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  • Teresa y la playa

    Teresa y la playa

    Me levanté temprano, tomé un café y me dirigí hasta Fajardo. Esto luego de que me mi jefe me convenciera de tomarme un fin de semana libre. Nunca saco tiempo para relajarme del stress del trabajo y reconocía que tenía que coger un descanso del ajetreo de trabajo. Como no sabía que hacer esos días se lo comenté a un compañero de trabajo y este rápido organizó un viaje de fin de semana a Culebras. Sería un fin de semana de relajación junto a un grupo de empleados del bufete donde trabajo.

    Cuando llegué al muelle me sorprendió ver que éramos dos hombres y tres mujeres, entre ellas Teresa, la chica de recursos humanos que casi sale conmigo una vez y no lo hizo pues se reconcilió con su novio justo el día de la cita. Teresa tiene la cualidad de dejarme sin respiración cada vez que la veo caminar.

    Una vez tomamos el bote fue lo mismo de siempre, pasar la hora de viaje mareado. No dije una sola palabra allí por miedo a empeorar. Teresa me sonrío como buscando conversación, pero yo apenas la pude mirar. Fue una experiencia vergonzosa, al menos me contuve. Llegamos al puerto y ella me hablo, solo para decirme lo gracioso que me veía mareado. Ese comentario hizo que me quisiera morir, pero le seguí la corriente y pase el bochorno de la manera que mejor se hacer, vacilándome yo mismo.

    Allí en el muelle tomamos un taxi que nos dejó en el complejo donde nos hospedaríamos ese fin de semana. La playa de fondo comenzaba a ayudar a la relajación que tanto necesitaba. Tuve que dar un recorrido por el área para admirar todo ese pedazo de paraíso y para mi sorpresa el complejo estaba casi vacío, a excepción de dos parejas de turistas americanos. Mi grupo llego para dar el único toque de bullicio a aquel entorno.

    Rápido después de registrarnos en el complejo, dejamos nuestros bultos en las villas y corrimos a la playa para aprovechar el día. Fui el primero en llegar a esta, el agua cristalina me segaba al reflejar el sol. Me perdí en el horizonte, hacía tiempo que no veía la hermosa playa de Flamencos. Cuando volví a la realidad me fijé que Teresa ya estaba dentro del agua. Entonces cambie mi vista a otro paisaje, el de ella, con su bello y esbelto cuerpo, su largo pelo negro y su color de india taina. Rápido decidí hacerle compañía pues ella me estuvo buscando toda la mañana y ya me había encontrado.

    Los otros se nos unieron por un rato y luego fueron a buscar de comer dejándonos solos hablando de música electrónica y de cómo se sintió ver a Trump salir del poder. Era la primera conversación no relacionada a trabajo que tenía con ella y no sé si era porque me gustaba ella, pero todas sus ideas coincidían a la perfección con las mías.

    Para mi sorpresa era la primera visita de ella a esa playa así que me ofrecí a llevarla a conocerla completa. Salimos del agua y caminamos por la orilla hasta llegar al tanque que se encuentra al final de la playa. Entre temas variados se le ocurrió comentar que estábamos tan solos que podría pasarnos algo y nadie se enteraría. Demás está decir que mi mente ya dañada por el deseo que venía acumulando hacía meses, se puso peor pensando en las cosas que podrían pasar sin que nos vieran. Vi que ella también estaba llevando la misma línea de pensamiento por lo que me comentaba, pero por respeto a su relación no me atreví a insinuar nada. Solo me limite a decir que si ese tanque hablara serian muchas las historias.

    Sorpresivamente ella me confeso que siempre había tenido la fantasía de tener relaciones en la playa. No es que eso fuera una de mis fantasías favoritas, pero no me molestaba la idea de hacerla mía en aquel mismo lugar. Ella quería lo mismo, ya que luego de varias insinuaciones e indirectas de ambas partes me agarro por la camisa y me beso. Cuando terminó me dijo que estaba sola, había terminado su relación cosa que alegro mi día y me sacó del pasme que había dejado el beso. Solo bastó esa información para que la tomara en mis brazos y la besara como nunca había besado a nadie.

    Tengo que reconocer que quería hacerle de todo allí, pero la luz nos delataría. Ella tenía otro pensar y me subió la camisa, beso mi pecho y me mordió el cuello. Bajo pasando su boca hasta llegar a más abajo del ombligo. Ya era obvia mi excitación. El bulto que se marcaba en mi traje de baño le daba la indicación de que estaba dispuesto a cooperar en esta travesura. Miramos hacia todos los lados y al ver que no había nadie ella procedió a quitarme el pantalón. Mi dureza fue rápido dominada por su agresiva boca. Ella se apodero de mi miembro como si siempre le hubiese pertenecido. Agarre su pelo como guiándola en la velocidad que quería que lo hiciera.

    No quería que terminara, pero a la vez quería probar esa piel que tantas noches me hizo fantasear. Le pedí que parara pues no quería terminar antes de poder devolverle aquel rico gesto. Cuando se levantaba pude escuchar una de las chicas que gritaban que nos había encontrado. Creo que no vio nada, aunque presumo que sospecho que algo había pasado. En ese momento esa chica se ganó el título de la mujer más imprudente de la historia del universo.

    Nos fuimos hacia las villas a comer algo con el deseo de seguir la aventura. Una vez comimos le susurre que se escapara hacia la playa pues yo tenía un plan. Fui a la playa ya estando de noche y ella no perdió tiempo en encontrarme. La besé con el mismo apetito que lo hice la primera vez. La agarre por la mano y de forma callada la lleve hasta la villa más lejana y oscura del complejo.

    Una vez llegamos busque la parte más escondida y allí la pegue contra la pared. Le bese el cuello, no había tiempo que perder. Le quite la blusa y para mi sorpresa no llevaba sostén. No podía apreciar la vista por la oscuridad que allí había, pero si pude palpar su excitación por la dureza de sus pezones. Bese su pecho mientras le apretaba las nalgas. La viré contra la pared y le empecé a besar la nuca, hombros y espalda. Mis manos ya estaban sobre sus caderas, ella se volteaba y me besaba. Luego deslice mi mano por la parte del frente del pantalón y palpe su pelvis, era suave. Toqué su húmeda entrepierna y comencé a frotar mis dedos sobre su clítoris, alterne con la otra mano introduciendo mis dedos. Ya ella gemía y esto encendía más mi deseo. Ella entre contoneos saco mi miembro erecto y empezó a masajearlo. Yo quería hacerle de todo, pero no quería interrupciones.

    Busque la puerta de la villa y esta estaba abierta. Entramos y encendí la luz para ver la perfección de su pecho. Era mucho mejor de lo que había imaginado. No perdí tiempo y la volví a poner de espadas a mí, esta vez ella recostada de un mueble. Le quite el pantalón y sus nalgas quedaron descubiertas. Me arrodille y las bese y luego suavemente las mordí. Ella se colocó de tal manera que entendí que quería que me que siguiéramos en esa posición. Sin perder tiempo separé sus nalgas y procedí a arropar su vulva con mi boca. Masajeé su clítoris con mi lengua, luego introduje mi lengua en su caliente y húmeda humanidad. Alterne con mis dedos mientras ella gritaba de placer. Aumente el ritmo de mi lengua hasta que termino en un estruendoso clímax en mi boca.

    No la deje descansar pues me levante, la agarre con una mano por la cadera y con la otra acomode mi miembro hasta penetrarla. Así con una mano en la cadera y la otra en el hombro comenzamos el ritmo, acompañado con ese sonido que solo puedo comparar con aplausos. Alternaba mis manos en su espalda, caderas y senos. Mi boca alternaba entre su cuello, nuca y decirle lo rico que sentía tenerla. Ella tuvo dos orgasmos corridos, yo seguía aumentando la intensidad en mi penetración. Nuestros cuerpos sonaban cada vez más altos. Me pidió que siguiera aumentando intensidad, hasta que no aguante más y explote.

    Como no tenía protección deje mi huella en su espalda y sus nalgas. A ella lejos de molestarle, le agrado. Nos miramos, nos besamos, y luego de bajar revoluciones salimos. Salimos del apartamento directo a la playa. Nos dimos un chapuzón a la luz de la luna. Ahí nuestros compañeros nos encontraron. Creo que no sospecharon nada. De hecho, creo que aún no sospechan que desde ese día ella si convirtió en mi india, mi mujer.

  • Mi visita al odontólogo

    Mi visita al odontólogo

    Tuve control con mí odontólogo ayer a la seis de la tarde.

    Llegué puntual, accedí a entrar al consultorio y esperé por mí turno. Todo estaba tranquilo, los pacientes entraban y salían ya que había varios doctores atendiendo. Al rato, me parecía como que ya no quedaba nadie, eso me extrañó porque yo seguía esperando… En ese preciso momento salió del interior de la sala un doctor que se dirigió hacia mí. Me saludó, le devolví el saludo y me dijo que mi odontólogo se había retirado por motivos personales y que él se iba a encargar de atenderme.

    -Genial!!! Le dije.. (A esta altura había pasado más de una hora y yo seguía ahí adentro).

    Me hizo pasar y me señaló el famoso sillón donde todos caemos alguna vez. Fue ahí cuando alguien golpeó la puerta, abrió y una voz le dijo: «Gustavo yo me voy, cerrá vos nomás!». ‘ok» le contestó mí Doc!!

    Por fin llegó!!! Lo mío es rápido, es control nada más. Luego de charlar en la medida que podía, me fue acomodando la dentadura, hasta que llegó el final. «Bueno, listo lo tuyo», me dijo (había quedado impecable).

    Y aquí es donde empieza la historia…

    Me saqué una especie de bata que me había puesto acostado, cuando mí ¡doc! apareció por detrás mío y me dio un beso que me hizo temblar. «que hacés» le dije, su respuesta no demoró en llegar, «nada, estoy caliente con vos, me gustás, ya te he visto acá otras veces…», y ahí otro beso!! Quedamos a diez centímetros mirándonos a los ojos como flechados, subió su mano a mí cara y con un dedo me acarició las mejillas, sin entender mucho la situación. Aproveché y le di yo, otro beso muy apasionado, creo que estuvimos cómo diez minutos así! Ambas lenguas revoloteaban en nuestras bocas, lo que me generó a mí, un comienzo de excitación o si lo preferís, me había empezado a calentar, mal!!

    Él se sacó su atuendo blanco y pantalones, quedando en bóxer y por lo que se veía una muy hermosa y gruesa dotación. Yo hice mí parte también quedando totalmente desnudo. Seguimos besándonos y tocándonos. En un instante le bajé el bóxer y quedamos en igualdad de condiciones. César me hizo levantar, agarró un frasco y se sentó en el sillón, era como como una crema y luego untó su miembro y vaya que lo que untó… por favor!!!!

    Ya quería sentarme arriba, quería tenerla toda adentro. Mientras me ponía en la cola la misma crema, él se masturbaba como queriendo parar aún más su verga…

    ¡Si así estaba bien para qué más…!!

    Estábamos listos. Me acomodé como pude y a jinetear, con sus manos me abrió la cola y con mí mano busqué ponerla en posición! Ay ay me duele!! le dije, pero despacito muy despacito me empezó a entrar. Me incliné hacía adelante para que me entrara mejor y así fue. Sentía como semejante pedazo de carne me atravesaba… que sensación tenerla toda adentro. Me hizo un metesaca tan intenso y excitante (hacía rato que no cogía así). Puso nuevamente su mano en mí cara y me metió un dedo en la boca al que comencé a chupar mientras miraba gustoso su físico nada despreciable ya que era un verdadero oso peludo!!

    Al final acabamos los dos al mismo tiempo. Sentí como su leche caliente llenaba mis entrañas.

    Salté del sillón y me fui al baño a lavarme y despedir toda la lechita!! Una vez que volvimos a la normalidad, nos cambiamos seguimos dándonos besos y caricias y me acompañó hasta la puerta donde nos dimos otro rico beso y lo abracé fuerte quedando en encontrarnos otro día seguramente en casa, ya que él es casado.

    Miré la hora, eran casi las diez. Me cogió como dos horas, pensé que no había pasado tanto tiempo, sin querer y no lo esperaba, tuve sexo y del bueno, pero además había pasado mí control odontológico sin problemas… estuve recontra bien atendido… gracias Gustavo!!!

  • Descubriendo lo puta que soy

    Descubriendo lo puta que soy

    Estuve con una chica un buen tiempo,  mi primera pareja con quien fui aprendiendo qué me gusta hacer y que me hagan, a mitad de la relación me fui dando cuenta que también sentía una atracción por los chicos, no iba a engañarla, pero sí disfrutaba muchísimo ver videos de hombres grandes pajeándose y cogiendo, me gustaba imaginarme que su leche era para mí, que me deseaban, que me querían coger.

    Cuando terminamos empecé a hablar con chicos desconocidos por chats anónimos, conocí un hombre de unos 40 al que le decía cosas sucias desde el principio. Me caliento muy fácilmente y no me gusta hacerme el difícil, le dije que era virgen, pero que me gustaría ponerme en cuatro para él, hacer todo lo que él deseara, ni siquiera lo conocía, apenas habíamos hablado treinta minutos pero yo tenía muchísima calentura. Se ve que él también porque me comentó que se estaba tocando, que la tenía durísima y que me quería ver ya.

    Estaba a oscuras, me saqué el short rapidísimo, paré el culo un poco y saqué foto con flash, no quería que se viera nada porque me daba miedo, pero al mismo tiempo me encantaba estar cumpliendo con lo que me pidió. Lo que me decía era verdad, me mostró una foto de su verga durísima, larga con algunos pelos, se veía riquísima.

    En ese momento me estaba tocando y no pude evitar gemir, me mordí los labios con vergüenza y le dije la verdad, que haría todo lo que él me diga. Le mandé otra foto, esta vez en 4, sin que me lo pida. Tuvimos una hermosa charla hot que recrearé en algún relato posterior, porque este es más una confesión. Él no aguantó, acabó y se despidió, me gustó que me diga «descansá» y unos mensajes atrás me decía cosas como «que culo hermoso», «me encantás puta de mierda», mientras me mandaba fotos de su verga pidiéndome que se la chupe toda, que le entregue la cola.

    No sólo descubrí que puedo ser súper puta cuando estoy caliente, sino que lo que más me calienta es complacer, satisfacer, si son hombres más grandes y desconocidos mejor. Esta es la primera parte de mi primer relato, si les gusta, en el segundo voy a contar experiencias más actuales, con chats reales incluidos, siendo incluso más puta.

  • El viaje inolvidable

    El viaje inolvidable

    Hace algunos años, Elizabeth mi esposa, me había comentado que cuando era una veinteañera, junto con una amiga, hicieron un viaje de turismo a Sudáfrica.

    Pocas anécdotas me ha contado de su viaje. Calculo que por pudor o algo parecido. Alguna que otra historia de navegación, excursión a lugares soñados etc.

    Mi mente comenzó a fantasear a imaginarme diferentes situaciones que pudo haber vivido o experimentado con algún amigo ocasional. Obviamente que jamás me contará si tuvo algún tipo de relación o si había estado con alguien en ese momento.

    Cosa que no sería descabellado a esa edad. Una mujer muy atractiva y hermosa en su plena juventud abierta a la aventura.

    Pero me voy a detener en una, la cual me llevó a fantasear e imaginar a mi mujer teniendo sexo con un hombre que conoció en aquel entonces. La historia no fue de esta manera pero me imaginé la posibilidad de que esta aventura había sucedido.

    Elizabeth y su amiga Cecilia, se hospedaban en un Hostel; típico viaje de jóvenes aventureros donde no se busca la comodidad y el lujo, sino la diversión y conocer nuevas experiencias.

    En aquel lugar ellas conocen a dos jóvenes.

    Los muchachos vivían en ese Hostel hace algún tiempo, así que conocían muy bien los diferentes lugares para ir a recorrer.

    No recuerdo si en algún momento Elizabeth, me nombró algún nombre, pero los llamaremos Paul y Eric.

    Se hicieron de una amistad, y comenzaron a salir a recorrer los diferentes lugares.

    Entre bares y pubs, se divertían cada día.

    El histeriqueo de la edad y las ganas de estar de fiesta, comenzó a avanzar un poco más allá y tener un acercamiento entre ellos.

    Como los muchachos estaban ya hace un tiempo en aquel lugar exótico, tenían conocimiento de parajes poco vistos por los turistas. Lugares paradisíacos, y espectaculares donde verían la diversidad de la naturaleza sudafricana.

    Así que les propusieron a las chicas llevarlas a recorrer y conocer esos lugares unos días de esos.

    A lo que las dos dijeron que si.

    Mientras tanto, ellas disfrutaban de su viaje saliendo en alguna excursión embarcados o de playa.

    Finalmente Paul y Eric las llevaron a conocer esos lugares soñados.

    Lugares donde no había nadie, adentrados en el medio de la naturaleza sudafricana, lejos de los circuitos característicos de turismo.

    Los muchachos eran los dos atractivos, y ellas estaban dispuestas a tener algo con ellos. No por nada habían aceptado dicha propuesta de estar lejos de todo, solos los cuatro.

    La temperatura del ambiente era abrasador. Después de una caminata un poco extensa llegan a una cascada; una caída de agua a un estanque natural, que los invitaban a meterse al agua a refrescarse. Un oasis en el medio de la sabana africana.

    Con el calor intenso, no dudaron y se metieron al agua.

    Ninguno de ellos llevaba traje de baño. Así que sin dudar, pero con un poco de vergüenza, se sacaron lo que llevaban puesto y se metieron en ropa interior a nadar.

    Elizabeth y su amiga estaban exultantes, se tiraron desde una gran piedra que estaba a unos metros.

    Los muchachos no se quedaron atrás y también lo hicieron lo mismo.

    Sus cuerpos están muy calientes, por la temperatura ambiente, como así también por la carga sexual que estaban teniendo.

    Entre risas y disfrute del momento, como un juego entre adolescentes, los cuatro se rozaban sus cuerpos en el agua, la excitación estaba a flor de piel…

    Naturalmente se formaron dos parejas. Elizabeth con Paul y Cecilia con Eric.

    En el medio del agua cada pareja comenzaban a chichonear, a tocarse, a sentir sus caricias.

    Ya había comenzado el jueguito del histeriqueo y el acercamiento entre ellos. Las risas, las miradas y los roces de los cuerpos se estaba poniendo cada vez más intensa y caliente.

    Paul avanza sobre Elizabeth y se acerca a su cara robándole un beso. Al comienzo rozando los labios de ella, pero luego un poco más intenso, hasta meterle la lengua hasta la garganta.

    Era una sensación única de película. El cuerpo de Elizabeth se estremeció, sus pezones se habían puesto duros como unas almendras. Se podía notar por arriba de su corpiño como estaban en su máxima erección. Dos confites que invitaban a saborearlos y chupetearlos como un niño los caramelos…

    Paul no tardó en bajar su boca lentamente por el cuello buscando besar cada centímetro de piel buscando llegar a ese par de tetas.

    Mientras tanto Eric hacía lo propio con la amiga de Elizabeth.

    Las dos parejas estaban enredadas en el juego sexual, en un ámbito soñado difícil de olvidar.

    Los cuerpos de Elizabeth y Paul se fundieron entre caricias y besos en uno solo. Hábilmente, Paul le desabrocha el corpiño a Elizabeth mientras con su boca y sus labios recorrían el cuello hacia abajo buscando ese par de pechos hermosos y respingados. Suavemente acerca su boca a uno de los pezones y juguetea con la lengua, sacándole un gemido de placer a Elizabeth.

    Paul la apoya contra una piedra y comienza a saborear ese par de tetas sin parar.

    Iba de un pecho al otro, mientras con sus manos apretaban el culo hermoso de Elizabeth. Paul ya tenía su pija muy erecta. Ese pedazo de carne quería salir de su encierro.

    De a poco Elizabeth comenzó a bajar por el torso de Paul, besando la piel mojada, deteniéndose unos segundos en las tetillas provocando un gemido del muchacho.

    Paul estaba con un slip puesto, que al estar mojado se notaba que su pene era enorme. Elizabeth bajo su cabeza hasta tener ese tremendo bulto a la altura de la cara. Con la boca abierta comenzó a mordisquear el calzón mojado sobre esa pija, succionado de apoco de esa tela mojada tratando de degustar esa poronga. Suavemente, con las manos bajo el slip de Paul, y esa pija finalmente logró la libertad. De un respingo la cabeza del pene le pega en la mejilla de Elizabeth que sin más le da un lengüetazo y se lo mete en la boca. La cabeza de esa tremenda pija entra enterita en la boca de ella, y con su lengua por dentro se la chupaba como uno lo hace con un caramelo.

    Elizabeth le chupa la pija sin parar. Paul con su cara hacia el cielo, goza la mamada que le estaba haciendo.

    Por otro lado, Cecilia y Eric ya estaban fuera del agua. Ella recostada en el pasto, con las piernas abiertas ofreciéndole la concha a Eric. Quien no tardó en ensartarla y comenzar a bombear una y otra vez.

    Cecilia no se privaba de gemir, el ruido del sexo no era problema, ya que estaban solo los cuatro en kilómetros.

    Elizabeth después de propinarle una tremenda chupada de pija, se incorpora y quedan los dos parados frente a frente, donde Paul se detiene nuevamente en las tetas de ella, que eran increíbles. La pija del muchacho estaba a full. Él le levanta una de las piernas y le apoya la poronga en la concha por encima de la bombacha. Comienza a refregarle la pija una y otra vez… Ella le susurra y le dice:

    —Dame la pijaaa. Quiero que me cojas!!! Papito. Garchame!!! Metemela. Quiero sentirte dentro mío!!!

    Él le corre con los dedos la telita y le mete la cabeza de la pija en la concha… Sin más Elizabeth gime de placer…

    —ahhh. Siii. Cogemeee asiii!!

    Paul comienza a cogerla una y otra vez. La da vuelta, se sacan toda la ropa. Y la vuelve a coger, a meterle la poronga mientras le chupa una teta.

    —ahhh, asiii.

    —que buena cogida Paul ahhh!

    Elizabeth estaba gozando a más no poder.

    Con la vitalidad de una veinteañera, cabalgaba sobre esa pija muy caliente. Subía y bajaba sin parar. Gemía a los gritos a cada embestida.

    Se sentía el cacheteo de su culo contra las piernas de Paul. Eran como aplausos de sexo!! Plap plap plap!

    Paul la levanta y la da vuelta y la coge sentado. Mientras se la metía una y otra vez, Elizabeth se tocaba el clítoris. Estaba muy caliente!

    Era tal la calentura que ella estaba a punto de acabar con esa poronga dentro de ella.

    Los dos cuerpos estaban hirviendo de placer, cogían a más no poder! Intercambiaban de posición varias veces, tratando de sentir diferentes posturas buscando más y más el placer.

    La pija enorme de Paul era increíble. Estaba como un mástil duro y ella lo estaba saboreando, lo sentía dentro de ella como una estaca dura que entraba y salía.

    En una de las embestidas, Elizabeth no aguanto más, si vientre de comenzó a estremecer y acabo como nunca antes!

    —ahhh ahhh!!!

    Espasmos y espasmos, sin parar!

    Ella había acabado increíblemente.

    De tanto cogerla a Elizabeth, Paul ya estaba a punto de acabar. Su pija ya latía de las ganas de explotar!

    Ella se da cuenta de que pronto saldría el chorro de leche, así que se arrodilla frente a su poronga y comienza a chupar una y otra vez. Subía u bajaba sobre ese falo, se podía ver cómo desaparecía en la boca de ella la tremenda pija.

    —dale papucho! Dame la leche, dámela toda!! Tirame la leche en las tetas!!! O donde quieras!!! Quiero tu semen sobre mi!!! Dale papito!!

    Mientras chupaba y chupaba.

    —mmmmm

    Paul no aguanto más y le brotó chorros de leche que le tiro a Elizabeth en las tetas, leche caliente que ella, mientras le caía el lechazo se lo embadurnada por los pechos.

    —asi asiii papito, que lindo!!! Cuanta leche!!! Mmmmm!!!

    Paul, con su poronga entre las manos, como si estuviera exprimiéndola, le larga la última gota de leche que Elizabeth se la chupetea como limpiando le la pija.

    Sensaciones que Paul nunca olvidaría.

    Esa fue una aventura sin igual para los cuatro, en un lugar soñado y gozando como nunca antes. Jamás se olvidarían en sus vidas la aventura en Sudáfrica.

  • Esa noche inesperada con Luis

    Esa noche inesperada con Luis

    Nos miramos a la cara con actitud interrogante. La verdad no teníamos ninguna opción que no fuera aceptar sino queríamos quedarnos afuera, a la intemperie pasando toda la noche a esperar a que el primer transporte transitara para llevarnos a nuestras respectivas ciudades.

    Luis respondió a la muchacha con tono resignado:

    -Si, dénosla.

    La recepcionista sonrió con su rostro bonito y registró en un cuaderno con mucha paciencia nuestros nombres. Nos entregó las llaves y nos indicó que la habitación doscientos tres estaba en el segundo piso a mano izquierda. Subimos con aire contrariado y Luis abrió la puerta, encendió la luz y ante nuestros ojos, apareció una escueta pero pulcra habitación con una única cama doble con una sábana azul, dos mesitas de noche con gavetas, lamparita y un ventilador de techo. Había una ventana de madera vieja con persianas de cristales que miraba hacia el patio del hotel. El piso era una placa de cemento rojizo algo descascarado y las paredes eran todas blancas sin mayor estilo ni decoración. Hacía calor. Mucho calor esa noche.

    Entramos. Luis fue al baño que procuraba intimidad con una cortina gruesa oscura. Yo mientras. Acomodé mi maletín en la mesita de la derecha y me quité la camisa ya sudada. Deseaba una ducha con urgencia.

    Luis salió de baño y me hizo seña de que podía usar el baño si deseaba. Tomé una ducha con mucha ansia. El agua refrescante en mi cuerpo me retornó el sosiego que había perdido. Ni me di cuenta lo básico y grisáceo que era ese baño de hotel barato. Pero funcionaba que era lo más importante. Salí envuelto en mi toalla. Luis miró mi cuerpo con cierto atisbo de interés. Al menos eso percibí. Él estaba ya listo con su toalla envuelta en su cintura para también tomar su ducha.

    Cuando salió ya en short caqui, le pregunté si estaba bien si el quedaba del lado izquierdo de la cama. Me dijo que le daba igual. Puso en máxima potencia el ventilador y apagó la luz. Nos metimos exhaustos a la cama. Cada uno bien definido en un extremo. Pero el calor era simplemente insoportable. Yo tuve que quitarme mi short y decidí quedarme en solo calzoncillo. Luis hizo también lo mismo.

    Conversamos un poco sobre la jornada de trabajo pesada que habíamos tenido en la vía. No éramos amigos. Solo dos conocidos que no solo nos había tocado trabajar juntos esa jornada y alguna anteriores, sino que por razones de mala organización empresarial, habíamos tenido que quedarnos en el primer hotelucho que encontramos. Para colmo de males no había sino una habitación con cama doble. La tomábamos o la tomábamos. Así terminamos en esa situación. Había cierta incomodidad y el calor aumentaba el fastidio y el bochorno.

    Nos meneábamos tratando de acomodarnos. Pero en un momento dado, yo estando de espaldas a Luis, sentí su respiración detrás de mí. Él estaba medio lado con su pecho volcado hacía mi espalda. Saberme allí acostado con otro hombre igual, casado como yo, en solo bóxer, me produjo un morbo inescrutable. Extrañé un tanto estar en mi casa, en mi cama junto a mi mujer. Yo había tenido curiosidades de esas comunes de morbo entre hombres, pero no más allá. Era extraño sentir esa tensión sexual por estar allí en una cama con otro hombre. Me dio fastidio conmigo mismo sentir eso.

    Pero la respiración de Luis era insistente no lejos de mi cuello. No sabía si dormía o si al igual que yo, estaba despierto cavilando algún asunto. No podía yo ser indiferente a su presencia justo allí detrás de mí. Quería sentir su cuerpo más cerca del mío a pesar del calor. Que tonterías se me pasaban por la cabeza. Sin embargo, tuve el coraje de echarme un poco hacia detrás muy disimuladamente. Simplemente deseaba sentir más cerca su respiración. Estaba oscuro y solo penetraba por la ventana abierta la luz tenue de una lámpara pública.

    Para mi sorpresa, Luis también se corrió un tanto hacia mí. Me puse nervioso cuando sentí su presencia y el calor irradiando de su cuerpo justo a mis espaldas. Su respiración fuerte, de hombre, casi soplaba mi cuello. Un hilo de sensaciones raras y nuevas, se sumaron al nerviosismo. No estaba seguro si era todo casualidad o si era deliberado como yo. Lo cierto es que ahora estábamos más cerca. El morbo de tener a un hombre semidesnudo tan cerquita en una cama magnificó la atmósfera. Morbo, morbo, morbo puro y simple.

    Pero yo no podía saber si Luis también tenía fantasías o curiosidades como yo. Me daba miedo dar un paso en falso y quedar como un tonto. De todos modos, él era un tipo bastante varonil y casado. Qué raro era todo eso. Había excitación, tensión, morbo, miedo y nervio al mismo tiempo en mí. Tal vez en él no pasaba nada. Quizás no se daba ni por enterado. Así que me corrí hacia atrás para ver su reacción. Tuve cuidado de no pegar mi cuerpo con el de él. Solo quería probar si acaso lo anterior no había sido pura casualidad. Pero mi pierna tropezó levemente la de él. Me asusté. Me quedé paralizado a esperar que hacía o que decía.

    El simplemente se corrió aún más hacía mí. Sentí su pierna casi encima de la mía y su pelvis toparse levemente en mis nalgas. No, no podía ser casualidad. Estábamos jugando el mismo juego. Mi corazón quería reventar mi caja torácica. Luis y yo estábamos cerquita, muy cerquita. Demasiado. Mucho más allá del límite permitido por el pudor masculino. Su aliento lo podía sentir rebotando en mi cuello. Poco a poco sentí que su pelvis se fue aplastando contra mis nalgas. Una sensación placentera inesperada me sobrevino. Casi que instintivamente tuve ganas de restregarme contra él. Quería sentirlo. Deseé saber si lo tenía erecto o no.

    Pegué mis nalgas contra él. Me lancé al vació a ver qué ocurría. Yo mismo me sorprendí del coraje para hacer semejante acto suicida. Él, al sentirme, simplemente, comenzó a menear su cadera. Sentí su bulto pegarse morbosamente contra mi culo. Ambos danzábamos al vaivén del erotismo tácito. Luis puso su mano por fin en mi cadera para controlar el ritmo de mi movimiento. Su verga estaba abultada debajo de su bóxer. Si, la podía sentir dura y aplastada contra mis nalgas. El me respiraba en mi cuello mientras se restregaba. Pegó su pecho velludo al mi espalda desnuda. Sentí el calor quemante de su piel sudada. Rompió entonces el hielo.

    -¿Te gusta?

    -Sí, ¿y a ti? -le respondí con voz nerviosa.

    -¿Qué crees?

    Nos quedamos en silencio sin dejar de menarnos en esa pose de morbo.

    Luis deslizó mi bóxer. Yo tuve que levantar mi torso para permitirle el avance. El mismo me lo quitó. Mi culo quedó desnudo. Fue una sensación de tensión sexual fuerte. Encendió la lamparita porque me expresó que quería verme el culo.

    -Créeme, nunca había visto un culo de hombre tan provocativo. ¿Te han clavado ya?

    -No.

    -¿En serio?

    -Si. En serio. Es primera vez que estoy así con otro hombre. ¿Tu si has estado antes?

    -La verdad. Si. Aunque pocas veces. Hace rato que no. Pero me tienes súper caliente.

    Entonces me giré y lo miré a la cara. Sus ojos brillaban. Me dio vergüenza destaparme así ante otro similar. Su bóxer vinotinto estaba abultado. Que morbo ver a un hombre así, con su bóxer y erecto.

    -¿Dime, te gusta la verga, verdad?

    -Creo que sí. Tengo esa curiosidad.

    -No pasa nada. Es normal. Se nota que te gusta. A mí también me gusta, pero me encanta más el culo.

    -¿Eres activo?

    -Si. Anda, no tengas miedo. Coge mi verga. Sé que la quieres.

    Me resultó vulgar, descarado y atrevido eso que dijo, pero me produjo morbo esa actitud de macho con ganas. Hizo resaltar mi lado femenino oculto. Se puso de rodillas encima del colchón. Su aspecto era todo dispuesto y tentador. Se bajó su bóxer por debajo de sus testículos y su pene duro, apuntando al horizonte salió disparado como un resorte. El morbo me sobrepasó al verle.

    Sus vellos púbicos, su piel morena, su abdomen de hombre de la construcción tosco y su verga perfectamente derecha y en perfecta horizontalidad me fascinaban la vista. Luis, la sobaba, pelaba su glande y lo cubría con el prepucio. Su cabeza rojiza brillaba como su pecho. Todo un macho para mí. Pensé en ese instante en Laura mi mujer, que debía estar dormida sola en nuestra cama matrimonial. Hubo cierto atisbo de culpa, pero no era momento para eso. Ahora era Luis y yo juntos en una cama de hotel barato a punto de pasar una noche de erotismo entre machos.

    Él se bajó de la cama y se puso de pie. Me incitó a que yo me sentara al borde de ésta. Lo hice. El olor de su verga era tenue, el aroma que se desprendía de su abdomen y sus vellos era más intenso, pero atenuado por el jabón del baño reciente. La blandura de mi lengua tanteó su glande. Una sensación novedosa en mi boca pude detectar. Entonces la engullí. No me lo podía creer. Estaba chupando verga. Si. Una verga de macho. No era más esa mera fantasía o curiosidad. Metía poco más que la mitad en mi boca y volvía a sacar. La chupé como si hubiera ya hecho eso antes, sin titubeos, con intensidad y ganas. Luis gemía. Definitivamente un hombre conoce bien el cuerpo de otro hombre. Sabía bien dónde y en qué momento apretar más con mis labios al chupar su falo.

    Lamía, acariciaba, mamaba, chupaba. A diferentes ritmos e intensidades. Nunca dejé de acariciarle los huevos o el abdomen o el pecho. No pensé que un macho podía ser tan placentero. Lo era. Y más de lo que me lo imaginaba. Comprendí entonces a las mujeres. Lamí sus testículos mientras lo masturbaba. Luis gemía y decía: chupa, chupa así, que rico, que bien la mamas.

    Su verga en mi boca llenaba todo. Su pulso, el calor y la textura dura y blanda a la vez me encantaban. Había un sabor indescifrable. Debía ser el sabor a hombre. Me encantaba. Pero me agoté de estar así menando mi cuello con la quijada exigida. Tuve un receso. Miré su rostro de goce y sonriente.

    -¿Te gusta?

    -Mucho. Rico

    -Sabía que te iba a gustar la verga. Se nota que te gusta.

    Me daba golpecitos con su pene en mi cara. Eso me encantaba. Era tan morboso.

    -Lástima no hay condón ni aceite para culearte. Tengo unas ganas de romperte ese culo lindo.

    -Si. Lástima. Yo quiero probar.

    Entonces él se agachó. Y sin avisarme. Sentí la tibieza de su boca envolver mi verga. Me dio una breve pero intensa mamada de verga. Es distinto definitivamente sentir a un hombre haciendo eso. No hay la suavidad ni la sensualidad de una mujer, pero si hay un morbo quizás más intenso. Dejó mi verga y se encimó en mí obligándome a acostarme boca arriba en la cama. No sabía bien que quería hacer. Me beso mi pecho y fue subiendo por mi cuello. Intentó besarme, pero yo alejé mi rostro. Nunca había imaginado eso de besarme con otro tipo. No estaba en mi presupuesto. Pero Luis insistió. Me beso en la mejilla muy tenuemente y sentí su cuerpo encima del mío. Su verga dura contra mi ombligo. Todo era agreste, pero tremendamente morboso. Luis buscó otra ve mis labios. Esta vez no tuve escapatoria. Simplemente por complacerlo dejé que me diera un beso. Me dio otro y otro. Cortos. Sus labios se pegaban y se despegaban de los míos. Eso me sorprendió porque sentí mucho erotismo. Tomó mis mejillas entre sus manos con mucha ternura y otra vez me besó. Eso me gustó para mi sorpresa y correspondí el beso.

    Mis labios cedieron, los suyos cálidos y suaves se pegaron y nuestras lenguas comenzaron una danza. Fue un beso largo, lento, intenso, apasionado. Él encima. Yo debajo. Ambos sudados y excitados. Vaya! Que iba yo a imaginarme de estar así. Besándome tan eróticamente con otro hombre. Una auténtica noche de amor.

    El beso no cesaba. Su cuerpo se meneaba y sentí que su verga se acomodó entre mis testículos. Su pene palpitaba. Su boca me devoraba a besos. Besos suaves, muy ricos. Sorprendentemente placentero. Era yo quien no quería que acabara. Luis encajó su verga debajo, más debajo hasta que su glande juguetonamente puyaba afuerita de mi ano.

    -No te preocupes. No te la voy clavar así. Solo quiero morbosearte el culo.

    Sentí su verga puntear mi ano. Era una sensación nueva. Lástima no estábamos listos para penetrar, pero igual disfrutaba de ese morbo novedoso. Luis me pidió que me volteara. Me puse en cuatro para él. Me sentí tan femenino y eso me dio placer. Un placer que recorría como cosquilla mi cuerpo.

    Luis sobaba su verga por mis nalgas, la metía entre mi raja y la deslizaba con morbo como masturbándose. Yo sentía ese palo deslizarse entre mis nalgas.

    -Me quiero pajear. ¿Me dejas que te moje el culo?

    -Sí, pero. Quiero ver semen. ¿Podrías?

    -Si quieres te hecho un poco en la cara.

    -Si, si.

    Yo me quedé en cuatro y Luis mirando mi culo se jalaba su verga asiduamente. Podía escuchar su mano agitando. Lo hizo con mucho morbo y me anunció el momento feliz.

    Sentí unos chorritos caer en la raja de mi culo. El semen tibio y pegajoso. Sentí una sensación de triunfo. Fue especial. Él me tomó del brazo y desesperadamente me dijo con voz jadeante: ven, ven, ándate, pon tu cara. Hice lo que pude. Él tenía su verga bien apercollada con su mano como reteniendo chorros. Un chorro fuerte y después otros más débiles inundaron mi cara. Otra vez, esa sensación tibia y pegajosa que mojaba mis nalgas la tuve en mi cara. Fue algo morboso. Tremendamente morboso. Sentir y ver los pálpitos de su verga gruesa.

    -Lámela, por favor.

    Dude por un instante. No sabía si iba a darme asco. Pero algo me impulso a hacerlo. Verle así, tan macho, tan excitado. Engullí su verga algo sucia y chorreante. Aunque nunca tragué su líquido, un extraño sabor me inundó la boca. El sabor a semen no era ni especialmente agradable ni tampoco desagradable, pero psíquicamente generaba morbo. Se la mamé despacio y Luis gemía al sentir mi lengua pasearse por las zonas sensibles de su verga eyaculadora. Temblaba su cuerpo. Estaba en pleno goce viendo como yo me comía su sexo. Su verga fue poco a poco dando pálpitos cada vez menos intensos y encogiendo su tamaño.

    -Anda, pajéate. Quiero verte chorrear.

    -¿Puedo mojarte tu verga?

    -Ja, ja, ja. Si quieres, claro.

    Me di con ansias, pero estaba tan excitado que no tardé mucho. Luis se había acostado boca arriba en la cama y yo de rodillas a un lado de él. El punto de no retorno anunció mi explosión. Apunté mi verga hacia su pene dormido y él atónito contempló como todos mis chorros de leche se estrellaron en su sexo, su pubis, sus testículos mientras sonreía.

  • Esclavo de ti mismo (Cap. 18): Sexta cacería: Noviazgo

    Esclavo de ti mismo (Cap. 18): Sexta cacería: Noviazgo

    Marcus bajó del Uber en la esquina de la calle Azafrán, justo delante de la Confitería Castelblanco. Decidió comprar una bandeja de chocolates fraline, después de todo le encantaban y su siguiente presa lo aguardaba a sólo una calle de distancia.

    Esa noche todo saldría a pedir de boca. James sería un manjar exquisito y lo transformaría en un sumiso y complaciente concubino, que ocupara el rol de su novio esclavo. Era una fantasía que experimentaba con él, una especie de fetiche que su sola presencia le provocaba.

    Alfonso cumplía el papel de su consorte esclavo, un absoluto esclavo sexual, además de ser el capataz del harem, por lo que prácticamente había desarrollado una fijación y una clase de enamoramiento obsesivo hacia él. Su sonambulismo era completo y su deseo por complacerlo y servirlo eran de una intensidad increíble. Sam fungía las tareas de su mayordomo, un esclavo sumiso y solícito que además era un perro sexual, dispuesto a dejarse coger por los demás esclavos del harem. Hércules y Nicolás estaban encargados de cuidar sus invernaderos especiales, una tarea vital para mantener dominados al propio griego y al brasileño, así como también se hacían responsables de la seguridad de la mansión. A Sergio por su parte, Marcus había decidido utilizarlo plenamente como esclavo sexual, únicamente se había puesto la tarea de entrenarlo como un estríper profesional, hecho para que el brasileño tenía un considerable talento. Mendosa, oh Mendosa. Igual que con Sergio y Alfonso, Marcus lo utilizaba como su esclavo sexual casi de tiempo completo, ocupado en bañar y vestir o mejor dicho semivestir a los machos del harem, así como de pasar un gran tiempo ejercitándose en la piscina y en el gimnasio, donde igualmente se encargaba de conservar el envidiable físico de sus esclavos.

    Ahora deseaba cazar a James. Pensaba en convertirlo en su novio esclavo y volverlo algo así como su esclavo secundario. Hasta el momento Hércules y Nicolás le habían complacido, pero no terminaban de convencerlo para ponerlos al mando del harem junto con Alfonso. Mendosa era un fantástico candidato, pero en realidad gustaba de mantenerlo casi todo el día en el baño o la piscina, únicamente vestido con ese sensual bañador.

    Marcus pagó los chocolates y caminó hacia el complejo de apartamentos. Pensó en lo absurdo de sus pensamientos. Aquellos hombres eran suyos y podía transformarlos en lo que quisiera y comenzó a maquinar en su mente el plan para crear una competencia entre sus machos esclavos, para asegurar el lugar de su segundo, una vez cazara a James y Nataku.

    Al llegar presionó el interruptor del interpón y la luz del pent-house señaló que la entrada principal del edificio acababa de abrirse. Marcus empujó la compuerta de acero y cristal, e ingresó al lujoso vestíbulo de mármol blanco, tapizado con una mullida alfombra color malva.

    -Buenas noches. ¿El señor Slater lo espera?- Preguntó un gordo portero que apareció al extremo del vestíbulo. -Lo que sucede es que no notificó que recibiría visitas y no responde al interfono.-

    -Si, tenemos una cena de negocios, seguro se olvidó de avisarle. ¿Puedo entrar?, él fue quien me abrió la puerta.-

    Preguntó Marcus mientras se aproximaba hacia el ascensor.

    -Si, claro, Su nombre por favor.-

    Cuestionó el portero.

    Marcus se giró con el disco hipnótico en su mano y con este encandiló al tipo. -Olvide que me vio, olvide que alguien subió al pent-house esta noche. Vuelva a sus actividades normales en cuanto yo me haya ido ¿entendió?-

    Indicó Marcus, mientras presionaba con su otra mano el interruptor del ascensor.

    -Si… Olvidar que lo vi… Olvidar que alguien subió al pent-house esta noche… Regresar a mis actividades normales en cuanto usted se vaya…-

    Contestó el sujeto gordo.

    Marcus guardó el disco y subió al elevador. En cuanto las puertas se cerraron el tipo parpadeó desconcertado y despertó del trance, sin recordar que hacía en mitad del vestíbulo, por lo que tras pensar un momento regresó a la administración del edificio.

    Marcus sacó el juego de llaves que Alfonso le entregó de aquel pent-house, pues la renta la pagaba la empresa de seguridad. Botó los seguros y deslizó el pestillo, para enseguida abrir la puerta e ingresar. James apareció tras un par de segundos en el recibidor con un fresco y hermoso ramo de rosas rojas en la mano derecha, completamente radiante y sin dudar un instante avanzó hacia Marcus. Depositó con cuidado el ramo en una de las manos del publicista y se inclinó para besarlo en los labios.

    Marcus gozó de aquel beso, tanto que no se contuvo y utilizó la lengua para recorrer a placer la boca del atractivo e irresistible hombre. Sin embargo, tras unos diez segundos, el alemán pareció reaccionar y lo empujó lejos completamente furioso.

    -¿Qué coño pasa?, ¿Qué diablos haces aquí Marcus?, ¿cómo entraste?, ¿por qué me besabas de esa manera?, ¿qué diablos ocurre?-

    Lanzó James con su cara roja por la furia y verdaderamente desconcertado ante lo que acababa de pasar.

    -“Duro como tablón”, ahora.-

    Ordenó Marcus a la vez que chasqueaba los dedos.

    El alemán lo miró extrañado por un segundo, sin embargo cerró sus párpados pesadamente, al tiempo que soltaba los brazos a los costados de su cuerpo y clavaba su cabeza fuertemente sobre el pecho. -Te escucho… Dime tus órdenes…-

    Pronunció el guardaespaldas en un tono carente y ausente, a penas sin separar los labios.

    -Así me gusta. Gracias por las flores, están preciosas.-

    Exclamó Marcus mientras le alzaba el rostro y volvía a besarlo.

    -Si… Las conseguí como ordenaste…-

    Respondió el alemán, aunque sin contestar al beso.

    -¡Estás tan sexi!, ¡Tan guapo y ardiente!, ¡Me encanta esa colonia!, ¿Preparaste la cena que te pedí?, ¿qué cocinaste mi sexi James?-

    Inquirió Marcus sin dejar de besarlo.

    -Gracias… Me arreglé y vestí como pediste… Si… preparé la cena romántica que querías… Preparé Sopa de ostras, ensalada de espárragos con berenjenas, pato en salsa de arándano y fresas cubiertas con chocolate derretido…-

    Afirmó James en un murmullo apenas audible.

    -¡Fabuloso!, si, que bien huele la comida. ¡Magnífico, me encanta, me encanta!, ¡te esforzaste en verdad, eso me agrada! Pero antes de cenar, voy a pedirte algo. Abre tus ojos, pero continúa dormido, mira el disco una vez más y sumérgete aún más en la hipnosis.-

    Indicó Marcus, al tiempo que alzaba el disco delante de la cara del alemán.

    -Si… Sumergirme más en la hipnosis… Sumergirme… Más en la hipnosis… hipnosis… Sumergirme más en la hipnosis… Hipnosis…-

    Repitió James con la vista completamente fija en los remolinos fluorescentes, que de nueva cuenta se reflejaron en toda la superficie de sus ojos azules.

    Marcus se deleitó con aquel espectáculo antes de profundizar el estado de trance. -Te ves tan guapo, tan sexi, tan ardiente. Lo eres, sí lo eres. Siempre me excita ver a un hombre, en especial un hombre como tú, cuando se encuentra hipnotizado, completamente bajo mi poder. ¿te gusta cómo te sientes James?-

    Preguntó Marcus sin dejar de sostener el disco.

    -Si… Me gusta… Me gusta mucho…-

    Contestó el alemán completamente cautivado por los remolinos multicolores.

    -Bien, eso es. Quiero que ahora hagas lo que voy a pedirte. ¿De acuerdo?-

    Indicó Marcus con voz sensual y alucinado por el modo en que los remolinos del disco se reflejaban en los preciosos ojos de James.

    -Si… De acuerdo…

    Aceptó James entre dos inhalaciones profundas y sin quitar la vista del disco.

    -Respira profundamente, así, así, más profundo. Vas a cerrar los ojos y a dormir profundamente, tranquilízate. Te quiero muy tranquilo y relajado.-

    Instruyó Marcus con voz lánguida.

    -Voy acerrar los ojos y dormir profundamente… Debo estar muy relajado… Muy tranquilo y relajado… Si…-

    Respondió el alemán tras juntar otra vez sus párpados, expandir el tórax y remarcar más los músculos de su pecho.

    -Voy a contar del 10 al 0 y caerás en un profundo sueño, completamente relajado, totalmente hipnotizado ¿Lo entiendes?-

    Inquirió Marcus con su voz semejante a la de una serpiente.

    -Si… Completamente relajado… Totalmente hipnotizado… Si…-

    Aceptó James la orden, al tiempo que respiraba pausada y profundamente.

    -Bien vamos a comenzar. 10, 9, 8, te sientes más relajado, más tranquilo.”.-

    Indicó Marcus al momento que soltaba el ramo de rosas y chasqueaba los dedos.

    -Sii….-

    Respondió el alemán con voz apenas audible.

    -7, 6, 5, pon tu mente en blanco completamente. Obedecerme te relaja.-

    Volvió Marcus a chasquear los dedos.

    -Sii… Poner mi mente en blanco completamente… Obedecerte… Me relaja…-

    Aceptó James con su cuerpo cada vez más rígido, tanto que Marcus tuvo que tomarlo por el hombro para evitar que cayera hacia adelante.

    -4, 3, debes complacerme.-

    Brindó Marcus aquella nueva sugestión

    -Siii… Debo complacerte…-

    Confirmó el alemán, mientras comenzaba a recargar su peso contra el cuerpo de Marcus.

    -Cuando diga cero, estarás profundamente dormido, totalmente relajado y te sentirás muy bien cuando me obedezcas. Estarás profundamente hipnotizado.-.

    Indicó Marcus sin dejar de sostener el disco delante del rostro de James, pese a que él ya tenía los ojos cerrados.

    -Siii… Cuando digas 0… Estaré profundamente dormido… Totalmente Relajado… Y me sentiré muy bien cuando te obedezca… Estaré profundamente hipnotizado… Sii…-

    Aseveró James a punto de caer sobre Marcus.

    -2, 1, 0, sólo escuchas mi voz. Duerme profundamente. Ahora, estás profundamente hipnotizado.-

    Dijo Marcus al pegar el disco al rostro de James.

    El guardaespaldas volvió a clavar la cabeza sobre el pecho, dejó caer su peso sobre Marcus, cada músculo de su cuerpo se encontraba perfectamente relajado, sin hacer el menor movimiento, su respiración era pausada y profunda. -Si… Duermo profundamente… Estoy profundamente hipnotizado… Sii…-

    -Bien, ahora abre los ojos otra vez, mira el disco, yo soy el disco. Olvida quién eres, tu mente está en blanco. Sólo estás aquí para complacerme, mi voz es lo único que existe, la voz de la razón, la voz que a partir de ahora obedecerás. Yo soy tu Amo.-

    Inculcó Marcus la primera instrucción para someter a aquel macho.

    El alemán abrió lentamente los ojos, quedó enceguecido por el disco y pareció sumergirse todavía más en el trance.

    -Siii… Mi mente está en blanco… Sólo estoy aquí para complacerte… Tu voz es lo único que existe… La voz de la razón… La voz que a partir de ahora obedeceré… Tú eres mi Amo…-

    Repitió James con una voz débil y gutural, mas sin saber que aquellas palabras lo obligarían a partir de ese instante a estar bajo el control de Marcus.

    -Bien, muy bien. Tu mente está en blanco. Tu deseo es el mío, mi deseo es el tuyo. Eres mi esclavo.-

    Instruyó Marcus sin dejar de sostener el disco delante de la cara del guardaespaldas.

    -Siii… Mi mente está en blanco… Mi deseo es el tuyo… Tu deseo es el mío… Yo soy tu esclavo…-

    Volvió a afirmar el alemán completamente bajo el influjo infalible de Marcus.

    -Bien, perfecto. Muy bien. Nunca despertarás del trance, Al menos que yo te lo ordene. Mientras estés bajo trance, harás y creerás todo lo que yo te diga.-

    Implantó Marcus aquella poderosa sugestión que destruiría la voluntad del guardaespaldas para siempre.

    -Nunca despertaré, al menos que tú me lo ordenes… Mientras esté bajo trance, haré y creeré todo lo que tú me digas…-

    Admitió el alemán doblegado por el instrumento hipnótico de Marcus.

    -Bien, muy bien. Esto es lo que te ordeno. Escúchame bien, voy a chasquear los dedos, contaré hasta 3 y cuando lo haga estarás consiente de lo que pasa, pero continuarás hipnotizado. Mientras estés hipnotizado harás y creerás todo lo que yo te diga sin oponerte ¿Entiendes?-

    Señaló Marcus, al apagar el disco hipnótico.

    James no se inmutó y fijó su mirada en los ojos de Marcus. -Si… En cuanto chasques los dedos y cuentes hasta 3, estaré consiente de lo que pasa, pero seguiré hipnotizado… Mientras esté hipnotizado haré y creeré todo lo que me digas.. Sin oponerme… Si Amo…-

    Aceptó James la sugestión sin mostrar la más mínima inflexión en su voz.

    -Bien, vamos. ¡1, 2, 3!-

    Contó Marcus y chasqueó sonoramente los dedos.

    El alemán parpadeó desconcertado, sin embargo tras un par de segundos miró a Marcus de una manera extraña, del mismo modo en que un perro contemplaría a su señor.

    -James, yo soy tu Amo y tú eres mi esclavo. A partir de este momento te ordeno que te comportes como mi novio esclavo en toda regla. Ahora eres mi esclavo sexual, eres gay y sientes una increíble y desenfrenada atracción por mi persona y una incontrolable pasión por ser mi novio esclavo. ¿De acuerdo?-

    Indicó Marcus a la vez que levantaba el ramo de rosas.

    -Si, Amo. Soy tu esclavo, tu novio esclavo, tu esclavo sexual, soy gay y me siento atraído por tu persona. ¡Existo para brindarte placer y me apasiona ser tu novio esclavo! ¡Qué bueno que estás aquí mi Amo!, preparé todo lo que ordenaste. La champaña está fría y lista para ti. Tengo todo listo para una noche perfecta. ¿te gusta cómo estoy vestido mi Amo?, ¿Te gusta mi colonia mi Amo?, ¿me veo guapo para ti?, ¿te complazco?-

    Dijo James totalmente bajo el influjo de la instrucción hipnótica, al tiempo que se arrodillaba ante Marcus y besaba el dorso de su mano.

    Marcus quedó maravillado ante los efectos tan poderosos del disco. Esta vez se había superado a sí mismo. James se encontraba consiente, pero al mismo tiempo continuaba bajo hipnosis y totalmente indefenso ante lo que él quisiera hacerle. Marcus no cabía en sí de gozo por aquel triunfo y disfrutó sobre manera al observar a aquel hombre tan irresistible y viril, arrodillado delante suyo, con una expresión de sumisión y deseo en su mirada como nunca antes había visto en alguno de sus esclavos, salvo Alfonso.

    -Levántate. ¡Si me encanta como te vez!, ¡Estás tan sexi y esa colonia me vuelve loco!-

    Respondió Marcus, mientras besaba a James en la boca.

    El guardaespaldas contestó esta vez al beso con premura y abrazó a Marcus de una manera fogosa, mientras dejaba que él se deleitara con su cuerpo. -Mi Amo. ¡Tú eres el hombre más atractivo que he conocido! Dime lo que deseas. Soy tuyo y esta noche estoy para complacerte en todo.-

    Dijo James seductor mientras pasaba su lengua sobre los labios de Marcus.

    -Ah, besas excelente. ¡así te imaginaba! Pero ahora vamos a cenar. Muero de hambre, quiero que esta noche sea una velada de ensueño, quiero que me cuentes todo sobre ti y seas el novio perfecto. Pero quiero ver más tu cuerpo. Quítate el saco, la corbata y la camisa. Quiero ver tu torso desnudo. Tira la ropa en el suelo.-

    James obedeció y se sacó rápidamente la ropa, la arrojó al suelo y tomó a Marcus por la cintura. Lo condujo hasta el comedor y mientras caminaban, el guardaespaldas no dejó de besarlo y acariciarlo.

    Marcus se quedó impresionado al contemplar la mesa del comedor, arreglada con velas aromáticas, flores y la platería lista para servir la cena. James volvió a besarlo, mientras retiraba la silla para él. -¿Quieres una copa primero en lo que sirvo la cena mi Amo?,-

    Preguntó James en medio de un ronroneo, mientras acariciaba el cuello de Marcus.

    -Si, esclavo.-

    Dijo Marcus, tras besar y pellizcar el pecho desnudo de James.

    El guardaespaldas sacó la champaña de la nevera y vertió el espumeante contenido en una copa de cristal cortado, para enseguida ofrecérsela a Marcus de forma galante. Marcus sorbió de ella y le dirigió una significativa mirada, a la que James obedeció de inmediato.

    El sexi guardaespaldas sorbió lentamente de la copa y depositó el trago en los labios de Marcus, a la vez que volvieron a compartir un largo y candente beso.

    -¡Ah, maravilloso!, me encanta como besas. Enserio. Eres un magnífico besador.-

    Dijo Marcus presa del deseo.

    -¿enserio? Mis labios te pertenecen mi Amo. Soy tu novio esclavo y existo para brindarte placer.-

    Afirmó James con su tono más seductor.

    -¡Me vuelves loco!, pero en verdad tengo hambre. Después podremos calmar el otro apetito. Sirve la cena mi esclavo. Pero quiero que a cada platillo te vayas quitando la ropa, sólo quiero que te dejes el bañador.-

    Pidió Marcus, mientras besaba y chupaba el cuello de James.

    En respuesta el guardaespaldas tomó el rostro de Marcus y una vez más se apoderó de su boca. -Lo que tú quieras. Esa es mi misión esta noche, mi Amo. Complacerte. Hacerte disfrutar.-

    Aseguró James, mientras se apartaba y se dirigía hacia la cocina.

    Marcus se encontraba alucinado por el dominio conseguido. James se hallaba hipnotizado y por primera vez, podía decir que la hipnosis era inagotable, se trataba de su segundo logro mayor, después de la Caja Kaligari. Se divertiría mucho con ese macho, la cacería era un éxito y la noche prometía.

    James regresó y sirvió la sopa de ostras para ambos y Marcus se quedó maravillado cuando antes de sentarse, se sacó el cinturón y lo arrojó en el suelo. Después activó el reproductor de música, puso a bajo volumen una ópera, apagó las luces y encendió las velas.

    -Excelente, soberbio. Cuéntame de ti, tus gustos. Quiero que me hables de tus torneos y premios en artes marciales. Eso me excita tanto. Eres un hombre tan varonil y sexi.-

    Solicitó Marcus al tiempo que comenzaba a comer y por debajo de la mesa acariciaba una de las piernas de James.

    El guardaespaldas sonrió encantado y le dirigió una mirada hambrienta a Marcus. -Lo que quieras mi Amo. Me agrada que te parezca sexi, entonces te va a gustar mucho lo que voy a contarte.-

    Pronunció James al tiempo que rellenaba la copa y devolvía la caricia sobre los muslos de Marcus.

    Durante una hora, los dos conversaron, rieron y coquetearon animadamente, interrumpidos tan sólo por las veces en que James se levantaba para servir los demás platillos. Cuando despachó la ensalada de espárragos y berenjenas, se quitó los zapatos. Cuando sirvió el pato en salsa de arándano se sacó los calcetines. Y cuando colocó las fresas con chocolate, se quitó los pantalones.

    Marcus se sentía feliz y más que satisfecho por la velada. Veía a James con ojos de ansia y un apetito cada vez más creciente, sobre todo cuando quedó sólo en el bañador. Marcus alzó la mano e interrumpió a James en una alegre alocución sobre su última conquista amorosa, pues a Marcus le complacía escuchar acerca de sus aventuras sexuales.

    -Ven aquí, arrodíllate. Dame las fresas en la boca.-

    Ordenó Marcus, mientras tomaba la bandeja del postre.

    El alemán se levantó de la silla, se colocó con una rodilla en el suelo y cogió la bandeja en sus manos. -Si, será un placer mi Amo, ¿pero no será mejor que te las de a comer con la boca?, Es mejor para lo que sigue, ¿no lo crees?-

    Inquirió insinuante a la vez que tomaba una gran fresa con sus dedos índice y medio, para ponerla en los labios de Marcus.

    Marcus degustó despacio el fruto y chupó el chocolate restante de los masculinos dedos de James. -No, todavía no. Primero dámelas de esta forma. Y tú también cómelas así. Vamos despacio. Despacio. Despacio.-

    Dijo Marcus con un tono incitante.

    El alemán suspiró y comió la fresa que Marcus le daba con gran deleite, mientras lo desvestía con la mirada. -Tus dedos saben a gloria mi Amo. Tú eres la fuente de mi placer.-

    Agregó con los ojos entreabiertos.

    Marcus mordisqueó una nueva fresa y lamió con cuidado los sobrantes del chocolate que se adhirieron a los dedos de James, al tiempo que la nota aguda de una soprano de la ópera que resonaba en el aparato musical, llenaba el pent-house. – -Es una noche perfecta. Eres tan guapo, tan sexi y un hombre verdaderamente interesante. Bésame ahora. Lo deseo.

    -Dijo Marcus en un susurro al oído de James.

    -Si, yo también, aunque a estas alturas deseo más. Permíteme complacerte. Por favor déjame llevarte a la cama y enseñarte el hambre y pasión que siento hacia ti. Quiero besar todo tu cuerpo. Chupar tu miembro, recorrer cada centímetro de tu piel. Quiero que hagas lo mismo conmigo. Sé que me deseas. Soy tuyo y esta noche quiero que uses mi cuerpo y me enseñes el placer homosexual. Mi Amo, haz conmigo lo que te plazca. Úsame, te lo suplico.-

    Exclamó el alemán luego de compartir un largo beso, entregado por completo a su Amo.

    Marcus lo contempló cautivado por su lujuria, por la necesidad y apetito que expresó en cada una de sus palabras. Lo abrazó con lascivia y se apoderó de su boca de forma más vehemente que hasta entonces, mientras acariciaba su espalda desnuda. -James, eres un esclavo perfecto, mi novio. Me encantas. Me encanta tu cuerpo, tu voz, tus besos. Tu hipnosis.-

    Aseveró Marcus cada vez más presa de la necesidad de acostarse con él.

    -Mi Amo. Tú eres el hombre más atractivo que he conocido. Soy tu novio esclavo. Quiero que me uses como tú esclavo sexual. Mi deseo es el tuyo. Yo sólo existo para darte placer. Déjame cogerte por favor.-

    Afianzó James, mientras tomaba una fresa con sus labios y se la daba a Marcus en la boca.

    Por un momento las dos lenguas lucharon por la fresa, a la vez que se acariciaban y lamían mutuamente. El alemán retiró la bandeja, estiró las manos y comenzó a explorar las piernas de Marcus sobre la ropa, al tiempo que frotaba su torso desnudo contra el regazo de su Amo.

    -Levántate, cárgame. Llévame a la recámara, ahora.-

    Ordenó Marcus, sin dejar de besar al guardaespaldas.

    James se incorporó, en un rápido movimiento sacó a Marcus de la silla y lo sostuvo entre sus fuertes brazos. Lo condujo a través del piso hacia su habitación y empujó la puerta hasta depositarlo sobre el lecho. Sin contenerse empezó a desvestirlo. Le arrancó la camisa y el cinturón, bajó la bragueta con los dientes y de un tirón le botó los zapatos.

    -Alto. Alto esclavo, alto.-

    Dijo Marcus entre gemidos.

    James lo miró algo decepcionado y preocupado con el pantalón en las manos. -¿hice algo que te molestara? Perdóname mi Amo. Yo sólo quiero complacerte.-

    Preguntó con aprensión.

    A Marcus le derritió aquella conducta tan sumisa y falta de toda oposición. -No, sólo que quiero prenderme más. ¡Aún no es suficiente!, me encanta ver cómo te desvistes para mí. Busca toda tu ropa, póntela otra vez y trae la bandeja de las fresas. Se me ocurrió un juego que nos va a encender a ambos aún más.-

    Ordenó Marcus.

    El alemán sonrió travieso. -Veo que tienes un fetiche con la ropa. Lo que quieras, te complaceré.-

    Respondió en medio de una lujuriosa sonrisa, pues pareció adivinar los deseos del otro.

    Al cabo de unos minutos James volvió con la bandeja y nuevamente con la ropa puesta, cargado de una mirada incitante que le suplicaba a Marcus que hiciera todo con él. Para incrementar el deseo del guardaespaldas, Marcus también había vuelto a vestirse, le esperaba sentado encima de la cama y lo observaba con lascivia.

    -Bien, dame las fresas. Este es el juego. Yo te daré una en la boca y tú me darás una. Pero si yo la como primero, te quitarás una prenda para mí. Si tú la comes primero, podrás quitarme una prenda.-

    Dijo Marcus, mientras jugueteaba con una fresa cerca de su boca.

    James sonrió divertido y aceptó el reto. -Debo advertirte que mastico rápido. Tu estarás desnudo antes que yo.-

    Agregó el alemán al tiempo que tomaba una fresa.

    Marcus entrecerró los ojos antes de hablar. -Bien, contaré hasta tres y comenzamos. 1, 2, 3, ¡come!, despacio.-

    James llevó la fresa a sus labios y empezó a masticarla lentamente, por lo que le dirigió a Marcus una mirada desaprobatoria, aunque absolutamente divertida, pues no podía resistirse a cumplir esa orden. -Vale, ganaste la primera ronda. ¿Qué quieres que me quite?-

    Inquirió el guardaespaldas tras engullir la fresa.

    Marcus lo miró conquistado por aquella actitud tan romántica y complaciente. -Si la primera es para mí. Ahora quítate los zapatos.-

    El alemán obedeció, se sentó en la cama y se desamarró lentamente cada uno, aunque simultáneamente le dirigió una mirada cautivada a Marcus. -Me encanta el juego, ¿Estás seguro que sólo quieres que me quite los zapatos?, deseo quitarme más.–

    Marcus volvió a pasarle una fresa y esperó a que James colocara una en sus labios. -Come, despacio.-

    Dijo Marcus al degustar la suya.

    El alemán sonrió seductor, se inclinó para besarlo después de comer su fresa. -Volviste a ganar. ¿qué quieres que me quite ahora?-

    Marcus correspondió al beso y lamió sus labios. -Bien, sácate los calcetines y el cinturón.-

    -Como ordenes mi Amo, mi deseo es complacerte.-

    Respondió James al sacarse las prendas y arrojarlas al otro lado de la habitación, aunque para sorpresa de Marcus, rápidamente tomó una fresa y la devoró.

    Marcus lo miró impresionado por un segundo antes de soltar una carcajada complacido. -Vale, ganaste esta vez. Quítame la camisa, desabróchala con cuidado.-

    El alemán lo besó y obedeció más que excitado. Desabotonó lentamente la camisa y besó el pecho, los hombros y vientre de Marcus. -Me encanta tu piel mi Amo, esta noche quiero hacerte mío.-

    Marcus no respondió y comió la fresa antes que James pudiera tomar otra. -Dos podemos violar las reglas, quítate el saco y la corbata, ahora.-

    Pidió Marcus mientras besaba y acariciaba el cabello del guardaespaldas.

    El alemán sin dudar se desanudó la corbata y arrojó el saco al suelo, mas antes que pudiera comer otra fresa, Marcus se adelantó. -¿Quieres que yo sea el que me desnude primero verdad?, ¿qué quieres que me saque ahora, camisa o pantalón?-

    No obstante, Marcus tomó una fresa más y se la dio lentamente para que James chupara sus dedos. -Vamos a partes iguales, sácate la camisa y quítame los zapatos, calcetines y cinturón.-

    James le dedicó una mirada cargada de fuego. -Lo haré, pero cierra los ojos, voy a agregar algo más a nuestro juego. Cierra tus ojos y dame tus manos.-

    Pidió James mientras sujetaba las manos de Marcus.

    Marcus lo besó cada vez más excitado y cerró los párpados. -Eso me agrada, ¿qué tienes en mente?-

    James se desabotonó poco a poco la camisa con la mano derecha y con la izquierda dirigió a su Amo para que explorara cada centímetro de su fornido pectoral.-Toca, disfruta, cada parte de emi cuerpo es tuyo.-

    Dijo James con su voz más sensual.

    Marcus no perdió el control y volvió a comer, aunque esta vez dos fresas de un solo golpe. -Yo gané el juego. Quítate todo. Los pantalones y el bañador. Pero sigue con tu juego sexi.-

    Indicó Marcus entregado al cuerpo del alemán.

    El guardaespaldas sonrió derrotado y guio todo el tiempo las manos de Marcus para que no se perdieran un detalle de cómo se retiraba las prendas. Se concentró en que su Amo explorara sus piernas y lo sujetó con fuerza sobre su pene y testículos. -Esto es tuyo mi Amo. ¡Déjame hacerte mío esta noche!-

    Marcus volvió a pasarle un par de fresas que James aceptó y chupó con lujuria. -Desnúdame, hazme el amor. Quiero que me penetres con toda dedicación. Quiero que seas pasional, pero romántico, quiero que seas mi novio esclavo perfecto.-

    El alemán retiró la bandeja de la cama, tumbó a Marcus boca arriba y le arrancó la ropa. Le plantó besos calientes por todo el cuerpo, en especial en las clavículas, el pecho, el cuello y los genitales. Dio varias lamidas a los testículos y pene de Marcus, que gimió impresionado por la enjundia que James demostraba.

    -Muérdeme el cuello, y frótate contra mí, restriégate contra mí, mi novio esclavo. Y mientras lo haces, di que eres mi esclavo.-

    Instruyó Marcus.

    James hizo más que eso. Mordió y besó el cuello y pectoral de Marcus en forma bestial, después se puso encima de él y comenzó a restregarse de una manera provocadora, al tiempo que ronroneaba y gritaba de placer. -¡Soy tu esclavo, soy tu esclavo, soy tu esclavo, soy tu esclavo!-

    Marcus sintió el poderoso pene de James chocar una y otra vez contra sus muslos y su propio miembro, ya hecho una vara de hierro a esas alturas. -Penétrame y mastúrbame al mismo tiempo, eres un gigoló profesional ¡sabes cómo hacerlo mi novio esclavo!-

    El alemán le dio la vuelta y se acomodó debajo de Marcus. Mordió y chupó el cuello de su Amo en manera repetida, preso de aquella pasión irrefrenable. Lo sujetó de las caderas y los hombros, mientras le sacudía y penetraba rápidamente, a la vez que alternaba y frotaba el falo caliente de Marcus. -Eres mi Amo. Existo para brindarte placer. ¡Soy tu esclavo, soy tu esclavo, soy tu esclavo, soy tu esclavo!-

    Gritó sumergido en aquel trance sexual, tras incrementar el ritmo de la penetración y la masturbación.

    -Di que eres mi novio, mi esclavo sexual, que disfrutas estar hipnotizado. ¡Más rápido, penétrame aún más rápido!-

    James gritó de placer y aumentó el movimiento de su bombeo, mientras clavaba sus uñas en los hombros de Marcus y chupaba su cuello con desenfreno. -¡soy tu novio, tu esclavo sexual, disfruto estar hipnotizado!-

    Marcus gritó al percibir el golpe incesante del miembro de James atravesar su esfínter y chocar con potencia contra su próstata. La mano izquierda del guardaespaldas frotaba una y otra vez su pene y Marcus vio toda la habitación turbia debido al lívido. -¡Córrete, para mí!, ¡Córrete para mí!, ¡Córrete ya!-

    James lo aferró de los hombros con una mano, lo mordió en el cuello al mismo tiempo que lo masturbaba con locura y le atravesaba en una larga y profunda estocada. Marcus no pudo creer que su esclavo era capaz de hacer las tres cosas al mismo tiempo, por lo que explotó en una eyaculación que llenó la mano de James de semen, a la vez que el guardaespaldas segregaba todo su esperma en el recto de Marcus y el orgasmo los alcanzaba a ambos.

    -¡Soy tu esclavo, soy tu esclavo, soy tu esclavo!-

    Concluyó James en medio de gritos y ronroneos guturales de placer que a Marcus lo encendieron todavía más.

    Esa noche, Marcus perdió la cuenta de las ocasiones en que hicieron el amor. Una vez dejaba que James lo penetrara. La siguiente era Marcus quien le enseñaba el poder del sexo gay. Después el guardaespaldas trataba de replicar la lección aprendida. Y Marcus volvía a demostrar que él era el maestro del sexo, el Amo de la hipnosis, el Amo de James.

    Nota del autor: el séptimo hombre, James Slater ha sido cazado por Marcus, sólo falta Nataku para completar el harem. James siempre heterosexual y mujeriego, no pudo oponerse al condicionamiento posthipnótico.

    ¿Cuál será el destino de estos hombres en manos de Marcus?

  • Obedeciendo a un extraño

    Obedeciendo a un extraño

    No todos tenemos el mismo lugar en el mundo, algunos pueden elegirlo y otros no.  Tuve la suerte de elegir y… ¿Cuál elegí? Bueno, yo soy la puta que aunque no te conozca, le decís dos cosas sucias y ya está cumpliendo con tus demandas. Sí, amo satisfacer, siento que es lo que mejor me sale hacer, y me calienta pensar que si algún macho me quiere coger, mi deber es permitir que eso pase.

    Este pensamiento no surgió hasta que conocí a un hombre por chat, era un macho dominante de unos 40 años. Empezó la conversación diciéndome lo lindo que era, y queriendo conocerme.

    -Qué linda carita que tenés, cuántos años tenés?

    -Gracias, tengo 18 bebé, y vos también sos muy lindo.

    -Tenés más fotos?

    No me gusta dejar a los chicos esperando, así que inmediatamente entré a la galería y le mandé dos fotos, una de mi cara, y otra foto en 4 totalmente desnudo, entregado y vulnerable.

    Él era alguien directo, no me conocía, pero sabía que yo era una trola y no iba a cuidar sus palabras conmigo.

    -Que hermoso culo, me gustaría atarte y romperlo todo. Pero así no quiero, quiero verlo desde frente.

    -Ya va bebé

    Desearía que me hubiera dicho “así no, pedazo de estúpido” porque así comenzaría a mostrarme cómo me humillaría y me obligaría a hacer lo que él quiera. Aun así noté su descontento.

    -Perdón papi, ya te muestro como te gusta.

    -Así me gusta.

    No tenía fotos de mi culo de frente, así que fui al baño, abrí bien el orto y saqué una foto como pude.

    -Me encanta. Querés verme a mí?

    -Me encantaría hermoso.

    -Atate las bolas.

    -Cómo papi?

    -Buscá algo y atate ya las bolas, que te queden bien apretadas.

    Agarré el cordón de unas zapatillas y lo até lo más fuerte que pude, le mandé foto como buscando su aprobación. La aprobación de un completo desconocido que me daba órdenes y ya tenía suficientes fotos mías como para reírse con sus amigos de la zorra que se había encontrado por internet.

    -Bien fuerte atalo puta. Me gustan así como vos, bien obedientes.

    -Sí papi? Puedo ser súper sumisa, quiero complacerte, por favor pedime que te de placer.

    -Quiero que te arrodilles y me chupes la pija hasta el fondo

    Después de ese mensaje me llega una foto suya, me quedé mirando casi que alabando su increíble miembro, y es que era muy grande y peludo como me gustan, sentía que si me lo metía a la boca iba a terminar con los ojos llenos de lágrimas de todas las veces que me ahogaría.

    -Es enorme

    -Vas a meterla en tu sucia boca y no la vas a soltar, está claro?

    -Y qué pasa si la suelto? Igualmente si me ahogo no voy a tardar ni un segundo en volver a meterla en mi boquita.

    -Si la sacas de tu boca te pego en las bolas con una paleta.

    -Bueno papi. Hagamos una cosa, vos me pones contra la esquina del baño, yo abro bien grande la boquita y vos controlas cómo, a qué velocidad y qué tan profundo la metés, aunque me ahogue mil veces no pares hasta acabar. Tenés permitido cachetearme aunque me duela, te pido por favor que me escupas en la cara para estar tan sucia como me siento, no tengas piedad conmigo.

    Sin que me lo pida, le mandé un lindo video metiéndome los dedos en la boca, me dijo que era una puta regalada, ¿Qué podía hacer yo más que darle toda la razón del mundo y llenarle el chat de fotos de mi culo suplicándole que me agarrara del pelo, me pusiera en cuatro y me rompiera la cola? La verdad es que cada segundo que pasaba sin complacerlo, yo me sentía un inútil, necesitaba tanto estar ahí.

    No me importaba que fuera un desconocido, no me importaba que pudiera atarme y tenerme como su esclava para toda la vida, me tuvo besando sus pies desde el primer instante. Si volviéramos a hablar haría lo que sea por él. Pero por ahora voy a seguir conociendo otros chicos que me deseen, y voy a probar muchas vergas riquísimas, entregándome a los machos calenturientos de internet.

  • No todo en el trabajo tiene que ser aburrido

    No todo en el trabajo tiene que ser aburrido

    Estuve trabajando en la computadora sin cogerme un descanso ni siquiera para un café. Pasaron las horas volando, eso pasa cuando estas retrasado con un trabajo. Mi jefe entraba a mi oficina como si su presencia lograra que aparecieran páginas en mi informe sobre un caso que él trabajaba. Me informó que se tenía que ir a las cinco en punto, que esperaba el informe en su escritorio antes de las ocho de la mañana del otro día. Realmente me daño aquella tarde de jueves.

    Tuve que llamar a mi novia Jenny para decirle que no podía salir temprano. Jenny quien trabaja en una oficina dos pisos más abajo de la mía me había invitado a comer ese día y tenía que cancelar en aquel momento. Ella lo tomo bien, al parecer no era un plan muy concreto. También me dijo que si quería me hacía compañía a lo que accedí pues mi oficina a esa hora es muy solitaria.

    Llego como a las 5:30, ya todos se habían ido así que trajo unas cervezas para amenizar mi reporte. No la había visto ese día y se veía especialmente bella. Tenía un traje de oficina tan ceñido al cuerpo que presumo fue el tema del día entre las otras mujeres de su trabajo. No es por presumir, pero salgo con la mujer más bella de la de todo el edificio. Charlamos un rato y bebimos unas cervezas mientras cogía un descanso de todas aquellas palabras técnicas. Las cervezas no hicieron mucho por relajarme pues mi mente cambio el trabajo por la curiosidad de que ropa interior había elegido Jenny para tan espectacular atuendo. Le hice la pregunta de cómo era su panty y me dijo que no me diría y que le agradeciera al jefe el hecho de no averiguarlo, pero que lo estaba estrenando. Ya ella había entendido que mi foco estaba cambiando y que ella tenía mucho que ver. Creo que por ver mi reacción me ofreció un masaje en el cuello. Realmente lo necesitaba, aunque su intención era otra. Comenzó con los hombros y luego la espalda. Siempre me ha encantado como me toca, aunque sea apretando mi espalda. Mientras ella me trabajaba la espalda algo entró en mi mente.

    Le dije que me acompañara a la oficina del jefe. Una vez allí cerré la puerta y le dije que la deseaba y que el jefe no evitaría que viera esa ropa interior. Ella se sonrojo pues no esperaba escuchar eso. La pegue a mí y la bese fuertemente. Nos enfrascamos en un largo beso que incluyó mordidas de labios de ambas partes. Le pase la mano por la espalda y claro por sus nalgas. Ya ella había entrado en calor y respondió de igual manera. Le baje el zipper y baje su pantalón mientras ella se quitaba su blusa. Su panty negro y fascia supero mis expectativas.

    La subí al escritorio y moví su panty para el lado. Con suavidad introduje mi dedo notando que ya estaba muy mojada. Al mismo tiempo ella bajo mis pantalones y me agarro el miembro hasta que este terminó de endurecerse. No había tiempo que perder así que la agarre por las rodillas y le introduje mi miembro. Ella me rodeo la cintura con sus piernas. Así, agarrándola por las caderas comencé a penetrarla fuertemente. No pasó mucho tiempo cuando tuvo su primer orgasmo. Me clavó las uñas en el pecho dejando marcas. La sensación de ser sorprendidos en el acto nos daba un impulso de adrenalina que hacía la escena el triple de excitante. Ella me pidió cambiar de posición así que usamos la silla de mi maldito jefe. Se me sentó encima y me galopeo como si quisiera ganar una carrera en el hipódromo. Esta vez fui yo quien le clavó las uñas en sus nalgas mientras las apretaba subiéndola y bajándola sobre mí. Ya para ese punto no disimulaba sus orgasmos y su voz inundaba aquel salón.

    Así continuamos intensamente hasta que le avisé que estaba por terminar. Ella comenzó a moverse con más intensidad hasta que yo termine dentro de ella. Ella me conoce bien y sabe que eso es una de las cosas que más me gusta en el sexo. Luego de eso nos vestimos y nos fuimos a su apartamento a seguir nuestra noche luego de ese aperitivo. Demás está decir que no cumplí con la hora de entrega de mi reporte, pero no me importo pues le entregue lo que quería a la persona que se lo merecía.

  • Adiós primo, espero verte pronto

    Adiós primo, espero verte pronto

    Tenía mucho tiempo queriendo escribir este relato, pero hasta hoy me animo a hacerlo.

    Hace dos años aproximadamente me encontraba en una reunión familiar, era el cumpleaños de una tía, la reunión iba de lo más normal, hasta que se acercó mi prima Valeria, tenía mucho tiempo sin verla y se veía fenomenal. Siempre me había atraído ella es lo que se conoce cómo «gordibuena» no es que estuviera gorda, pero tampoco era flaca, tenía un cuerpo proporcionado, todo en su lugar.

    Ella se acercó a saludarme con un beso en la mejilla, se veía muy bien con un jean ajustado, blusa con escote decente y con tacones, se veía muy sexi. Platicamos un poco, pero como estaba toda la familia decidimos platicar después, así que intercambiamos números para otra ocasión.

    Dos semanas después de eso comenzamos a platicar de nuestros planes para el fin de semana, a lo que le dije que yo me quedaría en casa y ella me dijo que la acompañara a un baile al cual ella iría con un grupo de amigas y le dije que sí.

    Llegó el día del baile y me dirijo al lugar, al llegar la saludé normal, pero noté que era un poco cariñosa más de lo normal, pero no le di mucha importancia. Pasó la noche tomamos, reímos y bailamos, la verdad es que la estábamos pasando muy bien.

    Después llegó la hora de irnos pues ya era tarde y ya había terminado entonces decidimos irnos, pero pasamos por unas cervezas para el camino. Ya estando en la tienda ella comenzó a acariciarme mientras pagaba, en ese momento me llegaron muchas ideas a la cabeza, pero no quise hacer nada ya que éramos primos. Subimos al carro y antes de arrancar se acercó a mí y me dio un beso en la boca, no supe que hacer solo abrí mi cerveza y le di un trago.

    Al llegar a su casa nos despedimos, pero ella volvió a besarme y esta vez si le correspondí, estuvimos besándonos hasta que se escuchó que iban a salir de su casa y salí rápido del carro sin decir nada.

    Esa semana hablamos como si no hubiera pasado nada, pero yo no dejaba de pensar en ese día, siempre me había atraído y ahora tenía la oportunidad de cumplir mi fantasía con ella así que decidí invitarla a salir y tratar de que pasara algo más que solo unos besos.

    Entonces le envié un mensaje para decirle si me acompañaba a un centro comercial ya que tenía que hacer varias cosas y después íbamos a pasear. Me dijo que si, que pasara por ella, llegamos a la plaza, parecía que éramos novios, agarrados de la mano, abrazándonos, y alguno que otro beso. Hice todos mis pendientes y salimos de ahí, decidimos ir al Ajusco.

    Ya estando ahí fuimos a un negocio donde venden cerveza y comenzamos a beber, ya un poco tomados le dije:

    H: por qué me besaste?

    V: porque me gustas, que a poco yo no te gusto?

    No dije nada y comencé a besarla, ella me correspondió y así estuvimos un rato tomando y besándonos.

    La calentura se apoderó de nosotros y salimos de ahí para ir al hotel más cercano.

    Ya en la habitación comenzamos a besarnos y le quité la ropa hasta quedar completamente desnuda, besé su boca y fui bajando y comencé a comerme su pechos ella suspiraba y seguí bajando hasta llegar a su labios y comencé a besarla y a morder si clítoris y ella gemía y gritaba yo seguí haciéndole sexo oral.

    V- ya métela, me vuelves loca

    Subí de nuevo a besarla y de un solo golpe metí mi pene, ella gritó y arañó mi espalda, ella gritaba de placer, después cambiamos y ahora ella estaba arriba de mi cabalgando, volvimos a cambiar y la puse en 4 los dos estábamos a muy excitados yo le daba algunas nalgadas ella se movía para más placer gaste que los dos terminamos al mismo tiempo.

    Al llegar a su casa antes de bajar del carro me dio un beso y dijo:

    V: adiós primo, espero verte pronto.

    Guiñó el ojo y se fue.

    Espero les agrade, es mi primer relato, si gustan escribirme les dejo mi correo [email protected].

  • Del fetichismo de pies a la bisexualidad (Parte 2)

    Del fetichismo de pies a la bisexualidad (Parte 2)

    Pasaron meses desde aquella vez con Lisa. Me había preguntado mucho sobre mi posible bisexualidad desde entonces, y había comenzado a fantasear como será mamarle la verga a un hombre hasta que llenase mi boca de semen caliente. Con ese deseo creciente comencé a ver porno de bisexuales, transexuales, gays, etc. Durante algunos de mis maratones pornográficos, probaba mi semen, degustando su textura en mi lengua y garganta, ese sabor a veces un poco amargo. No me gustaba demasiado, pero cada tanto lo probaba con más frecuencia.

    Una noche luego de ver mis porno antes de dormir, soñé que estaba en los primeros años de universidad. En el sueño estaba en mi casa jugando videojuegos con un vecino que vivía en la casa del fondo. En aquella época pasábamos mucho tiempo juntos, paseábamos en bicicleta, practicábamos deportes, y nos llevábamos bien en general.

    Él era moreno claro, tenía un color de piel muy bonito, era más bajito que yo, medio gordito, su cara de rasgos finos y ojos medio achinados, cabello negro liso, y tenía unos pies muy delicados que parecían de niña, me gustaba vérselos, sobre todo cuando lo visitaba después de que saliera del baño, o cuando se iba a mi casa y se sacaba los zapatos para subirse a mi cama a jugar videojuegos. Siempre trataba de tocárselos, si jugábamos a una lucha siempre le tomaba por los pies, y cosas así, para sentir su tersa piel y su olor. Pese a eso, nunca me sentí enamorado de él, o ganas sexuales.

    Pero en este sueño, fue distinto. Estábamos jugando en la consola como siempre, él sobre la cama y yo sentado en el suelo, sé que le ganaba, y el para ganarme comenzó a empujarme un costado de la cara con uno de sus pies, para no dejarme ver, para distraerme. Aunque quería ganar, sin poder controlarme comencé a excitarme, y me dejaba frotar cada vez más mi cara con su suave pie, haciéndome el tonto.

    -Ni con picardías me ganaras Dani!

    Le dije para disimular que estaba disfrutando su ataque de pies.

    -Cállate y besa los pies de tu amo mientras pierdes!

    Eso me excitó más, mi pequeño pene se empalmaba y me molestaba el pantalón. Ya cada vez podía jugar menos y me concentraba más en su pie, en su olor, en su textura frotando mi cara. Casi por reflejo abrí la boca y Dani aprovechó de empujar sus dedos dentro.

    -Así me gusta! Chúpalo como chuparas mi verga Alex!

    Ya tan excitado no jugué más, solté el control y tomé su pequeño pie y comencé a mamar provocativamente su dedo gordo, mientras lo miraba a los ojos. Sabía rico aquel joven y terso dedo.

    -Ah ya veo que te gusta mamar, ahora te daré algo más sabroso, ven, trae tu boca y chúpamela.

    Obedecí su orden sin perder tiempo. Él se sentó en la orilla de la cama y saco su pene por el cierre del pantalón, lo tenía ya algo excitado. Yo estaba arrodillado, subió sus pies sobre mis muslos y me tomo la cabeza con una mano y me jaló mientras con la otra metía su pene medio erecto en mi boca. Sabia un poco a orinas, algo fuerte y salado, pero comencé a chuparlo y frotarlo con mi lengua y labios. Chupé durísimo y rápido, sentía como sus pies se estiraban sobre mis muslos por el placer. Me excitaba más y más mientras lo oía decirme cosas lujuriosas entre gemidos.

    -Querías mamármela, lo sabía, sabía que esa boquita y ese culito serian míos. Voy a cogerte ahora, voy a desvirgarte y te preñaré con mi leche. Vas a ser mi mujercita desde hoy en adelante cada vez que lo quiera!

    -Si Dani, lo que tú quieras, soy toda tuya, hazme lo que quieras…

    -Párate y quítate el pantalón, el interior, y ponte en 4 en la cama, como la perrita que vas a ser!

    Obedecí lo más rápido que pude. Estaba muy excitado. Solo quería que me cogiera. Me puse en la cama y separé mis piernas mostrándole mi culito virginal. Sentí que se acercó, tomo su verga y puso su cabeza justo sobre mi ano y comenzó a penetrarme sin darme tiempo de nada.

    -Me arde Dani, mejor no! Me duele! Ay…

    El me tomo de mis caderas y empujo más y más hasta que sus bolas pegaron de las mías.

    -Cállate, ya te he penetrado hasta el fondo, eres mi mujercita, y ahora te cogeré rico hasta preñarte! Quiero que grites quien es tu papi! Quien te está cogiendo? Dilo!

    -Tu daniii! Tuuu… Eres mi paaapiii. Préñame por favor! Quiero ser tuya!

    -Así me gusta!

    Comenzó a meterlo y sacarlo más y más rápido. Pegaba de mis nalgas y sonaba muy fuerte. Sentía que me iba a venir mientras él seguía cogiéndome como un perro a una perrita. Así me tuvo unos minutos hasta que dijo:

    -Ahora te preñare, voy a llenarte de mi leche. Uhmmm!

    Me empujó hasta quedar acostado en la cama. Abrió sus muslos por fuera de los míos, penetrándome más, mientas subió sus pies a mis pantorrillas y me obligaba a abrir las piernas. Se tumbó sobre mi espalda, pasó sus brazos por delante de mi pecho y me tomo de los hombros. Comenzó a besarme el cuello mientras me penetraba frenéticamente. Me tenía inmovilizado, así me tuvo hasta que sentí su boca en mi oreja, escuchaba sus gemidos y su respiración. Escuché un gemido más y sentí como su miembro bombeaba semen en mi interior.

    El orgasmo que sentí en el sueño me despertó, y me di cuenta que me había bañado en leche la ropa de dormir, el sueño fue muy intenso, tanto que me provoco un verdadero orgasmo.

    Luego de ese sueño entendí que debía comenzar a explorar más mi lado bisexual. Pasé todo el día pensando en el sueño, en que quería un dilo para probar como se sentiría estimular mi culito, y si me gustaba, pues quizás intentaría tener alguna relación sexual con otro hombre.