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  • Puta por una noche

    Puta por una noche

    Dentro de las cosas locas que he hecho, hace tiempo tenía la fantasía de saber que se siente ser prostituta por un día o por una noche. Así que me dispuse a cumplirla y me anuncié con un perfil falso en una red social conocida.

    Recibí varias solicitudes, pero una me llamó la atención y ese fue el elegido. Para guardar las apariencias, a mi marido le dije que saldría de fiesta con unas amigas y que regresaría de madrugada. A media tarde recibí un mensaje que me confirmaba la cita de esa noche.

    De inmediato me preparé, me di un baño rico, me lavé bien la panocha y me la depilé a petición de mi cliente. Me lavé el cabello y lo arreglé. Me puse rubor y un labial rojo que a los hombres les encanta y que delata lo puta que soy. Como estaba decidida a comportarme como toda una puta, decidí no usar mucha ropa. Así que lo único que me puse fue una tanga roja y un bra que le hacía juego, medias negras, tacones y un abrigo largo para que nadie sospechara que iba ligera.

    A la hora acordada, salí a dos cuadras de mi casa para esperarlo y en cuanto llegó me trepé al auto. Enseguida me pagó y me dio una buena propina que no fue de gratis pues inmediatamente que guardé el dinero me jaló el cabello y se sacó la verga para que se la fuera mamando mientras conducía. Se le puso muy dura y gorda. Me pidió que me quitara el abrigo y me tocara las tetas. Con lo caliente que yo estaba, no pude resistir la tentación de meterme los dedos en la vagina y así se la seguí mamando.

    Tan pronto llegamos al motel me subió y me desnudó por completo, solo me dejó las zapatillas y la medias. Me dijo que se le antojaba tenerme así para meterme la verga por detrás frente al tocador. A la hora que me la iba a meter, se dio cuenta de que había olvidado los condones, así que pidió servicio al cuarto. Cuando los llevaron, me hizo abrir la puerta desnuda como estaba, recibirlos de mano y pagarlos mientras me tocaba la panocha y me mordía los labios. Pude ver la verga del camarero levantarse sobre su pantalón.

    Esa escena le gustó tanto que volvió a pedir servicio al cuarto. Esta vez pidió cerveza, pero dejó la puerta abierta y cuando llegó el servicio le gritó al camarero que pasara y pusiera las cervezas en el tocador, mientras él me tenía ensartada de perrito, por el culito. El hombre se quedó tieso sin poder moverse.

    El muy cretino de mi cliente invitó al hombre a tocarme la panocha cosa que hizo de inmediato mientras él me seguía dando por el culo. Después el camarero se desnudó por completo dejando al descubierto una rica verga con las venas bien marcadas. Mi cliente le pidió que se acercara, dejó de darme por el culo, me metió los dedos a la panocha y le pidió al hombre que me diera por el culo mientras él me daba por la panocha. Lo hicieron tan rico los dos que tuve varios orgasmos, tan intensos que sentía que me explotaba el clítoris. Después de tan tremenda cogida, el camarero se fue y mi cliente y yo nos quedamos dormidos sin fuerzas hasta entrada la madrugada.

    Cuando despertamos, nos bañamos y salimos del motel. Mi cliente se comportó como todo un caballero pues me llevó de regreso a donde me levantó. Al llegar a casa me metí en la cama completamente desnuda, con unas ganas inmensas de coger por lo que desperté a mi marido con una rica mamada.

    Me sentía muy caliente al saber que venía recién cogida y que estaba a punto de comerme la tercera verga de esa noche. Mi marido notó lo mojada que estaba y me la metió con mucha facilidad. No sé si se habrá dado cuenta de lo cogida que venía, pero el hecho es que se puso como loco y me cogió como nunca.

    A él le encanta que sea su putita, pero lo que no sabe es que también soy la putita de otros. Quizá un día me atreva a decírselo.

  • El repartidor (Parte 1)

    El repartidor (Parte 1)

    Me llamo Ángel, como repartidor, he visto y vivido muchas situaciones, desde señoras que me han recibido envueltas en una toalla de baño hasta tíos que han querido invitarme a tomar una copa.

    Pero lo que recuerdo con verdadera excitación es el día que conocí a Julia Romero. Una mujer de cuerpo espectacular, lo que yo llamo una real hembra.

    Fue el lunes 23 del mes de noviembre. Un día frio y gris.

    Llamé al timbre del telefonillo con un gesto cansado de tantas veces repetir, esperé respuesta.

    -Si?

    -Julia Romero, un paquete

    – Yo no he pedido ningún paquete.

    Ya empezamos, pensé, la última entrega de la mañana y se tiene que complicar.

    -Mire, el paquete va a su nombre, sino lo quiere lo devuelve.

    -Bueno, suba, pero si no me gusta se lo lleva.

    -Venga, vamos

    Joder, seguro que es una vieja, en cómo le hayan regalado un transistor me va a decir que le enseñe como funciona y que se lo ponga en marcha.

    Al llegar al piso, me abrió la puerta una pelirroja de cuarenta y pocos años.

    Que tía más buena, pensé. Recordando que antes había creído que me iba a dirigir a una vieja, le pregunté casi con cara de asombro, pero es usted Julia Romero. Y esbozando una leve sonrisa, me dijo que sí. Y extendió la mano para recoger el paquete.

    Pero me quedé embobado mirando sus ojos y sus labios. Pensaba esta tía está de puta madre. De repente escuché

    -Me da el paquete?

    -Sí, sí, aquí tiene

    -Espere que lo abra y según lo que sea se lo lleva, porque yo no pedí nada.

    -No hay problema, quiero que se lo abra.

    -Ábralo.

    Me entregó el paquete, y corté el precinto con mi navaja, separé las caras de cartón y quité el papel de embalaje y, ¡coño!! Que ven mis ojos, un consolador realístico de buen tamaño. Casi como mi polla.

    Ella lo estaba mirando con cara de asombro.

    -Se lo queda o lo devuelvo.

    -No, me lo quedo y si acaso ya lo tiraré yo. No quiero que vaya mi nombre unido a esto. Espere que voy a darle algo de propina por el rato que le he hecho perder.

    -Pase y cierre la puerta.

    Al alejarse, no pude evitar fijarme en su figura. La melena que le llegaba hasta casi la cintura, un culo espectacular, con lo que a mí me gustan así, grandes y esta Julia lo tiene precioso, además no lleva tanga, lo sé porque se le marcan las bragas. Es perfecta.

    Ahora cuando vuelva me fijaré en sus tetas. Notaba que me estaba empalmando rápidamente.

    Al momento regresó abriendo un monedero y mirando en su interior. Me quedé con la boca abierta al mirar sus pechos. Que ricos envueltos en su sujetador. Viendo el color de su piel, pensé, unas tetas blancas, con areola rosada, ohhh para apretar y jugar con sus pezones.

    La erección ya era aparente. Creo que ella se dio cuenta, porque dirigió la vista hacia el bulto cada vez más prominente y sonrió.

    Me dio la espalda y continuó buscando en su monedero.

    Pensé, que sea lo que dios quiera, si veo que no quiere nada le pediré disculpas y ya está, pero no aguanto más.

    Me acerqué por detrás y apreté mi paquete contra su trasero.

    – No tiene que darme nada, le dije

    Ella apoyo sus manos sobre el mueble y curvó su espalda apretando más su culo contra mi polla.

    Puse mis manos sobre su cintura y fui bajando lentamente el pantalón y las bragas al mismo tiempo que acariciaba sus muslos.

    Me quedé mirándolo durante unos segundos, blanco, casi azul. Grande, redondo.

    Ella debió notar que lo estaba observando, pero se quedó inmóvil, esperando mi siguiente movimiento.

    Mis manos en sus nalgas, acariciándolas, apretándolas.

    Me arrodillé, quería ver su coño. Así que, apreté fuerte sus nalgas y las separé una y otra vez, cada vez más abiertas, hasta que el ano y el coño quedaron al descubierto y distendidos, entreabiertos.

    Mi polla me estaba molestando dentro del pantalón así que me bajé la cremallera y la dejé salir.

    Acaricié sus muslos, ahora por su parte interior, subiendo despacio hacia su coño. Apenas lo rocé se estremeció.

    Volví a separar sus nalgas dejando otra vez al descubierto su ano. Redondo, pequeño.

    Acerqué mi boca y empecé a lamerle todo el contorno. Mi lengua describía circunferencias, mojando milímetro a milímetro aquello tan pequeño que parecía imposible penetrar. Comencé a introducir la lengua un poco más cada vez, metiéndola y sacándola y viendo como la saliva se deslizaba y se detenía en el borde de su almeja.

    Me levanté y apoyé mi polla entre sus nalgas. Mientras mis manos acariciaban su vientre e iban subiendo hacia sus tetas.

    Le dije, te voy a desabrochar el sujetador.

    La visión de su espalda desnuda medio cubierta por su melena ya era de vicio.

    Empuje el sujetador hacia arriba y note el peso de sus pechos en mis manos. Los apreté, estrujé y pellizqué sus pezones que enseguida reaccionaron poniéndose erectos, duros.

    Me estaban entrando ganas de masturbarme y correrme sobre su trasero.

    Volví a separar sus nalgas y apreté el capullo contra su ano, solo empujé hasta que la mitad de la cabeza entro sin dificultades, todo lo demás estaba esperando meterse en su cuerpo.

    Julia entrecruzó las piernas apretando su coño con los muslos.

    Volví a acariciar sus tetas, me acerqué a su oído y le susurré.

    -Quiero follarte el culo mientras te metes el consolador en tu bonito coño. Si quieres, pídeme que te lo folle.

    Julia, al escuchar esas palabras, realizó un pequeño movimiento de sus caderas, no para liberarse de mi polla, sino todo lo contrario para intentar que la penetrara un poco más. Era como si estuviera midiendo el grosor de mi pene que perseguía superar la resistencia de su ano.

    De repente ladeo un poco su cuerpo y mirándome a los ojos me dijo.

    – Sí, quiero que me abras el ojete, que me folles el culo y sentir toda tu polla en mi recto. Pero primero quiero dos cosas. Una es ver tu polla.

    Extendió su mano, me cogió el tronco y se lo saco del culo.

    Se arrodilló y como si estuviera hablando con alguien, deslizando su dedo por todo mi miembro, comentó:

    – Eres una polla muy bonita, Se te ve grande y sana. Has debido de hacer mucho ejercicio, me gusta tu tamaño y me encantan las venas que tienes.

    Acto seguido beso el capullo, lo lamió y empezó a masturbarme a dos manos.

    No podía creer lo que me estaba pasando, Tenía una tía estupenda, grande, espectacular, con un culo que me volvía loco y que, además, lejos de rechazar mi propuesta me estaba diciendo que quería que la follara por el culo. Nunca, jamás me volverá a pasar esto.

    – Lo segundo es que quiero ponerte un poco de lubricante. Noto mi culo todavía un poco reacio a ser follado y quiero que entre bien.

    Saco un frasquito de un cajón y se puso un poco de gel transparente y con un agradable olor a fresas en su mano. A continuación, empezó a extenderlo por toda mi polla.

    Era muy agradable esa sensación, una mano delicada, blanca como el resto de su cuerpo, masajeando mi polla arriba y abajo, una y otra vez. Me parecía imposible aguantar mucho más tiempo. Paró un momento, me la levanto y empezó a acariciarme los huevos.

    Nunca había visto mi polla igual, brillante, con un capullo que de rojo parecía que se estaba poniendo morado. Las venas ingurgitadas.

    Mientras se daba la vuelta para adoptar la posición inicial pude ver como el resto de gel que quedaba en sus manos, se lo estaba pasando por el ojete.

    Me cogió la polla, se dio la vuelta y la dirigió hacia su culo, buscando la posición ideal que iba tanteando moviendo sus caderas y apretando el glande contra su orificio.

    De repente su ano cedió y entro toda la cabeza. Julia se quedó inmóvil, mordiéndose un labio, fueron unos segundos, después volvió a empujar. Pude notar como mi polla se iba introduciendo lenta, pero sin pausa en su recto. Volvió a parar se incorporó ligeramente, se quitó la camiseta y el sujetador y apretándose las tetas se miró al espejo.

    Sus caderas volvieron a moverse adelante y atrás, masajeando sus tetas, mirándome a través del espejo. A veces parecía que la iba a sacar toda, pero cuando la cabeza empezaba a salir, se la volvía a meter. No la estaba follando, me estaba follando ella.

  • Mi segunda chica trans

    Mi segunda chica trans

    Como les conté en mi historia pasada, tengo una afición por las chicas trans.

    Buscando en internet encontré a esta chica, Luciana, una chica rubia, alta, pechos grandes, cola redonda y grande y viendo más fotos encontré una de su pene todo erecto, me encantó.

    Le escribí y coordinamos el encuentro, fui a su departamento y ahí estaba ella, vestida como una chica que anda caminando por la calle, una remerita y un short.

    Entre, y me saludo con un beso de novia, eso ya me puso muy exitado, e hizo pasar a su habitación y me puse cómodo, ella entro después con una lencería totalmente hermosa. Dejando muy poco a la imaginación. Se acostó al lado mío y me dio beso pasional, fue bajando y me clavo un pete, uno de los mejores que me han dado, y me pongo a tocarla, y en eso encuentro lo que buscaba, ese porongón grande, 22 cm aproximadamente de largo y como 3 dedos y medio de ancho, hermoso falo, empiezo a comerle esa bestia y no entraba en la garganta, ella hacia presión, hasta que entró toda, la garganta totalmente destruida (pero yo totalmente satisfecho) me paró la cola y empezó con un beso negro totalmente excitante, me metía la lengua y empezó su trabajo de abrirme la cola, hasta que se detuvo y empiezo a sentir una presión por mi orto, tan solo había metido la cabeza y yo ya gritaba de dolor y ella me decía, relaja el cuerpo, ya vas a ver qué te va a gustar, y seguía meneándose hasta que siento que media pija ya estaba adentro y el dolor había parado un poco, me sentía totalmente abierto y lleno por dentro, hasta que empiezo a sentir que empieza a chocar, y ese placer de tener prácticamente toda esa pija adentro me encantó.

    Me cogió en muchas formas, y en la posición que sentía que me llegaba hasta el estómago era la de patitas al hombro, me sentía el puto más feliz de la vida. Cuando estaba por acabar se la pedí en la boca, y así fue. Toda una lechera, y quedé enamorado de esa chica, he tenido muchas aventuras más.

    PD: Avisen si quieren más historias.

  • Me hizo sodomizar por un amigo (cuento corto)

    Me hizo sodomizar por un amigo (cuento corto)

    Me avisó mi marido que esa noche me prepare y me vista sexi porque íbamos a salir, cuando es así, ya sé que voy a tener sexo con alguien más además de él.

    Disfruta verme con otros hombres, y yo claramente lo permito y disfruto como parte de un arreglo que hicimos hace algún tiempo, luego que él descubriera un engaño de mi parte, a partir de ahí, nuestra vida sexual cambió totalmente.

    Como ya he explicado, empezó invitando a gente desconocida para que nos visite y tengan sexo conmigo en su presencia, con el tiempo hizo lo mismo, pero para humillarme aún más, comenzó a entregarme a sus amigos que por lo general también eran amigos míos, hasta alguno casado con una amiga mía que obviamente no podía saber lo que sucedía.

    Ésta vez salimos en el auto y pasamos a buscar a un señor que yo nunca había visto en mi vida, pero que aparentemente conocía bien a Quique, o por lo menos eso trataban de hacerme creer.

    En el viaje la conversación entre ellos era normal y yo también participe de ella despreocupadamente, en realidad me tenía intrigada un poco que iba a suceder y adonde íbamos, de pronto mi marido encaró el portón de un hotel alojamiento y entramos los tres sin que el tercero se oculte, era uno de esos hoteles en donde permiten más de dos personas en una habitación.

    Ya en ella Quique comenzó a besarme y nos fuimos quitando la ropa, el amigo que se llama Esteban, permanecía parado muy cerca nuestro sin intervenir hasta que noté que empezó a sacarse la ropa y quedó en segundos, completamente desnudo al lado nuestro, no pude evitar ver la verga medio dormida que le colgaba entre las piernas, que no obstante se la veía muy grande y gruesa, mientras mi marido me besaba y chupaba las tetas vio como lo miré y al tiempo que Esteban empezó a tocarsela provocando que se le ponga dura y se agrande considerablemente, Quique me dijo al oído…

    – mirá lo que te vas a comer nena.

    Realmente me estremecí, he estado con muchos hombres muy bien dotados, y acepto todo tipo de relación sexual, obviamente eso incluye anal, pero éste hombre portaba algo muy grande.

    En ese momento se acercó a mi por detrás, me manoseo la cola y pasó la yema de sus dedos lascivamente por mi ano y exclamó…

    – qué lindo culo tiene, lo voy a disfrutar mucho.

    Yo miré a Quique y le dije…

    – no por favor amor, no dejes que me haga eso, es demasiado grande, va a dolerme mucho.

    – cállate putita, vos haces lo que yo te diga, anda a la cama y ponete en cuatro.

    – por Dios amor te lo ruego no me hagas hacer esto.

    Seguidamente me tomo de un brazo y me llevó a la cama, me hizo poner al borde de ella con el culo hacia afuera y las piernas bien separadas, obviamente eso hizo que mi ano quedara bien expuesto y a disposición de ese hombre, que además separó bien mis nalgas, luego me lo escupió y lo comenzó a lubricar con sus dedos llenos de saliva.

    Quique hizo que apoye mis codos sobre la cama y junte mis muñecas, me coloco unas esposas y me dejo las manos inmovilizadas, comencé a llorar intuyendo el sufrimiento al que iba a ser sometida estando indefensa y rogué encarecidamente que me suelte.

    – Por favor amor, no permitas esto ¿porque me haces hacer esto?

    No me contestó y por toda respuesta empecé a sentir esa enorme pija apoyándose en el borde de mi agujerito anal, comenzó a entrar lentamente su glande y miré a mi marido que se estaba acomodando frente a mi a punto de poner su pija en mi boca, cuando me dijo…

    – aflojate, abrite bien y quedate flojita, no lo hagas más difícil mi amor.

    Solo lo miré y esboce leves quejidos, era tal el dolor que no podía articular palabras, pocos segundos después sentí como esa enorme y gorda cabeza había pasado y estaba dentro mío, grité y sentí caer lágrimas por mis mejillas, todo parecía en cámara lenta, yo estaba con la boca abierta y mi marido puso su verga en ella haciendo que no pueda hacer otra cosa que chupársela, evitando escuchar mis súplicas, entonces me apretó los pezones y dijo…

    – que duritos tenés los pezones perra.

    Esteban siguió empujando muy lentamente y de a poco fue venciendo la resistencia que ofrecía mi ano, a pesar de tener la verga de mi esposo en la boca, solté un grito desgarrador, en ese instante Quique empezó a acabar y lleno mi boca de leche, no pude evitar tragármela toda, tenía la pija hasta la campanilla y no había forma, me estaba ahogando con su esperma blanco y espeso, cuando el amigo de mi marido no tuvo más compasión y terminó de metérmela toda entera.

    Sentí su cuerpo pegado al mío y entonces supe que la tenía toda adentro, el dolor era insostenible, terminé de tragar el semen de mi marido, y éste me sacó la verga de la boca, empujó mi cabeza hacia abajo, y me dijo…

    – movete vos solita mami, entregate mi amor, sé que te gusta, disfrútala.

    Obedecí, comencé a mover las caderas y mi cola se dilató lo suficiente como para que no me duela tanto, el tipo se entusiasmó con mi movimiento y empezó a acelerar la frecuencia de la penetración, por Dios pensé, me está haciendo ver las estrellas.

    – por favor basta no puedo más Dios mío, me rompe el culo papi.

    Quique me volvió a apretar y estirar los pezones y le dijo al amigo que él ya había acabado y que yo era toda suya, grité y rogué que se detenga, pero no me escuchaba y el sádico de mi marido, le dijo que me la de toda con fuerza, y me pellizcó mientras el tipo me daba unos chirlos en las nalgas y empezó a acabar como un animal, lloré, grité y caí rendida con ese bestia encima mío llenándome el culo de leche.

    Ninguno de los dos se preocupó por mi satisfacción, solo desahogaron su instinto animal y no les importó como yo estaba, se vistieron sin hablarme y yo hice lo mismo después de darme un baño.

    Espero que les haya gustado.

    Gracias por leerme.

  • Juguemos esta noche

    Juguemos esta noche

    «Que te parece si está noche jugamos, a que te de una noche llena de placer y lujuria.

    Quiero que esta noche, seas mío.

    Quiero que te sometas a todos mis juegos perversos y sensuales.

    Voy a hacerte gemir tan fuerte, que haré que te quedes sin garganta.

    Voy a quitarte todos tus miedos.

    Haré que te vengas bien rico.

    Voy a desnudar todo tu cuerpo.

    Te voy a esposar y disfrutaré de tu glorioso cuerpo.

    Te voy a vendar los ojos y beberé el néctar de tu miembro.

    Te masturbare y te haré jadear mucho.

    Te voy a hacer mío cuántas veces sean necesarias.

    Te voy a llevar al infierno, para que toquemos las llamas de la pasión y la lujuria.

    Quiero que seas el esclavo de todos mis juegos perversos y favoritos.

    Quiero jugar contigo.

    Quiero que esta noche sea espectacular.

    Quiero divertirme contigo.

    Te llevaré a mi cuarto de juegos.

    Ya te esperan unos lubricantes.

    Ya te esperan unas muñequeras.

    Y ya te espera una cama roja para pasarla bien esta noche.

    Nunca me vas a olvidar, mi amor.

    Y nunca olvidarás esta noche.

    Haré que desees estar conmigo otra noche, si tú te dejas jugar.

    Y te esperaré con la mejor lencería sensual para dejarte sin aliento y sin palabras»

    – Andy Pau

  • Primera vez dominando a una sub

    Primera vez dominando a una sub

    Era una tarde como cualquier otra de la nueva normalidad.

    Como tengo algunos temas médicos, me indicaron que por precaución deje de ir a la oficina todos los días, que solamente vaya para lo imprescindible.

    Soy Gerente General de una compañía, por lo que claramente puedo manejar muchas cosas desde casa, a través de la computadora, pero me aburro.

    Hace unas semanas por decidí ir para una reunión con tres gerentes, donde quería estar presente dado que los temas eran muy importantes e involucraban una gran inversión.

    Cuando llegué, subí directamente desde la cochera donde me dejó mi chofer y por el ascensor privado llegué al piso de la sala de reuniones donde me esperaban. Luego de saludarnos a la distancia, tomamos asiento y pedí que nos traigan café.

    No iban cinco minutos de la reunión que golpean la puerta de la sala y luego que uno de los gerentes le diera el ok, ingresó una joven de unos 20 años, de bastante buen cuerpo por lo que dejaba entrever el uniforme de la empresa.

    Con paso ágil fue sirviendo a los gerentes, y noté que no levantaba la mirada de la bandeja. Cuando llegó a mí simplemente dijo “Señor” y dejó el café a un lado junto con dos sobres de azúcar.

    Terminada la reunión pedí que mi chofer me espere en la puerta del edificio y luego de unos minutos bajé.

    Cuando salgo del ascensor privado me encuentro a la joven, que al verme, nuevamente bajó la mirada y me dijo “señor, buenas tardes”, tras lo cual, salió a paso rápido delante de mí.

    Cuando subo al auto y emprendemos la marcha, veo a la joven en la parada del bus, justo en el momento que empezaba a llover. Le pedí al chofer que diera la vuelta y al acercarnos vi que seguía allí. Indiqué al chofer que se detenga y abriendo la ventanilla le ofrecí a la joven llevarla. Primero no aceptaba, diciendo que no quería incomodarme ni sacarme de mi recorrido. Luego aceptó y subió al auto.

    Como su casa era en la misma dirección que la mía, pero más alejada, le indiqué al chofer que primero me deje a mí y luego la llevara. Ella no hablaba, simplemente miraba hacia adelante. Pero se podía ver su nerviosismo por como sujetaba su cartera.

    Obviamente, pregunté su nombre y a pesar que suponía que me conocía, le dije el mío y estiré mi codo para hacer el “nuevo saludo Covid” y relajar un poco la situación.

    Me dijo que se llamaba Mariel, y por mis preguntas me contó que vivía con sus padres.

    Llegamos a mi casa y le indiqué que le diera su dirección a Jorge tranquila, que era mi chofer personal y hacía años que trabajaba para mí y que era de mi confianza.

    La semana siguiente, me avisan que iban a mandar al final unas carpetas para firmar. Como era el último día de mi chofer antes de sus vacaciones, indiqué que él traiga a otra persona, así él no tenía que volver a la oficina.

    Efectivamente, sobre las 5 de la tarde llegó el auto, la mujer que trabaja en casa abrió la puerta y era Jorge con Mariel. Los hizo pasar, nos saludamos y le indiqué a Jorge que quería hablar con él en privado.

    Pasamos a una sala, mientras Mariel se quedaba con mi empleada en el recibidor.

    Mi intención era darle a mi chofer un sobre con dinero como premio por un buen año de trabajo, su cumplimiento y dedicación.

    Antes que yo pudiera sacar el sobre o hablar, Jorge me dice:

    -Perdone si le incomoda lo que le voy a decir, pero me siento en la obligación.

    -Si Jorge decime -le dije preocupado ya que rara vez me comentaba algo fuera de la oficina y referente al trabajo.

    -El otro día cuando llevé a la señorita a su casa, me preguntó si era normal que Ud. llevara empleados, que no parecía tan malo como lo pintan en la oficina, pero que Ud. tiene una mirada que le provoca escalofrío. Le conté la verdad, que varias veces me ha indicado llevar personal a sus casas, que era un buen hombre y sobre la mirada que yo no lo notaba.

    -Quédate tranquilo Jorge, gracias por contarme.

    Después le di el sobre, le desee buenas vacaciones, que se cuidara y lo esperaba a su regreso.

    Pasamos a la sala Mariel, me senté en un sillón y ella en otro y empezó a separar las carpetas sin hablar ni mirarme.

    -Señor gusta algo antes que me retire -me preguntó Carla mi empleada.

    -Mariel, quieres tomar algo, café, jugo, gaseosa, agua.

    -No señor, no deseo nada, no quiero molestar.

    -Por favor, que deseas.

    -Un té si es posible.

    -Carla, Un té para la señorita y un café y un whisky para mi.

    Comenzó a pasarme carpetas, yo las leía, firmaba y sellaba. Por la visión periférica veía que Mariel mantenía la vista baja sentada.

    -Señorita su te

    -Señor su café y su whisky.

    -Gracias Carla

    -Señor, me puedo retirar a mi casa -me dijo Carla

    -Por supuesto, ya es hora.

    -Gracias, y por favor, si cena no lave los platos ud. Para eso estoy yo.

    -Dale, anda y deja de retarme -dije sonriendo.

    Dejé a un lado la carpeta que leía y le dije a Mariel que tomara el té tranquila. Así lo hizo y le saque charlas de cosas banales mientras yo tomaba mi café y minutos después, le pedí que me pasara la carpeta.

    Ella se levantó, me la alcanzó y seguimos trabajando. Cuando quedaba la última, me la alcanzó y se quedó parada esperando. Cuando terminé, se la di y se agacho para agarrar el resto que estaban en la mesita, mientras me ponía de pie.

    Sin saber por qué lo hacía, simplemente puse una de mis manos sobre su trasero. Para mi sorpresa ella no se inmutó y se quedó así hasta que retiré mi mano.

    Se dio vuelta, miró para abajo y se quedó esperando.

    -Dejá las carpetas en la mesita, le indiqué

    -Si señor

    -Por qué no reaccionaste cuando te toque el trasero?

    -Porque me gustó -dijo sonrojada y mirando para abajo y continuó- Ud. irradia poder, carácter, pero a la vez es gentil.

    -Te gusta el poder?

    -Me gustan los hombres así, que no dudan en tomar lo que les gusta.

    Dicho esto, me senté en el sillón nuevamente y tomando mi vaso de wisky le dije:

    -Sácate la chaqueta y la camisa, esperando una duda o negativa

    -Si señor

    Rápidamente lo hizo y quedaron dos hermosos senos a la vista y seguí

    -Ahora la pollera, que en seguida se quitó y puso en otro sillón

    -Párate al lado de mi sillón

    Cuando estuvo ahí, pasé la mano por su entre pierna y noté como su diminuta tanga estaba húmeda. Se la quité y volví la mano al lugar

    Su sexo estaba completamente depilado, inmaculado. Acaricié su clítoris, y sentí como sus piernas vibraban. Hundí mi dedo en su vagina, lo moví suavemente y la sentí estremecer.

    Lo retiré y lo acerqué a su ano, un temblor en su cuerpo, y lo fui metiendo lentamente. Por primera vez, un gemido, un signo sonoro que algo le sucedía. Cuando llegó a la primera falange, y tras otro gemido le dije:

    -Separa las nalgas y baja hasta tenerlo todo adentro.

    Para mi sorpresa, lo fue haciendo, entre gemidos y pequeños quejidos. Cuando lo tuvo todo adentro, la miré a la cara, y le indiqué que me mire.

    -Te gusta, y mucho. -Le dije mirando a sus ojos.

    -Sí señor -dijo remarcando el señor.

    Sin sacar mi dedo de su ano, me levante y deje caer mi pantalón y mi bóxer. Tomé su mano y la lleve a mi pene que ya estaba listo. Comenzó a acariciarlo y suavemente a masturbarme. Saque mi dedo de su ano, y automáticamente ella giró, se puso de rodillas y comenzó a chuparme mientras apoyaba su mano en mi trasero.

    Cuando tome su cabeza por detrás, apretando su pelo, simplemente dejó caer sus brazos y tomó sus manos en su espalda.

    Cuando acabé en su boca, se cuidó de no dejar nada fuera.

    Se levantó, sus brazos al costado del cuerpo, mirada al suelo, callada.

    -Vestite

    -Si señor

    Lo que sigue queda para otro relato.

  • ¿A qué soy una buena puta, papi?

    ¿A qué soy una buena puta, papi?

    Ana María Fernanda Severina… María Fernanda era una joven sudamericana, morena, de un metro setenta y cinco de estatura. Tenía el cabello negro, rizado, largo y espeso que llevaba en una media melena, sus ojos eran oscuros, y sus tetas y su culo eran gordos.

    María Fernanda desde muy joven oía cómo su padre y su madre hacían sus cosas en la habitación de matrimonio y entre los gemidos que le sentía a su madre y las cosas sucias que le oía decir a su padre se fue sintiendo atraída por él. Cuando se hizo mayor miraba a su padre de aquella manera y su padre comenzó a meterle mano, siempre con su madre delante y estando de espaldas. Aquello tocamientos tenían un morbo que la ponían negra y comenzaron las pajas imaginando que su padre la hacía suya.

    Una noche que estaban follando su madre y su padre fue a hurtadillas a ver si podía ver algo de lo que hacían. Al entreabrir la puerta vio a su padre sentada en el borde de la cama con una venda negra en los ojos y a su madre desnuda en su regazo gimiendo en bajito mientras él le daba con una zapatilla en el culo haciéndose el ciego y poniéndola de puta para arriba. Volvió a arrimar la puerta y dijo para sus adentros:

    -¿Qué clase de juego será ese?

    Se quedó en el pasillo y al ratito sintió a su madre gemir con ganas. Volvió a entreabrir la puerta y vio a su padre arrodillado delante de su madre comiéndole el coño. Su madre gimiendo parecía mirarla a través de la venda negra y sé excitó. Su pequeño coño comenzó a mojarse. Pensamientos guarros surcaron por su cabeza. El primero fue lamer el coño mojado de otra mujer, y el segundo hacerse una paja que le quitara aquel tremendo calentón.

    Se fue a su habitación, se metió en cama, se quitó la enagua y las bragas, cerró los ojos, flexionó las rodillas, se abrió de piernas, introdujo un dedo en su coño mojado y lo metió y lo sacó al tiempo que acariciaba con el dedo el clítoris. Imaginó que estaba en el regazo de su padre, que le azotaba el culo con la zapatilla, después que le ponía el coño en la boca dándole la espalda, el padre le comía el coño y el culo, se daba la vuelta y le daba las tetas a mamar, se sentaba sobre su polla, lo follaba, le comía la boca… y comiéndole la boca se corrió cómo una loba, retorciéndose sobre la cama y tapando a boca con su mano izquierda para que sus padres no oyeran sus gemidos de placer.

    María Fernanda tenía una amiga a la que se lo contaba todo, y esa amiga era su prima Carolina, que era cuatro años mayor, más alta y con todo tan grande que ella. Estaba casada y tenía mucho tiempo libre, ya que su marido trabajaba en una plataforma petrolífera. Ese sábado por la mañana los padres de María Fernanda iban a una exposición. Tomando un café sentadas a la mesa de la cocina de la casa de Carolina, María Fernanda le contó lo que viera, lo que oyera, que pensara y lo que se hiciera. Carolina le dijo:

    -A tu madre le va la marcha y se inventan juegos. ¿Follarías con tu padre?

    -Si no se enterase mi madre, sí.

    -Pues ya sabes lo que tienes que hacer. Cuando no esté tu madre te pones una venda en los ojos y te insinúas. ¿Y con tu madre?

    -¿Con mi madre, qué?

    -¿Follarías con ella?

    -Si no se enterase mi padre, sí.

    -¿Y con los dos?

    -Si ellos quisieran, sí.

    -¿Follarías conmigo?

    -Sí.

    -¿Me harías con la zapatilla lo que le hacía tu padre a tu madre?

    -¡¿Quieres que te pegue?!

    -Sí, quiero.

    -¿Y por qué no me pegas tú a mí?

    Carolina, que estaba vestida solo con una enagua negra, separó la silla de la mesa.

    -Cómo quieras. Ven aquí, saca una zapatilla de uno de mis pies, dámela y échate sobre mis rodillas.

    María Fernanda, que llevaba puesto un vestido que le daba por debajo de las rodillas y calzaba unas zapatillas, se agachó, le quitó la zapatilla del pie derecho, una zapatilla negra con el piso de goma de color amarillo, se la dio, se levantó el vestido, se bajó las bragas y se echó sobre sus rodillas. Carolina le dio.

    -¡Plas, plas!

    -¡Ayyy!

    Carolina se metió de lleno en el juego.

    -¿Te gusta, cuca caliente?

    -No me disgusta, pero duele.

    -¡Plas plas plas!

    -¡Ayyyy!

    Le acarició las nalgas le pasó un dedo por el coño, lo sacó pringado de jugos y le dijo:

    -Te voy a enseñar a masturbarte.

    -Ya sé.

    -No, no sabes, cómo yo lo hago, no.

    -Sí que sé.

    Le largó otra vez.

    -¡Plas, plas, plas!

    -¡Ayyyy!

    -No hables de lo que no sabes, perra.

    -Sí que sé de lo que hablo.

    -¡Plas plas!

    -¡Ayyy! ¡¡Puta!!

    -¡No sabes, carajo! Y no me llames puta o te doy más fuerte.

    -¡Sí que sé, puta!

    -¡¡Plas plas!!

    -¡¡Ayyy!!

    -¿Disfrutas, zorra?

    -Esto de los azotes no es para mí.

    -¡¡¡Plas, plas!!!

    María Fernanda ya estaba cachonda.

    -¡Oooh!

    -Plas, plas, plas.

    -¡Oooh! Vas a hacer que me corra, prima.

    -¡Ni se te ocurra, mojonera! Ponte boca arriba sobre mis rodillas.

    Se puso boca arriba. Su coño, con una mata negra, rizada, que lo cubría todo, quedó al aire. Carolina volvió a pasar el dedo por la raja, y con él mojado acaricio su clítoris haciendo círculos sobre él. María Fernanda le preguntó:

    -¿Te masturbas así?

    -Sí. ¿Te gusta?

    -Así también me masturbo yo.

    María Fernanda abrió las piernas. Carolina le metió un dedo dentro de su estrecha vagina.

    -¡Qué gusto!

    Metió y sacó el dedo varias veces. Acarició sus tetas y después volvió a hacer círculos con el dedo sobre el clítoris… María Fernanda se corrió cómo una loba, gimiendo y temblando y soltando una tremenda corrida que bajó entre sus piernas y le puso perdida la enagua a Carolina.

    Al acabar, con una sonrisa de oreja a oreja, le dijo a su prima:

    -¿Quieres que te masturbe yo a ti?

    -¿No prefieres ver cómo me masturbo yo?

    -Sí, hazlo, quiero verte.

    Carolina se levantó, quitó la enagua y quedó totalmente desnuda.

    -Siéntate en la silla.

    María Fernanda se sentó en la silla en la que estaba sentada Carolina y con el coño de su prima a menos de medio metro de ella vio cómo metía y sacaba dos dedos de él y cómo se magreaba sus gordas tetas con areolas oscuras y pezones cómo picas. Dándose dedo a mazo, le preguntó:

    -¿Te gusta lo que ves?

    -Sí, mucho. Mi coño se está mojando otra vez.

    Unos minutos después Carolina quitó los dos dedos del coño, se los llevó a los labios y María Fernanda los chupó. Ya fue a por ella. Le cogió la cabeza con las dos manos, le llevó el coño a la boca y le dijo:

    -Lame.

    María Fernanda sacó la lengua para lamer, Carolina frotó el coño contra ella, comenzó a gemir y se corrió en su boca, diciendo:

    -¡Bebe, viciosa!

    Al acabar de correrse Carolina, María Fernanda se levantó y le dijo:

    -Me gustó que me la dieras en la boca.

    Carolina se levantó, la besó con lengua. María Fernanda se estremeció, era su primer beso. Todo aquello era nuevo para ella. Le quitó el vestido, el sujetador y las bragas. Al tenerla desnuda la besó en la boca, en el cuello, le lamió los duros pezones de unas tetas esponjosas y con areolas grandes y casi negras. María Fernanda gemía, gemía y respiraba con dificultad. Carolina la cogió por la cintura y besó y lamió su ombligo. Cuando lamió su coño encharcado ya no necesitó más, se corrió cómo una burra. Sus piernas le empezaron a temblar, se le fueron las fuerzas y se derrumbó sin que su prima la pudiese sujetar. Acabó en el suelo en posición fetal, temblando y con las dos manos en el coño. Carolina mirándola dijo:

    -¡Mi madre que corrida!

    Era el comienzo de una intensa relación sexual.

    Seis días más tarde, Claudia, la madre de María Fernanda, una mujer alta, gordita, con buenas tetas y buen culo estaba en el hospital con su madre que se había roto una cadera, Sandro, el padre de María Fernanda, que era un cuarentón moreno, de estatura mediana, fuerte, pero era un planchabragas que hacía todo lo que le mandaba la mujer, aprovechó para beber vino hasta que se hartó, sin llegar a emborracharse por si volvía su mujer, después se fue para cama, no sin antes tocarle una teta a su hija, y decirle:

    -Si quieres jugar sabes dónde estoy.

    -Estás borracho.

    -Sé bien lo que me hago.

    -¿Y si regresa mamá?

    -Le decimos que no es lo que parece.

    A María Fernanda se le escapó una sonrisa al decir:

    -Estás muy borracho.

    -¿No tienes ganas de correrte?

    -¡Vaya pregunta!

    Sandro dándole la espalda a su hija y yéndose para cama, le dijo:

    -No me respondiste.

    María Fernanda mirándole para el culo le respondió:

    -Siempre, ganas de correrme tengo siempre.

    María Fernanda poco después estaba desnuda en la puerta de la habitación de su padre. Se puso una venda negra y fue hacia la cama. Sandro al ver aquel monumento en pelotas con la venda en los ojos y caminando hacia la cama, se puso morcillón y le dijo:

    -Llevo tiempo esperando este momento.

    -Y yo, papi.

    Al chocar con la cama se dio la vuelta y se sentó en el borde. Sandro se quitó el calzoncillo y la camiseta, salió de la cama, cogió la polla, que estaba morcillona, y se la pasó por los labios, María Fernanda abrió la boca y sacó la lengua, su padre frotó la cabeza contra ella, la meneó y meneándola le dio el glande a mamar. María Fernanda mamó con ganas y la polla se puso dura. Se la frotó en los pezones, en las areolas y después se la volvió a pasar por los labios, de nuevo le lamió el glande, lamiéndoselo, salió un chorro de leche que entró en su boca. Cogió la polla con la mano derecha, la metió en la boca, mamó y se tragó toda la leche de la corrida.

    María Fernanda estaba de un cachondo subido. Cuando su padre la puso en su regazo se lo dijo:

    -¡Me pusiste muy cachonda, papi!

    -Y más que te voy a poner.

    La cogió por la cintura, la levantó, y cómo ella imaginaba en sus pajas que haría, le lamió el ojete y el coño. Después de una cuantas lamidas, le dijo:

    -¡Sigue, sigue, no pares, papi, no pares que me voy a correr!

    La dejó con la miel en la boca. Se sentó en la silla, la puso en su regazo y le dio con la palma de la mano en una nalga y en la otra.

    -¡Plin, plas!

    -Te vas a correr cuando yo te mande, puta.

    A María Fernanda le dolía, pero también le gustaba, le dijo:

    -¡Sí, soy una puta, y tú eres un cabrón que te corriste en la boca de tu hija!

    -Bien que te gustó, buscona. ¿Quieres correrte?

    -Si, papi.

    -¡Pin, plas!

    -Pídelo por favor.

    -Por favor, papi, por favor, haz que me corra!

    Le metió dos dedos en el coño encharcado y la masturbó.

    -¿Preparada, furcia?

    -¡Sí, papi!

    Masturbándola le volvió a dar.

    -¡Me corro!

    El coño comenzó a desbordar. Sandro echó a su hija encima de la cama, la cogió por las nalgas, la levantó y le lamió el coño, un coño que no paraba de echar jugos. El cuerpo de María Fernanda se sacudía con pequeños espasmos… A la primera corrida siguió una segunda y una tercera, ya que su padre al acabar de correrse la primera vez siguió lamiendo con ganas atrasadas. A la tercera corrida dejó de lamer porque María Fernanda perdió el conocimiento. Cuando lo recuperó estaba sin venda. Su padre le estaba comiendo las tetas y con dos dedos dentro de su coño la masturbaba de nuevo. María Fernanda le acarició el cabello, sonrió y le dijo:

    -Aprovechado.

    Sandro se echó boca arriba sobre la cama.

    -Aprovéchate tú y sube.

    -¡¿Quieres que te monte, papi?!

    -Sí, sube a tu montura.

    María Fernanda subió encima de su padre, cogió la polla y la puso en la entrada del coño, empujó con el culo al mismo tiempo que Sandro empujaba hacia arriba con la polla. Le entró la cabeza. María Fernanda se quejó:

    -¡Ayyy! ¡Se me rompió el coño!

    -Siempre pasa la primera vez. Sigue metiendo.

    María Fernanda se echó a lo largo de su padre y le dijo:

    -Mete tú.

    Beso a beso, milímetro a milímetro y centímetro a centímetro Sandro le fue metiendo la polla hasta que llegó al fondo del coño. Con ella dentro ya fue María Fernanda la que fue metiendo y sacando, pero sacando un par de centímetros y volviendo a meter hasta el fondo al tiempo que frotaba el clítoris con la pelvis de su padre. El roce surtió su efecto. Le hizo saber que se iba a correr.

    -¡Me viene, papi!

    -Lo sé, córrete.

    María Fernanda se corrió y Sandro la sintió gemir, temblar y estremecerse contra su cuerpo.

    Después de correrse, Sandro le dio la vuelta, la cogió por la cintura, la levantó y la folló. La polla al estar engrasada con los jugos de la corrida entraba y salía de aquel coño estrechito produciendo gran placer en los dos. Al rato María Fernanda, Hizo un arco con su cuerpo y volvió a bañar la polla de su padre con otra tremenda corrida.

    Luego le frotó la polla en el ojete.

    -Por ahí no, papi, por ahí no.

    -Calla, coño, calla que te va a gustar.

    Se la frotó con más fuerza.

    -¡Nooo!

    Ya era tarde, la cabeza de la polla había entrado en su culo.

    -¡Duele!

    Con la cabeza dentro y sin moverse le acarició el clítoris con dos dedos, y le dijo:

    -Relájate, lo peor ya pasó.

    María Fernanda se relajó, abrió más las piernas, y cómo en el coño, la polla le fue entrando, milímetro a milímetro y centímetro a centímetro… Cuando iba por la mitad, le dijo:

    -Me voy a correr, papi, me voy a correr, papi. ¡Me corro!

    El culo de María Fernanda apretó la polla y su vagina abriéndose y cerrándose fue echando los jugos fuera. Sandro miraba cómo salían del coño. Se iba a correr sin remedio. Aguantó hasta que su hija acabó de correrse. María Fernanda sintió latir la polla dentro de su culo y presintió que su padre se iba a correr dentro de él. La quitó del culo. Quería que se corriese dentro, sí, pero dentro de su boca, ya que le agarró la polla al comenzar a salir la leche, la metió en su boca y se tragó hasta la última gota.

    Al acabar se limpió la boca con el dorso de la mano y le preguntó a su padre:

    -¿Te gustó que bebiera tu leche?

    -Sí, me gustó mucho.

    -¿A que soy una buena puta, papi?

    -Si, hija, casi tan buena puta cómo tu madre.

    Quique.

  • Lo que esa noche me enseñó mi maestra

    Lo que esa noche me enseñó mi maestra

    Sábado en la tarde y le dejo mi auto último modelo que recién acababa de comprar al muchacho del aparcamiento. Por primera vez desde que empecé a trabajar podía pagar por no tener que estacionar mi auto y caminar. Acababa de llegar a la boda de un buen amigo de universidad en un lujoso hotel de la capital. Entré a la recepción y rápido identifiqué la mesa donde estaría esa tarde. Mi invitación era para dos personas, pero iría yo solo pues acaba de terminar una relación de 3 años con mi novia de universidad. Era el único de mi mesa que estaba sin pareja, de hecho, de toda la recepción.

    Por fin pasó el acto protocolario del brindis y las fotos el cual tenía a todos sentados mirando la barra en vez de a los novios. Casi corriendo me dirigí a la barra y pedí un whiskey en las rocas. Di una vuelta por el salón a saludar varias personas y volví a la barra donde me sentía más en confianza. Pensé en irme rápido pues no me estaba divirtiendo nada y cuando iba saliendo del local el novio me interceptó. Le dije que me sentía fuera de grupo pues todos tenían pareja menos yo. Él para consolarme me llevo al área designada para la familia donde tenían una barra aparte.

    Allí conocí a gran parte de la familia de él y la de su ahora esposa. Solo había una cara conocida entre toda su familia, su hermana mayor Marta. La recuerdo de varias veces que nos llevó a nuestro apartamento de la universidad. Ella estaba sola en una esquina de la barra con su largo traje azul y una copa de vino en la mano. Parecía molesta, pero aun así me acerqué a saludarla. La saludé con la esperanza de que se recordara de mí para poder tener con quien hablar. El hecho de que se acordara de mí no me dio gracia pues me hizo sentir como un niño al hacer referencia a mi nombre en diminutivo. Eso hirió un poco mi ego pues ya me creía un adulto experimentado. La invité a otro vino mientras pedí un trago para mí. Allí conversando me contó que su mal de humor había sido causado por su exesposo y las coordinaciones con sus hijos ya no tan pequeños.

    Dentro de la conversación me preguntó si yo bailaba a lo que conteste que sí. Yo había tomado unas clases de salsa básica justo antes de separarme de mi exnovia así que sentí confianza en bailar. Se levantó de su silla y pude admirar su figura. Me sorprendió el encontrarla más atractiva que antes. Los años habían sumado unas libras, pero en los lugares indicados. Su traje era largo pero abierto al frente y cuando caminaba dejaba ver sus impresionantes piernas. Fuimos a la pista de baile y lo que se suponía que fuera una pieza se convirtió en varias canciones de la orquesta. Luego de bailar fuimos a la barra y tras pedir otras copas la acompañe a fumarse un cigarrillo.

    Una vez regresamos al salón, volvimos a la pista de baile y esta vez bailamos de todo. Al finalizar la participación de la orquesta, el maestro de ceremonia llamo a los solteros para el tradicional lanzamiento de la liga. Allí estaba yo parado con todos los demás solteros. Mi amigo hizo la rutina que todos los recién casados hacen y finalmente lanzo la liga. Yo trate de agarrarla, pero otro con más ganas que yo me la arrebato a último momento. Al llegar donde ella me recibió diciéndome que no me preocupara que quizás la suerte me llegaría más tarde en la noche. Yo tomé eso como coqueteo, pero rápido recordé que era la hermana mayor de mi amigo y volví a mi papel de niño para ella.

    Luego de los últimos actos protocolarios la gente comenzó a marcharse así que pensé en hacer lo mismo. Cuando me despedí de ella me dijo que la barra familiar la había pagado ella y que aún quedaba tiempo para que cerrara. Nos dimos una ronda más de tragos antes de que ella me dijera que si quería acompañarla a su cuarto a buscar su cartera. Ella quería salir a tomar unos tragos más en otro lugar lejos de los ojos de su familia. La acompañe hasta su cuarto con la intención de esperarla afuera, pero ella me miro como madre que regaña a su hijo sin decir palabra. No tuve más opción que obedecerla, aunque no quería que la gente pensara algo erróneo.

    Al entrar pude notar que tenía varias piezas de ropa interior sobre su cama. No pude evitar que mi vista se centrara en ellas. Ella estaba en el baño y cuando salió me sorprendió embelesado. Me pregunto que si pensaba que eran bonitas a lo que asentí. Me pregunto que si mi ex solía ponerse piezas así y tuve que admitir que las que ella usaba no eran tan provocativas como las de ella. Luego me pregunto que si mi novia me complacía en todo y orgullosamente le dije que no tenía quejas de ella en ese aspecto.

    Me senté en el mueble junto a la cama a lo que ella se retocaba. Me pidió que la ayudara a ajustar la correa de uno de sus tacos. Coloco su negro taco en el mueble donde estaba sentado, justo entre mis piernas. Empecé a ajustar la correa, pero mi vista estaba puesta en el muslo que se había revelado ante mí. La división del traje se abrió exponiendo toda su pierna. Pude notar que tenía un liguero puesto. Esto si me puso de muy buen humor lo cual ella noto de inmediato. No dudo en preguntar si me gustaba mucho lo que veía. Mi le dio la respuesta, no tuve que decir palabras. Ella me dijo que podía tocar su pierna si quería a lo que accedí inmediatamente. Su pierna era suave pero muy sólida. El toque desde la pantorrilla hasta la parte alta del muslo donde me detuvo. Me agarro la mano y ella misma la llevo entre sus piernas. Estaba algo húmeda y muy caliente. Yo la frote usando mi pulgar al tiempo que ella se trincaba. Me pregunto que si quería que siguiéramos a lo que tímidamente conteste que sí.

    Me agarro por el pelo y me empujó hacia atrás. Soltó su traje el cual se abrió revelando una figura que me impresiono grandemente. Su cuerpo evidentemente cuidado también reflejaba los pasos del tiempo y el efecto de su doble maternidad. Nada más perfecto que la imperfección de una mujer madura. Llevaba un sostén que atrapaba sus grandes senos. Su liguero servía de marco para un hermoso tanga color azul que hacía juego con todo lo que llevaba puesto. Me pidió que me pusiera de pie y me quito el gabán del traje, la corbata y la camisa. Me beso por primera vez. Ese beso era muy diferente a todos los que había experimentado antes. Mordió mis labios como si los quisiera arrancar y me gustó. Me quitó el pantalón incluyendo la ropa interior. Me empujo a la cama y se me hecho encima. Me dijo al oído que ella tenía el mando y que me dejara llevar por ella. Yo entre excitación y nerviosismo accedí inmediatamente.

    Bajo besando mi pecho hasta llegar a mi erecto pene. Una vez ahí paso la lengua sobre la punta de este hasta llegar a mi entrepierna. Beso mis testículos, uno a la vez y subió continúo lamiendo mi miembro usando la lengua. Una vez llego a la punta nuevamente lo agarro con una mano y lo introdujo en su boca. Así comenzó a chupar a la vez que lo masajeaba con ambas manos. Yo trate de mover mis manos hacia su cabeza, pero esta me las agarro dejando solo su boca hacer el trabajo. Quería asegurase de tener todo el control y que yo me limitara a disfrutar su sexualidad. Siguió chupando por un rato hasta que casi gritando le informe que iba a terminar. Al escuchar esto ella aumento su intensidad hasta hacer que yo terminara en su boca. Ella succiono toda mi descarga hasta dejarme seco y sin fuerzas. Estaba en un éxtasis que jamás había experimentado antes.

    Ella se levantó de la cama y se fue a tomar un baño. Yo la seguí y me uní a ella en la ducha. Allí nos besamos apasionadamente hasta que nos volvimos a calentar. Esta vez fui yo quien procedió a tocar su sexo y debajo de la ducha complací con mi mano hasta que llego a un corto orgasmo que casi la hace desplomar en la ducha. Salimos del baño y cada cual seco al otro. Nos fuimos a la cama y ella se puso en posición de recibir mi boca entre sus piernas lo cual hice. Introduje dos dedos a la vez que mi lengua acaparaba su clítoris. Comenzó a gemir y poco después a decir palabras que en otra ocasión me hubieran enfadado pero que allí lograron excitarme como nunca. Seguí con mi ritmo hasta que esta pidió que usara otro dedo para tocar su botón trasero. Nunca me habían hecho tal pedido, pero me aventure. Esto hizo que ella se contoneara el doble demostrándome cuales eran sus preferencias. Acto seguido me pidió el famoso beso negro el cual le di hasta que ella se viro boca abajo levantando las nalgas en clara demostración de que quería que siguiera haciéndolo. Aprovechando su posición agarré mi miembro y lo introduje en su ya empapada cavidad.

    Me pidió que agarrara su pelo y lo jalara. Ella, aunque sometida en esa posición seguía comandando el encuentro. Halándola por su pelo seguí golpeando mi cuerpo contra sus nalgas hasta que esta lo agarro. Respiro profundo y me pidió que entrara por su otra cavidad. Nunca lo había hecho, pero solo tuve que empujar pues ella lo guiaba asegurándose que este entrara bien. Se sentía muy diferente pues era mucho más estrecho y caliente. Una vez entré en calor la agarre por sus amplias caderas y continúe mi ataque contra sus nalgas. Nuestros cuerpos siguieron su cadencia hasta que termine dentro de ella. Esta vez fui yo quien se derrumbó cayendo sobre su espalda. La mañana nos sorprendió haciendo el amor por cuarta vez esa noche. Yo llegué a ese cuarto tímido e inexperto y Salí de ese hotel experimentado en las artes del sexo. Volví a verla varias veces más en calidad de estudiante hasta que ella se reconcilio con el padre de sus hijos. Los años han pasado y mis siguientes parejas han podido disfrutar todo lo que desde esa noche me enseño mi Maestra.

  • Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (10)

    Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (10)

    Se despertó sobresaltado debido a un golpe. Miró el móvil dándose cuenta de que eran las ¡Cuatro de la mañana! No había otra alternativa, las dos mujeres estaban de regreso. No trató de volver a dormir, habían puesto la música al máximo y conciliar el sueño era una quimera. Habían entrado en casa bebidas y cantando como dos estrellas de rock.

    Con su pijama, o más bien ropa de deporte, descendió las escaleras para ver que ocurría. Su madre bailaba encima del sofá ante su hermana que la imitaba delante del televisor. Habían puesto una lista de reproducción en el móvil y sonaba similar a un concierto, al joven le dio la impresión de estar contemplando a dos amigas suyas de la universidad y no dos mujeres de mediana edad. Aunque bueno… pensándolo mejor, quizá dos chicas de su edad se comportasen algo menos alocadas.

    —Vaya, Sergio, te hemos despertado… y eso que hemos puesto la música bajita —dijo su tía muy ebria, el muchacho no pudo discernir si lo decía en broma o en serio. Aunque más tiraba por lo segundo.

    —Me parece que está al máximo —apuntilló.

    —¿Hijo, no vendrás a quejarte? Aguafiestas, aguafiestas… —Mari miró a su hermana y esta la siguió a coro, haciendo que Sergio levantase los brazos para acallarlas sintiéndose el padre de ambas.

    —Para nada, solo quería comprobar que estáis bien, vuelvo a la cama.

    —Estamos mejor que bien… —contestó su tía con la mirada fija en el muchacho— ¿Por qué no te quedas?

    —¡Venga! —añadió su madre. Dudó, pero al momento pensó “¿Por qué no?”— lo siento hijo, creo que nunca me has visto así.

    —¿Lo dices por lo guapa que vas? —las palabras le fluyeron con sinceridad, puesto que era lo que realmente sentía. Su madre se bajó del sofá con el rostro enrojecido por tal halago.

    —¡Toma! —retomó la conversación Carmen con un tono que mostraba embriaguez— es un amor de hijo, de esto es lo que te he hablado.

    Las mujeres vieron como Sergio se acercaba a ellas y estando los tres a la misma altura, se sentaron en el sofá, apagando la música por fin.

    —¿Os lo habéis pasado bien? —preguntó Sergio mirando a las dos.

    —De maravilla, como dos chiquillas —los ojos de Carmen brillaban, por la felicidad y el alcohol— por un momento hemos vuelto a la adolescencia. Incluso hemos espantado a unos moscones, podríamos haber ligado y todo, estamos hechas unas mozas Mari.

    Su madre dio un sorbo a la copa que tenía en la mesa y no pudo evitar taparse los labios para no reírse y derramar todo el líquido. Sergio pudo ver que los ojos de Mari, por un momento contemplaban el infinito evocando recuerdos muy vividos de su adolescencia.

    —Por cierto —cortó Mari volviendo de su viaje al pasado—, me ha contado tu tía que quiere escribir un libro ¿Qué te parece?

    —Fantástico, aunque todavía está en proceso, lo tiene bien construido. Pero, le tiene que dar el giro final.

    —Tu madre ha pensado que tiene que ser algo guarro, bueno aunque al principio lo llamaba “guarrete”, la palabra ha variado con la suma de copas.

    —¿Sí? —al joven no le cabía en la cabeza que su madre pensara eso, la tenía por una mujer demasiado escueta en cuanto al sexo.

    —Es lo que se lleva ahora, tienes que meter amor y algo más, si no ¿para qué…?

    Sergio sonrió sin pudor al escuchar ese “pare que”, haciendo contacto con los preciosos ojos azules de su madre la cual le mostraba una media sonrisa como nunca antes lo había hecho “¿Está feliz?”. Los ojos algo vidriosos por el alcohol, brillaban con la tenue luz de la sala y hacían que Sergio se extrañase por ver a esa mujer… porque no parecía su madre.

    —Jamás te había visto así, estás menos… tensa… Me encanta, mamá, es como si fueras otra persona… me gusta la Mari que veo.

    —¡Hijo! Calla ya, que me van a subir los colores.

    —Dale un abrazo a tu hijo, que es el único que tienes. Yo no tengo, pobre de mí —saltó Carmen de pronto, haciéndose pasar por la reina del drama.

    Aunque a Mari en cualquier momento le hubiera avergonzado, con el alcohol parecía haber olvidado ese poco apego por lo cariñoso. Sentada como estaba al lado de su hijo, abrió los brazos rodeándole con relativa fuerza.

    Escuchó a su hermana aplaudir a su espalda y le salió una pequeña sonrisa pensando en lo boba que era, pero de pronto, algo cambio. En el instante previo a la separación, su hijo giró su cabeza, Mari sintió como los labios del muchacho se posaban en su cuello dándola un beso de amor fraternal.

    Cada uno se sentó como antes y la mujer no dio muestras de nada en particular, salvo que dentro de ella un cosquilleo muy sentido le había recorrido el cuerpo. Se miró con disimulo mientras se frotaba el brazo derecho, tenía toda la piel erizada.

    Sintiéndose mucho más mareada que antes, pidió disculpas como si estuviera en una reunión de negocios, encaminándose a la cocina a por un vaso de agua. Con aquel beso todo el cuerpo se le había revuelto, seguramente debido al alcohol. De mientras en la sala, Carmen y Sergio se quedaron solos.

    —¿Ha venido tu madre y ahora va a acaparar todos los abrazos? —abrió los brazos a su sobrino.

    Los dos se abrazaron mientras Mari seguía en la cocina consiguiendo que su cuerpo y mente volvieran a estabilizarse. Después de un apretón aún más fuerte por parte de su tía, ambos se separaron sin dejar de mirarse.

    Trató de evitarlo, pero le era imposible, su tía estaba tan guapa que pasaba los ojos de forma fugaz por su cuerpo. Analizaba cada curva, cada centímetro de piel expuesto, sintiendo que estaba no delante de una mujer, sino de una diosa. Y lo más curioso, es que cuanto más la miraba, más bella la sentía.

    Su exhaustivo análisis se detuvo en los ojos de Carmen, los preciosos ojos iguales a los de su madre. Pero ¡Qué sorpresa! Carmen con cierto descaro o poco cuidado debido a su embriaguez, tenía la mirada clavada en la entrepierna del chico.

    Sergio se atoró al momento, sintiendo un nerviosismo inigualable. La observó con detenimiento, son dos o tres segundos en los que la descubrió mirando su miembro viril. La mujer se sentía agitada, su respiración era acelerada y su pecho y subía y bajaba abruptamente. No se lo podía creer, ¡su tía le estaba mirando el pene!

    Intentó aparentar que no la había pillado, pero daba igual, porque lo peor era otra cosa. Debido al arrumaco reciente con Carmen, su pene comenzaba a atisbarse como un pequeño bulto y ahí era donde su tía tenía fijada la mirada.

    Carmen pensaba que solo había sido un vistazo fugaz y que en el abrigo del hogar nadie se había enterado de cómo le miraba la entrepierna a Sergio, pero no es así. Lo que la descolocó fue el bulto que comenzaba a emerger saludándola, viéndose a la perfección con la luz de las lámparas.

    Querría contenerse, pero eso ya le es imposible. Algo apareció en su vientre, una bola que le subía por la garganta deshaciendo nudos y al final, le obliga a abrir la boca para expulsar lo siguiente.

    —Qué curioso…

    —No, no, esto… —habló rápido Sergio tratando de cortar a Carmen que ahora se tapaba la boca evitando que la sonrisa le cubriera todo el rostro— No, a ver…

    —¿Qué reís sin mí? —escucharon como Mari venía desde la cocina.

    —No nada, tu hijo, que le encanta estar con nosotras. —el joven sintió sin ningún tipo de dudas que esa mirada ya no era normal.

    —No estás nada mal aquí ¿eh, cariño? —Mari había llegado hasta donde ellos.

    Su corazón se le salía del pecho, su empalme había sido visto por su tía y además durante varios segundos. Pensó qué pasaría si estuvieran solos, si no estuviera su madre, si Sol no cortase la tensión… lo sabía con certeza, se lanzaría a por ella pasara lo que pasara… “A tomar por culo la moralidad”.

    Sin embargo, no era el momento, le quedaban varios días, tenía todavía otra vida para gastar, lo sentía. Aun así, la mirada de Carmen era demasiado intensa y no le dejaba respirar. Su rostro bello como siempre, aunaba una mezcla de embriaguez y lujuria de la cual no podía escapar, era un momento soñado, pero con su madre allí… ni hablar.

    —Creo que es hora de ir a cama —comentó su madre al ver que nadie hablaba— además, Sergio, no son horas que estés levantado.

    Esa broma hizo que la tensión del joven se desvaneciera, logrando que cierta parte de la sangre de su cuerpo dejara de fluir a los bajos. Sonrió de manera lamentable, incluso sintiendo como el labio le temblaba, a su tía en cambio no le temblaba nada.

    —¿Te ayudo, mamá? Esas escaleras no las conoces y no te veo del todo bien.

    —No, mejor… bueno, mejor sí —acabó diciendo Mari sabiendo que no estaba para muchos paseos— estoy un poco… bastante borracha.

    El alcohol había hecho mella en ella y su mirada, estaba un poco perdida. Por lo que Sergio actuando como un caballero, la sujetó de la cintura andando junto a ella mientras su madre le rodeaba el cuello con su brazo.

    Los tacones de ambas retumbaron con fuerza en la madera al tiempo que subían. Era evidente que Mari no podía subir sola, aquel último abrazo con ese… beso, le había hecho que todo su cuerpo se derrumbara. No estaba acostumbrada a beber, eso era verdad, pero una cosa pasó por su cerebro lleno de alcohol, “menos acostumbrada estoy a los besos en el cuello”.

    A Sergio no le costó subirla, aunque lo peor sucedería en el momento que el vestido de su madre se estiraba demasiado junto a su cuerpo y algo del sujetador empezó salir a la luz. Trató de no mirar, pero la calentura que dominaba su cuerpo esos días le obligó a hacerlo. “¿Por qué lo hago? Es que este día no se acaba…” se maldijo una y otra vez en un lapso de tiempo muy corto.

    El sujetador de su madre dejaba muy bien los senos que contenía, apretados… tocándose el uno al otro… esponjosos como había visto los de su tía, parecían sendas nubes de algodón. Giró bruscamente la cabeza para no caer de nuevo en la tentación de esos grandes pechos, a su miembro viril ya le daba igual de quien eran, solo pensaba que al fin y al cabo eran grandes mamas.

    “Mierda que es mi madre, estoy enfermo” se dijo notando un calor que retornaba a la entrepierna. En su cabeza solo cabía una excusa, “son similares a los de Carmen, quizá mi subconsciente me haya hecho ponerme…”. Aquello no valía y Sergio lo sabía muy bien. La única diferencia entre un busto y el otro era que la delgadez de Mari hacia una ilusión óptica de que fueran más grandes, por lo demás, eran idénticos. “Deja de pensar eso imbécil” se gritó en un momento.

    Antes de darse cuenta resopló aliviado llegando a la habitación de Mari y entrando en ella todavía con la mano en la cintura de su madre, “menos mal”.

    —De aquí en adelante…

    —Mejor acompáñame —le dijo su madre con la boca pastosa y un ojo medio cerrado.

    Llegaron al centro de la habitación, muy similar a la que el mismo habitaba. Mari le señaló la maleta, Sergio entendió que quería el pijama. Rebuscó con rapidez, encontrando el primero y dándoselo a su madre la cual parecía más dormida que despierta. La mujer se dio la vuelta, dando la espalda a su hijo y abriendo la boca para decir algo.

    —Quítame la cremallera, por favor.

    Estaba nervioso. Los dedos de Sergio bajaron la cremallera con torpeza, topándose con el final cerca del comienzo del trasero de su madre. Sin que nadie se lo pidiera, por un gesto natural… o eso creía, posó ambas manos en los hombros de su progenitora. Desde allí, le fue bajando el vestido hasta que comenzó a resbalar con independencia por toda su piel. De forma silenciosa, acabó por caer alrededor de sus pies.

    Mari con su poca conciencia, se dio la vuelta teniendo de frente a su hijo. Su cuerpo estaba en ropa interior, esa ropa interior tan bonita y tan cara que su hermana le había comprado y que ella, al principio cortésmente había rechazado.

    Su hijo la miraba a los ojos y ella hacía lo propio, dándose cuenta de las pocas veces que le miraba por tanto tiempo y con tanta atención. Su hijo había crecido y muy bien además, convirtiéndose en un pequeño hombrecito que dentro de poco volaría de su nido con la mujer perfecta. Abrió sus brazos y sin notar la incertidumbre de Sergio por lo que ocurría, abrazó de nuevo a su hijo esta vez sin que nadie se lo pidiera.

    Como si fuera una muñeca de porcelana, el chico la rodeó tocándola con suavidad. Se le hizo de lo más extraño tocar la piel desnuda de su madre, aunque… no le desagradó.

    —Muchas gracias, te quiero —ninguno de los dos recordaba tanto amor en tan poco tiempo. Su madre se envalentonó, movida por su embriaguez, dándole un beso en la mejilla al tiempo que acariciaba la contraria. Sergio no entendía a que venía todo aquello, aunque la culpa estaba clara que era del alcohol, sin embargo su cuerpo… lo agradeció.

    —Yo también te quiero, hermana —habló Carmen desde la puerta observando todo este tiempo como un guardián silencioso.

    El joven salió de la estancia mientras su madre en vez de meterse en la cama, casi se lanzaba sin ponerse el pijama ni quitarse los zapatos. La vio por última vez, tumbada, inerte, seguramente ya dormida y aun sorprendido por como la había visto, “tan libre, cariñosa, efusiva… guapa…”

    La mujer ya en el pasillo, observaba como su sobrino cerraba la puerta con la mente ausente del mundo terrenal. El alcohol aunque todavía muy presente le ha dejado ver esa rara situación con Mari y no puede dejar de mirarle.

    —Es hora de dormir, cariño.

    —Si… —Sergio se fijó en su tía, su figura apoyada en la barandilla parece que hubiera crecido diez metros y se lo fuera a engullir. Algo le atenazaba de pronto dejándole paralizado.

    —Por cierto, solo una duda. —la boca se le secó al joven, su tía se acercó y no pudo evitar pensar, en las múltiples cosas que sentía por ella— Eso de ahí abajo. —estiró uno de sus dedos con una larga uña pintada y con tono serio señaló la entrepierna abultada del joven— ¿Ha pasado por Mari o… por otra?

    Al muchacho le encantaría responderla, pero no pudo. Su lengua se trabó y su boca no permitía movimiento alguno. Quería decirle de todo, sin embargo… no le salió. Sus labios no se movían, su garganta estaba paralizada y la tripa le daba vueltas. Por mucho que imaginase, por mucho que lo deseara, seguía siendo su tía y esas palabras no concordaban hacia ella.

    —Por… por… por… —le salió decir en un susurro mientras creía que su corazón había parado de latir.

    —¿Por…? —miró con duda al muchacho que era un conejo asustado y terminó por preguntarle— ¿las dos? —mantuvo una media sonrisa pícara. Para después darse la vuelta y añadir— bueno, vete a cama, Sergio, que mañana tendremos que cuidar a tu madre.

    Carmen desapareció contoneando su trasero hasta su habitación dejando a Sergio solo, en medio del pasillo con la erección más dura que jamás había sentido en su vida. Dándose la vuelta, al ver como su tía entraba en la habitación, hizo lo propio. Ni siquiera quería tocársela, demasiadas emociones en menos de media hora. Se tumbó en la cama, pero el corazón le estaba inquieto y algo que rondaba por abajo, quería escapar de su pantalón, si era necesario, desgarrando la tela.

    No lo soportaba, no podía aguantarse más. Levantándose de la cama como si tuviera un muelle en la espalda y haciendo caso a su “cerebro de abajo”, siguió el camino que su dura entrepierna le marcaba.

    Recorrió el pasillo totalmente a oscuras, solo una única luz salía por la rendija de la última puerta, la de Carmen. Pasó al lado de la puerta de su madre, apenas se escuchaba nada, su madre o estaba muerta o dormida como un oso en plena hibernación, no le prestó demasiada atención, tenía un objetivo.

    Respiraba con excesiva rapidez y la boca estaba tan seca que ni con la piscina entera la conseguiría humedecer. Su garganta era un amasijo de músculos agarrotados que apenas podían sacar un pequeño sonido gutural. Sin darse cuenta, llegó a su destino, una puerta de madera de color negro, con un picaporte plateado. La puerta de su tía Carmen.

    CONTINUARÁ

    ———————

    Por fin en mi perfil tenéis mi Twitter donde iré subiendo más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • El presente

    El presente

    Me dijo que me sentara

    y que no pensase en nada;

    que ella me haría una mamada,

    cuando se desocupara.

    Es mi secretaria, Mara,

    una mujer servicial.

    Ella es así, muy formal,

    y accede a mis peticiones.

    Sus tetas son dos melones;

    de su boca no hay rival.

    «Antonio, ya voy acabando,

    relleno este documento

    y estoy contigo al momento,

    ya ves que voy salivando,

    tu polla estoy imaginando

    que entre mis labios está,

    que la chupo, que tendrá

    que me gusta tanto tanto,

    que la engullo me atraganto

    y hoy la deseo mamar, ah».

    Al fin Mara terminó.

    Yo me bajé el pantalón

    y por supuesto el calzón;

    Mara hasta mí se acercó.

    Su blusa desabrochó,

    también su sujetador.

    Se arrodilló asi es mejor;

    sus tetas rozan mis piernas,

    y las noto, son tan tiernas…

    «Mara házmelo con amor».

    Me lame el tronco primero,

    luego, mi glande besando,

    mi frenillo va buscando,

    mi prepucio chupa entero.

    Como quiero ser sincero,

    avisaré de una cosa:

    Mara hace tiempo es mi esposa,

    me espera buena vejez.

    Es como la primera vez:

    se traga mi polla hermosa.

    «Mara amor, querida mía,

    disfruta de este presente,

    duro, venoso, caliente»,

    le digo con alegría.

    Oigo dulce letanía;

    sus suspiros y gemidos

    excitan tanto mis oídos

    que a sus tetas echo mano.

    Si la magreo, no es en vano:

    sus pezones son los nidos

    en que mis dedos se posan,

    bellos, suaves, de mujer,

    la leche que me dio ser

    y voluptuosos rebosan,

    cóncava palma, reposan,

    carne más carne, pasión,

    ya tienen mi admiración,

    mi alimento preferido,

    para mí lo más querido

    si escapan del camisón.

    Mara toma la postura

    para pronto hacer correrme.

    Me tiene rendido inerme,

    mama con tanta dulzura…

    «Mara, cariño, criatura,

    me corro me corro estoy

    ya ya ya dentro me voy».

    Y Mara empuja excitada,

    y el semen sorbe encantada,

    como si su fin fuera hoy.