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  • Una buena vida

    Una buena vida

    «Pues sí, tu vecina está para comérsela, qué culo, qué tetas», dijo Ricardo a Juan cuando hacían ejercicio, mientras corrían; «Te refieres a la madre, ¿verdad?», dijo Juan; «Me refiero a quien me dé la gana», contestó Ricardo adelantando su cuello, su cabeza hacia Juan; «No te creía tan pervertido, la hija tiene diecisiete»; «Perdona, dieciocho, dieci-ocho», dijo Ricardo, antes de darle la espalda a Juan y alejarse de éste a buen trote por un carril del parque, que a esa temprana hora estaba vacío, rápido, más rápido. «¡Espera!, ¿cómo lo sabes?», llamó Juan sin poder seguir el ritmo a su amigo; se detuvo, inclinó su torso apoyando las palmas de las manos en las rodillas; resopló; pensó: «Se la ha tirado, el muy cabrón se la ha tirado».

    Juan regresó solo a su bloque. Abrió el portal, llamó al ascensor, subió y accedió al rellano. «Hola, vecino», oyó que le llamaban. «Ah, hola, Rosa», contestó girando su cintura. Ahí estaba Rosa, como siempre, tremenda mujer de larga melena, fumando junto a la ventana. Rosa iba vestida con un pantalón corto de hombre y una camiseta de tiras blanca, y calzaba unas pantuflas de andar por casa. Las piernas de Rosa eran rollizas; su cintura, carnosa, pero muy femenina, formaba una pronunciada curva, la justa para sujetarse, y sus tetas eran como calabazas. Rosa tendría unos… cuarenta y tantos. «Juan», dijo Rosa, «ese amigo tuyo, Ricardo…, dile que deje ya en paz a mi Maricarmen, que no me gusta que la niña ande con tíos tan mayores, que ya se sabe, que se aprovechan de las pobres inocentes regalándole paparruchas…, ayer le regaló un móvil a la niña, ese Ricardo, anoche mi Maricarmen llegó a las tantas de la madrugada…, está muy feo eso, Juan, que Ricardo dobla en edad a la niña…».

    Juan se quedó, al principio, pasmado ante tamaña bronca expresada con mucha tranquilidad, pero con un tinte de drama familiar; después, reaccionó: «No te preocupes, Rosa, Ricardo es buen muchacho, de todos modos le avisaré»; «Gracias, vecino, gracias, Juan», dijo Rosa, y arrojó la colilla al ojo patio. «Bueno», dijo Rosa, «vuelvo a mi cueva, ahora me desnudaré…». Al oír «me desnudaré», Juan se empalmó, dijo: «Como Eva»; «¿Qué has dicho?»; «Oh, no, nada»; «Has dicho «como Eva», sí, la de Adán, sí, pero yo estoy más gorda»; «Me gustas, Rosa», no lo pudo evitar, lo dijo. Rosa reaccionó acercándose a Juan. «Bésame», pidió. Juan atrajo la cabeza de Rosa hacia sí y la besó largamente, con un beso húmedo, de tornillo; sus lenguas chocaron, se unieron, jugaron, mientras sus sexos palpitaban bajo sus ropas. Rosa, despacio, se separó. Juan la observó sin poder ocultar su mirada de deseo, bien posándola en las tetas de Rosa o bien en sus macizos muslos. Rosa cerró la puerta de su casa tirando de la manija y dijo: «Juan, en tu casa, Maricarmen duerme».

    El sol de mediodía, filtrándose a través de los estores, iluminaba la carne sudorosa, esforzada, de ambos. Rosa, montada sobre el regazo de Juan gritaba de placer a cada movimiento de sus caderas, a cada empuje proveniente desde abajo; sus tetas vibraban grávidas sobre el torso de Juan; su melena castaña ondulada, ondulaba en el aire cálido del dormitorio. «Aahh, Juan, aahh, qué bien me haces, qué me gusta», suspiraba Rosa; «Rosa, oohh, creo que me voy a correr», avisó Juan; «No, quieto», susurró Rosa, sacándose la polla del coño; acto seguido, se tumbó sobre el colchón con la cabeza entre las piernas de Juan, se metió la polla de éste en la boca y chupó, lamio y mamó hasta que el chorro de semen coronó sus muelas. «Oohhg», rugió Juan.

    Se fueron vistiendo dándose besos en los labios, en las caras, en los brazos: no deseaban separarse, diríase que se querían, pero, por ser la primera vez que se probaban, no quisieron tentar más al amor. Juan acompañó a Rosa hasta la entradita, se apretó a su cuerpo enlazándola por la cintura y la besó, después murmuró: «Compraré condones», y Rosa rio. Juan abrió la puerta; salieron al rellano. Rosa dijo: «No llevo mis llaves, despertaré a mi Maricarmen, que me abra». Rosa dio al timbre. Una. Dos veces. «Qué raro», soltó Rosa. «Espera, Rosa, saltaré de mi balcón al tuyo, total es una segunda planta, no me da miedo», propuso Juan. Juan entró de nuevo a su piso, salió al balcón, saltó y entró en el piso de Rosa. Lo que vio, nunca se lo contó a Rosa durante el tiempo que estuvieron casados, lo que vio ni él podía creerlo. Tomó a Ricardo de los hombros, le propinó un fuerte puñetazo y, a patadas, lo hizo salir de casa de Rosa. Rosa, al abrirse su puerta y ver salir de ella a Ricardo, profirió un agudo grito y se desmayó. Fue una suerte. Juan tuvo el tiempo suficiente para adecentar a Maricarmen, dejarla en su camita, dormida, como ya estaba, limpiar los restos de lo que allí había sucedido y volver a salir para reanimar a Rosa. «¿Qué ha pasado, qué ha pasado?», preguntó; «Nada», dijo Juan; «¿Estaba Ricardo en mi casa?»; `No se atrevería», tranquilizó Juan.

    La policía detuvo a Ricardo por posesión de drogas justo el día en que Rosa y Juan se casaron. Maricarmen, gracias a la influencia de su padrastro, se lo pensaba mejor antes de aceptar proposiciones que aludiesen a una buena vida exenta de esfuerzos. Rosa y Juan seguían follando bien, con ganas. Una noche, a Juan se le olvidó ponerse el condón y se corrió dentro del coño de Rosa. Resoplando, con su cabeza hundida en la canal de Rosa, entre sus grandes tetas, Juan dijo: «Me he corrido dentro», a lo que Rosa le contestó risueña: «Bueno, me quedé estéril después de tener a Maricarmen»; «¡Por qué no me lo dijiste el primer día!».

  • Autobiografía sexual (Parte 6): Tras las rejas

    Autobiografía sexual (Parte 6): Tras las rejas

    Ya habían transcurrido varios días con mi celular encendido y no recibía ninguna llamada. No sabía si mi tío ya no quiso insistir o ya me daba por muerta. Aunque, sinceramente, no sabía qué elegir, si estar en esclavitud sexual con mi tío o donde me encontraba en ese momento.

    Algunos días eran aburridos, por lo tanto, me dedicaba a revisar cada mensaje y notificación que fueran importantes y fue así como me enteré de algo impactante. Esta es la conversación de WhatsApp con mi madre a partir del día que mi padre me corrió:

    «15 de enero: Hija, ¿dónde estás? No vayas muy lejos, le llamé a tu tío Marco, él te acogerá en su casa para que estés segura.

    18 de enero: Oye, tú tío me comenta que no llegaste a dormir, ¿dónde estás, hija? ¿Todo bien?»

    Después de una serie de mensajes preguntando por mí, escribió esto:

    «6 de febrero: Ay, hija, solo hazme saber que estás bien. Anoche tu tío llegó borracho a mi casa buscándote y soltó la sopa, dijo que tuvieron sexo, ¿es cierto eso o te violó? Dímelo, sabes que puedes contar conmigo. Lamentablemente tu papá golpeó a tu tío y lo dejó herido de gravedad. Por favor, necesito saber de ti.

    14 de febrero: Hija, sé que es muy noche y no sé qué ha sido de ti, incluso llego a dudar si sigues viva, pero quiero que sepas que tu papá me descubrió siéndole infiel esta tarde, me golpeó, pero mi amante lo sometió y hui, esta noche dormiré con él si no es que lo haré de ahora en adelante, es aquel hombre que conociste cuando llegaste de imprevisto a la casa y me viste teniendo relaciones, se llama Ignacio, si necesitas algo llámame y si no tienes dónde dormir él te da la bienvenida, me ha estado preguntando todo este tiempo por ti.»

    Su último mensaje de insistencia por saber de mí fue hace una semana y media. Parecía que me consideraba ya en el otro mundo. Lo único que hice al respecto fue escribirle el siguiente mensaje:

    «Estoy bien, mamá, espero que tú también. Te amo.»

    La verdad, estaba muy contenta de que siguiera sus instintos, aunque eso le costara casi un ojo de la cara, me imaginaba. Por mi mente pasó irme a vivir con ella de inmediato, me sentiría más a gusto que donde me encontraba y de paso, cogería otra vez con ese lechero pito rico, pero me las vería duras con el señor Romanin y solo lo tomé en consideración para un futuro no muy lejano, esperaba.

    Estaba por apagar mi teléfono para desaparecer otra vez, sin embargo, antes de hacerlo recibí una llamada. Era Adrián. Debido a mi sentimiento de soledad y tristeza fue que le contesté, queriendo encontrar en él una persona de confianza y, para mi suerte, así fue. Pasamos hablando muchas horas, me escuchó y animó tanto que terminamos la llamada hasta la medianoche. Además, el galán aprovechó el momento para proponerme vernos y platicar. Obviamente acepté y lo invité a la casa de los Romanin, esperando que eso no tuviera consecuencias malas para mí.

    Al siguiente día, Adrián llegó bastante puntual. Lo invité desde las tres de la tarde para que se fuera antes de las diez de la noche por si el señor Romanin llegaba de imprevisto.

    El alto y apuesto muchacho fue muy amable conmigo y pude desahogarme con él de todas mis penas, desde lo que pasó con mi papá hasta lo que tuve que padecer en esa casa. Sé que eso no se le puede contar a alguien que recién conoces, pero yo no era muy madura en ese entonces y aflojaba con cualquiera, mucho más si me daba atención como Adrián, quien, por cierto, me pidió que le contara a detalle algunas de esas historias sexuales para excitarlo. Sabía que quería algo más que solo escucharme y alentarme, pero su forma de seducirme provocó que le siguiera el juego.

    Todo llevó a un intercambio de anécdotas sexuales que prendieron la chispa. El calor en la sala aumentó y sin pedírselo, el guapote de Adrián se quitó su camisa.

    —¿Puedo tocar? —pregunté interesada.

    —Lo que quieras —contestó con una voz tan sexy.

    —Pero no me gusta que estés de pie —dije y con alevosía lo empujé de forma que cayera en el sofá.

    Posteriormente, me subí al sofá y me puse de rodillas a un lado de él para manosear su pecho y su abdomen duritos. A la vez, me vi tentada por mirarlo a la cara y tentarlo a besarnos, cosa a la que accedió sin problema y vaya que besaba muy rico. Asimismo, él no dudó en estirar su mano y acariciar mis glúteos.

    —Mete tu mano —le susurré sensualmente y él obedeció introduciendo su mano por debajo de mi falda para tocar mis nalgas.

    Lentamente fui bajando mi mano derecha por su pecho, atravesando su abdomen y reposándola en su entrepierna, donde sentí algo duro y en movimiento debajo de su pantalón. Deslicé presionando mi dedo índice a lo largo de la superficie de esa cosa gruesota y provoqué que él gimiera y me soltara una nalgada. Luego pasó su palma por mi entrepierna y provocó que yo gimiera. Me encantaba que me hiciera lo que yo quería sin pedírselo, pues luego metió sus dedos bajo mi tanga y talló rico mi clítoris.

    —¡Ah! Así me gusta, me gusta cómo me tocas. Mmmm.

    Para no quedarme atrás, me apresuré en desabrochar su pantalón y exponer su larga, gruesa y lampiña verga que salió solita por el orificio de su bóxer. Entonces me empiné como se debe para poner mi cabeza a la altura de su pene y comencé a frotarlo a la vez que le pasaba mi lengua como si fuera una sabrosa paleta. Desde la base hasta la punta pasaba mis labios con la boca abierta a manera de masturbarlo y eso le fascinaba, pues sus gemidos se escuchaban más fuerte.

    Después, permití que se quitara bien el pantalón y el bóxer, al mismo tiempo que yo me despojaba de mi blusa y mi brasier. Una vez acomodados de nuevo como estábamos, se la empecé a chupar suave y lentamente, estimulando con mis labios esa zona que les provoca hacer muecas, el borde inferior de su glande. Simultáneamente, él ya había bajado mi tanga a la altura de mis rodillas y me insertó un dedo en mi concha y comenzó a frotarlo despacito en círculos. No podía evitar mover mi trasero hacia atrás y hacia adelante del placer que me causaba, sin sacar de mi boca su pito.

    Poco a poco, fui metiendo su verga más profundamente en mi boca y aumenté la velocidad con que se la chupaba. De pronto, él tomo mi cabello y agitó mi cabeza para hacerlo a su gusto de velocidad y fuerza, aunque causó que tuviera sensación de ahogo, pero sin duda me gustó tenerla toda en mi boca. Ya se imaginarán los ruidos de mi garganta siendo golpeada y mis descansos jalando aire.

    Luego de un rato, Adrián me puso en cuatro para jugar con mis nalgas, acariciarlas, rebotarlas y golpearlas rico. Sin esperarlo, sentí su lengua escarbando mis labios vaginales y pasando desde mi clítoris hasta mi ano.

    —¡Uy! ¡Qué ricas lamidas me das, papi!

    Hice mi trasero lo más atrás que podía y sentía su lengua y sus labios comiéndose mi coño mientras que su nariz me picaba el culo. Su respiración me hacía cosquillas y me idealizaba para una posible penetración anal, que de solo pensar en ello me daban como ñáñaras por lo grandecita que la tenía.

    Su boca terminó de hacerme maravillas para pasar a enterrarme toda su deliciosa polla. Sin piedad ni romanticismo comenzó a embestirme duro y a velocidad moderada, justo como quería porque ya estaba muy caliente y deseosa de ser cogida.

    —¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Así, baby! ¡Duro! ¡Mmmm, se siente bien rico!

    Sus movimientos, lo fuerte que me follaba, la manera en que me sostenía y las nalgadas que me propinaba eran tan fascinantes. En momentos se detenía y yo aprovechaba para azotarme solita y moverme sensualmente. Me encantaron sus gemidos graves con frases calientes que provocaban que me moviera más.

    —¡Tsss! ¡Ahhhh!

    —¿Te gusta, papi? ¿Mmm?

    —¡Uy! Me encanta.

    —¿Qué te encanta, baby?

    —Me encanta tu cuerpo, mami. ¡Tsss! Te mueves riquísimo.

    Era hora de premiarlo, así como estaba hincada solo me zafé de su polla y me di la vuelta para mamarle la verga y mirarlo a los ojos, provocándole bastante excitación.

    —A mí me encanta tu chile. ¡Mmmm está exquisito!

    —¡Ay, chiquita! Me prendes demasiado.

    —Y tú a mí, me tienes ardiendo de placer. Coges excelente.

    El siguiente paso fue acostarlo en el sofá y ensartarme en su verga para darle unos sentones duros al mismo tiempo que manipulaba mi clítoris y no tarde en correrme a chorros. Me saqué el pene de Adrián para echar mis jugos en el sofá, pero no me esperaba ver que su glande se infló y eyaculó a mares. Su rica leche brotó hasta mi cara y me escurrió prácticamente en todo el cuerpo. Yo solamente me llevé la mano a la boca para ocultar mi risa, pero luego le tomé el pito y comencé a besarlo y a limpiarlo con mi lengua del semen que le quedó escurriendo.

    —¡Uf! Ya no aguantaba más —dijo exhausto.

    —No te excuses papi rico —consentí—. Tu lechita está buenísima.

    —¿Te avientas otro round?

    —¡Por supuesto! —exclamé emocionada—. ¡Estaría perfecto!

    —Pero descansemos un poco, ¿sí?

    —¡Claro! Te propongo algo: Vamos a bañarnos, la tina es muy cómoda.

    —Me parece muy buena idea.

    Sin demorarnos más, fuimos al baño. Preparé el agua, nos metimos a la tina y nos relajamos yo a un lado y él del otro, aunque conforme nos sentíamos descansados, nos acercamos para encender la llama de nuevo con ricos besos de boca y en el cuello. Adrián también me obsequió una rica mamada de senos, me puso la piel chinita y me paró los pezones.

    Hasta ese momento, era la mejor cogida de mi vida y se lo hice saber. Cuando se lo dije, se levantó de la tina y me puso la verga en frente.

    —Aún no es todo lo que puedo dar.

    —¡Uy! Qué rica amenaza.

    —Pero antes quiero que me hagas una rusa.

    —Con todo gusto, guapo.

    Sus deseos eran órdenes para mí. Su polla estaba un poco flácida, debido al efecto del agua, supongo, pero la froté entre mis pechos y la metía en mi boca de vez en cuando. Adrián ponía de su parte moviéndose para que su pene pasara entre mis tetas como si se metiera una salchicha en pan para hot dog.

    Después me pidió que me pusiera en pie y luego de hacerle caso, me volteó para darle la espalda y me la metió sin aviso. Yo me encorvé porque sentía resbalarme y me apoyé agarrando con ambas manos el filo de la tina. Por su parte, Adrián tenía los pies bien firmes en la tina y me sostenía de las tetas al penetrarme duro y sabroso.

    —¡Ay, papi! ¡Más, más! ¡Dame más duro! ¡Mmmm!

    De repente, sentí sus manotazos en mis pompas. Yo gritaba de placer, pero poco a poco empecé a gritar de dolor porque lo hacía constantemente y muy fuerte. Me mentalicé para una cogida hardcore debido a su amenaza y lo pesada que estaba su mano al golpearme, sin embargo, me estaba debilitando un poco y casi me resbalaba.

    Adrián me sostuvo por suerte y me dijo que continuáramos en una habitación, así que lo llevé a la mía. Nunca me imaginé que él quisiera llevarme a mi recámara teniéndome penetrada en la posición en la que estábamos, yo tenía que guiarlo y dar los pasos al mismo tiempo. Fue loco, divertido y rico.

    Una vez que entramos a mi cuarto, me arrojó a la cama y me siguió nalgueando fuerte. En eso, se detuvo y me dirigió la palabra.

    —Ponte tu atuendo de sirvienta.

    —Lo que diga mi rey.

    —Dices que tienes veintiún años, ¿verdad?

    —Así es.

    —Y ¿cuánto ganas?

    —No mucho —respondí diciéndole la cifra aproximada mientras me vestía de sirvienta.

    —Es muy poco en realidad.

    —Pero te confieso que recibo más por lo que ya te conté —dije haciendo referencia a la innegable esclavitud sexual a la que estaba sujeta por el señor Romanin.

    —Bueno, algún día saldrás de esta. Ahora ponte en cuatro.

    Con los pies en el límite de la cama me empiné a su gusto y él me penetro despacio, pero propinándome nalgadas bastante duras que hicieron que expresara mi incomodidad.

    —¡Ay! Adrián, me está doliendo.

    —Pero ¿no te gusta?

    —¿Tú coges así de sádico?

    —Sí. Bueno, me falta más por mostrar. Solo quiero ver qué tanto toleras.

    En vez de parecerme una explicación, lo tomé como un reto.

    —Tú sigue, papi. Yo te diré cuando ya no lo soporte. ¿Va?

    —De acuerdo.

    Adrián continuó pegándome fuerte al mismo tiempo que me follaba y yo emitía gritos de dolor, no obstante, cada vez más me fue gustando.

    —¡Ay! ¡Ay! ¡Dame más! ¡Dame más! ¡Uf, sí! ¡Pégame, papito!

    —¿Te gusta mami?

    —¡Ay, sí! ¡Me encanta que me pegues!

    —Eres mi rica puta.

    —¡Mmmm! ¡Soy tu puta, papi! ¡No pares! ¡Ahhh qué rico!

    Otra vez venía esa palabra a escena y yo me la estaba creyendo, pues ya había vendido mi cuerpo por dinero. Solo esperaba que él también me pagara al final, por pura casualidad, aunque sentía que me lo merecía por el sufrimiento.

    Al borde del llanto, Adrián paró de golpearme y sentí alivio, aunque necesidad de descansar, pues seguía cogiéndome. De pronto, sentí su dedo pulgar mojado presionando mi ano.

    —¡Ay, amor! ¿Me vas a coger por el culo?

    Adrián no dijo nada, solo me estuvo penetrando el ano con su dedo a la par de la cogida que me daba por el coño. Esa sensación de doble penetración fue deliciosa y me hizo fantasear con tener una en un futuro.

    Luego de rato, Adrián me sacó el pito de la concha e intentó introducirlo en mi culo.

    —¡Ay! ¡Ay! ¡Échale babita! ¡Me está doliendo!

    —Lo tienes bien estrecho.

    —Pues sí, papi. Tú lo vas a estrenar. ¡Ahhh!

    —Ya va entrando. ¡Ahhh!

    —¡Mmmm! ¡Ay, papi! ¡Poco a poco, ¿sí?! ¡Ah! ¡Ahhh!

    Adrián no me hizo mucho caso, pues dejó ir toda su verga de una en mi culo y me hizo llorar. De principio fue demasiado doloroso, aunque él lo hacía lento y jalando mi cabello, pero transcurrió el tiempo y se iba sintiendo muy rico, aún más cuando incrementó la velocidad. Para ese momento yo gemía despacio, pues me iba reponiendo del llanto que me causó la primera penetración, pero luego fui gimiendo cada vez más fuerte y pidiendo más.

    No obstante, llegó un momento en que Adrián dejó de tirar de mi pelo y solo se sostenía de mi espalda sin apoyar sus pies en el suelo, como columpiándose, pues sentía todo su peso encima. Después, me desplazó hacia adelante para que tuviera espacio en la cama, se puso en cuclillas para seguir cogiéndome fuerte y retomó las durísimas nalgadas. Mis gemidos ya parecían carraspeo, sentía calambres en los muslos y las pantorrillas, además del dolor rectal por la penetración y lumbar de soportar el peso de Adrián en cada embestida.

    De repente, Adrián gritó con voz grave y sentí su calientito y delicioso semen siendo depositado en mi culo. Por inercia, pujé y me salió su leche escurriendo hacia mi vagina. Fue una sensación bastante placentera, aunque me costó mucho trabajo volver a ponerme en pie.

    —Estuviste asombroso —le felicité.

    —¡Tú estuviste sorprendente! Sentí haberte hecho mucho daño que ya no quise darte cachetadas ni azotes en otra parte del cuerpo.

    —¿Eso quiere decir que no soporté lo suficiente? —pregunté como una inexperta en el tema del sadomasoquismo.

    —¡Al contrario! Lo hiciste muy bien.

    —¿Me puedes conceder un deseo sexual? —dije como haciendo puchero.

    —Claro, ¿qué quieres que haga?

    —Acuéstate boca abajo.

    Adrián obedeció y se acostó boca abajo. Entonces, yo me acerqué y comencé a besar su trasero.

    —Espera, ¿qué estás haciendo?

    —Tú solo relájate.

    —No. Eso no me gusta.

    —¿No me vas a conceder este caprichito?

    Poniendo una carita de tristeza logré convencerlo de que se dejara llevar y proseguí comiéndome la piel de sus glúteos y le di un beso negro, que después de unos segundos interrumpió al ponerse de pie.

    —Lo siento, es uno de los tantos gustos raros que tenemos las mujeres —me excusé al ver su cara como de enfado.

    Después de eso, nos vestimos y preparé algo para cenar juntos antes de que él se fuera. Yo continuaba quejándome de dolor en mi cuerpo y muy amablemente, Adrián me dio un medicamento. Lo grave de haberlo aceptado fue que no supe qué pasó hasta que desperté al día siguiente y noté que algunos de los tantos objetos ostentosos que estaban a simple vista en la casa de los Romanin ya no se encontraban en su lugar.

    Con preocupación, fui a la recámara del señor Romanin y de su hijo. Lamentablemente, muchas cosas de valor desaparecieron. No tuve más remedio que llamar al señor Romanin y ser sincera al decirle que invité a una persona, pues tenía cámaras que no monitoreaba muy seguido, pero en este caso se iban a requerir.

    Para mi desgracia, el señor Romanin llegó pronto a la casa acompañado de policías, quienes de inmediato me esposaron y me trasladaron al ministerio público.

    Así fue como me vi tras las rejas del separo en lo que mi situación se aclaraba. El señor Romanin me visitó uno de esos feos días encerrada, pero solo fue para declararme su ira.

    —Conmigo no se juega, pero yo puedo jugar con quien quiera. No voy a pagar tu fianza y en juicio haré que te metan presa. Desconozco cuántos años de pena te impondrán, pero te deseo lo mejor durante ese tiempo criando a nuestra bella criatura.

  • Primera vez de un adulto (Parte 5)

    Primera vez de un adulto (Parte 5)

    Después de todo el placer me dijo que saliéramos a comer, así que nos bañamos, pero no hicimos más, nos reímos mucho en el baño, toda la situación me parecía irreal, hace apenas un par de semanas yo era muy macho, ahora estaba desnudo en el baño con otro hombre, era yo quien le daba satisfacción a ese hombre. Era yo quien le hacía sexo oral y que se tragaba sus jugos, era mi ano el que se comía su pene y le hacía reventar de placer. No sabemos dónde estaremos al día siguiente.

    Le enseñe la ropa interior que llevaba, escogió una tanguita para que me la pusiera, se la modele, mientras me vestía me tocaba y apretaba las nalgas, salimos a comer a un restaurante japonés cerca de allí, así que caminamos, conversamos muchísimo sobre lo que queríamos no solo en lo sexual sino en lo personal.

    Después de todo esto necesitábamos recuperar la energía, así que pedimos comida a domicilio, comimos en la cama, viendo televisión, la conversación giró en torno a mí, la ropa, ropa interior, si yo me había travestido alguna vez, le conteste que no “profesionalmente” pero lo hice cuando era muy joven, me preguntó si lo haría, después de pensarlo un rato le comenté que para el en privado podría usar algunas cositas, pero no mucho porque no sé cómo hacerlo.

    No sé de maquillajes y que definitivamente no saldría vestido de nena a la calle, le enseñe la lencería que llevaba para él y le encanto, llevaba unos hilos, unas tangas y 3 babydolls para la noche. Después de comer se levantó y se fue a bañar lo que me decepciono un poco porque pensé que tendríamos otra ronda, pero Alfredo me dijo que debía salir unos minutos, que volvería en unas dos horas que me pusiera cómodo, salió, me quede solo en su casa y me puse una tanga y una camisa. Me sentía sexy.

    Alfredo regreso como a eso de las 6 de la tarde, yo estaba en el cuarto cuando lo escuche entrar, pero estaba hablando y había otra voz desconocida, me asuste un poco porque estaba en ropa interior femenina y con una camisa que apenas cubría mis nalgas, en eso abrió la puerta del cuarto, era Alfredo, estaba como en shock, el me saludo y vi atrás de el a otra persona, me cubrí con una cobija de inmediato, que está pasando? Alfredo sonrió y me dijo que no tuviera vergüenza, que era su amigo Manuel, nos presentó, pero yo no salí de la cama y no me quite la cobija, Manuel se acercó y me dio la mano, y Alfredo le dijo algo que me sorprendió, “te dije que tenía un cuerpo bien rico y una piernas hermosas”, me quede hecho hielo, Manuel me miro y me dijo vamos a la sala y trajimos algo de tomar y de comer, le dije que saldría en un minuto que me cambiaria de ropa, Manuel salió y se fue a la sala y Alfredo se quedó conmigo y me quito la cobija, se sentó a mi lado y empezó a acariciar mis piernas, me beso rico, me dijo que estaba bien así como estaba, me tomo de las manos y me llevo a la sala, por alguna razón yo me dejaba llevar, aunque mi boca decía que no, mi cuerpo no me respondía.

    Salimos, yo tenía mucha pena, trataba de taparme lo más que podía, y Manuel y Alfredo parecían disfrutar de verme muerto de nervios, me senté en un sofá individual y ellos frente a mí, juntos, Alfredo me pidió que sacara unas cervezas del refrigerador, me moría de miedo de pararme y que me vieran así, pero al mismo tiempo empecé a sentir como me excitaba, era la nena de la casa, me pare, y decididamente camine hasta la cocina a buscar las cervezas, le pregunte a Manuel si él quería una y me dijo “si preciosa si quiero”, eso me hizo sentir sexy y más femenino que nunca, empecé a caminar a la cocina, despacio, sentía sus miradas en mí, con un poco de disimulo y Picardía levante un poquito los brazos para que la camisa subiera y se viera la mitad de mis nalgas. Ellos lo notaron, y al ver de reojo vi a Manuel tocarse el paquete y a Alfredo sonreír.

    Regrese les di la cerveza a cada uno, agarre la mía me senté frente a ellos con las piernas cruzadas, conversamos de muchas cosas, Manuel no paraba de mirarme las piernas y hacer insinuaciones, me llamaba nena, preciosa y sexy. Alfredo por momentos sacaba temas de nosotros en la cama, decía como que le encantaba como gemía, bromeamos de la primera vez, todo eso me avergonzaba un poco y a la vez me calentaba, ver que Manuel se excitaba y me miraba con lujuria me provocaba.

    Después de un par de cervezas, sentí deseos de poner algo de música, me levante, ya ni me acordaba que solo estaba en tanguita y camisa, fui al reproductor de sonido que Alfredo tenia a un lado de la sala, busque algo de música suave, Alfredo tenía una buena colección de música en inglés, baladas, la música comenzó a sonar, empecé a moverme al ritmo de la música, sé que Manuel y Alfredo empezaron a hablar, no ponía atención a lo que decían, sabía que me estaba mirando, Manuel se puso de pie y se acercó a mi empezó a bailar al ritmo de la música, de frente a mí, muy cerca le deje hacer, se iba acercando poco a poco, me tomo de la cintura y me apretó un poco contra él, me salte un poco, no sabía como Alfredo iba a reaccionar, lo mire, estaba bebiendo su cerveza, me miro y sonrío, seguía bailando con Manuel, me decía cosas sobre mi cuerpo, me dijo que le gustaba, le dije que el era guapo y eso lo envalentono, no me di ni cuenta cuando detrás de mi estaba Alfredo me acariciaba y apretaba su paquete contra mis nalgas, que es esto? Nadie me pregunto si quería hacer esto, no sabía qué hacer, sabía que ellos pretendían un trio, ¿pero estaba yo listo para eso? Sus manos me tocaban por todas partes, Manuel empezó a besarme y Alfredo empezó a comer mi cuello y ya tenía sus manos abriéndome las nalgas, dudé, lo pensé, pero creo que la razón desaparece cuando llega la excitación, podía sentir sus dos penes endureciendo, con mi mano derecha tomé el pene de Manuel y con la izquierda el de Alfredo, no vi, pero puedo jurar que Alfredo y Manuel se miraron con complicidad en ese momento.

    Estuvimos así tocándonos por un buen rato, yo besaba a Manuel y después me gire para besar a Alfredo, entonces Manuel tomo posesión de mi trasero, lo escuchaba respirar mas fuerte y apretarme mucho, casi me lastimaba, me decía al oído que tenía un rico culo, que me quería comer, mientras yo besaba a Alfredo, mis besos eran casi pidiéndole permiso. La sensación era muy diferente, tenía dos machos deseando comerme, los dos me deseaban y yo los deseaba, era absurdo seguir negándome, lo quería, lo había visto en las películas, en videos, lo leí en relatos y ahora era mi turno.

    Me deje llevar. Y como si estuvieran conectados mentalmente, Alfredo me quito la camisa y Manuel me bajo la tanga, quede completamente desnudo para ellos, era mi cuerpo lampiño desnudo para los dos machos. Solté la correa de Alfredo le baje el pantalón y su ropa interior, le quite su camisa, pensé que si yo estaba denudo, todos debían estarlo, me arrodille para comer el pene de Alfredo, él tenía que ser primero, después de todo, era su casa y yo era de él. Lo metí sin mucho pensarlo dentro de mi boca, y comencé a saborear el delicioso néctar de hombre verdadero, en eso estaba cuando me di cuenta de que junto a Alfredo estaba Manuel, ya desnudo. Me acerco el pene a la boca y lo agarre, aun no sé en qué momento atrape con mi mano derecha el pene de Alfredo y con la izquierda el de Manuel, el pene de Manuel era más grande que el de Alfredo y más grueso, unos 18 cm, se veía poderoso y con mucho cuerpo, duro como una roca, algo más blanco que el de Alfredo. Para ser justo debo decir que Manuel era más guapo que Alfredo, nunca se lo he dicho, pero es así. Manuel es hijo de padre chileno y madre blanca de New Jersey, bastante blanco, como de uno 1.75 m, cabello castaño claro, casi rubio. Ojo color miel. Se nota que, hacia algo de ejercicio, aunque no es un hombre musculoso.

    Me turnaba para mamar cada pene, los masturbaba con cada mano, era increíble. Los dos gemían y se decían cosas que yo oía pero no entendía porque mi mente estaba concentrada en otra cosa, Manuel hizo un amago de caminar y ponerse atrás de mí, pero Alfredo como macho alfa le indico que no, que yo era suyo, que él era primero y eso me hizo volar, wow, me excitó 10 veces más, mi hombre, mi macho, se sentó en el sofá y me halo hacia él, me dejo de pie, y me empezó a acariciar las nalgas, me las abrió y me comenzó a comer, me incline tanto como pude, esto lo aprovecho Manuel para introducir su pene en mi boca, el arte del sexo oral es maravilloso, es dejar que tu hombre crea que te controla, pero es el pasivo el que tiene el control, si aceleras, si vas más despacio, si aspiras, si solo pasas la lengua, si aprietas, si aflojas, si usas las manos o solo la boca, tu activo disfrutara más o menos según tú quieras o terminara más rápido o más tardado según tú quieras.

    Decidí que esto no iba a terminar muy rápido, así que le comí el pene de Manuel, tratando de no hacerlo terminar, mientras tanto Alfredo si me comía a mí con furia, haciendo que mi deseo creciera, quería sentirlo adentro, pero estaba disfrutando de cómo estaba dilatando mi ano que no sabía si pedirle que se detuviera y me penetrara o dejar que siguiera y disfrutar como nunca. No fue una decisión difícil, apreté su cara contra mí, mientras Manuel me cogía por la boca, cuando ves esos videos en la internet de los tríos te pones a pensar como seria, como reaccionarias, qué harías, pero cuando ya estas allí te das cuenta que no se puede seguir un plan, solo se puede dejar guiar por el deseo y la pasión.

    Después de un rato Alfredo me dejo de comer y se levantó, me senté en el sofá porque las piernas no me respondían más, me temblaban, pero Manuel no me soltó, seguí comiendo su pene, le comí los testículos, la base, lo besaba, lo lamia, lo saboreaba, lo disfrutaba como un niño con su helado en verano. Con mis manos tocaba su cuerpo sudoroso, podía sentir su agitación, su respiración, sus músculos contraerse, él ponía su mano en mi cabello y me decía que le encantaba como se la estaba mamando. Que siguiera, que me quería coger, yo deseaba sentir su pene dentro de mí. Pero Alfredo regreso, traía una caja de condones, recuerdo que me sonreí cuando vi la caja tenía 6 condones. Pensé, será una gran noche. Me dio un poco de ansiedad pensar si yo aguantaría. Pero no lo pensé dos veces deje que Alfredo se sentara a mi lado y empezó a besarme la espalda de nuevo, le bese en la boca, dejando a Manuel solo, pero no desatendido, seguí tocándole con mis manos, Alfredo ya estaba poniéndose lubricante, me estremecí solo de pensar lo que seguía.

    Acto seguido Alfredo se puso un condón, y me levanto un poco, me guio para ponerme en 4, Manuel se separó de mí, creo que quería ver cómo me penetraban, cuando estas realmente caliente y deseas ser penetrado, la espera entre el condón, la lubricación, y la penetración se vuelve eterna, genera un poco de ansiedad, al mismo tiempo vuelve el acto de ser penetrado más excitante, quieres ser penetrado, deseas ser penetrado y estás listo y dispuesto y ya no tienes el control, ahora estas bajo control, bajo el dominio de un pene, sentí como Manuel me agarro de las nalgas y me abrió para dejar que Alfredo me penetrara, el decidió pasar toda la extensión de su pene por mi raja, Manuel me metió un dedo, me dio un escalofrío, lo saco rápido y Alfredo puso la punta de su pene en la entrada de mi ano, la sensación de esa carne abriendo tu estrecho orificio, el glande abriéndose camino, sentir la caída del glande al cuerpo del pene, después como su prepucio se va corriendo hacia atrás y toda la carne caliente recorriendo tu interior, acariciando tu intestino y en un segundo haciendo un clic con tu punto G interno, las manos de tu amante tocándote, su excitación conectada a la mía, sus movimientos en sincronía con los míos. Lo sentí adentro, la electricidad corría por mi cuerpo, mi ano lo atrapaba y no lo quería dejar ir el me empujaba con sus embestidas, yo gemía, sentí las manos de Manuel tocar mi cuerpo, lo mire, vi su pene duro, goteando deseo, quería su parte, quería participar, lo llame con un gesto, el vino y aproveche los movimientos de Alfredo para que Manuel me diera su pene por la boca de nuevo, dos machos me están cogiendo, y yo estaba gozando, el deseo se había apoderado de mi cuerpo, recibía placer, daba placer, las embestidas de Alfredo eran fuertes y seguras, Manuel me agarraba la cabeza y me ponía la mayor parte de su pene en la boca, Alfredo se detuvo poco a poco y saco su pene, Manuel también, el momento había llegado, Alfredo quería que Manuel que cogiera, yo me moría por ser cogido por Manuel, Alfredo se paró a un lado y le dio a Manuel los condones este se puso uno lo más rápido que pudo, puso un poco de lubricante, empezó a frotar su pene contra mi raja, inmediatamente note como era más grande que el pene de Alfredo, me asuste un poco, porque pensé que estaba ya acomodado al rico pene de Alfredo, en un segundo y con maestría Manuel estaba en la entrada, empujando y ya estaba adentro, sentí como se deslizo, pude notar la diferencia, una leva incomodidad, Alfredo se me acerco y me dijo que rico cogerte, y que rico ver que te cojan, pero ese culo es mío. No podía contestarle porque ya Manuel empezaba con sus movimientos y que rico se movía, me estaba haciendo reventar de placer, Alfredo estaba sentado en el final de sofá, yo seguía en 4 siendo penetrado por Manuel, creo que la escena era digna de un video porno. Como pude llegue al pene de Alfredo para empezar a comerlo, lo metí de una vez, pero realmente no podía detenerme a disfrutarlo mucho, Manuel me tenia volando, se salió de golpe y me halo para que me sentara sobre él, como disfrute meter ese pene hermoso en mi ano, abrí las piernas, y me senté, la sensación de placer era enorme, Alfredo como celoso se puso de pie para que le siguiera mamando y en unos segundo empezó a jadear fuerte, Manuel me tomaba de la cintura y me ayudaba a subir a bajar, me incline para que mi culo quedara directamente en control del movimiento y como haciendo flexiones me moví en círculos, hacia arriba y abajo, le apretaba, le soltaba, en un momento Alfredo empezó a venirse en mi boca, Manuel se dio cuenta y empezó a acelerar, se estaba viniendo también, Manuel agarro mi pene y comenzó a masturbarme, podía sentir su pene haciendo los últimos disparos cuando yo empecé a venirme, creo que los vecinos escucharon mis gemidos, estaba extasiado, maravillado, satisfecho y todos los calificativos para la sensación de placer más enorme que había sentido, hasta ese momento.

    Después de todo esto, nos quedamos acostados, Manuel se levantó y fue al baño, yo estaba feliz, satisfecho, pero al mismo tiempo tenía miedo, quería saber que estaba pasando, Alfredo me comenzó a hablar, pero noto que yo estaba algo confundido, se acercó y me dijo que lo había disfrutado, que a él le encantaba eso, pero me dejo muy claro que yo era suyo, y que él era mío. Me encanto, otro rayo golpeo me cabeza, ¿me estoy enamorando? ¿Me estoy enamorando de un hombre? ¿Me estoy enamorando de un hombre que le gusta que haga tríos con otros hombres?

  • Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (12)

    Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (12)

    Con los primeros rayos que entraron por la ventana, Sergio amaneció. Se tuvo que desperezar en varios minutos hasta que logró sentarse en la cama, meditando todavía si lo de ayer fue algo real o todo había sido fruto de su imaginación. Los restos secos que perduraban en su entrepierna demostraron la realidad.

    Cogió el móvil comprobando que todavía eran las nueve de la mañana. Las mujeres de la casa, obviamente, tardarían en despertar y por no molestarlas, se puso un bañador y bajó directamente a la piscina.

    El chapuzón le hizo despertar por completo. El agua todavía algo fría de la noche consiguió que su cerebro se activara por completo y también, quitarle el olor a sexo que parecía perseguirle. El pequeño baño había sido una gran opción, no le hacía gracia pasearse con aquel olor por la casa, no por su tía, sino más bien por Mari “no vaya a olerlo”.

    El agua le ayudó a reactivar todo el cuerpo ya no tenía ni ese olor ni el poco sueño que aún quedaba en su cuerpo. Se secó con rapidez, aunque el sol comenzaba a calentar con rapidez, todavía la temperatura era más que normal y no quería coger frío, no era momento para ponerse malo.

    Volvió a la casa para desayunar unas frutas que cogió en la cocina. Puso la tele sentándose en el sofá para relajar sus músculos como si estuviera cansado, pero en realidad lo estaba. Mientras mordía la pera de su mano, rememoraba cada imagen del día anterior. Las tenía grabadas a fuego y sabía que no se le olvidarían jamás, solo una cosa se le clavaba como una espina, “¿pasará de nuevo?”. Casi rezaba por ello, aunque la realidad era que su tía lo había hecho con el mientras estaba borracha, quizá serena la cosa cambiara.

    Escuchó un ruido en la planta de arriba que le hizo salirse de sus pensamientos. La curiosidad le pudo y decidió subir por si alguien se estaba levantando, su mente y su entrepierna por fin de acuerdo pedían que Carmen estuviera despierta.

    La habitación de su madre estaba cerrada y bajo la rendija de la puerta no se apreciaba ninguna luz. Recordaba que al despedirla a la noche, la habitación estaba completamente a oscuras, por lo que si todo seguía igual, ella estaba dormida. En cambio, la de Carmen sí que asomaba algo de luz natural. Se acercó con nerviosismo, como esa misma madrugada le había sucedido, alzó la mano con decisión y le echó valor golpeando la puerta, no hubo respuesta.

    No podía quedarse ahí, decidido, movió el picaporte y entró de sopetón. Repetía los mismos gestos que a la madrugada, pero no había nadie en la habitación. La cama estaba deshecha y la ropa del día anterior estaba puesta en una silla, aunque lo que le importaba era la luz que salía del baño. La puerta estaba entreabierta y el sonido de un cepillo eléctrico le llegó a sus oídos.

    Asomó la cabeza después de golpear levemente la madera. Carmen se dio la vuelta y vio la cabeza de su sobrino, antes de girarse sabía que era él. Escupió la pasta de dientes y después de secarse, sonrió al joven a través del reflejo del cristal. Se dio la vuelta y dio tres pasos hacia el muchacho que ya estaba dentro.

    —¿Has dormido bien? —Sergio no podía contener la sonrisa, quizá producida por cierta vergüenza.

    —¡Qué malo! —añadiendo— Hacia mucho que no dormía tan bien… por cierto, me has dado una idea para el libro.

    —¿Si? —preguntó, mientras notaba la mano de su tía acariciándole el pecho.

    —Podría introducir algo basado en… lo de ayer —echó un vistazo fuera para después preguntar— ¿has visto a tu madre? ¿Está dormida?

    —Creo que sí, no miré dentro, pero no se veía ninguna luz encendida.

    —Bien. Bueno… me apetece… —el joven miraba expectante esperando las palabras clave de su tía— ¿me refrescas la memoria sobre lo de ayer?

    —Me encantaría.

    La mano de Carmen agarró la del joven introduciéndole aún más en el interior del baño y cerrando la puerta tras ellos. Caminaron pegados, mirándose, hasta que el lavabo se topó con el trasero de la mujer.

    —Lo recuerdo bien… te lo puedo recordar con detalles —aunque la voz se le quebraba, sus brazos comenzaron a rodearla— tú te tumbaste.

    —¿Ah sí?, no me acuerdo, ¿algún dato más? —Carmen se dio la vuelta para que ambos pudieran observarse en el espejo.

    —Los dos nos tocamos.

    El aliento de Sergio golpeaba en el cuello de la mujer. La piel se le empezó a erizar y al sentir como una mano ajena a las suyas subía por su cadera desnudando la piel que su camiseta tapaba, un cosquilleo anormalmente placentero desbordó en su interior.

    —Nada… mal…

    La temperatura comenzó a subir. El cuerpo de Carmen como un horno trabajando a destajo echaba humo. Sujetó la mano que subía con calma por su cuerpo y la apretó contra su vientre sintiéndola piel con piel. Echó su cabeza hacia atrás golpeando el hombro del joven, su rostro estaba a pocos centímetros del suyo.

    —Cuando estuviste tumbada —la voz era un susurro, un secreto en su oído. Notaba el aire que salía de su boca más que las palabras. Era el tono de voz más meloso que había escuchado, un caramelo para los oídos agitados de la mujer— metí algo dentro de ti…

    —¿Qué cosa?

    La boca de Sergio se posó con lentitud en el cuello de su tía. Primero un beso, rozándola con sus labios, lento, sentido… después un segundo de la misma forma hizo que Carmen soltara el aire que parecía pesarla.

    El espejo le reflejaba a Carmen todo lo que quería ver. Su sobrino había dejado su cuello y volvía a acercar sus labios a la oreja. Los pelos se le ponían de punta y los dientes del joven mordieron con ternura y erotismo su lóbulo, no lo soportaba. Apretó aún más la mano de Sergio contra su vientre queriendo pasar a la siguiente fase, pero esperar valdría la pena.

    Pegados a su oído los labios se movieron, el erotismo era máximo. Ambos estaban pegados solamente separados por unas finas telas que les repugnaban, nadie las había invitado a la fiesta. La mujer esperaba lo que su sobrino le tenía que decir, al tiempo que sentía un miembro enorme que chocaba contra su trasero. La espera se le hizo eterna unos segundos inacabables hasta que la garganta ardiente de Sergio emitió el sonido que Carmen deseaba escuchar.

    —Mi polla.

    La mujer rebuznó poseída por el deseo, pasando con una velocidad inhumana su mano por sus nalgas hasta topar con el acero tan duro que tenía allí abajo. La agarró con fuerza, y más fuerza hubiera hecho, pero sabía que el límite del dolor estaba cerca.

    —Es grande…

    —Ayer, contigo… se me puso muchísimo. —el masaje que Carmen le estaba haciendo en su pene era demasiado placentero.

    —¿Se lo dices a todas? —dijo la mujer por seguir hablando, conocía a su sobrino, no era de esos— ¿ahora… se portará igual de bien que ayer?

    Carmen que ya estaba mojada, no soltaba el miembro de Sergio, era su flotador en medio del océano. Seguía sin creerse la locura que cometía, sin embargo, no se podía sentir más feliz, más caliente y más… viva.

    Notó como las manos calientes de su sobrino, se introducían bajo la camiseta que usaba como pijama. Subieron rozando su piel, llevando toda la intención de subir hasta sus voluminosos senos y hacer el mismo desempeño que hacia ella en su miembro.

    Sus pezones duros y notorios tras la tela, esperaban con ansias que esas manos se posaran en ellos. Carmen se preparaba para sentirlas, para notar un apretón que le hiciera gemir de placer, en cambio, escuchó algo.

    Un golpe secó se escuchó en la puerta, algo muy leve, que sumidos en su mundo erótico apenas sintieron, sin embargo, ambos se quedaron petrificados. Sabían lo que pasaba, lo entendieron casi antes de que sucediera, Mari estaba en la habitación.

    Por un momento, ninguno de los dos respiró. La mano de Carmen siguió en su sitio y las manos del joven, tan cerca de los senos de su tía se quedaron quietas, sin gasolina para moverse. Los pasos se escucharon muy cerca, demasiado cerca… la madre de Sergio habría visto el halo de luz que salía de debajo de la puerta del baño y comenzó a caminar en esa dirección.

    El corazón les comenzó a funcionar de forma acelerada, se separaron repelidos por una fuerza invisible. Carmen saltó hacia la puerta de madera y con rapidez, pero también con sumo cuidado, colocó el pestillo apoyándose después en esta como si la fueran a tirar abajo. Las aletas de la nariz de la mujer se abrían y cerraban de forma salvaje, observaba a su sobrino como se sentaba en el retrete como agazapado esperando lo inevitable. La mirada de ambos se cruzó, una mirada de ¿y ahora qué? Podrían haber disimulado, no era una cuestión complicada, pero habían actuado erróneamente, ahora podían pagarlo. Justo en ese instante, en la madera donde la espalda de Carmen se apoyaba, sonaron dos golpes.

    —¿Carmen, estás visible? —la mujer no contestó y movió el dedo índice a los labios pidiendo silencio a su sobrino— Carmen, te he visto cerrar la puerta.

    Movió los labios en silencio aunque Sergio pudo intuir perfectamente que había maldecido “mierda”. Su madre sabía que su hermana estaba ahí dentro, aunque menos mal que no se imagina que estaba con su hijo.

    —Sí, cielo, pero estoy ocupada.

    —Necesito hablar contigo, es que me encuentro un poco mal.

    Carmen interesada en saber que le pasaba a su hermana y suponiendo que no había visto a Sergio, siguió fingiendo que nada pasaba. La preguntó al mismo tiempo que fijaba la vista en el bulto de su sobrino que no bajaba.

    —¿Qué te pasa?

    —No estoy bien, llevo un rato en cama. —a Carmen se le paró el corazón pensando que igual les podía haber escuchado—Es por la fiesta de ayer… me lo pasé fenomenal, pero llegamos a casa y no sé… me siento un poco mal. Creo que di una imagen a Sergio no sé…—este se levantó, deslizando sus pies por los azulejos para no hacer ruido y poder escuchar. Su tía le puso la mano en el pecho para que no se acercase más… ya estaba muy cerca de ella. Sintió su corazón golpear en el pecho con fuerza— es que iba bien borracha… y bueno, aparte de eso, he pensado un poco lo que me dijiste del tema del cariño y puede que sea verdad. Debería demostrárselo más a menudo, me siento mala madre.

    —No te preocupes porque te vea así, peor acabará él, seguro… —le sacó una sonrisa al muchacho— y tranquila, cariño, sabe que le quieres.

    —Sentir ese abrazo… ese beso… me encantó, no sabes hasta qué punto. Fue como sentir un cariño que me había negado a mí misma… creo que digo bobadas, igual sigo borracha. —se la escuchó reír tras la puerta— Creo que debería cambiar, no solo con él, sino con todos —calló un momento y después, añadió algo incrédula— oye, una duda. Tengo una imagen, pero no me acuerdo bien… ¿Me metió en la cama?

    Sergio sonrió al escuchar lo poco que recordaba su madre ese momento. Aunque viendo a su tía en frente, prefirió más que rememorar como metía a su madre en la cama, rodearla con los brazos. Carmen intentó negarse, con una negativa que obviamente no se creía ni ella misma. Les volvía la calentura que el susto les había arrebatado. Una vez que su sobrino la atrapó entre sus brazos y su cuerpo, no quiso que la soltase jamás.

    —Sí, te metió en la cama —su voz sonó con algo de esfuerzo juguetón por separarse un poco de Sergio— te quitó la ropa y después, fue a dormir, un buen hijo.

    —¡Qué violento! Me ve borracha y después, me desnuda… para meterme en cama, la madre del año.

    Los brazos de Sergio sujetaron la cintura de Carmen mientras esta se rendía a seguir zafándose en el juego del gato y el ratón. Según se detuvo, los besos del chico volvieron al trabajo que habían dejado a medias, topando con unos húmedos labios el cuello de su tía.

    —No, tranquila, cielo. —su pasión volvía y el ardor sexual se apoderaba de nuevo de su cuerpo. Incrustó las uñas en la pierna de su sobrino al notar la tremenda herramienta que volvía a posarse entre sus nalgas— es más, seguro que se llevó una buena impresión.

    —¿Por qué lo dices?

    Carmen apenas podía hablar con claridad, debía hacer un esfuerzo titánico no lanzarse encima de la entrepierna de Sergio. Este en cambio, estaba gozando sometiendo a su tía a semejante tortura.

    —Porque, chica, te vio feliz, alegre, como tú eres…

    Las risas de Mari se escucharon a través de la puerta y Carmen tuvo que morderse el labio para no gemir cuando la mano de Sergio le agarró el trasero con fuerza. Dio la vuelta a su cabeza, para que quedara tan cerca de los labios del muchacho que ambos podían sentir el aliento en la piel del otro. Movió sus labios de nuevo, queriendo decirle algo que le hubiera gritado en otro momento, sus gruesos labios dibujaron una palabra que su sobrino entendió a la perfección “cabrón”. Estaban en otro mundo, un mundo sexual reservado para ellos dos, mientras en el exterior una risa se detenía y Carmen le añadió.

    —Además… tú y yo… —Sergio veía como los ojos azules de su tía se le clavaban como puñales, mientras la brisa caliente salida de su boca le secaba los labios— ganamos desnudas. —el joven le asintió rogando por besarla.

    —¡Calla por dios! —alguna pequeña risotada trataba de cortarla el habla— que es mi hijo, no creo que nos vea así.

    Sergio movió una mano hasta el rostro de Carmen, posándola en su mejilla y haciendo que esta no le dejase de mirar, sus labios estaban a milímetros. A Sergio se le ocurrió que decirle en ese momento algo a su madre sería gracioso, un poco de pimienta al juego que llevan los dos dentro del baño. Moviendo con cuidado los labios y en un tono casi imperceptible añadió.

    —Dila, que aparte de hijo, también soy hombre… —al oír eso, la respiración agitada de Carmen se volvió incontrolable.

    —Ya… pero, aparte de tu hijo, también es un hombre… —no podía dejar de mirar los ojos del chico— seguro que no le desagradaría. —casi jadeaba al hablar, no pensaba en su hermana, solo en el muchacho que la hacía arder, ¿estaba más caliente que la noche anterior? Ella misma tenía la respuesta. Por supuesto que sí.

    No hubo más que silencio durante unos segundos, los dos amates no lo tuvieron en cuenta, apenas sentían la presencia de Mari en el exterior, eran ellos solos en el mundo. Hasta que de nuevo, la mujer, con una voz algo desconcertada les recordó su presencia.

    —No sé, Carmen… oye, ¿estás bien?

    —Sí, sí —respondió fingiendo serenidad— es que… me has pillado cagando —sollozó de manera casi audible por otro apretón en su nalga— déjame, por favor, que ahora acabo.

    —Vale, vale, perdona. Ahora nos vemos.

    Los pasos se fueron alejando mientras los dos en el interior del baño se mantenían inmóviles al igual que cuando llegó Mari. Una vez se aseguraron que la otra mujer de la casa no estaba, Carmen apartó contra la puerta a su sobrino.

    —Te mato, eres un sin vergüenza… cabronazo… —las palabras sonaban ofensivas, pero la sonrisa pícara y los ojos azules salvajes de Carmen decían otra cosa— un poco más y… no lo sabes bien. Te la hubiera sacado aquí mismo.

    —Haberlo hecho… —le dijo su sobrino con el rostro encendido.

    —Sí, claro, y tu madre detrás de la puerta. —le agarró fuerte por la mitad de su camiseta para después pasar su mano con dulzura por el bulto de sus pantalones— vete a la ducha ahora mismo, y baja después que yo. Esta te la devuelvo, ¡marcha!

    Liberándole de su agarre, Sergio obediente marchó como le habían ordenado, no sin antes mandarla un beso por el aire a su tía, el cual recogió con sumo placer. “Empieza bien el día” pensaron al unísono.

    CONTINUARÁ

    ——————–

    Por fin en mi perfil tenéis mi Twitter donde iré subiendo más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • ¿Nos vamos de casa rural?

    ¿Nos vamos de casa rural?

    Amigos lectores y lectoras, hoy os traigo un relato con la Señorita R y una habitación en una casa rural.

    Es sábado por la mañana. Sabía que este fin de semana estaría solo en casa, así que te propuse que vinieras a una casita rural a dormir conmigo y aceptaste.

    Abro los ojos, tu cuerpo está junto al mío. Cierro y vuelvo abrir los ojos repetidamente. Un brote de luz entra por las rendijas de las persianas de madera, insuficiente para distinguir con nitidez los objetos, pero si saber más o menos lo que hay en el los aposentos.

    Me giro hacia ti, aun duermes. La verdad es que es un poco incómodo los dos en esta cama ya que era un poco estrecha, pero supongo que la incomodidad ha valido la pena.

    Sonrío. Tú estás ahí. Pese a creérmelo no deja de asombrarme. Tu cuerpo yace desnudo junto a mi propia desnudez.

    Te doy un beso en el pelo como dándote unos rápidos buenos días. La sangre acude a mis músculos para un movimiento rápido presa de una idea, pero me detengo y me levanto suavemente para que no despiertes.

    Lentamente acerco la cama a la chimenea con prudencia de no provocar ningún accidente, pero enfocando todo el calor posible a la cama, no me gustaría que te resfriases.

    Retomo mi posición original y ahora sí, te beso con más suavidad. Mis labios besan tu cabello. Mis dedos acarician la circunferencia de tu oreja apartando tu pelo. Despejando la parte de tu cuello que queda justo detrás de tu oreja para darte otro beso.

    Mi mano se acerca a la ropa que cubre tu hombro, la coge con decisión. Hay dos ideas en mi mente. Dar un fuerte tirón para contemplar toda tu desnudez de golpe, como un flash, pero esto te despertaría de una forma predeciblemente no deseada, demasiado bruscamente. Así que opto por la segunda, que es más tierna, como traerte suavemente del sueño a la vigilia.

    Bajo suavemente esa protección que te envuelve, huelo tu hombro, lo beso despacio con una suave presión, sonrío, tengo la tentación de darte un gran lametón, pero me contengo.

    Bajo un poco más la sabana, descubro más tu brazo, un poco de espalda queda al descubierto, me estremezco, beso esa pequeña porción de tu piel, emito un suave suspiro como el que saborea un delicioso manjar.

    Hecho aliento en mi mano, para calentarla, la deslizo bajo las sabanas acariciando tu brazo, suavemente, mientras aspiro el aroma de tu cuello.

    Mi respiración se agita, la sangre se acelera.

    Trato de calmarme, me digo a mí mismo: «Tengo que seguir» «Despacio».

    Tú pareces notar algo, te giras, quedas bocarriba, emites una especie de sonido. Me quedo muy quieto. Te observo. Parece que sigues dormida. Respiro aliviado.

    Alejo la mirada de tu rostro y miro tu cuerpo. -«¡Por los dioses!»- Pienso para mis adentros. Esto empieza a volverse insoportable. Dos enormes prominencias levantan la ropa de la cama.

    Vuelvo a mirar tu cara, sigues dormida, ni una leve sonrisa ante la cara de bobo que debo tener. Casi me siento un poco decepcionado, como si quisiera que te hicieses la dormida. Aprovecho tu nueva posición para besarte bajando la barbilla justo donde termina el cuello, otra vez suavemente. Desciendo suavemente en cuatro besos, el cuarto ya se sale del cuello, por el límite inferior esta vez.

    Otros tres besos a cada lado, suaves como los anteriores, saboreando la quietud del momento y el cuello está terminado, recorro con mis besos de hombro a hombro, una suave hilera de besos de ida y otra de vuelta un poquito más abajo.

    Bajo un poco más la ropa, quedan a la vista tus pechos. Contengo la respiración y sigo descendiendo hasta que tus enormes pechos quedan completamente al descubierto. Son hermosos, hasta cuando duermes. Sumerjo mi cara entre ellos, para notar su tacto contra mis mejillas, lo hago con suavidad, para que no despiertes y presa de una especie de hipnotismo. Beso entre ellos, un beso suave y cálido.

    Paro. Presto atención a tu cara. Sonrío. Creo que ya. Te estas despertado, pero te haces la dormida. Te gusta el juego. Me reconforta sentirlo. Mi sonrisa se hace más amplia, esa sonrisa de diablillo juguetón que tanto te gusta. Vuelvo a besarte entre los pechos, pero un poco más abajo. Bajo un poco más la ropa y beso lo que descubre.

    Cuando estoy a medio camino, te oigo que me dices.

    -Aquí te dejaste algo. -Dices con una sonrisa.

    Miro tu dedo índice presionando uno de los pezones. Sonrío subo hasta él y comienzo a besar tu dedo. Tú lo quitas, y dices: -No, no, el dedo no.

    Sonrío. Doy un casto beso a tu pezón. Rodeo tu pecho con mi mano. Cierro mi mano apretándole.

    Doy otro suave beso al otro. Lo rodeo igualmente. Y lo aprieto igual que a su hermano. Los junto.

    Les paso mi lengua mojándolos. Los succiono. Sonrío y miro a tus ojos.

    – Vaya, ya te desperté- Digo mientras mis pulgares hacen endurecer tus pezones un poco más, pasándolos por encima.

    Aprieto con el pulgar y el índice, y los amaso entre ellos.

    Te arqueas, gimes y dices: -No, dame solo besitos. Mis pechos ya están, puedes seguir bajando.

    Sonrío. -Mala- Aprieto un poco más fuerte y tiro de ellos, mientras mi boca busca la zona que circunda tu ombligo.

    La acaricio con mis yemas cálidamente, y voy besando, con mi boca entre mis dedos paso por toda tu tripita, acariciando y besando.

    Acaricias mi pelo, algo me hace pensar que te gusta.

    Bajo un poco más la ropa, hasta tus caderas.

    Beso la parte que esta junto a la ropa, de un extremo de tu cadera al otro.

    Voy lentamente, sé que te hace sufrir mi lentitud, cada tres besos te doy un pequeño lametón y beso sobre él.

    Desciendo un poco más. Tu sexo y el nacimiento de tus ingles está a la vista. Que hermosa visión. Hago una pequeña cueva con la ropa de cama, justo encima de la tuya. Suspiro por la visión que tengo. – Tonto. – Te oigo decir.

    Muerdo con ternura, abarcando tanto como puedo toda esa parte, abriendo mi boca de tu izquierda a tu derecha o al revés. La cierro en una suave y húmeda caricia de mis labios y mis dientes. Para terminar en un sonoro y lujurioso beso.

    Te ríes.

    – Quieta o te morderé de verdad.

    Beso justo ahí, donde te gusta, el nacimiento de tus ingles, la parte alta de tus muslos.

    Mi lengua desciende por tu ingle derecha, bajando más la frontera textil. La detengo justo cuando va a aparecer tu sexo. Presiono la ropa contra ti. Y meto la lengua debajo, hasta que mi puntita da con el inicio de tu cálida abertura. Sigo avanzando y mi puntita apenas entra un centímetro. Se mueve allí intentando avanzar, pero no puede más. Así que regresa a su sitio.

    Me encanta tener tu sexo tan cerca de mi boca, tan a mi disposición.

    Podría estar así toda la vida, con tu miel lista para que yo la coma.

    Me recreo, no bajo más la sábana, la aguanto con las yemas de mis dedos para que no bajen. Con las puntas de los dedos de la otra mano dibujo el contorno de tu sexo. Recorriendo cada pliegue, dejando entrar un poquito de tela en cada uno de ellos.

    Es hermoso, abro mi boca todo lo grande es, y por encima de la sabana consigo metérmelo todo dentro. Mojo la tela con mi saliva consiguiendo que se pegue más a ti y notar mejor tu tacto. Mi lengua entra decidida, metiendo un poco más la sabana.

    Con un gemido me dices – Creí que me ibas a destapar toda. – Te has vuelto a estremecer.

    Apoyo las yemas de mis índices justo en el borde de la sabana, ya sobre tu piel, cerca de la ingle. Mis dedos se hunden ligeramente en tu piel, descienden recorriendo tu ingle, los labios de tu cueva aparecen como la fruta más jugosa.

    Los huelo muy de cerca, casi los acaricio con mi nariz.

    Acerco los dedos de mi mano derecha, te toco estás húmeda y caliente.

    -Sigue.

    Deslizo un dedo por tu seso, acaricio de abajo arriba con apenas la yema de mi dedo dentro.

    -No, que sigas desnudándome.

    Bajo un poco más la sábana, te muerdo en el muslo, en la parte alta, cerca de la cara interior.

    – ¡Ay! Un pequeño dolor recorre tu muslo

    – Te lo mereces.

    – Shhh. Sigue.

    – Mala.

    Beso, la parte alta de tus muslos que quedó descubierta, besitos tiernos, pequeñitos.

    -Te saltaste una parte.

    Todo en mi se acelera. Deslizo mi lengua y mi labio inferior por tu muslo, hasta llegar a la cadera, beso toda tu cadera, de izquierda a derecha, saltándose tu triángulo mágico.

    – ¿Mi sexo no es del cuerpo? Suspiras.

    Tu ironía suspirando casi me vuelve loco.

    Colmo de besitos tiernos y pequeñitos todo tu sexo, casi parece que lo refresque, pero mi miembro no puede estar más duro.

    Sigo con el juego que yo mismo empecé. Besos tiernos y pequeñitos, aunque no quepa más excitación en mí.

    Bajo un poco más las sábanas, hasta casi la rodilla, cubro de besos, la zona descubierta.

    Tus piernas se mueven.

    Miro hacia arriba. Te estas retorciendo ligeramente, tus manos intentan abarcar todo tu cuerpo.

    – Sigue.

    Cojo con fuerza tus piernas, apretando tus muslos.

    – Señorita R, si no paras de tocarte no respondo.

    – Jo, ya paro.

    Masajeas tus pezones con el pulgar y el índice antes de abandonarlos.

    Pones una mano a cada lado de tu cuerpo.

    – Sigue.

    Bajo un poco más la sábana, hasta dejar tus rodillas al descubierto.

    Beso tus dos rodillas y el trocito de muslo que aún no había besado. Doblo ligeramente tu rodilla derecha, levantándola y girándola hacia afuera, acaricio con mi mano tu muslo interno, subiendo despacio. Mi sonrisa de pícaro me delata, miro hacia arriba, veo que tus manos se dirigen de nuevo a tu cuerpo.

    – Esas manos.

    Protestas, das una sacudida sobre ti misma, pones una mano a cada lado y coges con fuerza la sábana que hay debajo de ti.

    – Así está mejor.

    Subo mi mano por tu muslo interno, acariciándolo con toda la palma cálida y suavemente, le sigue mi boca, con besos lentos, cadenciosos.

    Veo como coges con fuerzas las sábanas, te retuerces.

    Deslizo mi mano, hasta meterla debajo de tu sexo, entre tu culo y las sábanas, dejando salir un poco la palma, como una cuchara.

    Mi lengua sale de mi boca, se pega a la parte baja de tu muslo, por el lado interno, lo moja y va subiendo suavemente. Cuando voy por medio muslo noto como tu calor aumenta, cuando ya estoy cerca de tu ingle tu flujo desciende suavemente sobre la palma de mi mano.

    Mi pulgar se cuela dentro de tu sexo y hace circulitos suaves, notando toda la humedad cálida. Tu licor desciende sobre mi mano.

    – ¿Estas más apunto, Señorita R? Te pregunto.

    No respondes nada.

    Saco mi mano de donde está. Me dispongo a meter dos dedos en tu sexo.

    – Para, no sigas por ahí.

    Me detengo, segundos de quietud, se respiran en toda la habitación, como si se hubiera congelado el tiempo.

    – Sigue con lo de los besos.

    – ¿Esta segura? – No.

    – ¿Ni siquiera un poco?

    Dirijo mi boca a tu néctar, abro ligeramente tu sexo, veo tu clítoris duro, hinchado y empapado. Saco mi lengua. Apunta hacia él.

    Dejo deslizarse un poco de saliva por mi lengua hacia tu bulto. Lo toco con la punta de mi lengua, lo presiono con la parte más ancha. Lo masajeo circularmente. Mis dedos jugando, entrando y saliendo de ti. Tú te arqueas hacia arriba y te corres abundantemente sobre mi boca.

    Vuelves a caer sobre la cama, te quedas completamente reposada. Me tumbo a tu lado con el sabor y el olor a ti. Me besas, en un intento de limpiar mi cara de ti. Una de tus manos recorre mi pecho.

    Espero que les guste mi relato y recordarles que los comentarios y valoraciones son gratis y ayudan a seguir escribiendo.

  • Haciendo travesuras con un taxista

    Haciendo travesuras con un taxista

    Hola, soy Carla, vivo en la ciudad de Arequipa, Perú, tengo 51 años y actualmente me encuentro separada de mi esposo. Desde muy joven siempre he sido muy activa sexualmente y ese fue uno de los principales motivos de mi separación. El relato que les daré a conocer sucedió hace ocho años atrás cuando aún estaba casada. Una locura mía con un buen taxista llamado José Luis. El relato va de la siguiente manera.

    Era 10 de marzo del 2013 (la fecha la tengo grababa muy bien) y los chicos habían iniciado el año académico una semana atrás y las mamás del salón decidimos reunirnos a las 6 pm en la casa de María para ver algunas actividades a desarrollar por la graduación de nuestros hijos. María vivía lejos, cerca al aeropuerto.

    Mi prima Kristel, que vive en Socabaya, me había invitado a almorzar y entre los chismes que vienen y van la hora me fue ganando y eran ya poco más de las 5 y 30 pm. Me despedí y salir a tomar un taxi. Apenas salí de la casa, divise un tico (vehículo muy usado para prestar servicio de taxi en Perú) que estaba dejando unos pasajeros, así que decida me acerqué y apoyándome en la ventanilla del copiloto le dije.

    C: maestro, cuando me cobra la carrera hasta la altura de la Iglesia del Nazareno en Zamácola?

    J L: Humm, hasta Zamácola. Bajó el volumen de la radio y miró de reojo mi escote generoso. Ya, treinta solcitos no más.

    C: ¿Tanto? Le dije. Me acomodé un poquito los tirantes de mi sostén y le dije le doy veinticinco.

    J L: Veinticinco?

    C: Es que es todo lo que tengo.

    J L: veintisiete y la llevo.

    C: veinticinco le dije mientras me iba hacia atrás mirando si habían otros taxis y en efecto sí habían otros dos estacionados y hasta tocaron la bocina como para ofrecerme sus servicios.

    J L: Bueno ya, está bien. Suba.

    C: Gracias le dije.

    Al entrar, metí primero mi pierna izquierda con cuidado ya que al abrir las piernas se me podría ver el calzón. Estaba con una falda corta. Una vez sentada puse mi cartera encima para que no se gane con mis piernas. Cerré la puerta.

    C: ¿Tiene SOAT su carro no?

    J L: Claro que sí señorita, y también seguro contra robos y contra incendios.

    Me sonreí. Lo noté medio incómodo, como fastidiado al no poder vencerme en la transacción sobre el costo del servicio. Luego con voz de mando me dijo

    J L: Póngase el cinturón de seguridad por favor. La policía está haciendo un operativo más allá.

    Quise cumplir su orden pero no pude, como que estaba trabado el cinturón.

    C: Disculpe me puede ayudar, esta como trabado su cinturón, no lo puedo jalar.

    Frenó, y cuando jalaba el cinturón sin querer me sobó una de las tetas.

    J L: Perdón señorita.

    C: No se preocupe… está bien.

    J L: Que rico huele su perfume señorita.

    C: Disculpe pero su cinturón me aprieta mucho, está muy ajustado, casi no me deja respirar, como que me falta aire, me voy a asfixiar.

    Sonrió todo coqueto

    J L: como este carro no tiene tanque de oxígeno, tendré que hacerle respiración boca a boca.

    Me carcajeé

    C: te crees vivo no?

    J L: No es eso, solo que sus pechos son un poco, hummm, digamos generosos.

    C: Miren pues, me tocó un taxista bien sapo.

    J L: Cuánto le costó los implantes? Por qué, por qué las mujeres siempre quiere ponerse más tetas?

    C: Lo haría a ver si así trabajo de noche y gano algo de dinero adicional.

    Nos sonreímos otra vez. Y para fastidiarlo un poco le dije

    C: por si acaso son naturales.

    J L: No parecen.

    C: Es una lástima, pero no va a poder comprobarlo.

    J L: Quizás algún día, ¿no?

    C: Ja, ja, soñar no cuesta nada.

    J L: usted ha sido anfitriona antes

    C: no, por?

    J L: Es que es bien bonita.

    C: Es que las Mollendinas somos así, bien bonitas.

    J L: ahhh de Mollendo, puerto bravo de Mollendo, lindo lugar.

    El auto del taxista iba avanzando no muy rápido. A esa hora el tráfico se pone medio complicado, es terrible.

    C: ¿Cómo te llamas? Lo tuteé y ya le di confianza.

    J L: José Luis, pepelucho para los amigos y las señoritas bonitas, José Luis para servirte y tú?

    C: Carla.

    J L: bonito nombre.

    C: Eso le dirás a todas tus pasajeras y crucé las piernas para que se gane con mis muslos.

    J L: No a todas, a veces suben unas “federales”.

    C: ¿Y por qué las recoges, ah?

    J L: Para ganarme los frijoles.

    C: Y de seguro para ganarte con otras cosas, le dije mientras sonreía pícaramente.

    J L: Claro pues.

    C: Te pasas, por billete le haces una carrera hasta al tío Vladi (un asesor corrupto que se encuentra preso).

    J L: Tampoco sonrió.

    Justo empezó a sonar la canción de Arjona, Historia de taxi.

    C: José Luis ese es el himno de los taxistas no?

    J L: A mi no me gusta mucho.

    C: Por cierto, va a venir al jardín de la cerveza este fin de mes, vas a ir?

    J L: Si hago una cinco carreritas como esta puede ser, y tú vas a ir?

    C: Si es que encuentro un taxista generoso que me invite…

    J L: No está demás, me dejas tu número para llamarte.

    Seguíamos estando lejos del destino final. Así que no se me ocurrió otra cosa que preguntarle,

    C: ganas haciendo taxi?

    J L: A veces sí, a veces no, hay días en que no saco ni para el té.

    C: Es que te maleas pues, cobras caro.

    J L: No te pases… Desde Socabaya hasta Zamácola es lejazos, que querías que te pida cinco soles.

    C: Yo en combi (denominación a los vehículos que hacen transporte público en Perú) la hago con dos soles.

    J L: Ahh bueno, si quieres te bajas y te vas en combi.

    C: Oye José Luis que renegón que eres, bien fosforito no más. Solo porque tengo prisa no me bajo.

    J L: Tienes una cita?

    C: Bien chismocito que eres. Y haces taxi a tiempo completo o trabajas en otra cosa?

    J L: Yo soy ingeniero, pero como no hay chamba me metí a lo del taxi y estoy casi todo el día en esto, pero apenas pueda me voy a la Argentina, allá tengo familia.

    C: Oye y el carro es tuyo?

    J L: Sí, felizmente que ya lo terminé de pagar. Por ahí y lo tengo que vender si me voy a Argentina.

    C: Ya veo que de todas maneras te quieres ir.

    J L: Sí.

    C: Bueno pues, que te vaya bien y si puedes, a ver si me llevas a mi también.

    J L: Claro, para no estar solito en las noches bonaerenses.

    Pensé hacerme la loca ante tal insinuación y como para hacerme la desentendida pregunté

    C: ya puedo quitarme tu cinturón? Es que no me deja respirar bien.

    J L: No aún no, un poquito más allá, no me vayan a poner una papeleta, porque sin plata ya no te voy a poder llevar a la Argentina.

    C: Fácil pues, me consigo otro taxista…

    J L: Que chica para práctica.

    C: ah si, si uno no puede hay otro que lo reemplace.

    Nos reímos.

    C: Y es fácil manejar?

    J L: Sí. Es pura práctica.

    C: Ajá, como hacer el amor.

    Se quedó callado, no se la esperaba.

    C: sabes, mi tiene su carro, me ha dicho que puedo practicar en el, pero ni lo agarro, me da miedo chocarlo.

    J L: Deberías de agarrarlo, porque si lo agarras, le vas a agarrar el gusto. Sonrió todo pendejo.

    C: Ahh no, si lo agarro ya no voy a querer dejarlo.

    J L: Te vas a volver adicta al timón.

    C: A ver si me das tu número para llamarte para que me des un curso acelerado de manejo.

    J L: Yo feliz. Encantado de enseñarte a agarrar el timón.

    C: Pero no me vayas a cobrar muy caro.

    J L: Quien sabe Carlita, a lo mejor te ganas una beca y no pagas nada.

    Estaba claro que se estaba poniendo insinuante.

    J L: Pucha, están en pleno operativo, ojalá no nos toque porque si no nos vamos a demorar. Y si nos toca hay que coimear a los policías, son cinco solcitos menos de ganancia. Y encima son mujeres.

    C: Pero pepelucho, las enamoras pues y normal.

    J L: Nada, esas no aflojan.

    C: Tienes que utilizar otras estrategias entonces.

    J L: Ahh sí, me tienes que enseñar tus armas secretas.

    C: Yo encantada.

    J L: pero no me vayas a cobrar muy caro.

    C: Para nada pepelucho, yo no soy carera como tú.

    C: Pepe y eres casado?

    J L: No.

    C: Eso suelen decir todos los hombres.

    J L: No todos Sandrita, habemos hombres puros.

    C: Toodos, todititos son iguales.

    J L: Y tú eres soltera, viuda o divorciada?

    C: Casada, pero como si fuera solterita.

    J L: Eso le dirás a todos los hombres.

    C: En serio, él anda muy ocupado y prácticamente soy solterita.

    J L: O sea que tengo esperanzas.

    Me carcajee de nuevo.

    C: si claro, mi corazón siempre está abierto para recibir cariño.

    Seguí riéndome y volví a preguntar:

    C: Ahora sí puedo quitarme tu cinturón?

    J L: Ahora sí.

    C: Parece que este verano va a ser terrible no?

    Mientras esperaba su respuesta empecé a rascarme la pierna.

    C: Oye pepelucho creo que hay pulgas en tu carro.

    J L: No, y si las hay de seguro las trajo alguna clienta fastidiosa de esas que siempre hay.

    C: Y piensas ir a la playa?

    J L: Si consigo con quien, de seguro voy a finales de mes. Y tú ya has bajado a la playa?

    C: La próxima semana vamos a ir con unas amigas. Todas solteras por cierto. Si tienes amigos solteros podríamos ir en tu carro, jajaja.

    J L: No Carlita, todos mis patas son bien forajas no más, van a querer aprovecharse de ustedes.

    C: No pues, ustedes llegan hasta donde nosotras permitimos.

    J L: Pero con unos traguitos y un buen versículo pueden caer.

    C: Ahh no sé, yo nunca he caído así no más, yo me cuido, además que si mi marido se entera, me haría todo un lio y no vale la pena. Mejor divertirse tranquilamente no más.

    De pronto sentí una especie de cosquilleo en el pie, y al querer rascarme me encuentro un preservativo sin usar. Así que alzando un poco la voz, dije

    C: oye pepelucho, creo que se te ha caído.

    J L: No, no es mío, debe ser de algún pasajero que lo ha olvidado.

    C: Ya ves que todos son iguales. Que pensabas? que en alguna de tus carreras te ibas a levantar y terminar tirándote a tu pasajera?

    J L: De verdad Carlita que no es mío. Además yo solo uso XL y ese parece M.

    C: O sea que además de mañoso ahora resulta que eres aventajado.

    J L: A diferencia tuya, si quieres comprobarlo yo no me opongo.

    C: Te apuesto a que lo tienes normal y estas de presumido.

    J L: Me estás ofendiendo y no lo voy a permitir, que te parece si paramos un ratito en un hotel que hay a tres cuadras de aquí.

    C: Pendejo te crees y que, vamos a entrar sólo para que me la enseñes.

    J L: No pues, Carlita, si ya estamos allá, podemos hacer algo más.

    Ya estábamos cerca de la casa de María, pero la conversación con el taxista y sobre todo su actitud de macho alfa, esa confianza de poder pedirme ir a tirar a un hotel, me habían generado unas ganas locas de hacerlo.

    Mientras conversábamos, lo había chequeado un poco. Era mayor que yo. Tendría unos cincuenta años. Era moreno, no muy alto, de contextura física normal, promedio, pero con una carita agraciada y muy pícara. Normalmente cuando he hecho travesuras han sido con personas con cierta solvencia. Pero esta vez, el deseo de hacerlo con pepelucho ganaba a mi aturdida razón. Así que tomé una decisión, mientras el ansioso esperaba una respuesta.

    C: Espera un momento.

    Saqué el celular que llevaba en la cartera y llamé a María. Alo? María? hola amix, mira se me ha presentado un problemita, no voy a poder llegar a tu casa, te parece bien si mañana te llamo y vemos a que acuerdos llegaron. Me disculpas con las chicas por favor. Ok. Amiga. Gracias, y disculpa.

    C: Pepelucho estás de suerte, ya no tengo apuro en llegar. Me vas a llevar a “Las Moras”?

    J L: Si, está a la vuelta, ya lo conoces?

    C: Por supuesto, es mi hostal favorito para hacer travesuras, pero te va a costar porque quiero la habitación con jacuzzi.

    J L: No importa, me quedaré sin billete pero vale la pena.

    Estacionó el tico en el garaje y mientras subíamos las gradas me agarró el culito.

    J L: Que ricas nalgas que tienes y están bien duritas.

    C: Es que hago ejercicios para estar durita y apretadita.

    C: Pepito, págale al señor antes que toque la ventana. Son 80 soles mi amor.

    J L: Pero, y como sabes?…

    No pudo terminar de preguntar cuando la voz del cuartelero lo interrumpió. Buenas noches señor, son 80 soles el servicio. El pobrecito rebuscaba en su billetera y juntó como pudo los ochenta soles.

    J L: Mi amor, y de verdad eres casada?

    C: Ya te dije que soy casada pero hago vida de soltera y las solteras pueden cachar con quien quieran o no? Empecé a quitarme la falda.

    J L: Claro que sí, ese es el tipo de mujer que me ha recetado el médico.

    Se me acercó y me besó. Me metió la lengua y la removía dentro de mi boca. Mientras tanto sus manos me amasaban literalmente las nalgas. Empezó a morderme el cuello, así que le pedí que no me dejara marcas, mientras tanto ya le había sacado la verga y se la agarraba fuertemente como haciéndole una paja.

    Se podía sentir el grosor de su miembro, y de verdad si era aventajado el taxista. Dejé de besarlo y me arrodillé hasta la altura de esa enorme verga.

    C: Pepito, te voy a hacer una mamada que no te han hecho en tu vida.

    Le succioné la verga de forma tal que el pobre estaba que gemía de gusto.

    C: Te gusta mi amor??

    J L: Carlita eres una experta chupando pingas.

    C: Es la práctica que tengo cariño.

    J L: Y Sueles hacerte cachar así no más.

    C: No, papito, sólo con los chicos que me gustan y claro uno que otro taxista, jajaja.

    No le agradó la broma. Me tomó por la cintura, me inclinó la cabeza hacia adelante poniéndome casi en cuatro, me abrió las nalgas y empezó a meterme su herramienta.

    C: Auuu, no seas bruto, métemela más despacio.

    J L: A las putitas, se les trata como putitas. Ahora vamos a ver si te quedan ganas de burlarte de un taxista.

    Me la zampó todita de golpe. Grité de dolor, tan fuerte que el cuartelero tocó la ventana como diciéndonos: no hagan tanta bulla.

    C: Ayyy, que rico, Pepito, que rica verga tienes, me duele amor, pero sigue, métemela, sigue, destrózame te lo pido por favor, auuu… dame más… ayyyy.

    J L: Así perrita, trágatela todita completita. Goza puta de mierda.

    Y me la zampaba una y otra vez, como si me tuviera cólera. Yo creo que estaba de cólera por haberle ganado la transa en el precio de la carrera y por los 80 soles que había pagado por el hotel.

    C: No te has puesto condón, por favor, ponte el del carro. No quiero que me vayas a llenar.

    J L: Yo me cacho a las putas a pelo, como les gusta, ustedes ya saben como cuidarse.

    C: Pepe yo no soy una puta, solo que si alguien me gusta me dejo cachar. Por favor, ponte el jebe.

    J L: Esta bien, me lo voy a poner pero solo para no ensuciarme.

    No entendí a que se refería. De pronto me escupió a la altura de las nalgas y con su dedo empujó la saliva hacia mi ano.

    C: Pepe por el culito no. Sufro de hemorroides, me va a sangrar, por favor no.

    J L: Carlita, ahora si vas a comprobar si soy o no aventajado.

    Volvió a escupir y con la punta de su verga empezó a abrirse camino.

    El dolor, el placer y todo lo imaginable, hicieron efecto. Empecé a gritar como si estuvieran matándome. No me importaba si hacíamos chongo o no, pero es que no podía aguantar tener todo ese trozo de carne dentro de mi culito.

    C: Pepe no, me duele, sácamela del culo, Pepe, Peeepe. Ahhh, auuu, Pepe mi amor, peeepe, te amo, dame, dame, auuu.

    J L: Ya me vengo, ya estoy a punto.

    C: Pepito, te la quiero chupar.

    Sacó por fin su enorme verga de mi culito. El condón se veía manchado de caca y de sangre. Este hijo de puta me había rasgado y me salía un poquito de sangre del ano.

    Sin perder tiempo y antes que se venga, le retiré el condón con cuidado de no ensuciarme y me metí semejante pinga en la boca y empecé a chupársela hasta que de pronto un torrente de leche llenó mi boquita. Me tragué toda su lechada y un poco empezó a chorrear por mis labios.

    Se la lamí sin dejarle una sola gota de semen. Él estaba agitadazo por la faena. Se tumbó en la cama, y yo me recosté a su lado.

    J L: Que rico polvo nos hemos metido.

    C: Me has desgarrado un poco.

    Le decía eso mientras le enseñaba un pedazo de papel higiénico manchado de sangre.

    C: Pero que rico se siente tener ese mazorca en mi culito.

    J L: Que bueno que te haya gustado, pero todo el hotel se ha enterado que te he roto el culo con semejantes gritos que has dado.

    C: Me dolía pues webón. Además nadie te conoce aquí. Este hostal es bien caleta para venir en auto.

    J L: Y tu marido donde piensa que estás?

    C: En la casa de una mamá del colegio de mi hijo, viendo unos temas para su graduación.

    C: Mi marido es un cojudo, teniendo semejante hembra, casi ni me toca y cuando lo hace no me hace sentir casi nada, y una necesita que la pongan al día, así que si me cruzo con alguien que me coquetea y me gusta o con algún taxista pendejito como tú, no me lo pienso dos veces y me hago cachar.

    J L: Que pendeja que eres. Y cuantas veces te ponen al día.

    C: Una mujer necesitada es lo que soy, no soy una puta ya te he dicho. Acaso te he cobrado por que me tires. No sé, todo depende, a veces unas dos veces a la semana o tres tal vez.

    J L: Te la pasas cachando todo el tiempo y dices que no eres una putita.

    C: Que culpa tengo de que los arrechos como tú se fijen en mí y me quieran meter pinga. Además…

    No pude terminar de hablar. Sonó su celular, y se puso nervioso.

    C: Contesta. No haré bulla.

    Mientras el decidía si contestaba o no, empecé a chuparle la pieza nuevamente.

    J L: Aló? “Si mi amor, ahora estoy con servicio no puedo hablar por teléfono, pero en una hora debo estar pasando por la casa”.

    C: Dile que te estás cachando a una putita. Murmuré.

    Me hizo la seña de silencio llevándose un dedo a la altura de la boca.

    C: Dile que te has gastado la plata del taxi pagando un hotel para cacharte a una putita. Murmuré nuevamente, mientras me sonreía.

    J L: Claro, ok., ya entonces, nos vemos, chau amor.

    Dejó el celular en la mesita de noche. Se veía incómodo, como molesto, descubierto.

    J L: Oye carajo, como vas a hacer esas bromas.

    C: No que eras soltero pendejo de mierda. Tú si eres infiel y puto.

    J L: Es que mi mujer no me tiene al día, y…

    C: Ya, ya, huevonazo, a mí no me vengas con cuentos, eres un pendejito que le gusta levantarse a arrechas como yo y punto, yo no pienso reclamarte nada, total, ya me di el gusto de cacharme a un taxista y punto.

    Me levanté, empecé a vestirme, mientras él seguía recostado.

    J L: Carla, de verdad tu nombre es Carla, no?

    C: Si papito, Carla, una perrita arrecha a la que has tenido el gusto de cacharte el día de hoy. Yo no miento.

    J L: Carla, y si volvemos a salir, no sé, es que ha sido todo tan especial que me gustaría volverte a ver.

    C: Volverme a ver o volverme a cachar.

    J L: Las dos cosas. Es que de verdad estoy impresionado contigo. Eres bonita, tienes un cuerpazo, cachas muy bien, se te ve preciosa,…

    Lo interrumpí.

    C: Además soy abogada, tengo una casa de tres pisos en la Urbanización Las Condes, un marido que gana bien ya que trabaja como gerente en el BCP, y como más de una docena de pendejos haciéndome la corte para poder cacharme… Ya pues Pepito… Ya me cachaste y punto… Me llevas a mi casa y si nos volvemos a ver genial, sino, que te quede de recuerdo.

    Se quedó medio pensativo. Estaba de pie. Su verga aún mantenía cierta erección. Había un gesto de no resignación en su rostro.

    J L: Carlita, te puedo tomar una foto así calatita en la cama.

    C: Encima vas a querer presumir con tus amigotes. De verdad te pasas pepelucho.

    C: Ok, está bien… te parece bien así.

    Y me puse en una pose sensual en la cama del hotel, dejando ver mis tetitas y la conchita con los labios salidos. Sonó el click del sonido del celular.

    J L: Perfecto, que rica que eres.

    C: Bueno ahora si vístete que si no te van a cobrar otra hora adicional por el cuarto.

    Se vistió al toque, me dio un beso como si fuera su pareja y bajamos las gradas, subimos a su tico y se abrió la puerta del garaje. Salió veloz, según él para que nadie lo vea.

    C: tranquilo Meteoro. Vamos con calma, que quiero llegar viva a casita.

    J L: me gustaría verte nuevamente.

    C: Mira Pepe, me está doliendo el culo por la desgarrada que me diste y hasta que se sane y se me pase por lo menos una semana. Eso te pasa por brusco.

    J L: Pero me gustaría seguir cachándote Carlita, acaso no te gustó.

    C: Y mucho pendejito de mierda, pero no, no me gusta involucrarme con nadie. Solo sexo casual y nada más.

    Parece que mi sentencia lo desanimó un poco. Se quedó callado. Eran ya cerca de las 9 pm. El tráfico era fluido.

    J L: Entramos por la primera o la segunda etapa de Las Condes.

    C: Por la primera. Allá, vez esa casa azul con crema, esa de tres pisos, ahí vivo Pepito.

    J L: Me das tu número para llamarte.

    C: Ya sabes donde vivo, así que si quieres puedes venir a buscarme. Ahora que si te abre la puerta mi marido no sé qué excusa vas a poner.

    Me reí coquetonamente.

    J L: Carla, no me voy a quedar así. De verdad te voy a venir a buscar, así me meta en problemas.

    C: Eres un arrechito, por eso me gustas más.

    Le metí un beso sin importar si el vigilante que ronda o los vecinos o mi marido pudiesen vernos desde las ventanas. Me di el gusto de sentir esa lengua envenenada jugueteando dentro de mi boca, además de sentir la excitación de estar chapando frente a mi casa con un taxista.

    Le acaricié el rostro. Abrí la puerta, bajé del tico, me acerqué a la ventanilla del conductor y con mi cara más arrecha le dije en voz baja: “mi marido se va a trabajar a las 8:30 am, y mis hijos están en el colegio. Así que estoy a tu disposición desde las 8:31 am mi amor. Ven cuando tengas ganas de hacer feliz nuevamente a esta arrechita… además te estoy debiendo los veinticinco soles de la carrera”. Le mandé un beso volado. Di media vuelta, busqué las llaves de la casa en mi cartera y mientras abría la reja para entrar, se escucha una voz desde la ventana del segundo piso: “Carla, que pasó?, por qué tan tarde, estaba preocupándome”.

    -Está todo bien mi amor, no te preocupes. Tu mujercita ya llegó sana y salva para ti.

  • La masajista masajeada

    La masajista masajeada

    Mi nombre es Jan, hace poco ya cumplí los 52 años, llevo casado más de 35 años con la misma pareja, y decidí auto regalarme mi primer masaje lingam, no buscaba sexo, sino algo diferente de lo que ya tengo en casa, salir un poco del hastío de la pareja, quizá mejorar mi función sexual, que por edad y por la vida misma, la verdad es que lo llevo muy mal, en estos momentos es más físico que sensorial, mi falta de libido.

    Así sin más, empecé a darle vueltas a la cabeza, a mirar, observar y leer por internet, la verdad es que hay un motón de oferta, pero no querría equivocarme, tenía muy claro que ni “escorts” ni mujeres demasiado jóvenes, buscaba algo sencillo, erótico, cercano, un estudio particular, no centros, la profesionales del masaje, ya anuncian que no ofrecen ningún tipo de servicio erótico, ni penetración ni sexo oral.

    Me decidí por Gala de Noche, una mujer de edad aceptable para mí, con un físico muy normal, pero atractivo, de grandes pechos, alta y con melena negra, muy negra, pelo casi hasta la cintura, con fotos provocativas y eróticas, no sexuales. La verdad es que me tiré días y días visitando su web, leyendo sobre el lingam, sus efectos, sus beneficios, es una práctica muy ancestral aunque ahora se ofrezca como una terapia nueva, es un culto al pene, al órgano sexual del hombre, al orgasmo masculino, incluso se describe en alguna web que una vez realizado el masaje quizá no tengas fuerzas para correrte, es algo más allá de una paja, el precio del servicio también.

    La llame un par de veces para concretar y reservar cita, información, dudas, tiene una voz muy suave, agradable, me hubiera pasado horas y horas escuchando su información, su atención, su dedicación, su voz, su sensualidad y erotismo, no me sonrojo si os digo que la segunda vez, de tanto acariciarme la polla por encima de los pantalones escuchando su voz, viendo su fotos eróticas en la web, me corrí, me corrí encima y en la oficina, suerte que ya era tarde y estaba sólo, me dejó muy claro que el masaje es interactivo, excepto sus partes sexuales, ella en top les, yo desnudo, ella me puede tocar entero, yo no, con delicadeza y cautela, es lo que quiero…!!!

    Así que me decidí, ésta tarde de martes fue mi regalo de cumpleaños, mi primera escapada sólo. Avisé en casa de que esta tarde llegaría tarde, pues tenía una reunión con abogados en Barcelona, y ya se sabe, siempre se alargan más de la cuenta.

    Reservé hora para las cinco de la tarde, el masaje dura un par de horas, entre ducha antes, ducha después, etc., no querría llegar a casa con olor, con perfume de otra mujer, con restos de aceite caliente y seco para masajes, a flor de tiaré, mi pareja conoce muy bien estos olores, estos aceites, este olor intenso, sedoso y muy femenino.

    Llegue a su estudio con media hora de antelación, siempre me gusta llegar antes de tiempo para tomar el pulso al lugar, a la situación, a mi arrepentimiento. Un edificio antiguo de Barcelona, más o menos en el centro, de aquellos edificios con escaleras de mármol, con conserje, con ascensores con dos puertas y muy limitado, y el conserje me comenta “al cuarto primera B… no…? pues si le respondí…

    Estaba muy dudoso, muy nervioso, muy a la expectativa, si empalmaría, si eyaculo antes de tiempo, vale la pena…? Me pregunto una y otra vez…

    Llamo a la puerta 15 minutos antes de mi cita, me abrió la puerta una mujer joven alrededor de 30 ó 35 años no más, muy linda, simpática, cálida y suave, con una bata tipo enfermera, corta, con un escote muy generoso, como me gustaría desabrocharle el primer botón, adivinar que secreto guarda allí dentro, melena rubia, un rubio bonito, no amarillo, cola alta que la estiliza un poco más, en fin, todo muy sexy, empezamos bien, un ambiente cálido, hindi, madera, muebles de madera, un sinfín de olores, a incienso, a aceite, a mujer, luz muy tenue, voz muy suave, música de fondo, se oye la música pero se puede hablar, me da dos besos a la mejilla, casi en la comisura de los labios y deja que mire su escote, a ver si adivino su pezón marrón café o rosadito, piel trigueña.

    Me explica por encima el funcionamiento del masaje, sin tabús, palabras claras y entendedoras, me habla de correrme, de pechos, de condones, el ambiente para mi se va calentando, para ella es normal, es su trabajo, me acompaña con mucho cariño a la room dos, por un largo pasillo de luz tenue, con fotos en las paredes de la masajista principal Gala, todas muy sexys y provocativas, semi-desnudos, fotos donde se le ve la cara, en la web la cara no se ve, fotos de sus pechos, de su cuerpo, a cada paso de ella le veo las braguitas negras, no se corta, sabe que las miro y le gusta, viste así para ponerme en situación, vuelve la cabeza me mira, me sonríe, me toma la mano, intenta que la situación sea más seductora, cortar el hielo, antes de llegar a la room dos pasamos por la room uno donde Gala está acabando su servicio, oigo algún gemido de mujeres, creo que la masajista está con una mujer (Yoni), atiende tanto a hombre, mujeres y parejas.

    Entramos en la habitación, Elia, la recepcionista que me ha atendido me indica que debo descalzarme, ella también lo hace, sus pies son divinos y bien cuidados, como toda ella, las uñas de los pies acorde con el color de las uñas de las manos, tengo erección, y estoy algo nervioso, un tatami súper grande, quizá 2×2, sábanas muy limpias, muy blancas, muchas toallas en las estantería, aquí la luz es todavía más tenue, más agradable, Elia hace un olor increíble, un perfume muy fuerte y agradable, muy erótico, como ella, una bomba de mujer, me da las ultimas indicaciones, donde tengo la ducha, donde tengo los condones, donde debo dejar la ropa, la mía y las toallas que usaré, y me da a elegir que braguitas quiere que use la masajista, culote o tanga, me decido por un bikini culote blanco puro, me comenta que no esté nervioso, que no esté ansioso, que mire de relajarme, el ambiente, el olor, ella, te llevan a un bien estar increíble, me comenta si quiere que me ayude a desnudarme, a darme la ducha, que sobre todo, por higiene que me lave bien el sexo, se despide de mi dándome dos besos más, bien afilados casi en los labios, con una sonrisa increíble, que disfrute de la práctica, enciende un par de velas más y me deja sólo en mi intimidad y un café, no bebo alcohol.

    Antes de la ducha, reconozco el espacio, es por mi seguridad mental, paredes color melocotón, suelo de madera noble, muchos budas, paredes llenas de dibujos tipo cuadro a lápiz de penes, de testículos, de pechos, de vaginas y clítoris, todo de muy buen gusto y nada obsceno, me siento bien, un ventilador de palas en el techo y una pared que es todo un espejo, un espejo enorme.

    Me doy una ducha con agua muy caliente, con un jabón neutro, me lavo bien todo el cuerpo la cabeza, el sexo, me toco pensando en Elia, me ha excitado muchísimo, y ella lo sabe, lo hace adrede para caldear el ambiente, para ponerte en materia, no quiero hacerme una paja en la ducha, sino estaré listo para el masaje, pero no ceso de lavarme mi sexo. Salgo de la ducha y me seco, me atavío con una pequeña toalla según lo que me ha dicho Elia, y me siento en el borde del tatami a esperar, intenso, caliente de cuerpo y mente, algo más relajado por la ducha, a la expectativa.

    Aproximadamente a los diez minutos, toc toc, golpe de cortesía en la puerta, y entra ella, la masajista, Gala, con una sonrisa abrumadora, con un cuerpo espectacular, supera con creces mis expectativas, es preciosa, es elegante, 1.80 de mujer, con mucho pecho, quizá una 120 cc, estoy anonadado, es increíble, viste un kimono negro con letras en rojo, quizá en japonés, tiene el pelo muy negro y muy lado, piel dorada por el sol, un olor increíble, ha pasado por la ducha después del anterior servicio, además calza tacón, se acerca y da un pequeño beso en los labios, se presenta y me recuerda una vez más donde están los limites, nada de sexo, ni oral ni penetración, que ella tiene acceso a cada centímetro de mi cuerpo, yo al suyo con límites, es difícil para mi esta línea roja, me explicó de nuevo los beneficios del masaje lingam más allá del placer sexual, que empezaríamos por la parte trasera del cuerpo, desde los pies hasta la coronilla, vertebra a vertebra, intentando desbloquear todos los chacras, energizar mi cuerpo y mente, despertar mi libido, mi energía sexual que seguramente tengo.

    Iniciamos la práctica tumbados uno al lado del otro, en el gran tatami, ella con su kimono negro, yo con mi pequeña toalla pareo, con los ojos cerrados, con respiraciones por la nariz profundas, tomando aire por la nariz y expulsando el aire por el sexo, yo por mi pene ella por su vagina, nuestros cuerpos estaban tan juntos que noté la suavidad increíble de su piel, del brillo de su piel, su textura su olor intenso, el brillo de su piel, de su cuerpo.

    Después de unos minutos largos de respiración, ella está más que relajada, al entrar ya la noto con cansancio, quizá ha tenido un día muy largo y duro, entiendo que no es una trabajo fácil, noto sus respiraciones cada vez más largar y profundas, como si estuviera entrando en sueño, le pido permiso para levantarme y me asiente con la cabeza, sigue con los ojos cerrados, yo estoy mucho más relajado y expectante, a la vez que mi excitación sexual se va mesurando.

    Me siento sobre mis rodillas en sus pies, hay varios aceites esenciales en cuenco como medio coco, me unto las manos, lo caliento con las palmas de mis mano, empiezo a acariciar sus pies, el puente de su pies, los dedos perfectos y cuidados de su pies, dedo a dedo, entre los dedos, dibujo círculos de pequeños a grandes en sus tobillos, me gusta, su piel es tal como la soñaba, mi sexo empieza a empalmarse de nuevo, ella sigue respirando y con los ojos entre abiertos, me deja hacer, me deja acariciarla, voy de los tobillos a los pies, de arriba hacia abajo, que piel madre mía, que placer, mi pareo ya no aguanta por el movimiento, levanto los ojos y veo su entrepierna, el culote blanco puro que había escogido, le separo un poco las piernas para verlo mejor, se deja, mis manos se deslizan con total impunidad por su pies, tobillos y rodillas, suben y bajan, hacen presión en los muslos, esparzo aceite por sus piernas, piel dorada, suave, fresca a veces, caliente otras veces, me estoy recreando mucho, de los pequeños movimientos su kimono negro se va abriendo, dejando parte de su cuerpo al aire, todavía no alcanzo a ver su pechos, aunque los intuyo, veo su ombligo, me gusta, mis manos suben un poco más arriba de las rodillas, por su muslos, le acaricio la parte interior de sus muslos, se mueve lentamente, arquea las caderas, baila sus caderas a mi vista, mientras una mano acaricia el interior de sus muslos, con la otra mis dedos recorren las costuras de su biquini, mi mano se deposita sobre su monte venus, el hueso púbico de las mujeres, la palma de mi mano a noventa grados sobre su monte venus y su vagina, por encima del biquini, mis manos no cesan de tocar, de acariciar aquel cuerpo de mujer, mi erección es grande, tanto movimiento me ha caído el pareo que estoy desnudo y empalmado delante de ella, pero ella sigue respirando y dejándome hacer, sólo algún largo suspiro de bienestar, sus caderas se mueven suavemente a ritmo de su respiración y la mía.

    Ya totalmente desnudo y empalmado, me siento sobre mis rodillas, pero esta vez con su cabeza reposando sobre mis piernas, suena una música potente de piano de fondo, la oigo respirar y gemir, me dibuja pequeñas sonrisas en su cara, se recoge el pelo y se hace una cola de caballo para que no estorbe, le toco la sien, les recorro las cejas, la frente, dibujo con mis dedos su nariz, el contorno de su ojos, todo el tacto es muy suave, excitante para mi, las emociones y sensaciones recorren todo mi cuerpo, con los ojos cerrados se abre de par en par el kimono, y allí están su pechos perfectos, dorados, con pezones grandes y oscuros, espero no correrme ahora, necesito más tacto, mis dedos siguen sus labios entreabiertos, su mentón, me recreo en su escote antes de llegar sin más a sus pechos, todo es divino, es un placer el piel con piel.

    Me unto de nuevo mis manos con aceite del bol de coco, y me atrevo a tocar sus enormes pechos, sólo puedo tocarlos, no puedo besarnos, y me gustaría, me gustaría muchísimo, ella abre los ojos y me dibuja una sonrisa de par en par, entiendo que tengo permiso para tocar, para acariciar con suavidad aquel cuerpo entero, doy pequeños pellizcos a sus pezones oscuros hasta que enduren, luego lo tomo con sumo cuidado entre mis dedos y lo estiro hacia afuera, mientras mi otra mano dibujo círculos enormes en los pezones para que se dilaten, me gustan los pezones grandes y dilatados, y estos oscuros que siento y veo, más todavía, me faltan manos y tiempo para acariciar todo aquel cuerpo lindo de mujer, ni en mis mejores sueños, ni en mi mejores polvos habría soñado algo así, es increíble, tengo a mi merced todo este cuerpo de mujer, sus axilas son perfectas y definidas, sus hombros corpulentos y musculados, su vientre es perfecto…!!!, estoy muy excitado y el tiempo va pasando, pero ella parece no tener prisa por terminar, en ningún momento tengo la osadía de tocarme, todo y que mi polla está más dura que nunca, la naturaleza no me premio con un buen miembro viril, pero el que tengo está como para estallar.

    Mientras mis dedos siguen dibujando círculos en su pezones, sus manos se deslizan hasta su sexo, su sexo rasurado que invita a tocarlo, a mirarlo, a mimarlo, a comerlo, Gala empieza a acariciarse por encima de su biquini blanco puro, muy despacio, con mucho tacto, sus manos va una a cada lado de su sexo, y sin quitarse la braguita se saca los labios vaginales por los lados de su pelvis, son rosados, son grandes, están gruesos, están mojados, se los pellizca suavemente a su antojo, se los aprieta entre sus dedos, será estoy un Yoni me pregunto…, pero sigue, yo sigo, creo que no me queda poro de su piel para tocar, para acariciar, sus respiraciones ahora ya son más fuertes, largas y profundas, sus exhalaciones sueltan algún gemido suave, no quiero pensar que sea por mis toqueteos, ella es una profesional, pero quizá se sienta a gusto, esta vez es ella quien recibe, adoro su cuerpo, es perfecto, también de vez en cuando me abre los ojos y me sonríe mucho, yo estoy muy excitado, pero de forma muy diferente a lo que estoy acostumbrado, no quiero correrse sin más y terminar todo esto, quiero que dure en el tiempo, que dure mi erección, que sus caderas no paren de balancearse, que no dejen de bailar, pero no se cierto si ella se está corriendo o fingiendo para mi, es una profesional, no creo no…?

    Cuando llevamos un buen rato de caricias y auto caricias, despierta, abre los ojos y sonríe, suela un largo bufff vaya rato que he pasado me comenta, nos levantamos, ella se acaba de quitar el kimono, queda totalmente desnuda, sólo con el biquini blanco, que pechos tan bonitos, que cuerpo tan perfecto, yo estoy desnudo, empalmado, húmedo, algo avergonzado, es mi primera vez con otra mujer, se calza los tacones, me coge de la mano y nos vamos frente al espejo grande que cubre toda la pared de la room 2, me sitúa delante de espejo, veo mi cuerpo desnudo y el suyo, es preciso, yo frente al espejo, ella a mi lado, con su pechos, sus nalgas tocando mi parte derecha, a noventa grados, para que os situéis, me habla flojo, de forma caliente a flor de oído, me dice, esto no un masaje Lingam, es una paja especial para ti, toma mi polla en sus suaves manos y empieza a acariciarla, piel para arriba, piel para abajo, tira toda la piel hacia abajo, la ahorca abajo, la presiona, su dedos no dejan de tocar mi glande, tengo un gusto bestial, muy muy fuerte, mis manos se deslizan por su cintura, por encima de su braguita, ella pica con los dedos mi glande hasta que hace brotar unas gotas de flujo de mi sexo, es brutal, con su otra mano y con los dedos manchados de aceite cálido, dibuja pequeños círculos en la entrada de mi ano, estoy muy excitado, me faltan manos, me faltan sentidos para todo lo que me está ocurriendo, me veo en el espejo, la veo a ella, no puedo más, la paja es suave, sin prisas, recorridos arriba y abajo lentos, lentos y rápidos, moja sus dedos con mi flujo, y sus dedos bailan en mi glande, que placer tan enorme, que sensación, que orgasmo voy a coger…, su pechos no paran de rozar mi hombro, su sexo se contornea sobre mi cadera, a veces con pequeños empujones como si la clavaran por detrás, sus pendientes bailan, me respira fuerte y suave, me susurra en la oreja palabras que no logro entender, pero estoy ya un poco al limite, son ganas de explotar como nunca, pero seguía susurrándome al oído “no tengas prisa…disfruta del momento…es una paja especial sólo para ti”…

    Cuando notó que mi polla, mi cuerpo ya no podía más, me dijo al oído, “toma tu polla en un mano y terminas tú, mientras miro y me recreo en tu placer que también es el mío, córrete bien fuerte sobre el espejo mientras miro como te corres…”, y así lo hice, tomo mi polla en mi mano, mientras ella me miraba, esta vez los dos frente al espejo y me corrí con mucha fuerza sobre el espejo, mucha lefa, una respiración muy agitada, ella me sigue mirando, me sonríe, se acaricia los pechos, se pellizca los pezones, me pregunta si me ha gustado la paja, me susurra que vaya hacia el espejo, que tome el semen en mi mano y que me moje la lengua y los labios, le hago caso, con dos dedos miro de recoger el semen del espejo y me lo llevo a la boca, no me gusta ni su textura ni su olor ni su gusto, pero ella con los dedos me lo esparce por mi boca, por mis labios, y me besa con lengua, lo comparte conmigo, me excito de nuevo.

    Pasamos a la ducha, pasamos juntos, esta vez se desnuda del todo y veo su sexo rasurado, que bonito, que labios vaginales tan gruesos, como me gustaría besarlos, pero no, nos enjabonamos los cuerpos enteros, sudorosos, llenos de aceite, flujos y olores.

    Me despidió con un enorme beso, “lo he disfrutado mucho, me dijo, nunca nadie se ocupa de mi, no estoy acostumbrada a recibir y menos aquí en el trabajo, por todo ello, la paja te la llevas de regalo, y el próximo día espero poderte realizar un auténtico masaje Lingam, el que te mereces” Otro largo beso sin lengua, en los labios…”hasta la próxima” me despidió.

  • Karen. Una puta madura (IV): Karen se masturba

    Karen. Una puta madura (IV): Karen se masturba

    Como bien había comentado en la anterior entrega tanto Erica como Ramón habían marchado para Galicia. Enrique me seguía tomando. Si bien yo tenía mis orgasmos anhelaba la negra polla de Ramón. Era evidente que ese hombre me había vuelto a conquistar en todos los sentidos. No estaba mal con Enrique pero con Ramón era jugar en otra liga.

    En mis días de soledad, tenía la facultad de si pensaba en él ponerme cachonda sola. La verdad, es que procuraba no hacerlo pero mi subconsciente no lograba superar tal asignatura y al final si no era de una forma lo era de otra y aparecía en mis sueños. Y es que un día me desperté terriblemente mojada por su culpa. Me vestí y fui al trabajo como si nada. Papel aquí, papel allá, el estrés… eso calmaría mi calentura.

    -Karen… vienes a almorzar?

    -Ohhh… no. Tengo mucho trabajo…

    Pero no podía más. A cada sello, archivo u orden de mi jefe ponía la atención debida pero luego me volvían a asaltar tales pensamientos.

    Abandoné mi mesa y me fui al baño metiéndome con urgencia en cualquier cubículo al uso y le mandé un mensaje.

    -«Voy cachonda perdida, Ramón. No puedo más…».

    Levanté las faldas de mi vestido, me quité las bragas y comencé a tocar mi encharcada almeja ya así desde antes de haberme despertado notando estaba completamente impregnada de flujo.

    Recibí un mensaje suyo de inmediato. Era evidente siempre estaba pendiente de mi. En ese mensaje salía vestido con una camiseta blanca de manga corta erecto perdido. Estaba de pie y sus negras manos las apoyaba en la cintura exhibiendo sus cerca de 20 centímetros de verga dura como la piedra. Sus negros huevos estaban tensos y duros por la excitación. En la mano derecha colgaban sus calzoncillos blancos como la cera.

    Me sonreía desde la foto mirándome a la vez con cara de deseo.

    -«Te gusta, amor? Mira como me pusiste el otro día…».

    Eso aceleró tanto mi calentura que mi móvil cayó al suelo. Lo recogí y le respondí.

    -«Ohhh, qué guapo estás, Ramón…».

    Seguí acariciando mi clítoris lentamente y metiéndome los dedos por mi vagina hasta que me corrí en tan solo dos minutos para volver a mi rutina. Oir entrar y salir gente en el baño me daba un plus de excitación. Esa corrida había aplacado mi ansiedad y deseo por ese hombre sin duda.

    Cuando subí mis bragas noté la fría humedad de las mismas en mi coño de forma un poco desagradable ante lo cual di cuenta de lo cachonda había acudido a mi trabajo. Las había dejado inservibles.

    Ya casi a la salida volví a pensar en él pero me quedaba poco para llegar a casa. Seguía estando deseosa de Ramón y excitada perdida.

    Monté en mi coche y me asaltaron obscenos pensamientos, tales aquella vez me cogieron esos cazadores que aplacaron amablemente mis calenturas junto con Enrique en el primer capítulo de esta nuestra serie. Pero no quería se repitiera esa escena bajo ningún concepto porque me había sentido sucia en el fondo rodeada de 5 hombres como salvajes.

    Por el camino comencé a pergeñar mi plan estando sola en casa.

    Entré y dejé las llaves en mi recibidor toda ansiosa. Me duché y maquillé para él. Me pinté las uñas y me peiné para la ocasión. Conforme decoraba mi cuerpo iba poniéndome más y más cachonda.

    Mis piernas las adorné con unos ligueros blancos y mis grandes pechos con un sujetador de encaje y saqué mi vibrador poniéndome sentada en una silla delante del espejo de mi habitación. Ese mismo espejo en el que había observado en el anterior capítulo como Ramón me tomaba de forma fuerte y varonil. Noté hacía una temperatura un poco baja y puse una estufa de resistencias delante de donde me iba a sentar para que así templara mi coño.

    En frente del espejo situé mi móvil para grabarlo todo. El solo pensar le iba a mandar esas imágenes a Ramón me puso muy cachonda. Si. Iba a ver como me masturbaba pensando en él. Lo tenía decidido. En ese interín escribí unas cuantas frases en un papel que eran las que le iba a decir a Ramón.

    Dejé todo lo que estaba haciendo y me dispuse a ver la televisión para distraerme. No era cuestión de correrme en un minuto porque estaba convencida de que con solo acariciar mis pechos me iría como una perra y cuando estuve preparada me senté en esa silla.

    Tampoco con esas contramedidas tenía muy claro lo que iba a durar.

    Me puse delante del espejo y abrí mi concha para que Ramón viese lo rosado de ella en mezcolanza con las tímidas canitas de mujer madura adornaban mi concha. Metí mis dedos con mis rojas uñas. Cuando los sacaba hilillos de flujo colgaban de ellos y lubriqué mi ano y clítoris. Gemía como una loca mirándome y observando como mi móvil grababa esa escena para Ramón en el espejo. Saqué mis grandes pechos quedando colgando por encima de mi blanco sujetador y los estimulaba con mis dedos. Mis pezones y aureolas tornaron duros y más oscuros debido a la excitación. Lo caídos de los mismos y su gran tamaño me otorgaban la ventaja de poder alcanzar mis pezones con mi boca y me los chupé mirando a Ramón diciéndole.

    «-Mira, Ramón. Mira que pedazo de tetas. Estas son unas buenas tetas de mujer. Son tuyas para siempre… y quieren polla!!».

    Nunca había hecho eso para él y me sentía muy furcia. Eso me alteraba por completo y todo me daba vueltas en un instinto primitivo y lejos de toda ética y moral. Puse en marcha mi vibrador y comencé a susurrar el nombre de Ramón diciéndole frases bonitas y cariñosas metiéndomelo hasta el fondo de mi concha, rozando mi ano con mis dedos ya visiblemente encharcado y pensando era su verga. Tensé al máximo los músculos de mi vagina y atrapé ese consolador sin que se escapara de mi coño para poderme tocar mis tetas, cuello y piernas con mis manos. Estaba terriblemente excitada.

    Por unos segundos pasó por mi cabeza nuestro anterior encuentro de hacía unos meses y de como Ramón, había dejado mis cántaros chorreando de su caliente y espeso esperma como bien narré en mi anterior capítulo. Parecía mentira de ese hombre de color brotase una semilla tan blanca como la leche.

    Pensé que diría mi novio Enrique también si me viese así como una salida pensando en Ramón. Pero lo olvidé enseguida. Al fin y al cabo él estaba igualmente satisfecho conmigo y consentía Ramón me hiciese el amor delante de él y yo se follara a esa perra negra mujer de Ramón.

    Tuve que parar un poco. A mis 46 años ya sabía muy bien cuando podía o no podía irme y lo controlaba a placer. Si hubiese seguido tan descontrolada en 2 minutos hubiese acabado el video y quería hacerlo más largo para él. Saqué mi vibrador y abrí lo máximo posible mi encharcado coño acercándolo al espejo para que él pudiese observar un primer plano. Una vulva sana, húmeda, rosada y rodeada de pelitos emergía de entre mis piernas debajo de un pubis recortado pero no afeitado. Subí mis uñas perfectamente pintadas y le enseñé mi clítoris. Unté mis dedos con saliva y lo empecé a acariciar mientras con la mano izquierda penetraba en mi encharcada vagina cosa que no fue nada difícil. Logré meter tres dedos y luego hasta cuatro ensanchando al máximo mi coño para que alcanzara a ver su interior dispuesto para él. Le dije:

    «-Esto es tuyo, amor… mmm mmm!!! Vas a venir a buscarlo???». Le dije sacando mi mano de un coño ancho y abierto al máximo.

    Definitivamente apagué mi vibrador porque en segundos pensé no iba a hacer falta. No sería así.

    A esas alturas ya me había separado del espejo y estaba otra vez de cuerpo entero dispuesta para él. Para mi negrito.

    Le mandé un besito guiñándole el ojo izquierdo.

    En el espejo vi como la parte inferior de mi silla justo debajo del agujero de mi culo estaba totalmente húmedo de mi esencia de mujer. Porque si. Me sentía una mujer aún de esa traza instintiva y desvergonzada.

    «-Estoy segura que a estas alturas ya te la habrás sacado viéndome, Ramón… ánimo, campeón córrete mirándome…».

    Decirle esas cosas me ponía aún más cachonda. Señalar que pese a que soy una mujer muy visual lo que más me excita es lo que me dicen y digo en la cama.

    -«Uhhh… mi vibrador, Ramón. Voy a cogerlo…».

    Volví a encenderlo y me senté encima de él situándolo entre los mofletes de mi culo para que mi ano sintiera su fuerza y toqué ese agujero rebosante del flujo de mi coño.

    -«Mira, Ramón… ves como estimulo mi segundo agujero…?». También es tuyo. Te gusta? Eres un hombre precioso. Te quiero…».

    -«La próxima vez me lo tocarás y chuparás, cariño. Eso me gusta mucho…».

    Era cierto. Que me tocaran el ano e introdujeran sus dedos lentamente y bien lubricado siempre me daba un plus de excitación. Pero ese vibrador me estaba poniendo a cien junto verme reflejada en el espejo.

    El temporizador de grabación del móvil iba ya por 10 minutos por lo que definitivamente me iba a correr.

    «-Voy a correrme en un ratito, amor. Espera un poco y me ves. Es para ti, ehhh. Solo para mi negrito.».

    Mojé mis dedos en mi boca, me toqué el cuello y mis pezones y una electricidad bajó desde mi nuca pasando por mis pechos y estómago para alojarse en mi coño y piernas. Me estremecía sin remedio mientras ese vibrador estimulaba el orto de mi culo como un loco.

    -«Mira, lo que hace tu chica…».

    -«Ohhh… Ramón… me corro… Raamooon. Te quiero…».

    -«Ahhh…».

    Mi pelvis comenzó a moverse mientras acariciaba mi clítoris más rápido y me fui metiendo mis dedos en el coño.

    En el espejo pude observar como las puntas de mis pies se retraían y estiraban de forma automática y sin control. Señal inequívoca de que me había corrido como una perra.

    Tardé unos segundos en reponerme. Para entonces mi vibrador seguía funcionando. Lo saqué de entre mi culo y lo apagué dejándolo encima de mi mesa. Estaba totalmente empapado.

    Le di un besito de despedida a Ramón y le dije…

    -«Te ha gustado? Tontito?».

    Repuesta de semejante corrida me puse una bata, recogí mi vibrador, desconecté el calefactor puesto que ya iba abrigada y vi el video en el salón tomándome un café. Había ocupado 15 minutos. Los suficientes para que Ramón se masturbase llegado el caso con él. El video era muy pesado por lo que abrí mi portátil y se lo mandaría por Hotmail. Así lo hice y se lo envié.

    Miré mi reloj. Eran las 17.30. Había quedado en casa con Enrique para tomar un café a las 18.00 h y no iba a cambiarme porque seguro estaría deseoso de follarme después de una semana sin vernos. Solo sería quitarme le bata y así vestida hasta el coño lo llevaría ya lubricado para él después de la corrida en el trabajo y con el vídeo de Ramón. Qué día… oye!!!

    Como bien imaginaba tocaron al timbre y era Enrique con un gran ramo de flores.

    -Hummm… ramo de flores eso es que viene con ganas. Pensé.

    -Hola, Ramón. Qué ramo más bonito le dije toda acaramelada.

    -Y tú? Que haces en bata?

    -Ven, pasa, corazón.

    Me quité mi bata que cayó al suelo y Ramón pudo observar mis grandes tetas de mujer madura con mis ligueros blancos y sin bragas.

    -Asi? Te gustó?

    -Ufff… pareces una caja de bombones…

    Se puso totalmente ansioso y comenzó a tocarme los pechos y besarme como un loco.

    -Aguarda, amor… primero voy a poner las flores en remojo. No querrás se estropeen verdad?

    Cogí de un aparador el mejor jarrón tenía, lo llené de agua y dejé las flores en la mesita del salón junto a mi albornoz en el que había metido mi móvil sin darme cuenta.

    -Ahora… ya estoy lista. Quieres, tontito? Ven.

    Lo cogí de la mano y me senté en el sofá. Quité su cinturón y desabroché el primer botón de sus pantalones tanteando a través de ellos la erección de su verga a punto de caramelo.

    -Ohhh… ya está tiesa? Me dejas ver? Otro botón más, otro… otro… y ahora toca tu bóxer…

    De ese bóxer brotó una polla enorme a mitad de erección que metí en mi boca para ponerla como una tabla…

    Costó poco esa verga se pusiese tan dura como para mirar al techo. Estaba en el momento justo de penetración a 45 grados. Repleta de venas y con unos cojones duros y a punto de reventar.

    -Uhhh… qué dura la tiene mi chico… no te habrás tomado alguna Viagra antes de venir?

    Enrique no padecía de disfunción eréctil pero de vez en cuando si tenía ganas de mucha fiesta se tomaba una puntita de Viagra eso le ayudaba a estar más entonado y durar más.

    -Si, un poco.

    -Ya lo veo, ya…

    Ese rabo estaba enorme, limpio y perfumado. Chupar ese tipo de pollas grandes, limpias y dispuestas era una maravilla. Un hombre de verdad tiene que ser limpio con su mujer.

    -Espera un poquito, amor…

    Fui a mi habitación. Mis tetas iban de lado a lado y volví con una regla. Tragué varias veces su verga y la medí.

    -Uhhh… 19 centímetros hoy… Vas que no puedes más, verdad Enrique? Le dije sopesando el tamaño de sus huevos.

    -Y vaya huevos llevas hoy de cargados, amor. Se nota esta semana te has hecho pocas pajas. Ahora los descargarás. No preocupare.

    -No me he hecho ninguna, Karen.

    -Hummm… ya lo veo. Si te vas a correr avísame ehh? Que hoy vas a descargar un montón.

    Engullí su polla varias veces hasta la mitad. Enrique jadeaba como un perro pero el móvil que había dejado en mi albornoz vibraba a cada minuto. Me dije…

    -Buf!! Este es Ramón que ya ha visto el video…

    Me estaba taladrando a mensajes y yo con la polla de Enrique en mi boca.

    -Quién te manda tantos mensajes, amor?

    Dijo Enrique entre sollozos.

    -Será Ramón que últimamente anda muy pesado. Pero primero mi chico. Que hoy va muy justo. Le respondí.

    -Eso me pone muy cachondo, Karen…

    -Hummm!!! Así que te gusta compartir a tu chica, ehhh?? Qué obscenos sois los hombres… Qué grande está.

    -Te gustó compartirme con Ramón como en el segundo episodio, eh?

    Le dije jugando con su verga en las manos.

    -Si, amor…

    -Sabes que llevo un día cachonda perdida?? Menos mal has venido que si no…

    Su verga cada vez estaba más dura. Repleta de venas palpitaba sin parar y sus huevos cada vez se hacían más pequeños. Sin duda alguna repletos de semen le debían estar doliendo de la presión.

    -Como llamaremos a tu primer espermatozoide salga, Enrique? Le dije mientras agitaba su polla en mi mano llena de mi saliva.

    -Vamos campeón… córrete en mi cara que te quiero un montón…

    Enrique ya no valía para nada. Se iba a ir de un momento a otro. Sin remedio.

    Suspendí mi mamada y dejé esa tremenda verga dura y recta como una tabla palpitante sin control.

    -Ya, amor…? Venga, campeón. Que tienes que estar sufriendo. Alíviate en mi cara.

    Ramón cogió su terrible pene y en tres subidas y bajadas eyaculó en mi cara todo el contenido de sus huevos.

    A la vez, en mi móvil vibraba un mensaje.

    El primer chorro de esperma salió disparado dándome en una mejilla para salpicar mi nariz y los tres subsiguientes con menos intensidad bañaron toda mi cara de esencia de hombre. Iba perdida.

    Gemía como un orangután.

    En realidad, lo que son los hombres, simios sin remedio luego me refrotó su verga por la cara extendiendo su semen como si fuera un pincel en un cuadro abstracto.

    -Cómo te gusta, amor…!

    Una vez acabado besé su polla y absorbí sus últimas gotas y le dije.

    -Mira. Te la dejo bien limpia. Como has venido…

    Fui al baño a limpiar mi cara y acto seguido cogí mi móvil. En el había una foto de Ramón con su verga y huevos llenos de esperma. El mensaje marcaba la hora justa se había corrido Enrique en mi cara. En el pie de foto ponía…

    -Cómo me has dejado con tu video, Karen…!!!

    Olvidé a Ramón y me senté besando a Enrique que yacía con su verga de lado ya a media erección y me dijo…

    -Cómo me has dejado, Karen…!!!

    Por unos segundos me fui a la cocina y reflexioné…

    -Cómo puedo querer tanto a dos hombres a la vez. Me veía en el psicólogo, sexólogo o profesional del ramo.

    La quinta parte de esta historia aún se complicaría más… y a Enrique esa misma tarde le iba a contar algo que ya sabía.

    Os ha gustado?

    Continuará…

  • Divertida reunión sexual

    Divertida reunión sexual

    Lunes en la mañana en la oficina y recién comenzaba una llamada en conferencia con un cliente que mi firma tiene en los Estados Unidos. Es un caso en que quiero trabajar así que tenía todos los sentidos puestos en la llamada para no perder detalles. Mi jefe estaba a mi lado como líder de la reunión cosa que me hacía atender todos los detalles de aquella reunión.

    En medio de un corto receso verifiqué mi teléfono y pude notar un mensaje que me había dejado Claudia. Me saludaba desde su trabajo en Estados Unidos pues no hablábamos casi unas tres semanas. La conversación fue liviana, poniéndonos al día sobre nuestros trabajos, salidas en fin las cosas que le cuentas a tu mejor amigo. Como toda mujer ella muere por los zapatos así que me dijo de su última compra. Eran de taco alto y los traía puestos, me dijo que ese día sentía que era la mujer más bella del mundo. Ella es muy linda y si tenía esa opinión era porque de veras debía estar espectacular ese día.

    Luego de varios mensajes mi jefe me anuncio que íbamos a continuar la llamada así que se lo comunique a Claudia. Comenzó igual como lo deje, poniendo extremada atención a los detalles, pero esta vez pendiente al celular pues Claudia no me había escrito. Pasaron unos minutos y llego su mensaje con una foto de sus piernas donde se veían sus zapatos. Poco le puse atención al zapato y me enfoqué en como adornaban sus piernas. Como la conozco sé que la tomo con la intención de captar mi atención y así lo hizo. Los zapatos eran rojos y rápido comencé a fantasear con ellos haciendo juego con un conjunto de ropa interior del mismo color. Ya mi foco en la conversación se había perdido un poco, pero dada mi localización en la mesa no lo habían notado.

    Le envié un mensaje a Claudia hablándole de lo que tenía en mente. Ella me contesto que precisamente eso tenía puesto debajo de su traje. Como todo buen abogado quise pruebas de ese dato y poco después recibí una foto de ella sentada en su escritorio con el traje levantado hasta la cadera donde claramente se veía un hermoso tanga rojo. Mi atención paso a ser toda de ella pues ella sabe lo que me gusta y me lo daba. Le dije que la evidencia era buena pero no contundente pues ella sabe mi fijación por cómo se ven las nalgas cuando llevan tangas. Un minuto más tarde recibí una foto tal y como la pedí. Ella se había levantado su traje hasta la cintura y había tomado la foto mostrando como ese hermoso panty hacia ver más grande su perfecto trasero.

    Para ese entonces ya yo daba señales de excitación pues mi miembro estaba tan duro que el bulto era notable. Con suerte nadie veía nada pues la mesa del salón me tapaba. Ella conociéndome más que nadie me pregunto si ya habían hecho efecto las fotos a los que conteste que sí. Al igual que yo pidió evidencia de los hechos. Le dije que sería difícil hacerlo pues no podía salir del cuarto donde estaba. Me dijo que me las ingeniara para hacerlo pues ella también quería mirar.

    Muy cuidadosamente puse mi teléfono encima del bulto de tal manera que pudiera mostrarle el resultado de su trabajo. Saque la foto, pero el sonido que hace la cámara cuando saca una foto me delato. Aquel sonido fue casi un trueno ya que llego justo en una pausa que hizo mi jefe para pensar. Como era de esperarse todos en el cuarto se me quedaron mirando y solo me resto decirle que había sido sin querer que se sacara la foto.

    La reunión continúo rápidamente pero mi nivel de adrenalina se triplico. Esa sensación de hacer cosas prohibidas crea más excitación que cuando las haces sin riesgos. Le envié la foto y ella me la devolvió con una de su vestido desabotonado en la parte superior donde se veía su lindo sostén. También llego uno diciendo que había cerrado su oficina y que podía hacer las cosas libremente. Le pedí que se quitara el traje y me enviara una foto donde pudiera apreciar su ropa interior junto con sus lindos zapatos. Me envió la foto que le pedí pues tiene un espejo grande en la oficina.

    Para ese momento mi bulto llego a tal magnitud que el roce con el pantalón me creaba placer. Se lo comunique así mismo y ella me informo que hacia un rato que había empezado a rozar sus dedos en su entre pierna. Me escribió que estaba que la foto de mi bulto logro humedecerla y que una vez cerro su oficina comenzó a hacerlo. Me dijo que si quería dirigirla podía hacer cosa que tome como tarea seria. Le escribí que siguiera rozándose, pero solo con una mano, la otra la usara para rozar sus senos. Me contesto que lo hizo y que no resistió quitarse el sostén dejando libre sus pechos. También me escribió que sus pezones están duros y que sentía mucho placer pasando sus dedos sobre ellos.

    Yo por mi parte comencé a rozar mi miembro con la mano y así se lo hice saber junto con la instrucción que se terminara de quitar la ropa para que pudiera tocarse libremente. Así lo hizo y siguiendo mis próximas instrucciones comenzó a tocarse su clítoris usando los dedos del centro de su mano derecha. Se frotaba haciendo movimientos circulares sobre este mientras se apretaba el seno con la otra mano. Ya para ese entonces me dijo que tuvo q ponerse una servilleta en la boca para no dejar escapar los gemidos que salían de ella.

    Mi próxima instrucción fue que se penetrara con sus dedos y así los hizo me dijo que estaba tan excitada que tuvo su primer orgasmo que si al momento de introducirse los dedos. Yo entraba en desesperación pues quería perder el control y terminar como ella lo hizo, pero no podía. Ella a pesar de haber terminado siguió con su acción solo cambiando su posición a petición mía. Le dije que quería que lo hiciera como si yo la estuviera penetrando en la posición del perrito. Ella me confeso que quería gritar y tampoco podía. Le pregunte si aún conservaba el juguete que una vez le había regalado y me dijo que siempre andaba con él.

    La próxima instrucción fue usar el juguete. Se sentó nuevamente en su silla y abriendo sus piernas comenzó a penetrase no sin antes activarlo para que la vibración aumentara la reacción. Tuvo su segundo orgasmo minutos después. Yo ya no podía resistir y como casi un milagro el cliente pidió otro receso. Esta vez dada la cercanía con el almuerzo se decidió retomar la reunión luego de regresar de almorzar. Salí casi corriendo a mi carro, como vivo cerca de la oficina no me tarde ni cinco minutos en llegar a mi apartamento.

    Para ese entonces Claudia se había vestido y había salido a almorzar, pero un mensaje mío la intercepto era una foto de mi miembro erecto con un mensaje de que yo podía jugar libremente también. Esto la encendió nuevamente pero ya estaba montada en su vehículo. Le pedí que guiara a un punto seguro donde se pudiera estacionar y pudiera complacer mis peticiones. Busco un lugar alejado en el estacionamiento del centro comercial donde planeaba comer y comenzó nuevamente a seguir mis instrucciones esta vez de voz. Le dije que quería que se quitara la ropa interior y comenzara a jugar, pero esta vez la quería escuchar a plenitud. Sus gemidos que salían del altavoz de mi teléfono invadieron todo mi apartamento. Gritaba mi nombre y yo casi sin piedad tocándomelo gritaba el de ella. Me decía que se movía tanto que su auto se movía también. Yo seguí moviéndolo cada vez más rápido según escuchaba que ella aumentaba su intensidad. Como la conozco tanto ya sabía que estaba a punto de tener su orgasmo de almuerzo y yo el mío.

    Pasaron varios segundos cuando ambos anunciamos simultáneamente con gritos que el orgasmo había llegado. Mi descarga caliente salió expulsada como lava en volcán en erupción sus gritos duraron casi un minuto y luego hubo silencio. Ambos tratábamos de reponernos a esa reacción simultánea. Luego llego una risa casi imparable era el resultado del estrés saliendo de nuestros cuerpos rápidamente. Aquel evento no planeado había servido de terapia para ambos. Luego de eso ambos tomamos un almuerzo y seguimos nuestro día de trabajo. Yo pude aportar más a la reunión por la tarde. Cuando iba de salida me llego otro mensaje de Claudia. Esta vez era un enlace para descargar un archivo. Para mi sorpresa era una excitante colección de los audios de nuestro encuentro incluyendo otro audio de un aperitivo que tuvo ella sola en su apartamento. Con evidencia como esa nadie podría perder un caso.

  • Virginia (Parte VII)

    Virginia (Parte VII)

    Estaba en la tarde del viernes en la oficina, ya pronto a irme, cuando Rebeca me tocó el hombro…

    Rebeca: mira…

    Me dejó un papel en mi mesa y se fue hacia su escritorio, tome la nota y la leí: “yo sé que te la comes”. Me volteé a verla y sonreía muy coquetamente, me figure que se deleitaba en mi reacción, porque cruzo la pierna de forma muy descarada haciendo notar sus curvas y que la falda se subía fácilmente.

    Le hice una seña muy poco creíble, de que no entendía que quería decir, pero sabía que era lo que insinuaba, me quedo viendo y su gesto lo dijo todo, una mueca de incredulidad y también de saber que tenía razón. Tomo un lápiz y escribió en cuaderno, luego arranco la hoja, la doblo y paso por mi cubículo dejándola al lado… dijo que iría a tomar un poco de aire antes de salir.

    Al ir por el pasillo hacia la salida se giró y me lanzo un beso de despedida, después de ver que no había nadie más cerca leí la nota: “te espero en la bodega de papel…”

    Me quede pensando que hacer, ella algo quería, ese juego era una forma de alterarme y dejarme fuera de guardia, pero no se me ocurrió nada más, que ir a ver que estaba planeando. Salí de la sala y me encaminé al cuarto de papelería, esa tarde estaba prácticamente desierta la oficina, la puerta del cuarto estaba entreabierta y a oscuras. Entre y busque el interruptor, cuando una mano se pegó a mi cuerpo y me tanteó la entrepierna, encendí la luz y me encontré con la mirada sonriente de Rebeca…

    Rebeca: si, ya decía yo, que debías tenerla buena!

    Me lo dijo así sin más, su mano explorando sin descaro entre mis piernas y de por sí, que me excito la situación se me estaba poniendo dura.

    Yo: pero que te pasa? Como es que se te revuelve la hormona!?

    Se lo dije lo más natural posible, pero sin mucha reticencia a que su mano siguiera palpándome, apenas trate de quitarla ella ponía la otra.

    Rebeca: no te hagas el bobo, ya es obvio para mí que desde la noche de la discoteca y si acaso desde antes, te andas comiendo a la inocentona de la Gini (así le decían en la oficina a Virginia)

    Yo: Y que te hace pensar eso?

    Rebeca: papito, yo sé de eso… tu queridísima y muy recatada amiga se delata, ya una vez que estábamos hablando las chicas, de a quien de la oficina nos cogeríamos ella se quedó muda cuando le pregunte si alguna vez te la había visto… pero no era solo eso, además de la salida a la discoteca, cuando le he preguntado qué pasó se queda calladita, pero bien que la vi apretadita con vos… no lo disimula.

    Yo: y que tiene que ver que me trajeras aquí?

    Rebeca: jajaja! Que inocente resultas… primero aquella se delata muy fácil y tu vienes aquí preocupado por saber… a mí ya me lo dejaron ver…

    Yo: es que me dejaste intrigado nada más! Por eso vine!

    Rebeca: en serio? Solo por eso… no te asustó que te delataras tan rápido?

    No te hagas…

    Yo: bueno, dime como es que dices que Virginia anda tras mío, no entiendo…

    Rebeca: a niño… ella se delató fácil… le mostré unas fotos de juguetes sexuales que vendo, le dije que si se parecían al del novio, se hizo la indignada y dijo que no se lo había visto, pero le pregunte si había visto el tuyo… se puso roja y dijo que como podía pensar que ella lo había visto, pero no decía si o no…

    Yo: Eso no prueba nada, ella siempre ha sido toda mojigata…

    Rebeca: pero tú te delataste ahorita, así que si… te la has estado comiendo…

    Yo: bueno, pero entonces que quieres?

    Rebeca: quiero… yo quiero probar un poco…

    Se pegó a mí y comenzó a bajarme el pantalón, puso una toalla en el piso y se puso de rodillas, yo me quede quieto, pero no flácido, se me puso bien dura… jalo del bóxer hacia abajo y salió casi como accionada por un resorte, sus manos la agarraron y comenzó a frotarla, la vi a la cara y le centellaba la mirada…

    Rebeca: con razón se altera cuando le dije si ya te la habías cogido, seguro pasa entretenida comiéndotela…

    Puso su boca sobre la punta sin más decir, comenzó a saborearla con la lengua, sus labios después y rápidamente su boca se posaba encima, sus manos acariciándome el glande y frotando a lo largo del palo. Se recogió su cabello castaño en una cola, su cabeza era una pequeña bola sobre mi entrepierna, podía ver hacia sus pequeñas nalgas y sus pantorrillas, su boca fue tragándose más y más mi verga, me electrizaban sus arremetidas por tener dentro de su boca todo lo que pudiera entrarle…

    Empezó a darme una fuerte sacudida, muy rápido y enérgica y dejo de metérselo en la boca y comenzó a lamerlo de la punta a las bolas, lo estaba disfrutando bastante, sonó mi teléfono y lo ignore, pero no dejaba de sonar, así que lo revise, quien más podía ser en ese momento? Virginia.

    Rebeca me miró e hizo una mueca de lujuria, y lamiéndose la boca me retó a contestar; así que conteste y entonces comencé una larga serie de preguntas de donde estaba, que a qué hora saldría, que nos viéramos en mi apartamento, yo le dije que estaba todavía ocupado, que lo dejara para otro día, ella insistió en que podía llegar más tarde al apartamento, le dije que mejor mañana, que no tenía tiempo, que… fue cuando Rebeca me dio una mordida en la verga, sentí sus dientes y ella se divertía de lo lindo con mi reacción, se la saco de la boca y poniéndose de pie me susurro algo al oído. Al tiempo que me agarro la verga y siguió frotándomela.

    Rebeca: dile que hoy tienes una cita importante… que le hablas luego.

    Mientras terminaba de terminar la llamada, la Rebeca se fue subiendo la falda hasta dejar al descubierto sus pantaletas y su ropa interior, se giró para frotar sus nalgas contra mi verga, quise tocarle las caderas, pero ella me palmeo las manos, así que la deje seguir frotándose, rápidamente sus nalgas se untaban de los fluidos de la mamada que me había estado dando, un rato después, saco su teléfono y marco un número…

    Rebeca: Hola Gini!, pensé que hoy venias a trabajar… hace un rato le pregunte a (YO) si te había visto.

    Virginia en Altavoz: Ahh sí, es que pedí el día libre, tenía unos asuntos que atender de mi madre. Estas en la oficina todavía?

    Rebeca: Si, estoy terminando un informe, aquí sigue (Yo), pero ya se va, lo veo medio ansioso por salir por si preguntas. Dime has pensado en los juguetes que te ofrecí? Te aseguro que te mantendrán bien entretenida…

    Virginia en Altavoz: No, porque preguntaría que va hacer el? Y lo de los juguetes es que… no sé, me parece muy raro. Gracias, pero no me parecen adecuados para mí.

    Rebeca: Pero que dices? Acaso no sientes necesidad? O si tienes con quien hacerlo seguido? Tu novio esta fuera del país no? O ya me vas a confesar que si te la pones con (YO)? Di la verdad… va para dónde vos??!

    Virginia en Altavoz: claro que no! El solo es hermano de una amiga, solo le debo el trabajo aquí. Ni se me pasaría por la mente tener algo con el! No es mi tipo! A veces la hermana, que es mi amiga me pregunta por el nada más!

    Yo bien sabía que tampoco era tan íntima de mi hermana, además que ya tiempos ni ella se comunicaba, más bien la evitaba, creo que tenía miedo delatarse de que estaba montándose en mi verga cada vez que podía.

    Rebeca: No te creo!!! Te vi bailando con él y muy pegadita, cuando se fueron estoy segura que se iban con todas las ganas de coger… a donde te llevó? Por lo menos un motel decente… aunque si no se aguantaban las ganas ahí en el carro también es rico… el que te descubran es excitante!

    Virginia en Altavoz: No!!! Nunca haría eso!!! No soy tan desvergonzada! Si tengo ganas de hacerlo, pero yo espero a mi novio… no lo andaría con el sí quiero hacerlo.

    Rebeca: hazme caso niña… prueba uno de estos, te vas a sentir muy bien. Así te quitas el calor que sé que te ha de dar abajito… yo sé que sí. En la bañera, o solo en la cama, pensando en ese hombre que te moja el coñito…

    Virginia en Altavoz: No seas tan descarada! Uyyy! No… yo no soy tan así…

    Rebeca: niña… si no es nada extraño eso! Imagínate que (Yo) te la pegue por detrás, seguro la tiene grande o gorda, o tal vez ambas… ha de sentirse bien rico que te la pegue… aquella noche se le notaba en el pantalón que se te pegaba a las nalgas!

    Mientras lo decía, se apretó contra mí, luego agarro mi mano con su mano libre y la deslizo entre sus piernas y su vientre, yo aproveche a pellizcarle y jalarle unos vellitos que se escondían bajo su pantaleta.

    Virginia en Altavoz: pero que dices!!! No hago eso! Te voy a colgar!!!

    Rebeca: jajaja! Está bien! Solo te molestaba… lo que si te digo es que debieras probar, no es nada malo, es solo conocer mejor que le gusta a tu cuerpo… yo te muestro como debes usarlo, de ahí te aseguro que te va a gustar.

    Virginia en Altavoz: Esta bien, apártame uno, para complacerte y que no sigas inventándote locuras sobre (YO) lo voy a probar. Pero que quede entre nosotras!!!

    Rebeca: perfecto cielo! Ya verás que te va a gustar… mañana nos podemos ver para enseñarte como se usa… quedara entre nosotros!

    Virginia en Altavoz: mañana no puedo… tal vez el domingo en un café, no quiero que me vean en la casa abriendo uno de esos… así en el carro me lo muestras.

    Rebeca: y en el carro… ahí también lo puedes disfrutar niña… solo te vas de faldita y te lo puedes llevar puesto.

    Virginia en Altavoz: que cosas dices!!! No!!! Ahí mejor me dices como se usa, ni se porque te hago caso, esas cosas son un escándalo! Lo voy a tener a escondidas!

    Rebeca: bueno, yo te lo muestro y te digo como se usa, lo mejor es probarlo, hasta te podría dar una demostración…

    Virginia en Altavoz: Descarada que sos!!! No puede ser que seas tan alocada! Pero ya te dije que si lo voy a llevar, te llamo el domingo. Adiós! Y compórtate!

    Colgó la llamada, todo este tiempo yo masajeaba las caderas de Rebeca y ella se frotaba intensamente contra mi verga, me enojo debo aceptarlo, escuchar como negaba que yo le diera un mínimo de interés sexual, claro, después de todo lo que había estado haciendo conmigo y ser su despertar sexual, me sentí burlado y la verdad, que Rebeca me había llevado a la excitación…

    Apreté sus pechos y pegue más las verga a sus nalgas, ella soltó un bufido y se giró y comenzamos a darnos una larga comida a besos, mientras buscaba el borde de su pantaleta y se la fui bajando por las piernas, ella se contorsionó facilitando que la sacara más rápido, en eso se lanzó sobre mí y mi verga se frotaba contra su pubis, la tome por la cintura, que era muy estrecha y fui bajando a sus caderas, que tenían unas muy discretas curvas, así que pase por sus nalguitas, que tenían un poco más que ofrecer, se las apreté y luego seguí frotando entre sus piernas. Escuchamos ruidos de afuera, así que se nos cortó el momento, nos quedamos callados y escuche pasar a unos de Contabilidad, ella se arreglaba la falda y la blusa, cuando comenzaba a subirme el pantalón, ella me detuvo y otra vez se la metió a la boca… susurro que al menos esto tenía que saborearlo antes de irnos. Me lo chupo con intensidad y además del morbo de estar en la oficina y que ella descubriera lo que tenía con Virginia, lo chupaba muy rico.

    Yo: que rico lo chupas…

    Rebeca: calla… córrete… ya…

    Me dio un largo tirón con la mano y su lengua rozándome la punta y me corrí, la corrida entera le quedo en la boca, ella se hizo un poco para atrás y trago, luego chupo lo demás que se escurría, ella tenía lista una toallita, no dejo que nada se perdiera o le manchara la cara… era una experta por lo visto. Me la chupo hasta dejarme limpio, luego tomo una toallita húmeda y la paso por su cara y luego me la paso por la verga. Se puso en pie y se acomodó el cabello, saco un perfume y se pasó un poco, yo me acomodé el pantalón y ella la ropa… al rato parecía que nada había pasado; hasta tenía unas mentas listas para los dos.

    Rebeca: toma… tú también chupa una menta, yo me chupo dos, por eso de que otra chica de aquí sienta en mi aliento tu leche…

    Yo: jajaja! Piensas que hay alguien más que me haya dado una mamada ya?

    Rebeca: No lo sé… negabas a Gini y mira… te la has estado gozando. Querías con Raquel y quien sabe…

    Yo: no, aquí no ha pasado nada más…

    Rebeca: Ok. Bueno, no me interesa… lo que si es que me calentó ese secretito entre ustedes, además del falso pudor de Gini…

    Yo: y ahora que piensas? No lo vayas a contar! nos arruinas la vida a los dos!

    Rebeca: ayyy se dan mucho crédito, aquí pasan esas pasadas a cada rato… tu querida Raquel ya se comió al Gerente una vez antes de que trabajaras aquí… Lo negaba, pero después de que yo también pase unas cuantas veces montada sobre el me di cuenta que aquí corre de todo. La única que parecía salvarse era tu amorcito secreto, por estar comprometida, pero ya ves que no.

    Me quedé asombrado, ya había escuchado algunos chismes pero, bien se veía que aquí pasaba de todo y todos le hacían la vista gorda al caso. Me convenció de irnos de la oficina y que no fuera a mi apartamento, seguro Virginia esperaba a que llegara, más bien nos fuimos a un motel.

    Apenas entrar me arrodille frente a ella y comencé desabrocharle la falda, tenía un cierre oculto debajo del fajón que levantaba su pecho, al irle quitando el fajón y la falda, la blusa se abrió sola y sus pechos se liberaron de la opresión, comencé a besarle justo debajo de los pechos, ella soltó una risa, termine de bajarle la falda y acariciaba sus piernas, eran delgadas y se arqueaban dejando un seductor espacio entre ellas, a medida que subía se hacia el triangulito perfecto, era claro que disfrutaba con ese seductor detalle, que daba un acceso cómodo a su entrepierna, me dio una palmada en la cara y alce la mirada…

    Rebeca: quiero que me chupes…

    Yo: ok.

    Ella termino de quitarse la falda y se abrió un poco la blusa para mostrarme los pezones rosados y luego jugo con los bordes de su pantaleta, para dejarme ver esbozos de su incipiente vello púbico y como se iba escondiendo formando un triángulo hacia abajo… la mire igual que ella a mí, con ganas de jugar.

    Fui deslizando las manos por sus pantorrillas hasta subir y agarrar los bordes de su prenda, fui jalando de ella hacia abajo y luego la hice sentarse en la cama, en ese punto levanto sus piernas y las puso sobre mis hombros, pude ir besando sus pantorrillas, las medias que usaba eran de un color oscuro, pero eran muy delgadas y se sentía el contacto con la piel, fui llegando hasta el borde donde terminaban, a media pierna, ahí le di una mordida que la hizo reír, se movió hacia al medio de la cama y fui sacando su prenda entre las piernas, la blusa apenas cubría parte de sus pechos, pero ella me indicaba que fuera abajo a donde le diera atención… fui pasando mi lengua por su pubis, le masajeaba con la mano sus pequeñas nalgas y con la otra exploraba un pezón… sus pechos apenas cabían en mis manos, se sentían firmes y cálidos, atenace su pezón con el pulgar y el índice, casi que exprimiéndolos, me decía que los frotara con más fuerza, mientras que a la vez mi lengua iba palpando el borde de sus labios vaginales… eran al igual que su boca, líneas finas, pero más rosadas, poco a poco miraba aparecer el pliegue interno más rosado, le fui lamiendo y soltó un gran bufido, ella abría las piernas muy ampliamente, así que disponía de una vista fenomenal de su sexo y hacia sus pechos, ella me miraba lujuriosa y eso me excitaba más, ella era totalmente desinhibida…

    Metí la lengua entre sus pliegues, me invadió una sensación de calor por todo el rostro, ella gemía y se contorsionaba, mientras pasaba mi lengua por su clítoris, me agarro la mano y comenzó a chuparme los dedos, mi cara se sentía caliente cerré los ojos, pues me empapaba de sus secreciones, subí por su vientre frotando mi cara, ella me la empujó nuevamente entre sus piernas, le di unas chupadas y lamidas más fuertes, soltó un largo gemido.

    Rebeca: Si! Que bien la chupas… chúpamela bien… así como dejas de loca a Gini! Chúpamela rico cabrón!

    Me prendió con eso y le metí más adentro la lengua y lamí, ella tuvo un orgasmo que la sacudió enteramente, seguí lamiendo y ya ella tenía otro. Se derramaba como torrente, no llegue a pensar que fuera tan húmeda, aproveche el momento y me quite el pantalón y el bóxer en un parpadeo, en uno de sus gemidos se la metí y comencé a bombearla, me apretó con sus piernas la cintura, me miraba con lujuria, agarre sus pechos y los apreté y jale sus pezones, ella arqueaba el cuerpo, su cabeza hacia atrás, su vientre alzándose tanto como sus pechos en mis manos, el bombeo nos hizo sacudirnos con fuerza en la cama, me recorría un estupor por el cuerpo, su coño que parecía tan pequeño se engullía casi entera mi verga y su interior me la apretaba al punto que cada roce parecía una descarga eléctrica.

    Hice un gran esfuerzo por contenerme, ella me miraba como ansiosa de ver cuánto aguantaba, como seguí dándole y dándole, la cara se le estaba poniendo roja, cuando ella cerro los ojos y lanzo un largo suspiro me corrí… me fui enteramente dentro de ella, explote y me recorrió como pequeñas agujas por la espalda, al sentir como se comprimía mi leche en su coño… ella lanzó un gemido seco y agudo, se apoyó sobre sus codos y echo su cabeza hacia atrás, contorsionaba las piernas y me apretaba más la verga, esto hacia que siguiera lanzando chorros dentro de ella… podía ver escurriendo alrededor de mi palo como salía la leche que se regaba dentro… me asusté al darme cuenta que no había usado condón, ella pareció que me leía la mente, cuando trate de sacarlo, aunque tarde, pues ya todo estaba ahí dentro ella hablo…

    Rebeca: tranquilo cielo… yo tomo tratamiento para disfrutar bien de una verga como la tuya… sigue metiendo… tu leche esta calientita…

    Eso me prendió, seguí bombeando y escuchando el chasquido que hacía el choque de los cuerpos húmedos y el semen espeso, seguimos un buen rato, en eso miraba mi teléfono iluminarse con constantes llamadas, ya imaginaran quien… los dos mirábamos el aparato brillar y seguimos cogiendo por un buen rato. Después que se nos pasaba el tiempo, nos arreglamos, salimos… lleve a Rebeca hacia su casa, quedamos en preparar algo para el día de mañana.

    Rebeca: veras que lo vas a gozar… ninguno se quedara sin gozarlo cielo!

    Me lo dijo guiñándome un ojo y pasándome la mano por la entrepierna; luego al bajarse del auto, se tocó entre las piernas y se subió ligeramente la falda y se fue sonriendo maliciosamente, hasta que la vi entrar a la casa. Ya era como la una de la mañana y pensé en que pasaría mañana.

    Así se lo conté a Virginia el sábado por la noche, cuando al fin se despertó.