quiero que nadie me escuche.

    Mi espalda se arquea de placer y largo una cantidad de flujos como nunca antes en mi vida. Mis dedos son un enchastre de jugos, entran y salen como extrayendo petróleo.

    Me los llevo a mi boca y me gustan. Así lo hago repetidas veces. Mientras me aprieto los pezones.

    Así me quedo dormida, con los dedos metidos en mi vulva. Y mis sabores dentro de mi boca.

    Desde esa noche cada noche, hago esta práctica.

    Por causa de que no hay casi vacaciones y por las restricciones sanitarias las fiestas se tornan una normalidad.

    En nuevo fin de semana llega y nuevamente le escribo a mi tío para pedirle ropa.

    No me responde, le vuelvo a insistir y no hay respuesta.

    Llega el día de la fiesta y me voy triste, decepcionada. Ni siquiera tengo ganas de ir, pero mi papa insiste, es obvio que también es su día de mirar culos de jóvenes y tener material para su paja.

    Hasta se ofrece a llevar a mis amigas y buscarnos a la vuelta.

    A la ida se repite la escena, pero esta vez mi papa va con una remera nueva, de esas para salir, como si él estuviera invitado, está peinado, y perfumado.

    Se puso su reloj como para tener mas clase. Evidentemente quiere impresionar a mis amigas.

    Mis amigas dicen que mi papa es re buena onda, él se ríe y sigue comportándose como adolescente. Su bulto ya está avisándole que está listo para descargar.

    En medio de la fiesta recibo un mensaje. Es mi tío.

    Me dice que si quiero ir, que mande la ubicación y me busca.

    Me tiemblan los dedos, pero le mando la ubicación.

    Una hora después está en la puerta, le digo a mis amigas que me cubran nuevamente. Ellas me acompañan hasta la puerta, le digo que no hace falta pero ellas quieren saber quién me busca, nunca les dije que era mi tío.

    Llega con un Mercedes de los nuevos, todas mis amigas se ríen mientras dicen de todo. Yo me pongo colorada pero le digo que no es lo que piensan.

    Entro al auto, saludo a mi tío y él me toma del cuello y me da un sonoro beso en la comisura de los labios.

    Desde lejos mis amigas ven la escena, no sé si logran divisar a mi tío, pero si lo de ese beso que no es algo normal.

    «te quedaste con ganas sobrinita puta?» me dice mi tío mientras pone primera y me lleva a su casa, esa casa que es su guarida donde me tiene como su presa y puede hacer de mi lo que quiera.

    Continuará…

    Sigan comentando que les va pareciendo el relato, quieren agregar algo, algo que quieran que suceda.

  • Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (6)

    Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (6)

    Con un ojo abierto y restos de saliva caliente por sus labios, Sergio comenzó a desperezarse. Hizo crujir sus huesos estirándose como un gato y de un salto, gracias a la energía de la juventud, se levantó de la cama, acercándose con paso perezoso al gran ventanal por donde la luz se introducía.

    Apoyado en la ventana, observó cómo los rayos del sol golpeaban en el agua recreando una gran masa de cristal, “tiene que estar calentita, en su punto” pensó. No pasó desapercibido para él, que en pleno jardín sobre una tumbona, su tía estaba leyendo lo que parecía una revista. Se había vestido con un bikini que sin duda le quedaba mejor que el bañador de su sobrino. El atuendo lo coronó con una pamela para evitar rayos del sol y como guinda del pastel el cóctel que había dicho que se iba a tomar, mujer de palabra.

    Sergio sonrió con cierta ironía, lo primero que le vino a la mente era una de esas escenas de una película para adultos. Una mujer madura se encuentra dorándose al sol, cuando el joven jardinero hacia acto de presencia y… lo demás es historia.

    La sonrisa pícara de su rostro, se comienza a desvanecer cuando comprueba que la escena que recrea en su mente no cesa, sino que se retroalimenta. Tiene que sacudir su cabeza como un cachorro mojado para alejar ese pensamiento, “¿a qué ha venido eso?” pensó con cierta sorpresa. Sabe muy bien que no es una mujer cualquiera… ¡Es su tía la que está abajo!

    Lo malo de todo eso era que mientras su cerebro proyectaba unas imágenes muy vividas su mano con total involuntariedad, se dirigía a su entrepierna con ganas de amasarla fuertemente. Aunque peor era… que esa zona, había agrandado considerablemente de tamaño.

    Alejándose de la ventana, evitó seguir pensando de esa forma y colocándose el bañador percibió el pequeño bulto que no disminuida en su entrepierna. Decidió mejor esperar un rato y enfriar del todo la zona antes de bajar donde su tía. No tardó en conseguirlo y con la certeza de que todo estaba como debía estar bajó y salió al jardín.

    —¿Qué tal, tía? ¿Se está bien al sol?

    —No lo sabes bien, ¿vienes a acompañarme? —asintió— tómate algo si quieres, tienes un mini bar en la cocina.

    —No gracias, no me gusta beber si no estoy de fiesta, soy raro.

    —Lo que quieras, cariño —poniéndose las gafas de sol— entonces disfruta del sol.

    —Tú ya estás bien morena —matizó el joven sentándose en la otra hamaca.

    —Si hay sol, no hay día que no baje a relajarme.

    —Yo también lo haría, te envidio.

    Cogió un poco de la crema solar de Carmen para esparcirla por su cuerpo, mientras la mujer sorbía de su copa.

    —¿Qué sueles hacer en el día a día?

    —Pues un poco de todo. Si no es verano, pues voy a la compra, hago la comida, me veo alguna película o serie que me guste, salgo con tu tío a tomar algo y si no está, quedo con las amigas. Si hace bueno, le dejo hacer esas tareas más a Sol. La ayudo un poco, pero a las mañanas bajo al sótano donde tenemos un pequeño gimnasio. Hago algo de deporte todos los días y después… tomo el sol. A las tardes suelo tomar algo si está Pedro y si no… pues también —alzó su copa.

    —Eso del gimnasio es nuevo, alucino contigo tía. Teniendo gimnasio privado en casa, normal que parezcas más joven.

    —¡Calla ya por favor, cielo!, ya en dos días he recibido más halagos que en un año —tristemente, era verdad— vas a hacer que me sonroje. Pero bueno, no es un gimnasio, tenemos una cinta para correr, par de bicis y unas pesas para hacer algo de ejercicio, mañana baja si quieres, estaré allí.

    —Es que de verdad, igual te parece una estupidez, o quizá sea desde mi posición de adolescente. —podría ser— Tengo la teoría que las mujeres a poco que os cuidéis, ya sois un cinco.

    —¿Cómo que un cinco?

    —Por la nota, un cinco sobre diez. No digo que seáis un número, solo que si os pongo en escala de ser aceptable o no. Una mujer que se cuida lo tiene fácil para llegar a ese mínimo, por lo menos a mi gusto claro, no sé si me entiendes.

    —Sí, te entiendo… —jugó con la pajita y después añadió— pero aclárame, ¿Aprobar para qué? —preguntó con una sonrisa maléfica, sabía muy bien a que se refería.

    —Pues, ya sabes, no hace falta que lo diga —trato de evitar un gesto nervioso.

    —Vale, vale, no hace falta que lo digas, pero explícame esa teoría tuya.

    —Para mí, una mujer ya delgada, que cuide su cuerpo, pues ya tendrá un 5 de nota. —ante el comentario de Sergio, Carmen con un poco alcohol en sus venas, no pudo contener la risa.

    —O sea… que poniendo notas a las mujeres ¡eh!

    —Joé tía te lo he dicho antes, que es por calificar, por enumerar de alguna forma, no me tomes por un tipo de hombre superficial.

    —Es broma, Sergio. Te entiendo, cariño, sigue anda.

    —A ver, en mi humilde opinión… si una mujer se cuida, pues, tendrá mi atención, así igual queda mejor dicho.

    —Entonces, muchas mujeres llamaran tu atención o tendrán tus “cincos” —volvió a reír.

    —Aparte de tus vaciles, que los conozco muy bien… te lo voy a explicar mejor. Para mí, casi todas las mujeres llaman mi atención, no es que me gusten todas, no soy un salido. Añadiré que si tienen un buen cuerpo, pues seguro que… pues eso… ya sabes.

    —Bueno, ahora mi sobrino que se despelota sin problema delante de mí tiene vergüenza de decir una palabra que empieza por F. A ver dila, mueve la boquita así… que te oiga tu tía, fo… fo… —entre el calor y el cóctel, Carmen estaba más cerca de tener el puntillo.

    —Follar, si… —aunque pasaba vergüenza, a Sergio le encantaba cuando su tía se ponía así de pesada— Es que a ver tía… no me líes. —se tuvo que reír de por el nerviosismo— Sigo. Pues eso, mira así de fácil, mis cálculos matemáticos son que el 90% de las mujeres, son… —le costó repetirlo— para lo que he dicho antes, eso seguro y luego un 5% son las que tendrías algo más, estos datos son oficiales de la Universidad de Melo Invento.

    Carmen comenzó a reírse a mandíbula abierta de tal forma que acabo por pegarle la risa a su sobrino. Incluso una pequeña lágrima salió de sus ojos tras las gafas de sol, hacía mucho que no se reía de esa forma, ni lo recordaba.

    —Y en ese 90% —logró decirle al serenarse— ¿no tendrías algo más con ninguna? Que exigente.

    —Nooo —dijo volviendo a tomar la palabra— estos porcentajes son a primera vista, ese noventa por cien pues lo harías mínimo y de las otras casi te enamoras.

    —¡Ah! Comprendo, vale, vale, ¿y el otro 5%?

    —Bueno… algún listón tendré que poner, ¿no?

    Carmen de nuevo comenzó a reír sin parar. Le encantaba escuchar a su sobrino y más cuando trataba esos temas, su risa era incontrolable hasta casi el punto que se le cae su copa encima. No era en ningún momento forzado, estar con Sergio le hacía tan bien que incluso aquellas pequeñas gracias la hacían desternillarse.

    —O sea que poco límite tienes.

    —¡Oye que sí! Paso. Sé que me estás vacilando, tía, lo has entendido de maravilla, deja de reírte de mí. —Aunque trataba de parecer malhumorado no lo conseguía, ver a Carmen reírse de esa forma le causaba felicidad.

    —No, Sergio, te juro que me interesa, cuéntame más —dijo con un tono mimoso.

    —Pues creo que es todo, poco más puedo añadir.

    —Háblame de ese 90%, cuéntame donde tienes ese listón… me encanta escuchar cuando estoy tomando el sol, me relaja.

    —Pero no te duermas que eso me cabrea —su tía volvió a sonreír aguantándose esta vez la carcajada. Estaba tan bien, tan relajada, de nuevo su mente le advirtió, “demasiado bien…”— pues a ver. Mi listón, supongo… que está en mujeres o muy feas, o muy pasadas de peso, o quizá inaguantables, creo que ya te puedes hacer una idea.

    —Fuera. Las quitamos, ¿qué más?

    —Lo demás entra en el rango que podría estar una noche. O sea aunque sea algo feíta, pero si tiene un cuerpo espectacular, o al revés, que no tenga un gran cuerpo, pero sea muy guapa, no sé… ya sabes jugando con los límites. ¿Te haces a la idea? Manejándome en ese espectro.

    —No está mal tu clasificación, tienes un gran abanico de mujeres, bueno… casi todas.

    —Es que para qué me voy a limitar, la gran mayoría de mujeres tienen puntos fuertes, qué más da que otra parte no sea buena. Puede que tengan unos kilos de más, pero sean majísimas o quizá con cuerpo de escándalo, pero no tan guapas, pues a mí me vale.

    —¿Con unos kilos de más como los míos? —dijo ella con curiosidad señalándose su vientre.

    —Anda por favor, tía. Tú no tienes kilos de más, lo que no tienes es el cuerpo definido, como una chica deportista, pero nada más, a mí los cuerpos así me encantan.

    —¡Uy! Qué bien saber que no estoy debajo de tu límite. No podría imaginarme estando en ese 5%, ¡Qué horror! —dijo con cierto tono dramático y alzando la voz.

    —¿Cómo vas a estar ahí? —rápidamente pensó en lo que había dicho. Un error de cálculo por las rápidas preguntas de su tía y por la comodidad de la situación. Rápido su mente le advirtió que se corrigiera— digo sí. O sea tú eres mi tía —casi se indignó al ver que la mujer no paraba de reír.

    —Mi amor, que te lías… —Carmen le sonrió mirándole por encima de las gafas con sus ojos azules— pero me quedo más tranquila sabiendo que estoy en tu límite. Imagínate que no, no podría ni dormir —le seguía vacilando y Sergio lo aguantaba con una fría mirada. Aunque los ojos azules de su tía se la derretían— aunque que metas a tu tía dentro de esa clasificación, no sé yo si está bien.

    —Tía, de verdad, no paras ¡eh! Paso de ti. Me voy al agua a que me dejes un rato en paz.

    En verdad, su tía entraba de sobra y más viéndola con aquel bikini. Sergio sabía que una mujer así estaría en el puesto que quisiera. Tenía que ser sincero consigo mismo, ya que había tenido épocas en las que su tía solía aparecer en su imaginación para ciertos alivios sexuales y no habían sido pocas veces… que va.

    Sin embargo, aquello siempre le pareció un juego, como un sueño. Algo que jamás sucedería, una cosa irreal, como imaginar a una estrella famosa del cine la cual jamás te cruzarías. Esa leve barrera de moralidad, fantaseando con un familiar la había rebasado hacia años, pero sumergiéndose en el agua, algo le pasó fugaz por la mente “¿si fuera real, me atrevería?”.

    La miró de nuevo mientras nadaba, sumergiéndose dentro del agua templada y sofocando cierto curioso calor que le había nacido. Carmen tenía un cuerpo casi en forma, con unas piernas sin marcas de la edad, un vientre que podría pasar por cualquier compañera de la universidad. Para nada era fea, es más, era muy guapa y Sergio lo sabía, ese rostro juvenil que también poseía su madre le daba una belleza que el joven nunca negó.

    Todo ello, sumado a unos pechos que para el muchacho pasaban la barrera de la perfección. “Una mujer así, podría acercarse al 10, esta bueni…” dejó de pensar para no sentirse mal por terminar la frase y reprimió lo inevitable. El calor de su interior se convirtió en una ola que recorrió su cuerpo y una muy conocida sensación eléctrica atravesó su espalda hasta llegar a sus genitales. Se zambulló dentro del agua para ocultar sus sentimientos y también, porque se dio cuenta de que los penetrantes ojos azules de su tía, le volvían a observarle por encima de las gafas de sol.

    ****

    La tarde trascurrió bajo el sol, mientras Sergio entraba y salía del agua, Carmen disfrutaba del calor en la hamaca. Ninguno de los dos quiso salir de casa, la suma del viaje y las horas pasadas a merced de los rayos de sol les había agotado. Por lo que lo decidieron, prepararse unos sándwiches y asaltar el sofá junto con pijamas calentitos. Las noches veraniegas en el pueblo daban un cambio considerable con respecto al día, incluso tuvieron dudas de si una manta sería necesaria.

    Carmen cerró las ventanas de casa, la ventilación diaria se daba por finalizada, prohibiendo de esta forma la entrada al frío que luchaba por hacerse hueco. Acomodados en el sofá y degustando los sándwiches que se habían preparado, Sergio encontró una película después de recorrerse todos los canales. Carmen sin nada mejor que ver, aceptó ponerla.

    Recostada en el sofá la mujer al ver que la película no le llamaba del todo, por pura inercia se echó un vistazo a sí misma. Vio el pijama que llevaba puesto asaltándola de pronto una imagen muy nítida, ella dándose crema en el hotel con su sobrino en la cama y aquel salto de cama tan sexy adornando su piel. Estaba claro que el pijama que llevaba ahora, era mejor opción para el clima del pueblo. Sin embargo recordó como en su habitación, mientras elegía que ponerse justo antes de bajar al salón, había estado pensando.

    Una cierta curiosidad o quizá por influencia de las copas de la tarde su mente le saltó una pregunta, “¿por qué no ir algo más ligerita? Al final, tampoco hace tanto frío”. Decidió que lo más correcto era ponerse el pijama largo, que quizá volver a ponerse algo similar al hotel seria “inadecuado”.

    En el sofá seguía pasándose la mano por el pantalón largo que le tapaba ambas piernas. Las mismas que brillaban al sol horas antes, “ya me las ha visto…” se decía mientras tocaba la caliente tela. En la parte de arriba, una camiseta de tirantes y una rebeca vieja hacían el conjunto de perfecto para las noches veraniegas. La camiseta si tenía cierto escote, no obstante el poder tapárselo con la rebeca le hizo pensar que aquella prenda sí que era adecuada.

    Apenas se le veía nada, lo podía comprobar ella misma desde su posición elevada. Solamente una pequeña parte de un canalillo más que atrayente y por algún motivo que su mente no asimilaba, trataba de cazar a su sobrino por si alguna de sus miradas curiosas llegaba a aparecer.

    La película transcurría a un ritmo que apenas interesaba a la mujer. Ella daba vuelta a su mente que debido al alcohol estaba en constante movimiento. Recordó las palabras de su sobrino, como hacía referencia a que con el bañador era lo mismo que ver a alguien en ropa interior. En parte si era cierto, quizá podrías ver la misma porción de carne, por lo que llego a una conclusión más que razonable. Si ya la había visto en bañador, no habría problema en verla el escote o incluso… en ropa interior, “¿no?”.

    Sergio que sentado en el sofá trataba de poner atención en la película, había visto a su tía bajar las escaleras con su pijama e intento observar sin ser visto, algo que por poco lo consiguió. Lo que no consiguió fue frenar una mano traviesa que involuntariamente acudió como un rayo a su entrepierna para agarrar con fuerza un aparato reproductor que comenzaba a activarse.

    Los días sin expulsar ese preciado líquido que tanto placer le daba comenzaban a pesar. Su cabeza giraba como una peonza y no podía creerse lo que veía, su tía le estaba resultando muy atractiva… demasiado. Por mucho que lo meditara no encontraba una razón lógica, durante toda su vida Carmen le había parecido una mujer atractiva. Sin embargo no pasaba de ese límite entre lo posible y lo imposible, una barrera la cual nunca se imaginó ni acercarse. No obstante, desde esa tarde, le parecía que esa frontera era mucho más cercana de lo que se hubiera planteado jamás.

    En mitad de la película, el joven no soporto más las ganas de admirar a su tía y giro la cabeza para verla. Allí sentada con los pies en el sofá realmente se la veía preciosa, tan guapa como siempre y como… nunca antes. Aunque lo mejor y lo peor era que según su cuello se movió y sus ojos observaron a Carmen, se dio cuenta de que ella había hecho lo mismo, en el mismo instante.

    Ambos se miraron por un segundo demasiado extenso. Sergio luchó contra sus instintos más primarios de adolescente para no bajar sus ojos y ver aquella porción mínima de pechos que su tía tenía al descubierto.

    —Sergio, tú crees en serio, ¿qué a tu madre le haría bien estar aquí aunque fuera unos días? —su voz sonaba suave, tenue, similar a un canto en la noche.

    —Pienso que sí, se libraría de algunos agobios. Además podría estar en su pueblo y si hay tiempo ver la casa donde se crio, siempre he creído que viene menos de lo que le gustaría.

    —Se me ha ocurrido una cosa. Es solo una excusa para que venga —Sergio le invitó a seguir y Carmen se propuso a contarle lo que había pensado mientras él chapoteaba en el agua— he mirado una compañía para traerme el coche. Ya sabes, para que alguien vaya, me lo recoja y me lo traiga hasta aquí. Esto es lo que se me ha ocurrido aunque lo veo un poco descabellado, ¿si le digo que lo traiga y que yo le pago la vuelta?

    —Pues… —lo meditó con calma— no es mala idea. Pero se lo tienes que pedir como favor, si no quizá le dé una pereza terrible. Lo bueno es que mi padre no puede porque está trabajando y mi hermana ni tiene edad para conducir. Puede ser una opción, me encantaría que viniera y disfrutara. Eso sí, quizá si estáis las dos solas os lo paséis mejor.

    —¿Y tú? Apenas has podido disfrutar de mi compañía y yéndote mañana, menos aún.

    —Ya, y si… —una idea le rondaba, pero no le salían las palabras, se moría de vergüenza por pedirlo.

    —¿Sí, cariño?

    —Admito que he soltado esa frase para que me ayudaras a decirla. —respiró hondo— ¿Y si no me quisiera ir? —después del viaje y de la estancia con su tía, algo le obligaba a quedarse— me refiero, si quisiera quedarme más tiempo.

    —Te diría, que algún día te deberías manchar a estudiar —le lanzó un gesto dulce con su rostro— por mí, te puedes quedar todo el verano si quieres. Pero unos días más están bien… me parece, que no podrías haber tenido una idea mejor. ¿Puedo preguntarte una cosa? —asintió— ¿Por qué ese cambio de parecer?

    —No sé —decirle que un sentimiento extraño le evitaba querer separarse de ella, no era una opción. Aunque ¿cómo decirlo de una forma más dulce…?— notó que aquí es donde debo estar, me apetecía mucho estar con mis amigos, es evidente, pero tía, me parece que también debo pasar tiempo contigo. Es como si lo necesitase, como si tuviera que priorizar a mi familia —en verdad, solo a su tía, sin embargo ni se le hubiera ocurrido decir eso— ¿suena raro?

    —Más raro suena que me metas a tu tía en tus clasificaciones. —Sergio sabía que era una broma, pero su tono había sonado serio.

    —Tía, por favor…

    —Vale, mi vida, ya paro… —posó sus ojos azules en los del chico para decirle lo que sentía— no me parece extraño. Yo… quiero que te quedes conmigo, sabes que me encanta estar con mi sobrino favorito y después de lo bien que lo hemos pasado, quiero pasar más tiempo juntos.

    —Pues si me acoges en tu casa… me quedo. Y si por casualidad, le apetece venir a mi madre me podría quedar hasta que ella quisiera, ya sea estando con mis amigos… o con vosotras.

    —Aunque una cosa, si me vuelves a llamar vieja te vas a la calle. Ni aquí, ni donde la abuela ¡eh! —sonrió de manera pícara y en vez de golpear, acarició a su sobrino con el pie en el muslo.

    —Es que, tía, tengo que confesarlo, no te lo quería decir para no herir tus sentimientos. —el joven trataba de implementar el máximo de drama posible a su voz— Si no entras en mi lista no es por parentesco, eso da igual… es porque que eres una VIEJA.

    —Serás ca… —arrojó un cojín al rostro a su sobrino, esta vez con fuerza— ¡Fuera de mi casa ahora mismo!

    Ambos rieron de una forma contagiosa, como lo venían haciendo durante todo el viaje. En ese momento, mientras las risas cesaban, de nuevo un pensamiento fuera de lugar paso fugaz por la mente de Carmen. Una pregunta que la agitaría por dentro, ¿en verdad podría estar en su clasificación aunque fuera su tía? Quería preguntárselo, casi necesitaba saberlo. El mero hecho de imaginarse que un chico como él, la viera tan atractiva como decía la descolocaba por completo.

    De pronto, todavía con esa pregunta en su mente, su cerebro fue golpeado como si de una ola llegada del mar se tratase, sin embargo vacía de agua y llena de preguntas. Todas englobaban el mismo tema, eran sobre ella y su sobrino, aunque UNA se alzó por encima de otra. Una que la haría tragar saliva y concentrarse en las imágenes de la televisión para no delatar lo intranquilo de su cuerpo “¿si estoy en su clasificación? Quiere decir que me fo…”.

    Trató de ocultar esa marea de sentimientos que atravesaban su estómago haciéndola casi sentirse indispuesta. Lo aguantó con estoicismo, sin embargo no consiguió aprisionarla del todo dentro de su cuerpo.

    Un temblor atravesó su ser hasta llegar a la entrepierna, apretó ambos muslos contra su sexo con la intención de contener lo incontenible. Por momentos logró serenarse, sabiendo que no podía poner barreras a esos pensamientos. Suspiro como una chimenea sacando el calor sobrante de su cuerpo, los sentimientos se le estaban arremolinando en una única zona y la iban a hacer desmallarse.

    No sabía que le había pasado, pero pensar aquello, le había hecho sentirse de una forma de la que hacía años no tenía conocimientos.

    —Tía —saltó Sergio al de un rato— no sé si es buen momento, pero siempre he pensado que las noches son buenas para hablar, ¿te gustaría hablar de Pedro?

    —No lo sé —dijo dudando sin saber si era buen momento o no. Ni siquiera sabía si era un buen momento para estar a solas con Sergio.

    —Sé que no es comparable, una cosa es lo mío con Marta, solo llevábamos 3 años, lo que tú sientes al final es infinitamente peor. Quiero que sepas que estoy aquí estos días para lo que necesites, si te apetece hablar, hablamos, si quieres chillar, lo haremos juntos. —Sergio dibujó una sonrisa únicamente dirigida por y para ella— Y por supuesto si quieres llorar, pues te abrazaré hasta que se te pase.

    Carmen se quedó perpleja ante aquellas palabras. Un escalofrío le recorrió la espalda teniendo de forma veloz y punzante. Su estremecimiento fue tal, que disimulo levantándose y acercando la manta. Sentada en el sofá de nuevo se da cuenta de que no está cómoda… el problema es que no podría estar más cómoda.

    Por un rato al menos, trata de seguir el hilo de la película, pero le es imposible, aunque su rostro parece sereno, bajo la manta todo su cuerpo está vibrando.

    —Sergio, gracias por tu ayuda. ¿Me puedes resolver una duda? —Carmen se mojó los labios— ¿Dónde estabas cuando tenía 20 años? Siempre me he imaginado que un hombre tiene que tener tus valores, tu bondad, tu amabilidad, tu… Tu todo cariño. Te lo digo muy en serio.

    —Creo que no era ni un proyecto todavía —los dos sonrieron, aunque sus mirabas eran diferentes. Los ojos azules de Carmen trataban con esfuerzo embelesar a su sobrino y aunque no lo sabía, lo estaba consiguiendo.

    —Si alguna vez consigues viajar al pasado. ¿Sabes no? Como en la película. —gracias a su padre, Sergio tenía una buena cultura fílmica— Pues que no se te olvide pasar a visitarme. —seguía con la broma, aunque su sobrino sintió que el tono cambiaba. Notaba que las bromas de Carmen habían finalizado y en el fondo, muy en el fondo la mujer lo decía en serio.

    —Todavía queda para que inventen eso… —salió del paso como pudo. No es que se sintiera incómodo por el tema de conversación, sino por no saber manejar la situación, estaba superado.

    Sergio la sonrió y Carmen se quedó con el mismo gesto. Tenía el rostro enrojecido y seguía tapándose casi por completo el cuerpo, salvo el rostro con el cual no debajo de mirar al joven. No le quito la vista de encima durante unos cuantos segundos más, sus ojos no la dejaban que separase la mirada de aquel, lo tenía prohibido. Bajo aquel gesto que no mostraba ningún sentimiento, sus manos estrujaban la manta escondidas en el anonimato tratando de rebajar la tensión de su alma, sin embargo no sirvió de mucho.

    —Sería gracioso.

    Acabaron ambos riéndose de manera nerviosa, para seguir atendiendo a la película sin que ninguno de los dos hablara. Carmen tenía una sensación que el corazón le iba a salir por la boca, estaba sofocada, “¿Por qué he dicho eso?” se preguntaba, aunque sabía muy bien por qué.

    Sus recuerdos estaban borrosos al recordar la sensación que le embargaba por todo su cuerpo, pero la había sentido años atrás. Recordaba los primeros años con Pedro, con los chicos en el pueblo, incluso con aquel profesor en la universidad con el que no logro culminar. Lo comenzaba a saber exactamente, la respuesta surcó su cabeza como un comenta y gritó en su interior “¡Estoy caliente!”.

    Sergio en cambio, intentaba no pensar en nada, dejar la mente en blanco y que el pequeño bulto (por el momento) que nacía en sus pantalones siguiera siendo eso, solo un pequeño bulto. Sin embargo, su mente de adolescente comenzó a carburar. El viaje y esa tarde, sumado a una abstinencia sexual, habían hecho que su cabeza diera rienda suelta a su imaginación, donde una película siempre poco verídica cobraba más realismo que nunca.

    Mientras Sergio seguía con sus historias la película de la televisión terminó. Ambos subieron a sus respectivas habitaciones, despidiéndose en silencio con un simple movimiento de manos, que denotaba una tensión muy poco habitual entre ellos.

    Carmen concilió el sueño rápidamente, la exposición al sol la agotaba, sin embargo a Sergio le costó más. Tenía aún un pene a mitad de erección que guerreaba por seguir firme. Lo había conseguido disimular en la subida a cama, aunque ahora no sabía qué hacer con él. No quería masturbarse, no por el hecho de pensar en su tía, por supuesto no hubiera sido la primera vez, sino por cierto código caballeresco extraño de no mancillar la casa de Carmen. Jamás se había tocado el miembro en allí y quería que siguiera siendo de esa forma, en el fondo, chorradas.

    Al final, el sueño acabó por derrotarlo y sin separar la mano de su entrepierna, como si de un juguete se tratara, soñó con algo que no recordaría al día siguiente. Un viaje al pasado, encontrándose con una joven y preciosa Carmen, la cual no solo le esperaba con los brazos abiertos, sino también… con las piernas.

    CONTINUARÁ

    ———————-

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Las ventajas del turno de noche (Parte 2)

    Las ventajas del turno de noche (Parte 2)

    Yo estaba acostado con Carmen a mi lado, ella se incorporó y sirvió un trago de wiski para cada uno.

    C: nene tomate esto reponte que ahora si te voy a demostrar como es el sexo conmigo.

    A: ok, usted manda.

    Carmen empezó a chupármelo mientras yo aún tomaba el trago, ya listo nuevamente para continuar con una erección igual de potente que la primera, Carmen se me subió encima y me cabalgó como cual potro fuera, el sonido de sus nalgas golpeando mi pelvis era maravilloso, yo solo podía agarrarle y estrujarle los senos y sobarle las piernas, como podía le sobaba las nalgas y seguía el ritmo de sus sentones. Como pude medio me senté con ella aún encima y empecé a morderla los pezones y le agarraba las nalgas.

    C: oh que rico nene chupa así muérdeme rico, no pares.

    Sentía por cómo apretaba mi verga que estaba por venirse y la verdad era grandioso sentir una corrida de una mujer así… Por mi suculenta corrida anterior, yo aún podía seguir, así que después del orgasmo de Carmen, la volteé y puse en cuatro y comencé a darle duro, le daba nalgadas y la agarraba de la cintura tratando de entrar lo más profundo posible en cada arremetida.

    A: espero estar cumpliendo en mi función.

    C: definitivamente nene, no creí que con esa cara de niño fueras tan bueno en el sexo, que rico no pares, jálame el pelo, nalguéame, aprovecha que en estos momentos soy tuya.

    A: así, mía, una mujer como tú siendo de mi propiedad por una noche, que rico.

    C: si sigues así no solo por esta noche bebé, vamos más duro que me voy a volver a venir…

    A: yo también ricura, me voy a venir dentro tuyo…

    C: si dámelo, llenarme, no importa ufs me vengo, me vengo que rico…

    Yo creo que entre sus gemidos y los míos, nos escucharon en el piso inferior, pero en ese momento no me importó… Después de ambos haber venido estando rendidos nos tiramos en la cama a recuperar el aliento. Después de un momento de descanso le dije a Carmen.

    A: ya me debo ir, así que si quieres el último tendrás que seguirme al baño.

    C: dale nene vez siguiendo ya te alcanzo.

    Entré al baño y dejé caer el agua en mi, luego de un momento entró Carmen directo a mi pene a masturbarlo para lograr una erección, después de conseguirlo, la puse contra la pared y comencé a penetrarla mientras la besaba y le decía al oído como me había gustado pasar la noche con ella, luego la volteé contra la pared y seguí penetrándola mientras la ducha nos mojaba, así seguimos hasta que tuve mi tercera venida, terminamos de bañarnos y me fui a recepción.

    Al otro día, yo entregaba el turno a la recepcionista cuando Carmen entregaba las llaves para que le organizaran la pieza que había quedado muy desorganizada, yo no pude evitar sonreír y verla con complicidad.

    ————————

    Espero les haya gustado, mi segundo relato, como siempre espero sus opiniones y comentarios, gracias por leer mi escrito.

    Si desean contactarme pueden hacerlo a mi correo:

    [email protected].

  • No aguanté más y me la cogí en la cochera

    No aguanté más y me la cogí en la cochera

    Ella me ha calentado en la vida como ningún otra, su manera de ser, su cuerpo y su forma de coger me traían bien pendejo, así me tenía Ivette.

    Y es que contarles mis encuentros con ella me hace recordar esos tiempos donde le daba verga y disfrutaba de su compañía y cuerpo.

    Desde que me la cogí por primera vez, no dejaba de pensar en su cuerpo y luego me la cogí en la fiesta de su novio y aunque se distancio un poco logramos arreglar las diferencias.

    Ivette comprendió que me traía loco y obvio aprovechaba y me calentaba más las ganas, le gustaba mucho darse a desear.

    Me manda fotos de ella con sus vestiditos, mallones y bikinis, y me permitía arrimarle mi verga, acariciarle las piernas y obvio sus nalguitas ricas y firmes.

    Era mediados de mayo y un viernes nos pusimos a tomar a fuera de mi casa, estábamos ella y yo y un par de amigos más, teníamos buena fiesta y yo no dejaba de pensar en lo rico que sería cogérmela ya que traía un mayon amarillito que dejaba ver su tanga y aunque traía suéter su escote se notaba magnifico.

    Pero también dudaba, ya que después de casi violarla en la fiesta sé que no sería sencillo que me dejase acercarme para algo más, pero aun así no dejaba de pensarlo.

    Al pasar el rato ella me dijo que la dejara pasar al baño, en la casa tengo un baño en la cochera así que abrí la puerta y entré con ella, mientras ella hacia su necesidad yo no dejaba de fantasear con darle mi verga, luchaba contra mis instintos, pero el alcohol me domino y la esperé en la puerta así que en cuanto ella salió la detuve.

    T: ¡Oye espera!

    I: ¿Qué pasó?

    T: ¡Ya no aguanto más!

    I: ¿De qué hablas?

    Me acerqué lentamente a ella, que solo me miraba, la abrace con suavidad y la comencé a besar, ella no me alejó, al contrario, también respondió el beso.

    Yo sin perder tiempo comencé a acariciarle las nalgas ricas y ella se me pegaba más, le besaba su cuello y ella el mío, me puse calientísimo que sin pensarlo comencé a meterle mano por debajo de la calza.

    I: ¿Qué haces?

    T: Te deseo, ¡que rica te ves!

    En un acto de aceleración, comencé a bajarle su calza hasta abajo, ella no hizo nada solo cerro sus ojos y me permito seguir.

    Le besaba sus ricas piernas, ella me permitía eso, al tocarle su vagina me di cuenta que estaba húmeda, así que sin decir más comencé a hacerle sexo oral, metía y sacaba mi lengua, jugaba con su clítoris y lamía sus ingles.

    Ella se aguantaba los gemidos ya que afuera estaban los amigos, entre el alcohol y que estaba vulnerable terminó dejándome gozar su pucha.

    I: ¿Qué haces? ¡Nos van a escuchar!

    T: No me importa, tenía ganas de ti, ¡me tenías todo jarioso Y ganoso de ti!

    Disfrute de su rica pucha tragando sus fluidos y metiéndole mis dedos, apretando su clítoris y dándole ricas mordidas, pero como sabía que tenía tiempo contado pase a lo siguiente.

    Me bajé el pantalón y la trusa, ella me miró, no dijo nada y se bajó a chupármela.

    Daba una rica mamada, yo le apretaba la cabeza para que no parara de chupar.

    Ella jugaba con su lengua y mordía el tronco de mi pene, eso me excitaba demasiado, sus mamadas me la ponían durísima, Ivette sí que sabía cómo mamar una verga.

    I: Me encanta tu verga, la tienes gruesa, ¡dura y de buen tamaño!

    T: Así me pones chiquita, ¡sigue!!

    I: ¡Nos van a escuchar esos dos!

    T: ¡No importa tu síguele!

    Ella me la siguió mamando un rato más hasta que la puse en pie, había unos tambos de agua, yo le baje la calza totalmente, ella se agarró de los tambos mientras yo le cargaba las piernas y le metía la verga.

    I: ¡Ah!! ¡Que incomodo!

    T: ¡Uhm, pero que rico!

    Se movía delicioso, apretaba maravillosamente la verga, gemía despacio ya que no quería que nos oyeran, yo le levante la blusa y comencé a mamarle las tetas, le mordía los pezones, ella me acariciaba y seguía moviéndose deliciosamente.

    Cambiamos de posición, la puse un poco inclinada ella agarrándose del tambo de agua y yo la tomé de la cintura y comencé a penetrarla, la penetraba suave y fuerte al mismo tiempo, le metía mis 17 cm de verga, mientras ella se aguantaba el gemido.

    T: Que rico coges, me encantas, ¡que rico!

    I: ¡Ah! me encanta tu verga, dame más dame más!!!

    Seguí penetrándola, le acariciaba sus tetas, le daba de nalgadas y le jalaba el cabello, ella gemía y movía su cuerpo para sentirla mejor.

    Escuché que nos gritaban, y tocaban la puerta, eso nos calentó más así que seguí dándole con todo, sabía que pronto se asomarían, la penetré fuerte y ella se movía más rápido que ambos nos venimos juntos.

    I: ¡Tyson, uhm, que ricota!!!

    T: Toma mi leche, ¡tómala!!

    I: Ah, te odio, siempre te sales con la tuya, ¡uhm!!!

    T: ¡Me amas jajá, uhm!!

    Nos venimos juntos, nos quedamos pegados reposando de nuestro orgasmo un par de minutos.

    Nos pusimos la ropa, ella fue nuevamente al baño y yo salí con mis amigos que ya un poco ebrios no notaron nada o eso creo, a partir de ahí Ivette y yo comenzamos a coger más seguido y esas historias las contaré después.

    Tyson.

  • Madre e hija (Parte IV): Analizando a Daniella

    Madre e hija (Parte IV): Analizando a Daniella

    En el video se ve como Daniella y su amiga van por todos los ambientes de mi departamento finalmente regresan a la sala pero antes de sentarse, se ve como Daniella abraza a su amiga Carla, quien le responde inmediatamente con un beso en sus labios, continuaron con los besos un poco más y luego Carla la toma de la mano y la lleva en dirección de mi cuarto. Ahí, se besan nuevamente mientras se van dejando caer en mi cama.

    Carla es quien lleva más la iniciativa, sus besos están acompañados de caricias, se acomodan y ahora ambas están sentadas de una forma que sus piernas están cruzadas como en tijera pero con ropa. Atraían sus cuerpos cada una hacia la otra con sus abrazos. Ahora es Daniella es quien comienza a desabotonar la blusa de Carla y luego se la quita dejándola en un sostén azul, que cubrían sus pechos que eran medianos. Carla se inclina hacia atrás para darle espacio a Daniella para que juegue son sus pechos, ella se acerca y comienza a besar la parte visible de ellos mientras sus manos buscaban liberar el seguro del sostén.

    Unos pezones oscuros adornados con unas aureolas medianas de dejan ver una vez que Daniela consigue sacarle el sostén a su amiga y a continuación va sobre el seno que tenía más cerca, lo comienza a besar y chupar. Se puede apreciar como hacia esfuerzo con su boca para hacer la succión de sus pezón haciendo que su amiga se arquee hacia atrás ofreciendo aún más sus pechos a ella. Carla tenía los ojos cerrados y se dejaba hacer mientras Daniella buscaba el otro pezón.

    De repente, un empujón de Carla separa a Daniella de ella e inmediatamente se toma uno de sus pechos con gestos de dolor y comienza a reclamarle algo (es ahora donde me arrepiento haber desactivado el micrófono de las cámaras) y Daniella en su afán de darle explicaciones, se saca su camiseta y le señala el pecho donde yo le había dejado una marca.

    Carla lo ve y le da una cachetada a Daniella para luego ir a su encuentro y comienza a besarla. Daniella está contrariada, pero no evade los besos. Hablan por breves instantes y luego continúan sus besos, Carla toma el siguiente paso y trata de quitarle el pantalón a Daniella quien le facilita la tarea, luego es el turno de Carla. Finalmente ambas están desnudas sobre mi cama, el cuerpo blanco de Daniella contrarrestaba la piel canela de Carla, sus pezones rosados contra los marrones y el pubis completamente depilado contra la que tenía una pequeña línea de vellos.

    Se acomodan nuevamente cruzando las piernas, pegan sus cuerpos aún más y comienzan a mover sus caderas para frotar sus sexos, se detenían para acercarse y a darse varios besos y caricias y luego nuevamente se inclinaban para mover sus caderas estuvieron un rato así hasta que, por los gestos, Carla llegó a su orgasmo cayendo sobre la cama. Daniela va a su encuentro y se echan juntas, se siguen besando. Conversan brevemente y luego Carla busca el pecho de Daniella y por el gesto que hizo esta, le estaba dejando un chupetón.

    Se estuvieron acariciando sus cuerpos desnudos un rato más hasta que Carla ve la hora y se levantan rápido para vestirse y se acomodan como pueden y luego salen de mi departamento.

    Ya iba a apagar el video cuando veo como Daniella regresa y la veo que camina de un lado al otro, la veo con cara de sorpresa que luego se transforma en amargura. Estuvo un buen rato así hasta que se decidió a salir, se detuvo brevemente en la puerta y luego salió y la cerró. Haciendo un breve análisis, era casi seguro que había regresado a su departamento y nos había descubierto a su mamá y a mí. Ahora entendía su comportamiento cuando regresó que se fue directamente a su cuarto y que no había recibido ningún mensaje de buenas noches.

    ———

    Al día siguiente, viernes, me desperté con el tiempo exacto para ir a trabajar. Ningún mensaje durante el día ni nada. Al llegar en la noche a mi departamento tampoco estaba Daniella esperándome. Me estaba entrando la curiosidad en saber pero no sabía como, hasta que recordé lo que me había dicho Elizabeth que se podía escuchar a través de las paredes, así que me fui a mi cuarto y me acerqué a mi ventana. Me puse detrás de las persianas y guardé silencio.

    -Pero papá que no quiero ir donde la tía. -decía Daniella.

    -Anda, hazme ese favor, que quiero tiempo a solas con tu mamá. Las cosas no han ido bien últimamente. -Le decía Martin, su padre.

    -Acaso no puedo salir y regresar más tarde, es que es muy lejos.

    -Bueno, si tu amiga no se hubiese mudado te podrías haber quedado con ella.

    -Entonces, ¿porque no se van de fin de semana? así yo me quedo aquí.

    -¿Cómo te vas a quedar sola? No. -le dijo su papá

    -Pero cuando mi mamá se fue a verte la semana pasada yo me quedé sola.

    -¿De verdad?

    -Bueno, sola sola no… le encargó al vecino que esté al pendiente y no tuve ningún inconveniente.

    -Elizabeth. ¿Es verdad lo que dice Dani?

    -Si. -respondió Elizabeth- fue de último momento.

    -Además él no trabaja el fin de semana -agregó Daniella.

    -Si no has tenido inconvenientes, entonces está bien. Elizabeth, ¿puedes decirle al vecino?

    -Está bien.

    -Voy contigo -dijo Daniella.

    Me alejé muy despacio de la ventana y me fui a mi sala para esperar la llegada de ambas. Apenas unos segundos después sonaba el timbre. Abrí la puerta y ahí estaban ellas.

    -Hola. ¿Que las trae por aquí?

    -Buenas noches vecino. -Me saludó Elizabeth algo seria.

    -Buenas noches señor -dijo Daniela divertida

    -Buenas noches. -Contesté

    -Verá -comenzó a hablar Elizabeth- mi esposo y yo tenemos que salir por un día y quería saber si podía estar al tanto de mi hija mañana. Ya sabe, como la otra vez.

    -Si. Se van de Luna de miel -interrumpió Daniela haciendo énfasis en luna de miel.

    Ese comentario hizo que Elizabeth se pusiera roja y bajara la mirada con cierto grado de culpabilidad para evitar que mis ojos se encuentren con los de ella.

    -Ah, de Luna de miel… -repetí -bueno, si, no hay problema. Si es por tan importante acontecimiento, seguro que si puedo darles una mano. -respondí mirando a Elizabeth sin que ella levantase la mirada. -¿Pizza otra vez? -pregunté cambiando de vista hacia Daniella.

    -¡Siii! Pizza. -dijo divertida y cómplice.

    Al parecer la noticia de que se iba a quedar otra vez a solas conmigo le había cambiado el ánimo a Daniella. No así a Elizabeth, que lucía un poco avergonzada por la cogida que habíamos tenido el día anterior y no tenía ni idea que me estaba comiendo a su hija y que prácticamente me la estaba dejando en bandeja. Para finalizar, me dijeron que iban a salir al día siguiente temprano y no volverían hasta el domingo en la mañana.

    Al rato Daniella me mandaba algunas fotos. Una de ellas era mientras se depilaba su escaso vello púbico, con la leyenda “Preparándome para ti”. Otra donde se echaba cremas en sus pechos, y otras probándose lencería. Luego de un rato nos dimos las buenas noches.

    ——

    Como a las 6 de la mañana, un fuerte apretón a mi paquete me hizo despertar con sobresalto. Era Daniella que estaba desnuda en mi cuarto. Había entrado mientras dormía a mi departamento.

    -Oye, ¿qué haces? que te van a ver tus padres.

    -Ya se fueron hace media hora. -respondió mientras de metía bajo mis sábanas.

    -Ah bueno. -Respondí mientras la traía hacia mi para abrazarla.

    Mi mano fue a parar a uno de sus pechos desnudos, mientras que ella buscaba acomodar mi pene entre sus nalgas.

    -y bien, ¿Qué me vas a hacer hoy? -me preguntó Daniella mientras refregaba su cola contra mi paquete.

    -De todo bebé. Tenemos todo el día.

    -Y la noche también -agregó Daniella mientras giraba su cuello para darme un beso.

    Me quité el bóxer dejando libre mi pene que ya estaba bastante duro y comencé a fraccionarlo contra la raja que forman sus nalgas. La humedad de sus labios vaginales junto al líquido pre seminal de mi pene lubricaban bastante todo ese canal hasta su ano. Quise ver su reacción y apunte mi pene a su entrada anal haciendo que de un brinco de susto.

    -¿que haces? -me preguntó

    -Nada… es la lubricación… -y sin darle más chance, apunté mi pene a su vagina y la comencé a penetrar desde atrás.

    Soltó un suspiro largo y luego varios gemidos.

    -No te vayas a equivocar de agujero -logró decir entre suspiros.

    -Ese culo también va a ser mío -le dije mientras me acomodaba encima de ella.

    Ahí estaba ella, boca abajo, con su vagina recibiendo a mi pene con penetraciones fuertes. Sus gritos eran ahogados por la almohada que estaba en su cara. Esa sensación de sentirse prisionera y no poder hacer otra cosa más que recibir mi pene la excitaba al máximo. La fuerza de las penetraciones batían la cabecera de la cama contra la pared. Estuve un largo tiempo dándole duro luego le di una pausa y me salí de ella liberándola, ella se levantó como un resorte y su boca fue al encuentro de mi pene, comenzó a succionar con fuerza.

    -Dame tu leche -dijo muy excitada.

    Ahora se ayudaba con sus manos, la izquierda amasaba mis huevos, la derecha me pajeaba el tranco del pene y su boquita succionaba el glande. La jale de su pierna para que pase por encima de mí haciendo que su sexo quedara a la altura de mi boca para hacer una 69. Solo fue necesario que aprisione su clítoris con mis labios para que comience a correrse y suelte un fuerte grito. Casi sin descansar volvió a su faena de succión. Aproveché para que mis dedos jugaran con sus orificios. Daniella al sentir que uno de mis dedos comenzaba a masajear su orificio anal dio un fuerte suspiro y comenzó a mover ligeramente sus caderas y apretaba su esfínter para evitar la incursión de mi dedo. Aguanté unos minutos más y le solté todo mi semen en su boca sin avisarle. Daniella siguió chupando hasta que dejé de soltar mi semen. Se giró, se sentó sobre mi, mirándome, e hizo el inconfundible gesto de tragarse algo… mi semen. Luego de eso se dejó caer sobre mi pecho y nos quedamos dormitando por un rato.

    Cerca de las 10, la desperté para tomar desayuno, nos bañamos, y salimos al supermercado a comprar algunas cosas para comer, incluyendo una pizza y licor. Tomamos un jugo en el camino, luego un par de pendientes y regresamos al departamento. Daniella, al igual que su madre, atraía las miradas del público masculino y era consciente de lo que pasaba a su alrededor, incluso había aprendido a sacar ventaja de ello y me di cuenta porque consiguió un buen descuento en el licor con solo sonreír con el encargado.

    En el taxi de retorno la veía pensativa pero no le consulté nada. Al llegar al edificio, Daniella me dice para que el almuerzo sea en su departamento, que ella se encargaría de todo y que yo espere hasta que ella me llame. Así quedamos, dejé las cosas en su departamento y yo me fui al mío.

    Una hora después, Daniella me llama al celular y me dice que vaya a su departamento y que entrara nomás que la puerta estaba junta. Así lo hice, toque igual a su puerta y pasé.

    -Hola. Estoy en la cocina. Siéntate que ahí voy.

    -Ok

    Esperé unos minutos mientras oía como Daniella movía algunas cosas en la cocina. mi curiosidad fue en aumento así que decidí ir a ver si necesitaba ayuda. Al entrar me quedé de piedra.

    -¿Elizabeth? -alcancé a preguntar.

    -Ayúdeme -la escuché decir mientras veía como estaba agachada poniendo su cola en pompa hacia la entrada de la cocina.

    Era el mismo vestido celeste floreado que tenía puesto la otra vez, las mismas sandalias, enfundado en ese cuerpo de infarto pero no era Elizabeth, era Daniella que estaba usando el vestido de su mamá y de espaldas es la viva imagen de su madre. Se levantó, giro y me quedó mirando.

    -Y… ¿te gusto? -me preguntó

    -Ehhh… sí -le dije aún sin salir de mi sorpresa inicial.

    -El otro día los escuché… como tu y mi mamá lo hicieron.

    Si bien ya sospechaba que sabía, mi cara de sorpresa era real.

    -Al inicio me molesté un poco, pero ahora, cada vez que recuerdo como hacías gemir a mi mamá, sólo me hace querer entregarme a ti.

    -Pero, ¿acaso tu no disfrutas cuando estamos juntos?

    -Si, me haces llegar y me dejas satisfecha, pero hay ese morbo de querer que me hagas lo mismo que le haces a mi mamá.

    -Pero sólo fue una vez…

    Se acercó a mí y me comenzó a besar, le correspondí y la tomé en mis brazos. La giré para que me diera la espalda, la tome por su cintura mientras mis manos comenzaban a explorar su cuerpo y al igual que a su madre, le subí el vestido hasta la cintura y la apoyé contra la mesa, Daniela no tenía ropa interior así que fue más fácil, le di un par de nalgadas arrancándole fuertes gemidos. Le puse mi mano en su espalda para que no se levantara y apunté a su vagina. Casi no tuvo que esperar para que sintiera mi penetración invadir su ser. Esta vez no fue una penetración rápida sino que le daba prioridad a un ritmo constante y buscando la mayor profundidad en cada embestida haciendo que Daniella deje salir fuertes gemidos de su garganta.

    Aquí comenzó lo diferente, escupí sobre su entrada anal y con mis dedos, especialmente mi dedo pulgar, buscaba abrir aquel orificio y prepararlo para lo que tenía en mente. Daniella intentó moverse al sentir que mi dedo iba venciendo poco a poco sus esfuerzos por cerrar su esfínter pero mi mano sobre su espalda y mis penetraciones constantes evitaban cualquier intento de escape.

    Sólo fue cuestión de minutos para que mi dedo entrara hasta la primera falange, la tensión de Daniella fue disminuyendo conforme se iba acostumbrando a la invasión que estaba haciendo en su ano. Aumenté la velocidad de las penetraciones al mismo tiempo que mi dedo buscaba entrar un poco más y lo movía en su interior, sentía claramente como Daniella intentaba apretar mi pene en su vagina y a mi dedo en su ano alternadamente al compás de sus gemidos que iban en aumento al igual que su respiración. Pronto ya estaba completamente entregada y movía sus caderas en busca mayor placer. Aumenté aún más la velocidad de las penetraciones haciendo que diera un grito antes de que comience a correr abundantemente para luego dejarse caer sobre la mesa.

    La dejé reposar sobre la mesa con mi pene dentro de ella, poco a poco iba recuperando la respiración. Le dejé levantarse, ella volteó y me comenzó a besar. Si cara estaba roja, con su mano busco mi pene aun duro. Apenas lo tomo con su mano, se puso de rodillas y se lo llevó a su boca. Estuvo por un rato así, luego se puso de pie y me dio un beso.

    -Vamos a mi cuarto. -me dijo mientras me tomaba de la mano.

    Me dejé llevar, aún seguía con el vestido de su mamá y de espaldas era la viva imagen de su madre y estar consciente de eso hacía que mi pene reciba aún más circulación sanguínea aumentando su dureza.

    -Ahora vengo, voy al baño -me dijo

    Su cuarto tenía una decoración bastante infantil, con decoraciones de princesas, donde predominaba el color rosado y con bastantes peluches. No parecía que le pertenecía a una chica de 19 años.

    Apenas regresó, Daniella vino a mi encuentro y nos comenzamos a besar, la llevé a su cama y en mi mente solo había una idea: Tomar su virginidad anal.

    Después de muchas caricias y estimulación, la volteé y la puse de perrito, la subí el vestido de su mamá hasta la espalda y comencé a pasarle la punta del pene desde sus labios vaginales hasta más arriba de su entrada trasera. Daniella movía su cadera de arriba a abajo en busca de una penetración. Penetración que invadió su vagina.

    Al igual que en la cocina, la penetración fue lenta pero constante. Poco tiempo después los gemidos comenzaron a retumbar las paredes de su cuarto. Esta vez, mis dos dedos pulgares jugaban con su entrada anal, los metía alternadamente en su interior y buscaba ampliar la dilatación de su entrada dando círculos en su interior. Como respuesta al estímulo, Daniella movía sus caderas al ritmo de las penetraciones y sus gemidos iban en aumento. Me detuve un momento y le hice quitar el vestido por su cabeza, todo eso manteniendo mi pene dentro de ella.

    Unos minutos más tarde, ya veía como mis dedos entraban con facilidad en su ano, incluso ambos al mismo tiempo. Había llegado la hora.

    Saqué mi pene de su vagina. Ella volteó a verme, su cara era una mezcla de excitación y de temor, ya sabía lo que iba a hacer, por eso se agarró su almohada y puso su cara sobre ella apretándola fuerte al sentir como mí pene tocaba amenazante su entrada anal.

    El glande comenzó a abrirse paso ante su dilatada entrada, pero no era suficiente ante el grosor de mi pene y la resistencia que ponía Daniella que presa del dolor comenzaba a quejarse. La sujeté de sus caderas y comencé a hacer presión. Poco a poco sentía como aquella resistencia iba perdiendo la batalla. Con mucha paciencia, iba presionando poco a poco en su interior. Comencé a estimular su clítoris para ayudarla a relajarse.

    Entre los sollozos de Daniella, me decía que ya no quería más. Yo trataba de calmarla pero no me detenía. Llegué a meterle las tres cuartas partes de mi pene pero Daniella ya no aguantaba más, me pedía entre llantos que ya no siga, que le sacara mi pene, pero no retrocedí, sólo me mantuve inmóvil por un rato para que se acostumbre mientras mis dedos jugaban con su clítoris para mantener la estimulación y ayudar a relajarse.

    Cuando los sollozos de Daniella disminuyeron me dio la señal para que comenzara a moverme muy lentamente. Las quejas de dolor volvieron, pero esta vez ya no iba a detenerme, con un poco de cuidado mantuve el movimiento de vaivén de mi pene dentro de su ano, sentía como apretaba su esfínter como señal de dolor. Poco a poco iba ganando espacio dentro de ella, sus quejas iban cambiando a suspiros ahogados. El siguiente hito fue tener todo mi pene dentro de su recién estrenado ano. Una pausa más para que se acostumbre. Ella también estaba estimulando su clítoris para facilitar la tarea.

    Ya no había porque esperar, reinicié las penetraciones sobre ella, ahora con más fuerza, ahora a toda profundidad. Su cara sobre la almohada me daba la mejor vista de como mi pene se abría paso por en medio de sus nalgas blancas. Este nuevo ritmo llevó a Daniella a un nuevo nivel de gemidos combinados con sus gritos agudos, estaba totalmente entregada al momento, sus caderas se comenzaron a mover al compás de las embestidas al tiempo que arqueaba su espalda siempre buscando recibir mi pene en la mayor profundidad posible.

    Daniella sólo se preocupaba en su placer, ahora era ella quien buscaba marcar el ritmo. Me detuve, volteó y me comenzó a casi suplicar que continué, le dije que cambiemos de pose. Me eché en la cama y apunté mi pene hacia arriba. Ella entendió lo que quería, se subió encima de mí y guio mi pene a su recién estrenado ano. Una vez que acomodó mi pene en su entrada, bajó hasta que todo el glande ingresó. Llevó sus manos para recoger su cabello rubio, dio un respiro y se dejó caer insertándose por completo mi pene dentro de ella soltando un grito de placer y comenzó a cabalgar a un ritmo desenfrenado. Alternaba los rebotes sobre mi con movimientos circulares de sus caderas. Daniela se había transformado en una hembra lujuriosa sedienta de sexo.

    Yo ya estaba por llegar así que también comencé a moverme, mientras ella bajaba yo subía a su encuentro, unos minutos después me comenzaba a correr en su ano. Daniella, al sentir como la llenaba, se corrió. Se corrió soltando abundantes flujos seguidos de fuertes espasmos y sus ojos se pusieron en blanco. Luego de eso se dejó caer sobre mi pecho, quedó sin fuerzas, como una muñeca de trapo. Pude sentir sus últimos temblores de su cuerpo productos de su brutal corrida. Nos quedamos dormidos.

    Cerca de las 6 de la tarde nos despertamos, nos dimos una ducha y almorzamos recién a esa hora. Vimos una película y tuvimos relaciones una vez más en su cuarto, esta vez sólo penetré su vagina porque tenía un poco de dolor en su ano, acabé en su boca y se tragó todo mi semen. Para dormir decidimos muy a nuestro pesar que lo mejor era que cada uno durmiera en su cama por si sus padres regresaran antes de despertar. Cosa qué pasó, al menos antes que yo despertara.

    ——

    Al día siguiente, domingo, cerca del mediodía tocan a mi puerta. Con toda la flojera del mundo me levanto para atender. Estaba solo con un bóxer de pijama puesto. Abro la puerta sin ver previamente y ahí estaba Elizabeth. Vestía un leggings negro y una camiseta blanca que le quedaba un poco larga.

    -Buenos días, vecino.

    -Buenos días, Elizabeth. -respondí saliendo de mi sorpresa inicial

    -Estuve conversando con Daniella, me contó que fueron de compras, vieron películas y que almorzaron juntos.

    -Ah si, si, tengo todo el fin de semana libre así que aprovechamos para hacernos compañía.

    -Si, muchas gracias por estar al pendiente…

    -Que no es nada, al contrario, es una buena compañía. -le interrumpí.

    -Que bueno que se lleven tan bien.

    -Ah bueno. Y a ti, como te fue en tu…luna de miel.

    -No fue como yo lo esperaba -me dijo mientras bajaba la mirada.

    -Pero si se fueron justamente para que la pasen juntos.

    -Es que no se, creo que la chispa se está apagando, allá estaba más al tanto de las noticias y del trabajo.

    -Asu, que desperdicio de tiempo.

    -Si, me sentí mal. Hoy me dijo para salir de compras e ir al cine pero no quise… se fue con Daniella.

    -Ah si, entonces le tocó paseo a Daniella.

    -Si, aunque ella tampoco quería ir, pero al final la convenció diciéndole que le iba a comprar ropa. Yo si no quise ir por nada del mundo.

    Noté que Elizabeth trataba de verme disimuladamente, bajaba la vista constantemente en dirección a mi paquete. Tenía que aprovechar nuevamente la ocasión.

    -Tenemos una conversación pendiente -le dije apenas la vi que estaba bajando la mirada nuevamente.

    -Es verdad -dijo un tanto sorprendida por el cambio de la conversación.

    -Bueno, ahora puede ser un buen momento. ¿Deseas pasar a tomar algo?

    Elizabeth hizo el ademán de querer entrar a mi departamento, pero sabía que si entraba, quedaba a mi merced así que se detuvo. Ese instante de duda fue interminable. Notaba como trataba de decidirse. La miré a los ojos y le extendí mi mano. Al encontrar sus ojos con los míos se decidió. Tomó mi mano y dio los pasos necesarios para entrar mientras que yo cerraba la puerta tras de ella.

    Continuará…

  • Novia y cuñada

    Novia y cuñada

    La excitación es un tema serio. Se nubla la mente y lo único que se quiere es obtener placer. Cuando estaba de novio con mi esposa teníamos una rutina sexual muy sana.

    Hubo un tiempo que lo hacíamos temprano después de almuerzo y a la noche.

    Nos encantaba aunque eran encuentros de un polvo o una venida de ella lo que sucediera primero.

    Así ella se graduó y entro a la Universidad.

    Y teníamos nuestra rutina que era de lunes a viernes.

    Vivíamos en el mismo edificio yo en la plata baja ella con sus padres y hermana en la tercera.

    Sus padres salían muy temprano a trabajar y volvían ya entrada casi la noche.

    Cuándo hacíamos en la mañana la hermana dormía ellas compartían el cuarto. La nena estudiaba en el horario que arranca a la 1 de la tarde por eso cuando lo hacíamos después de almuerzo era cuando almorzábamos y la nena se iba a su secundario siempre de 1 a 3 más o menos teníamos sexo siempre muy bueno en el caso de mi esposa descubriendo y yo enseñándole cosas desvirgando todo su cuerpo y de hecho hermoso cuerpo color canela.

    Siempre le pedía más y más soy mayor 10 años.

    En la noche era en mi departamento pero era un rapidito oral sea ella o a mi anal o vaginal pero no daba el tiempo para hacer todo.

    Ya estaban sus padres en casa a si que de allí a su casa a hacer visita formal mi hermosa rutina se rompió ya que estando en la Universidad mi novia consiguió un trabajo con excelente pago y tenía que ver con su carrera y por más que me deje sólo era necesario un día seríamos esposos y que mejor que una esposa profesional y empoderada.

    El tema era que solo pasaba por casa a almorzar y me tocaba llevarla rápido en la moto porque a la 1 pm entraba así que fue duro para mi vida sexual era un vacío y mantenía calentito la verga parada la costumbre.

    Como me había dado llave de su casa lo que hice para despejar mi mente fue limpiar su departamento platos ropa piso baño hasta la 3 pm siempre de allí a mi trabajo.

    Lo que nunca planeé o me imagina fue que una tarde entrando a su departamento y escuche ruidos.

    Y era mi cuñada.

    Hay tenemos: yo 44 años, mi esposa 34, la cuñis 30.

    Ese día yo ya estaba con mi verga grande y no niego que algunas tardes ahí sólo me masturbe con la ropa interior de mi cuñadita.

    Aún con la diferencia de edad estaban igual de buenas.

    No tuve que forzar mucho el asunto pues me dijo que entre al cuarto estaba desnuda jugando con su coño con las piernas bien abiertas y me dijo que quería sentirme.

    Y no voy a inventar preámbulos simplemente me desvestí y la penetre aunque no era virgen si era muy estrecha cosa que disfruto mis 20 x 5.

    Varios órganos aunque sólo dos veces nos besamos durante un año que duro nuestra aventura fue ella que todos los miércoles hacia esa tarea que su hermana tuvo que dejar.

    Era nuestros días preferidos le decíamos los miércoles de 2 x 2 o sea dos órganos y dos eyaculadas.

    Nos hicimos todo anal oral vaginal y masturbadas turcas cubanas rusas como si fuera mi novia pero sólo era sexo.

    Seguimos queriéndonos mucho y estamos en contacto pero la aventura sólo duro ese año y cuando charlamos a solas solemos reírnos y recordar.

    Yo me casé con mi novia.

    Mi cuñadita cuando se graduó se casó somos muy buenos amigos y pasaron algunas veces muy esporádicas sólo en vacaciones pues vivimos muy lejos.

  • Una mañana en el sofá

    Una mañana en el sofá

    Ella es una mujer inteligente, avispada, atractiva. Quedé con ella en el centro de aquel pueblo, nos habíamos conocido por internet y era nuestra primera cita.

    Yo estaba nervioso, sentía un temblor en las piernas, cierta incertidumbre sobre la mujer que me iba a encontrar, a pesar de que había visto unas fotos de ella y habíamos intercambiado infinidad mensajes.

    Llegaba justo de tiempo, la llame, y a pesar de ello, mantuvo su sonrisa…

    Estaba mejor que en la foto que me había enviado, morena con mechas, labios provocadores con un ligero toque de color, y la misma sonrisa que en las fotos, encantadora. De mí más o menos misma estatura y con unos pechos turgentes…

    El plan era tomar un café, conocernos y pasar una mañana agradable. Sí que lo fue.

    Nos dirigimos a la primera cafetería que encontramos: me encanta ese sitio, silencioso, tranquilo… Hablamos de todo un poco… Me gustaba, pero no me atrevía a dar el primer paso, no lo tenía claro… ella tenía novio, y no me apetecía meter la pata.

    Cambiamos de lugar, más cerca de mi casa. Charlamos durante unas horas, hablamos de todo un poco, de mi trabajo, sus aficiones, sus amigas, mi pueblo… me gustan las mujeres que saben llevar una conversación y dejan que lleven la conversación.

    Después de un paseo por un parque cercano (en el que estuve a punto de tirarla a la hierba y comerme sus labios). Noté cierta prisa en ella, ¿era por llegar a su casa pronto o porque no se nos hiciera tarde?

    De camino al metro, pasamos por delante de la calle que lleva a mi casa. Nos detuvimos, y en ese momento bese sus labios. Estaban riquísimos.

    -¿Subes a mi casa? -La pregunté.

    Se lo piensa. Parte de mi está deseando subir, pero otra parte dice que no.

    Mis labios recorrieron su cuello para hacer que la balanza cayera a mi favor.

    De camino a mi casa nos besamos, nos acariciábamos, nos abrazamos. Subimos las escaleras como dos chavales… con ganas de abrir la puerta y comenzar a sentir nuestros cuerpos.

    Fuimos lanzados al sofá, juntó sus labios con los míos. Sentí la humedad de su boca en la mía, los dos tenemos los labios carnosos y parecía que manteníamos una lucha a ver quién dominaba a quien con algún mordisco.

    Ambos nos quedamos en ropa interior, me hizo sentarme, y se puso de rodillas en el suelo. Metió la mano en mi bóxer y sacó mi miembro. Comenzó a masajearlo suavemente hasta que comenzó a crecer y crecer entre sus manos. Tenía los ojos cerrados cuando sentí una agradable humedad en mi capullo. Se la está metiendo en la boca, lentamente… Lo hacía genial, sentía su lengua como acariciaba toda mi polla, subiendo y bajando, disfrutando del momento. Acariciaba con sus manos mis testículos, besaba la punta de mi miembro con dulzura.

    Ella se incorporó y se montó encima de mí, yo tenía la polla a tope. Comenzó a restregar su sexo contra mi miembro, estaba utilizándola como objeto masturbatorio, como un dildo, subía y bajaba, haciendo que mi polla restregara todo su clítoris de arriba abajo. Comenzó a hacerlo cada vez más y más deprisa. Botaba en mi sofá, mientras yo agarraba sus caderas y lamia sus pechos, los acariciaba, los succionaba.

    Se detuvo después de un buen rato, había conseguido tener su primer orgasmo… ahora lo deseaba yo.

    Quería hacer el amor con ella, deseaba sentir el calor de su cueva, deseaba verla gozar de placer, pidiéndome que no parara… Fuimos a la habitación, y a la hora de ponerme el preservativo… chofff… la verdad es que mi miembro es muy especial para eso y no le gusta que la plastifiquen y sentir toda la humedad de un bueno coño excitado, y se declaró en huelga…

    Ella fue comprensiva y no le dio mucha importancia. Eso ayudo a que mi miembro recuperara todo su esplendor. Bueno, eso y su boca, que volvió a hacer diabluras en mi miembro».

    Me puse el preservativo. Estaba tumbada boca arriba en mi cama, desnuda, esperándome. Me miraba con esos grandes ojos que tiene, y una preciosa sonrisa.

    Me incorporé sobre ella lentamente, nos besamos, y cogí un pecho suyo con la mano, lo acaricié, metiendo su pezón entre mis dedos.

    Mi miembro tanteaba el terreno, intentando encontrar la entrada del placer… y sí que la encontró. Comencé a introducirla lentamente, gozando del momento que estaba viviendo. Quería alargar ese momento de placer todo lo que me fuera posible. Toda venosa. Mi ritmo al principio era lento, pausado… hasta que comencé a meterla salvajemente. Me encantan los cambios de ritmo por sorpresa.

    Ella pidió cambio de postura, se sentó sobre mí, y lentamente se introdujo mi polla en su sexo. Veía su caliente cuerpo encima de mí proporcionándome un placer indescriptible. Comenzó a subir y bajar a buen ritmo. Ella gozaba, yo gozaba. Veía sus pechos botar al ritmo del polvo que estábamos echando, yo los sujetaba con las manos, sintiendo su calor, sintiendo la dureza de su pezón izquierdo… estaba en la gloria.

    Se lo dije cuando ya no podía aguantar más, y se agachó para rodear con sus brazos sin dejar de mover las caderas hasta que yo exploté de placer.

    Nos quedamos abrazados un buen rato en mi cama, sin decir nada, asimilando el bueno momento que habíamos pasado ambos.

    Pasaron unos 15 minutos cuando mi miembro despertó otra vez, le habían encantado las sensaciones y quería volver a repetirlas, a pesar de que para ello tuviera que ponerme otro preservativo. La disfracé y comenzamos otro buen polvo.

    Después del segundo round, salimos los dos al salón. La idea era recuperar nuestra ropa y vestirnos. Me pidió permiso para darse una ducha antes de llegar a su casa, me pareció que quería lavarse los pecados de infidelidad. Mientras estaba en la ducha me imaginé como se enjabonaba sus pechos, como mi esponja recorría sus muslos, sus brazos, sus intimidades… me estaba poniendo malo otra vez…

    Salió de la ducha, oliendo al perfume del jabón. Una mujer perfumada es mi debilidad. Prácticamente la arranque la toalla. La tumbé en el sofá. Boca abajo.

    Me tumbé encima de ella, los dos desnudos, arropándola con mi piel, sintiéndonos mutuamente. Mi polla comenzó a crecer y a crecer. Estaba rozando su sexo, acariciándolo. Ella dijo que no, que no le apetecía más. Un par de caricias y besos más acabaron de convencerla. Continué con el juego de mi miembro acariciando la entrada de su sexo, introduciendo la punta, sacándola, volviendo a acariciarla, volviendo a meterla, volviendo a sacarla. La introduje de golpe de repente, sin miramientos, sin contemplaciones. A ella se le escapó un gemido de placer. Continúe haciendo el amor con ella, haciéndonos gozar… hasta que sentí que me iba a correr. Saqué mi polla de su cueva, ya que iba sin preservativo, y me corrí en el nacimiento de su espalda. Para luego darle la vuelta y darle un largo beso.

    Nos quedamos los dos abrazados en mi sofá, testigo de una sensacional mañana de sexo.

    Sigo manteniendo estos buenos recuerdos, mi sofá sigue manteniendo tu perfume…

    Espero que os haya gustado mi relato. Os recuerdo que las valoraciones y comentarios son gratis y animan bastante, jejeje

  • Walter y Mica: Control del séptimo mes

    Walter y Mica: Control del séptimo mes

    Walter había conseguido un viaje de negocios y estuvo fuera por 20 días, justo después del último control. Esto le sirvió para aclarar su mente y pensar fríamente lo que iba a hacer, ya que cualquier planteo en estos momentos solo significaba estar lejos de su futuro hijo y era algo que no estaba dispuesto a sacrificar.

    Mica ya estaba lista para ir a la consulta mensual de control, la panza seguía creciendo y ya se le dificultaba moverse con soltura pero nada la detuvo a que se vistiera con ropa ceñida y que se amoldaba perfectamente a sus curvas.

    Llego puntual 17:30 h, subió por el ascensor al segundo piso entro al consultorio y la esperaba el médico y el obstetra, Mica se sorprendió e hizo una mueca de fastidio porque sabía que no iba a tener su «control de rutina» que tanto le gustaba.

    El obstetra, le indico que se recueste, le subió un poco la remera y le bajo unos centímetros la calza, dejando entrever el encaje de la tanga roja que Mica se había puesto. Luego buscó el ultrasonido para encontrar los latidos del corazón del bebe, se escuchaban fuertes y constantes, mientras tanto Walter desde la puerta se emocionó mucho al escucharlos.

    El obstetra limpió los restos del gel suavemente, recorriendo toda la panza de Mica y bajando aún más la calza hasta dejar expuesta totalmente su vagina depilada a la perfección. Luego siguió hacia arriba, dejando a la vista los pechos, para soltar el papel y agarrarlos con las 2 manos estirando suavemente los pezones hasta que se pusieron como piedras.

    La desnudaron totalmente, bajaron la altura de la camilla y Mica se puso en cuatro, el obstetra empezó a chuparla toda mientras el médico le metía su miembro en la boca. Ella gemía con la boca llena, el obstetra rápidamente se bajó los pantalones y dejo a la vista un poderoso falo, de más de 20 cm y el ancho de su muñeca.

    La apoyo en la entrada de la vagina y se la enterró hasta el fondo, gracias al embarazo entró toda sin problemas y Mica instantáneamente exploto en un orgasmo brutal, se sentía totalmente completa, y le llegaba hasta lo más profundo de su cuerpo.

    El obstetra bombeada a buen ritmo, provocando un vaivén en las lolas muy excitante para el medico que la estaba clavando por la garganta.

    Mico se levantó, el obstetra se puso abajo y el medico fue por detrás, ahora estaba siendo penetrada por ambos al mismo tiempo.

    Walter miraba desde la puerta, entró al consultorio, se bajó los pantalones y se la metió en la garganta a su mujer para llenarle la boca de semen en un segundo.

    Eso se le cruzo a Walter por la cabeza, pero no podía, sabia el riesgo de confrontarla en este momento y se quedó mirando como penetraban a su mujer salvajemente por todos sus orificios.

    Ambos médicos acabaron copiosamente en el interior de Mica, y cayeron rendidos sobre ella por unos instantes.

    Mica se levantó como pudo, el semen se le escurría entre las piernas, era mucho y ella había quedado exhausta.

    Ambos la ayudaron a reincorporarse y a vestirse, terminó la consulta con algunas preguntas de rutina y una próxima cita en 30 días.

    El embarazo seguía su curso.

    Cuando Mica volvió a su casa, estaba muy cansada, se bañó y se acostó directamente, Walter cenó solo y se masturbó frenéticamente hasta quedarse dormido en el sillón del comedor.

  • Le metí los cuernos y eso salvó nuestro matrimonio

    Le metí los cuernos y eso salvó nuestro matrimonio

    Nos fuimos a la cama con mi marido, él sospechaba que lo había engañado, sin embargo, yo noté que estaba más excitado conmigo que de costumbre, últimamente no me había buscado para hacerme el amor, pero desde que intuyó que yo me había acostado con otro, parecía que me deseaba más, debe haber tenido temor de perderme por completo.

    Esa noche me pidió que nos acostemos sin nada de ropa, dijo que extrañaba sentir mi piel desnuda a su lado, que añoraba mi cuerpo, mis curvas, a pesar de que yo ya no lo deseo como hombre, le di el gusto, todavía lo quiero, ha sido mi compañero muchos años, y queda algo de cariño, no sé si amor, pero la vida nos trajo hasta este punto y algo no me permite dejarlo.

    Me besó y le respondí, esta vez no lo rechacé, veía en sus ojos que estaba sufriendo y no quise agregarle más angustia, lamió y acarició mis pechos, cerré los ojos y lo dejé seguir adelante, sentí sus dedos tocar mi vagina, que pronto se puso húmeda, recorrió mi cuerpo con sus manos y fue bajando con su lengua a mi entrepierna, me besó allí, exploró mi concha y comencé a suspirar y gemir, hundió su boca buscando mi clítoris y puse mis manos sobre su cabeza empujándolo hacia mí, alentándolo a que no se detenga, pronto me hizo explotar sacándome un primer orgasmo.

    Luego se reincorporó y me miró con un dejo de satisfacción en sus ojos, entonces me dijo…

    -sé que estuviste con otro, no lo podes ocultar.

    Lo sabía, estaba seguro y sentí que ya no quería fingir y seguir mintiendo, al mismo tiempo él parecía estar aceptándolo y deseándome más que antes, entonces pensé que era momento de sincerarme y le contesté…

    -si querido lo hice, lo siento.

    -¿lo amas?

    -no sé bien, por lo pronto lo deseo y me da el placer que no sentía hacía mucho tiempo.

    Vi que tenía una enorme erección y se puso casi encima de mí, parecía como que me iba a violar, me tomó de los brazos con fuerza y me dio un cachetazo, lo miré y no dije nada, supongo que lo merecía, lo conozco mucho y no es un hombre violento, no le temo, reconozco que está muy herido y necesitó un desahogo, sé que no pasará de ahí.

    Lo miré fijamente y separé mis piernas, me penetró sin piedad, sentí que quería demostrarme su virilidad todavía intacta, lo acepté sin demasiado entusiasmo, yo también estoy angustiada y no se bien cómo manejar esto.

    En medio de la excitación que me provocó su forma casi violenta de tomarme, lo insulté, se excitó aún más, me cogió con más fuerza, me puso su pija bien profunda, me penetró hasta sentir sus testículos pegar contra mi, le imprimió más fuerza y velocidad a sus movimientos, me gustó, lo gocé, me aferré con fuerza a él, le pedí que lo haga, que no se detenga, pero de una forma poco convencional…

    -cogeme cornudo.

    Me mordió un pezón, me dolió, fue un dolor con placer, siguió entrando y saliendo con más celeridad, estaba desconocido, me volvió a morder, grité…

    -Hijo de puta, cogeme puto maricón.

    Me dio un sopapo en la cara, pero no dejó de cogerme, yo estaba gozando como hacía rato no lo hacía con él.

    -dale cornudo, haceme gozar.

    -sos una perra, hoy sos mía puta.

    Estaba enojado y con bronca, el hoy sos mía que dijo, me hizo pensar que aceptaba sus cuernos, que no le importaba ser engañado, basta que no lo abandone, entonces volví a insultarlo y humillarlo, parecía gustarle…

    -cogeme bien, puto cornudo

    -date vuelta perra, ahora me vas a entregar el culo.

    Me pegó unas nalgadas, parecía estar forzándome, pero no, yo se lo permití, yo también lo estaba disfrutando, sentí que volvía a ser suya, me separó las nalgas y me chupó el ano, se detuvo, me tomó de las caderas, me hizo levantar y ponerme en cuatro, me arrastró hacia atrás y me puso al borde la cama como una perra, el se bajó y se puso de pie detrás mío, me volvió a pegar con su mano abierta en mi nalga derecha, se ensañó con esa sola, me pegó varias veces y cada vez más fuerte, me quejé…

    -¿te duele puta?

    Dije que si, casi llorando.

    -no me importa, te lo mereces.

    Acto seguido me metió la verga dura como pocas veces en mi culo, sin contemplaciones, con crueldad, grité y lo insulté pero sin negarme ni hacer nada por impedirlo.

    -hijo de puta te odio, cornudo de mierda, maricón, mereces que te meta los cuernos.

    Más lo insultaba, más fuerte me cogia y yo más gozaba, me fornicó por el ano, me sodomizo como un animal, prácticamente me violó, una especie de violación consentida, de pronto grité…

    -basta por favor, haceme el amor, hoy quiero ser tuya.

    Se levantó sin decir palabra, fue a higienizarse demoró un minuto en regresar a la habitación, que fue una eternidad para mí, me encontró hecha un ovillo masturbándome y llorando, me hizo volver a estirar las piernas y las separó ahora con delicadeza, se colocó entre ellas y me penetró con dulzura, la tormenta había pasado, me hizo el amor con pasión, mejor dicho lo hicimos con pasión, acabamos juntos, me lleno de leche, gritamos como animales, ambos lloramos y terminamos riendo.

    Mi infidelidad salvó mi matrimonio.

    Deseo de corazón que les haya gustado, espero sus comentarios aquí o en el correo [email protected].

    Gracias por leerme.

    Besos.