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  • Sexo con una casada

    Sexo con una casada

    Hola, voy a omitir mi nombre, actualmente tengo 40 años, en aquel entonces yo tenía 21 y ella 24, chaparrita, como de 1.60, blanca, hermoso cuerpo, pechos medianos, nalgoncita. 

    Éramos compañeros de trabajo y nos empezamos a tratar.

    Un día la invité a bailar, ella aceptó, tomamos unas cervezas, platicamos, nos divertimos un rato y nos besamos, la invité a ir a otro lugar y ella aceptó.

    Llegamos al motel y en cuanto entramos nos empezamos a besar, la recosté en la cama, le besé las bubis por encima de su ropa, recorrí todo su cuerpo besándola, le fui quitando la ropa poco a poco hasta dejarla en brassier y pantaleta.

    Era divina, verla desnuda con esa piel blanca suave y tersa, mordía sus pezones erectos, chiquitos por cierto y rosaditos, bajaba a besar su ombligo y me detenía ahí, poco a poco iba bajando más hasta llegar entre sus piernas y le baje un poco su ropa interior… oh que hermoso monte de Venus, no era tan velluda pero se le veía muy bonito, pasé mi lengua ahí y sabía rico ese néctar, hurgué con mi lengua cada vez más adentro y después la sacaba y me detenía en su clítoris.

    Ella ya estaba muy lubricada, preparada para que la penetrara, puse la punta de mi pene en su entrada y dio un suspiro, la fui introduciendo poco a poco y ella me abrazó como para que yo se la metiera toda y no salirme, pude sentir sus orgasmos…

    La cogí buen rato hasta que ya no pudimos, estamos exhaustos, la última venida se la di en su carita delicada y me besó… mmm que rico.

    La llevé hasta su casa cerca de las 3 de la madrugada, después de ese día, nos vemos más seguido fuera del trabajo.

  • Encerrada en el baño con final feliz

    Encerrada en el baño con final feliz

    Lo que a continuación voy a narrar es la forma en que me uní a mi actual pareja que, aunque un tanto inmoral, pero muy atrevida y emocionante.

    Me presento sin dar a conocer nombres obviamente, tengo 38 años y mi pareja 42, lo sucedido fue hace ya algunos años, escasamente 4 cuando recién me encontraba separada de mi primer esposo de quien actualmente ya estoy divorciada y nada que ver el uno con el otro. Viví con mi exesposo 14 años donde como toda relación, al principio todo era miel sobre hojuelas, pero que en los últimos 5 años de convivir se convirtieron en una monotonía pesada pues entre el trabajo de mi esposo quehaceres de la casa y estrés con la educación de mis hijos la vida ya no nos presentaba un panorama muy placentero que digamos.

    Una vez separados mi exesposo y yo había un cumplimiento en cuanto a la manutención tanto para los gastos del colegio de mis hijos como para la manutención de la casa, pero en cuanto mi ex encontró pareja comenzó a fallarnos con lo acordado en cuanto a las responsabilidades económicas así que decidí encontrar una forma de ganar dinero y no humillarme rogando dinero a mi ex.

    Provengo de una familia conservadora, de valores y muy trabajadora así que mi plan no era buscarme un hombre que resolviera mi vida a cambio de placeres y compañía, aunque he de mencionar que realmente si necesitaba de una pareja quien me diera ánimo, seguridad y cariño, pero yo decidí enfocarme en la forma de conseguir la manera de emplearme, dando vueltas y vueltas a mis ideas se me ocurrió empezar a vender calzado, lo tenía ya decidido y emprendí la idea, comencé a visitar amigas familia, vecinas, etc. El negocio comenzó a proliferar y eso me motivaba un poco a sonreír y tratar de seguir con mi vida.

    Un día visite a una prima para ofrecer el calzado, mi prima es de mi edad, crecimos juntas y es como mi hermana a quien puedo platicarle de todo, ella me pregunto cómo me iba le dije que el negocio me estaba resultando y que pretendía seguir poniendo todo de mi parte para independizarme de la manutención de mi esposo pues le comente que no pensaba estar toda la vida sola y dependiendo de mi ex, entonces me dijo:

    -Déjame llamar a mi marido pues le comente de tu negocio y quiere ver tus catálogos.

    El llego a la casa de mi prima y llego acompañado de un compadre a quien me presentaron y por seguridad al anonimato llamare Juan, honestamente en ese momento no me genero ningún interés y ni mucho menos me paso por la mente pensar que yo me podría interesar en el pues no teníamos nada en común, Juan un tipo tosco a decir verdad por su manera de expresarse y conducirse, de oficio albañil, de físico alto y cuerpo atlético pues lo favorecía su tipo de trabajo.

    Una vez presentados y vacilando le comento el primo de mi esposa a Juan “Ándele compadre encárguese unas botas de trabajo para la chamba” a lo que el acepto expresando que en realidad si tenía planes de adquirir unas botas y así fue generé su pedido obligada a volver a tratar con Juan.

    Llego el día en que visitaría nuevamente la casa de mi prima para hacer entrega de pedidos del calzado, al llegar, el esposo de mi prima justo se acompañaba de Juan y les di la noticia de que sus pedidos habían llegado, ese día irónicamente yo vestía una falda suelta y una blusa blanca un tanto transparente y desde que Juan me vio sentí esa mirada morbosa con que suelen mirar a las mujeres los albañiles.

    Entonces mi prima para hacer disimular esa miradas de su compadre ella expreso: “Ándele compadre páguele a mi prima los zapatos” este inmediatamente saco las cartera y a manera de impresionarme me pago y con propina extra por supuestamente haber complacido sus gustos.

    Yo lo acepte no solo por ser parte de mi trabajo si no para terminar rápido e irme de ahí pues su mirada me estaba incomodando y sin dejar de aprovechar Juan me invito a tomar un vaso de cerveza y eso si lo rechace pues no me gusta mezclar los asuntos de trabajo con el de los placeres pero el esposo de mi primo también me insistió y mi prima a fin de que me zafara rápido del compromiso me dijo: “Tómatela rápido prima mientras platicamos un ratito tu y yo”.

    Acepte y me senté un tanto lejos de Juan y el primo de mi esposa, entre platicas de mujeres mi prima se atrevió a decirme que Juan le había comentado a su esposo que yo le había gustado y que le gustaría salir conmigo, inmediatamente le respondí: “Como crees, no por denigrar, pero tú crees que merezco un albañil”.

    Siempre me he considerado una mujer refinada pues mi preparación académica la lleve en los mejores colegios de la ciudad donde radico, además por herencia de madre mantengo un físico nada despreciable, soy: delgada, de mediana estatura, ni alta ni bajita y de personalidad fina diría yo. Entonces mi prima me dijo: sé que no es el mejor tipo, pero mira, gana buen dinero también, hace mucho que está separado de su exesposa, concuerdan en sus estilos de vida, yo me negué totalmente en ese momento.

    Pasadas las horas ya había bebido 2 o 3 vasos de cerveza, así que eran obvias mis necesidades de ir al tocador a donde me dirigí dejando a mi prima hablando con su esposo y su compadre Juan, una vez me disponía a salir del sanitario la puerta se abrió y yo con tremendo susto dije pero si puse seguro a la puerta, el sanitario era amplio y con una puerta semitransparente que dividía el escusado y área de entrada al tocador, de momento creí que podría ser mi prima, pero al asomarme detrás de la puerta note que era Juan y con tremendo susto solo exprese: “Perdón está ocupado, sal un momento ya desocupe el sanitario”.

    Entonces cerraron la puerta por la parte de afuera asustándome aún más, no sabía que decir a Juan él no decía nada solo me miraba con rostro de no muy buenas intenciones, me dirigí rápido a la puerta de salida y no podía abrir, estaba cerrado por fuera, le grite a mi prima y ella no me respondía, entonces Juan se acercó a mi diciendo: “No tengas miedo no te voy a comer”.

    Era mucho mi temor en ese momento así que lo único que se me ocurrió fue llamar desde mi celular a mi prima y cuando me respondió me dijo: “Que pasa prima no te va pasar nada tu date un ratito de placer no vamos a decir nada” le insistí que por favor no me hiciera eso que tenía mucho miedo, entonces Juan saco de la parte de atrás de su pantalón una rosa roja, me dijo que desde el primer día que me vio lo había impresionado y quería pedirme una oportunidad, le respondí que actuando de esa manera no lograría nada conmigo, empezó a cortejarme con palabras a lo que me relajo un poco, el cada vez se acercaba más a mi hasta estar cerca el uno del otro y yo le recibí la rosa.

    Llevo una mano a mi cintura, francamente y después de tanto tiempo de no sentir las caricias de un hombre se lo permití por un momento, al haber bebido alcohol y por mucho tiempo no tener intimidad mi naturaleza de mujer comenzaba a ceder, en repetidas ocasiones Juan intentaba besarme, pero yo evadía la situación.

    En un descuido Juan logro besarme la boca y apretándome las mejillas me dio un profundo beso a lo que no pude resistir pues fue esa la manera en que me convenció y me sigue cautivando Juan con su manera de besar, una vez dejamos de besarnos Juan expreso que quería vivir conmigo y volvió a besarme correspondiendo al beso, esta segunda vez empezó a besarme y a susurrar en el oído, beso mi cuello y acariciaba mi cintura, yo empecé a sentirme viva de nueva cuenta.

    Juan lo pudo notar como me preste perfectamente a sus caricias, con una mano en mi mejilla y la otra mano en mi cintura Juan comenzó a bajar por mis piernas, yo sentía explotar por lo que estaba sintiendo y en ningún momento lo detuve, de pronto juan comenzó a meter la mano bajo mi falda y llego hasta ahí, una mezcla de miedo, nervios, placer y un poco de pena por estar muy mojada de ahí.

    Me resistía un poco, al notar que yo ya estaba lista Juan no lo dudo y empezó a besarme locamente, me besaba la boca, el cuello, desabotono mi blusa, desabrocho mi bra y empezó a besar mis senos, tenía mucha experiencia en el modo de tratar a una mujer pues además de tener una personalidad muy brusca supo llevarme poco a poco, bajo por mi vientre besándome y me desabrocho la falda, con los dientes bajo mi panty, olía mi vagina como si eso lo excitara, lamio mi vagina y saboreaba los líquidos que emanaban de mí, entonces se levantó, se quitó la camisa se desabrocho el pantalón y saco su miembro llevándome un susto que a la vez me causo mucho impacto esa imagen, pues nunca había visto otro pene más que el de mi ex, el me tomo de la mejilla como pidiendo que le diera sexo oral, lo sabía por qué era la misma forma en que mi ex lo hacía, no sabía si hacerlo pues el único hombre con quien había estado y a quien le había hecho eso era a mi ex.

    Ya prendida me hinque y tome su pene lentamente con la mano, le di unos cuantos besos y pase un poco mi lengua en la punta del pene pues Juan no estaba del todo aseado y el aroma a cerveza era muy penetrante él lo pudo notar y me levanto, me beso profundamente, me volteo, cedi, dirigió su pene hacia mi vagina y al primer empujón su pene entro en lo más profundo de mi dando yo un gran gemido pues hacia mucho que no tenía actividad, sentí un dolor similar al de la primera vez pero he de confesar que volví a sentir ese placer tan exquisito que sentía con mi exesposo.

    Juan empezó a meter y sacar tomándome de la cintura, mi marido solía terminar muy rápido cada vez que teníamos intimidad, pero para mi sorpresa Juan seguía y seguía metiéndome y sacando el pene cuando de pronto acelero y llegue a mi primer orgasmo, Juan lo noto me volteo, me beso y me cargo, me acomodo el pene y volvió a penetrarme profundamente, me apretaba las nalgas y las penetraciones eran cada vez más profundas.

    Yo note como Juan aceleraba cada vez más como lo hacía mi esposo cuando iba a terminar entonces paso por mi cabeza que no me estaba cuidando y yo aún era fértil le pedí a juan que parara pues podía quedar embarazada el me bajo y comenzó a masturbarse cerca de mí y tuve por primera vez la escena de cómo termina a chorros un verdadero semental, en cuanto empezó a sacar tan grandes chorros lo hacía en mis piernas.

    Yo no hacía nada solo acariciaba su pecho y permití que me llenara las piernas de su semen, una vez que termino me beso tiernamente siendo esa la mejor experiencia de mi vida incluso como nunca la tuve con mi propio marido.

    Posterior a eso le marque a mi prima toda apenada para avisar que tenía que darme un baño y ella con gesto de agrado me felicito por la decisión que había tomado al darme esa oportunidad de volver a estar con un hombre, Juan y yo nos bañamos juntos, continuamos besándonos acariciándonos y desde ese día quede cautivada con el mi actual pareja con quien me encuentro plenamente feliz.

    Tenía mucho ánimo de compartir esta mi experiencia pues por casualidad leí la experiencia de otra persona similar y no dudé en escribir la mía.

  • Las aventuras de Raúl (I): Trío con una milf

    Las aventuras de Raúl (I): Trío con una milf

    -Tío, te lo juro, se muere por dos pollas a la vez. Me ha dicho que la próxima vez lleve a un amigo que la tenga tan grande como yo y fliparemos. Imagínate cuando vea que la tienes más grande.

    Raúl escuchó a su amigo Marc y le hizo gracia las ganas que tenía de convencerle. Raúl tenía 23 años. A los 20 se había quedado huérfano por un accidente. Sus padres tenían ahorros y la venta de la casa en la ciudad de provincias de donde era originario le dejó en una situación desahogada aunque no fuera rico. Decidió dejar los estudios y se marchó a una ciudad costera. Un modesto piso, económico para los estándares de la ciudad, le dejaba a unos 30 minutos andando de la playa.

    Conoció a Marc en su gimnasio de crossfit. Ambos eran fanáticos de ese deporte de ejercicios extremos. A los dos les gustaba mantenerse en forma sin llegar a pasarse con los músculos. Les bastaba con cuerpo bien definido que marcara pectorales y abdominales. Al principio Raúl pensó que Marc le tiraba los tejos. Una broma sobre el tamaño de su polla, de unos 12 centímetros en reposo en el vestuario después de ducharse le puso en guardia. Raúl tenía una polla de más 20 centímetros empalmada, y muy gruesa, nada que envidiar a la de un actor porno. Marc se descojonó ante su cara de susto y dijo que eran colegas de tamaño antes de quitarse la toalla para enseñarle la suya. Aún en reposo, prometía no quedarse pequeña. Unas cervezas después sabría que en alto le medía unos 18 centímetros.

    Marc tenía 20 años y también era huérfano pero de una familia con mucho dinero. Su tío, el rico de la familia, era dueño de una empresa de seguridad con varias ramas, y Raúl estaba seguro de que participaba en muchos más negocios que no quería saber. Una de ellas era la de seguridad de locales de ocio nocturno, discotecas y demás, de mucho auge en verano en la ciudad. El tío de Marc creía que su sobrino debía conocer la empresa desde abajo y le hacía trabajar en la puerta de muchos locales para justificar su aumentada asignación mensual. Tras el primer año de amistad, el tío de Marc acogió a Raúl bajo su ala y le dio un trabajo junto a su sobrino, no tan bien remunerado pero lo suficiente como para mantenerse sin depender de sus ahorros e incluso aumentarlos.

    Parecía un trabajo peligroso pero el tío de Marc les mantenía en los mejores locales, de alto standing, llenos de gente de buena familia y que no generaban muchos problemas. Mucho pijo que lo más que suponía era echarle del local con educación. Los altos precios del lugar servían para que la mayoría de los mortales ni intentasen pasarse. Además, sus compañeros eran auténticos profesionales de la seguridad con experiencia; mucho exmilitar y ex policías de antidisturbios cuya mirada haría cagarse a Terminator. Básicamente su trabajo consistía en controlar la entrada o pasearse por el interior de los locales.

    Además del dinero, les daba acceso a mujeres jóvenes con ganas de divertirse, desde pijas de alta clase que les daba morbo tirarse a un segurata, turistas extranjeras que se desmelenaban en las vacaciones o las camareras y gogos, que parecían haber pasado un casting para entrar. La vida sexual de Raúl, que nunca había sido mala había ascendido varios puestos. Para Marc no era suficiente y estaba enganchado a su móvil donde tenía todas las App y foros de ligues posibles, gratis y de pago. Raúl había pensado en más de una ocasión recomendarle en ir a terapia de adicción al sexo.

    Una de las últimas páginas que había probado era para fantasías de infidelidades. Hombres y mujeres se ofrecían para poner los cuernos con juego de roles incluido. Marc no tenía pareja pero todo el mundo mentía en internet. Una de sus últimas conquistas era una mujer de 40 años casada a la que le gustaban los hombres jóvenes. Ahora le había pedido a Marc un amigo para una fantasía y este no había dudado en ofrecerle a su amigo. Sin embargo, Raúl no estaba seguro. Había tenido sexo en grupo en un par de ocasiones, pero siempre con dos tías.

    -Vamos Raúl, tío. Va a ser la leche. -Estaban tomando un par de cervezas en su bar habitual.

    -No sé, Marc. Y si quiere algo raro, en plan que nos la chupemos o algún rollo bi.

    -No, coño. Lo he hablado con ella. Nada de mariconadas.

    -Ya tío, pero un trío con dos tíos…

    Marc se descojonó. Cuando soltaba esa risa, Raúl sabía que iba a acabar convenciéndolo. Le hacía sentirse como un gilipollas que no se atrevía a nada. Raúl sabía que Marc había participado en todo tipo de sexo, gangbangs incluidos. Raúl tenía que conocer que era una de sus fantasías también. Parte de su porno era una tía con varios hombres. Pero de ahí a practicarlo.

    -Tío, no es para tanto. De hecho, es la hostia. Un refuerzo de la amistad. -Hizo una pausa mientras sopesaba los pros y los contra.- Joder, seguramente nuestras pollas se toquen. Pero la norma es que si interviene una tía, no es gay. Es decir, si se rozan en su boca no es lo mismo que si yo te la chupo. Coño, te imaginas que nos deja metérsela a la vez en el coño. La reventamos seguro.

    Raúl se estaba empalmando solo de imaginarlo.

    -Y dices que está buena

    -Ya te digo una auténtica milf…

    Marc aparcó enfrente el portal de un bloque de pisos de extrarradio donde vivía la milf, Diana. Apartamentos para clase media -alta con aspiraciones a pasar a alta. Casas amplias pero alejadas del centro. Ciudades dormitorio para familias llenas de parques y con centros comerciales cerca. Era lunes, a las 09,00 de la mañana y Raúl estaba con él en el asiento del ocupante. Para los dos era jodidamente temprano.

    -¿Y ahora? -Raúl estaba bastante nervioso. Aún no podía creer que se hubiera apuntado a esto

    -Ahora esperamos a que salga el marido.-Marc volvió a descojonarse por quinta vez desde que le había recogido.-Es parte de lo que le pone a esta guarra. Empezar a follar antes que el cornudo llegue al trabajo. Le gusta un poco de su juego de rol. Me ha dejado escrito un guion y todo. Se supone que somos repartidores. La tía ve casi más porno que yo.

    -En qué coño me has metido, ¿Y si vuelve?

    -Joder, pues nos descojonamos de él. Conociendo a Diana seguiríamos follando delante del gilipollas. No tiene media hostia. Si se pone chulo, le damos dos hostias. Por cierto, la palabra de seguridad es pepino. Si lo grita paras. Lo demás es juego limpio.

    -¿Pepino?

    -La primera vez que lo hicimos, se masturbó con uno mientras me recuperaba para el tercer asalto. -En ese momento un coche rojo salió del garaje del bloque de pisos.- Allá vamos.

    Marc recogió una caja de reparto del asiento trasero, y salieron del coche. Llamaron al telefonillo y los dejaron pasar sin preguntar. En la quinta planta llamaron a una de las puertas. Cuando se abrió, a Raúl se le pasaron los nervios de golpe. Buena era poco. Tenían ante ellos a una pelirroja preciosa de ojos claros que les miraba divertida. Se le notaban algunas arrugas en los ojos y el cuello pero la hacían un poco más sexy. Iba vestida con un pantalón de pijama rosa que se ajustaba a un culo tirando a grande pero de forma perfecta. Y una camiseta de algodón blanco semitransparente que sugería unos pechos no enormes pero grandes. A simple vista parecían naturales.

    -¿Puedo ayudaros?

    -¿Señora Martínez? -Marc levantó el paquete.- Traemos una entrega.

    -Uhhmmm, sí, ¿tengo que pagar algo?

    -Creo que son unos 100 euros.

    Raúl no empezaba a partirse el culo porque la tenía dura desde que se abrió la puerta. Pero aquello era propio de una peli porno de los 80.

    -¿Os importa pasar? No sé dónde tengo el monedero.

    La siguieron hasta un amplio salón con una zona para el comedor y otra para la televisión con un sofá y dos sillones. Raúl miró las fotos por el camino. Ninguna foto de niños y muchas con el marido de viaje. Técnicamente no era una milf, sino una cougar, una madura sin hijos con afición a los jóvenes. La verdad es que el marido era un tipo anodino, no les duraría ni un minuto. Raúl no sabía cómo se había casado con esta mujer. Diana los dirigió al sofá y los dejó de pie mientras se quedaba al otro de la mesa baja que lo separaba del enorme plasma. Marc dejó el paquete en la mesa.

    -Si quiere comprobar que todo está correcto, señora Martínez.

    Diana abrió la caja de cartón y empezó a sacar su contenido y describirlo.

    -Un par de lubricantes estimulantes estilo calor, bien. -Dejó dos botes llenos de un gel color claro en la zona de la mesa enfrente de nosotros. A continuación sacó un consolador de color carne e imitación de una polla con venas y huevos y todo. No era excesivamente grande pero de un tamaño por encima de la media- Y un consolador. Bien, pero no sé si es mi talla.

    Raúl se preguntó cuáles habían sido los guiones anteriores. Y se imaginó a Marc como un fontanero, un pizzero o un chico de la piscina. Marc dijo su línea.

    -Quizás debería probarlo. Y si no, nos lo llevamos.

    -¿Tú crees? Si no os importa esperar, creo que será mejor. ¿Por qué no os sentáis?

    Marc y Raúl se sentaron en el sofá mientras Diana se dirigía a unos de los sillones y lo giraba para que tuvieran una mejor visión. Con una mirada lasciva a los dos empezó a meterse el consolador en la boca, soltando gemidos y tragándoselo casi entero. Cuando consideró que estaba suficientemente húmedo lo dejó en el sillón y se quitó el pantalón del pijama. Se tumbó en el asiento del sillón y abrió las piernas para darles una visión de su coño. Estaba totalmente depilado a excepción de una pequeña franja vertical que demostraba que era pelirroja natural. Recogió el consolador y tras escupir una vez más se lo introdujo despacio, disfrutando cada momento.

    -Joderrr. Sí, sí -Soltó entre gemidos- Creo que me vendrá bien… -Aceleró el ritmo con una mano mientras con la otra empezó a acariciarse el clítoris.- A los cinco minutos de jugar con él, se lo sacó y su raja explotó en una fuente de fluidos que aterrizó en el espacio entre ella y Marc y Raúl.- Joder, ese ha sido rápido. Uff, ¿os ha gustado?

    Marc y Raúl tenían las pollas totalmente duras y luchando por salir de la presión de los pantalones vaqueros. Los dos se las acariciaban por encima del pantalón, donde se adivinaba perfectamente la silueta de sus dos trozos de carnes. Diana, sin dejar de acariciarse el coño, se mordió el labio inferior mientras les veía.

    -Creo que hay que probar los lubricantes. ¿No creéis? -Se levantó y recogió los dos botes y se acercó a los dos al sofá. En su proximidad, Raúl casi sentía el calor que desprendían esos labios mojados por la corrida femenina.- Los quiero para mi marido así que si me decís cómo se siente mejor. Además, lo que más me pone es ver a un tío machacándosela. -Fingió leer las etiquetas.- Pero no sé si manchan la ropa. Mejor si os la quitáis.

    Marc y Raúl se quitaron las dos camisetas para dejar a la vista sus torsos marcados. Marc se arreglaba el pecho para dejar un vello muy corto. Pero Raúl se depilaba entero. Los dos se descalzaron y se quitaron los pantalones y los calcetines a toda prisa. Con una mirada de reojo, los dos, levantaron el culo de nuevo para poder quitarse los boxers mientras seguían sentados.

    -Joder Marc, no mentías. -Diana se olvidó de todo el guion al ver la polla de Raúl en todo su esplendor. Estaba dura como una roca y Raúl la sostenía por la base para mantenerla enhiesta y ofrecida.

    -Te lo dije, guapa. Es la madre de las pollas. -respondió Marc.

    -Sí, vamos a hacer que brille.

    Diana abrió uno de los botes y echó un buen chorro en la punta del miembro de Raúl. El gel empezó a deslizarse por su polla hasta acumularse en su pelvis, rodear sus huevos y gotear en el sofá. Tanto Marc y Raúl se depilaban las ingles totalmente por lo que no había obstáculos. Sin embargo, a Diana no parecía importarle si la mancha se quedaba en el mueble. Abrió el otro bote y repitió la operación con Marc. Después cogió el cojín del asiento del sillón y lo tiró en el suelo. Se tumbó con la cabeza apoyada en él para no perder contacto visual y se abrió de piernas con los pies en el suelo y las rodillas levantadas. Con la mano derecha empezó a frotarse de nuevo el clítoris mientras la izquierda introducía tres dedos entre los labios.

    -¿A qué esperáis? Extenderlo.

    Marc y Raúl se llevaron las manos a sus respectivas entrepiernas y cubrieron sus mástiles con el gel. La sensación era increíble, un hormigueo de calor acompañado de la sensación húmeda del gel. Raúl miró a Marc y vio como con la mano derecha extendía parte del gel en sus huevos. Le imitó y pronto todo su escroto parecía estar en llamas lo que aumentaba su excitación. Diana había empezado a mover sus caderas y los dos chicos decidieron dedicar su atención al espectáculo. Diana les miraba a los ojos mientras les insultaba y les pedía entre gritos de placer que se la menearan más rápido. Su mano derecha dejó su pelvis y empezó a sobarse los pechos por encima de la camiseta, la única prenda que todavía estaba puesta en la habitación. Diana clavó los ojos en los de Raúl. Desde su posición podía verle la cara sin perder visión de esa enorme polla que su mano bombeaba cada vez más rápido. Los tres jadeaban mientras el olor a sexo inundaba la habitación. Diana había bajado las persianas para no escandalizar a los vecinos. El calor se había acumulado y sus cuerpos brillaban por el sudor. Por el pelo corto de Marc y Raúl corrían gotas de sudor que se unía al de pectorales. La media melena roja de Diana se pegaba en mechones a su cara. Estaba jodidamente sexy y su cara exudaba pura lascivia mientras llegaba a otro orgasmo.

    -Ohhh, joooderrr, cabronesss, menead esas pollas, hijos de putaaa, síii, más rápido, cabronesss, síii. -Su pelvis empezó a convulsionar con sus dedos y de nuevo sus fluidos salieron disparados.- ¡Correos encima mío!!!

    Raúl y Marc estaban a punto de explotar. Así que los dos se levantaron y se colocaron cada uno a un lado de Diana. La presión pasó de las pelotas de Raúl a su pene y sintió como el placer subía por su polla hasta alcanzar un punto insostenible en la punta. Apuntó hacia abajo y su primer disparo de leche aterrizó en la barbilla de Diana. El segundo y tercero salieron también con fuerza y empaparon su camiseta. Los dos últimos espasmos se unieron al sudor y semen que habían vuelto su camiseta ajustada casi transparente. Marc no tardó mucho más y se derramó sobre su cara.

    Los dos se derrumbaron en el sofá. Para Raúl había sido una de las mejores eyaculaciones de su vida. Y ni siquiera la había tocado. Diana se sentó en el suelo y les miró. Se quitó la camiseta para quedarse totalmente desnuda y la usó para limpiarse como pudo. Sus tetas tenían forma de lágrimas, grandes sin ser enormes, y caían de una forma natural sobre su pecho. La polla de Raúl volvió a ponerse morcillona.

    -Joder chicos, eso ha sido intenso. ¿Qué os apetece?

    -Porque no nos pones a tono otra vez y ahora vemos. Ven aquí y usa tus manos de momento.

    Diana se sentó en el sofá entre los dos y alargó los brazos para coger los dos rabos semierectos y empezó a pajearlos. Colocó una pierna encima de cada uno de la de ellos con lo que su coño se mostraba abierto. Marc alargó una mano y metió cuatro dedos de golpe sin problema, estaba totalmente húmeda. Raúl se inclinó y comenzó a lamer uno de pezones. Rodeaba la aureola con lengua para después chupar el pezón entero. En apenas unos cinco minutos, los tres estaban listos para la acción.

    -¿Y si nos vamos al dormitorio? -preguntó Diana. Se levantó sin soltar sus pollas y con ellas como si fueran unas correas los llevó hasta donde dormía y follaba con su marido.

    Riéndose los hizo sentarse en el borde inferior de la enorme cama de matrimonio mientras ella se ponía de rodillas frente a sus miembros. Relamiéndose los labios, acarició los dos miembros de los veinteañeros. Su mano casi no podía abarcar la de Raúl. No podía esperar a tenerla dentro de ella. Sin perder contacto visual con los ojos de Raúl, se metió la punta en la boca. Su boca se extendió para intentar abarcar toda la anchura. Apenas tenía libertad de movimientos y solo un cuarto le cabía antes de golpear contra el inicio de su garganta. Frunció sus labios sin sacarla y se dedicó a su glande. Cuando casi no podía respirar dedicó sus atenciones a Marc. Durante los próximos diez minutos, alternó entre uno y otro llevándolos al límite. Se las metía en la boca para después lamerles desde los huevos en toda su longitud hasta su punta. Marc quería probar otra cosa

    -Vamos a follarle la cara.

    Se levantaron y la hicieron ponerse a cuatro patas sobre la cama, mirando hacia el borde. De pie ante ella, su boquita quedaba a la altura de sus entrepiernas. Marc acercó su rabo hasta sus labios y cuando Diana abrió la boca para acogerla, la sujetó por la coronilla para inmovilizar su cabeza. Sin darle tiempo a reaccionar, comenzó a mover las caderas. Aquello no era una mamada. Marc usaba su boca para masturbarse sin compasión y Diana solo podía abrir los ojos de sorpresa y salivar lo más posible. En un momento dado sintió como invadía su garganta y la nariz de Diana llegaba a su pelvis. Estaba totalmente dentro. Marc aguantó allí unos 15 segundos mientras ella trataba de respirar y hacía sonidos de arcada. Marc empezó a eyacular directamente en su garganta y la sacó para terminar en su cara.

    Diana se derrumbó sobre el colchón. Raúl estaba totalmente duro después del espectáculo. La hizo darse la vuelta para que estuviera boca arriba e hizo que su boca colgara por el borde del colchón. Sin una palabra, le metió la mitad de su polla en la boca. Su tamaño impedía que le hiciera una garganta profunda. Sus huevos se bamboleaban frente a los ojos de Diana al ritmo de sus empellones, a la vez que cada uno de ellos arrancaba goterones de saliva que resbalaban por su cara y empapaban su pelo.

    Marc se subió a la cama y empezó a follársela por su coño. Estaba húmeda y empezó a marcar un ritmo alterno con Raúl en su boca. Diana pensó en que tenía que haberles pedido que se pusieran condones pero los dos cabrones la tenían totalmente empalada. Y el placer la envolvía hasta dejarle la mente en blanco. Encadenó un orgasmo detrás de otro. Raúl salió de entre sus labios y colocó sus huevos sobre ellos mientras se pajeaba muy rápido. Diana lamió su escroto y segundos antes de que Raúl se corriese, sintió como se contraían. La corrida de Raúl cubrió sus pechos y parte de su barriga. Marc no aguantó mucho más y se corrió también sobre su estómago. Marc se derrumbó sobre la cama, agotado, pero Raúl aún estaba empalmado. Volvió a girar a Diana y la tumbó bocabajo sobre la cama pero con los pies en el suelo y las piernas rectas. Raúl estaba hipnotizado por ese culo a tiro ahora. Despacio colocó su glande en su entrada y empezó a empujar.

    -¡Pepino! ¡pepino!!!

    Con un gruñido de rabia, Raúl se retiró.

    -Lo siento cariño. Pero no creo que mi culo pueda con ese monstruo.

    Raúl se dirigió entonces hasta su coño. Sus labios inferiores se abrieron hasta su límite y se le metió entera. La polla de Raúl golpeó su útero y Diana tuvo un nuevo orgasmo inmenso al momento. Raúl marcó un ritmo endiablado sujetándola por la cintura. Marc se reía y le gritaba que se follara a esa guarra. Diana se corrió otras dos veces más antes de que Raúl hiciera lo mismo sobre su espalda.

    Los tres se tumbaron en la cama derrotados. Diana estaba cubierta por delante y por detrás del semen de los veinteañeros. Se disculpó y fue a ducharse. Cuando salió envuelta en una toalla quince minutos después, Marc y Raúl estaban tumbados en la cama acariciándose unos penes totalmente erectos de nuevo. Suspiró mientras se acercaba a ellos y se deshacía de la toalla por el camino.

  • Mi tío me hizo conocer los ricos orgasmos (7)

    Mi tío me hizo conocer los ricos orgasmos (7)

    Placer en la playa.

    Desperté sintiendo la brisa matinal que entraba por la ventana abierta, ese aroma a mar me dio la bienvenida a un nuevo día de vacaciones, a mi costado estaba mi degenerado tío aun durmiendo placenteramente, al hacer un leve movimiento de mis piernas sentí un pequeño dolor, cuando hice un movimiento más brusco sentí un dolor más fuerte y cuando trate de levantarme sentí aun un dolor mayor desde mi cintura hasta mis piernas, había follado como loca en la noche anterior y ahora sentía las consecuencias de mis lujuriosos actos, me dolía la vagina y más aún mi culito, lo desperté inmediatamente

    —¡Despierta Dormilón!

    —QUE… ¿qué sucede?

    —mira como me has dejado, me duele mucho el cuerpo

    —jajá… son las consecuencias por haberme puesto en aprietos o ¿me equivoco?

    —Claro que no, pero esta vez exageraste —se me acerco a mis labios y me dijo

    —ambos exageramos y nos gustó muchísimo pero ahora tú te llevaste la peor parte, pero no te preocupes mi amor, te cuidare todo el tiempo que sea necesario para que te recuperes así sea días enteros estando en el hotel.

    Sus palabras me confortaron, me robo una sonrisa y me beso dulcemente pero unos segundos después lo separe de mis labios por su mal aliento, al notar mi dolor me levanto y me llevo a la ducha, me sujetaba de su cuello y me dejo en la bañera, el tonto este exagero mucho cargándome en brazos como a una persona discapacitada

    —bueno ahora voy a recepción a pedir que hoy no venga el personal de limpieza a la habitación

    —sí, es buena idea porque quiero descansar todo el día —antes de irse me dio un beso, salió a la sala y minutos más tarde salió de la habitación mientras que yo me bañé quedando limpiecita, cuando termine Salí y me acosté en la cama y me quede ahí acostada, la puerta del balcón estaba abierta y dejaba entrar el aroma de mar y también los rayos del sol mañanero, unos minutos después recordé que tenía que tomar la píldora anticonceptiva, en anteriores veces que había follado con Steve había tomado la píldora del día siguiente y me habían ocasionado mareos y nauseas además no era muy recomendable porque era un método de emergencia y no habitual por lo que había decidido en usar píldoras anticonceptivas y tenía que tomarlas todos los días y a la misma hora para ser más efectivo.

    —joder la píldora, casi me olvido y peor que ayer folle como una loca

    Por suerte la había guardado en la cajita del pequeño armario al lado de la cama por lo que no tuve problema además Steve había dejado una botella de agua mineral y un vaso encima del armario cajonero, ya sabía que yo tenía que tomar la píldora todos los días más aún que habíamos follado en la noche anterior

    —bueno ahora descansare hasta que llegue Steve

    Como a los 20 minutos regreso Steve con algunos víveres, agua mineral, frutas y otras cosas, dejo las cosas y se me acerco

    —no te habrás olvidado de tomar la píldora ¡No! Cariño

    —por supuesto que no me he olvidado, has traído mi desayuno que buen tío eres preocupándote siempre por tu sobrinita golosa y lujuriosa

    —jajá… tu misma lo has dicho, bueno déjame ducharme y después preparo el desayuno

    —está bien no te demores

    Mi tío se fue a ducharse y después preparo el desayuno, todo ese día estuvo conmigo en la habitación sin aburrirse, más bien hacia sus ocurrencias para que me riera, ya en la noche descansamos abrazaditos y dándonos besitos dulces.

    Al día siguiente el dolor había disminuido y por fin podía caminar mejor que el día anterior aunque podría hacerlo a pesar del dolor pero decidí no salir para descansar y estar más cómoda por eso estaba más mejor ese día, al no sentir tanto dolor en mis tesoritos pude hacer mis necesidades mejor que el día anterior, ese día quería salir pero Steve no me dejo diciendo que estaría mucho mejor si descansaba otro día y como me lo pidió dulcemente le hice caso, Steve estuvo a mi lado atendiéndome como a una paciente aunque el tonto ese exageraba demasiado por momentos, al tercer día el dolor había desaparecido por completo y esta vez Steve preparo todo para el día para por fin pasar un día más de playa.

    El miércoles salimos a pasear más por los lugares afuera de Rímini, el jueves nos fuimos a otras playas más al sur y el viernes nuestro penúltimo día en Rímini la pasamos en la playa en frente del hotel.

    Como siempre el día estaba soleado, yo estaba acostada en una de las sillas camas por debajo de una gran sombrilla, Steve estaba a mi costado disfrutando el día.

    —sabes Steve estoy pensando que me sobrepase de loca ese día en la disco al hacer tal cosa y más aún cuando salude a esos chicos en la disco y también a los del auto al lado de nosotros

    —y recién te das cuenta jajajá… —se rio intensamente de mí, mi degenerado tío

    —joder Steve, si te sigues riendo así, no te dejare que me folles de nuevo

    De golpe él se quedó mudo y sorprendido cuando termine de decir esas palabras

    —de acuerdo, de acuerdo ¿me perdonas?

    —solo si me traes varios helados y también el otro bloqueador solar que está en el hotel

    —¡QUE! En el hotel

    —es que me equivoque pensando que era el que estaba lleno, bueno ¿lo harás o no?

    —está bien con tal que me perdones

    —que buen tío muack…

    Steve se fue hacia el hotel y me quede solita pero unos minutos más tarde me percate de unos chicos que estaban más o menos como a 20 metros de mí, era una chica y dos chicos, al mirarlos detenidamente me puse a pensar como seria si esa chica decidiera follar con esos dos chicos, que cosas haría para poder gozar mutuamente con esos dos, unos minutos después me apeteció ir a nadar así que me fui directamente al mar, nade alejándome como hasta 50 metros, como hay pocas olas en esta playa podía flotar tranquilamente y observar las personas, como a los 5 minutos un chico estaba nadando en dirección mía , no se detuvo hasta que estuvo a solo dos metros más o menos de mí se detuvo y me dirigió la palabra

    —¿hablas italiano o inglés? —me pregunto en inglés y yo le respondí en italiano

    —cualquiera de los dos

    —grandioso, mi nombre es Maximiliano ¿tu cómo te llamas?

    —Érica

    —lindo nombre, es agradable conocerte

    Por alguna razón le estaba siguiendo la conversación al chico desconocido, algo que normalmente no lo haría en esas circunstancias

    —gracias y tu ¿eres italiano o vienes de otro país?

    —italiano como la pizza, nací, crecí y vivo en Rímini

    —entonces quiere decir que tienes el mar todo el año a tu alcance

    —solo en verano, porque en invierno no me metería al mar ni aunque estuviera borracho

    —jajajá muy obvio

    Después de algunas risas Max empezó a decirme algo que me sorprendió

    —sabes Érica no es la primera vez que nos vemos

    —así, pues yo ni me acuerdo de haberte visto y eso que tengo buena memoria

    —hace 3 días me mirabas y me sonreías mientras hacías cosas placenteras a tu novio en la disco

    Me quede en shock y muda, de golpe me recordé de los 2 chicos que salude antes de irme de la disco y Max era uno de los 2, los cuales les sonreía mientras masturbaba a mi tío, me sonroje de la vergüenza

    —Ahora sí que te recordaste —lo dijo con una sonrisa

    —ah… yo… —no sabía ni que decir mientras lo miraba

    —no te sientas avergonzada, no tiene nada de malo es más me pareció algo divertido que muy pocas chicas hacen en esa situación

    Sonríe débilmente aunque no se me quitaba la vergüenza, fue mi borrachera y lujuria lo que había causado eso y como dijo Steve ahora pagaba las consecuencias

    —Disculpa por hacer esas cosas en público, es que estaba borracha que no pensé en lo que estaba haciendo —me disculpe ante Max

    —jajá no te tienes que disculpar ante mí y ni con nadie, como dije me pareció muy divertido que una chica haga algo así entre tanta gente

    La vergüenza me seguía atormentando

    —nunca he conocido una chica como tú, hermosa, divertida y atrevida todo a la vez

    Aunque me sentía incomoda en vez de terminar la conversación y regresar a la orilla le seguía conversando a Max

    —pues no creo que sea la única, debe de haber otras chicas así

    —unas tienen solo belleza, pero no picardía, otras divertidas y bellas pero nada atrevidas pero tú tienes todas las 3, una maravillosa combinación, que suerte tiene tu novio

    En mi mente decía ¿novio, Steve? Ese depravado en mi propio tío

    —Sí que tiene mucha suerte al tenerme —afirme sonriendo

    Max sonrió y se atrevió a decirme cosas muy atrevidas

    —pero me imagino que harán cosas más atrevidas uds.

    Nuevamente en mi mente pensé en las cosas que había hecho con Steve

    —Si algunas —sonríe débilmente

    —¡Que maravilloso!, y no te gustaría que me una a uds. En un trio, seria fabuloso

    Otra vez me quede en shock incluso el me proponía tal cosa y todo a causa de lo que había hecho esa noche en la disco

    —pues… yo no creo que Steve le guste tal cosa

    —pero eso quiere decir que a ti si no te desagradaría la propuesta

    Max me lo decía con una mirada penetrante y combinada con una bella sonrisa, su belleza masculina me tenía retenida por varios segundos sin poder liberarme de esa situación incomoda

    —a… e… disculpa tengo ya que regresar con mi novio, un gusto conocerte Max

    —chau Érica, piénsalo, estaré siempre en esta playa esperándote

    Me aleje nadando con más velocidad de lo que había hecho para entrar, al llegar a la orilla voltee hacia atrás y Max aún seguía donde lo había dejado, de seguro estaba contemplándome y más cuando alzo su brazo saludándome, y yo seguí hasta llegar a la silla cama y por suerte mía Steve aun no llegaba, Me quede ahí pensativa y algunos minutos después llego Steve que por suerte no noto nada extraño en mí, más bien lo reprimí por tardarse tanto

    —joder Steve tanto te demoraste, ya me estaba aburriendo

    —ya disculpa, disculpa, además por lo que veo tú ya te fuiste al mar

    —si porque te demorabas tanto

    Me estaba desquitando con mi tío por lo que me había pasado con Maximiliano pero en el fondo fue culpa mía que me llevo a esa incómoda situación.

    Después de desquitarme con Steve como a los 10 minutos nos fuimos al mar a nadar y me percate que a lo lejos estaba Maximiliano con varios chicos y chicas, en un momento me estaba mirando directamente.

    No sé qué estaría pasando en su mente pero en la mía pasaba mil cosas, nade más adentro del mar y Steve me siguió, me puse a jugar con él, ahogándole, subiéndome encima de él, en un momento lo abrase del cuello y le comí a besos intensamente, él se sorprendió un poco pero me siguió la corriente, después me solté de él y seguí jugando hasta que me canse y le dije que regresemos a descansar para ir a comer.

    Cuando Salí del mar de reojo mire hacia Maximiliano y el aún me estaba viendo detenidamente y de golpe me lance a mi tío comiéndole a besos como si estuviera desesperada por besarlo, Steve no entendía mi actitud inusual, bueno si estuviera borracha lo entendería pero no había tomado ni una sola gota de alcohol

    —Érica ¿estas borrachita?

    —jajá ósea que si te beso de esa manera piensas que estoy borrachita

    —es que estas algo extraña, desde que regrese del hotel, ¿algo te paso?

    No sabía si decirle o callarme, pero al final decidí no decirle nada

    —ya olvídalo más bien, vamos a comer que ya tengo hambre

    Nos fuimos a comer, después le dije a Steve que nos valláramos a otra playa y el tontito me hico caso, ya en la otra playa me sentí más tranquila y pasamos el resto de la tarde en ese lugar.

    Todo estaba tranquilo hasta que le llamaron a Steve al celular y era el hotel de Pesaro, había algunos inconvenientes con la reserva que había hecho, y si no queríamos perder la reserva, Steve tenía que ir a Pesaro, le dije que vaya si o si y no le quedó más remedio que hacerlo, por suerte Pesaro está cerca de Rímini así que no se demoraría mucho en ir y regresar, nos tuvimos que regresar al hotel y después de tener las llaves del auto se fue.

    Me quede solita en el hotel y me puse a pensar en las atrevidas palabras de Maximiliano, y de cómo me había incomodado a tal punto de irme de esa playa, decidí no pensar más en Max y follar con mi tío como loca otra vez, prepare el enema y todo lo demás, tanto Steve se demoraría al menos dos horas, el tiempo suficiente para prepararme, quería olvidarme lo que me había pasado con Maximiliano follando como loca con mi degenerado y perverso tío aunque era yo la perversa y mucho más esa noche.

    Pasaron 2 horas y ya estaba secándome el cabello después de la ducha, estaba sola vestida con la bata de ducha tanto no necesitaba vestirme si iba a follar cuando llegara mi tío, después de estar lista me acosté en la cama esperándolo pero pasaron como media hora y no llegaba, pensé que seguro había mucho tráfico así que espere otra media hora más.

    Ya eran 3 horas y no llegaba, me desespere de esperarlo y lo llame al celular para mi sorpresa estaba cerrado intente varias veces y supuse que lo tenía apagado, no me quedo más que seguir esperando mientras tanto había comenzado a tocarme con mis suaves dedos mi pechitos, mis pezones, mi ombligo hasta descender a mi tesorito y ahí estimule mi clítoris ummm… lleve mis dedos a mi boca y saboree mi delicioso sabor vaginal, los humecte con mi saliva y los lleve de regreso a mi tesorito

    —Umm… joder Steve porque te demoras tanto Umm… —entre suaves gemidos lamentaba la no presencia de él, a cada segundo aceleraba la estimulación, varios minutos más tarde me metía varios dedos dentro de mi tesorito, sacaba y metía, golpeaba y masajeaba —Umm… ste….ve

    Los minutos pasaban y pasaban, mis latidos se habían acelerado, la temperatura de mi piel se había incrementado hasta que minutos después apareció esa deliciosa sensación de placer de un orgasmo, y gemí deliciosamente

    —Ahhh… —después que ese placer se había ido lleve mis deditos humectados con mi fluido y saboree cada gota mía Umm…

    Después de 10 minutos volví a llamar a Steve y aún tenía el celular apagado, nuevamente comencé a estimularme y correrme de lo rico, otra vez lo llame y nada, otra vez me corrí y lo llame por tercera vez y como seguía igual de nada me canse de esperarlo, joder me había malogrado todo, me vestí, fui al balcón y al ver algunas personas en la playa decidí ir a caminar por ahí, cogí los cigarrillos y salí del hotel.

    Ya en la playa, comencé a caminar por la orilla, había algunas personas también caminando o en grupos sentados, regrese a la parte que estaba enfrente del hotel, me senté y prendí un cigarrillo mirando el cielo oscuro y las pocas estrellas que lo acompañaban, a los minutos después me percate de una luz que se me acercaba cada vez más hasta estar a solo un metro de mí y su propietario un vigilante de la municipalidad

    —buenas noches señorita quiero advertirle que está prohibido tomar bebidas alcohólicas en la playa

    —bueno solo tengo un botella de agua mineral no creo que me pueda embriagar con esto

    El vigilante sonrió cuando le dije eso mientras le mostraba la botella

    —muy bien señorita la dejo gracias por su colaboración

    El sujeto se fue y seguí mirando el mar oscuro hasta que unos minutos después sonó mi celular y que sorpresa era mi querido tío

    —Érica abre la puerta que estoy acá fuera

    —A cuando tienes las ganas de venir te tengo que abrir inmediatamente —lo dije firmeza y él lo comprendió

    —ya te contare con todo detalle pero ábreme

    —no te puedo abrir porque no estoy en el hotel

    —ah y donde estas

    —como me arte de esperarte me fui a caminar a la playa ahorita estoy enfrente del hotel sentada fumándome un cigarro

    —así, entonces ahorita llego no te vayas a ir a otro lado

    Pasaron varios minutos hasta que se me presento el que me malogro la sorpresa

    —hasta que por fin te apareciste

    —no pude llegar antes porque se me rompió una llanta y no tenía recambio

    —y porque no trajiste una llanta de recambio si sabias que íbamos a viajar

    —fue error mío, tuve que buscar un lugar de reparación, llame al auto grúa para que lleve el auto a la confeccionaría y cuando te iba a llamar ya se había acabado la batería

    No sabía si reprimirle por todos sus errores o comprender que fue mala suerte la suya pero al ver su sinceridad decidí creerle pero como me había malogrado todo lo que había hecho esperándolo con ansiedad decidí reprimirle

    —Pues otra vez no te olvides idiota —lo dije con énfasis y él se quedó perplejo de mi reacción

    —lo siento mucho te pido perdón

    —para ti te es fácil pedir perdón así por así y luego de nuevo lo vuelves a hacer idiota

    —te juro que no sucederá nuevamente

    Lo mire muy seria hasta que el —¿qué puedo hacer para que me perdones? —al escuchar sus palabras cambie mi seriedad por morbosidad

    —metete debajo de mi falda y chúpame la concha hasta correrme

    —ah, ah está bien, regresemos al hotel entonces

    —joder te dije que te metieras debajo de mi falda y que me chupes la concha hasta correrme

    —¡Acá mismo! —la reacción de su mirada cambio drásticamente

    —carajo me vas hacer caso o quieres que tome mis cosas y me largue a suiza

    Steve estaba más que sorprendido, no sabía cómo actuar ante mi actitud, miraba a los alrededores y veía a las personas que estaban a una distancia no tan confiable

    —esas personas de allá y si alguien se nos acerca —pregunto

    —joder ya me hiciste enfadar me regreso a Suiza

    Estaba por levantarme cuando Steve me retuvo

    —no te vayas sobrinita lo hare pero me avisas si alguien está demasiado cerca

    —así me gusta que me hagas caso y no me des la contra, yo te avisare cualquier cosa

    Abrí mas las piernas dejándole espacio suficiente para que entrase, se acostó boca abajo y metió su cabeza por debajo de mi falda, al sentir sus labios en mis muslos me hizo erizar la piel, besaba, lamia cada centímetro de mis muslos, mi excitación se incrementaba a cada segundo trascurrido, cuando comenzó a chupar mi tanguita que cubría mi tesorito comencé a delirar y mire alrededor con cara de excitación, me gustaba esa situación de peligro que nos descubriese alguien, a los minutos después quería mas

    —Por favor Steve quítame la tanguita y chúpame mi deliciosa conchita hasta que me impacte un riquísimo orgasmo —pedí con una voz delicada y excitadísima

    —no te distraigas y sigue mirando si alguien se acerca

    Acto seguido me acosté más a la arena y mi tío pudo quitarme la tanguita y ya al estar acostada y estar en una mejor posición, mi pervertido tío aunque yo también y más en ese momento inicio a chuparme la concha, mi excitación se incrementó de golpe, mis latidos se aceleraban, mi temperatura se alzaba, mis gemidos que hasta el momento eran débiles, se volvieron fuertes a pesar que hacia el esfuerzo por no liberarlos del todo a causa de que alguien me escuchara

    —Ahhh… uhhh… mnnnn

    Mis labios me dolían de tanto morderme, apretaba con tanta fuerza la arena como si fuese algo sólido, el peligro de ser descubierta y al estar al aire libre, incrementaba mi extrema excitación, segundos, minutos trascurrían, miraba el cielo oscuro y las estrellas con cara de gozo, cerraba por momentos mis ojos, mis latidos se incrementaban más y más, por un instante Steve dejo de chuparme

    —aún no se percatan esas personas, Érica por lo menos tapate la boca con fuerza, si no nos descubrirán

    No le di tiempo a nada a Steve, le cogí de la cabeza y le empuje con fuerza hacia mi conchita, ahí le retuve como podía le sujetaba la cabeza le apretaba el cabello, no quería por nada dejar de gozar de esa manera increíble y deliciosa

    Casi 5 minutos después, mis latidos se aceleraron, mi temperatura se alzó de golpe, estaba por estallar una bomba de placer, empujaba más la cabeza de mi tío hacia mi caliente conchita, mis dientes apretaban, miraba hacia esas personas, cuando ya no pude más y con la mano derecha cogí mi tanguita que lo tenía encima de mi estómago, me lo lleve hacia mi boca y mordí con suma violencia estallando una inconmensurable orgasmo en mi

    —Uhhh… Ahhh…

    Joder como hubiera querido que el tiempo se detuviese o que trascurra en cámara lenta, para gozar como nunca en este mundo, ese fue el orgasmo más delicioso e intenso que jamás he tenido siendo chupada por una lengua al aire libre en mi vida.

    A los segundos trascurrido mordía mi tanguita como si fuese una perrita rabiosa con su hueso disminuyendo mis deliciosos gemidos, miraba en dirección de las personas con mi tanguita en boca, cerraba los ojos y por alguna razón imagine que Max estaba en ese grupo y que pronto vendría hacia mí, alce más mi la faldita y abrí mas las piernas para que mi tío me coma con más intensidad mi jugosa conchita uhhh… Ahhhh…

    En mi mente perversa exclamaba

    —“Ahhh… Max ven por favor y bésame, introdúceme toda tu lengua y juega con la mía Ahhh… Por favor Uhhh… Max tócame los senos y bésame en el cuello Uhhh… vamos Max que mi boca está a tu merced, Uhh… saca esa polla que quiero saborear con mis carnosos labios Ahhhh…”

    —Érica ya mejor vamos al hotel si no nos descubrirán —Steve suplicaba que nos vayamos del lugar y en parte tenía razón porque en cualquier momento nos descubrirían pero mi morbosidad y el placer me impidió razonar bien, mire a la izquierda a lo lejos había las casitas donde estaban las sillas de playa y estaba un poco más cubierto así que me levante, lo tome de la mano a mi tío y nos fuimos a ese lugar

    —me nos mal que me hiciste caso Érica, estaba con miedo que nos descubriesen

    —No te alegres aun querido tío que quiero más —lo bese con lujuria y giramos los dos y sorpresivamente lo empuje cayendo el en la silla cama que estaba detrás suyo, sin darle tiempo a levantarse le saque la polla y comencé a chupársela como una desespera por lechita caliente Uhhh….

    Como una putita caliente me comía esa polla como si fuera la última en la tierra, mis labios masajeaban con intensidad, mi lengua recorría cada milímetro de abajo hacia arriba succionando la punta y metiéndomelo casi de golpe hasta mi garganta haciéndome toser y saliéndome más saliva de lo normal, los segundos pasaban no declinaba en mi lujuria haciéndome lagrimear cuando me lo metía hasta la garganta

    —sobrinita estas más putita que nunca y eso me enloquece pero aun es peligroso acá, vamos al hotel que ahí estaremos mejor

    Cuando me dijo eso deje de chupárselo y me senté encima de él y gemí fuerte cuando su polla entro en mi jugosa conchita

    —Ahhh… Uhhhh… el hotel NO, quiero gozar aquí mismo Ahhhh…

    —Érica por favor Ahhh… vamos al ohhh… hotel ahhh…

    Incluso Steve gemía con más fuerza a pesar que me suplicaba para ir al hotel y yo seguía cabalgándolo como desenfrenada por placer, a cada segundo aceleraba mis movimientos introduciendo esa polla con fuerza

    —Ahh… —para cubrir mis gemidos le introduce mi lengua y entrelace con la suya a pesar de la cabalgata que le aplicaba

    —Ahhhh… uhhh… ohhhh… —mis latidos se aceleraron y deje su boca para dejar escapar un gemido de intenso placer

    —Ahhhh

    Que delicioso orgasmo me impacto y en vez de detenerme e irnos gire mi cuerpo y le di la espalda a mi tío y me introduje esa polla en mi riquísimo culito

    —Ayyyhhh… Siii… Ahhh… goza tío perro… que esta perrita esta ardiente

    Me metía esa polla sin tregua alguna, mi calentura me impedía detenerme, como toda una putita golosa me introducía salvajemente esa polla en mi ano, mi desenfreno era tal que en ese momento volví a imaginar a Max que venía hacia mí y me contemplaba como follaba por el culo a mi tío

    —“wuaoooo Érica eres una golosa anal sabía que eras un perversa lujuriosa, deja de mírame Max que quiero tenerte dentro de mi”

    Que morbosa alucinación experimentaba en mi mente mientras cabalgaba con desenfreno la polla de mi tío, el no paraba de gemir cada vez más fuerte, yo seguía con los ojos cerrados y me alucinaba a Max follándome la conchita, alucinaba que dos pollas entraban en mí y que me hacían gozar como nunca, mis dedos me los metía en mi conchita para hacer parecer que Max me follaba, unos minutos más tarde pude notar que a lo lejos una luz se acercaba y en vez de terminar esa locura seguí con más intensidad.

    —Ahhh… uhhh…

    —sobrinita putita vamos al hotel… Por favor ahhh…

    La luz se acercaba más y más y seguí con más fuerza y locura hasta que ya no pude y me corrí de lo más rico en ese momento inolvidable.

    —ahhh… uhhh… tío

    Steve al darse cuenta que una luz de linterna se acercaba y en medio de mi orgasmo me empujo y se libró y me tomo de la mano y me jalo con fuerza alejándonos del lujar y yo me reía como una loca cuando estábamos ya lejos de ese lugar, sentí un aire por debajo de mi falda y me percate que se me había caído mi tanguita mientras me desagarraba el culito ja jajá, que noche que tuve, en ese mismo momento decidí ir a cenar así sin tanguita al restaurante.

  • Karen. Una puta madura (II)

    Karen. Una puta madura (II)

    Como dije en la primera parte de este nuestro relato Enrique me trataba como yo siempre quise de un hombre. Me colmaba de cariño y atenciones pero como una puta en la cama.

    Aquel día del cual no me acuerdo lejos de vestirme al uso le mandé una foto vestida de zorra.

    Me vestí igual de puta que en la primera parte de este relato en la que me masturbé en mi coche yendo a visitar a mi ex, para que acabaran abordándome esos 5 cazadores en los que se encontraba Enrique.

    Mientras me vestía con mi top ajustado, mis medias negras de rejilla con ligueros blancos, sin bragas y la falda de leopardo el solo roce de esa ropa sobre mi piel me estremecía sin cuento. El disfrazarme de ramera para él me excitaba sobremanera.

    En el pie de foto de ese mensaje le puse…

    -«Vas a venir hoy? Hace una semana no te veo…Tu puta favorita…».

    A lo que él me respondió…

    -«Voy esta tarde a verte, amor…».

    En su respuesta agregó una foto suya con su miembro totalmente erecto mirándome con deseo.

    Eso me volvió loca. Su verga estaba iluminada con un flexo de tal forma que la luz proyectaba las largas sombras de los ríos de sangre que recorrían de arriba a abajo las hinchadas venas de su gran verga de 19 centímetros.

    A estas alturas, esas fotos las guardaba en un pen. Estaba tan acostumbrada a recibir cientos de ellas que las guardaba para masturbarme llegado el caso. Agregué esa foto y desplegué los pics de las anteriores. Eran cientos.

    Cogí mi dildo, inicié mi portátil y sencillamente me senté en el delante de esas fotos pasándolas hacia adelante y detrás. Ese dildo estimulaba mi coño y ano vibrando como un loco sentada encima entre mis piernas. Cuando decaía mi excitación me tocaba el clítoris y mis tetas de mujer madura mirando. El orgasmo tardaba en llegar sin el vibrador dentro de mi coño pero al final, llegaba… vaya si llegaba…

    El día en que compré ese dildo salí de la tienda llena de explicaciones por parte del vendedor quien me describió sus cualidades. Me sentí realmente cachonda conforme ese hombre me hablaba. Tenía razón porque fue una buena compra. Nada más llegar a casa me penetré con el pensando había comprado algo tabú y que era una salida a mis 46 años. Estaba más salida que en ninguna etapa de mi vida.

    Era un dildo negro.

    Una de las cualidades sexuales de mi edad es que mentalmente estoy preparada siempre para tener mis orgasmos diarios. Me puedo masturbar primero y luego que mi maromo, en este caso Enrique me pueda follar con el mismo resultado si no lo hubiese hecho en un mes. Si no es él me apago a mi misma.

    Cuando llegó estaba realmente cachonda tanto como si ese dedo me acababa de hacer fuese cosa del pasado. Lo esperé en la ventana y cuando lo vi aparecer me dije a mí misma…

    -Ya está aquí mi cliente.

    Bajó del coche de forma decidida y rápida. Se le veía inquieto a lo cual interpreté tenía ganas de follar.

    No había tocado el timbre cuando justo le abrí de forma cuidadosa porque no quería el vecindario me viese vestida como una ramera. Aquel día no trajo ni ramo de flores ni falta le hacía.

    -Qué tal, amor?

    -Muy bien… veo que te has vestido como a ti te gusta a veces.

    -Ven…

    Lo llevé a mi habitación. Enrique siempre que entraba le chocaban mis excentricidades. En realidad, más que la habitación de una mujer de mi edad era la de una chica más joven. Repleta de peluches, posters junto con una colcha con un enorme sol rodeado de estrellas.

    Me senté en la cama y le bajé los bóxer.

    De ellos brotó una verga a medio ereccionar que enseguida creció entera en mi boca. Le lamí los huevos y Enrique comenzó a jadear como un perro.

    -Que bien chupas las pollas, Karen…

    Que me lo dijera en plural me puso a 100. Me sentía más guarra de esa forma porque deducía era de más hombres y no de uno solo a quien amaba con locura.

    Me subió esa horrible falda me sacó las tetas de una vez poniéndome de pie apoyada en mi escritorio y comenzó a follarme como si fuese una cualquiera. Ni siquiera se había quitado los pantalones. En mi espejo pude observar como mis tetas iban de lado a lado rozando los pezones con la madera de esa mesa con lo cual bajé mi cuerpo para que reposase allí y él metiera su polla hasta mi útero cogiéndome fuerte del culo a lo cual me corrí inmediatamente con la fuerte presión de su polla.

    -Sigue, cariño. Querrás algo más? Hazme lo que te plazca. Soy tuya. Tu puta favorita. La que no te cobra por serlo. Hazme cosas… muchas.

    -Joder, Karen. Cómo me pones. Voy a correrme.

    -Te quieres correr en mi cara? Solo un poquito.

    -Siii…

    Me puse de rodillas y se la comencé a mamar. Se la sacó en el último momento y me regó las mejillas, el pelo y la boca con su lechada. Ni una sola gota cayó fuera de mi rostro.

    -Qué rica amor. Qué caliente. Me has dejado bañada en leche de burro como Cleopatra. Quieres hacerme unas fotos así, burrito?

    -Buuufff… déjalo. No estoy para fotos.

    -Bueno, pues otro día… lo que quiera mi chico.

    Me limpié la cara de su semen y le besé todo el cuerpo.

    Enrique jadeaba de placer.

    -Quédate dormidito, mi rey. Me voy a cambiar y hacer la comida. Cuando estés despierto vienes a besarme. Vale?

    -Vale.

    Mientras hacía la comida dormía como un tronco. Me habría pasado aquel día??? No sé. Pero me sentía una mujer útil y joven.

    Se levantó al cabo de una hora y lo vi rascarse los huevos a través de sus calzoncillos. Entró en la cocina y me besó en el cuello. De reojo miré su entrepierna que a pesar de estar con la guardia baja su bulto aun así era realmente imponente y seductor para una mujer con las cosas tan claras como yo al lado de ese tío. Diré que ese tamaño fláccido en erección sería el ordinario de cualquier hombre.

    Por la tarde, Enrique estuvo husmeando en mis películas de DVD y encontró dos. Una se llamaba «Titánic» y otra «Tetónic». Me gustaba el porno de vez en cuando.

    Evidentemente vimos la de James Cameron.

    Pasaron los días y mi idilio con Enrique iba cada día a más pero recibí un mensaje de mi ex. Aquel había mencionado en nuestro primer capítulo y que tanto me había querido.

    -Hola!!! Karen… iré a tu pueblo dentro de un mes por cuestiones de trabajo. Te gustaría verme?

    Tarde unos minutos en responderle. No lo tenía nada claro. Pero accedí a ello. Tampoco tenía nada que perder y ese hombre siempre me gustó. Bueno… seguía enamorada de él en el fondo.

    -Si. Dímelo con una semana de antelación. Vale?

    -Vale. Un beso.

    Ahora si que no sabía que hacer. Enrique por un lado. Ramón por otro. Lo que no imaginaba iba a acabar de esa forma en la cama…

    A veces, me masturbaba pensando en Ramón con mi vibrador negro. Enrique nunca supo eso. Tampoco le interesaba, desde luego. Pero en lo más hondo de mi ser Ramón fue una asignatura no aprobada. Bueno… en realidad, un suspenso. Un cero pelotero por mi parte fruto de esa incapacidad hacia el compromiso Enrique había adivinado en el primer capítulo.

    Ramón, trabajaba en una naviera que exportaba productos a toda África y se acercaba el día de la cita. No estaba muy decidida en decírselo a Enrique. Vuelvo a insistir que no le importaba mi relación epistolar con Ramón, ni que me masturbara pensando en él y ni mucho menos tomarme un simple café. Pero he de decir que me sentía contrariada en el sentido de que me gustaban dos hombres y conforme se acercaba la fecha iba más alterada y porque no decirlo… cachonda.

    Se lo conté a Enrique.

    -Mañana, he quedado con Ramón…

    -Pero ese chico no vivía en Galicia?

    -Si, pero viene aquí por trabajo. De hecho le han asignado esta zona del sur.

    -Ahhh…

    -Te lo voy a decir muy claro, Enrique. Te quiero con locura pero no me he olvidado de Ramón.

    -Joder, Karen. Ya lo sé. Eso no es nuevo. Me lo imaginaba. Pero… lo deseas todavía? Dime si o no…

    -Si.

    -No te preocupes. Me echo a un lado y ya está.

    Me dijo con un cierto tono airado.

    -No, no… no quiero eso.

    -Entonces… qué quieres?

    -Nada. Que lo entiendas y que sepas primero estás tu.

    Enrique hizo una pausa. Me dejó sola y se dirigió a la cocina por una cerveza y encendió un cigarrillo. Aspiró la primera calada a lo que espetó…

    -Karen… has pensado en compartirnos?

    -Ehhhh??? Estás insinuando un trío?

    -Bueno… llámalo como quieras. Hasta donde quieras llegar. No sé…

    -Él está casado y con dos niños. También tendrá que opinar, digo yo… además no vive aquí. Por lo visto irá y vendrá durante un tiempo.

    -No sé, piénsalo.

    Lo pensé ese día. La verdad es que me masturbaba muchas veces pensando me tomaban Ramón y Enrique a la vez pero siempre fue una de mis fantasías más fantásticas e inalcanzables. Verme jodida por esos dos hombres me ponía muy cachonda porque me hacía sentirme utilizada hasta el paroxismo. Como una puta.

    Una de mis fantasías era sentirme puta pero con confianza.

    Llegó el día de la cita. Hacía no lo veía como 20 años. No obstante, me había mandado tantas y tantas fotos que cuando nos encontramos me pareció haberlo visto ayer. Un armario de 1,90 bajó de un coche. Me acerqué a él y me abrazó. Me había puesto guapa para la ocasión. Aquel día mientras me vestía me puse cachonda perdida. Si, mi instinto de mujer me dijo que irremediablemente sentía algo por Ramón.

    Cuando Ramón me abrazó noté la fuerza de sus negros brazos y negro pecho.

    Ahhh… se me había olvidado decirlo… Ramón es español de origen senegalés a la vez que impenitentemente negro. Negro, negro…

    -Qué tal Karen?

    -Muy bien, Ramón. Vamos a esa terraza… te tengo que presentar a alguien.

    Allí estaba sentado Enrique.

    Los presenté y se dieron la mano. Estuvimos departiendo y se cayeron muy bien. Yo los miraba de hito en hito admirando a aquellos hombres de distinta raza a cual más viril. Me estaba poniendo terriblemente cachonda el imaginar sus dos pollas en mi boca. De vez en cuando la conciencia me aconsejaba seguir la conversación con un par de hombres que hablaban de sus cosas casi ya borrachos después de tantas cervezas. Me gustan los hombres que saben beber. Eso les otorga un plus de control sobre si mismos y por tanto una seguridad aplastante. Además de volverse divertidos y desinhibidos. Yo también me tomé unas cervezas. Eso me hizo ponerme aún más cachonda viéndolos. Además fumaban más que bocanegra. Dos tipos que si los dejabas sueltos eran un par de calaveras… dos piratas. Dos piratas que jamás acabarían yéndose de putas porque siempre les sobrarían las mujeres. Además ya tenían a su puta particular que era yo…

    Fuimos a cenar a un restaurante y en los cafés Enrique le propuso a Ramón ese asunto.

    Ramón se quedó un poco contrariado. En realidad él había venido sin ánimo de nada. Solo a visitarme.

    Se retrepó en el asiento estirando su fuerte torso y puso las manos sobre la mesa mirándonos a los ojos. En especial a Enrique.

    -Trato hecho. Pero con la condición de estar unas horas antes solo en la habitación con Karen. Hace que no me acuesto con ella 20 años. La quiero y la deseo pero me temo no estoy preparado psicológicamente para entrar y hacerlo porque me siento un intruso. Necesito antes conocer nuestro auténtico deseo si es que todavía lo sentimos.

    No fuimos a mi casa sino que alquilamos la habitación de un hotel. Quedamos los tres un sábado a las 5 de la tarde. Se hizo como Ramón dijo. Me metí con él en la habitación y sin más preámbulos en la cama. A ninguno de los dos se nos veía nada seguros. Mientras, Enrique esperaba en el hall tomando algo.

    Ramón comenzó a tocar mis tetas diciéndome…

    -Cómo echaba de menos esto, amor… bésame.

    Le besé en la boca degustando esos amplios labios negroides tan distintos a los de Enrique. Y me abrazó fuerte con sus enormes brazos y amplias manos.

    Enseguida noté en mi estómago como su verga se ponía grande y dura. Ramón tenía una polla tan grande como la de Enrique pero negra. Jugueteé con ella en mis manos y Ramón comenzó a jadear.

    -Joder, Karen… con lo contento estaría solo contigo y ahora te tengo que compartir con otro tío. Fíjate si me tienes pillado…

    Lo besé con fuerza y pasión la suficiente porque no sabía que decirle y estaba loca por ese hombre de color.

    -Me pasa lo mismo, Ramón. Pero aprovechémoslo que son muchos años juntos aunque separados.

    -No sé qué decirte… tuve todo y ahora no tengo nada.

    -Al caso no te sirve tu familia?

    -Si, y amo a mi mujer pero a ti también te quiero.

    -Yo también quiero a Enrique y estoy comprometida con él.

    -Tu? Pero si le tienes pavor al compromiso… Date cuenta… lo quieres pero también te quieres acostar conmigo. No lo entiendo.

    -Ya no. Pero me siento muy puta. Solo para los dos.

    -Tu lo que quieres es satisfacer una fantasía y me has cogido porque sabes que me quieres, soy tu marioneta y que no me puedo negar. Bueno… llama a Enrique…

    Llamé a Enrique y le abrí la puerta. Ramón estaba sentado en una butaca esperando con las piernas cruzadas. Ya no estaba erecto.

    -Hola!!! Ya habéis arreglado vuestras cuitas?

    -Más o menos… Dijo Ramón.

    -Lo de siempre…

    -Y qué hacemos? Que esto parece el camarote de los Hermanos Marx…

    -Yo me visto y me voy. Que no estoy aquí para satisfacer fantasías sexuales. Dijo Ramón.

    Nos vestimos y pagamos una habitación en balde.

    -Oye… queréis venir a casa a cenar? Al menos…

    -Yo si.

    -Y yo también.

    No sabía antes de venir a mi casa Enrique había quedado con Ramón para tomar unas cervezas.

    -Enrique, no sé qué le pasa a Karen. Qué cojones es esto de acostarnos los dos con ella?

    -Ramón… la cosa es muy complicada y simple a la vez. Te digo nos quiere con locura. Y su única salida soy yo en primera instancia y tu en segunda ahora que has aparecido.

    -Pero qué le pasa? Tenemos monos en la cara?

    -No… es que… le gusta asumir su papel de ser una puta.

    -Eh? Esta chica está enferma!!!

    -Tampoco es eso. No pasa nada. En realidad, es un juego de autoestima. Mira, Ramón… todos tenemos una parte del cerebro primitiva que choca ciertamente con la moral. Para que lo entiendas ella se siente bien eliminando esa moral y dando rienda suelta a ese cerebro primitivo. Y nosotros somos esa llave.

    -Pues más os valdría casaros y tener hijos que a mi me ha ido muy bien.

    -A estas alturas? Rondando la cincuentena? Además yo ya tengo una hija de mi anterior matrimonio.

    Llegaron los dos sobre las 9 de la noche.

    Enrique iba vestido con unos vaqueros y una camiseta de los Guns N’Roses muy a su estilo. Y Ramón con unos chinos y una camisa blanca remangada que contrastaba con el negro de su piel. Esa mezcla del olor de ambos me volvió loca.

    Yo me había puesto un vestido que resaltaba mi figura en forma de reloj de arena. Si, como podrá imaginar el lector sin sujetador y marcando bien mis tetas.

    Estuvimos hablando y pasamos a las copas después del Rioja de la cena. En mi equipo de sonido sonaban U2.

    No sé con qué excusa me levanté hacia la cocina siguiéndome Ramón pero pude advertir un signo de complicidad entre ambos. Noté su aliento en mi nuca y comenzó a sobar mis tetas de forma fuerte y compulsiva.

    -Joder, Ramón… necesitaba este empuje al menos… solo un poco…

    -Un poco y más, Karen.

    Comenzó a refrotar su polla contra mi culo y noté como se le estaba poniendo tiesa mientras mis tetas asomaban sueltas por encima de mi escote colgando como dos melones. Me atreví a meter mi mano por sus pantalones para tocar su verga ya dura como una piedra.

    -Qué zorra eres, Karen… No le vas a decir a Enrique que se una a la fiesta?

    -No sé, no se… a lo mejor quiero solo contigo. Le dije bajándole los pantalones y tragándome su enorme polla negra sopesando su erección.

    Era una polla preciosa. Muy distinta a la de Enrique, una gran vena arrancaba de su pubis y acababa en su glande recorriendo su tronco a punto de explotar. Enrique entró en la cocina con su polla en la mano.

    -Chupa también está, putón…!! Como mama tu ex… si pone hasta los ojos en blanco… Dijo Enrique.

    Me sentía abrumada con esas dos vergas en mi boca. Ni que decir tiene estaba ya terriblemente húmeda por culpa de esos dos mis hombres. Mis dos clientes, quienes sopesaban el tamaño de sus miembros para no hacerme daño.

    Entre los dos me cogieron en brazos cada uno de una pierna y me llevaron a mi habitación. Por el camino sus pollas iban de lado a lado entre sus muslos mientras mi coño iba abierto.

    Me dejaron en la cama y me comenzaron a besar como dos energúmenos mientras sus grandes manos y brazos tocaban y acariciaban todo mi cuerpo. Me sentía una reina con esos dos machos uno negro y otro blanco. Tremendamente segura de ellos y orgullosa de mi y de mi cuerpo.

    -Te amamos, Karen… dijo Enrique. Estamos aquí por ti…

    Enrique se puso encima de mi y me penetró como siempre hacía mientras yo mamaba la negra polla de Ramón haciendo lo que podía.

    -Ahora te toca a ti, Ramón. Dijo Enrique.

    A lo cual Ramón sacó su polla de mi boca y se dispuso a llenarme el coño con ella.

    Bufff…! Eso me puso a 100 por hora. El pensar después de 20 años ese trozo de ébano me iba a ensartar otra vez me puso muy cachonda.

    -Jódeme fuerte Ramón. La polla de Enrique la tengo ya muy vista. A ver que tal te portas en mi coño…!!!

    No hube pronunciado esta frase cuando Enrique estaba ya en mi boca moviendo su verga.

    Ramón se movía sin siquiera sentir el peso de su cuerpo de gorila encima de mi. Apoyaba sus manos en el colchón y tanto a izquierda como a derecha pude observar las dos negras columnas de sus brazos tensas y fuertes que soportaban su peso.

    -Voy a correrme… chicos… Dame más, Ramón. Más fuerte!!!

    Enrique sacó su polla de mi boca y pudo contemplar como me iba sin remedio debajo del negro cuerpo zumbón de Ramón.

    Se quedó obnubilado viendo como su novia se corría jadeando como una loca.

    Ramón sacó su polla chorreando flujo. Estaba completamente empapada y brillante. Me temblaban las piernas y ambos comenzaron a acariciarme con sus vergas a tope de erección.

    -Joder como me he corrido…

    Miré mis pechos y tanto sus pezones como grandes aureolas estaban erectos de excitación. Me los toqué mirando a esos dos hombres me contemplaban como a una reina y me besaban todo el cuerpo de los pies a la cabeza. Uno arriba otro abajo.

    Lejos de contemplarme cuando estuve ya repuesta volví a mamar sus pollas para volverlas a poner tiesas para mi. Reaccionaron enseguida en mi boca y pronto las tuve dispuestas.

    Decir, que lo hice de forma mohína y vaga porque después de esa corrida me había metido los hubiese despedido a tomar por el culo. Pero me apiadé de ellos porque estaban muy salidos conmigo.

    Después de ese orgasmo estaba hasta mareada y les dije…

    -Venga chicos… a ver quien es el primero…

    Los puse ansiosos a los dos tocando sus pijas y empezaron a meterlas en mi boca para que se corrieran cuanto antes y me dejaran en paz. Cuando chupaba una el siguiente se empezaba a masturbar en mi cara viendo como mamaba al otro. Había veces intentaban meter sus dos pijas a la vez gruñendo y compitiendo los dos pero mi boca no daba abasto con esas XXL de dos colores.

    -Qué puta se ha vuelto mi ex… decía Ramón…

    -Lo que tu me dejaste, cerdo… dijo Enrique.

    Los apuré hasta que no pudieron más porque poco a poco observaba que esas dos pollas se estaban preparando para disparar en mi cara enseguida. Se notaba en sus rostros, jadeos y cuerpos. Estaban cada vez más duros e inmóviles y esas pollas se movían como locas en mi boca sin control alguno. Iba chupando como podía. Primero una negra, luego la blanca y de lado a lado como una ramera profesional.

    -Vaya dos amantes tengo… lo que más quiero en mi vida!!! Exclamé.

    -Vamos chicos… leche de negro y blanco… colacao en mi cara!!!

    La última polla chupé fue la de Ramón o la de Enrique, ya no me acuerdo. Los dos se corrieron en mi cara bajo tres buenas descargas cada uno llenándome de sus semillas. Gemían como animales.

    Se retiró primero Ramón y luego Enrique con sus miembros temblando a la vez. Los había dejado bien exprimidos y aliviados.

    -Muy bien por mis chicos!!. Unos campeones. Venid aquí que os vais a quedar dormidos con vuesta mujercita…

    Los abracé. Me quedé en medio y nos dormimos los tres después de haberme limpiado de sus corridas abrazados.

    Eran las 12 del domingo y estos tíos seguían durmiendo. Me levanté a las 10 en ese séptimo sello de responsabilidad tenemos solo las mujeres y saltando por encima de Ramón porque estaba en el centro. Desayuné algo frugal e hice unas buenas tostadas con jamón y aceite para mis chicos.

    Llegué a la habitación y me tiré encima de ellos. Se mostraron molestos pero dieron cuenta de que el sol ya les tocaba los cojones. Eso si… unos cojones bien aliviados gracias a mi…

    -Hala… chicos… que os he preparado el desayuno…!

    Seguro que hubiese sido más efectivo chupar sus pollas para que se despertaran antes pero… no caí en eso.

    Bahhh…! Para otro día…

    Levantaron renegando y mearon. Se sentaron a la mesa para comer y les saqué las tetas diciendo…

    -Ahora no queréis chupar esto ehhh…!

    Se rieron. Ramón me pidió un ibuprofeno y Enrique dijo…

    -No estoy por la labor de hacer la comida del domingo, cielo…

    -Ya la hago yo… No veis como los hombres sin sus mujeres no valdríais para nada?

    Efectivamente hice una paella. El cerdo de Ramón mientras la hacía se tomó 6 cervezas y Enrique 4. No había momento me lo tuviese que quitar de encima para que dejase de tocar mis tetas y yo soportando su aliento a alcohol. Eso me gustaba. Me hacía pensar era más puta todavía después del día anterior. Esa era una reacción normal en un hombre también me deseaba como el otro y vivía muy lejos de mi. Estaba ansioso y se notaba.

    En cambio, Enrique estaba más calmado.

    -Cómo te gustan esas tetas, eh Ramón? Dijo.

    Esa frase me hizo sentir una mujer compartida. Lo que no sabía era que a los hombres la resaca los ponía más cachondos todavía. Más burros y animales. Y yo ahí a merced de esos hombres y… lo que me gustaba…

    Nos sentamos los tres a comer.

    -Cuándo te vas, Ramón? Le dijo Enrique.

    -Mañana. Dijo conformándose.

    -Lo has pasado bien?

    -Si. Gracias por todo.

    Podemos montar un grupo de WhatsApp les dije.

    -Por mi bien. Dijo Ramón.

    -Por mi también. Dijo Enrique.

    -Ya lo tengo. Lo voy a llamar los tres mosqueteros aunque en realidad eran cuatro…

    -Ok. D’Artagnana…

    Me eché a reír.

    -Pero solo tres, ehh? Chicos…? Ni uno más. Que esto es solo vuestro…

    -Si. De nadie más. Dijo Ramón.

    Ramón se fue un poco triste. Lo besé en la cara y le dije…

    -Vamos, campeón. Que te está esperando tu familia…! Cuando llegues mandas un mensaje. Ok?

    -Ok.

    Allí nos quedamos ese domingo Enrique y yo pasando la tarde.

    -Oye, Karen… vaya polla tiene tu amigo…

    -No lo envidies que tú también calzas bien…

    -Ahhh… no sé. Eso tú lo tienes que decir.

    -Vamos a ver que tienes ahí…

    Se la chupé con fuerza y se corrió enseguida en mi boca gimiendo como un cerdo.

    -Eres increíble, Karen.

    -Así bien contentito mi chico. Para que nunca me deje y me quiera mucho… Vale?

    -Vale. Te quiero mucho, Karen.

    -Y yo a ti, tontito. Hala… a casa a dormir que mañana hay que trabajar.

    Se fue dándome un beso en la boca muy contento. Era un gran hombre. Sin duda alguna. Y… Ramón igual.

    Fin segunda parte.

    Espero os haya gustado.

  • Obligada

    Obligada

    Hola espero que le gusten estos relatos cortos y me digan sus opiniones en los comentarios.

    A veces me cuesta hacer memoria de las cosas que hemos hecho con mi pareja, esta vez recordé algo que me volvió a calentar con solo pensarlo.

    En una noche comiéndole la boca y mis manos en su cola (¿hay algo más rico que agarrarle la cola a una mujer?), la fui llevando de a poco. Los besos pasaron a ser una pelea de lenguas rozándose y cada vez más dentro de su rica boca.

    Mis manos locas a apretar esas nalgas carnosas que tanto me gustan, de vez en cuando mis caricias recorrían todo su cuerpo hasta su carita. Enseguida su instinto la poseía y me deleitaba con sus dotes orales.

    Era verla con esa cara de atorranta chupar mis dedos de a uno luego de a dos, sabe que eso me enloquece.

    Le comía la boca ya para ese entonces era toda manoseada por mí, note enseguida sus ganas, sus partes calientes deseando recibir placer y eso me vuelve loco, loco de verdad, no importa el lugar esa locura me puede además confieso que me sale el papel dominante.

    -Anda besamela

    -no, no quiero -me dijo

    -dale si te gusta

    -no te dije que no tengo ganas

    -dale si sos re puta

    Lo negó con su cara mientras seguíamos besándonos y ella tocándome.

    -dale bebé chupámela

    -no -ya noto que estaba loco por hacerla mía- no quiero no me obligues

    Y sé que puede escucharse mal pero uno sabe cuándo una mujer lo está provocando a uno.

    -no me la querés chupar puta

    -no, no eso es de putas

    Con toda mi calentura me levanté, mientras ella miraba, me arrastré por la cama hasta lleva mi miembro hasta la altura de su boca.

    -qué haces -dijo

    -cállate si sé que querés zorra

    Y así como estarán pensando y deseando, le metí mi miembro y así también se prendió como nunca, le encantaba. Empujaba su cabeza sentía como estaba enloquecida disfrutando que la obligue.

    Su lengua saboreando mi miembro, mirándome y empujándolo para que se note en su cachete todo lo que se metía, no solo eso jugar con mis testículos estaba como nunca, obvio que recorrió toda su carita con mi miembro, además que le gusta la moja toda. Si estaba con una puta y me encantaba.

    Creo que esas fueron hasta el momento los mejores besos que me ha hecho. Pero era solo el comienzo de una noche salvaje…

  • Por un enojo, me desvirgaron

    Por un enojo, me desvirgaron

    Soy viudo desde hace mucho tiempo y llevo una vida asexual. Mi familia me ayuda económicamente en lo que puede y debido a la pandemia, mi economía cayó drásticamente. En una ocasión, discutí con mi hermana por dinero y me enojé mucho, muchísimo!!!

    Pensé en quitarme la vida pero tenía algo pendiente en cuanto a lo sexual y era que me coja el culo un macho. Me decidí y empecé a visitar páginas gay. No tenía ninguna pretensión, no me importaba si era gordo, flaco, si la tenía grande o pequeña pero quería que fuera hoy mismo…

    Con el primero que chatee, resultó que vivía lejos, el segundo era pasivo y el tercero fue ideal. Hablamos largo rato y se dio cuenta que yo estaba deprimido por lo cual, fue muy tierno y con palabras hermosas, me pareció que era el indicado.

    No quiso venir a mi casa, porque no nos conocíamos y por seguridad, optamos en encontrarnos en el centro e ir a un hotel.

    A la hora fijada, ambos estuvimos puntualmente y luego de saludarnos, fuimos caminando y charlando hasta llegar a un hotel alojamiento. El insistió en pagar y entramos a la habitación. Yo no sabía qué hacer, pues, para mi era todo nuevo y aparte de mi malestar, se sumaron unos nervios excitantes.

    Una vez en el cuarto, me habló dulcemente, transmitiéndome tranquilidad. Era un hombre muy pulcro y de aspecto refinado. Empecé a verlo con agrado y me fui convenciendo a mi mismo que era el hombre correcto. Me tomó de la cintura, atrayéndome hacia él con una mano y con la otra, acarició suavemente mis nalgas. Me dejé llevar y me sentí muy seguro en sus brazos. Me dijo al oído que le gustaba mucho y que disfrutaríamos de nuestros cuerpos.

    Mi enojo inicial se había convertido en una calentura inexplicable. Su olor me derretía y viendo que estaba a su merced, apoyo sus labios sobre los míos. Fue delicioso y largo, húmedo y profundo. Caímos sobre la cama, él encima de mí sin dejar de besarnos y nuestras ropas desaparecieron como por arte de magia. Ya desnudos, pude notar sobre mi ingle la dureza de su pija.

    Instintivamente, mis manos acariciaron su espalda y giramos, quedando yo encima de él. Me enloqueció sentir sus caricias en todo mi cuerpo y sobretodo en mis nalgas, las cuales apretaba y lentamente iban deslizándose a mi raya hasta que sentí uno de sus dedos hurgar mi cerrado y palpitante ano. Bajé por su cuerpo, besando sus pechos, abdominales, ingle y llegué a su pija. La miré entre mis manos, la olí y me animé a pasar la lengua todo a lo largo. Me encantaba la suavidad, dureza y el calor. Metí la cabeza en mi boca y con mi lengua, saboreaba y disfrutaba de mi nueva experiencia.

    Mientras tanto, miraba su rostro, el cual indicaba que gozaba de mis atenciones orales. Poco a poco, iba metiendo más su pija en mi boca y logré que me dé arcadas. Sus huevos, hermosos, también recibieron mi atención y me fascinaron, llevando mi excitación a un punto que no conocía. Me subió hasta su boca para besarme y al oído me dijo que le encantó lo bien que lo hice. Me puso boca abajo y colocó la almohada bajo mi vientre. Mi cola quedó expuesta y lista para recibir su lengua.

    CONTINUARÁ…

  • Karina, retrato de una chica prostituta

    Karina, retrato de una chica prostituta

    No soy de esas chicas que presumen que son santas, yo no soy como las demás.

    Yo soy prostituta y adoro trabajar para los hombres.

    Me gusta mucho que me desnuden con la mirada. Soy de esas chicas que no le teme a nada, me he metido con muchos hombres y no precisamente de mi edad.

    Mi madre siempre me decía, entre más maduros mejor.

    Y vaya que tenía mucha razón, me gustó mucho comerme la fruta madura de ellos.

    No necesito ser precisa para decirles que significa «fruta madura de ellos».

    A diario me cuido, me gusta mucho ir al gimnasio.

    Para poder conservar mi figura, y para gustarle más a los hombres.

    Dicen que el trabajo de la prostitución, no es un trabajo honesto ni mucho menos decente.

    Pero ustedes no saben mis circunstancias, desde hace años me he dedicado a la prostitución.

    A sacar adelante a mi familia, mi padre nunca le gustó mucho la idea de que yo trabajé con los hombres.

    Pero no había de otra, no pudieron darme estudios y no había otra opción.

    Mi madre fue la que me metió a la prostitución y ella misma es mi jefa.

    Mi hermana también se metió a la prostitución, pero a diferencia de mi, ella no le gusta meterse con hombres maduros. Le gusta los de su edad, y la verdad es que ellos no tienen la suficiente madurez para sacarte orgasmos y hacerte arte en el clítoris.

    Los hombres maduros son quienes te logran elevar a las estrellas, te muestran el cielo volando en un cohete.

    Sus manos hacen maravillas en los pezones.

    Su lengua logra despertar tus demonios perversos.

    Y eso me ha paso infinitas veces, me ha gustado mucho el trabajo de la prostitución.

    Deja mucho dinero para mantenerte estable y te deja satisfacción y deseo de continuar trabajando.

    Pero solo hay una regla indispensable que debe una seguir, que es prohibido enamorarse porque es muy difícil sacártelo del alma y de tu ser.

    A mí no me ha pasado, a mi hermana si y sufrió mucho que hasta se cortó las venas.

    Volviendo a mi historia.

    Les digo que me ha gustado mucho devorar a los hombres y los maduros por supuesto.

    Me ha encantado meterles el dedo por el coño y chupármelo.

    Es un verdadero deleite para mí y para mis sentidos.

    Adoro este trabajo, me ha dejado cosas buenas y yo diría que buenísimas.

    Usando lencería sexy y provocadora.

    Porque el que no enseña no vende, eso también mi madre me lo dice.

    Y tiene mucha razón, a veces solo estoy usando mi brasier con una mini falda, de esas que llegan a mitad de las pompas.

    Para poder gustarles a los hombres y se deleiten los ojos.

    Ha llegado el fin de esta historia, solo una última cosa quiero decirles: mujeres que son prostitutas no se avergüencen de su trabajo créanme es un trabajo delicioso y exquisito y lo mejor de todo es que gozan del cuerpo de los hombres.

    – Andy Pau

  • Thannia (Parte II)

    Thannia (Parte II)

    Después de despedirnos ese día, como dije no sabía si volvería siquiera a hablar con ella, es cierto que Thannia no se molestó, no me reclamo los besos que nos dimos, pero también había un visible sesgo de culpabilidad en su ser, o al menos así lo sentí yo.

    No quería presionarla o forzar nada, pero cada minuto que pasaba sin yo saber de ella me causaba una ansiedad que no había tenido antes, después de casi 5 horas, cerca de las 10 de la noche no pude más y le mande un mensaje diciéndole “muchas gracias por la tarde tan fantástica que me regalaste a tu lado” pero, no tuve como siempre una respuesta, después de media hora y no recibir respuesta le escribí “Descansa amor, que tengas bellos sueños”, pero de nuevo y a diferencia de siempre, hubo nula respuesta, no había duda, ella ya no quería hablar conmigo, lo había arruinado, como podía ser que esos besos tan únicos, tan deliciosos, eso que sentimos al besarnos pudiera terminar con algo que (sin decirlo) parecía teníamos, pero, de golpe me vinieron a la mente sus palabras respecto a que ella quería mucho a su novio y que nosotros solo éramos amigos.

    Sobra decir que esa noche fue difícil dormir, y aunque sabía que era casi imposible que durante la madrugada me respondiera algo yo guardaba la esperanza de recibir un mensaje de ella, pero… no fue así

    Al día siguiente ansiaba por saber de ella, pero no quise marcarle ni mandarle mensaje, pensé que tal vez eso podría hacerla sentir peor, decidí esperar, aunque era una espera difícil, cada minuto quería recibir su llamada, su mensaje, algo, pero no sucedió, no hasta cerca de la una de la tarde, mi celular vibró y era un mensaje de Thannia que decía “amor, podemos vernos a tu hora de comida?” , difícil explicar lo que sentí en ese momento, por un lado es lo que quería verla, hablar con ella, saber de lo que paso, por otro lado, algo dentro de mi sentía que ese “podemos vernos” podría presagiar una despedida, pero en fin, claro que quería verla!

    Enseguida le respondí que sí, que si quería que fuéramos a comer al mismo lugar que acostumbrábamos y me respondió que no, que prefería nos viéramos en un parque que estaba a 5 calles de donde comíamos, le dije que estaba bien, a las 2 de la tarde la vería, fueron 60 minutos largos, el reloj parecía avanzar con extrema lentitud, apenas dieron 5 para las 2 salí para tomar mi hora de comida, literalmente corrí al parque, no quería desperdiciar ningún minuto con Thannia, cuando cruce la calle para el parque la mire en una banca cerca de la fuente, cuando ella me vio se levantó, yo corrí y la abrace, y digo la abrace porque a diferencia de siempre, solo yo la abrace a ella, ella no respondió el abrazo, se quedó con sus brazos tirados en paralelo, como había dicho un día anterior a la salida del cine, la moneda había sido lanzada y parecía que no caía a mi favor, me separe levemente de ella y pude ver sus ojos enrojecidos, había llorado, era obvio, y comenzaba a sollozar ligeramente de nuevo, me tomo de las manos y nos sentamos y me dijo:

    -Amor, perdóname… (Sus lágrimas salieron de sus ojos)

    -pero… por qué? De que debo perdonarte amor? (al tiempo que con mi mano trataba inútilmente de retirar las lágrimas que se le formaron en sus bellos ojos)

    -lo que paso ayer… bueno… por favor amor… quiero que me entiendas… (La interrumpí para tratar de calmarla)

    -fue un error, lo sé (en parte dije eso para quitarle peso a lo que me decía y también de manera inconsciente esperando que ella dijera que no, que no había sido un error pero…)

    -si amor, fue un grave error, un error que no puede pasar de nuevo (era el segundo golpe directito que recibía a mis ya casi diluidas esperanzas de ver a Thannia como algo más que amiga, es más, parecía un golpe demoledor incluso para una ligera amistad ya con ella).

    -Thannia… amor, yo… (no me dejo continuar poniendo un dedo en mis labios)

    -no digas algo, nada, por favor, te quise ver porque… bueno, has sido un amigo genial y (sonrió un poco) a pesar de cómo nos conocimos la hemos pasado muy bien, me has dado mucha confianza pero, no quiero lastimarte… lastimarme… bueno, lastimarnos, ayer… ayer con lo que hicimos pues… (y comenzó a sollozar de nuevo algo desconsolada, yo la abrace)

    -ya se amor, tú tienes novio, lo quieres mucho y nosotros solo somos amigos, y lo que paso ayer fue solo mi culpa y no va a repetirse, seremos solo amigos (trataba de quitarle peso a ella pero me dijo algo que, si bien imaginaba podría pasar, quería pensar que no iba a ser así)

    -si amor, no volverá a pasar porque… bueno… no nos vamos a ver mas, ni a hablar, será mejor que dejemos todo aquí, que nos quedemos con el recuerdo de esta bonita amistad (sus ojos seguían llenos de lágrimas y aunque yo lo quise evitar todo lo que pude, mis ojos ya se encontraban igual, los dos nos vimos, le pedí por favor que no lo hiciera, que no se alejara de mi, que si solo podía tenerla como amiga lo aceptaba pero que no quería perderla, ella se abrazó de mi llorando ya sin discreción, entre llanto y estando abrazados me dijo):

    -tu sabes que es lo mejor

    -de verdad eso quieres? Que nos despidamos para siempre?

    Me apretó más fuerte y entre lágrimas me dijo fuerte:

    -No!! no lo quiero, no quiero alejarme de ti, pero, tenemos que jurar que no volverá a pasar lo de ayer, no sabes que mal me siento por mi novio, no sé ni cómo verlo a la cara.

    Esto último fue algo complicado de explicar ya que por un lado derrumbaba cualquier intención que yo tuviera con ella, pero por otro lado me hacía sentir todavía más por Thannia, claro que la deseaba, la deseaba mucho, quería tenerla, hacerla mía, pero no era solo eso, había mucho mas, sentía mucho más por ella y el ver esa reacción de su parte me gusto y en cierta manera me hizo que la admirara mas.

    Con ánimo de romper ese momento de extrema tensión, la separe un poco y mirándola a la cara con los ojos llorosos de ambos le dije:

    -ya mi Thannia, deje de llorar o la gente dirá que la estoy maltratando, aunque igual dirá que eres masoquista porque me tienes abrazado

    Ambos reímos, ella me apretó fuerte mis manos.

    -gracias amor, gracias por entenderme, por ser así y por ser mi amigo, en serio gracias (y me dio un beso que me supo delicioso, y no, no fue en mi boca (lo hubiera querido) fue en mi mejilla, pero lo aprecie mucho porque significaba que, aunque no pudiera ser algo más para mi, la tendría conmigo y pues el tener su amistad lo disfrutaría mucho

    Esa tarde y teniendo aún algo de tiempo de mi hora de comida fuimos a tomar una soda (ya no había tiempo para comer), nos despedimos y apenas entraba a mi oficina me llego un mensaje de ella, se lo respondí y por ese día no nos hablamos mas, sentía ganas de darle las buenas noches pero preferí aguantar, los siguientes dos días aunque nos mensajeabamos fueron algo “diferentes” por así decirlo, era obvio que tratábamos de dejar atrás lo que sucedió pero que de igual manera se sentía algo de tensión aún.

    Sin embargo a partir del tercer día las cosas gradualmente regresaron a la normalidad e incluso un poco mejor, hablábamos casi todo el día por mensajes, mails, aunque casi siempre por las tardes-noches eran muy esporádicos, igual nunca le pregunte el porqué, con el paso de los días ella me contaba cosas de su novio, de su relación, debo decir que no era algo que me fascinara, pero sabía que a ella le gustaba tener a alguien que la escuchara, casi semana y media después de empezar a contarme cosas de su relación.

    Un día me llama por el mediodía y le escucho en su voz algo triste, me dice que si podíamos vernos, lamentablemente cuando me llamo yo iba saliendo a carretera, iba a otro estado a ver unos asuntos de trabajo pero regresaba esa misma noche, le dije eso y le pregunte si quería que nos viéramos en la noche pero me dijo que no, que si podía ser al día siguiente que era sábado, por supuesto le dije que si no sin antes preguntarle si era algo grave lo que tenía, me dijo que no, que no me preocupara, esa tarde por la zona en la que iba a estar no tendría recepción de celular, ya por la noche cuando regrese tenía un mensaje de voz de Thannia diciéndome que nos habláramos al día siguiente temprano para vernos.

    Por la mañana nos mensajeamos y yo fui a la oficina para dejar unos documentos que había yo recogido de mi salida con el cliente el día anterior, salía yo de la oficina cuando sonó mi celular, era Thannia para avisarme que iba llegando afuera de la oficina, con gusto le dije que ya iba yo saliendo, al vernos nos abrazamos como siempre, ella a pesar de que el día anterior la había notado triste se veía tranquila, le pregunte que pasaba, que tenía y me dijo:

    -me da pena contarte amor, pero no sabía a quien recurrir

    -no tienes porque tener pena cariño, dime, sabes que puedes contar conmigo

    -es que… bueno, fue “E…” (su novio) lleva varios días actuando extraño conmigo, por momentos distante, no sé, no quiero pensar que pueda estarme… (se quedó callada)

    -engañando?

    -si (bajo su cabeza)

    -porque piensas eso? Tan cambiado esta?

    -mas o menos, pero… por qué no vamos a tomar algo y platicamos?

    -claro que si (subimos a mi auto y arrancamos a un lugar que ya anteriormente habíamos ido y nos gustó para platicar, pero antes de bajar me percate que había dejado mi billetera en casa, sé que suena conveniente pero era cierto)

    -amor, que pena, pero he dejado mi billetera en casa

    -no te apures, yo invito esta vez (sonrió)

    -como crees, no no, mira, mejor porque no me acompañas, recojo rápido la billetera y regresamos

    -si, no hay problema (y dicho esto tome rumbo a mi apartamento, estábamos cerca a menos de 10 minutos, al llegar me baje y le dije que me esperara que no tardaba pero me dijo)

    -y no puedo conocer tu departamento?

    -si claro!, es que no hay nadie y no quise que pensaras mal (ella me sonrió)

    -anda amor, que yo sé que tú me respetas (y me guiño un ojo)

    Era cierto, no le faltaría al respeto y menos a ella que la quería tanto, así que entramos al edificio, subimos en el elevador y, ciertamente y aunque no le haría nada por propiciar alguna situación, no dejaba de sentirme nervioso porque era la primera vez que estaría a solas en lugar privado con Thannia, entramos a mi apartamento y en una mesita estaba mi billetera, me apresure a tomarla y le dije:

    -pues este es mi apartamento, me da gusto que lo conozcas

    -esta bonito, pero le falta algo de toque femenino jaja

    -jajaja, pues si tienes razón (me quede parado como invitándola a que nos fuéramos pero)

    -y que, no me invitaras a sentarme amor?

    -claro, pero pensé que querías que nos fuéramos para que me platicaras lo que me dijiste

    -bueno, igual podemos platicar aquí y después nos vamos

    Le invite a Thannia un refresco y son sentamos en la sala a platicar, me dijo que su novio ya no la trataba como antes, que a veces era incluso algo grosero, cortante con ella, le pregunte porque lo aguantaba pero me dijo que ella lo quería mucho, que no quería estar sin él y muchas cosas mas, no puedo negar que me dolía verla así, pero por otro lado me daba un poco de gusto que el idiota de su novio no estuviera bien con ella, finalmente esa tarde hablamos en mi apartamento como por 4 horas, la primera hora fue del problema con su novio y muy a mi pesar trate de consolarla y decirle que no se preocupara que su novio era un tonto por no valorarla etc.

    Después ya platicábamos de otras cosas, reímos, y, aunque debo decir que por dentro deseaba lanzarme a besarla, acariciarla, sentir sus manos en las mías, sabía que no tenía oportunidad, esa tarde ella se fue de mi apartamento de mucho mejor ánimo y a pesar de que le pedí que me dejara llevarla a su casa no acepto (hasta ese momento yo no sabía en donde vivía), pero hubo algo con lo que no contaba, me estaba enamorando de ella, sé que estaba mal, pero no pude evitarlo, a veces en esas platicas que tenía Thannia me platicaba de su novio, que si habían ido un fin de semana a tal lugar, o que si habían hecho tal cosa juntos, y aunque yo debía seguir siendo su “buen amigo” no dejaba de dolerme.

    A partir de ahí hubo 4 reuniones más en mi apartamento sin que pasara de unos roces “casuales” al abrazarla o toques en su cara a modo de caricias, pero no mas, yo realmente disfrutaba estar con Thannia pero sabía que lo mejor era empezar a alejarme, por el bien de ella y el mío principalmente, poco a poco deje de contestarle los mensajes de inmediato, a veces se los respondía hasta dos o tres horas después, si me decía de vernos le decía que no podía porque andaba presionado o algo, al paso de casi dos semanas así ella obviamente noto el cambio y me dijo que si me pasaba algo, que me notaba triste, distante, me arme de valor y le dije que si, que tenía algo, esta platica fue por teléfono.

    -y que tienes amor? Te puedo ayudar? Anda, cuéntame

    -no puedes ayudarme cariño

    -porque? No me asustes, que te pasa? Es cuestión de dinero? De salud?

    -no, mira, es que… bueno, no sé cómo empezar

    -pues por el inicio (y se rio) dime, sin pena mi vida

    -bueno, es que… conocí a alguien (me quede en silencio un par de segundos esperando su reacción)

    -una chica?

    -si, una chica, y pues… me gusta, siento cosas por ella, no solo atracción, algo mas

    -pero eso es muy bueno, me da tanto gusto por ti

    -gracias, la cosa es que ella no lo sabe

    -pues no seas tontito, díselo, seguro estará feliz de estar con alguien como tu

    -tu crees?

    -claro! eres atento, formal, caballeroso, eres un sueño amor

    -no sé cómo decírselo

    -pues amor, tan solo… dícelo

    Para ese momento yo estaba seguro que presentía que ella era la chica, pero, pronto me di cuenta que no era así.

    -tu crees que solo se lo debo decir así… y ya?

    -claro!, bueno, no sé, busca el momento propicio, una cena romántica, algo y ahí pues se lo sueltas, seguro me contarás que corrió a tus brazos (todo esto me lo decía con un tono que yo interpretaba de emoción)

    -pues entonces eso haré

    -y cuando piensas decírselo

    -ahora mismo

    -ahora? Bueno, quieres que te cuelgue entonces?

    -no, no, escucha… Thannia

    -si?

    -no entiendo como no te has dado cuenta de que… esa chica, esa persona por quien estoy sintiendo otras muchas mas cosas… eres tú!

    Bueno, finalmente lo había hecho, se lo había dicho, hubo un silencio de ambos de tal vez 10 segundos pero que me parecieron casi una hora, de pronto ella me dice con un tono… no sé cómo describirlo

    -amor… lo siento, no sabía, no me di cuenta, y yo contándome todavía lo de mi novio y yo, me imagino lo incomodo que te he hecho sentir cada vez que te lo decía

    -en serio no te diste cuenta? Esa vez que nos besamos en el cine no lo sentiste?

    -pues… si, pero, no sé, creí que habría sido una simple atracción de momento, no sé, nada relevante, quedamos como amigos, tu mismo me dijiste que no se repetiría

    -y sabes que lo he cumplido, y bueno, sé que lo que dije hará difícil o casi imposible que sigamos con nuestra amistad, cierto?

    -no se amor, tal vez sea mejor que te tomes un tiempo sin… mi

    Pues el resultado no era diferente al que yo había pensado.

    -Si Thannia, tienes razón, tal vez sea lo mejor

    Hablamos como 3 minutos más y colgamos, era jueves por la tarde, ya no nos escribimos ese día, ni el viernes, yo la extrañaba y mucho, pero sabía que, aunque no me gustara, estaba haciendo lo correcto, el sábado varias veces tome el celular para escribirle o llamarle, pero no lo hice, eran alrededor de las 11 de la mañana cuando suena el timbre del apartamento, cuál fue mi sorpresa al abrir y ver ahí parada a Thannia!, a diferencia de siempre iba vestida con una falda mini pero no entallada y una blusa cerrada y chamarra de piel

    -Thannia… no me dejo terminar, me abrazo fuerte y me dijo que me extrañaba, que se sentía muy mal por haberme hecho sentir así.

    -perdóname amor, nunca quise lastimarte (seguíamos abrazados en la puerta del apartamento)

    -no tienes porque sentirte así cariño, el culpable fui yo porque no debí haber sentido nada de eso

    Recargo su cabeza fuerte en mi hombro y caminamos ligeramente hacia adentro, ella con el pie sin soltarme cerró la puerta

    -no digas eso amor, tu no tienes la culpa de haber sentido eso por mi… porque..

    -porque que?

    Hubo un silencio pequeño, se separó ligeramente de mi sin dejarnos de abrazar, me miro de frente y me dijo

    -por nada amor, por nada

    Se acercó a mi, no hay manera de decir lo que sentí, cerré los ojos, pensé que me besaría en los labios, no fue así sus labios se posaron en mi frente.

    -te quiero mucho amor, no quiero perderte (me dijo, mientras me daba otro beso igual en la frente)

    -también te quiero mucho cariño, y me ha dolido tanto este tiempo sin saber de ti

    Ya no podía mas, tal vez era la última oportunidad de estar así con ella, tome su cara entre mis manos, nos miramos fijamente y poco a poco me acerque a ella buscando con mi boca la suya, esperando su reacción, si me rechazaría, si lo esquivaría pero, ella con una dulzura cerro sus ojos y me ofreció sus labios, la bese, me beso, nos besamos, fueron 5 o 10 segundos de un beso tierno, suave, que de inmediato se convirtió en un beso salvaje, apasionado, fuerte, delicioso, nos abrazamos sin dejar de besarnos, mis manos acariciaban su espalda, así abrazados besándonos dimos dos pasos hacia el sofá y nos sentamos sin separarnos ni un momento, de verdad estaba pasando o estaba soñando?

    Sus manos revolvían mi cabello y por primera vez mis manos tocaron sus piernas, se colocaron en sus rodillas y lentamente comencé a subir mis manos por sus muslos, cuando ella sintió mi movimiento solo exclamo un pequeño gemido, su beso se volvió más intenso, yo sabía que podía avanzar, pero me daba miedo que pasara como en el cine aunque la situación era totalmente diferente, deje una de mis manos en sus piernas, la subí hasta la mitad de uno de sus muslos, con mi otra mano le comencé a acariciar el cuello, suavemente, sin prisa, quería degustar ese instante, ese momento que tanto había imaginado, mi otra mano quedo inmóvil en su muslo y con la mano que tenía en su cuello la comencé a bajar a sus hombros, se los acaricie, los palpe, pero ella sabía que es lo que buscaba, no parábamos de sentir nuestras lenguas entrelazadas, ella por su parte con una mano me acariciaba el pecho por encima de mi camisa y con la otra seguía acariciando mi cabello, mi mano comenzó a descender en busca del nacimiento de sus pechos, mientras que mis labios se separaron de los suyos y buscaron su cuello, ella tiro ligeramente hacia atrás su cabeza como descubriendo su cuello para mi, lo bese, lo saboree, ella se pegó con sus labios a mi oído y me beso, a la vez que me dijo con su voz entrecortada y excitada.

    -no amor, para, esto es una locura, no podemos ah, no debemos aaah

    Yo hice caso omiso a lo que me dijo, mi mano que estaba en su muslo comenzó a moverse de nuevo avanzando hacia ese delicioso tesoro que ella guardaba detrás de sus braguitas

    -amor ah, por favor no lo hagas o perderé la cabeza aaah

    Pero lo que su boca decía era totalmente contrario a lo que su cuerpo expresaba, ya que se pegaba más a mi, se retorcía entre mis brazos, mi mano detuvo su ascenso al llegar casi a su entrepierna, mientras que con la otra mano ya sin mas espera la pose directo en sus senos por encima de su blusa, el solo tocarlos me hizo casi llegar al clímax, mi miembro estaba totalmente erecto, listo para demostrarle a la mujer que yo quería lo que sentía por ella, nuevamente gimió

    -esto no puede ser ah, mmm, yo tengo noviooo

    Justo cuando dijo eso, tome su mano y la puse en mi pene duro, ella no opuso la mas mínima resistencia, al contrario, de inmediato lo apretó por encima de mi pantalón, lo sobo, comenzó a masturbarme, y seguía gimiendo

    -no no ah, no quiero ponerle los cachos a mi novio ah, tienes la verga parada amor

    Uff!, oírla expresar así fue el detonante, me puse más duro si es que eso era posible, estábamos ya inmersos en un delicioso faje, sin dejar de besarnos, de tocarnos, tome su chaqueta y se la empecé a quitar sin la mas mínima resistencia de su parte, quedamos recostados en el sillón, ella debajo de mi, uno a uno los botones de su blusa fueron cediendo, al terminar de desabotonarla traía un bra de encaje beige de media copa que resaltaba aún mas sus deliciosas tetas, comencé a besarle los senos solo la parte que dejaba descubierta su bra, ella gemía, se retorcía, tenía los ojos cerrados, su boca abierta, se veía deliciosa

    -para amor mmm para por favor ah

    Baje una de las copas de su brasier y pude admirar por primera vez sus pezones, eran pequeños, estaban duritos, parados, sus aureolas pequeñas, obscuras, cuando sintió que sus pechos quedaban vulnerables volvió a balbucear

    -amor ah eso no, mis pezones son muy sensibles

    No sabía si era una queja, una súplica o un consejo de que hacer, de inmediato metí uno de sus pezones a mi boca y fue como un botón que detono algo en ella, con sus dos manos apretó mi cabeza y la apretó fuerte hacia su seno

    -si amor, mámame mis chiches ah

    Esa manera de expresarse de ella, con esas palabras, distaban mucho de la imagen que yo me había hecho de Thannia, pero lejos de incomodarme me hacían prender mas, chupaba su pezón y con mi lengua hacia pequeños círculos, ella me apretaba fuerte y se retorcía delicioso, mientras con mi otra mano empecé a subir su minifalda, ella al sentirlo solo abrió mas sus piernas, subiendo así como estaba acostada una al respaldo del sillón y la otra la bajo al suelo, yo había quedado situado en medio de ella, era una delicia, empezó a alternar sus suplicas, con animaciones y palabras soeces

    – por favor que rico me chupas mis chiches, no seas malo sigue, que rico no amor, no podemos, no debemos

    Todo lo decía sin dejar de retorcerse, de acariciarme, de alentarme a seguir, con mis manos comencé a manosearle sus piernas, sus ricas y deliciosas piernas mientras mi boca seguía saboreando esos pezones exquisitos, ella se retorcía, jalaba suavemente mis cabellos, mis manos seguían subiendo y bajando por sus muslos sin tocar sus braguitas, pero yo no podía más, volví a bajar mis manos a sus rodillas y las volví a subir por sus muslos pero esta vez no me detuve como las anteriores, ella lo noto y gimió fuerte

    -no amor! no no nooo

    En ese momento con mis dedos toque justo el centro de sus braguitas, no estaban húmedas, estaban empapadas, bien mojadas, comencé a frotar su conejito por encima del encaje de sus braguitas, ella arqueo su cuerpo deliciosamente.

    -amor

    Yo con mi boca en sus pezones le dije excitado

    -aun quieres que pare amor?

    -noo, si, si, para amor, que rico, que me haces amor, esto no debe pasar

    -pero está pasando amor

    Seguía chupando sus pezones y una de mis manos jalo suavemente la tela de sus braguitas y por primera vez pude tocar, sentir su entradita, esa deliciosa abertura que tanto había soñado, ella al sentir directamente mis dedos en su rajita hizo un sonido que asemejo a un pequeño aullido de placer

    -amor amor amor

    Sabia que seguía con esa lucha interna, por un lado la calentura no me permitiría parar, pero por otro lado la quería demasiado y no quería hacerle daño, sin dejar de acariciarle los labios de su entradita con mis dedos le dije

    -quieres que pare amor?

    -sii no, no aahh mi novio

    Y en ese momento lanzo un grito entrecortado que termino por extasiarme.

    -“E…” (el nombre de su novio) perdóname aaah, pero mmm te vamos a poner los cachitos bien rico.

    Eso fue algo que en definitiva no vi venir, pero ya no había vuelta atrás…

    ********************

    Thannia, nuevamente, si llegas a leer esto espero que recuerdes todo como lo hago yo, y que lo puedas disfrutar de nuevo, pronto contaré que fue lo que siguió a esa expresión de Thannia y lo que pasó en ese sillón.

  • El aprendiz (Parte 3)

    El aprendiz (Parte 3)

    Fuimos con mi madre al cumpleaños de mi tía, mi madre llevaba un vestido muy ceñido al cuerpo, que apena le cubría la cola completa, terminaba el atuendo con zapatos de plataforma del mismo color.

    Llegamos a la casa de mi tía nos abrazamos, le entregué su regalo. Alejandra tenía puesto un vestido rojo que hacía que resaltase su enorme trasero, llevaba un poco de maquillaje, que la hacía ver más guapa.

    No había muchos invitados unos cuantos colegas de trabajo de mi tía, pero que se marcharon temprano. Estaba también la mejor amiga de mi tía, Lucía. Jorge llegó un poco más tarde con Silvia, mi madre la conocía por ser madre de familia del colegio. Mi tía ya la conocía, supongo que le presentó Jorge.

    La fiesta se iba animando con el vodka. En la fiesta solo quedamos yo, mi madre, mi tía, Lucía, Silvia y Jorge. Mi madre no quería que tome el vodka, y el vaso que me daban se lo tomaba ella.

    —Vamos Verónica deja que pruebe un poco. —sugirió Jorge, mientras los demás lo apoyaban.

    Mi madre accedió a la petición de Jorge, sirviéndome un vaso,

    —¡Wow! Está bastante fuerte… —dije probando el vodka.

    —¿Me pase con el vodka? —preguntó mi madre.

    —No, creo que tiene la medida justa. Pensé que te ibas a acobardar un poquito y que lo ibas a hacer demasiado suave —le respondí.

    —Es sábado y es mi cumpleaños… podemos darnos el lujo de tomar algo rico. —Sugirió mi tía, mientras tomaba un sorbo de su vaso.

    Conforme avanzó la fiesta empezaron las risas y bromas. Jorge era el centro de atención de las chicas contando anécdotas y chistes. Me fui afuera a tomar aire porque me estaba afectando el alcohol y no quería emborracharme demasiado. Al regresar vi que seguían conversando, pero esta vez más mareados, se reían de cualquier cosa. Extrañamente Jorge no se veía muy afectado por el licor, que fortaleza de este viejo, pensé.

    De pronto mi tía puso música en el estéreo y se pusieron a bailar, mi madre con Alejandra y Jorge con Silvia, vi que Lucia los animaba, me acerqué a sacar a bailar a Lucía, que estaba un poco mareada, mientras bailaba con ella admiré su figura, llevaba el cabello ondulado, tenía unos ojos color café encantadores, llevaba un vestido color tinto muy escotado, (la mitad de sus exquisitos senos quedaban al descubierto, comprimiéndolos uno con el otro por el corte del estilo) con la espalda desnuda (salvo por los listones cruzados que se unían entre sí), y con un corte tan pequeño, más arriba de los muslos, que estuve seguro que al sentarse se le podrían ver hasta las anginas. De Lucía solo sabía, por los comentarios de Alejandra, que tenía enamorado, con quién salía de vez en cuando.

    Estaba bailando con Lucía, de cierta manera me sentí excitado, y sentí que mi miembro empezaba a levantarse, quería bailar un poco más pegado a ella, pero me esquivaba sutilmente, hasta que soltó un jadeo de su boca, me di cuenta de que su culo estaba rozándose con el cuerpo de Jorge.

    Jorge me guiñó el ojo y besó a Silvia mientras con su otra mano magreaba el enorme trasero de la mamá de mi amigo. Ella solo sonreía, aceptando su intromisión.

    El vejete acercó su cabeza a mi oído y me susurró, te voy a ayudar. Enseguida propuso un cambio de pareja y agarró a Lucía por las manos pegándose a ella. Soltó un ligero gemido, y procedieron a bailar.

    Me puse a bailar con Silvia a quién nota que estaba caliente, obviamente por la anterior acción de Jorge. Estar bailando con la madre de mi amigo me excitó aún más, sintiendo mi pene endurecido, pegué mi cuerpo al de ella. No me importó que ella los sintiese, tampoco dijo nada. Temiendo que mi madre observase mis acciones, dirigí la mirada hacia ella, y observé que dormía en el sillón plácidamente. Mientras mi tía la cubría con una manta.

    Me percaté que Jorge le susurraba frases a Lucía, tal vez de lo linda que se veía. Ella agradecía el cumplido y sonreía. Advertí que la mano del viejo presionaba levemente una de sus nalgas, parecía que estuviera midiendo el aire dentro de un neumático. Prosiguió arrimando su bulto contra la otra nalga, al momento que ella daba un giro sobre su propio eje, como siguiendo el baile. La sonrisa del viejo era completamente lujuriosa, de pronto escuché que Lucia soltó una risita femenina, como de adolescente siendo cortejada y tuve que admitir que Jorge era digno de un doctorado en seducción.

    Decidí que tenía que aprovechar la situación en la que me encontraba con Silvia así que no esperé que la música cambiase a otra más lenta, puse a Silvia dándome la espalda y pegué mi miembro a su enorme trasero. Soltó un gemido, ella se dejó llevar probablemente producto de la calentura y el alcohol, mientras empezaba a contonear las caderas, estaba en el cielo sintiendo esas poderosas nalgas restregarse contra mi miembro.

    Estaba disfrutando de esa sensación placentera, tal vez por el morbo ya que era la madre de mi amigo. Si él lo supiese de seguro ya habría recibido unos cuantos golpes y me habría ganado un nuevo enemigo. De repente que alguien me toca, era mi tía, que me agarraba por los hombros, me fijé que estaba mareada, me dice que me olvidé de ella, respondo diciéndole que nunca no lo haría, a lo que mi tía contestó dándome un beso cerca a los labios.

    Jorge se acercó después de poner un reggaetón en el equipo de sonido.

    —¡Que comience el show, mis amores! —gritó él, llevando de la mano a Lucía, mientras se acercaba a Silvia y Alejandra.

    —¡Uuuu! —estallaron las mujeres.

    Las chicas se quitaron los tacones y zapatillas, empezaron a ponerse a bailar un “perreo intenso”, donde se restregaban sus culos ante mirada atónita y el gesto pervertido de Jorge.

    Pese a mi desencanto por aquella música de porquería cuya letra consistía en superfluos “perrea duro, mami, perrea duro, mami, y mueve el culo para que se me ponga duro”, fui el primero en aplaudir aquellos obscenos movimientos.

    Las tres chicas tenían sus miradas perdidas, en tanto seguían bebiendo vodka. Jorge se acercó a Lucía y a mi tía. Se puso a bailar junto a ellas, agarrando sus nalgas, y magreando sus tetas. A lo cual ellas sonreían complacientemente.

    Por el baile y lo marreada que se encontraba Alejandra derramó el licor en los pechos de Lucía. Trató de disculparse pero Jorge la cortó.

    —¡Wow, Wow, wow! —estalló Jorge en carcajadas, mirando hacia el escote de Lucía—. ¡Mira, campeón! —me dijo—. Sé que a las mujeres calientes se les moja el coño, pero nunca supe nada de las tetas. —Se rieron las chicas—. ¿No hace mucho calor aquí? ¡Que esperan sáquense los vestidos! —manifestó dirigiéndose con un tono imperativo—. ¡Tú tampoco te salvas! —exclamó apuntando a Silvia.

    Las tres mujeres le hicieron caso como si su orden estuviese por encima de sus voluntades. Se despojaron de sus vestidos con una sonrisa y gestos de estar haciendo lo correcto.

    Jorge tomó una botella de vodka y les dijo que abriesen la boca. Las chicas abrieron la boca como poseídas.

    —Tu lengüita, mi vida, saca tu lengüita —le pidió a Lucía.

    Desde una altura considerable, Jorge vertió parte del contenido del vodka directo en la boca, hizo lo mismo con Silvia.

    Se acercó a mi tía quien con la boca abierta saco la lengua que reptaba en el aire como una niña que se ilusiona con atrapar con ella un copo de nieve, aquello eran chorros de licor que salpicaban en sus labios, cuello y hasta nariz, destilándose entre sus senos, cintura y piernas.

    —¡Wow! —profirió Jorge un grito triunfal, sobre todo cuando admiró el resultado de sus obras de arte.

    Las tres mujeres estaban con aspecto de zorras, desprendiendo una fragancia a hembras, a alcohol, a vodka, mientras se les notaba erizado los pezones.

    Procedió a quitarles los sostenes a las tres chicas, dejando las enormes peras al descubierto. Parecía que estuviese en un sueño en mi vida pensé en ver las tetas de tres mujeres juntas. Pero más me sorprendía el poder de convencimiento de Jorge, era como si las mujeres que estaban cerca de él acababan sucumbiendo a sus más bajos instintos.

    —¡Qué está pasando aquí! —era la voz de mi madre que acaba de despertar.