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  • Natalia, la hermana divorciada

    Natalia, la hermana divorciada

    ¡Hola, amigos!, está es la historia de cómo me cogí a mi hermana. Es completamente real.  De ustedes dependerá si me lo creen o no. Ella y yo nos llevamos por diez años. Ella tiene 35 y yo 25.

    Somos diez hermanos, de los cuales 7 son mujeres y 3 somos hombres. Yo soy el menor. Mi hermana, se llama Natalia (Por razones de seguridad cambie el nombre) y es la 7° hija de la familia. Desde siempre me ponía cachondo con ella pues vivíamos amontonados, era común ver su ropa interior y masturbarme con sus calzones o sostenes. Recuerdo incluso una vez, estar en el cuarto, ella se iba a trabajar, acababa de regresar y solo entró al cuarto a vestirse para irse a su trabajo, pude verla completamente desnuda, desde ahí me empezó a interesar probarla como mujer, pues yo era virgen.

    Ella es de piel morena, delgada con 1.55 cm de estatura, cabello negro, largo y lacio, con unas nalgas que, para haber tenido dos hijas, aun se le veían paraditas, pues no lucían decaídas y se miraban aun firmes, con unos senos que, aunque no sé cuál sea el número de su copa, se le ven de buen tamaño, sin que holgarán.

    Pero vayamos al grano. Esto empezó desde la navidad de hace dos años, ella estaba casada, pero su esposo se había ido a otra ciudad a trabajar y eso le ocasionó problemas en su matrimonio, hasta que se divorció. Esa navidad, ella seguía casada y mi mamá me mandó por ella a su casa, su marido no pudo pasar la navidad con nosotros.

    El caso es, que yo fui por ella y me dijo que la esperará en lo que se terminaba de arreglar. Cuando me abrió la puerta, me quedé bien pendejo, por qué traía un vestido corto de color negro entallado, con un escote en V, que hacían resaltar sus atributos. Ya en la cena, yo estaba impresionado, por qué se miraba muy bien. Baile con ella, y cada que podía la acariciaba discretamente. Ya pasados de copas y cansados, estábamos hablando todos en familia, y no recuerdo bien que le dije, que ella me dice:

    -Pues jálate la verga, para que se te quite lo amargado.

    Eso me saco de onda, por qué no es normal que tu hermana te diga así, y menos frente a toda la familia. Ya bien enfiestado, me fui a mi habitación, ya eran cerca de las 5 de la mañana, y todos ya estaban bien alcoholizados, unos ya estaban durmiendo, solo recuerdo ver a una prima con sus padres que seguían en la sala, pero ya se iban a dormir.

    De repente, tocan a la puerta y era mi hermana que susurraba detrás, que la acompañara al baño porque tenía ganas de vomitar, se mareo cuando llevo a sus hijas a la cama, y siendo mi habitación la que quedaba a lado, me dijo a mí, para no despertar a nuestros padres, que ya andaban bien borrachos.

    En el baño, le recogí su cabello y ella se inclinó al lavabo, me puse atrás y cuando se inclinó, ella se echó para atrás o yo me fui para enfrente, no recuerdo bien, pero eso me permitió darle un arrimón, eso me puso muy caliente, sentir como sus nalgas eran cubiertas por unos cuantos centímetros de tela, me la puso más dura que una piedra, estuve así un rato con ella, todo eso se sentía delicioso, sobre todo porque ella movía el trasero, que incluso llegué a pensar que estaba tratando de hacerme venir o algo así por el estilo, pero por el ruido que hacía en el baño, se acercó mi prima, quien me ayudó a llevarla a su cama y ella se encargó de que se durmiera.

    Pasaron unos meses, solía recordar mucho lo rico que se sentía ese culo, más porque era el de mi hermana. Ella se divorció, y pues como estaba triste, empezó a meterse a unos grupos para conseguir dinero, de esos que venden productos para bajar de peso. En una de sus conferencias o cursos que les dan por parte de la empresa, le tocó en la ciudad donde yo vivo. Me dijo que podíamos vernos, que se quedaría tres días, por qué también iba a comprar ropa para una piñata que la invitaron por sus hijas, por lo que todos esos días, me los pasaría con ella.

    Después de la conferencia, yo la acompañé a comprar ropa. Ella encontró la ropa para sus hijas, pero faltaba la que ella se quería poner, me dijo que la acompañara al departamento de damas de la tienda. Al pasar por el departamento de lencería, en exhibición estaban uno de esos calzones “mata pasiones”, y le digo que esos le quedarían a la perfección. Ella con tono molesto me dice:

    – ¿Cómo crees?, lo que menos quiero es sentirme como vieja amargada.

    Armándome de valor le dije:

    -Bueno, pues si te quieres ver cómo zorra, cómprate este, y le enseñé un babydoll.

    Me creerán que si lo compró y aparte un vestido. Después de pasar todo el día juntos, regresamos a mi departamento, ya era de noche y ya casi nos íbamos a dormir, yo le dije que dormiría en el sofá y ella en la cama. Pero me insistió que cabíamos bien, platicamos durante un buen rato, y en eso le digo, estoy muy cansado, pero no me puedo dormir.

    -Hazte una chaqueta para que duermas, acabo te gusta eso -me dijo.

    Y con ese comentario me volvió a pendejear, menos podía dormir, pero le seguí el juego, y con un tono burlesco, pero serio, le dije que me hiciera compañía o me ayudará, solo se río, y yo también me reí. Pero andaba caliente, y solo pensé que quizás ahí sería mi única oportunidad y lentamente fui acercando mi mano al pantalón de mi pijama por debajo de las sábanas.

    – ¿Qué haces? -Preguntó ella, mientras levantaba la sabana, teniendo a mi miembro bien agarrado.

    Solo traía un short de tela, con rayas horizontales, eso me prendió más, y con mi otra mano, agarré la suya y la acerqué a mi pene, que ya estaba erecto. Decía que no y forcejeaba para no tocarla, pero no estaba molesta o indignada, sino más bien se reía, y empezó a decir bromas sobre mi miembro, entres sus bromas y mi lucha para que ella la agarrará, acerqué mi cara entre sus senos, que se veían suculentos por el escote que su blusa negra de tirantes, daban una buena vista, y movía mi cabeza, de un lado a otro, seguía riéndose por lo que hacía. Me empujo, pero al hacerlo, dejo sus manos libres, ahí aproveche para jalar su mano derecha y llevarla directa a la verga. Es difícil escribir esto, pero en el preciso momento que me la tocó, sentí como un calor inundaba mi cuerpo, más aun, porque si la sostenía y trataba de no bajarme el prepucio, pero si descubría el glande.

    -Se siente suave dijo -Mientras yo cerraba los ojos, porque sentía rico, más aún por ser mi hermana quien lo hacía.

    -Tú tienes manos suaves -sonreí, la tomé de su mejilla y la besé.

    -Esto está mal, somos hermanos -dijo, sin dejar de agarrar mi pene.

    Mientras yo hacía caso omiso, solo disfrutaba lo que hacía y llevaba mi mano a su vagina, qué ya se sentía caliente y estaba húmeda. Se imaginarán el calor que sentía, por qué no era cualquier mujer a la que le hacía eso, era mi hermana, más por qué siempre le había tenido ganas.

    -Somos hermanos, pero ve nada más como te he puesto-. Le dije, mientras ella seguía sosteniendo la verga, manteniendo un movimiento de arriba abajo constante.- Es que se me antojo desde que me la tallaste en el baño en Navidad, ¿Lo recuerdas?

    Al decir eso, solo pude maldecir que, en aquella ocasión, pude habérmela follado, de no ser por los ruidos y que llegó mi prima, porque ese culo se le veía delicioso esa vez, además de que por el vestido hubiera sido muy fácil, solo levantárselo y follarla ahí, pero ahí estábamos, masturbándonos mutuamente, y eso se sentía genial.

    -Claro que sí, como olvidarlo, tenía unas ganas tremendas de cogerte esa noche, lástima que no pude, pero espero que pueda hacerlo esa noche -le dije, mientras me acomodaba en la cama, para ponerla encima de mí, aunque ella dejó de agarrarme el miembro.

    -¡Estás loco!, claro que no, somos hermanos -Decía mientras se cubría con la manta.

    -¿Por qué no?, si ve como me la pusiste -Le dije mientras me paraba y me ponía de rodillas en la cama, señalándole mi verga, y ella se acostaba con la manta cubriéndole las piernas.

    Así estuvimos un rato, yo le decía sobre lo bien que tenía el cuerpo y las ganas tremendas que tenía de cogerla, también sobre las ganas que posiblemente otros hombres le tenían. Poco a poco fue cediendo hasta que logré levantar la sabana, yo me masturbaba para que no se me bajara la erección. Ella cruzó sus manos en la zona de su vagina, cuando yo trataba de hacerle a un lado el short.

    -Ándale -suplicaba tratando de mover su prenda a un lado.

    -Ya te dije que no -Decía, mientras se mordía los labios, se resistía lo más que podía, pues con mi dedo, le rozaba el clítoris y sus labios, que ya estaban cubiertos de sus fluidos.

    Con mis dos manos, le hice cosquillas en su vientre y ella levantó las manos, colocándolas ahí mismo, fue el preciso momento en donde aproveché para hacerle a un lado la ropa y con el glande le acaricie su clítoris, haciendo movimientos circulares y dándoles pequeños golpecitos, que posteriormente me ayudó a meterle la “puntita”. Ella dio un pequeño gemido, saliendo de su boca un pequeño no, aunque ya no ponía resistencia alguna para que pudiera penetrarla, y se agarraba el short junto con su calzón, librando camino para que pudiera entrar mi verga sin dificultad.

    Metérsela toda, fue lo más delicioso que había sentido, ninguna mujer me había provocado eso. Y así me quedé un buen rato, me movía despacio y ella “tratando” de empujarme, puso sus manos en mi cadera, pero solo las tenías ahí, pues yo la embestía con facilidad. Ya se imaginarán lo caliente que me sentía y el ruido que se producía, cuando nuestros cuerpos chocaban, sumado a eso, los gemidos que ella trataba de ahogar mordiéndose los labios.

    -¿Te gusta verdad? -Le decía con mi respiración agitada, mientras aceleraba el ritmo de mis embates, ella dio un grito, que la hizo llevar su mano a la boca, para que bloqueará los gemidos que salían de su boca.

    -No, sí, bueno no sé, pero ya no pares -exclamaba, poniendo su brazo en la frente y moviendo la cabeza de un lado a otro, y sin dejar de moverme, puse mis manos en sus senos, para sacárselos de la blusa.

    Esos suculentos melones, con ese tono moreno que la caracterizaban, hacían inevitable que no me inclinará para succionárselos. Se los mamé, y ella levantó la cara para que la besará, mientras me abrazaba con fuerza, y yo la tomaba de la cintura sin dejar de embestirla.

    -Ya no pares, cógeme, coge a tu hermana.

    Esas palabras me excitaron más de lo que me sentía, y eran una clara señal de que ella ya estaba entregada, al igual que yo.

    -Te gusta lo que te hago, ¿verdad?, siempre pensé que eras una perra bien caliente, pero no creí que tanto.

    -Si soy tu perra, tu zorra, lo que quieras que sea, pero sígueme cogiendo.

    Me respondió, ya sin taparse la cara, sin empujarme, pero aun tratando de ahogar sus gemidos, para que los vecinos no pudieran escucharla gemir. La tomé de la cintura, y me acosté en la cama, dejando a ella libre. En este punto, jamás pensé tener a mi hermana así, tan libre, sin agarrarle las manos o la cintura para cogerla. Se quitó su blusa, lo cual dejó sus senos libres, que rebotaban de arriba abajo, mientras ella me cabalgaba, moviendo ese rico culo que siempre había tenido ganas de follar. Se movía muy rico, se notaba que no había cogido en meses, quizás años, pero eso ya no me importaba, yo estaba haciendo lo que siempre había querido, cogerme a mi hermana.

    Aunque ya no la veía así, solo la veía como una mujer cualquiera, de esas que se esconden de sus maridos o novios cuando se van con sus amantes, y de las cuales yo me follaba cada que podía. Pero ella no era una mujer cualquiera, era mi hermana que ya sin tener pudor, seguía cabalgándome, haciendo la cabeza para atrás cada que sentía que se venía. Estaba bien empapada, eso era un océano, cual olas golpeando la arena caliente en la playa, es como lo puedo describir. Yo solo trataba de no venirme, fue tanta la calentura que teníamos ambos, que ni siquiera nos importó ponernos condón, aunque ya no era necesario, pues mi hermana ya se había hecho la cirugía, para no quedar embarazada.

    -¡Que rico te mueves!, se ve que no te habían cogido en meses, y eso que no querías -Le dije.

    -Cállate -respondió riéndose y llevando sus manos a mi pecho, lo cual la ayudó a levantar mejor su cadera, que se movían de arriba-abajo, por si sola como si tuviera vida propia.- Es que se siente bien rica tu verga -decía eso mientras aceleraba el ritmo.

    Sentir como me cabalgaba así, era imposible para mi aguantar por más tiempo, y sin darme cuenta, me vine dentro de ella, pero de lo caliente que estaba, no se percató y siguió cogiéndome hasta que se vino. Se inclinó hacia mí, buscando mi boca y nos hundimos los dos en un beso largo.

    Se levantó de la cama, y se fue al baño, la seguí para ver si estaba bien y me dijo que sí, regresamos a la cama y nos dormimos después de un rato. Ya se imaginarán la “cogedera” que tuvimos esos tres días que estuvo ella en mi casa, la agarraba donde sea, en la cocina, en la sala o en el baño. Aunque vivimos en otra ciudad, cada vez que visitó mi ciudad natal, la visitó, para follarla si es posible, pues no suele estar en su casa sola, por sus hijas, pero de vez en cuando si me la llevó a un motel.

    Siempre quise cogerme a una madurita, jamás creí que esa madurita sería mi hermana, y mucho menos que sea tan buena en la cama. Pero guarden nuestro secreto.

  • Una noche pensando en ti

    Una noche pensando en ti

    Nuevamente es una noche un tanto gélida, pensar mientras me dirijo a la habitación en que será una cama fría la que me espera. Entro y veo el acomodo del cuarto, es un lugar de tonos cálidos que demuestran ser un lugar acogedor y aunque la cama es amplia y a la vista muy cómoda pienso que no será lo mismo sin ti. Me desabotono la camisa lentamente mientras como un destello en mi mente recuerdo tus manos en mi pecho, esa mirada dulce y también seductora que notaba en ti mientras me desabotonas la camisa.

    Sonrío y recuerdo tu sonrisa, también como después de un par de botones me tomabas de la camisa y me acercabas a ti para darte un rico beso, recuerdo esa blusa tuya como acentuaba tu mirada y dejaba entrever parte del sendero que dentro de poco de forma aventurera me atrevería a recorrer. Mientras mis recuerdos juegan en mi mente recuerdo el deseo que sentía al besarte, esos besos picaros donde mordías ligeramente mis labios y como mis manos se posaban en tu cintura para acercarte a mí. Mi mente se separa ligeramente de la fantasía y aterriza en la realidad mientras retiro el cinturón de mi pantalón y realizo la apertura del botón de mi pantalón, aunque nuevamente recuerdo esas manitas traviesas; como mientras nos besábamos hábilmente no solo contribuyen al desabotono de la ropa si no también han logrado colarse dentro de mi pantalón y continúan su faena tomando mi miembro en tus manos.

    Me siento en la cama y me recuesto con el pantalón semi abierto para retirar mi calzado con mis pies y cerrando los ojos recordando lo que pasaría posterior a esas caricias tuyas. No puedo dejar de pensar en este momento, cada beso, cada caricia y las sensaciones que inundaron nuestro espacio. Recordar como giramos besándonos, quedaste con la cama a tus espaldas y al querer dar el paso para atrás perdiste el equilibrio y caíste sentada en la cama y tus manos se posaron en mi espalda mientras mis besos te empujaban a recostarte en la cama y mi mano se posaba sobre tu mentón.

    Tomé el cinturón y lo retire para colocarlo sobre tus muñecas mientras mis besos pasaban de tornarse en tus labios a desviarse un poco para tomarte por tu cuello, tú solo suspiras y cierras los ojos mientras noto como tu respiración se agita un poco a la vez que mis besos pasan a tomar el camino que se dirige a tus pechos. Tu respiración se acelera u poco más cuando sientes como mis besos ya se encuentran por el centro de tus pechos y mis manos han terminado de desabotonar tu blusa y aunque sabes que puedes liberarte fácilmente, continuas con tus manos sobre tu cabeza mientras te sientes indefensa ante tan traviesa caricia considerando que mis manos han logrado liberar tu pantalón y ahora peligra más tu intimidad.

    Al considerar que mi travesía se encontraría con obstáculos veo como arqueas tu espalda y te tomo por ella, pasas tus manos sobre mi cabeza para fundirnos en un rico beso en el cual aprovecho para liberar esos ricos pechos firmes y denotan ese deseo que se apodera de ti. Libero tus manos y retiro tu blusa mientras me desprendo de mi camisa momento que no desaprovechas para tomarme del cuello y saborear nuestros labios.

    Esos embriagantes labios que me deleitan con cada sensación mientras mi mano recorre tu abdomen y sube lentamente para tomarlo preso por mis manos, recuerdo esa sensación de tenerlos en mi poder, esas ganas de tomarlos con fuerza y escucharte gemir y para mi sorpresa, mientras los tomaba con mi mano, tu misma me indicaste el camino para continuar a ellos, solo pasar mi boca por el contorno de ellos me volvía preso del deseo. No puedo detallar el gusto que sentí al pasar mi lengua por ellos y sentir como tu duro pezón te hacia gemir más fuerte mientras mi lengua jugaba con él.

    Nada más excitante que escuchar tus gemidos y ver la expresión de tu cara mientras lo disfrutas, tomarlos firmemente succionarlos delicadamente y jugar con mi lengua, nada como verte, pero mejor aún el pasar mi mano por tus muslos e introducirse lentamente por medio de ellos para sentir ese calor que emana tu cuerpo y que posterior a ello será reflejado por una inminente humedad, esta idea me encanta y a su vez continúo bajando por tu abdomen.

    No puedo evitarlo, siento como el deseo crece en mí y como mi pantalón estorba así que lo retiro y quedo solo en bóxer y me acomodo en la cama, hace frio y me tapo con la colcha mientras mi mano comienza a tomar mi miembro y a sentir esa firmeza, misma que sentía mientras retiraba tu pantalón en la habitación, misma que sentía mientras mis caricias se externaban por tus pantorrillas lentamente en forma de besos los cuales poco a poco se incorporaban entre tus piernas, sentía el aroma embriagador de tu intimidad latente de deseo y mientras más me acercaba a ella, tus gemidos se hacían más notorios y sonoros los cuales eran como una sinfonía para mis oídos. No puedo negarlo, tomarlo firmemente con mi mano y apretarlo hace que me duela un poco pero después de unos segundos al liberar esa tensión siento un delicioso placer, mientras mi mente divaga entre el delicioso sabor de la humedad que se traspone en tu ropa interior al pasar mi lengua sobre ella.

    Tu mano me toma de mi cabeza y me dirige hacia tu sexo mientras tu otra mano aparta esa delicada prenda que aun protege tu intimidad. ¿El motivo? Mueres de ganas de sentir como mi lengua recorre tus labios y como recoge parte de tu delicioso néctar. Te doy gusto y recorro lentamente por los laterales, tomándome mi tiempo para llegar de poco en poco a ese punto que te gustaría que fuera tomado. Adoro el sabor de tu intimidad en mi boca, recorro hasta llegar a tu punto de placer inequívoco mientras uno de mis dedos juega peligrosamente en tu entrada, colocándolo a lo largo y solo presionando un poco.

    ¿Gemidos o gritos?

    Honestamente no los defino, solo siento como tus uñas juegan con mis hombros mientras te dejas llevar por esas caricias, lo sé porque siento mientras mi dedo juega en tu entrada, como tú misma empujas para que se hunda más dentro de ti. Es inevitable y no lo puedes negar, has tenido un orgasmo de maravilla. Lo siento en mi boca y por la presión que se ejerció en mi dedo.

    Esa mezcla de felicidad y deseo que tenías en el rostro, esa forma en la cual tus piernas temblaban ligeramente por la presión ejercida las tengo muy marcados en mi mente, mientras subía lentamente por tu cuerpo dándote ligeros besos y al llegar a tu costado me recuesto y te veo sonriente, con una sonrisa pícara a lo cual solo puedo a decir ¿Te gustó?

    Tu sonrisa, esa sonrisa tan linda y esos ojos que si bien es cierto inspiran ternura se tornan tan traviesos son una mezcla extraña pero exquisita.

    Ahora verás si me gustó fueron tus palabras precisas, te posaste sobre mí y dejaste que tu cabello se posara sobre nosotros y pude ver esa mirada de complicidad y mientras tu cabello ocultaba parte de tus pechos a mi vista continuaste colocando sobre mi miembro tu intimidad y sentí la presión de ambos luchando por encontrarse y a la vez separados por la tela que aún se encontraba cubriéndonos y te acercaste a mí para darnos un beso mientras tu espalda se arqueaba y te separabas ligeramente para nuevamente incorporarte rozando una y otra vez nuestros cuerpos.

    Tengo que admitirlo, esa sensación de sentirme preso de no poder tener el roce directo de nosotros es algo que aquí siento en este momento al presionar la tela de mi bóxer similar a como tú lo estabas haciendo con la diferencia de que no puedo sentir la calidez que emitía tu intimidad, no puedo sentir la humedad que se incorpora a mí pese a las prendas que se encuentran separándonos. Lo admito, tomarlo fuerte y soltarlo no es suficiente y poco a poco comienzo a deslizar mi mano hacia abajo sintiendo como el pliegue de mi piel se desliza para dar paso a la punta de mi deseo, no lo puedo evitar imaginándote allí sobre mí.

    Siento como el deseo crece y como la sensación es similar a la presión de tu cuerpo sobre el mío. Aunque no podre igualar la sensación de tus besos, no podré tomar tus glúteos con mis manos y apretarlos ligeramente mientras escucho un ligero gemido intentar salir de tu boca. Tu boca se separa de la mía y comienzas a bajar besándome por mi pecho bajando lentamente pasando tu rica lengua, mi vista se encuentra con la tuya y veo ese deseo en ti, tomas el inicio de mi bóxer y lo retiras para liberar a quien se encontraba preso del deseo, lo tomas con tu mano y me miras a los ojos, y solo veo como tu mano juega con él, tal y como ahora mismo mi mano realiza el deslice de mi miembro.

    Dejas de verme y concentras tu atención en él, y pasas la lengua desde el inicio de mi firmeza y subes poco a poco mientras tu mano baja y lo deja al descubierto, muero de deseo y mi mano recurre a tomarte del cabello para no perder la faena que se avecina a continuación. Lentamente pero muy hábilmente siento como tu lengua comienza a jugar con mi miembro, como prestas atención a cada pliegue y siento ese deseo de hacerlo cada vez más fuerte por mi mente la cual cada arremetida incrementa el deseo solo existe una idea HAZLO MAS FUERTE MAS PROFUNDO Y CONTINUA ASÍ.

    De inmediato notas el placer que me estas causando, sientes como mi miembro se encuentra duro y deseoso de explotar en ti y anticipando eso siento como lo hundes por completo y lo dejas allí solo para ti, un momento después lo retiras de tu boca y con cara de niña que ha cumplido su travesura veo cómo te sientas te levantas y te pones a espaldas mía, me dejas ver como retiras lentamente tu delicada prenda que aún se encontraba protegiéndote de mí y me miras, sabes bien que ahora el control lo tienes tú, y me encanta la idea de ver que ideas cruzan por tu mente.

    Te veo nuevamente frente a mí, puedo ver esos pechos que me apuntan con esa firmeza invitándome a comerlos; cruzas la pierna por sobre mí y te colocas justo para sentir como los pliegues de tu intimidad previamente húmedos por el deseo dan paso a un integrante que lentamente comienza a abrirse paso dentro de ti. Verte como cierras los ojos, como muerdes ligeramente los labios me tiene muy excitado, sentir como mi miembro entra en ti y como una vez allí me aprietas es algo que me tiene extasiado, aunque más aun cuando te acomodas para darme un beso y sale de tu cálido interior, ese rose y cuando se encuentra en tu entrada solamente entrando ligeramente y apretando, ese jugueteo me está llenando de placer, te veo más decidida a dejar los juegos cuando arqueas tu espalda, te tomo de las manos y comienzas a subir y bajar, mover tu cintura de una manera en la que no puedes contenerte y tus gemidos se hacen cada vez más notorios, sé que lo disfrutas por la fuerza que tienes en tus manos, por lo profundo de queda arremetida además de que siento como mi pelvis se llena de un delicioso líquido, sé que lo estas disfrutando y que no puedes más al quedarte quieta, sé que necesito más de ti y que quiero más y te levanto ligeramente para hundirme más en ti, sentirte como lo disfrutas tomar tus pechos en mi boca y darte una nalgada que te despierte nuevamente ese deseo en ti ver esa sonrisa pícara en ti.

    Siento ese deseo de llenarte de mí nuevamente, pero solo tengo unas almohadas a mi lado y una sábana que es cómplice de mis recuerdos, me siento tan firme pensando en ti, como si aún pudiera seguir allí escuchándote gemir. Ese momento en que te hice perder el control y me pude posar sobre ti, pasar de tenerme bajo de ti a estar sobre ti y aun en tu interior y poder hacerlo más profundo en ti, veo que te vuelve loca más aun cuando te beso y me hundo en ti, pero quiero más aún, te tomo de tus tobillos y elevo tus piernas en un ángulo de 90° y algo dentro de mi toma el control. Si así es, te deseo, solo quiero que sientas ese deseo que me inunda y paso de realizarlo despacio a hacerlo con fuerza, quiero que sientas mi deseo en cada vez que lo introduzco cada vez con más fuerza, algo nos tiene inmerso a ambos en el deseo y solo escucho como me dices, SI, ASÍ, continúo sin darle importancia a la fuerza, tanto que incluso mi pelvis comienza a sentir cada una de las arremetidas, aunque no me importa, y sé que tú también deseas más.

    Me retiro un poco de ti, quiero sentirte más aun y te coloco de costado para tener esa vista tuya de perfil y más aun de ese firme trasero que en esa posición no planeo dejarlo escapar. Acomodo tus piernas y me incitas más cundo veo como posas tus manos por tus piernas y con una mirada llena de lujuria abres tus labios para indicarme como me quieres en ti. No lo dudo, me hundo siento mucho deseo de ti y comienzo a penetrarte duro, sé que lo disfrutas por la intensidad de tus gemidos, ese trasero me incita y te doy unas nalgadas y solo veo que me voltas a ver diciéndome Más, solo me dejo llevar y te tomo del cuello, sé que te gusta por tu sonrisa por tus gemidos y te robo un beso, continúo sintiéndote y siento como posas tu mano a la altura de mi abdomen para hacerme sentir tus uñas. Me excitas mucho, y siento el inevitable deseo de llenarte de mí, pero tengo ganas aun de verte en una posición más y sé que tú lo deseas porque al decirte espera y al separarme de ti de inmediato te veo cómo te apoyas tus piernas, inclinas tu espalda y levantas ese rico trasero.

    Ese rico panorama me tiene ahora mismo con mi miembro muy duro y con cierto dolor de lo rico que mi mano me está dando placer al apretarlo fuerte imaginando que estoy en este momento allí para ti viéndote. Me coloco tras de ti, y como sediento de ti tomo tu trasero y abro tus glúteos, te sientes desprotegida y con miedo e inmediato volteas, aunque al voltear y verme sientes como mi lengua nuevamente recorre tu humedad y escucho ese sonoro gemido de excitación, ese momento es mío y lo voy a saborear, y después de unos gemidos muero de ganas por hundirme en ti, así que pongo mi lengua en tu punto de placer y comienzo a desplazarla desde allí hasta que sientes como invaden espacios que para ti son aún más privados aunque es solo por un breve instante te escucho como si algo dentro de ti se hubiera encendido, al sentirme próximo a entrar en ti, tu misma tomas tu ritmo, iniciando moviendo tu cintura haciéndome sentir como entra y como ingresa de una más rica para posteriormente tomarte de tu cabello y hundirme por completo en ti.

    Siento cada vez más intensos tus gemidos y me dices que pronto terminaras, solo me dices vente conmigo quiero sentirte, siento como me aprietas y no puedo contenerme, siento como me mojas al compás de un rico gemido de tu parte, no puedo aguantarme y termino contigo, no puedo omitir el enorme placer y sé que lo sabes por cómo te tome de tu citara a casi levantarte de la cama. Así mismo me siento ahorita recordándote, imaginando que estas aquí conmigo y que me encuentro dentro de ti disfrutando de este rico orgasmo a tu lado.

    Lo sé, aunque fue muy rico no estás aquí para poder recostarme a tu lado y abrazarte, pasar mi brazo debajo de tu cabeza sentir tus manos en mi espalda y darte un beso, verte sonreír y decirme, no sabes cómo lo deseaba y responderte yo también te he imaginado así.

    Hoy me recostaré en mi cama, aspiraré hondo e imaginaré el aroma de tu cabello y dormiré pensando en ti, tal vez pronto nos veremos…

  • El come coños se desmadra

    El come coños se desmadra

    José, el come coños, después de gozar con Jennifer le cogió el gusto a la cosa e hizo honor a su nombre.  Le comió el coño a cantidad de mujeres de 20 a 76 años, y se folló a las más cachondas. Vivía cómo un rey y no le faltaba de nada.

    A principios de septiembre, cuando las uvas de sus huertas estaban casi a punto para la vendimia recibió una llamada.

    -¿José?

    Reconoció la voz al instante.

    -Hola, inglesa.

    -¿Estarás mañana en casa?

    -¿Vas a venir?

    -Sí, quiero comprarte el vino de este año.

    -Aún está en la parra.

    -A la parra te voy a subir yo a ti.

    -Oh, oh, ven, ven, ven que esta vez vas a marchar caliente.

    -Espero que no, espero que me quites la calentura.

    -De eso no te quepa duda.

    Cuando Jennifer llegó a la casa de José entraba en su casa, se dio la vuelta y al verla bajar de su Jaguar la encontró aún más guapa que la vez anterior, y hasta le pareció más alta vestida con aquel vestido de seda gris con tréboles negros que le daba por encima de la rodilla y calzando unos zapatos con tacón de aguja del mismo color.

    Al llegar junto a José le rodeó el cuello con los brazos y le pegó tal morreo con lengua que lo dejó sin aliento. Al acabar de morrearlo mirándola a sus ojazos azules, José le dijo:

    -¡Vienes con ganas, carallo!

    -Yes, darling.

    -Con lo bien que ibas y ya empezamos con puyas.

    -Te dije, sí, cariño.

    Yendo hacia la casa le dijo:

    -Pues dilo en cristiano. ¿Tienes hambre, inglesa?

    -¿Hiciste algo de comer?

    -Sí, espero que te guste.

    -Antes de nada quiero chorizo.

    -¿Frito o crudo?

    -Frita me trae tu chorizo crudo.

    Le tocó el culo. Un viejo que pasaba por el camino y que vio cómo se lo tocaba, le dijo:

    -Vaite matar a polvos, Xosé. (Te va a matar a polvos, José)

    Jennifer le preguntó:

    -¿Qué dijo?

    -Nada, si la envidia fuese tiña…

    -Teñir me vas a teñir tú la garanta de blanco.

    A José le dieron ganas de follarla allí mismo, delante de la casa, de pie, y si lo hace Jennifer le deja, y si los viera follar el viejo aún le gustaría más. Le dijo:

    -¡Uy cómo te voy a dejar ese coño!

    Entraron en casa. Jennifer lo empujó contra la pared, le metió la mano derecha entre las piernas y le agarró los huevos, y le preguntó:

    -¿Están llenos de leche?

    José, con una mano de Jennifer en los huevos y la otra en su nuca apretándole la cara contra la pared, le dijo:

    -¡Suéltame, coño!

    -¿Dame un motivo? ¿Por qué quieres que te suelte?

    -¡Por qué un home é un home é un jato é un jato! (¡Por qué un hombre es un hombre y un gato es un gato!)

    Jennifer no entendió ni papa.

    -¿Quién no habla ahora en cristiano?

    Lo soltó, José se dio la vuelta. Jennifer le echó la mano a la bragueta, le bajó la cremallera de un tirón, le sacó la polla, polla que estaba a media asta, y poniéndose en cuclillas la puso hacia arriba y lamió desde los huevos a la cabeza.

    -¡Quiero leche!

    José ya no protestó, al contrario, le dijo:

    -Tú misma, inglesa, tú misma.

    Jennifer le lamió y le chupó los huevos mientras lo masturbaba, José con la espalda apoyada a la pared disfrutaba cómo un enano de cada lametada, de cada mamada, de cada meneo. Jennifer sabía lo que hacía… Cuando se puso tenso, le mamó el capullo hasta que sintió cómo un chorro de leche calentito, caía dentro de su boca, a ese chorro siguieron cinco chorritos más, No dejó que se perdiera ni una gota. Al levantarse lo besó con lengua y después le dijo:

    -¿No decías que tenías algo de comer?

    José guardó la polla, subió la cremallera, y le dijo:

    -Algo hay.

    Fueron a la cocina y Jennifer vio encima de la mesa cuatro platos, uno con chorizo picado, otro con lonchas de jamón, un tercero con queso y un cuarto con aceitunas rellenas con anchoas. Vio cómo José abría la puerta del horno y le llegó un olor a cordero asado que abría el apetito. Le preguntó:

    -¿No será mucha comida?

    -Vale más que sobre a que falte. Hablando de faltar, falta el vino. ¿Vienes conmigo a buscarlo a la bodega?

    -Vamos, así también mojo la garganta.

    Iba a mojar algo más que la garganta. José le tenía una sorpresa preparada. En la bodega le dijo:

    -Echa una taza de vino tinto.

    Jennifer se agachó, y cuando abrió la billa, José, que había quitado el corcho superior del barril y metido una goma de silicona hueca en ella, chupó la terminal y comenzó a salir vino por ella, vino que cayó encima de Jennifer. La inglesa tiró con la taza, se levantó, y con los ojos cerrados y sacudiendo los brazos cómo si quisiera emprender el vuelo, le dijo:

    -¡¿Qué haces, salvaje?!

    -Bañarte. Quero que tengas el coño limpio cuando te lo coma.

    Apretó la boca de la goma, el vino tinto salió a presión y regó sus tetas primero y su coño después.

    -Vas a acabar con el vino.

    -Será por vino…

    Jennifer tenía el vestido pegado al cuerpo, lo quitó, quitó el sujetador, las bragas las medias y los zapatos, se dio la vuelta y dejó que la duchara por detrás y por delante. Acicaló los cabellos, lavó las tetas con el vino tinto… Tenía los pezones erectos y las areolas pequeñitas. No se podía masturbar el coño porque el alcohol del vino la haría brincar, y eso la ponía cada vez más cachonda. Cuando José quitó la goma del barril el vino ya salía de la bodega y al ser el piso cuesta abajo llegaba al camino. Al final de la bodega estaba la paja con que se quemaban por dentro barriles y pipas para quitarles la humedad. Con la goma en la mano le dijo:

    -Tira para la paja.

    -¿Me vas a comer el coño?

    -Yo ya no como coños, los degusto.

    Jennifer se dio la vuelta, José vio su culo redondo y le largó con la goma:

    -¡Tras!

    Le dolió, se dio la vuelta, y le dijo:

    -¡Son of a bich! (Hijo de puta)

    -Llamarme cariño no te va a valer de nada ¿Te acuerdas de cómo me pusiste la espalda con los chorizos. ¡Eh! -Tras, tras-. ¡Eh!

    -¡Motherfucker! (¡Hijoputa!)

    -Cómo sigas por ese camino me vas a enfadar.

    Jennifer con el culo caliente se echó sobre la paja. José se echó encima de ella y la besó. Le metió la lengua en la boca, Jennifer se la mordió, pero no apretó, al soltarla le dijo:

    -Ganas me dieron de arrancártela, abusón.

    -No vuelvas a hacerlo que yo también tengo dientes.

    Jennifer le chupó la lengua a José, pero él ya no se arriesgó más, le lamió el vino de la cara, del cuello, de las tetas, del vientre y llegó al coño. Se ve que los golpes con la goma le habían espabilado la sangre, ya que lo tenía lleno de babas, lamió y se tragó aquella agridulce delicatessen. Jennifer flexionó las rodillas para que le comiera bien el coño. José no estaba con esas, le dio la vuelta. Jennifer tenía pajas pegadas a la espalda en el culo y en las piernas, se las quitó, luego besó lamió desde su coxis a su nuca y de la nuca al coxis, después le abrió las nalgas coloradas y le lamió el ojete. Jennifer ya estaba muy cachonda.

    -¡Ayyy! ¡¡Puto!!

    -Eso ya está mejor, puta.

    Sintiendo cómo le lamía y le follaba el ojete Jennifer se dio cuatro cachetes en las nalgas.

    José se encendió.

    -¿A qué cojo la goma otra vez?

    -Coge, pero no des con mucha fuerza.

    Al decirle eso supo que ya la tenía a punto. Le dio la vuelta, le levantó el culo con las dos manos y le pasó la punta de la lengua por la raja, rozando, como si fuese una pluma, después, antes de dejarla entre sus labios vaginales le dijo:

    -Juega con ella.

    Jennifer moviendo la pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo fue apretado su coño contra la lengua, después le cogió la cabeza y tiró de ella para que entrara saliera de su coño… Le frotó el coño en la nariz, volvió a apretarlo con la lengua y a frotar… A punto de correrse, le dijo:

    -¡I´m gone cum! (¡Me voy a correr!)

    -Ni cam ni hostias, Lo que vas es a correrte, inglesa.

    -¡Y cómo!

    José tiró por Jennifer, aplastó su lengua contra el coño y lamiendo desde el ojete al clítoris hizo que soltara una corrida espectacular. Jennifer se retorció sobre la paja, gimió y le tiró de los pelos. Fue algo delicioso para él e increíble para ella, pero la cosa no iba a acabar ahí, la polla de José estaba dura de nuevo y ya había mojado sus calzoncillos, la sacó, la volvió a levantar cogiéndola por las nalgas, la polla tiesa se acercó al ojete, Jennifer abrió más las piernas y el capullo entró dentro de su culo. Le folló el culo con delicadeza, sin prisa, pero sin pausa. Al rato dos dedos de la mano derecha de Jennifer comenzaron a acariciar su clítoris al tiempo que entraban y salían de su coño. Se miraban a los ojos mientras gozaban… Cuando José ya no podía más, paró, y le dijo:

    -Avísame cuando te vayas a correr.

    -¡Sigue, sigue que la tengo muy cerca!

    Tan cerca la tenía, que antes de un minuto, le dijo:

    -¡Córrete conmigo!

    Se corrieron juntos. José se corrió cómo un burro sintiendo cómo el coño apretaba y soltaba su polla y cómo los jugos de la corrida de Jennifer le mojaban los cojones y ella cómo una burra sintiendo cómo le llenaba el culo de leche.

    Después del sexo tocaba comer, y después de comer. ¿Qué tocaría?

    Quique.

  • Placeres peligrosos (II)

    Placeres peligrosos (II)

    Es aconsejable leer primero «Placeres peligrosos».

    El busca la arrancó de su pesadilla, aun así el brusco despertar le impidió por un instante reconocer donde se encontraba hasta que el golpe que se dio en la cabeza con la litera la devolvió a la realidad.

    Desde la fatídica noche, las pesadillas eran constantes, incluso durante el breve sueño, cuando las guardias se lo permitían. Cristina se lavó la cara y los dientes, luego se peinó y acudió a la sala de urgencias. Deseó que no fuera nada grave y poder retomar el sueño que tanto se resistía en los últimos días a apaciguar su espíritu.

    El hombre de la cara ensangrentada, al ver a la neurocirujana se quedó estupefacto y sin poder hablar.

    —¿Qué le ocurre? —preguntó, pero el paciente parecía estar en shock y le costaba articular las palabras, por lo que la doctora pensó que se debía al traumatismo. A continuación, la neurocirujana se dirigió a la residente.

    —¿Qué tenemos? —le preguntó.

    —Varón, treinta y siete años. Accidente de coche. Ha sufrido un traumatismo en la cabeza y tiene una brecha. Está consciente y hasta hace un momento parecía encontrarse bien, —le informó la residente.

    —Muy bien. ¡Límpiale primero la sangre de la cara, —le ordenó mientras ella le echaba un vistazo a la brecha de la cabeza. —No parece grave, de todos modos le haremos un escáner por si hubiese alguna lesión interna, —le informó.

    La residente terminó de limpiarle la cara ensangrentada y le preguntó a su superiora si se lo llevaban a hacerle la prueba, pero vio que la doctora miraba fijamente al paciente con los ojos abiertos como platos, al mismo tiempo que el hombre observaba a la neurocirujana con mirada apocada.

    —¡Cósele la herida y llévalo luego a hacerle el escáner. Cuando esté, me avisas!—le ordenó a la residente, y con una mirada capaz de fulminar, abandonó la sala sin decir ni una palabra, por lo que la doctora residente se quedó perpleja ante una antipatía que era anormal en su superiora.

    Estaba segura de que conocía al paciente, y de ahí su actitud. Habría jurado también por su frialdad que aquel hombre no era santo de su devoción y algo había pasado entre ellos que desconocía, de manera que mientras le hacían la prueba concertada, la residente fue a hablar con su superiora por saber si la podía ayudar en algo.

    —¿Conoce a ese paciente? —le preguntó.

    —Sí.

    —Por lo que he visto, parece que no le cae muy bien, —manifestó, pero la doctora hizo caso omiso a su comentario.

    —¿Le ocurre algo? —le preguntó amablemente.

    —Nada que te importe, —le respondió tajante, y su residente se quedó confusa y extrañada ante la conducta inusual de su superiora, y frente a sus escasas pretensiones de abrirse, abandonó la estancia.

    Al cabo de treinta minutos bajó la doctora a hablar con el paciente que permanecía a la espera con los nervios a flor de piel.

    —No tienes lesiones internas. No todos podemos decir lo mismo, —le dijo en un tono adusto y se dio la vuelta dando por zanjada su visita médica para atender la Tablet.

    —Siento todo lo que pasó. Aquello fue un error, —se disculpó el paciente, pero antes de que pudiese continuar, Cristina le hizo callar con un convincente gesto que no daba lugar a réplica, se dio la vuelta y desapareció por la puerta.

    Cristina terminó su guardia a las ocho de la mañana y salió por la puerta principal a las ocho y cuarto. Aunque la noche había sido tranquila, no había tenido un sueño lo suficientemente reparador. Quería llegar a casa y acostarse un rato aun a sabiendas que dormiría a intervalos. Al bajar las escaleras de la entrada Julián estaba esperándola.

    —¡No te acerques a mí! —le advirtió ella.

    —¡Espera! No temas. Sólo quiero disculparme por lo que hicimos. No estuvo bien y entiendo lo mal que lo tuviste que pasar. No puedo hablar por los dos. Sólo sé que desde aquel día me siento como una mierda. No merezco que me curases hoy, lo sé, pero lo agradezco porque así he tenido la oportunidad de pedirte perdón, aunque no lo merezca.

    —Fuisteis unos hijos de puta.

    —Lo sé. Nos dejamos llevar por la euforia y nunca debimos haberlo hecho. No hay un solo día que pase que no me arrepienta…

    —Bueno. ¡Déjalo ya! ¿Vale? Yo estoy intentando olvidarlo desde que pasó.

    —Sólo si me dejas reparar el daño que te hice.

    —¿Cómo vas a hacer eso?

    —No lo sé, y me gustaría que hubiese un modo.

    —No lo hay ¡Déjalo! Agradezco tus intenciones. No creo que seas un mal tío, aunque no puedo decir lo mismo de tu amigo, —aseveró.

    —Gracias por pensarlo. ¡Déjame invitarte!

    —No es una buena idea.

    —Insisto.

    —Lo siento. Estoy agotada. Necesito dormir.

    —¿Otro día, quizás?

    —Estoy casada, aunque eso creo que ya lo sabes.

    —Sí, lo sé, yo también lo estoy, pero ambos sabemos que eso no es un inconveniente.

    —No me interesa follar, ¿lo entiendes?

    —Totalmente. ¿Un café te parece bien?

    —No me gusta confraternizar con los tíos con los que me acuesto, y mucho menos con los que me violan.

    —Entonces, ¿sólo puedo aspirar a follar?

    —Eso se acabó.

    —¡Déjame invitarte! Sólo un café. No volveré a molestarte.

    —Está bien. A la noche sobre las diez.

    —Hecho. ¿Aquí mismo?

    —Sí.

    Por primera vez en tres semanas logró dormir más de cuatro horas seguidas después de reclamar las atenciones de su esposo. Unas atenciones que su cuerpo no le había exigido porque había estado odiándose a sí misma, pero sobre todo, a aquellos dos cafres.

    En un primer momento no contemplaba el perdón para ninguno de ellos, pero percibía que Julián no era mala persona después de todo, de lo contrario, no se hubiese disculpado, ni hubiese insistido en desear su perdón. Se hubiese largado y punto, y quedaba claro que para él era importante recibir su absolución.

    De camino a casa volvió a rememorar la primera parte de aquella aciaga noche y tuvo que reconocer que fue el mejor sexo de su vida, hasta que la noche se torció y pasó a ser una pesadilla. Ahora, aplacada su ira y apaciguado su espíritu, eran los momentos gratos los que empezaban a tomar forma y no al revés, de ahí que su esposo se beneficiara de aquel polvo matutino. En cualquier caso, todavía permanecía una espina clavada en su psique.

    Aquietada su alma, la bestia volvía a agitarse en su interior y entre varias de las opciones más factibles evaluó llevarse de nuevo a la cama a Julián, después de todo tuvo que reconocer que fue un potro salvaje.

    A las diez menos diez de la noche estaba Julián en la puerta del hospital esperando que Cristina no hubiese cambiado de opinión. Ella le gustó desde el primer momento que la vio y daría lo que fuera por borrar aquella parte desafortunada donde él y su amigo se dejaron llevar por la lujuria del momento sin contemplar sus necesidades.

    Cuando la vio salir por la puerta volvió a deleitarse de su prestancia y finura. Iba con unos jeans, un suéter de cuello alto, y por encima un abrigo. Sus tacones no eran excesivamente altos. No le hacía falta montarse sobre tacones de aguja para estilizar su figura, y si en un primer momento ya le pareció una mujer increíble, el hecho de saber que era neurocirujana determinó que a aquella mujer no se le podía pedir más, con el valor añadido de que le encantaba el sexo. Pero Julián no la había citado con intenciones sexuales. En realidad no sabía cuál era el propósito. Quizás para reconciliarse con él mismo y redimirse de la canallada que le hicieron su amigo y él. Quizás también para disfrutar, aunque sólo fuera unos instantes de su presencia, aun sabiendo que ambos estaban casados. No sabía a ciencia cierta qué estaba haciendo, ni cuales eran sus pretensiones, ya que para él, Cristina era una mujer inalcanzable, sin embargo tuvo la suerte de compartir cama, y también la desgracia de quebrantar su confianza y la naturalidad que ella mostraba con el sexo. Ahora solamente aspiraba a gozar de su presencia y embriagarse de su perfume.

    Ambos se saludaron con un discreto “hola” y Cristina le sugirió una cafetería a dos manzanas. Cristina se adelantó y eligió la mesa, a continuación pidió un café con leche y Julián la imitó.

    —Gracias por aceptar la invitación, —le agradeció él con una animosa sonrisa, y ella asintió con un mesurado gesto.

    —El café aquí es bueno, —dijo para romper el hielo.

    —Sí que lo es, —ratificó al tomar un sorbo.

    —¿Qué tal la noche? ¿Ha sido dura?

    —No. Ha sido bastante tranquila. Sólo un accidente de moto, sin consecuencias. He podido dormir un rato.

    —Siento robarte tu tiempo. Quiero agradecerte que hayas venido.

    —No te preocupes, trabajo aquí, —manifestó con una sonrisa que lo cautivó.

    —No quiero generarte complicaciones con tu marido.

    —No me las generas. Sólo tomamos café.

    —Es cierto.

    —¡Oye! Quiero pedirte disculpas de nuevo…

    —¡Déjalo ya! ¡Olvídalo! Yo también lo haré.

    —De acuerdo,—admitió.

    —¿Sueles salir sola por las noches?

    —No. Aquello fue inusual, aunque no te diré que fue la primera vez.

    —¿Estás bien con tu esposo?

    —Sí. ¿Por qué lo preguntas?

    —Porque no es normal ver a una mujer casada a esas horas de la noche tomando una copa a solas.

    —¿Has venido a juzgarme?

    —No. Lo siento. No pretendía ofenderte.

    —Había salido a echar un polvo, pero eso ya lo sabes. Estoy bien con mi marido, pero ese día necesitaba evadirme. ¿Qué tiene de malo?

    —Nada. Te admiro por ello.

    —¿Y qué me dices de ti?

    —No es mi caso. Se presentó la oportunidad y la aproveché porque nadie en su sano juicio habría desperdiciado la ocasión de estar con una mujer como tú.

    —Tienes un amigo muy cabrón.

    —Lo sé. Desde aquella noche no hemos hablado mucho. No comparto sus métodos y me molestó enormemente que te tratara de aquel modo.

    —¿Y por qué no impediste que terminara de aquel modo? Para mí fue algo extraordinario, y podría haber formado parte de uno de los momentos más sobresalientes de mi vida, pero la noche dio un giro muy brusco pasando del placer y de la tolerancia a la humillación. Podríamos haber disfrutado los tres respetándonos, de eso se trataba, al menos eso creía, pero al parecer, tu amigo no compartía el mismo criterio. Él necesitaba humillarme para sentirse más hombre. Convertisteis lo que podría haber sido un día especial e inolvidable en algo horrible y detestable.

    —Y lo lamentaré el resto de mis días, ¡créeme! Eres una mujer maravillosa. Debería haberle partido la cara…

    —Sin embargo, fuiste tú quien lo empezó. No quisiste parar cuando te lo dije. No podía más y te lo advertí muchas veces, pero nadie me escuchó, ¿recuerdas?

    —No me hagas sentir mal.

    —¿Y tú me lo dices?

    —Creo que no ha sido una buena idea esto, —dijo levantándose.

    —¡Espera! —le espetó.

    —Merezco el derecho a exteriorizar lo que sentí. No he podido hacerlo con nadie hasta ahora, y ¿quién mejor que tú para hacerlo?

    —Está bien. Tienes razón. Merezco que descargues tu ira en mí. Es lo menos que puedo hacer por ti, —respondió mientras volvía a sentarse.

    —¿Quieres follar? —le preguntó a bocajarro mientras su mano se posaba en la entrepierna por debajo de la mesa.

    —Pensaba que…

    —¿Quieres follar o no?

    —Sí, —balbuceó mientras ella le miraba fijamente presionando el montículo que crecía en su mano, alcanzando en segundos la dureza de una piedra.

    Cristina presionaba su hinchazón como si quisiera masturbarle a través del pantalón, entretanto Julián se dejaba hacer ante la iniciativa inesperada de la doctora que tan apenada parecía hacía unos instantes.

    —Tienes una gran polla, ¿te lo ha dicho tu mujer alguna vez?

    —Sí, —respondió con un sonido apenas audible.

    —No me extraña. Menudo pedazo de rabo tienes, —aseguró deslizando la lengua por su labio superior.

    Estaban en una mesa apartada y eso les proporcionaba cierta intimidad y una mayor discreción. Unas mesas más allá había otros clientes desayunando, pero no se percataban de lo que ocurría debajo de la mesa. Dos camareros transitaban por la sala sirviendo a los clientes, ajenos también a la pareja del fondo.

    Cristina desabrochó el pantalón y extrajo la verga mientras miraba a Julián y se mordía el labio inferior. Se daba cuenta de sus actos y del riesgo que comportaba, pero quería hacerlo. De todos modos, había hecho tantas insensateces en los últimos meses que aquello le pareció un juego de niños.

    Julián no sabía dónde mirar, ni qué hacer, ni qué cara poner. Quería disimular, no deseaba que nadie se diera cuenta de lo que ocurría. Ella incrementó el ritmo de su mano y en pocos segundos se llenó del líquido viscoso que continuaba manando y golpeando la parte interior de la mesa, para luego desparramarse en el suelo.

    —¿Aún te apetece follar? —le preguntó al mismo tiempo que sacaba los clínex del bolso para limpiarse la mano y los restos desparramados en el suelo.

    —Por supuesto, —respondió.

    —¿Nos vamos? —le preguntó a Julián, quien no salía de su estado de shock.

    —Sí, —respondió.

    Al salir de la cafetería, se estiró el suéter intentando disimular las manchas del pantalón. Cristina pagó la cuenta y salieron del local.

    —¿Has venido con coche?

    —Sí, lo tengo aparcado ahí delante.

    —Vamos, conozco un lugar con vistas. Te gustará.

    No era la primera vez que visitaba el lugar en las mismas condiciones. A falta de sitio, era un excelente emplazamiento para echar un polvo bajo las estrellas. Las vistas eran estupendas y desde su ubicación, en lo alto de la montaña, en aquella especie de mirador, se podía contemplar la ciudad a lo lejos. Cristina le sugirió arrimar el vehículo hacia el borde. Eso teñía de cierto encanto el momento y le daba un toque idílico.

    —¿Has venido muchas veces aquí? —quiso saber.

    —Sí.

    —Supongo que no vendrías con tu marido.

    —Veo que las pillas al vuelo. Aquí sólo traigo a los amantes que me dejaron huella. Es un sitio especial —le dijo mientras se apoderaba de su boca, impidiéndole responder, y él le correspondió con pasión desmedida buscando ambos cada rincón escondido de sus cuerpos. Se desnudaron atropelladamente dentro del coche. Julián volvió a tener el cuerpo que tanto había deseado a su merced, llenándose la vista de él. Reclinó los asientos y se puso encima besándole los pechos para bajar despacio por su barriga, deteniéndose en el ombligo y trazando círculos sobre él. Después descendió por el poquito vello de su sexo oliéndolo y embriagándose de su aroma de mujer. Su lengua abrió los pliegues de aquella raja encharcada y la recorrió de arriba a abajo, alternando el trayecto con ligeras penetraciones de su lengua en la gruta, para después buscar el nódulo totalmente expuesto. Cristina contorneó su cuerpo moviendo su pelvis en busca de aquella lengua que la estaba encumbrando a la cima de un inminente clímax, pero Julián detuvo aquella práctica y se incorporó para colocarse encima de ella y penetrarla tal y como había soñado cada día desde aquel primer encuentro. Cristina suspiró de gozo sintiendo como su polla se adentraba hasta el fondo. Sus manos recorrieron su torso, para después bajar por su cintura hasta su culo. Julián quería proporcionarle a Cristina todo el placer del mundo, pero la deseaba tanto que no fue capaz de mantener el control y se corrió en pocos minutos.

    —Lo siento, no he podido contenerme, —se disculpó por haber terminado tan pronto sin lograr proporcionarle el punto culminante a ella.

    —No te preocupes, —le dijo tratando de consolarlo como a un niño, y sabiendo que aún tenían tiempo para disfrutar.

    El miembro de Julián perdió su rigidez, pero Cristina se incorporó y le besó para que no se sintiera mal, al mismo tiempo su mano bajó por su torso hasta llegar a la flácida polla. Continuó con el beso hasta que despegó los labios y descendió por su pecho y abdomen, deteniéndose en su verga para cogerla con la boca, lamerla, mimarla y posteriormente engullirla. Podía saborear sus propios jugos a través del miembro que hacía unos minutos había estado dentro de ella. La polla curva y nervuda empezó a crecer en su boca hasta que de nuevo adquirió la dureza deseada, después se incorporó y lo miró de forma lujuriosa, acoplándose encima y cabalgó sobre él con movimientos pélvicos descontrolados.

    — Cristina, eres una diosa, —dijo mientras se aferraba a sus nalgas.

    Su lengua recorrió sus pechos, deteniéndose para succionar los pezones. Cristina estaba preparada para el clímax, lo deseaba mucho, y el orgasmo acudió con una andanada liberadora por la falta de un buen sexo. Cuando remitió, lo besó, retorció su lengua y la enroscó con la de él. Julián estaba ahora tremendamente excitado. Cristina se sacó la polla de su interior y se sentó a su lado para jugar con ella. Deslizó su mano por el falo, masturbándolo despacio y palpando cada centímetro de aquel peculiar pollón. Poco a poco fue acelerando el movimiento de su mano. Julián respiraba de forma entrecortada por el placer que la delgada y femenina mano le estaba provocando al subir y bajar, al tiempo que Cristina lo miraba con una sensualidad que le enamoró.

    —Menuda tranca tienes, —le dijo exteriorizando sus pensamientos.

    —¡Cómetela toda! —pidió presa del delirio.

    Cristina aumento un poco más el ritmo de su mano y Julián levantó el culo del asiento, entonces ella supo que llegaba el orgasmo y aceleró todavía más el movimiento, hasta que los primeros latigazos salieron a presión y la leche se desparramó en su abdomen y en su pecho. Cuando finalizó, le lamió el torso y limpió la sustancia con su lengua. Finalmente, cuando sólo quedaba su saliva, se incorporó para darle un apasionado beso con el sabor de su esencia, pero a él no le importó.

    —¡Eres increíble! —tuvo que admitir, mientras se encendía un cigarro con el permiso de Cristina. Apenas se dijeron nada. Ambos estaban restableciendo fuerzas, después de la contienda.

    Cuando terminó su cigarro, Cristina le invitó a salir del vehículo y disfrutar de las vistas.

    —Hace frío aquí afuera, —se quejó.

    —Lo sé, pero me apetece que me folles aquí.

    Ambos salieron del vehículo desnudos y Cristina le mordisqueó el labio inferior sin llegar a darle un beso, pero con una mirada lasciva y de deseo que provocó que a Julián se le levantara la polla sin ningún contacto. Seguidamente se arrodilló de forma provocativa, bajó su boca a la altura del cipote, mientras sus manos recorrían su envergadura. Julián no salía de su asombro ante aquella mujer tan promiscua y ardiente.

    Cristina se ensalivó la mano, cogió el pollón y recorrió toda su extensión, aferrándolo y deslizando la mano por el garrote, hasta que su lengua se unió a las caricias. Julián miraba como aquella diosa le hacía la mejor mamada de su vida, viendo desde arriba el movimiento oscilante de su cabeza, mientras engullía su verga e intentaba alojarla toda en su garganta.

    Mientras devoraba aquella vara doblada, su mano se deslizó hasta su entrepierna para darse ella misma placer hasta que sintió la necesidad de volver a sentirlo dentro. Se apoyó en el capó del coche levantando su trasero y Julián, ante la visión de aquella joya, permaneció con la boca abierta un instante totalmente obnubilado hasta que Cristina lo sacó de su embelesamiento.

    — ¡Te deseo! ¿A qué esperas para metérmela? —le preguntó.

    Julián se acercó y hundió su lengua en aquel divino culo repasando toda la zona, desde el ano hasta el clítoris, llevando a Cristina a un nivel superior de excitación, en el que el cerebro dejaba de funcionar y sus más depravados instintos volvían a tomar forma. Su lengua recorrió cada pliegue, saboreando la pócima mágica de la mujer que lo había conquistado.

    — ¡Métemela ya cabrón! Me estás matando, ¡Fóllame! —le exigió.

    Julián abandonó el suculento manjar, se levantó, se cogió la verga y la aproximó a la entrada de su gruta, y ella alargó la mano por debajo para cogerla y ayudar a encontrar el agujero en aquella primera penetración, como si él necesitase de su ayuda. La verga se deslizó en su interior y Cristina suspiró de gozo. Julián inició el movimiento de pistón mientras su cara se desencajaba por el placer. Por su parte, Cristina volvía a notar, igual que la última vez como aquella polla llegaba a lugares inexplorados por otras, y tras un cuarto de hora embistiendo en su coño, tuvo un orgasmo en el que tuvo que sacarse aquella salchicha para soltar una meada que indicaba la intensidad del clímax. Cuando la explosión de pis remitió, Julián volvió a insertar su banana para seguir fornicándola, y Cristina retomó el orgasmo, prolongándose durante más de treinta segundos entre suspiros y gemidos. Después sus piernas flaquearon y se quedó tendida en el capó sin que él dejara de embestir. Se agarró fuertemente a su culo y después de unos cuantos golpes de riñón Julián estuvo a punto y eyaculó en su interior mientras jadeaba y gritaba su nombre. Cuando remitió el fuerte clímax se quedó postrado encima de ella, los dos totalmente inertes sobre el capó del coche hasta que ella se quejó por el peso de él presionando sobre su espalda.

    —Ha sido un polvo divino, —manifestó.

    —Sí. Ya podemos entrar, que hace frio, —dijo ella, y era cierto. La noche era extremadamente fresca, y después de que bajara la calentura, el frío empezaba a enfriar sus carnes.

    Cristina se puso los pantalones con celeridad, a continuación los zapatos y seguidamente su blusa interior y el suéter, mientras Julián todavía estaba intentando ponerse los pantalones. Cuando lo consiguió, siguió con el suéter, y mientras trataba de meter la cabeza, Cristina cogió todas sus cosas, abrió la puerta, soltó el freno de mano, salió del coche y lo empujó ligeramente, de manera que, cuando Julián se percató de la situación y reaccionó, puso el freno de mano, pero ya era tarde, las ruedas delanteras estaban en el aire y Cristina contempló impasible al hombre que la violó, mientras este hacía aspavientos con las manos y el coche desaparecía, precipitándose al vacío.

    —Ahora ya entiendes la fina línea que separa el deleite del infortunio.

  • Hombre lobo

    Hombre lobo

    Prólogo.

    Cuando se me cruzo por la mente la idea de escribir una historia erótica relacionada a hombres lobo, no lo pensé dos veces y me puse inmediatamente en ello. Es tan poderosa la mente al momento de introducir un personaje ya que cuando lo creas a él, también creas su historia, es por ello que he disfrutado cada minuto que he pasado frente al computador escribiendo estos textos.

    La historia que leerán a continuación si bien su principal trama son los hombres lobo que son criaturas de leyenda, contienen agregados que no son parte de la mitología respecto a ellos, como también; así mismo he de confesar que el prototipo de hombre lobo el cual contiene esta historia es el de la película “Van Helsing” de 2004 que fue interpretado por el actor Hugh Jackman, ¿El motivo?, pues simplemente porque me parece el modelo más estéticamente aceptable.

    Sin más espero disfruten leyendo esta serie de relatos tanto como yo he disfrutado escribiéndola.

    ***********

    El último hombre lobo.

    Año 1890

    Una fuerte lluvia caía del cielo, pareciera que alguien con alguna fuerza sobrenatural hubiera puesto de cabeza el océano pues la cantidad de agua era impresionante.

    Dentro de su pequeña casa de madera, un apuesto muchacho de nombre Dariel y su hermano mayor de nombre Daniel luchaban por cambiar de lugar y mantener seco a su padre que yacía tirado en un rincón de la casa por lo ebrio que estaba pues el agua de la lluvia ingresaba por las grandes goteras del techo de la humilde vivienda, aquel hombre se había dedicado a tomar alcohol desde que su esposa falleció, hacía ya cinco años atrás dejándolos a él y a sus hijos completamente solos.

    Dariel que esa noche había cumplido la mayoría de edad, era un muchacho guapo, con unos ojos color miel heredados de su madre que hipnotizaban a cualquiera, si su madre estuviera aún con vida nada de esto pasaría – pensaba él mientras ponía a buen resguardo lo poco que tenia de valor dentro de la casa- cuando el relincho de un caballo lo sacó de sus pensamientos, ahí se dio cuenta, que, por el ajetreo dentro de casa, dejó de lado a sus preciados animales.

    No lo pensó dos veces y salió de ella junto con su fiel amigo, el cual era su perro, ensuciándose de lodo durante todo el camino, tomo a su único caballo, al par de vacas y cerdos y los guardo en el granero; los pobres animales por fin podían estar tranquilos, estarían a salvo de la tormenta por esa noche.

    ***

    Paralelo a ello, una gran bestia que era perseguida por extrañas criaturas, huía herida de muerte por todo un inmenso bosque, con la luna de testigo de lo que pasaría aquella noche, se detuvo frente a una cascada, todo parecía perdido, un gran número de esas criaturas lo acorralaron, uno de ellos que parecía ser el jefe del grupo tenía grandes alas, sacó una extraña lanza de dos filos de color negro y la incrusto en el pecho de la bestia, cayendo a lo largo de la catarata golpeándose con las rocas que sobresalían de ella.

    ***

    Dariel ya no tenía ganas de regresar a casa ya que el granero estaba en perfecto estado y la lluvia no había traspasado el techo, sin embargo, su padre y su hermano lo necesitaban y tenía que volver, acaricio por última vez a su caballo y salió del granero, al salir de pronto se escuchó fuertemente un aullido desgarrador, algún lobo herido – pensó el -, decidió seguir su camino pero no conto con que el perro que lo acompañaba saldría corriendo adentrándose en el bosque, al parecer siguiendo los lamentos que no cesaban.

    El perro se detuvo en la orilla del rio observando y al parecer compartiendo los lamentos de lo que el muchacho hasta el momento pensaba que era lobo, cuando Dariel se acercó más, quedo estupefacto por lo que vio al otro lado de la orilla del rio, se asustó demasiado que se echó a correr, aquella cosa parecía un lobo pero enorme – pensó para si- cuando hubo avanzado unos metros un último rugido desgarrador inundaron los oídos del chico; la bestia había extendido el brazo pidiendo ayuda, y el perro esta vez no paraba de ladrar.

    Se detuvo en seco, aquel rugido había estremecido todo su ser, sintió que debía ayudarlo por una extraña razón y se dio la vuelta, el perro había cruzado al otro lado del rio y no paraba de lamer las notables heridas de aquella bestia, el muchacho temeroso se acercó, recién pudo observar con detenimiento lo que sus ojos acababan de presenciar.

    Aquella extraña bestia estaba boca abajo con su cabeza en el rio, el agua llevaba su sangre, lo analizó bien, debía medir aproximadamente 2 metros de alto, toda su espalda estaba cubierto de denso pelaje negro, sus piernas de igual manera, eran grandes y anchas, tomo fuerza de donde no la tenía y lo giro viéndolo de una manera más detallada, la criatura efectivamente parecía un lobo, pero a la vez un hombre también, por su fisionomía el muchacho pudo deducir que caminaba erguido, cayendo en conclusión de que se podría tratar de un hombre lobo como en los cuentos que el escuchaba.

    Su torso era perfectamente musculado, pectorales anchos y abdomen marcado cubierto por una capa fina de pelo, luego se detuvo en el área de los genitales, donde encontró un pene y testículos del mismo color del resto del pelaje, idénticos a los de un lobo normal, no dejaba de sorprenderse, se repitió una y mil veces que aquella cosa debía ser un hombre lobo, sus manos y pies con garras filudas que sobresalían, su rostro con un hocicó prominente con colmillos igual de filudos que las garras, orejas, los dobleces en las enormes patas, los enormes y anchos brazos, analizaba muy bien cada una de las partes, sin duda era un hombre lobo y no sabía qué hacer.

    La bestia no se movía, aunque Dariel podía percibir que respiraba con dificultad, el chico en su afán por ayudarlo intento levantarlo, pero en vano, una criatura de ese tamaño no podría ser alzado por alguien tan debilucho como él, pensó en su caballo, pero supuso que tampoco él podría, esa bestia parecía pesar toneladas, sin embargo, de un momento a otro, la enorme y pesada criatura comenzó a transformarse, reducía su tamaño considerablemente, debía estar volviendo a su estado original.

    Después de habérsele caído al parecer una gruesa piel, se pudo dejar apreciar, un hombre muy guapo, de facciones muy masculinas y viriles, cabello maltratado, barba de al parecer varios días, cuerpo musculado con vello, aunque con múltiples cortes profundos que aun sangraban, y lo que más le llamo la atención, un pubis muy poblado con una considerable verga de buen tamaño, y huevos peludos y gordos, el hombre parecía tener no más de 30 años.

    Lavo apresuradamente sus heridas con el agua del rio que se llevaba la sangre cuesta abajo, intento otro esfuerzo por levantarlo, pero inútil, aun estando en su forma humana no podía levantarlo, la idea original de volver por el caballo paso otra vez por su mente y así lo hizo, en el camino recién cayo en cuenta el tiempo que paso afuera de casa, podrían ser las 3 o 4 de la mañana y la lluvia ya había parado – supuso-.

    Regreso rápidamente con el caballo, tomo tanta fuerza como pudo, y levanto al hombre el tiempo suficiente como para colocarlo encima del animal y poder llevárselo, Dariel prácticamente actuaba por algo más que instinto, no sabía porque motivo estaba haciendo lo que hacía pues con su padre y su hermano tenía suficiente como para tener más problemas ahora.

    No podía llevárselo a casa, así que lo llevó al granero, le hizo una cama de paja y lo acostó tapándolo con la lana de lo que un día fue una oveja, Dariel no dejaba de mirar a aquel hombre, embelesado, bajo la luz de una lámpara pues le parecía muy atractivo, sus heridas habían dejado de sangrar felizmente y aún seguía respirando muy lento, el muchacho deseaba en su corazón que aquel hombre se recuperara lo más pronto posible.

    ***

    Una figura alta de cuerpo pálido con alas negras, dos en cada lado de la espalda, dos grandes y dos más pequeñas, parecía desnudo, se podía observar la piel blanca pálida de todo su cuerpo seca y agrietada con ojos color rojo, dientes todos como colmillos, con orejas puntudas, cabello largo, negro que parecía pajoso, muy maltratado, mientras caminaba iba regresando a su forma original, se había convertido en un joven atractivo y esbelto, caminaba desnudo apresuradamente para entrevistarse con su amo.

    Señor aniquilamos con la bestia que se atrevió a desafiarlo – dijo el joven entrando a una enorme habitación llena de lujos.

    Lo sé, yo los controlo y puedo ver lo que ustedes han visto, escuchar lo que ustedes escuchan y pensar lo que ustedes piensan – dijo un hombre de cabello cenizo peinado para atrás, alto y de mirada penetrante sin expresión acostado en su enorme cama desnudo, debía tener 50 años aproximadamente.

    El joven que había entrado se quedó en la puerta y bajaba la cabeza mientras el hombre se le acercaba, le temblaban las piernas tan solo estar en su presencia porque sabía que algo andaba mal

    ¿Acaso esa fue la orden que yo les di?, ¿dije que lo aniquilaran? – le preguntó el hombre mientras de colocaba detrás del joven.

    No señor, pero…

    El joven no termino de hablar cuando se vio interrumpido por su amo quien volteando lo tomo por el cuello y lo levanto, el joven luchaba por respirar.

    Nada me detiene en este momento de terminar con tu asquerosa existencia, les ordene que me lo trajeran con vida y no pueden hacer una cosa tan simple como esa – decía apretando con furia el cuello de su sirviente.

    Pero aun así hicieron un buen trabajo, ahora quiero que busquen y traigan el cuerpo – ordeno a las otras criaturas quienes, aunque no estaban ahí, podían escuchar y sentir todo lo que su jefe decía.

    Tu por otro lado, tienes que agradecer que tengo predilección por ti, de lo contrario ya estarías muerto – dijo tirando a un lado al joven.

    Ahora ven acércate y mete mi verga en tu boca – ordeno el amo a su sirviente, sentándose al borde de la cama.

    El joven obediente se acercó y como para remediar en manera el fracaso, chupó con maestría la dura polla de su amo, quien le acariciaba la cabeza suspirando de placer, cada musculo de su cuerpo se tensaba mientras recibía la mamada, el joven sirviente verdaderamente era muy bueno haciendo aquello.

    El amo se puso de pie un momento a otro, dejando al sirviente arrodillado en el suelo, el joven se acomodó y se sentó en el piso recostandosé contra la madera de la enorme cama, el amo alzo una pierna para colocarla encima de la misma y comenzó a embestir frenéticamente la boca del joven, haciendo que este de arcadas por el atragantamiento que estaba sufriendo.

    Seguía con las embestidas bruscas, el amo levanto con fuerza al sirviente y le ordeno que se volteara dándole el culo, el joven así lo hizo, se dio la vuelta y separo sus nalgas exponiendo el apetitoso agujero por donde iba a ser follado.

    El amo sin ninguna piedad incrusto aquella gruesa y dura verga en el interior de su sirviente, el cual sintió un dolor punzante en el recto, pero no podía hacer nada, solo se tenía que dejar penetrar salvajemente por su amo.

    Su señor lo tenía tomado por la cintura dándole fuerte envestidas y el joven ya había empezado a disfrutar, su pene se movía de un lugar a otro, y él gimiendo de placer estaba, gemidos el cual era libre de expresar pues a su señor le gustaba y eso demostraba que lo estaba disfrutando.

    Lo empotraba salvajemente, el hombre no tenía limite, cambiaron de posición ahora el sirviente tenía las piernas en los hombros de su amo, ambos podían ver sus caras de inmenso placer, el amo besaba a su sirviente frenéticamente, eso al muchacho le gustaba pues creía que su señor de alguna u otra manera le tenía aprecio.

    Cada musculo del cuerpo del hombre se tensaba, la sangre se le había ido a la cabeza pues una gruesa vena en la frente daba la impresión que quería reventar, pero no era así, los golpes de los testículos con las nalgas del chico resonaban en la habitación lo cual se escuchaban como una melodía que acompañaba a los gemidos.

    Habían pasado varios minutos, desde que comenzaron a follar y ambos podían dar aún más, cambiaron a una última pose previa al orgasmo, esta vez era el chico quien cabalgaba la enorme verga de su amo, el joven sentado y apoyándose con sus manos en los pectorales del hombre lo cabalgaba con pasión y frenetismo.

    Pasaron unos cuantos minutos más, y el chico de tanto placer que estaba recibiendo, eyaculó encima de su amo, eso al hombre lo excitó y agradó de tal manera, que, también eyaculo dentro de su sirviente, dejando su semilla en ese hueco que tanto le gustaba.

    Jadeando, el muchacho se acostó en su pecho y se disculpó por lo sucedido ya que no tuvo oportunidad en su momento.

    Ya pasó, nos espera un futuro prometedor, si sigues siendo tan leal como el primer día, estarás conmigo siempre – dijo el amo besando a su sirviente.

    Estoy tan agradecido con usted mi señor, mi lealtad es para usted – dijo conmovido el sirviente.

    ***

    Dariel se había quedado dormido en el piso del granero cuidando de aquel hombre mitad bestia, el canto del gallo lo despertó dándose así cuenta que lo que había pasado aquella noche fue una situación verídica y no un mal sueño.

    Se preguntó cómo habrían pasado la noche su padre y su hermano, de seguro un poco mejor que el – pensó – de todos modos, tenía que regresar a casa, se percató que el hombre aun respirara y afortunadamente lo hacía, su respiración era lenta pero aún estaba con vida, se detuvo a ver sus heridas y misteriosamente ya no parecían tan profunda, el agujero de su pecho daba la impresión que se había reducido, tal vez era producto del cansancio – mentalizo-.

    El sol brillaba fuertemente, clásico después de una fuerte tormenta, caminó sin ganas hasta la casa, estando en la puerta se detuvo, escucho unos gemidos ahogados, no se extrañó en lo absoluto pues sabía perfectamente que su padre se cogía a su hermano, en los últimos años de abstinencia sexual pues no encontraba mujer para satisfacer sus necesidades.

    Entró a casa como si nada pasara y ni su padre ni hermano se inmutaron, ellos seguían en lo suyo, Daniel estaba en cuatro patas mientras su padre lo embestía fuertemente, el muchacho solo mordía la cama hecha de paja y cueros de oveja.

    Papá no tan fuerte por favor – decía su hijo.

    Aguanta un poco más hijo, hazlo por papá – decía el hombre jadeando.

    Ahggg ya papi mmm – contestaba gimiendo Daniel.

    Dariel quien miraba la escena preparando el desayuno no evito tener una fuerte erección, dejó a un lado lo que estaba haciendo y sentándose en su cama se comenzó a masturbar lentamente.

    Plutarco -que así se llamaba el padre- nalgueaba a su hijo diciéndole que mueva más rápido el culo.

    Clávamela más fuerte papá – decía Daniel moviendo las nalgas.

    Plutarco hizo caso a su hijo, y con una fuerza descomunal taladraba su culo, mientras el gozaba de placer, y así era siempre, primero se quejaba y después lo gozaba, se mantuvieron en esa posición todo el tiempo; mientras que por otro lado Dariel desnudo se masturbaba más rápido esta vez.

    El disfrutaba solo viendo la escena todo el tiempo, mas no tenía ganas de participar, no le atraía la idea de ser follado por su padre; se tocaba los testículos y se masturbaba cuando de un momento a otro sintió el orgasmo, eyaculando en el piso, una vez pasada la agitación retomo sus deberes con el desayuno para que cuando su papa y hermano terminaran, se sentaran a la mesa a comer con él.

    El hombre tenía esta vez a su hijo jalándole los cabellos mientras Daniel quebraba la cintura lo más que podía, hasta que por fin Plutarco se corrió dentro, posteriormente este con tan solo unas sacudidas a su verga termino por eyacular también.

    El padre saco la verga de su hijo se limpió con lo primero que encontró y vistiéndose se sentó a la mesa a desayunar, de igual manera lo hizo Daniel.

    ¿Dónde estuviste toda la noche? – interrogo el padre.

    En el granero – contesto el secamente.

    Los animales están bien – volvió a preguntar

    Si, felizmente los pude guardar a tiempo – contestó.

    Anoche escuche unos fuertes aullidos – comentó el hermano.

    De inmediato Dariel se acordó del hombre que tenía en su granero.

    Demonios – dijo Dariel.

    ¿Qué sucede? – pregunto su padre.

    Anoche me encontré a un hombre malherido en el rio, lo ayudé y lo puse en el granero – contestó

    Seguro que no está muerto – pregunto el padre llevándose un bocado de pan a la boca.

    Seguro, pase toda la noche cuidándolo – dijo el un poco avergonzado.

    Papá me ayudarías a traerlo a casa para que este más cómodo – pregunto Dariel.

    Mejor que se quede en el granero, aquí no hay espacio, además no podría cogerme a tu hermano a gusto, así que mejor déjalo allá – contesto tajantemente.

    Llévale algo de comida, de seguro habrá despertado, y vendaje para sus heridas con hierbas medicinales – le aconsejo Daniel.

    ***

    Inútiles, si no hay cuerpo eso significa que la bestia está aún con vida, tan difícil era lo que les encomendé – dijo furioso Zigor.

    Señor perdónenos por favor, no volverá a suceder nuevamente algún error– decía una de las criaturas que fueron a buscar al licántropo.

    Claro que no volverá a suceder – dijo Zigor con ojos maliciosos- Yanick, si valoras tu vida, ya sabes que hacer – terminó por decir.

    Si amo – contestó el sirviente.

    De inmediato Yanick se transformó y rápidamente aniquilo a los otros 4 que estaban en su forma humana, al fin y al cabo, él era el único por el cual Zigor sentía algún aprecio.

    Tráeme más reclutas, necesitamos reclutas nuevos, encárgate de eso y después busca al licántropo, pasaran semanas en que sus heridas curen completamente, de seguro sigue mal herido.

    ***

    Dariel en el granero aplicaba un machacado de hierbas para que ayuden a cicatrizar las heridas del hombre, después lo vendaba, le colocó un pantalón no sin observar y pensar cuan hermosos eran esos genitales y ese torso a pesar de estar herido.

    Pasó la primera semana desde que había encontrado al hombre lobo, y este no despertaba a pesar de que su respiración se había estabilizado y sus heridas cerraban un poco rápido de lo normal.

    Todos los días iba al granero a ver como seguía el hombre, le cambiaba los vendajes y lo aseaba con agua y una esponja, también mantenía recortada su barba, no sabía por qué, pero por alguna extraña razón necesitaba cuidarlo.

    Hasta que un mes después, cuando iba a realizar su visita rutinaria, se dio con la sorpresa que el hombre no estaba y los vendajes estaban tirados en el suelo, preocupado salió a buscarlo a los alrededores, pero no lo encontró, empero, una idea fugaz se le vino a la mente y se dirigió al rio donde lo encontró.

    Corrió tan rápido como pudo y ahí lo vio, el hombre quien se veía casi totalmente recuperado estaba dándose un baño, lavaba su cabello, lavaba las pequeñísimas aberturas que aún tenía en sus heridas, se retrajo el prepucio y aseaba su glande también.

    Veo que ya te recuperaste – dijo acercándose Dariel.

    El hombre levantó la mirada para ver quien le estaba hablando y cuando cruzó con la del chico, algo paso dentro de él.

    ¿Por qué me ayudaste? – le preguntó el hombre.

    Porque me pediste ayuda aquella noche, aun estando convertido en eso, eres un hombre lobo verdad – le dijo Dariel.

    ¿Y no te doy miedo?, simplemente hubieras podido dejarme morir e irte – dijo el hombre quien ya había dejado de bañarse.

    Sentí la necesidad de ayudarte, así que simplemente lo hice – contestó el chico.

    Por cierto, me llamo Dariel – continúo diciendo.

    Yo Roderick, si sabía que te llamaras Dariel – dijo saliendo y acercándose al muchacho.

    Dariel se puso nervioso.

    ¿Eso es para mí? – le preguntó señalando pantalones limpios de la mano de Dariel.

    Si claro, vístete – dijo él apartando la mirada.

    Que no te de pena, al fin y al cabo, ya me viste desnudo ¿no? – le dijo Roderick.

    De pronto Roderick sintió una presencia enemiga a varios metros de distancia, por lo cual apresuradamente salieron del bosque con Dariel, quien esta vez decidió llevarlo a su casa.

    *En el camino de regreso a casa.*

    ¿Qué te sucedió aquella noche? ¿Es decir por que estabas como te encontré? – preguntó Dariel alzando ligeramente la cabeza hacia arriba ya que el hombre era un poco más alto que él.

    Los Anuk-kryatus me perseguían– contesto Roderick.

    ¿Qué? ¿Anuk que cosa? – dijo Dariel.

    ¿Demonios? – contesto Roderick.

    ¿Y qué querían? – Pregunto el chico.

    Cazarme para matarme o sabe qué cosa – respondió.

    Felizmente no lo consiguieron – dijo el muchacho.

    De no ser por ti estaría en las manos de ellos o talvez muerto, te estoy agradecido– dijo Roderick

    ¿Hay más como tú?, ya sabes – pregunto Dariel.

    Al parecer soy el único que queda, los demás fueron capturados por los Anuk-kyapus mandados por Zigor – dijo Roderick.

    ¿Zigor?, ¿Quién es ese? – preguntó otra vez.

    Es el jefe de ellos, y son muchas preguntas por hoy – dijo Roderick tajante.

    Solo tenía curiosidad, en fin, ya llegamos a casa – dijo Dariel en frente de la puerta.

    Se ve acogedora – dijo Roderick.

    Créeme que mejor está el granero – respondió Dariel.

    Al entrar encontró a su hermano y a su papá durmiendo nuevamente.

    Buenos ellos son mi familia, mi papá y mi hermano – dijo el chico.

    Y donde está tu mamá – pregunto Roderick.

    Murió hace cinco años – respondió el.

    Vaya, lo siento – dijo – Yo también perdí a alguien que amaba y es muy doloroso, sobre todo si ese alguien ha vivido 500 años conmigo – dijo Roderick sentándose a la mesa seguido de Dariel quien se sentó a su lado.

    Estas bromeando, pero no te vez de más de 30 – dijo Dariel sorprendido

    Los hombres lobo, somos distintos, cuando te transformas en Licántropo dejas de envejecer, prácticamente soy inmortal, no puedes morir con el paso el tiempo, ni enfermedades, pero hay algo a lo que somos débiles – dijo el hombre.

    La plata – dijo el chico.

    No, esas son solo leyendas, aunque la plata si nos puede lastimar, puede cortar nuestra piel, pero no traspasar nuestros músculos, pero sanaríamos de inmediato a lo que me refiero es a otra cosa – dijo Roderick.

    Entonces que – dijo Dariel haciendo un gesto con los hombros.

    Femkovitia– Dijo Roderick

    Y dale con tus nombres extraños – dijo riéndose Dariel.

    Eso mi querido amigo, es un metal desconocido para los seres humanos, ese metal es capaz de penetrar no solo la piel de un hombre lobo sino también sus músculos y si logra tocar algún órgano vital no tiene oportunidad de sobrevivir, por suerte cuando me hirieron el arma no toco mi corazón, y gracias a ti estoy vivo – dijo Roderick acariciando la mejilla de Dariel.

    Pero de todos modos si no te ayudaba ibas a sobrevivir – dijo Dariel

    Te equivocas, si no me hubieras encontrado y llevado a tu granero, ellos me hubieran encontrado de todos modos – dijo Roderick – Por cierto, no hay nada de comer me muero de hambre – siguió diciendo.

    Si, disculpa, soy un descuidado – dijo parándose y trayendo un trozo de pan y algo de tomar.

    ¿Esto solamente comes? con razón están tan flacos los tres, ¿no tienes algo de carne? – preguntó Roderick.

    Aquí no solemos comer tanta carne, además no cruda – dijo Dariel.

    ¿Y quién te ha dicho que como carne cruda? – preguntó riendo el hombre lobo.

    Es que yo…

    Roderick no dejo terminar de hablar y se puso de pie.

    Nos vamos de cacería – dijo jalando de la mano al muchacho hasta llevarlo afuera de la casa.

    Que vamos a cazar – pregunto el chico.

    Espera y veras – respondió el hombre adentrándose en el bosque.

    Roderick se detuvo un momento para escuchar y observar todo su alrededor, de pronto una sonrisa ilumino su varonil rostro.

    Ven sígueme – dijo corriendo.

    Pero su velocidad era tal, que dejo atrás por varios metros al muchacho.

    Roderick había escuchado a un ciervo comer vegetación, antes de poder entrar en el rango de visualización del animal, el hombre dio un gran salto y trepo a un árbol gigante, cuando el ciervo bajo la mirada para seguir comiendo, Roderick se lanzó sobre su presa tomándola por sorpresa, ambos caen al suelo bruscamente, pero él ya sostenía al ciervo por todo su cuello, solo basto un ligero movimiento de brazos y se rompió, matando así al animal.

    Cuando por fin el muchacho llego todo el espectáculo ya había terminado.

    Joder, tu cazaste eso solo – preguntó sorprendido el muchacho.

    ¿Quién más sino? – respondió el hombre.

    Es uno muy grande – exclamó.

    Si y nos lo llevaremos a casa para el almuerzo – dijo Roderick.

    Y para la cena también – agregó el muchacho.

    Con el hambre que tengo, dudo mucho que dure tanto – dijo el hombre riéndose y cargó al animal en los hombros.

    Quiero que me cuentes más sobre los licántropos – dijo el muchacho por el camino de regreso a casa.

    De verdad te interesa saber – preguntó el hombre lobo.

    Si, se me hace increíble, hace un mes atrás creía que solo eran leyendas, pero ahora teniéndote aquí puedo comprobar que no – dijo el muchacho entusiasmado.

    Bueno, pero después de cenar – contestó Roderick.

    Llegaron a casa con el ciervo muerto sobre los hombros y lo tendieron sobre la mesa, haciendo que el ruido despertara a los presentes que dormían.

    ¿Quién es ese? – preguntó Plutarco.

    Papá, él es Roderick, el hombre que rescaté esa noche – dijo.

    Entiendo, que bueno que está bien – dijo Plutarco.

    Al fin despertaste – dijo Daniel.

    Como agradecimiento por dejarme quedar todo este tiempo, les traje este ciervo para ustedes – dijo Roderick.

    Ya veo, sácalo de ahí y llevémoslo atrás para destazarlo – dijo Plutarco rápidamente

    Roderick volvió a levantar el ciervo ante un sorprendido Plutarco pues no espero que lo cargara con tanta facilidad.

    Cazador y hasta fuertecito resulto, que otro secretito nos tendrá– dijo el padre de los muchachos.

    Si supiera el secreto que esconde – pensó Dariel.

    Despedazaron al ciervo, separaron los órganos, sacaron la piel, cortaron la carne, y los pusieron al fogón para que se cocinara para el almuerzo.

    No tan cocida mi carne, por favor – le dijo Roderick a Dariel quien estaba cocinando la carne.

    Y dime que fue lo que te paso – le pregunto Plutarco a Roderick quienes estaban sentados a la mesa.

    La verdad no recuerdo, Dariel dice que me encontró en el rio con cortes, pero no recuerdo que fue lo que me sucedió – respondió Roderick.

    Bueno algún golpe abra afectado tu cabeza – dijo Daniel que estaba sentado a la derecha de su padre.

    Aquí está la comida, después de mucho tiempo comeremos carne – dijo Dariel sentándose a la izquierda de su padre y dándole un plato con un buen trozo de carne a Roderick quien estaba sentado al frente de Plutarco.

    Dariel porque no le das a Roderick una camisa – dijo Plutarco.

    No señor, estoy bien así, me siento más cómodo – dijo Roderick con la boca llena.

    ¿Siempre comes como desesperado? – pregunto Daniel.

    Cuando tengo hambre, sí – Afirmó Roderick y siguió comiendo.

    Todos comían a gusto, conversando, Dariel no sabía porque no dejaba de mirarlo, cada minuto que pasaba sentía que necesitaba más a Roderick.

    Una vez todos acabaron de comer fueron a reposar la comida, no habían comida tanta carne desde hacía demasiado tiempo, pues tenían muy pocos animales así que no se podían dar ese lujo.

    Creo que me iré al granero en todo caso – dijo Roderick

    Al granero para que – le pregunto Dariel extrañado.

    Para descansar también – respondió.

    Puedes hacerlo en mi cama, total yo no estoy cansado – respondió Dariel.

    Roderick así lo hizo, se acostó con las manos debajo de su cabeza y cerró los ojos, Dariel quien estaba sentado a la mesa lo miraba embobado, le gustaba mucho ese hombre, como ningún otro, y a decir verdad eran pocos, ya que vivían en una zona muy alejada y casi nunca iba al pueblo, le gustaba el vello que tenía en sus axilas, el de su torso, el cual hacía un camino entre sus abdominales y se perdían debajo del pantalón de Roderick, le gustaba toda su anatomía pues el hombre era extremadamente guapo y muy masculino, y cuando menos se dio cuenta él también se había quedado dormido sobre la mesa.

    Cuando despertó se encontraba sobre su cama, era de noche, las 7 talvez, su padre y su hermano seguían durmiendo sin preocupaciones, se dio cuenta que Roderick no estaba, se asustó pues pensó que se había ido, abrió la puerta y lo encontró sentado en la rama de un árbol grande que estaba afuera de la casa.

    Pensé te habías ido – le dijo Dariel situándose debajo de él.

    Quieres que me vaya – dijo Roderick.

    Al contrario, quiero que te quedes – le contestó el chico apenado.

    El algún momento tengo que irme, mientras yo esté aquí, tú y tu familia corren peligro – le dijo el hombre.

    Entonces llévame contigo – le propuso Dariel.

    Aun siendo como soy – le contestó el hombre lobo.

    Aun siendo como eres, te seguiría a ojos cerrados – le contestó Dariel mirándolo a los ojos desde abajo.

    Ven sube, hay espacio para los dos – le dijo Roderick extendiéndole la mano.

    Dariel subió y Roderick pasó su brazo por detrás del cuello.

    Hace frio, pero tú no estás frio – le dijo Dariel.

    Los hombres lodo regulamos nuestra temperatura, nos mantenemos en una temperatura neutral en todos los climas – contestó Roderick.

    Te puedo preguntar algo – le dijo Dariel a Roderick.

    Si, me puedes preguntar todo lo que quieras – le contestó Roderick con una sonrisa.

    ¿Cómo te convertiste en hombre lobo? – le preguntó el joven.

    Yo no me convertí, yo nací siendo un hombre lobo – Respondió el hombre.

    Entonces tus padres eran licántropos – dijo el chico.

    Solo mi padre, no existen mujeres licántropos – contestó Roderick.

    ¿Entiendo? – dijo Dariel – Y como era tu familia? – le preguntó el chico.

    Pues mi manada estaba compuesta de puros hombres lobo, no había mujeres, pues las mujeres solo eran para fines reproductivos y aumentar la manada, ellas vivían en un clan aparte pues desde tiempos inmemoriales existía esa raza especial de mujeres que por su anatomía eran capaz de soportar el embarazo de un hombre lobo, aunque no aportaba nada especial al ser que nacía, más que algunas características físicas, sin embargo, una humana común y corriente moría – dijo Roderick.

    Entonces con quienes mantenían relaciones sentimentales y sexuales – pregunto Dariel.

    Entre hombres lobo – contestó Roderick mirándolo a los ojos.

    Dariel sonrió levemente.

    Yo pensaba que se convertían mediante una mordida o algo – respondió Dariel.

    También existe esa posibilidad, mediante fluidos corporales como la saliva, la sangre y… – Roderick hizo una pausa – y el semen – continuó.

    Ósea si tienes sexo con un humano lo transformas en lobo – preguntó Dariel algo sorprendido.

    No necesariamente, nosotros producimos en los testículos la toxina responsable de la transformación, cuando eyaculamos esa toxina sale junto con el semen, pero podemos controlarla a voluntad para bloquear la producción de esa toxina, la transformación mediante relaciones sexuales te ahorra el sufrimiento inicial – dijo Roderick.

    ¿A que te refieres con eso, de sufrimiento inicial? – preguntó Dariel.

    Pues que cuando te uno se transforma con saliva, tienes que ser por la mordedura de un hombre lobo transformado y eso duele muchísimo; dos si es mediante sangre pues no he visto a nadie que quiera cortarse tan profundamente como para recibir sangre de un hombre lobo, por eso el semen es la mejor opción pues porque siente placer antes de la transformación, y claro eso obviamente se hace mientras uno está en su forma humana, porque créeme un humano no quisiera tener una verga de un hombre lobo metida en su trasero, lo destroza – dijo riéndose Roderick.

    Y la transformación duele – pregunto Dariel.

    Muchísimo, cuando ingresa la toxina al cuerpo ya sea mediante cualquier vía, empieza a recorrer todos los vasos sanguíneos y los hace explotar a su paso, una vez que la toxina llegue a los órganos estos explotan también, haciendo que el receptor tenga una muerte espantosa, cuando esto pasa el cuerpo presenta una apariencia de como si te hubieran dado una golpiza, pero posteriormente empieza la regeneración, primero comienza con el cerebro quien manda una orden para que el resto del cuerpo comience a regenerarse desde adentro, luego reviven como un nuevo ser, ha habido casos en los que el proceso de regeneración ha tardado un día entero – le respondió Roderick.

    Sígueme contando más – le pidió Dariel.

    Bueno, el crecimiento de los que nacemos se detiene a los 30 años, a esa edad alcanzas la madures y te desarrollas por completo, en cambio los que son transformados, pasan dos cosas, si se exponen a la toxina antes de la edad de maduración sigue el proceso hasta cumplir los 30, pero si son pasados los 30 el proceso de envejecimiento retrocede, es decir si te transformaste a los 40 o 50 por el proceso natural del cuerpo las células van muriendo con el paso del tiempo, pero cuando te transformas en hombre lobo estas células reviven y por ende se obtiene una apariencia más joven – continuo diciendo Dariel.

    Ya veo – dijo el chico mirándolo por completo mientras Roderick miraba fijamente al frente – Y esta marca que tienes aquí, que significa – le dijo mirando la marca de la letra griega alfa del alfabeto griego que Roderick tenía en el brazo derecho.

    Esa marca, se llama alfa, es una marca que se obtiene con el nacimiento, esa marca te identifica si eres macho activo, así como la marca omega te define si eres el macho pasivo – le contesto. Estas marcas inspiraron el alfabeto griego – siguió diciendo. – Nosotros existimos desde el inicio de los tiempos – terminó diciendo.

    Muy interesante el dato – le dijo Dariel sonriendo – ¿Y hay alguna diferencia entre ser alfa y omega? – siguió preguntando el muchacho.

    Pues diferencias físicas más que toda, el macho alfa siempre tiene la espalda más ancha, y el pene un poco más grande que el omega, pero ambos casos son mínimos, en cuanto al vello corporal, los alfas suelen tener más vello corporal, aunque en algunos casos no es así, hay machos alfas que no tienen nada de vello más que el púbico – le contesto Roderick – Pero existe una diferencia muy marcada, solo el macho alfa puede llegar a ser un alfa dominante – continúo diciendo.

    ¿Y cómo es eso? – preguntó el muchacho.

    Generalmente es por sucesión, si por el motivo que fuere el alfa moría, el hijo que tiene que ser un alfa también pasa a ser dominante, en caso que no exista ningún hijo alfa, los alfas que quieran ser dominantes tendrán que enfrentarse una pelea sangrienta, no hasta la muerte por supuesto, pero si suele ser muy fuerte – contestó el muchacho.

    ¿Y en tu familia quien era el alfa? – preguntó el chico.

    Un gesto de tristeza invadió el rostro del hombre lobo con aquella pregunta, el cual después de un doloroso silencio contesto.

    Mi padre; antes que nos empezaran a casar lo era mi abuelo, tuvieron que pasar muchos años, y finalmente nos casaron a todos, mis padres, mis hermanos, mis tíos y todos los demás miembros de la manada; hicimos alianza con manadas rivales, pero todos fueron capturados y asesinados, yo solo logré escapar por poco – contestó acongojado.

    ¿Y cómo escapaste? – preguntó Dariel.

    Entonces un recuerdo muy doloroso atravesó la mente de Roderick.

    Se veía a si mismo peleando mano a mano con un hombre lobo de color gris junto a los miembros restantes de su manada, el campo de batalla era lo que en su momento fue un hermoso bosque verde, que ahora estaba convertido en cenizas, arboles destrozados y quemados por todos lados, bastante sangre derramada, luchaban contra varios Anuk-kryatus con Yanick a la cabeza, cuando un aullido ensordecedor inundo los oídos de Roderick quien se encontraba asesinando a un demonio de una mordida fulminante en el cuello.

    Este gira la cabeza con el cadáver del enemigo en sus manos, su padre había sido asesinado por Yanick atravesándolo con varias cuchillas de Femkovitia en el corazón, Roderick furioso quiso ir contra él, pero Yanick desaparecía, él lo buscaba por todos lados, alzando su mirada al cielo lo vio sonriente, Roderick saltando sobre los arboles más grande intento abalanzarse sobre Yanick pero cuando casi lo consigue este desaparece otra vez, para volver aparecer metros más atrás de Roderick quien ahora se encontraba suspendido en el aire por los poderes de Yanick.

    Yanick creando una lanza de Femkovitia de sus manos, se la lanza al hombre lobo quien se encontraba desesperado por escapar, cuando esto ocurre el licántropo gris que había derrotado al último Anuk, intersecta la lanza en el aire, atravesando su tórax muy cerca del corazón, ante los ojos triste del otro, Yanick reía victorioso quien preparaba otra lanza para matar a Roderick, quien aún más furioso intentaba liberarse del control del enemigo, sin embargo de pronto una lanza negra atraviesa el abdomen de Yanick, el hombre lobo gris que caía por los aires con sus últimas fuerzas se quitó la lanza y atravesó el abdomen a Yanick, cayendo herido libero a Roderick de su control.

    Los tres que quedaban en la batalla cayeron por los aires, Roderick desesperado va a lado de su compañero, quien yacía en el suelo sangriento transformado en humano, agonizando, el arma de Yanick había destruido una arteria del corazón, la muerte era inminente, Roderick quien ya se había convertido en humano, lo levanta del suelo con sus brazos.

    Por qué te interpusiste – le preguntó Roderick a su macho omega.

    Juramos que nos cuidaríamos siempre – dijo el otro con apenas fuerzas y expulsando sangre por la boca.

    Pero no era necesario – dijo Roderick.

    Si era necesario, porque te amo – dijo ya con sus últimos alientos – Dame un último beso – le pidió.

    Te amo mi amor – fue lo último que le dijo Roderick dándole el beso final y tras esto su macho omega murió.

    El hombre lobo quien sostenía el cadáver de su omega gritaba de dolor, mientras se transformaba otra vez en bestia, transformación tras la cual el grito se convirtió en un aullido doloroso y desgarrador.

    Muy cerca estaba Yanick quien también adolorido emanaba gritos ahogados muy agudos, que solo parecían sacados del mismo infierno, Roderick al percatarse se acercó con los ojos eyectados de ira, alistando sus filudas garras para terminar con la vida del enemigo que le arrebato a su ser más querido, de pronto aquel demonio muy debilitado y con una sonrisa siniestra desapareció ante los ojos llenos de ira del lobo, así que retrocediendo con todo pesar, tomo el cadáver inerte de su pareja y se lo llevo, perdiéndose en el bosque y en la oscuridad de la noche, jurando vengarse.

    Mi omega se opuso entre el arma que me iba asesinar y yo solo por su sacrificio logre escapar nosotros no abandonamos ni una pelea, pero yo quería vengarme y lo hice, pero fue en vano, termine casi al borde de la muerte – dijo Roderick mirándolo a los ojos.

    Dariel conmovido le da un abrazo a Roderick, quien lo recibió muy a gusto sintiéndose muy bien, se terminaron por separar, de pronto sus miradas se encontraron y olvidándose por un momento de lo que les aquejaba a ambos, juntaron sus labios, dándose un beso el cual solo demostraba amor, ambos desde el primer momento que se vieron sintieron algo, Roderick sabía lo que era, él se había vuelto a enamorar, pero Dariel recién estaba experimentando ese sentimiento.

    Se separaron y ambos sonreían.

    Ven te voy a mostrar algo – le dijo Roderick bajando del árbol y posteriormente ayudando a bajar a Dariel.

    Ambos dejaron atrás la casa y se adentraron en el bosque.

    ¿A dónde vamos? – preguntó el muchacho.

    No seas impaciente, ya verás – le contestó Roderick.

    Caminaron por unos cuantos minutos hasta llegar al rio donde caía una catarata, la luz de la luna iluminaba todo el bosque.

    ¿Quieres ver una cosa? – le preguntó Roderick a Dariel mientras se quitaba la única prenda que tenía, un pantalón.

    Me vas a hacer – dijo Dariel visiblemente intimidado.

    Nada de lo que tú no quieras – dijo él acercándose. – Voy a transformarme para ti, aléjate un poco y veras – le dijo dándole un beso en la frente y entregándole el pantalón.

    Dariel de inmediato hizo caso, dio unos cuantos pasos más atrás, Roderick hizo lo mismo hasta quedar a una distancia prudencial, el hombre le guiño un ojo, estiró bruscamente sus brazos y los hizo para atrás, todas las venas de su cuerpo se marcaron en su piel, su pecho comenzó a ensancharse más de lo normal así mismo sus extremidades, haciendo que su piel se rompa como si se tratase de un capullo, posteriormente apareció la misma criatura, que encontró malherido hacia buen tiempo atrás, una vez completada la transformación, este aulló.

    Dariel lo miraba sorprendido y fascinado a la vez.

    No me tienes miedo – escuchó a alguien decir

    Dariel, miraba a todos lados pensando que alguien más estaba alrededor pero no había nadie, otra vez le hicieron la misma pregunta, entonces callo en cuenta que aquel ser que estaba en su delante podía conectarse mentalmente con él.

    ¿Cómo puedes hacer eso? – le preguntó mentalmente.

    Es un don que tenemos nosotros, ya que cuando nos transformamos no podemos hablar, pero mentalmente nos comunicamos, además sirve en batallas – contestó el hombre lobo de la misma manera.

    Tu verga parece la de un perro – dijo riendo Dariel.

    Mira – dijo el hombre lobo haciendo que su verga se erecte.

    El pene del lobo iba creciendo, a tamaños impensables, se veía como el pene de un lobo, muy pegado a su piel y con los testículos, la piel se corría y era muy rojo.

    Demonios a eso si le llamo algo grande – dijo Dariel a lo que Roderick enseño los colmillos simulando lo que sería una extraña forma de sonrisa.

    Ambos personajes estaban uno frente del otro a algunos metros de distancia, la luz de la luna solo alumbraba el lugar y se veía reflejada en el hermoso al cual caía una espectacular catarata; a aquella cascada callo Roderick cuando fue hallado rio abajo por Dariel.

    Dariel se acercó sin ningún temor con paso firme se situó frente del hombre loco y acaricio su torso con su mano derecha, aquel era el único lugar donde el lobo no poseía tanto pelo o casi nada pues se podía apreciar y sentir su cálida piel, luego acerco su oído cerca del corazón, pero no alcanzaba, el licántropo tuvo que bajar un poco para que el muchacho escuche sus latidos los cuales estaban un poco acelerado.

    Así me pongo cuando estoy contigo – le dijo el lobo.

    De la misma forma que tu conmigo – le dijo el chico acariciándole la cabeza sintiendo su frondoso pelaje.

    De pronto el lobo volvió a tomar su apariencia humana, quedando completamente desnudo ante Dariel, el cual se ruborizo un poco y quien escaneándolo de pies a cabeza quedo impresionado por el tamaño de sus genitales, tenían un muy buen tamaño.

    ¿Impresionado? – le dijo Roderick riéndose, colocando sus manos a ambos lados de su cintura.

    No mucho, pero he de decir que tu cuerpo es impresionante – le dijo Roderick.

    Más impresionante es la catarata que cae en este lugar – le dijo el hombre al muchacho señalando la cascada – Mira como no reflejamos en el agua, bonito ¿no crees? – le preguntó.

    Sí, es excelente, metámonos – le dijo el muchacho sacándose sus dos únicas prendas que tenía, su viejo pantaloncito y su camisa, quedando completamente desnudo ante Roderick.

    Que hermoso cuerpo tienes – le dijo el hombre acariciándole el rostro.

    Para nada, soy tremendo flacuchento, mírame, delgado, debilucho – le dijo Dariel riendo.

    Pero muy guapo – le contestó Roderick.

    Tú también eres muy guapo – le contestó Dariel.

    Vamos – dijeron al mismo tiempo.

    Ambos se colocaron debajo de la catarata para que el agua les callera encima.

    Se siente muy bien – decía Dariel – La sensación de que el agua te quiera hundir, es curiosa – dijo Dariel.

    Yo no siento nada, será que tengo más fuerza – dijo riendo.

    Dariel por ratos salía debajo de la catarata para poder respirar pues estar encerrado en la columna de agua le impedía, lo cual Roderick veía muy divertido.

    De que te ríes – le pregunto Dariel.

    Lo siento, es que no sé qué es lo que se siente ser un humano común y corriente – dijo Roderick.

    Con razón se me hacía extraño que tu si aguantabas – le dijo Dariel saliendo de la columna y tirándose en el agua para nadar.

    Espera, quiero hacerte una pregunta – le dijo Roderick – Pero levántate y mírame de frente – le siguió diciendo serio.

    Dariel le hizo caso y se puso frente a él, mirándolo a los ojos a un costado de la cascada la cual caía haciendo ruido como si fuera una música de fondo para lo que Roderick le iba a preguntar.

    Dariel sé que posiblemente sea muy apresurado para ti, pero para nosotros los hombres lobo, esto es rápido y la persona de las que nos enamoramos, lo hacemos desde el primer día, cuando nos besamos en el árbol sentí que tu sientes lo mismo que yo, y por eso te quiero preguntar – dijo haciendo una pausa – ¿Quieres ser mi enamorado? – interrogó

    Dariel estaba muy contento y emocionado, pues verdaderamente el sentía lo mismo que Roderick, pero tenía miedo que lo rechazara pues el apenas era un adolescente.

    Siento lo mismo por ti desde el primer día, cuando te cuidaba lo hacía pensando en algo parecido, pero siempre me decía que eso no pasaría porque tú te irías – le dijo Dariel – Pero si quiero ser tu enamorado – le dijo el muchacho

    Te amo – le dijo Roderick.

    Yo también te amo – le dijo Dariel abrazándose y dándose un beso muy romántico.

    ***

    A unos kilómetros de donde estaba la pareja disfrutando de su amor, un joven e indefenso muchacho está siendo amedrentado por Yanick quien tenía intenciones de capturarlo para convertirlo en uno de los demonios de Zigor.

    El muchacho corría cuesta arriba en una pendiente tropezándose a todo momento con ramas e hincándose con espinas, esfuerzos en vano para intentar escapar de la criatura de temible aspecto que lo perseguía, lo capturaría de todos modos, se detuvo y miro hacia atrás, misteriosamente había desaparecido, más sin embargo cuando quiso continuar, la criatura de aspecto demoniaco estaba en su delante, quien apretándolo fuertemente del cuello lo desmayó y se lo llevó volando.

    Señor aquí le traigo al primer reclutado – le dijo Yanick dejándolo tirado en el piso de la habitación de Zigor.

    Bien, el muchacho es agradable a la vista – le dijo el amo.

    Sí señor, tal cual usted ordeno – le dijo Yanick.

    Bien ahora retírate – le ordeno.

    Cargó al muchacho quien estaba desnudo y lo llevo hacia su cama, lo acostó y espero hasta que despertara.

    El muchacho despertó, y se asustó levantándose inmediatamente de la cama.

    ¿Dónde estoy? ¿quién es usted? – le preguntó el joven a Zigor que se encontraba de espaldas a la cama y desnudo.

    Estas en donde a partir del día de hoy es tu nueva casa – le dijo Zigor acercándose y mirándolo a los ojos.

    Usted es loco – dijo el muchacho pasando al lado de Zigor para irse.

    Zigor lo toma fuertemente del brazo y lo tira violentamente a la cama.

    Tú no te vas a ningún lado – le dijo sonriendo.

    Te he dicho que me excitan los chicos que se ponen difíciles – le dijo señalando su pene ya erecto.

    Está enfermo, ¿qué me va a hacer? – le preguntó el muchacho atemorizado en la cama.

    Te voy hacer algo que me encanta hacerle a jovencitos como tú – le dijo con una mirada fría y sin expresión.

    Voltéate – le dijo Zigor al chico.

    Aléjese – le dijo el chico volteando, pero para escaparse.

    Zigor aprovecho y tomándolo e inmovilizándolo, lo penetro a la fuerza.

    El chico gritaba de dolor, pero al hombre no le importo y siguió penetrándolo, el muchacho imploraba de lo dejara, pero era inútil, Zigor no pararía hasta lograr lo que quería.

    El muchacho se resignó, y con lágrimas en los ojos ya no intento nada más, deseó que terminara rápido para que se pueda ir a su casa, pero lo que no sabía que de aquel lugar nunca saldría, pues como dijo Zigor, iba a ser su casa se ahora en adelante.

    ***

    Hace frio no crees – le dijo Dariel quien iba caminando junto con Roderick regresando a casa.

    Enserio me lo estas preguntando a mí – dijo Roderick pasándole un brazo por atrás.

    Olvido siempre eso de ti – le dijo Dariel.

    Llegaron a la casa y hasta afuera de ella se escuchaban los gemidos de Daniel, pues su padre se lo estaba cogiendo nuevamente.

    Joder, no me digas que tu padre se coge a tu hermano – le dijo Roderick divertido.

    No te lo digo entonces – le dijo Dariel.

    Mejor esperemos un rato hasta que terminen – dijo Dariel.

    No, eso lo tengo que ver con mis propios ojos – dijo el hombre abriendo la puerta y riendo con lo que estaba viendo.

    Plutarco tenia de pie a su hijo apoyado en la mesa, lo penetraba y el muchacho lo disfrutaba, pero de pronto pararon por la presencia de los dos.

    Ustedes sí que sí que no pierden el tiempo – dijo riendo y acostándose en la cama con los brazos por debajo de la cabeza – No se preocupe siga que nos quedaremos aquí sin hacer ningún ruido.

    El padre sacando la verga del culo de su hijo, furioso fue hacia donde estaba Dariel quien estaba en la puerta de la casa aun parado, levanto su brazo para golpearlo.

    Ni te atrevas a tocarlo – le dijo Roderick que parándose rápidamente detuvo el golpe y haciendo que Plutarco lo mire asustado.

    ¿Quién te has creído para impedirme corregir a mis hijos? – le dijo el hombre intentando soltarse de la mano de Roderick.

    Soy la pareja de Dariel y lo voy a defender hasta con mi vida si es necesario, incluso así me tenga que enfrentar a su propio padre – dijo Roderick ejerciendo presión en el brazo del padre.

    Roderick por favor suéltalo – le dijo Dariel preocupado mientras su hermano no decía nada.

    Voy a dejar pasar esto por única vez, solo por Dariel, pero no se volverá a repetir – le dijo Roderick molesto.

    Ya, pero suéltame que me duele – le dijo el hombre más asustado.

    Perfecto – le dijo Roderick soltándolo.

    Almenos hubieran tocado la puerta – dijo Plutarco sobándose el brazo y yendo a cambiarse – Ponte algo tú también – le dijo a Daniel.

    Bueno tengo mucha hambre y sobró medio venado, así que a comer – dijo Roderick sentándose a la mesa.

    Todos los quedaban mirando extrañados por su comportamiento de como si nada hubiera pasado, pero, aun así, nadie dijo nada y se sentaron a la mesa, para comer también.

    Y bueno cuando piensa irse, ya pasó demasiado tiempo y ya está recuperado – dijo Plutarco.

    Pues nunca, o hasta que me aburra – dijo Roderick dándole un bocado a su presa.

    ¿Cómo es eso? – preguntó Daniel.

    Pues tu hijo es mi pareja ahora, así que soy parte de la familia, por eso no me iré – dijo Roderick quien seguía comiendo.

    Pensé que eso solo lo dijo para asustarme o algo – dijo Plutarco.

    No y ahora se lo confirmo – dijo Roderick.

    ¿Por qué no me lo habías dicho? – se dirigió a Dariel.

    Sucedió de la nada así que no hay más que decir – dijo Dariel dejando callados a todos

    Roderick le guiño un ojo y se sintió orgulloso por como contestó Dariel.

    Ya llegada la hora de dormir, todos se preparaban para acostarse en sus respectivas camas, Roderick se había acostado en la cama que le pertenecía a su enamorado.

    No dormirás en el granero – dijo Dariel.

    Pensé que querías que duerma aquí esta noche y las demás noches – le dijo Roderick.

    Como sea, pero ya duérmanse y apaguen las lámparas que no dejan descansar – dijo Plutarco.

    Tranquilo suegrito que ya estamos en eso – dijo Roderick – Y por cierto no se contenga si quiere cogerse a Daniel, pero eso si póngale un trapo en la boca ya que tengo el sueño muy ligero – dijo Roderick riendo, lo cual a Plutarco no le causo gracia.

    Dariel apago las lámparas de queroseno y se dispuso a acostarse, pero la cama era muy angosta.

    Ven acuéstate en mi brazo – le dijo Roderick muy bajito.

    No tienes problema con ello – le preguntó Dariel.

    Claro que no, ven – le dijo.

    Dariel se puso de costado dándole la espalda a Roderick quien le paso su brazo por encima a su enamorado y lo abrazo quedándose dormidos, los dos al mismo tiempo.

    A la mañana siguiente, todos menos Roderick estaban despiertos.

    Hijo, tu hermano y yo nos vamos al pueblo, tenemos que comprar provisiones que ya se nos están terminando – le dijo Plutarco a Dariel.

    Encárgate de darle comida a los animales – le dijo Daniel.

    Sabes que siempre lo hago – contestó Dariel.

    Bueno en la tarde nos vemos y se despidieron.

    Roderick seguía durmiendo plácidamente, Dariel lo observaba y se quedaba hipnotizado viéndolo, su cuerpo perfecto cubierto con una ligera capa de vello, su barba, y su cabello largo hasta los hombros ligeramente ondeado, se sentía enamorado y eso le contentaba.

    Salió de la casa para realizar sus actividades diarias, le dio de comer a los animales, ordenó el heno, paso como una hora al hacer aquello y cuando regreso a la casa, su hombre aún seguía durmiendo, no sabía qué hacer para no aburrirse, no quería despertar a Roderick así que decidió irse de caza, tomo un arco y flecha y se fue a buscar a su presa.

    Tomó su caballo y se fue cabalgando por unos cuantos minutos, se alejó de la casa y se adentró en el bosque en busca de algún venado o jabalí que pueda llevar para el almuerzo, dejó al caballo atado en un árbol y se fue andando a buscar al animal, pero no lo encontró, cuando ya hubo ubicado a su presa, escucho el relinchar desesperado de su caballo, fue corriendo lo más rápido que pudo y cuando llego a la escena, se asustó por lo que vio.

    Dariel pudo observar una terrible criatura, era alta de cuerpo delgado, con extremidades largas y tres garras en cada uno, no tenía nariz, boca, ni orejas en su cabeza toda ovalada, solo tenía unos ojos en blancos, y su piel agrietada del color del papel viejo y desgastado, medio amarillento, era un Anuk de Zigor, pero Dariel no lo sabía.

    El muchacho le lanzo una flecha, pero no hizo daño al monstruo, se fue alejando, retrocediendo y dando pasos lentos, la criatura no se movía, hasta que decidió correr, corrió unos cuantos metros, pero aquella extraña cosa dio un salto alto y en cuestión de segundo estaba delante del muchacho, quien parando en seco tropezó y se cayó lastimándose un pie, quedando inmovilizado.

    Sera buen recluta para el amo – pensó la criatura mirándolo, más no hablo.

    Aléjate de mí – le gritaba Dariel adolorido tocándose el pie.

    La criatura le mostro sus garras que convirtiéndolas en una sola cuchilla ante los ojos de Dariel con un movimiento rápido, atravesó su hombro, hizo gritar a Dariel de fuerte dolor y desmayarse después.

    La criatura se disponía a llevar a Dariel con él, pero en ese momento Roderick quien ya estaba transformado se abalanza contra el Anuk, Dariel sale disparados metros más allá, la batalla era a muerte, el lobo con sus garras destrozaba la piel de la criatura, no emitía ningún sonido, mientras esta le incrustaba sus garras, pero no hiriéndolo tan grave, finalmente Roderick de un solo bocado le arranco la cabeza y la tiro, dejando también el cuerpo sin vida del Anuk.

    Apresurado cargó a Dariel, lo puso en su hombro derecho y corriendo se fue para casa, cuando estaba transformado Roderick corría mucho más rápido que cuando estaba en su forma humana, finalmente estando ya cerca escucho a Plutarco y Daniel quienes venían conversando, por tal motivo regreso a su forma original.

    Papá ese no es Roderick – le dijo Daniel a su padre percatándose que Roderick salía de entre los árboles.

    Así es, pero está desnudo y tu ¿hermano está…? – no termino de decir eso y fue corriendo a darle el encuentro a Roderick.

    Un animal lo ataco – dijo Roderick antes que el otro hablara.

    Entren – dijo Daniel abriendo la puerta de la casa.

    Tráiganme algo para curarlo – dijo Roderick muy asustado.

    Enseguida Daniel le trajo agua, una hierba curativa y vendajes.

    Amor, resiste estarás bien – le decía Roderick esta vez nervioso.

    ¿Cómo fue?, ¿que estaban haciendo? – pregunto el papá mientras ayudaba a Roderick.

    Pero él no contestaba, solo estaba preocupado por Dariel, revisó su pulso, era débil, el muchacho respiraba con dificultad y había entrado en fiebre.

    Has algún remedio para la fiebre – le dijo a Daniel quien inmediatamente se puso a hacer aquello.

    Vas estar bien ya verás – le dijo besándole en los labios a un Dariel inconsciente.

    *****

    Gracias por leerme y después de mucho tiempo estoy de regreso.

    No olviden de dejar sus comentarios y escribir a [email protected].

  • Mi primera experiencia como cornudo

    Mi primera experiencia como cornudo

    Para empezar les agradezco que se tomen el tiempo para leer este relato, es el primero de muchos que voy a subir eventualmente y espero que lo disfruten.

    Primero que nada les comento que me llamo Marcos, mido 1.75, complexión normal ni flaco ni gordo piel morena y tengo 28 años.

    Mi novia se llama Claudia, mide 1.50, delgada, pechos pequeños pero bien parados y redondos y unas nalgas que si no son muy grandes debido a su complexión hacen que se vea deliciosa, piel blanca y cabello negro.

    Las cuento que desde que estamos juntos hemos sido muy abiertos sexualmente hablando.

    Mi principal fetiche son los pies femeninos, obviamente me gusta que estén cuidados, que tengan sus líneas muy bien marcadas y de preferencia se un tamaño pequeño.

    Y mi novia Claudia cumplía con esos requisitos, sus pies son preciosos y para mí buena suerte a ella le gustaba que los acariciara y que los adorara, ya que había intentado que parejas anteriores lo hicieran y todos se habían negado al considerarlo como algo asqueroso.

    En fin. Una noche estábamos teniendo sexo en mi departamento y al terminar comenzamos a hablar como de costumbre.

    C: oye ya hemos intentado bastantes posiciones y cosas que sexualmente nos gusta a los dos, pero no hay algo más que quisieras?

    M: ahora que lo dices si hay un par de cosas, últimamente he estado viendo algunos vídeos de tríos HMH y MHM y no lo sé pero creo que sería algo bueno y diferente a lo que hemos estado haciendo.

    C: no lo había pensado pero creo me parece interesante.

    Los siguientes días cuando ella se quedaba conmigo al tener sexo comenzábamos a fantasear con lo que habíamos hablado, como yo decirle que se imaginara siendo penetrada por dos hombres a la vez y ella me calentaba diciéndome que mientras la penetraba ella podía estar lamiéndole la vagina a otra mujer.

    Eso en general mejoro mucho nuestras experiencias, pero se quedó solo en eso en fantasías

    Un tarde ella me comentó algo que al principio me saco de onda pero no me disgustó del todo.

    C: oye había estado pensando… Tenemos la fantasía de poder compartirnos sexualmente sin problema y de cumplir lo que queremos o no?

    M: si pero no veo a dónde quieres llegar con esto

    C: bueno pues tengo una fantasía que quiero cumplir y que puede en cierta forma satisfacernos a los dos

    M: ok me interesa, dime qué tienes en mente

    C: mira ya hemos estado hablando de tener tríos para mejorar nuestras relaciones, entonces tengo ganas de mezclar eso con mi gusto por tener control sobre ti y que seas sumiso a mis peticiones

    M: y de qué manera podríamos hacerlo?

    C: quiero cogerme a otro cabrón enfrente de ti y que seas un cornudo sumiso, que veas lo que hago y como me comporto con él.

    Su respuesta me dejó frío en ese momento, pero después de pensarlo por un instante pensé que no sería tan mala idea, al final siempre hemos sido abiertos sexualmente a experimentar y no iba a ser diferente está vez.

    M: ok, vamos a hacerlo. Tú decide con quién y solamente avísame cuando dónde y cómo vamos a hacer esto.

    C: te amo, verás que no te vas a arrepentir

    Claudia comenzó a buscar un candidato para cumplir si fantasía de convertirme en un cornudo y cuando teníamos sexo no dudaba en comenzar a calentarme pidiéndome que la imaginara en ciertas posiciones o haciendo ciertas cosas con otro y no lo voy a negar, al principio no me agradaba mucho la idea y entiendo que el hecho de tener un trío implica compartirnos pero lo que ella quería hacer era humillarme, dejarme a un lado como un simple espectador.

    Con el tiempo comencé a tomarle gusto a la idea, cada que ella me hablaba de lo que haría o como lo gozaría me calentaba de una manera increíble y unas semana después me dijo finalmente cuando lo haríamos realidad.

    C: mira ya estuve investigando y buscando a la persona perfecta para esto y he decidido que sea mi uno de mis ex

    M: perdón? Estás jugando verdad?

    C: no, ya lo decidí y ya hablé con él sobre esto, le encantó la idea y no te preocupes, va a ser discreto

    M: y quién es?

    Yo ya conocía a todos los hombres con los que Claudia había salido y con los que se había acostado pero no estaba preparado para lo que me iba a contestar

    C: Armando

    Su respuesta me dejó pensativo y algo molesto

    Conocía de sobra a Armando y no era una persona precisamente de mi agrado

    Siempre tuvimos una rivalidad con lo que respecta a Claudia, primero salió con él y tiempo después (y también unas cuantas parejas) salió conmigo, además en alguna noche de copas supe por una amiga en común que Claudia le había confesado que el sexo que tenía con él era el mejor que había tenido en su vida.

    M: Armando… Que me asegura que se va a quedar callado?

    C: no te preocupes, ya hablé con él y no va a haber ningún problema.

    Va a pasar por nosotros el sábado en la noche y vamos a ir a su casa

    M: va a pasar por nosotros?

    C: si ya tenemos todo planeado

    Al terminar esa frase me dio un beso y se fue, no la vi el resto de la semana y solamente me contestaba por mensaje ya que no tomaba mis llamadas.

    El día llegó, honestamente estuve a punto de cancelar todo pero tome aire y decidí seguir con el plan, quería complacer a Claudia y lograr cumplir más fantasías con ella.

    Sonó el timbre de mi departamento, al abrir la puerta vi a Claudia, hermosa y vestida de una forma muy sensual y provocativa, llevaba un vestido negro ajustado con transparencias a los costados y se notaba que no llevaba brassier, unas zapatillas abiertas de tacón delgado que dejaban ver sus hermosos pies blancos, se notaba que le habían hecho pedicura y tenía las uñas pintadas de un negro brillante.

    Cuando me abrazó y me besó de dio una vuelta y me di cuenta que llevaba puesta una tanga negra diminuta que hacía juego con todo el conjunto.

    Me quedé sin palabras, más sabiendo que no iba a ser yo el que iba a disfrutarla esa noche.

    C: en cuanto Armando llegue vamos a comenzar con el juego de acuerdo?

    De mi boca salió un sí muy seco aunque por dentro no podía aguantar las ganas de presenciar lo que ella iba a hacer.

    Pasaron menos de 10 minutos cuando se escuchó nuevamente el timbre, era Armando.

    Cómo siempre me vio barriéndome de abajo hacia arriba y sonrió.

    A: mi amor, cuánto tiempo sin verte…

    Este es el pendejo que quiere ver el espectáculo?

    Al momento de decir esas palabras beso a Claudia y le apretó las nalgas.

    C: si mi rey, es esté.

    Dijo volteando a verme de una manera dominante y muy sensual

    En ese momento tuve muchas emociones revueltas, tenía una mezcla de enojo, excitación y nervios de lo que iba a pasar.

    Armando saco las llaves del auto y me las lanzó, al no esperarlo por poco las dejo caer al suelo.

    A: qué esperas? Tenemos que irnos y tengo que comenzar a disfrutar a esta perra lo antes posible

    Muévete

    Tarde un instante en reaccionar.

    Salimos y encendí el auto, ellos entraron en la parte trasera, tenía una vista a medias de lo que pasaba y debo admitir que tenía muchas ganas de que comenzaran.

    Armando me dio su dirección y comencé a conducir.

    Durante el trayecto escuché risas y pequeños gemidos por parte de mi novia, sin embargo por lo poco que alcanzaba a ver no pasaron de besos y caricias por encima de la ropa.

    Al llegar a su departamento me ordenaron servir unos tragos antes de entrar en la habitación.

    Una vez dentro Claudia comenzó a bailarle mientras él estaba sentado en un sillón que estaba junto a la cama y a mi me mantuvieron de pie junto a la puerta.

    Pasaron unos 10 minutos en los que Claudia bailaba y dejaba que Armando pasara las manos por su cuerpo sobre el vestido, de repente Armando se levantó y dijo…

    A: bien, creo que ya es suficiente de juego previo…

    Me pidió que me sentara en el sillón y me sirvió un trago

    A: bueno cabron a lo que venimos, espero que disfrutes el espectáculo

    En ese momento volteo a ver a Claudia y comenzaron con lo que sería hasta ese momento la experiencia más placentera y excitante de mi vida.

    A: muy bien perra, ya es hora de que recuerdes quien manda y tal parece que lo necesitabas para que yo fuera la primera opción de lo que estás haciendo o me equivoco?

    C: no papito, tienes razón, lo necesito.

    Enséñale a este pinche cornudo como es que se tiene que coger a una puta como yo

    A: muy bien quítate el vestido y los zapatos. Quiero que te hinques frente a mi y me supliques por la verga que tanto deseas

    En ese momento Claudia se separó un poco de él y volteo a verme, después de guiñarme un ojo bajo el cierre de su vestido dejándolo caer al piso y lo pateó hacia mí.

    Acto seguido se quitó las zapatillas que llevaba puestas y las coloco a los pies de la cama.

    Yo estaba hipnotizado viendo cómo cumplía con las órdenes que el le daba.

    Pibe ver cómo se hacía una cola en el cabello y comenzaba a frotar el bulto que comenzaba a marcarse en el pantalón de Armando.

    -Vamos perra, estoy esperando

    -Por favor papi, dame la verga que tanto extraño

    -Sácala, pero despacio y comienza a besar de arriba a abajo

    Observé como Claudia comenzó a desabrochar el pantalón mientras besaba el bulto por encima de la ropa, al bajar el bóxer de Armando solo vi como su verga salió disparada directo a la cara de Claudia.

    Era mucho más grande que la mía y más gruesa, yo calculo unos 25-26 cm de largo y más de 5 de ancho. La verdad me sorprendió el tamaño y comprendí por qué Claudia estaba tan obsesionada con él.

    -Ay mi amor… Que rico pedazo de carne me voy a comer, ya no me acordaba que era tan grande

    -Si puta y no solo te la vas a comer, con ella le voy a enseñar a ese cornudo como de debe coger a una hembra como tú

    -Si papito, demuéstrale a ese cabron como se debe hacer

    Una vez dicho esto Claudia intentó meterse ese trozo de carne completo a la boca, lo que provocó que recibiera una cachetada por parte de Armando

    -Perra que parte no entendiste? Dije bésala de arriba a abajo

    -Perdón papi no vuelve a pasar

    Me sorprendió ver esa actitud en ella

    En nuestras relaciones ella era la dominante y verla así de sumisa me provocó una excitación enorme

    Claudia comenzó a besar la verga de Armando de arriba a abajo y comenzó a salivar, se notaba el deseo que tenía de comérsela completa.

    -Muy bien putita, se ve que tienes ganas de comértela toda, ya puedes comenzar a lamerla.

    En cuanto Armando dijo estas palabras ví como Claudia abrió la boca y un hilo de saliva caía sobre sus pechos al mismo tiempo que comenzó a lamer frenéticamente ese trozo de carne de arriba a abajo y también comenzaba a lamer y jugar con sus huevos.

    Habrá estado así un par de minutos cuando Armando le dijo que podía comenzar a mamar a su gusto.

    Mi novia estaba completamente perdida en la mamada que le estaba dando a Armando, apenas alcanzaba a meterse tremendo rabo en la boca lo que provocaba que tuviera algunas arcadas y chorros de saliva cayeran a sus pechos y al suelo, después de un buen rato Armando la tomo bruscamente del cabello y la arrojo boca arriba en la cama.

    De un jalón arranco la pequeña tanga que tenía puesta y dejo al descubierto esa preciosa vagina rosada y recién depilada.

    -Muy bien perrita ahora vas a gozar como nunca antes de que te coja como de le antoje

    Desde el lugar en el que estaba sentado pude observar como metió su cabeza entre sus piernas y comenzó a lamer y jugar con su clítoris mientras mi novia solo gritaba de placer y arqueaba sus pies mientras lo tomaba por la cabeza y lo regresaba en su raja húmeda.

    No tardó en llegar al orgasmo y fue muy excitante escuchar como el chorro de sus fluidos chocaba con la cara de Armando mientras ella gemía.

    -Si papito así. Enséñale al pendejo de mi novio como se debe hacer gozar a una hembra como yo

    Un par de orgasmos después, Armando se levantó y tomo a Claudia de los tobillos para acercar su verga a la entrada de su vagina y de un golpe metió todo ese trozo de carne en mi novia, no le costó trabajo ya que después de haberla succionando y hacer que tuviera un par de orgasmos su vagina estaba más que lubricada.

    Claudia gritaba como loca y se veía que estaba disfrutando como nunca antes.

    -Vaya putita, se ve que este pendejo no te da lo que necesitas.

    -No papi, ese pinche cornudo no me atiende como se debe, ahhh dame más duro más, demuéstrale lo que un hombre de verdad hace.

    Yo estaba perdido, no podía creer que sus comentarios humillándome y viendo cómo otro la hacía gozar me excitaran tanto.

    -Ya por favor papi ya ni puedo más

    -Muy bien putita, te vas a hincar y a comerte mis huevos mientras me masturbas y me suplicas por tu lechita.

    Vi como Claudia inmediatamente se metió sus huevos a la boca escurriendo saliva y comenzó a masturbarlo de una manera frenética, se daba si tiempo y solo sacaba sus huevos de su boca para escupirle en la punta de la verga y facilitar que sus manos resbalaran sin problema en ese trozo de carne.

    Llego un punto en el que solo lo masturbo con la mano derecha y con la izquierda ella comenzó a jugar con su clítoris mientras comenzó a pedirle que terminara.

    -Por favor papito ya dame mi leche calientita

    -Ahh si… Eso quieres putita?

    -Si papi por favor dámela ya… Ya no aguanto

    En ese momento Claudia abrió la boca y vi como seis grandes chorros de semen salieron disparados de la verga de Armando, fue una cantidad exagerada.

    Los dos primeros cayeron directo en su boca, los otros dos en su cara y cabello y los dos últimos bañaron sus pequeños pechos.

    Al mismo tiempo ella tuvo un último orgasmo y al terminar le limpió la verga a lengüetazos y con sus dedos recogía el resto y se los llevaba a la boca.

    -Muy bien putita, ahora ve al baño a limpiarte.

    Yo me levanté dispuesto a esperarla para irnos cuando Armando me tomó del hombro y me dijo

    -A dónde vas cornudito? Esto apenas está comenzando, ya te dimos gusto dejándote vernos ahora te vas a quedar aquí mientras hago mía a tu mujer el resto de la noche.

    Ya mañana se podrán ir después de que deje satisfecha a mi nueva putita.

    No sé por qué, pero me senté de nuevo y el resto de la noche solamente pude escuchar como mi novia gemía de placer al otro lado de la puerta mientras yo me masturbaba imaginándome lo que estaba pasando en esa habitación.

    Espero que les haya gustado mi primer relato.

    Espero sus comentarios y observaciones y espero poder subir contenido constantemente.

    También si quieren que suba algún relato en especial ya que tengo bastantes cosas que contar aquí.

    Gracias.

  • Fantaseando con mi amante

    Fantaseando con mi amante

    Después de tantos días de cuarentena al fin nos juntaremos, mi mente no deja de imaginar el encuentro y mi cuerpo le sigue el juego. Fantasear es mi consuelo al no poderlo tener cuando deseo, pues ambos tenemos parejas.

    Nos conocimos en el trabajo. Un año más tarde y después de su insistencia caí en la curiosidad, en su juego de palabras especialmente con ese acento chileno y su forma de hablar.

    Fueron pocas las ocasiones que pudimos antes que apareciera el covid y sus famosas cuarentenas. En el trabajo cero contacto físico y con tapabocas, solo podíamos intercambiar miradas que decían más que mil palabras, en esos días aumenta el deseo y la necesidad de aprovechar cualquier oportunidad de algún lugar donde poder besarnos y tocarnos, así fue,encontramos un lugar secreto para que nuestras lenguas no tuvieran descanso y su penetración le diera sosiego a ese deseo acumulado por días, por cierto un día casi nos descubren y tuvimos que cambiar a otro. Es emocionante tener sexo mientras tus compañeros andan tan cerca trabajando.

    Parece que van a levantar la cuarentena y ya estamos planeando que y como nos vamos comer, ya mi cabeza me duele de imaginarme cerrando la puerta de la habitación del hotel y quedando a merced de él.

    Pero una de mis fantasías es que al cerrar la puerta nos metamos a la ducha aún con ropa y bajo el agua comience la furia de besos y caricias descontroladas. Que su lengua y dedos suban y bajen, entren y salgan sin restricciones y que poco a poco nos saquemos las prendas de ropa que nos estorben. Ya siento ese placer, el agua fría que corre por mi piel y se evapora con el fuego infernal de mis entrañas. Imaginar el vaivén constante de su lengua entre mi boca y mi vagina y en el trayecto mordiscos que me infligen dolor placentero.

    Y lo más esperado sentir que me penetra… es algo que me deja sin fuerza. Me atonta, que su cuerpo choque con el mío me mata. Todavía dentro de él; irnos a la cama y combinar la penetración con el sexo oral… el cambio de temperatura entre el pene y la lengua no tiene comparación igual que la sensación de la vagina y la boca, ya de ahí que haga lo que quiera conmigo… solo me queda esperar sentirlo tras de mí y en mi oído escuchar sus gemidos de placer cuando alcanzamos el punto máximo. Que eso también me mata… sus gemidos y su «me tení loco».

  • Me gustó subir a la torre (Parte 2)

    Me gustó subir a la torre (Parte 2)

    Habíamos arreglado un encuentro con Carlos y sus amigos los albañiles para aquel martes de julio.

    Iba en busca de una revancha.

    Llegué al edificio y allí me esperaba mí amigo. Después de darle un beso «apasionado», di media vuelta y encaré hacia el ascensor, no sin antes y a la pasada me pasó bien la mano por la cola.

    Llegamos como aquella vez al último piso donde estaba todo mucho más avanzado en cuanto a su construcción.

    Ya, a partir de este momento me empecé a poner un poco nervioso, porque sabía lo que se venía.

    Carlos llamó pues a sus compañeros, que hicieron su presencia de manera muy rápida y para colmo se desvistieron creo, como nunca lo habían hecho antes.

    Luego de desnudarse se ubicaron contra una pared a la espera de lo que yo iba a hacer.

    A esta altura me sentí bastante excitado por lo que traté de relajarme y no pensar en nada. Eran ellos y yo.

    Al sacarme la remera, vi como sus rostros empezaban a cambiar su fisonomía, claro, yo firme con la lencería! Tenía puesto un corpiño nuevo, hermoso. Ya para el turno del pantalón, y al verme en tanguita, los tres se me vinieron encima de manera que logré soltar el pantalón como pude.

    Me llenaron de besos, se cansaron de tocarme, tomaban mis manos y se las llevaban a sus vergas cosa que se las manoseara! (a esta altura ya a punto de estallarles).

    Carlos empezó primero y fue él, que de manera brusca, me hizo inclinar sobre un mueble, el único que había, se puso delante de mí, el otro al que le decían «el negrito», me sacó la tanga, me abrió las piernas, se puso una crema que había llevado y me metió un dedo haciéndome un hermoso metesaca quedando como espectador viendo lo que pasaba, el tercero apodado el gordo tomó un preservativo, se lo puso, me abrió las nalgas y muy despaciosamente me la empezó a meter. Yo gozaba como nunca, gritaba de placer, no me dolía hasta que la sentí toda adentro y me daba y me daba. El gordo estaba también muy caliente, a todo esto. Carlos me metía su pedazo en mí boca dándome sin piedad.

    Éste parecía ser el que ordenaba la situación porque vino el cambio y por lo que se veía, todo estudiado!

    Pasé a chupársela al negrito, el gordo hizo lo mismo que su compañero miraba y se masturbaba, Carlos y su hermosa verga que, más allá de mí dilatada cola, me la hizo sentir y de qué forma. Las señas volvieron a aparecer. Le tocó ahora a negrito, que con mucho apuro, calzó su preservativo, colocó sobre él su crema y me comió. Se la mamé al gordo y Carlos afuera!

    A esta altura no daba más, me habían pegado una formidable cogida de tres tipos que por lo que se veía, cómo que nunca habían cogido!!

    Dije para mí: «ya está… basta por hoy!», pero no fue así…

    Carlos se tiró en el piso, me hizo sentar arriba de él, y me la metió, suponiendo que llegábamos al final del juego, pero no!! Negrito se puso delante de mí y me la hizo tragar, Carlos firme dándome. Por ahí siento al gordo intentar también metérmela… yo a los gritos pidiéndole: «no gordo noooo… basta» «no insistas no la vas a poder meter!», pero mí afirmación resultó en vano. El gordo alcanzó su objetivo, me habían hecho doble anal y oral!!!

    Que más podía pedir, grité y grité… me hicieron de todo, me cogieron como nunca, pero feliz. Todo aparentemente terminó como lo habían planeado: Carlos y el gordo me acabaron adentro, el negrito llenó mí boca de esperma.

    Como pude me limpié y me vestí. En realidad hubiese seguido pero estaba exhausto.

    Besé a mis ejecutores, bajamos con Carlos por el ascensor y en una distracción, me franeleó, toqueteó y volvió a besar como desesperado… ¿qué loco no? un rato antes me había hecho de todo y quería más!!!

    La cuestión que me fui caminando creo que de una manera no muy normal (también con semejante cogida!!!). Qué creen Uds.?

  • Quedé embarazada luego de un trío

    Quedé embarazada luego de un trío

    Hola, mi nombre es Brenda tengo 21 años y soy una chica delgada de senos pequeños y de una buena cola, además tengo el cabello largo y lacio de color negro. Vengo acá para contarles que con mi pareja hicimos un trío con nuestro vecino de enfrente. El motivo de porque el cual lo elegimos o que cosas hicimos los tres no viene al caso en este momento, lo que quiero que sepan es que cuando terminamos de hacerlo este vecino nuestro le dijo lo siguiente a mi novio.

    -No te molesta si me dejas dormir con ella está noche -le dijo el a mi novio.

    -Y yo dónde duermo? -preguntó mi novio.

    -Agarra las llaves que están en el bolsillo de mi pantalón y anda a mi casa que no hay nadie, está noche me voy a quedar acá dándole pija a tu novia -dijo él.

    Mi novio sin chistar agarró las llaves y se fue a la casa del vecino tal cual como se lo ordenó. Esa actitud, ese comportamiento por parte de mi vecino me encantó y me enamoro en cierto punto. Siempre quise tener a un novio/amante con ese tipo de actitud dominante sobre los demás y ser yo su putita sumisa.

    Entonces ya los dos sólo volvimos a la cama estando completamente desnudos y empezamos a gestar a la criaturita que tengo en mi cuerpo ya desde hace 4 meses.

    El me empezó a besar de una forma bastante romántica y pasional, luego sus besos fueron bajando por mi cuerpo. Primero fueron en mi cuello, luego se detuvo para saborear mis pezones y después de pasar por mi abdomen llegó a la parte en la cual se entretuvo bastante.

    -Ahhh -dije yo cuando me jaló para que mi chocho esté más cerca de su boca.

    Tenía mis piernas bien abiertas cuando sentí la lengua del rozar la entrada de mi vagina, fue tanto el placer que quise cerrar las piernas pero como él las tenía bien sujetada no pude. Entonces sentí sus labios y su lengua al ingresar en el interior de mi vagina. Empecé a retorcerme, a arquear mi cuerpo y a intentar que mis manos lleguen lo más lejos posible. Estaba sintiendo un placer supremo y su lengua era la culpable de todo. No quería que se vaya nunca de ahí, quería que siga succionando lo que había dentro de mi y es por eso que coloque mis manos sobre su cabeza para poder retenerlo todo el tiempo posible pero fracase en mi intento.

    Su pene de forma mágica había vuelto a la vida luego de aquella batalla que perdió con mi lengua. Se veía más fuerte que nunca, sus venas eran visibles desde mi posición, así que deje que entrara a batallar sin ningún revestimiento. Era el momento de gozarlo, de que mi vagina sintiera la carne de una buena polla y de disfrutar de una buena dosis de la lechita calentita de mi vecino.

    Mis piernas sobre sus hombros y el penetrándome, esa fue la primera posición sexual que practicamos desde que se fue mi novio. Luego por pedido de él me volví a colocar en cuatro patas y me empezó a dar de lo lindo. Esta posición para el que no sabe es la ideal para aquellos hombres que tienen el pene grande como el que tiene mi vecino, traten siempre de usar esta posición que nosotras siempre se lo vamos a agradecer.

    Como les decía antes empezamos a coger en posición de perrito y el en vez de usar mi cintura como agarre uso mi cabello para eso, así que en los momentos en que me embestía con mucha fuerza yo quedaba con el cuerpo arqueado porque él me jalaba hacia atrás. Así estuvimos un buen rato haciendo el delicioso hasta que se corrió dentro de mí y me dejó hecha un desastre. Después de eso él se recostó a mi lado y yo me levanté y me fui al baño. Allí busqué el frasquito de pastillas que suelo tomar cuando suceden estas cosas y me di cuenta que no tenía, así que tenía dos posibilidades, una era no decirle nada y rezar para que no quede embarazada o contarle que no tenía pastillas y que había muchas posibilidades de que vuelva a hacer padre otra vez. Decidí no contarle nada e ir mañana a primera hora a la farmacia a comprar más pastillas.

    Al día siguiente me desperté a las 7 de las mañana no de forma natural, sino que fueron sus besos alrededor de mí cuello lo que me hicieron despertar. Estaba pegado a mi cuerpo y me daba besos para que yo despertarse. Abrí los ojos y volteé mi rostro para verlo, entonces nuestras miradas se encontraron y fueron dos o tres segundos en los cuales nos miramos fijamente hasta que decidió besarme. Mientras me besaba decidió apoyar su mano sobre mi abdomen y como sabiendo de lo que podía suceder me lo empezó a acariciar. Recordé entonces que debía ir a la farmacia por las pastillas pero el deseo sexual de él hizo retrasar mi salida.

    Estando en esa posición medio de costado empezó a penetrarme otra vez sin protección y yo no pude hacer nada, si le decía que se ponga un condón se daría cuenta que no me había cuidado esa noche así que deje que me vuelva a follar. Me volvió a llenar la vagina con su semen y yo con la esperanza de no quedar embarazada salí corriendo a la farmacia y aunque luego me tomé la pastilla al volver, no pude evitar quedar embarazada.

  • La amistad hace el roce

    La amistad hace el roce

    Nos conocimos en una cena de gente random.  Me senté al lado suyo, ella me saludó con una voz dulce y tímida, la típica voz de chica que te deja con ganas de seguir escuchándola más. A medida que avanzaba la velada se notaba que cogíamos confianza, estábamos como abstraídos de los demás, al menos eso noté yo.

    Ella contaba un poco de su vida, que venía del País Vasco, que tenía novio… etc. Yo notaba que me miraba mucho y me sonreía bastante, alguna vez me utilizaba de ejemplo al contar anécdotas y me tocaba, los brazos o las piernas. No esperaba conectar tan rápido con alguien en aquella cena, iba bien la cosa.

    Llegó el momento del término de aquella cena y caminamos juntos hacia nuestras respectivas casas, resulta que vivíamos a dos manzanas de distancia entre los dos. Yo tenía ganas de más y supongo que ella también ya que decidió invitarme a subir a su casa con el pretexto de seguir conociéndonos.

    Hablamos un largo rato y después decidimos hacer un poco de meditación juntos, nos sentamos el uno frente al otro con las piernas cruzadas y cogidos de las manos, cerramos los ojos y poco a poco notaba un calor dentro de mí que iba a más, mi respiración se agitaba y tuve que abrir mis ojos, deseaba acercarme a ella y besarla.

    En el momento que mis parpados se separaron, los suyos también y como por una fuerza oculta, nos juntamos boca con boca por un deseo irrefrenable, ella pasaba sus manos por los músculos de mis brazos y mi espalda y yo recorría con mis manos su cuerpo con vehemencia. Me quité la camiseta dejando mi torso marcado a su vista y noté como su mirada se tornaba aún más lasciva. Ella desde abajo de mí, empezó a recorrer mis pectorales definidos, mis hombros anchos, mis brazos fuertes, mis abdominales marcados, hasta llegar a mi cinturón.

    Antes de que consiguiera desabotonar mi pantalón la cogí de sus finas muñecas he inmovilice sus manos y brazos sólo con mi mano izquierda y comencé a acariciar su abdomen bajo la camiseta que llevaba hasta llegar a sus pechos, en ese momento le dije que si quería follarme lo haríamos a mi manera y con la mano que me quedaba libre le desgarré la camiseta dejando así a la vista sus enormes tetas. Se le notaba el deseo en la cara y la humedad en sus leggins blancos hacia acto de presencia desde hacía mucho, estaba tan mojada que parecía que se había meado…

    La besé aún con sus manos inmovilizadas y mientras tanto con mi mano libre me sacaba mi polla, la estrujaba de arriba abajo, estaba enorme, nunca la había tenido tan dura y deseaba ya tenerla dentro de ella.

    Me puse más arriba suya, sin soltarle los brazos en ningún momento, a la altura de sus hermosas tetas y le dije:

    -si quieres que te folle primero vas a tener que comérmela, te ha quedado claro? abre la boca.

    Ella obedeció y yo pude poner mi miembro en esa boquita tan húmeda, me miraba mientras se tragaba gran parte de mi falo tratando de metérselo entero por la garganta, pff cómo me excitaba el sonido de esa mamada: ugh agh ugh agh.

    Sólo paró en un momento para decirme:

    -quiero que me folles la boca como si fuera mi coño