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  • Visita al cine

    Visita al cine

    Después de que Claudia realizara su primer bukkake estaba ansiosa por cumplir la segunda que era volver a juntar a un grupo de hombres, pero está vez quería que se la cogieran de forma salvaje y que la utilizaran a su antojo.

    Me comentó que quería que fuera un grupo más grande esta vez, así que me llevaría un tiempo el poder organizarlo.

    Dentro de nuestras escapadas para tener sexo de maneras diferentes me propuso otra cosa, vestirse como una ramera para provocar a los hombres en la calle, el cine o cualquier lugar que visitamos y que si le agradaba alguien podíamos ver a dónde llegábamos.

    Esto me sorprendió bastante por qué una cosa era contactar hombres para conocerlos y tener sexo y otra muy distinta era cogerse a un desconocido ya que uno de mis planes que no habíamos llevado a cabo era ir a un club swinger primero, pero para seguirle el juego le propuse que si provocara a los hombres pero sin cogérselos. Solamente dejarlos con las ganas.

    De mala gana aceptó y mi propuesta fue ir a un cine xxx para empezar a calentar.

    Le dije que se vistiera lo más puta posible y que en cuanto estuviera lista nos íbamos a un cine en el centro de la ciudad.

    Cuando salió de vestirse para salir me di cuenta que iba en serio lo que teníamos planeado.

    Salió con una minifalda roja sin nada abajo, por lo que con ciertos movimientos de podía apreciar perfectamente su raja recién depilada, llevaba unos tacones rojos que hacían juego con la falda y una blusa blanca casi transparente sin brasier por lo que se podían ver perfectamente sus pezones a través de la tela antes de salir se colocó una chamarra negra y subimos al auto.

    Llegando al centro comenzamos a caminar después de dejar el carro en el estacionamiento, podía darme cuenta de las miradas de otros hombres hacia mi novia pero eso únicamente me fue calentando más antes de llegar al cine.

    Una vez en el cine teníamos 2 opciones entrar por separado o llegar juntos, ella optó por entrar los dos juntos a la sala ya que quería que los demás hombres vieran que iba a acompañada ya que no sabía con qué nos podíamos encontrar y eso la ponía algo nerviosa.

    Entrando a la sala nos dimos cuenta que había algunos hombres regados alrededor de la misma, llegué a contar alrededor de 10, algunos gordos, otros más delgados pero con una apariencia desaliñada. En fin la mayoría rondaba entre los 40 y 50 años por su apariencia.

    Un par de ellos de fueron cuenta de la presencia de mi esposa ya que estaban sentados junto a la entrada, y al ser la única mujer en la sala no pasó desapercibida. Además conforme nos fuimos acercando a la pantalla la alfombra de la escalera despareció y sus tacones comenzaron a hacer ese sonido inconfundible por lo que varios si no es que todos los hombres presentes voltearon a ver a mi mujer.

    Nos sentamos unas 3 filas arriba de la pantalla, justo al centro. Claudia me apretaba la pierna mientras una película iba empezando, no sé si por nervios o por ansias. La verdad no pude deducir sus sentimientos en ese momento.

    Cuando la película comenzó nos dimos cuenta que era una de esas en dónde la protagonista es una mujer blanca pequeña y un grupo de hombres con vergas grandes. Nada mejor para quitar los nervios que Claudia pudiera tener en ese momento.

    Todo iba normal, conforme la escena avanzaba pude notar que Claudia comenzó a aflojarse y empecé a meter mi mano debajo de su falda. Sentí que comenzaba a mojarse así que me puse a jugar un poco con mis dedos dando pequeños roces en el borde para terminar de calentarla.

    También me di cuenta que algunos hombres estaban comenzando a acercarse a los asientos cercanos a nosotros para ver el espectáculo. Estaban dejando de prestarle atención a la pantalla para vernos a nosotros, algunos ya comenzaban a masturbarse en sus lugares.

    En ese momento tome la cara de Claudia y la bese mientras seguía masturbándola lentamente por debajo de la falda. De repente se arrodilló en su asiento para quedar de costado a mi y me desabrochó el pantalón para sacar mi verga y metérsela de golpe en la boca, por la posición en la que estaba tenía acceso con una de mis manos a sus nalgas y su vagina.

    Un hombre se acercó a observar más de cerca y llegó un punto en el que me pidió autorización para tocar también a mí novia.

    Ella solo saco mi verga de su boca para decir – son libres de ver y tocar, pero solo mi pareja puede metérmela.

    Noté que esas palabras los desilusionaron un poco pero no sé quejaron puesto que es la única mujer que estaba en la sala y parecía que tenían un buen rato de no estar con alguna, mucho menos una tan joven.

    El primer hombre acercó su mano a sus nalgas y comenzó a acariciarla, yo retire mi mano para dejarle el camino libre y lo invité a disfrutar de ella mientras me seguía dando una buena mamada. El hombre inmediatamente metió dos dedos dentro de ella y no le costó nada de trabajo debido a la excitación que tenía, desde que comenzó con el oral ya estaba empezando a escurrir.

    El hombre comenzó a masturbar a Claudia mientras el de masturbaba con la otra mano y de vez en cuando retiraba los dedos del interior de mi novia para llevárselos a la boca y probar el sabor de sus fluidos.

    Yo estaba muy excitado y Claudia mucho más, lo notaba en la forma que succionaba mi verga y en los gemidos que salían de ella.

    En un momento el tipo ya no se conformó con solo probar a Claudia con los fluidos en sus dedos y metió su cara entre sus nalgas para probar directamente de su vulva.

    Ella no tardó en llegar a su primer orgasmo y el tipo no podía ocultar sus ganas de penetrarla en ese momento pero únicamente retiró su cara y siguió masturbándose.

    En ese momento le dije que por qué no se giraba para ayudarle a terminar y mientras yo podía metérsela de una vez.

    No lo dudó ni un segundo, en ese mismo momento de hincó en la butaca con la cabeza hacia el respaldo, yo me coloque de pie detrás de ella mientras ese hombre se ponía de pie en la fila de atrás para recibir una mamada por parte de Claudia.

    No duró mucho ya que después de un par de minutos soltó una explosión de semen en la boca de mi novia quien lo trago sin problema y volteó a ver al grupo de hombres que se había formado junto a nosotros.

    La película había pasado a segundo plano ya que notamos que una mujer no había pasado por ese lugar en un buen tiempo.

    Los invitó a acercarse para que los fuera despachando uno por uno, y no tuvo que insistir ya que casi inmediatamente una fila se formó frente a ella para que cumpliera con lo que había dicho.

    Yo solo pude observar como uno tras otro iban descargándose en la boca de Claudia mientras yo seguía embistiéndola por detrás.

    No dure demasiado por lo que terminé explotando dentro de ella y retirándome a una de las butacas junto a ella.

    Cuando uno de los hombres se acercó dispuesto a penetrarla ella dejo la mamada que estaba haciendo para decirle que no iba a dejar que la penetrara pero que si quería podía masturbarse y frotarse en la entrada de su raja húmeda hasta que terminara.

    Honestamente pensé que el hombre no le iba a hacer caso y que la situación podía salirse de control. Pero contrario a mis pensamientos y para alivio de los 2 el tipo obedeció y de dedicó a masturbarse hasta eyacular en sus nalgas.

    No sé cuántos hombres pasaron a llenarle las nalgas de leche ni cuántos fueron los que la hicieron tragar su semen, pero cuando ya no había ningún hombre a nuestro alrededor la tome de la mano, paso al baño a limpiarse lo mejor que pudo y nos fuimos a su casa para que pudiera bañarse.

    Esa experiencia la dejo muy caliente y me pidió que me apresurara con lo de su otra fantasía por qué el hecho de sentir varias vergas frotándose en su vagina sin que la pudieran penetrar la desespero bastante y ya estaba ansiosa de poder tener varios hombres para ella…

  • Dominando a la sumisa Mariel (Parte 2)

    Dominando a la sumisa Mariel (Parte 2)

    Pasó el fin de semana sin que contactara a Mariel. El lunes, por la tarde le mandé un mensaje. “Te espero a las 18 h.”. Elegí ese horario porque ya Carla se había retirado, no era tiempo todavía.

    Puntualmente, llamó a la puerta. Cuando entró trató de disimular una sonrisa, mirando firmemente hacia abajo mientras saludaba.

    -Buenas tardes Señor -dijo tímidamente

    -Pasa puta, sígueme -dije recalcando la segunda palabra.

    Sin más me dirigí a mi dormitorio, me quité la ropa y me recosté en la cama apoyando mi espalda en el espaldar. Ella quedó parada a los pies de la cama, mirando hacia el suelo.

    -Quítate la ropa

    Lentamente fue desvistiéndose. Aproveche para observar su cuerpo detenidamente, analíticamente. Sus pechos eran de un tamaño mediano grande, su cintura estrecha. Su pubis estaba totalmente depilado.

    -Gira

    Seguí con mi observación y pude comprobar una espalda hermosa que finalizaba en unos glúteos proporcionales a su cuerpo y firmes.

    -Gira, le dije nuevamente.

    -Cuéntame, como te has portado. Has hecho algo que merezca castigo?

    -No señor, solamente recordar la última vez, y me he mojado, pero no me masturbé y llegué al orgasmo.

    -Algo más? Pregunté con tono inquisidor

    De pronto se puso colorada, clavó la mirada aún más fuerte en el piso y me dijo

    -Lo extrañé, lo desee.

    Me quedé callado un par de minutos, ella seguía con la mirada fija en el suelo.

    -Ves ese cajón que está allí? Ahí están casi todos lo “juguetes”. Quiero que vayas, elijas cuatro y los pongas sobre la cama.

    Sin mediar palabra se acercó, se agacho dejando expuesto su trasero y su vagina y comenzó a buscar. Cuando pareció terminar se incorporó, y colocó sobre la cama: el látigo, el plug anal, y un consolador. Al ver que eran solo tres le recriminé:

    -Te dije cuatro

    -No encuentro o no está la máquina.

    -Búscala detrás de esa puerta.

    Fue a lo que es mi estudio privado, la trajo y la enchufó.

    -Ahora quiero que hagas… Lo que desees. Quiero ver que tan morbosa eres.

    Insegura, comenzó tocando sus pechos con las dos manos, bajó una de sus manos al clítoris y comenzó a frotarlo. Me miraba como buscando aprobación en mi mirada, y para ver si mi pija se emocionaba. Como no vio comenzó a pellizcarse los pezones sin quitar la mano del pubis. Los pellizcaba cada vez más.

    -Escucha, no hagas lo que piensas que yo quiero ver, haz lo que tu morbo y placer quiera hacer.

    -Entiendo, dijo

    Tomó entonces el látigo y comenzó a azotarse con fuerza en las piernas, pechos, la espalda, su culo.

    Lentamente empezó a gemir, más de placer que de dolor. Su cuerpo iba tomando nota del castigo y comenzaron a enrojecerse sus pechos y cada zona que golpeaba.

    Mientras se azotaba, introdujo dos dedos en su vagina y los empezó a mover, sacando y metiendo, cada vez con más rapidez. Su cuerpo ya temblaba las piernas casi no podían sostener su cuerpo. Cuando pareció que iba a llegar al orgasmo, retiró los dedos tomo el plug anal y sin siquiera lubricarlo lo introdujo de un golpe en su ano. Una vez que lo introdujo, tomo el consolador y lo empezó a chupar mientras seguía castigándose.

    Ya hacía rato que no me miraba, su vista estaba perdida. Dejó el consolador en la cama un momento, se puso de rodillas delante de la máquina y la encendió. El gran consolador de la maquina entro directamente a su vagina haciéndola arquear. Dejó el látigo a un lado y sacó violentamente el plug. En su lugar puso el mango del látigo, que no era muy grueso pero si largo, hasta el fondo, de un solo golpe y empezó a menear el culo, aún con la maquina en su vagina. Puso el consolador delante de ella y comenzó a chuparlo nuevamente. De pronto lo dejó, giró su cabeza hacia mí y me dijo:

    -Soy una zorra, con cola y todo.

    No pude más que reírme por la ocurrencia. Aceleró el ritmo de la máquina y el pistón entraba y salida a toda velocidad, seguramente golpeando el fondo de su vagina.

    Mi pija ya estaba a mil, la lujuria que había desatado su mente me sorprendía.

    -Señor necesito acabar, no doy más

    -Hazlo, dije secamente.

    Empezó mover el látigo en su culo mientras chupaba el consolador con desesperación. De pronto, con espasmos en todos los músculos del cuerpo, soltó el consolador, cayó apoyando su cara en el suelo sin moverse, con el látigo y la máquina dentro de ella aún funcionando.

    -Ahora, guarda los juguetes y acuéstate en la cama, le dije.

    Cuando se tiró a mi lado, no intento tocarme, su respiración era aún entrecortada. Me levanté, fui a un frigo bar oculto en mi oficina, volví con dos latas de cerveza y tomé las esposas del cajón. Ella seguía con los ojos cerrados y no las vio.

    Separé sus piernas suavemente y apoyé la lata helada de la entrada de su vagina. Del salto que dio casi se entierra la lata, y su grito fue tremendo, y abrió los ojos casi a punto que salgan de sus órbitas.

    -Toma, refréscate un poco? Le dije, acercando la lata.

    -Nunca he tomado alcohol Señor.

    -Pues es hora que empieces.

    Me recosté junto a ella, tomé su mano y la hice agarrar mi pija, que aún estaba dura.

    -Pero Señor, usted todavía no gozó.

    -Ya estoy gozando Mariel, dije sin darme cuenta que la había llamado por su nombre.

    -Terminemos la cerveza y seguimos.

    Su mano me masturbaba lentamente, para que no pierda vigor. Acostumbrado a tomar, obviamente terminé la lata antes que ella, por lo que me dedique a acariciar su cuerpo de pies a cabeza, notando que su vagina todavía seguía humedeciéndose. Cuando dejo la lata a un lado, la hice poner de rodillas en la cama, comencé a besar sus pechos, acariciar su vagina y ano. Ella seguía con mi pija en su mano, metí dos dedos en su vagina, y comencé a buscar su punto G. Cuando su cuerpo me indicó que lo había encontrado jugué con él un buen rato. Tomé las esposas y cruzando sus brazos en la espalda, se las coloque. Cuando llegó a un nuevo orgasmo saque los dedos, y se los di a chupar, lo hizo con gusto.

    De repente, y sin dar aviso, la tome de los cabellos y hundí su cara en la cama. Toscamente separe sus glúteos y metí los dedos en su ano. Comencé nuevamente a buscar su punto G, pero ahora atreves de las paredes que separan la vagina. Cuando lo volví a encontrar, lo froté ferozmente y otro nuevo orgasmo, esta ver mucho más fuerte que los anteriores.

    Sin medir palabra, saque los dedos y comencé a sodomizarla con violencia, mientras le daba golpes con la palma de mi mano en el culo y tiraba para atrás su cabeza agarrándola de los pelos.

    Luego de unos minutos, la di vuelta, puse sus piernas en mis hombros y nuevamente la penetré, esta vez por la vagina. Castigaba sus pechos, los pellizcaba y cuando estaba llegando yo al orgasmo, puse mi mano en su garganta y la apreté con la suficiente fuerza como para no quitarle todo el aire.

    Llegamos los dos juntos, con dos gritos casi desgarradores. Sin sacarla, baje sus piernas y me recosté sobre ella, aún con las manos en la espalda.

    La liberé, fui a buscar otra cerveza y me recosté a su lado. Ella estaba quiera, con los ojos abiertos, sin decir palabra.

    Extendí mi mano, la toma del hombro y la acerque a mí. Ella puso su cabeza en mi pecho y a acariciarlo suavemente.

    Sin mediar palabra la tomé violentamente de los pelos de la nuca, puse su cara frente a la mía y le da un profundo beso, soltando los pelos pero con mi mano ahora apoyada en su cabeza. Era la primera vez que la besaba. Increíblemente, de la nada, sentí mi miembro nuevamente erecto, y su cuerpo estremecerse por el beso.

    Ella se percató de mi erección y bajó a mi pija para darle una maravillosa mamada mientras yo disfrutaba verla tomando mi cerveza.

    Cuando acabé, se sentó a mi lado, mirándome sin hablar.

    -Tienes permiso para hablar, le dije.

    -Le puedo preguntar algo Señor?

    -Si, por que está solo? Simplemente con el sexo que Ud. tiene muchas mujeres estarían a su lado.

    -Por elección mía, le contesté.

    -Y a vos, te gusta como lo hacemos? Es parecido a lo que vez en porno?

    -Me encanta, me hace sentir muchas cosas: deseada, puta, mujer, am…

    -Como?

    -No, nada, y es mejor que el porno, porque en las pelis, muchas mujeres no llegan a gozar y yo gozo como una loca, una puta.

    -Es tarde, quieres comer algo?

    -Bueno, dijo tímidamente.

    -Ven

    Y fuimos los dos a la cocina, desnudos, saque una pizza del frezzer, que comimos en la mesa de la cocina, no quiso tomar otra cerveza, solo jugo.

    Cuando terminamos, le llamé un auto, indicándole que pasen a cobrar por mi casa al terminar. Mientras venía, ella se cambió, y al salir, nuevamente me dice:

    -Gracias

    Subió al auto y partió.

  • Durante la tormenta me hiciste el amor

    Durante la tormenta me hiciste el amor

    Amanecía un día frío y gris y aunque estábamos acostumbrados en estas latitudes, no venía mal de vez en cuando que los rayos del sol calentaran un poco nuestra piel, era temporada invernal y solo sentíamos su calor durante unos breves instantes al mediodía, el día iba a transcurrir como un más, sola con la única compañía de nuestro fiel perro, un precioso ejemplar de Terranova y mientras esperaba tu regreso yo arreglaría el huerto, daría de comer a los animales, recogería la casa para tenerla lista y caliente para cuando tú llegaras de la mar, hacía ya unos días que os habíais ido y esperaba con impaciencia tu llegada.

    La vida no era fácil para una mujer en aquellas tierras y en aquella época, nunca lo era cuando tu hombre se enfrenta a los caprichos del mar en aquellas aguas tan bravas, había visto a demasiadas familias rotas, demasiados desaparecidos, demasiado dolor, siempre cuando partes te miro con miedo y resignación, pero con la esperanza de que volvieras a mis brazos al cabo de los días, siempre sola y alejada del resto de la gente que me siguen tratando como a una leprosa porque nos enamoramos, porque me enamore de mi hermano y yo sufría el castigo y el desprecio de la gente mientras que a ti se te había perdonado.

    No, no me gustaba estar mirando siempre al cielo y sin embargo así era cuando partías, aquel día era uno de esos en que amenazaba tormenta y la lluvia empezó a caer de forma intermitente a media tarde, encerrada en casa metía en la chimenea unos grandes troncos para calentar la casa y los primeros rayos empezaron a caer en la espesura del bosque seguido de grandes truenos, la noche cayo de repente sobre nosotros con la compañía de una tormenta que parecía no tener fin y ya en la cama pensaba en ti como tantas otras noches, nuestro perro a mis pies asustado por los rayos que no paran de caer iluminando toda la casa como si del día se tratase.

    Bajo las pieles mi cuerpo descansa tras un día duro de trabajo y los ojos se me van cerrando sin tu compañía, pero pensando en ti en cada momento, te echo de menos y mis dedos empiezan a explorar mi cuerpo como tú lo harías, subiéndome el camisón empiezo acariciar mi cuerpo sintiendo la humedad entre mis piernas, con dos dedos frotando circularmente mi clítoris, mis pezones endurecidos añoran tus besos, un pequeño momento en la noche en donde no teniéndote te tengo, el fuerte viento habré la puerta de repente y la cierra al momento, pero siento otra presencia, las sombras arrancan de la pared una figura que se acerca a mí.

    Siento tu presencia y nuestro perro fiel menea la cola de alegría y veo tu cara al pie de mi cama robándome una sonrisa de felicidad, estas delante de mí quitándote la ropa mojada y levanto las pieles de la cama para que te metas dentro de ellas y darte calor, estas frío, muy frío, mojado muy mojado, tus labios besan los míos notando como tu barba está empapada de agua salina, te doy calor con mi lengua dentro de tu boca y vas bajando despacio por mi cuerpo quitándome el camisón y dejándome desnuda, es tanta la felicidad que ahora recibo a los rayos y los truenos con agrado.

    Tus labios sobre mis pechos lamiendo mis areolas y estimulando más si cabe mis pezones, siempre te gustaron mis pezones, grandes y puntiagudos, siempre jugaste con ellos con la punta de tu lengua subiendo y bajando por ellos mientras me robabas algún que otro jadeo, algún que otro gemido, tus manos acariciando mis caderas y mis muslos, metiéndote entre ellos mientras tus labios siguen un recorrido descendente y accediendo por el frondoso monte de venus caes como un ave de rapiña sobre mi clítoris, haciendo que mis manos agarren con fuerza las pieles que nos cubren y deje salir un gemido preludio de lo que va a venir después.

    Tu barba se une a mi vello púbico, tu boca devora mi clítoris a la vez que siento tus manos apretando mi vulva, tu dedo pulgar se mete entre mis labios llegando a tocar la entrada de mi vagina a la vez que tu dedo corazón casi me penetra en el año, me aprietas con fuerza varias veces antes de meter tus dedos en mi vagina para que te pueda volver a regalar mis gemidos, tu frondosa barba y espeso bigote me hacen cosquillas en mi carne desnuda y rosada, te deseo hermano, deseo que me poseas esta noche como la primera vez cuando me desfloraste, deseo tenerte dentro de mí, que tu pene me penetre y que llene todo mi interior, que recorras cada centímetro de mi vagina para que al final nos fundamos en uno.

    Mis dedos enredados en tu pelo moviendo tu cabeza cuando siento que tu legua me penetra, pero no quiero que eso, quiero ser penetrada por tu espada, quiero gozar con ella dentro moviéndose de arriba abajo, te subo la cabeza con mis manos y poco a poco vas subiendo tu cuerpo cubriendo el mío y mis piernas abiertas van rodeándote con los talones en tus nalgas espoleándote hacia mí, tu legua penetra la frontera de mis labios uniéndose a la mía y tu glande como siempre ha encontrado mi sexo sin ayuda manual, sexo húmedo, caliente y acogedor que se va dilatando a tu paso, al paso del tronco grueso y duro que va rellenando mi vagina.

    Fuera en la calle la tormenta que te ha traído hasta mí esta noche no da tregua y va en aumento al igual que tus movimientos hacia adelante y hacia atrás, tu pene se va metiendo en mi vagina y con cada centímetro mi cuerpo se estremece aún más, te siento dentro de mí, te noto tan dentro de mí que no quiero que la tormenta pare, figuras fantasmales se ven en las paredes cuando las veo moverse, pero no son tales, somos tú y yo haciendo el amor, tú encima de mí cabalgando sobre mi cuerpo y yo tumbada recibiendo en cada segundo una nueva penetración de tu pene arrancándome el placer de mi sexo, gritando como una loba, espoleando tus nalgas para que me la metas más fuerte y más dentro y rogándote para que no pares.

    Mi vientre me arde y empieza a temblar, un temblor que pasa a mis muslos haciendo que relaje mis piernas que caen a ambos lados de ti, con las piernas bien abiertas sobre la cama mi cuerpo experimenta un delicioso orgasmo, inundando mi vagina y tú que me conoces bien sabes como me siento ahora, sabes que me gusta que me la metas muy profunda y apretando contra mi sexo la dejes ahí, reposando, sacándola y metiéndola de vez en cuando para que vuelva a disfrutar del orgasmo.

    Quiero que te corras, quiero sentir tu semen navegando en aguas tan bravas como de las que vienes, dentro de mi vagina es un mar de deseo que te quiere ver explotar de placer y así nos damos la vuelta, poniéndome yo encima de ti, ahora soy quien manda, ahora yo cabalgo hacia el placer de la mano de tu pene metido bien dentro de mí, mis manos en tus pectorales y acariciándote voy subiendo y bajando mi cuerpo, separándome de ti para volver a juntas nuestros sexos, sacando y metiendo de mi vagina tu pene mientras te miro, mientras que disfruto de mi hermano pequeño.

    Tus manos tienen prisioneros a mis pechos, los quieres besar, quieres lamer mis pezones y me tumbo sobre ti echándome un poco hacia delante, hasta sentir mis pezones en tu boca, moviendo lentamente tú sigues penetrando en mi interior, sigues sacando los gemidos de mi cuerpo, sigues acercándome a un nuevo orgasmo, tienes una gran arma entre las piernas y esta noche me lo estás demostrando una vez más, has puesto tus manos sobre mis caderas haciendo fuerza sobre ellas, moviéndome adelante y atrás con ellas a la vez que tu pelvis se ha elevado metiéndose tu pene en cada empujón que me das un poco más dentro de mí.

    Esta vez tus gemidos, tus pequeños gritos se unen a los míos haciendo la competencia a la mismísima tormenta, moviéndote rápido muy rápido, metiéndomela dentro tan dentro que los dos empezamos a gritar de placer, las sombras de la pared reflejan como un cuerpo de mujer se mueve deprisa con sus pechos balanceándose adelante y atrás sobre la cabeza de su amante, mi vagina se empieza a inundar de nuevo, siento tu semen salir disparado contra mí, los dos fundidos en el placer nos empezamos a besar mientras que nuestros cuerpos aún se mueven, no quiero desperdiciar ningún movimiento, no quiero perder la oportunidad de disfrutar contigo ni un segundo.

    La noche sigue su curso y nosotros la acompañamos velándola durante todo el rato hasta el alba, tengo abrazados tus brazos, tengo tu cuerpo sobre mi espalda y no quiero que te vayas nunca, me siento segura, siento los ojos cansados y al cerrarlos un momento, oigo tañer las campanas despertando a toda la aldea con su repicar, me vuelvo y tú ya no estas, me levanto de una cama todavía mojada de sexo y placer y me dirijo con nuestro perro al puerto donde están todos esperando encontrarte.

    Un barco en el horizonte, un barco muy castigado por el temporal se acerca a puerto, es uno con los que partiste ya hace días y veo a mujeres llorar, a hermanos abrazar a sus madres, pero no te veo a ti, no entiendo nada por qué tú volviste anoche y sin embargo veo a nuestra madre llorando en el suelo por tu falta, tres barcos se hundieron en la tormenta uno el tuyo, no entiendo nada y caigo de rodillas llorando abrazando a nuestro perro, anoche en la tormenta yaciste en mi cama, estuviste haciéndome el amor, siento todavía tu semilla en mi interior abriéndose paso por mi interior, nuestra cama tiene todavía tu olor, mi sexo está impregnado todavía de ti, pero tú ya no estas.

    Nuestra madre me mira llorando con desprecio, nadie vino en todo el día a consolarme, nadie salvo nuestro perro que se quedó allí conmigo arrodillada en el puerto bajo la lluvia llorándote y esperándote, que dura la vida de una mujer de pescador, esperando siempre a que vuelva su hombre, anoche la mar te arranco de mi lado, pero estoy segura de que vio tu amor por mí, por su hermana y nos permitió estar una vez más juntos antes de llevarte con ella para siempre.

    A primera hora de la mañana cogí una pequeña barca y me fui para siempre de aquel lugar para no volver jamás, hoy ya cuando llega mi fin, esperando encontrarte de nuevo allí donde estés, esperando sentir tus besos una vez más, en esta maravillosa y cómoda casa alejada del mar, les cuento esta historia a nuestros nietos así como en su día se la conté a nuestro hijo, la historia de cómo el mar permitió a su padre llegar hasta mí una vez más para amarme durante la tormenta.

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    Espero que os haya gustado, sé que es una historia triste, pero según la iba escribiendo me iba pareciendo también muy tierna y bonita, el querer tanto a una persona que la misma muerte te permite que puedas una vez más amarla y despedirte de ella.

  • Araceli, acuática

    Araceli, acuática

    Tras seguir experimentando situaciones y momentos con Araceli, insisto en practicar sexo anal lo cual hasta el día de hoy de cierto modo se ha negado, pero, yo sigo insistiendo en el tema. Las pelucas, medias y antifaces se vuelven recurrentes en nuestros encuentros, algo muy curioso que tenemos es que durante los días previos a encontrarnos planteamos muchas situaciones o gustos que la mayoría no las llevamos a cabo puesto que el momento nos lleva a hacer algo mil veces mejor y otras como en esta ocasión no tanto.

    Algo que teníamos en mente era hacerlo en un jacuzzi, pero para nuestra fortuna siempre estaban ocupadas esas habitaciones, algo que aun teníamos “atorado”, ese día sin tenerlo planeado resulto ser que tenían la habitación disponible, lo cual fue una grata sorpresa para nosotros y lógico el humor si lo traíamos al mil, subió exponencialmente, en mi caso muy particular tantas cosas que quería hacerle.

    Al pedir la habitación, amablemente nos llevaron a ella y nos dieron indicaciones de “como” llenar un jacuzzi, que creía sobraban, pero nunca está de más tener un conocimiento extra ante esa situación, al entrar abrí la llave de agua que nos indicaron para que empezara a llenarse, mientras escuchábamos caer el agua, nos besábamos, lógico, lo primero era devorarme esa exquisita conchita, con labios carnosos y jugosos, tibia esperando mi lengua, empezaba a contorsionara su espalda, algo que me encanta sentir y disfrutar, lógico, ella me desnudaba y llevaba mi verga a su boca, que hasta el día de hoy es una maestra en el arte del sexo oral, a ese punto nuestras miradas hablan más de lo que imaginábamos, cosa que me encanta, nos sincronizamos increíblemente.

    Ella me recostó y empezó a montarme, moviendo sus enormes caderas y apretando esas nalgas de infarto, como he dicho tenerla así me da la oportunidad de besarla y mamarle sus enormes tetas rosadas y si, le sigo marcando las tetas y el culo cada vez que puedo.

    Entre el ruido que, hacia el agua al caer el jacuzzi, los gemidos y la calle, se escuchaba muy a lo lejos, la vibración de un celular o un tono, que no nos importaba, seguíamos en lo nuestro. Verla desnuda cada vez me excita más, disfrutarla en todas las posiciones, no solo sus nalgas, tener sus sabores en mi boca, le pedí que me mamara mi verga para llenarla de leche, no había comido piña previamente así que seguíamos sin saber si aplicaba el cambio del sabor del semen o no, a lo cual me apretó con su boca y su lengua dejándole ir un chorro de leche tibia la cual se tomó sin ningún problema limpiándome mi verga desde mis huevos hasta la cabeza, algo que siempre le agradezco.

    Ya era el momento de pasar al tan esperado jacuzzi, y cual fue nuestra sorpresa que estaba con agua fría. Hablamos a la recepción haciéndole el comentario el cual nos respondieron que tardaba un poco pero que no desesperáramos, seguimos besándonos, cachondeando, pero seguía saliendo fría y el plus tanto el celular de ella como el mío tenía mensajes. En mi caso la mamá de mi hijo tenía una situación laboral y ella su esposo le preguntaba algo de una situación de sus lentes y el agua seguía saliendo fría.

    Volvimos a hablar a la recepción para corregir lo del agua diciendo que nos mandarían a alguien para ver qué pasaba, nos volvimos a vestir pero era algo que no teníamos previsto, ni los mensajes ni el agua, la mucama, era distinta a quien nos llevó a la habitación, movía las llaves tratando de sacar agua caliente mientras tanto por el radio, discretamente decía… si, ya usaron la habitación… que Araceli tradujo con… si, ya cogieron… se retiró la mucama diciendo que no tardaría en salir agua caliente, así que volverla a desnudar fue maravilloso, besar su espalda, admirar sus nalgas, esas tetas divinas, meter mis dedos en su conchita y empezar a “curiosear” en su culito, que dependiendo el dedo me daba permiso de meterlo. Una de las posiciones que más disfruto es tenerla de lado sobre la cama y penetrarla así, yo tengo la sensación de llegar a lo más profundo de ella, le levanto la pierna y se la beso hasta los dedos de los pies mientras juego con sus tetas hermosas.

    Ella se ponía en cuatro sabiendo que esa posición me fascina, entre sabiendo que es mi lugar seguro, admiro como se mueven mis nalgas al compás de mis embestidas, me hice para atrás para llevarla al jacuzzi, ¡¡¡que seguía con agua fría!!!

    Una vez más llamamos a recepción para comentar la situación del agua, nos dijeron que volverían a mandar a alguien así que nos tuvimos que volver a vestir, para esa ocasión en lo que estaban “revisando” el agua fuimos a la recepción para que nos cambiaran de habitación, ya que el tiempo seguía corriendo y estas interrupciones nos “desconcentraban” en lo que llegaba el “gerente” en turno, recibí una llamada de la mamá de mi hijo diciéndome el horario que me lo iría a dejar, estábamos en el estacionamiento, casi en la calle pero de todos modos no es algo que quisieras escuchar en esos momentos y Araceli seguía siendo bombardeada por los mensajes de su esposo, por fin llego el “gerente” que nos dice… yo me bañe con agua caliente… a lo que respondimos… bien por ti, pero en donde estamos no hay… mando a una tercera persona y se quedó con nosotros en la habitación hasta que empezó a salir agua caliente, algo que no le dio mucha gracias a Araceli y menos cuando le decía que si le decíamos a la chica que nos grabara, solo veía la mirada de ella de…. ¡no!… por fin salió agua caliente, así que amablemente y con una sonrisa nos dijo… ya quedo, que la pasen bien, con permiso… a lo que Araceli tradujo… ya está, pueden seguir cogiendo…

    Y va de nuevo, a desnudarla, ella a mí, era un deja vu maravilloso, la disfrutaba cada vez más, a esas alturas la habitación se empezó a llenar de vapor, algo que nos indicaba que en efecto ya estaba el agua caliente, nos besábamos, nos mamábamos, nos acariciábamos, esas ansias que me da el cuerpo de ella me vuelve loco. Por fin la lleve al jacuzzi, ya con el agua mediada, nos metimos. Primero yo, tendiéndole mi mano a ella, se metió con cuidado, me senté justo en medio del jacuzzi, vacié el frasquito de espuma y con el control empezó a funcionar, Araceli se sentaba sobre mí, metiendo mi verga dura dentro de ella, era exquisito, estar sin gravedad, con agua, espuma, sus besos, sus caricias, el agua me permitió subir mi cadera y ella casi de pie movía sus caderas, nos metíamos bajo el agua, con el cabello mojado, la volteaba y con cada embestida salpicaba la espuma y el agua, recorría sus nalgas, sus piernas hasta que eyacule dentro de ella, nos abrazamos dentro del agua.

    Rodeados de ese calor, del vapor, nos besábamos, por fin después de mucho tiempo estábamos en un jacuzzi, sentir esa comunión con ella, la paz que nos dábamos crecía más y más, teníamos las pláticas de estar juntos, pero ella siente que tiene que “resolver” mucho antes de siquiera pensar en tener una relación “más seria” y no ser el “amante”. Platicábamos, reíamos de lo sucedido, lógico sin dejar de acariciarla que es algo que hago con o sin ropa. Por fin después de un par de horas más, salimos del agua, nos metimos a la regadera para bañarnos, sentir sus manos recorrerme, sentir como me consiente, como me cuida y me complace es maravilloso. Amo besarla en el agua ya sea cayendo sobre nosotros o ahora bajo del agua.

    Nos empezamos a vestir, ella estaba sentada en una silla y verla así me hizo ponerme a mil, ya tenía la verga dura y lógico se la metí en la boca la cual recibió con la lengua, creo que ella pensó que llenaría de nuevo su boca de mi leche, pero como comente, amo tenerla de lado, así que la lleve a la cama y de lado se la deje ir, duro, fuerte, rápido, apretar esas nalgotas, besar su pie y llenarla de mi porque sé qué durante el día seguirá sacando mi leche de su conchita, nos terminamos de vestir, salimos a nuestros compromisos, pero como anteriormente, ya habíamos probado algo nuevo y era seguir subiendo la escalera de placer y definitivamente los siguientes encuentros de jacuzzi no se compararían con este y lo mejor, estaba por venir.

  • El hermano gemelo de mi padre (IX)

    El hermano gemelo de mi padre (IX)

    Anteriormente: Mareada por el alcohol y una dudosa pastilla que me dan hombres mayores, amigos de mi tío termino mareada y contenida por mi tío.

    Escondida tras un disfraz de colegiala y un antifaz, terminamos en la cama de su cuarto de huéspedes.

    Esta vez sí mi tío me quita la virginidad que ostento a mis 18 años, todo provocado por mi inocencia, mi ropa interior blanca de algodón mojada y mi ropa de colegiala. Pero sobre todo por el antifaz que oculta mi identidad.

    Luego de una noche de desenfreno sexual donde ambos nos quedamos dormidos y yo con la pija de mi tío dentro de mí me despierto.

    Está recién amaneciendo. Aún hay luces de la casa encendidas.

    Me levanto con cuidado evitando que mi tío se despierte.

    Me duele mucho la cabeza, aún todo me da vueltas, pero debo salir de esa casa de perversión.

    El miedo y la culpa me invaden, si mi padre que está seguro en otra habitación se entera de lo que paso se puede armar un gran problema.

    Solo tengo mi ropa de colegiala, y lamentablemente ni siquiera tengo mi bombacha blanca, porque mi tío la guardó como un trofeo y no recuerdo donde la dejó.

    Salgo del cuarto vestida con la pollera cortísima de colegiala, el corpiño que tiene un bretel roto, no me percate que cuando mi tío me la saco la rompió.

    La camisa transparenta todo, pero al menos me cubre de no andar solo con el corpiño roto.

    Mientras bajo las escaleras con cuidado me voy poniendo el antifaz, no quiero que nadie me reconozca. A la vez me acomodo el corpiño que no se puede quedar en el lugar a falta de un bretel. Cuando intento acomodar, se corta el otro bretel, evidentemente mi tío no fue muy cuidadoso anoche y yo ni me percate de su rudeza.

    Termino sacándomelo. Quedó solo con la pollerita escocesa cortita, y la camisa al cuerpo que transparenta todo.

    No hay rastro de las chicas, ni de mi padre, ni de los hombres mayores.

    Los hombres deben haberse llevado un par de chicas cada uno a sus casas vecinas, mi padre seguro con Lorena y alguna otra trola en su cuarto. Y las otras que se quedaron sin nada a esperar la próxima fiesta.

    Había muchas botellas por todos lados, mucho champagne, muchos restos de sushi, y food finger.

    No encuentro la bolsa con mi ropa, solo mi billetera y mi teléfono celular. Alguna puta debe haber creído que le quedaba bien mi ropa y que era de alguna ex novia de mi tío y se la llevo.

    Salgo fuera de la casa, salgo de la quinta. Mi teléfono no tiene batería. Camino errante unas cuadras que están desiertas. De milagro pasa un taxi y antes que yo decida pararlo frena al lado mío.

    «bebota, te llevo donde quieras» -me dice.

    Me asusté, pero no tenía mucho dinero para volver.

    Así que de mala gana sonreí y bebotee diciéndole que tenía solo algo de dinero, pero que no podría pagarle más.

    Me dijo que no había problema, pero que suba adelante.

    Al subir al taxi mi primera pierna elevada le muestra que no llevo ropa interior. Su mirada y su expresión dan cuenta de eso.

    Es un hombre mayor, unos 60 años al menos, grandote de cuerpo, una camisa manga corta con los botones de arriba desabotonados. Se le ve el pecho peludo, una cadena dorada con un crucifijo colgándole. Tiene bigote desprolijo y una barba incipiente también de forma desprolija. Algo de canas.

    En el camino me pregunta que hago, si estudio o trabajo, cuántos años tengo, si tengo novio, etc. Me dice que soy muy linda, que desde atrás vengo muy bien, y que a los hombres como a él le gustan las chicas más delgaditas no tan pulposas.

    Me pregunta cómo me gustan los hombres a mi, y le describo todo lo contrario a lo que él es, y él se lo toma en broma, a todo lo que digo dice «ah, como yo».

    Llegando a mitad del camino me pregunta cómo voy a pagarle lo que resta del viaje.

    También hago chistes, sonrío mucho, le digo que le lavo el auto, etc. Pero el deja de sonreír y me pregunta con seriedad como voy a pagarle. Mientras se hace a un costado del camino.

    Se baja el cierre del pantalón y deja salir una pija gorda y cabezona, no tan larga pero se ve muy ancha, por debajo sale mucho vello. Me agarra de la mano, su mano es el doble de grande que la mía y la lleva para que toque su aparato reproductor.

    Comienzo a masturbarlo, él empieza a decir groserías con una voz grave y gutural, me dice que soy una bebota, una pendeja puta, de que eso me pasa por no estar durmiendo con mi osito de peluche en casa. Me dice que se nota que me gusta provocar, ser una puta.

    Con su mano toma mi cuello y se acerca a mí metiendo su lengua dentro de mi boca, Su bigote me pincha, su lengua caliente con sabor a pastillas de mentol y café me apesta. Su boca come la mía, mientras sigo masajeando su miembro. Su mano libre, va por mis piernas y mete sus dedos sin permiso dentro de mi vagina.

    Tiene anillos en los dedos, siento como los metales fríos entran dentro de mí. Siento asco, tiemblo, pero me gusta la sensación de sentirme deseada, puta.

    Deja de besarme y lleva mi cabeza a su pija. Sin preámbulos abro mis boca y la como. Es horrible, es ancha, y tiene mucho olor. Es tan fuerte el olor que me da arcadas de solo probarla. El aprieta con su mano mi nuca para que no la saque de mi boca, mi saliva cae alrededor de ella. Siento sus pendejos largos entre mi boca y mi lengua.

    El taxista desde esa posición levanta mi pollera y golpea mis nalgas, dejándolas rojas, juega con mi ano y mi vagina. Lo escucho escupir los dedos y acercar un dedo a mi ano. Siento como hace fuerza para vencer la resistencia natural del esfínter.

    «putita, salir sin ropa interior y tenés el culito cerradito, chupa, chupa bien puta» me dice el hombre mayor taxista.

    Siento como su dedo vence al fin la resistencia y entra haciéndome doler y arder, me quejo, pero él no deja de presionar mi nuca contra su pija. Mis manos comienzan a buscar un soporte, en sus piernas y en su panza. Comienza a entrar y sacar su gordo dedo con anillo dentro de mi culo, me duele mucho, nunca había sentido algo así.

    En ese momento siento que alguien golpea la ventana del taxi. La misma mano que presionaba mi nuca levanta mi cabeza hacia afuera. Su dedo dentro de mi ano sale inmediatamente.

    Ya recompuesta veo que la policía pide que abramos la ventanilla.

    El taxista pide perdón, le dice que soy su pareja. El policía me mira a los ojos esperando una confirmación. Dude un par de segundos, lo que bastó para que pida que nos bajemos del automóvil.

    Está prohibido tener relaciones sexuales en la vía pública, también la prostitución. El taxista buscaba que quede todo entre ellos, le sugiere una coima.

    Y como parece que no va a ser sobornado termina diciendo que yo pedí el taxi y que en el camino pedí detenernos y que quería hacer lo que estábamos haciendo y el pobre cayó en la tentación. Acudía a una complicidad entre machos.

    Cuando parecía que estaba aflojando llega otro móvil, esta vez con personal femenino, el policía hombre vuelve entonces a su dura postura y le labra un acta.

    Mientras a mí querían llevarme por prostitución, me puse a llorar como la niña de casa que soy, diciéndole que mis padres me matarían, que había salido de una fiesta sola y que volvía a casa, que solo quería volver a casa y olvidar todo.

    La mujer policía toma mi caso y ella decide que me llevará a mi domicilio y que solo tomara mis datos para dejar asentado que nos acompañó por seguridad.

    Ya en casa, entro rápidamente y voy directo al baño. Me doy una ducha mientras entro en razón de todo lo que pasó esa noche, lloró desconsoladamente en silencio para que no escuche mi madre.

    Luego voy a mi cama y duermo todo el día, mi madre cree que es solo por una borrachera de fiesta adolescente, no se preocupa. Solo me dice que tengo comida casera caliente cuando lo desee.

    A la noche ya me levanto y ceno con mi madre, pasan unos días y ya todo parece haber cicatrizado.

    Una noche me encuentro con que toda la situación vivida en lugar de darme asco, me erotiza, así que termino masturbándome.

    La noche siguiente lo mismo, y así un par de noches, hasta que de la calentura decido escribirle a mi tío.

    Con la excusa de saber cómo estaba mi papá, de como lo veía él, y de agradecerle por hospedarlo pude quebrar la barrera que había puesto conmigo por tener 18 años y ser virgen. (Sin saber que él hace unas noches me había desvirgado con el antifaz puesto).

    Charla va y charla viene comienzo a contarle cosas que hacía, lo agrego a una red social donde puedo filtrar las historias, pongo una lista para que solo me vea él, sin saber que es exclusivo.

    Allí, comienzo a subir fotos en pose sexy, polleras cortitas, escotes, besos, tomando sol, en ropa interior, etc.

    Mi tío con el correr de los días pica y comienza a reaccionar a mis fotos y decirme que cada día estoy más linda.

    Comienzo a preguntarle cual foto le gusta más y comienzo a sacarme de acuerdo a sus gustos.

    Las conversaciones comienzan a ponerse calientes y le digo que me gustaría hacerlo con él «por primera vez».

    Duda un instante, tarda en contestar, pero luego la calentura lo vence y dice que podría pasar por su casa un miércoles, día que mi padre está todo el día en el trabajo y vuelve tarde.

    Le pido que me compre la ropa que le gustaría que use y que el miércoles estaría temprano.

    El miércoles llega, el Uber me busca, voy vestida de forma recatada, para mi madre, voy a casa de una amiga.

    Finalmente llego a la casa de mi tío, entro temblando de nervios. Por más que ya lo habíamos hecho, él no lo sabía, en cierta forma era como la primera vez.

    Me recibe con un beso en la mejilla, como no mostrando lo que iba a pasar después.

    Tomamos algo fresco, el día era caluroso. Me invita a pasar a su cuarto, allí tiene la ropa para mí.

    Una ropa interior finísima de encaje carísima de color rosa, un vestido cortísimo blanco y unos zapatos divinos.

    Nuevamente me siento una reina gracias a mi tío.

    Salgo del vestidor, la luz natural del sol refleja mis piernas doradas de los días de bronceado.

    Mi tío esta con una chomba celeste de marca y unas bermudas beige.

    El me espera y me dice que vaya caminando hacia él.

    Camino desfilando, me acerco hasta que mis manos pequeñas acarician sus bíceps.

    Por su parte, su mano toma mi cuello, y la otra mano mi cintura.

    Nos acercamos como dos enamorados, abrimos nuestras bocas cerrando los ojos y comenzamos a besarnos, nuestras lenguas juegan con ternura, con dulzura.

    Siento como me trata con cuidado, como me besa con masculinidad, pero con delicadeza.

    Su mano en mi cuello me sujeta con firmeza, su mano en mi cintura marca que él lleva el ritmo.

    Nos besamos con pasión, nuestras lenguas juegan y se enredan, nuestros labios se aprietan entre sí.

    Mi tierna piel adolescente se frota con su curtida piel madura dejándome irritada.

    Su mano del cuello baja lentamente tirando un bretel del vestido hacia abajo, eso libera la vista a uno de mis pechos sin sostén.

    Sus dedos índice y mayor me acarician desde el hombre bajando por mi pecho descubierto.

    El juego había comenzado.

    Continuará

    Comenten que les va pareciendo, llega el cierre.

  • La familia Polanco Llanera: De compras

    La familia Polanco Llanera: De compras

    Susana se encontraba en el baño tarareando Imagine, de John Lennon, mientras su cuchilla pasaba milimétricamente por su zona púbica. Era una noche especial, hoy los chicos estaban avisados que tenían que salir y los padres se quedarían solos en casa. Todavía era mediodía, pero la mujer ya lo había ideado todo. Al tiempo que su sexo comenzaba a relucir como si jamás hubiera habido un pelo por allí comenzó a pensarlo.

    “Primero una cena… creo que tengo velas, eso le dará un toque especial. Luego una copa o dos, más el vino de la cena vamos a estar muy calientes y para rematar, la nueva lencería que me compré. Javier va a alucinar.”

    Acabó el trabajo entre sus piernas y se dio una pequeña ducha, algo rápida, solamente para limpiarse el cuerpo y los pelos sobrantes, debía estar reluciente para fascinar a su marido. Se admiró en el espejo antes de salir, había sido una semana estresante y apenas había podido disfrutar del sexo.

    Poniéndose el pijama recordó la última vez que había probado el sexo. Fue uno rápido en la cocina con Lucas antes de que su marido y su hija volvieron. Llegó a ser satisfactorio, con su hijo siempre lo era, pero había sido tan rápido que le supo a poco. Quería disfrutar con su marido, una de esas noches que solo ellos tenían, hacerlo tantas veces que los vecinos se quejasen. Ese tipo de veladas, eran inigualables.

    Salió del baño y comió con los demás miembros de la familia. Estaba algo abstraída pensando en lo bien que se lo iba a pasar o si podía mejorar algo, pero no, todo era perfecto. Hasta que en un momento que miraba a Sofía como se perdía en su móvil, escuchó hablar a los hombres.

    —Te digo que hoy ganamos, hijo, no sea pesimista.

    —Pues creo que no, el partido va a estar parejo. —los hombres de la casa discutían sobre un partido. “¿Qué partido?” Pensó Susana.

    —A ver, Lucas, pero ¿qué parejo? Si en la primera vuelta les metimos un dos cero fácil. Ganamos seguro, te apuesto algo.

    —Cariño —cortó Susana sabiendo de lo que hablaban, pero sin ubicarse—, ¿de qué partido estáis hablando?

    —¿Mamá? —le miró Lucas extrañado— hoy hay partido de la liga, que es sábado.

    —Pero, ¿juegan en casa?

    —Claro, mi vida —le respondió Jaime con una sonrisa— como siempre, hoy nos toca ir a verlo.

    A Susana casi le dio un infarto, su gozo en un pozo. Miró el calendario de la cocina y se dio cuenta de lo equivocada que estaba, había adelantado acontecimientos una semana… ¡Su gran noche era la siguiente!

    Entornó los ojos por la mala noticia y resopló con ganas sabiendo que hoy tampoco tocaría una noche espectacular. Al menos esperaba que ganasen, siempre que eso sucedía su marido parecía estar más vigoroso.

    Posó la barbilla sobre sus manos y se sintió la mujer más desdichada del mundo. Se había levantado con tantas ganas de un gran coito, que en un segundo se le había negado totalmente.

    La comida terminó y sobre las tres de la tarde, los hombres de la casa marcharon al campo de futbol, para ver, según las palabras de Susana, el dichoso partido. Se quedó tirada en el sofá, con la bata puesta y unas ganas de tener un orgasmo que no eran normales. Debería esperar a ver si tenía suerte a la noche y alguno de los hombres de la casa decidía darle algo para calmar ese apetito, pero no las tenía todas consigo. Si hacía falta insistiría un poco a su marido, no tenía dudas.

    Pensó en su hija, en que podrían jugar a algo, o ver alguna serie juntas y justo al pensar en ella, Sofía apareció por la puerta de la sala.

    —Hija, querida… ¿Quieres ver una película con tu madre? —se sentó correctamente dando golpecitos en el sofá para que se colocara a su lado.

    —Pues, tengo que ir un momento donde Laura, vuelvo en un par de horas, si quieres luego hacemos algo.

    —Vale…

    —¿Estás triste, mamá? —preguntó Sofía al escuchar el tono de su madre.

    —No, cariño, es que me aburro mucho.

    —Bueno, tranquila no tardo, cuando venga jugamos a algo o vamos a dar una vuelta.

    —¡Ay! Mi niña guapa como la quiero yo —Susana le mandó un beso al aire y su hija se rio despidiéndola con la mano.

    Sola en casa el mundo se le venía encima. En la televisión no echaban nada y no quería ver ni una serie sola. Los libros parecía que la rehuían porque ninguno le gustaba y cuando volvía a pensar en qué hacer, solo le venía una cosa a la mente, sexo.

    Una alegría al cuerpo no estaría mal, al menos eso era mejor opción que la otra que manejaba, que era ir a por chocolate. Se abrió la bata viendo sus muslos al aire e introdujo la mano por debajo de su pantaloncito para darse el gusto. Sin embargo, aquello de poco servía, no tenía el día y aunque lograra correrse, aquello no la serviría de nada, necesitaba sexo y nada más.

    Al de un rato deicidio jugar una carta sencilla, aunque de lo más aleatoria. Cogió el teléfono de casa y marcó el teléfono de un sitio de comida rápida. Pidió que le trajeran una pizza a casa y al final, añadió a la chica que la atendía por teléfono.

    —Por favor, que sea rápido.

    La paciencia no era su mayor virtud y menos cuando algo tan importante como un orgasmo estaba de por medio. Trató de entretenerse con una película, con una serie, no le servía nada… acabó comiendo chocolate porque no había otra.

    Había pasado más o menos una hora desde que marchó Sofía, que justo el sonido del timbre la hizo saltar de alegría. Bajó las escaleras pensando en cómo sería el hombre que le traería la pizza o… la picha. Un hombre fornido, guapo, con melena dorada al viento y ojos brillantes que la llevase en volandas a la cama de forma fogosa.

    Su corazón saltaba eufórico delante de la puerta. Se anudó correctamente la bata y se abrió la parte de arriba para que se viera el escote. Quería causar la impresión de que fuera un descuido, no de mujer desesperada por un coito… aunque en verdad, lo era.

    Abrió la puerta algo temblorosa, un príncipe azul la debía estar esperando tras el grueso de madre, pero… se había hecho demasiadas ilusiones. Un hombre… sí, al menos era un hombre, le daba su cartón de pizza muy amablemente, pero hasta ahí. Era un chaval, quizá de la edad de su Lucas, algo irrelevante, pero su cara llena de acné sí que lo era. Una melena en forma de coleta le colgaba a la espalda junto con un pelo grasoso muy poco erótico.

    Susana sonrió por cortesía, abrió su cartera y le dio una propina al joven que la sonrió de forma lujuriosa, cierto, no se había tapado el pecho. Le despidió del joven y antes de que se fuera ya había cerrado la puerta. Giró sus pies sobre la alfombra de bienvenida y puso sus ojos blancos de frustración. No era su día.

    Llevó la pizza a la cocina y la dejó resignada sabiendo que el día solo iba a empeorar, lo tenía asumido, era un día gafe. De pronto sonó de nuevo el timbre, no había pasado ni un minuto desde que el repartidor se había ido, “Si es él… ¿Le dejo pasar?” pensó por un momento. Aunque no tardó en responderle su propio órgano reproductor “no estamos tan desesperadas, guapa”.

    Volvió a abrir la puerta, pero se llevó una alegría al no ver al chico de la pizza. Era Sofía que había vuelto de donde su amiga y con las manos en los brazos tratando de calentarse entró en casa.

    —¡Qué FRÍO! —soltó Sofía con la voz tiritando.

    —Pasa y caliéntate, cariño, que tengo la calefacción puesta. —Susana estaba aún cabizbaja por su abstinencia y su desastroso plan. Viendo la rapidez de su hija, había hecho bien en no dejar pasar al feo repartidor.

    —Oye, ¿qué haces aún en pijama?

    —¿Cómo iba a estar? —Susana estaba perdida.

    —¿No querías hacer algo? Si te parece vamos al centro comercial, que estaremos calentitas. Además me gustaría que mi mami querida, guapa, preciosa… me comprase algo.

    —Uy… creo que voy a gastarme algo de dinero, ¿me equivoco? —conocía la preciosa cara que ponía su hija siempre que deseaba algo caro.

    —Un poquito —dijo en voz baja sacando la lengua a su madre.

    Susana no tardó en vestirse. Pensar en ir un rato de compras con Sofía le haría bien, de ese modo su sexo se calmaría un poco y dejaría de echar humo.

    Cogieron el coche y se marcharon hacia el centro comercial, mientras que la madre le explicaba a su hija que la pizza era para que los hombres cenasen y no tener que hacer nada. No había encontrado otra explicación mejor y Sofía la dio por válida.

    Aparcaron algo lejos de la entrada. El parking estaba lleno y normal, siendo invierno y con el frío que hacía era el mejor lugar para pasar la tarde al abrigo de una buena temperatura.

    —Que pesados los chicos con el futbol de verdad —soltó Sofía mientras caminaban entre las tiendas— con lo bien que se está aquí calentitas. Estarán ahora con el culo helado mientras animan al borde de la tiritera.

    La joven se enganchó al brazo de su madre y esta la apretó fuerte, le encantaba estar con su hija y cuando se ponía tan cariñosa, mucho más. No obstante sabía que muchas veces eso quería decir que quería comprar algo, aunque bueno esta vez al menos lo sabía de ante mano.

    —Te doy toda la razón, cariño. Bueno, suéltalo, ¿qué es lo que quieres comprar?

    —Pues mira, dentro de poco nos vamos a ir a la casita de campo de una amiga y va a ir mi novio…

    —¿Quieres que te deje ir? Cielo, sabes que no hay problema, mientras no te pases bebiendo y no tomes drogas, te lo permito.

    —Bueno… no solo eso. Ya contaba que mi mamá preciosa me dejaría ir.

    —Qué aduladora estas…

    —A ver… ¿Vamos a comprar una lencería que he visto? Es que vamos, ¡Me encantó! Y quiero darle una sorpresa a mi novio.

    —No hay problema, aunque algo me dice que me va a doler en la tarjeta…

    —Un poco… pero muy poco, muy poco —Sofía se rio y le plantó un sonoro beso a su madre en la mejilla que acabó por reírse.

    Pasaron por varias tiendas primero. Susana se quería gastar un poco de su sueldo primero en ella antes de que su hijita la robara la cartera. Se compró una camisa ceñida para el trabajo y de paso, compró un pantalón vaquero para su hija, la había hecho olvidar todo el sexo que necesitaba, se merecía un regalo.

    Después de una pausa para un tranquilo café, llegaron a la tienda donde Sofía tenía echado el ojo a un conjunto la mar de picante que le había llamado desde el primer momento. Según entraron, la muchacha llevó a su madre hasta el maniquí donde se encontraba y se lo señaló.

    —Es este.

    Susana admiró unas medias negras, con un liguero y un tanga negro de lo más sugerente. La parte de arriba parecía más normal, un sujetador del mismo color con una bata corta de encaje que haría perder el sentido a cualquiera.

    —Es precioso, me gusta incluso para mí, como me ponga esto… tu padre os da otro hermanito.

    —Mamá… —Sofía le dio un leve golpe a su madre mientras le reía la gracia.

    —A ver el precio… —resopló al verlo, todo el conjunto se acercaba peligrosamente a las tres cifras— caro…

    —Pero es tan bonito.

    —En eso no te falta razón… ¿Quieres este? ¿Seguro? —ella asintió— vale, cariño, pero prométeme una cosa.

    —Lo que sea, mami.

    —Que lo vas a usar muchas veces.

    Sofía se lanzó a los brazos de su madre sabiendo que se lo compraría y para que nadie más la escuchara le susurró al oído.

    —Un millón de veces.

    El aire caliente de su hija en la oreja le erizó toda la piel, Susana estaba tan sensible por la falta de su habitual sexo que cualquier contacto le provocaba un escalofrío. Poco a poco se separaron la una de la otra, la mujer movió sus hombros para quitarse esa sensación del cuerpo, no era lo adecuado ponerse cachonda en medio de la tienda.

    —No sé si me valdrá a mí —le comentó a su hija para olvidarse del calentón sufrido— si me vale… me lo vas a tener que dejar.

    —Ojalá te valiera… —su tono era de decepción.

    —¿Por qué dices eso, mi vida?

    —Si te valiera, querría decir que yo tengo tu cuerpazo… pero no es así.

    Susana sonrió por la adulación de su hija y eso que esta vez había sonado real, no forzado como cuando quería algo. La acarició su rostro angelical rostro apartándola el pelo tras la oreja y le respondió.

    —Tú eres una belleza… si yo hubiera tenido tu cuerpo y tu cara… tendría a los hombres a mis pies.

    —Mamá… no te pases… —Sofía se coloró sin remedio.

    —Vamos a probártelo para que veas lo perfecta que eres.

    La madre llamó a una de las chicas que atendían en la tienda y le pidió la ropa para poder probarse en el probador. Después de que les trajeran las tallas adecuadas, ambas se fueron de la mano esperando a que un probador se liberase.

    El gentío era terrible y la fila de los probadores era larga y bulliciosa. Se metieron en uno de los del final que se liberó después de esperar más de diez minutos, parecía que las demás mujeres se lo tomaban con calma.

    Entraron en un amplio habitáculo con un enorme espejo y un banco a un lado con sus correspondientes ganchos para colgar la ropa. Sofía pasó la pesada y gran cortina negando la visión a todo aquel que osara mirar.

    —Me encantan que sean así las cortinas, no se puede ver nada. En otras queda el típico resquicio y me pone enferma —le dijo su madre sentándose en el banco mientras su hija se miraba al espejo.

    —He venido alguna que otra vez y no se ve ni por los lados ni por abajo, es que pensar que me puede ver alguien, me da cosa.

    —Tranquila, mi vida. Aquí solo te miro yo.

    Ambas se sonrieron y a la muchacha aquella frase le pareció de lo más sugerente, incluso… salida de los gruesos labios de su preciosa madre.

    Sofía se comenzó a desvestir. Se sacó la chaqueta y después la camiseta, pasándoselas a su madre que con paciencia las doblaba o las colgaba en los ganchos. La joven se colocó todo el pelo hacia un costado mientras se quitaba el sujetador, al hacerlo dos preciosos pechos de tamaño medio salieron a la luz.

    —Sofi… Son preciosos —le comentó su madre cogiendo el sujetador y colocándolo en el banco.

    —Pero son pequeños, me gustarían unos más grandes como los tuyos.

    —No sabes lo que dices, con estas muchas veces me duele la espalda. Sin embargo, los tuyos… sublimes.

    Sofía sonreía sin parar ante la adulación de su madre que se creía cada palabra que decía. Su hija era una auténtica belleza y muchas veces se pensaba que no podía haber salido más bella. Sus dos hijos eran guapos, pero la belleza angelical de la muchacha era algo sin igual.

    Los pantalones de la muchacha comenzaron a deslizarse por su trasero para después bajar por las piernas y enredarse en los tobillos. Susana no perdió ni un momento de vista el grácil movimiento de su hija que parecía que iba a cámara lenta, contoneándose para su madre que era la espectadora de aquel cuerpo que parecía una escultura.

    —Ese culo, Sofía… espero que no tengas pegas de él. —dijo Susana con la garganta algo seca.

    —Ni uno… desde pequeña lo he tenido muy duro y respingón. Te tengo que dar las gracias por estos buenos genes.

    La joven se pasó una mano con dulzura por su trasero y el calor que Susana creía apagado volvía a crecer con fuerza en su interior. Cogió la ropa que se iba a probar y se la pasó a su hija que solamente se mantenía con su pequeño tanga a colores. “Esta niña no necesita nada, su novio se va a desmayar al verla” pensó mientras le pasaba la ropa.

    El conjunto se lo puso en un momento y estuvo par de minutos admirándose en el espejo. Su madre se levantó algo inquieta por ver a su hija tan preciosa y esta no se inmutó cuando Susana se colocó a su espalda.

    —Que acierto, Sofía. Enseñas tus preciosas piernas —su mano comenzó a pasar por los muslos de la joven muy lentamente—. Deja caer la bata, que se vea el cuerpo. —Sofía así lo hizo dejando caer la prenda sobre sus codos— Eres una belleza, cariño, si tuvieras algo mío, irías a peor.

    La suave mano de Susana recorría la piel aterciopelada de su hija. Había pasado por la cadera y ahora recorría su vientre hasta llegar a los pechos para rodearla. Miró a través del espejo como sus dedos atrapaban uno de los pechos y los apretaba con ligera fuerza.

    —Es push up, o… ¿Me equivoco?

    —Has acertado —la voz de Sofía sonaba acaramelada, tanto como su piel de dieciocho años.

    —No necesitas nada de esto, eres capaz de derretir a cualquier… hombre o… mujer.

    Susana se alejó, sentándose en el pequeño banco con la sangre hirviendo mientras Sofía con las mejillas rojas se seguía mirando al espejo. La pequeña había sentido en las manos de su madre un placer desconocido que no quería que se alejara de su piel. Le echo un leve vistazo y le propuso una cosa.

    —¿Te apetece probarlo?

    —No creo que me valga, cielo, te queda mucho mejor a ti… oye, ¿aquí hace mucho calor o soy yo?

    Susana comenzó a abanicarse con la mano. El poco aire que logró que le llegara no era para nada suficiente, su calentura era irremediable y aunque en el centro comercial hiciera mucho calor, ella tenía más.

    —Sí, hace muchísimo calor —contestó una Sofía algo atorada que se comenzaba a quitar las medias— Vamos, mamá, pruébatelo, hazlo por mí. Quiero… verte.

    —Por ti… lo que sea.

    Susana se puso de pie, pasando al lado de su hija que se comenzaba a quitar el sujetador. Sus pieles hicieron un fortuito contacto y ambas sintieron una electricidad aplastante. Sofía se sentó con rapidez quedándose con su antigua ropa interior mientras veía como su madre se desnudaba.

    Primero se quitó el pantalón. Con buena experiencia en calentar a su marido, Susana se agachó mostrando el tremendo trasero a su hija, que tragó saliva al ver semejante belleza. Después la camiseta se fue levantando, primero mostrando la ropa interior que cubría su tesoro, luego un vientre que a poco que se cuidara estaría plano junto con una cintura estrecha. Para finalizar, la madre se quitó la camiseta del todo, quedándose ambas en ropa interior.

    —Mamá —la voz se le cortó—, sigo queriendo parecerme a ti.

    —Eres más boba… —Susana mientras se ponía las medias, se sentía una colegiala.

    La mujer se dio la vuelta para que su hija se perdiera como trataba de ponerse el sujetador. Sofía intentó mover la cabeza para poder observar aquellos dos pechos que tanto le impresionaban, pero su madre estaba curtida en miles de batallas junto a su padre y no le permitió ver nada.

    El sujetador no era pequeño, sino lo siguiente. Los pechos subidos se contraían como una almohada en un estuche para un anillo. No cabían y los pezones a duras penas se ocultaban parcialmente. Se dio la vuelta sabedora que su hija la viera… Susana, lo deseaba.

    Pensó en que se tendría que haber masturbado un poco cuando pudo en el sofá, así no estaría tan desatada, pero teniendo a su hija a su lado, aquello podía tener solución.

    —Un poco grande, ¿no crees?

    —Muy grandes… —Sofía se levantó quedándose delante de su madre mientras sus ojos no dejaban de mirarla los senos.

    Susana los alzó todo lo que pudo para que su pequeña no los perdiera de vista. Las manos de la joven algo nerviosas comenzaron a ascender por la estrecha cintura de su madre, mientras esta sonreía satisfecha.

    —A tu padre le vuelven loco… ¿Te pareces a tu padre? —dijo Susana llevándose cuatro mechones rebeldes detrás de la oreja. No quería que nada le estropeara la vista.

    —Es que, mamá. —llegó al sujetador y con maña las sacó de su encierro. Puso sus pequeñas manos debajo de los senos y los juntó queriendo formar uno solo— Son perfectos.

    —No me hagas esperar más, mi vida… —Susana se derretía mientras su hija apretaba sus pechos con mucho placer— date el gusto.

    Sofía se abalanzó sobre ellos haciendo que debido a la fuerza Susana diera un paso atrás hacia la pared. La joven comenzó a lamer con ganas ambos pezones mientras escuchaba los gemidos de su madre.

    —Los quiero así, mamá. —lametazo— Normal que a papá le pongan, es que ¿a quién no le pondrían? —lametazo.

    —Tú no los necesitas —otro lametazo— quien tuviera ese cuerpo de diosa, mi amor —lametazo— Chúpamelos, por favor.

    Haciendo caso a su madre, Sofía chupó ambos pezones sin parar, dejando un rastro de saliva caliente en el cuerpo de su madre. Jugueteaba con ellos mientras estos se ponían puntiagudos y trataba de meter todo el seno en su boca, imposible.

    —Así… así… —decía en voz baja Susana mientras empujaba la cabeza de su niña contra sus mamas.

    Sofía se separó un momento para coger aire y Susana la asió de una mano. Se la llevó al pequeño banco y allí se sentaron. La pequeña de la familia siguió mamando a petición de su madre y esta, bajó su experimentada mano, hasta que topó con la entrepierna de su hija.

    Palpó la húmeda zona que comenzaba a dejar mojada la braga que Sofía llevaba. Esta abrió las piernas sabiendo lo que podía venir y sin dejar de mamar de los pechos de su madre se dejó llevar.

    Susana apartó la fina tela de la braga de colores y contempló el rosado e impoluto sexo de su hija. Pasó la mano por toda su superficie, notando la sedosidad de sus labios y lo húmedo que se encontraba. No tardó en explorar su interior después de un breve masaje, su hija estaba del todo mojada, lista para una penetración, lástima que solo dispusiera de sus dedos.

    El dedo corazón se introdujo en su totalidad, haciendo que los primeros gemidos de placer de la joven salieran de su atareada boca.

    —Shhh, cariño, hay música y alboroto, pero si lo haces muy alto, nos van a oír.

    —Lo… lo siento, mami. Pero sabes cómo hacerlo, no sé si podré contenerme. —el dedo de su madre le tocaba mejor que cualquiera, incluso que ella misma.

    —Piensa que es un juego, princesa. —Susana introdujo el segundo dedo y Sofía echó su cabeza hacia atrás del placer— Sí, gritas, pierdes. ¿Jugamos?

    Sofía asintió con rapidez mientras apretaba los labios. Los dedos de su madre habían comenzado a jugar en su sexo como ninguno antes y con todo el calor que tenía por ver a su preciosa madre, estaba muy cerca del orgasmo.

    —No pares ahora… por favor…

    —Ni se me ocurriría dejarte ahora así, no soy una mala madre.

    Susana apretó el ritmo, sus dedos se metían con ganas y velocidad. Mientras su joven hija, dibujaba círculos con sus labios y abría los ojos como si se le fueran a salir.

    —Baja un poco la intensidad… que si sigues así… me corro a chorro.

    —¿Cómo no me has dicho eso antes? ¡Qué maravilla!

    Sofía se sorprendió de la alegría de su madre y notó como esta no paraba la intensidad, sino que la aumentaba. La cabeza de la joven se pegó al cuerpo de su progenitora, exactamente al hombro donde con los ojos abiertos podía ver los senos de su madre mientras escuchaba su acelerado corazón.

    Trató de avisarla, pero los “ya” que tenía preparados no salían de su garganta. Sin embargo la experiencia de Susana era elevada y notando los primeros espasmos en la pierna de su hija, sacó sus dedos y los pasó al clítoris. El duro monte de venus estaba listo, duro y ardiente como a Sofía le gustaba. Su madre masajeó con fuerza estirándolo hacia arriba y la pequeña tuvo que morder a su madre y soltarle un inaudible.

    —Lo mojo todo… —estiró la o todo lo que pudo para cambiarla por la letra a mientras sus piernas sufrían espasmos.

    El líquido comenzó a salir y Susana sonreía complacida al verlo. El chapoteo era una gozada, mientras su hija estaba contra su piel ella veía como al suelo caían varios pequeños chorros de fluidos de su querida princesa.

    La mano le quedó pringada al igual que una parte del suelo menos mal que se secaron rápido dando sensación de que eran unas pocas gotas. Sofía se había contenido y menos mal… si no aquello habría acabado como el rosario de la aurora.

    —Mamá… Que rico… joder… —decía Sofía abstraída mientras su madre terminaba un lento masaje.

    —Hoy espero que duermas bien —quitó la mano del inflamado sexo de Sofía y se llevó par de dos a la boca.

    Los chupó con ganas, cerca de los ojos de su hija, que todavía con una niebla debido al orgasmo no podían enfocar del todo.

    —Tan rica por fuera… como por dentro, mi vida eres la perfección, no sé cómo es posible que hayas salido de nosotros.

    —Te amo…

    Sofía estaba en un mundo paralelo lleno de placer. Se hubiera dormido con gusto sobre los pechos de su madre, pero esta se levantó y quedándose contra la fría pared, ya no estaba tan cómoda.

    Susana se comenzó a vestir quitando la ropa que sería para su hija y poniéndose la suya. Se rio por dentro pensando en que no solo le iba a regalar la ropa, sino que también le había regalado un buen orgasmo. A Sofía le había salido muy bien el paseo.

    Con la camiseta puesta y sus bragas ya colocadas esperando a ser tapadas por el pantalón, Susana pensaba que su hija aún seguiría medio dormida, sin embargo, esta estaba a su espalda. Sofía la sorprendió rodeándola con sus brazos hasta llegar a sus pechos. Susana al notar la presión de la pequeña sollozó mirándola por encima de su hombro.

    —Cariño… ¿Más?

    —Me vas a comprar la ropa y además, me das un orgasmo, no te puedes ir así, ¿Qué tipo de hija sería?

    Sofía la llevó contra la pared, para después girarla aún más la cabeza y plantarla un beso largo y húmedo. El sabor de su madre era conocido, porque aún mantenía su esencia en la lengua. Susana volvió a gemir algo más alto cuando sus labios se separaron y no perdió de vista a su hija que comenzaba a bajar hasta ponerse a su espalda de rodillas.

    Mordisqueó su dulce trasero y lo agarró con fuerza para después, meter sus manos por la goma de la braga. La bajó con rapidez dejándola en los tobillos junto al pantalón. Miró después la humedad que tenía en la tela que debía cubrirle su vagina, una pequeña mancha con trocitos blancos fue lo que diviso. No pudo sostener su estremecimiento.

    Separó ambas nalgas de su progenitora y sin esperar ni un permiso, lamió lo primero que vio. El ano de su madre fue su primera víctima, la lengua juguetona que había chupado sus pezones ahora se daba el gusto con su agujero.

    Degustó los alrededores e incluso la introdujo en su interior haciendo que Susana se llevara la mano a la boca para reprimir un grito.

    —Amor… amor… mejor el coño, por favor. Cómelo, que lo necesito.

    Se inclinó mucho más, separándose de la pared de madera y poniéndose un poco de puntillas. Sofía se veía como un perrito oliendo el culo a otro, aunque en este caso, más como una perra junto a otra.

    Pasó la lengua limpiando los jugos que brotaban de la vagina de su madre y dejándolo reluciente. Aunque poco tardaría en mancharlo de nuevo. Su lengua jugueteaba con el exterior mientras ambas manos agarraban con fuerza las nalgas de su madre. Quería darla un buen azote, uno que le pusiera el culo rojo y Susana lo hubiera agradecido, pero el sonido que haría sería demasiado.

    —Llevo todo el día con necesidad, Sofía. —la lengua de su hija ya la exploraba por su interior— Pensaba que esta noche, la pasaría a solas con tu padre dale que te pego. Pero el puto futbol, me lo ha jodido.

    —No pasa nada, mamá —dijo separando su boca escasos milímetros de la vagina, pero sin parar de masajearlo con la mano— si no están los chicos, tranquila que te follo yo.

    —Mi vida… —sintió de nuevo la lengua de la pequeña y gimió alto— eres mi tesoro, muchas gracias. Ahora… acaba esto que si no voy a gritar…

    Susana se estaba derritiendo y notando que el orgasmo estaba más que cercano. Bajó una mano y comenzó a masajearse el clítoris como antes le había hecho a su hija.

    —Ya está… Sofía, abre bien la boquita que mamá ha hecho la cena…

    —Dámelo que tengo mucha hambre.

    De pronto, mientras Susana estaba a punto de caramelo, alguien desde fuera interrumpió el perfecto instante.

    —Perdón, ¿Qué pasa hay dentro?, ¿Está todo bien?

    La voz de una mujer, seguramente una empleada de la tienda les interrumpió, aunque no les cortó SU momento. Susana con velocidad cogió la cabeza de su hija y la llevó de nuevo al lugar donde no se debería haber separado. Esta siguió lamiendo con ganas mientras su madre apoyada contra la pared se masajeaba con frenesí.

    —Sí, todo bien. —logró decir la mujer roja como un tomate mientras el primer placer llegaba.

    Susana soltó el pelo de Sofía y se llevó la mano a la boca para mordérsela y no soltar un berrido animal.

    —He escuchado unos ruidos extraños, ¿puedo abrir la cortina?

    —No se preocupe —respondió esta vez Sofía, cambiando su boca por unos dedos que entraban y salían haciendo que su madre se siguiera corriendo— es mi madre. Le ha dado un pequeño mareo.

    —Podría abrir para comprobarlo, es que los ruidos eran muy sospechosos.

    Sofía sentó a su madre en el banco mientras esta entrecerraba los ojos y notaba como su vagina se contraía una y otra vez.

    —No sé qué ruidos habrá oído, pero solo es mi madre que se ha mareado.

    Susana que ya tenía la braga colocada, trataba de ponerse el pantalón cuando escucharon como la mujer llamaba a otra persona. En unos pocos segundos otra voz comentó.

    —Señoritas, soy la responsable de la tienda, voy a abrir la cortina, están avisadas.

    —No lo haga…

    A Sofía no le dio tiempo a terminar la frase, porque la cortina que tapaba toda la visibilidad del probador se abrió de golpe. Una mujer de la edad de su madre las miró a ambas mientras otra más joven oteaba desde un metro más atrás.

    —Estoy desnuda… —acabó por decir la pequeña tratando de taparse como si le diera pudor.

    La responsable de la tienda, vio una imagen de lo más normal, no lo que su compañera se imaginaba. La madre estaba en el banco, vestida y con las manos en la cabeza mientras la otra la trataba de airear con la bata que se había probado.

    —Lo siento, es que oímos sonidos inadecuados y…

    —Pues serian quejidos de mi madre, porque le ha dado un mareo debido al calor que tenéis aquí… ¿A qué sonidos inadecuados se refiere?

    La mujer miró a su compañera con cara de pocos amigos y esta respondió a Sofía sin dejar de mirar a su responsable.

    —Lo juro, puse la oreja y escuché gemidos… no eran de quejidos…

    —Maravilloso. —saltó Susana sin levantar su rostro enrojecido, para contestar a la mujer— O sea que aparte de abrir la cortina y violar nuestra intimidad. Este establecimiento piensa que hago cosas indebidas con esta niña, que además… es mi hija. —alzó un poco la cabeza fingiendo estar mareada— Sofía, cariño, saca los DNI para que lo vean.

    —No, no, por favor —replicó con rapidez la responsable— discúlpenos, ahora mismo llamamos a la ambulancia si es necesario.

    —Con un vaso de agua es suficiente, ha sido por el calor y bueno… un poco de privacidad no estaría mal —respondió Susana con la mejor de sus sonrisas. Dirigió la vista a su hija y le dijo— mi vida, vístete que no te vea más gente…

    —Mil disculpas, ahora mismo le traen el vaso de agua. —la mujer con una mirada furiosa le hizo saber a su compañera lo que debía hacer— Y acepten mis disculpas, por favor. Si iban a comprar algo, le harán una rebaja del cincuenta… no, mejor del setenta por ciento.

    —No es necesario —le contestó Sofía colocándose algo avergonzada el pantalón.

    —Insisto.

    Las mujeres salieron de allí con una sonrisa de oreja a oreja. Habían conseguido el gran conjunto de lencería para Sofía a un precio irrisorio y además, ambas se habían corrido.

    Todo el camino de vuelta, se fueron riendo de lo sucedido, a Susana su calor interno se le había apagado parcialmente y todo había sido gracias al empeño de su hija. Aparcaron en la puerta de casa y vieron que el coche de los chicos ya estaba allí.

    Al unísono supieron que algún que otro juego más, lo deberían postergar para otro momento.

    —Mamá, —le comentó Sofía con las bolsas en la mano antes de entrar— tengo que serte sincera… no fue suficiente.

    —¿El qué?

    —Lo del probador, que sepas que no te vas a escapar y un día que te pille por banda…

    —Uy mi niña, lo espero con ansias. —viendo que en la calle no había curiosos oteando le dio un rápido beso a su hija en los labios— Y una petición… cuando vengas a por mí, ponte la lencería…

    —Mami… —vio como giraba las llaves para entrar en casa y le añadió antes de que nadie las pudiera escuchar— ¿sabes?, siempre he querido probar un cinturón con consolador. Creo que voy a ahorrar para comprarlo.

    Susana se mordió el labio mientras entraban en casa. Los chicos estaban en la sala cada uno tirado en un sofá viendo la tele. Sofía se adelantó para preguntarles que tal el partido, al parecer su equipo había ganado y estaban felices.

    —¿Vosotras, qué tal? —comentó Jaime sin dejar de ver la televisión.

    —Muy bien —dijo Susana apareciendo a la espalda de su hija— ha sido un día fabuloso.

    Mientras que los hombres miraban la televisión sin percatarse de lo que ocurría a su espalda, la mujer introducía su mano por la parte de atrás de los pantalones de su hija.

    —¿Habéis cenado la pizza que os dejé? —Ambos asintieron sin mirarla— Tú, Sofía. ¿Vas a cenar? —le preguntaba mientras el dedo horadaba en su ano.

    —Mami… yo ya estoy llena.

    —Perfecto, entonces. Jaime voy a tumbarme ya en la cama, te espero allí. O sea que sube pronto, no quiero esperar.

    —Mamá, no seas tan explícita —bromeó su hijo al saber a qué subiría su padre.

    —No tardes en ir a la cama Lucas. Tú… —le susurró a su hija después de contestar a su hijo— compra pronto ese cinturón. —el dedo introducido a la mitad en el culo de Sofía se movió masajeándolo— No sabes que ganas tengo de que me folles.

    Se dio la vuelta después de darla un beso en la cabeza, sacando después el dedo del orificio donde le comenzaba a producir un gran placer a Sofía. Esta la miró con cara de deseo, con una lujuria desmedida que la comenzó a lubricar su sexo. Desde las escaleras su madre la miró, guiñándola un ojo y chupándose el dedo que escasos segundos atrás estaba en su interior. Antes de desaparecer rumbo a la cama para que su marido en un rato la metiera algo con ganas, la dijo de forma sensual.

    —Cuando te pille…

    FIN

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    Por fin en mi perfil tenéis mi Twitter donde iré subiendo más información.

  • Una experiencia inolvidable (Partes 1 y 2)

    Una experiencia inolvidable (Partes 1 y 2)

    Parte 1.

    Lo que les relataré es lo que sucedió como parte de la experiencia de mis sueños cumplidos. Les diré que soy casado, hoy separado y viviendo en pareja.

    Desde muy chico me llamo la atención la ropa femenina y siempre que podía en casa solo sacaba algo de mi madre ya sea ropa interior, luego algunas faldas y tacos. Esto era esporádico y me causaba una sensación muy rica, así crecí hasta el día en que me casé, paso un tiempo y seguí con lo mismo solo que ahora con la ropa de mi esposa, también en forma esporádica y cuando estaba solo, esto sin pensar en ese entonces desear alguna experiencia homosexual, solo me masturbaba dándome una sensación muy relajante, esto siguió por mucho tiempo, hasta llegar a los 30 años de casados más menos.

    Las relaciones sexuales con mi esposa siempre fueron muy buenas, pero sentía que algo faltaba en ella a pesar que siempre me dijo que todo estaba bien, pero como siempre tuve esa sensación un día le comente algo de hacer un trio HMH, pensando siempre en ella que pudiese disfrutar y conocer a otro hombre aparte de yo, eso me consta que siempre fue muy fiel.

    Ella en ese instante me dijo que no lo necesitaba, pero seguí insistiendo en la conversación y le dije que buscáramos una persona en internet y viéramos, a mi esposa la llamaremos Dominique el que escribe Carlos. Buscando en internet conocí a Sebastián que era de Iquique, hicimos buena amistad con él y le dije a Dominique que se invente una historia que era un ex compañero de trabajo de muchos años atrás y que se acordaba de ella y quería saludarla, cuando se lo presente por internet le dijo que ella no se acordaba de él, a lo cual él le dio algunas señas que yo le había contado que dijera y Dominique ahí entendió que se conocían pero que no lo recordaba mucho.

    Intercambiaron correo fono y se empezó a tejer con Sebastián y yo dándole datos para que él le contara y entrara en confianza. Así pasaron un par de meses y Dominique y Sebastián ya habían entrado en confianza. En una de esa le comento a Dominique que Sebastián me había llamado por teléfono y que me había comentado que tú siempre le habías gustado mucho, pero por respeto a la amistad con nosotros nunca dijo nada, Dominique cuando le comente se sonrió y dijo que tonto siempre tienen miedo de decir las cosas, entonces le dije si te gusta dale lado para que te conquiste y con el podemos hacer el tercero.

    Así que le comente a Sebastián y le dije que se tirara al dulce con todo, fue un flirteo de como dos meses de correos y llamaditas telefónicas entre ambos de las cuales siempre me entere por Dominique y Sebastián, hasta que un día le digo a mi esposa como estamos para conocernos en persona y hacer un trio con él. Oh cual fue mi sorpresa cuando me dijo que le gustaría estar con el primero a solas para entrar en confianza así no le daría tanta vergüenza estando yo.

    Bueno créanme que de solo imaginarlo también me gustó la idea, de saber que Dominique estaría con otro igual me calentó a mil porque sabía que de alguna forma me contarían la experiencia y luego tendríamos lo nuestro. Se hizo todo el arreglo para que ella viajara y estuviera toda una noche con Sebastián y parte del otro día ya que ella regresaba al otro día en la tarde. Al día siguiente en la mañana me llamo mi esposa y me conto que lo había pasado muy bien Sebastián era una maquina sexual y le había hecho el amor hasta dejarla exhausta y aun le quedaba la despedida después de almuerzo.

    Bueno esto paso en el mes de febrero. Cuando regreso me llama Sebastián agradeciendo y contándome lujos de detalles y la verdad fue genial pues me bajo una calentura terrible, cuando llego Dominique en la noche la tomara hacer el amor pues estaba muy caliente y ella me pide que sea mañana pues estaba muy adolorida pues me dijo me hizo tiras a cachas. La entendí y al día siguiente me cuenta lo que ya sabía cómo la paso y me dijo que el trio iba para mi cumpleaños sí o sí.

    Ahora en la segunda parte le cuento la otra mitad de la historia. Un abrazo a todos asegurándoles que todo esto es muy real, así ha sucedido hasta esta parte de la historia.

    ———

    Parte 2.

    Después del encuentro de Dominique con Sebastián, ellos se enviaban algunos correos recordando momentos plenos lo cual también me agradaba mucho.

    Sebastián en un correo me hace una pregunta que cambia todo un esquema que había con lo del trio, me dice Que más te gusta hacer después del trio? Tienes alguna otra fantasía?

    Y bueno ahí le comento que en la intimidad me gusta vestirme con ropas femeninas y me gustaría que alguien me viera, le conté que Dominique no sabe de esto y creo que nunca lo entendería. Así que le encargue que nunca le contara de esta y ahí empezó la nueva historia con Sebastián, él me dijo que no le molestaba esto y que el estaría dispuesto a cumplir lo mío.

    Fue así que a comienzos de mes de marzo me comento que le gustaría estar conmigo para verme con la condición que él venía a mi ciudad y que tenía que esperarlo vestida, maquillada y con una peluca si era posible, le conté que nunca me había vestido así de esa forma y me dijo que tratara y le contara, bueno ahí empezó mi búsqueda lo primero arrendar un departamento donde recibirlo, gestionar con alguna maquilladora que lo quisiera hacer y buscar en las tiendas ropa interior, chalas de tacones, pelucas y maquillaje.

    Créanme que esto me puso a mil porque al final es una fantasía guardada por años. Recuerdo que encargue una peluca a Santiago por internet y acá no me fue difícil encontrar todo lo demás, compre la ropa adecuada, los tacos. Minis. Unos conjuntos de ropa interior blanca muy lindos. Lo que más me costó encontrar una maquilladora que fuera al departamento y que también me depilara completamente, la idea era asemejar lo más posible, obvio que igual nunca pero, la idea era que hubiese una transformación notable. De eso tengo algunas fotos que quedaron para el recuerdo si alguien me las pide las puedo compartir con alguien que sea honesto y no le dé mal uso.

    Bueno así fue como arreglamos un encuentro unos días antes de mi cumple, lo cual me dio unos días para practicar con la ropa y peluca, además de caminar con tacos que no es nada fácil pero con un poquito de practica se consigue. Sebastián quedo de llegar como las 7 de la tarde yo arrende el departamento en la mañana hasta el medio día siguiente, pedí permiso esos dos días y le dije a mi esposa que tenía que ir a faena y me quedaría allá por esa noche.

    Eran las 5 de la tarde de ese día y yo ya estaba transformada completamente, el departamento estaba muy bueno amoblado completo de un ambiente con una cocina pequeña a lo cual había comprado algunas cosas para cenar y tomar desayuno al otro día. Quiero aclararles que mis pechos son bastantes abultados, siempre fueron así y con el corpiño se veían muy bien.

    Bueno cuando llegó Sebastián al departamento, parece que lo que vio le gustó mucho pues sin decir agua va me tomo, me abrazo y pego sus labios en unos besos que me quede plop. Les confieso que me gustó mucho y de ahí para adelante solo me deje llevar y di rienda suelta a lo que siempre había soñado, me llevo a la cama me desnudo y yo a él y nos sumimos en una noche de locura donde paso de todo.

    Sebastián es sin duda una máquina de hacer el amor, yo quede exhausto y un poco adolorido a estas alturas de la vida era la primera vez que me penetraban, recuerdo que Sebastián se durmió con su pene en mi boca. Ahí en ese instante recién comprendí in situ como lo había pasado Dominique en su noche con él.

    Al día siguiente me levante y le preparé un desayuno reparador y me volvió hacer el amor como tres veces más, es y ha sido la única experiencia de ese tipo que he tenido hasta ahora, he cumplido mi sueño de una manera fantástica, reconozco que me encantó pues fue delicioso, el Seba se levantó se duchó y nos despedimos pues tenía que regresar a Iquique y quedamos de juntarnos para el día de mi cumple con Dominique y yo para el trio.

    Estoy de cumple el día 6 de abril, faltaban como 15 días para el encuentro, nunca le comente a mis esposa de esto y cuando me preguntó porque estaba depilado, solo le comente que me habían caído unos químicos en el cuerpo en faena.

    Lo del trio nunca se llegó a concretar, pues el día 2 de Abril llegando a casa, me dio mi primer infarto de miocardio al año siguiente en Marzo me dio el segundo y desde ahí me sumí en una terrible depresión con un tratamiento largo. Creo que enferme de todo me puse insoportable y a los años siguiente mi matrimonio colapso. Solo que en esta separación la mayor culpa es mía a pesar que Dominique nunca entendió tampoco que lo que me había pasado era serio, eso sí que jamás la recriminé o que hubieses discutido por estas experiencias jamás, porque hasta el día de hoy nunca me arrepentí de nada, solo el dolor de no haber salvado el matrimonio, jamás me volví a vestir, (miento algunas veces muy esporádicas lo he hecho).

    Con Seba aun mantenemos el contacto con una amistad que no terminó, cuando conversamos nos recordamos de las travesuras hechas, también hoy tengo una buena relación con mi ex y recordamos con ella esta experiencia.

    Hoy vivo con una pareja que entendió muy bien mi enfermedad me cuida mucho, estoy jubilado por invalidez y aun así espero que mi ex me cumpla con la fantasía de un trío. Sebastián aún está dispuesto, yo igual, pero Dominique un poco indecisa por mi cardiopatía. Si llega a suceder tengan por seguro que la publicare para Uds.

  • Misión: relajar a tu hermano

    Misión: relajar a tu hermano

    Martín irrumpió en el salón totalmente fuera de sí. Llevaba entre las manos tres o cuatro camisas, un par de pantalones y varias bufandas.  Su hermana Sofía cerró el libro que tenía entre manos nada más verlo, no pudiendo reprimir una sonrisa al verlo tan nervioso.

    –Vaya, nene, veo que has decidido dejar los estudios y montar un negocio de ropa.

    –No sigas tonterías y dime dónde está mamá, ¡necesito su ayuda! –respondió Martín mientras colocaba las distintas prendas sobre el sofá.

    –Deja a mamá descansar, que tiene que irse dentro de poco al trabajo. ¿No puedo ayudarte yo?

    Martín sopesó durante unos instantes la proposición, para responder rápidamente:

    –Hermanita, necesito el consejo de una MUJER.

    Sofía dio un brinco, y mostrándose exageradamente dolida le dijo:

    –¿Perdona? ¿Y qué se supone que soy yo, nene?

    –Me refiero a una mujer de verdad, madura, con buen gusto –explicó con desgana Martín, que parecía no tener ni un segundo que perder.

    Sofía ya estaba dispuesta a responder una barbaridad cuando la aparición de su madre por la puerta evitó la que, sin duda, estaba a punto de convertirse en la Tercera Guerra Mundial:

    –¿Qué alboroto es este? ¿Se puede saber qué hace toda esa ropa en el sofá?

    –Mi hermano –dijo Sofía recuperando la calma–, que se ha vuelto loco y quiere montar una tienda de moda en pleno salón. ¿Verdad, nene?

    –¡Y dale con la tienda de ropa! –se quejó Martín, que miró suplicante a su madre–. Lo que pasa es que voy a ir al cine con una compañera de clase, pero estoy desesperado, no sé qué ponerme. ¡Tienes que ayudarme!

    Sofía intentaba contener sus carcajadas. ¿Así que ese era el grave problema? ¿Que Martín había quedado con una chica y no sabía que ponerse? Sin embargo, mediadora, su madre puso gesto serio y, como si de un cliente de su empresa se tratara, preguntó con absoluta profesionalidad:

    –¿Cómo se llama la muchacha?

    –Eva.

    –¿Cómo suele vestir?

    –Pues suele ir arreglada, pero tampoco muy formal.

    –¿Vais a cenar algo antes de la película?

    –Seguramente…

    –Vale, pues cálmate, vete para la ducha y yo te voy eligiendo la ropa.

    Martín salió disparado mientras que su madre seleccionaba la mejor combinación y su hermana luchaba por coger algo de aire, asfixiada tras las constantes carcajadas.

    –Mamá, ¡que Martín se nos ha enamorado!

    –Deja tranquilo a tu hermano, Sofía, que está hecho un flan. ¡Esa tal Eva tiene que gustarle realmente!

    –Pues con los nervios que tiene, te digo yo que la cita va a ser un absoluto desastre. Mejor haría en no ir a verla.

    Tras pensarlo unos instantes, la madre le tendió las prendas elegidas a Sofía, a la vez que le dijo:

    –Llévale la ropa y cálmalo, que así no puede salir.

    –Pero ¡estoy leyendo! ¿Por qué tengo que ir yo?

    –Porque eres su hermana, porque quieres lo mejor para él y porque yo tengo que prepararme para ir a trabajar.

    –Más vale que esa Eva merezca la pena, porque vaya forma de fastidiarme la tarde –dijo Sofía mientras salía del salón, rumbo al cuarto de baño.

    — o —

    El agua de la ducha salía muy caliente, levantando una cortina de vapor que llenaba todo el baño, pero Martín estaba tan ansioso con su cita que ni siquiera se daba cuenta de lo roja que se estaba poniendo su piel. ¡Le había costado tanto que Eva le hiciera caso! Semanas de bromas y conversación para romper el hielo, seguido de un intenso mes en el que ambos habían estado enviándose señales, al principio muy sutiles, pero poco a poco más descaradas, hasta que habían decidido quedar para salir sin el resto del grupo. En todo ese tiempo él se había mostrado confiado, pero al acercarse la hora de la verdad las piernas le temblaban y la mente no le permitía pensar nada más que tonterías.

    Enfrascado como estaba consigo mismo, el muchacho no se dio cuenta de que su hermana había entrado en el baño hasta que la puerta de la ducha se abrió.

    –¡Que me estoy duchando!

    –Ya lo sé, nene, pero te he traído la ropa.

    Al mirar, Martín vio que, efectivamente, su hermana le había dejado la ropa junto al lavamanos. Sin embargo, lo que realmente le sorprendió fue ver que toda la ropa de su hermana, desde la blusa de lana hasta las braguitas de Harry Potter, estaba desperdigada por el suelo.

    –Voy a aprovechar para ducharme –le dijo Sofía mientras se introducía en el interior de la ducha, donde era imposible estar sin que sus cuerpos se rozasen.

    –¿Y no puedes esperar a que yo salga?

    –No te quejes, nene, que duchándote conmigo te relajas.

    Dándole la espalda a su hermana, fingiendo que esta no existía, Martín cortó el agua para empezar a enjabonarse.

    –Yo estoy muy relajado –dijo finalmente.

    Sofía resopló ante la cabezonería del muchacho y colocó sus manos sobre la espalda desnuda de su hermano, sintiendo rápidamente la tensión que tenía:

    –¿Seguro? Porque estás muy tenso.

    La mano de Sofía descendió por la espalda de su hermano, dio un rodeo por sus caderas y continuó hasta colocarse suavemente sobre su sexo.

    –¿Lo ves? Estás muy tenso.

    La muchacha movió ágilmente su mano, provocando en su hermano un leve gemido.

    –No necesito tu ayuda –se limitó a decir.

    –Anda, anda. Como si fuera la primera vez que te ayudo a relajarte. ¡Nunca habrías acabado los estudios si no te hubiera ayudado a… concentrarte!

    –Ni tengo un examen ni necesito relajarme. ¡A ver si te enteras, pesada! –lanzó Martín a modo de rebuzno.

    Pero Sofía no cejó en su empeño, y mientras continuaba agitando calmadamente su mano, le reprendió:

    –Esa chica te gusta mucho, se te nota, y por eso mismo no puedes ir así, nene. ¡Como no descargues antes de verla, no vas a dar pie con bola!

    Mientras explicaba sus argumentos, el cuerpo desnudo de Sofía se pegó contra el de su hermano. Sus pechos eran pequeños, pero sus pezones sobresalían sobre aquellas dos pequeñas colinas, duros y oscuros como dos terrones generosos de azúcar moreno, clavándose en la espalda de Martín. Sus labios se pegaron a la nuca de su hermano, esgrimiendo un beso que no terminaba de producirse, calentando la piel húmeda de su cuello con el cálido aliento que destilaba su boca. Su mano izquierda se posó sobre el vientre del muchacho, y sus uñas juguetearon distraídas con el bello alrededor de su ombligo. Su mano derecho ganó velocidad, castigando el sexo de Martín con vibrantes movimientos, apretando unas veces como poseída por la furia, relajando su agarre en otros momentos hasta convertirlo en una delicada caricia.

    Así siguieron un rato en silencio, acompañados solamente por el ruido de sus respiraciones y el goteo de la ducha, que cada poco tiempo resonaba con la caída de una escandalosa gota.

    –¿Estás bien, nene? ¿Cómo va?

    Martín colocó ambas manos contra la pared, dejando recaer el peso de su cuerpo sobre ellas. Su cabeza descendió levemente, mareado, como si los labios de su hermana le hubiesen embriagado súbitamente. Su vientre se tensaba y se relajaba al compás de los cuidados que la muchacha le suministraba, y un gemido bajo, casi lastimero, acompañaba su respiración entrecortada.

    –Nene, dime algo. ¿Pasa algo? ¿No puedes acabar?

    –No, no es nada –logró decir finalmente.

    –Algo te pasa –le insistió Sofía, mientras su lengua recorría su nuca hasta conectar con el lóbulo de su oreja, en un intento infructuoso de hacer que se relajara y descargara sus energías–. ¿Acaso lo hago mal? ¿O es porque mamá lo hace diferente?

    –…sí –reconoció finalmente el muchacho.

    –¿Cómo lo hace?

    Martín se dio la vuelta y, con cuidado, guio el cuerpo de su Sofía hasta que esta se encontró de rodillas. Entonces condujo su sexo erecto hacia la boca de su hermana, dejando que los labios de la muchacha le propiciaran una caricia.

    Sofía abrió sus labios para dejar libre su lengua, que recorrió curiosa la virilidad de su hermano, como si quisiera ponderar la altura y el ancho de la misma. Luego, introdujo el sexo de Martín entre sus labios, con mucho cuidado pero dejando que entrase en su boca, hasta que llegó a un punto en el que sintió que no era posible seguir. Repitió la operación concienzudamente varias veces, y agarró las nalgas de su hermano para conseguir algo más de estabilidad.

    Las manos de Martín se habían entrelazado con el cabello de Sofía, y sin hacer apenas fuerza la guiaba de acuerdo al ritmo que su cuerpo necesitaba y le exigía. Era indudable que el chico cada vez estaba más relajado:

    –Puedes morderla… si quieres.

    Y quería. Sofía dejó escapar cuidadosamente la virilidad de su hermano, pero justo antes de que la punta escapase de entre sus labios, apretó sus dientes con la fuerza justa para no dejarla escapar. Sorprendido, el muchacho hizo un gesto inconsciente para zafarse del agarre, pero su hermana no dudó en apretar la mordida, provocando un gemido y una explosión incontrolada, que llenó la boca, los labios y la barbilla de la joven con el dulce y cálido néctar perlado de Martín. Antes de que goteara, Sofía lo engulló de una vez, y con el dorso de la mano se limpió el resto que goteaba de su barbilla.

    Martín sintió que las piernas le fallaban y tuvo que sentarse. Sofía, que llevaba un rato de rodillas, también se sentó de cara a su hermano.

    –¿Más calmado? –preguntó ella.

    –¡Mucho más! –respondió sinceramente el hermano.

    –¿Preparado para darlo todo con Eva?

    –¡Totalmente!

    Mimosa, Sofía se echó para atrás todo lo que pudo, colocó las piernas lo mejor posible sobre los hombros de su hermano, y dejó ver un sexo rosado, elegante y húmedo. Empujándole con la pinza que formaban sus pies, lo fue acercando hacia la goteante apertura que era su feminidad, mientras le exigía:

    –¡Demuéstramelo!

  • Cómo le enseñé a mi marido a sodomizarme

    Cómo le enseñé a mi marido a sodomizarme

    Ya les conté que mi marido me rompió el culo cuando llegó de madrugada y borracho, me puso en cuatro para cogerme de perrito, mi posición favorita, aunque él estuviera borracho. Inocentemente recargué mi cabeza en la almohada ofreciéndole mi grupa. Me miró emocionado diciendo “¡Qué ricas nalgas tienes, mi mujer! ¡Tu culito se mira hermoso!” y, después de unos lengüetazos en el ano, me empezó a penetrar por el culo. Por más que me resistí y grité, me lo rompió, cogiéndome sin detenerse hasta que se vino. Cuando logré zafarme el pene se salió y mis piernas se llenaron de esperma, heces y sangre. Él se quedó satisfecho y dormido mientras yo sufría en el retrete, limpiándome. Nunca dejé que volviera a cogerme por el culo.

    También mi amante me chulea mis nalgas, dice que son muy bonitas y que mi culito se ve delicioso. Pero cuando supo de la manera tan violenta en la que mi marido se aprovechó, me dijo que él no supo hacerlo porque hay que poner un lubricante e ir dilatando poco a poco el esfínter, para concluir que un día lo haríamos así para que después yo opinara si me gustaba o no.

    En cambio mi marido me pasaba películas porno donde las chicas empaladas gozaban con la tranca en el culo y me insistía que lo hiciéramos por así. Yo le replicaba que se fijara cómo el galán calentaba a la chica dándole una gran mamada en la panocha antes de pasar al culo, “Tú no me chupas la panocha”, le recriminaba.

    Mi marido mantuvo su insistencia en volver a cogerme por el ano, pero yo siempre le respondía poniéndole mi pepa en la cara para que me la chupara. Él mantenía su negativa a darme lengua asegurándome que olía y sabía muy feo. “Cómo quieres que huela con tantas cogidas tan ricas que me das”, le retobaba, recordando para mí las mamadas tan deliciosas que me daba mi amante y cómo él se saboreaba, más cuando llegaba muy cogida a verlo.

    Pero se llegó el día en que le dije “sí” a mi amante para que me sodomizara. Esto ya lo leyeron en el relato “Aceptación”. Así, con su ternura y cuidados, me cogió como él quería. Casi no me dolió, él dijo que también se debía a que mi marido ya me lo había abierto todo, salvajemente, pero ya estaba cogida por allí.

    Me gustó tanto que le pedí un frasco del lubricante para usarlo con mi marido. Me lo dio la segunda vez que me cogió así y sonriendo me dijo “putita”, sabiendo que había hecho un muy buen trabajo conmigo. Incluso, esa segunda vez, descansábamos aún con el pene dentro del culo, recibí una llamada de mi marido, quien llevaba varios días de estar trabajando fuera del estado y empezamos a decirnos cosas cachondas y le dije que le tendría una sorpresa cuando cogiéramos, también le dije que todos lo extrañábamos, “quiero más leche, papi”.

    A mi amante, ante lo morboso de la llamada y la posición en la que estábamos, se le puso la verga grandísima y cuando colgué me dio otra espectacular culeada.

    Cuando llegó mi marido, le platiqué que había comprado un aceite especial para que me cogiera por el culo. Se emocionó bastante. “¿Pero sí me vas a chupar el tamalito?”, le pregunté. Él se molestó y me aclaró que no se vale una por otra. Me quedé pensando “Por eso tienes cuernos y con cada chupada que me dan te sale brillo en ellos” mientras veía su cara y me lo imaginaba con una cornamenta de alce. “No, era sólo una pregunta…” le contesté y volvimos a lo nuestro: “A la señora Irene, quien me vende lociones cremas y demás menjurjes de belleza, me vendió un aceite que se usa como lubricante en las relaciones anales.

    Me advirtió que la primera vez duele un poco y que previamente se debe dilatar el ano con los dedos. No le conté lo que me hiciste aquella vez que llegaste borracho. Me confesó que ella lo usa y le gusta cómo se siente. Te amo y quiero darte gusto, ¿quieres probarlo?”, le dije a mi marido. Él contestó que estaría encantado de sentir mis nalgas más cerquita y acordamos utilizarlo en la noche.

    Esa tarde me hice una ducha anal con la perita que compré en la farmacia, para que no me saliera caca cuando me cogiera mi marido, aunque mi amante dice que el exceso de lavado, sea anal o vaginal puede provocar infecciones. Nos pusimos a tomar unas cubas durante un par de horas y después nos fuimos a la cama donde nos llenamos de mimos. Me penetró en la vagina un rato, de misionero dándome unos ricos besos, pero aguantando no venirse; lo mismo pasó cuando le mamaba el pene mientras me ponía el lubricante, incrementando la cantidad de dedos y yo “me quejaba un poco cada vez que metía uno más.

    –Ya se pueden meter los tres dedos –me dijo sacando de mi boca su palo que lo veía más largo que el de mi amante.

    –Échate lubricante en la verga y métemela despacio –le ordené poniendo mis nalgas en alto.

    –¡Qué lindo culito tienes, mami! –exclamó intentando meterme la verga de un solo empujón y yo grite “¡Despacio que me duele!” aunque no era tan cierto.

    Mi marido lo fue metiendo poco a poco, a veces le decía “espera” y él se detenía. Le decía “Sigue otro poquito” y avanzaba en la penetración. Lo cierto es que yo lo disfrutaba y ya lo quería todo adentro, pero había que hacer la faramalla de que sentía dolor. Continuamos así hasta que sentí sus huevos en mis labios de la vagina en el último envión. Él se detuvo y luego empezó a moverse despacio, Sólo lo sacaba hasta la mitad y volvía a meterlo. Aumentó la frecuencia en el movimiento y yo veía en la luna del peinador su cara de satisfacción. ¡Cómo gozamos el “chaca-chaca”!

    –¡Me vengo, mamita! –gritó haciendo una mueca de placer que disparó mi orgasmo al sentir en mi interior el calor de su abundante venida.

    –¡Vente mucho, papacito! ¡Encúlame rico, aunque me duela! –le conteste en medio de mi orgasmo, el cual disfrutaba tremendamente y sin dolor alguno.

    Recargó su cuerpo en mí, transpirando sudor. Yo seguía en cuatro, soportando todo su peso, ¡pero feliz! Unos minutos más, sin sacarlo de mis entrañas, y aún con el palo tieso, se hincó nuevamente liberándome de su carga. “Ahora te daré la vuelta, dijo tomándome de la pierna derecha tratando de ponerla sobre su hombro izquierdo. Levanté mi mano derecha y flexioné el brazo izquierdo para ayudarlo y, antes de que me torciera por completo tomó mi otra pierna dándole vuelta a mi cuerpo y quedé de “armas al hombro”, tal como me cogió mi amante dos días antes.

    –Parecemos contorsionistas de circo –le dije, sintiendo su tranca firme en el orto, pero sintiéndome tan caliente que con la vuelta me imaginé que era un pollo en el rostizador.

    –Tu culo se siente muy rico y merece otra repasada más –expresó al tomarme de las nalgas.

    –Espera, deja acomodarme mejor pues así me cansa –le rogué jalando una almohada para ponerla debajo de mi cintura, tal como mi amante había hecho conmigo–, o bájate de la cama, pero sin sacármelo que está muy rico –le expliqué, deseando que no se diera cuenta que ya me habían cogido así.

    –¡Qué bueno que te gustó, mami! –expresó y volvió a sacudirme, esta vez durante más tiempo porque ya se había venido.

    –¿Te gusta así, nalgona? –preguntaba sin dejar de moverse.

    –Me encanta y ya no me duele, vergón. Muévete más rápido –exigí y mi esposo, cerrando los ojos, obedeció.

    Dormimos de seguido. A la mañana siguiente, muy temprano, me tomé un poquito de su bibi, pero muy poquito porque me lo saco de la boca.

    –Espera, mami, que quiero otra vez por tu culo dijo extendiendo la mano para tomar el frasco del aceite.

    Me lo untó religiosamente, dedo a dedo y me acomodó para cogerme. En cada envión me daba una nalgada que yo las disfrutaba al verlo tan caliente. Se vino, pero casi de inmediato, me dio la vuelta de “pollito rostizado”, poniéndome la almohada en la cintura y volvió a penetrarme dándome caricias y besos en las pantorrillas. ¿Éste era mi marido? ¡Qué tierno lo sentía! ¡Además empalada deliciosamente! Nos vinimos otra vez y yo terminé llorando de felicidad, dándole mi agradecimiento. Me beso la cara con tibieza y ¡Me lamió las orejas! dormimos otras horas y cuando despertamos ¡me volvió a coger de misionero, nos vinimos y despertamos casi a medio día, ¡Felices los dos!

    Al bañarnos, le hice notar cómo me dejó las nalgas rojas de tanto golpe.

    –¿Te duele? –preguntó consternado.

    –Ya no, pero estuvo rico –le contesté dándole un beso y bajando a chuparle la verga. Se le paró, pero casi nada salió…

    –Compra más aceite, no se nos vaya a acabar sin darnos cuenta –dijo cuando me enjabonó las nalgas.

  • Las aventuras de Raúl (II): Trío con la invitada de la boda

    Las aventuras de Raúl (II): Trío con la invitada de la boda

    Lucía no podía creerse lo que estaba pasando. Sentada entre un taxi entre dos tíos que había conocido esa misma noche. En principio, no había nada de especial salvo por el hecho de que uno de ellos la estaba masturbando en el coche. Suponía que la apertura del vestido que dejaba al descubierto una de sus piernas tenía sus desventajas o sus ventajas, según como se viera. Marc, a su derecha, le había metido dos dedos dentro de su tanga y de ella y movía la mano en círculos. Los mantenía dentro mientras con la palma frotaba su clítoris. Había curvado sus dedos y encontrado el bulto de su punto G.

    Estaba totalmente excitada. Si seguía así iba a correrse antes de llegar al hotel. Raúl, a su izquierda, le acariciaba el torso por encima de la ropa. Subiendo hasta rozar la parte inferior de su pecho y volvía a bajarlo hasta el principio de su muslo. Lucía se mordía los labios para no gemir y trataba de mantener una cara impasible. Pero el taxista parecía estar dándose cuenta de todo. Sus ojos se cruzaban durante instantes en el retrovisor y no sabía si era para comprobar el tráfico o para ver como los dos jóvenes musculados de atrás la llevaban al borde del orgasmo.

    En un semáforo en rojo, juraría que el conductor se acariciaba la entrepierna. Precisamente donde estaban sus dos manos en el regazo de sus compañeros de viaje. Sus dos miembros se destacaban en los pantalones de sus trajes y Lucía perfilaba de arriba abajo las formas aprisionadas. El de Marc era de un tamaño considerable pero el de Raúl era inmenso. Como si engañaran a alguien, o al menos al taxista, los dos intercambiaban comentarios y le preguntaban a ella si se lo había pasado bien esa noche. Escuchándoles sin ver sus manos nadie, menos Lucía, podría suponer que la fiesta todavía no había empezado.

    —–

    Unas horas antes Marc y Raúl entraron junto en el salón del hotel donde se celebraba la boda de Samuel, un camarero de los locales donde trabajaban como seguridad para la empresa del tío de Marc. Habían pasado cinco meses desde que compartieran a la milf Diana gracias a una App de infidelidades. Desde entonces los dos habían dado un paso más en su amistad. Ni a Raúl, de 23 años, ni a Marc, de 20 les faltaban las oportunidades para ligar. Su trabajo les obligaba a estar en forma, crossfit y artes marciales mixtas, y además les daba acceso un gran número de mujeres desinhibas en las discotecas donde controlaban la entrada y que nadie se desmadrase.

    Para Marc no era suficiente y estaba enganchado a toda clase de App y foros de contacto.

    En esos meses habían participado en más de un trío del diablo, dos hombres y una mujer, o se habían follado a dos mujeres juntos e intercambiado parejas antes de terminar. De hecho, asistir a la boda les hacía especial gracia. Samuel era un petimetre de 35 años que había llevado la moda de metrosexual un paso más allá. Pero le interesaba llevarse bien con los que podían evitar que le partieran la cara en el bar, aunque tampoco es que se dieran mucho esas situaciones. A pesar de la diferencia de edad, pensaba que les caía bien y había decidido invitar a los dos amigos. A fin de cuentas eran los más presentables de toda la seguridad y el tío de Marc tenía intereses en el local, lo que tampoco venía mal. Samuel había estudiado administración de empresas y el único empleo que había encontrado era de camarero.

    Su novia de la facultad, Andrea, había tenido más suerte y trabajaba en una consultora de marketing. La gracia estaba en que Raúl y Marc se la habían follado en su despedida de soltera. Andrea la había celebrado en la discoteca donde trabajaba Samuel, en su noche libre, no era plan de coincidir con su novio. Les hacían precio. Al final de la noche, solo quedaba Andrea y una de sus amigas. Marc se ofreció a que las acompañaran a casa en su coche. Andrea y su amiga estaban bastantes buenas, sin llegar a ser pibones, pero lo compensaron con su entusiasmo. La casa de la amiga se convirtió en la escena de una pequeña orgía aquella noche. Así que Marc y Raúl no podían hacer más que aguantarse las ganas de descojonarse cuando, antes de sentarse a cenar, saludaron a los novios. El pobre Samuel agradecido de que hubieran ido y Andrea con miedo a que soltaran algo. La amiga que también había participado se limitó a ignorarles toda la noche.

    Durante el coctel antes de la cena, Lucía no dejaba de preguntarse qué hacía en la boda. Ella y Andrea eran muy amigas desde la facultad. Habían mantenido el contacto todos estos años, a pesar de que Lucía había regresado a su ciudad natal. Un puesto de empleo en la empresa de un amigo de sus padres y la diferencia de nivel de vida la habían convencido. Pero las visitas se hacían cada vez más esporádicas y las llamadas menos frecuentes. Sin embargo, la invitación era una buena excusa para regresar a la ciudad donde había estudiado y pasar unos días en la playa en unas semi vacaciones.

    El problema es que su novio la había dejado una semana antes. Fue un jarro de agua fría. El plan era hacer el viajes juntos; la idea de ir a la playa sola no la asustaba, pero una boda donde conocía solo a la novia no la hacía mucha gracia. Al final, le había dado vergüenza cancelar a última hora con todo el viaje contratado. Pero todavía le duraba el enfado por la ruptura. El motivo había sido que Lucía se había negado a hacer un trío con otra mujer. No se consideraba puritana. Durante su vida había tenido varios novios y nunca se había cortado con ninguno. Es verdad que nunca un rollo de una sola noche, pero le encantaba dar placer oral. Y con su última pareja había descubierto el sexo anal. Pero el sexo con más de una persona no le apetecía y menos con otra mujer. Tenía claro que no tenía inclinaciones bisexuales.

    El plan era cumplir hasta la cena y volver al hotel lo más pronto posible. Quizás ponerse una peli de porno para ellas, chico-chica, y masturbarse antes de dormirse. Cuando el coctel terminó consultó la lista para ver donde la habían sentado. Le costó un poco porque la habían puesto en la mesa de los recortes, la más alejada de los novios, y donde se sentaban los invitados que no formaban ningún grupo. Cuando encontró su mesa vio que solo quedaba un sitio libre entre dos hombres. Bueno, para ella, a sus 35 años, más bien muchachos. No era muy buena en adivinar la edad pero diría que entre 18 y 20 años.

    —–

    Marc le hizo una señal con la cabeza a Raúl y una media sonrisa. Al sentarse en la mesa habían decidido dejar un sitio entre ellos. No conocían a nadie, así que esperaban obligarse a hablar con alguien si no estaban juntos. A través del salón se acercaba Lucía. La habían estado fichando durante el coctel. Sola apoyada en una columna y con pinta de aburrida. No era preciosa de cara aunque tampoco era fea. Llevaba el pelo recogido en un moño y un maquillaje discreto la hacía guapa. Pero su cuerpo era de infarto. Embutido en un vestido estilo japonés que la cubría hasta un cuello alto. Pero era ajustado y definían unos pechos perfectos, redondos y en su sitio, habría que verlos sin sujetador. No eran muy grandes pero la cintura era estrecha y el estar escondidos bajo tela los hacía destacar. A veces es mejor insinuar que enseñar. Completaba el conjunto un culo de antonomasia, respingón y circular, del tamaño justo para las proporciones y unas piernas largas, una de las cuales podían ver a través de una raja en el vestido a medio muslo.

    Durante la cena, una vez superada las presentaciones y la incomodidad de los recién conocidos, la situación se relajó. Marc y Raúl eran agradables y no dejaban de lanzarles piropos e insinuaciones veladas. Lucía se sentía halagada y en parte excitada. Se había enterado de que estaban en la veintena temprana pero les llevaba 15 años y los veía como niños. Según avanzaba la conversación, vio que quizás habían vivido más que ella.

    Al final de la cena todos los invitados se fueron a la zona de baile y barra libre. Los tres prefirieron seguir hablando en la mesa. Marc trajo un par de cubatas para ellos. Lucía no estaba acostumbrada a beber y se limitó a un gin tonic con más tónica que ginebra. Marc y Raúl cada vez estaban más valientes. Entre risas pasaban las manos por sus brazos o casualmente la acariciaban en un muslo para retirarla antes de que pudiera decir nada. Con cada roce, Lucía sentía un escalofrío en la espalda. Por primera vez se dio cuenta que eran muy atractivos. Los dos vestidos con trajes grises, sin corbata y con camisas que dejaban adivinar sus cuerpos bien definidos. Al final, decidió contarles por qué había roto con su novio.

    – Quiero decir, no sé por qué necesitaba a otra chica en la cama. La verdad es que no le negaba nada o casi nada.

    Marc sonrió. Lucía se había dado cuenta que Raúl era el tímido de los dos y que esperaba a a que Marc tomara la decisiones de por dónde ir en la conversación. Marc posó una mano en su rodilla y esta vez la dejó ahí.

    – Podías haber hecho un trato.

    – ¿Un trato?

    – Sí, ya sabes, un trío con dos chicas para él, un trío con dos chicos para ti.

    – ¿Dos tíos?, creo que no sabría ni por dónde empezar.

    Marc acentuó su sonrisa y subió la mano por su pierna, hasta que estaba casi en su entrepierna. La zona estaba casi vacía y la mesa les ocultaba de miradas indiscretas. A Lucía se le escapó un gemido ahogado casi inaudible. Con la mano libre cogió la de Lucía y la posó sobre su pantalón. No estaba dura pero lo que sentía ya superaba a la de su novio. Ahora se le escapó un joder mientras abría los ojos con sorpresa.

    – Eso no es nada. Prueba la de Raúl.

    Lucía miró a Raúl directamente a los ojos. Sí definitivamente estaba muy bueno, recién afeitado y con pelo corto peinado con cera. Jugaba con su papel callado acentuado y de rasgos duros. Sin perder contacto visual posó su otra mano en la bragueta. No es tan grande como la de Marc pero tampoco es para tanto, intuyó a través de la tela. Raúl la cogió por la muñeca y la hizo moverla sobre su entrepierna de arriba abajo. Raúl respiraba lascivamente y sonrío al ver la expresión de sorpresa que apareció en la cara de Lucía cuando su polla se puso totalmente dura y se dibujó en el pantalón. Casi le llegaba a la rodilla. Marc volvió a intervenir.

    – Si no sabes lo que hacer, siempre podemos enseñarte.

    Lucía dudó un momento. ¿Realmente iba a follar con dos veinteañeros a la vez? La cara de excitación de Raúl hacía que quisiera besarle. Así que la duda duró un solo momento, pero decidió mantener el control, al menos del espacio.

    – Vamos a mi hotel.

    —-

    El taxi aparcó delante del hotel y se recompusieron como pudieron. Lucía pasó por la recepción sin levantar la vista del suelo. Marc y Raúl la seguían un par de metros como si fueran unos huéspedes más. La pantomima duró solo hasta que entraron en el ascensor. Una vez que se cerró la puerta y comenzó a subir Raúl se situó detrás de ella. La sujetó por la cintura y juntó sus dos cuerpos. Lucía notaba el enorme bulto de su pantalón. Raúl comenzó a mover sus caderas con sus manos de tal manera que su polla encerrada en la tela recorría su trasero de arriba abajo. Lucía giró la cara y atrajo con su lengua los labios de Raúl. Se enzarzaron a un beso a boca abierta, con mucha saliva y sus dos lenguas peleando entre ellas.

    Marc se acercó por delante y levantó sus pechos con las manos a la vez que restregaba su pelvis contra la de ella.

    – Joder, que buena estás. Qué bien lo vamos a pasar.

    Llegaron a su planta y Marc se separó de ella para dejarla pasar. Raúl no lo hizo y dieron unos pasos incómodos hasta su habitación. Cuando se inclinó para abrir la puerta con la dichosa tarjeta, necesitó un par de intentos para acertar. Si ya le costaba normalmente, más con un tío restregándose contra ella como un perro en celo contra una pierna.

    Su habitación no era nada del otro mundo. Una habitación normal de 4 estrellas con una enorme cama y dos mesillas, una mesa en una pared y un sillón. Lo mejor era el baño con una bañera y una amplia ducha de plato independientes. Lucía los empujó hacia la habitación y les pidió un momento para arreglarse en el baño.

    Una vez dentro, se quitó el vestido y el tanga para orinar. Cuando terminó abrió el grifo del bidé y cogió el gel de melocotón que siempre llevaba consigo a todos los viajes. Se enjabonó la pelvis y el culo y se enjuagó. Miró dubitativa el vestido y el tanga. No se atrevía a salir totalmente desnuda. Giró en el espejo mientras se giraba y admiraba su cuerpo. Había comenzado a depilarse completamente a petición de su exnovio. En su juventud se había tatuado una parra de olivo que le recorría la cintura por delante y le encantaba lo sexy que quedaba.

    Se giró para mirar su culo por encima de su hombro. Definitivamente era uno de sus mejores perfiles. Se abrió las nalgas. Le ponía nerviosa la más que posible opción de anal esa noche. El tamaño de lo que le esperaba distaba mucho de lo que había experimentado con su novio. Tenía problemas para ir al baño cada vez que viajaba. Esa tarde se había aplicado un mini enema de viaje para evitar situaciones incómodas en la boda, así que en ese aspecto se sentía confiada.

    Al final optó por ponerse el tanga de encaje negro. La ponía cien que la terminaran de desvestir. Y el conjunto de lencería negro que había escogido resaltaba sus tetas y su trasero. De nuevo pensó que los había comprado pensado en su novio pero que se jodiera. Al final salió de la habitación. Marc y Raúl estaban sentados y aplaudieron socarronamente. Se levantaron y pidieron un rato en el baño para ellos mismos. Lucía se tumbó en la cama. Desde el baño le llegó el sonido de la cisterna y de agua correr. Aunque le había extrañado que medio la ignorasen también agradecía la higiene.

    Finalmente los dos salieron del baño. La entrepierna de Lucía le dio otra descarga. Los dos habían descartado toda su ropa y salían totalmente erectos. Su mirada comenzó en sus torsos con pectorales y abdominales marcados y ese triángulo inguinal que volvía loca a cualquier mujer. Marc mantenía un vello corto en el pecho, casi una sombra. Raúl estaba totalmente depilado. Ninguno de los dos tenía rastro de pelo púbico. Había algo condenadamente erótico en ver andar hacia ella a dos hombres desnudos y empalmados. Marc ya era más grande que cualquiera que hubiera visto. Pero Raúl era obscenamente enorme. Los dos se pararon frente a ella apuntándola directamente. Marc la cogió de la mano y la levantó para colocarla entre los dos, como en el ascensor pero ellos sin ropa y ella en sujetador y braguitas.

    Raúl a su espalda comenzó besarle en el cuello por la izquierda y Marc enfrente, por la derecha. Sus cuerpos la comprimían y notaba sus miembros contra ella. Los dos pares de manos la recorrían de arriba, abajo. Raúl desabrochó su sujetador pero quedó sujeto por el pecho de Marc y la proximidad de sus cuerpos le impedía sacar los tirantes de sus brazos. Lucía no paraba de gemir y consiguió separarles un poco para lograr acceso. El sujetador cayó al suelo. Alcanzó sus pollas y comenzó a disfrutar de su grosor bombeando con sus manos invertidas.

    Tuvo que soltarles cuando empezaron a bajar por su cuerpo, uno al frente y otro por la espalda, recorriéndola con sus lenguas. Marc se detuvo un momento para mordisquear uno de sus pezones, causándole un nuevo escalofrío. Finalmente llegaron a donde querían. Los dos estaban de rodillas. Parecía que la estuvieran adorando. Raúl comenzó a masajear en círculos su trasero.

    – Este culo no es normal, colega.- exclamó Raúl mientras enganchaba los hilos del tanga y se lo bajaba por las piernas hasta los tobillos. Lucía levantó un pie y luego el otro. Raúl descartó la última prenda innecesaria ya.

    Marc le hizo apartar las piernas y acercó la cara a su coño. La punta de su lengua la recorrió de arriba abajo. Se detuvo en su clítoris, inflamado a estas alturas, y empezó a jugar con él círculos. Lo succionó levemente y volvió a bajar. Para disgusto de Lucía se apartó un momento para hablar con Raúl. Su cara brillaba con los fluidos de Lucía.

    – Tienes que probarla tío. Sabe a melocotón.- Volvió a dedicarle sus atenciones silueteando sus labios inferiores para regresar a su clítoris. Empezó a alternar sus lamidas y a penetrarla con su lengua para hurgar en su interior totalmente empapado a estas alturas.

    Lucía sintió como Raúl apartaba sus nalgas y exclamó un grito de sorpresa intercalada en su respiración marcada por el placer cuando sintió la lengua en su ano. Nunca le habían hecho un beso negro. Raúl lo rodeó antes de meter también su lengua dentro. La sensación era increíble. Dos hombres lamiéndola como si fuera la cosa más deliciosa que hubieran probado. Además la excitaba tenerlos a los dos dedicados completamente a ella sola. Sus manos buscaron sus cabezas y les acarició el pelo. Sus caderas parecían moverse por su cuenta para acompañar sus bocas. Cuando estaba al límite, Marc se apartó y se puso en pie. La cogió de la nuca y le dio un largo beso húmedo de saliva y líquidos vaginales. La mano de Marc bajó para jugar con su clítoris mientras Raúl seguía devorando su agujero de atrás. Lucía quería el alivio del orgasmo pero Marc controlaba el paso perfectamente.

    – Pongámosla en la cama.

    Raúl se apartó y Marc la empujó para que cayera cuán larga era en la cama. La cogió de las piernas y tiró de ella hasta que su culo estaba justo en el borde. Sin soltarla las levantó para que estuviera tumbada en el colchón y con las piernas en uve mirando al techo. Totalmente expuesta.

    – Sujétala.- Le pidió Marc a Raúl.- Que pueda verlo.

    Este se subió a la cama y se arrodilló sentado sobre sus piernas. Cogió la cabeza de Lucía y la colocó sobre su muslo para después cogerle los tobillos y mantenerlas en alto. Su polla descansaba en el hombro de Lucía. El mástil le rozaba la cara. El calor de la sangre acumulada en su mejilla era insoportable. No podía chuparla pero se giró y comenzó a recorrer con su lengua la parte que alcanzaba. También sabía a melocotón. Los dos debían haberse lavado con su gel.

    Volvió a girar la cara con rapidez para ver las acciones de Marc. Se había sentado en la cama al lado de Lucía. Se inclinó y apoyó una mano en su bajo vientre, ejerciendo una ligera presión. Junto tres dedos de la otra y empezó a introducírselo en su rajita caliente. Los curvó dentro de ella y empezó a girarlos hasta que encontró ese bulto interior que guardaba todo el placer, el mítico punto g. Comenzó a follarla con la mano, con un ritmo lento al principio y acelerando según le marcaban los gemidos de Lucía. Aumentó la presión en su barriga ligeramente.

    Lucía no podía hablar, solo incorporarse y mirar sorprendida a Marc que le devolvía la mirada con una sonrisa irónica. Ni siquiera podía gemir. Una sensación indescriptible comenzó a invadirla. Registró levemente, como de fondo, el sonido de chapoteo que Marc creaba en su coño con su mano. Un orgasmo multiplicado por diez comenzó a recorrerla su cuerpo mientras una necesidad de alivio la hacía convulsionar. Marc retiró la mano rápidamente y Lucía explotó con un grito.

    Sus ojos se abrieron de sorpresa cuando una fuente de fluidos salió despedida de ella y alcanzó la mesa enfrente de la cama. Marc volvió a meterle tres dedos frenéticamente y la llevó hasta un segundo orgasmo explosivo. Esta vez no se retiró de dentro de ella. Sus fluidos se esparcieron por sus muslos y la mano de Marc. Se derrumbó sobre la pierna de Raúl que la soltó. Apoyó las piernas en el suelo y se abandonó. En unos minutos había tenido el doble de orgasmos que con sus novios. Bueno, en intensidad se multiplicaban por diez. Y ni siquiera había empezado con sus rabos.

    Marc miró divertido a Raúl.

    – Creo que te toca a ti ir primero ¿no?

    Raúl se rio. Marc siempre hacía la misma broma. En realidad a Marc le encantaba mirar así que siempre empezaba él. Se levantó de la cama y ayudó a ponerse de pie también a Lucía. Ella se había convertido en un juguete en sus manos y tenía poco que decir. Raúl la dirigía y la hizo tumbarse en la cama. Lucía creía que quería follarla a lo perrito pero él la hizo yacer boca abajo con sus pechos pegados al colchón y los brazos hacia delante. Marc se acomodó en el sillón y comenzó a masturbarse lentamente.

    Con la mejilla pegada a la sabana, Lucía solo podía verle de reojo. Sintió como le abría las piernas y se arrodillaba entre ellas en el sofá. Raúl solo podía pensar en ese culo. Con una mano separó las nalgas y con la otra recogió parte de la humedad que aún rebosaba de ella. A la vez abrió la boca y dejó caer una gran cantidad de saliva. Con ambos, lubricó el perineo y el borde interior del culo de Lucía. Cuando estuvo a su gusto colocó su miembro entre los glúteos y los apretó para que le apretaran por los dos lados. Comenzó a moverse y hacerse una cubana con su culo.

    Lucía se estaba volviendo loca. Su cuerpo le pedía ser penetrada. Sentir la polla entre su culo y los huevos de Raúl chocando con sus labios hinchados era demasiado. Raúl pareció leerle el pensamiento. Se tumbó encima de ella, aplastándola contra la cama. Sentía su respiración en su mejilla. No podía moverse pero el torso de Raúl, caliente y pegajoso por el sudor, se sentía genial. Raúl levantó las caderas y su polla encontró la entrada a su vagina. Solo la punta ya hizo alucinar a Lucía. Raúl le metía un par de centímetros y paraba unos segundos, para continuar muy despacio.

    – ¿Qué tal tío?

    – Joder, joder, es muy estrecha tío.

    – Coño Raúl, contigo todas son estrechas.

    Lucía estaba totalmente de acuerdo. Parecía que la estuviera partiendo en dos. Nunca se había sentido tan abierta. Raúl por fin estaba completamente dentro. Lucía podría jurar que le llegaba hasta el estómago. Raúl se quedó dentro de ella y empezó a mover sus caderas en círculos. Lucía no pudo más y tuvo un nuevo orgasmo, más tranquilo pero no podría soportar uno como los anteriores. Cuando terminó, Raúl salió hasta dejar solo la punta dentro, esperar unos segundos y volver a entrar. Combinaba embestidas pausadas para disfrutar del húmedo interior con otras en las que dejaba caer su peso de golpe.

    Cuando sintió que sus huevos se empezaban a contraer, aceleró el ritmo. El moño de Lucía se había deshecho y apartó su melena de la espalda. Enterró la cara entres sus omoplatos y comenzó a lamer el sudor que cubría su espalda mientras abrazaba su piel con el aliento de sus gemidos. El cuarto orgasmo de Lucía la hizo apretar sus músculos interiores y le llevó al límite. Se incorporó y sacó su miembro. Sin tocarse, se derramó en cinco potentes y casi dolorosos espasmos y cubrió gran parte de la espalda de Lucía con su semen.

    Raúl se derrumbó a su lado en la cama boca arriba. Lucía se incorporó sobre un codo y miró su cuerpo reluciente de sudor. Estaba exhausta pero no quería ni podía parar. Se fijó alucinada en que la polla de Raúl seguía enhiesta y apuntando al techo. La tenía totalmente hipnotizada. Decidió tomar el control. Con una mano le agarró la polla a Raúl y con suaves tirones hizo que se colocara justo en el centro de la cama. Ella se sentó a horcajadas sobre una de sus rodillas.

    El pene de Raúl estaba resbaladizo por su propia humedad interior pero se inclinó y cubrió la punta con una generosa cantidad de saliva. Recorrió con su mano toda su longitud para extenderla y lubricar bien el trozo de carne. Con la otra mano, recogió parte de su leche de su espalda y la extendió en la entrada de su ano. Despacio y con ayuda de la lubricación, se metió un dedo y empezó a moverlo. Cuando su esfínter se iba acomodando a la intrusión añadía otro. Pronto tenía los cinco dígitos de en forma de cuña dentro de su trasero. Mientras frotaba su entrepierna en la rodilla de Raúl para unir dolor y placer sin dejar de pajearle.

    Cuando estuvo satisfecha, se levantó y se dio la vuelta. Raúl admiró su espalda cubierta de líneas blancas y ese perfecto culo. Sus ojos trazaron la línea perfecta e imaginaria desde su capullo hasta la pelvis de Lucía. Está se acuclilló sobre él y mientras mantenía el equilibrio con una mano sobre su piernas llevó la otra hasta la polla de Raúl. Alineó su glande con su entrada trasera y empezó a bajar lentamente. A pesar de su preparación manual no era tarea fácil. Se inclinó un poco más hacia adelante y bajó la cabeza para tener una mejor visual. Deslizaba unos unos pocos centímetros y paraba. Dejaba que su esfínter se amoldara a su grosor y el dolor momentáneo se convirtiera en placer. Gruesas gotas de sudor resbalaban por su rostro a través de un maquillaje arruinado

    – Hostia puta!. Se la ha metido entera.- Incluso Marc se sorprendió.

    Lucía se tomó un momento. La polla de Raúl había desaparecido completamente. La posición no la permitía casi moverse y Raúl estaba claramente incómodo.

    -Me la vas a partir.- La cogió de la cintura y tiró de ella hacia atrás.

    Lucía se inclinó y giró los brazos apoyándose en los pectorales de Raúl. Levantó las rodillas y comenzó a subir para bajar y empalarse en su miembro. Marc apreció el espectáculo. El cuerpo inclinado en diagonal de Lucía con sus tetas en todo su esplendor. Raúl la acogió de los glúteos y empezó a ayudarla a marcar el ritmo. En ocasiones la mantenía parada en alto para culear él más rápido.

    – Sí, cabrón, sí. pómpeme el culo, rómpemelo.- Lucía había pasado del dolor al más absoluto placer.

    Marc decidió que ya no podía esperar más. Se subió de pie al colchón y empezó a refregar su rabo contra la boca de Lucía. La hizo tocar la armónica. La cabeza de Lucía se movía de izquierda a derecha acariciando de lado a lado el mástil de Marc con los labios. Cuando a los cinco minutos giró la cara, Marc aprovechó la oportunidad y se la metió en la boca. Sin embargo, en esa posición no podía dedicarse a la mamada.

    – Raúl tío quédala quieta. Quiero follarme esta boquita.

    Raúl detuvo con sus manos el culo de Lucía y comenzó a bombear sus caderas despacio, muy despacio. Marc sujetó a Lucía por la nuca y comenzó también a meterla y sacarla en su boca con golpes de cadera. Cada vez que se retiraba, goterones de saliva resbalaban de sus labios hasta su barbilla. Marc intentó entrar entero pero cuando llegó a la entrada de su garganta, Lucía hizo sonidos de arcadas. Una vez conocido el límite, Marc aceleró el ritmo. Lucía miraba hacia arriba a sus ojos mientras él se hacía una paja húmeda dentro de su boca. Aquello excitó a Marc y con un joderrr, salió de entre labios y puso sus huevos en la boca de Lucía sin soltarle la coronilla. Ella sacó la lengua y Marc volvió mover sus caderas para ayudarla a lamer sus pelotas. Mientras Marc comenzó a meneársela furiosamente apuntando al techo. Pronto estalló en un arco largo de semen que aterrizó en el suelo de la habitación, más allá de la cama. Los siguientes cayeron sobre las sabanas y en el hombro de Raúl.

    – Coño, ten cuidado.

    – Ya sabes, Raúl. Fuego amigo en el fragor de la batalla.- Marc se sentó en la cama y guio una de las manos de Lucía hasta su miembro semierecto. Lucía le pajeó a la par que las embestidas de la follada de Raúl. En unos segundos volvía a estar empalmado.

    – Raúl, termina ya. Quiero metérsela yo.

    – Espera joder. Si se la saco, no sé si podré entrar otra vez.

    Lucía estaba cansada. A pesar de la sensación de lujuria con Raúl dentro de ella, no había alcanzado un nuevo orgasmo. Si los chicos empezaban a tomar turnos con ella, no sabía cuánto duraría su estamina. Podían tenerla un buen rato más como su muñeca hinchable. Llegados a ese punto, ya podía intentar algo que siempre la había interesado en las películas porno. Soltó a Marc y comenzó a acariciarse el clítoris. Lanzó una mirada sugerente a Marc mientras se humedecía los labios.

    – No tienes por qué esperar.

    Marc aceptó la invitación. Se puso de rodillas entre las piernas de Raúl y maniobró para enganchar las piernas de Lucía con sus brazos y levantarlas para dejarla totalmente expuesta. Raúl paró para dejar que Marc ocupara su coño. La polla de Marc comenzó a deslizarse lentamente. Lucía se mordía los labios. Cuando estuvo en su interior, saboreó la sensación de plenitud que le daba tener sus dos agujeros llenos de carne. Marc y Raúl se mantuvieron quietos. Era la tercera doble penetración que culminaban. Y nunca con Raúl en la retaguardia. El esfínter de Lucía se había vuelto mucho más estrecho. Marc podía sentir las paredes húmedas de Lucía comprimiendo su polla a la vez que sentía la de Raúl a través de la fina membrana que las separaba.

    Marc empezó a moverse. Raúl lo intentó pero era complicado con esa pirámide sexual. Marc levantó algo del peso de Lucía y, tras un par de intentos cogieron el ritmo. Cuando uno salía, el otro entraba. En ocasiones coincidían los dos dentro y esperaban unos segundos para que los tres disfrutaran de la ocasión. Marc llevó la mano al hinchado clítoris de Lucía y aceleró sus empellones. Los dos empezaron follarla muy duro. De nuevo, el placer creció desde la pelvis de Lucía en un nuevo orgasmo. Los chicos ni se inmutaron. Continuaron reventando sus agujeros durante otros 10 minutos. Ninguno de los tres hablaba. Solo respiraban y jadeaban entre gemidos. De vez en cuando masajeaban sus pechos y pellizcaban sus pezones. Lucía acabó derrumbada sobre el cuerpo de Raúl. Tenía que parar.

    – No puedo más, no puedo más. – susurró mientras besaba a Raúl con la cara vuelta- No `puedo más.

    Lucía no lo entendió pero Raúl le gritó pepino a Marc y este paró de inmediato. Se retiraron y la levantaron con una delicadeza que contrarrestaba la dureza con que la habían follado antes. La tumbaron en la cama boca arriba y Raúl incluso la beso en la frente mientras acariciaba su pelo sudado. Los chicos habían pasado de ser sementales salidos a unos caballeros. Raúl se lo explicó.

    – Es una larga historia. Pero pepino es como nuestra palabra de seguridad.- De rodillas cada uno a su lado acariciaban gentilmente sus pechos. Sus pollas duras palpitaban a escasos centímetros de su boca. Pensó en chupárselas pero le dolía la mandíbula de la felación de Marc. En realidad, todos sus agujeros la escocían de una manera deliciosa. Y Raúl acababa de estar en su ano. De nuevo, Raúl pareció entenderla. – ¿Podemos corrernos en tus tetas?

    Lucía asintió y los dos empezaron a masturbarse rápidamente. Lucía les masajeó los huevos. Casi a la vez, sintió que se contraían en sus manos. Primero Marc empezó a soltar leche sobre ella, seguido muy cerca por Raúl. Los dos se apretaron los glandes para exprimir la última gota sobre ella. Se tumbaron con suspiros de alivio a su lado. Lucía extendió el blanco líquido caliente sobre sus senos para mezclarlos con su sudor. Por las rendijas de las cortinas, Lucía vio que empezaba a amanecer. Había sido la mejor noche de sexo de Lucía en toda su vida. La habitación se había impregnado de ese olor lujurioso que sigue al sexo.

    – Creo que me voy a duchar.- Los chicos paseaban sus manos por sus muslos. Aún sin ganas de sexo, Lucía no quería despedirlos todavía.- ¿Os quedáis a dormir?

    – Claro cariño.- dijo Raúl. Parecía más confiado tras el sexo.- Pero creo que deberíamos ducharnos antes.

    Lucía volvió a deleitarse observando sus cuerpos. Sus entrepiernas entremezclaban restos de fluidos propios y de ella.

    – ¿Los tres juntos?

    – Sí claro. Hay que ahorrar agua.

    Lucía juró que la polla de Raúl se había movido. Pero no estaba dispuesta a más aquella noche. Quizás sí en los días que le quedaban de vacaciones en la ciudad.

    – De acuerdo. Pero sin tonterías, no creo que pueda con vuestros rabos más esta noche.

    Entre risas los tres fueron al baño. En el suelo estaba la ropa que los tres habían descartado al principio. Tras calentar el agua, entraron en la ducha. Era amplia pero los tres entraban justos. No era posible moverse sin tocarse. Se besó bajo el agua caliente, primero con uno y luego con otro. Los chicos la enjabonaron y ella a ellos. No pasó mucho tiempo hasta que notó sus erecciones contra sus muslos. Al mirar hacia abajo y suspirar, Marc se rio.

    – Cariño, somos humanos. Con ese cuerpo no hay quien se resista.

    – Bueno, tampoco os vais a ir a la cama así. Apaga el agua.

    Marc cerró el grifo y Lucía los agarró de las pollas y los sacó de la ducha. Su boca se había recuperado así que se puso de rodillas entre los dos y se las meneó. Con la cara hacia arriba les miró y empezó a lamerles. Usando mucha saliva, les recorría de la base, jugueteando con la punta de su lengua con sus testículos, hasta el capullo enrojecido por la sangre. Alternaba sus atenciones entre uno y otro. Con suaves tirones, les acercó hasta que sus glandes casi se tocaban. Las sostuvo a la altura de su boca. Sacó la lengua y empezó a pasarla de uno a otro rápidamente. Les separó de nuevo y empezó a chuparles con todas sus ganas. Cuando notaba que uno estaba a punto pasaba al siguiente. Los llevó al límite dos veces hasta que se corrieron por última vez. Raúl escogió su cara y Marc sus tetas de nuevo.

    – Cabrones. Me voy a tener que duchar otra vez pero esta vez sola. – Dándoles cachetes en el culo les obligó a salir de la habitación.

    Una vez sola Lucía se lavó los dientes, orinó y volvió a ducharse. Recogió el vestido del suelo y salió desnuda del baño. Los chicos habían intentado arreglar la habitación. Las sábanas manchadas por los fluidos de todos estaban medio escondidas en un rincón. Las habían utilizado para medio limpiar todo lo que se había derramado en el suelo. Habían vuelto a hacer la cama con sábanas de repuesto en el armario. Todos unos caballeros. Marc y Raúl se turnaron para ir al baño y finalmente los tres se echaron en la cama para dormir.

    Marc se tumbó en un borde de la cama y enseguida se quedó dormida. Lucía se tumbó en medio y sonrió encantada cuando Raúl se situó al otro lado e hizo la cucharilla con ella. Pasó un brazo por debajo de la cabeza de Lucía para que ella descansara sobre su bíceps. Con el otro pasó por encima de su cintura y descansó su mano en su pecho. Su entrepierna flácida pero caliente se ajustó entre sus muslos y colocó su cara en el pelo de Lucía. Sentía su respiración en la nuca. Podían llamarla tonta por sentirse romántica tras una noche de sexo con dos extraños. Pero adoraba que la abrazaran tras follar. Los dos se quedaron dormidos.