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  • La pasión de Silvia (Final)

    La pasión de Silvia (Final)

    Silvia se calentaba rápido, y todo lo hacía muy rico. Desde sus besos a mi oído hasta la chupada de mi dedo medio. Una noche de pasión y después de una de nuestras peleas, me dio una paja sobando su rico culo bajo su pantalón yoga sobre mi verga. Esa noche su culo subía y bajaba mientras hablaba como perra en calentura en la cocina de su apartamento. Silvia siempre hacia comidas antes de nuestros encuentros, cocinaba bien y era muy sexy verla chuparse los dedos cuando los tenía sucios.

    Nuestros cuerpos se movían sincronizadamente para que mi verga impacte con su ano, rebote y siga por toda su raja hasta que mis huevos soben y empujen su anito mientras frotaba su clítoris. Estuvimos en esa danza por 15 minutos, ella excitadísima que empujara mi miembro y todo mi cuerpo contra el suyo. Yo cachondo por verla descontrolada siendo mi puta, y escuchando sus gemidos y expresiones sucias que me decía.

    Silvia se vino rico mojando sus bragas, sintiendo si concha súper caliente. Me pregunto si yo me vine también, pero no fue así. Yo disfrutaba verla a ella entregarse al sexo de una forma que solo había visto en mis sueños.

    -Oohhh, bebé… No te viniste? –Me pregunto triste con mirada cabizbaja.

    -Quieres mi mano o mi boca? –Levanto la mirada de forma morbosa, como cuando una profesora consola a un alumno.

    Este mujerón de 42 años daba unas mamadas magistrales, nunca le pedí que se tomara mi semen, pero una vez me agarró desprevenido que me vine dentro de su boca. No me dio tiempo de avisarle por lo rico que lo hacía. Ella me miró sonriendo después de escupirlo dulcemente encima de mi polla. Pero esta noche, quería su boca entera y que se comiera toda mi verga.

    Seguí a Silvia de la mano desde la cocina al sofá de la sala observando su movimiento sensual de caderas. Ella sentada al borde comenzó abrir mis pantalones como abriendo un regalo sorpresa, lento y con ansias. Me desabrochó la correa y me bajo la trusa y los pantalones, agarro mi polla húmeda del juego anterior y comenzó a darle lenguazos a la cabeza secando mis jugos y empapándolo ahora con su saliva. Me estaba dando una mamada excelente, llevando un ritmo suave pero que poco a poco yo empujaba más y más mi miembro al fondo de su garganta. Silvia estaba cachondísima, respirando rápidamente en cada embestida, le estaba gustando verme como me excitaba usarla como un objeto. Saque mi polla de golpe para arrimar al mujerón más adentro del sofá, para que pueda reposar su cabeza en el tope del respaldar pero no sin antes, quitarle la playera que llevaba puesta y descubrir sus tetitas ricas.

    Silvia era de senos pequeños pero duros y de rico sabor, comencé a follar sus pechos. Ella tratándolo de juntarlas lo máximo posible para poder darme una paja. Metía y sacaba mi polla entre sus tetas y de vez en cuando poniéndole en su boca para una lamida y golpeando sus perdones con mi miembro. Seguía yo a mil y viéndole que Silvia estaba loca del placer, era hora de fallarle la cara. Siempre fui dulce con ella al penetrarla pero esa noche, deje que mi bajo instinto tome la batuta, hoy quería tratarla como en mi fantasía, quería que sea mi puta.

    Con un pie encima del sofá y el otro en el piso, le introduje mi polla en una a su boca. Ella lo tomó por sorpresa pero sacando la lengua trataba de comérsela toda.

    -Abre más linda -Le decía mientras subía mi otra pierna en el sofá.

    Ya subido en el sofá, su cabeza quedaba justo a la altura de mi entrepierna haciendo la pose más cómoda. Ella me agarraba los glúteos mientras yo comencé a follarle la cara. Ella me miraba hacia arriba para verme el rostro mientras dejaba que la libido me llevara. Silvia no tenía escapatoria, lo sabía y le gustaba que yo tenga el poder.

    Su boca comenzó a hacer ruidos de “Gulp, Gulp”, poniéndome más cachondo y empujándole mi polla más y más dentro de su garganta. Ella con ojos llorosos veía como me excitaba usar su boca para mi placer. Sacando más y más la lengua, Silvia quería comérsela toda, sus manos nunca empujaron mi cuerpo hacia afuera, más aún iba con el vaivén de mis caderas. La estaba poseyendo, la estaba dominando, estaba siendo mi putita.

    Seguí usando a mi puta hasta alcanzar el orgasmo, pero el sonido de su garganta en cada embestida era un sueño. Aquí tenía a esta mujer muy purita y recatada, abierta de boca y con lengua afuera satisfaciendo mis bajos instintos. Saque mi polla llena de saliva y derrame mi semen sobre sus tetas. Le di el placer a Silvia de que me vea mi rostro satisfecho del buen trabajo que había hecho.

    Terminado el acto, le di un beso en los labios y fue a bañarse. Esa fue una de las últimas noches juntos. Nuestras discusiones y sus dudas de muchas cosas terminaron por apartarnos, espero que no sea por mucho tiempo.

    FIN… por ahora.

  • Disfrutando con mi compañero de cuarto

    Disfrutando con mi compañero de cuarto

    La siguiente historia es real, excepto por el nombre de mi compañero de cuarto, y ocurrió cuando yo tenía aproximadamente 20 años.

    Al salir de la prepa me fui a otra ciudad a estudiar la universidad, esto fue la excusa perfecta para poder vivir sola y disfrutar de la nena que llevo dentro. Al principio vivía sola pero después de algunos meses tuve que compartir departamento con amigos, lo que me dificultaba un poco las cosas. Llevaba un año y medio viviendo con un amigo que también era de otra ciudad, Leo, dos años mayor que yo, blanco, cabello castaño, de brazos fuertes. Nunca sospechó nada pues siempre tomábamos, veíamos el futbol y hablábamos de mujeres, todo muy «normal». Pero cuando él no estaba los fines de semana me convertía en toda una mujercita. A él siempre le ha gustado andar por el departamento en bóxer y con playera, nunca le preocupó ni yo le di importancia. Algunas veces, cuando se sentaba, se le abría el bóxer por el frente y se alcanzaba a ver su pene. Debo decir que siempre miraba discretamente, me despertaba cierta curiosidad.

    Un sábado, como de costumbre, él se fue a su casa por la mañana. Me entretuve toda la mañana limpiando el departamento y cosas por el estilo, y ya por la tarde tomé un baño para comenzar a vestirme. Me bañé y depilé las piernas, tenerlas depiladas ya era algo común en mí así que me llevó poco tiempo, me puse una tanga color lila, bra push up del mismo color con encaje negro en las copas, pantimedias rotas rasgadas, blusa rosa de tirantes, mini de mezclilla y mis converse (en ese tiempo no tenía tacones). Me maquillé un poco, como tengo el pelo un poco largo solo lo peiné y con una diadema se veía genial, tomé unos accesorios y ya estaba lista. Me sentía súper femenina, en ese entonces tenía muy pocas cosas por temor a que me descubrieran pero lograba verme y sentirme muy femenina.

    Vivía en una ciudad pequeña y yo era muy tímida, por lo que mis fines de semana consistían en vestirme, ver porno, y en ocasiones salir por la madrugada y caminar algunas calles, pero era algo que casi nunca ocurría.

    Estaba inmersa en mi rutina de cada fin de semana cuando de pronto sonó mi teléfono, era Leo y se notaba que había tomado y estaba muy molesto.

    – “¿Estás en el departamento?” Preguntó de forma seca.

    – “Si, ¿por qué?”

    – “Llegando te digo, voy para allá.”

    Me quede helada al escuchar eso, ¡que iba a pensar si llegaba y me veía así!

    Enojada por ver que mi fin de semana estaba era interrumpido y muy nerviosa porque me podrían descubrir, comencé a desvestirme rápido, solo me quede con la tanga puesta esperando a que Leo no se quedara mucho tiempo, me quité el maquillaje y me lavé la cara. Después de poco más de una hora de que me llamó, llegó al departamento, muy tomado y con una botella de vodka en la mano. Entró y me pidió que lo acompañara a la sala, que llevara dos vasos, y empezamos a tomar. Me contó sobre su problema: había ido a una fiesta con su novia Adriana (si, ella también se llama así), discutieron porque la chica estaba bailando con alguien más y terminaron. Ella siempre le hace pasar malos ratos.

    Me contó que tenían problemas pero siempre volvían porque el sexo era increíble, y que ella la mamaba como nadie. Después de acabarnos la botella se quedó profundamente dormido en el sofá, roncaba y de pronto se escuchaba como si susurrara su nombre. Yo me quede molesta, pensaba, ¿Cómo le pueden hacer pasar un mal rato a alguien como él? Y peor aún, por culpa de ella no había podido vestirme! Me acerqué a él y lo moví para llevarlo a su recámara pero no despertaba, así que decidí que no me iba a arruinar la noche. Corrí a mi recamara y, animada por el alcohol, me vestí y maquillé de nuevo. Abrí mi computadora y empecé a ver porno. Me había quedado con la imagen de mi compañero de cuarto y su novia, imaginando que seguramente cada que peleaban tenían sexo muy fuerte. Vi algunos videos pero solo me calentaron más y se me ocurrió una locura.

    Salí a la sala y vi a Leo donde estaba acostado, tan solo con su bóxer puesto y con su pene asomándose un poco. Mil cosas me pasaron por la mente y me estaba calentando demasiado, me animé a salir por completo, apagué la luz de la sala y fui lentamente a sentarme junto a él. Lo moví un poco y seguía profundamente dormido. Me acerqué un poco más y empecé a pasar mi mano por esos brazos fuertes, por su pecho y su abdomen, sin dejar de verlo a la cara por si despertaba. Acaricié sus piernas y finalmente llegué al objeto de mi deseo y i calentura de esa noche. Lo acaricié por encima del bóxer y sentí que tenía buen tamaño, pensaba que por estar dormid no reaccionaría pero al contrario, con cada caricia crecía un poco más, hasta estar completamente erecto, luchando por salir de su prisión de tela. Me incliné sobre él recargándome en su hombro y haciendo la voz más femenina que pude empecé a hablarle.

    – “Leo, ¿estas dormido? Leo, perdón, no te quise hacer enojar. Te quiero pedir que me disculpes y haré algo para recompensarte.” En eso sentí que su brazo me rodeaba y empezaba a tomar mi trasero. Me quedé congelada y por un momento no supe que hacer, hasta que l escuché hablar.

    – “Amor, perdóname, no quiero que estemos enojados.” Dijo sin abrir los ojos.

    – “No te preocupes, fue mi culpa, nunca debí tratarte así. Sabes que soy una estúpida, no sabía lo que hacía, déjame recompensártelo.”

    El me tocaba el culo, acariciaba mis nalgas, pero le detuve la mano y le dije: “No, hoy quiero hacer algo especial por ti, tú solo disfruta.”

    Comencé a besar su cuello, bajando lentamente por su pecho y su abdomen hasta tener su pene completamente erecto frente a mis ojos marcándose bajo su bóxer, el cual le bajé lentamente. Al hacerlo, salió un pedazo de carne hermoso, debía tener cuando menos 19 cm y era grueso, apenas pude cerrar mi mano a su alrededor. Lo tomé de la base, besé la punta y empecé a lamer delicadamente mientras le acariciaba los huevos. Mi lengua recorría toda la extensión del tronco saboreándolo, humectándolo hasta que decidí que era suficiente. Me humedecí los labios y metí su cabeza en mi boca, su sabor delicioso que me hizo excitarme aún más y comenzar a meterla y sacarla rápidamente, me la saqué de la boca para masturbarlo mientras lo veía y jugueteaba con mi lengua en sus huevos para después seguir chupándosela. Seguía con los ojos cerrados pero la tenía durísima y solo escuchaba pequeños gemidos salir de su boca.

    De pronto sentí su mano sobre mi cabeza, al principio me asusté, pensé que se daría cuenta quien era en realidad, pero solo la dejó ahí como diciendo “trágatela toda” y obedientemente lo hice. Lentamente empezó a entrar hasta llegar a la mitad, la punta ya me tocaba la garganta, pensé que ya no me cabría más pero estaba decidida y haciendo un poco de esfuerzo hice que entrara completamente. Me quedé así un momento y después seguí lamiéndola, metiéndola y sacándola una y otra vez. Cuando sentí que ya era tiempo de terminar le di un ritmo frenético, aprisionando la punta de su verga con mis labios mientras jugaba con mi lengua, cuando de pronto sentí que varios chorros de semen inundaban mi boca. Traté de tragarlo por completo, pero mientras lo saboreaba se me escapó un poco de la boca, cayendo sobre sus huevos, los cuales felizmente limpié con mi lengua. Me levanté, le di un beso y le susurré un “te amo” al oído. Me quedé un momento sentada a su lado, yo con una sonrisa en los labios y su sabor en mi boca.

    Como pude le volví a subir el bóxer, fui por un cobertor a su recamara y lo cubrí. Después me fui a mi recámara, feliz y aún incrédula por lo que había sucedido. Me quité mi ropa de chica y dormí solamente con mi tanguita puesta.

    Al día siguiente, desperté y Leo seguía en el sofá. Preparé café para los dos y fui a despertarlo. Me contó cómo había soñado que su novia le había dado una mamada, pero fue mucho mejor que las que había recibido. “Ojalá la chupara como en mi sueño”, dijo riendo.

    Me agradeció por estar con él y apoyarlo cuando se sentía mal, desayunamos y seguimos con el día normal, aunque a partir de ese entonces no podía disimular ni dejar de ver su bulto cuando andaba en bóxer por el departamento.

  • Mi novia sabe cuando le miento (Primera parte)

    Mi novia sabe cuando le miento (Primera parte)

    Era verano, la segunda mitad de agosto si mal no recuerdo, yo tenía veintidós años y estaba cursando el quinto semestre de mi carrera en la universidad. En mi salón estaba Jessica, la chica con quien salía desde hace bastantes meses y con quien entablé una relación sentimental muy profunda. Nos llevábamos de maravilla y el noviazgo era genial aunque de vez en cuando ella podía llegar a tener un carácter impredecible, sobre todo si de celos se trataba.

    -Chicos, es todo por hoy, disfruten su fin de semana y nos vemos pronto -dijo el profesor al igual que cada viernes.

    Todos nos levantamos del asiento y tomamos nuestras cosas para dirigirnos a la salida.

    -Mis padres se fueron de vacaciones y no volverán en dos semanas, ¿Quieres venir a quedarte conmigo? -Me dijo Jessica mientras me rodeaba con sus brazos.

    -Claro -respondí sin pensarlo-, tengo ropa en tu apartamento, podemos ir directo para allá saliendo de aquí.

    Jessica era dos años mayor que yo, de complexión delgada, ciento sesenta y dos centímetros de altura y con una piel morena de verdad exquisita. En su rostro se hallaba una sonrisa coqueta, una nariz pequeña pero respingada, una larga cabellera dorada como la miel y un par de ojos color avellana que al menos observador le podrían parecer candorosos pero que en realidad ocultaban un nivel de perversión inimaginable. Sobraba decir que yo estaba loco por ella, con ese atractivo que tenía le era sencillo mangonearme a cualquier hora del día para obtener de mí lo que quisiera y hoy no iba a ser la excepción.

    Una vez fuera del salón la tomé de la mano y mientras caminábamos rumbo al auto escuché una voz que decía mi nombre, me detuve, di media vuelta y allí estaba ella, sonriendo mientras me miraba.

    -¡Carlos, eres tú! Tanto tiempo sin verte, ¿te acuerdas de mí?

    -Claro que te recuerdo, Ximena -dije mientras soltaba lentamente la mano de Jessica-, ha pasado tanto tiempo.

    -Lo sé, la última vez que te miré fue luego de graduarnos de la preparatoria, pareciera que fue hace siglos.

    Hubo un silencio sepulcral durante unos segundos hasta que ella se acercó para darme un abrazo. No esperaba encontrármela en ese lugar y mucho menos en ese preciso momento, yo estaba tenso de verdad. Ximena y yo nos conocimos en la preparatoria, fuimos lo que podría considerarse «buenos amigos» y yo me sentí profundamente atraído por ella durante mucho tiempo pero jamás se lo dije, ¿Y cómo no hacerlo? desde que la conozco ha estado bellísima. De piel blanca como la nieve, 1.72 metros de altura, ojos oscuros y brillantes, además de unos senos enormes que adoraba sentir sobre mi cuerpo cada que me abrazaba para saludarme. Era toda una vampiresa con ese color rojo en sus labios tan intenso que me tenía obsesionado día con día, ese abdomen perfecto que sobresalía de su blusa corta y unas piernas largas y preciosas con las que fantaseaba sin parar.

    -Oye, ¿Me vas a presentar a tu chica? Estabas tomando su mano, así que puedo imaginar que es tu novia. -Dijo Ximena de forma coqueta.

    -Tienes razón, lo siento. Ella es Jessica, mi novia -dije mientras tartamudeaba-, nos conocimos hace casi un año y desde entonces estamos juntos.

    -Realmente es preciosa, siempre supe que tenías buen gusto con las mujeres. -Dijo riendo de forma simpática.

    Jessica sonrió tímidamente y ocultó la mirada.

    -Bueno, tengo que ir a clase, además no quiero quitarles más su tiempo. Pero prométeme que cuando estés libre saldremos a tomar un café y a platicar.

    -Claro, te lo prometo. Te mandaré un mensaje más tarde para ponernos de acuerdo.

    -Me parece excelente, te veré muy pronto -Dijo Ximena mientras me lanzaba un beso con su mano derecha.

    Estaba petrificado, no sabía qué hacer o decir. Era obvio que no hice nada malo pero me sentía culpable de saludar delante de mi pareja a la chica que fue mi mayor sentimiento de deseo durante varios años. Lo sé, es estúpido pero estaba seguro que Jessica me haría un interrogatorio más tarde respecto a esto ya que mi actitud delataba todo. Yo tan sólo maquinaba en mi cabeza cómo escapar de esta situación absurda en la que había caído.

    El transcurso hasta llegar al auto fue silencioso, el trayecto desde el auto hasta llegar a su departamento lo fue aún más. Entramos a la residencia luego de que estacioné el coche y lo primero que ella dijo luego de haber estado tanto tiempo callada fue: «Voy a tomar una ducha, muero de calor». Asentí con la cabeza y caminé rumbo a su habitación para buscar el cargador del teléfono ya que la batería estaba por agotarse. Me senté en el borde de la cama y me dispuse a mandarle un mensaje por Messenger a Ximena, tal como lo había prometido. Luego de enviar un simple «Hola» en su chat entré a su perfil durante varios minutos para ver un poco de su actividad ya que realmente había pasado tiempo desde la última vez que nos vimos y no estaba muy enterado de su vida ya que no soy una persona muy afecta a las redes sociales. Por sus fotos me di cuenta que estuvo saliendo con un chico tiempo atrás pero al parecer de nuevo era soltera y por algún motivo que desconozco me sentí aliviado. Escuché la puerta del baño abrirse y vi a Jessica salir de ahí completamente desnuda, secándose el cabello con la toalla que llevaba mientras se dirigía a la habitación, cerré el perfil de Ximena antes de que ella entrara y me aseguré que no quedara evidencia de lo que estuve haciendo.

    -Es una chica simpática -dijo Jessica caminando hacia el espejo de la recámara, mostrando su delicioso y enorme culo que se meneaba un poco mientras pasaba la toalla sobre él.

    -¿De qué hablas? -respondí intentando disimular mi nerviosismo y sin dejar de mirar su cuerpo desnudo.

    -De tu amiga, Ximena. Veo que se llevaban bastante bien, ¿No es así?

    -Sí, algo así. -dije de forma cortante.

    Pasaron 15 segundos en completo silencio.

    -¿Alguna vez te la follaste? -Preguntó sin ningún filtro.

    No sabía en qué pensar, estaba seguro que este interrogatorio iba a suceder pero era tan grande mi nerviosismo que apenas pude defenderme.

    -Pues no, nunca lo hice, ¿Por qué la pregunta?

    -Bueno, es obvio que ella te gusta, se te ve en los ojos.

    -Eso no es verdad -dije con un tono más serio-, no entiendo por qué piensas eso.

    Volteó a verme a través del espejo lanzando una mirada acechadora, digna del mayor de los depredadores. Puso la toalla en la silla que estaba a su lado izquierdo y se dio la media vuelta para mirarme de frente. Mientras se acercaba lentamente no pude dejar de mirar su cuerpo perfecto, esos pechos redondos y deliciosos, su cintura pequeña, su abdomen ligeramente marcado y un bello púbico del mismo color que su cabellera, perfectamente recortado. Era una sensación de nerviosismo y excitación que convergía dentro mí con bastante soltura, algo que con total claridad había experimentado antes.

    -Sabes que no puedes mentirme, me doy cuenta cuando lo haces. -dijo mientras su mano derecha se deslizaba en mi entrepierna.

    -Creo que te confundes, Jessica, sabes bien que no te haría algo así.

    Ella tan sólo sonrió y continuó acariciando mi miembro un poco más, mirándome fijamente a los ojos sin detenerse, luego puso su mano sobre mi pecho y me empujó con fuerza para recostarme en la cama. Comenzó a desabrochar mi pantalón y a quitármelo, dejando expuesta mi verga completamente erecta. Se puso en medio de mis piernas y tomó una liga del cajón para atar su cabello.

    -Quiero que sigas hablando, cuéntame un poco más sobre ella y el cómo se hicieron amigos. -dijo a la par que comenzó a meterse mi miembro en su boca-

    Esto no era algo nuevo, se había vuelto costumbre recibir una felación suya cada que estaba celosa, pero esta vez su actitud era distinta aunque me costaba identificar en qué. Era todo un espectáculo ver como mi verga entraba y salía de su boca, el ruido que hacía cuando esta llegaba hasta lo más profundo de su garganta y la fuerza con la que succionaba, haciéndome gemir de placer mientras yo intentaba concentrarme en hablar. Improvisé una versión bastante resumida de cómo conocí a Ximena durante la preparatoria con el fin de satisfacer su petición pero al parecer no había funcionado. Jessica se puso de pie y con la saliva que había en mi verga humedeció su vagina, tocándola suavemente con sus manos, acto seguido se puso sobre mí y antes de que pudiera decir algo al respecto ella comenzó a cabalgarme.

    -Espera, debo ponerme el condón -dije rápidamente.

    -Me importa una mierda el condón, tú no mandas aquí. -respondió con un tono agresivo y una mirada de odio.

    -Te prometo que no miento, Jessica.-dije mientras ponía mis manos en su cintura y gemía de placer.

    -Tu verga se pone muy dura cada que mientes, ¿Lo sabías? mucho más de lo normal. Así que sólo necesito tenerte dentro de mí para saber si dices la verdad.

    Comenzó a cabalgarme con más y más fuerza, poniendo sus manos en mi cuello y moviendo su culo de una forma increíble. De verdad el placer era algo que no puedo describir.

    -¡Estoy seguro de que quieres follarte a Ximena, no puedes engañarme! -dijo Jessica.

    -Eso no es verdad…-respondí con dificultad debido a la fuerza con la que sus manos apretaban mi cuello.

    -¡Quieres penetrarla y venirte sobre ella! ¿No es así?

    -De verdad de estás equivocando, ¡Lo juro!

    -¡Que delicia, allí está! -dijo con excitación mientras mi verga se ponía tan dura como una piedra-, sabía que mentías y ahora puedo sentir cómo tocas mi útero con tu pene.

    Continuamos así durante bastante tiempo, yo me encontraba en las nubes, disfrutando de un placer inimaginable, dejando salir de mi cuerpo un gemido muy fuerte que puso a Jessica incluso más caliente que antes.

    -Eres un maldito pervertido, así que será mejor que te enseñe una buena lección.

    Ella comenzó a golpearme con su mano abierta y a clavar sus uñas sobre mí. Sabe perfectamente el efecto que causa el dolor en mi cuerpo y cuán duro llego a ponerme luego de ver su lado más agresivo y visceral.

    -¡Ya no puedo más, estoy por correrme! -dije con prisa.

    -Entonces hazlo, córrete dentro de mí, ¡Ahora!

    Intenté quitarla de encima de mí, pero fue imposible, mis brazos no reaccionaban por la falta de oxígeno en mi organismo y acabé llenando todo su interior con mi leche. Ella parecía satisfecha, se había corrido al mismo tiempo que yo y su respiración acelerada delataba completamente el hecho, se acercó para darme un beso en la boca tal como era costumbre y luego se quitó de encima. Mi verga estaba completamente empapada y mi cuerpo agotado, mientras que Jessica hacía su esfuerzo para ir de nuevo a la ducha y poder limpiarse. Me tomó un rato recuperarme del espectáculo, estuve recostado en su cama durante quince o veinte minutos hasta que tuve de nuevo la energía para ponerme en pie y meterme a la ducha.

    El resto del día fue de lo más normal, no me atreví a mencionar de nuevo el tema y asumí que acabaría olvidándolo, no era la primera vez que Jessica sacaba su lado más oscuro durante el sexo por una situación absurda, pero sin duda era una de las más remarcables.

    Me desperté temprano la mañana siguiente y ví que Jessica no estaba en la cama, revisé mi teléfono y pude ver que Ximena había respondido mi mensaje.

    -Hola Carlos, me dio gusto verte hoy. ¿Estarás libre la próxima semana? Tengo muchas ganas de platicar contigo como en los viejos tiempos, incluso puedes traer a tu novia si lo deseas. Déjame un mensaje si es así, podemos vernos en el café que está cerca de la universidad.

    Respondí a su mensaje diciéndole que me parecía bien y que le preguntaría a Jessica si quería venir. En un par de segundos recibí de nuevo un mensaje de ella dándome un «Nos vemos pronto».

    Me levanté de la cama, salí de la habitación y al llegar a la sala vi a Jessica sentada en el sofá viendo la televisión, cuando me escuchó llegar extendió sus brazos hacia mí en señal de que me sentase con ella. Luego de unos minutos estando en sus brazos decidí mencionarle lo que dijo Ximena.

    -La chica de ayer, Ximena.

    -¿Qué pasa con ella? -respondió lentamente.

    -Bueno, me preguntó si estaría libre el siguiente fin de semana para ir con ella a tomar un café como antes, y me pidió que te preguntase si querías venir también.

    -¿Crees que sea buena? -dijo sin dejar de mirar la televisión.

    -¿Tú crees que es una mala idea? -dije yo.

    Volteó a verme a los ojos y sonrió.

    -No me refiero a eso, pensé que quizás querrías un rato a solas para hablar con ella. Cuando hay alguien más uno suele contenerse, pero si no te molesta mi presencia, vale.

    -No, no me molesta que estés ahí. Me gustaría que se conociesen, ella es una persona muy agradable, sé que te caerá bien.

    -Así será entonces, amor mío.

    La actitud de Jessica era completamente distinta a la de ayer. Era como si estuviese hablando con dos personas diferentes, esto lejos de tranquilizarme me hacía sentir extraño por dentro, como si algo me estuviese diciendo que ella planeaba algo.

    *************

    Mi nombre es Szandor, este es mi segundo relato en esta página. Este relato está dividido en dos partes, subiré el resto en un par de días y continuaré trabajando luego de eso ya que aún tengo bastante por contar. De todo corazón espero que lo disfruten y que puedan darme sus opiniones para seguir mejorando y poder traerles más y mejor contenido.

    Un abrazo.

  • La leyenda del cuero de mujer

    La leyenda del cuero de mujer

    Cuenta la leyenda que hay una misión que consistía en lograr penetrar «la gruta de los placeres» ubicada al final de unas imponentes columnas,  que, si no logras abrir, harían imposible dicha misión.

    Solo los valientes lo intentarían: El Amo del deseo, dueño de grandes habilidades con sus manos; La hechicera “Lengual” que vivía en la gruta húmeda y los atrevidos soldados Glande, Vergara y los mellizos Testicles.

    El campo de batalla estaba cubierta una especie de enorme sabana de seda azul. La ciudadela estaba allí. Observándola de lejos nadie pensaría que fuera tan fuerte y poderosa, dueña de unas lomas gemelas, llamadas por los que habían intentado la misión “Los Pechos”, con dos abultamientos en la cima de cada colina; un poco más al sur seguía un valle hermoso y un pequeño valle conocido como el “Ombligo”. Al este y al oeste Las caderas de Reichel. Un poco más hacia abajo una pista deslizante donde se sitúa un pequeño saliente de terreno: El monte de Venus donde duerme lucifer. Y debajo inmediatamente el objetivo, custodiado por el capitán “clitón”, cerrado por los labios mayores y atenazado por los imponentes columnas llamadas “muslos”.

    Los informes decían que, si se lograba vencer al soldado Clíton, era posible que ayudara a penetrar el objetivo. El Amo del deseo conocía que el combate terminaría siendo cuerpo a cuerpo y que dependería de la absoluta colaboración de todos sus miembros. Confiaba mucho en el soldado Glande: con el que empezaba toda invasión. Hábil con sus manos manejando cualquier rebeldía y minando la retaguardia; la hechicera Lengual, nunca lo había defraudado, cada vez que salía de su gruta húmeda; Vergara siempre duro y con unas venas hinchadas a la hora de luchar y los mellizos siempre llenos de placer.

    Se inició la lucha, mientras las manos del Amo del deseo se encargaron de ablandar la resistencia de “los pechos”, noto como las colinas se ponían más duras, entonces encargo a la Hechicera “lengual” que las tomarlas. Esta ni corto ni perezosa salió de su gruta a punta de lametones y chupones las fue dominando a pesar de su cada vez mayor fiereza en el combate. Todos notaron que, en este combate, aparentemente tan lejano del objetivo, lograba poner sobre aviso al soldado Clíton, quien dio la voz de alarma. Se cerraron más las columnas de los “muslos”; el terreno sin embargo se encontraba húmedo, resbaladizo; Glande, Vergara y los mellizos se ocultaban tras el Monte de Venus vigilando y solicitaron ayuda a “lengual”; esta realizo su trabajo; las columnas empezaban a abrirse un poco. El fragor de la lucha hacía que sostenerse fuera muy difícil, aunque ya Glande intentaba, cual ariete penetrar la gruta, sudando también, lo cual dificultaba sostener la posición.

    El trabajo del Amo el deseo con aquellas montañas y de la Hechicera con el soldado Clítoron estaba dando frutos: las columnas se abrían cada vez más, dejando entrever la gruta. Glande pidió al Amo que con sus manos se aferrara a las caderas Reichel al este y al oeste para tener un mejor sostén y empuje: una vez que el Amo del placer lo logro, Glande penetro en esa cueva húmeda, se extasió con el olor y con el sabor, Vergara empujaba por lo que fue llevado muy adentro de la gruta, la encontró cálida, húmeda y confortable, hubiese querido quedarse para siempre allí, pero fue llamado a rendir informe, salió un momento, pero volvió a entrar. La sensación era tremenda, siguió entrando y saliendo, Vergara como una máquina, entraba y salía con él, Los mellizos en medio de ese caos de entrar y salir dejaron derramar sus suministros, pero no importaba: la gruta había sido penetrada y la Fortaleza se rendía ante el Amo del Deseo.

    Dice la historia que se oyeron gritos durante todo el día y parte de la noche, lo que no cuenta es si eran de triunfo o dolor, este humilde escritor piensa que debió ser una mezcla de ambos.

    Una vez conquistada la misión solo quedaba, con precaución, hacerla a diario.

    Espero que os haya gustado y recordaros que las valoraciones y comentarios son gratis.

  • Una tarde de domingo

    Una tarde de domingo

    Miraba al teléfono pensando en si llamaba a Jenny. Nunca la he invitado a salir, de hecho, me había dado su teléfono hacia una semana. Me decido a llamarla y para mi sorpresa me comenta que pensaba que nunca la llamaría. Bromee diciendo que no quería violar la ley de no llamar rápido para no parecer desesperado. Se rio y me pregunta a que se debe el honor de mi llamada. Le digo que el día estaba lindo para pasear a lo que ella coincide. La invite a un viaje por el centro de la isla cosa que ella vio con mucho agrado.

    La recojo en su apartamento y quede perplejo al verla. Su voluptuoso cuerpo solamente estaba cubierto con unos diminutos pantalones cortos y una blusa que invitada a quitarla. Ya sabía que mi atención no estaría en la carretera sino en esos bellos muslos. Pasamos por el primer negocio y le invito a tomar algo. Me dice que quería whiskey para sus nervios, yo tome uno para los míos. Me dijo en tono de broma que no la dejara beber mucho pues no respondería de sus actos. Le dije que no habría problemas con eso. Luego del tercer whiskey decido continuar la marcha. Me dice que conoce un paisaje hermoso que me quería enseñar que y que tomáramos una ruta alterna a la carretera principal.

    Tome el camino y ciertamente se podía ver una hermosa vista al mar desde la montaña. También pude notar que era un área bastante solitaria. Me detuve en el tope de un cerro a admirar el paisaje sin imaginar que lo más bello estaba por revelarse ante mí. Hablamos un rato, pero creo que el alcohol había hecho su parte pues sin dudarlo y sin miedo a alguna reacción negativa, la bese. Le di de esos besos que roban aliento y dejan un pequeño dolor en los labios. De esos que no se ensayan y solo el deseo puede crear. Sentí su aliento caliente y un disimulado gemido en mi boca. Sabía que sería mía en aquel momento.

    Nos continuamos besando cada vez más apasionados. No dude en apretar su cintura contra mí, aun cuando la consola de mi auto nos separaba. Desde el ángulo que tenía pude hacer su cuello mío. Le bese también su nuca mientras ella comenzaba a explorar mi hombría. Ella fue directa al grano, la detuve. Tengo la política de satisfacer primero antes de recibir cualquier muestra de “afecto”. Ella lo tomo bien y siguió haciéndose la victima de mi boca en su cuello. Esta vez mis manos acariciaron su pecho aun cubierto con su blusa blanca. Ella anticipo mi próxima movida y se desabotono la blusa dejando al descubierto su hermoso pero sencillo sostén de encajes. Iba a quitárselo y le dije que se lo quitaría yo. Como todo buen producto la experiencia empieza cuando abres el paquete.

    Su pecho era firme, de tamaño moderado y exquisito. Comencé a acariciar suavemente sus pezones con la palma de mi mano. Creo que oprimí el botón correcto pues fue cuando pude apreciar sus gemidos sin ninguna represión. No pude aguantar y los tuve que probar. Le dije que quería disfrutarla completa, pero se me hacía difícil en el auto, ella me sugirió que saliéramos del auto pues no le importaba ser vista. Accedí sin pensar en consecuencia alguna. Ya fuera la subí sobre el bonete del auto y quite su diminuto pantalón. Ella complementaba su sostén con un hermoso panty tanga, solo Dios sabe cuánto que me gustan. Le dije que me lo modelara así que me enseño desde donde estaba. Como era de esperarse no duro mucho más tiempo puesto.

    Bese sus muslos casi con veneración. Una vez llegue a su entrepierna, pase mis manos por debajo de su cuerpo y agarre sus hermosas nalgas. No pude esperar más e introduje mi lengua en ella mientras se torcía de placer. Admiraba como torcía su torso a la vez que agarraba mi cabello. Así seguí, apretando sus nalgas y disfrutándomela hasta que me informo a gritos que estaba a punto de su clímax. El grito de un violento clímax retumbo por cada una de las lomas que nos rodeaban dejando el eco más placentero que jamás había escuchado. Se desmorono encima de mi temblando de placer, dejándome saber lo bien que me había portado.

    Me miro con cara de malas intenciones y sin pronunciar palabra se bajó del bonete y me empujo contra el auto. Agresivamente quito mi correa, y no dudo en bajar mi pantalón revelando mi dureza. Como toda una maestra en las artes del sexo se arrodillo y comenzó a jugar con mi miembro. Primero con la mano mientras me veía con sus ojos de deseo. Una vez vio que cerré mis ojos, puso su boca sobre mi humanidad. Primero lo beso, paso su lengua hasta que comenzó uno de los sexos orales más memorables de la historia. Con cadencia casi perfecta me saboreo como si no hubiera otro día. La disfrutaba mientras perdía noción de donde estábamos. No pude aguantar, la levante y volví a subir al auto. Abrí sus piernas coloque protección y la penetre. Con ritmo nuestros cuerpos se hicieron uno. Nos movíamos con tal fuerza que el auto casi bailaba. Me pidió cambiar así que la volteé y comencé nuevamente esta vez yo desde su parte trasera. Agarre su pelo como timón. Eso le encanto. El ritmo siguió con intensidad hasta que comencé a escuchar que sus gemidos aumentaban intensidad. Mi ritmo aumento al mismo simultáneamente. Cada vez más rápido hasta que ambos explotamos de placer.

    Nos miramos y reímos. Miramos nuestro paisaje y pudimos percatarnos que teníamos fanáticos a lo lejos. Corrimos rápido para escondernos a lo que nos veían. Era otra pareja que al parecer buscaba emular nuestra aventura. Una vez en el auto continuamos nuestra travesía. Al volver a la carretera principal la miré, reí. Ella me daba la impresión de que no sería una aventura más. Lo nuestro había comenzado con pie derecho. La espontaneidad de nuestro primer encuentro me dejaba el buen sabor de que había encontrado la aventurera que tanto había esperado.

  • Anónimas en la anónima

    Anónimas en la anónima

    Hola a todos, hace tiempo no subía un relato debido a no tener muchas nuevas experiencias. A continuación les relataré la última experiencia que tuve la suerte de disfrutar (después del dolor) en un baño público de un supermercado en mí ciudad.

    Era un sábado a la tarde, estaba dando vueltas por el centro de mí ciudad (puerto Madryn) recorriendo y viendo vidrieras por una calle que hacen peatonal a veces, me siento fuera de un café a tomar una cerveza ya que tenía calor. Estuve mirando el celular y viendo a la gente pasar, en un momento veo venir dos travestis muy femeninas muy lindas pero una de ellas resaltaba por su andar y su físico imponente, excelentes tetas y un culo para el infarto, la otra un poco menos femenina pero de físico muy lindo también y manos grandes.

    Pensé que eran nuevas en la ciudad ya que no las había visto en las páginas de escorts o al menos no publicaban.

    Me quedé casi hipnotizado viéndolas acercarse y al pasar por mí lado no pude hacer otra cosa que exclamar lo lindas que eran, obviamente me escucharon y solo se sonrieron.

    Seguí tomando me cerveza y comiendo unos maníes hasta que después de unos 15 minutos aproximadamente veo que en la mesa más cercana se sentaron estás 2 diosas trans, cada tanto intercambiábamos miradas y yo por la situación ya me estaba excitando. Me pedí una segunda birra y entre el celular (visitando páginas de escorts) y las vecinas de la mesa me estaba calentando más.

    Lamentablemente el momento se terminó porque, disculpen lo que voy a decir pero es necesario para entender lo que siguió después, termine mí cerveza y me habían dado ganas de ir al baño para lo segundo jeje! El maní me cae digamos mal a veces. Me retiro y voy camino al supermercado La Anónima a unas cuadras de donde me encontraba para usar el baño, decido como hago siempre usar el de discapacitados para más privacidad.

    Termino de hacer lo que había ido a hacer y cuando me estoy higienizando, siempre salgo con toallitas húmedas en mí mochila por las dudas, están por abrir la puerta, estos baños no tienen traba por dentro y al ser grandes no llegaba a la puerta desde donde estaba yo. Al abrirse la puerta veo que eran estás 2 trans que entran y yo quedó congelado por la sorpresa. Ellas se sonríen y me dicen te seguimos para ver qué tanto haces además de mirarnos.

    Yo sentado en el inodoro no supe que responder pero creo que mis ojos brillaban al tener esos monumentos frente a mí, sin decir palabras se acercó una agachándose me dio un profundo beso de lengua onda novios lo que me produjo una erección automática, la otra al verme se arrodilló y metió su cabeza en mí entrepierna para darme un profundo pete. La que me besaba se para y al ver la situación que parecía que la excitaba se baja la calza que en ningún momento dejaba que se le notará ningún tipo de bulto cosa que siempre me sorprendió como le hacían, se corre la tanga y sale una pija normal dormida y toda doblada me muerdo los labios y me la acerca a la boca para metérmela y chupársela como si fuera una mamadera, siempre me dijeron que la chupaba bien y así debe ser porque se le puso como piedra en solo 3 movimientos de mí boca y lengua, erecta era lo que a mí me parece normal médium, 18 cm aproximadamente y gruesa digamos 2 dedos y medio.

    Así estaba, sentado recibiendo un pete de una y yo chupándola a la otra, me hacen cambiar de posición, la que me chupaba se baja el pantalón y la tanga hasta los tobillos y se sienta dónde yo estaba la otra me hace arrodillar delante para que se la chupara y ella se coloca detrás para penetrarme. La que antes me chupaba y me tocaba devolverle el favor tenía una señora pija 2 manos de larga y quedaba la cabeza afuera y poco más de 3 dedos de gruesa era de las que me gustaban.

    La que estaba detrás me penetra sin problema ya que tengo buena dilatación y no me hace falta previa ni nada, comienza a taladrarme con fuerza abriéndome los cantos para que no se escuche el conocido «aplauso».

  • Fui por una recalificación y obtuve el mejor polvo a cambio

    Fui por una recalificación y obtuve el mejor polvo a cambio

    Entregaron nuestros exámenes de Economía, me levanté para recogerlo y vi mi calificación, revisé y me di cuenta que el profesor no sumó puntos de una pregunta. Estaba camino a su oficina, cuando me crucé con uno de mis compañeros, no teníamos nada serio, pero de vez en cuando nos reuníamos para jugar un poco, pero sin llegar a tener sexo.

    -¿A dónde vas? -me preguntó Mateo.

    -A pedirle recalificación de mi nota al profesor.

    -Te acompaño.

    Caminamos por el pasillo, al llegar a su oficina, la encontré vacía. Me acerqué a su escritorio y en su horario marcaba que tenía otra clase en ese momento.

    Aún faltaba 20 minutos hasta que volviese. Estaba por irme cuando se me ocurrió algo. Dado que su oficina quedaba en un edificio que seguía en construcción y quedaba lejos del resto del plantel, supe que nadie escucharía aunque gritara.

    Llamé a Mateo, le dije que pasaría al baño del profesor y que me tuviera el examen. Entré, solo esperé sin hacer nada, cuando abrí la puerta para salir, supe lo que se venía.

    Mateo estaba parado justo en ella, no me dejó emitir palabra, me empujó junto con él de regreso al baño.

    -¿Pero qué haces? -le dije fingiendo sentir indignación.

    -Pues bueno, podríamos besarnos un rato.

    -Alguien podría venir, estás loco…

    Antes de terminar de hablar, me tomó por la muñecas, las colocó sobre la pared, y apretó mi cuerpo con el suyo.

    -Nadie se imaginaria nunca que estamos aquí. -dijo con un tono que provocó que mi vulva empezará a humedecerse.

    Comenzó a besar mi cuello, yo gemía por lo bajo, bajo hasta mi busto, arrancó la camisa que llevaba puesta y dado que no uso bracier, se topó directo con mis senos, grandes, y mucho más con tanta excitación.

    -No los recordaba tan perfectos.

    -Bueno, tal vez si juegas con ellos se te venga mejor a la memoria.

    Los tomó, aplastó, pellizcó y me hizo gemir aún más duro.

    Sin esperarlo, me subió a la encimera del lavabo, levantó mi falda, y sus dedos se dirigieron a mis bragas, muy mojadas, me miró a los ojos para ver mi reacción cuando sus dedos entraron con nada de esfuerzo en mi orificio listo para él.

    -Ahhh, por favor no pares, caben dos más fácilmente.

    -Siempre quise que rogaras por placer.

    -Estoy rogando, ¿qué esperas? -digo con la voz llena de lujuria.

    -Ruega más, puta.

    Me sorprendió por un segundo la palabra que utilizó, pero duró poco y paso a excitarme más. Wow, me encantaba que me tratarán así.

    -Quiero tenerte dentro, papi, y que te corras en mi vagina y me la llenes.

    -Tus deseos son órdenes.

    Se bajó su pantalón, el bóxer exponía toda su erección, tomó mi mano, me la puso en su pene y comenzó a moverla, me sentí tímida y la retiré, pero él la volvió a coger y ponerla nuevamente. Empecé a mover, la tenía como de 21 cm, gruesa y deliciosa, hasta sentí cierto líquido preseminal.

    Me arrodillé y liberé esa monstruosidad.

    Me había equivocado, era mucho más grande, se me hacía agua la boca, así que sin esperar más me la metí completa, soy garganta profunda, y aun así fue difícil. Tomo mi cabello, que me llegaba a la cadera, y presionó mi cabeza hasta hacerme ahogar, no podía respirar, pero sus gemidos me calentaban demasiado.

    Cuando me soltó, me jaló del cabello para levantarme, quitó mis bragas y resto de prendas hasta dejarme desnuda, volvió a subirme a la encimera, colocó su glande en la entrada de mi vagina y presionó con un movimiento brusco. Grité de placer, quería quedarme por siempre en esa posición. Lo hacía tan fuerte que mis gemidos salían sin parar. Me decía de todo:

    -Así te gusta, porque eres una puta chupa verga.

    -Este coñito lo voy a llenar de semen, cómo quieres.

    Yo solo le pedía que no pare.

    Me tomó de los muslos, me cargó y comenzó a levantarme y bajarme para que insertara todo su pene.

    De repente, caí en cuenta de dónde estábamos, escuché pasos aproximarse. Él también los escuchó, y contra todo pronóstico, dijo:

    -No me voy hasta que no me corra.

    Wow, me calentó mucho más. Lo empujé contra el inodoro, lo senté, me subí sobre él y cabalgué sobre su verga.

    -Por dios, eres una puta caliente. Lo haces increíble. Sigue, zorra.

    Yo subía y bajaba, me metía su verga completa. Él explotó dentro de mí y causó un orgasmo monumental para mí también. Se levantó, limpió su pene y comenzó a vestirse. Yo hice lo mismo, antes de salir, se apagó a mi culo por atrás, frotó su pene y exclamó:

    -Qué buen polvo eres, aún hay muchas oficinas por utilizar. -me dio una fuerte nalgada y se fue.

    Espero hacerlo más seguido.

  • El hermano gemelo de mi padre (VIII)

    El hermano gemelo de mi padre (VIII)

    Anteriormente:

    Descubro que mi tío hace fiestas en su casa quinta con Lorena y sus amigas, y mis enemigas.

    Mi padre participa de esas fiestas, pues es el contacto con Lorena, a quien cogió y produjo la separación de mis padres.

    Viendo historias de redes sociales me doy con que haría una nueva fiesta, a la cual decido ir mezclándome entre las chicas.

    En el lugar nos reciben dos hombres, uno maduro como mi tío y otro más mayor.

    Allí me meto a la pileta con mi ropa interior blanca, ya que no había traído bikini.

    Tanto el hombre y el hombre mayor se disputan estar conmigo, dejando de lado el resto de las 12 chicas que están vestidas y con actitud de putas.

    Mi salida de la pileta con mi bombacha de algodón blanco mojado que trasluce todo genera la mirada y aplauso de los dos hombres de la pileta.

    Mi tío y mi padre no aparecen, mientras el efecto del alcohol me hace sentir mareada. El hombre más joven me da una pastilla y agua para que me haga sentir mejor.

    No lo logra, me hace sentir más mareada y con mis reflejos fallando.

    Cuando este hombre se ofrece a llevarme a mi casa, baja desde los cuartos mi tío, mi padre y Lorena.

    Un comentario de uno de los hombres sugiere que estuvieron haciendo un trío.

    El asco me revuelve el estómago, mi padre estaba metido en eso.

    Ni mi padre ni mi tío ni Lorena me ven por el enjambre de chicas que van presurosas a saludar a los anfitriones de la fiesta.

    Ya dentro de la casa, el hombre más joven me dice que lo espere que se viste para llevarme.

    Mientras llega el hombre mayor y me sorprende pidiéndome que me vaya con él en lugar del otro.

    La descripción de cómo me avanza y me besa y me toca y lo toco está en el relato anterior.

    Término apretada contra la pared, con una mano suya tocando mi culo y un dedo acariciando mi ano, su otra mano sosteniendo el cuello. Su lengua metida hasta el fondo de mi boca ahorcando mi lengua.

    Yo con una mano en su pecho y la otra sobre su maya rodeando una pija madura gorda, grande y caliente.

    En eso interrumpe el otro hombre que ya está cambiado para llevarme.

    Ambos me disputan y yo decido aprovechar la situación para zafarme del hombre mayor.

    Les digo que voy a ir a cambiarme, ellos me preguntan con quien me iría y les contesto sin mirarlos

    «con el mejor postor»

    Esto generó risas entre ellos, pero me sirvió para ganar tiempo.

    Subía las escaleras sin mirarlos, sentía su mirada en mi pequeño culito adolescente. Sentía que miraban cuanto se me transparentaba la bombachita blanca de algodón. Sabía que miraban lo corrida que estaba por la manipulación del hombre mayor.

    Y hasta intentaban mirar por debajo cuando se acoplaban a la forma de mi vagina virginal.

    Subo hasta el cuarto de mi tío, ya están habilitados los cuartos de servicio al parecer. Mi padre estaría usando uno.

    En mi escapada por librarme de esos dos hombres no tome en cuenta que mi ropa quedó abajo.

    No sabía qué hacer, cuánto tiempo esperar. Confiaba en que la calentura de los hombres y la promiscuidad de las otras chicas hicieran contacto y se satisfagan ambos llegando a olvidarse de mi.

    Sigo sintiéndome muy mareada, me cuesta enfocar la vista. Las piernas me tiemblan un poco.

    Voy a buscar ropa de la ex novia de mi tío, pero no hay casi nada. Es evidente que la puta de Lorena ya se hizo con todo.

    Lo único que encuentro son disfraces, evidentemente la tenían como mascota para sus deseos.

    Tenían uno de colegiala. Decidí ponerme ese.

    Una falda escocesa cortita, una camisa al cuerpo que se transparentaba y se ata por debajo de las tetas.

    Me hice unas colitas, una de cada lado

    Y al encontrar un antifaz me lo puse para poder bajar y esquivar a los hombres.

    Revisé los cajones de mi tío hasta encontrar algo de dinero para poder salir de la casa e irme en un taxi a casa.

    Cuando bajo por las escaleras, ya no estaban ninguno de los hombres.

    Bajo con miedo, mirando para todos lados.

    Me cuesta bajar bien, sigo mareada, me sostengo de la pared. Y cuando estoy llegando al final, veo que entra mi tío.

    Está todo mojado por la pileta, atrás de él entra Lorena también mojada a las carcajadas, con una copa de champagne en la mano.

    La muy puta no le importaba estar con cualquiera.

    Al verme mi tío me dice

    «ah vos debes ser la que hablaban [los hombres], de donde saliste?, la trajiste vos Lore?»

    Yo me quede helada, muda, no sabía qué decir o hacer.

    Lorena le responde que tal vez es amiga de alguna de las que está en la pileta. Que ella no me conoce. El antifaz y mi vestimenta disimulan quién soy.

    En el fondo se ve a los hombres sentados en reposeras con chicas al lado hablándoles. Evidentemente la calentura fue mas fuerte y pasaron a otra caza.

    Mi tío me pregunta si estoy bien, me ve mareada. Me dice que si quiero puedo recostarme en uno de los cuartos hasta sentirme mejor.

    Lorena hace un gesto de capricho, no le gusta.

    Mi tío le dice

    «anda a buscar las botellas para las chicas y para los muchachos. Yo la acompaño al cuarto a ella.»

    Me toma de la cintura y me lleva escalón por escalón.

    Pero esta vez no me lleva a su cuarto, sino a uno de los de huéspedes. Es obvio que no sabe quién soy.

    Una vez dentro me dice que me acueste, que no me preocupe, si me siento mal que avise.

    «te queda muy lindo esa ropita, cuantos años tenés?» me dice mi tío cuando parecía que se retiraba.

    Le contesto que tengo 21 (cuando en realidad tengo 18, para no asustarlo). Me contesta que parezco más chica.

    Me dice que deje muy caliente a sus amigos y que lo volvieron loco preguntando por mi para que le diera información.

    Dice que me describieron como una chica que se hacía la tímida y recatada pero que sabía cómo calentar.

    Me pide que me saque el antifaz, le digo que no, que soy tímida, eso parece calentarlo porque enseguida se le forma un bulto enorme en su maya.

    «te dejo descansar, pero antes un beso de las buenas noches» dice mi tío como un viejo verde.

    Me pide que me acerque y obedezco, voy paso a paso tratando de no perder el equilibrio.

    Cuando llego a él, pongo una mano en su musculoso brazo y la otra mano se apoya en sus marcados abdominales.

    Mi tío con una mano me acaricia el rostro, pasando su pulgar sobre mis labios rojos. Su otra mano va a mi cadera acompañando mi cuerpo a que se acerque al de él.

    Todos los recuerdos con mi tío vienen a mi mente, las veces que le chupe la pija, las veces que me metió los dedos, cuando me comió la conchita y hasta ese momento final cuando se arrepintió de metérmela y solo pude disfrutar de su glande dentro de mis labios vaginales.

    Su dedo pulgar hace presión en mi boca y se introduce entre mis dientes. Mi lengua le da la bienvenida mientras intento enfocar mi mirada a la suya.

    Mi mano se pasea por sus bíceps hasta su hombro para sostenerme mejor. Mi otra mano juega con sus abdominales y se sostiene finalmente con el borde de la maya, metiéndose las falanges al interior de ella.

    No lo hago a propósito, sino que intento sostenerme de algún lado.

    Cierro los ojos porque se me cierran solos, no porque quiera mostrar que disfruto el momento, pero esa es la sensación que le da a mi Tío, hermano gemelo de mi padre.

    Con tres dedos metidos dentro de su maya siento lo inevitable, el crecimiento exponencial de su miembro caliente y duro que toda la punta de mis dedos.

    Con su mano inclina mi cuello siempre con su dedo pulgar en mi boca, mi tío pone sus labios en mi cuello, comienza a besarme con delicadeza y ternura.

    Esto me pone como loca, la piel se me eriza, mis pezones se ponen duros.

    Su otra mano comienza a bajar por mi falda escocesa, tratando de llegar a mis piernas adolescentes, cuando lo logra sube lentamente desde atrás, hasta tener contacto con mis nalgas.

    Sigue en su exploración y se topa con mi bombacha de algodón mojada.

    Eso parece excitarlo más porque siente que su miembro crece aún más, permitiendo que mis dedos jueguen con la cabeza de su glande que ya está emanando el líquido preseminal.

    «llévame a la cama» le susurro aun con su dedo en mi boca

    Mi tío obedece y me acompaña hasta esa cama.

    Allí estando yo boca arriba me desabrocha la camisa y puede ver mi corpiño adolescente.

    Mete su mano por detrás y lo desabrocha, me lo saca con delicadeza, deja frente a él esos pechos pequeños, de pezones rosados, unos pechos que no tienen cama solar, ni topless como las putas.

    Se abalanza sobre ellos, los chupa con delicadeza pero en forma constante.

    Mientras acaricio su cabeza y su espalda.

    Se reincorpora, y va por mis partes bajas, me sube la falda sin sacármela, descubre mi bombacha blanca de algodón mojada. Lanza un suspiro sonoro.

    Lo baja poco a poco, lo va deslizando por mis piernas disfrutando el momento.

    «Este va a ser mi regalo» dice y guarda mi bombacha en un cajón.

    Luego pasa a besarme los pies, los chupa, dedo por dedo, me hace sentir cosas en mi vagina.

    Sigue por mis tobillos, mis pantorrillas, disfruta cada parte de mis piernas.

    Prosigue por mis muslos, allí se queda mucho tiempo, hasta que llega a proximidad de mi vagina.

    En ese lugar juega con besos, lamidas y mordiditas.

    Me vuelve loca. Su lengua se introduce en el interior y me hace gritar, no me importa nada, quiero desahogarme. No me importa que esté mi papá en la misma casa, si me escucha que se entere, que mi tío me está haciendo gozar.

    Que le explote en la cara su perversión y haber roto la familia por pajero y calentón.

    «metemela» le ruego a los gritos.

    Mi tío inmediatamente se saca la maya y me pone la pija en la boca.

    Yo quería que me cogiera, pero evidentemente antes él quería que se la mamara.

    Lo hago lo mejor que puedo, hasta donde me da arcadas, mi lengua hace de todo para que disfrute, no me importa el fuerte olor a bolas que tiene.

    Me excita.

    Y por eso voy a comérselas, meto cada bola enorme en mi boca, siento ese olor de macho penetrante y quiero sentir más. Hasta me siento rugir como una leona tratando de mostrar lo ruda que soy cuando quiero una pija.

    Mi saliva está en todo su miembro, chorrea en sus bolas, y vuelvo a chupársela mirándolo a los ojos, sin quitarme el antifaz.

    Tras varios minutos saca su pija de mi boca ante mi rezongo y va hacia abajo.

    Abro mis piernas y ubica su miembro en la entrada de mi mojada vagina.

    Comienza a jugar, haciéndome desear. Me cuelgo de su cuello y lo beso y le paso la lengua hasta la oreja y por dentro para que no me haga sufrir mas y me la meta.

    Lo hace, entra su cabeza, me hace gritar, siente la resistencia de mi tela virginal.

    Abre los ojos como platos, pero esta vez no lo dejaría irse.

    Yo misma lo aprisiono con mis piernas y hago fuerza hasta que lo rompe.

    «no se asuste profe, no sea puto» le susurro al oído mientras le muerdo el cuello.

    Él se queda inmóvil, yo sigo subiendo y bajando mi pelvis, lo hago una y otra vez, él intenta mirar hacia su miembro pero tomo su cara y meto mi lengua dentro de su boca.

    Lo beso con pasión y poco a poco se olvida de que acaba de sacarme la virginidad.

    Entra y sale con delicadeza, está asustado aun, pero no para, sigue metiéndomela. Yo lo toco por todos lados para evitar que se arrepienta.

    «me encanta tu pija madura profe» le digo para seguir calentándolo con mi pollera de colegiala que está en mi cintura.

    Entonces me levanta como una pluma, y me pone contra el respaldo de la cama. Allí me empieza a embestir con una fuerza bestial, no podría sacármelo de encima si quisiera.

    Está poseso, ambos estamos transpirados, siento su sudor mezclado con el mío.

    Se escucha como retumba el respaldo con la pared.

    El olor a sexo en la habitación es terrible, inevitable ante tanto deseo y pasión.

    Veo en un espejo sus maduras nalgas bambolearse en cada embestida, me calienta más.

    Me da vuelta de repente y me pone en cuatro, me deja mirando el espejo mientras me la pone desde atrás. Veo si figura madura en el espejo, su cuerpo grande, musculoso, dominado por una adolescente que pesa 40 kg menos que él.

    Se escucha el aplauso de mis pequeñas nalgas blancas contra su abdomen y sus bolas.

    Me la mete de tal manera que parece que quiere partirme en dos.

    Me arde todo pero estoy disfrutándolo.

    Se sienta y me pide que lo cabalgue.

    Eso hago, me pongo con una pierna a cada lado y lo cabalgo suavemente, quiero sentir como disfruta, no quiero parar.

    Mientras él chupaba mis tetitas yo lo cabalgaba, sus manos medían mi cintura, casi podía tocar sus dedos entre sus manos de lo pequeña que era.

    En esa posición siento el chorro de leche caliente que explota dentro de mí.

    Son varios golpes de chorros de leche, evidentemente estaba caliente mi tío.

    Sigo cabalgando bajando de ritmo pero aun sintiendo como la leche lubrica más todo.

    Mi tío está exhausto, pero yo sigo cabalgando, cada vez a menos ritmo.

    Hasta que me detengo totalmente. Nos deslizamos en la cama y quedo encima de él, con su enorme pija dentro mío perdiendo fuerza.

    Yo no había acabado, pero en un movimiento de acomodo de mi tío tocándome la entrada de mi ano con su dedo índice, hace que explote.

    Ahora hay más líquido cayendo dentro de mí bajando por su miembro.

    Mi tío se da cuenta de cómo arqueo mi espalda y pego un grito de desahogo.

    Vuelvo a subir y caer en su pija ya con menos vigor y termino apoyada en su pecho buscando aire.

    Cada tanto sigo moviendo mi pelvis buscando algo de placer pero no tengo más fuerzas.

    Me quedo dormida con la pija de mi tío dentro de mí y la leche de él y mis flujos mezclados cayendo.

    Continuará.

  • Jamás sentí tanto placer como cuando te sentí dentro de mi

    Jamás sentí tanto placer como cuando te sentí dentro de mi

    Si hay una cosa que me encanta en verano es sentarme a la sombra de un bien árbol leyendo un libro, si hay un árbol que me gusta en particular es el viejo roble que está en un pueblo de Jaén, donde viven mis tíos, un roble centenario en lo alto de una colina desde donde se divisa todo el pueblo por un lado y por los otros un mar inmenso de olivos, un sitio ideal para relajarse y disfrutar de la soledad.

    Van cayendo las hojas del libro, son las siete de la tarde y todavía el calor aprieta, pero allí a la sombra del roble corre una pequeña brisa que se agradece, siento el viento sobre mi pelo, sobre mi piel, me tumbo sobre la hierba seca notándola en mis piernas, un pantalón vaquero muy corto y una camiseta dejando ver mi tripa son las únicas prendas que me separan del suelo, el libro cae abierto sobre mi pecho y cierro los ojos, descansando un poco de la lectura cuando…

    Al abrirlos de nuevo me siento diferente, el sonido, el olor es diferente y me levanto extrañada, observo perpleja el paisaje que tengo ante mí, un paisaje totalmente diferente y sin embargo sigo en la colina del roble, el pueblo y el mar de olivos han desaparecido, lo sustituye un mar infinito de aguas turquesas y cristalinas plagado de barcos de vela, al otro lado un manto de flores cubren los campos que terminan en una línea de árboles que poco a poco van conformando un bosque espeso de robles y hayas, sobre mi cabeza un cielo azul bañado por dos soles y bajo mis pies un camino de flores rojas que desciende hasta una playa de arenas blancas, una pequeña brisa lanza sobre mí el aroma fresco y suave de las flores, el viento mueve mi pelo ondeándolo al aire al igual que un vestido blanco de gasa que cubre mi cuerpo hasta los pies, sin pensar mis pies descalzos que se deslizan pendiente abajo, hacia la playa de arenas blancas.

    A mi alrededor las flores muestran un crisol de colores y en la playa un cenador con unas cortinas blancas transparentes que dejan ver un enorme colchón que prácticamente ocupa todo el espacio, en la entrada un hombre de unos 30 años, un hombre de piel morena, alto, pelo negro muy corto, ojos verdes y un cuerpo esculpido por los mismísimos dioses, un hombre que parece mirarme, que parece sonreírme con una sonrisa blanca al pie del cenador, vestido con un pantalón de lino blanco y una camisa del mismo color sin abrochar dejando su torso desnudo, un hombre que se dirige a mí.

    – Bienvenida Lara, te estaba esperando.

    Y cogiéndome suavemente mi mano con la suya, apartando las cortinas con la otra me habré paso al interior del cenador, dentro dos mesas con velas encendidas y un colchón cubierto con enormes cojines, el sonido de las olas del mar y el viento batiendo suavemente las cortinas hacen del momento algo especial, él detrás de mí acercándose lentamente va acariciando mis brazos, recorriéndolos desde las manos hasta los hombros con las yemas de sus dedos, sus labios sobre mi cuello besándome con dulzura y delicadeza haciendo que mi cuerpo vibre y se estremezca.

    Sus manos van rozando con suavidad mis pechos, mi cuerpo reacciona pidiendo más y mis pezones no resisten y se endurecen a su paso, me da la vuelta despacio y sus labios se funden con los míos, la boca entreabierta permite que mi lengua escape y se junte con la suya jugando la una con la otra, me dejo llevar por él, algo tiene que me atrae, algo tiene que mi cuerpo y mi mente sienten la necesidad de ser poseídas por él, le miro fijamente a esos ojos verdes seductores, miro los labios carnosos que me llaman a besarle, siento sus dedos deslizándose por mis hombros, arrastrando a su paso los tirantes de mi vestido que cae suavemente a mis pies, solo el vestido de gasa me tapaba y al caer, mi cuerpo desnudo se descubre ante él esperando el momento en que sus manos hagan posesión y reclamen mi piel acariciándome.

    Siento sus manos sobre mis pechos otra vez, su boca sobre mis pezones arrancándome pequeños gemidos, sus dedos se deslizan por mi cuerpo hasta mis caderas para abrazarme y que nuestros cuerpos se unan en uno solo, al separarse de mí siento un vació, un vació que se llena cuando le veo desabrocharse el botón de su pantalón, cayendo también al suelo y al igual que yo se queda desnudo delante de mí, dos cuerpos frente a frente, uno moreno y el otro blanco como la leche que se van uniendo despacio, apartando el aire que existe entre ellos hasta sentir como mis pechos se unen a su cuerpo, notando en mi sexo su pene con una fuerte erección, su pene se aplasta contra mi cuerpo y mis manos instintivamente lo acarician sintiendo la suavidad y la dureza que tiene.

    Nuestras manos se juntan haciendo dibujos en el aire mientras nos besamos y nuestros dedos se entrelazan, nuestras manos unidas bajan hasta mis caderas donde se separan y cogiéndome por mis nalgas me eleva con cuidado, rodeándole con mis piernas su cuerpo avanza hasta el colchón subiéndome encima de él, dejándome caer suavemente y tumbándome, su cuerpo sobre el mío, sus labios empiezan a besarme nuevamente, a recorrer mis pechos y mi tripa, poco a poco se va alejando de mí y acercándose a mi monte de venus acariciándolo con la legua, poco a poco se encamina hacia mi sexo y lamiéndome el clítoris arranca los gemidos de mi interior.

    Mis ojos cerrados y concentrada en sus caricias, su lengua saboreando mis labios humedecidos por mis flujos, sus besos sobre mi vagina penetrando con su lengua en mi interior, la yema de sus dedos acarician mi clítoris moviéndolos circularmente, apretándomelo con suavidad, su lengua entra y sale de mi interior recorriendo mis labios, mordiéndomelos con sus labios, tirando de ellos hacia él, míos manos agarrando su cabeza, sintiendo sus movimientos entre mis piernas y el placer me inunda, mis manos lo demuestran cuando agarro con fuerza los cocines de nuestro alrededor cada vez que siento mis muslos temblar con los movimientos de sus dedos y de su lengua dentro de mi vagina.

    Él está de rodillas frente a mí con mi cuerpo tumbado sobre mi espalda con una de mis piernas estirada y la otra doblada, se sienta a horcajadas sobre mi pierna estirada y con la otra por debajo de mi muslo amarrándome de la pierna, siento su pene sobre mi tripa, sobre mi monte de venus acolchado por mi vello, siento su excitación, su respiración acompañando en un mismo compás a la mía y sin parar de mirarnos siento como su pene recorre mis labios hasta encontrar la abertura de mi vagina, su mirada me consume y la mía le dice que si, que si al deseo de que me penetre con su glande, que si a que su pene se meta en mi vagina, dos cuerpos uno moreno y el otro blanco van uniendo poco a poco por sus sexos, su pene negro se va deslizando dentro de mi vagina rosada, llenando mi interior, llegando hasta el fondo y saliendo de mí para volver a entrar.

    Nuestros gemidos son música de placer, su pene me va penetrando cada vez más rápido, su mano izquierda apoyada en mi pie derecho y su mano derecha sujeta mi otra pierna, con múltiples movimientos de cadera me dejo llevar por un placer que nace en mi interior y que va recorriendo mi cuerpo entero, desmontándome pieza a pieza, su pene va penetrando una y otra vez en mi vagina y siento como el agua del mar rodea el colchón, los barcos, el cenador, las velas, todo ha desaparecido, solos él y yo encima del colchón en medio de un mar en calma, el cielo testigo de nuestra unión, los soles calientan nuestros cuerpos y en mi interior fuego.

    Un orgasmo irrumpe dentro de mí, haciéndome explotar con gritos de libertad, gemidos apasionados sintiendo mis flujos apagar el incendio que su pene ha provocado lanzándose contra mí, metiéndose una y otra vez, él también explota en gemidos de placer y su semen me va llenando intentando apagar también mi fuego, navegando por un mar de flujos que van saliendo del interior de mi vagina, los dos hemos llegado a un orgasmo delicioso entre el suave balanceo del colchón sobre el mar.

    Nuestros sexos se separan y él se tumba junto a mí, su piel morena contrasta con la mía sus abdominales sudorosos atraen y llaman a mis labios, una fuerza extraña me hace que me incorpore y le bese, que dibuje sus músculos con mi lengua, que mi boca pruebe su glande con sabor a mí, con sabor a él, una mezcla entre su semen y mi flujo rodean su pene que poco a poco va creciendo nuevamente en mi interior, en el interior de mi boca con mi lengua recorriéndola de arriba abajo, envolviendo su glande rosado y su tronco moreno, noto nuevamente su dureza, sus venas hinchándose en mi boca, mis manos suben y bajan al unísono con mi boca que va salivándola y disfrutando de ella.

    Tengo más ganas de él, tengo la necesidad que me vuelva a penetrar, con el último movimiento de mi boca sobre su pene le miro a los ojos y él ya sabe lo que quiero, se incorpora para besarme cuando me siento a horcajadas sobre sus piernas extendidas hacia delante buscando con mi mano su pene y metiéndolo en mi vagina, la siento nuevamente dentro de mí, la noto entrar y salir de mi vagina cuando me muevo arriba y abajo, nuevamente los gemidos salen de mi garganta, nuevamente la electricidad atraviesa mi cuerpo, arqueándome hacia atrás sin tensionar mi espalda coloco mi cabeza entre sus piernas y estiro los brazos hacia atrás agarrándome a sus talones y me empiezo a mover mi cadera circularmente mientras él se empieza a mover hacia delante y hacia atrás dando paso a más gemidos a más gritos de placer.

    Siento su pene tan dentro de mí que noto cada centímetro de él, ganando cada vez más terreno en mi vagina, apretando mis manos contra sus talones mi cuerpo arqueado empiezan a sentir sus manos sobre mis pechos, acariciando mi tripa, su torso sobre el mío y sus labios van besándome y su boca devorando mis pechos, es en ese momento cuando con cada penetración siento el roce de mi clítoris con él, cada vez que mete su pene aprieta mi clítoris rozándose contra su cuerpo, su pene metiéndose y saliendo de mi vagina y su boca succionando mis pechos a la vez que siento sus manos en mi costado llevando un ritmo, moviéndome hacia delante y hacia atrás.

    El tiempo parece no pasar, minutos penetrando con su pene mi cuerpo y esas tres sensaciones tan profundas que me están volviendo loca, su pene nuevamente tan dentro de mí, permanentemente en mi interior, tan solo pocos centímetros saliendo de mi vagina para volver a entrar, el vaivén del colchón empapado sobre las olas del mar, me siento húmeda, el agua nos moja el cuerpo y dentro de nada nos cubrirá al igual que nuevamente en mi interior una ola de placer empieza a cubrir mi vagina, un orgasmo como nunca antes había sentido, tan increíble como indescriptible, nunca he sentido tanto, nunca mis gritos se han oído tan alto, nunca he sentido tanto la eyaculación de mi amante como hoy, una sensación tan agradable como placentera, sentir sus explosiones contra mis paredes, ver sus ojos verdes volverse blancos cuando eyacula dentro de mí soltando gritos de placer, mi cuerpo ya no responde, soy prisionera del placer, solo temblores, solo un ardor que nace en mi vientre y se desliza por todo mi cuerpo.

    Al incorporarnos los dos, mientras nos besamos y abrazamos, siento mi sexo empapado, mis muslos están sumergidos en agua y le rodeo con mis brazos para que no se me escape a pesar que nos hundimos sin remisión, le quiero, le quiero y no le conozco, miro a mi alrededor llena de felicidad y veo el inmenso mar, no hay playa, ni campo de flores, solo él con su pene dentro de mi vagina, flotando por ese mar que poco a poco se va difuminando, poco a poco mis brazos abrazan el aire cuando mi amante va desapareciendo y oigo una voz lejana que me llama por mi nombre.

    – Lara, Lara.

    Mis ojos se van abriendo y lo primero que veo son las ramas de viejo roble meciéndose sobre mi cabeza, al incorporarme no veo el inmenso mar, no veo el campo de flores ni el camino hacia la playa, tampoco le veo a él, allí de pie bajo el viejo roble solo contemplo el mar de olivos y el pueblo blanco de mis tíos y sobre el sendero que sube hacia mí, mis tíos que se acercan gritando mi nombre.

    Un sueño, todo ha sido un sueño, un sueño tan real que siento mis pantalones empapados, de mis muslos caen como una cascada gotas de flujo procedentes de mi vagina, un sueño tan real que siento dentro de mí todavía como su semen se une a mi flujo, no te conozco y ya te quiero, no te conozco y te busco en cada rincón, no te conozco y ya…

    Ya te echo de menos.

  • Un rapidín en la cocina

    Un rapidín en la cocina

    Aún recuerdo cuando me daba vergüenza ser descubierta en plena indecencia.

    Y aún recuerdo con bastante gracia, esa vez en la residencia donde vivía en ese entonces cuando estaba en la época de Universidad, él había llegado a visitarme unos días, para volver luego a sus estudios también, unos breves días para compartir, admito que él era mucho más pícaro que yo.

    Esa mediodía estábamos solos en la cocina, haciendo el almuerzo para luego ver que hacer, una cocina muy abierta y vistosa, me encontraba con una blusa suelta y unos short un tanto pequeños, no sé qué tiene la cocina para encender la lujuria, pero entre metedera de mano, allí estábamos entre besos, besos que pasaron de suaves a fogosos, su mano dentro de mi ropa y él con su miembro afuera, mi corazón latía a mil, pero tranquilizaba mi angustia y en algún momento escuché:

    —Ponte en 4 arriba del mesón, para lamértela toda.

    —¿QUE? —Mis ojos se abrieron— ¿Y si nos ven?

    —¿Eso importa? Anda

    Admito que estaba cachonda y asustada a la vez, algo inexplicable pero allí me coloqué en 4 arriba del mesón con el short a media pierna, con mi intimidad abierta, húmeda al aire con vista a la puerta, sentí su lengua jugando con mi clítoris, la adrenalina me frenaba y su lengua me alentaba a seguir así, veía como se masturbaba y sentía su lengua lamiendo cada parte de mí, mis gemidos en pequeña escala escapaban, sus manos aceleraba su movimiento, escuché voces de algunos de los chicos que habían llegado, la comida avisando de ya estar, y allí seguía en 4, casi de ser descubierta, pero quería mi orgasmo, más que uno, quería sentir hasta donde mi adrenalina llegaría, hasta que sentí mi cuerpo tenso y luego libre, mojando su rostro, me bajé y justo en mi boquita él explotó también dándome toda su cálida leche, solo dos pasos e hicimos que nada pasó, cuando llegaron los chicos con bastante ruido,

    —Que rico huele, llegamos a buena hora —dijo uno de ellos—, ¿estás bien?

    —Perfecta, —dije cuando la verdad el corazón aun quería salir de mi pecho, las piernas me temblaban, mi intimidad brotaba humedad, mi boca sabía a leche recién procesada y lo peor quería más.