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  • El hombre de la casa (Cap. 2)

    El hombre de la casa (Cap. 2)

    Al abrir los ojos al día siguiente me dije a mi mismo que todo había sido un sueño, pero volví a la realidad cuando miro al costado y estaba mi hermana con sus tetas al aire y su diminuta tanga, para empeorar las cosas me desperté con la verga dura como un garrote cosa que no pasaba en mucho tiempo, en ese momento me invadió una culpa inmensa y decidí vestirme rápido he irme a trabajar al campo sin desayunar ni nada, no me quería cruzar con nadie en la casa.

    Estuve toda la mañana pensando y culpándome por lo que había sucedido la noche anterior. Pero llego la hora del almuerzo y no que quedo otra opción que volver a la casa no podía andar todo el día en el campo además ya había terminado todo el trabajo ya que el campo estaba sembrado y no había mucho que hacer.

    Me quede parado en frente de la puerta de la entrada de la casa, tome aire y entre, al verme todas empezaron a saludarme ya que no había visto a nadie en toda la mañana. El almuerzo trascurrió con normalidad pero a medias porque siempre evitaba cruzar la mirada con Anabel aunque a ella se la veía con total tranquilidad, otra cosa que note en el almuerzo que cada mujer que se paraba a buscar algo a la cocina por puro reflejo le miraba el culo, a mis ojos no le importaba si eran mis hermanas, sobrinas o hijas, esa situación me hacía sentir peor todavía.

    Después del almuerzo me encerré en mi cuarto pero a las cinco de la tarde me voy debajo de la planta en frente de la casa a tomar unos mates, con mi maya de verano y nada más, ya que en enero en argentina hace mucho calor y provechando que las catorce mujeres de la casa estaban en la pileta o tomando sol en la parte trasera me fui a la otra punta de la casa.

    Mientras estaba mirando al horizonte pensando en la nada cosa que no había pasado en todo el día, veo que se acerca mi sobrina Johana que es la hija mayor de Belén, Johana tiene 24 años, Toda mi tranquilidad se me termino cuando la veo caminando así mi lugar, no solo porque estaba esquivando a toda mujer de la casa, sino que venía con su bikini que tapaba muy poco, con su hermoso pelo lacio negro que le llega hasta la cintura, sus ojos color marrones achinaditos, y con sus tetas rebotando en cada paso que daba con sus piernas estilizadas, solo me quede mirando cada paso que daba hacia mi lugar disfrutando la vista.

    Ella se queda parada frente a mí con su rostro de niña buena y me dice:

    -tío Carlos me vas a cebar unos mates que allá somos muchas y no me dieron ni un mate.

    -Si claro como no te voy a dar mates, si son demasiadas allá para tomar con un solo mate -mientras terminaba de decirle esto busco una silla para sentarse al frente mío pero cuando fue a buscar la silla no puede evitar mirar su culo, tiene un culo chico si lo comparamos con el resto de la mujeres de la casa, pero con sus largas y hermosas piernas, el pelo largo hasta el culo, que a mi encanta las chicas de pelo largo y su piel blanca que contrasta con el color de su cabello la hace una mujer hermosa.

    Después de un ratito me pregunta:

    -¿te gusta el campo o preferís la ciudad?

    Si tenía que responder con sinceridad le tendría que haber dicho, que prefería el campo, por la tranquilidad, pero no me gusta convivir con tantas mujeres por que hoy he estado todo el día nervioso y con la verga dura, pero le respondí:

    -me gusta mucho mas el campo a ¿vos? -en ese momento note que mi verga estaba dura, con la maya era muy difícil disimular y las grandes tetas de Johana no ayudaban para nada.

    -A mí me gusta mucho mas el campo aunque extraño salir a pasear y encontrarme con mis amigas, salir, comprar ropa y a bailar, pero ya que hora somos pobres por culpa del ladrón de mi padre, hay que acostumbrarse a la nueva vida.

    Para cambiarle de tema y no recordarle que el padre de ella nos robó casi todo y se fue con una chica de 20 años y no hablo más con sus hijas le dije:

    -Por suerte nos quedó este campo por lo menos, además eres joven podes encontrar un trabajo o conseguir un novio rico -me empecé a reír

    Ella me sonrío y me dice:

    -o una novia con plata, mejor una novio y una novia con plata total para soñar no cuesta nada -me volvió a sonreír.

    Aunque la charla era divertida como una charla común entre tío y sobrina pero cada vez mi verga estaba más dura para disimular puse mi mano sobre mi bulto de mi maya pero al hacerlo ella miro enseguida como que noto mi excitación. La noche anterior con Anabel lo estaba cambiando todo, yo un día atrás podría haber pasado cien mujeres desnudas que no me hubiese movido un pelo ahora mi sobrina en bikini son sus grandes tetas frente mío me estaba volviendo loco, para no parar de hablar y a ver si mi cabeza podía pensar en otra cosa le digo:

    -y si porque no un hombre y una mujer mientras seas sincera con los dos no tiene que hacer problemas estamos en el 2021 hay que tener la mente abierta.

    -Ojala todos tuvieran la mente abierta, pero hay muchos retrógrados todavía, y tu novia ¿para cuándo?

    En la última pregunta apoyo sus codos en sus piernas dejando ver gran parte de sus tetas, cosa que no ayudaba a mi erección y mis ojos clavaban cada uno de los segundo en esas perfectas tetas contra mi voluntad, para disimular un poco le respondo:

    -Yo estoy viejo, gordo, y me estoy quedando con pocos pelos mi oportunidad ya paso a cambio a vos te queda toda la vida

    -Pero a las chicas nos gustan los hombres con experiencia, si es gordo y largo mejor -mientras decía gordo me cerraba un ojo con picardía

    La pendeja atrevida me estaba contando de cómo le gustan las vergas y yo estaba que explotaba una semana en el campo y era el primer día que no estaba cómodo pero para que no se note mi incomodidad seguí la conversación diciendo:

    -Bueno el tiempo dirá si hay alguna mujer para mi

    -Vas a ver qué vas a encontrar más de una -la charla siguió y se convirtió en una charla banal a la media hora se levanta y me dice- me voy a bañar y a cambiar que estoy toda transpirada la próxima yo te cebo unos mates y se va caminando como toda una modelo de pasarela.

    Me doy vuelta para mirar su culo, se le había metido la bikini toda dentro dejando sus hermoso cachetitos del culo al aire mi ojos se quedaron pegados sin poder evitarlo pero con tanta mala suerte la mía que no había visto a Anabel que me estaba mirando desde la ventana con una sonrisa de oreja a oreja. Me di vuelta seguí tomando mates tratando del olvidar lo ocurrido y bajando me excitación de a poco.

    Llego la hora de la cena todo normal, yo sentado en la cabecera y siete mujeres sentadas a cada lado de la mesa mi cuñado todavía no había llegado del trabajo, él era contador es raro que llegue tarde pero le reste importancia, la charla fue una charla casual, yo tratando de mirar hacia la mesa porque cada vez que levantaba la mirada se me clavaba en algún escote. Termine de cenar y me fui a mi cuarto rápido no me quería quedar a mirar tv por si alguna de las chicas se quedaba.

    Me está durmiendo todo destapado solo con mi bóxer esperando tener una noche más tranquila que la anterior pero no podía estar más equivocado.

    Entra a mi cuarto Anabel con un conjunto de ropa interior muy parecida a la noche anterior pero más transparente y de color rojo y me dice:

    -¿te estabas por dormir sin mí?

    Automáticamente mi verga dio dos saltitos al verla tan sexy, con ese conjunto de ropa interior que solo tapaba sus pezones y su concha, dejaba a la vista todo su cuerpo fitness realmente es una morocha de en sueño si no fuera mi hermana y me hiciera sentir tan culpable por disfrutar de su belleza, después de mirarla unos segundo de arriba abajo le dije:

    -todavía no te amigaste con Belén

    -Si me amigue de vuelta, pero me dijo que si me pensaba masturbar que me venga a dormir a tu cuarto, como anoche no me toque por tu prueba estuve todo el día muy caliente -sin decir más se acostó pegada a mi lado.

    -Eres insaciable no podes pasar un día sin tocarte, no es tan difícil -le dije, mientras miraba su boca que se la había pintado de un rojo llamativo.

    -Para vos no es difícil, pero cambiando de tema cuéntame de ¿qué hablaste con Johana?

    -Que curiosa que eres Anabel, solo fue a tomar mates y conversamos de la vida pero nada como para contar.

    -La pendeja esa es putita como la tía me parece, fue a comprar si lo que les conté en la pileta era cierto -me cerro el ojo con picardía.

    No termino de decir esa frase y me lleno de preocupación le habría contado de la “prueba”.

    -¿Qué contaste? No abras contado todo lo de anoche

    Ella riendo me dice:

    -no tonto no te preocupes, solo le dije que a la noche me levante al baño, vos estabas durmiendo con la pija dura y se te marcaba en el bóxer, y que para mí media más de 20 cm, solo fue una charla de chicas no te la medí pero si mide más de 20 –se volvió a reír a carcajadas

    Por un lado estaba bastante enojado por haber dicho eso con todas las integrantes de la familia pero también me había picado la curiosidad de que habían dicho des pues de este comentario de Anabel así que le dije:

    -No sé cómo sale en una charla el tamaño de mi pija pero ya que lo comentaste en la pileta ¿Qué dijeron? -ahí le sonreí para que me cuente y no se haga la difícil.

    La verdad ninguna me creía aunque todas hicieron el mismo comentario, que bien me vendría una pija grande ahora. Todas menos las vírgenes de la familia que por cierto ahí más de la que pensaba, entre ella mi hija la verdad no lo puedo creer.

    -Que tiene de malo que Aldana sea virgen es joven -Aldana la hija de Anabel recién tiene 18 años, aunque es una morocha de 1,70 cm de ojos verde, flaquita con casi nada de tetas pero con un culo grande y bien redondo aunque solo la vi en bikini no piensen mal, y con una cara angelical, no tenía nada de malo que sea virgen.

    -No de malo no pero es mi hija yo a su edad ya había tenido una hija y más de cien hombres en mi cama. Esperaba que mi hija ya a su edad ya estaría disfrutando del sexo y ni siquiera ha visto una pija.

    -Ya va a conocer a alguien de su edad que se sienta cómoda y le entregue su virginidad no seas impaciente.

    -No soy impaciente pero se le están pasando sus mejores años y tu hija Marisol también es virgen ¿sabías?

    -No sabía no hablo de sexo con mis hijas, además ya van a tener sexo cuando ellas lo sientan oportuno no hay que apurarlas -hablar de sexo con mi hija para mí era misión imposible pero me alegraba que mi hija menor sea virgen todavía.

    -Vas a ser cerrado hermano, pero vamos a dejar el tema acá porque te tengo que pedir un favor para sacarme una duda -me miro de reojo con una mirada picarona.

    Yo sabía que me iba a pedir algo que realmente me iba a molestar pero tuve que preguntar de todas formas .

    -¿Qué favor me vas a pedir?

    -Hoy a la tarde cuando saque el tema de tu verga me quedo la duda a mí cuanto realmente te media bien dura ¿me dejas que te la mida?

    Me iba a negar rotundamente pero la noche anterior me hiso pete, medirme la verga no me pareció nada fuera de lo común si lo comparamos con la noche anterior así que le dije:

    -bueno dale pero que sea rápido.

    Ella se levantó de la cama corriendo después de unos minutos regreso con una sonrisa de oreja a oreja y con una cinta de medir ropa en su mano derecha y me dijo:

    -destápate y sácate el bóxer

    Yo como un hermano obediente le hice caso y me quede totalmente desnudo con mi verga hinchada pero aun no dura. Yo sabía que me iba a arrepentir pero también sabía que la podía pasar muy bien.

    Ella se colocó de rodilla en la cama en frente de mi verga y empezó a tocarla con suavidad y lento desde mi grande a mis huevos una y otra vez.

    Empecé a notar como mi verga empezó a tomar re guides y aproveche a estirar mi mano para empezar a tocar su culo grande y duro, después de unos minutos me empezó a dar chupones en mi grande y a jugar con su lengua la verdad que mi hermanita tenía mucha experiencia chupando verga.

    Cuando mi verga estaba realmente en su esplendor comenzó a sacar sus medidas que tanto quería y dijo:

    -Yo sabía que era la verga más grande que había visto, mide 24 cm desde la punta a la pelvis pero lo que más me sorprende es su grueso tienes 16 cm de circunferencia, es muy larga y gorda estoy orgullosa de vos hermano -en ese momento me comió la boca y me volvió a agarrar la verga.

    No sabía si sacarla o seguirle el juego pero ella se veía realmente feliz y sacando que era mi hermana menor es una mujer hermosa además de eso le gustaba mi verga así que solo me deje llevar, la agarre del cuello con una mano la bese con mucha más pasión y con la otra mano se la metí por debajo de su tanga para tocar su peladita concha que estaba toda mojada.

    Mientras que nos estábamos tocando me dijo:

    -la quiero adentro mío a esta vergota -se corrió su tanga para el costado se sentó arriba mío y empezó a jugar con la puta de mi verga a la entrada de su concha que estaba ya toda empapada después de moverse unos segundo se sentó con todo en mi verga metiéndose la mitad de un solo golpe, pero un gran gemido que la ha escuchado toda la casa, una vez con la verga dentro siguió subiendo y bajando y la verga en cada subida y bajada entraba un poco mas.

    Mientras ella subía y bajaba como montando a un potro, le saque su corpiño para ver sus deliciosas tetas y comenzó a morder sus pezones, ya no me importaba nada tenía una hermosa mujer montando mi verga y los dos la estábamos disfrutando es lo único que importaba.

    Ya casi entraba toda la verga y la escucho decir “me vengo hijo de puta y comenzó a gemir” sentí como me chorrea sus jugos por mis huevos pero ella seguí moviéndose como una perra en celos y gimiendo que realmente me preocupaba por que la escucharía toda la casa.

    Cuando vi que ya había bajado el ritmo de sus movimiento le dije “pontee en cuatro que ahora te va entrar completa la verga”, ella se puso en cuatro, le saque la tanga del todo, apunte mi verga a la entrada de su concha, empuje con todas mis fuerzas metiéndole casi toda la verga de un empujón una y otra vez hasta que entro toda pero nunca baje el ritmo siempre le daba duro.

    Cuando ya estaba a punto de acabar le digo:

    -¿adónde te lleno de leche?

    Me dice con vos agitada “lléname la concha de leche tomo pastillas pero acaba ahora así acabamos los dos juntos”, mientras ella se empezó a mover en círculos miro hacia tras a mis ojos y saco la lengua como una perrita en celos.

    Con la imagen de Anabel en cuatro patas toda transpirada y mirándome como una gatita esperando su leche no pude aguantar más y comencé a eyacular con todas mis fuerzas y sin parar de moverme dentro de mi hermana unos segundos atrás de mi eyaculación la escucho gemir aún más fuerte que lo normar ella también había acabado por segunda vez.

    Nos quedamos rendidos en la cama tratando de recuperar nuestra respiración luego de un tiempo Anabel me dice:

    -a vos y a tu verga ahí que hacerle un monumento, lástima que no la voy a poder tener toda las veces que quiera.

    No estaba seguro porque decía eso pero después de esta noche y lo que había hecho con mi propia hermana sobre todo con lo bien que la pase por qué no poder repetir, así que le dije:

    -¿Por qué no la vas a tener cuando quieras?

    Ella sonriendo me dijo:

    -En la casa ahí dos hombres solo uno está todo el día en la casa, solo uno tiene la verga de un caballo y somos catorce mujeres no hay que ser egoísta, tengo que compartir no hay otra.

    Yo con cara de sorprendido porque en esas catorce mujeres son todas mis sobrinas, hermanas, hijas y su propia hija le dije:

    -me parece que estas divagando mucho.

    Moviendo la cabeza para el costado me dijo:

    -no, vas a ver que más de una mujer de esta casa va a caer rendida a tu verga y yo te voy a ayudar.

    No quería seguir la conversación porque estaba cansado y además no quería pensar en las mujeres de la casa ya tenía una desnuda en mi cama, además había tenido sexo después de un año. Me acerque le di un beso apasionado como si fuera mi novia y me di vuelta para dormir. Lo último que recuerdo que ella me abrazo y me dormí sintiendo el cuerpo caliente y desnudo de mi hermana menor.

    CONTINUARÁ…

  • Yo, Rosa, Sugar Baby para sobrevivir (2)

    Yo, Rosa, Sugar Baby para sobrevivir (2)

    Durante el viaje a mi casa, estuve reflexionando sobre el sentido de la llamada de mi hija mayor. Qué le diría? la verdad? Que tenía una relación? Que tengo un amigo especial?

    Mientras entretenía el pensamiento en estas cosas, para mi muy importantes, sonó el móvil, era Roberto. «Que tal estás preciosa, puedes hablar» Si, aunque voy en el tren

    —Bueno te comento, que tal te iría que pasáramos juntos la noche del jueves al viernes. Yo te recogería el jueves a media tarde aquí en Barcelona para irnos a Sitges. Te tengo una sorpresa preparada, una cena especial. Titubee unos instantes, pero le dije con rotundidad, «a mi me parece una excelente idea… a qué hora estaríamos en Barcelona el viernes….».

    —De esto quería hablarte, quizá a eso de las seis de la tarde, podríamos aprovechar la mañana paseando por la playa.

    —Me parece muy bien, donde quedamos el jueves?

    —Si te parece te recojo en plaza de España, junto a las Torres Venecianas, llevo un coche sport de color negro, un Carrera (omitió ls palabra Porsche, quizá para no parecer demasiado ostentoso) Mañana te concreto detalles. Un beso, y no te arrepentirás de haber aceptado.

    —Gracias por invitarme —susurre— espero complacerte.

    Iba en el tren, pendiente de las personas que estaban a mi alrededor, pero, no había nadie que pudiera estar pendiente de mi conversación.

    Al fin llegue a casa, me serené antes de subir. Mi hija mayor me estaba esperando.

    —Que tal mamá. Como te ha ido hoy —luego indicándome que bajase la voz y la siguiese, se dirigió hacia mi habitación.

    —Espera, están tus hermanas?

    —Solo la peque.

    —Le digo hola y voy contigo.

    ———————

    Mi hija, la que me haba llamado cerró la puerta de la habitación y con cara de querer saber mi vida me inquirió:

    —Mamá, dime la verdad, para que te has comprado toda estas colección de lencería? Tienes un novio? Cuéntame cuéntame.

    —… Yo puse cara de pícara… bueno verás, me gusta que me miren… y un bombón de vez en cuando… nos apetece a todas no? A ti no?

    —Pero dime vas en serio… la verdad es que ya te tocaría encontrar a alguien que te hiciera feliz. Cuéntame…

    Dudé un momento en explicarle la verdad, porque me daba vergüenza, y me inventé una versión edulcorada. «Mira hija he encontrado a un señor que está interesado en mi como mujer, como comprenderás, después de tanto tiempo sola y sin relaciones me ha subido el ego. Es un caballero de buena posición y con algunos contactos en el mundo empresarial que me ayudará en mis búsquedas de trabajo. Ya sabes que el mercado está mal y si tienes un padrino…

    —Pero mamá, este hombre va contigo solo por… Vamos ya me entiendes, porque con estos conjuntos que te has comprado no creo que os reunáis para hablar del tiempo.

    —Yo fui directa. «Anabel, si te refieres a si tenemos relaciones íntimas, pues sí, no te lo niego y me ha levantado de nuevo el deseo de sentirme amada. Lo llevo con discreción y de agradecería que no les comentases nada a tus hermanas».

    —»No te preocupes por ello mamá, pero vigila, no me gustaría que te hicieran daño.

    —»Descuida hija, se cuidarme, y soy consciente de que esta relación durará lo que yo tenga de atractivo para este hombre, que además también precisa de sigilo en nuestros contactos, porque tiene una familia detrás.»

    —»Y no piensas que con tu actitud puedes romper una familia»?

    —Desde el momento que él busca sexo fuera de casa, es que su relación con su esposa está rota.

    —Te quiero mamá, disfruta, pero ten cuidado.

    ———————

    Salimos ambas al comedor, mis otras dos hijas correteaban por la cocina, así que nos dispusimos todas a preparar la cena. Yo aproveché para hablarles de «mi trabajo» que se suponía de venta y captación de seguros, y les apunté que posiblemente tendría que ir a Madrid a una reunión a la central, que esperaba mantuvieran la casa en orden. La cosa, quedó así, sin más, aunque pensé explicarle a Anabel, donde iba a estar por si me necesitaban o yo a ellas ante cualquier imprevisto.

    Estaba ya en la cama, cuando recibí un wasap de Luis.

    —»Ha sido una jornada maravillosa, eres una mujer diez en todo. Estoy pensando en tu disponibilidad en acompañarme a un viaje. Tengo que ir a Roma, y después de las reuniones de trabajo, tendré tiempo suficiente para dedicártelo. «Y apostilló sería dentro de dos semanas. Dime algo para la reserva de vuelo. Tu Romeo rendido a tus pies»

    Empecé a reflexionar muy en serio. La verdad es que no hablamos de «mis emolumentos en Roma» pero supuse que serían sustanciosos igual que imaginé que mi noche en Sitges tendría una compensación generosa.

    Lo que no sabía es que en Sitges se celebraban unas jornadas de Economía, y que mi papel de acompañante, no se reduciría al sol de la playa y la cena en el hotel. Pero esto, forma parte del capítulo siguiente.

    Un encuentro junto a Maricel

    —Luis, no me había explicado, ni tenía el por qué, que estaría de nuevo en Barcelona el jueves por la noche. Imagino que quería mantener cierta discreción respecto a nuestros encuentros, incluso en su círculo profesional. Yo, tal y como había pactado con Roberto, el jueves por la tarde con mi Trolley me iba a presentar en la plaza de España. Sin embargo una llamada telefónica una hora antes me cambió el punto de cita

    «Perdona, Rosa, te iría bien que te recogiera en el aparcamiento de la Estación de Sants? Porque llegaré con cierta antelación y en Plaza España es complicado para estacionar•

    Le respondí que por mi parte no había el menor problema. Así que cambié el punto de mi destino. Pero, también pensé en cambiar mi indumentaria. Aprovecharía los lavabos de la Estación de Sants para cambiarme de ropa y ponerme un poco más… digamos provocativa.

    Llegué con tiempo y en el estrecho margen del servicio me cambie de ropa. Me puse una falda bastante ajustada y más bien corta, que dejaba ver mis piernas hasta bastante más arriba de la rodilla. Como tengo mis extremidades inferiores bien torneadas, envueltas en unas medias negras, impactaban. Encima una blusa marcando bien el escote acababa de otorgarme una imagen de mujer curvy atractiva. Me pinté bien los labios con un rojo subido, y repasé mis pestañas.

    Noté la mirada de otras mujeres que entraban en los servicios, pensé, si ellas me miran, que no harán los hombres. Antes de volver al vestíbulo llamé a Roberto.

    —»Hola ven tranquilo, yo ya estoy en la estación, te espero junto al aparcamiento. Ya me verás.»

    —»Estoy muy cerca, en cinco minutos te recojo»

    Cinco minutos que me parecieron una eternidad, porque me notaba blanco de las miradas de los hombres. Realmente no pasaba desapercibida. Soy alta, de talla fuerte, y con mi indumentaria, era normal que se fijaran en mi.

    Mientras miraba aquí y allá tuve un sobresalto. Del vestíbulo de la estación emergía un hombre al que conocía bien, Luis… iba con una maleta de ruedas en actitud de buscar un taxi. Yo me fui apartando de su ángulo visual… cuando un claxon me advirtió de la llegada de Roberto.

    Caballero él, descendió del coche, me dio dos besos y colocó mi trolley en el maletero del coche. Fue entonces cuando ya estaba sentada en el vehículo de Roberto, que mis ojos se cruzaron con los de Luis. Me había visto y se acercaba, pero la presencia de Roberto le contuvo de llamarme. Yo disimulé, no sé hasta qué punto, porque algo advertiría mi acompañante que me dijo:

    —»Le conoces?

    —»A quien?» respondí como despistando.

    —»Al del traje azul que venía hacia aquí.»

    —No me he fijado»

    —Pues él si en ti. No te quitaba los ojos… lo he visto mientras aparcaba. Claro que es normal, estás muy seductora hoy.»

    —»Me lo he puesto para agradarte a ti»

    —Sin más arrancamos y nos dirigimos hacia la autovía de Castelldefels, para enlazar con la autopista del Garraf.

    Noté la llegada de unos wassaps al móvil, pero, no lo miré. Me dediqué a ser simpática con mi amigo, conversando sobre Sitges y su encanto fuera de la masificación del verano.

    —Espero que te guste —terció— vamos a ir a una reunión de trabajo en la que hay gente importante. Solo me dejaré ver un rato, y luego disfrutaremos tú y yo.

    Entonces le dije que quizá me había vestido un poco llamativa. Él le quitó importancia. La autopista estaba bastante concurrida. Probablemente de personas como nosotros que iban a estas Jornadas de Economía.

    Llegamos a las puertas de uno de los mejores hoteles, el portero abrió la puerta del lado derecho para que bajase cómodamente. Al tiempo que otro botones recogía nuestras maletas.

    —Se lo aparco señor, sugirió el muchacho.

    —Roberto asintió.

    —Pasamos a recepción. Había cola para registrarse, pero, los empleados iban rápidos.

    —Espérame en el bar. Sugirió Roberto.

    Entendí enseguida que no quería que nos vieran juntos demasiados ojos. Me senté en la barra y pedí una copa de vino blanco, un albariño. Fue entonces cuando noté que por detrás me acariciaban el brazo y una voz conocida me decía:

    —Vaya vaya… que pequeño es el mundo. Ya te he visto con tu acompañante en la Estación de Sants… me arrepiento de no haberte invitado yo.

    —Hola, acabo de ver tus wasaps, si mi hubieses dicho que venias, lo hubiéramos arreglado.

    —Bueno, todo tiene arreglo yo estoy en la habitación 345. Estos congresos son tediosos, así que, si tu acompañante está de trabajo, podemos vernos aunque sea poco rato. Te parece?

    En aquel momento me quedé azorada. No sabía cómo reaccionar. Así que le dije que sí, pero que disimulara, porque mi amigo le haba visto mirarme en la estación.

    —Cuando estés libre de él, envíame un wassap. El fin de semana es largo.

    Disimuladamente se fue, justo en el tiempo exacto para no encontrarse cara a cara con Roberto, que milagrosamente no se dio cuenta de su presencia, hablando por el móvil.

    —»Señora nuestra habitación ya está a punto es la 347.» He hizo ademan de asirme por el brazo para que le acompañara.

    Tenía claro que no iba vestida para una convención, así, que solo aspiraba a llegar a la habitación y cambiarme. Al oír el número me sobrecogí. Pero mi capacidad de disimulo es grande. Roberto no notó nada.

    Entramos en la habitación y nos besamos con mucha pasión. Yo tuve que sobreponerme, porque tenía claro que la cosa podía complicarse.

    Me cambié de vestido. Uno fucsia muy elegante, que me marcaba bien las caderas y el escote. Zapatos de medio tacón.

    Salimos a cenar. Solo rezaba para que no coincidiéramos en el restaurante.

    Salimos del hotel, cenamos en una terraza elegante de Sitges, había otros comensales con aspecto de personas distinguidas. Roberto me obsequió con un auténtico banquete nocturno, regado con buenos vinos. Yo seguía peguntándome que pintaba allí en Sitges. En una reunión de economistas. Mientras estábamos en una amena conversación, se acercaron dos caballeros que estaban en el otro extremo de la terraza y saludaron a Roberto. Debían ser buenos conocidos suyos, me presentó y los invitó a sentarse. Ellos, adivinando que serían un estorbo, rehusaron cortésmente.

    Fue entonces cuando le pregunté a Roberto porque estábamos allí, si él iba a tener ocupadas gran parte de las horas con la reunión.

    —Tendremos muchos ratos para disfrutar juntos, como ahora, y por la noche… no me ocupa la economía, afirmó con un pícaro guiño.

    —Regresamos al hotel, yo estaba tensa aunque lo disimulaba. Temía cruzarme con Luis. Aunque no tuvimos problemas, y llegamos indemnes a la habitación.

    Allí, los dos, nos miramos a los ojos, y yo tomé la iniciativa, consciente de cual era mi papel en esta obra. Le besé lentamente y empecé a acariciarle la nuca. El, acercó su mano a mi escote y yo me desabroché el vestido para facilitarle su tarea. Acabamos retorciéndonos de placer, que al menos, además de gratificar mi cuerpo, me hizo olvidar la preocupación de tener a Luis por vecino.

    Al día siguiente me desperté pronto, Roberto estaba desnudo junto a mi. Respiraba tranquilamente, y cuando me acerqué a él empezó a abrir los ojos… yo le acaricié, y tuve una respuesta igual, entonces, quise darle los buenos días con una felación suave que fue en aumento hasta que noté todo su semen en mi boca.

    —Uahuuu, que bello despertar», acertó a decir Roberto que poco a poco fue levantándose.

    —Mira, esta mañana tienes libre hasta las 12, no creo que te interesen muchos las charlas de Economía, puedes descansar, y si quieres, te pido que te suban el desayuno a la habitación. Yo me preparo unos papeles, y me voy a las sesiones del congreso.»

    —Yo asentí con la cabeza, y le desee una buena mañana, volví a darme la vuelta, y fingí quedar dormida.

    Mientras él estaba en la ducha, envié un wassap a Luis, (no era cuestión de perder a mi «cliente» para futuras citas»

    —Buenos días, no sé cómo va tu agenda, pero tengo cosas más interesantes que ofrecerte que estos rollos sobre economía, quédate en la cama, que vendé a despertarse de aquí un rato, dame una media hora, Besos calientes, Rosa»

    Al minuto me estaba contestando.

    —»Ya esperaba noticias tuyas. Seguiré tus consejos, y te espero en media hora en mi habitación… que no está lejos de la tuya… pediré dos desayunos. De cuánto tiempo disponemos?»

    —»Hasta las doce, un poco antes»

    —»Perfecto, aquí te espero, con hambre de devorarte»

    Roberto, salió del baño enrollado en una toalla, se vistió con premura, y tras darme un beso, me soltó «hasta dentro de un rato, por mi me quedaba, pero tengo que dejarme ver por la reunión y hacer un par de contactos. Te llamo cuando termine, sobre las doce»

    La que fingió un ronroneo entre sueños (aunque estaba bien despierta) fui yo. Tan pronto como hubo salido de la habitación, me duché, me pité los labios y me puse un conjunto interior lo suficientemente llamativo pare encender a mi amigo. Un vestido azul, ajustado, que realzaba mis curvas y zapatos de tacón alto. Me dispuse a salir al pasillo, pero antes, tomé la precaución de abrir la puerta despacio para no coincidir con otros huéspedes. Vi la zona despejada y di unos golpecitos en la puerta de Luis. Este abrió raudo, con la alegría de empezar con buen sexo una mañana de trabajo.

    —»Me haba olvidado del olor tan profundo de tu perfume»

    Yo le sonreí picara, y acerque mis labios a los suyos. Me agarro las caderas y me apretó contra su cuerpo. Iba envuelto en una bata, s notaba que acababa de salir de la ducha, porque su cuerpo desprendía olor a limpio. Poco a poco me fui apartando de él con suavidad, no sin antes indicarle que me desabrochara el vestido. Lo hizo, pero, fue él el que me lo quitó con suavidad, hasta que aparecí ante sus ojos con un conjunto de lencería, que excitaba sus sentidos. Me abrazó con fuerza, me besó, y yo le desabroché el batín. Al pasar la mano, noté su miembro erguido, así que me tumbé en la cama, me saqué las bragas y abrí las piernas con lujuria. No tardo nada en penetrarme y y empezar el juego erótico que culminó con un buen orgasmo por ambas partes. Yo le pedí más, y entonces él, colocado de cara sobre mi sexo, empezó a acariciarlo con la lengua hasta que arrancó otro gemido placentero.

    Nos tumbamos ambos en la cama, nos miramos, y sonreímos.

    —»Cuando ayer te vi con este tipo se me encendieron aún más mis apetencias por ti. Hace mucho que lo conoces?»

    —»No más o menos como a ti»

    —»Sabes, te quiero en exclusiva para mi, dime cuanto quieres para tenerte para mi solo, podemos acordar un tanto al mes, al margen de los encuentros que tengamos»

    —»Lo pensaré y te lo digo», respondí con un mohín de niña buena.

    En aquel momento, tuve la sensación que tenía que abandonar esta vida, de lo contrario acabaría con los nervios destrozados. Pero, era mi modo de vida, y la única manera de ofrecer un futuro sólido a mis hijas.

    Estuve retozando un buen rato con Luis, y con tacto le dije que tenía que marcharme.

    —»Cuanto te veo otra vez?»

    —»Te vuelvo a llamar yo, descuida, me encantas y de mi sueldo, no te preocupes, ya hablaremos»

    —»Ah toma, esto es para ti» me dijo extendiéndome un sobre, que no abrí, pero en el que había quinientos euros.

    Salí de la habitación, entré en la mía e hice la maleta. Rápidamente salí de la habitación no sin antes dejarle una nota a Roberto. «He tenido que irme, mi hija está enferma, te llamare. Besos».

    Bajé a recepción y pedí un taxi. Estaba nerviosa, no quería que Roberto me pillara. Llegó el vehículo y me fui a la estación y tomé un tren hacia Barcelona.

    Sobre las doce y media sonó mi teléfono era Roberto. Decidí no descolgarlo. Había tomado una determinación. Dejar de ser Sugar Baby. Ya encontraría algún trabajo más tranquilo aunque menos remunerado. Mi conciencia no me dejaba tranquila, me encontraba sucia por dentro y desvalorizada por fuera.

  • Nohemi, estrenándola

    Nohemi, estrenándola

    A pesar que había regresado su esposo, Nohemí y él vivían separados, su hermana seguía metiendo presión, pero a esas alturas a ambos no nos importaba ni lo uno ni lo otro, nos complementábamos, la satisfacía y ella a mí. Admiraba cada parte de su cuerpo, hasta que un día se anunció la Expo Sexo, la cual duraría un par de días, pero el plus es que un sábado habría un concierto de una banda que me gustaba, justo enfrente del complejo de la Expo, así que me di a la tarea de conseguir dos boletos, tanto para la Expo como para el Concierto, solo habría un problema, no tenía intenciones de dejar ir a Nohemí a su casa esa noche y tendríamos que plantearlo de la mejor manera.

    Hablando con Nohemí le planteé la situación que la vio muy descabellada, principalmente el no regresar a su casa, lo cual no sería sencillo, ya que tenía que decirle a sus hijos, a sus padres y lógico las miles de críticas por parte de su hermana, las fechas se acercaban, pero no veía que Nohemí resolviera la situación, sin presionarla de cuando en cuando le comentaba que pasaba, pero tampoco me sabia dar respuesta, hasta que por fin un par de días antes me confirmó la salida y lo mejor que nos quedaríamos toda la noche junto que fue maravilloso escuchar.

    Llegó el sábado anhelado, saliendo del trabajo salimos directo a la expo, al llegar podíamos ver las miles de personas que estaban ahí, mujeres semidesnudas, igual que los hombres paseándose libremente, locales de lencería, juguetes eróticos, Nohemí ya había entrado a una sex-shop como lo comente, pero aquí era enorme, en cada espacio que encontrábamos donde pedían participación de la gente, yo la aventaba para que subiera, las primeras dos veces estaba de mil colores, me veía desde arriba del escenario con ojos de… ¡¡¡te voy a matar!!!… pero después ella ya subía por su propia cuenta. Bailaba entres mujeres desnudas, que la tobaban y Nohemí a ellas, hombres donde ella los tocaba a ellos, concursos y cada vez que estaba arriba del escenario alguien se me acercaba con comentarios de… oye, que buena esta tu esposa… que bien que la dejas participar… etc., etc., sabia de fondo que lo que querían era proponer un trio, un intercambio, pero eso en particular en ese día, no estaba en esos planes.

    Antes de pasar al concierto que estaba justo enfrenté de donde se realizaba el expo, comimos algo y si bien la música no es lo que le gustaba a Nohemí, me complació, ya cayendo la noche, me puse una chamarra la cual cubrió también a Nohemí, y mientras tocaban y entre la gente, metí mi mano dentro de su pantalón y la empecé a masturbar, su conchita húmeda, tibia, cerraba los ojos y le temblaban las piernas, lógico ya tenía mi verga dura, la cual pegaba a ese culo enorme.

    Por fin terminó el evento y tomamos camino al hotel, este era uno nuevo para los dos, que estaba cerca de ahí y sin tener que movernos mucho de donde estábamos, al llegar a la habitación, sin decirme nada se hincó frente a mí y me sacó la verga, que devoró como si no hubiera comido durante días, me desnudó completamente y me aventó a la cama, se metió al baño y salió con un babydoll y tanga roja, como le gustan y me gustan, diminutos, se subió a la cama y siguió mamándome la verga, en este hotel había un espejo en el techo así que podía ver TODO, poco a poco se fue sacando la tanga y el babydoll, hicimos un 69 demostrando que había valido la pena la habitación ¡¡¡gracias a ese espejo!!!

    Se montó sobre mí, moviendo sus caderas frenéticamente, algo que no había hecho hasta ese momento, jugando con sus tetas rosadas lo cual hizo que eyaculara en su conchita deliciosa, al sentir mi chorro de leche, se dejó caer sobre mí, nos abrazamos le besaba, recorría sus exquisitas nalgas y sin decir nada se quedó dormida.

    Dormí junto a ella y a un par de horas desperté, ella seguía dormida y bajándome le empecé a mamar el culo, metí mi dedo y jugaba, dilatándolo, ella seguía media dormida y soltaba gemidos, sentía como cada vez su culo se iba destensando, se dilataba poco a poco, le chupaba su clítoris, a esas alturas ya tenía mi verga dura, así que me incorpore y con su ano dilatado, le metí mi verga dura poco a poco, soltó un grito ahogado y poco a poco se la metí completamente, ella tenía la boca abierta aguantando la respiración, me había tomado de las manos y me apretaba con sus dedos, así que después de unos momentos empecé a meter y sacar, ahí Nohemí ya gritaba tanto de dolor como de placer, seguía bombeándola, ver como rebotaban sus tetas era un manjar, pero no podía faltar verla en cuatro, así que la voltee, tenía su culo listo para mí, así que volví a embestirla ese culo era mío y ¡¡¡lo estaba estrenando!!!, qué bonito es cuando uno estrena, le termine llenando el culo de leche pero al parecer la jornada había sido muy larga ya que Nohemí se volvió a dormir.

    Los primeros rayos del sol empezaron a entrar a través de las cortinas, verla dormir era increíble, se despertó ansiosa, ya que nunca había faltado a su casa a dormir y más teniendo la presión de estar hermana incomoda, nos metimos a bañar, me hinqué atrás de ella y le mame el culo mientras el agua caía en mi rostro, nos bañamos mutuamente, le mamaba las tetas rosadas, mis dedos dentro de su conchita y con su mano me masturbaba, se volteó y se paró de puntas levantando sus nalgas lo cual agradecí metiéndole mi verga en su conchita deliciosa, la tome de sus tetas las cuales apretaba y ella agarro mis nalgas apretándolas y dejando sus uñas como recuerdo de nuestra salida.

    Salimos de bañarnos y se hincó para terminar de sacar mi leche que era su desayuno, veía la premuera en su mirada, así que nos vestimos y salimos en dirección a su casa, no tenía hambre moría de nervios, le pregunte del sexo anal y me dijo que le había dolido, pero que era una noche especial para los dos y quería complacerme, le pregunte que de desayuno tuviera mi leche en su boca me dijo que le gustaba que con su marido no hacía nada de eso y por eso lo tenía que probar conmigo, cada vez nos íbamos acercando más a su casa, le pregunté que por qué no me dejaba verla orinar o probar siquiera su sabor a lo que sonrojándose me respondía que nunca nadie la ha visto orinar, ni su esposo, ¡¡¡NADIE!!!, justo en la esquina de su casa nos despedimos con un beso, diciéndole… eso de verte orinar lo tenemos que resolver…

    Y ya leerán como lo resolvimos…

  • Casada con el coño caliente en busca de vergas

    Casada con el coño caliente en busca de vergas

    Eran las nueve y algo de la noche cuando entró en un bar gallego una mujer de unos cuarenta años, morena, con su cabello castaño mojado, era de estatura mediana, de ojos azules, y maciza. Le pidió al camarero y dueño del bar cambio de diez euros para la máquina expendedora de tabaco y preguntó por los aseos. Su acento era madrileño. Su piel era muy clara. En el bar solo había un cliente, Juan, que era un joven veinteañero, la miró de abajo a arriba con descaro. Vio sus zapatos negros, sus moldeadas piernas embutidas en unos pantalones grises de pitillo. Sus gordas y redondas tetas marcarse en una blusa blanca, vio su chaqueta gris… Al llegar a sus ojos negros cruzaron miradas.

    -¿Ya encontraste lo que buscabas, chaval? -preguntó la mujer.

    -Todo, encontré todo lo que buscaba menos tu nombre.

    -¿Para qué quieres saberlo?

    -Para invitarte.

    -Abril, ese es mi nombre.

    -¿Quieres tomar algo, Abril?

    Aceptó la invitación sin titubear.

    -Sí, tomaré algo caliente.

    Mateo, el dueño y camarero del bar, un cincuentón de complexión fuerte, le dio el cambio de diez euros. Abril se fue a por tabaco y a hacer lo que fuera a hacer al servicio. Le miraron para el culo, un culo gordo, redondo y respingón.

    -Es mucha mujer para ti, Juan -le dijo Mateo.

    A Juan, que estaba medio pedo, el vino lo hacía sentir un siete machos.

    -Ni siete cómo ella serían mucho para mí.

    Mateo casi rompe a reír.

    -No bebas más que ya desvarías.

    -Si dejo de beber perderías de ganar.

    -Eso es cierto. ¿Te pongo otro rioja?

    -Pon -le dijo acabando el vino.

    Al volver la mujer tomó un sorbo del café que le había hecho Mateo y le preguntó:

    -¿Qué clase de café es este?

    -Es un café Irlandés.

    Tomó otro sorbo.

    -¿Y qué lleva?

    -Whisky irlandés, azúcar de caña, café expreso y nata montada.

    -Está rico.

    -Y calienta el cuerpo.

    -No para de llover -le dijo a Juan después de acabar el café.

    -Esto es Galicia, en invierno cuando no llueve hace frío y cuando no llueve ni hace frío el viento hace de las suyas.

    -Lo sé, ya llevo en Galicia algo más de diez años.

    -¿Te apetece otro café?

    -Si invitas…

    Mateo le dio una toalla que tenía debajo de la barra.

    -Toma. Está limpia. Sécate la cabeza.

    -A eso fui al servicio, pero no había -le dijo cogiendo la toalla.

    Abril se secó la cara y su cabello rizado cómo si lo estuviera alborotando. Cuando le devolvió la toalla a Mateo estaba cómo si se hubiese peinado.

    -Con este tiempo lo mejor es estar en cama calentitos -le dijo a Juan después de secar la cara y el cabello.

    Juan pensó que se le estaba ofreciendo y ya se lanzó.

    -Contigo en una cama el frío no debe existir.

    -Dos cuerpos en una cama, sean de quien sean, se dan calor.

    Fuera estaban cayendo chuzos de punta. La espera a que amainase la acompañó Abril con tres cafés irlandeses, un whisky doble y una larga conversación que derivó en lo que tenía que derivar.

    -¿Te gustaría pasarlo bien? -le preguntó Juan.

    Abril no se cortó un pelo.

    -¿Estás hablando de sexo?

    -Sí.

    -Soy muy exigente para el sexo. No creo que un pipiolo cómo tú pudieras conmigo.

    -Yo creo que sí, soy un experto.

    -Dime de que presumes y te diré de que careces.

    -Yo no presumo, digo la verdad.

    -A ver, experto. ¿Hiciste alguna vez King out, bondage, dogging, splosh o role playing? A mi me encanta hacer esas cosas, entre otras.

    Juan miró para Mateo y Mateo miró para Juan.

    -¿Qué miras, experto? -le preguntó Mateo con sorna.

    -Si hablara en cristiano…

    -¿No eras tú el que sabía inglés?

    -Sí, pero mi inglés es de andar por casa no de meter en la cama.

    Abril ya estaba metida en harina y siguió.

    -¿Sabes inglés y ni siquiera sabes que es el sploh? -le preguntó.

    -Claro que sé que es un splosh, mi polla dentro del coño empapado de una mujer ha hecho splosh, splash y otros ruidos. Oye, blanquita. ¿No podías decir lo de antes en cristiano?

    -¿Lo qué?

    -Todo lo que has dicho en inglés.

    -A ver, King out es hacer de todo menos la penetración.

    Mateo, que era moreno cómo Juan y que era un poco más bajo, pensó que podía mojar, y con razón, ya que una mujer no se pone a hablar con dos hombres de sexo estando a solas con ellos si no busca verga.

    -¡¿Qué se hace sin llegar a meter?! -le preguntó.

    -Cubanas, griegos, comidas de pollas, de tetas, de coños, de culo…

    -Esos son los pre calentamientos de toda la vida -le dijo Mateo.

    -Cuando una se corre ya dejan de ser calentamientos.

    La palabra «correrse» ya fue demasiado. Mateo olió la sangre de su presa. Si le respondía a la siguiente ya no le cabría duda de que buscaba marcha.

    -¡¿Te gusta comer un culo?!

    -Sí, y mamar una polla. También me gusta el sexting.

    -¡No jodas! ¿Los hay tan raros que toman la siesta contigo y no te follan?

    -El sexting no es tomar la siesta, es escribirse correos calientes, mandar fotos de desnudos, videos de masturbaciones…

    Mateo ya tenía la polla a media asta. Siguió cerrando el cerco.

    -¿El resto qué es?

    -Bondage es atar con cuerdas, cintas o poner esposas. Splosh es untar el cuerpo con miel, chocolate…, con lo que apetezca. El Rol playing es jugar a que eres otra persona. Yo podría ser hija de alguno de vosotros, o sobrina, policía, puta, enfermera, chacha…

    -Se ve que hiciste de todo.

    -Una vez hasta follé con tres.

    -Te debieron dejar el coño cómo un bebedero de patos -le dijo Juan.

    Mateo pensó que la había jodido, pero estaba equivocado.

    -Me lo dejaron lleno de leche. Me dejaron llenos de leche el coño, el culo, las tetas, la cara, me bañaron bien bañada, pero fue una buena noche, me corrí cinco veces.

    Abril estaba hablando con ellos como si fueran sus machacantes. Tanto Juan cómo Mateo ya estaban seguros de que quería echar un polvo.

    -¡Qué rato pasaría yo contigo! -le dijo Juan.

    -¿Cierro el bar y lo pasamos bien los tres? -le preguntó Mateo.

    La seguridad en esto de follar con una mujer, no existe, puedes estar muy, muy seguro y llevarte un chasco, que fue lo que se llevaron ellos.

    -No, hoy no puedo, me espera mi marido para cenar con unos amigos, pero darme vuestro correo electrónico y el teléfono.

    Al decirles que estaba casada, Mateo se dio de cuenta que les diera cuerda para consumir gratis, aun así se los dieron, poco después se iba en un taxi, ya que estaba muy perjudicada. Juan y Mateo pensaron que no iban a volver a saber de ella, pero al día siguiente Juan recibió un correo.

    -Estoy en la bañera tocándome el coño. ¿Tú que haces?

    Juan estaba defecando, pero no se lo iba a decir.

    -Con la polla en la mano y meando

    -¿Te gustaría mear por mí, Juan?

    Lo cogió por sorpresa.

    -¿Bromeas?

    -No, mea, anda, mea por mí.

    A Juan se le cortó la meada, recordó su cara y su cuerpo y la polla se le puso dura. Le preguntó:

    -¿Dónde quieres que te mee?

    Le llegó una foto de sus tetas, unas tetas grandes, redondas, con areolas rosadas y pezones cómo dedales.

    -Aquí -ponía encima de la foto.

    Poco después le mandó la foto de su boca con la lengua fuera, y encima ponía:

    -Y aquí -ponía debajo de la foto.

    Juan ya meneaba la polla con ganas cuando le llegó una foto donde se veía de cuerpo entero dentro del baño.

    -Y ahora manda una foto de tu polla que quiero correrme -escribió encima de la foto.

    Juan estaba muy cachondo. Se levantó de la taza, le sacó una foto a la polla, se la mandó, volvió a mirar la foto en la que estaba desnuda, y de pie, se siguió masturbando hasta que se corrió cómo un perro.

    Abril había sembrado la semilla que acaba con el aburrimiento.

    Del correo pasaron al WhatsApp, a los videos, y después a las pajas por la cámara… Lo mismo que hizo con Juan lo hizo con Mateo, lo supo unos días después cuando volvió al bar.

    -… ¿También juega contigo? -le dijo después de echar un trago de vino

    -Jugaba, ayer noche vino a verme y lo hicimos.

    -¿Qué hicisteis?

    -Todo lo que ella quiso… Hasta me dio por culo.

    Juan rio con ganas al oírlo.

    -¿Te metió el dedo en el culo? -le preguntó aun sonriendo.

    -No, me dio por culo. Traía en el bolso un arnés con una polla pequeña que me hizo chupar antes de clavármela en el culo.

    Juan se burló de su barman y amigo.

    -Voy a tener que andar con ojo contigo.

    A Mateo no le sentó bien el cachondeo.

    -¡Vete a tomar por culo, Juan!

    -A eso mismo es a dónde no quiero ir. Te creía más macho.

    -A ti te quería yo ver desnudo, atado y amenazándote con darte con una fusta a ver si le chupabas la polla o no.

    -Hombre, en ese caso. ¿Y te gustó?

    -Mejor no te lo digo…

    -Qué no te dé vergüenza decirlo, a mí una vez el médico me hizo un tacto rectal y se me puso dura. Creo que todos los hombres tenemos algo de maricones.

    Mateo ya se abrió.

    -Debe ser por eso, ya que mientras me daba por detrás me ordeñó y acabé echando leche por un tubo.

    -La vida nos da sorpresas.

    -Sorpresa se la voy a dar yo el sábado por la noche.

    -¿Qué sorpresa?

    -Espera volver a follar conmigo y la vamos a estar esperando tres, Paco el carnicero, Toño el fontanero y yo. ¡Le vamos a dar hasta romperle el coño y el culo!

    -Que sean cuatro le dijo Juan.

    -¿Te anotas?

    -Me anoto.

    Cuando Abril llegó al bar de Mateo eran las diez en punto de la noche. Mateo ya había cerrado. Llamó y le fue a abrir. Juan estaba en el piso de arriba con Paco, un treintañero, moreno, alto y fuerte y Toño, un cuarentón de estatura mediana, casado y muy flaco, concretamente estaban sentados a la mesa del comedor. Se levantaron al entrar Abril en la habitación.

    Abril traía puesto un abrigo de piel marrón, un vestido negro que le daba por debajo de las rodillas y unos zapatos negros de tacón de aguja. Vio sobre la mesa tres fuentes de cigalas, otra tres de langostinos, seis centollas y seis botellas de albariño Rías Baixas.

    -¡Vaya sorpresa! ¿Qué celebráis? -les preguntó.

    -Tu llegada al picadero -le dije Juan.

    Abril ni se inmutó.

    -Pues piquemos, piquemos.

    Mateo le ayudó a quitar el abrigo, y después lo puso en el respaldo de la silla donde se iba a sentar, retiró la silla, la volvió a acercar al sentarse Abril a la mesa, después se sentó él en su silla y Juan, Paco y Toño en las suyas.

    -Así que me tendiste una encerrona, Mateo -dijo Abril cogiendo una cigala.

    -Me late que te gusta que lo hiciera -le respondió Mateo.

    Abril era mucha Abril. Se vino arriba.

    -Latir os va a latir a los cuatro cuando os ponga cachondos. ¿No me vas a presentar a los otros dos?

    -Paco y Toño -dijo señalándolos.

    Abril era de buen diente, el vino no le amargaba y tenía conversación. No voy a aburrir a nadie con lo que hablamos, voy a pasar al postre, ya que el postre era ella.

    Abril estaba desnuda y atada con las manos a la espalda sobre una cama de dos plazas. Mateo le había dado con una brocha una mano de flan con caramelo, esta mano cubriera su cara, sus gordos pezones, sus rosadas areolas, sus labios vaginales y el clítoris. Mateo le lamió la cara y comió su boca, Paco y Toño le lamieron y chuparon las tetas. Juan le comió el coño. A Abril todo le producía placer, pero la lengua de Juan lamiendo sus labios vaginales y la lengua y los labios chupando su clítoris la volvía loca, tan loca que los jugos de su coño bajaban hasta el ojete, Juan jugó con la yema del dedo pulgar sobre él, luego se lo metió dentro del culo y Abril, comiéndose a besos con Mateo, sintiendo cómo le amasaban y mamaban las tetas Paco y Toño y sintiendo cómo Juan le lamía el clítoris de abajo a arriba apretando la lengua contra el glande erecto de su clítoris, les dijo:

    -¡Me corro, cabrones!

    Abril se corrió cómo una cerda chupando la lengua de Mateo.

    Estaban todos en pelotas, Mateo cogió la polla con la mano derecha y se la puso en los labios.

    -Chupa, zorra.

    -Así me gusta, a las cosas hay que llamarlas por su nombre, cornudos.

    Les acababa de llamar cornudos y estaba indefensa. No había dudas, le iba la marcha. Le gustaba sufrir y la iban a hacer sufrir. Había muchas maneras, Juan probó la primera a ver si funcionaba. Pasó las uñas por las plantas de los pies a ver si tenía cosquillas. ¡Vaya si tenía! Abril pataleó y botó cómo pelota, era como si quisiera quitarse de encima un bicho, un bicho que la hacía reír y llorar al mismo tiempo. Mateo le hizo cosquillas en las axilas y Paco y Toño en las costillas, y aún fue peor, sus pies podían escapar de las uñas de Juan, pero sus axilas y sus costillas de los dedos de Mateo, Paco y Toño, no. Al estar atada lo único que pudo hacer fue dar la vuelta y darles del culo. Siguieron haciéndole cosquillas. Abril con la risa no podía hablar, que si pudiera les llamaría de hijos de puta para arriba.

    Cuando dejaron de hacerle cosquillas estaba más mansa que una corderita.

    -Sois malos, muy malos -les dijo.

    Juan cogió el bol con el flan y con la brocha llena de é le pringó con la espalda, el ojete y en las nalgas, luego Mateo la cogió por la cintura, la puso a cuatro patas y le lamió las nalgas, el ojete y el coño… Paco y Toño lamieron el flan de su espalda. Abril comenzó a gemir, Mateo, empalmado cómo un burro, se la clavó en el culo, Juan untó la polla en flan y se la dio a mamar, Abril le escupió en la cabeza de la polla. Se volvía a subir a la parra.

    -¡Puñeteros, paletos!

    -¿Paleto yo? dijo Mateo.

    Le folló el culo a romper, pero creo que me dolió más a mí al ver cómo intentaba romperle culo de lo que le dolía a ella.

    -¡Aprendiz de maricón! Ponte debajo y deja que me follen cómo es debido -le dijo.

    Mateo se puso debajo de ella sin quitar la polla del culo. Juan al ver su coño abierto metió la cabeza entre sus piernas y se lo comió. S

    -¡Así, así, no pares, no pares, no pares! -dijo segundos después de la primera lamida.

    No paró y Abril tirándole de dos pelos, chilló:

    -¡¡Jodeeer!!

    Se corrió cómo si su vagina fuese el caño de una fuente. Juan se hartó de tragar jugos.

    Al acabar de correrse, Juan le metió la polla en el coño. Entró tan apretada que parecía que le iba a romper el coño. Abril estaba desatada.

    -¡Más fuerte, darme más fuerte!

    Quien le dio más fuerte fue Juan, ya que Mateo estaba aplastado debajo de ella apretándole las tetas, jugando con sus pezones y con la polla enterrada en su coño. Juan le dio fuerte y cada vez más aprisa.

    -¡Me corro! -dijo poco después.

    Se corrió temblando y jadeando cómo una perra.

    La siguieron follando en la cama hasta que Mateo se corrió dentro de su culo, después de correrse, Juan, con la polla dentro de su coño, la cogió y la folló de pie al lado de la cama.

    -Déjame un poquito -le dijo Toño cuando Abril comenzó a gemir de nuevo.

    Juan se la pasó, Toño la arrimó a la pared y con la leche de la corrida de Mateo saliendo de su ojete y bajando por sus piernas le dio caña brava.

    Pasado un tiempo, mientras los otros se tocaban viendo cómo la follaba, a punto de correrse él y ella, la separó de la pared para que Juan se la metiera en el culo, y un ratito más tarde Juan le llenaba el culo de leche, Toño el coño y Abril le bañaba a Toño la polla con una corrida brutal.

    -¡Qué puta soy! dijo al correrse.

    Al acabar de correrse se echó boca arriba sobre la cama. Estaba media muerta. Le importó una mierda a Paco, que la echó sobre la cama y le puso la polla en los labios. Abril cogió la polla con su mano derecha, y le dijo:

    -Me leíste la mente. Ahora mismo lo que más deseaba era echar un trago .le dijo sonriendo.

    Abril lo masturbó y le mamó la polla… Paco era «duro de pelar,» lo que le dio tiempo a Juan, Toño y Mateo para ponerse a tono. Tan a tono se pusieron que cuando Abril comenzó a tragar la corrida de Paco, Juan se corrió en su raja y Toño y Mateo en sus tetas y en su vientre.

    Después de esto se bañó y se fue. No supieron más de ella.

    Quique.

  • Me abriré de piernas para ti, el tiempo que haga falta

    Me abriré de piernas para ti, el tiempo que haga falta

    Nada más llegar a casa dejaba el paraguas, el abrigo y me quitaba los zapatos de tacón que me estaban matando, al pasar junto al salón le vi en bóxer a oscuras frente a la ventana viendo llover, era un día gris y no había parado de llover en todo el día, un día de esos que te invita a quedarte en casa y no salir, un día de esos en que eres presa fácil para la melancolía llegando a atraparte fácilmente y mi hermano desgraciadamente estaba en ese estado, hacía seis meses me había ido a vivir con él debido a que lo estaba pasando muy mal y necesitaba de toda nuestra ayuda.

    Entré en el salón dejando mi bolso colgado en una de las sillas de la mesa donde antaño se vivían escenas de risas, confidencias y amor, me acerqué a él por detrás abrazándole en silencio, pasando mi brazo derecho por encima de sus hombros y el izquierdo rodeándole la cintura, acariciando su torso a la vez que le besaba su espalda y apoyaba mi cabeza en él, mi hermano era un hombre alto, fuerte, siempre fue risueño y con muchas ganas de vivir, se dedicaba a lo que más le gustaba en el mundo que era ayudar a los demás, siempre decía que él no podría haber sido otra cosa más que médico.

    Me sentía muy a gusto abrazándole, me sentía extrañamente atraída por él esa tarde de lluvia, sus músculos, su piel suave y sedosa, su olor y un exceso de cariño hacia que mis manos recorriesen su torso continuamente con mis labios besándole su espalda una y otra vez y sin darme cuenta un impulso me llegara a meter mi mano izquierda bajo su bóxer buscando su pene y arrancándole un pequeño jadeo, mis manos le había agarrado su pene y lo hacía subir y bajar, sus dimensiones iban creciendo por momentos, su glande rosado ya salía por encima de su bóxer y mi mano derecha no paraba de acariciarle unos pectorales fuertes y duros.

    Miraba a la ventana y el reflejo de nuestros cuerpos me excitaba aún más, en ese momento no veía a mi hermano sino a un hombre con su pene en mi boca y a mi arrodillada en el suelo acercando y alejando mi cabeza de él, con su glande sin salir de mi interior, salivando su tronco fálico con mis manos resbalando por él y haciéndole desaparecer una y otra vez en mi boca, muy profundo, llegando hasta mi garganta, sin poder respirar, sin poder tragar más hasta que la sacaba.

    Notaba la humedad en mis bragas, los jadeos y gemidos en él, una escena en mi muy habitual cuando estaba con un hombre pero no con mi hermano, una escena de sexo muy diferente a las que había tenido en mi vida y no me di cuenta de lo que hacía hasta que me levantó y cogiéndome en brazos, con sus manos sobre mis nalgas, rodeándole con mis manos su cuello y mis piernas abrazándole por la cintura me iba llevando hasta el sofá, despacio, besándonos y dando rienda suelta a nuestras leguas que uniéndose bailaban dentro y fuera de nosotros.

    Ninguno de los dos había dicho palabra alguna cuando ya mi hermano me había tumbado en el sofá, besándome continuamente el cuello, acariciando y agarrando mis pechos por encima de mi vestido, mi respiración se había disparado así como mi deseo, sentía mi cuerpo temblar con cada beso y con cada caricia, sus labios bajaban por mi vestido de rodillas en el sofá mirándome fijamente, viendo mi aprobación en mis ojos cuando sus manos se metían por debajo de mi vestido cogiendo la goma de mis bragas y de mis leotardos empezando a tirar de ellos hacia abajo, ayudándole levantando mi pelvis para que los pudiera sacar con más facilidad, bajando por mis muslos sin parar de mirarme, sin parar de clavarme sus ojos azules y flexionando mis rodillas casi tocándome con mis muslos los senos me quitaba por fin aquellas prendas que en su centro estaban empapadas y olían a mí.

    Al bajar nuevamente mis piernas, su cabeza se quedó entre ellas y con sus besos empezó a buscar la rosa carnosa que ocultaban mis bragas, un sexo rasurado con un monte de Venus sin bello alguno y unos labios apetecibles a la vista que en su principio sobresalía ya un clítoris excitado y al final una entrada a los vicios más oscuros con gotas de flujo saliendo por ella, poco a poco su lengua pasaba de arriba abajo y muy despacio con su boca iba bebiendo de mi néctar con mis labios abiertos pasaba la punta de su lengua entre ellos y sintiendo el placer de sus dedos acariciar mi clítoris aumentando más si cabe su tamaño, mi hermano empezaba arrancar de mí los primeros jadeos, arrancando de mí el deseo de tenerle dentro de mí, un deseo que nunca hubiera imaginado.

    Mi hermano se incorporó y cogiendo su pene, empezó a pasarlo de arriba abajo entre mis labios vaginales, impregnándose de los flujos en los que estaban envueltos, sentía su glande tocando mi vagina, entrando muy despacio y en esos momentos en que tan solo tenía unos centímetros dentro de mí, cuando se retiraba y entraba nuevamente en mi vagina con medio pene dentro de mí, en ese momento con todas nuestras hormonas disparadas, jadeando y gimiendo por el placer de tenerlo dentro, me vino un momento de lucidez, que había pasa, donde estaba, que estaba haciendo, las primeras frases aparte de mis gemidos y jadeos salieron de mí pidiéndole que me dejara y levantándome deprisa corrí hasta la cocina.

    Que estaba haciendo, mi mejor amiga, mi cuñada, la mujer de mi hermano no hacia ni seis meses que había fallecido tal día como hoy, un día lluvioso, gris y triste como hoy y ahora yo estaba en su casa a punto de acostarme con el hombre que ella siempre quiso y que era además mi hermano, estaba tan confundida, tan avergonzada y a la vez tan excitada que estaba hecha un lío, mis manos estaban mojadas apoyadas en la encimera mirando llover por la ventana, con la cara mojada después de haberme echado agua para refrescarme, aunque no fuera la parte de mi cuerpo que necesitaba refrescar.

    La imagen de mi hermano apareció reflejada en el cristal, veía como me abrazaba y me besaba, sus besos en mi cuello, quitándome la melena y ladeando mi cuello para besarme mejor, nuevamente ni una palabra, nuevamente sus besos hacían que circularan por mi cuerpo escalofríos, un torrente de deseos que no podía detener, quería resistirme a mis deseos, quería irme, pero mientras que batallaban en mi cabeza sentimientos encontrados, mi hermano iba avanzando como un ejército decidido a todo, sin otra idea que vencer mi resistencia, sin otra idea que hacerme suya.

    Ya era tarde para la razón, levantándome el vestido y subiéndome la pierna encima de la encimera mi hermano había ganado el terreno que antes perdió y su pene avanzaba por el interior de vagina como un misil surcando los aires, no podía o no quería hacer nada, la imagen del cristal me reflejaba con la boca abierta inspirando aire cada vez que me penetraba, jadeaba y gemía una y otra vez sintiendo su pene rozar cada centímetro de mi vagina, metiéndose en mi cuerpo sin oposición y arrancando de mí cualquier oposición que antes pudiera tener, mi pensamiento solo estaba ya en él, en que me hiciera suya, en que me follara una y otra vez, sentir su pene envuelto en mis flujos haciéndole una agradable travesía por mi interior.

    Ya no me bastaba con ser follada por él, quería sentirle, quería besarle, acariciar su cuerpo, que él disfrutara de mi cuerpo desnudo así mientras que él seguía moviendo sus caderas hacia dentro y hacia atrás yo agarraba mi vestido y subiéndomelo me quitaba por la cabeza y desabrochaba mi sujetador para quedarme completamente desnuda, ahora si sus manos acariciaban mis senos sintiendo mi piel, ahora mis pezones se deslizaban entre sus dedos, apretándome los pechos cuando su pene me penetraba tan dentro que sentía sus testículos golpearme.

    Mi hermano sacó su pene y dándome la vuelta me subió encima de la encimera, empezó a besar mis senos, a metérselos en su boca y succionar mis pezones, ya no podía más necesitaba que mi hermano siguiera fallándome, necesitaba sentir su pene dentro de mí, haciéndome gozar con sus movimientos, quería que explotara en mi interior y que derramara su semen por toda mi vagina, quería tenerle no solo un momento, sino por toda la noche, le pedía que me follara, le pedía que me la metiera hasta el fondo y que no se apartara, estaba como una gata en celo, moviéndome y esperando ese momento en sentirme parte de él.

    Con su mano primero me subió una pierna colocándola encima de sus hombros, luego la otra, tenía mi cuerpo en forma de uve cuando empezó a jugar con su glande entre mis labios, metiéndomela y sacándola una y otra vez, mi vagina tremendamente mojada lo recibía con gusto y se abría para él y cerrándose cuando salía, su pene impregnado de mi néctar, mojándome el clítoris, golpeándolo volviéndome realmente loca, no quería juegos, no quería más juegos, quería que me la metiera de una vez, quería que me follara con dureza, quería sentirla cuanto más adentro mejor, quería gritar de placer, que mis gritos volaran por toda la cocina, atravesara las paredes de casa y que se enterara todo el mundo que me estaba follando mi hermano y que me estaba volviendo loca con su polla.

    Por fin empecé a sentirla dentro, por fin ya no salía, solo lo justo, apretaba mi vagina presionándola para hacerle sentir como él a mí, su pene se deslizaba haciéndome gritar en todo momento, mis manos sobre su nuca, apretándole con las manos con cada empujón, no podía esperar más, sentía como mi cuerpo ardía, mordiéndome los labios con fuerza, queriendo aplazar el momento para correrme con él y entonces lo sentí, sentí que no hacía falta esperar más, mi hermano con movimientos rápidos, duros y profundos me la metía gritando también, relajando mis ganas los dos explotamos en un orgasmo increíble, notaba como lanzaba su semen con tanta violencia contra mis paredes vaginales que me hacía gozar aún más, mi flujo contrarrestaba su semen inundándome toda la vagina, saliendo por mi abertura mojándome las nalgas.

    Después de un buen rato follándome, había explotado, por fin hizo que mis pernas temblaran de placer y aun así quería más, este no era más que el inicio de la noche, le pedí que me llevara arriba, a la cama, le pedí que no me soltara y que me besara y sin sacar su pene de mi vagina, subimos las escaleras, riendo, besándonos, la sentía moverse dentro de mí, ni un centímetro había bajado, su pene seguía igual de grande y duro, pasamos en umbral de la puerta y me tumbo en la cama, poniéndose de rodilla y elevando mi pelvis, con parte de mi espalda sobre sus muslos y la otra sobre la cama, mis piernas a ambos lados de su cuerpo flexionando las rodillas empezaba a follarme otra vez.

    Sus manos sobre mis caderas subiéndome hacia él, bajando mi cuerpo y volviéndomelo a subir, penetrando con su pene mi vagina y ya sin pudor ninguno nos gritábamos de placer, nos mirábamos a unos ojos sedientos de sexo, mis manos apretaban mis senos, mis dedos mis pezones, pequeños movimientos y mi cuerpo bailaba por encima de sus muslos con mi cabeza moviéndose de un lado a otro, los dos sudorosos a pesar del frío exterior gozando de nuestros cuerpos, amándonos como nunca antes pensamos ninguno de los dos, era increíble como sentía su pene entrar y salir de mi cuerpo apretándolo contra mis músculos vaginales sin dejarle marchar, sin dejarle salir ni a respirar.

    Una vez más los dos nos corrimos con un orgasmo delicioso, una vez más nuestros sexos no solo se rozaban sino que se bebían y nos arrancaban los gritos de nuestro interior, regalándolos la música del placer, mi vagina inundada de flujos masculinos y femeninos, saliendo al exterior y mojando las sabanas donde más tarde dormiríamos envueltos en nuestro deseo, en nuestro amor.

    Nunca pensé ni soñé follar con mi hermano, pero había resultado ser uno de los placeres que la vida me tenía reservada, su ternura al metérmela, la calidez de sus besos dirigidos donde sabía que me gustaba, sus dedos recorriendo mi cuerpo dibujándome cada curva, si estaba soñando no me quería despertar, si estaba despierta no me quería dormir, ético… a quien le importa la ética cuando ves lo que pasa por el mundo, cuando ves tanta odio y destrucción, nosotros solamente estábamos amándonos, dándonos un placer increíblemente maravilloso.

    Una vez más, después de descansar unos minutos, mi hermano volvía a la carga y empezaba a meterme como siempre despacio, muy despacio su glande, para que los dos disfrutáramos al máximo, con dulzura me iba penetrando mirándonos los dos como nuestro rostro, nuestros gestos iban cambiando por el placer que nos infringíamos, cerraba los ojos, mordía mis labios cada vez que la notaba entrar en mi vagina, mi hermano encima de mí con sus caderas moviéndose hacia delante y hacia atrás volvía hacerme sentir la mujer más afortunada del mundo.

    La noche duro lo que duraron nuestras fuerzas y a pesar de eso, tenía la sensación de haber estado toda la noche despierta follando con mi hermano, sobre todo cuanto el sol salió demasiado pronto, despertándome con sus rayos sobre mi cara, seguía desnuda y rebozada en sexo, en ese momento entraba mi hermano con una taza de café para mí con una sonrisa que no había visto desde hacía meses, los dos hablamos un poco de lo que paso anoche, de la mañana tan hermosa que había amanecido y demás temas que aunque superfluos, era un gran avance para él, le veía feliz, algo había cambiado en él, no estaba tan abatido ni tan triste, en ese momento lo vi claro, en ese momento decidí que mientras que mi hermano siguiera mejorando yo me abriera de piernas para él todo el tiempo que fuera necesario.

    Y la terapia iba a empezar nuevamente en el momento que soltara la taza de café.

    —Mmmm, ¡¡aahhh!!! si, así, así… Métemela así…

    El café se había terminado.

  • Me gusta jugar con mi ano

    Me gusta jugar con mi ano

    Buenos días, tardes o noches, por asuntos de anonimato no diré mi nombre, pero sí puedo decir que soy un joven, hombre, heterosexual, que le gusta mucho masturbarse, ya sea jalando mi fierro o por asuntos de placer masturbarme analmente, esto lo llevo haciendo desde muy joven, y no me arrepiento de nada, todos los momentos de placer que he sentido son los mejores.

    Como mencioné soy heterosexual, pero me gusta reventarme el culo, los hombres que han experimentado la masturbación anal saben que es lo máximo, claro no sin antes usar alguna especie de lubricante y juegos previos, lo mismo que con las mujeres.

    Una de las tantas experiencias que les voy a contar, fue la vez que me metí un pepino entero por el culo, así como lo leen.

    Todo comenzó una noche, esto fue hace un año, yo en ese entonces no trabajaba, porque estaba estudiando en la universidad, mi madre trabaja en la mañana cerca de las 6:30 am, y mi padre trabaja a las 4:00 pm y llega de trabajar a la 1:00 am aproximadamente. Eso me da un lapso de tiempo para masturbarme en la madrugada, estaba acostado en la cama, no podía dormir, y el pensamiento invadía mi cabeza, vivo en una casa de dos pisos, cada quien tiene su cuarto, bajé a la cocina cuidadosamente para no despertar a mi madre y a mis hermanos, abrí el refrigerador y lo vi, un pepino grande y grueso, del tamaño que yo deseaba, no podía dejar de mirarlo, empecé a jugar con mi ano para dilatarlo y acostumbrarlo, metiendo mis dos dedos untados con acondicionador (es muy resbaloso), debido a que no tenía lubricante, metía y sacaba mis dedos tan deliciosamente, entraban con mucha facilidad, luego metí tres, y el placer aumentaba, después cuatro, en ese punto mi mano ya no alcanzaba para meterme más (estoy un poco pasado de peso), mientras hacía eso, buscaba en mi laptop vídeos ricos para una noche de placer, me gusta mucho el hentai, cuando encontré el indicado, puse dos sillas a mis costados, quedando un hueco entre las dos, me senté y mi culo se abrió debido al espacio de las sillas, puse play al video y comenzó la diversión, primero me lo metí lento y seguro, el pepino tenía un condón puesto (lo tenía guardado y se lo puse), lo embarré muy bien de acondicionador y procedí insertarlo en mi ano, poco a poco entraba y salía, no se imaginan el placer que sentía en ese momento, el pepino estaba helado y dejaba mi ano muy frío, conforme lo metía más iba entrando, hasta que me di cuenta que ya llevaba la mitad del pepino, este media aproximadamente unos 20 cm, seguí metiendo y sacando muy rápidamente, se sentía como en el cielo, el meterlo se sentía como si quisieras hacer del baño, es muy placentero.

    Después de un rato, puede meterlo completamente dentro de mi ano, no miento, cuando se metió literalmente se perdió en mi culo, era como si se hubiera expandido por completo, una sensación indescriptible, después con la fuerza de mi ano lo saqué, y lo volví a meter hasta el fondo, no quedaba rastro del pepino, para que pudiera entrar por completo, me puse en posición de cuclillas con el culo lo más abajo posible, en eso me percaté de que había pasado 1 hora de pura masturbación anal, la sensación de quererte cagar fue muy placentera.

    Terminé con el ano muy dilatado, mi cuerpo me pedía más, no quedaba satisfecho, así que busqué unos limones, con un cuchillo corte los pedazos del limón que me podían llegar desgarrar, y los empecé a meter uno por uno en mi ano, eran del tamaño de una pelota de golf, tal vez más grandes, me metí en total 7, estaba en la poción de cuclillas y me pare para hacer la sensación más placentera, estuve cerca de 10 min así, hasta que ya no aguante y las expulse, primero salió una, después quisieron salir dos al mismo tiempo, fue así hasta que lo consiguieron, me sentía tan excitado, después de eso salieron todas tan rápido debido a la dilatación, me quedé acostado en el sillón para recuperar fuerzas, estaba con el ano totalmente dilatado, después volví a agarrar el pepino y lo volví a meter dentro de mi culo, lo más sorprendente es que entro todo de un empujón, y se volvió a perder en mi ano, lo expulse y fue tanto el placer que eyacule sin manos, me quede de nuevo acostado en el sillón, pero esta vez había quedado satisfecho, procedí a limpiar lo que había ensuciado, como si de una escena de crimen se tratara, no deje evidencias, solo me quedo mi culo abierto y adolorido por tremendo placer.

    Hasta aquí llega esta historia, cabe recalcar que todo es verdad, es una historia mía. Si esta historia se lee mucho y recibe apoyo, contaré la vez que encontré vibradores en el cajón de ropa interior de mi mamá, hasta la próxima.

    Pd. Es mi primer relato, me pueden dar ayudar a mejorar mis escritos.

  • Tú, yo y un montón de nata

    Tú, yo y un montón de nata

    ¿Cuánto tiempo más tendría que esperar la Señorita R para que Carlos se decidiera por fin a verla como la mujer que era y no la niña que él pensaba? Carlos era el mejor amigo de su hermano.

    Desde pequeña lo había visto siempre por la casa, era uno más de la familia, pero para ella era algo más… era el hombre del que estaba enamorada, y estaba dispuesta y decidida a hacer lo que fuera para tenerlo. Y lo haría.

    Empezó a idear un plan que estaba segura funcionaria y que haría que Carlos cayera rendido a sus pies. El, ajeno a la trama que se cernía sobre él, estaba en la biblioteca de la mansión donde vivía la Señorita R hablando con Gabriel, su hermano. Ninguno sospechaba lo que estaba por ocurrir. Ella pidió a la cocinera que preparara una suculenta cena para dos, y de postre nata, montañas de nata. La cocinera no sabía para que necesitaba tanta nata, pero se abstuvo de preguntar. En su mente se estaba tejiendo un plan para demostrarle a Carlos que ya no era una niña.

    Las horas pasaban lentamente y aburrida se dirigió a la biblioteca en busca de un libro. Al llegar se encontró a su hermano y al hombre con el que fantaseaba por las noches. Sintió que su corazón galopaba a mil por hora. Sus mejillas se sonrojaron, sus manos se volvieron sudorosas, su cuerpo estaba reaccionando a la presencia de Carlos. El la miró como solía hacerlo, pero vio en ella algo diferente, no sabía lo que era pero que lo tenía intrigado, y estaba dispuesto a saber de qué se trataba. Ella le preguntó a su hermano si cenaría en casa y este le dijo que no, pero que Carlos podía quedarse así le haría compañía durante un rato. Ella no podía creer lo que acababa de oír. ¡Su hermano le había allanado el camino! Carlos no supo que decir y aceptó la invitación de su amigo.

    La Señorita R se excusó y salió en dirección a su dormitorio. Tenía que impresionar a su invitado y para ello debía escoger bien el vestido. Se dirigió al armario y lo estudió con detenimiento. Al final optó por un vestido con tirantes, tipo camisón, que se ceñía a su cuerpo como una segunda piel. Era de color negro, le quedaba muy bien, y Carlos no podría resistirse. No había tiempo que perder; así que se dirigió al baño y se metió en la ducha. Mientras se duchaba empezó a excitarse al pensar en la velada que tenía por delante con Carlos.

    Estaba húmeda en el mismo centro de su ser, y sabía que aún lo estaría más cuando le viera de nuevo.

    Ya arreglada y vestida se dirigió al comedor donde un nervioso hombre la estaba esperando; no había señales por ningún lado de su hermano, estaban solos, era la oportunidad que había estado esperando desde hacía tiempo y no iba a desperdiciarla.

    Cuando aquel hombre la vio no daba crédito a sus ojos, ante sí tenía a una hermosa mujer que hasta hacía unas horas consideraba una niña.

    Se acercó a ella, le tomó una mano y la miró fijamente a los ojos.

    Sin saber cómo ocurrió, la acercó más hacia él y su boca fue bajando lentamente hasta unirse a la de ella, fundiéndose en un beso, suave y delicado al principio, como una caricia, como un leve roce de labios, para convertirse en un apasionado y voraz beso. La estrechó entre sus brazos y la besó con frenesí. Sus lenguas bailaban la danza de la pasión, sus manos corrían libres por sus cuerpos. Estaban excitados; ella feliz, él atónito, por el cuerpo que tenía aquella a la que consideraba una niña. No comprendía que le estaba pasando, pero disfrutaba del momento y no quería que terminara. La Señorita R se retiró un poco y le dijo…»Te he preparado una sorpresa, algo que no olvidarás nunca”. Carlos no supo que responder, estaba desconcertado, pero quería saber de qué iba todo aquello, y estaba dispuesto a todo.

    La mesa estaba preparada, no faltaba nada, incluso la nata estaba allí. Ella se acercó a la bandeja donde estaba la montaña de nata que pidió y con un dedo cogió un poco, se lo metió en la boca mirando a los ojos de Carlos sin parpadear. Él parecía quedarse sin respiración; viendo lo erótico de esa acción, se le hacía la boca agua. Entonces ella cogió un poco más de nata y acercándose a él se metió el dedo de nuevo en la boca y acto seguido acercó sus labios a los de Carlos, ofreciéndole el placer de su boca, él no se hizo de rogar y tomándola en sus brazos la besó saboreando la dulzura de su interior. La nata pasó entonces a su boca y aquello fue su perdición.

    Ella aprovechó su desconcierto para tomar su mano y dirigirla a la espalda de su camisón y guiándola a los hombros lo instó a que bajara sus tirantes. El vestido cayó por su propio peso al suelo, dejando al descubierto unos pechos redondos y firmes con unos pezones erectos ya por el deseo. Él la contempló y fue recreándose con la visión de aquel cuerpo delicioso que tenía ante sí. Bajó la vista hasta su vientre y vio que llevaba unas braguitas preciosas negras de encaje. La cogió en brazos y la tumbó en la mesa, cogió nata y se la puso en los pezones. Empezó a lamerlos y la Señorita R se excitaba cada vez más. Estaba muy húmeda y ardía de deseos de tenerlo dentro de su ser. Carlos extendió más nata en el cuerpo de ella y repitió la acción. Estaba tan excitado como ella y eso se notaba en la presión que había en sus pantalones.

    Mientras lamía su cuerpo se desabrochó los pantalones

    Se los quitó y también los boxes dejando al descubierto en todo su esplendor la magnífica erección que tenía. Ella quedó deslumbrada con la visión que tenía ante sus ojos, y deseó que estuviera ya en su interior. Carlos le fue quitando las braguitas con los dientes mientras acariciaba sus pechos. Deseaba poseerla, pero antes quería hacerla gozar al máximo. Untó su monte de Venus con nata y la lamió hasta que toda aquella nata paso de solida a liquida, comiéndola toda, separó sus labios mayores y la bañó en nata. Ella creía volverse loca de deseo, pues él sabía cómo hacerla gozar.

    Mientras la lamía introdujo sus dedos en su interior imitando el movimiento rítmico de una copula. Se tendió a su lado, en la mesa y embadurnó su miembro de nata y la Señorita R entendió que le iba a demostrar que no era una niña, se abalanzó sobre él y lo chupó hasta hacer desaparecer todo vestigio de aquel delicioso postre. Siguió chupando con verdadero afán a la vez que jugaba con sus testículos. La colocó de espaldas a él de manera que pudiera lamerla, y poniéndole nata, empezó a jugar con su sexo de nuevo, haciendo que tuviera un orgasmo tras otro, a su vez ella no paraba de chuparlo hasta que él eyaculó en su cara.

    Una vez recuperados, Carlos se puso encima de ella y empezó a penetrarla, lentamente al principio y con más ímpetu después. Mientras la embestía friccionaba el capullo de su deseo. Ella estaba loca de deseo y de placer. El pletórico por haber podido poseerla. Llegaron juntos al orgasmo por varias veces hasta que quedaron rendidos y dormidos uno en brazos del otro. La Señorita R había conseguido su propósito. Carlos entre suspiros la había llamado mujer.

    Espero que os guste mi relato, y espero valoraciones o comentarios que son gratis. Muchas Gracias.

  • En el vestuario

    En el vestuario

    Yo veía que el entrenador se movía hacia todas partes en los vestuarios sin ningún rumbo y sin entretenerse, hasta que me percaté de que estaba cachondo al ver que iba con su ajustado short culotte de atleta y su camiseta. Iba de uno a otro bromeando con el equipo y animoso y cariñoso con los muchachos como ya es su costumbre, solo que ese día era muy notorio.

    — ¡Joder, entrenador! Si sigues frotándome los hombros de esa manera, voy a necesitar que frotes algo más, —dijo Márquez, el capitán.

    El entrenador esbozó una buena sonrisa y golpeó acariciando las nalgas de Márquez.

    — Ese es el lado equivocado, amigo, —dijo Márquez mientras se giraba para mostrar su abultado paquete por debajo de la toalla.

    — ¡Joder, eso está que arde! ¿Estás caliente, Márquez?, —dijo Yon Araujo mientras golpeaba la polla de Márquez a través de la tela.

    — Parece que tú también necesitas un poco de alivio, tío, —le dijo Márquez a Araujo mientras este se bajaba el culotte y dejaba que su erección se balanceara libremente.

    Márquez siguió su ejemplo y dejó caer la toalla al suelo y se acarició con fuerzas parsimonia.

    Antes de darnos cuenta, los cinco que quedábamos en el vestuario ya estábamos acariciando nuestras pollas mientras el entrenador miraba lascivo.

    — ¿Te unes a nosotros, entrenador? —Pregunté mientras mi mejor amigo Jaime acariciaba mi polla que ya goteaba.

    El entrenador se encogió de hombros, se bajó su ajustado culotte de atleta y se mantuvo firme con solo su camiseta.

    — ¿Quieres probar, Marcos? —Me preguntó el entrenador.

    Caminé hacia él, me arrodillé y comencé a chupar su enorme polla mientras mis compañeros de equipo miraban.

    — Sí, amigo, sí, —me animó Araujo mientras me tragaba la polla del entrenador hasta su pubis.

    Araujo se acercó por detrás de mí y deslizó su dura polla por mi culo y sobre mi agujero.

    — ¡Joder!, ¿bromeas?, —dije antes de volver a chupar la buena polla del entrenador.

    Araujo le hizo un gesto a Márquez pidiendo un poco de lubricante, este lo sacó de su casillero y se lo tiró a Araujo. Llenó su polla de lubricante y se deslizó su mano untada por mi apretado agujero de mierda, mientras la dura polla del entrenador comenzaba a gotear pre semen en mi boca.

    — ¡Joder, sí, amigo!, —gemí mientras acariciaba al entrenador.

    Jaime agarró el lubricante y le preguntó al entrenador si quería un poco de polla.

    — ¿Te ofreces, semental? —Preguntó el entrenador.

    — Sabes que lo hago.

    — Si me lo ofreces, dámelo, —dijo el entrenador.

    Jaime se puso detrás del entrenador mientras levantaba una pierna en el banco y Jaime se deslizó en su agujero palpitante.

    En ese momento ya estábamos todos follando o chupando a alguien mientras la habitación se llenaba de gemidos y olores a sexo masculino.

    — ¡Vamos, muchachos!, —animó el entrenador—, no permitáis que esos cabrones de centrocampistas entren y supliquen una polla, —se rio divertido.

    Estaba yo siendo golpeado duro entre el entrenador y Araujo y me corrí disparando por el piso mi carga contenida de semen blanco y fresco, mientras Araujo llenaba mi agujero con su esperma caliente. Pronto todos se corrieron menos el entrenador y Jaime.

    — Acaba ya conmigo y haz que me corra, puto mamón, —rogó el entrenador mientras Jaime se corría a gritos disparando su esperma profundamente en agujero anal del entrenador.

    El entrenador se corrió descargando su mierda sobre toda mi cara antes de que Jaime le quitara la polla de su culo. Solo cuando el entrenador se dirigió a su oficina se salió la polla de Jaime.

    — Gracias, muchachos, —dijo el entrenador antes de llamarme a su oficina.

    Lo seguí a su oficina tal como iba, desnudo, lleno de semen por toda mi cara y cuello y con la polla húmeda de restos que se estaban secando. Una vez dentro, se acercó a mí, me besó en los labios y en un susurro preguntó:

    —¿Puedes quedarte a dormir esta noche en mi casa? Mi esposa está fuera de la ciudad y me gustaría seguir divirtiéndome.

    Asentí con la cabeza y le dije:

    — Me ducho, me visto y me voy contigo, —respondí.

    — Genial, he echado de menos tu agujero, amigo, —sonrió—, además que intuyo que has extrañado el mío, —me guiñó un ojo.

    Mientras salía del vestuario, Jaime gritó:

    — Haz un video para nosotros, semental.

  • Ella sobre él

    Ella sobre él

    En soledad

    Ella estaba en el ordenador y yo viendo la tele, estábamos desnudos ya que estábamos solos en casa y aprovechamos para provocarnos poco a poco de manera indirecta. Sin ella darse cuenta me fijaba como se concentraba leyendo en el pc, su pies como los movía, sus deditos como los apretaba contra el suelo cuando se empujaba para acercarse a la pantalla, aunque parecía que estaba viendo la tele no podía dejar de mirarla de reojo y ver su cuerpo que tanto me provoca.

    Sin poder resistirme más, me acerque a ella y le di un masaje en sus pies para que se relaje, después se los bese, dedo a dedo, sintiendo como rozaban mi cara y respirando su olor que me encanta y me acelera el corazón.

    Una vez termine con los pies y me di cuenta que estaba un poco excitada, la llevé a la cama, la fui besando entre las piernas hasta llegar a su vagina, sintiendo su vello púbico en mi cara fui pasando la lengua por la zona del bikini acercándome a sus labios vaginales, donde me centre en su clítoris, que olía a crema de rosas, era lo más tierno, suave y excitante. Después de centrarme unos minutos fui subiendo con mi lengua por el ombligo hasta llegar a sus pezones, ella excitada, me pedía que la penetrara, pero yo no quería que ese momento acabara.

    Estar entre sus pechos es lo que más me gusta e intento disfrutarlo al máximo.

    Sin esperarlo, me dijo, ahora toca que me ocupe de ti, cuando escuche eso me empezó la taquicardia.

    Suavemente me acostó boca arriba y me la empezó a chupar masajeándome los testículos hasta el punto que tuve que decirle que tenía que parar porque me quería venirme dentro de ella. Entonces lo que hizo fue subir a mi pecho y chuparme apretarme las tetillas como ella sola sabe hacerlo, me llevó al cielo.

    Ella sabe que me gusta que tome el control de la situación y a mi me gusta ser sumiso y entregarme a lo que ella me haga o me pida, entonces me dijo que me acostara boca abajo y que levantará las nalgas hasta que pudiera tener al alcance mi pene para masturbarme por detrás mientras me provocaba la zona perianal. Cuando pensé que no venía más, me di la vuelta y tenía puesto un arnés con un pene impresionante listo para penetrarme y hacerme suya, el corazón me latía muy rápido y no podía esperar para sentir eso dentro de mi, ya que aunque nunca había tenido sexo anal, si que me había masturbado muchas veces y el orgasmo anal es mil veces más intenso.

    Sin esperar más le dije que entrara dentro de mi, sentí la punta y como poco a poco iba entrando, que placer, sentirme completamente dominado por mi mujer, lo que yo más amo en el mundo. Mientras ella me penetrara yo me masturbaba y nos vinimos juntos.

    No hay nada más excitante que ver a una mujer con un arnés lista para ocuparse de ti.

  • Necesitaba un masaje

    Necesitaba un masaje

    Soy Antonio, tengo 21 años. Vivo en la casa que he vivido siempre con mis padres, desde que ellos se fueron al pueblo para atender a mis abuelos, me he quedado solo para poder ir a la Universidad. Estudio arquitectura. Tres días a la semana voy a unas clases sobre biohuertos, porque me gusta más la agricultura que la arquitectura, además soy el único heredero de mis cuatro abuelos, pues mis padres son hijos únicos y yo lo mismo. No me falta dinero y no soy gastador, gasto más en ropa deportiva y complementos deportivos, gimnasio, cintas, zapatillas que en otras cosas. Y mi vida es bastante feliz.

    ¿He dicho que es bastante feliz? No; Es demasiado feliz. Tengo amigas, pero cada vez son más las amigas que tienen novio. Me da la impresión de llegar tarde porque me lo pienso demasiado. Tengo pocos amigos, pero no sé por qué, aunque lo imagino. Me da miedo juntarme con chicos, siempre pienso que me puedo desviar.

    Una tarde de sábado me equipé para dar un largo paseo en bicicleta. Era por la tarde, porque había ido por la mañana al gimnasio y a la una, tras comerme la comida que me había comprado en el súper, no supe que hacer. Solo se me ocurrió ponerme el equipo de ciclista, sin chaqueta, solo el culotte y una camiseta de manga corta por si acaso.

    Al cabo de un buen rato, sin caerme, sin tropezar, sin haber hecho un ejercicio raro, comenzó a dolerme el hombro. Aguanté cuanto pude, pensando que pasaría, pero el dolor era persistente y profundo. Puse freno, me arrimé al arcén y, montado sobre la bici, llamé para pedir una cita y que me dieran un masaje. Me dieron de inmediato la cita para una media hora después, pues aunque estaban desocupados, calcularon que desde donde yo me encontraba tardaría algo así como 30 minutos. Eso significa que me había alejado bastante.

    Por fin llegué a la hora prevista. Es un lugar de masajes deportivos, totalmente legal y fiable. No tiene nombre asiático ni nada de esas monsergas. Ya había estado una vez y me atendió una mujer de mediana edad que me dio un buen masaje fundamentalmente a los cuádriceps y gastrocnemio, como ella decía, y que me ayudó a solucionar algunos problemas musculares. Cuando entré, el terapeuta era un chico de unos 20 años. Se le veía un poco inseguro, pero era realmente profesional, por los certificados que había en la pared de la habitación y todo lo que se manejaba. Me preguntó:

    — Dime, ¿vienes habitualmente o es que te duele algo?

    — He venido una vez para las piernas y ahora me duele el hombre izquierdo.

    — ¿Cómo ha ocurrido?

    — Repentinamente…

    — ¿Ejercicio fuerte?

    — No.

    — ¿Algún movimiento forzado o tropiezo?

    — Nada de eso.

    — ¿Cuanto tiempo has estado en la bicicleta?

    — Esta tarde dos horas y media hora o más antes ha empezado a dolerme…

    — Y ¿esta mañana?

    — Solo he ido al gimnasio sin problemas.

    — ¿Te gustó el último masaje que recibiste?

    — Sí, mucho.

    — Muy bien, desnúdate, descálzate y métete en la camilla, bajo la suave toalla.

    Me desnudé y me metí bajo la suave toalla, tal como me había dicho. Por cierto, la toalla no era más grande que dos servilletas unidas, no era más grande de 70x35cm, tapando lo justo en relajación.

    Al principio, todo era totalmente normal. Estaba boca abajo, y él trabajaba en mis hombros y espalda. Todo era muy normal, pero me dolía cuando masajeaba el hombro, pero me alegré porque al rato dejó de dolerme tanto como antes. Luego bajó a mis piernas. Mientras trabajaba en mi primera pierna, fui notando gradualmente algo… diferente. No cuidaba tanto el mantener la suave toalla cubriéndome todo lo que no trabajaba como hacía la mujer que me atendió la vez anterior. Simplemente la tenía apoyada encima de mí, sin preocuparse de sujetarla a ambos lados. Pensé que la otra vez era mujer y ahora es hombre y me pareció normal. A medida que subía por mi pierna, empujaba la toalla para que no le dificultara. Luego la enrolló sobre mi cintura y masajeó mis glúteos directamente. Nunca me habían hecho eso así antes, solo una vez me lo hicieron por debajo de la toalla. Pensé que cada especialista tiene sus modos. Yo me encontraba bien a gusto y las manos eran suaves y muy delicadas. Entonces… mientras trabajaba en el interior de mi muslo, las puntas de sus dedos rozaron ligeramente mi agujero.

    Esto sí me resultó inesperado. Nadie se había acercado antes tanto a mi agujero, mucho menos tocarme allí. Pero sucedió tan rápido que pensé… ¿será tal vez un error? Puede que él ni siquiera sabe que lo ha hecho.

    Luego cambió a mi otra pierna. Ocurrió lo mismo, pero esta vez, además, las puntas de sus dedos rozaron también mis bolas. Pensé: ¡Mierda…! ¿Sabrá que acaba de tocarme las pelotas? Empecé a pensar… Bueno, tal vez considerando que soy un hombre y él es otro hombre, está más relajado y no le preocupa lo que toca sin querer. Esto debe ser normal cuando el terapeuta es otro hombre.

    Antes de que pudiera pensar demasiado en ello, me dijo:

    — Date la vuelta.

    Se puso a un lado y levantó un poco la toalla. Me acomodé bien de espaldas. Lógicamente él tuvo que verme, pero de inmediato dejó caer la toalla sobre mí y nuevamente olvidó sujetarla a los lados. Sólo la dejó apoyada ligeramente sobre mí. Con lo pequeña que era, no podía cubrirme el pecho como hacen otros fisioterapeutas. Sólo me cubría las partes por debajo del ombligo y justo. Mis brazos, mi pecho y mis abdominales estaban descubiertos, y yo me encontraba bien.

    La verdad es que aún no me había puesto duro, pero yo estaba definitivamente muy consciente de lo que estaba sucediendo, y me dije: «ya veremos en qué acaba esto». Empezó por mis pies. Sinceramente me lo hizo pasar muy bien, porque eso sí me gusta, me encanta que me toquen los pies. Cuando se me enfriaban los pies en invierno mi madre me los calentaba tocándomelos y dándome masajes. Me gustaba mucho y en ese momento en que el físico me los estaba acariciando con sus suaves y aceitadas manos, ¡buff…, qué rico! ¡Cómo me amasaba la fascia plantar! Me producía un enorme placer aliviando el dolor de talón, daba la impresión de ir en volandas, ¡cómo lo disfruté sin ningún tipo de preocupación! Luego subió por una pierna lenta pero firmemente. A medida que subía por mi muslo, llegó también al interior, y de nuevo… sus dedos rozaron mis pelotas. No pude evitarlo; mi polla empezó a ponerse dura. Cambió a la otra pierna. Ocurrió lo mismo, primero suavemente y apretando con firmeza y cuando llegó al muslo, debió haber visto que mi polla se animaba, y no solo rozó las pelotas, las tocaba acariciándolas. Para ese momento mi polla estaba completamente dura, lo cual era bastante obvio que ocurriera, teniendo la toalla ligera enrollada como un cinturón en la cintura. Claro… mi polla había empezado a endurecerse, se estuvo saliendo de debajo de la toalla, lo había visto y había doblado la toalla enrollada en mi cintura. Así que la cabeza, tronco y extremidades estaban totalmente al descubierto, y sus manos descansando sobre mis abdominales inferiores. No había ninguna duda. Estaba observando mi fisiología, anatomía y voluntad, ya todo lo había visto. En ese momento, él ya era conscientemente sabedor de que mi cuerpo le respondía.

    Se acercó para colocarse detrás de mi cabeza. Yo tenía los ojos cerrados, pero sospecho que mientras estaba de pie masajeando mi cuello… probablemente estaba mirando mi polla dura totalmente expuesta y erecta.

    Cuando terminó con mi cuello me preguntó:

    — ¿Continúo con los pectorales?

    — Sí, por favor, —le dije sin abrir los ojos y dispuesto a lo que viniera.

    Escuché cómo dejaba algo de ropa en algún lugar y yo tiré de la toalla enrollada dejándola caer al suelo, aunque se enganchó en la camilla. Luego, comenzó a trabajar en mi pecho. Al poco rato terminó con las palmas de las manos sobre mi pecho e inició un toqueteó de los dedos sobre mi piel, a continuación comenzó a deslizar lentamente sus manos por mi torso, por encima de mis pectorales y luego por los abdominales hasta que sus manos quedaron planas, con las palmas hacia abajo en mis abdominales inferiores, sus pulgares tocaban mi polla mientras los demás dedos se deslizaban por debajo de mi pene duro y se deslizaban hacia abajo hasta llegar a la base de mi polla. Yo estaba con los ojos cerrados. Con sus pulgares, empujó mi dura polla hasta que se puso del todo erecta, apuntando al techo. Así la mantuvo durante varias respiraciones en el más absoluto silencio. Solo noté su aliento suave y cálido por mi pecho y me encendía más solo de saber que su cara estaba sobre mí. Ninguno de nosotros dos decía nada. Mis ojos seguían cerrados. Pero sabía que obviamente lo estaba haciendo a propósito. Lo repitió varias veces, deteniéndose así al final de cada pasada… sus manos planas en la zona de mi ingle y mi polla dura sobresaliendo. Yo estaba flipando… Mi polla estaba a tope de dura, tanto como nunca lo había estado… Aquí estaba un hombre sosteniendo mi polla de manera que apuntaba hacia el techo. Pero ninguno de los dos queríamos frenar lo que estaba pasando. Fue una locura, un momento de auténtica locura.

    Después de unos minutos, su aliento me daba en la cara y me susurró al oído preguntándome:

    — ¿Qué más puedo hacer por ti?

    Yo que quería que lo hiciera, aunque a la vez estaba muy asustado, sólo dije:

    — ¿Como qué? —No imaginaba que faltara nada más.

    Él tomó eso que le dije como darle luz verde y simplemente me besó suavemente en los labios. No abrí aún los ojos y me relamí con la lengua. Luego agarró mi polla. Me roció con un poco de aceite de masaje, envolvió su mano alrededor de ella y comenzó a acariciarla. A estas alturas, la suave toalla ya había caído por sí misma al suelo por completo. No pude evitarlo, mi cuerpo empezó a retorcerse. Era tan erótico. Lo que le estaba haciendo a mi pene me puso en contacto con él. Por momentos me llevaba a un punto en el que sabía que estaba cerca. Y luego retrocedía. Tras un minuto, empezaba a acelerar de nuevo y una y otra vez se frenaba. Al principio usó su otra mano para recorrer ligeramente mis abdominales y mi pecho. Luego para pellizcar mis pezones. Sin embargo, ninguno de los dos dijo nada. Y todavía no abrí los ojos. Pero mi cuerpo ardía. Mi corazón latía con fuerza. Mi líquido seminal fluía locamente por el meato. Yo gemía. Ya no pude aguantar y abrí los ojos. Él se encontraba desnudo, arqueado por encima de mi cuerpo y su polla a la altura de mi cara rozándome la nariz. Abrí la boca, encajó su polla en mi boca y siguió con su trabajo. Mis ojos estaban clavados en sus pezones rosados y erectos, mi boca chupando su glande, mi nariz oliendo su pubis, mis manos violenta y fuertemente amarradas a los laterales de la camilla, mi cuerpo encendido y él seguía con lo suyo. Por fin me corrí, descargué una enorme carga por toda mi cara y mi pecho. Bien supo dirigir mi polla en el momento en que él mismo se hacía a un lado sacando su glande de entre mis labios. Sinceramente, fue uno de los orgasmos más intensos que tuve hasta ese momento. Tal vez el más intenso. Y que me ha dejado marcado de por vida. No tardó en descargar su polla sobre mi pecho y mi cara y al terminar me dio un enorme, húmedo y viscoso beso, recogiendo semen quizá mezclado de mis labios que ambos compartimos

    Luego, al momento, trajo una toalla caliente. Me limpió suavemente. Mirándome fijamente sólo dijo:

    — Gracias —y salió de la habitación.

    No podía creer lo que acababa de suceder. Tuve una repentina sensación de culpa y miedo. Pero me vestí, salí, me paré en el mostrador para pagar y me fui. Y, por supuesto, me masturbé pensando en ello durante semanas.

    Esa fue la experiencia que me abrió una puerta a otra dimensión.

    ¿Que si sigo yendo? Por supuesto, siempre pido una cita con Felipe. Ahora me hace masaje anal. Mientras su polla está en mi agujero, sus manos trabajan mis pectorales. Felipe es de enorme agilidad, puede estar follando y haciendo su trabajo. Se embadurna con aceite sus manos y su polla y me la mete dejándose caer, me besa y se pone a darle con las manos a mi pecho, me vuelve a besar y reiniciar sus movimientos simultáneos, adentro y manos arriba, afuera y manos abajo, a veces lo hace al revés. Solo me pide que no gima fuerte por si espera un cliente o escucha la secretaría. La última vez que fui me hizo un masaje a la polla con su ano, bailaba sobre mi polla. Jamás me encontré tan bien.

    Ese mismo día, cuando ya habíamos acabado, me preguntó si sabía de alguna habitación que se alquilara, le dije:

    — Vaya, ¿para qué has de irte solo? A mí me sobran habitaciones en mi casa, y puedes pagarme con masajes.

    Siguen sobrando todas las habitaciones, porque con la mía nos servimos los dos. Ahora grito, gimo, berreo…; ahora he descubierto que Felipe gime fuerte cuando me folla, berrea cuando le llega el orgasmo y ruge cuando lo follo yo. Si nos venimos los dos juntos, que es lo que suele ocurrir, aquello parece una jauría de canes en una montería.

    Pensé que necesitaba un masaje y encontré un masajista.